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Aconsejando al Niño con Inquietudes

ACONSEJANDO
AL NIÑO CON
INQUIETUDES

Publicado por
SAM DOHERTY
Child Evangelism Fellowship, Inc. (APEEN)
(53 Thornleigh Drive, Lisburn, Co. Antrim BT28 2DA, Irlanda del Norte)
© Abril 1996

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Todos los derechos reservados.

APEEN - España

ALIANZA PRO-EDUCACION ESPIRITUAL DEL NIÑO


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Aconsejando al Niño con Inquietudes

CONTENIDO
Tema Página

Prólogo 3

Introducción 4

1. Cinco preguntas que debemos hacernos 7



2. Diez principios que debemos comprender 11

3. Diez pasos que debemos dar 17

4. Posibles pasos finales 29

5. Tres bosquejos para aconsejar 31

6. Algunas preguntas y respuestas 35

7. ¿Y ahora qué? 39

8. Libros para profundizar sobre el tema 41

9. Diferentes comentarios 43

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Aconsejando al Niño con Inquietudes

PRÓLOGO
El Dr. Martin Lloyd Jones dice en uno de sus libros: “No hay nada tan maravilloso para un predicador como
el experimentar la unción del Espíritu Santo mientras predica y oír hablar de las almas que han sido llevadas a
tener convicción de pecado y han experimentado el nuevo nacimiento”.
No existe nada más emocionante para un obrero de niños que se le acerque un niño o una niña y le comparta
de alguna manera que desea ser salvo. ¡Qué alegría da el sentarse con él o ella y conducirle poco a poco al Sal-
vador!
Por supuesto, éste no es un ejercicio puramente mecánico o intelectual. No somos una especie de comadronas
hacedoras de milagros espirituales con capacidad para hacer ingresar niños en el Reino. Ganar almas es obra
del Espíritu Santo y es necesario tener un gran tacto y una gran sabiduría. Este manual da buenos consejos
acerca de cómo llevar a cabo esta tarea. Aquí tenemos excelentes directrices, instrucciones para el mayor de
los privilegios. Este pequeño manual debería formar una parte esencial de las herramientas de todo obrero de
niños y de maestros de escuela dominical. Y evidentemente será de gran ayuda para cualquiera que se dirija a
almas de cualquier edad.
El lector es llevado de manera sistemática a través de los pasos que se deben dar. Se enfatiza la necesidad de
una oración consciente y de preparación. No obstante, en el análisis final que se realiza, se muestra claramente
que “la salvación es del Señor”. El consejero no debe violar nunca la voluntad del niño ni buscar el forzar una
“decisión”.
Desearía haber podido contar con un libro como éste en mis inicios de la tarea evangelística.
No puedo pensar en alguien que esté más cualificado que Sam Doherty para escribir un libro sobre “Aconse-
jando a un niño con inquietudes”. Sam fue llamado a evangelizar a niños poco después de ser salvo hace 46
años. Desde entonces ha buscado con fidelidad el llevar el evangelio a niños y niñas y Dios le ha usado para la
salvación de muchas almas jóvenes.
He tenido el privilegio de trabajar con Sam durante 45 años. He observado cómo trata con niños y también
cómo ha enseñado a otros a realizar esta tarea. Nunca he conocido a nadie tan capacitado.
Mi oración es, en primer lugar, que Dios utilice este pequeño manual para desafiar a muchos a emprender la
tarea de evangelizar a los niños y, en segundo lugar, que sea de gran ayuda y bendición para aquellos que ya
están involucrados en esta importante labor.

David McQuilken
Director Nacional de APEEN de Irlanda 1965-1995
y co-editor de estas series de manuales

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Aconsejando al Niño con Inquietudes

INTRODUCCIÓN
“Había concluido la reunión de niños. Éstos iban abandonando la habitación de su habitual manera rui-
dosa. La maestra dio un suspiro de alivio. Otra reunión del Club de Buenas Nuevas que terminaba y todo
había marchado bastante bien. Estaba cansada y con ganas de volver rápidamente a casa, cenar y tener su
merecido descanso.
Casi todos los niños se habían ido ya. Ella había terminado de recoger todos los materiales utilizados para
la clase y se disponía a marchar. Entonces vio a Terry, un niño de ocho años que venía cada semana al
Club de Buenas Nuevas y que siempre parecía escuchar bien todo lo que ella enseñaba. Había notado que
aquella tarde él había estado prestando mucha atención a todo lo que decía en el Club de Buenas Nuevas.
Estaba de pie cerca de la puerta, moviéndose nerviosamente de un lado a otro y mirándola.
“¿Querías algo, Terry?”. Le preguntó bondadosamente. “¿Puedo ayudarte?”.
Terry tragó saliva varias veces y soltó: “Sí, señorita. Me gustaría ser salvo. ¿Podría usted mostrarme cómo
puedo hacerlo, por favor?”. Se calló y la miró.
La cabeza de la maestra empezó a dar vueltas. Pensó: “¿Como puedo llevarle a Cristo? No lo he hecho
nunca”.
Este manual está escrito para maestros como el que hemos descrito. Es breve, sencillo y sistemático; su propó-
sito es ayudarte a saber cómo ser un consejero de niños efectivo y cómo conducir a un niño a Cristo.
Las dos secciones primeras resumen primero los diez principios que un consejero de niños debe comprender,
en mayor o menor grado, para que su ministerio sea efectivo y, posteriormente, los diez pasos que hay que
seguir para aconsejar a un niño.
Quizás seas como la maestra mencionada al principio y no hayas hecho esto nunca. O quizás sí lo hayas hecho,
pero eres consciente de que necesitas ayuda para ser un mejor consejero. Todos deberíamos desear que nuestro
ministerio sea lo más eficaz posible y debemos examinar continuamente lo que estamos haciendo para ver si
podemos mejorar.
Si lo que se describe en estas páginas que siguen te sirve de ayuda de alguna manera, se habrá conseguido el
propósito de este manual.
El contenido de este manual se basa en primer lugar en principios bíblicos. La Biblia nos proporciona mucha
ayuda en cuanto a este asunto tan vital que es el conducir a los niños hasta Cristo y todo lo que hacemos y de-
cimos debe estar basado en la Palabra de Dios.
En segundo lugar, casi todo lo que se escribe en este manual se basa en mi propia experiencia personal acon-
sejando a muchísimos niños a lo largo de los más de 45 años en los que he estado trabajando con APEEN. A la
vez que me considero plenamente responsable del contenido de este manual, quiero reconocer mi deuda con
mis líderes y colaboradores de esta gran organización que está alcanzando con el evangelio a millones de niños
alrededor de todo el mundo. He recibido de ellos mucho ánimo y ayuda.
También le he enseñado el contenido de este manual a miles de obreros de niños y estudiantes de muchos paí-
ses, y ellos han dicho que les ha sido de gran ayuda en sus ministerios.
Debo señalar, no obstante, que este manual habla de cómo aconsejar a niños en cuanto a la salvación en cir-
cunstancias favorables. Tendrás que adaptar estas directrices a cualquier situación en la que te encuentres. Por
ejemplo, si te das cuenta de que el niño al que estás aconsejando tiene muy poco conocimiento del trasfondo
de la Biblia y de que eso le dificulta el seguir y entender todo lo que quieres decirle, en ese caso deberás tener
más de una sesión de consejería con él.
Pero creo que es de gran ayuda el tener un plan “ideal” para aconsejar y estar preparados para usarlo. Después,
si las circunstancias lo requieren, puedes adaptarlo a tu situación particular.
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Aconsejando al Niño con Inquietudes
Por comodidad utilizaré el pronombre “él” cuando hago referencia al consejero de niños. Soy consciente de que
muchos (por no decir la mayoría) de los que trabajan con niños y que están involucrados en un ministerio de
consejería con niños, son mujeres (y gloria a Dios por cada una de ellas). Pero estoy seguro de que no tendrán
objeción a que utilice el pronombre masculino. Además de la comodidad del uso de un sólo género, confío en
que ello también subraye la necesidad de ver a más hombres involucrados en un ministerio con niños.
Confío (y oro por ello) en que este manual sea de ayuda para ti, mi querido lector y obrero de niños.
Puede que algunos tengáis la oportunidad de enseñar esta materia a algún grupo de maestros utilizando este
libro como una guía y como un libro de texto. Si así fuere, quiero sugerirte que utilices al menos cuatro sesiones
de una hora para poder enseñarlo a conciencia. Se pueden tratar las secciones I y II en una sola sesión y después
dedicar tres sesiones a la sección III y a las preguntas que siguen.
Además, deberías hacer al menos una demostración pública de cómo aconsejar, haciendo usted mismo de
consejero y uno de los estudiantes de niño. También puedes pedirle a los estudiantes que se aconsejen el uno al
otro en algún momento fuera de la clase. La práctica lleva a la perfección.

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Aconsejando al Niño con Inquietudes

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Aconsejando al Niño con Inquietudes

CINCO PREGUNTAS QUE 1


DEBEMOS HACERNOS
El maestro que está comenzando su ministerio con niños y oye hablar de consejería por primera vez se hace
muchas preguntas. Pero el maestro más experimentado tiene preguntas similares. A veces, incluso, puede en-
contrarse en la situación de la maestra citada en el prólogo. Ha enseñado a niños durante muchos años pero
puede que nunca se haya sentado con un niño para conducirle a Cristo. Por tanto, el concepto de consejería
también es nuevo para él. Como nuestra maestra del comienzo, quizás llegado el momento no sabría qué hacer.
1. ¿QUÉ SIGNIFICA ACONSEJAR A UN NIÑO?
La primera pregunta y, la más básica, se dirige al corazón del asunto y es la siguiente: “¿De qué estamos hablan-
do? ¿Qué significa aconsejar a un niño y conducirle hasta Cristo?”.
Aconsejar a un niño para alcanzar la salvación significa sencillamente sentarse con un niño (o quizás con
varios) y hablar con él personalmente y, a petición suya, para mostrarle cómo puede poner su fe en Jesucristo
como su Señor y Salvador. Si quiere creer en Cristo, se le debe ayudar a hacerlo. Eso es aconsejar. Eso es lo que
significa llevarle a Cristo.
Es interesante ver que el diccionario define “aconsejar” como “advertir”, “recomendar”, “informar o guiar hacia
la perfección moral”.
Los niños que ya son salvos también necesitan a menudo ser aconsejados de manera personal. En este manual
nos concentraremos en la consejería dirigida hacia niños que no son salvos y cómo guiarles hasta Jesucristo.
2. ¿POR QUÉ ES LA CONSEJERÍA UNA PARTE IMPORTANTE DE TU MINISTERIO?
Dios te ha dado un ministerio dirigido al grupo de niños a los que enseñas de manera regular. Cuando te reú-
nes con ellos cada semana utiliza tu lección bíblica (y por supuesto todo el programa) para evangelizarles. Esto
quiere decir que les enseñas:
• Que deben ser salvos a causa de su pecado y porque Dios es santo.
• Que pueden ser salvos por medio de lo que Jesucristo ha hecho por ellos en la Cruz.
• Que serán salvos si se arrepienten de sus pecados y confían en Jesucristo como su Salvador.
Por tanto, explicas a tus niños el camino de salvación y les animas y desafías a confiar en Jesucristo como su
Salvador.
Eres un evangelista y la evangelización es tu ministerio. Ora para que haya niños de tu clase que lleguen a
confiar en Jesucristo como su Salvador y ora para que el Espíritu Santo convenza a los niños de su pecado y los
lleve a Jesucristo. Puede que algún niño de tu grupo llegue a creer en Cristo como su Salvador mientras tú estás
hablando o puede que lo haga posteriormente, en su casa.
Pero también puede haber otros niños en la reunión que necesitan ayuda personal, que tienen preguntas o
problemas específicos relativos a la salvación y que requieren una respuesta o solución personal. Aún no están
seguros de lo que deben hacer para ser salvos y necesitan que alguien hable con ellos personalmente. Es debi-
do a que existen niños así, que la consejería debe ocupar un lugar importante en tu ministerio. Muchos niños
vienen a Jesucristo “por su cuenta” para encontrar la salvación y estamos agradecidos por ello. Pero hay otros
niños que necesitan tu ayuda a nivel personal para hacerlo y tienes que estar preparado para proporcionarles
esa ayuda.

