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REVISIÓN DE LAS ESTRATEGIAS DE NEGOCIACIÓN EMPLEADAS EN LOS

PROCESOS DE PAZ EN COLOMBIA QUE POSIBILITARON LA FIRMA DEL

ACUERDO DE CESE AL FUEGO Y TREGUA BILATERAL (1989) Y EL ACUERDO

GENERAL PARA LA TERMINACIÓN DEL CONFLICTO Y LA CONSTRUCCIÓN DE

UNA PAZ ESTABLE Y DURADERA (2016)

HEIDY MOLINA ARIAS

PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA

FACULTAD DE HUMANIDADES Y CIENCIAS SOCIALES

MAESTRÍA EN DERECHOS HUMANOS Y CULTURA DE PAZ

2018
REVISIÓN DE LAS ESTRATEGIAS DE NEGOCIACIÓN EMPLEADAS EN LOS

PROCESOS DE PAZ EN COLOMBIA QUE POSIBILITARON LA FIRMA DEL

ACUERDO DE CESE AL FUEGO Y TREGUA BILATERAL (1989) Y EL ACUERDO

GENERAL PARA LA TERMINACIÓN DEL CONFLICTO Y LA CONSTRUCCIÓN DE

UNA PAZ ESTABLE Y DURADERA (2016)

HEIDY MOLINA ARIAS

Trabajo de grado presentado como requisito para optar al título de

Magister en Derechos Humanos y Cultura de Paz

Director:

Adolfo León Guerrero

PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA

FACULTAD DE HUMANIDADES Y CIENCIAS SOCIALES

MAESTRÍA EN DERECHOS HUMANOS Y CULTURA DE PAZ

2018
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CONTENIDO

INTRODUCCIÓN .......................................................................................................................... 8

1. DEFINICIÓN Y PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA ..................................................... 10

2. MARCO TEÓRICO.................................................................................................................. 13

3. ESTADO DEL ARTE............................................................................................................... 16

3.1 Conflicto armado en Colombia ............................................................................................... 16

3.2 Comparativo de procesos de paz............................................................................................. 19

4. OBJETIVOS ............................................................................................................................. 21

4.1 Objetivo general ...................................................................................................................... 22

4.2 Objetivos Específicos.............................................................................................................. 22

5. METODOLOGÍA ..................................................................................................................... 22

6. RESULTADOS......................................................................................................................... 24

6.1 Capítulo 1. Negociación con el M-19, entre avances y retrocesos para alcanzar un acuerdo 25

6.1.1 Auge guerrillero y la negociación de la paz en Colombia ................................................... 25

6.1.2 La ANAPO y el Movimiento 19 de abril ............................................................................. 29

6.1.3 Primeros diálogos de paz. Gobierno de Belisario Betancur ................................................ 32

6.1.4 La negociación de la paz en el gobierno de Virgilio Barco ................................................. 37

6.1.5 El secuestro de Álvaro Gómez: una oportunidad para hablar de paz .................................. 41

6.1.6 Iniciativa para la Paz presentada por el presidente Virgilio Barco ...................................... 42
4

6.1.7 Rechazo de CGSB a la iniciativa, conversaciones entre el M-19 y el Gobierno ................. 47

6.1.8 Propuesta del Conservador Álvaro Leyva ........................................................................... 48

6.1.9 Primer diálogo directo entre el Movimiento 19 de abril y el Gobierno ............................... 50

6.1.10 Inicio del proceso: Declaraciones conjuntas ...................................................................... 52

6.1.11 Mesas de Trabajo por la Paz y la Reconciliación .............................................................. 57

6.1.12 Funcionamiento de las Mesas de Trabajo por la Paz y la Reconciliación Nacional .......... 59

6.1.13 Pacto Político por la Paz y la Democracia ......................................................................... 61

6.1.14 Últimas declaraciones conjuntas: séptima y octava ........................................................... 63

6.1.15 Marco Jurídico del acuerdo de paz .................................................................................... 64

6.1.16 Dejación de las armas ........................................................................................................ 65

6.1.17 Acuerdo Político entre el Gobierno Nacional, los Partidos Políticos, el Movimiento M-19 y

la Iglesia Católica en calidad de tutora moral y espiritual del Proceso ........................................ 65

6.2 Capítulo 2. Negociación con las FARC-EP, cuatro intentos fallidos ..................................... 67

6.2.1 Cambio de gobierno y reconfiguración del conflicto: de Virgilio Barco a César Gaviria .. 68

6.2.2 Continuidad de la búsqueda negociada de la paz: Ernesto Samper ..................................... 80

6.2.3 Escalamiento y degradación de la guerra de mitad de años noventa ................................... 82

6.2.4 Tratamiento del conflicto armado ........................................................................................ 83

6.2.5 Andrés Pastrana: la paz como plan de Gobierno ................................................................. 88

6.2.6 Política de paz: la paz como desarrollo................................................................................ 89

6.2.7 Contactos conversaciones y búsqueda de acuerdos ............................................................. 92


5

6.2.8 Los buenos oficios nacionales e internacionales ................................................................. 94

6.2.9 Una Mesa Temática para la Agenda .................................................................................... 94

6.2.10 Fin de las negociaciones .................................................................................................... 97

6.2.11 Del despeje a la confrontación: Álvaro Uribe Vélez ......................................................... 99

6.2.12 Contexto en el que se inicia el Gobierno de Uribe ............................................................ 99

6.2.13 Tratamiento del Conflicto: No hay conflicto armado interno .......................................... 100

6.2.14 Acuerdos Humanitarios durante el Gobierno Uribe y Mediación de la Iglesia ............... 106

6.2.15 Golpes en el mando guerrillero de las FARC-EP ............................................................ 108

6.3 Capítulo 3. Los avances de Juan Manuel Santos, el acuerdo definitivo con las FARC-EP . 109

6.3.1 Antecedentes: El no-conflicto armado y la Seguridad Democrática ................................. 109

6.3.2 De la Seguridad Democrática a la Prosperidad Democrática: Juan Manuel Santos .......... 112

6.3.3 Proceso de paz entre el Gobierno y las FARC-EP–EP (2012-2016) ................................. 113

6.3.4 Hoja de Ruta: Acuerdo General para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una

Paz Estable y Duradera. .............................................................................................................. 115

6.3.5 La implementación de lo acordado luego de la firma definitiva. ...................................... 120

7. CONCLUSIONES .................................................................................................................. 130

REFERENCIAS .......................................................................................................................... 137


6

LISTA DE TABLAS

Tabla 1. Implementación normativa, fin del conflicto. ..................................................... 124


7

LISTA DE GRÁFICAS

Gráfica 1. Mecanismos democráticos de participación ciudadana. ................................... 123

Gráfica 2. Garantías de seguridad para la reincorporación política. ................................. 123

Gráfica 3. Resumen del Estado de Implementación Mensual. .......................................... 129


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INTRODUCCIÓN

Teniendo en cuenta la actividad política y social que conlleva un acuerdo de paz en el

contexto colombiano, la presente investigación retoma dos momentos significativos de la historia

contemporánea de Colombia, país en el que los conflictos internos han sido una constante desde

la conformación de la primera y segunda república.

por un lado se exponen los pormenores del proceso adelantado por Virgilio Barco en 1989

para negociar con el Movimiento 19 de Abril; a la luz de los distintos altibajos que tuvo este

proceso, debido en gran parte a las exigencias que de una parte y otra se daban, así como la

necesidad de negociar en medio de un conflicto armado que ya empezaba a ampliar su número de

actores involucrados, con la llegada del paramilitarismo y el narcotráfico, cuyo auge en los años

80 y 90 del siglo pasado generó un recrudecimiento del conflicto y una permeabilización del dinero

ilícito en todas las esferas del sistema social colombiano. El otro proceso que se expone, compete

a las diferentes aproximaciones que tuvieron cuatro gobiernos entre los años de 1986. - 2016 en

aras de finalizar el conflicto armado con las FARC-EP, guerrilla que por más de 50 años se ha

enfrentado con las instituciones del Estado colombiano.

El fenómeno del conflicto armado colombiano y sus fallidos intentos de negociación han

sido investigados por diferentes estudiosos, tanto a nivel nacional como internacional, autores

como Vélez (2017); Villamizar (1997); Villarraga (2009); Pardo (1996); Narváez (2012); García

(1993); Fisas (2004); en conjunto con publicaciones en diarios nacionales y portales del Estado,

son el insumo teórico que permite configurar las transformaciones que debió afrontar el Gobierno

durante las negociaciones, cediendo algunas veces y manteniendo la fuerza otras tantas, con el fin
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de llegar a acuerdos que fueran avalados por la Guerrilla, pero también por la población en general

y la comunidad internacional.

Estructuralmente este documento abre con el planteamiento del problema, sobre el cual gira

la investigación y análisis, para dar paso a un referente teórico y revisión del estado del arte para

esta problemática publica de gran interés en el contexto nacional, pues no debe desconocerse que

año tras año se han publicado cientos de páginas sobre los diálogos de paz, los acuerdos con la

guerrilla y los acercamientos que distintos gobiernos han efectuado para alcanzar resolución o

transformación del conflicto. Posteriormente se presentan los objetivos y metodología que guían

el trabajo para dar paso a los resultados que se estructuran en tres capítulos. El primer capítulo

expone la situación general que permite el surgimiento de la guerrilla en Colombia, para luego

centrase en la guerrilla del M-19 y las negociaciones que permitieron llegar a la dejación de las

armas y la reintegración a la vida civil de sus militantes, así como su posterior participación en la

política nacional.

El segundo capítulo expone la gestión del conflicto de cuatro presidentes en la búsqueda de

la paz con las FARC-EP (César Gaviria, Ernesto Samper, Andrés Pastrana y Álvaro Uribe), se

presentan en dicho capítulo las estrategias emprendidas en cada administración, así como los

elementos que las llevaron al fracaso. Finalmente, el capítulo tres presenta la revisión del proceso

adelantado por Juan Manuel Santos, que culminó en éxito, y que a la fecha se encuentra en periodo

de implementación. Por último, se exponen las conclusiones, en las que se parte del

reconocimiento de que tres décadas de negociaciones en Colombia constituyen en sí mismas un

largo proceso de paz, configurado desde las distintas estrategias empleadas por los gobiernos de

Virgilio Barco a Juan Manuel Santos, por lo que las negociaciones adelantadas encierran
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continuidades e innovaciones que permitieron la firma de dos acuerdos de paz con dos grupos

guerrilleros de características y de responsabilidades en el conflicto distintitas.

1. DEFINICIÓN Y PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA

La guerra en Colombia ha sido un conflicto armado prolongado, que relaciona sus orígenes

a contingencias como la continuidad y transformación del periodo de La Violencia, los efectos de

la revolución cubana, la creación de guerrillas de primera generación que surgen entre 1964 y 1967

(Pizarro 2006), y la lucha anticomunista por parte de gobiernos de orientación conservadora. El

prolongado conflicto político-armado se ha intentado resolver por medio de varios procesos de

paz, de los cuales solo unos pocos han concluido en la firma de un acuerdo para la finalización del

conflicto armado. Teniendo en cuenta esta realidad, la presente investigación se centra en

identificar y analizar las distintas estrategias de negociación empleadas durante el desarrollo de las

negociaciones previas a la firma del Acuerdo de Cese al Fuego y Tregua Bilateral (1989), y del

Acuerdo General para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y

Duradera (2016), tomando en consideración la importancia de comprender elementos coyunturales

en el ámbito político, militar y social que incidieron en la transformación de la dinámica y

comportamiento del conflicto, y que son variables a analizar a la hora de escoger entre una y otra

estrategia de negociación en un proceso de paz, por lo que se plantea como aspecto fundamental

para esta investigación el siguiente cuestionamiento: ¿Cuáles (o qué?) estrategias de negociación

se emplearon en los procesos de paz de los gobiernos Virgilio Barco (1989) y Juan Manuel Santos

(2016) que llevaron a la firma de un Acuerdo para la finalización del conflicto armado con los

guerrilleros del M-19 y FARC- EP, respectivamente.


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2. JUSTIFICACIÓN E IMPACTO ESPERADO

Como Licenciada en Filosofía, la autora de esta investigación es consciente del papel que

tiene para su formación académica el estudio de las formas de violencia que han surgido en el

territorio colombiano, particularmente las que refieren a los grupos insurgentes, que por diversas

causas han proliferado en el país y durante un poco más de 6 décadas se instauraron como ejércitos

alternos al aparato militar estatal. Así mismo, en el desarrollo de los estudios de Maestría en

Derechos humanos y cultura de paz Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, el análisis de

los conflictos y su resolución tuvo un significativo énfasis, que en resumen justifica esta

investigación, toda vez que sirve como aporte a las nuevas revisiones que sobre el conflicto se

realizan, luego de que uno de sus principales actores, como fue las FARC-EP, dejaran las armas y

se pasaran del lado de la vida civil y democrática.

Por otro lado, el futuro del país exige que los profesionales de todas las áreas se informen

también de la temática del posconflicto, en aras de hacer aportes en la construcción de un mejor

país; en ese sentido, desde las humanidades revisar las distintas etapas que propician un acuerdo,

es una buena manera de entender el porqué de la dificultad para conciliar, sobre todo cuando hay

tantos intereses de por medio, entre ellos económicos, políticos, sociales, históricos, etc. Como

menciona Fisas (2010), referenciado ampliamente en esta investigación, las negociaciones sufren

diversos reveses, algunos de los cuales pueden parecer insalvables, pero la voluntad de paz debe

ser siempre más fuerte, y en el caso colombiano muchas veces la población misma se ha levantado
12

para exigir que los grupos armados, tanto ilegales como las Fuerzas Estatales, se sienten y busquen

solucionar sus diferencias.

Por último, la revisión teórica emprendida, también es un elemento más que justifica la

investigación, en la medida que pone frente al lector un amplio panorama de autores y

publicaciones de distinta índole en las que el tema de las negociaciones tiene relevancia, así como

las estrategias emprendidas por el Gobierno para llevar a la legalidad a quienes por muchos años

solo han conocido la guerra como alternativa. Desde luego, estos grupos también tienen una

justificación histórica, nacida de la falta de oportunidades y la debilidad institucional del Estado

que ha ignorado por muchos años las necesidades de los campesinos y las personas más

vulnerables en los municipios, veredas y corregimientos del país; fruto de esto, la guerra siempre

fue vista como la solución, cuando la legalidad no permitía llevar una vida digna. Analizar esos

factores históricos permite reconocer que todavía queda mucho por hacer y qué se debe pasar de

la sola revisión teórica para generar aportes más tangibles, que surjan de las actividades que día a

día como profesionales desempeñamos.

Así pues, el impacto que se espera tenga esta investigación, va encaminado a servir como

referente para futuras investigaciones sobre el mismo tema o afines, al tiempo que pretende ser un

aporte a un tema que poco a poco debería ser solo historia, y en consecuencia se empiecen a

producir trabajos de grado sobre la reparación del país, la buena vida que se puede llevar en paz y

toda la infinidad de temas que aguardan a los colombianos y que por la guerra han estado

postergados durante un poco más de medio siglo.


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2. MARCO TEÓRICO

Dado que en Colombia se ha presentado un prolongado e intenso conflicto interno que

durante más de 60 años a vinculando a diversos actores, entre los que destacan las guerrillas, los

paramilitares, el narcotráfico y las fuerzas del Estado, en ese sentido en el marco teórico se busca

identificar aspectos conceptuales que viabilicen la comparación de dos procesos de paz, analizando

las estrategias de negociación empleadas para la finalización del conflicto armado, de allí que se

plantee una revisión desde la teoría de la trasformación de conflictos y la construcción de paz.

De acuerdo con Fisas (2004), un conflicto armado interno es todo enfrentamiento entre

grupos que varían de acuerdo con los medios que emplean, sus objetivos, su organización, la

ideología que los alienta y la finalidad de lo que buscan, en los que dichos enfrentamientos causan

más de cien víctimas en un año, el autor señala que este número de víctimas solo es un indicador

que debe analizarse a la luz de otros. Las víctimas son entonces el resultado de actos intencionados

que responden a distintas justificaciones, es decir, son conflictos que por su naturaleza destructiva

y deshumanizadora deben ser pensados desde una mirada racionalista y analítica en la que resulta

imperativo crear las condiciones para realizar negociaciones y entablar un proceso de paz, que den

paso a la superación de la incompatibilidad.

Ante la comprensión de los conflictos como objetos susceptibles de transformación, la

creación de acuerdos se convierte en una alternativa para encontrar nuevas formas de relacionarse,

en la que la paz se convierte en la realidad deseable, por lo que es fundamental partir del

reconocimiento de distintos tipos de paz, tal como lo propone Galtung (2003), que presenta la paz
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a partir de dos definiciones, la primera de ellas se orienta hacia la ausencia o reducción de cualquier

tipo de violencia. La segunda, orientada hacia el conflicto, en el que la paz es entendida como la

transformación creativa y no violenta de los conflictos. Ambas definiciones consideran a los seres

humanos como seres sociales. La paz como ciencia es investigada a partir de tres ramas: empírica,

en la que los datos tienen más peso que la teoría; crítica, donde se comparan los datos con los

valores, teniendo más peso los últimos que los primeros; constructiva, desde la comparación entre

las teorías y los valores, intentando ajustar las teorías a los valores, creando nuevas realidades en

las que los valores tienen más peso sobre las teorías.

Para esta investigación se asume como alternativa la transformación de conflictos a partir de

la negociación, entendida como un proceso de concertación directo o por mediación, el proceso de

paz como la operatividad a partir de la agenda y hoja de ruta. Ese es el marco que permite el

esclarecimiento de los temas que se considerarán clave, en los que los actores deben centrar la

negociación. Fisas (2009) menciona que es posible identificar siete fases habituales en un proceso

de negociación. (a) fase exploratoria, (b) acuerdo preliminar, (c) acuerdo de pre negociación, (d)

acuerdo marco-hoja de ruta, (e) acuerdos parciales y protocolos, (f) acuerdo general, y (g) acuerdo

de implantación, verificación y solución de controversias. Estas fases, para el cese al fuego y el

cese de hostilidades, no definen el inicio y avance del proceso de negociación, pero sí hacen parte

de aspectos que deberán ser atendidos durante el proceso (Fisas, 2009). Respecto a estos dos

últimos conceptos el autor platea una distinción: el “alto al fuego” es decisión militar de detener

cualquier combate o uso de las armas en un periodo de tiempo determinado, y el “cese de

hostilidades” de manera implícita incluye el “alto al fuego”, además de no secuestro, no

hostigamientos, amenazas, entre otros dirigida a la población civil.


15

También se reconoce la negociación como la condición de posibilidad para la construcción

de nuevas formas de relacionarse en sociedades que han padecido conflictos armados de

características similares al colombiano, de ahí que se recurra a Lederach (1998) quien propone el

concepto de transformación, no como el final de la crisis producto del conflicto, sino como un

concepto que permite concentrarse en aspectos estructurales, culturales y relacionales de largo

plazo, al igual que permite describir la dinámica de los conflictos, permite un enfoque holístico

del conflicto y reconoce que el conflicto afecta la realidad y cambia con la dinámica misma;

transforma las relaciones, la comunicación, las percepciones, los temas y la organización social

Coleman 1956; Kriesberg 1973; Wehr 1579 (como se cita en Lederach, 1998). Al igual que el

término transformación involucra las estructuras sociales en las que la cooperación y los

mecanismos no violentos representan una alternativa en la búsqueda, la construcción y el

mantenimiento de la paz.

Para comprender la definición y distinción entre los conceptos de negociación y procesos de paz

es oportuno exponer el concepto de Fisas (2009), quien sostiene:

Se entiende por negociación, el proceso por el que dos o más partes

enfrentadas (ya sean países o actores internos de un país) acuerdan discutir sus

diferencias en un marco concertado para encontrar una solución a sus demandas.

Esta negociación puede ser directa o mediante la facilitación de terceros.

Normalmente las negociaciones formales tienen fase previa, o exploratoria, que

permite definir el marco (formato, lugar, condiciones, garantías, etc.) de la futura

negociación. Por proceso de paz se entiende la consolidación de un esquema de

negociación, una vez que se ha definido la agenda temática, los procedimientos a


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seguir, el calendario y las facilitaciones. La negociación, por tanto, es una de las

etapas de un proceso de paz. (p, 11)

En teoría es posible mencionar dos tipos generales de negociación: posicional, con o sin

mediación, y distributiva, sin embargo, en la práctica lo que es posible observar son estilos que se

aplican dependiendo del conflicto. Tanto la teoría como los estilos en la negociación han avanzado

con el pasar de los años, sin embargo, esto no pasado bajo la pretensión de convertirse en reglas

demostrables empíricamente, pues es necesario reconocer la fuerte incidencia de las normas de la

cultura en la transformación misma de los conflictos. Ahora, entendida la negociación como el

medio para llegar a un acuerdo con un oponente, en donde los movimientos propios y las respuestas

a los movimientos del otro definen el margen de la negociación, y este a su vez dependerá de la

estrategia que se escoja, es necesario entender por estrategia de negociación al plan de juego con

el que se pretende alcanzar el objetivo, y por táctica a los elementos individuales del plan

estratégico (Trujillo y García, 2011).

3. ESTADO DEL ARTE

3.1 Conflicto armado en Colombia

Sobre el conflicto armado colombiano Pizarro (2004) ha señalado que es posible

comprenderlo como de carácter interno, irregular, prolongado y con raíces históricas de índole

ideológicas, que se transformó con el pasar de tiempo, tanto en las organizaciones, los actores y

las manifestaciones violentas; para este autor se trata de un conflicto escalado y degradado. Por
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medio de un análisis socio-geográfico el autor se enfoca en analizar el fenómeno de la violencia

con sus distintas afectaciones en el escenario económico, político y la social.

Con el mismo objetivo de comprender y caracterizar el conflicto, se han elaborado informes

desde el Centro de Memoria Histórica (2013), particularmente ¡Basta ya! Documento que recopila

información sobre el conflicto armado entre 1958 y el 2012, a través de testimonios de

sobrevivientes y la recuperación de material documental relativos a las violaciones de las que trata

el artículo 147 de la Ley de Víctimas y restitución de Tierras. Este informe hace un recorrido

histórico por la violencia posterior al Frente Nacional, que se continuó con el surgimiento y el

crecimiento de las guerrillas, el aparecimiento de los paramilitares y del narcotráfico. Estos dos

últimos fenómenos como causantes de la degradación, que transformaron las economías

guerrilleras y dieron paso a una nueva fuente de financiación de la guerra, y con esto el conflicto

armado se enfocó por parte de la guerrilla en controlar las zonas de siembra de la hoja de coca,

amapola, marihuana y la explotación minera en regiones del país distantes, donde había poca o

nula presencia del Estado. Entre tanto, las fuerzas militares del Estado tendrán que encaminar su

proyecto a detener esta nueva fuente de financiación de la guerra.

En este mismo orden de ideas, Echandía (2006) coincide en señalar que el conflicto en

Colombia entre las décadas del ochenta y noventa evolucionó a partir de dos situaciones: por un

lado, las nuevas dinámicas en las que la población civil fue vista como medio y objetivo de la

confrontación armada, al ser potenciales informantes o colaborador, de allí que muchas víctimas

sean civiles indefensos; lo que, el autor llamó como respaldo económico, político, moral y logístico

del conflicto. Y, por otro lado, desde los nuevos escenarios, en los que las guerrillas buscan

establecer el control de corredores y zonas de retaguardia, avanzada y obtención de recursos

económicos.
18

3.2 Procesos de paz en Colombia

En el artículo titulado ¿Por qué Santos sí pudo dialogar con las Farc? publicado por el diario

el Tiempo a pocos días de la jornada plebiscitaria del Acuerdo de paz entre las FARC-EP y el

gobierno, López y Cueter (2016) hacen un ejercicio descriptivo sobre las siete negociaciones que

buscaron un acuerdo de paz entre el gobierno y distintos grupos insurgentes, en donde solo dos

terminaron en la firma de un acuerdo de paz, durante los gobiernos de los presidentes Virgilio

Barco y Juan Manuel Santos, por lo que el texto se enfoca en presentar una serie de lecciones

aprendidas de una negociación a otra, desde la perspectiva que todas estas fueron incorporadas en

el proceso de paz del gobierno de Santos y que fueron estas las que permitieron la firma del

acuerdo; entre ellas la no concepción de amnistías generales, la necesidad de creación de un

proceso de normalización de los excombatientes, la oposición armada es un actor político, el

reconocimiento como actor político posibilita el dialogo, es necesario viabilizar la participación

política a distintas ideologías, se requiere de apoyo político, los procesos de paz sirven también

para promover cambios estructurales necesarios, los despejes pueden ser empleados para

fortalecimiento militar, el cese al fuego bilateral solo cuando el acuerdo este firmado, y que es

necesario el establecimiento de penas alternativas, consideraciones que desarrolla a partir del

señalamiento de algunas políticas de paz presentes entre los gobiernos desde Barco al de Santos.

En la búsqueda de investigaciones relacionadas con comparaciones entre los procesos de

paz, la tesis de Rojas (2014) parte del enfoque de un análisis de coyuntura, los objetivos de esta

investigación giran en torno al análisis de las políticas de paz de Andrés Pastrana y Juan Manuel

Santos, plasmadas en los Planes de Desarrollo que orientarían sus mandatos, exponiendo

elementos de comprensión sobre el contexto en el que se enmarcaron dichas negociaciones. En


19

este trabajo subyace la idea que producto del afán de una salida negociada del conflicto, los

gobiernos a partir de la presidencia de Julio César Turbay le apostaron al fundamento de los Planes

de Desarrollo encaminados a la finalización del conflicto, sin embargo, estas políticas de paz

resultaron insuficientes por no abordar reformas profundas en las estructuras sociales y

económicas del país. El trabajo de Rojas (2014) realiza valiosos aportes a la presente investigación,

en la medida que aborda importantes documentos que deben ser tenidos en cuenta para comprender

la complejidad del conflicto, tales como los documentos del Alto Comisionado para la Paz y los

Planes Nacional de Desarrollo de los gobiernos en los que se enmarcaron las negociaciones. Así

mismo, centra su atención en situaciones coyunturales de la política y economía en ambos procesos

de paz. No obstante, es un trabajo que presenta un objeto distinto de análisis al concentrarse en las

políticas públicas que pretendieron la resolución del conflicto armado, dejando de lado aspectos

como técnicas de negociación empleadas en los procesos de paz.

3.2 Comparativo de procesos de paz

En un artículo del diario El país (2012) titulado ¿Cuáles son las diferencias entre este acuerdo

y anteriores procesos de paz? Se muestra como el proceso de paz liderado por Santos propuso la

instalación de las mesas fuera del país, no despejar territorio y no bajar la presión militar. En el

artículo hacen referencia al análisis de Frangey Rendón ex gestor de la Oficina de Paz y

Convivencia del Valle quien señala que esta última negociación logró reflejar interés de las partes

en la terminación del conflicto, además se resalta que la forma como se estaba realizando la

negociación indicaba que contaba con muy buenos asesores. Esta investigación, contrario a otros

proyectos revisados muestra estrategias políticas y militares que pusieron en evidencia las

diferencias iniciales entre ambos procesos.


20

Entre tanto, el trabajo de Fisas (2016), como director de la Escola de Cultura de Pau de la

Universitat Autònoma de Barcelona, analiza los conflictos de mayor importancia en el mundo en

los que se llevan a cabo negociaciones para llegar a un acuerdo de paz durante el año

inmediatamente anterior. Esta publicación se encuentra en su undécima edición con el nombre de

Anuario de Procesos de Paz. En estos anuarios que son redactados por Fisas, en colaboración con

el equipo de investigación de la escuela, se han concentrado en realizar seguimiento de las

negociaciones que estén formalizadas, se encuentren en fase exploratoria, transcurran

satisfactoriamente, y aquellas que sean estancado o se encuentran en crisis, negociaciones o

exploraciones parciales o aquellos que no han alcanzado un acuerdo definitivo. En la última

versión del anuario en el caso del conflicto colombiano, se encuentra además de la caracterización

acostumbrada los avances del proceso desde el 2015 para terminar con las últimas acciones

realizadas en diciembre de 2016 entre la guerrilla de las FARC-EP y el gobierno.

Finalmente, Cabrera (2014), en un trabajo de maestría de la Universidad Internacional de la

Rioja, expone un análisis comparativo narrativo e histórico de los hechos ocurridos en Colombia

durante los dos últimos procesos de negociación entre el gobierno y FARC-EP (1998 y 2014). El

investigador se propuso identificar las posibles causas por las cuales el proceso de paz de Pastrana

no se consolidó. A partir del análisis de datos cuantitativos el autor realiza una serie de

afirmaciones a manera de recomendaciones para tener en cuenta en negociaciones de

características similares. La metodología empleada fue un diseño de índole ideográfico a partir de

un sistema cualitativo, en el que se buscó describir las acciones ocurridas durante estas dos

negociaciones, al igual que describir los contextos sociales en los que se enmarcaron; analizado

contingencias y circunscritas de modelos políticos empleados y las formas de negociación. La


21

metodología emplea el análisis cualitativo de diferentes posiciones ideológicas que caracterizarían

dos momentos históricos del conflicto en Colombia.

4. OBJETIVOS
22

4.1 Objetivo general

Analizar las estrategias de negociación empleadas en los procesos de paz en Colombia que

terminaron en la firma de un Acuerdo de paz entre el gobierno y el M-19, y entre el gobierno y

FARC EP.

4.2 Objetivos Específicos

 Describir el contexto político, militar y social en Colombia en los que se enmarcaron los

procesos de negociación que permitieron la firma de un Acuerdo Final de paz entre el gobierno y

un grupo guerrillero.

 Describir y comparar estrategias de negociación empleadas en el proceso de negociación

que permitieron la firma del Acuerdo de Cese al Fuego y tregua bilateral (1989) y el Acuerdo

general para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera (2016).

 Analizar las estrategias de negociación empleadas en el desarrollo de las negociaciones

hasta la firma del Acuerdo y exponer sus avances a 2017.

5. METODOLOGÍA
23

Teniendo en cuenta que esta investigación se propone exponer las estrategias de negociación

empleadas en dos procesos de paz que terminaron con la firma de un acuerdo de paz, se ha

implementado el enfoque empírico analítico que permite observar objetivamente aspectos de teoría

y práctica que hayan caracterizado estas negociaciones.

