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ALFONSO JIMÉNEZ ¡SCHAPIRE


Arquitecto e o it o h s r l
V URUGUAY 1249 TEI. 4447«

LAS CLAVES
DEL
ARTE ETRUSCO Y ROMANO
ARTE PALEOCRISTIANO

mediados del siglo i d.C. había tal fermentación y

A
Imagen de! Buen Pastor.
Roma. Museo variedad de religiones, sectas y grupúsculos religio­
Lateranense. sos a lo largo y ancho del Imperio que, los cristianos,
En época de Galieno, sobre pese a los denodados esfuerzos del ciudadano romano Sau-
modelos escultóricos aún lo, natural de Tarso, no pasaban de constituir una minori­
muy influenciados por lo taria y hermética fracción del judaismo, una más entre las
helénico, se labró esta versiones de la religión nacional hebrea que se daban en
hermosa estatua del Buen
Pastor que, además de las comunidades judías que habitaban fuera del solar pa­
responder a las La llamada Casa Cristiana trio, especialmente en las provincias romanas de Asia Me­
características formales que de Doura Europos. Qalat nor y Egipto. La nueva religión, sobre todo a partir de la
pedía la exégesis bíblica, es-Sahiliye. Siria. caída de Jerusalem en el año 70 d.C., se fue diferenciando
adoptó modas y ropas de la Se trata de un modesto cada vez más de su raíz cuasi ortodoxa, para adoptar, en
estatuaria del momento, sin edificio, construido en el año un ejercicio secular de sincretismo y oportunismo, rasgos
que ningún rasgo desmerezca 231 d.C. y destruido poco formales de las religiones mistéricas orientales, más acep­
de las mejores líneas de después, que albergó las
ceremonias y reuniones de
tables para la mentalidad romana en general. Su clientela
entonces, lo que sugiere que
una comunidad cristiana era fundamentalmente urbana, de clases sociales medias y
fue encargada en ambientes
ajenos al cristianismo de aquella ciudad en las bajas, y en ella abundaban los comerciantes, los soldados
popular. fronteras orientales del y los artesanos. En el siglo ii d.C. se inició la adscripción
Imperio. Se trata, por tanto, de elementos más cultos y pudientes, mientras que los
del más antiguo resto campesinos (pagani, habitantes del campo), salvo raras
material de la cultura excepciones, se mantuvieron durante muchísimo tiempo
cristiana del que conocemos fieles a sus creencias ancestrales, pronto calificadas de «su­
una fecha firme. persticiosas» por los monoteístas recién llegados.
Las autoridades, en general, no concedieron mucho in­
terés a la nueva creencia oriental, ya que la práctica forma­
lizada de la religión olímpica oficial, y especialmente el
ritualizado homenaje al emperador y al orden ideológico
vigente, sólo se exigían a quienes ostentaban cargos públi­
cos y a sus familiares, y no siempre se extremó el rigor en
esta cuestión; el resto pertenecía a la esfera de la intimidad
y a los derechos personales. Sin embargo, y a causa de una
explicable confusión con sus parientes, los nacionalistas
judíos ortodoxos, los cristianos sufrieron, en un primer
momento, esporádicas persecuciones, que rara vez alcan­
zaron las cotas sanguinarias y masivas que las novelas ro­
mánticas y la Hagiografía cristiana más añeja pretenden
hacernos creer.
Desde un punto de vista legal, y con el exclusivo y siem­
pre legítimo objetivo de conservar propiedades comunita­
rias, los variopintos y autónomos grupos de cristianos
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Casa Cristiana» de la ciudad siria de Dura Europos, sólo
se distingue por la presencia de unos frescos de temática
cristiana, similares — aunque algo más pobres— a los de la
vecina sede de la comunidad judía local.
