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Materia

Fundamentos de la Consejería Bíblica

Profesor

Henry Buitrago
Alumno

Andres Camilo Robles Ramón

Trabajo

Trabajo Final

Institución

Seminario Bíblico
Asambleas de Dios

Lugar y fecha

Aguazul – Casanare
2018
Fundamentos de Consejería al adulto
Para el ministro se constituye una necesidad y un deber crecer en el conocimiento de la
Biblia ya que ella es profundamente esencial para guiar la conducta del hombre, allí está
la guía de Dios para el camino del hombre, pero es en la consejería donde aquel
conocimiento se lleva a la práctica, se aplica y se da una respuesta a cualquier problema.
Aquí la teología de uno llega a ser intensamente práctica. La meta de cada consejo es la
santificación, debemos tomar la fuente (y por así decirlo) derramarla sobre ellos, pero ¿de
dónde Dios nos santificara? ‘‘Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad’’ (Jn 17.17). Es
muy explícito nuestro Señor.
Pondré algunos puntos teológicos los cuales son muy generales al momento de dar
consejería e incluir tan variados problemas, estos se basan en doctrinas fundamentales
que a través de las escrituras (sobre todo el NT) hablan al hombre de manera muy
específica al momento de lidiar con pecados y demás.
1. La Pecaminosidad del Hombre.
De acuerdo con el credo de la autoestima, no hay gente mala; sino solo personas
que piensan mal de sí mismas. La noción de que la autoestima hace mejores
personas es simplemente un asunto de fe religiosa ciega. No sólo esto, sino que es
una religión contraria al cristianismo, en razón de que es predicada en base a la
presuposición de que la gente es buena y necesita reconocer su propia bondad. Es
aquí donde tenemos que empezar a diferenciar entre la consejería centrada en el
interés del hombre y una consejería Bíblica.
En otras palabras, contrariamente a lo que piensa la mayoría de la gente (y
también a las presuposiciones de la doctrina de la autoestima) hombres y mujeres
no son buenos por naturaleza. La verdad es justamente lo opuesto. Somos por
naturaleza enemigos de Dios, amadores de nosotros mismos y esclavos de nuestro
propio pecado. Somos ciegos, sordos y muertos espirituales, incapaces aun de
creer de no intervenir la gracia de Dios. Decir que somos buenos haría en nosotros
sentirnos cómodos y satisfechos.
a. Amonestación contra su pecado.
Es nuestro deber ayudarles a vencer el pecado específico que les estorba;
sea el orgullo, la mundanalidad, la ambición, un temperamento fuerte,
etc... Deberíamos mostrarles la naturaleza vil de su pecado y darles
direcciones que les ayuden a tratar con él. No debemos consentir el pecado
en los creyentes, ni en los incrédulos. Algunos pudieran resentirse ante
nuestra amonestación. Sin embargo, si queremos ser fieles a Cristo,
debemos tratar firme y cariñosamente con aquellos que se han desviado.
En este punto es de gran ayuda apoyarnos en la conciencia de la persona
porque en lo profundo de sus corazones todos saben que algo está
desesperadamente mal. La conciencia los confronta permanentemente con
su pecaminosidad. Aunque traten como puedan de culpar a otros o
busquen explicaciones psicológicas por cómo se sienten, no pueden
escapar de la realidad. En última instancia no pueden negar su propia
conciencia. Todos ellos sienten su culpa y saben la horrible verdad acerca
de quiénes son en su interior. Se sienten culpables porque son culpables.
Ahí está nuestro aliado a la hora de mostrar la pecaminosidad y la
culpabilidad.
2. La Unión con Cristo (esto es a creyentes)
Desde la obra de la redención de Cristo, en la vida ha habido dos dominios: el de
Cristo y el de Adán. En tanto está fuera de Cristo, la gente está espiritualmente
muerta (Ef. 2.11-12), pero una vez en Cristo, tiene vida con Dios y puede
experimentar bendiciones espirituales (Ef. 1.3-14) y muerte al pecado (Ro 6.1-11).
Siendo que bendición y muerte al pecado es lo que Dios ha cumplido en Cristo,
Deben ser apropiados personalmente a través de la unión con Cristo. Esta es la
unión que Pablo describe como «en Cristo» y «bautismo».
Para entender el concepto de unión con Cristo, necesitamos considerar en qué
sentido ocurre el cambio en la salvación. Además, cuando Pablo habla de cambio
espiritual, con frecuencia usa metáforas. Las Escrituras declaran que el creyente en
Cristo es hecho «nueva criatura»; es decir, una persona que es parte de la nueva
humanidad que existe ahora bajo el gobierno de Cristo. Los resultados de esa
unión son múltiples. Justificación, vida nueva y morada del Espíritu son los frutos
clave que emergen de esta relación con Dios. Estos resultados son enteramente
consecuentes con el aspecto de la unión simbolizada en las figuras de Pablo, en las
que aquellos son también derivados de la unión con Cristo.
Si estamos en Cristo por la Fe, y la Fe no es meramente una afirmación intelectual
de una justicia distante y extraña, sino un poder que renueva a los hombres y se
manifiesta en buenas obras entonces ahí en este punto es fundamental el guiar al
creyente a hacerse la pregunta, si he muerto al pecado en Cristo (por la unión con
él) ¿Cómo es que aún sigo perseverando en pecados por los cuales ya he sido
liberado?, la muerte de Cristo nos libró del pago y del dominio del pecado. ¿Cómo
es que voy a abandonar el servir a la justicia para servir al pecado?
Como los únicos que gozamos de los privilegios de estar unidos al Salvador son
para aquellos que son creyentes y aquellos que serán, de modo que esta manera
de exhortación seria al aplicarla particularmente a los crédulos de forma activa
para mostrarles la inmensidad de su libertad en Cristo.
3. Mirar a Cristo.
El verdadero creyente tiene un Ayudador que habita en él, El Espíritu Santo, que
aplica las verdades bíblicas objetivas en el proceso de santificación. Aunque no
lleva nuestra atención hacia nuestro ser interior, ni siquiera hacia Él mismo. En su
lugar, dirige nuestro enfoque hacia arriba, hacia Cristo. Jesús dijo: ‘‘Pero cuando
venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de Verdad, el cual
procede del Padre, El dará testimonio acerca de mí’’ (Jn 15.26).
Finalmente, es hacia Cristo que debe dirigirse la mirada del aconsejado. ‘‘Por tanto,
nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor,
somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu
del Señor’’ (2 Co 3.18). Este es el proceso de santificación. Y esta es la meta final de
toda verdadera consejería bíblica.