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Hoy viernes recordamos el inicio de la pasión de Jesús, su sufrimiento “inicia” en

un jardín, el Getsemaní, lo que ocurre en ese huerto nos muestra el por qué murió Jesús y
cómo debemos responder a esto, pasaremos por Mateo, Marcos y Lucas. Empecemos por
el relato de Mateo:
Fue Jesús con Sus discípulos a un lugar llamado Getsemaní, y les dijo: —Siéntense
aquí mientras voy más allá a orar.
Se llevó a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, y comenzó a sentirse triste y angustiado. —
Es tal la angustia que me invade que me siento morir—les dijo. Quédense aquí y
manténgan- se despiertos conmigo (Mateo 26:36-38).
¿Que tanto fue el sufrimiento de Jesús? En Mateo encontramos la forma en que el
mismo Jesus describe su sufrimiento: “Es tal la angustia que me invade que me siento
morir”. Su agonía interna y mental era tal que sentía que moría en ese momento. Mateo
nos indica que al alejarse Jesús del resto de los discípulos con Pedro, Santiago y Juan para
orar en el jardín, “comenzó a sentirse triste y angustiado” (Mateo 26:37).. Dicen los
estudiosos del griego que la palabra usada acá indica que Jesús se sintió asombrado y
perplejo, confuso, aturdido, abrumado por lo que vendría. Una pregunta valida que nos
podemos hacer es la siguiente, ¿porque Jesús enfrenta su inminente muerte tan diferente a
muchos de sus primeros seguidores? Esteban muere viendo al cielo y con su rostro como un
ángel, y muchos historiadores describen que esos primeros cristianos morían con rostros
alegres y cantando.
¿Cuál es la razón, entonces, para el horror y la agonía de Jesús antes de Su muerte?
La respuesta es que esta era una muerte diferente a la que alguien jamás haya enfrentado.
Mateo continúa:
Y adelantándose un poco, cayó sobre Su rostro, orando y diciendo: —Padre Mío, si
es posi- ble, que pase de Mí esta copa; pero no sea como Yo quiero, sino como Tú quieras.
Entonces vino Jesús a los discípulos y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: —¿Conque no
pudieron velar una hora junto a Mí? Velen y oren para que no entren en tentación; el
espíritu está dispuesto, pero la carne es débil.
Apartándose de nuevo, oró por segunda vez, diciendo:
—Padre Mío, si esta copa no puede pasar sin que Yo la beba, hágase Tu voluntad.
Vino otra vez Jesús y los halló durmiendo, porque sus ojos estaban cargados de sueño. De-
jándolos de nuevo, se fue y oró por tercera vez, y dijo otra vez las mismas palabras (Mateo
26:39-44 NBLH).
Mateo, Marcos y Lucas mencionan “la copa” como el centro de la oración de Jesús
esa noche. La copa, en tiempos antiguos, era como la silla eléctrica o inyección letal. “La
copa” no representaba cualquier tipo de muerte general, sino más bien una muerte
judicial.
En la Biblia, “la copa” se refiere a la misma ira del juicio de Dios sobre la injusticia
y la maldad. Ezequiel 23 dice: “Beberás… la copa de ruina y desolación… y te desgarrarás
los pechos”. Isaías 51 habla de aquellos que toman “el cáliz de Mi furia… la copa que te
hacía tambalear”. La razón por la que Jesucristo no murió con tanta gracia como los
cristianos posteriores es debido a que ninguno de ellos enfrentó la copa de la ira de Dios.
Jesús era consciente de que enfrentaría algo más que una muerte física dolorosa. Jesús sabía
que estaba a punto de experimentar la ira completa sobre la maldad y el pecado de toda
la humanidad. La ira del juicio de Dios caería sobre Él en vez de caer sobre nosotros.
¿Cómo se siente la ira de Dios?.
Dios es un justo, otra manera que podríamos resumir lo que es el pecado es como
decir, “no quiero tener a Dios en mi vida” el justo juicio de Dios es darnos lo que
pedimos, es darnos la espalda. Es algo justo y muuuy terrible, pensar en que Dios esté
completamente lejos y ajeno a mi siquiera por unos minutos sería un dolor
indescriptible.
