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HISTORIA Y CIENCIAS SOCIALES - América Latina comparada.

Cuarto Medio 2020

Lectura Unidad I: Historia Reciente.

“El desaparecido” o “Diatriba de la empecinada” es un texto dramático en forma de monólogo


escrito por Juan Radrigán el año 2004.

Diatriba de la empecinada. Autor: Juan Radrigán.

Escenario vacío. Entra una mujer- VICTORIA-rezongando. Observa al público durante un instante.
Luego:

Victoria; ¿No dije yo?...ya sabia que los iba a encontrar sentados aquí, esperando que alguna tonta salga a
entretenerlos (recorre el espacio, observándolo desfachatadamente). Claro, son las mismas caras de los
bares, de las plazas, de las iglesias, las mismas de las grandes tiendas y de los puterios clandestinos…
Pasa el tiempo, me canso y nada borra de sus caras ese aire de embeleso bobalicón que me desquicia.

A veces pienso que están enfermos de paraíso (ríe). Si, de que mas se podrían enfermar; todas las
preguntas fueron respondidas, la economía es de lujo, la democracia a toda prueba. Sin nadie a quien
juzgar, los jueces riegan sus jardines, van a misa, contemplan el atardecer, y si como si esto fuera poco, la
soldadesca ya no sale de pesca. No tenemos camellos ni oasis, como bien se sabe, pero los camellos se
hartan de agua en los oasis, y el señor ministro de agricultura pronostica que de cada camello florecerá
otro camello, que hará mas fecunda y camella nuestra patria.

Blancas palomas sin pecado concebidas, que respiran en el mejor de los mundos posibles, como no
comprender el estado de gracia en que viven, si la verdad anda desnuda por las calles, la justicia fue
reincorporada al Código Penal, y debajo de la tierra los fusilados celebran la fecundidad de su sacrificio.

No se si se han dado cuenta, pero me estoy riendo de ustedes. Y me importa un carajo que se ofendan. En
todo caso, lo hago sin odio ni alegría. Mi compadre, el Henry Bergson, que fue tremendo para eso de
pensar, decía que la risa era la expresión última de la desesperación. ¿Cacharon?, en ese toque que me rio.
Desde hace una montonera de años que a mi cuerpo no se le ocurre que otra cosa hacer cuando los veo
sentados esperando diversión. (se acerca, los mira)

Pero algo he ganado en este tiempo que ando gritoneándolos: ya no necesito morirme para saber como se
ríen los muertos. Cabrones, catatónicos, sometidos de mierda, los quiero como si los hubiera parido, o
mal parido, que es mas querencia todavía.

Pero se los digo clarito, cagaron conmigo, mientras no aparezca el desaparecido, aquí no se ríe nadie, no
permito que ningún hijo de perra engañe su tristeza en mis narices.

Urge parar este circo siniestro. Es imperioso negarse a seguir actuando en esta obra. Es una enorme
mentira…. Y una inquietante muestra de fragilidad.

Cayó el sol de las murallas, cayó la pasión de la cama, la ternura del comedor, y es como si les hubiera
pasado a los marcianos. Cayó la tregua fundamental de los domingos, cayó la fantasía del alma. Caímos
nosotros de los dos ojos, y es como si no tuviéramos velas en este entierro.
Es demasiado.

En serio, ciudadanos de Santiago, terminar en esto de que temores a propósito de engendrar, de que
nostalgia a propósito de país, y que nada a propósito de mañana. Es demasiado.

Se que no tengo el apoyo de los dioses y que a ustedes ya no se les agolpa la angustia cuando clamo por
el desaparecido. Pero debo insistir. Porque la muerte todavía no me llega al alma, y porque si estoy
equivocada en lo que pregono, esa sería la más esplendida equivocación de todos los tiempos. Si, si, ya sé
que no fueron días de vino y rosas los que dejamos atrás. Sé muy bien que esta vida de zombis locos que
llevamos, es producto de dos seres antagónicos puestos a convivir en nuestro pecho; el honor y el futuro.

Se que parece no existir acuerdo posible, que todas las palabras del mundo parecer ser inútiles. Y quizás
lo sean. Quizás sea tiempo de proclamar el triunfo rotundo del mal, y dejarnos caer definitivamente al
hondo y hospitalario fracaso. Pero que quieren que le haga, me niego aceptarlo.

