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SOLO CONVIERTELA EN UNA DAMA // POR: KAT

¡Calmen a Katina!

-Y para terminar, Señoras y Señores…- En el gran auditorio se oyó el murmullo de un


público poco animado. La ceremonia de fin de año, no era el evento mas divertido, los
asistentes no podían esperar a que acabase de una buena vez –Espero que para quienes
aún nos resta un año en este instituto. Sigamos el ejemplo de los graduados
recientemente y tengamos un año provechoso en el futuro, gracias y mucha suerte para
todos-

Y con esas últimas palabras, Elena Katina se alejo del atril e inclino la cabeza de modo
que solo se vería la boina que traía, el sello distintivo del exclusivo instituto
“Valaskjálf”.

Todos aplaudían, algunos se levantaron y aplaudieron de pie.

Elena alzo la mirada y les dedico una sonrisa resplandeciente. Después despacio y con
humildad abandono el escenario.

-Has estado maravillosa- Dijo Vania Ilich mientras ponía una mano en el hombro de
Lena –Como Siempre-

-Espero que haya salido bien- Comento la pelirroja a la vez que apartaba un poco el
telón para volver a mirar a un público que todavía estaba de pie y aplaudían con fuerza.

-Tienes que volver a salir y decir algo mas- Indico Vania en voz muy alta para que la
oyese por encima de los aplausos –Tu público te reclama-

-Ya lo creo- Contesto Lena, arreglándose el cabello, y empezó a quitarse la boina –


Sujeta esto. No me gustaría hacerle daño a nadie- Mientras le pasaba unos pequeños
broches para el cabello.

-¿Pero que vas a hacer?-

-Ahora lo veras- Dijo Elena antes de apartar el telón y volver al escenario.

Cuando subió a la pequeña tarima donde estaba el atril, espero a que los demás aplausos
remitieran y, una vez la sala estuvo en silencio, espero unos segundos más. Nadie se
sentó, sino que los 300 presentes permanecieron en su sitio con las manos preparadas
para volver a aplaudir. Dijera lo que dijese Lena, estaban dispuestos a hacerlo.

En el silencio absoluto del auditorio, Lena bajo los ojos hacia el atril que tenia ante si,
como si estuviera mirando las notas que iba a leerles.

Pero entonces, con un movimiento rápido, agarro la boina y la lanzo de modo que paso
a gran altura sobre las cabezas de los presentes, elevándose y girando cada vez más. No
había mirada en la sala que no estuviera puesta en esa boina, la boina de Elena Katina.
La boina cayo cerca de la fila central y unos cuantos chicos se lanzaron sobre ella. Hubo
un momento de forcejeos, con faldas que se levantaban en el aire. Se oyó un chillido y
una joven rubia se incorporo en medio del tumulto y exhibíos el sombrero como si fuera
una bandera ganada en un campo de batalla.

De inmediato, el público estallo de entusiasmo, aplaudió, grito y pataleo; hasta hubo


algunos silbidos de júbilo.

Elena bajo de la tarima saludo con la mano a la emocionada joven que seguía en el
medio de la sala con su recién conquistada boina y se marcho con rapidez del escenario
–OH, Lena- Exclamo Vania –Ha sido genial verdaderamente genial. A mí jamás se me
hubiera ocurrido hacer eso-

-¿Cuántos hay ahí afuera?- Pregunto Lena señalando la puerta trasera de los bastidores,
mientras avanzaba hacia uno de los espejos.

-No demasiados. Al menos no tantos como a la salida de clases. Después de lo que paso
con tus guardaespaldas, la gente tiene miedo-

-Y mi padre tiene miedo por mí, es comprensible que los haya contratado- Lena tomo
del suelo su bolso abierto e hizo una mueca. Era conciente de su popularidad, aunque a
veces se le salía de las manos, pero no le gustaba que hubiera personas heridas.

-¡Que inteligente has sido al traer otra boina! Supongo que ya habías preparado este
gesto final-

-Por supuesto- Corroboro ella. Vania era una buena persona y resultaba útil, pero
carecía de imaginación-

-¿Esta Dimitri ahí afuera?-

-Claro, ya sabes que daría la vida por ti-

-Por supuesto, por eso mi padre tuvo que contratar guardaespaldas- Suspiro -Solo quiero
salir lo mas pronto posible de aquí. Mis padres llegan hoy, no los he visto en meses-

-Estoy seguro estarán orgullosos de verte. Estas fantástica- Lena se miro en el espejo
para ajustarse la nueva boina y sonrío a Vania en su reflejo. Muchos afirmaban que
Lena se rodeaba de mujeres feas y chicos guapos para verse mejor en contraste. Cuando
su madre se había enterado, había sonreído y comentado “¿Pero quien no parecería fea a
tu lado cariño?”

Al pensarlo Lena se sonrío. Echaba de menos a su madre. E particular al llegar a casa,


extrañaba que escuchara sus aventuras y triunfos. “Te pareces mucho a tu padre” decía
siempre su madre, con voz serena. Cada vez que Lena hacia alguna aparición oficial en
publico “Les encanta ser el centro de atención”

-¿Qué tal?- Pregunto _Lena a Vania volviéndose -¿Estoy presentable?-

-Hermosa- Contesto al tiempo que la miraba de arriba abajo una y otra vez –
Maravillosa-

-Entonces presentable- Aseguro Lena y le dio un beso en la mejilla. El muchacho bajo


la vista al suelo sonrojado. Era uno de sus “lamebotas” como decían las malas lenguas.
Uno de los tantos que servían a la pelirroja como si fuera el centro del universo.

Lena se termino de arreglar un mechón de cabello –Listo ya esta- Se acerco a la puerta


de los bastidores y salio junto a los dos guardaespaldas que la protegían –Hasta luego-
Se despidió mientras cerraba la puerta tras de si.

Muchas veces Lena deseaba que el incidente con el director no hubiera sucedido nunca,
a pesar de que había sido bueno para ambos. Aún así, en ocasiones deseaba no tener que
estar siempre en público con la apariencia elegante, decidida, bella y siempre victoriosa.

Pero como había dicho a sus padres, si ayudaba a algún Chico o chica a salir de una
situación intolerante, valía la pena.

Casi un año y medio atrás, cuando tenia 15 Lena le había preguntado con arrogancia al
director que iba a hacer con respecto a los clubes que planeaba cerrar. Una semana
antes, dichas actividades, fueron canceladas por la mala administración de los fondos
que se les brindaba a cada una; Teatro, coro y Poesía.

El director, cansado y frustrado, había echado un vistazo a la piel pecosa y los ojos
verdes de la Señorita Elena y decidió que era una de esas niñas ricas que quieren salvar
inútilmente el mundo dejando de ocupar aerosol. Frente a algunos alumnos, entre ellos
del club de periodismo, la miro y dijo “Si logra encontrar una solución antes que yo,
que no sea su padre quien ponga los fondos, me refiero” y añadió para inyectar algo de
humor a lo que se había convertido en una inquisición “Yo… La nombrare presidenta
del centro de alumnos y participare en una obra de teatro a su elección”

Era evidente que el director esperaba que nadie aceptara un reto así, y mucho menos
aquella encantadora jovencita. Pero se llevo una sorpresa. Los del club de periodismo
no tenían otra historia interesante en ese momento, de modo que publicaron la noticia en
la primera plana del periódico escolar.

Lena recién llegaba al instituto y no estaba preparada para la agitación que la rodearía,
pero no le rehúyo. Acepto el reto y empezó la carrera.

El director quedo sorprendido al ver entrar a Lena con el dinero de los clubes en
efectivo. La pelirroja había organizado actividades de todo tipo, colectas, remates,
incluso donaciones y en menos de una semana reunió todo el dinero.

El director sonriente por fuera pero indignado por dentro, tuvo que cumplir su promesa.
Realizo una ceremonia oficial para cuando Lena asumió de presidenta estudiantil y tuvo
que participar en una versión muy extravagante de Pedrito y el lobo.

De hay en adelante Lena se valía de su belleza, de su fama recién adquirida, el dinero y


prestigio de su familia, todo lo que tenia y podía utilizar, para ayudar al alumnado del
instituto Valaskjálf, cuando cumplió 16 ya era famosa y donde quiera que fuera en
Moscú era bienvenida.
Esa noche los guardaespaldas la estaban esperando en la puerta trasera del auditorio. Al
verlos, ella suspiro. Recordó a Vania, siempre parecía haber un Vania en su vida, un
chico joven que la observaba con ojos llenos de adoración y le suplicaba que le
permitiera llevarle el bolso. Pero pasado un tiempo, quizás un mes o dos cuando
comprendían por fin que Lena no iba a tener nada con el, se marchaba y se ponía de
novio con alguna chica. Hacia unos días Lena se había enterado que el primer Vania
había embarazado a su novia.

Además de Vania, había una centena de chicos y chicas que esperaban a su heroína
Elena Katina. Cuando la vieron, chillaron y los chicos silbaron.

Habitualmente Lena disfrutaba con esos momentos, pero esa tarde quería llegar a casa
lo antes posible para reunirse con sus padres. No sabía por que, esta vez los había
extrañado más de lo normal y se moría de ganas de sentarse con ellos, quitarse los
zapatos y contarles todo sobre los últimos tres meses.

Uno de los guardaespaldas le abrió la puerta del automóvil -¿Podrías sacarme de aquí?-
Susurro Lena –Quiero irme a casa enseguida-

-Lo que usted ordene Señorita- Contesto el robusto hombre en voz baja. Luego de cerrar
la puerta. Lena se había recostado en el asiento y cerró los ojos. Le pareció que pasaban
horas antes de llegar a la inmensa casa que era su hogar. Pero a Lena no le parecía un
hogar sin sus padres. Sin sus presencias la casa no era más que un montón de materiales
inertes.

Cuando el automóvil se detuvo por fin frente a la puerta y vio el mercedes de su padre.
Esbozo una sonrisa ¡Sus padres estaban en casa! Tenía tanto que contarles. En los
últimos tres meses Lena había conseguido mucho, pero siempre pensaba que faltaba por
hacer ¿Debería encargarse del proyecto del nuevo auditorio? Quizás era algo muy
grande. Debería pensarlo con calma.

Lo cierto era que Lena se sentía a veces tan abrumada por su actual vida que quería
apoyar la cabeza en el regazo de su padre y llorar. Pero ahora estaba en casa por fin
tendría alguien con quien hablar. –Buenas tardes Dimitri- Dijo cuando el mayordomo le
abrió la puerta principal.

-Buenas tardes Lena- Sonrío el hombre y de pie en el vestíbulo, estaban sus padres.

-OH Lena cariño- Exclamo su madre a la vez que se acercaba a ella

–Cariño te extrañamos tanto- Su padre avanzo también hacia ella con la mano extendida
y una sonrisa en los labios. –Querida tu madre y yo debemos hablar contigo, hay
algunos asuntos que debemos arreglar- La miro Ceñudo –Pero antes dale un abrazo a tu
padre preciosa- Dijo extendiéndole sus brazos, para recibirla calurosamente.

Lena logro llegar al final de la cena. Su padre precedía la mesa y reía y charlaba con su
madre. Guiño sin cesar el ojo a Lena y una vez le toco la mano para afirmar que estaba
mas hermosa que cuando se habían marchado.
-No se que están pensando los chicos- Comento Sergey Katin con una sonrisa –Que
todavía no sede algún novio de mi preciosa niña-

-No tengo tiempo papá- Repuso Lena sonriente

-Eso no es bueno, debes tener tiempo para salir, y para chicos, aunque a mi me disguste
un poco-

Lena mira a su madre, al otro lado de la mesa, pero ella reía con la cabeza gacha
tratando de esconder su diversión. –Papá- Dijo la pelirroja despacio –Necesito dinero,
tengo un nuevo proyecto, y debo tener una base de apoyo, tú comprendes-

-Siempre te financio hija, pero en esta ocasión no lo haré- Dijo el con una sonrisa –La
empresa no esta en buenas condiciones, y tu madre y yo tememos por tu seguridad-

-¡Papá! Soy la presidenta de los estudiantes, es mi deber. Además ya ofrecí los recursos
base y a estar presente-

-Lena acaso no entiendes, me preocupa tu seguridad, Así que no quiero que continúes
con esto o por lo menos te alejes un tiempo-

-Tengo trabajo que hacer- Afirmo en voz baja –Así que voy a continuar- No pudo seguir
hablando, su madre la callo con la mirada.

-Elena ¡No!- Exclamo Sergey –No quiero que continúes por ahora, esto atenta contra tu
seguridad personal. Una hija obedece siempre a sus padres, hasta que deje de depende
de ellos-

-¡Mama! Dile algo, por favor. Papá no puede prohibirme- Sergey se levanto, y Lena
pensó que nunca había visto a su padre tan enfadado.

-Vamos a mi despacho- Ordeno el entre dientes –Hablaremos-

-Papá soy una mujer prácticamente adulta, puedo decidir que hago o no hago-

El Señor Katin se enfado enserio. Señalo con un dedo la puerta del comedor -Vamos-
Mascullo –Vamos-

Lena bajo la mirada hacia su madre y vio que estaba cabizbaja.

Se dio vuelta y salio del comedor, pero al llegar al pasillo se detuvo. No iba a entrar al
despacho de su padre y comportarse como una niña.

-Vamos a hablar- Dijo, Sergey con los codos en los brazos de la butaca.

Lena pensó que quizás la situación requería un planteamiento mas sutil –Papá- Dijo, y
espero a que la mirara, pero no lo hizo. Así que se sentó al otra lado de la mesa y
aseguro con una sonrisita modesta.-Conoces lo que hago, me has apoyado siempre ¿Por
qué ahora no?-
Dicho esto, inclino la cabeza del modo que solía lograr que cualquiera se levantara de
un brinco y le llevara algo. Pero su padre no movió un músculo. –Papá tu eres
encantador- Dijo con una nueva sonrisita –No se por que te comportas así-

Su padre guardo silencio sin dejar de observarla. Cuando Lena lo llamo para informarle
que algunos fanáticos la hirieron, sintió que el mundo se le venia encima. Su niña,
herida.

Había adelantado su regreso, y ahora estaba frente a el intentando convencerlo de que la


dejara volver a arriesgarse. -¿Has terminado de hacer teatro?- Pregunto tras un
momento.

-¿Cómo dices?-

-Acabo de pasar una semana en horrible, pensando en que mi niña fue atacada. Se que
ayudas a tus amigos, pero hija tu seguridad esta primero-

-Papá- Agrego la pelirroja y se levanto de la silla y rodeando el escritorio fue a los


brazos de su padre –Se que te preocupo, pero no voy a dejar de hacerlo-

Sergey soltó una carcajada –OH si señorita dejaras de hacerlo, yo mismo voy a tomar
cartas en el asunto-

-¿Qué vas a hacer?- Dijo Lena alejándose un poco y mirándolo interrogante.

-Para mañana, tus cuentas serán cerradas, tus tarjetas de crédito canceladas. Tu
automóvil se tomara unas vacaciones al igual que tu chofer y tienes prohibido salir de
casa hasta nuevo aviso-

-¿Qué?- Lena no podía creer lo que escuchaba –No puedes, yo… Yo soy la chica mas
popular de la escuela, todos me buscaran… Yo soy Elena Katina-

Su padre sonrío y se levanto del escritorio –Yo soy Sergey Katin y si alguien quiere
verte, vendrá aquí- Avanzo a la puerta tomo y el pomo y se volvió para agregar –
Mientras vivas aquí con tu madre y conmigo debes seguir las reglas cariño –La miro
divertido –¿Esta claro? Serás una chica normal-

-Si papá, muy claro- Contesto Lena, con una mirada aún mas dura, pero la cabeza le
funcionaba deprisa. Se esforzó por esbozar una sonrisa, pero no le llego a sus ojos –Solo
para aclarar las cosas, ¿Podrías definir a que te refieres con “chica normal”?-

-No lo se, lo que sea que hacen las chicas- Parecía desconcertado –Amigas, compras,
chicos, no se… ropa, maquillaje… no se hija cosas que hacen las chicas-

-¿Compras, chicos, amigas? ¿Y no debo salir de casa? Si comprendo, tal vez deba ser
así- Comento pensativa. Levanto la cabeza –Si, papá. Creo que puedo prometerte ser la
hija más obediente que haya existido nunca. Seré la buena hija que siempre habías
soñado y solo haré cosas absolutamente de chicas normales-
Si Inessa Katina hubiese estado presente, habría advertido a Sergey que desconfiara
cuando Lena se mostraba amable. Pero Inessa no estaba y no podía advertir a nadie.

El Señor Katin no pareció detectar nada sospechoso en la sonrisa de Lena, Esperaba que
su hija cediera el fin y al cabo ¿Qué otra cosa podía hacer? Al final lo que hacia seria
por su bien. Sonrío con afecto a su hija y acaricio su rojizo cabello –Muy bien- Dijo y
había alivio en su voz –Me alegro de oírte decir algo sensato Cariño-

-Si papá- Contesto Lena y lo abrazo –Gracias-

-De nada tú eres mi tesoro y mi máxima prioridad-

Una hora mas tarde, después que Sergey contara a su esposa los detalles sobre la charla
con Lena

–Tengo miedo Sergey-

-No te preocupes, ella lo entendió es por su seguridad-

-Lo se. Tú la conoces, pero eres su padre, jamás a tenido que enfrentarse a ti en nada.
Cuando Lena se muestra agradable, es cuando mas desagradable es-

-No seas tonta, soy su padre, no se atreverá a ser desagradable conmigo-

-Siempre la has consentido en todo, no necesita ser desagradable contigo- Suspiro.

-Es mi hija se como calmarla Inessa- Dijo Sergey acariciando el rostro de su esposa.

-Eso espero…-

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En la mitología nórdica, Valaskjálf es uno de los palacios de Odín, es una gran morada
construida y techada con plata pura. En este lugar se encuentra el trono de Odín,
Hlidskjalf, desde el cual se puede ver todo el universo. Es mencionada en el Grímnismál
y en Gylfaginning.

Chantaje / trato / provechoso

Tres semanas después Sergey tuvo que abrirse paso entre ocho chicas que reían como
tontas y seis chicos jóvenes que sostenían ramos de flores y cajas de bombones. Los
catorce estaban esperando a que Lena terminara una reunión y pudiera entenderlo.

-¿Cuántos hay?- Pregunto Sergey mientras entregaba el abrigo al mayordomo.

-Por lo menos veinte Señor. Pero solo son las once de la mañana tengo entendido que
esta tarde van a venir más-
-¿Alguien le ha dicho que quiero verla?-

-Si. Dijo que podría concederle exactamente veinte minutos entre una junta y otra-

-¡Concederme!- Exclamo Sergey enojado a la vez que lanzaba los guantes en la mesa y
avanzaba al despacho. En el escritorio había un montón de facturas, pero no tenia que
abrirlas para saber su contenido.

Desde que el y su esposa habían llegado, “Controlando a Lena” no habían tenido un


momento en paz. Con la sensación de ser un buen padre. De primera a última hora la
casa estaba llena de visitas. Chicas que reían sin cesar, nerviosas, por que iban a tomar
algo con Lena. Chicas que venían a verla como su gran ídola. El grupo entero de teatro.
Un sin fin de chicos interesados en la pelirroja, entre muchos.

La semana anterior al volver a casa, Sergey se encontró con ochenta personas que
ocupaban dos salones de su casa.

Al final de la primera semana. El Señor Katin le había pedido a Lena que hiciera esas
reuniones fuera de casa, pero ella le había contestado en el tono más dulce imaginable,
que una buena hija se quedaba en casa y no dejaba a su familia sola. Lena dijo que una
buena hija, no vaga sola por que puede correr peligro.

Sergey había apretado los dientes, pero su orgullo no le permitió reprocharlo. Además
de las amigas y admiradoras, estaban los hombres. Por lo que el sabia, Lena había
dejado correr el rumor de que quería un novio, incluso que estaba desesperada por
tenerlo. La belleza de su hija, una figura bien formada, su simpatía y su dinero. El
resultado era que en la casa había tantos hombres como mujeres. La perseguían jóvenes
y mayores, de edades entre quince y treinta años.

Con los puños cerrados a los costados, Sergey recordó como pestañeaba, esbozaba
tímidas sonrisas y animaba a los hombres a que se esmeraran en conquistarla.

Una vez a las tres de la madrugada, lo despertó un chico que daba una serenata a Lena.
Cantaba con una voz chirriantes, pero muy fuerte. Acompañado de un grupo de
guitarristas. Para que se fueran Sergey tuvo que llamar a seguridad.

En tres ocasiones lo habían despertado las piedrecitas que lanzaban a su ventana de


madrugada. Había abierto la ventana y gratado a los chicos que se confundían de
habitación. La primera vez podía ser un error, pero ¿Tres veces? Lena les había indicado
apropósito la habitación equivocada. En el trabajo un alubión de hombres usaban todas
las excusas del mundo para lograr verlo y pedirle que los ayudaran con Lena. Sergey
había perdido un par de negocios por que había estado tan seguro de que los hombres
que lo frecuentaban iban a su oficina en realidad querían su aprobación para estar con
Lena, que los había echado de allí.

Ahora al echar un vistazo al escritorio, hizo una mueca, hay estaba las facturas. Lena
daba de comer y beber a todos sus invitados y a todos los hombres que iban a verla, sin
importar la cantidad de veces que se presentaran

¿Y que podía hacer el? ¿Echarlos? Todos los días recibía llamadas que describían las
grandes donaciones que daba a algunas instituciones. Al parecer Lena se negaba a
aceptar ningún merito y le cedió todo el crédito. Así que si las retiraba, quedaría como
un monstruo y perdería el poco negocio que conservaba.

Además de las facturas por comida y bebida, estaban las de ropa, pero Lena, Había
gastado miles de rublos en vestidos y ropa de última moda. Al principio lo dejaba
perplejo que Lena tuviera tiempo para comprar tanto cuando se pasaba el día con
amigas y pretendientes en casa. Pero parecía que su ocupada hija podía hacer 50 cosas a
la vez, Como Sergey descubrió cuando estro sin querer en una reunión de chicas y se
encontró a Lena en ropa ligera, se probaba un vestido que costaba una fortuna, mientras
hablaba por teléfono, se pintaba las uñas y daba concejos de peinado a la chica que tenia
enfrente.

Había facturas de maletas, un par de bicicletas, una computadora nueva, incluso un


equipo cinematográfico que utilizaba para pasar películas junto a un grupo de chicas
que iba día por medio y comían su peso en bocadillos.

Hasta entonces Sergey tuvo que contratar tres nuevos empleados para ayudar a cocinar,
limpiar y servir.

En las tres semanas que llevaba en casa no había tenido un solo momento tranquilo. No
podía desayunar a solas con su esposa por que Lena invitaba siempre algún grupo de
deportistas a compartir la mesa con ellos “Tenían tantos deseos de conocer al hombre
que financio su equipo” Susurraba Lena a su padre.

El resultado de la promesa de Lena de ser una buena hija era que de un modo u otro,
Sergey iba a arruinarse. Calculaba que al ritmo que ella gastaba el dinero, podría durar
otros dos años como mucho. Y estaba tan nervioso por su alterada vida familiar que no
podía concentrarse en su negocio y por consiguiente había tomado malas decisiones que
le estaban costando dinero.

Por otro lado si echaba de su casa a toda esa gente, su reputación se arruinaría.

De todos modos se arruinaría o se volvería loco. Durante los últimos días había
estudiado formas de solucionar ese dilema.

Podría viajar con su familia pero ¿Quién dirigiría el negocio? Podría darle libertad a su
hija, que era, como sabia muy bien, lo que ella daba buscando; Pero eso era impensable.
No quería perder frente a su hija, pero tal vez debería modificar su posición inicial
respecto a Lena. Pero para conservar su orgullo quizás podrían llegar a un acuerdo con
ella.

Y quizás podría usar su capacidad para manejar a la gente por decirlo así, para que
hiciera algo que su socio Oleg llevaba años intentando sin éxito.

Así que Sergey había encontrado la solución: Durante cierto tiempo pondría a Lena al
cuidado de la hija de Oleg. Pero sabia que tendría que darle algo en lo que mantenerse
ocupada mientras estuviera ahí o volvería loca a la chica, lo mismo que estaba haciendo
con el. Y como había problemas con la hija de Oleg tal vez podría matar dos pájaros de
un tiro.

Cuando llamaron a la puerta de su despecho, El Señor Katin, suspiro hondo y soltó el


aire despacio, lo ultima vez que había tenido una conversación en privado con Lena, El
resultado de esa charla era que se bebiera media botella de vodka cada noche.
-Adelante- Dijo.

-Quería verme papá- Dijo Lena mientras se sentaba con recato en el borde de la silla
delante del escritorio. Todavía sonriente, hecho un vistazo a la hora de su celular –Creo
que tengo tiempo antes de mi próxima reunión con las chicas-

Sergey sabia que ese celular costaba tanto como el sueldo anual de dos de sus
empleados juntos “Será mejor ir al grano” pensó. Se levanto y junto las manos a la
espalda. ¿Como podía su esposa y el haber engendrado semejante niña? –Quiero que
hagas algo por mí, en Volgograd –

-Pero una hija cumplidora no debería viajar sin sus padres. Una hija cumplidora…-

Sergey lanzo una mirada que la interrumpió a media frase y vio que bajaba la mirada
para intentar ocultar una sonrisa. –Puedes dejar se hacer teatro cuando estamos solos-

-¿A que te refieres papá?- Pregunto ella con dulzura –Solo he intentado se como me
pediste-

El ignoro su reto. No iba a rebajarse a discutir con ella sobre si había hecho o no lo que
el quería –Si consigues hacer lo que te voy a pedir a mi entera satisfacción, te daré
libertada, abriré tus cuentas, te devolveré el automóvil y te daré una asignación mensual
para lo que quieras-

-¿Enserio?- La falsa dulzura desapareció de su voz; esa era su hija, la que conocía, la
que había oído dar un discurso con mas de tres mil personas en silencio absoluto.

-Si lo consigues volverás a ser la famosa Señorita Katina- Cuando ella empezó a hablar,
el levanto la mano –Y podrás reanudar tu…- Apenas le salían las palabras –Tu
arriesgada afición-

-¿Y si no acepto el trato que me ofreces?-

-Te quedaras aquí y serás una buena hija. Diré que estas enferma y que no se pueden
recibir mas visitas en casa… Y por la escuela…- Se toco la barbilla pensativo –Hay
muy buenos profesores privados-

-¡Eso es chantaje!- Mascullo Lena.

-¿Y que has estado haciendo tu estas semanas?- Medio grito Sergey. Inspiro
tranquilamente.

-De acuerdo papá, te escucho- Dijo ella, y se recostó con los brazos cruzados en la silla-
¿Qué debo hacer?-
-Quiero que ayudes a la hija de un buen amigo mío. Oleg Volkov-

-¿Qué?- Pregunto incorporándose antes de contraer los labios –Quieres que sea la niñera
de la hija de Volkov ¿Verdad?-

-¿Tú?- Exclamo Sergey y dirigió una mirada hacia la puerta. Oía que entraban a la casa
mas mujeres y hombres –No, Yulia tiene tu edad, además me cae bien- Dijo –No, de
hecho la aprecio mucho. Su padre es uno de mis inversionistas y un amigo de años… En
cualquier caso, jamás te ofrecería como niñera de Yulia a una chantajista como tú-

-Lo tomare como un cumplido ¿Pero que tiene de malo la hija de Oleg?-

-No tiene nada de malo. Es la encargada de los campos de Oleg, y es muy atractiva…-

-Si te gustan tipo “Carrie Mae”- Dijo en un murmullo Lena.

-Pero vive aislada, trabaja mucho, y se crío en el campo con su abuela, cuando su madre
murió-

-¿Así que tengo que ir a ese sitio y hacer que se convierta en una persona civilizada?- Se
lo pensó un instante –No parece difícil… Solo hay que hacerla entrar en razón y…-

-No, Yulia no tiene que saber cual es tu misión, es un poco… Testaruda y si supiera que
su padre o yo nos inmiscuimos en su vida, te echaría de ahí y…- Observo a Lena.

-Ella acabaría como yo- Le espeto Lena y lo fulmino con la mirada. Cada palabra de su
padre parecía ofenderla de algún modo. Tuvo que tragarse el orgullo –Si no puedo ir
como alguien decente ¿Cómo voy a ayudarla? ¿He de suponer que tienes un plan?-

Sergey rebusco en su agenda- Te presentaras como parte del servicio, específicamente


como ama de llaves-

-¿Su que?-

-Oleg me ha comentado por teléfono que Yulia despidió a la ultima y si conocía a


alguien de confianza. Así, que pensé en ti-

-Gracias papá- Dijo Lena de mala forma

-Quiero que vallas como ama de llaves y que logres que se convierta en una Señorita
digna para presentarse frente al Zar. ¿Me has entendido? En cuanto lo hayas hecho,
podrás volver a lo tuyo-

-¿No podrías olvidarte de esta broma y solo dejarme hacer mis cosas?- Dijo ella tras una
pausa, procurando ocultar la amargura de su voz.

-Podría, pero es un trabajo ideal para ti y no entiendo por que no puedes hacerlo ¿Por
qué debería dártelo todo a cambio de nada?-

Lena se levanto con los puños cerrados y se inclino hacia el por encima del escritorio –
Por que eres un déspota y un abusador, por eso. Me has encarcelado y limitado gracias a
unos pensamientos dignos de la edad media…-

-¿Quieres hacer lo que te pido si o no?- Le espeto el con los ojos centelleantes de rabia
mientras se inclinaba hacia ella desde el otro lado del escritorio –Si decides no hacerlo,
te mandare a un pueblo remoto en… en Siberia y te dejare allí mientras vivas-

-Lo que no seria mucho tiempo, te lo aseguro- Respondió Lena.

En ese momento llamaron a la puerta y entro una mucama –Señorita Lena sus amigas la
esperan y se preguntaban si deberían empezar sin usted-

-¡Empezar a saborear mi comida, querrás decir!- Grito Sergey y volvió a mirar a Lena -
¿Qué respondes?-

-Acepto- Dijo esta pero entre dientes.

-Lena cielo, yo se que los métodos de tu padre parecen extraños, pero…-

-¿Y en la cama?- Insistió Lena, con los ojos clavados en su madre –¿No podrías
convencerlo cuando están juntos en la cama?-

Inessa tuvo que dejar de sacar prendas de los cajones de la habitación de su hija,
sentarse en una silla junto a la ventana y abanicarse con las manos –Lena por favor, soy
tu madre no hables sobre mi vida sexual- Se interrumpió sin aliento incapaz de decir las
palabras. Levanto la cabeza y dirigió una mirada penetrante a su hija –Y tu no deberías
tocar ese tema ¿Qué sabes de esas cosas?-

-Mamá, nunca e arponeado una ballena, pero he leído Moby Dick- Replico Lena –
Puedes hacer algo con papá-

-Yo…- Inessa observo a su hija, se levanto y empezó de nuevo a hacer su maleta –No
estoy segura de querer hacerlo. Un tiempo alejada de tus responsabilidades te sentara
bien. Además de estar lejos de todos tus fanáticos… bueno no eres una actriz o algo así-

-Quizás a ti no te guste pero tengo trabajo que hacer aquí-

-No me explico que hice para que vieras la vida tan… tan-

-¿Poco romántica? Si vieras las caras de los chicos o participaras en alguna


institución…-

-No gracias cariño. Creo que Rusia tiene bastante con una Katina a su servicio-

-Mamá esta loca- Lena no pudo evitar reírse –Que idea tan ridícula-

-Podrías aprender un poco del mundo rural, amabilidad, no se hija, sobriedad, algo…-
Dijo su madre cerrando la maleta. –Es posible que trabajes mucho, y deberás ser
sumisa-
-¿Cuanto tiempo puede llevar ser ama de llaves? Daré órdenes al servicio en la mañana,
y luego no se paseare. Lo considerare un…un-

-¿Campamento de verano?-

-Si, exacto. Lo tomare como un campamento de verano y lo disfrutare-

-¿Y la hija de Oleg Volkov?-

-OH, ella- Lena sacudió una mano para desechar la pregunta –Por lo que se, menos yo,
las chicas mueren por ser una estrella… Así que aunque sea fea como un pecado, tratare
de hacerla decente-

-¿Y si ella no quiere?-

-Mamá- Exasperada, la joven puso los ojos en blanco –Siempre consigo lo que quiero-

-Eres tan fuerte, tan segura de ti misma, Lena. Te pareces mas a tu padre que a mi. Eres
tan… Tan perfecta, que a veces desearía que fueras un poco mas humana-

-¿Humana? ¿No soy humana?- Pregunto Lena, anonadada -¿No he dedicado los últimos
dos años d e mi vida a algo muy humano? Puedo asegurarte que…- Se detuvo – Tienes
una de tus jaquecas ¿verdad? Acuéstate y llamare a una sirvienta-

-Si, hazlo y llama a tu padre-

-¿A él? No me quedare contigo. Podemos terminar de charlar y…-

-Po favor- Pidió Inessa.

-Muy bien mamá- Dijo Lena –Sergey Katin, Sergey, todos aman al Señor Katin. Como
pudo engendrarme un… un hombre como ese- Remilgo en voz baja mientras salía del
cuarto y cerraba la puerta tras de si.

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Carrie Mae: personaje de the house bunny, que es como un chica de campo, marimacho,
grande, tosca, robusta y un poco bruta ( en el sentido salvaje)

Lodo / Furia / ¡Demonios!

-Lo detesto. Lo detesto. Lo detesto más- Afirmo Lena mientras se apartaba un mechón
de los ojos –Ahora lo detesto mas, mañana todavía lo detestare mas- Con cada frase,
levantaba un pie y volvió a bajarlo al fango. Tenia que tirar de la pierna con todas sus
fuerzas para evitar hundirse de nuevo en el barro y poder dar otro pasó. A los pocos
minutos, salio del pueblo, las varillas del paraguas se rompieron y ahora lo usaba como
si fuera una muleta para mantener el equilibrio.
-Lo detesto con todas mis fuerzas- Dijo y levanto un pie –Lo detesto con todas la
fuerzas de mis antepasados- Soltó la ultima palabra con fuerza mientras ser apoyaba en
el paraguas para arrancar el pie izquierdo del barro que la cubría hasta el tobillo.

Era tarde, de noche y estaba sola en un camino desierto y embarrado que un hombre en
la oficina de correos había llamado carretera. No se merecía tal calificativo –Lo
detestare hasta la muerte- Afirmo Lena y levanto el pie derecho.

Toda la gente que había en el correo sufrió un ataque de hilaridad cuando ella pregunto
si había algún medio de transporte hasta la propiedad de los Volkov

-¿Volkov?- Había preguntado un hombre tras el mostrador -¿La propiedad dice?-

Si no le hubiera temblado la comisura de los labios, Lena habría creído que se


equivocaba de sitio ¿Pero no era Yulia Volkova la jefa d e la propiedad?

Sin embargo, por la diversión del jefe de correos y d e los cuatro hombres que había en
la oficina, ella había dicho algo de lo mas gracioso.

-Estoy en Volgograd ¿No? El chofer no me habrá dejado en otro sitio ¿Verdad?-

-OH, si, esto es Volgograd pero…- La diversión embargo al hombre de tal modo que
tuvo que volverse un momento.

Lena tenía frío y hambre… y estaba enfadada. Las últimas horas de su vida habían sido
un infierno. Hasta el último momento cuando su madre se despidió de ella delante del
cargadísimo automóvil, no se había creído que eso le estuviera pasando. –Puedes
enviarme lo que se compra con dinero, pero no puedes darme el dinero ¿Es así?-
Replico Lena.

-Son órdenes de tu padre Cariño-

-Lose, lose, **** ocurrencia de papá- Murmuro Lena.

-¡Elena ese vocabulario!- La regaño su madre.

-Lo siento mamá-

-Llámame- Pidió Inessa a su hija –Y no olvides que si necesitas cualquier cosa…-

-¿Una pistola?- Repuso Lena, lo mas cercano a un harakiri que le permitía su orgullo.
En parte quería arrodillarse antes su padre y suplicarle que le permitiera quedarse.

-Tengo un regalo para ti- Dijo su madre contenta –Pero no lo abras hasta que estés en la
carretera. Dios mío, parece mentira que haya llegado el momento tan deprisa. Bueno
cielo…-

Cuando Lena vio que los ojos de su madre se humedecían, supo que tenia una
posibilidad pero entonces Sergey rodeo con firmeza los hombros de su esposa y la
aparto del automóvil –Si cariño llámanos- Dijo por encima del hombro mientras
conducía a su mujer hacia la casa antes de que pudiera decir nada mas. Una vez en la
entrada, la saludo con la mano, luego se volvió y entro de modo que Lena tuvo que
subir al automóvil sola.

