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BIBLIOTECA CA

VÉRTICES COLOMBIANOS CO LOMBIANOS

Jaime Rafael Nieto L.


Resistencia. Capturas y fugas del poder explora la genealogía de la
resistencia en el moderno pensamiento social y político de Occidente,
pretendiendo por esta vía una refundamentación emancipatoria del
presente y de la política, en un contexto en el que los subalternos reco-
bran el discurso y las prácticas de resistencia en América Latina y el
sistencia
mundo. Este texto es, por otro lado, un intento por replantear la idea
convencional de política fundada en la relación poder-obediencia, y
utas y fugas del poder
busca por consiguiente reposicioriar la resistencia como categoría cen-
tral y co-constituyente del ámbito de la política, a partir de las posibili-
dades de despliegue de las' prácticas insumisas y contestatarias. Para-
aime Rafael Nieto L.
fraseando a Benjamin, poner a la resistencia 'en el centro de la teoría
política permite mirar la historia y la política desde la faceta de los
vencidos, que es la perspectiva escogida por el autor.

Resistencia. Capturas y fugas d

SBN 978 958-8093-90 1

Ediciones Efficiopes 4
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789588 09390
;Wr
Resistencia

Jaime Rafael Nieto L.


Índice
Agradecimientos 9

Prólogo 13

Introducción 29

Resistencia: genealogía de una idea de captura y fuga del poder 37

I. La Resistencia: entre cetros, sotanas y pueblo 39


A. La Resistencia: entre cetros y sotanas 39
B. La Resistencia: entre el pueblo y la corona 51
C. Del Derecho de Resistencia a la desobediencia civil 70
D. De la Resistencia a la resistencia civil 84

II. Resistencia: Del viejo topo al pez en el agua 101


A. De la Resistencia a la revolución. El topo saliendo a la superficie 102
B. Excurso: Resistencia-revolución-poder 153
C. Resistencia o ¿el pez en la red? 156
D. La Resistencia y el pez en el agua 176
1. James Scott y el arte de la Resistencia 177
Resistencia. Capturas y fugas del poder 2. Tonny Negri y la Resistencia de la multitud 200
Jaime Rafael Nieto L.

III. Prototesis para una conceptualización


Ediciones desde abajo
contemporánea de la resistencia 225
A. Resistencia-poder: hacia una redefinición de la política 225
Bogotá, D.C.Colombia, junio de 2008
B. Resistencia, sujeto, poder 230
ISBN: 978-958-8093-90-1 C. La Resistencia, sus dominios y dinámicas 233
D. La Resistencia como lógica y forma de acción colectiva 236
Diseño, diagramación, impresión y preprensa digital: Difundir Ltda. E. Resistencia, emancipación y contrahegemonía 238
Cra. 16 N° 57-57 • Tel: 212 73 97 - 345 18 08 - 346 62 40 F. Colombia: la resistencia civil
en un contexto de soberanías en disputa 243
Diseño de portada: Sandra Nieto Arroyave

Bibliografía 247
El conocimiento es un bien de la humanidad.
Todos los seres humanos deben acceder al saber.
Cultivarlo es responsabilidad de todos.

Se permite la copia, de uno o más capítulos completos de esta obra o del conjunto de la
edición, en cualquier formato, mecánico o digital, siempre y cuando no se modifique el
contenido de los textos, se respete su autoría y esta nota se mantenga.
Al amor y la ternura
de Manuela, Sandra y Carmenza.

A la memoria
de Francisco Corrales y Darío Henao.

*
Agradecimientos

Este libro está basado en la primera parte del trabajo de tesina que el
autor presentó a la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla (España), el
cual fue posible gracias al concurso de varias personas e instituciones.
Quiero agradecer a la Universidad Pablo de Olavide y su Programa de
Doctorado en Pensamiento político, democracia y ciudadanía, que a tra-
vés de una beca parcial, me brindó la posibilidad de compartir experien-
cias y conocimientos, así mismo a la Universidad de Antioquia, a la Facul-
tad de Ciencias Sociales y Humanas y al Departamento de Sociología, que
me concedieron la Comisión de Estudios y el apoyo institucional para
adelantar esta experiencia académica y de vida. Al profesor Rafael
Rodríguez Prieto, mi asesor de tesina, por sus valiosos aportes y observa-
ciones tendientes a mejorar el trabajo.

Agradezco, igualmente, a mis compañeros y compañeras del Grupo de


Investigación Cultura, Política y Desarrollo Social del Centro de Investi-
gaciones Sociales de la Universidad de Antioquia, del cual hago parte,
especialmente a Mary Luz Alzate y Katherine Higuita, del equipo de in-
vestigación sobre resistencias, con quienes comparto desde hace varios
años las mismas preocupaciones por el problema de la Resistencia en Co-
lombia, las mismas búsquedas y dudas.

Por último, mis mayores agradecimientos a Eduardo Nieto López, que


con la ocasión de escribir este texto, el amor de hermanos, la amistad y la
experiencia compartida de muchas batallas de ideas, se ha enriquecido y
estrechado. El vivo interés que desde un comienzo mostró por el tema, su
inteligencia y el goce vital por el debate teórico, lo convirtieron sin darnos
cuenta en el interlocutor académico permanente y predilecto para el de-
sarrollo y la escritura del texto. Sus sugerencias siempre pertinentes y sus
valiosos aportes para la necesaria apertura de horizontes, en particular
allí donde creía que todo ya estaba dicho, las dudas y discusiones centra-
les alrededor de buena parte de los autores aquí considerados, fueron de-
terminantes para el desarrollo de la escritura. Para quienes lo conocen,
no es dificil percibir su presencia en prácticamente todas las líneas del
trabajo. Este texto es un homenaje a él, y, de alguna manera, también es
de su autoría, excepto los errores e inconsistencias teóricas que pueda
presentar, que son de mi absoluta responsabilidad.
Cuando el gran señor pasa,
el campesino sabio hace una gran reverencia
y silenciosamente se echa un pedo.
Proverbio etíope'.

Nunca es más subordinado el movimiento popular que en el curso de


la guerra; allíprecisamente es donde tiene que recurrir al jefe, al
caudillo, enajenar su capacidad de decisión. Nunca es más indepen-
diente, en cambio, que cuando está obligado a combinar legalidad y
resistencia, es decir, a buscar su propio camino contestatario.
Gonzalo Sánchez2.

En la selva se escuchan tiros


Son las armas de los pobres
Son los gritos del latino9
Bersuit Vergarabat.

Citado por James Scott, Los dominados y el arte de la resistencia. Discursos ocultos. Era, México.
2000.
2
Gonzalo Sánchez, Prólogo al libro de Francisco Gutiérrez Sanín. Curso y discurso del movimiento
plebeyo 1849/1854. IEPRI-Ancora. 1995. Bogotá.
3
Pasaje de una canción del canta-autor argentino.
Prólogo
Sujeto, sentido de la resistencia y praxis

La resistencia es la antípoda del poder y la negación de la obediencia. Con


esta tesis, Jaime Rafael Nieto, docente de la Universidad de Antioquia en
el área de sociología política, coloca la categoría de resistencia en un lugar
central en el ámbito de la política: ésta se encuentra en relación simétrica
con el poder.

A diferencia de los orígenes de la categoría y de la tradición del pensa-


miento burgués liberal —centrados en el poder político—, el autor es parti-
dario de la segunda perspectiva del pensamiento occidental (crítico,
postestructuralista y neomarxista) que define la resistencia en su articu-
lación entre lo social y lo político, dando, por tanto, mayor importancia a
las relaciones de poder y explotación, a las situaciones de injusticia pre-
sentes en la propia sociedad. En consecuencia, comparte, con esta pers-
pectiva teórica, la centralidad del conflicto o de la contradicción como
campo desde el cual y en el cual se estructura la resistencia.

La importancia dada por el autor a esta categoría explica el lacónico título de


su libro: "Resistencia". Es importante, entonces, aclarar su etimología. Se-
gún la Real Academia Española, resistencia es la acción de resistir; capaci-
dad de resistir; conjunto de las personas que, clandestinamente de ordina-
rio, se oponen con violencia a los invasores de un territorio o a una dictadura.
Interesante también considerar otras acepciones del término: en psicoanáli-
sis, es la oposición del paciente a reconocer sus impulsos o motivaciones in-
conscientes; en electrónica, es la dificultad que opone un circuito al paso de
de una corriente; en mecánica, es la fuerza que se opone al movimiento de
una máquina y ha de ser vencida por la potencia; en voz pasiva es la renuen-
cia a hacer o cumplir algo. En general, resistir es oponerse activamente, lu-
char contra; tolerar, aguantar, permanecer firme. Deriva del latín resistere,
de re "atrás; contra"; y sistere, "quedarse en un lugar, poner de pie".

Este ponerse de pie es sinónimo de principio y fundamento; por tanto,


"nos ponemos de pie" cuando vemos amenazada nuestra dignidad. Y la
dignidad es lo más propio de nosotros, fundamento de todo derecho hu-
mano. Para Michael Randle, la resistencia civil es un método de lucha
Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 15

(acción no violenta), basada en la idea básica de que los Todos los autores y sus ideas considerados por el profesor Nieto, son es-
dependen en último término de la colaboración, o por lo me- tudiados críticamente por referencia al contexto histórico concreto que
os de la obediencia, de la mayoría de la población; los objetivos pueden las hace posible, que las contiene y lo contienen, en tanto son considera-
ser reformistas o incluso revolucionarios (derribo de un gobierno o de- das como expresión racional de condensaciones de fuerzas sociales en
rrocamiento de todo un sistema político y social). Aquí me asalta una duda: conflicto y como apuestas, no sólo para comprender dichas fuerzas socia-
¿podemos equiparar resistencia a revolución, acaso la primera no es sólo les en pugna, sino también y sobre todo para imprimirles una determina-
defensiva y por tanto conservadora? da direccionalidad a dichas fuerzas y procesos histórico-políticos; discur-
sos, pensamientos o ideas que se ofertan en situaciones y coyunturas his-
Jaime Rafael Nieto es consciente de este dilema y limitación; siguiendo a tórico-políticas determinadas como horizonte de posibilidades, esto es,
Charles Tilly, establece una clara diferencia entre revolución y resistencia: como horizontes de futuro de dichas condensaciones sociales.
"la revolución siempre es el resultado de procesos revolucionarios, es el des-
enlace de estos procesos; la resistencia es la oposición a los poderes estable- Este planteamiento, iluminado por el materialismo histórico, permite con-
cidos, con resultados impredecibles; la resistencia es por lo general y en un cluir al autor al finalizar su obra: "Parece conveniente subrayar que la resis-
comienzo de carácter defensivo yen muchos casos conservadora. La revolu- tencia y el poder hay que inscribirlos en un marco de configuraciones histó-
ción es un resultado hacia delante. La resistencia no siempre lo es". Según el rico-políticos determinados. Estas configuraciones deben entenderse no sólo
autor, "la pregunta acerca de si la desobediencia civil puede o no transfor- como formas específicas de lo social, lo económico y lo político, sino sobre
marse en acción revolucionaria no es una pregunta que se pueda responder todo como articulaciones de poderes y contrapoderes, de correlaciones de
en el plano teórico general sino práctico concreto". fuerzas, esto es, como un campo de fuerzas en conflicto". La categoría de
resistencia adquiere sentido y significado al calor de los hechos y dinámicas
Por esta razón, si bien el libro Resistencia. Capturas y fugas del poder no se históricas, en particular en la lucha entre clases sociales.
ocupa de la resistencia como experiencia histórica o como práctica sino de
sus discursos (trayectoria de la categoría en el terreno de la historia de las El profesor Nieto se ha destacado por su amplia erudición y su maestría
ideas políticas en occidente), el lector, no obstante, se encontrará con una en la exposición pedagógica de los complejos temas políticos y sociológi-
genealogía acerca de la resistencia en el pensamiento político de Occidente, cos. Este es uno, entre muchos, de los aciertos del texto: su seriedad aca-
no sólo cargada de contenidos o contextos (históricos, políticos, sociales y démica y el agrado con que se deja leer. De hecho, este texto es producto
económicos), sino especialmente signiiTcada, dotada de sentido, gracias jus- de sus estudios de doctorado en la Universidad Pablo de Olavide de Sevi-
tamente a que está arraigada e inscrita, y sólo puede estar significada en y lla (España), en Pensamiento político, democracia y ciudadanía. Pero
por dichos contextos. Según Jaime Rafael (en comunicación directa con el Jaime Rafael es mucho más que eso: es un hombre comprometido con las
prologuista), la idea de resistencia de la reforma protestante ¿podría ser com- luchas sociales, con el pensamiento crítico y con los proyectos humanis-
prendida, por ejemplo, al margen de las luchas sociales y religiosas y la dis- tas. Es un pensador de la praxis.
puta de poderes monárquicos en la Europa posmedieval de los siglos XV y
XVI? ¿puede la idea de resistencia de J. Locke ser comprendida al margen En efecto, el libro sobre resistencia constituye un punto de síntesis en la
del contexto de la revolución inglesa de finales del siglo XVII?, o ¿puede el rica trayectoria y experiencia de Jaime Rafael Nieto, pero ampliando tan-
pensamiento de Marx acerca de la resistencia, ser comprendido y valorado to el campo como la perspectiva. En esta obra, articula a su tradicional
al margen del contexto de las luchas económicas y políticas del joven proleta- formación intelectual y política en el marxismo, especialmente el marxis-
riado inglés y continental europeo por salarios, jornada de trabajó, etc, frente mo de Trotsky y Rosa Luxemburgo, con las lecturas renovadoras de
ala voracidad de un capitalismo salvaje del siglo XIX? ¿ola idea estructuralista Herbert Marcuse, M. Foucault y, de la mano de este último, de Nietzsche,
de resistencia de Foucault al margen de la coyuntura de la confrontación de Tonny Negri, M. Lowy, Ernest Mandel, Aníbal Quij ano, Edgar Lander,
social post-Mayo del 68? e o el arte de la resistencia de J. Scott ¿o sin referir- Atilio Borón y Agustín Cueva. Al alimentarse de estas fuentes y expresar
se a sus estudios de la sociedad malaya? En conjunto, el libro es una inspira- en el libro, de manera manifiesta y contundente, las debilidades de la tra-
ción en toda esta perspectiva histórico crítico-emancipatoria. dición del pensamiento liberal, a su vez que defiende con holgura el pen-
16 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 17

samiento crítico-revolucionario, es válido preguntarnos por qué el autor mente sino de contextos mediados subjetivamente. De ahí entonces que
no trabajó el concepto de «praxis», esencial en el pensamiento teórico, esta constitución abierta, siempre incompleta, del sujeto que resiste pase
social y político crítico-revolucionario, en lugar de darle tanta importan- necesariamente por la percepción subjetiva del contexto y de sus posibili-
cia a una categoría en principio tan conservadora y abstracta como es la dades de acción, de suerte que el contexto, que prima facie parecía algo
resistencia. externo y estático, ahora es sujeto de acción y producción del sujeto, cam-
biante y dinámico, según las posibilidades siempre potenciales, y por con-
Esta dicotomía entre resistencia y praxis es sólo aparente. Uno de los im- siguiente, siempre abiertas de la resistencia".
portantes aportes que nos hace Jaime Rafael en su obra, también desde la
perspectiva del materialismo histórico, es que la resistencia, al igual que La obra de Nieto evoca de principio a fin el pensamiento critico-libertario.
el pensamiento, hace parte de la praxis. El autor argumenta, siguiendo a Para el pensamiento crítico-revolucionario, «la raíz del hombre es el hombre
Marx, que la conciencia, el pensamiento o la idea no son más que el sujeto mismo». El hombre concreto en su praxis y empíricamente dado, bajo con-
consciente o el sujeto pensante, y que la comprensión de su pensamiento, diciones vitales históricamente determinadas. La praxis es la actividad social
conciencia o idea no está por fuera del sujeto sino en el sujeto mismo, conscientemente dirigida a un fin. La praxis implica el concepto clave de «su-
concreto, síntesis de múltiples determinaciones. En consecuencia, el lec- jeto». Una actividad consciente, dirigida a un objetivo, supone un ser cons-
tor encontrará en esta genealogía sujetos concretos (dotados de acción y ciente de sí mismo, de la materia y el medio de su actividad, y del fin que
pensamiento), campos de batalla específicos, intereses, necesidades, cos- desea alcanzar. El sujeto que —ya por definición de praxis— es un ser social
movisiones y proyectos específicos, en contextos, espacios y momentos consciente. Este sujeto tiene su historia, su propio desarrollo, su
determinados. autoproducción a través del trabajo (Markovic, M., Dialéctica de la praxis,
1968). Por tanto, la precondición «trascendental» de la posibilidad de la teo-
Pudiera pensarse a primera vista que la categoría de resistencia es expre- ría crítica, según Gyórgy Markus, es la realidad empírica «vivida» de necesi-
sión de fuerzas abstractas, corriendo el riesgo de limitarse a un dades radicales de los sujetos que, en su contenido, trascienden el presente y
estructuralismo sin sujeto. Consciente de esta simplificación, Jaime Ra- apuntan hacia una nueva organización social.
fael enfatiza con mucha fuerza en el análisis crítico de la idea de resisten-
cia de M. Foucault, contrastándola justamente con el pensamiento de Marx Con este marco, es necesario que la categoría de resistencia sea siempre
(el proletariado, como sujeto de la resistencia) o con el pensamiento de expresión de fuerzas concretas, manifestación real de sujetos históricos,
Scott (los dominados, como sujetos de la resistencia) o con el pensamien- sociales y holísticos, esto es, integrales en su construcción cultural, en su
to de Hard y Negri (la multitud, como sujeto de la resistencia), o incluso conciencia y valores que la expresan, en sus actividades económicas, polí-
con los pensamientos de J. Locke y de M. Randle (la sociedad civil, sujeto tico-sociales, en síntesis, en sus diversas cosmovisiones y la praxis que las
de la resistencia). No hay resistencia sin sujeto y, al mismo tiempo, el materializa.
sujeto subalterno en contextos de relaciones de poder y dominación sólo
puede ser y hacerse en cuanto afirmación de la resistencia. El materialismo histórico y cultural se propone estudiar el proceso social
en su totalidad. Pero al interior de la propia teoría crítica se registra una
Dice Nieto en su libro: "La resistencia en acto significa que no hay resis- grave tensión. En general, el marxismo continental europeo, en su ver-
tencia en abstracto sin sujeto, ni tampoco sujeto preconstituido por fuera sión estructuralista y dogmático, cayó en una explicación mecánica de la
de los campos potenciales de resistencia. La resistencia constituye al su- conciencia humana en la cual «el ser determina la conciencia». Al contra-
jeto, de la misma manera que el sujeto la realiza realizándose. En reali- rio, la historia no representa ninguna voluntad suprema o leyes abstrac-
dad, la resistencia es el sujeto que resiste; así como el sujeto es la conden- tas sino la acción efectiva de los seres humanos, impulsados a actuar por
sación activada de formas múltiples y variadas de resistencia; es la resis- sus necesidades, intereses, valores, principios, ideas o cosmovisiones. El
tencia en acción. Esta conjugación entre resistencia y sujeto, por supues- hilo desarrollado por los historiadores marxistas ingleses es, a mi pare-
to, no se realiza por fuera de los contextos específicos en que se produce. cer, más consecuente con el materialismo histórico cultural. Según E. P.
Sin embargo, no se trata de contextos que se imponen mecánica e irreme- Thompson (Miseria de la teoría, Editorial Crítica), las clases surgen por-
18 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 19

que los hombres y las mujeres, bajo determinadas relaciones de produc- les, de insubordinación y de resistencia abierta contra el poder, la opre-
ción, identifican sus intereses antagónicos y son llevados a luchar, a pen- sión, la injusticia y la exclusión (los piqueteros en Argentina, los campesi-
sar y a valorar en términos clasista: de modo que el proceso de formación nos de los sin tierra en Brasil, los indígenas de Chiapas en México y Boli-
de clase consiste en hacerse a sí mismo, si bien bajo condiciones que vie- via, las mujeres, jóvenes y lgtb, los estudiantes, etc.), que algunos autores
nen «dadas». Las formaciones de clase —afirma Thompson— surgen de la como Negri y Hardt llaman multitud y otros como Holloway el grito y
intersección de la determinación y de la actividad propia: la clase trabaja- otros más simplemente el pueblo o lo popular o lo subalterno. En todo
dora se ha hecho a sí misma, tanto como ha sido hecha. No podemos, por caso, un sujeto singular y múltiple al mismo tiempo (Negri). Las concep-
tanto, poner «clase» aquí y «conciencia de clase» allí, como dos entida- ciones que asignaban al proletariado, y nuclearmente al proletariado in-
des separadas, consecutivas la una de la otra, ya que ambas deben tomar- dustrial, las centralidad en las acciones de resistencia, o de "vanguardia",
se juntas: la experiencia de la determinación y el «manejo» de ésta de o de clase "llamada a la liderar la revolución social", según una lectura
maneras conscientes. El problema radica, como lo puso en evidencia dogmática de Marx, hoy ya no tienen consistencia alguna a la luz de estas
Korsch, que la economía política marxista y la descripción subjetiva de la experiencias recientes". "Lo cual no significa —advierte Jaime Rafael—,
historia como lucha de clases eran dos formas independientes del pensa- como creen algunas corrientes posmodernas y posmarxistas, que el aná-
miento marxista, igualmente originales y no derivadas una de la otra. La lisis de clases de las mismas, y su carácter de clase, no siga siendo útil y
relación es dialéctica. Las ideas y los valores están situados en un contex- necesario tanto para el estudio de estas formas de resistencia como para
to material, y las necesidades materiales están situadas en un contexto de la definición de sus estrategias de acción". Postura que se encuentra en la
normas y expectativas; desde una perspectiva es un modo de producción, misma dirección de textos recientes como el de Isabel Rauber: Sujetos
desde otra un modo de vida (E. P. Thompson, Agenda para una historia políticos (ediciones desde abajo, Bogotá. 2006).
radical, Editorial Crítica).
El sujeto de la revolución debe volver a ingresar en la historia. No hay
Contra la versión estructuralista y dogmática del marxismo, Jaime Rafael historia sin sujeto ni sujeto sin historia. Pero ¿cuál es el sujeto de la revo-
postula en su obra, respecto del sujeto de la resistencia para América La- lución? Jaime Rafael resalta "la multiplicidad, variedad y pluralidad de
tina, una versión crítica, no dogmática, del marxismo, inspirada, entre los sujetos que agencian las experiencias recientes de resistencia en Amé-
otros factores, en la refrescante recomendación de José Carlos Mariátegui rica Latina". En medio de esta «multitud», debemos nuevamente pensar
cuando dice: "Profesamos abiertamente el concepto de que nos toca crear y reflexionar sobre el sujeto histórico, en particular a partir del concepto
el socialismo indo-americano, de que nada es tan absurdo como copiar de subjetividad.
literalmente fórmulas europeas, de que nuestra praxis debe corresponder
a la realidad que tenemos delante" (...) "No queremos, ciertamente, que La subjetividad es siempre producción social, histórica y dialéctica. La
el socialismo sea en América ni calco ni copia. Debe ser creación heroica. subjetividad es un sistema complejo y plurideterminado que se afecta por
Tenemos que dar vida, con nuestra propia realidad, en nuestro propio el propio curso de la sociedad y los sujetos que la constituyen dentro del
lenguaje, al socialismo indo-americano. He ahí una misión digna de una continuo movimiento de las complejas redes de relaciones que caracteri-
generación nueva" (Citado por A. Quijano, Prólogo a 7Ensayos de inter- zan el desarrollo social. El sujeto representa una opción creativa, genera-
pretación de la realidad peruana. Biblioteca Ayacucho, 1955). dora de sentidos y significados que define nuevos espacios de integración
personal y posibilidades de transformación societal. La idea de sujeto re-
Corolario de lo anterior es la propia aproximación al sujeto de la resisten- cupera el carácter dialéctico y complejo del ser humano, de un ser huma-
cia para América Latina que realiza el profesor Nieto en su libro, no que de forma simultánea representa una singularidad y un ser social.
desdogmatizada y completamente distanciada de la idea de "calco y co-
pia" extrapolada de la realidad europea. Dice Nieto: "Las experiencias re- Desde el punto de vista de una psicología social marxista, el análisis del
cientes en el mundo y particularmente en A. Latina, muestran que no hay sujeto debe fundamentarse en el materialismo dialéctico e histórico y de-
un sujeto preconcebido o prefigurado de la resistencia, sino que éste se sarrollar tres características básicas, estrechamente relacionadas entre
configura y se anuda a partir de experiencias múltiples, variadas y plura- sí: un antropologismo humanista, un antipositivismo epistemológico y
20 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 21

un criticismo radical. El antropologismo humanista desarrolla el proyec- que ella marcó su principal preocupación intelectual desde sus estudios
to iniciado por Marx en la configuración de una auténtica ciencia del ser universitarios en la carrera de sociología de la Universidad de Antioquia,
humano (integra las ciencias naturales con las humanas y sociales, bajo el la preocupación por la política y especialmente por aquellas expresiones
principio de totalidad). El antipositivismo epistemológico, por lo contra- antisistémicas, contestatarias o simplemente distintas del bipartidismo
rio, es consecuencia de no identificar, o confundir, la ciencia natural con liberal-conservador dominante (reformistas o revolucionarias, institucio-
la ciencia humana. El criticismo radical surge de la dimensión intrínseca- nales o extrainstitucionales, armadas o pacíficas). Jaime Rafael ha sido
mente axiológica, derivada tanto de la primera característica mencionada consecuente con su creencia en que la universidad, pese a sus problemas
—el antropologismo humanista- como de la utilización de la dialéctica como y aporías, es un escenario desde el cual se pueden producir reflexiones
instrumento de conocimiento, instrumento que al fijarse en la contradic- argumentadas sobre este campo, especialmente si se le logra articular con
ción provoca pesimismo, y al saltar a la síntesis como proyecto se abre al escenarios no estatales como las propias organizaciones sociales.
optimismo. En consecuencia, es consustancial a esta psicología social
marxista una acusadísima dimensión ética y política, orientada al objeti- Esta «praxis» de Jaime Rafael Nieto ha marcado su trayectoria de intelectual
vo, definitorio, de transformar la realidad social a través de un ser huma- comprometido y su extensa obra intelectual, desde la tesis de grado como
no no sometido a la alienación, la opresión y la explotación. Evoca asimis- sociólogo, escrita con su hermano Eduardo, titulada: Las terceras fuerzas
mo, la capacidad creativa del ser humano o el poder de la imaginación y políticas en Colombia (Unión Republicana, Unir, Anapo)y su tesis de Maes-
su realización a través de la praxis. tría en el Instituto de Estudios Políticos de la U. de A., titulada La Alianza
Democrática M-1.9 y la crisis del bipartidismo, la cual se ocupa de la vida y
La propia biografía del profesor Jaime Rafael Nieto es un testimonio de pasión de la última tercera fuerza política que a comienzos de la década de
esta construcción histórico-dialéctica del sujeto revolucionario en su praxis 1990 desafiaba de manera creíble el monopolio bipartidista liberal conserva-
concreta. Veamos. Como todos los nacidos en Colombia a lo largo de la dor. Posteriormente, Jaime Rafael se dedicó a estudiar el problema de la
segunda mitad del siglo XX, Jaime Rafael ha tenido que experimentar y guerra en Colombia, publicando artículos en revistas universitarias y boleti-
sufrir en carne y conciencia propia el genocidio, la barbarie y la nes, en un contexto más amplio de reflexión sobre la violencia. Este proceso
deshumanización provocada consciente y planificadamente por la oligar- se cristaliza en el libro Guerra y paz en Colombia, escrito con Luis Javier
quía colombiana, en contubernio con las más crueles expresiones del im- Robledo, editado por la Universidad Autónoma Latinoamericana en 2002,
perialismo, en contra de la clase trabajadora y los sectores populares. que es un intento por teorizar el problema y las lógicas del conflicto armado
colombiano a la luz de la coyuntura del proceso de paz entre el gobierno de
Este período de la política colombiana marcó, en palabras de Jaime Ra- Pastrana y las Farc. Ya en el primer año largo de gobierno de Uribe y su
fael Nieto, no sólo la esfera política del país, en términos de consagración política de seguridad democrática, Jaime Rafael editó con el apoyo de la
del monopolio bipartidista y exclusión de las terceras fuerzas o movimien- Universidad de Antioquia el libro Colombia en la coyuntura 2003, en el que
tos políticos no bipartidistas, también significó la permanencia del régi- participó con un ensayo titulado "Guerra y política o la otra cara del almendrón
men de excepción, vigente casi interrumpidamente mientras pervivió el colombiano", en el que intentó conjugar la perspectiva de Foucault, Clausewitz
Frente Nacional, lo que posibilitó la criminalización de la protesta ciuda- y Pécaut, sobre el desarrollo de la guerra en los marcos de la política de segu-
dana, el recorte o negación de las libertades, y la destrucción de la demo- ridad democrática del presidente Uribe. Fueron necesarias las manifestacio-
cracia a favor de un militarismo anticomunista; pero sobre todo, esta co- nes ciudadanas contra la guerra y sus costos humanitarios (sobre todo en el
yuntura marcó el aire, el carácter, las expectativas y frustraciones de la sur del país), para que el profesor Nieto retomara la pregunta por los secto-
generación que correspondió a ella. res subalternos frente al conflicto armado; de ahí surge la pregunta por los
actores sociales subalternos en contextos de guerra y frente a la guerra; de
Jaime Rafael evoca este largo momento histórico de Colombia para ahí surge el libro de su coautoría Conflicto, violencia y actores sociales en
contextualizar su disposición a integrarse desde muy temprana edad a las Medellín, editado en 2005. El libro que nos ocupa, Resistencias. Capturas y
múltiples expresiones de resistencia que se dibujaron en movimientos de fugas del poder, constituye una maduración de esta extensa y profunda re-
protesta, tumultos y movimientos políticos de la época; asimismo, por- flexión, al igual que de sus invaluables experiencias personales, sobre el po-
22 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 23

der y la pluralidad de resistencias en Colombia. Por ello, al finalizar el libro Esta breve referencia bibliográfica del profesor Nieto confirma la senten-
expresa que "las experiencias recientes en el mundo y particularmente en cia de Jean-Paul Sartre: «El pensador comienza a la manera como se nace».
América Latina, muestran que no hay sujeto preconcebido o prefigurado de En efecto, el hombre nunca es un individuo; sería mejor llamarle un uni-
la resistencia, sino que éste se configura y se anuda a partir de experiencias versal singular: Totalizado e igualmente universalizado por su época, la
múltiples, variadas y plurales, de insubordinación y de resistencia abierta retotaliza reproduciéndose a sí mismo en ella como singularidad (Ben-
contra el poder, la opresión, la injusticia y la exclusión". Ami Scharfstein, Para una historia psicoanalítica de la filosofía, Edito-
rial Cátedra). La comprensión del pensamiento de un escritor debe ha-
El profesor Nieto se ha hecho a sí mismo, tanto como ha sido hecho. Vea- cerse a la luz de sus relaciones y experiencias humanas básicas. Es así,
mos algo de su biografía más personal, como experiencia propia y valiosa porque el razonamiento explícito de cada persona mantiene una relación
de resistencia; a su vez, nutriente de su reflexión teórica. El profesor Jai- estructural con sus procesos emocionales e implícitos o inconscientes. La
me Rafael Nieto nació en 1958 en San Pelayo (Córdoba), en una familia reflexión teórica se ve matizada en todos sus momentos por necesidades
de abuelos maternos de hacendados medios. Tanto el padre como el abuelo personales y emociones idiosincrásicas. Los códigos y los mensajes que
fueron maestros. Este último era santandereano liberal «nueveabrileño», transmiten los teóricos tienen el objetivo, consciente o inconsciente, de
se vino fugado de Socorro (Santander) de la violencia conservadora y se traducir un conjunto de preocupaciones, que son emocionales y persona-
estableció en algunos municipios del Medio Sinú (Ciénaga de Oro, San les, a otro conjunto de preocupaciones sociales, políticas e intelectuales.
Pelayo y Cereté). De ellos, Nieto recibió el primer contacto con los libros y
su familiaridad con ellos. En Cereté cursó sus estudios primarios y el ba- Resistencia. Capturas yfugas del poder está estructurado en tres gran-
chillerato, allí, de igual manera, tuvo su primera experiencia de compro- des capítulos. La parte teórica (los discursos sobre la resistencia en el pen-
miso con las luchas sociales estudiantiles (fue miembro del comité ejecu- samiento social y político de Occidente), los dos primeros capítulos, con-
tivo de la Federación de Estudiantes de Córdoba en los años 1970s) y con centran el 90 por ciento del libro (3o por ciento a la tradición del pensa-
los campesinos de la región en las actividades de siembra de cultivos y miento liberal y otro 6o por ciento al pensamiento crítico-revoluciona-
vinculación a sus luchas de recuperación de tierras dirigidas por la ANUC- rio). Sólo el lo por ciento, al final del libro, son dedicados por el autor a
línea Sincelejo. El 14 de septiembre de 1977 lo "coge" en Cereté, donde reflexionar sobre la relación entre los elementos teóricos acerca de la re-
por la excesiva militarización de la ciudad (moneda común en todo el país), sistencia civil y la situación latinoamericana, en particular la colombiana.
apenas habían podido hacer un mitin entre los estudiantes de secundaria Sin demeritar la excelente parte teórica, para mi gusto, esta última parte
y los obreros de la lechera Proleche. A partir de 1978, Jaime Rafael se es la mejor del libro. Allí, Jaime Rafael logra desplegar su profundo cono-
traslada a la ciudad de Medellín, donde estudia sociología y ciencia políti- cimiento teórico, junto a su rica experiencia como hombre de praxis.
ca. En los primeros años de la década de 198o se vinculó a las luchas
estudiantiles de la Universidad de Antioquia y militó en organizaciones Como todos los colombianos que hemos padecido y resistido a la barbarie
socialistas como el partido socialista revolucionario; también se integró del Estado y la deshumanización de toda sociedad capitalista, que nos
al comité de solidaridad con la revolución sandinista y salvadoreña por hemos construido una conciencia crítica y una ética libertaria, igualitaria
cerca de cuatro años, a raíz de lo cual fue a parar a los calabozos del Das y y solidaria, el profesor Nieto se declara más próximo a los principios de
del F2 en dos ocasiones, junto con su esposa. En los años 1990, Jaime un socialismo libertario. "Desde la perspectiva emancipatoria —subraya
Rafael se vincula como docente al departamento de sociología de la Uni- al concluir su libro— como la que intentamos esbozar aquí, la resistencia
versidad de Antioquia, en el área de sociología política. Poco después se como lógica de acción colectiva, no transige con ninguna forma de domi-
integró a la Asociación de profesores, de la que fue su presidente en 2002 nación, de explotación o de opresión. Su lógica es, por definición,
y por varios años miembro de su junta directiva. Durante este período ha emancipatoria, libertaria".
liderado con los docentes universitarios colombianos las luchas por la
defensa de la universidad pública y la defensa del estatuto profesoral que Fruto del conjunto de su reflexión, Jaime Rafael elabora el concepto, a mi
reconociera sus derechos laborales, académicos y políticos. Actualmente parecer, más importante en su extensa contribución intelectual: «la política
milita en el PDA. de sociedad». "Frente al fracaso del Estado y del mercado en Colombia y
24 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 25

América Latina, afirma, es conveniente ampliar el horizonte de la política. ciudadano. El ciudadano es el sujeto recortado por la "norma" del poder
Esto implica romper con la tradición liberal que restringe la política al Esta- expresado en quienes controlan este aparato de dominación. Con sentido
do y tiene a la sociedad civil como esfera de los negocios privados. La política crítico agudo, Slavoj Zizek declara —frente a la ideología política hegemó-
ya no es el Estado (no se aloja en él exclusivamente), es también el no Estado, nica de la seudoizquierda liberal (democracia formal, tolerancia, ciuda-
es la política de la sociedad. La política de sociedad, no es la antipolítica sino danía, Estado social de derecho, sociedad civil, multiculturalismo)— que
la refundación de la política a partir de y en la sociedad misma". en las sociedades capitalistas el ilusionismo estatal configura de cierta
manera una forma de discurso histérico que piden al amo demandas im-
Por ello, es extraño que en su extensa presentación de los pensadores oc- posibles de cumplir, como la renta básica o la protección de los derechos
cidentales el pensamiento anarquista no tenga la misma importancia, si humanos.
bien el autor cita a varios ácratas. En parte, este vacío es remediado en el
libro por la centralidad que tiene el pensamiento de Marx respecto de sus Tal vez, por esta razón, tenga validez para nosotros la pregunta que se
antecesores y contemporáneos. Pero más extraño aun, que proponga, como hace el sociólogo Sergio Zermeño para el caso mexicano: ¿Por qué en nues-
propuesta principal a las problemáticas identificadas, al final del libro, la tro país se ha gestado una forma de organización sociopolítica que ha for-
"redensificación de la democracia y del ciudadano". talecido primordialmente al Estado y no a la sociedad? Esta sociedad, se-
gún Zermeño, dio centralidad al Estado en el proceso de construcción del
El anarquismo, más afin con el concepto del profesor Nieto de «la política de proyecto de nación, por encima de la sociedad y de los cánones de la de-
sociedad», comparte las tesis marxistas de la lucha de clases como motor de mocracia liberal y la vida republicana. Lo que importaba era construir un
la historia, la revolución social como requisito de la emancipación de los tra- Estado fuerte, que fuera reconocido por todas las clases sociales y acepta-
bajadores y la norma distributiva de "a cada quien según sus necesidades, de do como árbitro del conflicto social. Este proceso inició desde la guerra de
cada cual según sus posibilidades". A diferencia del socialismo marxista, que Independencia un sistema autoritario. Desde entonces, el esquema de
tiene como objetivo la toma del poder y la instauración de la dictadura del solución a los movimientos y luchas sociales fue el siguiente: a) represión
proletariado, para los anarquistas el objetivo es la destrucción de todo apara- a toda forma de acción opuesta al sistema, sobre todo si se trata de un
to de coerción, con la intención de originar así una sociedad libre, sin violen- abierto enfrentamiento y una ruptura del orden; b) cooptación o muerte,
cia, y la abolición tanto de la propiedad privada como el derecho del produc- o cualquier forma de desmantelamiento de sus dirigencias; y c) solución a
tor y la explotación de los intermediarios; en síntesis, eliminar la tutela de la sus demandas y reincorporación en el seno del orden imperante de lo que
propiedad, el capital y el Estado sobre la sociedad. quedó de la dirigencia opositora, pero principalmente de las banderas de
su causa. Este esquema funciona porque la lucha social y política de la
Hace falta, entonces, en la reflexión sobre la resistencia, recuperar esa larga oposición se plantea en términos de disputa del poder y tratando de utili-
historia del pensamiento anarquista que tiene sus raíces en los liberales radi- zar a su favor los mecanismos que el propio sistema permite o autoriza o
cales y utopistas de inicios de la Revolución Francesa —Marat (quien insiste a lo que los orilla: la vía electoral constitucional o la vía revolucionaria
tanto en la capacidad revolucionaria del propio pueblo como en la insufi- armada y violenta. La matriz autoritaria del sistema político es una varia-
ciencia de las medidas exclusivamente políticas), Babeuf (la propiedad pri- ble explicativa de los obstáculos para consolidar la organización social.
vada es la fuente principal de cuantos males afligen a la sociedad), Saint- Peor aún en Colombia, donde el Estado, además de las características se-
Simon, Owen, Fourier; pasando por Godwin (pedía abiertamente la aboli- ñaladas por Zermeño, siempre ha representado los intereses de familias y
ción del Estado. Una sociedad —escribió— puede existir perfectamente sin terratenientes, por lo cual su naturaleza tan primitiva, patrimonial,
gobierno si las comunidades son pequeñas y absolutamente autónomas) y prepotente, arbitraria y corporativista.
Stirner; hasta llegar a los autores más representativos del anarquismo:
Proudhon, Bakunin, Kropotkin, Malatesta, Mella y Abad de Santillán. Continuando con Zermeño, desde 1968 —inicio de la crisis del pensamiento
crítico y los movimientos revolucionarios— la relación de la izquierda con la
En relación con la categoría de ciudadanía, ésta siempre va a estar referi- democracia ha transitado por cuatro consideraciones: democracia libertaría,
do al Estado. Es éste quien reconoce y da legalidad a los derechos del democracia parlamentaria, democracia revolucionaria y democracia social.
26 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 27

Zermeño le da una gran importancia al surgimiento del Ezln en México, en de lo común, y lo común no es lo estatal, es lo que es construido colectiva-
particular a lo planteado en la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, so- mente por todos como referente de identidad, de participación, de toma
bre todo respecto de la importancia de la reconstrucción social desde una de decisiones colectivas. El ciudadano, tal como queda redensificado en
lógica alejada de la cultura estatal y del poder fascinante que éste ejerce (Sergio la obra de Nieto, no es más que el sujeto del nuevo republicanismo socia-
Zermeño, La desmodernidad mexicana y las alternativas ala violencia y a lista libertario. Ese que hace posible la democracia radical, en palabras de
la exclusión en nuestros días, Editorial Océano, 2005). Jaime Rafael.

Por último, la recuperación que realiza Jaime Rafael Nieto de los conceptos A través de la lectura del libro Resistencia. Capturas y fugas del poder,
políticos de ciudadano y democracia tiene que ver con la perspectiva tendremos que enfrentar todas las tensiones anotadas y tomar partido.
emancipatoria en que los enmarca. No tenemos que ser liberales —afirma No podremos seguir siendo los mismos. Las diferentes expresiones de la
Nieto— para recuperar y plantear el pleno sentido, radical, de democracia y izquierda en América Latina están presentes en esta obra. Nos queda una
ciudadanía; ni mucho menos convertirnos a una concepción estatalista o es- pregunta: ¿Es posible seguir pensando la utopía, la revolución, en estos
tado-céntrica de la política para actualizar su vigencia y su inmenso poten- tiempos de escepticismo, o sólo nos queda como acción política la resis-
cial libertario. Por el contrario, afirma Nieto (en comunicación al prologuista), tencia? De ahí se deriva la importancia del libro de Jaime Rafael Nieto; su
la experiencia del "socialismo histórico" y los intensos debates de Rosa Luxem- estudio es una necesidad en estos aciagos tiempos, requeridos de fraternas
burgo y León Trotsky contra la dictadura stalinista de la URSS, han sido su- discusiones colectivas para orientar la praxis, personal y colectiva.
ficiente aleccionadoras como para dejarlos tirados como "perros muertos"
del discurso revolucionario. Para no entrar en detalles, ni la idea de demo- La obra de Jaime Rafael hace parte de ese importante legado del pensa-
cracia ni la de ciudadanía están hipotecadas al pensamiento liberal ni a la miento crítico, tan necesario como precario en nuestro medio. La teoría
existencia del Estado. Redensificar la democracia, según Nieto, es postular la crítica, como propone el filósofo marxista húngaro Gyórgy Markus, pue-
idea de una democracia radical, que pasa por supuesto por el Estado (el me- de volver imaginable un futuro alternativo, dando así voz a la miseria muda
nor estado posible) pero que se orienta correlativa y estratégicamente al au- del presente y transformándola en aspiraciones radicales conscientes.
togobierno de los productores directos, y que, además, va más allá (en pro-
fundidad y extensión) de la esfera puramente política para incluir todos los Libardo Sarmiento Anzola
escenarios de decisión de la vida en común y todos los campos que compren- Bogotá, marzo de 2008
de (económicos, sociales, culturales, educativos, religiosos, etc.). No es una
idea liberal, advierte Jaime Rafael, que postula, por un lado la separación
entre lo político y lo social y por otro lado la idea del sujeto político indivi-
dual, titular de derechos (el ciudadano liberal), que sólo lo es en referencia
con el Estado. En consecuencia, en el pensamiento de Nieto, la democracia
radical es consustancial a la idea de resistencia, puesto que por su propia
lógica de autogobierno no transige con forma alguna de dominación ni de
representación ni de separación entre quienes deciden, y los ejecutores de
las decisiones o los concernidos en dichas decisiones.

Lo mismo vale respecto de los ciudadanos. De acuerdo con los plantea-


mientos de Jaime Rafael, se trata de redensificar y resignificar esta cate-
goría a favor de un proyecto emancipatorio. El ciudadano no lo es por
referencia exclusiva al Estado. En un proyecto emancipatorio, el ciudada-
no lo es sobre todo por referencia o la pertenencia a una comunidad de
iguales, es el sujeto de la política, que participa, delibera y decide respecto
Introducción

Colombia es quizás el único país de América Latina en el que la dinámica


y características del poder hegemónico del capitalismo mundial se conju-
gan de manera integral. Los dos grandes ejes de este poder hegemónico
son: por un lado, la guerra internacional contra el terrorismo, declarada
por el presidente de los EE.UU. de Norteamérica George Bush tras los
acontecimientos del 11 de septiembre de 2001, configurando un estado
mundial de guerra o de guerra general y global, como lo caracterizan Hard
y Negri; y, por otro lado, la continuidad, consolidación e intensificación
hegemónica de la globalización neoliberal de la economía, impuesta por
los países del capitalismo metropolitano sobre los países periféricos, a
través de instituciones financieras transnacionales como el Fondo Mone-
tario Internacional y el Banco Mundial en asocio con las clases dominan-
tes nativas. En la conjugación de estas dos tendencias mundiales, radica
la excepcionalidad de Colombia en el escenario latinoamericano.

Este poder hegemónico mundial, sintetizado bajo la formula lapidaria


"neoliberalismo armado", tiene desarrollos y aplicaciones desiguales en
los países periféricos, especialmente en América Latina, según las confi-
guraciones histórico-políticas específicas de cada sociedad nacional, sus
tradiciones históricas, la configuración de las clases y las luchas entre ellas,
las correlaciones de fuerzas sociales y políticas nacionales, el lugar y el
papel del Estado, los poderes y contrapoderes establecidos, entre otros
elementos. De manera que las tendencias y dinámicas dominantes del
poder capitalista hegemónico mundial no tienen una réplica mecánica y
uniforme en los países periféricos latinoamericanos. Así, mientras la ma-
yoría de los países de la región encaran el desafío de la globalización neo-
liberal y sus efectos perversos en términos de desigualdad, exclusión so-
cial e inestabilidad institucional, Colombia debe enfrentar adicionalmente
los términos de una guerra endémica de más de cincuenta años que la
somete aún más a los vaivenes de la política internacional.

Como los demás países de la región, aunque con ritmos y desarrollos dife-
rentes, los gobiernos de Colombia de los últimos lustros profundizan las
políticas de libre mercado, a través de un fuerte intervencionismo orien-
tado a flexibilizar el mercado laboral, el flujo de capitales y del comercio,
la privatización de sectores claves de la economía nacional como las tele-
comunicaciones, la banca, el petróleo, servicios públicos, seguridad so-
30 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 31

cial, educación y salud, entre otros. La reciente firma del Tratado de Libre lado, porque aleja la posibilidad de construir salidas políticas negociadas
Comercio —TLC— con el gobierno de los EE.UU. de Norteamérica confir- al conflicto armado interno conducente a una paz duradera; por otro lado,
ma el interés del gobierno del presidente Álvaro Uribe Vélez en profundi- porque favorece en la política doméstica colombiana que se impongan
zar y consolidar el modelo neoliberal instaurado en Colombia desde fina- gobiernos autoritarios como el de Álvaro Uribe Vélez elegido presidente
les de los años ochenta. en 2002 y reelegido en 2006 por amplias mayorías electorales, tras el
fracaso del proceso de paz con las Farc adelantado por el gobierno del
Los costos sociales de la profundización de las reformas de mercado y presidente Andrés Pastrana cuatro años antes.
privatización del Estado se han hecho sentir con rigor en el estancamien-
to o deterioro de los indicadores sociales del país en los últimos años. El alineamiento activo e incondicional del gobierno del presidente Uribe
Aparte de las sucesivas reformas tributarias que castigan más el consumo Vélez con la política antiterrorista del gobierno norteamericano, implica
popular y reduce la tributación del capital, o la reforma laboral que lejos que se redefinan los términos del conflicto armado colombiano en pers-
de su propósito explicito de combatir el desempleo genera mayor infor- pectiva internacional y no nacional. La política de seguridad democrática
malidad, profundiza la flexibilización laboral y recorta derechos adquiri- desarrollada por el presidente Uribe durante su primer mandato, sin vi-
dos como el pago triple de los dominicales y las horas extras, o los recor- sos de ser interrumpida para su segundo gobierno, sintetiza la política
tes a las transferencias fiscales a departamentos y municipios que se ha- gubernamental de guerra contra el terrorismo y su compromiso estraté-
bían convertido desde mediados de los años ochenta en la base de las gico internacional con la política de "guerra global contra el terrorismo"
políticas sociales en educación y salud; al amparo del neoliberalismo im- del gobierno de los EE.UU. de Norteamérica. Este alineamiento incondi-
perante, las políticas sociales de bienestar colectivo de la población se cional, no sólo ha contribuido a una mayor subordinación de la política
privatizan y las que quedan bajo la custodia del Estado no pasan de ser nacional a la esfera de influencia de la política norteamericana para Amé-
programas asistencialistas de corto vuelo y escaso impacto social. rica Latina, sino que incluso amenaza con una progresiva regionalización
del conflicto armado más allá de las fronteras nacionales, impactando más
Como lo anota Libardo Sarmiento, uno de los estudiosos más autorizados directamente a países vecinos como Venezuela y Ecuador sobre todo
de la cuestión social en Colombia, la política social no ha afectado la es-
pantosa concentración de la riqueza y las desigualdades sociales, al con- Aceptando la lógica y los términos de la guerra global que impone la sub-
trario, el modelo de desarrollo ha profundizado y ampliado las brechas. ordinación a los poderes hegemónicos mundiales, el gobierno del presi-
Según el Informe de Desarrollo Humano de Naciones Unidas (2005), dente Uribe Vélez revisa la lectura de la guerra colombiana en términos
Colombia se encuentra con relación a la distribución del ingreso entre los de conflicto armado interno. Con Uribe Vélez, en vez de un conflicto ar-
10 países más desiguales en el mundo (similar a los países africanos) y mado interno, estamos en presencia de una "amenaza terrorista", tan pe-
entre los tres más inequitativos de América Latina (junto a Guatemala y ligrosa como la que representa la red Al-kaeda en el medio Orientes. Su-
Brasil). Desde mediados de los dos, la distribución del ingreso por perso- primida del lenguaje gubernamental la noción misma de conflicto políti-
na ha pasado de 0.47 en el coeficiente de Gini a 0.58 en la actualidad, co armado interno, sus protagonistas nacionales, especialmente los acto-
once puntos por encima del observado hace 3o años4. res irregulares, son considerados igualmente como agentes en el plano
nacional del enemigo internacional, es decir, como agentes terroristas6,
Sin embargo, como se dijo antes, Colombia, a diferencia de los otros paí-
ses de la región, es el único país de América Latina que además de profun- En su momento, cuando el gobierno de los EE.UU. de Norteamérica y sus aliados europeos decidieron
dizar las reformas neoliberales vive un estado de guerra permanente por invadir Irak, el presidente colombiano no sólo fue el único gobernante de América latina que apoyó
esta violación flagrante del derecho internacional, sino que instó a las potencias mundiales al envío
más de medio siglo. Este estado de guerra permanente se agrava en sus
de tropas a Colombia para someter la "amenaza terrorista".
diferentes dimensiones con el nuevo contexto mundial de "guerra contra 6 Al inicio de su mandato, el presidente Uribe Vélez declara que en Colombia no hay un conflicto
el terrorismo" hegemonizada por los EE.UU. de Norteamérica. Por un armado interno si no una amenaza terrorista representada por las guerrillas, a las cuales cataloga
desde entonces como grupos o bandas terroristas, desarrollando una activa diplomacia internacional
° Libardo Sarmiento Anzola. "El proyecto social del uribismo". Caja de Herramientas. Año 15, N° logrando que el gobierno de los EE.UU. de Norteamérica y los gobiernos de la Unión Europea los
115. Bogotá, junio de 2006. incluya en la lista de terroristas internacionales.
Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 33
32

tal como en la época de la "guerra fría" bajo el manto ideológico de la tacar los efectos perversos de la guerra sobre la población civil, que por
doctrina de la "seguridad nacional", cualquiera manifestación de resis- reunir una caracterización precisa de la mismas.
tencia civil o de descontento ciudadano fuera considerada como la pre-
sencia en las fronteras nacionales del comunismo, catalogado entonces No es necesario forzar las palabras para comprender la manera como la glo-
como el enemigo internacional de Occidente. balización neoliberal y la guerra global contra el terrorismo, acicatean y
redimensionan los propios desarrollos del conflicto armado interno, la des-
La situación de guerra en la que se encuentra Colombia desde hace cerca igualdad, la pobreza y la exclusión en Colombia. Sin embargo, esta conjuga-
de cincuenta años ha pasado por etapas diferentes. Sin embargo, es a par- ción de guerra y neoliberalismo, no se ha impuesto sin resistencias.
tir de la década de los noventa que ésta alcanza un nivel sostenido de
escalonamiento y expansión territorial mayor, haciéndose mucho mas En los últimos diez años en Colombia, la resistencia contra la guerra y el
compleja con la vinculación del narcotráfico y sus ingentes recursos al modelo neoliberal se ha expresado en un conjunto variado de acciones
desarrollo de la misma. El narcotráfico, no sólo ha contribuido a fortale- colectivas, algunas de carácter nacional, otras de carácter local, algunas
cer logística y financieramente a los actores irregulares armados —espe- de manera puntual, otras de carácter más orgánico, algunas bajo formas
cialmente a los grupos paramilitares?—, socavar los referentes éticos en la novedosas de organización y protesta, otras basándose en viejos reperto-
conducción de la guerra y desdibujar las fronteras entre el carácter políti- rios de protesta y formas tradicionales de organización, algunas bajo nue-
co y no político en el accionar y objetivos de sus actores, sino que ha lleva- vas formas de organización y tradicionales formas de protesta, otras bajo
do a una cerrada disputa armada por el control de territorios y poblacio- nuevas formas de protesta y tradicionales formas de organización, algu-
nes potencialmente ricos en recursos eéonómicos o estratégicos para la nas con objetivos muy limitados circunscritos a los intereses del actor que
construcción de grandes obras de infraestructura o megaproyectos eco- las protagoniza, otras con objetivos más amplios orientados a desafiar
nómicos, de acuerdo con las señales y expectativas de la globalización eco- políticamente a los poderes hegemónicos.
nómica.
Si se les contrasta con el escenario latinoamericano, estas manifestacio-
Probablemente la guerra en Colombia no difiera de otras guerras locales nes de resistencia en Colombia no tienen el alcance y el impacto de las
en diferentes partes del mundo en cuanto a sus implicaciones dramáticas que, por ejemplo, se han producido en países como Bolivia, Argentina,
sobre la población civil. Sin embargo, ninguna otra fase de la guerra co- México, Venezuela y Ecuador, muchas de las cuales han logrado adquirir
lombiana había adquirido las proporciones que ha adquirido en la actua- niveles de rebelión y producir cambios en las relaciones de poder en esos
lidad en términos de costos humanitarios. El desplazamiento forzado, el países. Sin embargo, pese a los propios factores adversos, muchos de ellos
confinamiento, las masacres, los homicidios, los secuestros, las desapari- asociados a la permanencia y escalonamiento de la propia guerra, las ac-
ciones forzadas, la destrucción de bienes civiles y el reclutamiento forza- ciones colectivas de resistencia civil no armada en Colombia no dejan de
do, que se incrementan día tras día ostensiblemente, son las manifesta- expresarse, son persistentes en el tiempo y adoptan nuevos desarrollos.
ciones concretas de esta dura realidad. La fórmula "guerra contra la so-
ciedad", acuñada hace algún tiempo por Daniel Pécaut para oponerla En efecto, más allá de la propia dinámica del conflicto armado, de las
polémicamente a la fórmula "guerra civil" en la caracterización del con- políticas económicas y sociales de corte neoliberal y sus consecuencias
flicto armado colombiano, ha gozado de amplia aceptación, más por des- dramáticas sobre la población, en Colombia se ha abierto paso y se
estructuran acciones colectivas de la ciudadanía contra la guerra y contra
Según declaraciones de los propios jefes paramilitares un altísimo porcentajes de sus recursos
proviene directamente del narcotráfico, esto es, de actividades de narcotráfico realizadas por los g En realidad, la formula viene acompañada de muchas otras consideraciones, entre las cuales se destaca
propios grupos paramilitares y no sólo del cobro de "vacunas" o vigilancia de territorios y redes de el hecho que los actores armados hayan fracasado en el propósito de lograr el respaldo de la población
distribución, como suele ocurrir con las Farc. Esta simbiosis entre paramilitarismo y narcotráfico se para transformar su guerra en guerra civil. Cfr. Daniel Pécaut. Guerra contra la sociedad. Planeta.
puso de presente en el proceso de negociación en Santa Fe del Ralito en 2004, en el que muchos 2001. Para una referencia al debate reciente sobre la caracterización del conflicto político armado,
reconocidos narcotraficantes locales para beneficiarse de las garantías del proceso de negociación puede consultarse a Ramírez, Guizado, Pizarro, en Revista Análisis Político N° 46, Iepri-Unal. Bogotá,
y lavar sus fortunas provenientes del negocio de las drogas aparecieron repentinamente como jefes mayo-agosto de 2002; también, Posada Carbó, ¿Guerra Civil? Alfaomega. Bogotá, 2001; igualmente,
paramilitares y el que no tenía mercenarios propios para acreditarse como tal los compró a otros. Nieto y Robledo, Guerra y paz en Colombia: 1998-2001. Medellín. Unaula, 2003.
34 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 35

la exclusión social, por la paz y el bienestar social colectivo, las cuales han la producción agropecuaria, el sector artesanal y las confecciones. Mu-
gozado de relativo poco interés por parte de los investigadores sociales. chas de estas experiencias, además, trascienden el campo de lo económi-
co e incorporan una fuerte dimensión social, en términos de contribuir a
Frente a la guerra, por ejemplo, en los últimos diez años en Colombia se la reconstrucción del tejido social gravemente deteriorado por los efectos
estructuran algunos movimientos de resistencia civil de carácter nacio- de la exclusión o de la guerra, generan así mismo fuertes lazos de solida-
nal, con epicentro en las grandes ciudades, que traduce el propósito de ridad, sentido de identidad y de pertenencia a un nosotros. Se trata de
importantes sectores de opinión por encontrar salidas negociadas a la formas de resistencia civil articuladas alrededor de la problemática social
confrontación armada. También en el plano local, se estructuran otros y contra la exclusión.
movimientos de resistencia civil, como expresiones de comunidades
barriales en las ciudades, de comunidades negras e indígenas o de comu- Pese a que el asunto de la resistencia civil en Colombia, no ha tenido los
nidades campesinas en la vasta geografía nacional. En la irrupción de es- mismos desarrollos y alcances que en otros países de América Latina, es
tos movimientos, tanto nacionales como locales, puede leerse la otra di- un hecho que también aquí irrumpe como referente de movilización po-
mensión de la guerra en Colombia: la resistencia de sectores importantes pular. ¿Se trata sólo de un nuevo lenguaje común invocado por los acto-
de la ciudadanía a aceptar la polarización de la sociedad según las lógicas res subalternos para renombrar sus luchas defensivas en un contexto como
bélicas de los actores en conflicto y el fracaso de los mismos por convertir el actual, marcado por la ofensiva política, ideológica y económica de los
su guerra en guerra civil. poderes hegemónicos a nivel mundial y local? ¿Se trata de un nuevo "eu-
femismo" de izquierda para nombrar la calidad y alcances de esas luchas
Por otra parte, frente a la globalización neoliberal de la economía y la de los dominados en contextos de reflujo y adversidad? Sin duda, es eso,
privatización del Estado, son muy variadas las formas de resistencia civl no pero también mucho más. En el umbral del siglo XXI, la resistencia en
armada articuladas por los sectores subalternos, aunque de menor resonan- Colombia, como a nivel mundial, se ha convertido no sólo en el lenguaje y
cia pública que las desarrolladas frente a la guerra. Las acciones colectivas de las prácticas renovadas de las acciones colectivas populares de contesta-
resistencia en este campo han sido protagonizadas fundamentalmente por ción y desafio a los poderes económicos, sociales y políticos dominantes y
los tradicionales movimientos sociales, en especial por el sindicalismo, el cual hegemónicos, sino también en un referente de interpretación teórica de
ha conjugado las acciones al interior de las empresas o de las diferentes ra- dichos lenguajes y prácticas.
mas del sector público con acciones nacionales de protesta, como por ejem-
plo, paros nacionales, manifestaciones públicas y concentraciones en las prin- Aunque el telón de fondo y la preocupación central sobre las cuales están
cipales ciudades del país, en las que ha intentado articular a otros sectores escritas las líneas de este libro, son las múltiples y plurales formas de re-
urbanos, cívicos, estudiantiles, campesinos e indígenas. En el marco de la sistencia que recorren el mundo, América Latina y especialmente Colom-
reciente negociación del TLC con los EE.UU. de Norteamérica la resistencia bia en los últimos 15 años, éste no es un texto sobre estas experiencias
contra la globalización neoliberal se ha reactivado a nivel nacional, destacán- concretas, ni sobre sus historias y protagonistas, sino sobre su interpreta-
dose el papel protagónico ganado por los indígenas del sur del país, con ma- ción teórica más allá del presente y al mismo tiempo en función del mis-
nifestaciones de protesta y tomas de vías troncales, acompañadas de enfren- mo. Pretende efectuar, como parte central de esta interpretación teórica,
tamientos con la fuerza pública. una genealogía de la resistencia en el pensamiento social y político mo-
derno de Occidente, orientada a la refundamentación emancipatoria del
Al lado de las anteriores expresiones de resistencia colectiva, emergen presente y de la política, en un contexto en el que los subalternos renue-
formas inéditas de "emprendimiento" económico, de base comunitaria, van el discurso y las prácticas de resistencia en el mundo. Pero no se trata
vecinal o familiar, inspiradas en criterios de solidaridad, ayuda mutua y ciertamente de efectuar una versión convencional de la genealogía apli-
cooperación, algunas de las cuales actúan coordinadamente en forma de cada a las ideas políticas de la resistencia, sino —un poco más cerca de la
red; así mismo, se fortalecen formas arraigadas de economía solidaria, propia versión foucoultiana de la misma—, de una reconstrucción históri-
como el mutualismo y el cooperativismo. La mayoría de estas formas de co-crítica de estas ideas, que hagaposible el acoplamiento de la constitu-
"economía popular" se desenvuelven en el sector servicios, los alimentos, ción de "un saber histórico de las luchas y la utilización de este saber en
36 Jaime Rafael Nieto L.

las tácticas actuales", que contribuya a subvertir los "regimenes de ver-


dad" instituido por los poderes y "contradiga los saberes oficiales"; que
Resistencia: genealogía de una
posibilite una elaboración discursiva "desde los discursos de la resisten-
cia" y haga posible así mismo la racionalidad de los contradiscursos de
idea de captura y fuga del poder
confrontación, de lucha, silenciados por los discursos oficiales. Este texto
no es esa genealogía crítica de la resistencia, pero es un intento por fun-
damentarla y una contribución teórica a sus condiciones de posibilidad. La resistencia como práctica de sujetos colectivos contra el poder es tan anti-
gua como el poder mismo. La historia de la humanidad como historia de la
De acuerdo con lo anterior, el trabajo pretende identificar y discernir las lucha de clases planteada por Marx y Engels en el Manifiesto del Partido
dimensiones teorico-políticas de las dos grandes concepciones de la idea Comunista, igualmente podría ser formulada en términos de la historia de la
de resistencia presentes en las teorías políticas modernas y contemporá- resistencia frente al poder. Resistencias conoció y conoce el mundo europeo
neas —la liberal o liberal democrática y la crítcico-emancipatoria—, sus antiguo, medieval, moderno y contemporáneo. También las conoció y cono-
líneas de ruptura y de continuidad, sus antagonismos y sus variadas ce el mundo americano prehispánico, conquistado, colonizado y moderniza-
fundamentaciones teórico-políticas, tomando como referencia a algunos do. Como práctica, la resistencia no es pues nueva9. En todo caso es más
pensadores considerados aquí como representativos de estas corrientes. antigua que el discurso que la teoriza y la explica. Y aunque es difícil separar
A ello corresponden la primera y segunda parte del texto. una de otro, sin embargo, no es de la resistencia como experiencia histórica o
como práctica de la cual nos ocupamos en este libro, sino de sus discursos.
La tercera parte del libro corresponde al propósito más condensado de Por consiguiente, aquí presentaremos la trayectoria que en el terreno de la
fundamentación teorico-política contemporanea de la resistencia, en la historia de las ideas políticas en Occidente ha tenido la idea de resistencia.
que, bajo la forma de proto-tesis, se recrean y postulan algunas conside-
raciones teóricas, que buscan delimitar sus alcances y posibiidades como Teniendo en cuenta los alcances y objetivos de este trabajo, nos limitaremos
categoría política a la luz del debate contemporáneo en América Latina y a presentar dicha trayectoria a través de algunos pensadores considerados
el mundo, especialmente en referencia con otras categorías gravitacionales representativos del pensamiento social y político de Occidente, agrupándo-
del pensamiento político como, por ejemplo, poder-hegemonía-emanci- los en dos grandes campos: por un lado, la tradición del pensamiento liberal,
pación y revolución. Por último, este libro es un intento por replantear la precedida de una referencia sintética al pensamiento tomista y calvinista de
idea convencional de política fundada en la relación poder-obediencia, y los siglos XIII y XVI europeos; y por otro lado, la tradición que aquí llama-
busca, por consiguiente, reposicionar la resistencia como categoría cen- mos del pensamiento crítico-revolucionario, a sabiendas que no se trata de
tral y co-constituyente del ámbito de la política a partir de las posibilida- una tradición homogénea como tal, pero que comparte identidades teóricas
des de depliegue de las prácticas insumisas y contestarias de los subalter- fundamentales en contraste con la tradición liberal. Empezaremos presen-
nos. En este sentido y parafraseando a W. Benjamín, poner a la resisten- tando la primera tradición y luego la segunda.
cia en el centro de la teoría política como aquí se pretende permite mirar
la historia y la política desde la perspectiva de los vencidos, que es la pers-
pectiva escogida por el autor.

9 Para una síntesis de la trayectoria histórica de la resistencia como práctica, puede consultarse el
texto de Michael Randle: Resistencia civil. La ciudadanía ante las arbitrariedades de los gobiernos.
Paidós. Barcelona. 1998.
I. La Resistencia:
entre cetros, sotanas y pueblo

A. La resistencia: entre cetros y sotanas


Los primeros esbozos teórico-políticos de la resistencia en Occidente los
encontramos en el siglo XIII, asociados a la tradición del pensamiento
judeo-cristiano medieval. Tomás de Aquino fue uno de los primeros teó-
logos que se ocupó de fundamentar una concepción filosófico-política de
la resistencia, desarrollada más tarde por las corrientes luteranas y
calvinistas en el siglo XV y XVII°. La idea de resistencia en el pensamiento
tomista deriva de su concepción más amplia acerca de la sociedad y la
política, la cual conjuga la tradición aristotélica recién asimilada por la
iglesia medieval con la agustiniana.