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Aconsejando al Niño con Inquietudes
Por tanto, debes estar preparado y dispuesto e, incluso, buscando oportunidades para aconsejar a niños así.
Tienes que verlo como una parte de vital importancia dentro de tu ministerio y, por ello, deberías dedicarle
tiempo en tu horario.
3. ¿QUIÉN ESTÁ CAPACITADO PARA ACONSEJAR A UN NIÑO?
El estar preparados para aconsejar a los niños de una manera personal y conducirles a Cristo es verdadera-
mente una responsabilidad de todo maestro de niños y de todo obrero que trabaja con niños. Su ministerio de
consejería es, en muchos sentidos, tan importante como su enseñanza de una lección de la Biblia.
Es obvio que el maestro que guía a un niño hasta Cristo debe, en primer lugar, haber acudido él mismo a Cristo
para salvación. También tiene que tener claras las doctrinas bíblicas básicas y su propia seguridad de salvación.
Evidentemente ha de estar convencido de que Dios puede salvar a los niños y que lo hace. Además, la Biblia
enseña que Dios sólo le usará y le bendecirá en su ministerio si busca caminar con Él.
Pero, dicho esto, hay otros pasos que se deben dar para estar cualificado para guiar a los niños hasta Cristo:
• Debes aprender tanto como te sea posible acerca de cómo conducir a un niño hasta Cristo. Confío en que
este manual te sea de ayuda.
• Debes estar dispuesto a involucrarte en el ministerio de consejería de la manera y en el momento en que
Dios Espíritu Santo abra la puerta. Aprenderás más a través de la experiencia que de cualquier otra manera.
También aprenderás de tus errores (después de orar y evaluarte) y podrás intentar no volver a cometerlos
en el futuro.
• Debes depender del Espíritu Santo para que pueda usarte como consejero. Ore para que Dios te ayude y te
guíe. Él está más preocupado por el niño de lo que tú puedas estarlo.
4. ¿CUÁNDO Y DÓNDE TENEMOS OPORTUNIDADES PARA ACONSEJAR?
La mayoría de las oportunidades para aconsejar y conducir a los niños hasta Cristo se dan después de una re-
unión de niños o de una clase de la escuela dominical. Durante esa reunión o clase has presentado de manera
clara el evangelio (normalmente a través de la lección bíblica). Le has mostrado a los niños cómo confiar en
Cristo y les has desafiado o invitado a hacerlo. Has enfatizado que pueden poner su fe en Cristo en cualquier
lugar y en cualquier momento; pero también has subrayado la importancia de hacerlo hoy mismo y no apla-
zarlo para otro día. No has presionado a los niños para que crean en Cristo, por supuesto. Sabes que ésa es la
obra del Espíritu Santo y que tú no debe intentar hacer su trabajo.
También eres consciente de que podría haber un niño en la reunión que quiere creer en Cristo, pero que aún
no está muy seguro de cómo hacerlo. Te das cuenta de que este niño necesita ayuda personal y consejo de tu
parte. Algunas veces estos niños son tímidos y nunca vendrían a hablar contigo a no ser que te hagas accesible
a ellos. Por tanto, en algún momento de la reunión debes haberle dicho a los niños algo parecido a esto: “Si
alguno de los niños o niñas que estáis aquí no es salvo y desearía serlo pero no sabe cómo, me gustaría hablar
contigo después de la reunión y ayudarte. Cuando la reunión termine quédate sentado y, si te veo sentado, yo
sabré que quieres hablar conmigo”.
O bien: “Quizás haya entre nosotros algún niño o alguna niña que aún no es salvo y le gustaría serlo. Pero a lo
mejor todavía no sabes lo que tienes que hacer para ser salvo. Me gustaría hablar contigo y ayudarte. Si deseas
que lo haga, por favor, ven y siéntate en una de estas sillas de la primera fila cuando la reunión haya terminado
y los otros niños se hayan ido. Con gusto me sentaré contigo y hablaremos”.
De esta manera se habrás hecho accesible a los niños que te necesiten y que quieran recibir ayuda y consejo
personal. Pero lo has hecho de una manera que no implica una presión. Has dado a conocer a los niños que
estás dispuesto a ayudarles a creer en Jesucristo y deseoso de hacerlo y les has dejado claro lo que tienen que
hacer para conseguir esta ayuda. No les has pedido a los niños que quieran ayuda que levanten sus manos, se
pongan de pié o vengan adelante; sino que les has informado de que, si quieren que les ayudes a acudir a Cristo
para salvación, pueden esperar detrás. Esto deja la decisión claramente en las manos del niño. Sin presión de
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Aconsejando al Niño con Inquietudes
ningún tipo.
Por lo tanto, el momento adecuado y la mejor oportunidad para aconsejar a un niño y guiarle a Cristo es des-
pués de la reunión o de la clase de escuela dominical.
Pero, además de lo dicho hasta ahora, puede haber otras ocasiones en que podemos aconsejar a un niño que no
es salvo y conducirle a Cristo en otro momento diferente de la reunión formal. Puede que te encuentres con un
niño que obviamente no es salvo y que sientas que el Señor te guía a acercarte a él y hablar con él personalmente
acerca de su necesidad de salvación. Puede que entonces busques una oportunidad dada por Dios para iniciar
una conversación o una serie de conversaciones con el niño con la esperanza de que en su momento eso le lleve
a expresar un deseo de ser aconsejado. La conversación misma no es consejería, pero podría desembocar en
ella. Este tipo de situación debe ser manejada con mucha prudencia. Es fácil tratar de presionar al niño, espe-
cialmente si eres tú quien toma la iniciativa. Siempre has de tener cuidado para no impulsarle a un compromiso
que no entiende o para el que no está preparado.
También están las oportunidades que le pueden surgir a un padre que hace saber a sus propios hijos su dispo-
nibilidad para hablar con ellos y para ayudarles en el caso de que quieran creer en el Señor Jesús.
Pero, en todas estas situaciones personales, el padre o maestro debe ser muy sabio, muy sensible y muy cuida-
doso. Nunca debe ejercer ningún tipo de presión sobre el niño; sino que debe, en todo momento, estar abierto
a la dirección del Espíritu Santo.
5. ¿CÓMO PUEDE ACONSEJAR A UN NIÑO?
Ésa es la cuestión principal y trataremos de ir respondiéndola a lo largo del resto de este manual.
Creo que, para una persona que realmente quiere saber cómo aconsejar a un niño y llevarle a Cristo, es posible
llegar a hacerlo. En primer lugar tendrá que comprender determinados principios básicos que serán detallados
en las páginas que siguen. Después tendrá que conocer una serie de pasos sencillos y lógicos que hay que seguir
y que también explicaremos. Con los principios en mente y una comprensión clara del plan a seguir, estarás
preparado para ir adelante.

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Aconsejando al Niño con Inquietudes

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Aconsejando al Niño con Inquietudes

DIEZ PRINCIPIOS QUE 2


DEBEMOS COMPRENDER
Cuando un niño se acerca después de una reunión y te dice que quiere creer en Jesucristo como su Señor y Sal-
vador, tienes la responsabilidad de sentarte con él y aconsejarle de la manera más sencilla y completa posible.
Éste es un momento muy importante y crucial para el niño. No es suficiente con orar con él, ni siquiera que él
ore. No es suficiente con que firme una tarjeta con su decisión. Un consejero superficial puede hacer mucho
daño. Tienes que ser consciente de la gran responsabilidad que Dios te ha encomendado y proporcionarle al
niño toda la ayuda personal que seas capaz de darle. Tu tarea es llevar al niño a tener un contacto vital con
Jesucristo y, al mismo tiempo, mantenerse al margen en la medida de lo posible.
Probablemente no haya otro aspecto de la obra entre niños para el que necesites tanto la dirección y la sabidu-
ría que puede darte el Señor. Pero la Biblia dice: “Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el
cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Santiago 1:5).
Para prepararte para este vital ministerio es necesario, en primer lugar, pensar en los diez principios básicos
que deberías conocer, comprender y tener en mente siempre que estés aconsejando a un niño que no es salvo.
1.DEPENDER DEL ESPÍRITU SANTO
Recuerda que Dios ama al niño y que, según Mateo 18:14, Él no quiere que ningún niño perezca. Recuerda
también que el Espíritu Santo puede salvar al niño incluso aunque tú cometas errores al aconsejarle. ¡La salva-
ción es, después de todo, la obra de Dios!
Por tanto, haz todo lo que puedas, pero no te pongas nervioso ni tengas miedo. Dios quiere usarte, pero ¡no
eres tan imprescindible como quizás pienses!
Ora para que el Espíritu Santo obre en el corazón del niño para convencerle de pecado, hacer que Cristo y su
obra sean reales para él y regenerarle.
Ora para que el Espíritu Santo te ayude y te guíe en cuanto a lo que debes decir.
Debes orar de esta manera antes de ir a la reunión, antes de comenzar la reunión y antes de comenzar a acon-
sejar al niño. Después debes seguir adelante aconsejándole siempre con una actitud de oración.
2. SER SABIOS
Un consejero sabio tomará dos medidas sencillas pero de gran ayuda:
2.1. ELEGIR UN LUGAR ADECUADO
Para aconsejar, es mejor escoger un lugar tranquilo y con las menos distracciones posibles. El niño debe dar la
espalda a cualquier cosa que pudiera distraerle.
El lugar escogido debe ser público y abierto. Asegúrate de que estás a la vista cuando aconsejes a un niño des-
pués de una reunión al aire libre. Hazlo en presencia de alguien que te esté observando.
Nunca lleves al niño detrás de una pared o de un coche, ni siquiera a una habitación donde tú y él estáis com-
pletamente a solas. Además de las sospechas que esto podría levantar, puede hacer que el niño se ponga muy
nervioso.
2.2. A SER POSIBLE, ACONSEJAR A UN SÓLO NIÑO
Es mejor aconsejar de uno en uno si las circunstancias lo permiten. No obstante, puedes aconsejar a varios ni-
ños a la vez si es absolutamente necesario y con tal que todos tengan el mismo problema básico (ver la pregunta
4 del capítulo “Algunas preguntas y respuestas”).

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Aconsejando al Niño con Inquietudes
Si es posible, aconseja a los de tu propio sexo, especialmente si el niño es mayor y tú eres un adolescente o
rondas los veinte años.
3. ESTAR PREPARADOS
Aunque es totalmente cierto que debes depender del Espíritu Santo cuando estés aconsejando a niños, también
debes, al mismo tiempo, procurar hacer todo lo que puedas para ser tan eficiente y efectivo como te sea posible.
Es esencial que te prepares lo mejor que puedas para la sesión de consejería.
Hazte las siguientes preguntas:
• ¿He orado? Me refiero a pedirle a Dios antes de la clase que salve a los niños y también a orar específica-
mente, aunque sea brevemente, antes de comenzar a aconsejar.
• ¿He estudiado cuidadosamente y en profundidad un libro como éste que me ayude a saber lo que debo
hacer?
• ¿Tengo la Biblia preparada para poder utilizarla adecuadamente, con un esquema sencillo que me ayude a
recordar los pasos que ha de dar? (Ver Sección III).
• ¿He decidido de antemano el versículo bíblico que voy a explicar y a utilizar?
• ¿He hecho prácticas de consejería con un colaborador? Esto te puede ayudar mucho.
4. SER SENSIBLES
Se sensible a la dirección del Espíritu Santo con respecto a lo que debes decirle al niño. Recuerda que cada
niño es diferente. Los hay que necesitan más ayuda y que se le expliquen algunos puntos particulares más que a
otros. Es bueno tener una guía para seguirla cuando aconsejemos, pero Dios puede dirigirnos en una dirección
imprevista.
Se sensible a la dirección del Espíritu Santo con respecto a hasta dónde debes llegar al aconsejar al niño. Obser-
va las señales de advertencia que te muestren que has ido todo lo lejos que el niño quiere que tú vayas o hasta
donde está preparado para llegar (puedes verlo agitándose nerviosamente, no mirándote o pareciendo estar
muy lejos). También has de observar específicamente las evidencias de que puede no estar comprendiendo lo
que le dices.
Se sensible a la percepción espiritual y grado de comprensión del niño al que estás aconsejando y trata de en-
tenderle y mostrarle aprecio. ¿Entiende lo que le estás diciendo? ¿Está preparado para avanzar un poco más?
Debes aconsejar y guiar al niño sólo hasta donde esté dispuesto y preparado para ir. Cuando sea evidente que
el Espíritu Santo no está trabajando en el corazón del niño o que él parece no entender, o si tú sientes que él no
está preparado para ir más allá, no vaciles en concluir la sesión de consejería. Debes ser el sembrador o quien
riega la semilla, pero no el segador (1ª Corintios 3:6). Normalmente, son varios los eslabones de la cadena que
llevan a un niño a Cristo. Puede que tú seas el último, pero también puedes ser el primero.
Tanto al evangelizar como al aconsejar debes evitar presionar al niño para que dé pasos para los que el Espíritu
Santo no le ha preparado.
Esta clase de sensibilidad requiere tener auto-disciplina y reprimirse para no empujar o manipular al niño en
manera alguna.
Si él no está preparado para ir más allá, debes ofrecerte para hablar con él en otro momento si lo desea y orar a
Dios para que Él continúe obrando en su corazón.
5. SER MINUCIOSOS Y TOMARNOS EL TIEMPO NECESARIO
Debes estar dispuesto a tomarte el tiempo necesario con el niño que desea consejo. Es necesario que averigües
cuál es el problema y le muestres sencilla y claramente, con la Biblia, cómo encontrar la solución en la persona
y obra de Jesucristo. Éste es el momento más importante en la vida del niño y requiere diligencia y tiempo de

