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DERECHO PROCESAL PENAL II

(JUICIO ORAL, PROCESOS ESPECIALES Y FALTAS)

UNIDAD I:
Antecedentes y Principios

Docente: Elvis Oroz Figueroa

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DERECHO PROCESAL PENAL II

Antecedentes y Principios

Tema 1

1. ANTECEDENTES Y PRINCIPIOS

Con ocasión de la realización de un hecho que tendría carácter de delito, surge la necesidad
de establecer si el hecho punible ha tenido lugar en la realidad, asimismo, determinar si es posible
formular el título de imputación personal, es decir, a quien se podría atribuir el delito por una
acción dolosa o culposa. Por tanto, la determinación de la responsabilidad penal está
necesariamente sometida al cumplimiento de un proceso penal, máxime lo consagrado por el
artículo 139 inciso 10° de la Constitución Política, que estatuye como un principio y derecho de
la función jurisdiccional, el no ser penado sin proceso judicial. Por ello, es importante la
comprensión del proceso en general, el estudio que corresponde al derecho procesal penal así
como la identificación del proceso penal en particular, máxime, si en la actualidad el proceso
punitivo constituye un medio decisivo en la solución de conflictos con relevancia penal.
Asimismo, la realización del proceso penal exige no solo el reconocimiento, sino, un efectivo
cumplimiento de los principios que orientan su desarrollo, de allí que resulta trascendente la
comprensión de instituciones procesales importantes como los que presentamos en líneas
subsiguientes.

1.1. El proceso

En su expresión semántica, el diccionario de la Lengua Española señala que “proceso”


significa “Acción de ir hacia delante/ Transcurso del tiempo/ Conjunto de las fases
sucesivas de un fenómeno natural o de una operación artificial...”1 ; de esta definición se
infiere que, proceso no sólo concierne al Derecho, sino opera en todo ámbito social,
histórico, natural, físico, etc., es decir, el proceso está relacionado a un conjunto o sucesión
de actos coordinados y orientados dinámicamente a un fin.

Etimológicamente “proceso” es un término latino que deriva del vocablo “processus”


que viene de “pro” que equivale a decir “para adelante” y “cedere” que significa “caminar”.
Por tanto, “proceso” en el contexto jurídico está asociado a desarrollo, movimiento, es
decir, continuidad con un carácter dinámico y secuencial.

Definición

Generalmente el proceso es asumido como el conjunto o sucesión de actos,


encaminados a la solución del conflicto, la composición del litigio o la satisfacción de
pretensiones (perspectiva que responde a un planteamiento procedimentalista). Sin
embargo, desde la perspectiva de la función jurisdiccional se considera al proceso como
un medio de control social que permite al Estado cumplir determinados objetivos
mediante la imposición -a los particulares- de una norma jurídica2 “adecuada al derecho”

1Real Academia Española. (2001) Diccionario de la Lengua Española, Tomo 8. España: Artes Gráficas. vigésima segunda edición.
2Acertadamente Santiago Mir Puig, señala que la norma jurídica es ante todo un mensaje prescriptivo, o sea, señala una
actuación determinada- expresado a través de determinadas símbolos que nosotros normalmente lo aprendemos a través de

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(tesis judicialista o arbitral) que como se tiene referido entiende al proceso como “la sucesión de
actos interdependientes coordinados a la obtención de la satisfacción jurídica mediante el
ejercicio de la jurisdicción”3.

El estudio del proceso corresponde a la “Teoría General del Proceso”, la que ha


permitido comprender que detrás de los simples “actos procedimentales” existe un fin
más trascendente como es la respuesta estatal a fin de dar solución a una situación
conflictual mediante la imposición del derecho, es decir, el proceso es un medio de
“redistribuir” o “reasignar derechos”.

En la doctrina procesal se reconoce la denominada “Teoría unitaria del proceso” que


sostiene el reconocimiento de conceptos e instituciones constantes, ya que “existen
representaciones comunes válidas para los distintos tipos de proceso: la misma de proceso,
la de acción, la de sentencia, la de impugnación, etcétera. Pero no es posible concebir una
teoría general que intente modelar a todos ellos en nociones (y soluciones) idénticas, puesto que
las particularidades de cada uno (constitucional, civil, administrativo, penal, etc.) van
acentuando características que, a poco andar, alejan sus desarrollos del tronco conceptual
común”4

1.2. El derecho procesal penal

Julio Maier (procesalista argentino) señala la extendida definición de que (el derecho
Procesal Penal) “es la rama del ordenamiento jurídico interno de un Estado, cuyas normas
instituyen y organizan los órganos públicos que cumplen la función judicial penal del
Estado y disciplinan los actos que integran el procedimiento necesario para imponer y
actuar una sanción (o una medida de seguridad penal), regulando así el
comportamiento de quienes intervienen en él. De este concepto se desprende que el
derecho procesal penal se ocupa de dos aspectos: por un lado, de la organización judicial
y de la acusación (y aun defensa) estatales; y, por el otro, de los sujetos que deben actuar
y de los actos que deben o pueden llevar a cabo para la imposición de una pena (o
medida de seguridad) por la participación en un delito”5 .

Para el jurista nacional Arsenio Oré Guardia, el Derecho procesal penal contiene dos
aspectos f u n d a m e n t a l e s : uno relativo a la parte dogmática, que comprende el análisis,
sistematización y crítica de los principios y categorías procesales, y otro relativo al conjunto
normativo que regula el proceso penal. El primero tiene una perspectiva científica; el
segundo, una perspectiva normativa; concluye definiendo al Derecho procesal penal
como la rama del Derecho público interno encargada del estudio de los principios,
instituciones y normas jurídicas que regulan la actividad procesal destinada a la aplicación
de la ley penal6.

Respecto a la relación del Derecho Penal y Procesal Penal, el jurista alemán Claus Roxín
sostiene que El Derecho penal material (Derecho Penal) cuyas reglas fundamentales están
contenidas en el Strafgesetzbuch (StGB - Código Penal), establece los elementos de la

enunciados (proposiciones, preceptos, disposiciones legales o con frecuencia “normas legales”. Por ello los textos legales son
los vehículos de expresión de las normas legales ya que Cum- plen una funcion de informacion y aviso al ciudadano.
3 Barrios, D. (2002) Teoría del proceso, Buenos Aires: Editorial B de F. P.14.
4 Creus, C. (1996) Derecho Procesal Penal, Buenos Aires: editorial Astrea, p.1.
5 Cafferata, J. (2004) Manual de Derecho Procesal Penal, Argentina: editado por la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales,

Universidad Nacional de Córdoba, p.166.


6 Oré, A. (2011) Manual de Derecho Procesal Penal, Tomo I, Lima: Editorial Reforma, ps.17-18.

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acción punible y amenaza con las consecuencias jurídicas (penas y medidas) que están
conectadas a la comisión del hecho. Para que esas normas puedan cumplir su función
de asegurar los presupuestos fundamentales de la convivencia humana pacífica es
preciso que ellas no permanezcan sólo en el papel, en caso de que se cometa un delito.
Para ello es necesario un procedimiento regulado jurídicamente con cuyo auxilio pueda
ser averiguada la existencia de una acción punible y, en su caso, pueda ser determinada
e impuesta la sanción prevista en la ley. A la vez, la expresión proceso “jurídicamente
regulado” comprende tres ideas: sus prescripciones tienen que estar dispuestas para
contribuir a la realización del Derecho penal material de acuerdo con la forma que
corresponde a las circunstancias de hecho demostradas; simultáneamente, ellas deben
trazar los límites fijados al derecho de intervención de la autoridades de la persecución
penal en protección de la libertad del individuo; y, finalmente, ellas deben lograr la
posibilidad, a través de una decisión definitiva, de restablecer la paz jurídica quebrantada.
El Derecho procesal penal (también llamado Derecho penal formal) representa la síntesis
del conjunto de las normas que sirven a ese fin. Ellas están reunidas preponderantemente
en la Stratprozebordnung (StPO-Ordenanza Procesal Penal)7.

1.3. El proceso penal

La doctrina procesal mayoritaria concibe al proceso penal como el conjunto de actos


realizados por determinados sujetos procesales con el fin de comprobar y justificar la
imposición o no de una sanción penal y de comprobarse se establezca la cantidad y
modalidad del ajusticiamiento. Por ejemplo, si el juez determina la imposición de la pena
privativa de libertad, de por sí no asegura la sanción penal por cuanto tiene que establecerse
la temporalidad o duración conforme al art. 29º del Código Penal, además, tiene que
concretizarse la modalidad de cumplimiento de la pena (ej. condena efectiva, suspensiva,
reserva del fallo, etc.). Lo resaltante es que a través del proceso penal se disciplinan la realización
de los actos, asimismo se fijan facultades, derechos y garantías a los sujetos intervinientes en el
proceso.