Dentro de la tradición cristiana, anota M. Randle, la obligación impuesta


al individuo de desobedecer las leyes u órdenes consideradas pecamino-
sas iba unida a otra que suavizaba su cariz provocador: la obligación de
obedecer a la autoridad civil, expuesta por San Pablo en el nuevo testa-
mento. El efecto de ese principio doble se traducía en prohibir una rebe-
lión incluso contra un Estado injusto aunque imponía la desobediencia
en el momento en que el Estado exigiera del individuo cosas incompati-
bles con la moral cristiana. Santo Tomás de Aquino estableció en el siglo
XIII los fundamentos precisos para un alejamiento de la doctrina paulina".

Para Tomás de Aquino el orden social pertenece al orden natural en cuanto


que su artífice, el hombre, es una creación de la naturaleza, que a su vez es
una creación armónica de dios. Como toda naturaleza, el orden social es
un sistema jerarquizado de fines y propósitos en el cual lo inferior sirve a
lo superior y lo superior dirige y guía a lo inferior. Siguiendo la tradición
aristotélica, para Tomás de Aquino el propósito de una sociedad perfecta
I° Según María José Falcón y Tella, pese a que en la antigüedad se dieron algunos ejemplos de tiranicidio
de hecho, como el de Clearco tirano de Eraclea Pontica en 353 a. de c., considerado el primero por
motivos políticos, ni en Grecia ni en Roma antiguos hay un derecho o elaboración teórica de la resistencia
al tirano. El derecho de resistencia al tirano como tal no surge hasta la edad media, con Manegold von
Lautenbach en el siglo XI, y ya como teoría del tiranicidio propiamente hablando en el siglo XII, en el
Policratus de Juan de Salisbury, para quien es lícito matar al tirano siempre que el tiranicida no esté
ligado a la víctima por juramento alguno de fidelidad ni pierda la justicia ola honradez. La desobediencia
civil. Marcial Pons. Ediciones Jurídicas y Sociales. Madrid-Barcelona. 2000, pp. 107 y 108.
40 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 41

es el bien común, el cual requiere que una parte lo dirija, como el alma trario, el gobierno se dirige no al bien común de la sociedad sino al bien
rige al cuerpo o cualquier naturaleza superior a otra inferior12. individual de quien lo gobierna, se dará un régimen injusto y perverso"18.
Nuevamente, siguiendo a Aristóteles, Tomás de Aquino formula las tres
Siguiendo la lógica tomista del ordenamiento jerárquico de la naturaleza formas injustas y perversas de gobierno en simetría con las tres formas
de las cosas, corresponde al Estado o al gobierno la función de dirigir a la buenas aristotélicas: tiranía, oligarquía y democracia. Conviene subra-
sociedad hacia ese bien común y conservarla en su perfección. De ahí que yar, por otro lado, la predilección de Tomás de Aquino por el gobierno de
el gobierno sea una magistratura o un fideicomiso de toda la comuni- uno sólo, es decir, el gobierno del Rey, al cual está dedicado su opúsculo
dad'3. Como su súbdito más ínfimo, para Tomás de Aquino el gobernante postrero De Regno (La Monarquía). Primero define quién es rey y dice:
está justificado en todo lo que hace porque contribuye al bien común: "si "pertenece a la noción de rey ser uno sólo el que presida y sea pastor,
la sociedad de los libres es dirigida por quien gobierna hacia su bien co- buscando el bien común de la sociedad y no el suyo...por eso, el que dirige
mún, se da un gobierno recto y justo, como corresponde a los libres"'4. Su una comunidad perfecta, o sea, una ciudad o provincia, es llamado rey
poder, que deriva de la voluntad de dios, es un ministerio o servicio debi- por antonomasia". Luego, el argumento a favor de la predilección por el
do a la comunidad de que es cabeza. En términos generales es deber del gobierno del rey, que resuena siglos después en el Leviatán de Hobbes:
gobernante dirigir la acción de todas las clases de tal modo que los hom- "el bien y la salvación de la sociedad es que se conserve su unidad, a la que
bres puedan vivir una vida feliz y virtuosa, que es el verdadero fin del se llama paz, desaparecida la cual desaparece asimismo la utilidad de la
hombre en sociedad'5. Así mismo, las leyes que rigen el orden social son vida social, e incluso la mayoría que disiente se vuelve una carga para sí
legítimas en la medida en que se orientan a la consecución del bien co- misma. Luego esto es a lo que ha de tender sobre todo el dirigente de la
mún y emanan del poder gobernante proveniente de dios. Puesto que todo sociedad, a procurar la unidad en la paz... Luego un régimen será tanto
lo que es natural procede de dios, el Estado es, en definitiva, obra divinal". más útil cuanto más eficaz fuere en conservar la unidad de la paz. Y lla-
mamos más útil a lo que conduce mejor a su fin. Porque evidentemente
En síntesis, podemos decir que para Tomas de Aquino la razón de ser del mejor puede lograr la unidad lo que es uno por sí mismo que muchos...
Estado y del gobernante, es el bien común de la sociedad. Aquí radica, Luego es más útil el gobierno de uno que el de muchos"'9.
igualmente, el fundamento de obediencia de los súbditos. Se obedece al
Estado o al gobernante siempre y cuando procure el bien común, funda- He subrayado esta predilección de Tomás de Aquino por el gobierno del
mento de un gobierno justo. Por consiguiente, un Estado que no procura- rey porque la respuesta a la pregunta indicada arriba y su idea de resis-
se el bien común para la sociedad o, incapaz de procurarlo, se constituye tencia está asociada principalmente al gobierno tiránico. Resistencia es
ipsofacto en gobierno ilegítimor7. ¿cuál ha de ser la actitud de la sociedad resistencia a la tiranía, que en la versión precedente corresponde justa-
frente a un gobierno de esta naturaleza, es decir, ilegítimo? Antes de pre- mente a la forma injusta y perversa del gobierno de uno sólo2°. "Como ha
sentar la respuesta tomista, conviene subrayar algunos otros elementos de preferirse el régimen monárquico por ser el mejor pero puede conver-
conducentes a la misma. tirse en tiranía, que es lo peor", lo primero que se plantea Tomás de Aquino
es cómo evitar pasar de la monarquía a la tiranía, es decir, como prevenir
Tal como lo planteó Aristóteles siglos antes en La Política refiriéndose a que el rey devenga en tirano. Para ello propone la observancia de dos prin-
la formas corruptas de gobierno, para Tomás de Aquino: "Si, por el con- cipios: la elección del rey o monarquía electiva y el control de su poder de
forma que aleje el riesgo de cualquier exceso en el ejercicio del mismo.
" M. Randle, op. cit., p. 38.
12 Cfr. George Sabine. Historia de la teoría política. FCE. México, pp. 189 y ss. Sin embargo, si se ha fracasado en la observancia de los anteriores principios
" íd. ¿qué hacer, entonces, ante el rey que se ha vuelto tirano? Llegamos aquí al
14 Santo Tomás de Aquino. La Monarquía. Altaya. Traducción, estudio preliminar y notas, Laureano

Robles y Angel Chueca. Barcelona, 1994, p. 8.


15
George Sabine, op. cit. 10 Santo Tomás de Aquino, op. cit.

16 Laureano Robles y Angel Chueca. "Estudio preliminar. El tratado De Regno de Santo Tomás". ' 9 ibíd., pp. 10 y ss.
Altaya. Barcelona, 1994. XLI. 20 Robles y Chueca advierten que el concepto de tiranía en el pensamiento tomista no está referido sólo a

17 íd. la corrupción de la monarquía, tal como aparece en De Regno, sino a toda forma corrupta de gobierno.
42 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 43

punto nodal del pensamiento tomista acerca de la tiranía y la resistencia a la En términos generales y a manera de síntesis, podemos decir que la resis-
misma. La respuesta de Tomás de Aquino, por lo menos la que aparece en De tencia en el pensamiento tomista es un acto político autónomo ejercido
Regno, no es directa ni única. Por un lado, si el tirano no comete excesos, por la sociedad frente al poder en defensa del bien común, que se justifi-
dice, es preferible soportar una tiranía moderada que oponerse a ella, por- ca, por un lado, por razones políticas referidas a la crisis de legitimidad de
que tal oposición puede implicar peligros mucho mayores para quienes se quienes dominan y la subsiguiente ruptura de los lazos de la obediencia
oponen que la misma tiranía. Por otro lado, si se dan excesos intolerables, la por parte de los dominados, y, por otro lado, por razones teológicas refe-
muerte al tirano (tiranicidio), fundamentada y promovida entre otros por ridas al carácter no natural ni divino del poder corrupto.
Juan de Salisbury, no es recomendable, no sólo por los peligros que encierra
para quienes la promueven, sino también porque contradice las enseñanzas Dos siglos después, la idea de resistencia reaparece en Europa en un con-
de los Apóstoles, especialmente de Pedro. Para Tomás de Aquino, el tiranicidio texto signado por las guerras religiosas, revueltas campesinas y popula-
constituiría un peligro, más que para quienes lo promueven, para la sociedad res, alianzas entre poderes eclesiales y monárquicos y configuración de
y sus dirigentes. El que por una presunción individual algunos pudieran aten- los primeros estados naciones. A mediados del siglo XVI, los gobernantes
tar contra la vida de sus gobernantes, aunque fuesen tiranos, se corre el ries- católicos del norte de Europa se habían vuelto con violencia contra los
go de perder un buen rey que el remedio de perder un tirano. reformadores (luteranos y calvinistas) y estaban imponiendo la política
de la unidad religiosa (católica) por la fuerza. Luteranos y calvinistas su-
Por otra parte, la resistencia al tirano no puede ser, según el pensamiento frieron por igual terribles persecuciones, exilios y muerte, víctimas de la
tomista, un acto particular, individual o privado, sino político, ejercido guerra contra la herejía proclamada y asumida militantemente por los
legítimamente por la sociedad. La resistencia justificada es, pues, un acto monarcas católicos europeos. En este contexto, se forma el pensamiento
público de todo un pueblo. En esto consiste la resistencia: "por eso parece político de la reforma protestante y particularmente su teoría de la resis-
que conviene más que actúe contra la crueldad de los tiranos la autoridad tencia contra los reyes "herejes", que se convirtió en el punto más contro-
pública que una presunción particular de algunos. En primer lugar, por- vertido de la filosofía política de entonces23.
que si pertenece a alguna sociedad el derecho de darse un rey, el rey elegi-
do también puede ser destituido sin faltar a la justicia o frenar su poder, si La pregunta del líder calvinista escocés John Knox en 1554 a Heinrich
abusa del poder real como un tirano. Y no ha de juzgarse que esa sociedad Bullinger, "si se debe obediencia a un magistrado que impone la idolatría
actúa infielmente al destituir al tirano, por más que le hubiera prometido y condena la verdadera religión"24, recogía en esencia los términos de la
antes obediencia perpetua; pues él mismo lo mereció al no conducirse controversia del pensamiento político protestante durante el siglo XVI.
con lealtad al gobierno, como exigen sus deberes reales, por lo que sus La pregunta era por los límites de la obediencia política, pero esta vez, a
súbditos no deben guardarle su palabra"21. diferencia del pensamiento tomista, era una pregunta política impregna-
da de inquietudes teologales. Por un lado, porque iba dirigida al cuerpo
En textos anteriores, según nos lo hace notar Robles y Chueca, el pensa- de doctrina teológico y por otro lado, porque auscultaba el carácter teolo-
miento tomista respecto de la resistencia al tirano aparece de manera más gal del poder mismo. A diferencia de Santo Tomás, en el que la pregunta
directa y radical. En el Comentario a las Sentencias, Tomás de Aquino por los límites de la obediencia se centraba en el carácter legítimo o justo
reconocerá la resistencia activa contra quien violentamente usurpa el po- del gobernante respecto de la sociedad, independientemente del credo
der, y éste no haya sido legitimado por los mismos súbditos o autoridad religioso, la pregunta de Knox era por la legitimidad misma del gober-
superior. Es más, no sólo reconoce el derecho a la resistencia activa con- nante debido a la pertenencia a una fe religiosa y si era posible funda-
tra el tirano secundum regimen et titulum (que violentamente usurpó el mentar desde la teología un deber de resistencia.
poder y violentamente lo está ejerciendo), sino que incluso, en el caso de
que no sea posible el recurso ante una instancia superior que pudiera juz-
23 George Sabine, advierte que ya en los siglos XIV y XV los reformistas habían sostenido el derecho
gar al invasor, admite que se le dé muerte para liberar a la patria22. de resistir a un papa herético. Op. cit., p. 267.
24 Cfr. Quentin Skinner. Los fundamentos del pensamiento político moderno. Tomo II. La reforma.
21 Santo Tomás de Aquino, op. cit., p. 32.
FCE. México. 1993. pp.195 y ss. En lo sucesivo, para los avatares de la evolución del pensamiento
22 Laureano Robles y Angel Chueca, op. cit., p. LIV.
político luterano v calvinista re; .ecto de la resistencia, me basaré nrincinalmente en Skinner.
44 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 45

Los reformadores religiosos, Lutero y Calvino y sus seguidores en un co- ción que, según dice, incluye el deber de observar buen número de obligacio-
mienzo permanecieron firmemente comprometidos con la teoría de la nes jurídicas entre sí, además de asegurar el bienestar y la salvación de los
obediencia pasiva25. Su actitud política estuvo anclada en la doctrina propios súbditos inmediatos. Una vez introducidas estas modificaciones, de
paulista de la absoluta no resistencia, que según la Epístola a los Roma- allí se sigue fácilmente la idea de que puede ser legal resistir al emperador. El
nos de San Pablo, establece que todo poder "es una orden de Dios, y que derecho de defensa frente a la violación de los tratados que en la constitución
no hay poderes salvo los ordenados por Dios", ya que todos los príncipes imperial estaba reservado al emperador frente a otro poder soberano, es el
son "ministros de Dios" y son "representantes de Dios". Lutero proclama, que se apela ahora para los príncipes respecto al emperador. Por ello, la con-
que "prefiero soportar a un príncipe que obra mal antes que a un pueblo clusión es que si el emperador rebasa los limites de su cargo, persiguiendo el
que obra bien", y, como observa Sabine, su afirmación del deber de obe- Evangelio u ofreciendo violencia a alguno de los príncipes, estará quebran-
diencia pasiva es todo lo vigorosa posible: "No es de ningún modo propio tando la obligación impuesta a él en su elección, y por lo tanto será legítimo
de un cristiano alzarse contra su gobierno, tanto si actúa justamente como oponérsele.
en caso contrario. No hay mejores obras que obedecer y servir a todos los
que están colocados por encima de nosotros como superiores. Por esta La nueva interpretación constitucional de Hesse no convenció, sin em-
razón también, la desobediencia es un pecado mayor que el asesinato, la bargo, a Lutero, quien seguía aferrado a una postura teologal ortodoxa y
lujuria, el robo y la deshonestidad y todo lo que éstos puedan abarcar"26. conservadora: "De ninguna manera es propio que alguien que quiera ser
llamado cristiano se levante contra la autoridad de su gobierno, ya sea
Por su parte, Calvino no sólo predica categóricamente el deber de no re- que éste actúe justa o injustamente", pues aun si "su Majestad Imperial
sistir, sino que incluso justifica desde la' doctrina teologal la permanencia actúa injustamente y en contra de su deber y juramento, esto no anula la
del gobierno tirano, "los que gobiernan de manera injusta e incompeten- autoridad del gobierno imperial, ni anula la necesidad de la obediencia".
te" han sido puestos por Dios "para castigar la perversión del pueblo".
Esto significa, a su vez, que aun si "somos cruelmente atormentados por Por otro lado, mientras la situación de los protestantes se agravaba, lute-
un príncipe bárbaro", o "vejados por razones de piedad por uno impío y ranos como Gregorio Bruck, trabajan en un texto final que fundamentaba
sacrílego", sigue aplicándose la misma dura lección: no se nos permite desde el derecho privado la justificación de la resistencia violenta. El tex-
resistir, sino que se nos ordena poner la otra mejilla, reconociendo que to de Bruck, Si es legal resistir a un juez que está procediendo ilegalmen-
"no se nos ha dado otra orden" que la de "obedecer y sufrir"27. te, brinda esta justificación. Su argumento se puede sintetizar en el hecho
de que "en cuestiones de fe el emperador no tiene absolutamente ninguna
Mientras tanto, luteranos como Felipe de Hesse confrontados ante la inmi- jurisdicción", ya que "no es juez en tales asuntos". Se dice entonces que
nencia de supresión de las pocas concesiones de que aún gozaban bajo el estas proposiciones llevan a la conclusión de que la resistencia es indiscu-
imperio de Carlos V, en los años 3o producen una redefinición constitucio- tiblemente justificada en las condiciones presentes.
nal de la tradicional interpretación paulista, abriendo así la justificación de la
resistencia incluso armada. Siguiendo a Skinner, dos son los aspectos que de Para finales de 1530, pese a las reticencias iniciales, y llevado más por las
la teoría feudal particularista de la constitución imperial redefine Hesse a circunstancias, los luteranos ortodoxos, incluido el propio Lutero, habían
favor de su argumento. En primer lugar, sostiene que cuando San Pablo en la aceptado no sin reservas la idea de la resistencia forzosa. Para 1539, ci-
Epístola a los Romanos establece que "los poderes que existen son ordena- tando la doctrina del derecho civil, dice Lutero: "El emperador es cabeza
dos por Dios", se refirió a todos los poderes territoriales y no sólo al poder del del reino político", y como tal "es un hombre privado a quien se le ha dado
emperador. La segunda redefinición crucial consiste en decir que todos estos poder político para la defensa del reino". Esto implica que si no cumple
poderes han sido ordenados para desempeñar un cargo particular, estipula- con sus deberes para los cuales se le constituyó en persona pública, es
lícito resistirle de la misma manera que se nos permite resistir a cualquier
25
George Sabine sostiene que esta posición junto con la condena a la resistencia como un mal no la otro individuo privado que nos ofrece injusta violencia. La reticencias de
abandonaron nunca. Op. cit., p. 267. Lutero y sus allegados más cercanos frente a la resistencia se explican en
26 George Sabine, op. cit., p. 270.

27 Q. Skinner, op. cit., p. 200.


parte por el compromiso político con algunas monarquías europeas y su
46 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 47

temor de que las revueltas populares, a las cuales repudiaba, pudieran que los crímenes de un soberano que se extralimita en su cargo en reali-
sentirse respaldadas por su iglesia. dad no son distintos de —y deben ser tratados como— los mismos críme-
nes cuando son cometidos por cualquier ciudadano ordinario. 'Si un prín-
A mediados del siglo XVI es muy clara la influencia de la teoría luterana de la cipe roba y despoja a sus súbditos, es robo, y como robo debe ser castiga-
resistencia sobre los calvinistas, especialmente en la versión planteada por do—. La misma doctrina encontramos en Goodman, quien considera que
los pastores de Magdeburgo en la Confesión escrita en 1550 por Nicolás si nuestros gobernantes se vuelven tiranos o asesinos, "entonces ya no
Arnsdorf, íntimo amigo de Lutero. De acuerdo con Skinner, la Confesión re- son personas públicas" puesto que están "condenando su autoridad pú-
unía en un sólo texto los dos argumentos esgrimidos por los luteranos para blica al emplearla contra las leyes", y así, "todos los hombres deberán to-
justificar y legitimar la resistencia, por un lado, el argumento constitucionalista marlos como personas privadas" y ya no como-magistrados genuinos. A
de Hesse y por el otro lado, el argumento del derecho privado de Bruck. Sin la luz del derecho privado, como concluye Skinner, tanto Ponet y Goodman
embargo, respecto de este último argumento, la Confesión varió en parte la pasan a defender la legalidad de la resistencia armada.
fundamentación de la teoría de la resistencia desde el derecho privado hacia
una postura más teológica, "si un gobernante no cumple 'con su obligación En cuanto a Calvino, éste empezó a modificar su doctrina de la obedien-
para con Dios de actuar de acuerdo con su oficio' y procede a infligir daños cia pasiva a finales de 155o y a aceptar la teoría de la resistencia, distan-
`atroces y notorios' a sus súbditos, entonces la razón de que ya no pueda ciándose de las posiciones más radicales representadas especialmente por
considerársele como un magistrado genuino es que automáticamente deja Poten, Goodman y Knox. En sus Instituciones de 1559, Calvino deja la
de contar como poder ordenado por Dios. A la luz de este análisis queda sugestión de que un gobernante que rebasa los límites de su cargo auto-
reivindicada entonces la legitimidad de la resistencia forzosa. Como todo máticamente deja de ser considerado como magistrado genuino. Un de-
magistrado deja de contar como 'poder', de allí se sigue que 'todo el que resis- sarrollo similar de esta teoría del derecho privado, advierte Skinner, la
te a tales acciones no está resistiendo una orden de Dios', sino tan sólo al presenta Calvino en las Lecturas sobre el profeta Daniel, publicado en
detentador de una fuerza injusta, al que es lícito rechazar". 1561, en el cual argumenta que en el rechazo de Daniel a la orden de Darío,
no cometió ningún pecado ya que en todo caso en que nuestros gobernan-
La influencia luterana de la resistencia se manifiesta más directamente tes se levantan contra Dios automáticamente abdican su poder terrenal.
en la teoría de la resistencia activa de J. Knox, recogida en su escrito La Y en los Sermones sobre ocho últimos capítulos del Libro de Daniel, pu-
Apelación de 1558, considerado en su momento como uno de sus escritos blicados póstumamente en francés en 1565, según Skinner, Calvino
más radicales, en el que apela a la nobleza escocesa y al pueblo a rebelarse vuelve a la misma idea anterior, y añade que "cuando se levantan contra
contra quienes los priva de la palabra viva de Dios28. Knox es el primero Dios" entonces "es necesario que a su vez sean derrocados"29.
de los calvinistas que se distancia de la teoría convencional de la obedien-
cia pasiva defendida por Calvino. La teoría de la resistencia activa de Knox Aunque las posiciones calvinistas no se distinguen en lo fundamental de
empieza por reconocer en la nobleza escocesa un poder ordenado por Dios las luteranas en cuanto a la teoría de la resistencia, fueron ellos quienes la
para oponerse al poder de los tiranos, siguiendo en esto lo establecido por desarrollaron más ampliamente en el siglo XVI. Los calvinistas, por ejem-
la teoría constitucional luterana. Su posición como lo anota Sabine, se plo, fueron más allá que los luteranos en la definición del sujeto político
basa en el deber religioso y no en los derechos del pueblo. llamado a resistir al poder político. Así, mientras los luteranos asignaban
el poder de resistencia a los magistrados inferiores, los calvinistas se in-
Como Knox, también contribuyeron a justificar la resistencia pensadores clinaron, incluido el mismo Calvino, hacia formas populares de resisten-
calvinistas como Ponet (Breve tratado de poder político) y Goodman cia. Como nos lo recuerda Skinner, "los luteranos siempre habían tenido
(Cómo deben ser obedecidos los poderes superiores por sus súbditos), gran cuidado en insistir en que los reyes y otros magistrados supremos
ambos desde el derecho privado. De acuerdo con Skinner: "Ponet arguye sólo pueden encontrar oposición de otros 'poderes' ordenados, y en parti-
cular de magistrados inferiores. Ahora, buen número de calvinistas aña-
zs En 1579, J. Knox publica, sin embargo, la Vindiciae contra Tyranos, que es considerada no solo stt
obra más radical entre todas, sino la que mejor sistematiza los argumentos precedentes contra la
tiranía. 29 nuentín Skinner. op. cit np. 226 y 227.
48 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 49

dió nueva dimensión a la teoría de la resistencia arguyendo que hay al El otro aspecto importante de la teoría de la resistencia desarrollado y
menos otras dos agencias que legítimamente pueden tomar las armas con- subrayado por los calvinistas, es el que tiene que ver con el carácter y
tra sus gobernantes en circunstancias apropiadas"3°. Una de esas agen- fundamento teológico de la misma, el cual trascendía el argumento del
cias legítimas de resistencia sería una especial clase de magistrados de derecho privado ampliamente aceptado. El argumento teológico se basó
elección popular, que según Skinner, Calvino describe en las Institucio- en una interpretación bíblica de los compromisos de los cristianos para
nes como "magistrados del pueblo, nombrados para contener el capricho con Dios, establecidos desde el Antiguo Testamento a través de los pac-
de los reyes"3' tos, especialmente el de Moisés y los Diez Mandamientos. En esencia, la
idea del pacto consistía en el compromiso de todos los cristianos de de-
Pese a que Skinner nos previene de no exagerar el significado del análisis fender el bien y las enseñanzas de Dios. Es esta idea teológica de pacto y
de Calvino, reconoce, sin embargo, quizás exageradamente si lo contras- de compromiso, lo que hace que la resistencia se asuma como obligación
tamos con las valoraciones de Sabine, que sus versiones sirven para in- del cristiano —hijo de dios y no ciudadano o individuo particular— frente a
troducir un elemento secular y constitucionalista en el análisis de la auto- las violaciones de los preceptos de la verdadera religión cristiana. Así, la
ridad política que todos los teóricos luteranos habían evitado deliberada- resistencia se fundamenta como deber, pero no como un deber cívico o
mente, pues los magistrados populares analizados por Calvino son consi- político o moral, sino como un deber teológico (sagrado) del cristiano en
derados, claramente, no sólo como poderes ordenados, sino también fun- la defensa de Dios contra tiranos idólatras y herejes.
cionarios elegidos, con una responsabilidad directa ante los electores.
El deber de resistencia se convierte así en la prédica básica que motiva los
Pero, además de los magistrados de elección popular, los calvinistas in- llamados a la revolución popular de calvinistas como Goodman y Knox, y
cluyen como sujetos de la resistencia contra los gobernantes herejes, tam- que inspirará la revolución de los hugonotes en Francia en 1572. Sobre la
bién a los ciudadanos particulares y a todo el cuerpo del pueblo, quienes base de esta versión de las promesas, dice Skinner, Goodman y Knox fi-
así podrían participar legalmente en actos de violencia política contra los nalmente llegan a su defensa de la revolución popular. Su argumento toma
reyes. Esto último parece evidente sobre todo en calvinistas como Ponet, la forma de la afirmación ya familiar de que prometer algo es ya incurrir
Goodman y Knox, quienes terminan postulando una teoría de la revolu- en la obligación de hacerlo. Se dice que cada ciudadano individual pro-
ción popular. Goodman, por ejemplo, declara: como el gobernante no es metió a Dios sostener sus leyes. Por consiguiente todo el mundo tiene el
más que un delincuente privado, es lícito que uno o todos los súbditos se deber sagrado de resistir y deponer a todos los magistrados idólatras o
le opongan, ya que Dios en este punto "pone la espada en manos del pue- tiranos34.
blo"32; igual idea de la revolución popular se encuentra en Knox en su
Apelación a la nobleza escocesa y en su llamado directo al pueblo en su Como bien lo anota Sabine, la Vindiciae contra los Tyranos de Knox se
Carta dirigida a la comunidad de Escocia, también en la Vindiciae en la convirtió en una de las piedras miliares de la literatura revolucionaria.
que reconoce no sólo el derecho de resistir sino también de dar muerte al Publicada en 1579, se volvió a publicar repetidas veces, en Inglaterra y los
tirano que ha usurpado el trono a manos de particulares, y el deber de demás países, cada vez que la oposición entre monarca y pueblo llegaba a
resistencia al rey legítimo que se ha vuelto tirano por parte del pueblo33. una nueva crisis. La preocupación del autor no es tanto por el gobierno
30
como tal (política), sino por la relación de éste con la religión (teológica);
ibíd., p. 238.
ibíd., p. 238. Según Skinner, la fuente de esta idea de Calvino se encuentra en Ciceron y los éforos
así mismo, da por supuesto que los gobernantes deben sostener la verda-
de la antigua Esparta y los tribunos de Roma. dera doctrina. La Vindiciae sustenta la idea del doble pacto o contrato:
32 ibíd., p. 242. Uno, en el que son partes del mismo Dios, el rey y el pueblo conjuntamen-
33 George Sabine observa, que en el caso del rey vuelto tirano el derecho de resistencia pertenece
te, por medio del cual la comunidad se convierte en iglesia, en pueblo
únicamente al pueblo como cuerpo y no a la multitud compuesta de muchas cabezas de individuos
particulares. Y advierte, que no era este un alegato a favor de los derechos del pueblo inherentes a escogido por Dios y se obliga a ofrecer una adoración verdadera y acepta-
cada individuo, ni el partido hugonote del que emanaba la Vindiciae defendía los derechos del ble. El segundo pacto, en el que las partes son el rey y el pueblo. Este es
pueblo (...) El espíritu de la Vindiciae no era democrático sino aristocrático. Sus derechos eran los
de las corporaciones y no los de los individuos, y su teoría de la representación contemplaba la
representación de las corporaciones, no la de los hombres. Op. cit., p. 285. " Q. Skinner, op. cit., p. 244.
50 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 51

específicamente el contrato político mediante el cual un pueblo se con- determinada religión. La resistencia surgió, así, envuelta en teología y como
vierte en Estado. Tal acuerdo obliga al rey a gobernar bien y con justicia y expresión de disputas teológicas37.
al pueblo a obedecerle mientras lo haga así. Es necesario el doble pacto,
puesto que Knox pensaba siempre en el deber religioso como razón más B. La Resistencia:
importante de la rebelión. Su finalidad principal era demostrar que exis-
tía derecho a coaccionar a un rey hereje. El derecho divino del oficio regio entre el pueblo y la corona
quedaba subsistente al lado de los derechos que un monarca determina-
do derivaba del pacto con su pueblo. De modo semejante, el deber de obe- John Locke es considerado quizás como el teórico precursor del liberalis-
decer los mandatos legítimos del monarca es un deber religioso a la vez mo político y de la idea moderna de resistencia. Esto tiene una connota-
que una obligación derivada del contrato. Dios y el pueblo son, por lo ción importante, pues su teoría de la resistencia sólo puede ser compren-
tanto superiores; el rey está obligado al servicio de ambos y la obligación dida en los marcos de su teoría de la obligación política; una connotación
del pueblo respecto a él es limitada y condicional35. Dios y el pueblo son, que, para autores como Foucault, crítico del modelo del poder como so-
pues, los fundamentos del poder del monarca. beranía, resultaría una contradicción en los términos. Con Locke, en el
siglo XVII, la idea de resistencia se seculariza completamente38. Esta con-
De acuerdo con los pasajes anteriores, quedan así indicadas las premisas cepción secularizada de la idea de resistencia de John Locke deriva de su
fundamentales de la argumentación del deber de resistencia planteadas concepción más amplia acerca del poder político. Mientras la primera
por la Vindiciae, ante todo como deber religioso más que político. Todo hunde sus raíces en la evolución política de la idea de resistencia de los
cristiano tiene que reconocer que es su deber obedecer a Dios antes que al hugonotes franceses en el siglo XVI, que luego pasa a los países bajos y
rey, en el caso de que el monarca ordene algo contrario a la ley de Dios. 37
M. Randle puntualiza, sin embargo, que además de estas dos ramas fundamentales del protestantismo,
Además, como el poder del monarca deriva de un pacto de sostener el otros movimientos religiosos-políticos del siglo XVI, como los anabaptistas y los mennonitas, fueron
culto apropiado, es a todas luces legítimo resistirle si viola la ley de Dios o mucho más allá en su desafío a las autoridades seculares y eclesiásticas establecidas. Estos dos
devasta la iglesia. En realidad es más que legítimo: es un deber positivo. peculiares movimientos defendieron además un retorno a los principios comunistas y pacifistas de
los cristianos primitivos. El siglo XVII contempló toda una proliferación de sectas y movimientos
En caso de un tirano usurpador que no tiene título al trono, el ciudadano radicales de este tipo, especialmente durante el período de la guerra civil inglesa, que vio surgir a
sólo puede resistir y matarlo; en el caso de un rey que se ha hecho tirano, los levellers (niveladores), diggers (destripaterrones), cuaqueros, ranters (predicadores) y otros,
el derecho de resistencia pertenece únicamente al pueblo como cuerpo y con sus idearios de igualdad y colectivismo. Op. cit., p. 40.
38 Aunque no cabe decir lo mismo del pensamiento político más amplio de Locke, que sigue atado a
no a la multitud compuesta de muchas cabezas de individuos particula-
preceptos teológicos, tal como lo muestra lain Hampsher-Monk en: Historia del Pensamiento político
res36. moderno. Los principales pensadores políticos de Hobbes a Marx. Ariel Ciencia Política. Barcelona.
1996.
Como hemos indicado arriba, la resistencia como teoría surge envuelta e " Quentín Skinner nos presenta de manera exhaustiva la forma como evolucionó la idea de resistencia
como deber teológico de los hugonotes franceses, desde el episodio sangriento de 1572 conocido
impregnada de teología, primero en la versión escolástica de Tomás de como la Noche de San Bartolomé, hasta la idea de resistencia como derecho político secularizado.
Aquino y luego en la versión del protestantismo teológico de luteranos y Esta evolución, que aquí presentamos en apretada síntesis, respondió a la necesidad observada por
calvinista en el siglo XVI, en un contexto signado por los conflictos reli- los hugonotes de aplicar una estrategia política que aglutinara la más amplia oposición a la monarquía
giosos y de alianza entre las iglesias y el poder monárquico. Con los francesa, que los incluyera no sólo a ellos (considerados una minoría) sino también a una red de
aliados lo bastante poderosa para responder con un directo ataque revolucionario a la monarquía
reformadores protestantes religiosos, la resistencia no sólo tiene una Valois, lo cual los llevó a articular otra teoría de la resistencia. Necesitaban desarrollar una ideología
fundamentación religiosa, pese a que estuvo dirigida contra el poder polí- revolucionaria capaz de atraer no sólo a los enemigos de la Iglesia católica, sino también a los
tico, sino que el sentido y propósito de la misma es claramente religioso. diversos grupos de descontentos católicos que estuvieran dispuestos a unirse —o al menos tolerar- a
un movimiento general de resistencia al cristianísimo rey de Francia. Así, lograron los hugonotes
El carácter político de la misma está en relación de medios-fines respecto crear una ideología constitucional y no solamente religiosa de oposición al gobierno. Respondiendo
de la preservación de la pureza del credo teológico. La resistencia al mo- este cometido, aparecen las principales obras revolucionarias hugonotas, como la de Hotman, la
narca es política en la medida en que hace posible la hegemonía de una Francogallia; Beza, El Derecho de los Magistrados; Momay, Defensa de la libertad contra los
tiranos, escrita en 1579, que ofrece el sumario más completo de todos los principales argumentos
" G. Sabine, op. cit., p. 283. desarrollados por los "monarcómacos" hugonotes en el curso del decenio de 1570. Estos escritores
36
ibíd., pp. 284 y 285. señalan la conveniencia de imponer frenos al poder del monarca, bien por vía política (cuerpos
52 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 53

posteriormente a Inglaterra39, la segunda la construye en los marcos de la John Locke es considerado uno de los precursores del liberalismo políti-
controversia de las ideas políticas suscitadas a partir de la revolución in- co clásico, en la medida en que postula la teoría de un Estado liberal, neu-
glesa del siglo XVII, como alternativa a la concepción absolutista del po- tro en materia religiosa y al mismo tiempo limitado tanto en sus funcio-
der político, tanto en la versión de Robert Filmero como en la de Thomas nes como en su poder. El presupuesto filosófico del Estado liberal es la
Hobbes. doctrina de los derechos del hombre elaborada por la escuela del derecho
natural o iusnaturalismo; doctrina según la cual existen leyes naturales,
Como Locke, fueron muchos los filósofos y pensadores políticos de la ilus- que no han sido puestas por la voluntad humana y en cuanto tales son
tración que, de una u otra forma, hicieron aportes a la teoría de la resis- anteriores a la formación de cualquier grupo social, reconocibles median-
tencia. Sin embargo, ninguno como él la planteó de una manera tan explí- te la búsqueda racional, de las que derivan derechos y deberes que son,
cita y sistemática, y ninguna otra repercutió tanto en la tradición jurídi- por el hecho de derivar de una ley natural, derechos y deberes naturales,
co-constitucional de los estados modernos hasta hoy. Por eso, nos deten- como el derecho a la vida, a la propiedad, a la libertad y a la seguridad.
dremos en su teoría del derecho de resistencia como la más representati- Estos derechos naturales se constituyen a la vez en límites para el ejerci-
va del pensamiento político moderno. Empezaremos presentando de cio del poder y fundamento de su legitimidad42.
manera sintética los aspectos relevantes de la teoría del poder político de
John Locke y luego presentaremos su concepción teórica de la resistencia Como todos los iusnaturalistas, Locke parte del presupuesto del estado
y los argumentos en los cuales se fundamenta. De hecho, la pregunta que de naturaleza en el cual viven originariamente los hombres antes de orga-
intenta responder Locke en el Segundo ensayo del gobierno civil es si nizarse en sociedad e instituir un gobierno, es decir, como estado pre-
¿existe el derecho de oponerse a un soberano, y si lo hay en qué circuns- social y pre-político. El estado de naturaleza lockeano es un estado de
tancias? Su preocupación era construir un argumento que justificara, en libertad e igualdad completas de los hombres para organizar sus acciones
circunstancias excepcionales, expulsar a un gobernante que haya dejado y para disponer de sus propiedades y de sus personas según crean, sin
de actuar constitucionalmente4'. Pregunta y preocupación, que como se necesidad de pedir permiso y sin depender del arbitrio de otra persona,
indicó arriba, cobraban gran actualidad en el contexto de la revolución dentro de los límites de la ley natural que lo rige y que obliga a todos. Esta
inglesa del siglo XVII. ley natural, equivalente a la razón, mira por la paz y el mantenimiento de
todo género humano, instruye a los seres humanos que quieren consul-
representativos) o bien por vía jurídica concediéndole poderes a los "magistrados inferiores". Beza tarla y muestra que, siendo iguales e independientes, nadie puede dañar
y Momay se volvieron hacia la tradición escolástica del derecho romano del constitucionalismo a otro semejante en su vida, salud, libertad o propiedades, y puesta en sus
radical, rechazaron la tendencia, característicamente protestante, de suponer que Dios coloca a
todos los hombres en una situación de sujeción política como remedio para sus pecados; en cambio,
manos, como código moral, evita que los hombres agredan los derechos
empezaron a argüir que la condición original y fundamental del pueblo ha de ser la libertad natural, de los demás, que se dañen mutuamente43.
lo que les permitió abandonar la afirmación ortodoxa paulina de que todos los poderes deben
considerarse como directamente ordenados por Dios. Infirieron, en cambio, que toda sociedad política En contraste con Hobbes, para quien el estado de naturaleza se caracteriza
legitima debió originarse en un acto de libre consentimiento de parte de todo el pueblo, idea que un
siglo después fundamenta ampliamente John Locke en su Ensayo sobre el gobierno civil. Momay
por un estado de guerra de todos contra todos, para Locke el estado de natu-
subraya, además, que el motivo principal que debió tener el pueblo para establecer una comunidad raleza es, aunque azaroso, un estado de paz, en el que el individuo vive aisla-
debió de ser el de lograr una mayor seguridad para su propiedad. Los argumentos del derecho do y es juez de sus propios derechos y libertades. Dice: "Los hombres que
natural, les permitió derivar el derecho de resistencia de una teoría general del Imperium. Lo que, a
conviven juntos orientándose por la razón, pero sin tener un jefe común so-
su vez, les permitió presentar su demanda de resistencia como argumento puramente político y no
sectario, cumpliendo así con la vital tarea ideológica de apelar no sólo a sus propios seguidores, bre la Tierra con poder para ser magistrado sobre ellos, propiamente se ha-
sino a la gama más vasta posible de moderados y descontentos católicos. El resultado es una teoría llan dentro del estado de la Naturaleza". Mientras que, "la fuerza, o una
plenamente política de la revolución, fundada en una tesis reconocidamente modema y secularizada intención declarada de usarla sobre la persona de otro, no existiendo un so-
acerca de los derechos naturales y la soberanía original del pueblo. Op. cit., pp. 246 - 358.
40 Robert Filmer, quizás menos conocido en la literatura política contemporánea que Hobbes, planteaba
berano común sobre la Tierra al que poder dirigirse para que intervenga como
una teoría patriarcal y absolutista del poder, de fundamento teológico, en la que equipara el poder
42 Norberto Bobbio, Liberalismo y democracia. FCE. Bogotá. 1993.
paternal como poder absoluto y natural con el poder político con iguales características.
" Iain Hampsher-Monk. Historia del pensamiento político moderno. Los principales pensadores " John Locke. Ensayo sobre el Gobierno civil. Alba. Madrid. 1997, pp. 29 y ss.
políticos de Hobbes a Marx. Ariel Ciencia Política. Barcelona. 1996, pp. 93 y 94. " ibíd., p. 42.
54 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 55

juez, es lo que se denomina estado de guerra... La falta de un magistrado y para defender a éste de todo atropello extranjero; y todo ello con miras
común con poder sitúa a todos los seres humanos en un estado de Naturale- al bien público únicamente"49. Consecuentemente, prosigue Locke, "cada
za; la fuerza ilegal contra la persona fisica de un ser humano genera un esta- vez que un determinado número de individuos se une en una comunidad
do guerra, tanto si existe como si no existe un juez común"45. despojándose cada uno de ellos del poder de ejercitar la ley natural,
claudicándolo a la sociedad, en ese momento y únicamente en ese, se con-
Para Locke, Hobbes confundía indebidamente el estado de guerra con el forma una sociedad política o civil. Esta situación se origina siempre que
estado de naturaleza. En referencia a Hobbes (Leviathán, Capítulo XIII), cierta cantidad de personas que vivían en el estado de la Naturaleza se
dice: "Aunque ha habido alguien que los ha confundido; aun hallándose agrupan para constituir un pueblo, un organismo político, subordinado a
tan distante el uno del otro como el estado de paz, indulgencia, defensa y un gobierno supremo, o en el momento que alguien se une o se incorpora
ayuda mutua, lo está del odio, maldad, violencia y destrucción mutua"46. a cualquier gobierno ya establecido"5°.

Todas estas premisas filosófico-políticas de Locke, acerca del estado de La existencia de un juez común o magistrado (poder político) con poder
naturaleza, la ley natural y los derechos y deberes naturales, son las que para decidir los enfrentamientos e indemnizar todos los perjuicios que
le permiten fundamentar su teoría acerca del poder político y las condi- pueda sufrir un componente cualquiera de la misma, es lo que distingue
ciones bajo las cuales cabe plantear el derecho de resistencia. Así, el a la sociedad civil de la sociedad natural, es lo que "extrae a las personas
inconveniente de que los hombres sigan viviendo en estado de naturale- de un estado de naturaleza y los establece dentro de una sociedad ci-
za y se planteen, por consiguiente, la conveniencia de fundar una socie- vil"5'.
dad y un gobierno, reside en los males que derivan de que los hombres
sean jueces de su propia causa y entren, intermitentemente, en estado ¿Cómo se sale del estado de naturaleza y se llega a la fundación de un
de guerra. La sociedad civil o política es la salida del estado de naturale- poder civil? Este tránsito se produce, según Locke, a través de un pacto o
za. Dice Locke: "El objetivo de la sociedad civil es impedir y reparar las acuerdo establecido libre y voluntariamente entre los hombres. Puesto
limitaciones del estado de Naturaleza que forzosamente se originan en que los hombres son naturalmente libres, este pacto fundacional de la
el momento que cada individuo es árbitro de su propio caso, determi- sociedad civil y del poder político sólo puede establecerse por medio del
nando una autoridad conocida para ello a la que todo componente de consentimiento. Dice Locke, "Siendo, según se ha afirmado ya, los hom-
dicha sociedad se pueda dirigir cuando sufre una injusticia, o siempre bres libres, iguales e independientes por naturaleza, ninguno de ellos puede
que haya una discusión y a la que todos deben obedecer"47. En conse- ser arrebatado de ese estado y dominado por la autoridad política de otros
cuencia, dice Locke, "el poder civil es la solución adecuada para los in- sin que intervenga su propia autorización. Esta se otorga a través del pac-
convenientes que presenta el estado de Naturaleza; esos inconvenientes to hecho con otros hombres de unirse y contribuir en una comunidad de-
deben ser grandes seguramente allí donde las personas pueden ser jue- signada a proporcionarles una vida grata, firme y pacífica de unos con
ces en su propia causa"48. otros, en el disfrute tranquilo de sus propias posesiones y una protección
mayor contra cualquiera que no conforme esa comunidad".
La salida del estado de naturaleza se encuentra pues en el establecimien-
to por común acuerdo entre los hombres de una sociedad civil y de un Por consiguiente, el pacto consentido y el derecho, son a la vez los oríge-
poder político, el cual concibe Locke como "el derecho de hacer leyes que nes y los fundamentos de legitimidad del poder político definido por Locke.
estén confirmadas con la pena capital, y, por lo tanto, de las confirmadas Pues no se trata de cualquier pacto, sino de un pacto producto del consen-
con penas más leves para la legislación y protección de la propiedad; y el so entre todos los miembros de la comunidad política; como, por otra
de utilizar las fuerzas del Estado para que la ejecución de tales leyes se dé, parte, tampoco se trata de un mero poder, sino del poder más el derecho.
El poder absoluto niega precisamente esta sujeción a la ley y se sustrae,
" ibíd., pp. 42 y 43.
46 ibíd., p. 42. " ibíd., pp. 28 y 29.
" ibíd., p. 105. 5° ibíd., p.104.
48 ibíd., p. 37. 51 íd.
56 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 57

como por ejemplo en las versiones absolutistas de Filmer52 y de Hobbes, están sometidos a su régimen. Ese hombre, tenga el título que tenga, Zar,
al pacto que lo autoriza como juez común. Locke subraya, que allí donde Gran Señor o cualquier otro, está tan en estado de Naturaleza con sus
una sociedad es gobernada por un soberano absoluto que no se encuentra súbditos como con los demás seres humanos54.
sometido a la ley de esa sociedad se encuentra en un estado de naturaleza,
justamente por la ausencia de un juez común a quien someter sus dispu- Dos son los aspectos entrecruzados que subyacen en el planteamiento de
tas. El poder del soberano absoluto no sólo es ilegítimo por ser arbitrario, Locke acerca de la salida del estado de naturaleza: por un lado, la forma-
esto es, no sujeto a derecho, sino también por no ser autorizado por los ción de una sociedad civil, que se produce en el hecho de unirse en un solo
súbditos. cuerpo; y por otro lado, la institución de un poder político o de un gobier-
no supremo, que sea juez de todos y supere la condición de juez de cada
Ironizando contra Hobbes, Locke se pregunta qué tipo de poder civil es uno en su propia causa, con la facultad de producir leyes con miras a la
aquel en que un hombre solo goza de libertad para ser juez en su propia protección de los derechos de cada uno de los miembros de la comunidad
causa, además de ejercer su mando sobre una multitud y en qué supera y garantizar la paz. En este tópico de su teoría política, me parece impor-
ese poder civil el estado de Naturaleza, teniendo autoridad ese hombre tante subrayar, que en Locke no se establecen distinciones entre el mo-
como tiene para hacer a sus súbditos lo que más se adapte a su voluntad mento de la fundación de la sociedad civil y el momento de la fundación
sin ninguna oposición o control de aquellos que llevar a la práctica su del Estado. Al parecer, los dos actos fundacionales se confunden o se rea-
capricho. ¿Habrá que subordinarse a esa persona en todo lo que ella hace, lizan en un solo momento, que es el del pacto a través del cual se sale del
tanto si se guía por la razón como si se equivoca o se deja llevar de la estado de naturaleza. De suerte que, a través del pacto, los hombres al
pasión? Los seres humanos no están obligados a comportarse de esa for- fundar la sociedad civil, y sólo se puede fundar en cuanto tal, si con ella
ma unos con otros en el estado de naturaleza, porque si aquel que enjuicia también se funda el Estado.
juzga mal en su caso o en el otro, es culpable de su mal juicio ante el resto
de los hombres. El estado de Naturaleza entre el género humano no fina- Hampsher-Monk nos ha hecho notar, sin embargo, que el establecimien-
liza por un pacto cualquiera, sino por el único tratado de estar todos de to de la autoridad política en realidad se da en dos etapas, según la teoría
acuerdo para entrar a formar una comunidad única y un solo cuerpo polí- de Locke55. Primero, todos los hombres acuerdan formar una comunidad
tico. Los hombres pueden hacer otros pactos y convenios entre sí y seguir, política y acordar cualquier forma de gobierno que la mayoría después
aun con todo, en el estado de la Naturaleza53. decida adoptar; esta primera etapa correspondería al establecimiento al
mismo tiempo de la sociedad civil y del Estado, sin que allí se especifique
Por consiguiente, en lo que constituye uno de los pasajes más explícitos la forma de gobierno que habrá de definir la mayoría56. En segundo lugar,
de su obra en referencia a los términos de la controversia política del la comunidad de este modo formada establece un gobierno, lo cual impli-
momento en Inglaterra, Locke hace una declaración categórica contra los ca hacer cumplir los derechos de juzgar y ejecutar la ley a un hombre o a
defensores de la monarquía absoluta, afirmando que ésta es antagónica a una corporación de hombres; esta segunda etapa corresponde a la forma
la sociedad civil, y por ello, no puede ni siquiera plantearse como un modo de gobierno que específicamente cada comunidad política se da.
de autoridad civil. En la monarquía absoluta, los individuos se encuen-
tran en el lugar en el que se hallan los individuos que no encuentran una Dice Locke: "Hemos visto ya que al reunirse por primera vez los hom-
autoridad a la cual apelar para dirimir las discrepancias que se originan bres para formar una sociedad política, la totalidad del poder de la co-
entre ellos, es decir, siguen viviendo en el estado de Naturaleza. Y en ese munidad radica naturalmente en la mayoría de ellos. Por eso puede la
caso se hallan, frente a frente, el monarca totalitario y todos aquellos que mayoría emplear ese poder en dictar de tiempo en tiempo leyes para la
52 Recuérdese que para Filmer la obligación politica deriva del hecho del nacimiento. Dice Hampsher-
Monk: "La principal convicción del argumento de Locke consistía en mostrar que, finalmente, los " ibíd., p. 106.
hombres tenían el derecho a oponerse a un gobierno que fuera tiránico. Ello le exigía que mostrase que " Hampsher-Monk, op. cit., p. 125.
los ciudadanos no incurrían —tal y como sostenían los patriarcalistas— en obligaciones irresistibles de 56 Dice Locke: "Debe quedar bien claro que siempre que empleo la palabra Estado no me refiero

obediencia simplemente como resultado de haber nacido". Iain Hampsher-Monlc, op. cit., p. 125. precisamente a una democracia, ni a ninguna forma concreta de gobierno". Ensayo sobre el gobierno
53
John Locke, op. cit., pp. 37 y 38. civil. Aguilar. Madrid. 1976, p. 99.
58 Jaime Rafael Nieto L.
Resistencia. Capturas y fugas del poder 59

comunidad yen ejecutar por medio de funcionarios nombrados por ella Por otra parte, para Locke es necesario que el consentimiento que da ori-
esas leyes. En esos casos la forma de gobierno es una democracia per- gen a la sociedad civil y al Estado sea un consentimiento expreso. Al ser
fecta. Puede también colocar la facultad de hacer leyes en manos de unos libre todo hombre por naturaleza, no pudiendo imponérsele que se some-
pocos hombres selectos, y de sus herederos o sucesores; en ese caso es ta a ningún poder terrenal si no es por su propio consentimiento, habrá
una oligarquía. Puede igualmente colocarlo en las manos de un solo que estudiarse, se pregunta Locke, qué se entiende por declaración sufi-
hombre, y en ese caso es una monarquía"57. Nótese que, para Locke, el ciente de consentimiento de un hombre para someterse a las leyes de un
criterio de la mayoría tiene dos sentidos: uno, como principio general determinado gobierno. La distinción entre consenso expreso y consenso
para decidir cuál es la forma de gobierno que ha de darse la comunidad tácito, es lo que le permite conceder al primero el carácter de fundacional
política, es decir, se aplica al proceso mediante el cual se escoge una de la comunidad política y es lo que vincula al hombre a la comunidad
forma de gobierno; y dos, como una de las posibles formas constitucio- política de manera inmutable y perpetua. Por el contrario, el sólo vivir,
nales que puede adoptar el gobierno. establecer sus bienes o viajar libremente por las carreteras en la jurisdic-
ción de un gobierno por el tiempo que lo considere necesario, aunque lo
Esta distinción entre Estado y forma de gobierno es importante subrayar- coloca frente al gobierno de la jurisdicción en la que se halla establecido
la por dos razones, entre otras: en primer lugar, porque desmiente el en posición de obediencia a ese gobierno y a sus leyes, que es en lo que
malentendido según el cual Locke está argumentando a favor de un régi- consiste el consenso tácito, no hace de este hombre un miembro de la
men democrático contra la monarquía absolutista. De hecho, en la pers- comunidad política ni súbdito de ese gobierno. Nada puede hacer a un
pectiva teórica de Locke, lo opuesto a la monarquía absoluta no es la de- hombre súbdito o miembro de un Estado sino su ingreso en el mismo por
mocracia sino la sociedad civil, dado que aquella se mantiene en el estado consentimiento positivo, compromiso expreso y pacto59.
de naturaleza, como se ha indicado antes; por otra parte, como se ha di-
cho también ya, el criterio de la mayoría corresponde al principio general Este consentimiento, como se ha dicho, es la base sobre la que se cimien-
para escoger la forma de gobierno que ha de darse la comunidad política, ta el pacto que da origen a la sociedad y al Estado, siendo por lo tanto el
entre las cuales, por supuesto, se contempla la democracia. En segundo fundamento de legitimidad del gobierno cualquiera sea su forma. Sin
lugar, porque subraya que el poder político, cualquiera sea la forma de embargo, tal consentimiento de origen no es suficiente para fundamentar
gobierno que adopte, procede de la comunidad política y vuelve siempre la legitimidad del gobierno. De hecho, más allá del consentimiento origi-
a ella, y no de los funcionarios elegidos para los fines de gobierno. nario, el gobierno es consentido porque es legítimo69, y esta legitimidad
deriva de la garantía de la observancia de las leyes de naturaleza y el bien
Dice Locke: "como tal poder legislativo (poder supremo único) es única- de cada uno, así como de la observancia ordinaria por parte del gobierno
mente un poder al que se ha dado el encargo de obrar para la consecución de ciertas reglas de derecho, tanto de orden constitucional como de ca-
de determinadas finalidades, le queda siempre al pueblo el poder supre- rácter procedimental. Sin la observancia de estos criterios, como veremos
mo de apartar o cambiar los legisladores, si considera que actúan de una enseguida, el gobierno no sólo es ilegal sino también ilegítimo, lo cual
manera contraria a la misión que se les ha confiado (...) En ese caso, el autoriza a la comunidad para su disolución y la restitución de uno nuevo
poder volverá por fuerza a quienes antes lo entregaron; entonces, estos según el criterio de la mayoría de sus miembros.
pueden confiarlo de nuevo a las personas que juzguen capaces de asegu-
rar su propia salvaguardia. De ese modo, la comunidad conserva perpe-
tuamente el poder supremo de sustraerse a las tentativas y maquinacio- ibíd., pp. 90 y ss.
nes de cualquier persona, incluso de sus propios legisladores, siempre bo Iain Hampsher-Monk ha observado, que "para Locke un gobiemo no es legítimo meramente por el
que sean estos tan necios o tan malvados como para proponerse, y llevar hecho de ser consentido; de hecho, sólo puede ser consentido si es legítimo y cuando lo sea, el
a cabo, maquinaciones contrarias a las libertades y a las propiedades de fundamento de su legitimidad es su conformidad con la ley de naturaleza; Locke no considera el
consentimiento de las personas como algo que por sí mismo confiere legitimidad a un gobierno.
los individuos"58. Niega que un monarca que afirmara la autoridad absoluta sobre sus súbditos pudiera ser legítimo".
Esta observación de Hampsher me parece acertada, siempre que tal consentimiento se refiera al
57 ibíd., p. 98.
consentimiento al gobierno vigente y no al consentimiento que da origen al pacto fundador de la
58 ibíd., p. 113.
comunidad política, el cual confiere legitimidad de partida.
60 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 61

La razón por la cual los hombres deciden formar una comunidad política, Sin embargo, este poder, con todo y lo supremo que es, no es absoluto.
sometiéndose a un gobierno, es la salvaguarda de sus bienes, la cual es muy Locke establece, que siendo el poder legislativo el supremo poder, está
incompleta en el estado de naturaleza. Entre los inconvenientes que presen- sujeto a una serie de limitaciones, las cuales debe observar si quiere per-
ta el estado de naturaleza para los hombres en atención a la salvaguarda de manecer como tal y conservar la obediencia de los súbditos. Entre estas
sus propiedades, que los lleva a someterse a un gobierno en una comunidad limitaciones están: en primer lugar, no es ni puede ser un poder total-
política, están: en primer lugar, la ausencia de claridad de las leyes por parte mente discrecional sobre los bienes y las vidas de los hombres, es decir,
de cada individuo cuando se trata de juzgar su interés; en segundo lugar, la su poder no puede ser mayor al que poseían los hombres cuando se en-
ausencia de un juez reconocido e imparcial, con autoridad para resolver to- contraban en estado de Naturaleza, antes de integrarse en la comunidad.
das las diferencias, de acuerdo con la ley establecida; y, en tercer lugar, la Su fin, como dice Locke, no es otro que el de la salvaguardia de los dere-
ausencia de un poder suficiente que respalde y sostenga la sentencia cuando chos naturales, pues no dejan de tener vigencia los deberes que dimanan
esta es justa, y que la ejecute debidamente. Estos inconvenientes del estado de las leyes naturales al entrar en sociedad. De esta forma la ley natural se
de naturaleza y la inseguridad de la propiedad derivada de ellos, es lo que mantiene como regla eterna de todos los hombres, sin exceptuar a los
hace que cada cual esté dispuesto a renunciar a su poder individual de casti- legisladores. Las normas que éstos decretan y por las que han de guiarse
gar, dejándolo en manos de un solo individuo elegido entre ellos para esa los actos de los demás deben, igual que sus propia acciones y las el resto
tarea, y ateniéndose a las reglas que la comunidad o aquellos que han sido de las personas, acomodarse a la ley natural. En segundo lugar, el poder
autorizados por los miembros de la misma establezcan de común acuerdo61. legislativo no puede asignarse el derecho de gobernar por decretos
circunstanciales y arbitrarios; por el contrario, está comprometido a su-
La comunidad política, como salida del estado de naturaleza, implica, por ministrar la justicia y a designar los privilegios de los súbditos por media-
consiguiente, que los hombres confian a una autoridad política mutua- ción de reglas fijas y decretadas. El poder arbitrario absoluto o el de rei-
mente acordada, dos de sus derechos naturales: el de hacer lo que le bien nar sin normas fijas instituidas no pueden ser compatibles con los fines
les parezca para su propia salvaguarda y la de los demás, dentro de la ley de la comunidad y del gobierno. En tercer lugar, el poder soberano no
natural, y el de castigar los delitos cometidos contra ley. El primero de puede quitar ninguna parte de sus bienes a un hombre sin el beneplácito
esos poderes lo entrega a la reglamentación de las leyes que dicta la socie- de éste, es decir, no se deberán cobrar impuestos sobre las propiedades
dad, el cual entrega a manos del poder legislativo como supremo poder, y del pueblo sin la autorización de éste. Siendo la protección de la propie-
el segundo lo entrega al poder ejecutivo. El hecho de que las personas que dad la finalidad del gobierno, y siendo ése el motivo que condujo a los
hacen las leyes deban efectivamente estar sujetas a ellas exige una sepa- hombres a asociarse en comunidad, se supone y se necesita para ello que
ración de las funciones legislativas y judiciales del gobierno. Este criterio esos individuos puedan poseer. En cuarto lugar, el poder legislativo no
tiene entonces una consecuencia institucional importante: todos los go- puede transmitir el poder de hacer las leyes a otras manos, puesto que ese
biernos legítimos tienen por lo menos que tener cuerpos separados, uno poder solamente lo posee por atribución del pueblo63.
para hacer las leyes, otro para aplicarlas62.
Como hemos visto, el fundamento de legitimidad del poder legislativo
En la estructura de todo gobierno legítimo, según Locke, el poder legisla- soberano y las razones de la obediencia al mismo por parte de los súbdi-
tivo es el poder supremo, ya que es el encargado de establecer las leyes tos residen en la observancia de estas limitaciones. Cuando el soberano se
que rigen la sociedad. Ninguna ley o edicto tiene la fuerza y el poder coac- extralimita en sus funciones o deja de cumplirlas o las transmite a otras
tivo sino ha sido legitimada o promulgada por el poder legislativo, razón manos, la legitimidad y la obediencia se derrumban, teniendo el pueblo el
por la cual la ley primera y básica de todas las sociedades políticas es la de derecho a desobedecerle y a disolver este poder, restableciendo otro con
la determinación de este poder. Sin esta legitimación del poder legislati- iguales funciones y obligaciones. Siempre reposa en manos de la comuni-
vo, la ley no es tal. Toda obediencia, dice Locke, se basa en este poder dad juzgar cuándo ése poder está o no cumpliendo con los fines para los
supremo en último término, y está determinada por las leyes que él dicta. cuales fue instituido. Así lo considera claramente Locke, cuando dice:
"como tal poder legislativo es únicamente un poder al que se ha dado el
61 ibíd. , pp. 93 y ss.
62 Iain Hampsher-Monk, op. cit., p.131. 63 John Locke, op. cit., pp. 100 y ss.
62 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 63

encargo de obrar para la consecución de terminadas finalidades, le queda mentación tendiente a justificar, bajo determinadas circunstancias, la
siempre al pueblo el poder supremo de apartar o cambiar los legisladores, expulsión de un gobernante ilegítimo.
si considera que actúan de una manera contraria a la misión que se les ha
confiado (...) En ese caso, el poder volverá por fuerza a quienes antes lo Su aproximación al problema la inicia abordando dos formas ilegítimas
entregaron; entonces, estos pueden confiarlo de nuevo a las personas que de autoridad política, presentes en la controversia política de la época en
juzguen capaces de asegurar su propia salvaguardia"64. Inglaterra. Locke empieza por dilucidar en primer lugar la conquista, con-
siderada por algunos de sus contradictores, entre ellos Hobbes (Leviatán,
Otra situación en la que el pueblo tiene el derecho a oponerse a una auto- capítulo XX), como uno de los orígenes del poder civil. En este punto,
ridad política es la referida al incumplimiento de las funciones, por ac- Locke empieza por recordar que el único origen del poder civil es la apro-
ción u omisión, del poder ejecutivo. Al poder legislativo, como supremo bación del pueblo, y dado que la conquista es un acto de fuerza y no de
poder, según Locke, le están subordinados, como poderes delegados, el consentimiento nunca podrá dar origen a un poder político. El agresor
poder ejecutivo y el poder federativo. El primero, encargado de ejecutar que se sitúa a si mismo en estado de guerra con otro, y que allana injusta-
las leyes, de convocar y disolver el parlamento; y el segundo, que puede mente el derecho de otro individuo, no poseerá nunca derecho sobre los
recaer en la persona del primero, tiene el derecho de la guerra y la paz vencidos en una guerra injusta de este tipo. Aquellos que aseguran que la
exterior, hacer tratados y alianzas con otros estados. ¿Qué sucede si el monarquía absoluta se fundamenta en el derecho de la espada (Hobbes)
poder ejecutivo impidiera la reunión y actuación del cuerpo legislativo, transforman a sus héroes, o sea, a los fundadores de las mencionadas
cuando la constitución originaria o los requerimientos del bien público lo monarquías, en unos simples espadachines. Incluso, en el caso de una
mandaran? A juicio de Locke, hacer u'so de la fuerza pública contra la guerra justa, el derecho de conquista por parte del vencedor sólo alcanza
comunidad, sin haber sido autorizado y contraviniendo la función que al hasta las vidas de quienes participaron activamente en la guerra, pero no
poder ejecutivo le ha sido encomendada, equivale a ponerse en estado de abarca a sus propiedades sino hasta donde hay que pagar una indemniza-
guerra con la comunidad, y ésta posee entonces el derecho de restituir el ción por los daños sufridos y por los gastos de la guerra, reservando siem-
cuerpo legislativo en el ejercicio de sus facultades; bajo esas circunstan- pre el derecho que poseen la esposa inocente y sus hijos. Por consiguien-
cias el pueblo tiene el derecho de hacer uso de la fuerza. La verdadera te, no siendo la fuerza, ni en una guerra justa ni injusta, fuente de autori-
solución contra la fuerza ejercitada sin autoridad se fundamenta en la dad, el pueblo conquistado tiene todo el derecho de rebelarse y derrocar a
oposición de otra fuerza a esa fuerza en todo tipo de estados y situaciones. todo gobierno que intente imponérsele por medio de la fuerza, es decir,
El utilizar ésta sin autoridad sitúa siempre a quien la usa en un estado de sin su consentimiento65.
guerra como agresor, arriesgándose, de esta forma, a ser considerado en
consecuencia. El otro tipo de gobierno ilegítimo considerado por Locke es el de la usurpa-
ción. Locke equipara la usurpación con la conquista, en la que la conquista
Hasta aquí hemos intentando presentar de manera sintética los funda- puede catalogarse como usurpación extranjera y la usurpación como con-
mentos de legitimidad del poder político y las razones de la obediencia quista interior, con este matiz: que el usurpador nunca podrá tener el dere-
del pueblo en la teoría política de Locke, como marco de referencia de su cho de su parte, puesto que únicamente existe usurpación en el momento
teoría de la resistencia. Pasemos ahora a considerar el problema de la que alguien se apropia de lo que le corresponde a otro por Derecho. Precisa
resistencia, más exactamente, el derecho a la resistencia desde la pers- Locke, que en este caso se trata de una sustitución de personas más no de las
pectiva teórico-política lockeana. Como veremos enseguida, esta perspec- formas y normas de gobierno. Cuando el usurpador amplía su autoridad más
tiva esta estrechamente fundada en los presupuestos teóricos hasta aquí allá de lo que correspondía a los reyes o dirigentes legítimos, además de usur-
planteados. ¿Cuándo y bajo qué circunstancias cabe hablar de un derecho pador se hace tirano. Por consiguiente, aquel que entra en el ejercicio de
a la resistencia por parte del pueblo? Habría que decir, que Locke no en- alguna función del poder de otra forma que siguiendo las normas que tiene la
tra directamente al tema, pese a que, como se dijo antes, prácticamente comunidad establecidas para ello no tiene derecho a ser obedecido, aunque
todo el Segundo ensayo sobre el gobierno civil está cruzado por la argu- se conserve el régimen constituido. Tal usurpador no poseerá título, y tam-
64 John Locke, op. cit., pp. 113. 66
ibíd., np. 134 V ss.
64 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 65