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Aconsejando al Niño con Inquietudes
tu parte. Por amor al niño, evita toda clase de superficialidad o brevedad propias de las técnicas rápidas. No
basta con hacerle unas cuantas preguntas a las que pueda responder “sí” o “no”. No basta con conseguir que
firme una tarjeta con su decisión. No basta con leer un versículo bíblico o con orar brevemente con el niño o
conseguir que él ore.
Debes hacer las cosas bien cuando le aconsejes y, para eso, hace falta tiempo. No es algo que se haga en 2 o
5 minutos. Para aconsejar a un niño que está interesado son necesarios por lo menos 20 o 30 minutos, hasta
comprender plenamente cuál es su problema y mostrarle la respuesta a ese problema. En algunos casos, cuando
se trata de un problema especial, se necesita incluso más tiempo. Puede que no sea posible darle en una sola
sesión todo el consejo que requiere. Puede que sea necesario pedirle al niño que vuelva en otra ocasión para
continuar con la sesión hasta llegar al final.
A la vez, necesitamos también ser conscientes de que el tiempo que se requiere para aconsejar depende del
niño, de su trasfondo, de lo que ya conoce y de su disposición (entre otras cosas). Algunos niños están tan dis-
puestos y verdaderamente tan bien preparados, que sólo se necesitas un tiempo breve para aconsejarles. Pero
es importante que hagamos las cosas bien y, en caso de duda, es mejor dedicar más tiempo del necesario que
menos.
Pueden darse circunstancias en que parezca difícil invertir tanto tiempo en aconsejar a un niño y debes buscar
una solución para esas dificultades, en la medida de tus posibilidades.
• Puede que los padres se preocupen si el niño no llega a casa a la hora habitual
Telefonear a los padres o pedirle a alguien que vaya a avisarles de que el niño llegará más tarde y por qué.
• Puede que el niño tenga que coger un autobús o un tren a determinada hora
Llevarle a casa en coche.
• Puede que no haya tiempo para aconsejar al niño al final de la reunión
--Decirle a los niños que deseen hablar contigo que vengan antes al día siguiente o a la semana siguiente,
para tener la sesión de consejería antes de la reunión.
--Otra posibilidad puede ser reorganizar las actividades de la reunión de manera que la lección bíblica
comience antes y no se quede para el final. Esto puede proporcionarte una oportunidad de aconsejar a
los niños interesados antes de que termine la reunión.
• Si estás hablando en una escuela un día, probablemente no habrá oportunidad de aconsejar
Asegúrese de presentar claramente el evangelio y el camino de salvación en tu lección. Ora al Señor para que
el Espíritu Santo guíe a los niños hasta Cristo a partir de lo que están escuchando. Pero puedes también de-
cirle a los niños que, si desean hablar más del tema, pueden darte su nombre y dirección para que te pongas
en contacto con ellos más adelante.
Muchos de estos problemas se pueden superar. Proponte dejar siempre tiempo para aconsejar cuando hagas tu
programación.
Hay más información sobre este principio en la respuesta a la pregunta 7 del capítulo “algunas preguntas y
respuestas”.
6. EXPLICAR Y PROFUNDIZAR A PARTIR DE LO QUE EL NIÑO YA HA OÍDO
A lo largo del tiempo de consejería no se deben presentar muchas cosas nuevas para el niño. Él debería haber
escuchado las verdades básicas del evangelio en el transcurso de la reunión. Al aconsejar, sencillamente, lo que
hay que hacer es revisar estas verdades, explicárselas, ampliárselas y asegurarnos de que el niño las comprende.
Dios ha hablado al niño a través de las verdades del evangelio que él ya ha escuchado durante la reunión y le
ha dado el deseo de ser salvo sobre esa base. Deberá construir sobre esas mismas verdades y utilizarlas como
base para sus consejos.

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Aconsejando al Niño con Inquietudes
La diferencia principal es que, al actuar como consejero, se tiene la oportunidad de preguntar y recibir respues-
tas y se pueden aplicar aquellas verdades que se han enseñado a las necesidades personales de un niño.
La sesión de consejería es, por tanto, una extensión de la lección bíblica y debe relacionarse estrechamente con
la misma. Aconsejar da la oportunidad de desarrollar las mismas verdades del evangelio de una manera más
personal, dirigiéndose a un solo niño y aplicando aquellas verdades de una forma más clara y personal a las
necesidades específicas de un niño en concreto.
7. MANTENERNOS EN LO FUNDAMENTAL
Hay que tener mucho cuidado para no desviarse del tema ni por falta de concentración o de preparación por
nuestra parte, ni porque el niño introduzca otros temas de menor importancia. El tiempo que tenemos es limi-
tado y es necesario que nos atengamos estrictamente al asunto que tenemos entre manos.
8. HACER PREGUNTAS
El error principal que cometen los consejeros con poca experiencia es que hablan demasiado y escuchan de-
masiado poco. ¡Se trata de una sesión para aconsejar, no de un culto de predicación con un solo miembro en
la congregación!
Debes escuchar al niño para discernir sus necesidades antes de poder ayudarle con estas necesidades. Debes
descubrir qué es lo que el niño comprende y qué es lo que no comprende.
Para poder aconsejar de una manera efectiva es necesario hacer preguntas y escuchar con atención las respues-
tas. De esta manera se pueden comprender mejor los problemas del niño y hasta qué punto entiende.
Hay varias reglas que se deben seguir a la hora de hacer preguntas:
8.1. Intentar evitar las preguntas que sólo permiten las respuesta “sí” o “no”, por ejemplo: “¿Eres lo suficien-
temente bueno como para ir al cielo cuando mueras?” O “¿sabes que Jesús murió en la Cruz por tus pecados?”.
Las respuestas de una sola palabra a preguntas así no nos ayudan demasiado. Pueden incluso darnos una falsa
impresión de sus problemas o de hasta qué punto comprende.
8.2. Evitar el exceso de preguntas con respuestas fáciles y obvias que invitan poco a pensar, dan escasa infor-
mación y pueden ser repetidas como un loro, por ejemplo: “¿Quién murió en la Cruz por tus pecados?”. Alguna
pregunta de este estilo puede ser de ayuda, pero no hay que excederse.
8.3. Intentar hacer preguntas cuyas respuestas nos ayuden a comprender el problema del niño y hasta dón-
de llega su comprensión en cuanto a ese tema, por ejemplo: “Cómo crees que es Dios?”, “en tu opinión, ¿qué es
el pecado? ¿qué es lo que Dios ve cuando mira en el interior de tu corazón y en tu vida?”, “¿por qué es el Señor
Jesús el único que puede limpiarte de tus pecados?”.
8.4. Asegurarse de que las preguntas son sencillas, y no excesivamente “teológicas”. Si el niño tiene problemas
con la pregunta, se debe intentar reformularla y simplificarla.
8.5. Animar al niño a utilizar sus propias palabras y a no repetir como un loro las que tú le dices. No tienen
por qué ser tan correctas o teológicas como las tuyas, pero deberían indicarle las necesidades que tiene y hasta
qué punto comprende.
8.6. A veces es bueno hacer preguntas en las que haya posibilidad de una respuesta alternativa. Esto hace
que al niño le resulte más fácil responder sin azorarse ni sentir temor de decir algo incorrecto, por ejemplo:
“¿Eres salvo o aún te lo estás pensando?”, “¿Has recibido ya a Cristo o todavía no ha llegado el momento?”.
8.7. Si el niño parece no conocer la respuesta a alguna de las preguntas (algo que ocurre a menudo), se debe
abrir la Biblia, leer un versículo que le dé la respuesta y pedirle que lo lea. También se le pueden hacer otras
preguntas que le lleven a poder responder.
8.8. Es importante hacer las preguntas en una atmósfera “relajada”. Hay que evitar la tensión de cualquier cla-
se. No queremos que la sesión de consejería se convierta en una “mini-inquisición” que lleve al niño a ponerse

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Aconsejando al Niño con Inquietudes
nervioso y a tener miedo a dar una respuesta incorrecta. En ese caso se cerrará como una almeja y no dirá nada
más.
9. UTILIZAR LA BIBLIA
Se debe mantener la Biblia abierta en la mano, para asegurar al niño que lo que se le estás diciendo se basa en
la Palabra de Dios. No obstante, es mejor no leer o hacer referencia a demasiados versículos, ya que esto podría
confundirle. Lo mejor es mostrarle un versículo bíblico que tenga que ver con la salvación y con la invitación
de Cristo a venir a Él y concentrarse en ese único versículo. Se pueden citar de memoria otros versículos pre-
cedidos por las palabras “la Biblia dice” sin tener necesariamente que mostrárselo en la Biblia.
Puede ser muy útil el uso del libro sin palabras en algún momento a lo largo de la sesión (y lo antes posible),
como ayuda para saber lo que el niño sabe y lo que no sabe. No obstante, asegúrate de conducir al niño hasta
Cristo con la Biblia en la mano y basando todo lo que digas en ella y no en el libro sin palabras.
Los colores del libro sin palabras presentan el camino de salvación al niño de una forma muy clara y muy viva
y le ayudarán a atender y a comprender:
• La página dorada habla de Dios y el cielo.
• La página negra habla del pecado.
• La página roja habla de la muerte y resurrección de Cristo.
• La página blanca habla de la justificación por la fe.
• La página verde habla del crecimiento en la vida cristiana.
El libro sin palabras puede ayudar realmente a explicar el camino de salvación a un niño y, también, por medio
de preguntas, a ver hasta qué punto comprende el evangelio. Esto nos permitirá saber mejor a qué dedicar el
tiempo.
Se puede, por supuesto, conseguir el mismo propósito sin necesidad del libro sin palabras.
10. DEMOSTRAR AMOR E INTERÉS POR ÉL
Los niños siempre valoran a la persona que se interesa de verdad por ellos de una manera personal y en los
cuales brilla el amor de Dios. Un maestro o consejero no debería nunca mostrarse mecánico o profesional en
su acercamiento a los niños.
Una vez que se ha roto el hielo y se ha establecido el principio de una relación, hablar a los niños y aconsejarles
puede llegar a ser algo precioso y muy sencillo. Los niños son muy naturales y abiertos. Si te respetan y confían
en ti, normalmente te dirán lo que saben y lo que no entienden.
Pero hay varios principios clave que deben recordarse siempre:
• Aceptar al niño como una persona de gran valor y respetarle como un individuo que tiene necesidades.
• No criticarle.
• No dar nunca la impresión de que un problema que él tenga es trivial o que nos resulta divertido. Dios no
hace nunca eso con nosotros.
• Guardar en secreto lo que el niño nos confía. Si compartimos con otros lo que nos ha dicho en confianza,
se disgustará profundamente y nunca más nos dirá nada.

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Aconsejando al Niño con Inquietudes

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Aconsejando al Niño con Inquietudes

DIEZ PASOS QUE 3


DEBEMOS DAR
Para llevar a un niño a Cristo es de mucha ayuda el tener planificados los pasos a seguir y utilizar un bosquejo.
En esta sección, vamos a describir el proceso paso a paso. Al final de la sección hallarás tres bosquejos resu-
midos de este plan de consejería, con distintos grados de detalle. Puedes recortar o fotocopiar uno de ellos y
guardarlo dentro de tu Biblia o, mejor aún, pegarlo en el interior de la cubierta. Así, siempre que estés aconse-
jando a un niño, puedes echarle un vistazo al bosquejo de vez en cuando para recordar lo que viene después.
Sin embargo, aconsejar no es un mero ejercicio mecánico. El Espíritu Santo está obrando para convencer y re-
generar. Es necesario, en todo momento, ser flexibles y sensibles a la dirección del Espíritu Santo en respuesta
a los problemas y necesidades del niño. Pueden llegar circunstancias, preguntas y problemas que pueden im-
pedir que se pueda seguir exactamente este esquema. Pero es de gran ayuda el entender bien que este plan es el
ideal para ser utilizado como base en el proceso de aconsejar.
Hay diez pasos que se deberían intentar seguir para conducir a un niño hasta Cristo:
1. DARLE AL NIÑO EL LUGAR QUE LE CORRESPONDE
Puede que el niño esté nervioso y preguntándose qué es lo que va a ocurrir, especialmente si es pequeño. Una
risita tonta puede ocasionar a veces un problema (sobre esta cuestión, véase la pregunta 2 y su respuesta en el
apartado “algunas preguntas y respuestas”).
Sonríe y tranquilízate. Dile lo contento que estás de que quiera hablar contigo.
Pregúntale cómo se llama y cuántos años tiene (si no lo sabes) y utiliza su nombre a lo largo del resto de la
conversación.
Averigua si alguien le está esperando o si le esperan en casa a una hora determinada, y haz los arreglos que sean
oportunos.
Te ayudará el poder averiguar al principio si es católico romano, judío, etc. Para ello puedes preguntarle si asiste
a catequesis o a alguna iglesia y, si es así, a cuál. En algunas situaciones puede ser de ayuda el averiguar también
a qué colegio va.
Además, se le puede preguntar si le gusta el colegio y cuáles son sus asignaturas favoritas. Este tipo de conver-
sación ayuda al niño a estar más relajado y a prepararse para hablar y abrirse a ti.
2. IDENTIFICAR EL PROBLEMA QUE TIENE EL NIÑO
Como si fuera un médico, debes emitir un “diagnóstico” del problema espiritual del niño antes de poder ayu-
darle. Un médico nunca debe recetar una medicina o un tratamiento sin haber examinado antes a su paciente
e intentado averiguar lo que le pasa. Lo mismo se aplica en el caso del consejero de niños.
2.1. LOS CUATRO GRUPOS PRINCIPALES DE NIÑOS
Los niños que acuden a solicitar ayuda y consejo después de una reunión pertenecen normalmente a uno de es-
tos cuatro grupos o categorías principales y, ante cada uno de estos grupos, se ha de actuar de diferente manera.
• El niño que no es sincero o que no está preparado
Puede que tenga curiosidad. Puede que haya ido a hablar contigo porque otro lo hizo. Puede que esté allí
sólo porque su hermano mayor quiere hablar contigo. Puede que haya venido porque ha oído que los que
lo hacen reciben un libro gratuito. Puede que haya venido sólo porque quiere agradarte. O, incluso, quizás
sólo “para divertirse”.