La verdad es que no se si me niego a aceptarlo. Este tema me violenta, me angustia.

Vuelvo a ver un paisaje atroz, un tumulto de rostros deformados por el miedo y la furia, viudas secas,
mirando hacia arriba, escupiendo oraciones, pisándolas. Y una certeza brutal: ninguna expiación de los
culpables echara a caminar a los muertos de regreso a casa.

Cariños míos, hijos de mis pudores y de mis tristísimos puterios, ¿a pesar de la inutilidad de las plegarias,
a pesar de la imposibilidad de perdonar y de olvidar…. Aun se puede ser feliz?

Este tema me asusta, me desmoraliza. No se que cresta tienen en las venas los escritores de este país que
no lo tocan. Sera que no es comercial, será que no es políticamente correcto, no se. Pero alguien debe
tomar este caso, antes que mueran los únicos jueces posibles, nosotros.

Ya lo ven, no tengo un pelo de tonta, no pueden negar que en pleno corazón del oscurantismo, me he
mandado unas verdades de la putamadre. Lo que sucede, queridos apaleados, es, que como el
peruanisimo Cesar Vallejos, los odio con ternura.

Es por eso que les pido mas respeto por ustedes mismos, un mínimo de dignidad, cabrones. No puede ser
humano que con tanta desgracia encima, vengan aquí con el único propósito de verme mostrar las
pechugas, y si hay suerte, todo lo que viene mas abajo. Que por lo demás, esta bastante bueno.

Pero a estos pechos, a este corazón, y a este pubis, ya no los visita nadie que yo espere con la vida abierta.
La mesa puesta. La palabra hermosa, el hondo sosiego, todo eso ya no existe. Es cierto que suceden
hechos que se niegan terminantemente a ser pasados. Pero todo eso ya no existe.

¿Quedamos claros?

Cochinos, retorcidos, no moveré el culo ni mostrare las tetas. De mi no pueden esperar calmantes ni
pasatiempos. Hace treinta años que vengo arrastrando el poncho. La mía es una rabia torrencial,
provinciana, nacional y mundial. A esta rabia no hay fuerzas que la detengan. Así que basta de vueltas y
revueltas, se pararon los desgraciados y partieron a buscar al desaparecido. Sin el entre nosotros no hay
Dios, demonios ni democracia que nos salve.
Y no me miren con cara de recién llegados, saben muy bien que el no está. QUE..NO…ES…TÁ, hizo lo
posible y lo imposible por seguir entre nosotros, pero no pudo.

Fue ahí donde comenzó el derrumbe, esta zarabanda de engaños y autoengaños. Yo no se en que socavón,
en que espesura o desierto puede estar. La verdad es que a estas alturas ni siquiera se si esta vivo o
muerto, pero tráiganlo como sea. Agárrenlo de las mechas, de las patas, o del corazón. Si del corazón
pueden agarrarlo fácil, por que lo tiene grande como el mundo.

Pero apúrense, las cuerdas no aguantan más estirones. Todo está lleno de ausencias, como en un baile de
ancianos. O como ríos que mueren de sed, ya que hablamos de Chile.

Pero no es la ausencia solamente. Marido y mujer se miran con ojos de cuervos. Lo mismo que el padre
con el hijo, el vecino con el vecino, lo mismo que el cesante con el cesante, y los muertos con los vivos.

No, así no puede ser.

Cualquiera que nos mira, escucha un sonido de guitarras negras, y piensa que solo la caída cuenta la
historia del hombre. Así no puede ser. Hay que salir a buscar al desaparecido, traerlo de vuelta, al precio
que sea. Pero ya no solamente porque seamos su padre y el sea nuestro padre. Digo lo que digo, porque
ya tiene olor de arrodillamiento esta desidia.

Esta bien saber que terreno se pisa, tener tacto, paciencia. Demostrar confianza en la justicia, fe en la
democracia, disposición para el dialogo.

Pero treinta años de eternidad, treinta años de mesas y sobremesas, treinta años de insomnio, de
zancadillas y metáforas perversas, treinta años chapoteando en el fondo del laberinto oscuro…eso ya
tiene cara de perdón solapado.

