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Sinopsis

A ri Mitchell se siente invisible en su escuela de Brooklyn. Su cabello es


demasiado liso, su estilo es demasiado clase alta, y su personalidad es
demasiado tranquila. Y fuera de la escuela, Ari se siente eclipsada por su
belleza, su mejor amiga y confidente es Summer. Su amistad es tan compleja y
confusa como la relación que tiene Ari con su problemática hermana mayor,
Evelyn, una antigua madre adolescente cuyo apuesto marido bombero llena la
cabeza de Ari con fantasías culpables.

Cuando una inesperada herencia le permite a Ari transferirse a una escuela


preparatoria de élite en Manhattan, hace una nueva amiga rica, Leigh. Leigh
introduce a Ari en el lado glamuroso de Nueva York… y a su magnífico primo,
Blake. Ari no cree tener grandes posibilidades, pero sorprendentemente, Blake la
invita a salir. A medida de que su romance se calienta, se verán involucrados en
una intensa, relación consumada. La familia de Ari está preocupada de que ella
esté perdiendo el contacto con las cosas importantes de la vida, como la familia, el
trabajo duro, y la planificación de su futuro. Mientras tanto, Summer le advierte
que lo que ella siente por Blake es sólo un capricho. No amor verdadero. Pero el
mundo de Ari está inundado con nuevos colores, lleno de una frescura y emoción
que no ha sentido en años. Cuando la desgracia sobreviene a la familia de Blake, él
se aleja, y el mundo de Ari se drena de color. Mientras ella lucha para superar la
ruptura, Ari finalmente deberá preguntarse: ¿eran sus sentimientos amor
verdadero... o algo más?
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Índice
Capítulo 1 .......................................................................................................................................................................4
Capítulo 2 .....................................................................................................................................................................12
Capítulo 3 ....................................................................................................................................................................26

Capítulo 4 .................................................................................................................................................................... 36

Capítulo 5 ................................................................................................................................................................... 42

Capítulo 6 ................................................................................................................................................................... 49
Capítulo 7 ....................................................................................................................................................................55

Capítulo 8 .................................................................................................................................................................... 69

Capítulo 9 ....................................................................................................................................................................75
Capítulo 10 ................................................................................................................................................................... 85
Capítulo 11 ..................................................................................................................................................................... 91

Capítulo 12 .................................................................................................................................................................. 100


Capítulo 13 ..................................................................................................................................................................109
Capítulo 14 ................................................................................................................................................................... 119
Capítulo 15 ................................................................................................................................................................. 129
Capítulo 16 ..................................................................................................................................................................139
Capítulo 17 ..................................................................................................................................................................153

Capítulo 18 ................................................................................................................................................................... 161


Capítulo 19 ................................................................................................................................................................. 177
Capítulo 20 ................................................................................................................................................................. 188

Capítulo 21 ................................................................................................................................................................. 194

Capítulo 22............................................................................................................................................................... 209


Capítulo 23 ................................................................................................................................................................ 219
Capítulo 24................................................................................................................................................................230
Capítulo 25............................................................................................................................................................... 243

Sobre la autora......................................................................................................................................................... 250


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Capítulo 1

Traducido por *ƸӜƷYosbeƸӜƷ*

Corregido por ★ MoNt$3★

E
n 1985, casi todo el mundo que conocía temía dos cosas: un ataque nuclear
por los rusos y una muerte horrible por el virus VIH, que al parecer
prosperó en las boquillas de los teléfonos públicos de Nueva York.

Mi mejor amiga, Summer, sin embargo, no se preocupó acerca de contraer VIH de


un teléfono o de algo más. Comenzó a besar chicos cuando teníamos doce y
escribió el nombre de todos en su diario, el cual tenía una cubierta de terciopelo
púrpura.

No tenía un diario. No necesitaba uno porque había besado sólo a un chico una
vez, en las Catskills durante unas vacaciones familiares entre octavo y noveno
grado.

El chico Catskills era de Connecticut, y se volvió contra mí después de que lo besé.


Afirmó que abrí la boca demasiado grande y que era sólo un cuatro en una escala
del uno al diez en el departamento de belleza.

No te hagas ideas, me dijo. Ustedes las chicas de Brooklyn me aburren. Y me voy a casa en
dos días, así que nunca nos veremos de nuevo.

Eso estaba bien para mí. Quería pretender que el beso nunca había pasado. No fue
lo que había practicado con la palma de mi mano mientras imaginaba apuestas
caras de Hospital General y Days of Our Lives. Ninguno de esos chicos hubiera
dicho que sólo era un cuatro, y definitivamente no me habrían dicho que mirara
por dónde caminaba después de tropezarnos en el buffet del desayuno.

¿Qué estás haciendo allí?, preguntó mi madre después, mientras me cepillaba mis
dientes en nuestro baño del motel y esperando no tener ningún germen del VIH en
mi boca. Y no le dije a mi madre lo que pasó. Ya me había advertido que cosas
malas podían esconderse en los lugares más insospechados.
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Summer y yo fuimos a diferentes secundarias. Yo fui a nuestra escuela pública local


en Brooklyn, mientras que ella era una estudiante de la Preparatoria Hollister, una
lujosa escuela privada en el Upper East Side.

Los padres de Summer podían permitírselo, pero esa no era la razón por la que fue
transferida después de sólo tres meses en mi secundaria. Fue porque algunas chicas
estaban regando rumores acerca de ella, inventando historias sucias sobre cómo
supuestamente atendió a todo el equipo de lucha libre y bajó hasta la oficina de su
entrenador. “Summer Simmon la tragona”, eso fue lo que las chicas escribieron en
esmalte de uñas rojo brillante en la pared del baño. Luego pegaron con cinta
adhesiva de papel paquetes de condones marca Trojan —hechos para su placer—
por todo el locker de Summer. Eso la había hecho llorar.

Los quité mientras ella sollozaba en sus manos. Olvídalo, le susurré. Sólo están celosas
porque les gustas a todos los chicos.

Eso fue difícil de decir para mí, porque yo misma estaba celosa. Pero Summer dejó
de llorar e incluso sonrió, y estaba segura de que había hecho algo bueno.

Y ella hizo un montón de cosas buenas, también, como no apartarme después de


que en Hollister comenzó a ser miembro de la gente popular.

Ahora nuestro segundo año había terminado y Summer y yo nos sentamos en sillas
plegables en el patio de mi hermana Evelyn, en Queens. Los juguetes estaban
esparcidos por la hierba, y Summer hacía rodar una pelota con su delicado pie.

—Ocho semanas completas de vacaciones por delante de nosotras —dijo.

Asentí y miré mi no muy delicado pie. Había un callo en el talón, una costra en mi
tobillo y necesitaba pedicura, pero Summer no. El sol rebotó en sus pintadas uñas
de los pies y en su pelo largo y rubio, que estratégicamente destacaba alrededor de
su bonita cara. Sus ojos eran oscuros, siempre llevaba ropa llamativa, y olía a L'Air
du Temps. No había estado sin un novio desde la secundaria. Su última conquista
era un estudiante de segundo año de la Universidad de Columbia que había
conocido en septiembre pasado, el cual había tomado su virginidad en Halloween.
Él tiene diecinueve, por lo que es ilegal, me había dicho en un susurro risueño al día
siguiente. Nadie puede saberlo.

Lo sabía. Y estaba celosa. Desde que comenzó en Hollister, todo había sido muy
fácil para ella. Muy raramente estudiaba, sin embargo, su nombre era un elemento
permanente en el cuadro de honor. Era buena en matemáticas, era una experta en
moda, y podía recitar las estadísticas de cada jugador de los Yankees. Vivía como
hija única en una suntuosa casa en Park Slope. Incluso su nombre era perfecto:
Summer Simon, como una actriz de películas en una marquesina deslumbrante.
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Me pregunté si sus padres lo habían planeado de esa manera, y deseaba que mis
padres hubieran planeado mejor. Debían de haber sabido que los chicos se sentían
atraídos más por chicas llamadas Summer Simon que por chicas llamadas Ariadne
Mitchell. También deseaba que mi madre estuviera tan interesada en películas
como en literatura. No era una idea inteligente ponerme nombre después de
terminar un viejo libro polvoriento de Chekhov.

Pero mi madre era una lectora. Había hecho un posgrado en Inglés y enseñaba
lenguaje y literatura de sexto grado en una escuela pública. Pensaba que mi mejor
amiga era muy sobrevalorada. De acuerdo con mamá, Summer era baja, una
coqueta sin vergüenza y muy fabricada, con todo el pelo totalmente teñido,
maquillaje y uñas postizas.

Mamá me dijo que tenía una figura mucho mejor que Summer porque era más
delgada y más alta como por 8 centímetros, y cabello color negro azabache con ojos
azules era muy raro. Puedes agradecer a tu papá por eso.

—Ari —dijo Summer—. Patrick luce bastante guapo hoy.

Mi atención se dirigió al esposo de Evelyn, quien estaba asando hamburguesas en


el extremo opuesto del patio.

Patrick tenía treinta años y medía uno ochenta y dos, tenía el pelo rubio y ojos
marrones como Summer. También tenía un cuerpo mortal. Era delgado y
musculoso por levantar pesas en el sótano de su casa y luchar contra el fuego con el
FDNY. Me había enamorado de él desde que nos conocimos. Él y Evelyn tuvieron
un hijo llamado Kieran, cuyos cinco años se celebraban, y ahora mi hermana
estaba embarazada de nuevo.

—Eres tan loca-por-los-chicos —respondí, ¿porque qué más podría decir? ¿Podría
decirle a Summer que sabía que Patrick era guapísimo y que cuando dormía en su
casa, presionaba mi oído contra la pared de la habitación de visita para escuchar a
Evelyn y a él teniendo sexo? Sabía que eso me hacía una pervertida.

—Tómalo con calma, hermanita —dijo Patrick cuando mamá, Summer y yo nos
íbamos, pero pronuncio la última palabra “hermanitah” como si fuera de Boston.
También se refirió a los trozos de pastel de cumpleaños Kieran como jimmies y se
quejó de que estaba "malvadamente caliente” en la actualidad. Siempre me llama
hermanita, y tomo cada oportunidad para burlarme de su acento.

—Hay una r al final de esa palabra, Patrick Cagney —le dije.

—No seas listilla —dijo él—. ¿Críticas a tu padre así? No habla mejor que yo.

No habla para nada mejor que tú, pensé, segura de que mamá se encogía por la
vergonzosa gramática de Patrick. Pero tenía razón. Papá si tenía un marcado
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acento de Brooklyn, el acento que mamá exitosamente había disuadido en mí, pero
no en Evelyn. La gramática de mi hermana era tan mala como la de Patrick, y tenía
el vocabulario de un marinero borracho, especialmente cuando estaba molesta.

No estaba enfadada hoy, cuando nos despedimos en la puerta de su modesta casa,


que siempre estaba desordenada y tenía el mismo papel tapiz desde 1972. Hoy
sonrió y me miró a través de sus pesados ojos de color verde.

Ojos de dormitorio, así es como los llamaban sus compañeros de escuela. Evelyn
había sido tan popular como Summer cuando tenía nuestra edad. Los chicos en
nuestro vecindario solían babear por su cabello castaño, su delicada nariz y su boca
sensual.

—Ven a pasar el fin de semana pronto —dijo, abrazándome fuerte. Sentí su


estómago hinchado y me di cuenta de la fina capa de gordura que se había
instalado debajo de su barbilla. La cara de Evelyn todavía era hermosa, pero su
primer embarazo había dejado un aumento de peso persistente que no trató de
perder.

Nunca critiqué su figura en voz alta y tampoco lo hizo mamá, que no estaba en
posición de criticar. Mamá tenía trece kilos de sobrepeso, pero no le importaba.

Nunca renunciaría a su pastelitos de chocolate favorito Hostess en sus cenas hechas


en casa los domingos con pollo asado y papas bañadas en salsa. La comida es uno de
los placeres simples de la vida, decía siempre.

Encendió un cigarrillo, cuando ella, Summer y yo estábamos en su viejo Honda,


dirigiéndonos hacia Brooklyn. Las ventanas estaban abiertas porque el aire
acondicionado no funcionaba, y el cabello de mamá se arremolinaba alrededor de
su cabeza. Lo tenía por los hombros, naturalmente castaño, pero ahora mezclado
con gris. En su foto de boda se parecía a Evelyn, pero su nariz no era tan pequeña.
Y ahora sus párpados eran demasiado gruesos.

—¿Están tus padres en casa, Summer? —preguntó mamá desde el asiento del
conductor a mi lado. Casi me reí. Era como si mamá pensara que teníamos ocho en
vez de dieciséis. Pero creía que los padres deberían estar siempre por ahí para sus
hijos. Por eso es que se convirtió en maestra, así podría esperar por mí en el portón
de la escuela, para poder pasar las tardes de agosto juntas en Coney Island. Ella se
quejaba que papá no estaba en casa lo suficiente, aunque no fuera su culpa. Era un
detective de homicidios en Manhattan, y la ciudad estaba llena de crímenes.

—Sí, Sra. Mitchell —dijo Summer, y pensé que sonaba como una de las estudiantes
de mamá. Esos chicos estaban intimados por mamá, prácticamente se mojaban en
los pantalones cuando su voz retumbaba en todo el salón de clases.
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Mamá se detuvo en la acera frente a la casa de Summer. Todas las casas en su


cuadra tenían doble puerta frontal, majestuosas ventanas en saliente, techos
elegantemente angulados. Sus padres estaban fuera, plantando flores en la pequeña
plaza de tierra que era su jardín delantero, y ambos saludaron con la mano después
de que dejamos a Summer y nos dirigimos a casa.

Nuestra casa estaba en Flatbush, y no era ni grande ni imponente. Era similar a la


de Evelyn: toda de ladrillos, dos pisos, tres dormitorios de cuarenta años. Sin
embargo, nuestra casa estaba más limpia que la de ella, y había una estatua de
Santa Ana en el césped.

Había sido abandonada por el anterior propietario, y estaba segura de que se dio
cuenta. Ella es la madre de la Bienaventurada Virgen María, dijo mamá. Así que no
podemos echarla. Eso sería un pecado terrible. Santa Ana siempre parecía que estaba
llorando cuando llovía.

Evelyn pensaba que estábamos locos por mantener la estatua. También ponía los
ojos en blanco y se metía un dedo en la garganta cada vez que mamá se ponía
religiosa. Dijo que mamá era una católica no practicante, una falsa Católica de
Cafetería, una de esas personas que seleccionan y eligen las reglas que les acomoda,
y no estaba equivocada.

Nosotros sólo íbamos a la iglesia en Navidad y Pascua, y nunca nos abstuvimos de


comer carne los viernes durante la Cuaresma. Una vez mamá incluso firmó una
petición a favor del aborto que una mujer de NOW había llevado a nuestra puerta.
Las mujeres tienen derecho a tener sus derechos, mamá había dicho después de que le di
una mirada divertida. Hay bastantes niños no deseados en este mundo.

Luego miré a Santa Ana, de pie en un barato vestido azul con un chal dorado sobre
la cabeza y su hija recién nacida en brazos, y en ese momento pensé que se veía
muy triste.

—¿Summer está saliendo con alguien? —preguntó mamá, unas horas después de
que habíamos regresado de la casa de Evelyn y estábamos sentadas en el sofá de la
sala, disfrutando de la brisa que flotaba a través de la ventana. Fuegos artificiales
ilegales crepitaban en el exterior, y yo estaba arreglándome las uñas de los pies.
Apenas había luz suficiente para ver, pero no quería encender una lámpara, porque
la oscuridad mejoraba nuestro mobiliario sencillo, y escondía el pequeño agujero
chamuscado en nuestro poltrón reclinable. Mamá había dejado caer
accidentalmente un cigarrillo en el asiento después de beber mucho ponche la
última Nochebuena.
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—No ahora. Rompió con el chico de la Universidad de Columbia —dije, pensando


en otros ex novios de Summer.

Una vez le pregunté si nunca echaba de menos a alguno de ellos. Sólo se encogió de
hombros y dijo: no pienso mucho acerca de los chicos del pasado. Estoy contenta de haberlos
conocido, pero hay una razón por la que no están en mi futuro.

Me sorprendió que pudiera ser tan indiferente, aunque me imaginé que


probablemente tenía razón.

—¿Entonces ahora está sin novio? Eso es sorprendente —dijo mamá, fumando un
Pall Mall. Deseaba que no fumara tanto. Deseaba que no fumara para nada. No
quería que se enfermara, o que terminara como una de esas personas que tenían
que cargar un tanque de oxígeno por todos lados. Solía suplicarle que lo dejara,
pero ni siquiera trató. Era muy adicta. O demasiado obstinada. El tabaquismo era
otro de sus placeres simples. Así que había renunciado a estarle mendigando, pero
me preocupaba en silencio—. Va a terminar en problemas, si sabes lo que quiero
decir.

Lo sabía bien. Mamá solía advertir a Evelyn acerca de la misma cosa pero no había
funcionado. Evelyn le dijo a nuestros padres que estaba “en problemas” durante las
vacaciones de invierno de su último año en la escuela secundaria. Luego tomó el
GED, se casó con Patrick antes de Pascua, y dio a luz a Kieran en una lluviosa
mañana de junio.

Luego ocupé en su antiguo dormitorio, que mamá había limpiado antes de que
siquiera se hubiera terminado de comer los restos de pastel de boda de Evelyn.
Ahora era lo que mamá llamaba mi estudio, el lugar donde dibujaba la cara de
cualquiera que me interesaba. Y los encontraba en todas partes, en la escuela, en el
metro, en el supermercado. Sólo mostraba mis dibujos a mamá y a mis profesores
de arte, porque nadie entendía. Mamá notaba los detalles en un ojo, en la curva de
la boca. Creía que había heredado su gen artístico, el que la llevó a escribir novelas
que nunca terminó.

Yo podría haber sido una escritora, dice a veces. O una editora en una editorial en la
ciudad. Entonces me miraba y sonreía, fingiendo que no tenía importancia, diciendo
que yo era la mejor cosa que jamás se haya creado. Y que tendría todas las
oportunidades que ella nunca tuvo.

No esperaba que una oportunidad llegara muy pronto. Sucedió después de que
mamá y yo llegamos a casa de la barbacoa y me fui a dormir en mi antigua cama
con dosel que fue una herencia de Evelyn. Me desperté con los ruidos familiares
claves, la llave de mi padre en la puerta principal, los pasos de mamá en el
vestíbulo, una comida de medianoche en la estufa.
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Estaban hablando como siempre, pero no había oído las palabras normales, como
factura de electricidad, fontanería, que el molesto vecino había bloqueado nuestro
camino de nuevo.

Esta noche era algo sobre una llamada telefónica y dinero, y la voz de mamá era
alegre, pero no estaba segura de por qué.

—Espera hasta la mañana, Nancy —dijo papá.

—Pero es una buena noticia, Tom —respondió mamá, y luego estaba en mi


habitación, diciéndome una noticia que no sonaba nada bien.

—El tío Eddie murió —dijo, y vi a mi padre en el pasillo, mamá junto a mi cama, y
el tío Eddie en mi mente. Él era el tío soltero de mi padre que vivía solo en un
apartamento de renta controlada.

—Oh —dije, recordaba las muchas veces que papá se había ido para ver al tío
Eddie. Era un hombre viejo y bondadoso que amaba los programas de juegos y me
ofrecía chocolate de una caja de muestra de Whitman. La idea de él mirando El
Precio Justo siempre solo me entristeció—. Eso no es una buena noticia, mamá.

Mi voz se quebró. Retiró mi pelo largo de la cara y miró a mi padre como lo hacía
cada vez que mi voz se quebraba. ¿Puedes creer que dos galletas duras como nosotros ha
creado una flor tan delicada? Una vez le oí decir, y era verdad, ella y mi padre eran
resistentes y yo no lo era. Pero tuvieron que ser resistentes. Los padres de mamá
habían sido alcohólicos y ninguno de sus cuatro hermanos había visitado nuestra
casa. Papá había sido criado por una madre viuda que trabajaba en un hospital de
caridad para pagar por el pequeño apartamento que ella y papá habían compartido,
y había visto un montón de cosas horribles durante sus treinta años con la policía
de Nueva York. Los niños están tan mimados en estos días, siempre decían él y mamá,
y no quería que ellos dijeran eso de mí. Pensaban que cualquier persona que comía
tres comidas al día y tenía dos padres que trabajaran eran mimados.

—Lo sé, Ariadne —dijo mamá, porque insistía llamarme por mi nombre
completo—. Pero hizo algo bueno por nosotros. Nos dejó todos sus ahorros, cien
mil dólares. Ahora puedes ir a la universidad que quieras y podemos enviarte a la
preparatoria Hollister en septiembre.

Podía ir a la universidad que quisiera y me estaban enviando a la preparatoria


Hollister en septiembre. No estaba segura de cómo decirle a mamá que no quería ir
a Hollister. Sabía que no podría llegar a la altura de las chicas… chicas como
Summer que recibían brillantes boletas de calificación sin necesidad de abrir un
libro y no salían de casa si sus zapatos no combinaban con su bolso. Mi escuela
actual no era genial, mis compañeros de clase parecían pensar que yo era
completamente insignificante, pero estaba cerca y por lo menos los profesores me
gustaban. Así que esperaba que mis padres se olvidaran de Hollister.
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Traté de no pensar en ello cuando mamá y papá se habían ido, cuando dormían en
su habitación en el extremo del pasillo y no podía dormir. Así que me senté al lado
de mi ventana, estudiando las estrellas en el cielo despejado de verano, alternando
mis pensamientos al tío Eddie. Pensé en él y todos sus ahorros y el hecho de que no
tenía a nadie a quién dejárselos excepto nosotros.
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Capítulo 2

Traducido por Flor_debelikov99 y eve2707

Corregido por ★ MoNt$3★

H
abía más gente en el funeral del tío Eddie de la que esperaba, así que era
bueno.

Además de mis padres, Patrick, Evelin, Kieran y yo, habían venido un par de
vecinos de su edificio y una señora mayor bastante atractiva que le dijo a mi
papá que ella y el tío Eddie eran amigos especiales.

Summer estaba aquí también. Vino con su mamá, quien tenía cabello liso y
marrón, y siempre parecía cansada. Probablemente estaba cansada, porque era la
dueña y administradora de un negocio llamado Catering by Tina. Hacía la comida
y la llevaba a las casas de las personas en una camioneta blanca, por los 5
condados. A veces Summer y yo la ayudábamos en la cocina e íbamos con ella en
la camioneta a las fiestas, donde nos quedábamos en las cocinas y poníamos los
hongos rellenos en elegantes bandejas plateadas.

Summer estaba sentada a mi lado vestida con un vestido apropiadamente elegante,


perfecto para la ocasión. Miré mi propio vestido, que había escogido a toda prisa de
una pila de ropa en Loehmann. No tenía brillo y estaba fuera de moda, pero
cuando lo compré no estaba pensando en eso. Estaba pensando en el tío Eddie, que
lo iban a enterrar solo, en vez de al lado de una esposa o hijos o alguien a quien le
importara, así que escribí una nota en donde le agradecía los cientos de dólares que
nos dejó. También mencioné que gracias a él podía ir a la escuela de diseño Parson
en Manhattan, que había sido mi sueño desde los doce años.

La nota estaba en un sobre que sostenían mis dedos sudorosos. Se la quería dar al
tío Eddie, quien estaba acostado en una caja al frente de la habitación, pero no
podía. La simple idea de estar cerca de una persona muerta hacía que me temblaran
las rodillas.

—¿Qué es eso? —preguntó Summer, señalando con la cabeza el sobre.

Lo doblé, lo puse en mi falda y miré al tío Eddie.


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—Le dejó bastante dinero a mi familia. Sé que no le puedo agradecer de verdad,


pero quiero hacerlo, así que escribí esta carta… —Me di la vuelta hacia Summer.
Estaba sentada con las piernas cruzadas a la altura de los tobillos, y sus ojos oscuros
estaban clavados en mi cara—. Estoy siendo estúpida, no es como si pudiera leerla.

Me sonrió. —No creo que sea estúpido. Creo que es lindo.

Le devolví la sonrisa. —Sigo sin poder subir ahí.

Summer descruzó los tobillos. —¿Por qué no?

—Porque está muerto. Me asusta.

Movió su cabello detrás de sus hombros. —No le tengas miedo a la muerte, Ari. No
te puede lastimar. La vida te tendría que preocupar.

Tenía razón. El tío Eddie no me podía hacer nada. Pero no me moví, y comencé a
mover el sobre hasta que estuvo todo arrugado y con agujeros.

Summer me quitó el sobre de mis manos temblorosas. Apretó mi hombro y me


susurró: —¿Quieres que lo haga? No tengo miedo.

No me sorprendió lo que dijo. Summer no le tenía miedo a nada. —Yo lo debería


hacer —dije, pero seguí sin moverme, deseando que no fuera tan cobarde.

Summer se paró y me dio la mano. Recordé todas las veces que había hecho esto
antes. Lo había hecho en sus dulces dieciséis, cuando me había escondido en el
baño porque no tenía el valor suficiente para estar con todos los estudiantes de
Hollister en el salón. Summer me convenció de salir y se quedó a mi lado todo el
tiempo, diciéndole a todo el mundo: Esta es mi mejor amiga Ari. Eso me hizo
pensar que no era tan poco interesante.

—Vamos —dijo Summer, mirando del tío Eddie a mí—. Lo vamos a hacer juntas.

***

No me fui a casa con mamá y papá después del funeral. En vez de eso, me subí a la
parte trasera de la camioneta Ford negra de Patrick. Mamá creyó que había pasado
demasiado tiempo encerrada en mi habitación y necesitaba un cambio de escenario.

Una hora después, estaba ayudando a Evelin a limpiar el lavaplatos de su cocina


deslucida. Los viejos electrodomésticos estaban verdes y la pintura de las paredes te
podía marear si la mirabas por mucho tiempo. Tenía flores naranjas, con grandes
hojas, y pequeñas espirales entre los pétalos. Patrick había empezado a remover la
pintura, pero nunca tenía tiempo para terminar de hacerlo. Siempre estaba
trabajando, en la estación de bomberos o haciendo trabajos simples en sus días
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libres para ganar dinero extra. Poniendo azulejos, haciendo diseño de paisaje,
cualquier cosa para pagar la hipoteca.

—Mira lo que te compré —dijo Evelin.

Agarró una bolsa de Ms. Fields y la puso delante de mi cara. Estaba llena con mis
galletitas con chispas de chocolate favoritas, así que supe que Evelin estaba de buen
humor hoy. Me gustaba más cuando estaba así, cuando era dulce y te trataba con
amabilidad, como hacía antes, y no malhumorada y mala, como se había
convertido en los últimos años. Mamá decía: Pañales sucios y un esposo con un trabajo
peligroso puede cambiar a cualquiera. Yo le advertí.

Lo peor fue después de que Kieran nació. Evelin tuvo una crisis emocional y
lloraba y le gritaba a Patrick todo el tiempo. Mamá tuvo que llamar al papá de
Summer por un consejo: es un psiquiatra. Dijo que Evelin tenía una depresión
postparto, y que recomendaba que la mandáramos a Nueva York, al hospital
Presbiteriano en Manhattan. Lo hicimos, y estuvo ahí por dos meses.

Su tratamiento no lo cubría el seguro médico de Patrick. Mis papás habían ayudado


con el dinero para pagar todo el tratamiento, y ellos aceptaron cuando los doctores
recomendaron que Evelin dejara de tener hijos. Pero ella no escuchaba a nadie,
especialmente a mamá y a papá. Peleaba con ellos todo el tiempo. Peleaban sobre
sus notas bajas, sus ropas holgadas y desaliñadas, y por la bolsa de mariguana que
mamá encontró en el cuarto de Evelin. Siempre discutían sobre sus novios y porque
a los quince años fue sola a una clínica para pedir una receta de pastillas para el
control de natalidad.

La pelea más grande fue cuando ella tenía diecisiete y les dijo que estaba
embarazada. La boca de papá se transformó en una pequeña línea y mamá gritó tan
alto que nuestros vecinos pudieron escuchar todo. Dijo que Patrick era un
maleducado, un ignorante y clase baja, que no soportaba su acento del sur de
Boston y que tenía mucha suerte si no mandaba un par de matones a romperle las
piernas.

Había temido por su seguridad, por si unos matones lo golpeaban y lo dejaban


desangrarse en algún lugar de BedStuy. Pero mamá mantuvo baja la actividad
criminal y su humor cambió después de que Evelyn y Patrick se fueron de luna de
miel a Florida. Los escuché susurrar a la vuelta del aeropuerto La Guardia que
habían hecho lo que pudieron, que le habían dado a Evelyn la mejor boda, y
después mamá se rió y dijo: Ahora es problema de Patrick.

Le di a mamá una mirada asesina cuando dijo eso, porque no creo que una madre
debería llamar a su hija “problema”. Pero no me sorprendí cuando Evelyn dijo que
volvía a estar embarazada. Ser una madre le hacía sentir que no era la chica que se
había casado muy joven y que tenía un trabajo de medio tiempo en Path Mark.
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Ahora era una organizadora de playgroups, una entrenadora de fútbol, y la mujer


que se quejó con Hausbrot a través de una carta cuando Kieran casi se tragó un
pedazo de plástico. Y ahora lo único que hablaban era de lo educado que era
Kieran, que estaba bendecido con la personalidad de Patrick y la belleza de Evelyn.

Aún con el peso extra, seguía siendo muy delgada. En la noche, me senté en frente
de ella en el patio, admirando la forma en que el atardecer resaltaba sus reflejos en
su largo cabello ondulado. Ahora era feliz, sonreía con dientes blanquísimos y
derechos, y sus risas hacían que todos los demás nos riéramos también.

La escuché riéndose otra vez después del atardecer y yo estaba sola en la habitación
de visitas, que dentro de poco se iba a convertir en una enfermería. Patrick también
se estaba riendo, después, sus voces se convirtieron en susurros y gemidos, y su
cabecera golpeó la pared. No esperaba que eso pasara esta noche, porque Evelyn
tenía más de siete meses de embarazo, pero estaba equivocada. Y era imposible no
escuchar. Eran tan ruidosos y los sonidos de Patrick hacían que mi corazón
corriera. Sonaba como uno de esos jugadores de tenis profesionales que gruñían
cada vez que golpeaban la pelota muy fuerte.

Capaz que este sonido era la causa de mi migraña. Era o eso o el castigo por
disfrutar el sonido de mi cuñado haciendo lo que mis compañeros de clase
llamarían en broma “organismo”, pero tenía demasiado dolor para decidir. Era el
comienzo de una migraña que bloqueaba la visión de mi ojo izquierdo y que me
hacía ver cosas extrañas. Auras, el doctor dijo que así se llamaban. Aparecían
cuando estaba muy estresada o triste o expuesta a ruidos fuertes. No contengas tus
emociones, dijo el doctor, se manifestarán físicamente y se convertirán en migrañas.

No seguí su consejo. Y mis migrañas siempre empezaban igual, con una red de
luces fluorescentes que se extendía hasta que mi medicación aparecía en mi
sistema. Hoy no tenía mi medicación. Estaba tan preocupada por el tío Eddie que
me había olvidado de agarrar mi neceser. Así que fui por el pasillo hasta el único
baño en la casa, donde busqué un poco de Tylenol. Pero lo único que encontré
fueron las pastillas para dormir de Patrick y el Ipecac que Evelyn había comprado
cuando Kieran era más chiquito. Me había mostrado dónde estaba por si se tragaba
algo mientras lo estaba cuidando. También me hizo ir con ella a una clase donde
aprendí sobre RCP y cómo diagnosticar huesos rotos.

Podía ver bien por un solo ojo, y el dolor en mi cabeza era tan grande que me puse
de rodillas, bajé la cabeza sobre el inodoro y me preparé para vomitar. Cuando
estaba ahí abajo, vi un libro llamado Nombra a tu Bebé. Lo abrí y vi que Evelyn
había redondeado algunos nombres, pero sólo de chicas. Se había negado a hacerse
un ultrasonido, pero había salido positivo que iba a tener una niña.

Los nombres, las cartas, la tinta azul brillante de Evelyn, todo me hizo sentirme
peor, así que dejé el libro en el piso y me paré. No había razón alguna en seguir
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arrodillada ya que nada estaba pasando, ni siquiera una gran arcada. Fui a la
cocina para buscar Tylenol.

—¿Qué está mal? —preguntó Patrick.

Me di la vuelta. Estaba en la puerta de la cocina, sin remera, con sus pantalones


pijama colgaban bajos en su cintura, en su cuello descansaba una cruz Celta de oro.

—Estoy buscando una aspirina —dije.

Empujó su cabello negro hacia atrás, pero no sirvió para nada. Su cabello era muy
liso y siempre caía sobre su frente en forma de onda. —¿Tienes una de esas
migrañas otra vez? —preguntó, y asentí. Me dijo que me sentara, que él iba a
buscar la aspirina, la botella estaba escondida en uno de los estantes de arriba para
que Kieran no la agarrara.

No me senté, me paré al lado del linóleo mirando a Patrick buscar entre los
gabinetes. Estaba mirando porque tenía un pecho amplio. Un estómago divido
perfectamente en seis. Esperaba que no me viera mirándolo y no lo hizo. Encontró
la botella de Tylenol y señaló la mesa.

—Te dije que te sentaras —dijo, lo cual era típico. Patrick era mandón, así que las
palabras “Por favor” y “Gracias” raramente salían de su boca. Mamá decía que era
porque Patrick venía de una familia de ocho chicos cuyos padres deberían estar
muy cansados para enseñarles a sus hijos modales. Pero siempre sigo sus órdenes
porque siempre tiene razón. Así que me senté y se sentó enfrente de mí, dándome
dos aspirinas y un vaso de agua. Después puso la parte de atrás de su mano en mi
frente.

—¿Estás segura que es sólo una migraña? ¿No tendrás fiebre?

Fiebre dijo. No Patrick, pensé, sacudiendo mi cabeza. No tengo fiebre. Podrías ir a


algunas de las clases de Mamá, pero no te voy a decir eso. No puedo lastimar tus sentimientos
porque eres tan hermoso y tu mano se siente bien en mi cara, fuerte y suave al mismo tiempo.

—¿Así que qué causó esto? ¿Sigues devastada por el cadáver? —preguntó, y le di
una mirada de desaprobación que lo hizo reír—. Oh, vamos Ari, el tío tenía
noventa años.

Me encogí de hombros, estudiando el hielo en mi vaso. Después le dije lo que


estaba pensando, sobre lo triste que era que el tío Eddie muriera en ese apartamento
oscuro, sin esposa o hijos, y que todos esos vecinos en el funeral eran extraños.

—Estoy asustada de eso —dije—. De morir sola.

Se volvió a reír. —¿Desde cuándo te preocupa esta estupidez? No te tendrías que


preocupar de la muerte. Eres joven.
17

Pero sí me preocupo por ella, pensé. No soy Evelyn. Los chicos no tocan el timbre por mí ni
me llaman por teléfono todo el tiempo. Nunca podría tener un esposo como tú, o un hijo como
Kieran, y es muy confuso, porque no estoy segura de que quisiera ser Evelyn. No quiero
meterme en problemas y decepcionar a mamá tanto que cuando me case o me vaya de la casa
se ría.

—Vamos —dijo Patrick—. Necesitas dormir.

No me moví, me quedé mirando cómo el hielo se derretía. No quería dormir,


quería quedarme ahí sentada y pensar. Pero agarró mi codo y me llevó hasta el
dormitorio de visitas. No dejo que nadie excepto Patrick me haga eso. Estaba
segura que lo hacía pensando en mí.

Papá me fue a buscar dos días después. Era una mañana húmeda y mis piernas se
pegaban a los asientos de cuero de su auto.

—¿Cómo estuvo tu fin de semana? —pregunté, y lo repetí para mí misma cuando


no respondió. Algún programa de deportes estaba en la radio y bajó el volumen.

—Trabajé —dijo, y lo volvió a subir.

Los ojos de papá eran azules como los míos y su cabello era tan oscuro como el
mío también, pero ahora era completamente gris. Era alto y no hablaba mucho. No
conmigo, de todas formas. Era un padre ausente, según mamá. Pero también decía
que era un buen padre porque ponía un techo sobre nuestras cabezas, traía comida,
y nos daba una mesa en la cual comer. Y también trabajaba duro, todo el tiempo, se
podría haber retirado hace una década pero no lo hizo porque hacer “nada” lo
volvería loco. Por lo menos eso fue lo que mamá me dijo. Nunca sabía lo que papá
estaba pensando.

Se fue a trabajar después de que salí del auto enfrente de la casa. Mamá estaba
adentro, cortando pan en la cocina. Se dio la vuelta y puso sus manos en la cadera.

—Estás muy flaca, Ariadne. ¿Evelyn no te alimentó?

Debería haber esperado eso, Mamá siempre criticaba a Evelyn. ¿Evelyn no te


alimentó? Evelyn deja que Kieran coma mucha comida basura. La casa de Evelyn está muy
desordenada. Desearía que dejara de hacerlo. Podía ser que Evelyn no fuera perfecta,
pero no era tan mala. Cuando se volvía loca y me gritaba, intentaba recordar las
cosas lindas que hacía: como elegirme para ser su dama de honor en su boda,
dejarme ir con ella y sus amigos a los bolos aunque sólo tuviera ocho y nadie me
quisiera allí, etc.
18

—Claro que lo hizo —dije, pero parecía que mamá no iba a cambiar su opinión.
Tostó un pan, le puso queso crema y me miró mientras lo comía.

Después me fui, cerré la puerta y abrí la ventana de mi estudio. Era un día soleado,
y los vecinos de al lado, esos que siempre tapan nuestra salida del garaje, estaban
dando una fiesta. Había globos incluso en su caseta de correo y los invitados
estaban estacionando sus autos y llevando cajas de cerveza. Miré por un rato, y
después me senté en mi escritorio y me puse a dibujar un árbol que estaba enfrente
de la casa. Las hojas, el tronco, los rayos de sol asomándose por las ramas. No era
la mejor cosa para dibujar, no tan interesante como las caras, pero mi profesor de
arte dijo que tenía que practicar dibujando todo.

Una hora pasó antes de que escuchara la voz de mi madre. La vi parada en nuestro
vestíbulo, hablando con la señora de al lado. Al principio mamá estaba calmada,
diciendo: “Lo apreciaría”, y algo más sobre nuestra entrada al garaje, y cuando
miré a la entrada, vi un Trans Am estacionado ahí y un Buick brillante detrás.
Nuestra vecina levantó la voz y gritó algo muy desagradable. Y también lo hizo
mamá.

—Saca esos estúpidos autos de mi propiedad antes de que llame a la policía —dijo
mamá—. Mi esposo trabaja en las fuerzas armadas así que puedo traer a alguien en
cinco minutos.

Escuché nuestra puerta principal cerrarse de un portazo y cacerolas chocando en la


cocina. Nada de esto era inusual, porque mamá era una luchadora. Esa era la
palabra con la que papá siempre la describía.

No hubiera sobrevivido de otra forma en mi familia, escuché que ella le decía a él una
vez, pero no sabía a qué se refería. Había mencionado a sus papás pocas veces en
mi presencia, usando un tono que reservaba para cosas desagradables, como la
diarrea o la crisis de Evelyn. Sus padres ya no estaban más, habían muerto hace
años, aunque sus hermanos seguían vivos. Uno de ellos había llamado hace
bastante tiempo y mamá le había colgado. Le había dicho a papá que su hermano
era un borracho que quería una dádiva y que ella no daba dádivas. Estaba orgullosa
de que lo había hecho todo sola. Incluso su universidad la había pagado sola, con
un préstamo que le había tomado veinte años reponer.

—Ariadne —dijo mamá, mirándome—. ¿No escuchaste el teléfono?

No lo había escuchado. Levanté la vista de mi dibujo hacia mamá, quien estaba


parada en la puerta, sonriendo y hablando en voz gentil. Podía cambiar de humor
muy fácilmente, como Evelyn. Hace un minuto le estaba gritando la palabra E a
alguien que había irrumpido en su propiedad, y al segundo estaba tan callada como
una bibliotecaria.
19

Negué con la cabeza y ella caminó al cuarto, parándose tras de mí para examinar
mi árbol.

—Es extraordinario —dijo—. Estoy contenta de que hayas tomado el consejo de tu


maestro acerca de dibujar de todo. Él sabe cómo hacer a un artista.

—O maestro —dije. Mamá rodó sus ojos porque no quería que yo fuera maestra.
Quería que tuviera una carrera excitante, mejor que la que ella tuvo, aunque esa
idea me ponía nerviosa.

Pero el pensamiento de enseñar no me ponía nerviosa. Imaginaba que la enseñanza


del arte era divertida y tranquila lejos de ojos juzgadores. Si trataba ser una artista
real la gente podría decir que no tengo talento, y eso arruinaría todo. No habría
sentido en seguir dibujando, y mi vida estaría sin sentido sin el dibujo. No tendría
razón para memorizar la cara de las personas en el metro.

—Llamó Summer —siguió mamá, añadiendo que Tina estaba dando una fiesta esta
noche y ella podría necesitar mi ayuda cocinando si estaba interesada, pero no lo
estaba.

Quería quedarme en mi cuarto y dibujar otro árbol, pero mamá pensó que había
practicado lo suficiente por hoy.

Me llevó a la casa de Summer, donde habló con Tina en la escalera del frente y yo
fui adentro. Summer estaba sentada en la mesa del comedor, cortando tiras de
masa con la rueda de repostería. Había harina en su cara, y sopló su fleco fuera de
sus ojos.

—¿Cómo está tu semental cuñado? —preguntó.

Guapo como siempre, pensé. Me encanta cuando camina alrededor de la casa sin camisa.
Ese levantamiento de pesas que hace en el sótano, realmente debe funcionar, porque sus
hombros son enormes. Pero claro, no puedo decirle eso a Summer. Está casado con
mi única hermana, que piense esas cosas es pecaminoso.

—Está bien —dije.

Summer me pasó un rodillo y una bolsa de nueces. Me senté y aplasté las nueces,
notando que no estaba usando nada de maquillaje y pensando que se veía mucho
más joven de esta manera, más como si se hubiera trasformado y hubiera lanzado
un hechizo a todos. En ese entonces, antes de la pubertad, reflejos y operaciones
para reparar su ojo izquierdo perezoso y enderezar su nariz, ella acostumbraba sólo
a mezclarse. Excepto en las fiestas, cuando algunos niños la molestaban porque
tenía una corona de Navidad en su puerta y un Hanukkah Menorah en su ventana.
20

Decídanse solían decir, y yo les decía que eran ignorantes. Decía que la madre de
Summer era Episcopal y su padre era Judío, y Summer iba algún día a escoger su
religión pero por el momento era de las dos.

—Ari —dijo—. Lo siento por babear por Patrick, pero me estoy muriendo sin un
novio.

—¿Estás muriendo? —dije.

Sabía lo que quería decir… que nunca había tenido novio en toda mi vida. Alcanzó
mi brazo y lo apretó, dejando una mancha de harina en mi piel.

—Ya tendrás uno. Entonces verás lo bueno que es hacer el amor.

Sonrió soñadoramente y me quedé escuchando esas últimas dos palabras aunque


estaba callada y cortando masa. No decía coger, y había llamado el ya sabes qué de
los chicos “una varita mágica” en lugar de las palabras de cuatro letras que todo el
mundo lanza en la escuela. Pero Summer era madura y lista, y había leído casi
todos los libros de medicina de la librería de su padre que estaba al final del pasillo.

Quería ser psiquiatra también, y ya actuaba como tal. Me explicó hace años que los
esquizofrénicos escuchan voces y que las víctimas de secuestro pueden desarrollar
síndrome de Estocolmo, y una vez había hablado con un chico en nuestra clase de
séptimo año el cual estaba enamorado de ella. Él solía llamarla a su casa sólo para
escucharla contestar el teléfono, escribía poemas tontos, y lo encontramos
recolectando mechones de cabello de su chaqueta en el guardarropa. Así que
Summer lo sentó y le explico que él no estaba enamorado de ella, que sólo pensaba
que estaba enamorado porque estaba sufriendo por algo más… una palabra
psicológica que rápidamente olvidé. Lo que sea que fuera que ella haya dicho era
algo similar a lujuria pero peor, porque te puede dejar tan atascado con alguien que
simplemente pierdes la cabeza.

No volvió a molestarla después de eso. Summer lo consideró como su primer


paciente curado y comenzó a hablar acerca de UCLA, el alma máter de su padre.
Pero no quería que ella hablara de universidades que no estaban en Nueva York.
Summer había sido mi mejor amiga desde primer grado, y la posibilidad de que se
fuera tan lejos era deprimente.

—Ari —dijo Tina más tarde, cuando Summer y yo estábamos cortando filete crudo
en cubos. Me dio un pedazo de papel con un nombre y un número telefónico en él
y pasó su mano por su frente. Su cabello estaba lacio y se veía más exhausta de lo
usual—. Por favor dale eso a tu madre. Necesita el nombre de alguien a quién
contactar en Hollister.

—Gracias, Tina —dije, y no estaba siendo irrespetuosa. Los padres de Summer no


querían que los llamara Sra. Simon y Dr. Simon. Me dijeron hace años que los
21

llamara Tina y Jeff. Mamá realmente rodó sus ojos cuando supo acerca de eso y
murmuró que Tina y Jeff eran liberales.

Doblé el papel y lo guardé en mi bolsillo. Sentí que Summer se me quedaba viendo.


Le dije sobre nuestra herencia y la escuela de Diseño Parsons, pero nunca había
mencionado la Preparatoria Hollister.

—¿Vas a ir a Hollister? —preguntó Summer.

Se veía nerviosa. Adiviné que estaba preocupada que accidentalmente pudiera


mencionar las cosas embarazosas a sus amigos de Hollister, cosas como su cirugía
de ojo y de nariz. Debieron haber creído que ella nació perfecta.

—Mi madre quiere que vaya —dije. Aún estaba secretamente esperando que mamá
olvidara todo y me dejara terminar mis dos últimos años en Brooklyn, pero
raramente obtengo lo que quiero.

Un mes más tarde, mis padres fueron a Queens por un almuerzo tardío. Patrick
estaba en deber y yo me quedé a dormir, porque la fecha de nacimiento de Evelyn
se acercaba y él no quería que estuviera sola.

Me senté en el sofá y Evelyn se inclinaba ansiosamente sobre papá, ofreciéndole


una de sus cosas de mini hot dog envuelto en un bísquet hojaldrado. Llevaba puesto
un vestido veraniego con un cuello que estaba demasiado bajo y un dobladillo que
estaba muy alto. Más peso se había deslizado en ella recientemente y podía ver
hoyuelos arriba de sus rodillas.

—Evelyn —dijo mamá desde su asiento a lado mío—. ¿Ya te dijo Ariadne que irá a
la Preparatoria Hollister en septiembre?

En este punto, mamá y yo habíamos hablado acerca de la Preparatoria Hollister.


Ayer admití que estaba asustada. Tenía miedo de los nuevos alrededores y de la
gente nueva, y estaba segura de que no haría amigos ya que difícilmente tenía
amigos ahora, pero mamá insistió en que era completamente irrelevante. En su
opinión, yo era una persona interesante, inteligente y fabulosa, y que si la gente no
reconocía eso, entonces ellos se podían ir al diablo. Además, era sólo por dos años,
y tuve que aceptar cuando ella dijo que Hollister podría ayudar en mis
oportunidades para la universidad. Así que iba a ir.

—No —dijo Evelyn, bajándose a una silla. Su estómago era gigante y sus pies
estaban demasiado hinchados para sus zapatos—. No me lo dijo. Así que, ¿estarás
pagando por eso?

—Oh —dijo Mamá—. El tío Eddie nos dejó algo de dinero. ¿No lo mencioné?
22

Mamá sabía que no lo había mencionado. Todos sabíamos que no lo había


mencionado. Y casi escuchaba a mi hermana pensar: Tío Eddie te dejó algo de dinero,
estás mandando a Ari a una escuela costosa. ¿Cuánto va a costar eso? Y: ¿Dónde está mi
parte?

Eso no era justo. Mamá y papá le habían dado a Evelyn muchas cosas, como una
boda y dos meses de estadía en el Presbiteriano de Nueva York. Pero podía ser muy
egoísta algunas veces.

—Bueno, eso está bien —dijo con la misma voz amable que había usado
últimamente cuando me pasaba algo bueno, como cuando entré al concurso de arte
de la ciudad el año pasado y gané el segundo lugar. No sabía porque tenía que ser
así, ya que yo siempre era feliz cuando le pasaban cosas buenas a ella. Estuve feliz
cuando se casó con Patrick, aunque hubiera deseado que se casara conmigo.

Evelyn cambió el tema llevándonos arriba a la habitación de invitados. Ahora era


un cuarto de niños, con las paredes pintadas de color Rosa Valentino.

—Un poco fuerte, ¿no? —dijo mamá.

Evelyn se encogió de hombros. —Es rosa. El rosa es bonito para una niña.

—Sí. —Mamá se río—. Pero no sabes si tendrás una niña, cariño.

La piel de Evelyn de repente igualó el color de la pared y su expresión era una que
yo había visto tantas veces, cuando ella vivía con nosotros en Brooklyn. Era como
si se fuera a fundir en lágrimas o a cometer una puñalada fatal.

—Evelyn —dijo papá—. ¿El almuerzo está casi listo? No puedo esperar para comer
tu guisado de atún.

El guisado de atún era una de sus especialidades… junto con la carne mechada y su
Sloppy Joes.

Evelyn se volteó hacia papá. —Tiene papas fritas encima —dijo, dándole una
sonrisa fingida—. Justo como te gusta.

Tuvimos guisado de atún como almuerzo, con pastel de queso sin hornear como
postre, y después de que mis padres se fueran a casa, lavé los platos en la cocina.

Evelyn se durmió en el sofá, y Kieran preguntó si podía jugar en el patio trasero.

Asentí y me puse un short y la parte de arriba de un bikini. Después de eso me senté


en una silla plegable mientras Kieran corría a través del pasto y se deslizaba en su
Slip’n Slide como si fuera la cosa más fantástica del mundo. Me hizo preguntarme
quién habría tenido esa brillante idea… convencer a los niños que era divertido
patinar a través de una hoja plástica jabonosa en el suelo duro.
23

El sol se estaba desvaneciendo cuando Evelyn se nos unió. Traía una bolsa de
Doritos y arrastró una silla a lado de la mía.

—¿Sabes cuánto peso he ganado con este bebé? —preguntó, negué con la cabeza—.
Bueno, no te lo voy a decir porque es muy vergonzoso. Me he convertido en una
vaca grande y gorda.

—No digas eso, Evelyn. Siempre te ves tan hermosa.

Resopló. —Eres una maldita mentirosa, Ari. Quiero decir… si preguntas qué
pienso... te diré que tú tienes un buen cuerpo pero tus pechos son pequeños y
disparejos.

¿Qué pasó con la dulce Evelyn? Sabía que mis pechos eran pequeños, ¿pero disparejos
también? Volteé hacia mi bikini y asintió hacia mi pecho derecho.

—Ese —dijo—. Es un poco más pequeño que el otro. No se puede ver mucho en tu
ropa normal, pero es obvio en traje de baño. Deberías llenar tu sostén con pañuelos
o lo que sea.

Más tarde, cuando Evelyn y Kieran estaban dormidos, me paré frente al espejo del
baño metiendo y sacando Kleenex, y después de una hora decidí que Evelyn estaba
en lo correcto. Mi seno derecho era realmente más pequeño que el izquierdo. Esto
era especialmente triste porque mi lista de defectos ya era lo suficientemente larga.

No había nada horriblemente mal en mí, como una mejilla hundida o una nariz
muy grande. Mi mejilla era fuerte y mi nariz era pequeña y derecha. Y ni siquiera
he tenido problemas de acné. Pero mi cara era delgada y pálida, y uno de mis
dientes frontales estaba levemente encima de otro. Tengo cejas gruesas y tengo que
depilarlas sin descanso. Parada frente el espejo, examinando mi reflejo y
criticándome, era algo en lo que gastaba mucho tiempo. Sin embargo, mi última
sesión de tortura fue interrumpida por la voz de Evelyn fuera de la puerta. Había
roto aguas y las contracciones estaban comenzando.

La dulce Evelyn surgió otra vez de camino al hospital. Tuvimos que despertar a
Kieran y dejarlo con una amiga vecina de Evelyn. También tuvimos que tomar un
taxi porque no conduzco y no pudimos localizar a Patrick. Llamé a los bomberos y
me informaron que estaba fuera. Explosión en un edificio alto, dijo el chico que
contestó.

Dejé un mensaje y le mentí a Evelyn.


24

—Es sólo un fuego de aceite en la cocina de alguien. —Se preocupaba suficiente


por Patrick; no necesitaba preocuparse en ese momento, cuando estaba con dolor y
agarrando mi mano.

También llamé a mamá y papá, quienes nos encontraron en el hospital. Evelyn


estaba siendo llevada en silla de ruedas a emergencias cuando comenzó a hablar
acerca de Lamaze, diciendo que necesitaba a Patrick para eso, y mamá se ofreció
en tomar su lugar.

—No —dijo Evelyn—. Ari puede venir, pero nadie más.

Esto me puso feliz y triste al mismo tiempo. Era agradable ser necesitada, ser parte
del círculo interior de Evelyn, y la amaba por quererme ahí, pero no disfrutaba
dejar a nuestra madre fuera. Mamá y Evelyn eran expertas en dejar fuera la una a la
otra. No tenemos nada en común, decía a menudo Mamá. Evelyn nunca ha terminado un
libro en toda su vida.

Ahora mamá murmuró algo que sonó como No me dejes entrometerme, pero no
estaba segura. Estaba detrás de Evelyn y una enfermera, y nos estábamos alejando
demasiado para escuchar.

Fuimos a un cuarto en el quinto piso que apestaba a Lysol. Miré hacia otro lado
mientras Evelyn se desvestía y se ponía una bata. Después ahí estaba un doctor y
una aguja que fue a la espina dorsal de Evelyn. Eso me hizo encogerme y ella se
quedó quieta. Iba dentro y fuera del sueño mientras veía la televisión, un reportero
hablando acerca de la explosión en el edificio alto, pero Evelyn no se dio cuenta.
Estaba tan ocupada con el doctor, quien seguía ajustándose sus guantes de látex,
metiendo sus manos debajo de su bata, y hablando acerca de centímetros.

Deseaba que no lo hiciera. Era tan crudo y mecánico. ¿Cómo podían unos suaves
gemidos a través de una pared de una habitación acabar en agujas y estribos y jalea
K-Y? Aun así seguía halagada por ser un miembro del club privado de Evelyn,
seguía deseando que Patrick apareciera antes y yo no pudiera ayudar con ese
trabajo de Lamaze.

Por suerte apareció. Arrastró la esencia de cenizas con él y leí en su chaqueta


cuando se agachaba sobre la cama de Evelyn. CAGNEY.FDNY.ENGINE258.
Estaba besando su mejilla cuando una enfermera le gritó ordenándole tomar un
baño en un cuarto vacío en la habitación de al lado y cambiarse con ropa sanitaria.
Lo seguí al pasillo y se rió de mí.

—¿Suficientemente asqueroso para ti? —preguntó mientras estudiaba las manchas


de tierra en su cara. Su cabello colgaba sobre su frente y su ropa de bombero lo
hacía verse enorme. La gran chaqueta negra con las líneas amarillas horizontales,
los pantalones iguales y las botas gruesas—. Les dije a tus padres que te enviaría de
regreso. Y debo advertirte… Nancy se ve muy enojada.
25

También Evelyn al día siguiente, cuando mis padres y yo pasamos al atardecer.


Nos quedamos en el hospital hasta que Evelyn dio a luz, y estábamos tan exhaustos
después que nos dormimos hasta mediodía. Evelyn también estaba exhausta. El
parto había sido largo, perdió mucha sangre y estaba de un humor irritable.

—Aquí —dijo, empujando al bebé a la enfermera—. Estoy cansada.

El bebé no era una niña. Era un niño saludable con cabello rubio, una recamara
rosa y sin nombre. Evelyn nunca vio siquiera la segunda mitad del libro Nombra a tu
bebé.

Luego cruzó sus brazos sobre su pecho, viendo Days of Our Lives, y no les dijo
adiós a nuestros padres cuando se fueron a conseguir café.

—Mira, Evelyn —dije, levantando una caja envuelta de Summer. Adentro había un
par de pijamas para bebé, pero no hicieron que Evelyn se sintiera mejor.

—Esto es para niña —dijo—. No tuve una niña.

—Es amarillo. El amarillo también es para niño.

—El amarillo es para maricones —dijo, lanzando los pijamas hacia la mesa de
noche.

Cayeron al suelo y los recogí, pensando que estaba siendo ruda y desagradecida,
porque Summer pasó mucho tiempo envolviendo ese regalo. Sabía que estaba
decepcionada, que quería una hija para vestir con bonetes de Pascua, para sentarse
lado a lado en el salón de belleza y compartir secretos. Probablemente quería hacer
todas esas cosas que no pasaron entre ella y mamá. Pero estaba preocupada
también.

No la había visto tan miserable desde que Kieran nació.


26

Capítulo 3

Traduccido por CyeLy DiviNNa y kathesweet

Corregido por ★ MoNt$3★

C
uando Evelyn había estado en el Hospital Presbiteriano de Nueva York cinco
años antes, mamá se había mudado a su casa. Había cuidado de Kieran
mientras Patrick estaba en el trabajo, y me enseñó a mantener la cabeza del
bebé y cómo cambiar un pañal y el mejor tipo de fórmula para comprar.

Ahora tomé el lugar de mamá, porque había atrapado un virus estomacal y Evelyn
se encontraba todavía en el hospital. No estábamos seguros de si fue a causa de
toda la sangre que había perdido o si los médicos pensaron que se estaba volviendo
loca otra vez, y Evelyn no nos dijo. Sólo sabía que había un nuevo bebé en la
familia y Patrick no podía faltar a su trabajo. Tenía dos hijos y una hipoteca de
treinta años con una tasa de interés del diez por ciento, después de todo. Y su
familia no podía ayudar. Ellos estaban en Boston y su madre tenía niños pequeños
en casa. Patrick era el mayor, su hermano menor estaba en tercer grado.

Por lo que el bebé era mi responsabilidad. Su nombre era Shane, sólo porque no
podía salir del hospital hasta que Evelyn se le ocurriera algo para poner en el
certificado de nacimiento. Había recibido el nombre de una telenovela y no estaba
segura de que ni siquiera le gustara.

Sostuve a mi sobrino en una tarde cálida en su cuarto de niños, el cual no sería rosa
por mucho tiempo. Patrick ya había comprado dos galones de pintura azul, porque
no podíamos dejar a Evelyn venir a casa con un recordatorio de que no llevaba a
una niña.

Patrick se unió a mí en el cuarto por la noche, recién duchado después de un mal


día en la estación de bomberos. Se acomodó en una silla mecedora para alimentar a
Shane, mientras que estaba pensando que era un buen padre. No uno distante,
tampoco. Patrick cambiaba pañales, y sabía tener cuidado con la parte blanda de la
cabeza del bebé. También pasó toneladas de tiempo enseñando a Kieran cómo
lanzar una pelota de fútbol y ver por televisión los juegos de los Medias Rojas con
él, algo que a mi padre no le gustaba.
27

Estaba horrorizado de que su nieto se hubiera planteado odiar a los Yankees y los
Jets. Eso era una blasfemia, en opinión de mi padre. Lavado de cerebro, también.

—Estás haciendo un buen trabajo, hermanita —dijo Patrick. También me dijo que
tenía que tomar un descanso e ir a la piscina pública con Kieran.

—Sólo estaré por una hora —le dije—. Entonces haré la cena.

Patrick frotó la mejilla de Shane con el pulgar. —No puedo esperar.

Amaba mis cenas. La noche anterior, había hecho el cerdo asado y brócoli con
salsa holandesa. La noche antes de esa se trataba de pimientos rellenos y calabacín
en vinagreta de pimienta. Tomé las recetas de un libro de cocina que había
encontrado bajo el fregadero de la cocina. Alguien se lo había dado a Evelyn como
regalo de Navidad y estaba envuelto todavía en plástico.

Esta noche teníamos hamburguesas y papas tipo sudoeste horneadas dos veces,
pero Patrick no lo sabía. Mantuve el menú como una sorpresa. Luego me cambié a
mi bikini en el baño. Me puse un par de vaqueros de algodón cortados sobre él y
me miré en el espejo, rellenando la parte derecha de mi top con papel. Sin embargo,
no parecía realista y me podía imaginar la humillación de los Kleenex flotando en
la piscina llena, si me decidía a nadar. Kieran golpeó a la puerta después de unos
minutos, y me deslicé una camiseta sobre la cabeza para ocultar mi deformidad.

Me quedé con la camisa en la piscina, donde me senté en el borde y sumergí los


pies, mientras que Kieran jugaba con sus amigos en la parte menos profunda. Sólo
había estado aquí unas cuantas veces antes, pero para Evelyn era un accesorio del
Día Conmemorativo del Día del Trabajo. Ella y sus amigos pasaban cada verano
chismeando y masticando las galletas saladas Goldfish que se supone que eran para
sus hijos.

—¿Eres la hermana de Evelyn Cagney? —preguntó una voz.

Miré hacia arriba y asentí con la cabeza. Una mujer que resultaba vagamente
familiar estaba allí de pie, reconocí el excesivo maquillaje de ojos y los limpios
brackets en sus dientes.

Angie, Lisa, Jennifer, ¿cuál era su nombre? Tenía que ser uno de ellos, porque casi
todas las mujeres que vivían en Queens y estaban entre las edades de veinte y
cuarenta años eran nombradas Angie, Lisa, o Jennifer.

—Entonces, ¿cómo está todo? —dijo—. He oído que Evelyn está teniendo
problemas.

Y yo escuché que dejaste una mierda en la mesa cuando estabas saliendo de tu cuarto bebé,
pensé. Entonces miré al otro lado de la piscina, donde Kieran estaba chapoteando
28

con sus amigos, cuyas madres estaban hablando y mirándome. Todos sabían acerca
de la primera crisis de Evelyn y probablemente estaban muriendo por otra. Las
líneas telefónicas chisporroteaban con la discusión de la pobre Evelyn Cagney y su
patética recaída.

—No —dije—. Eso no es cierto. Evelyn está bien.

—Pero he oído que todavía está en el hospital.

—Sólo porque tuvo algunas complicaciones con el parto —le dije, lo que podría
haber sido la verdad.

Asintió con la cabeza y cambió de tema. —Ya sabes, no puedo creer que eres la
hermana de Evelyn. No te pareces en nada.

Insulto. Por supuesto. Si estaba dirigido a mí o a Evelyn, no lo sabía. Ella pudo


haber querido decir que mi rostro no era tan bonito como el de mi hermana, que mi
labio superior no tenía un arco de Cupido y no había un arco natural en las cejas. O
podría haber dicho que Evelyn no podía caber en shorts talla cuatro.

—Bueno —dijo—. Fue un placer hablar contigo. Realmente tengo que ir a hacer
pis.

Realmente tengo que ir a hacer pis. Odiaba cuando las mujeres adultas, decían eso.
Todas lo hacían, sin embargo. Todas las así llamadas amigas de mi hermana
esperaban a que Kieran saliera para poder despedazar a Evelyn. No eran diferentes
de las hienas que el SPR de la naturaleza presenta de pie en un círculo, haciendo un
canal aparte. Casi podía ver la sangre fresca que gotea de la barbilla. Y yo que
pensaba que era triste que algunas mujeres permanecieran todavía como promedio
cuando ya habían estado en la escuela secundaria. Esta era su nueva camarilla, las
amas de casa que amaban cuando una de ellos no se puede medir y sale cortada del
equipo.

Evelyn llamó desde el hospital esa noche para decir que estaba volviendo a casa en
dos días. Quería que todo fuera perfecto, así que me quedé despierta hasta tarde a
pesar de que Patrick me dijo que no. No quería que me noqueara yo misma, pero lo
hice de todos modos. Limpié la bañera y el armario del pasillo. Estaba lleno de
telarañas y papel de regalo destrozado que había estado allí desde la ducha del
primer bebé de Evelyn.

A la mañana siguiente, Patrick se negó a dejar que lo ayudara a pintar el cuarto de


niños. —Tómalo con calma —dijo—. Has estado matándote a ti misma.

No me lo tomé con calma. Él pintaba y escuchaba la radio mientras yo cambiaba el


papel plastificado dentro de los gabinetes de la cocina y reorganizaba los platos.
Estaba casi terminado cuando Summer tocó el timbre. Respondí en mis shorts y
29

una vieja camisa. Estaba totalmente revuelta, pero por supuesto yo no era Summer.
Ella había tomado el metro a Queens después de una cita en un lujoso salón de
belleza en Manhattan y se veía fantástica.

—Estás muy guapa —me hice a mí misma decir mientras entrábamos en la cocina.

Me dio las gracias y se puso de puntillas para mirar en un armario. —Está tan
limpio por aquí. Apuesto a que Evelyn será feliz cuando vuelva.

—Hice un montón de trabajo —dije—. Espero que le guste.

—Bueno, debe de hacerlo. No sabe lo afortunada que es de tener una hermana


como tú.

Sonreí. —Puedes ver la televisión si lo deseas. Voy a acabar pronto con los
gabinetes.

Ella se acomodó en el sofá de la sala de estar y cambió a Hospital General, pero no


lo vio por mucho tiempo. Diez minutos más tarde la encontré de pie en el cuarto de
Shane, apoyada en su cuna, retorciendo un mechón de pelo alrededor de su dedo.

Estaba hablando con Patrick. Coqueteando con él, como lo hacía con todos los
hombres atractivos que se cruzaban en su camino. Parecía pensar que tenía que
hacer esto para saber si realmente era hermosa, o si todavía era la chica tímida con
el ojo perezoso y la nariz torcida.

Estaba acostumbrada a su coqueteo, pero no cuando se trataba de Patrick. Rara vez


lo veía, y cuando lo hacía, Evelyn siempre estaba por allí. Ahora Evelyn estaba en
el hospital y Summer llevaba una falda corta. Ella se resbalaba el pie de la sandalia
y se frotaba el tacón contra su talón. Ella me recordó a una prostituta que una vez
había visto en la calle Treinta y cuatro en Manhattan.

Patrick estaba pintando la puerta del armario. Pintando y hablando, pero no


coqueteando. Entonces se dio cuenta de que la perilla estaba suelta y se volvió
hacia mí. —Ve a buscar mi caja de herramientas —dijo.

—“Ve a buscar mi caja de herramientas” —repitió Summer—. ¿No sabes decir por
favor?

La miró, con el pelo goteando sobre la frente, las mangas enrolladas hasta los
hombros. —Esta es mi casa. No digo por favor, a nadie aquí.

—Bueno —dijo—. Alguien tiene que enseñarte buenos modales, joven.

Increíble. Desvergonzada. La vi mirando los brazos de Patrick y me enfermaba. Era


tan osada al coquetear con el marido de mi hermana, en la casa de mi hermana,
¡justo delante de mí y el bebé Evelyn! Por lo menos yo traté de ocultar mis miradas.
30

Sin embargo, su comentario hizo reír a Patrick, lo que me molestó aún más. Me
quedé quieta hasta que recordé la caja de herramientas, y me apresuré a llegar
desde el garaje porque no quería que estuvieran solos por mucho tiempo.

—¿Puedo tocar tus herramientas? —preguntó Summer después de que regresé y


Patrick estaba hurgando en la caja en busca de un destornillador—. Apuesto a que
tienes algunas herramientas muy grandes.

Él asintió con la cabeza hacia la puerta. —Estoy ocupado, niña. Ve a jugar.

Ella sonrió. —¿Quieres jugar conmigo, Patrick? ¿O debería jugar conmigo misma?

La radio seguía en pie. Una guitarra chirriante, golpeando tambores, Eric Clapton.
Patrick sacudió la cabeza y volvió a la perilla de la puerta, y Summer me siguió
hasta la sala de estar. Nos sentamos en el sofá y le di la espalda.

—¿Qué está mal? —preguntó.

Hablé en un susurro ronco. —Es el marido de mi hermana. Déjalo en paz.

Se sentó en el sofá como si hubiera herido sus sentimientos. —No quise decir nada
con eso, Ari. No fue nada.

Más tarde, después de que Summer se fuera y Patrick y yo limpiáramos lo de la


cena, me enteré que él no creía que eso fuera nada.

—Tu amiga es bastante maliciosa para ser una chica de secundaria —dijo mientras
yo organizaba los vasos sucios en el lavavajillas.

Era bastante maliciosa. Él no estaba de acuerdo con ella. Me gustaba eso. —¿Crees
que es linda? —pregunté, mirando abajo a los vasos, preparándome para su
respuesta.

—Es falsa —dijo—. Se decolora el cabello y esa mierda. No te dejes influenciar.

Levanté mi mirada. —¿De qué estás hablando?

Se secó las manos con una toalla. Tenía las manos grandes. Sabes lo que dicen de los
hombres con manos grandes, Summer me había dicho repetidamente.

—No es una chica agradable. Pero tú sí. Así que sigue de esa manera.

—Es una chica agradable —dije automáticamente, porque estaba tan acostumbrada
a defenderla. Siempre les daba a las personas la idea equivocada. Una chica en su
vecindario incluso la llamaba rubia tonta a la cara. Summer y yo reíamos ante eso
porque sabíamos mejor. Tina y Jeff le habían hecho la prueba una vez y se habían
dado cuenta que tenía un coeficiente intelectual muy alto.
31

Patrick levantó una ceja. —Sabes lo que quiero decir, Ari.

Sabía lo que quería decir. Asentí y él dejó la toalla colgando del fregadero, toda
arrugada y ladeada. La enderecé cuando entró en la sala para ver a los Medias
Rojas con Kieran, pensando que a él le encantaba mi forma de cocinar y que había
dicho que yo era una chica agradable, y si no fuera mi cuñado podría haberlo
besado. Estaba segura de que él no diría que abría mi boca demasiado.

Más tarde esa noche, fui al sótano con una canasta de lavandería. El sótano estaba
inconcluso, con un piso de cemento y dos ventanas pequeñas. Una lavadora y una
secadora estaban contra una pared y las barras de pesas de Patrick estaban
alineadas al otro lado de la habitación. Estaba allí ahora, sobre su espalda,
levantando Dios sabe cuántos kilos mientras yo dejaba caer los baberos manchados
en la lavadora. Hice todo lentamente porque no quería volver arriba. Era más
agradable estar aquí, con el olor del suavizante de tela y el sonido de Patrick
gruñendo y gimiendo.

Estaba llenando un recipiente plástico con Tide cuando terminó. Se paró, tomó su
camisa, y la usó para limpiarse la cara sudorosa. Me la lanzó mientras caminaba
hacia las escaleras.

—Mete eso —dijo.

—No soy tu criada —contesté, aún cuando no me importaría ser su criada.

Cuando se fue, miré su camisa. Era azul marino con FDNY estampado sobre el
frente en letras blancas, y olía a él: un poco de cerveza, carbón y colonia. El olor
me hizo querer conservarla, así que la metí en mi bolsa de viaje antes de meter a
Kieran en la cama. Arreglé sus almohadas y él murmuró algo que no pude
entender.