poco sus descendientes, para ocupar el poder en tanto que el pueblo no pue- quienes la utilizan. En el estado de guerra quedan derogados todos los
da dar libremente su consentimiento66. vínculos, se cancelan todos los derechos y cada uno posee derecho a de-
fenderse y a oponer resistencia al agresor. Aquel que opone resistencia en
Hasta aquí Locke no plantea el derecho de resistencia, pues aunque los cualquier otra situación arrastra sobre sí mismo la justa condena de Dios
dos tipos anteriores de autoridad política sean ilegítimos, Locke contem- y de los hombres. Los súbditos tienen derecho a oponer resistencia a la
pla incluso la posibilidad de que tales gobiernos se hagan legítimos por la fuerza ilícita que se utiliza contra ellos cuando las actuaciones ilegales se
aprobación del pueblo. La resistencia como derecho aparece asociada al extienden a la mayoría del pueblo o cuando, a pesar de que la injusticia y
gobierno tiránico, como en Santo Tomás. Para Locke, un gobierno es tirá- la coacción únicamente afectan a unos pocos, aparenta que tales prece-
nico cuando el ejercicio del poder es ejercido por fuera del Derecho. Así dentes y sus consecuencias suponen una amenaza para todos, y el pueblo
mismo, aquel que desempeña de esta forma el poder que tiene en sus se encuentra convencido en su interior de que sus leyes, y con ellas sus
manos no lo hace para beneficiar a quienes están subordinados al mismo, bienes, sus libertades y sus vidas están arriesgándose; y tal vez también
sino para conseguir ventajas particulares. Y advierte, tal como lo hiciera su religión. Más aun. El derecho a la resistencia, no sólo cabe cuando en
Tomás de Aquino casi cinco siglos antes, que supone un error creer que un acto de ilegalidad y de uso ilícito de la fuerza se ponen en riesgo los
éste es un vicio exclusivo de las monarquías. El resto de la formas de go- derechos naturales de todos o de la mayoría; también es lícito oponer
bierno pueden caer en lo mismo que aquéllas. "Siempre que el poder, que resistencia cuando el gobierno incurre de manera reiterada en actos de
se ha establecido en manos de uno o varios individuos para el gobierno ilegalidad, es decir, "cuando una larga cadena de hechos pone al descu-
del pueblo y para la protección y garantía de sus bienes, se encamina a bierto propósitos idénticos" de un gobierno tiránico.
otros fines, o se hace empleo del mismo para empobrecer, coaccionar o
subordinar a las personas a las órdenes arbitrarias e inestables de quie- El derecho a la resistencia sólo está justificado, pues, frente a un gobierno
nes lo detentan, inmediatamente se transforma en tiranía, indiferente- tiránico. Y sólo procede bajo las siguientes circunstancias: cuando el go-
mente de que ese poder se encuentre en manos de uno o de muchos". bierno no actúa en derecho (actúa ilegalmente); cuando viola o pone en
riesgo los derechos de los miembros de la comunidad (el interés general),
A este poder tiránico, dice Locke, se le debe oponer resistencia, igual que que dieron origen al pacto de asociación; y, finalmente, cuando no goza
a cualquier persona que atropella el derecho de otra por la fuerza. Sin del consenso de la mayoría. Cuando estos tres principios (legalidad, inte-
embargo, se pregunta Locke: ¿Es posible, según eso, resistirse a las órde- rés general y consenso), que son la base del gobierno legítimo, son viola-
nes de un rey? ¿Se puede oponer esa resistencia en cuantas situaciones dos, el pueblo tiene todo el derecho para oponer resistencia, y haciendo
considera haber sido perjudicado uno y también cuando cree que el rey se uso del mismo puede disolver el gobierno para reestablecer las
ha comportado injustamente con él? En otros términos: ¿se opone resis- legitimidades quebrantadas y establecer un nuevo gobierno, empezando
tencia frente a cualquier situación de ilegalidad del gobierno? La respues- por la institución del poder legislativo.
ta de Locke, es no. El derecho de resistencia sólo procede bajo determina-
das circunstancias. No procede, por ejemplo, cuando la parte perjudicada Por otra parte, es evidente que para Locke el ejercicio de la resistencia no es
puede lograr evitar la injusticia o que le ofrezcan indemnizaciones recu- un hecho particular, sino un derecho político cuyo sujeto activo es el pueblo.
rriendo a la ley; tampoco procede cuando por asuntos nimios se ponga en En primer lugar, sólo en el pueblo reposa la condición de magistrado para
riesgo la organización del gobierno, ni siquiera autoriza Locke la resisten- enjuiciar si el rey o el poder legislativo actúan contrariamente a la misión que
cia cuando frente a casos particulares el gobierno actúa tiránicamente. se les ha encomendado; es este mismo quien puede valorar si el dirigente o el
representante obra bien y conforme a la función que se le ha designado, ya
¿Cuándo pues procede el derecho de resistencia? Dice Locke, solamente que ha sido el pueblo la persona que le ha dado el mandato o el poder y por
debe oponerse la violencia a la fuerza injusta e ilegal. Todo aquel que uti- tanto posee la facultad de quitárselos cuando no la cumple. En segundo lu-
liza la fuerza sin derecho (y esto lo realiza en sociedad quien la utiliza de gar, cuando el poder legislativo cesa en sus funciones, bien porque se le enco-
una forma ilegal) se sitúa en estado de guerra frente a aquellos contra mendó por el pueblo transitoriamente o por períodos determinados o bien
porque aquellos que lo ejercen lo pierden por las infracciones que ejecutan,
66 ibíd., pp. 150 y ss.
66 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 67

este poder legislativo revierte a la comunidad y el pueblo posee el derecho de Sin embargo, pese a la fuerza revolucionaria que contribuyó a legitimar,
obrar como soberano, de mantener el poder legislativo para sí mismo, mode- la teoría del derecho de la resistencia de Locke no es revolucionaria, sino
larlo de otra forma o de ponerlo manteniendo la antigua en otras manos, esencialmente conservadora. Como bien lo observa Hampsher-Monk, su
según lo considere más apropiado. cometido no es una transformación innovadora y progresiva del orden
político y social, a la manera como era concebida la idea de revolución
La disolución del gobierno por parte del pueblo en ejercicio de su sobera- instaurada tras la revolución francesa, sino un retroceso en el proceso de
nía no significa la disolución de la sociedad. Como se ha dicho antes, la la historia según la concepción cíclica de Platón y Polibio aún dominante
sociedad como comunidad política pre-existe al gobierno. Contrario a lo en el siglo XVII. Era un retorno a un principio o norma a partir del cual se
planteado por Hobbes, para quien al desaparecer el poder de hacer obe- había producido una corrupción o una desviación. Por tanto, aunque Locke
decer (que es efectivamente el mismo que es necesario proteger) sobre- proporcione una última justificación para la resistencia al gobierno, la
viene el estado de naturaleza, para Locke, la resistencia al poder y la diso- resistencia conduce al restablecimiento de un orden político que había
lución del mismo no significa la recaída en el estado de naturaleza, sino el sido perturbado o perdido, más que (como en las revoluciones más mo-
retorno a la comunidad política del derecho a obrar como soberana. La dernas), a la creación de un orden social innovador67.
resistencia deviene así, fuente productora de poder.
Tras la consolidación de los estados naciones capitalistas, el constituciona-
El discurso de John Locke acerca de la resistencia es, pues, fuente consti- lismo como verdad del poder terminó expulsando del ámbito del derecho el
tutiva del discurso liberal del derecho. Como discurso filosófico-político, ejercicio de la resistencia68 o consagrándolo al lado de otras declaraciones de
el derecho de resistencia contribuyó a dotar de legitimidad las revolucio- derechos pero sin la capacidad de garantizar su ejercicio, o simplemente con
nes modernas contra los poderes absolutistas y tiránicos, como la inglesa el propósito de nutrir la eficacia simbólica del derecho respecto al poder.
de 1688, la de EE.UU. contra la dominación inglesa en 1776, la revolución
francesa de 1789 y las revoluciones de independencia de la mayoría de las Atrapado en la lógica del poder, el derecho como tal deviene en discurso
naciones latinoamericanas en el siglo XIX. En consecuencia, el derecho del poder y fuente de legitimación del mismo69. El poder, a través del de-
de resistencia es incorporado a las declaraciones de derechos que dieron recho, nombra, regula, disciplina, produce y excluye. El constitucionalis-
origen a los nacientes ordenamientos jurídico-políticos de los Estados mo, como verdad del poder, terminó por expulsar la resistencia de su pro-
naciones en Europa y América. Sus desarrollos últimos están integrados pio campo, e incluso dejó de nombrarla. En otros términos, la resistencia
al discurso jurídico internacional de los Derechos Humanos y del Dere- dejó de constituir el poder y su propio discurso de verdad. De esta mane-
cho de los Pueblos. ra, el campo de la resistencia se convierte, desde la lógica del derecho, en
una fuente peligrosa de amenaza al poder. Si en el discurso liberal primi-
La revolución francesa de 1789, por ejemplo, en su Declaración de los genio la resistencia constituía al poder e incluso era su fuente creadora,
Derechos del Hombre y del Ciudadano, proclamada por la Asamblea Na- con la consolidación del Estado moderno, por el contrario, se convierte
cional de ese mismo año, consagraba la resistencia como derecho natural en su principal amenaza. Como amenaza, la resistencia es sacada del cam-
imprescriptible del hombre, al lado de otros derechos como la libertad, la
propiedad y la seguridad. Así mismo, la Declaración de Independencia de
67 Iain Hampsher-Monk, op. cit., p. 143.
los EE.UU. de América, proclamada en 1776, establecía que "cuando una 68
Dice Toni Negri: "Después de haber sido objetivamente desnaturalizado, el poder constituyente es,
larga serie de abusos y usurpaciones, dirigida invariablemente al mismo por así decir, subjetivamente disecado. Ante todo, las características singulares de la originariedad
objeto, evidencia el designio de someter al pueblo a un despotismo abso- y de la inalienabilidad se esfuman, y el nexo que históricamente liga el poder constituyente al
derecho de resistencia (y que de entrada define, por así decir, la figura activa) es cancelado; lo que
luto, es su derecho, es su deber, derrocar ese gobierno y procurarse nue- queda es sometido a todas las posibles sevicias". El podb- constituyente. Ensayos sobre las
vos guardianes para su seguridad futura". Por último, la Declaración Uni- alternativas de la modernidad. Libertarias/Prodhuft Madrid. 1994, p. 19.
versal de los Derechos Humanos de 1948, en su preámbulo actualiza el 69
Según M. Foucault, el derecho como discurso de verdad del poder corresponde a uno de los dos grandes
derecho a la resistencia como recurso extremo en caso de ausencia de un sistemas de análisis del poder, postulado por los filósofos del siglo XVIII, el cual se articula en tomo al
poder como derecho originario que se cede y constituye la soberanía, y en tomo al contrato como matriz
régimen de Derecho que proteja los Derechos Humanos. del poder político. M. Foucault. Genealogía del racismo. La Piqueta. Madrid. 1992, pp. 31.
68 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 69

po del derecho y puesta en un horizonte de guerra, en un campo de bata- trata de una resistencia sometida a la propia lógica del poder, producida por
lla, de confrontación; en una palabra, como enemigo. el poder y productora de poder. No una resistencia, pues, externa al poder,
sino inscrita en el poder mismo, en sus propios predios. Una resistencia, que
Así, desde la lógica del derecho como verdad del poder, la resistencia deviene sólo puede ser tal si obedece, si reconoce al poder73. Es lo que aparece bajo
en delito político yen cuanto tal es criminalizada como rebelión, y más tarde, todas las formas del constitucionalismo moderno como sistema de garantías
como en la actualidad, como terrorismo7°. Finalmente, no es Locke, sino de los ciudadanos, que pretende que todas las formas de injusticia del poder
Hobbes quien se impone. Según Hobbes, el delincuente político es concebi- sean tramitadas en derecho y por el derecho, sin romper las murallas esta-
do como alguien, que habiendo renunciado al pacto social, no era para el blecidas por el poder. La propia declaración universal de los derechos huma-
Estado un delincuente sino apenas un enemigo externo. La acción estatal nos proclamada solemnemente por Naciones Unidas en 1948 en el preám-
contra él no tenía, por ello, el carácter de una pena sino de hostilidad. El bulo ya citado, responde a esta doble lógica del poder: de expulsión de la
rebelde hobbesiano era, pues, un enemigo absoluto, y el derecho penal polí- resistencia del propio ámbito del derecho, y, al mismo tiempo, de inclusión
tico apenas un título de legitimación de la desmesurad. En el discurso del en el mismo: la protección de los derechos humanos por un régimen de De-
poder, la resistencia como derecho es constituida como rebelión. De esta for- recho a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la
ma, la resistencia como delito político, es la resistencia criminalizada. Lo que rebelión contra la tiranía y la opresión.
finalmente termina imponiéndose en el constitucionalismo occidental es el
derecho penal político o el delito político como derecho de guerra. Así, en- Pero, por otra parte, la resistencia no es una sustancia que el poder mol-
tonces, entendido el poder, no como contrato ni como derecho, sino como dea a su antojo, que es excluida o incluida según su propia lógica y reque-
relación de fuerzas, la resistencia al poder se produce, no porque ha fracasa- rimiento. También la resistencia tiene su propia gramática. Y en esa gra-
do el derecho, sino por el poder mismo y el derecho que lo legitima. mática, el poder es una clave central de lectura. Dice Foucault, que el po-
der es siempre previo; que nunca está fuera, que no hay margen para que
Sin embargo, el poder no es un absoluto, ni excluye solamente. También pro- den el salto quienes están en ruptura con él. Pero esto no quiere decir que
duce e incluye72. Ya decíamos, siguiendo a Foucault, que produce discursos debe aceptarse una forma ineludible de dominación o un privilegio abso-
de verdad. La resistencia, al tiempo que es expulsada del ámbito del derecho, luto de la ley. Que no se pueda estar nunca "fuera del poder" no quiere
es incluida como recurso legitimador del poder y como fuente productora decir que estemos atrapados de cualquier forma. Lo cual quiere decir, por
del poder. Está integrada, en otros términos, a la gramática del poder. Pero un lado, que la resistencia no está en relación externa con el poder, ni, por
ya no como amenaza sino como fuente de legitimidad de la obediencia. Se otro lado, pastoreando en sus patios interiores. Cuando Foucault dice que
no hay relaciones de poder sin resistencias, significa que éstas son tanto
70
Por ejemplo, el "estado de guerra global", declarado por el gobiemo de los EE.UU. contra sus más reales y eficaces en cuanto se forman en el lugar exacto en que se
"enemigos", se fundamenta en una criminalización del "enemigo" como terrorista, de suerte que la ejercen las relaciones de poder74 . La resistencia es co-extensiva al poder,
"guerra global" es presentada por el poder imperialista como una "cruzada internacional" contra el
le es inherente, por mucho que la "expulse" o la "integre" a su propia lógi-
terrorismo, por medio de la cual ha pretendido legitimar invasiones y guerras contra naciones o el
derrocamiento de gobiernos considerados "terroristas". En Colombia, es muy común encontrar en ca en cuanto poder. La resistencia no debe venir de afuera para ser real, ni
el lenguaje del presidente de la república, Álvaro Uribe Vélez, el señalamiento de terroristas a las está atrapada porque sea la compatriota del poder. Existe tanto más en la
guerrillas colombianas, porque según él representan una amenaza a la democracia, medida en que está allí donde está el poder; es, pues, como él, múltiple e
independientemente de consideraciones acerca de las graves condiciones sobre las cuales se asienta
esa democracia, como las profundas situaciones de desigualdad y exclusión social y el alto riesgo a
la seguridad y la vida de quienes se atreven a disentir del régimen. Como bien lo observa Foucault: "Decir que la soberanía es el problema central del derecho en las
71 Iván Orozco Abad. Combatientes, rebeldes y terroristas. Guerra y Derecho en Colombia. Temis- sociedades occidentales, quiere decir que el discurso y la técnica del derecho han tenido esencialmente
IEPRI. Bogotá. 1992, p. 32. la función de disolver dentro del poder el hecho histórico de la dominación y de hacer aparecer en
72 Si el poder no fuera más que represivo, advierte Foucault, si no hiciera otra cosa que decir no, ¿cree su lugar los derechos legítimos de la soberanía y la obligación legal de la obediencia". Genealogía
usted verdaderamente que llegaríamos a obedecerlo? Lo que hace que el poder se sostenga, que sea del racismo. La Piqueta. Madrid, 1992, p. 36.
aceptado, es sencillamente que no pesa sólo como potencia que dice no, sino que cala de hecho, 76 Aunque en este pasaje de su obra, Foucault se refiere al poder en general y no específicamente al

produce cosas, induce placer, forma saber, produce discursos; hay que considerarlo como una red soberano, que es el tipo de poder que venimos discerniendo, sus observaciones son igualmente
productiva que pasa a través de todo el cuerpo social en lugar de cómo una instancia negativa que válidas, pues en este caso la diferencia no es de sustancia sino de gradación. Un diálogo sobre el
tiene por función reprimir". Un diálogo sobre el poder. Altaya. Barcelona. 1994, pp. 137. poder. Altaya. Barcelona. 1994, pp. 82 y 83.
70 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 71

integrable en otras estrategias globales75. Es siguiendo esta lógica trans- Sin querer forzar las delimitaciones conceptuales necesarias entre una y otra,
versal que atraviesa al poder y no dicotómica, como se produce y se des- aquí pretendemos mostrar que no es suficiente moverse en el campo de las
pliega la resistencia, como construye su propia gramática. distinciones, sino que, desde el punto de vista de la teoría, puede ser más
productivo pensar en términos de las articulaciones, ya que, para el caso,
Finalmente, es esta gramática de la resistencia la que nos permite discer- partimos de considerar la desobediencia civil, no como un fenómeno de na-
nir el doble sentido del derecho en el Estado moderno, como armadura turaleza diferente a la resistencia, sino como una forma de la misma. Por
del poder y como campo de resistencia. consiguiente, Incluso, puede decirse, que sin una teoría de la resistencia, la
teoría de la desobediencia civil podría resultar incompleta; y viceversa, que
C. Del Derecho de Resistencia sin una teoría de la desobediencia civil, una teoría de la resistencia podría
correr el riesgo de verse reducida.
a la desobediencia civil
Los estudios propiamente teóricos acerca de la desobediencia civil surgen en
Ya veíamos cómo el poder no sólo expulsa y reprime, sino que también inclu- los años 6os del siglo XX en los EE.UU. de Norteamérica, en un contexto
ye y crea, y cómo, así mismo, la resistencia está presente bajo todas las estra- socio-político fuertemente marcado por la guerra fría, la guerra de Vietnam,
tegias de poder. En este marco de exclusión-inclusión en lá lógica poder- la lucha por los derechos civiles de la población afro-americana liderada por
derecho y de producción de dicha lógica, se inscriben algunas de las formas Martín Luther King y las revueltas juveniles influenciadas por el mayo fran-
que adopta la resistencia, entre las cuales cabe destacar la desobediencia ci- cés78. Este marcado interés por el tema de la desobediencia civil no era fortui-
vil" y muchas otras formas institucionalizadas de "participación ciudadana". to ni puramente académico, sino que respondía a la importancia que el pro-
blema había cobrado en la dinámica social y política de los Estados Unidos
Sobre el problema de la desobediencia civil existe ya un acopio relativamente de Norteamérica y el.mundo durante los años 6os79.
vasto de estudios proveniente de las disciplinas del derecho, la política y la
ética, que da cuenta de su naturaleza, sus alcances, sus características y su La expresión "desobediencia civil" fue popularizada inicialmente a partir de
papel en los marcos del Estado de derecho y la democracia. No es la inten- la obra de Henry David Thoreau, publicada en 1849 y en la que plasmaba su
ción en este trabajo dar cuenta de tales estudios ni de las disquisiciones teó- conferencia de febrero de 1848 dictada en el Liceo de Concord su pueblo
ricas a que han dado lugar77, sino más bien, a partir de sus aportes más rele- natal, bajo el título: "Los derechos y deberes del individuo en su relación con
vantes, articularlos a los propios desarrollos teóricos del tema de la resisten- el Estado", conferencia producto de las impresiones de su estancia por una
cia. Cabe advertir de una vez, que la mayoría de los estudiosos de la desobe- noche en la cárcel, por negarse a pagar impuestos al gobierno de los EE.UU.
diencia civil, pese a sus muy variadas perspectivas teóricas y enfoques, de porque mantenía la esclavitud y su guerra expansionista contra México. Cu-
una u otra manera, concluyen en diferenciarla de la resistencia, de manera riosamente, la publicación de la obra por primera vez, en mayo de 1849, no
que una teoría de la primera tiende a ser distinta de una teoría de la segunda. se hizo bajo el título "desobediencia civil", como se cree usualmente, sino
" ibíd., p. 83. El poder, igualmente, no es tal porque está fuera de la resistencia, también el poder bajo el de "Resistencia al gobierno civil" en la revista Aesthetic Papers, y es
constituye la resistencia, no sólo en cuanto opuesta al poder, sino también en cuanto le es inmanente, sólo cuatro años después de su muerte cuando se publica bajo el título Des-
esto es, en cuanto ella misma contiene relaciones de poder o está instituida por relaciones de poder. obediencia civil, en un volumen titulad yankee in Canadá, with antislavery
76 La desobediencia civil encierra la intrigante ambigüedad de cuestionar el derecho al mismo tiempo

que le prodiga lealtad.


and reform papers (1866), título que conserva hasta hoy8°.
Una buena sistematización teórica acerca del tema, desde la perspectiva jurídica, ética y política,
aunque quizás con mayor énfasis en el derecho, nos la presenta María José Falcón y Tella, en: La Descolla en este contexto el ya mencionado ensayo de Hanna Arendt, "Desobediencia Civil",
desobediencia civil. Marcial Pons, Ediciones Jurídicas y Sociales. Madrid. 2000. En términos publicado inicialmente en 1970. Hanna Arendt, Crisis de la República. Taurus. Madrid. 1998.
generales, seguiremos el derrotero planteado por esta autora. También tomaremos en consideración 79 Hanna Arendt, percibe esta importancia del fenómeno ea lo"1 siguientes términos: "La desobediencia
el ensayo de Hanna Arendt, "Desobediencia civil", precursor en plantear una perspectiva teórica a la ley, civil y penal, se ha convertido en un fenómeno de masas durante los últimos años, no sólo
más allá de la meramente jurídica y liberal. En: Harma Arendt, Crisis de la República. Taurus. en América sino en muchas otras partes del mundo. El desafío a la autoridad establecida, religiosa
Madrid. 1998. Para una mirada más contemporánea del problema, desde una perspectiva centrada y secular, social y política, como fenómeno mundial, puede muy bien ser algún día considerado
en la sociedad civil, nos remitimos a la obra de Jean L. Cohen y Andrew Arato. Sociedad civil y como el acontecimiento primordial de la última década". Op. cit., p. 77.
teoría política. Fondo de Cultura Económica. México, D. E 2001. 80
María José Falcón y Tella op. cit., pp. 19 y 20.
72 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 73

Para muchos teóricos, la mayoría de ellos desde una perspectiva política li- La legitimidad práctica del Estado democrático, independientemente de los
beral, la desobediencia civil como fenómeno de la realidad social y política factores o razones cruzadas que la fundamentan, consiste en la expectativa
aparece asociada a situaciones de crisis de legitimidad del Estado y del siste- de realización regular del deber de obediencia a sus mandatos por parte del
ma democrático o a fallas relacionadas con la hechura de la ley8i. Así, por ciudadano. Una crisis de legitimidad significa el quebrantamiento total o
ejemplo, Jhon Rawls, uno de los más renombrados pensadores liberales con- parcial de este principio, proceso que da lugar a una situación o a situaciones
temporáneos, define una democracia constitucional justa como aquélla cuya de desobediencia civil, más o menos generalizada según la profundidad de la
constitución ha sido acordada por delegados racionales en una convención crisis o la capacidad del sistema político para afrontarla84. Sin embargo, des-
constitucionalista, que son guiados por los dos principios de Justicia. Pero de una perspectiva republicana democrática diferente a la de H. Arendt, la
como ningún procedimiento político puede garantizar que la legislación pro- crisis de legitimidad no sería condición necesaria para la ocurrencia de situa-
mulgada sea justa, en vista de la inevitable condición de la "justicia procesal ciones de desobediencia civil. En un Estado democrático legítimo, la desobe-
imperfecta" que se presenta incluso en la mejor de las formas de organiza- diencia civil es un instrumento adecuado para confirmar las bondades y vir-
ción política, es obvio que quienes tienen el derecho constitucional de hacer tudes del Estado democrático y no sus debilidades, como también para po-
leyes pueden aprobar leyes injustas, lo cual crea el escenario para los actos tenciar y vigorizar las virtudes ciudadanas y el potencial político de la socie-
justificables de desobediencia civi182. Para los teóricos liberales, la defensa de dad civi185. Bajo determinadas condiciones, situaciones de desobediencia ci-
los derechos individuales se convierte en el fundamento filosófico-politico vil no son producto de crisis de legitimidad del sistema político, sino factores
que justifica la desobediencia civil, con lo cual proporcionan una concepción desencadenantes de la misma o el momento de prueba de la fortaleza o debi-
relativamente estrecha de su rango y legitimidad83. lidad del propio sistema político democrático.

La desobediencia civil suele conceptualizarse como un tipo de acción co-


s'Cfr. Cohen y Arato, op. cit., pp. 643 y ss.
" Los dos principios de justicia en que se basa la teoría de la justicia de Rawls son: 1. Cada persona lectiva86 no violenta, voluntaria y conciente, pública, ilegal, con preten-
tendrá igual derecho al sistema total más amplio de libertades básicas iguales compatibles con un
sistema de libertad similar para todos. 2. Las desigualdades sociales y económicas pueden ser tratadas " "La desobediencia civil —dice Hanna Arendt— surge cuando un significativo número de ciudadanos
de tal manera que a la vez: a. Produzcan mayor beneficio para los menos favorecidos, y b. Se las ha llegado a convencerse o bien de que ya no funcionan los canales normales de cambio y de que
ligue con cargos y posiciones abiertas a todos bajo condiciones de igualdad de oportunidad justas. sus quejas no serán oídas o darán lugar a acciones ulteriores, o bien, por el contrario, de que el
Cohen y Arato observan que, pese a que tanto para Rawls como para Dworkin una sociedad justa Gobierno está a punto de cambiar y se ha embarcado y persiste en modos de acción cuya legalidad
debe incluir la justicia distributiva, ninguno de ellos acepta la desobediencia civil en aras de la y constitucionalidad quedan abiertas a graves dudas". Op. cit., p. 82.
justicia distributiva. Cfr. Cohen y Arato, op. cit., pp. 643, 674 y 675. Desde la perspectiva de la legitimidad democrática de Habermas, el Estado constitucional democrático
83 La muy certera crítica de Cohen y Arato a esta concepción restringida de la desobediencia civil no puede reducirse a su orden legal. Hay principios democráticos contrafácticos en los cuales se basan
aparece formulada en los siguientes términos: "Esta restricción no sólo limita el rango de la nuestras instituciones políticas, a los cuales se puede recurrir cuando se pone en duda el carácter
desobediencia civil respecto a las decisiones políticas de la legislatura, sino que también excluye democrático de una toma de decisiones que superficialmente parece respetar los principios procesales
todo un rango de actividad, esto es la acción ciudadana respecto de la economía. Rawls tiene en del gobierno de la mayoría y que pueden justificar los actos de desobediencia civil que tienen como
mente cuestiones de justicia distributiva, pero su concepción no incluye el tema de la estructura de propósito una mayor democratización del proceso de toma de decisiones. El foco del análisis de
la autoridad y de la toma de decisiones dentro del propio lugar de trabajo. No hay cabida en su Habermas sobre la desobediencia civil como política de influencia, es su relación con los principios
teoría para un derecho a la negociación colectiva o a cualquier otra cosa que caiga bajo el calificativo democráticos que subyacen al constitucionalismo y al proceso por medio del cual se realizan esos
de democratización o constitucionalización del lugar de trabajo. Esta es una grave omisión, porque principios y no los derechos individuales. Mientras los liberales conceden la legitimidad de la acción
ciertamente pueden presentarse argumentos en favor de legitimidad de la desobediencia civil en colectiva ilegal sólo para la defensa o creación de los derechos individuales; los demócratas se concentran
este dominio". Op. cit., p. 676. La crítica que Cohen y Arato hacen a la perspectiva de la desobediencia en la defensa o expansión de la democracia. Cfr. Cohen y Arato, op. cit., pp. 669 y 670.
civil centrada en los derechos individuales propia de la teoría liberal, resulta del mayor interés ab Es este carácter de acción colectiva de la desobediencia civil lo que suele oponérsele como uno de
puesto que rompe con toda la tradición teórica anterior, tanto liberal como democrática, que la los criterios fundamentales de distinción de la objeción de conciencia, un acto más que todo individual,
circunscribía a un asunto puramente jurídico o, a la postre, de relación de los ciudadanos con el y no tanto las razones o motivos mismos de la acción. Dice Hanna Arendt al respecto: "En contraste
Estado, esto es, como una acción de carácter exclusivamente política. La perspectiva planteada, con el objetor de conciencia, el desobediente civil es miembro de un grupo y este grupo, tanto si nos
aunque no desarrollada, por Cohen y Arato sugiere ampliar el espectro de acción y de posibilidades gusta como si no nos gusta, está formado de acuerdo con el mismo espíritu que ha informado las
de la desobediencia civil hacia campos hasta ahora vedados, como el del mundo del trabajo y los asociaciones voluntarias. La mayor falacia del debate actual me parece que es la presuposición de
derechos económico-sociales, la cual entronca completamente con la perspectiva teórica más amplia, que estamos tratando de individuos que se lanzan subjetivamente y conscientemente contra las
que pretendemos sustentar en este trabajo, acerca de la resistencia —en la cual se inscribe la leyes y costumbres de la comunidad. (...). Resulta al respecto quizá infortunado que nuestros recientes
desobediencia civil—, como resistencia no sólo según una lógica politica, sino también, económica, debates se hayan visto en buena parte dominados por juristas —abogados, jueces y otros hombres
social, cultural o donde quiera que ocurran situaciones de poder. del Derecho— por que ellos encuentran una especial dificultad en reconocer al desobediente civil
74 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 75

Sión de legitimidad, dirigida a oponerse a una ley o a un programa guber- de un proceso más profundo de la sociedad civil, que en el caso de la so-
namental con el fin de mejorarlo, frustrarlo o cambiarlo, en los marcos ciedad de los EE.UU. de Norteamérica entronca con su tradición asociativa
del Estado de derecho y el sistema democrático. No se trata, por tanto, de detenidamente estudiada por Alexis de Tocqueville en el siglo XIX, que, a
un acto de infracción o de transgresión a la norma, que pueda producirse su vez, corresponde más estrechamente con la versión horizontal del con-
de manera inconciente e individual o bajo la forma de "trampas" a la nor- trato social formulada por John Locke89.
ma, situaciones en las cuales la acción no está dirigida a oponérsele sino a
eludirla. El carácter voluntario de la desobediencia civil subraya, por el Según los estudiosos, la desobediencia civil puede estar fundada en moti-
contrario, que se trata de un acto conciente y deliberado orientado a vos éticos o de conciencia o igualmente en motivos jurídicos, como la vio-
oponérsele y abolirla. Por otro lado, el carácter político de la misma, su- lación de la Constitución o de tratados internacionales o por la aplicación
braya no sólo su pretensión de legitimidad respecto de los ciudadanos, de leyes consideradas, además de injustas, inválidas o que rebasen sus
sino la naturaleza de los objetivos o intereses que la motivan, orientados a límites de validez. La desobediencia civil se refiere a una norma en con-
la defensa del interés colectivo, general y no particular o privado; este creto, no al ordenamiento jurídico en su conjunto, al que suele prodigársele
carácter político le viene dado, además, porque la desobediencia civil está lealtad o legitimidad". Para M. J. Falcón y Tella, la ilegalidad de la des-
dirigida al Estado y a los ciudadanos. Por otro lado, el carácter público de obediencia civil es suí generis, pues se produce reconociendo y aceptando
la desobediencia civil, deriva directamente de su propia naturaleza políti- los marcos del sistema jurídico como tal e incluso aceptando la penaliza-
ca, de sus motivaciones, de su carácter colectivo y no individual, así como ción que para sus acciones ilegales establece el sistema jurídico para quie-
de la pretensión de legitimidad que persigue. Esto hace que sus acciones nes la ejercen. La ilegalidad de la desobediencia civil se refiere al hecho
sean externas y públicas y no internas o secretas. El requisito de la publi- del "quebrantamiento" de una norma jurídica de carácter omisivo más
cidad de la desobediencia civil trata de alejar toda sospecha sobre la mo- que comitivo, pues consiste más que en hacer lo que está prohibido en no
ralidad del acto, además de otorgarle valor simbólico y la mayor audien- hacer lo que se ordena. Es preciso que se trate de normas obligatorias o
cia posible87. de normas prohibitivas que vayan acompañadas de sanción jurídica para
el caso de incumplimiento. Acciones de protesta, si no implican quebran-
Hanna Arendt subraya especialmente el carácter de grupo o colectivo de tar la norma no adquieren el status de desobediencia civil. Ahora bien, la
la desobediencia civil, así como el carácter público de la misma, para dife- oposición o violación en que consiste la desobediencia civil se refiere a
renciarla tanto de la desobediencia criminal como de la objeción de con- toda la legalidad del Estado, es decir, a cualquier norma dentro de ella,
ciencia. "La distinción entre una abierta violación de la ley, realizada en desde la Constitución hasta las ordenanzas y disposiciones municipales.
público, y una violación oculta, resulta tan clara que sólo puede ser des- Sin embargo, el objeto de la acción de desobediencia civil puede estar
deñada por prejuicio o por mala voluntad. (...)Además, el transgresor co- dirigido también contra una política gubernamental determinada no re-
mún, aunque pertenezca a una organización criminal, actúa solamente lacionada con ninguna ley en particular que pueda ser desobedecida, dado
en su propio beneficio...El desobediente civil, aunque normalmente que el sistema político no se agota en el sistema jurídico y que no siempre
disiente de una mayoría, actúa en nombre y en favor de un grupo; desafía se protesta contra una determinada ley, sino contra una política9'.
a la ley y a las autoridades establecidas sobre el fundamento de un disen-
timiento básico y no porque como individuo desee lograr una excepción Por otra parte, la mayoría de los teóricos coinciden en destacar el carácter
para sí mismo y beneficiarse de ésta"88. Para Hanna Arendt, la desobe- pacífico, no violento, de la desobediencia civil, teniendo en cuenta la in-
diencia civil no es ni siquiera un fenómeno coyuntural, sino la expresión vocación que suelen hacer sus dirigentes de los movimientos emblemáticos
de Ghandi en la India y Luther King en los EE.UU. de Norteamérica e
como miembro de un grupo y prefieren verle como un trasgresor individual y, por eso, un acusado
potencial ante un tribunal". Op. cit., p. 105. "La desobediencia civil es una forma ilegal de 89 "Estimo que los desobedientes civiles no son más que la última forma de asociación voluntaria y
participación política por parte de actores colectivos. Es una acción política con un objetivo político que se hallan completamente sintonizados con las más antiguas tradiciones del país". Harma Arendt,
que por definición activa las esferas públicas de la sociedad civil y supone la actividad ciudadana op. cit., pp. 94 y ss.
extrainstitucional". Cohen y Arato, op. cit., p. 658. • "El disentimiento implica el asentimiento y es la característica del gobierno libre. Quien sabe que
" M. J. Falcón y Tella, op. cit., pp. 25 y ss.
puede disentir sabe que, de alguna forma, asiente cuando no disiente". H. Arendt, op. cit., p. 95.
88 Harma Arendt, op. cit., p. 83.
91 Falcón • • Tella, o". cit., po. 40 ss.
76 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 77

igualmente porque tienden a respetar el precepto constitucional del mo- al mal"; frente al mal hay que dejar que éste se extinga sin oponer resis-
nopolio de la violencia por parte del Estado. Sin embargo, cabe aclarar tencia. La desobediencia civil comparte con la no resistencia sólo el ca-
que en los años 6os el criterio de la violencia fue motivo de diferenciación rácter no violento, pues ambas se diferencian por los motivos políticos
y de agrias polémicas al interior de los grupos y partidarios de la desobe- que inspira a la primera y los motivos de fe que inspira a la segunda. En
diencia civil, muchas de las cuales condujeron a la división de algunos cuanto a la resistencia pasiva, según la autora, se trata de un medio de
movimientos de esta naturaleza, especialmente entre los estudiantes y defensa de los derechos basados en criterios de justicia, que, a diferen-
los movimientos afro-americanos. Mientras los partidarios de la no vio- cia de la no resistencia, rechaza al opresor por medios pacíficos como la
lencia basaban sus argumentos en lo arriba indicado, otros sectores con- omisión y la no cooperación, entre los cuales figuran la huelga y el boi-
sideraban que, si bien la desobediencia civil no buscaba la destrucción cot. La diferencia entre la desobediencia civil y la resistencia pasiva, con-
física o moral de los adversarios, se aceptaba en ocasiones, como conse- siste en que, mientras el que resiste pasivamente tiene por objetivo sólo
cuencia secundaria, cierto riesgo de violencia, y otros más la incluían como eso, resistir, hacer ineficaz la voluntad del oponente, el desobediente
premisa necesaria de la misma92. civil mira más allá, al cambio, a la mutación de la situación a la que se
opone. Otra diferencia consiste en que mientras el número de desobe-
Por lo general, los teóricos de la desobediencia civil coinciden, con dife- dientes civiles es reducido, en la resistencia pasiva, por el contrario,
rentes argumentos, en subrayar la diferencia entre desobediencia civil y puede ser grande, como el caso de las campañas masivas de Ghandi en
otras formas de oposiciones al poder político, como la resistencia o la la India93.
revolución. Para efectos de este trabajo me detendré un poco en diluci-
dar los términos en que es planteada y concebible esta diferenciación, Por último, dice Falcón y Tella, que la principal diferencia entre la resistencia
así como lo inadecuado de la misma desde una perspectiva general de la activa y la resistencia pasiva consiste en que mientras esta última es omisiva
resistencia. y abstencionista, la primera es comitiva e intervencionista. Además, la resis-
tencia activa proclama el uso de la violencia, ejercitada de modo individual o
Dos son, en realidad, los argumentos fundamentales de los teóricos de la colectivo, organizado, en forma casi revolucionaria. En cuanto a la diferencia
desobediencia civil para sustraerla del ámbito de la resistencia o para des- con la desobediencia civil es más bien poco lo que la autora aporta. Luego de
estimarla como una forma de resistencia: por un lado, el criterio de la no un rastreo histórico acerca del derecho de resistencia, concluye que no se
violencia; por el otro, la aceptación del marco del Estado de derecho y trata hoy de resistencia a un Estado injusto, sino de desobediencia civil en el
democrático. Aunque son dos argumentos de naturaleza diferente, por lo Estado de derecho. A partir de Bobbio, la autora sugiere que la violencia, el
general aparecen mezclados e interdependientes. cuestionamiento total y no parcial al Estado y su carácter comisivo y activo y
no omisivo o pasivo, son las características que distinguen a la resistencia
María José Falcón y Tella, haciendo acopio de una amplia bibliografía, activa de la desobediencia civil".
presenta los términos de diferenciación entre desobediencia civil y re-
sistencia casi en los mismos términos ya indicados por la mayoría de los En síntesis, según la autora, la desobediencia civil se distingue de la resis-
teóricos. Sin embargo, en algunos de sus pasajes, su presentación es algo tencia por el ejercicio de la no violencia, característica que comparte con
confusa, contradictoria y elusiva. Luego de efectuar el recorrido teórico la no resistencia; el propósito del cambio y el reducido número de partici-
acerca de la desobediencia civil, intenta establecer una demarcación en- pantes, que la diferencia de la resistencia pasiva; y, por último, que es
tre ésta y la resistencia. Para ello se basa en una tipologización de las omisiva, es propia del Estado de derecho y no es revolucionaria, lo que la
diferentes clases de resistencia, que va de la no resistencia, la resisten- diferencia de la resistencia activa.
cia pasiva, hasta la resistencia activa. Según la autora, la no resistencia
93Parece contradictorio incluir el movimiento de Ghandi contra la dominación británica en la India en
significa no oponerse pero al mismo tiempo no ceder; de clara inspira- la categoría de resistencia pasiva y al mismo tiempo aseverar de ésta, que se trata meramente de
ción cristiana, frente a la violencia, la postura de la no violencia no opo- movimientos de rechazo y no de cambio, cuando en realidad Ghandi, al tiempo que rechazaba la
ne violencia, sino que recomienda "poner la otra mejilla" y "no resistir dominación colonial inglesa, proponía la construcción de una nueva sociedad en la India. María
José Falcón y Tella, op. cit., pp. 85 y 86.
92 ibíd., pp. 67 y ss. " ibíd., pp. 86 y ss.
78 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 79

Hanna Arendt, por su parte, que postula claramente la antinomia violencia- ser leyes anticuadas"98. Así mismo, en referencia a la decimocuarta enmien-
poder, considera que, "De todos los medios que los desobedientes civiles da que abolía el régimen de esclavitud en los EE.UU. de Norteamérica, dice
pueden emplear en el curso de la persuasión y de la dramatización de las que aunque se cumplió por la acción legal del Tribunal Superior, "lo cierto es
cuestiones, el único que puede justificar el que se les llame 'rebeldes' es el de que el Tribunal decidió hacerlo sólo cuando los movimientos de derechos
la violencia. Por eso la no violencia es la segunda característica generalmente civiles que, por lo que a las leyes del Sur se referían, eran movimientos de
aceptada de la desobediencia civil, y de ahí se deduce que la desobediencia desobediencia civil, produjeron un cambio drástico, tanto en las actitudes de
civil (citando a Carl Cohen) no es revolución...El desobediente civil acepta, los ciudadanos negros como en las de los ciudadanos blancos"99.
mientras el revolucionario rechaza, el marco de la autoridad establecida y la
legitimidad general del sistema de leyes"95. Me parece muy-clara la manera Sin embargo, esta aparente ambigüedad o, incluso, contradicción, en el
como Hanna Arendt se deja llevar del argumento de la no violencia al argu- razonamiento de Arendt, entre la comunión de propósitos de "cambiar el
mento de la aceptación del marco de la autoridad política establecida, como mundo" compartidos por el desobediente civil y el revolucionario y la acep-
características distintivas de la desobediencia civil, haciendo derivar el se- tación por parte del primero del marco de la autoridad establecida, puede
gundo argumento del primero. Así, el desobediente civil no es revolucionario disiparse si reenfocamos los alcances que la autora concede a los "cam-
por que no es violento, y viceversa, el desobediente civil no es violento por- bios drásticos" propiciados por la desobediencia civil para no confundir-
que acepta el marco de la autoridad política establecida. Entre uno y otro se con la revolución, es decir, si damos el justo lugar a los cambios apun-
argumento, en vez de una mediación conceptual lo que aparece es una mu- talados por la desobediencia civil en la perspectiva de Arendt. En efecto,
tua petición de principios, al estilo de como cuando afirmamos que la fruta es dejando de lado, quizá, el ejemplo emblemático de Ghandi en la India
roja porque es una manzana o es una manzana porque es roja. (que ya es bastantemg, todos los cambios contemplados por Hanna Arendt
para la desobediencia civil, más que desarrollarse en el marco de la auto-
La misma Hanna Arendt muestra enseguida su incomodidad con esta forma ridad política establecida (que también cuenta), tienen como marco la
de argumentar, poniendo en duda aparentemente la validez del segundo cri- estructura fundamental de la sociedad capitalista moderna en sus pro-
terio de distinción (la aceptación de la autoridad establecida), pero dejando pios desarrollos. Esto explica la dialéctica planteada por Arendt entre la
en pie el criterio de la no violencia. Dice, "El desobediente civil comparte con ley que puede estabilizar y legalizar el cambio una vez que éste se haya
el revolucionario el deseo de 'cambiar el mundo', y el cambio que desea rea- producido y el carácter extralegal de la acción que lo producelm.
lizar puede ser, desde luego, drástico, como, por ejemplo, en el caso de Ghandi,
que siempre es citado como el gran ejemplo, en este contexto, de la no vio- Así, lo que, desde la perspectiva de la autora, distingue en realidad a la des-
lencia"96. Más aún, líneas seguidas y entre paréntesis se pregunta, "(¿Aceptó obediencia civil de la revolución no es que la primera no se oriente a cambiar
Ghandi el 'marco de la autoridad establecida', que era la dominación británi- en algún sentido la sociedad mientras que la segunda sí, sino en que los cam-
ca de la India? ¿Respetó la 'legitimidad general del sistema de leyes' en la bios apuntalados por la primera son de carácter reformista, esto es, produci-
colonia?)"97. Después de efectuar una disertación teórica acerca de la ten- dos en los marcos del propio sistema político y social, mientras que los cam-
dencia al cambio y a la conservación en las sociedades modernas, la autora bios apuntalados por la segunda, valga el pleonasmo, son revolucionarios,
muestra, a través de algunos ejemplos de la historia política de los EE.UU. de esto es, orientados a la ruptura de dichos marcos. Esta naturaleza diferente
Norteamérica, el papel de la desobediencia civil en los cambios de la socie- del cambio entre una y otra, que Hanna Arendt sabe pero no subraya por
dad y la imposibilidad de incidir en tales cambios si se hubiera quedado en 98 ibíd., p. 88.
"los marcos de la autoridad política establecida". Así, por ejemplo, dice: "Todo 99
íd.
100
el cuerpo de legislación laboral —el derecho a los convenios colectivos, el de- El ejemplo de Ghandi en la India como desobediente civil, si se profundiza en la perspectiva planteada
por Arendt, llevaría al absurdo su argumento de la distinción entre desobediencia civil y revolución
recho a la sindicación y el derecho a la huelga— fue precedido por décadas de
basada en la aceptación del marco de la autoridad establecida y la legitimidad general del sistema
desobediencia, frecuentemente violenta, a las que en definitiva resultaron de leyes por parte de la primera y el rechazo por parte de la segunda. Ni Ghandi aceptaba el marco
de la autoridad establecido ni el sistema de leyes de la dominación colonial británica, contra las
" Harma Arendt, op. cit., p. 84. cuales, por el contrario, efectivamente luchaba, ni, por otra parte, Ghandi descartaba el recurso
96 íd. eventual de la violencia.
97 íd. 1°' Hanna Arendt, op. cit., p.87.
80 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 81

razones ideológicas, sería el criterio de distinción, a este respecto y según su Pero no se trata de un error de pensamiento, que sería insólito en alguien
propia perspectiva, entre desobediencia civil y revolución, aún si ambas com- que ha tenido por oficio justamente pensar, sino de perspectiva teórica y
parten el mismo deseo de "cambiar el mundo". política. La perspectiva teórica y política en la que Hanna Arendt encua-
dra la desobediencia civil, nos recuerda los viejos debates en la socialde-
Sin embargo, aún así, ¿cabe la distinción? Hanna Arendt parece inscribir mocracia alemana entre reforma y revolución. Mientras que para los
la desobediencia civil en los marcos de un campo de juego predetermina- reformistas, como Eduard Berstein, la lucha por las reformas es un fin en
do, en el que sus posibilidades como acción social y política ya vienen sí mismo, dado que la sociedad capitalista moderna es susceptible de trans-
dadas por la naturaleza misma del campo y del juego: no violencia y acep- formación gradual hacia el socialismo; para los revolucionarios, como Rosa
tación del Estado de derecho. Más allá de este campo de juego, la desobe- Luxemburgo, la lucha por las reformas es un-medio para profundizar las
diencia civil no es tal, sino revolución o cualquier otra cosa. La visión transformaciones revolucionarias de la sociedad. Si las reformas se ins-
teleológica de la acción, que parece dominar el argumento de Hanna criben en una estrategia revolucionaria no tiene sentido establecer distin-
Arendt, le impide valorar adecuadamente el potencial y las posibilidades ciones ni mucho menos separaciones entre reforma y revolución, ya que
contenidas en las diferentes manifestaciones de desobediencia civil —más la última está contenida como potencia en la primera.
allá del juego dialéctico entre la ley y el cambio— y, en consecuencia, ex-
plorar teóricamente la manera como la una se transforma en la otra o, en El otro elemento de distinción sustentado por los teóricos de la desobe-
otros términos, la manera en que la desobediencia civil puede transfor- diencia civil respecto de la resistencia, se refiere a la no violencia, tal como
marse en revolución1O2. En vez de la síntesis dialéctica, Hanna Arendt queda lo hemos visto en Falcón y Tella y Hanna Arendt"4. Desde una perspecti-
presa de la fractura dicotómica desobediencia civil-revolución. Valorar va histórica y política más amplia, el argumento de la no violencia como
suficientemente la potencialidad y posibilidades de la desobediencia ci- característica distintiva de la desobediencia civil, parece poco convincen-
vil, le hubiera evitado, pues, prescribirla al limitado marco del Estado de te, pues pretende definir la naturaleza de una acción colectiva, no por los
derecho y la aceptación de las autoridades políticas establecidas, y, así objetivos, ni por los motivos o contenidos de la acción, sino por los me-
mismo, levantar el muro que la separa de la revolución. Es este dios utilizados por la misma. Y si bien, por lo general, los fines de la ac-
determinismo teleológico, finalmente, el que le impide considerar desde ción suelen estar acompañados de los medios apropiados para la misma,
el punto de vista teórico y político las posibles transformaciones y cursos ninguna acción está prescrita a desarrollarse a través de los mismos me-
de acción contenidos en la desobediencia civil, siempre dinámicas y siem- dios. La desobediencia civil teóricamente se define, según lo antes dicho,
pre abiertas"3. por los móviles de la acción, enfrentar una ley o una política guberna-
102
Esta conjugación dialéctica parece estar presente en Habermas como democratización y no como mental, pero no por los recursos mismos de la acción, como la violencia o
revolución, término último que hace tiempo salió de sus escritos. la no violencia. El hecho que los movimientos de desobediencia civil du-
103
Esta parece ser, a diferencia de Arendt, la perspectiva en la que se coloca Herbert Marcuse, que, por lo rante la década de los años sesenta en los EE.UU. de Norteamérica se
demás, concibe la desobediencia civil como una forma contemporánea del derecho de resistencia: "Tal
fue la experiencia del movimiento de los derechos civiles, esto es, que la fuerza es ejercida por los otros
hayan inspirados en su gran mayoría en la filosofia de la no violencia no
y que, contra esta fuerza, la legalidad se hace de buenas a primeras problemática; y esta será también la significa que la no violencia sea una cualidad generalizable a la desobe-
experiencia de la oposición estudiantil, tan pronto como el sistema se sienta amenazado por ella. Y diencia civil como característica propia"5.
entonces la oposición se verá puesta ante la decisión fatal de ser una oposición de simple acto ritual, o
una oposición como resistencia, esto es, de civil disobedience. (...) me sorprende volver a observar 104
Cohen y Arato también incluyen el criterio de la no violencia como característica de la desobediencia
siempre cuán poco ha penetrado en realidad en la conciencia el hecho de que el reconocimiento del civil, aunque son quizás más cautos que la mayoría de los teóricos al respecto. "Por 'no violencia'
derecho de resistencia , esto es, de la civil disobedience, forma parte de los elementos más antiguos y hacemos referencia a que el carácter de la protesta es simbólico y comunicativo o, en la frase de
sagrados de la civilización occidental...Aquí se encuentra el conflicto de los derechos con el que se Dworkin, persuasivo. Los juegos del poder estratégico que implican la violencia son difíciles de
enfrenta toda oposición que va más allá de la privada; porque lo existente tiene el monopolio legal de justificar como desobediencia civil. No obstante, en situaciones concretas puede ocurrir la violencia.
la fuerza y el derecho positivo o, más aún, el deber de servirse de esta fuerza para su defensa. Frente a La evaluación de la violencia debe hacerse con referencia a los que la iniciaron, al contexto general
esto está el reconocimiento de un derecho superior y el reconocimiento del deber de la resistencia y al propósito del acto. La historia del movimiento laboral proporciona muchos ejemplos de huelgas
como fuerza impulsora del desarrollo histórico de la libertad, esto es, la civil desobediente como violentas a las que se puede ver como actos de desobediencia civil". Op. cit., pp, 678 y 679.
fuerza histórica potencial. Sin este derecho de resistencia, sin este recurso de un derecho superior 115 Herbert Marcuse, justamente uno de los artífices intelectuales de los movimientos estudiantiles por
contra el derecho existente nos encontraríamos hoy todavía en la etapa de la barbarie primitiva". El fin los derechos civiles y contra la guerra de EEUU de Norteamérica contra Vietnam a finales de los
de la utc-ía. Siglo XXI. México, D. F. 1969., pp. 51 y 52 (cursivas del autor). años 60s, plantea el problema en los siguientes términos: "No he sostenido que la no-violencia deba
82 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 83

En efecto, acciones de desobediencia civil violenta o que involucran en desarrolla bajo la forma de desobediencia civil, es decir, deviene en des-
algún grado expresiones concretas de violencia las ha conocido no sólo la obediencia civil en cuanto supone la lealtad al poder soberano; pero, por
sociedad de los EE.UU. de Norteamérica, sino también sociedades de otras otro lado, la desobediencia civil, según la lógica de la resistencia, puede
partes del mundo, como la europea o la latinoamericana. Esta misma ex- conducir al derribamiento del poder o a una transformación de las rela-
periencia histórica, igualmente puede ser válida para ilustrar lo contra- ciones de poder, en cuanto representa un desafío al poder y un
rio, es decir, la ocurrencia de movimientos de resistencia, diferentes a la cuestionamiento a su lealtadl°8.
desobediencia civil, de carácter no violento, como el de Ghandi en la In-
dia o, más recientemente, los movimientos contra las dictaduras totalita- Desde el punto de vista de la experiencia histórica y de la teoría política,
rias en los países del socialismo histórico en Europa del Este o contra las la desobediencia civil no es más diferente de la resistencia, que como se-
dictaduras militares en América Latina en los años 8os'°6. res humanos lo es Juan de María. Es una forma específica de resistencia,
que se desarrolla por lo general en los marcos del Estado de derecho, pero
La desobediencia civil según como nos la teoriza Hanna Arendt y la ma- que de ninguna manera está circunscrita a él. Como forma de resistencia,
yoría de los teóricos que la limitan al marco del Estado de derecho o de la la desobediencia civil puede desarrollarse incluso en regímenes autorita-
autoridad política establecida, corresponde a una concepción reformista rios y desencadenar procesos revolucionarios. En los marcos del Estado
o limitada de la misma, que, como todo reformismo, postula una lectura de derecho y democrático, la desobediencia civil involucra muchos de sus
de la resistencia desde la gramática del poder, esto es, en función del po- referentes jurídicos e institucionales, pero igualmente se nutre y conjuga
der, de sus discursos de verdad y de su pretensión de obediencia legítima, tradiciones y experiencias acumuladas de oposición, de lucha y de parti-
y no desde la gramática de la resistencia. Desde la perspectiva teórica en cipación de actores colectivos contra el poder, de una amplia esfera públi-
la que se inspira este trabajo, la desobediencia civil podría conceptualizarse ca y social no estatal en la que los ciudadanos debaten, se reúnen y se
como un tipo de acción colectiva, que se mueve en el umbral de la lógica asocian alrededor de problemas de interés público y colectivo. La desobe-
del poder y de la lógica misma de la resistenciam7. Un discernimiento teó- diencia civil, como cualquier otra forma de resistencia, hunde sus raíces
rico más riguroso y más amplio ha de mostrar las contradicciones que en la tradición cívico-popular pre-existente a nivel social, económico, po-
encierra la desobediencia civil como forma de resistencia en la lógica po- lítico y cultural.
der-derecho. En ella están contenidas, perviven y se conjugan tanto la
lógica del poder como la lógica de la resistencia. En los marcos del Estado La pregunta acerca de si la desobediencia civil puede o no transformarse
de derecho y según su propia lógica, puede decirse que la resistencia se en acción revolucionaria, no es una pregunta que se pueda responder en
emplearse o predicarse como principio de la estrategia. No he equiparado en modo alguno el plano teórico general sino práctico concreto'°9. Innumerables son las
humanitarismo y no-violencia. Por el contrario, he hablado de situaciones en las que precisamente
en interés de la humanidad se ha de recurrir a la violencia". Op. cit., p. 85. " Paolo Virno ha dicho a nuestro modo de ver correctamente: "La 'desobediencia civil' representa
106 Esta discusión sobre si la no violencia es propia de la desobediencia civil y la violencia propia de la hoy, la forma fundamental e insoslayable de la acción política, con la condición, sin embargo, de
resistencia, nos recuerda el debate en la izquierda colombiana y latinoamericana de los años 60s y desembarazarla ded la tradición liberal de la que surgió". P. Virno. "Virtuosismo y revolución:
70s, en el que lo revolucionario se definía por la aceptación de la lucha armada (particularmente, la notas sobre el concepto de acción política". Biblioweb. Nota del editor: este texto apareció en el
pertenencia a la guerrilla), mientras que lo reformista se definía por la inclinación a medios pacíficos, número 4/1 993 de la revista Luogo Comune. También se ha publicado en el número 19-20/1994 de
legales o civiles de lucha. La experiencia histórica mostró, que quienes se preciaban de Futur Antérieur,, texto en francés a partir del que traducimos, p. 6.
revolucionarios por su predilección a las armas, no pasaron del mero "reformismo armado", por los 1' Aunque su campo teórico no es el de la desobediencia civil sino el de la participación, Rafael
limitados alcances de su programa y objetivos políticos, y que, quienes por lo general desarrollaron Rodríguez Prieto ha mostrado cómo se pueden desarrollar experiencias de resistencia bajo la forma
acciones de carácter legal o civilista se inspiraban en programas de acción decididamente de participación a nivel local desarrolladas desde el marco estatal o desde el ejercicio del gobierno,
revolucionarios, orientados a transformar las estructuras sociales y políticas dominantes. De suerte, según una lógica que va más allá de la gramática del poder, que sitúan a la resistencia en posibilidades
que la referencia a las armas o a la violencia en general, en vez de develar la sustancia de los de generar situaciones de contrapoder y de radicalización de la democracia. La experiencia del
procesos en curso, muchas veces los obscurece, bien por su aceptación absoluta o bien por su último gobierno del Consejo del Gran Londres y la del Presupuesto Participativo en Porto Alegre,
negación plena. que son sus referentes de estudio, "constituyen prácticas de construcción de procedimientos para el
Cohen y Arato lo plantean quizá en términos muy similares a lo aquí dicho: "La peculiaridad de la autogobierno, diferenciados de otras experiencias de participación a escala local a causa de su
acción colectiva que supone la desobediencia civil es que se mueve entre los límites de la insurrección autonomía y su contenido sociopolítico rupturista con el sistema político y económico dominante",
y de la actividad política institucionalizada, entre la guerra civil y la sociedad civil". Sociedad civil p. 19. A estas prácticas y las posibilidades que abren, Rodríguez Prieto las llama "demoarquías".
y teoría política. Fondo de Cultura Económica. México, D. F. 2001, n. 638. Ciudadanos soberanos. Participación Y democracia directa.
84 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 85

acciones de desobediencia civil restringidas al marco del Estado de dere- sión soviética a la República de Checoeslovaquia, los movimientos y re-
cho o democrático, así como muchas otras que intentan ir más allá, hacia des por la defensa de los DD.HH. y el movimiento ecuménico de la No
formas más radicalizadas de resistencia e incluso hacia formas de acción Violencia"°.
propiamente revolucionarias. Que la desobediencia civil tome este u otro
curso, se limite aquí o allá o vaya más allá, depende de la conjugación de En este contexto, en los años 6os Herbert Marcuse en los EE.UU. recrea
una serie de factores, como por ejemplo, la correlación de fuerzas estable- teóricamente la resistencia como derecho cosmopolita, por oposición al
cidas entre los actores en conflicto; la capacidad o no del sistema político derecho positivo; también, desde una perspectiva republicana y en los
y las clases y grupos dominantes de dar respuestas adecuadas, general- marcos del constitucionalismo democrático, el derecho a la resistencia
mente de inclusión o de reforma, a las expectativas y demandas de quie- se transfigura en desobediencia civil en Hanna Arendt y en Habermas
nes protagonizan tales acciones; los contenidos y profundidad de los ob- más tarde. El énfasis en lo político-estatal en los estudios de la resisten-
jetivos de quienes la protagonizan; la capacidad de liderazgo de las mis- cia se actualiza con las recientes movilizaciones ciudadanas contra los
mas y de su propia fortaleza como tales. No es que la desobediencia civil regímenes autoritarios en Europa del Este y América latina a finales del
no pueda originarse y desarrollarse según las prescripciones que la mayo- siglo XX.
ría de los teóricos le han establecido, sino que el resultado de la misma es
siempre un campo abierto de posibilidades. Michael Randle es el autor contemporáneo que más amplia y sistemática-
mente reconstruye esta dimensión histórico-política de la resistencia cen-
D. De la Resistencia a la resistencia civil trada en el poder político. Su libro, Resistencia CiuiL", editada en caste-
llano en 1998, sigue de cerca el proceso evolutivo de la resistencia civil,
como idea y como fenómeno social, desde sus comienzos a principios del
En términos generales, la teoría y las ideas acerca de la resistencia en la
siglo XIX hasta nuestros días. El subtítulo de la obra: La ciudadanía ante
tradición del pensamiento político occidental han tenido un marcado
énfasis político, particularmente centrado en la relación soberano-súb- las arbitrariedades de los gobiernos, indica de una vez tanto el énfasis
centrado en lo político estatal como el enfoque teórico desde el cual el
ditos o Estado-ciudadanos, tal como lo hemos intentando delinear has-
autor concibe la resistencia como resistencia civil12. No es el propósito de
ta ahora. Por ejemplo, en una primera fase, que comprende el siglo XIII,
este trabajo hacer una presentación exhaustiva de su valiosa obra, sino
con Salisbury y Tomás de Aquino, pasando por una segunda fase, mar-
subrayar críticamente los aspectos más relevantes de su teoría y sus apor-
cada por las guerras religiosas y la reconfiguración política del absolu-
tes a una concepción general de la resistencia.
tismo durante los siglos XVI y XVII en Europa, en la que el discurso de
la resistencia al poder político aparece como una fundamentación del
La teoría de la resistencia civil de Randle se basa en una concepción más
deber de resistencia, asociado a corrientes luteranas y calvinistas ema-
general acerca del poder político y, sobre todo, acerca de la no continui-
nadas del dogma religioso, y posteriormente, en una tercera fase, como
derecho de resistencia, especialmente por parte del calvinismo holan- dad del mismo"3. Esta concepción parte, en primer lugar, de cuestionar
la idea según la cual el poder político está basado en la sola violencia, y
dés y francés, hasta llegar a las doctrinas políticas liberales del siglo XVII
subraya, por consiguiente, la necesidad de concederle tanta o mayor efi-
y XVIII, como la de John Locke, que dan origen al constitucionalismo
moderno. cacia a los mecanismos no violentos del poder, tales como la persuasión