No, cabrones, sentados ahí van a engordar como vacas, pero nada mas. Porque de milagros ni hablar, ni
celestes ni negros; el paraíso fue clausurado hace mucho tiempo por propaganda engañosa, y al infierno le
importa un pito las almas de los tristes que no van a misa. ¿Nos vamos entendiendo?

No. No han entendido nada. Lo único que piensan es ¡cuando crestas se callara esta loca de mierda!

Nunca. Además, la que los tiro de las patas era loca, no yo.

Yo soy VICTORIA TORRES PANTOJA, viuda, terrible, viuda, fragorosa… viuda.

VICTORIA TORRES, nacida y crecida pobremente en suelo santiaguino, Población Las Rosas,
Independencia altura del 2300. No sé porque le pusieron así. Que yo recuerde, nunca hubo ninguna rosa;
que yo recuerde, la vida pasaba con lenta tristeza, con tan pareja miseria, que nadie se atrevía a contar que
estaba vivo.

Mi padre era mecánico, mi madre cocinera, y los dos dirigentes de cuanta huevá se les puso por delante.
Tiempo tenían de sobra, porque pasaban mas cesantes que con trabajo.
Murieron jóvenes. Murieron cuando la vida todavía no me maduraba en los ojos. Fui a dar donde una
abuela, después donde una tía, después…. No, de mi juventud, mejor no hablar. Siempre que doy vueltas
la cabeza, la veo llorando detrás de mí.

No se que remoto pariente me legó su pasión por los libros, pero esa herencia me salvó siempre de la
soledad. No se si me habrá ayudado a comprender a los hombres y al mundo, pero estoy segura de que me
ayudo a soportar el inútil dolor de haber vivido tantos años.

Pero con todo lo cabrona que es, la vida siempre se las arregla para tirarte un engañito por ahí. Mi
momento de esplendor fueron los catorce años, cuatro meses, dos semanas, cinco días y cuatro horas que
pasé con mi marido.

Para que vayamos andar con chamullos, mirado así de repente, no le ganaba a nadie. Tenia los ojos muy
juntos, las orejas muy grandes, y de la frente hacia arriba, una enorme, enorme cantidad de pelos negros y
alborotados, era como si le hubieran puesto una noche furiosa encima. Claro, no era muy sugestivo, ¡pero
que manera de ser hermoso el desgraciado!

Trabajaba como si hubiera sido hijo y nieto de bueyes, pero siempre le quedaban fuerzas alegres para ser
rey en la cama –cosa que siempre se agradece-y, tiempo también para la palabra dulcemente dicha, cosa
que suele agradecerle mas en ciertos momentos. Si, que yo recuerde, me dio vida, solamente vida.

Cuando lo balearon, no gritó milicos asesinos, ni abajo la dictadura; bueno pal hueveo que era, me dijo:
vieja, se me ha metido entre ceja y ceja que voy a morir de ese balazo que me pegaron entre los ojos. Y se
murió riendo a sangre abierta. Es en homenaje a él que no acepto a ningún cliente que lleve su nombre.

Alcanzó a vivir cuarenta y dos años. Escribió dos libros de poesía, que nadie tuvo nunca la menor
intención de publicar. Le robo frases como mala de la cabeza, y como le robo las mejores, Salí yo
teniendo fama de poeta.

Cuando le cuente se va a morir de la risa. Lo que no le va a gustar nadita, es lo que tuvo que hacer su
guacha rica para seguir respirando. Pero él sabe que para los que vivimos apelotonados en el fondo de la
miseria, cualquier infierno es mejor.

Y sabe también que ninguna condición de vida que mate los pensamientos y aplaste la cólera, va
conmigo. A los del otro mundo deberían prohibirles andar saltándole encima a una como monos
traviesos. No, traviesos no.

”¡sucios, espantosos, escuálidos, míseros, epilépticos monos, animales puros de todas las nostalgias!”

Eso lo escribió LUBICZ MILOZ. Lituano culiao, por que no me dejo decirlo a mi o a mi marido.

Mi madre tenía los ojos celestes, el corazón celeste, las palabras celestes. Le dieron con todo lo que tenían
a mano. Nunca he podido encontrar un nombre para esa vieja costumbre humana de no perdonar nunca al
que no es culpable de nada.