Este trabajo logra, desde un punto de vista descriptivo, mostrar las máximas semejanzas y

mínimas diferencias en las estrategias de negociación, que, de acuerdo con el marco de indagación

de la ciencia política, se realizará desde una perspectiva racionalista y a la lógica propia del

realismo epistemológico. Lo que sugiere una investigación de carácter empírico sobre cómo dos

gobiernos distintos en momentos históricos distintos de Colombia puedan ser explicados,

descriptos y comparados como el resultado de indagaciones empíricas comprobables.

El comparativo parte de la recolección previa de información sobre los distintos contextos

en los que se enmarcan dichos procesos de paz y posteriormente se analizaron las estrategias

empleadas por las partes en la creación de acuerdos durante el desarrollo de las negociaciones.

La investigación emplea el método comparativo desde un enfoque histórico-sistemático

(Nohlen, et al. 2006), en el que el elemento histórico es tomado como una estrategia metodológica

de análisis y descripción, y por medio de la revisión documental se realiza un ejercicio

hermenéutico de las fases de la negociación, estrategias usadas por los negociadores, y los

contextos en los que tuvieron lugar los procesos de paz de Virgilio Barco y Juan Manuel Santos,

lo que finalmente conduce a proponer un estudio comparativo cualitativo de dos procesos de paz

entre el gobierno y un grupo guerrillero que lograron dar por terminada la confrontación y dan

paso a la firma de un acuerdo de paz y desmovilización, que pretende desde los métodos de

semejanza y diferencia analizar los dos procesos de paz que obtuvieron alcances semejantes

(variable dependiente) e identificar qué variables independientes determinaron dicho desenlace, es


24

decir el tomar como tema de investigación dos casos para los que se disponen muchas variables

independientes, permitiendo resaltar las posibles diferencias implícitas.

Los procesos de paz al igual que los conflictos son procesos dinámicos, que los hace

diferentes unos de otros, de ahí que no exista un único tratamiento para todos los conflictos. Sin

embargo, la ciencia política como disciplina que se presenta como un conocimiento estructurado

(Marsh y Stoker, 1997) requiere de métodos que le permitan revisar conceptos, reformular las

hipótesis y continuar revisando dichas teorías explicativas, por lo que se sirve de la comparación

como método para comprobar o para el desarrollo mismo de la teoría de Mackie y Marsh (1997).

Es decir, la aplicación del método comparativo actúa como control de las generalizaciones, que

requiere para su finalidad explicar y entender un fenómeno en sí, esto de acuerdo con Sartori

(1999), quien añade que la comparación es el método de estudio que permite confrontar una cosa,

es decir, es un método que posibilita verificar o falsear las regularidades o leyes. Bajo este método

se describieron los hechos que acompañaron las negociaciones durante las negociaciones de la

gestión de Barco en contraposición con la de la gestión Santos, pues estos dos son entendidos con

fenómenos que poseen atributos compartidos y en parte no compartidos.

Continuando con Sartori (1999), se concentra la atención en las estrategias que fueron

empleadas en las negociaciones que apuntaron la creación y firma de Acuerdos de paz, lo que pone

en la tarea de identificar la mayor cantidad de características similares que permitirá identificar las

características entre las que se difiere.

6. RESULTADOS
25

6.1 Capítulo 1. Negociación con el M-19, entre avances y retrocesos para alcanzar un

acuerdo

6.1.1 Auge guerrillero y la negociación de la paz en Colombia

Por más de 60 años Colombia ha sido el escenario de una guerra irregular, que ha dado origen

al conflicto armado interno más largo de la historia política contemporánea, en el cual se han

desarrollado incursiones militares por parte de diferentes actores: guerrillas, ejercito, organización

de autodefensas (paramilitares), narcotráfico y bandas criminales. Para esta guerra tan prolongada

es posible identificar dos orígenes: el primero, considera que el conflicto es la continuidad y

transformación del periodo de La Violencia, que se vivió entre 1948 y 1958; y el segundo, lo

explica como consecuencia del surgimiento de las guerrillas en Latinoamérica a partir de la lucha

revolucionaria; surgimiento que Pizarro (2006) ha explicado en dos fases. En principio, habla de

guerrillas de primera generación, es decir, aquellas que emergieron posteriores a la Revolución

Cubana (1959), entre las cuales se encuentran las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia

FARC-EP y el Ejército de Liberación Nacional ELN; la segunda generación será la de aquellas

guerrillas que surgen luego de la revolución en Nicaragua (1979), como el Movimiento 19 de abril,

Movimiento de Autodefensa ADO, MIR Patria Libre y el Partido Revolucionario de los

Trabajadores.

Estas guerrillas, desde su aparición en los años sesenta, se convirtieron en actores

estratégicos del conflicto nacional, adaptándose al escenario político, social y económico, como lo

explica Ortiz (2006); de allí que sea posible observar transformaciones en su composición, su

naturaleza y su comportamiento político militar. Este autor identifica tres momentos en la

evolución guerrillera: a) una posible génesis a partir de La Violencia; b) una modernización y

expansión en los años ochenta; c) una crisis estratégica de los años noventa.
26

De acuerdo con lo anterior, La Violencia como periodo de la historia de Colombia dará paso

al surgimiento de guerrillas marxistas y pro soviéticas, como las FARC-EP; y guerrillas

guevaristas como el ELN, que heredaron su contenido ideológico de La Violencia y dieron

continuidad a la modalidad de guerra irregular, al igual que se apropian de propuestas populistas

y estrategias “partido-ejército” (Ortiz, 2006, p. 324).

En esta misma línea, Pizarro (2006) sostiene que las FARC-EP emergen como respuesta a

la violencia oficial de la década del cuarenta y a los ataques en la región del Marquetalia1, por lo

que el Partido Comunista Colombiano impulsaría el proyecto de autodefensa, más tarde sus

acciones se concentrarían en las zonas rurales. Al iniciarse el Frente Nacional y paralelo a la

política de paz y amnistía del presidente Alberto Lleras Camargo 2, la guerrilla de las FARC-EP

entre 1964 y 1982 pasa de tener un comportamiento de autodefensas a guerrilla móviles, lo que

constituye un giro significativo en su accionar como organización guerrillera, teniendo en cuenta

que por esta época el grupo armado contaba con al menos 4200 militantes (Verdad Abierta, 2012).

Esta transformación explica la autoproclamación, desde su organización política, como Fuerzas

Armadas Revolucionarias de Colombia Ejército del Pueblo (FARC-EP) en la VII Conferencia de

mayo de 1982.

Durante los años 80 y 90 los grupos armados alcanzan un crecimiento estratégico como

resultado de la posibilidad de acumular recursos económicos, junto a la consolidación de sus

estructuras políticas. El ELN y las FAR-EP expanden sus finanzas, con ingresos que llegan del

narcotráfico, la extorsión y de la descentralización de la administración del Estado (Ortiz, 2006),

por ejemplo, la elección popular de alcaldes realizada por Belisario Betancur y la apertura

1
Que se convirtió en el hecho que legitima la lucha armada del grupo Frente, Sur en 1964, que dos años más
tarde se convertiría en las FARC.
2
Presidente de Colombia en dos periodos, de 1945 a 1946, y de 1958-1962.
27

promovida desde la Constitución de 1991 con la elección popular de gobernadores y la ampliación

de poderes de los mandatarios locales. Los ingresos económicos permitieron un fortalecimiento

del aparato militar de las guerrillas; mientras que la descentralización intensificó la competencia

política en las estructuras administrativas locales y regionales, a través de la coacción de los

votantes y de la posterior presión de las autoridades electas, dando como resultado el uso de

recursos del Estado en la financiación de los grupos armados.

Aunque las guerrillas conformadas en los años sesenta3 habían logrado consolidarse como

organizaciones bien estructuradas, no habían conseguido derrotar al régimen político imperante;

de allí que los años siguientes enmarquen un contexto en el que la experiencia guerrillera en

Colombia y Latinoamérica es definitiva para la configuración de un nuevo proyecto subversivo.

En este escenario surge en 1973 el Movimiento 19 de abril, que defenderá el modelo de guerra

insurreccional, fundamentada ideológicamente en las reivindicaciones sociales y en las demandas

de la opinión pública; proponiendo un accionar bélico distinto a las guerrillas de primera

generación. El M-19 introduce en Colombia nuevas formas de resistencia política, al definir su

estructura política y militar a partir de “focos revolucionarios y de células de guerrillas urbanas”

(Narváez, 2012, p. 58).

El M-19 dio continuidad a la guerra de insurrección, combinando elementos de la guerra de

carácter urbano4 y presupuestos foquistas guevaristas (Narváez, 2012). A través de nuevos

3
Guerrillas que optaron por un modelo de guerra Popular y prolongada, que habían heredado la cultura
bipartidista arraigada con el FN y que su estrategia político-militar era de tipo foquista, refiriéndose a la estrategia
descrita por el Ché Guevara como la estrategia empleada durante la Revolución en Cuba, consistente en creación de
focos insurreccionales que hagan posible llevar a cabo acciones concretas que conduzcan desgaste del enemigo, que
requería del apoyo de los campesinos como respaldo de la revolución (Guevara, 2011).
4
Un tipo de guerra moderna, segunda generación, caracterizado por desarrollarse en áreas urbanas, por lo que
empleara técnicas y operaciones propias de su entorno encaminadas a atacar. Lamberg (1971), sostenía que las
ciudades capitalinas de Latinoamérica paulatinamente se convirtieron en un escenario posible de guerra, al ser también
un lugar en que se concentraron las masas populares, es decir, las capitales se ahora el escenario de la vida política y
publica.
28

lenguajes, mediante la propaganda armada y nuevos métodos revolucionarios, utilizando los

llamados golpes de opinión, el M-19 irrumpe en la guerra de guerrillas proponiendo como

escenario para el desarrollo de proyecto guerrillero también las ciudades, no solo lo rural como

consideraba el foquismo. Este cambio de escenario exigió métodos, tácticas y operaciones

aplicables a las realidades de las ciudades, sin descuidar la lucha armada en el campo; Marighella

(1972) señala que este tipo de guerrilla urbana emplea modelos de acción tales como los “asaltos,

incursiones y penetraciones, ocupaciones, emboscadas, tácticas callejeras, huelgas e

interrupciones del trabajo, deserciones, diversiones, capturas, expropiaciones de armas,

municiones y explosivos, liberación de prisioneros, ejecuciones, secuestros, sabotajes, terrorismo,

propaganda armada, y guerra de nervios” (p. 23). En ese sentido, la ex-militante del M-19, Vera

Grabe, sostiene que la organización urbana del M-19 estaba constituida a partir de dos estructuras:

Un aparato clandestino encargado de las operaciones armadas y la

propaganda, y una estructura destinada o integrada a la ANAPO, con un periódico

llamado las Mayorías a partir de 1979, el M-19 buscó abrirse al campo, con la

creación de estructuras móviles, inicialmente sin mayor éxito porque sus integrantes

fueron detenidos en su totalidad. Sin embargo, algunas de ellas fueron la base de la

expansión del M-19 a las áreas rurales, con incidencia en la población campesina,

lo cual luego se verá reflejado en el aumento de la participación de combatientes y

dirigentes de origen rural e indígena en las regiones como el Caquetá, Putumayo,

Cauca y Tolima. (Grabe, 2015, p. 32)

Grabe (2015) explica que la expansión de 1972 a 1974 le permite al M-19 crear células en

las principales ciudades del país como lo fueron Bogotá y Cali, algo que será fundamental en la

aprobación del Movimiento desde distintos grupos sociales. Entre 1974 y 1979 se realizan acciones
29

militares y propaganda armada, momento para el cual la Alianza Nacional Popular (ANAPO)

disponía de dos estructuras: la política, que apostaba a la radicalización a través de la promoción

de la ANAPO socialista y el aparato clandestino encargado de la propaganda, documentación y

comunicaciones.

Ahora bien, Eduardo Pizarro advierte que las condiciones que viabilizaron la búsqueda de la

negociación de paz en los años ochenta fueron “ante todo, el "empate negativo" en un contexto de

degradación del conflicto y de insurgencia crónica” (Pizarro, 1991, p. 21). En otras palabras,

resultaría necesaria la creación de otras alternativas para atender el conflicto armado por parte del

Gobierno ante la imposibilidad de la derrota militar y la proliferación de grupos armados.

El interés del Gobierno de la salida negociada conjuntamente con todos los grupos

guerrilleros pareció posible con la conformación de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar en

1987. Sin embargo, esta investigación se inicia en la negociación llevada a cabo con el Movimiento

19 de abril, ya que así ocurrieron en su momento los hechos en Colombia; el M-19 se convirtió en

el primer grupo de la CGSB que inició negociaciones de manera individual con el gobierno, ante

la imposibilidad de la unificación del proyecto insurgente y de una postura compartida respecto a

las negociaciones.

6.1.2 La ANAPO y el Movimiento 19 de abril

El 20 de julio de 1968 en el Congreso de la República la representante de la Alianza Nacional

Popular5 (ANAPO) Josefina Valencia de Huhach6 presentó una constancia del funcionamiento del

5
El cual inicia como un movimiento conformado por los simpatizantes del General Rojas Pinilla, quien fue
presidente de Colombia (1953-1957). Durante el FN se configura como el movimiento de oposición al gobierno y se
convierte en un tercer partido en el escenario político para las elecciones de 1970.
6
Política payanesa precursora del voto de la mujer en 1954 y defensora de los derechos de la mujer colombiana,
fue la primera mujer en ser Gobernadora (1955), ministra de educación (1956), Embajadora ante la Unesco en París y
fue nombrada como senadora por la ANAPO en 1960.
30

movimiento, reafirmaba el compromiso con los intereses de los trabajadores y animaba la

sindicalización. Parte de la oposición al gobierno se concentraría en un radical rechazo a la política

laboral de Lleras Restrepo, según lo expone Ayala (2006):

El documento reiteró el interés de la ANAPO por las nacionalizaciones: del

Banco de la República, de la educación, del comercio exterior y del petróleo. La

ANAPO se comprometía a impulsar una reforma agraria basada en la productividad

y en la racionalización de la ayuda al campesino.

La ANAPO se definió, esta vez, como movimiento social, nacionalista,

popular y revolucionario y en esa dirección rechazó toda posibilidad de acuerdos,

compromisos, pactos que terminaran ayudando al afianzamiento de un régimen que,

según recalcaba, basaba "su predominio en el abuso, el dinero, la coacción y el

fraude" y declaró que sus dos alas, la liberal y la conservadora no correrían el riesgo

de contribuir a las uniones de los partidos tradicionales. Autodeclarándose una

nueva alterativa incapaz de traicionar su esencia ideológica, recalcó que tenía como

meta la conquista del poder para 1970 en cabeza del general Gustavo Rojas Pinilla.

(p. 37)

Aunque se había presentado como un movimiento político, desde 1966 la ANAPO había

evidenciado tendencia hacia la radicalización de sus posiciones inclinándose a la izquierda, sin

embargo, había ganado la adhesión de liberales y conservadores. Sumado a esto, las elecciones de

1970 se considerarían como una de las más tensas del siglo en Colombia; entre otras cosas, se

realizarían por primera y única vez elecciones para presidente, senadores, representantes,

diputados y concejales en un mismo día. Los candidatos por la Presidencia fueron Misael Pastrana

Borrero por el partido conservador y el FN, Gustavo Rojas Pinilla por la ANAPO, y Belisario
31

Betancur y Evaristo Sourdís, quienes representaban la disidencia del partido conservador, sin

embargo, los candidatos en los que se concentró la atención serían Rojas y Pastrana.

Durante la campaña presidencial, la ANAPO había manifestado su preocupación ante la

posibilidad de fraude, por lo que organizó comandos políticos en las regiones que se encargarían

de la realización de la campaña y la supervisión de la misma. A los temores del fraude se sumó el

papel de la prensa nacional que apoyó la candidatura de Pastrana, concentrándose más en la

realización de contra propaganda que en hacer una propia; así como en los discursos del presidente

Lleras Restrepo (1966-1970) y de los expresidentes Lleras Camargo (1945 -1946, 1958 -1962) y

Ospina Pérez (1946-1950), quienes invitaban a que en la política local se usara, a favor de la

campaña oficialista, toda la maquinaria del Estado (Ayala, 2006); en este contexto se desarrolla la

jornada electoral que otorga la presidencia a Misael Pastrana; y se configura el mito fundacional

del M-19, a partir de la reivindicación de la voluntad general durante las elecciones de 1970,

apegándose a la versión de un fraude, legitimando la lucha armada ante la imposibilidad de otra

alternativa política en Colombia.

Los primeros escrutinios del 19 de abril daban por ganador a Rojas, para la mañana del 20

de abril de 1970 el presidente de los colombianos era Misael Pastrana Borrero; Ayala (2006)

afirma: “El Tiempo reconocía que en el último reporte de las cinco de la mañana Rojas llevaba

una ventaja de 19.000 votos sobre Pastrana, en el extremo superior reportaba el dato inmediato:

Pastrana: 1.368.981; Rojas: 1.366.364” (p. 202). Luego de la derrota en las elecciones, aparecería

el M-19, autodenominándose como una fracción radicalizada que se conoció como la ANAPO

Socialista.

En 1978, durante la VI conferencia del M-19, este grupo armado se define como una

organización, político-militar, nacionalista, revolucionaria y socialdemócrata; que no se alineó con


32

alguna de las posiciones del movimiento comunista internacional; caracterizada como una guerrilla

urbana de raíces bolivarianas, que buscaba la democratización del régimen (Peñaranda y Guerrero,

1999). Sus acciones militares concentraban la fuerza en las zonas rurales próximas a las grandes

ciudades y dentro de ellas, buscando la permanencia en las zonas de combate, sus comunicaciones

eran de tipo propaganda armada, con redacciones creativas, de lenguaje elemental y grandes

tirajes; a esto se suman acciones en los medios de comunicación con interferencias en la televisión,

toma de periódicos y emisoras (Villamizar 1997).

6.1.3 Primeros diálogos de paz. Gobierno de Belisario Betancur

Belisario Betancur (1982-1986) promovió un pacto de paz que partía del reconocimiento de

la existencia de factores objetivos y subjetivos de la guerra, lo que representó para Colombia la

primera iniciativa de paz propuesta por el Gobierno, buscando superar el conflicto armado por

medio de la salida negociada. Betancur logró comunicaciones y diálogos con las guerrillas, a

quienes reconoció su carácter político, e implementó reformas políticas, económicas y sociales que

apuntaban a atender las causas objetivas del conflicto, denunciadas por la guerrilla: pobreza,

desempleo y analfabetismo (Verdad abierta, 2012).

Durante el gobierno de Betancur se crea el Plan Nacional de Rehabilitación (PNR), que se

ocuparía de la generación de confianza para el diálogo, la negociación con las guerrillas y la

creación de una ley de amnistía viable para los desmovilizados, por lo que se conformó una

Comisión de Paz. El proceso de paz de Belisario Betancur surge en el escenario político definido

por el Estatuto de Seguridad (D.L. 1923 de 1978), resultado del decreto de Estado de Sitio

expedido durante la presidencia de Julio César Turbay (1978-1982), que le confería extensas

facultades para desarrollar acciones de contrainsurgencia a las Fuerzas Armadas a través de la


33

ampliación de sus facultades; Amnistía Internacional y la Comisión Interamericana de Derechos

del Hombre confirmaron violaciones a los derechos humanos ocurridas durante el Estatuto de

Seguridad (Cepeda y Franco, 1996). En su momento, el PNR permitió atender a las víctimas del

conflicto generando la ejecución de programas económicos y sociales, interviniendo 154

municipios que fueron escenario de enfrentamientos o situaciones de violencia para una población

total de 4.701.203 intervenidos, con una inversión de $68.200 millones (López, 2017).

A un mes de la posesión presidencial, Betancur conforma una Comisión de Paz y logra que

el congreso decrete la Ley 35 de 1982 relativa a la amnistía y a la definición de las normas que

posibilitaran el restablecimiento y preservación de la Paz. En 1982, con el trámite en el Congreso

de la Ley de Amnistía, se siguió la conformación de la Comisión de Negociación y Diálogo,

conformada por 36 miembros mediante el Decreto No. 2711 de 1982. Esta comisión logró contar

con representantes de todos los partidos políticos, la iglesia, periodistas, sindicalistas, miembros

del Comité Permanente por la defensa de los Derechos Humamos y militares retirados (Villamizar,

1997).

Estas medidas permitieron que entre 1983 y 1984 se llegara a acuerdos de cese al fuego con

el EPL, la Autodefensa Obrera y con el M-19, y se empezaran a generar acercamientos con las

FARC-EP. Finalmente, se firmó una tregua bilateral entre el gobierno y las FARC-EP, que dio

paso a la firma de los Acuerdos de la Uribe el 24 de marzo de 1984 en el municipio de la Uribe

departamento del Meta, acuerdos con los que se logró un cese al fuego, condenando el secuestro,

la extorsión y el terrorismo (Verdad abierta, 2012). Entre el 23 y 24 de agosto del mismo año, se

firmaron en Corinto (Cauca), El Hobo (Huila) y Medellín (Antioquia), los Acuerdos de Cese al

Fuego, Tregua y Diálogo Nacional para adelantar un diálogo nacional con el M-19, el Ejército

Popular de Liberación y el Movimiento de Autodefensa Obrera (ADO). Organizaciones como el


34

PRT y el ELN asumieron una posición beligerante frente al proceso de paz. El gobierno Betancur

decretó un periodo de prueba de un año para la normalización de los excombatientes de las FARC-

EP. En palabras de Villamizar (1997), este periodo agitado de la negociación entre el Estado y la

guerrilla, es descrito así:

La emboscada a una columna guerrillera del M-19 en San Francisco (Cauca)

cuando iba encontrarse con miembros de la Comisión de Negociación y Diálogo, el

asesinato de Carlos Toledo, la toma del municipio vallecaucano de Yumbo, los

constantes enfrentamientos con fuerzas del EPL, el atentado contra Carlos Pizarro

y su comitiva el mismo día a pactarse paz, fueron hechos que dificultaron y muchas

veces “agrietaron” el entendimiento. No obstante, los días 23 y 24 de agosto de

1984 se firmaron los acuerdos del Cese al Fuego, Tregua y Diálogo Nacional entre

el gobierno y las organizaciones guerrilleras M-19, Ejército Popular de Liberación,

EPL, y un sector de Autodefensa Obrera ADO. (Villamizar, 1997, p. 100)

Tal como señala Fisas (2010), en los procesos de paz se presentan factores que obstaculizan

el inicio o impiden el transcurso con normalidad, siendo uno de los más frecuentes el

incumplimiento al alto al fuego o al cese hostilidades decretado durante las negociaciones. Sin

embargo, se hace necesario en pro de la continuidad de las negociaciones manejar con prudencia

las posibles violaciones al alto al fuego. Tal como fue manejado por los negociadores que

participaron en el desarrollo de los Acuerdos de la Uribe.

La agenda de los Acuerdos de La Uribe abordó aspectos como la participación política, la

creación de asociaciones comunales de campesinos, de indígenas y de trabajadores; la reforma

agraria, el mejoramiento de las condiciones de vida de la población, la desarticulación de fuerzas

armadas paralelas al Estado, reconciliación y reparación a víctimas, pero no se incluyeron aspectos


35

relativos a la entrega de armas. De cara a un posible estancamiento en las negociaciones y los

incidentes militares, las FARC-EP propusieron la unificación de las comisiones y de

comisionados, prorrogando la tregua con el gobierno. La Comisión de Paz, Diálogo y Verificación

propuesta por las FARC-EP debía estar integrada por ministros e integrantes de las Fuerzas

Armadas, vincular a todos los partidos, hacer efectivas las garantías y posibilitar el retorno de las

víctimas, y finalmente, debatir en el Congreso el tema de la paz. El presidente Betancur instala la

Comisión de Paz, Diálogo y Verificación; logrando el 2 de marzo de 1986, a través de sus delgados,

prorrogar la tregua bilateral con las FARC-EP (Villarraga, 2015).

Ante la posibilidad de una salida negociada del conflicto, Betancur propuso el Proyecto de

Restablecimiento y Conservación de la Paz, en el que se decretaron y dictaminaron normas que

permitieran amnistiar delitos políticos; entre ellos la rebelión, sedición o asonada, contemplados

en el código penal colombiano, posibilitando así la libertad de los presos condenados o en proceso

de las organizaciones guerrilleras EPL, ELN, FARC, M-19, PLA y ADO (Villamizar, 1997). Con

lo que se excluía los homicidios cometidos fuera de combate o cuando hubiera situación de

indefensión por parte de la víctima, la Procuraduría se encargaría de investigar las desapariciones,

sobre los grupos paramilitares y las denuncias de las víctimas y de los comités generales de

derechos humanos; esta decisión se enmarcó en un contexto internacional caracterizado por la

política de Estados Unidos durante la presidencia de Jimmy Carter (1977-1981) sobre la protección

de los Derechos Humanos (Grupo de Memoria Histórica, 2013).

Los acercamientos entre el gobierno Betancur y FARC-EP posibilitaron la conformación del

partido político la Unión Patriótica (UP) el 30 de marzo de 1985. Posteriormente, en junio de 1985

el ELN, el EPL, el M-19, el ADO, el Frente Ricardo Franco, el PRT, el Quintín Lame y el MIR-
36

Patria Libre lograron adelantar acercamientos entre sí que dieron paso a la conformación de la

Coordinadora Nacional Guerrillera CNG.

En los acuerdos entre el gobierno, el M-19, el EPL y la ADO, el cese al fuego era el

mecanismo que viabilizaría el estudio y el desarrollo de las reformas estructurales necesarias para

el país, sin embargo, ataques contra campamentos y miembros del M-19 por parte de la fuerza

pública, entre ellos el atentado contra Navarro Wolf, a lo que se sumó la crisis posterior a la toma

por parte del M-19 y la retoma por parte del Ejército del Palacio de Justicia en Bogotá el 6 y 7 de

noviembre de 1985, fueron eventos que afectaron las políticas de acuerdos y pactos durante el

gobierno del presidente Betancur. Finalmente, estos acontecimientos condujeron a que en enero

de 1985 ocurriera el rompimiento de la tregua y los acuerdos. Por lo que es posible afirmar que la

toma y retoma del Palacio representó un alto costo político para el gobierno de Betancur, para las

Fuerzas Militares y para el M-19, como consecuencia de las graves violaciones a los derechos

humanos y al derecho humanitario ocurridas en este evento.

Ahora, en un escenario en que descendía la imagen de la CNG ante la opinión pública por la

toma del Palacio y por la masacre de Tacueyó7 se crea la Coordinadora Nacional Guerrillera Simón

Bolívar CGSB, que además de incluir a los grupos armados que conformaban la CNG contarían

con la presencia de las FARC-EP, esta organización pretendía constituir un frente unido en las

negociaciones de paz emprendidas con el gobierno y realizar

acciones armadas conjuntas.

Así, el gobierno de Belisario Betancur se convierte en pionero en la búsqueda de una salida

negociada al conflicto armado, sin embargo, la oposición desde distintos sectores de poder a la

7
Ocurrida entre noviembre de 1985 y enero de 1986 en el corregimiento de Tacueyó en el municipio Toribio
en el departamento del Cauca perpetrada por el frente Comando Ricardo Franco Frente-Sur un grupo disidente de las
FARC-EP comandados por Fedor Rey y Hernando Pizarro Leóngomez. Fueron asesinados 164 guerrilleros bajo la
sospecha de ser infiltrados del Ejército.
37

estrategia de paz (Pizarro 1996 citado en Villarraga 2015), el auge del narcotráfico, la fundación

de ejércitos paramilitares, la ausencia de consenso y de respaldo nacional (Leal, 2005 citado en

Villarraga 2015) condujeron a que el periodo de gobierno finalizara sin que se hubiese llevado a

cabo un proceso de desmovilización con alguno de los grupos con los que lograron los

acercamientos. Durante este periodo de gobierno surgieron grupos armados que se oponían a las

negociaciones: el Partido Revolucionario de los Trabajadores, el MIR-Patria Libre, el Frente

Ricardo Franco y el Comando Quintín Lame (Villamizar, 1997).

6.1.4 La negociación de la paz en el gobierno de Virgilio Barco

El candidato liberal Virgilio Barco gana las elecciones presidenciales de 1986 con más de

cuatro millones de votos. En su candidatura había advertido que se ocuparía de las estructuras

arraigadas del Frente Nacional, lo que le llevó a plantear a los conservadores como una adhesión

al programa liberal, proponiendo un gobierno-oposición8; de esta manera, después de más de 30

años no habría en Colombia un gobierno compartido, el partido Conservador asumiría

abiertamente la oposición a la administración Barco (Pardo, 1996). Sumado a esto, la política de

paz debía sortear el estancamiento que atravesaba durante en el segundo semestre de 1986, Rafael

Pardo9 en su obra titulada De Primera Mano: Colombia 1986-1994, Entre Conflictos y

Esperanzas, sostiene que:

8
La historia política colombiana se ha caracterizado por gobiernos hegemónicos y de coalición; por ejemplo,
en 1957 por medio de un plebiscito se introdujo el Frente Nacional, basado en que todos los cargos públicos se
dividirían entre liberales y conservadores. En 1959, mediante reforma constitucional, la Presidencia de la República
se alternaría entre los dos partidos hasta 1974, aunque se extendió hasta 1978 y el partido con la segunda mejor
votación escogería si participar o no en el Gobierno. Barco había señalado su interés por llevar a cabo una propuesta
de gobierno exclusivamente desde un proyecto liberal, sin embargo, ofreció tres Ministerios de Estado que no fueron
aceptados por los conservadores, por lo que Barco propone el esquema gobierno-oposición, que fue explicado por el
mismo Barco como un gobierno de orientación de partido que pretendía romper las disposiciones del Artículo 120 de
la Constitución Política de 1978 que proponía la formula participación adecuada y equitativa.
9
En 1986, durante el Gobierno del presidente Virgilio Barco, ocupó el cargo de Secretario de Integración
Popular y fue director del Plan Nacional de Rehabilitación (PNR).
38

La política de paz al inicio del nuevo gobierno estaba básicamente estancada.

De los tres principales acuerdos de cese al fuego que se habían hecho con grupos

guerrilleros durante el cuatrienio anterior, dos se habían roto de manera violenta.