Una vez sentada, se apresuro a abrir el regalo de su madre, todavía con alguna
esperanza. Quizás un mensaje que no tenía que irse, después de todo. Quizás ese
paquetito contenía dinero para volver, o quizás… Era un ejemplar del libro de cocina
para la nueva mama de casa… Al verlo Lena perdió toda esperanza. La estaban
enviando de verdad a un sitio desconocido entre extraños para hacer un trabajo
completamente absurdo.

Tras un viaje largo y agotador, dos horas antes del ocaso, el automóvil la había dejado
junto a su equipaje en la oficina de correos -¿Pero donde esta la ascienda donde vive la
Señorita Volkova?- Pregunto al cochero cuando miro alrededor y vio las casitas de
tejado de paja.

Pero el chofer solo dijo que ahí era donde le habían dicho que la dejara y que no le
habían pagado para seguir un kilómetro más.

La montaña de equipaje y la cara de una desconocida habían provocado que al perecer


todos los habitantes del pueblo dejaran lo que estaba haciendo y fueran a contemplar a
Lena. Y por el modo en que la miraban boquiabiertos la moda actual aún no había
llegado al pueblo.

Pero Lena, sostenida solo de orgullo, había entrado en la oficina y pedido algún
transporte hasta la ascienda de los Volkov. Y la mera petición había parecido causar
gran regocijo entre los campesinos. En cuanto las palabras salieron de sus labios, uno de
los hombres que holgazaneaba apoyado contra una pared salio corriendo, y ella estaba
segura que iba a propagar la extraña y chistosa solicitud de la desconocida.

Tardo 30 minutos en hacer entender al jefe de los aldeanos lo que quería. O bien el
hombre era idiota o se lo estaba pasando tan bien riéndose de ella, que se había
desconectado el cerebro, pero, fuera cual fuera su problema, eso fue lo que le costo a
Lena que diera alguna dirección.

Pera entonces lo único que la mantenía entera era su orgullo. Con una sonrisita el
hombre le dijo que tendría que pasar la noche en el pueblo y salir por la mañana.

-¿Y donde queda el hotel mas cercano?- Había preguntado ella, lo que provoco mas
carcajadas.

-A unos 80 kilómetros carretera abajo- Contesto el hombre –Por donde usted vino-

-Puedes pasar la noche conmigo- Ofreció un joven tras de ella.

-O conmigo añadió otro-

Lena irguió la espalda –¿A que distancia esta la ascienda?- Replico mientras pensaba
que tendría que cerrar con barricadas la puerta de cualquier sitio donde se hospedara.
-A seis kilómetros- Dijo el jefe de correos –Pero es un trayecto demasiado duro para
una encantadora joven como usted. Debería quedarse conmigo y mi esposa-

Tal vez estuviera siendo simpático y tal vez Lena tendría que haber aceptado su
invitación, pero le brillaban los ojos de un modo que deseo alejarse de el lo mas rápido
posible. Se pregunto si realmente estaría casado. –No gracias- Respondió -¿Dónde
podría alquilar transporte que me lleva a la ascienda?-

-No hay ninguno- Aseguro un campesino –Si Yulia no envio a nadie a recogerla tendra
que caminar-

-¿Caminar seis kilómetros con esta lluvia?- Pregunto incrédula.

-Ya decía yo que los de la capital eran todos unos perezosos- Comento una mujer –No
vale para nada mas, salvo para llevar esas ropas tan modernas-

Puede que fuera su orgullo o puede que fuera el insulto a su querido Moscú, pero Lena
agarro la maleta mas pequeña y espeto –Si puedo dejar aquí el resto del equipaje,
caminaré- Y así fue como ella misma se jugo la mala pasada de acabar cubierta de barro
hasta media pantorrilla bajo la lluvia de camino a la ascienda de Yulia Volkova.

Cuando llegara, pensaba cantarle cuatro cosas a esa chica. Podía pensar que solo era la
nueva ama de llaves, pero hasta ellas se merecían la cortesía de disponer de algún
transporte.

Bajo el grueso impermeable que llevaba no podía consultar el reloj, pero cuando por fin
vio una luz al frente, estuvo segura de que por lo menos era media noche. Al jefe de los
aldeanos le había encantado comentarle que si se alejaba de la carretera aunque solo
fuera un metro llegaría al río.

-Entonces tendré que nadar ¿No?- Había replicado ella, con lo que todos rieron. Pero
ahora lo había logrado y, con cada paso que daba, se acercaba más a la luz. A través de
la lluvia torrencial y el barro que le salpicaba la cara esa luz única, y tenue, era lo mas
acogedor que había visto en su vida.

Sacaba los pies del lodo para intentar avanzar, exhausta, casi al final de su resistencia.

Tal vez la luz que veía ahora fuera fuego. Un gran fuego que ardía en una chimenea
abierta. Tal vez hubiera una mesa donde la esperaba un plato de sopa caliente y pan, con
mantequilla recién hecha y leche recién ordeñada.

Lena se oyó sonar las tripas por encima del ruido de la lluvia y el barro. Una parte de
ella quería dejarse caer boca abajo en el lodo y quedarse ahí hasta que alguien la
encontrara o hasta morirse; en ese momento, lo cierto era que no le importaba cual de
las dos pasara.

-¡Domínate!- Se ordeno en voz alta –Piensa en algo bueno-

Intento con todas sus fuerzas, no imaginar a su padre siendo devorado por lobos,
entonces intento pensar en como ser una ama de llaves y recordó a su antigua ama de
llaves, La Señora Kirkorova, y su habitación en Moscú. Lena había pasado muchas
horas de su infancia en ese acogedor cuarto.

“Un buen servicio, esa es la clave niña” decía la Señora Kirkorova. Afirmaba que su
talento radicaba en contratar buenos empleados y que gracias a ese talento, tenia “Ratos
libres”.

Cuando llego a la ventana por donde salía la luz, estaba cansada para recordar gran
cosa, delante de ella había una puerta con una gran aldaba de metal, y logro alargar la
mano. Pero tenia los dedos tan helados que tuvo que colgarlos de la anilla. De algún
modo logro levantar la anilla y dejarla caer de nuevo.

Una, dos, tres veces; espero. Nada. No podía oír nada bajo la lluvia, pero no parecía
haber ningún ruido en el interior.

Despacio volvió a levantar la mano congelada y logro volver a llamar a la puerta. Una,
dos, tres veces. Espero de nuevo pero sin resultado.

Se dijo que no iba a echar se a llorar. No iba a derrumbarse. Si tenia que golpear esa
puerta hasta el día del juicio final lo haría. Se mordió el labio para darse fuerzas y
levanto la mano una vez más.

Pero antes de que pudiera alcanzar la aldaba, la puerta se abrió de golpe y apareció una
pequeña mujer.

-¿Qué rayos quieres?- Bramo una voz por enzima de la lluvia -¿No puede una persona
descansar tranquila ni es su propia casa?-

Una parte de Lena quería ceder al cansancio y desmayarse en el umbral, pero nunca
había sido de las que se desmayan y no iba a empezar entonces.

-Soy la nueva ama de llaves- Dijo casi inaudiblemente.

-¿Qué?- Grito la chica.

No le quedaban demasiadas fuerzas, pero consiguió levantar la cabeza para mirarlo. La


luz la iluminaba por detrás y, como las gotas de lluvia le cubrían la cara, no pudo
distinguir mucho, salvo que era pequeña y morena.

-Soy la nueva ama de llaves- repitió más fuerte.

-¿La que?- Grito la chica.

Se pregunto si seria tonta ¿Habría habido alguna enfermedad en el pueblo o algo por el
estilo? A lo mejor podrían escribir un artículo al respecto.

-¡He venido para el empleo de ama de llaves!- Le grito a su vez, mientras con una mano
entumecida y congelada se quitaba el agua de la cara –Me envía Oleg Volkov-

-¿A usted?- Exclamo la chica mirándola –No es ninguna ama de llaves. Ya puede volver
por donde ha venido y decir a Oleg que se valla al diablo. Y puede decirle que no me
importa lo bonitas que sean las institutrices que me envíe. No me voy a ser su hijita,
tonta y delicada-

Y dicho eso le cerró la puerta en la cara.

Durante casi cinco minutos, Lena permaneció allí, con la lluvia resbalándole por la cara,
contemplando la puerta e incapaz de entender que estaba ocurriendo. Parecía revivir en
su imaginación ese día largo y horrible, que había empezado muy temprano por la
mañana despidiéndose de sus padres. Luego el viaje largo y lleno de sacudidas que le
había provocado unos dolorosos moretones, después el encuentro con los aldeanos del
pueblo. Y, encima una caminata de seis kilómetros por un lodazal que parecía querer
engullirla.

¡Y ahora esto! La hija del socio de su padre le había cerrado la puerta en las narices. No
podía haber una mujer tan maleducada, tan salvaje, y tan…

Si la tal Yulia Volkova creía que iba a librarse de ella con tanta facilidad, estaba muy
equivocada. Levanto la mano para llamar de nuevo y advirtió que la mano se le había
descongelado un poco. No había duda que el coraje daba calor.

Golpeo la puesta con fuerzas renovadas, pero no se abrió. A su derecha estaba la


ventana por donde salía la luz, y se dijo que si era necesario rompería el cristal y
entraría por ahí.

Pero cuando iba a dar un paso en esa dirección, vio que la puerta le había atrapada el
impermeable. Mientras tiraba de la gruesa tela , pensó que si no conseguía liberarse,
tendría que pasar la noche atrapada en la entrada.

Agarro la aldaba con las dos manos y empezó a golpear. Golpeo y golpeo y golpeo otra
vez.

Pasaron veinte minutos antes de que la puerta volviera a abrirse. –Le dije que regresara
por donde…-

Lena no iba a permitir que le cerrara otra vez la puerta. Con agilidad, se deslizo por
debajo de su brazo y se coloco en la casa. La luz que había visto no era ningún fuego,
sino una vela en una mesa de madera frente a una chimenea con aspecto de no haber
sido encendida desde que le cortaron la cabeza a la Reina María Antonieta.

-¡Largo!- Dijo la pequeña chica con la puerta todavía abierta y el brazo en alto
señalando la noche oscura y lluviosa.

¡Lena ya se había hartado! Agarro la empuñadura curvada del paraguas y con la punta
de acero de diez centímetros le apunto al pecho. -¡No!- Chillo con una voz que había
sido educada para llegar al fondo de grandes auditorios. –No volveré a salir con esa
lluvia terrible y ese barro. Así que, Dios me ayude, si me echa entrare por la ventana o
por la chimenea. Me da lo mismo lo que tenga que hacer, pero no voy a salir de aquí –
Entrecerró los ojos – Y si me matas, mi fantasma te acosara-
Avanzo hacia la chica, que la miraba asombrada. Era delgada y menuda; el desordenado
cabello negro le llegaba más debajo de la nuca. Tenía los ojos claros y feroces, y unas
facciones delicadas de un modo que le recordaban un lobo. La cara estaba cubierta por
algunas manchas de lodo, pero no cubrían unos labios tentadores.

Era atractiva, pero de una forma salvaje. Pero tal como se sentía Lena estaba dispuesta a
enfrentarse al mismísimo diablo –No se que te abra pasado en ese cerebro de mosquito-
Dijo –Pero he venido a trabajar de ama de llaves y nada mas-

De repente surgió una imagen en su mente: estaba en un congreso, en representación de


la escuela, y era una de las estudiantes cuyas historias trágicas había escuchado e
intentado cambiar. -¿Te parezco demasiado bonita para este trabajo? ¿Eso es lo que
piensas?- La empujaba con el paraguas pero la chica no se lo arrebato. Se limitaba a
mirarla con la fascinación de una cobra que sigue una flauta –Esta cara bonita es lo que
me ha causado todos los problemas con… con la gente- Escupió esta palabras y siguió
empujando mientras la chica retrocedía –Los odio a todos por lo que me han hecho. Me
embaracé a los 14, por un chico ¿sabe usted donde esta? No, claro que no. Ni yo. Me
abandono apenas supo que estaba en cinta. Mis padres me echaron de casa y perdí al
niño unos meses después. Recé a Dios para que me llevara con el, pero sigo en la tierra
con no se que propósito. Su padre conocía a un hombre que me daba trabajos por
temporadas, y le dijo que tenia un trabajo para mi, así que vine con ellos a este lugar
húmedo y frío que nadie querría comprar y tuve que andar mas de seis kilómetros por
un barro que me cubría hasta las rodillas. Y ahora llego aquí y me dice que soy
demasiado bonita para su **** trabajo-

La chica siguió mirándola absorta, escuchándola y retrocediendo ante el paraguas. De


pronto choco contra una silla y cayo sentada con fuerza, sin dejar de observarla
fascinada.

-Permítela que te diga algo- Prosiguió Lena, inclinándose hacia ella –No quiero
educarla y no entiendo como alguien querría intentarlo siquiera se ve que no hay vuelta
y vivir en este sitio tan frío. ¿Necesita un ama de llaves o no?-

Por un momento la chica se limito a contemplar la cara empapada sin decir nada –¿Oleg
la envío pero no como institutriz?- Pregunto dando a entender que no podía creerlo.

-Es un poco lenta para entender ¿Verdad?- Contesto Lena tras parpadear.

Una comisura de los labios de la chica se curvo hacia arriba en lo que Lena considero
podría ser una sonrisa. –No es como lo que mi padre suele enviarme- Se pasó la mano
por la barbilla y la miro como si reflexionara el asunto.

Mientras esperaba que la chica se decidiera. Lena se quito lo que habría sido un gorro
muy bonito y lo aventó al suelo. Ahora que empezaba a mirar a su alrededor, vio que la
sala estaba asquerosa. Del techo colgaban telarañas. La mesa tenia costras de comida
endurecida que había que arrancar con martillo y formón. No se preocupo del charco
que se formaba alrededor de sus pies, de todos modos serviría para limpiar el piso.
Cuando volvió la vista a la chica, esta la estaba mirando de arriba abajo. Había visto
antes esa mirada. -Señorita Volkova… Usted es Yulia Volkova ¿Verdad?-
La chica asintió en silencio, especulando sin dejar de observarla

-Necesito trabajar y es evidente que usted necesita alguien que… que- Hecho un vistazo
alrededor ¿Qué podía decir? Necesitaba alguien... –Los establos de Augias estaban más
limpios- Murmuro

-¿Y tu eres Hércules?- Pregunto la chica.

Lena se volvió, sorprendida de que hubiera entendido su referencia a una leyenda


griega.

Derepente Yulia se levanto y le dio la espalda –De acuerdo- Le dijo por encima del
hombro –El desayuno es a las 5. Pero al menos intento de confabulación junto con mi
padre, le echare sin contemplaciones ¿Me oyó, Señorita Hércules?-

Lena no tuvo tiempo de contestar por que ella desapareció por una puerta en el otro
extremo de la habitación.

A solas todo el valor pareció abandonarla. Se sentó en la silla y apoyo la cabeza en las
manos. No sabia que la había impulsado a actuar así y mucho menos a mentir de ese
modo. En el tiempo que había trabajado con Chicos y chicas, había oído contar muchas
cosas como que los habían obligado a mentir, robar o incluso a prostituirse. Con lo que
ahora consideró aires de superioridad. Lena siempre les había dicho que había
alternativas. Pero hoy, tras solo un día de frío y hambre cuando se había visto
enfrentada a la perspectiva de pasar toda la noche bajo la lluvia, había ocupado sin
vacilar una mentira que le consiguiera una cama caliente donde dormir.

Al reparar en eso, un escalofrío recorrió su cuerpo. Ahora estaba “a salvo” por así
decirlo, y que ya no sentía ninguna rabia, tenia frío. Miro la vela de la mesa ¿Dónde
estaría la habitación de la ama de llaves? Y ya puestos ¿Dónde estaría la cocina, para
tomar algo caliente antes de acostarse?

Se dirigió hacia la puerta donde había salido la chica, pero daba a un pasillo oscuro,
frente a una escalera que parecía tener… La escalera parecía llena de huesos.

Regreso a la mesa, tomo la vela y empezó a deambular por la casa en busca de una
cama caliente.

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6º Trabajo de Hércules. Limpiar los establos de Augías.
El nuevo trabajo encargado al hijo de Zeus fue de lo más desafiante, pero aparentemente
libre de riesgo, ya que Hércules debía limpiar en un solo día los establos del rey Augías,
soberano de la Hélide en el Peloponeso. Este rey era hijo de Helios y había recibido de
parte de su padre una enorme cantidad de ganado que fue reunido en un recinto sin
posibilidad de salir y sin recibir ningún tipo de limpieza, por lo que el estiércol se fue
amontonando en cantidades momumentales y había generado todo tipo de gérmenes que
habían invadido toda la península, desatando grandes pestes.

Encuentro / Tocar / ¿Verdad?

-Ummm...- Ronroneo al acurrucarse calidamente. Incluso medio dormida, podía oler


que había que cambiar las sabanas, pero la cama era blanda y suave. Y ella estaba muy
cansada.

La vela se había consumido antes de que hubiera conseguido orientarse por la casa, de
modo que había terminado palpando las frías paredes hasta llegar a una puerta. Tras
varios intentos, había renunciado a encontrar una cocina con un alegre fuego preparado
por la noche y ni siquiera un simple trozo de queso para cenar. Así que había subido la
escalera hacia lo que supuso las habitaciones y, al tocar un colchón, se había quitado la
ropa mojada y metido bajo una gruesa colcha. En unos segundos se quedo dormida.

Ahora estaba a oscuras y demasiado aturdida para abrir los ojos, pero había algo…
Alguien la sujetaba y lo hacia como nadie había hecho antes, y sintió la calidez de otro
ser humano en su mejilla.

“Mamá” pensó y se acurruco mas cerca. Una mano le recorrió el cuerpo y le bajo por la
espalda. Con los ojos aún cerrados, se acerco todavía más.

-Me gusta esta parte de tu trabajo- Le dijo una voz suave y grave al oído, y Lena sonrío
medio dormida, mientras la mano le acariciaba la cadera y le bajaba por el muslo.

Apoyo la mejilla en un hombro desnudo, y noto la textura de una piel calida en sus
labios; entonces movió la pierna, y le quedo entre dos muslos fuertes que la atrajeron
aún mas. –Si- Susurro cuando la mano se dirigió hacia su ombligo. Luego descendió y
se poso en su cadera para descansar allí.

Lena se despertó por completo cuando la persona que la tocaba se coloco encima de su
cuerpo. El peso la hizo abrir los ojos de golpe… Peor no podía ver nada. No había luz
en la habitación, ni fuera, y lo único que distinguía era la penumbra. Pero notaba que
una persona estaba en la cama con ella y estaba…

Lena soltó un grito que sobresalto a las palomas que dormían en el tejado. Y empezó a
luchar con todas sus fuerzas, propinándole puñetazos y patadas y gritando sin parar. Era
lo que le habían enseñado en un curso de seis días sobre como las mujeres podían
defender su honra.

-¡****!- Oyó exclamar a una voz de mujer al tiempo que se apartaba de ella y la soltaba.
En cuestión de segundos había encontrado una cerilla y encendido un farol junto a la
cama.

Yulia Volkova se inclino hacia ella, y no llevaba nada de ropa encima

-¿Pero que te has creído?- Le espeto Lena a la vez que se cubría con la colcha hasta el
cuello y su mirada era de verdadero miedo. Sabia lo que los hombres eran capaces de
hacer a las mujeres pero ¿Una mujer a otra?.

-¡¿Cómo?!- Grito –Estas en mi cama, por Dios, mujer, creo que me has roto una
costilla. ¿Por qué me atacas así después de haberte insinuado?-

Lena comprendió que la culpa era enteramente suya. Al acostarse, exhausta, no había
comprobado si aquella cama estaba vacía. Y ahora ¿Debía disculparse? ¿Arrastrarse
incluso? De algún modo, dudaba de que en algún manual le explicaran que hacer en una
situación así, más aun con una mujer. Peno que lo mejor era aguantarse -¿Podrías
ponerte algo de ropa por favor?- Pidió con el mentón levantado y la mirada en otra
dirección. “Así que esto es ser tocada por otra mujer” pensó mientras contemplaba el
descolorido papel tapiz del otro lado de la habitación. Noto como ella no se movía, pero
siguió sin mirarla. Parecía esperar a que ella hablara.

-Primero, no tengo nada que tu no tengas Señorita Hércules, y segundo ¿Quieres


explicarme que hacías en mi cama?- Pregunto -¿Qué tipo de institutriz eres?-

¡Eso fue demasiado! Desnuda o no. Se volvió para fulminarla con la mirada.

-Cometí un error, nada más. Un simple error. Estaba cansada, hambrienta (Aún), la vela
se consumió y recorrió el pasillo a tientas hasta la primera cama que encontré ¿Podría
decirme decirme por que cree que todas las mujeres, son institutrices?-

Ella la seguían mirando, sin intención aun de vestirse -¿Me juras que no viniste a ser mi
institutriz?-

-Ya te dije que no-

-Hummm...- Refunfuño Yulia, y Lena no supo si eso significaba que le creía o que no.
Procuro no mirar su cuerpo desnudo, pero era tan hermosa como una ninfa. Tenia los
hombros pequeños al igual que sus senos; un vientre plano. Fuera lo que fuere lo que se
dedicaba a hacer esa mujer, no era a escribir cartas, sentada en un despacho.

-Puedo asegurarte que no vengo como institutriz- Afirmo la pelirroja y aparto los ojos.
Le resultaba imposible mirarla sin mirar sus pechos o sus caderas.

Yulia permaneció un momento mas observándola y luego se volvió y tomó una prenda
de lino del respaldo de una silla.

Lena intento no mirar hacia otro lado, pero no pudo evitar dirigir la vista hacia su
espalda; una espalda pequeña pero bien formada, una cintura esbelta y unas nalgas
firmes y redondeadas. Una vez había oído comentar a uno chico que el trasero de su
chica “era tan apetecible como un biscocho recién orneado” a lo que los demás chicos
habían reído. En aquel momento, Lena los había mirado por encima del hombro y se
había ido. Pero ahora una calidez en la boca del estomago le hacia entender a que se
referían.

Yulia se abrocho una camisa escocesa que le llegaba mas debajo de las nalgas y Lena
parpadeo un par de veces al darse cuenta que no llevaba sujetador bajo la camisa.
Cuando empezó a ponerse unos pantalones, se volvió hacia ella -¿Por qué te ha enviado
mi padre?- Pregunto, pero cuando Lena iba a responder, la detuvo con una mano –Se
que eres de la capital y se que creer que los campesinos somos unos retrasados, pero a
pesar de que según tú, tenemos una educación mediocre. Aunque te aseguro que
algunos tenemos algo de cerebro. No eres ninguna sirvienta. Tienes manos de dama-
Levanto los ojos del puño y bajo la voz –Y no has estado embarazada. No con ese
vientre tan liso-

Lena ignoraba que todo el cuerpo de una persona pudiera ruborizarse, pero el suyo lo
hizo. Enrojeció de la cabeza a los pies. Desvío la vista un instante para ganar tiempo.
Tenia que recuperarse deprisa, tenía que dar rápido una respuesta. Si le contaba la
verdad, la mandaría de vuelta y su padre la obligaría a vivir encerrada el resto de su
vida.

Dirigió los ojos de nuevo a Yulia, de pie junto a la cama, abierta por el cuello de modo
que dejaba al descubierto su delicada piel bronceada. Pensó en una chica que trabajaba
en su casa y que en alguna ocasión le contó su vida. –Soy una Señorita- Afirmo en voz
baja, mientras se miraba las manos –Pero…-

-¿Qué?- Replico Yulia –No tengo todo el día-

-Me fugue con un hombre de baja calaña y mi padre me desheredo. Cuando se entero…-

-Se largo. Claro. Que tonta-

Lena tuvo que morderse la lengua para no corregirla en ese punto. Ninguna persona
había logrado hacerla olvidar que tenía un propósito en la vida, un propósito al que
pensaba regresar sin importar e precio que tuviera que pagar.

Trago saliva y tomo aliento. Le costaba ofrecer aspecto de indefensa. –La esposa de
unos de sus amigos ayuda a chicas en mi situación, y ella…-

-AH, se dedica a las obras sociales- Dijo Yulia pensativa mientras tomaba una chaqueta
de la silla –Oleg tiene amigos influyentes, con mujeres dulces y tiernas, no esas
revolucionarias, que creen que por dar dinero se salvara el mundo-

Lena casi se atraganta

-Sigue- Le ordeno Yulia -¿O quieres que te mande de vuelta Moscú?-

Lena sintió un escalofrío, ¡Cualquier cosa menos eso! –Tu padre me ha dado 2 meses
para ordenar esta ascienda. Si lo consigo me dará un trabajo en Moscú, para que me las
arregle por mi cuenta-

-Entiendo. Sin nadie que te apoye. Eso no es vidas para una niña consentida ¿verdad?-
Su voz casi contenía compasión, y quizás tendría que haber estado agradecida, pero
quería gritarle que rozaba los 18 años, sabia cuidarse sola, era la presidenta del
alumnado de un prestigioso colegio privado, era jefa de la federación estudiantil de
Moscú y lo único que necesitaba era su libertad.

Yulia se puso la chaqueta y cuando se arreglo el cuello agrego –Supongo que sabrás que
lo que quiere mi padre es que con tu educación de damita, hagas de institutriz ¿verdad?-

-No- Aseguro Lena con los dientes apretados –No se nada de eso ¿Te importaría
decirme, si no es demasiada molestia, por que crees que cualquiera que venga de parte
de tu padre, incluso que sea para pedirle trabajo, quiere por decirlo de alguna manera
educarla? ¿Tan imprescindible eres?-

Yulia se sentó a los pies de la cama, pero no de modo sensual, sino con camaradería,
como si fueran dos amigas compartiendo unos tragos. –Oleg quiere casarme con algún
heredero millonario. Si, soy una mujer atractiva, eso no puede negarse. Puedo hacerle
pasar un buen rato a cualquiera. Y tendrían buenos hijos conmigo también. Con los
genes que tengo pero…-

Lena parpadeo; La vanidad de esa mujer era fascinante.-Con esas características ¿Qué
puede fallarte?-

Yulia la miro para ver si le tomaba el pelo, pero Lena, todavía sentada con la colcha
cubriéndola hasta los senos, le dedico una dulce sonrisa para animarla a contestar.

-Me gustan las mujeres. Señorita Hércules- Señalo hacia la ventana con cortinas –
Además no podría dejar este lugar es mi vida-

Lena soltó la colcha y se inclino hacia ella –Entonces estoy segura que podrás encontrar
alguien que quiera estar contigo y compartir tu vida aquí…-

Yulia soltó una carcajada despectiva y se levanto de la cama- Esas tonterías románticas
no sirven aquí. Solo las mujeres fuertes pueden vivir aquí ¿Sabes como he logrado este
cuerpo?-

Lena abrió los ojos como platos. Esa mujer no parecía distinguir lo correcto de lo
incorrecto. Pero el caso era que estaban solas en su dormitorio y que ella estaba en la
cama en ropa interior prácticamente y… Bien era mejor no considerar con
detenimientos las cirscuntancias -¿Cómo?- Pregunto.

-Soy ganadera. Y conduzco el ganado. Limpio establos y reparo tejados. Voy a pescar y
cazar-

-Pero creí que eras la administradora de la ascienda-

-Lo soy, pero ¿Por qué no puedo trabajar, junto a mi gente y conocer así su vida?-
Comento entrecerrando los ojos- Esta casa fue arreglada por mi padre. Se caso con una
mujer delicada y hermosa que deseaba todas las comodidades de la ciudad, así que el
intento dárselas. Pero su muerte fue prematura y no consiguió disfrutarlas-

-¿y tu odias a las chicas de ciudad por ello- Concluyo Lena con sarcasmo.

-OH, no- Replico Yulia, sorprendida –Las quiero demasiado, como ya te he dicho, no
soportan esta vida demasiado dura. Mira no tengo tiempo. Creo que deberias regresar
con mi padre y decirle que prefieres arriesgarte en Moscú. Aquí no hay trabajo para una
Damita-
-Dudo que la vida sea mas difícil aquí que en las calles de Moscú. Si no te importa, creo
que me quedare-

-Tú decides- Contesto Yulia dirigiéndose hacia la puerta. Se volvió con la mano en el
pomo de la puerta y una sonrisa juguetona -¿vas a dormir conmigo cada noche?-

-¡Por supuesto que no!-

-Lastima- Dijo, y salio de la habitación-

Lena permaneció unos instantes sentada, parpadeando –Que encuentro tan


extraordinario- Musito antes de salir de la cama. Y lo único que tenia para ponerse eran
las prendas aún húmedas que llevaba el día anterior

Todos / Ama de llaves / Ayuda

A las dos de la tarde estaba dispuesta a admitir la derrota. Estaba segura de que podía
limpiar las calles de Moscú, pero la casa de Yulia Volkova le estaba ganando la partida.

El edificio era grande, con muchas habitaciones y cuatro salones. Cuando se construyo
debió haber sido precioso. Había indicios de techos de yeso, empapelado de seda y
suelos flotantes. Había colgado cuadros. Las marcas del suelo mostraban la ubicación de
antiguos muebles.

Pero ahora la casa era un caos. Había telarañas por todas partes, el moho se había
apoderado de los hermosos empapelados y los roedores habían abierto agujeros en el
suelo. Cuatro habitaciones tenían agujeros en el techo que daban al cielo y estaban
llenas de palomas, y una de gallinas. Los muebles estaban mugrientos y destrozados.

Pero no había demasiado mobiliario. De hecho no había demasiado de nada en ninguna


habitación y no se precisaban grandes dotes de deducción para imaginar que lo que
hubiera habido se había vendido para pagar deudas.

-Hasta los ricos pueden ser pobres- Murmuro Lena mientras cerraba la puerta de un
dormitorio donde unas cuantas gallinas estaban sentadas en sus ponederos. Tras ver el
estado de la casa, compadecía a Yulia y su intento de seguir viviendo en esa ruina.

No había comido desde el día anterior, así que fue en busca de la cocina y la cocinera,
pero cuando abrió una puerta se encontró con un patio. Y fue como haber salido del
infierno para entrar al cielo. En contraste con la suciedad y el abandono de la casa, el
patio, estaba limpio y era bonito. Las losas brillaban como si acabaran de fregarlas y no
se veían hierbas.

Con el entrecejo fruncido de perplejidad, recorrió la corta distancia hacia lo que


parecían las cuadras y se asomo, lo que la hizo parpadear. Bajo un techo largo había seis
caballos y, aunque lo único que ella sabia sobre caballos era que servían para las
carreras o dar paseo, vio que cuatro de los animales eran preciosos: Esbeltos, lustrosos,
radiante de salud.

En la hora y media que había pasado deambulando por la casa, no se había encontrado
con nadie, pero allí había tres hombres y un muchacho alto, que se dedicaba a sacar
brillo a un arnés y limpiar un compartimiento vacío. Un hombre lanzaba cubos de agua
limpia sobre las piedras ya relucientes. El chico daba manzanas a un caballo.

-Perdonen- Dijo, pero ninguno de los hombres la miro –Perdonen- Insistió en voz alta, y
el chico se volvió hacia ella.

Uno de los hombres levanto los ojos del arnés y, tras escupir se concentro de nuevo en
su trabajo.

-Soy la nueva ama de llaves y…- Avanzo hacia el muchacho, pero se detuvo por que
uno de los hombres hizo un ruido despectivo. Se volvió hacia el –Perdone ¿Me ha dicho
algo?-

-Ama de llaves- Dijo el hombre, y la miro con una sonrisa –La nueva-

Si Lena hubiese sido mas tímida y menos inexperta, la actitud de aquel hombre le habría
hecho marcharse, pero llevaba años tratando con personas hostiles. Se sitúo frente a el
y, con las manos en jarras, lo miro desde su posición mas elevada –Si tiene algo que
decir , le agradecería que me lo dijera a la cara- Soltó.

El hombre levanto la vista hacia ella, con una sonrisa burlona, y abrió la boca para
hablar, pero el muchacho se interpuso entre ambos –Hemos tenido varias amas de llaves
y no duran mucho- Comento el chico con rapidez –Volkova las echa-

-O se van. Afirmo el hombre detrás del muchacho.

Eso sobresalto a Lena por que había tenido la impresión de que era la primera mujer a
quien se ofrecía el empleo desde hace tiempo. Sin hacer caso del hombre situado tras el
chico ni de los demás, que habían dejado de trabajar para observarla, pregunto -¿Cuánto
tiempo hace que no han tenido ama de llaves? O ¿Cuántas han tenido en el ultimo
tiempo?-

El muchacho parpadeo. Era un chico guapo y, a pesar de era casi tan alto como los
hombres, no parecía tener mas de doce años. Evidentemente, lo alimentaban bien.

-Seis- Contesto el muchacho por fin; pero cuando los demás hombres rieron, se sonrojo
un poco y rectifico –más bien doce- Pareció decirlo a modo de disculpa.

-¿Doce mujeres lo han intentado y han fracasado?- Pregunto Lena con los ojos
desorbitados. No era de extraño que los hombres de las cuadras no le hubiesen prestado
atención. Seguramente pensaban que, al llegar la noche, ya se habían ido.”¿Y por que
fracasaron?” Quiso saber, y su coraje desapareció mientras dirigió los ojos del
muchacho hacia los hombres a la espera de una respuesta.

-La Volkova- Aseguro uno de los hombres.


Lena observo al hombre que sostenía una pala llena de excremento de caballo –Si, La
Volkova- Confirmo este.

El tercer hombre se limito a asentir y restregó el agua en las losas con un cepillo ancho.

-La Volkova- Corroboro el muchacho con un suspiro de resignación cuando Lena


volvió a mirarlo.

-Ya veo- Comento Lena, pero no veía nada y, de repente, sintió que tenia que defender a
todo su sexo –Esta mañana la Señorita Volkova me dijo que las mujeres que ha
conocido eran demasiado flojas, que aquí la vida es muy dura para ellas. Pero yo no soy
una mujer floja, he visto y hecho…-

Las risas de los hombres la interrumpieron. Al principio habían intercambiado sonrisas


como si supieran algo que ella ignoraba y luego habían dejado las palas, los cepillos y
los arneses y se habían reído de ella sin más.

Lena volvió a enfadarse. Como el muchacho era el único que no se partía de risa, se
volvió hacia el con las cejas arqueadas inquisitivamente.

Pero lo único que hizo el chico fue encogerse de hombros y decir “Volkova” sin que ,
por lo visto, hubiera otra explicación.

Con los puños apretados a los costados, Lena se dirigió a la casa. Al abrir una puertecita
de madera, se encontró con lo que el tiempo atrás había sido una cocina esplendida;
peor ahora, como el resto de la casa estaba sucia y vacía.

Separo una silla rasguñada de la larga mesa que había en el centro de la habitación y se
derrumbo en ella. No había nada como un malestar físico extremo para que una persona
quisiera darse por vencida. No había comido nada en casi 24 horas, la ropa que llevaba
seguía húmeda y la gente del lugar, se reía de ella sin motivo.

Levanto la mirada al oír un ruido y vio una mujer mayor entrar en la cocina con paso
cansado. Su cabello plateado y su piel eran tan pálidos, y su falda larga tan vieja y
desteñida que, por un momento, Lena creyó ver un fantasma. Pensó que, de hecho, una
casa así podría albergar fantasmas sin que nadie se diera cuenta. Pero dudo que ni
siquiera un fantasma quisiera vivir en ese antro sucio y medio derruido.

-¿Es real?- Se oyó murmurar Lena cuando la mujer se acerco. La anciana soltó una
carcajada que podría haber roto un cristal, aunque no había ninguno en la casa y mucho
menos en aquella fría casona.

-Si, soy real- Afirmo –Ya ha visto la casa, así que supongo que se ira. Dimitri la llevara
de vuelta al pueblo. En uno o dos días llegara un automóvil.

