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Título: Sugiere tú uno.

Sumario: Reconocimiento, dinero, una medalla de oro, un pergamino. Lo que uno

en realidad desea es que las palabras queden.

Los amigos de La Estrella me han pedido que relate lo que significó para mí

haber ganado el Premio Nacional de Literatura Ricardo Miró en el 2011, en el

género poesía. La verdad, me quedo sin palabras, yo que me jacto de jugar con

ellas en poemas y canciones. Recurro a las palabras de la gran Patti Smith, quien

dijo lo siguiente al recibir ella misma un premio literario: “La verdad es que

ningú n artista debería necesitar premio alguno, pero cuando los recibimos, por

supuesto que nos alegra”. Lo segundo que me sale del forro decir es que fue grato

ganar el premio el mismo añ o en que Roberto Quintero se lo ganó en el género

teatro. (A Roberto, con permiso, lo llamaré de ahora en adelante por su

seudó nimo literario, Winnie T. Sittó n, mismo con el que los funcionarios del INAC

no le permitieron firmar su obra ganadora por má s que el hombre argumentó ,

discutió y finalmente —sí, yo mismo lo vi hacerlo— pataleó y rabió . Vaya usted a

saber por qué misteriosas razones no se lo permitieron; tal vez alguien pesado

en el INAC tenía algú n trauma de la niñ ez con el osito de la clá sica serie animada,

o simplemente no le gustaba el café —disculpen mi falta de imaginació n). En fin,

Winnie y yo nacimos el mismo añ o, con escasos meses de diferencia; somos de la

misma generació n de barbudos soñ adores, medio idealistas, un tanto

trasnochados, maleducados, bocones, sarcá sticos, a veces borrachos rompegrupo

y narcisistas al mejor estilo de las redes sociales; pero somos buenos pela’os. Nos

parecemos en muchas cosas, excepto en nuestros gustos musicales (no te


preocupes, hermano, no voy a revelar el nombre de tus canciones favoritas; ya se

enterará n en el concierto que realizará s en el Teatro Amador el tres de octubre;

¡golazo!). Nuestra amistad se afianzó gracias al premio Ricardo Miró y ya eso fue

ganancia; a parte de los quince mil palos, claro está , que, ¡Dios, có mo resuelven!,

por lo menos a mí, porque eso de vender libros como si fueran hamburguesas es

un arte que dominan muy pocos. Así que yo sí que necesitaba ganá rmelo, y estoy

seguro de que Winnie también. Por otro lado, siempre es grato cuando un joven

desconocido se gana el Miró . Nada en contra de los vejetes, y mucho menos de

nuestro amigo Neco Endara, quien fue el otro premiado en el 2011. Tres Miró se

ganó el muy hijo de su madre, en los géneros Ensayo, Novela y Cuento. El

sinvergü enza nos dijo con una sonrisa de oreja a oreja que Winnie y yo habíamos

evitado que arrasara con el premio en las cinco categorías —él había participado

también en poesía y teatro— y que estaba contento de haber perdido esa

oportunidad por culpa nuestra. Neco: sensibilidad, sentido del humor y

desparpajo. Como ú ltima anécdota tengo que contarles lo que me dijo la

directora de la institució n universitaria privada en la que me encontraba

estudiando al momento de ganarme el Miró : Al yo pedirle permiso para

ausentarme una semana del centro de estudios para asistir a las actividades

relacionadas con el premio, la ilustre directora me preguntó muy oronda: “Y ¿qué

premio es ese?” Yo solo le sonreí y pensé: “Vaya, esto sí que es poesía pura”.