En los cementerios, sedes tradicionales de collegia fune-
raticia, asociaciones romanas que no tenían otra misión
que el entierro decoroso de sus miembros, los cristianos
siguieron las costumbres generales, aunque en cuanto les
fue posible señalaron las tumbas de los mártires con senci­
Orante de las catacumbas llos edificios absidiados, llamados celia memorice o marty­
de Santa Priscila. rium, que, andando el tiempo, se convirtieron en meta de
Mediado i. m. Roma. peregrinaciones, actividad que ha constituido uno de los
El arte de las catacumbas rasgos del cristianismo más originales, permanentes y re­
hunde sus raíces en la novadores.
cultura popular romana y, De todas las actividades religiosas que los cristianos de­
como ésta, sólo en sarrollaron, probablemente sea el rito del bautismo el que
determinadas ocasiones mayor número de elementos novedosos plantea, pues, aun
superaba una práctica'
popular. La representación de adoptaron la forma de corporaciones religiosas y, más con­ cuando no fue exclusivo de la nueva religión, se caracteri­
la persona suplicante, con las cretamente, funerarias, como solían hacer todos los grupos zó por un cierto ceremonial basado en un determinado y
manos extendidas y la sociales que, por unos u otros motivos, deseaban eludir el escasamente uniforme rito de sencillas procesiones, asper­
mirada vuelta al cielo, era trámite de la preceptiva autorización oficial. Tales comuni­ siones e inmersiones, etc., que pudieron alojarse en sim­
un viejo tema común a dades respondían a las parcas exigencias funcionales y ri­ ples habitaciones domésticas o en patios, donde y cuando Iglesia de Anástasis.
muchas tradiciones paganas tuales del cristianismo primitivo: los ritos de iniciación y el clima lo permitiera, pero siempre centradas en el com­ Jerusalén.
que los cristianos adoptaron admisión, es decir, catecumenado y bautismo, las reunio­ plejo y a menudo barroco receptáculo de fábrica que, exca­ La forma de la segunda
y reinterpretaron. nes de los creyentes, ya fuesen los ágapes comunitarios, vado en el suelo y cubierto por un baldaquino sostenido cabecera de este templo, a
con o sin intenciones de fraterna ayuda a los menos pu­ por columnas, era el principal instrumento de las solemni­ medio camino entre la
dientes, o los refrigerios de carácter funerario, que pronto dades de ingreso en la Domus Ecclesia o titulus local. De «M inerva Médica» y la Santa
se polarizaron en simples comidas de caridad, con ciertos todas maneras, la monumentalidad escasa hizo posible que Constanza, ha ejercido una
ribetes orgiásticos, frente al rito, más solemne y formaliza­ las dinámicas y adaptables comunidades cristianas de los poderosa influencia en la
tres primeros siglos se volcaran de manera clara en los historia de la Arquitectura,
do, de lo que hoy denominamos «m isa» y, finalmente, las ya que no sólo reforzó en su
actividades funerarias, tanto las de entierros normales cementerios suburbanos, hipogeos o no, y en el culto de momento la idea de que los
como las derivadas del culto a los mártires caídos en la los mártires, antes que en el resto de sus necesidades cor­ lugares de culto de los
perseverancia heroica de la nueva fe. porativas. mártires debían tener planta
Ninguna de las cuestiones que acabamos de reseñar Nada se conserva que sea datable dentro de los primeros centrada, sino que la Orden
requería de un local que no estuviera al alcance de alguno ciento cincuenta años del culto cristiano y que pueda in­ medieval de los Caballeros
de los miembros más ricos de cada corporación local (los teresar desde el punto de vista de la historia del arte. Las del Temple, la adoptó como
tituli de las iglesias parroquiales de Roma sólo fueron en primeras manifestaciones destacables las constitu­ forma característica para sus
un primer momento propiedad de los ricos donantes de yeron los frescos hallados en las catacumbas de iglesias europeas, y de ellas
Roma, en los que se ven sencillas representaciones de pasó a los templos dedicados
cada sector de la ciudad), ni suponían novedad alguna res­ a la Santa Cruz.
pecto de lo que se estilaba en otras comunidades religiosas difuntos y escenas religiosas que en nada se apartan de las
minoritarias, singularmente las judías. Las donaciones, fo­ del arte popular romano, similares en calidad a los frescos
mentadas por la obsesiva promesa de su resarcimiento en pompeyanos más mediocres, y cuyo principal interés radi­
el Más Allá, no tardaron en conformar un cierto patrimo­ ca en que son precedentes iconográficos e iconológicos de
nio inmobiliario, cuyo administrador, el obispo, se hacía las realizaciones, más valiosas, de etapas subsiguientes.
cargo de la interpretación, el desarrollo y la ritualización Algo similar ocurre con los relieves, especialmente los de
de las enseñanzas y recuerdos de los pioneros, y, con ello los sarcófagos, y con la escasa estatuaria conocida, que
se arrogaba la preeminencia religiosa y de representación. sólo cuando muestra escenas o personajes muy específica­
No parece, por lo tanto, probable que los locales cristianos mente cristianos puede quedar incluida en la parcela artís­
se distinguieran mucho de las casas de la clase media: la tica a que nos venimos refiriendo. Quizás algunos otros
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Puerta del recinto de
Tréveris, llamada Porta
Migra. Trier. Alemania.
