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Actividad N° 3: Globalización y coronavirus

Alumnos los invito a leer esta nota periodista y reflexionar sobre “La globalización y coronavirus”

La pandemia de coronavirus es hija de la globalización: ¿será su salvadora o su sepulturera?


Por Darío Mizrahi. 12 de abril de 2020. Infobae.

La velocidad y la manera en la que el SARS-CoV-2 se propagó por todos los rincones del planeta son características de
la era de mayor interconexión mundial en la historia de la humanidad. La salida de la crisis sanitaria podría llevar a una
mayor cooperación, pero también a que muchos países decidan aislarse

China anunció al mundo el 7 de enero que había identificado un nuevo tipo de coronavirus, que luego sería
denominado SARS-CoV-2. A fines de diciembre habían aparecido en la prensa occidental los reportes provenientes de
Wuhan, que describían una extraña enfermedad infecciosa —bautizada Covid-19 más tarde—, pero sin precisar su
origen.
Una semana más tarde, el virus ya estaba circulando por Asia, con Tailandia y Japón como los primeros países que
denunciaron casos. Otra semana más fue suficiente para que penetrara en el continente americano: el estado de
Washington, en el noroeste de Estados Unidos, informó el 21 de enero que había recibido a un infectado.
Tres días después, el coronavirus arribó a Europa. Francia fue su primer destino, aunque no tardaría en arrasar con
España e Italia. El 14 de febrero, Egipto se convirtió en el primer país africano en tener un paciente con síntomas.
Finalmente, el 26 de febrero, a solo 50 días de que se supiera de su existencia, el SARS-CoV-2 llegó a América Latina,
la única región del planeta —a excepción de la Antártida— que no tenía casos. La puerta de entrada fue Brasil, que es
hoy el más afectado de Iberoamérica.
Nunca antes en la historia de la humanidad una plaga se había propagado en todo el mundo en tan poco tiempo.
Ahora, a menos de 100 días del descubrimiento del virus, más de 1.700.000 personas lo contrajeron y más de 100.000
murieron como consecuencia, y solo 16 países se declaran vírgenes. Algunos son islas perdidas en el Pacífico, que están
bastante aisladas del resto del mundo. Otros, como Corea del Norte, difícilmente estén diciendo la verdad.
Esta pandemia, reconocida como tal por la Organización Mundial de la Salud el 11 de marzo, es un producto de la
globalización. Sin los flujos inéditos de personas, mercancías e información que caracterizan a esta era, sería imposible
un brote de estas proporciones.
“Creo que el rasgo más distintivo de esta pandemia es que la conexión digital la convierte en una experiencia
compartida en tiempo real. Tengo la impresión de que la epidemia de gripe española de hace un siglo afectó a muchas
partes del mundo simultáneamente, pero que esta conciencia vino después del hecho. Lo concreto de este tipo de
experiencia globalizada es también diferenciadora. Sabemos de amigos, vecinos y famosos que son víctimas del virus, y
podemos sentir espasmos de empatía”, dijo a Infobae Richard A. Falk, profesor emérito de derecho internacional de la
Universidad de Princeton.
La incógnita que se abre hacia adelante es si las secuelas de la crisis sanitaria, y de la crisis económica inducida para
acotarla, van a llevar a una mayor cooperación internacional o, por el contrario, a un mundo más cerrado y menos
cooperativo. Ambas son respuestas posibles para evitar que vuelva a producirse un brote como este en el futuro. Las
consecuencias de seguir uno u otro camino serán dramáticamente diferentes. “Mi corazonada es que habrá un gran
esfuerzo para crear sistemas locales de salud pública más fuertes, pero, al mismo tiempo, un monitoreo mundial más
robusto de los brotes, con intercambio de información y un sistema de gobernanza de la salud mundial. Sin embargo,
estas predicciones pueden resultar totalmente erróneas si los gobiernos no logran restablecer la economía globalizada,
y la probabilidad de que fracasen aumenta cuanto más tiempo estemos sin una vacuna o sin una forma fiable de llevar
el curso de la enfermedad”, sostuvo Craig N. Murphy, profesor de ciencia política especializado en estudios sobre la
globalización del Wellesley College, en diálogo con Infobae.
¿Hacia un mundo más abierto?