Con el Ejército Popular de Liberación –EPL-se había roto la tregua en 1985. Con

el movimiento 19 de abril-M-19- no sólo se habían reanudado las hostilidades sino,

se había producido el brutal asalto al Palacio de Justicia. Con las Fuerzas Armadas

Revolucionarias de Colombia –FARC- sin embargo, se mantenía un acuerdo formal

de cese al fuego, pero la iniciativa política se había perdido y los propósitos de los

diálogos estaban bastantes difusos. (Pardo, 1996, p, 17)

Barco continúa el proceso de paz ante la aparición de nuevos actores del conflicto:

paramilitares y narcotraficantes. Esto sucede en medio de dos grandes dificultades heredadas del

proceso de paz de Betancur: división política de los alzados en armas ante la disolución de los

acuerdos y auge del paramilitarismo como fenómeno contrainsurgente (Bejarano, 1990).

Durante su mensaje de posesión, Virgilio Barco presentó aspectos fundamentales para lo que

serían sus dos estrategias en la búsqueda de la paz, como un imperativo para superar el

subdesarrollo: una Política de Reconciliación y Normalización, y una Política Económica y de

Rehabilitación Nacional (Villamizar, 1997). La política de reconciliación pretendía mantener el

diálogo, generando espacios y mecanismos de participación para conocer las demandas de las

comunidades. Así mismo, se enfocaba en propiciar un clima de tolerancia, a través de

procedimientos democráticos que permitieran abordar las diferencias políticas a partir de la

institucionalidad. Entre tanto, la política económica de rehabilitación aspiraba reducir la

desigualdad social y económica, aumentando la presencia del Estado y reduciendo los niveles de

pobreza. Como lo indica Pardo (1996), al Plan Nacional de Rehabilitación, que venía desde la
39

administración pasada, se le incluyó un programa de inversiones para beneficiar a las zonas de

violencia, por lo que el PNR pasó de ser una estrategia de la política de paz a ser parte del Plan de

Desarrollo en la administración de Barco y se presentó con sus modificaciones el 5 de noviembre

de 1986.

Barco reemplazó las comisiones de paz, verificación y diálogo de Betancur por la Consejería

Presidencial para la Reconciliación, Normalización y Rehabilitación Social bajo la figura de un

funcionario plenipotenciario que dependía directamente del presidente; en este cargo fue asignado

Carlos Ossa Escobar, con el rango de consejero presidencial, este político liberal se desempeñaba

como presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC) (Pardo, 1996). Como ya se

mencionó, el PNR heredado de las negociaciones del gobierno de Betancur, fue ampliado y

fortalecido durante el gobierno Barco, buscando convertirlo en una estrategia de paz, ampliando

el desarrollo económico y social. Como amplía Villamizar (1997):

El PNR se ocupó de la construcción de carreteras y vías de penetración;

instalación de centros de acopio de productos agrícolas; electrificación y apoyo

tecnológico a la producción rural; construcción de escuelas rurales y puestos de

salud, y de apoyo a proyectos de economía campesina. Las regiones consideradas

fueron Magdalena Medio, Bajo Cauca, los Llanos, Guaviare, El Caguán, Urabá y

partes de Nariño, Putumayo, Cauca, Huila, Tolima, Cundinamarca, Santander,

Norte de Santander, Córdoba, Sucre y Bolívar. También asumió de forma

complementaria algunas inversiones para la infraestructura en servicios de barrios

pobres de las ciudades. En 1986 (finales) M-19 propone un “Pacto Nacional por un

Gobierno de Transición” para lo que se sería necesario la conformación de una

comisión nacional y política por el Pacto. (Villamizar, 1997, p, 111)


40

Lo dicho, permite inferir que al vincular el PNR a la Presidencia de la República mediante

la Secretaría de Integración Popular SIP, con la responsabilizaría de la Consejería para la

Normalización y Rehabilitación, la administración de Barco da continuidad al programa bajo los

mismos objetivos, es decir, como estrategia de paz; sin embargo, ahora más allá de atender las

causas objetivas del conflicto, también reconoce el impacto del conflicto en la sociedad y la

responsabilidad del Estado, por lo que PNR pasa a armonización la relación entre la sociedad y el

Estado.

Para ese entonces, Las FARC-EP contaban con unos 3600 hombres armados, que se

localizaban principalmente en la cordillera occidental, el pie de monte llanero y amazónico, una

extensa zona en el Cañón del río Duda entre el Meta y Sumapaz; esta última zona se convirtió en

territorio libre de hostilidades por parte de las Fuerzas Armadas después de la prórroga de tregua

firmada con Betancur, por lo que se convertiría en la ubicación del Secretariado, quienes contaban

con un sistema de enlace radial con la Presidencia de la República (Pardo, 1997).

De acuerdo con la política de normalización, el 14 de enero de 1987 el presidente Barco

sancionó la Ley 78 de 1986 con la que reglamentaba la elección popular de alcaldes, a través de

un Acto Legislativo aprobado en el congreso en 1985. A partir de este procedimiento democrático

por primera vez en Colombia, en las elecciones de 1988, nuevas fuerzas políticas pudieron

postularse como candidatos a las alcaldías.

Ante la oleada de violencia por la que atravesaba el país, el ministro de gobierno Fernando

Cepeda Ulloa crea la Comisión de Estudios Sobre la Violencia (CESV)10, que tenía como objetivo

10
Comisión conformada por diez expertos que debían diagnosticar la violencia del país y proponer alternativas
de solución. El informe demoró 4 meses y concluyó que en Colombia se fusionaban la violencia política, urbana,
intrafamiliar, de crimen organizado, contra las minorías étnicas y la forma como estas violencias se relacionaban con
medios de comunicación.
41

consultar a la academia sobre el fenómeno de la violencia y las medidas que podrían reducirlo.

Esta comisión en su informe final titulado Colombia: violencia y democracia manifestó la

necesidad de reformas políticas, crear una Comisión de Reconciliación que permitiera la

construcción de una base social, con directrices gubernamentales, procesos de reconciliación y

definición de los marcos de un acuerdo nacional mínimo; también propusieron las normas que

debían ser reformadas o derogadas (CESV, 1987).

Sumado a esto, a pesar de la prórroga firmada en marzo de 1986 con los frentes 14 y 15 de

las FARC-EP, a mediados de 1987 son emboscadas tropas del Batallón Cazadores en Caquetá, en

esta acción murieron 1 civil, 1 oficial, 1 suboficial y 24 soldados (Villamizar, 1997), a partir de

estos hechos el gobierno suspendió comunicaciones directas con este grupo armado y se da por

rota la tregua en el Caquetá; en discurso radiotelevisado del 22 de junio Barco expresó que la

voluntad de diálogo por parte del gobierno se mantendría, sin embargo advirtió que los “Acuerdos

de Cese al Fuego dependen de una sincera voluntad de reconciliación, tres meses después ya no

habían treguas en el país” (Pardo, 1997, p. 30).

6.1.5 El secuestro de Álvaro Gómez: una oportunidad para hablar de paz

El 29 de mayo de 1988 fue plagiado el dirigente conservador Álvaro Gómez Hurtado por

parte del M-19, su liberación se llevó a cabo mediante un proceso de negociación en México, Costa

Rica, Cuba y Panamá. Este contexto de diálogo suscitó que sectores sociales y políticos exigieran

a Barco una salida negociada del conflicto, la respuesta a estas demandas fue la creación de la

Iniciativa de Paz propuesta por Barco en el mes de septiembre del mismo año.

El 30 de junio de 1988 Carlos Pizarro Leongómez, comandante general del M-19 realizó

once propuestas, entre las que estaban un cese al fuego por 60 días y la realización de una cumbre
42

por la salvación nacional, Barco respondió negativamente a la propuesta (Fundación Paz y

Reconciliación, 2016). A pesar esto las conversaciones entre los voceros del M-19 con los

senadores conservadores Álvaro Leyva y Rodrigo Marín, y el periodista Juan Gabriel Uribe y

monseñor Darío Castrillón en Panamá, generaron una “precumbre” que se realizó en la Nunciatura

Apostólica de Panamá, en la que se insistió en el compromiso por la paz y se anunció la liberación

de Álvaro Gómez, acordando que la cumbre se realizaría el 29 de julio, por este motivo se

conformó una comisión preparatoria; una vez realizada la cumbre pasó a constituir la Comisión de

Seguimiento al Proceso de Diálogo, que debía movilizar a los sectores interesados en el proceso

de paz y definir las condiciones en las que se enmarcaría el proceso de diálogo y la Comisión de

Convivencia Democrática11.

6.1.6 Iniciativa para la Paz presentada por el presidente Virgilio Barco

En alocución televisada el 1 de septiembre de 1988, Barco explicó un plan para la

reconciliación nacional, que se presentó como oportuno por las condiciones económicas del país,

potenciadas por exportaciones más fuertes y diversificadas. La iniciativa de paz del presidente

advertía sobre unos prerrequisitos que hicieran viables las negociaciones: primero, que estas

negociaciones se enmarcaran en una lógica de mano abierta pero firme. Segundo, se propuso el

indulto para quienes demostraran disposición de participar en el proceso, bajo la condición de

cesión de sus armas. Tercero, se asumió que la reconciliación y el levantamiento del estado de sitio

debía ser un logro de todos los colombianos, y que la población en general era fundamental para

11
Encargada de la ambientar el dialogo directo, entendida como la generación de confianza entre los voceros
de la CGSB y el Gobierno. Fue instalada el 22 de agosto y duraría 30 días, estuvo bajo la dirección del Obispo Darío
Castrillón (Fundación Paz y Reconciliación, 2016).
43

gestionar las fases de transición; y cuarto, los grupos paramilitares o fuerzas armadas, debían

abstenerse de realizar actos de violencia durante el proceso12.

La propuesta del gobierno se componía de tres fases: la primera fase de distención, que

consistía en la manifestación de voluntad de reconciliación, proponiendo el fin de la insurrección

armada y la creación de las instituciones necesarias para la reconciliación. La segunda fase de

transición a la reincorporación de los grupos alzados, que permita la participación en las

instituciones democráticas. Y la tercera fase de incorporación definitiva a la vida democrática, a

partir del indulto y el levantamiento del estado de sitio. De igual manera, el gobierno se

comprometió a liderar diálogos regionales por la convivencia y el derecho a la vida, de donde se

esperaba que surgieran recomendaciones a ser tenidas en cuenta durante la etapa de acuerdos.

Al analizar esta iniciativa, es posible notar que giraba en torno a la reintegración a la vida

democrática, por medio de garantías efectivas y eficientes que dieran paso a la disolución, el

desarme y reincorporación de grupos alzados en armas, haciendo énfasis que la paz es posible a

través de compromisos precisos en plazos indefinidos. En esta iniciativa se proponía una reforma

constitucional como alternativa para la reconciliación nacional y la transformación del régimen

político e institucional, que permitiría dotar al proceso de paz de legitimidad política e

institucional. No obstante, la medida fracasa en el Congreso, pero se convierte en un antecedente

de la reforma que ocurriría posteriormente en 1991.

La Iniciativa de Paz partió de varios lineamientos, entre los que se encuentran: primero, la

demostración de paz y reconciliación de los alzados en armas, por lo que los interesados en

12
En intervención televisada del 1de enero de 1988 el Presidente Barco presentó el periodo de 1986, 1987 y
1988 como los años de la década de los ochentas en los que se había experimentado en Colombia la expansión
económica más alta y estable, y que en su conjunto la economía del país había presentado un crecimiento del 4%, al
igual que había logrado el desempleo más alto en 6 años y que las reservas del país lograrán superar los 3700 millones
de dólares (Barco, 1989)
44

acogerse a esta medida debían demostrar disposición para crear fórmulas que condujeran a la paz

y a la reconciliación, es decir, la reincorporación a la normalidad democrática. Segundo,

suspensión de las violaciones a los derechos humanos y terrorismo, por lo que los grupos armados

debían abstenerse de realizar actos que atentaran contra la vida, la salud y la integridad fisca o

mental. Tercero, diálogo directo con los voceros de los grupos armados, que permitieran la

búsqueda de compromisos que respondieran a las particularidades de los grupos y que hicieran

posible la reincorporación. Cuarto, el gobierno se comprometió a propiciar que los voceros de los

grupos interesados pudieran plantear sus opiniones y propuestas sobre la reforma constitucional,

ante el Congreso de la República, si este así lo aprobara, las iniciativas y propuestas apropiadas

podrán ser sometidas ante el Congreso, como iniciativa gubernamental o parlamentaria. Quinto,

indulto al culminar el proceso de reincorporación a la vida democrática, tarea que se debía llevar

a cabo mediante la aprobación de la ley en el Congreso, permitiendo la reincorporación a la vida

económica, social y política, a partir de un marco de garantías de vida e integridad. Sexto, diálogos

regionales por la convivencia y el derecho a la vida, los resultados de estos contarían con los

mecanismos de coordinación institucional que hicieran posible la adopción de medidas y

recomendaciones. Séptimo, cuando los procedimientos y las acciones de la iniciativa se hubieran

culminado, el estado de sitio se levantaría. Octavo, la lucha contra el terrorismo y la subversión

debían continuar, con el fin de enfrentar a quienes no se acogieran a la iniciativa.

Profundizando en las cuatro fases antes descritas, el discurso de Barco (1998) expone los

siguientes detalles sobre cada una de ellas:

 Fase de distención: fueron los procedimientos y acciones encaminadas a generar un

ambiente de entendimiento, credibilidad y confianza, proponiendo la manifestación de voluntad

de reconciliación, diálogo directo entre representantes autorizados del gobierno y los voceros de
45

los grupos armados, audiencias y designación de voceros que no estén al margen de la ley sobre el

reajuste institucional, los procedimientos se acordaron con los voceros autorizados lo que

comprometió al grupo armado con la decisión tomada, presentación de un proyecto de ley sobre

el indulto y la información sobre el desarrollo de la iniciativa y la concertación interinstitucional,

coordinados desde el Ministerio de Gobierno y la Consejería Presidencial para la Rehabilitación,

Normalización y Reconciliación.

 Fase de transición: fueron los procedimientos y acciones encaminadas al tránsito de los

excombatientes hacia la normalidad institucional. Se propuso iniciar la reincorporación,

estableciendo garantías y condiciones que permitieran la reincorporación a la sociedad,

preparación y coordinación de actividades con entidades oficiales y privadas para ubicar y

reintegrar política, económica y socialmente a los grupos que se cogieran a la iniciativa, cese de

operaciones subversivas y posterior ubicación temporal de los alzados en armas, la reincorporación

a la vida democrática se debía hacer sin armas y sin la amenaza de volver a usarlas, así mismo se

contempló la creación de Consejos Regionales de Normalización, que estarían integrados por:

-El Gobernador, Intendente o Comisario, quien lo presidirá de manera

indelegable.

-El Comandante de la Unidad Operativa Militar con jurisdicción en la región.

-Un delegado de la Consejería Presidencial para la Reconciliación,

Normalización y Rehabilitación.

-El Procurador Regional.

-El comandante de Policía.

-El Director Seccional de Instrucción Criminal.

-El Director Seccional de DAS.


46

-Un representante de la Iglesia.

-Voceros de los partidos políticos que tengan representación en la respectiva

Asamblea Departamental, Consejo Intendencial o Comisarial.

-Voceros de los grupos guerrilleros en proceso de reincorporación.

(Villarraga, 2009, p. 195)

 Fase de reincorporación definitiva: hacía referencia a los procedimientos y acciones

encaminados a reintegrar a la sociedad a los alzados en armas, al igual que garantizar y estimular

la actividad política, esta fase fue la culminación de los compromisos adoptados con el

Procedimiento de Incorporación a la Vida Democrática; entre los que se encuentran el indulto, la

participación política, la asistencia económica y las medidas de seguridad.

 Fase de diálogos regionales para la convivencia: esta fase partió del reconocimiento de

que la delincuencia común, los grupos terroristas y el conflicto por el control de los recursos

naturales son causas de violencia. De allí que los diálogos regionales fueron la alternativa para que

las personas encontraran solución a factores locales de perturbación y a casos específicos de

violencia en las regiones, para lo que se propuso como facilitadores de los diálogos a los

ministerios de defensa y justicia, los consejeros presidenciales para la Defensa, Promoción y

Protección de los Derechos Humanos, y de Reconciliación, Normalización y Rehabilitación y el

DAS.

El presidente advirtió que esta iniciativa debería ejecutarse antes que iniciara el siguiente

proceso electoral. El M-19 silencia sus armas desde esta iniciativa, por lo que el gobierno destacó

la actitud serena y de reconciliación de este grupo guerrillero (El Espectador, 1989).

Ahora bien, la Iniciativa de Paz propuesta durante el gobierno del presidente Barco fue

interpretada como la respuesta a la presión social ejercida a favor de la negociación, las


47

recomendaciones hechas por la Comisión de Notables, conformada por los expresidentes Misael

Pastrana y Alfonso López, el cardenal Miguel Rebollo; en representación de los sectores

productivos estaban Fabio Echeverry (presidente de la Asociación Nacional de Empresarios de

Colombia ANDI) y Hernando Santos (Director del periódico El Tiempo), quienes se encargaron

de evaluar la posibilidad de establecer diálogos directos entre el Gobierno y los alzados en armas.

A esto se suma las propuestas señaladas en la Cumbre de Usaquén, realizada el 29 de julio como

resultado de la campaña de liberación del político y periodista Álvaro Gómez. En esta cumbre se

discutieron temas relativos a la paz y se acordó la creación de la Comisión de Convivencia;

convirtiéndose en dinámicas de participación que apoyaron la solución política a la violencia que

azolaba el país a finales de los años ochenta.

6.1.7 Rechazo de CGSB a la iniciativa, conversaciones entre el M-19 y el Gobierno

El 22 de septiembre de 1988 el Estado mayor de las FARC-EP calificó de poco realista la

iniciativa presidencial de paz, señalando que el problema de la violencia es anterior al surgimiento

de las guerrillas, y que estas son la respuesta a la violencia oficial. En respuesta le propusieron al

presidente Barco un acuerdo nacional que condujera a un plan más realista; este debería involucrar

a la iglesia católica, a los gremios económicos, a los partidos políticos con participación en el

Congreso, a la Procuraduría General de la Nación, el movimiento sindical, la prensa hablada y

escrita, los expresidentes de la República, las organizaciones militares en retiro, los militares en

servicio activo, los representantes de Coordinadora Guerrillera y el Gobierno (Estado Mayor las

FARC-EP, 1988).

A pesar de que la CGSB rechazó la Iniciativa por la Paz, el M-19 continuó con las

conversaciones hasta acordar el diálogo directo entre los partidos políticos y los comandantes de
48

la CGSB, diálogo que tendría como objetivo la solución política a partir un itinerario que condujera

a la desmovilización con garantías y a la democracia plena (Zuluaga 1996).

Ante las distintas posturas tomadas por los alzados, se acordó la realización de la III

Conferencia de la CGSB entre el 13 y 16 de octubre, que condujo a la elaboración de una carta

dirigida al presidente Barco a manera de respuesta sobre la iniciativa presidencial, en dicha carta

se propuso la realización de un encuentro entre el gobierno y los comandantes de los grupos

guerrilleros, para dialogar sobre la salida política del conflicto; que en las conversaciones

participaran los ministros de más alto nivel (de Gobierno, de Defensa, de Minas y los comandantes

de la CGSB); y que a dicho encuentro asistiera en calidad de testigo la Comisión de Convivencia

Democrática.

6.1.8 Propuesta del Conservador Álvaro Leyva

Por medio de una Carta enviada en la segunda semana de noviembre de 1988, por el entonces

senador conservador Álvaro Leyva, que iba dirigida a dirigida a Julio César Turbay Ayala, jefe

único del Partido Liberal Colombiano; Fabio Valencia Cossio, presidente del Directorio Nacional

del Partido Social Conservador; Bernardo Jaramillo Ossa, presidente de la Coordinadora Nacional

de la Unión Patriótica. El senador proponía retomar el esquema de comisiones para continuar con

las conversaciones, planteando que mediante decreto se conformara una comisión de cinco

miembros, que dispusieran de reconocimiento nacional, que no hubieran participado en procesos

similares o que tuvieran pretensiones electorales. La comisión operaría en un contexto de cesación

de hostilidades, sería la encargada durante 30 días de revisar e informar sobre las condiciones que

posibilitarían el diálogo directo entre las partes, si la respuesta de la comisión al presidente de la

República anuncia condiciones favorables, el gobierno en 20 días definiría en compañía de la


49

Comisión de Convivencia aspectos necesarios para iniciar las conversaciones. Si dicho informe

fuera favorable, afirma Leyva, citado por Arenas (1990):

El Gobierno haría uso de un plazo de 20 días para establecer, conjuntamente

con la comisión, el cómo, cuándo, y en dónde se efectuarían las conversaciones

directas y quienes participarían de ellas. Una vez definido esto último, las partes

iniciarían de manera inmediata el diálogo directo que podría extenderse hasta el

término de 30 días prorrogables por tiempo igual.

Vencido el plazo establecido, el Gobierno informaría a la opinión pública los

resultados del dialogo y procedería de acuerdo con las circunstancias. (p. 54)

Como respuesta, las FARC-EP y el M-19 enviaron una carta al senador, expresando estar de

acuerdo con la propuesta y comprometiéndose a buscar el apoyo por la paz de los miembros de la

CGSB. No obstante, el plan Leyva resultaría inviable porque según el columnista y ex canciller

Alfredo Vázquez Carrizosa (citado en Semana, 1989) lucía como una precandidatura presidencial

por parte del senador, porque partía de la creación de una comisión y el presidente Barco

desestimaba este tipo de organismos al señalar desde su posesión como presidente que este tipo de

estrategias despojaba de institucionalidad al proceso de paz.

El 3 de enero de 1989 el periódico El Espectador publicaba un artículo de la agencia EFE en

el que se informaba sobre una carta enviada por el estado mayor de las FARC-EP, en la que

proponían un diálogo directo entre el gobierno y la Coordinadora Nacional Guerrillera Simón

Bolívar. Las FARC-EP hacían reconocimiento al plan propuesto por el senador Leyva, el alto al

fuego navideño de las FARC-EP, los acercamientos entre la Consejería Presidencial para la Paz y

el M-19 como “signos alentadores para la paz” (El Espectador, 1989, p.5a); sin embargo, en este

mismo artículo señalaban que el Gobierno había rechazado tajantemente el plan Leyva y se
50

apegaba al plan oficialista, Iniciativa que la CGSB interpretaba como un ultimátum que supone

una guerrilla derrotada. Para diciembre de 1988 la iniciativa había sido acogida solo por el M-19.

6.1.9 Primer diálogo directo entre el Movimiento 19 de abril y el Gobierno

El Espectador (1989), publicó el 9 de enero información sobre el primer diálogo directo entre

el Consejero Presidencial, Rafael Pardo Rueda y el jefe máximo del M-19 Carlos Pizarro,

encuentro que se llevó a cabo en zona montañosa del Tolima y se extendió por cerca de tres días.

En este primer diálogo directo el M-19 presentó una serie de temas relativos a las Fuerzas

Armadas, reformas políticas y el modelo económico, propuestas sociales y un esquema de

negociación; el Gobierno pretendía que el grupo guerrillero se acogiera a la Iniciativa de Paz, que

les comprometería a asumir una tregua de seis meses13.

A pesar de los intereses opuestos al iniciar el diálogo, tanto en la primera declaración

conjunta, como en la declaración de Ortega, en la que informaba sobre el acuerdo de una agenda

preliminar y plazos de la negociación (esto fue conocido como los Acuerdos del Tolima); y en la

declaración de Natagaima, en la que se concretaron aspectos relativos a la metodología de la

negociación, los temas y los mecanismos de participación de la sociedad civil y de los partidos

políticos, fue posible dar inicio al establecimiento de una agenda. Se fijaron plazos para concretar

la paz, se adelantó la definición de la metodología del diálogo, se identificaron los temas a abordar;

creando acuerdos preliminares en torno a dos puntos: primero, la búsqueda de la democracia plena

y el retorno a la normalidad de los excombatientes; segundo, la aceptación pública de la

13
Aunque la tregua dependería de la aprobación del Ejecutivo para conformar una comisión de alto nivel
propuesta por el M-19(el presidente de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia ANDI Fabio Echeverry
Correa, por el cardenal Alfonso López Trujillo y líderes políticos mayoritarios como los expresidentes Misael
Pastrana y Julio César Turbay) que se encargaría de crear acuerdos sobre las condiciones de aceptación del plan de
paz del gobierno de Barco.
51

negociación y el cese de hostilidades por tiempos estimados como prudenciales (Gobierno

Nacional y M-19, 1988). Esta primera reunión conjunta estuvo precedida de una serie de contactos

iniciales por radio durante todo el mes diciembre, sin embargo, entre enero y marzo las

negociaciones se hicieron prácticamente de manera clandestina (García, 1993).

Los acercamientos contaron con la aprobación del presidente Barco, quien durante clausura

de las sesiones ordinarias del Congreso el 16 de diciembre de 1988 señalaba que era conveniente

iniciar diálogos con el M-19, pues estos habían demostrado voluntad hacia la reconciliación, al

mantener la tregua unilateral desde 29 de mayo, cuando fue secuestrado Álvaro Gómez (Pardo,

1996). La voluntad de diálogo del Gobierno posibilitó el surgimiento de algunas de las condiciones

que, según Fisas (2010), son necesarias para iniciar un proceso de paz, es decir: reconocimiento

del otro como un interlocutor político, acuerdo sobre el metaconflicto, refiriéndose al

reconocimiento del conflicto y de las causas objetivas de la guerra, “disposición para ceder en algo

que pueda ser sustantivo, comprender que la finalidad del proceso es transformar el conflicto,

lograr algo para sí mediante la negociación, comprensión sobre la negociación como alternativa y

no como sinónimo de derrota” (p. 36).

A esto se suma que el expresidente Misael Pastrana anunciaba que el conservatismo estaría

dispuesto a cooperar con el gobierno para lograr la paz, en esta misma línea los senadores liberales

Luis Carlos Galán y Luis Guillermo Giraldo hacían reconocimiento a la voluntad de paz del M-

19, que se evidenciaba al respetar el cese al fuego; el senador Alberto Rojas de la UP exaltó el

acuerdo entre el gobierno y el M-19.


52

6.1.10 Inicio del proceso: Declaraciones conjuntas

En la primera declaración conjunta de enero 19 de 1989, el Consejero Presidencial Rafael

Pardo Rueda y el Comandante General del M-19 Carlos Pizarro Leongómez convocaron a todos

los grupos armados a aportar para el logro de la paz a través del diálogo directo entre las

direcciones de los partidos políticos con representación parlamentaria y los comandantes de la

CGSB, el diálogo propuesto debía disponer de un itinerario que ofreciera las garantías necesarias,

partir del claro propósito de la paz y el proceso de desmovilización de los miembros del M-19,

estos aspectos constituyen entonces los acuerdos preliminares de la negociación. También requería

hacer pública la aceptación de participar en los diálogos, concretar un cese al fuego unilateral que

permitiera un clima de distención y confianza. En este mismo documento el M-19 ratificó la

voluntad de dialogo y reconciliación y se estableció agenda entre el gobierno y el M-19.

El 1 de febrero de 1989 El Espectador (1989), publica que el Gobierno y los partidos políticos

avanzaban en la definición de los criterios para el diálogo en el proceso de paz con el M-19,

señalando que el presidente había enviado una carta al director del liberalismo, al jefe de la

oposición social conservadora y al presidente de la coordinadora de la UP con la finalidad de

constituir el marco político para el proceso de negociación.

En la segunda declaración conjunta del 4 de febrero Pardo y Pizarro ratificaron los términos

de la Primera declaración, e invitaron a los partidos Liberal, Social Conservador y la Unión

Patriótica, que respondieron a la convocatoria de diálogo directo, a que definieran con el gobierno

y el M-19 los mecanismos de participación que permitieran recoger todos los aportes posibles en

torno al proceso de paz. Pardo y Pizarro, como estrategia se citan a una mesa de trabajo en febrero

del mismo año, en la que se intercambiarían ideas sobre la agenda (temas y tiempos) que harían

parte del diálogo directo entre el Gobierno, los partidos y el movimiento guerrillero. Para esta tarea
53

el M-19 debería conformar el equipo vocero del movimiento, que finalmente fue designado el 17

de marzo, quienes debían disponer de garantías por parte del gobierno para asegurar la

participación de los voceros.

En un comunicado del Gobierno citado en El Espectador (1989), el ministro de Gobierno

Raúl Orejuela y el Consejero Presidencial señalaban que simultáneamente al diálogo con el M-19

adelantarían reuniones formales con el partido Liberal, social conservador y la UP14, pero que estas

se realizarían por separado, es decir, por un lado con el grupo subversivo y por otro lado con las

directivas de los partidos. En este mismo periódico, el 24 de febrero se precisaba que se

adelantarían reuniones entre el Ministro de Gobierno y el Consejero Presidencial, a fin de discutir

las perspectivas del liberalismo y del conservatismo sobre los diálogos, al igual que informar sobre

el desarrollo de la Política de Reconciliación. Tres puntos serían fundamentales en estas reuniones:

la necesidad de propiciar el diálogo directo, a partir de los procedimientos ya establecidos, entre

el Gobierno Nacional, los grupos alzados en armas y los partidos políticos. Definir los criterios de

participación en los diálogos de los sectores sociales interesados que permitan canalizar los

aportes. Y avanzar en la construcción de un cronograma de trabajo sobre el proceso de diálogo

entre el gobierno y el M-19.

En la tercera declaración conjunta del 3 y 4 de marzo de 1989, realizada en Ciudad de

México, asistieron Pardo y sus asesores, junto a los dirigentes del M-19 Antonio Navarro Wolf,

Gerardo Ardila, Rafael Vergara y Rubén Carvajalino, quienes señalan que continuaba abierta la

alternativa de solución política al conflicto; tomando como marco de referencia las declaraciones

anteriores, en donde se expresaba la necesidad de buscar la democracia plena y garantías que

14
aunque la UP a través de sus voceros reafirmaba su posición respecto a independencia de
las FARC-EP y de otros grupos guerrilleros, argumentando constituir un movimiento político
autónomo que rechaza todas las formas de terrorismo.
54

hicieran posible la desmovilización. Se reiteró la invitación a otros grupos armados para que se

vincularan al diálogo, y se hacía un reconocimiento a la guerrilla de las FARC-EP por haber

iniciado la tregua unilateral en febrero de ese año.

Así mismo, propusieron como estrategia para establecer la agenda de trabajo la

conformación de mesas de trabajo, que a su vez definirían los procedimientos de participación de

demás sectores del país y se abordaría el tema de los asesinatos políticos. El M-19 informa que se

integrarán a los diálogos otros voceros que residen en el exterior.