“¿Y que haré?” pensó Lena “¿Vivir con mis padres para siempre? ¿Seguir molestando
con mis reuniones que detesto? Si tenia que oír a otra chica entupida comentar las
virtudes de las obras de Chagall se volvería loca” –No, no me iré- Aseguro Lena tras
levantarse –Este sitio es horrible, pero con la ayuda del servicio podremos adecuarlo un
poco. Necesitare…-
-Nada de servicio-

-¿Cómo dice?-

-No hay servicio- Dijo en voz mas alta la mujer –Solo usted y yo, y Vica-

-¿Y quien es Vica?-

-Mi hermana mayor-

-¿Hermana mayor?- Susurro Lena, y se sentó de nuevo en la silla sin apartar la vista de
ella. Había rocas más jóvenes que aquella mujer ¿Cómo iba a educar a Yulia si vivía en
una casa como esa? Cualquiera se comportaría como un campesino incivilizado si
vivera en esas condiciones.

Pero de repente, Lena pensó que también estaba el propio ego de Yulia. A pesar de todo
era, como ella misma describía, una mujer inmensamente atractiva. Eso es un gran
beneficio para encajar en el mundo de si padre.

Ahora lo único que tenia que hacer era limpiarla lo suficiente para poder enseñar lo
básico a Yulia.

Lena volvió a mirar a aquella mujer -¿Dónde esta la cocinera?- Pregunto.

-Enterrada hace 7 meses- Afirmo la mujer a quien parecía divertir mucho la broma.

-Muy bien- Dijo Lena mientras se levantaba “Lena cálmate, solo debes buscar una
pistola y…” Miro a la mujer –Tendremos que decir a los hombres que nos ayuden,
tendrán que…-

-No, los hombres trabajan con los caballos. Ningún hombre ayuda e la casa. Ordenes de
Yulia. No quiere perder tiempo en la casa-

-Ya. Y no hay limite de dinero para los caballos ¿Verdad?-

-OH, si. Cualquier cosa para sus caballos- Los ojos de la anciana brillaban, y disfrutaba
con la desdicha de Lena –Dimitri la llevara de vuelta a la ciudad- Ofreció de nuevo.

Lena echo un vistazo a la cocina, había una chimenea enorme y anticuada, lo bastante
grande para azar un alce entero, pero, por el aspecto de los excrementos de pájaro que
contenía, se había convertido en una percha para palomas.

No se restregaba el suelo desde que se había construido la casa, y la mesa tenia tres
cacerolas de cobre deslustradas unidas a ella por gruesas telarañas. Lena esperaba no
toparse nunca con la araña que podía tejer una tela así. -¿Dónde come?- pregunto,
volviendo la mirada a la mujer.

-Con Sasha-
-¿Con quien?- Pregunto Lena.

-Sacha- Repitió la anciana, divirtiéndose –Su querida-

-¿Su…? OH, entiendo- Dijo Lena y se volvió ruborizada. Noto que la mujer se reía de
ella. No era extraño que aquella mujer no quisiera vivir con su padre ¿Para que
molestar? En Moscú su padre la controlaría, en cambio aquí era ama y Señora, además
ya tenía lo que necesitaba, una mujer.

Inspiro hondo. Seria mejor que dejara de ver lo negativo. Antes que nada, tenia que
identificar el problema. Mejor aclarar las cosas –A ver si lo entiendo- Dijo –Para esta
enorme casa solo están ustedes dos, pero los caballos disponen de tres hombres y un
chico ¿es eso?-

-Bueno el chico, aun es un niño y no…-

-Si, lose- interrumpió Lena, que seguía observando la horrible cocina. En ese momento
habría cometido parricidio –El chico es delgado pero podría ayudarnos con las
chimeneas- Irguió la cabeza al ocurriósele una idea –Si los mozos de cuadra no pueden
ayudarnos a limpiar ¿Podríamos utilizar al chico como recadero? Imagino que Yulia no
puede ejercitar lo bastante a los cuatro caballos-

La mujer la observaba con unos inexpresivos ojos oscuros que parecían decir que esa
petición era nueva, ninguna de las otras amas de llaves había hecho esa pregunta. –
Dimitri tiene permiso de montar los caballos- Afirmo la anciana, especulando sin
apartar la mirada de Lena -¿Qué quiere hacer?-

Lena abrió la boca para contestar, pero volvió a cerrarla. Era mejor no confiarse a nadie.
Mejor contar a su madre la verdad sobre la situación en que la había metido su padre. Si
le contaba la verdad. Inessa Katina la sacaría de allí.

-Necesito un teléfono- Pidió a la anciana y, al ver que no se movía arqueo una ceja –
Teléfono- repitió, no mas alto, sino en un tono que hizo que la mujer palideciera.

-No hay teléfono- Dijo nerviosa.

Lena puso los ojos en blanco y con un gesto de resignación agrego –Hay algo para
comunicarse con el exterior de esta ascienda-

La anciana obedeció inmediatamente. Treinta minutos más tarde regreso con un fajo de
papel de carta viejo pero de excelente calidad, un tintero y que Dios la ayudara una
pluma de ave. Lo puso todo en la mesa de la cocina.

Por un momento la joven no pudo apartar los ojos de la pluma y el tintero “¿Una pluma
de ave? Pensó ¿Una pluma de ave?”

Estaban en el siglo XXI ¿Y se suponía que tenía que escribir una carta con una pluma
de ave?

Con un suspiro, tomo la pluma y luego pidió a la mujer que le sirviera algo de comer –
Lo que sea- Dijo por encima del hombro

“Mamá:
Esto es imposible…”

Tras este inicio, describió despacio, ya que escribir con una pluma con punta roma no
era algo que pudiera hacerse deprisa, y con detalle a lo que tenía que enfrentarse.

“No es algo que se me de bien. Creo que otra persona estaría mejor calificada”

Lena puso sus 17 años en esa carta a su madre y uso todo lo que se le ocurría para
convencerla de que tenía que sacarla de allí. Culpa, lagrimas y suplicas fueron las cosas
de las que se valió.

“En conclusión, creo firmemente que tendrías que sacarme de aquí, ya que estoy apunto
de hacerme el harakiri con esta pluma.
Tu única hija, que te adora y te quiere muchísimo

Lena”

Así concluida la pagina veinte de la carta la sello. Después se la dio al joven Dimitri
para que la entregara en la oficina de correos y la hicieran llegar a su madre.

Con manos temblorosas debido al alivio anticipado, Lena abrió la carta que le reenvío
su madre

“Querida hija:
Usa el libro de cocina que te di. Los hombres hacen cualquier cosa por una comida
decente. Te envío ¼ de ternera, medio cerdo y otras cosas. Las personas no deben
comer hasta haber trabajado todo el día para ti. Muchos besos
Tu madre”

Además el sobre contenía un lápiz de tinta con sus respectivos repuestos

Limpieza / Cena / Visita

“Cuatro días” pensó Lena mientras sumergía el trapero en el cubo. Durante los cuatro
días más horribles de su vida, había limpiado y frotado hasta que las manos le quedaron
enrojecidas y agrietadas.

-Anhela algo ¿verdad?- Dijo la sirvienta, Anya, al final del primer días, tras haber visto
como Lena atacaba la cocina primero con la escoba, luego con el trapero y por ultimo
con un cuchillo para hacer saltar las costras de mugre.

Lena no había dicho nada a nadie, salvo para dar órdenes. Su único objetivo era
marcharse de ese lugar tan horrible y alejarse de esa gente desagradable. Los hombres
de las cuadras se sonreían al verla como si fuera la cosa más graciosa del mundo. Las
dos sirvientas mayores la observaban sin hacer nada, como si ella estuviera ahí para
entretenerlas. Nadie hizo el menor esfuerzo para ayudarla a limpiar aquella casa
mugrienta.

En cuanto a Yulia Volkova, no la veía desde la mañana que desperté en su cama. –Tal
vez este con Sasha- Sugirió una de las sirvientas encogiéndose de hombros, como si eso
fuera de lo mas normal.

Aunque Lena estaba acostumbrada a trata con personas afligidas, no pudo evitar
sorprenderse de que se pecara tan abiertamente ¿No se suponía que en el campo vivía
gente saludable que discernía entre el bien y el mal? ¿Y esa pobre mujer que era amante
de esa Volkova? ¿Qué habría ocurrido para verse obligada a eso?.

En segundo día que Lena pasó en la casa Volkova llegaron las cosas que le mandaba su
madre y el equipaje con su ropa. Lena nunca había sentido tanta alegría como al ver
esas maletas, por que desde su llegada llevaba aquella ropa que no acababa de secarse.

También había tres cajas de madera llenas de hielo medio derretido y, en su interior,
paquetes de carne envueltos en bolsas y papel. Y dos cajas de frutas y verduras, e
incluso unas botellas de vino.

Por supuesto, todas las personas que “Trabajaban” en la casa se reunieron alrededor de
la carreta, con curiosidad por ver su contenido “¿Eso es ternera?” pregunto el hombre
llamado Vania con fingida indiferencia. Lena ya estaba harta y no le quedaban restos de
cortesía –Si quieren un poco, ayúdenme- Replico en tono tajante.

En un segundo los tres mozos de cuadra la apartaron y empezaron a sacar los paquetes
de las cajas con hielo. Pero cuando dejaron las maletas en la carretera, Lena puso las
manos en su cintura y les miro la espalda con tanta intensidad que ellos se volvieron.

Petro tiro de una segunda maleta hasta el borde de la carreta, se agacho y se lo cargo a la
espalda -¿Dónde la quiere?- Pregunto a Lena.

-Dentro de la habitación de la reina- Dijo la vieja Anya con tono divertido.

Lena se horrorizo ¿Esa habitación vieja y horrible que había encontrado tras la primera
noche era la d e la dueña de casa? ¿De que siglo? Se pregunto.

Los demás hombres llevaron el resto de las maletas a la casa y las subieron escaleras
arriba hasta el desaciado dormitorio que Lea había hecho suyo. Contiguo a la cocina
había una habitación vacía junto a lo que Anya llamaba habitación de la ama d e llaves,
pero Lena se había negado a quedarse en ella, ya que la ventana estaba rota y no tenia
muebles. En el piso de arriba había encontrado una habitación que tenia una cama de
columnas, por la noche, se había dejado caer en ella, demasiado cansada para que le
importara siquiera si estaba limpia.

-Solo cuatro d e las anteriores se quedaron tanto tiempo- Comento Dimitri, en voz baja a
Lena cuando los demás entraron en la casa
-¿Cuatro d e las anteriores que?- Quiso saber Lena.

-Ama de llaves- Respondió el chico. Era más alto que Lena, de modo que la miraba
hacia abajo. –La mayoría se marcha después del primer día ¿Cuándo te iras tu?-

-Cuando termine mi trabajo- Repuso con rapidez, y se mordió la lengua.

-Ah…- Murmuro el chico –Así que tiene un motivo para quedarse ¿Quiere…?-

-Si me vas a preguntar si quiero hacer de institutriz de Volkova, te mato aquí mismo-

El muchacho sonrío de tal modo que Lena supo que muy pronto causaría problemas a
muchas mujeres -¿Sabrías fregar el suelo de la cocina o tiene que haber excremento de
caballo en el para que un hombre lo limpie?- Añadió con los ojos entrecerrados.

-Solo dos amas de llaves limpiaron algo- Indico Dimitri, levantando las manos a modo
de rendición.

-Pues tuvo que ser hace años- Replico Lena antes de dirigirse hacia la casa.

Su madre le había enviado otra carta para informarle de la profesora de etiqueta llegaría
en dos días. Decía “Sabe lo que tiene que hacer y lo secreto del asunto. Creo que es
exactamente lo que me pediste”

Lena tuvo que pensar que había pedido que tuviera la profesora de etiqueta para Yulia.
Ah si: Bonita y educada. Ahora, al mirar alrededor, espero que también fuera miope.

Y los dos días siguientes, Lena fregó, limpio y raspo lo mejor que pudo. Hizo trabajara
a los tres hombres, a las dos ancianas y al chico a cambio de la carne de ternera que le
había enviado su madre. Al parecer su madre tenia razón y el modo que un hombre se
moviera era a través del estomago.

Lena le daba vueltas a esa idea mientras aplicaba la afilada hoja de un hacha a la mesa
de la cocina para arrancar las costras de mugre. Quizá cuando regresara Moscú podría
utilizar estos conocimientos para obtener financiamiento de algunos hombres duros de
pelar. O quizá Debería usar esa técnica con algunos hombres.

De repente dejo de rascar ¿Y si diera clases de cocina a las mujeres d e las casas de los
vecinos? Tal vez podrían aprender a aprovechar mejor lo poco que tenían.

“Hummm…” pensó mientras rascaba de nuevo. Era realmente extraño que su madre le
hubiera dado por cocinar. Lena no se había dado cuenta de que su madre pudiera servir
de alguna ayuda en algunas situaciones. Para ella, desde que tenía memoria, Inessa
Katina era alguien que necesitaba ayuda, no al revés.

A medida que se acercaba el día en que la profesora iba a llegar. Lena empezó a ponerse
nerviosa. Había logrado limpiar cuatro habitaciones. La cocina, el recibidor, el comedor
y un pequeño dormitorio por si la mujer tenía que dormir.

Por supuesto, era una ventaja de las habitaciones que solo pudieran iluminarse con
velas; de lo contrario vería en que situación de abandono se encontraban.. No obstante
al mirar las habitaciones limpias. Lena se sentía orgullosa de sus logros. La vieja casa
parecía mas digna ahora que algunas de sus partes Lucian limpias. De pie, en el umbral
del recibidor, Lena pasó la mano por la puerta. Miro el techo, donde ahora podía ver que
unos querubines asomaban alrededor de unas nubes pintadas y pues que era bonito.-Es
una casa que una persona podría amar- Dijo en voz baja, pero sacudió la cabeza para
alejar esa idea. Tenía demasiado que hacer para encima pensar en la belleza.

Tenia que ayudar a la profesora de etiqueta con Yulia Volkova… Al llegar a es aparte se
quedaba en blanco ¿Cómo podrían ayudar a Yulia? Y si esa profesora era atractiva,
bueno así se lo había pedido a su madre. Pero y si Yulia se sentía mas que atraída por
ella, o si la profesora se dejaba engatusar por Yulia. Bueno la morena era una mujer
deseable eso era obvio podría despertar sentimientos en cualquiera y… ¡Que demonios!
Borro toda idea hacer da Volkova de su cabeza… pero ¿Qué sabia ella del amor? Nunca
había experimentado eso de “Enamorarse” que parecía atontar a la gente. En realidad
Lena no conocía ese sentimiento y, por lo que llevaba visto, no tenía el menor deseo de
conocerlo.

Sin embargo tenía que ayudar a la profesora, y si cocinar funcionaba con los de las
cuadras ¿Por qué no iba a hacerlo con Yulia?

Pero Lena no sabia nada d e cocina, y por lo que pudo averiguar, tampoco ninguna de
las dos sirvientas. Aún así, pensó que no podía ser demasiado difícil, en especial
teniendo instrucciones. Abrió el libro de cocina que su madre le había dado, se sentó y,
con la lapicera que incluya la carta de su madre, redacto un menú. Luego ordeno a
Dimitri que s e lo entregara a Yulia, donde quiera que estuviese.

“Crema de espárragos
Cordero a la olla
Puré de papas, tomates asados
Ensalada de rábano y col
Pastel de manzana”

Una hora mas tarde, Dimitri volvió, sin aliento, para decir que Yulia acudiría en cuanto
oscureciera. EL chico tomo un corderito precioso que llevaba cruzado en la silla y se lo
tendió –Para la cena- Dijo, y se alejo en su caballo.

Lena miro al cordero, que le lamió la cara un par de veces, y lo deposito en las lozas
delante de los establos pero el animalito la siguió hasta la cocina. Cuando la rió con sus
grandes ojos, vertió leche en un cuenco y se lo puso delante.

Tomo entonces la copia del menú de esa noche, tacho “Cordero a la olla” y escribió
“Salmón a la plancha”. Después pidió a Dimitri que cogiera la caña y trajera un pez y se
dispuso a averiguar como seguir una receta.

Cuando el solo se puso y Yulia llego para cenar, Lena estaba de mal humor y bastante
nerviosa ¿Dónde estaría la maestra que enviaba su madre? ¿Se habría encontrado con
los campesinos y renunciado a la visita? Si no aparecía ninguna ayuda, no conseguiría
educar a Yulia y no saldría jamás de ese sitio. Se pasaría la vida conviviendo con esa
gente que la encontraba tan graciosa ¿O regresaría a Moscú para vivir bajo el dominio
absoluto de su padre?

Cuando Yulia abrió la puerta para entrar y una fuerte ráfaga de viento se coló en la
cocina, Lena le espeto -¡Cierre la puerta! ¿Y por que entra por la cocina? ¿No sabe que
es la Señora, de modo que tendría que hacerlo por la puerta principal?-

-Tenían entendido que no serias mi institutriz- Soltó ella en voz divertida. Lena no pudo
evitar reírse, llevaba un delantal, pero todavía tenia harina y escamas de pescado en la
ropa. Había algo seguro: Nunca Daria clases de cocina.

Yulia se quedo un instante parpadeando como si nunca hubiese visto la cocina. El fuego
ardía en la chimenea y la vieja mesa de roble que había en el centro de la habitación
estaba limpia y cubierta de vajilla llena de comida. -¿Es eso la cena que te envíe?-
Pregunto mirando al cordero que dormía sobre una piel de borrego junto a la chimenea.

-Mas o menos- Lena agacho la cabeza para que no la viera sonrojarse ¿Qué clase de
mama de llaves seria incapaz de sacrificar animales para la mesa?

La cocina era grande, pero cuando Yulia estaba en ella, daba la impresión de hacerse
más pequeña.

Tenia los pantalones cubiertos de barro pero tal vez la profesora que iba avenir no se
fijaría en ellos. –La cena se servirá en el comedor- Anuncia mientras se volvía para
recoger una olla. La dejo en la mesa del comedor y se volvió. La morena estaba en el
umbral de la puerta y observaba boquiabierta el comedor.

-¿Cómo lo has hecho?- Pregunto, y se refería a la habitación aseada, a los candelabros


de plata, a la mesa limpia y bien puesta y al fuego que ardía en la chimenea.

-Los hombres me han ayudado- Dijo Lena con brusquedad, dirigiéndose hacia la cocina,
pero Yulia le obstruyo el paso.

-¿Por qué solo hay un cubierto en la mesa? ¿Y donde encontraste los platos?-

-Si te lo dijera, no me lo creerías- Replico exasperada

-No tengo nada mejor que hacer que escuchar- Dijo en voz baja mirándola –Y no puedo
comer sola. Por lo menos el cordero a la olla-

Derepente Lena se dio cuenta de lo mucho que necesitaba hablar con alguien. Lo único
que repetía desde su llegada a esa horrible sitio era “Traigan eso” “Haga aquello”
“Aparten eso de allí”, y estaba cansada. Quería relajarse y sentarse un rato y si esa
profesora llegaba a aparecer se excusaría y listo –De acuerdo- Dijo –Cenare contigo-

-¿Detrás del armario?- Pregunto Yulia mientras se terminaba el salmón.

-Ví que la parte inferior no era tan profunda como la superior, así que deduje que había
un espacio dentro. Dimitri uso una palanca para sacar las tablas y los platos estaban
dentro. Son de la época Zarista-
-¿Valen algo?- Quiso saber Yulia mientras levantaba el paltito del pan y lo examinaba a
la luz.

-Depende del dibujo y de la época. Estos están impecables, de modo que deberán valer
algo ¿Por qué crees que estaba escondidos así?-

-A mi madre le encantaba gastar dinero- Dijo y bebió un sorbo del vino que había
enviado la madre de Lena. Aparto los ojos con los labios separados. Pasado un instante,
volvió a mirarla –Mi abuela me contó que mi madre compraba cosas y las escondía para
que Oleg no las encontrara-

-Una conocida mía era así- Comento Lena –Tenia 25 años y estaba aburrida que su
padre no le diera libertad. Por eso… bueno compraba cosas…-

-Las de la capital saben como fastidiar a la gente- Aseguro Yulia con cierta amargura-

-¡Nosotras!- Lena casi salto de la silla –Si tuviera al menos la idea de las cosas que he
visto, de lo que los hombres hacen a las chicas incluyendo sus padres-

-¡Ja!- Salto Yulia –Puedo superar cualquier historia que me cuentes. Un amigo mío
tiene 16 hijos-

Lena esperaba el final del chiste pero Yulia tomo un poco de ensalada y no dijo nada
más.

-¿Y bien?- Pregunto

-Tuvo un accidente cuando era niño. No te daré detalles desagradables, pero no puede
tener hijos-

Lena parpadeo y luego sonrío –OH, entiendo. Si dice a la gente que los hijos no son
suyos, tiene que explicar por que esta seguro de ello. Pero si deja que la gente piense
que son suyos, lo consideraran muy macho-

-Es un dilema ¿Verdad?- Dijo Yulia, y le sonrío -¿Tu que harías?-

-¿Si fuera el hombre o la mujer?-

-¿Cuál te gustaría ser?- Replico Yulia, y ambas soltaron una carcajada. Fue entonces
cuando llamaron a la puerta, y a Lena casi se le escapo “!Por fin!” Dejo la servilleta en
la mesa -¿Quién será a esta hora?- Comento y fue al recibidor para abrir la puerta.

En la entrada había un de las mujeres mas lindas que Lena había visto nunca. Tenía
unos rasgos elegantes, unos hermosos ojos azules y una nariz bien formada sobre unos
labios carnosos. Un hermoso cabello dorado ondulado que s ele escapaba del sombrero
azul turquesa, que hacia juego con sus ojos. Esa preciosa cabeza coronaba u cuerpo
envidiable, con una cintura pequeña y un pecho generoso. Era bellísima y Lena supo
que la morena no podría resistirse. Cosa que causo incomodidad en la pelirroja.
Pero entonces la rubia abrió su sensual boquita y hablo –OH, debes ser Lena. Soy
Chamaine, pero puedes llamarme Charming por que es mas corto. Tu padre me dijo que
era una rebelde pero eres mucho más bonita de lo que yo pensaba, aunque tienes el
cabello horrible. Deberías ocupar un acondicionador, o tal vez arreglártelo mas seguido.
No conseguirás marido así, pero que digo, si aun eres una niña. Aunque debes ir
preparándote. Mi madre siempre decía “Una mujer no es mujer hasta que se casa”. Y
para eso debe ser una dama, por eso me especialice en etiqueta y claro soy tan buena
que me volví maestra para enseñar a los maleducados… OH pero me han dicho que tu
eres una de esas revolucionarias, tal vez necesites mi tarjeta y la Señorita Volkova me
han dicho que es muy bella, eso es un punto a favor ¿Y que hay de cenar? La comida de
campo no es muy buena, pero es que en Francia o en Moscú hay solo delicias ¿No te
parece que el invierno es hermoso? ¿Crees que lloverá?-

Lena tardo un instante en darse cuenta de que la mujer esperaba una respuesta -¿Si,
lloverá?- Pregunto

-Si por supuesto. Quisiera que la Señorita Yulia me enseñara los jardines- Dijo
Charmaine despacio como si Lena fuera tonta.

-OH- Dijo esta que s e sentía como si le hubiesen vaciado por completo la cabeza-

-Quiero conocerla y empezar de inmediato mi trabajo. Aunque siempre lo logro claro. Y


tu madre dijo que era perfecta para esto. Así que manos a la obra, aunque este lugar es
horrible y yo…-

-¡Charmaine!- Dijo Lena en voz alta mientras echaba un vistazo a la puerta para ver si
Yulia había oído –Déjame hablar a mi ¿De acuerdo? No es que tú seas…-

-Hermosa, lo se, mi madre y todos dicen que soy hermosa, además de educada, pero
tranquila te dejare hablar a ti, tu conoces a la Señorita Volkova mas que yo, así que
tienes mas confianza y mas cercanía, por eso…-

-¡Silencio!- La interrumpió Lena y le puso la mano en la espalda para conducirla al


comedor

¿En que estaría pensando su madre cuando le envío a esa cacatúa? ¿Cómo podría
alguien así ser profesor?

Pero cuando la vio andar con ese movimiento de caderas bajo la cinturita de avispa,
pensó que tal vez, si lograba cerrar la boca, podría ayudar a Yulia. Por otro lado supuso
que Yulia preferiría ese cuerpo y esa cara a una institutriz vieja y poco agraciada. Al
seguir a Charmaine hacia el comedor, se miro un momento en el espejo de la pared. El
cristal estaba amarillento pero bastante nítido para que Lena pudiera verse. El desastre
en el cabello que Charmaine había parloteado -¡**** sea!- Dijo indignada y se apresuro
para entrar al comedor antes de Charmaine.

Lena miro a la mujer, le puso un dedo en los labios para que guardase silencio y abrió la
puerta del comedor.

-Parece que tenemos una invitada- Dijo con animo –Le presento a la Señorita
Charmaine Delacour. Señorita Yulia Volkova- Le sonó bien –El automóvil de la
Señorita Dalacour se ha averiado y vio las luces de la casa, así que vino hasta aquí ¿Le
parece bien ofrecerle de cena mientras Dimitri busca ayuda en el pueblo?-

Lena vio que Yulia no apartaba los ojos de la mujer y, gracias a Dios, Charmaine se
miraba más manos con recato.

-Por supuesto- Dijo Yulia con tono afable, y se puso de pie para apartarle una silla.

“A mi no me aparto una silla” pensó a su pesar Lena. Luego se recordó que esa
conducta con Charmaine era buena señal, tal vez se dejara engatusar y a así educar. La
pelirroja tenía unos platos preparados en el aparador, y se alegro de haber encontrado
esa bonita vajilla, sin embargo se horrorizo cuando destapo la olla y comprobó que ya
no quedaba salmón. Había preparado suficiente para más de dos personas, pero ella y
Yulia se lo habían terminado mientras charlaban.

-Le apetece un poco de sopa? -Ofreció Lena, y sirvió la que quedaba en un plato hondo.

-¿Y que la ha traído a este lugar?- Pregunto Yulia de un modo insinuante que Lena no
dejo de percatar.

Charmaine abrió la boca, pero Lena se le adelanto -¡El paisaje! Y las historias… A la
Señorita Delacour le encantan las historias-

De nuevo Charmaine intento hablar, pero Yulia la interrumpió mirando a Lena -¿Cómo
sabes que le gustan las historias? ¿Ya se conocían?- Había sospecha en su voz.

-Claro que no- Aseguro Lena con dulzura y honestidad –Pero me hablo de ella mientras
estamos en el recibidor-

-Pues si no te importa, deja que ahora me lo cuente a mi- Yulia se dirigió a los ojos
hacia Charmaine y su rostro se suavizo a través –A ver ¿Dónde estábamos?-

Charmaine abrió la boca para hablar.

-Le encantan las historias de campo- Se obstino Lena –Y de hecho a mi también. Quizá
mañana podríamos pasear, las tres y usted podría enseñarnos donde hay algunas
historias-

-¿De que historias hablas?- Repuso Yulia, como si Lena estuviera loca.

-Creí que las historias de campo eran de todo lo que se considerase campo ¿No se
aparece aquí el jinete sin cabeza? O algo por el estilo-

-No- Respondió Yulia –El jinete sin cabeza es un cuento de sleepy hollow, en
Inglaterra. De hecho Señorita Katina aquí no hay más cuentos que los que hay en
cualquier parte de Rusia-

-Ho- Dijo Lena, pero cuando vio a Charmaine iba a hablar, así que añadió con rapidez –
Estoy segura que la Señorita Charmaine Delacour ya lo sabia. Es una gran experta en las
historias ¿Verdad? Señorita Delacour- Pero no le dio tiempo de contestar –Creo que
mañana usted, como Señora de esta tierra, debería enseñarnos lo que ocurrió en esta
parte del país. En cuanto la mitología…-

-Señorita Katina- La interrumpió Yulia –Si no deja hablar a esta Señorita, la pondré a
lomos de un caballo y la mandare de vuelta a mi padre. Esta noche ¿Me ha entendido?-

Lena inspiro profundamente y, tras sentarse dedico una ligera sonrisa a Yulia.

-Y ahora Señorita Delacour- Dijo Yulia ala mujer –Hábleme de usted-

-OH, Señorita Volkova por Dios que manera de tratar a la Señorita Katina, mi madre
dice que jamás hay que faltarle el respeto a nadie ni siquiera si es de la servidumbre y
esas costumbres Dios mío, es terrible, y por que no hablar de su ropa, se dio una ducha
de barro antes de comer, tenemos mucho trabajo por delante. No se preocupe yo le
enseñare todo lo que debe saber de buenas costumbres y etiqueta, y claro arreglaremos
este lugar… Como decía mi madre, Roma no se construyo en un día, pero se imagina
construir roma en un día, ni siquiera hoy con toda la tecnología se podría hacer…-

Yulia se volvió fugazmente a Lena, pero ella había no se atrevía a mirarla a los ojos. Por
supuesto Yulia no podía saber que ella había pedido a esa mujer, ni que su madre la
había enviado, pero eso no acallo su conciencia. Pensó que nunca seria una buena
jugadora de cartas y mantuvo la vista al frente, asía las ventanas oscuras, sin mirar a
ninguna de las dos.

-Y me gustaría que me mostrar este lugar y ver a ese jinete ¿Tal vez es bueno? OH, he
dicho un chiste. Como verán aveces me cuesta no reírme con el sentido del humor que
tengo. Mi madre dice que tendría que escribir todos los chistes que digo, pero…-

Lena se volvió cuando Yulia se levanto de la mesa. Pensó que se marcharía del comedor
pero, en cambio se dirigió a la enorme puerta ventana y la abrió de par en par. La
habitación estaba algo cargada; tal vez por eso a ella le costaba tanto respirar.

-¿Le llaman Señorita los criados? Me lo pregunto por que usted es la dueña por lo que
es de educación que así la llamen-

Boquiabierta Lena vio como Yulia Volkova se inclinaba y tomaba de la mano a


Charmaine Delacour para llevarla hacia la ventana abierta. Charmaine ni siquiera
pestañeo. Lena pensó que quizá muchas personas la tomaban de la mano y era algo
habitual en ella.

-Mi madre dice que hasta las mujeres no pueden abitar sentirse atraídas por mi, pero
Señorita Volkova soy su institutriz no seria correcto…-

Yulia la tiro y lanzo a Charmaine por la ventana con el mismo cuidado con que echaría
un saco de patatas. La mujer aterrizo con un ruido sorprendentemente fuerte para una
persona tan menuda.

Luego Yulia cerró la ventana y corrió las cortinas damasco, que soltaron una nube de
polvo.
Y, como si nada hubiese pasado, volvió a sentarse a la mesa y miro a Lena, desafiándola
con sus ojos azules a decir algo.

-Creo que esas cortinas necesitan un lavado ¿No crees?-

Se volvió un momento y Lena vio que sus labios esbozaban una sonrisita.

-¿Quiere la tarta fría o caliente?- Pregunto La pelirroja cuando miro de nuevo.

-La quiero en silencio- Contesto, y ambas se echaron a reír.

“Mamá:
La hermosa Charmaine no resulto. Quizás podrías enviarme un profesor. Creo que
tendrían cosas en común y tal vez se logre. Trata que no sea muy mayor. Y gracias por
la lapicera es muy útil. Besos.
Lena”

Colina / Cordero / Cueva Parte 1

A las seis de la mañana siguiente Lena despertó sobresaltada y pensó que debería
preguntar a Volkova por que no quería aprender etiqueta. No parecía una idea que fuera
a transformar el mundo, pero a su modo era buena. Mientras se vestía, no aparto los ojos
de la ropa de las maletas para no ver la habitación. La noche anterior había oído un
ruido sospechosamente parecido al roer de los ratones. Ni siquiera iba a plantearse la
palabra “Rata”

Se puso una falda, una blusa de manga larga y unos zapatos resistentes. Luego bajó -
¿Donde pasa el día de hoy la Señorita?- Pregunto Lena en cuanto entro en la cocina.
Ahora que la había limpiado, era asombroso como se había convertido en un centro de
actividad. No podía entrar a la cocina sin encontrarse con una o ambas mujeres y,
habitualmente, por lo menos con uno de los hombres. Dimitri había empezado a
alimentar al cordero con un biberón enorme; incluso lo había bautizado como Isaac. Dos
hombres, dos mujeres y un chico abrieron la boca para contestar a la pregunta de Lena.

-Si alguien pronuncia el nombre de “Sasha”, esta noche no abra cena-

Los cinco agacharon la cabeza y cenaron la boca Lena contó hasta diez en silencio y
agrego –Me dijo que es ganadera y que pesca ¿Dónde hace esas cosas?-

Cinco caras llenas de alivio se levantaron hacia ella.

-En lo alto de la montaña- Contesto Dimitri sentado a la mesa para sujetar al cordero
mientras le daba de comer –Estará ahí todo el día. Pero usted no puede subir, si es lo
que pretende-

-¿Por qué no?- Pregunto y Temio la respuesta. Como la Volkova, como ellos las
llamaban parecía tener derecho absoluto en ese sitio ¿Celebraría orgías ahí arriba? ¿Con
Sasha?
-La caminata es demasiado dura para una para una damita de ciudad- Aseguro Petro.

Lena levanto las manos, incrédula. Nunca había conocido gente tan crédula. Creían que
si una mujer había crecido en la ciudad no servia para nada.

Después de preparar algo para almorzar, una hora después había llenado una mochila
con empanadas, naranjas y una botella de jugo de tomate. Mientras cortaba la carne y
las verduras y preparaba la masa, todos los presentes en la cocina la habían observado
con disimulado interés.

-Estoy lista Dimitri- Afirmo a las 7 de la mañana y se coloco la mochila en la espalda.


En cierto modo no le sorprendió encontrarse, al salir con el caballo de aspecto nervioso,
ensillado, a pesar de que nadie había entrado ni salido de la cocina.

Todos parecían saber todo lo que ella hacia o planeaba hacer antes de que lo hiciera.
Lena pensó que prefería morirse a preguntar como habían conseguido preparar el
caballo. En lugar de eso, espero a que Dimitri montara y la cediera el brazo para
ayudarla a subir detrás. Se sujeto de la silla cuando emprendió la marcha.

Desde que había llegado aquella noche a las tierras Volkov, solo había estado unos
metros fuera de la casa, así que ahora contemplo el paisaje con interés. Cuando Dimitri
condujo el caballo colina arriba por una pendiente escarpada y resbaladiza con un
precipicio a la izquierda, Lena tuvo que contener el impulso de chillar que quería
bajarse. Dimitri debió notar su miedo por que volvió la cabeza y le sonrío –No hay nada
así en la ciudad ¿Verdad?-

-Hay algunos edificios altos- Afirmo, intentando sonar como si no estuviera muerta de
miedo. Un paso en falso del caballo y se mataría en la caída. Pero a pesar de que tenia
blancos los nudillos con que se aferraba a la silla, mantuvo la cara hacia la derecha y se
negó a permitir que el pánico la dominara.

-Ahí esta Volkova- Indico Dimitri en voz baja. Y Lena vio horrorizada, que detenía el
caballo. Tuvo que inspirar hondo antes de volverse para mirar a la izquierda pero,
cuando lo hizo, la belleza de la vista disipo su temor.

Allá abajo, como la ilustración de un cuento infantil, había un pueblecito precioso. _No
tenía más de 20 casas, dispuestas a ambos lados de un camino que serpenteaba hacia el
pie de la montaña donde se encontraban. Las casas, blancas, tenían tejado de paja. De
unas cuantas chimeneas se elevaba humo y unas gallinas deambulaban por el camino.
Distinguió mujeres que llevaban cestas y niños jugaban en la calle. Cada casa tenía lo
que parecía un jardín trasero y vio algunos graneros y un par de corrales.

-Es precioso- Murmuro. Miro más allá y vio que solo había una estrecha franja de tierra
que conectaba el pueblo con el resto. De hecho, era un poco mas que una montaña. En
un lado estaban las casas del pueblo y en el otro la viaja casa de Yulia Volkova, y en el
medio la montaña –Esta muy aislado- Comento -¿Se van de aquí los niños cuando
crecen?-

-Pues si- Contesto Dimitri con tristeza mientras ponía de nuevo en marcha el caballo.
-¿Pero tu no?-

Por alguna razón, eso pareció divertir al muchacho –No, yo no- Repuso como si fuera
una broma, y tras una breve reflexión añadió –No eres como las demás-

-¿Debo tomarlo como un cumplido?-

El chico encogió los hombros y espoleo al caballo. Lena apretó los dientes, sujeta a la
silla. Imposible recibir un cumplido de esa gente. Daba igual que les gustara lo limpia
que estaba la cocina, donde ahora pasaban la mayor parte del tiempo; estaba segura que
se morirían antes que decir “Bien hecho mujer” o que se dijera.

