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Reseña del texto: Ospina, Pablo (2017): “Paralelogramos de fuerza: oligarquías,

militares y sectores populares en la construcción de los estados modernos. América


Latina, siglo XX”
En este texto, Ospina ofrece un modelo explicativo de carácter histórico para capturar
teóricamente los rasgos característicos del funcionamiento de los estados latinoamericanos
del siglo XX. Para el autor, existen tanto características en común compartidos por todos
los estados como regularidades comunes presentes solo en ciertos grupos de estados. Estas
regularidades -asegura el autor- no provienen tanto de factores internos (como los rasgos
específicos de la burocracia o la historia de los aparatos fiscales) como de factores
externos, esto es, del balance de poder resultante de la especificidad de las tensiones entre
fuerzas sociales. Esta afirmación le permite al autor asegurar que las formas históricas
dominantes de los aparatos organizacionales son el resultado de la materialización de un
pacto social de dominación. Por otra parte, la propuesta del autor radica en estudiar las
transformaciones estructurales de los estados latinoamericanos en el devenir de su historia a
partir de ciertas coyunturas críticas. Para ello, Ospina se apoya en el esquema conceptual
de Geovanny Arrigui (1999) que explica como el capitalismo se transforma obedeciendo a
un patrón de ciclos de evolución que conduce a un desplazamiento de los hegemones
regionales. Así mismo, de la mano de Barrington Moore (1976) y su esquema histórico-
comparativo sobre el papel de las élites y los campesinos en el tránsito del feudalismo al
capitalismo, Ospina se enfoca en el análisis de fuerzas, grupos y clases para comprender el
proceso de construcción de los estados modernos latinoamericanos. Sobre esta base, la idea
central de este texto es que la forma particular de cada estado es el resultado de un
“paralelogramo de fuerzas”, es decir, es el fruto de la interrelación de tres factores: a) el
grado de modernización capitalista y fragmentación regional de las oligarquías; b) el grado
de radicalidad y autonomía de las clases subalternas; y c) el grado de control oligárquico o
autonomía de los ejércitos.
Para fundamentar su hipótesis, el autor analiza el caso de Argentina (representante del
grupo de países “populistas”), Chile (caso de los países “fuertes”), Guatemala (caso de los
países “autoritarios) y Ecuador (caso único que el autor llama “transformista”) y muestra
como en cada uno de esos países se interrelacionaron los tres factores mencionados para
configurar el balance de poder que posibilitó la transición a un estado propiamente
capitalista y moderno. Como resultado de este análisis, Ospina propone que la
configuración institucional argentina (junto a la brasileña y la mexicana) se califica como
corporativa; la configuración institucional resultante en Chile (así como en Uruguay y
Costa Rica), al haber seguido el camino más parecido al modelo clásico europeo, podría
calificarse como liberal. Por su parte, la construcción de la estatalidad en Guatemala (y por
extensión, en otros países con una alta tasa de violencia social como Colombia, Perú, El
Salvador y Nicaragua) fue autoritaria; mientras que en el caso de Ecuador (como en
Bolivia) los aparatos organizacionales del estado pueden llamarse transformistas.