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Aconsejando al Niño con Inquietudes
• El niño que no ve su necesidad de salvación
No comprende lo que es el pecado y no tiene convicción del mismo. Esa clase de niño suele ser de corta
edad.
• El niño al que le falta seguridad o que tiene problemas como creyente
Ya ha confiado en Jesucristo como su Señor y Salvador pero piensa que necesita ser salvo de nuevo. O sabe
que es salvo, pero tiene algún problema o pregunta que le preocupa.
• El niño que es sincero, comprende y aún no es salvo, pero que realmente quiere serlo
Muchos niños que vienen buscando consejo pertenecen a esta categoría y éste es el grupo del que trataremos
principalmente en el resto de este libro.
2.2. LAS TRES PREGUNTAS PRINCIPALES
A cada niño que acuda a ti debes hacerle tres preguntas, cada una de las cuales tiene que ver con cada uno de los
tres primeros grupos a los que hemos hecho referencia en el párrafo anterior. De esta manera, podrá descubrir
a qué grupo o categoría pertenece, por lo que ha de escuchar con atención sus respuestas.
• ¿Por qué quieres hablar conmigo?
Esta pregunta se puede formular de diversas maneras: “¿Por qué te quedas detrás? ¿quieres hablar de algo de
lo que hemos dicho a lo largo de la historia de hoy? o bien: ¿Qué es lo que te gustaría que hiciese el Señor
Jesús por ti?”.
La respuesta del niño debe mostrarte si es sincero o si pertenece al primer grupo de los mencionados en
el apartado anterior. Si su respuesta indica que de verdad quiere creer en Cristo hay que pasar a hacerle las
siguientes preguntas.
Si, por el contrario, es evidente que no es sincero o que no está preparado para ir más allá, tómate el tiempo
que sea necesario para enfatizarle que confiar en Cristo es el paso más importante que tiene que dar. Dile
que debe pensárselo con mucha seriedad y que puede creer en Cristo en cualquier momento y en cualquier
lugar. Hazle saber también que siempre estarás dispuesto a hablar de nuevo con él en cualquier momento en
que lo desee. Esta conversación con el niño debería ser un primer paso para construir una relación con él,
la cual podría llevarle a su conversión en un futuro.
Pero, por el momento no puedes hacer nada más.
Si está claro que el niño sólo ha acudido a divertirse puedes añadir una palabra de corrección o de reproche;
pero al mismo tiempo debes animarle a tomárselo en serio y a considerar la posibilidad de confiar en Jesu-
cristo como su Salvador.
• ¿Alguna vez has pecado o hecho algo malo?
Esta pregunta también puede ser formulada de diversas maneras: “¿Qué es lo que Dios ve cuando mira en tu
corazón y en tu vida?”, “¿Qué es el pecado para ti?”, “¿Cuáles son algunas de las cosas malas que has hecho?”.
Preguntas de este tipo permiten tanto al niño como a ti mismo el hablar acerca del pecado.
Sus respuestas a estas preguntas te ayudarán a saber si el niño comprende que necesita la salvación. Si no es
así, pertenece al segundo grupo de los citados antes y no está preparado para avanzar.
No obstante, no basta con que el niño sepa que ha pecado y pueda responder “sí” a las preguntas anteriores.
Debe tener convicción de pecado, así como un deseo de dejarlo y de ser diferente.
Por tanto, se puede continuar haciéndole preguntas como: “¿quieres seguir siendo así?”, “¿Qué quiere Dios
que sientas con respecto a las cosas malas que has hecho?”, “¿te gustaría cambiar con la ayuda de Dios?” O
bien “¿por qué quieres ser diferente?”.

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Aconsejando al Niño con Inquietudes
Si el niño no comprende lo que es el pecado o no está convencido de su propia pecaminosidad, pertenece
al segundo grupo de niños mencionado anteriormente. No puedes conducirle a Cristo en este momento.
Dile que necesita ver su propia pecaminosidad antes de poder confiar en Jesucristo como su Salvador y,
que cuando lo haga, podrá pedirle al Señor Jesús que le salve. Hazle saber también que puede acudir a ti de
nuevo con toda libertad si quiere ayuda. Ora con él antes de que se vaya y pídele a Dios que le muestre que
es pecador y le ayude a confiar en Jesucristo. Ten cuidado, no obstante, de que no se sienta salvo por el mero
hecho de que usted haya orado con él.
Si, en cambio, parece que ha comprendido y tiene convicción de pecado, pase a la tercera pregunta.
• ¿Le has pedido ya al Señor Jesús, con todo tu corazón y tu vida, que perdone tus pecados? o bien ¿ha-
bías hecho esto antes?
La respuesta del niño debería mostrar si realmente es salvo.
Si el niño responde que no o si tu tienes dudas después de preguntarle si es salvo o no, entonces considérale
como un niño que no es salvo pero que entiende. En otras palabras, pertenece al cuarto grupo mencionado
anteriormente.
Si, en cambio, el niño responde que sí, deberías pedirle que te explique cómo ocurrió. No aceptes el “sí” de
manera inmediata. Puede que haya dicho que sí porque siente que eso es lo que tu quieres que diga o puede
haber respondido que sí porque cada noche antes de ir a la cama reza una pequeña oración de alguna clase.
Escucha con cuidado su respuesta y pregúntale más si es necesario. Si ahora está razonablemente seguro de
que verdaderamente es salvo, pertenece al tercer grupo y debes tratarlo como un niño nacido de nuevo que
ha perdido su seguridad y necesita ayuda en su vida cristiana.
Tú deberías, en cualquier caso, intentar averiguar cuál es la razón de su falta de seguridad y proporcionarle
la solución a partir de la Palabra de Dios. Puedes hacerlo haciéndole preguntas como: “¿por qué piensas que
ya no tienes al Señor Jesús en tu corazón y en tu vida?”.
Las posibles razones de su falta de seguridad son las siguientes:
--Que haya pecado y crea que por eso Jesucristo le ha abandonado.
--Que haya dejado de lado la comunión con el Señor a través de la oración y del estudio bíblico.
--Que nunca haya entendido o recibido la seguridad de la salvación debido a que nadie le ha enseñado
sobre ese tema.
¿Cómo se le puede ayudar?
--Explicándole que Jesucristo no le ha abandonado (que esto no puede ocurrir) y, que por tanto, no ne-
cesita ser salvo de nuevo (Hebreos 13:5).
--Mostrarle su necesidad de confesión ( 1 Juan 1:9).
--Enfatizar la importancia de tener un tiempo devocional cada mañana o en algún momento a lo largo
del día.
--Resumirle brevemente lo que enseña la Biblia acerca de la seguridad de la salvación. Puede estar seguro
de que es salvo porque la Biblia lo dice (Hechos 16:31) y también porque ha habido un cambio (aunque
sea pequeño) en su vida (2 Corintios 5:17).
Después, ora con él, dale unas palabras de ánimo y déjale ir.
Cuando le estés haciendo las tres preguntas o series de preguntas descritas anteriormente, es posible que no
estés plenamente seguro de si el niño es sincero, si comprende o si ya ha confiado en Cristo. En otras palabras,
puede que no estés seguro del grupo en el que encaja. En caso de incertidumbre es mejor aconsejarle y tratarle
como niño del cuarto grupo, a no ser que estés convencido de que pertenece a alguno de los otros tres.
3. ASEGURARNOS DE QUE EL NIÑO COMPRENDE EL EVANGELIO
Aquí tienes una buena oportunidad para utilizar el libro sin palabras. Pero no debes hablar tú sólo. Tu meta
no es predicar, sino averiguar hasta qué punto el niño comprende el evangelio. Antes de seguir adelante, pues,
debes hacerle preguntas para ver lo que entiende acerca de Dios, del pecado, de Jesucristo y del camino de
salvación.
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Aconsejando al Niño con Inquietudes
En este momento puedes citar algún versículo bíblico para explicarle y dejarle claro de qué le estás hablando.
Pero no es necesario abrir la Biblia para cada versículo.
• Dios (muestra la página dorada del libro sin palabras)
¿A qué te recuerda esta página?
¿Cómo es Dios?
--Es rico, el creador y el dueño de todas las cosas.
--Es el Rey de reyes.
--Es puro.
--Vive en el cielo y te ama.
• El pecado (muestra la página negra del libro sin palabras)
¿Qué es el pecado? Dame algunos ejemplos.
¿Qué piensa Dios acerca del pecado?
¿Tienes algún pecado?
¿Quieres arrepentirte de tu pecado y ser diferente?
• Jesucristo (muestra la página roja del libro sin palabras)
¿Quién es el único que puede quitar de en medio tu pecado?
¿Por qué puede limpiar tu pecado?
¿Está muerto todavía?
• El camino de salvación (muestra la página blanca del libro sin palabras)
¿Qué tienes que hacer para ser salvo?
¿Qué hará Dios si tú haces esto?
Recuerda que estás hablando con un niño y que, por tanto, tiene un entendimiento limitado y una capacidad
de expresarse reducida. No esperes un elevado grado de respuesta teológica. Lo que estás buscando es que
comprenda de una manera básica las verdades fundamentales. ¡Eso es todo !
Cuando le preguntes algo a un niño, puedes descubrir que él comprende muy poco o incluso nada de las ver-
dades enunciadas arriba o puedes encontrarte con que no tiene un verdadero interés o se pone nervioso. En
ambos casos es mejor limitarse a resumir el mensaje del evangelio y animarle a confiar en Cristo más adelante.
Debes sugerirle, por supuesto, la posibilidad de encontrarse de nuevo para continuar con la conversación y
observar su reacción.
4. UTILIZAR UN VERSÍCULO BÍBLICO PARA MOSTRAR EL CAMINO DE SALVA-
CIÓN
Probablemente este sea el paso más importante y el que más tiempo requiere.
El niño se ha acercado porque desea ser salvo. Tú le has hecho varias preguntas.
• Parece sincero.
• Parece que comprende que necesita la salvación.
• Parece que no ha confiado en Cristo.
• Parece que comprende lo más básico del evangelio.

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Aconsejando al Niño con Inquietudes
Sobre la base de estos cuatro hechos, puedes mostrarle ahora lo que tiene que hacer para ser salvo.
Existen varios principios bíblicos que se deben seguir:
• Utiliza la Biblia para mostrarle cómo puede ser salvo.
• Escoge un solo versículo. Concéntrate en él y explícaselo bien.
• Utiliza un versículo que encaje con lo que ya has enseñado anteriormente en el transcurso de la lección y
en tu presentación del evangelio. Por ejemplo, si has enseñado la historia de Zaqueo (Lucas 19:1-10), que
vino al Señor cuando fue llamado, puede utilizar Juan 6:37: “al que a mí viene, no le echo fuera”).
• Utiliza un versículo que el niño pueda entender con facilidad y que presente palabras y conceptos que
requieren una explicación relativamente breve. Por ejemplo, Juan 1:12, con su concepto de recibir a Cristo,
es más fácil de explicar (a un niño que conoce poco o nada de la Biblia) que Juan 3:16, con su concepto de
creer en Cristo. Sin embargo, es mejor utilizar Romanos 10:13 que Juan 1:12 cuando estemos aconsejando
a un niño de trasfondo católico romano que podría confundir la idea de “recibir a Cristo” con hacer la pri-
mera comunión.
• Es necesario ser muy sencillo con los niños más pequeños. Por ejemplo, Apocalipsis 3:20 es fácil de enten-
der para un niño pequeño.
• Utiliza un versículo que le muestre al niño dos cosas:
--Lo que Dios quiere que haga.
--Lo que Dios hará si él hace lo anterior.
Hay muchos versículos que muestran estos dos aspectos del camino de salvación, como por ejemplo: Juan
1:12; 3:16; 6:37; Hechos 3:19; 16:31; Romanos 10:13; y Apocalipsis 3:20.
• Que el niño lea el versículo o, si no sabe, léeselo tú.
• Explícale al niño el versículo con cuidado y de manera sencilla.
Recuerda que hay dos cosas que debes explicarle con cuidado:
• Lo que Dios quiere que el niño haga.
• Lo que Dios hará si él hace lo anterior.
4.1. SI UTILIZAS JUAN 1:12
Debes hacer énfasis en la necesidad que el niño tiene de recibir al Señor Jesús en su corazón y en su vida y, en
que si el niño lo hace, llegará a ser un hijo de Dios y miembro de la familia de Dios.
4.2. SI UTILIZA JUAN 3:16
Debes hacer énfasis en la necesidad que el niño tiene de creer o confiar en Jesucristo para salvación y, en que
si lo hace, tendrá vida eterna.
4.3. SI UTILIZAS JUAN 6:37
Debes hacer énfasis en la necesidad que el niño tiene de venir a Jesucristo y, en que si lo hace, será recibido y
no será echado fuera.
4.4. SI UTILIZAS HECHOS 16:31
Debes hacer énfasis en la necesidad que el niño tiene de creer en (confiar en o encomendarse plenamente a) el
Señor Jesucristo y, en que si lo hace, será salvo.
4.5. SI UTILIZA HECHOS 3:19
Debes hacer énfasis en la necesidad que el niño tiene de arrepentirse de su pecado y convertirse a Cristo y, en
que si lo hace y confía en Jesucristo como su salvador, todos sus pecados serán borrados.