Tras lo que parecieron horas, llegaron a una especie de cima de la montaña, y Dimitri
detuvo el caballo –Tendrás que bajarte aquí- Indico y se volvió para ayudarle a
desmontar –La Volkova no quiere ver el caballo aquí arriba-

-¿Por qué no?- Quiso saber al tiempo que sus piernas temblorosas intentaban afirmarse
en el suelo rocoso. El chico le sonrío y volvió el caballo para regresar por el sendero.

-Es demasiado peligroso para sus preciados caballos. Podrían caerse y entonces ¿Qué
pasaría en las carreras contra los demás hacendados? No tenemos demasiado, pero
ganamos las carreras. El Señor Oleg, no, nos ayuda económicamente, por lo de llevarse
a Yulia- Explico el muchacho, y con un brillo pícaro en los ojos espoleo al caballo y
descendió el sendero escarpado a una velocidad que dejo a Lena sin aliento.

“Si estuviera bajo mi tutela…- Se interrumpió ¿Cómo podría controlar a un chico tan
grande como Dimitri?” Contemplo el prado alrededor, con sus flores primaverales,
escuchando el canto de los pájaros y aspirando el aire fresco y puro.

-¿No es como en la capital ¿Verdad?-

Lena casi dio un brinco al oír esa vez tras ella. Al volverse vio a Yulia a menos de 4
metros de ella. Con la mano en el corazón para tranquilizarse, contesto –No, no es como
la ciudad, pero esta tiene sus ventajas. Tenemos discoteca, cines, centros comerciales…-

Yulia se dio media vuelta y se alejo de ella.

-Dime, Yulia- Dijo Lena que avanzaba a tropezones entres rocas y manchones de hierba
para seguirle el paso -¿Son maleducadas todas las personas de este lugar?-

-No- Contesto, aún así agrego por encima del hombro -¿Qué caballo uso el chico?-

-¿Caballo?- Repitió Lena, que no quería crear problemas a Dimitri.

-¿Pretendes que me crea que viniste andando hasta aquí?-

-No entiendo por que todos piensan…- Yulia se detuvo y se volvió para mirarla Con
intensidad. No tenia sentido intentar mentirle –Uno grande, de pelaje rojizo y una
mancha blanca en la para delantera-
Tras asentir con rapidez, Yulia reinicio la marcha y Lena se apresuro tras ella.

-¿Por qué subiste hasta aquí?- Pregunto -¿Qué quieres de mi?-

“que podría decir, quiero saber por que no quieres aprender etiqueta” Claro que no –Me
aburría- Mintió -Quiero ver a los alrededores-

-¡Uf!- Resoplo Yulia -¿Los de la capital creen que los campesinos somos tontos?-

-Tal vez si- Replico sin pensar, pero al oír su carcajada sonrío -¿Qué haces todo el día?
¿Estar sola aquí arriba?-

Ella se volvió para mirarla con un ceja arqueada –¿Has subido por eso? ¿Para estar a
solas conmigo?-

-Ya te gustaría- Afirmo Lena

Yulia sonrío y empezó a andar de nuevo. La siguió mientras bajaba hasta un vallecito y
volvía a ascender. Una vez en lo alto, oyó ovejas. Miro al frente y vio la ladera de la
montaña cubierta por lo que aprecian centenares de ovejas. Un perro corría de un lado a
otro y les mordía las patas juntándolas, y unos cuantos hombres caminaban por la
escarpada vertiente de la montaña.

-Vaya, no estamos solas- Comento fingiendo contrariedad –Hoy no podremos


entregarnos al placer-

Yulia la contemplo un segundo, asombrada y hecho la cabeza atrás para soltar una
carcajada tan fuerte que se sonrojo.

Era realmente atractiva y Lena pensó que, si fuera la clase de mujer que gusta de chicas,
Yulia seria la primera a la que acudiría.

Mas abajo dos hombres la oyeron reír y se detuvieron para mirar hacia arriba. Lena
levanto el brazo y los saludo, y eso pareció paralizarlos.

-Seguro que no pueden creer que no sea Grace- Dijo con sarcasmo. Como Yulia no
contesto, se volvió hacia ella y vio que la observaba con ceño –Cotillean demasiado-
Añadió por fin.

-Si te refieres a los patanes perezosos que deambulan por las cuadras y la casa, lo único
que hacen es cotillear ¿Es legal que una hacendada azote a su gente?-

-¡Como son los de la capital!- Rió Yulia –Menudas ideas tienen de nosotros. Bueno,
ahora que estas aquí ¿Qué vas a hacer?-

-No limpiar nada- Aseguro Categóricamente.

-De acuerdo ¿Por que no me ayudas entonces?- Propuso mientras la llevaba sendero
abajo.
Detrás de un matorral yacía una gruesa oveja jadeando -¿Se esta muriendo?- Pregunto
Lena alzando los ojos hacia Yulia.

-No si puedo evitarlo. Ponte de este lado, yo me encargare de este. La ayudaremos-

Lena tardo en entender lo que querría decir hasta que se dio cuenta de que la oveja iba a
parir-

-¡OH!- Exclamo –Quizás deberíamos Avisar a un veterinario-

-Si claro para que llegue mañana. No, aquí esta la doctora Volkova, para atenderla,
desde hoy soy su nueva veterinaria ¿Lista? Sujétala la cría viene de nalgas…-

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Isaac: “El salvado de la muerte” Dios, para probar a Abraham, le solicitó que sacrificara
a su hijo en el monte Moria. Aunque destrozado por la pena, Abraham accedió al
mandato, pero un enviado de Dios lo detuvo en el último momento, y le ordenó que
sacrificara un carnero en su lugar

Colina / Cordero / Cueva PARTE 2

-…Hay que darle la vuelta-

Lena nunca se habría creído lo que ocurrió en la hora siguiente de su vida. Cuando
Yulia intentó introducir el brazo por el conducto del parto de la oveja, se encontró con
que iba a tener gemelos y no le alcanzaba el brazo.

De rodillas, sentada en los talones, miro a Lena. –Mi brazo no alcanza. Tendrás que
hacerlo tu-

-¿Yo?- Se sorprendió ella –No puedo…-

-Quítate esa camisa tan elegante para que no se manche, métele el brazo dentro y saca a
esos corderos. Si no lo haces, los tres morirán-

-Que me quite la…-

-Vamos muchacha a trabajar. Nadie puede verte-

-Tu si- Dijo Lena y parpadeo asombrado por encima de la oveja jadeante.

-¿acaso no tenemos lo mismo? O ¿Acaso crees que nunca he visto todo lo que tiene una
mujer?- Le lanzo una mirada indignada –Como quieras. Mancharte la camisa con el
parto si quieres, pero no pierdas más tiempo, muchacha-
Tal vez fuera el modo en que la llamó “Muchacha” lo que la impulsó a obedecerla.
Después de conocer a Charmaine la noche anterior. Lena necesitaba que Yulia la viera
como mujer no como una muchachita. Que raro.

Se desabrocho la blusa rápidamente, se la quito y la lanzo sobre los arbustos. Se alegro


de haber gastado tanto para fastidiar a su odioso padre, de modo que ahora llevaba una
camisola preciosa. Era blanca, pero con un delicado diseño en el escote. –Muy bien
¿Qué tengo que hacer?- Pregunto mientras se situaba junto a la oveja.

Con un esfuerzo enorme, tardo tres cuartos de hora en dar la vuelta al primer corderito
dentro de la oveja. Cada pocos minutos, el útero se contraía con fuerza y le estrujaba de
tal modo el brazo que le saltaban lagrimas de dolor.

-Lo estas haciendo muy bien- Dijo Yulia en voz baja detrás de ella, supo que hablaba
con sentimiento por que su voz se marco. Le había puesto las manos en los hombros y
se los masajeaba cuando las contracciones le estrangulaban el brazo –Relájate, respira-
La animaba susurrándole al oído.

Cuando la contracción terminaba y podía notarse otra ves el brazo, Yulia le aclaraba lo
que tenia que palpar en el interior del útero del animal.

-Busca la pata ¿La tienes? Tira fuerte. No, no vas a lastimarla. Le duele demasiado para
que note lo que estas haciendo. Así, muy bien. Tira. Despacio ahora. Ahora, vuelve a
tirar. Con mas fuerza esta vez-

De repente el cordero salio de la oveja y cayo en el regazo de Lena. Estaba mojado y


cubierto de sangre y un abolsa de mucosidad, pero ella no recordaba haber visto nada
tan bonito. Mientras sujetaba al animalito, levanto los ojos hacia Yulia sin saber que
hacer.

-Hay otro- Dijo, ella con una sonrisa –Sácalo. Después limpiaremos e intentaremos que
la madre los amamante.

Tras es primer cordero, el segundo fue fácil, pero Lena notaba que las contracciones
eran mas débiles y miro a Yulia alarmada.

-Saca al cordeo. Ya nos preocuparemos de la madre después-

En pocos minutos, Lena ro corderito en el regazo. Yulia agarro puñados de hierba para
limpiar la placenta que rodeaba a las dos crías. Sin vacilar, Lena agarro la ropa blanca
de los arbustos para limpiar al otro cordero.

El animalito que Yulia tenia se había dirigido por instinto hacia su madre para mamar,
pero la oveja seguía echada y jadeando.

-Se esta muriendo- Cometo Yulia en voz baja –Lamento que te pase eso con la primera-

-La primera oveja- Afirmo Lena con rotundidad mientras dejaba al corderito junto a su
hermano para poner una mano en el vientre de la oveja –Cuando era pequeña asistí al
parto de un yegua- Comento y puso la otra mano sobre la primera y empezó a masajear
la panza animal –Una vez, la placenta no salía y la encargada pujo y empujo la barriga
de la mujer hasta que…- Hacia tanta fuerza que no pudo seguir hablando.

Yulia aparto a los corderos, se arrodillo junto a ella y la ayudo. Y al cabo de unos
momentos la oveja expulso la placenta que cayo al suelo con una sonora salpicadura.

Yulia y Lena se apartaron y observaron al animal. Este pareció dejar de respirar unos
segundos, pero al momento abrió los ojos, irguió la cabeza y movió las patas.

-Quiere levantarse- Dijo Yulia con entusiasmo.

La ayudaron a hacerlo. Pasados unos segundos de titubeo, al oveja se alejo seguida de


los corderitos.

-¡Ingratos!- Exclamo Lena. Rió y se volvió hacia Yulia que se había apartado de ella y
sujetaba lo que hasta hacia un rato era su inmaculada camisa. Ahora estaba manchada
por haber limpiado con ella al cordero.

-Te advertí que no debía quitármela- Dijo con una sonrisa, y la tomo con la punta de los
dedos -¿Qué me pondré ahora para bajar de aquí?-

Aun sonriendo, Yulia se desabrocho los puños de la camisa y se la quito por la cabeza,
con lo que solo quedo con una camiseta que le traslucía los pechos.

Lena se la puso, no podía evitar reírse al ver que las mangas le quedaban cortas y la
camisa un tanto apretada. Yulia levanto las manos y le acomodo las mangas, y le
abrocho los botones a las muñecas. Luego señalo con la cabeza la mochila, que yacía en
el suelo.

-¿Hay algo de comer allí?-

-Empanadas, son…-

-Incluso en este atrasado lugar sabemos lo que son las empanadas- La interrumpió Yulia
con una sonrisa –Ven conozco un buen sitio para comer-

Se apresuro tras ella para seguir sus zancadas hacia la ladera de la montaña, donde los
hombres cuidaban el rebaño.

Un árbol viejo se aferraba a la pared de la montaña y la tierra a su alrededor estaba


cubierta de rocas mortalmente afiladas. Yulia descendió un par de metros por ahí y
alargo los brazos hacia ella. Lena fue a tomarle la mano pero ella dijo.

-Salta y te agarro- indico –Es demasiado escarpado para esa falda.

Iba a decirle que eso era absurdo, pero acto seguido su cuerpo caía entre los brazos de
Yulia mientras su pies tocaban delicadamente el suelo. La sujeto por la cintura y le dio
la vuelta y la dejo en el sendero. Mejor dicho, una especia de sendero, y aquel solo
media unos 15 centímetros de ancho. Un paso en falso y caería al precipicio.
-Si tienes miedo agarrota de mi cinturón- Dijo Yulia al empezar a descender.

-Quítate la camisa, agarrate de mi cinturón- Replico ella –No me extraña que tu padre
envíe gente para enseñarte buenas costumbres-

Cuando oyó la risa de Yulia, sonrío. Debería dejar de ser tan atrevida. Pero en realidad
era un alivio estar con alguien que no la alabara. A veces Lena tenia la impresión de ser
un ídolo para las personas. ¿Cuántas de ellas le habían dicho “No sabes lo maravillosa y
perfecta que eres”?

Debido a que siempre parecían conducir a lo mismo, Lena había tenido que abstenerse
de hacer comentarios graciosos. Por lo menos, no había podido compartirlos con nadie
aparte de su familia.

Pero ahora podía. Yulia Volkova era una persona con la que podía reír sin tener
consecuencias. Y por eso se mostraba cada vez mas atrevida con ella.

Yulia se detuvo tan de golpe que Lena tuvo que ponerle la mano en la espalda para
mantener el equilibrio “Que calida” pensó.

-¿Qué te parece?- Pregunto la morena, volviendo hacia ella.

Lena apoyo la espalda contra la ladera rocosa y echo un vistazo, bajo ellas estaba el
pueblo, la misma vista impresionante que había contemplado con Dimitri. A la
izquierda había lo que parecía una cueva –Es precioso- Dijo con sinceridad.

Acto seguido Yulia desapareció tras un recodo y ella la siguió. Era una cueva, de unos
dos metros de profundidad y dos y medio de anchura, y en su interior había un catre
cubierto de pieles de borrego y, en el suelo, un círculo de piedra donde había habido
fuego.

Yulia tenia la expresión de una niña, como si anhelara fervientemente que a Lena le
gustara su lugar secreto.

-Esta mas limpia que la casa- Comento, muy seria.

-Siéntate- Pidió Yulia con un sonrisa. Dejo la mochila en el suelo y lanzo una piel de
borrego a sus pies. –Háblame de ti-

-Bueno…- Empezó con los ojos brillantes de picardía mientras observaba como Yulia
hurgaba en la mochila –Pues mi madre dice que soy adorable, claro que lo se por que
todos los chicos me lo dicen, y por eso voy a casarme con un hombre rico y seré una
princesa…-

Sonrieron. Yulia saco una empanada de la mochila, se apoyo en el codo y le dio un


mordisco.

-No creo que nadie me haya hecho reír como tu antes- afirmo.

De golpe Lena volvió a la realidad. Estaban solas en una cueva y ambas iban medio
desnudas y…

-¿Por qué estas aquí realmente?- Pregunto Yulia y la miro con los ojos entrecerrados.

-Tu necesitas un ama de llaves y yo necesito trabajar- Se alegro por pensar en algo que
no fuera el cuerpo semidesnudo de Yulia.

-Si tu eres una ama de llaves, yo soy una monja- Repuso Yulia con la mirada puesta en
la salida de la cueva, hacia el pueblo -¿Qué te contó mi padre de mi?-

Lena no pudo pensar con la suficiente rapidez como para inventar una mentira, así que
se limito a observar el pueblo a lo lejos.

-¿Qué quieres de mi?- prosiguió Yulia, que le miraba el perfil -¿Creía que me aburriría
tanto de tu belleza que me dejaría dominar?-

-¡Por supuesto que no!- Exclamo Lena demasiado deprisa

-Ah, perro hay algo mas, aparte de limpiarme la casa-

Lena fue a responder, pero Yulia levanto la mano –No, no me lo digas, me gustan los
acertijos. No hay mucho en que pensar en este sitio. A ver ¿Qué haría que una chica fina
como tu viniera desde Moscú, a fregar pisos a un sitio como este? No el encanto de la
gente ¿Verdad? ¿Por vivir cerca de la heredera de una prestigiosa compañía, es eso?-

-Ni hablar- Lena miro la empanada que tenia en la mano. Ternera, cebolla y verduras
envueltas en masa y cocinas. Tal vez tenia aptitudes para la cocina después de todo.

A pesar de que fingía no estar interesada, escuchaba como Yulia trataba de resolver el
acertijo, era la conversación mas interesante que había mantenido desde su llegada.

Tenia que esforzarse por no sonreír mientras Yulia la miraba intensamente e intentaba
reunir las escasas piezas que tenia.

-¿Te doy una pista?- Las palabras le salieron de la boca antes de poder contenerse.

-¡Ja! El día que no pueda ver lo que pretende una mujer, me daré por vencida-

Lena tuvo que volver la cara para esconder una sonrisa; luego la miro. Pero fue un error.
Solo llevaba los jeans y su trasparente camiseta y unas botas que le llegaban hasta
media pantorrilla. Decidió que era mas seguro seguir contemplando el pueblo.

-¿Te importaría decirme, que te pasa con tu padre? Parecía preocupado por ti, pero
también parece hacer cosas que detestas-

Yulia se incorporo para agarrar la mochila, y Lena no pudo respirar mientras la hubo tan
cerca “Ahora podré decir a mis seguidores que se lo que es estar bajo tentación” pensó
“Sin embargo, también debo poder decirles que controle mis violentas emociones”

-…Y el matrimonio- Decía Yulia.


-Perdona, no te he oído- Tenia que recordar donde estaba y no dejar que sus
pensamientos se dirigieran a Moscú cada pocos minutos.

-Te decía que mi padre esta decidido a casarme y que yo no quiero hacerlo-

-¿Por qué no?- Pregunto Lena volviéndose hacia ella, y su interés por la respuesta
sosegó sus sentidos, pero entonces recordó el por que a la negativa de Yulia.

-Lo olvidas, los hombres no me van y mi padre no aprueba mis preferencias, por eso mi
abuela me heredo esta tierra, aquí el no tiene poder- Su rostro se opaco un poco –
Además si me llego a unir formalmente con alguien. Va a querer que vayas de compra
con ella a la capital- Al parecer eso la ponía enferma.

-OH, que tormento pobrecita- Replico Lena, y no pudo evitar reír -¿Y que esperas que
haga? ¿Subir una montaña contigo y ayudarte a traer al mundo corderitos?-

-Si- Afirmo en voz tan baja que Lena apenas la oyó.

Cuando la miro a los ojos, estos se veían tan feroces y oscuros que le costo desviar la
mirada.

-Si te enamoras de mi Volkova, se te romperá el corazón- Aseguro con voz suave –Tu
padre me paga bien por este empleo, y en cuanto tenga dinero suficiente regresare a
Moscú. Ahí tengo trabajo que hacer. Hay gente que me necesita-

Yulia le sonrío de un modo que le hizo gotitas de sudor entre los senos.

-No quiero casarme contigo; solo quiero volver a tenerte en mi cama-

-¿Usted, yo… Y Sasha? ¿No estaría demasiado concurrida?- Le espeto sin pestañear.

Yulia soltó una carcajada y volvió a apoyarse en los codos -¿Sabes que? Creo que me
gustas- Dijo –No eres como las demás mujeres. De acuerdo ¿Qué te interesa tanto saber
de mi que has subido hasta aquí?-

Eso casi la desconcertó. Volkova era demasiado perspicaz para poder ocultarle
demasiadas cosas. Así que, cuanto menos se alejara de la verdad mejor.

-No se mucho mas que tu sobre los motivos por los que tu padre quiere que aprendas
etiqueta. De hecho solo tuve una conversación con el al respecto. Me dijo que si era ama
de llaves durante 3 meses, hasta que termine el verano…- Vacilo por que su padre en
realidad no había fijado un limite de tiempo ¿Qué pasaría si no lograba hacer entrar en
razón a Yulia en un año?- Me pagaría el billete de vuelta a Moscú, he incluso haría un
donativo a mis causas-

-¿Tus causas?-

-Ayudo a personas con problemas-


-Ah. Como tu. Tan indigente que aceptaste trabajar como mujer de la limpieza-

Lena la miro con una expresión de autentico coraje –Me contacte con tu padre, atrevas
de un amigo suyo, pero ambos son unos mentirosos y unos sinvergüenzas, en especial
su amigo que es un gusano que se niega a entender o a…- Abrió los ojos horrorizada.

-Pues si todo eso y mucho mas. No puedes decirme nada sobre mi padre o sus amistades
que yo no sepa. Pero ¿Qué te han hecho?-

-Me hicieron creer que este trabajo era maravilloso: La dueña de una ascienda, una
mansión en el campo. Pensaba que iba a dirigir el servicio y que eso solo me llevaría
unas horas al día-

-Y en cambio te encontraste con nosotros- Concluyo Yulia con diversión.

-¿Por qué tienes las cuadras tan limpias y la casa tan… tan?-

Yulia se encogió de hombros y alargo la mano para tomar otro empanada –La casa no
significa nada, pero cada mes gano carreras y dinero, así que los caballos para mi valen
mas que la casa ¿Para que necesito una casa grande? Yo vivo aquí arriba.

-Pero si encuentras una mujer que…-

-Con una vez me basta-

-¡OH!- Exclamo Lena con una sonrisa –Ahora lo entiendo- Se acerco las rodillas al
pecho y las rodeo con los brazos para contemplar el pueblo- Ahora entiendo todo.
Sufriste por amor y ahora desprecias las relaciones. Ya lo he visto antes-

Yulia no respondió y Lena volvió hacia ella. La observaba de un modo extraño

-Mi padre y tu no se llevan muy bien ¿Verdad? No le gustan las mujeres que ven las
cosas tal como son-

-Pues a tu padrino lo conozco bien, pero si a su amigo que nos presento- Sonrío Lena –
Bueno ¿Vas a hablarme de tu ex?-

-No, ya lo tienes todo clarísimo, ¿Para que iba a molestarme?-

Lena lamento no haberse mordido la lengua y haberse mostrado tan altanera. Si se lo


hubiera preguntado bien, quizás le abría contado algo que la ayudase.

-¿Por qué tu padre esta tan resuelto a casarte? ¿Necesita nietos o algo así?-

-Mas como yo, no creo que a mi padre le agrade la idea-

-Entonces ¿Por qué quiere tu padre que te cases?- insistió.

-Creo que mi padre quiere que me enderece. Soy su única hija. Además supongo que
debe sentir vergüenza que su sucesora, sea una campesina, en vez de una señorita
educada- La miro directamente a los ojos –Además su compañía esta en problemas
necesita que me case con algún heredero rico, para sacarla a flote-

-Entonces por que no buscas una “rica heredera”- Lena no supo como esas palabras
llegaron a su boca, solo se oyó decirlas.

-No lose las chicas de la alta clase, son no se un poco tontas-

-¿Y que clase de mujer te gusta a ti?- Solo Lena nuevamente sin darse cuenta.

-Que no sea demasiado entrometida. Bien, tengo que volver con las ovejas- Dijo y
empezó a levantarse.

-Pero…- No s ele ocurría que decir ¿Qué no podía irse por que todavía no había
descubierto nada que le fuera útil? -¿Cómo es Sasha?- Pregunto poniéndose de pie.

-Creo que la gente habla demasiado y que tu escuchas también demasiado ¿me traerás el
almuerzo cada día?-

-¿Me conseguirás gente para poner la casa en condiciones? No puedo reparar el tejado
ni librarme de las gallinas en los dormitorios-

-¿Qué te importa si la casa esta en condiciones o no? ¿Por qué no te limitas a tomar el
dinero de mi tío y esperar a que se cumpla tu condena de tres meses?-

“¿Qué podía responder? ¿Qué cualquiera que viera esa casa se largaría de inmediato?” –
Tu padre es capas de enviar alguien para que inspeccione si hago mi trabajo-

-Lo dudo, y no creo que lo pienses de verdad- Dijo Yulia en voz baja mientras la
contemplaba.

Lena tuvo que volver la cara para que no la viera sonrojarse, Yulia sabia que ocultaba
algo he intentaba averiguar que era.

La siguió por el angosto sendero. Después Yulia la yudo a subir la escarpada colina
hasta el viejo árbol.

-Baja recto hasta el camino, síguelo y llegaras al pueblo. Tuerce a la derecha y acabaras
en la casa-

-¿Y tu camisa?- Pregunto con el brazo extendido, Yulia iba semidesnuda de la cintura
hacia arriba y ella tenia un aspecto de lo mas extraño con la camisa ajustada.

-Tengo otar- Afirmo moviendo la cabeza en dirección a la colina –Vete, ya he perdido


demasiado tiempo contigo-

-Yo también- Replico, enojada Lena, por que sugirió que ella era una molestia.
Se volvió y empezó a bajar la colina. A lo largo del camino no pudo dejar de pensar en
lo que pasaba entre Yulia y su padre

Sasha / Cocinera / Viviendo

Al acercarse al camino que conducía al pueblo, se detuvo. No podía recorrer la calle


mayor como iba, vestida con la camisa de la dueña de la ascienda.

No pasarían ni dos segundos antes de que todo el mundo empezara a hablar sobre quien
era, y que estaba haciendo, o sobre lo que ella y Yulia Volkova habían estado haciendo.
-¡**** sea!- Exclamo.

Dejo el camino y se dirigió hacia el río, tal vez un paseo junto a la orilla la ayudaría a
pensar.

-¡Encontré cuatro!- Oyó decir a una niña al acercarse a una roca.

Al dirigir la vista a la orilla vio a una mujer alta y delgada; y a una niña que cavaba en
la orilla en busca de algo.

Lena se sintió como en casa por que reconoció el modo de caminar de la chica, su modo
de inclinar la cabeza. Era una de las que los medios masivos llamaban “Las chicas de
Katina”.

Como si se reencontrara con un avieja amiga, Lena bajo deprisa de la roca y saludo -
¡Hola!-

La niña sobresaltada, corrió hasta la mujer y observo con recelo como Lena se acercaba.

-Me llamo Elena Katina- Dijo a la mujer y le tendió la mano, pero la joven se limito a
mirarla –Soy la nueva ama de llaves de… de la casa- Termino con torpeza.

-SE quien eres- Aseguro la joven en voz baja, pero se había situado delante de la niña de
forma protectora, como si Lena pudiera intentar arrebatársela.

-¿Y como te llamas?- Pregunto Lena a la pequeña con una sonrisa.

La niña no contesto y siguió mirándola con ojos desorbitados. Se puso de puntillas y


susurro algo a la joven.

La chica era bonita, pero su piel había estado demasiado expuesta a las inclemencias del
tiempo. En poco tiempo seria vieja.

-Mi hermana quiere saber por que lleva la camisa de la Volkova-

-La ayude en el parto de un par de corderos y se me mancho la ropa de sangre, así que
me presto su camisa- Lena sonrío, pero ninguna de ellas le devolvió la sonrisa.

-Me llamo Sasha- Dijo la joven con rigidez –Supongo que habrás oído hablar de mi-
Lena había vivido muchos momentos así –Todas las chicas creían que como ella era una
“Señorita perfecta” iba a juzgarlas y a condenarlas.

-Ya lo creo- Dijo con su mejor sonrisa –Casi no he oído hablar de otra cosa. Todo el día
es Sasha esto y Sasha aquello…-

-Pero te han dicho que yo…- La expresión de la joven había pasado de hostil, a asombro

-¿Qué eres amiga de Volkova? Si, claro- Afirmo Lena con alegría -¿Y Cuida de ti? Si
no podría ayudarte un poco ¿Te ha proporcionado algo, como dueña de la ascienda? ¿Es
calida? ¿Tiene tu y tu hermana sufriente comida?-

-Yo…- Balbuceo la joven.

-¿Sabe por que se niega a obedecer a su padre?-

La joven la contemplo un instante con los ojos muy abiertos, pestañeando con rapidez.
Luego se quedo inmóvil y pareció reflexionar –No tiene tiempo de hablar conmigo-
Dijo por fin, y le brillaron los ojos.

Lena soltó una carcajada y Sasha la imito. Pero por la forma en que sonaba, no era algo
que hiciera a menudo.

-¿Qué llevas en ese cubo?- Pregunto Lena, a la niña -¿Algo rico para comer?-

-¿Quieres verlo?- Dijo Sasha.

-Si, me gustaría mucho. Y también oír todos los cotilleos. Y me gustaría hablar con
alguien, sobre esos hombres de la casa-

Sasha y su hermana echaron a andar con Lena a su lado -¿Cuáles?-

-Todos, de Volkova para abajo. Tengo que sobornarlos para que me ayuden a limpiar
esa casa enorme. Y Volkova dice que solo los caballos merecen atención ¿Tienes alguna
sugerencia?-

-¿Por qué quieres limpiarla?- Pregunto Sasha

-¿Puedo confiar en ti?- Len ase detuvo -¿Sabes guardar secretos?-

-Me llevare muchos secretos a la tumba- La hermosa cara de Sasha exhibía una
expresión solemne. Parte del éxito de Lena obedecía a que sabía juzgar bien a las
personas. En sus obligaciones, tenia que hacerlo. Tenia que ser capaz de descubrir que
necesitaban las personas.

Ahora al mirar los ojos de tristes y cansados de Sasha, supo que a esa joven mujer no le
iría mal un poco de amistad -¿Estas enamorada de ella?- Pregunto Lena, sabia que no se
podía hacer nada cuando una Chica afirmaba estar “Enamorada” de alguien. Al ver que
Sasha sonrío, prosiguió –Muy bien, por que mi secreto es que estoy tratando de hacerla
entrar en razón para que escuche a su padre. Y ya que ambas conocemos sus
preferencias, no se, tratar que siente cabeza- Se volvió a Sasha –Ya que la conoces
mejor ¿Qué tipo de mujeres le gustan?-

-Las que no la molestan con sus problemas- Contesto Sasha deprisa y Lena detecto
amargura en su voz.

-Entiendo. Supongo que tu y tu hermana no, son de la alcurnia del pueblo entonces-

-Hummm...- Gruño Sasha como respuesta. Señalo una casa solitaria situada en medio de
un monte –Antes era una cabaña de pastores-

-Pero las ayuda, con el mantenimiento ¿No?-

-No, no espero eso de ella- Respondió Sasha –Llegue con mi padre de San Petersburgo,
pero se ahogo hace un años. No teníamos a nadie y necesitaba cuidar a Katya ¿Qué iba a
hacer? Aquí no se puede ganar dinero y yo no se hacer nada y los hombres son
pobres…-

Lena le puso una mano en el hombro –Sabes cocinar ¿Verdad?-

-Igual que cualquiera-

-Entonces vendrán conmigo a la casa. Acabo de contratarte como cocinera-

-No puedes hacer eso- Objeto Sasha y retrocedió –Yulia se pondrá furiosa-

Lena le tomo la mano –Si estoy acostumbrada a algo, es la vérmelas con gente furiosa-
Dijo –Podría contarte historias increíbles-

-¿Tu? Pero si eres una Señorita-

Lena no pudo evitar reír. Llevaba la camisa manchada de Volkova, los cabellos
enmarañados le caían por el cuello y tenia la falda enlodada ¿Cómo podía alguien
confundirla con una Señorita? Se dirigió a la niña que permanecía junto a su hermana -
¿Te gustaría vivir en la casa? Acomodaremos una habitación para ti- La niña se apretó a
Sasha, pero levanto la mirada a Lena con los ojos muy abiertos, unos ojos que decían
que encantaría vivir en otro sitio.

-¿Y bien?- Le pregunto Lena a Sasha –¿Aceptas o no el empleo?-

-Creo que si… Si, lo acepto-

-¡Muy bien!- Exclamo Lena y tendió el brazo para estrechar la mano de Sasha.

“Mamá:

No tengo demasiado tiempo para escribir, pero necesito algunas cosas. Quiero saber por
que el padre de Yulia necesita con tanta urgencia que Yulia se case. Mi instinto me dice
que hay un secreto, además de problemas económicos. A ver que averiguas.

Segundo necesito autorización para contratar una cocinera. Quizá deba pagarle un
sueldo pues dido que Volkova quiera hacerlo, Ya que ocupaba a la mujer en otro
sentido. ¿Te he comentado sobre su condición sexual? No, creo que no lo recuerdo, pero
en fin ¿Cómo va la búsqueda del profesor de etiqueta? Por cierto creo que he hecho una
amiga. Ah; se me olvidaba Yulia y yo ayudamos a traer al mundo a dos corderitos.
Besos.

Lena.”

Cuando repaso la carta, sonrío al leer la ultima frase ¡A ver si su padre se quedaba
conforme con eso!

-¿Hiciste que?- Grito Yulia en la cena -¿Contrataste a quien como cocinera?-

-A Sasha- Repuso Lena con clama. Yulia se había levantado de la mesa pero ella seguía
sentada -¿Quieres mas patatas?-

-No, momento, momento, no quiero más patatas gracias. Quiero que esa mujer se vaya
de mi casa, ****-

Lena tomo un bocado y comento -¡Que lastima! Están riquísimas. No solo es una
cocinera excelente, también es una fuente de conocimientos. Sabe como obtener comida
del pueblo. Sabe quien tiene vacas y puede suministrar mantequilla y…-

-¡Quiero que se largue! ¿Me has entendido?-

-¿Y eso por que?- Replico Lena con mirada inocente.

-Es… No lo sabes pero es…-

-¿Una joven inmoral que se acuesta contigo? O ¿No solo contigo, sino que con
cualquiera que se le cruce?-

-Ella no…- Yulia parecía horrorizada.

-OH ¿Es solo contigo?-

-Eres insufrible- Comento Yulia que la observo llena de dudas

-¿Por qué? ¿Por qué entiendo lo que ha pasado? y ¿Por que tuvo que hacer lo que hizo?
¿Más carne? ¿No?- Dejo el cuenco y la miro –Muy bien ¿Qué mejor modo de radicar
este pecadillo que ponerla a trabajar bajo tu tutela?-

Yulia contrajo los labios y se inclino hacia ella –Pues yo, no quiero erradicar este
“pecadillo” como tu lo llamas ¡Quiero conservarlo!-
-¿Es tu opinión o la de todo el pueblo?-

-No ellos no cuentan-

-¿No querrás que todo el mundo sepa que prefieres a Sasha en tu cama que en tu
cocina?-

-¿Y si te devuelvo a mi padre con una nota pegada al pecho que diga “No gracias”-

-Podrías hacerlo, pero ya no tendrías comidas como esta y las ratas volverán a
adueñarse de la casa y nadie te llevaría empanadas a la colina y…-

Cuando Yulia se recostó en la silla, Lena supo que había ganado. Iba a dejar que Sasha
se quedara.

-¿Qué voy a hacer ahora para satisfacer… mis necesidades?- Pregunto en voz baja.

-Encontrar a alguien- Sugirió Lena con dulzura –Podrías no se establecerte con Sasha-

-En cierto modo empiezas a recordarme a mi padre ¿Te han dicho que tienes un don
para quitar el apetito impresionante?-

-No lose…-

Se interrumpió por que Yulia se había marchado del comedor. Sonrío. Meses atrás su
padre la había acusado de haberle provocado la peor gastritis de su vida.

Alcalde / Maestro / ¿Celos?

-Alcalde- Dijo Lena con una sonrisa al abrir la puerta tras la fuerte llamada –Que
amable de su parte venir a vernos y…-

El hombre, bajo y fuerte como un toro, entro abruptamente. Si no hubiera sido por que
iba con traje, Lena no habría dicho que era político. Mas bien se parecía al cartero de
Moscú.

-Tu no implantaras sus costumbres inmorales de ciudad en la casa de Volkova- Dijo el


hombre fulminándola con la mirada. Y la observo de arriba a abajo, de un modo que le
hizo desear abofetearle la cara.

-¿Perdón?- Replico, pero sabia muy bien a que se refería. No era la primera vez que
alguien se ocultaba tras su poder para intentar ponerle su voluntad. Lena sabia que el
problema era Sasha, e iba a defender a su nueva amiga con la vida si era necesario.

El hombre señalo hacia la parte posterior de la casa –Has traído la maldad a esta casa.
Has…-

-Supongo que se refería a Sasha- Lena seguía sonriendo, pero era una sonrisa gélida.

-Si, deberías ayudar a Sasha-


-No necesita que yo la ayude, y esta mucho mejor que antes-

-¿Sasha?- Exclamo el hombre, y la miro como si estuviera loca.

-¿Acaso no hablamos de Sasha? ¿De ella y Yulia?-´

-Yo no se nada sobre Sasha y Yulia Volkova- Repuso el hombre con los labios
apretados.

