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Rodríguez, Víctor Hugo

FILOSOFÍA DEL DERECHO


BOLILLA 3: GNOSEOLOGÍA JURÍDICA

TEORÍA DEL CONOCIMIENTO


El saber en general
Ontología es la ciencia o filosofía de lo real, la palabra deriva del griego ontos, lo real, y logos,
teoría, significa por lo tanto, teoría de lo real y el objeto de estudio es “la realidad como tal”.
Gnoseología es la ciencia o filosofía del conocimiento, el cual, cuando es auténtico, es siempre
conocimiento de lo real, la palabra proviene de gnosis, conocimiento, y logos, teoría, de modo que
significa tanto como teoría del conocimiento, y su objeto de estudio, no es ya lo real, sino “la
captación” de lo real.
Las dos grandes cuestiones gnoseológicas son:
 una, la de saber “qué es el conocimiento”, o sea, su esencia y naturaleza, en esta
pregunta ya está implicada la del objeto y origen del conocimiento, puesto que el objeto está
en el origen y éste es la marca de la naturaleza (un naranjo es naranjo por su origen, un
concepto es tal porque se origina en una esencia).
 Otra, es la de saber “cómo es el conocimiento”, o sea, su método o modo de producirse,
pregunta en la cual queda implicada la del valor del conocimiento, pues si el método es el
adecuado, entonces el conocimiento tendrá valor, y no lo tendrá en caso contrario (un
método cuantitativo suministra números, pesos y medidas, nada mas; en cambio, el modo
prudencial de conocer suministra valores operativos).
La ontología o metafísica es forzosamente previa a la gnoseología, simplemente porque el ser es
previo al conocer. ¿Qué conocemos? Lo que es o lo que puede ser, pero siempre ser. El ser es
estudiado por la metafísica u ontología y el “conocer” lo es por la gnoseología.

Estructura del objeto y del sujeto


El conocimiento es un acto que relaciona a ciertos objetos conocidos con ciertos sujetos que los
conocen. Las relaciones derivan siempre de ciertas acciones y pasiones, por lo cual no es correcto
reducir el conocimiento a una relación únicamente, ante todo, el conocer es un acto o una sucesión
de actos, tanto de parte del objeto cono de parte del sujeto.
En ontología se denomina objeto, a todo lo que existe en sí o en otro. En cambio, en gnoseología
usamos la palabra objeto para significar todo lo que es conocido y en tanto que es conocido. Así el
punto que no es nada real, pues no tiene dimensiones, puede ser objeto de conocimiento cuando el
geómetra especula a su respecto. Pero, en principio, objeto en sentido propio y formal es lo real, o
sea, lo que existe en sí o en otro.
La estructura del objeto es la que nos dice cual es la estructura cognoscente del hombre. Así, como
las cosas tienen dos dimensiones, esto es, la material y la especial, entonces el hombre tiene, como
consecuencia, dos órganos para conocerla: con la sensibilidad descubre la materia, y con la
inteligencia pacta la esencia.

Dos órganos del sujeto


El sujeto tiene pues, dos órganos de conocimiento cuales son la sensibilidad y la inteligencia, que
colaboran mutuamente, aunque a veces operan por separado.
La sensibilidad está dotada con cinco sentidos y tiene como finalidad poner al intelecto en contacto
con la realidad. En general la sensibilidad es un intermediario entre lo real y la mente.
La sensibilidad está al comienzo del conocimiento, luego entra a funcionar la inteligencia; y cuando
la inteligencia tiene que regresar al mundo real, entonces se pone en juego nuevamente la
sensibilidad.
La inteligencia es como una facultad de lectura que nos permite leer lo que las cosas son. Unos
dicen que proviene del latín intus, dentro, y leggere, leer, o sea que significa “leer dentro”, dentro
de los seres en busca en busca de sus esencias y sus leyes. Otros prefieren otra etimología: inter,
entre, y leggere, leer, o sea que tendría el significado de leer entre, y se refiere al movimiento que

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efectúa el intelecto de una imagen a otra para seleccionar y perfilar mejor una esencia. En
cualquiera de ambos casos es una facultad de lectura que busca descubrir esencias y leyes a partir
de las imágenes obtenidas por la sensibilidad.

Comparación de ambos
La sensibilidad y la inteligencia tienen objetos, modos y campos distintos en orden al conocimiento
que les es propio.
En cuanto al objeto la sensibilidad toma contacto con las formas materiales de las cosas, que se
llaman, por eso, formas sensibles; tales formas materiales dejan impresa en la sensibilidad una
imagen o fantasma que es como un calco singular de la apariencia de la cosa. La inteligencia, a
partir de tal imagen o fantasma, sonsaca o abstrae la esencia y la ley contenida en ella (de la imagen
del pino que hay en mi jardín obtengo el concepto general de pino). Las formas esenciales se llaman
formas inteligibles por ser correlato del intelecto; dichas formas esenciales, por medio de las
imágenes, dejan en la inteligencia un concepto o idea que representa la esencia real, pero de un
modo abstracto y general. Las imágenes o impresiones son individuales, mientras que los conceptos
o ideas son generales.
En cuanto al modo de conocer la sensibilidad es siempre pasiva, es como un abrirse a las
apariencias materiales y esperar a ser impresionadas por ellas. Así, cuando la habitación está a
oscuras y nosotros tenemos los ojos abiertos, estamos dispuestos a conocer, pero no podemos
hacerlo por nosotros mismos, nuestros ojos no iluminan. Pero cuando se enciende una luz, entonces
las impresiones penetran nuestra retina, modifican el órgano sensorio y llegan al cerebro. La vista es
pasiva, mientras que la luz es el agente que provoca el conocimiento sensible. La inteligencia es
diferente, puesto que ella es luz por sí misma y es ella la que ilumina la esencia contenida en la
imagen originada en la impresión sensible (puedo recordar ese pino que está en mi jardín, pues me
ha impresionado y tengo su imagen). Sobre una imagen la inteligencia proyecta activamente su luz
intelectual y descubre la esencia general (como la esencia de pino o de conífera) que en ese
momento se convierte en idea o concepto (pino o conífera). Hasta aquí la inteligencia ha operado
como agente y por esto recibe el nombre de intelectus agens. Este mismo intelecto opera también
pasivamente y recibe el concepto o idea, y por esto se lo llama intelectus paciens, el cual queda
impresionado, para hablar análogamente, con la esencia. Es este intelecto pasivo el que conoce,
mientras que el activo provoca el conocimiento. En definitiva, no son dos intelectos sino uno sólo
que funciona de dos modos diferentes.
En lo que concierne al campo de observación, no nos referimos ahora al objeto, sino al ámbito que
abarca la sensibilidad y la inteligencia. La sensibilidad sólo puede conocer lo que está presente
ahora y aquí. Su acto de conocimiento está limitado a este lugar y a este momento. Algo que ya no
está presente o que todavía no se hizo presente, no lo puede ver ni tocar. En cambio la inteligencia
puede pensar en lo que ha sido, lo que es, y lo que será. Además la inteligencia puede llegar al
conocimiento de Dios por vía analógica, lo que no pueden hacer los sentidos.