A mis hijos también quisiera verlos.

Dos veces parí y a los dos me los mataron.


Quisiera abrazarlos.

Y a mi hermana Mercedes Ignacia, que murió de cáncer, y que le debo un llanto largo.

Y a mi tía Maria Rojas, que de puro porfiada nació morena entre dos hermanas blancas.

Y a…. Pucha, no había pensado nunca en lo llenos de muertos que estamos los vivos.

Daria lo que me pidieran por volver a verlos. Pero siempre que voy a mi pasado llueve una lluvia
miserable, es noche de neblina, y nadie sale a recibirme.

Por eso no viajo casi nunca. Puede ser que el cielo sea azul mañana para poder viajar.

Una vez leí que los muertos son ciegos, que no pueden vernos. Ojala sea cierto, porque a veces, parada en
las esquinas, tengo la impresión de que ofrezco mis servicios como escudilla pordiosera. No me gustaría
que me vieran así.

Palabra, yo no sé en nombre de que merecimos salvarnos, pero estoy aquí porque quizás exista la remota
posibilidad de que lo que somos signifique algo.

Pero no estaría de más saber quién sacó las cuentas. Porque hubo un evidente error de cálculo, los huesos
resisten demasiado.

De otra manera, quizás pudiéramos devolver lo prestado en mejores condiciones. Digo, presentarnos
menos deteriorados, menos chasqueados, y, sobre todo, no tan cargados de preguntas. Si, pienso que todo
cambiaria si viviéramos lo estrictamente necesario.

Porque una no es tonta, una cacha cuando lo que queda por delante no vale la pena.

Entonces para que más, a quien le sirve este amasijo de cansancio. De donde sale. Que sentido tiene, que
sabe esa voz que obliga a seguir y seguir.

Harto poca cosa hay que ser para que ni siquiera la muerte sea un derecho de propiedad inviolable.

Entonces, claro, entonces la suma de todo esto, y de lo mucho que me callo, por decencia o por
ignorancia, es que me importa un cuesco que este sentado detrás de las tinieblas o mas allá de las
estrellas; que este en todas partes, que sea el origen, el fundamento y el fin de todo cuanto existe o
sucede. No me interesa que sea supra temporal, supra espacial, inimaginable o ilimitado; no me
conmueve que no cambie, que no calle, que nos ame: Dios debe ser juzgado, condenado y ejecutado sin
piedad por el crimen de no existir.

…. Horrible es conocer la verdad, y el miserable hallazgo destruye a quien lo obtiene…

Alguien tuvo que decir eso, a mi no se me ocurren cosas así, quien seria ¿

Mierda, siento que estoy terriblemente cansada.

Necesito alguien que me diga si es cierta la palabra hogar.

Necesito una cama y un marido, para volver a sentir la tibieza humana.


Necesito que un muerto de buena voluntad me preste su muerte para ir a visitar a mis hijos.

Quisiera ser borracha, mueble, piedra.

Pero sobre todo, sobre todo, quisiera descansar.

Pero es temprano. Siempre es muy temprano para volver a la pieza.

Ya ven, mi lecho no es de rosas. El de ustedes tampoco.

Pero, yéndome a la positiva, el individuo que sufre no es la desolación, sino el significado de la


desolación; no es la derrota, sino la existencia de la derrota. El individuo que sufre, aun no lo ha perdido
todo. Solo sin emoción, nada queda de lucido, de asible. Solo perdida toda capacidad de sentir, estamos
derrotados.

También, por supuesto, cuando perdonamos indiscriminadamente. Hay que salir siempre por la puerta
que dice Justicia, aquellas donde dice perdón, u olvido, son puertas falsas.

Este es el evangelio según Victoria Torres, lavada de toda culpa por la sangre que ha sufrido.

Espero que hayan aprendido la lección, espero que no vuelvan a pensar que estoy loca.

No sean lesos, no desperdicien esta papita. Recuerden que en los tiempos angustiosos de la historia,
siempre aparece alguien como yo, un ser modesto, un ser dolorosamente lucido, que trae un mensaje
alborotador. Lo se, en eso de la predica nunca le he ganado a nadie. Quizás me pase lo que cuenta Jesusa
Rodriguez: que le gritaron autista y entendió artista. O como a los políticos de mi tierra, que llevan la
política en la sangre, pero tienen mala circulación.