Volviendo al Getsemaní, como lo describe Timoty keller en su libro: “Jesús conocía
la comunión perfecta y amorosa con el Padre. Jesús conocía la infinita felicidad de un
compañerismo pleno con el Padre. Sin embargo, al ir caminando hacia el huerto del
Getsemaní comenzaría a orar, y de pronto —por primera vez en toda la eternidad— se dio
cuenta de que las líneas de comunicación se romperían.”
Quizá, la única forma de entender el tamaño de Su sufrimiento es entendiendo que
Jesús es el Hijo de Dios; perder el amor de un amigo, duele; perder el amor de mis hijas o
mi esposa, eso sería infinitamente más doloroso. Entre más larga, profunda e íntima sea la
relación de amor, más doloroso es cuando se rompe. Pero la perfecta relación de amor del
Hijo con el Padre es muchísimo más grandiosa que la relación que tengo con mi esposa y
esa es la relación que Jesús estaba a punto de perder.
Pero Jesús no solo experimentaría la ausencia del Amor del Padre, sino que
también toda su Ira, si el amor de Dios es infinitamente superior al de nosotros seres
humanos, te imaginas como será su Ira? Inimaginable.
Los evangelios describen que era tal su angustia que sudaba como gotas de
sangre, algunos médicos han descrito esta como una posibilidad real, cuando se enfrenta
una gran angustia los vasos sanguíneos del cuero cabelludo pueden llegar a romperse y si
se mezclan con el sudor pude llegar a asemejarse a que sudamos sangre. Tan fuerte fue el
dolor de Jesús que cayó en tierra y suplicó: “No permitas que esto suceda”.
Jesús iba a perder la comunión eterna con su Padre por nosotros, lo hizo como
nuestro sustituto.
Toda nuestra salvación descansa en la obediencia de Jesús. y definitivamente nada
en nuestro merito… solo Fe…. Jesús sufrió el castigo que nosotros deberíamos sufrir pero
también en su obediencia él vivió la vida que nosotros nunca podremos vivir.
En la Cruz Jesús recibió el completo y justo castigo que merecemos por
desobedecer la ley de Dios, aunque él no lo merecía, gracias a esa obra, los que creemos
en Jesús somos perdonados y liberados de la condenación por nuestros pecados.
Pero hay otro aspecto que no debemos pasar por alto, durante su vida Jesús
cumplió las demandas de la ley de Dios, él fue el único ser que amó perfectamente a Dios
sobre todas las cosas y amó a su prójimo. Por lo tanto merece todas las bendiciones de
Dios sobre si.
Gracias a la obediencia de Jesús de morir en la cruz yo recibo el perdón de mis
pecados, y gracias a su vida de completa justicia yo recibo la recompensa de Dios que él
merecía. Esta es una salvación profunda, esto es gracia, inmerecida, como el himno que
cantamos sublime gracia del Señor.
En el Getsemaní el Señor Jesús, vislumbro de cerca lo que se venía sobre sus
hombros, probo un chiquitito de la copa que bebería, es como si el Padre le hubiera
acercado la copa y mostrado lo que vendría, abandono del padre y expuesto a su ira. Si
Jesucristo no hubiera entendido lo que significaba la copa de forma completa antes de
beberla, no hubiera sido un acto voluntario. Pero al tomar la copa, sabiendo lo que sabía,
hace de Su amor por nosotros el acto más maravilloso de todos, y demostró su perfecta
obediencia a Dios.
El famoso predicador del siglo 18 Jonatan Edwards hace un relato imnaginario de
lo que pudo haber pasado por la mente de Jesús al ver a Sus discípulos, quienes no habían
podido siquiera permanecer despiertos para apoyarlo en la hora de Su necesidad más
grande, y pudo haber dicho con completa justicia:
¿Por qué debo Yo, que he vivido por toda la eternidad en el gozo del amor del Padre,
arrojarme dentro de tal horno por ellos que nunca podrán pagarme por ello? ¿Por qué
debería rendirme para ser molido por el peso de la ira divina por aquellos que no me aman,
y son Mis enemigos? Ellos no merecen estar unidos a Mí, nunca lo han merecido, y nunca
harán nada para merecerme.
Él bien pudo haber dicho esto… pero no lo hizo. En vez de eso, le dijo a Dios:
“Hágase Tu voluntad”. Edwards concluye: “Sus sufrimientos abundaron, pero Su amor
sobreabundó. El alma de Cristo estaba abrumada por un diluvio de dolor, pero este dolor
provenía de un diluvio de amor por los pecadores; tan grande como para inundar el mundo
y sobrepasar la más grande montaña de pecados. Esas grandes gotas de sangre que cayeron
a tierra fueron una manifestación de un océano de amor en el corazón de Cristo”.
