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LAS DOS NATURALEZAS DE CRISTO

(1) Catecismo Menor


Preg. 21 ¿Quién es el Redentor de los elegidos de Dios?
R. El único Redentor de los elegidos de Dios es el Señor
Jesucristo, quien siendo el Hijo eterno de Dios, se hizo hombre; y
así era, y permanece para siempre, Dios y hombre en dos
naturalezas distintas y una sola persona (1ª Tim. 2: 5; Juan
1: 14; Rom. 9: 5; Col. 2: 9; Hebr. 13: 8.

(2) La controversia histórica – Calcedonia 451

“Desde los tiempos primitivos, y más particularmente desde el Concilio de


Calcedonia, la iglesia confesó la doctrina de las dos naturalezas de Cristo. El
Concilio no resolvió el problema que presentaba una persona que a la vez era
humana y divina, sino sólo trató de hacer a un lado las soluciones que se
habían ofrecido y que eran claramente reconocidas como erróneas. Y la
iglesia aceptó la doctrina de las dos naturalezas en una persona, no porque
entendiera por completo el misterio, sino porque vio en ello un misterio
revelado por la Palabra de Dios. Fue, y permaneció desde entonces para la
Iglesia, como un artículo de fe que está más allá de la comprensión humana.
Los ataques racionalistas sobre la doctrina no escasearon, pero la iglesia
permaneció firme en la confesión de esta verdad a pesar del hecho de que
una y otra vez se declaró que era contraria a la razón.” 1 (ver Teología
Sistemática de Berkhof, sobre los conceptos modernos a partir del s. XVIII
con respecto a las dos naturalezas de Cristo, págs. 374-375)

El siguiente cuadro es un bosquejo histórico sucinto de la controversia


cristológica que se desarrolló hasta el s. V D.C., elaborada por el Dr. Oliver
Buswell.2

1
L. Berkhof, Teología Sistemática. Pág. 374
2
O. Buswell, Teología Sistemática,Jesucristo. Pág. 43
COMIENZO HISTÓRICO DE LA DOCTRINA DE LA PERSONA Y DE
LA NATURALEZA DE CRISTO

Partido Época Referencia Naturaleza Naturaleza


Humana Divina

Docetista Final s.I Juan 4:1-3 Negada Afirmada


Ebionita siglo II Ireneo, etc. Afirmada Negada
Arriano siglo IV Condenado por Afirmada Reducida
Nicea, 325
Apolinarista siglo IV Condenado por Reducida Afirmada
Constantinopla,
381. Condenado
por Efeso 431.
Nestoriano siglo V Condenado por (1)Afirmada Afirmada
Efeso, 431.
Eutiquiano siglo V Condenado por (2)Reducida Reducida
Calcedonia, 451
Constantinopla
III, 680.
Ortodoxo Desde el Definido por (3)Afirmada Afirmada
principio. Calcedonia, 451.

(1)Los Nestorianos sostenían que en Cristo había dos personas.


(2)Los Eutiquianos sostenían que Cristo tenía una naturaleza mixta, ni
completamente humana ni completamente divinal.
(3)El punto de vista Ortodoxo sostiene que Cristo es una persona con una
naturaleza completamente divina y una naturaleza completamente
humana. Cristo es una persona, sus naturalezas son: sin mezcla, sin
cambios, sin división, sin separación.

Una breve explicación de estos partidos nos ayudará a entender el concepto


ortodoxo acerca de la persona y naturaleza de Cristo.

Docetismo

La palabra docetista viene del griego dokeo, que significa “parecer” o


“asemejarse”. Sostenían los docetistas que Cristo sólo tenía una naturaleza
divina; su aparición en este mundo fue sólo una ilusión, o más
correctamente, una teofanía, una apariencia. Jesús sólo parecía ser un
hombre. En realidad no vino en la carne (1ª Jn. 4: 2, 3). Esta idea fue
sostenida antes por Marción (140 d C.) y los gnósticos. Esta peculiar
creencia se basaba sobre la suposición filosófica de que la materia es
inherentemente mala. Como Cristo era perfectamente puro, no podía estar
asociado de ningún modo con un cuerpo físico. (ver Jn. 1: 14 y Hbr. 2: 14).

Ebionismo

En defensa de un monoteísmo puro, los ebionitas (Su significado hebreo es


“pobre”) negaban la divinidad de Cristo, y sostenían que él era
meramente un hombre sobre el que el Espíritu de Dios descansaba en su
plenitud. Negaba la posibilidad de una unión de lo divino y lo humano
(naturalezas) y por eso descartaban la doctrina de la encarnación. Al parecer
eran judíos “cristianos” que llevaron a un extremo las tendencias judaizantes
(Jn. 10: 30-38), a las que Pablo se opuso en su Epístola a los Gálatas.