Dos misiones de la inteligencia


La inteligencia tiene dos misiones diferentes según el tipo de objeto que procure conocer. En estas
dos misiones funciona tanto activa como pasivamente, en estrecha colaboración con la sensibilidad.
Una es la misión teórica y otra la misión práctica, por esto, se habla también de inteligencia o
conocimiento teórico, o bien de inteligencia o conocimiento práctico. Esta distinción proviene de la
realidad, es la realidad la que propone lo teórico o lo práctico. No se trata de dos intelectos
separados, el intelecto es uno y es el órgano mediante el cual el sujeto conoce, llamamos intelecto a
esa capacidad de conocer, nada más.

La inteligencia en la función teórica


Hay seres que existen y se desarrollan sin la intervención del hombre, como los animales y las
plantas; estos seres son objeto del conocimiento teórico. Teoría viene del griego theorein y significa
mirar. El hombre se limita a mirar lo que es. “Lo que es” es el objeto de la misión teórica de la

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inteligencia. En “lo que es” busca las esencias y las leyes del comportamiento que derivan de tales
esencias.
La misión última de la inteligencia teórica es lograr un cuadro general del saber humano que
reproduzca la realidad en todos sus aspectos; que lo logre es otra cosa, por esto se dice también que
la inteligencia es especulativa. La inteligencia no tiene un conocimiento directo o intuitivo de las
esencias y sus leyes, de modo que primero tienen que formarse imágenes de la sensibilidad y luego
ideas en la mente, las imágenes e ideas hacen de espejos y en ellas ve la inteligencia lo real. Si
consigue en todo o en parte ese cuadro general de la realidad, especula o refleja en todo o en parte.
Alcanzar un mapa inteligible de la realidad, una sistemática del saber, hace que la inteligencia tome
posesión de lo real y, en cierto modo, lo domine.

La inteligencia en la función práctica


Hay otros seres que sólo existen y se desarrollan mediante la intervención del hombre, en primer
lugar, el hombre mismo, en segundo lugar todo aquello que el hombre cultiva y produce. Este es el
orden de lo práctico, que viene del griego praxis y significa ejercicio. Aquí el hombre cumple una
doble tarea, por un lado debe encontrar “lo que puede ser” y descubrirlo de un modo semejante al
que se usa en su misión teórica; tiene que encontrar esencias y leyes en potencia, conforme a las
cuales obrar y fabricar; por otra parte, tiene que realizar eso que ha encontrado en potencia y
ponerlo en acto.
Aquí también la inteligencia conoce especulativamente, puesto que las potencias o posibilidades
operables se reflejan en los conceptos prácticos o practicables, como el de educación, justicia, etc.,
que pertenecen al orden ético, y todos los demás que son propios del orden técnico. Igualmente la
inteligencia busca conocer todo el cuadro general de posibilidades operativas, esto es, el universo de
lo práctico que se refleja en una “estructura sistemática”. Este mapa inteligible del mundo práctico
permite su dominio por la razón. Además, encontrar la ubicación correcta de las diversas figuras
operativas nos indica la norma que rige su puesta en obra.

Mecanismos de la acción práctica


La racionalidad del hombre tiene tres potestades o potencias activas: la inteligencia, la voluntad y la
emotividad. Cada una cumple ciertas funciones cuando el hombre se pone en movimiento con la
intención de realizar un acto o una obra.

Funciones de la inteligencia
La primera función de la inteligencia es descubrir los valores potenciales en el hombre cuando se
trata de actos éticos y las posibilidades latentes en las cosas cuando se trata de obras a producir. Así
la inteligencia obtiene, mediante abstracción, los conceptos prácticos o practicables.
La segunda función es convertir tales conceptos en juicios, siguiendo el modelo de la realidad
misma. Estos son juicios de un tipo especial, es decir, son juicios normativos o, simplemente,
normas, tales como las leyes, contratos, sentencias, etc.
Elaborados los juicios normativos el intelecto los articula en silogismos que también calificamos de
prácticos o normativos. Estos silogismos tienen como finalidad obtener nuevas normas o juicios
normativos por vía de demostración.

Funciones de la voluntad
La voluntad es la encargada de obrar. Por esto tiene una primera función, cual es la recibir y acatar
la norma que le envía la inteligencia. El hombre es personalmente libre, y tal libertad la ejerce la
voluntad en el momento de recibir la norma elaborada por la inteligencia. Como la voluntad es
libre, de hecho puede no acatar el dictamen de la razón, es libre de hecho, en cuanto al ejercicio,
pero no de derecho, pues lo normativo escapa a su competencia, ya que es elaborado por la
inteligencia.
La segunda función de la voluntad es la de decidir la realización de un fin luego de haber acatado el
dictamen normativo o de realizar algo diverso si no lo acata. Si hace lo que dice la razón, siguiendo

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el modelo de la realidad, entonces actúa razonablemente, pero si hace lo que se le da la gana actúa
arbitrariamente, es decir, conforme a ese arbitrio que tiene de hecho. Así es como una finalidad
llega al acto.