La pandemia permitió comprobar algunas de las dimensiones más ricas de la globalización. Si los países no compartieran
información de la manera en que lo hacen, la gran mayoría habría tenido muchas más dificultades para lidiar con el
brote.
Es cierto que China tiene una enorme responsabilidad en la propagación inicial del virus. Para evitar la mala publicidad,
tardó semanas en comunicarles a su población y a la comunidad internacional la aparición de una nueva enfermedad.
Pero luego se comprometió con la respuesta […]
“Hemos tenido sistemas de cooperación internacional para hacer frente a las pandemias desde la primera conferencia
sanitaria internacional, en 1851 — continuó Murphy—. Seguimos mejorando este régimen de salud pública mundial a
medida que las redes de transporte se hicieron más rápidas y densas. Ciertamente ha tenido algunos fallos, pero ha
funcionado lo suficientemente bien como para que la globalización económica apenas se haya ralentizado, al menos a
mediano plazo. No creo que las cosas sean diferentes estas veces”.
Muchos gobiernos pudieron ver día a día qué funcionaba en las naciones que recibieron el impacto antes y,
eventualmente, copiarlo. Un ejemplo son las cabinas implementadas por Corea del Sur para hacerles pruebas de
coronavirus a las personas desde sus autos. En poco tiempo, decenas de países reprodujeron el mismo mecanismo.
Son evidencias de que sería sensato que la pandemia lleve a una mayor cooperación y coordinación global. Si se
fortalecen los organismos multilaterales y los gobiernos empiezan a compartir información y a tomar acciones conjuntas
de manera más temprana, un nuevo brote podría contenerse antes de que se convierta en pandemia.
Es irónico que, en un momento en que muchos países se estaban volviendo contra la globalización económica, esta crisis
sanitaria se mueva en la dirección opuesta — dijo Falk—. Muestra las potencialidades de un entendimiento en el que
todos ganan. El tipo de geopolítica en la que unos ganan y otros pierden se ilustra en el mantenimiento de sanciones que
perjudican a las poblaciones civiles vulnerables, mientras que la geopolítica en la que todos ganan se expresa mediante el
envío de respiradores, máscaras y equipo de protección a los países en los que la necesidad es mayor. El mensaje político
de la globalización en este período de pandemia es que la cooperación beneficia a todos y la rivalidad perjudica a todos.
El aumento de casos en un solo lugar lleva a una propagación que no respeta fronteras, incluso si están protegidas por
armas y muros”.
Por otro lado, si se fortalecieran los organismos multilaterales de crédito, se podría facilitar la salida a la profunda crisis
económica que está comenzando. Una ayuda que podría ser crucial para naciones sin espalda fiscal ni financiera para
reaccionar ante una abrupta recesión.
El coronavirus no implica una reversión o un retroceso en la globalización, sino una forma de cambio social. Hay dos
maneras de abordar esta pandemia y las que vendrán. Reforzar las políticas de protección social, especialmente mediante
la creación de una infraestructura de salud pública, y reforzar la gobernanza mundial, lo que supone el control de las
infecciones y la cooperación sanitaria transnacional”, dijo a Infobae James H. Mittelman, profesor emérito de la Escuela
de Servicio Internacional de la American University.

¿Hacia un mundo más cerrado?

Por más que haya buenas razones para incrementar la coordinación a nivel global, es probable que ocurra lo contrario.
La globalización viene ganando detractores desde hace tiempo, sobre todo en los países más desarrollados, que son su
principal sostén.
El sentimiento dominante ante la pandemia en buena parte de la población mundial, especialmente en los países más
afectados, es el miedo. Al avance del virus, a enfermarse, al colapso del sistema de salud. La emergencia paraliza. Pero
a medida que pasen los meses, y los efectos sobre la economía se profundicen, es posible que el miedo ceda el paso a la
ira y a la frustración. No parecen los sentimientos más propicios para ir hacia una mayor cooperación, que supone
aceptar que todos tienen que ceder una parte. Hay muchos que piensan que ya perdieron demasiado y no quieren
entregar nada más.
Como ese enojo puede apuntar contra la clase política, muchos dirigentes van a tratar de canalizarlo hacia afuera. Es
esperable que culpen a una globalización, que evidentemente tiene mucho que ver con la propagación del virus, y que
ya no tenía muy buena imagen. O que directamente apunten contra otros países. No es difícil esbozar una visión de
políticos buscando chivos expiatorios entre los inmigrantes, describiendo las acciones de otros estados como malévolas
y con un continuo retroceso de la liberalización del comercio y las finanzas. Las cadenas de suministro mundiales que en
su día fueron el sello de la globalización contemporánea están cada vez más desgastadas.
En este contexto, la respuesta de muchos países puede ser cerrarse. Una forma es aplicar medidas económicas
proteccionistas para fortalecer a productores locales en desmedro del comercio internacional.
“No se puede predecir el futuro, pero cuando haya una recuperación, que puede tomar años, muchas empresas
pueden replantearse las cadenas de suministro. Espero crecientes retracciones en el comercio mundial y un aumento de
la producción nacional. Entre el colapso económico y de la salud, podríamos ver la muerte del neoliberalismo y un
movimiento hacia gobiernos más progresistas, al menos en la política social, aunque muchos seguirán siendo autoritarios”,
dijo a Infobae Lauren Langman, profesor del Departamento de Sociología de la Universidad Loyola de Chicago.
Otra posible reacción es el debilitamiento de distintos organismos internacionales. Algo anticipó Trump esta semana,
cuando atacó a la OMS por su manejo de la pandemia y dijo que Estados Unidos iba a evaluar su participación en la
entidad. “Decidieron mal. Perdieron la llamada. Podrían haber actuado meses antes. Tendrían que haber sabido y
probablemente lo sabían. Así que vamos a investigar con mucho cuidado y vamos a retener el dinero gastado en la OMS”,
dijo esta semana en una de sus conferencias de prensa.
No está claro cuál puede ser el alcance de esos movimientos. Algunos rasgos de la globalización como la libertad para
la circulación de personas por el mundo parecen muy difíciles de erradicar, pero no se puede descartar que haya un fuerte
retroceso en otras dimensiones. No sería la primera vez en la historia que sucede algo parecido.

Actividades de reflexión:

1. ¿Por qué la pandemia se considera que es producto de la GLOBALIZACIÓN?


2. ¿Cuáles son los impactos globales más importantes de la pandemia? Recordá las características de la globalización
3. ¿La conexión digital en que aspectos fue positiva para los países?
4. ¿Cómo afectará el coronavirus al proceso de globalización?
5. ¿Qué implicaría hablar de un “mundo más abierto” y un “mundo más cerrado”?

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