“Eso si es meter la pata” Pensó Lena y se inclino hacia el hombre para preguntarle. -
¿Por qué esta enfadado?-

-¡Por ti, no participas en las asambleas, el reverendo me ha dicho que tampoco vas a la
iglesia! Y sobre todo eres un pésimo ejemplo para las jovencitas decentes. Empiezan a
querer imitar tu andar libertino. Pronto tendremos…-

-¡Dios es un cavernícola! Estamos en el siglo XXI, las mujeres pueden hacer lo que
quieran, tienen los mismo derechos que los hombres…- Tenia la cara pegada a la del
hombre, tan cerca que veía como la rabia brillaba en sus ojos y los pelos de la nariz le
vibraban al jadear de enojo.

-Lamentaras haberme hablado así- Dijo el y se marcho.

Lena permaneció un instante en el recibidor con la mirada en la puerta cerrada. “!Que


hombre tan odioso!” Pensó.

-¿Y quien le lleva las cuentas ahora?- Pregunto Lena a Yulia. Estaban sentadas al sol,
fuera de la cueva.

-¿Qué clase de mujer eres que no puedes disfrutar del día?- Repuso la morena con
brusquedad.

-¿Qué te ha puesto de tan mal humor?- Replico Lena -¿La falta de tus visitas regulares a
Sasha?-

-¿Quién dijo que eran regulares? Tu y tu inquisición sexual le quitan el hambre a


cualquiera.

-Pues no parece quitarte la tuya. Te has comido tu ración y la mía-

-Eso es por que estas pensando en otra cosa aparte de la comida ¿Quieres decirme que
es?-

-Me preguntaba…- Lena se acerco las rodillas al pecho. “¿Qué podía decir? ¿Qué quería
saber sobre su familia? ¿Sobre su ascienda? ¿Sobre ella?”
-Yo llevo las cuentas y no las soporto- Dijo Yulia -¿Quieres llevarlas tu?-

-¿Yo?, ¿Una simple señorita? ¿No le parecerá al alcalde que es una mal ejemplo para las
jovencitas?-

Como Yulia no decía nada, se volvió hacia ella y vio que la miraba

-¿Qué te pasa hoy Lena?- Le pregunto en voz baja.

No iba a contarle la verdad, que algo la obligaba a pensar en como averiguar sobre ella,
y que no sabía por que deseaba tanto hacerlo. -¿Hay algún fantasma en tu casa?-

-Si, y puede que sea una compañía mas agradable que la presente-

Lena soltó una carcajada, estiro las piernas y se recostó con la cara vuelta al sol. –De
hecho creo que me gustaría echar un vistazo a tus cuentas ¿Te importaría?-

-Te besaría los pies, las piernas si haces eso por mi- Bajo la voz –Y si quieres podría
seguir subiendo-

Lena sabia que enseñaba su cuerpo en ese instante, y sabía que debía sentarse como una
señorita, pero no se movió, la blusa ajustada y las bermudas apretadas, mostraban el
contorno de su cuerpo, además de una buena parte de su piel. A pesar de que estaban
solas, se sentía segura cerca de Yulia, y sabia que no iba a intentar nada sin su permiso.

Por otro lado, estaba empezando a pensar en darle permiso. Días atrás la había visto
cabalgar a pelo; Salvaje, incluso sexy, fue lo que su mente pudo redactar como palabras
ya que solo podía con la imagen de Yulia cabalgando y dando órdenes a sus empleados.
Además tenia 17 años, pronto 18 y seguía sin haber estado con alguien, no es que
quisiera hacerlo, pero hasta entonces jamás había conocido a nadie que le hiciera
planteárselo.

Ahora en las primeras 3 semanas, en la ascienda, había pensado en una relación mas que
jamás en 17 años. Después de todo, ahora el sexo era libre y…

-Aquí están- Dijo una voz que las sobresalto a ambas, y la cabeza de un hombre asomo
por la ladera de la montaña a menos de medio metro del zapato de Lena. La cabeza fue
pronto seguida por un cuello. El hombre apoyo las palmas en el suelo e impulso todo su
cuerpo hacia arriba hasta quedar de pie al borde mismo de la montaña y mirando a Lena
de arriba abajo –Me dijeron que si seguía el camino, las encontraría aquí. Pero como
siempre digo, ¿Para que molestar siguiendo un camino, cuando se puede escalar una
montaña? Además que mejor para fortalecer el cuerpo-

Observo a Lena como si fuera algo delicioso que tenia intención de comerse.

Lena que se protegía del sol con la mano, levanto la vista hacia el. EL hombre era
atractivo, era cierto tenia unos rasgos masculinos deliciosos, era alto, y tenia
complexión atlética. Estaba de pie con la espalda rígida, como si quisiera mostrar sus
atributos físicos, el pecho hacia fuera y las manos en las caderas; tenia la cara morena
por el sol, de modo que hacia difícil adivinar su edad, pero Lena calculo que no
superaba los 30 años ¿Lo conocía Yulia?, por que lo miraba así.

La pelinegra, miraba al intruso fríamente, como si fuera un ladrón que trataba de hurtar
sus pertenencias -¿Qué hace aquí?- Le pregunto finalmente.

-¿Perdón?- El hombre se volvió a Yulia, sonriendo a Lena coquetamente, poniendo a la


Morena como interlocutora. –Me han dicho que necesitan un profesor de etiqueta- Dijo

-Larguese de mi propiedad- Agrego Yulia poniéndose de pie –No me gusta que


desconocidos entren y menos que miren a si a mis acompañantes- Se volvió a Lena.

-OH, tu compañía, disculpa, donde deje mis modales- Le extendió una mano a Lena –
James Rotterdam, profesor de etiqueta y en estos momentos soltero- dijo con galanura
mientras le cerraba un ojo a la pleirroja

Lena se sonrojo, la mirada del hombre la estaba cohibiendo, Aunque Yulia estaba a su
lado con cara de pocos amigos, no podía evitar sentirse nerviosa y alagada. –Elena
Katina, un placer-

Cuando James se agacho a besar el dorso de la mano de Lena…

-¡Suficiente, largo!- Digo de mala manera separando a Lena del hombre -¡Fuera de mi
propiedad- Se paro frente a ella, como si estuviera cuidando a una cabrita de un lobo.

-Tu carácter es completamente antisocial, Supongo tu eres Volkova, ¿Que tipo de mujer
eres?- La miro con recelo –Eres un desastre, de ser el Señor Oleg ni siquiera intentaría
llevarte, me causarías vergüenza-

-Me importa un comino lo que le cause a mi padre- Yulia se acerco lo suficiente para
dar a demostrar que era mucho mas pequeña que el -Larguese sino tendre que sacarlo a
la fuerza-

Lena se adelanto ¿Seria capaz Yulia de comenzar a pelear con el? Una cosa era discutir,
pero otra muy distinta era pelearse sabiendo de la visible desventaja. –La… La Señorita
Volkova, es muy recelosa con su propiedad- Dijo mientras se interponía –Usted llego de
improviso…-

-Supongo que para una persona que se crío en el campo, su propiedad es lo


fundamental- Sonrío dulcemente a Lena –En cambio usted es toda una dama, Señorita-

Yulia parecía dispuesta a echarlo a patadas, Así que cuando dio un paso para acercarse a
ellos, Lena agarro el brazo del hombre. Quizás el miedo le dio fuerza adicional, pero
como quiera que fuera el hombre hizo un gesto de dolor –Será mejor que se marche- Le
aconsejo.

-No la voy a dejar sola con esta salvaje- afirmo James.

-Si no se marcha ella es capas de echarlo a balazos- Le advirtió Lena.

Pero el hombre pareció no tomarla en cuenta –Una pequeñita no hará eso-


-Siga el camino de vuelta, ¿No le han dicho que esta loca?, Yo soy su enfermera. Tengo
que mantenerla sedada, si no hiciera… bueno no puedo contarle los detalles-

-¿De verdad?- pregunto el hombre que miraba a Yulia por encima de la cabeza de Lena
–Pero parece, no se, normal-

-Déjeme adivinar, ¿Conoció a una mujer dulce y simpática, que le dijo que una rica
familia, necesitaba un profeso de etiqueta para su hija?-

-¡Si! ¿La conoces?-

-Si, es quien le envía personas- Aseguro Lena mientras visualizaba a su madre, antes de
continuar con la mentira. En que estaba pensando Inessa Katina cuando envío a ese
hombre. Lena había visto hombres repelentes y engreídos, pero este era terrible.

-¿Y que le hace a las personas?-

-No querrá saberlo- Pensó nuevamente y agrego –Yo la entretendré un rato, usted
váyase antes de que saque su rifle-

Al oír eso el hombre se apresuro a bajar la montaña.

Lena lo observo y gruño –Hombres- Y tras volverse a Yulia añadió –Bien asunto
arreglado-

Yulia observo el pueblo. Tenia los puños apretados a los costados –Matare a mi padre-
Mascullo -¿Cómo se le ocurre enviarme semejante… Algo así? ¿En que estaba
pensando?-

-No lo se- Mintió Lena estudiándose las uñas (Necesitaba hacerse la manicura) por que
no se atrevía mirarla. Había sido ella quien había pedido a su madre que enviara un
hombre, deportista y fuerte, pero por que tomárselo tan al pie de la letra.

Cuando se volvió de nueva Yulia, ella parecía esperar una respuesta, peo Lena no se
atrevió a abrir la boca, por miedo a revelar sus verdaderas intenciones.

-Voy a enviarle una carta a Oleg- Dijo al fin con cansancio –Esa criatura era detestable,
te miraba como si fueras un pedazo de carne-

-Bueno era un hombre atractivo, no me sentí incomoda- “¿Por qué había dicho eso? A
ella tambien le molesto la forma en que la miraba, en que pensaba diciendo eso. –AM…
¿Y que quieres explicarle en la carta?-

Yulia se limito a mirarla, pero con resignación –Le escribiré que no me envíe mas
idiotas, primero una habladora compulsiva y ahora un cabeza de músculos-

-Quizás solo decirle que no te envíe mas idiotas- agrego Lena sonriente.

Yulia no le devolvió la sonrisa. Se acerco a ella y alargo la mano para tocarle el cabello
–Supo elegirme una buena ama de llaves- aseguro bajando la voz.

A pesar de sus ideas de tener algo con esa mujer, en ese momento cuando la toco,
retrocedió. Lo cierto era que Yulia Volkova empezaba a gustarle, pero como solo iba a
estar allí temporalmente, tal vez seria mejor no tener nada con ella.

Dio un paso atrás y le dedico una ligera sonrisa -¿Deberías decirle a tu tío que te has
enamorado del ama de llaves? Tal vez así me saque de aquí antes y mi condena se
reduzca-

Quería hacerla sonreír, pero Yulia retrocedió con brusquedad y su rostro se volvió
inexpresivo –Olvide lo horrible que resultamos a los de la capital- dijo con frialdad –
Vete y cuenta los días que te faltan en tu condena-

-No quise decir…- Empezó a disculparse, pero se detuvo –Tienes razón. Me muero de
ganas de marcharme de aquí. Ya es hora de regresar- Dijo y se volvió hacia el camino
que ascendía. Al ver que Yulia no contestaba, se detuvo y comento en voz más alta –
Tengo cosas que hacer en la casa, así que me regreso-

Como Yulia siguió sin decir nada, empezó a andar de nuevo, pero era como si llevara un
peso enorme atado a los pies. Lo único que la esperaba en la casa era limpiar. Y ayudar
en la cocina y…

-¿Eres buena contando?- Dijo Yulia detrás de ella.

-¿Qué?- Se volvió. Yulia seguía con el entrecejo fruncido pero ahora le brillaban los
ojos -¿Sabrías contar ovejas? El viejo Vladimir se duerme y…-

-¡Si!- asintió con demasiado entusiasmo.

-Pero quizás deberías volver- Comento Yulia sin cambiar de expresión –Hable con el
alcalde sobre ti, y quiere pedirte que des clases de religión los domingos. Dijo que iria a
verte a casa esta tarde para comentártelo-

-¿Por que cree que puedo dar clases de religión?- Dirigió una mirada temerosa al
pueblo.

-Rescatas chicos que están en problemas ¿No? Por lo menos eso le dije yo. Tuve que
inventarme muchas cosas sobre tus buenas obras, para que pasara por alto tus malo
modales, bastante evidentes- Índico mirándola de arriba abajo. Por un instante Lena
creyó ver una sonrisa lasciva en su rostro, pero si así fue desapareció al instante -¿Dije
la verdad? ¿No?-

-Bueno…- Repuso Lena con una sonrisa. Yulia le estaba tomando el pelo y eso le
gustaba. Las personas que había conocido la calificaba de “Bonita y formidable” eso
decían Así que no le tomaban el pelo muy a menudo. La miro –Has hecho de mediadora
¿No? Limaste asperezas en lo que pudo haber sido una guerra entre eso hombre y yo,
¿No es así?-

-Somos una comunidad pequeña y s mejor que la gente se lleva bien- Contesto Yulia
con una sonrisa –Además es mejor proteger al alcalde-

-Hummm… Lo tomare como un cumplido-

-¿Quieres quedarte y ayudarme a contar ovejas o quieres ir a esperar al alcalde?-

-Tendré que usar una libreta y una lapicera-

-Un trozo carbón y papel-

-Mientras no tenga que escribir con una pluma de ave- Insistió con una sonrisa -Ya
puedes traer las ovejas-

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Arreglada la confución de los nombres ^^

Patines / Masaje / Encuentro

“Querida mamá:”

Lena mordió el extremo de la lapicera mientras pensaba como redactar lo que quería
escribir ¿Cómo podría decirle a su madre que estaba haciendo un trabajo pésimo en
encontrar profesores de etiqueta? ¿Cómo expresarlo? ¿Digámoslo de este modo, si fuera
su jefe, te habría despedido hace tres semanas, por ejemplo? No, esa no era la manera.

“Creo que la confusión es culpa mía, pero los dos posibles maestros que me enviaste
son un fiasco. Si te contara un poco de ella podrías, tal vez, ayudarme mejor.
A pesar de la Señora de la ascienda y que podría suponerse que vive rodeada de lujos y
comodidades, nada mas lejos de la realidad. De hecho, es poco mas que una pastora,
granjera t pescadora. Sea como sea, no hay duda de que es muy trabajadora. Apenas la
veo, por que siempre esta supervisando sus propiedades. Si bien otra persona se
limitaría a gastar las ganancias, Yulia vive y trabaja con su gente.

Por ejemplo: Le encantan los niños y juega con ellos. Por lo que he visto, entre los
sermones y los días que pasan en la escuela con un hombre horrible, puede ser el único
momento en que juegan en su vida”

Lena volvió a llevarse la punta de la lapicera a la boca y pensó en la tarde que había
pasado en la montaña. El proceso de contar ovejas había sido largo, así que había tenido
tiempo para observar. No había conocido a demasiados lugareños, pero en la montaña
había seis niños que corrían tras las ovejas y ayudaban a los hombres a contarlas.

Recordó haber visto a Yulia jugar con los niños; se tiraba en el piso con ellos y corría a
su paso por el pasto. Sus risas sonaban en el aire. Fue una imagen encantadora.

“Por ejemplo: Le encantan los niños y juega con ellos. Por lo que he visto, entre los
sermones y los días que pasan en la escuela con un hombre horrible, puede ser el único
momento en que juegan en su vida”

Se detuvo un momento y pensó en lo distinta que había sido su propia infancia, con
paseos por el parque con sus padres, fiestas de cumpleaños, patinaje sobre hielo, y… -
¡Patinaje!- Exclamo en voz alta y bajo la vista al papel.

“! Mama! Tienes que mandarme 21 pares de patines, mándalos en una caja que indique
otra cosa para que nadie sepa que contiene. Ah, si envíame 17 biblias blancas. Parece
que voy a empezar a dar clases de religión”

Lena se reclino, mira la carta y sonrío. Pensó que la mandaría a primera hora de la
mañana y la metió en el cajón del viejo escritorio de su habitación.

Como estaba previsto, al día siguiente Dimitri cabalgo hasta el pueblo y envío la carta a
la Señora Inessa.

Y Lena perdono todo a su madre por no defenderla, cuando a los dos días después llego
todo lo que pidió. Había tres cajas de comida, y una caja marcada como “Libros de
estudios” que contenía patines y una caja llena de biblias. Otra contenía naranjas y una
caja enorme de dulces.

También había una carta de su madre pidiéndole que no revolucionara el pueblo con sus
locas ideas, y que trataría de averiguar lo más pronto posible, algo sobre los Volkova y
Yulia claro esta.

-Sasha que le pasa a estos niños- Susurro Lena –No se mueven, no hacen nada parecen
estatuas-

-Los niños no te conocen y nunca han visto un par de patines, por eso están un poco
cohibidos-

Lena se puso un par de patines y dio un par de vueltas por el salón, nada atrevido, solo
deslizarse y decir a los niños lo fácil y divertido que era patinar. Pero ellos seguían
negándose a intentar ponerse esos extraños artículos.

-Uno puede hacerse daño con esas cosas, ¿Cuándo traerán la comida?-

Y ahora tenía una docena de niños en fila contra la pared, con aspecto somnoliento y
malhumorado y no lograba que hicieran nada…

-Tal vez si…- Empezó, pensó, pero en ese momento se abrió la puerta y Yulia apareció
en el umbral.

Todos, incluida Lena, inspiraron con fuerza. Aunque no habían tocado los patines, todo
sabía que no estaban en una clase de religión.

-¿Qué pasa aquí?- Pregunto Yulia con ceño, echando un vistazo alrededor –Creía que
dabas clases de religión-
Lena no estaba segura, pero le pareció ver un brillo en los ojos de Yulia ¿Bromeaba o
hablaba enserio?

Decidió correr el riesgo. Patino hasta el centro del salón, tomo un par de patines y se los
ofreció –Seguro que no sabes patinar- Dijo y contuvo el aliento.

El brillo en los ojos de Yulia aumento -¿Quieres apostar algo?- Replico a la vez que
tomaba los patines para sentarse en una silla y colocárselos.

Perro no sabia poner los broches, así que Lena tuvo que ayudarla –Así- Le indico,
mientras cerraba cada broche –Agarrate de mi brazo y te ayudare- Dijo mientras
retrocedía.

-¡Ja!- Soltó Yulia y se levanto –Soy Yulia Volkova, Señora de estas tierras. No necesito
ayuda de nadie para que ¡OH!- Una vez en pie, los patines empezaron a rodar. Manoteo
para conservar el equilibrio.

Los movimientos de Yulia se volvieron grotescos a medida que avanzaba por la sala.
Tenia las piernas muy separadas, al empezar a ganar velocidad, sus brazos describían
círculos tan amplios que parecía querer volar.

Dos niños más rieron. Lena vio que se tapaban la boca con la mano, pero reían. Los
demás sonreían.

Yulia se precipito hacia Lena y cuando la alcanzo, se cayo, ¡Pero como! Su cara golpeo
de lleno en el seno de Lena y con las manos se aferro a su trasero.

Lena chillo y la empujo para apartarla, pero a Yulia le seguían resbalando los pies y
seguía agarrandose de ella. Y cada vez sus manos iban a dar a zonas privadas de su
cuerpo. La sujeto por los muslos, por las nalgas. Lena logro separarse de ella con un
empujón, pero a Yulia los pies le salieron disparados y se cayó sobre ella aforrándose a
sus senos con las manos.

Lena se paro mas que rápido y empezó a andar, alejándose de ella, pero la torpeza de
Yulia era demasiado: Dondequiera que fuera, ella le pisaba los talones.

La alcanzo delante de unas ventanas. Se acerco deprisa, con las piernas separadas y los
brazos aleteando con rapidez. Iba a chocar con ella. Era imposible escapar.

Pero Yulia la rodeo con los brazos, la impulso hacia un lado y amortiguo la caída al
suelo. Más que caer fue como si la hubiesen tomado y depositado en el suelo. Acto
seguido, se lanzo encima y se apoyo en su estomago mientras levantaba sus manos para
saludar al publico.

Lena levanto por fin la vista. Durante los últimos minutos había estado tratando de
escapar de esa loca, pero ahora se dio cuenta que todo el mundo reían con ganas. Sasha
tenía los brazos cruzados sobre el vientre y se doblaba de risa. Dimitri tenía la cara
colorada de tanto reírse. Todos los niños soltaba carcajadas; algunos incluso tumbados
en el suelo, incapaces de tenerse n pie.
-Mentirosa- Le susurro al oído –Sabes patinar-

-Nunca dije lo contrario- Contesto Yulia en voz igual de baja mientras sonreía a los
niños –No crecí aquí, así que aprendí algunas cosas del mundo exterior. Pero cabe
destacar que la práctica en las calles de Moscú no te hiciera mejor-

Lena bajo los ojos hacia Yulia, que seguía con la cabeza apoyada en su estomago como
si pensara pasar así el resto del día. Y luego miro a los niños. Había controlado la risa,
pero solo se oían murmullos.

Lena se aparto de Yulia, que seguía tendida en el piso.

-¿Y bien?- Pregunto divertida y nerviosa.

-En las cuadras, hay un cuarto, en uno de los cajones tengo una crema para mi hombro.
Pero primero quítame esto-

Lena sonrío, se agacho y le quito los patines; Luego se sentó para quitarse los suyos.
Para entonces el salón estaba lleno de niños, con patines recorriendo, algunos se caían,
otros se enseñaban mutuamente a mantener el equilibrio. Pero todos estaban sonrientes
y divertidos.

De pie, Yulia le rodeo los hombros con un brazo, para guiarla a las cuadras.

-¿Crees que alguien nos echara de menos?- Le pregunto Lena.

Yulia contemplo a los niños –No se por que tengo la impresión que no lo notaran tan
siquiera –Vamos llevaremos una botella de jugo de tomate, tanta actividad me dio sed-

-De acuerdo- Repuso Lena con una sonrisa. Le rodeo la cintura con un brazo y apoyo la
mano en su liso vientre –Suena maravilloso- dijo mientras la seguía por el pasillo.

El cuarto, era una separación de los caballos llena de paja. No estaba demasiado limpia,
y el jugo de tomate era solo eso, jugo de tomate.

Sin embargo en cuanto, entraron Yulia se quito la camisa y quedo solo una playera
semi-transparente. –Aquí- Señalo con la botella la parte posterior del hombro izquierdo.

Lena tardo un momento en comprender que quería que le frotara esa zona.

Toda su vida se había enorgullecido de ser una chica liberal, y abierta. ¿Qué iba a hacer
ahora? Frotar libremente el hombro de Yulia. Pero algo le decía que su mano no solo
tocaría su hombro. ¿Como iba a frotar a una mujer que la estaba provocando sin que se
le pasara la mano? ¿Por qué estaba pensando esas cosas? Solo era un masaje a una
persona con algún tipo de contractura.

-¿A que esperas?- La apuro la morena.

-A que mi madre aparezca con un suspiro a decirme que me iré al infierno-


La mirada de Yulia por sobre su hombro, le indico que sabia cual era su dilema. Su
mirada se volvió dulce y seductora. –No te acobardaras a estas alturas ¿No?-

Como necesitaba mantener despejados los sentidos, bebió un buen trago de jugo de
tomate. Así que tomo el frasco de crema y copio un poco y empezó a masajearle el
hombro. Un hombre de piel suave, morena, calido, seductor…

Mientras intentaba paralizar sus sentidos en el cerebro, pensó en como seria tocar no
solo el hombro de Yulia, sino su brazo, su cuello, su rostro, su espalda, sus piernas,
sus… “Racionalidad Lena, Racionalidad, deja a la cavernícola que se deja llevar por sus
instintos básicos fuera de aquí” se regaño por pensar tales cosas.

-¿Te apetece un revolcón en el heno?- Le dijo Yulia con la mirada centelleante.

Eso rompió el hechizo y la hizo reír. –No gracias- Sonrío –Mejor guíame por donde te
duele mas-

-Muy bien ¡Ay! Cuidado duele las uñas-

-Lo siento- se excuso Lena con malicia –Si quieres frotarte tu misma yo no…-

-No, no sigue, solo cuidado con las uñas- Cerro los ojos –no, así esta bien. Mas abajo.
Si, así, mas despacio- Las palabras de Yulia sonaban extasiadas. Supo que tenía que irse
o hablar de algo.

Se detuvo, por que Yulia la tomo por los hombros, y repentinamente la beso en la boca.
Fue un beso brusco que de pronto se volvió suave y dulce y Lena habría querido que no
terminara nunca.

Luego de un rato, Yulia se separo de ella y la miro. Su atractivo rostro mostraba


diversión. –No se que has hecho en la vida, pero no ha sido besar- le dijo.

Lena arrugo la frente y le aparto las manos –Eso es por que no me apetece besarte-
replico.

-¿Estas segura?- repuso Yulia mientras volvía a inclinarse hacia ella. Pero no hay nada
que acabe con la pasión de forma mas efectiva que a uno le digan que no es bueno
haciendo algo. En cualquier caso, las buenas sensaciones de Lena se desvanecieron.

-He herido tus sentimientos- Yulia le levanto el mentón para que la mirar a la cara.

-¡Claro que no!- replico Lena con una insolencia que no sentía –Dime ¿Te interesa
alguna otra cosa que no sea el sexo?-

Yulia pestañeo. Era evidente que no estaba acostumbrada a escuchar esa palabra por
esos lugares.-No; solo pienso en eso. No puedo trabajar, por que me paso el día
pensando e que me gustaría hacerle a las mujeres en la cama pienso en…-

Lena sabia que bromeaba pero no le gustaba el rumbo que llevaba la conversación –
Mejor voy a ver a los niños, no será que estén derrumbando las pocas paredes de la
casa- se Levanto, pero Yulia la sujeto del brazo.

-¿Estas segura que no quieres un revolcón en el heno?- Pregunto Yulia con mirada
esperanzada.

-Completamente segura. Además como no beso bien tal vez deba ir a practicar por ahí-
respondió Lena sarcástica

Yulia / Futuro / Acepta la realidad

“Querida mamá:

Esta tarde estoy muerta, necesito descansar, pero debo contarte lo ocurrido en estas tres
semanas.

Cuando me disponía a dar mis clases de “Religión en patines” los niños no se atrevían a
hacer nada, supongo que fue donde no me conocían.

Pero entonces llego Yulia y comenzó a patinar conmigo, a pesar que dijo no saber
hacerlo, lo hacia de maravilla, además sirvió para que los niños entraran en confianza.
Los hubieras visto, se veían felices.

Luego de eso Yulia y yo fuimos a las cuadras y bebimos jugo de tomate, junto a una
gran pila de heno.¿Sabes? Yulia es una mujer muy guapa.
Si mamá se que suena extraño, pero no me prestes atención.

Que tal van las indagaciones sobre la madre de Yulia. O sobre por que el Señor Oleg
desea casarla.

Pasando a otro tema, me siento orgullosa de las mujeres del pueblo, muchas tiene
talento para las artesanías, así que hace dos semanas envíe una carta al Señor Ilich y el
se intereso por comprar sus obras para exportarlas. Así que ahora las mujeres del pueblo
ganaran más dinero que los hombres.

Yulia afirmo que no había espacio para un negocio de artesanías en el pueblo, pero
cuando Dimitri hizo un comentario grosero sobre el hecho que fuera tan tacaña, el
pueblo decidió que Yulia pagara el reacondicionamiento de un viejo almacén para que
las mujeres trabajen.

Por supuesto Yulia alego que no tenía dinero, ni tiempo para todo eso, pero fue
abucheada. Al parecer, conoce lo suficiente sus finanzas como saber que puede y que no
puede permitirse. Como Yulia me ha pedido que lleve la contabilidad, ya te contare lo
que averigüe de ella. Lo único que te aseguro es que no es tan pobre como dice.

Yulia prometió que este verano donara al negocio de las artesanías el dinero del premio
de una importante carrera en que participa todos los años. Cuando lo anuncio, los
vitorees fueron tan altos que temí que el techo se cayera, por lo que imagino que el
premio ha de ser sustancioso.
Yulia palmeo a Dimitri en la espalda y le aseguro que iba ha hacerlo correr montaña
arriba y montaña abajo todos los días para que estuviera en forma para reemplazarla
como jockey en la carrera.

Entre una cosa y otra tal vez me envíen a mi a montar el caballo a la carrera. Si vieras
como galopan los caballos de Yulia incluso cuando los monta un jinete, empezarías a
rezar por mi.

Y ahora si debo dormir. Muchos besos, tu hija

Lena”

-¡Que carta tan extraordinaria!- Dijo Inessa a su marido, cuando termino de leerla en
voz alta.

-Creo que será mejor que la haga regresar- Indico Sergey con ceño –Esta poniendo patas
arriba ese lugar-

-Es cierto, pero se parece mucho a ti- Dijo a Sergey con nostalgia. –Sabes es extraño
que mencione a Yulia tan a menudo. Mira esto: Patinando con Yulia, el negocio de
Yulia, Yulia y el jugo de tomate. Los caballos de Yulia…-

-Esa Volkova es impresionante…- Aseguro Sergey asintiendo con la cabeza.

-La carta habla de Yulia, Yulia y mas Yulia- Insistió su esposa, que volvía a observar la
carta –Nunca la había oído hablar así de alguien- Levanto los ojos a su marido –No
estará… ósea a Yulia le gustan las mujeres, pero a Lena…-

-¿Lena?- resoplo Sergey –Ha salido con tantas cosas, que si ahora le gustan las mujeres
no me llamaría la atención-

-Estas jugando ¿No?- Replico Inessa

-No cariño- Sergey sonrío –Es mi hija, la quiero tanto como tu, soy conciente que seria
difícil asumirlo, pero sabemos que mi abuelo marco a la familia, y esta es la ultima
oportunidad, ademas Lena siempre a tomado buenas desiciones-

-No, lose, es que… Lena- La nostalgia en los ojos de Inessa, causo ternura en Sergey,
quien abrazo a su mujer protectoramente y beso su frente.

-¿Esta Yulia enamorada de ella?- Pregunto Katya a su hermana mientras pegaba las
delicadas flores que iba en los adornos. En secreto, le permitían faltar a la escuela para
ayudar con las artesanías. Lo del secreto se debía a que Lena no debía saber que faltaba
a la escuela -¿Por qué no puedo saberlo?- Prosiguió antes de que Sasha hubiese
contestado –Si al profesor le parece bien ¿Por qué no va a parecérselo a la Señorita
Elena?-

-No deberías hacer tantas preguntas- Indico Sasha, sujetando entre los labios una aguja
que utilizaba para coser pequeñas piezas.

-Solo quiero saber quien es el dueño del pueblo ¿Lo es el profesor, la Señorita Elena o
la Volkova?-

Sasha se interrumpió para dirigir una mirada severa a su hermana y replicarle, pero
entonces pensó en que si no se cumplí pronto el contrato, ya no tendrían donde vivir, o
tan siquiera donde hacer sus artesanías. Observo a su hermana, que la ayudaba desde
hacia seis horas –Salgamos ¿Te parece?-

-Excelente- Acepto Katya y dejo el pequeño duende de madera que tenia en sus manos.
Unos minutos después ella y su hermana paseaban por la orilla del río. Desde que vivian
en la gran casa, ya no había goteras, ni hambre. Además la casa era bonita pero a veces
extrañaban la libertad de correr descalzas.

-¿Qué nos pasara si no se cumple el contrato?- Pregunto la niña.

-No lo se- Contesto Sasha, y no fue necesario aclarar de que hablaban –La verdad no lo
se-

-¿Es por eso que quieres preparar todos los sombreros que puedas ahora, por que si la
Señorita Elena se marcha crees que ya no tendremos donde ir?-

-Si- afirmo Sasha. Ya no le sorprendía la perspicacia de la pequeña en lo que la mayoría


de las personas llamaría “Cuestiones de mayores”

-¿Se enojaría si supiera que no estoy en la escuela?-

-Si. Es de la capital, y cree que cualquiera puede llegar a ser presidente-

-¿Yulia esta enamorada de ella?- Pregunto Katya pasado un momento. Sabía cuando su
hermana estaba preocupada por algo. Esta vez creí que su hermana tenia miedo por el
futuro.-¿Se va marchar pronto la Señorita?-

-¿Por qué no? Aquí no hay nada que la retenga. Le gusta que creamos que necesita
trabajar, pero cualquiera ve que es una niña rica. Su ropa, su modo de hablar, su modo
de…-

Sasha se detuvo y contemplo el río. En cierto modo antes de conocer a Lena, Sasha se
contentaba con lo que tenía. Sabia que esperar del futuro, pero ahora tenia miedo de
querer cosas inalcanzables. Cuando estaba con Lena todo parecía posible, incluso ser la
encargada de un negocio, como lo eran las artesanías, y ganar suficiente dinero para
mandara a Katya a la universidad. “Katya es inteligente” Había dicho Lena “Muy, muy
inteligente. Nunca había visto a nadie que se le den así los números, y creo que tiene
aptitudes para la ciencia. Quizá deberías pensar en enviarla a la universidad, seguro que
pondrán permitírselo”

Y Ahora Sasha había pasado de la alegría de un negocio rentable a pensar que si


fracasaba privaría a su hermana de un futuro que se merecía. “así que has hecho faltar a
tu hermanita a clase para ayudarte en las artesanías algo que no se le da bien y que
detesta” se reprocho Sasha.

-..ria- Decía Katya.

-¿Qué?- Pregunto Sasha volviendo al presente.

-¿Estas enojada conmigo?-

-No, claro que no- Aseguro La joven acariciando la cabellera de su pequeña hermana –
Tengo cosas en la cabeza, cosas de mayores. Eso es todo-

Katya se volvió al rió y lanzo tres piedrecitas –Creo que esta enamorada de ella- Afirmo
en voz baja –Me parece que La Señorita no la ama, por que ha visto mas gente que el, y
por eso no tiene claro, quien es bueno y quien es malo. Pero si la Volkova le dijera que
la ama, ella podría amarla; entonces se casaría y no se Irian nunca de aquí. Y podría
seguir el negocio de las artesanías y cuando yo me titule, tu te podría venir a vivir
conmigo a Moscú. y yo te cuidaría como me cuidas tu a mi ahora-

Sasha la contemplo boquiabierta de asombro. No tenia idea de que Katya hubiese oído
la opinión de Lena sobre que fuera a la universidad. Y Sasha nunca había mencionado
sus preocupaciones sobre estar lejos de su hermana. Observo a la pequeña unos
instantes. Tenía dos opciones, una aparentar saberlo todo y que ella era una niña y no
sabia nada. Eso es lo que su padre había hecho, pero ya no estaba, y tal vez toda su vida
dependiera de ese momento. Otra ser honesta. Eligio esta ultima.

-¿Qué te parece que deberíamos hacer? Dijo

-Déjanoslo a Dimitri y a mi- Indico Katya tan deprisa que Sasha rió

-¿A Dimitri y a ti?-

Katya miro a su hermana con una expresión seria.

-¿Y que han planeado?- Pregunto Sasha con diversión en la voz.

-Todavía no lo se. Necesito investigar sobre el tema-

-DE acuerdo- Consintió por fin Sasha, y al verla tan seria tuvo que contener la risa –A
ver si se les ocurre algo ¿Por qué no vas a buscarlo?-

Katya asintió con solemnidad, como si en sus manos estuviera el futuro de la tierra y se
marcho corriendo.

Sola en la playa Sasha recogió piedrecillas ya la lanzo al agua. En parte, deseaba que
Lena nunca hubiera venido al pueblo y nunca se hubiera entrometido en su vida.

Pero lo cierto es que algo la rodaba. Su hermana había comentado que era evidente que
Yulia Volkova estaba enamorada de Lena, y Sasha se había percatado de ello ¿Eran
celos lo que sentía? ¿O le preocupaba que…? Levanto la cabeza. No quería que su vida
volviera a ser como antes. Lo cierto era que quería que su hermana estudiara. Sasha
quería todas las cosas que ahora veía posible, y sabia que solo podía obtenerlas si Lena
se quedaba con ellos.

“¿Qué tienes que perder?” Le pareció oír a su padre, y sus palabras le infundieron
fortaleza. Con gesto resuelto, se arreglo la falda y volvió a la casa.

Yulia estaba en el escritorio de la biblioteca y tenia un montón de papeles delante.


Parecía tan feliz como el capitán de un barco en tierra firma.

-¿Por qué no le dices que estas enamorada de ella?- Pregunto Sasha, apoyada contra la
puerta cerrada.

-No seas ridícula-

Que no preguntara “¿A quien?” confirmo a Sasha que no se equivocaba. –No puedes
engañarme te he visto desnuda-

-No deberías decir esas cosas, especialmente ahora que eres…- La regaño Yulia sin
quitar la vista de los papeles.