Función de la emotividad
La emotividad es una potestad pasiva a diferencia de las anteriores, que son activas y actuantes. La
emotividad o afectividad es aquella facultad que acusa la presencia de un valor de un vicio en el fin
propuesto por la inteligencia.
Debemos aclarar que la emotividad no conoce el valor de los fines. No es una facultad que conoce.
Ahora bien, es la inteligencia la que pone un valor en presencia de la afectividad y es la misma
inteligencia la que lo conoce como valor, luego viene la alegría o el horror de la emotividad. Si la
inteligencia no conoce la afectividad no resuena, así lo tiene dice el refrán popular: ojos que no ven,
corazón que no siente.

EL CONOCIMIENTO TEÓRICO
La abstracción de las esencias
De lo teórico a lo práctico
El conocimiento práctico comienza siendo teórico, de modo que todo lo que aquí decimos se aplica
luego a lo jurídico. En efecto, tanto en el orden teórico cuanto en el práctico tiene lugar la
extracción de esencias, en un caso para conocer aquello que tiene existencia sin el hombre y en el
otro para conocer lo que sólo llega a existir gracias al hombre, pero la estructura del acto
gnoseológico es la misma, lo que varía es el objeto a conocer y la finalidad que en un caso se
conoce por conocer y en el otro se conocer para obrar.

Considerar por separado


El proceso abstractivo es un proceso inductivo, es ascendente, va de lo particular y concreto a la
universal, es un proceso gnoseológico.
La abstracción es considerar por separado un cierto aspecto de la realidad que en dicha realidad no
es separable. La separación y consideración es puramente mental, se extrae una forma de la realidad
y se la estudia por separado sin estar separada efectivamente.
Muchos científicos han considerado por separado a las leyes físicas y han creído que son la última
realidad, sin percatarse que toda ley proviene de la esencia de un ente sustancial verdadero soporte
del comportamiento legal. Es decir, que han tomado a las leyes como si fueran un mundo en sí.

Parva (pequeña) historia de la abstracción


Hay abstracción cuando los datos son tomados de la realidad y no de la conciencia, lo cual dijimos,
es conocer lo que ya se conoce. Por lo tanto ha habido un uso inconsciente de la abstracción desde
el comienzo de la filosofía.

Dos Operaciones
En toda abstracción hay dos operaciones, por una parte se toma algo, un dato (se toma la esencia de
las cosas), y por otro lado se deja algo, otros datos (accidentes). Luego de Santo Tomás, la
abstracción se caracteriza en el plano de la conciencia, por que ella da lugar a dos conceptos, que no
se excluyen mutuamente: el concepto de lo que se retiene y de lo que se deja, no se excluyen por
que en la realidad están integrados en un solo ser.

Se extrae la forma. Dos abstracciones


Todos los seres están compuestos de materia y de varias formas o formalidades, entre las que
distinguimos las esenciales y las accidentales. Al abstraer, tomamos siempre alguna de estas formas,
y la consideramos por separado de la materia. Así, a primera vista, parece que abstraer es sacar una
cierta forma de una cierta materia.

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Ahora bien, al obtener cierta forma (como hombre), la conciencia puede prestar atención a su
compresión o bien a su extensión, es decir, puede preguntarse qué es tal formalidad en su esencia,
en este caso, tenemos la abstractio formae (abstracción formal), que toca la compresión del
concepto, o bien puede preguntarse a cuántos ejemplares se aplica, y en este caso tenemos la
abstractio totius (abstracción general), que toca la generalidad de dicho concepto. Así la abstracción
formal nos dirá que el hombre es un animal racional; y la general nos mostrará que tal concepto se
aplica a toda la humanidad. Al decir de Maritain, no son dos abstracciones, sino una misma que
enfoca objetos diversos debido a un cambio en la atención. La abstracción general es previa a la
formal, pues esta última es como una intensificación de la mirada intelectual.

Grados de la abstracción
Puesto el sujeto frente a un ser cualquiera, obtiene primero las diversas apariencias, luego el
intelecto saca las formalidades esenciales de tal ser que tiene diversos grados de generalidad, todos
estos grados son esencias, o mejor dicho son una sola esencial. Pero la mente puede abstraer tales
formalidades y separarlas, lo cual es una simple consideración mental. A partir del individuo se
obtiene primero su especie, luego el género de tal especie, después la categoría del género y
finalmente el universal que sobrepasa todas las categorías.
Ejemplo: Se va desde lo singular a lo universal, veamos:
 Este naranjo: individuo concreto que permanece en sí
 Citrus: especie
 Vegetal: género
 Cuerpo: categoría
 Ser: universal, es el primer principio más allá del cual no se puede ir
A medida que vamos generalizando, las nociones van perdiendo notas comprensivas hasta que al
general solo le queda el ser.
Citrus, vegetal, cuerpo, ser, son las formalidades de este naranjo que en la realidad son una sola
esencia, pero que no obsta a que hablemos de la esencia específica, la esencia genérica, la esencia
categorial y la esencia universal. Así obtenemos los grados de abstracción total. Si luego nos
preguntamos por la esencia obtendremos los grados de la abstracción formal. Al final, se forman en
nuestra inteligencia los conceptos de tales formalidades: concepto de citrus, etc. Estos conceptos
son cuatro, pero este naranjo es uno.

Análisis. Modo resolutorio. El ser


A partir de un existente real se saca la especie, con estos se ha dividido mentalmente a dicho ser y
se lo ha resuelto (o disuelto) en una especie relegando sus datos individuales, así este naranjo queda
dividido y resuelto en citrus. Luego se saca el género, lo que significa dividirlo y separarlo de la
especie de modo que queda resuelto en género (se divide vegetal de citrus y se resuelve en dicho
género). Lo mismo se realiza con la categoría, se divide vegetal de cuerpo y se resuelve vegetal en
cuerpo. Y por último, se divide cuerpo de ser y todo quedo resuelto en el ser universal. Los clásicos
decían que aquí la inteligencia procede por modo resolutorio. Los idealistas de todos los tiempos
han creído que esta gradación y resolución de todo en lo universal es lo real sin darse cuenta que es
puramente mental.
La abstracción del ser tiene una característica muy especial, puesto que no se lo puede dejar de lado;
tanto lo que se retiene cuanto lo que se deja es siempre ser, es decir, se lo puede abstraer, pero no se
puede hacer abstracción de él, en el sendito de dejarlo de lado.