En la cuarta declaración conjunta, también conocida como Declaración del Cauca, realizada

el 17 de marzo, a la que asistieron Rafael Pardo, Carlos Pizarro, Raúl Orejuela Bueno Ministro del

Gobierno y César Negret Gobernador del Cauca, se tuvo en cuenta la convocatoria de participación

del 10 de enero, los acuerdos de 4 de febrero y la declaración del 4 de marzo. En esta reunión se

definieron los aspectos que compondrían la fase de distención, como por ejemplo la definición de

los espacios de participación en el proceso y la organización de los diálogos regionales. Respecto

a la reintegración, se acordó que el gobierno ubicaría el límite de la comandancia del M-19, área

en la que las Fuerzas Armadas no realizaran operaciones durante la duración del proceso. Esta

zona funcionaría como un área neutral en Santo Domingo Cauca.

En esta misma declaración el Gobierno se comprometió a designar representantes especiales

y directos de la presidencia para servir de enlace entre el Gobierno Nacional y el M-19, quienes se

encargarían de realizar seguimiento a lo acordado, estudiar fórmulas que así lo garantizaran y

articular procesos como los diálogos regionales, los consejos de rehabilitación, entre otros, pues

de esta manera se aportaría al desarrollo de las comunidades. Las mesas de trabajo fueron

presentadas como una estrategia de democratización, por lo que requerían de:


55

a) La designación de 13 voceros de la comandancia general del movimiento 19

de abril, que no tengan impedimentos legales, que la representarán en los diálogos

políticos. Tales voceros son los siguientes: Gliserio Perdomo Vélez, René Ramón

Suárez, Jaime Perea Ramos, Fabio Alejandro Mariño Vargas, Alberto Caycedo

Borda, Rubén Carvajalino, Alfonso Cabrera Toscano, Ramiro Lucio Escobar, Iván

Almanares, Héctor Pineda, José Buriticá, Adriana Velásquez Rosero, Edgar

Molano.

b) Los voceros mencionados informarán directamente al comandante general del

Movimiento 19 de abril, y este designara ante el gobierno la persona dentro del

grupo de voceros que tendría la responsabilidad de su coordinación. (Villarraga,

2009, p. 244)

En la quinta declaración conjunta del 17 de Julio 1989 se presentaban los siguientes

resultados de los acuerdos:

a) La gestación de un clima nacional de distensión, el cual ha favorecido la

incorporación de múltiples fuerzas a la impostergable tarea de la paz y ha abierto

nuevas perspectivas para adelantar diálogos entre el Gobierno y los movimientos

guerrilleros;

b) La superación paulatina, pero firme, del escepticismo nacional alrededor

de la conquista de una paz concertada que expanda nuestra democracia y avance

hacia la reincorporación de los lazados en armas al cauce normal de la vida

nacional;

c) El cumplimiento de los compromisos, etapas y tiempos establecidos en los

sucesivos acuerdos suscritos entre el Gobierno nacional y el M-19, y entre éste y


56

los partidos Liberal y Social Conservador, en la Mesa de Trabajo. Ello expresa la

voluntad de reconciliación de las partes involucradas en el proceso de paz;

d) La participación activa de sectores representativos de la sociedad

colombiana en las Mesas de Análisis y Concertación, tales como los gremios de la

producción, las universidades, asociaciones populares, militares en retiro,

sindicatos, asociaciones de profesionales y personalidades democráticas que

permitieron la concreción de los consensos que son base para la articulación de un

pacto político por la paz y la democracia […] Simultáneamente con la construcción

del acuerdo político en la Mesa de Trabajo, el Gobierno nacional y el M-19 iniciarán

el estudio de un plan para la reincorporación del M-19 a la vida civil y política del

país.

En este orden de ideas, las mesas de trabajo habían posibilitado un ambiente propicio para

negociar, generando confianza nacional frente al proceso de paz, el cumplimiento de los tiempos

y compromisos establecidos entre el M-19 y el Gobierno, y la articulación de consensos sobre lo

que sería el Pacto Político por la Paz y la Democracia. Estos avances fueron presentados como las

condiciones de posibilidad para la creación del acuerdo político con el que se terminaría el

conflicto armado, que a su vez permitiría la configuración de una estrategia para la reincorporación

de los excombatientes, a través de una comisión conformada por miembros del Gobierno y del M-

19. Comisión que estaría encargada de definir los mecanismos y los procedimientos para la

desmovilización, tales como las garantías jurídicas y políticas, aspectos técnicos y operativos de

la desmovilización, las condiciones y plazos para el indulto.


57

6.1.11 Mesas de Trabajo por la Paz y la Reconciliación

En discurso del presidente Barco del 3 de abril, se plantea como estrategia para construir el

itinerario hacia la desmovilización y la democracia plena las mesas de trabajo que dispondrían de

reuniones llamadas Mesas de Análisis y Concertación, conformadas por representantes

autorizados de la mesa de trabajo, representantes de los sectores autorizados y fuerzas

representativas, al igual que especialistas que aportaran al temario de la mesa; estas funcionarían

el tiempo que la mesa de trabajo lo considere prudente. En ellas se formulan las propuestas para

las mesas de trabajo, que operarían desde el 25 de mayo al 10 de julio de 1989, el M-19 podría

presentar las propuestas que condujeran a la democracia plena y definir las garantías necesarias

para la reincorporación a la vida civil (Barco, 1989).

Las mesas debían entregar a la Secretaría Ejecutiva, conformada por un número de

secretarios igual a los miembros de pleno derecho, los proyectos y propuestas del acuerdo que

requirieran ser discutidas por el Congreso Nacional antes del 10 de julio. Las propuestas de acuerdo

que solo competían al Ejecutivo se debían presentar a la Secretaria Ejecutiva para que en la mesa

de trabajo se tramitaran hacia el Gobierno Nacional.

En mensaje del comandante Pizarro (1989) dirigido a la Mesa de Trabajo para la

Reconciliación Nacional del mismo 3 de abril, se consideraba que la conclusión que tendría lugar

en las mesas sería un pacto social que encontraría legitimidad a partir de un plebiscito que debía

realizarse en marzo de 1990. Las tres Mesas de Análisis y Concertación que fueron instaladas

respondían, según Pizarro, a las urgencias de la nación, estas se llevaron a cabo en el Capitolio

Nacional y fueron:

 Mesa 1, convivencia justicia y orden público. La propuesta en primer lugar, partía de la

creación de un Tribunal Especial responsable de investigar y juzgar delitos políticos, genocidios y


58

crímenes contra los de derechos de opinión, organización y contra el libre ejercicio de la justicia,

este organismo de justicia estaría compuesto por la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, la

Procuraduría General de la Nación y la Dirección General de Instrucción Militar. En segundo

lugar, se proponía reglamentar a las organizaciones de autodefensa dedicados a la protección de

miembros de las Juntas Cívicas, agrupaciones sindicales y políticas; sin embargo, debían las

Fuerzas Armadas identificar públicamente los organismos de autodefensa que operaban con su

autorización. En tercer lugar, se planteó la necesidad de un diálogo con los grupos armados de

derecha que tuvieran objetivos políticos y que demostraran voluntad de paz. En cuarto lugar, se

propuso la creación de una comisión no gubernamental de alto nivel con los jefes de los carteles

para abordar el tema del narcotráfico. En quinto lugar, la aplicación inmediata del Derecho

Internacional Humanitario. En sexto lugar, la creación de una Veeduría conformada por la

Procuraduría General de la Nación y el comité permanente para la Defensa de los Derechos

Humanos.

 Mesa 2, aspectos socioeconómicos. Con la finalidad de construir un Plan de Emergencia

para la reconstrucción del país, se proponía:

1. La ampliación del Consejo Nacional de Política Económica y social,

2. La implementación de un programa extraordinario de producción y distribución de alimentos.

3. Implementación de un plan de vivienda de urgencia.

4. Aumento semestral del salario mínimo

5. Construcción de un Fondo Nacional para la paz.

 Mesa 3, aspectos de orden constitucional y en materia electoral.

1. La derogatoria del Articulo de la Constitución Política de 1986 y que se probaría por medio

de la votación de las dos cámaras el Plebiscito, el referéndum, y la asamblea constituyente.


59

2. Definición de un mecanismo democrático para elaborar la nueva constitución

3. Convocar a plebiscito nacional sobre temas como la elección presidencial en dos vueltas.

4. Voto secreto y obligatorio

5. Creación de la circunscripción electoral nacional

6. Financiación estatal de las campañas

7. Espacios en medios de comunicación para los partidos durante la campaña

El Directorio del Partido Social Conservador manifestaba el mismo 3 de abril que aceptaba

participar en las mesas de trabajo y señalaba que el diálogo debía extenderse a todos los sectores

de la subversión, y que dicha iniciativa debía partir del Gobierno y contar con su compromiso, por

lo que estarían de acuerdo en que las decisiones tomadas a partir de las mesas de trabajo, fuera

sometido a un referéndum (Villagarra, 2009).

Por su parte, el secretario del Partido Liberal advertía que reconocían el empeño del

presidente Barco y su equipo, de acuerdo con esto confesaba que las Mesas de Trabajo permitirían

estudiar razonables iniciativas para contribuir a la democracia en el país, por tanto, respaldan la

iniciativa del presidente Barco.

6.1.12 Funcionamiento de las Mesas de Trabajo por la Paz y la Reconciliación Nacional

El reglamento con el que funcionarían las Mesas de Análisis y Concertación fue aprobado

el 27 de abril de 1989 por la Mesa de Trabajo por la Paz y la Reconciliación Nacional. Su

funcionamiento se daría en las instalaciones del Congreso de la República y otros sitios propuestos

por los miembros de la mesa. La mesa de trabajo estaría conformada por el Gobierno Nacional, el

Partido Liberal, Partido Social Conservador, la UP, el Movimiento M-19 y demás grupos armados

que se vincularan al proceso de negociación, junto con representantes autorizados de sectores o


60

fuerzas de la sociedad. La iglesia sería una invitada permanente asumiendo el rol de testigos y

garantes éticos. Las decisiones se tomaron a partir de consensos y estos constituyeron los acuerdos.

La programación y el método para la discusión del temario fue determinado previamente por la

Secretaría Ejecutiva, pero la mesa de trabajo siempre fue la que decidió el número de sesiones

requeridas para agotar un tema. Las reuniones fueron coordinadas por el Ministro de Gobierno o

el viceministro (Reglamento interno de la Mesa de Trabajo por la Paz y la Reconciliación Nacional,

1989).

Los eventuales proyectos de Reforma Constitucional y de ley, resultado de acuerdos

políticos entre los miembros de la Mesa y el Gobierno debían ser presentados al Congreso; en el

caso de medidas que fueran competencia del Ejecutivo, este procedería a tomarlas y llevar a cabo

programas como resultado del consenso de la mesa.

La sexta declaración conjunta del 26 septiembre de 1989 presenta como resultado de las

Mesas de Análisis y Concertación las propuestas que responden a tres temas que se priorizaron

para el país: convivencia, justicia y orden público, asuntos socioeconómicos y asuntos de orden

constitucional y material electoral, temas en los que se lograron acuerdos, pero que requerían ser

considerados y aprobados por la mesa de trabajo, para que posteriormente se dieran a conocer a la

opinión pública. Cuando la mesa de trabajo llegara a consensos se realizaría una reunión especial

en Santo Domingo (Cauca), de la que se seguiría la suscripción del Pacto Político a favor de la paz

y la democracia, la puesta en marcha el plan de dejación de armas e incorporación del M-19 a la

vida civil que se desarrollaría a partir del informe final de la Comisión de Desmovilización, creada

al finalizar las Mesas de Análisis y Concertación, y que estaría conformada por miembros del M-

19 y del Gobierno. El Gobierno y el M-19 se comprometieron a trabajar en la creación de un plan

de seguridad para garantizar la vida de los integrantes del movimiento. Con objeto de continuar
61

con el análisis de lo acordado se presentaría ante el Congreso a más tardar la primera semana de

octubre el proyecto de ley sobre el indulto.

6.1.13 Pacto Político por la Paz y la Democracia

Se consideran como aspectos sustantivos del Pacto Político por la Paz y la Democracia el

conjunto de temas que fueron abordados en las Mesas de Análisis y Concertación, los cuales fueron

aprobados por la mesa de trabajo como fundamentales para la firma de la paz (García, 2004). Entre

los que se encuentran:

1. Aspectos constitucionales y de material electoral: primero, modificar el Artículo 218 de

la Carta Política mediante el Artículo 87, que fue aprobado en primera vuelta, incluyendo un

parágrafo transitorio sobre la base constitucional que permitiera convocar un referéndum

extraordinario. Segundo, consultar mediante referéndum aspectos que permitieran crear nuevos

canales de participación ciudadana, por lo que se incorporarían temas como:

El establecimiento de la Circunscripción Nacional Especial de Paz, con el

objeto de permitir la incorporación a la vida institucional de aquellos colombianos

miembros de organizaciones guerrilleras que lleguen a acuerdo con el Gobierno

nacional y se Incorporen a la vida civil y a la movilización política, previa a la

dejación de las armas.

El reconocimiento como partidos políticos de los, movimientos guerrilleros

que se acojan a la movilización política, previa a la dejación de las armas, como

resultado de los acuerdos y como expresión política de paz del presente gobierno.

El Gobierno nacional reglamentará los términos y condiciones que hagan posible la

participación del movimiento político en las próximas elecciones.


62

El establecimiento del voto obligatorio, en un proceso gradual que comenzará

con todos los habitantes en capacidad de votar, menores de 60 años y que residan

en las cabeceras municipales. reglamentará el procedimiento para la vigencia y

aplicación gradual de este precepto, de tal forma que su vigencia sea a partir de las

elecciones para Senado y Cámara en 1990.

La iniciativa del presidente de la República sobre el derecho a la paz, los

derechos humanos y el establecimiento de la circunscripción nacional para minorías

políticas. (Villarraga, 2009, p. 290)

2. Aspectos Socioeconómicos. Gestionados a partir de programas socioeconómicos,

medidas ejecutivas y proyectos de ley sobre Planeación participativa, Política de ingresos y

salarios, Políticas laborales, Recursos Naturales, Oferta Campesina y Producción,

Comercialización, Seguridad Alimentaria, Vivienda, Salud y la creación del Fondo Nacional para

la Paz.

3. Asuntos de Convivencia, Justicia y Orden Público. Primero, mediante decreto se crearía

y conformaría la Comisión Asesora Para la Justicia, que se encargaría de establecer estrategias

para la reforma a la justicia (sustantiva, procedimientos, administrativa, presupuestal y de

personal). Segundo, revisar y modificar el Decreto 180 de 1988, con la finalidad de distinguir

conceptualmente el terrorismo del delito político y tipificar la desaparición forzada como delito de

lesa humanidad. Tercero, se publicaría ubicación geográfica, número de personas y tipo de armas

sobre grupos de autodefensa que hubieran funcionado con la aprobación de las Fuerzas Armadas

amparados en la ley 48 de 1968. Cuarto, integrar una comisión no gubernamental de carácter

académico que en un plazo no mayor a 6 meses debía presentar una investigación sobre la
63

dimensión nacional e internacional sobre el narcotráfico. Quinto, ratificar los Protocolos II y III

de 1977 sobre el Derecho Internacional Humanitario en el conflicto armado en Colombia.

6.1.14 Últimas declaraciones conjuntas: séptima y octava

Teniendo en cuenta que el cumplimento del Pacto Político requería de reformas

constitucionales (Séptima declaración, diciembre 14 de 1989) el Gobierno acordó con el Congreso

que en el referéndum que se realizaría el 21 de enero, se podría consultar al pueblo sobre estas

reformas acordadas; sin embargo, después de cinco debates la reforma se archivó. Situación que

era reconocida por el Gobierno y el M-19, al señalar que eran elementos inseparables el

cumplimiento del Pacto Político, el otorgamiento del indulto a los alzados en armas que

participaron del proceso y la dejación de las armas por parte de los mismos. El Gobierno y el M-

19 reafirmaron su voluntad para continuar buscando la paz desde la negociación, que el Pacto

Político solo se aplazaría, por lo que se postergó la dejación de las armas y la aplicación del indulto,

y se convocó a compromisarios del Pacto Político y a los partidos con representación en el

legislativo a una reunión extraordinaria en el mes de enero.

En la octava declaración conjunta del 25 de enero se anunciaba que la reunión extraordinaria

se llevaría a cabo el 31 de enero y que el propósito de esta sería concretar y desarrollar aspectos

que permitieran llevar a término el proceso de paz, entre estos acordar la fecha para la dejación de

armas por parte del M-19 y la reincorporación a la vida civil; cuando esto hubiera ocurrido el

Gobierno aplicaría el indulto y daría inicio a programas y proyectos que son de su responsabilidad

en materia de reinserción política, económica, social y productiva. Por lo que la Comisión Técnica

de la Internacional Socialista debería comenzar las labores de dejación de las armas, entre ellas el

inventario de armas, municiones y explosivos.


64

6.1.15 Marco Jurídico del acuerdo de paz

El 22 de diciembre entró en vigencia la Ley 77 de 1989, que fue reglamentada en enero de

1990, momento en que se convirtió en el marco jurídico del acuerdo de paz suscrito el 9 de marzo

de 1990 entre el M-19 y el Gobierno. Con esta ley el presidente de la República fue facultado para

conceder indultos y regular casos de cesación de procedimiento penal y de expedición de autos

inhibitorios en desarrollo de la política de reconciliación (Congreso, 1989).

La ley estipulaba que los autores o cómplices de delitos políticos eran quienes se

beneficiarían del Indulto. Según el Código Penal colombiano eran la rebelión, la sedición, la

asonada y delitos conexos, cometidos antes de la entrada en vigencia de la ley. Las personas que

estuvieran privadas de libertad por los delitos políticos serían cobijadas por esta ley. El indulto se

concedería al solicitante que evidenciara voluntad de reincorporarse a la vida civil, es decir, que

hubiera dejado las armas en términos de política de reconciliación. Los miembros de movimientos

armados a los que se les demostrara delitos fuera de combate, participación en casos de barbarie o

vinculación a una organización terroristas no se beneficiarían de esta ley.

El 1 de febrero mediante el Decreto 314 de 1990 se creó el Consejo Nacional de

Normalización que estaría adscrito al Departamento Administrativo de la Presidencia de la

República, como organismo asesor y coordinador del Gobierno Nacional en las acciones de orden

económico y social que apuntaran a la desmovilización y reincorporación a la vida civil

(Presidencia de la Republica, 1990).


65

6.1.16 Dejación de las armas

En marzo de 1990 el M-19 firmó el documento final para su desmovilización que condujo a

la entrega de armas de 791 combatientes en el municipio de Caloto en el departamento del Cauca,

ante una comisión técnica de la Internacional Socialista integrada por militares venezolanos,

suizos, ingleses y un finlandés (El Espectador, 2006).

El acto de dejación de las armas fue presentado en la Directiva Presidencial No.30 como la

culminación exitosa del proceso de paz, que logró la incorporación de los excombatientes a través

de la aplicación de los beneficios emanados de la ley 77 de 1989, el presidente en el documento

advierte que el acuerdo suscrito con el M-19 compromete a todo el gobierno por lo que hizo un

llamado a los destinatarios del documento (ministros de despacho, jefes de departamentos

administrativos, consejeros presidenciales, presidentes, gerentes o directores de entidades

descentralizadas del orden nacional) para que adelantaran programas socioeconómicos y preparan

proyectos de ley para cumplir con las responsabilidades ante el pacto por parte del Gobierno.

6.1.17 Acuerdo Político entre el Gobierno Nacional, los Partidos Políticos, el

Movimiento M-19 y la Iglesia Católica en calidad de tutora moral y espiritual del Proceso

El 9 de marzo de 1990 se firma el acuerdo definitivo de paz con el gobierno de Virgilio

Barco y el M-19. El pacto fue suscrito el 2 de noviembre de 1989, los firmantes del documento

debían asumir compromisos derivados de los consensos y de la voluntad de paz.

1. Promover acuerdos políticos para fortalecer la legitimidad institucional y la consecución

de la paz.
66

2. Establecer una Circunscripción Especial de Paz para los partidos políticos que surjan de

movimientos de alzados en armas, de tal forma que se promueva la incorporación a la vida

civil y transitar de la lucha armada a la vida política.

3. Crear una junta de alto nivel que se encargue de administrar y promover el Fondo Nacional

para la Paz, a fin de ampliar la financiación de acciones y programas de beneficio en zonas

de mayor desmovilización guerrillera.

4. Ampliar las oportunidades electorales y los espacios de participación política15, y

modernizar procedimientos de votación.

5. Expedir el decreto sobre la creación de la Comisión Asesora para la Reforma Integral de

la Administración de Justicia, que se ocuparía por tres años de las estrategias que

conduzcan a la reforma de la justicia en sus áreas sustantivas: administrativa, presupuestal,

personal y procedimientos.

6. Abordar temas políticos, socioeconómicos y de convivencia, justicia y orden público

consignados en el pacto político cuando la dejación de armas se haya realizado.

7. Se anuncia que el Movimiento M-19 como grupo armado ha dejado de existir, por lo que

todos los frentes armados se desmovilizaron y realizaron la dejación de armas, municiones

y material de guerra ante la Comisión de la Internacional Socialista. Los miembros fueron

incorporados a la vida institucional a través de un plan de desmovilización acordado con

el M-19; el Gobierno a través del decreto 314 de 1990 crea el Consejo Nacional de

Normalización e Indulta a los miembros del M-19.

15
Consistente en la ampliación de la representación parlamentaria de las minorías por medio de la
Circunscripción Nacional y la de Territorios Nacionales.
67

8. Ejecutar los términos acordados en diciembre de 1989 en el Plan de Seguridad hasta el 7

de agosto de 1990, sin embargo, se invita a buscar la continuidad de un nivel apropiado de

seguridad y protección de los dirigentes del M-19.

El documento fue firmado por el presidente de la República Virgilio Barco, el Expresidente

de la República y Director Nacional del Partido Nacional Julio César Turbay Ayala, el

Comandante de M-19 Antonio Navarro Wolf, el Consejero Presidencial Rafael Pardo Rueda, el

Comandante General Carlos Pizarro, en representación de Internacional Socialista Luis Ayala y

en representación de la Iglesia Católica Monseñor Álvaro Fandiño.

6.2 Capítulo 2. Negociación con las FARC-EP, cuatro intentos fallidos

A continuación se presenta una revisión del tratamiento dado al conflicto armado entre el

Estado colombiano y la guerrilla de las FARC-EP16, particularmente en la década de los noventa

del siglo pasado y la primera década del XXI. Se propone una descripción y análisis de las

estrategias de como las presidencias de César Gaviria (1990-1994), Ernesto Samper (1994-1998),

Andrés Pastrana (1998-2002) y Álvaro Uribe (2002-2010) abordaron la salida negociada del

conflicto, planteando una aproximación al estado del arte del conflicto y el análisis de las

estrategias de cómo estos gobiernos asumieron los acercamientos, los diálogos y las negociaciones

de paz. Es importante señalar que, con excepción de César Gaviria, quien, dando continuidad a las

negociaciones iniciadas durante la administración de Virgilio Barco, logró la desmovilización de

grupos como el EPL; PRT, MAQL, CERS y MP, los demás presidentes no lograron la firma de un

acuerdo definitivo o la desmovilización de una guerrilla. De allí que no sea posible hacer

comparaciones entre agendas, acuerdos preliminares y acuerdos finales; sin embargo, la revisión

16
Teniendo en cuenta que el primer capítulo se concentró en el análisis del proceso de paz, liderado durante el
Gobierno de Barco, que condujo a la firma del Acuerdo Final entre el Gobierno y el M-19, y la posterior
desmovilización de sus tropas.
68

permite comprender las transformaciones del conflicto y de los actores, al igual que conocer la

manera como se gestionaron las negociaciones durante estos gobiernos, que sin lugar a duras

inciden en la naturaleza de las negociaciones entre las FARC y la presidencia de Juan Manuel

Santos.

6.2.1 Cambio de gobierno y reconfiguración del conflicto: de Virgilio Barco a César

Gaviria

El Centro de Memoria Histórica (CMH) (2013) señala en su informe ¡Basta ya! que el

proceso paz liderado en el gobierno de Virgilio Barco tuvo una crisis de legitimidad, como

consecuencia del exterminio de la Unión Patriótica, donde fueron asesinados dos candidatos a la

presidencia, ocho congresistas, trece diputados, setenta concejales, once alcaldes y cientos de

simpatizantes. En el informe, que se basa en los aportes de fiscales de Justicia y Paz para el

Gobierno y el Procurador General de la Nación, se sostiene que estos asesinatos fueron cometidos

por miembros de las Fuerzas Armadas del Estado en alianza con narcotraficantes, fenómeno que

introduce el paramilitarismo dentro del conflicto armado colombiano; con acciones como la

cometida en corregimiento de La Rochela en Santander, donde fueron asesinados 12 funcionarios

de la administración pública el 18 de enero de 1989.

La situación antes descrita, surge como resultado del escalamiento de la guerra. El conflicto

entre las guerrillas y el Estado incluía ahora los intereses de las élites económicas, deseosas de

sostener y ampliar su patrimonio, el de los narcotraficantes que buscaban expandir negocios

ilegales y protegerse de las extorsiones de la guerrilla, y el de los militares que pretendían reducir

a la guerrilla y al enemigo civil interno. La asociación en contra de la insurgencia conduciría a la

alianza narcoparamilitar, que según la CMH (2013) influyó en el contexto político de mediados de
69

los años ochenta, al permear la clase política y las instituciones del Estado, impactando la cultura

con una reconfiguración desde lo social, pasando del misticismo del guerrillero de los años setentas

a la ostentación narcotraficante de los años ochenta.

Entre 1920 y 1930, en Colombia se había consolidado un sistema económico internacional,

sustentado en la compra por parte de Europa de materias primas destinadas para la industria y la

alimentación, esto motivó el desarrollo económico del país, dinamizándolo a partir de la

diversificación de la agroindustria (banano, flores y palma africana). Más adelante, en los años 80,

con el hallazgo de pozos petroleros en Caño Limón, Cusiana y Capiagua y yacimientos de carbón

en Norte de Santander, se desplazó al café por el carbón, como producto de exportación de mayor

rentabilidad que las flores y el banano CMH (2013). No obstante, este desarrollo económico tuvo

unos efectos contradictorios; primero, la reducción de medidas de restricción del mercado no fue

suficiente ante los precios internacionales y las tasas de cambio, en otras palabras, la apertura hacia

otros mercados no solucionaba el problema de pobreza rural o el atraso tecnológico de la

agricultura campesina del país, y solo beneficiaba los intereses de las elites del sector

agroindustrial. Segundo, las medidas tomadas para el reajuste fiscal provocaron la reducción del

presupuesto para proyectos de carácter social y de desarrollo rural, Jaramillo (2002) citado en

Vázquez (2008).

Paralelo a estas transformaciones económicas y agroindustriales, en la década del ochenta

Colombia transita de una economía cafetera a una minera y cocalera, que como explica Kaldor

(2001) citado por Vásquez (2008) es posible comprender desde “la relación entre guerras

contemporáneas y los procesos de globalización de las economías” (p.122). Es decir, estas nuevas

guerras pasan de economías cerradas, dependientes de la producción agraria, a economías abiertas,


70

derivadas de la globalización, en las que los grupos armados pueden hacer parte de los mercados

globalizados, como lo es el mercado mundial de la droga.

De acuerdo el CMH (2013), Colombia experimentó una transformación económica que

acentuó problemas sociales, al crearse polos de desarrollo económico, principalmente de

explotación minera, de cultivo y procesamiento de la hoja de coca. Esto llevó a que las zonas de

explotación se convirtieran en territorios que requerían estructuras de seguridad; fue allí donde la

guerrilla entró a suplir dicha necesidad, encontrando así nuevas fuentes de financiamiento de la

guerra. Efectos que también se vincularon al descubrimiento de pozos petroleros en el piedemonte

del Casanare, la explotación de carbón en la Guajira, minería de oro en el bajo Cauca y nordeste

antioqueño, y de esmeraldas en Boyacá.

A esta irrupción de polos de desarrollo económico se sumaron Urabá, con la

agroindustria de banano, el sur del Cesar, con la palma africana y el piedemonte

llanero y casanareño con la agroindustria arrocera. El suroriente del país

(Putumayo, Caquetá, Guaviare y Meta), cabe anotar, sufrió una notable expansión

de los cultivos de coca y la instalación de laboratorios para el procesamiento de

cocaína, lo que generó un auge económico significativo, si bien de carácter ilegal.

(CMH, 2013, p.148)

La presencia de los grupos armados en zonas de desarrollo económico, en centros urbanos y

semiurbanos del país, al igual que la expansión de los cultivos de coca en los años ochenta dio

paso a la conformación de carteles como el de Medellín, Cali, el Central, el de la Costa y los

Santanderes, que demandaban estructuras organizadas armadas que realizaran labores de

seguridad, que tuvieran el control en las zonas de producción de cocaína, influencia sobre la

población y que demandaran recursos para la guerra. Por lo que se lograrían entablar algunas
71

alianzas entre narcotraficantes y grupos guerrilleros. Sin embargo, este periodo fue breve, pues la

misma década presenció, por parte de las FARC-EP y el M-19, acciones en contra de las elites de

narcotraficantes, por ejemplo, la toma de campamentos dedicados al procesamiento de la coca y

secuestros a familiares de narcotraficantes, hechos que motivaron la configuración de grupos de

autodefensas, apoyados también por ganaderos y miembros de las Fuerzas Armadas que se

encargarían de la protección de los negocios (Verdad Abierta, 2008). Dichos grupos armados

lograron consolidar economías que permitieron continuar con el conflicto armado, pues disponían

de recursos para la adquisición de material bélico y capacitación militar, a través del narcotráfico

y la minería.

En un ambiente de transformación económica y de entusiasmo por una reforma

constitucional que permitiera mejorar la administración de justicia, la democratización del Estado,

la superación del conflicto bipartidista y la promoción de la inclusión social, el congreso rechazó

la reforma constitucional requerida a partir de los acuerdos de paz entre el Gobierno y el M-19.

Ante ese rechazo, el nuevo partido político M-19, así como sectores juveniles y sociales, entre los

que destaca el Movimiento Estudiantil, que surge como rechazo al magnicidio del líder liberal Luis

Carlos Galán, coincidieron en proponer la Asamblea Constituyente como una estrategia que daría

lugar la reelaboración del pacto político a través de un “golpe de opinión”, que bien podría

interpretarse como el reconocimiento a la opinión de todos los sectores sociales. Esta iniciativa se

materializaría por medio de la Séptima Papeleta17 de las elecciones presidenciales de mayo de

1990 (CMH, 2013, p. 149).