Sin embargo, el estudio del proceso penal no debe basarse en un compendio de


instituciones o en la simple actividad procedimental, sino, merece ser analizado según el
contexto histórico, político y social en el que se configura. Al respecto Reyna Alfaro, señala
acertadamente que cada sistema procesal suele responder a un determinado tipo de ideología
o a una cierta clase de régimen político.8

Empero, el proceso penal no es sólo un instrumento de represión al concretizar la aplicación


del Derecho penal, además de ello, insistimos, encarna un programa constitucional de garantías,
principios y derechos que impiden el desborde de la arbitrariedad y la represión desmesurada.

Igualmente se entiende que: “El proceso penal resulta así un fenómeno de la vida humana
en su regulación jurídica, complejo y temporalmente proyectado por causa de la imputación de
un hecho punible, para llegar a la absolución o la condena y en su caso a controlar el
cumplimiento de la pena. Se desarrolla en un elemento objetivo mostrado en una serie gradual,
progresiva y concatenada de actos regulados por el derecho procesal penal; en un elemento
subjetivo en cuanto esos actos son cumplidos por órganos públicos predispuestos y por
particulares autorizados o impelidos a intervenir, y en un elemento teleológico en cuanto esa
actividad se dirige al descubrimiento de la verdad para actuar en concreto el derecho penal.
Su existencia real está en la ley; su base, en la Constitución.” 9

7 Roxín, C. (2006) Derecho Procesal Penal, Buenos Aires: Editores del Puerto, 3ª reimpresión, p.2.
8 Reyna, L. (2006) El proceso penal aplicado, Lima: editorial Gaceta Jurídica, 1ª edición, p.29.
9 Claria, J. (2004) Derecho Procesal Penal, tomo I, Buenos Aires: Rubinzal-Culzoni editores, p.212.

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En esa línea: “El proceso penal se presenta en la realidad como una secuencia (sucesión
ordenada) de actos cumplidos por funcionarios públicos o simples ciudadanos en procura de
permitir el conocimiento sobre un hecho delictivo que es objeto de una acusación y una decisión
jurisdiccional acerca de sus posibles consecuencias jurídica.”10

En opinión de Eduardo M. Jauchen –coincidiendo con Claría Olmedo- señala que el


proceso penal resulta ser “Una serie concatenada de actos de postulación, acreditación,
alegación y decision”.

Así descrito, el proceso penal resulta un fenómeno de la vida humana en su regulación


jurídica, complejo y temporalmente proyectado, por causa de la imputación de un hecho
punible, para llegar a la absolución o la condena”11.

1.4. Finalidad y objeto del proceso penal

Concretamente el proceso penal persigue “la realización (positiva) del Derecho penal, en el
sentido de la imposición de una pena o de una medida de seguridad penal, sólo puede ser el
resultado del procedimiento penal. Ergo, la meta específica a la cual se dirige el procedimiento
penal, además de cualquier otra que pueda adjudicársele como proceso judicial o como
procedimiento de garantía para los justiciables, está constituida por la sentencia de condena.
La exclusión de la condena, en cambio, la absolución o el sobreseimiento material, como
sentencia absolutoria anticipada, es sólo una eventualidad del procedimiento que emerge de
rechazar la condena, de negar la autorización para reaccionar penalmente.

Ningún proceso penal se inicia y se edifica para constatar la inocencia, para absolver. La
inocencia no necesita ser declarada. Ella es una cualidad que frente a un hecho concreto,
tenemos construida de antemano (por ejemplo: no necesitamos un proceso penal para ser
considerados inocentes del homicidio que hoy se relata en el periódico, ni lo podemos exigir). El
proceso penal está allí como método necesario para obtener una condena; no ha sido instituido,
en cambio, para conseguir un certificado de inocencia. Es correcto, entonces, expresar que una
meta principal, directa, del proceso penal es la obtención de una decisión sobre la punibilidad
del imputado.”12

Acorde a la idea de que cada etapa del proceso penal plantea una determinada
finalidad, es que debe tenerse en cuenta que antes de la etapa esencial del juicio oral, existe
una etapa de investigación en el que prevalecen “las máximas del proceso inquisitorial” con el
propósito de que se vaya “dilucidando la verdad real o material” partiendo de una “sospecha
inicial” a fin de acreditar los hechos así como el compromiso de culpabilidad que hubiera en los
autores y partícipes, igualmente, es el momento de los aseguramientos mediante medidas
preventivas; que va permitir más adelante arribar a un mayor conocimiento o certeza sobre la
realidad.

En atención al objeto del proceso penal, Roxín distingue un sentido amplio del “objeto del
procedimiento” referido acerca de si el imputado ha cometido acciones punibles y, dado el
caso, que consecuencias jurídicas le deben ser impuestas. En cambio, el término técnico “objeto
del proceso” tiene un significado más restringido. Se refiere únicamente al “hecho descrito en la
acusación” de la(s) persona(s) acusada(s), esto es, sólo al objeto del procedimiento judicial. Esta
determinación es una consecuencia del principio acusatorio: si la investigación judicial depende
de la interposición de una acción, ella también debe estar relacionada temáticamente con la

10 Cafferata, J. (2004) Manual de Derecho Procesal Penal, Córdova: Universidad Nacional de Córdoba, 2da. Edición, p.178.
11 Jauchen, E. (2012) Tratado de Derecho Procesal Penal, Tomo I, Buenos Aires: Rubinzal Culzoni Editores, p.508.
12 Maier, J (2003) Derecho Procesal Penal Parte general, Tomo II, Buenos Aires: Editores del Puerto, p.149-150.

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acusación. Por el contrario, dentro de los límites del objeto procesal, el tribunal está obligado a
esclarecer por completo el hecho, tanto en su aspecto fáctico como jurídico. El objeto procesal
tiene tres funciones: designa el objeto de la litispendencia, demarca los límites de la investigación
judicial y de la obtención de la sentencia, y define la extensión de la cosa juzgada. 13

Un ejemplo del proceso penal: el proceso de Socrates

En nuestra época contemporánea no se cuestiona el poder sancionador del Estado a través de


la imposición de la pena, sin embargo, desde la antigüedad –pese a no estar legitimada en una
Constitución escrita- se reconocía una elemental garantía del ciudadano como limite al “ius
puniendi”, la existencia previa de un proceso que configuraba los lineamientos para determinar
cómo tenía que celebrarse el juicio, todo ello como condición para aplicarse una pena
(modernamente es lo que reconocemos como Principio de Jurisdiccionalidad), sino analicemos
el proceso penal contra el filósofo Sócrates:

Ilustración 1: El Juicio a Sócrates.


Fuente: https://wwwinfogap.blogspot.com/2012/07/hacen-un-juicio-y-absuelven-socrates.html

“Puede ser que la motivación fuese política, pero de esta forma se plantea un juicio de
intenciones para cuya dilucidación no hay testimonios adecuados. En vez de seguir esa vía, es
posible aceptar que las ideas socráticas sobre la sociedad en la que vivía no despertaban
muchas simpatías, que entre sus amigos figuraban personajes inquietantes y que, tal vez, estas
consideraciones impulsaron algún jurado hacia el voto de condena.

Lo cierto es que el proceso se planteó en términos religiosos: se acusaba a Sócrates de no


creer en los dioses en los que creía la ciudad y de introducir nuevas divinidades, así como de
corromper a la juventud. De este modo. Lo que estaba era toda la esencia de Atenas, pues su
definición en términos ideológicos era de naturaleza religiosa.

La oposición de Sócrates en Atenas se relacionaba con su posición religiosa y su difícil


ubicación institucional era correlativa a sus innovaciones religiosas y morales, aspectos ambos
inseparables. En el contexto ateniense la acusación religiosa implicaba toda una conformidad
con las formas sociales establecidas a las que no se ajustaba Sócrates.

13 Roxín, C. (2006) Derecho Procesal Penal, Buenos Aires: Editores del Puerto, 3ª reimpresión, p.159.

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Y esto era percibido por quienes lo condenaron. En efecto, Sócrates se presentó ante un tribunal
formado por quinientos ciudadanos atenienses de toda condición social elegidos por sorteo e
ignorantes de lo que iban a juzgar. Los miembros de ese tribunal oyeron primero dos discursos,
el de la acusación incidiendo en los puntos señalados, y el Sócrates en su propia defensa.
Seguidamente se produjo la votación, en la que Sócrates fue condenado por 280 votos contra
220. Entonces se impuso un segundo debate sobre la pena que se debía aplicar al ya
declarado culpable. La acusación pidió la muerte.

Sócrates, en línea con lo argumentado en el debate anterior, dijo que no se consideraba


culpable de nada, por lo que en realidad merecía ser alimentado en el Pritaneo a expensas
de la ciudad, el honor máximo que se concedía a los atenienses fieles servidores de la patria,
y, tras proferir lo que constituía un verdadero insulto, propuso como alternativa pagar una
multa de 30 minas. El resultado de la siguiente votación fue de 360 por la muerte y 140 por la
multa. Es decir, ochenta miembros del jurado que consideraban inocente tras el primer debate,
ante la alternativa que se les planteó en el segundo, optaron por cambiar su voto anterior por
el de culpabilidad (implícitamente) al votar la condena a muerte.