Arrianismo

Negaba la verdadera deidad de Cristo. Cristo ocupaba una posición de algún


modo intermedia entre la de Dios y el hombre. El fue el primer ser creado y
el creador de todas las demás criaturas. No poseía absoluta deidad, sino
considerado el más alto de los seres creados. Los arrianos suponían que la
subordinación temporaria o económica de Cristo al Padre significaba
inigualdad original o permanente o esencial. Sostenían generalmente que la
naturaleza divina de Cristo era similar a la de Dios, pero no igual. Este fue el
gran punto de controversia en el Concilio de Nicea, 325 d C., y aquí fue
donde la naturaleza divina de Cristo fue definida finalmente como “lo mismo”
o “igual” que la naturaleza de Dios.

Debido a la gran diferencia de opinión en cuanto a la persona de Cristo,


Constantino, el primer Emperador cristiano, llamó a un Concilio Ecuménico
con el propósito de formular una doctrina general que debería ser aceptada
por toda la iglesia. El Concilio se reunió en el año 325, en Nicea, Asia Menor,
al que asistieron presbíteros y obispos desde prácticamente todas las partes
del imperio. La Controversia giró en torno a si Cristo debía ser considerado
como verdaderamente Dios o como solamente la primera y más grande
criatura.

Arrianos: Cristo no era eterno. Creado por el Padre de la nada. La primera y


más alta de las criaturas. Cristo, a su vez, creó el mundo, y debido al poder
delegado a él, él debe ser considerado como Dios y adorado, por lo que él
debía ser llamado Dios, sólo por cortesía. Su preeminencia yacía en el hecho
de que sólo él había sido creado directamente por Dios y que se le dio poder
sobrenatural. Por lo tanto, ellos sostenían la adoración de una criatura.
Sostenían que Cristo no era de la misma sustancia homo-ousía con el
Padre, sino de una sustancia similar homo-iousía.

El Concilio declaró finalmente que Cristo era “verdadero Dios, siendo de una
sustancia con el Padre”.

Apolinarismo

Negaba lo completo de la naturaleza humana de Cristo. Reconocía su


verdadera deidad, y también que poseía un cuerpo real y un alma real, pero
negaba que poseyera una mente realmente humana; una mente racional
que alcanzaba conclusiones a través de procesos mentales como la nuestra.
Redujo la humanidad de Cristo, entonces. Trató de explicar la encarnación
de Cristo por la teoría de que el logos divino preexistente tomó el lugar del
espíritu del hombre Jesús, en tal forma que Jesús tenía un cuerpo humano y
un alma humana, pero no un espíritu humano. Apolinario era un
tricotomista: se basaba sobre la suposición de que había tres elementos en la
naturaleza del hombre: un cuerpo material, un alma inmortal, y una mente
racional. Pero la encarnación real demandaba no sólo el añadir a su
naturaleza divina simplemente un cuerpo humano, sino también una mente o
alma humana; porque la calidad de humano consiste no sólo en la posesión
de un cuerpo, sino de un cuerpo y un alma. El apolinarismo fue condenado
por el Concilio en Constantinopla, en 381.

NESTORIANISMO

Llevó la naturaleza doble de Cristo a tal extremo que enseñaba una doble
personalidad de Cristo; dos naturalezas y dos personas en lugar de dos
naturalezas y una persona. Cristo era así considerado como un hombre en
una estrecha relación con Dios, y la analogía favorita de Nestorio para
explicar la persona de Cristo era la unión del creyente con Cristo. Esto nos da
no un Dios encarnado, sino más bien un hombre deificado. Pero el error del
nestorianismo es que Cristo no agregó a su persona otra persona, sino un
complejo de atributos, una naturaleza.

Vale la pena aquí hacer un paréntesis e intercalar tres definiciones que da


Buswell3, y que ayudan a diferenciar algunos conceptos que estamos
empleando en el estudio de la naturaleza de la persona de Cristo. Buswell
define persona, naturaleza, y voluntad.

3
Buswell, O., Op. Cit. Pág. 49
(1) Persona es una entidad sustantiva inmaterial, y no debe confundirse con
una naturaleza. Una naturaleza no es parte de una persona en el sentido
sustantivo.
(2) Naturaleza Es un complejo de atributos, y no debe confundirme con una
entidad sustantiva.
(3) Voluntad Es un modelo de conducta, y no debe confundirse con una
entidad sustantiva.

EUTIQUIANISMO

Esta enseñanza negaba la distinción entre la naturaleza divina y la naturaleza


humana y sostenía que las dos fueron fusionadas para formar una tercera
que no era ni divina ni humana, (Teoría monofisita). La naturaleza divina fue
modificada y acomodada a la naturaleza humana en tal forma que no se
podía decir que Cristo era verdaderamente divino, no se podía decir que él
continuaba “en forma de Dios” (Fil. 2: 6). Al mismo tiempo la naturaleza
humana fue modificada y cambiada por asimilación a la naturaleza divina en
tal forma que ya no se podía decir que él era verdaderamente humano, pero
que al mismo tiempo lo divino, por efecto de esta asimilación, quedaba algo
cambiada.