110
Gonzalo Arias. La no-violencia ¿tentación o reto? Sígueme. Salamanca. 1977.
En el siglo XX este énfasis en lo político, aunque impregnado de ciertos 111
Michael Randle, Resistencia civil. La ciudadanía ante las arbitrariedades de los gobiernos. Paidós.
preceptos religiosos y filosóficos, se enriquece con las experiencias y el Barcelona. 1998.
pensamiento de Ghandi en la India en los años 3os contra la dominación 112
Pese a la advertencia de Randle, en el sentido de no pasar por alto su contribución a la política de la
británica y por Marthin Luther King en los años 6os en los EE.UU. de vida cotidiana, se enfoca principalmente hacia la resistencia civil en tanto se relaciona con la
macropolítica y la estrategia. Op. cit., p. 16.
Norte América contra el racismo y por los derechos civiles de la población 113
Es importante subrayar el aspecto de la no perdurabilidad del poder o lo que es lo mismo su
afro-americana, igualmente con los movimientos radicales y libertarios inestabilidad, puesto que en buena parte la teoría de Randle acerca del poder y la resistencia civil
del ma- -o francés de 1968 la llamada primavera de Pracra. contra la inva- tiene por referencia esta situación en la que el gobierno se encuentra en situación de inestabilidad.
86 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 87

y la colaboración por parte de los ciudadanos"4. Tal cuestionamiento, En apoyo de su concepción del poder y como marco explicativo de la re-
dice Randle, no equivale a negar que la violencia, y la amenaza de la sistencia civil, Randle acude a la característica distinción entre dominio y
misma, desempeñan con frecuencia un papel neurálgico en la regula- autoridad como formas alternativas de poder. El poder como dominio
ción de las relaciones de poder, en especial en las que hay entre el Esta- equivale al poder ejercido sobre otros. Hasta cierto grado todos los go-
do y el ciudadano, y entre un Estado y otro. Equivale en primer lugar a biernos, y los dictatoriales en un grado extremo, ejercen un poder de este
reconocer que la violencia no es el único tipo de sanción coercitiva dis- tipo; siendo también un rasgo común de las instituciones jerárquicas exis-
ponible y en segundo lugar que otros factores pueden ser importantes, e tentes dentro de la sociedad, de la sociedad anónima a la familia patriar-
incluso decisivos"5. cal. El dominio lleva consigo por definición una manipulación, y sancio-
nes de distinto tipo. Sin embargo, advierte Ráhdle, incluso el gobierno
Para Randle, la cruda ecuación del poder y la violencia no sólo es incapaz de más arbitrario requiere un mínimo de lealtad de grupo para mantener su
explicar el derrocamiento, relativamente no violento, de los regímenes dicta- puesto y estar seguro de que sus órdenes se ponen en práctica. Por otra
toriales de izquierda o derecha en la última década más o menos, sino que ni parte, los gobiernos dependen no sólo, por un lado, de sanciones ejerci-
siquiera explica el éxito de otras revoluciones y luchas anticoloniales en las das y por el otro, de la colaboración brindada libremente por sus partida-
que la fuerza armada desempeñó sin duda un papel fundamental. Inspirán- rios comprometidos, sino además de otro elemento crucial dentro de las
dose en uno de los pasajes más renombrados del ensayo de Harma Arendt relaciones del poder: la autoridad. La autoridad denota la capacidad de
Sobre la Violencia, Randle subraya que si el poder proviniese simplemente exigir la obediencia de los demás, o la aceptación del juicio de alguien no
del cañón de un arma"6, la enorme disparidad existente en nuestros días ya por miedo a las sanciones, sino debido a una posición o a un estatus"9.
entre los medios de violencia de que disponen el Estado y la población civil, Por último, el poder político depende no sólo de la colaboración y obe-
respectivamente, haría más que improbable el éxito de una rebelión y con- diencia de los ciudadanos de una sociedad, sino también del apoyo de los
vertiría el intento mismo de ella en una aventura temeraria y descabellada"7. terceros, que es como llama Randle a los otros estados soberanos con los
que tiene relaciones diplomáticas o comerciales, y de otras instituciones y
Por consiguiente, dice Randle, "el poder de un gobierno no va más allá de asociaciones exteriores'".
su capacidad de suscitar la lealtad y obediencia de las instituciones neu-
rálgicas del estado —el ejército, la policía, el funcionarado— y de asegurar- En términos generales, puede decirse que el planteamiento de Randle
se además la colaboración o al menos la conformidad de la mayoría de la acerca del poder político se mueve en los marcos de la tradición política
población. En igualdad de circunstancias, cuanto mayor sea el grado de liberal, especialmente en lo que se refiere a la obediencia política y a la
colaboración voluntaria de que disfrute un gobierno, más seguro estará. legitimidad. Recordemos cómo desde Max Weber —y mucho antes que
En cambio, un gobierno que descanse en gran medida en la violencia pura él, Hobbes y Locke— la teoría política había subrayado al respecto, que
y dura para garantizar la obediencia de una población descontenta está lo característico del poder político no reside sólo en el ejercicio del mo-
especialmente expuesto a un derrocamiento súbito, debido precisamente nopolio de la violencia sobre un territorio determinado, sino también, y
a la precariedad de su base de poder dentro de la sociedad""8. de manera fundamental, en la legitimidad o el consenso''' de los ciuda-
danos, cualidad que le permitía establecer la distinción entre poder de
14 Esta crítica de Randle se inspira en buena medida en los planteamientos formulados por Hanna
hecho y poder de derechol22. Por esa vía, Max Weber mostró cómo esa
Arendt en su ensayo Sobre la Violencia, en el que la autora sustenta la antinomia violencia-poder:
"Es insuficiente decir que poder y violencia no son la misma cosa. El poder y la violencia son
opuestos; donde uno domina absolutamente falta el otro". Crisis de la República. Taurus. Madrid. 19 ibíd., p. 19.
1998, pp. 157 y 158. Pese a esta clara inspiración en Arendt, es pertinente aclarar que Randle toma 120 ibíd., p. 20.
distancia de la misma y advierte correctamente que su perspectiva antitética entre poder y violencia 12 ' Bobbio, sugiere acertadamente que en el planteamiento de Weber "el criterio de la legitimidad no
no sólo es extrema sino que, además, implica exagerar este enfoque. Op. cit., p. 18. elimina totalmente el de la perpetuidad, aunque la perpetuidad-vale no tanto como fundamento sino
115
M. Randle, op. cit., p. 17. como la prueba de legitimidad". Norberto Bobbio y Michelangelo Boyero, Origen y fundamentos
16 En referencia a la cita que hace Hanna Arendt de Mao Tse-Tung: "el poder procede del cañón de un del poder político: Grijalbo. México, D. F. 1985, p. 26. Esta observación resulta pertinente si la
arma". Hana Arendt. "Sobre la violencia". En: Crisis de la República. Taurus. Madrid. 1998, p. 118. contrastamos con el criterio de la autoridad planteado por Randle como capacidad de exigir obediencia
117 M. Randle, op. cit., p. 17. y fuente de perdurabilidad del gobiemo.
'18 ibíd., p. 18. 122 Max Weber. Economía sociedad. Fondo de Cultura Económica. Boa^ró 1007 ^— 1-7n c
88 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 89

dominación legítima había evolucionado históricamente desde la domi- gobierno, la resistencia civil se convierte en una de las posibles vías para
nación tradicional y carismática hasta la dominación legal-racional pro- restituir el vínculo roto o instituir otro nuevo127 .
pia del Estado moderno123 . La legitimidad pues se refiere a la necesidad
del poder de ser justificado. Sólo la justificación, cualquiera que esta En ese sentido, desde el punto de vista teórico, resistencia civil es una
sea, hace del poder de mandar un derecho y de la obediencia un de- acción colectiva ciudadana de reacción o de defensa frente a la vulnera-
ber1~4. En otros términos, la legitimidad es el lazo que articula el poder y ción o la amenaza de vulneración de los derechos ciudadanos por parte
la obediencia.125. del soberano. Cuando el soberano enfrenta una situación de resistencia
civil por parte de los ciudadanos, puede decirse que enfrenta una crisis de
En los marcos de este planteamiento general ¿dónde encaja la resistencia legitimidad política, tanto más profunda y generalizada cuanto más pro-
civil, por qué y cómo se produce? ¿En qué consiste y cuáles son sus pers- funda y amplia sea aquella. Esa crisis es la expresión concreta de que el
pectivas a futuro? Una respuesta inicial la había anticipado Randle antes soberano ya no cuenta con el ciudadano; y, sin ciudadanos, un soberano
de presentarnos su concepción acerca del poder político, cuando afirma no es tal. En este sentido, la resistencia civil es propia del quebrantamien-
que se producen rebeliones exitosas y demuestran ser a veces más vulne- to del principio de legitimidad por parte de regímenes arbitrarios o dicta-
rables los regímenes represivos y autoritarios, pese a la enorme dispari- toriales. De ahí el carácter eminentemente político de la resistencia civil.
dad existente en nuestros días entre los medios de violencia de que dispo-
nen el estado y la población civil, respectivamente126 . En consecuencia, la definición de resistencia civil que nos presenta Randle
va inextricablemente unida a la situación política de crisis de legitimidad
Pero intentemos presentar más de lleno las respuestas que nos ofrece el del régimen en los términos indicados arriba. Dice: "La resistencia civil
autor. Para empezar, podemos decir que el territorio teórico en el cual es un método de lucha política basada en la idea básica de que los gobier-
ubica Randle la noción de resistencia civil, es el que corresponde al pro- nos dependen en último término de la colaboración, o por lo menos de la
blema de la obediencia política o de la legitimidad política. En términos obediencia de la mayoría de la población, y de la lealtad de los militares,
generales, correspondería a la negación o el cuestionamiento del deber de la policía y de los servicios de seguridad civil. O sea que está basada en las
obediencia por parte de los ciudadanos y del derecho de mandar por par- circunstancias reales del poder político. Funciona a base de movilizar a la
te del soberano, que es lo propio de toda situación de ilegitimidad políti- población civil para que retire ese consenso, de procurar socavar las fuen-
ca. Conforme a la teoría política, como se ha indicado arriba, el Estado tes de poder del oponente, y de hacerse con el apoyo de terceras partes"128 .
moderno funda su legitimidad en la vigencia de un conjunto de normas Y más adelante: "La resistencia civil procura desafiar la autoridad y legiti-
impersonales, universales y racionales (derecho positivo), cuya aplicación midad del gobierno y privarlo de esa manera de su fuente de poder resi-
estaría garantizada por el poder de una burocracia igualmente imperso- dente en la colaboración de las instituciones de la sociedad y del esta-
nal, aséptica y profesional, que se ejerce en un territorio determinado. do"129 . De este modo, de acuerdo con Randle, la resistencia civil es corre-
Este conjunto de normas traduce un sistema de derechos y al mismo tiem- lativa con el ejercicio del gobierno basado principalmente, o en un grado
po de deberes en que se basa la lealtad de las instituciones estatales y su considerable, en la violencia o en la violación sistemática de los princi-
burocracia con el gobierno y del ciudadano con el poder. Cuando este prin-
cipio normativo y político se resquebraja o pretende ser socavado por el 27 Decimos posibles vías, puesto que Randle, siguiendo los preceptos de la teoría constitucional,
contempla también la rebelión armada, que no acoge por la desigualdad de los medios de violencia
entre el Estado y los rebeldes. Y agrega:"Sólo cuando un gobierno se halla seriamente debilitado y
1" íd. no puede fiarse ya de su ejército ni de sus servicios de seguridad tienen los insurgentes unas
124 Norberto Bobio, op. cit., p. 29. probabilidades de éxito realistas". En este sentido, registra la acogida que tuvo en los años sesenta
125 Así mismo parece estimarlo Randle cuando dice:"La autoridad gubernamental depende la propuesta de la guerra de guerrillas como táctica de la lucha armada capaz de superar el
críticamente de la fuerza de su reivindicación de legitimidad a los ojos de la gente, y de su desequilibrio de la fuerza militar entre los dos lados, como lo ejemplifica su éxito en algunos países
derecho implícito a exigir obediencia dentro de los límites de un marco constitucional o tradicional del tercer mundo como China, Cuba, Argelia, Vietnam, Zimbabwe. Sin embargo, advierte de las
dado". Op. cit., p. 20. consecuencias terribles para la sociedad de una guerra de guerrillas prolongadas, sobre todo en una
.26 Conviene advertir, que no es fácil encontrar una respuesta directa del autor al primer bloque de sociedad urbanizada. Op. cit., p. 24.
interrogantes, contrario a las respuestas correspondientes al segundo bloque de preguntas. M. Randle, 18
M. Randle, op. cit., p. 25.
op. cit., p. 18. 19 ibíd., p. 114.
90 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 91

pios normativos del Estado por parte de los gobiernos. Significa, en otros En efecto, la resistencia civil, según Randle, comporta dos características cen-
términos, que los lazos de la obediencia se han roto por la arbitrariedad trales. Por un lado, que se trata de una acción colectiva; y, por otro lado, que
del gobierno'3°. evita cualquier recurso sistemático a la violencia. De este modo se diferencia
de la disidencia individual por un lado y de las formas de resistencia colectiva
Por otra parte, los métodos de la resistencia civil, abarcan desde la pro- que incluyen una acción militar por el otro. La no violencia de la resistencia
testa y la persuasión hasta la no cooperación social, económica y política, civil no implica, según su perspectiva, la exigencia de una ética pacifista o no
y por ultimo hasta la intervención no violenta. Entre los métodos caracte- violenta, pero la diferencia sin más como fenómeno social de la insurrección
rísticos de la protesta y la persuasión, se encuentran las manifestaciones, armada, la guerra de guerrillas o la guerra convencional. Randle indica que
huelgas de hambre y organización de peticiones; entre los métodos de no hay que ubicar la resistencia civil dentro del concepto más amplio de acción
colaboración, se encuentran las huelgas, las jornadas de trabajo lento, los no violenta, la cual incluye actos de resistencia individual, como la objeción
boicots y la desobediencia civil; y, entre los métodos de intervención no de conciencia; iniciativas transnacionales, como la acción no violenta de
violenta figuran las sentadas, las ocupaciones y la creación de institucio- Greenpeace para impedir las pruebas nucleares en el pacífico, la caza de ba-
nes de gobierno paralelas'31. Llama la atención la forma muy amplia, ver- llenas, o el vertido de residuos tóxicos; y la imposición de sanciones econó-
sátil y plural como Randle contempla las diferentes formas de expresión micas y diplomáticas por parte de estados individuales u organizaciones como
de la resistencia civil y la manera como ellas se pueden articular la Unión Europea o las Naciones Unidas132.
creativamente en el desarrollo de la misma con otras formas de acción no
violenta. Igualmente, vale la pena subrayar la inclusión que hace de la La idea de acción colectiva como característica de la resistencia civil en el
desobediencia civil entre los métodos de no colaboración, ya que rompe planteamiento de Randle, es bien importante destacarla, puesto que, no
con la dicotomía entre resistencia y desobediencia civil planteada por la sólo articula la continuidad de su teoría con la tradición del pensamiento
mayoría de los teóricos de ésta, conservando, no obstante, el carácter no político occidental acerca de la resistencia al poder político, sino, además,
violento con que estos mismos teóricos la caracterizan. Por último, es porque fundamenta la dimensión política de ésta como proceso que
importante destacar la exclusión que hace Randle de cualquier método involucra la participación activa de la sociedad civil y su configuración
basado en la violencia del campo de la resistencia civil, lo cual es propio como sujeto político, y, así mismo, posibilita establecer la correspondien-
de una de las características centrales que le asigna a la misma, como lo te correlación de fuerzas con el poder en función de los objetivos que la
veremos enseguida. moviliza'33.

130 Cabe advertir, sin embargo, que muchas veces el escenario político propio de la resistencia civil, tal Uno de los aspectos más sugestivos de la perspectiva teórica de la resis-
como nos lo presenta Randle en su obra, parece ser mucho más concreto y directo que la mera crisis tencia civil formulada por Randle se refiere a los objetivos de la misma y,
de legitimidad del gobierno, correspondiendo mejor a una situación política de no continuidad del sobre todo, a la manera cómo concibe los alcances de cada uno de ellos,
mismo o de colapsamiento inminente de éste o de desafío abierto al mismo. Esta idea parece clara
cuando dice que su estudio se centra en la resistencia civil dentro de contextos específicamente
cómo se articulan y potencian, en una perspectiva siempre abierta y diná-
políticos y, dentro de ellos, presta especial atención a las confrontaciones empeñadas en acabar con mica. De modo que los objetivos pueden ser reformistas, tales como la
un gobierno dictatorial, arbitrario o impuesto por extranjeros (pp. 27). En consecuencia, pone de supresión de una injusticia concreta, o la reforma de una ley determina-
presente esta idea, en la mayoría de los casos con los que ejemplifica la resistencia civil, como por
da, como por ejemplo, las campañas de Gandhi en Sudáfrica a favor de la
ejemplo, la caída de Marcos en Filipinas, la del Sha en Irán, la de los regímenes totalitarios en
Europa del Este, etc. Situaciones en la cuales la acción colectiva precipitó la caída definitiva de los comunidad indostaní, la de las sufragistas en Gran Bretaña en los prime-
gobernantes en contextos de crisis generalizada no sólo de legitimidad sino, más grave aún, de
131
gobernabilidad. La resistencia civil y sus posibilidades parecen surgir entonces a partir del ibíd., p., 25.
132
reconocimiento de la insuficiencia del poder de un gobierno como sólo violencia y, a la vez, de la íd.
133
incapacidad de éste de valerse también de medios políticos que garanticen su continuidad o Dice Randle: "La resistencia civil, en cualquier parte del mundo, proporciona al pueblo la manera
perdurabilidad. De suerte, que el momento de la resistencia civil es aquel que corresponde en sentido de intervenir directamente en temas que afectan a su vida cotidiana. Es claramente capacitadora
específico a una crisis conjugada de legitimidad y de gobernabilidad. Momento en el cual el gobierno cuando la lucha consigue su objetivo. Pero incluso cuando no lo logra, o lo hace sólo parcialmente,
se ve enfrentado a un impasse, una "sin salida", cuya única alternativa sólo puede estar en manos de la cohesión generada dentro de la agrupación que emprende la acción colectiva es capaz de potenciar
los ciudadanos por medio de la resistencia civil. No hay previamente una disputa por la hegemonía la confianza y respeto del individuo y el grupo hacia sí mismos, y de abrir posibilidades nuevas de
en el sentido de Gramsci, de hecho se da por descontado que el gobierno ya la ha perdido. participación democrática a nivel de las bases". Op. cit., p. 225.
92 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 93

ros años del siglo XX, el movimiento en pro de los derechos civiles en En los marcos estrictamente políticos, que son los que corresponden a la
Estados Unidos en los años cincuenta y sesenta, etc. En estos casos, en resistencia civil, las partes actuantes son principalmente el gobierno —o
que el objetivo es acabar con una injusticia específica, se hace un desafio cualquier otra autoridad oficial— de una parte, y un movimiento o una
limitado a la autoridad del gobierno; por lo general no se discute su legi- organización de la sociedad civil, de la otra. Pero también puede involu-
timidad, sino simplemente su derecho a aprobar o a hacer valer determi- crar la intervención activa de pretendientes al poder del estado rivales,
nadas leyes, o a tolerar ciertas prácticas dentro de la sociedad134. por ejemplo, cuando un gobierno nombrado legalmente coordina la re-
sistencia contra un intento de golpe o de ocupación por extranjeros'37.
Pero, por otra parte —rompiendo con la concepción prescriptiva que le impo-
ne límites a priori a la lógica de la acción, como ocurre con la mayoría de los En la confrontación política entre gobierno y actores de la sociedad civil, la
teóricos de la desobediencia civil—, unas exigencias aparentemente reformistas disputa por las bases políticas del poder se convierte en fundamental; del
pueden tener unas implicaciones políticas de mucha mayor envergadura, poder y autoridad que logre irradiar el liderazgo de la resistencia civil depen-
propiciando, por ejemplo, la dimisión de un gobierno empeñado en hacerles de la cohesión y el compromiso de sus fuerzas y la suerte misma de la acción
resistencia. Incluso, dice Randle, los objetivos pueden ser más ambiciosos o colectiva. Dentro de este proceso de fundamentación de la autoridad y del
incluso revolucionarios desde el comienzo. Pueden estar encaminados al acoso poder entre los contendientes, Randle subraya la importancia de los factores
y derribo de un gobierno determinado o de una autoridad de facto, o al de- morales, a los que considera cruciales junto con los factores sicológicos. En
rrocamiento de todo un sistema politico y social. Los objetivos de las insu- una batalla política e ideológica planteada para ganar el apoyo de terceras
rrecciones no violentas de Europa Oriental en 1989 eran revolucionarios en partes y reforzar y extender la propia base de poder, el argumento central se
cuanto que buscaban un cambio político y social. Pero, en ocasiones, incluso enuncia casi inevitablemente en términos morales. En términos gramscianos
en los mismos, las demandas iniciales estaban relacionadas con los derechos se trata de una clara disputa por la hegemonía. El bando que gana esta discu-
civiles, o con la protección del medio ambiente, y experimentaron una esca- sión tiene grandes probabilidades de verse reforzado. De otra parte, la cues-
lada hasta convertirse en una confrontación total con el régimen'35. tión moral también impregna el debate acerca de los medios que se deben
emplear. Para ambos contendientes, tiene importancia neurálgica anudar la
Esta perspectiva amplia, le permite a Randle plantear de manera dialéctica, estrategia a la moral, de forma que los métodos utilizados sean los apropia-
la forma como la resistencia civil, no sólo puede conjugar diferentes métodos dos y puedan ser justificados ampliamente'38.
de acción, sino también diferentes lógicas de acción según su propia dinámi-
ca y los objetivos planteados. Incluso, aunque no es su foco de interés, Randle Hay, por último, un aspecto del planteamiento teórico de Randle que bien
plantea cómo los métodos de la resistencia civil pueden aplicarse en las con- vale la pena destacar y discernir. Se trata del papel y el lugar que le concede a
frontaciones que se producen entre grupos de interés diferentes dentro de la la resistencia civil respecto de la democracia liberal representativa. En pri-
sociedad. Muchas de las armas características de la resistencia civil, como las mer lugar, valora el papel central que desempeñó la resistencia civil en la
huelgas y el boicot, se forjaron en el movimiento laboral y sus luchas contra
ibíd., p. 27. Los capítulos 5 y 6 de la obra están dedicados a mostrar cómo la resistencia civil puede
los patronos en el siglo XIX, o en los pulsos entablados entre terratenientes y convertirse en una defensa alternativa frente a la invasión extranjera o la ocupación de un país o
arrendatarios. Más aún, este tipo de enfrentamientos entre diferentes gru- frente a un golpe de estado, subrayando que un compromiso a la defensa mediante resistencia civil
pos o sectores de la sociedad pueden hacer que se inclinen de un lado las o el hecho de explorar su potencial, no implica el tener ideas pacifistas ni tampoco ideas particulares
políticas o ideológicas de ningún tipo. Señala también que la defensa mediante resistencia civil
autoridades del estado, convirtiéndose así en confrontaciones políticas y so- tiene mucho en común con la de guerra de guerrillas en el hecho sobre todo de que ambas utilizan
ciales de carácter general'36. una "estrategia indirecta" para minar la fuerza del adversario, pero, a diferencia de la guerra de
guerrillas, que evita las batallas abiertas sustituyéndolas por una guerra de desgaste y ataques
1' Incluso en regímenes dictatoriales, dice Randle, la resistencia civil puede apuntar a menudo contra relámpagos a fin de minarle la moral al contrario, la defensa mediante resistencia civil ocupa un
algún aspecto particular de la política del gobierno y no contra el régimen como tal. Sin embargo, lugar neurálgico el "hostigamiento" moral y político con la intención de socavar la moral del contrario.
como quiera que los gobiernos autoritarios reclaman una autoridad absoluta, un desafío afortunado Finalmente, aunque considera los riesgos de una estrategia mixta que combine la resistencia civil
de la población a cualquier aspecto fundamental de su política puede provocar su derrumbe, o en con la guerra irregular, reconoce que determinádas formas de resistencia civil pueden y deben
cualquier caso iniciar su proceso de desintegración. Op. cit., p. 115. ocupar un lugar al lado de la resistencia armada en situaciones de ocupación o de lucha contra una
1" ibíd., p. 26. dictadura. Cfr. M. Randle, op. cit., pp. 133 y ss.
136 íd. 16 M. Randle, op. cit., pp. 27 y 28.
94 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 95

creación de la democracia representativa. En apoyo de esta valoración, trae a Estas respuestas empiezan por la última pregunta, acerca de en qué medida
colación una serie de hechos y acontecimientos sociales y políticos que mar- la resistencia civil podría representar una amenaza para la democracia. Da
caron momentos estelares de creación de la democracia o de consolidación por descontado que se considere una amenaza las formas persuasivas de re-
de la misma en Europa y Estados Unidos, a partir de las movilizaciones de sistencia civil, como las marchas, manifestaciones, huelgas de hambre, etc.,
las bases de la sociedad por derechos civiles y políticos o por la independen- pues el derecho de reunión y de manifestación pacífica es una de las piedras
cia nacional, hasta las más recientes campañas pro derechos civiles y por la de toque de un sistema democrático. La cuestión surge cuando entran en
democracia en Europa, Latinoamérica, parte de Asia y Sudáfrica"9. juego la desobediencia civil u otras formas de resistencia más o menos coer-
citivas. Aquí, el autor se mueve con mucha cautela, misma que lo acompaña
En segundo lugar, Randle se formula las preguntas quizás más actuales y en el desarrollo de todo el capítulo dedicado al problema.
más complejas de su obra y del debate teórico contemporáneo sobre el tema.
Dice: "Pero, si bien la resistencia civil ha desempeñado un papel innegable A juicio de Randle, la desobediencia civil es la única forma de resistencia
en el establecimiento de un gobierno independiente y democrático, ¿sigue civil que cabe dentro de los marcos del sistema democrático —aun si en
teniendo algún papel tras la implantación de un sistema representativo? ¿Es algunas circunstancias tiene la capacidad de minar un gobierno demo-
un modo de actuar susceptible de profundizar y mejorar la participación de crático—, dependiendo, a su vez, de qué tipo de desobediencia civil se tra-
la gente de abajo en el gobierno, o podría, por el contrario, constituir una te y bajo qué circunstancias se hace uso de ellas. Por ejemplo, la desobe-
amenaza para la democracia?"'4°. Sus respuestas son menos categóricas que diencia civil cuando va unida a la amenaza o al empleo de la fuerza mili-
las ofrecidas en relación con los gobiernos de facto, dictatoriales o coloniales, tar, puede plantear una amenaza a un gobierno elegido democráticamen-
que, por lo demás, ocupan el centro de atención de su estudio como referente te y en ese sentido es inaceptable, pues traiciona el principio mismo de la
principal de su teoría de la resistencia civil'41. no violencia propia de la resistencia civil. De ahí que el autor considere
"9 Llama la atención, sin embargo, que en la enunciación de esta serie de acontecimientos fundacionales conveniente distinguir dos tipos de desobediencia civil: una defensiva y
de la democracia representativa, Randle se cuide mucho de no incluir acciones colectivas violentas otra ofensiva. De la última no se ocupa, sino de la primera. Dentro del
que también contribuyeron a su creación, o que entre algunos de los acontecimientos citados evite campo de la desobediencia civil defensiva incluye la objeción de concien-
cualquier referencia a expresiones de violencia en las mismas. Op. cit., pp. 193 y 194.
M. Randle, op. cit., p. 194.
cia142, la cual se fue reconociendo progresivamente en la mayoría de los
14 ` Cabe subrayar, además, la persistente referencia de Randle al gobierno, porque en su perspectiva
países democráticos de occidente como derecho de conciencia individual
teórica la responsabilidad por el ejercicio de la violencia, el abuso de poder o la arbitrariedad, recae y goza de un tratamiento más tolerante entre todas las otras formas de
ante todo en él y no en el poder de Estado como un todo. Lo cual sugiere, que la resistencia, más que desobediencia civil por ser, además, la menos contenciosa143. En otros tér-
dirigirse al sistema político como un todo, y menos aún al sistema social, se dirige a la dimensión
ejecutiva del poder político, lo cual establece a priori límites en los alcances y posibilidades de la
minos, con la objeción de conciencia, el individuo tenía derecho a infrin-
resistencia civil, reservando sólo objetivos revolucionarios para los gobiernos dictatoriales o autoritarios. gir la ley cuando ésta le planteaba exigencias inaceptables para él en lo
Dice Randle: "Cuando existe una constitución escrita se pueden llevar las leyes y decisiones a los personal. Pero al hacerlo, el objetor tenía que estar dispuesto a aceptar
tribunales y en ellos pueden ser declaradas nulas si se establecen que quebrantan la constitución. Se
cualquier sanción razonable que prescribiese la ley".
tratan de unas medidas de garantía importantes, pero no suficientes. No excluyen la necesidad de que
resida en manos de la población un remedio ulterior para el caso de un abuso del poder por parte del
ejecutivo —o por supuesto, la derogación violenta de la constitución—. (...) incluso en democracias Un segundo tipo de desobediencia civil defensiva corresponde a aquella en
parlamentarias bien consolidadas, el poder del ejecutivo puede verse ampliado en detrimento de un que el Estado en vez de hacerle al individuo exigencias inaceptables, impo-
control democrático genuino. De hecho, con el advenimiento del sistema de partidos moderno, la
noción de una legislatura independiente capaz de mantener el control del ejecutivo es una cosa bastante
ne unas restricciones desmedidas a la libertad de acción individual o colee:-
ficticia en muchos países occidentales. La independencia del poder judicial puede verse también
102
erosionada en la práctica por el sistema de nombramiento de los jueces y a través de las diferentes Recordemos, sin embargo, que la objeción de conciencia ya la había considerado un método propio
presiones del establishment. Vemos, por ejemplo, cómo ha sido alterado de manera radical el carácter de la acción no violenta y no de la resistencia civil.
143
del Tribunal Supremo de los Estados Unidos a través de los nombramientos hechos durante las No deja de inquietar esta relación que establece el autor entre desobediencia civil y objeción de
administraciones de Reagan y Bush (...). Un gobierno puede también burlar la ley mediante el abuso conciencia si tenemos en cuenta la advertencia de Hanna Arendt, en el sentido de la pretensión de
de los servicios de inteligencia (...). Por último, incluso un gobierno y un parlamento elegidos los abogados y las autoridades penales de reducir la desobediencia civil a un asunto meramente
democráticamente pueden introducir leyes o aprobar decretos discriminatorios o susceptibles de negar individual, como la objeción de conciencia, con el propósito de judicializar más fácilmente a sus
los derechos fundamentales de individuos o de sectores enteros de la comunidad"141. Op. cit., pp. 22 partícipes.
144
y 23. Cursivas mías. M. Randle op. cit . 196.
96 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 97

tiva. Dice Randle, que el desafio de esas restricciones constituye un tipo de En esta segunda versión, no se trata de que la desobediencia civil de tipo
desobediencia civil de más alcance que la objeción de conciencia. El obje- defensivo adquiera un carácter revolucionario, a la manera de la resistencia
tor de conciencia se ve forzado a optar por cuenta propia en el momento en civil aplicada a regímenes dictatoriales o arbitrarios, posibilidad que Randle
que el Estado le impone su colaboración. Pero aquella persona que decide considera bastante improbable en los sistemas democráticos sobre todo oc-
participar en una protesta pública en desafio de las restricciones impuestas cidentales149 . Aquí, el cambio de perspectiva teórica y política de Randle pa-
por las autoridades tiene mayor libertad de acción. Esa persona puede ig- rece muy claro. Confrontada con los gobiernos dictatoriales o arbitrarios, la
norar sin más el problema o posponer su desafio del mismo hasta otra oca- resistencia civil se valora según su propia lógica, siempre abierta y dinámica,
sión. Pero con todo y ser más afirmativa, esa forma de resistencia civil si- pudendo adquirir una dimensión revolucionaria, que conduzca al derroca-
gue teniendo un carácter esencialmente defensivo"5. miento del gobierno e incluso a una revolución social. Confrontada con la
democracia, por el contrario, la resistencia civil es valorada según la lógica
De acuerdo con cierto ascendiente habermasiano, para Randle "la justifi- acotada por el poder, como desobediencia civil, limitada a fortalecer la de-
cación de la resistencia civil defensiva de este segundo tipo en una demo- mocracia, a cambiar algún aspecto de la política o a mejorar la existente,
cracia se autoevidencia cuando las mismas leyes o disposiciones suponen pero en la que no cabe la posibilidad de una transformación revolucionaria
una negación de derechos humanos básicos""6. El respeto a esos dere- misma de la democracia como sistema político con sus fundamentos sociales
chos es incluso más fundamental respecto de la noción misma de la de- y económicos capitalistas. Por consiguiente, la resistencia, como resistencia
mocracia que el gobierno de la mayoría. Si esas violaciones son suficien- civil, declina su propia gramática a favor de la gramática del poder, esto es,
temente serias y extendidas (Locke), el gobierno en cuestión pierde total- como fundamento de legitimidad de la obediencia politica.
mente su derecho a ser considerado democrático. En pocas palabras, hay
dos principios encarnados en todo tipo de sistema democrático: el go- En este sentido, puede decirse que la perspectiva teórica y política de Randle
bierno de la mayoría es uno; pero el respeto de determinados derechos y acerca de la desobediencia civil como forma de resistencia civil en el sistema
libertades individuales y colectivos es el otro, y el más fundamental"7. politico democrático, no va más lejos que la de Hanna Arendt acerca de la
Cuando chocan estos dos principios, es el segundo el que hay que defen- misma. Para no repetir los términos de la crítica ya indicados arriba, diremos
der a toda costa. Por consiguiente, resistirse a la violación de los derechos sólo a este respecto, que la diferencia fundamental entre ambos autores, ra-
básicos por parte de un gobierno debidamente elegido no es negar la de- dica en que mientras Hanna Arendt inscribe la desobediencia civil en la gra-
mocracia, sino defenderla148. El respeto a los derechos humanos básicos mática del poder sobre la base de una limitación prescriptiva o autoimpuesta
como uno de los principios de la democracia se convierte, así, en una jus- a la misma respeto al Estado de derecho y a la autoridad política estable-
tificación de la desobediencia civil y no en una amenaza a aquella. cida—, Randle efectúa esta misma inscripción sobre la base de las supuestas
fortalezas del poder mismo —la tradición democrática muy veterana, las de-
145
ibíd., p. 196. Hanna Arendt va más allá, indicando que en estos casos no se trata de un desafío
mocracias industrializadas más estables de Occidente.
personal ni de que el actor actúe solo, sino de un desafío colectivo y público, por consiguiente, esta
participación en la acción colectiva da lugar a la formación de un nosotros con la pretensión de
influir sobre la opinión pública y sobre el poder político. Por otra parte, Randle subraya, que mientras la desobediencia civil sea
146
M. Randle, op. cit., p. 196. Para Habermas el Estado constitucional moderno requiere una justificación no violenta no puede representar una amenaza para el sistema democrá-
moral, la cual se encuentra en el principio de legitimidad democrática en tanto expresa un interés
generalizable y por tanto puede depender de un acuerdo meditado de todos los interesados...hay
tico. Puede poner obstáculos al gobierno, dice, pero no puede imponer
principios democráticos contrafácticos a los que se puede recurrir cuando se pone en duda el carácter 149
"No es probable que los gobiernos de países donde existe una tradición democrática ya muy veterana
democrático de una toma de decisiones que superficialmente parece respetar los principios procesales sean derrocados o tengan que abandonar un principio fundamental de su política exterior o interior
del gobierno de la mayoría. Cfr. Cohen y Arato, op. cit., p. 669. como resultado de la resistencia civil, de no ser que ésta disfrute de un apoyo avasallador. En
147
El problema consiste en que, para Randle, esos derechos básicos no van más allá de los derechos cambio, (...) una campaña podría llegar a imponer un cambio sin tener que convencer necesariamente
civiles y políticos constitucionalizados por la tradición liberal, sustrayendo de su espectro el campo a la mayoría". Y más adelante: "Aunque es posible imaginar cómo las huelgas y manifestaciones
de los derechos sociales y económicos colectivos como derechos de ciudadanía social o derechos derriban un gobiemo débil en una democracia recién instaurada, ello es mucho menos probable en
humanos de "tercera generación". Para una crítica a esta concepción restringida de los derechos en las democracias industrializadas más estables de Occidente (...) Podría ocurrir esto (derrocar una
los marcos del debate sobre la desobediencia civil, confróntese la observación crítica ya anotada de democracia) en algunas de las democracias, creadas recientemente y bastante frágiles, de África,
Cohen y Arato en la nota 80 de este texto. Asia y Latinoamérica, y de parte de Europa del Este, así como en los países que han surgido de lo
148
M. Randle, op. cit., pp. 196 y 197. que fue la Unión Soviética". M. Randle, op. cit., pp. 204 y ss.
98 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 99

otro gobierno al país en contra de los deseos de la mayoría. Del lado posi- der sus derechos y autonomía y oponerse a las diferentes estructuras y acto-
tivo, la resistencia civil puede proteger y dar cuerpo a la democracia. Le- res de dominación, aun si no creen, como sí lo creía Mao Tse-Tung, "que el
jos de que la democracia corra peligro por este tipo de actividad, todas las poder nazca del fusil"152.
pruebas cantan en el sentido de que la fortalecen y enriquecen. En este
sentido, afirma Randle, no cabe duda de que en la cultura de las socieda- La experiencia histórica es, en realidad, bastante prolija en expresiones
des occidentales ha surgido algo que se acerca a un consenso en lo relati- de resistencia civil armada, aun si parezca una contradicción en los tér-
vo al puesto que le corresponde a la desobediencia civil en el proceso de- minos. De modo que el carácter civil de la resistencia no proviene del
mocrático'5°. carácter no violento de los métodos de la acción colectiva —y aquí entra-
mos al primer aspecto del problema—, sino, ante todo, del carácter de sus
Por último, creemos pertinente volver sobre el carácter no violento de la re- protagonistas y del alcance de sus objetivos o de la lógica de la acción. Sus
sistencia civil, como una de sus características principales según la teoría de protagonistas son ciudadanos y no combatientes, ni soldados miembros
Randle. Así, según él, en términos generales, la no violencia es lo que distin- de ejércitos, ni gente que vive en función de o para el oficio de la guerra.
gue a la resistencia civil de la resistencia armada. En la medida en que Randle Son ciudadanos, que conminados a defender sus derechos (civiles, políti-
fundamenta el principio de la no violencia de la resistencia civil en términos cos, sociales, culturales o nacionales) y su autonomía contra cualquier
similares a como lo hace la mayoría de los teóricos de la desobediencia civil régimen o actor político de dominación, pueden o no recurrir a las armas
respecto de la no violencia, igualmente no tendríamos nada nuevo que agre- como método de acción colectiva, según las circunstancias sociales o polí-
gar a lo que críticamente se ha indicado al respecto151 . ticas en las que se ven colocados, y muchas veces según las respuestas
provenientes de quienes detentan el poder, como bien lo ha observado
Sin embargo, parece conveniente dilucidar un poco más este tópico del plan- Charles Tilly. Es ello lo que nos puede autorizar a calificar como resisten-
teamiento de Randle. ¿Es civil la resistencia por no ser armada o porque es cia civil, la que se desarrolló en Alemania y Francia contra la ocupación
protagonizada por ciudadanos? ¿cuál podría ser el sentido preciso de la ex- nazi, la de la España de Franco, la del pueblo palestino contra la invasión
presión "civil" en el contexto del planteamiento de Randle? Como lo hemos israelí, la reciente del pueblo de Irak contra la ocupación estadounidense,
indicado arriba, para el autor. el carácter civil de la resistencia denota una todas ellas resistencias civiles armadas; pero igualmente, la que lideró
acción colectiva no violenta y no el hecho del involucramiento en ella de la Ghandi contra la ocupación británica, las que lideró Martin Luther King o
ciudadanía; este carácter no violento es lo que la distingue sin más de otras Malcom X contra la segregación racial en EE.UU. en los años 5os y 6os, o
formas de acción colectiva armadas, como la rebelión o la guerra de guerri- las más recientes que derrocaron los regímenes autoritarios del socialis-
llas. El problema con este significado de "lo civil", que lo hace ambiguo y mo real en la antigua Unión Soviética, todas ellas resistencias civiles pací-
equívoco, no consiste sólo en su excesiva simplificación, sino también en su ficas o no violentas; o las experiencias colombianas de mediados del siglo
inconsistencia con la experiencia histórica. Empecemos por lo último. Por lo XX (armadas) y finales del mismo (no armadas). De manera que, lo que
general, este equívoco hace que muchas interpretaciones —hoy dominantes hace civiles a todas estas formas de resistencia, armadas o no armadas, es
en los medios académicos— sólo incluyan bajo el concepto de resistencia civil el involucramiento masivo y el papel protagónico de la ciudadanía en las
a manifestaciones civilistas, pacíficas y no violentas de la ciudadanía, y dejen mismas, así como el carácter político (de civis romana) de la lógica de la
de lado experiencias históricas, pasadas y presentes, en las que los civiles (la acción colectiva y no los métodos de la misma. Así entonces, con la inten-
ciudadanía) se ven conminados a utilizar el recurso de las armas para defen- ción de ser precisos, podemos concluir diciendo, que la resistencia civil
de Randle, no es la resistencia civil, sino la resistencia civil no violenta.
150 M. Randle, op. cit., p. 210.
151 En sentido estricto, podría identificarse una diferencia de matiz entre la fundamentación de la no

violencia por parte de la mayoría de los teóricos de la desobediencia civil y el criterio de la no


violencia de la resistencia civil de Randle. Para los primeros, la no violencia está fundada en el 152 Llama la atención, por consiguiente, que entre los acontecimientos históricos frecuentados por
respeto al monopolio de la violencia por parte del Estado como condición del Estado constitucional Randle no se mencionen para nada las experiencias de resistencia civil armada protagonizadas por
(aunque algunos movimientos lo hacen también por principios filosóficos políticos), mientras que los sectores subalternos en América Latina, bien bajo la forma de revoluciones triunfantes o frustradas
para el segundo, la no violencia corresponde a la lógica de la no colaboración con los gobiernos en o bajo la forma de levantamientos populares; o en Europa, como la guerra civil española o la
términos de eficacia ,olítica. resistencia civil armada contra la ocupación nazi "or eiemplo.
II. Resistencia:
Del viejo topo al pez en el agua

Hasta aquí hemos subrayado el marcado énfasis político que en la tradi-


ción del pensamiento político occidental ha tenido la resistencia. Sin em-
bargo, es importante mostrar, que al lado dé esta tradición, se puede re-
conocer igualmente una segunda perspectiva teórica de la resistencia cen-
trada en lo social o en la articulación entre lo social y lo político. Se trata
de una segunda tradición del pensamiento político occidental, para la cual
la resistencia no es un fenómeno relacionado exclusivamente con el po-
der político, sino, también, con las relaciones de dominación y explota-
ción o con situaciones de injusticia presentes en la propia sociedad, más
allá del campo de las relaciones entre el Estado y los ciudadanos o entre el
soberano y los súbditos.

Aunque se trata de una perspectiva teórica menos homogénea que la pri-


mera, por ejemplo, en la forma como diferentes autores enfatizan más
determinados aspectos y dimensiones de lo social que otros o las diferen-
tes formas en que conciben la articulación con lo político, presentan, por
lo menos, dos rasgos en común, como lo veremos enseguida: por un lado,
la centralidad que le conceden a lo social como escenario primero o fun-
damental en el cual se configura y enraíza la resistencia, y, por otro lado,
la centralidad del conflicto o de la contradicción como escenario desde el
cual y en el cual se inscribe la resistencia.

Entre los pensadores correspondientes a esta segunda perspectiva, destaca


Karl Marx y, en general, todos aquellos que se inspiran en el marxismo. Sin
embargo, pensadores anteriores a Marx y posteriores a él, pueden incluirse
dentro de esta misma tradición, como, por ejemplo, entre los predecesores, a
Tomás Moro, Tomás Campanella, Gerard Winstanley, Gracchus Babeuf,
William Godwin, Étienne Cabet, Louis Blanqui, Flora Tristán, Robert Owen,
Charles Fourier y Saint Simon153 , entre otros, frente a los cuales, el mismo
Marx y Engels reconocen su deuda intelectuali54; y entre los contemporáneos
1" G. D. H. Cole, los llama precursores del socialismo. Cfr. G. D. H. Cole. Los precursores 1789-
1850. Historia del Pensamiento Socialita. Tomo I. FCE. México. 1975.
" Cfr. F. Engels, Del socialismo utópico al socialismo científico. En esta obra, Engels dice: "al lado
de todo gran movimiento burgués que se desataba estallaban movimientos independientes de aquella
clase que era el precedente más o menos desarrollado del proletariado moderno. Tal fue en la época
de la Reforma y de las guerras campesinas en Alemania la tendencia de los anabaptistas, •• de
102 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 103

y posteriores a Marx destacan, por ejemplo, Joseph Proudhon, Mijail Bakunin, puede decirse que el pensamiento de Marx pretendió sistematizar y supe-
Kropotkin, Sydney Webb, Jean Jaurés, Georges Sorel, Herbert Marcuse, rar las concepciones teóricas anteriores y al mismo tiempo indicar derro-
Michael Foucault, Felix Guatari, James Scott, Barrington Moore, Wright Milis, teros para elaboraciones teóricas posteriores. En efecto, su perspectiva
Tony Negri y John Holloway, entre otros. teórica de la resistencia está impregnada de su pensamiento general, que
se vertebra y entreteje en controversia, tanto con el pensamiento liberal
Por supuesto, no me propongo dar cuenta de la riqueza, complejidad y de la economía política clásica y hegeliano como con las muy variadas
pluralidad del pensamiento de todos estos autores. Para el propósito de expresiones del pensamiento crítico y socialista del siglo XIX. Sin embar-
este trabajo, me limitaré centralmente en los aportes de Marx y algunos go, como todo pensador clásico, Marx no sólo le habló a su época, sino
autores contemporáneos a la teoría de la resistencia. también al presente y, como interlocutor válido del presente, puede
ubicársele igualmente en un horizonte de futuro, particularmente en el
A. De la Resistencia a la revolución. campo teórico y político de la resistencia.
El topo saliendo a la superficie La perspectiva teórica de Marx acerca de la resistencia hace parte de su
más global concepción materialista de la historia y de la sociedad capita-
En esta parte del trabajo tomaré por referencia nuclear el pensamiento lista moderna, estructurada a partir de la contradicción fundamental en-
de Marx y particularmente su perspectiva teórica acerca de la resisten- tre capital y trabajo o entre burguesía y proletariado. Por consiguiente,
cia. Posteriormente, presentaré los desarrollos que sus ideas fundamen- antes de exponer la perspectiva de Marx acerca de la resistencia, presen-
tales acerca de la resistencia tuvieron y tienen en la tradición marxista, taremos de manera resumida su concepción más general acerca de la so-
así como los aportes teóricos formulados por autores contemporáneos ciedad y la historia, intentando subrayar sobre todo aquellos correspon-
no marxistas. dientes a la moderna sociedad capitalista que mejor contribuyen a una
contextualización teórica de la misma.
Sin duda, como veremos enseguida, la perspectiva teórica de Marx repre-
senta un punto de síntesis, de llegada y de partida al mismo tiempo, en la Para Marx, toda sociedad es un producto histórico. No hay sociedad en gene-
trayectoria de esta segunda tradición teórica acerca de la resistencia. Si ral, sino sociedades históricamente determinadas. Si las sociedades son pro-
bien a Marx no puede considerársele como el precursor de una teoría de ductos históricos, esto es, resultado de procesos precedentes, igualmente,
la resistencia más allá del referente político, puede decirse de una vez, sin están sujetas al cambio. Así como surgen y se desarrollan, cobrando su pro-
embargo, que fue el primero en situarla en los marcos de una lectura his- pia historicidad, las sociedades cambian, se transforman, dando lugar a nue-
tórico-estructural de la moderna sociedad capitalista; así mismo, fue el vas formas de organización social, en un proceso continuo, perenne. Por eso,
primero en teorizar acerca del sujeto colectivo protagonizante de la mis- según la concepción materialista de Marx, la sociedad y la historia no son
ma, rearticulando la resistencia a una teoría de la revolución social o de algo estático e inmutable, sino dinámico, en continuo movimiento y trans-
transformación revolucionaria de la sociedad capitalista. En ese sentido, formación. La fuerza propulsora inmanente que rige este mecanismo histó-
rico de la sociedad, que las hace presentes y cambiantes, es el conflicto, el
Tomás Münzer; en la Gran Revolución inglesa, los levellers', y en la Gran Revolución francesa,
Babeuf. Y estas sublevaciones revolucionarias de una clase incipiente son acompañadas, a la vez,
antagonismo o la contradicción. El conflicto estructural que rige este cam-
por las correspondientes manifestaciones teóricas: en los siglos XVI y XVII aparecen las bio, esta dinámica de la sociedad, es el que opone al desarrollo de las fuerzas
descripciones utópicas de un régimen ideal de sociedad (Moro y Campanella); en el siglo XVIII, productivas con las relaciones sociales de producción. Las fuerzas producti-
teorías directamente comunistas ya, como las de Morelly y Mably. La reivindicación de la igualdad vas son el factor dinámico de esta contradicción en la medida en que es en
no se limitaba a los derechos políticos, sino que se extendía a las condiciones sociales de vida de
cada individuo; ya no se trataba de abolir tan sólo los privilegios de clase, sino de destruir las ellas donde radica la potencia estructural de la transformación social. La for-
propias diferencias de clase. (...) Más tarde, vinieron los tres grandes utopistas, Saint-Simon, en ma como se expresa y desarrolla este conflicto entre fuerzas productivas y
quien la tendencia burguesa sigue afirmándose todavía, hasta cierto punto, junto a la tendencia relaciones sociales de producción es a través de sujetos colectivos dotados de
proletaria; Fourier y Owen, quien expuso en forma sistemática una serie de medidas encaminadas a
abolir las diferencias de clase, en relación directa con el materialismo francés". En, Obras escogidas
voluntad e intereses en pugna, esto es, como lucha de clases. Por consiguien-
de Marx y Engels, Tomo III. Progreso. Moscú, p. 123. Cursivas mías. te, para Marx, la historia de la humanidad puede resumirse como la historia
104 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 105

de la lucha de clases155. Historicidad y conflicto, son, pues, dos premisas fun- sociales de producción desaparece de la escena histórica hasta tanto no se
damentales de la concepción materialista de la historia y de la sociedad en el hayan desarrollo todas las fuerzas productivas posibles de contenerse en
pensamiento de Marx. ellas.

Por otra parte, si el conflicto y la historicidad corresponden a la concep- En un segundo nivel de diferenciación estructural de la sociedad, Marx
ción general, materialista de la historia, hay un segundo aspecto de esta propone la distinción entre infraestructura y superestructura, como dos
concepción, inescindible del primero, que corresponde a la forma como formas metafóricas y simplificadas de designar, por un lado, lo económi-
Marx concibe la estructuraczón'56 misma de la sociedad, especialmente co-material o las relaciones sociales de producción, y, por otro lado, lo
de la sociedad capitalista moderna, a la cual toma corno referencia princi- jurídico-político e ideológico. Así, lo económico-material corresponde al
pal de estudio. Para Marx, la sociedad es una totalidad orgánica, diferen- nivel de la infraestructura o base de la sociedad, y lo jurídico-político jun-
ciada y al mismo tiempo articulada en estructuras sociales fundamenta- to con lo ideológico corresponde al nivel de la superestructura. Desde la
les. Un primer nivel de esta diferenciación estructural de la sociedad, es el perspectiva de Marx, existe una relación estrecha entre estos diferentes
que corresponde a la distinción entre fuerzas productivas y relaciones so- niveles de la sociedad que hace que constituyan un todo conflictivamente
ciales de producción. Y un segundo nivel, es el que corresponde a la dis- estructurado. Así, por ejemplo —como cuando habla de fuerzas producti-
tinción entre Infraestructura y superestructura de la sociedad'57. Las fuer- vas y relaciones sociales de producción—, sobre la infraestructura de la
zas productivas corresponden al conjunto de recursos materiales, acu- sociedad o base económico-material, se erige una superestructura jurídi-
mulados y presentes, tanto técnicos, como humanos y naturales, con los co-política, a la cual corresponde diferentes formas de Estado, de ideolo-
cuales los hombres producen su vida material; las relaciones sociales de gía y de conciencia. Con cada nuevo desarrollo de las fuerzas productivas
producción, que luego Marx metafóricamente llama infraestructura, co- se trastocan o cambian, no sólo las relaciones sociales de producción, sino
rresponden al conjunto de las relaciones sociales que entablan los hom- también la superestructura jurídico-política e ideológica erigida sobre ella.
bres entre sí para realizar la producción de la vida material, razón por la Esta concepción materialista de la sociedad y de la historia de Marx aparece
cual Marx las caracteriza como relaciones sociales de producción. Estas formulada de manera explícita, por primera vez, en el Prólogo a la Contribu-
relaciones sociales de producción se entablan, además, según el propio ción de la Crítica de la Economía política, aunque algunos precedentes de
desarrollo de las fuerzas productivas, la división social del trabajo y las ella las había formulado en obras anteriores escritas muchas de ellas en cola-
clases sociales en conflicto. boración con su amigo Engels, como La sagradafamilia, La ideología ale-
mana, Miseria de la Filosofin y el Mamfiesto del Partido Comunista, con-
Para Marx, existe una relación de correspondencia entre las fuerzas pro- virtiéndose en hilo conductor de sus estudios posteriores'58.
ductivas y las relaciones sociales de producción, de modo que a cada de-
sarrollo de las fuerzas productivas corresponde así mismo un tipo deter- 1 " En el Prólogo, dice Marx: «Mi investigación desembocaba en el resultado de que, tanto las relaciones
minado de relaciones sociales de producción. Por consiguiente, cuando la jurídicas como las formas de Estado no pueden comprenderse por sí mismas ni por la llamada
evolución general del espíritu humano, sino que radican, por el contrario, en las condiciones
sociedad adquiere nuevas fuerzas productivas que ya no pueden ser con- materiales de vida cuyo conjunto resume Hegel, siguiendo el precedente de los ingleses y franceses
tenidas en el marco de las viejas relaciones de producción, se abre un del siglo XVIII, bajo el nombre de 'sociedad civil', y que la anatomía de la sociedad civil hay que
período de revolución social; mientras que, por otro lado, ninguna forma buscarla en la Economía Política... El resultado general a que llegué y que, una vez obtenido, sirvió
de hilo conductor a mis estudios, puede resumirse así: en la producción social de su vida, los hombres
de sociedad, que equivale tanto como decir, que ningún tipo de relaciones
contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de
producción, que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas
'5 Marx y Engels. Manifiesto comunista. Crítica. Barcelona. 1998, pp. 38. materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la
I ' Prefiero hablar de estructuración y no de estructura en la perspectiva de Marx, para subrayar su sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que
concepción dinámica y no estática de la sociedad, como no hecha, sino haciéndose, como no dada, corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material
sino dándose. condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. Al llegar a una determinada
I" Si bien aquí presentamos de manera esquemática esta concepción de la estructura de la sociedad de fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las
Marx, no debe perderse de vista que la relación entre niveles e instancias diferenciadas es mucho relaciones de producción existentes, o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las
más compleja y dinámica, de ahí la conveniencia de no perder de vista el primer aspecto de su relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo
concepción ^-meral indicado más arriba. de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas. Y se abre así una época de
106 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 107

De la concepción materialista de la historia y de la sociedad planteada por la sociedad. Con el propósito de delimitar el campo en el cual podemos ubi-
Marx, se pueden inferir dos planteamientos teóricos fundamentales, que con- car la resistencia en Marx, en contraste con la tradición liberal, detengámo-
trastan claramente con la tradición del pensamiento político liberal. Con el nos un poco más en este último aspecto, el del Estado.
propósito de acotar el campo teórico de la perspectiva de Marx acerca de la
resistencia, veamos de manera muy breve en qué consisten estos dos plan- A diferencia de Hegel, para quien el curso y sentido de la historia se ex-
teamientos. En efecto, para Marx, por un lado, ni la sociedad ni el Estado son tiende de oriente a occidente según los sistemas políticos, para Marx, de
el producto racional de un pacto o contrato a través del cual los hombres acuerdo con su concepción materialista de la historia, las sociedades se
considerados individualmente salen de un hipotético y supuesto estado ori- desarrollan según los diferentes modos de producción material que las
ginal de naturaleza, sino que la sociedad es el producto histórico-concreto caracteriza, el régimen de producción asiático, el antiguo, el feudal, y el
del propio desarrollo de la contradicción que opone a las fuerzas productivas moderno burgués. Para Marx, antes de los sistemas políticos, están las
materiales con las relaciones sociales de producción. Bajo determinado gra- fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción, sobre las cua-
do de desarrollo alcanzado por las fuerzas productivas, son las relaciones les se erigen los sistemas políticos. La sociedad no se instituye a partir del
sociales de producción lafuerza coagulante y estructurante de la sociedad Estado, sino el Estado a partir de la sociedad'59. En otros términos, no es
Mientras que, por otro lado, como lo dice el mismo Marx, ni el Estado ni las la política la fuerza estructurante de la sociedad, sino la economía, que a
formas jurídicas pueden comprenderse por sí mismos, sino a partir de las su vez determina las formas de Estado16°. El Estado es, pues, un produc-
relaciones sociales de producción, que, como se indicó antes, corresponden a to, y no el producente de la sociedad161.
un determinado grado de desarrollo de las fuerzas productivas materiales de
En contraste con la tradición liberal clásica, para Marx el Estado no es ni
revolución social. Al cambiar la base económica, se revoluciona, más o menos rápidamente, toda la una creación racional de los hombres en el sentido que daban a esta ex-
inmensa superestructura erigida sobre ella. Cuando se estudian estas revoluciones, hay que distinguir
siempre entre los cambios materiales ocurridos en las condiciones económicas de producción y que presión los iusnaturalistas en el siglo XVIII, ni es el reino de la razón o la
pueden apreciarse con la exactitud propia de las ciencias naturales, y las formas jurídicas, políticas, encarnación del bien común, ni por consiguiente su finalidad es el bien de
religiosas, artísticas o filosóficas, en una palabra, las formas ideológicas en que los hombres adquieren todos, ni tampoco es el producto de un pacto o contrato a través del cual
conciencia de este conflicto y luchan por resolverlo... Ninguna formación social desaparece antes
que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas
los hombres salen del supuesto, hipotético y original estado de naturale-
y más altas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia za, ni es, por fin, el salto de la servidumbre a la libertad o la encarnación
hayan madurado en el seno de la propia sociedad antigua». Cfr. K. Marx. «Prólogo de La contribución definitiva del espíritu absoluto, en la versión de Hegel.
a la crítica de la Economía política». Marx y Engels. Obras escogidas, Tomo I. Progreso. Moscú.
1973, pp. 517 y 518. León Trotsky, como estratega de la III Internacional, advertía, sin embargo,
contra los riesgos de una comprensión mecánica y simplista de este último pasaje de Marx. "Esta 15.9
Esta crítica temprana de Marx a Hegel, ya viene indicada en su obra: Crítica de la filosofía del
proposición, dice Trotsky, no significa sólo que el antiguo régimen resbalará infaliblemente y por Estado de Hegel, escrita en 1843. Marx. op. cit., Claridad. Buenos Aires. 1973.
su propio impulso, cuando se haya hecho reaccionario, desde el punto de vista económico, es decir I" Sin, embargo, como lo han advertido múltiples exegetas del pensamiento de Marx, que el Estado y
a partir del momento en que empieza a trabar el desarrollo de la potencia técnica del hombre. De toda la superestructura jurídico-politica estén determinados por las relaciones sociales de producción
ninguna manera, pues si las fuerzas de producción constituyen la potencia motriz de la evolución no significa que se trate de una determinación directa ni mecánica, sino dada a través de múltiples
histórica, esta evolución, sin embargo, no se produce fuera de los hombres, sino por medio de los mediaciones, que, a su vez, posibilita que el Estado actúe sobre dichas relaciones sociales de
hombres...cuando estas fuerzas de producción, esta técnica comienza a sentirse estrechas en los producción y sea un factor co-constituyente de las mismas. Sobre este aspecto, pese a su innegable
límites de un régimen de esclavitud, de servidumbre o, bien, de un régimen burgués, y cuando un reduccionismo de lo político a lo estatal, confróntese el ilustrativo ensayo de Guillermo O' Donell:
cambio de formas sociales se hace necesario para la ulterior evolución del poder humano, entonces "Apuntes para una teoría del Estado". En: Revista Mexicana de Sociología. Año XL. Vol. XL. N° 4,
se produce la evolución, no por sí misma, como una salida o puesta de sol, sino gracias a la acción octubre-diciembre de 1978. México. D. F. Sobre este punto volveré luego.
humana, gracias a la lucha conjunta de los hombres reunidos en clases". León Trotsky. "Una escuela 161 Dicen Marx y Engels: "Sólo la superstición política cree hoy que la vida civil ha de sostenerla el
de estrategia revolucionaria". Obras de León Trotsky. Tomo 17. Juan Pablos Editor. México, D. F. Estado, cuando es el Estado el sostenido por la vida civil". Marx y Engels. La Sagrada Familia.
1974, pp. 74 y 75. El mismo Marx, en un pasaje de una obra anterior, La Sagrada Familia, escrita Claridad. Buenos Aires. 1973. Y en la Ideología Alemana: "Si se considera que el fundamento del
con Engles, ya había advertido contra estos riesgos mecanicistas en su interpretación de la historia: derecho es la fuerza —como lo afirma Hobbes—, el derecho y las disposiciones legislativas son únicamente
"La historia no hace nada; no 'posee inmensas riquezas', no 'libra combates'. Son los hombres un síntoma o una expresión de otras condiciones que constituyen la verdadera base del poder del
reales y vivos los que hacen, poseen y luchan. La "historia' no utiliza a los hombres como medios Estado. Esta base real del Estado la constituyen la vida material de los individuos —que no depende,
para conseguir —como si fuese una persona individual— sus propios fines. La historia no es nada ciertamente, de su mera `voluntad'— su modo de producción y su forma de relación, que se influyen
más que la actividad de los hombres para la consecución de sus objetivos". Marx y Engels. La recíprocamente... No es el poder del Estado el que crea estas condiciones reales; son, más bien, ellas
saorada familia. Clarid," ls A r71 la fuerza rme crea este poder". Marx y E^ ls. La ideología alemana. Cursivas del autor.
108 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 109

Para Marx, por el contrario, el Estado es un producto histórico. Lo cual sino el momento de la prehistoria del hombre, de la prevalencia del inte-
quiere decir, por un lado, que el Estado surge en un momento histórico rés particular que aparece como si encarnara el interés universal de la
concreto de las sociedades humanas, y, por otro lado, que el Estado surge sociedad.
como producto de las contradicciones y antagonismos entre las clases
sociales enraizadas en determinadas relaciones sociales de producción. Contra la tradición del pensamiento político dominante en Occidente, que
Para Marx, el Estado, como la sociedad de clases de la cual surge aquél, se definía al Estado a partir de la doble pregunta acerca de cómo se ejerce el
erige y estructura en un contexto de lucha, de contradicción y de conflic- poder y cuántos lo ejercen, la pregunta esencial de Marx es quién ejerce el
to, y no en un escenario de consenso o como producto del consenso, tal poder político, es decir, qué clase sociallo ejerce. En otros términos: mien-
como es concebido por el contractualismo liberal del siglo XVIII. Desde tras la pregunta de los primeros es por la forma de gobierno y por el nú-
la perspectiva de Marx, el conflicto y no el consenso está en el origen y la mero de los gobernantes, la pregunta de Marx respecto del Estado es por
base del Estado y la política, pero no un conflicto entre individuos —como el sujeto social o la clase social que ejerce el gobierno; pregunta que tra-
lo suponía Hobbes, por ejemplo, en su idea del estado de naturaleza como duce cabalmente su concepción del Estado como enraizado y determina-
de guerra de todos contra todos—, sino aquel que opone a clase sociales do por las propias relaciones sociales de producción en términos de lucha
antagónicas, configuradas estructuralmente en las relaciones sociales de de clases. La pregunta por la forma y por el número en el gobierno, Marx
producción, como se dijo anteriormente162. la remitía al carácter del régimen político, el cual podía cambiar indistin-
tamente sin que con dicha variación, cambiara también, necesariamente,
Contra la idea de T. Hobbes según la cual el Estado (Leviatán) surge de el Estado. Por consiguiente, la naturaleza del Estado se define —ante todo,
un hipotético estado de naturaleza caracterizado como de guerra de todos e independientemente de la forma política que adopte—, por la naturaleza
contra todos, para Marx, por el contrario, el Estado surge de una real e social e histórica de la clase dominante, que, a su vez, corresponde a unas
histórica lucha de clases. Surgiendo de la lucha de clases y como produc- determinadas relaciones sociales de producción. Por ello, para Marx todo
to de ella, el Estado se constituye, por un lado, en instrumento de domi- Estado es, en esencia, la dictadura de una clase sobre otra o sobre otras
nación de la clase dominante, y, por otro lado, como medio de organiza- clases. Dictadura, en la perspectiva de Marx, no significa régimen políti-
ción del poder de esa misma clase dominante. Bien lo dice en el Manes- co, o, para decirlo en otros términos, no se refiere a la forma política del
to Comunista: "El poder político en su sentido estricto es el poder organi- Estado, sino, a su esencia misma, como dictadura social. Siguiendo la
zado de una clase para la opresión de otra"'63. De esta manera, el momen- perspectiva histórica de Marx, el Estado es esclavista, feudal, capitalista
to del Estado no es el momento del consenso o del pacto, sino el momento e, hipotéticamente, de dictadura del proletariado, según los modos de
del desacuerdo, del conflicto, de la lucha. Contra Hegel: el momento del producción a que corresponde respectivamente'64; mientras que, desde el
Estado no es el momento de la libertad, sino el momento de la domina- punto de vista de su forma política, el Estado puede ser, sin embargo,
ción, de la opresión; el reino de la libertad no está en el mejor Estado, sino autoritario (donde esencia y forma coinciden), monárquico, republicano,
en la mejor sociedad, es decir, en la sociedad sin Estado; el Estado no es el democrático, bonapartista y parlamentarista, entre otros.
momento de la eticidad plena como encarnación del interés universal,
La concepción realista de la política de Marx, que va de la mano de su
162 Sin embargo, que el campo de la política sea el del conflicto y la lucha entre clases no significa, en concepción esencialista del Estado, no le impidió, sin embargo, por un
absoluto, pretermitir la idea de orden. Por el contrario. Justamente para Marx, una de las razones lado, comprender la dimensión ideológica del poder y, por otro lado, pen-
históricas del surgimiento del Estado radica en la necesidad de garantizar la conservación y
reproducción de un orden colectivo perdurable en medio del conflicto, a fin de evitar que la sociedad sar la política en términos de utopía. En efecto, que el Estado sea, en esen-
se disuelva sumida en sus propias e insolubles contradicciones sociales que la desgarran. Esta idea cia, violencia concentrada de una parte de la sociedad sobre otra, no sig-
de la política en Marx es formulada en su célebre El 18 Brunwrio de Luis Bonaparte y luego nifica que el Estado se encuentra siempre respecto de la sociedad como
retomada por Federico Engels en El Origen de la Familia, La Propiedad Privada y El Estado. En
en un campo de batalla, ejerciendo siempre y en todo momento violencia.
este sentido, es correcta la apreciación de Michalangelo Boyero cuando inscribe a Marx en la tradición
del pensamiento político que entiende por política la idea de conflicto o de contradicción, pero no La violencia que caracteriza al Estado, desde la perspectiva de Marx, no
lo es en la medida en que excluye de esta misma idea de política en Marx la idea de orden que le es
inherente a sí misma. ' No es del caso dilucidar aquí si hay un ordenamiento lineal o evolucionista en la perspectiva histórica
de Marx, tal como lo sugiere la lectura staliniana de dicha perspectiva.
110 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 111

es siempre ni necesariamente violencia en acto, sino latente. Es a esto a lo ción167, en cuanto contribuye a generar el consenso activo o pasivo con las
que se refiere el criterio de la violencia como ultima ratio, esto es, como relaciones sociales de producción dominantes.
recurso último del poder de Estado. Antes del recurso de la violencia o
conjugada con ésta, el Estado funda su poder preferiblemente en el siste- Por otra parte, en la concepción de Marx, el Estado no es todo el poder de la
ma de creencias, en la ideología"5. clase dominante, sino sólo una de las dimensiones específicas de este poder,
aunque, ciertamente, una dimensión importante. El Estado corresponde pro-
La dimensión ideológica del Estado se refiere al sistema de creencias (for- piamente a la dimensión política del poder de la clase dominante, es su poder
mas de falsa conciencia o de alienación individual o colectiva), a través de político; no sólo es el medio de institucionalización del poder político, sino
las cuales el poder de Estado, como instrumento de dominación de la cla- también uno de los componentes fundamentales en la institucionalización en
se dominante, logra exitosamente que aparezca transfigurado ante los ojos general del poder de la clase dominante, pues, una de sus funciones centrales,
y la conciencia de los dominados como un poder neutro, colocado por caracterizadas hoy como de inclusividad"8, es la de regular e institucionalizar
encima de las clases sociales, como si encarnara el interés general-uni- los diferentes ámbitos de las relaciones sociales, entre ellas las relaciones so-
versal de la sociedad. Sin embargo, para Marx no existe un fundamento ciales de producción y las propiamente políticas169. Sin embargo, para Marx,
ideológico del Es ladoporAera de la ideología de la clase dominante, que la fuente estructural del poder de la clase dominante, en otros términos, su
genere consentimiento y legitime la dominación por parte de los domina- núcleo estructural, se encuentra en las relaciones sociales de producción. Es a
dos. En otros términos, la ideología que hace del Estado un poder acepta- partir de las relaciones sociales de producción y en ellas mismas, donde se
do y legitimado por las clases subalternas es parte constitutiva de la ideo- configura la centralidad del poder, como medio de dominación y explotación
logía general de la clase dominante y procede de esta misma ideología de una clase sobre otra, del capital sobre el trabajo en la sociedad capitalista
general. No hay una ideología estatal propiamente dicha, independiente moderna. Para Marx, el poder es una relación socialentre clases antagónicas,
de la ideología dominante, de la misma manera que no existe una ideolo- consistente en el dominio de una clase sobre otra clase, la cual se estructura
gía dominante independientemente de la clase dominante. Nuevamente centralmente a partir de las relaciones sociales de producción.
aquí, se impone la concepción orgánica de la sociedad de Marx. En su
dimensión ideológica, por una parte, el Estado se nutre de la ideología Este contraste teórico, brevemente esbozado aquí, entre Marx y el pensamiento
dominante y es, así mismo, una invención de la propia ideología domi- liberal y hegeliano sobre la estructuración de la sociedad y el papel central que
nante"6, por la otra, legitima ideológicamente la realidad de la domina- en dicha estructuración le concede a las relaciones sociales de producción so-
165
Esta doble dimensión del Estado se encuentra formulada fundacionalmente por Nicolás Maquiavelo
bre el Estado, es muy importante subrayarlo porque nos permite, finalmente,
al evocar la imagen mítica del centauro (mitad hombre, mitad bestia) para caracterizarlo (cfr. El situar la perspectiva teórica de Marx sobre la resistencia en los marcos de su
Príncipe). Quien desde una perspectiva no marxista la desarrolla al extremo es Max Weber, al concepción más general acerca de la sociedad y del Estado17°.
definir al Estado modemo como el monopolio legítimo de la violencia sobre un territorio determinado.
Desde una perspectiva marxista, siguiendo la lógica de Maquiavelo, el autor marxista que mejor 67 Contra Althuser: que la ideología dominante legitime al Estado y, viceversa, que el Estado legitime la
desarrolla esta doble dimensión del Estado (como consenso y coerción) es Antonio Gramsci, sobre dominación social, no hace del Estado una realidad co-extensible a las múltiples expresiones y formas
todo a partir del concepto de hegemonía. institucionalizadas de dominación ideológica. No hay «aparatos ideológicos» del Estado más allá del
166 Respecto de la ideología dominante, dice Marx: «Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes
Estado mismo, lo cual correspondería a una suerte de sobre-ideologización del Estado por la negativa.
en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad " Esta característica del poder político ha sido subrayada, junto con la de exclusividad y universalidad,
es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante... Las ideas dominantes no son otra cosa que la por Norberto Bobbio. Cfr. Norberto Bobbio y Nicola Matteuci. Diccionario de política. Siglo XXI,
expresión ideal de las relaciones materiales dominantes, las mismas relaciones materiales dominantes 1986. La inclusividad como característica del Estado no debe confundirse con la estatización de la
concebidas como ideas; por tanto las relaciones que hacen de una determinada clase la clase dominante, sociedad ni mucho menos con los «aparatos ideológicos» del Estado del tipo de Althuser. Se refiere, en
o sea, las ideas de su dominación... En efecto, cada nueva clase que pasa a ocupar el puesto de la que sentido estricto, a la capacidad de regulación e institucionalización del conjunto de las relaciones
dominó antes de ella se ve obligada, para poder sacar adelante los fines que persigue, a presentar su sociales no estatales por parte del Estado, a través de un marco estatal imperativo de orden jurídico o
propio interés como el interés común de todos los miembros de la sociedad, es decir, expresando esto político propiamente tal.
mismo en términos ideales, a imprimir a sus ideas la forma de la universalidad, a presentar estas ideas 169 Aquí cobra todo su vigor la tesis ya indicada de O'Donell acerca del papel co-constitutivo del
como las únicas racionales y dotadas de vigencia absoluta. La clase revolucionaria aparece en un Estado de las relaciones sociales de producción.
principio, ya por el sólo hecho de contraponerse a una clase, no como clase, sino como representante 17° Es de aclarar, que si bien los planteamientos teóricos anteriores corresponden en términos generales
de toda la sociedad, como toda la masa de la sociedad, frente a la clase única, a la clase dominante». a la concepción general de la sociedad en Marx, su perspectiva teórica acerca de la resistencia
Cfr. K. Marx y F. Engels. La ideología alemana. Progreso. Moscú. Cursivas del autor. estuv e 1- "¡Pi ir nit 1r r
112 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 113

