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San José del Altillo

Región Conchita
CELEBRANDO EN CASA LA SEMANA SANTA

EN TIEMPOS DE
PANDEMIA
CONTAGIADOS DEL
ESPÍRITU DE DIOS
CELEBRAR EN FAMILIA
LA MUERTE DEL SEÑOR - VIERNES SANTO
EN TIEMPOS DE PANDEMIA
CONTAGIADOS DEL ESPÍRITU DE DIOS

Sugerencias para la ambientación:

Acondicionar un lugar en donde podamos estar en torno a una imagen de Cristo


Sugerencias para
crucificado y, junto a Él, la ambientación:
alguna/s vela/s.

Poder arreglar el sitio creando un ambiente de intimidad, de calidez, de cercanía, de


familia (en lo posible).

Si lo crees conveniente, a lo largo de la celebración se puede utilizar alguno de los


siguientes cantos (particularmente mientras se realiza la adoración a Jesús crucificado
o al final). También te pueden servir para seguir orando y profundizando en la muerte
del Señor.

1. INICIO DE LA CELEBRACIÓN
Cantos opcionales

La noche, el grito y la muerte: https://www.youtube.com/watch?v=3TUwJU0EQMo


Declaración de domicilio: https://www.youtube.com/watch?v=Elk5X7ulBTw
EL que muere por mí https://youtu.be/dh5lZcxYa3k
EL que muere por mí https://youtu.be/dh5lZcxYa3k
Camino de Cruz https://youtu.be/HCvogVQIw6A
Yo nací para la Cruz https://youtu.be/jgbRP6FyxH8
En mi Getsemaní https://youtu.be/wiE1lfMODG8
Tu modo https://youtu.be/g00Ah7du-FI
Entre el Tabor y el Calvario https://youtu.be/mEizLCShh5U
Para poder servirnos https://youtu.be/oGw-a7lnGR0
1. MOTIVACIÓN

Hoy no se celebra la Eucaristía. Hoy estamos convocados para conmemorar la pasión y la muerte
del Señor, pero en la espera de vivir el final de ese camino hacia la Pascua, la noche en la que la
muerte estallará en vida para siempre.

Lo que hoy celebramos no es desde luego el funeral de Jesús, ni es tampoco un día para llorar
nuestros pecados. Sin duda que el dolor por la muerte de Jesús está presente, y también está
presente el reconocimiento del mal que hay en nosotros. Pero hoy lo que nos reúne por encima de
todo es el deseo de afirmar nuestra fe en Jesús, nuestra adhesión a él y a su camino, nuestro
agradecimiento por todo lo que él ha hecho y por su amor sin reservas; y pedir al mismo tiempo que
Jesús nos transforme y nos dé vida, a nosotros y a todos; y recordar a los que más cerca
experimentan, también ahora y especialmente en estas circunstancias del mundo, el dolor y la
pasión de Jesús.

2. INICIO DE LA CELEBRACIÓN

Comenzamos la celebración con unos segundos de silencio, sin ningún canto ni música.

En silencio en el alma, para que penetre muy de verdad el recuerdo agradecido por la entrega de
Jesús. Y en silencio, nos arrodillamos todos unos momentos, como un acto de fe y de amor hacia el
Maestro y Señor que da su vida por nosotros.

PRIMER MOMENTO:
ESCUCHAMOS Y COMENTAMOS LA PALABRA

      Son lecturas que impresionan, que transmiten la intensidad de lo que hoy nos reúne.
Escuchemos:

Del libro de Isaías (52,13 - 53,12):

“Creció en presencia del Señor como un brote, como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza.
Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado por los hombres, como un hombre de
dolores, acostumbrado al sufri¬miento, ante el cual se ocultan los rostros... Lo arrancaron de la
tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron. Le dieron sepultura con los
malhe¬chores; porque murió con los malvados, aunque no había cometido crímenes, ni hubo
engaño en su boca... Cuando entregue su vida como expiación, verá su des¬cendencia, prolongará
sus años; lo que el Señor quiere prosperará por sus manos. Mi siervo justificará a muchos, cargando
con los crímenes de ellos”.
PRIMER MOMENTO:
ESCUCHAMOS Y COMENTAMOS LA PALABRA

Un momento para reflexionar


Se lee la siguiente reflexión:

Son palabras que hablan de un siervo de Dios que se mantendrá fiel a pesar de las incomprensiones
e incluso de las persecuciones, y así abrirá un camino de liberación para todo el pueblo que vive
exiliado. Unas palabras que muy pronto los primeros cristianos aplicaron a Jesús para entender el
sentido de su muerte. No, desde luego que Jesús no murió porque Dios necesitase (como a veces se
ha dicho) infligir un castigo de valor infinito para poder compensar la ofensa infinita de los hombres.
No merecería la pena creer en semejante Dios vengativo... Pero en cambio, sí que podemos decir
que Jesús, con su absoluta entrega, aceptando el escarnio, el abandono, la tortura y la muerte para
mantenerse fiel al camino del amor de Dios, ha roto la barrera del mal y del pecado que nos
separaba de Dios y nos ha hecho justos.
Uno de los nuestros, un hombre como nosotros, ha vivido totalmente, en toda su vida, hasta las
últimas consecuencias, el amor. Y así nosotros, unidos a él (creyendo en él, buscando amar como
él), podemos llegar a vivir la plenitud de Dios. Sí, ahora, con Jesús, nuestra vida humana -débil,
pecadora- es vida divina.

Un momento para compartir:


Se invita a que cada uno, a la luz de esta breve reflexión comparta espontáneamente acerca de
personas que, directa o indirectamente conocemos y que, como Jesús, han sufrido porque:
+ se han mantenido firmes en su servicio y ayuda a los demás a pesar de las dificultades;
+ por sus comportamientos y palabras han sido (injusta, ilegal o indebidamente) criticados,
perseguidos, objetos de bulling, abandonados y dejados solos;
+ han roto las barreras del mal y generado círculos de vida;
+ han amado con todas sus consecuencias.

Escuchando la narración de la muerte del Señor


Se lee la siguiente reflexión:

• Las narraciones de la pasión son las páginas más antiguas de los evangelios. Es comprensible.
Aquellos primeros discípu¬los de Jesús, que se habían reagrupado movidos por la expe¬riencia de
la resurrección y del Espíritu, tendrían sin duda muchas ganas de conocer cada uno de los pasos,
cada uno de los instantes, de aquel último camino del Maestro, de la culminación de su entrega. Y,
de palabra o por escrito (en aquella época las cosas se transmitían ante todo de palabra y se
tardaba en transcribirlas por escrito), aquellos relatos se convertían en centro de sus reuniones. Y
así tenemos, en los cuatro evangelios, esas historias minu¬ciosas, impresionantes, de la pasión y la
muerte de Jesús: las de Mateo, Marcos y Lucas (que leímos el Domingo de Ramos) se centran en los
detalles más humanos de la historia; la de Juan, que leemos un trozo hoy, añade además momentos
de mayor profun¬didad teológica, como para resaltar que en la pasión y la muerte de Jesús está
toda la fuerza de la resurrección.
PRIMER MOMENTO:
ESCUCHAMOS Y COMENTAMOS LA PALABRA

Leemos el siguiente trozo de la Pasión (pueden repartirse la lectura según las siglas que vienen
hasta la izquierda y que designan a los diferentes protagonistas de la Pasión).
Escuchemos:

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Juan

C Al oír estas palabras, Pilato sacó a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el sitio que llaman "el Enlosado" (en
hebreo Gábbata). Era el día de la preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos:
S "Aquí tienen a su rey".
C Ellos gritaron:
S "¡Fuera, fuera! ¡Crucifícalo!"
C Pilato les dijo: 1
S "¿A su rey voy a crucificar?"
C Contestaron los sumos sacerdotes:
S "No tenemos más rey que el César".
C Entonces se lo entregó para que lo crucificaran. Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz, se dirigió hacia el
sitio llamado "la Calavera" (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron, y con él a otros dos, uno de
cada lado, y en medio Jesús. Pilato mandó escribir un letrero y ponerlo encima de la cruz; en él estaba escrito:
'Jesús el nazareno, el rey de los judíos'. Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde
crucificaron a Jesús y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos le
dijeron a Pilato:
S "No escribas: 'El rey de los judíos, sino: 'Este ha dicho: Soy rey de los judíos.
C Pilato les contestó:
S "Lo escrito, escrito está"
C Cuando crucificaron a Jesús, los soldados cogieron su ropa e hicieron cuatro partes, una para cada soldado, y
apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba a abajo. Por eso se dijeron:
S "No la rasguemos, sino echemos suertes para ver a quién le toca".
C Así se cumplió lo que dice la Escritura: 'Se repartieron mi ropa y echaron a suerte mi túnica'. Y eso hicieron los
soldados. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María
Magdalena. Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre:
+ "Mujer, ahí está tu hijo".
C Luego dijo al discípulo:
+ "Ahí está tu madre".
C Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él. Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado
a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo:
+ "Tengo sed".
C Había allí un jarro lleno de vinagre. Los soldados sujetaron una esponja empapada en vinagre a una caña de
hisopo y se la acercaron a la boca. Jesús probó el vinagre y dijo:
+ "Todo está cumplido",
C e inclinando la cabeza, entregó el espíritu…. El que vio da testimonio de esto y su testimonio es verdadero y él
sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. Palabra del Señor.
Todos: Gloria a ti, Señor Jesús
Guardan silencio por unos instantes.
SEGUNDO MOMENTO:
ORACIÓN UNIVERSAL