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Aconsejando al Niño con Inquietudes
4.6. SI UTILIZAS ROMANOS 10:13
Debes hacer énfasis en la necesidad que el niño tiene de pedirle a Jesucristo que le salve y, en que si lo hace,
¡será salvo!
4.7. SI UTILIZA APOCALIPSIS 3:20
Debes hacer énfasis en la necesidad que el niño tiene de abrirle la puerta de su corazón y de su vida al Señor
Jesús y, en que si lo hace, el Señor Jesús vendrá a morar allí. Cuando venga, le limpiará de su pecado. Si tienes
dudas acerca de utilizar este versículo cuando estés aconsejando, lea la respuesta a la pregunta 5 del apartado
“algunas preguntas y respuestas”.
Explica adecuadamente el versículo bíblico que hayas escogido y vuelva a él una y otra vez hasta asegurarte de
que el niño lo ha entendido. Explícaselo de manera muy sencilla.
4.8.VEAMOS ALGUNOS EJEMPLOS
• Si utilizas Juan 1:12, puedes explicárselo de la siguiente manera:
“Según este versículo, ¿qué hay que hacer para llegar a ser un hijo de Dios? ¡Debes recibirle en tu vida! ¿A
quién debes recibir? ¡Al Señor Jesús! Observa cómo, en el versículo anterior, dice que vino a algunas perso-
nas que no le recibieron. ¡Qué triste! Estoy muy contento de que tú quieras recibirle.
¿Quién puede recibir al Señor Jesús? En este versículo dice que “todos los que le recibieron”. Su invitación es
para todos, por muy malos que hayan sido. ¿No es maravilloso?
¿Cómo puedes recibir al Señor Jesús? Esta palabra significa darle la bienvenida, pedirle que entre en tu vida
para limpiarla del pecado y para que pueda vivir allí controlando todas las cosas. ¿De verdad quieres reci-
birle? Él te hará miembro de la familia de Dios y serás un hijo de Dios. Dios será tu Padre y tú serás su hijo.
¿Qué tienes que hacer para eso? ¿Qué hará Él entonces?”.
Si es necesario, repite la explicación de este versículo varias veces para asegurarte de que el niño lo ha com-
prendido.
Si estás utilizando el versículo de Juan 1:12 y hablando de recibir al Señor Jesucristo, aférrate en seguida al
concepto de llegar a ser un hijo de Dios como resultado y no entres en otros detalles introduciendo otros
conceptos que no aparecen en el versículo (por ejemplo: “serás salvo”, “serás perdonado” o “no serás echado
fuera”).
Este mismo principio se aplica a cualquier versículo bíblico que utilices. Cíñete en la medida de lo posible
a lo que dice el versículo.
• Si utiliza Juan 3:16
“Dios te amaba tanto que envió al Señor Jesús a morir por ti en la Cruz. Pero, ¿qué es lo que debes hacer,
según este versículo? Debes creer en Él, fiarte del Señor Jesús. Eso es lo que significa la palabra. ¿Y qué sig-
nifica fiarte del Señor Jesús? ¿Ves esta silla? Se trata de una buena silla y yo sé que así es. Estoy seguro de
que puede sostenerme si me siento en ella. Pero esto no es suficiente. Tengo que sentarme en ella. Tengo que
fiarme de ella.
Jesucristo quiere que te fíes de Él y te entregues a Él completamente como tu Señor y Salvador. Eso es lo que
significa este versículo; y si crees en Él de esa manera, ¿qué dice la Biblia que tendrás? ¡Vida eterna! Quiere
decir que la vida de Dios estará en ti. Esta nueva vida con Dios comienza ahora y continúa eternamente en
el cielo, si crees en el Señor Jesús como tu Salvador”.
• Si utiliza Juan 6:37
“En este versículo, el Señor Jesús dice que quiere que hagas algo. ¿Lo ves? Sí, quiere que vayas a Él. Esto es
algo que, a menudo en la Biblia, le dice a las personas pecadores, y que sigue diciendo hoy. “Ven a mí y yo
no te echaré fuera”.

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Aconsejando al Niño con Inquietudes
Pero no podemos ver al Señor Jesús para ir a Él o tocarle, ¿verdad? Se refiere a que vayamos a Él por medio
de la oración y que hablemos con Él en nuestros corazones, pero como si estuviera de pie aquí mismo, frente
a nosotros.
¿Qué dice el Señor Jesús que sucederá si vienes a Él y le pides que te salve? Dice que no te echará fuera. Es
decir, te recibirá, te perdonará y te salvará. Por tanto, es necesario que vengas a Él ahora mismo. Él te está
esperando, está dispuesto a recibirte y a salvarte”.
• Si utilizas Hechos 16:31
“Este versículo te dice que creas en el Señor Jesucristo. Esto quiere decir que debes poner tu vida en las ma-
nos del Señor Jesucristo y confiar plenamente en Él como tu Señor y Salvador. Es como alguien que se sube
a una barca y permite que el patrón le lleve a través de las aguas profundas con seguridad. Le estás confiando
tu vida. Cuando lo haces, Él te salva. Esto quiere decir que quita el castigo por el pecado, te da una nueva
vida y te convierte en una nueva persona”.
• Si utiliza Hechos 3:19
“Este versículo te muestra que Dios quiere que te arrepientas, que te vuelvas de tu pecado y le sigas a Él. Eso
es lo que significa convertirse. No quiere que continúes viviendo como hasta ahora, y seguro que tú tampo-
co. Pero convertirse no es sólo arrepentirse del pecado. Al mismo tiempo debes confiar en Cristo y pedirle
que te salve. Este versículo dice que, si lo haces, todos tus pecados serán borrados de la vista de Dios para
siempre. Mira ¿ves esto que he escrito en este papel con el lápiz? Ahora mira lo que pasa cuando utilizo el
borrador. Ya no está, ha desaparecido, se ha borrado. Y eso mismo es lo que Dios hace con tu pecado cuando
te arrepientes y confías en Jesucristo”.
• Si utiliza Romanos 10:13
“Este versículo te dice algo que Dios quiere que hagas. Quiere que invoques el nombre del Señor Jesús. Quie-
re que le llames. ¿Para qué has de invocar su presencia y pedirle? Debes pedirle que te salve de tus pecados.
Porque sólo Él puede salvarte de ellos.
Imagínate a un niño que se ha caído en un pozo muy profundo y del que no hay manera de salir. Lo intenta,
pero las paredes son empinadas y resbaladizas. Es imposible. Entonces ve a alguien que se asoma por la boca
del pozo, alguien a quien conoce y en quien confía, alguien fuerte; y le llama “¡por favor, sálvame!”. Y este
hombre tan fuerte y cariñoso desciende al pozo con una cuerda, la ata al niño y le salva.
Si eres consciente de que necesitas ser salvado de tu pecado, llama a Jesucristo y pídele que te salve y Él lo
hará. Eso es lo que nos promete este versículo a todos, a cada uno. Y si le invocas para que te salve, ¿qué nos
dice este versículo? ¡Serás salvo!”.
• Si utilizas Apocalipsis 3:20
“¿A qué puerta está llamando el Señor Jesús? A la puerta de tu corazón y de tu vida. No es una puerta que tú
puedes ver, ni puedes oír cómo llama. El Señor está utilizando una figura que tú puedes entender fácilmente,
para que sepas que Él está fuera de tu vida y quiere entrar en ella.
¿Por qué llama a la puerta de tu corazón y de tu vida? Porque quiere entrar para poder llevarse tu pecado.
El corazón del que está hablando no es el corazón que impulsa la sangre por tu cuerpo. Es el verdadero tú,
la parte de ti que piensa y siente.
¿Qué tienes que hacer? El Señor Jesús quiere que le abras la puerta de tu corazón y de tu vida. Quiere que
estés dispuesto a arrepentirte de tu pecado y que le pidas que entre a limpiarte y te perdone.
¿Qué hará el Señor Jesús si le pides que entre? Él ha prometido que entrará y, que cuando lo haga, hará que
estés limpio a los ojos de Dios. El versículo también nos muestra que Él quiere tener comunión o amistad
contigo. ¿No es maravilloso?”.

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Aconsejando al Niño con Inquietudes
(Para una mayor información acerca del uso de Apocalipsis 3:20, ver la pregunta número 5 del apartado
“algunas preguntas y respuestas”).
Si te parece que el niño lo comprende y que Dios está realmente obrando en su corazón, avanza un paso más.
Uno de los errores más comunes que se producen a esta altura de la sesión de consejería es “mezclar” conceptos
procedentes de diferentes versículos en vez de ceñirse en la medida de lo posible a lo que dice el versículo que
se está utilizando. Por ejemplo, si se utiliza Hechos 16:31, no se debe decir: “Si vienes al Señor Jesús serás salvo”.
Si se utiliza Juan 1:12, no se debe decir: “recibe al Señor Jesucristo y recibirás el don de la vida eterna”. Si se está
utilizando Romanos 10:13, no se debe decir: “Si invocas al Señor Jesucristo, te convertirás en un hijo de Dios”.
En los tres casos (aunque lo que se dice es cierto) hay una mezcla de conceptos.
Otro error es utilizar juntos y a la vez, el concepto de venir a Jesucristo y pedirle a Jesucristo que venga a tu vida.
Ambos quieren decir lo mismo, pero puede confundir a un niño por parecer cosas opuestas.
Es muy útil, cuando se usa un versículo bíblico para llevar a un niño a Cristo, el usar varias preguntas en vez
de hablar tú todo el tiempo. Por ejemplo, si estás utilizando Romanos 10:13, puedes hacer preguntas como las
siguientes: “¿Qué te dice este versículo? ¿A quién debes invocar? ¿Qué hará el Señor Jesús si le invocas?”.
5. PREGUNTARLE SI QUIERE CONFIAR EN CRISTO O SI PREFIERE IR A CASA Y
PENSÁRSELO MEJOR
Ahora estás en condiciones de preguntarle al niño si verdaderamente quiere seguir adelante y creer en Jesu-
cristo (o venir a Jesucristo, o recibir a Jesucristo, según el concepto expresado en el versículo que hayas estado
utilizando).
Es bueno formular la pregunta de manera que incluya una alternativa a la respuesta afirmativa. Si puedes in-
cluir un “o prefieres...”, el niño encontrará más fácil el dar una respuesta honesta sin temor. Es difícil para un
niño decirle “no” a un consejero interesado en él.
Debes hacer énfasis en lo importante que es la decisión para su vida. Si le explicas la importancia de lo que está
pensando hacer, hay tres cosas que deberías decirle:
• El Señor Jesús querrá estar al control de su vida
El Señor Jesús no vendrá a su vida sólo para salvarle y perdonar sus pecados. Vendrá a cambiarle e introdu-
cirse en su vida como Señor y Maestro. Quiere ser “su jefe”.
• El Señor Jesús espera ver un cambio en su vida
Hacerse cristiano significa estar dispuesto a dejar lo malo y buscar hacer lo que agrada a Dios. Ambas cosas
deben quedarle claras y se ha de ser sincero en cuanto a esto.
• Ser cristiano no siempre es sencillo
Debe saber que puede que otros niños y niñas se rían de él o se burlen cuando sepan lo que ha hecho. Avi-
sarle nos sirve tanto para prevenirle como para prepararle.
Para los niños es bueno saber lo que implica el ser cristiano antes de que lleguen a creer en Cristo. Se debe in-
cluir, por tanto, en la primera presentación del evangelio.
Si el niño no parece dispuesto a “pagar el precio” que cuesta, no debemos presionarle. Tiene que escoger por él
mismo y tú ya le has ayudado a identificar y clarificar la situación.
Pero es importante mantener el equilibrio en todo momento. Aunque no queremos facilitarle en exceso al niño
el que crea en Cristo, tampoco debemos, por el contrario, hacérselo demasiado complicado. Por tanto, hay que
enfatizar el hecho de que, si confía en Cristo, Él le ayudará a ser bueno y a vivir para Dios incluso aunque otros
le digan cosas desagradables o hablen mal de él. Se le puede decir algo así:
“Recuerda que, si confías en el Señor Jesús, estará en tu vida y te ayudará a ser diferente y a vivir para Él y te
dará la alegría y la fortaleza que necesitas”.
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Aconsejando al Niño con Inquietudes
Así que, después de haber visto lo que implica el creer en Cristo, hay que preguntarle al niño si verdaderamente
quiere hacerlo:
“¿Quieres creer en Jesucristo como tu salvador ahora mismo? Tienes que desearlo con todo tu corazón. ¿O
prefieres dejarlo por hoy y pensártelo mejor? Vamos a estar en silencio unos momentos y, cuando lo hayas
decidido, me dices lo que quieres hacer”.
Déjale unos momentos antes de que responda. Si dice que no quiere creer en Cristo en ese momento pero
quiere irse a casa y pensárselo mejor, deja que se vaya. No intentes presionarle o hacerle cambiar de opinión.
No obstante, debes decirle que, si quiere, puede creer en Cristo en su casa o en cualquier otro lugar. También
puedes sugerirle la posibilidad de volver en otro momento a hablar contigo si lo desea. Ore con él antes de que
se vaya.
Si el niño responde que “sí” a la pregunta y parece preparado por el Espíritu Santo para confiar en Cristo, está
listo para avanzar un paso más.
Aunque no has de presionar al niño en manera alguna, tampoco debes darle la impresión de que puede esperar
y creer en el Señor Jesús cuando quiera. Hebreos 3:7 nos recuerda que hoy es el día de salvación y el niño nece-
sita ver la importancia de responder a la voz de Dios cuando le habla y de no hacer oídos sordos.
6. SUGERIRLE QUE HABLE CON EL SEÑOR JESÚS Y LE PIDA QUE LE SALVE
Llegados a este punto, debes pedirle al niño que ore y le pida a Jesucristo que le salve sobre la base del versículo
bíblico que hayas utilizado y el concepto que en él aparezca. Por ejemplo, si ha utilizado Juan 1:12 o Apocalipsis
3:20, muéstrale al niño el camino de salvación animándole a pedirle al Señor Jesús que entre en su corazón y
en su vida.
Hay cuatro formas de hacerlo:
6.1. PUEDES PEDIRLE AL NIÑO QUE ORE DE MANERA AUDIBLE Y POR SU CUENTA
En este caso, puedes sugerirle de antemano una o dos frases (relacionadas con el versículo bíblico) que pueda
incluir en su oración.
“Si verdaderamente quieres que el Señor Jesús entre en tu vida dile que lamentas tus pecados y pídele que entre
en tu vida”.
La oración del niño puede ser muy breve y sencilla, como la de cierto niño que dijo:
“Querido Señor Jesús, soy malo. Ven a mi corazón y haz que sea bueno. Amén”.
No esperes ni le exijas una teología perfecta. Posiblemente éste sea el mejor método.
6.2. PUEDES DIRIGIR AL NIÑO EN ORACIÓN
Si el niño es pequeño, tímido o si son varios los niños que quieren creer en el Señor Jesús, puedes sugerirles
que oren de manera audible después de usted, frase por frase. Puede ser una oración sencilla como la siguiente:
“Querido Señor Jesús,/ soy pecador/ y he hecho cosas malas./ Lo siento,/ no quiero seguir viviendo de esa ma-
nera./ Gracias por morir en la Cruz por mí./ En este momento creo en ti/ como mi Salvador y mi Señor/ y te
pido/ que me perdones todos mis pecados/ y que me conviertas/ en la clase de persona/ que tú quieres que sea”.
No obstante, si estás aconsejando a varios niños a la vez, es mejor orar con cada uno personalmente, siempre
que sea posible.
6.3. PUEDES UTILIZAR LA “ORACIÓN DIRIGIDA”
Esto quiere decir que el niño ora con sus propias palabras pero que usted le guía paso a paso en las diferentes
frases:

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Aconsejando al Niño con Inquietudes
“Ahora puedes decirle al Señor Jesús lo que me has dicho a mí mientras hablábamos.
Puedes comenzar diciéndole: “Querido Jesús” (pausa para que el niño hable).
Ahora háblale de tus pecados y de cómo te sientes con respecto a ellos (pausa).
Ahora dile que crees que murió por ti en la Cruz (pausa).
Ahora dile que quieres hacer lo correcto (recuérdale el versículo bíblico que has utilizado y haz una pausa).
Ahora dile qué es lo que quieres que Él haga por ti ahora (pausa).
Puedes concluir diciendo “Amén”.
6.4. PUEDES PEDIRLE QUE ORE INTERIORMENTE AL SEÑOR JESÚS
Esto debería ser después de haberle sugerido lo que puede decir. Entonces pídele que le diga después lo que
ha orado. De todas formas esta manera no es la más recomendable, ya que no sabes realmente cómo ha orado.
Nuevamente pienso que la primera de las cuatro posibilidades es el mejor método.
7. HABLAR SOBRE LA SEGURIDAD DE LA SALVACIÓN
El niño necesita aprender cómo puede saber que es salvo. Si no tiene esta seguridad, Satanás y otras personas
pueden fácilmente tentarle a dudar sobre la realidad de su salvación y llevarle a creer que el nuevo nacimiento
que ha experimentado no era genuino.
Por tanto, es necesario, en este momento, enseñarle al niño cómo puede saber que es salvo. Tú no puedes pro-
porcionarle al niño la seguridad de la salvación. Por tanto, evita el decirle que tú estás seguro de que es salvo.
No debes dar la impresión de que la seguridad depende de lo que tú digas. Su seguridad viene de Dios y se basa
en la Palabra de Dios y no en la tuya.
La seguridad es obra de Dios Espíritu Santo (Romanos 8:16); pero Él utiliza dos instrumentos o medios para
proporcionarle esta seguridad al niño creyente:
• La Palabra de Dios (1 Juan 5:13).
• La evidencia de una vida cambiada (2 Corintios 5:17).
En consecuencia, deberías hacer dos cosas:
• Muéstrele lo que dice la Palabra de Dios
Pregúntale al niño lo que debe decirle a su madre si le pregunta: “¿Cómo sabes que eres salvo o que Jesucris-
to está en tu corazón?”.
Dile que no es porque lo siente, ni porque tú se lo hayas dicho. La pregunta importante es: “¿Qué dice Dios
en su Palabra?”
Vuelve al versículo bíblico que utilizaste en el paso 4 y léalo de nuevo. Después, házle algunas preguntas:
--¿Qué te dijo Dios en este versículo que debías hacer?
--¿Lo has hecho?
--¿Qué dice Dios en este versículo que Él haría?
--¿Lo ha hecho?
--¿Cómo sabes que lo ha hecho?
“Porque dijo que lo haría”.
“Porque está escrito en la Biblia”.
“Porque siempre guarda sus promesas”.

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Aconsejando al Niño con Inquietudes
--Por tanto, si realmente le has pedido al Señor Jesús que te salve (Romanos 10:13), ¿qué habrá hecho
Dios?
“Me ha salvado”.
--¿Cómo lo sabes?
“Porque Él prometió que lo haría, y siempre cumple sus promesas”.
• Háblale de una vida cambiada
Di al niño que, si ha creído en el Señor Jesús, habrá un cambio en su vida y esto también le ayudará a saber
que es salvo. Dile que el cambio puede ser muy pequeño, pero que tendrá lugar. Puedes citar 2º Corintios
5:17: “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es”. Incluso puedes preguntarle qué clase de cambio espera y
quién es quien más probablemente puede reconocerlo.
Esto también significa que, si más adelante no ves ningún cambio en la vida de un niño que ha profesado
ser creyente, puedes acercarte y decirle: “¿Recuerdas lo que te dije cuando creíste en el Señor Jesús?”. Debes
procurar averiguar cuál es el problema y aconsejarle apropiadamente.
8. SUGERIRLE UNA ORACIÓN DE GRATITUD
Ahora debes comunicarle al niño que, desde que ha recibido al Señor Jesús y el maravilloso don de la salvación,
debería darle las gracias a Dios por lo que ha hecho.
“¿Qué haces cuando tu madre te da algo especial, como un regalo de cumpleaños? Le dices “gracias”, claro. ¿No
te parece algo precioso decirle “gracias” al Señor Jesús por lo que ha hecho por ti?”.
Deberías enfatizar sobre todo la verdad contenida en el versículo bíblico que hayas utilizado. Dale la oportuni-
dad en este momento de orar y darle las gracias al Señor Jesús.
“Gracias, Señor Jesús, por entrar en mi corazón y perdonar mis pecados, y por hacerme cristiano. Amén.”
9. COMENZAR A DISCIPULARLE
Mientras se está aconsejando al niño, es mejor concentrarse en lo esencial, explicándole el camino de salvación
y hablando de la seguridad. Si el tiempo es limitado, es mejor concentrarse en los ocho primeros pasos, espe-
cialmente si tienes oportunidad de volver a ver al niño en otra ocasión o de encontrarte con él en el futuro de
una manera regular. Por tanto, se podría concluir la sesión después del paso 8 si es totalmente necesario.
De todas formas, si hay tiempo o existe el riesgo de no volver a ver al niño durante un período de tiempo, es
mejor pasar a estos dos últimos pasos de una manera razonablemente breve. O, si hay poco tiempo, puedes
hablar con el niño de la posibilidad de volver a verse otro día de la semana y seguir con el bosquejo entonces,
proporcionándole esta ayuda para su vida cristiana.
En este punto también es posible sacar el libro sin palabras y mostrarle la página verde. Explícale que el color
verde nos habla de crecimiento. La hierba, las flores y los árboles son verdes y todos ellos crecen. Ahora que el
niño ha creído en Jesucristo como su Señor y Salvador, Dios quiere que crezca. Explícale que no se refiere a un
crecimiento físico, estás hablando de un crecimiento espiritual y de parecerse cada vez más al Señor Jesús. Se
deben dar algunos pasos para ayudar al niño a crecer.
Puedes animarle a recordar estos pasos mostrándole uno por uno los dedos de su mano izquierda y pidiéndole
al niño que señale y se sujete el dedo equivalente de su mano izquierda.
• Lee y obedece la Biblia cada día
Señala el pulgar, el dedo más fuerte. “Si lees y obedeces la Biblia serás fuerte”.
Debes animarle a comenzar con el Evangelio de Marcos, leyendo unos pocos versículos cada día. ¡Es más
sencillo y fácil de leer que el Evangelio de Juan o el Génesis! Dile que no es suficiente con leer la Biblia. Dios
quiere que obedezca lo que dice la Biblia y Él le dará las fuerzas para hacerlo.

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Aconsejando al Niño con Inquietudes
• Habla con Dios, el Padre celestial
Señala el dedo índice, el que sirve para señalar hacia arriba y nos recuerda que debemos hablar con Él.
Se puede orar a Dios en cualquier lugar, en cualquier momento y sobre cualquier cosa. Pero también se debe
intentar tener un tiempo devocional especial cada día para hablar con Dios.
• Dile a otros lo que has hecho
Señala el dedo corazón, el que se mantiene erguido y el más alto de todos que nos muestra que no debemos
avergonzarnos de que nos vean en el bando del Señor Jesús.
Anímale a dar testimonio, incluso aunque alguien se ría o se burle de él. Haz énfasis en la importancia de
dar testimonio por medio de sus acciones y no sólo por medio de sus palabras.
No siempre es necesario decirle que informe inmediatamente a sus padres sobre lo que ha hecho si ellos no
van a permitirle volver como consecuencia. Puede mencionar la posibilidad de hacerlo y de orar para que el
Espíritu Santo le guíe con respecto a este asunto.
Si existe la posibilidad de que sus padres se opongan a que haya recibido a Cristo, dile que les demuestre que
es cristiano por medio de su vida cambiada antes de decirles nada.
• Pídele a Dios que te perdone cada vez que cometas un pecado
Señala el dedo anular, el que no es capaz de mantenerse erguido cuando los demás dedos se doblan. De-
muéstrele esto intentando estirar ese dedo con los demás fuertemente doblados.
Explícale lo siguiente: “A veces nosotros somos así y pecamos. Si haces algo malo, no es necesario que vuel-
vas a ser salvo. Dios no quiere que hagas cosas malas, pero esto es algo que ocurre algunas veces en la vida
cristiana. Cuando peques, acude inmediatamente a confesar a Dios lo que has hecho. Dile que lo sientes y
pídele que te de la fuerza necesaria para no volver a hacerlo”. Explícale al niño el texto de 1ª Juan 1:9 breve-
mente.
• Reúnete con otros cristianos
Señala el dedo meñique y junta todos los dedos de la mano para representar la unidad. El meñique por sí
solo es un dedo débil, pero, junto a los demás, puede hacer muchas cosas.
Dígale lo bueno que es ir a la iglesia, a la escuela dominical y al club de Buenas Nuevas para aprender
más sobre Dios y estar al lado de otras personas que aman al Señor. Esto le ayudará en su vida cristiana.
10. PROPORCIONARLE UNA PROMESA BÍBLICA
Ahora debes utilizar los cinco dedos de su otra mano para enseñarle una última lección y darle un versículo
que contenga una promesa de Dios para él.
Abre tu Biblia y muéstrale que el Señor dice: “¡Yo no te dejaré nunca!” (Hebreos 13:5). Mientras le dices esas pa-
labras, señala cada dedo de su mano derecha y anima al niño a hacer lo mismo. Repite la promesa enfatizando
una palabra diferente con cada dedo.
El niño debe recordar que el Señor promete que estará con él siempre, pase lo que pase.

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Aconsejando al Niño con Inquietudes

POSIBLES PASOS FINALES 4


Estos pasos no son necesarios. Pero si tienes tiempo y crees que alguno de ellos puede ser de ayuda, inclúyelos
en su sesión.
• Ora con el niño dando las gracias
Antes de que el niño se vaya, puedes orar con él agradeciéndole al Señor lo que ha hecho y pidiéndole que
le ayude a crecer. Una alternativa es que tú ore y le des gracias a Dios justo después del paso 8 y, que luego,
el niño diga “gracias”.
• Toma el nombre y la dirección del niño
Si no le conoces personalmente. Debes seguir orando por él y, si es posible, enviarle un curso bíblico por
correspondencia o algún libro de devocionales.
• Haz un seguimiento del niño
Es bueno tomar por costumbre el hablar con el niño una semana después sobre lo que ha hecho. Esto puede
llevarse a cabo visitándole en su casa o en la reunión siguiente. Mantén el contacto con él en la medida en
que te sea posible.
• Pregúntale si tiene alguna duda
Puede que haya algo que aún no tenga claro o que le preocupe. Es bueno ofrecerse para ayudarle, en ese
momento o en cualquier otro en el futuro.
• Dale una oportunidad de dar testimonio
Puedes proporcionar al niño la oportunidad de dar testimonio inmediatamente llevándole ante otro cristia-
no que pueda serle de ayuda. Que le cuente a dicha persona lo que ha hecho.
• Asegúrate de que tendrá a alguien que le ayude y le anime, si es posible
Si tú no estás en condiciones de proporcionarle ayuda regular en el futuro, es bueno que un niño creyente
pueda tener un amigo adulto o un consejero que esté disponible para ayudarle en cualquier momento. De-
berías desarrollar una buena relación personal con el niño para que puedan acercarse el uno al otro en cual-
quier momento. Es mejor que este consejero sea la persona que llevó al niño a Cristo. Pero, si no es posible,
busca a otra persona que pueda y que esté dispuesta a ayudar a ese niño.
RECUERDE QUE SU LABOR NO HA CONCLUIDO, SINO QUE ACABA DE COMENZAR
La sesión de consejería, tal como la he descrito, puede durar unos 30 minutos; pero requiere años de ora-
ción, lágrimas, trabajo duro y cuidado amoroso para alimentar a este niño y conducirle a una vida de servi-
cio a Dios. ¡No olvides la importancia de continuar con su discipulado!