El siguiente paso fue la estancia en prisión y aplicación de la pena. En ese momento


Sócrates pudo huir, pero al no concebir la existencia al margen de la ciudad prefirió cumplir las
leyes injustas de la ciudad y ponerlas, así, en evidencia. Su muerte con la ingestión de cicuta
fue la muerte de los atenienses privilegiados a los que se permitía la aplicación de esta pena
mucho más benigna que los atroces tormentos a los que se sometía a los criminales corrientes”14

2. PRINCIPIOS DEL NUEVO PROCESO PENAL

Los Principios

Constituyen apotegmas, enunciados “maestros”, “líneas directrices” que orientan y limitan los
actos procesales y decisiones del juicio oral desde su inicio, desarrollo y finalización, estas
formulaciones nacen de teorías abstractas, generales e inductivas; además permiten el sustento
del sistema procesal adoptado. Posibilitan coherencia a nivel hermenéutico de la normatividad,
según algunos autores los principios obligan (vinculan) al juzgador solo si están reconocidas
normativamente (positivizadas) de allí que muchos autores prefieren emplear el término “normas
rectoras” o “principios reguladores”; empero otro sector de la doctrina reconoce que los
principios al ser “ideas fuerza” deben ser observados así no estén positivizados. Sin perjuicio del
desarrollo más detallado que comprende la lectura seleccionada en la presente unidad
mencionaríamos la importancia que recobran los principios:

Por ej.: El Título Preliminar del Código Procesal Penal del 2004 declara algunos principios, así tenemos:

• Art. I : Justicia Penal


• Art. II : Presunción de inocencia
• Art. III : Interdicción de la presunción penal múltiple
• Art. IV : Titular de la acción penal
• Art. V : Competencia Judicial
• Art. VI : Legalidad de las medidas limitativas de derechos
• Art. VII : Vigencia e interpretación de la Ley procesal penal
• Art. VIII: Legitimidad de la prueba
• Art. IX : Derecho de defensa
• Art. X : Prevalencia de las normas de este título

14 Instituto Gallach. (2005) Historia universal Grecia II, Tomo VI, Barcelona: Q.W. Editores S.A.C. P.13-14.

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Sin embargo, es conveniente efectuar un “deslinde terminológico” entre lo siguiente:

Los derechos

Son las facultades que asisten al individuo para exigir el respeto o cumplimiento de todo cuanto
se establece y reconoce en su favor en el ordenamiento jurídico positivo.

Las garantías

Son el amparo que establece la Constitución y que debe prestar el Estado para el efectivo
reconocimiento y respeto de las libertades y derechos de la persona individual, de los grupos
sociales, e incluso del aparato estatal, para su mejor actuación y desenvolvimiento.

Las garantías procuran asegurar que ninguna persona pueda ser privada de defender su
derecho vulnerado (por el delito) y su reparación (incluso penal, lo que es incuestionable en
casos de acción penal privada, mientras avanza la idea para el caso de la acción pública) ante
los tribunales de justicia. Asimismo, las garantías procuran asegurar que ninguna persona pueda
ser sometida por el Estado, y en especial por los tribunales, a un procedimiento ni a una pena
arbitraria (“acto o proceder contrario a la justicia, la razón o las leyes, dictado solo por la
voluntad o el capricho”) en lo fáctico o en lo jurídico, tanto porque el Estado no probó fe-
hacientemente su participación en un hecho definido (antes de su acaecimiento) por la ley
como delito, como también no se respetaron los límites impuestos por el sistema constitucional
a la actividad estatal destinada a comprobarla y a aplicar la sanción.

Es decir en el proceso penal, las garantías se relacionan con quien ha resultado víctima
de la comisión de un delito, a quien se considera con derecho a la “tutela judicial” del interés
(o derecho) que ha sido lesionado por el hecho criminal, y por lo tanto, con derecho a
reclamarla ante los tribunales penales, actuando como acusador. También se erige como
resguardo de los derechos del acusado, no solo frente a posibles resultados penales arbitrarios,
sino también respecto del uso de medios arbitrarios para llegar a imponer una pena.

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Diligencias Preliminares e Investigación formalizada

Tema 2

2. INTRODUCCIÓN

Cabanellas señala que “investigación” implica averiguamiento, indagación, búsqueda o


inquisición de un hecho desconocido o de algo que se quiere inventar. 15

Binder asigna una interesante definición de la investigación al señalar que entraña una
actividad eminentemente creativa, en la que se trata de superar un estado de incertidumbre
mediante la búsqueda de todos aquellos medios que puedan aportar la información que acabe
con esa incertidumbre. Se trata pues, de la actividad que encuentra o descubre los medios que
servirán como prueba en el proceso.16

Además, la investigación es reconocida como la primera etapa procesal, ineludible de


realizar –en los casos razonables y probabilísticos de existir causa probable- a través del cual
se trata de lograr creativamente la averiguación o indagación respecto a las circunstancias de
comisión de un hecho calificado como delictuoso, a fin de imputar personalmente (vía
acusación) su realización al presunto autor, dicho propósito de esclarecer los hechos que
revestirían delictuosidad tienen un rasgo de oficialidad. A decir de la extendida afirmación
sostenida por José Almagro Nosete, la oficialidad de la investigación significa una investigación
intervenida y dirigida por órganos estatales; dicha averiguación se va iniciar y completar
mediante actos o indagatorias que deberían tener como soporte conceptual y metodológico a
la Teoría del Delito, a la Teoría de las Medidas Cautelares así como a la Teoría de la Prueba.

2.1. Diligencias Preliminares

Debemos tener en cuenta que el Código Procesal Penal del 2004 (CPP 2004) delimita el proceso
en tres etapas diferenciadas: La Investigación Preparatoria, la Intermedia y el Juzgamiento.

Específicamente el nuevo modelo procesal que instala el Código Procesal Penal del
2004 a la primera “etapa” la denomina Etapa de Investigación Preparatoria, esta a su vez
presenta dos sub etapas (periodos):

- Las Diligencias Preliminares o simplemente Investigación Preliminar; y,


- La Investigación Preparatoria propiamente dicha o Investigación Preparatoria Formalizada.

Las diligencias preliminares tienen por finalidad que se realicen los actos urgentes
destinados a determinar si han tenido lugar los hechos objeto de conocimiento así como
determinar su delictuosidad (relevancia penal), así también cumple un propósito
particularmente asegurativo relacionado a la protección de los elementos materiales que

15 Cabanellas, G. (2008) Diccionario Enciclopédico de Derecho Usual, Argentina: Editorial Heliasta, Tomo F-I, p.493.
16 Binder, A. (2002) Iniciación al Proceso Penal Acusatorio, Lima: editorial Alternativas, p.45.

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revelen la comisión delictiva, se logre individualizar a las personas que estarían involucradas con
la perpetración, incluyendo a los agraviados, y, dentro de los límites de la ley, asegurarlas
debidamente.

El plazo de las diligencias preliminares es de sesenta días, salvo que se produzca la


detención de una persona. No obstante, el fiscal podrá fijar un plazo máximo distinto a 120 días
(4 meses) para casos simples, 8 meses para casos complejos y 36 meses para casos de
criminalidad organizada, ello, según las características, complejidad y circunstancias de los
hechos objeto de investigación.

El destacado procesalista peruano Neyra Flores, en lo tocante a las diligencias preliminares


señala: “De lo dicho, se colige ineludiblemente la importancia y trascendencia de las diligencias
preliminares para la eficacia en el resultado de la causa. En otras palabras, las diligencias
preliminares son importantes en tanto aseguran el cuerpo del delito, esto es los elementos de
prueba que por su naturaleza y característica son considerados actos urgentes e irreproducibles,
de ahí que estas diligencias se constituyan luego en prueba pre constituida que entrará al
proceso para ser valorada por el Tribunal. Así viene a reconocerlo explícitamente DE LLERA
SUÁREZ-BARCENA (379) quien señala que: “El primer contenido esencial de la investigación
criminal lo constituyen los actos aludidos (...) con la expresión averiguar y hacer constar la
perpetración de los delitos con todas las circunstancias que puedan influir en su calificación, y
la culpabilidad de los delincuentes. Se trata en suma de una actividad detectivesca (...) que
reclama de la policía averiguarlos delitos públicos que se cometieren en su territorio o
demarcación, practicar según sus atribuciones, las diligencias necesarias para comprobarlos y
descubrir a los delincuentes, y recoger todos los efectos, instrumentos o pruebas del delito de
cuya desaparición hubiera peligro. Pero tal actividad realmente envuelve un conjunto de
actos de distinta naturaleza, pues tanto la comprobación de delito como el descubrimiento
del delincuente, además de una labor de búsqueda de información sobre el modo, la ocasión
y demás circunstancias de comisión del hecho, a los que se dirigen, fundamentalmente las
declaraciones del inculpado, en cuanto supone recogida de vestigios del mismo y, por tanto,
de los instrumentos y efectos de su perpetración, implica también, en no pocas ocasiones, una
verdadera actividad de pre constitución de prueba.”17

Suele señalarse que el fiscal al tener conocimiento de un delito, podrá constituirse al lugar
de los hechos -con el personal y medios especializados necesarios- con la finalidad de
establecer la realidad de los hechos y, en su caso, impedir que el delito produzca consecuencias
ulteriores y que se altere la escena del delito. El fiscal, además, podrá disponer las medidas
razonables y necesarias para proteger y aislar indicios materiales en los lugares donde se
investigue un delito, a fin de evitar la desaparición o destrucción de los mismos.