La adición. Modo compositivo


La adición es la operación mental inversa a la abstracción. Efectuada ésta y divididos los diversos
conceptos, podemos reunirlos nuevamente hasta encontrar el ser concreto de donde fueron sacados.
En consecuencia, se reúne o compone el ser con la categoría, la categoría con el género, el género
con la especie y la especie con la imagen singular; en realidad la adición no llega al ser real, el cual

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ha permanecido siempre en si mismo. Aquí el espíritu procede uniendo y sumando, o sea, modo
compositivo.

La Judicación Teórica
Que refleja el juicio
La abstracción o inducción concluye en un concepto o idea por lo cual se llama también
conceptuación o ideación. Así obtenemos, por ejemplo, los conceptos de cuerpo, gravedad. Pero
estos conceptos no representan la realidad, hay un cierto factor que no está evocado en los
conceptos puros, ese factor es la pertenencia de una realidad secundaria a un sujeto de inherencia y
que está dado por la entidad de la unidad del ser concreto. Dicho de otro modo, lo que falta referirse
en el pensamiento es la existencia tal como está dada en la realidad, esto es, según sustancia y
atributo. A nivel mental lo que falta es hacer un juicio, juzgar, es decir, atribuir algo a un sujeto.
Para efectuar esta judicación es menester seguir el modelo de la realidad, pues de lo contrario no se
encontrará el verdadero y real sujeto de inherencia. Esta operación se efectúa mediante el juicio
enunciado, llamado así porque atribuye algo a un sujeto, porque enuncia algo de algo.
Siguiendo los ejemplos puestos, efectuamos el siguiente enunciado: “los cuerpos son graves”, la
gravedad no es un concepto independiente sino que se predica de los cuerpos, los cuales son
aquellos que se atraen entre sí, y la atracción es la llamada gravedad. Por tanto, el modo de predicar
responde al modo de ser, siendo la realidad primero.

En busca del sujeto real


Luego de elaborar el juicio, la representación de la realidad es completa. En realidad el acto de
conocimiento se perfecciona cuando podemos juzgar y judicar. Los conceptos no son nada más que
esencias que pueden o no existir. Pero en el juicio y mediante el verbo ser, se afirma la existencia.
Sólo en el juicio tenemos esencia y existencia juntas como en lo real.
En estas consideraciones hemos intentado destacar dos cosas que usaremos al hablar del
conocimiento práctico: una, la necesidad de localizar al sujeto de inherencia; otra, la función que
cumple el juicio, en especial, el verbo. De este modo evitamos derivar hacia una gnoseología
idealista.

El Razonamiento Teórico
Conversión del proceso
Hay juicios más generales que otros, los cuales captan una realidad más primitiva, más elemental y
más inevitable; por esta razón esos juicios son previos a los juicios menos generales. En este sentido
se dice que son principios o premisas o supuestos. El juicio más universal de todos es el primer
principio más allá del cual no se puede ir. En consecuencia, si hemos llegado a él, sólo nos queda
regresar hacia lo singular. Esto se hace mediante una conversión del proceso de conocimiento. Con
la abstracción y la judicación se ha ido de lo singular a lo universal y, ahora, con la deducción se va
de lo universal a lo singular; y de este modo se recompone lo singular, o bien se adelanta una
posibilidad de recomponer lo singular.
Ejemplo: nos atengamos a los siguientes juicios
 Pedro es un ser vivo (categorial o muy general)
 Pedro es un animal (genérico o general)
 Pedro es un hombre (específico o menos general)
 Pedro es un individuo (singular y sin ninguna generalidad)
El primer juicio, el más general, es el principio de la deducción. El concepto genérico de animal se
introduce dentro del concepto amplísimo de ser vivo y lo reduce en extensión. Luego se introduce el
concepto de hombre en el de animal y lo reduce más todavía. Finalmente el concepto de hombre se
contrae en Pedro y la reducción es total. Esta reducción se realiza mediante el silogismo, que
etimológicamente significa tanto como “proceder lógicamente” y viene del griego syn, con, y logos,
razón, proceder con razón.

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Silogismo. Modo compositivo


Para esto se pone un juicio amplio que se llama premisa mayor (el ser vivo es mortal), luego se
pone un juicio menos amplio que reduce la extensión del anterior y aumenta la comprensión (el
animal es un ser vivo) y ya estamos en condiciones de decir qué pasa con el animal, o sea, sacar la
conclusión con un último juicio (luego, el animal es mortal).
Así es posible encadenar varios razonamientos en un polisilogismo. Veamos:
El ser vivo es mortal (juicio categorial)
El animal es un ser vivo
Luego, el animal es mortal

El animal es mortal (juicio genérico)


El hombre es un animal
Luego, el hombre es mortal

El hombre es mortal (juicio específico)


Pedro es hombre
Luego, Pedro es mortal (juicio individual)

La demostración efectuada por el silogismo procede “modo compositivo” de un modo mucho más
perfecto que la adición, pues la adición sólo suma conceptos (que reflectan esencias), mientras la
deducción suma juicios (que reflejan esencias y existencias). Al decir que “Pedro es mortal” hemos
reunido y sumando en él lo propio del ser vivo, del ser animal, del ser hombre y de él en singular,
no a título de meros conceptos, sino a título de realidades existentivas.
En el momento del juicio individual los conceptos abstractos se contraen a un singular cuya imagen
posee la conciencia sensiente y, por medio de tal imagen, se introducen en lo real.

Conversión a la imagen
Cuando se ha llegado al tope de lo más universal se produce la conversión del proceso que regresa
hacia lo individual. Al final está la imagen, por lo cual los clásicos hablaban de una “conversión a la
imagen”, con el fin de penetrar la realidad concreta.
En proceso de composición se van reuniendo las formalidades distinguidas en el proceso de
resolución. Entonces, la idea vuelve a juntarse con la imagen de donde salió, que es la imagen
singular de un hombre concreto con todos sus detalles secundarios como la de Pedro, y ésta es la
conversión propiamente dicha.
Para efectuar el juicio individual, que es el último hacia abajo se requiere la colaboración de las
imágenes sensibles, la cooperación de la sensibilidad. Sólo así podemos decir algo de Pedro, Pedro
es mortal, sólo así podemos tocar y penetrar la realidad concreta. Luego, la sensibilidad desempeña
un papel importante como colaboradora de la inteligencia, tanto para la abstracción como para la
composición.