En efecto, para Marx, a diferencia del pensamiento liberal, la resistencia no de un determinado desarrollo histórico de las fuerzas productivas mate-
es, en primer lugar, política, sino económica y social. En la perspectiva teó- riales. Las dos premisas históricas a partir de las cuales surgen y se
rica de Marx, la resistencia irrumpe y se configura en el corazón de la propia estructuran las relaciones sociales capitalistas de producción y que, a su
estructura de la sociedad capitalista moderna, esto es, en las relaciones so- vez, le confieren plenamente su contenido, son: por un lado, la existencia
ciales de producción en cuanto relaciones estructurales y estructurantes de del capital como propietario de los medios de producción y un mercado
poder y de explotación. No se ubica en referencia al Estado sino en referen- generalizado de circulación de mercancías; y, por otro lado, la existencia
cia a las relaciones sociales de producción. No irrumpe ni se desarrolla por de un mercado de fuerza de trabajo libre. "El capital, dice Marx, sólo sur-
una eventual ruptura del contrato político entre el soberano y los súbditos o ge allí donde el poseedor de medios de producción y de vida encuentra en
entre el Estado y los ciudadanos, sino por la propia naturaleza antagónica el mercado al obrero libre como vendedor de su fuerza de trabajo, y esta
de las relaciones sociales de producción. Desde la perspectiva de Marx, antes condición histórica envuelve toda una historia universal. Por eso el capi-
de la resistencia al Estado o en el Estado, la resistencia preexiste en las rela- ta/marca, desde su aparición, una época en el proceso de la producción
ciones sociales de producción, de las cuales la primera es una continuación o sociarm.
expresión de la última; antes que en la política, la resistencia subyace en la
propia sociedad. En el plano político, para Marx, la resistencia deja de ser tal Estas dos premisas básicas de las relaciones capitalistas de producción
y se transfoima en revolución o en lucha política de clases, pues toda lucha están precedidas, así mismo, de procesos históricos íntimamente relacio-
politica es lucha de clases. De hecho, para Marx, el antagonismo entre el nados: por un lado, con la acumulación originaria de capital y, por el otro,
capitalista y el trabajador asalariado no se limita ni se resuelve en el plano de con la liberación de la fuerza de trabajo, tanto de formas anteriores de
las relaciones sociales de producción, sino que se proyecta y se resuelve en el sujeción, como la esclavitud y la servidumbre, como de toda posesión de
plano político, a través de la revolución social. En otros términos, la resisten- medios de producción'72 . El trabajador, como poseedor de la mercancía
cia corresponde a un primer nivel o momento de este antagonismo, pero su fuerza de trabajo, es libre, pues, en el doble sentido de no ser medio de
resolución definitiva consiste en profundizarlo como lucha política, como producción ni poseer medios de producciónm.
revolución social.
Las relaciones sociales de producción capitalista empiezan en la circula-
Por consiguiente, para discernir más directamente el planteamiento teó- ción de mercancías y se establecen inicialmente de acuerdo con los prin-
rico de Marx acerca de la resistencia, conviene que hagamos una aproxi- cipios que rigen el intercambio de mercancías. Sin embargo, su verdade-
mación más detenida a las relaciones sociales de producción en la socie- ra naturaleza y contenido no se revela en la órbita de la circulación, sino
dad capitalista. Ya hemos subrayado, que para Marx el factor constitu- en el proceso de producción propiamente dicho. Veamos cómo plantea
yente de la sociedad no es el Estado, sino las relaciones sociales de pro- Marx, en varios pasajes de El Capital, este primer momento de
ducción, de las cuales éste es producto directo de aquellas. Las relaciones formalización de las relaciones sociales de producción. "Para que estas
sociales de producción, como relaciones históricamente determinadas y
de conflicto, son, para Marx, el corazón o la estructura fundamental de la K. Marx. El Capital. FCE. México. 1975. Tomo I. pp. 123. Cursivas del autor. Yen nota al pie de la
sociedad; son su eje estructurante. En otros términos, son la base estruc- misma página, agrega Marx: "Lo que caracteriza, por tanto, la época capitalista es que la fuerza de
trabajo asume, para el propio obrero, la forma de una mercancía que le pertenece, y su trabajo, por
tural de configuración de las clases y de la lucha entre ellas. No son sólo consiguiente, la forma de trabajo asalariado. Con ello se generaliza, al mismo tiempo, la forma
relaciones de desigualdad entre las clases, sino relaciones de poder y de mercantil de los productos del trabajo".
explotación, independientemente de que sean reconocidas como tales por "2 Sobre este particular, confróntense los capítulos IV: "Cómo se convierte el dinero en capital" y el
los sujetos de las mismas. Como fuente de explotación y de poder, las XXIV: "La llamada acumulación originaria", de: K. Marx. El Capital. Tomo I. FCE. México. 1975.
Dice Marx: "Obreros libres, en el doble sentido de que no figuran directamente entre los medios de
relaciones capitalistas de producción contienen la raíz del antagonismo producción, como los esclavos, los siervos, etc., ni cuentan tampoco con medios de producción propios,
que opone a la burguesía y el proletariado. como el labrador que trabaja su propia tierra, etc.; libres y dueños de sí mismos". Y respecto de la
acumulación originaria, dice: "La llamada acumulación originaria no es, pues, más que el proceso
histórico de disociación entre el productor y los medios de producción. Se la llama 'originaria' porque
Sin embargo, las relaciones sociales de producción capitalista no surgen a
forma la prehistoria del capital y del régimen capitalista de producción". K. Marx, ibíd., p. 608.
partir de una evolución natural de la vieja sociedad, sino como producto '73 Kart Korsch. Lucha de clases y derecho del trabajo. Ariel. Barcelona. 1980, p. 11.
114 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 115

cosas se relacionen las unas con las otras como mercancías, es necesario Sin embargo, líneas más adelante, observa Marx cómo en la propia órbita de
que sus guardianes se relacionen entre sí como personas cuyas volunta- la circulación, en realidad el propietario de la mercancía fuerza de trabajo no
des moran aquellos objetos, de tal modo que cada poseedor de una mer- concurre libremente ni, por consiguiente, en condiciones de igualdad, a la
cancía sólo pueda apoderarse de la de otro por voluntad de éste y des- venta de su mercancía, según las formalidades jurídicas del contrato, sino
prendiéndose de la suya propia; es decir, por medio de un acto de volun- obligado. Razón por la cual dicha libertad e igualdad proclamadas por el
tad común a ambos. Es necesario, por consiguiente, que ambas personas mercado son consideradas por Marx como puramente formales'76. "La se-
se reconozcan como propietarios privados. Esta relación jurídica, que gunda condición esencial que ha de darse para que el poseedor de dinero
tiene por forma de expresión el contrato, es, hállese o no legalmente re- encuentre en el mercado la fuerza de trabajo como una mercancía, es que
glament:"---
aa, una relación de voluntad en que se refleja la relación econó- su poseedor, no pudiendo vender mercancías en que su trabajo se materiali-
mica. El contenido de esta relación jurídica o de voluntad lo da la rela- ce, se vea obligado a vender como una mercancía su propia fuerza de tra-
ción económica misma. Aquí, las personas sólo existen las unas para las bajo, identificada con su corporeidad viva"177. Se entra, pues, a la esfera de la
otras como representantes de sus mercaderías, o lo que es lo mismo, como circulación de mercancías obligado, porque se ha sido anteriormente expro-
poseedores de mercancías'114. piado de los medios de producción y, por consiguiente, de la posibilidad de
producir sus propias mercancías.
Y más adelante: "Arrancando de esta premisa, la fuerza de trabajo sólo
puede aparecer en el mercado, como una mercancía, siempre y cuando Bajo estas condiciones, el contrato ya no es, en realidad, entre iguales y li-
que sea ofrecida y vendida como una mercancía por su propio poseedor, bres, sino, entre desiguales y subordinados. El contrato instituye de una vez,
es decir, por la persona a quien pertenece. Para que éste, su poseedor, en la esfera de la circulación de mercancías, una relación de poder entre el
pueda venderla como una mercancía, es necesario que disponga de ella, capital como comprador de fuerza de trabajo y el trabajador como vendedor
es decir, que sea libre propietario de su capacidad de trabajo, de su per- de la misma. Esta relación de poder es tan real, como formal las expresiones
sona. El poseedor de la fuerza de trabajo y el poseedor del dinero se en- jurídicas de igualdad y libertad presupuestas en el contrato. Cabe subrayar,
frentan en el mercado y contratan de igual a igual como poseedores de además, que esta relación de poder, basada en una desigual relación econó-
mercancías, sin más distinción ni diferencia que las de que uno es com- mica, no es una relación externa a las relaciones sociales de producción capi-
prador y el otro vendedor: ambos son, por tanto, personasjurídicamente talista, sino, co-constitutiva de las mismas; relación de poder, que más tarde
iguales. Para que esta relación se mantenga a lo largo del tiempo es, pues, se expresa bajo las más diversas formas y modalidades para hacer posible la
necesario que el dueño de la fuerza de trabajo sólo la venda por cierto explotación del trabajador asalariado en el proceso de producción como pro-
tiempo, pues si la vende en bloque y para siempre, lo que hace es vender- ceso de valorización del capital, según como las observó Marx en su obra178.
se a sí mismo, convertirse de libre en esclavo, de poseedor de una mer- Al respecto, anota Marx en tono de ironía: "La órbita de la circulación o del cambio de mercancías,
1116

cancía en mercancía"175. dentro de cuyas fronteras se desarrolla la compra y la venta de la fuerza de trabajo, era, en realidad,
el verdadero paraíso de los derechos del hombre. Dentro de estos linderos, sólo reinan la libertad,
la igualdad, la propiedad, y Bentham. La libertad, pues el comprador y el vendedor de una mercancía,
Como puede observarse, para Marx la órbita de la circulación de mercan- por ejemplo, de la fuerza de trabajo, no obedecen a más ley que la de su libre voluntad. Contratan
cías aparece regida por el intercambio entre propietarios de mercancías como hombres libres e iguales ante la ley. El contrato es el resultado final en que sus voluntades
que las cambian libremente y en condiciones de igualdad. El contrato, cobran una expresión jurídica común. La igualdad, pues compradores y vendedores sólo contratan
como poseedores de mercancías, cambiando equivalente por equivalente. La propiedad, pues cada
como expresión jurídica de este intercambio, se instituye a partir de pro- cual dispone y solamente puede disponer de lo que es suyo. Y Bentham, pues a cuantos intervienen
pietarios que concurren libremente según su voluntad y bajo condiciones en estos actos los mueve su interés". K Marx. El Capital. FCE. México. 1975. Tomo 1, pp. 128 y
formales de igualdad. La órbita de la circulación de mercancías aparece, 129. Cursivas del autor. Me parece importante subrayar este aspecto, puesto que la mayoría de los
estudiosos de Marx a este respecto consideran los principios que rigen el contrato en la órbita de la
pues, como la órbita de la propiedad, la libertad y la igualdad, principios
circulación de mercancías como formales por contraste con la naturaleza del proceso de producción
medulares de la sociedad burguesa. y no a partir de la propia realidad de la compra-venta de la mercancía fuerza de trabajo.
K. Marx, op. cit., p. 122. Cursivas del autor.
"8 Hay que subrayar que esta relación de poder está co-presente en las propias relaciones sociales de producción
" K. Marx. El Capital. FCE. México. 1975. Tomo 1, p. 48. Cursivas del autor. capitalistas y, por consiguiente, no tiene que ser estatal para ser efectiva. Es sólo porque existe en las
15 ibíd., p. 121. Cursivas del autor. relaciones sociales de producción por lo que se expresan jurídicamente en el Estado. Y no al revés.
116 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 117

Esta es la paradójica condición que encierra la mercancía fuerza de traba- capitalista, para efectos analíticos, presentamos primero algunos pasajes re-
jo en la órbita de la circulación, en el mercado. Fuerza de trabajo libre en feridos al proceso de explotación y luego al de dominación.
cuanto que no posee medios de producción ni es medio de producción,
pero dominada en cuanto está obligada a venderse para reproducirse en Dice Marx: "El proceso de consumo de la fuerza de trabajo es, al mismo
cuanto tal, para existir. Dominado, pues, porque se es libre. tiempo, el proceso de producción de la mercancía y de la plusvalía. El
consumo de la fuerza de trabajo, al igual que el consumo de cualquier otra
Marx no deja de subrayar la importancia de esa condición libre del obrero mercancía, se opera al margen del mercado o de la órbita de la circula-
para que se efectúe el proceso de valorización del capital, esto es, de trans- ción. Por eso, ahora, hemos de abandonar esta ruidosa escena, situada en
formación del dinero en capital. Dice: "La transformación a que nos refe- la superficie y a la vista de todos, para trasfadárnos, siguiendo los pasos
rimos sólo puede, pues, brotar de su valor de uso como tal, es decir, de su del poseedor del dinero y del poseedor de la fuerza de trabajo, al taller
consumo. Pero, para poder obtener valor del consumo de una mercancía, oculto de la producción, en cuya puerta hay un cartel que dice: 'No
nuestro poseedor de dinero tiene que ser tan afortunado que, dentro de la admítanse except on business'. Aquí, en este taller, veremos no sólo cómo
órbita de la circulación, en el mercado descubra una mercancía cuyo va- el capital produce, sino también cómo se produce él mismo, el capital. Y
lor de uso posea la peregrina cualidad de ser fuente de valor, cuyo consu- se nos revelará definitivamente el secreto de la producción de la plusvalía
mo efectivo fuese, al propio tiempo, materialización de trabajo, y, por (...). Al abandonar esta órbita de la circulación simple o cambio de mer-
tanto, creación de valor'"9. Y una página más adelante: "Para convertir el cancías, adonde el librecambista vulgaris va a buscar las ideas, los con-
dinero en capital, el poseedor de dinero tiene, pues, que encontrarse en ceptos y los criterios para enjuiciar la sociedad del capital y del trabajo
el mercado, entre las mercancías, con el 'obrero libre; libre en un doble asalariado, parece como si cambiase algo la fisonomía de los personajes
sentido, pues de una parte ha de poder disponer libremente de su fuerza de nuestro drama. El antiguo poseedor de dinero abre la marcha conver-
de trabajo como de su propia mercancía, y, de otra parte, no ha de tener tido en capitalista, y tras él viene el poseedor de la fuerza de trabajo, trans-
otras mercancías que ofrecer en venta; ha de hallarse, pues, suelto, escotero formado en obrero suyo; aquél, pisando recio y sonriendo desdeñoso, todo
y libre de todos los objetos necesarios para realizar por cuenta propia su ajetreado, éste, tímido y receloso, de mala gana, como quien va a vender
fuerza de trabajo"18°. su propia pelleja y sabe la suerte que le aguarda: que se la curtan"' .

Establecidas estas premisas, seguidamente procede Marx a exponer el Y páginas más adelante: "Fuerza es reconocer que nuestro obrero sale del
proceso de producción capitalista, como proceso simultáneo de transfor- proceso de producción en condiciones distintas a como entró. En el mer-
mación del dinero en capital o de valorización del capital, por un lado, y cado se enfrentaba, como poseedor de su mercancía 'fuerza de trabajo',
de explotación de la fuerza de trabajo del trabajador asalariado y de ejer- con otros poseedores de mercancías, uno entre tantos. El contrato por
cicio de poder por el capitalista, por el otro; proceso que constituye la medio del cual vendía su fuerza de trabajo al capitalista demostraba a
verdadera esencia de las relaciones sociales de producción capitalista. Esta ojos vistas, por decirlo así, que disponía libremente de su persona. Cerra-
relación de explotación y de poder, como veremos enseguida, no se da en do el trato, se descubre que el obrero no es nirzgún agente libré, que el
la circulación sino en la producción misma. No se da en el contrato, sino momento en que se le deja en libertad para vender su fuerza de trabajo es
en el proceso de producción capitalista. No se da en el mercado, sino en el precisamente el momento en que se ve obligado a venderla y que su vam-
taller. El escenario de la producción, como lo diría Marx, es el de la explo- piro no ceja en su empeño 'mientras quede un músculo, un tendón, una
tación y el despotismo del capital sobre el obrero. gota de sangre que chupar-182.

Veamos entonces, a través de varios pasajes de El Capital, cómo plantea Marx Como lo subraya Marx en muchos otros pasajes de su obra, es en el proceso
la cuestión. Aunque, como se ha dicho, explotación y dominación, son para de producción capitalista, como consumo de la fuerza de trabajo, donde se
Marx dos dimensiones inescindibles de las relaciones sociales de producción efectúa la explotación del trabajo asalariado y la producción de plusvalía por
1" Marx, op. cit., p. 121. Cursivas del autor. ibíd., pp. 128 y 129. Cursivas del autor.
18° ibíd., p. 122. Cursivas del autor. ibíd., p. 240.
118 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 119

el capitalista. Esta explotación consiste en el consumo de la fuerza de trabajo Dice Marx al respecto: "El obrero es propiedad de su fuerza de trabajo
más allá del tiempo necesario para su reproducción como tal. Si, por ejem- mientras negocia como vendedor de ésta con el capitalista (...). Como per-
plo, el valor diario de la mercancía fuerza de trabajo equivale a 6 horas de sonas independientes, los obreros son individuos que entran en relacio-
trabajo y el obrero la vende por este precio, pero el capitalista la consume por nes con el mismo capital, pero no entre sí. Su cooperación comienza en el
un tiempo mayor, digamos por una jornada diaria de 12 horas de trabajo, proceso de trabajo, es decir, cuando ya han dejado de pertenecerse a sí
quiere decir que el obrero asalariado esta produciendo un plus-trabajo o tra- mismos. Al entrar en el proceso de trabajo, son absorbidos por el capital.
bajo excedente de 6 horas de trabajo que se lo embolsa el capitalista. La ex- Como obreros que cooperan a un resultado, como miembros de un orga-
plotación consiste pues en esta apropiación por el capitalista de las 6 horas nismo trabajador, no son más que una modalidad especial de existencia
de trabajo excedente más allá de las 6 horas de trabajo necesario para la del capital para el que trabajan. Por consiguiente, la fuerza productiva
reproducción de la fuerza de trabajo. A su vez, el grado de explotación de la desarrollada por el obrero como obrero social, es fuerza productiva del
fuerza de trabajo depende de la proporción entre el trabajo necesario y el capital. Esta fuerza productiva social del trabajo se desarrolla gratuita-
trabajo excedente. La fórmula de Marx p/v (donde p=plusvalía y v=capital mente tan pronto como los obreros se ven sujetos a determinadas condi-
variable o valor de la fuerza de trabajo), designa la cuota de plusvalía como ciones, a que el capital los somete. Y como lafuerza productiva social del
expresión del grado de explotación de la fuerza de trabajo, que en nuestro trabajo no le cuesta nada al capital, ya que, además, el obrero no la desa-
ejemplo, tomado de Marx, sería del mo%183. rrolla antes de que su trabajo pertenezca al capitalista, parece a primera
vista como si esa fuerza fuese una fuerza productiva inherente por natu-
Este proceso de explotación de la fuerza de trabajo debe entenderse, por raleza al capital, la fuerza productiva innata a éste"185.
otra parte, como una relación social y no como una relación individual.
La tasa de explotación expresa una relación de clase ilustrada por el aná- Es, ustamente, aquí, según la perspectiva de Marx, en el proceso de pro-
lisis de la cooperación y de la división del trabajo: la cooperación suscita ducción capitalista como proceso de explotación de lafiterza de trabajo
un ahorro de tiempo debido a la simultaneidad espacial de las tareas pro- por el capital, donde irrumpe y se configura la resistencia, como un pro-
ductivas; una jornada de cien horas de diez trabajadores es más producti- ceso continuo, inherente y constitutivo de las propias relaciones sociales
va que diez jornadas sucesivas de diez horas; la fuerza productiva combi- capitalistas de producción. Esta resistencia expresa el conflicto entre los
nada es superior a la suma de las fuerzas individuales184. La cooperación obreros asalariados y los capitalistas por establecer la línea de demarca-
entre trabajadores asalariados dentro del taller, que es otra de las premisas ción entre el trabajo necesario y el trabajo excedente como partes cons-
fundamentales del proceso de producción capitalista, convierte a la fuer- titutivas de la jornada de trabajo; por reducir o por incrementar la tasa de
za de trabajo en potencia concentrada creadora de valor y condición cons- plusvalía. En este campo, la lucha de resistencia de los obreros asalaria-
titutiva del proceso de explotación. dos es por establecer los límites de la jornada de trabajo. De ahí entonces,
que la lucha por la jornada de trabajo normal se convierta en uno de los
03
Dice Marx: "Como el valor del capital variable= al valor de la fuerza de trabajo comprada por él (el tantos momentos de la expresión estructural del antagonismo que opone
capitalista), el valor de ésta determina la parte necesaria de la jornada de trabajo, y a su vez la a los obreros asalariados como clase contra la clase de los capitalista. Vea-
plusvalía está determinada por la parte restante de esta jornada de trabajo, resulta que la plusvalía mos entonces brevemente los términos en qué plantea Marx este conflic-
guarda con el capital variable la misma relación que el trabajo excedente con el trabajo necesario,
por donde la cuota de plusvalia, p/v= trabajo excedente/trabajo necesario. (...)La cuota de plusvalía
to y la forma cómo los obreros asalariados oponen resistencia al capital.
es, por tanto, la expresión exacta del grado de explotación de la fuerza de trabajo por el capital o
del obrero por el capitalista". K. Marx, op. Cit., pp., 165. Cursivas del Autor. Sin embargo, en nota A la cuestión de la jornada de trabajo bajo el régimen capitalista de pro-
de pie de página correspondiente a este mismo pasaje, observa Marx: "Aunque expresión exacta ducción, Marx dedicó un capítulo entero de su obra El Capital. Para los
del grado de explotación de la fuerza de trabajo, la cuota de plusvalía no expresa la magnitud
absoluta de la explotación. Así, por ejemplo, si el trabajo necesario es=5 horas y el trabajo propósitos de este trabajo sólo retomaremos aquí aquellos aspectos rela-
excedente=5 horas, el grado de explotación será 100 por 100. Aquí, la magnitud de la explotación cionados directamente con la presentación de su perspectiva teórica acerca
se mide por 5 horas. Pero, si el trabajo necesario es= 6 horas y el plustrabajo= 6, el grado de de la resistencia.
explotación de 100 por 100 no habrá variado, a pesar de lo cual la magnitud de la explotación será
20 por 100 mayor; 6 horas en vez de 5". íd. Cursivas mías.
184
Daniel Bensaid. Marx Intempestivo. Herramienta. Argentina. 2003, p. 293. 1 " K. Marx, op. cit., pp. 268 y 269. Cursivas del autor.
120 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 121

La jornada de trabajo, dice Marx, no representa una magnitud constan- El tiempo durante el cual trabaja el obrero es el tiempo durante el que el
te, sino variable. Una de las dos partes que la integran se halla condicio- capitalista consume la fuerza de trabajo que compró. Y el obrero que em-
nada por el tiempo de trabajo requerido para la reproducción continua plea para sí su tiempo disponible roba al capitalista. El capitalista se aco-
del propio obrero, pero su duración total cambia al cambiar la longitud ge, pues, a la ley del cambio de mercancías. Su afán, como el de todo com-
o duración del trabajo excedente. Es decir, que la jornada de trabajo es prador, es sacar el mayor provecho posible del valor de uso de su mercan-
susceptible de determinación, pero no constituye de suyo un factor de- cía"'87. Hasta aquí, la voz y la lógica del capital.
terminado. Siendo una magnitud variable y no fija, subraya Marx, lo
cierto es que la jornada de trabajo sólo puede oscilar dentro de ciertos "Pero, de pronto, dice Marx, se alza la voz del obrero, que había enmu-
límites. "Nos encontramos, sin embargo, con que su límite mínimo es decido en medio del tráfago del proceso dé producción. La mercancía
indeterminable. Claro está que reduciendo a o la línea de prolongación que te he vendido, dice esta voz, se distingue de la chusma de las otras
del trabajo excedente, obtenemos un límite mínimo, a saber: la parte mercancías en que su uso crea valor, más valor del que costó. Por eso, y
del día que el obrero tiene forzosamente que trabajar para vivir. Pero, no por otra cosa, fue por lo que tú la compraste. Lo que para ti es explo-
dentro del régimen capitalista de producción, el trabajo necesario for- tación de un capital, es para mí estrujamiento de energías. Para ti y para
ma siempre, quiérase o no, una parte de la jornada de trabajo, que ja- mí no rige en el mercado más ley que la del cambio de mercancías. Y el
más se reduce ni puede reducirse a este mínimum. En cambio, la jorna- consumo de la mercancía no pertenece al vendedor que se desprende de
da de trabajo tropieza con un límite máximo, del cual no puede pasar. ella, sino al comprador que la adquiere. El uso de mi fuerza diaria de
Este límite máximo se determina de un doble modo. De una parte, por trabajo te pertenece, por tanto, a ti. Pero, hay algo más, y es que el pre-
la limitación fisica de la fuerza de trabajo. Durante un día natural de cio diario de venta abonado por ella tiene que permitirme a mí reprodu-
24 horas, el hombre sólo puede desplegar una determinada cantidad de cirla diariamente, para poder venderla de fiuevo. Prescindiendo del des-
fuerzas (...). Aparte de este límite puramente fisico, la prolongación de gaste natural que lleva consigo la vejez, etc., yo, obrero, tengo que le-
la jornada de trabajo tropieza con ciertas fronteras de carácter moral. vantarme mañana en condiciones de poder trabajar en el mismo estado
El obrero necesita una parte del tiempo para satisfacer necesidades es- normal de fuerza, salud y diligencia que hoy. Tú me predicas a todas
pirituales y sociales cuyo número y extensión dependen del nivel gene- horas el evangelio del 'ahorro' y la 'abstención' Perfectamente. De aquí
ral de cultura. Como vemos, las oscilaciones de la jornada de trabajo se en adelante, voy a administrar mi única riqueza, la fuerza de trabajo,
contienen dentro de límites físicos y sociales. Pero, unos y otros tienen como un hombre ahorrativo, absteniéndome de toda necia disipación.
un carácter muy elástico y dejan el más amplio margen. Así se explica En lo sucesivo, me limitaré a poner en movimiento, en acción, la canti-
que nos encontremos con jornadas de trabajo de 8, 10, 12, 14, i6 y i8 dad de energía estrictamente para no rebasar su duración normal y su
horas, es decir, de la más variada duración"186. desarrollo sano. Alargando desmedidamente la jornada de trabajo, pue-
des arrancarme en un sólo día una cantidad de energía superior a la que
Planteadas estas premisas, lo que enseguida muestra Marx es el conflicto yo alcanzo a reponer en tres. Por este camino, lo que tú ganas en trabajo
que se abre entre capitalistas y obreros asalariados, cada clase pugnando lo pierdo yo en sustancia energética. Una cosa es usar mi fuerza de tra-
por imponer sobre la otra los límites de la jornada de trabajo, según sus bajo y otra muy distinta desfalcarla (...). Es como si me pagases la fuer-
propios intereses. Veamos cómo plantea Marx los términos de este con- za de trabajo de un día, empleando la de tres. Y esto va contra nuestro
flicto. "El capitalista compra la fuerza de trabajo por su valor diario. Le contrato y contra la ley del cambio de mercancías. Por eso exijo una
pertenece, pues, su valor de uso durante una jornada, y con él, el derecho jornada de trabajo de duración normal, y, al hacerlo, sé que no tengo
a hacer trabajar al obrero a su servicio durante un día (...). Como capita- que apelar a tú corazón, pues en materia de dinero los sentimientos sa-
lista, él no es más que el capital personificado. Su alma es el alma del len sobrando. Podrás ser un ciudadano modelo, pertenecer acaso a la
capital. Y el capital no tiene más que un instinto vital: el instinto de Liga de protección de los animales y hasta vivir en olor a santidad, pero
acrecentarse, de crear plusvalía, de absorber con su parte constante, los ese objeto a quien representas frente a mí no encierra en su pecho un
medios de producción, la mayor masa posible de trabajo excedente (...). corazón. Lo que parece palpitar en él son los latidos del mío. Exijo, pues,
"6 ibíd., p., 178. Cursivas del autor. ' íd. Cursivas del autor.
18
122 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 123

la jornada normal de trabajo, y, al hacerlo, no hago más que exigir el jo; por tanto, todo su tiempo disponible es, por obra de la naturaleza y por
valor de mi mercancía, como todo comprador"'88. obra del derecho, tiempo de trabajo y pertenece, como es lógico, al capital
para su incrementación (...). En su impulso ciego y desmedido, en su ham-
Aquí y así está planteado el conflicto. Sus protagonistas colectivos invocan, bre canina devoradora de trabajo excedente, el capital no sólo derriba las
ambos según su propia lógica e intereses, las leyes que rigen el intercambio barreras morales, sino que derriba también las barreras puramentefisi-
de mercancías y el derecho como expresión jurídica del mismo. "Pugnando cas de lajornada de trabajo. Usurpa al obrero el tiempo de que necesita su
por alargar todo lo posible la jornada de trabajo, llegando incluso, si puede, a cuerpo para crecer, desarrollarse y conservarse sano. Le roba el tiempo in-
convertir unajornada de trabajo en dos, el capitalista afirma sus derechos de dispensable para asimilarse el aire libre y la luz del sol. (...) El capital no
comprador. De otra parte, el carácter específico de la mercancía vendida en- pregunta por el límite de vida de lafuerza de trabajo. Lo que a él le intere-
traña un límite opuesto a su consumo por el comprador, y, al luchar por sa es, única y exclusivamente, el máximo de fuerza de trabajo que puede
reducir a una determinada magnitud normal la jornada de trabajo, el obrero movilizarse y ponerse en acción durante una jornada. Y, para conseguir
reivindica sus derechos de vendedor. Nos encontramos, pues, ante una anti- este rendimiento máximo, no tiene inconveniente en abreviar la vida de la
nomia, ante dos derechos encontrados, sancionados y acuñados ambos por fuerza de trabajo, al modo como el agricultor codicioso hace dar a la tierra
la ley que rige el cambio de mercancías. Entre derechos iguales y contrarios, un rendimiento intensivo desfalcando su fertilidad. Por tanto, al alargar la
decide lafuerza. Por eso, en la historia de la producción capitalista, la regla- jornada de trabajo, la producción capitalista, que es, en sustancia, produc-
mentación de la jornada de trabajo se nos revela como una lucha que se ción de plusvalía, absorción de trabajo excedente, no conduce solamente al
libra en torno a los límites de lajornada; lucha ventilada entre el capitalista empobrecimiento de la fuerza humana de trabajo, despojada de sus condi-
universal, o sea, la clase capitalista, de un lado, y de otro el obrero universal, ciones normales de desarrollo y de ejercicio físico y moral. Produce, ade-
o sea, la clase obrera''89. más, la extenuación y la muerte prematuras de la mismafuerza de traba-
jo. Alarga el tiempo de producción del obrero durante cierto plazo a costa
Y a continuación, el impetuoso campo de batalla, con su cohorte de des- de acortar la duración de su vida''92.
trucción y de ruinas, según como lo describe Marx. En el proceso de pro-
ducción capitalista, dice, la lógica que guía al capital es el instinto de pro- Más todavía. Prosigue Marx: "Pocos años después, aquella 'Casa de Terror'
longación de la jornada, el hambre insaciable de trabajo excedente, en para pobres con que todavía soñaba en 1770 el capital, alzábase como gigan-
un terreno en que los abusos desmedidos, no sobrepujados, como dice un tesca 'Casa de Trabajo' para albergar a los propios obreros de las manufac-
economista burgués de Inglaterra, por las crueldades de los españoles turas, con el nombre de fábrica. Y esta vez, el ideal palidecía ante la reali-
contra los indios en América'9°. Jornadas de trabajo de 12 a 14 y 15 horas, dad"'93. La ofensiva del capital por prolongar la jornada de trabajo hasta su
trabajo nocturno, comidas sin hora fija y casi siempre en los mismos lu- límite máximo normal duró varios siglos, rebasando luego éste hasta trope-
gares de trabajo, apestando a fósforo. En esta manufactura, el Dante en- zar con lasfronteras de lajornada natural de 12 horas,- "con el nacimiento
contraría superadas sus fantasías infernales más crueles191. de la gran industria, en el último tercio del siglo XVIII, se desencadenó un
violento y desenfrenado proceso, arrollador como una avalancha. Todas las
"¿Qué es una jornada de trabajo? (...). Ya hemos visto cómo responde el barreras opuestas por las costumbres y la naturaleza, la edad y el sexo, el día
capital a estas preguntas: según él, la jornada de trabajo abarca las 24 ho- y la noche, fueron destruidas. Hasta los mismos conceptos del día y la noche,
ras del día, descontando únicamente las pocas horas de descanso, sin las tan rústicamente simples y claros en los viejos estatutos, se borraron y oscu-
cuales la fuerza de trabajo se negaría en absoluto a funcionar. Nos encon- recieron de tal modo, que todavía en 186o un juez inglés tenía que derrochar
tramos, en primer lugar, con la verdad, harto fácil de comprender, de que una agudeza verdaderamente talmúdica para 'fallar' qué era el día y qué la
el obrero no es, desde que nace hasta que muere, más quefiterza de traba- noche. Fueron los tiempos orgiásticos del capitari94.
188 ibíd., pp. 179 y 180. Cursivas del autor.
89 íd. Cursivas del autor.
'" ibíd., pp. 207 y ss. Cursivas del autor.
'9° ibíd., p., 188. 1" ibíd., p. 218. Cursivas del autor.
ibíd., p. 191. Cursivas del autor. ' 94 ibíd., p. 219.
124 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 125

La respuesta de los obreros asalariados contra esta voracidad salvaje del ca- venderse y vender a su descendencia como carne de muerte y esclavitud
pital tardó, pero no dejó de presentarse. Su escenario primero y principal fue mediante un contrato libre con el capitalY así, donde antes se alzaba el
Inglaterra, considerado entonces la cuna del sistema capitalista de produc- pomposo catálogo de los 'Derechos inalienables del Hombre', aparece ahora
ción. "Tan pronto como la clase obrera, aturdida por el estrépito de la pro- la modesta Magna Charta de la jornada legal de trabajo, que 'establece, por
ducción, volvió un poco en sí, comenzó el movimiento de la resistencia, par- fin, claramente dónde termina el tiempo vendido por el obrero y dónde
tiendo de Inglaterra, país natal de la gran industria. Sin embargo, durante 30 empieza aquel de que él puede disponer" 98.
años, las concesiones arrancadas por los trabajadores fueron puramente no-
minales. Desde 1802 hasta 1833, el parlamento dio cinco leyes reglamentan- Estas leyes, dice Marx, obligaron por fin a atar el capital a las cadenas de la
do el trabajo, pero fue lo suficientemente astuto para no votar ni un solo ley. Pero se trataba de cadenas demasiado frágiles, pues el Estado que las
céntimo destinado a su ejecución, a dotaciones del personal burocrático ne- promulgaba no dejaba de ser el Estado de la clase de los capitalistas, que, a su
cesario, etc. Y las leyes se quedaron en letra muerta"'95. vez, no dejaba de expresar los términos del conflicto entre obreros y capita-
listas según las relaciones de fuerzas establecidas en el terreno económico y
Esta lucha de resistencia entre el capitalista y el obrero asalariado, prosi- social. Por lo tanto, observa Marx, lo sorprendente, en esta legislación ingle-
gue Marx, se inicia al comenzar el capitalismo. Se desarrolla a lo largo de sa de 1867, es, de una parte, la necesidad en que se ve el parlamento de las
todo el período manufacturero. Sin embargo, el obrero no lucha contra el clases gobernantes de aceptar en principio una serie de medidas tan extraor-
mismo instrumento de trabajo, es decir, contra la modalidad material de dinarias y tan extensas contra los excesos de la explotación capitalista; de
la existencia del capital, hasta la introducción de la maquinaria. Se su- otra parte, la mediocridad, la repugnancia y la mala fe con que las lleva a la
bleva contra esa forma concreta que revisten los medios de producción, práctica. Cuantas veces interviene la legislación fabril para reglamentar el
como base material del régimen de producción capitalista. La destruc- trabajo de las fábricas, las manufacturas, etc., esto se considera como una
ción en masa de máquinas en los distritos manufactureros ingleses du- intromisión en los derechos de explotación del capital199.
rante los primeros quince años del siglo XIX, sobre todo a partir de la
implantación del telar a vapor, se conoció con el nombre de movimiento Estrechamente unidas o mezcladas con las luchas de resistencia por la jorna-
luddita, Hubo de pasar tiempo y acumularse experiencia antes de que el da normal de trabajo o como un aspecto de la misma, el salario se convierte
obrero supiese distinguir la maquinaria de su empleo capitalista, acos- igualmente en otro campo de resistencia y de batalla del trabajo contra el
tumbrándose por tanto a desviar sus ataques de los medios materiales de capital. Esta resistencia obrera se opone a la tendencia siempre permanente
producción para dirigirlos contra su forma social de explotación'96 . del capital a reducir, por diferentes medios, el nivel medio de los salarios de
los obreros hasta llevarlos a su nivel mínimo de sobre-vivencia. Se trata de
Para los años 3os del siglo XIX, puntualiza Marx, las circunstancias habían luchas distintas pero gobernadas por una misma lógica: resistir la explota-
cambiado considerablemente. La lucha de resistencia de los trabajadores se ción del trabajo por el capital. Esta unidad inextricable entre una y otra res-
transforma en lucha política, arrancando del Estado una legislación que re- ponde, por otra parte, al carácter del salario como expresión en dinero de la
glamenta la jornada normal de trabajo a favor de los obreros asalariados. parte correspondiente en la jornada de trabajo al trabajo necesario, como
Dice Marx: "La implantación de unajornada normal de trabajo es elfruto trabajo retribuido, que lo diferencia del trabajo excedente o trabajo no retri-
de una lucha multisecular entre capitalistas y obreros197 (...) A partir sobre buido, que, a su vez, se expresa en dinero como ganancia. En este sentido, de
todo de 1838, los obreros fabriles habían adoptado como grito económico de acuerdo con Marx, la lógica de la resistencia alrededor del salario no está por
lucha la ley de las lo horas, a la par que abrazaban la Carta como grito poli- fuera del marco de las relaciones sociales de producción como relaciones de
tico (...) Para 'defenderse' contra la serpiente de sus tormentos, los obreros explotación, sino que hace parte de ellas; de ahí que, para una fundamentación
no tienen más remedio que apretar el cerco y arrancar, como clase, una ley teórica de la resistencia alrededor del salario, Marx parta de las mismas
del Estado, un obstáculo social insuperable que les impida a ellos mismos premisas —correspondientes a la teoría del valor— establecidas para el estu-
dio de la resistencia alrededor de la jornada de trabajo.
195 íd.
196 ibíd., pp. 354 y 355.
198 ibíd., pp. 222 y 241. Cursivas del autor.
97 ibíd., p. 212. Cursivas del autor. ' ibíd., pp. 409 y ss.
126 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 127

El salario, dice Marx, corresponde, en términos de jornada de trabajo, al tra- servado en la Contribución a la Crítica de la Economía Política y retomado
bajo necesario o a la expresión en dinero del valor de la fuerza de trabajo, que luego en El Capital, para Marx, el valor de cambio del trabajo es siempre
es su precio. Si en la lucha por la limitación de la jornada de trabajo la re- inferior al valor de cambio de su producto2°2.
sistencia de los obreros se centra en la reducción del trabajo excedente, en la
lucha por el salario la resistencia de los obreros se centra en la preservación o Y va a decir luego: "el valor de 3 chelines en que se traduce la parte retribuida
en el incremento del valor de cambio o precio del trabajo necesario. De esta de la jornada de trabajo, es decir, un trabajo de 6 horas, se presenta como el
manera, como se dijo, las dos luchas responden a la misma lógica y al mismo valor o precio de la jornada total de trabajo de 12 horas, en las que se contiene
proceso: resistir la explotación del capital. 6 horas de trabajo no retribuido. Como se ve, laforma del salario borra toda
huella de la división de lajornada de trabajo en trabajo necesario y trabajo
Para discernir el sentido de la lucha de resistencia alrededor del salario, Marx excedente, en trabajo pagado y trabajo no retribuido. Aquí todo el trabajo
empieza por dilucidar primero el fetiche que encierra la forma salario, tal aparece como sz:fuese trabajo retribuido. En el trabajo feudal, se distinguían
como lo hace en El Capital en relación con el fetiche de la forma mercan- en el tiempo y en el espacio, de un modo tangible, el trabajo que el siervo
cía200. Para Marx, en oposición al discurso de la economía política burguesa, realizaba para sí, y el trabajo forzado que rendía para el señor del suelo. En el
el salario no representa el valor del trabajo, sino, en realidad, el valor de la trabajo de los esclavos, hasta la parte de la jornada en que el esclavo no hacía
fuerza de trabajo, que reside en la personalidad del obrero y que es algo tan más que reponer el valor de lo que consumía para vivir y en que por tanto
distinto de su función, como una máquina de las operaciones que ejecuta. trabajaba para sí, se presentaba exteriormente como trabajo realizado para
Como el valor del trabajo no es más que una expresión impropia para desig- su dueño. Todo el trabajo del esclavo parecía trabajo no retribuido. Con el
nar el valor de la fuerza de trabajo, se desprende por sí mismo, que el valor trabajo asalariado ocurre lo contrario: aquí, hasta el trabajo excedente o tra-
del trabajo tiene que ser siempre más reducido que su producto de valor, bajo no retribuido parece pagado. Allí, el régimen de propiedad oculta el tiem-
pues el capitalista hace que la fuerza de trabajo funcione siempre más tiem- po que el esclavo trabaja para el mismo; aquí, el régimen del dinero esconde
po del necesario para reproducir su propio valor2oi. Como bien lo había ob- el tiempo que trabaja gratis el obrero asalariado"203.
' En su obra de 1848, Trabajo asalariado y capital, dedicada centralmente al salario, Marx ya había
anticipado el análisis del fetiche de la forma salario y lo que éste representa en las relaciones sociales A simple vista, dice Marx, el intercambio de capital y trabajo se desen-
de producción. Dice: "Por tanto, diríase que el capitalista les compra con dinero su trabajo. Pero esto vuelve igual que la compra y la venta de cualquier otra mercancía. El com-
no es más que la apariencia. Lo que en realidad venden los obreros al capitalista por dinero es su fuerza
de trabajo. El capitalista compra esta fuerza de trabajo por un día, una semana, un mes, etc. Y, una vez
prador entrega una determinada suma de dinero, el vendedor un artículo
comprada, la consume, haciendo que los obreros trabajen durante el tiempo estipulado... Los dos de otra clase. En su función de medio de pago, el dinero realiza, después,
marcos con los que compra doce horas de uso de la fuerza de trabajo son el precio de un trabajo de doce el valor o precio del artículo entregado, es decir, en este caso concreto, el
horas. La fuerza de trabajo es, pues, una mercancía, ni más ni menos que el azúcar. Al entregar dos valor o precio del trabajo vendido. Finalmente, el "valor de uso" que el
marcos, el capitalista le entrega, a cambio de su jornada de trabajo, la cantidad correspondiente de
carne, de ropa, de leña, de luz, etc. Por tanto, los dos marcos expresan la proporción en que la fuerza de obrero entrega al capitalista no es realmente la fuerza de trabajo, sino su
trabajo se cambia por otras mercancías, o sea el valor de cambio de la fuerza de trabajo. Ahora bien, el función, un determinado trabajo útil: trabajo de sastrería, de zapatería,
valor de cambio de una mercancía, expresado en dinero, es precisamente su precio. Por consiguiente, de hilado, etc. El valor de su fuerza de trabajo podrá variar con el valor de
el salario no es más que un nombre especial con que se designa el precio de la fuerza de trabajo, o lo
que suele llamarse precio del trabajo, el nombre especial de esa peculiar mercancía que sólo toma
sus medios habituales de vida, subiendo de 3 a 4 chelines o bajando de 3
cuerpo en la canse y la sangre del hombre". Marx, Trabajo asalariado y capital. En, Marx-Engel, chelines a 2, como puede también ocurrir que, aun permaneciendo inva-
Obras escogidas. Progreso. Moscú, 1972, p. 155. En otra de sus obras dedicadas al mismo asunto, riable el valor de su fuerza de trabajo, el precio de ésta suba a 4 chelines o
Marx va insistir en la misma tesis: "Lo que el obrero vende no es directamente su trabajo, sino su baje a 2, al variar el juego de la oferta y la demanda; pero por mucho que
fuerza de trabajo, cediendo temporalmente al capitalista el derecho a disponer de ella". Marx, salario
precio y ganancia. En: Marx-Engels, op. cit., pp. varíe su precio o su valor, arroja siempre 12 horas de trabajo. Por tanto,
201 Ilustra Marx: en el ejemplo que poníamos más arriba, el valor de la fuerza de trabajo puesta en acción todos los cambios operados en la magnitud del equivalente que recibe se
durante 12 horas es de 3 chelines, valor para cuya producción necesita 6 horas. En cambio, su producto le representan, lógicamente, como cambios operados respecto al valor o
de valor son 6 chelines, puesto que funciona durante 12 horas al cabo del día y su producto de valor no
precio de sus 12 horas de trabajo. El verdadero movimiento de los sala-
depende de lo que ella valga, sino de lo que dure su función. Por donde llegamos al resultado, poco
satisfactorio a primera vista, de que un trabajo que arroja un valor de 6 chelines posee un valor de 3. El K. Marx. El Capital, pp. 451 y 452.
202
Capital, p. 451.
203 ibíd., p. 452. Cursivas mías.
128 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 129

riós presenta fenómenos que a primera vista parecen demostrar que lo Es importante subrayar, por otra parte, que el problema teórico planteado por
que se paga no es el valor de la fuerza de trabajo, sino el valor de su fun- Marx respecto del salario se refería no sólo a la distinción entre el valor de la
ción, el trabajo mismo2". fuerza de trabajo y el valor del trabajo, sino también al carácter alienado y
alienante del obrero en el proceso de producción, al producir bienes que, ade-
En sus obras de difusión de su pensamiento: Salario, precio y ganancia, y más de no pertenecerle, no se reconoce en ellos como producto de su actividad.
Trabajo asalariado y capitaP°5, Marx abunda ampliamente en sus análisis Es lo que John Holloway, en un texto provocador2°8, describe como la sustan-
sobre el salario y su relación con la teoría del valor y la explotación, como cia del proceso de subordinación del poder-hacer por el poder-sobre.
crítica al discurso de la economía política burguesa. "El valor de la fuera de
trabajo se determina por la cantidad de trabajo necesario para su conserva- Dice Marx, la fuerza de trabajo en acción, el trabajo mismo, es la propia
ción o reproducción, pero el uso de esta fuerza de trabajo no encuentra más actividad vital del obrero, la manifestación misma de su vida. Y esta acti-
límite que la energía activa y la fuerza fisica del obrero. El valor diario o vidad vital la vende a otro para asegurarse los medios de vida necesarios.
semanal de la fuerza de trabajo y el ejercicio diario o semanal de esta misma Es decir, su actividad vital no es para él más que un medio para poder
fuerza de trabajo son dos cosas completamente distintas, tan distintas como existir. Trabaja para vivir. El obrero ni siquiera considera el trabajo parte
el pienso que consume un caballo y el tiempo que puede llevar sobre sus de su vida; para él es más bien un sacrificio de su vida. Es una mercancía
lomos al jinete. La cantidad de trabajo que sirve de límite al valor de la fuera que ha adjudicado a un tercero. Por eso el producto de su actividad no es
de trabajo del obrero no limita, ni mucho menos, la cantidad de trabajo que tampoco el fin de esta actividad. Lo que el obrero produce para sí no es la
su fuerza de trabajo puede ejecutar... Y el capitalista, al pagar el va/ordiario seda que teje ni el oro que extrae de la mina, ni el palacio que edifica. Lo
o semanal de la fuerza de trabajo del hilador, adquiere el derecho a usarla que produce para sí mismo es el salario; y la seda, el oro y el palacio se
durante todo el día o toda la semana. Le hará trabajar, por tanto, suponga- reducen para él a' una determinada cantidad de medios de vida, si acaso a
mos, doce horas diarias. Es decir, que sobre y por encima de las seis horas una chaqueta de algodón, unas monedas de cobre y un cuarto en un sóta-
necesarias para reponer su salario, o el valor de su fuerza de trabajo, el hilador no. Para el obrero, la vida comienza allí donde terminan estas activida-
tendrá que trabajar otras seis horas, que llamaré horas de plus-trabajo, y des, en la mesa de su casa, en el banco de la taberna, en la cama2°9. El
este plus-trabajo se traducirá en una plusvalía y en un plus-producto. Este obrero siente y percibe que el producto de su trabajo no le pertenece, que,
tipo de intercambio entre el capital y el trabajo es el que sirve de base a la por consiguiente, el proceso de producción sólo representa para él nada
producción capitalista o al sistema de trabajo asalariado, y tiene incesante- más que un interés puramente material, el de garantizar la obtención de
mente que conducir a la reproducción del obrero como obrero y del capitalis- un salario para la reproducción de su vida como trabajador asalariado.
ta como capitalista"2°6. Es otra manera de presentar, como anteriormente lo
hiciera respecto de la jornada de trabajo, la teoría del valor y de la explota- En cambio, nos dice Marx en El Capital, si nos fijamos en el capitalista,
ción capitalista. vemos que lo que quiere es obtener mucho trabajo por la menor cantidad
posible de dinero. Por tanto, prácticamente, al capitalista sólo le interesa
Como cualquier otra mercancía que se compra y se vende en el mercado, la diferencia entre el precio de la fuerza de trabajo y el valor creado por la
dice, el obrero al vender su fuerza de trabajo recibe a cambio un salario función de ésta. Pero como él procura comprar todas las mercancías lo
como precio de la misma, tal como ocurre con cualquier otra mercancía. más baratas que puede, cree que su ganancia proviene siempre de esta
Con el salario, lo que el capitalista compra finalmente es la fuerza de tra- sencilla malicia, es decir, del hecho de comprar las cosas por menos de lo
bajo. ¿Cuál es el coste de producción de la fuerza de trabajo? Es lo que que valen y de venderlas por más de su valor. No cae en la cuenta de que si
cuesta sostener al obrero como tal obrero y educarlo para este oficio2°7. realmente existiese algo como el valor del trabajo y, al adquirirlo, pagase
efectivamente este valor, el capital no existiría, ni su dinero podría, por
204 ibíd., pp., 452 y ss.
tanto, convertirse en capital2m.
205 La primera escrita un año después del primer volumen del Capital y la segunda 16 años antes del
mismo. 208 J. Holloway, Cambiar el mundo sin tomar el poder. El Viejo Topo. España, 2002.
206 K. Marx. Salario precio y ganancia. En: op. cit., pp. 57 y 58. 2" Marx, Trabajo asalariado y capital. En, Marx-Engels, op. cit., p. 156.
207 K. Marx, Trabajo asalariado y capital. En: op. cit., p. 161. 210 Marx, El Capital, p. 453.
130 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 131

En síntesis, Man( establece las siguientes dos conclusiones preliminares: usar la mercancía comprada. La fuerza de trabajo de un hombre se consu-
primera, que el valor o precio de la fuerza de trabajo reviste la aparien- me o se usa poniéndolo a trabajar, ni más ni menos que una máquina se
cia del precio o valor del trabajo mismo, aunque en rigor las expresiones consume o se usa haciéndola funcionar. Por tanto, el capitalista, al pagar
"valor" y "precio" del trabajo carecen de sentido; segunda, aunque sólo se el valor diario o semanal de la fuerza de trabajo del obrero, adquiere el
paga una parte del trabajo diario del obrero, mientras que la otra parte derecho a servirse de ella o a hacerla trabajar durante todo el día o toda la
queda sin retribuir, y aunque este trabajo no retribuido o plus-trabajo es semana215. Reaparece, nuevamente, bajo otra forma, el antagonismo de
precisamente el fondo del que sale la plusvalía o ganancia, parece como los derechos entre el trabajo y el capital surgido al rededor de la jornada
si todo el trabajo fuese trabajo retribuido. De la misma manera que la de trabajo: los obreros por obtener una jornada de trabajo mínima, el
cuota de plusvalía se expresaba bajo la fórmula v/p, la cuota de ganancia capitalista por prolongarla al máximo; los obreros por que se les retribu-
se expresa bajo la fórmula s/g, que indica la proporción entre los salarios ya lo más posible el trabajo no retribuido y el capitalista por reducir lo
de los obreros y las ganancias del capitalista, o, lo que es lo mismo, la más posible el trabajo retribuido.
proporción entre trabajo retribuido y trabajo no retribuido'.
El conflicto que se abre, pues, es por establecer quién puede obtener para
Establecidas las anteriores premisas, procede Marx a plantear los térmi- sí una parte mayor del producto de valor de la jornada de trabajo. Como
nos del conflicto que enfrenta a los obreros asalariados y al capitalista; el capitalista y el obrero sólo pueden repartirse este valor, que es limita-
este último, intentando imponer la reducción de los salarios a sus niveles do, es decir, el valor medido por el trabajo total del obrero, cuanto más
mínimos, y los primeros luchando por preservar el nivel de los salarios o perciba el uno menos obtendrá el otro, y viceversa. Partiendo de una can-
pugnando por su mejora. tidad dada, una de sus partes aumentará siempre en la misma proporción
en que la otra disminuye. Si los salarios cambian, cambiarán, en sentido
Dice Marx: según lo que dejamos expuesto, el valor de lafuerza de trabajo opuesto, las ganancias. Si los salarios bajan, subirán las ganancias; y si
se determina por el valor de los artículos de primera necesidadimprescin- aquéllos suben, bajarán éstas216. Por consiguiente, como se puede inferir
dibles para producir, desarrollar, mantener y perpetuar la fuerza de traba- del planteamiento de Marx y lo veremos enseguida, este es un campo de
jo". Supongamos ahora que el promedio de los artículos de primera necesi- las relaciones sociales de producción capitalistas que no se haya prede-
dad imprescindibles diariamente al obrero requiera, para su producción, seis terminado o preestablecido, sino que es un campo abierto, indetermina-
horas de trabajo medio. Supongamos, además, que estas seis horas de tra- do, donde lo que lo define es la resistencia, la fuerza, la capacidad de lu-
bajo medio se materialicen en una cantidad de oro equivalente a tres cheli- cha de los trabajadores por imponerse sobre la voracidad de ganancias
nes. En estas condiciones, los tres chelines serían la expresión en dinero del del capitalista o viceversa.
valor diario cíe la fuerza de trabajo de este hombre. Si trabaja seis horas,
produciría diariamente un valor que bastaría para comprar la cantidad me- En efecto, dice Marx, según la teoría del valor que impera en el régimen
dia de sus artículos diarios de primera necesidad, es decir, para mantenerse capitalista de producción, los salarios de los obreros no pueden rebasar
como obrerom. Este valor diariamente incorporado por él representaría un los valores de las mercancías por ellos producidas, no pueden ser mayo-
equivalente exacto del salario o precio de su fuerza de trabajo que se le abona res que éstos, pero sí pueden ser inferiores en todos los grados imaginables.
diariamente. Pero en este caso no afluiría al capitalista ninguna plusvalía o Sus salarios se hallarán limitados por los valores de los productos, pero
plus-producto. Aquí es, dice Marx, donde tropezamos con la verdadera difi- los valores de sus productos no se hallarán limitados por los salarios. La
cultad". determinación de los valores de las mercancías por las cantidades relati-
vas de trabajo plasmado en ellas difiere, como se ve, radicalmente del
Al comprar la fuerza de trabajo del obrero y pagarla por su valor, el capi- método tautológico de la determinación de los valores de las mercancías
talista adquiere, como cualquier otro comprador el derecho a consumir o por el valor del trabajo, o sea, por los salarios217 . Por otra parte, el valor de
2" Marx, Salario, precio y ganancia..., p. 59. Cursivas del autor.
212 ibíd., p. 56. Cursivas del autor. 215 íd. Cursivas del autor.
213 ibíd., p. 58. Cursivas del autor. 216 ibíd., p. 64. Cursivas del autor.
214 ibíd., pp., 57. ibíd., p. 49. Cursivas del autor.
132 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 133

la fuerza de trabajo está formado por dos elementos, uno de los cuales es En este mismo libro Salario, precio, ganancia, ampliamente citado por
puramente fisico, mientras que el otro tiene un carácter histórico o social. nosotros, Marx presenta cinco casos en los cuales los obreros procuran
Su límite mínimo está determinado por el elemento fisico; es decir, que una subida de salarios u oponen resistencia a su reducción. En cada uno
para poder mantenerse y reproducirse, para poder perpetuar su existen- de ellos, Marx muestra, que la lucha por la subida de los salarios sigue
cia fisica, la clase obrera tiene que obtener los artículos de primera nece- siempre a cambios anteriores y es el resultado necesario de los cambios
sidad absolutamente indispensables para vivir y multiplicarse. El valor previos operados en el volumen de producción, las fuerzas productivas
de estos medios de sustento indispensables constituye, pues, el límite del trabajo, el valor de éste, el valor del dinero, la extensión o intensidad
mínimo del valor del trabajo. Además de este elemento puramente fisi- del trabajo arrancado, las fluctuaciones de los precios del mercado, que
co, en la determinación del valor del trabajo entra el nivel de vida tradi- dependen de las fluctuaciones de la oferta-y la demanda y se producen
cional en cada país. No se trata solamente de la vida fisica, sino de la con arreglo a las diversas fases del ciclo industrial; en una palabra, es la
satisfacción de ciertas necesidades, que brotan de las condiciones socia- reacción de los obreros contra la acción anterior del capita122'.
les en que viven y se educan los hombres. Este elemento histórico social
que entra en el valor del trabajo puede dilatarse o contraerse, e incluso Sin embargo, Marx quiere ir más allá. Mostrar el carácter limitado de la
extinguirse del todo, de tal modo que sólo quede en pie el límite fisico2'8 resistencia de los obreros al capital alrededor del salario y cómo ésta es
inseparable del sistema de trabajo asalariado; y, por otro lado, intentar
Ahora bien, continúa Marx, por lo que se refiere a la ganancia, no existe saber hasta qué punto, en la lucha incesante entre el capital y el trabajo,
ninguna ley que le trace un mínimo. No puede decirse cuál es el límite extre- tiene éste perspectivas de éxito222. Limitación y pregunta, que igualmente
mo de su baja. ¿Y por qué no puede establecerse este límite? Porque si pode- se formula Marx en relación con las otras múltiples formas de resistencia
mos fijar el salario mínimo, no podemos, en cambio, fijar el salario máximo. del trabajo al capital; sobre lo cual volveremos más adelante.
Lo único que podemos decir es que, dados los límites de la jornada de traba-
jo, el máximo de ganancia corresponde al mínimo fisico del salario, y que, Un tercer campo de la resistencia comprendido en la perspectiva teórica
partiendo de salarios dados, el máximo de ganancia corresponde a la pro- de Marx es el del poder. Como se ha dicho arriba, las relaciones sociales
longación de la jornada de trabajo, en la medida en que sea compatible con de producción capitalista, son, además de relaciones de explotación, tam-
las fuerzas físicas del obrero. Por tanto, el máximo de ganancia se halla limi- bién relaciones de dominación o de poder del capitalista sobre los obre-
tado por el mínimo físico del salario y por el máximo fisico de la jornada de ros asalariados. Esta relación de dominación, si bien se origina desde la
trabajo. Es evidente que, entre los límites extremos de esta cuota de ganan- órbita de la circulación con la compra venta de fuerza de trabajo, en la
cia máxima, cabe una escala inmensa de variantes. La determinación de su que el obrero asalariado se ve obligado a su venta, se expresa y desarrolla
grado efectivo se dirime exclusivamente por la lucha incesante entre el capi- a plenitud en el proceso de producción capitalista. Marx muestra, que
tal y el trabajo; el capitalista pugna constantemente por reducir los salarios a como proceso de valorización del capital, la explotación de la fuerza de
su mínimo fisico y prolongar la jornada de trabajo hasta su máximo fisico, trabajo requiere, para efectuarse, del poder del capitalista, como un po-
mientras que el obrero presiona constantemente en el sentido contrario. El der que se ejerce, no sólo sobre el proceso de producción en general, sino
problema se reduce, por tanto, alproblema de lasfuerzas respectivas de los específicamente sobre el proceso de explotación de la fuerza de trabajo;
contendientes219. Ninguna ley de la economía ni de la naturaleza prescribe como un poder que le es inherente y, por consiguiente, es co-constituyen-
los términos de esta relación antagónica, sólo la lucha y la relación de fuerzas
entre los antagonistas decide22°. situación? Si lo hiciese, veríase degradada en una masa informe de hombres desgraciados y
quebrantados, sin salvación posible. Creo haber demostrado que las luchas de la clase obrera por el
nivel de los salarios son episodios inseparables de todo el sistema de salarios, que en el 99 por 100
ibíd., p. 72. Cursivas del autor.
218
de los casos sus esfuerzos por elevar los salarios no son más que esfuerzos dirigidos a mantener en
ibíd., p. 73. Cursivas del autor y mías.
219
pie el valor dado del trabajo, y que la necesidad de forcejear con el capitalista acerca de su precio va
220 Observa Marx: la tendencia general de la producción capitalista no es a elevar el nivel medio de los unida a la situación del obrero, que le obliga a venderse a sí mismo como una mercancía. Si en sus
salarios, sino, por el contrario, a hacerlo bajar, o sea, a empujar más o menos el valor del trabajo a conflictos diarios con el capital los obreros cediesen cobardemente, se descalificarían sin duda para
su límite mínimo. Pero si la tendencia de las cosas, dentro de este sistema, es tal, ¿quiere esto decir
emprender movimientos de mayor envergadura. ibíd., pp. 75 y 76.
que la clase obrera deba renunciar a defenderse contra las usurpaciones del capital y cejar en sus
221 ibíd., p. 71.
esfuerzos por aprovechar todas las posibilidades que se le ofrezcan para mejorar temporalmente su
134 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 135

te de las relaciones de explotación capitalista. Explotación y dominación proceso de producción capitalista225. Quien gobierna en la fábrica es el
son, pues, según Marx, dos caras de la misma moneda de las relaciones capitalista, es él quien establece la organización del trabajo, los ritmos de
sociales capitalistas de producción. producción, los códigos, los sistemas de sanciones, las jerarquías, las es-
tructuras de mando, entre otros, tal como nos lo describe Marx más ade-
Ralph Miliband lo ha observado correctamente cuando dice: "El énfasis lante. Pero, así mismo, no lo hace en el vacío, sino sobre un campo de
marxista en la extracción del plus-trabajo como aspecto crucial de la fuerzas antagónicas. La resistencia de los obreros asalariados, unas veces
vida social me parece enteramente justificado. El problema, sin embar- abierta, como, por ejemplo, a través de huelgas, motines y otras múltiples
go, es que el análisis se limita excesivamente, de tal forma que se deja formas de acción colectiva, y otras veces soterrada, silenciosa y sutil, no
fuera del análisis o al menos en un segundo plano uno de los elementos es sino la manera como impugnan o desafían ese poder.
conexos al proceso de explotación, la dominación. Me propongo soste-
ner aquí la idea de que una de las preocupaciones básicas del análisis de Veamos enseguida un poco más en detalle cómo plantea Marx esta rela-
clases es el estudio del proceso de dominación y subordinación de cla- ción de poder o de dominación inherente a las relaciones sociales de pro-
ses, condición esencial del proceso de explotación; o, por decirlo de otro ducción y la resistencia de los obreros asalariados a la misma.
modo, la explotación en el sentido en que la hemos definido aquí ha sido
siempre el objetivo principal de la dominación...La explotación tiene una Dice Marx: "El obrero trabaja bajo el control del capitalista, a quien su tra-
importancia crucial, pero es la dominación lo que hace posible la explo- bajo pertenece. El capitalista se cuida de vigilar que este trabajo se ejecute
tación""3. como es debido y que los medios de producción se empleen conveniente-
mente, es decir, sin desperdicio de materias primas y cuidando de que los
Parafraseando a Marx, puede decirse que el propietario de una empresa instrumentos de trabajo se traten bien, sin desgastarse más que en aquella
capitalista es su gerente por ser su propietario y no su propietario por ser parte en que lo exija su empleo racional"226. Por otra parte: "Dentro del pro-
su gerente. De esto se sigue, que para ser propietario de una empresa ceso de producción, dice Marx, el capital va convirtiéndose en puesto de
capitalista no es condición necesaria ser su gerente, ni para ser gerente de mando sobre el trabajo, es decir, sobre la fuerza de trabajo en acción, o sobre
una empresa capitalista es condición necesaria ser su propietario. Se pue- el propio obrero. El capital personcado, el capitalista, se cuida de que el
de ser propietario sin ser su gerente y, viceversa, se puede ser gerente sin obrero ejecute su trabajo puntualmente y con el grado exigible de intensi-
ser propietario. Sin embargo, ¿puede una empresa capitalista funcionar dad. El capitalva convirtiéndose, además, en un régimen coactivo, que obli-
sin un gerente? Y ¿puede alguien ser gerente sin tener un objeto que ga a la clase obrera a ejecutar más trabajo del que exige el estrecho círculo de
gerenciar? Lo que sugiere este pasaje de Marx es que la empresa capita- sus necesidades elementales. Como productor de laboriosidad ajena, extractor
lista como realidad social o como organización social moderna tiene no de plusvalía y explotador de fuerza de trabajo, el capital sobrepuja en ener-
sólo una función principal que la caracteriza (la explotación), sino tam- gía, en desenfreno y en eficacia a todos los sistemas de producción basados
bién una dimensión política que la posibilita: el poder224. directamente en los trabajosforzados, que le precedieron"22,.