¿Cuándo se inicia una investigación?

Mayoritariamente se reconoce a la denuncia como el acto que delimita el inicio formal del
proceso, sin embargo, la denuncia o notitia criminis (noticia criminal) lo puede realizar cualquier
persona que ha tenido oportunidad de conocer un hecho delictuoso, sea por razón de cargo,
o, simplemente porque sabe de la existencia de un posible delito; por ello, no se condiciona
legitimidad o interés en el acto comunicativo del delito. Precisamente, ante el conocimiento
de un hecho delictivo, urge llevar a cabo actos materiales de investigación, esta primera forma

17 Neyra, J. (2010) Manual del Nuevo Proceso Penal & de Litigación Oral, Lima: editora Idemsa, p.291.

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de tomar conocimiento del delito lo realiza –generalmente- la policía, no olvidemos que, en la


sociedad está altamente impregnada la idea de que al conocerse o producirse un hecho
punible, se tiene que denunciar ante la policía, este hecho extendido de comunicación,
permite a la autoridad policial –por disposición de la norma procesal- que tenga que realizar
los denominados actos “urgentes o inmediatos”, precisamente, por el carácter irrepetible o
irreproducible de ciertos actos de la investigación, sea para identificar al presunto autor, ora,
mantener la autenticidad de los elementos probatorios así como preservar la evidencia
mediante la denominada “cadena de custodia”.

Convenimos entonces que, a partir de la notitia criminis o la denuncia, surge el


imperativo de investigar, consecutivamente, debería surgir la estrategia o acción planificadora
a fin de involucrar las denominadas “fases de investigación criminal” que trasunta del simple
conocimiento del hecho, el desarrollo científico de la investigación hasta consolidar la
pretensión punitiva (vía acusación) o la solicitud de sobreseimiento que lo efectúa el Ministerio
Público como órgano constitucional que titulariza la acción penal en los delitos perseguibles por
un superior interés público.

La denuncia no reviste mayor formalidad ya que puede ser oral, escrita o por cualquier
medio, tal es así que incluso se realiza a través del servicio amplio de internet
(www.mpfn.gob.pe), lo importante es que su contenido ilustre el dato identificatorio del
denunciante, la exposición de los hechos denunciados, así como la información que favorezca
la identificación del presunto autor, incluso no se descarta la descripción de los rasgos y
características del imputado.

Vamos adelantando que, en determinados supuestos existe la obligatoriedad de efectuar


la denuncia (inciso 2 del art. 362 del CPP 2004), igualmente se reconoce los supuestos en los que
no es exigible la denuncia, asimismo que sujetos no están obligados a denunciar conforme lo
establece los incisos 1 y 2 del art. 327 del acotado texto.

Según el nuevo modelo procesal, las diligencias preliminares forman parte de una gran
unidad que es la etapa de investigación preparatoria, es decir, las diligencias que con carácter
urgente ya se han realizado pasan a formar parte de la investigación incluso luego de
formalizada; esto resulta ser trascendental ya que una buena defensa puede alegar el rasgo
de “irrepetibilidad” de determinado acto cuando la fiscalía ha decidido formalizar la
investigación. Felizmente, como tabla de salvación (criterio de eficacia) procede la ampliación
del acto si dicha diligencia resultare indispensable, empero, debe justificarse su necesidad sea
por mediar un efecto en su actuación o que ineludiblemente deba completarse como
consecuencia de la incorporación de nuevos elementos de convicción.

2.2. La Investigación Preparatoria

Luego de finalizar (precluir) el plazo de las Diligencias Preliminares o Investigación Preliminar, el


fiscal necesariamente ejerce un análisis sobre el resultado de la investigación, es así que estima
si el hecho no configura delito o no ha sido posible identificar al presunto autor en tal caso de
manera autónoma archiva el caso; sin embargo, si estima que resulta ser necesario continuar
con la investigación es que emite una resolución denominada “Disposición de Formalización
de la Investigación” o que es lo mismo la necesidad de la Investigación Preparatoriamente
propiamente dicha.

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La finalidad concreta (de la investigación formalizada) está orientada a establecer si la


conducta incriminada es delictuosa, las circunstancias o móviles de la perpetración, la identidad
del autor o partícipe y de la víctima, así como la existencia del daño causado.18

Precisamente, Teresa Armenta Deu, expresa que la labor investigatoria de continuar la


investigación preparatoria se concretaría en tres finalidades:

a. Averiguar y hacer constar si se cometió o no el delito y cuál pueda ser su autor y su


culpabilidad;
b. Preparar, en su caso, el juicio oral; y,
c. Asegurar y prevenir las consecuencias penales y civiles del hecho19.

San Martín Castro, opta en puntualizar (tanto en su Derecho Procesal Penal, Tomo I, 2003,
p.438, y prácticamente reproduce en Estudios de Derecho Procesal Penal, 2012, p.200) que los
fines de la Investigación, involucran, el conjunto de actuaciones que se realizan desde que se
descubre el hecho delictuoso hasta que el Fiscal decide si formula o no acusación, se denomina
Investigación. Constituye una etapa meramente preparatoria del juicio oral y sirve, como apunta
RICARDO LEVENE (H), para obtener los elementos de convicción que son indispensables durante
el juicio efectuándose una averiguación previa durante la cual casi todas las medidas son
provisorias y no causan instancia, siendo el sumario –nosotros, siguiendo nuestro sistema procesal
desde 1920, diríamos reservado-, escrito y sin contradicción en el caso de la ley peruana, sería
con contradicción más o menos amplia (1975:287)20.

A su vez Neyra Flores, respecto a la Investigación Preparatoria Formalizada señala: “Esta


fase se inicia cuando el Fiscal emite una disposición para seguir adelante con la investigación
formal de los hechos. Así pues, terminada las diligencias preliminares, el fiscal asume las
funciones que con el Código de Procedimientos Penales de 1940 tenía el Juez instructor, pues
con este nuevo código la investigación propiamente dicha está a cargo del Fiscal y no del
Juez instructor dejándose de lado el auto de apertura de instrucción para dar paso a la
Disposición de Formalización de la Investigación Preparatoria emanada por el Fiscal en virtud de
la cual dirige la etapa de investigación bajo su responsabilidad.

En cuanto a la finalidad de esta etapa, está referida a la búsqueda y reunión de los


elementos probatorios de convicción, de cargo y de descargo, que permitirán al Fiscal decidir
si formula o no acusación para ir a juicio ya que esta es una investigación mucho más amplia y
complementaria que la anterior, decimos complementaria porque no está permitido que se
repitan las actuaciones realizadas en la etapa preliminar, salvo que resulten imprescindibles para
el esclarecimiento del caso.

En cuanto al plazo, esta fase no tiene una duración indefinida, sino que tiene establecido
un tiempo, el cual es de 120 días naturales que pueden prorrogarse hasta por sesenta días
naturales en caso de delitos simples, para los delitos complejos el plazo es de ocho meses y la
prórroga del plazo es por igual tiempo y para los delitos de criminalidad organizada el plazo es
de treinta y seis y la prórroga del plazo es tambien por igual tiempo.

En ese sentido vemos que la investigación preparatoria está sujeta a plazos, los cuales no

18 Baytelman, A. (2005) Litigación Penal Juicio Oral y Prueba, Lima: editorial Alternativas, p.22.
19 Armenta, T. (2003) Lecciones de Derecho Procesal Penal, Madrid: editorial Marcial Pons, p.37.
20 San Martín, C. (2012) Estudios de Derecho Procesal Penal, Lima: editora Grijley, p.200.

12
DERECHO PROCESAL PENAL II

son necesarios que se cumplan en su totalidad, sino que una vez cumplido el objeto de la
investigación se podrá finalizar la investigación preparatoria, es decir cuando las diligencias
encaminadas a probar la existencia del delito y a la determinación de los autores hayan dado
un resultado fiable para acusar o cuando por el contrario cuando de la investigación resulte
claro que el delito es inexistente o no puede ser probado o que el hecho siendo real no es
constitutivo de delito o siéndolo el imputado es manifiestamente inocente o no puede ser
enjuiciado porque existe una causa de justificación.”21

Los actos de Investigación Preparatoria

• Las diligencias de carácter necesarios (Art.337.1)

Conforme a la dirección que ostenta el Fiscal en la etapa investigatoria, este debe programar
–coordinadamente con la policía- aquellos actos de investigación que realmente resulten ser
pertinentes, conducentes y útiles a la actividad.