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Aconsejando al Niño con Inquietudes

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Aconsejando al Niño con Inquietudes

TRES BOSQUEJOS PARA 5


ACONSEJAR
En las páginas que siguen hay tres guiones que se pueden utilizar para aconsejar. El primero contiene sólo una
serie de palabras clave que son fáciles de recordar. El segundo es un bosquejo reducido. El tercero tiene más
detalles. Si quieres, puede recortar uno de ellos o fotocopiarlo y guardarlo en el interior de tu Biblia (o pegarlo
detrás de la portada). Así podrás usarlo como guión cuando estés aconsejando a un niño. Personalmente te
recomiendo que utilices el segundo bosquejo, el reducido; es muy claro y, a la vez, conciso.
1. PALABRAS CLAVE PARA ACONSEJAR
1. Sonreír
2. Problema
3. Evangelio
4. Versículo
5. ¿Quieres/o...?
6. Oración
7. Seguridad
8. Gracias
9. Ayuda
10. Promesa
2. MODELO DE BOSQUEJO REDUCIDO PARA ACONSEJAR
1. Darle al niño el lugar que le corresponde.
2. Averiguar cuál es su problema.
• ¿Por qué quieres hablar conmigo?
• ¿Has pecado alguna vez?
• ¿Has puesto tu confianza en Cristo en otra ocasión?
3. Asegurarnos de que comprende el evangelio.
• Dios
• Pecado
• Jesucristo
• Arrepentirse y creer
4. Utilizar un versículo bíblico.
5. ¿Verdaderamente quieres creer en Cristo o prefieres pensártelo mejor?
• Cristo quiere estar al control.
• ¿Estás dispuesto a arrepentirte del pecado y llevar una vida distinta?
• Ser cristiano no es fácil.
• Pero el Señor te ayudará.
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6. El niño ora.
7. Seguridad de la salvación.
8. ¡Gracias!
9. Discipulado.
• Leer y obedecer la Biblia.
• Hablar con Dios.
• Decírselo a otros.
• Pedirle a Dios perdón si pecas.
• Reunirte con otros.
10. Yo-no-te-dejaré-nunca.
3. BOSQUEJO DETALLADO PARA ACONSEJAR
1. Darle al niño el lugar que le corresponde.
• ¿Nombre? ¿Te espera alguien? ¿Trasfondo?
2. Averiguar cuál es su problema por medio de preguntas:
• ¿Por qué quieres hablar conmigo?
• ¿Has pecado alguna vez?
• ¿Has puesto tu confianza en Cristo en otra ocasión?
3. Asegurarnos de que comprende el evangelio.
• Dios (Página dorada del libro sin palabras)
--Preguntarle cómo es Dios.
--Creador; Rey de reyes; puro; amor.
• Pecado (Página negra del libro sin palabras)
--Preguntarle qué cree que es el pecado, con ejemplos.
--Preguntarle qué piensa Dios del pecado.
--Preguntarle si él es pecador.
--Preguntarle si quiere ser diferente.
• Jesucristo (Página roja del libro sin palabras)
--¿Quién puede llevar tus pecados?
--¿Por qué quiere hacerlo?
--El Señor Jesús resucitó y es Rey de reyes.
• Arrepentirse y creer en Cristo (Página blanca del libro sin palabras)
--El Señor Jesús te salvará si tú te arrepientes de tu pecado y crees en Él.
4. Utilizar un versículo bíblico.
• Juan 1:12; 3:16; 6:37; Hechos 16:31; Romanos 6:23; 10:13; Apocalipsis 3:20.
• Explicar lo que Dios quiere que haga y lo que Dios entonces hará.

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5. Preguntarle si verdaderamente quiere creer en Cristo o si prefiere esperar y pensárselo mejor?


• El Señor Jesús quiere estar al control.
• Él debe estar dispuesto a arrepentirse del pecado porque el Señor Jesús quiere ver una vida distinta.
• Ser cristiano no es fácil.
• Pero el Señor le ayudará.
6. Sugerirle que le pida a Jesucristo que le salve.
• Animarle a orar audiblemente si parece estar preparado para creer en Cristo.
7. Hablarle de la seguridad de la salvación.
• Volver al versículo utilizado; hablar del cambio en su vida.
8. Pedirle que haga una oración dando gracias.
• Darle la oportunidad de orar y agradecerle al Señor Jesús el que le haya salvado.
9. Comenzar a discipularle.
• Leer y obedecer la Biblia.
• Hablar con Dios, su Padre celestial.
• Decirle a otros lo que ha hecho.
• Pedirle a Dios perdón si peca.
• Reunirse con otros cristianos.
10. Proporcionarle una promesa bíblica.
• “Yo-no-te-dejaré-nunca” (Hebreos 13:5).
11. Posibles pasos finales
• Hacer una oración de acción de gracias con el niño.
• Apuntar el nombre y la dirección del niño.
• Preguntarle si tiene alguna duda.
• Darle una oportunidad para testificar.
• Darle al niño un folleto de seguimiento (ahora o en otro momento posterior).

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Aconsejando al Niño con Inquietudes

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Aconsejando al Niño con Inquietudes

ALGUNA PREGUNTAS Y 6
RESPUESTAS
PREGUNTA 1
¿Es importante hacer una visita para conocer a los padres de un niño a quien se ha aconsejado? ¿Si lo es, cómo
debe hacerse?
RESPUESTA
Es absolutamente vital hacer esa visita. Los padres son los responsables del niño y ante quienes vive su vida
cristiana. Es importante que los visites lo antes posible. Y es necesario tener en cuenta el trasfondo del niño
(por ejemplo, si es musulmán o católico romano).
También es importante para la posición futura del niño el que la visita sea de ayuda. Por tanto, estas visitas a
los padres del niño a quien hemos aconsejado pueden ser muy gratificantes.
Recuerda que tu propósito no es:
• Predicar a los padres o cambiarlos.
• Sugerirles cómo criar a sus hijos.
• Mostrarse como un experto en niños (probablemente ellos sepan más de niños que tú).
Tu propósito es:
• Mostrar y expresar el interés que tienes en su hijo y en su bienestar.
• Darle al niño un folleto o una Biblia para ayudarle en su vida cristiana.
A menudo, los padres están contentos de que alguien se interese de una manera práctica por sus hijos. Pero,
incluso si la reacción no es buena, no hay que desanimarse. Ten paciencia y vuelva otra vez. Puede que les guste
lo que estás haciendo pero que se sientan amenazados porque su estilo de vida es tan diferente a la tuya.
La conversación podría ser de este estilo:
--“Quiero agradecerle que permita a su hijo venir regularmente a mi club de Buenas Nuevas”.
--“Ah, a él le gusta”.
--“Me alegro de oír eso. Estoy verdaderamente contento de que venga. Deja muy bien a sus padres y su casa”.
--“Usted hace una buena labor con los niños”.
--“Gracias. Los niños que vienen cada semana verdaderamente me animan y hacen que merezca la pena”.
--“Nuestro hijo tiene mucho interés”.
--“Sí, lo tiene; y he tenido alguna oportunidad de hablar con él y orar con él personalmente. Hemos tenido
varias conversaciones buenas. Queremos animarle a poner en práctica aquí, en casa, lo que ha aprendido y
también en su tiempo de ocio y en el colegio”.
--“Yo también espero que lo haga”.
--“También le he animado a leer su Biblia cada día. Si de alguna manera usted puede también animarle y ayu-
darle a hacerlo, sería de gran ayuda”.
También es bueno el construir una buena relación con los padres del niño incluso antes de haberle aconsejado,
siempre que sea posible. La verdad es que, si tú ministras de una manera regular a los mismos niños, debes
preocuparte por mantenerte en contacto con sus padres.
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Aconsejando al Niño con Inquietudes
PREGUNTA 2
¿Qué haría usted si estuviera aconsejando a dos niñas pequeñas que se ríen continuamente?
RESPUESTA
Comprender que las risitas a menudo son síntoma de nerviosismo. Si crees que es debido a los nervios o a la
timidez, intenta hacer que los niñas se sientan tranquilas y continúa adelante. Si es muestra de irreverencia o
de falta de interés, entonces no puedes llevar a las niñas a Cristo. Repréndelas con amor pero con firmeza, en
primer lugar. Si estás razonablemente seguro de que ésta es la razón de sus risas, pídeles que hablen contigo en
otra ocasión, después de que se hayan tomado más tiempo para pensar sobre ello. Pero házlo con mucho cui-
dado. Normalmente, en el caso de las niñas pequeñas las risitas sólo son muestra de timidez o de nerviosismo.
PREGUNTA 3
¿Qué haría usted si se le acercara un niño pidiendo consejo y diciendo que quiere creer en Cristo, pero que
vacila por miedo a las objeciones de sus padres o de los líderes en la iglesia?
RESPUESTA
Efesios 6:1 dice: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres”. Cuando aquellos que tienen autoridad sobre
nosotros se oponen a la voluntad de Dios, la Biblia dice claramente que “es necesario obedecer a Dios antes que
a los hombres” (Hechos 5:29). Confiar en Cristo es un mandamiento de Dios que está por encima de los padres
o de las autoridades religiosas que podrían oponerse. Hay que animar al niño a confiar en Cristo si él quiere, a
pesar de la posible reacción.
PREGUNTA 4
¿Cómo se puede aconsejar a varios niños que vienen juntos a hablar con usted acerca de cómo recibir a Cristo?
RESPUESTA
Cuando un grupo de niños espera ser aconsejado, es mejor utilizar varios consejeros si es posible; pero éstos
deben estar capacitados para tratar con los niños. Es mejor tener un consejero para cada niño si es posible. No
obstante, por si no tienes a nadie que pueda ayudarte, te doy algunas directrices que pueden serte de ayuda en
una situación que no es la ideal.
En primer lugar, reúne a todos los niños y asegúrate de que todos están callados y atentos.
Después divídelos en los cuatro grupos mencionados en el paso 2 de la sección 3, formulándoles las tres pre-
guntas introductorias que allí indicábamos. Así podrás aconsejar a cada grupo por separado.
Pregunte:
• “¿Por qué habéis venido a hablar conmigo?”
Escucha con cuidado las respuestas para poder calibrar:
--Si hay algún niño que no sea sincero, que sólo esté allí por curiosidad o porque los demás han ido. Si
estás seguro de que no está preparado para recibir a Cristo, aconséjale (o envíalo a un consejero colabo-
rador) como perteneciente al grupo I y déjale marchar. También puede escuchar mientras tú aconsejas a
otros. No obstante, esto no es lo ideal, porque puede causar distracción en el niño que está siendo acon-
sejado y éste puede sentirse cohibido por la falta de privacidad.
--Si hay algún niño cristiano con un problema grande. Entonces trátale como perteneciente al grupo 3.
Pídele que espere un poco y entonces dedícale tiempo a su problema. (Con la tercera pregunta también
puede encontrarse que hay otros que ya son cristianos pero que no están seguros o tienen problemas).
Otra opción es aconsejarle brevemente y orar con él antes de seguir adelante o pedirle a uno de sus cola-
boradores que se lleven al niño aparte para aconsejarle.

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Aconsejando al Niño con Inquietudes
• Haz a cada niño la segunda pregunta: “¿Has pecado alguna vez?”. O, si hay muchos niños, pregunta al
grupo entero diciéndoles que respondan moviendo sus cabezas. Reúne a los que digan que no han pecado
nunca y aconséjales a todos juntos como niños que aún no entienden. Después ora con ellos y diles que se
vayan o que se queden con los otros niños sentados en un lado y esperando callados.
• Haz al resto la tercera pregunta: “¿Habéis recibido alguna vez al Señor Jesús?”. Que le respondan. Reúne a
aquellos que digan que sí y pídeles que se lo cuenten. Si estás seguro de que ya han recibido al Señor Jesús,
sugiéreles que escuchen cuidadosamente mientras hablas con aquellos que desean recibir a Cristo hoy o
diles que no necesitan ser salvos de nuevo. Ora con ellos y deja que se vayan.
Aconseja a aquellos que quedan de la manera descrita anteriormente en este libro. Esto no es difícil si todos
están en el mismo grupo y tienen las mismas necesidades. Después pídeles a cada uno que ore de manera indi-
vidual proclamando su fe en Cristo. Si se trata de un número considerable de niños, puede dirigirlos en oración
y pedirles a los niños que repitan sus palabras.
Después, involucra en la conversación a aquellos que no tenían seguridad (si siguen allí) y habla a todo el gru-
po acerca de la seguridad y el perdón de los pecados, etc. Después ya puedes despedir a los dos grupos juntos.
PREGUNTA 5
¿Es correcto utilizar Apocalipsis 3:20 cuando se está aconsejando a niños?
RESPUESTA
Pienso que este versículo es parte de la enseñanza del Nuevo Testamento concerniente a la salvación y a la re-
cepción del Señor Jesús en la vida de un pecador (Juan 1:12; Colosenses 2:6), su promesa de vivir en nosotros (2
Corintios 1:22; Gálatas 4:6; Colosenses 1:27) y su deseo de reinar en nuestras vidas (Gálatas 2:20; Efesios 3:17).
Es necesario ver Apocalipsis 3:20 en este contexto y comprender y enseñar lo que realmente significa. Tenga
cuidado de no dar la impresión de que se trata de un mendigo rogando en vano a la puerta del corazón y de la
vida del pecador. ¡Cristo es un poderoso Salvador!
El que está llamando a la puerta es el Alfa y la Omega de 1:11, Aquel ante quien Juan cayó como muerto (1:17)
y el que sostiene las llaves del infierno y de la muerte (1:18). Es Aquel que lo sabe todo de nosotros (3:15), quien
juzga la hipocresía (3:16), quien reprende, castiga y demanda arrepentimiento (3:19) y quien reina como sobe-
rano en el trono (3:21); no sólo viene a salvar, sino a estar en el control.
También hay que ver Apocalipsis 3:20 en el contexto del resto de la enseñanza de las Escrituras. La Biblia en-
seña claramente que siempre es Dios quien da el primer paso en la conversión de un pecador (Juan 6:44,65).
El niño sólo puede abrir su corazón y su vida al Señor Jesús porque Él ya ha estado obrando en y ha abierto el
corazón y el entendimiento del niño.
El significado del versículo está claro, incluso para un niño. Parece, por los versículos anteriores en Apocalipsis
3:15-18, que entre los miembros de la iglesia de Laodicea había al menos algunos que no eran salvos. El Señor
habla a cada uno de manera individual (los pronombres están en singular). La ilustración que usa es una casa.
El Señor mismo viene a buscar al pecador. Habla a través de su Palabra (su voz) leída o escuchada. El Señor no
echa abajo la puerta, aunque podría si quisiera. El individuo debe escuchar a la Palabra y “abrir la puerta”. Debe
pedirle al Señor que entre y que le salve (Romanos 10:13). En el momento en que la puerta se abre, el Señor
entra a su interior por su Espíritu. Cuando entra, todas las cosas son hechas nuevas, como ocurrió en el caso de
Zaqueo. Nos trae a una estrecha comunión anticipando la cena de las bodas del Cordero.
PREGUNTA 6
¿Qué le respondería a un niño que le dice que le pide al Señor Jesús que entre en su corazón cada noche antes
de acostarse?
RESPUESTA
Dile que no es necesario pedirle al Señor Jesús que entre en su corazón y en su vida cada noche. Sólo tiene que

