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Taller de creatividad e innovación empresarial,  para las

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1.CREENCIAS

¿Te acuerdas cuando decidiste no ir a rendir un examen porque


creías que no habías estudiado lo suficiente?
Eso es una creencia limitante.

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¿Recuerdas alguna vez haber pensado en un gran proyecto, al tiempo que te
boicoteabas diciendo que no tenías suficiente dinero o te faltaban conocimientos?

Esta sería otra de las posibles creencias limitantes sobre el dinero, ya que no es lo


mismo montar algo físico que montarte algo digital que no te pide tantos recursos.

2. Qué son las creencias limitantes


Son frases que nos transmite nuestra voz interior (la voz de nuestra conciencia) y que
no se sustentan en ningún hecho objetivo. Un ejemplo de esto también pueden ser los
pensamientos irracionales. 
Dicho de una forma sencilla, son pensamientos o frases que escuchamos (o nos dicen)
y que se convertirán en nuestra guía sobre qué es dolor en nuestra vida y qué es
placer; o que es bueno y malo; o lindo y feo.
Un ejemplo de creencia limitante es cuando te dicen «Los Hombres no lloran».
Lógicamente cada vez que te ocurra algo que te haga sentir ganas de llorar, si eres
varón, lo pensarás más de una vez.
Si por el contrario decimos que la vida es «eso que pasa mientras disfrutamos cada
momento», aquí se presentan creencias potenciadoras, ya que para ti es más potente
cambiar, sentir y disfrutar, y unirás dolor a no hacer nada.

3. Te lo cuento mejor
Entre la edad de 4 a 8 años de vida, interiorizamos estas creencias en nuestro sub-
consciente. Normalmente en esa época no tenemos ninguna herramienta para
conocer el mundo y entender cómo cada una de las frases y situaciones vividas
afectarán nuestra resolución conviertiéndose en creencias limitantes.
Pero es importante que sepas que tú eres mucho más que un conjunto de
creencias limitantes.

Lo peor de estas creencias es que se activarán enseguida que te encuentres en una


situación que te haya generado trauma, como puede ser un golpe con el vehículo.
Aunque el golpe haya sido pequeño, si te ha afectado, después cada vez que pienses
en conducir, te repetirás de manera inconciente, en forma de mantra: «No manejo
bien, puedo chocar».
Creencias irracionales, como «dónde voy a ir yo con mi edad», «de internet viven
cuatro matados» o «si me costó la prepa, o el bachillerato, como voy a querer estudiar
en la facu», no te permiten aprovechar todo tu potencial.
4. ¿Cómo se forman las creencias limitantes? Principales causas
Las creencias limitantes pueden aparecer en cualquier momento de nuestra vida,
normalmente a través de algo que nos haya influenciado de manera intensa, aunque la
mayor exposición a las mismas se produce cuando somos niños (como dije antes, entre
los 4 y 8 años), en los primeros años de desarrollo humano.
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¿Sabías que un niño de entre 4 y 8 años puede escuchar 75 000 veces creencias de sus
referentes?
Son transmitidas por quienes nos forman (padres, educadores, profesores) o
cualquiera que sea referente para nuestro crecimiento. Cada frase con buena
intención, cada opinión sobre algo, cada enseñanza marcada, quedará en nuestro
inconciente de manera activa.
Si aceptas una creencia de forma lapidaria, sin cuestionarla, para ti será una verdad
incuestionable.
“Las nenas se visten de rosa y los varones de celeste”, “Las niñas no juegan futbol”,
“Los niños deben jugar bruscamente”. Estas verdades se crean de forma inconsciente y
se manifiestas sobre todo cuando generalizamos, por ejemplo, «todas las mujeres son
iguales».
En nuestra infancia (aunque no nos acordemos) se grabaron cientos de creencias
limitantes. Algunas con el tiempo las podemos haber ido desechando, hay otras que
incluso 40 o 50 años después las llevamos puestas.
Frases como «eso no se hace»,  «eso no se dice»,  «compórtate como un niño bueno»
o  «esto se hace así» nos destruyen toda forma de imaginación que tenemos en esas
edades, y con el paso del tiempo nos van limitando debido a que entendemos que
para que papá y mamá nos quieran debemos comportarnos de una determinada
manera.
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Es decir, para sentir a esa edad que nuestros padres nos dan su amor, debemos hacer
todo lo que nos dicen y de la forma en el que
ellos nos inculcan (esto es una regla que
aprendemos cuando no tenemos desarrollado
todavía ningún proceso mental superior como,
por ejemplo, el razonamiento).

¿Te van cuadrando las cosas ahora?


Y en la escuela ocurre lo mismo.