Cabe advertir, por otro lado, que esta dominación es política, no sólo por- "5 Aunque Marx no lo formuló de manera explícita, aquí puede hallarse en germen una concepción de
que está respaldada en el Estado, sino porque instituye un poder y un la política y del poder, que va más allá de una concepción estatista de la misma y sugiere la idea,
más tarde desarrollada por algunos autores contemporáneos tanto marxistas como no marxistas,
orden —el del capitalista— en la fábrica como espacio de realización del según la cual, por un lado, el poder no está centrado en el Estado sino en la propia sociedad,
particularmente en las relaciones sociales de producción siguiendo la perspectiva subrayada por
Marx, y, por otro lado, que todo poder en cuanto comporta una pretensión no sólo de dominio sino
En otros términos, contrastando y superando a Holloway: que no es suficiente el grito, así esté
222 de orden, es poder político. Uno de los autores más sugerentes en este sentido es M. Foucault,
cargado de esperanza, que es necesario que el rechazo y la esperanza que este grito encierra se quien. como Marx, descentra el poder del Estado, pero, a diferencia de Marx, que reconoce su
traduzcan en una vía o conjugación de estrategias de transformación revolucionaria del presente. centralidad en las propias relaciones sociales de producción como poder político no estatal, lo
Cfr. J. Holloway, op. cit. resitúa como poder difuminado capilarmente por el cuerpo social, como microfísica del poder,
223 Ralph Miliband. "Análisis de Clases". En: Anthony Giddens, Jonathan Turner y otros. La teoría como poder a secas, sin el atributo político.
social hoy. Alianza. Madrid. 1998, pp. 421 y 422. Cursivas del autor. 226 K. Marx, op. cit., p. 137. Cursivas del autor.

Cfr. K. Marx, El Capital. p. 268. in ibíd., p. 248. Cursivas del autor.


136 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 137

Enseguida Marx establece la función de dominación del capital respecto mo va presentando sus formas peculiares y características; primero, tan
de la explotación en el proceso de producción. Dice: "El papel directivo pronto como su capital alcanza un límite mínimo, a partir del cual co-
del capitalista no es solamente una función especial que se desprende de mienza la verdadera producción capitalista, el patrono se exime del tra-
la naturaleza del proceso social del trabajo, como algo inherente a él; es bajo manual; luego, confía la función de vigilar directa y constantemen-
también unafuación de explotación en el proceso social del trabajo, fun- te a los obreros asalariados y a los grupos de obreros a una categoría
ción determinada por el inevitable antagonismo entre el explotador y la especial de obreros asalariados. Lo mismo que los ejércitos militares, el
materia prima de su explotación"228. Así mismo, Marx establece la dife- ejército obrero puesto bajo el mando del mismo capital, reclama toda
rencia entre la función directiva del capitalista por razones técnicas del una serie de jefes (directores, gerentes, managers) y oficiales (inspecto-
propio proceso de producción y la función directiva en función del proce- res, foremen, overlookers, capataces, contramaestres), que durante el
so de explotación de la fuerza de trabajo. "Con la cooperación de muchos proceso de trabajo llevan el mando en nombre del capital. La labor de
obreros asalariados, el mando del capital se convierte en requisito indis- alta dirección y vigilancia va reduciéndose a su función específica y ex-
pensable del propio proceso de trabajo, en una verdadera condición ma- clusiva. (...) cuando se trata del régimen capitalista , de producción, el
terial de la producción. Hoy, las órdenes del capitalista en la fábrica son economista identifica y confunde la función dirigente impuesta por el
algo tan indispensable como las órdenes del general en el campo de bata- carácter del proceso colectivo de trabajo y aquella que tiene su raíz en el
lla. Esta función de dirección, de vigilancia y enlace, se convierte en fun- carácter capitalista, y por tanto antagónico, de este proceso"230.
ción del capital tan pronto como el trabajo sometido a él reviste carácter
cooperativo. Como función específica del capital, la función directiva asu- Y más adelante: "La supeditación técnica del obrero a la marcha unifor-
me también una importancia específica. Al crecer el volumen de los me- me del instrumento de trabajo y la composición característica del orga-
dios de producción que se enfrentan con el obrero asalariado como pro- nismo de trabajo, formado por individuos de ambos sexos y diversas eda-
piedad ajena, crece también la necesidad de fiscalizar su empleo, evitan- des, crean una disciplina cuartelaria, que se desarrolla hasta integrar el
do que se malgasten o derrochen. La cooperación entre obreros asalaria- régimen fabril perfecto, dando vuelos al trabajo de vigilancia a que nos
dos es, además, un simple resultado del capital que los emplea simultá- hemos referido más atrás y, por tanto, a la división de los obreros en obre-
neamente. La coordinación de sus funciones y su unidad como organis- ros manuales y capataces obreros, en soldados rasos y suboficiales del
mo productivo radican fuera de ellos, en el capital, que los reúne y man- ejército de la industria"231.
tiene en cohesión. Desde un punto de vista ideal, la coordinación de sus
trabajos se les presenta a los obreros como plan; prácticamente, como la Es característico de Marx la agudeza y la ironía con las que contrasta las
autoridaddel capitalista, como el poder de una voluntad ajena que some- formas liberales de la república burguesa, su lucha contra la monarquía y
te su actividad a los fines perseguidos por aquélla"229. el despotismo en la esfera pública o política, con el despotismo y la auto-
cracia desplegados por los capitalistas en la esfera económica, esto es, en
Luego, procede Marx a caracterizar el régimen fabril instituido por el las fábricas. "El código fabril en que el capital formula, privadamente y
capital como un régimen verdaderamente despótico y disciplinar, en el por su propio fuero, el poder autocrático sobre sus obreros, sin tener en
que reina el control, la vigilancia y el castigo, comparable con la vida cuenta ese régimen de división de los poderes de que tanto gusta la bur-
cuartelaria, pero sustraído, a su vez, completamente de todo control y guesía, ni el sistema representativo, de que gusta todavía más, es simple-
regulación públicos. "Pero si, por su contenido, la dirección capitalista mente la caricatura capitalista de la reglamentación social del proceso
tiene dos filos, como los tiene el propio proceso de producción por él de trabajo, reglamentación que se hace necesaria al implantarse la co-
dirigido, los cuales son, de una parte, un proceso social de trabajo para operación a gran escala y la aplicación de instrumentos de trabajo colecti-
la creación de un producto y de otra parte un proceso de valorización vos, principalmente la maquinaria. El látigo del capataz de esclavos deja
del capital, por su forma la dirección capitalista es una dirección el puesto al reglamento penal del vigilante. Como es lógico, todas las pe-
despótica. Al desarrollarse la cooperación en gran escala, este despotis- nas formuladas en este código se traducen en multas y deducciones de
228 ibíd., p. 267. 230 ibíd., pp. 267 y 268.
229 ibíd., p. 350.
ibíd.,pp. 266 y ss. 231
138 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 139

salario, el ingenio legislativo del Licurgo fabril se las arregla de modo que ros asalariados enfrenta, como en el caso de la lucha por la jornada de
la infracción de sus leyes sea más rentable para el capitalista, si cabe, que trabajo normal y el salario, no sólo la mediocridad y la mala fe de los
su observancia"232. funcionarios estatales por hacer cumplir las leyes arrancadas al parlamento
a su favor, sino, sobre todo, la reacción de los capitalistas y sus intentos
Citando textualmente la obra de Engels, La Situación de la Clase obrera descarados por desconocer lo estipulado por la ley fabril. Bien dice Marx:
Inglesa, agrega Marx: "La esclavitud en que la burguesía tiene sujeto al "Por eso la misma conciencia burguesa, que festeja la división manufac-
proletariado no se revela nunca con mayor claridad que en el sistema fabril. turera del trabajo, la anexión de por vida del obrero a faenas de detalle y
Aquí, cesa, de hecho y de derecho, toda libertad. El obrero tiene que pre- la supeditación incondicional de estos obreros parcelados al capital como
sentarse en la fábrica, sobre poco más o menos, a las 5 y media de la ma- una organización del trabajo que incrementa la- fuerza productiva de éste,
ñana: si acude dos minutos más tarde, es castigado; si llega lo minutos denuncia con igual clamor todo lo que suponga una reglamentación y fis-
después, no se le admite hasta que pase la hora del desayuno, con lo que calización consciente de la sociedad en el proceso social de producción
pierde un cuarto de día de jornal. Tiene que comer, beber y dormir a la como si se tratase de una usurpación de los derechos inviolables de pro-
voz de mando... La despótica campana le saca de la cama y le levanta de la piedad, libertad y libérrima 'genialidad' del capitalista individual"235.
mesa, interrumpiendo su desayuno y su comida. ¿Y qué pasa dentro de la
fábrica? Aquí, el fabricante es legislador absoluto. Dicta los reglamentos Por consiguiente, la resistencia de los obreros asalariados contra los ex-
de fábrica que se le antojan; modifica y adiciona su código a medida de su cesos de la explotación de la fuerza de trabajo por el capital o por reducir
deseo; y, por disparatadas que sean sus cláusulas que introduzca en él, los al mínimo el precio de la fuerza de trabajo o pagarla por debajo de su
tribunales dicen indefectiblemente al obrero: has entrado a trabajar vo- valor real, está articulada a la lucha de resistencia contra el poder despó-
luntariamente en virtud de ese contrato, y no tienes más remedio que tico del capital en el proceso de producción capitalista. Si bien se trata de
cumplirlo... Estos obreros están condenados a vivir desde los nueve años campos analíticamente diferenciados de resistencia de los obreros asala-
hasta su muerte bajo la férula física y espiritual"233. riados contra el capital, en la práctica se desarrollan de manera conjuga-
da. Para Marx, por lo general, la lucha de resistencia por la reducción de
Además del régimen despótico imperante en la fábrica por parte del capi- la jornada de trabajo o por la subida de los salarios involucra también la
tal, los obreros asalariados se ven sometidos a lo que Marx llamó "un sa- lucha de resistencia contra el despotismo del capital en la fábrica. Es pues,
queo sistemático contra las condiciones de vida del obrero durante el resistencia a la explotación y resistencia al poder al mismo tiempo. Esta
trabajo, en un robo organizado de espacio, de luz, de aire y de medios articulación no viene dada sólo porque las sanciones contempladas por el
personales de protección contra los procesos de producción malsanos o régimen fabril tienen un costo económico en detrimento del salario del
insalubres, y no hablemos de los aparatos e instalaciones para comodi- obrero, sino porque al oponer resistencia a la explotación, también cues-
dad del obrero". Y se pregunta Marx: "¿Tiene o no razón Fourier cuando tiona el dominio absoluto del capital en la fábrica e interroga cada vez que
llama a las fábricas 'presidios atenuados'?"234. se produce quién gobierna en ella. Las huelgas, los motines, las tomas de
fábricas y todas otras múltiples formas de resistencia obrera, plantean
Contra este régimen cuartelario e insalubre del capital, también los obre- una lucha de poderes, como "guerra civil" entre obreros y patronos, tal
ros asalariados ofrecen resistencia, a través de huelgas y motines. Algu- como Marx las llama.
nas de estas luchas de resistencia se expresan también en el parlamento y
los tribunales; unas, por la promulgación de una legislación fabril que Por último, si bien la perspectiva teórica de Marx acerca de la resistencia
someta a control y regulación el poder despótico y privado del capital so- está focalizada en las relaciones sociales de producción y no en el Estado,
bre los obreros en las fábricas, y otras, por hacer valer los derechos de los también valoró como formas importantes de resistencia aquellas que sur-
obreros ante los inspectores y jueces fabriles. Esta resistencia de los obre- gen en otros ámbitos de la sociedad capitalista por la propia iniciativa
235
ibíd., p. 290. Es importante no perder de vista que la época en que Marx estudia el régimen capitalista
232 ibíd., p. 351. Cursivas el autor. de producción corresponde al período en el cual el capitalismo liberal (orgiástico o salvaje) inicia
233 ibíd., p. 351. su tránsito hacia el período del capitalismo organizado, basado en la intervención y regulación
234 ibíd., p. 353. estatal, que se consolida definitivamente a partir de los años 30s del siglo XX.
140 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 141

autogestionaria de los trabajadores, como, por ejemplo, el cooperativis- no fueron de hecho más que las consecuencias prácticas de las teorías, no
mo. Es cierto, como lo corrobora la casi inexistencia de estudios suyos al descubiertas, sino proclamadas en voz alta en 1848"237.
respecto, que no le concedió a estas formas de resistencia la centralidad
concedida a la resistencia co-presente en las relaciones sociales de pro- Igual valoración positiva del movimiento cooperativo de los trabajadores va
ducción, pero igualmente es claro que no las desestimó en absoluto, tal a ratificar en la Instrucción a los Delegados del Consejo Central Provisional.
como se puede inferir de las escasas referencias a las mismas236. "La Asociación Internacional de los trabajadores se propone unir, llevando a
un mismo cauce, los movimientos espontáneos de la clase obrera, pero, de
Sus referencias fundamentales aparecen indicadas en el Man(flesto In- ninguna manera, dictarle o imponerle cualquier sistema doctrinario. Por eso,
augural de la Asociación Internacional de los Trabajadores (Primera el Congreso no debe proclamar uno u otro sistema especial de cooperación,
Internacional) y, posteriormente, en la Instrucción sobre diversos pro- sino que ha de limitarse a la enunciación de algunos principios generales.
blemas a los delegados del consejo central provisional en 1866. En el Nosotros estimamos que el movimiento cooperativo es una de las fuerzas
Manifiesto Inaugural, en el que hace un balance de las luchas obreras transformadoras de la sociedad presente, basado en el antagonismo de cla-
transcurridas durante el período de treinta años, destaca dos triunfos ses. El gran mérito de este movimiento consiste en mostrar que el sistema
importantes de los trabajadores: arrancar la ley de la jornada de diez ho- actual de subordinación del trabajo al capital, sistema despótico que lleva al
ras y el surgimiento del movimiento cooperativo de los trabajadores. Los pauperismo, puede ser sustituido con un sistema republicano y bienhechor
dos, según Marx, son triunfos no sólo prácticos, sino triunfos del princi- de asociación de productores libres e iguales'38.
pio de la Economía Política de la clase obrera sobre el principio de la Eco-
nomía Política de la burguesía. Sin embargo, en el mismo Manifiesto inaugural y en la Instrucción, Marx no
dejaba de advertir las limitaciones y riesgos que encerraba el trabajo coope-
Dice Marx luego de valorar el significado del triunfo de la jornada de diez rativo desarrollado en los marcos de la propia sociedad capitalista, tal como
horas: "Pero estaba reservado a la Economía política del trabajo alcanzar ya lo había indicado respecto de las luchas de resistencia desarrolladas por
un triunfo más completo todavía sobre la economía política de la propie- los trabajadores en los marcos de las relaciones sociales de producción capi-
dad. Nos referimos al movimiento cooperativo, y, sobre todo, a las fábri- talista. "Al mismo tiempo, la experiencia del período comprendido entre 1848
cas cooperativas creadas, sin apoyo alguno, por la iniciativa de algunas y 1864 ha probado hasta la evidencia que, por excelente que sea en principio,
"manos" ("hands") audaces. Es imposible exagerar la importancia de es- por útil que se muestre en la práctica, el trabajo cooperativo, limitado estre-
tos grandes experimentos sociales que han mostrado con hechos, no con chamente a los esfuerzos accidentales y particulares de los obreros, no podrá
simples argumentos, que la producción en gran escala y al nivel de las detener jamás el crecimiento en progresión geométrica del monopolio, ni
exigencias de la ciencia moderna, puede prescindir de la clase de los pa- emancipar a las masas, ni aliviar siquiera un poco la carga de sus miserias.
tronos, que utiliza el trabajo de la clase de las "manos", han mostrado Este es, quizá, el verdadero motivo que ha decidido a algunos aristócratas
también que no es necesario a la producción que los instrumentos de tra- bien intencionados, a filántropos charlatanes burgueses y hasta a economis-
bajo estén monopolizados como instrumentos de dominación y de explo- tas agudos, a colmar de repente de elogios nauseabundos al sistema de tra-
tación contra el trabajador mismo; y han mostrado, por fin, que lo mismo bajo cooperativo, que en vano habían tratado de sofocar en germen, ridiculi-
que el trabajo esclavo, lo mismo que el trabajo siervo, el trabajo asalaria- zándolo como una utopía de soñadores o estigmatizándolo como un sacrile-
do no es sino una forma transitoria inferior, destinada a desaparecer ante gio socialista. Para emancipar a las masas trabajadoras, la cooperación debe
el trabajo asociado que cumple su tarea con gusto, entusiasmo y alegría. alcanzar un desarrollo nacional y, por consecuencia, ser fomentada por me-
Roberto Owen fue quien sembró en Inglaterra las semillas del sistema dios nacionales"239.
cooperativo; los experimentos realizados por los obreros en el continente
236 Probablemente el propio debate teórico y político con el anarquismo dentro de la Internacional, 2" K. Marx. "Manifiesto Inaugural de la Asociación Internacional de los Trabajadores". Marx-Engels.
especialmente con Prohudon y Bakunin, en el que estuvo involucrada directamente la valoración Obras Escogidas. Progreso. Moscú. 1972. Tomo II, p. 11.
236 K. Marx. "Instrucción Sobre Diversos Problemas a los Delegados del Consejo Central Provisional".
de las formas cooperativas y de ayuda mutua de los trabajadores, contribuyó a la parquedad de
Marx para no desarrollar de una manera más amplia su acercamiento al cooperativismo como otro Marx-Engel, op. cit., p. 82. Cursivas del autor.
campo importante de la resistencia contra el capital. 2" K. Marx. "Manifiesto Inaugural...", op. cit., p. 12.
142 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 143

En la Instrucción a los Delegados, la advertencia es invariable: "Pero, el Dicho en otros términos, si las relaciones sociales de producción son el nú-
movimiento cooperativo, limitado a las formas enanas, las únicas que cleo estructurante y el potencial de la resistencia contra el poder y la explota-
pueden crear con sus propios esfuerzos los esclavos individuales del tra- ción del capital, la superación de las mismas sólo es posible transformando
bajo asalariado, jamás podrá transformar la sociedad capitalista. A fin de la resistencia en acción política de los trabajadores. Es ahora la política y no
convertir la producción social en un sistema armónico y vasto de trabajo la economía la que decide242. Para Marx, la resistencia como resistencia no
cooperativo son indispensables cambios sociales generales, cambios de produce la salida, reproduce el régimen de la dominación y la explotación.
las condiciones generales de la sociedad, que sólo pueden lograse me- Actúa sobre los efectos pero no sobre las causas. La salida requiere su trans-
diante el paso de las fuerzas organizadas de la sociedad, es decir, del po- formación en revolución, y esto sólo es posible a través de la política. Así, a
der político, de manos de los capitalistas y propietarios de tierras a manos través de este salto dialéctico, la resistencia termina negándose como tal,
de los productores mismos. Recomendamos a los obreros que se ocupen para reaparecer bajo nuevas formas y según nuevas lógicas.
preferentemente de la producción cooperativa, y no del comercio coope-
rativo. Este último no afecta más que la superficie del actual sistema eco- Dice Marx, al mismo tiempo y aun prescindiendo por completo del
nómico, mientras que la primera socava sus cimientos"24o. esclavizamiento general que entraña el sistema de trabajo asalariado, la cla-
se obrera no debe exagerar ante sus propios ojos el resultado final de estas
Como pude colegirse, no es que Marx desestimara la importancia de la luchas diarias. No debe olvidar que lucha contra los efectos, pero no contra
resistencia expresada en el trabajo cooperativo de los trabajadores y otras las causas de estos efectos; que lo que hace es contener el movimiento des-
formas autogestionarias; por el contrario, las estimaba en igual medida cendente, pero no cambiar su dirección; que aplica paliativos, pero no cura la
que las formas de resistencia por los límite de la jornada de trabajo o por enfermedad. No debe, por tanto, entregarse por entero a esta inevitable gue-
el salario, sino que no vacilaba en señalar sus límites y seguro fracaso sino rra de guerrillas, continuamente provocada por los abusos incesantes del
estaban articuladas a la lucha política más amplia por la transformación capital o por las fluctuaciones del mercado. Debe comprender que el sistema
revolucionaria de la sociedad. actual, aun con todas las miserias que vuelca sobre ella, engendra simultá-
neamente las condiciones materiales y las formas sociales necesarias para
En síntesis, para Marx, la resistencia es co-constituyente de las relaciones la reconstrucción económica de la sociedad. En vez del lema conservador de
sociales de producción capitalista, y también constituida por las mismas. "i Un salariojusto por unajornada de trabajojustar, deberá inscribir en su
La resistencia corresponde al sujeto que se resiste a dejarse cosificar por bandera esta consigna revolucionaria: "iAbolición del sistema de trabajo
el poder y por el capital, pero que aún tampoco termina constituyéndose asalariado!' Las tradeuniones trabajan bien como centros de resistencia
como sujeto241. De ahí, para Marx, el carácter limitado de la resistencia, contra las usurpaciones del capital. Pero, en general, son deficientes por li-
pero también el potencial transformador que encierra. Es esta dialéctica mitarse a una guerra de guerrillas contra los efectos del sistema existente, en
y tensión no resuelta en los marcos de la sociedad capitalista del sujeto- vez de esforzarse, al mismo tiempo, por cambiarlo, en vez de emplear sus
objeto, que resiste y que lucha, pero que no termina por constituirse aún fuerzas organizadas como palanca para la emancipación definitiva de la cla-
plenamente como sujeto, autónomo y emancipado, lo que permite a Marx se obrera; es decir, para la abolición definitiva del sistema de trabajo asala-
plantear el carácter limitado, pero también el potencial emancipatorio riado243. "La conquista del poder político ha venido a ser, por lo tanto, el gran
encerrado en él. Esta dialéctica la resume Marx en la relación resistencia- deber de la clase obrera"244.
política, en la que la política constituye la salida emancipatoria del régi- 242
Esto lo observó con mucha claridad Lenin en su polémica con los economistas rusos de comienzos
men de esclavitud asalariada. Desde la perspectiva teórica de Marx, la del siglo XX. "De la premisa cierta del marxismo sobre las profundas raíces económicas de la lucha
política se convierte para el proletariado en una suerte de bisagra que de clases en general y de la lucha política en particular, los 'economistas' sacaban la conclusión
singular de que había que volver la espalda a la lucha política y contener su desarrollo, reducir su
articula el presente de la resistencia con la utopía del comunismo, a tra-
alcance, rebajar sus tareas". V. I. Lenin. "Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución
vés de la revolución. democrática". Obras Escogidas. Progreso Moscú, p. 65.
243
K. Marx. Salario precio y ganancia, p. 76.
244
K. Marx. Manifiesto inaugural... p. 12. Es sorprendente, que J. Holloway omita esta referencia de
240"Instrucción...", op. cit, p. 82 Marx a la toma del poder político por el proletariado como aspecto crucial de su proyecto
"' El que es y todavía no, de E. Blochn y H. Zemelman, que retoma Holloway. emancipatorio y la impute sólo al marxismo a partir de Engels como uno de sus rasgos distintivos.
144 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 145

Es a partir de la experiencia del moviendo callista en Inglaterra y la lucha el primer objeto de resistencia ha sido sólo el sostenimiento de los sala-
por la jornada normal de trabajo, que formula Marx la dialéctica entre lucha rios, a medida que los capitalistas, a su vez, se reúnen en un pensamiento
de resistencia y lucha política de los obreros asalariados contra la clase de los de represión, las coaliciones, aisladas al principio, se forman en grupos, y
capitalistas y el Estado245. Una dialéctica que, como veremos enseguida, ya enfrente del capital, siempre reunido, el sostenimiento de la asociación
había formulado en Miseria de la Filosofía y El Manfflesto Comunista. "El viene a ser para ellos más importante que el del salario. En esta lucha —
movimiento político de la clase obrera tiene como último objetivo, claro está, verdadera guerra civil— se reúnen y desarrollan los elementos necesarios
la conquista del poder político para la clase obrara y a este fin es necesario, para una batalla venidera. Una vez llegada a este punto, la asociación ad-
naturalmente, que la organización previa de la clase obrera, nacida de su quiere un carácter político. Así, esta masa es ya una clase enfrente del
propia lucha económica, haya alcanzado cierto grado de desarrollo. Pero por capital, pero no lo es aún para ella misma. -En la lucha, algunas de cuyas
otra parte, todo movimiento en el que la clase obrera actúa como clase contra fases hemos señalado, esta masa se reúne, se constituye en clase para sí
las clases dominantes y trata de forzarlas "presionando desde fuera", es un misma. Los intereses que defiende se convierten en intereses de clase. Y
movimiento político. Por ejemplo, la tentativa de obligar mediante huelgas a la lucha de clase a clase es una lucha política... El antagonismo entre el
capitalistas aislados a reducir la jornada de trabajo en determinada fábrica o proletariado y la burguesía es una lucha de clase a clase, lucha que, lleva-
rama de la industria es un movimiento puramente económico, por el contra- da a su más alta expresión, es una revolución total. Y no se diga que el
rio, el movimiento con vistas a obligar a que se decrete la ley de la jornada de movimiento social excluye el movimiento político. No hay ni ha habido
ocho horas, etc., es un movimiento político. Así pues, de los movimientos nunca movimiento político que no sea al mismo tiempo social"247.
económicos separados de los obreros nace en todas partes un movimiento
político, es decir, un movimiento de la clase, cuyo objeto es que se dé satisfac- Y en la Instrucción a losdelegados, veinte años después, Marx va insistir
ción a sus intereses en forma general, es decir, en forma que sea compulsoria en este mismo planteamiento. "Originariamente, las tradeuniones nacie-
para toda la sociedad. Allí donde la clase obrera no ha desarrollado su orga- ron de los intentos espontáneos que hacían los obreros para suprimir o,
nización lo bastante para emprender una ofensiva resuelta contra el poder al menos, debilitar esta competencia, a fin de conseguir unos términos
colectivo, es decir, contra el poder político de las clases dominantes, se debe, del contrato que les liberasen de la situación de simples esclavos. El obje-
por lo menos, prepararla para ello mediante una agitación constante contra tivo inmediato de las tradeuniones se limitaba, por eso, a las necesidades
la política de las clases dominantes y adoptando una actitud hostil hacia ese cotidianas, a los intentos de detener la incesante ofensiva del capital, en
poder»246. una palabra, a cuestiones de salarios y de duración del tiempo de trabajo.
Semejante actividad de las tradeunones, además de legítima, es necesa-
En Miseria de la glosofla dice: "Bajo la forma de coaliciones se verifican ria, es indispensable mientras exista el actual modo de producción. Por
siempre los primeros ensayos de los trabajadores para asociarse entre sí. otra parte, sin darse cuenta ellas mismas, las tradeuniones se fueron con-
La gran industria aglomera en un solo punto una multitud de gente, des- virtiendo en centros de organización& la clase obrera, del mismo modo
conocidos unos de otros. La competencia los divide en intereses. Pero el que las municipalidades y las comunas medievales lo habían sido para la
sostenimiento del salario, este interés común que tiene contra su patro- burguesía. Si decimos que las tradeuniones son necesarias para la lucha
no, los reúne en un mismo pensamiento de resistencia: coalición. Así, la de guerrillas entre el capital y el trabajo, cabe saber que son todavía más
coalición tiene siempre un doble objeto: el de hacer que cese entre ellos la importantes como fuerza organizada para suprimir el propio sistema
competencia, para poder hacer una competencia general al capitalista. Si de trabajo asalariado y el poder del capitar 48.

"5 En Inglaterra, dice Marx, los obreros no se han limitado a coaliciones parciales, que no tenían otro Sin embargo, observa Marx. 'Ocupadas con demasiada frecuencia en las lu-
objeto que una huelga pasajera y que con ella desaparecían. Han formado coaliciones permanentes, chas locales e inmediatas contra el capital, las tradeuniones no han adquiri-
Trades Union, que sirven de baluarte a los trabajadores en sus luchas con los fabricantes. La formación
do aún plena conciencia de su fuerza en la lucha contra el sistema de esclavi-
de estas coaliciones, Trades Union, siguió una marcha simultánea con las luchas políticas de los
obreros, que constituyen ahora un gran partido político con el nombre de carlistas. K. Marx. Miseria tud asalariada. Por eso han estado demasiado al margen del movimiento
de la filosofía. Folio. Navarra-España. 1999, p. 186.
246
K. Marx. Carta a Friedrich Bolte, 23 de noviembre de 1871. En: Marx-Engels. Obras escogidas. 247 K. Marx. Miseria de la filosofía, pp. 187 y ss.
Progreso, Moscú. 1972.Tomo II, p. 446. 248 K. Marx. Instrucción..., p. 83.
146 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 147

general social y político. Sin embargo, últimamente, por lo visto, se ha des- manera desmedida. Y dos, orientada hacia la revolución social y la toma
pertado en ellas la conciencia de su gran misión histórica, como lo prueban, del poder por parte del proletariado. Repetimos, para Marx, no se trata
por ejemplo, su participación en el movimiento politico de Inglaterra, la más de dos lógicas de acción política desarticuladas una de la otra, ni tampoco
amplia comprensión de su función en los EE.UU. y la siguiente resolución desarticuladas del ámbito de la resistencia obrera propiamente dicha. Para
adoptada en la reciente gran Conferencia de los delegados de las tradeuniones Marx, en el campo de la política del proletariado, no hay dilemas entre
celebrada en Sheffield. Aparte de sus propósitos originales, deben ahora reforma y revolución, ni, en un sentido más general, entre resistencia y
aprender a actuar deliberadamente como centros organizados de la clase revolución o entre lucha económica y lucha política. La lucha de clases del
obrera ante el magno objetivo de su completa emancipación. Deben apoyar proletariado contra el capital es un proceso ininterrumpido, permanente,
a todo movimiento social y político en esta dirección. Considerándose y ac- abierto, en el que se conjugan objetivos inmediatos y mediatos, en direc-
tuando como los campeones y representantes de toda la clase obrera, tiene el ción de la salida del estado de necesidad de la esclavitud asalariada.
deber de llevar a sus filas a los obreros no asociados. Las tradeuniones deben
mostrar a todo el mundo que no luchan por intereses estrechos y egoístas, La "ambigüedad" de la legislación fabril enseña a los obreros asalariados
que su objetivo es la emancipación de los millones de oprimidos"249. las posibilidades y, al mismo tiempo, las limitaciones de una acción polí-
tica en los marcos del propio Estado capitalista, y, por consiguiente, les
Como puede verse, de acuerdo con Marx, no se pasa de la resistencia a la plantea, según Marx, la necesidad de realizar una lucha política más am-
revolución ipso-facto, de golpe. Entre la resistencia y la revolución media plia, como lucha de clases, que ha de conducir a la revolución social. In-
un proceso de preparación revolucionaria, de educación política de la cla- cluso esta lucha de resistencia se expresa también a nivel político, aunque
se obrera, de la cual las organizaciones de resistencia son la base; por todavía no como revolución. "En lo que atañe a la limitación de la jorna-
consiguiente, no hay una muralla china que separe la resistencia de la da de trabajo, lo mismo en Inglaterra que en los demás países, nunca se
revolución, por el contrario, hay una conjugación dialéctica entre una y ha reglamentado sino por ingerencia de la ley. Sin la constante presión
otra, a través de la acción política. Por consiguiente, no hay separación de los obreros desde fuera, la ley jamás habría intervenido. En todo caso,
entre lucha de resistencia (económica) y lucha política (revolucionaria). este resultado no podía alcanzarse mediante convenios privados entre los
Incluso, la propia lucha de resistencia requiere de la acción política. Una obreros y los capitalistas. Esta necesidad de una acción política general
lucha reducida a la sola resistencia económica es funcional al propio sis- es precisamente la que demuestra que, en el terreno puramente económi-
tema capitalista. En consecuencia, tampoco se trata de una lucha política co de lucha, el capital es la parte más fuerte"25°.
abstracta contra el sistema capitalista, sino una que se fundamente en la 250 K. Marx. Salario precio y ganancia, p. 73. Cursivas del autor. Sin embargo, debe tenerse en cuenta,
experiencia concreta y cotidiana de la lucha económica y la conciencia de que el sentido de la legislación laboral que se empezó a prefigurar a raíz de las luchas obreras en los
los límites de esta lucha. Es a esto a lo que se refiere Marx cuando dice marcos del régimen capitalista de producción, responde también a la gramática del poder, en este
que hacia el fin de la revolución social es necesario, que la organización caso, del poder de Estado. Un aspecto que Marx no dejó de observar. El poder del Estado, como la
resistencia, también es dinámico y cambiante. Por un lado, en su pretensión de someter y regular a
previa de la clase obrera, nacida de su propia lucha económica, haya al- un capitalismo indómito y absolutamente desregulado, como el existente todavía a mediados del
canzado cierto grado de desarrollo. siglo XIX, incluso contra la resistencia de los capitalistas considerados individualmente; y por otro
lado, para contrarrestar y regular la amenaza subvertora que representaba el antagonismo de clase
del proletariado contra el orden social capitalista como un todo. El derecho laboral en ciemes
Por otra parte, resulta importante precisar, que esta dialéctica de la resis- representaba, así, el despliegue de la gramática del poder incluso contra la resistencia de los
tencia y la política —especialmente respecto de esta última— encierra para capitalistas aislados. Esta exigencia de regulación política del capitalismo convierte al Estado en
Marx dos dimensiones diferenciadas pero articuladas hacia un mismo actor co-constituyente y garante de las relaciones sociales de producción. Este intervencionismo
proceso emancipatorio. Una, orientada a arrancar del Estado leyes que del Estado contribuye a redefinir, por consiguiente, las relaciones sociales de producción de acuerdo
con las nuevas realidades sociales y políticas planteadas por la lucha de clases del proletariado. Ya
garanticen derechos parciales a los trabajadores, pero válidos para el con- no es suficiente el dominio del capital a secas, sino que es necesaria la presencia del Estado, a través
junto de la clase obrera, que controlen y regulen la voracidad de los capi- del derecho laboral y las instituciones. Esta legislación laboral expresa, por un lado, que la resistencia
talistas individuales por imponer su dominio y ejercer la explotación de no llega aún a una ruptura revolucionaria, pero, por otro lado, que ya no es posible que se le siga
considerando como antes. En la medida en que el Estado asume un papel de garante y co-constituyente
de las relaciones sociales de producción, e incluso como agente productivo directo, la resistencia
ibíd., p. 84. también va dirigida contra el Estado.
148 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 149

De esta manera, el derecho se convierte también en campo de fuerzas, en Campanella y Moro, la utopía de Marx se postula como una utopía posi-
disputa entre fuerzas antagónicas: por un lado, la que opone la gramática ble y realizable. Esta utopía de Marx, por supuesto, tiene nombre: se lla-
del poder por institucionalizar y limitar la lógica de la resistencia a su ma comunismo y a quienes militan o participan de ella se les llamó origi-
propio campo, buscando siempre someterla a su propia lógica y de paso nariamente comunistas.
legitimarse; por otro lado, la que opone la gramática de la resistencia,
buscando siempre profundizar el proceso de transformación revolucio- ¿En qué se funda la idea de posibilidad y de realización de la utopía co-
naria de la sociedad y romper la lógica misma del poder. munista según el propio Manesto Comunista? A mi juicio, en dos con-
sideraciones fundamentales: en primer lugar, en una teoría de la historia
Desde la perspectiva de Marx, las conquistas obreras arrancadas al capital a y de la revolución social, y en segundo lugar, en una teoría del sujeto his-
través de la ley trascienden el objetivo inmediato del Estado por tórico revolucionario. En cuanto a lo primero, la teoría de la historia y de
institucionalizarlas a través del derecho. No las subestima. Por el contrario, la revolución social de Marx, como hemos visto, establece la temporali-
como queda dicho arriba, considera que el sentido de estas conquistas es el dad y transitoriedad de toda sociedad, incluida la propia sociedad bur-
de contribuir al desarrollo más general de la lucha de clases del proletariado guesa; tal temporalidad de las sociedades históricamente determinadas
por la revolución social. Esta concepción teórico-política de Marx correspon- está asociada e imbricada así mismo con el criterio de la revolución so-
de a una gramática de la resistencia, que no transige en general con ninguna cial, que es el resultado insalvable de la contradicción entre las fuerzas
forma de dominación ni de explotación, y le impide sucumbir, por otro lado, productivas y las relaciones sociales de producción. Así, el fundamento
a la gramática del poder aun si la resistencia no tiene ante sí, de manera estructural o potencial de la revolución social, sobre el que se erige la uto-
inmediata, la transformación revolucionaria de la sociedad. pía comunista, radica en esta contradicción infranqueable.

La política se convierte pues en la clave que le permite a Marx trascender la En cuanto a lo segundo, el sujeto histórico revolucionario, para Marx es
gramática del poder y articular, por otro lado, la gramática de la resistencia un aspecto inescindible de lo primero. Para Marx, no es suficiente que las
con la utopía de una sociedad comunista, a través de la acción revoluciona- fuerzas productivas entren en abierta contradicción con las relaciones
ria. Veamos, para terminar, cómo plantea Marx esta relación entre el presen- sociales de producción vigentes para la ocurrencia de la revolución social.
te de la resistencia y la utopía comunista, a través de la política. La transitoriedad de las sociedades y, por consiguiente, la posibilidad de
que sean transformadas revolucionariamente, sólo se dará si en el seno
En el horizonte de todas las utopías políticas del pensamiento de Occi- mismo de la vieja sociedad aparece y se estructura además un nuevo suje-
dente hasta Marx, siempre aparece la idea del mejor Estado. En el hori- to histórico-político, llamado a desatar todo el cúmulo de contradicciones
zonte de la utopía política de Marx, se encuentra, por el contrario, la idea y conflictos encerrados en la contradicción estructural entre fuerzas pro-
de una sociedad sin Estado: el comunismo. En los primeros, la utopía es ductivas y relaciones sociales de producción. Si no hay un sujeto social y
una suerte de confirmación depurada de la política; en Marx, la utopía es político, que canalice en sentido revolucionario las contradicciones de la
la negación misma de la política. Sin embargo, en Marx, no es posible la vieja sociedad, esta última se verá sumida en formas cada vez más gene-
utopía sino a través de la política. La posibilidad de la utopía, no sólo ralizadas de barbarie y de crisis más profundas. Aquí, la perspectiva de
como posibilidad teórica sino también, y sobre todo, como utopía realiza- Marx es muy clara: sin sujeto revolucionario no hay transformación revo-
ble, requiere el desarrollo pleno de la política. ¿Cómo asume Marx esta lucionaria posible ni, por consiguiente, utopía posible.
aparente paradoja entre utopía sin política y la posibilidad de realización
de la utopía a través de la política?. Buena parte de la respuesta la encon- En síntesis, la utopía que postula Marx, entendida como la posibilidad y,
tramos en la mayoría de sus escritos políticos, pero sobre todo en el Ma- al mismo tiempo, la deseabilidad de una sociedad mejor, fluye, por un
nifiesto Comunista y en la Crítica del programa de Gotha. lado, de una lectura acerca de las contradicciones estructurales de la pro-
pia modernización capitalista, y de otro lado, de la irrupción y constitu-
A diferencia de todas las anteriores formas del pensamiento utópico, des- ción como clase revolucionaria de un nuevo sujeto histórico: el proleta-
de Platón hasta Fourier, Owen, Saint Simon y Cabot, pasando por riado. Ya vimos cómo la política juega este papel central en el proceso de
150 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 151

formación del sujeto revolucionario y de transformación revolucionaria Y responde: «De una parte, con la destrucción obligada de una masa de
de la sociedad. fuerzas productivas; de otra, con la conquista de nuevos mercados y la
explotación más intensa de los antiguos. ¿De qué modo lo hace, pues?
En el Manifiesto Comunista, Marx vaticina el colapsamiento histórico de Preparando crisis más extensas y más violentas y disminuyendo los me-
la sociedad burguesa, derivado de la propia naturaleza contradictoria y dios de prevenirlas». Lo que aquí en este pasaje conciso muestra Marx es
dialéctica del proceso de modernización capitalista. «Las relaciones bur- que crisis burguesa, entendida en el sentido indicado, esto es, como con-
guesas de producción y de cambio, las relaciones burguesas de propie- tradicción entre desarrollo de las fuerzas productivas y relaciones socia-
dad, toda esta sociedad burguesa moderna, que ha hecho surgir como por les de producción burguesas, no conduce necesariamente a crisis revolu-
encanto, tan potentes medios de producción y de cambio, se asemeja al cionaria o al colapsamiento mismo de la sociedad burguesa. Lo que aquí
mago que ya no es capaz de dominar las potencias infernales que ha des- cabe subrayar, por consiguiente, es que el colapsamiento de la sociedad
encadenado con sus conjuros(...) La sociedad se encuentra súbitamente burguesa solo aparece como posibilidad, y no como realidad necesaria e
retrotraída a un estado de súbita barbarie: diríase que el hambre, que una irreversible. La sociedad capitalista no se transforma en sentido revolu-
guerra devastadora mundial la han privado de todos sus medios de sub- cionario por sí misma. No hay pues nada de fatalismo histórico en el plan-
sistencia; la industria y el comercio parecen aniquilados. Y todo eso, ¿por teamiento de Marx, por consiguiente, nada de historia sin sujeto.
qué? Por que la sociedad posee demasiada civilización, demasiados me-
dios de vida, demasiada industria, demasiado comercio. Las fuerzas pro- Para Marx, la transformación revolucionaria de la sociedad capitalista deviene
ductivas de que dispone no favorecen ya al régimen burgués de propie- en posibilidad realizable a condición de que entren en escena «los hombres
dad; por el contrario, resultan ya demasiado poderosas para estas rela- que empuñarán las armas que habrán de darle muerte a la burguesía: los
ciones, que constituyen un obstáculo para su desarrollo; y cada vez que obreros modernos, los proletarios». ¿Y cómo habrán de entrar en escena
las fuerzas productivas salvan este obstáculo, precipitan en el desorden a «los propios sepultureros de la burguesía»?. Ante todo, a través de la políti-
toda la sociedad burguesa y amenazan la existencia de la propiedad bur- ca, es decir, a través de la organización del proletariado en clase y, por tanto,
guesa. Las relaciones burguesas resultan demasiado estrechas para con- en partido político. Aquí se revela, como veremos enseguida, uno de los plan-
tener las riquezas creadas en su seno»251. teamientos más ingeniosos del Man¡fiesto. La política, y particularmente el
poder político, según como aparece en el Man(fiesto, es asumida por Marx
Muchos críticos de Marx ven en este pasaje del Manesto una concepción en un doble sentido. Primero, como violencia organizada de una clase para la
determinista histórica, es tructuralista, economicista o tecnologista de la trans- opresión de otra, esto es, la política es aquí asumida como conflicto y como
formación revolucionaria moderna. Según estos mismos intérpretes y críti- dominio. Segundo, la política como voluntad concentrada para la creación o
cos la utopía comunista queda amarrada al creciente desarrollo de las fuer- para la construcción social, esto es, la política asumida como la vía a través
zas productivas, las que por sí mismas, en su despliegue incesante, darían al de la enana utopía posible puede ser realizable.
traste con la camisa de fuerza de las relaciones burguesas de producción.
Visto así, la política aparece como el lazo que permite conjugar el presente
Una lectura más cuidadosa, sin embargo, podría despejar los equívocos. con el futuro, la realidad del ahora con el horizonte de futuro de la utopía. En
Sobre todo el de creer que la contradicción entre fuerzas productivas y otros términos: la política es la que permite acercar el horizonte defuturo
relaciones sociales de producción conduce necesariamente a la revolu- propio de la utopía a la realidad del presente propio de la resistencia. En
ción. En efecto, se pregunta Marx, ¿cómo vence esta crisis la burguesía?. este sentido, la política en relación con la utopía significa la posibilidad de
251
K. Marx y F. Engels. Manifiesto del partido comunista. Crítica. 1998. Un planteamiento similar lo
una sociedad deseada. Y es esto, precisamente, lo que está en la base de la
encontraremos en el Manifiesto inaugural: "Ni el perfeccionamiento de las máquinas, ni la aplicación relación entre el proyecto utópico del Manjflesto y la necesidad de una ac-
de la ciencia a la producción, ni el mejoramiento de los medios de comunicación, ni las nuevas colonias, ción política revolucionaria por parte del proletariado.
ni la emigración, ni la creación de nuevos mercados, ni el libre cambio, ni todas estas cosas juntas están
en condiciones de suprimir la miseria de las clases laboriosas; al contrario, mientras exista la base falsa
de hoy, cada nuevo desarrollo de la fuerzas productivas del trabajo ahondará necesariamente los contrastes
En Miseria de la Filosofia, lo dice con mucha claridad: "Una clase oprimida
sociales y agudizará más cada día los antagonismos sociales". Op. cit., p. 9. es una condición vital de toda sociedad fundada en el antagonismo de clases
152 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 153

La emancipación de la clase oprimida implica, pues, necesariamente la crea- lado, la ampliación del espectro mismo de la utopía comunista, y por el otro,
ción de una nueva sociedad. Para que la clase oprimida pueda emanciparse, la redefinición del propio sujeto de la acción política, esto es, del protagonis-
es preciso que los poderes productivos adquiridos ya y las relaciones sociales ta de la resistencia y de la transformación revolucionaria. Pero desarrollar
existentes no puedan coexistir. De todos los instrumentos de producción, el esto desde la perspectiva de Marx, es una labor que corresponde a aquellos
mayor poder productivo es la misma clase revolucionaria. La organización que aún se siguen inspirando en sus ideas.
de los elementos revolucionarios como clase supone la existencia de todas
las fuerzas productivas que podían engendrarse en el seno de la sociedad B. Excurso: Resistencia-revolución-poder
antigua. ¿Quiere esto decir que después de la caída de la antigua sociedad
habrá una nueva dominación de clase que se resuma en un nuevo poder po- La obra de Charles Tilly, Las revoluciones cruropeas:1492-1992255, no sólo
lítico? No. La condición de la emancipación de la clase trabajadora es la abo- es una valiosa contribución histórica, sino también teórica. Aquí destaca-
lición de todas las clases, así como la condición de la emancipación del tercer mos especialmente esto último. Su teoría de la revolución es sugerente,
estado, del orden burgués, fue la abolición de todos los estados y de todos los no sólo por lo que se refiere a la estrecha relación teórica que plantea
órdenes. La clase trabajadora reemplazará, en el curso de su desarrollo, la entre Estado y revolución, como dos referentes centrales de la narrativa
antigua sociedad civil con una asociación que excluirá las clases y su antago- política de la modernidad, sino también por las reflexiones que suscita en
nismo, y no habrá ya poder político propiamente dicho, puesto que el poder relación con el asunto de la resistencia, la revolución y el Estado. Después
político es precisamente el resumen oficial del antagonismo en la sociedad de haber presentado la perspectiva teórica de Marx acerca de la resisten-
civir2p. cia y su articulación con la idea de revolución, nos parece importante pre-
sentar, a partir del planteamiento de Tilly, algunas reflexiones prelimina-
La política, y el poder como su núcleo duro, no son, para Marx, un fin en res que intenten dar cuenta de la dialéctic-a resistencia-revolución y po-
sí mismo, sino un medio. El fin de la política no es otro que el de convertir der.
al proletariado en sujeto revolucionario para su emancipación social. De
ahí que la toma del poder, represente sólo un episodio de este proceso Charles Tilly ha observado, que la naturaleza y posibilidad de las revolu-
emancipatorio, y una vez tomado profundizará la autoemancipación. ciones cambiaron con la organización de los Estados y de sistemas de Es-
tados y cambiarán de nuevo con las alteraciones que puedan producirse
La experiencia histórica hasta ahora ha demostrado que la utopía comunista en el futuro en el sistema de poder de los Estados. Llevados de la mano de
del Man(fiesto Comunista y de la Crítica delprograma de Gotha no ha sido este planteamiento, por analogía estaríamos tentados a decir también que
realizada, aun si sigue siendo posible253. Esta misma experiencia, por el con- la posibilidad y naturaleza de la resistencia, igual, cambia según el carác-
trario, parece más cercana a la predicción contraria formulada por el mismo ter, fortaleza o debilidad de los Estados. Esta afirmación requiere ser
Marx en el Man (flesto: en vez de la transformación revolucionaria de toda la problematizada o por lo menos matizada. La certeza del planteamiento
sociedad, asistimos al hundimiento de las clases en pugna. de Tilly se ajusta al carácter de una revolución en el sentido en que se
orienta a la transformación del orden social vigente como un todo y al
Hace 6o años un marxista posterior a Marx, condensaba esta predicción con papel del Estado-nación como forma predilecta de organización política
una fórmula lapidaria: la crisis de la humanidad es, en síntesis, una crisis de de la sociedad moderna, como referente de articulación y de cohesión de
dirección revolucionaria254. Crisis de dirección revolucionaria entendida ante la sociedad moderna. En otros términos, toda revolución supone como
todo como crisis de la política para hacer posible la utopía. La superación contrapartida el Estado. La pregunta es si toda resistencia supone igual-
de esta crisis en la contemporaneidad pasará, seguramente, por reconsiderar mente el Estado y si, por consiguiente, la resistencia como realidad y como
por lo menos dos aspectos fundamentales de la utopía del Manffiesto: por un teoría se agota en la revolución. Eso es lo que conviene discernir. Empe-
252K. Marx. Miseria de la filosofía, p. 188. Cursivas mías. cemos por lo último, por la pregunta acerca de si la resistencia se agota en
253Me refiero a la doble experiencia frustrada del «socialismo real» en Oriente y de la socialdemocracia la revolución, como teoría y realidad.
en Occidente.
2" León Trotsky. «Noventa Años del Manifiesto Comunista». En: Obras de León Trotsky. Tomo 15.
255 Charles Tilly. Las revoluciones europeas: 1492-1992. Crítica. Barcelona. 2000.
Juan Pablos Editor. México, 1973.
154 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 155

Desde la perspectiva de la resistencia, la revolución puede entenderse que, ni por el tiempo, ni por el espacio, ni por su visibilidad, ni por su
como un momento de desenlace o de ruptura de la tensión entre orden lógica, las resistencias son siempre revoluciones.
social vigente sintetizado en el Estado y resistencia acumulada y cualifi-
cada representada en un poder alterno. En este sentido, la revolución Sin embargo, conviene no absolutizar esta distinción. Pues la experiencia
deviene en el clímax de la resistencia. La resistencia deviene revolución histórica de la revolución es prolífica en mostrar la dialéctica muy estre-
en el instante de la ruptura de la dualidad de poderes. Sin embargo, la cha entre la resistencia como revolución y las formas ordinarias de resis-
revolución no agota la resistencia, ni como realidad ni como concepto. tencia. Así como las revoluciones no son acontecimientos cotidianos, tam-
Por un lado, porque en sentido amplio la resistencia no siempre se ex- poco "caen del cielo". Por lo general se producen precedidas de procesos
presa en el hecho de la revolución, esto es, en una serie de eventos com- moleculares acumulativos de inconformidad y malestar, de confrontación
primidos y rápidos cuyo desenlace inmediato es la ruptura revoluciona- y de acumulación de conflictos con los detentadores del poder. Conflictos
ria del orden social vigente como un todo; en este sentido, la resistencia e inconformidad que se han nutrido de estas múltiples expresiones de
como revolución es más una excepcionalidad antes que su expresión resistencia cotidiana, que encuentran en la revolución el único cauce po-
normal. No hay revoluciones todos los días, ni siquiera todos los años. sible de articulación y desenlace. La articulación entre estas formas de
Las revoluciones son momentos excepcionales, que marcan épocas his- resistencia y la revolución ha sido teorizada como estrategia de acción
tóricas en el curso de las sociedades, que cierran ciclos de estructuración revolucionaria por las corrientes políticas marxistas, desde el propio Marx
del orden social y abren otros nuevos o diferentes. La naturaleza y pro- y Engels en el seno de la I Internacional, hasta Lenin y Trotsky en el par-
fundidad de estos ciclos o momentos epocales dependen de las fuerzas tido bolchevique y la III Internacional, Rosa Luxemburgo en el seno de la
sociales colisionadas, de las correlaciones de fuerzas cristalizadas en el Socialdemocracia Alemana y Antonio Gramsci, desde la cárcel. En Amé-
momento revolucionario o post-revolucionario, tanto a escala nacional rica Latina, tanto las revoluciones triunfantes como la liderada por Simón
como mundial. Tiempo rápido y condensado, por un lado, y espacio na- Bolívar contra el dominio español en el siglo XIX y las revoluciones con-
cional, por el otro, son los referentes que caracterizan las rupturas revo- temporáneas de Cuba y Nicaragua en 1959 y 1979 respectivamente, así
lucionarias modernas, tal como lo ejemplifican las típicas revoluciones como las revoluciones frustradas como la de Tupac Amarú en Perú en el
francesa de 1789 y rusa de 1917. siglo XVIII y la de Emiliano Zapata en México a comienzos del siglo XX,
igualmente conjugaron formas larvadas y muchas veces históricas de re-
Además de las revoluciones, por lo general como formas culminantes de sistencia con acciones revolucionarias contra el poder y la dominación
la resistencia, la resistencia se expresa también en acciones colectivas ex- establecidos.
tendidas en el tiempo y en el espacio, algunas de carácter sistémico, otras
de carácter espontáneo, algunas de carácter local o nacional y otras a es- Por otro lado, el espectro de la resistencia es mucho más amplio que el polí-
cala global, algunas se expresan en forma pública, como las revoluciones, tico, que es el propio de toda revolución, por lo menos en sus comienzos. La
otras de manera clandestina o soterrada. Muchas de estas resistencias no resistencia comprende, además de lo político, un amplio repertorio de prác-
conducen necesariamente a la revolución, aunque algunas, como las su- ticas y acciones colectivas en los ámbitos social, económico, ideológico y cul-
blevaciones o los estallidos sociales bajo la forma de revuelta, sean tan tural. Esta pluralidad de dimensiones y lógicas que caracterizan la resisten-
ruidosas y tumultuosas como ellas; por el contrario, sólo algunas, muy cia o las resistencias, nos lleva a considerar el primer aspecto de la pregunta,
excepcionalmente, logran hacerlo. El tiempo y el sentido ordinario de la si la resistencia se define sólo por referencia al Estado como suele ocurrir con
resistencia no es pues la ruptura revolucionaria. Muchas acciones colecti- toda revolución. Aquí entramos a considerar uno de los aspectos más gene-
vas de resistencia se agotan en el tiempo, tienen ciclos de duración breve, rales en la demarcación teórica de la resistencia, en el sentido de que ésta no
mientras que otras no trascienden el ámbito puramente local o sectorial, es sólo la contrapartida al poder político estatal, sino la contratara de todo
y muchas más terminan cooptadas por el sistema político256. De manera tipo de poder y dominación, estatal o no. En efecto, más allá del poder polí-
tico estatal, el poder y la dominación se expresan y toman forma en los múl-
2 ' Marx no pudo ocultar su amargura al final de sus días al comprobar cómo la clase obrera inglesa, en
tiples ámbitos no estatales de la sociedad, como por ejemplo, la economía,
vez de tomar un curso revolucionario, abrazaba cada vez más el tradeunionismo. Cfr. Erc Howsbawn.
Revolucionarios. Crítica. Barcelona. 2000. las instituciones sociales, la cultura y la ideología. La fábrica, la escuela, la
156 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 157

familia, el hospital, la cárcel, la sexualidad, los medios de comunicación, to- El pensamiento de Foucault acerca de la resistencia, como dijimos antes,
dos ellos son escenarios de poder y también de resistencia. La resistencia es pertenece a esa segunda tradición del pensamiento político occidental, para
inherente al poder. Al decir de Foucault, ahí donde hay poder hay resisten- la cual la resistencia no es un fenómeno relacionado exclusivamente con el
cia. De ahí entonces que el ámbito de la resistencia se amplia y se complejiza poder político, sino, también —y en su caso, quizás más que en ningún otro
en la medida en que la realidad y dimensión del poder trasciende la dimen- de los pensadores contemporáneos y de los que le precedieron—, con las rela-
sión política-estatal. Si el poder es un entramado reticular de relaciones so- ciones de poder y explotación o con situaciones de injusticia presentes en la
ciales, la resistencia es un correlato de este entramado. Otra cosa es el carác- propia sociedad, más allá del campo de las relaciones entre el Estado y los
ter centrado o descentrado del poder, que desde la perspectiva marxista se ciudadanos o entre el soberano y los súbditos. Igual que los pensadores de
estructura a partir de las relaciones sociales de producción y desde la pers- esta misma tradición, su pensamiento acerca de la resistencia establece en lo
pectiva foucoultiana carece de centralidad. Mientras Marx nos presenta la social su centralidad, como escenario primero o fundamental de configura-
estructura o el engranaje de la máquina del poder, Foucault presenta el vasto ción y enraizamiento de la misma; igualmente, comparte también con aque-
campo del mismo. Sobre esto volveremos más adelante. llos, la centralidad del conflicto o de la contradicción como campo desde el
cual y en el cual se estructura la resistencia.
Siguiendo a Tilly nuevamente, puede formularse una distinción entre revo-
lución y resistencia. La revolución siempre es el resultado de procesos revo- El tema de la resistencia en el pensamiento de M. Foucault está directa-
lucionarios, es el desenlace de estos procesos; la resistencia es la oposición a mente vinculado con el tema del poder y la concepción que él tiene de
los poderes establecidos con resultados impredecibles; la resistencia es por éste. Por consiguiente, con el propósito de dilucidar teóricamente sus plan-
lo general yen un comienzo de carácter defensivo yen muchos aspectos con- teamientos y sus aportes, empezaremos por una presentación breve de su
servadora. La revolución es un resultado hacia adelante. La resistencia, no teoría del poder —aunque, según el mismo Foucault más que de una "teo-
siempre lo es. Puede establecerse, sin embargo, un nexo hipotético entre re- ría", la suya es una "analítica" del poder258—, intentando subrayar los ele-
sistencia y revolución; uno, que va de la resistencia a la revolución, que ha mentos más directamente relacionados con el mismo.
sido la experiencia histórica de algunas sociedades, como por ejemplo, la de
los países colonizados, el nacionalismo puede ser considerado una expresión Los estudiosos sistemáticos de la obra de Foucault, como el mexicano
de esta síntesis en germen; pero no siempre la resistencia lleva a la revolu- Héctor Ceballos Garibay, ubican la producción teórica de Foucault acerca
ción, puede conducir a una situación de statu-quo, de cambios en algunos del poder en su segunda etapa de producción intelectual o discursiva. Esta
aspectos de la realidad del poder o a una situación de transacción sin revolu- segunda etapa discursiva se refiere a la predominancia de la visión
ción, también la experiencia histórica puede ilustrar algunos casos. genealógica, es decir, la preocupación de Foucault por comprender las
tácticas y estrategias que utiliza el poder. Los textos correspondientes a
En el modelo de Tilly es importante retomar el modelo capital-coerción esta segunda etapa son: El orden del discurso (1970); Nietzche y la Ge-
respecto de la construcción del Estado nación y la revolución, recorde- nealogía de la Historia (1971), Vigilar y castigar (1975); y el primer volu-
mos que la revolución está asociada a la forma y proceso de constitución men de la Historia de la sexualidad (1976)259. Para nuestra propia pre-
del Estado-nación: capital, coerción o capital y coerción. Para la resisten- sentación nos basaremos en algunos de los textos aquí reseñados y en
cia, parece que también. otros que no aparecen incluidos en dicha reseña.