EL CONOCIMIENTO PRÁCTICO
El objeto practicable
Todo lo dicho se aplica al conocimiento práctico. Basta considerar el modo de ser del objeto
práctico y los cambios surgen por sí solos. En suma, sostenemos que el conocimiento práctico es
ante todo teórico, dejando a salvo las diferencias que hubiere.

Qué nos dice el objeto practicable


Ante todo nos informa que es una “potencia”, una realidad operable, por lo cual el concepto que os
formamos de él es que puede o debe o no debe ser realizado, y que esta realización u omisión
depende del hombre mismo, que es su tarea y su responsabilidad. Esta es la esencia de esa realidad,
y este es el aspecto que se hace concepto o idea practicable.

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También nos informa que es “algo que debe ser”, que está ahí en la naturaleza del hombre clamando
por su actualización, exigiéndola so pena de frustración. Este es el modo de existir del operable, no
es una existencia actual sino potencial, algo que exige existir. Este aspecto exigencial se hace juicio
y está representado en la carga ética que tiene el verbo “deber ser”. El juicio que se forma en
nosotros es un juicio práctico o practicable o normativo o, más simplemente, norma.
Pero el momento de la abstracción termina en el concepto. El juicio normativo viene después. En
consecuencia, la abstracción práctica no suministra únicamente las figuras jurídicas y nada más. Así
de la realidad del hombre obtenemos que tiene la posibilidad de intercambiar bienes mediante
compra y venta y que una vez efectuada la promesa tiene que cumplir con ella. La abstracción nos
suministra tan sólo los conceptos prácticos o figuras jurídicas de compraventa, promesa y
cumplimiento, nada más.
En el conocimiento teórica la inteligencia busca la verdad, y en el conocimiento práctico busca la
verdad y además el bien, que es la misma verdad en cuanto perfección del sujeto o la justicia, que es
la verdad en cuanto perfección del otro.

Dos operaciones
En la abstracción práctica lo que se toma siempre es una esencia secundaria. En realidad, al derecho
no le interesa formalmente el hombre, el cual es objeto de la antropología, pero como ésta es una
ciencia superior porque su objeto es más fundamental, entonces tenemos que conocer al hombre
para conocer el derecho. Así al derecho le interesan las posibilidades operativas del hombre y, al
conocer, toda éstas y deja todo lo demás. Si presta atención a esencias de un grado superior va
descartando las de grado inferior.

La forma práctica. Dos abstracciones


Esas esencias son formalidades secundarias pero reales del hombre, consiste en los roles que los
hombres asumen (gobernante, profesional, etc.) y en las figuras de derecho y deberes relativos a
tales roles (gobernar).
La abstracción general o total nos revela la extensión de la figura operable de que se trate, o sea, la
cantidad de casos a que se aplica. Esto de la cantidad apunta a que, aún cuando cierta figura, como
la de la anticresis, no se use, mientras que la hipoteca es más frecuente, lo que interesa es la
cantidad de casos que potencialmente abarca.
La abstracción formal profundiza en la esencia de la figura en su forma operativa y nos ofrece su
definición. Así, la anticresis es la garantía real (género próximo) por la cual el deudor pone en
posesión del acreedor un fundo rústico o urbano y lo autoriza a cobrarse los intereses y el capital de
los frutos que produzca dicho bien (diferencia específica). Esta es la esencia y su definición, que no
depende de la existencia efectiva y sólo indica la comprensión o connotación de la figura.
La comprensión formal de un concepto o figura es siempre anterior a su conceptuación extensiva.

Grados de abstracción
Hay tantos grados de abstracción cuantas sean las formalidades de distinto nivel y generalidad que
encontramos en el objeto real. Pero si no es necesario buscar y rebuscar, basta con las 4 antes
citadas: especie, género, categoría y universal; en nuestra ciencia se trata de la especie jurídica, etc.
Partamos de un caso particular y lleguemos al concepto más universal.
Derecho a la relación contractual de compraventa, según López de Zavalía caso
Derecho a la relación contractual de compraventa especie
Derecho a la relación contractual género
Derecho a la relación categoría
Derecho universal
Como se advierte, el universal es siempre derecho o, lo que es lo mismo, lo jurídico, o la justicia.

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Análisis ontológico. Modo resolutorio


En los ejemplos podemos comprobar que el saber práctico procede también de modo resolutorio, lo
mismo que el teórico. En efecto, el caso se resuelve en la especie o según la especie normativa,
dicha especie se disuelve o resuelve conforme al género normativo, dicho género se soluciona como
lo dispone la categoría normativa, y todos se subsumen en el universal que es lo jurídico.
El conocimiento práctico se efectúa según las leyes del análisis ontológico, dividiendo y
resolviendo. Se trata de una división mental que sigue la distinción real. Luego se produce la
resolución. Para hablar con los penalistas, digamos que el caso se subsume en el tipo legal (especie
jurídica) cuyas normas le son aplicables, por lo cual lo resuelve. Pero queda en claro que esta
subsunción es propia de todo el saber práctico y jurídico.

La pirámide jurídica mental


Desde el punto de vista de la connotación la base está arriba, o sea, en el caso que es el que más
notas tiene; por ello su comprensión es máxima mientras su extensión es mínima, pues sólo se
abarca a sí mismo.
Desde el punto de vista de la extensión de la figura la base más amplia corresponde a la noción de
derecho por ser universal y el vértice hay que ubicarlo a nivel del caso por ser singular.
Es sabido que Kelsen formuló su pirámide jurídica teniendo en cuenta la cantidad de normas de
diverso nivel; así, la constitución es una pero las sentencias son millones. Cossio advirtió que la
pirámide se puede formular tanto en orden a la extensión cuanto a la connotación de los conceptos
jurídicos.