—¿Qué fue eso, Kieran? —pregunté, sentándome sobre sus nuevas sábanas de los
Patriotas de Nueva Inglaterra. Lavado de cerebro, pensé, escuchando la voz de mi
papá. Blasfemia.

—Eres mucho mejor que mi mami —dijo él con una sonrisa soñolienta, y me sentí
bien por un segundo. Probablemente se daba cuenta que yo era una cocinera más
talentosa que Evelyn y que nunca le gritaba de la manera que ella lo hacía. No tienes
idea de lo que estás hablando, había dicho el año pasado cuando le pedí que no
levantara la voz porque eso heriría la autoestima de Kieran. Todo lo que sabes es lo
que ves en Phil Donahue.
32

Pero la sensación presumida rápidamente se convirtió en culpa. —No soy mejor


que tu mami —dije—. Simplemente soy diferente. Así que no le digas eso porque
podrías ponerla triste. ¿Entiendes?

Asintió y me preocupó que no entendiera. Pero se quedó dormido antes de que


pudiera estar segura.

La mañana siguiente, Kieran se fue con Patrick a recoger a Evelyn en el hospital.


Colgué un nuevo set de cortinas en la ventana de la cocina mientras vestía mis
pantalones cortos y una blusa sin mangas que anudé bajo mi pecho, y no tuve
tiempo de cambiarme antes de que todos regresaran.

—Podrías haberme preguntado —dijo Evelyn, sobre las cortinas y los gabinetes y
todo lo demás.

Estábamos parados en la cocina con Patrick y ella no se veía bien, había una
enorme erupción en su barbilla y su cabello se había rizado por la humedad en el
camino a casa.

—Lo siento —dije, decepcionada de que no estuviera agradecida—. Simplemente


estaba tratando de ayudar.

Se rascó la barbilla. —Hay una diferencia entre ayudar y dominar. Esta es mi casa,
no la tuya.

—¡En serio! —dije.

—Ari —dijo Patrick en un tono de advertencia que me calló y me molestó. Odiaba


cuando se ponía del lado de Evelyn y no del mío, pero por supuesto lo hacía, era su
esposa, y acababa de dar a luz a su bebé. Asumí que estaba verdaderamente
cansada y gruñona, así que me ofrecía a llevar a Kieran al parque.

Cuando volvimos, Patrick se había ido. Estaba en un trabajo de jardinería en


Manhasset con uno de sus amigos bomberos. Kieran fue al patio a jugar con su
deslizador de agua, mientras Evelyn estaba junto a la estufa hirviendo fideos para
un guiso de atún.

—¿Necesitas ayuda? —pregunté, permaneciendo en la puerta.

—¿Qué estás vistiendo? —dijo.

Todavía tenía mi camisa anudada y mis pantalones cortos, y ella se quedó mirando
mi estómago y piernas desnudas como si yo fuera una stripper en un tubo. Pareció
olvidar las cosas pequeñísimas que solía usar cuando podía caber en cosas
pequeñísimas. Pero me hizo sentir tan incómoda que desaté la camisa y la dejé caer
sobre mis caderas.
33

—Nada —dije—. Simplemente…

—¿Qué estás tratando de hacer? —preguntó, revolviendo los fideos con una
cuchara de palo mientras el vapor se levantaba a su cara—. ¿Captar la atención de
Patrick?

Se giró y rió para sí misma, como si yo fuera incapaz de captar la atención de


Patrick. O la atención de cualquier hombre. Eso me hizo sentir tan enojada y
avergonzada que ya no pude mantener mi boca cerrada.

—No quiero la atención de Patrick —mentí.

Evelyn rió de nuevo. Mantuvo su espalda hacia mí mientras levantaba la olla de la


estufa y vertía los fideos en un colador en el fregadero. —Sí, seguro. Solías subirte a
su regazo cada vez que tenías una oportunidad.

¿Por qué sacaba a colación eso? Y eso no fue cada vez que tenía una oportunidad,
fue sólo una vez, y sólo tenía diez años. Patrick había estado saliendo con Evelyn
entonces, y había estado sentado en nuestra sala mientras ella y mamá cocinaban la
cena y yo leía un cómic sobre el suelo.

Estaba en el sofá viendo televisión, y yo seguía viendo sobre mi hombro a su


cabello claro y sus ojos oscuros. No me notaba, pero quería que lo hiciera. Estaba
enamorada de él, incluso entonces. Así que salté sobre sus rodillas con el cómic
como si mi única intención fuera leerle una página particularmente graciosa, y
Evelyn se enojó después de que salió de la cocina. Me dijo que me perdiera, que
dejara a Patrick en paz, pero él dijo que no le importaba, que tenía tres hermanas
más pequeñas en Boston y que siempre se sentaban en su regazo. Entonces volvió a
la cocina y regresó con mamá, que también me dijo que me fuera. No te cuelgues de
él, Ariadne, había dicho ella. Ya eres demasiado mayor para eso.

No quería volver a eso ahora, así que arreglé la mesa mientras Evelyn cortaba una
cebolla que hizo que mis ojos se aguaran. No dijo una palabra hasta que terminé,
cuando me senté con una revista y puso la cazuela en la estufa.

—Mamá va a recogerte después de la cena… ¿cierto, Ari?

Simplemente no podía esperar. Actuaba como si no fuera nada más que un


mosquito molesto zumbando alrededor de su cabeza. Después de unos segundos,
sugirió que fuera a ver televisión. Estaba tratando de cocinar para su familia, si no
me importaba.

Su familia. ¿Y exactamente qué era yo? ¿Quién había cuidado de sus hijos mientras
no estaba? ¿Estaba planeando agradecerme alguna vez? Oh, y por cierto, Evelyn, esas
amigas tuyas en la piscina no son realmente tus amigas. Te defendí de la tonta con frenos en
los dientes.
34

Pero no quería enfrentarme con Evelyn, era demasiado peligrosa cuando estaba así,
así que seguí tranquila en la sala hasta la cena, cuando Patrick llegó a casa. Me
senté al otro lago de Kieran, que escupió un bocado de cazuela en su servilleta y se
quejó de que los fideos estaban demasiado mojados.

Evelyn fue al refrigerador. —¿Qué quieres? Haré un sándwich.

—No —dijo Patrick. Estaba quemado por el sol y sus ojos estaban inyectados de
sangre—. Kieran puede comer lo que se le da o puede irse a la cama hambriento
esta noche.

Dejó de golpe un frasco de mostaza sobre el mostrador. —Sólo porque fuiste criado
de una manera ignorante no significa que voy a hacer lo mismo con mi hijo.

Una vena palpitó en el cuello de Patrick y supe por qué. Estaba cansado, sus
músculos estaban doloridos de cortar jardines, y las cosas habían sido mucho más
agradables por aquí antes de que Evelyn regresara.

Le dio a Kieran su sándwich y lo mantuvo tranquilo hasta que el postre fue servido.
Era otra torta de queso sin hornear, y de acuerdo con la caja, se suponía que era
deliciosa y exquisita. Kieran no estuvo de acuerdo y se quejó otra vez.

—Esto es asqueroso —dijo, cantando la última palabra—. Asqueroso, asqueroso,


asqueroso…

Evelyn se quedó mirándolo desde su asiento, y deseé que Kieran se hubiera


detenido. La torta estaba bien; él estaba actuando como un malcriado. Quizás lo
había malcriado cuando ella estuvo fuera. Quizás si hubiera levantado mi voz de
vez en cuando, él no estaría diciendo la misma palabra una y otra vez y Evelyn no
tendría lágrimas en los ojos.

Patrick debió haber estado pensando lo mismo. Su voz fue dura cuando le dijo a
Kieran que se comiera su postre y dejara de molestar, pero Kieran no se detuvo.
Aplastó su tenedor contra el pastel, revolvió, y dejó un desastre en su plato.

—Esto es horrible —dijo—. ¿Qué hay de un Twinkie?

Patrick hizo un puño. —¿Qué hay de esto?

Sabía que Patrick nunca lo tocaría, pero Kieran no lo sabía, y se quedó pasmado.
Luego se sentó e hizo mala cara hasta que decidió herir a alguien más.

—¿Qué hay en tu cara, mami? —preguntó.

Ella levantó su mano a su barbilla. —Es eccema, Kieran. Sólo una erupción.

—Es fea —dijo—. Fea como tú.


35

La piel de Evelyn se enrojeció y Patrick se puso furioso. Mandó a Kieran a su


habitación, ¿y no importaba que otro juego de los Medias Rojas fuera esta noche, y
estaba planeando jugar en su deslizador de agua después de cenar? Olvídate de eso,
éste iba a volver al garaje hasta el próximo verano.

Kieran cerró de golpe la puerta de su habitación y el ruido despertó a Shane. Lo


escuché llorar y Evelyn se unió a él. Las lágrimas se regaron de sus ojos, llenando
sus mejillas con rímel. Patrick trató de hablarle pero no escuchó, así que la siguió al
mostrador, donde le dio la espalda, lloró en sus manos y lo empujó.

—Ve a joder a tu madre —dijo.

Patrick simplemente suspiró porque sabía qué pasaba. Sus hormonas eran un lío y
ella no podía ser culpada por cualquier cosa que saliera de su boca. Luego se estiró
para tocarla pero todavía no había terminado. Lo empujó otra vez, estrechando sus
ojos en una mirada malvada.

—Eso es lo que le gusta a tu madre, ¿cierto? Expulsar ocho niños, quedarse


embarazada a los cuarenta y cuatro. Estúpidos inmigrantes irlandeses. No creen en
el control de natalidad. No puede mantener cerradas sus piernas flacuchas.

Las manos de Evelyn fueron a sus caderas. Su cuerpo se sacudió y esta vez no
empujó a Patrick. Puso sus manos a su alrededor, metió sus dedos en su cabello, y
simplemente me quedé allí sentada.

No estaba enojada con mi hermana. Ahora no parecía mala y peligrosa,


simplemente parecía joven y abrumada. Lo siento, Evelyn, pensé, escuchándola llorar
en la camisa de Patrick. Siento que tuvieras un parto difícil y no dieras a luz una niña. Y
sé que no debería sentirme de la manera en que me siento con tu esposo, pero no puedo
evitarlo.
36

Capítulo 4

Traducido por Cami.Pineda

Corregido por majo2340

J
usto antes que la escuela empezara, Summer pisó un clavo oxidado en su
patio. La cortada requirió siente puntos y una vacuna contra el tétano. Ella
podía andar en muletas, pero no quería. Se rehusaba a ser vista en público
porque tenía una venda y no cabía en sus zapatos Gucci.

Fue excusada de ir al colegio por una semana, lo cual fue de mala suerte para mí
porque Summer era la única persona que conocía en Hollister. Antes del accidente,
ella me aseguró que me iba a mostrar los alrededores y sentarse conmigo en el
almuerzo. Ahora tenía que ir a una nueva escuela totalmente sola.

—Vas a estar bien —Summer dijo por el teléfono. Era justo la noche antes del
primer día de escuela. Me apoyé en la mesa de la cocina, enredando el cable de
teléfono en mi muñeca, observando cómo se hacían blancas arrugas en mi piel.

—No lo creo, Summer. Ni siquiera quiero ir.

—Claro que lo harás. Es una de las mejores escuelas de la cuidad, y te ayudara a


entrar en Parsons.

—¿Qué tal que no pueda mantenerme al día con el trabajo? —pregunté, suspirando
y soltando el cable del teléfono.

—Ari —me dijo calmadamente, de la manera que lo hacía usualmente cuando


estaba nerviosa—. Vas a hacer bien, como siempre. Sé que estarás bien.

Si Summer sabía que iba a estar bien, supongo que no debía preocuparme tanto.
Me relajé un poco, encima de todo por lo que la necesitaba, también quería sus
concejos de moda, porque no podía contar con mi madre para validar mi atuendo.
Mi madre dijo que el collar de conchas verde azuladas se veía bien bajo un blazer y
por supuesto que estaba bien usar pantalones blancos porque afuera estaba casi
noventa grados centígrados, pero eso no ayudaba porque lo que mamá sabía de
moda no podía llenar un dedal. Y Hollister tenía estrictos códigos de vestimenta.
De acuerdo con el libro de mano de los estudiantes, no podía haber tenis y no jeans,
37

ni siquiera una chaqueta tejana. Los violadores serán penalizados, leí. No quería ser
penalizada, especialmente no en el primer día.

—Tu transporte está aquí —dijo mi madre, y vi un Mercedes plateado parqueado


afuera de la casa. Pertenecía a Jeff Simon, quien llevaba a Summer todos los días a
la escuela porque su oficina estaba a tan solo unas cuadras de Hollister. Ahora era
mi chofer también, aún sin estar Summer.

El carro de Jeff olía a cigarrillos. Era un hombre alto, de unos cincuenta años con el
pelo en una mezcla de rubio ojos grises y el color de té débil. Él siempre nos
hablaba a Summer y a mí como si fuéramos sus iguales intelectualmente.

—¿Cómo está Evelyn? —me preguntó mientras me sentaba atrás de él.

—Ella está bien —dije, aun cuando no estaba del todo segura. Unos días ella
parecía normal y otros días mis padres hablaban en gastar algo del dinero del tío
Eddie para enviarla de vuelta al Hospital Presbyterian de Nueva York. Jeff asintió.

—¿No es sintomática? —Sintomática, él había usado esa palaba cinco años antes.
Está Evelyn sintomática, ¿está mostrando un plano afecto? Me encogí de hombros
mientras él ponía la estación de música clásica. Luego estábamos en el puente y vi
la línea del horizonte a distancia, por debajo de una mancha de color púrpura y
naranja a través del cielo de la madrugada.

—Un nuevo ambiente siempre es inquietante —dijo Jeff luego de que llegáramos a
la preparatoria Hollister, y yo retorcía mis manos mientras observaba un enjambre
de estudiantes elegantemente vestidos entrar en el edificio—. Tu ánimo se nivelara
luego de que te acostumbres.

Estaba esperando que Jeff tuviera razón cuando llegué al salón de bienvenidas, el
cual era ruidoso, lleno de gente que se conocían entre ellos menos a mí. Me senté
en una silla en contra de la pared, tomando a todo el mundo dentro, segura que nos
le iba a hablar a nadie pero seguro los iba a dibujar luego. El chico con su brazo en
un yeso, una chica cuya piel quemada por el sol se estaba pelando por sus mejillas.
Incliné mi cabeza hacia abajo y cerré mis ojos. No había dormido mucho la noche
anterior; lo único que había ayudado había sido la camiseta de Patrick. La
mantenía escondida en mi closet debajo de un montón de bufandas, donde mi
madre no pudiera limpiar el polvo o aspirar. Me decía a mí misma que no la había
robado, sólo la había pedido prestada por un tiempo, y nadie lo notaria porque
Patrick tenía muchas de esas camisetas. Yo la necesitaba más de lo que él lo hacía,
de todas maneras. La usaba en la cama ya sea si tenía dolor de cabeza o problemas
para dormir, y el olor de ella me relajaba como un largo baño.

—Mierda. —Escuché a alguien decir, y me volteé para encontrar a una cabeza roja
buscando a través de su maleta de mano. Levantó la cabeza y vi unos ojos color
avellana, una pequeña nariz, muchas pecas, y nada de maquillaje.
38

—¿Tienes algún tampón? —me preguntó en una voz áspera—. ¿O algún Stayfree?
Estoy una semana adelantada. —Habían muchas Stayfree en mi bolso del mes
pasado, pero ahora la profesora estaba aquí y estaba tomando asistencia y no podía
sacar una Stayfree a plena vista de los 3 chicos sentados al lado mío. Así que le pase
mi bolso y le dije que lo podía llevar al baño, y que encontraría lo que necesitara en
el bolsillo izquierdo. Ella era Leigh Ellis. Me di cuenta cuando volvió y la profesora
llamó su nombre. Luego la profesora dijo mi primer nombre completo en una voz
alta y esperé por las miradas, risas, todas las cosas a las que estaba acostumbrada,
pero nada pasó. Solo había silencio hasta que hablé.

—Es Ari —dije.

—¿Porque lo acortas? —Leigh susurró en mi oído, y me pregunté si ella tenía dolor


de garganta. Sonaba como si estuviera al borde de la laringitis.

Me volteé. Ella estaba inclinada hacia mí, descansando su cara de su mano. Noté
un pico de viuda, una barbilla puntiaguda, y manchas diminutas de oro en sus iris.

—¿Por qué acortas tu nombre? Es muy bonito —me dijo, sonriendo con sus dientes
rectos, y decidí que me gustaba. No había una manera en la que no lo hiciera. Ella
era la primera persona además de mi madre que decía algo positivo sobre mi
nombre en todos mis dieciséis años—. Es el título de un libro, sabes. Por Chekhov.

Ahora me gustaba aún más. Pronto la campana sonó y ella se fue. Deslizándose en
solitario por el pasillo pasando las filas de casilleros. Caminé pasando a una chica
vestida en pantalones a la medida, una blusa clara, aretes antiguos hechos de rubís,
zafiros y perlas. Las pestañas sólo tenían un poco de máscara; sus labios, un toque
de brillo. No había nada recordante de mi escuela en Brooklyn… parejas besándose
sobre las paredes, grandes cabelleras llenas de spray Aqua Net, intentos fallidos de
Madonna. No hay guantes sin dedos, sin cinta de encaje. Ni un solo corpiño.

Miré hacia abajo a mi ropa mientras caminaba a mi próxima clase. Era literatura
Inglesa, y entré. Mi poco maquillaje, mi cabello liso… era una de ellos, y eso casi
me hace llorar. Nunca pertenecí a mi otra escuela, donde era ignorara y descartada
como una aburrida, la chica callada que se sentaba en la parte de atrás de la clase y
dibujando rostros en los cuadernos. Pero no podía transformarse en uno de esos
tipos seguros con facilidad. Así que en mi primer día en la preparatoria Hollister,
me senté en la parte posterior de cada clase. Comí mi sándwich de Salami en el
baño mientras todos los demás socializaban en la cafetería. En clase de Arte
observé cinco puestos atrás de Leigh Ellis mientras sus lápices de colores se movían
a través del blog de dibujo. Ella estaba pintando algo abstracto. No era lo que el
profesor nos había ordenado hacer, pero era bueno, y más interesante que el bol de
fruta que el resto de la clase estaba copiando.
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Observé los dedos pecosos de Leigh apretar sus lápices, su pulsera de plata rozaba
el papel, su grueso cabello rojo hacía sonar el collar cada vez que movía la cabeza.
Me atrapó observándola y pretendí que no lo hacía, pero no tenía que pretender.
Ella me sonrió, me saludó con la mano, se señaló a sí misma y murmuró la palabra
salón de bienvenida, como si hubiera alguna manera en que ella fuera a ser
olvidada.

Jeff era un chofer de un solo sentido. Llevaba a Summer a la escuela y luego ella
tomaba el subterráneo a casa, lo que hice el primer día. No estaba muy lleno a las
cuatro de la tarde, pero la estación estaba cálida y yo también. Mi piel estaba
pegajosa debajo de mi blazer luego de que llegué a Brooklyn y subí hacia el sol y el
aire pegajoso. Había gente por todas partes, entrando y saliendo de los
supermercados de Comida Asiática y de los restaurantes Indu, a toda velocidad en
bicicletas y dando bocinazos a cualquiera que estuviera en su camino.

—Ariadne. —Escuché que mi madre me llamaba.

Ella estaba parada enfrente de mí. Su pelo rizado estaba tan malo como Evelyn en
este clima, y había puntos de sudor sobre el labio. Dijo algo de esperarme, que
había llamado mi nombre tres veces, no la había escuchado, ¿y me estaba poniendo
delirante por este clima tan caliente?

No la había escuchado. Había estado pensando que había elegido la ropa adecuada
por la mañana y mi cabello no estaba mal, y nadie en Hollister dijo algo que me
hiciera querer encerrarme en el baño y pasar el resto de mi vida allá.

—¿Así que cómo estuvo? —preguntó mi madre, sosteniendo su respiración. Ella


probablemente tenía esperanzas que fuera algo bueno, pero estaba esperando que
fuera algo malo. Estaba más familiarizada con las cosas malas, como cuando
Summer fue votada como la Chica Más Linda en el primer año de secundaria y yo
no fui votada por nadie.

Escuché a mi madre exhalar mientras estábamos caminando a la casa y le


terminaba de contar sobre Hollister. Le conté lo mucho que me gustaban las
puertas de hierro de lujo fuera de la escuela y la niña de mi salón de bienvenidas
con la capacidad artística y el conocimiento de Chekhov. Mi madre estaba feliz.
Sonrió, puso su brazo alrededor mío, y me dio un abrazo mientras estábamos en la
acera y esperábamos a que el semáforo cambiara. Llevaba una camiseta sin
mangas, pero no debería haberlo hecho porque la parte superior de los brazos eran
fuertes. Ella y Evelyn habían vivido en el mismo edificio. Ahora me imaginaba a
mi hermana a los treinta, más allá de sus años, su hermosa cara distorsionada por
muchas tartas de queso sin hornear en la manera que la cara de mi madre estaba
hinchada como los pastelitos de la anfitriona.
40

Vi que Evelyn llevaba un vestido sin mangas, los brazos flácidos balanceándose
mientras lavaba los platos en el fregadero de la cocina, pero no mencioné eso. Mi
primer día en Hollister había ido bien y mi madre me estaba sacando por comida
China para celebrar. No necesitaba ningún pensamiento sombrío vagando
alrededor de mi cabeza; me perseguían lo suficiente como estaba. Esta vez me
rehusaba a escucharlos.

Leigh no estaba en el salón de bienvenida en la mañana siguiente. Me preocupé de


que nunca más volviera, que se hubiera mudado o transferido a una escuela
diferente, lo que sería muy de mi suerte.

Y deseé que Summer no hubiera pisado ese clavo. Deseaba que hubiera venido a la
escuela en muletas y se hubiera sentado conmigo en la cafetería. Porque si lo
hubiera hecho, no hubiera tenido que comer en el baño mientras pensaba que
Hollister no era tan genial después de todo. Parecía grande y aterrador. Tal vez me
debí haber quedado en Brooklyn, donde pasaba mis descansos para tomar el
almuerzo en el salón de artes. El profesor me había dejado organizar sus
suministros, y yo quería estar allá, sola con los pinceles de pintar, comiendo en un
escritorio limpio. Ahora estaba comiendo en un inodoro sucio.

Así que caminé penosamente el resto del día y apenas noté cuando un silbido de
cabello rojo voló cerca al principio de la clase de artes.

—Hey —dijo Leigh, tomando asiento al lado mío. Ella estaba en violación a las
reglas, vestida con jeans, Converse de copa alta, y una camiseta de Maroon con las
letras SUNY OSWEGO impresas en la parte de adelante—. ¿Me perdí de algo en el
aula de bienvenida?

Negué con mi cabeza, notando una cadena de plata haciendo juego con una
atractiva flecha alrededor de su cuello.

—Una pérdida de tiempo colosal —dijo—, nunca voy.

No sé cómo lograba salirse con la suya rompiendo tantas normas, pero no pude
haber preguntado aún si hubiera querido. El profesor empezó a hablar diciendo que
este periodo era de dibujo libre y que podíamos hacer lo que quisiéramos, siempre y
cuando no fuera algo ofensivo.

—Censura —murmuró Leigh—. Nada en el arte es ofensivo.

Estuve de acuerdo mientras ella se ponía inquisitiva sobre de dónde era y a qué
escuela había ido. Respondí sus preguntas, agregando que era amiga de Summer
Simon, y ella me dio una mirada en blanco.
41

—Nunca escuché sobre ella —dijo Leigh, y estaba segura que estaba solo
confundida, porque todos conocían a Summer. Leigh parecía que estaba todavía
cuidándose de un resfriado, así que decidí que su cabeza estaba congestionada y
obstruía su memoria. La idea de que alguien fuera ajeno a la existencia de Summer
la iba a aplastar, y yo no quería ser responsable de ello.
42

Capítulo 5

Traducido por loveliilara

Corregido por majo2340

P reparé mi bolsa de viaje la mañana del domingo. Pijama, ropa interior, las
pastillas de la migraña por las dudas. Iba a pasar el día con Evelyn porque
Patrick estaba en servicio de nuevo.

Esta fue idea de mamá y Patrick. Sin embargo, me presionaron para fingir que fue
idea mía, porque Evelyn sospecharía lo contrario.

Necesitaba mi ayuda, y ellos sabían lo que era mejor para ella.

Habían estado hablando de lo que era mejor para Evelyn ya que Shane había
nacido. Los dos estaban constantemente en el teléfono, que no le parecía irónico a
nadie más que a mí. Todo el mundo parecía haber olvidado que mamá fue la que
una vez despreció a Patrick y que ella había echó una gran escena después de que
Evelyn se metió en problemas.

Mamá me había recogido de la escuela el día siguiente que se enteró de que Evelyn
estaba embarazada. Ella se dirigió a Patrick en la estación de bomberos y le gritó y
lo insultó en la acera. Yo observaba desde el auto cuando lo llamó un desgraciado y
un canalla, y me encogí en mi asiento cuando ella le preguntó si había oído de un
condón. Deberías pensar con tu cerebro, le había dicho. Está en tu cabeza, Patrick, no en
tus pantalones.

Ahora eran aliados. A veces mi padre murmuraba algo acerca de cómo mamá no
debe involucrarse, no tiene derecho a inmiscuirse, pero mamá no escuchó. Dijo que
Evelyn teniendo dos hijos, su actitud desagradable podría llevar a Patrick al
distanciamiento, y a un divorcio catastrófico porque Evelyn no tenía ninguna
educación o habilidades de trabajo.

—No tiene nada de qué preocuparte, Nancy —le dijo papá mientras nos llevaba a
Queens en el auto de mamá esa tarde. Las ventanas estaban abiertas porque estaba
caliente para la segunda semana de septiembre, y el cabello de mamá flotaba
alrededor de su cabeza en un remolino muy rizado.
43

—Creo que Patrick está muy enamorado de ella.

Yo también lo creía. Tenía que estar enamorado para soportar como se


comportaba.

Mamá no parecía convencida, porque hizo una cara de disgusto, y sopló una
bocanada de humo del Pall Mall a través de su nariz como un toro.

—Escucha, Tom. Nunca dije algo sobre el peso que ella tiene encima. Yo podía
soportar unos cuantos sobre mí misma. Pero con los cambio de estado, de ánimo,
de Evelyn... —Negó con la cabeza, inhalando su cigarrillo, y lanzando una nube
gris por la ventana—. Mi punto es que ella le está dando a Patrick un montón de
motivos para joderlo.

Papá miró a mamá, que estaba levantando la cara a la brisa y disfrutando de si


cigarrillo. Pensé que podía discutir con ella, pero no lo hizo. Nunca lo hacía. Él
simplemente sintonizó la radio en el juego de los Yankees. Fue el único sonido que
escuché hasta que sonó el timbre de la casa de Evelyn.

Era uno de sus días buenos. Se puso de pie en el vestíbulo, llevaba un vestido de
verano que minimizaba lo que estaba mal, y exageraba lo que estaba bien. La falda
alargaba sus piernas, la cinta hacía más delgada su cintura. Un collar de cuentas se
perdió en su escote. Su cabello había sido secado suavemente, y se enmarcaban sus
características refinadas y el color raro de los ojos.

Ella hizo el almuerzo para nosotros. Papas fritas y salsa en la sala de estar, conchas
rellenas cubiertas con Ragu al horno, galletitas de Mrs. Fields servido con helado
Napolitano en platos de papel.

—Sé que te gusta de los tres sabores, papá —dijo Evelyn, introduciendo una
cuchara a través de la vainilla, el chocolate y la fresa. Dejó caer unas mancha
tricolor en su plato y se sentó con Shane en su regazo, y me pregunté por qué mamá
estaba tan preocupada, ya que Evelyn parecía estar bien. Ella me miró a través de la
mesa y me preguntó cómo iba la escuela.

—¿Algún chico lindo? —dijo.

Mamá ingirió una cucharada de helado de chocolate.

—Los niños son irrelevantes —respondió antes de que pudiera abrir mi boca—.
Ariadne esta en Hollister para que se pueda conseguir una buena universidad y
hacer algo de su vida.

Había un reloj sobre el lavabo y lo oí correr. Mamá volvió a su helado y no se dio


cuenta lo mucho que el rostro de Evelyn había cambiado, mandíbula rígida, con la
boca apretada. ¿Cómo podía ser tan despistada mamá? La universidad, hacer algo
44

de mi vida, todo lo que pensó mi madre, su primogénita no había hecho. Los niños
son irrelevantes, esa era la frase favorita de mamá cuando Evelyn era adolescente, y
yo sabía lo que mamá pensaba: Tú no me escuchaste, Evelyn. Y mira hacia dónde has
ido. Eres una chica de veintitrés años con sobrepeso, con el GED y dos niños, sentada en una
cocina fea que su marido no puede remodelar.

—Me encanta tu vestido, Evelyn —solté a cabo, con la esperanza de que el


cumplido ayudara, pero no lo hizo. Ella sonrió débilmente, murmuró algo sobre
cambiar los pañales de Shane, y desapareció escaleras arriba hasta que llegó el
momento de que mamá y papá se fueran.

—No seas aguafiestas —le dijo mamá en los escalones—. Patrick se va a enfermar
de ti.

Entonces mamá y papá se fueron. Evelyn cerró la puerta, fue a la nevera, y se dejó
caer en el sofá con una botella de cerveza.

—Jodidamente increíble —dijo ella, haciendo palanca en la tapa. Tomó un trago y


apoyo los pies sobre la mesa de café. Solo miré desde el vestíbulo. La dulce Evelyn
se había esfumado tan rápido como había aparecido, y ahora tenía miedo de estar
cerca de mi hermana—. No hagas caso de lo que nuestra querida madre dice acerca
de los chicos, Ari —dijo, alzando el dedo medio a una fotografía de mamá en la
pared. Era una foto de la boda de Evelyn y Patrick, todo el mundo sonreía—. Te
metería en una jaula si pudiera. Obligándote a hacer todo a su manera.

Me quedé mirando la foto. Me acordé de que había sido un día soleado. Mamá
había guardado el vestido de Evelyn la noche anterior, e invitó a los padres de
Patrick a dormir en nuestra casa porque no podían permitirse pagar un hotel.
Acompañó a Evelyn a diez floristas diferentes para que pudiera encontrar el
bouquet más bonito, y había renunciado a un collar de perlas que papá le había
dado, para que Evelyn pudiera llevar algo viejo.

—Mamá tiene buenas intenciones —le dije.

Evelyn se echó a reír.

—¿Eres consciente de que mamá quería que tuviera un aborto cuando estaba
embarazada de Kieran?

Lo era, pero negué con la cabeza de todos modos. No quería que Evelyn supieran
que había escuchado la conversación hace casi seis años a través de la pared que
separaba mi habitación de la suya. Ella y mamá estaban gritando y Evelyn lloraba,
y mamá dijo que un aborto sería la mejor manera de resolver este lío. Luego Evelyn
podría terminar la escuela e ir a la universidad, incluso si solo era Kingsborough
Community College o Katharine Gibbs Secretarial School, cualquier podría ser
mejor que tener un bebé antes de tener dieciocho.
45

—Qué Católica —dijo Evelyn—. Sólo vas a la iglesia en vísperas y le dices a tu hija
que mate a un bebé. Ella es una hipócrita, lo sabes.

Yo no estaba de acuerdo con eso. Mamá quería lo mejor para Evelyn. Me acordé
de su voz detrás de mí empapelado lila, diciendo a Evelyn que estaba lanzando su
futuro lejos, ella era joven y tan bella y mamá no quería que terminara siendo una
ama de casa de pendiente que tenía que pedirle permiso a su marido cada vez que
quería comprar un nuevo par de calcetines.

—No creo que eso sea cierto, Evelyn —empecé, pero fue todo lo que tenía para
decir.

—Lo es —dijo.

Encendió la televisión y terminó su cerveza, mientras subí al baño y me tragué dos


pastillas para la migraña. Me alegré de no haberlas olvidado esta vez, porque una
red púrpura fluorescente se arrastraba en mi ojo izquierdo.

Más tarde esa noche, me quedé dormida en la sala de estar, porque tenía que
hacerlo. El dormitorio de invitados ya no existía. Me desperté en el sofá la mañana
del lunes y escuché Evelyn en la cocina, preguntándole a Kieran qué tipo de cereal
quería —¿Frosted Flakes, Apple Jacks o Cap'n Crunch? Lo siguiente fue Shane
balbuceando sonidos y las barras de Patrick golpeando contra el piso del sótano, y
pronto Evelyn pasó junto a mí con los niños, diciendo que era tarde para Kieran
para ir al jardín y recordé que Patrick debía llevarme a la escuela. No me importaba
ir a la escuela, porque no tendría que comer el almuerzo en el baño. Summer iba a
volver hoy.

La puerta de la entrada se cerró y miré por la ventana como Evelyn salió a toda
velocidad con su camioneta. Qué estaba caliente afuera. Una transparente neblina
cubrió el bloque, y todo estaba en silencio excepto por los ladridos del doberman
del vecino y Patrick que se estaba ejercitando en la planta baja. Fui a la cocina para
desayunar y él vino unos minutos más tardes, sudoroso y desnudo de la cintura
para arriba.

—¿Tengo que llevarte a la ciudad en la mañana, no? —dijo, y cabeceé tratando de


no mirar su pecho—. Mejor me apuro a tomar la ducha. ¿Qué hacen en aquel lugar
si llegas tarde? ¿Golpearte con una regla?

Me reí.

—Pienso que ellos irían a la cárcel si hicieran eso, Patrick.

—No cuando yo iba al colegio. Esas monjas lo utilizaban para sacar a la mierda
fuera de mí.
46

—No hay monjas en Hollister —dije, y me dijo que las monjas eran sádicas y
crueles y era la razón por la que sus niños iban a una escuela pública.

Entonces se fue para arriba. Escuché correr el agua de la ducha y pensé tristemente
en Patrick como un muchacho joven con un uniforme tieso que era aterrorizado
por las monjas que manejan las reglas.

Nadie puede aterrorizarlo ahora, es muy alto y fuerte. Admiraba sus amplios
hombros por debajo de su camisa a medida que subía a su camión en la acera.

Metió un cassete en la grabadora, Bruce Springsteen cantaba acerca de la guerra de


Vietnam o algo así, no estaba escuchando. Patrick estaba hablando acerca de
Evelyn, diciendo que parecía mejor últimamente, se estaba acomodando a la
rutina, ¿y que si parecía bien para mí?

—Pienso que está bien —dije, porque los dos queríamos que fuera verdad.

Veinte minutos después, Patrick me dejó en Hollister y tuve que luchar contra mis
ganas de agarrar la parte de atrás de su camión mientras se alejaba. Aunque
Summer estaba aquí, hubiera preferido gastar mi día con Patrick, pasar el rato en el
parque de bomberos, quizás sentarme en el camión de bomberos cuando recorría
Queens, pero por supuesto que era una estupidez.

—Volví —oí decir a Summer cuando estaba poniendo la combinación en mi


casillero.

No tenemos ninguna clase juntas, ni siquiera clase, pero por lo menos pude
almorzar en la cafetería como una persona normal, lo cual hice ese mismo día.

Summer se sentó a mi lado, mordisqueando un Chipwich y hablando acerca de los


chicos que habían instalado nuevos azulejos en el baño de sus padres. Uno era de
Canadá y era increíblemente guapo y coqueto.

—Me dio su número —dijo ella—. No es que lo vaya a llamar. Sólo voy a agregarlo
a mi colección. —Se refería a su colección de números de teléfono, que ella
guardaba en su cajón con el diario de terciopelo. Su insistencia en mencionar a
cada hombre que había coqueteado con ella, me estaba poniendo de los nervios.

—Qué bueno —dije, mirando alrededor de la cafetería. Vi a Leigh Ellis a unas


mesas de distancia. Estaba sentada sola, hojeando una novela. Ella se salteó la clase
otra vez esta mañana y ahora se fue temprano de la cafetería, haciéndome señas en
dirección de la salida. Summer se sorprendió por completo.

—¿La conoces? —preguntó.

—Ella está en mi clase —le dije.


47

Entonces Summer comenzó a hablar. Chismes, la verdad. Ella me dijo que Leigh
no tenía que ir a clases porque uno de sus familiares había fundado la preparatoria
Hollister y su tío era un gran abogado, y que ella se iba a graduar de esa escuela con
grandes honores aunque haya incendiado el lugar y bailado desnuda en sus cenizas.

—Ella tenía novio —susurró Summer—. Un chico del colegio. El murió en un


accidente de auto al norte del estado el invierno pasado. Escuché que ella estaba
conduciendo… borracha, supongo. Ella estuvo fuera del colegio por tres meses
después de eso pero claro no tuvo que repetir el año. Ella parece haberse
recuperado, porque tiene un nuevo novio… ya lo he visto recogerla en un Porsche.
Tiene una fea cicatriz en su boca… supongo que debe haber nacido con labio
leporino.

Asentí con la cabeza, mareada por la sobre carga de información. Sonó el timbre y
salimos de la cafetería y por la sala, donde Summer apuntó a una placa de bronce
con las palabras debajo del perfil aristocrático de un hombre Frederick Smith,
HOLLISTER, decía. FUNDADOR DE LA PREPARATORIA HOLLISTER
ACADEMY, 1932.

—Leigh no está directamente relacionada —dijo Summer—. Creo que la conexión


es a través de su tío, el abogado que te hablé. Es padre de su esposa o algo así. No
estoy segura porque no habla con nadie.

Summer hizo un gesto a un grupo de muchachos que pasaban y entonces habló en


mi oído.

—Escucha, Ari... Me alegro de que estés aquí, pero todo el mundo en Hollister...
no sabe nada de lo que ocurrió en Brooklyn y no quiero que ellos lo sepan.
¿Entiendes?

Asentí con la cabeza.

—Es nuestro secreto.

Al día siguiente me enteré de que Summer se había equivocado cuando dijo que
Leigh no hablaba con nadie, porque me hablaba en clase de arte. También durante
las tibias mañanas a finales de septiembre cuando ella llegaba tarde al salón de
clases, a lo largo de octubre, mientras trabajábamos a los árboles de color naranja
brillante en el exterior de la ventana de nuestra clase de arte, y en noviembre,
cuando todas las hojas se habían ido y el cielo estaba lleno de nubes, esbozamos
todo en negro y blanco.

Fue una de esas tardes que el maestro anunció un proyecto, un documento que
debía escribir sobre un artista moderno. Hizo una lista de nombres en la pizarra y
dijo que podíamos trabajar en pares, y Leigh y yo levantamos la mano cuando
señaló a Picasso escrito en tiza verde-lima.
48

—¿Quieres venir a mi casa mañana para empezar a trabajar en él? —preguntó


desde su asiento detrás de mí, y me di la vuelta.

Llevaba la camisa SUNY y estaba tocando su pulsera de plata. Se veía optimista,


pero yo la defraudé. Hice un pausa durante mucho tiempo, pensando en todo lo
que Summer me había dicho. El accidente de coche. El conducir ebria. Me gustaba
Leigh, pero no estaba segura de sí era seguro fuera de las puertas de la preparatoria
Hollister.

Ella leyó mi mente. Su rostro se apagó y volví a pensar en los chismes. Todo podría
ser una mentira o una versión distorsionada de la verdad. Summer debía conocer
mejor antes de difundir un rumor. Así que acepté la invitación.
49

Capítulo 6

Traducido por Pimienta

Corregido por majo2340

S
ummer golpeó la puerta del armario al día siguiente. Yo sólo le había dicho
que no íbamos a volver juntas a casa porque me iba a casa de Leigh, donde
sacaríamos información de Picasso de los libros que nos llevamos de la
biblioteca de Hollister.

Pero eso no fue exactamente lo que sucedió. Leigh y yo estábamos caminando


hacia la escuela bajo el cielo oscuro cuando ella dijo algo acerca de la calle
veintitrés. Ella creía que había perdido su brazalete pero no fue así, lo encontró, y
tenía que recogerlo, lo que no me importaba, ¿verdad? Sólo tomaría unos minutos y
el brazalete significaba mucho para ella.

El viento tocó mis mejillas cuando sacudí la cabeza. A continuación, Leigh y yo


nos sentamos en el vagón de metro que nos llevó al oeste de la calle veintitrés, que
estaba llena de hileras de casas viejas. Eran estrechas, de unos cuatro pisos de
altura, separadas por sólo una pequeña porción de callejón. Nos detuvimos en un
edificio que tenía una escalera de incendios por los tres pisos superiores, y las
ventanas cubiertas con madera contrachapada. Escuché ruidos en el interior, voces
ásperas y golpes, los trabajadores aparecieron con martillos de construcción en el
otro extremo del edificio después de que Leigh abriera la puerta.

El lugar tenía un olor húmedo, mezclado con el serrín que los trabajadores estaban
levantando. Escuché gritar a los hombres entre sí acerca de clavos y tornillos, y
Leigh comenzó a subir por las escaleras. Era estrecho, largo y oscuro. La seguí,
oyendo los pasos crujiendo bajo mis pies.

—Esta es la casa de mi primo —dijo Leigh mientras golpeaba una puerta roja con
un llamador de oro—. Lo va convertir en un club de baile. Su padre piensa que es
una locura.

Su primo abrió la puerta y pude ver su apartamento-loft reformado con ladrillos a la


vista y un mobiliario de claraboya, moderno, todo de cuero negro, y vidrio. Había
50

una máquina de sumar en la mesa de café, en medio de montones de recibos y


dinero en efectivo.

—Ariadna Mitchell —dijo Leigh—. Este es Delsin Ellis.

Supuse que Delsin Ellis tenía cerca de veinticuatro años. Era alto, fornido, y tenía
el pelo oscuro, nariz aguileña y unos ojos que eran de un color raro. No podía decir
si eran verdes, grises, o ambos.

—Del —dijo, extendiendo su mano, y la tomé.

—Ari —le contesté, lo que hizo suspirar Leigh.

—No puedo entenderlos a ninguno de los dos —dijo—. Tienen nombres distintivos
y por alguna extraña razón los acortan. —Me miró—. Mi primo tiene la suerte de
tener un nombre que refleja nuestra herencia nativa americana. —Eché un vistazo a
su collar, al encanto de punta de flecha. Ahora tenía sentido.

—Patrimonio nativo americano —repite Del—. Hace cien años, tal vez. Y se
mezclaron con Alemania e Irlanda y todo lo demás.

Leigh se cruzó de brazos.

—Tenemos sangre de la tribu Shawnee y lo sabes. —Del me miró de nuevo—. El


padre de Del y mi madre eran hermanos. Eran de Georgia en un principio. Los
Shawnee solían estar en toda Georgia.

—A nadie le importa una mierda, Leigh —dijo Del, y se giró a una estantería.
Tomó su brazalete de un estante y lo cerró alrededor de su muñeca. Se trataba de
una pulsera de identificación, de la plata que siempre llevaba. No era para una
niña, estaba hecho para un hombre, con vínculos fuertes y las iniciales MG.

—Llévalo a un joyero y que te lo acorte para que no se caiga de nuevo. Es posible


que se pierda en la calle la próxima vez en vez de en mi coche, y no quiero que eso
suceda —dijo Del mientras examinaba su rostro. Vi una cicatriz filamentosa que se
iniciaba cerca de la mitad del labio superior y tejía su camino hasta el orificio nasal
izquierdo, como una serpiente.

Una cicatriz en su boca, el labio leporino… Summer estaba tan equivocada. Leigh
no se había recuperado de la muerte de su novio. El brazalete significaba mucho
para ella, probablemente era suyo. Y además no tenía un nuevo novio. Todo lo que
tenía era un primo.

Leigh asintió y dijo que debíamos irnos, sonaba ronca, como de costumbre. Hace
poco me di cuenta de que nunca había tenido un resfriado o una laringitis, no era
más que una ronquera natural.
51

Ella siguió hablando después de que Del cerrara la puerta detrás de nosotras y
bajáramos la escalera. Entonces estábamos en la acera y Leigh estaba hablando de
Del. Había adivinado su edad correcta, y me contó otras cosas, como que su madre
había muerto hace doce años, que tenía un hermano menor, y que iba a una
universidad de deserción escolar.

—Así que muchas retiraron muchas cadenas para meterlo en Northwestern —dijo
Leigh—. Él no tenía exactamente las calificaciones necesarias. Entonces comenzó
una pelea con algún estudiante de ingeniería por una plaza de aparcamiento y
fueron expulsados… Del le rompió los dientes delanteros al tipo, aunque no lo
creas. Mi tío tuvo que poner un montón de dinero para hacer que no fuera
denunciado.

—Oh —dije, a falta de algo mejor.

El viento llevaba el cabello de Leigh hacia su cara, largos filamentos de cobre sobre
la piel pecosa.

—No debería hablar mal de él. Todo el mundo lo hace —dijo—. Su nombre... es
nativo americano, y que significa que “Él es así”. Mi tío siempre dice: “Él es tan
terco”. “Él está tan enojado”. “Él es tan estúpido”. Todo esto de iniciar un
negocio... el compró ese basurero con parte del dinero del fondo fiduciario que
recibió de su madre. Espero que funcione, porque nadie tiene fe en él y necesita
algo significativo en su vida.

—Oh —repetí, preguntándome por qué me estaba contando Leigh todo esto. Pero
yo era la única persona con la que alguna vez hablaba en la escuela, así que pensé
que estaba sola y no había nadie más que quisiera escucharla.

El apartamento Leigh estaba en un edificio moderno en el este de la setenta y ocho,


con un portero que nos condujo a través de una puerta de cristal hasta un ascensor
de espejos que nos llevó a un apartamento pequeño pero bien decorado y brillante
en el vigésimo piso. Había muebles modernos, las ventanas estaban cubiertas con
cortinas turquesas y electrodomésticos plateados en la cocina.

Nos sentamos en la mesa de la cocina y estudió minuciosamente los libros de la


biblioteca sobre Picasso, garabatos y con hojas sueltas. Yo estaba leyendo acerca de
uno de sus cuadros más famosos, Les Demoiselles d'Avignon, cuando tuve que usar
el baño.

—Atravesando la sala por el pasillo de la derecha —dijo Leigh apuntando en esa


dirección. Ella estaba demasiado absorta en Picasso para levantar la cabeza.
52

Caminé por la sala de estar, más allá de un sofá beige, una mesa baja de roble de
color arena, y una pintura de Georgia O'Keeffe en la pared; flores, una explosión de
color rosa y naranja y un tono de azul claro turquesa emparejado de las cortinas.
Después estaba en el pasillo y una puerta medio abierta. Vi a una mujer alta,
esbelta, con extremidades delgadas, cabello del mismo color que el mía, y una cara
bonita. Llevaba un camisón corto que era prácticamente transparente.

—Hola —dijo—. Soy Rachel.

—Ari. —Estaba más cerca, por lo que su cara estaba clara. Su piel era de un tono
oliva, suave y perfecta. Tenía la nariz prominente, pero perfectamente recta, cejas
delgadas y arqueadas, sus ojos eran oscuros y con forma de almendra. Rachel era
una hermosa modelo, tan guapa como las mujeres de la portada de Vogue. No me
podía imaginar quién era, tal vez la hermana mayor de Leigh, pero no se parecían
en nada.

—¿Necesitas usar el baño de chicas? —preguntó—. Pasa delante… Puedo esperar.

Entré en el baño y lo hice de forma rápida, porque no quería ser grosera y mantener
Rachel esperando. Ella se metió en el baño después de que yo saliera. Leigh estaba
leyendo acerca de Picasso en la cocina cuando entré.

—Tenemos que ir al MoMA —dijo después de que me sentara frente a ella—. Para
tener una idea de su trabajo. Podemos escribir sobre ello mejor, ¿no crees?

Asentí con la cabeza. Entonces oí el agua corriente del baño y Leigh lo oyó
también. Ella dijo que no sabía que su madre estaba despierta, y no podía creer que
la mujer que acababa de conocer fuera la madre de nadie, y menos aún de alguien
mayor como Leigh.

—¿La has visto? —preguntó Leigh, y volví a asentir—. Ella no suele salir de su
letargo antes de las cinco. Ya sabes... el hecho de que ella tenga edad suficiente
para tener una hija adolescente casi le da vapores. No es que ella tenga realmente
edad suficiente como para tener una hija adolescente. Sólo tiene treinta y cuatro.

Resté rápidamente dieciséis a treinta y cuatro años. Leigh nació cuando Rachel
tenía dieciocho años. A Evelyn le faltaban tres meses para los dieciocho años
cuando dio a luz a Kieran, pero yo no estaba dispuesta a parlotear sobre mis
secretos familiares, por lo que no dije nada.

Leigh me dijo que Rachel siempre dormía durante el día. Supuse que tenía algún
tipo de trabajo nocturno, aunque no podía imaginar lo que era. Ella no parecía del
tipo de hacer cambios en una cabina de peaje o cuidar de los enfermos en un
hospital.
53

—¿En que trabaja? —pregunté, pensando que era demasiado entrometida, pero a
Leigh no le importó.

—Pasa su tiempo en clubes nocturnos, en su mayoría. Estudio54 era su favorito


cuando era realmente popular. Es amiga de uno de los propietarios. Está enfermo
ahora. SIDA —Leigh susurró la última palabra, como si el sida las pudiera atrapar
sólo por mencionarlo—. Mi madre realmente tiene un trabajo… ella es una artista
de maquillaje en Broadway. Solía hacer A Chorus Line y ahora está haciendo Cats,
pero sólo de martes a jueves. Ella no va a trabajar los fines de semana… demasiado
ocupada con su vida social. Tiene suerte de que mi tío nos apoye o no sé dónde
estaríamos. Viviríamos en una caja de cartón en una esquina, probablemente. O en
un parque de las casas rodantes en Georgia.

Dijo Georgia con un acento cursi del Sur, y que fue lo último que dijo durante un
tiempo. Volvimos a nuestros libros, a Picasso. Leímos acerca de su periodo rosa y
su período de cubismo hasta que me di cuenta de que el apartamento oscurecía.

—Mejor me voy —le dije, mirando a mí alrededor buscando mi abrigo—. Ya es


tarde.

Me había olvidado de que Leigh había colgado mi abrigo en el armario del pasillo.
Ella me lo trajo y yo estaba cerrando los botones cuando dijo algo acerca de llamar
a un taxi para llevarme a casa.

—Voy a estar bien en el metro —le dije, pensando que sólo tenía un billete de diez
dólares en mi billetera y estaba segura de que no era suficiente para pagar un viaje
en taxi desde Manhattan a Brooklyn.

—Está oscuro, Ari —dijo Leigh—, y es peligroso. El metro se llena de gente que ha
sido expulsada de Bellevue demasiado pronto. ¿No ves las noticias? —Ella agarró el
teléfono y empezó a marcar—. Este es el servicio de la empresa de mi tío, es
completamente gratis… No voy a aceptar un no por respuesta.

No pude encontrar una razón para discutir. Nos montamos en el ascensor,


bajamos, donde estábamos con el portero hasta que llegó un sedán brillante. Me
deslicé en el asiento de atrás y vi a Leigh diciendo adiós a través de los cristales
polarizados. Entonces escuché al 1010 WINS mientras que el conductor aceleró a
través de Manhattan. Rascacielos y semáforos pasaban en una mezcla de color
rojo, amarillo y verde.

Pronto llegamos a Brooklyn y vi las cosas diferentes, casas humildes, Saint Anne en
nuestro césped. El viento era tan fuerte que ella y la pequeña Mary parecían que
estaban acurrucadas para mantenerse calientes.

Mamá estaba en un delantal sobre nuestros pasos. La puerta principal estaba


abierta detrás de ellas y olí la cena desde la acera cuando el sedán se alejó. Caminé
54

hacia ellas, segura de que estarían molestas por que se me hubiera hecho tarde y no
me hubiera molestado en llamar. Su expresión era una combinación de fastidio y
confusión, y estaban mirando el sedán, sus luces rojas de los frenos, brillaban en la
oscuridad.

—¿Qué diablos es eso? —preguntó.

Supuse que se preguntaban por qué había llegado a casa en un taxi como si fuera
una especie de chica de alta sociedad, pero estaba pensando en otras cosas.

Estaba pensando en una casa adosada en ruinas en la calle West veintitrés y un


luminoso apartamento en el este de la setenta y ocho; y Delsin Ellis con la sangre
Shawnee y una cicatriz en el labio. No tenía ni idea de cómo responder a la
pregunta de mamá porque no podía explicar nada de eso.
55

Capítulo 7
Traducido por Vettina y Lalaemk

Corregido por *Prisper*

S ummer no comió el almuerzo conmigo el día siguiente. Se suponía que lo


haría, fui a la cafetería llevando una bolsa que mamá había llenado con jamón
y pan de centeno y una magdalena Hostess, pero ella inmediatamente dijo
algo sobre su amiga quien vivía en un apartamento cercano. Susurró que cada tanto
se escabullían y ordenaban una pizza aunque dejar el campus durante horas
escolares era una violación descarada de las reglas de Hollister.

—¿Quieres venir? —preguntó ella, masticando un cuadrado de Bubble Yum.

Miré sobre su hombro al grupo de chicas que pertenecían a un catálogo de


Bloomingdales. Ellas estaban paradas en la entrada con bolsos Louis Vuitton
colgando de sus muñecas. Y eran Louis Vuitton auténticas, no esa clase falsa con la
L y V al revés que chicos extranjeros venden en callejones oscuros.

Miré de nuevo a Summer, a su sombra de ojos color índigo, sus labios que estaban
húmedos por brillo labial de melocotón perlado. Vestía una falda ajustada de
angora con botas de tacones altos que la hacían más alta que yo, y una larga cadena
de cuentas plateadas estaba enrollada alrededor de su cuello tres veces.

—No —dije.

Su ceño se frunció. —¿Por qué no?

Tus amigas me asustan, pensé. No sé suficiente sobre diseñadores de zapatos y los rituales de
las citas para encajar. Pero no podía admitir todo eso, así que solo me encogí de
hombros.

—Ari —dijo ella—, de verdad quiero que vengas con nosotras. No puedo dejarte
sola.

—Está bien. Probablemente encontraré a Leigh por aquí en algún lugar.

—¿Leigh? —dijo Summer—. Ella es rara y una conductora ebria.


56

—Summer —dije, y mi voz tenía el tono de regaño que normalmente viene de


maestros y padres—, no deberías hablar sobre las personas así. O esparcir rumores
sobre ellos.

Sus ojos se abrieron como platos como si acabara de gritar “Summer Simon traga.”

—Sí, lo sé —dijo, y comí mi sándwich sola después de que se fuera porque Leigh
nunca apareció.

No la vi hasta la última clase, lo que me hizo preguntarme si durmió toda la tarde


como Rachel y sólo dio un paseo por la clase de arte porque era la única clase que
no causa síncopes profundos.

—¿Quieres ir a MoMA después de la escuela? —dijo ella.

Estaba vistiendo sus Converse otra vez, con camiseta de SUNY en Oswego debajo
de una chaqueta que no combinaba. Y sí, quería ir a MoMA, pero Summer no
estaba feliz cuando le dije sobre ello después esa tarde.

—Se supone que iríamos juntas a casa en el tren —dijo, y tenía razón, así que me
comprometí. La invité a MoMA, donde ella y Leigh y yo miramos a Picasso y los
relojes derretidos en la exhibición de Dalí.

—Esto es estúpido —dijo Summer. Nunca fue una fan del arte.

—Creo que es asombroso —respondió Leigh, lo que Summer repitió en un tono


sarcástico después cuando ella y yo estábamos dentro de una vagón del subterráneo
y yendo hacia Brooklyn.

—Es rara—dijo Summer, examinando sus dedos. Vio una muesca en su manicura,
tomó un frasco de esmalte de su bolso, y ejecutó un hábil retoque—. Lo siento,
pero es verdad. ¿No has visto la forma en que se viste? La he visto usar esa camisa
tres veces la semana pasada. Por lo que sé, Oswego es donde su novio muerto fue a
la escuela. Esa es probablemente su camisa, y eso no es psicológicamente saludable.
Ella lo tiene que dejar ir.

Me encogí de hombros al parpadear las luces en el interior del vagón del metro.
Pensé sobre la camiseta, preguntando si realmente había pertenecido al novio de
Leigh, si nunca la lavaba, por que olía a él, si la llevaba por las mismas razones por
las que yo dormía en la camisa de Patrick. Luego Summer mencionó Acción de
Gracias. Ella me preguntó si estaríamos comiendo en la casa de Evelyn la próxima
semana de la manera que solíamos hacerlo, y yo negué con la cabeza.

—Mi madre cocinará este año. —Fue todo lo que dije, porque no necesitaba saber
que Evelyn no lo estaba llevando bien últimamente, que mamá seguía llevando el
teléfono a nuestro cuarto de lavado para que papá no escuchara sus conversaciones
57

con Patrick, o que Evelyn ya no cocinaba, ni siquiera guisado de atún o no hacia


pasteles de queso. Patrick le había dicho a Mamá que no había nada más en la casa
que Doritos y Donas.

—Tendremos un buen día hoy —dijo mamá en Acción de Gracias cuando estaba
inclinándose en la estufa pinchando el pavo con un tenedor—. Ayudarás con el
bebe así Evelyn puede relajarse. Todo estará bien.

Asintió como si eso lo hiciera. Pero parecía decepcionada durante la cena, cuando
papá y Patrick discutieron sobre fútbol y Evelyn no hizo más que comer. Ahogó su
pavo en salsa y devoró tres rebanadas de pastel de calabaza, y por la mirada en el
rostro de mamá, sabía que estaba preocupada por que el peso de Evelyn fuera una
excusa para que Patrick pudiera andar coqueteando.

Luego un botón se desprendió de la blusa de Evelyn y aterrizó en el plato de papá.


No estaba sorprendida, su sujetador estaba a punto de reventar.

—Maldita sea —dijo ella, tomando de vuelta el botón. Su cara se volvió manchada
como lo había estado durante la mayor parte de su primer embarazo, cuando había
llorado sobre las serpenteantes estrías púrpuras que dejaron cicatrices en su piel.

—Eso me pasa todo el tiempo —mentí—. Las cosas están hechas de cosas tan
baratas estos días.

Los ojos jade de Evelyn se dispararon hacia mí. —¿Quién demonios te pregunto a
ti?

No pensé que alguien tuviera que preguntarme. Sólo estaba tratando de ser amable,
pero ahora no sabía porque me había molestado en hacerlo. Perdónala, pensé. Sus
hormonas están todavía fuera de control y no tiene idea de lo que está diciendo.

Mamá trato de arreglar las cosas. —Evelyn —dijo—. Encuentra algo más que
puedas usar en mi armario. Toma lo que quieras.

Evelyn fue arriba. Papá tomó una caminata para quemar algunas calorías, mamá
desapareció en la cocina con los niños, y escuché el sonido de los platos siendo
lavados mientras Patrick y yo nos sentamos en la mesa.

—Bueno, eso no fue muy amable —dijo él—. Consígueme una regla.

—¿Para qué?

—Para que pueda darle un poco de sentido a mi esposa.

Me reí. Lo quería por estar de mi lado. Se fue unos minutos después, para trabajar
su turno en la estación de bomberos, dejando a Evelyn y los chicos para que papá
los llevara de vuelta a Queens después. Le di de comer a Shane su biberón en el
58

sofá mientras Kieran se extendía sobre la alfombra con un libro para colorear y una
caja de crayones.

—Mamá. —Escuché a Evelyn llamar desde arriba—. ¿Puedes venir aquí, por favor?

Su tono era urgente, y estaba preocupada que no pudiera encontrar una sola cosa
que le quedara. Estaba limpiando fórmula de los labios de Shane cuando mamá
salió de la cocina en su mandil y sandalias, y se dirigió escaleras arriba, y acababa
de encender la televisión cuando llamó mi nombre.

Subí las escaleras con Shane en mis brazos. El pasillo estaba oscuro excepto por la
luz viniendo de mi habitación, y mis rodillas se volvieron temblorosas cuando vi a
Evelyn sentada en mi cama con la camisa de Patrick sobre sus muslos.

Mamá estaba en la entrada. Evelyn se levantó y tomó a Shane lejos de mí. Uno de
sus rizos golpeó mi ojo derecho cuando ella se giró de regreso a la cama. Me sentí
enferma. Nunca esperé que Evelyn hurgara en mi armario.

—¿Qué está mal? —dije, parpadeando el escozor fuera de mi ojo, impresionada de


cuán calmada sonaba. Nadie podría saber que estaba cerca de vomitar en las
zapatillas de tela de toalla de mamá.

—Nada —dijo mamá—. Evelyn encontró la camisa de Patrick en tu armario y


estaba preguntándose cómo llegó ahí.

Evelyn rodó sus ojos. —Yo sé como llegó aquí, mamá. Ari la robó de mi casa.

—¿Quién te dio permiso de husmear entre mis cosas? —dije.

—¿Por qué no puedo husmear entre tus cosas? —preguntó Evelyn—. ¿Qué estas
escondiendo?

—Evelyn —dijo mamá—. Patrick debió dejarla aquí accidentalmente. ¿Recuerdas


cuando ayudó a papá a pintar la cocina la primavera pasada? Sé que lavé algo de
ropa para él, y probablemente se mezcló con la ropa de Ariadne.

—Sí. —Estuve de acuerdo, porque esa es una razonable e inocente explicación.

—Oh, por favor —dijo Evelyn, fulminándome con la mirada—. Tú sabes que él te
excita.

Detestaba esa expresión. Era tan grosera, tan de mal gusto, la clase de cosa que los
amigos de bajo rendimiento de Evelyn solían decir mientras fumaban Marlboro en
las esquinas en vez de ir a la escuela.

—Eres asquerosa —le dije, apretando los puños con tanta fuerza que mis uñas
cavaron semicírculos en mis palmas.
59

—Chicas, chicas. —Mamá intervino antes de que Evelyn se lanzara a mi yugular.


Se sentó en la cama, metiendo la camisa de Patrick en el bolsillo delantero de su
mandil Besa a la cocinera—. Evelyn, no deberías hablarle a tu hermana de esa
manera. Patrick es tu esposo, y Ariadne nunca haría algo inapropiado. La idea es
ridícula.

—Incluso si lo hizo —dijo Evelyn, levantando su barbilla—, no importaría. Ari


podría desnudarse en frente de él y no iría por ello. Él no se calienta por chicas
planas, sabes. Patrick sólo me ama a mí.

La verdad duele. Dolió más que la peor migraña que haya enconado dentro de mi
cabeza. Por un momento odiaba a Evelyn, sentada allí toda petulante y altanera, la
orgullosa dueña del amor de Patrick. La peor parte era que ella tenía razón. Él sólo
la amaba a ella, y la amaba tanto que pasó por alto el peso extra y el eczema, sus
humores que eran una montaña rusa y el guisado de atún.

Entonces Shane comenzó a llorar, lo cual era bueno ya que quitó la atención de mí.
Pero Evelyn se molestó porque su pañal estaba limpio y había sido alimentado, por
lo que no había ninguna razón para que él llorara.

—Siempre me tocan los llorones —dijo, paseándose por el piso mientras palmeaba
su espalda—. Kieran era exactamente igual.

—Todos lloran —le dijo mamá.

—Los bebés de mis amigas no lloran por nada —insistió Evelyn, y comenzó a llorar
por nada también. Se limpió la nariz con la mano y yo no la odiaba más. No
escuches a tus amigos, pensé. Están mintiendo. Sus bebés también lloran. Esas mujeres
horribles quieren que falles para que tengan algo de lo que cotillear en la piscina.

—Yo lo llevaré —le dije—. ¿Por qué no te acuestas en mi cama por un rato y te
relajas?

—Buena idea —intervino mamá —. No es esa una buena idea, ¿Evelyn?

Líneas rojas estropeaban la parte blanca de los ojos de Evelyn y parecía arrepentida
por lo que había dicho antes. Ella sonrió; mamá y yo cerramos la puerta del
dormitorio y nos dirigimos a la sala de estar con Shane. Papá tomó a Evelyn y los
niños de regreso a Queens unas horas después, y yo saludé desde la acera mientras
se iban. Hacía frío fuera y crujientes hojas naranjas giraban en grupos en el
cemento. Me volví hacia la casa, notando a Santa Ana mirándome por el rabillo del
ojo pintado.

Dentro, colgué mi abrigo en el armario del pasillo y sentí a mamá detrás de mí. Ella
dio a mi cabello un tirón fuerte que me hizo levantar la mano a la cabeza, buscando
la calva.
60

—¿Por qué fue eso? —pregunté.

Ella no respondió. Ella sonrió, levantando la camisa de Patrick con su mano


izquierda. Había una cesta de ropa sucia en la derecha. —Voy a lavar esto y dársela
de vuelta a él.

Por favor, no, pensé. No sabes cuánto lo necesito.

—Bueno —dije, pero mi voz no fue tan firme como lo había sido en la habitación,
así que sacudí mi cabello y aclaré mi garganta para cubrir cualquier signo de
debilidad.

—Me imaginé que no te importaría —continuó mamá, metiendo la camisa en la


canasta junto con toallas de cocina manchadas con salsa y los calzoncillos de
papá—. Lo has superado, ¿cierto? Realmente lo deberías haber hecho ahora.

En ese momento sabía que mamá no había olvidado esa vez que me había sentado
en el regazo de Patrick. Era tan humillante que quería desaparecer. Y pensé en
como mamá era una gran maestra de ceremonias, orquestando todo en nuestro
circo de una familia, tratando de mantenernos a todos en el camino indicado.

—Por supuesto que lo he hecho —respondí, preguntándome si alguna vez lo haría.

El Mercedes de Jeff estaba frente a mi casa el lunes en la mañana. Mientras


Summer examinaba su cara en su compacto, me senté atrás y noté que nuestros
vecinos habían estado ocupados el fin de semana. Todas las decoraciones de
Acción de Gracia se habían ido, remplazados por coronas y moños atados a los
buzones y postes de lámparas.

—¿Cómo lo está llevando Evelyn? —dijo Jeff.

Me encogí de hombros. —No muy bien.

—¿Está viendo a alguien? —preguntó, queriendo decir un psiquiatra, y negué con


mi cabeza.

Cuando llegamos a Hollister, Summer fue a su salón y yo al mío. Leigh estaba ahí
en realidad, vestida en su gran sudadera de SUNY de Oswego. Me pregunté si le
pertenecía a su novio, pero no pude preguntar.

—Estás invitada a una fiesta —dijo ella—. Una semana a partir de este sábado.

Me giré. El cabello de Leigh estaba atado hacia atrás. El fije de punta de flecha
rasguñaba su sudadera y su brazalete descansaba en su mano en vez de sus
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muñecas, porque era aún muy grande. Pensé que debería apresurarse y llevarlo a
una joyería antes de que se perdiera por siempre.

—¿Qué fiesta? —pregunté.

Ella explicó que su tío estaba teniendo su fiesta anual de Navidad. Era en su
apartamento, cien personas estaban invitadas, y el siempre la dejaba traer un
invitado.

—¿Tu primo va a estar ahí? —pregunté.

Frunció su ceño. —¿Te refieres a Del?

¿A quién más me podría haber referido? Asentí, pensando sobre su nombre. Del.
Delsin Ellis. Era tan distintivo como Leigh había dicho.

—Él estará ahí —dijo ella, luego alzó su pulgar a su boca y comenzó a morder su
uña. Lucía como si hubiera algo que quisiera decirme pero no estaba segura si
debería—. Él piensa que eres bonita, sabes.

No sabía. Nunca hubiera pensado eso, los elogios eran difíciles de recibir. Del me
hizo pensar en él toda la mañana, a través de cálculo e historia Americana e incluso
durante el almuerzo, mientras Summer balbuceaba sobre una fiesta de
compromiso.

—¿Quieres hacerlo? —dijo ella, pero estaba despistada. No estaba escuchando.


Estaba mirando al otro lado de la cafetería a Leigh, quien estaba pasando las
páginas de ARTnews. Quería que me mirara, así podría saludarla y hacer que se
sentara con nosotras, pero probablemente no lo hubiera hecho, de cualquier
manera. Summer no había sido exactamente encantadora cuando habíamos estado
juntas en MoMA, ella era incluso menos atractiva ahora que no tenía mi completa
atención.

—No tienes idea de lo que estoy hablando, ¿verdad? —dijo ella, a lo que
dócilmente negué con mi cabeza. Entonces ella se enfadó y habló en voz alta como
si fuera sorda o estúpida. Ella me dijo que Tina estaba encargándose del servicio de
comida en una fiesta de compromiso la próxima semana y ellos podrían necesitar
mi ayuda si estaba disponible.

No estaba disponible. Había sido invitada a una fiesta en un apartamento que era lo
suficientemente grande para albergar a cien invitados, con un chico mayor que
supuestamente pensaba que era bonita. Quería decirle a Summer, alardear de la
forma que debería, pero no lo hice. Mentí. Le dije que pasaría el fin de semana en
Queens, lo que era una excusa aceptable, estaba segura que se enfadaría otra vez si
escuchaba la verdad. La devastaría descubrir que una vez más había plantado a mi
mejor amiga por una chica que usaba la misma camiseta tres veces en una semana.
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El día siguiente Leigh me dio una invitación a la fiesta de su tío. Aunque la fiesta
iba a ser en su casa, la invitación había sido enviada desde su oficina. Estaba hecha
de papel grueso color rojo, escondido dentro de un sobre con una lámina de oro
con la impresión en la parte posterior. El nombre de su tío de Leigh era Stanford
Ellis.

Nunca había estado dentro del edificio del Empire State ni tampoco mis padres o
Evelyn, porque mamá dijo que los neoyorquinos nunca hacían esas cosas turísticas.
Pero imaginé que un hombre que era dueño de una firma de abogados en la Quinta
Avenida y cuya invitación de la fiesta de Navidad terminaba con las palabras Traje
de etiqueta opcional, esperaba que los invitados usaran algo especial.

—¿Puedo comprar un vestido nuevo en la ciudad? —pregunté a mi madre una


semana antes de la fiesta. Era sábado en la mañana, y ella y papá estaban sentados
en la mesa de la cocina leyendo el periódico con pastel de café. Mamá ya estaba
fumando un cigarrillo, y me dio una mirada como si hubiera sugerido un viaje a
Marte.

—¿En la ciudad? —dijo, como si la ciudad no estuviera a unos pocos kilómetros.


Miró a mi padre y soltó una carcajada simultánea, y volvió al periódico, y me dejó
de pie en las baldosas.

Pero no podía ir a la fiesta de Ellis Stanford en el mismo viejos vestidos de


liquidación en mi armario. —La fiesta es semi formal. Mamá. De etiqueta
opcional.

—Bien —dijo— La-di-da.

Papá rió y casi lloró. ¿Esta gente no entendía nada? ¿No se daban cuenta que nunca
iba a lugares interesantes o hacía algo emocionado? Quería decirle a mi madre que
tenía que lucir decente en la fiesta porque alguien que podría sentirse atraído por mí
estaría ahí, pero era más inteligente que eso. Los chicos son irrelevantes, ella
probablemente diría eso.

Nos comprometimos. Fuimos al local Loehmann, donde ella prometió comprarme


un vestido que era práctico y de precio razonable.