(3) Calcedonia – 451 d C.

El Concilio Ecuménico convocado en Calcedonia en 451 d C., ratificó


definitivamente la posición ortodoxa con respecto a las dos naturalezas de
Cristo, afirmando que “el Hijo es consustancial con el Padre en cuanto a Su
deidad, y consustancial con nosotros en cuanto a Su humanidad, que El es el
Hijo de María, la madre de Dios, en cuanto a Su humanidad, que El es una
persona en dos naturalezas, unidas sin confusión, sin cambio, sin división, sin
separación, siendo preservados en la unión las propiedades de cada
naturaleza, sin partirse o dividirse en dos personas.”4

Las cuatro características con que describió el Concilio de Calcedonia la


relación entre las naturalezas divina y humana de Cristo, ni mezcladas, ni
cambiadas, ni divididas, ni separadas, se conocen como “los cuatro grandes
adverbios calcedonios”.

Vale la pena aquí, para concluir, reiterar una frase de Berkhof mencionada
anteriormente, “La iglesia aceptó la doctrina de las dos naturalezas en una
persona, no porque entendiera por completo el misterio, sino porque vio en
ello un misterio revelado por la Palabra de Dios”

4
Fisher, History of Christian Doctrine, pág. 155
(4) Relación de las dos naturalezas en Cristo

En la encarnación nuestro Señor agregó a Su naturaleza divina, no otra


persona (lo que le habría dado una doble personalidad), sino una naturaleza
humana, impersonal, de modo que él era y continúa siendo Dios y hombre,
en dos naturalezas distintas y una sola persona para siempre. Hay, por
cierto, un misterio aquí que no podemos explicar. Probablemente la analogía
más cercana que tenemos es la que se encuentra en el propio ser del
hombre.

El hombre está compuesto de dos sustancias radicalmente diferentes un


alma o espíritu inmaterial que está sujeto a influencias mentales y
espirituales, y un cuerpo material que está sujeto a todas las fuerzas físicas,
químicas, y eléctricas que operan en el mundo a su alrededor. Estas dos
naturalezas no están fusionadas o mezcladas como para producir una tercera
que sea diferente de ambas, sino que existen lado a lado en perfecta armonía
con todos sus atributos distintivos. Cada una continúa obedeciendo las leyes
que le son propias como si estuviera separada de la otra. Y como en un
hombre el alma es el factor dominante y controladora.

En el hombre los atributos o peculiaridades de cada una de sus naturalezas


(es decir, las partes material e inmaterial, cuerpo y alma) son los atributos o
peculiaridades de la persona. Lo que puede afirmarse de cada una de sus
naturalezas puede ser afirmado de la persona. Si su espíritu es moral o
inmoral, feliz o desdichado, sabio o necio, o si su cuerpo pesa setenta kilos,
es alto o bajo, tiene ojos azules, sufre dolor o está enfermo, no nos
molestamos en indicar a qué naturaleza se aplican estas cosas si no
simplemente decimos que él como persona tiene estas cualidades o
experimenta estas cosas. Se reconocerá que cada una de estas cualidades o
condiciones se aplica exclusivamente a una naturaleza y no a la otra. El alma
no puede ser herida o quemada o paralizada o hecha sorda; ni puede el
cuerpo pensar, o ser feliz o desgraciado, o tener una buena conciencia o
sufrir remordimientos. No obstante, lo que el hombre es o experimenta en
una u otra naturaleza él lo es o experimenta como una persona.