17
Corresponde a una propuesta que permitió reformar sustancialmente la Constitución Política de 1886, por lo
que se dispuso que en las elecciones al Senado, Cámara, Asamblea, Concejo, alcalde y consulta liberal hubiera una
papeleta de más con la que se consultaría sobre la aprobación de la Constituyente, cuando ocurren las elecciones no
fue posible contabilizar las papeletas al no existir una normatividad que lo sustentará; ante esta situación, y
aproximadamente un millón de votos a favor de la reforma, Barco propone incluirla como una segunda papeleta en
las elecciones presidenciales (27 de mayo de 1990) a través del decreto de Estado de Sitio 927 del 3 de mayo de 1990
que permitiría la organización electoral y posterior conteo de votos sobre una Asamblea Nacional Constituyente ANC.
72

La negociación llevada a cabo durante la presidencia de Virgilio Barco, de acuerdo con Fisas

(2010), podría describirse conforme al modelo de intercambio de la paz por participación y por

ampliación democrática, pues según este autor el modelo de proceso depende del tipo de demandas

presentadas y la capacidad de sus actores para presionar o exigir. Así mismo, sostiene que los

procesos de paz, de acuerdo a sus fines y a la dinámica ocurrida en las diferentes fases de la

negociación, se pueden clasificar en cinco categorías o modelos: Desmovilización y reinserción,

Reparto del poder político, militar o económico, Intercambio (paz por democracia, paz por

territorios, paz por desocupación, paz por reconocimiento de derechos, etc.), Medidas de confianza

y Fórmulas de autogobierno o “arquitecturas políticas intermedias” (Fisas, 2010, p.13).

Lo hecho por Barco se sustentó en una negociación parcial, en tanto las negociaciones se

adelantaron de manera individual con los grupos guerrilleros y no con la CGSB, como se esperaba

tras la unidad guerrillera que suponía esa organización. Además, se propuso una agenda limitada,

dentro de la cual, según la interpretación de Fisas (2010), se abordan temas sustantivos de

discusión; siempre dentro de un contexto de superioridad militar de las Fuerzas Armadas, que se

mezclaba con los negativos efectos políticos para el M-19 que trajo la toma del Palacio de Justicia.

No obstante, será Barco quien proponga finalmente una iniciativa de paz estructurada que se

concentraba en el proceso de desmovilización, condicionando la negociación a la tregua unilateral,

como muestra de voluntad de diálogo, a la que se acogió el M-19, tal como se expuso en el capítulo

anterior.

En ese contexto, el instrumento de la constituyente, fue empleado por el gobierno de Gaviria

como mecanismo que permitiría reconfigurar el pacto social del Estado, pues de esa forma se

atenderían demandas estructurales de la sociedad colombiana. Las mesas de negociación con las

guerrillas abordarían temas políticos, que por primera vez incluiría la posibilidad de la
73

participación en política para los desmovilizados (García, 2007). La forma de adelantar las

negociaciones desde el gobierno de Barco introdujo la posibilidad de despejar territorios con la

expectativa de generar ambientes propicios para la negociación.

6.2.2 El Gobierno de Cesar Gaviria Trujillo, finalización del conflicto a partir del nuevo

pacto

En agosto de 1989 Cesar Gaviria logra obtener en las elecciones presidenciales el 47,8 % de

los votos, contra un 23,71% de Álvaro Gómez, un 12,48 de Antonio Navarro y un 12,16 de Rodrigo

Lloreda (La Silla Vacía, 2017). En su discurso de posesión del 7 de agosto de 1990 señalaba como

condición de posibilidad para el tratamiento político y el inicio de las negociaciones, el cese de las

acciones violentas por parte de las guerrillas.

A tan solo cuatro meses de posesión y el mismo día en que se seleccionaron los 70

delegatarios que conformarían la Asamblea Constituyente (9 de diciembre de 1990), se llevó a

cabo por parte del Ejército la Operación Centauro en la Uribe (Meta), en contra de Casa Verde 18,

lugar en el que se encontraba la sede del Estado Mayor del Bloque Oriental de las FARC-EP (El

Espectador, 2016). Este operativo, al igual que otro contra un cuartel guerrillero en alrededores a

Casa Verde fueron presentados como la respuesta militar a varios a asaltos cometidos por las

FARC-EP en el mes de noviembre y con el fin de detener el fortalecimiento militar de otras

guerrillas como el ELN y la disidencia del EPL, que aún conformaban la CGSB y tenían en común

no estar realizando diálogos de paz con el gobierno. Estos grupos, de acuerdo el servicio de

inteligencia, había mostrado tendencia hacia el crecimiento como organización militar (Leal,

18
Nombre con el que se conocía a una zona desmilitarizada a la que no tenían acceso el Ejército ni la Fuerza
Pública, era parte de una tregua acordada entre las FARC-EP y el Gobierno de Betancur en 1984 que hacía las veces
de cese bilateral al fuego.
74

2002). Según Bejarano (2009) la operación se realizó en momentos en los que desde la presidencia

se invitaba a la participación de las guerrillas en la Constituyente como un espacio para negociar

y de integración democrática, con el mensaje implícito de aceptar la legitimidad del Estado, pues

de esa manera participarían en calidad del pactantes en el nuevo acuerdo político, la nueva

Constitución de 1991. La respuesta fue una serie de atentados de las FARC-EP con nuevos

métodos terroristas dirigidos a objetivos civiles y de infraestructura.

A pesar de la arremetida militar, Gaviria consigue continuar con los procesos de paz

iniciados durante el gobierno de Barco y logra negociar entre 1990 y 1991 con el EPL, el Partido

Revolucionario de los Trabajadores y el Quintín Lame; sin embargo, las guerrillas que no se

vincularon a este proceso reconfiguraron la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, es decir, las

FARC-EP, la Unión Camilista, Ejército de Liberación Nacional (UC ELN) y una pequeña

disidencia del EPL que no estaba de acuerdo con las negociaciones. No obstante, la nueva CGSB

participaría del diálogo directo con el Gobierno nacional, hecho que de acuerdo con el diario El

Tiempo (1991), fuera dado a conocer por Manuel Pérez, jefe del ELN, quien anunció que el

conjunto de la CGSB estaba en disposición de iniciar conversaciones con el Gobierno.

La interlocución directa se debía desarrollar a través del consejero de paz Jesús Bejarano

(1990-1992), cargo que posteriormente fue asumido por Horacio Serpa (1992-1994), y el Ministro

de Gobierno Humberto de la Calle19 (1990-1993), junto a la iglesia católica, que nuevamente fue

convocada en calidad de tutor moral. Serpa se había desempeñado como miembro de la Comisión

Consultiva de Orden Público. Las FARC-EP propusieron como mediador al exministro

conservador Leyva, quien había participado en los procesos de Betancur y Barco. Por la guerrilla

19
Vicepresidente del Gobierno Samper (1994-1996) Ministro del Interior en el Gobierno de Pastrana (2000-
2001) y jefe del equipo negociador (2012-2016).
75

de las FARC-EP intercedieron los comandantes guerrilleros alias "Alfonso Cano", alias "Iván

Márquez" y alias "Pablo Catatumbo”. Por el ELN estuvo el comandante alias “Antonio García”.

Según lo menciona Villarraga (2015) “Por iniciativa de la ANC se propició en 1991 una

reunión en Cravo Norte, Arauca, entre una comisión suya, en calidad de intermediaria, y

delegaciones del gobierno Gaviria y de las FARC-EP y el ELN” (p, 93). Las conversaciones en el

segundo semestre de 1991 avanzaron en un contexto de ofensiva de la Coordinadora Guerrillera.

Ante la imposibilidad militar del ejército para contener los ataques de las guerrillas, se inician y

desarrollan en Caracas cinco rondas de conversaciones, en las que se fijaron las reglas de juego;

en las conversaciones se convino agenda, pero no se logró conseguir ningún acuerdo. Finalmente,

las conversaciones se estancaron ante la dificultad de un acuerdo de cese al fuego; no se renovarían

hasta el 28 de febrero de 1992 en Tlaxcala y no en Caracas, como consecuencia de la crisis política

que atravesaba Venezuela tras el fallido golpe de Estado al gobierno de Carlos Andrés Pérez.

La agenda construida para esta nueva ronda de conversaciones atendía diez puntos. Primero,

el establecimiento del cese al fuego y a las hostilidades; segundo, la vinculación de ANC al proceso

de paz; tercero, acciones contra los grupos paramilitares y de justicia privada; cuarto, derechos

humanos (derechos de las minorías étnicas); quinto, el Estado, la democracia y la favorabilidad

política; sexto, desarrollo de la soberanía nacional (recursos naturales, tratados internacionales y

política exterior); séptimo, democratización del régimen; octavo, diseño de un acuerdo que permita

la superación del conflicto armado y el ejercicio de la actividad política; noveno, veeduría del

proceso; y decimo, la metodología, los procedimientos y reglamentación de las negociaciones y

los acuerdos (Villarraga, 2015).

Las conversaciones en Tlaxcala se concentraron en la discusión sobre el modelo económico,

pero se vieron constantemente estancadas como resultado del sabotaje a oleoductos y emboscadas
76

a unidades de la Fuerza Pública por parte de la CGSB, hasta que se rompieron definitivamente

después del secuestro el 27 de enero y la muerte el 21 de marzo de 1992 en cautiverio del ex

ministro Argelino Duran; el secuestro fue responsabilizado a un grupo disidente del EPL. Como

consecuencia de esto, en septiembre de 1992 el gobierno declara estado de conmoción interior,

que duraría 90 días pero que se prorrogó en varias oportunidades, hasta que finalmente se levanta

en agosto de 1993 (Leal, 2002).

Al conocerse la muerte del exministro Durán Quintero, el Gobierno pidió que los

negociadores se regresaran a Colombia. Horacio Serpa retornó a Tlaxcala el 21 de abril, en

compañía de sus asesores; sin embargo, acontecimientos como el racionamiento eléctrico,

resultado de la crisis energética que afrontó el país desde mayo de 1992 a febrero de 1993, y el

paro de Telecom, así como la emergencia económica, afectaron el ambiente en el que continuarían

las negociaciones, por lo que en las primeras semanas de mayo se anuncia su cancelación,

reanudándose las confrontaciones.

De acuerdo con comunicado oficial de las FARC-EP del 18 de octubre de 1992 (FARC-

EP,1992) los diálogos se habían cancelado por el Gobierno de manera unilateral, argumentando

ofensiva militar en campos y ciudades, justificando así reprimir las manifestaciones del pueblo en

rechazo a los nuevos impuestos y las privatizaciones que surgían de la apertura económica

promovida por el gobierno; también señalaban que durante la gestión del ministro de Gobierno

Humberto de la Calle y el ministro de Defensa Rafael Pardo se presentó ante el parlamento la

seguridad nacional como parte de los fines del Estado, lo que atentaba, según este grupo armado,

contra el Estado Social. Las FARC-EP reiteraban su voluntad que continuar en la mesa de

negociaciones siempre y cuando hubiera participación del Estado y de la sociedad, realizándose

diálogos regionales que posibilitaran la participación de la mayoría de los colombianos.


77

En julio de 1992 se decretó el estado de excepción de la Conmoción Interior, que estuvo

acompañado de uno de los temas fundamentales para el Ejecutivo en materia de seguridad: la

persecución del narcotraficante Pablo Escobar, quien se fugó de una cárcel de máxima seguridad

entre el 20 y el 21 de julio de 1992, este hecho mostraba las fallas de coordinación de los

organismos del Estado en materia de política de sometimiento a la justicia. Finalmente, el

narcotraficante más buscado del mundo es asesinado por el Bloque Búsqueda el 2 de diciembre de

1993.

Gaviria, al igual que Barco, realizó interlocución directa con los grupos guerrilleros,

reconocía como importante el mutuo interés por el diálogo a través de una reciproca invitación a

dialogar; manteniendo la participación de la iglesia católica como tutora moral (Villarraga, 2015).

De igual manera, conformó una comisión de notables, encargada de plantear una agenda tentativa

para las negociaciones (Leal, 2002); las negociaciones emplearon el esquema de indulto, garantías

para el ejercicio de un proyecto político desde la legalidad, la posibilidad de participación en la

ANC y la creación de programas de reintegración para los excombatientes. En agosto de 1991 se

crea la Consejería Presidencial para la Defensa y Seguridad mediante decreto 1874 de 1990 que

debía realizar seguimiento de los factores de violencia: guerrillas, narcotráfico y paramilitares.

La política de paz se concentró en el desarrollo de la Estrategia contra la Violencia, que

debió atender entre otras cosas el fenómeno del narcotráfico, tal fue el caso de la lucha por parte

del gobierno contra los narcotraficantes conocidos como Los Extraditables. La estrategia en

materia de conflicto armado abordaba el tema de derechos humanos, las garantías para las

guerrillas, la convivencia y el desarrollo del país.

En síntesis, durante el gobierno Cesar Gaviria se logra la reincorporación de grupos

guerrilleros empleando el modelo de negociación utilizado con el M-19, casos como el Ejército
78

Popular de Liberación el 1 de marzo de 1991, a quienes se les permitió contar con dos voceros con

plenos derechos en la Asamblea Nacional Constituyente, facilitando el desarrollo de su proyecto

político, otorgándole a los reinsertados del EPL garantías jurídicas como el indulto, la creación de

un plan de reinserción económica, social y política, que incluía los criterios de cobertura, las fases

de transición, de reencuentro, de seguimiento y de evaluación. También se estableció un plan de

seguridad para brindar protección a excombatientes, dirigentes y demás miembros del EPL

(Villarraga, 2015). Al mismo tiempo que se realizaron negociaciones con el EPL se adelantaron

con el PRT y Quintín Lame, probablemente por la similitud en la disposición de los grupos

guerrilleros, quienes coincidieron en reintegrarse a la legalidad, proponiendo la apertura

democrática por medio de reformas al régimen político e institucional que se materializaría en la

ANC.

Al PRT se les permitió la participación en la Constituyente a través de un delegatario con

voz pero sin voto y se comprometió a la desmovilización del grupo para el 26 de enero de 1991.

Con el Quintín Lame se acordó participación en la Constituyente a través de un delegado

observador, dejación definitiva de las armas para el 31 de mayo. Así, es posible evidenciar la

importancia de la convocatoria a participar en la Asamblea Nacional Constituyente como un

decidido instrumento en las negociaciones entre el gobierno de Gaviria y la insurgencia;

instrumento que, acompañado de los acuerdos con el M-19, se convertiría en referente en materia

de desmovilización y reinserción.

Con la Corriente de Renovación Socialista (CRS), que era una fracción minoritaria disidente

del ELN con presencia principalmente en los Montes María, entre 1993 y 1994 se llevó a cabo una

negociación de paz, logrando un pacto definitivo, que posibilitó la desmovilización de sus

miembros. Bajo la nueva Constitución de 1991 la CRS dispondría de dos líderes en la Cámara de
79

Representantes y se crearía la Comisión Nacional de Derechos Humanos y por primera vez habría

una veeduría internacional (Reino de los Países Bajos y la ONG Pax Christi) del proceso que se

encargaría del desarme, desmovilización y el cumplimiento de las garantías otorgadas a los

excombatientes (Villarraga, 2015).

Con la CGSB se aplicaron dos modelos de negociación, el primero consistente en darle

continuidad al modelo puesto en marcha con el M-19 (desde 8 de agosto de 1990 a mayo 31 de

1991), y el segundo con nuevas concesiones que pretendían negociar sin gestos unilaterales de paz

(septiembre de 1990). Para iniciar las negociaciones a través de la ratificación de los protocolos I

y II de los acuerdos de Ginebra, se aceptó la Veeduría Internacional, adelantar diálogos directos

con comisiones de más alto nivel, creación de comisión de notables, la cual se encargaría de una

misión exploratoria para elaborar una agenda tentativa para las negociaciones, teniendo en cuenta

las propuestas de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar; así mismo, se propuso disponer de

un testigo internacional en la mesa (Bejarano, 2009). La propuesta de Gaviria en torno a la

posibilidad de negociar en medio del conflicto y sin cese al fuego previo o liberación de los

secuestrados fue un cambio sustancial respecto a modelos de negociación anteriores.

De acuerdo con Jesús Antonio Bejarano20 La política de paz del Gobierno Gaviria se puede

describir en dos fases: continuidades y transformaciones. La fase de continuidad se refiere al

gobierno anterior, la institucionalización de la paz a través de Consejería para la Paz, la adaptación

de PNR y la definición de los gestos unilaterales de paz como una condición para el diálogo. Entre

tanto, la fase de transformaciones se desarrolla en función de las nuevas circunstancias del país, y

comprendió propuestas del gobierno que pretendían dar respuestas a las peticiones hechas por las

FARC-EP, el ELN y la disidencia del EPL, es decir, con aquellos grupos que no se habían acogido

20
Consejero de paz durante la presidencia de Gaviria.
80

a iniciativas de paz. Sin embargo, en un contexto de Constituyente que incluyó la participación del

M-19, del EPL, PRT y Quintín Lame se develó la posibilidad de resolver problemas estructurales

del país sin la necesidad de las guerrillas más antiguas, por lo que Bejarano señala que la agenda

que convocaría una negociación con grupos armados había quedado “podada” pues la posibilidad

de una Constituyente como instrumento para acuerdos de paz ya se había agotado (Bejarano,

2009).

El gobierno de César Gaviria, manteniendo exigencias como la tregua unilateral, la

negociación individual con los grupos armados, la concentración en campamentos bajo

supervisión de las Fuerzas Armadas, a partir de una agenda cerrada y el liderazgo de la negociación

por parte el Gobierno, logra la desmovilización de los grupos ya señalados. Sin embargo, pese a

lo eficiente del método, se puede considerar que faltó ampliar el esquema, dejando de lado el cese

unilateral, considerar la veeduría internacional y negociar con el conjunto de la reconfigurada

CGSB; pero al agotarse el recurso de la Reforma Constitucional, posterior a la Constituyente de

1991, la petición de nuevas reformas por parte de las FARC-EP y el ELN no en incluían en la

agenda de negociación, finalmente, la CGSB no logró concertar un acuerdo de paz definitivo.

6.2.2 Continuidad de la búsqueda negociada de la paz: Ernesto Samper

Como se mencionó anteriormente, el gobierno de Gaviria concretó los acuerdos alcanzados

entre la administración Barco y el M-19, al igual que los procesos de paz iniciados con el EPL, el

PRT, el CRS, el Frente Francisco Garnica y las Milicias Populares de Medellín, con las que se

lograron firmar acuerdos y se llevó a cabo un proceso de desmovilización. No obstante, con el

ELN y las FARC-EP no se había logrado avanzar en las negociaciones, por lo que Ernesto Samper

Pizano desde su discurso de posesión como Presidente expresó su intención de retomar las
81

negociaciones con los alzados en armas, pero enfatizaba en que su compromiso sería el asegurar

que el monopolio de la fuerza lo ostentara el Estado a través de las fuerzas armadas, argumentando

que la fuerza hace que el diálogo sea útil, señalando que las negociaciones serían posibles si estas

daban “señales inequívocas de paz” (Samper, 1994, s.p).

En su discurso proponía la paz integral, permitiendo la participación de la sociedad civil en

los procesos de paz, a partir del Mandato Ciudadano por la Paz que contó con diez millones de

votos a favor de la paz negociada; señalando como principios para una posible negociación el

reconocimiento del carácter político del conflicto y de las guerrillas, la disposición para negociar

en medio del conflicto, la participación activa de la sociedad y la aplicación efectiva del DIH (Ríos,

2009).

La política de paz durante el gobierno de Samper tenía cuatro componentes, el salto social21,

el compromiso con los derechos humanos, el mejoramiento de la administración de justicia y el

diálogo útil con la guerrilla. Para este gobierno la disposición de negociar era una condición de

posibilidad para el cese de hostilidades, pues según Samper de esta manera se generaría el diálogo

útil. Como parte de su propuesta crea la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, remplazando

el cargo de Consejero Presidencial para la Paz que se encargaría, entre otras cosas, de la

estructuración y del desarrollo de una política de paz concreta, verificando la voluntad real de paz

y de reinserción a la vida civil por parte de los alzados en armas (Alto Comisionado para la Paz,

2017). El primer designado fue Carlos Holmes Trujillo22, quien logra contactos directos con el

ELN, a través de Francisco Galán y Felipe Torres, comandantes de ese grupo guerrillero, quienes

asumieron el rol de negociadores a pesar de estar detenidos en la Cárcel Modelo. Durante su

21
Plan de desarrollo aprobado por el congreso
22
Quien renunció en agosto de 1995 luego de que la presidencia reversara la decisión de despeje único del
municipio de la Uribe en el Meta.
82

reclusión fueron visitados y se mantuvo la comunicación telefónica casi a diario. También hubo

contactos con las Farc-EP, de acuerdo con la Ley 104 de 1993, que le otorgaba la responsabilidad

del tratamiento del conflicto armado y asuntos relativos a normas específicas de orden público

exclusivamente al Ejecutivo.

6.2.3 Escalamiento y degradación de la guerra de mitad de años noventa

Con la Ley de Reforma Agraria y Desarrollo Rural se creó el Sistema Nacional de Reforma

Agraria y Desarrollo Rural mediante Ley 160 de 1994, buscando redistribuir la tierra y fortalecer

el desarrollo campesino, sin embargo, la ley permitía que la negociación fuera voluntaria entre

propietarios y campesinos; para la compra de tierras, el Estado otorgaría un subsidio del 70% del

valor de la tierra, programa que como señala el CMH (2013) descuidó importantes condiciones

que permitirían una reforma agraria, pues la apertura económica y la competencia externa

pretendía resolver el estancamiento industrial, reducir la inflación y propiciar el crecimiento

económico a partir de las exportaciones; contrario a esto, el sector agrícola terminó siendo el más

afectado, ya que se abandonó definitivamente la política redistributiva y la productividad se enfocó

en la competitividad como estrategia, lo que rezagaba las prácticas y maneras campesinas que iban

en contravía con la apertura económica.

Esta situación dio paso a una transformación rural, fundamentalmente relacionada con el

apogeo del narcotráfico, que da lugar a la expansión de los cultivos ilícitos, dando paso a

economías cocaleras que se terminaron vinculando a la economía global de las drogas ilícitas. A

lo que se sumaba la cancelación de la visa americana del presidente Samper en julio de 1996 y la

necesidad de detener la expansión de los cultivos ilícitos, por lo que se da inicio a las fumigaciones
83

aéreas con glifosato en el suroriente del país, generando marchas e inconformidad entre la

población (CMH, 2013).

Este panorama, sirvió para que las FARC-EP crecieran y se fortalecieran como organización,

es decir, las dificultades en el entorno rural habían permitido que las economías ilícitas se

arraigaran en la población, lo que posibilitaría el respaldo de las FARC-EP por parte de la

población, dando paso al fortalecimiento de una economía ilegal que funcionaría como

dinamizadora del conflicto; esto permitiría ejecutar acciones militares contundentes dirigidas a las

Fuerzas Armadas, por ejemplo las tomas a las bases militares de Las Delicias, en donde murieron

27 militares, otros más quedaron heridos y varios fueron tomados como prisioneros. Otras

incursiones como la de El Billar y Patascoy, dejaron un amplio número de militares muertos y

otros tantos secuestrados, en lo que representaba significativos reveses a las Fuerzas Armadas. Es

posible afirmar que durante los cuatro años del gobierno Samper el conflicto armado se complejiza

y se degrada (García, 2009).

6.2.4 Tratamiento del conflicto armado

Desde su campaña electoral, Ernesto Samper había señalado que su gobierno se

comprometería con la reconciliación, anunciando el reconocimiento de la guerrilla como

interlocutor, creando el cargo de Alto Comisionado de la Paz, buscando institucionalizar la Política

de Paz, tal como se había hecho durante los mandatos Barco y Gaviria; otro punto importante era

el de trabajar por los derechos humanos y por el cumplimiento del Derecho Internacional

Humanitario con la ratificación del Protocolo II23 ; y finalmente, iniciar contactos con los grupos

23
Encargado de proteger el principio de humanidad en los conflictos armados no internacionales, con el que
se busca trato humano (físico y mental) de la población civil y de quienes han dejado de participar en la
confrontación, es decir, combatientes heridos, enfermos o detenidos. Que para el caso colombiano permitiría la
creación de acuerdos parciales de aplicación inmediata en materia de Derecho Internacional Humanitario
84

armados lo más rápido posible. De ahí que se haya firmado un acuerdo con el Comité Internacional

de la Cruz Roja, en el que se formalizaban las operaciones de carácter humanitario de esta

organización en el país y se reconoció formalmente la Comisión de Exploración, encargada de

investigar posibles violaciones al DIH, al igual que la apertura dada a la comunidad internacional

en temas de paz. Samper optó por una agenda amplia que incluía acuerdos hechos durante el

Gobierno Betancur en 1984 y con Gaviria en 1991, tocando temas distintos además de la

desmovilización y desarme.

A la luz de lo investigado hasta este punto, Samper consideraba que la fuerza era una

condición necesaria para que ocurriera el diálogo útil, por lo que no desestimó el fortalecimiento

de las Fuerzas Armadas a través de inversión económica, que sustentó explicando que en cabeza

del Estado se debe conservar el monopolio de la fuerza. Pese a este planteamiento poco coherente

con una solución política negociada se logran entablar nuevamente contactos con las FARC-EP y

el ELN.

Con las FARC-EP se había acordado, a manera de iniciativa de paz, el despeje durante una

semana del Municipio la Uribe, dicho despeje se realizaría a fin de llevar a cabo la primera reunión

que hiciera posible el diálogo directo. No obstante, la revista Semana, en edición del 2 de julio de

1995 exponía en un artículo titulado Ruido de sables, una carta escrita por el general Harold

Bedoya, en esta expresaba su oposición al despeje, argumentando que este municipio era una zona

estratégica para la guerrilla; al igual que rechazaba el despojo del fuero militar en situaciones en

las cuales se hayan cometido delitos de lesa humanidad (López, 1999); situación que condujo a

una serie de reuniones que terminaron imponiendo restricciones para posibilitar el encuentro. En

adelante no se lograron mantener diálogos formales que dieran paso a un proceso de negociación,

(preservación de escuelas y hospitales, abolición de las minas antipersona, la prevención del daño ambientar por
terrorismo con la voladura de oleoductos y torres eléctricas).
85

a pesar de ello durante el periodo presidencial se mantuvieron diálogos informales que no lograron

avanzar propiamente como un proceso de paz, aunque sí se dispusiera de una política de paz.

De acuerdo con el CMH (2013), se presentaron contradicciones al interior del equipo de

Gobierno de Samper, conformándose dos líneas al interior de su gabinete, por un lado, la llamada

línea dura, liderada por el Ministro de Defensa Fernando Botero y el comandante del ejército

Harold Bedoya, quienes rechazaban el despeje de territorios y terminaron apoyando la creación de

las Cooperativas de Seguridad a finales de 1994, que luego se conocerían como las Convivir (Ríos,

2009). Y por otro lado, llamada línea blanda, liderada por el Ministro del Interior Horacio Serpa y

por el Alto Comisionado para la Paz Carlos Holmes Trujillo, quienes defendían la negociación

para la finalización del conflicto.

En junio de 1997, en el marco de la negociación de la liberación de soldados e infantes de

marina secuestrados por las FARC-EP durante la toma de Las Delicias, se intenta retomar el

proceso de paz mediante la firma del Acuerdo Humanitario y de Cese al Fuego, en Remolinos del

Caguán. Durante este acuerdo de carácter humanitario se contó con la presencia de la Cruz Roja

(CICR) y a la Comisión de Conciliación Nacional, liberación para la que se aprobó el despeje de

una zona de seguridad, el cual se mantuvo hasta el 23 de junio a las 24 horas. En este contexto, el

General Harold Bedoya fue destituido, dejando en evidencia las tensas relaciones en materia de

política de paz entre el Ejecutivo y las Fuerzas Armadas. Se conforma la Comisión Exploratoria

integrada por José Noé Ríos y Carlos Holmes Trujillo, quienes se desempeñaron como Altos

Consejeros para la Paz y Daniel García Peña.

Con ELN se firma un preacuerdo el 9 febrero de 1998 en el Palacio de Viana en España y el

Acuerdo de Puerta del Cielo firmado en Maguncia, Alemania en 1998, este acuerdo buscaba fundar

las bases para comenzar un proceso de paz, aunque no lograrían desarrollar los términos de estos
86

acuerdos, el ELN aceptó dejar el secuestro como un mecanismo de financiación, algo que resultaba

significativo en el afán de humanizar el conflicto en medio de un fenómeno conocido en el país

como las “pescas milagrosas”, donde se adelantaban secuestros con fines extorsivos (Radio

Nacional de Colombia, 2016).

En ese punto, surge una crisis institucional como consecuencia del supuesto ingreso de

dineros provenientes del narcotráfico en la financiación de la campaña electoral presidencial. A

partir de su segundo año, el gobierno de Samper debió sortear una crisis de gobernabilidad, que

condujo a la reformulación de la agenda de gobierno y a una crisis en las relaciones con los Estados

Unidos (García, 2009). El proceso judicial mediante el cual se investigaría al presidente Samper

se conoció como el Proceso 8000, proceso que se dilataría durante diez meses 24 y que fortaleció

posturas de una salida militar del conflicto y calificativos de “narcogobierno” hechas por la

guerrilla (García, 2007, p. 490), crisis política que terminó afectando el desarrollo de las

negociaciones.

En medio de las distintas coyunturas por las que atravesaba el país en términos de

paramilitarismo, narcotráfico, expansión guerrillera y ambiente de crisis de legitimidad

gubernamental, se debía sumar el aumento de la victimización de población civil. Pese a esto, con

la apertura de la nueva Constitución se multiplicaron las organizaciones civiles a favor de la paz

como Redepaz, País Libre y Unicef (Montaña, 2009), quienes presentaron una iniciativa concreta

de paz, en nombre de la sociedad civil, mediante el proyecto ciudadano: Mandato nacional por la

paz, la vida y la libertad, que se constituía en la primera propuesta planteada por un actor distinto

al Gobierno y a la Guerrilla. Esta iniciativa no pretendía emplear el plebiscito como mecanismo

de consulta, dado que provenía del Ejecutivo y no del ciudadano; en octubre 1997 el Mandato por

24
En junio de 1996 la Cámara de Representantes lo absuelve.
87

la Paz obtuvo 10 millones de votos, durante las elecciones locales (El Tiempo, 1997), esto condujo

a que se instalara la Mesa de Diálogo y Negociación entre el Gobierno Nacional y las FARC-EP

en enero de 1999, recién electo como presidente Andrés Pastrana (Montaña, 2009).