—Este gran personaje, amiga tuya —dijo mamá mientras buscábamos en los
bastidores—. Puede invitarte a otras fiestas, así que escoge algo que ames. No te
estaré comprando un vestido nuevo cada vez, Ariadne. No eres la princesa Diana.

Sabía que no era la princesa Diana. Y Leigh no era un gran personaje. Pero
también sabía que mamá me haría dejar la tienda con las manos vacías si discutía
con ella, así que no lo hice.
63

Una hora después estábamos de vuelta en el Honda, donde sostenía una bolsa de
compras, agradecida por lo que estaba dentro; a la rodilla, de terciopelo negro que
había estado en venta con veinte por ciento de descuento. Un pequeño vestido
negro. Summer siempre decía que toda chica debería tener un pequeño vestido
negro.

Cuidadosamente guardé el vestido en una bolsa de ropa para la noche de la fiesta, y


busqué en mis cajones un par de medias, mientras mamá miraba.

—¿Tu tarea ya está hecha? —dijo.

—Sí —respondí, tratando de no sonar maleducada aunque ya me había hecho la


misma pregunta tres veces.

—¿Y los padres de Leigh… estarán en casa?

Iba al apartamento de Leigh para que pudiéramos prepararnos y tomar el servicio


de coche para ir a la fiesta, juntas, y sabía que Rachel estaría ahí, pero la palabra
padres me derribó. Leigh nunca había mencionado a su padre, y nunca había sido
lo bastante grosera para preguntar.

—Su madre estará —dije.

—Su madre —dijo mamá—, ¿qué hay acerca de su padre?

—Mamá, no lo sé, probablemente ellos están divorciados. Justo como los padres de
todos están divorciados.

Ella soltó un gruñido. No quería mirarla, así que seguí hurgando en el cajón.
Entonces mamá me agarró del brazo y la tuve que mirar. Sus ojos estaban
hinchados, y yo deseaba que tiñera su cabello pronto. Era tan negligente con su
cabello.

—Vuelve a la medianoche, Ariadne. Ni un minuto después.

Medianoche era justo. Estuve de acuerdo, y me fui en un sedán que Leigh había
ordenado para mí. El conductor me llevó al departamento de Leigh, donde Rachel
abrió la puerta. Estaba vestida en otro vestido de noche, y su largo cabello caía
como cascada sobre sus hombros.

—¿Puedo decirte algo? —dijo ella unos minutos después. Estaba sentada a su lado
en el sillón y Leigh estaba en una silla frente a mí, sacudiendo su cabeza.

—Oh, mamá —dijo, lo que era extraño. Todos a quien conocía llamaban a su
madre, mamá o Mami o Ma. La manera en que Leigh lo dijo me recordó una vieja
entrevista de Elvis Presley que vi en la televisión una vez. Mamá y Papi, esa fue la
64

manera en que él se refirió a sus padres, y supuse que tenía sentido, porque él era
del Sur también.

El acento de Rachel era leve. Lo escuché después de que ella ignorara a Leigh y me
hablara a mí.

—Ari —dijo—, tienes unos ojos hermosos. Pero cariño, no estás depilando tus cejas
correctamente. Déjame arreglarlas y te haré hermosa.

Leigh parecía ofendida. —Mamá —se quejó—, ¿qué está mal contigo? Ari no pidió
un cambio de imagen.

Pero no me importó. No podía dejar la oportunidad de que un artista profesional de


maquillaje me hiciera hermosa.

Rachel chasqueó la lengua. —Tú eres quien necesita un cambio de imagen. No te


he visto con labial en casi un año.

Nunca había visto a Rachel con maquillaje tampoco. O rímel o algo más. El novio
de Leigh casi había muerto el año pasado, y me preguntaba si el maquillaje ya no le
importaba.

—Estoy bien —dijo ella.

—No lo estás, pero bueno, eso lo discutiremos después —dijo Rachel, y la siguiente
cosa que supe, es que estaba sentada en el borde de la bañera y ella se agachó
delante de mí con una mirada de intensa concentración, como si estuviera llevando
a cabo una microcirugía en vez de depilar las cejas. Cuando terminó, se volvió
hacia Leigh.

—¿Ves? —dijo—. ¿No estaba en lo correcto?

Leigh sonrió y admitió que arco era perfecto. —Realmente, abre los ojos.

—Sólo mántenla alejada de Del —dijo Rachel, luego se volvió hacia mí—. Es un
infiel tal como era mi era mi padre. Juró que quiere ese club sólo para tener un bar
lleno de chicas debajo de una escalera en su dormitorio.

Supuse que Leigh no estaba bromeando cuando dijo que todos hablaban mal de
Del. Ella y su madre me dejaron sola para que pudiera cambiarme para la fiesta, y
me miré en el espejo, pensando que lucía mejor. Mis cejas estaban esculpidas
artísticamente y terminaban en los puntos cónicos en las esquinas exteriores de mis
ojos, que parecían más azules de alguna manera. Me miré por un momento,
subiendo el cierre de mi vestido, poniéndome los tacones que me hacía mucho más
alta que Leigh.
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Ella estaba usando zapatos flat. Sin maquillaje. Su vestido era plano, el mismo
color de la bolsa de papel del almuerzo e igual de arrugada. Rachel le dijo que
encontrara otra cosa, tenía un armario lleno de cosas más atractivas, pero Leigh no
escuchó y Rachel no insistió. Estaba muy ocupada trabajando en su cabello y su
cara y su vestido, que estaba hecho de lentejuelas cubiertas de raso blanco que
brillaba en el interior del sedán en nuestro camino a la fiesta.

No estuvimos en el coche por mucho tiempo. El apartamento de Stanford Ellis


estaba a pocas cuadras de distancia, en un edificio alto con conserje y piso de
granito en el vestíbulo.

Nos metimos en un ascensor que tocaba una sinfonía a través de altavoces


invisibles; había una lámpara de pared en forma de hoja hecho de vidrio
esmerilado. Rachel apretó un botón y nos dirigimos a la planta superior, donde se
abrieron las puertas a lo que pensaba que era un pasillo compartido, pero que en
realidad era un vestíbulo privado.

Estábamos de pie nuevamente en granito. Sentí el calor de las llamas ardiendo en


una chimenea baja y olía la vegetación que cubría la mesa redonda en el centro de
la habitación. Las paredes a nuestro alrededor eran de madera oscura. Entramos en
una sala de estar alfombrada con ventanas del piso al techo, que contaba con una
impresionante vista de Manhattan.

Nunca había visto la ciudad desde lo alto, no creía que este lugar fuera en realidad
un departamento. Era un Penthouse. Tenía una gran cocina y un comedor formal y
una amplia escalinata de mármol color crema perla con una barandilla de hierro
intrincado. Había gente sentada en la escalera usando trajes costosos y elegantes
vestidos, sosteniendo copas de vino y vasos de whisky y servilletas de cóctel,
probablemente porque no había donde más sentarse. Los sofás y las sillas estaban
llenas de personas que estaban bebiendo y hablando y riendo, y noté a un hombre
abriéndose paso entre la multitud, gastando un momento con cada persona, como
una abeja polinizando flores.

—Ese es el tío Stan —dijo Leigh, señalando con el dedo lleno de pecas en su
dirección.

Estábamos comiendo mini-quiches que tomamos desde la bandeja de un camarero


con guantes. Bebimos Perrier y nos apoyamos contra una pared y observé a
Stanford Ellis, que no era lo que esperaba. No era tan viejo como mis padres y no
era tan joven como Rachel. Decidí que estaba en sus cuarenta y era tan guapo
como cualquier actor.

Leigh se presentó pocos minutos después. Era de la altura de Rachel, y tenían la


misma nariz. Su cabello rubio trigo era grueso y su piel era bronceada. No pasó
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más tiempo con nosotros que con cualquier otro invitado, pero llenaba cada
segundo con sonrisas y encanto.

—¿Qué es lo que pasa contigo, Leigh? —dijo él con un poco de acento sureño, sus
oscuros ojos fijos en mí—. Traer a una muchacha tan bonita a la fiesta. Voy a tener
que encerrar a mis hijos.

Probablemente no lo decía en serio. Pero cuando se fue, pretendí que lo había


hecho y me hizo sentir muy emocionada y feliz y seguí bebiendo Perrier, esperando
de Leigh no pudiera darse cuenta de que estaba desesperada por un cumplido. Ella
pareció no darse cuenta. Comenzó a hablar acerca de Del, que acababa de llegar y
estaba manejando a la multitud de manera experta como su padre.

Nos encontramos con él en la cocina antes de que la cena estuviera servida. Los del
catering dejaban caer ramas de perejil en los platos y Del mezclaba su propia
bebidas.

Él no llevaba corbata. La parte superior de su camisa estaba abierta por debajo de


su chaqueta y olía a colonia y a tabaco. Me sonrió y a Leigh con sus labios
apretados.

Sus ojos estaban más verdes que la última vez que lo vi. No me había dado cuenta
hasta ahora como su nariz tenía un gancho marcado en la punta, y decidí que no
era tan guapo como su padre, pero me hizo sentir más entusiasmada.

—Ustedes, damas, ¿quieren un trago? —preguntó.

Negué con la cabeza. Nunca había tenido más que una Budweiser, y esta noche no
era el momento de comenzar a experimentar. Tenía que mantener mi ingenio, para
no hacer nada estúpido o embarazoso, o ambos.

Leigh cruzó sus brazos. —Somos menos de edad. No todo el mundo viola la ley,
Del —dijo en broma, y me acordé de la estudiante de ingeniería con los dientes
perdidos.

—Gracioso —dijo.

Ella sonrió, apoyada contra el mostrador. —¿Dónde está tu hermano?

El trago de Del estaba en su mano y lo agitó para girar el interior. —Blake está
arriba. Está estudiando para los exámenes finales como un buen chico.

Blake no se nos unió a la cena, que era un buffet creado en platos en la mesa del
comedor. Todos el mundo cargando sus platos y Leigh encontró un lugar vacío en
un sofá de cuero suave, donde me senté entre ella y Del y apenas toqué la comida,
porque tenía que evitar la espinaca entre los dientes y que la salsa marinera goteara
67

en mi barbilla. No podía humillarme, especialmente con Del tan cerca que su


rodilla estaba tocando la mía.

Sus pantalones eran lisos. Llevaba un brazalete de oro y un anillo de diamantes en


el meñique. Él se fue dos veces para tener más comida y tres veces para refrescar su
bebida, y estaba preocupada de que fuera aburrida y él no regresara, pero siempre
lo hacía.

—Estoy abriendo mi club en la víspera de año nuevo —me dijo—. Deberías venir.

—No creo que pueda entrar —dije, porque la edad mínima para entrar a esos clubs
era 21 y no tenía una identificación falsa. Del rió y sentí un chorro de sudor por mi
espalda.

—Eso fue lindo —dijo—. Y no te preocupes. No dejaré que alguien te mantenga


fuera.

Sonreí y platiqué con Leigh y Del hasta que Rachel vino a decirnos que era
momento de irnos.

Del caminó con nosotras hasta el vestíbulo y Rachel lo miró después de pulsar el
botón del ascensor en la pared.

—Dame a mí y a tu prima un beso de despedida, delincuente —dijo ella.

Él sonrió y obedeció, abrió las puertas del ascensor y se acercó a mí cuando las
espaldas de Leigh y Rachel se voltearon. Él susurró algo en mi oído, algo que sonó
como “Feliz Navidad” y sentí su barba en su mentón conforme besaba mi mejilla.

Fue un beso regular. Fue el mismo beso que le dio a su tía y a su prima, el mismo
beso vacío que todos los invitados se daban el uno al otro cuando dejaban la fiesta.
Pero él me agarró el hombro y apoyó su mano en la parte baja de mi espalda, lo
que me hizo respirar más rápido, porque nadie me había tocado de esa manera
desde el niño en Catskills.

—Leigh —dijo Rachel cuando estábamos en el auto—. ¿Viste a Blake esta noche?

Leigh sacudió la cabeza. —Del nos dijo que estaba estudiando.

—Escondiéndose, es más probable. Stan me dijo que todavía está molesto por esa
chica.

¿Qué chica? Me pregunté, pero sólo por un momento. Rachel y Leigh estaban en
silencio ahora y presioné mi frente contra la ventana, mirando las luces mientras el
beso de Del quemaba sobre mi piel.
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Cuando caminé dentro mi casa esa noche, papá estaba dormido y mamá estaba en
la sala de estar, fumando un Pall Mall y haciendo garabatos en un bloc de notas.

—¿Estás trabajando en una novela? —pregunté.

—¿No lo estoy siempre? —Arrancó tres páginas del bloc, arrugándolas con su
mano, y me dijo que me sentara—. Voy a buscar un bocadillo y me puedes decir
todo.

Ella fue a la cocina y regresó con un plato con sándwiches, y me dio un vaso
caliente. Estaba lleno hasta el borde de leche y no lo quería, pero ella no aceptaría
un no por respuesta. Mamá siempre nos obligaba a tomar leche a Evelyn y a mí
para hacer nuestros huesos fuertes o algo así.

—Lo calenté —dijo—, te ayudará a dormir esta noche.

Estaba demasiado excitada para dormir. Me quité los zapatos y mi madre y yo nos
sentamos con las piernas cruzadas en el sofá, donde le hablé de los ascensores de
lujo y el penthhouse. Le mencioné al tío, pero no su primo, porque Stanford Ellis
era seguro (podía hablar de él de la manera en que hablaba de cualquier hombre
mayor, como Don Jonson o Tom Selleck). Pero Del tenía 24, como Patrick cuando
metió en problemas a Evelyn, así que lo mantuve para mí misma.
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Capítulo 8

Traducido por PokeR y Susanauribe

Corregido por majo2340

D
ormí hasta tarde a la mañana siguiente. Habría dormido más, si papá no
hubiera sido tan ruidoso cuando se subió a una escalera al lado de mi ventana
para poner en nuestro techo las luces de Navidad. Vi sus pies en los peldaños
mientras miraba hacia afuera. También vi una capa de nieve en la cara tranquila de
Santa Ana. Mamá estaba a su lado, buscando en una caja marcada como “Cables
de extensión”. Había más cajas en la sala de estar. Sacaron el olor de las velas y el
aerosol con el que mamá rociaba siempre nuestro árbol artificial para hacerlo oler
como el pino real. La casa olía a Navidad e impulsó mi estado de ánimo, lo cual
era bueno porque aún sentía a Del en mi mejilla. Oí cuando mamá y papá se
estaban gritando el uno al otro acerca de si debían utilizar luces blancas o de color
en nuestras cercos, mientras que yo tostaba un Pop-Tart, e incluso después de que
sonó el teléfono y oí la voz de Patrick.

—Evelyn tiene gripe —dijo—. Y tengo que ir a trabajar.

Así que tuvimos que ir a Queens, donde sólo pude ver a Patrick por un momento.
Estaba esperando en la puerta principal y salió corriendo por delante de nosotros,
sin ni siquiera un beso de saludo porque está retrasado para su turno.

Esta fue la primera cosa deprimente. Había muchas otras, como el sonido de
Evelyn vomitando en el baño, la pila de platos sucios en la pileta de la cocina, y el
monte de manchas que no se había molestado en limpiar de su mesa de café. Y
peor aún fue el desagradable Muppet azul que Kieran estaba viendo en la televisión
en la sala de estar. Sentí que un dolor de cabeza arrancaba y no tenía mis pastillas
de migraña, así que le pregunté si podía ver algo más, pero me ignoró.

—Kieran —dije—. Por favor cambia de canal.

Papá estaba leyendo el periódico en la cocina, mamá estaba lavando los platos, y
Evelyn estornudó en el sofá. Se limpió la nariz con un pañuelo de papel, pero no
hizo un buen trabajo, porque cuando me miró, había un enfermizo resplandor de
moco por encima de su labio.
70

—Ese es su programa favorito —dijo ella.

—Me está dando migraña, Evelyn.

Tenía la garganta llena de flemas y que sonaba como una anciana muriendo de
neumonía.

—Oh, pobre. Vuelve a Brooklyn si tus oídos son tan jodidamente delicados. —
Subió el volumen del televisor y se rascó el eczema, y quería agarrar los pañuelos y
sofocarla con ellos. Quería decirle que era desagradable y grosera y que había
venido aquí para ayudar, aunque preferiría estar en casa. Preferiría estar dibujando
o leyendo y no escuchar a algún títere cantar una canción estúpida que era peor que
uñas perforando en mi cráneo, pero no dije eso. Solo fui a la cocina, donde me
quejé con mamá.

—Lo sé —dijo—. Pero tenemos que ser cuidadosos con ella.

Teníamos que tener cuidado. No podría matar a mi hermana. Todo lo que podía
hacer era poner una camita en el cuarto de niños y descansar en la oscuridad con
Shane mientras que mamá se dirigía a la tienda a comprar aspirina, Evelyn se fue a
dormir a su habitación, y papá jugó con Kieran en la sala de estar.

Mi manta olía a Patrick, lo cual me hizo sentir mejor. Me quedé envuelta en ella
hasta que oí un ruido estridente y bajé las escaleras, donde Kieran se frotaba el
cabello y lloraba.

—Golpeó su cabeza con la mesa —dijo papá con el tono airado que utilizan los
adultos para convencer a los niños de que en realidad no les duele. Sin embargo,
Kieran mantuvo a berrear y papá la puso en su regazo en el sofá mientras yo
miraba desde el fondo de las escaleras.

Eso era lo que me deprimía más. Más que la casa desordenada, el vómito y el
moco. Me deprimía porque sólo tuve eso de papá una vez, en un día de verano
cuando tenía seis años. Accidentalmente golpeé mi dedo en un cajón, mientras que
mamá y Evelyn estaban en Pathmark. Él vino corriendo a mi habitación, y después
de haber comprobado que mi dedo estaba todavía unido, me levantó y me dijo con
una voz suave que todo estaba bien hasta que le creí.

Esa fue la primera y única vez. Hubo otras ocasiones en que quería ese tipo de
atención una vez más, muchas, muchas veces, como cuando llegué a casa de la
secundaria con la cara llena de lágrimas, porque Summer había sido escogida como
la Más Bella. Pero mi padre estaba trabajando en su auto en el garaje, me miró
desde diez metros de distancia como si fuera ridícula y dijo que mamá estaría en
casa pronto.
71

En ese momento decidí que era realmente ridícula, porque tenía doce años y mis
pechos estaban creciendo y mis caderas se estaban curvando, y me di cuenta de que
los pechos y las caderas eran las cosas que te hacían un adulto y no se supone que
los adultos le lloren a nadie. No quería decir que no lloraran nunca, pero si lo
hacían, tenían que hacerlo solos, encerrado en un cuarto de baño o en el auto
cuando no había nadie más allí, y si alguien se diera cuenta de sus ojos inyectados
en sangre, tenían que sacudir la cabeza y ponerse serenos y decir: ¡Oh, estoy bien!

Creí esto por algunos años. Lo creí y lo acepté con valentía hasta que la primera vez
que vi llorar a Evelyn y Patrick la abrazó y le acarició el cabello, pensé que era lo
más esperanzador que había visto jamás.

Summer se apresuró a mi puerta en la mañana del lunes, cargando una bolsa de


compras de Bloomingdale. Su cabello rizado saliendo de un sombrero rosado y
había una bufanda a juego alrededor de su cuello con sus pompones que saltaban
contra su abrigo negro. Ella sonrió, sacó una caja de la bolsa, y me la lanzó
mientras se paraba en mi vestíbulo.

—Esto es para Evelyn —dijo ella—. Para el bebé, quiero decir. Es un atuendo que
mi madre y yo compramos en Bloomingdale ayer… es tan precioso que no
pudimos resistirnos.

Consideré decirle a Summer que llevara ese precioso atuendo de vuelta a


Bloomingdale para un reembolso porque Evelyn estaba en la lista mala de Santa
este año y no se merecía un regalo de bebé. Pero sólo le agradecí y puse la caja
debajo del árbol de Navidad.

—Y aquí hay algo para ti —dijo Summer mientras me volteé. Ella escarbó en la
bolsa, sacó una caja de cedro, y me la entregó. Vi SUMINISTROS FINA ARTE
EMPIRE STATE grabado en la madera.

—Mi madre y yo pasamos por allí en nuestro camino a Bloomie y tuve que entrar.

Abrí la caja.

—Summer —dije con un grito ahogado, pasando mis dedos por la fila de lápices y
carboncillos, tomando de aire a nuevo—. Son hermosos. Pero esa tienda es tan
cara… no tenías que gastar tanto dinero en mí para Navidad.

—Oh, esto no es un regalo de navidad —dijo ella—. Es sólo porque te gusta


dibujar.

Cerré la caja y le di un abrazo. Salimos y Jeff no llevó a la escuela, donde Leigh no


se aparecía para sala de clase o incluso la clase de arte. Debe haber ido a al menos
72

unas de sus clases, porque la vi al frente de Hollister cuando Summer y yo


estábamos yéndonos esa tarde. Estaba caminando por la calle, dirigiéndose al
Porsche color gris con un joven hombre recostado contra él. Él usó un largo abrigo
negro y estaba fumando un cigarrillo, me tomó un segundo darme que Él era Del.

Summer gruñó.

—Ahí está la rara y su novio feo. ¿No luce como un indio? Escuché en algún lugar
que es un indio, así que tiene sentido. Tal vez ella es su india.

Ella se rió pero yo no.

—Nativo americano —dije, pensando que ella sonaba como una racista y
preguntándome como alguien tuvo la paciencia de aconsejarla psicológicamente de
convertirse en su propia acosadora a una persona completamente diferente en
cuestión de Leigh Ellis. Era un cambio de esta mañana—. Nativo americano es el
término apropiado.

Summer pareció perfectamente insultada.

—Lo que sea —dijo, pero lo pronunció “L-o-qu-e-s-ea,” separando en silabas como
si las silabas fueran palabras separadas.

—Y ella es sólo una parte Nativo americana —continúe—. De hace mucho.

Nos dirigimos al subterráneo, y por alguna razón Summer siguió hablando de Del.

—Creo que él luce como un indio —insistió ella—. Su cabello es tan oscuro, ¿y
viste su nariz? ¿Y esa horrenda cicatriz en su boca? Si Leigh se casa con él y tienen
bebés, podrían tener la misma cosa. Vi una foto en un libro médico de un bebé con
el labio leporino, y era como un gran hueco mojado en el medio del rostro del bebé.
Casi vomito. Es un defecto genético de nacimiento, sabes.

—Mi cabello es oscuro —dije—. Montones de personas tienen el cabello oscuro. Y


él tiene piel clara y ojos claro, y no va a casarse con él, Summer. Es su primo.

Ella dejó de caminar.

—¿Por qué sabrías algo sobre sus ojos?

Porque los vi cuando estaba en su apartamento, pensé. También los vi en la fiesta del
penthouse en la ciudad el sábado y pasé una hora anoche mezclando pintura para
que combinara con su tono. Pero no puedo decir eso, Summer. Sacaré algo de la nada y
consideraré tu respuesta a la pregunta. Crees que estaba en Queens en vez de Manhattan en la
noche del sábado y no quiero herir tus sentimientos, incluso aunque te estés convirtiendo tan
superficial que me asusta.
73

Unos días después de las vacaciones de navidad, cuando Summer se sentó conmigo
durante el almuerzo y estaba toda animada porque se había reconciliado con su
chico Columbia, atrapé la atención de Leigh cuando miró arriba de sus noticias
ART.

—¿Por qué tuviste que hacer eso? —dijo Summer después de que saludé a Leigh,
quien cerró su revista y caminó hacia nosotras.

Ella se sentó junto a mí; Summer estaba frente a nosotras. Leigh actuó
amigablemente y Summer se sentó reservada en su silla como una completa
mojigata. Luego Leigh comenzó a hablar sobre Del, su discoteca y la fiesta de
apertura en la noche de año nuevo.

—Él te contó sobre eso, ¿verdad? —dijo Leigh, y asentí, me puse rígida, sintiendo
los ojos de Summer perforando huecos en mis ojos—. Puedes venir, Summer… si
quieres.

Ella quería. No estaba segura si era porque le gustó la idea ser parte de invitados
privados por el dueño de un club nocturno de Manhatttan, incluso uno con un
defecto de nacimiento, o si fue sólo maldad. Y durante el viaje de subterráneo esa
tarde, no preguntó dónde o cómo había hablado con Del. Pretendió que todo el
asunto no era importante, lo cual era incluso peor.

—Traeré a Casey —dijo ella—. Leigh me dijo que podía llevar un invitado.

Casey era el chico Columbia. Era rubio y apuesto y la mención de él me recordó


que no tenía un invitado a quien llevar, pero no me sentí mal. Normalmente me
habría sentido inadecuada y poco atractiva y habría pasado horas cavilando sobre
mi escaso pecho, pero esta vez decidí ser positiva. Iba a ver a Del la próxima
semana, él me había besado y tocado la curva de mi espalda, y cualquier chico que
le hiciera tal cosa a una chica tenía que tener al menos una pizca de interés en ella,
¿verdad?

Pero mamá no podía saber sobre eso. Sólo le había dicho que quería ir a una
discoteca en la Víspera de Año Nuevo y que el primo de Leigh era el dueño del
lugar, era perfectamente seguro porque la mamá de Leigh estaría allí y no tendría
un solo trago.

Ella le dio caladas a un cigarrillo mientras discutí mi caso y luego demandó


conocer a Esta Persona Leigh, como si yo tuviera cinco años. Pero estuve de acuerdo
y Leigh se detuvo un rato en la Víspera de Navidad así podíamos intercambiar
regalos.
74

Le di un jersey y ella me dio una Paleta De Ochenta y Ocho Sombras Pro Eye.
Vino en una estuche negro vidrioso con un espejo dentro. Me dijo que Rachel había
escogido éste ser en particular porque era la combinación apropiada para mi tono
de piel.

—Leigh es muy agradable —dijo mamá después de que se fue. Estábamos en la


sala mientras papá dormía arriba, y me pasó un plato de galletas de mantequillas
caseras—. Puedes a la discoteca si prometes que vas a venir a casa a una hora
razonable.

Qué alivio. Sonríe y seleccioné una galleta en forma de estrella.

Al día siguiente, Evelyn vino a Brooklyn con Patrick y los chicos. Había perdido
tres kilos desde el resfriado; su cara era más delgada, su eczema casi se había ido, y
ella usó un vestido azul rey con un regalo de Navidad de Patrick, dieciocho
amatistas que formaban una lágrima y colgaba de una cadena dorada alrededor de
su cuello. Ella susurró en mi oído que no pudieron permitirse algo extra este año,
pero se había sentido tan decaída últimamente que Patrick quiso darle algo
especial, así que sólo lo puso en la MasterCard.

Adulé el collar. Le sonreí a mamá después susurré en una voz aliviada que Patrick
y Evelyn estuvieran llevándose bien. Le arrebaté la cámara Polaroid en el sofá
cuando la mano de Patrick apretó la pierna de Evelyn y ella descansó su cabeza
contra el hombro de Patrick. Cuando se besaron debajo del muérdago que estaba
colgado desde de nuestra puerta de la cocina, animadamente estuve de acuerdo con
mamá de que eran una pareja hermosa. Luego me escondí en el baño por un rato.
Estaba tan celosa que casi lloré.
75

Capítulo 9

Traducido por kathesweet

Corregido por Maia8

E
ra la víspera de Año nuevo y había una fiesta escaleras abajo. Summer y yo
estábamos en su habitación, y ella estaba frunciendo el ceño hacia mi traje.

—Es simplemente demasiado aburrido, Ari —dijo, mirando la blusa de


imitación de satín que fue mi regalo de Navidad de Patrick y Evelyn. Entonces fue
a su armario y empezó a tirar cosas sobre la cama hasta que encontró algo
supuestamente apropiado: una minifalda de gamuza negra y un bustier similar al
que ella estaba vistiendo—. Odio ser tan crítica, pero normalmente quieres mi
consejo y sólo estoy intentando ayudar.

Sabía eso. Pero no podía vestir un bustier. El de ella era rosado con florcillas de
lavanda y un sujetador que elevaba sus pechos; no me podía imaginar dejando la
casa en tal cosa.

—No puedo, Summer. Ese top no se vería bien en mí.

—Bueno, quizás no. Sé que eres desigual de allí arriba. Pero apenas se nota.

Volvió a su armario y sentí la sangre abandonar mi cara, pensando que eso


posiblemente no podía ser apenas notable porque ella lo había notado. Y Evelyn lo
había notado. Y Dios sólo sabía quién más. Ahora quería olvidar eso, pero Summer
me distrajo enganchando una gargantilla de perlas alrededor de mi cuello.

—Es vistoso pero elegante. Sé que adoras la mierda elegante, Ari.

Mierda elegante. Eso me hizo sentir fabulosa. Me sentí incluso mejor cuando dijo
que mis pantalones eran demasiado sueltos y mis zapatos eran aburridos, pero tomé
su consejo porque ella tenía mucho sentido para la moda. Así que terminé dejando
su habitación vistiendo mi blusa, su gargantilla, la falda de gamuza, y un par de
zapatos de tacón negros que nunca se ponía porque eran demasiado grandes.

—¿Te vas ahora? —dijo Tina.


76

Summer y yo habíamos pasado por una multitud de invitados en nuestro camino a


la cocina, donde encontramos a Tina mirando a través de la ventana de su horno.
La casa olía delicioso y Tina se veía exhausta.

—El auto está afuera —dijo Summer—. No estaré fuera demasiado.

Tina frunció sus labios y giró alrededor del mostrador. Despegó una hoja de papel
encerado de una bandeja de huevos a la diabla y sacudió la cabeza.

—Voy a dejarte salir fácil esta noche, Summer. Pero la próxima vez que tenga una
fiesta en casa o un evento que atender, espero tu ayuda.

—No tienes que trabajar tan duro —dijo Summer—. Papá hace suficiente dinero.

Tina estaba arreglando los huevos en un círculo perfecto en un plato.

—El dinero no tiene nada que ver con esto… Tengo un negocio y
responsabilidades. Tengo una reputación, ya sabes.

Se enzarzaron en una pelea que duró hasta que Jeff y la esencia de cigarrillos se
unieron a nosotros. Él dijo que todos estaban preguntando por Tina. Tina dijo que
estaría allí en un minuto y no le dijo nada más a Summer, así que nos fuimos.

Una vez estuvimos en la parte posterior del sedán, Summer le dio al conductor la
dirección de su novio. Tuve que moverme al frente cuando Casey entró en el auto,
pero fue mejor de esa manera, porque verifiqué mi maquillaje en mi polvera, vi el
reflejo de Casey y Summer besándose y acariciándose. Ella sólo alejó sus manos
después de que éstas alcanzaran su bustier.

—Espera hasta más tarde —dijo—. Eres tan agresivo.

¿Lo era? Ella nunca me había dicho eso. Pero no pensé en ello por mucho tiempo,
porque pronto estuvimos en la Veintitrés Oeste y allí había tantos autos y personas
en frente del edificio de Del que el chofer tuvo que dejarnos al final de la calle.
Summer estaba entre Casey y yo mientras caminábamos hacia el club, y siguió
diciendo “¿No es emocionante?” mientras el viento tiraba su cabello hacia mi cara.
Este golpeó mi nariz, pero no me importó. Summer tenía razón, esto era muy
emocionante. Una luz estroboscópica destelló detrás de las ventanas en las dos
plantas más bajas del edificio de Del, y evitamos una línea interminable de personas
que nos dieron miradas horribles mientras esperaban detrás de una cuerda de
terciopelo.

La entrada no era por la puerta del frente, la que Leigh y yo habíamos usado la
última vez que habíamos estado allí. Era a un lado del edificio. Summer, Casey y
yo esperamos allí por Leigh así ella podía pasarnos por el siniestro bravucón con
cabeza rapada que estaba a cargo de dejar a la gente entrar.
77

—¿Cuál es el nombre del club? —preguntó Summer.

—Sky —dijo Leigh, de repente detrás de mí—. Significa cielo en español.

Ese era un nombre apropiado. Antes de que Leigh hubiera llegado hasta aquí, yo
había estado mirando el techo en punta del edificio, pensando que éste casi rozaba
la luna, preguntándome si Del observaba las estrellas a través de la claraboya en su
piso en las noches despejadas.

Leigh habló con el bravucón. Él dio un paso al lado y nosotros seguimos, y la


música estaba tan alta que pensé que mis tímpanos podrían estallar mientras
escuchaba a Modern English: una batería, un sintetizador y una voz masculina
cantando con acento inglés. Las luces pulsaban en estallidos de azul y amarillos a
través del aire lleno de humo, y chicos y chicas estaban levantando sus brazos y
aplastándose unos contra otros en la pista de baile. Pensé que había hecho un
movimiento inteligente por tomar mis pastillas para la migraña antes de irme de mi
casa esta noche. Las luces y el ruido me habrían dado un enorme dolor de cabeza
de otra manera.

Summer, Casey y yo seguimos a Leigh a través de la multitud hasta que


alcanzamos una barra en forma de medialuna rodeada por gente sentada en
taburetes cubiertos por piel de cebra falsa. Había velas iluminando la barra, un
espejo detrás de ésta, y botellas de Stolichnaya y Johnnie Walker Black que eran
servidas por tres bármanes.

Leigh le dijo algo a uno de ellos, no pude escuchar qué, y lo siguiente que supe es
que estábamos detrás de la barra, pasando por una puerta hacia una habitación
oscura que supuse era una oficina porque tenía un escritorio y un teléfono, y luego
allí estaba Del, parado en frente de nosotros con pantalones negros y una camisa de
seda con los primeros tres botones sin abrochar.

Leigh hizo las presentaciones. Del sacudió las mano con Casey y con Summer.
Besó a Leigh y me besó a mí y sentí su mano en la curva entre mi espalda y mi
trasero, lo que me hizo estremecer.

—Sin consumo de alcohol, por favor —dijo—. O perderé mi licencia de servir licor
en mi primera noche.

Asentimos y Del dijo que tenía algunas cosas que hacer así que nos vería más tarde.
Leigh, Summer, Casey y yo volvimos al club, donde Casey encontró un taburete y
se quedó allí porque él no iba a bailar.

El resto de nosotras sí. Nos abrimos espacio en la multitud, y bailamos al ritmo de


Wham! Y Duran Duran hasta que nuestros pies estuvieron doloridos y tuvimos que
quitarnos los zapatos y colgarlos en nuestras manos. Summer siguió tomando
78

descansos para hablar con Casey, pero Leigh y yo estábamos asustadas de perder
nuestro lugar, así que nos quedamos allí.

Vi a Del en la distancia, moviéndose por la multitud, y también reconocí a Rachel,


que se veía hermosa en pantalones de cuero y un top halter metálico, bailando con
varios hombres. Capté su mirada y me saludó, haciendo sonar un revoltijo de
brazaletes en su muñeca.

—¿Quién es esa? —preguntó Summer.

Su aliento olía a alcohol. Miré al otro lado del club a Casey, que había estado
sentado allí toda la noche con un vaso en su mano, y supuse que el vaso había sido
rellenado muchas veces con algo que no era Pepsi. Probablemente tenía una
identificación falsa y estaba compartiendo sus bebidas con Summer. Estaba segura
de que a ninguno de ellos les importaba Del y su licencia de expendio de licor.

—La madre de Leigh —dije.

Sus ojos se hicieron grandes y redondos.

—¿De verdad? Jesús.

Seguimos bailando y Summer siguió cruzando la habitación para estar con Casey, y
pronto empezó a reír demasiado y supe que estaba borracha. Luego ella, Leigh y yo
nos cansamos de bailar, así que nos detuvimos y encontramos asientos al lado de
Casey al final de la barra.

—¿Por qué tu primo llamó a este lugar Cielo? —preguntó Summer, tirando de su
bustier, que había empezado a deslizarse hacia abajo.

Leigh estaba tomando un Pink Lady virgen con una rodaja de naranja pegada en el
borde.

—Su novia es española. Ella le dio la idea.

Summer asintió y retocó su lápiz labial, Leigh se comió su rodaja de naranja, y


Casey ordenó otra bebida, pero para mí la fiesta estaba terminada. Del tenía una
novia española y yo era una idiota.

—Oye —dijo Summer, extendiéndose sobre mí para darle un golpecito a Leigh en


su manga—. ¿Ari te dijo que yo creía que Del era tu novio?

Leigh sacudió la cabeza. Lo que Summer dijo después de eso no pretendía ser
cruel, probablemente estaba tratando de ser simpática y usar sus habilidades de
asesoramiento cuando dijo que sentía que el novio de Leigh muriera, perder a
alguien de una manera trágica debió ser horrible, bla bla bla. Los ojos de Summer
79

estaban vidriosos y su cara estaba sonrojada, y no cerró su boca hasta que Leigh
abrió la de ella.

—Creo que has tenido suficiente de beber —dijo, y Summer lució incluso más
ofendida de lo que había estado cuando le dije que indio no era un término
apropiado—. No se suponía que estés bebiendo de todas maneras. Mi primo te lo
pidió amablemente, si mal no recuerdo.

Leigh giró su cabeza, mirando al otro lado del club. Summer estuvo callada al
principio. Sabía que estaba formulando una buena respuesta, de la manera en que
la gente lo hace durante todo el paseo en auto a casa después de que han sido
insultados en una fiesta y hacen una lista mental de remontadas inteligentes.

—¡Mira quién habla! —dijo finalmente, mientras su bustier de deslizaba y su escote


rebotaba hacia arriba—. Al menos no estoy planeando llevar a mi novio a casa esta
noche.

La cara de Leigh se puso pálida y creí ver su labio temblar.

—Arregla tu top —dijo—. No quieres que la gente piense que eres una zorra.

Ella no debería haber dicho eso. Leigh no sabía sobre los condones en el casillero o
el esmalte de uñas en la pared del baño. Pero Summer nunca lo había olvidado, y
ahora su pecho se elevaba y bajaba mientras se inclinaba sobre mí otra vez.

—No es que sea de tu interés, Leigh… pero sólo he dormido con un chico. Y no lo
he matado.

Me encogí. Los ojos de Leigh se llenaron de lágrimas. Ella saltó de su taburete y se


metió entre la multitud hacia Rachel mientras Summer murmuraba la palabra perra
y Casey le ponía el abrigo sobre sus hombros.

—Llamaremos un taxi —dijo Summer—. ¿Cierto, Ari? Nos vamos.

Observé el botón de su abrigo. No quería irme. Quería encontrar a Leigh y


asegurarme que estaba bien. Summer estaba enojada y aturdida, y parecía pensar
que yo también lo estaba. Simplemente me senté allí hasta que ella terminó de
abotonarse y me miró.

—¿Cierto, Ari? —dijo otra vez—. Salgamos de aquí.

Toqué la gargantilla que me había dado.

—No quiero irme todavía, Summer. Quiero hablar con Leigh antes de irme.

Su boca se abrió.
80

—¿Leigh? ¿Por qué le hablarías después de lo que le dijo a tu amiga?

¿Qué pasa con lo que le dijiste? Pensé. Pero no lo dije; Summer ya estaba lo
suficientemente enojada.

—Ella también es mi amiga. Puedo tener dos amigas, ¿no?

Summer cerró su boca. Ella se veía como si la hubiera golpeado.

—Nunca has tenido dos amigas. Siempre he sido tu amiga. Siempre me has
necesitado para que sea tu amiga.

No sabía qué decir. Había una pajita sobre la barra; la levanté y empecé a doblarla
en diferentes direcciones. Ahora sabía por qué Summer había odiado a Leigh desde
el principio: porque la hacía sentir importante ser mi única amiga. Ella tenía razón
cuando dijo que yo siempre la había necesitado, y supuse que ella quería ser
necesitada. Supuse que todos lo querían.

—Nunca te abandoné —siguió Summer, gritando sobre la música—. Cuando fui a


Hollister… e hice otros amigos… nunca te abandoné. Siempre estuve allí para ti.

Tiré la pajita sobre la barra y la miré. Sus ojos estaban brillando. Ella tenía razón de
nuevo, no me había abandonado, aún cuando la mayoría de las personas lo harían.
Ella me había invitado a sus dulces dieciséis y no me había dejado escondida en el
baño toda la noche. Incluso se había parado al lado del ataúd del tío Eddie
conmigo y había puesto mi nota de agradecimiento en su mano fría.

La tensión entre Summer y Leigh me había agotado. La música era ensordecedora


y estaba tentada a saltar en un taxi e irme a casa, pero no podía hacerle eso a Leigh.

—Lo sé —dije cansadamente, estirándome para apretar el hombro de Summer a


través de su abrigo—. Simplemente quiero quedarme un poco más. Eso es todo. Es
la víspera de año nuevo… y ya sabes que nunca voy a ningún lugar.

Summer se puso los guantes rosados sobre sus manos, mirándome con desdén de
las esquinas de sus ojos muy maquillados.

—¿Por qué no estás de mi lado?

—No hay lados —dije, pensando que tener dos amigas era más complicado de lo
que alguna vez había esperado—. No quiero que haya lados.

Ella sacudió su cabeza.

—Siempre hay lados, Ari. Y espero que sólo te estés quedando porque es víspera de
año nuevo.
81

Estaba segura que ambas sabíamos que esa no era la razón, pero no hablamos más
sobre ello. Casey dijo adiós, y él y Summer se alejaron, pasando a la gente mientras
se dirigían a la brillante señal de salida. Miré sobre la multitud y vi a Rachel y
Leigh al otro lado de la habitación. Rachel abrazó a Leigh y se la llevó, y observé
hasta que no pude encontrarlas en el trémulo mar de personas.

Luego miré a Del. Estaba entrelazándose entre la multitud, dando la manos a los
hombres y besando las mejillas de mujeres, y cada vez que pasaba a una mujer,
ponía su mano en la parte baja de su espalda. Eso fue suficiente para hacerme
desear volver a Flatbush, comer las galletas sobrantes de mamá y esperar a que la
estúpida bola cayera sobre Time Square.

No estaba segura de cómo terminé en el hall de entrada, caminando hacia la


escalera que conducía al apartamento de Del. Había pasado mucho tiempo sola en
la barra, mirando a la gente bailar, besarse y mirarse largamente a los ojos mientras
nadie me veía a mí. Nadie excepto el tipo sórdido y con sobrepeso que seguía
ofreciéndose a comprarme un Alabama Slammer.

No me merecía eso. No merecía ser molestada por alguien como él. Yo tenía el
cabello brillante y cejas acicaladas y era delgada con una estatura por encima de la
media. Podría no haber sido tan sexy como Summer o tan exótica como la imagen
de la novia de Del que había inventado durante la última hora, pero yo era mejor
que este repugnante gordo con sus tres barbillas y su vulgar oreja perforada.

Así que me había escapado. Había renunciado a encontrar a Leigh. Había forzado
mi camino a través de la multitud hasta que vi una puerta que esperaba pudiera
llevarme al aire fresco y a un paseo en taxi a casa. Pero por supuesto había escogido
la puerta equivocada, y ahora estaba en el hall de entrada pasando las escaleras.

—Todo está bien, nena. —Escuché una voz, y era Rachel, acurrucada con Leigh en
los escalones más bajos. Leigh inclinó su cara contra el cuello de Rachel y ella le
habló con voz consoladora. Ellas me hicieron pensar en una viuda y su niña que
habían sido desalojadas por un propietario codicioso. Ellas dos contra el mundo.
Era un momento privado, así que intenté no interrumpir. Pero cuando oí mi
nombre me giré. Mantuvieron sus brazos alrededor de la otra mientras Leigh se
disculpaba por abandonarme.

—Llamaré un auto para que nos lleve a casa, Ari —dijo, luego se giró de nuevo
hacia Rachel—. Ve a dentro, mamá. Estabas divirtiéndote antes de que lo
arruinara.

Rachel sostuvo la cara de Leigh en sus manos.

—No arruinaste nada, nena.


82

Leigh insistió. Rachel se fue y Leigh me miró.

—Vamos a usar el teléfono de Del.

No quería usar el teléfono de Del. No quería ver su piso con los ladrillos expuestos
y la claraboya con su sorprendente vista de las estrellas. Quería olvidarme de él,
porque, ¿cómo podría haber esperado que alguien como Del estaría interesado en
mí? La idea era absurda. Simplemente quería que la noche terminara.

No podía decirle a Leigh eso, así que fui. Ella tenía su propia llave, que usó para
desbloquear la puerta roja; luego agarró el teléfono y me senté en el sofá.

No había divisiones entre las habitaciones. Miré la cama de Del en el lado lejano de
su piso. Estaba lacada de negro con una cabecera de espejo y sábanas arrugadas que
se escurrían sugestivamente hacia el piso de madera. Había una ventana al lado de
ésta, y vi gárgolas en el edificio vecino. O quizás eran dragones. No podía
distinguirlos desde donde estaba, así que caminé a la ventana y presioné mi frente
contra el vidrio, pero no vi dragones o gárgolas. Vi caras de ángeles escalofriantes
con mejillas redondeadas y labios como capullos de rosa como los de Evelyn.

Moví mi mirada, alrededor de la habitación, porque la espalda de Leigh estaba


girada y ella todavía estaba al teléfono, y tuve una oportunidad de fisgonear. Abrí
un cajón del escritorio, donde vi cigarrillos y un par de bragas con volantes que
estaba segura pertenecían a la española. Ella probablemente tenía dientes derechos
y un lindo acento e incluso pechos perfectos.

—Nuestro auto estará aquí pronto —gritó Leigh al otro lado del piso.

Cerré el cajón.

—Muy bien —dije, y sentí la mano de Leigh sobre mi brazo un minuto después.

Se sentó sobre la cama y me senté con ella.

—Escucha —empezó, y estuve incómoda. No podía dejar de imaginar lo que había


puesto las sábanas tan arrugadas, y me pregunté lo que se sentiría acostarse aquí
con Del a mi lado en lugar de Leigh—. Deberías saber unas cosas. —Estaba
diciendo Leigh.

Luego me dijo sobre su novio. Ella dijo que él era un estudiante de zoología de
diecinueve años que había planeado convertirse en veterinario. Ella también dijo
que siempre que lo había visitado en Oswego, él la había dejado conducir su auto
para practicar. Ella nunca había hecho un giro ilegal hasta ese sábado del pasado
diciembre. Esa noche, estaban conduciendo de vuelta al dormitorio de él después
de una película cuando ella patinó sobre un camino congelado. Él se golpeó el
pecho contra el salpicadero y se murió antes de que la ambulancia llegara.
83

—Tenía heridas internas —dijo—. Fue un jodido accidente. Así que las personas en
la escuela pueden decir todas las historias que quieran… pero esa es la verdad
completa.

La creí. Los chismes probablemente eran una de las razones por la cual Leigh
raramente iba a clase. Probablemente caminaba por ahí en la ropa de su novio
porque lo sentía dentro de ésta. Y supuse que no tenía sentido arreglarse cuando el
único chico que amabas nunca vería tu cara de nuevo.

—Summer no tiene idea de lo que está hablando —dijo Leigh—. No maté a mi


novio, no fue mi culpa, y ni siquiera dormí con él. Lo hice esperar porque estaba
asustada de terminar embarazada. Estaba asustada de que él huyera y
desapareciera, porque eso es lo que le sucedió a mi madre. Él era tan comprensivo y
paciente, pero lo hice esperar de todas maneras y fue la peor decisión de mi vida.
Ahora nunca tendré una segunda oportunidad. Y no estoy segura si alguna vez
querré a alguien más. La mayoría de los chicos son idiotas y farsantes.

Puse mis ojos en blanco.

—Lo sé. Te dan cumplidos que ni siquiera quieren decir.

Leigh me miró por un momento.

—¿Te estás refiriendo a Del?

Me encogí de hombros. No tenía la intención de delatarme, pero las palabras sólo


salieron de mi boca.

Ella se inclinó contra las ondas blancas de las sábanas. Luego me dijo que Del y su
novia habían roto por un tiempo y que habían regresado hace unos días, y que ella
no debería seguir criticándolo, pero iba a hacerlo porque yo debería escuchar los
hechos.

—Él es un cerdo, Ari. No lo quieres. Créeme.

—Él es… —empecé a decir, insegura de si la había escuchado bien.

—Un cerdo —dijo—. Es mi primo y lo quiero, pero realmente es infiel. Engaña a


su novia constantemente… siempre está con una chica diferente aquí. —Palmeó la
cama—. Putas, así es como Idalis las llama. Son sólo un grupo de zorras baratas
que son sacadas a la Veintitrés en la mañana.

¿Quién era Idalis? Y no podía creer que cada una de las chicas que Del trajo aquí
fuera una puta. Algunas de ellas tenían que ser chicas regulares que pensaban que
Del se preocupaba por ellas. Esa idea trajo una imagen inquietante a mi cabeza.
Imaginé a una chica linda en tacones altos y maquillaje manchado dando tumbos
sobre la acera de hollín después de una noche en estas sábanas tentadoramente
84

suaves. La vi como un árbol de navidad que es dejado en la acera con canecas de


basura y alfombras viejas y raídas como si nunca hubiera sido mejor que el resto de
la basura.

—¿Idalis? —dije.

Ella asintió.

—Su novia. Y él ni siquiera se protege. Atrapó una ETS hace dos años, no estoy
segura de cuál, escuché a mi madre y al tío Stan hablando de ello. Fue curada con
penicilina, pero Del podría terminar con sida y no se cuida. Esa no es simplemente
una enfermedad de homosexuales, ya sabes. Un heterosexual activo como Del
también puede tenerla. Quiero decir, cuando duermes con una persona, estás
durmiendo con todos con los que esa persona ha estado y… es como… algo sin fin.

—Sí —dije, porque había escuchado de todo eso antes en Educación Sexual. Pero
no estaba segura de si el resto era verdad. Una parte de mí sospechaba que Leigh
estaba refrenando mis sentimientos, como cuando una chica en secundaria no me
había invitado a su fiesta de cumpleaños y mamá había dicho: No necesitas de esa
pequeña snob engreída y su maldita fiesta. ¿Quién cree que es, de todas maneras? Su padre
pasó dos años en prisión por evasión de impuestos, por lo que escuché.

Pero otra parte de mí creía todo. Y esa parte se sentí aliviada, como si Leigh
hubiera alejado mi mano de un perro que era realmente lindo, pero que tenía
dientes afilados que podían desfigurarme de por vida.
85

Capítulo 10

Traducido por flochi

Corregido por Pimienta

C
uando las vacaciones hubieron terminado, desterré a Del de mi mente y me
enfoqué en las cosas que se suponía que eran importantes, como las
calificaciones, el dibujo y la práctica de los exámenes SAT en un grueso libro
que mamá había recogido en Barnes & Noble.

En Hollister comí el almuerzo con Summer y sin Leigh, la cual permaneció en el


extremo opuesto de la cafetería. Pero hablé con ella en la sala común y en la clase
de arte. Le di a cada uno de mis amigos especial atención para compensar la
Víspera de año Nuevo. Decidí que Summer era aceite y Leigh agua y ambas eran
valiosas a su propia manera, pero simplemente no podían mezclarse.

Pasé el primer sábado de enero en Bloomingdale’s con Summer, y el segundo en


Guggenheim con Leigh. El siguiente día acompañé a Leigh a una función matiné
de domingo de Cats en el Winter Garden Theater porque Rachel consiguió tickets
gratis. Le advertí a mamá que mantuviera mi paradero en secreto si Summer
llamaba mientras no estaba.

—Oh, Ariadne —dijo ella con una risa—. ¿Es necesario?

—Completamente, mamá —le dije—. Summer se molestaría.

—Celosa, probablemente. No está acostumbrada a compartirte.

Esa fue una aguda observación por parte de mamá. Lo tuve en cuenta cuando el
dieciséis de enero llegó y Evelyn quiso ser la anfitriona de una cena familiar en su
casa por mi cumpleaños número diecisiete. Invité a Summer y a Leigh no. Summer
había sido parte integrante en mis cenas de cumpleaños por años y Leigh no sabía
nada sobre ellas, así que no estaba rechazando a nadie. Al menos, eso fue lo que
seguí repitiéndome.

—Espero que te guste —dijo Summer.


86

Estábamos sentadas en el sofá de Evelyn en medio de un campo de papel de regalo


andrajoso, y el regalo de Summer era el último. Mamá y papá me habían dado un
anillo de una piedra granate, y Patrick y Evelyn me había comprado un suéter
imitación angora. El regalo de Kieran fue comiquísimo, un colla que él había
creado en jardín, hecho de pasta cruda. Usé el collar porque lo hacía sentirse feliz.
El rigatoni colgaba alrededor de mi cuello mientras abrí el regalo de Summer: un
encantador corazón de oro grabado con #1 AMIGA. Dijo que era su “mejor amiga
por siempre”, lo cual era realmente dulce. También le trajo galletas a Tina. Estaban
dispuestas en un contenedor extravagante con un gran arco y su nueva tarjeta de
negocio, la cual decía CATERING POR TINA. DILE A TUS AMIGOS.

Guardé la tarjeta en mi billetera. Luego nos sentamos todos alrededor de la mesa y


comimos galletas y pastel que Evelyn había traído de Carvel. Había margaritas
comestibles afuera y helado de crema sabor vainilla con esas pequeñitas cositas
crujientes de chocolate en el interior, y pensé que Summer no fue la única persona
que fue dulce el día de hoy.

Evelyn estaba de buen humor. Había perdido peso, parecía hermosa, e incluso nos
sirvió una ensalada, pan de ajo y lasaña. La lasaña estaba deliciosa, aunque era del
tipo que viene en una caja congelada.

—¿Quieres una galleta, Evelyn? —preguntó Summer.

Sabotaje. Eso fue exactamente lo que surgió en mi mente. Evelyn estaba a dieta
¿Qué estaba tratando de hacer Summer, mantener a mi hermana gordita? Quizás
Summer esperaba una oportunidad con Patrick, quien se sentaba del otro extremo
de mí pareciendo magnífico, con su cabello rubio y esas grandes manos que estaba
segura que hacía juego con otras partes grandes de su anatomía.

—No puedo —dijo Evelyn—. Weight Watchers, sabes.

Summer asintió. —Puedo verlo. Has perdido mucho peso ya.

Eso fue dulce. Estaba siendo demasiado desconfiada. Summer se excusó para ir al
baño, y papá y Patrick fueron a la sala para ver a los Rangers jugar con los Bruins.
Evelyn comió una manzana, y me sentí orgullosa de ella, se mostraba apegada a su
dieta. La quería lo bastante delgada para que cupiera en sus viejas ropas de la
secundaria que se encontraban enterradas en nuestro sótano. Había tops de tubo y
un vestido imitación de Diane von Furstenberg y jeans Jordache que mamá no
podía soportar. Son tan apretados, que se pueden notar todas tus partes privadas, solía
decir mamá. Terminarás con una candidiasis digna de las revistas médicas, Evelyn.

Nunca consiguió una infección. Y esos jeans ahora estaban una década fuera de
moda. Pero si Evelyn podía ponérselos, podría inspirarse en conseguir un nuevo
guardarropa que mamá y papá podrían comprar con algo de dinero del tío Eddie.
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Eso podría aumentar la confianza de Evelyn para que tomara clases que le enseñen
a hacer algo más que registrar comestibles en Pathmark.

—Evelyn —dijo mamá, terminando su segunda rebanada de pastel. Agarró un


cigarrillo y quise decirle que tirara esas cosas, pero supe que sería malgastar mi
aliento—. ¿Sabías que tu hermana está en el cuadro de honor otra vez?

Me avergoncé. ¿Por qué, por qué, por qué, por qué, por qué tenía que traer eso a
colación? Evelyn sacudió la cabeza y mamá sacudió su Bic y habló detrás de una
nube ondulante y amenazadora. Habló sobre mi A en cálculo y mi A en inglés, y
pensé que ella podría tener un organismo cuando sacó el tema de mi profesor de
arte.

—En la conferencia de padre-maestro —dijo mamá, ondeando sus manos


dramáticamente, sosteniendo su Pall Mall4 entre dos dedos—, me dijo que Ari está
cargada de talento y que no tendrá ningún problema en entrar a Parsons. Ningún
problema en absoluto.

No. Hay. Problema. En absoluto. Así fue como lo dijo. Y me sorprendió que alguien
con un título de grado pudiera ser tan densa. ¿Había olvidado que teníamos que
tener cuidado alrededor de Evelyn y que hablar de las buenas calificaciones y
talentos era lo mismo que llamarla un error, gorda y estúpida?

—Está bien —dijo Evelyn con una sonrisa rígida, la manera en que la gente hacía
cuando encontraba a un bebé feo. Qué lindo. Qué adorable. Esa es la cosa más horrible de
la existencia pero sonreiré y le haré cosquillas a la criatura desagradable porque es lo cortés.

Quise cambiar de tema, y estaba luchando porque se me ocurriera uno cuando


Summer regresó. Se sentó junto a mí, y Kieran empezó a hablar sobre su nuevo
juego de pistas.

—Ven y juega con mis autos, tía Ari —rogó Kieran, tirando de mi mano.

—Ahora no. Estoy de visita con los demás —dije, pero él no entendió. Se aferró a
mí.

Lloriqueó. Tiró del rigatoni alrededor de mi cuello.

—Deja a la tía Ari en paz, Kieran —dijo Evelyn—. Jugaré contigo más tarde.

Entonces ocurrió algo peor. Fue uno de esos momentos que te hace desandar tus
pasos para determinar el momento exacto en que pudiste haber evitado el desastre.
Si tan solo no me hubiera sentado por ahí en ese traje de baño mojado, no tendría esta
infección de riñón. Si no hubiera encerado los azulejos, el pobre abuelo no se habría resbalado
y roto su cuello. Si solo hubiera jugado con Kieran y sus autos, no le habría gritado a Evelyn
como si él fuera la prole de Satanás.
88

—No te quiero —dijo—. Tia Ari es mejor que tú.

Todos se quedaron en silencio. Escuché a papá gritándole a la televisión por un


penal, y a mamá decirle a Kiera que fuera a jugar a su habitación. Su voz fue baja y
ronca, y usaba el intimidante rostro que usaba con sus estudiantes. Hizo a Kieran
escaparse mientras ella aplastaba su cigarrillo en el cenicero.

Él era tan temperamental. Tal vez lo obtuvo de su madre, pero eso no importaba
ahora mismo. Todo lo que importaba era Evelyn. El verano pasado le había
advertido a Kieran que no dijera que yo era mejor y no había estado segura de si lo
había entendido, por lo que acababa de permitirle dormir en esas blasfemas sábanas
de New England Patriots

—No quiso decir eso, Evelyn —dijo mamá—. Los chicos dicen cosas extrañas.

Los dedos de Evelyn temblaron mientras limpiaba los platos de la mesa. Mamá me
señaló a mí y a Summer e hizo un gesto con la cabeza hacia la sala.

Después Summer y yo nos sentamos en el sofá y miramos el resto del partido con
papá y Patrick. Summer vitoreó y abucheó en los momentos apropiados, pero fue
borroso para mí. Tenía cosas más importantes en mi mente, como el hecho de que
Evelyn probablemente me odiaba tanto que no me querría ver ni pintada y que un
aura estaba flotando alrededor de mi ojo izquierdo y que mis pastillas para la
migraña estaban en casa.

Me senté en el estudio el sábado siguiente a la tarde, dibujando manos con un lápiz


de la caja de cedro que Summer me había regalado. Dibujé la mano de un hombre
y la mano de una mujer, entrelazadas. La del hombre estaba áspera, con venas que
se extendía desde la muñeca hasta los dedos como el patrón de una hoja, mientras
la de la mujer era delicada y suave como el marfil.

—Qué hermoso —dijo mamá desde el marco de la puerta.

Me asustó. Yo había estado mirando fijamente mi trabajo, pensando que las manos
eran románticas. Imaginé la sensación de esa fuerte mano en mi palma, sus dedos
enlazando los míos, encajando tan perfectamente como piezas de un
rompecabezas.

Probablemente se debió a que había visto a Summer tomada de la mano con Casey,
quien la había recogido de la escuela cada día de la semana pasada en su BMW.
Trababa sus manos con las de ella mientras lo besaba, y ella me saludaba desde la
ventana a media que se alejaba.
89

Era enfermizo. Pero no podía dejarla saber que me estaba muriendo de la envidia,
que deseaba que algún chico lindo me llevara a una escapada romántica mientras
mis compañeros admiraban asombrados, y no podía quejarme de ir a casa sola en
el subterráneo. Era una de las cosas por las que Summer refunfuñaría sobre Leigh,
pero colocar a un novio por encima de todo lo demás era lo esperado. Era el código
femenino o lo que sea.

—Estoy practicando, mamá —le dije a mamá—. Soy terrible en las extremidades.

Ella permaneció detrás de mí. —Al contrario. Eres muy buena.

No lo creo. Di la vuelta a una página en blanco en mi bloc de dibujo y mamá


comenzó a hablar sobre Queens. Dijo que Evelyn estaba desesperada por un
descanso de los niños, Patrick quería llevarla a alguna parte esta noche, y alguien
tenía que mirar a los chicos.

—Oh —dije, segura de que mi cena de cumpleaños había sido perdonada y


olvidada y Evelyn me necesitaba—. ¿A qué hora nos vamos?

—Bueno —empezó mamá, sentándose en la silla. Me miró como si estuviera a


punto de decirme algo importante y estuviera buscando las palabras correctas.
Había hecho lo mismo años antes cuando había explicado mi visitante mensual.
Ahora sus ojos analizaban la habitación como si las palabras correctas estuvieran
escritas en las cortinas o en las paredes—. Este es el asunto…

Este es el asunto. Esa era la frase que mamá usaba para comenzar las conversaciones
desagradables. Es lo que había dicho cuando la madre de papá murió. Ahora fue la
primera frase que mamá dijo cuando me dijo que ella y Patrick habían decidido que
sería mejor si no iba a Queens por un tiempo.

Supe que mamá no quiso decir Queens en general. No quiso decir Shea Stadium o
Flushing Meadows Park. Ella dijo Queens porque pensó que sonaba mejor que
dejarlo salir directamente y decirme que no era bienvenida en la casa de Patrick y
Evelyn.

—¿Quieres decir que no me quieren allí? —dije—. ¿Estás bromeando? Siempre me


he esforzado tanto en ayudarlos.

—Por supuesto que sí —dijo mamá en ese tono de En realidad no tienes dolor—. Pero
sabes como es Evelyn. Queremos lo mejor para ella… ¿no, Ariadne?

Habló como si yo fuera una flor delicada para manejar esto y ella tuviera que fingir
que todo estaba bien para que yo no empezara a llorar o consiguiera una migraña, y
probablemente tenía razón. Casi lloro, y mi cabeza empezó a palpitar. Queremos lo
mejor para ella, pensé. Sabía que ese nosotros eran mamá y Patrick. Por supuesto
que él se sacrificaría por Evelyn. Yo podría ser una excelente cocinera y una chica
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muy agradable, pero Evelyn era su esposa y la madre de sus hijos. Yo era
prescindible.
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Capítulo 11

Traducido por Gisse

Corregido por Nanis

H
ollister era mezquina los días en que nevaba. Descubrí esto dos días después,
luego de una nevada el domingo en la noche que hizo que cerraran la escuela
de mamá a la mañana siguiente, pero no la mía.

Mamá se paró fuera de nuestra casa echando sal de roca en los escalones de entrada
mientras yo metía mis pies en un par de botas en el vestíbulo. Les estaba subiendo
el cierre cuando llegó el Mercedes de Jeff, y mientras anudaba una bufanda en
torno a mi cuello, lo vi acercarse a mamá.

¿Qué estaba haciendo? Nuestra contrapuerta amortiguaba sus voces, y cuando salí,
se callaron y me miraron fijamente hasta que entendí el mensaje y caminé hacia el
auto, donde Summer estaba sentada en el asiento de adelante.

Ella llevaba su sombrero rosa aterciopelado y estaba feliz, lo que era tan irritante.
Se había convertido en una de esas personas que pasaban la vida sin ni siquiera una
punta partida en el cabello, y yo aún era una de esas personas que cambiaban
pañales y cuidaba niños gratis, pero aun así me trataban como una mula rentada.

―¿Estudiando? ―dijo Summer, mirando hacia el libro de SAT en mi regazo


después de que subí en la parte de atrás.

Asentí. ―¿Y tú? ¿Tienes uno de estos libros?

―No los necesito ―dijo, dándose palmaditas en la frente―. Está todo aquí arriba.

Eso también era irritante. Por supuesto que ella no necesitaba un libro de SAT,
porque no iba a estudiar. Nunca estudiaba. Yo sabía que planeaba hacer la prueba
sin haber abierto un libro y sin inscribirse en uno de esos tediosos cursos de
preparatoria los sábados por la mañana. Luego llegarían los puntajes, los de ella
serían estelares y entraría a la UCLA, donde encajaría con las rubias surfistas y con
el glamuroso estereotipo de Hollywood y olvidaría que yo existía.
92

Bien, Summer, pensé. Ve a California. Déjame aquí como la pobre y solitaria Santa Ana en
mi césped. Mírala, toda cubierta de nieve. Se esta haciendo tan vieja, la pintura en su cara se
esta resquebrajando por el clima y yo soy la única a la que le importa.

―Él le está dando a tu madre los nombres de unos pocos psiquiatras en Queens
―dijo Summer apuntando hacía Jeff y mamá―. Ella lo llamó ayer. ¿Supongo que
Evelyn está teniendo problemas de nuevo?

No sabía que mamá había llamado a Jeff ayer. Probablemente lo hizo desde el
lavadero, donde estaba cuchicheando con Patrick sobres cosas que no podía
contarme, especialmente desde que fui expulsada del santuario.

―Sí ―dije―. Está teniendo problemas de nuevo.

Summer alcanzó y apretó mi mano. ―No puedes evitar lo que dijo tu sobrino, Ari.
No fue tu culpa.

¿No lo fue? Pero me hizo sentir un poco mejor hasta esa tarde, cuando corrió hacia
el BMW de Casey con su pelo suelto, se tomaron de la mano y se besaron, y
después yo anduve en el metro hasta Brooklyn, sola.

Al día siguiente, dibujé en mi cuaderno durante la clase hasta que sentí una
palmada en mi hombro y escuché una voz ronca en mi oído.

―¿Cuál es tu problema? ―preguntó Leigh―. Te ves triste.

Le dije la verdad. Le conté acerca de Evelyn y Patrick, y escuchó atentamente antes


de invitarme a otra fiesta. Esta era en el teatro donde habíamos visto Cats.

―Necesitas una noche fuera, Ari. La fiesta es una despedida para uno de los
miembros del elenco. Mi madre la esta planificando. Se supone que va a ser el
viernes, pero puede que no porque el banquetero que contrató acaba de cancelar.
Esta buscando otro.

Pensé en la tarjeta: Dile a tus amigos de Tina. La saqué de mi billetera, y se la di a


Leigh.

―Sé que tú y Summer no se llevan bien, pero este es la empresa de banquetes de su


madre, y ella es muy confiable.

Leigh se encogió de hombros. ―A este punto contratuaríamos un asesino de


masas.

Un asesino de masas hubiera sido mejor. Porque más tarde, cuando era casi
medianoche y yo estaba estudiando para el SAT en la mesa de la cocina mientras
mamá y papá dormían en el piso de arriba, el teléfono sonó y era Summer, que no
93

estaba nada feliz porque Rachel hubiera contratado a Tina para la fiesta de
despedida.

―¿Eres retardada? ―preguntó Summer.

Retardada. Eso era peor que decirle indio a Del. ―Soy… ―empecé,
completamente confundida, pero ella me interrumpió.

―Retardada ―dijo ella―. Debes serlo si esperas que yo le sirva a Leigh Ellis como
si fuera alguna criada puertorriqueña.

Ella necesitaba unos pocos cursos de respeto a las etnias y discapacidades si quería
ser psiquiatra. Y hacerla trabajar como criada no era para nada lo que yo tenía
intención de hacer.

―Summer…

―Ari ―me interrumpió―. Si una persona es una amiga de verdad, no se relaciona


con personas que menosprecian a su mejor amiga de muchos años diciéndole
sobrenombres que están escritos en sucias paredes de baño en voz alta sólo para
individuos de clase baja.

―Leigh no es un individuo de clase baja ―dije mientras mamá y papá entraban a


la cocina con el pelo revuelto y las expresiones preocupadas que traían
frecuentemente después de las llamadas nocturnas. De repente tuve la sensación de
que mamá tenía razón… Summer no quería compartirme. Prefería cuando yo me
quedaba en casa los viernes por la noche mientras ella estaba en citas y en fiestas.

Luego escuché mientras Summer me decía que tenía planes con Casey el viernes y
que no iba a ir al Winter Garden sin importar cuánto la sermoneara Tina, y que yo
podía encontrar mi propio camino a la escuela mañana.

―Le dije a mi padre que estás enferma ―dijo―. Estoy tan enojada contigo ahora
mismo que no quiero ir a la escuela contigo por unos cuantos días. Él piensa que te
vas a quedar en casa el resto de la semana… y no te atrevas a decirle lo contrario o
nunca volveré a hablarte.

Oí el tono de marcado. Colgué el teléfono mientras mis padres me miraban


fijamente y yo sabía en que estaban pensando: ¿Era Patrick? ¿Pasó algo terrible y
tendremos que ir a visitar a Evelyn pronto al hospital presbiteriano de Nueva York?

Ambos se relajaron después de que expliqué que sólo era Summer. Papá subió y
mamá se sentó frente a mí y me preguntó qué quería Summer, entonces encendió
un cigarrillo y le conté todo.
94

―Bien ―dijo mamá―. Creo que llamaré a Jeff y le diré que estás perfectamente
sana.

―Hazme un favor y quédate fuera de esto ―dije, y la mención de Jeff me hizo


pensar en los psiquiatras en Queens y en Evelyn. Le pregunté a mamá que estaba
pasando y suspiró.

―Evelyn está viendo a un psiquiatra de nuevo. Pero no deberías preocuparte por


nada de eso.

―Por supuesto que estoy preocupada, mamá. No soy bienvenida en la casa de mi


propia hermana.

Ella abrió la ventana al lado de la mesa y echó las cenizas al aire, donde se
volvieron motas ardientes antes de desvanecerse en el viento. ―Es sólo por un
tiempo, Ariadne. Evelyn está en un estado delicado ahora mismo y se pone algo
celosa… sabes con las cosas locas que sale.

Me sentí culpable, pensando que no todas las cosas con las que salía Evelyn eran
locas y mamá lo sabía. Pero Evelyn no tenía razones para estar celosa de mí. Ella
era la que tenía rasgos refinados y ojos verdes, y el marido apuesto que hacía cosas
en su habitación que la hacían gemir y jadear.

―No debería sentirse así ―dije―. No tengo nada que Evelyn quiera.

Mamá se encogió de hombros. ―Alguna gente no sabe lo que quiere.

El viernes por la noche Leigh mandó un auto que me llevó al teatro Winter
Garden, y decidí que iba a divertirme incluso si eso me mataba. Me forcé a mí
misma a perdonar a Patrick por mantenerme fuera de Queens. Estaba segura que la
situación sólo era temporal. El nuevo psiquiatra de Evelyn probablemente iba
recomendar una medicación innovadora, y pronto ella me estaría comprando
galletas de la Sra. Fields por docenas. Así que esta noche la iba a pasar bien. Una
fantástica, espectacular noche con gente interesante de teatro y los huevos rellenos
de Tina.