-¿Qué?- Sasha se acerco a la mesa -¿Una mujer de negocios? Se hacer arreglos para los
adornos de madera, pero nada más. Es ella quien tiene las ideas y quien…-

Como Sasha no pareció encontrar las palabras, Yulia la miro -¿Quién cree que todo es
posible?-

-Si, exacto. Y la necesitamos aquí, en el pueblo y tu la necesitas junto a ti. Después de


esa mujer que…-

-No sigas- ordeno Yulia, tajante –No me compadezcas. Mírate a ti misma si quieres
compadecerte de alguien-

-No me compadezco. Mi padre era muy importante, pero cunado se fue supe valerme
por mi misma. Y por ti, tu solo me calentabas la cama-

-¿Solo fui eso para ti?- Pregunto Yulia en voz baja.

-Si, eso- Afirmo, y en su voz reflejaba alivio. Había temido que lo que sentía eran celos
–Tu y yo hemos visto muchas cosas malas como para creer que el mundo es un buen
sitio. Pero ella…-

-No ha sufrido nunca. Cree que con solo querer mucho algo puedes lograrlo, así que
decide montarles un negocio rentable. Y si la animáramos, no tengo duda de que
encontraría negocios para todos los habitantes del pueblo-

-Es probable. Pero un negocio no es amor ¿Verdad?-

-¿No tienes nada que hacer? ¿No tiene algo que hacer o algo que cocinar?-

-Si, y mucho, pero no soporto verte deprimida por ella y sin hacer nada al respecto-
-¿Deprimida? Estoy haciendo las cuentas-

-Si, ya lo veo- Dijo y señalo el papel que Yulia tenia delante. Solo contenía garabatos.

Con gesto de enfado, Yulia arrugo el papel y lo lanzo al otro lado de la habitación. –No
estoy enamorada de ella-

-¿No? ¿Qué otra mujer te ha hecho reír tanto como ella? ¿Qué otra mujer se preocupa
por este lugar agonizante y ha intentado evitar su inevitable final?-

-No es… Y yo no…-

-¿No que? ¿No necesitas alguien para poder cumplir ese estúpido contrato? ¿No
necesitas alguien que inyecte sangre nueva a este lugar? Mira alrededor. Vivir en esta
casa medio roída es como hacerlo en un mausoleo. El olor de este sitio apesta… hay
hedor a muerte-

-Lárgate- Mascullo Yulia. SE levanto y señalo la puerta –Fuera-

Sasha sabía cuando estaba enfadada y ahora lo estaba. Con la boca apretada, se volvió y
salio de la habitación. Pero dio un portazo tras ella y oyó que algo caía y se rompía en el
interior. Sonriente, volvió a subir la escalera para dirigirse a la mesa cubierta de
artesanías para terminar

Locos / Deseo / Engaño

“Locos” Pensó Lena –Todos los de este pueblo se han vuelto locos-

Era la tarde del día siguiente a esa extraña Cena con Yulia y toda la gente del pueblo
había enloquecido, si no era posible. “Tal vez han bebido algo que contenía una hierba
venenosa” pensó

Estaba en la cima de la montaña, y prácticamente había subido corriendo el sendero


angosto y escarpado. Dos semanas antes, ese camino la horrorizaba, pero ya no. Ahora
le parecía lo menos terrible de todo el pueblo.

El ultimo día y medio había vivido con gente incomprensible. Era como si tramara
alguna conspiración. Esa mañana, la esposa del horrible alcalde se le había acercado y le
había susurrado que el la había visto desnuda en la laguna.

-¿Me vio?- Repuso Lena, pillada desprevenida –No, espere, no he estado desnuda en
ninguna laguna ¿Quiere decir en la bañera?-

La mujer la miro como si fuera tonta –A ti no. A mi- Susurro –Así es como EL y yo nos
conocimos. Yo estaba tomando un baño en la laguna a los pies de la cascada y el me
vio. Yo sabia que estaba allí, claro, y por eso…- Se detuvo al ver que Vladimir pasaba
cerca y, tras llevarse un dedo a los labios para indicar que eso era un secreto, se marcho
deprisa.
Lena estaba segura que la esposa del alcalde le había rebelado un gran secreto, ¿Por qué
ella? Pensó que se había quitado la ropa para que el alcalde la viera desnuda y sintió
repugnancia ¿Por qué había querido esa mujer a un hombre tan odioso?

Se encogió de hombros y siguió recorriendo la calle que llevaba al centro del pueblo. Al
final estaba el almacén donde iba a situarse el taller de confección de artesanías y Lena
quería ver como iban las obras.

Pero Galina, la prima de Petro, la detuvo. Galia le susurro que su marido se había roto
un brazo y que ella lo había tenido que cuidar hasta que se curo. –Pasamos solos mucho
tiempo, ya me entiende-

Lena se limito a sonreír débilmente, y cuando la mujer se hubo ido, siguió andando.

Pero dos pasos después, una mujer a la que no concia, le contó que ella y su marido se
habían quedado atrapados en un almacén toda la noche. –Después de eso mis padres lo
obligaron a casarse conmigo- Añadió con una risotada.

Cuando Lena llego ala almacén estaba segura de que la gente se habia vuelto loca.
Sasha estaba allí con Katya e indicaba a los hombres que ventanas tenían que
agrandarse –Si hay que pasar catorce horas al día trabajando con poca luz, no habrá ojos
que resistan- Decía con brusquedad a uno de los trabajadores. El que Yulia había puesto
al frente de las reparaciones.

Lena dejo junto a la puerta la bolsa de comida que Vika había preparado para los
trabajadores. -¿Podría alguien decirme que pasa?- Pregunto -¿Están organizando una
fiesta?-

-No, a no ser que la organicen otros- Contesto Sasha -¿Por qué?-

-Por que todas la mujeres del pueblo me están contando como conocieron a sus maridos.
Debo decir que para ser un lugar tan apacible y pequeño, ha habido algunos encuentros
subidos de tono. Las mujeres de aquí…- SE interrumpió por que Katya miraba a Sasha
con los ojos desorbitados, horrorizada.

-¡Les pedí que nos lo contaran a nosotros!- Gimió la niña, que dio media vuelta y corrió
hacia la puerta con tanta rapidez que casi tumbo a Lena.

-¿Qué pasa?- Pregunto esta con los ojos entrecerrados.

-Los niños planean darte una sorpresa- Contesto Sasha –Están escribiendo una historia
para que lleves a Moscú-

-¿Y esa historia cuenta quien tuvo que casarse y por que?- Se extraño Lena –No te
creerás lo que esas mujeres me han contado. La esposa del alcalde…- Se detuvo por que
no quería traicionar una confidencia, pero si era un secreto ¿Por qué esa mujer iba a
decírselo, para que apareciera en un libro? –No me parece que lo que he estado oyendo
sea adecuado para una historia de niños- Añadió –Por lo menos si se la van a contar a
ellos. ¿No ha habido una batalla o algo así cerca de aquí?-

Miro a Sasha y al jefe de la obra, pero ambos miraron son decir nada.

-Me parece que hay suficiente luz- Comento por fin el hombre en voz mas alta de lo
necesario –Costaría mucho caldear el local en invierno si las ventanas fueran mas
grandes-

Sasha se volvió para mirar al hombre y contesto igual de fuerte –Venga ya será el
negocio de las mujeres y será como yo digo-

Lena se quedo observándolos y supo que lo que acababan de decirle era mentira. No lo
era que la esposa del alcalde se hubiese metido desnuda a una laguna para atraer a su
marido, sino que pensaran escribir un libro sobre la historia de esas tierras-

Pero fuera cual fuera el secreto, ella no formaba parte de el, y no iban a permitirle
enterarse.

Despacio, Lena se volvió y se macho del almacén. Pro primera vez desde hacia mucho
tiempo, se sentía como un intrusa en el pueblo. Mientras regresaba por la calle, nadie la
detuvo para susurrarle secretos íntimos sobre como habían atrapado a sus maridos.
Cuando vio a la esposa del alcalde, la mujer se ruborizo antes de meterse a la única
tienda del pueblo. Lena pensó que tenia que seguirla e intentar sonsacarle algunas
respuestas, pero sabia que el pueblo se había cerrado en banda y la había dejado fuera.

Al final, decidió pasar el día en su habitación escribiendo sobre sus impresiones desde
su llegada al pueblo. A fin de cuentas, era una suerte que los lugareños le hubieran
excluido por que quería centrarse en el motivo por el que había ido al pueblo la primera
vez. Quería descubrir nuevas formas para ayudar a los chicos en Moscú, la gente que
realmente la necesitaba.

Pero le costaba escribir por que no dejaba de recordar sus experiencias en el pueblo.
Pensaba en el patinaje con los niños, y como había patinado con Yulia.

Pensó en ayudar a Sasha, y termino ayudando a todas las mujeres del pueblo. Y el día
anterior cuando había hecho la prueba de matemáticas a Katya “¿Cuánto es 367X481?”
Había preguntado a la niña. No sabia si 540X356 era 192240 era correcto, pero sonaba
bien. Y Katya la había mirado a los ojos y le había dicho que quería ser medico mas que
cualquier otra cosa en el mundo. Lena estaba de acuerdo en que tener una formación era
positivo, pero ¿Por qué pensaría esa niña ser medico?

Y recordó la noche en que Yulia había arrojado a la sexy Charmaine por la ventana. Y
la tarde en que el hombre musculoso y atlético se le había insinuado y Yulia lo había
expulsado de sus territorios. Como se había reído de esos dos incidentes.

Y se acordó del parto de la oveja. Y como después se había puesto su camisa. Pensó en
las veces que habían almorzado en la cuevita ¿Habría llevado allí a otras personas? ¿A
su novia por ejemplo? ¿Cómo había sido esa mujer?.
Lena miro el papel, se supone escribiría que haría al llegar a Moscú, pero en lugar de
eso, había elaborado una lista de cosas que hacer en el pueblo. Después de intentar
cuatro veces sin éxito en Moscú, Lena dejo la pluma y bajo a la cocina. La vieja Vika
estaba cortando carne en la mesa de madera, así que Lena desvío la mirada. No volvería
a comer cordero en su vida.

-Una carta para usted- Índico Vika señalando con una mano ensangrentada al borde de
la ventana.

¿Seria de su madre para comunicarle que había encontrado un profesor perfecto para
Yulia y que ella podría marcharse del pueblo?

Vacilante tomo la carta y sonrío. Era de Vania, en Moscú. Ahora podría alejar sus
pensamientos del pueblo y ponerse a trabajara de verdad.

Salio de la casa y se apoyo contra la pared para leer la carta. Era corta ya que Vanya no
le gustaba demasiado escribir. Lena leyó que todo y todos estaban bien, y que no tenia
que preocuparse. –Por lo menos podría haber fingido echarme de menos- Susurro para
si misma. Llevaba lejos casi 2 meses. Las dos semanas que le costo hacer entrar en
razón a su padre y ahora las semanas en aquel pueblo.

“He pensado que te gustaría ver eso” Leyó “Es simpatiquísimo”

Unido a la pagina, había un articulo de una pagina wed de la escuela que Lena tuvo que
leer tres veces antes de dar crédito a sus ojos. EL periodista había escrito un
comparación entre la “desertora” Elena Katina y la Señorita Ekaterina Melosova, que
había asumido el trabajo “abandonado” por Lena al irse de la ciudad. Al releerlo le
temblaban las manos. EL articulo sugería que Lena se había ido de Moscú por su propia
voluntad, cansada de ayudar los jóvenes con problemas, con lo que las había dejado en
condiciones aun peores de las que estaban el principio. LA Señorita Melosova había
asumido el trabajo abandonado por Lena.

El articulo seguía comparando a las dos chicas en el ámbito personal. Afirmaba que la
Señorita Melosova era una mujer más amable, menos áspera que Lena y gracias a eso
podría obtener mas y mejores logros.

Además era menos que Lena, estaba en primero, y sus métodos “Mas modernos”. El
artículo hablaba como si Lena tuviera 100 años y sus métodos fueran prehistóricos.

-Más joven, más moderna, menos áspera, más fácil de trabajar con ella- Mascullo sin
dejar de contemplar el artículo.

En ese momento Dimitri se acerco a ella y le entrego un papel doblado.

-¿Qué es?- Pregunto al chico a la vez que se guardaba el articulo y la carta de Vanya en
el bolsillo.

-No lo se, solo me han dicho que se lo de-


El día antes no habría recelado nada, pero ahora estaba segura de que todo lo que le
decían era mentira. Echo un vistazo al papel. No estaba escrito por fuera. Pensó que
seria mejor no abrirlo y levanto los ojos hacia Dimitri para indicarle que lo devolviera a
quien lo hubiera enviado.

Pero el chico ya se había ido y ella estaba sola ¡Como le habría gustado ser la clase de
persona que domina su curiosidad y no abrir la carta!

Pero los deseos no servían de nada. Abrió la página y leyó. Solo había visto la letra de
Yulia un par de veces, pero le basto para reconocerla. Había escrito la nota con prisa.

“Ven enseguida. Te necesito de inmediato. No se lo digas a nadie. Te espero en la


cabaña de pastores cerca de donde parió la oveja
Y.”

¡Dios mío! Pensó. Algo le había pasado a Yulia. Con ese pensamiento en la cabeza, se
dirigió deprisa hacia la montaña. Tal como le iba el día, le apetecía que alguien la
necesitara en algún sitio.

Cuando estaba cerca de la cima el cielo se oscureció, amenazando con lluvia. Era
bastante raro, descontando que estaban en verano. Aun así no quería que la pillara la
oscuridad ni el aguacero.

Miro alrededor, esperando que Yulia apareciera entre los arbustos. Tenía la extraña
habilidad de caminar sin hacer el menor ruido y de estar en lugares donde no se lo
esperaba.

-¿Yulia?- Pregunto en voz alta, pero no oyó nada salvo las ovejas. Dio unos pasos que
resonaron.

Algo no le acababa de gustar, Yulia no era la clase de persona que le enviaría una nota.
Podría pedir a Dimitri que la llevara a alguna parte, pero no le ordenaría que subiera
sola la montaña. Y mucho menos al anochecer.

Se dispuso a empezar a bajar de nuevo, pero entonces oyó una voz que la llamaba. Se
volvió -¿Yulia?- Dijo

-Aquí- Contesto una voz que se parecía a la de Yulia.

Dudo y, por desgracia, las nubes eligieron ese momento para descargar. En unos
segundos estuvo empapada y muerta de frío. Protegiéndose del aguacero con las manos
en la cabeza, corrió hacia la piedra que había adelante.

Estaba justo frente a ella, y por la puerta abierta salía luz. A través del aguacero que
estaba aguantando, pudo ver un fuego que ardía en la chimenea. Por un instante tuvo un
sensación de haber vivido eso antes, ya que era lo que soñaba encontrar la primera vez
que había llegado al pueblo.

Corrió hacia la casita, entro y cerró la puerta. En un lado de la única habitación había
una mesa y dos sillas, y en el otro, una cama cubierta con pieles de borrego. En la pared
situada frente a ella había una chimenea y un montón de leña para el fuego.

Lena estaba tan mojada que al acercarse al fuego su ropa desprendía vapor, y tembló de
frío. Al volverse de espaldas al fuego, vio una chaqueta de un gancho en la pared y en la
mesa una barra de pan y un trozo grande de queso, y cuando levanto la tapa de la loza,
vio dos pollos recién asados.

-¿Qué esta pasando aquí?- Dijo mientras cruzaba los brazos, temblorosa.

En ese momento la puerta se abrió de golpe y Yulia entro como un suspiro con una
expresión de enojo. Pero cuando vio a Lena, el alivio se reflejo en su rostro. Cruzo la
habitación de dos zancadas y la estrecho entre sus brazos.

-¡Estas bien!- Exclamo con alivio –Estaba muerta de angustia. Todo le mundo te estaba
buscando. Cuando recibí la nota en que me decías que nos encontráramos aquí, creí que
tal vez te habría secuestrado-

Lena tenia el cuerpo frío contra la ropa mojada de Yulia y un resto de sensatez le
indicaba que debería apartarse y contarle lo de la nota recibida por ella. Entonces
podrían sentarse y comentar con lógica lo que estaba pasando en el pueblo y quien les
había enviado a ambos esos mensajes ¿Y quien la había llamado ahí afuera?-

Pero no dijo nada. Puede que fuera por aquel odioso articulo, pero en ese momento
necesitaba sentirse femenina y querida. Necesitaba algo que le demostrara que no era
una avejentada decrepita.

Estaba segura de que no hacia lo correcto pero, en lugar de adaptarse, levanto la cara
hacia Yulia. Lo único que deseaba era que la besara.

Y La morena la complació. Tras vacilar un segundo, como si no estuviera segura de si


debía, acerco los labios a los suyos.

Una chica le había dicho alguna vez a Lena que no podía hablar sobre resistirse a la
tentación hasta que hubiese conocido el autentico éxtasis. Y Lena creía haberlo sentido
por que había besado a algunos chicos antes, incluso Yulia, pero entonces no había
sentido nada parecido a lo que sentía ahora.

Su cuerpo estaba helado, pero de repente se inundo de calor. Mientras los labios de
Yulia se movían sobre los suyos. Cuando Yulia abrió la boca sobre la suya y le noto la
punta de la lengua, retrocedió un instante; luego, le rodeo el cuello con los brazos y
presiono sus labios cerrados contra los de la ojiazul.

Yulia se aparto para mirarla con asombro.

-Santo cielo- Susurro –Eres virgen-

Lena creyó que por un momento iba a marcharse, pero Yulia le rodeo la cintura con los
brazos y giro con ella. El rostro de Yulia reflejo una felicidad absoluta mientras le
descubría el cuello y empezaba a darle besos en el cuello que le enviaron oleadas de
calor hasta los zapatos mojados.
-Ni siquiera Oxana era virgen- Creyó oírle decir. Dijera lo que dijese no iba a detenerse,
no iba a dejarla.

Un momento después, la guío hasta el suelo y empezó a desabrocharle la camisa ¡Y


hábiles manos tenia! Se libreo de ellos a pesar de la ropa mojada mucho mas deprisa de
lo que habría podido hacerlo la misma Lena.

En la casita hacia calor, y el fuego emitía un brillo acogedor. Lena podía oler la leña que
quemaba y la comida suculenta en la mesa. Pero, sobre todo podía olerla a ella, y era
una fragancia calida, deliciosa y femenina.

-¿Puedo?- Susurro y le puso las manos en el pecho.

Yulia soltó una carcajada que le hizo vibrar el pecho. Despacio y con timidez al
principio, deslizo las manos hacia abajo. Pero cuando Yulia le metió la mano dentro de
la blusa fría y empapada y le toco la punta de los senos, perdió gran parte de su timidez.
Tenía un deseo irresistible de sentir contacto con aquella piel.

Deprisa, con urgencia, le saco la camisa de dentro del pantalón y tiro de ella. Con otro
suave gruñido de placer, Yulia levanto los brazos y dejo que le subiera la camisa por la
cabeza y la dejo caer al suelo.

Lena le observo un momento los pechos desnudos y acaricio uno de ellos con la mano.
Era hermosa, de piel tostada. Con cierta vacilación, le deslizo la mano desde el cuello
por los pechos hacia la cintura; Luego le acaricio el estomago liso y calido y dejo ahí la
mano mientras levantaba los ojos hacia ella.

Nadia la había mirado nunca como Yulia ahora, con tanta intensidad; si alguien la
hubiera mirado así antes, ella había salido corriendo. Pero no ahora. Entonces le sonrío
y supuso que su mirada reflejaba la misma intensidad.

Acto seguido Yulia la estrecho de nuevo entre sus brazos y giro con ella con alegría.

Y la risa de Lena se mezclo con la suya. Era lo bastante conciente y tenia la suficiente
experiencia como para comprender que se habían deseado desde el principio. Y sus risas
eran la liberación de todo ese deseo contenido.

Cuando Yulia la dejo caer en la cama, ella rió encantada. Reboto contra el colchón, y
eso la hizo reír más. Al punto, Yulia yacía en el suelo a su lado, y Lena se acurruco en a
morena con la cabeza sobre uno de sus brazos mientras le dejaba el otro libre para que
acabara de quitarle la ropa.

Y se tomo su tiempo. No le rasgo la ropa ni apuro el encantador proceso de desnudarla.


En un lugar de eso, le saco un cuidado la blusa de debajo de la falda y acabo de
quitársela. Luego le desabrocho la falda.

Lena permaneció inmóvil todo el rato sin dejar de mirarle el perfil, fuerte y de rasgos
bien cincelados, y el cabello oscuro. Yulia casi no apartaba la mirada de su tarea, pero
cuando la miraba, el brillo de sus ojos hacia que el corazón le diera un vuelco y le
latiera con fuerza.

No se dijeron una palabra. Desde su llegada al pueblo no habían hecho mas que hablar.
Y Lena pensó que, todo ese tiempo, lo que realmente quería era hacer esto. Llevo una
mano hacia la mejilla de Yulia y la acaricio. Todas las noches en la cena había visto ese
rostro y había anhelado acariciarlo.

Yulia sabia muy bien como desnudar a una mujer, y en unos segundos a Lena solo le
quedaba la ropa interior.

Despacio y con cuidado, Yulia bajo primero un tirante del sostén y después el otro por
los hombros, besándoselos a medida que dejaba la piel al descubierto. A continuación se
debido a desabrocharlo por detrás de la espalda, y su boca trazo sus clavículas. Cuando
lo hubo retirado por completo, se dirigió al vientre, Lena contuvo el aliento ante la
placentera sensación que le provoco.

Cuando se aproximaba a los pechos, Lena estuvo apunto de acobardarse y salir


huyendo. Yulia debía haberse dado cuenta por que aparto las manos y se acerco a unir
sus labios con los suyos y luego besar su cara, su cuello para ir descendiendo poco a
poco. Le tomo el seno con la mano y lo acaricio

-No sabia…- Susurro –Que fuera tan…- Noto como Yulia sonreía con los labios en sus
senos y la idea de que le proporcionaba placer la hizo sentir aun mejor.

Yulia le sorbió el pezón con la boca y lo succiono con suavidad, y cuando hizo lo
mismo con el segundo, Lena deseaba menos suavidad y mas… No tenía experiencia
para saber que quería, pero era más.

Deseaba atraer la cabeza de Yulia hacia su cara, pero en lugar de eso la agarro por el
cabello y le llevo los labios a los suyos y cuando la beso fue con la boca abierta.

Lena no estaba segura de lo que había hecho después, pero algo hizo perder el control a
Yulia. Al principio solo parecía pensar en darle placer, pero derepente parecía no poder
contenerse mas.

EL pantalón mojado, la tela mojada áspera que tan excitante resultaba contra su piel
desnuda de Lena, que Yulia traía puesto, desapareció en cuestos de segundos. Y ahora
Yulia estaba completamente desnuda a excepción de las bragas.

-Ahora entiendo por que en al campo ocupan tanto pantalones holgados- Comento Lena
con una sonrisa mientras Yulia se situaba sobre ella.

Pero Yulia no sonreía. Tenía los sentidos demasiado agudizados.

Lena no sabía mucho acerca del acto sexual entre dos mujeres. Se lo habían descrito
algunas veces y su reacción ante cada descripción había consistido en soltar un sermón
sobre autocontrol y decencia. Pero ahora sabía que nunca había sabido nada sobre hacer
el amor tan siquiera. En ese instante abrió podido detenerse a si misma lo mismo que a
un elefante en estampida.
Cuando las manos de Yulia comenzaron a descender guiadas por el contorno de su
cuerpo, una sensación deliciosa apareció en su bajo vientre. Yulia acercó su mano hacia
la cálida y húmeda carne que había entre sus muslos. Lena se puso tensa ante sus
caricias. Volvió a cerrar los ojos y pareció dejar de respirar durante unos segundos. Le
estaba clavando las cortas uñas en la espalda con tanta fuerza que sabía que a la mañana
siguiente tendría marcas. La idea le gustó.

Yulia siguió explorando suave, lenta, tiernamente. Fue apartando la suave y melosa
carne como si fueran las hojas de una exuberante y frágil flor hasta que descubrió el
oculto tesoro que buscaba. Lena gimió cuando le acarició aquella piedra preciosa con
los dedos mojados en su propio rocío.

Continuó haciéndolo con cuidado, en círculos, provocándola, tirando y haciendo


presión.

Lena ya no podía protestar. Yulia supo que se había dejado llevar por el placer que le
producía. Se estremeció, se retorció y se aferró a ella. Verla reaccionar ante sus caricias
con semejante pasión la satisfizo más que cualquier cosa que hubiera experimentado
anteriormente.
Lena estaba tan poseída por el hechizo sensual que le había echado que no se dio cuenta
de que Yulia volvió a bajar la cabeza para besar el firme y diminuto capullo que ella
había conseguido excitar completamente.

La morena notó el preciso momento en el que ella se dio cuenta de lo que le estaba
pasando.

Lena sufrió una convulsión como si la hubiera alcanzado un rayo.

Yulia estaba seguro de que había visto su resplandor.

Los labios de la pelirroja se abrieron para dejar salir un grito de sorpresa. Aquel sonido
de femenina revelación e ilimitado asombro cesó tan rápidamente como había
comenzado.

Su respuesta fue mayor de la que Yulia creía poder provocar. Estaba sumida en el
temblor que le había producido, al igual que ella. Lena se alzó, se abrió y se ofreció. Era
una criatura extasiada y mágica que cautivaba todos los sentidos de la morena. Ésta se
quedó literalmente fascinada por lo rápidamente que ella se aproximaba a su alivio.

Se estremeció como una flor con el viento.

Miró su aturdida cara y sonrió.

Lena le observó también, al parecer sin habla por lo que había experimentado. La
combinación de emociones que reflejaron sus ojos era fascinante. Confusión, asombro,
placer, curiosidad y elucubración femenina, mezclado hasta dejada sin habla.

Era la primera vez que la veía en ese estado.

Su sonrisa se transformó en una mueca de complicidad.-Aún no he terminada- Se poso


con sumo cuidado entre las piernas de Lena

Yulia la colmó de besos desde el cuello hasta el hombro. Investigo con un dedo, para
luego introducir en su interior un segundo dedo -Tan tenso. Un suave botón sin abrir-
La morena gimió y bajó la cabeza para besar la curva de su pecho.

Lena la notaba estrechándola, haciéndola sentir más húmeda de lo que ya estaba. Ella
estaba temblando de necesidad. La mágica tensión que había experimentado momentos
atrás se revolvía en su interior otra vez.

-Por favor- Dijo Lena mordisqueándole la oreja. -Por favor, date prisa- La abrazó con
fuerza y le besó el cuello.

Yulia le cubrió la boca con la suya e introdujo un segundo dedo en ella sus movimientos
fueron mas rápidos, hasta que Lena con un gemido y la curvatura de su espalda le indico
que había llegado al clímax.

La morena la dejo y ocupo el lugar junto a ella. La observo complacida.

Lena abrió lentamente los ojos y miro a Yulia junto a ella –Jamás pensé que fuera así,
ha sido maravilloso-

-¿Y todavía no a llegado la mejor parte?-

-De hecho creo que acabas de darme la mejor parte, pero puedes darme mas si quieres…
o quizás yo…- Comento y sonrío pícaramente. Acaba de compartir una broma de las
que comparten los amantes.

-Voy a pedirte que te quedes conmigo-

-¿Hummm?- Pregunto, y movió una pierna hacia el.

Noto que Yulia suspiraba, como i estuviese admitiendo una derrota –He decidido
rendirme, dejarme civilizar y a quedarme contigo-

Lena permaneció inmóvil unos instantes. Se sentía demasiado calida y bien para
asimilar aquello. -¿Qué has dicho?-

-He dicho que voy a acceder a que me enseñes etiqueta y todas esas idioteces que que
quiere mi padre, y también a quedarme contigo-

Lena levanto la cabeza para mirarlo -¿Pero que dices? ¿Vas a rendirte?-

-Si. Ya lo he decidido-

-¿Quedarte conmigo?- Se separo un poco más -¿Eso has decidido?-

Con una sonrisa, Yulia levanto la cabeza y le beso la nariz. -¿Te quedaras conmigo?-

Lena pestañeaba –¿Este es mi premio de consolación-


Yulia puso una mano bajo la cabeza y miro el techo –Se que mi padre te mando para
enseñarme etiqueta, y además eres una señorita y has puesto mucho empeño, y tienes
suficientes recursos, como para que mi padre te enviara, no solo como institutriz, sino
que también como pretendiente. Así que debo admitir mi derrota y quedarme contigo-

Lena guardo silencio. Si la hubiera conocido mejor, Yulia habría sabido que significaba
ese silencio.

-¿Lo vas a hacer?- dijo en voz baja -¿Vas a admitir tu derrota y quedarte con…
conmigo?-

-¿Te has enojado?- Pregunto Yulia sorprendida.

-Vaya que comentario mas brillante ¿Me he enojado? No, me he enfurecido- Replico
mientras recogía la blusa de los pies de la cama y se cubría con ella los senos –Estoy
colérica. Creo que no hay ninguna palabra que pueda describir lo que estoy sintiendo-
Dijo y se levanto de la cama con la piel de borrego en la mano.

-De que rayos hablas- Pregunto Yulia, apoyando un codo –Viniste aquí para…-

-¡Para que encontrar a alguien que te enseñara etiqueta!- Exclamo Lena y cerro la boca
de golpe.

-¿Qué hiciste que?- Yulia se había sentado y miraba pestañeando.

-Nada, no he dicho nada- Contesto Lena y empezó a vestirse sin dejar de ocultar su
cuerpo.

Yulia la observo con dureza -¿Por eso vino esa cacatúa y ese cabeza de músculo?
¿Pensaste que ellos lo conseguirían?-

-Entonces no te conocía y…- Su voz sonó llena de culpa incluso a ella misma. Lena
dejo de vestirse un momento y fue a replicar pero no le salieron las palabras.

-Así que ese es tu secreto- Prosiguió Yulia pero fin recostada de nuevo en la cama –
Sabia que había alguno, pero soy tan idiota que creí que eras tu. Y resulta que todos los
campesinos éramos algo para mantenerte ocupada, un entretenimiento. ¿Verdad? Así
pues ¿Cuál es la verdadera historia? ¿Qué poder tiene mi padre sobre ti?-

Lena siguió vistiéndose sin contestarla. Yulia volvió la cabeza y la fulmino con la
mirada. –Vamos no tengas vergüenza. No después de lo que acabamos de hacer. Tal vez
pueda ayudarte. Como has alejado a Sasha de mi y dudo que aceptes convertirte en su
sustituta, puede que me quede contigo ¿Pero que ganas tu con ello?-

Lena no quería mentir más. –Mi padre es muy amigo de tu padre, el me chantajeo-
Explico con rapidez –Tuve algunos problemas en Moscú, y el me dijo que si lograba lo
que me pedía me dejaría volver a mi vida normal-

-Comprendo de modo que te dijo que si lograbas que aceptara aprender etiqueta y
buenas costumbres, de dejaría seguir como hasta ese momento-

-Así es- Dijo mientras se abrochaba la falda. Todavía estaba enojada con su padre por
haberla puesto en esa situación.

-Ya veo-

-Espera un momento- Dijo Lena y levanto la cabeza para observarla, pero Yulia estaba
mirando el techo –Si todo este tiempo creías que me había enviado aquí para ser tu
institutriz y conquistarte, entonces creías que todo lo que hacia obedecía a ese
propósito- Observo el perfil de Yulia sin dejar de reflexionar –Todos los almuerzos, los
patines ¡Y Sasha! Debiste pensar que daba trabajo a Sasha para eliminar a la
competencia, por así decírselo- Cerro los puños y siguió -¡Eres despreciable! Eres como
todos ¿Por qué? ¿Por qué alguien te querría a ti a tu mal genio y a este lugar sumido en
la pobreza? ¿Tienes idea de lo que le ha costado a mi madre encontrar personas que
aceptaran siquiera visitar este sitio? No consigue que ninguna venga por que todos han
oído hablar de este lugar. Le la ascienda Volkova que da risa a la economía del país-

Yulia volvió la cabeza para mirarla y Lena nunca le había visto unos ojos tan fríos.

-Creo que ya has hablado bastante-

Pero Lena jamas dejaba a medias ninguna discusión –Pues no. Cuando pienso lo que
has estado pensando de mi todas estas semanas, que todo era para intentar atraparte…
¡Jamás habré hablado bastante!-

Yulia se sentó en la cama y las pieles resbalaron hasta la cintura dejando sus pechos
desnudos. Cuando hablo su voz sonó suave, tranquila incluso –Solo evitabas aburrirte
¿Verdad? ¿Qué crees que va a pasarles a los niños cuando te vayas? No volverán a
contentarse nunca con la vida que llevaban. Ya he oído a tres niños decir que cuando
tengan la edad se marcharan a la capital a buscar trabajo, para comprarse patines,
naranjas y bombones ¿Y que pasara con el negocio de las artesanías? ¿Crees que las
mujeres tienen bastante experiencia para entendérsela con los clientes? No, claro que
no. Creo Señorita Elena Katina, que tal vez has acabo con el pueblo con mas eficacia
que los derroches de mi madre y mi padre.-

Lena fue a contestar la acusación, pero en ese momento la puerta se abrió de golpe,
como si alguien la hubiese empujado. Ambos quedaron sorprendidos, a la espera de que
alguien esperara, pero nadie lo hizo.

La replica de Lena no llego a salirle de los labios –Creo que ahora ambas sabemos cual
e nuestra situación- Dijo con voz baja –Mañana por la mañana me iré a Moscú-

Yulia recogió su ropa y se comenzó a vestir antes de levantarse de la cama. Cerró la


puerta y se dirigió a la chimenea a contemplar las llamas. –Hemos dicho cosas de las
que tal vez nos arrepintamos- Como Lena no contesto prosiguió –Y creo que han
sucedido cosas que jamás deberían haber sucedido ¿estas de acuerdo?-

-Si- Asintió Lena con voz ronca- No había querido herirla ¿Por qué había dicho esas
cosas horribles del pueblo? Ese sitio no era tan malo. De hecho había acabado
gustándole por lo menos hasta los últimos días.

-Tu padre debe ser parecido al mío, y si no cumples, de seguro jamás podrás volver a tu
vida de antes. No voy a ir a la capital, tendrás que elegir entre vivir bajo su alero para
siempre o hacerlo aquí ¿Qué decides?-

-Quiero…- Empezó Lena, pero en realidad no sabia que quería.

Por una parte deseaba regresar a Moscú apoderarse lo que había construido. Pero por
otra quería ver si lograba sacara adelante al pueblo y a los niños-

-¿te cuesta decidirte?- Pregunto Yulia con impaciencia -¿Tanto te repugnamos? ¿O


acaso no soportas trabajar para alguien que es la hazme reír del país?-

Lena lamento haber dicho eso. Sus padres siempre le dijeron que pensara antes de
hablar, pero parecía incapaz de hacerlo. Y ya estaba dicho y no podía retirarlo.

La opciones de su vida incluyan volver a su trabajo en Moscú, sino vivir para siempre
bajo las ordenes de su padre o en el propio pueblo bajo la tutela de la ascienda Volkov-
-¿Qué decides te quedas? O ¿Te vas?-

-Me quedo- Afirmo y sintió alivio al pensarlo.

Por lo que vio la cara de Yulia no adopto expresión alguna y se pregunto si ella quería
que se fuera.

-Muy bien entonces quiero que salgamos de aquí. Ya abra bastantes habladurías tal
como están las cosas- Indico mientras se pasaba la camisa por la cabeza.

Lena pensó, que lo que debería haber sido la noche mas bonita de su vida, se había
convertido en la peor pesadilla

Contrato / Regaño / Que comience la conquista

3 semanas después

-Tu esposo no te ha contado completamente el contrato ¿No?- Dijo Ilya Volkova, la


hermana menor de Oleg.

-No, solo me ha dicho que es algo necesario- Miro el piso –Nunca me ha contado los
detalles-

-En ese caso, déjame explicarte, Inessa eres la madre de Lena, así que es de suma
importancia que cooperes- Tomo asiento en un cómodo sofá y señalo a su derecha –Esto
es digno de una historia de fantasías-

Inessa sonrío agradecida a la mujer, que se había convertido en una gran amiga desde
que Lena se había marchado a la Ascienda.
-Déjame ver las cartas de tu hija-

-Claro- Había recibido otras, por supuesto, pero eran cada vez mas frías y no contaban
nada d e lo que sucedía en la ascienda. La única información importante que Lena había
rebelado fue para pedir a su madre que dejara de enviar maestros para Yulia, ya que esta
no pretendía aprender nada.
Al final de la tercera semana Inessa había ido a ver a Ilya para pedirle concejo como las
veces anteriores.