Esta puerta, que de no estar
inacabada apuntaría con toda
seguridad a temas claudianos
por lo que respecta a ciertas
apariencias plásticaSj es el
último ejemplar de un tipo productos expresivos encontrados correspondan a estas fe­
arquitectónico, la puerta chas, y aun que sean anteriores; pero, como en toda reali­
urbana con carácter zación artística eminentemente popular, es muy difícil es­
representativo explícito, que tablecer fechas mínimamente defendibles.
comenzó a manifestarse en A partir del año 313 de nuestra era, el emperador Cons­
época republicana. No debe tantino dio a los cristianos una serie de facilidades impor­
extrañar su presencia en una tantísimas, y él mismo promovió, sobre todo a través de
de las capitales del Imperio, los miembros femeninios de su familia, la construcción
justamente cuando se
diseño y construcción, la ductilidad de su uso y las impor­ Mosaico de la cúpula de
legalizó el hecho de la
de los primeros edificios específicamente dedicados al culto tantes magnitudes espaciales, condiciones todas ellas que Centcelles. Constantí.
eclesiástico, y estableció de manera bastante rotunda la satisfacían cumplidamente las necesidades del culto y del Tarragona.
masiva creencia cristiana de
primacía de la hiperdesarrollada comunidad local de la ca­ rito, aun por fijar canónicamente, de la misa. A la variedad En la primera mitad del
sus habitantes, demostrando
pital del Imperio sobre todas las demás, dando origen así a siglo iv d.C. se fechan los
así el heterogéneo y ambiguo de modelos constantinianos correspondieron múltiples lí­
mosaicos paleocristianos, con
carácter de la cultura unas pretensiones de dominio que subsisten aún en nues­ neas de desarrollo en las iglesias a lo largo y a lo ancho del escenas bíblicas junto a
constantiniana. tros días. Esta primera serie de iglesias cristianas, las lla­ Imperio cristianizado, que sólo tendieron a la unificación temas paganos, que cubren
madas por los historiadores «basílicas constantmiañas», es y, de manera artificiosa, una vez pasado el fatídico Año Mil la cúpula de un mausoleo
decir las romanas de Laterano, Vaticano y Santa Cruz, y del nacimiento de Cristo. ubicado en esta villa
las dos de Tierra Santa (La Anástasis de Jerusalem y la La difusión del tipo basilical se vio facilitada por el he­ tarraconense. Basándose en
Natividad de Belem), que se construyeron entre los años cho de que el modelo, aunque con variantes y a menor diversos datos
320 y 333, plantean una serie de problemas intere­ escala, correspondiese, desde el siglo n d.C., al de los edifi­ circunstanciales, se ha
santísimos. El primero de ellos es el de la variedad de cios empleados como lugar de culto por otras religiones supuesto que fuera el lugar
formas que presenta, señal inequívoca de que se tra­ del enterramiento de
mistéricas y, sobre todo, al de las aulae de las recepciones
Cosntans, uno de los hijos
taba de una cuestión en fase experimental, sin apenas imperiales; no debemos olvidar que la decidida protección de Constantino, que había
precedentes; el nombre genérico, »basílica», responde a de Constantino tuvo como contrapartida la adopción por fallecido en los alrededores
un modelo espacial romano especialmente versátil y poli­ los cristianos de una parte significativa de las manifestacio­ de la actual frontera de
valente, ya que los cristianos no quisieron aprovechar los nes formales del homenaje al emperador, de manera que Cataluña con Francia.
modelos de templos dedicados a los decrépitos dioses olím­ las iglesias, que se habían resistido al tipo de templo cons­
picos, tanto por obvias razones semánticas como por tra­ tante en todo el Mediterráneo desde el Arcaísmo griego,
tarse de edificios que no se prestaban fácilmente a las reu­ adoptaron casi al pie de la letra las formas del ceremonial
niones masivas de catecúmenos y fieles, cuyas cifras dedicado al divinizado emperador de Roma, olvidando es­
crecieron de manera espectacular a partir de las citadas tratégicamente que la mayor parte de sus mártires lo ha­
fechas. Para nosotros, las basílicas más conocidas son las bían sido por negarse, precisamente a participar en tal
judiciales, que, a pesar de mostrar tipos bastante diferen­ clase de homenaje religioso a un simple ser humano.
tes, tienen en común, en cualquier caso, su facilidad de De todos los lugares de culto de la época de Constanti-
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Planta de la basílica de
San Pedro. Roma. Ciudad
del Vaticano.