De ahí que, en vista del hecho de que Cristo tiene dos naturalezas, y
dependiendo de cual naturaleza tenemos en mente, es propio decir que Él es
infinito o que Él es finito, que Él existía desde la eternidad o que Él nació en
Belén, que Él era omnisciente o que Él era limitado en conocimientos. En su
personalidad compuesta Él era, por una parte, “de la simiente de David,
según la carne”, y por otra, Él fue “declarado (es decir se demostró que era)
Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de Santidad, por la resurrección de
los muertos”, Rom. 1: 3, 4. En consecuencia, las Escrituras lo presentan
como el hijo de David, y no obstante como Señor de David. El nació como un
flujo, y no obstante es el Anciano de Días. Él es el hijo de María, y no
obstante al mismo tiempo Dios sobre todas las cosas, bendito para siempre.
Él se cansa cuando viaja, y no obstante El sostiene todas las cosas por la
palabra de Su poder. El no puede hacer nada sin el Padre, sin embargo sin Él
nada de lo que ha sido hecho fue hecho. El es hueso de nuestros huesos y
carne de nuestra carne, y no obstante pudo haberse aferrado exclusivamente
a Su igualdad con Dios. Él toma la forma de un siervo, y no obstante su
forma propia y natural era la forma de Dios. El crece en estatura, y no
obstante es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Él crece en sabiduría, y no
obstante conoce al Padre perfectamente. Él nace bajo la ley y cumple la ley,
y no obstante en Su propio nombre Él da una nueva y más perfecta ley y se
proclama Señor del sábado y mayor que el templo. Su alma se turba, y no
obstante Él es el Príncipe de Paz. El se dirige a Su muerte a la orden del
gobernador romano, y no obstante Él es el Rey de reyes y Señor de señores.
Él es recibido en el cielo fuera de la vista de sus discípulos, y no obstante
continúa con ellos hasta el fin del mundo. Por eso, los escritores del
Evangelio algunas veces lo presentan a Él como Divino, algunas veces como
humano no que debemos tomar uno y dejar el otro, sino que debemos
aceptarlo como una persona Divina-humana, como la Deidad encarnada,
cuya vida terrenal total no fue sino un episodio en la existencia de un Ser
celestial.

Hemos dicho que las dos naturalezas en Cristo están unidas de tal modo que
los atributos o peculiaridades de cada naturaleza pueden ser predicados de la
persona. Y puesto que nos referimos exactamente a la misma persona, sea
que lo llamemos Jesús o Cristo, Dios u hombre, el Hijo de Dios o el Hijo del
Hombre, es perfectamente correcto decir que Jesús tenía sed o que Dios
tenía sed, que Jesús sufrió o que Dios sufrió, que Jesús tomó el lugar del
hombre en la cruz, y murió por el lugar del hombre en la cruz y murió por Él,
siempre que, por supuesto, tengamos en mente la naturaleza particular a
través de la cual es llevada a cabo la acción. En las Escrituras los atributos y
poderes de cada naturaleza son atribuidos al mismo Cristo, y. al revés, las
obras y características del mismo Cristo son atribuidas a una u otra
naturaleza de una manera que puede ser explicado sólo sobre el principio de
que estas dos naturalezas estaban orgánica e indisolublemente unidas en una
misma persona. Las Escrituras nos dicen, por ejemplo, que los hombres
pecadores “crucificaron al Señor de gloria”, 1 Cor. 2:8. Pablo se refiere a “la
iglesia del Señor que él compró con su propia sangre”, Hech. 20:28, y declara
que “hay un sólo Dios, y un sólo mediador entre Dios y los hombres,
Jesucristo hombre”, 1 Tim. 2:5.

Juan escribe de “lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que
hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon
nuestras manos tocante al Verbo de vida” 1ª Jn 1:1, y en otro lugar declara
que “mirarán al que traspasaron”, Juan 19:37. Cuando Jesús preguntó, “qué,
si viereis al Hijo del Hombre subir a donde estaba primero?” término que
tenía especial referencia a su naturaleza humana (Hijo del Hombre) era
usado para designar la persona cuando la cosa a que se refería era verdad
sólo de su naturaleza divina, (“a dónde estaba primero”).

La expresión, “María, madre de Dios”, usada tan repetidamente en la Iglesia


Católica Romana, es generalmente ofensiva a los oídos protestantes. No
obstante, hay un sentido en el que es cierto, siempre que tengamos en
mente que María fue la madre no de su naturaleza divina, sino sólo de su
naturaleza humana.

(5) La necesidad de las dos naturalezas de Cristo

Era necesario para el Redentor de la humanidad tener tanto la naturaleza


humana como la divina.

Era necesario que Él fuera humano si realmente iba a tomar el lugar del
hombre e iba a sufrir y morir, porque la deidad como tal no podía hacer eso.
Y fue necesario que Él fuera divino si su sufrimiento y muerte habían de tener
un valor infinito. Para expresarlo en una frase, su humanidad hizo su
sufrimiento posible, mientras que su deidad le dio valor infinito.

Como había sido imposible, por lo tanto, para quien era solamente Dios sufrir
la muerte, o para quien era un mero hombre vencerla, É1 asoció la
naturaleza humana con la divina, para que pudiera someter la debilidad de la
primera a la muerte, como expiación por los pecados; y que con el poder de
la última Él pudiera contender con la muerte y obtener una victoria por
nosotros.

A través del estudio de la relación que existe entre las dos naturalezas nos
hallamos, por supuesto, enfrentados a un impenetrable misterio. Es uno de
aquellos misterios que la Escritura revela, pero que no hace esfuerzos por
explicar. Todo lo que podemos saber son los simples hechos revelados a
nosotros en la Escritura, y más allá de ellos no es necesario ir.

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