-Algo va muy mal- Había dicho Ilya después de que Inessa le leyera la carta.

-Sergey esta pensando en hablar con Lena sobre el contrato, dice que Lena tiene que
saber lo que le espera. Que tiene que unirse a Yulia antes de cumplir los 18 años o…-

-No conoces a mi sobrina- Advirtió Ilya tras servirse un gran vaso de vodka –Yulia es
tan obstinada que entregaría todo, incluyendo esa casa horrenda y diría que se la puede
quedar el mismísimo lucifer-

-Se parece a Lena- Repuso Inessa con un suspiro –Si ella quisiera casarse tan joven, ya
lo habría hecho, pero no lo haría por que complacería a mucha gente. Todos los que
tratan con ella dice que necesita un novio con urgencia-

Luego de una larga charla, Ilya tuvo la idea de escribir a Sasha para averiguar todo lo
que pudiera –Conocí a su padre. Siempre estaba husmeando en los asuntos ajenos;
esperemos que su hija sea igual-

-Muy bien, pero- Inessa suspiro y se acomodo en la silla –Cuéntame de que se trata esa
dichoso contrato-

Ilya bebió el tercer vaso de vodka y empezó a relatar –Todo comenzó en la época
zarista- Volvió a beber –Nuestras familias estaban en la corte del Zar, por lo que le
debían respeto y lealtad. Por razones que desconocemos ambas familias comenzaron a
decaer económicamente. Entonces nuestros antepasados decidieron unir las familias, a
través de los primogénitos, así que el Zar redacto un contrato, que obligaba a que las
familias debían unirse por amor, en un plazo de generaciones, que termina ahora con las
niñas-

Antes que pudiera llevarse el quinto vaso de vodka a la boca, Inessa se lo quito y lo
bebió en un solo sorbo.

-Los Katin y los Volk aceptaron el contrato, pero lo fueron aplazando generación tras
generación, por que solo nacían hombres como primogénitos… Pero cuando nació Lena
hubo una esperanza, hasta que pocos meses después nació Yulia, y todo se desbarato
nuevamente-

-De nuevo ambos primogénitos del mismo sexo- Agrego Inessa.-Pero Yulia con el
tiempo mostró atracción por las mujeres, y volvió a haber una esperanza-

3 Días después
“Una pele a de enamoradas. Es el único modo que se me ocurre describirlo: Una pelea
estupida he infantil de enamorados. Nadie sabe que paso, pero todos sabemos como
empezó. Fue culpa de mi hermana y de Dimitri

Ambos niños decidieron hacer de cupido. Planearon poner a Yulia y a la Señorita en una
situación comprometida que tuviera como resultado una unión, pero como los niños no
sabian que hacer para lograr que ambas admitieran que estar enamoradas. Y digo
admitieran cosa que todo el pueblo cree.

Los que nos niños hicieron fue idea d e mi hermana Katya “investigaron” sobre el amor.

No tenia idea de que tales cosas ocurrieran en el pueblo. Pero por alguna razón las
mujeres del pueblo, pero por alguna razón las mujeres le contaron sus escabrosas
historias a la Señorita.”

-¿Y no sabia de que le hablaban?- Pregunto Inessa divertida. Ambas mujeres pensaron
en las cosas que habían hecho en su vida para atrapar a quien querían

-Hummm…- Murmuro Ilya y siguió leyendo la carta.

“Parece que los niños decidieron enviar una nota a Yulia y a la Señorita como si cada
una se necesitara con urgencia. Pero aunque las notas funcionaron, parece que algo salio
mal. Ambas entraron a la casa que los niños habían preparado, y salieron horas después.
Desde entonces no se han hablado salvo con monosílabos y eso solo cuando es
imprescindible”

Ilya dejo la carta en su regazo y se sirvió mas vodka –Creo que podemos suponer lo
ocurrido en esa casa durante esas horas-

-No- La contradijo Inessa –No conoces a mi hija. Su moral es tan elevada que
avergonzaría al mismo Papa. Es integra e infalible-

-Pero nunca se ha enfrentado a un Volk a la luz de la Luna- Indico Ilya muy seria.

Inessa detuvo el tenedor con un trocito de tarta a medio camino de la boca y recordó las
veces cuando era una adolescente y en las fiestas veía de lejos a Oleg –Puede que tengas
razón-

-Si- Confirmo Ilya –Solo alguien con quien te has acostado puede enojarte tanto-

Inessa asintió en ese punto.-Creo que mi hija en verdad siente algo por Yulia-

-Y no hay duda de que Yulia esta enamorada de ella-

-Pero no se pueden obligar- Agrego Inessa con voz apresurada

-Bueno, bueno… ya que las niñas no van a dar el primer paso por ellas mismas,
tendremos que poner manos a la obra- Dijo Ilya terminando su (No se que numero) vaso
de vodka –Iré al pueblo y hablare seriamente con Yulia, esa muchacha conoce el
contrato, y ayuda a arruinar las cosas- Se paro y se dirigió al teléfono y comenzó a
marcar números.

-Ilya podría llevarle algunas cosas a Lena- Pregunto Inessa bebiendo de su tasa un
delicado té rojo.

-Por supuesto querida… Bueno ¿Boris? Prepara el automóvil, necesito ira a la ascienda-
Jugaba con un pañuelo que le sobresalía del bolsillo de su vestido –Hoy mismo,
partiremos en tres horas, muy bien-

La llegada de Ilya Volkova al pueblo era un secreto, solo Yulia fue informada por una
nota, anunciando su llegada, y ordenándole estar en el hotel de la ciudad mas cercana a
primera hora de la mañana.

-Buenos días Tía Ilya- Saludo la morena, con un dejo de miedo.-¿Que tal tu viaje?-
agrego tendiéndole una mano.

-¡Horrible!, odio viajar- Respondió secamente dejándola con la mano extendida –No es
posible que tenga que venir, para arreglar tus problemas-

-De que hablas tía- Yulia no pudo evitar levantar un ceja y mirarla.

-Sabes muy bien por que Yulia, no te hagas la inocente, ese contrato se debe cumplir en
dos semanas y tu acabaste con cualquier avance que hubieras hecho con Elena- Regaño
la mujer, sentándose en una silla detrás de la morena.

-Entonces ¿Si es ella? Ella es la hija de los Katin-

-Elena… Katina ¡Maldición!- Yulia se tomo la cabeza y empezó a caminar de un lado a


otro.

-No te habías fijado que su apellido era Katina- Dijo Ilya mirándola con enojo y burla.

-¿Qué voy a hacer? No quiere verme y quedan solo dos semanas- Se sentó en un sofá
cercano, sin antes quitarle el vaso de vodka que su tía estaba apunto de llevar a su boca
y bebérselo de un solo sorbo.

-Reconquístala- Dijo Ilya sirviéndose en otro vaso una buena cantidad de licor.

-Bromeas, esa mujer es una mula- Miro un punto fijo en la nada –No puedo hacerlo-

-No fue una sugerencia Yulia, fue una orden- Dijo la mujer por sobre el borde del vaso
–Conoces el contrato, y que debe cumplirse, además Yulia No vas a negarme que te
gusta, Elena es una muchachita encantadora, y muy bella-

-Es cierto, es hermosa, y con esos ojos tan…- La morena se sonrojo cuando noto la
mirada traviesa de su tía. –Y ¿Si no puedo hacerlo?-

-Lo harás- sonrío –Tienes que hacerlo. Tu también la quieres contigo, ahora no es solo
por el contrato-

-Muy bien ¿Qué debo hacer?- Pregunto Yulia mirándola ansiosa y nerviosa. –Ya se,
debo disculparme-

-¡Al fin piensas!- Bebió mas Vodka –Estaré unos días si necesitas ayuda-

EL camino de regreso a la ascienda, Fue terrible para Yulia, como se le iba a acercar a
Lena, era terca, seria difícil, pero debía hacerlo, por el bien de todos. “Ese **** contrato
no podría haber sido solo casarse, no tenia que ser amor” Aunque ella sentía algo por
Lena, la quería, no le gustaría verla en brazos de otra persona. Ese pequeño lapso de
tiempo sin hablarle y más aun después de haberle hecho el amor, había sido demasiado
duro.

Esas noches, caminaba por los pasillos de la casa y llegaba al cuarto de Lena, donde
muchas veces se quedo mirándola por varios minutos velando su sueño;
Definitivamente quería a Lena en su vida… Tenia que reconquistarla, después le
enseñaría a respetarla, aunque le costara días y días enteros en la cama.

-Sasha ¿Dónde esta Lena?- Pregunto al ver a la joven en el salón.

-En la cocina, discute con Vika- La joven le sonrío –Vino tu tía, no es cierto, a ponerte
los puntos sobre las ies- agrego en tono de burla, ella al igual que algunos del pueblo
recordaba como su tía le imponía disciplina cuando vivía en la ascienda.

-No es tu asunto- Regaño la morena –Ve a hacer artesanías, gana dinero-

Atravesó rápidamente la casa y se dirigió a la cocina, apenas hubo llegado escucho los
reclamos de Lena, y la observo “Hermosa… pero terca como mula” –Necesitamos
hablar Señorita Katina- Dijo llamando su atención- Vamos al despacho-

Una sobresaltada Lena puso los brazos en forma de jarra girándose interrogante -¿Creí
que lo habías dicho todo aquella noche?-

“Demonios por que no puede solo obedecer” –Solo ven, te espero- Giro sobre sus
talones y se marcho.

Lena pestañeo varias veces antes de notar que ya iba por el pasillo camino al despacho
“Que le pasa, hace unos días no quería ni verme y ahora quiere hablarme” Aunque no la
había visto en algunos días, cuando la vio en el dintel de la puerta el corazón comenzó a
latirle muy rápido, y el recuerdo de la noche ene la cabaña la invadió.

Cuando llego al despacho, Yulia la estaba esperando junto al escritorio, con las manos
cruzadas detrás de la espalda y mirando por la ventana. El ruido de la puerta al cerrarse
la saco de sus pensamientos. –Quiero disculparme, fui muy ruda contigo- Dijo sin
voltearse.
-¿Qué?- Dijo una atónita Lena.

-Que me disculpo- Repitió.

-¿Estas bebida?- Fue la respuesta de Lena. No podía creer que Yulia la salvaje y
orgullosa mujer que conocía le estuviera pidiendo disculpas -¿Es enserio?-

Yulia giro y la miro fijamente a los ojos -¿Me vas a disculpas? ¿Si o no?-

Lena no emitía ninguna palabra, solo le sostenía la mirada. Pero Yulia comenzaba a
desesperarse “Di algo **** sea” sus manos comenzaron a temblar, se estaba irritando
pero no quería arruinarlo -¿Vas a decir algo o esperas que me arrodille?- soltó por fin.

-¿Entonces es enserio?- Insistió Lena.

-¡Maldición! Quieres que te lo dibuje- Lena lo había conseguido, la había sacado de sus
casillas –O quieres que te cante-

-Podrías ser mas amable- Inquirió la pelirroja

-Eres desesperante- Agrego la morena sentándose en la silla detrás del escritorio.

-Y tu eres irritante Volkova, no se como pude… Bueno tu sabes esa noche- Dijo
sonrojándose

-¿Cómo pudiste tener sexo conmigo?-

-Podrías decirlo mas alto, quizás Katya no te escucho- espeto con sarcasmo Lena
sentándose en la silla frente al escritorio.

-No creo que le impacte, tuve sexo con su hermana mayor- Cruzo los brazos sobre su
regazo –Recuerdo una vez que entro al cuarto cuando estábamos…-

-Ahórrate los detalles- La interrumpió la pelirroja –Comprendo que Katya no se


impactaría… de todas formas gracias por disculparte, también debo hacerlo, fui muy
grosera y dije cosas que no debía- Bajo la mirada, se empezaba a sentir incomoda.

Cuando levanto la vista, Yulia estaba a su lado, mirándola intensamente, pudo verse a si
misma reflejada en esos hermosos ojos azules. Algo en su interior le daba una alarma,
debía moverse, pero se quedo inmóvil, paralizada por la sensación que se apodero de
ella. Yulia la beso con el ardor que ella recordaba, en toda la boca, ávidamente con un
deseo tan intenso que ella no pudo resistirse.

Esa sensación tan placentera que la invadió la noche que estuvieron juntas volvió a
dominarla. La cabeza oscura de Yulia se movía sobre la de Lena que permanecía,
tentándola profunda y ardorosamente. Lena tuvo la sensación de que todo su cuerpo
ardía en llamas. Anhelo estar con ella sin el obstáculo de la ropa. Le metió las manos
por debajo de la camisa, la tela estaba caliente y desprendía un aroma exquisito. El
aroma de Yulia era la fragancia mas atractiva que ella conocía. Alterada y excitada,
despego los labios de los suyos, se levanto y hundió el rostro en su cuello y empezó a
respirar entrecortadamente y se abrazo a su cintura.

-Lena- Musito Yulia. Parecía tan turbada como ella –Dios mío…- La pelirroja noto que
ponía la mano en su nuca y apretaba con suavidad. Le hecho la cabeza hacia atrás y la
beso una vez mas. A Lena no le basto con dejar que explorara su boca; ella también
quería saborearle e introdujo su lengua en la boca de Yulia, ardiente y con sabor a
tabaco. Quería mas… mucho mas. Gimiendo, se aferro más a la morena.

Yulia con cuidado la guío a un sillón roído que estaba en el despacho y la sentó en su
regazo, rodeándola con un brazo, mientras continuaba devorando su boca en deliciosas
acometidas.

Sin poder resistirse a tocarla, Lena tiro frenéticamente de la camisa hasta sacársela por
sobre los brazos. Le hundió la mano temblorosa en el pelo y la desplazo hasta su nuca.
Los músculos de Yulia se crisparon al notar la mano de Lena. La nuca s ele puso dura
como una piedra y gimió en la boca de La ojiverde.

Interrumpiendo el beso, Yulia se inclino sobre ella, acariciándole con la nariz la suave
piel del cuello, hallando los puntos más sensibles. Lena noto su lengua en la piel y el
placer la hizo retorcerse y temblar en el regazo de la morena. Yulia demoro en el cuello,
donde el pulso le latía frenéticamente.

Lena llevaba la blusa desarreglada casi hasta los codos y los tirantes del sujetador
caídos. Al darse cuenta recobro el sentido con un murmullo de alarma, tapándose con el
brazo los pechos.

-Por favor- Lena se notaba los labios inflamados e hinchados y le costaba hablar –No
debería… hay que parar-

La morena no dio muestras de haberla oído, le mordisqueo y lamió el borde de la


clavícula, suavemente hacia el valle que se abría entre sus senos. Cerrando los ojos
desesperada, Lena reprimió una protesta cuando noto que La morena tiraba del sostén,
rasgándolo con sus manos. Le diría que parara enseguida, pero el momento era de una
dulzura insoportable, y ni la vergüenza ni el honor podían influirla.

Lena suspiro cuando sus pechos se liberaron de su atadura. Los pezones se le erizaron
con la caricia de la brisa. Yulia ahuecando su mano, la coloco tiernamente sobre el
suave montículo, pasando el pulgar por la cima, cada vez mas dura. Lena mantuvo los
ojos cerrados, incapaz de creer lo que estaba sucediendo. Noto el roce de su boca,
besándole alrededor del sensible pezón, dando rodeos y tentándola, pero evitando el
centro, hasta que ella se pudo a gemir y se arqueo para metérselo en la boca. Yulia lo
rodeo con los labios, tirando, acariciando con la lengua la punta dolorida con una
habilidad exquisita.

Retorciéndose, Lena le abrazo la cabeza mientras una corriente erótica le recorría todos
los puntos sensibles del cuerpo. Respiraba en extraños sollozos, notando los pulmones
aprisionados por la blusa que aun llevaba puesta. Tuvo la sensación de que la ropa la
agobiaba. Ansiaba notar la piel de Yulia junto a la suya. Quería su sabor, quería… La
razón volvió a su cabeza. Deseaba estar con Yulia, su cuerpo la reclamaba, quería
sentirla, pero no quería ser solo eso.
Quería que Yulia la quisiera, la amara, no que la deseara…No quería ocupar el lugar de
Sasha como amante, quería ser mucho mas que eso.

Yulia- le susurro al oído- Para por favor, por favor- La morena volvió a tocarle el pecho,
cubriéndolo y apretándolo suavemente y ella noto el roce de su palma. La beso
furiosamente en sus labios hasta dejárselos suaves, húmedos y entregados y luego la
miro para susúrrale a su oído y aunque su voz era dulce, sus palabras eran feroces- Eres
mía y nada ni nadie te apartara jamás de mi-

Cualquiera que conociera a Yulia y supiera lo que es capaz de hacer se habría alarmado.
Lena se puso rígida. No solo le aterraba que la considerara suya, si no el placer que
había sentido al oírla. Lena intento bajarse de su regazo con tanto ímpetu que Yulia se
vio obligada a soltarla. Cuando apoyo los pies en el suelo, le costo mantenerse en
equilibrio.

Para su sorpresa, las piernas le temblaban tanto que podría haberse caído si Yulia no se
hubiera levantado y la hubiera sujetado por la cintura. Ruborizándose violentamente,
Lena se arreglo la blusa, ocultando la carne desnuda.

-Sospechaba que esto podría ocurrir- dijo esforzando por recobrar la compostura-
Conociendo tu reputación con las mujeres, no voy a ser tu nueva calienta camas-

-No quiero que seas mi calienta cama- dijo Yulia con voz pastosa- Quiero que seas mas
que eso.-

Lena la miro- Para que me quieres entonces- cruzo los brazos- ¿Para que te ayude con
los corderos?-

-No- dijo con desden- Te quiero a mi lado, conmigo.-

-No es cierto-le rebatió Lena, el corazón le latía con tanta fuerza que apenas la dejaba
hablar- No niego que eres hermosa y me atraes y creo que también te atraigo ¿pero
acaso me amas?-

-No lo se- dijo Yulia adoptando un tono mas ronco- Pero quiero mas que tenerte en mi
cama, quiero…-

-No digas nada- le suplico Lena, cerrando los ojos- Nos hemos vuelto locas las dos.
Deja que me vaya antes de que hagas imposible mi estancia en este lugar- aunque Lena
no esperaba que sus palabras le afectaran, aparentemente lo hicieron y mucho. Hubo un
silencio largo y tenso. Poco a poco Yulia fue apretándole la cintura hasta soltarla.

-No hay motivo para que te vayas-dijo la morena- El pueblo te necesita llevaremos esto
como tu decidas.-

Lena se tranquilizo y hablo con mas normalidad- Quiero olvidar esto y lo que paso en la
cabaña como si no hubiera pasado jamás.-
-Esta bien- dijo Yulia de inmediato aunque su mirada era de evidente cinismo- Tu pones

las reglas- se alejo unos pasos y volvió su mirada a la ventana- Pero yo no me olvidare,
tus gemidos se han grabado en mi mente con fuego-

Por la forma en que Yulia había tensado la mandíbula Lena supo que estaba apretando
los dientes - Puedes volver a tus labores.-

Lena se ruborizo- Con tu permiso- cuando estaba girando el viejo pomo de la puerta

-¿En Moscu te espera alguien que te haga sentir como yo?- noto que Yulia no levanto la
voz pero si había cierto sarcasmo - OH cierto cuando te tuve eras virgen-

Lena se ruborizo-No tienes derechos ha hacerme esos comentarios.-

-¿No fui yo quien te toco y te sintió?- dijo Yulia con fuerza pero sin girarse a mirarla-
¿No fue conmigo con quien te retorciste de placer?-

Sus palabras la encolerizaron. Lena no le había pegado a nadie en su vida, pero su mano
actúo por iniciativa propia. Como si estuviera fuera de la escena vio el destello de su
mano cuando al abofeteo. El golpe fue de una suavidad ridícula, insignificante salvo por
su valor simbólico- Deberías aprender que estar con alguien no es solo hacerlo gemir
Volkova.-

Yulia no se inmuto. De hecho Lena vio la satisfacción con que la miraba y supo, presa
de la desesperación que acababa de darle la razón. Se alejo del lugar tan deprisa como
pudo.

Al cabo de un rato Yulia regreso al campo esforzándose por parecer serena. Al fin sabia
lo que sentía. Se había enamorado de ella. Todos los sueños, esperanza y ambiciones de
su vida no eran más que una diminuta llama en comparación de la gran hoguera que
Lena había encendido en ella. Le atemorizaba que tuviera tanto poder sobre ella. Yulia
jamás había deseado amar a alguien, no le tranquilizaba ni hacia feliz, solo le hacia

Dolorosamente conciente de que tenia los días contados para cumplir un contrato
ilógico, que la uniría a ella ¿pero querría Lena hacerlo valido? Pensar en tenerla casi la
puso de rodillas. Busco furiosamente la forma de atraerla… Pero Lena no era una mujer
común no podía llegar con flores y un anillo. Seguramente se lo lanzaría por la cabeza.
Aunque estaba segura que Lena le correspondía, su cuerpo no podía mentirle, y sus ojos
no lo negaban.

-Maldición ¿no podía ser una mujer convencional?- murmuro. Pero se retracto
inmediatamente si fuera convencional no se habría enamorado de ella
Trampa /¿Por que me haces esto?/ No puedo

Durante los dos días siguientes, Yulia apenas se dejo ver en la casa, y Lena se dio
cuenta de que estaba deliberadamente poniendo distancia entre ellas.

Quizás comprendió el mensaje de no seguir con cualquier cosa que tuvieran. Pero había
sido tan excitante, tan deliciosamente placentero “Vuelve a lo tuyo Lena… Vuelve a lo
tuyo” Se decía una y otra vez cada vez que Yulia volvía a su mente.

-Buenos días- La interrumpió una voz desconocida –Tu debes ser Elena-

La pelirroja se giro, y de tras de ella, se encontraba una elegante mujer vestida con un
traje negro de corte francés, una hermosa cabellera rubia y unos hermosos ojos azules.

-Buenos días- Respondió Lena sin dejar de mirarla.

-Soy Ilya Volkova, hermana de Oleg Volkov y tía de Yulia- Extendió la mano –Y una
gran amiga de Inessa-

-Bienvenida, gusta beber algo- dijo Lena alegre, ver a alguien, que no fuera un
campesino, la alegro. –O tal vez algo de comer-

-No es necesario gracias- Sonrío cariñosamente –Eres mas hermosa de lo que me dijo tu
madre, por cierto ¿Donde esta Yulia?-

“Yulia” se sonrojo, escuchar tan siquiera su nombre la hacia recordar las caricias de la
morena en su cuerpo. –Ella debe estar en las montañas, siempre esta allí-

La mujer noto un dejo interesante en Lena cuando escucho el nombre de Yulia –Sabes
no recordaba este lugar tan limpio, eres muy buena en tu trabajo-

-Gracias Señora- Sonrío amistosamente –Insisto en traerle algo-

-Esta bien- Ilya soltó una risilla –Vodka, un vodka me vendría bien-

-Muy bien, enseguida se lo traigo- inquirió Lena alejándose en dirección a la cocina.

-Niña trae la botella, yo misma me serviré- Dijo la mujer acomodándose en el sofá.

-Ni lo pienses tía, no quiero borrachas en mi casa- Dijo la voz de Yulia desde el pasillo,
donde su figura venia apareciendo –Elena no le traigas nada a esta Señora, de lo
contrario no alcanzara a decir todo lo que vino a decir-

-Siempre tan seria Yulia- Regaño la rubia –Un vasito no me hará nada-

-Solo di lo que tienes que decir y vete-

-Muy bien- Se volvió se acomodar, en el sofá –Elena ven siéntate aquí, esto te compete
a ti también-

Dudosa Lena se sentó a la mujer, miro a Yulia, quien tenía una cara de funeral, pero
supuso que era por la presencia de esa mujer. Pero tenerla, allí le causo un escalofrío,
pero no placentero, sino como si algo malo fuese a pasar.
-Muy bien, Yulia tu ya sabes a que vine, pero necesitamos la ayuda de Lena- Sonrío
amistosamente –Yulia va a casarse en 10 días y quiero que tu, Elena, prepares la boda-

-¡¿Qué?! Casarse- Automáticamente Lena se levanto y miro a Yulia quien simplemente


estaba cabizbaja –Yulia por favor di algo… ¿Cómo es eso que te vas a casar?
Respóndeme Yulia-

La morena no emitía palabra alguna, solo se limitaba a mirar el piso.

-Si Elena, esta decidido, se casara con una hermosa chica- La miro directamente –Con
su antigua novia- Agrego con una sonrisa.

“Va a casarse” “Con su antigua novia” cada palabra se repetía una y otra vez en la
cabeza de Lena. Como era posible que solo hace dos días Yulia le hubiera asegurado
que la quería en su vida, que no la podría olvidar y ahora pretendía casarse con otra.
Acaso solo dijo eso para tenerla en la cama una vez mas… -Yulia ¿Es cierto?- Pregunto
con un hilo de voz. Los tres minutos que Lena tardo en contestar fueron infinitos, El
corazón de Lea latía a mil por hora, su respiración era agitada, y sentía que sudaba frío,
una sensación de vacío en su estomago, y una sensación de nauseas invadió su garganta.

-Es tal como dice Lena… Voy a casarme- Murmuro Yulia sin levantar la vista del suelo
–En 10 días estaré casada-

-Estoy segura que será maravilloso- Interrumpió Ilya –Será un acontecimiento


memorable-

-¿Cómo se llama? ¿La amas?- Dijo secamente Lena, sin prestar atención a los
comentarios de Ilya, y mirando la silueta de Yulia.

-Anastacia- Dijo Ilya parándose hasta Yulia y tocando su hombro, para sacarla de su
ensimismamiento –Recuerdas Yulia, iban juntas a buscar nidos de pájaros, hacían tan
bonita pareja-

Lena se dio la vuelta, y se fue en dirección a la planta alta de la casa, a su cuarto. Su


mente estaba choqueada. Pensaba que Yulia la quería, pero ahora iba a casarse con otra.
Volvieron las nauseas de hace un rato, “Anastacia” y su vista se comenzó a nublar, eran
lagrimas, pero no las derramaría, por alguien como Yulia…

Lena cerró la puerta tras ella, echo la cabeza hacia atrás y cerró los ojos un momento.
Quería llorar, gritar su fuese necesario… Se había enamorado de Yulia… que tarde lo
había notado… Se maldijo, debía haber dejado que Yulia le hiciera el amor en el
despacho, y en sus propios gemidos de pasión, haberle dicho que la amaba “Que idiota,
**** sea, que idiota Lena” Se arrodillo y abrazo sus rodillas.

-Yulia…- fue el único murmullo que salio de sus labios, antes de que una solitaria
lagrima rodara por su mejilla acompañada de un suspiro tan profundo que la exhalación
del aire se llevo consigo todo ápice de ilusiones que pudo haberse hecho en algún
momento, y cualquier buen recuerdo de sus ardorosos encuentros con la morena, le
ardían en la piel -Que imbecil- Dijo al fin en un sollozo que dio paso a que infinitas
lagrimas nacieran en sus ojos, recorrieran sus mejillas y murieran tristemente en la tela
que cubría sus brazos.

Jamás pensó llorar con tal amargura por alguien, jamás pensó que alguien pudiera hacer
que sentir tanto dolor, Por primera vez comprendió lo que muchas chicas le contaban
sobre penas de amor, engaños y traiciones. Dolía, dolía mucho, sentía que le arrancaban
el corazón en cada sollozo.

Volvería a Moscú, prefería vivir bajo el alero de su padre, aunque controlara su vida, a
ver a Yulia amar a otra, no lo soportaría. Quería irse de inmediato, y lo haría, se levanto
y se dirigió al armario, de allí saco su maleta y comenzó a meter en ella su ropa.
Primero fue calmada y con tranquilidad, pero mientras mas ropa ponía, mas
bruscamente lo hacia, sentía rabia hacia Yulia, hacia ella misma, y se estaba
desquitando con la ropa. Cuando cogió la falda que ocupaba el día que hizo el amor con
Yulia, la abrazo, la olio… Recordó todo nuevamente y las lagrimas volvieron a aflorar.
Se acerco y se tumbo en la cama abrazada la prenda, lloro amargamente, hasta que se
durmió… Sus ojos estaban secos, al igual que su corazón… El dolor había absorbido
todo el delicioso líquido calido que inundaba su cuerpo cuando Yulia estaba cerca…
Todo se había secado…

En el salón Ilya bebía nerviosa, la idea de traer a Anastacia no era buena; Esa chica solo
se movía por dinero, y Yulia lo sabia muy bien.

Anastacia había tratado de engatusar a la morena cuando eran niñas, y lo habría logrado
de no ser por que su abuela, la envío a estudiar fuera del país, claro con una buena
comisión por dejar su nieta.

-¿No podrías contratar a una actriz?- Dijo bebiendo un sexto vaso de vodka –La viste,
¡Dios mío! Fue horrible, viste su mirada, parecía muerta-

-Lose crees que no lo note- Yulia se puso una mano en la cara cubriendo su rostro
completamente y suspiro –Debe ser lo mas real posible, Lena es muy inteligente si
traigo una actriz sabrá de inmediato que esto es una mentira, necesito tiempo-

-Yulia, solo dile que la quieres, mira como se puso, ella te ama, se que te corresponderá-

-No lose tía, después de esto dudo que me corresponda tan fácilmente, además esa
mujer es tan terca, podría ponerme con un ramo de flores, chocolates, mi corazón en un
bandeja y ella no aceptaría que me quiere- Sonrío –Tu lo dijiste, su madre dijo que la
única forma en que Lena hace las cosas es que le digan lo contrario a lo que debe hacer-

-Pero Yulia esto no es una cosa, esta en juego el futuro de ambas familias, y sobre todo
su futuro como pareja- Dijo Ilya acercándose a La morena y tomando su hombro –No
juegues con fuego hija, te puedes quemar-

-Lose, solo quiero que pasen estos 10 días para tenerla en mis brazos y decirle cuanto la
amo- Dijo Yulia con la mirada perdida, añorando el momento en que eso ocurriera.
Levanto la mirada y agrego –Necesito un favor, sigue presionándola con lo del
matrimonio y cuando llegue Anastacia que trate directamente con ella-
-Creo que te estas pasando Yulia, eso es demasiado- Dijo Ilya bebiendo el ultimo trago
de su vaso

-Se que lo es, pero por Lena puedo llegar a cualquier extremo- Le quito el vaso –Ahora
te necesito sobria, ve a por ella-

Ilya le quito el vaso de la mano, lo sirvió nuevamente y se lo bebió antes que Yulia se lo
pudiera quitar –Lo necesitaba para el valor, tu sabes-

Cuatro días después Anastacia llego al pueblo, Era hermosa, su cabeza estaba adornada
de un hermosa cabello castaño, una boca como la de una niña y unos hermosos ojos
pardos, acompañados de un piel pálida y delicada. Sin duda una belleza rural.

-Buenos días- Saludo Lena desde la puerta. Los días pasados se trato de auto convencer
de ser fuerte; había evitado a Yulia y recibido la presión de Ilya para organizar la boda,
hasta que había cedido de muy mala gana.

Había evitado hablar mas de lo necesario, solo con Sasha se había explayado. Pero
tampoco profundamente, ya que la joven no podía evitar mirarla con compasión, algo
que hacia sentir peor a la pelirroja.

En toda su vida jamás había sentido una mirada compasiva hacia ella; siempre era quien
miraba de esa manera a los demás. Se sentía débil, vulnerable incluso, pero solo unos
días y se iría a Moscú, allí podría olvidar, o por lo menos intentarlo.

-Podemos hablar Lena- Pregunto Sasha tocando su hombro –Por favor-

Lena la miro, allí estaba esa mirada de nuevo, esa mísera mirada a su persona –Por
supuesto-

-No puedes Lena- Dijo Sasha –No me gusta verte así, no eres ni la quinta parte de lo
que eres normalmente, tu amas a Yulia, ¡¡debes hacer algo!!-

Lena bajo la mirada, ella misma había pensado tomar a Yulia y decirle todo lo que
sentía, proponerle que se fuera con ella, pero no podía algo se lo impedía.-Lo siento, no
puedo- Su puño estaba en blanco y temblaba por la fuerza que estaba haciendo
apretándolo con fuerza y rabia. –No puedo- Susurro –No puedo-

La impotencia, la sobrepaso, abrazo a Sasha y comenzó a llorar, como el día que supo
del matrimonio de Yulia. Su amiga la consoló, acariciando levemente sus cabellos.
Angustia… - No puedo, te juro que no puedo- Susurro entre sollozos abrazándose a
Sasha –No puedo más, Sasha no puedo mas… Maldición- La última palabra se ahogo
en un sollozo, que ahogo su garganta.

-Si puedes Lena, ella también te ama- La animo la joven –Se que es así, solo dile Lena,
dile Lena por favor-

De la nada un sentimiento audaz y valiente afloro, quizás una reacción ante la inminente
perdida de Yulia. Se separo de Sasha y seco sus lagrimas -¿Dónde esta?- Dijo tratando
de sonar firme. Quizás no lograría nada, pero necesitaba sacar todo lo que retenía,
necesitaba hablar con Yulia.

-En la colina-

-Deséame suerte- pidió finalmente a su amiga y se marcho en dirección a la colina,


donde seguramente Yulia estaría recostada en la hierba, como solía hacer a esa hora.

Cuando llego a la colina, Yulia estaba recostada bajo un gran árbol, ocupando sus
brazos de cojín, Su rostro siempre firme, ahora estaba con ojeras, y rastros de mal
dormir. Lena se acerco con cautela, la cobardía le estaba ganando, quería hablarle, pero
temía su reacción.

-Acércate Lena, tus pasos son inconfundibles, aún caminas como una señorita de
ciudad- se sentó y recostó su espalda en el tronco del árbol –Ven siéntate, no creo que
hallas venido hasta aquí a pasear-

Lena se acerco lentamente, las lagrimas comenzaron a nublar sus ojos, corrió hasta
Yulia, y se lanzo a sus brazos, allí lloro

-¿Qué pasa?- Pregunto Yulia con Lena en sus brazos –No estarás llorando ¿Verdad?-

-Si- Balbuceo –Estoy llorando-

-No será por que te viste en un espejo verdad- Sonrío –A mi me gustas tal y como estas-

-¡NO!- Exclamo y se aparto –Es tu culpa, todo es tu culpa- Yulia se estaba burlando.
Entonces rompió a llorar más fuerte. No sollozos, sino que con dolor y sin tapujos.

Yulia la copio de la mano y se levanto, la guío hasta un pequeño riachuelo, donde junto
a un árbol muy frondoso la sentó. Saco un pañuelo de su pantalón y lo mojo en agua y
empezó a limpiarle la cara. Como Lena seguía llorando, se sentó a su lado y la pelirroja
acostó la cabeza en su hombro. La consoló así un rato y cuando se calmo, le levanto la
cabeza para que la mirara –Cuéntame que paso- Pidió en voz baja.

-Tú… vas a casarte- Dijo y sollozo, Yulia recogió agua con la mano y la acerco a su
boca para que Lena bebiera. La pelirroja rodeo su mano con las suyas y sorbió el agua.
Luego se incorporo para quedar bien sentada y con el pañuelo de Yulia se seco los ojos.
-No quería que pasara esto- Aclaro –No suelo desmoronarme-

-No te preocupes, lo mantendremos en secreto- Y le guiño un ojo.

Lena se sonrojo levemente, pero recordó que aunque Yulia jugueteara, iba a casarse en
menos de una semana. -¿Por qué no me dijiste que ibas a casarte?-

-No lo se- Respondió la pelinegra sin apartarse de su mirada.


-Como que no sabes- Repuso Lena con brusquedad –Lo siento, es que…-

-Yo tampoco lo sabia, mi tía me lo comunico un día antes que a ti-

-Pero… Tú nunca has obedecido, por que ahora, yo creí que…- Se detuvo y bajo la
mirada.

-Quiero…- Dijo Yulia, sujetando el mentón de Lena –Lena…- Se acercaba lentamente a


su rostro, pero a pocos centímetros, de besarla, cambio la dirección y beso su frente.

Lena había cerrado los ojos esperando un calido beso de Yulia, pero cunado sintió sus
labios en su frente, una fuerte punzada azoto su pecho –En Moscú no soy indispensable,
recibí un articulo de un amigo. Ya hay alguien ocupando mi lugar y se encargara de
todo-

Yulia no dijo nada. Lena se aparto a mirarla. Estaba tensa y contemplaba un punto fijo.
La pelirroja esperaba que le dijera algo, pero no iba a suplicarle que le pidiera que se
quedara, y su orgullo le impedía rogarle que suspendiera el matrimonio y que se
quedara con ella.