Esta idea duro aproximadamente cinco minutos. Leigh me llevó a la puerta


principal y yo la seguí dentro del teatro, donde caminamos bajo un cielo de oro
chillón, pasamos filas de asientos vacíos y a través de una gran cortina roja.
Entonces escuché música jazz y voces y vi a Summer.

Estaba sirviendo canapés de trufa en una bandeja y se veía miserable. Su boca era
dura y arrastraba los pies, y Rachel lo empeoraba todo.
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Ordenaba a Summer en un tono afilado y condescendiente, y yo sabía por qué. Era


culpa de Summer que el bebé de Rachel hubiera llorado en Nochevieja y esta era su
venganza.

―Summer ―dijo Rachel, subida en un par de tacones de aguja y un vestido a


juego―. Cada fiesta tiene un aguafiestas, pero no pago para tener uno en la mía.
Pon una cara feliz, cielo. Y limpia ese desastre de ahí… en la derecha escénica. Mis
invitados se están achispando y derramando sus tragos.

Summer miró alrededor. ―¿Derecha qué?

Escuché a alguien reírse. Rachel también lo hizo, como si todo el mundo debiera
estar familiarizado con las direcciones escénicas.

―Derecha escénica ―Rachel dijo apuntando con un dedo larguirucho―.


¿Derecha, izquierda… lo entiendes?

Summer lo entendió. Agarró algunas servilletas y se agachó en el piso, y yo me


compadecí de ella.

Rachel actuaba como si fuera de la realeza y Summer fuera una campesina, y Tina
sólo se preocupaba de su negocio. Tengo una reputación, ya sabes. Ella esperaba que
Summer fuera educada sin importar nada. Me alegré de haber llevado mi medicina,
porque tenía dolor de cabeza. Así que encontré un baño, puse mi boca bajo el grifo,
y tragué dos píldoras.

Leigh estaba esperando afuera cuando salí. ―Mi brazalete se perdió ―dijo.

Yo estaba sudorosa. Quería irme a casa porque todo este desastre era mi culpa.
Pero no podía ir a ningún lugar. El brazalete de identificación de Leigh había
desaparecido y ella estaba entrando en pánico.

Buscamos por todos lados: las bambalinas, en el escenario, en cada fila del teatro.
Estábamos buscando en el vestíbulo cuando entró Rachel, preguntando por qué
habíamos abandonado la fiesta.

―No puedo encontrar mi brazalete ―dijo Leigh, y empezó a llorar. Deseé que ella
hubiera llevado esa cosa a un joyero como Del había sugerido.

―No esta aquí, bebé ―dijo Rachel después de otra búsqueda, y luego ella, Leigh y
yo fuimos tras bambalinas, donde todo el mundo intentó ayudar. Finalmente Tina
le dijo a Leigh que no se preocupara, que ella y Summer iban a limpiar después de
la fiesta y si el brazalete estaba allí, iban a encontrarlo.

Los ojos de Leigh se clavaron en Summer, quien estaba parada en la izquierda


escénica con una bandeja de bollos Gorgonzola en sus manos, obviamente
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escuchando nuestra conversación a escondidas. El labio de Leigh temblaba


mientras miraba a Tina. ―¿Qué pasa si ella lo encuentra? ―preguntó Leigh,
señalando a Summer con la cabeza.

Tina miró por sobre su hombro y luego de nuevo a Leigh. ―¿Te refieres a mi hija?
Si lo encuentra te lo dirá. ¿Por qué no lo haría?

La historia era demasiado larga para contarla, y de cualquier manera nosotras no le


habríamos contado a Tina los detalles sórdidos. Leigh se encogió de hombros y
Rachel dijo que ella y Leigh se fueran a casa, pero Leigh negó con la cabeza.

―Siempre arruino tu diversión, mamá. Quédate aquí. Iremos con el tío Stan por un
rato. Solamente necesito usar el baño primero.

Ella se alejó y yo me moví a través del escenario, donde Summer estaba inclinada
sobre un mesa y rellenado su bandeja.

―Summer ―dije acercándome a ella―. Le dirás a Leigh si encuentras su brazalete,


¿lo harás? Creo que era de su novio, y significa mucho para ella.

Ella se enderezó y puso una mano sobre su cadera. ―Claro que lo haré, Ari. ¿Qué
clase de persona crees que soy?

Unos pocos minutos después, el chofer nos estaba llevando Leigh y a mí lejos del
Winter Garden mientras Leigh se secaba las lágrimas y yo me obsesionaba con
Summer. Me mantuve callada mientras el chofer nos llevaba al Upar East Side,
donde encontramos al tío de Leigh en el vestíbulo de su lujoso penthouse. Lo llamé
señor Ellis y él no me corrigió.

―¿Esta Blake aquí? ―preguntó Leigh.

―Está estudiando ―dijo el señor Ellis.

Ella puso una cara amarga. ―Necesita relajarse.

―Necesita quedar en la lista del decano, y lo hará. Blake sabe que yo he tenido mi
parte de decepción… no me dará más.

Estaba segura de que se refería a Del. Pensé en la pelea con el estudiante de


ingeniería y la expulsión de la universidad y la ETS, cualquiera que fuera. También
pensé en Evelyn, y me pregunté si Blake y yo teníamos algo en común. Ambos
tratábamos de arreglar algo que ni siquiera habíamos hecho.

―¿Dónde vas a esta hora, tío Stan? ―preguntó Leigh, y él dijo algo acerca del
trabajo y un cliente. Entonces se cerraron las puertas del ascensor y ella me llevó a
la cocina, donde se sentó a la mesa y sonó desesperada―. Ese brazalete era de mi
novio. Si no lo recupero… juró que me mataré.
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―Para con eso, Leigh. ―Escuché a alguien decir, y me volví para encontrar un
hombre joven detrás de mí―. Nunca digas eso de nuevo.

―No puedo evitarlo, Blake ―dijo mientras caían lágrimas de sus ojos.

Él se sentó junto a ella. Me sorprendió que éste fuera Blake el estudioso, porque no
parecía estudioso. Usaba jeans y una camiseta sobre un cuerpo que era de estatura
promedio con músculos que rivalizaban con los de Patrick, tenía un mechón de
pelo castaño profundo que se paraba en su cabeza, y sus ojos eran de un azul
mucho más brillante que el los míos.

―¿Estás bien? ―dijo cuando Leigh terminó de llorar, y yo quise que dijera algo
más porque su voz era tan suave y calmada. Leigh asintió y se disculpó para ir al
baño, y nosotros estábamos solos―. Blake Ellis ―dijo, moviendo su mano a través
de la mesa, con una sonrisa varonil digna de un comercial de Colgate―. Por favor
perdona el drama familiar.

Sus dos dientes frontales eran ligeramente más largos que el resto, y había algo
lindo en eso. De pronto me avergoncé de mis dientes imperfectos, pero ¿qué
importaban? Probablemente Blake no era mejor que Del, y yo no tendría una
oportunidad con él incluso si mis dientes no estuvieran sobrepuestos. Así que
estreché su mano y le devolví la sonrisa.

Mamá no escuchó cuando le dije que no le dijera a Jeff acerca de mi perfecta salud,
lo hizo a escondidas, y la próxima cosa que supe, fue que era lunes en la mañana y
Summer y yo estábamos sentadas en el sofá en mi sala de estar. Mamá se paró en la
alfombra con sus brazos cruzados mientras Jeff nos aconsejaba a Summer y a mí
que solucionáramos esto como adultas. Yo quería solucionarlo. Summer hizo una
gran actuación. Fingió entender que yo sólo quería ayudar a Tina cuando le di la
tarjeta de su negocio a Leigh, y me abrazó cuando terminó la conversación, pero
fue lo más falso que había visto. Era peor que un beso al aire o esas personas que
decían "Almorcemos".

Luego ella y yo estábamos en Hollister y recordé el brazalete de Leigh mientras


pasábamos las puertas de hierro. Le pregunté a Summer si lo había encontrado, y
me miró con el asco que usualmente reservaba para una goma de mascar en la
suela de sus zapatos Gucci.

―¿Que si encontré qué, Ari?

―El brazalete de Leigh ―dije.

―Oh, eso. ―Ella sacó su espejo compacto y examinó su brillo labial mientras
atravesábamos la entrada y pasábamos la placa de Frederick Smith Hollister―. No
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estaba en el teatro. Buscamos en todos lados. Leigh debe haberlo perdido en otro
lugar.

―¿Estás segura? ―dije.

Summer cerró el espejo bruscamente y dejó de caminar. Estábamos cerca de una


hilera de casilleros y una multitud de estudiantes pasó alrededor de nosotros.

―Sí, estoy segura ―dijo, con sus ojos brillando―. ¿Qué estás insinuando?

Se veía tan ofendida que me sentí culpable por hablar de eso. Tal vez tenía razón, la
había conocido desde siempre, tenía sus defectos, pero no era ese tipo de persona.
No debí acusarla de robar el brazalete de un chico muerto.

―Nada ―dije antes de dirigirme a clase.

Algunos días después, estaba sentada con Leigh en la cafetería. Summer estaba
comiendo pizza en el departamento de su amiga y yo no había sido invitada.

―¿Estás realmente segura de que Summer no tiene mi brazalete? ―preguntó Leigh.

―Estoy segura ―dije―. Sé que puede ser un poco desquiciada algunas veces, pero
lo hace sin intención. Es una buena persona por dentro. No haría algo así.

Leigh suspiró fuertemente. ―Supongo que desapareció y tendré que aceptarlo.


―Luego ella empezó a hablar de California, y yo casi me atraganto con mi
hamburguesa.

―¿Te vas? ―dije, preguntándome si mi destino era estar sola.

Leigh asintió y me contó que su tío tenía un condominio en alguna ciudad llamada
Brentwood, y que ella y Rachel se iban a mudar ahí en junio. El señor Ellis también
tenía un amigo cercano cuya tía era la directora de una escuela privada donde
Leigh sería aceptada en su último año, y otro amigo que era un productor
cinematográfico con contactos que podían llevar a Rachel a un contrato como
maquilladora en la Warner Brothers.

―Necesito una nueva atmósfera ―dijo Leigh cuando me di cuenta de que no


llevaba nada que dijera Suny Oswego, lo que era algo bueno, Así que sonreí y
escuché mientras me contaba que iría a UCLA porque su familia había hecho
donaciones allí y seguro que entraría.

UCLA. Claro. Imaginé a UCLA rodeada de palmeras y aceras con nombres de


gente famosa inscritas en el cemento. La vi como un gran imán con el poder de
arrastrar a mis amigos a través del país. Pero no dije nada negativo porque Leigh
parecía entusiasmada, y cambió de tema preguntándome acerca de mis planes para
la universidad.
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Mencioné Parsons y sonó aburrido. Pero tal vez yo era la aburrida porque no estaba
interesada en Brentwood o ningún lugar que no fuera este. No quería estar lejos de
mis padres, y no podía irme lejos de Patrick y Evelyn y los chicos, incluso si ellos
no querían hablarme de nuevo.

―El tío Stan conoce gente en Parsons ―dijo Leigh―. Él puede hacerte entrar.
¿Quieres trabajar en arte?

―Algo así, quiero enseñar. Pero tú vas a ser una artista real, ¿no?

―No ―dijo―. Mi arte es mío.

Eso tenía sentido. Su arte era de ella y mi arte era mío, y yo quería mantenerlo
oculto en mi estudio como un bebé recién nacido porque nunca nadie iba a amarlo
tanto como yo. Así que asentí y Leigh empezó a hablar acerca de enseñar a
universitarios, y algo acerca de conseguir una maestría y un doctorado, y sugirió
que yo fuera una profesora de arte.

―Eso es lo que Idalis está pensando hacer. Y tú eres mucho más inteligente que
ella, Ari.

No tenía idea de quién estaba hablando, hasta que me lo recordó: Idalis, calle
veintitrés, la puta en la cama de Del. Según Leigh, Idalis estaba terminando su
maestría en literatura española. Iba a empezar su doctorado en otoño, y yo podría
reunirme con ella y conseguir consejos para mi carrera si iba al departamento del
señor Ellis a cenar el sábado en la noche.

―Tienes que venir, Ari ―dijo Leigh―. No será nada divertido sin ti. Del va a estar
ahí pero, ¿a quién le importa? De cualquier manera no lo quieres.

No realmente. Tal vez un poco. Pero Del era un cerdo, así que empecé a pensar en
otras cosas como ojos muy azules, una sonrisa Colgate, y una voz suave que me
ponía la carne de gallina. La posibilidad de que Blake también estuviera en la cena
hizo que aceptara la invitación de Leigh.
100

Capítulo 12

Traducido por Vannia

Corregido por Johana^^

I
dalis Guzman era más grande que Del. Me enteré, en la cena de cuatro tiempos
servida por dos criadas en el penthouse del Sr. Ellis, que ella tenía veintiséis años,
era de Venezuela y no tenía una relación seria con su novio.

—No puedo casarme con este chico —dijo ella en un inglés perfecto con un acento
que era aún más atractivo de lo que yo esperaba—. Entonces mi nombre sería Idalis
Ellis.

Ella tenía el cabello como el de Rapunzel. Era color miel oscuro y le bajaba hasta la
cintura, pero no del tipo recortado como en esos programas diurnos donde las
mujeres se descuidaban y necesitaban un tratamiento. El suyo era brillante y con
estilo. Su rostro no era el más lindo, pero su habilidad para aplicar maquillaje lo
compensaba. Vestía ropas elegantes y joyas caras, y tenía un porte como si se
tratara de alguien especial.

—Si quieres enseñar —me dijo cuando estábamos comiendo nuestro segundo
platillo, que consistía en algo que nunca antes había visto llamado puerros
salteados—, el nivel universitario es el camino a seguir. Una vez que consigas la
permanencia, harás dinero y tendrás un horario flexible, por lo que puedes trabajar
y todavía tener tiempo para un esposo e hijos. Puedes tenerlo todo, como dicen.

Podría tenerlo todo. Me imaginé a mí misma como una profesora: me pararía en el


salón de clases y daría discursos sobre Picasso a estudiantes universitarios ansiosos.
Luego volaría a Brooklyn, donde viviría en una de esas casas elegantes en Park
Slope, la cual sería capaz de pagar con mi salario, y me gustaría ser recibida en la
puerta por mis adorados hijos, que serían tan adorables como su padre.

Esa idea me entusiasmó, fue esperanzadora y me hizo desplazar mi mirada de


Idalis a Blake. Él estaba frente a mí, sin comer sus puerros, y sus ojos me
recordaron a una canica que había tenido cuando tenía nueve años. Tenía un
montón más, pero esa era mi favorita, porque era transparente con una veta
brillante de azul zafiro a la que me quedaba mirando y sostenía contra el sol. Luego
101

un día desapareció. Mamá me llevó a Woolworth’s para encontrar una igual, pero
no busqué lo suficiente, sabía que algo tan bello sólo venía una vez.

—No necesitas toda esa mantequilla en el pan, Stan —dijo Rachel luego de que el
plato principal fuera servido—. Y ve más despacio. Estás comiendo demasiado
rápido.

El Sr. Ellis estaba sentado en la cabecera de la mesa. Cavando en un trozo de carne


y parecía molesto. —Me tengo que ir pronto, Rachel. Voy a reunirme con un
cliente.

Idalis se rió. —Un cliente, seguro. Creo que tienes algunas amiguitas escondidas
por todo Manhattan. Y deberías escuchar a tu hermana. No quieres otro ataque al
corazón.

—Eso fue hace tres años —dijo—. No va a volver a pasar.

Todavía parecía molesto, lo mismo que Blake, entre cena y postre. Yo estaba en el
baño del piso de arriba cuando escuché su voz y la de Del en el pasillo. Estaban
discutiendo, y presioné la oreja contra la puerta.

—Dile a tu novia que cuide su boca —dijo Blake.

Del rió. —¿Por qué? Sabes que tiene razón. Papá mantiene ese apartamento en el
centro para quien sea que él pase para follar en el momento. Puede pretender que es
fiel a la memoria de mamá todo lo que quiera, pero eso es sólo su habitual
hipocresía de mierda.

Papá y mamá. Eso me recordó de nuevo a Elvis, a pesar de que Del y Blake
hablaban como nativos de Nueva York. Escuché mientras Blake decía que Del no
tenía ningún respeto por su padre y Del dijo que su padre mantenía a Blake con una
correa, y luego Del comenzó a hablar sobre alguna chica en Georgia.

—Tienes el descaro de criticar a Idalis —dijo Del—. Ella es mejor que esa pequeña
rubia teñida pedazo de basura con la que te acostaste por dos años.

Qué escándalo. Y muy interesante. La parte educada de mí quería abrir el grifo


para ahogar la conversación, pero la parte entrometida moría de ganas por escuchar
lo que iba a pasar. Así que me quedé donde estaba mientras Blake y Del se
enfadaban.

—No hables de ella —dijo Blake.

—¿Por qué? —preguntó Del—. Ella te deja sin ninguna explicación, desaparece sin
ni siquiera una llamada telefónica ¿y todavía la defiendes? Es patético, Blake. Sigue
con tu vida y deja de lamentarte por esa chica. Sé un maldito hombre, por el amor
de Cristo.
102

Y eso fue todo. Escuché pasos en las escaleras, me lavé las manos y me reuní con
todos en el comedor, donde una criada estaba llenando las tazas de café y otra
prendía fuego al crème brûlèe con un mini soplete.

Blake no comió nada. Del devoró su postre y se tomó dos tazas de café mientras yo
lo comparaba con su hermano. Tenían la misma altura, y ambos tenían cabello
oscuro y las mismas manos. Del era extrovertido y vestía elegantemente, mientras
que Blake era tranquilo y vestía ropa informal. Su rostro no era tan apuesto como el
de su padre, pero era mucho mejor que el de Del. La nariz de Blake no era aguileña
y no había ninguna cicatriz en su boca. No había manera de que Summer pudiera
acusarlo de tener algún defecto de nacimiento.

—¿Qué pasa? —le preguntó Leigh a Blake cuando ella, Rachel y yo entramos al
vestíbulo con él, poniéndonos nuestros abrigos. Él negó con la cabeza y ella le
acarició la mejilla, le dio ánimos, y sugirió que fueran a patinar al Rockefeller
Center mañana.

—Me encanta Rockefeller Center —dije, sorprendida por mi atrevimiento. Estaba


pescando una invitación, a pesar de que no debería porque tenía un examen de
química el lunes. La química adormecía mi mente. Tenía que trabajar muy duro en
esa clase para permanecer en el cuadro de honor, así que había planeado estudiar
mañana, pero Blake necesitaba ánimos y esto era una buena escusa para verlo de
nuevo.

Leigh miró entre Blake y yo. —Oh —dijo—. ¿Quieres venir también, Ari?

Más que cualquier otra cosa. Asentí, y Leigh le dijo a Blake que nos reuniríamos con
él a medio día. Luego estuve en la parte trasera de un sedán con Leigh y Rachel, y
Rachel me señaló.

—Blake sería perfecto para ella —dijo, y me avergonzó haber sido tan transparente.
Pero Rachel lucía como si la idea fuera suya.

Leigh me miró y de nuevo a Rachel. —Ari no quiere tu consejo sobre citas.

—Ahora, Leigh —dijo Rachel calmadamente, alisando el cabello de Leigh. Leigh


tenía una expresión perturbada en su rostro y sus labios estaban fruncidos—. Los
tres pueden ser amigos. Estoy segura de que Ari quiere ser amiga de tuya y de
Blake.

Eso es cierto, pensé. Quiero ser amiga de ambos. Los tres podemos ser amigos y quiero el
consejo de Rachel sobre citas, así que cállate, Leigh.

Rachel se giró hacia mí y comenzó a hablar como una casamentera chismosa. —


Blake es un buen chico, Ari. No anda merodeando como Del. Y es inteligente,
también. Es estudiante de segundo año en la NYU.
103

—¿Entonces tiene diecinueve? —pregunté.

—Veinte —dijo Leigh, y me pregunté sí Blake no había comenzado la universidad


justo después de la preparatoria, si es que era una de esas personas que iban a vagar
por Europa por un año para encontrarse a sí mismos. Pero ella explicó que se había
roto una pierna cuando tenía ocho años y estuvo fuera de la escuela por un tiempo,
así que tuvo que repetir el tercer grado porque iba a una escuela a la que la familia
Ellis no había donado dinero. Me sorprendió que dicho lugar existiera.

—Del rompió la pierna de Blake —dijo Rachel.

Leigh le dio un empujón. —No digas eso, mamá.

—Es la verdad, ¿no? —preguntó Rachel, luego me miró—. Fue después de la


muerte de su madre. Se pelearon y Del empujó a Blake por las escaleras. Ese es el
tipo de temperamento que tiene.

Leigh le dijo al conductor que encendiera la radio y nos quedamos en silencio. Él


dejó a Leigh y a Rachel en su edificio, luego me llevó a casa, donde mamá estaba
esperando en la sala de estar. Había sándwiches y leche caliente sobre la mesa de
centro y ella quería que le dijera todo. Así que nos sentamos en el sofá y le describí
el crème brûlèe y los cuatro platillos, y le pregunté si alguna vez había comido
puerro.

—Una vez —dijo—. En una elegante fiesta de aniversario.

Luego saqué a colación mis nuevos planes. Hablé acerca de enseñar en la


universidad y de convertirme en una mujer con carrera que podría tener también un
esposo e hijos y una casa en Brooklyn con un jardín de flores y una hamaca atada
entre dos árboles en el patio trasero, y mantuve cerrados los ojos para ver todo eso.
Pero cuando los abrí, mamá tenía una expresión en blanco en su rostro, y eso fue
muy desilusionador.

—¿Por qué querrías vivir en Brooklyn? —preguntó—. Y ser una profesora de


universidad no es lo que te imaginas. Los puestos son difíciles de encontrar, y nadie
hace dinero hasta que se consigue la permanencia, lo que no siempre pasa. —Se
puso de pie y sacudió las migajas de su bata de baño—. No tengas prisa por tener
hijos, tampoco, Ariadne. Sólo mira a Evelyn. No es exactamente el retrato de la
satisfacción.

Mamá se fue a la cama así que yo también fui, pero estaba demasiado abatida
como para dormir. Pasaba de mirar el techo y a través de la ventana, deseando que
pudiera ser lo que mamá quería. Me hubiera gustado ser como Summer, que no
tenía miedo de ir a la UCLA o de poner una nota en la mano de un hombre
muerto. Probablemente ella haría todo tipo de cosas aventureras que a mí me
asustaban, como salir de Brooklyn para siempre y viajar sola alrededor del mundo.
104

Probablemente se convertiría en una de esas mujeres independientes que no se


preocupaban por los niños adorables y los jardines de flores ni las hamacas.

Había un viejo par de patines de hielo en nuestro sótano. Los busqué a la mañana
siguiente, recordando que habían sido un regalo de cumpleaños a los catorce de
parte de mamá y papá para Evelyn, y papá había dicho que eran un desperdicio
total porque Evelyn sólo los había usado una vez.

Tenían que estar en alguna parte, escondidos dentro de una caja de cartón o
enterrados en una de los compartimentos de plástico contra la pared. Estaba
buscando en una caja que decía “EVELYN” cuando escuché pasos en las escaleras.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó mamá.

Los patines no estaban en la caja. Vi un bolso de macramé, un recipiente lleno de


conchas marinas y un par de pantalones de mezclilla Jordache que me pusieron
triste. Pero mi estado de ánimo ya era pésimo de todas formas porque mamá había
aplastado mis sueños anoche, y ahora no quería verla. Murmuré que necesitaba
encontrar los patines de Evelyn, y ella comenzó a buscar conmigo.

—¿Sólo van a ser Leigh y tú hoy? —preguntó, sacando un espantoso vestido de


cachemira de una caja—. ¿No invitaste a Summer?

—Summer siempre está ocupada con su novio —dije, observándola sostener el


vestido contra ella. Era de una talla ocho, y pensé que mamá debía enfrentar la
realidad y donarlo a la caridad—. Ya sabes.

Ella debió haber leído mi mente. Arrojó el vestido a una bicicleta de ejercicio que
nadie jamás había usado. —¿Y está toda tu tarea hecha?

—Sí —dije impacientemente, y mamá puso sus manos sobre las caderas. No la
estaba viendo, yo estaba agachada, esculcando en una caja llena de vieja ropa
mohosa, pero la vi por el rabillo del ojo y me hubiera gustado que ella simplemente
se fuera y comiera algo.

—No seas insolente, Ariadne. Quieres entrar a Parsons, ¿no?

Me incorporé. —Leigh me dijo que su tío tiene conexiones allí.

Mamá encontró los patines. No había ni un rasguño en ellos, pero no eran


exactamente como los recordaba. Pensaba que eran blancos o color marrón, o algo
menos ridículo que el plateado con cordones del color del arco iris y con
relámpagos morados cosidos en el cuero.

Ella los empujó hacia mí. —¿Qué quieres decir con que su tío tiene conexiones?
105

No era de extrañar que Evelyn sólo hubiera usado los patines una sola vez. No
podían haber tenido estilo ni siquiera en 1976, cuando los adolescentes andaban
con pantalones acampanados con peines sobresaliendo de sus bolsillos traseros. Así
que hundí los patines en una caja y me giré hacia mamá. —El tío de Leigh conoce
gente en Parsons. Él me puede meter. Mis calificaciones probablemente no
importarán.

Bien podría haberle dicho que estaba en “problemas”. Por cómo ella me miraba
horrorizada. —Nosotros —dijo, pronunciando la palabra con un tono virtuoso,
como si estuviera a punto de decir Nosotros los Kennedy o Nosotros los Vanderbilt—, no
necesitamos las conexiones de nadie. Nos valemos por nuestra propia cuenta en
esta familia y lo sabes.

Lo sabía. Me sentí como una superficial perezosa que quería escapar los exámenes
de práctica freidores-del-cerebro SAT, y que simplemente no era lo que me
educaron ser. Así que asentí. Estaba a punto de subir las escaleras cuando mamá
recogió los patines y los sostuvo en el aire.

—¿Olvidas algo? —preguntó, y no pude decir que no iba a usar esas horribles cosas,
porque mis padres los habían comprado con su dinero arduamente ganado y no
tenía sentido pagar por unos patines rentados en Rockefeller Center cuando esos
estaban prácticamente nuevos.

Eran ajustados, sin embargo. Dolorosos, incluso. Forcé a mis pies a entrar una hora
más tarde mientras estaba sentada en una banca en el Rockefeller Center con Leigh,
y ella era demasiado amable como para decirme alguna crítica.

Cuando Blake se presentó, se sentó junto a mí. Deslicé mis pies debajo de la mesa,
esperando que él no viera mis estúpidos relámpagos morados.

Yo vi otras cosas. Vi sus ojos extremadamente azules y el viento sacudiendo su


cabello mientras él se inclinaba a atar sus patines.

—¿No vienes? —preguntó.

—Tengo dolor de cabeza —mentí. Le dije a él y a Leigh que fueran sin mí y


desaparecieron en el enjambre de personas que se deslizaba sobre el hielo,
escuchando música de piano de esos especiales navideños de Charlie Brown.

Actué rápido y me desaté los patines, los metí en mi mochila y me puse las botas
para no ser humillada delante de Blake, aunque no estaba segura de por qué me
importaba. Él estaba patinando dando vueltas alrededor de la pista sin tropezarse o
detenerse a atarse algún cordón suelto, y sentí que tenía las mismas oportunidades
con él que con Del.
106

Observé de todas formas, mientras él pasaba zumbando por la bandera de Estados


Unidos, la bandera japonesa y otras banderas que no podía nombrar, pero dejé de
observar cuando escuché un golpe sordo.

Había un chico en el hielo a sólo unos cuantos metros de mí. Tenía cerca de diez
años, y se había caído sobre su brazo. Alguien patinó encima de su gorra después
de que se hubiese caído.

—¿Estás bien? —dije, saltando de la banca. Me puse sobre él, ofreciéndole mi


mano, y lo levanté, lo que no fue fácil porque era un niño regordete—. ¿Te
lastimaste el brazo?

—Sí —dijo, frotándolo con su mano enguantada.

—¿Estás solo?

Él asintió. —Mi madre fue a Saks. Le prometí que sería cuidadoso, pero ahora mira
lo que he hecho. Mi brazo probablemente esté roto. —Se estaba poniendo todo
nervioso.

—No te preocupes. Yo puedo revisar tu brazo —dije, recordando la clase que


Evelyn me había dado hace algunos años, en la que había aprendido sobre RCP y
diagnostico de huesos rotos. Así que revisé si había hinchazón y moretones y le
pregunté si había escuchado algún chasquido o crujido cuando cayó. Él negó con la
cabeza cuando Leigh y Blake regresaron—. Estás bien —dije, cerrando su chaqueta
hasta su barbilla.

Se sentó con nosotros hasta que su madre apareció al otro lado de la pista, viéndose
preocupada y llevando bolsas de compra. Me dio las gracias antes de que ella y su
hijo se fueran, y Blake sonrío después de que se hubieran ido.

—Eres buena con los niños —dijo.

Él estaba de nuevo junto a mí en la banca. Sus ojos estaban fijos en mi rostro y me


puso nerviosa. Me preocupaba que mi mascara de pestañas se hubiera acumulado
en mis lagrimales o que hubiera una mancha de lápiz labial sobre mis dientes.

Me encogí de hombros. —Mi hermana tiene dos. Estoy acostumbrada a ellos.

Alzó sus cejas. Parecía interesado. Supuse que él simplemente estaba haciendo
conversación y que regresaría a patinar con Leigh, pero no lo hizo.

—¿No quieren patinar conmigo? —preguntó, parada sobre el hielo, sus ojos
dirigiéndose de mí a Blake—. ¿Tu dolor de cabeza está mejor, Ari?

No, Leigh, pensé. Mi falso dolor de cabeza no está mejor. —Aún no —dije.
107

Ella se mordió una uña, luciendo decepcionada. —¿Estás segura? ¿Quieres buscar
una farmacia y conseguir alguna aspirina? Puedo quitarme los patines para cruzar
la calle y…

La interrumpí. —No, estaré bien.

Ella asintió y se alejó patinando con una mirada malhumorada en su cara. Luego
me quedé sola con Blake, escuchando el tintinear de las teclas del piano y el aleteo
de las banderas al viento.

—¿Leigh está bien? —pregunté.

Él se encogió de hombros, observándola arrastrar los pies al otro lado de la pista. —


Ha pasado por mucho últimamente… y es demasiado para lidiar por sí misma. Es
bueno que ella y tú salgan a pasar el rato. Necesita una amiga, especialmente una
que tiene mucho en común con ella… me refiero al arte y todo —dijo, y de pronto
me sentí mal de que Leigh estuviera patinando sola. Luego Blake cambió de
tema—. Mencionaste a tu hermana… ¿qué edad tiene?

—Veintitrés. Tiene un hijo de cinco años y un bebé —dije sin pensar. Veintitrés
menos cinco, ahora él sabría que ella era una madre adolescente. Pero Rachel
también lo fue, y él no parecía estar restando. Estaba sonriendo y mirando al cielo
nublado.

—Lindo —dijo melancólicamente—. Es bueno tener tus hijos cuando eres joven.

No tan joven, pensé. Luego dijo que Leigh había mencionado que yo tenía un
cuñado que trabajaba en el Departamento de Bomberos. Blake dijo que él siempre
había querido ser bombero, lo que era muy irónico, en mi opinión. La gente que
vivía en el Upper East Side generalmente no se convertía en bombero.

—Los bomberos no van a la NYU —le dije.

—No —dijo—. Los abogados sí.

—¿Entonces quieres ser un abogado como tu padre?

Sonrió, pero no era una sonrisa feliz. Era una sonrisa torcida que sólo levantaba
una comisura de su boca. —No exactamente. Mi padre quiere que yo sea abogado
como mi padre.

Lo entendí. Y yo tenía razón sobre que ambos teníamos algo en común. Me di


cuenta, mientras estábamos sentados en la banca y platicábamos mientras que
Leigh daba vueltas y hacía ochos alrededor de la pista, que Blake tenía que
compensar a Del de la forma en que yo tenía que compensar a Evelyn. El Sr. Ellis y
mamá fueron cortados con la misma tijera. Querían lo mejor para nosotros, pero
nunca nos preguntaron qué es lo que nosotros queríamos.
108

—Mi madre espera que yo me convierta en una artista —dije después de que Blake
me dijera que se supone que él se haría cargo de Ellis & Hummel algún día—.
Como si esa fuera una meta práctica.

Él sonrió. Esta vez usando ambas esquinas de su boca. —Bueno, tal vez lo sea.
Deberías mostrarme tu trabajo alguna vez.

Asentí al mismo tiempo que el sol se asomaba por detrás de una nube. Un rayo
golpeó directo en el ojo derecho de Blake, y decidí que mi canica pérdida
finalmente tenía un igual.
109

Capítulo 13

Traducido por Suri

Corregido por *Prisper*

E
stábamos en los últimos días de marzo. La temperatura estaba aumentando,
y un césped del color de la sopa de guisantes se abría paso a través de la nieve
a medio derretir, lo que me recordaba a los cañones espinosos en la cabeza
de un calvo. El invierno había desgastado la mayor parte de la nariz de Santa Ana.
Todo era tan deprimente que nunca miraba más a nuestro jardín.

—¿Qué te parece? —preguntó Summer.

Papá estaba abajo viendo el partido de los Knicks de los domingos por la tarde.
Mamá estaba en la casa de Evelyn, ayudando a cuidar de Shane porque tenía
varicela. O al menos, eso era lo que yo pensaba que estaba haciendo. El flujo de
información se había reducido al mínimo desde que no había sido aceptada en
Queens.

Ahora miré a Summer, que había abierto mi cortina. La había estado manteniendo
cerrada últimamente para bloquear la penumbra del césped. Pero ella tuvo la
desfachatez de abrirla para que pudiera ver la rosa roja que se había tatuado en su
tobillo cuando estaba en Key West con Casey para las vacaciones de primavera.

—Bonito —le dije, porque lo era. Pero me sentía tan deprimida que mi voz salió de
esa manera.

—Nuestras iniciales están en los pétalos —dijo, señalando una S y una C escrita en
caligrafía—. ¿No es romántico?

Casey todavía estaba en Florida. Él se quedaría allí por unos días más, sabía que
Summer estaba aquí porque estaba aburrida sin él. El único contacto que teníamos
últimamente era en el Mercedes de Jeff todas las mañanas entre semanas, y el
romance no era un buen tema para mí en este momento. Semanas habían pasado
desde el Rockefeller Center, y Blake nunca había preguntado para ver mis dibujos o
cualquier otra cosa.

—Seguro —me obligué a decir.


110

—Y la C será fácil de cambiar cuando nos separamos.

Parpadeé. —¿Por qué conseguir el tatuaje si estás pensando en romper?

—Ari —dijo en un tipo de voz sensible, de psiquiatra—. Las posibilidades de que


Casey y yo vayamos a vivir felices para siempre son pocas, ¿no crees? Además, no
me voy a conformar con el primero que llega. Necesito experiencia. Y conseguir la
rosa fue una experiencia también.

Estudié el tatuaje, imaginando una afilada aguja inyectando la tinta de color rojo y
negro y verde debajo de su piel. —Debió de doler —le dije.

—Lo mismo sucede con el sexo la primera vez que lo haces, pero no dejo que eso
me detenga.

Suspiré. Esto era una noticia tan vieja. —Lo sé. Me lo has dicho cincuenta veces.

Se sentó en mi colcha. —Bueno, yo solo te advierto por si alguna vez consigues un


novio.

Como sea. Observé la cremallera de sus botas mientras mi mente se desplazaba de


nuevo a su tatuaje. Esto me hizo pensar en agujas sucias y SIDA y personas en las
unidades de aislamiento en hospitales, consumiéndose con dolorosas ampollas en
cada centímetro de su cuerpo. Estaba a punto de preguntar si la tienda de tatuajes
había tomado las precauciones necesarias cuando ella cambió de tema.

—Esa Rachel Ellis es una perra incluso más grande que su hija. “Izquierda
escénica, derecha escénica...” —dijo ella, imitando a Rachel indicando con su
dedo—. Pero mi madre está toda emocionada acerca de ella, porque nos consiguió
una nueva cuenta. Una firma de abogados o algo así.

—¿Quieres decir Ellis y Hummel?

Ella asintió con la cabeza. —Vamos a estar manejando sus reuniones de negocios y
otras cosas a partir de finales de esta primavera. Creo que es en el edificio Empire
State.

El piso noventa y ocho, pensé. Entonces me puse nerviosa porque Summer podría
conocer a Blake, que probablemente querría a otra rubia blanqueada para sustituir a
la de Georgia, y yo no tenía ninguna posibilidad contra Summer Simon. Deseaba
que nunca me hubiera dado esa tarjeta Dile A Tus Amigos, ya que había dado lugar a
nada más que desastres.

Me alegré cuando Summer se fue a casa, pasando a mamá en los escalones


delanteros. Mamá llevaba una bolsa de supermercado llena de patos de
malvaviscos, gomitas de caramelo y huevos, que nosotros teñiríamos en la cocina
más tarde.
111

Dejé caer una pastilla amarilla de PAAS en una taza llena de una combinación de
agua y vinagre y lo miré burbujear. Yo ya había coloreado una docena de huevos y
planeaba hacer una docena más. Mamá y yo siempre le dábamos a Kieran una
enorme canasta de Pascua, y ahora teníamos que darle una a Shane, también, aun
cuando él tuviera menos de un año y no tuviera dientes en su mayoría.

—¿Está mejor Shane? —pregunté, dibujando una cara de conejo sobre un huevo
fucsia.

—Oh —dijo mamá—. Él está bien.

Yo estaba dibujando bigotes. Me detuve, porque su voz sonaba divertida. Sonaba


como si estuviera tratando de esconder algo de mí. —Bien —dije, seguro que mi
exilio sería suspendido durante vacaciones—. Creo que lo averiguaré la próxima
semana.

—Ariadne —dijo ella—. Aquí está la cosa.

Fue entonces cuando descubrí que no iba a la cena de Pascua en Queens. Mamá
actuaba como sí no fuera gran cosa, esto era un acontecimiento de una sola vez.
Evelyn había perdido cinco kilos desde mi cumpleaños, su psiquiatra era fantástico,
y nosotros queríamos lo mejor para ella, ¿verdad?

Mamá estaba siendo una nihilista otra vez. Asentí y volví a dibujar porque no
quiera hablar más sobre Evelyn. ¿Cuál era el punto, de todos modos? Me vería
como una mimada, débil y cobarde flor delicada si me quejaba de que nadie nunca
me ponía en primer lugar, ni siquiera mi madre. No estaba de humor ahora para
gomitas caramelo o huevos de colores, pero me obligué a organizar las canastas de
Pascua de Kieran y Shane. No era culpa de ellos que tuvieran una madre tan
egoísta.

El lunes me quejé con Leigh acerca de Pascua. No había otra opción. No podía
hablar con mi madre y yo nunca hablaba con papá y Summer estaba muy
involucrada consigo misma como para preocuparse. Ella raras veces comía el
almuerzo en Hollister ahora, Casey siempre la recogía de la escuela, y
constantemente se reunía con consejeros escolares. Ella quería convencerlos de
dejarla tomar clases adicionales el próximo otoño para poder graduarse en enero en
lugar de Junio, por lo que imaginé. Leigh se iría pronto y probablemente Summer
también lo haría, aunque pareciera como si ella ya estuviera muy lejos. ¿Qué te
importa si no como el almuerzo en la cafetería? Summer había dicho la semana pasada.
Tienes a Leigh.

—Bueno —dijo Leigh cuando nos sentamos juntas en el salón de clases. Me


sorprendió que ella en realidad hubiera venido, y yo no había visto una camisa de
112

SUNY Oswego durante semanas. Ahora llevaba un toque de lápiz labial, una blusa
de ojal blanca y su cadena con un dije de punta de flecha. Era una mañana soleada,
y ella se veía mucho más alegre de lo que yo me sentía—. Sólo tienes que venir a mi
casa para Pascua.

—No quiero molestar —le dije.

Tomó su dije y tiró de él de un lado a otro a través de la cadena.

—Ahora estás siendo ridícula. No es para nada una molestia. Vamos a tener un
montón de comida... toda mi familia estará allí. Realmente quiero que vengas,
incluso enviaré un auto para que te recoja. Por favor, ven.

Su voz estaba teñida de desesperación. Su cara estaba cerca de la mía, y había una
mezcla de esperanza y de tristeza en sus ojos que me hizo asentir, sólo para que no
dijera por favor otra vez. También lo hice porque sabía lo que era ser impopular,
porque sabía lo importante que era tener al menos un amigo, y porque recordé que
toda la familia de Leigh incluía a Blake.

—No dejes que esto te moleste, Ariadne —dijo mamá el siguiente domingo por la
tarde. Estábamos de pie en nuestras escaleras delanteras mientras papá cargaba las
cestas de Pascua en su auto.

—No me molesta —le dije, porque tenía que hacerlo. Mis padres no creían que
perderse una pésima cena de pascua fuera una gran cosa, ellos la pasaron mucho
peor cuando tenían mi edad. Los niños están tan consentidos en estos días. Mamá una
vez dijo que su padre por lo general se la pasaba borracho antes de que el jamón
fuera servido, y no era ningún secreto que la madre de papá había pasado todas las
vacaciones vaciando urinales. Así que fingí que no me importaba.

Entonces llegó un sedán. Me llevó hasta al apartamento en el este de la Setenta y


ocho, dónde me instalé en una estrecha mesa de comedor. El señor Ellis se sentó a
la cabeza; Rachel estaba en el extremo opuesto. Leigh se sentó a mi lado, y Blake y
Del estaban al frente de nosotras. Me sorprendió que me sintiera tan a gusto
comiendo la cena de Pascua con una familia que no era la mía.

—Pásame eso aquí, la tarta de azúcar —dijo Rachel, señalando una bandeja de
aluminio desechable al lado del codo de Blake. Su acento era muy sureño hoy, y la
comida también. No había criadas, puerros o postres prendidos en fuego. Tuvimos
ensalada de papas, chuletas de cerdo y berza, y me comí la berza aun cuando nunca
había oído hablar de ellos antes. Rachel había cocinado todo ella misma, y no era
exactamente una fiesta en un penthouse. Era la misma clase de reunión familiar
simple que ocurría en Queens. Había otra similitud también… tenía que ocultar mis
miradas fijas hacia Blake tal y como oculté mis miradas fijas hacia Patrick.
113

Blake comió más de lo que había comido en el penthouse. Cavó en la ensalada de


papas y dejó al descubierto cuatro huesos de chuletas de cerdo en su plato. Mientras
comíamos, hablaba conmigo desde el otro lado de la mesa. Hablamos acerca de la
escuela y las calificaciones, y en una ocasión el señor Ellis intervino.

—Una A+ en el examen de mitad del trimestre de Introducción a las Leyes de


Negocios —dijo con orgullo, palmeando el hombro de Blake en una manera que se
suponía que era cariñosa, pero lo hizo con tanta fuerza que probablemente dolió.

Rachel aplaudió. —Felicidades, sobrino. Ahora puedes tener un trozo extra de


pastel de colibrí. —Ella se volvió hacia mí—. Tú no eres alérgica a los colibríes,
¿verdad, cariño?

Colibríes. Aquellas eran las pequeñas cosas con el pico fino y las alas rápidas. Los
colibríes son de la familia Trochilidae, recordé a uno de mis profesores de ciencias
diciéndolo. Son las únicas aves que pueden volar hacia atrás. No me acordaba de que
mencionara que los colibríes eran comestibles, pero tal vez era una cosa del sur. Un
manjar o algo así.

—Tía Rachel —dijo Blake—. No le hagas eso a ella.

Era sólo una broma, gracias a Dios. Rachel fue a la cocina y regresó cargando un
pastel cubierto de cuatro capas de glaseado de queso crema y nueces picadas. Tenía
un sabor celestial. Blake estaba cortando su segundo trozo, cuando el señor Ellis se
levantó de su silla.

—Tengo que ponerme en marcha —dijo—. Hay un juicio la próxima semana y


trabajo en mi escritorio.

Rachel torció la boca. —Te exiges demasiado, Stan. Deberías de conseguir a


algunos de tus compañeros para que te ayuden.

Él golpeó el hombro de Blake de nuevo. —Este muchacho de aquí va a trabajar


para mí durante el verano. Esa será toda la ayuda que necesito.

Rachel se ofreció a caminar con él hacia su auto, agregando que era un día
hermoso y que todos deberíamos dar una vuelta alrededor de la cuadra para
quemar la cena. Blake y Del negaron con la cabeza, pero Leigh saltó de su silla y
agarró mi mano.

—Ven con nosotros, Ari —dijo ella.

Yo no quería hacerlo. Yo quería quedarme aquí con sus primos, así que
desenganché mi mano de la de ella. —Sigue adelante, Leigh. Que tengas un buen
paseo.
114

Ella se quedó allí mirándome desilusionada, como si estuviera en el Centro


Rockefeller.

Volví al comedor, donde me senté en la mesa con Del y Blake. Hicieron que el
cuarto oliera almizclado y masculino, de las cosas que bebían o fumaban era como
una palmada en la piel, y me gustó, lo que fuera.

—Eso fue grosero —dijo Del. Encendió un fósforo y prendió un cigarrillo—. Papá
yéndose temprano, quiero decir. ¿Quién trabaja en Pascua?

Blake se pasó una mano por el pelo y se enderezó. —Sabes que él está ocupado.

—Sí. Demasiado ocupado para ver mi club. Ha estado abierto por tres meses y no
se ha aparecido ni una vez. Y tú tampoco. —Una larga corriente de humo salió de
la boca de Del. Él empujó su silla hacia atrás lo que raspó la pared y lo molestó—.
Este apartamento es tan jodidamente pequeño. ¿Por qué no les consigue uno mejor?

—Del —dijo Blake—. Hay una dama en la habitación. Cuida tu lenguaje.

Eso está bien, pensé. Nadie en mi familia cuida su lenguaje, pero gracias de todos modos,
Blake. Me halaga que te importe. Del murmuró una disculpa y Blake le dijo que el
señor Ellis paga la renta y las facturas de Rachel y Leigh, ¿y no era eso suficiente?

Del no parecía pensar que así era, porque arrugó la cara y comenzó a limpiar la
mesa. Lo miré y traté de encontrar el verde en sus ojos, pero sólo vi gris.

—Defenderías a papá incluso si cortara sus gargantas —dijo antes de desaparecer


en la cocina. Escuché agua corriendo y bandejas siendo aplastadas en la basura.
Blake dejó salir un profundo suspiro.

—Lo siento —dijo—. Otro drama familiar.

Eso está bien, pensé de nuevo. Estoy familiarizada con el drama de familia. Entonces
recordé la manera en que Del había hablado de “Cielo” y sentí pena por él. —El
club de su hermano es bonito... yo estaba allí para la fiesta de inauguración.

—Me olvide de eso —dijo él, deslizando la mano bajo el cuello de su camisa para
frotar sus hombros. Me preguntaba si era dolor de cuando el señor Ellis lo había
golpeado allí. Alcancé a ver la piel desnuda, y también vi una cadena de plata.
Entonces Blake se giró levemente en su asiento y noté algo oscuro en la parte
superior de su espalda, cerca de su hombro. —Así que, ¿cuántos años tienes, Ari?
La edad de Leigh, ¿cierto? —Detuvo el masaje y la camisa cayó en su lugar antes
de que pudiera averiguar qué era la marca.
115

Él sonrió. —Entonces tienes edad suficiente para entrar a películas clasificación R 1.

—Sí —dije, preguntándome a dónde iba con eso—. Tengo edad suficiente.

—¿Quieres ver una conmigo? —preguntó. No podía creerlo… Blake me acababa de


pedir una cita. De repente esta era una muy buena Pascua.

Llamó la noche del miércoles. El teléfono sonó cuando estaba acurrucada en el sofá
con mi tarea de cálculo, y mamá contestó en la cocina. Luego entró en la sala de
estar con una expresión de perplejidad en su rostro.

—Es para ti —dijo ella—. Es un muchacho.

Se veía tan sorprendida de que un chico deliberadamente pudiera marcar mi


número, y eso en verdad me irritó. Ella se quedó en la cocina mientras yo hablaba
con Blake. Abría y cerraba los armarios, pretendiendo buscar la canela. También
hurgó en el refrigerador, comprobando las fechas de caducidad de la leche, la crema
agria y la mantequilla, a pesar de que sabía muy bien que todos estaban
perfectamente frescos.

Ella era aún peor la noche del sábado. Escuché el motor de un auto en la acera y
volé por las escaleras desde mi habitación, diciendo: No llegaré muy tarde a casa, y
pensé que mamá tendría la decencia de permanecer adentro, donde una madre
pertenece, pero no lo hizo. Yo estaba en la acera cuando oí su voz ronca detrás de
mí.

—¿No me presentaras a tu amigo? —dijo.

Vete, vete, vete, pensé. Blake tiene veinte años y conduce este hermoso Corvette convertible
negro y no tienes idea de lo mucho que me estás avergonzando. Blake estaba en la acera y
le estrechó la mano a mamá. Después él contestó sus preguntas investigativas con
un Sí, señora y No, señora y Voy a la Universidad de Nueva York, señora. Ella amaba a
ese asunto de señora. Se despidió con la mano cuando yo estaba en el auto, y miraba
su reflejo en el espejo retrovisor mientras Blake se alejaba conduciendo.

—Discúlpame —le dije—. Por ella, quiero decir.

El Corvette tenía olor a cuero y plástico y otras sustancias desconocidas que hacen
a un auto oler como nuevo. Se trataba de una caja de cambios, y me maravillé de lo
experto que era Blake cambiando las velocidades.

1
R: Restringido. Menores de 17 años requieren de acompañamiento de padres o tutor adulto.
116

—No te preocupes por eso —dijo—. Yo no la culpo. Cuando tenga una hija, planeo
interrogar a cada chico que venga a menos de 90 metros. Probablemente conseguiré
un detector de mentiras y pegaré trozos de bambús debajo de sus uñas.

Me eché a reír. Ya no estaba avergonzada. Y decidí que Blake era diferente. Él era
mejor que los chicos con quien Evelyn había salido antes de Patrick, esos que
sonaban el claxon con impaciencia y rodaban sus ojos detrás de la espalda de
mamá y le daban un débil apretón de manos a papá. Ninguno de ellos alguna vez
dijo señora. Me preguntaba si los buenos modales de Blake eran una cosa dulce del
sur, como el pastel de colibrí de Rachel.

Él nos condujo a un cine en Manhattan, donde él sostuvo cada puerta para mí, y lo
siguiente que supe fue, que estábamos cenando en un pequeño restaurante Italiano
con manteles rojos y blancos a cuadros y un camarero que me llamó Signorina.

Blake parecía cómodo. Al igual que yo. La comida estaba bien y la atmósfera no
era formal o elegante, lo que estaba bien conmigo. Nuestra mesa estaba cerca de la
puerta y sentí el frío aire de abril, escuché el crujido de un árbol fuera, y vi el
Corvette de Blake aparcado al otro lado de la calle.

—Tienes un bonito auto —le dije.

Se encogió de hombros. El camarero acababa de traer dos cuencos de helado de


chocolate y Blake levantaba su cuchara. —Mi padre me lo regaló para Navidad. Un
total desperdicio de dinero.

No estaba segura de cómo responder, así que no lo hice. Levanté mi propia cuchara
girándola alrededor del helado, y Blake preguntó si estaba saliendo con alguien
más.

—No —dije—. Estuve saliendo con alguien por un tiempo. Pero se acabó.

Era una enorme mentira pero tenía que decirla. No podía dejar que Blake conociera
la humillante verdad acerca de que esta era mi primera cita. Por alguna extraña
razón él no dudaba de mí.

—Lo mismo aquí —dijo.

Asentí y evoqué una visión de su blanca rubia novia. Me la imaginaba en una casa
rodante en Georgia, tratando de hacer presentable el lugar, colgando una
campanilla de viento y cultivando flores en recipientes de plástico en la parte
delantera. Vi a Blake en el interior, teniendo sexo con ella en un sofá plegable
mientras la lluvia caía fuertemente sobre un techo de metal, y pensé que había
tenido suerte incluso si realmente vivía en un remolque.

—¿Con quién estabas saliendo antes? —pregunté, como si yo no lo supiera.


117

—Con una chica en Georgia —dijo.

Actué toda sorprendida. —Georgia —repetí—. ¿Vas mucho a Georgia?

—Solía hacerlo. Mi abuela vive allí. Ella tiene una pequeña casa lejos de todo,
debajo de estos grandes robles que fueron plantados antes de la Guerra civil. —Se
inclinó hacia atrás en su silla y sonrió hacia el techo—. Quiero un lugar como ese
algún día.

Yo me reí. —Pero vives en un penthouse.

La cuenta llegó. El arrojó algo de dinero sobre la mesa. —Ese es el gusto de mi


padre —dijo, reventando una menta en su boca—. Y el de Del. Yo preferiría vivir
en tu vecindario.

Estábamos de regreso en mi vecindario una hora después. Ya estaba oscuro, y


Blake estacionó el Corvette en el frente de mi casa, las mariposas revoloteaban en
mi estómago. Y me acordé de cuando Evelyn era un adolescente y se sentaba en los
autos estacionados en nuestra calle con su novio del mes mientras mamá paseaba
por la sala diciendo cosas como: Ella va a terminar con boca de trinchera y espero que los
vecinos no vean.

Yo estaba mirando por la ventana, comprobando a los vecinos y esperando darles


algo que ver, cuando sentí la mano de Blake en mi barbilla. Lo miré, su nariz recta
y sus labios perfectamente tallados, sintiendo su dedo moverse lentamente hacia
atrás y hacia adelante en mi piel. No me preguntes, pensé. Solo hazlo.

Él levantó mi boca a la suya y fue mucho mejor que aquel estúpido beso de
Catskills. Fue agradable y dulce, él apretó mi hombro y alisó mi cabello, y no trató
de llegar más allá de mis límites de la primera cita o se volvió todo crítico cuando
hubo terminado.

—¿Quieres sentarte aquí? —preguntó.

El único lugar para sentarse ahí era en su regazo. La invitación fue tan tentadora y
su voz tan suave que hizo que mi piel se sintiera de gallina por todo mi cuerpo.
Asentí con la cabeza y Blake sonrió, enganchando su brazo alrededor de mi
cintura, tirando de mí sobre la palanca de cambios. Entonces yo estaba en sus
muslos, y me encantó estar ahí, donde podía oler la loción de afeitar y me quedé
envuelto en sus brazos. Me besó de nuevo, más duro y profundo en esta ocasión.
Sentí su lengua explorando mi boca y saboreé un rastro de su pastilla de menta. Me
pregunté si él sabía que ellos hacen pequeñas chispas azules si las mascas en la
oscuridad.

—Eres demasiado bonita —dijo cuando acabamos.


118

¿Lo era? Esas tres palabras me enviaron flotando sobre el césped. La hierba estaba
creciendo gruesa y verde, y Santa Ana no parecía solitaria y vieja y astillada. Su
vestido era azul claro, su chal era de un oro brillante. Ella y la pequeña Mary
parecía que estaban teniendo un buen día.
119

Capítulo 14
Traducido por Simoriah

Corregido por Nanis

M amá estaba esperando en el sillón. Preparó sándwiches y calentó leche,


pero no quise contarle nada. El recuerdo de esta noche era tan inmaculado
como nieve recién caída que yo tenía que proteger de pasos descuidados.
Sólo hablé de la película y el restaurante mientras mamá me miraba con ojos
pesados, esperando algo que nunca llegó.

―¿Ni siquiera quieres un sándwich? ―preguntó.

Sacudí la cabeza. La oí en la cocina mientras me lavaba los dientes arriba; ella


estaba cortando una hoja de papel de aluminio para cubrir los sándwiches. Podría
haberme sentido mucho más culpable de no estar tan feliz.

Mi felicidad entorpeció mi sueño. Más tarde miré el techo de mi cuarto, pensando


en Blake, recordando la manera en que él me había tocado. Había sido cuidadoso y
gentil, como si yo fuera algo frágil e importante, como si fuera ese punto sensible en
la cabeza de un bebé.

Él me llamó el sábado a la noche. Deseé que hubiera un teléfono en mi cuarto.


Evelyn solía tener uno, un modelo rosa que mamá y papá compraron después que
ella gimoteara y llorara y fastidiara por semanas. El cable había estado tristemente
enredado y el disco casi se había caído por el uso constante, pero aun así, ella se lo
había llevado a Queens junto con sus Pet Rocks y su poster de Peter Frampton.

Yo nunca había pedido un teléfono, y eso era un error. Si tuviera uno, podría tener
algo de privacidad de mamá y papá, quienes miraban 60 Minutos en la sala
mientras yo me apoyaba contra la mesada de la cocina, sorprendida ante lo que
salió de mi boca, risitas típica de chica y una voz coqueta que me hacía preguntar si
había sido poseída por Summer.

―¿Por qué estás tan alegre? ―preguntó Summer el día siguiente mientras
pasábamos por Frederick Hollister. Tienes un nieto muy apuesto, pensé, dándole a la
placa una mirada traviesa de costado.

―Salí con el primo de Leigh ―dije.


120

Summer dejó de caminar. Hizo un sonido como si acabara de encontrar un cabello


en su sopa; blech e ick y ugh todo en uno.

―¿Quieres decir ese horrendo chico de aspecto indio que tiene el labio raro?

Eso fue perverso. Parecía haber olvidado que no siempre había sido perfecta.
Además, Del no era horrendo, y no podía hacer nada acerca de su labio. Ya no
quería hablar de Blake, pero Summer dijo: ―Cuéntame, cuéntame, cuéntame.
―Hasta que me rendí.

―Leigh tiene otro primo que no has conocido aún. El hermano de Del y es
adorable ―dije.

Ella rió. ―Suena como si tuviéramos un enamoramiento fraguándose aquí, Ari.

Había sufrido tantos enamoramientos. Estaba Patrick, y chicos en la escuela, pero


ninguno de ellos había logrado nada excepto dolor. Nunca había resultado en lo
que sucedió el siguiente sábado a la noche; un chico apuesto frente a mi puerta que
entró de buena gana y le dio un firme apretón de manos a papá y habló
educadamente con mamá antes de llevarme a otra película y a una cena por la cual
pagó con una tarjeta American Express.

Más tarde esa noche, Blake y yo nos sentamos en el Corvette, el cual había
estacionado a una cuadra de mi casa, esta vez junto a un terreno vacío donde solía
haber otra cosa. Los dueños la habían derribado con planes de construir una casa
más grande porque se habían ganado la Lotería o habían subido en la escala de la
Mafia. Nuestros vecinos chismorreaban, pero nadie estaba seguro de la verdad.

―¿Por qué estacionaste aquí? ―pregunté.

―Porque ―dijo Blake―, no puedo seguir besándote frente a tu casa. Eso no es


agradable, y fui educado como un caballero. Quiero gustarles a tus padres.

Me gustas, Blake, pensé cuando su boca estaba sobre la mía y sus brazos abrazaban
mi cintura y nuestros dedos se juntaban tan perfectamente como los de mi cuaderno
de esbozos.

―Ari ―dijo Blake, y yo miré el reloj en su tablero, sorprendida ante cuán tarde era
de repente―. Debería llevarte a casa ahora.

―¿Por qué? ―pregunté.

―Porque no sería agradable si no lo hiciera ―dijo. Agradable. No era agradable


besarse frente a mi casa y no era agradable besarse por mucho tiempo. Me
preguntaba de dónde venía tanta amabilidad. Definitivamente no existía en los
chicos de Brooklyn o Connecticut que vacacionaban en Catskills. Finalmente
121

decidí que venía de otro lugar; un lugar lejano donde la gente come coliflores y vive
bajo árboles anteriores a la Guerra Civil.

La tarde siguiente, un meteorólogo en la TV dijo que la temperatura había roto los


récords. Estaba tan caluroso que nuestros odiosos vecinos estaban tomando sol en
el camino de entrada de su casa y todos los demás en la cuadra estaban lavando sus
autos o cortando el césped.

Dibujé a la señora de al lado mientras la observaba desde la ventana abierta de mi


estudio. Estaba desparramada en una silla larga, brillante de Coppertone,
sosteniendo un cuello de aluminio debajo de su papada. Luego cambié a una hoja
en blanco en mi cuaderno de esbozo, pero no estaba motivada. Ni siquiera quería
estar allí, con mis lápices y mi papel y mis óleos en sus tubos apretados. Quería
estar afuera absorbiendo la luz del sol y el aroma a césped cortado, o en mi camino
de entrada guardando cosas en el auto con papá para visitar Queens. Pero
mayormente quería estar con Blake, quien anoche me había dicho que tenía un
examen en Introducción a la Ley de Negocios el lunes y planeaba estudiar por
horas hoy.

―Ariadne ―dijo mamá después de que me arrastré hacia la cocina―. ¿Qué vas a
hacer mientras no estemos?

Me dejé caer en una silla, pensando que aquí estaba caluroso y, ¿por qué esta casa
no tenía aire acondicionado central? Todo lo que teníamos eran ruidosas unidades
en las ventanas que papá todavía no había sacado del garaje.

―Nada ―dije, observándola mientras ella ponía una bandeja de cup cakes en una
caja de cartón. Tenían cobertura casera y glaseado multicolor, y sabía que Patrick
las disfrutaría porque siempre había sido un gran fan de ellas.

―Puedes estudiar para el SAT ―sugirió.

Puse los ojos en blanco. Estudiar para el SAT y dibujar en mi estudio parecían la
muerte comparados con mantener mis ojos cerrados mientras la lengua de Blake
vagabundeaba dentro de mi boca. Luego mis padres se fueron. Miré televisión en el
sofá, oí a un grupo de niños jugar béisbol callejero, e ignoré mi libro de SAT.
Mamá había dejado dos cup cakes en un plato en el refrigerador, y mientras mordía
uno, sonó el teléfono. Blake estaba en la línea.

―Leigh y mi tía Rachel me convencieron de abandonar el estudio hoy ―dijo―.


Vamos a ir a los Hamptons... rentaré un auto porque todos no entramos en el
Corvette. Te pasaremos a buscar en una hora si quieres venir.
122

Por supuesto que quería. Quería ir a los Hamptons más que nada en el mundo, aun
cuando nunca había estado allí antes. Así que corrí arriba y me duché y afeité mis
piernas. Luego me paré junto a la cómoda y saqué un bikini de color ciruela, el cual
tendría que ser cubierto con una camiseta porque si Blake veía mis pechos
disparejos, podría dejar de llamar. La idea era demasiado deprimente para ponerla
en palabras.

Él apareció a la hora. Rachel saltó de un Toyota negro con la parte superior de un


bikini que no estaba cubierto con nada y un pareo que envolvía sus caderas. Un par
de grandes lentes de sol —del mismo tipo que Jackie O usaba en Manhattan—
descansaban en el puente de su nariz. Me condujo hacia el asiento delantero junto a
Blake.

Un par de horas más tarde, llegamos a una enorme casa blanca que parecía algo
salido de Miami Vice. Las paredes dentro eran blancas, y había ventanas sin fin y
un balcón sobre el primer piso. Los muebles eran modernos, y Leigh me mostró la
iluminación indirecta en las cinco habitaciones y cuatro baños antes de murmurar
en mi oído que la casa pertenecía a su tío.

―Tiene fiestas aquí durante el verano ―dijo―. Con sus clientes y eso.

Asentí y la seguí afuera hacia la piscina. Tenía un metro veinte de profundidad en


un lado y dos metros setenta en el otro, y estaba cubierta por dentro con azulejos
verde mar excepto en el fondo, donde azulejos negros y amarillos formaban la
imagen de un escorpión.

Me balanceé en el borde de la piscina para ver una cola curvada, y luego Leigh
estaba junto a mí.

―Supongo que mi madre tenía razón acerca de Blake, tú y yo. Todos podemos ser
amigos. Podemos hacer cosas como esta por los meses siguientes hasta que me
vaya a California ―dijo, mirando la piscina y el patio y la casa―. Me gusta
dibujar, pero no puedo soportar otra primavera sola en mi departamento con mis
lápices de colores.

Sabía que lo que ella quería decir; yo tampoco podría sobrevivir otra primavera
encerrada en mi estudio.

―Seguro, Leigh ―dije―. Pasaremos tiempo juntas por el resto de la primavera.

Ella sonrió, se puso en cuclillas, y movió su mano hacia adelante y hacia atrás en el
agua para revisar la temperatura. ―Del e Idalis llegarán pronto. Me gustaría comer
un poco de helado antes.

Así que fuimos a caminar. Rachel se paseaba por el camino de entrada, saludando
con la mano a los vecinos que la admiraban, mientras Blake, Leigh y yo la
123

seguíamos como pollitos. Nos detuvimos en una pintoresca heladería cerca de la


playa que tenía un toldo rayado y que olía a maníes asados. Rachel ordenó una
taza de yogur helado, Leigh pidió por helado de vainilla en un cono de waffle, y
Blake y yo pedimos un sorbete de limón. Él pagó por todo aun cuando yo había
sacado mi billetera. No parecía correcto que Blake debiera pagar cada vez que
estábamos juntos; era 1986… toda la cosa de la igualdad se suponía que se había
asentado años atrás.

―Deja eso, cariño ―dijo Rachel, metiendo mi billetera en el bolso antes de que
Blake la viera―. Un hombre sureño nunca deja que una mujer pague por nada. De
otra manera no sería un caballero.

―Pero Blake no es realmente sureño ―dije.

Ella levantó una ceja negra. ―Fue criado como uno, y eso es lo que importa.

Del e Idalis estaban en casa cuando volvimos. Ella flotaba en la piscina en una
balsa inflable con una piña colada en su mano, y hablaba con Del en una mezcla de
inglés y español mientras él estaba sentado en un mesa del patio con su calculadora
y una pila de recibos.

―Hey, latoso ―gritó ella―. ¿Planeas sentarte ahí todo el día?

Él no respondió y ella gritó la pregunta una vez más.

―Estoy trabajando, maldición ―dijo sin levantar la mirada, y ella se puso molesta
y dijo unas pocas cosas en español que no entendí y algo en inglés que sí.

―Entonces puedes lamerme ―dijo ella, sacando la lengua.

―Eso quisieras ―murmuró Del sobre sus recibos.

Reí para mí misma. Sabía que hablaban de la cosa que muchas chicas católicas
hacían en lugar de tener sexo porque sólo era doblar las reglas, no romperlas. No
les daría una enfermedad mortal o las embarazaría; no se volverían una desgracia
para sus madres con rosario. No las culpaba, pero me parecía que rodear las reglas
era un truco sucio y posiblemente más pecaminoso que todo lo demás.

Del no estaba vestido para la piscina, estaba vestido para el trabajo, y tuve la
impresión de que una tarde en los Hamptons no había sido su idea. Rachel se
volvió una mamá gallina y dijo cosas como: “Oh, vamos, vamos,” y “cuida tus
modales”, y Leigh intentó ayudar al traer una red de voley del cobertizo y sugirió
que todos jugáramos. Del la ignoró y Rachel no quería arruinar sus uñas, así que el
juego terminó con Leigh e Idalis contra Blake y yo.
124

―¿Te vas a quedar con la camiseta puesta? ―preguntó Leigh―. Yo me voy a


quedar con la mía. Me quemo fácilmente, en caso de que no pudieras decirlo por
mi millón de pecas.

―Lo mismo aquí ―dije, agradecida de que se le hubiera ocurrido una excusa antes
de que yo tuviera que hacerlo. Luego nos sentamos al borde de la piscina mientras
Blake instalaba la red e Idalis lanzaba una pelota contra el agua en una forma que
me dijo que ella era una de esas chicas competitivas que yo evitaba en mi clase de
gimnasia.

―Tengo una idea ―dijo―. Ari puede subirse a los hombros de Blake y Leigh en
los míos y todos jugaremos de esa forma. Es un desafío más grande.

Leigh y Blake accedieron, y yo simplemente asentí para estar de acuerdo. Esperé


mientras Blake terminaba de instalar la red. Ya se había sacado su camiseta, y vi
que la cadena de plata que había visto durante la cena de Pascua tenía la misma
punta de flecha que Leigh usaba. La oscura cosa que había visto era un tatuaje en
su omóplato izquierdo; un círculo con una cruz en el medio y tres plumas colgando
de la parte inferior.

―Salta ―dijo unos pocos minutos después.

Él estaba en cuclillas en un metro veinte de agua. Deslicé mis pantorrillas sobre sus
hombros, y me sentí agradecida de no haber olvidado afeitarme las piernas esa
mañana. Él aferró mis tobillos y me sostuve de su cuello. Su piel se frotaba contra
la mía, e iba a ser difícil concentrarse en esa estupidez del voley.

Leigh golpeó la pelota con su puño y esta se dirigió con fuerza hacia mi cabeza. La
esquivé y Blake rió, pero Idalis no pareció feliz porque probablemente esperaba un
verdadero juego. Me mantuve en los hombros de Blake mientras él recuperaba la
pelota. Esa era la mejor parte, sólo estar cerca de él, aferrando sus fuertes hombros
con mis muslos desnudos. Me dio la pelota y la lancé de vuelta, pero tuve que hacer
eso cuatro veces antes de que pasara la red. Idalis estaba frustrada y cambió
posiciones con Leigh, lo cual me puso nerviosa. Ella estaba a punto de golpear la
pelota cuando Blake pidió un descanso porque su padre estaba en el patio.

―¿Qué estás haciendo aquí? ―preguntó Rachel. Ella estaba en la tumbona.

Un blazer pendía del brazo del Sr. Ellis, y él aflojó su corbata. ―Vine para
asegurarme de que la gente que contraté para limpiar este lugar estuviera haciendo
su trabajo. No sabía que había una fiesta. ―Se protegió ojos y se volvió hacia la
piscina―. ¿No tienes un examen mañana, Blake? Deberías tener tu nariz en un
libro en lugar de tener una chica en tus hombros.

―Vamos, papi ―dijo Del―. Déjalo que se divierta una vez.


125

―Nadie te preguntó ―dijo bruscamente el Sr. Ellis antes dirigir una sonrisa afable
y un saludo de despedida hacia la piscina. Miré a través del muro de ventanas
mientras él entraba a la casa, y luego oí un auto arrancar y desvanecerse en la
distancia.

―Pendejo ―le dijo Idalis a Del―. Ponte unos shorts. Hagamos chicos contra
chicas.

No estaba segura de qué significaba pendejo, pero no podía ser un cumplido porque
el rostro de Del estaba más oscuro que el escorpión en el fondo de la piscina. Siguió
ingresando números a golpes en su calculadora. Luego Blake lanzó la pelota en
broma por el patio. Estaba mojada y aterrizó en los recibos de Del. Del tomó la
pelota y la lanzó hacia Blake, pero me golpeó justo en la boca.

Espesas gotas rojas cayeron en el pecho de Blake. Seguidamente yo estaba en el


patio, rodeada de gente frenética. Insistí que estaba bien y oí a Del disculpándose.

Blake dijo con desprecio: ―Maldito idiota.