El gobierno de Samper finaliza sin acercamientos o avances en negociaciones con las FARC-

EP y con el ELN solo se logró un breve contacto a través de Werner Mauss, quien había sido

enviado por el gobierno alemán para adelantar contactos y explorar la disposición de diálogo del

ELN, logrando la liberación de dos ciudadanos italianos que estaban en poder de esta guerrilla. No

obstante, se lograron importantes aportes al marco jurídico para el tratamiento de los procesos de

paz, entre ellos la reforma a la Ley de Orden Público; a través de las Leyes 241 de 1995 y 418 de

1997, con las se autorizó al Gobierno que los paramilitares dispusieran de un estatus político

distinto al de las guerrilleras y las milicias populares, condición que daría paso a una posibilidad

de reinserción para los paramilitares distintita a otras agrupaciones; se estructuró el marco jurídico

para adelantar procesos de paz y la aplicación del DIH, que permitió establecer diferencias entre

diálogo político con la insurgencia y sometimiento a la justicia con autodefensas. De acuerdo con

el CMH (2013) se adoptaron medidas de tratamiento jurídico para los paramilitares y se hace

reconocimiento a la importancia de incorporar el fenómeno del paramilitarismo a la política de paz

y a parir de consejos hechos por la Comisión de Exploración “Conformada por José Noé Ríos y

Daniel García-Peña, encargados de indagar las posibilidades de dialogo, hacer recomendaciones

sobre el tratamiento jurídico de los paramilitares” (p. 241); Así mismo, se examinó la posibilidad

de adelantar un proceso de paz, con lo que ratificaba el reconocimiento como un actor político.

La oficina del Alto Comisionado para la Paz estuvo conformada, como se había hecho desde

Barco, por un grupo de estudiosos en temas de paz para adelantar políticas de paz, equipo se
88

desintegró al pasar al Gobierno de Andrés Pastrana y durante el Gobierno de Álvaro Uribe estuvo

conformado por militares.

6.2.5 Andrés Pastrana: la paz como plan de Gobierno

En un panorama de fortalecimiento militar de las guerrillas y la crisis institucional heredada

del gobierno Samper, después de los efectos de la movilización social a favor de la paz negociada

y en un contexto regional caracterizado por la estrategia antinarcóticos de los Estados Unidos, fue

electo el conservador y líder de la Gran Alianza para el Cambio 25 Andrés Pastrana en agosto de

1998. Su triunfo se dio en segunda vuelta con 465,788 votos más sobre el candidato liberal Horacio

Serpa (Base de Datos Políticos de las Américas, 2005). Durante su candidatura se comprometió

con el Mandato por la Paz, logrando acercamientos que se hicieron púbicos cuatro días antes de la

segunda vuelta electoral, cuando fueron presentadas fotografías en las que aparecía, junto a su

asesor político Víctor G. Ricardo, acompañado de los máximos jefes de las FARC, Manuel

Marulanda Vélez y Víctor Rojas (Cardona y González, 2016). El compromiso con esa guerrilla

era el de iniciar un proceso de paz en el que se corrigieran los errores del pasado (Verdad Abierta,

2012).

El 9 de julio de 1998 el electo presidente Pastrana se reunió con Manuel Marulanda Vélez,

en esta reunión se acordó el despeje de un municipio. En declaración presidencial el 14 de octubre

de 1998 se anuncia la decisión de ordenar el despeje de los municipios de Uribe, Mesetas,

Macarena, Vista Hermosa del departamento del Meta y de San Vicente del Caguán en el

25
Coalición multipartidista propuesta durante la campaña presidencial de Pastrana, estuvo conformada por
liberales, grupos independientes, conservadores y algunos sectores liberales. Sus orígenes se asocian al desistimiento
en las elecciones presidenciales del ex fiscal liberal Alfonso Valdivieso y a la adhesión a la campaña de Pastrana.
89

departamento del Caquetá, para un total de 42,000 km cuadrados del sur del país, este despeje se

inició formalmente el 7 de enero de 1999.

Desde la presidencia se reconoció nuevamente el carácter político de las FARC-EP y se

asumió una política de paz permanente por parte del gobierno, que recogía propuestas de los

insurgentes, del movimiento social por la paz y el Mandato Ciudadano por la Paz (Villarraga,

2009). En ese sentido, es posible afirmar que la convocatoria nacional a favor de las negociaciones

y el rechazo a la violencia en escalada que atravesaba el país, influyó en la construcción de un plan

de gobierno como el de Pastrana, que partió de la búsqueda de un proceso de paz que fuera una

alternativa categórica para la finalización del conflicto armado.

6.2.6 Política de paz: la paz como desarrollo

La política de paz como el núcleo del Plan de Desarrollo, le otorgó un rol importante al

ámbito internacional con el concepto de Diplomacia para la Paz Negociada; entendida como la

gestión de las relaciones internacionales de un país con la finalidad de lograr apoyo externo para

la atender un conflicto interno, sin aislar la política interna, haciéndose evidente el vínculo entre

política interna y política externa. La agenda política externa del país se caracterizó, entre otros

temas, por la búsqueda de la paz a través de la diplomacia (Tokatlian, 1999). Se pretendía así que

la comunidad internacional actuara en calidad de veedora en los diálogos y de cooperante en

términos económicos, algo que finalmente se materializa con el Plan Colombia (PC), descrito por

el Departamento Nacional de Planeación (2006) como una estrategia integral de cooperación

bilateral, que se puede resumir en una alianza con Estados Unidos para combatir las drogas ilícitas

y el crimen organizado. Bajo la premisa de que así se contribuye a la construcción de la paz en

Colombia y se reduce la oferta de drogas ilícitas en Estados Unidos. Al hacerse reconocimiento


90

del problema mundial de las drogas, se generó una responsabilidad común y compartida por la

comunidad internacional. También se empezó a ampliar la presencia de la Fuerza Pública en la

totalidad de los cascos urbanos de los municipios colombianos.

El PC convirtió al país en el mayor receptor de ayuda económica por parte de Estados Unidos

en el hemisferio (Martínez , 2016). Así mismo, se allanaron las relaciones entre ambos países,

luego de que la Casa Blanca descertificara a Colombia en 1998 por su escasa lucha contra las

drogas, en suma, con el escándalo del Proceso 8000(Pardo, 2007). El Gobierno de Pastrana se

concentró en la salida negociada, aceptando la desmilitarización de una zona que se conocería

como El Caguán.

El PC, en miras a fortalecer la institucionalidad democrática, aportó 839 millones de dólares,

de los cuales una buena parte se destinó al fortalecimiento de las Fuerzas Armadas por medio de

donaciones y en especie (Pardo, 2007). En la práctica, el PC se debía concentrar en el componente

militar enfocado a la lucha antidrogas, aunque a partir del 11 de septiembre transformó su enfoque

principalmente hacia la lucha antisubversiva (García, 2007).

Entre tanto, el Plan de Desarrollo o Plan de Gobierno de Andrés Pastrana fue presentado

como el conjunto de acciones específicas encargadas de generar las condiciones necesarias para la

viabilidad de la paz, de las que dependería su sostenibilidad a largo plazo. La política de paz

propuesta por el gobierno de Pastrana estaba compuesta de tres elementos. Primero, el de adelantar

una reforma política que fortaleciera las instituciones y la democracia a través de una reforma

constitucional; segundo, la política de paz se debía concentrar en la negociación con la guerrilla,

por lo que se proponía dotar al Ejecutivo de facultades que le permitieran negociar, suscribir y

ejecutar acuerdos de paz con los grupos armados al margen de la ley, siempre y cuando dispusieran

de reconocimiento político e hicieran parte de un proceso de paz liderado por el Gobierno; y


91

tercero, inversiones por parte de los sectores económicos del país y las acciones para la paz

dirigidas al mejoramiento de la convivencia pacífica y a desestimular los factores de violencia,

para lo cual se crea el Fondo de Inversión para la Paz (FIP) destinado a canalizar recursos y

coordinar la acción institucional, nacional, regional y local (Departamento Nacional de Planeación,

1998).

Conforme al tercer aspecto de la política de paz, el PC es expuesto como eje central, que

funcionaría con acciones de tipo humanitario y de desarrollo, atendiendo tres tareas: la sustitución

de cultivos ilícitos, la atención a la población desplazada y acciones priorizadas para las regiones

más afectadas por el conflicto armado. En teoría, la política de paz propuesta por el Gobierno

Pastrana estaba compuesta de las estrategias tanto del Plan de Desarrollo como del PC, con el

objetivo de finalizar la violencia resultado del enfrentamiento armado, de las actividades

relacionadas con el narcotráfico y de la violencia ordinaria (DNP, 1998)

En momentos en los que las relaciones internaciones del país pasaban pon un momento

crítico como consecuencia de la crisis política desatada en el Gobierno de Ernesto Samper, la

Diplomacia para la Paz propuesta por Andrés Pastrana planteó que el Gobierno y la guerrilla

buscarían la máxima participación de la comunidad internacional en el proceso de paz, apelando a

una diplomacia presidencial con relaciones priorizadas con Estados Unidos, vinculando así el tema

de la paz con la lucha antidrogas (Tokatlian, 1999).

Esas condiciones dieron paso a la conformación de los llamados países amigos, a partir de

una propuesta de Estados Unidos durante la Asamblea XXIX de la Organización de Estados

Americanos, basada en la creación de una fuerza multinacional para intervenir en el continente

cuando la democracia estuviera en peligro, la propuesta se materializa en la Carta Democrática (11

de septiembre de 2001) que faculta a un grupo de países para intervenir en conflictos internos que
92

amenacen el régimen constitucional. Luego de los atentados a las Torres Gemelas fue presentado

como parte de la lucha contra el terrorismo por parte de Colin Powell el Secretario de Estado de

los Estados Unidos. De igual manera, durante la Cumbre de los No Alineados, el 3 de septiembre

de 1998, se señaló que la política de paz repercute en el plano internacional; en tano la

Organización de las Naciones Unidas, en reunión del septiembre 23 de ese mismo año, solicitó

cooperación para buscar alternativas de erradicación de cultivos de uso ilícito y para fortalecer el

Fondo de Paz (Biblioteca Presidencial Virtual Andrés Pastrana Arango, 1998). En el Parlamento

Europeo se abordaron temas del conflicto armado interno y se compartieron avances en materia

de la Política de Paz (Biblioteca Presidencial Virtual Andrés Pastrana Arango, 2015). En febrero

del 2000 delegaciones del Gobierno y las FARC-EP realizaron una gira por Suecia, Francia, Suiza,

España y el Vaticano, buscando apoyo económico en la Unión Europea para el financiamiento del

PC.

6.2.7 Contactos conversaciones y búsqueda de acuerdos

Pastrana retoma el modelo empleado por Betancur de negociar en el medio del conflicto, sin

embargo, una de sus medidas gubernamentales consistió en un Pacto de Desmilitarización, con el

que se autorizó la creación de una zona de distención, tal como se mencionó anteriormente, la cual

entraría en vigencia a partir del 7 de noviembre de 1998 y sería derogada el 20 de febrero de 2002,

esto significó que las negociaciones debían realizarse en territorio colombiano. El Alto

Comisionado anunció que ambas partes, gobierno y guerrilla, serían las encargadas de verificar la

desmilitarización de la zona para iniciar las negociaciones. En este lugar se logró avanzar en el

establecimiento de una agenda común compuesta de doce puntos, entre los que acordaron reformas

al Estado, modificaciones a la estructura económica y social del país (Verdad abierta, 2012).
93

Pastrana no reconoció como interlocutor político al paramilitarismo ni el narcotráfico, por lo que

no harían parte de negociaciones con el Gobierno, como si ocurriría con las FARC-EP y el ELN

(Villarraga y Castellanos, 2009).

Las negociaciones con las FARC-EP iniciaron de manera formal el 7 de enero de 1999, fecha

en la que se realizaría un encuentro ente Andrés Pastrana y Manuel Marulanda Vélez, pero este

último no se presentó, sosteniendo conocer un plan para asesinarlo; en este acto se hizo

reconocimiento a las FARC-EP como interlocutor político. Pese a esta justificación, en entrevista

del 11 de enero se señalaba que el proceso de paz iniciado por el Gobierno pretendía atender las

consecuencias de los últimos siete años de guerra con las FARC-EP posterior a la exclusión de la

participación en la ANC (CMH, 2013).

Para iniciar las conversaciones, el Gobierno propuso una agenda abierta sin temas vedados,

lo que significaba que la Mesa de Diálogo se encontraba dispuesta a abordar en los posibles

acuerdos no solamente temas de desarme y desmovilización, como si había ocurrido durante la

negociación del Gobierno Barco. En enero, cual lo acordado, instaló oficialmente la Mesa de

Diálogo entre el Gobierno Nacional y las FARC-EP, en San Vicente del Caguán. La Mesa se

encargaría del establecimiento de la agenda, la fijación de los tiempos de las negociaciones y el

logro de los acuerdos que darían paso a la fase negociaciones formales. Como algo novedoso en

este proceso, se dio la participación de civiles en las mesas.

El presidente Pastrana, incorporando demandas de las FARC-EP y el ELN, propuso una

agenda que no se limitara a la participación política y a la desmovilización, optando por una agenda

abierta que abordara temas políticos y sociales, los cuales debían constituirse en un pacto de paz

con la CGSB y de esta manera la paz sería sostenible en el tiempo a través de reformas “a la
94

justicia, la vigencia de las garantías democráticas, la partición y la concertación” (Villarraga y

Castellanos, 2009, p, 76)

6.2.8 Los buenos oficios nacionales e internacionales

El secretario General de las Naciones Unidas comenzó a involucrarse en los esfuerzos por

lograr la paz en Colombia durante el gobierno de Andrés Pastrana. Las discusiones que se

plantearon permitieron facilitar contactos internacionales y buscar un acuerdo negociado para

poner fin al prolongado conflicto interno. Esta fue una acción bien vista gracias a la legitimidad e

imparcialidad, la organización internacional fue catalogada como el actor más viable para mitigar

el conflicto y en particular para facilitar los diálogos. A pesar de los grandes esfuerzos adelantados

durante tres años, los buenos oficios de las Naciones Unidas, junto con los de otros actores

internacionales no consiguieron evitar el colapso del proceso de negociación que se dio más

adelante.

6.2.9 Una Mesa Temática para la Agenda

Por medio de un comunicado conjunto se anunció que se había elaborado una Agenda

Común Para el Cambio hacia una Nueva Colombia, o Agenda de La Machaca, de mayo de 1999

(Naciones Unidad, 1999). Los días 29 y 30 de junio del mismo año, representantes de gobiernos

de 27 países, delegados de las FARC-EP y del Gobierno asistieron a la Mesa Temática en la

población de Los Pozos, en San Vicente del Caguán; esta reunión condujo a una delimitación de

la agenda en torno a las políticas y estrategias para la sustitución de cultivos ilícitos, la eliminación

del narcotráfico y el Plan Colombia para la paz. Los asistentes se comprometieron a apoyar política

y económicamente al eventual proceso de paz (BBC, 2002).


95

El 18 de julio de 1999, en San Vicente del Caguán se llevó a cabo una reunión entre los

dirigentes del fondo ganadero del departamento de Huila y los voceros de las FARC-EP Raúl

Reyes, Joaquín Gómez y Fabián Ramírez. En la reunión acordaron trasladar la sede del fondo

ganadero de la ciudad de Florencia al municipio de San Vicente del Caguán, para la

comercialización de ganado vacuno. Las ganancias se invertirían en el municipio con la condición

de que el Gobierno aportara parte de los dineros a las FARC-EP para que la organización respetara

y no secuestrara a los ganaderos o sus propiedades (BBC, 2012).

El 16 de octubre de 1999, los representantes de las FARC-EP y el alto comisionado para la

paz se reunieron en el municipio de La Macarena (Meta) formalizando un acuerdo para instalar la

mesa de negociación en el municipio de La Uribe (25 de octubre). En el acuerdo, el gobierno

Pastrana cedió ante el tema de la verificación internacional y dejaron a los alcaldes locales como

representación de la autoridad constitucional (BBC, 2012).

El 24 de octubre, representantes del gobierno Pastrana y los voceros de las FARC-EP

instalaron en La Uribe la Mesa de Negociación. Asistieron el Alto Comisionado para la Paz, las

comisiones negociadoras del gobierno, los voceros de las FARC-EP y los encargados de los

comités temáticos que iniciarían el seguimiento y discusión de la Agenda Común. Sin embargo, el

mismo día los negociadores de las FARC-EP en vocería de Raúl Reyes dijeron que, si el gobierno

del presidente Pastrana obedecía a las presiones del congreso norteamericano para acabar con la

zona de distensión, las FARC-EP romperían las negociaciones (BBC, 2012).

El 18 de noviembre, las FARC-EP reiteraron que no aceptaban una comisión internacional

supervisora del proceso de diálogo, por lo tanto, dichas conversaciones de paz tuvieron varios

inconvenientes. A lo que se sumaban las tensas relaciones entre el Presidente Pastrana y los altos

mandos militares, por haber autorizado la Zona de Despeje (ZD) para llevar ahí los diálogos con
96

las FARC, sin un cese al fuego generalizado (BBC, 2012). Una vez fue creada la ZD, las FARC-

EP tomaron control del lugar, a falta de control militar del gobierno. Las Fuerzas Militares

colombianas acusaron a las FARC-EP de utilizar la zona para recuperarse, fortalecerse militar,

política y financieramente.

El crecimiento y fortalecimiento aparente de las FARC, la responsabilidad por parte del

Gobierno de ejercer control jurídico y político sobre la ZD, la pasividad de Pastrana, la presión de

sectores políticos, de los gremios y fuerzas armadas. hizo que el proceso de paz perdiera

legitimidad ante la opinión pública. Las FARC-EP por su parte buscaban fortalecerse para alcanzar

el estatus de beligerancia, mientras culpaban al gobierno de no combatir a sus principales

enemigos, los paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), quienes habían

aumentado en intensidad sus ataques.

Los negociadores durante los diálogos fueron principalmente del círculo cercano del

presidente, sus dos Altos Comisionados de Paz Víctor G. Ricardo (1998-2000) y Camilo Gómez

(2000-2002) que no tenían experiencia en procesos de paz. Pastrana asumió protagonismo durante

los diálogos, pero no consolidó una propuesta oficial por parte del Gobierno, olvidando que esta

era una estrategia viable, desde la experiencia adquirida en las negociaciones con el M-19.

Con la agenda definida, que tomó180 días, el presidente anunció (4 de junio 1999) el paso a

la fase de las negociaciones, sin condicionarla a un límite de tiempo. Así mismo, anuncio que era

momento de presentar el equipo de los cinco negociadores en representación del gobierno

nacional: el empresario liberal Pedro Gómez Barrero, el político conservador Fabio Valencia

Cossio, el General en retiro José González Delgadillo, y Camilo González y Juan Gabriel Gaviria,

quienes fueron presentados como la cuota joven de los negociadores. Es necesario señalar que los
97

cinco negociadores convocados para iniciar la fase de negociación carecían de experiencia en

temas relativos a procesos de paz.

Los negociadores estarían coordinados por el Alto Comisionado de Paz, en compañía de los

representantes de las FARC-EP serían los responsables de avanzar en los puntos de la agenda.

Sumado a esto se designó el Comité Temático coordinado por el Ministro del Interior quienes se

encargarían de analizar los temas de la Agenda Común, asesorar a los negociadores y coordinar

las Audiencias Públicas que se realizarían en las regiones del país.

El 14 de enero de 2001, Raúl Reyes en calidad de vocero de las FARC-EP anunció que las

liberarían unilateralmente a policías y militares que dicha organización mantenía secuestrados

como gesto para fortalecer los diálogos, es decir, no se trataría de un intercambio de secuestrados

por guerrilleros encarcelados (Gobierno Nacional y las FARC-EP, 2002).

El 17 de enero de 2001, el jefe de las FARC, Manuel Marulanda, pidió, a través de una carta

de once puntos dirigida al presidente Pastrana y difundida a través de los medios de comunicación,

la prórroga indefinida para la zona de distensión (Gobierno Nacional y las FARC-EP, 2002).

Adicionalmente, las FARC-EP pedían al gobierno mayores resultados contra el paramilitarismo,

de lo contrario amenazaban con abstenerse de dialogar. El 21 de enero, el Alto Comisionado para

la Paz, Camilo Gómez, se reunió con miembros de las FARC-EP para analizar la propuesta de

prorrogar la zona de distensión hasta el final del mandato del presidente Pastrana.

6.2.10 Fin de las negociaciones

A raíz de las denuncias sobre abusos cometidos por las FARC-EP a los pobladores de los

municipios que conformaban la ZD y la presión contra las autoridades civiles, el gobierno señaló
98

que se habían violación a los acuerdos previos. Distintos sectores del país se pronunciaron y

responsabilizaban de la situación a la falta de veeduría de la ZD.

Aunque hasta ahora no exista consenso sobre si las FARC-EP habrían logrado fortalecerse

o no, la concentración y fortalecimiento de un pie de fuerza en la zona, al igual que los ataques

posteriores, reafirman que las mayores dificultades del proceso en ese momento fueron la zona de

distención, el paramilitarismo y las hostilidades, como el asesinato de los tres indigenistas

estadunidenses acontecido en marzo de 1999. A lo que se sumaron hechos como: la Ley 002 sobre

el impuesto revolucionario a las riquezas superiores al millón de dólares (abril 2000), la denuncia

de la fiscalía de niños secuestrados en la zona de distención (julio 2000), el desvió de un avión

hacia la ZD (8 de septiembre de 2000), el asesinato del representante a la cámara Diego Turbay

Cote (29 de diciembre de 2000), violación a la inmunidad diplomática de un vehículo de Naciones

Unidas y el secuestro de tres indigenistas de Agencia de Cooperación Técnica Alemana GTZ (julio

2001) (El Tiempo, 2001), y el asesinato de la ministra de cultura Consuelo Araujo (septiembre 30

de 2001), secuestrada por las FARC-EP cerca de Valledupar, siendo asesinada por sus captores

cinco días después, en una operación de rescate (El Heraldo, 2014), fueron hechos que condujeron

al fin de las negociaciones y a la perdida de respaldo al proceso por parte de la comunidad

internacional representada por los Países Amigos.

Finalmente, el 20 de febrero de 2002 se cancela el proceso de paz mediante la Resolución

No. 31 de 2002. Y con Resolución No. 32 de 2002 se da por terminada la ZD y se ordena el

regreso de la presencia judicial y militar. Y con Resolución No. 33 de 2002 se removió el

reconocimiento político a las FARC.


99

6.2.11 Del despeje a la confrontación: Álvaro Uribe Vélez

Álvaro Uribe Vélez obtiene la Presidencia de Colombia como candidato independiente por

el Movimiento Primero Colombia, después de haber ganado inmediatamente en la primera vuelta

para el periodo presidencial 2002-2006 al obtener 53, 05% del total de los votos con 5,862,655

(Base de Datos Políticos de las Américas, 2002), con los que derroto al candidato del Partido

Liberal Horacio Serpa. Siendo elegido nuevamente como presidente para el periodo 2006-2010

con 7,333,000 mil votos, un 62,23% de la votación total (Caracol, 2006), sobre el candidato Carlos

Gaviria del Polo Democrático.

6.2.12 Contexto en el que se inicia el Gobierno de Uribe

Durante el Gobierno de Pastrana se había aceptado dialogar en medio de la confrontación

militar exceptuando la ZD, que sería el escenario para realizar los diálogos, configurándose como

una zona libre de hostilidades entre ambos actores. Iniciados los diálogos se logró establecer la

Agenda Común por el Cambio Hacia una Nueva Colombia, en donde se comprometieron a abordar

en la mesa de conversaciones puntos como: la búsqueda de una solución política, la protección de

los derechos humanos, una política agraria integral, la explotación y conservación de los recursos

naturales, estructura económica y social, reformas a la justicia, lucha contra la corrupción y el

narcotráfico, reforma política para la ampliación de la democracia, reformas del estado, acuerdos

sobre derecho internacional humanitario, fuerzas militares, relaciones internacionales y la

formalización de los acuerdos. Durante las negociaciones se adelantaron audiencias públicas que

pretendían escuchar propuestas de distintos sectores (líderes comunitarios, movimientos políticos

y ciudadanos del común), al igual que se contó con la observación y las tareas de facilitación de

distintos gobiernos.
100

Pese a esto, el estancamiento en temas relativos a la agenda, la escalada terrorista que

atravesaba el país, el supuesto uso de la ZD para el fortalecimiento económico y militar de las

guerrillas, y las dificultades para realizar la veeduría, condujeron a que el presidente decidiera

ponerle fin a la negociación con las FARC-EP y a la ZD, el 21 de febrero de 2002. A esto se

sumaba la expansión paramilitar, el incremento del número de masacres y asesinatos políticos, el

fortalecimiento de las Fuerzas Armadas y las constantes violaciones al DIH por parte del Gobierno,

paramilitares y guerrilla.

Las situaciones antes descritas despojaron de legitimidad el proceso, es decir, los años

noventa representaron para el país un recrudecimiento de la guerra, pero también fue un periodo

en el que la movilización ciudadana a favor de la salida política sirvió para definir la agenda

política de un gobierno en torno a la finalización del conflicto. La terminación de las negociaciones

sin acuerdo y sin desmovilización de un grupo guerrillero, en un proceso que contó con el respaldo

del Mandato por la Paz y que había logrado contar nuevamente con el apoyo de los Estados Unidos,

resultó para el país en una especie de reconfiguración moral para la que el fin justifica los medios.

6.2.13 Tratamiento del Conflicto: No hay conflicto armado interno

Es posible describir el tratamiento del conflicto en el Gobierno de Uribe a partir de cuatro

premisas: primera, el rechazo al otorgamiento de garantías políticas como el indulto y la amnistía

de anteriores administraciones. Segunda, la negación a tratar como parte de la agenda causas y

circunstancias del conflicto. Tercera, el desconocimiento del carácter político como insurgencia a

la guerrilla. Cuarta, la negativa, por parte del Ejecutivo, de reconocer el conflicto colombiano

como un conflicto armado interno. En entrevista con el periódico El Espectador (2011), Uribe

anunció que disponía de diez razones para señalar que en Colombia no había un conflicto interno,
101

en esencia fueron nueve: primero, apelando a una legislación internacional (artículo 1 del

Protocolo adicional II), en la que se tipifica como conflicto armado interno a un conflicto entre las

Fuerzas Armadas del Estado y un grupo armado que logra ejercer control sobre un territorio que

le permite la coordinación y ejecución de ataques militares. Segundo, para Latinoamérica se ha

empleado el concepto para referirse a lucha de grupos armados en contra de las dictaduras. Tercero,

para el caso colombiano la insurgencia se revela en contra de una democracia pluralista. Cuarto,

los grupos armados en Colombia ponen en práctica acciones terroristas. Quinto, su financiación se

da a través del narcotráfico. Sexto, el señalamiento del no reconocimiento de conflicto interno en

el caso con los paramilitares, por lo que deben ser tratados igual. Séptimo, el reconocer el conflicto

como uno interno, impide el reconocimiento internacional de estos como terroristas. Octavo, por

petición del Gobierno colombiano Canadá, la Unión Europea y los Estados Unidos los reconocen

como terroristas. Y noveno, el status beligerante suaviza la verdadera connotación de terrorismo

ante las víctimas. No obstante, el presidente apelaba a disposiciones legales propias del tratamiento

de conflictos de este tipo. Premisas que fueron determinantes para optar por un tratamiento del

conflicto a partir de la búsqueda de la derrota militar y de un modelo de negociación que apuntaba

a desmovilizaciones parciales, que fueron presentadas por el presidente como “proceso de paz”,

es decir, las deserciones, resultado del ofrecimiento de beneficios para vincularse al programa de

desmovilización, según el presidente, habían obtenido mejores resultados, en términos de cantidad

de desmovilizados, que los pactos anteriores hechos con las guerrillas (Villarraga, 2013).

Aunque este Gobierno no propuso una política de paz concreta, si plantearía una Política de

Defensa y Seguridad Democrática (PDSD) que buscaría la recuperación del orden público, la

seguridad de los ciudadanos y la protección de las instituciones democráticas. Fines que apelaban
102

a la solidaridad y a la cooperación de toda la ciudadanía, pues se asumió que la seguridad era un

asunto colectivo y no exclusivamente del Estado. La política PDSD tenía como objetivos:

(…) reforzar y garantizar el Estado de Derecho en todo el territorio, mediante

el fortalecimiento de la autoridad democrática: del libre ejercicio de la autoridad

de las instituciones, del imperio de la ley y de la participación activa de los

ciudadanos en los asuntos de interés común (…) (Presidencia de la República,

2003, p.12)

A partir de este estos argumentos y maneras de asumir el conflicto por parte del Gobierno,

se justifican las Redes de Cooperantes, propuestas como un sistema preventivo que integraba

voluntariamente la población con los organismos de seguridad del Estado. Los cooperantes

suministrarían información a las autoridades que estos emplearían en beneficio de la ciudadanía.

Este sistema era presentado como una estrategia preventiva del terrorismo (Ejército Nacional de

Colombia, 2017) que vinculaba a la población civil al conflicto armado; algo legitimado a partir

de la concepción del Estado colombiano como uno comunitario, que defiende el Estado Social de

Derecho, lo que implica “el sometimiento del gobernante a la Ley y la puesta en práctica del

principio de la solidaridad social” (Vélez, 2017, s.p).

A través de una reforma a la ley de orden público, Ley 782 de 2002, se eliminó el

reconocimiento político de las organizaciones armadas ilegales, con la pretensión que tanto

guerrilla como paramilitares recibieran el mismo tratamiento, considerando a ambos como

terroristas, negando una vez más la existencia de un conflicto armado interno y cerrando la

posibilidad del establecimiento de una agenda política con las guerrillas (Villarraga, 2013). En este

punto, es posible identificar la tendencia de este Gobierno a la búsqueda de la paz mediante la

confrontación militar; la negociación se abordó como una posibilidad alterna o negociación


103

mediada, en las que ambas partes mantuvieron conversaciones de manera separada con los

mediadores (Fisas, 2010), comprometiéndose a dar el paso a diálogos directos.