• L a urgencia y unidad de los actos de naturaleza irrepetibles (Art. 337.2)


Conforme al nuevo modelo procesal que instala el CPP-2004, las diligencias preliminares
forman parte de una gran unidad que es la etapa de investigación preparatoria, no
obstante, las diligencias preliminares tiene un rasgo de urgencia, de allí que si se han llevado
a cabo, pasan a formar parte de la investigación incluso luego de formalizada; esto resulta
ser trascendental ya que una buena defensa puede cuestionar determinado acto cuando
la fiscalía ha decidido formalizar la investigación. Ante, el fiscal goza -como tabla de
salvación (criterio de eficacia)- la denominada ampliación del acto si resultare indispensable,
empero, debe justificarse su necesidad sea por mediar un defecto en su actuación o que
ineludiblemente deba completarse a consecuencia de la incorporación de nuevos
elementos de convicción.

• Diligencias y actos que pueden ordenarse en la investigación (Art. 337.3)

El fiscal estratégicamente está facultado para programar principalmente:

a. Ordenar que concurran las personas como el imputado, el agraviado, testigos, peritos
así como demás personas que se encuentren en posibilidad de informar sobre
circunstancias útiles para los fines de la investigación. Al existir obligatoriedad, el Código
ha innovado la figura de la conducción compulsiva, para tal fin el fiscal ordena dicha
medida restrictiva sin necesidad de que exista una “segunda”, “tercera” citación.
b. Solicitar informaciones de cualquier particular o funcionario público emplazándole
conforme a las circunstancias del caso.

• Intervención del Juez (Art. 337.5)

El Juez de Investigación Preparatoria asume el rol de garante de derechos, asimismo según


el principio cautelar de judicialidad –a pedido expreso de parte- es el que dispone la
limitación o restricción de derechos fundamentales; esto reafirma el principio de que el juez
no actúa de oficio en el ámbito de la investigación preparatoria. En ese derrotero, el Juez
adopta las decisiones más relevantes únicamente luego de celebrada la respectiva
audiencia (salvo excepciones regladas).

21 Neyra, J. (2010) Manual del Nuevo Proceso Penal & de Litigación Oral, Lima: editora Idemsa, p.295.

13
DERECHO PROCESAL PENAL II

Control judicial de los actos del fiscal

Los actos realizados por la Fiscalía en el ámbito de la investigación no es de modo alguno


omnímodo, vale decir absoluto o incontrolable, de allí que está latente la probabilidad de
desborde de funciones o medidas que linden con la arbitrariedad; por ello, el control de
legalidad que ejerce el Juez ante los actos de la fiscalía y su órgano auxiliar como es la Policía
han sido confirmados por jurisprudencia consolidada del Tribunal Constitucional.

Resaltaríamos lo sostenido por el Fiscal Supremo Gálvez Villegas quien señala que “El Fiscal
viene a constituirse en el titular de la acción penal y va a dirigir la investigación de los hechos
punibles; para esto actuará, bajo los principios de legalidad y objetividad; después de la
investigación recién el Estado puede ejercer el Ius puniendi a través de una resolución definitiva
del juzgador sobre la base de la investigación llevada a cabo por el Ministerio Público. En el
nuevo Código Procesal Penal, señala SANCHEZ VELARDE (1994: p.55), la investigación por el fiscal,
sea bajo la denominación de dirección o conducción, significa la exclusión de la persecución
penal por el juez y, por ende, la desaparición del juez de instrucción y de la instrucción misma”22

Rasgos o características de la investigación:

El fiscal Gálvez Villegas identifica lo siguiente:

a. La investigación no tiene un carácter jurisdiccional. Los elementos que se recaban en la


investigación preparatoria no sirven para fundamentar una sentencia, puesto que los
elementos de prueba se recaban en el juicio oral.

b. La investigación protege los derechos fundamentales del procesado y de la víctima (art. 71


y art.71.4).

c. La investigación tiene una finalidad preparatoria. Como señala el artículo 321°, la


Investigación Preparatoria persigue reunir los elementos de convicción, de cargo y de
descargo, que permitan al Fiscal decidir si formula o no acusación. Tiene por finalidad
determinar si la conducta incriminada es delictuosa, las circunstancias o móviles de la
perpetración, la identidad del autor o partícipe y de la víctima, así como la existencia del
daño causado.

d. La investigación es flexible. Las diligencias preliminares forman parte de la Investigación


Preparatoria. No podrán repetirse una vez formalizada la investigación (art.337°.2). Asimismo,
el Fiscal, si considera que las diligencias actuadas preliminarmente establecen
suficientemente la realidad del delito y la intervención del imputado en su comisión, podrá
formular directamente acusación (art. 335°.4).

e. La investigación es eficaz. TALAVERA ELGUERA (2004: p.17) señala que el Código procesal
apuesta por un modelo de investigación no sólo acorde con la Constitución y las garantías
reconocidas por los Tratados y los Convenios Internacionales sobre Derechos Humanos, sino
también con la eficacia y eficiencia que debe tener un sistema de justicia penal (…) Entre
los instrumentos que el Código provee al Fiscal y Policía para lograr la eficacia de la
persecución penal tenemos: control de la identidad, la video vigilancia, las pesquisas, la

22 Gálvez, T (2008) El Código Procesal Penal Comentarios descriptivos, explicativos y críticos, Lima: Jurista editores, p.651.

14
DERECHO PROCESAL PENAL II

exhibición e incautación de bienes, el agente encubierto, la intervención de


comunicaciones y telecomunicaciones, etc.

f. La investigación es racional. Cuenta con mecanismos que permiten simplificar los procesos,
como por ejemplo: el Principio de Oportunidad, los Acuerdos Reparatorios y la Terminación
Anticipada.23

En resumen, la etapa de investigación preparatoria permite cumplir como objeto y finalidad lo


expresamente señalado por el art.321 inc.1 del CPP del 2004: “La Investigación Preparatoria
persigue reunir los elementos de convicción, de cargo y de descargo, que permitan al Fiscal
decidir si formula o no acusación y, en su caso al imputado preparar su defensa. Tiene por
finalidad determinar si la conducta incriminada es delictuosa, las circunstancias o móviles de la
perpetración, la identidad del autor o partícipe y de la víctima, así como la existencia del daño
causado”. Consecutivamente el artículo 321.2 establece la obligatoriedad de apoyo al Fiscal a
través del cumplimiento de informes y estudios que se requiera dentro de la actividad
investigatoria, por parte de la PNP, el Instituto de Medicina Legal y los demás organismos técnicos
del Estado.

Fuente: Adaptación del libro Proceso Común de Christian Salas Beteta. p. 81

Lectura seleccionada 1:

“Principios del Proceso Penal en el Nuevo Código Procesal Penal”, Víctor Cubas Villanueva,
Revista Derecho & Sociedad, Nº 25, Lima, Facultad de Derecho, Universidad Pontificia Católica
del Perú, Diciembre, 2005, ps.26-42.

Recuperado de: https://wordpress.com/post/elvisoroz.wordpress.com/3339/

23 Ibid Op. cit. ps. 652-653

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DERECHO PROCESAL PENAL II

Medidas coerctivas y Sistema de Audiencias

Tema N.°3

3.1. MEDIDAS COERCITIVAS (O CAUTELARES)

El proceso penal –generalmente- involucra la contradicción o conflicto entre dos intereses o


pretensiones: por un lado la persecución eficaz del delito y, por otro, el respeto de los derechos
fundamentales del imputado.

Es así que para asegurar el cumplimiento de los fines del proceso (garantizar el
cumplimiento de las consecuencias penales y económicas del delito) es que se adoptan -a
través de resoluciones judiciales debidamente motivadas- determinadas restricciones o
limitaciones provisionales al ejercicio de los derechos personales o patrimoniales del imputados
así como de terceros para evitar el ocultamiento de bienes o que se rehúya la justicia penal,
es decir, para afectar derechos se requiere la intervención judicial salvo excepciones legales.
Por ello, las medidas coercitivas o cautelares son instrumentales porque son provisorias y
dependen del principal, “no tiene existencia propia”.

Específicamente, a nivel de la etapa procesal de investigación, es cuando se pone


énfasis en las medidas cautelares a fin de conjurar peligros procesales; de allí que si el fiscal
dispone el inicio de actos investigatorios con la finalidad de verificar el contenido y verosimilitud
de la denuncia, para tal fin, debe efectuarse indagatorias tendientes a recabar las primeras
declaraciones, proteger las fuentes de prueba, recoger los primeros indicios o evidencias que
deben ser asegurados por cuanto algunos son irreproducibles, ej. La toma de muestras de
fluidos, registros personales, el aislamiento del escenario de los hechos, etc. como señala Pablo
Sánchez, luego de advertirse un hecho delictuoso se debe adoptar las primeras medidas
coercitivas o cautelares y decidir seguidamente si existen elementos probatorios suficientes para
continuar con la persecución del delito y sus autores. 24

a. Principios específicos de las medidas cautelares:

Las medidas cautelares, que tienden a garantizar el eficaz desarrollo de la fase procesal de
declaración y/o ejecución (Toma García, 1993: 292); sin embargo están regidas por grandes
principios como son:

Principio de Necesidad. Se aplica cuando resulte absolutamente indispensable para asegurar


la finalidad del proceso: averiguación de la verdad o solución del conflicto. No implica un mero
trámite, máxime la presunción de inocencia.