Si quizás me pase algo parecido, pero a sincera no hay quien me llegue a los zapatos.

Es lo que me salva, y lo que los salva a ustedes. Importa un carajo que me repita, que me contradiga; que
sea clara, burda, oscura, racional o caótica; lo que importa es que vengo a proponer, a imponer, a rogar, a
exigir que salgan a buscar al desaparecido.

Créanme, este momento en apariencia tan estéril, esta lleno de contenido universal.

Nunca fuimos luminosos. Por lo tanto, no puedo prometer que seremos luminosos como antaño.

Pero si puedo asegurar que con la vuelta del desaparecido, volveremos a ser personas. Hay que
recuperarlo a como de lugar. miéntanle, amenácenlo, pídanle perdón, pregúntenle si quieren, pero
tráiganlo de vuelta, o de nosotros quedara con vida la pura sombra,

Yo no se por donde empezar ni por donde terminar, el único dato que tengo es que hace treinta años que
no asoma la nariz por aquí. O sea que la ultima vez que supimos de el fue en septiembre del 73, ese día en
que las tropas del país invadieron el país, y quedamos perdidos en un bosque de caras pintadas, donde
paranoicos, donde hijos de la gran puta, nos asesinaban por temor o por terror.

¡Hijo, hijo, que tienes, donde te dieron!


Y ellos que no contestaban que nunca alcanzaban a contestar, porque la vida ya se las había caído a la
muerte por el barranco terrible.

Quien no abortó a estos malditos, de que sangre salió esa piara de cerdos insaciables.

¡Quien pario a esas bestias, que no se cosió el choro! … claro, fue en ese paso por el infierno que el se
perdió, se fue, se escondió, se exilio, o no sé que cresta hizo o le hicieron.

Pero es desde entonces que no lo vimos más, y empezó a caernos encima esta lluvia asquerosa, esta
epidemia de decadencia que nos tiene por las cuerdas.

¡Oh, Zeus, quien hubiera imaginado este país de carnaval, esta demente vitrina de ídolos desechables, de
torvas impunidades, y de tetas y traseros ofrecidos al mejor postor!

¡Oh, Zeus, por que nos tratas como a parientes que han perdido la razón!

Esta es una hecatombe, la vergüenza de estar vivos ya es insoportable, el hedor de esta sociedad que
agoniza no respeta ninguna puerta, ninguna pared, todo sucumbe a la hediondez.

Hay que traer de vuelta al desaparecido contra vientos y mareas; no se puede perder ni un minuto mas, si
esta herido lo curaremos, si esta muerto lo resucitaremos, pero no tiene por que andar hueviando donde el
diablo perdió el poncho.

Explíquenle bien el asunto, entenderá. Por mi parte, nunca le perdonare que se haya ido cuando mas lo
necesitaba, pero no le digan eso. Además, no se si es cierto, si todo estuviera perdido, yo no estaría aquí
puteandolo.

Y es preciso convenir también, en que nosotros somos los culpables de su ausencia. Inventamos la
ternura, y luego el cuchillo; proclamamos la esperanza, la paz, la justicia, y después somos sus
imperturbables verdugos.

No, no, no, importa una raja que seamos como somos, alguien, algo, nadie, nada, lo quiso así, pero
importa una soberana huevada, la única verdad es que no podemos vivir sin el desaparecido, y que esta
abundancia de palabras ya me esta ahogando, ya no van significando nada; Bergson se equivocó, la
expresión ultima de la desesperación no es la risa, es la CHUCHÁ, así es que se pararon los bolsas de
caca y partieron a trabajar, hay una sola parte no mas donde buscarlo es perder el tiempo; en los
regimientos, en todos los otros lugares de la tierra puede estar, tráiganlo a combos, a besos, a patas,
agárrenlo de las mechas, de los cocos o del alma, eso a mi no me importa, PERO AL AMOR, me lo traen
de vuelta a este país, cueste lo que cueste. ¿Entendieron bien los conchesumadres? ¡Cueste lo que cueste!