El equipo de negociadores que fueron encomendados por el presidente Uribe para buscar la

paz con la guerrilla y los paramilitares incluyó como Alto Comisionado de Paz a Luis Carlos

Restrepo (2002-2009), quien se desempeñaba como médico psiquiatra y escritor; cargo que

posteriormente fue desempeñado por el economista Frank Pearl durante el 2009, ese comisionado

aparece en el sector público por primera vez en 2006 cuando es nombrado como Alto Consejero

Presidencial para la Reintegración Social y Económica. Como Ministro del Interior tuvo cuatro

ministros y todos Conservadores, durante el primer gobierno: Fernando Londoño (2002-2004),

Sabas Pretelt de la Vega (2004-2006). En el segundo gobierno, Carlos Holguín Sardi (2006-2008)

y Fabio Valencia Cossio (2008-2010).

Como ya se mencionó, uno de los elementos que caracterizó el tratamiento del conflicto fue

la confrontación; medida que estuvo acompañada del llamado a todas las organizaciones

guerrilleras a adherirse al cese unilateral de hostilidades, que permitiría iniciar las negociaciones

con las que los guerrilleros podrían obtener a cambio la desmovilización y la integración a la vida

civil. El Gobierno de Uribe principalmente retoma la iniciativa militar a través de un Plan de

Guerra, manteniendo en un segundo plano la negociación, su programa durante los dos periodos

de Gobierno no incluía una política de paz como se había decretado con la Ley 434 de 1998 26, en

su lugar se desarrolló una política militar y de seguridad que se materializa en la Política de

Defensa y Seguridad Democrática PDSD, la cual se concentraría en la derrota militar de las

guerrillas, en la recuperación del control territorial y del monopolio de la fuerza (Villarraga, 2013,

26
Con esta ley se proponía como política de Estado una política de paz permanente y participativa. Sin
embargo, tiene sentido la ausencia de una política de paz ante el desconocimiento de un conflicto armado interno en
el país.
104

p. 54) . Esta política se fundamentó en la imposición de la autoridad del Estado, suscitando el

debilitamiento de las garantías constituciones en materia de Derechos Humanos y en el

desconocimiento del DIH.

En este orden de ideas, el 22 de junio de 2005 fue aprobada por el Congreso la Ley 975 de

2005 (Ley de Justicia y Paz), con la que se constituiría el marco jurídico que permitiría juzgar los

delitos como secuestro, genocidio, desaparición forzada o tortura; cometidos por guerrilleros y

paramilitares interesados en la desmovilización, sin que pudieran beneficiarse por la Ley 782 de

2002. Los beneficios que componen la Ley eras tres: primero, penas alternativas, entre 3 a 5 años

para los que no hubieran cometido delitos en contra de los derechos humanos. Segundo, un juicio

especial que se centraría en la confesión del beneficiario. Tercero, la defensa por los derechos de

las víctimas a través de la reparación individual y colectiva (Fajardo, 2006).

De acuerdo con el Ministerio de Justicia, la Ley buscaba dinamizar los procesos de paz, al

facilitar la reintegración a la vida civil de los desmovilizados, a la vez que garantizar los derechos

de las víctimas de verdad, justicia y reparación integral, sin que este proceso estuviera

condicionado a los posibles procesos de negociación (Minjusticia, 2005).

Simultáneamente a Ley de Justicia y Paz el gobierno de Uribe avanzaba en los acercamientos

con las Auto Defensas Unidas de Colombia AUC, permitiendo que en diciembre de 2002 se

declarara cese de hostilidades nacional, dando paso al inicio de las conversaciones y a la

conformación de la Comisión Exploratoria de Paz (Alto Comisionado, delegados de la iglesia

católica y de las AUC). Después de meses de fase exploratoria en julio del 2003 se logra la firma

del Acuerdo de Santa Fe de Ralito Para Construir la Paz de Colombia, con el que se formalizaban

las negociaciones y las AUC se comprometían a la desmovilización de sus miembros; Esto condujo

a los Acuerdo de paz con el bloque Cacique Nutibara AUC (diciembre 2003) y Acuerdo por la paz
105

de Colombia, autodefensas campesinas del Casanare (enero de 2004), permitiendo la

desmovilización de más de 30 mil mujeres y hombres combatientes.

Durante el 2005 Naciones Unidas decide suspender la misión de buenos oficios para la

búsqueda de acercamientos con las FARC, que había operado durante seis años, ante la

imposibilidad de llevar a cabo la exploración y mantener los contactos directos. Por parte del

Gobierno, de la iglesia católica (quienes proponían que se llevara a cabo un prediálogo sin

condiciones en el exterior) y de la Misión Técnica (conformada por los gobiernos de Francia, Suiza

y España, que se encargaría de un sistema de seguridad que permitiera el encuentro entre los

alzados en armas y el Gobierno) se formularon propuestas de acuerdos humanitarios que no fueron

aceptadas por las FARC. A esta negativa también se sumaría el Gobierno de Uribe, que rechazó la

iniciativa de la guerrilla de iniciar diálogos regionales; decisión que fue defendida al FARC-EP al

no aceptar el cese de hostilidades.

En 2006, año en el que fuera reelegido como presidente, Álvaro Uribe expresa su interés en

el inicio de negociaciones con la guerrilla. En julio de ese mismo año Raúl Reyes pidió a la Unión

Europea UE que las FARC-EP saliera de su lista de terroristas y que actuarán en calidad de

cooperantes en el camino hacia la paz. En septiembre de 2006 el Alto Comisionado, en la Cumbre

de los Países no Alineados, logra que desde ahí se propongan emisarios de cualquier país, que se

encargarían de visitar los campamentos, como parte de una estrategia que permitiera el Contacto

Directo Informal, lo que Fisas (2010) considera una primera etapa en todo proceso de paz. Sin

embargo, todo quedó en propuestas, y pocos días después, el presidente en alocución pública

suspendió los acercamientos, luego de que el 19 octubre de 2006 estallara un coche bomba en el

aparcamiento de la Escuela Superior de Guerra con un balance de 25 personas heridas. El


106

presidente pidió a la comunidad internacional ayuda militar y de inteligencia para coordinar una

operación que permitiera liberar a todos los secuestrados (Fisas, 2010).

Con el objetivo de un nuevo acuerdo humanitario, en 2007 el presidente autorizó nuevamente

la búsqueda de contactos a través de un nuevo grupo de países amigos (España, Francia y Suiza),

a esta medida se sumaron congresistas demócratas de los Estados Unidos, quienes se ofrecieron

como mediadores. Sin embargo, a finales de junio se conoció que 11 de los 12 diputados de la

Asamblea del Valle que habían sido secuestrados en 2002 habían sido asesinados en extrañas

circunstancias, lo que terminaría en la suspensión de dicha iniciativa. Para avanzar en las

negociaciones Venezuela ofreció buenos oficios que contaron con la aprobación de 112 gobiernos

miembros del Movimiento de Países No Alineados NOAL, al igual que el de Estados Unidos. Por

lo que se autorizó a la senadora Piedad Córdoba para que mediara en los acercamientos, logrando

una reunión entre el presidente de Venezuela Hugo Chávez e Iván Márquez, reunión que terminó

en una rueda de prensa, que desagradó al gobierno colombiano hasta el punto de dar por terminada

la mediación por parte la senadora Córdoba, conduciendo a tensas relaciones entre los dos

gobiernos.

6.2.14 Acuerdos Humanitarios durante el Gobierno Uribe y Mediación de la Iglesia

El presidente Uribe señaló, tanto en su primer gobierno como en el segundo, que estaba

dispuesto a canjear secuestrados por guerrilleros que estuviesen presos, condicionando la apertura

a la no repetición y a que ninguna negociación partiera de una zona de despeje, por lo que también

defendía el rescate militar como una alternativa al tema del secuestro.

Como resultado de la mediación de la iglesia católica a finales de 2007, autorizada por el

presidente Uribe en el mes de diciembre, se logró la liberación en enero de 2008 de Consuelo


107

González27 y Clara Rojas28, quienes fueron entregadas por parte de las FARC-EP en las selvas del

Guaviare a una delegación humanitaria del Comité Internacional de la Cruz Roja y del gobierno

venezolano (Semana, 2008).

Sin embargo, días antes de la Operación Jaque (junio 2008) se había dado a conocer, por

parte de medios de prensa, que las FARC-EP habían liberado 15 personas secuestradas y se

anunciaba el interés por parte de este grupo de adelantar diálogos directos con el Gobierno, con el

objetivo de concretar nuevos acuerdos humanitarios y no necesariamente la negociación política

del conflicto; también se informaba que Iván Márquez29 asumiría el mando del Frente

Internacional (Fisas, 2010).

Ante el aumento del secuestro por parte de las FARC-EP y los lentos avances en materia de

acuerdos humanitarios, el Gobierno empleó operaciones militares para la liberación de

secuestrados. Contando con asistencia económica de los Estados Unidos e Israel el Ejército

colombiano lleva a cabo la Operación Jaque (2 de julio 2008) en la que se hizo creer, a través de

la intersección en las comunicaciones, a las FARC-EP que por órdenes de Alfonso Cano los

secuestrados debían ser trasladados a otro campamento, en donde se daría inicio a un intercambio

humanitario. La operación estuvo acompañada de bombardeos al campamento Jorge Briceño

Suárez o "Mono Jojoy" con la finalidad de interferir las comunicaciones entre el grupo guerrillero.

En esta operación fueron liberados la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, tres agentes de

inteligencia estadounidenses y once militares más. Sin embargo, el Ministro de Defensa Juan

Manuel Santos invitó a continuar con la liberación de los secuestrados y a la búsqueda de la

27
Congresista secuestrada por las FARC-EP el 10 de septiembre de 2011.
28
Jefe de debate, de la también secuestrada, candidata a la presidencia Ingrid Betancourt (Partido Verde
Oxígeno).
29
Quien fue designado como uno de los siete miembros del Secretariado, la cúpula de las FARC, y se convirtió
en el vocero político de la organización. Posteriormente participó en diálogos de paz de Tlaxcala, México, entre esta
organización guerrillera y el Gobierno de Gaviria, después también lo haría en el proceso de paz del Gobierno
Pastrana.
108

negociación para dar fin al conflicto, invitación que fue reiterada por el Alto Comisionado de Paz

Luis Carlos Restrepo, pero que se adelantaría a partir de diálogo directo y no desde la mediación

como se había venido realizando (El Espectador, 2008).

6.2.15 Golpes en el mando guerrillero de las FARC-EP

Como parte de la reingeniería de las Fuerzas Amadas, lograda a partir del Plan Colombia y

su lucha contra el narcotráfico, el ejército emprendió la mayor ofensiva contra la insurgencia. En

2004 se pone en práctica el Plan Patriota, que consistió en operaciones militares con las que se

orientaría la guerra irregular, que consistiría en las labores de inteligencia y coordinación de

recursos de la Fuerza Pública (policía y ejército), para doblegar la voluntad de los guerrilleros y

recuperar las zonas urbanas y las vías de comunicación que estaban en control de los alzados en

armas. Se estructuró en tres fases: primera, Alistamiento y Despliegue. Segunda, Debilitamiento.

Tercera, Consolidación. En este contexto es asesinado Iván Ríos por su jefe de seguridad (28 de

marzo); Raúl Reyes y otros 22 guerrilleros son asesinados en febrero de 2008, tras un ataque aéreo

y terrestre dirigido hacia su campamento que se localizaba en territorio ecuatoriano, la operación

fue conocida como Operación Fénix. A lo que se sumaría la muerte de Manuel Marulanda30

(Tirofijo). Esta muerte dio paso al anuncio de que Alfonso Cano asumiría la responsabilidad de

primer comandante (Fisas, 2010).

30
Timochenko, a través de un comunicado del 26 de marzo de 2008, anunció que Marulanda había muerto a
causa de un infarto cardiaco.
109

6.3 Capítulo 3. Los avances de Juan Manuel Santos, el acuerdo definitivo con las

FARC-EP

6.3.1 Antecedentes: El no-conflicto armado y la Seguridad Democrática

La política de Seguridad Democrática (de aquí en adelante SD) se convirtió durante la

administración de Álvaro Uribe en el eje central la política con el que se trataría el conflicto

armado, que partía de la premisa de la no existencia de este; la SD se había enfocado en la

“recuperación del espacio público y en el combate militar contra las guerrillas” (Fisas, 2010, p. 7),

contando con el apoyo de los Estados Unidos a través de la vigencia del Plan Colombia PC.

Durante el Gobierno de Uribe no se adelantaron acuerdos formales con las guerrillas, en su

lugar ocurrieron acuerdos netamente de carácter humanitario. La propuesta del Gobierno, para una

posible negociación, estaba enfocada en el cese de hostilidades por parte del grupo guerrillero y el

no reconocimiento político como grupo beligerante; posteriormente, se esperaba la participación

voluntaria de un proceso de desmovilización y de desarme, que finalmente le permitiría a los

desmovilizados recibir, por parte del Gobierno, juzgamiento a partir de la Ley de Justicia y Paz.

En ese contexto se produjo un proceso de desmovilización paramilitar que fue presentado

por la presidencia como un proceso de paz. No obstante, según lo expone Fisas (2009) la

negociación es una de las partes que compone un proceso de paz, dicho autor sostiene que “Se

entiende por negociación el proceso por el que dos o más partes enfrentadas (ya sean países o

actores internos de un país) acuerdan discutir sus diferencias en un marco concertado para

encontrar una solución a sus demandas” (p. 11). Lo que se desarrolló, entonces, no fue una

negociación, pues los paramilitares manifestaban estar representados por el Gobierno, es decir, no

hay un conflicto entre los actores que requiera ser objeto de negociación; por lo que se considera

como un proceso netamente de desmovilización.


110

El proceso de acercamiento con los paramilitares, en el Gobierno Uribe, se dio a través de

las labores de facilitación de la iglesia católica. La iniciativa por parte del Ejecutivo y la aceptación

del cese de hostilidades, viabilizaron un proceso de desmovilización. La iniciativa se materializaría

a partir de la Ley 782 de 2002, con la que se negaba reconocimiento político de la organización

armada, guerrilla o paramilitar, pero le permitiría iniciar el proceso de paz, apoyado por el

Congreso a través de la aprobación de la Ley de Justicia y Paz. Esta fue la situación de las AUC,

quienes durante ese gobierno suscribieron el Acuerdo de Santa Fe de Ralito, en el que este grupo

se comprometía a desmovilizar sus tropas desde el 31 de diciembre de 2003, proceso que se

dilataría hasta agosto de 2006. De acuerdo con la oficina del Alto Comisionado de Paz de la

presidencia de Álvaro Uribe Vélez, se había posibilitado la desmovilización de 31.671

combatientes (Indepaz, 2013).

En cuanto a otros grupos armados, de acuerdo con Echandía y Bechara (2005), durante el

Gobierno de Uribe a través de “la ampliación de la capacidad operativa y de inteligencia del

Estado” (p. 53), las Fuerzas Armadas habían logrado resultados positivos en la lucha contra la

guerrilla; sin embargo, las FARC-EP y el ELN se adaptaron a estas nuevas realidades, la ofensiva

de la Fuerza Pública incidió en el cambio de lógica operativa, es decir, las guerrillas al encontrarse

frente a la imposibilidad de mantener el control territorial, buscaron el control estratégico, evitando

la confrontación directa, empleando tácticas sorpresivas, sabotaje de infraestructura económica y

la intensificación del terrorismo en las ciudades.

Si bien los logros en el plano militar por parte de la ofensiva de la Fuerza Pública no lograron

la derrota militar de las FARC-EP, como consecuencia de la adaptabilidad de las guerrillas a las

nuevas formas de confrontación armada, sirvió para contener su expansión territorial y controlar

su crecimiento como organización, esto, según Echandía y Bechara (2005) se podría explicar como
111

parte de la creación de las condiciones para negociar, es decir, reducir la operación militar de las

FARC-EP al control estratégico limitó la confrontación, transformándola en una guerra de

desgaste, que alentaría la búsqueda de la solución política.

Las FARC-EP, después del fallido proceso de paz en el Caguán, señalaban que se retomarían

las negociaciones, presentando como punto de partida su participación en una Asamblea Nacional

Constituyente; tal como había ocurrido con otros grupos guerrilleros. Cuando se inició el gobierno

de Álvaro Uribe, el secretariado de dicha guerrilla proponía retomar la Agenda Común por el

Cambio hacia la Nueva Colombia, subscrita en el Gobierno Pastrana. Por el contrario, durante los

periodos presidenciales de 2002-2006 y 2006-2010, la política de SD como tratamiento del

conflicto conduciría a que la principal demanda guerrillera para iniciar acercamientos fuera su

reconocimiento de beligerancia. Ante el manejo mediático, Álvaro Uribe se convirtió en el

presidente con el más alto índice de aceptación a su gobierno, de acuerdo con la encuesta de Gallup

el 82% de la población encuestada estaba de acuerdo con el manejo dado al conflicto guerrillero

(El País, 2010). Resultados que cobran sentido al observar que entre 2003 y 2009 se disminuyeron

el número de secuestros extorsivos en 89,96 %, los actos terroristas en 81% y las acciones

subversivas en un 64% (Departamento Nacional de Planeación, 2011).

Con un pasado caracterizado por el rompimiento de los diálogos entre el Gobierno de

Pastrana y las FARC-EP en 2002, la posterior Seguridad Democrática propuesta por Uribe y la

categorización de terroristas a la insurgencia, sumados al cambio de enfoque en la política exterior

de los Estados Unidos, resultado del ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001, con el que se

dio paso de la lucha contra el narcotráfico a la lucha contra el terrorismo, en medio de estos hechos

se enmarca el inicio de la Presidencia de Juan Manuel Santos.


112

6.3.2 De la Seguridad Democrática a la Prosperidad Democrática: Juan Manuel Santos

Juan Manuel Santos31, fue electo en segunda vuelta como presidente de la República para el

periodo presidencial de 2010-2014, con más de 9 millones de votos frente al candidato del Partido

Verde Antanas Mockus. El 15 de junio de 2014 fue nuevamente electo como presidente para el

periodo 2014-2018, con 7.8 millones de votos sobre el candidato Óscar Iván Zuluaga (Presidencia,

2017).

En su campaña se comprometió a transitar de la Seguridad Democrática a la Prosperidad

Democrática, que partió del reconocimiento del carácter político del conflicto y de la insurgencia,

el desmonte paulatino de la SD y de la voluntad del Gobierno para convenir “agendas,

metodologías y apoyos de terceros actores, enfocado a la finalización de las hostilidades”

(Villarraga, 2015, p. 213), conservando la dinámica militar por parte de la Fuerza Pública y

paralelamente en búsqueda de la solución política.

Pese a la voluntad política del Gobierno en la búsqueda de las negociaciones, Santos no

presentó una política gubernamental de paz integral, como lo exige la Ley 434 de 1998 ni se

formularon propuestas de carácter humanitario, en cambio proponía una Política Integral de

Seguridad y Defensa para la Prosperidad que se encargaría de atender asuntos de seguridad interna,

como el conflicto interno armado, lucha contra el narcotráfico y la seguridad ciudadana. Sobre el

conflicto, la política reconocía la capacidad de transformación de las guerrillas, por lo que buscó

fortalecer las operaciones de inteligencia de la Fuerza Pública y de los Organismos de Seguridad

del Estado con la finalidad de desarticular estructuras de actores al margen de la ley (PND, 2011).

31
Quien se había desempeñado como Ministro de Comercio Exterior durante la administración de Gaviria,
Ministro de Gobierno durante la administración Pastrana y en 2006 como Ministro de Defensa de Álvaro Uribe,
desempeñando un cargo decisivo en la Seguridad Democrática.
113

Es necesario resaltar el escepticismo y la desconfianza respecto a posibles negociaciones con

la guerrilla, a la luz de los resultados y pocos avances en procesos de paz de gobiernos anteriores,

a los que se sumaba el rechazo a la guerrilla que, como señala Villarraga (2015), configuraron

entre los colombianos el discurso de una guerrilla terrorista que condujo a la criminalización de la

insurgencia.

El Gobierno de Juan Manuel Santos, a través del Acto Legislativo 01 de 2012 expidió el

llamado Marco Jurídico para la Paz, que introduce mecanismos a favor de los derechos de las

víctimas y el proceso de paz; esta reforma permitió desarrollar una estrategia de justicia

transicional que apuntó a la “máxima satisfacción posible de los derechos de las víctimas y la

transición hacia una paz estable y duradera” (MinJusticia, 2017, s.p) es decir, se buscó generar

mecanismos de justicia transicional que condujeran al esclarecimiento de verdad y reparación de

las víctimas, por lo que se pretendía incentivar la colaboración de quienes participaron directa o

indirectamente en el conflicto, a través de la creación de mecanismos judiciales y extra judiciales

(Sistema integral de Verdad, Justicia, Reparación y no Repetición).

6.3.3 Proceso de paz entre el Gobierno y las FARC-EP–EP (2012-2016)

Acercamientos. Para empezar los acercamientos, el presidente Santos designó como líder

negociador a Enrique Santos, su hermano mayor, que se encargó de acordar una posible agenda

con las FARC-EP, estos acercamientos duraron varios meses y se adelantaron como una etapa

secreta. Iniciaron el 23 de febrero de 2012 y terminaron el de 4 septiembre del mismo año,

momento en que se cerró la etapa de reuniones exploratorias que culminaron en la firma del

Acuerdo Marco (Hoja de ruta, firmada en agosto 16). Timoleón Jiménez, jefe del Estado Mayor

de las FARC-EP, en pronunciamiento señaló que los encuentros secretos llevados a cabo durante
114

6 meses habían permitido la elaboración de la agenda y el establecimiento del procedimiento a

seguir a lo largo de las negociaciones, que daría paso al inició las negociaciones a partir del 4 de

octubre.

Durante esta fase, una de las situaciones más complejas fue del desplazamiento de la

guerrilla para las reuniones, por lo que delegación de las FARC-EP pretendían que estos primeros

diálogos se realizaran en territorio colombiano o en un país vecino, sin embargo, el Gobierno no

aceptó y logró que se desarrollaran en Cuba, propuesta que fue aceptada por las FARC-EP al

considerar que este país era uno de confianza, probablemente como referente de lucha

revolucionaria.

Los primeros acercamientos entre la el Gobierno y las FARC-EP fueron oficialmente el 4 de

septiembre de 2012, y se reveló que los contactos se adelantaron por medio de reuniones secretas

que estaban ocurriendo desde marzo de 2011 al 12 de febrero de 2012, con el objetivo de evitar

filtración de los medios y que la oposición a la negociación que se vivía en el país, no se convirtiera

en un obstáculo.

Los acercamientos empezaron en agosto de 2010, tan pronto comenzó el gobierno Santos,

cuando se restablecieron las relaciones diplomáticas entre Colombia y Venezuela, rotas en el

último tramo del mandato de Álvaro Uribe. La agenda de negociación tendría seis temas básicos

y, por primera vez, se hablaría de desmovilización, cese de hostilidades y entrega de armas. En el

2012, los contactos tuvieron como antecedente el “encuentro exploratorio” entre el 23 de febrero

y el 26 de agosto de ese mismo año, el cual culminó en un “Acuerdo para la Terminación del

Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera”

En publicación de La oficina del Alto Comisionado para la Paz (2016) titulada El Acuerdo

Final de Paz, se describía el proceso de paz a partir de tres fases: una primera fase exploratoria,
115

que de describió anteriormente, como una fase secreta para establecer las condiciones y visiones

sobre la terminación del conflicto, que condujera a inicio de conversaciones formales, en esta fase

se firmó el Acuerdo General para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz

Estable y Duradera, que constituyó la Hoja de Ruta, es decir, los propósitos, las condiciones y las

reglas de las conversaciones. El Acuerdo General disponía de una agenda en torno a 5 puntos

sustantivos y 1 de implementación, verificación y refrendación, con la firma del documento se

daría por terminada la fase y daría paso a la siguiente.

6.3.4 Hoja de Ruta: Acuerdo General para la Terminación del Conflicto y la

Construcción de una Paz Estable y Duradera.

Los delegados del Gobierno y las FARC-EP, después del Encuentro Exploratorio en la

Habana, con el apoyo de diferentes países garantes (Cuba y Noruega) y Venezuela como facilitador

logístico, concertaron una agenda que respondería a la construcción de la paz estable y duradera,

de ahí que fuera necesario acordar cuatro aspectos para desarrollar la agenda que conduciría al

Acuerdo Final: primero, iniciar conversaciones de manera directa sin interrupciones, en estas se

buscaría construir un Acuerdo Final en torno a la agenda concertada. Segundo, instalar una Mesa

de Conversación que como sede principal se ubicaría en la Habana, sin embargo, dejaron abierta

la posibilidad de visitar otros países. Tercero, garantizar la efectividad del proceso a partir de

avances en temas de agenda en el menor tiempo posible, aunque este dependería de los resultados

de las evaluaciones periódicas de las que fuera sujeta la negociación. Cuarto, se contaría con el

apoyo de los gobiernos de Cuba y Noruega como garantes, y los gobiernos de Venezuela y Chile

como acompañantes, durante el desarrollo de las conversaciones.


116

En el documento pre acuerdo titulado Acuerdo general para la terminación del conflicto y

la construcción de una paz estable y duradera, se define como primer punto a tratar la Política de

desarrollo agrario, considerada como determinante para la integración de las regiones, y el

desarrollo social y económico equitativo del país; abordando temas como el acceso y uso de la

tierra, las tierras improductivas, la formalización de la propiedad, la fijación de la frontera agrícola

y la protección de zonas de reserva. El segundo punto, se concentraría en los programas de

desarrollo con enfoque territorial. El tercer punto, infraestructura y adecuación de tierras. El cuarto

punto, desarrollo social, en que se discutirían temas como salud, educación, vivienda y

erradicación de la pobreza. Quinto, la generación de estímulos a la producción agropecuaria y a la

economía solidaria y cooperativa, que comprendía aspectos como asistencia técnica, subsidios,

crédito, generación de ingresos y mercadeo. Y sexto, la formalización laboral y el sistema de

seguridad alimentaria.

El segundo punto del Acuerdo General sobre Participación política, se concentró en los

derechos y garantías para el ejercicio de la oposición política, que haría referencia al interés de las

FARC-EP en la participación política por medio de movimientos que surgirían luego de la firma

del Acuerdo Final, como tono enfático sobre el acceso a medios de comunicación de estos nuevos

movimientos políticos. Al igual que atender el tema de los mecanismos democráticos de

participación ciudadana, incluidos los de participación directa, en los diferentes niveles y diversos

temas. La creación o adopción de medidas efectivas para promover mayor participación en la

política nacional, regional y local de todos los sectores, incluyendo la población más vulnerable,

en igualdad de condiciones y con garantías de seguridad.

El tercer punto de la agenda, el Fin del conflicto, abordó de manera simultánea aspectos

como el cese al fuego y de hostilidades bilaterales definitivas, la dejación de las armas, la


117

reincorporación de las FARC-EP a la vida civil en lo económico, lo social y lo político. Y se acordó

por parte del Gobierno Nacional coordinar la revisión de la situación de los miembros de las

FARC-EP que se encontraban privados de la libertad, procesados o condenados. Paralelamente, el

Gobierno Nacional se comprometió a intensificar el combate para acabar con las organizaciones

criminales y sus redes de apoyo, la corrupción y la impunidad, y con organizaciones responsables

de homicidios y de masacres contra defensores de derechos humanos, movimientos sociales o

movimientos políticos. El Gobierno Nacional se comprometió a revisar y realizar los ajustes

institucionales necesarios que permitieran llevar a término el proceso. Considerando la

desconfianza posterior al exterminio de la Unión Patriótica (Cepeda, 2006), se enfatizó en las

garantías. Como parte de la reparación de las víctimas, el fenómeno del paramilitarismo debía ser

esclarecido.

El cuarto punto de la agenda abordó el tema de la Solución al problema de las drogas ilícitas,

punto en el que se discutió la creación de programas de sustitución para cultivos ilícitos, junto con

planes integrales de desarrollo, que posibilitaran la participación de las comunidades en el diseño,

ejecución y evaluación de los programas de sustitución y recuperación ambiental, de las áreas

afectadas por dichos cultivos. Al igual que programas de prevención del consumo y salud pública,

incluyendo temas como la producción y comercialización de narcóticos.

El quinto punto, estuvo dedicado a atender a las víctimas, buscando resarcir el daño causado

por los diferentes actores, tanto del gobierno como de las FARC-EP, centrándose en respetar los

derechos humanos de las víctimas y en la búsqueda de la verdad y la reparación.

El sexto punto, planteó la implementación, la verificación y la refrendación de lo acordado.

Todo lo acordado fue sometido a una elección popular de refrendación o consulta ciudadana que

le otorgaría legitimidad. De esta forma se dio inició a la implementación de todos los puntos
118

acordados, incluyendo mecanismos de implementación y verificación, tales como el Sistema de

implementación, las Comisiones de seguimiento y verificación, y los mecanismos de resolución

de diferencias. Para la ejecución de estos mecanismos, fueron conformados grupos con

representantes del Gobierno, las FARC-EP y la población civil. En este punto de Hoja de Ruta se

acordó acompañamiento internacional, cronograma, presupuesto, herramientas de difusión y

comunicación, y mecanismos de refrendación de los acuerdos.

Reglas de Funcionamiento y desarrollo de la Agenda. Firmado el Acuerdo General, se

instaló la Mesa de Negociaciones, por lo que fue necesario acordar reglas de funcionamiento. Que

partía de la premisa que “las conversaciones se darán bajo el principio que nada está acordado

hasta que todo esté acordado” (Alto Comisionado para la Paz, 2012, p.5). Con el propósito de

avanzar rápidamente se acordó previamente, que desde la firma del Acuerdo General se daría inicio

al desarrollo de la agenda con el punto Política de desarrollo agrario integral y se seguiría con el

orden que la Mesa concertara.

Participantes de la Mesa. Se definieron 10 personas por delegación, es decir, en la mesa se

encontraron 20 delegados en representación de las FARC-EP y el Gobierno, 5 de ellos fueron

plenipotenciarios y se encargaron de la vocería. Cada delegación estuvo compuesta hasta por 30

representantes.

Consultas a expertos sobre los temas de la agenda. Las delegaciones realizaron consultas

a distintos grupos sociales, a fin de avanzar en la construcción del Acuerdo Final.

Garantías de transparencia del proceso: la Mesa elaboró informes periódicos.