Principio de Legalidad. Se invocan y aplican solamente aquellas preestablecidas por la ley tanto
en modo y oportunidad.

Principio de Proporcionalidad. La medida coercitiva no debe exceder la finalidad que se quiere


asegurar, debe haber equivalencia frente al peligro que se pretende conjurar.

24 Sánchez, P. (2009) El Nuevo Proceso Penal, Lima: editorial Idemsa, p.89

16
DERECHO PROCESAL PENAL II

Principio de provisionalidad o reformabilidad. No tiene carácter definitivo, de modo que si


surgen nuevos elementos o hechos favorables se establece medidas menos gravosas o que en
menor intensidad afecten derechos.

Principio de prueba suficiente. Tiene que existir soporte probatorio para justificar un medida
coercitiva y tiene que existir suficiente vinculación entre el hecho punible y la necesidad
cautelar; así también si va ser más grave la medida tiene que existir mayor base probatoria.

Principio de Judicialidad. Las medidas cautelares sólo pueden dictarse por mandato judicial,
pese a existir algunas facultades discrecionales.

b. Clasificación de las medidas cautelares

• Medidas coercitivas personales: Así tenemos ciertas medidas coercitivas como: La


detención policial, conducción compulsiva por la Policía, detención preliminar;
comparecencia; incomunicación; impedimento de salida.

• Medidas coercitivas reales: Secuestro y apertura de correspondencia y de los documentos


privados (art.165); secuestro, incautación y exhibición forzosa de cosas (art.174);
allanamiento (182); clausura o vigilancia de locales e inmovilización (art.186); embargo;
interceptación y grabación de comunicaciones telefónicas, radiales o similares.

c. Regulacion normativa en el cpp-2004

Respecto a las medidas coercitivas o cautelares, su regulación normativa lo encontramos en el


Libro Segundo del Código Procesal Penal del 2004, específicamente a nivel de la Sección III
que establece la siguiente tipología normativa referida a “Las Medidas de Coerción Procesal”
que comprenden los artículos 253º al 320:

Título I : Preceptos generales (Artículo 253 al 258)


Título II : La detención (Artículo 259 al 267)
Título III : La prisión preventiva (Artículo 268 al 285)
Cap. I : Los presupuestos de la prisión preventiva (Artículo 268 al 271)
Cap. II : La duración de la prisión preventiva (Artículo 272 al 277)
Cap. III : La impugnación de la prisión preventiva (Artículo 278)
Cap. IV : La revocatoria de la comparecencia por prisión preventiva (Artículo 279)
Cap. V : La incomunicación (Artículo 280 al 282)
Cap. VI : La cesación de la prisión preventiva (Artículo 283 al 285)
Título IV : La comparecencia (Artículo 286 al 292)
Título V : La internación preventiva (Artículo 293 al 294)
Título VI : El impedimento de salida (Artículo 295 al 296)
Título VII : De la suspensión preventiva de derechos (Artículo 297 al 301)
Título VIII : El embargo (Artículo 302 al 309)
Título IX : Otras medidas reales (Artículo 310 al 315)
Título X : La incautación (Artículo 316 al 320)

17
DERECHO PROCESAL PENAL II

d. Medidas coercitivas durante la investigacion

Durante esta etapa el Fiscal realiza sus investigaciones preliminares conforme a las necesidades
y estrategias que el caso requiera, citará a las personas denunciadas, denunciantes, testigos,
pedirá informes, dispondrá de pericias, realizará constataciones, etc. Pero podrá también
considerar necesario asegurar la presencia de las personas imputadas a su investigación y la
investigación preparatoria por lo que la ley le faculta a requerir al Juez la adopción de medidas
coercitivas o cautelares o de aseguramiento para tales objetivos.

De acuerdo con la ley –y que no resulta nuevo con la normatividad vigente- el Fiscal
requiere al Juez de la Investigación Preparatoria su intervención judicial a fin de que ordene las
medidas coercitivas que corresponda tal como establece el principio rector establecido en el
artículo VI Título Preliminar del Código Procesal Penal de 2004, especialmente las siguientes:
a. Impedimento de salida del país.
b. La comparecencia con detención domiciliaria.
c. La comparecencia con otras restricciones.
d. El allanamiento.
e. La inmovilización.
f. Detención preventiva.

3.2. EL SISTEMA DE AUDIENCIAS

El nuevo modelo procesal acusatorio que predomina en el Código Procesal Penal del 2004 ha
introducido como metodología de trabajo lo que se ha venido en denominar el “sistema de
audiencias” que básicamente significa que se ha privilegiado la adopción de decisiones
relevantes luego de haberse llevado a cabo las denominadas “audiencias preliminares”(o
“audiencias previas”) diferente de la “audiencia de juzgamiento”.

Como base normativa de las audiencias proliferantes, existe el denominado Reglamento


General de Audiencias que disciplina la actuación, modo y oportunidad de una tipología de
hasta 80 formas de audiencias. Esta realidad confirma la predominancia de la oralidad como
forma de materialización del proceso y que a su vez asegura otros principios trascendentales
como la publicidad, inmediación así como otorga una efectiva contradicción.

En atención al predominio de la oralidad en las audiencias previas o de juzgamiento, así


como su convencionalidad y resolución, el Acuerdo Plenario Nº 6-2011/ CJ-116 realizado
conforme al art. 116º de la Ley Orgánica del Poder Judicial, prácticamente disciplina a nivel
normativo lo referido a la oralidad y la motivación de los jueces al momento de decidir lo
debatido en la audiencia, así tenemos como “doctrina legal” con efecto vinculantes
(obligatorios) los siguientes criterios expuestos en los fundamentos jurídicos del 7° al 13°
(destacamos):

“7°. El artículo 123° NCPP clasifica las resoluciones judiciales según su objeto –entendido
desde una perspectiva material– en: decretos, autos y sentencias. Los autos se dictan,
siempre que lo disponga el citado Código, previa audiencia con intervención de las
partes; las sentencias, por su lado, tienen un régimen propio fijado en los títulos
correspondientes –todas, a excepción de la sentencia en el proceso por faltas que
autoriza las denominadas sentencias in voce u orales, son escritas (vid.: artículos 394°–
396°, 425°, 431°.4, 468°.5, 477°.4 y 484°.6 NCPP).

El conjunto de las resoluciones judiciales, salvo los decretos, deben contener la exposición
de los hechos debatidos, el análisis de la prueba actuada, la determinación de la ley

18
DERECHO PROCESAL PENAL II

aplicable y lo que se decide de modo claro y expreso. Por lo demás, sin perjuicio de las
disposiciones especiales y de las normas estipuladas en la LOPJ, las resoluciones serán
firmadas por los jueces respectivos (artículo 125°1 NCPP).

El régimen de la oralidad del procedimiento principal: la etapa de enjuiciamiento o del


juicio oral, está desarrollado en el artículo 361° NCPP. El apartado 4) prevé claramente que
en el curso del juicio las resoluciones serán dictadas y fundamentadas verbalmente, cuyo
registro debe constar en el acta. Ahora bien, las referidas resoluciones orales o verbales,
que se expiden en el curso de la audiencia y se centran, según los casos, en los decretos
y los autos deben documentarse en el acta –salvo excepciones, tal como el auto que da
por retirada al acusación fiscal y dispone el sobreseimiento definitivo de la causa (artículo
387.4.b), que por su propia naturaleza al disponer la conclusión del juicio exige su
estructuración escrita–. Sin perjuicio de la existencia del acta –escrita, por su propia
naturaleza, y que recoge una síntesis de lo actuado en la sesión del juicio (artículo 361°.1
NCPP)–, se autoriza que la audiencia también pueda registrarse mediante un medio
técnico (grabación, que puede ser por audio o video) –la primacía del acta como
documento siempre presente en el juicio es, pues, inobjetable–. En tales casos, el acta y,
adicionalmente, la grabación demostrarán el modo como se desarrolló el juicio, la
observancia de las formalidades previstas para él, las personas que han intervenido y los
actos que se llevaron a cabo.

8°. Si se atiende a la clásica distinción entre proceso y procedimiento, esto es, entre el
objeto de las actuaciones procesales y las actuaciones propiamente dichas o conjunto
de actos procesales que, tanto el juez como las partes han de realizar, se tiene que
distinguir entre (1) principios del proceso –que determinan el régimen de entrada de la
pretensión y de su resistencia, oposición o defensa en el procedimiento, así como los
poderes de las partes en la conformación del objeto procesal y los del juez en su
enjuiciamiento– y (2) principios del procedimiento –que encausan el régimen de
actuación formal de dicha pretensión hasta que pueda obtener satisfacción por el
órgano judicial en forma de sentencia– [VICENTE GIMENO SENDRA: Introducción al
Derecho Procesal. Editorial Constitución y Leyes, Madrid, 2007, p. 41].

El principio de oralidad está referido, primordialmente, a la forma de los actos procesales.