Siguieron sentadas en silencio. Lena observaba el pañuelo mojado que tenia en las
manos y Yulia tenia la mirada fija en ninguna parte

-¿Qué estar haciendo Anastacia ahora?- Pregunto la morena al fin.

A Lena le empezó a palpitar la cabeza ¿Iría Yulia a buscar a Anastacia para decirle que
se cancelaba la boda, por que admitiría que estaba locamente enamorada de ella? Era lo
que quería, que Yulia la amara.

Trato de relajar el ambiente –Me parece que esta terminando de desempacar- Contesto
con una triste sonrisa.

Pero Yulia no sonrío, solo asintió. Lena tardo un instante en percatarse de que a pesar de
lo que estaban compartiendo, estaban en mundos distintos. Ella luchaba por no abrazarla
y besarla, le insinuaba que si le pedía que se quedara lo haría. Peor lo único que Yulia
tenía en la cabeza era a Anastacia.

-Lamento haberte molestado- Comento con frialdad y se levanto despacio.

-Lena yo…- Dijo ella elevando los ojos hacia Lena.

-¿Si? ¿Tienes algo que decirme?- Dijo colocando un mechón detrás de la oreja y
mirándola.

-Solo que… No, no puedo todavía no-

-Comprendo- Dijo Lena, peor mentía. No comprendía nada –Me quedare hasta después
de tu… boda- Procuro hablar como si no pasara nada –Después me iré a Moscú-

Yulia la miro, pero no le volvió a hablar, así que ella inicio el camino montaña abajo.
Cuando se hubo marchado, Yulia se golpeo la mano con el puño. Lo que acababa de
hacer le había resultado casi imposible, pero tenía que hacerlo. Conocía a Anastacia, lo
bastante bien como para saber que había vuelto por alguna razón, y lo sabia, buscaba las
cosas que había escondido su madre.

Si Yulia hacia cualquier cosa que hiciera pensar a Anastacia que esas cosas no caerían
en sus manos, dejaría de buscarlas y eso arruinaría sus planes.

Quería matar tres pájaros de un tiro, tener el dinero suficiente para darle a Lena la vida
que se merecía, cumplir el dichoso contrato y tener a la mujer que amaba consigo.
-6 días amor- Dijo –Dame solo 6 días

Final/Tesoro/ ¿Boda?

La mañana de la boda, Lena estaba enferma, no sabia porque…mentira, lo sabia. Estaba


enamorada de Yulia.

-Empecé bien- Contó a Sasha mientras llevaban las flores al salón- tenia buenas
intenciones quería hacer algo bueno por el pueblo, pero en algún momento todo se
desvío…Oh, póngalo ahí encima- Ordeno a unos de los floristas- Pero todo se arruino,
me iré mañana temprano-

-Lena, no lo hagas-

-No, Yulia eligió su camino, y es tiempo de que yo elija el mío, pero lejos de ella-dijo
Lena, sintió el impulso de seguir hablando y de hacerlo hasta que no le quedaran
palabras.

Toda su vida se había enorgullecido de saber que hacer ante cualquier problema. Su
madre solía decir que Lena y su padre jamás habían tenido un instante de indecisión en
su vida.
“Debe ser maravilloso saber que hacer en cualquier situación” repetía Inessa en muchas
ocasiones “Pero a diferencia de ustedes, no consigo si quiera decidir que vestido
ponerme por la mañana y menos que voy a hacer con mi vida”.

Lena era como su padre siempre había tenido objetivos a un año vistos e incluso cinco o
diez y, aun más importante, se ceñía a ellos. Pero ahora el breve tiempo que había
pasado en la ascienda y con Yulia, habían movido sus cimientos. Por primera vez en su
vida no sabia, que hacer en ninguna situación.

Por una parte, quería que Yulia actuara como una heroína de novela y se la llevara lejos.

Quería que le declarara su amor eterno y le rogase que se quedara para siempre con ella
y se convirtiera en su esposa. Se imaginaba viviendo en esa gran casa y formando una
familia. Pero, por otra parte quería huir de ese sitio y no volver nunca. Recordó como se
sentía en Moscú, siempre segura de todo, con un objetivo fijo.

Los días anteriores Lena trato de hablar con Anastasia. Habían empezado a llegar
familiares de Yulia y había sido tarea suya recibirlos. Se había disculpado por las
condiciones de la casa, pero se habían reído de ella. Todos conocían la situación
financiera de ese lugar.

Cuando trataba de hablar con Anastasia sobre el matrimonio, nunca tenía tiempo.
-Has lo que quieras- Decía por encima del hombro y se iba.

Cuando le presentaron a la hija de Ilya se paro tan deprisa que temía desmayarse. Con la
mano en la frente, se hecho hacia atrás y choco contra la pared. Sasha la sujeto antes de
que se cayera.

-¿Te pasa algo?- pregunto una voz idéntica a la de Yulia de hecho en todo aspecto Ana
era igual a Yulia a excepción del cabello, esta era rubia.

Antes de que Lena pudiera responder -¡Fuera!-ordeno a las personas que estaban en la
sala, y lo hizo del mismo modo en que solía hacer Yulia.

-Toma- dijo a Sasha dándole un vaso de Vodka

-Te has equivocado de vaso- dijo Ana con el ceño fruncido- El vodka se sirve en un
vaso pequeño-Lena, echada en el sofá con los ojos cerrados sonrío. Podían parecerse
físicamente pero eran totalmente distintas. Yulia bebía el vodka en tasa.

-Lamento haber provocado tanto revuelo- se disculpo mientras se incorporaba- Pero me


ha impresionado verte. Sabía que se parecían, pero esto es impresionante-

Ana la contemplo con una ceja arqueada -No eres Anastasia, pero estas enamorada de
Yulia- Sus palabras fueron una afirmación, no una pregunta.

-¡Por su puesto que no!- replico Lena y se levanto del sofá.

Ana la miro de arriba a bajo-¿Y quien eres exactamente?-

-El ama de llaves-

Ana la observo por un momento y hecho la cabeza hacia atrás del mismo modo en que
lo hacia Yulia, para soltar una carcajada- Si y yo soy la mucama-

-Es el ama de llaves- confirmo Sasha detrás de ellas- hace todo aquí, consigue trabajo,
lleva la casa y ha preparado la boda-

-Con permiso tengo cosas que hacer- Lena se dio media vuelta y se fue a la cocina.

Cuando termino de organizar las cosas en la cocina, se dirigió al salón para organizar
los últimos detalles. De pronto oyó voces, reconoció la de Yulia y supo que estaba en el
segundo salón con Anastasia. Cuando sintió una punzada que no podía ser mas que de
celos, tuvo que obligarse a abrir la puerta y exigir que le explicaran lo que hacían ahí
juntas solas. Pero esa noche Yulia iba a estar en la cama con anastasia, así como todos
los demás días de su vida. Quizás si veía que Yulia estaba de verdad enamorada de
Anastasia, acabaría con sus últimas esperanzas.
Cuando todo acabe- dijo una voz que sonó como Yulia, pero con un acento elegante que
no le pertenecía- Podemos matarla-

Lena se quedo paralizaba, todo su cuerpo estaba alerta.

-Serás viuda y todo te pertenecerá todo-

-Y tuyo dijo Anastasia.

Despacio y sin hacer ruido, Lena se volvió, subió las escaleras. Yulia estaba en su
habitación cambiándose para la boda.

-Quiero verte en la biblioteca inmediatamente- ordeno a Yulia quien la miro perpleja


-Pasa por tu prima y tú futura esposa - indico y cerró la puerta.

Se encontró con Sacha en la escalera y le pidió que la acompañara.

En diez minutos estaban todas reunidas en la biblioteca: Lena, Yulia, Ana, Anastacia y
Sasha. Lena cerro al puerta con seguro.

-¿Dónde esta el vodka?- Fue lo primero que dijo Ana.

-Necesitamos estar sobrias- Respondió Lena.

-Si claro, tu la puritana- Replico Ana y se sentó en el sofá -¿A que debemos esta
reunión?- Miro divertida a Yulia -¿Hiciste alguna travesura primita?-

Lena tuvo ganas de pegarle. Vacilo un momento. Miro a Yulia y dijo –Tu prima y la
mujer con quien vas a casarte están planeando matarte?-

Yulia dirigió una mirada divertida a su prima -¿De veras?-

En ese momento Lena comprendió que todos lo sabían todo, excepto ella. Se sentó en
una silla –No es que me importe, pero nadie saldrá de aquí hasta que me digan que pasa-

Todos permanecieron en silencio. Lena vio a Yulia que llevaba un elegante traje negro,
se veía muy hermosa así vestida, el smoking le caía a la perfección.

Fue Sasha quien rompió el silencio –Yulia es tiempo que le cuentes a Lena-

-¿Segura que sacaste todo el vodka?-

-Yulia- Pidió Lena –Si no me cuentas que pasa, me iré de aquí ahora mismo y tendrás
que encargarte de todo tu sola-

-De acuerdo ¿Por donde empiezo?- Dijo ella, y su cara reflejaba verdadero temor, miro
a su prima –Hay un contrato que se debe cumplir- Empezó

Lena abrió la boca para hablar, pero volvió a cerrarla.


-En la época Zarista nuestras familias firmaron un contrato, donde debían unirse en
matrimonio, a través de los primogénitos, pero esto se fue aplazando por distintas
razones; además el contrato habla de una unión por amor. El meollo del asunto, es que
nosotras somos la ultima generación, y debemos cumplir, de lo contrario perderemos
todo, este pueblo, las empresas todo- Sonrío –Yo me fije en ti apenas te vi, pero
necesitaba que tu admitieras sentir algo por mi, así que curtí este pequeño plan-

Lena se volvió hacia Sasha que tenia los brazos cruzados. Así que por eso quería con
tanta insistencia que admitiera sus sentimientos hacia Yulia. –Comprendo- Dijo Lena –
Todo ha sido una broma-

-No, el contrato es real- Aseguro Yulia tomando sus manos –Tengo que casarme hoy,
por amor, contigo. Mañana cumples años y todo se debe hacer antes que cumplas 18
años-

Lena permaneció inmóvil mientras procuraba asimilar lo que le habían contado. Miro a
Anastacia que estaba con un elegante traje. Ana se acerco a Anastacia –Entonces, ¿Lo
has encontrado?-

-No, nada, esa mujer cambio el lugar- Dijo cruzando los brazos y poniendo cara de
enojo.

-Supongo que eran solo mentiras entonces- Dijo Yulia mirándola.

Fue Sasha quien se acordó -¡La boda!- Exclamo –Tenemos que llegar a tiempo, nos
queda media hora-

Yulia dijo en tono burlón a Anastacia -¿Jamás quisiste casarte conmigo?-

-Preferiría que me quemaran viva-

-¿Tu tampoco?- Pregunto a Sasha

-No gracias, ganar dinero es mas interesante-

Nadie hablo, así que Lena se volvió hacia las demás. Todas las miradas estaban puestas
en ella.

-Si corremos, podríamos hacerlo antes de media hora- Indico Yulia con una mirada
intensa y extendiéndola una mano.

El corazón de Lena latía con fuerza ¿Qué podía sentir? Se sentía muy feliz, por que
Yulia nunca había tenido intenciones de casarse con otra que no fuera ella.

-Estoy hecha un desastre- Se oyó decir a si misma.

-Te comprare ropa en Paris- Aseguro Yulia. Lena tomo la mano extendida de la morena
quien correspondió con una sonrisa de oreja a oreja

El corazón de Lena comenzó a palpitar tan rápido que no se le ocurrió que decir
“Casarse, iba a casarse” trago saliva.

-Rápido- Grito Sasha.

-¿Preparada?- Pregunto Yulia.

Cuando Lena asintió, echo a correr sin soltar su mano.

Lena sonrío, pero empezaron a asaltarle las dudas “¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?” –
¿Por qué me alejaste de ti, el día que lloraba? Tuviste que darte cuenta que te estaba
suplicando que te casarías conmigo- Dijo Lena mirándola.

-Sabia que Anastacia solo aceptaría venir si sabia que podría encontrar las cosas que
supuestamente escondió mi madre- Explico –Quería darle tiempo-

Cuando entraron al salón todos, estaban presentes cuando avanzaban donde el juez que.
Algunos decían a Yulia –Dijiste que lo harías y lo lograste-

Cuando llegaron frente al juez, vio en la primera fila a su madre llorando desconsolada,
siendo abrazada por su padre.

Lena se volvió hacia los presentes, que sonreían como cuando se ha conseguido algo
importante “Esto no me gusta” pensó. Se percato que nadie s sorprendió de verla allí.
No esperaban a Anastacia, sino que a ella. Todos sabían del contrato, pero nadie jamás
le dijo nada.

-Yulia ¿Aceptas a esta mujer?- Decía el juez, pero Lena miraba a los presentes “Creí
que Yulia hablaba enserio por Anastacia pero no era así”

-Si quiero- Dijo Yulia, se volvió hacia Lena, pero no sonreía.

-Y tu Elena Katina ¿Aceptas a esta…?- Lena se volvió hacia la gente. Tenia experiencia
en los discursos y sabia hacerse escuchar. Yulia le sujetaba la mano, pero ella la retiro.

-Los ayude de todo corazón, pero todos me engañaron- Se alejo de Yulia y la miro. –
Solo tenías que pedirme que me casara contigo- Dijo –Nada mas. No quería riquezas.
No, yo quería lo que cualquiera quiere. Una proposición de matrimonio, un anillo
bonito. Pero a cambio fui engañada y manipulada-

Yulia intento bromear, para disipar su mal humor -¿No dicen que en la guerra y en el
amor todo se vale?- Replico con un brillo en los ojos.

-Si, creo que si- Asintió Lena y se detuvo, Todos los presentes contenían el aliento y
ella noto la tensión, sabia que si permitía que siguiera la ceremonia todos gritarían y
vitorearían.

Pero ella quería más. No más engaños. Pero sobre todo amor.

Bajo la vista a sus ropas, lucia horrible. Miro la sala. Cuando le pregunto a Anastacia,
por sus flores favoritas, había dicho “Tulipas” pero a ella no le gustaban, ni su forma ni
su aroma. Claro no era su boda ¿No?

No iba a casarse con alguien que hasta hace una hora se iba a casar con otra, y que ni
siquiera le había propuesto matrimonio, y que no le había dicho nunca “Te amo”

Miro a Yulia, la amaba pero iba seguir su propio concejo, e iba a pensar en los
problemas antes de casarse.

Le puso el ramo de flores en la mano, se volvió y hecho a andar por el pasillo. Nadie
dijo nada. Yulia le retuvo el brazo en medio del pasillo –No puedes hacerme esto- Dijo
con calma y mirada suplicante “No me avergüences frente a todos” suplicaba en
silencio –Si te vas perderemos todo-

Miro los ojos de la mujer que amaba, lo que iba decirle no era fácil, y sabia que si en ese
instante Yulia le decía dos palabritas, regresaría y continuaría con la ceremonia.

Pero Yulia no dijo nada y el momento paso. Y como no oyó esas palabras, Lena no
podía seguir. No iba a casarse con Yulia por un contrato sin sentido –Deberías haberlo
pensado antes del ultimo minuto- Indico –Tal vez deberías haberme prestado la misma
atención a mi que a ese contrato-

Como Yulia se quedo mirando sin contestar. Lena se hecho a andar de nuevo. Fuera de
la casa había un caballo, con montura. Lena no era demasiado buena jinete, pero en ese
momento podía hacer cualquier cosa. Monto con facilidad y le ordeno a andar. Había
tres ovejas a medio camino y las espanto a gritos. Aunque a lo mejor había cometido la
mayor tontería de su vida, derepente se sintió muy viva.

No iba a hacer lo sensato y volver a la casa por su equipaje. No iba a… Bueno no sabia,
ni como llegaría, pero se marcharía, eso seguro.

Tiro de las riendas del caballo, que giro a la derecha. En el camino, vio a Anastacia
andando con el bonito traje hecho un desastre.

Lena detuvo el caballo.

-¿Has venido a reírte de mi Señora de Volkova?- Espeto Anastacia.

-No me he casado con ella- Aclaro Lena -¿Quieres que te lleve?-

Anastacia abrió la boca un par de veces para volver a cerrarla –Si, gracias- Acepto por
fin y puso un pie en el estribo para montar detrás

Epilogo

Hija / Casada / orgullo

Las letras estampadas en la puerta de vidrio ponían “Organización Katin”.

Yulia Volkova delante de la puerta, levanto la mano para entrar, pero la bajo. En ese
momento había preferido estar frente a un pelotón de fusilamiento que hacer lo que
había ido a haber allí. Permaneció inmóvil un instante y luego se inclino para rascarse
una pierna. Llevar ropa elegante en lugar de su ropa de campo, le había irritado las
piernas. Y el frío de Moscú la estaba matando.

Se paso la mano por la solapa del abrigo, noto que estaba sumamente fría y por un
instante estuvo apunto se salir corriendo. Pero entonces se acordó de Lea y de cómo
había sido su vida esos 5 años. Solo había estado con ella unos meses, pero desde que se
había ido su vida había sido…

Inspiro hondo para darse valor, entro empujando la pesada puerta de vidrio y se dirigió a
la recepción.

La Recepcionista la mira y agrego –Las donaciones son en la primera oficina a la


derecha-

-Necesito hablar con la Señorita Katina- dijo mirándola fijamente

-Claro, suba por el ascensor hasta el ultimo piso, a la derecha encontrara su oficina-
Dijo la chica sin prestarle mucha atención.

-Gracias- y se encamino ala ascensor.

Cuando había llegado hasta arriba siguió por donde la recepcionista le informo. Cuando
estuvo frente a la oficina, la secretaria la interrumpió –Disculpe tiene cita con la Señora
Katina-

-¿Señora?- Dijo Yulia un poco desconcertada.

Pero antes que pudiera decir algo, la puerta se abrió, y Lena apareció. Cuando la morena
la vio, de inmediato supo que había sufrido tanto como ella todos esos años. Se dijo que
iba a ser fácil y recupero la confianza en si misma. Enderezo los hombros y avanzo
hacia ella con el mismo orgullo que si estuviese en sus tierras y llevara su ropa normal.

-Hola- La saludo sonriente -¿Te acuerdas de mí?-

Ella la contemplo un instante y sonrío despacio –Yulia- Dijo –No has cambiado nada-
Pero no era cierto. Estaba, mucho más hermosa que la última vez que la había visto, y se
le acelero el corazón.

-Tendría que haberte avisado que vendría a Moscú, pero no encontré el momento-
Procuro sonar despreocupada, sin dejar de sonreír afectuosamente.

-Claro no importa- Contesto Lena en voz baja -¿Quieres pasar un momento para
charlar? Me encantaría oír como va todo en la ascienda. Dimitri me escribe pero…- Se
detuvo cuando Yulia se acerco a ella. Su proximidad le impedía hablar, como si esos
cinco años no hubiesen transcurrido.

“Aun existe el mismo magnetismo” Pensó Yulia, y sonrío de nuevo.

-Pasa por favor- Pidió Lena mientras abría la puerta que daba lugar a su oficina
decorada con muy buen gusto –Lera, tráenos café por favor, y no me pases llamadas-

No volvieron a hablar hasta que estuvieron solas. Lena se sentó en el sillón detrás de su
escritorio e indico a Yulia que lo hiciera en la silla del otro lado. Pero no lo hizo, en
lugar de eso lo hizo junto a la ventana. Era más hermosa de lo que la recordaba, pero
tenia algún nuevo, un aire de madurez que no le había visto antes y que le favorecía
mucho.

Yulia abrió la boca para explicarle por que había ido a verla. Tenia previsto decirle que
estaba dispuesta a perdonarla por la forma en la que la había humillado ante todos
dejándola plantada, y a aceptarla de nuevo. Pero cuando fue a hablar, la puerta se abrió
y entro una niña corriendo. Traía un pequeño bolso en su espalda y las manitas llenas de
pintura.

-¡Mamá! ¡Mamá!- Grito mientras hundía la cara en la falda de Lena. Tras el entro una
joven niñera.

-Lo siento se me ha escapado, la secretaria me dijo que estaba ocupada- Se disculpo la


muchacha.

-¿Qué has hecho ahora?- Pregunto Lena, y acaricio con cariño, el rubia cabello de la
niña.

-Ha pintado con tempera algo por su cumpleaños Señora- Explico la joven.

-¿Si?- Dijo Lena ala vez que acariciaba la naricita de la pequeña –Luego me lo
mostraras ¿Quieres?-

-Si- Contesto alegra la niña.

Lena le sujeto la carita con las manos –Quiero que conozcas a alguien- Dijo mientras la
volvía hacia Yulia –Te presento a Yulia Volkova, que ha venido desde muy lejos. Ve a
saludarla-

La pequeña avanzo con solemnidad con la mano extendida. Con la misma solemnidad
Yulia se la estrecho. Era una niña muy bonita.

-Encantada de conocerte- Dijo Yulia.

La secretaria entro con el café, acompañado de algunas galletas. Con una amplia
sonrisa, la pequeña agarro tres galletas y se metió dos a la boca.

-Llévala a la cafetería- Ordeno Lena a la niñera

Tras un beso rápido en la mejilla, las dos mujeres y la pequeña salieron de la oficina y
cerraron la puerta.

-Lo siento- Se disculpo Lena.

Yulia estaba haciendo todo lo posible por recuperarse, ya que el suelo se le había
hundido bajo los pies. Toda su arrogancia la había abandonado ¿Por qué no había
actuado antes?

-¿Café?- Ofreció Lena levantando una tasa.

-Veo que te va bien- Dijo Yulia echando un vistazo a la habitación

-Si, creo que si…- Se interrumpió al pasarle la taza –No has venido aquí a hablar de mi
¿Qué te trae a Moscú?-

“Tú” quiso decir, pero su orgullo se lo impidió –Negocios- Contesto y dejo la taza. Se
metió la mano en el bolsillo del abrigo y saco una cajita –Te he traído algo-

Lena tomo la caja y la abrió. En su interior envuelta en terciopelo, estaba el huevo de


Fabergé. Una pieza no solo exquisita, sino que muy valiosa.

-Dimitri me escribió contándome que encontraron las cosas que había ocultado tu
madre- Dijo y dejo el hermoso objeto sobre su escritorio. Ese tesoro le había costado
mucho y después que Dimitri le informara de su descubrimiento, había escrito que no
quería oír mas acerca de ese lugar. Cuando volvió a mirar a Yulia, esbozo una sonrisa -
¿Cómo lo encontraron?-

Yulia le dedico una media sonrisa –Lance algo al espejo sobre la chimenea de la
biblioteca. El cristal se rompió y dejo al descubierto un hueco hondo que contenía todo
lo que mi madre había comprado-

-Muy emocionante- Comento Lena, y sorbió un poco de café sin dejar de mirarla -¿Y
como puso tu madre hay todas las cosas?-

-Siempre fuiste muy inteligente- Dijo con una sonrisa pero ella no se la devolvió –Había
una palanca, muy bien escondida, en el lugar donde encontraste esos platos tan finos-

-Que mujer mas interesante debió ser tu madre- Exclamo Lena y echo un vistazo al reloj
de su escritorio –Me alegra que encontraras todas las cosas, y dime como esta todo el
mundo en la ascienda y en el pueblo-

-Bien, todo el mundo esta bien- Contesto ella, conciente de que ya quería que se fuera –
Sasha se fue a San Petersburgo, y la pequeña Katya empezó a estudiar medicina-

-Eso es maravilloso- Afirmo Lena, y se termino el café

-¿Y tú?- Pregunto Yulia en voz baja.

-Mi padre cumplió, a pesar que no se había cumplido el trato, como en el juicio se
demostró que era un acuerdo ilógico, quedo inválido, así que mi padre me dejo a libre
albedrío- Explico.

-Supongo que tu empresa ¿También es dirigida por tu marido?- Pregunto, y deseo


cortarse la lengua. No habría querido preguntar eso. Desde que había visto a la niña y
comprendió que la había perdido, se había propuesto mostrarse fría y reservada,
conservar intacto su orgullo.

-No- Contesto Lena divertida –Anastacia es mi socia y es quien lleva las finanzas de la
empresa. Es excelente en lo que hace, así que en cuanto a lo económico estamos muy
bien protegidas.

-¿Anastacia?- Dijo Yulia incrédula –Anastacia, ¿La del pueblo?-

-La misma-

Por primera vez, Yulia vio una chispa de la Lena que ella había conocida ¿La detestaba?
Habría jurado que al acudir a la puerta había habido un brillo en sus ojos. Pero ahora se
preguntaba si eso seria odio.

-Así que Anastacia maneja tu dinero- Comento –Espero que tengas absoluta confianza
en ella-

Los ojos de Lena se encendieron un segundo –Anastacia es mi socia en este negocio-


Comento Dejo la tacita en e plato con un fuerte sonido y la observo. Esta vez no había
duda de la cólera que expresaban sus ojos –No has cambiado ¿Verdad Yulia? Pensé que
era justo devolver el orgullo a esa mujer después de lo que le hiciste-

-Jamás hice nada a esa mujer- Se levanto –Hace años intento engatusarme para robarme.
Se merecía lo que le paso-

Lena también se puso de pie, con una expresión de furia –Supongo que te consideras
muy inteligente porque te serviste de engaños para encontrar las cosas que escondió tu
madre, pero si otra persona lo hace para conseguir dinero. Y supongo que yo también
me merecía lo que me paso ¿No? Al fin y al cabo fui tan malvada y cruel en la ascienda
que merecía ser engañada y manipulada ¿No?-

-Era un contrato Elena…- Se interrumpió y bajo la voz –Vine para decirte que estaba
dispuesta a perdonarte por la forma en que me humillaste pero ahora…-

-Perdonarme- Repitió Lea entre dientes -¿Perdonarme?-

-Ya veo que me equivocaba- Aseguro Yulia, se volvió y salio de la habitación con un
portazo.

Al estar nuevamente en la puerta de vidrio, estaba tan enfadada que temblaba. Había
viajado hasta Moscú solo, para… Sin duda no para ser humillada otra vez. Cuando
pensaba en ese tiempo que después que la hubiera humillado. Al abrir la puerta, vio en
la calle a dos niños en patines, y recordó como las cosas que Lena había hecho por el
pueblo y por ella misma.

Se volvió. Cuando Lena la dejo, le dijo que si le hubiese pedido que se casara con ella,
lo habría hecho. Ahora ya era demasiado tarde por que estaba casada y tenía una hija.
Tenía un negocio y era feliz. Mientras que ella…

Inspiro a fondo. El orgullo no le hacia compañía por la noche. Lo sabía muy bien.
Enderezo los hombros y siguió nuevamente hacia la oficina y entro. Lena seguía sentada
detrás de su escritorio y Yulia advirtió que había estado llorando. Al verla entrar, se
volvió, se seco las lagrimas y procuro ocultar la cara.

-Tengo algo que decirte- Anuncio Yulia en voz baja.

-No te preocupes creo que ya has dicho todo-

-No- Replico Yulia y, por un instante volvió a pensar en salir corriendo. Si ya estaba
casad, lo que iba a decirle no tenia importancia. Podría conservar su orgullo intacto,
salir por esa puerta y… ¿Y que? Volver a la casa con su orgullo. ¿Acaso no era su
orgullo lo que la había llevado a esa situación?- Rompí el espejo de la biblioteca en un
ataque de rabia. De hecho rompí muchas cosas después de que te marcharas-

-No tienes por que contarme esto- Dijo Lena y se levanto

-Tengo que hacerlo. Y si yo he viajado hasta aquí y me he puesto esta incomoda ropa, tu
vas a tener que escucharme ¡Siéntate!-

Lena pestañeo de asombro y volvió a sentarse.

-Sasha se fue de la ascienda- Empezó mientras se pasaba las manos por el cabello y se
despeinaba –Se marcho. Pero no lo hizo sin antes decirme lo que pensaba. Dijo que no
soportaba ver en lo que me había transformado. Así que recogió sus cosas y se marcho-

Se detuvo un momento y observo la pared; Cuando volvió a hablar lo hizo en voz baja-
Hubo mas personas que se marcharon, como Sasha-

Se sentó en la silla delante del escritorio de Lena, pero no la miro a los ojos ¿Vería
lastima en ellos? La gran Volkova no había podido salvar a su gente –Como tu dijiste se
hizo el juicio para suspender el contrato y este se rompió, por ser ilógico, y pude
quedarme como dueña de la ascienda-

Yulia se miro las manos. Le resultaba duro admitir su fracaso pero, a la vez, había algo
que la liberaba en su interior. Decir esas cosas la había sentir como si se quitara un gran
peso de encima.

Levanto la vista hacia Lena, pero no vio lastima en sus ojos, sino que interés. Eso la
animo a seguir.

Lena la miro, ya no había ningún escudo en sus ojos, nada que la protegiera, y supo que
estaba viendo su interior, algo que Yulia no permitía ver a nadie

-Todos estos años- Prosiguió en voz tan baja, que Lena tuve que acercarse un poco para
escucharla –pensé que el problema de la ascienda y el pueblo era el dinero. Pero no era
verdad, ¿sabes? Tenias mucha razón cuando dijiste que el apellido Volkova era la burla
de toda Rusia-

Lena abrió la boca para disculparse por esa afirmación desconsiderada, pero Yulia
levanto la ano para detenerla –No- Insistió –Tenias razón cuando lo dijiste, pusiste el
dedo en la herida. Sasha tenia razón me escondía allí para mantenerme alejada del
mundo-

No pudo seguir sentada, así que se levanto y empezó a pasearse –Pero antes que llegaras
me contentaba- Prosiguió –Me contentaba con lo que hacia, con estar sola. Ahora me
doy cuenta de que dedicaba 14 horas al día al trabajo para evitar pensar –Se detuvo y la
miro –Entonces llegaste tu y nos despertaste a todos. Me hiciste reír. Me hiciste desear
la compañía de otra persona. No me había sentido sola hasta que tu apareciste; después
no soportaba la soledad-

Se sentó de nuevo en la silla y miro a Lena para añadir –Pero nunca te lo dije. Jamás te
dije lo mucho que significaba cenar contigo, o como disfrutaba las horas que pasábamos
en la cueva. Fuiste muy generosa y amable con la gente del pueblo a nivel personal. Yo
no tenia que hacer nada era Volkova- La miro y vio que estaba a punto de soltársele las
lagrimas, por eso se detuvo hiciste bien en dejarme. Tenias que hacerlo. Si te hubieses
quedado, no te habría-

-No me habrías valorado- Aventuro Lena.

-Siempre supiste hacerme reír- Sonrío Yulia –Si, si hubiese seguido con la boda, creo
que habría llegado tratarte mal. No apreciamos lo que se obtiene fácilmente- Inspiro y
desvío la mirada un momento- Hoy he venido para…-

-¿Para que?- La animo.

-Para decirte que te perdonaba y aceptaba que volvieras conmigo- Explico con una
sonrisa –Parece que no he aprendido gran cosa estos últimos años ¿Verdad? Creo que
jamás se me ocurrió que podrías haberte casado y tener una hija. Creo que pensaba que
tú…-

-¿Lloraría pensando en ti todas las noches, como tu a mi?-

-Si- Admitió sonriente, e inspiro de nuevo para tranquilizarse. Había perdido. Su ****
he insufrible orgullo se lo había echado todo a perder. Pero al mirar a Lena, sonrío –No
puedo creerlo, pero ahora me siento mejor. Es raro, pero creí que humillarme frente a
alguien me desmoronaría. Y en cambio me siento libre. Me siento tranquila-

-Has madurado mucho- Lena le sonrío con afecto.

-No es algo fácil de aprender- Comento, y eso la hizo reír entonces, se saco otra caja del
bolsillo –Quiero enseñarte otra cosa-

Era el estuche de un anillo

-Yulia, no es necesario- Empezó Lena, la morena la interrumpió. Era evidente que iba a
decirle que no tenía que humillarse ante ella.

-No, necesito decirte algo- Aseguro –Necesito hacer esto por mi-
-Yulia por favor. No tienes que hacer esto-

-Si- La contradijo –Quiero enseñarte algo. Te engañe y te manipule, como dijiste, pero
quizás tenía algunas buenas intenciones. Cuando salga por esta puerta, te prometo que
no volveré a molestarte, así que necesito dejarte algún buen recuerdo de mi- Abrió el
estuche, saco un anillo de oro, y se lo dio –Lee la inscripción-

Lena lo tomo y lo levanto hacia la luz.

-Ese día dijiste que si te lo hubiese pedido como correspondía, me abrías aceptado –
Recordó Yulia –Quería enseñarte que tenía la intención de hacerlo, de verdad, decirte
cuanto te amo, pero también quería ofrecerte riquezas así que apere hasta el último
momento-

Le mostró el recibo de la joyería. Estaba fechado varios días antes que ella se marchara
de la ascienda. Y debía grabarse “Te amo, siempre Yulia”

Lena le devolvió el anillo, se recorto en el sillón y la observo en silencio.

Cuando Yulia le miro las manos, vio un anillo de boda en el anular de la mano izquierda
y se le hizo un nudo en el estomago. Al hablar, intento sonar como si no se le estuviera
rompiendo el corazón. -¿Quién es?- Pregunto.

-¿Quién es que?-

-Tu marido. Si te lo presento Anastacia, la matare-

-No estoy casada- Sonrío Lena –Solo lo ocupo para que me de mas seriedad. Anastacia
me ha ayudado mucho. Maneja bien el negocio- Yulia la miro boquiabierta.

-Pero la niña…- Comento por fin.

-Es una larga historia- Aclaro Lena con alegría –Era hija de una mujer que trabajaba
aquí Svetlana. Ella no tenía familia, solo un embarazo. Pero estaba enferma de cáncer y
no podía hacerse quimioterapia, por el bebe, por lo que empeoro cada vez mas. Cuando
nació la niña, solo tuvo dos meses para disfrutarla, y me pidió que me hiciera cargo de
ella, firmamos la adopción, y la pequeña Lana, es mi hija legalmente-

Yulia tardo unos minutos en asimilar todo aquello- ¿No estas casada?- Susurro.

-No estoy casada-

Acto seguido, Yulia se peleaba con el estuche para sacar el anillo, que casi se le cae un
par de veces antes de situarse frente a Lena. Se arrodillo y le sujeto una mano entre las
suyas –Se que es tarde, se que jamás te dije cuanto te amaba, y cuanto te amo, pero
Elena ¿Quieres estar conmigo? Viviremos donde tu quieras. Aquí en Moscú. Donde tu
decidas-

Lena le puso el dedo en los labios –Quiero regresar a la ascienda. Quisiera que Lana
crezca en ese lugar. Anastacia puede dirigir esta empresa. No me necesita-
-Yo te necesito- Afirmo Yulia con una mirada suplicante –Desesperadamente-

-Y yo te necesito a ti- Dijo en voz baja. Se inclino y le beso los labios con cariño –
Extrañaba tu sabor- La volvió a besar con mas intensidad –Te amo Yulia Volkova…-

La morena solo se limito a responder a los besos de Lena. Cada vez más intensos –Te
necesito tanto- Murmuro entre besos Yulia –Tanto-

Lena se levanto del sillón, y abraza a Yulia, allí respiro su aroma que tanto había
extrañado. No harían el amor, tenían toda una vida por delante, solo querían
reconocerse, recordarse, añorarse teniéndole enfrente.

Yulia se sentó en el lugar que antes Lena ocupaba y la atrajo consigo. La sentó en sus
piernas y la abrazo. –Elena Katina de Volkova- Dijo divertida.

Lena jugaba con las solapas de su chaqueta –Vete acostumbrando-

Un suspiro de la morena, llevo a que Lena la mirara a los ojos, por un instante pareció
que iba a llorar, luego acaricio su rostro, y supo que algo había cambiado en ella. Había
dejado de lado su orgullo para conquistarla y ella se lo había devuelto. Y Yulia a su vez
le había devuelto el orgullo a ella. Esos últimos años habían sido difíciles.

-Necesito un Vodka- Dijo de la nada Yulia.

-Yo necesito otro beso- Respondió Lena abrazándola por el cuello y pegando sus bocas,
en un suave y dulce beso.

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Un huevo de Fabergé es una de las sesenta y nueve joyas creadas por Peter Carl Fabergé
y sus artesanos de la empresa Fabergé para los zares de Rusia, así como para algunos
miembros de la nobleza y la burguesía industrial y financiera, entre los años 1885 y
1917. Los huevos se consideran obras maestras del arte de la joyería

Fin