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Aconsejando al Niño con Inquietudes
hacerlo una vez. Cuando el Señor entra, entra para quedarse.
No obstante, el hecho de que ore indica que probablemente repite algo que ha oído sin estar verdaderamente
convencido o sin entenderlo. Deberías, por tanto, explicarle que no basta con repetir una pequeña oración que
haya aprendido; sino que, en primer lugar, debe querer de verdad que el Señor Jesús le limpie de sus pecados
y sea su salvador. Explícale lo que eso significa. Después dile que, si es sincero y quiere ser cristiano, debería
pedirle al Señor Jesús que le perdone sus pecados y entre a morar en su corazón y en su vida. Asegúrale que, si
lo hace sinceramente, nunca más tendrá que repetirlo.
PREGUNTA 7
¿Qué haría si no tuviera tiempo suficiente para aconsejar a un niño con interés con tanta profundidad como
desea?
RESPUESTA
• Asegúrate de que has explicado el evangelio de una manera tan clara en la clase que posibilite que el niño
llegue a creer en Cristo sin ser aconsejado.
• ¿Estás seguro de que no tienes tiempo suficiente? ¿No puedes hacer nada para tener más tiempo? A veces
utilizamos esta excusa para no aconsejar con tanta profundidad como deberíamos.
• No es imprescindible hablar de todo de golpe. Es mejor hacerlo así, claro. Pero, si no hay tiempo suficiente,
puedes apañártelas para continuar en otra ocasión. Deberías quedar en una fecha con el niño antes de que
éste se vaya.
• Haz todo lo que puedas. No puedes hacer más. Confía en que Dios llevará a cabo Su obra en el corazón del
niño a pesar de su falta de tiempo.
PREGUNTA 8
¿Es correcto hablar del “corazón” a un niño cuando le estamos aconsejando?
RESPUESTA
La palabra “corazón” es utilizada en más de 900 ocasiones en la Biblia. Se usa de las siguientes maneras:
• Generalmente, para describir “la sede (la fuente o la base) del intelecto, de las emociones y de la voluntad”.
Hay ocasiones en que el énfasis recae sobre el intelecto (Marcos 2:6; Génesis 6:5), otras veces sobre las emo-
ciones (Jueces 18:20; Lucas 24:32) y otras veces sobre la voluntad (Marcos 3:5; Salmo 119:2).
• Algunas veces para referirse a “el ser más interior” (Génesis 6:6).
• Otras veces, para referirse a los afectos (Salmo 62:10).
• Y, otras veces, para describir la naturaleza moral de los hombres (Jeremías 17:9).
Hay un escritor que sugiere que la palabra “corazón” es el término que el Nuevo Testamento utiliza más para
referirse a la “persona”. Indica el centro de gobierno del hombre completo y es exactamente lo que Dios quiere
tener. “Dame, hijo mío, tu corazón” (Proverbios 23:26).
El corazón es el “verdadero tú”. Es totalmente bíblico el utilizar la palabra “corazón” cuando enseñamos a ni-
ños, siempre que expliquemos qué queremos decir cuando hablamos del “corazón” y que no nos referimos al
corazón que bombea la sangre en nuestro cuerpo. Para evitar cualquier tipo de confusión, se pueden utilizar
juntas las palabras “corazón y vida”.

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Aconsejando al Niño con Inquietudes

¿Y AHORA QUÉ? 7
¿Cuál es tu reacción ante lo que has leído en este libro concerniente a la consejería con niños?
• Quizás ya conocías y practicabas el contenido de este manual. ¡Muy bien! Confío en que lo pases a otra
persona.
• Quizás hayas aprendido algo que no sabías. ¡Muy bien! Confío en que te sea de ayuda.
• Quizás te has dado cuenta de algún error que estabas cometiendo. ¡Muy bien! Confío en que este manual
te haya ayudado a corregirlo.
Pero puede que algún lector nunca haya guiado a un niño a Cristo. En ese caso, al leer este libro se pueden dar
dos reacciones:
• Que desees de verdad llevar a algún niño a Cristo siguiendo este método.
• Que sientas que no eres capaz de hacerlo por ponerte nervioso o sobrepasarte la responsabilidad que im-
plica.
Esto no es nada inusual. Los obreros de niños que nunca han aconsejado a un niño que no es salvo vacilan
mucho en cuanto a hacerlo, lo cual es comprensible.
Puede que piensen: “sencillamente no puedo”, “podría decir algo incorrecto”, “podría olvidarme de algo”, o
“tengo miedo de ser un obstáculo o una piedra de tropiezo para el niño e incluso impedir que llegue a ser
verdaderamente salvo”.
Si tú reaccionas de esta manera, deja que comparta contigo algunos consejos:
• Asegúrate de que quieres llevar a cabo la obra de Dios de acuerdo a su voluntad y en obediencia a lo que te
ha encomendado. Cuando tengas esta seguridad en tu corazón, podrás confiar en Él a pesar de tu debilidad.
• Recuerda que se trata de la obra de Dios. Él puede actuar en el corazón del niño a pesar de tus errores y tus
titubeos. No pienses que todo depende de ti. No es así. Confía en que Él hará su obra. No permitirá que su
Palabra vuelva a Él vacía. Siempre está al control. A menudo nos usa cuando nos sentimos más inadecuados.
• Prepárate bien. El hecho de que Dios esté obrando no es una excusa para que actuemos de cualquier ma-
nera con descuido. ¡Somos sus colaboradores!
--Vuelve a leer los diferentes pasos a seguir una y otra vez.
--Practica con una grabadora.
--Mantén una sesión práctica de consejería con otro obrero de niños.
--Después permite que él te aconseje a ti.
--Comunicaos mutuamente los errores que habéis cometido.
• Recorta o fotocopia uno de los bosquejos que aparecen al final de la Sección 3 y guárdalo dentro de tu
Biblia. Puedes utilizarlo cuando estés aconsejando a un niño.
• Aprende a aconsejar haciéndolo. Cuanto más aconsejes, mejor lo harás. “La práctica lleva a la perfección”.
Persevera. Aprenderás con la práctica. Es importante conocer la teoría acerca de como llevar a un niño a
Cristo, por supuesto (y espero que este manual sea de ayuda para ello). Pero necesitas poner en práctica lo
que has aprendido. Haciéndolo así ganarás experiencia y habilidad.
• Mira el aconsejar como un privilegio. Es una oportunidad que Dios te ha dado de participar en la vida del
niño y ayudarle a ser lo que Dios quiere que sea. Puede ser una carga sobre tu corazón; pero no deberías ser
un motivo de preocupación. Considera un gozo y un honor el estar involucrado en una labor así.

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Aconsejando al Niño con Inquietudes
Te animo a orar para que Dios te de la oportunidad de aconsejar a un niño y, al mismo tiempo, te animo a bus-
car oportunidades de hacerlo. Cuando evangelices a tus niños, muéstrate accesible para que te pidan consejo;
creo que Dios te traerá más niños que necesitan y desean ayuda espiritual. Si no les hace ver que estás dispuesto
y eres accesible para que vengan a hablar contigo personalmente sobre la salvación, muy pocos (si es que hay
alguno) vendrán a buscar su consejo.
No tengas temor ni te pongas nervioso si no lo has hecho nunca. Tú eres un canal que Dios utiliza. Su gracia es
suficiente. Su poder se perfecciona en la debilidad (2 Corintios 12:9).
Que Dios te de el gozo y el privilegio de conducir a muchos niños preciosos hacia un conocimiento personal
del Señor Jesucristo.

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LIBROS PARA PROFUNDIZAR 8


SOBRE EL TEMA
Aunque hay muy pocos libros que se centran en el tema de aconsejar a niños y guiarlos a Cristo, creo que los
siguientes pueden ser de gran ayuda:
• Biblical Basis of Child Evangelism (Bases bíblicas para la evangelización de niños), de Sam Doherty (APEEN
Europa).
• The Christian Counsellors Manual (Manual del Consejero Cristiano), de Jay E. Adams.
• Competent to Counsel (Competente para aconsejar), de Jay E. Adams.
• Counselling Youth (Aconsejando a jóvenes), de Clyde Narramore (Zondervan).
• Early Harvest -Leading A Child To Christ (La primera cosecha: Cómo conducir a un niño hasta Cristo), de
John Prince (Falcon). Este libro es especialmente útil.
• Evangelizing Children (Cómo evangelizar a los niños), de Jennifer Haaijer (APEEN Europa).
• Explaining Salvation To Children (Cómo explicarle la Salvación a los niños), de Marjorie Soderholm (Free
Church Publications).
• How to lead Young Children To Christ (Cómo conducir a los niños a Cristo), de W.W. Orr (Scripture Press).
• More than Redemption (Más allá de la Redención), de Jay E. Adams.
• Physician of Souls (Médico de almas), de Peter Masters (Wakeman, Londres).
• Ready to Restore (Listo para restaurar), de Jay E. Adams.
• Teaching a Bible Lesson to Children (Cómo enseñar una lección bíblica a los niños), de Jennifer Haaijer
(APEN Europa).
Estos cuatro libros han sido publicados por publicaciones Presbiterianas y Reformadas y, aunque tratan prin-
cipalmente el tema de la consejería con adultos, muchos de los principios allí enunciados pueden ser de ayuda
al aconsejar a niños.

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Aconsejando al Niño con Inquietudes

DIFERENTES COMENTARIOS 9
COMENTARIOS DE GRADUADOS DEL INSTITUTO EUROPEO DE APEEN
“Una de las lecciones de mayor importancia y más preciosas que he aprendido cuando estudiaba en el Instituto
es cómo guiar a un niño a Cristo. Con el sencillo bosquejo que se me enseñó tengo ahora más confianza para
llevar a un niño a Cristo y me ha sido muy útil. No me gustaría no conocer los pasos que se describen en este
libro. Los he seguido cada vez que he tenido que aconsejar a un niño. También ha sido emocionante el haber
podido compartirlo con otros y he tenido un montón de oportunidades de enseñar esta presentación tan sen-
cilla con otras personas para que fueran capaces de llevar a un niño a Cristo con confianza. Unos cuantos han
vuelto a mí radiantes porque habían compartido el privilegio de llevar a un pequeño al Señor”.
Arabella Paul (Inglaterra)
“He tenido la oportunidad de aconsejar a niños y siempre he seguido esos diez pasos. Los tengo escritos en mi
Biblia para que sea fácil el leerlos siempre que los necesite. Esto nos ayuda a mí y al niño a estar más relajados
y sirve para que ambos disfrutemos de un tiempo de consejería más cómodo”.
Joy Gillespie (Irlanda del Norte)
“El verano pasado, en el campamento de APEEN, tuve la oportunidad de llevar a tres niños al Señor. Seguí los
pasos que aprendí en el instituto. Creo que son muy, muy útiles. Son muy claros, fáciles de seguir y son útiles
tanto para el consejero como para el niño. Ayudan al consejero a ver la necesidad del niño y cuánto entiende.
Y le dan al niño la oportunidad de compartir lo que sabe, piensa y quiere”.
Ema Tomova (Bulgaria).
“He tenido el gran privilegio de guiar a varios niños a Cristo. Este plan de consejería ha sido de valor incal-
culable. En el “momento de pánico”, cuando sientes la gran y aterradora responsabilidad de que un niño se
aproxime a pedir consejo, da mucha tranquilidad el tener un bosquejo a seguir”.
Stephen Kenny (República de Irlanda)
COMENTARIOS DE LÍDERES DE APEEN
“Estos diez pasos son excelentes. Los enseñamos en los cursos de capacitación de todos los niveles aquí, en
Eslovaquia, y también en Polonia, Rumania y Yugoslavia. También los enseñamos en el Seminario Teológico
de Bratislava. Estos pasos son de gran ayuda en nuestra enseñanza, y todos nuestros estudiantes nos han dicho
que son espirituales, lógicos y que no presionan a los niños”.
Jozef Kovac
(Director Nacional de APEEN de Eslovaquia)
“El Señor nos ha dado muchas oportunidades de utilizar los diez pasos para aconsejar a los niños que desean
creer en el Señor como su Salvador. Nosotros hemos seguido los pasos (todos ellos) tal como se nos enseñaron,
en cada ocasión y encontramos que han sido de gran utilidad. Aunque la conversión es obra del Espíritu Santo,
estamos seguros de que los diez pasos ayudan a los niños a ver las cosas claramente y a tomar una decisión
que se basa en su necesidad de perdón y no sólo en sus sentimientos. Utilizamos los diez pasos para aconsejar
también en nuestro curso de capacitación de maestros y en los cursos de capacitación para los consejeros de
campañas y, cada verano, muchos niños llegan a creer en el Salvador a través de estos consejos”.
Stefanos y Madga Botonis
(Director Nacional de APEEN de Grecia)

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