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El consolador

Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no


hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber
las cosas que habrán de venir. Juan 16:13.

¿Cómo podremos permanecer fieles si en el día de la prueba no entendemos las


palabras de Cristo? El dijo: “Os he dicho estas cosas estando con vosotros.
Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os
enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”. Juan 14:25, 26.
Es el Espíritu Santo quien nos recuerda las palabras de Cristo. En su último
discurso, el tema que escogió para presentar ante sus discípulos fue el ministerio
del Espíritu Santo. Abrió frente a ellos una gama muy amplia de verdades. Debían
recibir sus palabras por fe, y el Consolador les haría recordar todas las cosas.

El consuelo que Cristo les impartió mediante esta promesa tiene su fundamento en
que la divina influencia estaría con sus seguidores hasta el fin. Pero su
ofrecimiento no es aceptado ni creído por la gente en nuestros días, y la iglesia
tampoco lo aprecia ni espera su cumplimiento. La promesa del don del Espíritu de
Dios se considera como un asunto de poca importancia para ella. No ha dejado sus
huellas en los feligreses y, en consecuencia, los resultados no pueden ser
diferentes: sequía espiritual, oscuridad espiritual, decadencia y, por ende, muerte
espiritual. Asuntos triviales ocupan la mente de los creyentes. Sin embargo, la
posesión de este poder divino—necesario para el crecimiento y la prosperidad de
la iglesia—, traería todas las otras bendiciones de las cuales carece, y que se nos
promete en su infinita plenitud. Mientras la iglesia se conforme con asuntos de
poca importancia, continuará descalificándose para recibir los dones mayores que
Dios ofrece. ¿Por qué será que no tenemos hambre y sed de recibir este regalo del
Espíritu Santo, siendo éste una virtud que puede mantener puro el corazón? En los
designios del Señor, el poder divino debe cooperar con el esfuerzo humano.

Es fundamental que el creyente comprenda el significado de la promesa del


Espíritu Santo antes que Jesús venga por segunda vez. Hablen acerca de esto, oren
por él, prediquen acerca de él; porque el Señor está más deseoso de conceder el
Espíritu Santo que los padres a dar buenas dádivas a sus hijos. “Porque de tal
manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel
que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Juan 3:16.—The Review and
Herald, 15 de noviembre de 1892.

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