C. Resistencia o ¿el pez en la red? 2 " Cabe aclarar, por supuesto, que se trata de sólo un aspecto de su rica producción intelectual.
"8 "Analítica" en el sentido de "una definición del dominio específico que forman las relaciones de
poder y la determinación de los instrumentos que permiten analizarlo". M. Foucault. Historia
de la
Michel Foucault puede ser considerado como unos de los pensadores con- Sexualidad. Volumen 1: La voluntad del saber. Siglo XXI. Buenos Aires. 2005, p. 100.
temporáneos que más ha contribuido a redefinir y problematizar las catego- "9 Héctor Ceballos Garibay. Foucault y el poder. Ediciones Coyoacán. México. 2000, pp. 19 y 20.
Llama la atención que este autor no incluya algunos otros textos relacionados directamente con el
rías fundamentales de la teoría política convencional257. Pese a sus diferen-
tema del poder, como por ejemplo: La Microfísica del poder; La verdad y sus formas jurídicas; Un
cias teóricas, puede decirse que Michel Foucault se inscribe en la misma es- diálogo sobre el poder; Genealogía del racismo, que recogen y editan muchos de sus seminarios y
tela de pensamiento de Marx, como críticos radicales de la modernidad. entrevistas sobre el tema dictados en la década de los años 70s.
158 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 159

La analítica del poder de Foucault abre fuego contra el discurso liberal de la discursiva-263. Sin embargo, esta crítica de Foucault no se refiere sólo a la
soberanía del poder y contra la teoría economicista del poder "propia del representación jurídica del poder de Estado y al contrato como base jurídica
marxismo". Por un lado, propone una ruptura con los postulados fundamen- del mismo, tal como suele referírsele, sino, en general, a todas las otras for-
tales de la teoría liberal del poder; particularmente, con la idea del poder mas de poder representadas también bajo formas jurídicas. "Ya se le preste
como soberanía; o del poder que está centrado en un foco o en un punto la forma del príncipe que formula el derecho, del padre que prohíbe, del cen-
determinado; o del poder como sólo represión; o del poder como sólo obe- sor que hace callar o del maestro que enseña la ley, de todos modos se
diencia; tal como lo veremos enseguida. Por otro lado, rompe con lo que él esquematiza el poder en una forma jurídica y se definen sus efectos como
llama la concepción economicista del poder, propia del marxismo, según la obediencia. Frente a un poder que es ley, el sujeto constituido como sujeto —
cual el poder tiene una derivación de la economía. En crítica contra estas dos que está `sujeto'— es el que obedece... Por un lado, poder legislador y, por el
concepciones del poder construye Foucault su analítica del poder26°. "Pero otro, sujeto obediente"264. Y en Genealogía del Racismo, dice: "Decir que la
me parece que se puede decir que, a pesar y a través de las diferencias, hay un soberanía es el problema central del derecho en las sociedades occidentales,
punto en común entre la concepción jurídica y liberal del poder político y la quiere decir que el discurso y la técnica del derecho han tenido esencialmen-
concepción marxista, o en todo caso, la concepción corriente que vale como te la función de disolver dentro del poder el hecho histórico de la dominación
concepción marxista. El punto en común es el que yo llamaría el economicismo y de hacer aparecer en su lugar los derechos legítimos de la soberanía y la
de la teoría del poder"261. Refiriéndose más específicamente a la teoría mar- obligación legal de la obediencia"265.
xista del poder, dice: "Hay en cambio —en la concepción marxista general del
poder— algo que se podría llamar la funcionalidad económica del poder en la Cabe dentro de esta analítica, la crítica a la idea de un poder sólo represi-
medida en que el poder tendría, en sustancia, el rol de mantener al mismo vo, propio también de esta representación jurídica del poder: "no poder
tiempo las relaciones de producción y la dominación de clase que el desarro- nada, salvo lograr que su sometido nada pueda tampoco, excepto lo que
llo y la modalidad específicos de la apropiación de las fuerzas productivas ha le deja hacer". De esta manera, según esta representación del poder, dice
hecho posible"262. Foucault, "Todos los modos de dominación, de sumisión, de sujeción se
reducirían en suma al efecto de obediencia"266. Contra esta idea del poder
Su analítica del poder, como dijimos, está focalizada en una crítica radical como sólo represión, Foucault, opone la idea de un poder productivo, que
a la representación liberal del poder en términos de soberanía o de dere- crea, que ya no está en función de la muerte sino de la vida. "Del edificio
cho y su correlato en términos de obediencia. "Pero creo que tal analítica, construido por los juristas clásicos hasta las actuales concepciones, me
dice, no puede constituirse sino a condición de hacer tabla rasa y de libe-
rarse de cierta representación del poder, la que yo llamaría 'jurídico- 63 M. Foucault. Historia de la sexualidad. Volumen 1. La voluntad de saber, p. 100. "Hay que construir
una analítica del poder que ya no tome el derecho como modelo y como código", op. cit., p. 110.
260
Debe advertirse, sin embargo, que su foco fundamental de crítica es, en realidad, la concepción del 264 ibíd., p. 103. Esta representación del poder como soberanía en referencia exclusiva al poder político,

poder soberanía del discurso liberal, mientras que la crítica a la concepción del poder del marxismo, proviene del hecho de que la matriz del poder como soberanía procede de la experiencia histórica
aunque recurrente en sus seminarios y entrevistas, no ocuparon su atención especial. de la fundación del Estado-nación como Estado de derecho y a que, en algunos pasajes de otras de
261
M. Foucault. Genealogía del racismo. La Piqueta. Madrid. 1992, p. 27. sus obras, Foucault parece así sugerirlo: "Se podrían entonces oponer dos grandes sistemas de
262 ibíd., pp. 27 y 28. Este pasaje es recurrente en la referencia de Foucault a la concepción marxista del análisis del poder. Uno sería el viejo sistema que se encuentra en los philophes del siglo XVIII. Se
poder. Nos parece, que Foucault al criticar esta concepción como marxista, en realidad, polemiza articula en tomo al poder como derecho originariamente que se cede y constituye la soberanía, y en
contra "hombres de paja", pues es claro que para Marx el poder no está en una relación de exterioridad torno al contrato como matriz del poder político. El poder así constituido corre el riesgo de hacerse
respecto de las relaciones sociales de producción (lo que Foucault llama la economía), sino que es opresión cuando se sobrepasa a sí mismo, es decir, cuando va más allá de los términos del contrato.
co-constituyente de las mismas, les es inmanente a ellas, tal como lo vimos en el capítulo anterior. Poder-contrato, con la opresión como limite o más bien, como la superación del límite". M. Foucault.
Incluso marxistas posteriores como Trotsky y Rosa Luxemburgo, plantearon, a partir de las Genealogía del racismo, p. 31. En realidad, el pasaje de Historia de la sexualidad, trata de la
experiencias huelguísticas y las tomas de fábricas por lo obreros, situaciones de dualidad de poder generalización del modelo de la soberanía a todas las otras formas de poder, tal como lo ha observado
en la fabrica, como escenario de las relaciones sociales de producción. La derivación (en el lenguaje Foucault.
de Foucault) respecto de las relaciones sociales de producción está planteada, no en relación con el 265 M. Foucault. Genealogía del racismo, p. 34.
266
poder en general, sino específicamente respecto del Estado, una dimensión del poder que Foucault, Las razones históricas para esta representación jurídica del poder, Foucault las remite a la Edad
como veremos enseguida, tiende a desestimar en su crítica a la concepción liberal. Este "equívoco" Media europea, en la que por razones de regulación y estabilidad, las instituciones del Estado se
de Foucault en el blanco de la crítica podría explicarse, quizás, por la hegemonía que en los años impusieron sobre los poderes fragmentados y parciales. "A partir de la Edad media, en las sociedades
70s tuvo cierto marxismo estructuralista y cierta versión maoísta del mismo en Francia. occidentales el ejercicio del poder se formula siempre en el derecho". ibíd., p. 106.
160 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 161

parece que el problema se ha planteado siempre en los mismos términos. Primera: no analizar las formas reguladas y legítimas del poder a partir
Un poder esencialmente negativo que supone por un lado un soberano de su centro (es decir, en sus mecanismos generales y en sus efectos cons-
cuyo papel es prohibir, y por el otro, un sujeto que debe en algún modo tantes), captar en cambio el poder en sus extremidades, en sus termina-
decir sí a esta prohibición... me parece que la noción de represión es com- ciones, ahí donde se hace capilar; captar el poder en sus formas más re-
pletamente inadecuada para dar cuenta de lo que hay de productos en el gionales, más locales, sobre todo allí donde, saliéndose de las reglas del
poder. Cuando se definen los efectos de poder por la represión se utiliza derecho que lo organizan y lo delimitan, se prolonga más allá de ellas
una concepción puramente jurídica de este poder; se identifica poder con invistiéndose en instituciones, toma cuerpo en técnicas y se da instru-
una ley que niega; con la potencia de la prohibición. Ahora bien, creo que mentos de acción material que pueden ser también violentos.
hay en ello una concepción negativa, estrecha, esquelética del poder que
ha sido curiosamente compartida. Si el poder no fuera más que represivo, Segunda: no analizar el poder en el ámbito de la intención o de la deci-
sino hiciera otra cosa que decir no, ¿cree usted verdaderamente que lle- sión, no tratar de captarlo desde adentro, no hacer la acostumbrada pre-
garíamos a obedecerlo? Lo que hace que el poder se sostenga, que sea gunta laberíntica e irresoluble: "Quién tiene el poder, y qué cosa tiene en
aceptado, es sencillamente que no pesa sólo como potencia que dice no, mente o busca el que tiene le poder". En cambio estudiar el poder allí
sino que cala de hecho, produce cosas, induce placer, forma saber, produ- donde su intención está investida en prácticas reales y efectivas, en su
ce discursos; hay que considerarlo como una red productiva que pasa a cara externa, allí donde está en relación directa con su objeto, con su blan-
través de todo el cuerpo social en lugar de cómo una instancia negativa co, su campo de aplicación, es decir, allí donde se implanta y produce sus
que tiene por función reprimir"267. efectos. Más que plantear el problema del alma central, creo que habría
que tratar de estudiar los cuerpos periféricos y múltiples, los cuerpos que
Esta analítica del poder propuesta por Foucault, supone, por lo menos los efectos de poder constituyen en sujetos.
cuatro rupturas fundamentales respecto de la concepción convencional
del poder, y representa, sin duda, una de los aportes más valioso del Tercera: no considerar el poder como un fenómeno de dominación —com-
pensador francés a la teoría política y, en particular, a la teoría del po- pacto y homogéneo— de un individuo sobre otros, de un grupo sobre otros
der. A. El poder no puede reducirse al Estado; B. El poder no puede y de una clase sobre otras. Al contrario, tener bien presente que el poder,
plantearse en términos de ley o de contrato; C. El poder no tiene como si se lo mira de cerca, no es algo que se divide entre los que lo detentan
contrapartida la obediencia; D. El poder no es sólo represión. Todas es- como propiedad exclusiva y los que no lo tienen y lo sufren. El poder es, y
tas rupturas, tienen como referencia directa, repetimos, la representa- debe ser, analizado como algo que circula y funciona —por así decirlo— en
ción del poder como soberanía. De ahí su insistencia en delimitar cuál cadena. Nunca está localizado aquí o allí, nunca está en las manos de al-
es su campo de análisis del poder. Campo que no está en el Estado fun- guien, nunca es apropiado como una riqueza o un bien. El poder funciona
damentalmente, sino en el cuerpo social, en las relaciones sociales, en y se ejerce a través de una organización reticular. Y en sus mallas los indi-
lo fragmentario, en lo local; en otros términos, en la microfísica social. viduos no sólo circulan, sino que están puestos en la condición de sufrirlo
Por otro lado, su preocupación no es la obediencia política, que es lo que y ejercerlo; nunca son el blanco inerte o cómplice del poder, son siempre
subyace en todas las teorías de la legitimidad y del contrato, sino la su- sus elementos de recomposición. En otras palabras: el poder no se aplica
jeción, el disciplinamiento de los cuerpos268. a los individuos, sino que transita a través de los individuos.

Al definir la anterior como la línea general del análisis, enseguida proce- Cuarta: cuando digo que el poder se ejerce, circula, forma redes, esto es ver-
de Foucault a formular algunas de sus precauciones de método: dad sólo hasta cierto punto. Pero no creo que se deba concluir de ello que el
poder está universalmente bien repartido entre los individuos y que nos en-
M. Foucault. Un diálogo sobre el poder. Altaya. Barcelona. 1994, pp. 80 y 137. Aquí, Foucault
267
contramos frente a una distribución democrática o anárquica del poder a
parece desplazar la legitimidad del poder fundada en el derecho a una nueva legitimidad fundada en
las tecnologías del poder o la normalización, tal como lo veremos enseguida.
través de los cuerpos. Me parece que no se debe hacer una especie de análisis
268 "
El problema para mí, dice Foucault, es evitar la cuestión, central para el derecho, de la soberanía y la ("deductivo") que parta del centro del poder y lo siga en su movimiento
obediencia de los individuos sometidos a ella, y hacer aparecer, en lugar de la soberanía y la obediencia, reproductivo hacia abajo, llegando hasta los elementos moleculares de la so-
el problema de lo dominación y de la sujeción". M. Foucault. Genealogía del racismo, p. 37.
162 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 163

ciedad. En cambio, me parece que se debe hacer un análisis ascendente del se producen, y, recíprocamente, son las condiciones internas de tales di-
poder: partir de los mecanismos infinitesimales (que tienen su historia, su ferenciaciones; las relaciones de poder no se hallan en posición de super-
trayecto, su técnica y su táctica) y después ver cómo estos mecanismos de estructura, con un simple papel de prohibición o reconducción; desem-
poder (que tienen su solidez y su tecnología específica) han sido y son aún peñan, allí donde actúan, un papel directamente productor271.
investidos, colonizados, utilizados, doblegados, transformados, trasladados,
extendidos por mecanismos cada vez más generales y por formas de domi- Se trata, en suma, dice Foucault, de orientarse hacia una concepción del
nación global. No es que debamos estudiar la dominación global como algo poder que remplaza el privilegio de la ley por el punto de vista del objeti-
que se pluraliza y repercute hasta abajo. Debemos analizar la manera en la vo, el privilegio de lo prohibido, por el punto de vista de la eficacia táctica,
cual los fenómenos, las técnicas, los procedimientos de poder funcionan en el privilegio de la soberanía por el análisis de un campo múltiple y móvil
los niveles más bajos; mostrar cómo estos procedimientos se trasladan, se de relaciones de fuerza272 donde se producen efectos globales, pero nunca
extienden, se modifican, pero sobre todo mostrar cómo fenómenos más totalmente estables, de dominación. El modelo estratégico y no el modelo
globales los invisten y se los anexionan y cómo poderes más generales o inte- del derecho273.
reses económicos pueden insertarse en el juego de estas tecnologías de poder
relativamente autónomas e infinitesimales. Con base en estas observaciones de orden metodológico acerca de la analíti-
ca del poder, pueden comprenderse mejor algunos de los desarrollos teóri-
Quinta: es posible que las grandes maquinarias de poder hayan estado cos acerca del poder y la resistencia planteados por Foucault. Así, por ejem-
acompañadas por producciones ideológicas. Pero no creo que lo que se plo, contra la representación del poder como soberanía y como contrato,
forma en la base sean ideologías. Son instrumentos efectivos de forma- Foucault opone una concepción del poder como multiplicidad de relaciones
ción y de acumulación de saber, son métodos de observación, técnicas de de fuerzas, descentrado, sin foco fijo determinado en un punto, diseminado
registro, procedimientos de investigación, aparatos de verificación. Todo por todo el cuerpo social, que no va de arriba abajo, sino al revés, de abajo
esto quiere decir que el poder, cuando se ejercita en estos mecanismos arriba, que no domina globalmente, pero sí es omnipresente, es oblicuo. "Me
sutiles, no puede hacerlo sin formar, organizar y poner en circulación un parece que por poder hay que comprender, primero, la multiplicidad de las
saber o, más bien, aparatos de saber que no son edificios ideológicos269. relaciones de fuerza inmanentes y propias del dominio en que se ejercen, y
que son constitutivas de su organización; eljuego que por medio de luchas y
En Historia de la sexualidad, Foucault complementa y amplia un poco enfrentamientos incesantes las transforma, las refuerza, las invierte; los
más estas cinco recomendaciones de método para el análisis del poder27o.
No las vamos a repetir, sino que incluiremos brevemente aquellas que no "' M. Foucault. Historia de la sexualidad. Volumen 1. La voluntad del saber, p. 114. Enseguida Foucault
plantea las precauciones de método respecto de la resistencia, las cuales consideraremos más adelante.
quedaron indicadas en el texto anterior: 272 La idea del poder como un campo de relaciones de fuerza la explicita Foucault en los siguientes

términos: "si el poder es realmente el despliegue de una relación de fuerza, más que analizarlo en
—que el poder no es algo que se adquiera, arranque o comparta, algo que términos de cesión, contrato, alienación, o, en términos funcionales del mantenimiento de las
relaciones de producción, ¿no debería ser analizado en términos de lucha, de enfrentamientos, de
se conserve o se deje escapar; el poder se ejerce a partir de innumerables guerra? Se estaría así en oposición con la primera hipótesis, según la cual la mecánica del poder es
puntos, y en el juego de relaciones móviles y no igualitarias; esencialmente represión. Y podría formularse una segunda hipótesis. El poder es la guerra, la guerra
continuada con otros medios; se invertiría así la afirmación de Clausewits, diciendo que la política
—que las relaciones de poder no están en posición de exterioridad respec- es la guen-a continuada con otros medios. Esto quiere decir tres cosas: en primer lugar, que las
relaciones de poder tal como funcionan en una sociedad como la nuestra se ha instaurado, en esencia,
to de otro tipo de relaciones (procesos económicos, relaciones de conoci- bajo una determinada relación de fuerza establecida en un momento determinado, históricamente
miento, relaciones sexuales), sino que son inmanentes, constituyen los localizable de la guerra. Y si es cierto que el político hace cesar la guerra, hace reinar o intenta hacer
efectos inmediatos de las particiones, desigualdades y desequilibrios que reinar una paz en la sociedad civil, no es para suspender los efectos de la guerra o para neutralizar
el desequilibrio puesto de manifiesto en la batalla final; el poder político, según esta hipótesis,
tendría el papel de reinscribir, perpetuamente, esta relación de fuerza mediante una especie de
269 M. Foucault. Genealogía del racismo, pp. 37 y ss.
guerra silenciosa, de inscribirla en las instituciones, en las desigualdades económicas, en el lenguaje,
M. Foucault. Historia de la sexualidad. Volumen 1. La voluntad del saber. Recordemos que este
270
en fin, en los cuerpos de unos y otros". M. Foucault. Microfisica del poder. La Piqueta. Madrid.
texto fue escrito por Foucault el mismo año de 1975 en que dictaba sus cursos cuyas memorias
1994, pp. 135 y 136.
aparecen recogidas en Genealogía del racismo. 273
M. Foucault. Historia de la sexualidad. Volumen 1, p. 124.
164 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 165

apoyos que dichas relaciones de fuerza encuentran las unas en las otras, de bre que se presta a una situación estratégica compleja en una sociedad
modo que formen cadena o sistema, o, al contrario, los corrimientos, las con- dada"275. "En todo lugar donde hay poder, el poder se ejerce. Nadie ha-
tradicciones que aíslan a unas de otras; las estrategias, por último, que las blando con propiedad, es su titular y, sin embargo, se ejerce en determi-
tornan efectivas, y cuyo dibujo general o cristalización institucional toma nada dirección, con unos a un lado y los otros en el otro, no sabemos
forma en los aparatos estatales, en la formulación de la ley, en las hegemonías quién lo tiene exactamente, pero sabemos quién no lo tiene"276.
sociales. La condición de posibilidad del poder, en todo caso el punto de vista
que permite volver inteligible su ejercicio (hasta en sus efectos más Por otra parte, cabe subrayar que el análisis del poder que Foucault efec-
"periféricos" y que también permite utilizar sus mecanismos como cifra de túa y contrasta, corresponde a la sociedad contemporánea de occidente,
inteligibilidad del campo social), no debe ser buscado en la existencia pri- que según él se ha transformado en este campo desde el siglo XVII. Su
mera de un punto central, en un foco único de soberanía del cual irradia- analítica nos presenta la naturaleza, el sentido y los mecanismos propios
rían formas derivadas y descendientes, son los pedestales móviles de las de esta transformación del poder. A partir del análisis de esta transfor-
relaciones de fuerza los que sin cesar inducen, por su desigualdad, estados de mación profunda, Foucault fundamenta la naturaleza bio-política del bio-
poder —pero siempre locales e inestables. Omnipresencia del poder: no por- poder y los mecanismos que lo distinguen del viejo poder fundado en la
que tenga el privilegio de reagruparlo todo bajo su invencible unidad, sino soberanía y en el derecho de muerte. Lo característico de esta transfor-
porque se está produciendo a cada instante, en todos los puntos, o más bien mación, fue el surgimiento de un nuevo tipo de poder, fundado en el de-
en toda relación de un punto con otro. El poder está en todas partes; no es recho de vida por oposición al derecho de muerte propio del viejo poder.
que lo englobe todo, sino que viene de todas partes. Y 'el' poder, en lo que "Podría decirse que el viejo derecho de hacer morir o dejar vivir fue reem-
tiene de permanente, de repetitivo, de inerte, de autorreproductor, no es más plazado por el poder de hacer vivir o de rechazar hacia la muerte... Ahora
que el efecto de conjunto que se dibuja a partir de todas esas movilidades, el es en la vida y a lo largo de su desarrollo donde el poder establece su
encadenamiento que se apoya en cada una de ellas y trata de fijarlas"274. fuerza; la muerte es su límite, el momento que no puede apresar, se torna
el punto más secreto de la existencia, el más 'privado-277.
Para Foucault, como hemos visto, el poder no es algo estático, fijo, sino
cambiante, cinético, sujeto a desplazamientos continuos, reversible; que Durante mucho tiempo, dice Foucault, una de los privilegios característi-
no es susceptible de subjetivar ni en una persona ni en instituciones ni en cos del poder soberano fue el derecho de vida y muerte. Ahora bien, el
aparatos estatales, sino que se remite siempre a campos estratégicos de occidente conoció desde la edad clásica una profundísima transforma-
relaciones múltiples de fuerzas, siempre abiertos, posibles, indetermina- ción de esos mecanismos de poder... un poder destinado a producir fuer-
dos; no es una cosa, sino un campo de relaciones sociales; tampoco es un zas, a hacerlas crecer y ordenarlas más que a obstaculizarlas, doblegarlas
sistema general de dominación, sino que es capilar, que recorre el cuerpo o destruirlas. A partir de entonces el derecho de muerte tendió a despla-
social y disciplina el cuerpo de los hombres; el poder, así como no se en- zarse o al menos a apoyarse en las exigencias de un poder que administra
cama ni en personas ni en instituciones, no se posee, se ejerce, circula, se la vida, y a conformarse a lo que reclaman dichas exigencias. Esa muerte,
incardina en el cuerpo social. "Por poder no quiero decir 'el poder', como que se fundaba en el derecho del soberano a defenderse o a exigir ser
conjunto de instituciones y aparatos que garantizan la sujeción de los ciu- defendido, apareció como el simple envés del derecho que posee el cuer-
dadanos en un Estado determinado. Tampoco indico un modo de suje- po social de asegurar su vida, mantenerla y desarrollarla... Pero ese for-
ción que, por oposición a la violencia, tendría la forma de la regla. Final- midable poder de muerte parece ahora como el complemento de un po-
mente, no entiendo por poder un sistema general de dominación ejercida der que se ejerce positivamente sobre la vida, que procura administrarla,
por un elemento o un grupo sobre otro, y cuyos efectos, merced a sucesi- aumentarla, multiplicarla, ejercer sobre ella controles precisos y regula-
vas derivaciones, atravesarían al cuerpo social entero. Hay que ser ciones generales278.
nominalista, sin duda: el poder no es una institución, y no es una estruc-
tura, no es cierta potencia de la que algunos estarían dotados: es el nom- 2" ibíd., pp. 112 y 113.
2" M. Foucault. Un diálogo sobre el poder, p. 15.
274 M. Foucault. Historia de la Sexualidad. La voluntad del saber. Siglo XXI. Argentina, 2002, p. 112. 277 M. Foucault. Historia de la sexualidad, p. 167.
Cursivas mías. 278 ibíd., pp., 163 y ss.
166 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 167

Con la transformación del poder de muerte por el poder para la vida, bre la vida. El establecimiento, durante la edad clásica, de esa gran tecno-
Foucault observa que se produce así mismo una profunda transforma- logía de doble faz caracteriza un poder cuya más alta función no es ya
ción en los mecanismos de poder. Se pasa de los mecanismos de poder matar sino invadir la vida enteramente"28°.
basados en el derecho, a mecanismos de poder quefuncionan por la téc-
nica. Del poder jurídico, se pasa a las tecnologías del poder. "Pues si mu- La vieja potencia de la muerte, dice Foucault, en la cual se simbolizaba el
chas de sus formas (del viejo poder de muerte) subsistieron y aún subsis- poder soberano, se halla cuidadosamente recubierta por la administración
ten, novísimos mecanismos de poder la penetraron poco a poco y son pro- de los cuerpos y la gestión calculadora de la vida. Desarrollo rápido durante
bablemente irreductibles a la representación del derecho. Más lejos se la edad clásica de diversas disciplinas —escuelas, colegios, cuarteles, talleres,
verá: esos mecanismos de poder son, en parte al menos, los que a partir aparición también, en el campo de las prácticas políticas y las observaciones
del siglo XVIII tomaron a su cargo la vida de los hombres, a los hombres económicas, de los problemas de natalidad, longevidad, salud pública, vi-
como cuerpos vivientes. Y si es verdad que lo jurídico sirvió para repre- vienda, migración, explosión, pues, de técnicas diversas y numerosas para
sentarse (de manera sin duda no exhaustiva) un poder centrado esencial- obtener la sujeción de los cuerpos y el control de las poblaciones. Se inicia así
mente en la extracción (en sentido jurídico) y la muerte, ahora resulta la era de un "bio-poder"281. Por primera vez en la historia, sin duda, lo bioló-
absolutamente heterogéneo respecto de los nuevos procedimientos de gico se refleja en lo político; el hecho de vivir ya no es un basamento inacce-
poder que funcionan no ya por el derecho sino por la técnica, no por la sible que sólo emerge de tiempo en tiempo, en el azar de la muerte y su fata-
ley sino por la normalización, no por el castigo sino por el control, y que lidad, pasa en parte al campo de control del saber y de intervención del po-
se ejercen en niveles y formas que rebasan el Estado y sus aparatos. der. Éste ya no tiene que vérselas sólo con sujetos de derecho, sobre los cua-
Hace ya siglos que entramos en un tipo de sociedad donde lo jurídico les el último poder del poder es la muerte, sino con seres vivos, y el dominio
puede cada vez menos servirle al poder de cifra o de sistema de represen- que pueda ejercer sobre ellos deberá colocarse en el nivel de la vida misma;
tación"279. haber tomado a su cargo la vida, más que la amenaza de asesinato, dio al
poder su acceso al cuerpo'''.
Veamos, según Foucault, cómo se desarrolló y bajo qué formas ese poder
sobre la vida. "Concretamente, ese poder sobre la vida se desarrolló desde Este bio-poder fue, a no dudarlo, un elemento indispensable en el desa-
el siglo XVII en dos formas principales; no son antitéticas; más bien cons- rrollo del capitalismo, éste no pudo afirmarse sino al precio de la inser-
tituyen dos polos de desarrollo enlazados por todo un haz intermedio de ción controlada de los cuerpos en el aparato de producción y mediante un
relaciones. Uno de los polos de desarrollo, al parecer el primero en for- ajuste de los fenómenos de población a los procesos económicos283.
marse, fue centrado en el cuerpo como máquina: su educación, el aumen-
to de sus aptitudes, el arrancamiento de sus fuerzas, el crecimiento para- De esta manera dibuja Foucault la naturaleza del nuevo poder, como bio-
lelo de su utilidad y su docilidad, su integración en sistemas de control poder o como poder para la vida; el dominio específico que comprende, como
eficaces y económicos, todo ello quedó asegurado por procedimientos de poder sobre los cuerpos y poder sobre la especie; y sus nuevos mecanismos,
poder característicos de las disciplinas: anatomopolítica del cuerpo hu- en función de las tecnologías de la disciplina y las tecnologías de regulación284.
mano. El segundo, formado algo más tarde, hacia mediados del siglo XVIII,
fue centrado en el cuerpo-especie, en el cuerpo transido por la mecánica 280
M. Foucault. Historia de la sexualidad. Volumen 1, p. 168. Cursivas del autor.
281
Historia de la sexualidad. Volumen 1, p. 169.
de lo viviente y que sirve de soporte a los procesos biológicos: la prolifera- 282 ibíd., pp. 172 y 173.
ción, los nacimientos y la mortalidad, el nivel de salud, la duración de la 283 M. Foucault. Historia de la sexualidad. Volumen 1., p. 170.
vida y la longevidad, con todas las condiciones que pueden hacerlos va- 284
M. Foucault. Historia de la sexualidad. Volumen 1, p. 169. En un pasaje de otra de sus obras,
riar; todos esos problemas los toma a su cargo una serie de intervencio- Genealogía del racismo, Foucault puntualiza mejor estas diferentes tecnologías del bio-poder. Dice:
"La norma es lo que puede aplicarse tanto al cuerpo que se quiere disciplinar, como a la población
nes y controles reguladores: una biopolítica de la población. Las disci- que se quiere regularizar. La sociedad de normalización no es pues, dadas estas condicioneS',nna
plinas del cuerpo y las regulaciones de la población constituyen los dos especie de sociedad disciplinaria generalizada, cuyas instituciones disciplinarias se habríarclictol
polos alrededor de los cuales se desarrolló la organización del poder so- hasta recubrir todo el espacio disponible. Esta es sólo una primera interpretación, ejrinyj
la idea de sociedad de normalización. Esta es, en cambio, una sociedad donde se éntreeryzarl n.
279 ibíd., pp. 108 y 109. Cursivas mías. una articulación ortogonal, la norma de la disciplina y la norma de la regulación. Deeiz`,21440d.e1-1
168 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 169

Como hemos visto, la analítica del poder de Foucault constituye una de sujetos individuales o colectivos, lo cual es coherente con su tendencia a
las críticas más radicales a la teoría política liberal y uno de los aportes reiterar una suerte de auto-constitución del poder (autorreferido,
más valiosos a la teoría del poder. Como Marx, descentra el poder del autoreproductor), independiente de las sustancias sociales y la subjetivi-
ámbito dominante del Estado; rompe con la concepción del poder como dad de las mismas (intencionalidades, por ejemplo) que configuran los
contrato y con la idea de la obediencia como contrapartida del poder; rom- campos en los que el poder se afirma o se ejerce en cuanto tal; asi Foucault
pe, así mismo, con la idea del poder como represión y rescata la idea posi- reitere correctamente, que el poder es inmanente a las múltiples relacio-
tiva del poder; postula la inmanencia del poder en las relaciones sociales nes sociales, paradójicamente, no explica teóricamente cómo esas rela-
(para Foucault, en el cuerpo social en sentido amplio, para Marx, en las ciones sociales imbrican al poder o lo impregnan.
relaciones sociales de producción, en sentido esencial); por último, pos-
tula el poder como un campo de fuerzas y de antagonismos. Sin embargo, En cuanto a lo segundo, si bien Foucault propone invertir el análisis del po-
la teoría del poder de Foucault, en algunos aspectos, parece mucho más der, de abajo arriba y no de arriba abajo según la teoría convencional, reco-
radical que la de Marx. Por un lado, extrema la idea del descentramiento nociendo en todo caso la articulación de las formas infinitesimales del poder
del poder, no sólo respecto del Estado, sino en general respecto de cual- (sus extremidades, como las llama) con la cúspide o el centro, sólo subraya
quier centro o foco pretendidamente articulador, en consecuencia, am- cómo esas microfisicas del poder nutren o alimentan las macro-fisicas y es-
plía el dominio del poder, más allá de lo económico y de lo político, bajo la tas últimas se apoyan en aquéllas, pero no cómo las microfisicas del poder, a
idea de un poder difuminado por el cuerpo social; por otro lado, resignifica su vez, se nutren, son reguladas y actúan en un campo de posibilidades abierto
el poder al ponerlo en relación directa con la vida del hombre como enti- por las macro-fisicas, o, para decirlo en otros términos, no se ocupa de anali-
dad biológica y como especie, como el dominio y el rasgo más importante zar cómo las macro-fisicas del poder se insertan y actúan sobre las micro-
del poder en la época moderna. fisicas. Este vacío o indeterminación se deja sentir especialmente en referen-
cia a las tecnologías de la normalización propias del bio-poder. No es inteligi-
Como ya hemos dicho, la teoría del poder de Foucault es una de las más ble, por ejemplo, cómo pueden funcionar tecnologías de poder y saberes so-
sugerentes y vigorosas, lo cual, sin embargo, no la salva de algunas aporías bre la especie sin un fuerte aparato institucional estatal que las haga posible;
o inconsistencias. Esto último, tanto como lo primero, ha convertido sus no resulta coherente que las tecnologías del poder propias de la microfisica
aportes en uno de los referentes obligados de la crítica teórica casi desde puedan ser eficaces frente a los requerimientos de una bio-política. Detrás de
el mismo momento en que sus análisis salieron a la luz. Sin pretender esta Ininteligibilidad e incoherencia en el planteamiento de Foucault, podría
desestimar la riqueza y complejidad de estos aportes, pretendo indicar subyacer, más bien, un terreno minado por la paradoja según la cual, se crea
brevemente algunas de estas críticas y aporías susceptibles a partir del un nuevo dominio del poder y un nuevo poder (el bio-poder) cuyas tecnolo-
análisis foucaultiano del poder que hemos presentado. gías le son impropias. En esta paradoja, podría subyacer, así mismo, la reti-
cencia teórica de Foucault a considerar al Estado como un poder que se
Entre algunas de las críticas que se pueden formular a Foucault, destaca incardina también en el cuerpo social y en la producción de la especie.
la relevante des-subjetivación del poder propuesta en su analítica (un
poder sin sujeto, pero que sujeta), así como también la relevante subesti- En cuanto a la corporeidad de las instituciones, pareciera que en la visión
mación de las instituciones estatales y en general de la corporeidad de las del poder postulada por Foucault, éste desestimara el hecho de que el
instituciones. poder, por muy cinético y sujeto a desplazamientos continuos, cristaliza
también en instituciones, toma cuerpo en ellas, sean de carácter político,
En cuanto a lo primero, pareciera que para Foucault el poder fuese una económico, religioso, educativo o cultural; lo cual no quiere decir, que
relación múltiple de fuerzas pero absolutamente vacío en términos de por debajo de ellas no siga reverberando la guerra o la resistencia, o que,
inmanente a estas mismas instituciones, no se estructuraran específicas y
se apoderó de las vidas, o por lo menos, que durante el siglo XIX tomó a su cargo la vida, equivale más sutiles formas de poder, bajo formas menos formales de institucio-
a decir que llegó a ocupar toda la superficie que se extiende de lo orgánico a lo biológico, del cuerpo nalización. Resulta realmente paradójico, que "algo" tan omnipresente,
a la población, a través del doble juego de las tecnologías de la disciplina y las tecnologías de tan vigoroso y tan inmanente al cuerpo social como lo es el poder, sea al
regulación". M. Foucault. Genealogía del racismo, p. 262.
170 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 171

mismo tiempo tan inasible, tan de-sustantivado, tan etéreo, y que de las bles, rápidas para la transacción, interesadas o sacrificiales; por defini-
mallas del poder sólo los huecos lo sustantivaran. Pareciera como si las ción no pueden existir sino en el campo estratégico de las relaciones de
murallas del poder, que nos dibuja Foucault, aunque pequeñas y frag- poder. Pero ello no significa que sólo sean su contrapartida, la marca en
mentadas, no fueran sino orificios de telarañas o estelas en la mar, como hueco de un vaciado del poder, formando respecto de la esencial domina-
diría el poeta. Ala postre, podría ser que el poder no sea más, ni tampoco ción un revés finalmente siempre pasivo, destinado a la indefinida derro-
menos, que una conjugación de murallas y orificios, grandes y pequeñas, ta. Las resistencias no dependen de algunos principios heterogéneos; más
globales y locales, al mismo tiempo. Pero nos quedaría por saber si tam- no por eso son engaño o promesa necesariamente frustrada. Constituyen
bién Foucault compartiría esta metáfora. el otro término de las relaciones de poder; en ellas se inscriben como el
irreductible elemento enfrentador. Las resistencias también, pues, es-
Hemos dicho arriba, que la teoría de la resistencia de Foucault es tán distribuidas de manera irregular: los puntos, los nudos, los focos de
inescindible de su teoría del poder; y lo es puesto que el fenómeno del resistencia se hallan diseminados con más o menos densidad en el tiem-
poder, por su carácter estrictamente relacional y como campo estratégico po y en el espacio, llevando a lo alto a veces grupos o individuos de ma-
de fuerzas, no puede existir ni producirse sino en relación con puntos de nera definitiva, encendiendo algunos puntos del cuerpo, ciertos momen-
resistencia. De ahí su muy citado aforismo: donde hay poder hay resis- tos de la vida, determinados tipos de comportamiento. ¿Grandes ruptu-
tencia. No existe el uno sin la otra. Por consiguiente, una vez hemos pre- ras radicales, particiones binarias y masivas? A veces. Pero más frecuen-
sentado, aunque de manera breve, su analítica del poder, veremos ense- temente nos enfrentamos a puntos de resistencia móviles y transitorios,
guida, según esta misma analítica del pensador francés, en qué consiste que introducen en una sociedad líneas divisorias que se desplazan rom-
la resistencia, cuál es su mecánica, como se inserta y se confronta con el piendo unidades y suscitando reagrupamientos, abriendo surcos en el
poder. Para ello, retomaremos la reseña de algunos textos, como Historia interior de los propios individuos, cortándolos en trozos y remodelándolos,
de la sexualidad, que dejamos inconclusa, e incluiremos otros. trazando en ellos, en su cuerpo y su alma, regiones irreductibles. Así como
la red de las relaciones de poder concluye por construir un espeso tejido
Como se dijo antes, entre los requisitos metodológicos para el análisis del que atraviesa los aparatos y las instituciones sin localizarse exactamefife
poder, Foucault presenta también algunas consideraciones medulares en ellos, así también la formación del enjambre de los puntos de resis-
respecto de la resistencia. Estas son: tencia surca las estratificaciones sociales y las unidades individuales. Y
es sin duda la codificación estratégica de esos puntos de resistencia lo que
"Que donde hay poder hay resistencia, y no obstante (o mejor: por lo mis- torna posible una revolución, un poco como el Estado reposa en la inte-
mo), ésta nunca está en posición de exterioridad respecto del poder. ¿Hay gración institucional de las relaciones de poder"285.
que decir que se está necesariamente "en" el poder, que no es posible "es-
capar" de él, que no hay, en relación con él, exterior absoluto, puesto que Y con respecto al bio-poder, cuyo nuevo dominio es la vida, Foucault plan-
se estaría infaltablemente sometido a la ley? ¿O que, siendo la historia la tea que la resistencia igualmente se desplaza hacia esos nuevos campos.
astucia de la razón, el poder sería la astucia de la historia —el que siempre "Y contra este poder aún nuevo en el siglo XIX, las fuerzas que resisten se
gana? Eso sería desconocer el carácter estrictamente relacional de las re- apoyaron en lo mismo que aquél invadía —es decir, en la vida del hombre
laciones de poder. No pueden más que existir enfunción de una multipli- en tanto que ser viviente. Desde el siglo pasado, las grandes luchas que
cidad de puntos de resistencia: éstos desempeñan, en las relaciones de ponen en tela de juicio el sistema general de poder ya no se hacen en
poder, el papel de adversario, de blanco, de apoyo, de saliente para una nombre de un retorno a los antiguos derechos ni en función del sueño
aprehensión. Los puntos de resistencia están presentes en todas partes milenario de un ciclo de los tiempos y una edad de oro. Ya no se espera
dentro de la red de poder. Respecto del poder no existe, pues, un lugar más al emperador de los pobres, ni el reino de los últimos días, ni siquiera
del gran Rechazo —alma de la revuelta, foco de todas las rebeliones, ley el restablecimiento de justicias imaginadas cómo ancestrales; lo que se
pura del revolucionario. Pero hay varias resistencias que constituyen ex- reivindica y sirve de objetivo, es la vida, entendida como necesidades fun-
cepciones, casos especiales: posibles, necesarias, improbables, espontá- damentales, esencia concreta del hombre, cumplimiento de sus
neas, salvajes, solitarias, concertadas, rastreras, violentas, irreconcilia- 285 M. Foucault. Historia de la sexualidad. Volumen 1, pp. 116 y 117. Cursivas mías.
172 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 173

virtualidades, plenitud de lo posible. Poco importa si se trata o no de uto- organice, se coagule y se cimente. Que vaya de abajo arriba, como él, y se
pía, tenemos ahí un proceso de lucha muy real, la vida como objeto políti- distribuya estratégicamente. No contrapongo una sustancia de la resis-
co fue en cierto modo tomada al pie de la letra y vuelta contra el sistema tencia a una sustancia del poder. Me limito a decir que desde el momento
que pretendía controlarla. La vida, pues, mucho más que el derecho, se mismo en que se da una relación de poder, existe una posibilidad de re-
volvió entonces la apuesta de las luchas políticas, incluso si éstas se for- sistencia. Nunca nos vemos pillados por el poder: siempre es posible mo-
mularon a través de afirmaciones de derecho"286 . dificar su dominio en condiciones determinadas y según una estrategia
precisa"289. En este sentido, podemos decir, siguiendo a Foucault, que el
Estos pasajes de Historia de la sexualidad, me parecen unos de los más poder no es un absoluto, que no actúa a su antojo y según su propia gra-
brillantes y agudos de la obra de Foucault. No sólo por la sutileza del len- mática, sino que actúa y se despliega según-los puntos de resistencia y la
guaje, sino por lo sugerente de lo que enuncia. Sin duda, aquí Foucault, gramática de ésta.
en estos pasajes breves, especialmente en el primero citado, se revela como
uno de los teóricos más importantes y más agudos de la resistencia. Al Hay una dimensión de esta inmanencia de la resistencia respecto del po-
lado de la teoría y como parte de la misma, o acompañándola en todo der, que, sin embargo, Foucault no planteó, precavido quizás de escapar
caso, la descripción fenomenológica, desde los pequeños acontecimien- al discurso y la técnica del derecho, que "tiene por función disolver dentro
tos y espacios hasta los grandes acontecimientos. La resistencia es corre- del poder el hecho histórico de la dominación y de hacer aparecer en su
lativa al poder. Subraya, que allí donde hay poder hay resistencia; las re- lugar los derechos legítimos de la soberanía y la obligación legal de la
laciones de poder no pueden más que existir en función de la multiplici- obediencia". Se trata de la compenetración entre poder y resistencia. Lo
dad de los puntos de resistencia y, así mismo, los puntos de resistencia cual creemos radicaliza, complejiza y enriquece aún más la tesis de la no
están presentes en todas partes dentro de la red de poder. En otros pala- exterioridad planteada por Foucault. La dimensión de la compenetración
bras, las resistencias constituyen el otro término de las relaciones de po- entre poder y resistencia, significa, en otros términos, que la resistencia
der; en ellas se inscriben como el irreductible elemento enfrentador. Las no sólo es correlativa con el poder en cuanto una va al lado del otro o
resistencias, como el poder, también habitan el cuerpo social; sus focos, contra el otro, sino en cuanto que una y otro se compenetran mutuamen-
sus nudos y sus puntos se hallan diseminados por él de manera irregular. te, son inmanentes entre sí y se co-constituyen. Como juego de relacio-
Los enjambres de la resistencia surcan las estratificaciones sociales y las nes, ni el poder actúa en el vacío, ni la resistencia surge de la nada. De esta
unidades individuales287. manera, la gramática del poder se constituye siempre en referencia direc-
ta con la resistencia —incluyéndola a su manera y según su propia lógica—
La tesis según la cual, la resistencia nunca está en posición de exteriori- , tanto como la gramática de resistencia, a su vez, se constituye en refe-
dad respecto del poder, es una de las más sugestivas y sugerentes de rencia directa con el poder. La una y el otro manetienen una relación de
Foucault. En realidad, constituye la clave de la gramática foucaultiana de producto y producente respectivamente.
la resistencia. En Poderes y estrategias la retorna en los siguientes térmi-
nos: "la resistencia al poder no debe venir de afuera para ser real, no está Así, según esta segunda dimensión de la no exterioridad, tanto el poder
atrapada porque sea la compatriota del poder. Existe tanto más en la como la resistencia condensan su opuesto. Y se re-significan. No sólo una
medida en que está allí donde está el poder"288. No debe venir de fuera resistencia, pues, "externa" al poder como su correlato, sino también ins-
para ser real, ni está atrapada por ser la compatriota del poder. Lo que crita en el poder mismo, en sus propios predios, en su propia gramática.
aquí subraya Foucault es el carácter inmanente de la resistencia respecto Una resistencia, que sólo puede ser tal si "obedece", si "reconoce" al po-
de las relaciones de poder. "Para resistir tiene que ser como el poder. Tan der, si "pastorea" en sus propios patios interiores y si, al mismo tiempo (y
inventiva, tan móvil, tan productiva como él. Es preciso que, como él, se por ello mismo), es "consentida" por el poder. Una resistencia, enfin, que
no por estar sujeta al discurso y la técnica.-del derecho pierde su carácter
286 ibíd., p. 175. como tal ni deviene necesariamente en obligación legal de la obediencia.
Esta metáfora del enjambre es retomada posteriormente por Tony Negri en Multitud y por John
287
Por el contrario, es en esta otra dimensión donde la gramática de la resis-
Holloway.
288 M. Foucault. Un diálogo sobre el poder, p. 82. 289
ibíd., p. 162.
174 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 175

tencia logra desplegarse y complementarse y es ella la que, a su vez, nos reafirma lo ordinario: "pero más frecuentemente nos enfrentamos a pun-
permite discernir el doble sentido del derecho en el Estado moderno y tos de resistencia móviles y transitorios". Pero Foucault va más allá y
que se le ponga siempre en tensión: como armadura del poder y como dice: "y es sin duda la codificación estratégica de esos puntos de resisten-
campo de resistencia. Como se recordará, esto fue algo que Marx observó cia lo que torna posible una revolución, un poco como el Estado reposa en
y supo valorar cuando subrayó la importancia de que el proletariado de- la integración institucional de las relaciones de poder". Vemos así, cómo
sarrollará luchas políticas más amplias por arrancar leyes que favorecie- en el pensamiento de Foucault, resurgen de nuevo, como en Marx, las dos
ran sus intereses contra el capita129°. categorías fundamentales del imaginario político de la modernidad: Es-
tado y revolución.
Pero, si la resistencia no es una sustancia que el poder moldea a su antojo,
que, por consiguiente, despliega su propia gramática, según como bri- Los aportes de Foucault a la teoría de la resistencia son indudables y valio-
llantemente nos lo ha mostrado Foucault, por otra parte, también la re- sos. Quizás no sea reiterativo decir, sin embargo, que muchos aspectos de su
sistencia está penetrada y constituida por relaciones de poder, algo que teoría de la resistencia son susceptibles de una crítica similar a la que ya se ha
tampoco observó Foucault. La resistencia, en efecto, estructura y se es- formulado respecto de su analítica del poder. En primer lugar, la ostensible
tructura según relaciones de poder y se despliega, por fin, según sus pro- de-subjetivación de la resistencia. Como el poder, que se ejerce pero no se
pias relaciones de poder. Es la resistencia que se despliega como anti- sabe quién lo ejerce, la resistencia, resiste pero no se sabe quién resiste; como
poder o como contra-poder, que se condensa en movimientos y en orga- el poder, la resistencia está en todas partes, pero no cristaliza en sujetos o en
nizaciones y puede devenir en poder propiamente dicho. Sólo así podría actores colectivos o en movimientos sociales o en instituciones o, finalmente,
comprenderse la disputa entre la naturalización del presente, propio del en contrapoderes. Pese a que es dinámica y móvil como el poder, no hay en
poder, y la expectativa de futuro, propia de la resistencia. También en Foucault, sin embargo, movimientos de resistencia, no hay sujeto; si el poder
esto, parece que Marx llevaba ventaja respecto de Foucault, pues la resis- articula estrategias y relaciones de fuerza, las estrategias y correlaciones de
tencia del proletariado sólo tiene posibilidades de triunfar definitivamen- fuerza creadas por la resistencia no son evocadas o ilustradas por ninguna
te sobre el capital si toma el poder en sus propias manos y acomete un parte; si, por fin, el poder produce saberes, no se ve cómo ni en qué consisten
proceso de transformación revolucionaria de la sociedad. los contra-saberes de la resistencia.

Sin embargo, parece que en este punto Foucault no estaba completamen- En el fondo de estos vacíos subyace lo que Nicos Poulantzas, uno de los
te ausente. Pese a que se resiste a la idea del gran Rechazo respecto del críticos predilectos de Foucault, subraya correctamente como ausencia
poder, creemos no forzar sus palabras si decimos, que recrea de manera de fundamentación de la resistencia29'. No es inteligible, en efecto, cómo
muy breve lo que en otros términos podríamos llamar la idea de revolu- pueda emerger —para no hablar de desplegarse— la resistencia frente a un
ción como posibilidad y, así mismo, la dialéctica posible entre resistencia poder de la vastedad, profundidad y eficacia como el que nos ha descrito
y revolución. "Hay varias resistencias, dice, que constituyen excepciones, Foucault. Cómo puede un poder tan omnipresente, que no esta aquí o
casos especiales: posibles, necesarias, espontáneas, improbables, etc. allá, que está en todas partes y fluye de todas partes; que por sus mallas
¿Grandes rupturas radicales, particiones binarias y masivas? A veces':Y no sólo circulan los individuos sino que lo sufren; que es una red produc-
290
tiva que pasa a través de los cuerpos; que además es positivo y no negati-
Nicos Poulantzas ha observado correctamente: "La ley no se limita a engañar o enmascarar, ni a
reprimir, obligando a hacer algo o prohibiéndolo: organiza y consagra también derechos reales de
vo, que en vez de prohibir permite, que se está produciendo incesante-
las clases dominadas (investidos, verdad es, en la ideología dominante, y lejos de corresponder, en mente, produce cosas e induce placer; que invade la vida entera hasta el
la aplicación, a su forma jurídica), comporta, inscritos en ella, los compromisos materiales impuestos
por las luchas populares a las clases dominantes". N. Poulantzas. Estado, poder y socialismo. Siglo 291 Dice Poulantzas en el áspero lenguaje de la polémica de aquellos años 70s: "las famosas resistencias,
XXI. 1986, p. 97. Cursivas del autor. Desde el marxismo, quien más ampliamente teorizó al respecto elemento necesario de toda situación de poder, quedan en Foucault como una aserción propiamente
fue Antonio Gramsci, al concebir "la guerra de posiciones" como una estrategia a realizar en gratuita, en el sentido de no tener fundamento alguno; son pura afirmación de principio. Los poderes
Occidente donde el poder esta recubierto de casamatas y hegemonías. Perry Anderson y Emest y las resistencias aparecen en Foucault como dos polos puramente equivalentes de la relación: las
Mandell advirtieron, sin embargo, de los riesgos de integración o de cooptación de la resistencia resistencias no tienen fundamento. Por ello el polo 'poder' acaba por adquirir primacía. Al no
por la propia gramática del poder actuando en su propio campo, tal como lo ejemplifican con la existir un fundamento de la resistencia, el poder acaba por ser esencializado y absolutizado". N.
experiencia de la socialdemocracia europea. Poulantzas, op. cit., pp. 180 y 181.
176 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 177

límite de la muerte292, que se ejerce positivamente sobre la vida para ad- cuanto que descentran la resistencia del dominio exclusivo del poder po-
ministrarla, aumentarla y multiplicarla y que es en la vida y a lo largo de lítico y la colocan, como ellos, en un campo de fuerzas, de antagonismo y
su desarrollo donde establece su fuerza; y que, finalmente, ejerce sobre la de conflicto. Estos dos autores son, James Scott y Tony Negri. Aunque
vida controles y regulaciones precisos y eficaces; como puede este tipo de entre los dos autores existen diferencias y énfasis distintos en la manera
omni-poder encontrar resistencia?93. Esta versión del poder construida de considerar aspectos fundamentales del problema y la manera de enfo-
por Foucault parece, en realidad, más cercana a la imagen invertida del car la articulación de la resistencia con otros ámbitos de las relaciones de
Hombre Unia'imensional de Marcuse, que a la de un poder como situa- poder, es también muy notable sus convergencias, que hace que los inclu-
ción estratégica de una relación de fuerzas. yamos en una misma perspectiva teórica general. "El pez en el agua", puede
traducir metafóricamente la convergencia que consideramos más impor-
Pese a estas aporías en su discurso, los aportes de Foucault siguen siendo tante entre ellos: la de conceder a la resistencia, no sólo un dominio mu-
originales y valiosos, como se ha dicho ya, para una teoría de la resistencia. cho más amplio que el de, por ejemplo, Marx, sino, sobre todo, el de con-
Por un lado, porque intenta fundamentar ontologicamente y desde una pers- ceder a la resistencia un campo de posibilidades y de potencialidad social
pectiva crítica contra el discurso de la obligación política de la obediencia, la y política mucho más radical, que el dado, por ejemplo, por Foucault. El
idea de resistencia, es decir, no por la ilegitimidad o la ilegalidad o la arbitra- pez en el agua, traduce pues esa condición dinámica de la voluntad de
riedad o la represión del poder, sino por el poder mismo. Por otro lado, por- acción en la que la resistencia como sujeto, sin desconocer las redes del
que radicaliza el descentramiento de la resistencia de cualquier foco central poder, se desplaza y fluye por el cuerpo social y político escribiendo según
o privilegiado, particularmente de lo político-estatal, para sugerir un campo su propia gramática.
de creación y de despliegue de la misma sobre un horizonte amplio, posible,
que surca enteramente el tejido social. i. James Scott y el arte de la Resistencia

D. La Resistencia y el pez en el agua Para la presentación de la perspectiva teórica de James Scott nos basare-
mos en su obra, Los dominados y el arte de la resistencia. Discursos ocul-
En este acápite del trabajo, pretendemos presentar el enfoque teórico y to.5294, que hace parte de su producción bibliográfica más amplia, casi toda
editada en inglés. Esta obra y las perspectivas teóricas que la inspiran, fue
los aportes de dos autores contemporáneos representativos del tema de
escrita a partir de la investigación del autor acerca de las relaciones de
la resistencia desde una perspectiva similar a la de Marx y Foucault, en
292
clase existente entre los malayos y la forma cómo las relaciones de poder
Tal parece que ni la muerte misma es su límite, si consideramos este hermoso pasaje de la obra de
Foucault: "Para que algo de esas vidas llegue hasta nosotros fue preciso que un haz de luz, durante al
afectan el discurso entre ellos. Desarrollar esto último, y sobre todo la
menos un instante, se posase sobre ellas, una luz que les venía de fuera: lo que las arrancó de la noche manera cómo se producen e interactúan los discursos públicos y ocultos
en la que habrían podido, y quizá debido, permanecer, fue su encuentro con el poder; sin este choque de quienes ejercen el poder y los grupos subordinados, constituye el pro-
ninguna palabra sin duda habría permanecido para recordamos su fugaz trayectoria. El poder que ha pósito general de la obra; la cual incorpora otras referencias históricas,
acechado estas vidas, que las ha perseguido, que ha prestado atención, aunque sólo fuese por un instante,
a sus lamentos y a sus pequeños estrépitos y que las marcó con un zarpazo, ese poder fue quien sociales y políticas similares a la sociedad malaya, provenientes de otras
provocó las propias palabras que de ellas nos quedan, bien porque alguien se dirigió a a para denunciar, sociedades y otras épocas. Por eso, buena parte del material empírico en
quejarse, solicitar o suplicar, bien porque el poder mismo hubiese decidido intervenir para juzgar y que está basado el estudio proviene de trabajos sobre la subordinación en
decidir sobre su suerte con breves frases". M. Foucault. La vida de los hombres infames. Altamira. La
Plata. Argentina. SF.
la esclavitud, la servidumbre y el sistema de castas, incluyendo referen-
2" Martín Hopenhayn, no deja de observar también con cierto dejo de insatisfacción: "¿Cómo llegan cias testimoniales sobre el poder patriarcal, el colonialismo, el racismo e
estos cuerpos, domesticados y moldeados por múltiples discursos disciplinarios (cuerpos de incluso sobre instituciones totalizadoras como cárceles y campos de pri-
prisioneros, de hijos, de estudiantes, de orates), a desarrollar la potencia para revertir y revertirse? sioneros en guerra. La premisa de la que parte la estrategia analítica de la
¿Cómo sortean el círculo de fuego que imponen los discursos de control, desde dónde quiebran la
maldición del predicado y conquistan ese paraje indómito de la autodeterminación? Y si todas esas
obra es que las formas de dominación con similitudes estructurales tie-
resistencias fueren sólo reactivas: ¿cómo podría validarlas un heredero del pensamiento nietzcheano? nen lo que el autor llama "un aire de familia", siendo estas similitudes
He ahí el desafío candente, contemporáneo, ineludible. Desafío que Foucault contoneó con un bastante claras respecto de la esclavitud, la servidumbre y la subordina-
pulso implacable, pero que dejó irresuelto". M. Hopenhayn. "Michel Foucault: Poder,
ción de castas. Cada uno de ellos consiste en la institucionalización de un
condicionamiento". En: Revista David y Goliat. Año XVI, N° 50, diciembre de 1986. Clacso.
178 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 179

sistema para apropiarse del trabajo, los bienes y los servicios de una po- según situaciones estratégicas de fuerzas, aquí se trata de estudiarlos en si-
blación determinada295. tuaciones encubiertas, cargadas de simbolismo, de sutilezas y de umbrales,
según cada situación particular y estratégica en el marco general de la do-
En un nivel formal, los grupos subordinados en esos tipos de dominación minación. En esto radica quizás el aporte más importante de Scott a una
carecen de derechos políticos y civiles, y su posición social queda definida teoría de la resistencia. Scott va más allá de Foucault y de Marx, pues, por un
al nacer. Esto último marca de una vez el espectro y los alcances de los lado, su cometido consiste en presentarnos cómo la resistencia se produce
desarrollos teóricos logrados por el autor en su obra. Pese a cierto grado según lógicas que, sin desconocerlas, trascienden las lógicas inherentes a las
de institucionalización, las relaciones de poder propias de este tipo de relaciones sociales de producción, y por otro lado, fundamenta empíricamente
dominación corresponden a formas de gobierno personal que propician cómo se despliega y se recrea la resistencia más allárlel enunciado foucaultiano
la conducta caprichosa y arbitraria de los superiores. Todas estas relacio- de "donde hay poder hay resistencia".
nes están contaminadas por un elemento de terror personal, que puede
adoptar la forma de golpizas arbitrarias, brutalidad sexual, insultos y hu- Esto plantea de suyo, los tres referentes centrales del análisis de Scott: el
millaciones públicas. Por último, y esto es muy importante para los desa- discurso oculto de los subordinados que representa una crítica del poder
rrollos teóricos propuestos por el autor, los subordinados pertenecientes a espaldas del dominador; el discurso oculto del dominador en el que se
a este tipo de dominación en gran escala tienen, no obstante, una vida articulan las prácticas y exigencias de su poder que no se pueden expresar
social bastante variada fuera de los límites inmediatos establecidos por el abiertamente; y, por último, el discurso público del poder. Es en el entre-
amo. En principio, dice Scott, es aquí, en este tipo de aislamiento, donde cruzamiento de estos tres planos de las prácticas y los discursos de los
se puede desarrollar una crítica común de la dominación. Al demostrar poderosos y los subordinados como se devela el sentido y los alcances de
que las estructuras de dominación operan de manera similar en los gru- la resistencia. "Comparando el discurso oculto- de los débiles con el de los
pos de esclavos, siervos, intocables, colonizados y las razas sometidas, poderosos, y ambos con el discurso público de las relaciones de poder,
igualmente se puede demostrar, según el autor, cómo estas mismas es- dice Scott, accedemos a una manera fundamentalmente distinta de en-
tructuras hacen surgir reacciones y estrategias de resistencia asimismo tender la resistencia ante el poder"298.
comparables a grandes rasgos. Para el análisis de la resistencia en estos
contextos indicados, el autor privilegia las cuestiones relacionadas con la La tesis de fondo de Scott, que articula todo el argumento del libro, consiste
dignidad y la autonomía como ejes de referencia de la dominación, o sea, en lo siguiente: a los grupos que carecen de poder les interesa, mientras no
como los aspectos centrales vulnerados por el poder296. recurren a una verdadera rebelión, conspirar para reforzar las apariencias
hegemónicas. En esta capacidad de conspiración radica el arte de la resisten-
Establecidas las anteriores consideraciones, ahora podemos entrar de lleno cia de los dominados. El sentido de estas apariencias sólo se podrá develar si
al objetivo central y la perspectiva teórica acerca de la resistencia que nos las contrastamos con el discurso subordinado en situaciones ajenas a las re-
dibuja J. Scott y valorar sus aportes teóricos para el estudio que nos propo- laciones de poder. Puesto que oculta a la vigilancia directa es como mejor se
nemos. El problema que se propone dilucidar Scott consiste en estudiar las desarrolla la resistencia ideológica, es sólo en contraste con las prácticas y los
relaciones de poder bajo situaciones en las que quienes carecen de él se ven referentes simbólicos de este discurso oculto como pueden develarse las apa-
obligados confrecuencia a adoptar una actitud estratégica en presencia de riencias de reforzamiento de la hegemonía del discurso público de los subor-
los poderosos, y éstos últimos entienden que les conviene sobreactuar su dinados. De ahí la importancia de dilucidar estos puntos sociales como espa-
reputación y su pode97 . Se trata de un problema del mayor interés para una cios de prácticas y de discursos propios de los subordinados, puesto que es
teoría de la resistencia, porque, a diferencia de las situaciones ordinarias en de allí de donde puede surgir esa resistencia299.
las que poder y resistencia se enfrentan mutuamente de manera abierta y
Pero antes de entrarnos al análisis de estos puntos sociales en los que se
294 James C. Scott. Los dominados y el arte de la resistencia. Discursos ocultos. Era. México. 2000. cuece la resistencia y que, en realidad, constituyen el corazón de su re-
295
ibíd., pp. 17 y S S .
296 ibíd., p. 19.
298 ibíd., p. 21
292 ibíd., p. 20 299 íd.
180 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 181

flexión, Scott empieza por el análisis del discurso público y lo que éste Si el discurso público del subordinado está constituido por la conducta de
representa en las relaciones de poder. Por discurso público entiende, en éste en presencia del dominador, el discurso oculto se refiere a la conduc-
este contexto de dominación, una descripción abreviada de las relaciones ta del subordinado "fuera de escena", más allá de la observación directa
explícitas entre los subordinados y los detentadores del poder. Su tesis es de los detentadores del poder. El discurso oculto se convierte en depósito
que el discurso público no refleja directamente y de manera transparente de lo que no se puede enunciar abiertamente sin peligro, es el lugar privi-
estas relaciones; de ahí que sea engañoso. El discurso público, cuando no legiado para la manifestación de un lenguaje no hegemónico, disidente,
es claramente engañoso, difícilmente da cuenta de todo lo que sucede en subversivo y de oposición. El discurso oculto es, pues, secundario, dice
las relaciones de poder3°°. En ese sentido, el discurso público no lo explica Scout, en el sentido de que está constituido por las manifestaciones
todo. Por lo general, ambas partes, tanto el poderoso como el subordina- linguís ticas, gestuales y prácticas que confirman, contradicen o tergiver-
do, consideran conveniente fraguar en forma tácita una imagen falsa. Con san lo que aparece en el discurso público. Las relaciones de poder no son
raras pero significas excepciones, el subordinado, ya sea por prudencia, tan claras como para permitirnos llamar falso lo que se dice en los contex-
por miedo o por el deseo de buscar favores, le dará a su comportamiento tos de poder y verdadero lo que se dice fuera de ellos. Y tampoco pode-
público una forma adecuada a las expectativas del poderoso. Y viceversa, mos, simplistamente, describir lo primero como el ámbito de la necesi-
el poderoso intentará por muchos medios adoptar una apariencia, un dis- dad y lo último como el ámbito de la libertad. Lo que sí es cierto es que los
curso y unos ademanes que refuercen su posición de poder ante el subor- discursos ocultos se producen en función de un público diferente y en
dinado3m. circunstancias de poder muy diferentes a los del discurso público. Al eva-
luar las discrepancias entre el discurso oculto y el público estaremos qui-
El discurso público del subordinado es una puesta en escena, que no tra- zá comenzando a juzgar el impacto de la dominación en el comportamiento
duce cabalmente su realidad subjetiva. Revela tanto como esconde. De público302 . Cuando el discurso oculto se expresa abiertamente, en públi-
ahí la advertencia de Scott, en el sentido de no tomar al pie de la letra, co, dice Scott, esto equivale prácticamente a una declaración de guerra.
como verdad, la verdad puesta en escena, la verdad del discurso público, Pero mientras no se está en una situación de rebelión, el discurso oculto
y, por consiguiente, la conveniencia de no tomar al discurso público como conservará este carácter secundario.
el único elemento para el análisis de las relaciones de poder. Lo cual no
significa, por supuesto, desechar la realidad del discurso público y su im- Por otro lado, dice Scott, el discurso oculto es una construcción social de
portancia en la trama de las relaciones de poder, sino ir más allá, y con- los subordinados, se vuelve relevante gracias a su posición de clase, co-
trastar siempre que sea posible el discurso publico de las partes con su mún a todos, y a sus lazos sociales. Un individuo que es ofendido puede
discurso oculto, para así discernir cómo se entretejen y se despliegan las elaborar una fantasía personal de venganza y enfrentamiento, pero cuan-
relaciones de poder, pero también para discernir el grado y la forma de do el insulto no es sino una variante de las ofensas que sufre sistemática-
articulación entre el discurso público de los subordinados y su discurso mente toda una raza, una clase o una capa social, entonces la fantasía se
oculto en cuanto expresión de resistencia al poder y las dimensiones del puede convertir en un producto cultural colectivo. No importa qué forma
proceso de constitución como sujetos. toma (una parodia fuera del escenario, sueños de venganza violenta, vi-
siones milenaristas de un mundo invertido): este discurso oculto colecti-
va íd. vo es esencial en cualquier imagen dinámica de las relaciones de poder3".
'ffi Dice Scott: "En términos ideológicos, el discurso público va casi siempre, gracias a su tendencia
acomodaticia, a ofrecer pruebas convincentes de la hegemonía de los valores dominantes, de la Si los débiles, en presencia del poder, tienen razones obvias y convincentes
hegemonía del discurso dominante. Los efectos de las relaciones de poder se manifiestan con mayor para buscar refugio detrás de una máscara, los poderosos tienen sus propias
claridad precisamente en este ámbito público; por ello, lo más probable es que cualquier análisis razones, igualmente convincentes, de adoptar una máscara ante los subordi-
basado exclusivamente en el discurso público llegue a la conclusión de que los grupos subordinados
aceptan los términos de su subordinación y de que participan voluntariamente, y hasta con entusiasmo, nados. Entonces, también para los poderosos existe en general una discre-
en esa subordinación". Esta advertencia metodológica es muy importante en la propuesta de análisis pancia entre el discurso público que se usa en el abierto ejercicio del poder y
de Scott pues, como lo veremos enseguida, constituye uno de los elementos centrales en los debates
contemporáneos sobre hegemonía y falsa conciencia, y, así mismo, sobre las posibilidades siempre 3°2 J. Scott, op. cit., p. 28.
presentes de la resistencia, asuntos que el autor desarrolla luego. J. Scott, op. cit, p. 27. 303 ibíd., p. 32.
182 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 183

el discurso oculto que se expresa sin correr riesgos sólo fuera de escena. Este la primera, que el discurso oculto es específico de un espacio social determi-
último, como su equivalente entre los subordinados, es secundario: está for- nado y de un conjunto particular de actores. La segunda, el discurso oculto
mado por gestos y palabras que modifican, contradicen o confirman lo que no contiene sólo actos del lenguaje sino también una extensa gama de prác-
aparece en el discurso público. Este punto es relevante. Dice Scott, que se ticas; en cada caso, estas prácticas contradicen el discurso público de los res-
podrán comparar diferentes tipos de dominación recurriendo a sus formas pectivos grupos y, en la medida de lo posible, se las mantiene fuera de vista y
de manifestarse y al teatro público que parecen necesitar. Las formas de do- en secreto. Y, por último, la frontera entre el discurso público y el secreto es
minación basadas en la premisa o en la pretensión de una inherente superio- una zona de incesante conflicto entre los poderosos y los dominados, y de
ridad parecen depender enormemente de la pompa, las leyes suntuarias, la ninguna manera un muro sólido. La incesante lucha por la definición de esa
parafernalia, las insignias y las ceremonias públicas de homenaje o tributo. frontera es quizá el ámbito indispensable de los conflictos ordinarios, de las
El deseo de inculcar el hábito de la obediencia y el respeto a la jerarquía, formas cotidianas de la lucha de clases3°7.
como en las organizaciones militares, puede producir mecanismos pareci-
dos3°4. Por otro lado, el recurso de las élites dominantes de crear un lugar Scott nos dibuja enseguida la dialéctica posible y la dinámica entre los dis-
totalmente aislado de la escena pública donde ya no estén en exhibición y cursos ocultos y el discurso público. Dice que entre más coercitiva sea la do-
puedan relajarse aparece por todas partes; sin duda, los grupos dominantes minación, la distancia entre el discurso público y el discurso oculto de los
tienen mucho que esconder yen general cuentan con los medios para hacer- dominados es cada vez mayor, y viceversa, entre menos lo sea la dominación,
lo. Este encierro de las élites no sólo les ofrece un lugar para descansar de las la distancia entre los dos es menor3°8. Bajo esta lógica, por lo general, los
tareas formales que exige su papel, también minimiza la posibilidad de que discursos ocultos de los poderosos y los subordinados nunca se tocan. Cada
cierta familiaridad propicie el desprecio o, por lo menos, deteriore la imagen participante se familiariza con el discurso público y con el oculto de su res-
creada por sus apariciones rituales3°5. Estos escenarios, fuera de escena, son pectivo círculo, pero no con el discurso oculto derotro. Por otro lado, muchos
los del discurso oculto de los poderosos. discursos ocultos, quizá la mayoría de ellos, no pasan de ser discursos ocul-
tos de la mirada pública y nunca "actuados". Y no es fácil decir en qué cir-
Hechas las anteriores precisiones, dice Scott, que casi todas las relaciones cunstancias el discurso oculto tomará por asalto la escena3".
que normalmente se reconocen entre los grupos de poder y los subordi-
nados constituyen el encuentro del discurso público de los primeros con Por otra parte, dice Scott, el discurso público es el autoerretrato de las
el discurso público de los segundos. Lo cual es importante subrayar, puesto élites dominantes donde éstas aparecen como quieren verse así mismas.
que como se indicó arriba, para Scott, uno de los graves errores del análi- Su construcción discursiva está hecha para impresionar, para afirmar y
sis consiste en concentrarse decididamente en este encuentro, que equi- naturalizar el poder de las élites dominantes, y para esconder o eufemizar
vale a las relaciones oficiales o formales entre los poderos y los débiles, la ropa sucia del ejercicio de su poder. No obstante, dice Scott, para que
dejando de lado esa otra dimensión no pública, secreta o clandestina, pro- este halagador autorretrato tenga fuerza retórica entre los subordinados,
pia del discurso oculto y la forma como éste se relaciona con el discurso es imprescindible hacer concesiones a los supuestos intereses de éstos.
público. "De ninguna manera quiero decir que el estudio del espacio de Es decir, los gobernantes que buscan alcanzar hegemonía, en el sentido
las relaciones de poder sea forzosamente falso o trivial, sólo que dificil- gramsciano del término, deben convencer ideológicamente a sus subor-
mente agota lo que nos gustaría saber del poder"3". dinados de que, hasta cierto punto, están gobernando en su nombre.