Judicación Normativa
Hasta aquí se ha analizado el proceso de conocimiento práctico que parte de los proyectos concretos
y concluye en conceptos generales de esos proyectos, este es el proceso de conceptuación o
abstracción. Ahora examinaremos el proceso inverso que parte de los conceptos generales, se
transforma en juicio y termina en deducción hasta elaborar la norma singular que dirige un caso
singular de conducta. Los conceptos jurídicos no son normas por ello es menester la elaboración de
juicios normativos que reciben diversos nombres, tales como reglas, cánones, leyes, y el conjunto
suele denominarse legislación, derecho objetivo, ordenamiento jurídico.
Hasta aquí la inteligencia ha quedado impresionada con ciertas esencias secundarias operables, pero
ahora es necesario que la misma inteligencia dirija la acción (en cuyo caso recibe el nombre de
“recta razón”) a fin de indicar el recto camino hacia la operación. Si el proceso anterior pertenece a
la gnoseología, el que vamos a ver es propio de la lógica.
El saber práctico, en este caso, el jurídico, tiene como finalidad el conocer para obrar, de modo que
tiene que suministrar las normas que anticipan esa finalidad en la intención que proponen los
medios adecuados para la finalidad de que se trate. Las normas establecen el sendito o dirección del
obrar y, además, su medida. El sentido y la medida proceden siempre del valor real a operar del fin.

El concepto de derecho y justicia


Felice Bataglia dice que en vano se afanan los juristas para conseguir un concepto definitivo de
derecho… su investigación jamás agotará la juridicidad.
Hay dos modos de captar una esencia mediante un concepto. Uno en el cual la inteligencia abarca
dicha esencia y le pone límites mediante una definición; así definimos al hombre como animal
racional y a la hipoteca como una garantía real inmueble; estos casos redondeamos y
comprendemos al concepto. Pero cuando se trata de esencias universales máximas, como la de ser,
la de bien, la justicia (que es el bien del otro), el espíritu no puede abarcarlas ni comprenderlas; al
revés, tales realidades rodean el espíritu, entonces, los conocemos por “inmersión”, porque estamos
metidos dentro del ser y el bien, y así nos formamos una idea no específica, sino universal con
conciencia de tal extensión.
Todo lo que es, es bueno en la medida en que es; lo malo es la nada, la ausencia, la carencia de un
bien del cual estamos privados; es decir, el mal no es algo, no es ser. Si la justicia es ese bien pero

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en cuanto es debido a otro, tenemos que la justicia es también ser y que la injusticia es la ausencia
de justicia, la privación de lo suyo de cada uno. En conclusión, ninguno de tales conceptos es
pasible de definición lógica; los conocemos por inmersión, porque hemos penetrado el mundo del
ser sin abarcarlo. Pero no hay dudas que así, por inmersión, tenemos el concepto del ser, del bien y
de los justo.

Conversión del proceso. Tipos de normas


El proceso resolutorio o abstractivo se convierte ahora en un proceso compositivo o deductivo; para
esto es menester elaborar normas. Una norma es un juicio práctico compuesto de un sujeto, un
verbo y predicado. Así tenemos los conceptos de soldado y de valentía, para elaborar un juicio
normativo debemos pensar que “el soldado debe ser valiente”, ésta es una norma. Mediante el
concepto nos alejamos de la realidad, pero en virtud del juicio práctico volvemos a apuntar hacia lo
real indicando una cierta conducta que tiene que ser actuada.
Ese procese de abstracción que se eleva y aleja de la realidad es mental y lo mismo el proceso
normativo, que partiendo de la norma más universal llega a la más singular. Por su puesto que el
proceso mental es la representación en abstracto del proceso real en concreto.
Todo juicio tiene una forma y una materia. El material que un juicio usa, son los conceptos del
sujeto y del predicado, mientras no hay juicio, tales conceptos están aislados y carecen de
articulación mental. Es necesario reunirlos mediante un verbo, que da al conjunto la forma esencial
de un juicio, el verbo es la forma judicativa. En el orden teórico ese verbo es el ser, y en el orden
práctico tales verbos son puede ser (permisión), debe ser (obligación), no debe ser (prohibición).
Lo que constituye el ser y la unidad de la proposición es la cópula (verbo), sin ella se tienen
materiales dispersos, no un organismo indivisible. Digamos, por tanto, que la proposición tiene por
forma la cópula, y por materia los términos. Si cambiamos el tipo de verbo cambiamos el tipo de
juicio.
Dentro de las normas éticas deben distinguirse tres tipos según el verbo con que construyamos la
proposición canónica:
 Norma permisiva: lo que es justo puede ser realizado
 Norma imperativa: lo que es justo, debe ser realizado
 Norma prohibitiva: lo que injusto no debe ser realizado. El “no puede ser” no es un verbo
ético, puesto que refleja, no una imposibilidad de este orden, sino una imposibilidad física.
En síntesis, el proceso normativo es el proceso inverso a la abstracción, parte de conceptos
generales, se transforma en juicio y termina en deducciones hasta elaborar la norma singular.

El Primer Principio
El deber ser como principio
El primer principio del orden ético es el “deber ser”, si hay algo que deba ser realizado hay una
tarea práctica por delante, pero si hay algo que se realiza por sí solo, entonces estamos ante un
fenómeno teórico. Luego, el deber ser abre toda la perspectiva del mundo ético, y por tanto, es su
principio rector. Por supuesto que el deber ser se reduce a un modo del “ser”, de modo que éste es
siempre el primer principio absolutamente hablando. Pero el “ser” adopta la forma del “deber ser”
para constituirse en principio del orden ético.

Formulación del primer principio


El primer principio tiene que ser formulado con un juicio normativo, como el más universal de
todos. Lo mismo ocurre en el orden teórico y en relación al primer juicio enunciativo. El primer
juicio, el más simple y universal, debe depender de la primera idea, debe tener por sujeto al ser y
por predicado a lo que concierne primeramente al ser; este principio se formula así: lo que es, es. En
el orden práctico ocurre algo análogo, el primer juicio normativo debe depender del primer
principio, del deber ser y como predicado al deber ser. Por esto el primer principio se formula así: lo
que debe ser, debe ser, que es la identidad convertida en identificación.