Éstos han de ser realizados verbalmente –predominio de lo hablado sobre lo escrito–.
Además, vista su importancia y si se insta su incorporación cardinal en las actuaciones
procesales –como lo hace razonable, que no radicalmente, el NCPP–, se erige en un
modo de hacer el proceso, pues facilita la aplicación de los principios de investigación,
inmediación, concentración y publicidad, aunque, como es obvio –situación que no
puede desconocerse en modo alguno–, no condiciona la estructura del proceso, la
formación del material fáctico y la valoración de la prueba.

Lo decisivo para la configuración institucional del principio de oralidad es el modelo de


audiencias orales, que es la sede procesal donde tiene lugar este principio, escenario
insustituible de su concreción procesal. En éstas el juez se pone en relación directa con
las pruebas personales y con las partes –lo determinante en este principio, es pues, su fase
probatoria–, sin perjuicio de que la audiencia haya sido preparada por una serie de actos
escritos, en los cuales incluso puede haberse interpuesto la pretensión y opuesto la
resistencia [MONTERO AROCA: Ibidem, p. 385], según se advierte de los artículos 349° y
350°.1 NCPP.

Oralidad y resoluciones orales o verbales

9°. Sin perjuicio del procedimiento principal o etapa de enjuiciamiento, que tiene reglas
específicas a las que es del caso atenerse, en los diversos procedimientos que instaura el

19
DERECHO PROCESAL PENAL II

NCPP tiene lugar la expedición, indistinta, de resoluciones orales tras las correspondientes
audiencias preliminares ordenadas por la ley procesal.

Así se tiene que, por ejemplo, en cuatro supuestos la resolución –en los procedimientos de
investigación preparatoria– debe expedirse en forma inmediata, antes de la clausura de
la audiencia (artículos 71°.4, 266°.2, 271°.1 y 2, y 343°.2 NCPP). En otros casos –en cincuenta
y cinco supuestos aproximadamente–, autoriza al juez a dictar la resolución
inmediatamente, de suerte que la resolución será oral, o dentro un plazo determinado (2
o 3 días), generalmente impropio (artículos 2°.5, 2°.7, 8°, 15°.2.c), 34°.2, 74°.2, 75°.2, 76°.1,
91°.2, 102°.1y2, 203°.2, 203°.3, 204°.2, 224°.2, 224°.3, 225°.5, 228°.2, 229°, 231°.4, 234°.2, 245°,
254°.1, 274°.2, 276°, 279°.2, 283°, 293°.2, 294°.1, 296°.1, 296°.2, 296°.4, 299°.2, 301°, 305°.2,
319°.c), 334°.2, 352°.1, 450°.6, 451°.1, 453°.2, 478°.1 y 3, 480°.1, 480°.2.b), 480°.3.b), 484°.1,
3 y 6, 486°.2, 491°.2, 491°.3, 491°.4, 491°.5, 492°.2, 521°.3, 523°.6, 544°.3, 557°.4 NCPP: “…de
forma inmediata o dentro de […] días después de realizada la audiencia). También, el
NCPP determina que la resolución necesariamente ha de dictarse después de la
audiencia, lo que exige su expedición escrita en ocho supuestos aproximadamente –se
utiliza la fórmula: hasta dentro de […] horas o días después de realizada la audiencia
(artículos 45.2°, 468°.1 y 5, 477°.3, 420°, 424°, 431°.2, 521°.4, 526°.2)–. Asimismo, en otros casos
utiliza una expresión distinta –en ocho supuestos aproximadamente–: la resolución se
emitirá en el plazo de […] días: 255°.3, 345°.3, 493°.3, 539°.2, 543°.1, 544°.3, 563°.2, 557°.5
NCPP, de la que desprende su forma escrita. Más allá de las diversas expresiones
lingüísticas utilizadas por el NCPP las resoluciones orales están, pues, reconocidas
legalmente. En varias situaciones procesaleses obligatoria una resolución oral, mientras
que en otras, pese a la existencia de una audiencia previa, la expedición de una
resolución escrita es obligatoria. Fuera de estos casos, es de adoptar una regla o criterio
rector que permita decidir si la resolución será oral o escrita. El punto se aclara, sin duda,
desde la vigencia de otros principios consustanciales a la audiencia misma, en especial el
de concentración, puesto que exige que los actos procesales se realicen en una ocasión
[VÍCTOR MORENO CATENA y VALENTÍN CORTÉS DOMÍNGUEZ: Derecho Procesal Penal. 3ª
Edición, Editorial Tirant lo Blanch, Madrid, 2008, p. 231] y en el que se privilegia la memoria
como elemento clave para una correcta decisión. Si las audiencias se llevan a cabo bajo
una lógica de concentración y, además, de continuidad –en las denominadas
“audiencias preliminares”, fuera de la audiencia principal o de enjuiciamiento, por su
propia naturaleza, no se permite su suspensión, aunque es obvio que es posible admitir
excepciones fundadas en una causa objetiva y razonable–, es inevitable concluir que la
resolución será oral si se dicta antes de finalizar la audiencia. Ésta no puede suspenderse
para otro día con el sólo propósito de dictar una resolución oral o de realizar un acto
procesal intrascendente que muy bien pudo hacerse en el curso de la audiencia; un
pronunciamiento diferido exige, entonces, una resolución escrita.

10°. Un punto distinto, aunque vinculado, es el referido a la documentación de la


resolución oral, de suerte que sea posible garantizar tanto la seguridad jurídica y la
inalterabilidad de la misma, como su revisión en sede de impugnación respecto del
cumplimiento de sus presupuestos materiales y formales.

La respuesta, sin duda, desde una perspectiva sistemática, se encuentra en la correcta


interpretación de los artículos 120° y 361° NCPP. Los autos, atento a sus exigencias formales,
requieren de una documentación –no sucinta– sino integral, y ésta se concreta en el acta.
La reproducción audiovisual está referida a las actuaciones procesales, a las diligencias
que se realizan en la audiencia. La resolución judicial es un acto procesal sujeto a sus
propias regulaciones.

20
DERECHO PROCESAL PENAL II

Si se admite, desde la perspectiva del NCCP –principio de legalidad procesal– la primacía


del acta (parágrafo 8°) frente a la reproducción audiovisual o al medio técnico o
grabación respectiva, es ineludible como pauta general que la resolución oral debe
constar en el acta y transcribirse de modo integral. No obstante ello, es evidente asimismo,
si se asume criterios razonables de economía y celeridad procesal, que si el auto
jurisdiccional no es impugnado, no será necesario que se transcriba integralmente –basta
que conste su sentido y, desde luego, lo que decida o resuelva con absoluta claridad-. La
reproducción integral de la resolución oral, por consiguiente, sólo será necesaria cuando
ésta es recurrida en el modo y forma de ley y sea patente su admisión. Se trata de suprimir
tareas inútiles y de la reducción de todo esfuerzo (cualquiera sea su índole) que no guarda
adecuada correlación con la necesidad que se pretende satisfacer; y de que el proceso
se tramite y logre su objeto en el menor tiempo posible [ADOLFO ALVARADO VELLOSO:
Introducción al Estudio del Derecho Procesal. Primera Parte. Editorial Rubinzal – Culzoni,
Buenos Aires, 1998, p. 265].

Motivación de las resoluciones

11°. La motivación de las resoluciones es una exigencia constitucional específica


reconocida por el artículo 139°.5 de la Ley Fundamental, y a la vez es un derecho que
integra el contenido constitucionalmente garantizado de la garantía procesal de tutela
jurisdiccional, que impone al juez la obligación de que las decisiones que emita han de ser
fundadas en derecho. Las resoluciones judiciales deben ser razonadas y razonables en dos
grandes ámbitos:

1) En la apreciación –interpretación y valoración– de los medios de investigación o de


prueba, según el caso –se ha de precisar el proceso de convicción judicial en el ámbito
fáctico–. 2) En la interpretación y aplicación del derecho objetivo. En este último ámbito,
si se trata de una sentencia penal condenatoria –las absolutorias requieren de un menor
grado de intensidad–, requerirá de la fundamentación (i) de la subsunción de los hechos
declarados probados en el tipo legal procedente, con análisis de los elementos
descriptivos y normativos, tipo objetivo y subjetivo, además de las circunstancias
modificativas; y (ii) de las consecuencias penales y civiles derivadas, por tanto, de la
individualización de la sanción penal, responsabilidades civiles, costas procesales y de
las consecuencias accesorias.

La motivación, por cierto, puede ser escueta, concisa e incluso –en determinados
ámbitos– por remisión. La suficiencia de la misma –analizada desde el caso concreto, no
apriorísticamente– requerirá que el razonamiento que contenga, constituya lógica y
jurídicamente, suficiente explicación que permita conocer, aún de manera implícita, los
criterios fácticos y jurídicos esenciales fundamentadores de la decisión. Basta, entonces,
que el órgano jurisdiccional exteriorice su proceso valorativo en términos que permitan
conocer las líneas generales que fundamentan su decisión. La extensión de la motivación,
en todo caso, está condicionada a la mayor o menor complejidad de las cuestiones
objeto de resolución, esto es, a su trascendencia. No hace falta que el órgano
jurisdiccional entre a examinar cada uno de los preceptos o razones jurídicas alegadas
por la parte, sólo se requiere de una argumentación ajustada al tema en litigio, que
proporcione una respuesta al objeto procesal trazado por las partes.