Mecanismos de divulgación conjunta sobre los avances de la Mesa: Las discusiones de

la Mesa no se hicieron públicas, por lo que la estrategia en el manejo mediático fue fundamental.
119

Garantías de participación posible. Se estableció un mecanismo de recepción de

propuestas sobre los puntos de la agenda por parte de ciudadanos y organizaciones, por medios

físicos o electrónicos. En la Mesa, fue posible consultar de manera directa u organizar eventos de

participación por medio de terceros, es decir, la consulta sobre temas de agenda estuvo liderada

entre los miembros y los ciudadanos, o se gestionó a través de un operador logístico. Por lo que se

realizaron foros para formular propuestas a la Mesa por parte de organizaciones de la sociedad

civil. Por lo que la convocatoria, organización y relatoría de sus resultados fueron realizados por

el PNUD y por el Centro de Pensamiento y Seguimiento al Diálogo de Paz

Recursos para el funcionamiento de la Mesa. El Gobierno Nacional garantizó los recursos

económicos necesarios para el funcionamiento de la Mesa.

La Tecnología necearía para la Mesa. El gobierno proporcionó la tecnología necesaria

para adelantar el proceso y las conversaciones.

Equipo Negociador. Como jefe negociador fue designado Humberto de la Calle, quien se

había desempeñado como vicepresidente durante el Gobierno de Ernesto Samper; Sergio

Jaramillo, Frank Pearl quien fue Ministro de Ambiente durante esta administración y Alto

Comisionado de la Consejería para la Reintegración durante la Presidencia de Álvaro Uribe; Luis

Carlos Villegas, presidente de la ANDI; el ex General de la Policía Óscar Naranjo y el ex General

del Ejército Jorge Enrique Mora Rangel. El equipo se completó con la vinculación de Alejandro

Éder, Jaime Avendaño, Lucía Jaramillo y Elena Ambrosi.

Por parte de la FARC-EP fueron convocados Luciano Marín Arango, alias ‘Iván Márquez”,

comandante del Bloque Caribe , miembro del Secretariado y segundo al mando después de Rodrigo

Londoño Echeverri; Luis Alberto Albán Urbano alias ‘Marco León Calarcá’, integrante del Estado

Mayor del Bloque Martín Caballero; Rodrigo Granda Escobar (conocido como Ricardo Téllez o
120

Ricardo González); Jesús Emilio Carvajalino (conocido con el alias Andrés París); Juvenal

Ricardo Ovidio Palmera (conocido como Simón Trinidad) y Tanja Nijmeijer (conocida con el alias

Alexandra Nariño). A esta delegación pertenecerían, en calidad de negociadores suplentes, Miguel

Ángel Pascuas comandante del Sexto Frente; Seuxis Paucias Hernández Solarte, (conocido con el

alias Jesús Santrich); Orlando Jurado Palomino (conocido con el alias Hermes Aguilar); Bernardo

Salcedo; y Emiro del Carmen Ropero Suárez (conocido con el alias Rubén Zamora) (Humanas

Colombia, 2012).

6.3.5 La implementación de lo acordado luego de la firma definitiva.

Teniendo en cuenta lo expuesto hasta este momento, a continuación, se retoman los puntos

que hacen parte del Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz

estable y duradera, esto con el fin de contrastarlos con distintos informes de prensa y de entidades

gubernamentales y no gubernamentales, para determinar cómo se han venido implementando, en

aras de establecer si en verdad existen avances hacia la paz y la no repetición del conflicto. Como

ya se mencionó, son seis los puntos que se firmaron el 24 de noviembre de 2016, luego del fallido

acuerdo el 26 de septiembre, el cual no fue aprobado por la población, que votó en su mayoría por

el No, obligando a revisar el documento e implementar reformas, que finalmente fueron

subsanadas. Siguiendo esa estructura, se expone cada punto, junto con el análisis a la luz de las

noticias, informes y documentos disponibles en distintas bases de datos de acceso público.

 Hacia un Nuevo Campo Colombiano: Reforma Rural Integral. El documento emitido por

el Alto Comisionado para la Paz (2016), sostiene, en relación con la transformación del campo

colombiano:
121

El desarrollo rural integral es determinante para impulsar la integración de las

regiones y el desarrollo social y económico equitativo del país. La RRI debe lograr

la gran transformación de la realidad rural colombiana, que integre las regiones,

erradique la pobreza, promueva la igualdad, asegure el pleno disfrute de los

derechos de la ciudadanía con un enfoque de género y como consecuencia garantice

la no repetición del conflicto y la erradicación de la violencia. (p. 8)

Esta apreciación, parece haberse implementado de forma satisfactoria en algunas regiones

del país, como resultado de la desmovilización de los guerrilleros y la entrega de armas, iniciada

el 1 de marzo de 2016; tal como lo expone el gobernador del Cauca Oscar Ocampo, en

declaraciones dadas a Caracol Radio (2017), cuando afirmó que tras la firma del acuerdo se “ha

logrado que los caucanos vivan en un contexto menos violento, y ha permitido que los esfuerzos

de gestión e inversión se centren en proyectos agrícolas, turísticos, de infraestructura e innovación,

entre otros.” (s.p)

Por otro lado, Santaella (2017), en un artículo bastante amplio sobre la Reforma Rural

Integral, sostiene que es un proceso lento, que tiene múltiples aristas, dado que “el Fondo de

Tierras y el Procedimiento Único para la Ordenación Social de la Propiedad Rural (Puospr), tiene

asuntos preocupantes que, a pesar de sus buenas intenciones, pueden entorpecer el logro de las

metas acordadas.” (p.1). En ese sentido, puede concluirse que este punto del acuerdo ha generado

reducción en el conflicto armado, evidentemente han cesado los enfrentamientos y el campo se

percibe hoy como un lugar más seguro; sin embargo, el tema de la tenencia de la tierra, la

legalización de los territorios sin dueño, entre otros componentes del desarrollo rural, avanzan

lentamente, lo cual no debe sorprender, pues la implementación se planeó para al menos 10 años,

de allí que los avances en este primer año han sido notables, pero deben ampliarse para alcanzar
122

la meta de otorgar tierras y capacitaciones, tanto para los campesinos desplazados, como para los

guerrilleros reinsertados que decidan beneficiarse con los programas que el Gobierno presente.

 Participación política: Apertura democrática para construir la paz. Según lo expuesto en

el Acuerdo General, este punto busca:

Una ampliación democrática que permita que surjan nuevas fuerzas en el escenario

político para enriquecer el debate y la deliberación alrededor de los grandes

problemas nacionales y, de esa manera, fortalecer el pluralismo y por tanto la

representación de las diferentes visiones e intereses de la sociedad, con las debidas

garantías para la participación y la inclusión política. (Alto Comisionado para la

Paz, 2016, p. 30)

Desde luego, esta ampliación supone, entre otras cosas, la creación de nuevos partidos

políticos, Circunscripciones Transitorias Especiales de Paz, representación en el Congreso,

garantías para el ejercicio de la oposición política, garantías de seguridad para el ejercicio de la

política. Pero en la práctica, la representación de las FARC-EP, dentro de la Comisión de

Seguimiento, Impulso y Verificación a la Implementación del Acuerdo Final (CSIVI, 2017),

expone en comunicado del 21 septiembre de 2017, que “la Cámara de Representantes pone en

riesgo cumplimiento de Acuerdo de Participación Política” (p.1), esto como resultado de la

ponencia radicada para primer debate de las llamadas Circunscripciones Transitorias Especiales

de Paz, para los veedores “El mismo Congreso que refrendó la totalidad del Acuerdo de Paz, ahora

pretende modificarlo cuando siente que las medidas de apertura democrática en él contempladas

pueden afectar sus intereses inmediatos.” (CSIVI, 2017, p.1).


123

Por otro lado, el grupo desmovilizado lanzó el primero de septiembre de 2017 su partido

político, al que denominaron Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, el cual fue legalizado

el 31 de octubre del mismo año, con la presidencia de Rodrigo Londoño, lo que demuestra que se

han dado pasos en la creación de alternativas democráticas para que los guerrilleros tengan

representación política, tal como este punto del acuerdo lo buscaba.

Finalmente, el portal Verdad Abierta (2017), creado en alianza entre la Revista Semana y el

grupo Ideas de Paz, sostiene que la situación es un poco agridulce, dado que los acuerdos se han

ido implementando lentamente, tal como se expone en las Gráficas 1 y 2

Gráfica 1. Mecanismos democráticos de participación ciudadana.

Fuente: Portal Verdad Abierta (2017)

Gráfica 2. Garantías de seguridad para la reincorporación política.


124

Fuente: Portal Verdad Abierta (2017)

Estos porcentajes, representan un llamado a la veeduría de los países garantes y de la misma

Organización de las Naciones Unidas, en aras de garantizar el cumplimiento de lo pactado.

 Fin del Conflicto. Este punto, que vincula una gran participación por parte de las FARC-EP y

el Gobierno, supone el cese al fuego, la dejación de armas, la reincorporación de los

desmovilizados a la vida civil, así como la lucha en contra de los grupos ilegales que atentan contra

la vida de los defensores de derechos humanos, movimientos sociales, etc. Según lo expone la

ONG, Forjando Paz (2017) en cuanto a la normatividad implementada para el punto tres, hasta la

fecha se han establecido diez decretos, dos proyectos de ley, un proyecto de acto legislativo y un

acto legislativo, tendientes a facilitar la dejación de armas, la reincorporación y las garantías de

seguridad, dichos componentes jurídicos se encuentran en distintos niveles de avance, tal como se

presentan en la Tabla 1.

Tabla 1. Implementación normativa, fin del conflicto.


PROCESO DE DEJACIÓN DE ARMAS
Norma Estado
Decreto Ley 901 de 2017 Aprobada
Decreto Ley 900 de 2017 Vigente. En revisión Corte Constitucional
Decreto Ley 891 de 2017 Vigente. En revisión Corte Constitucional
Decreto Ley 671 de 2017 Vigente. En revisión Corte Constitucional
REINCORPORACIÓN POLÍTICA DE LAS FARC-EP
Proyecto de Ley 1830 de 2017 Aprobada
Proyecto de Acto Legislativo 005 de 2017 Aprobada
125

REINCORPORACIÓN SOCIOECONÓMICA DE LAS FARC-EP


Decreto Ley 2027 de diciembre de 2016 Aprobada
Decreto Ley 897 de 2017 Vigente. En revisión Corte Constitucional
Decreto Ley 831 de 2017 Vigente. En revisión Corte Constitucional
Decreto Ley 899 de 2017 Vigente. En revisión Corte Constitucional
GARANTÍAS DE SEGURIDAD
Decreto Ley 898 de 2017 Vigente. En revisión Corte Constitucional
Decreto Ley 154 de 2017 Aprobado
Proyecto de Ley 14 del 2017 17 en Cámara y 07 del 2017 Pendiente de Sanción Presidencia
en Senado
Acto Legislativo 04 de 2017 Pendiente el último Debate en Cámara
Fuente: Forjando Paz (2017).

En contraste con las buenas intenciones, legislaciones y entrega de armas y desmovilizaciones, la

situación de seguridad para los líderes sociales, no ha podido materializarse, pues tan solo entre el

primero de enero de 2016 y el 5 de julio de 2017, el defensor del pueblo denunciaba la muerte de

al menos 186 líderes en distintas partes del país (Caracol Radio, 2017). Así mismo, el portal

Verdad Abierta (2017), sostiene que existen contradicciones fuertes entre lo que el gobierno

impulsa en los acuerdos y lo que las fuerzas armadas ejecutan, tal como sucedió en la reciente

masacre de campesinos en Tumaco, ocurrida varios meses después de la dejación de armas. Así

pues, la situación en este punto se mueve entre la legislación y la entrega de armas hecha por parte

del Estado y la guerrilla, y la continuación de grupos armados, que no han sido aún enfrentados de

forma radical por los Organismos del Estado.

 Solución al Problema de las Drogas Ilícitas. Este punto del acuerdo, se basa en múltiples

factores, entre los que se encuentran:

Que muchas regiones y comunidades del país, especialmente aquellas en

condiciones de pobreza y abandono, se han visto afectadas directamente por el

cultivo, la producción y comercialización de drogas ilícitas, incidiendo en la

profundización de su marginalidad, de la inequidad, de la violencia en razón del


126

género y en su falta de desarrollo. Que la producción y comercialización de drogas

ilícitas y las economías criminales han tenido graves efectos sobre la población

colombiana, tanto en el campo como en la ciudad, afectando el goce y ejercicio de

sus derechos y libertades, y que las mujeres y jóvenes han sido afectados de forma

particular por estas economías criminales. (Alto Comisionado para la Paz, 2016, p.

88)

Con esos referentes, las negociaciones se basaron en el compromiso por parte del Gobierno

para establecer políticas y programas que permitieran intensificar la lucha contra la corrupción y

los males que las drogas ilícitas causan en la vida pública. En tanto la FARC-EP, se

comprometieron a poner fin a todas las relaciones que como organización rebelde habían

establecido con el narcotráfico. Tales compromisos, conllevan la sustitución de cultivos ilícitos, la

intervención integral frente al consumo de drogas ilícitas, y la solución al fenómeno de la

producción y comercialización de narcóticos, todos estos aspectos, de viejo arraigue en la sociedad

colombiana, suponen un reto para el gobierno.

Según se expone en el Boletín No 4 de emitido por la Alta Consejería para el Posconflicto,

Derechos Humanos y Seguridad (2017) esta parte del acuerdo se desarrolla hasta el momento de

la siguiente manera:

 Sustitución de cultivos: se desarrolla en tres etapas, las dos primeras ya se han

realizado, en lo que respecta a firma de acuerdos colectivos con las organizaciones

que representan a 85 mil familias cultivadoras y la socialización de dichos acuerdos

entre las familias.


127

 La tercera etapa, supone la inscripción de las familias, el inicio de la sustitución de

cultivos y al entera de beneficios económicos por parte del Gobierno. Esta etapa se

encuentra en desarrollo.

La información sobre dichos avances, se resume en la Imagen 1.

Imagen 1. Avances del Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos PNIS.

Fuente: Alta Consejería para el Posconflicto, Derechos Humanos y Seguridad (2017)

En relación a este punto, podría entonces afirmarse que hay un avance importante, siendo

tarea del Gobierno mantener los compromisos adquiridos a fin de que las comunidades no se vean

en la obligación de retornar a los cultivos, dado que la demanda de droga en los países

consumidores nunca se reduce.

 Acuerdo sobre las Víctimas del Conflicto. Este es quizás uno de los puntos más amplios del

acuerdo, pues supone el reconocimiento de las víctimas, el reconocimiento de responsabilidades,

la satisfacción de los derechos de las víctimas y su participación, así como el esclarecimiento de

la verdad, la reparación, garantías de protección y no repetición, junto al principio de

reconciliación. Para ello, se implementa el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No

Repetición, el cual parte del principio de:


128

Las víctimas como ciudadanos con derechos; del reconocimiento de que debe

existir verdad plena sobre lo ocurrido; del principio de reconocimiento de

responsabilidad por parte de todos quienes participaron de manera directa o

indirecta en el conflicto y se vieron involucrados de alguna manera en graves

violaciones a los derechos humanos y graves infracciones al Derecho Internacional

Humanitario; del principio de satisfacción de los derechos de las víctimas a la

verdad, la justicia, la reparación y la no repetición, sobre la premisa de no

intercambiar impunidades, teniendo en cuenta además los principios básicos de la

Jurisdicción Especial para la Paz, entre los que se contempla que “deberá repararse

el daño causado y restaurarse cuando sea posible”. (Alto Comisionado para la Paz,

2016, p. 88)

En cuanto a los avances que este punto ha tenido, tras un año de la firma del acuerdo, el

Boletín No 7, emitido por la ONG Forjando Paz (2017), expone las leyes que se exponen en la

Tabla 2. en aras de fundamentar legalmente el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y

No Repetición.

SISTEMA INTEGRAL DE VERDAD, JUSTICIA, REPARACIÓN Y NO REPETICIÓN


Norma Estado
Acto Legislativo 01 del 4 de abril de 2017 Vigente. En revisión Corte Constitucional
Decreto Ley 587 de 2017 Vigente. En revisión Corte Constitucional
Decreto Ley 706 de 2017 Vigente. En revisión Corte Constitucional
Decreto 775 de 2017 Vigente. En revisión Corte Constitucional
129

COMISIÓN PARA EL ESCLARECIMIENTO DE LA VERDAD, LA CONVIVENCIA Y


LA NO REPETICIÓN
Decreto Ley 588 de 2017 Vigente. En revisión Corte Constitucional
Proyecto de Acto Legislativo 005 de 2017 Aprobada
UNIDAD ESPECIAL PARA LA BÚSQUEDA DE PERSONAS DADAS POR
DESAPARECIDAS EN EL CONTEXTO Y EN RAZÓN DEL CONFLICTO ARMADO
Decreto Ley 589 de 2017 Vigente. En revisión Corte Constitucional
Decreto Ley 897 de 2017 Vigente. En revisión Corte Constitucional
Decreto Ley 831 de 2017 Vigente. En revisión Corte Constitucional
Decreto Ley 899 de 2017 Vigente. En revisión Corte Constitucional
JURISDICCIÓN ESPECIAL PARA LA PAZ JEP
Proyecto de Ley 1820 de 2016 Vigente. En revisión Corte Constitucional
Decreto Ley 1252 de 2017 Vigente. En revisión Corte Constitucional
Decreto Ley 277 de 2017 Vigente. En revisión Corte Constitucional
Decreto Ley 700 de 2017 Vigente. En revisión Corte Constitucional
Proyecto de Ley Estatutaria 013 de 2017 en Radicado en el Congreso el 1 de agosto
Cámara y 06 de 2017 en Senado
MEDIDAS DE REPARACIÓN INTEGRAL PARA LA CONSTRUCCIÓN DE PAZ
Decreto Ley 903 de 2017 Vigente. En revisión Corte Constitucional
Fuente: Forjando Paz (2017).

 Implementación, verificación y refrendación. En lo referente a la manera como se ha dado

la implementación de lo pactado, así como su verificación y refrendación, el Instituto Kroc de

Estudios Internacionales de Paz (2017), ha seguido mes a mes la implementación de lo acordado,

deduciendo que si bien la voluntad del Gobierno y las FARC-EP ha sido constante, las trabas

legales y algunos descuidos a la hora de alcanzar la paz, ha producido lentitud en los acuerdos, al

punto que aunque muchas se han iniciado, su avance no es el esperado; esta situación se puede

apreciar en la Gráfica 3, tomada del informe realizado por dicha entidad.

Gráfica 3. Resumen del Estado de Implementación Mensual.


130

Fuente: Instituto Kroc de Estudios Internacionales de Paz (2017).

Lo expuesto hasta este momento, da cuenta de un proceso de paz que, si bien cuenta con una

estructura bien pensada, se implanta a paso lento, situación que es apenas entendible en un país

que no solo tiene el problema del conflicto armado, sino también el narcotráfico, la corrupción, el

clientelismo, entre otros muchos males que se confabulan para limitar los alcances de este acuerdo.

7. CONCLUSIONES
131

La revisión teórica emprendida permite llegar a diversas conclusiones, entre las que destacan

la diferencia notable entre el proceso de negociaciones que el presidente Barco inició con el M-19

y el emprendido por Juan Manuel Santos con las FARC-EP. Desde luego, estas diferencias surgen

de los contextos tan diferentes en los cuales se dieron ambas negociaciones, no solo a nivel local,

sino a nivel internacional, pues a partir de eventos como los atentados a las Torres Gemelas en

Estados Unidos y en general el trato al terrorismo, las guerrillas empezaron a ser consideradas foco

de delincuencia y recibieron un trato diferente, lo que motivó a la Presidencia a negociar con

enfoques distintos a los que se presentaron más de tres décadas atrás. Sin embargo, en aras de

exponer de forma resumida las conclusiones obtenidas, se presentan a continuación las siguientes.

 Los procesos de paz, gestionados desde la negociación, han evidenciado la

transformación que requiere el conflicto, es decir, las mesas de negociaciones han abordado en

Colombia la necesidad de identificar y atender los elementos estructurales que a largo plazo han

permitido y continuado el conflicto. Durante el gobierno de Virgilio Barco, el Plan de Desarrollo

tuvo ese objetivo; el Gobierno de Juan Manuel Santos se concentró en planes de reintegración,

buscando motivar a los reinsertados para que estudiaran o presentaran propuestas de

emprendimiento. Estos componentes generan impacto económico entre los desmovilizados,

permitiéndoles reintegrarse a una vida cotidiana, dentro de una sociedad que podría parecerles

extraña luego de tantos años en combate.

 La incapacidad para derrotar militarmente a la guerrilla se hizo evidente, tanto en el

gobierno de Virgilio Barco como en el de Juan Manuel Santos. Ambos presidentes enfrentaron

antecedentes militares, para Barco fue el Estado de Sitio y el Estatuto de Seguridad que precedieron

su gobierno, caracterizándose por constantes violaciones a los Derechos Humanos; entre tanto, el

gobierno Santos tenía como antecedente la Seguridad Democrática, llevada a cabo durante ocho
132

años, que arrastraba consigo graves denuncias como los falsos positivos, frente a los cuales el

antiguo Ministro de Defensa, ahora presidente, se hizo el desentendido.

 La corrupción y la inestabilidad política, tanto en la época del M-19 como en la posterior

existencia de las FARC-EP, permitió que se siguieran sumando combatientes a las filas de ambas

guerrillas, de hecho, la lucha armada del M-19 se abre con el supuesto fraude a las elecciones de

1970, en tanto las FARC-EP se sostienen durante varias décadas denunciando la corrupción y la

falta de un gobierno que en realidad atendiera las necesidades de los campesinos y colombianos

más pobres; de allí el escepticismo de las guerrillas para sentarse a negociar.

 La negociación con el M-19 tuvo componentes distintos a la emprendida con las FARC-

EP, toda vez que este grupo desde sus inicios se presentó como una guerrilla de carácter urbano,

asociada a lo que se llamó guerrillas de segunda generación, de allí que la negociación fuera más

viable. La teoría revisada demuestra que este tipo de guerrilla presentaba una mayor disposición

al diálogo y sensibilidad democrática, junto a un respeto por la opinión pública. Por el contrario,

las FARC-EP, surgen en un contexto marcado por el comunismo y la ideología radical, situación

que les impidió ver el cambio mundial que se fue dando paulatinamente, en donde la ideología que

defendían quedó aislada; de igual manera, al ignorar la opinión pública perdieron el apoyo del

pueblo, al que pretendían defender.

 Los planes de desarrollo, particularmente para el campo, propuestos desde el gobierno de

Belisario Betancur, se mantuvieron con las variaciones del contexto, hasta llegar a Juan Manuel

Santos como una Política de Desarrollo Agrario, que fue incluida en la negociación, ante la

magnitud que alcanzó el narcotráfico, permeando todas las esferas de la sociedad. Las guerrillas

debieron admitir que gran parte de su financiación provenía del narcotráfico, de allí que la
133

negociación firmada en 2016 tuviera la ampliación de las drogas ilícitas como un punto necesario,

pues toda la sociedad colombiana ahora vivía de una forma u otra bajo la sombra del narcotráfico.

 Las amnistías definitivas fueron un punto en el que difirieron las negociaciones de Barco

y Santos, al igual que la negociación en medio del conflicto, pues mientras en 1989 se buscaba la

negociación desde el principio de cero enfrentamientos, en 2012 la negociación se dio con

eventuales ceses unilaterales, pero la constante fueron los ataques de uno y otro bando.

 Según lo expone Fisas (2010), es común que un proceso de paz se vea empañado por

diversos factores que obstaculizan su normal desarrollo, en el caso del proceso emprendido con

las FARC-EP, durante los gobiernos de Samper y Pastrana, los atentados y acciones militares de

la guerrilla fueron situaciones que marcaron la ruptura de las negociaciones, si bien estas se daban

de forma directa, entre negociadores de ambos bandos. No obstante, las acciones como secuestros,

asesinatos, atentados, entre otros colmaban la paciencia del Gobierno, al que no le convenía

mostrarse subyugado a una negociación infructífera. De allí que avances tan importantes como los

acuerdos del Caguán hayan terminado en fracasos rotundos.

 Elementos como la participación política para los desmovilizados, creación de

asociaciones comunales de campesinos, indígenas y trabajadores, reforma agraria, mejoramiento

de la calidad de vida y ataque a las fuerzas paramilitares, se fueron desarrollando desde varios años

atrás en la búsqueda de acuerdos de paz, incluso previamente a la desmovilización del M-19,

cuando Belisario Betancur inició acercamientos con las FARC-EP y los distintos grupos armados.

Así mismo, la movilización social en pro de las negociaciones representó un aspecto sustancial

para los gobiernos, que motivados por esto tomaron como propuesta presidencial las negociaciones

de paz; en aras de enfrentar no solo los grupos insurgentes, sino también el narcotráfico, como

dinamizador del conflicto.


134

 Las políticas de reconciliación y normalización iniciadas por Barco, sientan un precedente

en lo que se refiere a políticas económicas y sostenimiento de los diálogos, generando espacios y

mecanismos de participación para conocer las demandas de las comunidades, elementos que

también se evidenciaron en las negociaciones del gobierno Santos, esta vez con todo el apoyo de

la tecnología que posibilitó la participación de la sociedad civil, a través de la recepción de

propuestas sobre aspectos a tratar en la mesa de negociación, utilizando una plataforma que

permitió conocer percepciones y expectativas de la comunidad en general.

 A diferencia de las negociaciones de Virgilio Barco, que se fundamentaban en despeje de

zonas para la movilización guerrillera, el proceso en 2012 estuvo marcado por las negociaciones

fuera del país, lo que resultó muy oportuno, pues permitía a los negociadores estar al margen de

los enfrentamientos que se seguían dando en el territorio colombiano. Mientras las mesas de

negociación del M-19 se encontraban en el Capitolio, las de las FARC-EP estuvieron en Cuba,

lejanas a la intervención de la prensa y de la oposición.

 La creación de Consejeros para la Paz iniciados en el gobierno de Virgilio Barco, junto

con otras iniciativas como el Plan Nacional de Rehabilitación (PNR), la Comisión de Paz, la

Comisión de Negociación y Diálogo, la Comisión de Paz, Diálogo y Verificación, fueron

referentes importantes que sentaron un precedente para que la guerrilla sintiera la voluntad del

Estado, al tiempo que se generaron un historial que sería luego aprovechado por los gobiernos

posteriores en las negociaciones con las FARC-EP. De allí que sea posible afirmar que la

negociación del gobierno Santos contenga, de una forma u otra, todo ese pasado de aciertos y

desaciertos.

 Las distintas fases de los procesos de paz que llegaron a buen término, aunque giraron en

torno a Agendas distintas, en esencia buscaban lo mismo: reforma agraria, participación política,
135

amnistía para los combatientes, reconocimiento del carácter beligerante de los grupos armados,

como una respuesta a las desigualdades sociales, entre otros componentes que de distinta manera

continuaron en las negociaciones con las FARC-EP en el 2016.

 Las condiciones para la negociación que propone Fisas (2010), entre las que se encuentran

la voluntad del gobierno por llegar a un diálogo firme, fueron una constante en ambos gobiernos;

si bien como ministro de defensa Juan Manuel Santos arremetió contra la guerrilla siguiendo los

lineamientos de la Seguridad Democrática, como presidente su posición fue diferente, alentando

el diálogo y posibilitando las condiciones para que este se diera libremente, incluso ante la

oposición de otros partidos políticos y sectores de la sociedad, que no veían nada bien una

negociación en Cuba, país al que desde la revolución se le ve como cuna de bandidos, al menos en

la cosmovisión de la derecha colombiana.

 El concepto de mesa de trabajo, sobre el que se basó el proceso de Barco, tuvo sus

modificaciones en el proceso de 2012, en donde se habló de mesa de conversaciones, si bien los

términos son distintos ambos apuntaban al conjunto de diálogos en los que se discutirían agendas

que viabilizarían la firma de un acuerdo de paz y a partir de cambios estructurales. La negociación

con las FARC-EP llevó mucho más tiempo en comparación con la duración del M-19; sin embargo,

es pertinente poner en consideración que su permanencia en el conflicto armado fue mayor, así

como la distinción ideológica entre estos dos grupos con los que se ha configurado un acuerdo

para la finalización de la guerra.

 Los tribunales de justicia especial, que tanto desconcierto causaron y siguen causando en

los opositores del acuerdo firmado con las FARC-EP, ya se venían presentando desde la época de

Barco, cuando una de las mesas de negociación se encargaba de dar forma a la propuesta de la

creación de un Tribunal Especial, responsable de investigar y juzgar delitos políticos; en el caso


136

del proceso con las FARC-EP, se habla de una Justicia Transicional, la cual busca los mismos

fines que en su momento buscara la mesa de negociación. Es decir, el cambio de contexto lleva a

que las negociaciones se alimenten del pasado, pero se transformen según las nuevas reglas de

juego a las que se enfrentan los negociadores.

 Gobiernos como el del presidente César Gaviria tuvieron un impacto importante en la

desmovilización de grupos insurgentes, particularmente con la ayuda del camino que dejó

preparado su antecesor, pero también por plantear reformas constitucionales trascendentales, de la

mano de la Constitución de 1991, no obstante, esta fue una herramienta que no pudo seguirse

repitiendo, pero sus fundamentos también alimentan el proceso con las FARC-EP, en tanto se

propuso el cese al fuego, la acción contra grupos paramilitares, manejo de la soberanía nacional,

políticas para superar el conflicto y evitar su repetición, entre otros.

 La condición de que nada estuviera acordado hasta que todo se acordara, fue un agregado

novedoso para la negociación con las FARC-EP, superando de esta forma procesos anteriores que

fracasaban a pesar de los avances que ya se habían alcanzado, podría decirse que los reveses de

los que hablan los autores antes mencionados, no lograron empañar el proceso final, incluso ante

la refrendación que dio una desaprobación del pueblo a los acuerdos, motivando su revisión.

 La participación ciudadana, que se fue generando desde los procesos anteriores, tuvo un

cenit muy importante en el proceso con las FARC-EP, tanto en la página de internet que el acuerdo

tenia, como en su refrendación. Sin embargo, podría afirmarse que la sociedad colombiana estaba

polarizada entre quienes creían en la paz y quienes ya se habían hartado de los diálogos

interrumpidos y creían más en las acciones militares, como herencia de la Seguridad Democrática,

en apariencia efectiva para el sometimiento de la guerrilla.


137

 Aunque a la fecha de elaboración de este escrito los acuerdos con las FARC-EP, se iban

dando a paso lento, la esperanza del pueblo colombiano en general está puesta en el fin del

conflicto armado, lo cual permitirá enfocar la atención en otros problemas nacionales, como la

corrupción estatal, el desempleo, la desnutrición infantil, la educación, etc.

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