  Una vez un niño fue a la escuela. El niño era bien pequeño, la escuela era
  bien grande. Pero cuando el niño vio que podía caminar hacia el aula desde
la puerta de la calle, se sintió feliz y la escuela ya no le pareció tan grande
como antes.
Poco tiempo después, una mañana la maestra dijo:
- Hoy vamos a hacer un dibujo.
- ¡Bien! – pensó el niño, porque le gustaba dibujar.
Y podía hacer todas esas cosas que le gustaban: leones y tigres,  gallinas y
vacas, trenes y barcos. Así que tomó su caja de lápices de colores y se puso a
dibujar.
Pero la maestra dijo:
- ¡Esperen! ¡Todavía no es hora de comenzar!
Y el niño esperó hasta que todos estuvieran listos.
- Ahora sí, dijo la maestra, hoy vamos a dibujar flores.
- ¡Qué bien! Pensó el niño, porque a él le encantaba dibujar flores. Y
comenzó a dibujar flores muy bonitas con su lápiz rosa, naranja, y azul.
Pero la maestra interrumpió y dijo:

- ¡Esperen! Yo les mostraré cómo hay que hacerlas. - ¡Así!, dijo dibujando
una flor roja con el tallo verde. ¡Ahora pueden comenzar!

El niño miró la flor de la maestra y luego miró la suya. A él le gustaba más su


flor que la de la maestra, pero no dijo nada. Simplemente guardó su papel,
cogió otro e hizo una flor como la de la maestra: roja, con el tallo verde.

Otro día, cuando el niño llegó al aula, la maestra dijo:


- ¡Hoy vamos a trabajar con plastilina!
- ¡Bien! Pensó el niño. Podía hacer todo tipo de cosas con plastilina: gatos y
muñecos de nieve, elefantes y conejos, coches y camiones… Y comenzó a
apretar y a amasar la bola de plastilina. Pero la maestra interrumpió y dijo:

- ¡Esperen! No es hora de comenzar.

Y el niño esperó hasta que todos estuvieran listos

- Ahora -dijo la maestra- vamos a hacer una serpiente


- ¡Bien! – pensó el niño. A él le gustaba hacer víboras. Y comenzó a hacer
algunas de diferentes tamaños y formas. Pero la maestra interrumpió y dijo:

- ¡Esperen! Yo les enseñaré como hacer una serpiente larga. - Así… – mostró
la maestra. ¡Ahora pueden comenzar!
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Es en esa época de nuestra infancia cuando somos fácilmente programables y cuando


las ideas que nos plantean se graban automáticamente en nuestro subconsciente. Al
ser nuestros referentes principales quienes las plantean, son dificilmente desoidos.
Como no voy a creerles a mis padres que existe un ratón que se lleva mis dientes o un
señor Gordo vestido de rojo que ingresa por la chimenea, aunque no tenga chimenea.
Y en la medida que vamos creciendo nuestras creencias proceden del entorno en el
que hemos vivido, la experiencia y/o las opiniones de los demás.
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Frecuentemente, pensamos que “no podemos” hacer tal cosa sencillamente porque
un día, o quizá más
veces, hace mucho
tiempo, lo intentamos y
no lo conseguimos. O
alguien cercano (familia,
compa-ñeros,
profesores) nos dijo
que no lo podríamos
hacer, no
servíamos, etc.
Ese recuerdo queda
grabado y ante una si-
tuación similar, es la
primera frase que se nos
viene a la cabeza y la pensamos o decimos sin cuestionarla en absoluto. 
Seguramente, en una etapa adulta tenemos otras capacidades, otros conocimientos o
recursos, estamos mejor preparados, pero esta idea en nuestra mente nos frena, y nos
impide actuar.
5. Nuestro cerebro aprende a saber qué esperar de cada momento
La neuropsicología ha descubierto que nuestro cerebro aprende a saber qué esperar
de cada momento; es decir,  si esperamos que en el próximo examen vamos a
suspender porque no nos hemos preparado lo suficiente, probablemente
estudiaremos menos, y entonces suspenderemos de verdad. O si esperamos que en la
próxima reunión de trabajo apenas voy a hablar porque una vez en la Universidad me
salió mal hablar ante el público, no voy a probar el hacerlo de nuevo. Seguramente
cierre mi boca y no diga nada.
Por tanto, estas ideas o pensamientos actúan como profecías auto-cumplidas, ya
que actúan como puertas o barreras a lo que podemos hacer. Si crees que eres
agradable, entonces te acercarás a los demás de forma más abierta.  Si crees que no lo
eres, te retraerás ante los demás y los demás te verán como tu haces que te vean (te
tirarás piedras sobre tu propio tejado).
6. ¿Cómo cambiar las creencias limitantes?
Si vamos a trabajar la innovación y desde el inicio queremos ser creativos, debemos
eliminar la mayor cantidad de creencias limitantes. Abrír la cabeza a todo tipo de
pensamiento. Desaprender lo aprendido y volver a guardar información. Una técnica
sencilla para eliminar algunas creencias, consiste en estos 3 pasos, centrados en los
tiempos presente y futuro:

Tomar consciencia de la creencia que nos limita, identificarla. Preguntarnos:  ¿En qué


me perjudica?, ¿En qué me beneficia?, ¿Cómo sería mi vida sin esta creencia?
Sustituirla por una creencia potenciadora o estimulante, y preguntarnos  ¿Cómo sería
mi vida si creyera esto nuevo?
Entrenar o repetir la nueva creencia hasta incorporarla.  La parte que requiere más
constancia.
Sólo cambiando las creencias que nos limitan, podemos cruzar nuestra zona de confort
y avanzar en el camino hacia nuevos hábitos, retos y aprendizajes.
Mahatma Gandhi decía:
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Mantén tus
pensamientos
positivos,
porque tus
pensamientos se
convertirán en tus
PALABRAS
Mantén tus palabras
positivas
porque tus palabras
se convertirán en tus
ACCIONES
Mantén tus acciones
positivas
porque tus acciones
se convertirán en tus
HÁBITOS
Mantén tus hábitos positivos
porque tus hábitos se convertirán en tus
VALORES
Mantén tus valores positivos
porque tus valores se convertirán en tu
DESTINO

7. Creencias en la empresa
Ahora bien, ya hemos aprendido lo qué son las creencias, cómo se generan y cómo
influyen en nuestra conducta, ahora trasladémoslas al ámbito profesional.
Destacamos que las creencias limitantes son aquellas sobre las cuales haremos foco. El
quid de la cuestión como dije en el ejercicio anterior reside en saber detectarlas.
Ante un estímulo externo, prestemos atención a nuestras reacciones, por ejemplo.
Conductas a ciertos estímulos que generan emociones y sentimientos probablemente
sean ocasionadas por limitantes que surgieron a partir de experiencias pasadas.
Personales o del grupo en particular, equipos específicos o áreas marcadas.
Estas creencias influyen en todos los niveles de una organización. A nivel individual, en
cada uno de los miembros que la conforman. A nivel de los distintos equipos y áreas,
apalancados por las creencias limitantes de los líderes. Y también a nivel de los
directivos y dueños de la empresa; quienes determinan el cauce y dirección de la
institución.
Por esto, es muy importante lo mas pronto posible, detectar estas creencias en todos
los niveles. De la misma manera que lo trabajamos de manera individual. Y como
organización, contribuir al desarrollo personal de cada uno de los empleados. Ya que,
si todos desarrollan sus potenciales y crecen en su individualidad, en consecuencia, la
empresa también lo hará.
Como individuos, debemos detectar estas creencias limitantes que influyen en nuestro
día a día para transformarlas o reemplazarlas por potenciadoras.
En caso contrario, nos costará aún más expresar nuestro máximo potencial.
Pongamos un ejemplo de limitante: “no merezco tal posición en el trabajo, aunque la
deseo”. Si nos dejamos llevar, y nos vamos convenciendo de que no somos
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merecedores de esa promoción, en general, nos resignaremos ante esa situación y no
haremos nada por modificarla, por lo cual no obtendremos ese objetivo que deseamos
y puede llegar a desencadenarse una situación de frustración.
8. ¿Qué podemos hacer en la empresa?
Para modificar una creencia limitante proponemos lo siguiente: en primer lugar y
luego de identificarla, podríamos preguntarnos qué haríamos si nuestra creencia fuera
falsa, si tuviéramos la certeza de que sí somos merecedores de esa posición.
Lo siguiente sería definir un plan de acción para alcanzar nuestro objetivo y llevarlo a
cabo. También podría ayudarnos la búsqueda de evidencia que pruebe que nuestra
creencia es falsa; en este punto, podría tratarse de una persona en nuestra misma
situación que logró estar en la posición que yo deseo alcanzar.
Y, para finalizar, podríamos modificar las creencias que nos limitan para que nos
resulten potenciadoras, ya sea por una transformación o por un cambio a otra creencia
nueva. Hacer una lista con creencias positivas y recordárnosla todos los días, puede
hacernos cambiar de actitud e incorporarlas a nuestro sistema de creencias más
fácilmente. Sin embargo, preguntarnos cómo podemos conseguir aquello que
queremos y establecer una estrategia y plan de acción para alcanzarlo (como
mencioné más arriba), es uno de los puntos fundamentales.
9. Conclusiones
Asimismo, es muy importante que, como estamos atentos a nuestras creencias
individuales, también podamos detectar creencias limitantes en un grupo de trabajo,
ya que, por ejemplo, si el líder de un equipo tiene ciertas creencias acerca del grupo
que no son potenciadoras, es muy posible que el potencial del equipo se vea
restringido por las creencias limitantes de quien los guía. Lo mismo aplica a nosotros
como estudiantes de una carrera universitaria. Piensa que hace poco tiempo atrás, en
época de tus padres estudiantes, no se podía ni siquiera pensar en una cursada virtual.
Lamentablemente, estas creencias condicionarán el potencial y crecimiento del
estudio.  Y para ellos sería más lógico pensar es que sería imposible estudiar de esta
forma y desistirian desde el inicio de esa posibilidad.
En conclusión, comenzar a prestar atención y a revisar nuestras propias creencias y
aquellas que están presentes en los ámbitos en los que nos desarrollamos, nos
permitirá modificar nuestro abordaje sobre ellas y así, evaluar y modificar (si es
necesario) el rumbo que le estamos dando a nuestra vida personal y profesional para
desarrollar la mejor versión de cada uno de nosotros que podemos ofrecer a este
mundo.

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