El dibujo representa el
edificio de culto y
peregrinaciones que se
construyó, en época de
Constantino, sobre la celia
memorial del primer Papa, y
que fue derribado, durante el
Renacimiento, para darnos
el fastuoso templo que hoy
conocemos. Destaca en el
dibujo la compleja
articulación de la cabecera
no, el más extraño, por la rara disposición de sus partes, es
del templo y la rica sucesión la basílica de la Anástasis de Jerusalem, ya que, a una de
de espacios en la zona de los tipo «norm al», si es que tal arquetipo puede deducirse
pies, que permitían la de los varios modelos coexistentes, dotada de cinco naves,
celebración de importantes pórtico y claustro previos, deambulatorios laterales y un
procesiones litúrgicas. gran patio tras el ábside, se añadió, según el mismo eje
general, un edificio rotondo, de dos naves anulares, que
signaba, como un martyrium, el primero de la Cristian­
dad, el lugar en que por tradición cristiana se suponía que
había estado el Santo Sepulcro.
En los cementerios, las tumbas de los mártires cele­
brados dieron origen a importantes y complejos conjuntos
de edificios religiosos, en cuyo origen solía haber alguna
sencilla construcción, a veces reducida a un simple ábside
o a agrupaciones de tres, que proporcionaron el modelo
para las cabeceras canónicas de los templos normales. En
la arquitectura funeraria destaca un estupendo edificio ro­
mano, virtualmente intacto pese a que en su momento fue
un añadido a la basílica dedicada a Santa Inés, que cobijó como los propios oficios artísticos, y que constituirá una Interior de la iglesia de
la tumba de la hija de Constantino, Santa Constanza para característica emblemática durante casi toda la Alta Edad Santa Constanza. Roma.
los siglos subsiguientes. Allí encontramos una bien diseña­ Media europea; también conviene recordar que cuenta con La ilustración nos ofrece,
da planta, perfectamente circular, de paredes orga­ claros precedentes en los mausoleos imperiales del siglo entre otros rasgos
nizadas mediante nichos, con un pórtico anular en anterior, y que en él se conserva un importante conjunto igualmente importantes, el
uso sistemático de una
torno, salvo ante la puerta principal, donde se construyó de mosaicos parietales en cuyas representaciones se m ez­ solución arquitectónica que,
un. porche apaisado, que ofrecía una perfecta transición clan temas inequívocamente paganos, aunque probable­ si bien venía gestándose
con los muros del templo al que se adjuntaba. El interior, mente resemantizados por los primeros exegetas cristia­ desde la villa Adrianea y los
gracias a una arquería sostenida por parejas de columnas, nos, con otros cuya iconografía es específicam ente llamados «frontones sirios»,
se articuló en forma «basilical», proporcionando así el mo­ eclesiástica, origen de un frondoso desarrollo posterior que aquí alcanzó todo su
delo de todos los edificios posteriores de planta centrada, ha llegado hasta nuestros días. esplendor; nos referimos a la
tanto si tuvieron valor funerario como si se construyeron Algo similar se puede sostener sobre los sarcófagos, las colocación de arcos sobre
para baptisterios o para el culto cotidiano y normal. In­ pinturas murales y los demás objetos artísticos, cuyos te­ unos cortos arquitrabes que
teresa destacar el hecho de que en este edificio, pese a mas tradicionales, a partir de los escasos precedentes de las coronan a su vez la
organización de las
tratarse del mausoleo de las mujeres de la familia imperial, centurias anteriores, admitieron pronto variaciones de in­ columnas.
nos hallamos ya ante las primeras muestras importantes de terés simbólico o narrativo acorde con las nuevas creencias
reempleo de elementos arquitectónicos procedentes de hegemónicas, pero sin que ello supusiera una superación
otros edificios romanos, señal inequívoca de la decadencia de las tendencias formales que el decadente arte de la Anti­
en que habían caído tanto la economía de la Casa imperial güedad mostraba desde hacía más de un siglo.
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