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Rodríguez, Víctor Hugo

Análisis de su fórmula
En primer lugar decimos que hay “algo” que “debe ser”, algo que está en potencia en nuestra
naturaleza, y son los proyectos operables o facultades de obrar, también los hemos llamado roles y
figuras. Designamos a estas esencias jurídicas con la primera parte de la fórmula “lo que debe ser”
(la valentía del soldado, la justicia del juez). Con esto no hacemos sino designar un proyecto
posible. Dice relación a una esencia.
En segundo lugar, agregamos imperativamente una segunda parte que tiene toda la carga ética de la
exigencia del primer principio nacido de la naturaleza humana. Tal es la segunda parte de la norma
“debe ser”, la cual apunta a la existencia, mejor dicho es una exigencia de que ese algo sea puesto
en la existencia, sea realizado. Dice relación a la existencia.
No hay tautología, la primera parte se refiere a una esencia valiosa y la segunda a la exigencia de
existencia que hay en ella misma.

Caracteres y funciones del principio


Fundamento de la demostración
El primer principio es evidente de por sí, evidente es lo que se hace ver con toda claridad; nada más
evidente que los principios universales. Nadie puede dudar de que “lo que debe ser, debe ser
realizado”. Por ser el primero este juicio es fundamento de toda demostración. Es decir, que a partir
de él se pueden mostrar otras normas inferiores. Ahora bien, esta función de ser fundamental de
toda demostración es común tanto al principio teórico cuando al principio práctico, porque en
ambos casos hay conocimiento teórico ante todo, el cual procede deductivamente en esta etapa.

Fundamento de validez
El principio fundamental no refleja el ser sino el “deber ser”, ante el cual no podemos quedar
indiferentes. Este principio no sólo comunica racionalidad mediante la demostración, sino que
también proporciona vigencia a las normas inferiores de la pirámide.
Por ser la primera y más universal de las normas carece de fundamento previo en el orden lógico.
Es una norma que no proviene de una deducción anterior que le suministre una base, no es una
conclusión silogística, no se funda en una demostración, por esto dijimos que era evidente de por sí,
ahora agregamos que es “vigente de por sí”, lo que equivale a decir que es infundada.

Fundamento real del principio


El vigor ético del principio se funda, ante todo, en la onticidad del hombre, pues en ella está escrito
“lo que debe ser, debe ser”, de lo contrario no sabríamos qué cosa debe ser y por qué debe ser. Esta
fórmula lógica es la expresión formal a nivel del pensamiento de esa exigencia real. Tanto el
principio de identidad teórico cuanto el de identificación práctico son ante todo principios reales y
ónticos. De la realidad toman toda su fuerza demostrativa ambos y de la realidad humana saca todo
su vigor ético el segundo.
Ontológicamente el principio de identidad dice que “todo ser es igual a sí mismo”; pero Parménides
lo enuncia como “lo que es, es”; no es un invento de la mente sino una evidencia real. El principio
de identificación ónticamente se enuncia como “todo ser humano debe llegar a ser igual a sí
mismo”, esto es, tal como está proyectado en su esencia; remedando la fórmula parmenídea
decimos que “lo que debe ser, debe ser” a nivel lógico.
Este principio de identificación asume la esencia del hombre con toda la carga axiológica que
posee. Por esto la validez ética no puede ser limitada a fuerza demostrativa, sino que también hay
que incluir en ella el vigor imperativo. La lógica formal, sin dejar de ser formal en su estructura,
recoge valores prácticos y, por esto, se habla de una lógica del deber ser que no es distinta de la
lógica del ser, mudando lo que haya que mudar, que es el modo del verbo.

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Rodríguez, Víctor Hugo

El Razonamiento Normativo
Diversos modos de enunciar el principio
Aquello que puede ser o que deber ser es siempre y en todo caso “lo justo y lo recto”. Son términos
equivalentes. De aquí que para poner ejemplos de polisilogismos jurídicos resulta más fácil usar las
fórmulas: “lo que es justo, puede ser” o “lo que es justo, debe ser” o “lo que es injusto, no debe
ser”. Veamos el siguiente ejemplo:
Universal Lo que es justo puede ser realizado
La relación jurídica es justa
Categoría Luego, la relación jurídica puede ser realizada

La relación jurídica puede ser realizada


El contrato es una relación jurídica
Género Luego, el contrato puede ser realizado

El contrato puede ser realizado


La compraventa es un tipo de contrato
Especie Luego, la compraventa puede ser realizada

La compraventa puede ser realizada


Este proyecto es una compraventa
Singular Luego, este proyecto puede ser realizado

Silogismos y Polisilogismos
Es visible que estos razonamientos tienen la estructura de una demostración o deducción silogística;
en cada caso hay cuatro silogismos en cadena que forman un polisilogismo. Para lograr la sinopsis o
visión de conjunto hemos reducido los juicios al mínimo imprescindible de palabras. Para ir de o
universal a lo más singular y para que ese movimiento no sea un pasar de una idea a otra menor,
sino que pueda concluir en la realidad misma, es necesario usar los juicios articulados en
silogismos, porque únicamente el juicio apunta a la existencia.
El saber normativo se escalona en grados desde el más universal hasta el más singular. Estos grados
sólo son separables mentalmente, pues en la realidad la esencia del hombre es una sola. Los grados
están marcados por las conclusiones en cada uno de los silogismos, menos el universal, que no
procede de un razonamiento anterior. La pirámide jurídica es una pirámide intelectual que sólo se
estructura como pirámide en la mente del hombre, pues los grados provienen de la división
provocada por la abstracción al distinguir la especie, el género, la categoría y el universal. Ahora la
misma inteligencia tiene que reunir lo que había separado y lo hace del modo indicado. Primero la
inducción y ahora la deducción.

Los dos polos del saber jurídico


Ellos son el principio y el caso. Siempre que tengamos un principio y varios casos el saber jurídico
puede ser elaborado y el derecho objetivo puede ser reconstruido totalmente. Por esto es que en la
historia del derecho aparece el casuismo y la jurisprudencia de los casos como el origen del saber.
No porque no haya habido un principio de justicia, sino porque hay que esperar que los casos se
produzcan para comenzar a razonar, ya que razonar es aplicar lo general a lo particular.
De aquí que el saber jurídico esté controlado por el principio pero orientado por el caso. En efecto, a
partir del primer principio es posible derivar en muchas direcciones y son los casos los que dirigen,
puesto que se descenderá por aquellas categorías, géneros y especies que hayan sido abstraídas de
tales y cuales casos.

