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DIGA EL DEBIL: “FUERTE SOY”

Forjad espadas de vuestros azadones, lanzas de vuestras hoces; diga el débil: Fuerte soy
(Joel 3:10)

Capitulo 2 del libro de Nehemias.


En el capitulo 1, Nehemias evidencio ser un hombre de corazón sensible movido por
un espíritu compasivo hacia los suyos y hacia su ciudad amada Jerusalén.
Este corazón sensible y espíritu compasivo de Nehemias lo movieron a: llorar, confesar el
pecado de su familia y del pueblo, orar e interceder y ayunar por 120 días desde el mes de
Quisleu hasta el mes de Nisán.

1. En el último minuto, cuando piensas que todo ha sido en vano, ocurre algo
inusual. Dios esta respondiendo.

“Sucedió en el mes de Nisán, en el año veinte del rey Artajerjes, que estando ya el vino
delante de él, tomé el vino y lo serví al rey. Y como yo no había estado antes triste en su
presencia me dijo el rey: ¿Por qué está triste tu rostro? pues no estás enfermo. No es esto
sino quebranto de corazón. Entonces temí en gran manera
Y dije al rey: Para siempre viva el rey. ¿Cómo no estará triste mi rostro, cuando la ciudad,
casa de los sepulcros de mis padres, está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego?
Me dijo el rey: ¿Qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos, y dije al rey: Si le place
al rey, y tu siervo ha hallado gracia delante de ti, envíame a Judá, a la ciudad de los
sepulcros de mis padres, y la reedificaré” (Nehemias 2: 1-6)

Han pasado 120 días nada ocurre y Nehemias se entristece. Se presenta ante el rey para
servirle y no puede ocultar su tristeza. Estar frente al rey triste, para un copero, significaba su
muerte inmediata. El copero tenia que ser un hombre de alegría y gozo, pues el copero era
quien finalmente le servia y llevaba al rey el vino.

Pero Nehemias estaba conciente de su condición de debilidad, y lo que Dios había


despertado en su corazón para hacer para el pueblo judío y por la ciudad de Jerusalén, eran
cosas solo reservadas para reyes y el era solo el copero del rey, mas grave aun para el, si se
trataba de un pueblo sojuzgado, como el pueblo judío, que en algún momento habían
opuesto resistencia reino Persa / Babilónico.

2. El Poder de Dios se perfecciona en nuestra debilidad.

Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto,


de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder
de Cristo. 10Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en
necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.
(2da de Corintios 12:9-10)