La jurisdicción ordinaria, en vía de impugnación, puede incluso integrar o corregir la falta


de motivación de la sentencia recurrida en tanto se trata de un defecto estructural de la
propia decisión impugnada, siempre que aun faltando expresa nominación de la razón,
la sentencia contenga, en sus hechos y en sus fundamentos jurídicos, todas las
circunstancia acaecidas.

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DERECHO PROCESAL PENAL II

Es palmario, por lo demás, que la nulidad procesal requiere como elemento consustancial
que el defecto de motivación genere una indefensión efectiva –no ha tratarse de una
mera infracción de las normas y garantías procesales–. Ésta únicamente tendrá virtualidad
cuando la vulneración cuestionada lleve aparejada consecuencias prácticas,
consistentes en la privación de la garantía de defensa procesal y en un perjuicio real y
efectivo de los intereses afectados por ella, lo que ha de apreciarse en función de las
circunstancias de cada caso (principio de excepcionalidad de las nulidades de decisiones
de mérito en concordancia con el principio de conservación de los actos procesales –
artículos 152° y siguientes del NCPP–).

Por otro lado, los errores –básicamente jurídicos– en la motivación, son irrelevantes desde
la garantía a la tutela jurisdiccional; solo tendrán trascendencia cuando sean
determinantes de la decisión, es decir, cuando constituyan el soporte único o básico de
la resolución, de modo que, constatada su existencia, la fundamentación pierda el
sentido y alcance que la justificaba y no puede conocerse cuál hubiese sido el sentido
de la resolución de no haber incurrido en el mismo.

12°. En función a lo anterior, es evidente que, la motivación, desde la perspectiva del


deber de exhaustividad –decisión razonada del derecho vigente con relación a la
pretensión esgrimida, de todos los puntos litigiosos, y en función de los hechos probados
en el proceso–, tendrá lugar cuando la resolución judicial: 1. Carece llanamente de
motivación, es decir, omite pronunciarse sobre las pretensiones y resistencias relevantes
formuladas por las partes e impide conocer el desarrollo del juicio mental realizado por el
juez y cuya conclusión es el fallo que pronuncia. 2. Es notoriamente insuficiente, vale decir,
no se apoya en razones que permitan conocer cuáles han sido los criterios jurídicos
esenciales que la fundamentan, cuya apreciación está en función al caso concreto. 3. Es
arbitraria por ilógica, incoherente, incomprensible o contradictoria (supuestos de
motivación aparente) –desconexión entre motivación y decisión, o ausencia de
coherencia interna de la resolución–.

En vía de impugnación, la sentencia de vista o la de casación exige una contestación


individualizada a la motivación del recurso o a la pretensión impugnativa, aunque la
motivación por remisión o implícita es tolerable en la media en que la parte de la decisión
objeto de remisión esté razonablemente fundamentada –criterio establecido en la
Casación N° 05-2007/Huaura–.

13°. El artículo 139°.5 de la Constitución expresamente menciona que la motivación de las


resoluciones se expresa a través de su forma escrita. Empero, la interpretación de esta
norma constitucional no puede ser meramente literal, pues de ser así se opondría al
principio de oralidad y a la lógica de un enjuiciamiento que hace de las audiencias el eje
central de su desarrollo y expresión procesal.

En la medida en que se permita conocer el cumplimiento de los presupuestos materiales


y formales de una resolución jurisdiccional, que se impida la manipulación de las
decisiones judiciales y que se garantice un mecanismo idóneo y razonable de
documentación, las resoluciones orales en modo alguno afectan las finalidades que
cumple la motivación: 1. Controlar la actividad jurisdiccional por parte de la opinión
pública, cumpliendo así con el requisito de publicidad. 2. Hacer patente el sometimiento
del juez al imperio de la ley. 3. Lograr el convencimiento de las partes sobre la justicia y
corrección de la decisión judicial, eliminando la sensación de arbitrariedad y
estableciendo su razonabilidad, al conocer el por qué concreto de su contenido. 4.
Garantizar la posibilidad de control de la resolución judicial por los Tribunales Superiores
que conozcan de los correspondientes recursos [JOAN PICÓ I JUNOY: Las Garantías
Constitucionales del Proceso. Editorial Bosh, Barcelona, 1997, p. 64].

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DERECHO PROCESAL PENAL II

En tanto la resolución oral –con las particularidades antes citadas– se documenta en el acta y,
adicionalmente, la audiencia en la que se profiere es objeto de una grabación por medio de
audio o de video, su reconocimiento no importa vulneración constitución alguna.”

ILUSTRACIÓN 2: La Audiencia en el Nuevo Proceso Penal. FUENTE: https://arc-anglerfish-arc2-


prod-gruporepublica.s3.amazonaws.com/public/QX4DG47UAZGJNMEREI2RCHR3SM.jpeg

Lectura seleccionada N.° 2

Por Mario Pablo RODRIGUEZ HURTADO, Asignatura 5, Diplomatura Internacional Superior


Especializada en el Nuevo Modelo Procesal Penal, Academia de la Magistratura, Lima,
setiembre 2010. Disponible en https://elvisoroz.files.wordpress.com/2020/03/coercic3b3n-
procesal-mario-pablo-rodrc3adguez-hurtado.pdf

Actividad Formativa N.° 1

Leer hasta la pregunta N°40.

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DERECHO PROCESAL PENAL II

Glosario de la Unidad I

Absolución
Sentencia que pone fin al proceso, permite exonerar al acusado de toda responsabilidad que
había sostenido la acusación fiscal en su contra.

Acción (Derecho Procesal)


Derecho público subjetivo y autónomo por el cual la perso- na tiene la facultad de recurrir a
la autoridad judicial para que se declare la existencia de un derecho y/o preste su auxilio a su
ejercicio coactivo.

Actos (judiciales)
Las decisiones, providencias, mandamientos, diligencias, y cualquier disposición de un juez en
ejercicio de sus funciones.

Expediente (Derecho Procesal)


Es el conjunto de escritos, actas y resoluciones donde se encuentran consignados todos los
actos procesales realizados en un proceso, los cuales son ordenados según la secuencia de su
realización en folios debidamente numera- dos correlativamente.

P
Proceso
“En un sentido amplio equivale a juicio, causa o pleito” (Ossorio, 1974, p. 778).

O
Ordenamiento jurídico
Conjunto de normas que en determinado momento histórico rigen en una comunidad.

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DERECHO PROCESAL PENAL II

Bibliografía de la Unidad I

Armenta, T. (2003) Lecciones de Derecho Procesal Penal, Madrid: editorial Marcial Pons.

Baytelman, A. (2005) Litigación Penal Juicio Oral y Prueba, Lima: editorial Alternativas.

Barrios, D. (2002) Teoría del proceso, Buenos Aires: Editorial B de F.

Binder, A. (2002) Iniciación al Proceso Penal Acusatorio, Lima: editorial Alternativas.

Cabanellas, G. (2008) Diccionario Enciclopédico de Derecho Usual, Argentina: Editorial Heliasta,


Tomo F-I.

Cafferata, J. (2004) Manual de Derecho Procesal Penal, Córdova: Universidad Nacional de


Córdoba, 2da. Edición.

Claria, J. (2004) Derecho Procesal Penal, tomo I, Buenos Aires: Rubinzal-Culzoni editores.

Creus, C. (1996) Derecho Procesal Penal, Buenos Aires: editorial Astrea.

Cubas, V. (2005) Principios del Proceso Penal en el Nuevo Código Procesal Penal, en Revista
Derecho & Sociedad, Nº 25, Lima: Facultad de Derecho, Pontificia Universidad Católica del
Perú.

Gálvez, T (2008) El Código Procesal Penal Comentarios descriptivos, explicativos y críticos, Lima:
Jurista editores.

Jauchen, E. (2012) Tratado de Derecho Procesal Penal, Tomo I, Buenos Aires: Rubinzal Culzoni
Editores.

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Neyra, J. (2010) Manual del Nuevo Proceso Penal & de Litigación Oral, Lima: editora Idemsa.

Oré, A. (2011) Manual de Derecho Procesal Penal, Tomo I, Lima: Editorial Reforma.

Reyna, L. (2006) El proceso penal aplicado, Lima: editorial Gaceta Jurídica, 1ª edición.

Rodríguez, M. (2010) Medidas de Coerción en el Nuevo Código Procesal Penal – Preguntas y


Respuestas, Lima: Asignatura 5, Diplomatura Internacional Superior Especializada en el Nuevo
Modelo Procesal Penal, Academia de la Magistratura.

Roxín, C. (2006) Derecho Procesal Penal, Buenos Aires: Editores del Puerto, 3ª reimpresión.

Sánchez, P. (2009) El Nuevo Proceso Penal, Lima: editorial Idemsa.

San Martín, C. (2012) Estudios de Derecho Procesal Penal, Lima: editora Grijley.

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