SEGUNDO MOMENTO
ORACIÓN UNIVERSAL

           En este momento se lee el siguiente comentario:

Después de la lectura de la pasión, tiene lugar la oración universal. Hoy, Viernes Santo, la oración
universal dirige nuestra mirada hacia las necesidades de la Iglesia y del mundo entero. Hoy tiene un
gran sentido esta mirada. De la cruz de Jesús nace la Iglesia y brota vida y esperanza para la
humanidad entera. De ahí viene ese especial sentido. Las intenciones y oraciones que tenemos para
este día se centran en los distintos estamentos de la Iglesia católica y de las otras Iglesias cristianas,
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de las otras religiones, de los no creyentes, y los sufrimientos y dolores de los hombres y mujeres del
mundo entero. Hay que mantener ese corazón amplio y universal, tan adecuado al día y al momento
de hoy.

En este momento se hace oración en común por las diferentes intenciones que en la familia
quieran presentar al Padre en nombre de Jesús crucificado. Aquí te sugerimos algunas, pero es
importante que, además de éstas, y en esta ocasión tan especial, la familia escoja algunas
propias.

Te presentamos un ejemplo de cómo lo pueden hacer, aunque lo importante es orar juntos con
espontaneidad y libertad. En este caso nuestra oración es por México, o tu país:
Señor Jesús, te pedimos perdón porque actualmente en México (o tu país) abunda la violencia, la
impunidad, la corrupción y la apatía. Además, nuestra fe es muy infantil y mágica.
Los partidos sólo buscan el poder y los ciudadanos nos mantenemos indiferentes o a la expectativa.
Por eso sálvanos, concédenos: paz y justicia. Que todos nos comprometamos en formar una sociedad
honesta y esforzada por el bien común. Que María de Guadalupe nos haga crecer y madurar en
nuestra fe y vivencia cristiana. Que los bautizados no nos mantengamos al margen sino nos
constituyamos en agentes de reflexión y cambio.
JESÚS, SALVADOR DE LOS HOMBRES, SÁLVALOS.

Otras posibles intenciones, junto con las que la familia escoja para orar en común. Cada quien
puede ir haciendo alguna o escoger la que más guste.
+ La Iglesia; + la pobreza y el desempleo; + el hambre; + migración y marginación; + la
evangelización; + la política; + la sociedad actual: consumismo y despilfarro, comercio humano; + la
niñez; + la familia; + los matrimonios; + la juventud; + la enfermedad y el dolor; + los ancianos; + los
que se dedican a servir de cualquier modo, especialmente en estas circunstancias mundiales.
TERCER MOMENTO: ADORACIÓN A JESÚS CRUCIFICADO

TERCER MOMENTO: ADORACIÓN A JESÚS CRUCIFICADO

En este momento de nuestra celebración, si el lugar donde colocamos desde el inicio es propicio,
ahí mantenemos su imagen, pero si fuera necesario ponemos un crucifijo o una imagen de
Jesús crucificado en medio de nosotros o en algún lugar clave para que se adorado por
nosotros. Vamos a hacer memoria de su Amor entregado y le manifestaremos nuestra adhesión y –
digámoslo así- nuestra complicidad. Le manifestaremos nuestra fe.

En este momento se lee el siguiente comentario:


Aquel instrumento de tortura, el instrumento de la muerte más infamante que se podía infligir en
aquella época, se ha convertido para nosotros en un signo de fe, una afirmación de esperanza y de
amor. Ya estamos acostumbrados y nos resulta fácil mirar1a la cruz y adorar en ella al crucificado.
Pero al principio, en aquellos primeros tiempos del cristianismo, cuán irracional parecía tener como
signo de fe algo tan impresentable como una cruz. Y cuántas burlas tuvieron que soportar los
primeros cristianos por manifestarse seguidores de un hombre que había acabado colgado en un
suplicio tan abominable, ridículamente expuesto al escarnio público.
San Pablo lo expresará contundentemente:
“Mientras los judíos piden señales y los griegos buscan saber, nosotros predicamos un Mesías
crucificado, para los judíos un escándalo, para los paganos una locura; en cambio, para los
llamados, lo mismo judíos que griegos, un Mesías que es fuerza de Dios y saber de Dios: porque la
locura de Dios es más sabia que los hombres, y la debilidad de Dios más potente que los hombres” (I
Cor. 1,22-25).
Cuando hoy ponemos la cruz en medio de nuestra asamblea, y manifestamos nuestra adhesión a
Jesús crucificado, y le decimos: “creemos en ti”, no deberíamos olvidar el rostro destrozado de ese
Jesús en quien creemos. No debía resultar nada agradable; debía ser, como decía Isaías, alguien
“ante el cual se ocultan los rostros”. Imaginemos su figura destrozada, y así acerquémonos a besar
su cruz, a decirle nuestra fe, a afirmarle de nuevo nuestra adhesión. Y, al hacerla, seamos
conscientes de que estamos escogiendo un concreto modelo de persona y no otro. Un modelo de
persona que es todo lo contrario del triunfador de los anuncios de la TV o del dirigente político o
económico que habla como si todo se estuviese haciendo la mar de bien mientras muchos
trabajado¬res quedan en situaciones laborales cada vez más precarias y mientras en los países del
Tercer Mundo aumenta la miseria. Estamos escogiendo un modelo de hombre. El que Pilato
presentó allí en el pretorio. Y, al mismo tiempo, estamos diciendo que este modelo de persona tiene
futuro, todo el futuro, el futuro de Dios. Jesús clavado en la cruz nos muestra este modelo de
persona vivido como un acto absoluto de amor, de confianza, de esperanza; vivido como sólo Dios
es capaz de vivir. ¡Sólo Dios podía amar así! Y por eso, de este amor tan pleno, de este amor tan
divino, nosotros creemos que surgirá vida, vida inagotable. El grano de trigo, sepultado en la tierra,
dará mucho fruto. Lo hacemos tomando en nuestras manos nuestra Cruz del Apostolado en señal de
esto mismo: lo hacemos diciéndole: JESÚS CRUCIFICADO, TÚ ERES MI FUERZA Y MI SABIDURÍA.

Cada uno pasa ante Jesús crucificado y hace un gesto de amor ante él (puede ser una
genuflexión, darle un beso, etc.). Al pasar a adorar a Jesús crucificado, tocando o teniendo en sus
manos su Cruz dicen: Jesús Crucificado, Tú eres mi Fuerza y mi Sabiduría.
CUARTO MOMENTO:
CONCLUSIÓN Y ORACIÓN FINAL

CUARTO MOMENTO:
CONCLUSIÓN Y ORACIÓN FINAL

Oración final

Alguno de los presentes hace la siguiente oración:

Jesús mío, que quisiste morir en la cruz para salvar a todos los hombres, concédeme aceptar
por tu amor la cruz del sufrimiento aquí en la tierra, ayudar a mis hermanos a cargar la
suya, de manera que podamos unirnos íntimamente a Ti, desaparecer nosotros para que Tú
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aparezcas y gozar en el cielo los frutos de tu redención, amén.

Conclusión

Se lee el siguiente texto:

“Había también allí, algunas mujeres que miraban de lejos. Entre ellas estaban María Magdalena,
María, la madre de Santiago el menor y de José, y Salomé, que seguían a Jesús y lo habían servido
cuando estaba en Galilea; y muchas otras que habían subido con él a Jerusalén.
Era día de Preparación, es decir, víspera de sábado. Por eso, al atardecer, José de Arimatea –miembro
notable del Sanedrín, que también esperaba el Reino de Dios– tuvo la audacia de presentarse ante
Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Pilato se asombró de que ya hubiera muerto; hizo llamar al
centurión y le preguntó si hacía mucho que había muerto. Informado por el centurión, entregó el
cadáver a José.
Este compró una sábana, bajó el cuerpo de Jesús, lo envolvió en ella y lo depositó en un sepulcro
cavado en la roca. Después, hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. María Magdalena y María,
la madre de José, miraban dónde lo habían puesto.”

Así termina Marcos el relato de la pasión de Jesús. Y en esa mirada, en la mirada de María Magdalena
y María madre de José, está hoy nuestra mirada. Es la mirada del dolor y la tristeza, porque el Señor
ha muerto: la mirada que una honda tradición de piedad cristiana ha sabido ver también reflejada
en el rostro de otra María, María de Nazaret, la madre de Jesús, la madre de la Soledad del Sábado
Santo. Y es la mirada que al mismo tiempo es capaz de esperar, perpleja, silenciosa, grávida del
recuerdo de una palabra oscura pero que vuelve una y otra vez a la memoria: “El grano de trigo
sepultado en la tierra da mucho fruto...”.

Hoy nos ponemos en silencio ante el sepulcro y nos dejamos penetrar por todo lo que hemos vivido:
¿Por qué ha muerto Jesús? ¿Por qué ha tenido que morir?

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