Encadenamiento lógico
También es visible en el ejemplo el encadenamiento lógico entre los silogismos. Así la conclusión
de uno sirve de premisa mayor a los que les siguen. Este encadenamiento sólo es posible si entre los

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Rodríguez, Víctor Hugo

diversos grados hay cierta identidad formal y cierta diversidad esencial. Vemos que el universal, la
categoría, el género, la especie y el caso, todos son “algo jurídico”, y más concretamente, es una
permisión. Aquí la identidad formal es como la columna vertebral del polisilogismo. Pero también
hay cierta diversidad esencial. De aquí que en todo silogismo operen dos principios lógicos: el de
identidad y el de inclusión.
El principio de identidad funciona ahora dentro del silogismo mismo, lo cual permite pasar de un
juicio a otro, de las premisas a la conclusión. Así, en el ejemplo hay cierta identidad entre sus tres
términos: lo justo, la relación, la realización. Hay como una conformidad entre los tres que
constituye una verdadera identidad de fondo.
En todo silogismo hay tres términos: el término máximo, el término medio y el término mínimo. Es
muy fácil saber cual es el término medio: es el que no aparece en la conclusión, pues ha servido de
puente entre el máximo y el mínimo, es decir, es el conductor de la identidad. Así:
 La obra poética debe ser respetada Término máximo: es el tener que respetar
 El drama es obra poética Término medio: es la obra poética
 Luego, el drama debe ser respetado Término mínimo: es el drama
Nótese que el término medio cumplida su función de conexión desaparece en la conclusión.
El principio de inclusión se deriva de la generalización provocada por la abstracción. El silogismo
sólo es posible si vincula nociones con diversos grados de generalidad, de modo que las más
amplias abarquen a las menos extensas y, a la inversa, que las menores puedan incluirse en las
mayores. Así, lo jurídico es más extenso que compraventa, de modo que ésta queda incluida dentro
de aquella noción. Pero la compraventa no podría ser incluida dentro de la vida biológica porque no
está en su línea de abstracción, aunque esta noción sea más amplia. Por esto decimos que la
inclusión deriva de la abstracción, lo jurídico se abstrae de compraventa, pero la vida biológica no.
Estos dos principios hacen posible la gradación del saber: la ordenación a un fin práctico puede por
su parte afectar el conocimiento en muy diversos grados.

La demostración práctica
Análisis del silogismo
El silogismo se compone de tres juicios. Los dos primeros se denominan premisas, principios o
supuestos, y de ellos se infiere un tercero llamado conclusión o resolución. Cada uno tiene su
personalidad propia.

La premisa mayor
Toda mayor es principio de demostración y principio de vigor imperativo. Por esta razón se
construye usando el verbo “debe ser”. Además, delimita el campo dentro del cual funciona la
identidad que recorre todo el polisilogismo y en su extensión acoge toda otra menor. Sea la
siguiente premisa mayor: “Toda garantía puede ser ejecutada si no se paga lo debido”.
Obsérvese que se trata de un juicio normativo que usa el verbo “puede ser”. La mayor es el respaldo
teórico y práctico del razonamiento jurídico. Si ponemos la mayor enunciada arriba, la conclusión
tendrá sentido y vigencia a condición de poner una menor que mantenga cierta identidad formal y se
incluya en la extensión de dicha mayor.

Premisa menor
La premisa menor tiene como función reducir el campo de aplicación de la mayor. La menor no
agrega ni fuerza demostrativa ni vigor ético. Por esta razón se construye con el verbo “ser”, pues
está indicando simplemente una especie dentro del género de la mayor, con la cual mantiene cierta
identidad y en la cual se incluye. Dada esta identidad y esta inclusión, toda la fuerza teórica y
práctica de la mayor se descarga por medio de la menor, otorgando el respaldo necesario a la
especie enunciada en ésta. Por tal razón no es un juicio normativo sino enunciativo que se limita a
decir algo de algo sin imperar nada. Sea la siguiente menor: “La hipoteca es una garantía”.
Esta menor es un juicio que enuncia o dice que la hipoteca es una especie de menor extensión
conceptual que se incluye dentro del género, la hipoteca en la garantía, y todo lo que se diga del

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Rodríguez, Víctor Hugo

género se ha de decir de la especie, más lo propio de la especie. La identidad formal radica en que,
la especie se asimila al género, se subsume, se resuelve en él. La mayor pone el ámbito para la
identidad y la inclusión, la menor ejerce tal identidad y tal inclusión.
La premisa mayor está tomada de un silogismo anterior, como ya mostramos en el encadenamiento
lógico. Pero la menor no proviene de una deducción, surge de la realidad. Es la realidad la que nos
dicta las figuras que de ella extraemos, la que nos dice que si tengo un fundo puede ofrecerlo en
garantía. De este modo el razonamiento no se produce en el vacío, sino que va mordiendo la
realidad de un proceso de individualizaciones sucesivas hasta llegar a la norma singular. La última
premisa menor es ya un juicio enunciativo singular que incorpora al razonamiento todos los datos
individuales de un caso.

La conclusión
La conclusión no aporta nada, surge automáticamente de las premisas anteriores. A lo sumo pone en
claro la combinación que han efectuado la mayor y la menor. Por esto la conclusión es un juicio
normativo, lo que le viene de la mayor, pero limitado por una especie, lo que le viene de la menor.
Conociendo ambas, aplicando la primera a la segunda, efectuamos lo que se denomina
estrictamente un razonamiento. “Nadie puede aplicar convenientemente una cosa a otra si no
conoce ambas, esto es, lo debe ser aplicado a aquello que debe aplicarse”, dice Sto. Tomás.
 Toda garantía puede ser ejecutada si no se paga lo debido
 La hipoteca es una garantía
 Luego, la hipoteca puede ser ejecutada si no se paga lo debido
La conclusión última es el juicio normativo singular (esta hipoteca puede ser ejecutada si no se paga
lo debido). No es la acción misma, sino la norma que deja listo el razonamiento para que la
voluntad opere y ponga en obra lo resuelto a nivel concreto. “las operaciones existen en los
singulares”, dice Sto. Tomás, o sea, en el acto de comportamiento de un ser individual. La norma
singular sólo es singular en la medida en que un pensamiento puede llegar a serlo, o sea, no del
todo.

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