Se trata entonces, bajo la perspectiva de Scott, de conocer cómo se forman 307


íd.
los discursos ocultos, bajo qué condiciones se hacen o no públicos y qué rela- 308 Más adelante, Scott puntualiza al respecto: "El discurso oculto, por definición, representa un lenguaje
—gestos, habla, actos— que normalmente el ejercicio del poder excluye del discurso público de los
ción mantienen con el discurso público. Antes de hacerlo, conviene tener subordinados. La práctica de la dominación, entonces, crea el discurso oculto. Si la dominación es
presente tres características fundamentales del discurso oculto, según Scout: particularmente severa, lo más probable es que produzca un discurso oculto de una riqueza
equivalente. El discurso oculto de los grupos subordinados, a su vez, reacciona frente al discurso
3°8 ibíd., pp. 34 y 36. público creando una subcultura y oponiendo su propia versión de la dominación social a la de la
305 ibíd., p. 36. élite dominante. Ambos son espacios de poder y de intereses". op. cit., p. 53.
3°6 ibíd., p. 38. 309 ibíd., p. 40.
184 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 185

A partir de esta distinción entre el discurso público y el oculto y la preten- En estas cuatro variedades del discurso político de los subordinados se
sión de hegemonía del primero, Scott reconoce cuatro variedades de dis- teje y entreteje el arte de la resistencia al poder. Y aunque Scott, para
curso político entre los subordinados, según su grado de conformidad con efectos de exposición nos lo ha presentado de manera secuencial, su des-
el lenguaje oficial y según la naturaleza de su público. Primera: la que pliegue no tiene nada que ver con una visión lineal. Su desarrollo, como
adopta como punto de partida el halagador autorretrato de las élites, que parte del arte, implica la combinación de estrategias pertenecientes a una
es la forma más segura y pública del discurso político. "Debido a las con- u otra variedad del discurso político, dependiendo de las circunstancias
cesiones retóricas inherentes al autorretrato, ese discurso ofrece un te- concretas y el público a que vaya dirigido. Scott acuña luego el concepto
rreno sorprendentemente amplio para los conflictos políticos que recu- de infrapolítica, un concepto central en su planteamiento, que ampliare-
rren a esas concesiones y que aprovechan el espacio que toda ideología mos enseguida, para referirse a una gran variedad de formas de resisten-
deja a la interpretación" 3'° En otros términos, se trata de tomar la pala- cia muy discretas que recurren a formas indirectas de expresión.
bra a los poderosos para que sean consecuentes con ella, y las exigencias
del discurso político derivadas de ella se hacen en el propio lenguaje del Con base en este concepto de infrapolitica y la variedad de los discurso polí-
discurso público de los dominadores. Segunda: la del discurso oculto, que ticos, Scott busca esclarecer los problemas relacionados con la hegemonía y
es una forma de discurso político completamente diferente del anterior. la falsa conciencia, muy comunes en el análisis político. "Una concepción de
En éste, fuera del escenario, donde los subordinados se reúnen lejos de la la política enfocada exclusivamente en las que pueden ser manifestaciones
mirada intimidante del poder, es posible el surgimiento de una cultura impuestas de anuencia o en la rebelión abierta reduce enormemente la ima-
política claramente disidente. "Los esclavos en la relativa seguridad de gen de la vida política, sobre todo en las condiciones de tiranía o de casi tira-
sus barracas pueden expresar su cólera, sus deseos de venganza, de nía en las que se encuentra gran parte del mundo"3'3. Por consiguiente, se
autoafirmación, todo lo cual normalmente deben tragarse cuando están trata de mostrar, que ni las formas cotidianas de resistencia, ni la insurrec-
en presencia de sus amos y amas"3". Tercero: la del discurso que se en- ción ocasional se pueden entender sin tener en cuenta los espacios sociales
cuentra estratégicamente entre los dos primeros. Se trata de una política cerrados en los cuales esa resistencia se alimenta y adquiere sentido. Si se
del disfraz y del anonimato que se ejerce públicamente, pero que está he- hiciera con la minucia que no podemos hacer aquí, dice Scott, dicho análisis
cha para contener un doble significado o para proteger la identidad de los esbozaría una tecnología y una práctica de la resistencia, similares al análisis
actores. Este es quizás el discurso que más arte y cuidado requiere. Aquí que hizo Foucault de la tecnología de la dominación3'4.
caben los rumores, los chismes, los cuentos populares, los chistes, las can-
ciones, los ritos, los códigos y los eufemismos: en fin, buena parte de la Antes de entrar de lleno al asunto de la infrapolítica y la hegemonía, Scott
cultura popular de los grupos subordinados. Debido a las muy difíciles nos presenta el análisis del discurso público de los subordinados y los
circunstancias en que se producen, advierte Scott, el rescate de las voces y dominadores, su valor simbólico, su ejercicio, su manipulación y sus con-
prácticas no hegemónicas de los pueblos oprimidos exige una forma de secuencias en referencia a algunas formas de manifestarse, asunto que
análisis completamente diferente al análisis de las élites. Y cuarta: la del aquí retomaremos de manera muy resumida. En relación con el discurso
acontecimiento político más explosivo, que es la ruptura del cordon público de los subordinados, Scott analiza, por ejemplo, la deferencia, y
sanitaire entre el discurso oculto y el público. En este tipo de momentos, al respecto dice: "Es casi obvio que los actos de deferencia —por ejemplo,
se expresa un desafio y una oposición abierta que generalmente provocan una inclinación de saludo o el uso de un título honorífico para dirigirse a
una pronta respuesta represiva o, si no hay respuesta, una escalada de un superior— se usan para dar la impresión de conformidad con las nor-
palabras y actos cada vez más atrevidos. Son, definitivamente, los mo- mas de los superiores"315, y concluye: "todas y cada una de las conclusio-
mentos de ruptura en la distinción entre el discurso oculto y el discurso nes sobre la actitud que está detrás de los actos de deferencia deben fun-
público312. darse en elementos externos al acto mismo"3'6 . La clave de interpretación

313 ibíd., p. 44.


310 ibíd., p. 42. 3" ibíd., p. 45.
3 " ibíd., p. 43. 315 ibíd., p. 49.
312 ibíd., pp. 42 y ss. 336 íd.
186 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 187

está en el discurso oculto. Algo similar efectúa en el análisis de la relación secuencias para el análisis político. La combinación de una estrategia de
poder y actuación por parte del subordinado. El poder no necesita ac- adaptación, dice Scott, y el diálogo implícito en la mayoría de las relacio-
tuar, o lo necesita lo menos posible. En cambio, el subordinado debe mos- nes de poder permite que los actores públicos dominantes ofrezcan una
trar ante el poder el arte de la actuación. Los subordinados hacen reve- corriente constante de pruebas que aparentemente confirman la inter-
rencias y venias, dan la apariencia de ser respetuosos, de ser amables, de pretación de que existe una hegemonía ideológica. Esta primera obser-
saber cuál es su lugar y de aceptarlo, indicando con ello que también sa- vación es central, pues una cosa es que realmente haya una situación de
ben y aceptan el lugar de sus superiores. Siempre que sea táctica, la con- hegemonía y otra muy distinta es hacer creer que la hay. A partir del
formidad será sin duda manipuladora. Se trata de un arte en el cual todos análisis de los discursos públicos y ocultos el autor pretende fundamen-
pueden enorgullecerse de haber logrado dar una falsa imagen de sí mis- tar una crítica teórica a esta interpretación de la existencia de una hege-
mos. Esto mismo vale para las prácticas de ocultamiento y de control de monía ideológica, la cual proviene de la corriente pluralista de origen an-
las fantasías de los subordinados. De todo lo anterior, dice Scott, resulta glosajón y de corrientes neomarxistas.
claro que el subordinado prudente tratará normalmente de conformar su
lenguaje y sus gestos a lo que sabe que se espera de él, incluso si con ello Por más de tres décadas, dice Scott, gran parte del debate sobre poder e
oculta opiniones que, fuera de la escena, serían muy diferentes317. ideología se ha enfocado en la interpretación de la conducta conformista
de los menos poderosos en situaciones en las que no parece ejercerse nin-
Por otra parte, en el análisis del discurso público del poder, Scott parte de gún tipo de coerción que explique dicho conformismo. En otras palabras,
la premisa de que una vez establecida, la dominación no persiste por su ¿por qué la gente da la impresión de someterse cuando parece tener otras
propia inercia. Sostenerla requiere de constantes esfuerzos de consolida- opciones? ¿Por qué una clase subordinada parece aceptar o por lo menos
ción, perpetuación y adaptación. Una buena parte de este trabajo de sos- consentir un sistema económico explícitamente opuesto a sus intereses
tenimiento consiste en simbolizar la dominación con manifestaciones y cuando no se está ejerciendo ninguna coerción explícita, ni existe ningún
demostraciones de poder. Cada uso visible, externo, de poder —todas las miedo de que se aplique? Todos ellos presuponen que el grupo subordi-
órdenes, las muestras de respeto, las jerarquías, las sociedades ceremo- nado es, de hecho, relativamente conformista, que está en una posición
niales, los castigos públicos, los usos de términos honoríficos o los insul- de inferioridad y que no recibe ninguna coerción directa. Prácticamente
tos— es un gesto simbólico de dominación que sirve para manifestar y todas las otras posiciones, con excepción de la postura pluralista en la
reforzar el orden jerárquico. La afirmación, el ocultamiento, la discusión del poder comunitario, explican esa anomalía por la existencia
eufemización, la estigmatización y, por último, la apariencia de unanimi- de una ideología dominante o hegemónica. En la mayoría de estas posi-
dad entre los poderosos parecen ser elementos esenciales del tipo de ciones hay un punto en común: aunque no excluye totalmente los intere-
dramaturgia de la dominación analizada aquí3'8. Si los subordinados creen ses de los grupos subordinados, la ideología dominante sí excluye o de-
en el poder de sus superiores, esa misma impresión ayudará a que éstos forma aspectos de las relaciones sociales que, representadas de manera
se impongan y, a su vez, aumentará su poder3'9. explícita, resultarán en detrimento de los intereses de las clases domi-
nantes.
A partir del análisis del discurso público y las múltiples formas de mani-
festarse, tanto de los subordinados como de los dominadores, entramos De acuerdo con los términos del debate, Scott identifica las siguientes
ahora sí a uno de los puntos teóricos medulares del trabajo de Scott, el posiciones sobre el problema. Existe una versión fuerte y una versión dé-
que se refiere al asunto de la falsa conciencia y la hegemonía. Sobre este bil de la falsa conciencia. La versión fuerte afirma que la ideología domi-
juego de apariencias del que está revestido e impregnado el discurso pú- nante logra sus fines convenciendo a los grupos subordinados de que de-
blico de los dominadores y los subordinados, se derivan importantes con- ben creer activamente en los valores que explican y justifican su propia
311 ibíd., p. 62. subordinación. Esta teoría fuerte de la mistificación le parece a Scott
318 ibíd., p. 71. Es de anotar que cada una de estas formas del discurso público, tanto de los subordinados sostenible, dada la consistencia de las pruebas en su contra. Por su parte,'
como del poder, son ilustrados por Scott con una riquísima ilustración empírica e histórica. la versión débil se limita a sostener que la ideología dominante, para lo-
319 ibíd., p. 74. Sin embargo, Scott advierte poder mostrar luego por qué podríamos dudar de la capacidad
grar el sometimiento, convence a los grupos subordinados de que el or-
de muchas élites dominantes para "naturalizar" su poder de esta manera.
188 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder

den social en el que viven es natural e inevitable. La teoría fuerte supone incluso odio contra la dominación vivida. Lo que dice no es que uno ama su
el consentimiento, la débil se contenta con la resignación32°. condición predestinada, sólo que esa condición está aquí para quedarse, gus-
te a uno o no321.
En cuanto a la teoría del poder de la comunidad, la discusión se da entre
pluralistas y antipluralistas. Para los primeros, la ausencia de protestas La crítica de Scott a estas versiones de la falsa conciencia y la hegemonía, se
importantes o de oposición radical en sistemas políticos relativamente dirigen ante todo a entender cómo el proceso de dominación genera los ele-
abiertos se debe considerar como un signo de satisfacción o, al menos, de mentos sociales que parecen confirmar las nociones de hegemonía. De ahí
insuficiente insatisfacción, que no justificaría el tiempo y los esfuerzos que el problema más importante en relación con el concepto de hegemonía
gastados en una movilización política. Los antipluralistas replican que el sea el supuesto implícito de que la incorporáción ideológica de los grupos
terreno político está menos abierto de lo que los pluralistas se imaginan y subordinados necesariamente reducirá los conflictos sociales. Por el contra-
que la vulnerabilidad de los grupos subordinados permite a las élites con- rio, dice Scott, cualquier ideología con pretensión de hegemonía debe hacer
trolar la vida política y obstaculizar eficazmente la participación. promesas a los grupos subordinados explicándoles por qué un orden social
específico también les conviene. Una vez hechas estas promesas queda abierta
Igualmente, en los análisis sobre por qué la clase obrera occidental se ha la puerta para los conflictos sociales. Los movimientos revolucionarios nor-
adaptado, aparentemente, al capitalismo y a las relaciones de desigualdad en malmente han perseguido metas que corresponden muy bien con la manera
la propiedad a pesar de los derechos politicos que tiene para movilizarse, se de entender la ideología dominante.
encuentra Scott con una versión fuerte y otra débil de la hegemonía ideológi-
ca. La versión fuerte subraya el funcionamiento de lo que se ha llamado los Otro foco de la crítica de Scott a las versiones de la hegemonía, especialmen-
"aparatos ideológicos del estado", que, se dice, ejercen un casi monopolio de te a la versión fuerte, consiste en cuestionar correctamente que la hegemonía
los medios simbólicos de producción así como los dueños de fábricas,pueden haya prevalecido siempre. Esta es quizás una de las críticas más profundas y
monopolizar los medios materiales de producción. Su trabajo ideológico ase- radicales a la teoría de la hegemonía. El problema con la tesis de la hegemo-
gura el consentimiento activo de los grupos subordinados al orden social que nía, por lo menos en sus versiones fuertes, es que resulta difícil explicar cómo
reproduce su subordinación. A esta versión fuerte de la hegemonía se le pue- se pueden producir cambios sociales desde abajo. Si las élites controlan los
den hacer dos críticas, según Scott. La primera: existen pruebas bastante fundamentos materiales de la producción, que les permiten extraer confor-
convincentes de que las clases subordinadas bajo el feudalismo, el capitalis- mismo en la praxis, y si también controlan los medios de producción simbó-
mo temprano y el capitalismo tardío no fueron incorporadas a nada tan abar- lica, que les aseguran la legitimación de su poder y de su control, entonces se
cador como lo pretende esta teoría. La segunda, más demoledora aún: no ha conseguido un equilibrio que se perpetúa así mismo y que sólo se puede
hay razones para suponer que la aceptación de una versión amplia e idea- perturbar mediante ataques del exterior. Las formulaciones más enfáticas de
lizada de la ideología dominante evite los conflictos —incluyendo los violen- estas teorías de la hegemonía simplemente no dejan ningún espacio para
tos— y sí existen pruebas de que dicha aceptación de hecho puede provocar los conflictos sociales y la protesta, ni siquiera en las democracias indus-
enfrentamientos. Por su parte, la teoría débil de la ideología no tiene tantas triales relativamente estables a las cuales pretenden aplicarse y donde de
pretensiones en lo que se refiere al control ideológico de las élites dominan- hecho ocurren esos conflictos322.
tes. En esta versión, sin embargo, el logro de la dominación ideológica con-
siste en definirles a los grupos subordinados lo que es y no es realista, y en Sin duda, este que acabamos de presentar es uno de los pasajes más bri-
conducir ciertas aspiraciones y quejas al terreno de lo imposible, de los sue- llantes de la crítica de Scott y constituye uno de los fundamentos centra-
ños inútiles. Persuadiendo a las clases bajas de que su posición, sus oportu- les de su teoría de la resistencia. La teoría de la resistencia debe mostrar,
nidades, sus problemas son inalterables e inevitables, la hegemonía limitada
"1 ibíd., p. 101.
puede producir esa actitud de obediencia sin por ello cambiar los valores del 322 ibíd., p. 105. Pese a que aquí acogemos la crítica de Scott, nos parece que esta crítica no puede
pueblo. Esta versión débil de la teoría de la falsa conciencia (sic), aparente- llevarnos a negar en absoluto la hegemonía como un hecho real de la dominación. La crítica no
mente convincente, no es por ello incompatible con algún tipo de rechazo o consiste en que tal o cual hegemonía se de o no se dé, sino en pretender creer que la hegemonía
blinda completamente al poder de toda forma de conflicto y de resistencia, tal como ocurre en las
32° ibíd., p. 99. versiones correctamente criticadas por Scott.
190 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 191

por el contrario, que la dominación nunca es total o completa, ni por la la inversión como la negación de la dominación que sufren, y, lo que es muy
vía de la sola represión ni por la vía de la hegemonía, como para que no importante, han llegado a actuar con base en esos valores por desesperación
surjan conflictos y resistencias; que la dominación siempre deja grietas y en las escasas ocasiones en que las circunstancias lo han permitido"326.
abiertas y hendijas, por donde siempre surge o se cuela, "como el agua de
la represa", la resistencia; y cuando no es ella la que deja grietas abiertas, Si buena parte de esta crítica a las teorías de la hegemonía es válida, dice
son los propios subordinados los que se encargan de abrirlas. Las grietas Scott, estamos entonces obligados a encontrar una explicación del con-
del poder son los espacios de la resistencia. sentimiento y la sumisión de los grupos subordinados, que no sea la de la
incorporación de la ideología de las clases dominantes. Aquí entramos a
El contraste de estas teorías con los tipos de dominación estudiados por Scott, otro momento crucial en la perspectiva teórica-de Scott sobre la resisten-
salta a la vista. Si el conflicto social, dice Scott, es un inconveniente para las cia. Dice que puede haber muchas razones para explicar por qué una for-
teorías de la hegemonía al aplicarlas a las sociedades contemporáneas, en el ma de dominación persiste pese al fracaso de incorporar la ideología do-
caso de la historia de las sociedades campesinas, de esclavos y de siervos, es minante en los subordinados; entre estas razones considera la división
una contradicción patente e insoluble. Pues, es claro que aquí la dominación, entre los subordinados, la temeridad de resistir abiertamente, la lucha
de todo es, menos hegemónica. De ahí el giro teórico y de campo de estudio cotidiana de subsistencia o el desengaño de anteriores fracasos. Por con-
que sugiere Scott: del poder a la resistencia323. "El fenómeno social, cuya expli- siguiente, las razones por las cuales los conceptos de incorporación ideo-
cación se hace necesaria a partir de todo esto, no es aquel que las teorías de la lógica y de hegemonía tienen tanta resonancia se explica porque la domi-
hegemonía y de la falsa conciencia pretenden justificar, sino su contrario. nación produce un discurso oficial que ofrece pruebas convincentes de
¿Por qué con tanta frecuencia han creído y actuado grupos subordinados de complicidad voluntaria, incluso entusiasta. "En circunstancias normales,
este tipo como si sus situaciones no fueran inevitables cuando una interpre- los subordinados tienen interés en evitar cualquier manifestación explíci-
tación histórica más juiciosa hubiera concluido que sí lo eran? Lo que necesi- ta de insubordinación. Ellos también, por supuesto, tienen siempre un
ta explicación no es el miasma de poder y esclavitud. Sí necesitamos en cam- interés práctico de la resistencia: en minimizar las exacciones, el trabajo y
bio entender la mala lectura de los grupos subordinados que parecen haber las humillaciones que reciben. La reconciliación de estos dos objetivos,
exagerado su propio poder y sus posibilidades de emancipación, y parecen que parecen ir en sentido contrario, se logra en general insistiendo justa-
también haber menospreciado el poder desplegado contra ellos. Si el discur- mente en aquellas formas de resistencia que evitan una confrontación
so público controlado por la élite tiende a naturalizar la dominación, parece abierta con las estructuras de autoridad. De esa manera, el campesino, en
también que una tendencia equilibradora se encarga muchas veces de des- beneficio de la seguridad y el éxito, ha preferido históricamente ocultar la
naturalizar la dominación"324. resistencia".

Teniendo presente esta perspectiva crítica, se trata según Scott de cuestionar Por esta razón, prosigue Scott, el discurso oficial entre el dominante y el
la lógica de la hegemonía y de la naturalización de la dominación325. Para ello subordinado está lleno de fórmulas de servilismo, de eufemismos y de
recurre a muy diversas fuentes históricas, que de acuerdo con ellas, según indiscutidas pretensiones de estatus y de legitimidad. En la escena pare-
Scott, no existe ninguna razón para aceptar ni una teoría fuerte ni una teoría cerá que los siervos o los esclavos son cómplices en la representación del
débil de la hegemonía. "No se puede atribuir los numerosos obstáculos que consentimiento y la unanimidad. El espectáculo de afirmaciones
se le presentan a la resistencia a una incapacidad de los grupos subordinados discursivas de los de abajo dará la impresión de que la hegemonía ideoló-
para imaginar un orden social contrafáctico. Estos grupos sí conciben tanto gica está firmemente asentada. El discurso oficial de las relaciones de poder
es una esfera en la cual el poder parece neutralizado, porque las élites
323 Giro en que se quedó a mitad de camino Foucault.
ejercen su influencia para conseguir precisamente eso y porque normal-
3" J. Scott, op. cit., p. 106. Cursivas del autor y mías.

' Scott admite, sin embargo, determinadas condiciones, limitadas y estrictas, en que los grupos mente es útil a los intereses inmediatos de los subordinados evitar el des-
subordinados llegan a aceptar, incluso legitimar, los mecanismos que justifican la subordinación. enmascaramiento de esas apariencias. "Así pues, el atractivo de las teo-
Estos son: casos de subordinación involuntaria, asociada a la probabilidad de que grupos subordinados rías de la hegemonía y la falsa conciencia depende en gran medida de las
accedan a posiciones de poder, situación descartada para los casos de dominación de los que él se
ocupa en su obra. J. Scott, op. cit., p. 109. 326 ibíd., p. 108. Cursivas del autor.
192 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 193

apariencias estratégicas que tanto las élites como los subordinados nor- sentido, frente al sometimiento de los súbditos, caben teóricamente tres po-
malmente introducen en el discurso público"327. Por consiguiente: "Así sibilidades no excluyentes de lectura: o bien que sea producto de una acción
como los subordinados no se dejan engañar por su propia actuación, de hegemónica del poder (situación bastante improbable para los tipos de do-
esa misma manera los investigadores e historiadores sociales no tienen, minación estudiados por Scott), o bien que se trata de una puesta en escena
por supuesto, por qué considerarla como una actuación realizada necesa- del discurso público de los subordinados, o bien que se trata simplemente de
riamente de buena fe"328. una situación de temor o resignación pasiva. Quizás, las tres lógicas que
hipotéticamente podrían determinar la actitud pública de servilismo del su-
El sentido de la argumentación de Scott apunta a mostrar, en otros térmi- bordinado sea un repertorio de acción mucho más complejo del que sospe-
nos, que el discurso público no revela la verdadera correlación entre el chamos, realizado, no por grupos deferentes o sujetos diferentes subordina-
poder y los dominados, sino que, por el contrario, la vela, tornándola bajo dos, adscrito cada uno exclusivamente a una lógica de acción diferente, sino
la apariencia de una relación de hegemonía del primero sobre los segun- por un mismo grupo o un mismo sujeto, según situaciones de dominación
dos. El hecho de que no estemos en una situación de resistencia abierta al específicas329. Así, el discurso público de los subordinados no sólo debe ser
poder, no significa que el poder sea hegemónico, pues la resistencia se contrastado con el discurso oculto, sino establecer también si tal discurso
despliega bajo formas ocultas y disimuladas al poder mismo, así su dis- oculto existe y, si existe, en qué medida incide sobre el discurso público de
curso público parezca consentir el poder. Parodiando a E. Lebotie, la si- grupos o sectores de subordinados33°. Sin pretender subestimar la riqueza y
tuación de los subordinados presentada por Scott, corresponde, no a la potencialidad del discurso oculto de los subordinados, según como nos lo
de una "servidumbre voluntaria", sino a la de una servidumbre muestra Scott, pareciera, sin embargo, como si en su perspectiva teórica los
involuntaria, es decir, la que corresponde a una dominación impuesta subordinados estuvieran en una condición generalizada de "insubordinación
sin el consentimiento de los subordinados pero de la cual ellos son inca- contenida" frente al poder. La pregunta que surge inevitablemente es,¿si ya
paces aún de deshacerse o incluso de resistirle abiertamente, pero ante la lo están, por qué el discurso oculto no rompe definitivamente el cordon
cual, públicamente, deben mostrarse respetuosos y conformes. sanitare y sale de una vez a la palestra, transformado en discurso público
contra el poder, como una verdadera declaración de rebelión? La resistencia
El problema con la réplica de Scott, que en términos generales compartimos, está ahí sin duda donde está el poder, pero no se desarrolla de golpe, tiene su
es el de la generalización. Entre los subordinados ¿quiénes actúan un discur- recorrido, su propia gramática y, por supuesto, su arte, tal como nos lo recrea
so público? ¿Todos? ¿Quiénes, al saber que actúan, saben así mismo que magistralmente Scott.
ocultan otro discurso? La réplica de Scott pierde fuerza justamente aquí, en
que, al generalizar, supone que los subordinados en general ya están poseí- Es en este arte de la resistencia efectivamente en el que el discurso de Scott
dos de una subjetividad de resistencia que los predispone a actuar en públi- cobra toda su vitalidad y sus potencialidades. "Nosotros hemos explorado
co. De su rica y valiosa investigación histórica se podría inferir, así mismo, algo de la capacidad imaginativa con que los grupos subordinados invierten
que muchos discursos públicos de los subordinados no necesariamente son o niegan las ideologías dominantes"331. De ahí la validez y la fuerza de su
actuación, sino expresión genuina de sometimiento. Y esta expresión genui-
na de sometimiento no tiene que responder necesariamente a la convicción 3" No debe olvidarse que para Gramsci la dominación es coerción revestida de hegemonía. Por
del consentimiento por los subordinados o a los efectos de la ideología hege- consiguiente, es razonable esperar que la respuesta frente a la dominación por parte de los
subordinados no sea la misma ni homogénea.
mónica sobre ellos, para ser tal. No tendríamos que demostrar, por otra par- 33° La versión de hegemonía en Gramsci que tiene Scott, parece un tanto recortada, pues la reduce a
te, que no es hegemónica la ideología de las clases dominantes para demos- pura ideología, y, realmente no es sólo eso, o no implica sólo eso. Veamos lo que al respecto dice el
trar, así mismo, que es de resistencia oculta. Los discursos públicos de los marxista italiano: "El hecho de la hegemonía presupone que se tienen en cuenta los intereses y
tendencias de los grupos sobre los cuales se va a ejercer la hegemonía, y que debe darse un cierto
dominados también pueden ser producto de una situación de miedo o de equilibrio de compromiso —en otras palabras, que el grupo dirigente debe hacer sacrificios de tipo
resignación pasiva frente al estado de cosas existentes, y en este caso no se- económico-corporativo. Pero no hay duda de que aunque la hegemonía es ético-política, también
rían ni producto de una hegemonía ni resultado de una actuación. En este debe ser económica, debe basarse necesariamente en la función decisiva ejercida por el grupo
dirigente en el núcleo decisivo de la actividad económica". A. Gramsci, "Cuadernos de la cárcel",
3" ibíd., pp., 115 y 116. citado por Perry Anderson, Las Antinomias de Gramsci. Fontamara. Barcelona. 1978, p. 37.
3" ibíd., p. 117. 331
J. Scott, op. cit., p. 117.
194 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 195

advertencia: "Considerar a los esclavos, los siervos, los campesinos, los into- oculto es un producto social y, por lo tanto, resultado de las relaciones de
cables y otros grupos subordinados como éticamente sumisos sólo porque poder entre los subordinados. Segunda: como la cultura popular, el dis-
sus protestas y sus argumentos respetan las formas de decoro de la clase curso oculto no existe en forma de pensamiento puro; existe sólo en la
dominante a la que están desafiando sería un error analítico muy serio"332. medida en que es practicado, articulado, manifestado y diseminado den-
"La mayoría de los actos de los de abajo, incluso cuando son protestas, respe- tro de los espacios sociales marginales. Tercera: los espacios sociales en
tarán en buena medida —implícita o explícitamente— las 'reglas', incluso si su que crece el discurso oculto son por sí mismos una conquista de la resis-
objetivo es socavarla" 333 tencia, que se gana y se defiende en las fauces del poder"335.

Para Scott, este arte de la resistencia supone la creación de un espacio Estos espacios sociales del discurso oculto, prosigue Scott, son aquellos
social para una subcultura disidente. Veamos algunas características que, en que ya no es necesario callarse las réplicas, reprimir la cólera, morder-
según él, presenta este espacio social. El ámbito en el cual un esclavo pue- se la lengua y donde, fuera de las relaciones de dominación, se puede ha-
de, por lo menos temporalmente, afirmar su dignidad y su valor como ser blar con vehemencia, con todas las palabras. Por lo tanto, el discurso oculto
humano es aquél donde se reúne con sus semejantes, entre los cuales, por aparecerá completamente desinhibido si se cumplen dos condiciones: la
lo tanto, tiene más que perder en caso de un ataque público a esa digni- primera es que se enuncie en un espacio social apartado, sustraído del
dad. En este círculo social restringido, el subordinado puede encontrar control, la vigilancia y la represión de los dominadores; la segunda, que
un refugio ante las humillaciones de la dominación: allí, en ese círculo, ese espacio social esté integrado por confidentes cercanos que compartan
está el público para el discurso oculto. Al sufrir las mismas humillaciones experiencias similares de dominación. El término espacio social no se re-
o, peor aún, al estar sujetos a los mismos términos de la subordinación, fiere exclusivamente a un lugar fisico apartado, pues la creación de un
todos tienen un interés común en crear un discurso de la dignidad, de la lugar seguro para el discurso oculto no requiere necesariamente la dis-
negación y de la justicia. Tienen, además, un interés común en reservar tancia física del dominante, siempre que se recurriera a unos códigos y
un espacio social, alejado de la dominación, en relativa seguridad, un dis- dialectos linguísticos incomprensibles para los amos y las amas336.
curso oculto. La resistencia contra la dominación ideológica requiere, a
su vez, una contraideología —una negación— que ofrecerá realmente una Establecidas las cualidades del espacio social de la resistencia y su relación
forma normativa general al conjunto de prácticas de resistencia inventa- con el discurso oculto, Scott nos presenta una gran variedad de prácticas y
das por los grupos subordinados en defensa propia. Por otro lado, dice estrategias que usan los grupos subordinados para introducir su resistencia,
Scott, ninguna de las prácticas ni de los discursos de la resistencia pueden disfrazada, en el discurso público, a la cuales él llama apropiadamente, "las
existir sin una coordinación y comunicación tácita o explícita dentro del artes del disfraz político". Estas artes del disfraz político se despliegan en ese
grupo subordinado. Para que eso suceda, el grupo subordinado debe crear- vasto territorio que Scott delimita entre los extremos de la oposición abierta
se espacios sociales que el control y la vigilancia de sus superiores no pue- y colectiva contra los detentadores del poder y la total obediencia hegemóni-
dan penetrar. Además, esos espacios como ámbitos de poder sirven para ca. Por razones de espacio, aquí sólo las enunciaremos. En primer lugar, es-
disciplinar y formar patrones de resistencia. Una subcultura de la resis- tán las técnicas básicas o elementales de disfraz, entre las cuales figuran el
tencia o una contracostumbre es forzosamente un producto de la solida- anonimato, los eufemismos y el refunfuño; luego se encuentran las técnicas
ridad entre subordinados334. más complejas y culturalmente elaboradas, que se encuentran en la cultura
oral, los cuentos populares, la inversión simbólica y, finalmente, los ritos de
Existe pues una relación muy estrecha entre espacios sociales y discurso inversión, como el carnava1337.
oculto. Scott presenta enseguida algunas observaciones al respecto. Dice:
"Al pasar al examen de los espacios sociales en que crece el discurso ocul- Después de todo, todo ese arte de la resistencia y las formas visibles en que se
to será útil tener presente algunas observaciones. Primera: el discurso expresa no serían posibles sin lo que Scott llama la infrapolítica, un concepto
"1 ibíd., p. 119. 133 ibíd., p. 149.
333 ibíd., p. 120. 3" ibíd., p. 150.
334 ibíd., pp. 114 y ss. 337 ibíd., pp. 167 y 169.
196 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 197

realmente valioso para comprender cómo la resistencia no es la ocurrencia derada como una dimensión inmanente y fundamental de la política, espe-
simplemente de episodios fulgurantes y efimeros en el frío firmamento de la cialmente de la política de los dominados.
dominación, sino que, por el contrario, comprende procesos orgánicos,
moleculares y persistentes, sin los cuales ni las artes ni las formas visibles de Por otro lado, no se trata de reducir la política a la infrapolítica, sino de
la misma serían posibles. El término infrapolítica, dice Scott, parece una for- encontrar sus articulaciones e interdependencias. "Cada una de las for-
ma económica de expresar la idea de que nos hallamos en un ámbito discreto mas de resistencia disfrazada, de infrapolítica, es la silenciosa compañera
de conflicto político, que comprende la lucha sorda que los grupos subordi- de una forma vociferante de resistencia pública. En ese sentido, la inva-
nados libran cotidianamente y que se encuentra más halla del espectro visi- sión discreta de terrenos, uno por uno, es el equivalente infrapolítico de
ble. Esta invisibilidad, propia de la infrapolítica, es en buena medida resulta- la invasión abierta de tierras: ambas tienen- como fin oponerse a la acu-
do de una acción deliberada, de una decisión táctica que está consciente del mulación. El rumor y los cuentos populares de venganza son el equiva-
equilibrio del poder. En otro sentido, la infrapolítica también se refiere a los lente infrapolítico de los gestos explícitos de desprecio y profanación. Fi-
cimientos culturales y estructurales de la acción política visible que hasta nalmente, la imaginería milenarista y la inversiones simbólicas de la reli-
ahora ha atraído nuestra atención. Aquí nos encontramos nuevamente en gión popular son los equivalentes infrapolíticos de las contraideologías
los territorios del discurso oculto y sus espacios sociales de creación. Una públicas, radicales"34°. En el caso de estudio, la infrapolítica es, para Scott,
forma de singularizar el ámbito y sentido propio de la infrapolítica consiste fundamentalmente la forma estratégica que debe tomar la resistencia de
en contrastarla con las formas abiertas y declaradas de resistencia. La los oprimidos en situaciones de peligro extremo. Los imperativos estraté-
infrapolítica comprende, por consiguiente, las formas disfrazadas, discretas gicos de la infrapolítica no sólo la hacen diferente de la política abierta en
e implícitas de la resistencia. las democracias, sino que imponen una lógica intrínsecamente diferente
a la acción política. No se hacen demandas públicas, no se definen ámbi-
Sin embargo, y esto es muy importante, Scott no restringe la dimensión de la tos simbólicos explícitos. Todas las acciones políticas adoptan formas ela-
resistencia como infrapolítica sólo a los sistemas generales de dominación boradas para oscurecer sus intenciones o para ocultarse detrás de un sig-
premodernos, sino que comprende también a las formas de dominación pro- nificado aparente. Normalmente casi nadie actúa en nombre propio por-
pias de las democracias liberales de Occidente. "Las conquistas históricas de que sería contraproducente34'. Obviamente, no es que la infrapolitica esté
libertades políticas de expresión y de asociación han reducido considerable- ausente de la política de los dominados en las democracias, sino que ésta
mente los peligros y las dificultades para manifestarse políticamente de ma- adquiere dimensiones bastante menos dramáticas, cruza más fluidamente
nera explícita. No obstante, hasta hace poco, y aún hoy, en Occidente la ac- del espacio no visible al espacio de lo público y tiene mayores posibilida-
ción política abierta difícilmente comprenderá el grueso de la actividad polí- des de nuevos desarrollos342.
tica de las minorías menos privilegiadas y muchos de los pobres marginados.
Y atender exclusivamente a la resistencia declarada tampoco nos ayudará a Puesto que la actividad política explícita en los regímenes de dominación de
comprender cómo seforman las nuevasfuerzas y demandas políticas antes estudio está casi prohibida, la resistencia se reduce a las redes informales de
de que éstas irrumpan violentamente en la escena Mí/Cr/338 . Siempre que la familia, los vecinos, los amigos y la comunidad, en vez de adquirir una
limitemos, dice Scott, nuestra concepción de lo político a una actividad explí- organización formal. Se podría decir que en función de estos espacios socia-
citamente declarada, estaremos forzados a concluir que los grupos subordi- les se despliegan las formas elementales de la vida política, sobre las cuales
nados carecen intrínsecamente de una vida política o que ésta se reduce a los se pueden construir formas más complejas, abiertas, institucionales que tam-
momentos excepcionales de explosión popular. En este caso omitiremos el bién dependerán de ellas para subsistir. Estas formas elementales de la polí-
inmenso territorio político que existe entre la sumisión y la rebelión y que, tica también ayudan a comprender por qué la infrapolitica resulta tantas ve-
para bien o para mal, constituye el entorno político de las clases sometidas339. ces imperceptible. Sin duda alguna, la infrapolitica es política real. En mu-
Esta tesis de Scott, que rompe definitivamente con una concepción estado-
céntrica de la política, plantea cómo y por qué la infrapolítica debe ser consi- 34° ibíd., p. 235.
34 íd.
ibíd., p. 233. Cursivas mías.
338 342 Aquí el discurso de Scott parece quebrarse, al sugerir una contraposición entre infrapolítica y acción
" ibíd., pp. 233 y 234.
3 política abierta, lo cual nos parece inconsecuente.
198 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 199

chos sentidos, comparada con la vida política en las democracias liberales, la un reto, una declaración de guerra. La negativa abierta a cumplir con una
infrapolítica se ejerce con mayor entusiasmo, frente a mayores dificultades y puesta en escena hegemónica es, por lo tanto, una forma particularmente
con objetivos más importantes. Dice Scott: "Desde esta perspectiva singular, peligrosa de insubordinación. En efecto, el término insubordinación es
se puede concebir la infrapolítica como la forma elemental —en el sentido de muy apropiado porque cualquier negativa particular a obedecer no es sólo
fundamental— de la política. Es el cimiento de una acción política más com- una pequeña grieta en una pared simbólica: implica necesariamente un
pleja e institucionalizada que no podría existir sin ella. En las condiciones de cuestionamiento de todos los otros actos que esa forma de insubordina-
tiranía y persecución en las que vive la mayoría de los sujetos históricos, la ción implica345. Produce un efecto desencadenante contra la dominación.
infrapolítica es vida politica"343. Nos parece brillante este pasaje del discurso "Una sola interrupción de la sumisión se puede reparar o excusar sin con-
de Scott y bastante valioso puesto que intenta fundamentar la política, como secuencias importantes para el sistema de dominación. Sin embargo, un
en su momento lo hiciera Marx contra el discurso liberal y hegeliano, desde acto único de insubordinación pública exitosa perfora la superficie uni-
otras bases y desde otra lógica, diferente a la puramente estatal o teatralizada. forme del aparente consenso, que es un recordatorio visible de las rela-
La politica de los dominados no procede de arriba hacia abajo, sino de abajo ciones de poder subyacente"346.
hacia arriba, como el poder y la resistencia foucaultiano.
El momento en que la disensión del discurso oculto cruza el umbral hacia
Por último, llegamos al nudo estratégico en que Scott analiza la manera la resistencia explícita siempre constituye una ocasión de enorme carga
cómo se rompen definitivamente las fronteras entre el discurso oculto y política. Este momento aparece como aquél en el que finalmente se ex-
el discurso público de los dominados y el impacto político de esta primera presa la verdad. Cuando alguien finalmente se atreve a realizar un acto de
declaración pública del discurso oculto en el 'desarrollo de las relaciones desafio público, el sentimiento de satisfacción tiene, por lo tanto, tam-
entre poder y resistencia —luego de esa "guerra de guerrillas" desplegada bién una doble cara. Está la sensación de liberación que produce resistir a
entre ambos antes de la gran ruptura. Su "unidad de análisis", como di- la dominación y, al mismo tiempo, la liberación de manifestar finalmente
rían los metodologos, se centra en ese momento especial de ruptura, como la reacción que antes se había sofocado. Dice Scott: "Sólo cuando ese dis-
un momento culminante y desencadenante al mismo tiempo. Este mo- curso oculto se declara abiertamente, los subordinados pueden recono-
mento podría considerarse también como la forma en que la infrapolítica cer en qué medida sus reclamos, sus sueños, su cólera son compartidos
se transforma plenamente en política a través de esta ruptura. "El primer por otros subordinados con los que no han estado en contacto directo"347.
paso para entender dichos momentos es colocar el tono y la disposición
de los que por primera vez hablan desafiantemente casi en el centro de El discurso de Scott concluye justamente en la valoración del impacto de
nuestro análisis. Ya que su entusiasmo y su energía impulsan en cierta ese momento culminante, de éxtasis colectivo —en el que la resistencia
medida los acontecimientos ambos son, al mismo tiempo, parte de la si- como lo oculto ha devenido en lo público sublimado—, sobre la trama y
tuación y variables estructurales. Además son una fuerza esencial de las redefinición de las relaciones de poder: "Cuando la primera declaración
conquistas políticas —una fuerza que supera por mucho cualquier espe- del discurso oculto tiene éxito su capacidad movilizadora como acto sim-
ranza de capturarla, incluso remota, que pudieran albergar las teorías sobre bólico es potencialmente asombrosa. En el nivel de la táctica y de la estra-
la movilización de recursos en los movimientos sociales, para no hablar tegia, se trata de un importante indicio del estado de cosas: anuncia una
de la teoría de la opción pública"3`4. posible inversión de ese estado. Los actos simbólicos decisivos, como dice
un sociólogo, 'ponen a prueba la resistencia de todo el sistema de miedo
Para el análisis de este momento de ruptura, Scott establece una distin- recíproco'. En el nivel de las creencias, de la cólera y de los sueños políti-
ción conceptual entre desobedecer en la práctica y negarse declarada- cos, se trata de una explosión social. La primera declaración habla en nom-
mente a obedecer. Lo primero no rompe necesariamente el orden norma- bre de innumerables subordinados, grita lo que históricamente había te-
tivo de la dominación, lo segundo casi siempre lo hace. Cuando un acto nido que ser murmurado, controlado, reprimido, ahogado y suprimido.
práctico de desobediencia se junta con una negativa pública, constituye
345 ibíd., pp. 241 y 242.
343 ibíd., pp. 236 y 237. Cursiva del autor. 346 ibíd., p. 242.
344 ibíd., p. 240. 347 ibíd., p. 262. Cursivas del autor.
200 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 201

Si el resultado parece un momento de locura, si la política que engendran ticas como El poder constituyente hasta la más reciente: Multitud Guerra y
es tumultuosa, frenética, delirante y a veces violenta, se debe quizá al he- democracia en la era del Imperio, escrita con Michael Hardt. Para la presen-
cho de que los oprimidos rara vez aparecen en la escena pública y tienen tación de su perspectiva teórica acerca de la resistencia nos basaremos en
tanto que decir y hacer cuando finalmente entran en ella"348. esta última obra, la cual en buena medida sintetiza y actualiza sus apreciacio-
nes anteriores. En sentido no sólo cronológico sino temático, de hecho Mul-
Así, el arte de la resistencia de Scott, representa un valioso aporte a la titud es continuación o complemento de Imperio, la penúltima obra escrita
teoría de la resistencia, especialmente útil en contextos surcados por la por los dos autores349. Aunque entre las dos obras existe sin duda un desarro-
violencia de poderes, contrapoderes y parapoderes como el colombiano, llo temático y teórico coherentes, se pueden advertir, sin embargo, entre una
y enriquece la perspectiva teórica de pensadores precedentes, como por y otra, énfasis teóricos y, quizás, también, rupturas importantes, como ten-
ejemplo las de Marx y Foucault, en aquellos aspectos en que ellos la deja- dremos ocasión de indicar más adelante.
ron simplemente enunciada o por desarrollar: amplía, por ejemplo, el
campo de referencia de la resistencia más allá de las relaciones de poder y No obstante, que Negri y Hardt dedican al tema de la resistencia un capítulo
explotación propio de las relaciones sociales de producción; desmitifica, especial de su obra —el III de la primera parte, titulado: Resistencia—, pode-
así mismo, la idea de un omni-poder, que todo lo regula, controla y pro- mos considerar toda la obra Multitud como un tratado filosófico-político ge-
duce o de una ideología hegemónica que lo blinda herméticamente con- neral acerca de la resistencia en la era contemporánea. De manera que para
tra toda fuerza opositora, mostrando, por el contrario, cómo todo poder efectos de nuestra presentación no sólo tomaremos en cuenta este capítulo
es vulnerable y presenta grietas, que, a su vez, representan siempre posi- sino el cuerpo general de la obra. En este sentido, desde ya podemos decir
bilidades abiertas de surgimiento y de despliegue de la resistencia. Por que la multitud que nos dibujan Hardt y Negri es el sujeto y predicado de la
otra parte, la perspectiva teórica de Scott, muestra cómo el arte de la re- resistencia en el contexto de la guerra global del imperio; multitud, que se
sistencia no se reduce solamente a la teatralización de la política, ni la orienta según un ideal, que es el ideal de la democracia. Título y subtítulo de
política se restringe a los espacios públicos estatales, que existe una di- la obra están, pues, estrechamente entrelazados.
mensión y un campo de posibilidades de acción de la resistencia por de-
bajo de la macro-política, que siempre encuentra la forma de incursionar Empecemos pues por plantear una síntesis del contexto y luego entrare-
y trastocar las esferas amplias de la macro-política. mos directamente al problema. En la era del Imperio global, dicen Hardt
y Negri, que se caracteriza por un declinar irreversible de la soberanía
Del estudio minucioso de Scott, nos queda una gran riqueza de formas y nacional y la irrupción de una nueva forma de soberanía supranacional,
lógicas en que la resistencia afronta la gramática del poder actuando en la guerra se está convirtiendo en un fenómeno general, global e intermi-
su propio campo. El arte de la resistencia presentado por Scott podría nable, un estado de guerra civil permanente en el que impera el estado de
conceptualizarce como una fenomenología de la lógica de la resistencia excepción y no la vigencia de la normatividad regular. Este estado de gue-
actuando en los propios terrenos del poder; la pregunta pendiente es rra civil permanente se distingue de las anteriores formas de la guerra en
cómo afronta la resistencia al poder actuando en su propio terreno, por que ya no se trata de guerras entre estados soberanos sino entre comba-
ejemplo a través de una suerte de compromiso activo de grupos de su- tientes soberanos y no soberanos. De ahí que las guerras "localizadas"
bordinados con la ideología del poder y que puede adoptar la forma del (como las llaman algunos), como las de Colombia, Sierra Leona y Aceh
consentimiento pasivo o activo del poder, o formas abiertas de como en Israel/Palestina, India/Pakistán, Afganistán e Irak deberían con-
contraresistencias. siderarse como guerras del Imperio, así no lo movilicen como un todo,
debido a que se desarrollan en los marcos globales del mismo35°.
2. Tonny Negri y la Resistencia de la multitud
349
Cfr. Hardt y Negri. Imperio, desde abajo. Bogotá. 2003. "En los albores de la postmodernidad —
El planteamiento actual de Tonny Negri acerca de la resistencia sintetiza una dicen Hardt y Negri—, emprendimos en Imperio el intento de delinear una nueva forma de soberanía
trayectoria intelectual que arranca desde sus primeras obras filosófico-poli- global. Ahora, en este libro, tratamos de entender la naturaleza de la formación de la clase global
emergente: la multitud". Hardt y Negri. Multitud, p. 19.
348 ibíd., pp. 266 y 267. 35° Hardt y Negri. Multitud, pp. 23 y 24.
202 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 203

La noción de excepción es, según Hardt y Negri, la clave para comprender espacialmente. En potencia se extiende en cualquier dirección durante
el estado actual de guerra global permanente. Esta noción de excepción un período impreciso. En efecto, dicen Hardt y Negri, cuando los líderes
conjuga la tradición alemana y la estadounidense, en cuanto que la pri- de los EE.UU. proclamaron la "guerra contra el terrorismo" luego de los
mera se refiere a la suspensión temporal de la Constitución y las garan- acontecimientos del ii-S, hicieron constar que abarcaría a todo el planeta
tías jurídicas y la segunda se refiere a la excepcionalidad estadouniden- y se prolongaría durante un período indefinido, tal vez durante décadas o
se351. En el estado de guerra global, el estado de excepción se ha converti- generaciones. Una segunda consecuencia es que las relaciones interna-
do en permanente y generalizado, la excepción pasa a ser la norma e inva- cionales y la política interior se asemejan y confunden cada vez más. Se
de tanto las relaciones exteriores como el panorama interno. Pero, pun- difumina la distinción entre el "enemigo", tradicionalmente concebido
tualizan los autores, la base real del estado actual de excepción es el otro como exterior, y las "clases peligrosas", tradicionalmente interiores, en
sentido de la excepcionalidad estadojunidense: su poderío excepcional y tanto que objetivos del esfuerzo bélico. Todo lo cual tiende a criminalizar
su capacidad para dominar el orden global352. Por otro lado, cuando el las diversas formas de contestación y resistencia social354. La guerra tien-
estado de excepción se convierte en regla, y la guerra en condición inter- de, en ese sentido, hacia dos sentidos opuestos al mismo tiempo: por un
minable, se desvanece la distinción tradicional entre la guerra y la políti- lado, se reduce a la acción policial; por el otro, se eleva a un nivel absoluto
ca. En otras palabras, la guerra se está convirtiendo en el principio orga- y ontológico mediante las tecnologías de la destrucción global. El biopoder
nizador básico de la sociedad, y la política simplemenmte en uno de sus no sólo esgrime la capacidad de destrucción masiva, sino también la de
medios o disfraces. Siguiendo el precedente de Foucault, para Hardt y violencia individualizada355.
Negri, la guerra se ha convertido en la matriz general de todas las relacio-
nes de poder y técnicas de dominación, supongan o no derramamiento de Sin embargo, este biopoder, no sólo acarrea la muerte. Recuperando la di-
sangre. La guerra se ha convertido en un régimen de biopoder, es decir, mensión de vida planteada por Foucault respecto del biopoder, los autores
en una forma de dominio con el objetivo no sólo de controlar a la pobla- subrayan que la guerra global también ha de producir la vida y regularla.
ción, sino de producir y reproducir todos los aspectos de la vida social. Para subsistir el poder soberano ha de preservar la vida de los súbditos, como
Esa guerra acarrea la muerte pero también, paradójicamente, debe pro- mínimo ha de preservar su capacidad para producir y consumir. Esta segun-
ducir la vida353. da dimensión del bípoder es la que corresponde a las nuevas estrategias de
contrainsurgencia, "una dominación de pleno espectro", que combina el po-
Dos consecuencias arrojan este nuevo tipo de guerra. Por un lado, ade- derío militar con el control social, económico, político, psicológico e ideoló-
más de ser una guerra indeterminable temporalmente, lo es tambien gico. En otras palabras, la contrainsurgencia no debe destruir el medio am-
biente de la insurgencia, sino más bien crear y controlar ese medio; la
351
Los autores se refieren aquí a la excepción en el significado de la tradición germánica según como contrainsurgencia necesita crear técnicas positivas.
la entendió Smith y a la noción de excepcionalidad estadounidense según la tradición histórica
republicana de los EE.UU. respecto de Europa, complementada hoy con el significado de la excepción Este es pues, en síntesis, el contexto actual del imperio, caracterizado por
a la ley practicada por los EE.UU. frente a los tratados internacionales. Hardt y Negri, Multitud, pp.
26 y 27. una guerra global que se despliega en forma de red para enfrentar a ene-
352 Hardt y Negri. Multitud, p. 30. Esta consideración introduce una diferencia de matiz respecto a la migos en red por todos los lados356.
caracterización anterior del imperio como una red sin centro expandida territorialmente por el planeta.
Ahora el imperio no es una red horizontal sino jerarquizada según estructuras de poder entre estados-
Ya hemos indicado cómo Hardt y Negri nos presentan una perspectiva ac-
naciones y actores transnacionales. "Lo que emerge hoy, en cambio, dicen Hardt y Negri, es un
`poder en red', una nueva forma de soberanía, que incluye como elementos principales o nodos a tualizada del biopoder de Foucault. Un poder que acarrea la muerte, pero
los estados-nación, junto con las instituciones supranacionales, las principales corporaciones que al mismo tiempo se esfuerza por producir la vida y regularla. Pero, por
capitalistas y otros poderes. En la red del Imperio no todos los poderes son iguales, por supuesto.
Muy al contrario, algunos estados-nación tienen un poder enorme, y otros casi ninguno, y lo mismo
ocurre con las demás corporaciones e instituciones que componen la red. Pero a pesar de las 354 ibíd., pp. 35 y 36. Es sorprendente la coincidencia tan estrecha entre estos pasajes del análisis de
desigualdades, se ven obligados a cooperar para crear y mantener el orden global actual con todas Hardt y Negri, con la situación colombiana, que vive crecientemente una guerra cada vez más
sus divisiones y sus jerarquías internas". Multitud, p. 14. Esta observación y énfasis no aparecen en prolongada y más antipopular.
Imperio o simplemente se diluyen. 355 ibíd., p. 41.

353 ibíd., pp. 33 y 34. 356 ibíd., p. 89.


204 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 205

otra parte, este poder no es total, no es completo, no es absoluto, por el con- Nos parece importante insistir en este planteamiento de Hardt y Negri,
trario, está plagado de contradicciones y suscita reistencias. Aquí, en esta porque tal vez no se llegue a comprender del todo la potente fuerza que
idea de la incompletitud del poder, radica una de las premisas fundamenta- encierra esta idea primigenia acerca de la resistencia, el sujeto constituyen-
les de la perspectiva filosófico-política de la resistencia de Hardt y Negri, la te y el ideal de democracia que persigue. Por un lado, nos parece que supe-
cual se opone radicalmente a muchas de las teorías en boga durante los años ra el planteamiento novedoso de Foucault, según como vimos, "donde hay
6os acerca de "la poducción del súbdito por el poder", de "la completa aliena- poder hay resistencia", pues, ahora poder y resistencia no son
ción del ciudadano y el trabajador y de colonización total del mundo vivien- ontológicamente simétricos sino asimétricos (primero una y luego el otro);
te". Por el contrario, dicen Hardt y Negri, la dominación nunca puede ser y por otro lado, superando nuevamente a Foucault, resitúa la mirada —de la
completa, por muchas dimensiones que abarque, y siempre encuentra su historia, de la sociedad y de la política—, del poder a la resistencia ("nos
contradicción en la resistencia. Desde el punto de vista de la soberanía, el permite contemplar esta historia desde abajo e iluminar las alternativas
poder soberano se halla siempre limitado y ese límite siempre encierra la pósibles"). Por último, zambuyéndose en las fuentes filosóficas del
posibilidad de ser convertido en una resistencia, en un punto de vulnerabili- hegelianismo de izquierda alemán del que toman a Marx como referencia
dad, en una amenaza. El trabajo, aunque esté subyugado por el capital, man- emblemática, restituyen la fuerza y la potencia de las subjetividades como
tiene siempre, necesariamente, su propia autonomía, lo cual es todavía más las verdaderas protagonistas de la realidad y de la historia. "Del mismo
evidente hoy, en relación con las nuevas formas de trabajo inmateriales, de modo, dicen Hardt y Negri, también nosotros debemos empezar a com-
cooperación y colaboración. En cualquier caso, hay que tener presente que ni prender nuestro estado actual de guerra global y su desarrollo, investigan-
siquiera en los conflictos asimétricos es posible la victoria concebida como do la genealogía de los movimientos de resistencia políticos y sociales. Esto
dominación completa357. nos acabará llevando a una nueva visión de nuestro mundo, y también a
comprender las subjetividades capaces de crear un mundo nuevo"36'.
Esta idea-fuerza de la incompletitud inmanente de la dominación en
Hardt y Negri está directamente vinculada con su concepción ontológica La multitud aparece de esta manera en el discurso filosófico-pólítico de Hardt
de la resistencia, que le da primacía a ésta sobre el poder, tal como lo y Negri como la síntesis conceptual y real de las resistencias desencadenadas
veremos enseguida. Siguiendo la distinción que, según ellos, estableció y siempre creativas en el mundo moderno y actual. "Reconocer las caracte-
Marx entre método de investigación y método de exposición, dicen: "Aun- rísticas de la multitud nos permitirá invertir nuestras perspectivas del mun-
que el uso habitual de la palabra tal vez sugiera lo contrario —la resis- do. Tras la Darstellung, o exposición, de nuestro estado actual de guerra,
tencia como respuesta o reacción—, la resistencia es primaria con res- nuestra Forschung, o investigación, sobre la naturaleza y las condiciones de
pecto alpoder"358. Una idea que, además, está en la base de la compren- la multitud nos permitirá situarnos en un nuevo punto de vista, desde el que
sión de la sociedad capitalista moderna, según la cual, esquemáticamente podemos identificar las fuerzas reales y creativas que están emergiendo con
dicho, primero es el trabajo y luego el capital, el capital es un producto y el potencial para crear un mundo nuevo. La gran producción de subjetividad
no un creador del trabajo, el creador es el trabajo, sujeto-objeto de la de la multitud, su capacidad biopolítica, su lucha contra la pobreza, su cons-
dominación por el capita1359. Así, entonces, situar ontológicamente la tante anhelo de democracia, todo ello coincide aquí con la genealogía de esas
resistencia primero que el poder "nos brinda una perspectiva diferente resistencias que abarcan desde los comienzos de la era moderna hasta nues-
del desarrollo de los conflictos modernos y de la emergencia de nuestra tra era"362. La multitud representa pues el sujeto de la resistencia y el poten-
actual guerra global permanente. Reconocer la primacía de la resisten- cial creador de este mundo nuevo.
cia nos permite contemplar esta historia desde abajo e iluminar las al-
ternativas posibles hoy día"360 No nos detendremos aquí en seguir en detalle los desarrollos de esta ge-
nealogía presentada por Hardt y Negri, nos limitaremos a destacar
3" ibíd., pp. 79 y 80. críticamente algunas indicaciones respecto de ella que consideramos úti-
"8 ibíd., p. 91. Cursivas de los autores. les desde el punto de vista de la reconstrucción teórica de la resistencia.
3" Esta perspectiva aparece desarrollada, entre otros, en: Guattari, F. y Negri, A. Las verdades nómadas

& General lntellect, poder constituyente, comunismo. Akal. Madrid, 1999. 36 ibíd., p. 92.
3" Hardt y Negri. Multitud, p. 91. 362 ibíd., p. 95.
206 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 207

Anotemos, en primer lugar, que la genealogía de la resistencia que Hardt con las nociones de toma del poder y construcción de una nueva socie-
y Negri nos presentan, pretende dar cuenta de sus formas cambiantes dad365. Por otro lado, la centralización y jerarquización que implica la for-
según tres principios básicos: el primero, se refiere a la oportunidad his- mación de un ejército popular producen una dramática pérdida de auto-
tórica, es decir, a la forma de resistencia más eficaz para combatir una nomía de las diversas organizaciones guerrilleras locales y de la pobla-
forma específica de poder. El segundo principio establece una correspon- ción insurrecta en su conjunto. Según observan los autores, la debilidad
dencia entre las formas cambiantes de resistencia y las transformaciones de la democracia que ofrecen los movimientos guerrilleros salta a la vista
de la producción económica y social. En otras palabras, en cada época el cuando alcanzan la victoria y toman el poder, aunque en bastantes casos
modelo de resistencia que se revela más eficaz adopta la misma forma sean mucho más democráticos que los regímenes a los que sustituyen.
que los modelos dominantes de producción económica y social. El tercer Sin embargo, valoran los autores que durante los largos períodos de re-
principio que aperecerá se refiere simplemente a la democracia y la liber- sistencia armada y movimientos de liberación, las fuerzas guerrilleras han
tad: cada nueva forma de resistencia apunta a corregir las cualidades no creado continuamente unas articulaciones más estrechas entre lo político
democráticas de las formas anteriores, creando una secuencia de movi- y lo social, entre guerras de liberación anticoloniales y guerras de clase
mientos cada vez más democráticos363. Cabe observar, de paso, que estos anticapitalistas. Y subrayan, que esta articulación entre lo social y lo polí-
tres principios de la genealogía de la resistencia, en realidad, se fundan tico se hace mucho más estrecha en la postmodernidad. La genealogía de
en un mismo principio de historicidad, según el cual, la resistencia es siem- las resistencias y las luchas de la postmodernidad, presuponen la natura-
pre histórico-concreta y su desarrollo se corresponde con una finalidad leza política de la vida social y la adopta como clave interna de todos los
histórica. El thelos de esa genealogía es la democracia, una suerte de "es- movimientos366.
píritu absoluto" hegeliano hasta culminar su realización plena en el poder
constituyente de la multitud364. En todo caso, el balance que arroja esta genealogía es, para Hardt y Negri,
más bien amargo. En la actualidad, dicen, algunos de los modelos tradi-
Por otra parte, cabe anotar que esta genealogía hace bastante hincapié cionales básicos del activismo político, la lucha de clases y la organización
en las formas armadas de la resistencia, bajo la forma de ejércitos popu- revolucionaria han pasado a ser obsoletos e inútiles. La causa más impor-
lares y guerra de guerrillas desarrolladas en los más diversos rincones tante de esta pérdida de vigencia radica en la transformación de la propia
del planeta durante la época moderna, algunas triunfantes y otras fra- multitud; transformación que relacionan con la recomposición a nivel glo-
casadas, y subestima, o no le da la misma importancia a las experiencias bal de las clases sociales, la hegemonía del trabajo inmaterial y las formas
reales de resistencias no armadas protagonizadas por los movimientos de toma de decisiones basadas en estructuras de red, que han cambiado
sociales igualmente en todos los rincones del planeta durante la época de manera radical las condiciones de todo proceso revolucionario367. De
moderna.
esta manera, entramos a la postmodernidad, la era de la multitud propia-
mente dicha.
Deteniéndose por consiguiente en el estudio de las formas de resistencia
armada, Hardt y Negri, destacan que las diversas teorías sobre la guerra 365 No es del todo satisfactoria esta simetría entre revolución, toma del poder y nueva sociedad, por un
civil que desarrolló la izquierda durante la época moderna giran en torno lado, con una estrategia basada en la formación de ejércitos, guerra de guerrillas e insurrección, por
a la transformación de la insurrección en un ejército, la transformación el otro. Por lo menos, desde la revolución bolchevique de 1917, los revolucionarios no discutían la
de la actividad de los partisanos en un contrapoder organizado. La rela- conveniencia y necesidad de tomar el poder y construir una nueva sociedad, en realidad los debates
se centraron en cuál era la estrategia más adecuada para lograrlo según cada circunstancia histórico-
ción entre rebelión y revolución, entre insurrección y guerra civil, entre político (oportunidad histórica), que Antonio Gramsci resumió en uno de los pasajes más lúcidos de
bandas armadas y ejército popular revolucionario, se articula así mismo sus Cuadernos de la Cárcel en términos de "guerra de posiciones" o "guerra de movimientos", y
que se expresaron en los debates del III Congreso de la Internacional Comunista acerca de la táctica,
363 ibíd., pp. 95 y 96.
que. a su vez. habían dado lugar a la ruptura con la socialdemocracia alemana años antes. Por otro
364 Esta observación crítica ya la hábía formulado Daniel Bensaid en los siguientes términos: "El lado, para el caso de Cuba y Nicaragua, los estudios recientes muestran cómo las vanguardias
`concepto absoluto de democracia' reemplaza al espíritu absoluto hegeliano en una restaurada armadas triunfantes requirieron, no como condición suficiente sino necesaria, la participación activa
teleología historicista, que reinstala en el trono la tentación de los fines anunciados de la historia". de las masas urbanas en el proceso revolucionario para asegurar el triunfo de la revolución.
Daniel Bensaid. "Multitudes ventnlocuas. (A propósito de Multitud, de Hardt y Negri)". Revista 366
Hardt y Negri. Multitud, pp. 97 y ss.
Herramientas. Intemet.
367 ibíd., p. 96.
208 Jaime Rafael Nieto L. Resistencia. Capturas y fugas del poder 209

El momento de quiebre entre la era de los modelos tradicionales de resis- lesbianas y las minorías raciales, especialmente en los EE.UU, en los que su
tencia y la era de la multitud es 1968, año en que culminó un ciclo de afán de autonomía y su rechazo a las jerarquías centralizadas, a los líderes
luchas en las zonas dominantes y subordinas del mundo368. A partir de o portavoces oficiales, son sus rasgos orgánicos más característicos. En esta
este año cambian las formas de los movimientos de resistencia en corres- misma dirección destacan el resurgir de los movimientos anárquistas en
pondencia con los cambios producidos en la fuerza de trabajo y las for- Europa y EE.UU., que subrayan la necesidad de libertad y de organización
mas de producción social. En realidad, se trata de una secuencia de cam- democrática. Por último, dentro de este mismo ciclo de transformaciones
bios, que van desde el desplazamiento de los movimientos guerrilleros a de la resistencia, destacan Hardt y Negri, los más recientes movimientos
las ciudades y la adopción de los modelos de información y de acción en organizados frente a la globalización, que se han extendido desde Seattle
red, hasta las transformaciones del modelo de producción postfordista, hasta Génova y los foros sociales mundiales de-Porto Alegre, que animaron
seguidos de las nuevas readecuaciones de las resistencias en forma de los movimientos contra la guerra. Estos últimos movimientos son los ejem-
red, pero ya no como guerra de guerrillas sino como multitud.