Ahora bien, ¿qué diferencia hace esto en nosotros? ¿En qué nos ayuda a ver a
Jesús sufrir algo que nosotros nunca experimentaremos? Primero: en el huerto de
Getsemaní encontramos un ejemplo de integridad, el Señor Jesús fue obediente a solas,
en privado, así como lo fue en público ante las multitudes, en el huerto aunque nadie le
veía, él hizo lo correcto. Permíteme preguntarte algo: ¿eres la misma persona en la
oscuridad y en la luz? ¿Eres el mismo en privado y en público? ¿O estás viviendo una vida
doble?
Segundo: Jesús es un modelo de oración ; él fue absolutamente honesto sobre sus
deseos y sentimientos pero a la vez sumiso a la voluntad de Dios, tres veces le dijo que
preferiría no beber la copa, pero enseguida declaró pero no se haga mi voluntad sino la
tuya, El propósito central de la oración no es que Dios haga mi voluntad, sino someter mi
voluntad a la Suya. Imitemos a nuestro maestro en su manera de orar, no falta ocultarle tus
sentimientos, pero tampoco dejes que ellos te dominen, pero sobre todo sométete a Su
voluntad.
En tercer lugar, en el jardín tenemos un tremendo ejemplo de paciencia hacia las
personas. En el relato de Mateo, Jesús regresa a Sus discípulos y les dice: “¿No pudieron
mantenerse despiertos conmigo ni una hora?” (Mateo 26:40). Aquí tenemos a un hombre,
pidiéndoles a Sus amigos que lo apoyen en su hora mas negra, pero estos se quedan
dormidos. Es decepcionante, pero ¿qué les dice? Mateo registra Sus palabras: “El espíritu
está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo 26:41). Jesús les esta diciendo: “Me fallaron,
pero sé que tenían buenas intenciones”. Aun en su momento mas duro, Jesus puede
encontrar algo con qué afirmar a Sus amigos. Cuanto tenemos que aprender aun de nuestro
Señor, Maestro y salvador.
Quiero terminar con un último punto. Conozco algunas personas que me han dicho:
“Me gustaría seguir a Cristo, pero no creo que pueda. No confío en mí mismo. Creo que Él se
cansaría de mis errores”. Quizá tu que escuchas piensas lo mismo, mira nuevamente a
Jesús en Getsemaní, mira lo que Su amor le ha permitido soportar por ti. Si Jesús le
hubiera dado la espalda al sufrimiento y la cruz, estaríamos perdidos, pero no lo hizo. El
infierno se derramó sobre Él, y no nos soltó. ¿Tú crees que de alguna manera lo pudieras
confundir con tus errores? ¿Crees que Jesús te mirará y dirá: “¡Ya no aguanto más! ¡Puedo
soportar el tormento infernal de la copa, pero a ti no!”?
Si la copa no lo hizo renunciar a nosotros, nada lo hará. Por eso, Pablo puede decir
que nada “podrá apartarnos del amor… en Cristo” (Romanos 8:38-39). El Señor dice:
“Nunca te dejaré; jamás te abandonaré” (Hebreos 13:5).
Este es el único amor que no te decepcionará. Lo que tu alma anhela no es el amor
de un amigo, ni el reconocimiento personal, ni siquiera el amor romántico. Este es el amor
que estás buscando. Y si este amor se hace real en tu vida, serás una persona de integra,
serás una persona de oración, serás amable con los que te maltratan. Si tienes este amor,
serás un poco más como Jesús.
Oremos: Definitivamente Señor, podemos decir que tu salvación es grande, nos has dado
un gran salvador, nuestro amado Jesus, ayudanos a entender tu gracia, a disfrutarla, y
extenderla a los que nos rodean, Señor nuestro motor para amarte y servirte es tu gran
amor por nosotros, te pido que los que escuchan y están cargados y cansados de
sobrellevar ellos mismos sus culpas y pecados, oigan tu voz, quebranta las cadenas y
muestrales tu gran amor en Jesus.
Que la bendicion del Señor esté sobre ti y tu familia.