No debería haber roto su regla de Vigila tu lenguaje cuando estás con una dama. Sólo
era un accidente; podía ver que Del lo lamentaba. Blake me guió hacia la casa, y
observé a Del sobre mi hombro mientras Rachel meneaba un dedo y Leigh sacudía
la cabeza e Idalis chillaba en español.

No la oí más después de que Blake me llevara al baño y cerrara la puerta. Era


completamente blanco por dentro, con una encimera de granito y toallas grabadas
con la letra E. Blake arruinó una de las toallas al presionarla contra mi labio
sangrante.

Él me mimó con sus atenciones. Mantuvo la toalla en mi boca hasta que la


hemorragia se detuvo, empapó una bola de algodón en yodo para limpiar lo que
resultó ser un corte menor, y buscó en toda la casa por un curita. La que encontró
era del tipo infantil con un dibujo de Snoopy, pero estaba bien. Todo estaba bien
porque nunca me había sentido mejor.

Jardín de niños. Eso era lo que estaba en mi mente después de que Rachel y Leigh
se fueron a casa con Del e Idalis y yo me senté junto a Blake mientras conducíamos
por la rambla. Las ventanillas del auto estaban abiertas, el sol se estaba poniendo, y
yo pensé que la última vez que el sol había lucido tan dorado y el aire había olido
tan fresco había sido en el jardín de niños.

Las pequeñas cosas me habían hecho tan feliz en ese momento; pequeñas cosas
triviales, como esmalte en las uñas de mis pies y champú de frutilla y un dólar
nuevo que podía gastar en el hombre del Buen Humor. Al crecer me había
126

mostrado que el esmalte se desconchaba, y el champú ardía si se metía en tus ojos,


y que el helado del hombre del Buen Humor no era diferente de lo que había en el
freezer en Pathmark. El color lentamente se escurrió de todo y todo era o aburrido
o sin sentido o ambos.

Pero esta noche, cuando salí del auto frente a mi casa, podría haber jurado que
Santa Ana sonreía. Los árboles de mi vecindario parecían tener más hojas de lo
normal, toda la cuadra olía a barbacoa, el rostro de Blake era más apuesto que
cualquiera que hubiera imaginado cuando besaba mi propia mano, y sentí que
estaba en el jardín de niños una vez más. Estaba oscureciendo y el aire se había
puesto más fresco. Blake se apoyó contra el auto, poniendo su brazo alrededor de
mi cintura.

―Oye ―dijo―. ¿Podemos decir que es una cosa estable?

La señora de al lado estaba tirando de su cesto de basura hacia el cordón de la


vereda. Grillos chirriaban y los chicos jugaban béisbol callejero y yo asentí. Luego
vi la sonrisa Colgate de Blake. Él sostuvo mi rostro entre sus manos y besó mi
frente, y estaba segura de que eso significaba algo. Un chico al que no le importabas
sólo quiere toquetearte, y Blake no había intentado nada de eso. Sólo un chico al
que realmente le importas le daría a una chica algo tan dulce e inocente como un
beso en la frente en una noche de abril de ensueño.

Mis padres aún no estaban en casa. Cerré la puerta del frente después de que Blake
se fue y caminé alrededor de la casa sonriendo y sin dirección, como si estuviera
mareada con champagne. Toqué mi curita, inventando una razón de por qué estaba
allí, porque nadie necesitaba saber sobre mi increíble día en los Hamptons.

―Tuviste suerte, Ariadne ―dijo mamá más tarde esa noche, después de que fingí
que me había tropezado en un escalón y había golpeado mi boca contra la baranda.
También fingí que el curita de Snoopy había estado en mi cómoda por años y que
no quería desperdiciarla―. Podrías haber perdido algún diente.

Había sido más afortunada de lo que ella creía; Del era bueno para hacer que la
gente perdiera los dientes. Contuve la risa y la seguí hacia la cocina, donde nos
sentamos a la mesa y ella me entregó una Polaroid. Era una fotografía de Evelyn,
pero pensé que era una fotografía vieja porque se notaban sus pómulos, y vestía una
falda corta y no había hoyuelos sobre sus rodillas. Sus piernas eran delgadas y su
cabello no estaba erizado, y estaba apoyándose contra Patrick con una sonrisa
seductora. La Polaroid no era vieja. Había sido tomada unas horas antes. Mamá
me dijo que Evelyn había bajado nueve kilos desde mi cumpleaños, su nueva
medicación estaba funcionando, y yo había sido invitada a Queens el próximo mes
para la barbacoa del Día de los Caídos. Luego ella encendió un Pall Mall.
127

―¿La pasaste bien en tu cita anoche? ―preguntó, ante lo cual asentí y dije que
realmente debería ir a estudiar para el SAT, pero ella no me dejaba ir. Tomó mi
muñeca y me miró fijamente―. Mira ―comenzó, y se detuvo cuando papá entró a
asaltar el refrigerador. Se mantuvo callada hasta que él se fue con un sándwich para
comer frente a la TV en la sala―. Blake parece muy agradable ―dijo―. Pero todos
lo parecen al principio. Deberías tener cuidado.

Cállate, pensé. Por favor no arruines esto.

―¿Cuidado? ―dije.

Ella sopló un anillo de humo hacia el aire. ―Eres sensible. Los hombres pueden ser
crueles. No quiero que te alteres o te distraigas de las cosas importantes.

Las cosas importantes. Yo era sensible. Ella quería encerrarme en el estudio porque
una flor delicada es propensa a marchitarse.

―Ahora estamos en una relación estable ―dije.

Hubo un destello de desagrado en sus ojos que sofocó con un pestañeo. ―Estable
―dijo―. Sabes lo que eso significa, ¿verdad?

Eso creía. Creía que un chico realmente gustaba de mí. ―Seguro, mamá. Significa
que no salimos con otra gente.

Ella se rió como si yo fuera estúpida. ―Significa que él está buscando alguien con
quien acostarse en forma regular y de que tú podrías terminar embarazada como
alguien que conocemos.

En ese momento me pregunté cómo otras mujeres hablaban con sus hijas. ¿Se
referían al sexo como acostarse, y le decían a sus futuros yernos que no pensaran
con lo que tenían en los pantalones? Éste era un momento en el que desearía que
ella fuera más católica, de que pudiera ser una de esas devotas damas que se
engañaban a sí mismas pensando que sus hijas se iban a preservar hasta la noche de
bodas. Esas mujeres nunca iniciarían una conversación como ésta. ¿Por qué tenía
que arruinarlo todo? Ésta era la primera vez que un chico había mostrado el más
mínimo interés y ella tenía que ir y ponerse práctica. Yo no quería oír sobre cosas
realistas como terminar embarazada.

―No estamos haciendo nada. ―Fue todo lo que pude decir.

Mamá apretó su boca en una sonrisa burlona y escéptica. ―No ahora. Pero un
chico de veinte años que luce así ―dijo, señalando el lavaplatos como si Blake
estuviera allí―, no es exactamente virgen.
128

Hice el mismo sonido que Summer había hecho cuando pensó que yo estaba
saliendo con Del, la combinación de belch e ick y ugh. ―En serio, mamá ―dije,
sorprendida de cuan informalmente usaba esas palabras embarazosas. Pero no
podía discutir porque ella no estaba equivocada.

―Ariadne ―dijo―. Yo también fui joven alguna vez. Sé lo que está pasando.
Ahora, si quieres salir con Blake, eso está bien mientras mantengas tus notas altas y
no empiecen una relación sería. Pero recuerda, la escuela secundaria terminará
antes de que lo sepas y hay suficientes peces en el mar... no quieres quedar pegada
al primero.

Ella era tan sensata, tan cínica, era realmente deprimente. Quería decir que amaría
quedar pegada a Blake, que no me importaban los otros peces en el mar, pero no
tenía sentido. Sólo me diría que yo era joven e inocente y que ella lo sabía mejor
que nadie. No seas tan pesimista, mamá, pensé. Las cosas no siempre terminan mal.

―Además ―continuó―, tú has tomado Educación Sexual... sabes sobre el SIDA.


No hay manera de decir quien lo tiene. Así que sólo asegúrate de que él mantenga
sus jeans cerrados y todo estará bien. Te respetará más de esa forma, de cualquier
manera.

SIDA, respeto... ella realmente sabía cómo complicar las cosas. Yo sólo asentí y
mamá sonrió, estirándose sobre la mesa para acariciar mi mejilla. Lo hizo en una
forma similar a como Blake lo hacía…

Como si yo fuera algo especial.


129

Capítulo 15

Traducido por Mari NC

Corregido por Angeles Rangel

E
l resto de abril y la mitad de mayo se prolongó tan inocentemente como las
viejas películas de Andy Hardy que papá veía en la televisión,
protagonizadas por Mickey Rooney como el novio y Judy Garland como la
novia, tomados de la mano en una ciudad totalmente americana con
vallados y cerezos en flor. Blake y yo nos vimos en las noches de los viernes y
sábados, pero nunca durante la semana, porque tenía que quedarse en la lista del
decano y yo no podía caer de la lista de honor. Fuimos al cine y a cenar, y la
cantidad de tiempo que Blake consideró agradable para besar siguió creciendo.

Entonces ya eran mediados de mayo. Los finales se acercaban y Hollister suspendió


la jornada escolar a la mitad los miércoles, así que tendría tiempo para estudiar,
aunque parecía que era la única que realmente lo hacía.

Leigh raras veces mostraba su cara en Hollister ya —me imaginé que estaba
ocupada preparándose para su traslado a California—, pero la vi cuando vino a la
clase de arte y cuando fui a las funciones de la familia de Ellis con Blake. Summer
tampoco estuvo mucho alrededor, porque siempre salía a toda velocidad en el
BMW de Casey a actividades que eran más divertidas que estudiar.

Fue en uno de esos miércoles que Blake estacionó su Corvette fuera de las puertas
de hierro de Hollister. Ni siquiera lo vi en un principio. Yo estaba cargando una
pesada pila de libros y charlando con Summer, ella se detuvo y miró hacia la calle.

—Oh —dijo—. ¿Quién es ese?

Entrecerré los ojos a causa de la luz del sol y me di cuenta que estaba mirando a
Blake como si quisiera arrancarle la ropa y deslizarse por debajo de él. O subirse
encima de él. O dejarlo ponerse detrás de ella, porque me había dicho que había
tratado esa posición con Casey y fue extrañamente emocionante.

—Es Blake —le dije, sonriendo y luchando contra el impulso de saltar.

—Oh, Dios mío me estás tomando el pelo —dijo.


130

Le lancé una mirada de dolor.

—Oh,Diosmíomeestástomandoelpelo. —Lo dijo realmente rápido, como si las


ocho palabras fueran una sola.

—¿Qué quieres decir con eso? —le pregunté, aunque lo sabía. Se refería a que Blake
era un filet mignon y yo era Spam, y esas dos cosas no podían ir juntas.

—Nada —dijo, apretándome el brazo como si estuviera disculpándose—. Eso salió


mal. Acabo de decir que es muy lindo. Eres una chica con suerte de repente.

El sol estaba detrás de su cabeza y este encendió su cabello en un halo dorado. Su


sombra de ojos brillaba, su brillos de labios resplandecía. Era hermosa, y eso me
ponía nerviosa. Yo no la quería en cualquier lugar cerca de Blake, estaba segura de
que podía atraparlo de inmediato si lo deseaba.

Caminamos hacia la calle, donde Blake estaba apoyado contra su auto en


pantalones vaqueros y una camiseta de los Yankees.

—Esta es mi amiga Summer Simon —le dije, fingiendo que no era la persona viva
más insegura—. Es una gran fan de los Yankees.

—Don Mattingly —dijo—. Lo amo.

Ellos comenzaron a hablar de otros Yankees: Rickey Henderson y Mike Pagliarulo


y cualquier otra persona. Yo no podía unirme a la conversación porque no sabía
nada de béisbol.

—Un placer conocerte —dijo Blake cuando el auto de Casey apareció.

Summer sonrió. —Tú también. Vamos a tener que hacer una cita doble en algún
momento.

No cuentes con ello, pensé cuando Blake y yo estábamos en el Corvette. —¿Qué


piensas de Summer? —le pregunté, tratando de mantener mi voz libre de envidia,
preocupación, y todas las otras patéticas emociones, me odiaba por sentirlas.

Se detuvo en un semáforo en rojo. —Ella parecía agradable.

Asentí con la cabeza. Él pisó el acelerador y yo miré por la ventana, al Museo


Metropolitano, con sus gigantescas columnas y escalones amplios.

—¿Crees que es bonita? —pregunté. Usé una voz casual, como si no me importara
la respuesta.

—Sí —dijo—. Ella es muy bonita.

Me quedé mirando a través del parabrisas. —Lo sé. Todo el mundo piensa así.
131

Seguí pensando en Blake y Summer, la forma en que podrían llegar a conocerse


mejor en el Ellis & Hummel, mientras que Summer y Tina atendían las reuniones
de negocios del Sr. Ellis y olvidaban todo sobre mí. Entonces Blake se acercó y giró
mi rostro hacia el suyo.

—Eres mucho más guapa —dijo—. De lo que ella es, quiero decir.

Casi dije: Estás lleno de mierda, pero no pensaba que lo estuviera. Y nunca había
pensado que encontraría a alguien que me dijera que era más bonita que Summer
Simon. Así que no dije nada, sólo guardé silencio y lo disfruté.

***

—¿Adónde vamos? —le pregunté un par de minutos después cuando salíamos de


Manhattan.

—Todavía no me han mostrado tus dibujos —dijo.

Así que fuimos a mi casa. Mi casa vacía. Mamá estaba en la escuela y papá estaba
en el precinto o recolectando evidencia o lo que sea que hacía para atrapar asesinos.
Abrí unas cuantas ventanas en el primer piso ya que papá todavía no había
instalado los aparatos de aire acondicionado, pero a Blake no parecía importarle
que el lugar estuviera falto de aire o que no tuviéramos nuestro propio ascensor.
Parecía cómodo. Así que me sentí cómoda dándole un recorrido completo por la
sala de estar y el comedor y la cocina, donde vio la Polaroid de Evelyn. Mamá
había tomado más fotos de ese día —Kieran conduciendo su triciclo, Shane en su
cuna— y estaban pegadas a la nevera con imanes de mamá que tenían dichos cursis
como: BENDICE ESTE NIDO, y APUNTA A LAS ESTRELLAS.

—Esos son mis sobrinos —le dije.

—Son hermosos —respondió Blake, y volvió a mencionar que era algo bueno ser
un padre joven.

—Evelyn tenía apenas dieciocho años cuando tuvo a Kieran —le dije, porque
conocía a Blake lo suficiente como para ocultarle los secretos de mi hermana—.
Eso es demasiado joven.

Él asintió con la cabeza. —Veinte no lo es, sin embargo. Voy a tener veintiuno en
noviembre y estoy perdiendo mi vida en la NYU, mientras que podría estar
disfrutando de todo esto. —Hizo un gesto con el dedo a las Polaroids.

—No estás perdiendo tu vida —le dije.

Él me sonrió. Sonrió como si yo le hiciera sentirse bien. Asimismo acunó mi rostro


entre sus manos y pidió de nuevo ver mis dibujos.
132

Entonces subimos por las escaleras. Abrí las ventanas de mi estudio, mientras que
el suelo crujía bajo nuestros pies y una sirena de ambulancia gimió en la distancia.
Me sentía nerviosa y agitada y con miedo de que Blake pudiera pensar que no tenía
talento. O pudiera burlarse o criticar, y que sólo me convirtiera en polvo.

—No quiero aburrirte con estas cosas —le dije, volviéndome hacia la puerta.

Él me agarró del brazo. —No me estás aburriendo, Ari. Déjame ver.

Fui poco a poco. Blake se sentó en mi caballete y saqué las cosas del armario:
grandes hojas de papel y lienzos salpicados de pintura. Le mostré con lo que me
había ganado la cinta de segundo lugar en el concurso de arte “Boroughwide” e
incluso las manos en mi cuaderno de dibujo, porque estaba atento e interesado y
eso me llenó de confianza. Estuvo de acuerdo con mi madre en que podría
convertirme en una exitosa artista y yo sacudí la cabeza.

—Tienes que ser extremadamente talentoso para eso —dije, apoyándome contra
una pared.

Se inclinó hacia atrás en su silla. —¿Y qué piensas que eres?

Me sentí halagada. Luego hablamos. Le conté sobre mis planes para la universidad
y mis planes de carrera, y él dijo que sólo quería ser bombero, con una cómoda casa
pequeña y un montón de niños revoltosos, y odiaba la idea de trabajar en el Ellis &
Hummel este verano. Prefería dejar la universidad en este momento y tomar el
examen de ingreso del FDNY.

—¿Por qué no lo haces? —pregunté.

—Debido a ciertas cosas que se espera de mí. Y la familia es importante —dijo, lo


cual entendía completamente. Asentí con la cabeza y hablamos un rato más, y
luego ambos fuimos sorprendidos por un ruido ensordecedor.

Fueron esos niños jugando a la pelota. Habían roto una ventana. Blake y yo nos
apresuramos por el pasillo y vimos vidrios rotos cubriendo el piso de mi dormitorio.
Miré hacia afuera y vi a tres niños de dispersándose en diferentes direcciones. Dos
de ellos estaban en clase de mamá y probablemente estaban asustados a muerte.

—Están involucrados ahora —le dije, imaginándolos encogidos en las esquinas


cuando la Sra. Mitchell llamara a sus padres esta noche. Luego me agaché y
examiné un largo fragmento irregular.

—No toques eso —dijo Blake—. ¿Dónde está tu aspiradora?

Señalé hacia el armario del vestíbulo. Él utilizó la aspiradora para succionar los
innumerables trozos, concienzudamente comprobando la alfombra por posibles
133

pedazos perdidos, porque no quería que me llevara una desagradable sorpresa


mientras estuviera descalza.

Él se preocupaba por mí. Yo estaba segura de ello. Le di las gracias y me dijo que
debía irse porque mamá podría estar en casa pronto y si nos encontraba a solas,
podría pensar que no era agradable.

—Ella no volverá hasta dentro de dos horas —le dije, colocando mis brazos
alrededor de su cuello. Lo besé y él me besó y la siguiente cosa que supe es que
estaba tendida en mi cama perfectamente hecha y Blake estaba tendido sobre mí.
Envolví mis piernas alrededor de su cintura. Escuché gorriones piando fuera y nada
se sentía mal, ni siquiera cuando desabotonó mi blusa. Deslizó su mano dentro y
todavía todo parecía estar bien hasta que sus dedos se movieron al broche de mi
sujetador. Me acordé de mis pechos defectuosos y mi charla con mamá, y lo aparté.

—No puedo —le dije.

Nuestros ojos estaban abiertos ahora. Sus mejillas estaban rojas y habló con una
voz paciente. —¿Por qué? —preguntó.

Sostuve mi camisa cerrada. —Porque yo soy una especie de... dispareja. Aquí
arriba, quiero decir.

—De ninguna manera. Eres perfecta.

No lo era. Pero él me hizo sentir un poco mejor. —Todavía no puedo —le dije, y le
hablé de Evelyn y de mamá. También mencioné del sombrío virus que se ocultaba
en lugares desconocidos y arrastraba a las personas dos metros bajo tierra—.
Quiero que me respetes —agregué, lo cual era tan cierto como todo lo demás.

Él asintió con la cabeza y se sentó, y yo me senté a su lado. —¿Qué hay sobre tu


otro novio —preguntó, y tuve que impedirme decir: ¿Qué otro novio?

Sacudí la cabeza y él asumió las cosas. —Así que no fue así, entonces. Porque la
mayoría de las chicas de hoy...

—Sí —dije—. Lo sé. Por desgracia soy diferente de la mayoría de las chicas.

Yo jugaba con una rosa bordada en la colcha nueva que mamá me había comprado
en JCPenney la semana pasada. Estaba esperando que se fuera, que saliera y
encontrara a una chica como Summer: una chica que tuviera experiencia con varias
posiciones. Pero él sólo empujó un mechón de pelo de mis ojos y sonrió.

—Eres mejor que la mayoría de las chicas. Y todo esto —dijo, mirando a mi
cama—, está bien si amas a alguien. Así que podemos esperar hasta que te sientas
de esa manera.
134

Todo esto. Él sabía cómo hablar de sexo mucho más delicadamente de lo que
mamá lo hacía. Lo que no sabía era que ya lo amaba.

Hubo un asesinato en el Memorial Day. Una familia entera en la cocina de Hell. El


precinto llamó a papá al mediodía y él se apresuró a trabajar. Mamá no estaba
contenta con eso. Estábamos en medio de cargar su Honda con un refrigerador
lleno de Budweiser y se puso de mal humor. Maldijo y murmuró en voz baja,
mientras nos dirigimos solas a Queens, como si esas seis personas tuvieron algún
descaro por conseguir ser apuñaladas hasta la muerte en un día festivo.

Se suponía que Blake debía estar aquí. La lista de invitados para la fiesta de Patrick
y de Evelyn incluía a sus vecinos y a los amigos bomberos de Patrick, y Blake había
sido invitado también, pero había llamado anoche y dijo que llegaría un par de
horas tarde. El Sr. Ellis estaba dando su propia fiesta y Blake no podía salir de ella.

—Eso fue una cosa de mierda de hacer —dijo la mamá—. Salir del paso en el
último minuto.

Estaba de muy mal humor. Pero yo no estaba en lo más mínimo molesta con Blake.
No podía criticar a un chico que se lucía así y estaba dispuesto a esperar por lo que
fácilmente podría obtener de cualquier cantidad de chicas todos los días de la
semana.

Le había dado un poco. Estaba segura de que él se preocupaba por mí y me


respetaba, por lo que parecía estar bien meterlo a hurtadillas en mi cuarto las tardes
de miércoles, donde hablábamos y nos reíamos y nos besábamos sobre mi colcha, y
no apartaba sus manos cuando entraba en mi camisa. Pero eso era hasta donde yo
iría, y Blake nunca hizo nada que me hiciera decir no puedo.

—No salió del paso mamá —le dije—. Todavía va a venir. Su padre está teniendo
una fiesta importante en los Hamptons con sus clientes y otros abogados de su
firma… Blake tenía que estar allí.

—Oh —dijo en su tono la-di-da—. Los Hamptons. Qué engreído.

Lo dejé. Estaba feliz y no iba a dejarla que me deprimiera. La semana anterior,


mamá había preguntado si la prescripción de mis píldoras para la migraña
necesitaba ser rellenada y le había mostrado la botella, que no estaba para nada
vacía, porque no había visto un aura por un buen rato. Eso me hizo preguntarme si
sentirse alegre y bonita y cuidada durante todo el tiempo era francamente una cura
milagrosa.

—Hola, pequeña hermana —dijo Patrick mientras estaba de pie sobre los escalones
delanteros veinte minutos después.
135

Era tan alto y moreno, y todavía sentí algo cuando plantó un beso en mi mejilla.
Pero fue sólo un pequeño temblor en comparación con el terremoto que venía de
los besos de Blake. Casi me reí, recordando cómo solía escuchar a escondidas a
través de la pared del dormitorio y dormir con la camisa de Patrick, y era algo así
como mirar un juguete viejo y pensar: Esa muñeca de seguro es linda, pero estoy
demasiado crecida para ella ahora.

—Hola —le dije mientras mamá pasaba por delante de nosotros con la nevera.
Abría la puerta de atrás y salía al patio, el cual estaba lleno de invitados. Yo iba en
esa dirección cuando Patrick atrapó mi codo y habló en mi oído.

—¿No estás enojada con nosotros, o sí, Ari? Odié mantenerte alejada.

Hice una pausa por un momento, estudiando la onda de cabello que caía sobre su
frente. —Sí —admití—. Estaba enojada. ¿Quién no lo estaría?

Él sonrió con simpatía, pasó su brazo alrededor de mis hombros y me llevó a un


rincón tranquilo. —No te culpo. Pero tengo que poner a tu hermana en primer
lugar. ¿No es eso lo que quieres? —preguntó, y asentí, porque realmente era lo que
quería. No podía soportar que Evelyn estuviera casada con un vagabundo
insensible que la pusiera en último lugar—. Y tú sabes que yo no estoy
acostumbrado a decir gracias... pero agradezco lo que has hecho por nosotros,
ayudando con los niños y todo. Por favor, dime que lo sabes.

—Ahora lo hago, ya que finalmente lo trajiste a colación. Pero no estoy segura de


cuánto puedo tomar… —Patrick Cagney diciendo por favor y gracias en un solo
día... Alguien debería llamar al New York Times.

—Sabelotodo. —Él se rió, apoyándose cerca—. Evelyn está mucho mejor ahora,
también… lo verás.

La vi un minuto más tarde, de pie en el mostrador de la cocina, envolviendo mini


perros calientes en pasta Pillsbury. Estaba delgada y bonita, y llevaba puesto un
vestido blanco, alpargatas blancas, y una tobillera de oro con un encantador
grabado en forma de chupeta, decía: MAMI.

—¿Eso es algo nuevo? —le pregunté, acechando con torpeza en el marco de la


puerta.

Ella apartó la mirada de una bandeja para hornear cubierta con una manta con
cerdos y miró hacia abajo a su tobillo. —Sí… Patrick me lo compró.

—Es hermoso —le dije, observando el cuidado que había tenido con su delineador
de ojos y rímel, el esmalte de sus uñas. Era como si la vieja Evelyn hubiera vuelto,
y yo estaba tan feliz de verla que estaba dispuesta a dejar todo detrás de nosotras—.
136

Él realmente te ama —añadí, y no me molestaba decirlo porque ahora tenía a


alguien que podría amarme, también.

Ya no estaba enfadada, podría decir. Yo no lo estaba tampoco. Ella sonrió,


poniendo los brazos alrededor de mí. Su cabello estaba liso secado con secador y se
sentía suave contra mi mejilla. Casi me hizo llorar, y pensé que Evelyn estaba
también al borde. Ambas resoplamos y reímos cuando nos apartamos la una de la
otra, y yo sabía que todo estaba mejor ahora.

—Entonces —dijo—. ¿Dónde está ese novio tuyo? Me muero por verlo.

Ella lo vio más tarde, cuando el sol proyectaba un matiz anaranjado de oro sobre la
casa. Blake se comió tres hamburguesas como si no hubiera tenido un bocado en
los Hamptons. Él alimentó a Shane con su botella, jugó a la pelota con Kieran, y se
acomodó en una silla junto a la mía.

—Vi a tu amiga hoy —me dijo.

—¿Summer? —dije.

Él asintió con la cabeza. —Su madre servía la comida en la fiesta. Ella maneja
algunas reuniones en la empresa y ahora va a estar haciendo todas las fiestas de mi
padre. Personalmente, me pareció que la comida estaba demasiado salada.

Yo sabía que no había comido mucho en esa fiesta. Y me sentí nerviosa, llena de
pánico, de la forma en que lo había tenido la primera vez que Blake y Summer se
conocieron. Me imaginaba su coqueteo, riendo y hablando de Don Mattingly,
literalmente, embelesando los pantalones de mi novio. Pero me acordé de lo que
había dicho en su auto aquel día —que yo era más bonita— y me convencí de que
era una estupidez preocuparse.

—¿Quieres una cerveza? —pregunté. Fue bueno cambiar de tema.

Él negó con la cabeza. —Ya tengo una. Yo no bebo mucho... prefiero no


convertirme en un alcohólico como mi hermano.

—¿Del es un alcohólico? —pregunté. Un cerdo, un alcohólico, ¿qué era lo


siguiente?

—Creo que es una cuestión de opinión. —Se encogió de hombros y lanzó un brazo
sobre el respaldo de su silla—. Esto es exactamente lo que quiero —dijo, mirando la
modesta casa de Patrick y Evelyn como si fuera el Taj Mahal—. ¿Tú no?

Me encantaba que Blake supiera lo que quería y no actuará como si no fuera


suficiente. —Sí —dije—. Sin embargo, una casa más bonita. En Park Slope. Con
una hamaca en el patio y un puesto de trabajo docente en una buena universidad en
la ciudad.
137

Él asintió con la cabeza. —Mi padre tiene conexiones en las escuelas de la ciudad.

Me senté y traté de averiguar por qué mamá era tan anti-conexiones. Estaba
empezando a creer que las conexiones eran una buena cosa, porque pueden
conseguirte lo que querías sin esfuerzo y trabajo duro y sin realizar los exámenes
SAT. A continuación, Blake se puso de pie para conseguir un refresco y lo vi a él y
a Patrick en el patio.

Ellos se llevaban bien y estaba encantada. Él y Patrick discutieron de fútbol, béisbol


y el examen de ingreso del FDNY, pero no conseguí escuchar todo porque Evelyn
me arrancó de mi silla y me persuadió en el vivero, donde cerró la puerta y apretó
mis manos.

—Santa mierda —dijo—. Él es simplemente encantador.

Nunca en toda mi vida había escuchado a Evelyn decir la palabra encantador. No


me podía imaginar donde la había encontrado que no fuera en una novela
romántica a medio leer. Pero era una descripción exacta, por lo que estuve de
acuerdo y respondí a sus preguntas acerca de cómo Blake y yo nos conocimos, y
luego ella preguntó su edad.

—Veintiuno en noviembre —le dije.

—Veintiuno —dijo pensativamente—. ¿Así que ustedes dos están haciéndolo?

Ella era peor que mamá. Negué con la cabeza como si nunca hubiera incluso
considerado hacerlo.

—Eres una mentirosa, Ari. Sé lo que está pasando. Mirándote, toda radiante y una
mierda.

¿Yo estaba radiante? No lo sabía. Y no esperaba que me gustara hablar con Evelyn
acerca de esto, pero lo hice. No podía hablar con mamá y no hablé con Summer, y
no confiaría en Leigh, que era prima de Blake, después de todo. Y de repente, de
pie en medio de paredes azules adornadas con banderines de los Medias Rojas,
estaba agradecida de tener una hermana mayor.

—No estoy mintiendo —dije después de decirle a Evelyn acerca de mis tardes de
los miércoles—. No estamos haciendo nada.

—Pero lo harás —dijo—. Te voy a dar el número de mi médico. Ella trabaja en una
clínica en Brooklyn los viernes… ellos no piden seguro allí, por lo que no tendrás
que decirle a mamá... y puedes conseguir una prescripción para la píldora. No
queremos que quedes embarazada, ¿verdad? —Se rió y luego garabateó en un
pedazo de papel que apretó en mi palma.
138

—Evelyn —le dije—. La píldora no siempre funciona, ¿verdad? Quiero decir…


tú…

Ella me interrumpió con un tipo diferente de risa. Era astuta y gruesa y ella bajó la
voz. —Funcionan si las tomas todos los días. Pero yo quería salir de la casa de
mamá, así que me salté una píldora aquí y allá. Quiero decir... Patrick siempre me
ha amado, pero él me amaba más cuando estaba embarazada. Los chicos son
divertidos de esa manera. —Ella guiñó un ojo y puso las manos sobre mis
hombros—. Escucha, Ari. Hay todo tipo de enfermedades por ahí, y no me refiero
sólo a SIDA. Asegúrate de que Blake no tiene nada antes de dormir con él. Debes
averiguar con cuántas chicas ha estado si no lo sabes todavía.

Sólo conocía a la chica de Georgia. Pero todo lo que podía pensar ahora era cuán
desesperada debió haber estado Evelyn para salir de la casa de mamá... y cómo
Kieran no fue un accidente.
139

Capítulo 16 

Traducido por sooi.luuli, Little Rose SOS y Jo SOS

Corregido por Angeles Rangel

Y
o amaba junio. No era nada sino sol brillante, aire fresco, tardes de miércoles
en rosas adornadas. Amaba la canción de la caja de música que venía del
camión del hombre de Good Humor mientras patrullaba por mi edificio
después de la cena cada noche, el olor de los malvaviscos asándose en las
barbacoas de nuestros vecinos, y la letra “A” escrita en estimulante tinta roja
sobre sus exámenes finales.

—Eres la estudiante más prometedora que he visto en años —dijo mi profesor de


arte.

Era el último día de escuela. El aula estaba vacía. Las ventanas estaban abiertas y
todos se arremolinaban afuera, hablando y firmándose los anuarios entre ellos, y
escuché sus voces hasta que el maestro dijo algo sobre un trabajo de verano.
Entonces él me entregó una ficha impresa con una dirección en Brooklyn y las
palabras Creative Colors.

—¿Qué tipo de trabajo es este? —pregunté.

—Es un programa para adultos con discapacidades mentales —dijo—. Síndrome de


down… lesiones cerebrales… ese tipo de cosas. Ellos hacen terapia de arte. Un
amigo mío es dueño del lugar y necesita algo de ayuda, así que pensé en ti. Alguien
con tu talento debería difundirlo por alrededor. Podrías hacer mucho bien allí.

Mi talento. ¿En verdad dijo eso? Las palabras se repetían en mi mente y yo


prácticamente di saltitos hacia la estación del metro. Entonces decidí detenerme
cerca de Creative Colors en mi camino a casa.

Estaba a unas pocas manzanas de mi casa, en el primer piso de una construcción


Victoriana de tres pisos con columnas dóricas y un amplio porche. El nombre del
amigo de mi profesor era Julian; él tenía treinta y algo, y ostentaba una castaña
barba de mandarín y lentes con una montura de alambre. Dijo que yo venía
sumamente recomendada y me contrató de inmediato.
140

Mamá no paraba de parlotear sobre mi nuevo trabajo esa noche durante la cena. —
Esas personas reconocen el talento cuando lo ven —dijo—. Y tú quieres perder el
tiempo enseñando. —Tendió la mano por mi plato, sobrecargándolo con ensalada
de macarrones, y se giró hacia papá—. Ésta sólo se marcha y consigue un trabajo
por su cuenta. ¿Recuerdas cuando Evelyn tenía la edad de Ariadne? Le pedí
encontrar un trabajo de verano, pero ni siquiera rellenaba una solicitud de Burger
King.

Mamá estaba orgullosa de mí y eso era genial, pero no quería cumplidos a expensas
de mi hermana. Evelyn había sido tan dulce últimamente, ella siempre preguntaba
sobre Blake cuando hablábamos por teléfono. Y había sido considerado de su parte
conectarme con su doctor, incluso aunque resultó que no podía tomar píldoras
anticonceptivas.

Yo me había informado hace una semana. Había programado una cita secreta en la
clínica, y soportado el humillante examen con el fino vestido y los guantes de látex
y el frígido instrumento que podía doblar como un calzador o un dispositivo de
tortura medieval, y cuando terminó me sentí como si hubiera cruzado una línea
final. Me levanté de la mesa de examen en ese vestido fino como el papel,
recordando un programa PBS2 sobre esos chicos africanos que pasaban por una
ceremonia y tenían sus caras cortadas con una navaja y marcados de por vida
porque era su rito de iniciación. Así que mientras el doctor se sentaba en su taburete
y repasaba mi historial médico, pensaba: este es mi rito de iniciación. Ahora no soy
diferente de Summer o de esas chicas que ven a los ginecólogos regularmente y tragan las
píldoras anticonceptivas fielmente, y soy un miembro del Club “Tengo Un Novio”.

Entonces vi a la doctora hojear formularios y se rascó la cabeza. Era una mujer


gorda de mediana edad que decía que no se había dado cuenta de que estaba
enferma de migraña y que: La Píldora no una buena idea para ti, señorita Mitchell. Sólo
empeorará a tus dolores de cabeza. Después me dio unos folletos sobre el embarazo y
los ETS y la píldora anticonceptiva —como si no hubiera leído exactamente las
mismas cosas en Educación Sexual en la escuela— y dijo: es mejor si tu novio usa
protección, de cualquier manera. Tú nunca puedes estar segura de la historia sexual de un
hombre, no importa lo que él te diga.

Así que yo había usado ese estúpido vestido para nada. Y Blake no me había dicho
nada porque yo no le había preguntado.

***

Esta era mi primera vez en Delmorico’s. Estaba sentada al lado de Blake el sábado
después de que la escuela finalizara, y sabía que él no estaba cómodo. Estaba

2
PBS: Public Broadcasting Service. Servicio Público de Radiodifusión.
141

vestido en un traje —así era el Sr. Ellis— y él se mantuvo tirando de su cuello como
si no pudiera respirar.

—Acostúmbrate a él —dijo Del—. Estarás usando una corbata todo el verano.

Rachel y Leigh e Idalis estaban allí también. Todos nos sentamos en una mesa
redonda sobre sillas de cuero en una sala que estaba oscura incluso aunque el sol
del atardecer estaba brillando afuera. Había un sillón carmesí y una glamorosa
araña, y el camarero me entregó un menú con precios que me deslumbraron.

Hojeé el menú mientras una cesta de pan era pasada por la mesa. Cuando llegó a
Leigh, la mantuvo a su lado.

—¿Me puedes dar el pan por favor, Leigh? —pregunté, e incluso aunque ella estaba
sentada a mi lado, no parecía escuchar. Estaba untando con mantequilla un
panecillo cuando repetí mi pregunta.

—Está justo allí —dijo sin mirarme—. Agárralo tú misma.

—Leigh —dijo Blake bruscamente. Él estaba al otro lado mío y parecía tan
sorprendido por su maldad como yo lo estaba—. No le hables a Ari así.

—Blake —dijo Rachel desde el otro lado de la mesa, en el mismo tono reprobador
que él había usado con Leigh—. No interfieras. Es entre las chicas.

¿Qué era entre las chicas? Me pregunté mientras Blake se estiraba hacia el plato de
Leigh y arrebataba el pan. Él y yo nos miramos el uno al otro con confusión y le
negamos importancia. Entonces el camarero vino con un bloc y una lapicera. Blake
ordenó un bistec llamado el “Clásico” y yo ordené lo mismo porque no sabía qué
más hacer. Todos le estaban pidiendo al camarero cosas como foie gras y au poivre,
lo cual era desconcertante porque Delmonico’s no era siquiera un restaurante
francés.

El Sr. Ellis tenía un bistec que costaba más de cincuenta dólares. Fue tan poco
común que tuve que apartar la mirada después de que él lo cortara. La carne estaba
cruda, y la visión de ella revolvió mi estómago.

—¿Así que nos extrañarás, Stan? —preguntó Rachel—. California está


terriblemente lejos, ya sabes.

Ése es el por qué estábamos aquí. Rachel y Leigh se iban a ir esta noche en un
vuelo al LAX por JFK, y esta era su cena de despedida.

—Yo no me perderé el pagar tu renta —dijo el Sr. Ellis, y luego me agradeció por
recomendar el catering de Tina—. La comida de Tina es excelente. Y su hija es una
chica hermosa. Ella es tu amiga, ¿no?
142

—Sí —dije, pensando que al Sr. Ellis le debía gustar la comida demasiado salada, y
que él me había llamado una chica bonita la primera vez que lo conocí pero nunca
había dicho que yo era una chica hermosa. Él en realidad nunca me había hablado
en absoluto, más que hola y adiós. No habría estado sorprendida si no supiera mi
apellido.

—¿Y qué hace su padre? —preguntó.

—Es un psiquiatra —dije, lo cual pareció impresionar al Sr. Ellis.

—Ya veo. ¿Y qué hace tu padre, Ari?

—Es un policía. Un detective de homicidios.

—Qué honorable —dijo él.

No estaba segura de que él aún estuviera impresionado. Pero decidí tomar


honorable como un cumplido. También intenté olvidar que hermosa es mejor que
linda y me concentré en Blake, que estaba tan espléndido en su traje. Pero podía
decir que él quería arrancárselo.

Después de la cena fuimos al aeropuerto, en una limosina que el Sr. Ellis dispuso
para nosotros como si esto fuera la fiesta de graduación. Del e Idalis habían
terminado una botella por ellos mismos durante la cena y ahora estaban enérgicos y
detestables. Blake estaba silencioso, así que le pregunté qué estaba mal.

Él susurró en mi oído: —Mi madre murió hoy.

Lo dijo como si hubiera muerto el día de hoy, esta mañana o esta tarde, en lugar de
hace un tiempo. —¿Quieres decir que hoy es el aniversario?

Asintió. —Tenía treinta años. Fuimos al cementerio esta mañana.

Su voz era triste. Agarré su mano. Dentro de poco tiempo estuvimos en JFK,
donde el chofer descargó el equipaje del baúl y todos salimos del auto. Quise darle
a Leigh un abrazo de despedida incluso aunque ella había estado tan silenciosa en
la limo y tan susceptible en el restaurante, pero me estaba ignorando.

—Leigh —dije, corriendo por delante y agarrando su brazo mientras se dirigía


hacia las puertas automáticas del aeropuerto—. ¿No vas a despedirte? Tienes que
darme tu nuevo número de teléfono y tu dirección así podamos mantenernos en
contacto.

Ella se dio vuelta. Su boca estaba abierta. Se veía como si acabara de decir algo
sumamente ofensivo. —¿Estás bromeando? —preguntó, y comenzó a caminar.

—Leigh —dije de nuevo, siguiéndola—. ¿Qué está mal contigo?


143

Me enfrentó. Entonces agarró mi muñeca y me condujo a una parte vacía de la


acera, fuera del alcance de los oídos de su familia. Miré las motas doradas en sus
ojos, las pecas marrones en su piel. Ella estaba en lo cierto, había millones de ellas.

—¿Por qué querrías mi número de teléfono? —preguntó ella, posando sus manos en
sus caderas—. No lo usarás. Ni siquiera me llamaste cuando vivíamos en los lados
opuestos del puente. Tú dijiste que pasaríamos el tiempo hasta que me mudara a
California. ¿Recuerdas? En el Hamptons tú dijiste que pasaríamos el tiempo por el
resto de la primavera, pero terminé sola en mi apartamento como siempre. Sólo te
veo en la escuela o cuando estás con Blake y coincidimos. Y él fue a esa fiesta del
Día de los Caídos en casa de tu hermana. Pero yo no tuve invitación. ¿Cómo es que
yo no obtuve invitación?

Estaba atónita. Ella estaba hablando rápido y alzando la voz, y la gente caminando
cerca con valijas y portatrajes estaban mirando.

—B-bien —tartamudee—. Sé que no nos hemos visto la una a la otra mucho


últimamente, pero pensaba que estabas ocupada preparándote para mudarte.

Puso los ojos en blanco y se burló. —Esa es una excusa poco convincente. Tan
pronto como conociste a Blake, ya no te importó nada de mí. Tú me usaste para
llegar a él… y no es la primera vez que esto ocurre. Montones de chicas están
interesadas en mis primos, y no les importa a quién pisotean para conseguir lo que
quieren. Yo no pensaba que tú eras así… pensé que eras diferente. Pensé que estaría
bien tenerte alrededor de ellos, que podíamos ser todos amigos… pero estaba
equivocada. Me abandonaste y ni siquiera lo notaste.

Tuve un flashback hacia una cena del cuarto curso y de la crème brûlée. Recordaba
quedarme en el penthouse, aproximándome mediante artimañas a una invitación a
Rockfeller Center para que pudiera ver a Blake. Recordé a Leigh diciéndole a
Rachel no darme consejos de citas cuando Rachel dijo que Blake sería perfecto para
mí.

—Nunca quise… —comencé, pero ella levantó la mano como si no quisiera


escuchar ninguna excusa. Y tal vez yo estaba mintiendo… tal vez parte de mí en
verdad había querido. Me sentía horrible, pensando en cuán amigable ella había
sido en mi primer día en Hollister, cómo yo la había dejado patinar sobre hielo
sola, y estaba en shock al darme cuenta que era igual que Summer. Había puesto a
mi novio por encima de todos los demás y dejado a Leigh sentada en casa las
noches de viernes. Era mi culpa que ella hubiera pasado los últimos meses sola en
su apartamento con nada a excepción de lápices de colores. Era incluso peor pensar
que esto le había pasado a Leigh antes, y que ella me había considerado una chica a
la que no le importaba a quién pisoteaba. Yo nunca había pensado en mí como ese
tipo de chica—. Lo siento tanto —dije.
144

—Esas son las palabras —dijo Leigh—. ¿Te hacen sentir mejor?

En absoluto. Quería hacer sentir mejor a Leigh, pero suponía que era demasiado
tarde ahora. —¿Supongo que volverás a hacer una visita pronto? —dije dócilmente,
esperando otra oportunidad—. Quiero decir… podemos reunirnos y tal vez…

—Sí —dijo, doblando sus brazos—. Volveré pronto… para visitar a mi familia.

Entendía el mensaje. Asentí, escuchando a las puertas del auto cerrarse de golpe y a
la gente decir: Que tengan un buen viaje. —Bueno… ¿vas a darme tu nuevo número
de teléfono? Prometo que te llamaré.

—No me hagas ningún favor. —Se volteó y se dirigió pisando fuerte hacia la
terminal.

Sabía que no merecía su número de teléfono o su amistad. Pero decidí que lo


compondría con ella de alguna manera. Le preguntaría a Blake por la nueva
dirección de Leigh y le enviaría una carta disculpándome por todo. Tal vez
significaría más que decir solo perdón.

La vi caminar hacia Rachel, que estaba haciendo la revisión de sus valijas en la


acera con un chico que tenía un acento ruso. Subí a la limo con Blake, Del e Idalis
y me senté allí a pensar en Leigh.

—¿Puedes darme la nueva dirección de Leigh? —le pedí a Blake.

—Seguro —dijo. Metió la mano en su bolsillo, sacó su billetera, y comenzó a


hurgar dentro. La dirección estaba escrita en la parte posterior de una tarjeta
profesional Ellis & Hummel que apretó en su mano—. ¿No te la dio ya?

—Supongo que se olvidó —dije, metiendo la tarjeta en mi monedero, pensando que


era lindo de parte de Leigh no decirle a Blake que yo era una persona de
cuestionable carácter. El hecho de que no lo hubiera hecho me hacía sentir peor.

Blake asintió. —Fue tan maleducada esta noche. Ella no es así. Tal vez está
nerviosa por mudarse.

Él no había notado tampoco que yo la había plantado. Habíamos estado tan


ocupados el uno con el otro para pensar bien en Leigh, incluso aunque ambos
sabíamos cuánto necesitaba un amigo. Me limité a asentirle a Blake e incliné mi
cabeza contra la ventana, viendo al Sr. Ellis mientras le daba la propina al chico
que estaba llevando las valijas de Rachel y Leigh.

La puerta del auto se abrió y el Sr. Ellis se deslizó en el asiento al lado de Blake.

—Tienes que darle a esas personas una buena propina —dijo el Sr. Ellis a nadie en
particular—. Si no pondrán tus valijas en un avión a Moscú sólo para desquitarse.
145

—Sí —dijo Del—, jodidos comunistas.

Él estaba borracho. Pero eso suponía era una broma y me sentí mal cuando el Sr.
Ellis no se rió. Le dio la espalda a Del y habló con Blake sobre comenzar en Ellis &
Hummel el lunes, y yo miré por la ventana porque tenía la sensación de que era una
conversación privada.

El Sr. Ellis se quedó en la limo después de que el resto de nosotros bajáramos en


Upper East Side. Él dijo algo sobre el trabajo y un cliente y el auto se lo llevó.
Entonces Blake y Del e Idalis y yo fuimos en el elevador y yo intenté no mirar
mientras Idalis empujaba a Del en una esquina y lo besaba como si estuvieran
solos.

Lo continuaron en la penthouse. No pensaba que lo harían, porque Del puso una


película en la videocasetera en el comedor y todos nos sentamos en el sofá, pero
comenzaron a tontear otra vez durante los créditos iniciales. Blake tuvo suficiente.

—Vamos a dar un paseo —dijo, agarrando mi muñeca.

Idalis desconectó sus labios de los de Del el tiempo suficiente para estirarse y
agarrar mi brazo. —Sí —dijo—. ¿Por qué no tomas un paseo escaleras arriba hacia
la habitación de Blake?

Escaleras arriba hacia la habitación de Blake. Lo dijo largo y lento, en una voz
seductora que me avergonzó e insultó. Estaba segura de que sabía lo que ella estaba
pensando: que yo era una Debby Boone asexuada y demasiado aburrida, y que ella
era una erótica Madonna Peep Show. Blake me levantó del sofá y Del puso los ojos
en blanco.

—Déjala en paz, Idalis —dijo Del, y lo adoré por ello.

Entonces Blake y yo estábamos en la acera. El cielo se había nublado y escuché


truenos a la distancia. Blake estuvo en silencio mientras caminábamos hacia
Central Park, donde la gente comenzaba a abandonar el lugar sobre la hierba
después de que el cielo se iluminara con un amenazador rayo blanco azulado.

Blake me condujo a un banco y nos sentamos. Se sacó su corbata, su billetera, y me


mostró una imagen amarillenta de una mujer joven. Tenía grandes ojos azules y
largo cabello rubio y estaba peinada con la raya en el medio, como un anuncio de
Wella Balsam de los setenta. Tenía piel bronceada y su estructura ósea era
majestuosa, y se veía como si fuera alguien que nunca esperaba que algo malo le
ocurriera.

—¿Esta es tu madre? —pregunté.


146

Él asintió y miró hacia los edificios a la distancia antes de contarme que murió
mientras Del estaba jugando a la Pequeña Liga de béisbol. Blake y Del y el Sr. Ellis
se habían ido al juego y ella se había quedado en casa. Del la había encontrado en
el piso de la cocina cuando volvieron.

—Aneurisma cerebral —dijo Blake—. El doctor que hizo la autopsia dijo que nada
se podría haber hecho. Pero Del pensaba que era su culpa… él dijo que podíamos
haberla salvado si hubiéramos estado allí. Él ya nunca quiso jugar al béisbol
después de eso. Era bueno.

Me preguntaba si alguien alguna vez le había dicho a Del que no era su culpa. —Lo
siento —dije—. Apuesto a que estaría orgullosa si pudiera verte ahora.

Él sonrió. Sonaron truenos, los relámpagos rasgaron el cielo, y nos quedamos en el


banco con nuestros brazos alrededor el uno del otro incluso aunque la lluvia caía en
gruesas gotas a nuestro alrededor. No me importaba empaparme porque sentía
como si Blake me necesitara, y yo quería que lo hiciera.

Era un viernes, fines de agosto, cuando mi jefe, Julian, admitió que la mayoría de
los empleados renuncian después de la primer semana. El lugar era algo bajo para
ellos debido a su clientela. Se llamaban estudiantes, aunque estaban entre los veinte
y los treinta, pero realmente sólo estaban para ser cuidados hasta que sus padres
fueran por ellos por la noche, y fácilmente se les entretenía con crayones y pinturas.

Uno de ellos se llamaba Adam. Tenía veintidós y unos lindos hoyuelos, y estaba
segura de que había sido un chico popular en la secundaria hasta que se golpeó la
cabeza en un juego hace cinco años. Ahora tenía medio daño cerebral y a veces
tartamudeaba, y lo mejor de su día solían ser los dibujos que yo le hacía, hechos a
lápiz, de lagos y montañas. Eso era lo que quería porque solía ir de excursión y
pescar, y no me importaba dibujarle esas cosas una y otra vez si eso lo hacía feliz.

—¿Tienes novio? —preguntaba.

—Sí —decía yo, aunque ya lo hubiera respondido unas seis veces, y de no haber
tenido el accidente el probablemente podría haber elegido la novia que quisiera.

—Eres linda —decía después—. Pareces Blanca nieves.

Casi lloré. Me convencí de que ayudar a Adam con sus dibujos ayudaría a su mente
y que algún día quizás mejoraría si seguía intentando.

Blake pensaba que era algo lindo. Me lo dijo esa noche, cuando lo encontré en el
trabajo. Eran las seis de la tarde y estábamos de pie junto a un escritorio en la
147

recepción que tenía las palabras ELLIS & HUMMEL impresas en frente en letras
dorado brillante.

—¿Ya te vas? —dijo una voz.

Ambos nos volvimos y vimos al señor Ellis, quien llevaba un fajo de hojas en las
manos y caminaba hacia nosotros.

—Dejé copias de los casos que querías en tu escritorio papá —dijo Blake.

El señor Ellis sonrió y palmeó el hombro de Blake. Unos minutos más tarde, Blake
y yo estábamos en el Corvette, donde me dijo que quería pasar a cambiarse por su
casa antes de ir a la cena. Fue a su cuarto en el penthouse y yo lo esperé en el sofá,
admirando la vista. Mientras estaba allí sentada, oí las puertas del ascensor
abriéndose. Miré en su dirección y vi a Del, quien me dijo que había ido a buscar
un arete que Idalis perdió la última vez que estuvo allí.

—Cortamos —dijo sentándose a mi lado—. De todas formas me había hartado su


mierda.

Me pregunté si eso sería cierto. Estudié su mirada mientras hablaba, pensando que
era mucho más verde que gris esa noche. —Oh bueno —dije—. Estás mejor así,
supongo.

Sonrió. La cicatriz de su labio se curvó. Después apareció Blake y Del mencionó a


Ellis & Hummel.

—¿Sabes qué es lo que hace tu novio en el trabajo? —preguntó, y sacudí la


cabeza—. Ayuda a mi padre y sus socios a destruir empresas para que personas
decentes pierdan sus trabajos.

Miré a Blake. Parecía cansado. —Ya basta con eso Del —dijo.

Del no lo oyó. —¿Sabes qué más hacen, Ari? Presentan ridículas demandas por
mala praxis médica. Y ganan. Por eso los seguros médicos cuestan tanto y la gente
que se está muriendo de cáncer termina en quiebra.

—Ya basta —dijo Blake, tomando mi brazo.

Lo próximo que supe fue que estábamos en el Corvette y Blake me decía que no
quería quedarse en Manhattan.

—Vayamos a los Hamptons. He tenido suficiente de esta ciudad.

No repliqué. Estuvo en silencio todo el camino y cuando comimos la pizza en la


mesa de la cocina. Blake tomaba una cerveza y miraba a la nada, y yo sabía qué
andaba mal.
148

—No tienes que trabajar ahí —le dije.

—Sí tengo que, Ari. No puedo decepcionar a mi padre.

Sabía cómo se sentía y quería animarlo. Por lo que sugerí que nos sentáramos en
las sillas junto a la piscina porque estaba tan linda la noche, que Blake quería nadar.

—No tengo traje de baño —dije, y me explicó que Rachel se había dejado uno
arriba.

Era un bikini sexy fucsia con un lazo atado en la cadera izquierda. Lo encontré en
un baúl junto a unas camisetas y pareos, en esos cuartos con luces indirectas.
Después me paré frente a un espejo de cuerpo completo en la alfombra blanca,
examinando mis piernitas flacas y mi cinturita y mi pecho. El bikini unía mi busto
formando un mínimo escote, y no pensaba que fueran perfectos, como Blake dijo,
pero no eran tan horrible. Entonces decidí ir a la piscina sólo con el bikini y dejé las
camisetas de Rachel en el cajón.

Contuve el aliento todo el camino escaleras abajo, y no exhalé hasta que Blake me
sonrió. Después me levantó y me arrojó en la parte profunda.

—Idiota —le dije, aunque no era en serio. Me quité el cloro de los ojos mientras él
nadaba bajo el agua, y aún veía borroso cuando me arrinconó en una esquina y
puso mis brazos en su cuello.

—Te ves mucho mejor en ese bikini que Rachel —dijo.

Tenía el cabello echado hacia atrás. Las luces de la piscina se le reflejaban en los
ojos.

—No puedo competir con Rachel. Es hermosa.

—Tú lo eres —respondió.

Hermosa sonaba mucho mejor que linda. Sonreí, jugueteando con su collar. —Tú y
Leigh tienen el mismo.

—Mi abuela nos dio uno a cada uno… Leigh, Del y yo. Aunque él nunca lo usa.

—¿Has hablado con Leigh últimamente? —pregunté, pensando en la carta que le


había enviado a fines de junio. Había pasado media hora en Hallmark revisando las
tarjetas de Perdón. La que elegí tenía una caricatura de un gato con ojitos tiernos y
una flor en la pata. Me senté mucho tiempo en mi escritorio esa noche, escribiendo
que no sabía lo que había estado haciendo y que esperaba que me perdonara, y que
por favor me llamara así podríamos hablar. Pero Leigh nunca llamó ni respondió,
así que supongo que no me había perdonado aún. Realmente no podía culparla.
149

Quizá pensó que la carta también era estúpida. Las tarjetas de Perdón son tan
sosas.

—Sí —dijo Blake—. Me llamó el otro día. ¿No has oído de ella?

—No últimamente —dije casualmente. Después vi el tatuaje en la espalda de Blake


y cambié de tema.

—¿Qué es exactamente esto? —pregunté, recorriendo el círculo y la cruz y las tres


plumas con mi dedo índice.

Me lo explicó. Se llamaba “Rueda Medicinal” y era una cosa sagrada de los


Nativos Americanos. Supuestamente también daba suerte. La había conseguido de
un viejo Shawnee en Georgia.

—No lo menciones a mi padre —dijo Blake—. Sabe sobre el tatuaje, pero no estaba
feliz cuando se enteró, así que no hablo sobre eso. Ha huido de Georgia toda su
vida… quiere olvidar que tenemos algo de sangre Shawnee en nosotros.

No estaba sorprendida. Pensé en Ellis & Hummel y el penthouse y la madre de


Blake con su aristocrático padre. Me imaginé al Sr. Ellis luchando en la universidad
y ganando demandas así podía permitirse vivir en Upper East Side y pretender que
nunca había comido una col verde o un pastel de colibrí.

—Pero le dio a tu hermano un nombre Nativo Americano —dije.

—No quería. Ese era el nombre de su padre y eso se esperaba. Así que lo hizo. —
Blake inclinó la cabeza en la piscina para mojar su cabello. Lo peinó hacia atrás
con sus dedos y observé las gotas de agua acumulándose en sus mejillas—. En fin…
solo no menciones el tatuaje. Jessica tiene el mismo, no apreció mucho eso
tampoco.

Nunca había escuchado de Jessica antes, pero supe quién era cuando Blake se
disculpó y dijo que no era agradable que un chico hablara sobre una ex novia.

Tenía razón. No era agradable. Hizo que un revuelto nudo de envidia se levantara
de mi estómago hasta mi cara. Vi cabello rubio y un remolque con macetas y a
Blake acostándose con Jessica por dos años enteros.

—¿Qué pasó con ella? —pregunté, como si no tuviera idea.

—No lo sé —dijo—. Dejo de devolver mis llamadas. Hasta bajé para verla, pero
sólo se había ido. Sin explicación.

Era algo cruel lo que había hecho y él no se lo merecía. —Oh —dije—. Lo siento.
150

Se encogió de hombros como si no le importara, pero era un mal actor. Entonces


nos besamos. El agua en la piscina era cálida y también eran los labios y lengua de
Blake mientras tocaban los míos. Desató mi parte superior y la deslizó, y entonces
su boca estaba en mi pecho en una manera en que me hizo preocuparme por los
vecinos. Pero el Sr. Ellis tenía mucha propiedad, así que dudaba que alguien
pudiera vernos a dos hectáreas de distancia.

—Tenemos que parar ahora —dijo Blake de repente—. O no podré detenerme.

Odiaba detenerme. Molestaba mis nervios. Pero volví a mis cabales cuando mi
parte de arriba estaba de vuelta y mientras nos estábamos secando en el patio.
Descansábamos en reposeras y Blake leía el New York Post mientras yo decidía que
él era inteligente por detener lo que habíamos estado haciendo en la piscina.
Habían cosas que considerar antes de pudiera tener lo que le solía dar a Jessica.

—Blake —dije.

Estaba leyendo la sección de deportes: YANKEES APLASTAN LA CIUDAD DE


KANSAS. —¿Qué?

—¿Con cuántas chicas has estado?

Allí. Lo hice. Había estado rondándome desde que Evelyn lo había dicho en el Día
de la Memoria y necesitaba saberlo, porque cosas terribles podían morar en los
lugares menos probables.

Dejó el diario en su regazo. —No es agradable hablar sobre eso.

—Tenemos que hacerlo. En estos días, la gente tiene que hablar de eso.

Asintió. Y entonces subió dos dedos.

—¿En serio? —dije—. ¿Jessica y quién más?

—Alguien mayor. Esa fue la primera vez. —Rodó sus ojos—. Apenas la conocía…
La conocí en un bar en la ciudad donde Del me llevó cuando tenía dieciséis y se
sintió como si estuviera yendo al baño en mi. Así es el sexo si no se importan entre
los dos, no es para nada bueno. —Se sentó y balanceó sus piernas hacia el lado de
la reposera—. Escucha, Ari. No tengo SIDA ni nada. Me haré un examen de
sangre para que no te preocupes.

Ya no estaba preocupada; no necesitaba un examen de sangre. Sacudí la cabeza


pero él insistió que iría a ver a su doctor, y entonces miró su reloj y dijo que
deberíamos estar en nuestro camino de vuelta a la ciudad.

Subí. El bikini estaba seco ahora y me paré enfrente del espejo de nuevo,
estudiando mi cuerpo. La puerta estaba abierta, y cuando vi el reflejo de Blake
151

pasar por el corredor, lo llamé. Se unió a mí en la alfombra y sacudí mi mano al


frente de mi pecho.

—¿Lo notas? —pregunté—. Me refiero… ¿qué soy dispar…?

Sostuvo su puño en mi mejilla. —No lo eres. Y si lo dices una vez más, haré que te
arrepientas.

Me reí y nos besamos de nuevo, a pesar de que Blake me advirtió que eran cerca de
las nueve y teníamos un largo camino de vuelta.

¿Y qué? Mamá me quería en casa a una hora razonable y había suficiente tiempo
antes de que las horas razonables se acabaran. Lo distraje del reloj acostándome en
la cama y doblando mi dedo. Y allí estaba de nuevo la tarde del miércoles, esta vez
en un edredón blanco relleno de plumas que se sentía como un campo de
pompones de algodón.

—Ari —dijo Blake. Estaba acostado arriba de mí y todavía no tenía puesta una
camiseta. Su pecho desnudo, los músculos de su estómago, y el camino de vellos
que empezaban en su ombligo y desaparecían dentro de sus shorts me estremecían,
y no estaba segura de cuánto tiempo me podía preocupar sobre ser agradable—. Te
amo.

Jadeé. Quería decir lo mismo pero no me dio una oportunidad. Me pidió que no lo
dijera hasta que estuviera lista y que no lo debiera decir a menos de que lo sintiera,
y estaba a punto de pedirle que se callara porque estaba lista y realmente lo sentía.
Pero no dije una palabra porque me besó de nuevo, y sus manos estaban en ese arco
de mi cadera.

Estaba perdida ahora, y estaba nerviosa mientras sus manos se movían a mi


cintura. Lo sentí bajando y pensé en Idalis flotando en la piscina y Del diciendo: Ni
lo pienses.

Blake estaba esquinándose más abajo en la cama y supe lo que estaba a punto de
hacer. Era la cosa que la gente distinta de Idalis se callaban o reían, la cosa que era
supuestamente segura ya que no me podía embarazar, la cosa supuestamente
aprobada por todas las reglas católicas.

—No te asustes, Ari —dijo—. No va a doler, lo prometo.

La mitad inferior de mi bikini estaba tirada en la alfombra. Blake estaba entre mis
piernas y definitivamente no dolía. Sentí sus labios y su lengua y su grueso cabello
rozando el suave interior de mis muslos, y luego de un tiempo hubo una cálida
explosión en el centro de mi cuerpo que fluyó a mi cabeza e hizo que sonidos
salieran de mi boca. Eran como los sonidos que escuchaba a través de la pared de la
habitación de Evelyn y Patrick, pero enterré mi cara en mi brazo para que no se
152

escucharan tan fuertes. Mantuve los ojos cerrados contra mi brazo, pensando que
esto era asombroso e increíble, como devorar una caja entera de chocolates sola.
Era dulce y delicioso y no podía evitarlo. Pero si cualquiera se enteraba, tenía que
pretender que jamás, jamás haría una cosa tan pecaminosa.
153

Capítulo 17

Traducido por SweetObsession

Corregido por Angeles Rangel

U no de los cuatro cuartos de baño tenía una ducha que parecía una ranura de
correo en la puerta frontal de alguien. Era un cuadrado de metal con una
abertura rectangular y yo casi esperaba que cayera una factura de “Con
Edison”.

El agua fluía sobre mí en un flujo constante mientras escuchaba a Blake andar


ruidosamente alrededor en el baño de al lado. Yo me había precipitado a aquí del
dormitorio, diciendo que estaba saturada de cloro y que necesitaba un poco de
champú inmediatamente, a pesar de que era sólo una pobre excusa.

No podía mirarlo. No podía hablar. Estaba emocionada, eufórica y avergonzada a


la vez.

Pero no podía esconderme para siempre. Me quedé en la ducha hasta que mis
manos se arrugaron, luego envolví una toalla a mí alrededor y salí de puntillas por
el pasillo. Me encontré con Blake, que estaba mojado de la ducha también. Una
toalla atada alrededor de su cintura y su collar rozando su pecho desnudo. Era muy
guapo, pero yo todavía no podía mirarlo, incluso cuando él presionó su frente
contra la mía.

—Haces ruiditos tan lindos —dijo.

Mis mejillas se encendieron. Pude haber muerto. —Tengo que vestirme —le dije,
pero él agarró mi brazo mientras me alejaba.

—Hey —dijo suavemente—. ¿Qué pasa?

Olía a la primavera irlandesa. Me quedé allí. —Nada —le dije.

Él levantó mi barbilla. —¿Crees que hicimos algo malo?

Sí. No. Tal vez. —No sé.


154

—Ari —dijo con una sonrisa—. No lo hicimos. Y yo no lo haría por cualquier


persona. Yo no me involucro con alguien a menos que vea un futuro.

Un futuro. La idea de que lo sucedido esta noche podría conducir a una casa en
Park Slope y una hamaca y los niños con los ojos más azules hizo que todo
pareciera bien.

Así que me relajé. Sonreí. Bailé sola en el dormitorio mientras me cambiaba mi


ropa. Entonces estábamos en el auto, donde la capota estaba abajo y mi cabello
fluyó con la brisa y todo estaba perfecto.

Pensé que llegaba a casa a una hora razonable. No era tan razonable como el
horario al que normalmente llegaba a casa, pero no era del todo tarde. No me
esperaba que mamá me tendiera una emboscada.

—¿Dónde estabas? —dijo ella.

Yo acababa de entrar por la puerta principal al salón y me sorprendió el sonido de


su profunda voz en la oscuridad. Oí el clic de una lámpara y allí estaba ella, sentada
en el sofá con los brazos doblados y las piernas cruzadas.

Mis ojos buscaron nerviosamente la habitación. Vi el agujero en el La-Z-Boy, un


paquete sellado de Pall Mall en la mesa de café. —¿Dónde está papá? —le
pregunté.

—¿Dónde crees? Sacaron un cuerpo fuera del East River esta noche y tuvo que ir a
Manhattan. —Buscó sus cigarrillos—. Entonces, ¿dónde estabas?

Me encogí de hombros. Me preguntaba si yo estaba resplandeciente y ella había


averiguado todo. —Con Blake —le dije.

Peló el plástico del Pall Mall, se deslizó fuera un cigarrillo y arrojó el paquete sobre
la mesa. —Ya lo sé. ¿Dónde estabas con Blake exactamente?

—En los Hamptons —dije, y mi voz sonaba débil y pequeño.

Mamá encendió su encendedor. —¿Y qué estuvieron haciendo allá todo este
tiempo?

—Nada —le dije.

Arrastró su cigarrillo y dio unas palmaditas en el sofá. Me senté a su lado a pesar de


que sólo quería ir arriba y pensar en Blake.

—Se están poniendo demasiado serios —dijo.


155

Aquí vamos, pensé. Entonces me puse a la defensiva. —¿Por qué no te gusta? —le
pregunté.

—Yo nunca dije que no me gusta —respondió mamá con calma—. Él es muy
agradable. Es respetuoso. Puedo ver que fue criado bien. Pero tú eres mi hija y mi
preocupación es por ti. Eres demasiado joven para ser seria sobre nadie.

Demasiado joven. Demasiado serio. Demasiado todo. —Él piensa que tenemos un
futuro juntos —le dije, y pensé que sonaba madura y racional, pero mamá no lo
hizo, ella se echó a reír como si yo fuera una idiota.

—Ariadne él no tiene idea de lo que quiere. Es un muchacho joven.

—No lo es. Tendrá veintiuno en noviembre. Tú tenías sólo veintitrés años cuando
te casaste con mi padre.

—Pero eso fue 1957. Es un mundo diferente ahora... las mujeres tienen muchas
más oportunidades hoy en día. Tú… —dijo, señalándome con el dedo—. Tienes
muchas más oportunidades de las que yo nunca tuve. No sabes la suerte que tienes.
Y será mejor que Blake no te esté llenando la cabeza con toda esta mierda sobre el
futuro. Es sólo una estrategia para conseguir meterte en la cama. —Se inclinó hacia
delante, mirándome a los ojos como si fueran dos bolas de cristal—. Él no te ha
metido en la cama, ¿verdad?

Me preguntaba lo que podía ver. Rosas en un cubrecama, un suave edredón blanco,


una piscina con un escorpión merodeando en la parte inferior. —No —dije y no
pensé que era una mentira, porque en la cama significaba ir todo el camino y Blake
y yo habíamos hecho sólo una parte del camino hasta ahora.

Ella se acomodó en el sofá y dio una calada a su cigarrillo. —Bueno. Me alegro de


oír eso. Porque los chicos de la edad de Blake son frívolos, te dirán cualquier cosa
para echarse un polvo y luego pasar a la siguiente víctima. Hay algunas chicas que
pueden manejar eso, Evelyn, por ejemplo. Ella solía romper con uno y encontrar
otro sin pestañear. Pero tú no eres como Evelyn y si este chico hace algo para
lastimarte, voy a cortar sus testículos y los empujaré hacia su garganta.

Ella apagó su cigarrillo en un cenicero. —Le dices que te traiga a casa más
temprano de ahora en adelante. ¿Entendido?

Entendí. Entendí que nunca le diría nada a ella acerca de Blake de nuevo y que me
dolía la cabeza por primera vez en meses. —Me voy a la cama, mamá. Creo que
me está dando una migraña.

Ella no me dejaría ir a la cama. Me llevó a la cocina, donde observó mientras me


tragaba mi medicina. Entonces me dio un vaso de leche caliente y me besó en la
mejilla.
156

—Buenas noches —dijo ella, y cuando se fue me sequé la mejilla con una servilleta
y vertí la leche en el lavabo.

Summer me invitó a su casa la tarde siguiente, lo que era sorprendente. Yo no la


había visto ni una vez desde que la escuela había terminado y no había devuelto los
cuatro mensajes que había dejado con Tina. Pero la extrañaba lo suficiente como
para olvidar todo eso y pedirle a papá un viaje desde Flatbush a Park Slope.

Me dejó y saludó a Tina antes de ir a trabajar. Pasé por delante de ella mientras se
agachaba sobre su pequeño prado, con una visera para el sol y arrancando las malas
hiervas.

—Hola, Ari —dijo—. Tanto tiempo sin verte. Adelante, ve adentro, Summer está
en el piso de arriba.

Me metí en el vestíbulo y me asomé a la biblioteca de Jeff con sus estanterías


atestadas y las lámparas de Tiffany. Oí a Fleetwood Mac y seguí el sonido a la
habitación de Summer, donde ella estaba sentada en una silla con un pie posado en
su escritorio. Se estaba limpiando las uñas de los pies y no me vio.

Me paré en la puerta y eché un vistazo a su habitación. Parecía como si hubiera


sido completamente redecorada desde la última vez que había estado aquí. Era tan
lujosa, tan elegante. Había una cama con paneles de madera blanqueada situada
entre dos mesillas de noche de aspecto antiguo, un baúl a juego y papel tapiz gris
oscuro salpicado de rosas de plata brillante. El papel tapiz coincidía con el edredón
de la cama, que tenía cojines decorativos en forma de círculos y cuadrados. Todo
era perfecto, como algo de un cuento de hadas y deseaba poder dormir en un
cuento de hadas en lugar de la antigua desvencijada cama con dosel de Evelyn de
cuando Lyndon Johnson era presidente.

—Tu habitación es fantástica —le dije, a pesar de que tuve que forzar las palabras
de mi garganta.

Summer levantó la vista de sus dedos. Llevaba una falda corta de mezclilla con un
top rosa y sombra de ojos índigo y ella era tan imponente como la sala. Pero me
acordé de que yo tenía a Blake y él pensaba que yo era mucho más bonita, lo que
significa más para mí que una habitación de lujo.

—Gracias —dijo—. Lamento no haber llamado últimamente. He estado ocupada.

Supuse que había estado ocupada con Casey, por lo que acepté la excusa. Código
de las mujeres y todo. —No hay problema. He estado ocupada también.

Se recostó en su silla. —Rompí con Casey la semana pasada.


157

Sorprendida, me senté en su ventana y observé mientras señalaba al el tatuaje en el


tobillo. La C había sido cambiada por una S de modo que ella ahora llevaba sus
iniciales.

—Ellos hicieron un buen trabajo —le dije—. Pero espero que utilizaran una aguja
limpia.

—Por supuesto que lo hicieron, Ari. Me los hice en un lugar muy respetable en
Bleecker Street hace unos días. Fui allí después de una reunión que mi madre y yo
atendimos en Ellis y Hummel —dijo ella, y traté de no reaccionar. Me limité a
asentir y cruzar las piernas mientras ella se tumbó en la cama y abrazó una
almohada contra su pecho—. Creo que el padre de tu novio es precioso, por cierto.

Y el padre de mi novio piensa que eres hermosa, pensé. Pero no lo dije porque ella tenía
una mirada pícara en su rostro que no necesitaba estímulo.

—Olvídalo, Summer. Es viejo.

Ella frotó una pierna lentamente a través de su edredón. —En realidad no. Tiene
cuarenta y siete.

—¿Cómo lo sabes? —Le pregunté.

—Él me dijo. Hablé con él todo el tiempo. ... Stan es una persona amistosa.

Ella lo llamó Stan. Ni siquiera yo lo llamaba Stan. Él debe haberle dado su permiso
especial y supuse que sólo lo hace a las niñas que consideraba hermosas. —Bien —
dije y Summer dio la vuelta sobre su espalda y miró a su ventilador de techo.

—Ari —comenzó—. ¿Estás durmiendo con Blake?

Miré por la ventana, Tina estaba arrastrando un saco de abono por las escaleras. —
¿Por qué lo preguntas?

Ella se encogió de hombros. —Sólo me preguntaba acerca de... lo que él hace y... lo
que es normal para la mayoría de los chicos. Quiero decir... me deshice de Casey
porque estaba perdiendo el respeto por mí. Él quería una cierta posición todo el
tiempo, no sólo de vez en cuando y no creo que un tipo realmente se preocupe por
ti, si ni siquiera te mira a la cara mientras están haciendo el amor.

Esa imagen me hizo sentir incómoda. —Pero tú dijiste que esa posición era
extrañamente emocionante.

Summer cambió su posición sobre su estómago, apoyando la cara en los puños. —


No todas las veces.

—Oh —dije.
158

—Apuesto a que Blake te mira en la cara. He hablado con él varias veces en las
fiestas de Stan y yo creo que es un verdadero caballero. Él siempre tiene la puerta
para mí y nunca maldice. Me trata con respeto... como se supone que un hombre
trate a una dama.

—Así es como él es —dije con orgullo y por primera vez en mi vida, yo sabía que
Summer me envidiaba que tenía algo que ella quería. Me sentía victoriosa, pero
traté de no actuar de esa manera. Se había dado a un tipo que ni siquiera la miraría
a la cara, ella no necesitaba obtener sus sentimientos heridos de nuevo—. Pero
sobre las otras cosas que preguntaste... no sé. No hemos llegado tan lejos.

—Jesús —dijo—. ¿Después de todos estos meses? Él realmente es un caballero...


Casey exigía sexo después de sólo unas pocas citas.

Yo nunca había sabido nada de esto; que Casey no era un caballero, que exigía
cosas. Ahora bien, no estaba segura de qué decir, pero no importaba porque ella
cambió de tema. Abrió un cajón de la cómoda, sacó una carta de Hollister y me
dijo que había sido aprobada para graduarse temprano y se iba a trabajar a tiempo
completo con Tina desde enero hasta que la universidad comenzara en septiembre
próximo. Entonces Tina llamó a Summer desde abajo pidiendo ayuda con la
retorcida manguera del jardín y yo estaba sola.

Caminé alrededor de la sala examinando las cosas bonitas de Summer: los grabados
de su cabecera, la caja de la joyería antigua con la bailarina girando en su tocador.
Eché un vistazo en el interior del cajón que ella dejó abierto. Vi a un sostén de
encaje negro, un diario de terciopelo morado y una pulsera de plata grabada con las
iniciales MG.

El brazalete de Leigh. El que había perdido en la fiesta del Jardín de Invierno. No


lo podía creer. Yo estaba furiosa. Leigh estaba desesperada por ese brazalete y
Summer lo había estado reteniendo todo este tiempo. Yo sabía que Summer podía
ser desconsiderada, pero yo nunca había sospechado que fuera completamente
despiadada. Incluso la había defendido frente Leigh. Ella no haría algo así.
Arrebaté la pulsera del cajón sosteniéndolo en mi puño sudoroso. La cabeza me
latía con fuerza y estaba cansada de repente. Summer volvió unos minutos más
tarde, sonriendo, sin darse cuenta de que había sido descubierta.

—¿Qué es esto? —pregunté, colgando el brazalete en frente de ella.

—Oh, sí —dijo—. Apareció la semana pasada. Te lo iba a decir.

No me lo iba a decir. Yo estaba segura que lo había encontrado hace miles de años
atrás, la noche de la fiesta en el jardín de invierno. Sin embargo, permaneció fresca
ahora, inventando una historia, algo acerca del brazalete enredándose en un mantel
que Tina no había usado durante mucho tiempo.
159

—Estás mintiendo —le dije—. Tú hiciste esto porque odias a Leigh.

Cerró de un golpe el cajón. —¿Por qué no debería odiarla? ¿Recuerdas lo que dijo
cuando estábamos en ese club en la ciudad? No quieres que la gente piense que eres
una puta. Había tenido suficiente esa mierda en la escuela pública. Y tú —dijo
señalando con una uña acrílica en mí dirección—. Me has traicionado, Ari.
Siempre me quedé contigo y yo estaba siempre allí para ti cuando me necesitaste,
pero tú no estabas a mi lado contra la rarita, y su madre zorra. Es increíble que
estén relacionadas con Blake, porque no son para nada como él.

Supuse que tenía un punto válido sobre pegarse a mí y todo, pero no hice caso de
eso. Estaba tan molesta por la mirada de adoración en sus ojos cuando pronunció el
nombre de Blake que no pude ser razonable.

—Deja de hablar de él —dije—. No sabes nada de él.

Se cruzó de brazos y dejó escapar una risa sarcástica. —Tu tampoco.

—Él es mi novio —dije—. Lo amo.

Ahora sí se echó a reír. —Oh, por favor. Tú no lo amas. Apenas lo conoces. Ni


siquiera te has acostado con él. Es sólo un caso de limerencia, como ese niño tonto
en el séptimo grado, que tenía una colección de mi pelo.

Limerencia. Esa fue la palabra que yo no podía recordar. El hecho de que ella me
había comparado con un escritor de poemas, recolector de cabello del séptimo
grado fue demasiado.

—Bueno —dije—. Me pregunto qué dirá Blake cuando le diga lo que hiciste a su
prima. Sé que tienes una alta opinión de él, pero estoy segura de que no va a pensar
muy bien de ti.

Ella se mordió el labio, mirándome por un segundo. La preocupación distribuida


en su cara, pero pronto cambió a disgusto. —Yo no sé quién te crees que eres —
dijo—. Tú tienes la idea de que eres algo especial, ya que conseguiste un tipo que
está completamente fuera de su liga. Pero no lo tendrás para siempre, Ari. Lo va a
averiguar.

Ella había dado en el clavo y me dolió. —¿Averiguar que cosa? —le pregunté
mientras un aura se metió en mi ojo.

—Que eres aburrida. Que eres sosa y aburrida y promedio en todas las formas
posibles.

Me quedé sin palabras. Tal vez debería haberme encogido de hombros. Pero pensé
que eso podría ser verdad, que yo podría ser incluso inferior a la media y
contraataqué en lágrimas.
160

—No puedes soportar que por fin tenga a alguien —dije después de un momento
ahogando las palabras mientras mi garganta se cerró—. Nunca he tenido un novio
y sólo tenía una amiga, pero tú tenías todo... y eso te hizo sentir como si fueras
mejor que yo.

Ella sacudió el pelo. —Yo soy mejor que tú.

Yo no podía hablar. Mis ojos escocían y mi cara ardía. Me precipité fuera, más allá
de Tina, que estaba rociado arbustos con su manguera.

—Adiós, Ari —dijo, pero yo no dije nada a cambio.

Caminé todo el camino hacia el hogar de Flatbush. Estaba agotada en el momento


en que abrí mi puerta. Olía patatas asadas y mamá salió de la cocina secándose las
manos con una toalla.

—Estás en casa temprano —dijo.

Pensé que podría desmayarme. Mamá parecía distorsionada como un reflejo en un


espejo de carnaval. —Estoy harta de Summer, mamá. Y no llames a Jeff al
respecto.

Me miró por un momento. —Muy bien, Ariadne —dijo finalmente.

El teléfono sonó y era Blake. Dijo que no podía esperar a verme en la barbacoa del
Día del Trabajo de Evelyn y Patrick la próxima semana. Después de colgar el
teléfono yo sellé el brazalete de Leigh en un sobre, escribí su dirección de
Brentwood en el frente, lancé mi amuleto de # 1 AMIGA y mi caja de cedro llena
de artículos de arte a la basura y me dormí en mis rosas bordadas.
161

Capítulo 18

Traducido por Aldebarán, PokeR y Jo.

Corregido por Pimienta

E
l viernes por la tarde antes del Día del Trabajo, me vestí para mi último día
en Creative Colors mientras papá se duchó para el trabajo y mamá compraba
en Pathmark. Yo estaba sobre mis manos y rodillas, tratando de encontrar un
par de idéntico de zapatos en mi armario, cuando el teléfono sonó. Había una pila
de zapatos a mi alrededor y no tenía ganas de responder el teléfono, pero corrí a la
cocina de todos modos y levanté el auricular.

Oí una voz raposa y eso me sorprendió. —Hola, Ari —dijo Leigh cuando me
incliné contra la lavadora de platos, nerviosamente envolviendo el cordón del
teléfono alrededor de mi dedo—. Sólo estoy llamando porque obtuve la pulsera.
Estaba en el correo ayer.

Esta era la única razón por la que ella estaba llamando.

Supuse que no debería esperar nada más. E imaginé que ella estaba yendo a
esconder la pulsera en un cofre o un cajón y nunca verlo de nuevo hasta que
estuviera preparada. Ella podría esperar por años y años, hasta que estuviera casada
y tuviera hijos, y un día tomaría para mostrárselo a su adolescente hija y diga algo
como: Esto era de un chico que solía conocer. Él era muy especial para mí pero fue hace
mucho tiempo.

—Bien —dije. La punta de mi dedo estaba volviéndose roja por lo que aflojé el
cordón—. Me alegro.

—¿Quién lo encontró? —preguntó.

—Summer. —Eso fue todo lo que dije. Era suficiente para que Summer y yo
estuviéramos juntas y que el encanto de amiga #1 se lo haya llevado el camión de
la basura. A pesar de que amenacé de otra forma, tuve que decidir no contarle a
Blake acerca de la pulsera. Él podría informar a su padre que Summer era una
ladrona y mentirosa, y su padre podría entusiasmar a Tina. Por su bien, no quise
que esto pasara. Ella trabajo muy duro para defender su reputación.
162

—También tengo tu nota —dijo Leigh.

Recordé mi tarjeta de Lo Siento con el gato tonto y la margarita. Esperé que dijera
algo más, decir que me perdonaba, pero no lo hizo. Y la llana, hostil voz que ella
había estado usando me dejó sintiéndome muy torpe. —Bueno —dije otra vez—.
Así que… ¿te gusta California?

—Está bien hasta el momento. Algunos de mis vecinos son de nuestra edad, y ellos
son mucho más agradables que la mayoría de las personas que conocí en Nueva
York —dijo, y supuse que yo era una de los no agradables Neoyorkinos. Entonces
ella comenzó a hablar acerca de otro vecino, un chico de nuestra edad de Vermont
quien se había mudad al misma semana que ella.

—Nosotros estamos explorando Los Ángeles juntos. Es un amigo.

Por la forma en que hablaba de él, pensé que podía llegar a ser más que un amigo.
Ella sonaba feliz de repente y eso me hizo feliz, aunque ella estaba todavía
probablemente enojada conmigo y cortó muestra pequeña conversación. Me alegre
que yo hubiera conseguido la pulsera de regreso para ella.

Unos minutos más, salí a un día soleado. Caminé a Creative Colors, pasé unas
niñas dibujando una rayuela en el cemento. Para el momento en que llegué al
trabajo, me dolían los músculos y estaba cansada auque había dormido por nueve
horas la noche anterior. No tenía idea de qué estaba mal conmigo. Me preguntaba
si estaba seriamente fuera de forma o si me estaba enfermando.

—¿Regresarás el próximo año? —preguntó Adam.

Era el final del día. Habíamos tenido una fiesta de despedida de verano con
Donkin’ Donuts y Kool-Aid en tazas Dixie que no podría beber porque mi garganta
estaba inflamada. Adam estaba mirándome, su bello rostro lleno de esperanza, y
me hizo triste.

—Por supuesto —dije, y mi voz se quebró.

Él sonrío. —¿Qué harás el día del trabajo, Ari? ¿Ver a tu novio?

Mi novio. Él se acordaba. Y hablaba sin tartamudear. Esto me hizo pensar que mi


trabajo con Adam había hecho en realidad algo bueno… que tal vez toda la pintura
había reparado sus neuronas o todo lo que estaba mal dentro de su cabeza. Tal vez
fue mejor por mí. Creerlo me hizo feliz otra vez.

Blake estaba a tiempo para la barbacoa del Día del trabajo de Evelyn y Patrick. Él
trajo un autógrafo del equipo Red Sox de béisbol para Kieran. Cuando el sol
163

comenzó a ponerse, me quedé dormida sobre su hombro cuando nos abrazábamos


juntos sobre un sofá de mimbre en el patio que Evelyn había ordenado de Sears.

—Ari —dijo, sacudiéndome.

Abrí mis ojos. No estaba segura de cuánto tiempo había estado dormida, y Blake
parecía preocupado. Mi pelo pegado a la transpiración sobre mi frente y él lo
aparto, preguntando por qué yo no había comido nada en todo el día.

—No tengo hambre —dije—, y me duele la garganta.

—Entonces deberías ver a un doctor.

—No quiero hacerlo. Los depresores de lengua me hacen atragantarme.

—Nena —dijo bromeando—. Y hablando de doctores… tengo algo que mostrarte.

Me llevo al frente de la casa, donde su auto estaba estacionado la acera. Nos


subimos y él tomo una pieza de papel de la guantera.

Estaba cubierto con palabras de Educación Sexual, clamidia, gonorrea, VIH, y


algunos otros que mi maestro se había de olvidado de mencionar. Estaban
enlistadas en un cuadro y cada una tenía una buena palabra a la par: negativo.

—¿Te pincharon con una gran aguja? —pregunté, revisando el cuadro, preguntando
cual de esas sucias enfermedades había atrapado Del debajo de su tragaluz. Yo
detestaba las agujas y los exámenes de sangre porque siempre terminaba siendo
pinchada por lo menos cinco veces. Malas venas, las enfermeras y flebotomistas
siempre murmuraban mientras convertían mi brazo en queso suizo.

—Las agujas no me incomodan. Y no estoy tratando de presionarte con esto, Ari.


Únicamente no quiero que te preocupes acerca de nada.

Sonreí, doblando el papel y colocándolo de regreso en la guantera. —No estoy


preocupada —dije, se inclinó para besarme pero yo cubrí mi boca—. No, Blake. Te
enfermarás.

—No me importa.

Más tarde regresamos al sofá y observamos a Kieran y sus amigos en patines en


Slip n’ Slide. Me preguntaba acerca de Del y yo no podía dejar de suspirar. —¿Cuál
de estas enfermedades tiene tu hermano?

Los ojos de Blake se ampliaron. —¿De dónde sacas eso?

Me encogí de hombros. —Un pajarito me lo dijo.

—Si… un pajarito de cabello rojo, apuesto.


164

Él no respondió a mi pregunta. Miré alrededor del patio trasero a Patrick haciendo


las hamburguesas y Evelyn chismeando con sus amigas amas de casa hasta que no
pude soportarlo más y pregunté nuevamente.

—Ari —dijo Blake—. No es agradable hablar acerca de eso.

Agradable, agradable, agradable.

¿Por qué todo tiene que ser agradable? —No se lo diré a nadie. Lo prometo.

Él suspiró antes de susurrar en mi oído. —Sífilis —dijo.

Jadeé, recordando todas las cosas que aprendí en la escuela acerca de la sífilis,
como la forma en que hizo que las personas se quedaran ciegas. No podía pensar en
nada peor que ser ciego. —Esa es una mala, ¿no es así?

—Sólo es malo si no recibes tratamiento. De todas maneras… este no es un cortés


tema de conversación, así que dejémoslo. Mi prima bocazas nunca debería
habértelo mencionado. Hablé con ella la noche anterior, en realidad. Ella dijo que
tú encontraste su pulsera.

—Summer lo hizo —dije—. Summer y yo no somos más amigas, a propósito.

—¿De verdad? Pensé que ustedes dos fueron el camino de regreso.

Una tristeza inesperada se precipitó sobre mí. Nosotras vamos de camino de regreso,
pensé. Pero ella no es la persona que pensé que era, y ahora tú eres mi único amigo.

—Estas cosas pasan —dije, luego cambié de tema porque no quería pensar acerca
de Summer. Sólo quería colocar mi cabeza en el hombro de Blake y pretender que
se trataba de mi propio sofá de Sears en el patio trasero de mi Park Slope, y que los
risueños niños en el Slip ‘n Slide nos pertenecían.

Me sentí extraña la siguiente mañana. Estaba aturdida y caliente, y a pesar que mi


dolor de garganta se había ido y mi estómago vacío retumbó, no tuve interés en los
waffles de arándano de mamá o su ensalada de fruta con el hecho-de-ralladura de
crema batida.

—Come algo, Ariadne —dijo mamá.

Ella estaba de pie detrás de la mesa de la cocina, vistiendo su delantal Besa al


Cocinero y una sonrisa. Papá se sentó frente a mí con sus ojos en Newsday y su
tenedor moviéndose de sus waffles a su boca, y le dije a mamá que no tenía
hambre, pero que no debería tener. Ella miró decepcionada y no la culpé… ella se
165

había despertado al amanecer para hacer este primer-día-de-escuela, es la comida más


importante del día desayuno para mí.

Luego ella empezó a inquietarse. —No estás enferma, ¿verdad? Estás muy pálida.

Yo siempre estoy muy pálida, pero estaba definitivamente enferma. Sin embargo,
no quería ver a un doctor quien me metería agujas y drenaría mi sangre en tubos de
vidrio. —Sólo estoy emocionada —dije. No tenia idea de dónde había venido. Era
como si mi cuerpo había sido habitado por un espíritu inteligente quien sabía lo que
había que decir.

—Por supuesto que lo estás —dijo mamá—. Estoy emocionada, también. Quiero
decir, es tu último año de la secundaria y la universidad estará aquí antes de lo que
sepas.

No pensé en la universidad esta mañana. Viajé sola en el subterráneo, sintiéndome


verdaderamente cansada. Y pensé en Blake, especialmente cuando vi a Summer en
el otro extremo del pasillo, mientras yo estaba caminando al salón de clases.

Ella estaba charlando con un grupo de chicas y veía borroso.

Se río y me pregunté si ella se estaba riendo de mí, si estaba diciendo a sus amigas
acerca de esa extraña Ari Mitchell, quien estaba sufriendo de un serio caso de
limerencia y cree que está enamorada de un chico con quien incluso no había
dormido aún.

Pero yo quiero dormir con él. Pensé en Blake todo el día, a través del aula y Cálculo II,
y mientras leía meticulosamente el plan de estudio escrito que estaba caliente de la
fotocopiadora. Pensé en él en el subterráneo que me llevó de regreso a Brooklyn y
cuando la caminata de la estación del tren a mi casa parecía tan larga que no estaba
segura si lo lograría.

Luego me desplomé sobre mi cama. Papá estaba trabajando y mamá esta en una
reunión de la facultad que la mantendría lejos por horas. Cuando me desperté, la
casa estaba tan silenciosa que podía oír la máquina de hacer hielo del congelador.

Me quedé mirando al techo, escuchando al hielo caer en el depósito plástico. No


me sentía cansada ya… me sentía más allá de cansada, tipo espaciado y
vertiginoso. Me levanté, fui al baño, y miré en el espejo al reflejo que no estaba
pálido. Mis mejillas estaban rojizas y probablemente tenía fiebre, pero no me sentí
enferma. Me parecía muy razonable, y que hizo que me decidiera a refrescarme e ir
a Manhattan así podría sorprender a Blake en Ellis & Hummel.

Hice mis planes detrás de la cortina de la ducha. Enjaboné mi cabello y observé la


gota de agua en el estómago que era preocupante cóncava de falta de alimentos. No
importaba; comería luego, en algún lugar en la ciudad con Blake, después nosotros
166

podríamos ir a un bonito hotel o al penthouse si el Sr. Ellis no estaba en casa.


Entonces le daría a Blake lo que él había sido tan paciente, que podría hacer ahora
porque sus exámenes eran negativos y me amaba y eso estaba bien.

Salí de casa una hora más tarde. Estaba nublado y un viento abrazador sopló a
través de mi cabello, y Santa Ana parecía sumergida en una radiante paz. Caminé
pasándola, viaje en el subterráneo a Manhattan, y alcancé el edificio del Empire
State a las cinco en punto, cuando enjambres de personas estaban inundando el
vestíbulo. La camioneta del Servicio de Comida de Tina estaba estacionada en la
calle.

Tina no se dio cuenta de mí porque estaba ocupada cargando la camioneta con


hornillas para mantener caliente la comida. Pero Summer se dio cuenta. Miró a
través de mí como si yo no era nadie, como si ella se había olvidado de la escuela
primaria. Me di la vuelta, subí al ascensor de Ellis & Hummel, y llené mi mente
con Blake en lugar de Summer.

Pregunte por él en el escritorio del frente, donde un recepcionista mascando chicle


apuntó hacia una sala de conferencias con puerta de vidrio. Vi a Blake dentro,
parado con el Sr. Ellis y algunos otros hombres detrás de una mesa pulida. El Sr.
Ellis se mantuvo golpeando el hombro de Blake y en tono de broma acaparándolo
en una restricción, como si Blake fuera el trofeo del primer lugar o un premio de
carreras de caballos que él quería para mostrar.

Blake me vio. Me saludo con una mano y se separó de su padre; entonces nos
quedamos por las puertas internas de la sala de conferencias mientra el Sr. Ellis
llenaba el vaso de los otros hombres con licor. Los oí hablando, algo sobre un
“Club de Caballeros”, y el resto de los hombres rieron cuando el Sr. Ellis dijo,
“Somos todos caballeros, ¿no es así?”

—¿Qué estas haciendo aquí? —preguntó Blake.

Él estaba feliz de verme. Él olía a loción de después de rasurarse. La oscuridad de


su traje contrarrestaba el azul de sus ojos, y sólo el sonido de su voz me dio un
cálido estremecimiento.

—Pensé que podríamos… —empecé, no muy segura de cómo terminar. Pensé que
podríamos pasar algo de tiempo juntos. Pensé que podríamos tener una cena romántica. Pensé
que podríamos ir a tu departamento y tener sexo apasionado hasta que el sol salga por la
mañana.

Pero no dije nada de eso porque el Sr. Ellis estaba de repente detrás de nosotros al
igual que los otros hombres, y el Sr. Ellis me presento a ellos como “la amiguita de
mi hijo”.

—Esta es Ari… —comenzó él, y miró a Blake por ayuda.


167

—Mitchell, papá —dijo Blake—. Ari Mitchell.

Lo sabía. Sabía que él no recordaba mi apellido. Y siendo llamada la amiguita de


Blake no era exactamente impulsar mi autoestima. Una amiguita, un
enamoramiento… ¿por qué todo el mundo tiene que tener algo que parecía tan
grande y aplastarlo en una pequeña mota de nada?

—Por supuesto —dijo el Sr. Ellis, convocando su encantadora sonrisa—.


Perdóname, Ari. Me estoy acercando a los cincuenta y la memoria es la primera
cosa que se va.

Todos rieron. El Sr. Ellis colocó a su hijo en otro apretón, rozando sus nudillos
contra cuero cabelludo de Blake, y le dijo que no tomaría mucho tiempo. Él y los
otros hombres estarían esperando en el vestíbulo.

Estaba tan decepcionada. —¿Adónde vas?

Blake parecía incómodo, y no sólo por su traje. —Cena en Delmonico. Y más tarde
a algún bar.

Crucé mis brazos. —¿Qué tipo de bar? —pregunté, imaginando un lugar donde
mezquinas y desesperadas chicas en G-string se pararían sobre su regazo por un
billete de veinte dólares.

—Es sólo negocios, Ari. No estoy interesado en esos lugares. Mi padre siempre
lleva a sus clientes allí. Tengo que ir. Lo entiendes, ¿verdad?

No quería entender. Pero asentí con la cabeza y él me abrazó. Dijo que me sentía
realmente caliente, que debería ver a un doctor, y yo no podía viajar en el
subterráneo de regreso a casa sola. Le dijo a la recepcionista que llamara al servicio
de taxis y luego tomamos el elevador al vestíbulo, donde lo dejé con el Sr. Ellis y
me metí dentro de un automóvil que me llevó de todos mis hermosos planes.

Me quedé dormida en el aula el día siguiente. Mi maestro golpeó mi hombro y


levanté mi cabeza para encontrar a la clase entera mirándome. Entonces fui a la
enfermería de la escuela y ella preguntó si estaba drogada, lo cual era muy gracioso.
Yo nunca siquiera había fumado un cigarrillo o bebido, y no tendría ninguna idea
de dónde encontrar drogas, a menos que Evelyn haya dejado un alijo de marihuana
en el sótano con sus vaqueros Jordache.

La enfermera llamó a mamá, quien me llevó a la oficina de mi doctor, donde un


flebotomista ató un tubo de hule por encima de mi codo. Aparte la vista cuando su
aguja pincho mi brazo siete veces para encontrar una vena. Cuando vi de regreso, él
había llenado varios viales con sangre, estaba sorprendida de estar viva.
168

Solamente me sentía medio viva. Estaba exhausta y me dolían mis músculos, y el


doctor dijo que él no podía estar seguro hasta que la prueba regresara pero estaba
casi seguro que yo tenía mononucleosis.

—¿Sabes dónde la obtuviste? —mamá dijo.

Estábamos en su Honda, en dirección a Flatbush. —¿Dónde? —pregunté.

—¿Dónde? ¿De Blake? ¿Dónde más?

Debería haber sabido que ella diría eso. Había sentido sus ojos sobre mí cuando el
doctor estaba hablando, explicando que la mono es tan común en los adolescentes
porque los adolescentes están normalmente involucrados en comportamientos
íntimos.

—Blake no está enfermo —dije—, no lo obtuve de él.

—Él no tiene que estar enfermo, Ariadne, ¿No oíste al doctor? Él dijo que algunas
personas transportan el virus pero nunca muestran síntomas. Es llamada la
enfermedad del beso. ¿No escuchaste al doctor?

¿Cuántas veces iba a preguntarme esto? Estaba harta de su voz, pero todavía tenía
que escucharla cuando estaba en cama más tarde y ella llamaba a mi escuela del
teléfono de la cocina. Ella dijo al director que yo tenía mono y tenía que
permanecer en casa por ocho semanas, y que ella estaba muy preocupada porque
yo tenía la intención de asistir a la escuela de diseño Parsons el próximo año, así
que no podía desviarme del camino.

No quería desviarme del camino. Blake y yo teníamos un futuro juntos que no


podría ser retrasado. Así que me alegré cuando mamá vino al dormitorio y dijo que
todo había sido elaborado. Ella estaba conduciendo a Manhattan mañana para
recoger mis libros. Mis maestros iban a escribir mis tareas casa semana y enviarlas
por fax a mamá a su escuela, y yo podía regresar a Hollister en noviembre como si
nada hubiera pasado.

Ella me dejó sola después de eso. Descansé en cama, escuchando los sonidos de fin
del verano afuera… el camión del Buen Humor haciendo sus rondas finales,
personas sacando petardos sobrantes del cuatro de julio. Estaba inhalando los
olores de una barbacoa del vecino cuando decidí que esta cosa del mono podría no
ser tan detestable. Mi mejor amiga era historia, Leigh estaba en California, y yo no
tenía a nadie con quien sentarme en la cafetería nunca más. Ahora tendría que
pasar.

Yo tenía mono. El médico llamó unos días más tarde para confirmar su
diagnóstico. Pero Blake no lo tenía. Insistí en que se hiciera otro examen de sangre
para demostrar que mamá estaba mal. Él vino a mi casa la semana siguiente ella
169

mientras estaba en la escuela y mi padre estaba en el trabajo. Me sorprendió,


conduciéndo a Brooklyn después de su última clase un jueves por la tarde.

Dejé entrar Blake, y él me siguió escaleras arriba y se acomodó en la cama


conmigo. Yo estaba de lado, su brazo alrededor de mis hombros, y yo quería
quedarme dormida con él. Pero mamá estaría en casa en unas pocas horas, por lo
que simplemente no podría suceder. —Debería enseñarte como conducir —dijo.

—Hay que tener dieciocho años para obtener una licencia en Nueva York —le
contesté.

—Vas a tener dieciocho años en cuatro meses, Ari. Puedes obtener un permiso
ahora. Yo puedo darte clases de conducir.

Yo no quería tomar clases de conducir. Las clases de conducir eran peligrosas.


Podría derrapar en una carretera helada y Blake podría golpear su pecho contra el
salpicadero. Me encogí de hombros. Y él volvió mi cara hacia él, tratando de darme
un beso. Me aparté y metí mis labios en mi almohada. —No se puede, Blake. Estoy
enferma.

Se echó a reír. —No lo estás.

—Sí lo estoy. No quiero que te enfermes, faltarás a la escuela. Tu padre, estaría


enojado.

—Entonces, dejemos que se enoje —dijo Blake—. ¿Y qué?

¿Y, qué? Le sonreí a mi almohada, pensando que había estado en lo cierto hace
unas semanas cuando decidí que estaba bien para mí y Blake dormir juntos. Si él
estaba dispuesto a contagiarse del mono y faltar a la escuela y decepcionar a su
padre, entonces lo decía en serio cuando dijo que me amaba. Pero aun así no quería
que él se enfermara, no podía ser responsable por el sintiendo la sensación de
cansancio y dolor que yo sentía.

—No puedes besarme, Blake —le dije cuando intentó otra vez, aunque me moría
por darle un beso—. Tengo los gérmenes en la boca.

Se echó a reír, movió mi pelo, y me besó en el cuello al descubierto. Pasó la lengua


desde la base del cráneo hasta la punta de mi espina dorsal. Envió ondas de
electricidad a través de mí. —No tienes gérmenes aquí, ¿cierto?

—No —dije. Pero incluso si lo hiciera tener gérmenes, no le podría haber dicho que
parara.

Regresó el jueves siguiente, y trajo regalos de libros y revistas, así que no me


volvería loca. Vino a visitarme todos los jueves, y cada vez traía presentes, como
cajas de chocolate negro de una tienda de dulces de lujo en la ciudad.
170

Nos quedábamos en la cama durante horas. Había puesto sus brazos alrededor de
mí y besaba la parte de atrás de mi cuello y, a veces, me preguntaba si iba a tratar
de hacer más que eso. Mi los padres no estaban en casa y yo no hubiese objetado, a
pesar de que estaba enferma y contagiosa. Yo sabía que la mayoría de los chicos
verían una casa vacía y una niña dispuesta como una oportunidad fácil, pero Blake
no lo hizo. Y eso me hizo amarlo aún más.

—¿Cómo te estás sintiendo? —me preguntó un día. Yo estaba de mi lado de la


cama, él se acurrucó a mi lado y pasó el brazo sobre mis hombros.

—No muy bien —le dije, oyendo la lluvia a principios de octubre tocando mi
ventana—. Todo mi cuerpo duele... sobre todo a mi espalda. Se siente mejor si me
acuesto sobre mi vientre.

—Entonces recuéstate sobre él.

Me moví en la cama y apreté la cara contra la almohada, escuchando la lluvia. Se


estaba haciendo más pesada ahora y sonaba como piedras que golpean el techo.
También escuché a Blake moverse, y entonces él me estaba encima de mí
masajeando mi espalda a través de mi camisa, suavemente frotando con sus dedos
en mi piel y mis adoloridos músculos. Sus muslos se sentían calientes y fuertes a
medida que apretaba mis caderas. Pensé que podría fundirme en las sábanas.

—¿Está mejor así? —susurró en mi oído, mientras que su mejilla rozaba la mía.

—Mucho mejor —murmuré. Me estaba quedando dormida.

Blake me tocó la cara y habló en una voz más fuerte que me sacó de mi trance. —
Estás muy caliente —dijo, alcanzando a mi mesa de noche. Él agarró una botella
de Tylenol y la sacudió—. Esto está vacío, Ari. ¿Tienes algo más?

Parpadeé y se volvió. Sus cejas se vinculaban estrechamente como si estuviera


preocupado.

—No sé —dije, estirándome y bostezando, halagada de que él estuviese


preocupado.

Cruzó el pasillo hasta el baño y le oí hojeando el botiquín. Cuando volvió, agarró


su chaqueta de cuero, que había tiraron en la cama antes.

—¿Adónde vas? —le pregunté, sentada a medias. Ahora estaba junto a mi


escritorio, recogiendo su cartera—. A la farmacia a comprar Tylenol. Es necesario
deshacerse de esa fiebre.

Miré hacia afuera. Vi el agua que se derramaba por la ventana, y un árbol en la


calle. Sus hojas son color naranja intenso y brillante color amarillo, y estaban
cayendo al suelo por la lluvia constante.
171

—No puedes salir, Blake. Está diluviando. —No quería que fuera a ninguna parte,
ni siquiera a la misma calle. Yo quería que se metiera debajo de las sábanas
conmigo y me masajeara la espalda de nuevo. Así que me senté completamente y
me trasladé al final de la cama, de rodillas sobre el colchón—. Quédate aquí —le
dije, sintiendo frío todo de una súbita. Eché un vistazo en el espejo sobre la
cómoda, vi la piel pastosa y los círculos oscuros alrededor de mis ojos. Tenía una
apariencia muy demacrada últimamente—. Mi madre puede recoger el Tylenol
cuando llegué a casa del trabajo.

Él negó con la cabeza. —Ella no debería tener que volver a salir con este tiempo. —
Esa fue una observación atenta. Él era más considerado por mamá que yo.
Entonces mis dientes empezaron a castañetear. El mono era una locura, asándome
a la parrilla en un minuto, congelándome el siguiente.

—Odio cuando te vas —admití.

Una sonrisa se dibujó en sus labios. Era una sonrisa perezosa y sensual. —¿Odias
cuando me voy? —dijo, como si quisiera volver a escucharla. Asentí con la cabeza,
y luego recogió mi colcha y la envolvió alrededor de mí mientras miraba lo miraba
a los ojos y se absorbía el olor de cuero y la loción para después del afeitar y la
pasta de dientes.

Él me empujó suavemente de vuelta a la almohada y me besó por toda la cara. Me


dio un beso en todas partes, mi frente, mis mejillas, mi boca, mi mandíbula, mi la
barbilla, el espacio entre los ojos. Me sentí halagada de nuevo. Había pensado que
estaba demasiado horrible, fría y húmeda para ser besada.

—Descansa un poco dijo luego. —Estaré de vuelta pronto.

Yo no podía discutir con él más, porque necesitaba el Tylenol. Los escalofríos eran
los peores. Así que puse mi cabeza en mi almohada y escuché sus pasos en las
escaleras, su auto saliendo de la acera, y la lluvia golpeando contra mi casa. Era tan
agradable ser atendida, en especial por él.

Mamá no estaba impresionada por los regalos de Blake. Ella me vio comer el
chocolate y me acusó de frenar deliberadamente mi recuperación. Ella quería que
yo bebiera leche y comiera carne así recuperaría mi fuerza. Ella era particularmente
escéptica con mi regalo favorito, un oso de peluche blanco puro cubierto con la piel
suave y aterciopelada.

Ella tiró al oso a un lado una noche cuando yo estaba llenando una solicitud de
Parsons y ella estaba desempolvando mi tocador.

—Blake te da regalos baratos —dijo—. Especialmente para un niño rico.


172

Me burlé. —Ese oso no barato mamá. Es de FAO Schwarz. Además, pensé que no
te dejabas impresionar por el dinero.

Touché. La tuve en ese aspecto. Ella puso los ojos en blanco y cambió de tema,
diciéndome por décima vez que pidiera solicitudes a algunas otras escuelas.

—Vas a entrar en Parsons —dijo—. Pero lo más inteligente es tener algún plan B
por si acaso.

Asentí con la cabeza y volví a mi solicitud, pero no tenía intención de solicitar


cualquier cosa de otras escuelas. Yo sabía que no era necesario porque tenía copias
de seguridad algo mejor: las conexiones.

Parecía una eternidad para mí recuperarme del mono. La verdad es que yo no


estaba segura de querer recuperarme, ya que estaba muy bien hacer mi tarea en casa
y acostarse en la cama con los brazos de Blake a mi alrededor, todos los jueves. Era
Halloween, cuando mi médico me dijo que estaba sana, que debe descansar por
otra semana y luego podía volver a mi rutina normal.

Mamá estaba feliz, pero yo no. Traté de pensar en cosas agradables, el vigésimo
primer cumpleaños de Blake, el cual estaba programado para el viernes siguiente en
el Waldorf Astoria. El Sr. Ellis había invitado a dos centenares de personas y la
fiesta era de traje de etiqueta de opción. Yo estaba emocionada, pero mamá estaba
preocupada porque la fiesta, era la noche antes de la SAT.

—Será mejor que vengas a casa temprano, Ariadne. Y no se te ocurra pedirme que
comprar otro vestido. Tiene un vestido en perfecto estado en tu armario que sólo
has usado una vez.

No le pedí otro vestido. Yo no iba a tenerlo por mucho tiempo, de todos modos.
Yo había decidido que iba a dar a Blake un regalo de cumpleaños muy especial,
algo que había estado guardando para lo que parecía ser para siempre.

—¿Podemos conseguir un cuarto aquí esta noche? —pregunté.

La fiesta acababa de empezar. Blake y yo nos paramos dentro del vestíbulo en el


Waldorf entre montones de hombres en trajes y mujeres en vestidos. Blake estaba
bebiendo a sorbos una Heineken y su frente se arrugó.

—¿Por qué? —dijo.

Susurré en su oído. —Porque te amo.

Lo entendió. Sonrió. Quería besarlo pero no podía porque el Sr. Ellis venía. Se
llevó a Blake y lo guió alrededor de la habitación, palmeando su hombro y
173

alborotando su cabello, presentándolo como “mi chico Blake” mientras yo me


sentaba sola.

Los miré moviéndose a través de la multitud. Después de unos minutos vi dos caras
familiares. Debería haber esperado que Tina y Summer estarían aquí… parecía
como si la lista de invitados del Sr. Ellis incluía cada persona que él y Blake
conocían, y todos menos Rachel y Leigh habían aceptado.

—¿Divirtiéndote? —dijo Del, sentándose a mi lado.

Estaba en un traje, usando su anillo en el meñique, y olía a tabaco y colonia.


Comenzamos a hablar y me hizo sentirme de la manera que lo hacía en la fiesta de
Navidad el año pasado, emocionada y nerviosa. Tenía que parar de sentirme así y
dejar de intentar descubrir de qué color eran sus ojos, porque Blake era mi novio,
Del no era tan guapo, y yo iba a ser su cuñada algún día.

Pero Del estaba sentado en la mesa tres para la cena, como yo. Caminé con él hacia
una habitación con candelabros decorados y arreglos florales. Se sentó a mi
izquierda y Blake se sentó a mi derecha. Otras personas se nos unieron, mujeres
escoltadas por hombres quienes Blake me dijo que eran los socios de su padre en la
firma y luego el Sr. Ellis estaba allí, y de pronto los dos asientos a su lado eran
ocupados por Tina y Summer.

—Hola, Ari —dijo Tina, saludando con la mano a través de la mesa, su fibroso
cabello cepillando el escote de su liso vestido gris. Pensé en lo que Summer le había
contado, qué historia habían inventado para explicar por qué yo ya no llamaba—.
Mira, Summer. —Tina señaló, sonriendo y apuntándome de la forma en que los
padres apuntan cuando llevan a sus hijos al zoológico. Mira, allá hay una jirafa, hay
un oso, hay una chica promedio aburrida—. Es Ari. ¿Viste a Ari?

—La vi —dijo Summer, desenrollando los cubiertos de plata de su servilleta.


Murmuró un saludo a través de la mesa que yo devolví, solo porque estábamos en
público y tenía que ser civilizada.

—¿Por qué ella está en esta mesa? —le susurré a Blake.

Se encogió de hombros. —Mi padre se encarga de la repartición de los puestos. No


te molesta, ¿no?

Sacudí mi cabeza. Fingía que no importaba. Comí mi ensalada a pesar de que


estuviera hecha con un tipo de lechuga que era más adecuada para conejos que para
humanos.

—¿Quién es esa mujerzuela? —Del susurró en mi oído.


174

—Ella no es una mujerzuela —susurré de vuelta—. Es una ex-amiga mía. Ella y su


madre hacen el catering de las fiestas de tu padre. La has visto antes, de hecho en tu
club en la noche de año nuevo.

—Oh, sí. Lo olvidé. —Tomó su bebida y se la acabó. Era su tercero, pero le pidió al
camarero otra—. Mi padre ama presentarles a Blake a chicas como ella. Hay dos
tipos de mujeres, siempre dice. Las chicas agradables con quienes te casas y las
baratas con las que te acuestas. Él cree que un hombre necesita un montón de
chicas baratas antes de que terminen con una muchacha agradable.

Sentí mi estómago caer mientras me daba cuenta de que el Sr. Ellis era más como
mamá de lo que me había imaginado. Los chicos necesitan un montón de chicas
baratas antes de que terminen con una muchacha agradable. Hay muchos peces en el
mar. No quieres quedarte atrapada con el primero.

Deseaba que Del no hubiera abierto su boca. Ahora estaba preocupada en el Sr.
Ellis, que estaba sonriéndole a Summer como si ella fuera la cosa más adorable en
la habitación. Pensé de vuelta en el día antes de que me enterara de la
mononucleosis, cuando Blake había tenido que ir a un club de desnudistas con su
padre. ¿Cuánto tiempo el Sr. Ellis había estado presentándole chicas baratas a
Blake? ¿Y qué pensaba él sobre la filosofía de su padre?

Intenté no pensarlo durante la cena. Intenté disfrutar el melón envuelto en


prosciutto, el solomillo de cerdo con las manzanas caramelizadas, y el calabacín.
Blake sostuvo mi mano debajo de la mesa y cuando la cena había terminado, bailó
lento conmigo en una canción del Spandau Ballet. Mi pulso aceleró cuando un
pastel con FELIZ 21AVO CUMPLEAÑOS escrito en el llegó, porque la fiesta
estaba terminándose y pronto estaríamos solos.

—Aquí hay algo para ti, hijo —dijo el Sr. Ellis mientras yo estaba comiendo mi
pastel. Se agachó entre Blake y yo y le pasó una caja envuelta que Blake abrió.
Había un reloj de oro dentro. Blake le agradeció y el Sr. Ellis le cacheteó la
mejilla—. Sólo sigue haciéndome sentir orgulloso —dijo.

Blake le mintió cuando la fiesta terminó. Le dijo que iba a salir con unos amigos y
que no estaríamos en casa hasta tarde, y luego me llevó a una habitación con una
cama tamaño queen, cortinas beige, y una alfombra a juego cubierta con filas de
cuadrados cafés.

—Mi regalo no es tan lindo como este —dije, acariciando su reloj.

Lo dejó en un velador. —Tu regalo es mucho más lindo que este.

Le sonreí y comencé a pensar en cosas prácticas. —No puedo tomar la pastilla


porque tengo migrañas —dije, porque no podía pensar en una mejor forma de
mencionar las cosas prácticas.
175

—¿Desde cuándo tienes migrañas? —preguntó.

—Desde siempre. No he tenido una por un tiempo. Pero sigo siendo una enferma
de migrañas —dije, lo que él encontró gracioso por alguna razón. Él reía y yo
continuaba balbuceando—. Así que, ¿tienes… tú sabes?

—¿Protección? —dijo con otra risa.

Asentí y él me dijo que había estado cargando protección en su billetera por meses.
Luego fuimos a la cama, donde él se quitó su corbata, desabotonó su camisa, y los
arrojó al piso. Yo seguía en mi vestido pero no por mucho. Pronto estaba junto a la
camisa de Blake, descansando en esos cuadrados ordenadamente alineados. Me
estiré y apagué la lámpara. La única luz en la habitación venía de detrás de las
cortinas, desde el edificio cruzando la calle. Escuché las bocinas de los autos dando
bocinazos, voces subiendo hacia arriba los doce pisos, y mi propio aliento.

Había suficiente luz para ver a Blake. Se apoyó sobre mí y temblé contra los
músculos en sus brazos, el brillo de perla de su sonrisa. Sus pantalones se unieron al
resto de su ropa en el suelo y guió mis dedos bajo el camino de vellos en su
estómago, donde se sintió largo y caliente dentro de mi mano, duro pero suave,
como las manos de Patrick. Luego su boca estaba en todas partes y sonidos salían
de mi boca, como pequeños jadeos como los que había hecho en los Hamptons,
pero no me avergonzaban esta vez. Nada lo hacía. Nada parecía sucio o
pecaminoso o incorrecto, a pesar de que estaba a punto de romper una mayor regla
Católica. Mantuve mis ojos cerrados hasta que oí papel rasgándose y un ruido de
chasquido.

—No tengas miedo —dijo Blake.

Sentí su peso en mí y estaba definitivamente asustada. —Espera —dije—. No


hiciste una promesa como en los Hamptons.

Vi una sonrisa comprensiva en la brumosa luz. —No puedo prometer eso.

Besó mi frente antes de presionar su ingle dentro de mí, y escuché una conversación
en mi cabeza… mi voz diciendo que el tatuaje de Summer debió doler y su voz
diciendo También el sexo la primera vez que lo haces, pero no dejé que me detuviera.

Summer tenía razón. Pero no iba a dejar que eso me detuviera tampoco, y la parte
dolorosa pasó rápidamente y se volvió algo fantástico. Blake se apoderó de mis
manos y las sostuvo planas en la cama, su pecho rozando el mío cuando se movía
con lentos empujes, mientras yo absorbía cada parte de él y él se llevaba cada
último centímetro de mí.

—¿Estás bien? —susurró.


176

Asentí, sintiendo una sacudida de fuego en el medio de mi cuerpo que se elevó a mi


cabeza. Supuse que Blake sentía lo mismo, porque él hacía esos sonidos de tenista-
golpeando-la-pelota e inclinaba su cabeza hacia atrás. Entonces supe que estaba
mucho mejor que bien, y no podía imaginar sintiéndome de otra manera.
177

Capítulo 19

Traducido por Joo, Dangerouse_ y Pimienta.

Corregido por Pimienta

N
o tenía planeado quedarme dormida. Sabía que no iba a llegar a casa
temprano como mamá quería. Asumí que podría escabullirme a la una o dos
y tener tiempo de más para descansar antes de los SAT pero no había
esperado despertarme en Waldorf con mi cabeza en el estómago de Blake.
Miré hacia su pecho que subía y bajaba, sus labios ligeramente partidos, y la
sábana que empezaba en su cintura y terminaba en sus pies. La visión de él me hiso
ignorar a mamá y los SAT.

Seguí mirándolo hasta que Blake abrió sus ojos. Sonrió y quitó el pelo fuera de mi
cara, y pensé que mamá se había equivocado al decir Ellos dicen de todo para acostarse
contigo y luego solo continúan con la próxima víctima. Sabía que él no se iría a ninguna
parte.

Luego le eché un vistazo al reloj digital en el velador. Eran pasadas las siete y los
SAT eran a las nueve. Tuve pánico, agarré la sábana alrededor de mi cuerpo, y me
deslicé al borde de la cama.

—¿Qué ocurre? —preguntó Blake.

—Se supone que tomo los SAT esta mañana. Llegaré tarde.

—No llegarás tarde —dijo—. Te llevaré directo hasta allá.

—Pero tengo que ir a casa y cambiarme… No puedo llegar así —puntualicé,


agachándome sobre la alfombra para recoger mi vestido—. Tengo que ducharme y
quitarme el maquillaje, y comer algo… No puedo arruinar el SAT. Tengo que
entrar en Parsons.

Él rió, tomó mi brazo, y me acercó hacia él. —No te preocupes tanto, Ari. Los SAT
no son nada del otro mundo. Mi padre te meterá en cualquier escuela que quieras.
Lo sabes.
178

Aun así quería que me fuera bien en el examen. Un puntaje bajo me decepcionaría
y devastaría a mamá. Ya podía oír toda la crítica, las cosas cortantes que ella diría
si lo arruinara.

Pero era difícil separarme de Blake. Me quedé en cama con el por un rato más,
envuelta en sus brazos mientras el besaba mi nuca y me hacía sentir que ya no tenía
nada más porque preocuparme, como si no fuera un cuatro de diez en materia de
belleza e inteligencia y no tuviera que morir sola ni luchar y forcejear para que todo
saliera de la forma que mamá quería.

Eran las ocho y media cuando Blake me dejó en mi casa. Quería entrar conmigo
para apoyar mi historia de que habíamos ido a bailar al club Del y perdimos la
noción del tiempo, para convencer a mamá de que no habíamos hecho nada que no
fuera bonito. Pero no lo dejé por las cosas humillantes que mamá podría decir,
cosas como Deberías pensar con tu cerebro. Está en tu cabeza, Blake. No en tus pantalones.

Corrí a las escaleras mientras Blake se alejaba, y mamá abrió la puerta cuando mi
llave tocó el cerrojo.

—¿Qué rayos está pasando aquí? —gritó en mi cara.

Estaba en el vestíbulo cuando ella azotó la puerta con un ensordecedor sonido que
me hizo estremecerme. Me quedé parada allí con mi vestido arrugado, sintiéndome
como Evelyn en la secundaria, apareciéndose después de una de sus noches con
Dios-sabe-quién haciendo Dios-sabe-qué.

—Nos pasamos bailando después de la fiesta —dije—. Perdí la noción del tiempo.

—Bailando —dijo mamá—. ¿Dónde? ¿En el asiento trasero del auto de Blake?

—Los Corvettes no tienen asientos traseros, mamá.

Me arrepentí de esa frase tan pronto salió por mi boca. Sonó altanero. Mamá me
miró fijo como si fuera otra persona, como si fuera una gran decepción, peor que
Evelyn. Pero Blake y yo no habíamos hecho nada malo, y no podía dejar que ella
me dijera que lo era, así que continué mintiendo. Juré que nada había pasado y que
estaba arrepentida de haberme quedado hasta tarde sin llamar y que nunca pasaría
de nuevo. Después me sentí realmente culpable porque ella me creyó.

—Lávate la cara y cepíllate el cabello —me gritó después de que hiciera carrera
subiendo las escaleras hacia mi habitación. Pero no había tiempo para eso. Me
quité el vestido, me puse unos jeans y una sudadera, y me apuré en salir hacia un
frío día. Mamá ya había encendido el auto.
179

Tomé el SAT en mi antigua escuela en lugar de en Hollister porque los vecinos de


Brooklyn estaban autorizados a tomar el examen en su propio municipio. Summer
hizo lo mismo. Se sentó una fila más lejos que yo y seis puestos adelante, se veía
bien descansada en un cuello de tortuga blanco y jeans de diseñador mientras yo
lucía, pensando positivamente, sarnosa. Se dio la vuelta y me echó un vistazo una
vez, obviamente horrorizada por mi cabello desastroso y el rímel negro corrido bajo
mis ojos. Luego volvió a actuar como si yo no existiera.

Por un momento deseé poder hablar con ella, poder contarle lo que ocurrió anoche.
Anche fue el tipo de cosa que una chica quiere compartir con gente como hermanas
o mejores amigas. Pero Evelyn y Patrick habían ido a Boston con los niños por el
fin de semana para una reunión familiar Cagney, no lo habría conversado con
Leigh aunque hubiéramos arreglado las cosas, porque no sería correcto hablar cosas
relacionadas-con-sexo sobre su primo, y por supuesto no podía hablar más con
Summer. Así que me enfoqué en el examen, en la sección verbal, las analogías sin
fin.

Estaba exhausta y mi cabeza me estaba matando. Las palabras en la página se


mezclaban borrosamente medicina: enfermedad: ley: anarquía; extorsión: obtener; plagiar;
prestar; tesis: teólogo. ¿Qué era exactamente una tesis? Había visto esa palabra cuando
tomaba exámenes de práctica, pero ahora no podía recordar casi nada.

Nos tomamos una pausa antes de la parte de matemáticas y observé la parte de


atrás de la cabeza de Summer mientras inventaba mi propia analogía: Real es a falso
como amor es a limerencia, y tú con qué cara me dijiste que tenía un pequeño
encaprichamiento con Blake, Summer. Lo amo y él me ama y ahora no puedes decir que
apenas lo conozco y que ni siquiera me he acostado con el porqué nada de eso es verdad ahora.

Quería dormir, quería comer. Quería pensar en Blake y anoche. Pero después de la
pausa, solo me senté y sostuve mi frente en mis manos, leyendo sobre Susie, que
tenía que visitar ciudad B y C en cualquier orden. Habían líneas en un diagrama, y
se suponía que yo tenía que encontrar cuántas rutas podía tomar, empezando desde
A y volviendo a A, atravesando ambos B y C, sin cruzar ningún camino dos veces.

No era posible que me importara menos Susie o sus rutas.

Summer, por el otro lado, se veía como si supiera exactamente como Susie podía ir
por B y C sin cruzar dos veces ningún camino. La miré fijamente mientras ella
respondía las preguntas como si fueran pan comido, enrollando su cabello mientras
llenaba las respuestas con un lápiz. Terminó antes que todos, así que cerró el
cuadernillo de examen, se reclinó en su silla, y examinó sus uñas con manicura
perfecta.

Quería agarrar su lápiz y hundírselo en el corazón. No era justo. Ella nunca


estudió. Pero probablemente había tenido el sentido común de acostarse temprano
180

anoche y de comer un desayuno saludable en la mañana. Mi estómago estaba


rugiendo y el tiempo se me estaba acabando, y sabía que estaba destrozando el SAT
aun cuando había hecho muchos exámenes de práctica, mientras que Summer no
había tomado ninguno.

Cuando terminó, encontré a mamá esperando afuera. —Espero que te haya ido
bien —dijo nerviosamente mientras manejaba de vuelta a casa—. ¿Crees que te fue
bien?

Miré a través del parabrisas, reuniendo fuerzas para mentir. —Creo que estuvo
bien.

La cabeza de mamá se giró bruscamente hacia mí. —¿Bien? ¿Qué significa eso?

—Nada —dije, sintiéndome mareada.

Nos detuvimos en una luz roja y escuché su anillo de bodas golpear el manubrio.

—Bueno —dijo—, si no consigues un puntaje alto como debías, puedes tomarlo de


nuevo.

Creo que eso me hizo sentir mejor. Solo asentí y continué en silencio. Mi jaqueca
estaba empeorando y mi mente estaba llena de pensamientos sobre anoche. Estaba
preocupada sobre el examen, pero recordé lo que Blake dijo esta mañana. Me dije a
mí misma que el SAT no importaba porque el Sr. Ellis iba a meterme en cualquier
escuela que deseara.

El Sr. Ellis no estaba en casa la semana siguiente cuando Blake me trajo al


penthouse y me llevó arriba a su habitación. Nunca había estado allí antes y era
sorprendentemente pequeña, con una vieja alfombra peluda y montones de libros
de texto dispersos en el escritorio.

Su cama estaba junto a una pared y sus frazadas de lana arañaron mi espalda
mientras hacíamos el amor por segunda vez. Lo hacíamos en cada oportunidad que
teníamos, con las decoraciones de Acción de Gracias siendo retiradas y las luces de
Navidad siendo colgadas. El Sr. Ellis nunca estaba en casa. A veces teníamos sexo
y otras Blake repetía lo que habíamos hecho en los Hamptons, y yo ya no escondía
mi cara en mi brazo. También había otros momentos en que todo lo que hacíamos
era quedarnos en la cama por horas con nuestros brazos alrededor de nosotros, y
era tan agradable como todo lo demás.

—He estado pensando —dijo.

Faltaban dos días para Navidad y era una de esas noches en que solo nos
besábamos y hablábamos mientras estábamos envueltos en frazadas de lana. Había
181

nieve en el suelo afuera y la temperatura era brutalmente baja, y amaba quedarme


en su escondite de pieza, donde estábamos a salvo del mundo.

Me dijo que no quería ir a la escuela de leyes. Pasar el verano en Ellis & Hummel
había sido prueba concluyente de que no podía soportar usar trajes y que el trabajo
legal lo aburría hasta las lágrimas. Pero no podía encontrar una forma de darle la
noticia a su padre, así que iba a terminar la universidad, tomar el examen de
bombero, y decirle al Sr. Ellis cuando fuera correcto.

—Tienes que hacer lo que deseas —dije—. Me di cuenta últimamente.

Él sonrió, quitándose su ropa y la mía. Sentí sus labios en mi piel y su respiración


en mi cuello.

—Blake —dije luego—. Todo lo que hablamos, la casa y los niños en el futuro, no
te importa esperar unos años, ¿verdad? Quiero decir... ¿Hasta que termine la
universidad y el magister? Porque quiero todo eso… pero no estoy lista por un
tiempo.

—Preferiría tenerlo ahora. Pero por ti… esperaré. —Luego dijo que tenía un regalo
adelantado de Navidad y se puso unos shorts, caminó por la habitación hacia su
escritorio, y volvió a la cama manteniendo un puño firme. Abrió sus dedos para
mostrarme un rubí colgado de una cadena de oro—. Pertenecía a mi madre —
dijo—. Quiero que tú lo tengas.

Su madre. Me di cuenta de que me amaba mucho más de lo que pensaba, porque él


no podía darle un regalo tan preciado a cualquiera.

Blake abrochó la cadena alrededor de mi cuello y se metió bajo las frazadas


conmigo, donde rápidamente perdimos el conocimiento. No estaba segura de
cuánto tiempo estuvimos dormidos cuando escuché una tos y abrí mis ojos para
encontrar al Sr. Ellis parado en la puerta, vistiendo un traje y con una cara infeliz.

Era tan humillante. Mi sostén había sido lanzado juguetonamente a la alfombra y


Blake estaba abrazado a mi espalda, su brazo cubría mis hombros desnudos. Codeé
sus costillas para despertarlo, y el Sr. Ellis dijo que quería ver a Blake abajo.

Me vestí en un destello luego de que se fueran. Escuché voces: un grueso acento de


Nueva York y un ligero gangueo de Georgia. No entendía una palabra, así que fui
de puntillas al recibidor para escuchar a escondidas, pero todavía no podía escuchar
nada más que pasos. Corrí a salvo al baño, cerré la puerta y me quedé adentro hasta
que Blake tocó.

—Está bien —dijo. Estábamos en la entrada y vio que mí cara estaba sonrojada—.
Te llevaré a casa, ¿te parece bien?
182

—Yo la llevaré a casa —interrumpió el Sr. Ellis desde el final de las escaleras—.
Tengo algunos mandados que hacer de todas formas. Estás bien con eso, ¿Blake?

Quería que dijera que no estaba bien. Lo miré profundamente, esperando que el
pudiera leer mi mente, pero parecía no tener la fuerza. Lo siguiente que supe, fue
que estaba sentada al lado del Sr. Ellis en un Porsche como el de Del, luchando por
actuar con dignidad, pretendiendo que no acababa de encontrarme desnuda en la
cama con su hijo.

La radio estaba encendida, en 1010 WINS. Tú nos das veintidós minutos, nosotros te
damos el mundo. Los asientos de cuero eran térmicos, y un medallón se balanceaba
en el espejo retrovisor. Decía FORDHAM LAW, CLASE DEL 1964.
Distraídamente tocaba el rubí en mi cuello con una mano y nerviosamente giraba
mi pelo con la otra.

El Sr. Ellis vio mi collar. Nuestros ojos se encontraron por un segundo pero no dijo
nada. Lo puse detrás de mi camisa, pensando que mi regalo perteneció a su pobre
esposa muerta y probablemente no quisiera que yo lo tuviera.

A pesar de eso, no actuó de esa forma. Él accionó el interruptor encanto y participó


conmigo en una conversación cortés sobre el clima. A continuación empezó a
hablar de cómo había pasado años trabajando en una empresa maquiladora en el
centro para pagar sus préstamos estudiantiles y para obtener la experiencia
suficiente para abrir su propio lugar. Era todo para sus hijos, dijo. Lástima que
Blake era el único que lo apreciaba.

—Mi hijo me habló sobre tus planes universitarios —dijo cuando estábamos cerca
de Flatbush—. Puedo ayudarte con eso. Conozco a algunas personas en Parsons.

Esperaba que fuera capaz de decirles mi apellido. —Gracias, Sr. Ellis.

Se pasó una mano por el pelo. —¿Quieres algo más, Ari? Quiero decir… ¿hay algo
que pueda hacer por ti?

Estábamos a una cuadra de mi casa y aparcó a lado de ese solar donde Blake y yo
solíamos sentarnos en el Corvette y besarnos. Todavía estaba vacío; los últimos
rumores eran que o bien sus dueños había gastado todo su dinero de la lotería o
bien había ido a la cárcel por matar a un capo de la mafia.

Estaba confusa. ¿Por qué había detenido el auto y de qué estaba hablando? Negué
con la cabeza y me preguntó que si estaba segura, porque había varias cosas que
podía hacer, como por ejemplo, financiar mi educación universitaria y comprarme
cualquier tipo de auto que quisiera.

—No necesito nada, señor Ellis —dije.


183

Se giró en su asiento y obtuve una vista clara de su rostro. Era bastante guapo, más
guapo que cualquiera de sus hijos, pero de repente me dio miedo, me dio miedo lo
que había detrás de esa suave sonrisa y esos ojos profundos ojos marrones. Eran tan
oscuros que no era capaz de encontrar las pupilas.

—Tú sabes algo, Ari —comenzó—. Blake ha estado actuando de una forma
extraña estos días. Sus notas están bajando y está preocupado… y la semana pasada
encontré una prueba para bomberos en su habitación. No sabes nada sobre eso,
¿verdad?

Quería correr hasta casa. En lugar de eso negué con la cabeza y le escuché hablar
sobre cómo Blake se había comportado así una vez antes, cuando estaba saliendo
con una chica de Georgia, y que él incluso consideró dejar el colegio y mudarse ahí
abajo para casarse con ella y trabajar en algún decadente y no buen remunerado
empleo, y ¿podía creerme eso?

Podía creerlo. Me sentí fatal. Recordé la noche en el ático cuando Del y Blake
habían hablado sobre Jessica. Del dijo que Blake estuvo con ella dos años y vivía en
una caravana y ella le dejó con tan sólo una llamada de teléfono. Seguramente no
tenía un céntimo y no fue capaz de resistirse cuando el señor Ellis le preguntó si
había algo que pudiera hacer. Probablemente hizo un montón de cosas para
deshacerse de ella para que no echase a perder los planes que tenía para su preciado
caballo de carreras.

Pero yo no era Jessica. No necesitaba nada a excepción de Blake. El señor Ellis


seguía preguntando qué es lo que quería, decía compraría absolutamente cualquier
cosa para mí y mi familia.

—Mi familia y yo tenemos todo lo que necesitamos —dije.

Me miró por un segundo, como si sus ojos pudiesen derretir mi voluntad. Cuando
eso no funcionó, se giró, puso en marcha el auto, y me llevó a casa. No dijo otra
palabra hasta que estuvimos frente en mi casa. Papá estaba en la escalera, girando
bombillas en una cadena de luces que se alineaban en el techo, intentando
averiguar cuál de ellas había provocado que las otras muriesen.

—¿Ese es tu padre? —preguntó el señor Ellis—. ¿El detective?

Asentí y me estiré para abrir la puerta, pero me detuvo.

—Ari —dijo—. Estoy seguro de que no querrías que supiese lo que has estado
haciendo. Quiero decir… pasar tiempo a solas en la habitación de un joven
haciendo cosas que podrían causar un montón de problemas. No querrías que tus
padres se enteraran de eso, ¿verdad? Estoy seguro de que tienen una gran opinión
sobre ti, no querrías que nada lo estropease.
184

Había pasado del soborno al chantaje, y me sonrojé otra vez porque me estaba
mirando como si pudiera ver todo lo que Blake y yo habíamos hecho en su
habitación. Salté literalmente del auto, dejé atrás a papá, y corrí escaleras arriba,
donde me llevó horas para dormirme.

Blake me llamó a la mañana siguiente como si nada hubiese sucedido. Por


supuesto, no sabía qué había sucedido. El señor Ellis no le iba a mencionar nuestra
conversación, y yo no iba a delatarle. No podía hacer añicos las ilusiones de Blake
informándole de la fría y dura verdad de que su padre era una víbora.

Me invitó al ático otra vez por la víspera de navidad, y Rachel se encontraba en el


vestíbulo cuando llegué. Estaba tan guapa como siempre, con un vaso de sidra en la
mano y dándole las buenas noches a un hombre que se estaba poniendo su abrigo.
Llevaba un vestido de punto negro con una abertura en el muslo, y me puse
nerviosa cuando me miró. Me pregunté si pensaba que yo era tan mala como
Summer por herir a Leigh, y me preocupó que fuese a dominarme en sus botas altas
de tacón de ante, señalándome con un dedo huesudo.

Pasé por su lado. Casi había llegado al salón cuando sentí que alguien me tocaba el
brazo.

—Ari… ¿no me vas a saludar, cariño? —dijo Rachel en su débil acento sureño, y
me giré. Hice como si nada, pretendiendo que ni siquiera la había visto.

—Hola —dije, apretando los puños y esperando que algo horrible sucediese.

—Leigh está aquí —dijo Rachel, haciendo un gesto con la cabeza en dirección al
salón.

Pensé que estaba a punto de decir que era egoísta, intrigante y que no me merecía a
una amiga como Leigh. Pero sólo me pasó un brazo por los hombros e inclinó la
cabeza hacia mí.

—Creo que deberían arreglar las cosas —susurró—. No sabías lo que estabas
haciendo. Una chica puede perder la cabeza cuando siente algo por un chico. He
pasado por eso, Dios lo sabe. Y como he dicho antes… los tres pueden ser amigos,
¿no es así?

Dejé escapar un suspiro de alivio, y viré entre los bebedores de vino en el salón
hasta que encontré a Leigh. Estaba de pie ante la ventana que cubría desde el suelo
hasta el techo, sujetando una taza roja y mirando a Manhattan. Le toqué el hombro
y se dio la vuelta.
185

—Ari —dijo con una cara seria que parecía más hermosa de lo que jamás la había
visto. Llevaba el pelo recogido hacia atrás, y Rachel debía haberla maquillado.
Eran todos los colores correctos, una barra de labios tono albaricoque, y una
sombra de ojos de oro brillantes. Llevaba un vestido de terciopelo verde con un
cinturón plateado ceñido a la cintura.

Estaba nerviosa. Me agarré uno de los dedos, intentando hacer crujir el nudillo. —
Feliz navidad —dije, mirando a los malvaviscos en miniatura que flotaban en su
chocolate caliente.

Se dejó caer contra la ventana. —Feliz navidad —dijo fríamente.

Eso me decepcionó, pero decidí darle una oportunidad a mis disculpas. —Leigh —
comencé—. No te merecías lo que te hice. Sé que pedir perdón no significa mucho,
pero es todo lo que puedo hacer. Me gustaría que volviésemos a ser amigas.

Las luces de la ciudad parpadearon detrás de ella cuando le dio un sorbo a su taza.
Pensé que me estaba ignorando, que Rachel estaba equivocada, que era inútil. Así
que me dí la vuelta, pero ella me agarró por el codo.

—Está bien, Ari. Acepto tus disculpas. Pero no vuelvas a tratarme así jamás.

—Prometido —dije, tendiéndole la mano para sellar el trato. Me abrazó en su


lugar.

Vi al señor Ellis más tarde. El muy falso. Él era todo sonrisas y encanto y “Feliz
Navidad, Ari. Me alegro de que hayas venido”.

Le devolví la sonrisa y decidí que yo sería tan falsa como él y no permitiría que, ni
él, ni otras personas, apartaran a Blake de mí. Yo no aceptaba sobornos y no me
dejaría chantajear, incluso aunque él hubiera sido lo suficientemente inteligente
como para colocar cámaras ocultas en toda la casa Hamptons y en el apartamento.
Me pregunté si tendría pruebas de material X, que tuviera previsto mostrar a mis
padres si no desaparecía, como cintas de vídeo de mí en topless en la piscina o de la
cabeza de Blake entre mis muslos o de nosotros dos haciéndolo bajo las ásperas
mantas.

Estás siendo paranoica, me dije. O tal vez fuera una historia de Days of Our Lives.
Pero después de anoche, no pondría nada más allá de Stanford Ellis.

Él podía llamar a mamá y a papá, ponerme como una mentirosa y su segunda


decepción de hija, y aunque recé para que no pasara, me dije que no importaba,
porque está bien cuando amas a alguien.

—¿Quieres ver lo que conseguí para Navidad? —preguntó Blake.


186

Estábamos sentados en el sofá con Del, Raquel y Leigh. Leigh me había dicho que
el chico de su edificio era ahora su novio, y su cara se iluminaba cada vez que lo
mencionaba, lo cual me hacía pensar en el movimiento de California había sido
una buena idea.

—Blake tiene el sistema estéreo de nuestro padre —dijo Del. Había estado bebiendo
y se desplomó en el sofá con un cigarrillo en la mano—. ¿Y sabes que tengo yo,
Ari? Rechazo en el préstamo para mi club. Ahora me tengo que ir al banco y ser
violado por una tasa de interés del diez por ciento de mierda.

—Cuida tu boca —dijo Blake—. No esperes que papá te eche un cable cada vez que
te metes en problemas. No es su culpa que tu negocio no esté funcionando. Él te
advirtió que no abrieras ese local.

—Él te habría rescatado —dijo Del—. Haría cualquier cosa por ti.

Blake no respondió. Tenía que saber que era verdad. Luego tomó mi mano y me
llevó arriba, donde me mostró un costoso sistema estéreo y pareció decepcionado
cuando no fui muy entusiasta.

—¿Qué te pasa? —dijo.

—Nada —le contesté, acercándome para darle un beso. Le pregunté si quería venir
a mi casa mañana, pero dijo que no podía, uno de los socios de su padre los había
invitado a cenar y no podía librarse.

—Oh, vamos —me quejé—. ¿No te librarías por mí?

Y así lo hizo. Se presentó en mi casa la tarde siguiente con regalos para los niños y
pastel de queso de Lindy para el postre. Yo tenía un regalo para Blake. Le di un
frasco de su colonia favorita. No era especial y ni tan bonito como lo que él me
había dado, pero él parecía apreciar mi regalo de Navidad tanto como yo atesoraba
el suyo.

—Es enorme —dijo Evelyn después de la cena, cuando ella y yo estábamos lavando
los platos. Mamá jugaba con los chicos, y papá, Patrick y Blake veían la televisión
en la sala de estar. Evelyn estaba mirando el rubí que colgaba sobre mi camisa y me
susurró al oído—: ¿Él es enorme, también?

Asentí con la cabeza y me puse un dedo a los labios cuando ella soltó una carcajada
lasciva. Yo le había contado todo sobre Blake y yo, sobre Waldorf y el tiempo que
pasábamos en su dormitorio, y ella había prometido guardar el secreto.

Una hora más tarde, nos comimos las galletas de mantequilla de mamá en torno a
la mesa del comedor y Blake se mezclaba en como si fuera un miembro más de la
familia. Me hizo pensar que Blake estaba aprendiendo a hacer frente a Ellis de la
187

forma en que estaba aprendiendo a defenderme. Si se había librado de pasar el día


siguiente de Navidad con su padre para pasarlo conmigo y mi familia, entonces él,
sin duda, estaba haciendo progresos.

—Me encanta mi regalo —le dije, haciendo girar el rubí entre mis dedos.

Todo el mundo se había ido a la sala de estar, y Blake y yo nos sentamos juntos en
el sofá, donde se quitó la sudadera de la Universidad de Nueva York y me la dio a
mí, porque tenía frío. Olía a él y me mantendría caliente en la cama esta noche. Me
alegré de no tener que esconderme debajo de los pañuelos/bufandas de mi armario.
188

Capítulo 20

Traducido por gaby828

Corregido por Nanis

E
l Sr. Ellis tuvo su segundo infarto en la cena de Navidad de su socio. Leigh
llamó a mi casa para decirle a Blake, y él y yo corrimos al Hospital St.
Vincent de Manhattan.

Leigh, Del y Rachel nos estaban esperando en la sala de emergencias. Las mejillas
de Rachel estaban surcadas de lágrimas, y cuando Blake la vio mientras corríamos
a través de las puertas automáticas, la mirada asustada en su cara me hizo lamentar
el momento en el auto cuando yo había deseado que esta Navidad fuera la última
de su padre.

El hospital permitía a dos personas a la vez en la habitación del señor Ellis. ―Sólo
la familia ―dijo una enfermera. La única razón por la que quería ir era estar con
Blake, que vi a través de una ventana en la puerta. Estaba sentado en una silla al
lado de la cama y Rachel estaba sentada junto a él, frotándole la espalda. Me
hubiera gustado frotar su espalda. Se veía tan triste. Sus ojos estaban puestos en el
señor Ellis, que tenía un tubo en el brazo y otro en la nariz y una palidez espectral
cubría su piel.

Me quedé en el pasillo y Rachel salió y entró Del y Del salió y Leigh entró. La
única constante era Blake, quien finalmente salió de la habitación cuando un doctor
quería hablar con todo el mundo. Luego escuché que el médico decía que el señor
Ellis había llegado a tiempo al hospital, que debía quedarse en St. Vincent durante
unos días, pero estaría bien, si cuidaba su dieta, dejaba de trabajar tan duro y
evitaba el estrés.

Rachel soltó un suspiro de alivio. Puso su brazo alrededor de Leigh y regresaron a


la habitación, y luego me quedé sola con Blake y Del. Del miró su reloj.

―Esta pobre chica ha estado aquí durante horas ―dijo a Blake―. Voy a llevarla a
casa.
189

Pensé que era muy considerado, pero Blake no lo hizo. Su cara se tornó tormentosa
y su voz era malhumorada cuando le dijo a Del que nadie le había pedido que me
llevara a casa. Diez minutos más tarde, Blake y yo estábamos de vuelta en el
Corvette. No dije una palabra mientras nos dirigíamos desde Manhattan a
Brooklyn porque Blake no parecía interesado en hablar.

―Debería haber estado allí ―fue lo primero que dijo.

Estábamos estacionados en frente de mi casa y él no me miraba. Sus ojos estaban


fijos en el parabrisas, a través del cual he visto montones de nieve en la acera y
personas intoxicadas que salen de las fiestas de Navidad.

―Tu padre va a estar bien, Blake. El médico lo dijo. No podrías haber hecho nada
si hubieras estado allí.

―Pero hubiera estado ahí, Ari.

Él nunca dijo que me culpaba. No tenía que hacerlo. No recibí un beso de buenas
noches, y eso lo decía todo.

Blake no quería darle la bienvenida a 1987 juntos. Él llamó unos días después de
Navidad y dijo que su padre fue a casa del hospital y no sería correcto dejarlo solo
en la víspera de Año Nuevo. También dijo que Rachel estaba ayudando, pero ella y
Leigh fueron con ganas de ir a Times Square y Del estaba trabajando en su club,
por lo que el único que quedaba para jugar a la enfermera era él.

―Entiendes, ¿no? ―preguntó, y yo fingí que lo hacía. Me dije que no importaba,


que el señor Ellis se recuperaría pronto y Blake y yo podríamos retomar donde lo
habíamos dejado en esas mantas ásperas.

Luego me fui con mamá y papá a pasar la víspera de Año Nuevo en Queens, donde
mi pensamiento positivo se evaporó. Me senté en el sofá muerta de miedo, mientras
que Kieran corría junto a sus autos Matchbox en el sótano con Evelyn, y papá y
Patrick jugaban al póquer en el comedor.

Mamá se dejó caer a mi lado. Abrió un paquete de Pall Mall, encendió la


televisión, y observó Qué bello es vivir mientras yo miraba hacia el espacio y
acariciaba mi collar.

―Esto no es un regalo barato ―le dije.

Mamá tomó el control remoto y bajó el volumen. ―¿Qué fue eso?

―Dije que esto no es un regalo barato. Acusaste a Blake de darme regalos baratos y
este es un regalo caro.
190

―Por supuesto que lo es ―dijo mamá. Puso su brazo a mi alrededor apretando mi


mano del collar, y apretó mis dedos en los suyos―. Es un regalo precioso. Y estoy
segura que Blake habría pasado esta noche contigo si su padre no estuviera
enfermo. Pero él tiene una vida que dirigir y tú tienes la tuya. Créeme, en esta
época el año que viene vas a estar en la universidad y mirarás hacia atrás a esta
noche y reirás.

Por un minuto pensé que ella entendía. Había pensado que iba a decirme que todo
estaría bien con Blake y que no tenía nada de qué preocuparme… en cambio lo
despidió como alguien que apenas recordaría en doce meses.

¿Y por qué tenía que traer la universidad? Estaba seguro de que no me había lucido
exactamente en el SAT, y no había aplicado en otro lugar que Parsons.

Si el Sr. Ellis me podía ayudar a entrar, también podía mantenerme fuera. Nuestra
conversación en su auto había dejado claro que no me daría algo por nada. Ahora
entendía por qué mamá era tan anti-conexiones.

Leigh llamó el día de Año Nuevo y me invitó al penthouse, lo que era extraño. No
era su penthouse y Blake tendría que haber hecho la invitación. Le pregunté dónde
estaba y qué estaba haciendo, y hubo una pausa antes de responder.

―Él fue a algunas tiendas en el otro lado de la ciudad para comprar sopa de pollo
―dijo―. El tío Stan es muy exigente con su sopa de fideos de pollo.

Su tono era sarcástico, y me imaginé a Blake temblando de frío fuera de Katz o la


tienda Carnegie y tratando de no derramar un envase de sopa hirviendo mientras
corría a casa. Esto me hizo estar más enojada con el Sr. Ellis de lo que ya estaba,
pero mi estado de ánimo no era demasiado terrible, porque pensaba que Blake le
había dicho a Leigh que llamara y que todo estaba bien.

Así que arreglé mi cabello y el maquillaje y me dirigí a Manhattan en un auto que


Leigh envió a Brooklyn. Me dejó en el edificio de Blake, donde tomé el ascensor
hasta el piso superior. Mi corazón se hundió cuando llegué al ático y él no estaba
allí.

―Volverá pronto ―dijo Leigh―. Él tenía que recoger algunas transcripciones de


declaraciones... El tío Stan, no dejará de trabajar, no importa lo que los médicos
digan.

Me dijo que el señor Ellis se encontraba descansando arriba y Rachel dormía en el


dormitorio de invitados, porque había estado de juerga hasta las seis de la mañana.
Me llevó a la sala de estar, donde Del estaba sentado en el sofá fumando un
cigarrillo y mirando un partido de fútbol. Leigh se sentó junto a él, así que me senté
191

a su lado y me quedé mirando la televisión, pensando que el penthouse no se sentía


lo mismo. Parecía aburrido, sombrío y vacío sin Blake.

Llegó a casa una hora más tarde y corrí hacia el vestíbulo. Había una pila de
documentos de espiral en sus manos y una capa de nieve en su abrigo, que cepillé
sin darle importancia.

―Mira ―dije, levantando el dedo índice para mostrarle un copo de nieve―. Dicen
que no hay dos iguales. ¿No es increíble?

Él no dijo nada, se limitó a sonreír con una media sonrisa, como si no hubiera sido
increíble y me compadecía por pensar que lo fuera. ―Supongo que Leigh te invitó
―dijo, y esto me dio un escalofrío, porque me había convencido de que él me
quería allí.

―Por supuesto que lo hice ―dijo Leigh detrás de mí―. Supuse que habías
olvidado hacerlo tú. Un chico quiere pasar el día de Año Nuevo con su novia a
menos que él haya hecho el propósito de convertirse en un hijo de puta total.

Así que Blake no me quería allí. Y Leigh definitivamente me había perdonado…


estaba velando por mí, aunque yo la hice a un lado. Nos sentamos de nuevo en el
sofá donde Del y Leigh prestaban atención al juego y Blake no me prestaba
atención a mí.

―Vamos arriba ―le dije al oído, porque estaba segura de que estaba de mal humor
de ser el chico de los recados durante toda la mañana y yo podría levantarle el
ánimo.

―¿Arriba? ―dijo―. Pero toda mi familia está aquí. No sería agradable.

Agradable, agradable, agradable no me importa lo agradable. Y yo dudaba que


alguien se diera cuenta. Rachel estaba todavía dormida y la puerta de la habitación
del señor Ellis estaba cerrada, y Leigh y Del estaban discutiendo acerca de si una
sanción a los Jets era merecida.

Así que puse mala cara y lloriqueé hasta que Blake me llevó a su habitación, donde
actuó como su viejo yo otra vez. Me besó y yo le devolví el beso, entonces él estaba
encima de mí en la cama y empecé a deshacer el cinturón porque lo anhelaba tanto
que ya no podía soportarlo más.

―No ―dijo.

―Está bien ―le susurré―. Vamos a estar en silencio. Nadie lo sabrá.


192

Él negó con la cabeza, se sentó y se frotó las sienes como si tuviera una de mis
migrañas. Me senté a su lado y le pregunté si algo andaba mal, porque había estado
actuando tan gracioso últimamente.

―Esta es la cosa ―dijo―. Creo que debemos enfriar las cosas por un tiempo.

No me miraba. Tocaba su rodilla, rascándose una mancha con blanqueador en los


pantalones, como si rascarse serviría de algo. Lo que dijo se sentía como un millar
de picaduras de abejas en todo mi cuerpo. Luego dijo algo de caer de la lista del
decano el semestre pasado en la escuela de leyes, y cuando le recordé que no quería
ir a la escuela de leyes, me recordó que su padre lo necesitaba y no podía
defraudarlo, sobre todo ahora que estaba enfermo y el estrés podía hacer que se
enfermara más.

Me hubiera gustado que el señor Ellis enfermara más. Me hubiera gustado que
tuviera otro ataque al corazón y no llegara a St. Vincent a tiempo, y no me
importaba si eso era una cosa pecaminosa para desear porque estaba arruinando
todo.

―Lo siento ―dijo Blake, mirándome con un rostro cansado―. No quería decir
nada hasta después de las vacaciones. Es sólo que no estoy seguro de lo que voy a
terminar haciendo, así que es mejor para mí estar solo por un tiempo para entender
las cosas. Y no puedo seguir mintiendo a mi padre.

―Mentí ―le dije―. Mentí a mi madre todo el tiempo. Le he dicho tantas mentiras
acerca de nosotros que ni siquiera puedo recordarlas. Y no deberías estar tan
ansioso por complacer a tu padre… que no es tan perfecto como piensas.

Hubo un destello de ira en sus ojos y rompió su regla de cuidar el lenguaje en torno
a una dama de nuevo. ―¿Qué diablos se supone que significa eso?

Esto quiere decir que me amenazó, me dije. Esto significa que él trató de sobornarme y que
hizo lo mismo con Jessica. Ella no desapareció por su cuenta, sabes. Stanford Ellis hizo que
eso sucediera para poder tenerte todo para sí mismo. Pero no dije nada porque apenas
podía hablar. Blake nunca me había levantado la voz, y su tono de voz llenó de
lágrimas y un aura a mis ojos.

―Nada ―le conteste y mi voz se rompió.

Se dio cuenta y eso le suavizó. Extendió la mano y corrió sus nudillos en mi mejilla
y yo agarré la muñeca para mantener su mano donde estaba. ―No te molestes
―dijo―. No quiero hacerte daño, Ari. Vamos a ver qué pasa, ¿de acuerdo?

Asentí con la cabeza, tratando de no llorar, quería que él pusiera sus brazos
alrededor de mí para que yo pudiera enterrar mi cara en su pecho, pero no lo hizo.
Me llevó abajo, donde Leigh y Del estaban poniéndose sus abrigos. Dijeron que
193

Leigh quería volver a su hotel y Del tenía trabajo que hacer en el club, y que un
auto les esperaba fuera.

―Lleva a Ari con ustedes ―dijo Blake―. Ella tiene que ir a casa.

Ahora era mucho más difícil para mí no llorar, pero me las arreglé. Entré en el
ascensor con Leigh y Del mientras Blake estaba en el hall de entrada con su rostro
blanco como el de un soldado. No hubo beso de despedida. Entonces las puertas se
cerraron de golpe y él se había ido.

Abajo en el vestíbulo, el portero nos llevó a un mal día. La nieve se había


convertido en lluvia, y nuestro conductor debía tener gripe porque no dejaba de
inhalar y toser. Su tos era tan profunda que lo sentía en mi pecho.

―¿Estás bien? ―preguntó Leigh en su voz ronca. Estaba sentada entre yo y Del, y
supuse que estaba preguntando, porque yo no había dicho una sola palabra en los
últimos quince minutos. Ella no sabía que era porque tenía miedo de romper en un
ataque de llanto si me atrevía a abrir la boca. Así que asentí y se me quedó viendo,
estudiando mi cara con sus ojos color avellana y dijo que Blake había estado
actuando raro desde la Navidad―. Está todo mezclado en su cabeza, Ari ―dijo en
voz baja, así Del no podía oír―. Lo superará.

Asentí con la cabeza otra vez, esperando que tuviera razón. El sedán estacionó en
su hotel, y cuando salió me dijo que ella y Rachel estarían de vuelta en Nueva York
el próximo mes.

Del dijo al conductor que la siguiente parada era en West Vigésima Tercera y nos
fuimos otra vez, montando sobre las calles resbaladizas, dejamos atrás las
montañas de nieve gris sucio que deseaba se derritiera, ya que eran tristemente feas.

―No soy contagioso, sabes ―dijo Del.

Al principio pensé que se refería a la sífilis. Pero, por supuesto que no. Había sido
curado, y ni siquiera sabía que yo lo sabía. Simplemente significaba que estaba
pegada a la cara opuesta del auto. Todavía tenía miedo de hablar, por lo que forcé
una sonrisa y me deslizó unos centímetros hacia él en el asiento. Me preguntó si me
molestaría si fumaba un cigarrillo. Negué con la cabeza y bajó la ventanilla para
soplar el humo en la lluvia. Los dos estábamos tranquilos y yo no dejaba de mirar a
sus manos porque venían del mismo molde que las de Blake.

Cuando llegamos a Cielo, Del tiró su cigarrillo en la cuneta. Luego se inclinó sobre
el asiento para poner su mano sobre la curva en el respaldo y besar mi mejilla,
deseándome un feliz año nuevo.

Una ráfaga de viento sopló en bruto en mi cara al tiempo que abría la puerta del
auto y tuve una sensación de hundimiento que esto no iba a ser un año feliz.
194

Capítulo 21

Traducido por Susanauribe y alexiia☮♪

Corregido por Maia8

E
nero fue horrible. Volví a Hollister, donde no tenía a nadie con quien hablar
o sentarme durante el almuerzo. Sólo casi cada día tiraba los sándwiches
caseros de mamá y sus magdalenas Hostess en la basura porque la visión de
comida era nauseabunda. Sabía que eso era una cosa vergonzosa,
especialmente cuando las personas se estaban muriendo de hambre en Etiopia, pero
no pude evitarlo.

Seguí pensando en los etíopes, sentados en el abrasador sol de África con moscas
arrastrándose por sus ojos y por sus narices. Pero no era justo que ellos tuvieran que
sufrir tanto, pero por supuesto nada era justo. Supuse que comparada con ellos, mis
problemas no eran importantes. La gente sin comida no pierde horas de sueño por
un novio que ha dejado de llamar.

El silencio de Blake me condujo a comenzar a hacer tratos en mi cabeza, tratos


como Él llamará si uso el collar de su mamá todos los días y si obtengo una A en el examen
de Cálculo II, él me enviará una tarjeta de cumpleaños en la que diga que no puede vivir sin
mí. Pero nada funcionó, y el cartero sólo trajo los temidos puntajes de mi SAT en la
mañana en que cumplí dieciocho. Mamá rompió el sobre antes de que yo pudiera
acercarme. Ella estaba en el vestíbulo cuando bajé las escaleras, y se quedó en un
área con tapete en sus pantuflas y delantal, y sorpresa en su rostro. Quería ponerme
de puntitas hacia atrás y pretender que no la había visto, pero atrapó mi mirada
antes de que me pudiera mover. Su expresión cambió a enojo, sus ojos
entrecerrándose y su boca tensándose, y sabía que estaba a punto de obtener una
bronca.

—Muy bonito, Ariadne —dijo, lanzándome el reporte de puntaje. Lo miré y mis


resultados fueron tan bajos, tan patéticos que casi lloré—. No puedo creer que una
chica tan inteligente como tú —dijo mi madre en una voz ronca—, pueda hacerlo
tan mal en una prueba de esta importancia para la cual pasaste meses estudiando.
Es de tu futuro del que estamos hablando.
195

Debería haber sabido que ella diría cosas hirientes. Me volteé y comencé a subir las
escaleras para escapar, pero ella me siguió.

—Eso es lo que sucede —dijo ella—, cuando tomas decisiones estúpidas, cuando
corres por Manhattan justo antes de un examen y bailas en una discoteca toda la
noche con un jodido niño.

No estaba bailando, pensé. Estaba durmiendo con ese jodido niño, y él no parecía querer
verme nunca más. Inhalé, conteniendo las lágrimas, y me dirigí a mi habitación.
Mamá estuvo detrás de mí todo el camino.

—¿Qué tienes que decir? —preguntó cuando llegué a mi puerta—. ¿No tienes nada
que decir?

Me volteé para enfrentarla. Una lágrima se deslizó de mi ojo y la limpié.

—¿Qué quieres, mamá? Lo siento. Sé que he arruinado todo.

Otra lágrima rodó bajando por mi mejilla y la sequé con mi manga. Supongo que
ella recordó que yo era sensible, porque su cara se suavizó y también su voz. Ella
dejó de hablar como una maestra.

—De acuerdo —dijo ella—. Está bien. Es tu cumpleaños… no debería haberte


gritado.

No me importaba mi cumpleaños. Sólo quería regresar a la cama.

Pero mamá siguió hablando.

—Supongo que no es tan malo —dice, como si estuviera tratando de convencerse a


sí misma—. Puedes simplemente volver a hacer el examen, eso es todo. Estudiarás
un poco más y tendrás un buen sueño nocturno… y me aseguraré de que tengas un
desayuno decente. Lo harás mucho mejor la próxima vez. ¿Cierto, Ariadne?

El pensamiento de volver a tomar el examen me hizo querer tirarme por las


escaleras. Pero mamá lucía tan esperanzada y estaba tratando de ser alentadora, así
que no pude decirle la verdad.

—Claro, mamá —dije, caminando dentro en mi habitación. Cerré la puerta detrás


de mí, dejándola sola en el corredor.

Esa noche, Patrick y Evelyn condujeron a Brooklyn con los niños. Mamá no
mencionó el SAT de nuevo. Fingió que estaba bien. Cocinó la cena y ordenó un
pastel en la pastelería, y Kieran me dio un marco de fotos hecho de tapas de
botellas. Todos seguían diciéndome cuán linda me veía y había sonrisas falsas en
196

sus rostros, iguales a las que la gente usa cuando están tratando de animar a alguien
con una enfermedad terminal.

Lo hicieron bien, así que les seguí la corriente. Me forcé a que el pastel bajara por
mi garganta y jugué un juego de mesa con Kieran. Él trajo una mochila llena de
otras cosas, como plastilina Play-Doh y un tablero mágico. Luego sacó la gorra
autografiada de los Medias Rojas que Blake le había dado, y mi corazón comenzó a
retumbar. Me excusé y fingí que iba a subir para tomar mis píldoras para la
migraña, cuando en verdad estaba planeando tenderme boca abajo en la cama
hasta mañana.

Patrick salió del baño cuando yo alcancé los últimos escalones. Su cabello rozando
su frente, y él lucía hermoso, pero no tan bien como Blake.

—¿Estás bien? —preguntó, y asentí de manera poco convincente. Luego regresó a


la rutina de “Animemos a Ari” al recordarme que ya tenía dieciocho y podía
obtener mi licencia de conducir, lo cual me hizo sentir peor.

—Blake se ofreció a enseñarme a conducir —dije. Mi voz se quebró en la última


palabra, y eso no pasó inadvertido con Patrick.

—Te enseñaré a conducir —dijo él.

Él era un chico tan bueno. Pero no pude pensar en conducir. Todo lo que quería
hacer era vegetar en mi habitación, lo cual hice por una hora antes de que Evelyn y
mamá se arrastraran dentro y me rodearan en la cama.

Parecía como si de repente fueran un equipo, una pareja más dispareja que Nancy
Mitchell y Patrick Cagney. Me pregunté si habían tenido conversaciones secretas
sobre lo que era mejor para mí. Y no me molesté en levantar mi rostro de mi
almohada cuando mamá hizo sugerencias placenteras. Dijo que las tres deberíamos
ir de compras el próximo fin de semana, tal vez en la ciudad, y sería una “día de
salida de chicas.”

Pensé que debía estar realmente mal si mamá estaba proponiendo un viaje de
compras a Manhattan. No sonó divertido para mí, ya no más, así que sólo
murmuré una excusa en mi almohada. Luego mamá mencionó a Blake.

—¿Eso es lo que te ha estado molestando últimamente? —preguntó—. ¿Es porque


Blake te dejó?

Ahora la miré.

—No me dejó. Sólo estamos tomándonos un descanso por un rato.


197

Eso es lo que me había estado diciéndome a mí misma. En mi mente, la prueba era


que él no me había pedido el collar de su mamá. Dije eso como evidencia, pero no
convencí a nadie.

—Ari —dijo Evelyn. Agarró una banda elástica de mi mesa de noche y lo usó para
atar su cabello en un moño—. Tienes que dejar esto. No dejes que ese imbécil te
ponga mal.

—Él no es un imbécil —dije—. Pensé que te gustaba. Dijiste que era apuesto.
Atractivo, dijiste.

Ella descansó una mano en mi hombre.

—Cualquier chico que no trate bien a mi hermana es un imbécil. ¿Y sabes qué? Los
chicos no son diferentes a los autobuses. Si nadie pasa, sólo esperan a la próxima y
suben. Así que si Blake quiere ser un remilgado, entonces puede pudrirse en el
infierno por lo que me incumbe. No lo necesitas.

Sabía que estaba tratando de hacerme sentir mejor, pero no funcionó. Mamá había
tenido razón, Evelyn no haría ojitos por esto. Y mamá había tenido razón sobre mí,
también, no era como mi hermana y no quería subirme a otro bus.

Nunca había esperado perder el interés en dibujar, pero eso fue lo que sucedió
exactamente. Ni una vez desde la Víspera de Año Nuevo había pensando en ir a mi
estudio. Sería afortunada si obtenía una C+ en arte este semestre. Sería afortunada
si ganaba una C+ en cualquiera de mis clases porque había dejado de esforzarme
por buenas notas. ¿Qué importaba de todos modos? Todos sabían que la segunda
mitad del último año no hacía la diferencia. Las cartas de aceptación de las
universidades estaban prácticamente en el correo.

Incluso hice el SAT de nuevo como mamá quiso. Fui a la cama temprano la noche
anterior, comí sus waffles de mora azul para el desayuno, y me forcé a intentarlo,
sólo porque ella enloquecería si no lo hacía. Pero mi mente estaba nublada así que
no pude recordar las definiciones y fórmulas, y había más de imposibles preguntas
de lógica que me hicieron escoger C una y otra vez. Cuando dudes, escoge C, eso
era lo que todos en la escuela siempre decían, pero fue un mal consejo. Cuando mis
resultados regresaron, sólo fueron un poco más altos que la última vez.

Estaba empezando a preguntarme si mamá y mis profesores estaban equivocados


sobre mí. Tal vez no era tan brillante, tal vez no era una buena estudiante, y tal vez
me las arreglé de algún modo para fingir durante toda mi carrera académica. La
mirada en el rostro de mamá cuando vio mis resultados me hizo pensar que ella se
estaba preguntando la misma cosa.
198

Las cartas de aceptación de la universidad se suponían que llegaban al final de


febrero, y esperé un milagro. Esperé que el Sr. Ellis hubiera puesto una buena carta
para mí en Parsons. O tal vez había puesto una mala carta, o tal vez no había dicho
nada y dejaría mis doce años de buenas notas solamente. O tal vez no entraría y no
tendría a nadie que culpar excepto a mí.

Puse todo el desastre enfermizo fuera de mi mente en una fría tarde martes hacia la
mitad de febrero, mientras estaba sentada en la librería de Hollister y fingía
estudiar. No podía estudiar en verdad; la suma básica y la resta se habían vuelto
imposibles y no había sentido en tratar de recordar hechos históricos y todas las
tonterías sin sentido. La información sólo se vertía dentro y flotaba lejos de mi
cerebro como si fuera un colador. No podía ir a casa, tampoco. Casa era donde
mamá caminada en puntitas alrededor de mí como si fuera un suflé en peligro de
caerse. Estaba tratando tanto de hacerme sentir mejor, era agotador de ver.

Desafortunadamente, la librería cerraba a las cuatros los martes. Un bibliotecario


usando zapatos delicados me lo recordó de manera hostil cuando todavía estaba
sentada ahí a las cuatro y cuarto. Así que reuní mis libros y salí. Me quedé de pie
junto a las puertas de hierro, tratando de que se me ocurriera un destino. No podía
regresar a Brooklyn y no quería ir a Queens, pero el ático de Blake no estaba muy
lejos. Tal vez podía pasear por su edificio. Tal vez él estaría de camino a casa desde
la NYU y cruzaríamos caminos en la acera, y me diría que me extrañó y que
deberíamos subir y hacer el amor en su habitación como solíamos hacerlo.

La idea pareció ingeniosa hasta que en verdad llegué al Upper East Side y vi la
furgoneta de Tina estacionada afuera. Summer se había graduado antes, de acuerdo
a su plan, y asumí que estaba trabajando con su madre. Probablemente estaba en el
ático flirteando con Blake, y con el Sr. Ellis, si se estaba sintiendo mejor.

Summer era bienvenida en su ático y yo no. Incluso si ella era sólo una empleada,
el pensamiento de ella allí arriba me hizo querer gritar o llorar o ambas, sin
embargo no podía hacer ninguna. Sólo miré el edificio y la furgoneta hasta que
escuché un azote de auto y sentí un toque en mi hombro. Olí cigarrillos y me volteé
para encontrar a Del detrás de mí.

—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó—. ¿Blake y tú regresaron?

Así que él en verdad me había dejado. No estábamos sólo enfriando las cosas por
un rato y yo fui una idiota.

—No —dije, y la palabra salió tan débilmente que Del se hizo la imagen y parecía
arrepentido por abrir su boca—. Tengo que irme —le dije—. Tengo que ir a casa.

—¿Cómo vas a llegar a allí? —preguntó.

—No lo sé —dije, pero no sabía. Mi mente estaba tan lenta últimamente.


199

Una bufanda colgaba de mis hombros y él la envolvió suavemente alrededor de mi


cuello.

—Tienes que pensar en esas cosas, Ari. Está helado afuera.

Él se ofreció a llevarme a casa. Me subí al Porsche, donde Del trató de entablar


conversación mientras nos dirigíamos a Brooklyn. Todo lo que obtuvo en respuesta
fueron respuestas de una palabra porque no tenía la fuerza para algo más.

—Deberías saber algo —dijo él cuando estaba a unas cuadras de distancia de mi


casa—. Blake está saliendo con esa amiga tuya. La chica rubia.

Quise morir. Miré por el parabrisas mientras Del continuó, diciendo que el Sr. Ellis
pensó que Blake necesitaba más experiencia y que Summer era justo la clase de
chica que podía dársela.

Luego estábamos frente a mi casa y Del se volteó hacia mí. Miré la cicatriz en su
labio mientras habló.

—Tal vez no debería habértelo dicho —dijo, más probablemente porque mi barbilla
estaba temblando—. Pero no te importa, ¿verdad? Quiero decir, una chica como
tú… probablemente ya tienes otro novio.

Negué con mi cabeza. El cambió el tema a Leigh y Rachel, que venían al JFK este
fin de semana. Dijo que todos iban a ir a Cielo por el día de San Valentín, así que
debería pasarme por ahí un rato. Y Blake también debía estar ahí, pero yo iría de
todas formas, ¿verdad?

Asentí después de que él me entregó un pequeño cuadrado rojo. Era un pedazo de


papel con el nombre de su discoteca y “ESPECIAL DEL DÍA DE SAN
VALENTIN. BEBIDAS A MITAD DE PRECIO PARA TODAS LAS
MUJERES. VIERNES, FEBRERO 14”.

Él sonrió, se inclinó hacia mí, tocó mi espalda y besó mi mejilla. Durante un


tiempo había pensando que los besos de Del no significaban nada, pero ahora no
estaba tan segura.

Cuando Summer fue votada como la chica más linda en el primer curso de la
secundaria, había pensando que era la peor cosa que podía suceder. Pero sólo tenía
doce, y era ignorante sobre todas las cosas malas que podían pasar. Eso fue sólo un
rasguño comparado con la puñalada que había estado preparando desde que Del
me dijo sobre ella y Blake.

No pude dejar de pensar sobre los dos juntos. Los vi en el Corvette, en el ático y en
los Hamptons, todo el día en mis sueños. Imaginé a Summer metiendo a
200

escondidas a Blake en su habitación de cuento de hadas y supuse que a él le gustaba


más que mi terrible colcha de JC Penney. Especialmente pensé sobre ellos en el día
de San Valentín, mientras estaba sentada frente al espejo de mi cuarto con mi
cabello mojado y mi Paleta Pro Eye de Ochenta y ocho sombras.

Unos días antes, había tomado la decisión. Ya no iba a lucir como una estudiante
de Hollister, con cabello liso y perlas bonitas, porque simple y bonita no me había
llevado a ningún lado. Las simples chicas bonitas gastaban su juventud y las
dejaban sus novios, mientras llamativas chicas sexys viven en Manhattan, donde
repartían experiencia. Decidí que iba a ser alguien más, alguien glamurosa y
sofisticada, alguien que no fuera apagada, aburrida y normal, alguien que no estaba
asustada de hacer cosas pecaminosas.

Delineé mis ojos con negro y los esfumé con gris, luego escogí un brillo de labios
del color de una cereza madura. Mi ropa estaba esperando en la cama, un bustier
de satín que había escogido en una de esas tiendas modernas donde las mujeres
usaban tacones de diez centímetros para comprar. También compré un par de
pantalones ajustados de cuero, tacones altos, y zarcillos largos que rozaban mis
hombros.

Mi cabello estaba liso y oscuro alrededor de mi rostro. No podía dejarlo de esa


manera, era mierda simple, así que agarré unas tijeras y corté un largo flequillo que
rozaba mi ojo izquierdo. Pusé algunos rolletes calientes en la otra parte del cabello
y lo rocié con Aqua Net después de que los quité, y cuando tenía mi bustier, mis
pantalones de cuero, mis tacones y mi collar de rubí, apenas me reconocí. Lucía
como lo que era, una chica cuyos padres estaban en la boda de un primo tercero en
Yonkers, engañados al creer que su hija estaba pasando su noche con su libro de
cálculo.

¿Qué si mentía? Ser buena no me había llevado a ninguna parte. Pasé toda mi vida
siendo buena, estudiando, siendo niñera y tratando de no herir los sentimientos de
nadie. Había terminado con ser agradable.

En verdad no tenía un plan para esa noche. Todo lo que sabía es que Blake podía
estar ahí y Del definitivamente estaría ahí, y no estaba segura de a cuál quería ver.

Primero vi a Leigh, que estaba usando una capa de tweed y un abrigo a juego
esperándome en el frío. Había un saltarín junto a ella que me entregó cinco cupones
de bebida a mitad de precio.

—¿Estás disfrazada? —preguntó, mirándome de arriba a abajo.

—No —dije—. Estoy nueva y mejorada.

Frunció el ceño.
201

—¿Por qué? Estabas muy bien en la forma en que estaban antes.

—No del todo —le dije, y comencé a caminar hacia la puerta.

El club estaba de la misma manera que recordaba, el aire lleno de humo, luces
destellantes, música tan fuerte que tuve que leer los labios de Leigh. Se quitó el
sombrero y asintió hacia los cupones en mi mano.

—Nosotras los vamos a desperdiciar... se los puedes dar a mi madre si quieres.

—No quiero —dije, porque quería probar beber y olvidarme de todo.

Leigh agarró mi brazo y me habló al oído.

—Ari —dijo—. No me gusta la manera en que Blake te trató, y espero que esta
nueva y mejorada tú no sea por él. Eres mejor que eso.

Esa era la última cosa que quería escuchar. Leigh estaba siendo práctica, como
mamá, y yo no estaba en un estado de ánimo práctico. Así que no le hice caso y me
dirigí hacia el bar. Fue pan comido obtener mi primer trago, y el segundo y el
tercero, debido a que el camarero estaba tan ocupado mirando mi pecho que no se
molestó en pedirme la identificación. Probablemente estaba demasiado oscuro para
notar que, exactamente, aún no la tenía.

Me sentía como si estuviera levitando. El piso se veía amarillo, rojo y azul,


mientras que Rachel, Leigh y yo bailábamos, pero después de un tiempo acabé
deshidratada y Rachel se puso toda maternal.

—¿Cuánto bebiste, cariño? —preguntó.

Me encogí de hombros. Había pedido una cerveza, un vino enfriado y dos Rusos
Blancos que tomé con rapidez porque sabían tan inofensivos como la leche con
chocolate.

Rachel negó con la cabeza, movió su dedo, y me dijo que tomara un gran vaso de
agua. Así que me senté en el banco de imitación de piel de cebra en el bar, bebiendo
muchas Evian y viendo camareros malabarear con botellas.

Estuve allí durante una media hora antes de que viera a Blake, que estaba en el otro
extremo de la barra. Iba vestido de manera diferente a lo habitual, similar a Del, en
una chaqueta oscura y una camisa con los botones superiores desabrochados, y
estaba hablando con dos chicas. Ninguna de ellas era Summer, pero eran mucho
más guapas que yo. Luego miré a todas las chicas guapas en el club. Había un
montón, como un enjambre de un millón de hormigas sobre una pieza de dulce
desechada. Ni siquiera podía contar a todas. ¿Por qué me quiso Blake cuando pudo
elegir cualquiera de ellas?
202

Era tan deprimente. Me senté en el taburete mientras lo observaba, sin embargo él


no se dio cuenta. Se alejó unos minutos más tarde y lo perseguí a través del club. Se
metió en el baño de hombres y lo esperé afuera, pensando que esta era mi
oportunidad y tenía que tomarla.

Él no me reconoció cuando salió. Me pasó y no volvió su cabeza hasta que lo llamé


por su nombre.

—¿Ari? —dijo, como si estuviera usando un disfraz de Halloween.

Él me miró y yo le sonreí.

—Hola —dije, mientras mi corazón latía con fuerza.

—¿Qué es todo eso? —preguntó, señalando a mi ropa y mis tacones de aguja.

—No lo sé —dije, con coquetería levantando un hombro desnudo—. ¿No te gusta?

Se encogió de hombros.

—No lo sé.

Quería hablar con él. No estaba segura de qué iba a decirle. Pero estaba muy
ruidoso como para oír mis pensamientos, así que asentí hacia el baño de hombres.
Estaba vacío y nos encerramos dentro de un cubículo.

Apoyé la espalda contra la partición que separaba nuestro cubículo del siguiente.
Blake se puso frente a mí, apoyándose en la pared.

—Has estado bebiendo, ¿no? —preguntó—. Lo huelo en ti.

Me encogí de hombros y traté de ser coqueta otra vez.

—Tal vez un poco.

—Tú no bebes —dijo, moviendo los ojos de mis talones a mi cabello—. Esta no
eres tú.

—Bien. No quiero ser yo. —Miré los azulejos bajo mis pies. Eran de cerámica, del
tipo de alta calidad. Estaba segura de que Del había gastado mucho dinero en este
baño, pero nadie lo respetaba. Sólo graffiteaban las paredes y a la izquierda había
rollos vacíos de papel higiénico en el suelo—. De todos modos, pensé que te
gustaría mi nuevo atuendo. Es el tipo de cosas lleva Summer. Ustedes dos son
amigos ahora, por lo que he oído.

Suspiró.

—Nosotros no lo somos. No me importa Summer.


203

—¿Entonces por qué te acostaste con ella? —pregunté—. Pensé que eras un
caballero. Pensé que no te acostabas con chicas que no te importaban. Me dijiste
que no era nada bueno eso.

—No quiero hablar de ello. Ella fue un error —dijo, y no era la negación que yo
anhelaba. Así que me quedé allí en un silencio sepulcral hasta que abrió su boca de
nuevo—. Te echo de menos, Ari. Pienso en ti constantemente.

—Mentiroso —dije—. Tú no te preocupas por mí.

—Me preocupo por ti mucho. Eso es todo el problema.

Eso no era un problema. Eso no podría ser un problema. Una oleada de esperanza
inundó a través de mí y lo perdoné por todo mientras me lanzaba a él en sus brazos,
donde me besó y yo le devolví el beso.

Escuché el crujido de la puerta del baño, las voces de hombres sobre el grifo abierto.
Estaban hablando de dinero en voz baja: sospechaba que probablemente era un
asunto de drogas, pero no importaba. No importaba que Blake y yo estuviéramos
en un baño sucio, besándonos al lado de un inodoro. Lo único importante era que
nos estábamos besando.

Fue reconfortante y familiar, su olor, su sabor, su lengua en mi piel. Su mano


bajando por mi corpiño, y enganché una pierna alrededor de su cintura y luego
dijo:

—No podemos hacerlo. No tengo nada conmigo.

Sabía que estaba hablando sobre protección y empecé a pensar cosas locas, cosas
desesperadas, como Evelyn diciendo que Patrick la había amado más cuando
estaba embarazada, y pensé que Blake podría amarme de nuevo si llevaba el suyo.
Los chicos son divertidos de esa manera. Así que me quedé donde estaba y moví mi
mano hacia abajo para sentirlo a través de sus pantalones.

—Ya basta —dijo—. No puedo.

Caí de rodillas y desabroché su cinturón.

—¿Podemos hacer esto?

Ni siquiera sonaba como yo. Sonaba como otra chica que estaba acostumbrada a
usar ropa trashy y a tentar a los hombres para que subieran a sus rodillas. Blake se
apoderó de mis brazos y me empujó lejos.

—No, Ari.

—¿Por qué? Yo quiero.


204

—Ya basta —dijo otra vez, con fuerza esa vez. Me puso de pie, ajustando mi
corpiño que ya estaba cayéndose. Traté de darle un beso pero no me dejó, y eso no
tenía sentido porque me extrañaba y pensaba en mí constantemente. Así que seguí
intentando hasta que me sujetó las muñecas para que me detuviera.

—Mira dónde estamos, Ari. Esta no eres tú. Tú eres una chica linda.

—No quiero ser una chica linda —dije, deslizando mi mano a su ingle.

Dio un paso atrás.

—No hables así.

Nada de lo que hacía estaba bien.

—¿Cómo quieres que hable? Voy a hacer lo que quieras.

Blake se quitó la chaqueta y lo puso sobre mis hombros.

—Quiero que te vayas a casa —dijo—. Y llévatela puesta. No debes caminar en ese
atuendo. La gente tendrá una idea equivocada.

Me puse a llorar. Suavemente al principio, y luego con más fuerza, hasta que
apenas podía ver a través de mis lágrimas y me perdí. Le grité a Blake que yo ya no
podía pensar con claridad, no me preocupaba por la escuela o la vida, nunca
amaría a nadie más que él, y sólo quería morirme.

—No digas eso —dijo—. No valgo la pena.

Pero yo creía que sí valía la pena. Así que lo dije una y otra vez, y luego la palma
de su mano golpeó mi mejilla. Fue el tipo de golpe que la gente utiliza para
despertar a alguien de un desmayo o un ataque de histeria.

—Lo siento —dijo—. Cálmate. Por favor. No puedo soportar verte de esta manera.

¿No podía soportar verme de esta manera? Fue su culpa que yo estuviera de esa
manera. Mi mejilla ardía y de repente me sentí enojada. Inhalé, me limpié la nariz,
y luché para serenarme.

—Summer robó el brazalete de tu prima, sabes. —Ya había dejado de llorar y ahora
estaba con el pecho agitado y mis manos en mis caderas—. Ella lo mantuvo oculto
durante meses a pesar de que sabía lo mucho que significaba para Leigh. Y si te
preguntas porqué Jessica salió corriendo, pregúntale a tu padre. Él es el que la hizo
irse. Él la sobornó. Probablemente trató de chantajearla también, eso es lo que él
quiso hacerme, pero no caí en la trampa.
205

Estaba tan orgullosa de mí misma por decirlo, pero no me sentí orgullosa cuando
me di cuenta de cómo me estaba mirando Blake. Como si no me creyera, como si
no fuera más que una mentirosa patética. Me hizo enfadarme más, y me arranqué
el collar de su madre, lo arrojé a sus pies y salí del cuarto de baño al aire lleno de
humo. Cinco minutos más tarde, yo estaba sola, llorando en mis manos en los
escalones que conducían al apartamento de Del. Ojalá no hubiera venido aquí. Ojalá
no hubiera tirado el collar a Blake. Ojalá no hubiera nacido.

Mi cabeza me estaba matando y el ruido de la discoteca lo hizo peor. La idea de


tomar mis pastillas para la migraña antes de irme de casa esta noche ni siquiera se
me había pasado por la cabeza. Oí el tintineo de llaves y me volví hacia la
barandilla, con la esperanza de que quien fuera el que viniera simplemente se
siguiera. Luego estaban los pies delante de mí, y oí una voz profunda.

—¿Qué te pasa?

Miré hacia arriba y vi a Del.

—Nada. Tengo un dolor de cabeza. Me tengo que ir.

Se agachó y me tocó el brazo. Eché un vistazo a su mano y era la misma que Blake,
excepto por el anillo del meñique, y eso me hizo llorar de nuevo.

—No estás llorando por mi hermano, ¿verdad? —preguntó—. Él es un chico


estúpido.

—No lo es —dije.

Del se sentó a mi lado, viendo las lágrimas caer por mi cara. Luego masajeó mis
sienes adoloridas con las puntas de sus dedos. Me sorprendió y me sentí muy bien.
Me sentí mucho mejor cuando puso los brazos alrededor de mí y apoyé mi cabeza
contra su hombro fuerte y su camisa de seda que olía a tabaco.

—Está bien —dijo—. No llores. Blake no se lo merece.

El rimel corría en mis mejillas y no podía parar de chillar, pero Del no me hacía
sentir ridícula. Me abrazó de la forma en que Patrick a Evelyn, como yo quería, y
esperaba que no me dejara ir porque tenía que hacer otras cosas que mantenernos
juntos.

La siguiente cosa que supe: estábamos subiendo las escaleras y entramos a su


apartamento, donde vi su tragaluz y la luna menguante. Del tiró las llaves sobre
una mesa y nos sentamos en las sábanas sucias. Estaba sollozando y temblando, y
me secó la cara con sus manos, se sintió casi tan bien como los besos de Blake en
mi cuello.

—Te gusto, ¿verdad? —preguntó—. Siempre te he gustado.


206

Asentí con la cabeza, pensando que tenía los ojos muy verdes esta noche.

—Siempre me has gustado también —dijo mientras trazaba mi mandíbula con su


dedo.

Eso me debilitó. Echaba de menos ser tocada, sobre todo por alguien que tal vez no
me impediría que lo tocara de nuevo. Me oí inhalar, sentía que mi corazón latía
con fuerza otra vez. Del no era Blake, pero era lo más cerca que había podido
conseguir, y estaba pensando en cosas más locas.

—¿En serio? —dije.

Él asintió con la cabeza y parpadeé, porque aún había lágrimas en mis ojos. La
habitación oscura se veía tenue y borrosa, pero vi su cara cada vez más cerca de la
mía. Hizo una pausa, cuando su boca casi tocó la mía, como si esperara que
retrocediera, pero no lo hice. Dejé que me besara y sentí su cicatriz. Era como un
pedazo grueso de hilo en contra de mi labio. Pronto él estaba tendido sobre mí y la
chaqueta de Blake estaba en el piso y la parte superior de mi corpiño estaba hasta
mis costillas. Mantuve mis ojos cerrados y no le impedí hacer algo, incluso cuando
él me bajó los pantalones y los lanzó lejos.

Aterrizaron en la madera con un golpe y eso me despertó. En la planta baja la


música parecía más fuerte, mi visión era clara, y los ojos Del habían cambiado de
alguna manera a gris. Entonces oí la hebilla de su cinturón abrirse y me asusté.

Del no me dijo que no tuviera miedo. No me besó en la frente.

—Del… —comencé, pero mi voz estaba tan débil que no me oyó, y ya era
demasiado tarde. Había dejado que esto fuera demasiado lejos, ya habíamos
recorrido todo el camino. Y no me sentía bien. Me sentía mal. Me sentía como
nada. Ahora Del se veía feo, la cicatriz en su labio, descendiendo hasta su nariz.

Estaba a punto de alejarlo, pero no fue necesario. Todo había sucedido tan rápido,
él ya lo había hecho. Se dejó caer contra mí, y luego rodó y se quedó mirando a
través del tragaluz mientras trataba de recobrar el aliento. Miré alrededor de la
habitación, los muebles y adornos de soltero y el espejo de la cabecera. Todo
parecía de mal gusto y desagradable, y ¿qué estaba haciendo yo aquí? Debí
haberme quedado en casa y estudiar cálculo. Nunca debí haber dicho que no quería
ser una chica linda. Nada se sentía peor que no ser una chica linda.

Estaba mareada. Tenía una migraña, y por lo que acababa de hacer me dieron
ganas de saltar por la ventana, para volar a través del cristal hacia aquellos
espeluznantes ángeles en el edificio de enfrente del callejón. Quería aparentar que
esto no había ocurrido. Quería borrarlo, como mi primer miserable beso.
207

Empujé arriba mi corpiño, me deslicé en mis pantalones, pero no recogí la chaqueta


de Blake.

—Nunca le digas a tu hermano esto —dije, de pie junto a Del—. Nunca le digas a
nadie.

Él me miró desde la cama, y sentí lástima por él porque mi voz era fría y él parecía
herido. Entonces me acordé de Leigh, Idalis y el desfile de putas que entraban y
salían de aquí. Me acordé de Evelyn metiéndose en problemas, de los folletos de las
ETS y de Leigh diciendo que Del podría terminar con SIDA si no reaccionaba.

—¿Ha usado algo? —pregunté. Sonaba tan grosera, pero tenía que saberlo.

Él estaba vistiéndose. Subiendo la cremallera de sus pantalones y abotonando su


camisa.

—No —dijo—. Imaginé que estás con la píldora o lo que sea.

Corrí por las escaleras, pensando que me había llenado de algo tóxico que podría
destruir mi vida o terminar con una muerte espantosa. Era tan cuidadosa antes,
siempre había sido muy cuidadosa, pero ese momento podría arruinarme para
siempre.

Del estaba detrás de mí, llamándome por mi nombre por las escaleras. No le hice
caso y salí corriendo por la puerta principal en la noche fría, tropezando con mis
zapatos vulgares. Miré a mi alrededor por un taxi, pero en lugar de eso vi a Blake,
Rachel y Leigh en la acera.

Probablemente estaban esperando que uno de los brillantes sedanes los llevara a
casa. No quería que me vieran, pero miraron en mi dirección por el sonido de la
voz de Del. Ahora ya me había alcanzado, preguntando cuál era el problema como
si no tuviera idea. Blake lo miró y luego a mí con el cabello desordenado y la cara
manchada de rímel, y luego se abalanzó sobre Del.

—¿Qué le hiciste? —exigió.

—Nada —dijo Del—. Ocúpate de lo tuyo.

La cara de Blake estaba roja, gritó y maldijo. Empujó a su hermano, quien cayó de
espaldas sobre la acera. Luego Del se paró y le dio un puñetazo a Blake en la cara.
La sangre salía a borbotones de la nariz de Blake y Del le gritó:

—Tenías que hacerlo —dijo—. Sólo la abandonaste por papá. No tienes las agallas
para elegirla sobre él.
208

Todo estuvo muy tranquilo. Leigh y Raquel me miraban desde la acera. Blake no
respondió, y supuse que estaba sorprendido de que Del no fuera tan tonto como
todos pensaban.
209

Capítulo 22

Traducido por Nanndadu

Corregiro por Angeles Rangel

M
e metí en un taxi, escapando de la conmoción, y observé a Rachel a través
de la ventana mientras ella buscaba en los bolsillos de su abrigo y luego
sostuvo un pañuelo en la cara de Blake. Una gran parte de mí quería saltar
fuera del auto y ayudarlo, pero el resto de mí pensaba que Del tenía razón. Blake se
lo merecía.

Cuando llegué a casa, Santa Ana me atravesó con una mirada de reproche. Mis
padres todavía no estaban de vuelta, la casa y el patio delantero estaban oscuros, y
entrecerré los ojos a través del césped. No me mires así, pensé. No todos pueden ser tan
perfectos como tu hija.

Me apresuré más allá de Santa Ana, encerrándome en la casa, y me lancé en seco


sobre el retrete. Mamá y papá regresaron y pronto mamá estaba golpeando la
puerta del baño. Quería saber si estaba enferma. La gripe estomacal estaba al
rededor, dijo.

El golpeteo era como un martillo aplastando mi cráneo. Ella no tenía idea de cuán
enferma estaba que yo sólo era una enferma excusa de ser humano. Estaba enferma
por meterme en la cama con Del y estaba enferma por prácticamente rogarle a
Blake en un baño público, y ahora podría agarrar nauseas matutinas o sífilis o un
virus incurable que me pondría en una caja que mamá y papá comprarían con el
dinero de tío Eddie. Al menos la pobre Ariadne tenía que usar ese dinero en algo,
imaginé a mi madre diciendo.

La idea me hizo vomitar. Mamá tocó la puerta mientras una cena medio-digerida
mezclada con vino y cerveza y Kahlúa eran arrojados de mi boca. Ella seguía
diciéndome que abriera la puerta, pero no pude. No podía dejar que me viera hasta
que me deshiciera de mi atuendo.

Finalmente se rindió y me quité la ropa, enterrándola en la basura debajo de


papeles arrugados e hilo dental usado. Luego me metí en la ducha, donde restregué
cada parte de mí en agua caliente hirviendo que esperaba pudiera esterilizarme.
210

Quería que todo desapareciera, el maquillaje, el Aqua Net, el olor de los cigarrillos
en mi cabello.

Dejé que mi boca se llenara de agua y escupí en el desagüe, una y otra vez, tratando
de purgar los millones de gérmenes microscópicos que Del probablemente dejó.

Una hora después, caminé por el pasillo hacia mi habitación vistiendo una bata de
baño y apretando mi ropa en una bola. Recordé los rumores que había escuchado
sobre frustrar un embarazo con cosas como soda o vinagre y consideré intentar
ambos, pero rápidamente cambié de opinión. Esos eran mitos ignorantes; alguien
que había tomado educación sexual debería saberlo mejor.

—Ariadne —dijo mamá—. ¿Estás bien? Estuviste allí tanto tiempo.

Ella salió de la nada con un sándwich de atún picante y ahogué una arcada.

—Estoy bien —dije—. Sólo déjame malditamente sola por una vez.

Ella lucía aturdida. No me podría haber importado menos. Me alejé, cerré la


puerta, y colapsé en mi cama, donde observé a los números cambiar en mi reloj y
miré al oso de peluche en mi vestidor.

Blake. Pensé en él y en el último año. Pensé en cuándo los colores habían sido
escandalosamente brillantes y el aire había olido increíblemente bien y cuándo
había olvidado cómo se sentía el estar triste. Ahora recordaba, y pensé que Blake
no era mejor que algún traficante de drogas callejero. Había conseguido que me
enganchara a él y luego había cortado mi suministro. Había escuchado que los
adictos harían cualquier cosa, que se degradarían en todos los sentidos para
conseguir otra dosis, y ahora entendía cómo eso podía pasar, porque me estaba
sucediendo.

Deseaba que esta noche hubiese sido un mal sueño. Deseaba que Blake tuviese
agallas. Deseaba que me hubiese escogido a mí en lugar de a su padre, pero no lo
había hecho, y ahora todo lo que me quedaba era un animal de peluche y una
camiseta de la NYU. La camiseta estaba metida en mi mesa de noche, y la saqué y
la envolví en torno a mí. Era la única cosa que podría hacerme dormir.

Leigh llamó al mediodía. Mamá vino y sacudió mi hombro para despertarme.

—No quiero hablar con ella —dije, porque lo de anoche no hubiese ocurrido de no
ser por Leigh. Fue su culpa que yo hubiese conocido a Blake y a Del. Por supuesto,
podría haber sido una “Buena” amiga en lugar de perseguir a sus primos. Y yo
estaba faltando a mi palabra de nuevo. En Nochebuena le había dicho que nunca
211

más la iba a tratar mal. Tal vez ahora estaba consiguiendo lo que me merecía, pero
ya no podía soportar otra culpa. Era demasiado pesado para cargarlo sola.

Mamá asumió que yo estaba muy enferma para hablar por teléfono. Se alejó y la
escuché diciéndole a Leigh que yo tenía gripe o lo que sea que estuviese rondando.
Seguí la corriente porque era conveniente, las personas enfermas consiguen
quedarse en la cama todo el día, y quería quedarme en la cama todo el día. Un
minuto después, mamá colgó el teléfono y gritó desde la cocina que Leigh dijo que
me llamaría la próxima vez que estuviese en Nueva York. No me importaba si ella
me volvía llamar de nuevo.

Volví a dormir, y me quedé en la cama la mayor parte del día y la mayor parte de la
siguiente semana, fingiendo tener gripe así podía saltarme la escuela. No me
cambié la camiseta de la NYU y no me duché y sólo salí de la casa una vez. Fui a
la biblioteca, donde me escondí entre los estantes y me estremecí mientras ojeaba
las páginas de un diccionario médico y preocupándome de que la ETS de Del no
hubiera sido curada realmente.

La sífilis no tratada puede causar daño cerebral, lesión de la médula espinal, corazón, y otros
órganos, leí. Signos y síntomas de la última etapa de la sífilis incluye, parálisis,
entumecimiento, ceguera gradual, y demencia. Este mal podría ser lo suficientemente serio
para causar la muerte.

La ceguera me asustaba más cualquier otra cosa, incluyendo la muerte. Me imaginé


viendo absolutamente nada y dependiendo de mamá para vestirme y cepillar mi
cabello y ella no haría nada de eso bien. Me volveré vieja y mi cabello se volverá
gris y ella difícilmente lo teñirá alguna vez, y yo probablemente terminaré
tambaleándome alrededor de Brooklyn con lentes oscuros, golpeando la acera con
un bastón como alguna bruja vieja y arrugada que asustaría a los niños del barrio.

Luego decidí que necesitaba una prueba de embarazo y una prueba de sangre
inmediatamente, incluso si tenía que ser pinchada cincuenta veces para conseguir
una vena.

—¿Tienes una reunión de la facultad mañana? —le pregunté a mamá esa noche.

Ella asintió desde su asiento en el sofá, donde estaba fumando un Pall Mall y
tratando de escribir una novela basada en alguna idea que había venido a ella
mientras estaba fregando el lavabo de la cocina. Sonrió hacia su cuaderno. Ella
había comprado un encuadernado de espiral con una cubierta de color rosa alegre,
como una estudiante con grandes esperanzas para un Nuevo Año escolar.

—Sería buena si esta novela funciona. Pero probablemente no la terminaré.


212

—Probablemente no —dije, porque sabía que las probabilidades estaban contra de


que nada funcionara. Mamá sonrió sombría, pero era la verdad, así que no me sentí
mal.

Ella puso el cuaderno a un lado. —¿Vas a ducharte algún día? Tu cabello está
grasoso. No sé por qué cortaste esos flequillos… están siempre en tus ojos. Y has
estado usando esa camiseta por siempre.

Mamá estaba en lo cierto acerca de la camiseta. Me estaba convirtiendo en Leigh.


Pero era mucho más fácil para ella, porque M.G. no la había dejado a propósito.

—¿Y qué? —pregunté—. A nadie le importa como luzco.

—A mí me importa —dijo mamá.

Eso parecía irrelevante, así que no cambié mi ropa o hice nada con mi cabello al día
siguiente. Tenía una cita en la clínica a las tres. Cuando llegué allí, le di mi nombre
a una mujer con la piel color café y trenzas. Ella pasó a través de un libro y
preguntó si estaba segura de que no había hecho una cita en algún otro lugar.

—No —dije—. Llamé aquí.

Descubrió que yo había llamado allí, pero cuando pedí una cita para el viernes, ella
pensó que me refería al próximo viernes. Así que volví a la calle por otra semana de
paranoia.

Esa noche me senté en la mesa de la cocina con mamá y papá. Mi plato estaba
lleno de puré de papas nadando en una salsa espesa de color marrón y pastel de
carne cubierto de un barniz de salsa de tomate crujiente que me recordó a sangre
seca. Mamá no parecía creer que tuviese suficiente comida, así que echó tres
grandes cucharadas de cebollas fritas en mi plato y llenó mi vaso con leche.

—Come —dijo ella—. Estás tan delgada, Ariadne. Realmente tienes que ganar algo
peso. Necesitas tu fuerza para la escuela.

Mantuve los ojos en mi plato, haciendo huellas en las papas con un tenedor, y
preguntándome si el hambre podría causar un aborto involuntario. Un aborto
involuntario sería mejor que estribos e instrumentos y lo que sea que los doctores
usen para arreglar un gran error.

—No voy a volver a la escuela —dije.

—Claro que sí. Ya no estás enferma.

Eso era lo que ella pensaba. La ignoré y escondí un pedazo de pastel de carne bajo
mi servilleta cuando nadie estaba mirando. Papá no estaba mirando porque estaba
ocupado leyendo el periódico. Mamá lo acusó de tener malos modales. Ella dijo
213

que la hora de la cena era cuando se suponía que las personas hablaban unas con
otras.

Él se detuvo por un momento, buscando algo sobre qué hablar. —Me encontré con
alguien hoy —dijo él.

—¿Quién? —preguntó mamá.

—Summer Simon. Tenía que ver a un sospechoso potencial en Empire State


Building y Summer estaba saliendo cuando yo estaba entrado.

La conversación a la hora de la cena estaba tan sobrevalorada. La mención de ese


nombre y del Empire State Building me dio nauseas, así que me dirigí a mi
habitación. Estaba en la escalera cuando sentí la mano de mamá en mi codo.

—Déjame —solté.

—¿Cuál es el problema contigo? —dijo en su severa voz de profesora—. ¿Por qué te


estás comportando así?

No le dije. Ella me lo advirtió y no podría soportar un “Te lo dije”.

Más tarde, cuando mamá y papá estaban viendo televisión abajo, tomé un baño de
burbujas porque estaba nerviosa e inquieta y no podía estar sin nada más que hacer.
La televisión no me interesaba y la tarea tampoco y dibujar era estúpido. No era
nadas más que un inútil pasatiempo, no podría hacer nada con ello, nunca me
convertiría en una artista, y la idea de enseñar había perdido repentinamente el
brillo.

Traté de no pensar en nada cuando estaba en la bañera cubierta de espuma hasta el


cuello. Cerré los ojos, escuchando el susurro del agua y las tenues risas de las
comedias desde abajo. Entonces hubo un toque en la puerta y mamá entró a pesar
de que no le había dado permiso.

—¿Qué haces? —dije—. Estoy desnuda aquí.

—Oh, por favor. No puedo ver nada. —Se sentó en el asiento del retrete y su tono
era mucho más agradable que el que había usado en las escaleras—. ¿Qué está mal,
Ariadne? Has estado actuando tan extrañamente.

Solo vete, pensé, cerrando los ojos de nuevo. —Nada está mal, mamá. Estoy bien.

Ella no me creyó. La escuché decir que yo estaba malhumorada e irritante y que ya


nunca dibujaba. Luego mencionó a Summer y yo quería deslizarme por el desagüe
y hacia el interior del alcantarillado con el resto de la suciedad. De todas maneras,
ahí es donde pertenece alguien que recibe sobre su espalda al hermano de su novio.
214

—¿Qué sucedió exactamente entre ustedes dos? —preguntó.

—Nada —dije de nuevo.

Ella se quedó callada por un momento y escuché su zapatilla golpeando los


azulejos. —¿Tiene algo que ver con Blake?

Mis ojos se abrieron de golpe. —Por supuesto que no. No tiene nada que ver con él.
Absolutamente nada.

Me debía haber detenido en el Por supuesto que no. Había protestado demasiado y
ella no creía una palabra.

—¿Sabes qué? —dijo ella—. Debería llamar a ese chico y decirle lo que pienso
sobre la jodida forma en la que te está tratando.

—No te atrevas —dije, pero ella no me prestó ninguna atención.

—¿Quién se cree que es ese pequeño cabrón? Sólo porque su padre es un gran
abogado y vive en el maldito Upper East Side no quiere decir que se puede salirse
con la suya molestando a mi hija. Mira lo qué te ha hecho. Por el amor de Dios, no
has sido tú misma por semanas, y estás empeorando. En realidad debería ir a la
ciudad y decírselo en persona.

—¡No te atrevas! —dije, gritando esta vez, y sonaba psicótica como lo había hecho
en el baño de caballeros en Cielo—. No te atrevas a llamarlo o ir a algún lugar
cerca de él. Si le dices una sola palabra a Blake… juro que me suicidaré.

Definitivamente me estaba convirtiendo en Leigh. Mamá se me quedó mirando.


Ella me miraba como si pudiera ver todo lo que había intentado ocultar tan
duramente.

—¿Qué está sucediendo? —dijo ella—. ¿Qué sucedió? Algo debe haber pasado para
hacerte actuar así.

—Nada pasó —dije a través de mis dientes—. Sólo vete.

Ella se quedó dónde estaba. —Ariadne, ¿tu relación con Blake fue más sería de lo
que revelaste? No puedo creer que tú estés así de destrozada si todo lo que ustedes
dos hicieron fue tomarse de las manos. Quiero decir… él… lo dejaste…

¿Él? ¿Lo dejé? Eso sonaba horrible. Obsceno. Sórdido y vil y asqueroso. Ella seguía
preguntando, mi cabeza estaba latiendo, y ya no me importaba si ella sabía.

—Si, mamá —dije, sarcástica y fuerte—. Él lo hizo. Lo dejé. Lo dejé hacerme todo
lo que quiso donde quiso y estás en lo cierto… me mintió y me dejó y espero que
estés feliz ahora.
215

Espero que estés feliz ahora. Lo dije cuatro veces incrementando el volumen y la
estridencia mientras ella me rogaba que me calmara. Luego agarré una toalla, la
envolví a mi alrededor, salí de la tina y corrí por el pasillo dejando huellas
empapadas en la alfombra mientras escuchaba a mamá y papá en el pasillo. Mamá
decía que yo estaba histérica y ella no sabía qué hacer, y papá dijo que yo había
gritado lo suficientemente alto para que todo el vecindario escuchara y que él nunca
había esperado algo como eso de alguien como yo.

Más tarde esa noche, escuché a mis padres susurrando y mamá hablando por
teléfono con Evelyn, quién seguramente había roto su promesa de no contarle a
mamá. Supuse que Evelyn le había dicho todo ahora, dado que esta estaba
perdiendo la cabeza y todo. En ese momento pensé que las cosas no podían ponerse
peor, pero ellos lo hicieron al día siguiente cuando un cartero entregó un sobre
elocuentemente delgado de la Escuela de Diseño Parsons. Fui rechazada y tuve que
admitirle a mamá que yo no había aplicado a ningún otro lugar.

Sabía que ella quería gritar y chillar y decirme cuán decepcionada estaba y cuán
idiota había sido por confiar en las conexiones, pero no dijo nada. Supongo que ella
pensaba en una delicada flor cuyos pétalos estaban apenas colgando y no podía
soportar un duro viento. Luego sacó a relucir a Hollister, diciendo que me podía
quedar en casa por otra semana y que debería pasar unos días en Queens porque un
cambio de escenario podría hacerme bien.

No lo creía. Queens era tan miserable como Brooklyn, y no podía parar de pensar
que todos mis estudios y dibujos habían servido para absolutamente nada, eso
había sido una colosal perdida de vida. Y yo estaba resultando incluso peor que
Evelyn, porque al menos ella estaba casada. El matrimonio era un respetable lugar
para esconderse de sus fracasos, un lugar donde ella podía organizar juegos
grupales y ser admirada por sus hermosos hijos. No tenía a dónde ir y nada qué
hacer, y eso me hacía querer tragarme mi botella entera de pastillas para la
migraña, lo consideré a la mañana siguiente mientras me encontraba en el baño
analizando la etiqueta. ACETAMINOFEM, leía. BUTALBITAL.

Butalbital sonaba lindo y letal. Pero yo no tenía el valor para hacerlo, y el hecho de
que era una cobarde en el tope de todo lo demás hizo que me odiara. Decidí que tal
vez lo intentaría después y tomé dos pastillas como se suponía que hiciera, y luego
me senté en el Honda de mamá mientras me llevaba a Queens en silencio. Me
pregunté si así era como se había sentido mi hermana cuando dejó la casa con su
barriga de embarazada y su teléfono de princesa.

Pronto estuvimos en la casa de Evelyn, y ella se precipitó por las escaleras con sus
rizos castaños fluyendo detrás de ella. Me abrazó en las escaleras mientras mamá se
216

alejaba, y yo la sostuve por un poco más de tiempo de lo habitual. Era un alivio


estar con alguien que sabía lo que era ser objeto de la decepción de mamá.

Evelyn puso la cama en el cuarto de Shane y organizó dos docenas de galletas Mrs.
Fields en un plato de papel después del almuerzo. Ella y Patrick y los niños y yo
estábamos sentados alrededor de la mesa de la cocina cuando ella empujó el plato
hacia mí.

—No gracias —dije.

—Tú amas estas, Ari. Las conseguí especialmente para ti.

—No gracias —dije de nuevo, y me sentí horrible porque seguía decepcionando a


todos.

Ella suspiró, volviendo su atención a Shane en su alta silla, y le hizo cosquillas. Rió
cuando él lo hizo y ella continuó diciendo: —Te amo Te amo Te amo.

Los observé. Me hicieron recordar mi casa imaginaria y mi esposo imaginario y mis


hijos imaginarios, y saber que todo ello no sería más que imaginario trajo lágrimas
a mis ojos.

Patrick lo notó. —Vamos —dijo él—. Levántate. Te voy a dar una lección de
manejo.

No quería una lección para conducir, pero no tenía alternativa. Patrick empujó mi
silla de la mesa mientras aún estaba sentada en ella, me tomó del brazo, y me dijo
que me pusiera mi abrigo. Lo seguí a su camioneta a pesar de que sólo quería
dormir hasta el nuevo milenio.

Me senté en el asiento de conductor y se sentía incómoda y confusa allí. —Ni


siquiera tengo un permiso de aprendiz —dije—. Es contra la ley manejar sin un
permiso de aprendiz.

Patrick soltó un bufido. —¿A quién le importa? No vamos a conseguir que nos
detenga la policía. Ahora pon la maldita llave en el encendido y vamos.

—No puedo —dije, y vi lágrimas cayendo sobre mis jeans. No quería llorar, así que
lo combatí inhalando y limpiando mi nariz, pero nada funcionó.

Él me entregó un pañuelo de la guantera. —¿Sabes algo, Ari? —dijo—. La mayoría


de los tipos son unos imbéciles.

Supuse que estábamos hablando de Blake. Me pregunté si mamá y Evelyn le habían


contado todo. No podía ni siquiera imaginar lo que Patrick pensaría de mí si él
alguna vez se llegara a esterar de lo que hice con Del. Y no lo culparía si estaba
217

decepcionado, porque no tomé su consejo sobre mantenerme siendo una buena


chica.

—Tú no lo eres —dije.

Él sonrió, se puso sus lentes de sol, y me dijo de nuevo que prendiera el auto.
Luego tuve mi primera lección de conducir, y no pude pedir un mejor profesor.
Volvimos a la casa una hora después, donde me senté en el sofá y nadie me pidió
que hiciera algo, ni siquiera que ayudara con los chicos o que pusiera la mesa para
la cena.

Todos fuimos arriba temprano esa noche, y Patrick le hizo el amor a Evelyn a las
nueve en punto. Los escuché cuando estaba en la cama en el cuarto de Shane. Pero
no quería escuchar. Y no me sentí celosa. Doblé una almohada alrededor de mis
oídos para bloquear los sonidos y todo lo que sentí fue soledad.

Me quedé en Queens por otras cuatro noches. Patrick me llevó a casa en una
ventosa mañana de viernes. Él se estaba alejándose cuando noté un Mercedes
plateado estacionado en la acera, y eso me dio la urgencia de agarrar la parte
trasera de la camioneta de Patrick y pasar el día en el fuego del motor.

Pero él ya estaba a mitad de la calle. Estaba muy cansada para correr, así que me
senté en los escalones de la entrada con la barbilla en mi mano hasta que la puerta
se abrió y olí cigarrillos. Luego alcé la mirada hacia Jeff Simon y me pregunté si él
estaba a punto de esposarme y llevarme gritando y pataleando al Presbiteriano de
Nueva York, donde encajaría con el resto de los lunáticos. ¿Eres la Hermana de
Evelyn Cagney? Preguntarían las personas con camisas de fuerza. Tú de seguro no luces
como ella, pero obviamente estás tan loca como ella solía ser. Parece que ambas heredaron el
gen lunático.

—¿Cómo te sientes? —preguntó.

Volví los ojos hacia una hoja marrón que dio un salto mortal en nuestro césped
muerto, pensando que Jeff tenía mucho valor para preguntar sobre mi bienestar
cuando era parcialmente culpa de su hija que yo no estuviese para nada bien.

—No soy una de sus pacientes, Dr. Simon… incluso si mamá quiere que lo sea.

Lo llamé Dr. Simon para sonar dura y distante. Funcionó. Él se me quedó mirando
por un momento, rascó su cabeza, y suspiró.

—No te hagas la difícil —dijo él—. Dime cómo te sientes.

Me di por vencida. —No bien —dije, y él sugirió que hablara con alguien, lo que
era una terrible sugerencia. No quería hablar y no quería una prescripción para el
218

tipo de pastillas que Evelyn tomaba. Pero le dije que lo pensaría así él me dejaría
tranquila.

—Le dije a Nancy que posponer la Universidad hasta el próximo año es lo mejor
para ti —dijo—. Es mi opinión profesional que necesitas un descanso, Ari. ¿No
estás de acuerdo?

Estaba de acuerdo. Asentí. —Gracias —dije.

Jeff fue a su auto y se alejó; luego entré y encontré a mamá sentada en el sofá con
un cigarrillo.

—¿Cómo te sientes, Ariadne? —preguntó de forma delicada. Ella se comportaba


como si yo fuese a explotar en pedazos si no era cuidadosa.

—Bien —dije con suavidad, y me dirigí a las escaleras.

—Si necesitas tu medicación —llamó detrás de mí—. Yo la tengo.

Me volví y ella estaba sonriendo como si eso pudiese engañarme, como si ninguno
de nosotros tuviésemos la menor idea de que mucho butalbital podría ser fatal o
que ella no había robado mis pastillas mientras estaba en Queens. Probablemente
era otra cosa que Jeff había sugerido.
219

Capítulo 23

Traducido por LizC

Corregido por Pimienta

O
diaba marzo. En marzo fue cuando me preocupé por mi visitante mensual ya
que no se había presentado. Todavía no había venido para mi cita en la
clínica el viernes por la tarde.

Una joven enfermera me seguía diciendo “Lo siento, soy nueva en esto,” mientras
utilizaba mi brazo izquierdo como alfiletero. Quería decirle que no era culpa suya y
que tenía unas venas mala, pero estaba demasiado cansada para molestarme. Dio
en el clavo justo en el sexto intento y me dio un vaso de plástico.

—Orina en esto —dijo ella, y pensé que podría haber sido más profesional. Una
enfermera debería usar mejor terminología que los amigos sin cerebro de Evelyn—.
El baño está en el pasillo. Trae tu muestra al regresar aquí cuando haya terminado.

Pasé junto a una sala de espera, repleta de adolescentes embarazadas, hacia un


cuarto de baño del tamaño de un cuarto trastes. Tenía uno de esos carriles de
seguridad para esas tristes personas ancianas en la pared, y estaba tan nerviosa
acerca de la ceguera y las ampollas y mi último período que no pude llenar la taza.
Pensé en cosas como cascadas y días de lluvia, y eso funcionó hasta que alguien
golpeó la puerta.

—Un momento —dije, y me sentí apresurada y sudorosa y el minuto se convirtió


en mucho más tiempo. Después finalmente obtuve mi muestra y me pregunté cómo
iba a llevarla de vuelta al final del pasillo sin que nadie lo notara, pero no tuve
mucho tiempo para pensar, porque los golpes comenzaron de nuevo. Así que le
puse la tapa al recipiente y lo metí en mi bolso y oré para que no se derramara.

—Ya era hora —dijo una chica cuando salí. Tenía mi edad y estaba visiblemente
embarazada bajo una camiseta impresa con las palabras TOCA MI VIENTRE Y
PERDERAS UNA MANO. Tenía un bebé en sus brazos y parecía que quería
estrangularme—. Me hiciste esperar durante quince minutos. Nadie por aquí jamás
acapara el baño durante quince minutos.
220

No le respondí. Sólo me alejé porque no conozco las reglas y no pertenezco a este


lugar con las chicas caras duras que se dirigían probablemente hacia una vida de
cupones de alimentos y ojos negros por hombres sin valor.

—¿Cuándo debo llamar por los resultados? —le pregunté a la enfermera después de
que le di mi muestra.

—No podemos hacerlo por teléfono —dijo—. Vas a tener que hablar con el médico
en persona.

—¿Por qué? —dije, pero ya lo sabía. Era debido a que la clínica no quería ser
responsable de lo que la gente pudiera hacer mientras estaban solos si sus resultados
de la prueba daban positivo. Podrían tener ideas locas en la cabeza, ideas como
ingerir una botella de píldoras para la migraña.

—Es nuestra política. Puede hacer una cita en la recepción.

Fui a la recepción, donde me encontré con que no podía tomar ni un descanso.


Nada era fácil, ni siquiera mi cita. La recepcionista hojeó el libro y me dijo que
regresara en tres semanas, lo que muy bien podría haber sido de tres años.

Era incapaz de hacer nada al respecto, así que simplemente asentí. Luego caminé a
través de la sala de espera, donde frases como “mi bebé es papá” y “mis pagos de
manutención morosos” estaban pegados en todas partes. Se me quedaron grabados
incluso después de que estaba afuera en la tarde oscura, escuchando el mórbido
sonido de las campanas de la iglesia que me recordó a un funeral. No les hice caso
y seguí caminando, sintiéndome entumecida y tratando de averiguar cómo había
llegado hasta allí.

El lunes por la mañana me di cuenta de que la nieve se estaba derritiendo en


nuestro césped y la hierba crecía en grupos dispersos alrededor de los pies de Santa
Ana. El inicio de la primavera era horrible. No podía soportar la vista de ella, así
que decidí mantener las cortinas de mi dormitorio cerradas de forma permanente.
Luego reuní mis libros mientras mamá me sonrió desde mi puerta y usó su voz
delicada.

—¿Te gustaría dar un paseo hoy, Ariadne? —dijo.

Había estado haciendo esa pregunta todos los días desde que había vuelto a
Hollister, y negué con la cabeza como siempre lo hacía. No creo que sería justo
hacerla conducir a Manhattan, ya estaba en suficientes problemas.

Salí de la casa y me quedé mirando al frente. No quería verla de pie en la ventana


de la sala, sosteniendo la cortina y mirándome caminar por la calle. Estaba
221

preocupada por mi futuro como lo solía estar con el de Evelyn, y eso me daba
ganas de llorar.

Así que no miré hacia atrás. Seguí adelante a pesar de que mi caminata a la
estación de tren parecía haber expandirse a varios kilómetros y el viaje a Manhattan
era interminable y claustrofóbico. El vagón de metro era cálido y vi un folleto de
Sexo Seguro en un asiento vacío, y sabiendo que tenía que esperar otros diez días
para que los resultados de mi prueba estuvieran listos me hizo entrar en pánico.
Todo se sentía pequeño y estrecho y tuve que salir en una estación que no era la
mía sólo para recuperar el aliento.

Eso me hizo llegar tarde a la escuela. Un monitor lleno de granos me detuvo en la


puerta de entrada; consideré derribarlo al suelo y amenazarlo con romper su cuello
porque era más bajo que yo y era sólo un estudiante de segundo año. Pero
probablemente me acusaría de asalto, y eso podría darle a mamá una razón
legítima para comprometerme al Presbiteriano de Nueva York, así que sólo lo dejé
llenar su estúpido formulario por llegar tarde, lo que me llevó a la directora.

Nunca había visto a esta mujer antes. Nunca había estado en probatoria académica
y nunca había violado el código de vestimenta, por lo que no había habido ninguna
razón para verla.

—Espero que tengas una buena explicación por llegar tarde —dijo.

Era mucho más joven de lo que esperaba, y estaba usando la voz de profesora
mamá, que me molestaba. Pertenecía a la oficina del director tanto como pertenecía
a la clínica. ¿Por qué estaba todo tan al revés? Unas pocas vueltas equivocadas me
habían transformado en algo que nunca había querido ser. Me sentí como si agitara
mi cinta de segundo lugar y mis viejas libretas de calificaciones en la cara y decía:
¿Ves? Esto es lo que realmente soy.

—El metro se atascó —dije, y las palabras, salieron fácilmente de mi lengua,


porque estaba acostumbrada a ser una mentirosa—. Me he quedado atrapado en el
túnel durante una hora.

Me miró con escepticismo y me despidió como si fuera una total pérdida de tiempo.
Esto me puso en un estado de ánimo malhumorado y no pude prestar atención en
mis clases porque estaba harta de todo. Pero la situación empeoró más tarde,
cuando estaba en el cuarto de baño y escuché algunas chicas murmurando sobre el
baile de graduación y qué tipo de flores querían en sus ramilletes de flores. También
hablaron de ir a la universidad en el otoño, a los campus en Nueva Inglaterra y en
el Medio Oeste con sus edificios de piedra y los juegos de fútbol donde planeaban
sentarse en las gradas mientras estaban envueltas en mantas de lana.

No quería que me recordaran las mantas de lana. No quería oír hablar de la fiesta
de graduación y los ramilletes y todo lo que me estaba perdiendo. Esas eran cosas
222

de sólo-una-vez-en-la-vida, cosas tan especiales y fugaces como el cometa Halley. Y


si te las perdía, nunca podrías volver a tenerlas.

Fui a casa en el metro más tarde ese día, sintiéndome irritable y disgustada y
pensando en Blake. Solía estar triste cuando se metía en mi mente, pero ahora
estaba muy enfadada por lo que había hecho y lo que yo había hecho y en el gran
desastre en que todo había resultado ser. Entonces enfoqué mi enojo en el Sr. Ellis,
porque este lío fue su culpa. No habría tenido ningún problema si no fuera por él. Si
hubiera mantenido fuera del asunto a Blake, estaría tan feliz y despreocupada,
como esas chicas en el baño cuya mayor preocupación era si recibían lirios o rosas.

Las tres semanas habían pasado finalmente. Ahora estaba sentada en el consultorio
del médico en la clínica, sudando y mordiéndome las uñas a pesar de que nunca me
mordía las uñas. Luego, el médico entró y vi como se sentaba en su escritorio y
hojeaba una carpeta llena de cartas y notas. El suspenso me estaba matando. Estaba
a punto de saltar encima de la mesa y mirar esa carpeta por mí misma.

—No estás embarazada —dijo.

No le creí. —Pero tengo un retraso. Mi período tiene semanas de retraso.

—El estrés interfiere con tu sistema... eso puede hacer que te saltes un mes. —Sus
ojos se elevaron por encima de sus lentes bifocales—. También resultaron negativos
para el VIH y todo lo demás.

—¿Negativo? —dije con una sonrisa que se sentía rara, porque no la había usado
durante tanto tiempo.

—Eso es correcto. Sin embargo, debe volver en tres meses para otro análisis de
sangre, porque el VIH y otras ETS no aparecen inmediatamente.

—Oh —dije mientras mi sonrisa desaparecía.

Miró a su carpeta. —No se preocupe demasiado, señorita Mitchell. Por lo que veo
aquí, sólo ha tenido dos parejas sexuales... y uno de ellos utilizó protección en todo
momento. Así que el SIDA, aunque no imposible, es poco probable.

Es poco probable sonaba bien. Dos parejas sexuales no. La idea de Del me hizo retorcer
las manos, y el médico comenzó a sospechar.

—El segundo hombre —dijo—. La relación fue de mutuo acuerdo, ¿no?

En cierto modo me hubiera gustado poder decir que no, que Del me había obligado
al sostener una navaja contra mi garganta, pero no lo había hecho. Su única arma
había sido un hombro para mí en el que llorar.
223

Asentí al médico, quien comenzó a ofrecerme diafragmas y esponjas, y casi me


echo a reír, porque ella parecía pensar que necesitaba esas cosas. No sabía que no
podía permitir que nadie me tocara, excepto Blake, y él nunca me iba a tocar otra
vez.

—No, gracias —dije, y salí de la clínica, dando un suspiro de alivio.

Marzo casi había terminado, la nieve se había ido, y los narcisos estaban
apareciendo a través de la tierra alrededor de un árbol que pasé en mi camino a
casa. Eran bonitos y llenos de esperanza, y las campanas de la iglesia sonaron a un
kilómetro de distancia no recordándome a un funeral. Esto era lo más cercano a la
normalidad que había sentido desde Navidad.

En casa, me senté en mi cama, abrí el libro de cálculo y me esforcé por recordar el


método de integración por partes, porque reprobar la secundaria sería casi tan malo
como todo lo que había ocurrido recientemente. No quería terminar trabajando en
Pathmark o quedar encerrada en una habitación acolchada en el Presbiteriano de
Nueva York, así que tuve que tratar de sanar por mi cuenta.

Las ruedas oxidadas en mi cerebro estaban lentamente empezando a funcionar


cuando aparté la mirada del libro y vi a mi osito de peluche. Estaba boca abajo
sobre la alfombra, exactamente donde había caído después de que había lanzado de
golpe mi puerta en febrero. Lo recogí y sacudí el polvo de sus oídos. Me sentí
enojada con Blake de nuevo, y pensé que debía moverlo a otra parte, a lo mejor
esconderlo en una de esas cajas en el sótano, pero no podía. Me hacía pensar en
cosas como besos suaves en la parte trasera de mi cuello y en la idea de que alguien
me amó una vez. Así que lo puse en mi armario porque allí era donde todavía
pensaba que debía estar.

En junio decidí saltarme mi ceremonia de graduación. Vestirme con un traje tonto


y marchar por un pasillo aislado frente a extraños boquiabiertos sería abrumador;
no tenía por qué pasar por todo eso para obtener mi diploma. Hollister podía
enviármelo por correo. Esta fue otra decepción para mamá, aunque ella no lo dijo.

—Todavía quieres una fiesta, ¿no? —preguntó.

No lo quería. Pero ella había sido tan considerada y paciente a lo largo de los
últimos meses que no podía privarla de todo.

—Una pequeña —le dije—. Sólo la familia.

Eso fue lo suficientemente bueno para ella. Así que en un día soleado al final del
mes, cocinó una gran cena y compró un pastel de chocolate con palabras escritas en
color rosa pálido: FELICITACIONES, ARIADNE, CLASE DEL 1987.
224

Estaba de pie junto a la nevera abierta y me quedé mirando el pastel. Mamá se


estaba vistiendo arriba, papá estaba comprando cerveza en Pathmark, y me sentí
muy mal. No merecía una fiesta. No me había inscrito en la universidad y había
estado abatida durante meses, y mamá debe de haber estado fuera de sí por la
preocupación porque todavía guardaba mis pastillas para la migraña. Luego
apareció en la cocina, con un vestido alegre estampado de flores y pendientes de
perlas, y pensé que podría llorar, pero no lo hice. Estaba destrozada por completo.

—Lo siento —dije, mis ojos sobre el pastel.

—¿Por qué? —preguntó.

Me encogí de hombros. —Por todo.

—Ariadne —dijo—. Es corregible. Puedes volver a aplicar a Parsons. No estás en


problemas y no agarraste nada. ¿Cierto?

Su voz sonaba un poco preocupada. —Cierto —le dije, a pesar de que estaba
únicamente segura de la parte embarazada.

—Así que todo está bien. Has estado pasando por un mal momento, eso es todo. Es
sólo un bache en el camino. Algún día, no importará.

No me podía imaginar aquel día. —Entonces, siento no ser lo que querías.

Me tomó por los hombros y habló con una voz seria.

—Eres exactamente lo que quería —dijo, sus ojos puestos en los míos, y estaba tan
sorprendida. Mamá no pensaba que era una decepción... y no estaba destrozada
por completo después de todo.

—Creo que me está dando un dolor de cabeza —le dije, agarrando un pañuelo de
papel para secarme los ojos.

Salió de la cocina y volvió con mis pastillas de la migraña. —Toma —dijo,


metiendo la botella en mi mano—. Puedes tener estas ahora, ¿no?

—Sí —respondí—. Puedo. No tienes que preocuparte más, mamá.

—Siempre me preocuparé —dijo, y sabía que estaba hablando de cosas normales,


como preocuparse acerca de que fuera asaltada en el metro. La posibilidad de una
hija con sobredosis de butalbital no era algo por lo que tenía que preocuparse más.
225

Unos días más tarde, recibí una llamada de Julian de Creative Colors. Dijo que le
encantaría tenerme de vuelta este verano y también lo haría Adam, quien no paraba
de preguntarle si me iba a ver otra vez.

La idea de trabajar era agotadora, pero no podía dejar a Adam ir preguntándose si


alguna vez iba a verme otra vez. Así que le prometí a Julian que estaría allí la
semana próxima, y que iba a trabajar hasta septiembre.

Colgué el teléfono y le dije a mamá que me iba a dar un paseo, a pesar de que no
era cierto. En realidad estaba rumbo a la clínica para otra prueba de sangre para
asegurarme de que no había agarrado nada de Del.

La enfermera de la clínica había mejorado en lo de la búsqueda de las venas, sólo


me apuñaló dos veces. Regresé una semana después y el médico me mostró una
carta, con una lista de enfermedades y la palabra negativo escrita al lado de cada
una. Fue un alivio, pero la carta era como la que Blake me había mostrado el año
pasado. La idea de él me hizo caer pesadamente en la silla.

—¿Qué pasa? —preguntó el médico cuando nos sentamos en su oficina—. Es una


buena noticia.

Me quedé mirando los diplomas en la pared detrás de ella. —Lo sé. Sólo estoy
pensando en alguien.

Se inclinó hacia delante en su escritorio. —¿En quién estás pensando?

Moví los ojos a un aparador de la habitación. Estaba cubierto con fotos enmarcadas
de lo que parecían ser hijos y nietos. —Mi ex-novio —le dije, volviendo a ella.
Decirlo me hizo caer aún más bajo.

—Bueno —dijo—. Has pasado por una situación difícil... a la espera de saber si
estabas embarazada, preocupándote por los resultados de laboratorio. ¿Se lo has
confiado a alguien?

Negué con la cabeza. —No puedo hacer eso. No quiero que nadie lo sepa.

El médico asintió con la cabeza y metió la mano en su escritorio. Luego me entregó


una tarjeta de visita con el nombre del psiquiatra de la clínica, y me dijo que debería
hacer una cita, pero no quería. No podía recostarme en el sofá o sentarme en una
silla y hablar de Blake durante horas. En mi opinión, era mejor no hablar de él en
absoluto.

Adam quería que dibujara todas las mismas cosas, pero no me importaba. Mis
imágenes le hicieron reír con una gran sonrisa que hizo sobresalir sus dos hoyuelos,
lo que me hizo feliz y triste al mismo tiempo. Estaba feliz de que pudiera darle un
226

poco de alegría, y triste porque se veía incluso mejor que el año pasado. Se estaba
convirtiendo en un hombre apuesto, con un cerebro que nunca mantendría el ritmo.

—Eres un buen artista, Blanca Nieves —dijo a principios de julio.

Sonreí débilmente. —No soy un artista, Adam.

—Claro que sí —dijo, levantando uno de mis dibujos por el borde como prueba.

Tal vez su cerebro no estaba del todo dañado. Tal vez sabía más que yo. Y la suya
era la primera cara que me había interesado en un tiempo muy largo. Así que esa
noche, me fui a mi estudio y me senté en mi caballete. Mis lápices estaban
polvorientos y mi papel estaba descolorido de ser dejados solos por la ventana
durante tanto tiempo, pero no importaba. Todavía sabía dibujar. Tal vez en
realidad era un artista, porque antes de que me diera cuenta, el rostro de Adam
estaba mirándome desde mi cuaderno de dibujo.

—Oh —exclamó mamá desde la puerta—. Estás dibujando de nuevo.

No podía coincidir con su entusiasmo. Todavía no tenía la fuerza. Me limité a


asentir y ella se retiró, diciendo que tenía algo de plata para pulir, y la oí alejarse.

—Mamá —le dije.

Asomó la cabeza en la habitación. —¿Sí, Ariadne?

—No pulas la plata. Trabaja en tu novela.

Ella puso los ojos en blanco. —¿Para qué? Nunca voy a terminar. No soy una
escritora de verdad.

—Claro que sí —le dije, de la misma manera que Adam me dijo a mí, y sólo con
sinceridad. Si podía estar interesada en dibujar de nuevo, entonces todo era posible.

Fuimos a Queens a los pocos días para el Cuatro de Julio. Papá condujo el Honda
de mamá y yo me senté en la parte trasera, con mi cabello al viento enredándose
porque todas las ventanas estaban abiertas.

—Realmente deberías mandar a arreglar el aire acondicionado —grité hacia el


asiento delantero.

—Lo haremos —dijo mamá—. Vamos a arreglarlo cuando comiences a manejar.

¿De qué estaban hablando? Había conducido una sola vez, en febrero, cuando
Patrick me dio mi primera lección. Después mamá dijo que Patrick se había
ofrecido a darme más lecciones y a llevarme al Departamento de Vehículos de
227

Motor para obtener mi licencia, y pronto me iba a comprar un auto nuevo y yo


podría quedarme con este y, ¿no me gustaría eso?

—Sí —dije—. No voy a tener que caminar por todas partes.

—Y va a ser útil más adelante... cuando inicies la universidad.

La cabeza de mi padre se disparó hacia mamá. —Nancy —dijo en un tono de


reprimenda, como si estuviera cojeando con muletas y estaba presionándome para
que corra.

Eso la hizo callar. Miré a las canas de mi padre, vi sus dedos en el volante, el anillo
de bodas que nunca se quitó. Mi mano estaba a mi lado y la dirigí hacia él, hacia su
hombro, el cual quería apretar. Pero no lo hice porque no nos tocamos mucho, y si
lo hiciéramos, no era de una manera sentimental. Simplemente sostuve la parte de
atrás de su asiento en su lugar, esperando que él me pudiera sentir a través del
cuero.

En la casa de Patrick y Evelyn, nos reunimos en un patio repleto de bomberos fuera


de servicio, amas de casa de Queens, y niños que jugaban a la pelota en el césped.

Patrick pasó el día trabajando sin parar con su barbacoa, así que no hablé con él
hasta que la multitud disminuyó. El sol había empezado a ponerse cuando se dejó
caer a mi lado en el sofá de Sears y sentí que algo me golpeó el tobillo. A
continuación, Kieran persiguió la pelota que rodó por el patio, la agarró y la
sostuvo en alto a mi cara.

—¿Recuerdas esto? —preguntó. Lo hacía… era la pelota de béisbol los Medias


Rojas de Blake—. Tu novio me la dio. ¿Dónde está?

Kieran era demasiado joven para el tacto. Me retorcí en mi asiento y Patrick me


rescató.

—No le hagas preguntas indiscretas —dijo—. Y pon la maldita cosa lejos antes de
que me asegure de que nunca la vuelvas a ver.

Kieran estaba acostumbrado a las firmes declaraciones de su padre. Saltó a la casa y


sentí un dolor de cabeza empezando a surgir. Me froté las sienes y Patrick se
levantó, buscó en su bolsillo, y arrojó su llavero en mi regazo.

—No me siento con ganas de conducir en este momento —le dije.

—¿Te pregunté cómo te sientes? Vas a tener diecinueve en seis meses y todavía no
tienes tu licencia. Eso es terriblemente patético.

Terriblemente patético. Me reí un poco y me tragué dos Tylenol en el baño antes de


que Patrick y yo saliéramos a la carretera en su camión, donde tuve mi segunda
228

lección de conducción. Había más lecciones después de eso, por el resto de julio y
en agosto, y un día hacia el final del verano me dijo que estaba listo para el DVM.

No estaba segura de cómo estaba lista, pero le di una oportunidad y terminé con
una licencia de conducir del Estado de Nueva York. Pasé la prueba en mi primer
intento, y me dio una sensación familiar, el sentimiento de orgullo que solía tener al
obtener una A escrita en los exámenes en la escuela. No me había sentido así desde
hace meses, y no me había dado cuenta de lo mucho que lo extrañaba.

La próxima vez que me sentí así fue durante mi último día en Creative Colors.
Adam estaba molesto porque me iba, así que le di su retrato y lo animó. Julian miró
mi dibujo por encima del hombro de Adam y me sentí muy pequeña,
preocupándome de que Julian podría ser una de esas personas importantes que
habían perseguido durante años mi imaginación. Pero estaba equivocada.

—Esto es realmente bueno, Ari —me dijo.

—¿Lo es? —dije.

Se rió y me dio una invitación a su boda, que iba a ser en octubre en uno de esos
yates de alquiler que navegaban alrededor del Puerto de Nueva York.

Más tarde esa noche, estaba dibujando en mi estudio cuando decidí a tomar el
examen SAT de nuevo. Tal vez podría hacerlo lo suficientemente bien como para
entrar a estas alturas en Parsons. Pero si no, hay otras escuelas en Manhattan, y
ahora tuve el sentido de llenar más de una aplicación.

Mi decisión hizo a mamá muy feliz. Después de decirle, dio un chillido y se pasó
horas garabateando en su cuaderno rosa alegre. Y eso me hizo muy feliz.

A la mañana siguiente, arrinconé a papá mientras estaba comiendo el desayuno y


mamá se estaba duchando. Le recordé que mamá estaba trabajando en su novela y
que había terminado ya seis capítulos, y no podría escribir toda la cosa con un
bolígrafo.

—Vamos a comprarle una máquina de escribir —le dije—. Una eléctrica. Puedes
salir hoy del trabajo más temprano y así podemos ir juntos de compras.

¿En qué estaba pensando? Papá nunca salía temprano del trabajo. Pero estuvo de
acuerdo en que la máquina de escribir era una buena idea y sacó dinero de su
billetera, y compré una Smith Corona esa tarde. Mamá estaba muy emocionada y
actué como si hubiera sido idea de mi padre. Luego lo besó y escribió hasta la
medianoche.
229

Mamá me dio su auto la noche antes del Día del Trabajador, después de que ella y
papá se fueran a un concesionario en el Bronx para recoger a un Honda nuevo. Era
de un color llamado Niebla del Desierto. Papá había regateado un buen precio
porque el vendedor era el marido de la ex esposa de su socio o algo así.

Al día siguiente lo llevamos a casa de Patrick y Evelyn, donde Evelyn me dijo y a


mamá que se habían apuntado a un curso de secretariado en Queensborough
Community College.

—Es sólo por un semestre —dijo ella—. Para aprender habilidades de oficina y
toda esa mierda. Podría tratar de conseguir un trabajo cuando Shane empiece la
guardería. Patrick cree que es una buena idea.

Igual yo. Y también mamá, quien parecía como si a Evelyn le hubieran concedido
una beca completa para la Universidad de Yale.

—Eso es fantástico, Evelyn —le dije.

—Pero aquí está la cosa —comenzó, y eso me preocupó aunque no había necesidad
de preocuparse. Sólo dijo que sus clases eran los lunes y miércoles, y necesitaba una
niñera y no me importaría cuidar de los niños, ¿verdad?

—Bueno, no tengo nada más que hacer —dije con una risa inesperada, y eso no
sonaba tan trágico.
230

Capítulo 24

Traducido por Paaau y Pimienta

Corregido por Pimienta

E ra mediado de Septiembre, la época del año en que el invierno se acerca al


verano y el aire huele a líquido y encendedor ya que todos quieren usar sus
parrillas antes de que ya no puedan hacerlo. Papá estaba ocupado
descubriendo quién violó y asesinó a una chica en el Parque Battery, mamá estaba
intimidando a una nueva manada de sexto grado, y Evelyn estaba aprendiendo a
escribir.

Estaba orgullosa de Evelyn. Los lunes y miércoles por la mañana conducía el


Honda hasta Queens, en donde la encontraba esperando en la puerta de enfrente
aferrando libros contra su pecho. Luego ella aceleraba en su minivan, y yo llevaba a
Kieran hacia el Segundo Grado y pasaba el resto del día cuidando de Shane y
estudiando para los SAT.

En una de esas mañana de miércoles llené mi segunda solicitud para Parsons, y mi


primera para tres otras Universidades en la ciudad. Más tarde até a Shane en su
sillita para el auto y me detuve en la oficina postal para enviar los cuatros sobres
antes de recoger a Kieran de la escuela.

Esa noche, volví a casa a Brooklyn y encontré la casa vacía. Papá estaba
trabajando, mamá estaba en la reunión de la facultad, y la luz roja en nuestro
contestador automático estaba parpadeando. La presioné y escuché la rasposa voz
de una chica diciendo que debería devolverle la llamada en el Hotel Waldorf.
Habitación 163.

Era una cálida noche pero sentí un estremecimiento de nervios. No quería pensar
en Waldorf en Leigh, o en nadie conectada a ella. Temía que si lo hacía, podría
llevarme al oscuro agujero del que había sido tan difícil escapar.

—Puedo ir por algo de helado —dijo mamá después de la cena.

Ella y yo estábamos sentadas en la mesa de la cocina. Lamió sus labios y sugirió un


Carvel Flying Saucer o medio litro de Jamoca Almond Fudge de Baskin Robbins,
231

pero yo no quería helado y le di la excusa porque no quería decirle a mamá la


verdad. No podía decirle a mamá que la voz de Leigh había sacudido mi débil
fundamento y ahora no podía evitar pensar que era mucho más fácil recuperarse de
mononucleosis que de Blake Ellis.

—Vamos —dijo mamá—. La comida es uno de los placeres simples de la vida.

Quizás ella tenía razón. Quizás algo tan simple como un Jamoca Almond Fudge
ayudaría. Así que sonríe y me levanté de la mesa. Luego el teléfono sonó y era
Evelyn, que quería que mamá supiera que Kieran había ganado el deletreo de
segundo grado y que ella había sacado una B+ en su prueba de escritura, y yo no
quería que mamá tuviera una conversación corta.

—Iré a Baskin Robbins —susurré—, volveré pronto.

Ella asintió con la cabeza y yo salí. El cálido aire había sido reemplazado por una
fría briza que agitaba los árboles, y había un par de chicas de la escuela primaria
con trenzas y colas de caballo montando sus bicicletas en círculos por la calle.
Nuestra vecina estaba de pie en su entrada, hablando con otra mujer con rizos en su
cabello que seguía cubriendo sus ojos del sol. Ambas saludaron mientras pasaba
por su lado y me dirigía hacia Baskin Robbins, en donde compré un litro en vez de
medio.

Dejé mi ventana abierta mientras conducía a casa, disfrutando el aire fresco y el


sonido de niños riendo en las esquinas. Estaba casa ahí cuando una bicicleta dobló
frente a mí. Apreté de golpe los frenos y escuché mis neumáticos chirriar, y luego
nadie estaba riendo.

Nunca había estado en un hospital antes. Por supuesto había estado en un hospital,
pero nunca había estado en un hospital como paciente, los doctores haciéndome
preguntas como ¿Cuál es tu nombre completo? y ¿Quién es el presidente de los Estados
Unidos? Ariadne Mitchell y Ronald Reagan, eso es lo que respondí, y todo el
mundo parecía sorprendido aunque las preguntas eran tontas. Por un minuto me
pregunté si finalmente me había vuelto loca y estaba en Nueva York, en el
Presbisteriano, pero no parecía eso porque no estaba atada a una camisa de fuerza.
Este era un cuarto normal, con una televisión, una cama, y un fuerte olor a Lysol.
Estaba en la cama, había sábanas sobre mi cintura, y estaba conectada a una
máquina que medía mi ritmo cardíaco y nunca paraba de sonar. También estaba
usando un camisón que no recordaba haberme puesto.

—¿En dónde están mis ropas? —le pregunta a mamá, quien estaba de pie junto a
mí.

—Ellos las sacaron —dijo ella—, estabas inconsciente.


232

La idea que de que un extraño al azar había retirado mi ropa era más preocupante
que enterarme de que había estado inconsciente. Traté de recordar que sostén
llevaba puesto. Esperaba que fuese decente, que no tuviera agujeros o elásticos
rasgados, pero no pude recordar nada y mi cabeza estaba matándome. Mamá
siguió hablando, diciendo que apreté el freno tan fuerte para evitar a la chica en la
bicicleta, que había golpeado mi frente contra el volante.

—¿Ella está bien? —pregunté.

—Está bien —dijo mamá—. Una idiota, pero está bien. ¿Quién demonios conduce
una bicicleta en medio de la maldita calle?

Luego descubrí que yo no estaba exactamente bien, que tenía un gran bulto, un
moretón que crecía y se oscurecía en mi frente, y que quizás tenía una contusión,
pero el doctor no estaba seguro por lo que tenía que quedarme en el hospital
durante la noche para estar bajo observación.

No creía que tuviera una contusión y tampoco lo hacía una enfermera matrona que
me revisó luego de que mamá se fuera. Y estaba comenzando a sentirme mejor. Mi
cabeza no dolía tanto para el momento en que las noticias de las diez comenzaron,
y estaba acomodada entre mis almohadas para ver una historia acerca de una chica
muerta en el parque Battery cuando escuché que la puerta se abrió.

Pensé que podía ser la enfermera. Pero cuando giré la cabeza, vi largo cabello rojo
y ojos con manchas doradas.

—Wow, te golpeaste bastante —dijo Leigh.

Yo estaba nerviosa de nuevo. El sentimiento permaneció mientras la escuché


hablar. Me dijo que no estaba segura si había recibido su mensaje, por lo que se
detuvo en mi casa pero no había nadie en casa, y mi vecina le dijo que yo había
tenido un accidente de auto y me podía encontrar en el Hospital Kings County.
Deseé que mi vecina hubiese mantenido su boca cerrada, porque ahora Leigh
estaba sentada en la cama vacía junto a la mía. Estaba sonriendo y hablándome
acerca de UCLA, y yo no podía sonreír o responder. El colgante pasó por su cuello
y trajo memorias de vuelta que me dejaron muy silenciosa.

Sentía culpa, también. No la había contactado después del día de San Valentín. La
culpaba por haberme presentado a Blake y a Del cuando no tenía en absoluto la
culpa, y aun así aquí estaba, actuando como si yo no mereciera el premio a La Peor
Amiga de Todos los Tiempos.

Pero quizás ella estaba compadeciéndose de mí porque ella sabía como era perder a
alguien que amas.
233

—El tío Stan tuvo una operación de triple bypass —dijo ella—. No lo está haciendo
muy bien.

Bien, pensé. Yo tampoco lo había estado haciendo muy bien gracias a él.

—Oh —dije, y luego nada más, incluso aunque Leigh esperaba por algo más, algo
considerado o alentador. Pero simplemente no podía dárselo.

Ella enroscó su cabello alrededor de un dedo.

—Me alegra que estés bien. Accidentes como este pueden terminar en algo mucho
peor, como lo sé muy bien.

Ella se refería a M.G. Quería preguntar si aun pensaba en él, si aún lo extrañaba, y
cuánto tiempo tomada para olvidar por completo a alguien, pero tampoco podía
hacer eso.

—También me alegro de estar bien —le dije en cambio.

Ella asintió con la cabeza.

—Escucha, Ari… Blake está afuera en el auto.

Mi corazón se saltó un latido. Me pregunté si se registró en la máquina.

—¿Por qué? —pregunté.

—Le dije que estuviste en un accidente y quiso ver si estabas bien. —Tocó su
colgante y no pude sacar mis ojos de él—. No estoy segura de si eso es todo… pero
quiere verte. ¿Quieres verlo?

¿Por qué no podía hacerme una de esas preguntas fáciles como quién es el
presidente de los Estados Unidos? Eso habría sido fácil de responder. Esta era tan
confusa. Parte de mi quería ver a Blake más que nada en el mundo, y la otra parte
no quería verlo nunca más porque me había traicionado y yo lo había traicionado a
él, y él nunca traicionaría a su padre, especialmente si su padre estaba enfermo. Así
que no había un punto.

—No —dije. La palabra no era fácil de decir, pero pensé que era la mejor.

—¿Estás segura? —pregunto Leigh.

—No —dije de nuevo.

Ella se levantó de la cama.

—Lo entiendo. Bueno… estoy segura que estás cansada. Me iré de aquí y dejaré
que te relajes. Cuídate, ¿está bien?
234

Alcanzó la puerta, extendí mi mano y aferré la suya para detenerla. La sostuve un


momento, lamentándome de nunca haber sido la amiga que ella merecía. Ella
pareció entender eso, también.

—Cuídate, Leigh —dije.

Ella sonrió.

—Mejórate, Ari.

Leigh se fue sin prometer llamarme la próxima vez que estuviese en Nueva York.
Creo que las dos teníamos que hacer una ruptura limpia de la familia de Ellis si es
que alguna vez me iba a olvidar de ellos.

Unos minutos después, la enfermera entró y preguntó como me sentía. Cuando


intenté hablar, mi voz se quebró y una lágrima rodó por mi mejilla.

—¿Qué está mal? —dijo ella.

Limpié mi cara.

—Alguien vino a verme, pero decidí no verlo.

Ella asintió con la cabeza.

—Tenemos psicólogos aquí. ¿Crees que te gustaría hablar con alguien?

Ni siquiera estaba segura de por qué estaba hablando con ella. No hablaba acerca
de Blake con nadie, aunque estaba comenzando a pensar que guardarme todo no
era una buena idea. No embotelles tus emociones, eso fue lo que me aconsejó el doctor
que diagnosticó mis migrañas. Realmente debería haberlo escuchado.

—No esta noche —dije—, pero pronto estaré lista.

No tenía una contusión y no hablé con un psicólogo en el hospital. En cambio, hice


una cita con un psiquiatra en la clínica. Fui ahí el siguiente viernes por la tarde con
un moretón en mi frente y hablé con una mujer de unos cuarenta y tantos años
llamada Dra. Pavelka. Usaba antejos con el marco en forma de gato y labial del
color del Pepto Bismol. Tenía un acento eslovaco y un cómodo sofá en una oficina
con plantas en el marco de la ventana. Me gustó de inmediato. Me gustó lo
suficiente como para decirle cosas que no le había dicho a nadie, por ejemplo como
mantenía cerradas mis cortinas para tapar la vista del rostro de Santa Ana y de la
hierba asomándose entre la nieve derretida.

Ella mordió la tapa de su lápiz mientras se sentaba en su silla de gran tamaño.


235

—¿Desde cuándo te sientes de esta manera? —preguntó ella.

—Desde… —dije, mirando el techo por una respuesta. Luego miré de vuelta hacia
ella, a su cabello rubio que estaba sujeto en la cima de su cabeza y asegurado con
dos pabillos—, desde después del jardín de niños.

—Ya veo. Y esta estatua, esta Santa, ¿tú crees que te habla?

—Oh, no —dije rápidamente, preguntándome si pensó que yo era esquizofrénica y


escuchaba voces saliendo del yeso—. No, es solo que…

Me detuve porque no sabía que palabras escoger. Necesitaba unas que no me


hicieran sonar certificadamente demente. La Dra. Pavelka seguía mordiendo su
lápiz, y esperé que un hombre en uniforme blanco llegara y me llevara lejos.

—Es difícil de explicar —dijo ella—. Quizás tome un tiempo descubrirlo. ¿Verdad?

—Verdad —dije, aliviada de que ella no pensara que yo estaba diciéndole tonterías.

Puso el lápiz detrás de su oreja y cruzó sus piernas.

—Tus migrañas, Ari… ¿no hay causa física? ¿Tu médico dijo que eran causadas por
estrés?

Me relajé en los cojines de su sofá.

—Estrés —estuve de acuerdo—. Ruidos fuertes, estar molesta… y guardarme todo


lo que pasa.

La Dra. Pavelka descruzó sus piernas.

—Vuelve el próximo viernes —dijo ella—. Tengo el presentimiento de que deberías


haber venido tiempo atrás. Tenemos mucho de lo que hablar, ¿no?

Regresé el viernes siguiente. No me derivó a una sala de psiquiatría ni me recitó


medicamentos. Todo lo que hicimos fue hablar, y teníamos mucho de lo que
hablar. Discutimos sobre Blake, mis padres, de Evelyn, y la Dra. Pavelka no estaba
sorprendida acerca de nada. Actuaba como si sentirme depresiva no fuera diferente
de tener mononucleosis. Y no se disgustó cuando le conté sobre Del y que solía
tener un enamoramiento por mi cuñado.

—¿No es eso extraño? —pregunté—. Quiero decir… ¿La forma en que me sentía
por Patrick?

—Es normal —dijo ella.


236

Ella me hacía sentir normal. La vi el siguiente viernes por la tarde, y el siguiente


después de ese, y pronto las hojas de los árboles en las calles fuera de la ventana de
su oficina pasaron del verde al café.

—Aún pienso en Blake —le dije un frío día de octubre.

—¿Qué tanto? —preguntó—. En la escala del 1 al 10.

Me encogí de hombros.

—Quizás un seis.

—Por supuesto —dije ella—. Fue tu primer novio. Primer amor. No es fácil de
olvidar tan rápido. Pero tienes que recordar, Ari… tienes un futuro por delante. El
ayer se fue.

Ella se levantó porque nuestra sesión había terminado. Me quedé en donde estaba,
pensando en que el ayer se había ido y que no podía volver atrás y eso era
realmente triste.

Pero luego pensé que volver al pasado quizás se sentiría como visitar la escuela
primaria, donde los escritorios eran pequeños y no podías creer que alguna vez
cupiste en ellos, y sabías que ya no pertenecías ahí.

Caminé a casa después de eso, mi mente en la boda de Julian y en el hecho que no


tenía nada para usar.

Esa noche, mientras mamá escribía en su máquina de escribir en la cocina, me


quedé en mi cuarto revolviendo mi ropa y tratando de encontrar algo apropiado
para una boda en un crucero alrededor de Manhattan. Llegué a un vestido negro, el
que usé para la fiesta de navidad del señor Ellis, el que había terminado en el suelo
luego del cumpleaños numero veinte de Blake. Lo saqué, lo toqué y lo miré, y luego
mamá estaba detrás de mí.

—Te compraré un vestido nuevo —dijo ella, gentilmente tomándolo de mis


manos—. Algo que esté de moda.

Ese vestido aún estaba de moda. Un vestido negro siempre está de moda. Pero
mamá no sabía, así que no la corregí. Además, pensé que ella en verdad tenía un
punto. Ese vestido era del pasado.

Fuimos a Loehmann’s a la mañana siguiente y compramos una falda purpura que


hacía juego con el moretón que aun no salía por completo de mi frente. Era
pequeño ahora, solo unas pequeñas manchas sobre mi ceja izquierda, pero Julian lo
notó. Lo vio después de la ceremonia, cuando estaba oficialmente casado y yo
estaba de pie sola, apoyada en la barandilla del yate y mirando el horizonte.
237

—¿Te han asaltado o qué? —dijo él.

Me reí y le conté del accidente. Era una hermosa noche de otoño con un cielo
despejado y una fría briza, y Julian quería saber que había hecho desde el verano.
Le dije que no había hecho mucho además de planear comenzar la Universidad el
próximo año, y preguntó a donde quería ir.

—Parsons, espero. Tengo que volver a tomar el SAT el próximo mes. Realmente lo
arruiné la última vez.

Él rió.

—El SAT parece importante ahora, pero no importará más adelante, especialmente
para alguien con tu talento. Sabes, mostré ese retrato que hiciste de Adam a un
amigo, un tipo que es dueño de una agencia de publicidad en la ciudad, y estaba
impresionado. Dijo que quizás tendría una plaza a medio tiempo la próxima
primavera si estabas interesada.

—¿Una plaza? —dije, imaginándome a mi misma contestando teléfonos y


rellenando sobres—. ¿Qué clase de plaza?

—Para un artista, Ari —dijo él, como si yo fuera una tota cabeza hueca—. ¿Estás
interesada?

Hubo un tiempo en el que hubiese dicho que no estaba interesada, cuando ser un
artista parecía grande y aterrador, como algo que podría disolverme en el aire. Pero
ahora no dije que no estaba interesada, porque cosas grandes y aterradoras habían
venido a mí y yo aun estaba aquí.

—¿Qué piensas? —preguntó Evelyn.

Era la víspera de año nuevo y yo estaba de pie detrás de ella mientras se miraba en
su espejo de cuerpo entero en su cuarto. Se deslizó dentro de un vestido de fiesta
con un corte imperio, y nerviosamente revisó su reflejo desde diferentes ángulos.
Estudió el bordado de su falda, los zapatos de tipo corista en sus pies. Compramos
todo juntas en una de esas tiendas donde todo está en la pared en donde venden
ropa vintage a precios accesibles, y sabía que deslumbraría a todos en la fiesta a la
que ella y Patrick irían esta noche. Era un catering en Long Island, organizada por
un vecino que recientemente habría heredado algo de dinero y quería festejarlo al
estilo de 1099.

—Creo que es hermoso —le dije—, y deja de estar inquieta.

Ella sonrió.
238

—¿Estarás bien con los niños? No pueden mejorarse de ese resfriado.

Acomodé su cabello alrededor de su cara y sonreí de vuelta. Los chicos habían


estado enfermos desde navidad, tosiendo y estornudando y con fiebre baja, pero no
quería que Evelyn se preocupara. Ella y Patrick se merecían una noche libre de
cuidados llena de cóctel de camarones y champaña.

—Estaremos bien —dije, entregándole la cartera de mano plateada que la


vendedora nos había dicho fue hecha en 1982—. Pasen un buen rato.

Ella tomó la cartera con una mano y separó su máscara del espejo con la otra.

—Llama a mamá si tienes problemas —dijo ella, y asentí con la cabeza incluso
aunque no tenía intenciones de llamar a mamá. Ella y papá estaban teniendo su
propia fiesta de año nuevo en casa, con ponche de huevo con brandi, una multitud
de policías de Nueva York y sus esposas, y se merecían un buen tiempo también.

La empujé hacia la sala, en donde Patrick estaba sentado en el sofá con Kieran a su
lado y Shane en su regazo. Frotaba la espalda de Shane y sostenía un pañuelo para
que Kieran sonara su nariz. Estaba vestido con un elegante traje negro y una
corbata de seda azul.

—Te vestiste bastante bien —le dije.

Tocó su cuello.

—Me estoy sofocando con esta cosa.

Ese comentario me recordó a alguien más que hubiera preferido una camiseta y
pantalones a un traje elegante. Me hizo recordar que no tengo nadie a quien besar a
medianoche.

Alejé a los niños de Patrick para distraerme. La Dra. Pavelka me había dicho que
me distrajera cuando sintiera la más ligera sensación de depresión. No habites, decía
ella. Luego Shane sujetó mi cuello y tosió en mi camiseta mientras Kieran usaba mi
manga para secas su nariz, y los tres nos quedamos de pie en el pasillo mirando a
Patrick y a Evelyn ponerse sus abrigos.

Patrick abrió la puerta y la mantuvo abierta para Evelyn. Había una corona de
Navidad en la puerta y escuché sus campanas sonar. También sentí el frío aire y la
suave mejilla de Evelyn en la mía cuando ella se inclinó para despedirse.

—Gracias por cuidar a los niños —dijo ella.

Era algo que decía mucho más seguido de lo que solía hacerlo.

—Disfruten la fiesta —respondí.


239

Cuando se fueron, supervisé el juego de Kieran con su nuevo tren después de que
Shane fue a la cama.

Kieran finalmente se quedó dormido en el sofá, y lo cambié a su cuarto con las


sábanas de los Jeets que papá que le había dado para Navidad. Me reí en silencio
mientras cerraba la puerta, pensando que Patrick iba a quemarlas cuando Evelyn
no estuviera cerca.

Luego caí sobre el sofá con el control remoto, pero no por mucho. Escuché a Shane
tosiendo en su cuarto, así que corrí escaleras arriba y le di una dosis de medicina.

—¿Te sientes mejor? —pregunté, alejando el pelo húmedo de su frente caliente.

—Quiero ver la televisión —dijo él.

Así que nos sentamos juntos en el sofá, y estaba pasando por los noticieros cuando
el timbre sonó. Recogí a Shane, caminé por el pasillo y abrí la puerta. Escuché las
campanas y vi a una pequeña chica con cabello liso y rubio, corto hasta el mentón.
Usaba un abrigo color crema y guantes a juego, y olía a L’Air du Temps.

—Hola, Ari —dijo Summer—. Feliz Año Nuevo.

Se veía tan diferente. Sus ropas no eran llamativas. Había perdido quince
centímetros de cabello. No había lápiz labial brillante ni sombre de ojos color
índigo. Su maquillaje era moderado a excepción de su labial rojo, y se veía más
linda que nunca. Me recordó a las fotos que había visto de las mujeres en 1920, las
que llevaban la clase de bolso que Evelyn había llevado a la fiesta esa noche.

—Hola —salió de mi boca, en una débil voz que apenas pude oír. No veía a
Summer desde el año pasado, y nunca esperé verla de nuevo.

—Fui a la casa de tus padres —dijo ella—. Tu madre me dijo que estabas aquí.
Estaba teniendo una fiesta.

—Lo sé —dije, con una voz más fuerte. Deseé que mamá no hubiera revelado mi
ubicación, pero no podía enojarme con ella. Incluso aunque mamá sospechaba
muchas cosas, nunca le había dicho a nadie más que a la Dra. Pavelka acerca de lo
que pasó entre yo y Summer. Sonaría demasiado feo fuera de su oficina.

Summer movió sus ojos de mí a Shane.

—Oh, has crecido tanto —dijo ella. Extendió su mano para tocar su mejilla pero yo
lo alejé.

—Déjalo en paz —dije.


240

Su sonrisa desapareció y su brazo cayó a su costado como si supiera que se merecía


eso. Me hacía sentir pena por ella, incluso aunque pena era lo último que quería
sentir. ¿Es este un nuevo look, Summer?, pensé. ¿Eres nueva y mejorada? Intenté eso una
vez y no funcionó.

—Bueno —dijo ella, su respiración chocando con el aire y transformándose en


vapor—. ¿Puedo entrar, Ari? Quiero decir… quiero hablar contigo.

Pensé en cerrar la puerta. Pensé en patearla escaleras abajo. Sin embargo, una
insistente parte de mi recordaba al tío Eddie, una fiesta de Dulces Dieciséis y una
caja de artículos de arte, así que la dejé entrar.

Ella miró alrededor de la sala de estar: al parpadeante árbol de navidad, el


desordenado montón de regalos abiertos en el suelo. El lugar no había cambiado
para nada desde la última vez que ella había estado aquí, y me pregunté se iba a
meter su gran nariz de UCLA en todo, pero no lo hizo. Simplemente se quitó sus
guantes y se sentó en el sofá.

Me senté frente a ella en la nueva tela escocesa de La-Z-Boy que era un regalo de
Navidad de Patrick a sí mismo. Él dijo que iba a disfrutar ahí de un montón de
partidos de los Red Sox en la próxima temporada. Shane comenzó a rodar un auto
de bomberos de juguete por el suelo de la cocina mientras miraba sin comprender a
Summer.

—Pensé que estabas en California —dije, cruzando los brazos sobre el pecho.

Se desabrochó la chaqueta. —Estoy visitando a mis padres para las vacaciones.

¿Qué vacaciones? Pensé. ¿Hanukkah o Navidad? ¿Has elegido una religión, Summer?
Decídete.

—Oh —dije.

Parecía nerviosa y yo no iba a hacer nada para que se sintiera a gusto. Sólo observé
como ella se inclinó hacia adelante y seleccionó un beso de Hershey de un cuenco
sobre la mesa de café.

—Ari —dijo, peleando con la hoja plateada—. ¿Ya no estás con Black?

Blake. Parecía hacer eco contra todas las paredes de la casa. Nunca dije su nombre
fuera de la oficina del Dr. Pavelka, y era inquietante escucharlo ahora, sobre todo
viniendo de Summer.

—No —dije, agarrando la silla de Patrick, aterrorizada por la pregunta que iba a
hacer—. ¿Y tú?
241

—¿Yo? —dijo con los ojos muy abiertos y dejando que el chocolate se derritiera en
la palma de su mano—. No. No lo he visto en mucho tiempo, y tampoco quiero
hacerlo. Mi madre ya no trabaja para Ellis & Hummel. Hizo una buena cuenta la
primavera pasada, por lo que no tiene tiempo para ellos. Ha ampliado su negocio,
ahora tiene unas pocas personas que trabajan para ella.

—Oh —dije de nuevo, relajando mis manos en la silla—. Eso es... bueno para tu
madre.

Summer asintió con la cabeza, abandonando su chocolate en la mesa. —Ari —


dijo—. Yo estaba equivocada acerca de todo. Pensé que Blake era un buen tipo,
pero no lo era. Él no era un buen tipo en absoluto.

—Blake era un buen tipo —le dije, del mismo modo y por la misma razón por la
que yo había protestado cuando Patrick había dicho que Summer no era una buena
chica y cuando Del había llamado a Summer una cualquiera—. Simplemente no
era un tipo fuerte.

—Sí. —Estuvo de acuerdo—. Tienes razón. Su padre realmente le daba órdenes.


Sinceramente, creo que Stan me gustaba más que Blake. De todos modos, Blake
tenía una idea equivocada de mí. Todo fue un gran error.

¿Dónde había oído eso antes? Un montón de gente tenía una idea equivocada
acerca de Summer. Me dio una sensación de satisfacción saber que tanto ella como
Blake lamentan lo que hicieron, pero también me daba lástima. Yo sabía que el
señor Ellis la había usado, que Blake la había usado, que ella había estado
buscando a un hombre que la mirarla a los ojos cuando hacían el amor, y yo
dudaba que Blake lo hiciera, incluso si hubiera estado justo encima de ella.

—Sí —dije—. Fue un error.

Ella asintió con la cabeza una vez más, se puso de pie y se sacudió fragmentos de
papel de aluminio de su abrigo. —Ari —dijo—. Yo no soy mejor que tú. Y no creo
que seas mediocre.

Supuse que era su idea de una disculpa. Acepté una pequeña fracción de ella y le di
una media sonrisa. Luego cambió rápidamente de tema, como si mi silencio
equivaliera a un perdón. Ella empezó a hablar de su nuevo novio y sacó un
monedero de su bolso.

—Este es él —dijo mientras sacaba del interior de la cartera una foto de un joven
atractivo. Estaba de pie debajo de una palmera con su brazo alrededor de Summer.

La imagen era tan perfecta como las fotos de parejas felices que siempre vienen con
las carteras. Supuse que su nuevo look era para él, para California, para empezar de
nuevo. —Es un poco más mayor... se graduó en la UCLA, hace cinco años y ahora
242

está trabajando en su Máster en Administración. Creo que es bueno salir con chicos
mayores, son más maduros y te tratan mejor.

Me di cuenta de que el tipo de la imagen trataba a Summer mejor que Casey, mejor
que Blake, mejor que cualquiera de esos nombres en su diario, y yo estaba
sorprendentemente feliz. También me dio la sensación de que no estaba buscando
más experiencias.

—Eso es increíble, grandioso —le dije—. De verdad.

Ella sonrió, se dirigió a la sala de enfrente, abrió la puerta y olí a madera quemada.

—Adiós —dijo.

Bajó las escaleras y yo escuché sus tacones chocando contra la acera mientras se
dirigía a la calle. Shane salió corriendo de la cocina, lo paré, y los dos vimos el
brillante abrigo de Summer desaparecer en la oscuridad.

—Adiós —dijo Shane, agitando una pequeña mano.

Adiós, pensé, casi segura de que nunca volvería a verla. Pero si lo hiciera, si nos
encontramos algún otro día, sabía que íbamos a sonreír y decirnos cosas amables
como ¿Cómo estás? y Dale mis saludos a tus padres, y en secreto recordaríamos lo que
significamos la una para la otra. Y si eso nunca ocurriera, si nunca volvimos a
hablar, yo estaría agradecida de que lo hubiéramos hecho esta noche.
243

Capítulo 25

Traducido por Little Rose

Corregido por Pimienta

P
arsons me aceptó. En febrero, el cartero trajo un sobre grueso y después tuve
que tomar un portafolio de mi trabajo a la ciudad y entrevistarme en la
escuela, y pronto recibí otra carta que abrí mientras mamá espiaba sobre mi
hombro. Querida Ariadne, leí. Bienvenida a la Escuela de Diseño Parson, clase de 1992.

Ambas entramos en éxtasis, y estuvimos igualmente felices cuando conocí al amigo


de Julian en mayo. Me ofreció un trabajo de medio tiempo en su agencia en
Midtown, donde trabajé como una ilustradora inicial, bajo artistas mayores y
directores de arte, y ninguno de ellos jamás dijo que no tuviera talento. A veces la
gente en la oficina me mostraba su trabajo y preguntaban: ¿Qué opinas de esto Ari? y
la idea de que les importaba mi opinión me hizo sentir más importante que al
recibir un collar de rubíes en Navidad. Todo el asunto hizo cambiar de opinión a
mamá sobre la importancia de los contactos, siempre y cuando no hubiera
sentimientos involucrados.

Por lo que trabajé mi primer año de universidad, y pronto volvía a ser verano.
Pasaba tres días a la semana en la ciudad y dos en Creative Color, y descubrí que
Adam seguía disfrutando con los dibujos de lagos y montañas.

—¿Tienes ese mismo novio? —me preguntó un viernes a la tarde en agosto.

Estaba rellenando un lago con un lápiz celeste y sacudí la cabeza.

—Oh —dijo—. Está bien. Encontrarás a alguien cuando estés lista.

Reí porque tenía razón.

Al día siguiente, mis padres y yo fuimos a un picnic de los bomberos en Manhattan


con Evelyn y Patrick y los chicos. Estaba cálido y soleado, y nos sentamos en sillas
plegables alrededor de una mesa llena de comida. Estaba bebiendo limonada
cuando Kieran llegó corriendo por el césped, gritando que tenía que decirme algo.

—Vi a tu antiguo novio, ti Ari.


244

—Shhh —dijo Evelyn, tomándolo del brazo y arrastrándolo a una silla. Mamá
también le dijo que hiciera silencio y Patrick no levantó la vista de su hamburguesa.
Sabía que, como siempre, sus intenciones eran buenas, pero ya no tenían que
protegerme. No quería nada de Blake. Sólo necesitaba verlo una última vez así ya
no tendría que verlo nunca más.

—¿Dónde? —pregunté.

—Probablemente fuera alguien que se le parecía —dijo mamá—. Come tu


almuerzo, Ariadne.

—¿Dónde? —repetí mirando a Kieran.

—Está del otro lado del camino —dijo papá.

Todos lo miramos. Estaba sentado en la cabecera de la mesa y miraba su plato


como si no acabara de hacer la cosa más linda del mundo.

Salté de mi silla y me atreví a abrazarlo. —Gracias, pa —dije, y él realmente me


devolvió el gesto. No duró mucho, sólo unos segundos, pero era algo.

Me alejé, cruzando el parque, y vi a Blake. Estaba corriendo en la pista, vestido con


unos pantalones cortos negros y una camiseta gris. Me quedé en el límite del asfalto
y dije su nombre cuando pasó.

Dejó de correr. Se volvió y caminó hacia mí, y vi su rostro apuesto. El tiempo lo


había madurado; parecía más un hombre que un chico.

—Ari —dijo con una sonrisa que no esperaba. No estaba segura que de quisiera
verme, especialmente dado que me negué a verlo en el Hospital Kings County.
Pero en ese momento no estaba lista. Ahora sí—. ¿Cómo estás?

—Bien —respondí, nerviosa, y sin saber cómo seguir.

Sus ojos recorrieron mi rostro. —Te ves bien.

—¿Enserio? —dijo, y rió como si yo no hubiera cambiado para nada, pero estaba
equivocado. Después preguntó si estaba en Parsons y le dije que sí. También le
conté de mi empleo, y no lo sorprendió.

—Siempre supe que serías una artista —dijo.

Sonreí porque era cierto. El siempre creyó en mí. —¿Qué estás haciendo en estos
días? —pregunté, esperando que me dijera que planeaba convertirse en bombero y
que las carreras eran para tener el nivel físico necesario para pasar las pruebas de
ingreso del Departamento de Bomberos de Nueva York.
245

Encogió un hombro. —Estoy en la escuela de leyes.

Mi corazón se detuvo, aunque no estaba sorprendida. —Pero querías ser un


bombero.

Hizo una pausa, mirando una piedra en el camino. La pateó antes de volver a
mirarme. —¿Recuerdas eso?

Por supuesto que lo recordaba. ¿Cómo podía pensar que no lo haría? Pero había
pasado tanto tiempo estaba comenzando a olvidar cosas, cosas como qué tipo de
chocolate me había dado cuando estuve enferma.

—Era tan importante para ti —dije.

Asintió lentamente y se frotó el cuello. —Sí… aún pienso en ello a veces. Pero las
cosas tomaron un giro inesperado.

—Seguro que lo hicieron —dije, luchando para no sonar sarcástica. No estaba


segura de haber tenido éxito—. Bueno… supongo que tu padre está feliz de tu
decisión.

Se pasó una mano por el cabello. Se irguió como solía hacerlo. —Mi padre murió
hace bastante, Ari. Nunca siguió el consejo del doctor… siguió comiendo lo que se
le dio la gana y cavó su propia tumba, incluso después de la operación. La tía
Rachel lo está tomando muy mal, pero ella mejorará eventualmente. El tiempo
cura todo, como dicen.

Tenía razón. Y yo no sentía lo mismo que cuando Leigh me dijo que el señor Ellis
no estaba bien. Ya no me sentía odiada. Quería decir algo para que se sintiera
mejor, pero no se me ocurría nada adecuado.

—Lo lamento. —Fue lo mejor que se me ocurrió.

Blake se encogió de hombros como si no estuviera triste, pero yo sabía mejor.


Seguía siendo un mal actor. Después se acercó, tocando mi mano que colgaba en
mi costado.

—Yo también —dijo.

Sabía que no hablaba del señor Ellis. Sabía que este era el día del que mamá me
había hablado, cuando todo lo que había pasado no importaba. Miré a Blake a los
ojos, recordando mi canica perdida y pensando que aunque se había ido para
siempre, podría haber algún otro por allí. Habría otro chico que besaría mi cabeza,
uno que fuera igualmente dulce, pero lo suficientemente fuerte para elegirme sobre
todo lo demás.

Asentí. Apretó suavemente mis dedos, retrocedió, y cambió de tema.


246

—Del vendió su club y se mudó a California. Abrió otro lugar en Los Ángeles.
Sabes que Del y yo nunca nos llevamos bien… pero le está yendo bien y me alegro
por él.

—Eso es genial —dije, y sabía que Blake no tenía idea de lo que había ocurrido en
el loft el día de San Valentín. Del mantuvo el secreto, como se lo pedí, no era tan
cretino después de todo—. Pero tú estás solo en Nueva York, ¿verdad? —le
pregunté, pensando que sus parientes más cercanos estaban o muertos o en
California.

—Voy a la escuela en LA —dijo, estirando su camiseta. Tenía impresa las palabras:


UNIVERSIDAD DEL SUR DE CALIFORNIA en tinta roja. Ni siquiera lo había
notado.

—Oh —dije sorprendida—. ¿Te gusta California? Quiero decir, ¿es buena la escuela
de leyes?

Suspiró. —Es lo que esperaba. Así es California. Pero la tía Rachel me quería
cerca… reo que debería quedarme con la familia por ahora. Y mi padre siempre
planeó que me convirtiera en abogado.

Miré mis sandalias y después a él. —Tu padre se ha ido, Blake.

Me miró un segundo. —¿Así que crees que no debería haber seguido sus deseos?

—Creo que deberías hacer lo que tú quisieras. Él no está aquí.

Hubo un atisbo de duda en los ojos de Blake. Lo disipó rápidamente y habló


determinado. —Sé que no lo está y eso hace que seguir sus deseos sea más
importante. Sus socios manejan Ellis & Hummel. Me quedé un departamento aquí
en la ciudad, y vuelvo una vez al mes para chequear la oficina. Trabajaré allí
permanentemente una vez me gradúe. Eventualmente estaré a cargo de todo.

Recordé el día de Año Nuevo en el penthouse cuando rompió conmigo. Lo recordé


mirando los elevadores cuando me fui, pareciendo valiente y obediente, como un
soldado. Se veía igual ahora, y comprendí que no había cambiado mucho. Me hizo
sentir pena por él.

—Ari —dijo—. ¿Estás viendo a alguien?

—No —respondí, sacudiendo mi cabeza—. ¿Y tú?

Se encogió de hombros. —Desde que cortamos no hubo nadie importante.

Me sentí un poco presumida. Pensé que debería haber comprendido antes que las
personas importantes no aparecen muy seguido, y que debes aferrarte a ellas
cuando lo hacen.
247

Quizás yo fui más lista que él, porque eso fue algo que siempre supe.

Por la forma en que Blake me miraba, sentí que finalmente lo había comprendido.
Quizás eso era algo de él que sí cambió. Pero le tomó demasiado tiempo.

Recordé las cosas de las que solíamos hablar, lo que habíamos planeado, todo lo
que me había tomado tanto tiempo dejar atrás. Pero ahora quería otras cosas, cosas
nuevas, como la carrera que la gente en el trabajo me aseguraba que era mía.
Probablemente querría la casa y los niños y el esposo algún día, pero no aún. Había
tantas cosas que quería hacer entonces y ahora. También sabía que Park Slope no
era el único lugar para plantar una flor. Había mejores lugares allí afuera.

Blake me miraba y sentí adónde estaba llegando no había nadie importante, iba a
estar en Nueva York permanentemente al recibirse. Mientras estaba ahí de pie
mirándolo, Summer saltó a mi mente. La oí diciendo, no pienso mucho en los tipos del
pasado. Me alegro de haberlos conocido, pero hay una razón por la cual no llegaron a mi
futuro. En ese entonces pensé que quizás tendría razón. Ahora estaba segura.

Inspiré hondo. —Bueno —dije—. Espero que encuentres a alguien importante.


Espero que consigas todo lo que quieres, Blake.

Parecía decepcionado. No quería herirlo, y no fue fácil decir lo que dije, pero sabía
que tenía razón.

Blake suspiró, me sonrió, y tocó mi brazo. —Gracias —dijo, apretando un poco su


agarre—. Espero que tú también.

—Gracias —dije con la voz cortada—. Adiós.

Me soltó. —Buena suerte, Ari.

Comenzó a correr y yo me volví. Adonde estaba mi familia, sintiendo el viento


cálido de agosto en mi rostro y el sol en mi cabeza. Cuando le dije a Blake que
esperaba que le fuera bien, era en serio. Yo esperaba lo mismo para mí.

Esa noche, ordené mi cuarto mientras mamá estaba en la cocina. Revisé antiguos
exámenes de Hollister, y los tiré en bolsas de basura, el resto lo iba a donar todo.
Limpié mi armario y me deshice de revistas polvorientas y botellitas de pinturas
para uñas vacías, y al final lo único que faltaba era mi osito de peluche. Lo tomé y
acaricié su carita y los pupitos de plástico marrones que eran sus ojos.

—Ariadne —dijo mamá.

Estaba mirándome. Oculté el osito detrás de mi espalda y no lo vio porque estaba


demasiado emocionada. Dijo que acababa de terminar su novela.
248

—Oh mamá —dije—. Felicitaciones.

—Aún le hacen falta cosas. Pero está hecha —dijo, sentándose en mi cama.

—Tu próxima meta —dije—. Será dejar de fumar.

Me dio una mirada medio enojada, medio divertida. —Quizás —dijo, por lo que no
la presioné. Al menos no dijo no. Quizás era un progreso. Después miró las rosas
de mi edredón y recorrió una con el dedo—. Ariadne —dijo de nuevo, mirando la
rosa—. Cuando solías ver a esa doctora…

—¿La doctora Pavelka? Aún lo veo ma… sólo que no tanto. Cada tres semanas, los
viernes.

—Cierto —dijo mamá—. ¿Cuando ves a la doctora Pavelka… cuando hablas con
ella… alguna vez te ha dicho que… que cuando pasaste por un mal momento…
que fue por mí? ¿Por algo que yo hice? Quiero decir… siempre fue con buena
intención. —Levantó la mirada—. Lo sabes, ¿no es así?

Mamá se veía cansada. Tenía los ojos hundidos por las últimas noches sobre el
Smith Corona. No podía saber que la doctora Pavelka y yo pasamos incontables
horas hablando de ella, y de papá, y de Evelyn y de todo lo demás, y que yo
siempre había sabido que tenía buenas intenciones. No culpaba a nadie por ese
tiempo ni siquiera a Blake.

—Lo sé, mamá.

Eso la puso feliz. Dejó de tocar la rosa y miró alrededor del cuarto. —Bueno —
dijo, poniéndose de pie—. Se ve que estás moviendo todo aquí. Te dejaré sola para
que termines… realmente necesito dormir.

Cuando se fue, me dirigí al sótano, encontré una caja vacía, y metí allí el osito de
peluche y la sudadera de la Universidad de Nueva York. Comencé a pensar en el
brazalete de identificación de Leigh y me imaginé que un día, quizás dentro de
muchos años, abriría esta caja y le diría a mi hija lo mismo que Leigh le diría a la
suya: Esto era de un chico que conocí hace mucho. Fue muy especial para mí, pero eso fue
hace tanto ya.

Y después, cuando mi cuarto estuvo limpio y todas las cosas importantes habían
sido empacadas, llevé dos bolsas de basura afuera, vi a Saint Anne cuando volvía a
entrar. Su chal brillaba por la luz de las lámparas de calle; su vestido era una
sombra brillante color azul. No se veía melancólica, y podría haber jurado que
estaba sonriendo.
249

Fin
250

Sobre la autora:

Lorraine Zago

L orraine nació y creció en Nueva York, donde


fue a la escuela secundaria de Queens en el
St. Francis Prep. Se graduó en la Universidad
de South Florida en Tampa, con una licenciatura en
psicología y una maestría en Inglés, con una literatura
estadounidense y británica, en la Universidad de
Northen que se encuentra justo al otro lado del punte
de Cincinnati. Ni que decir tiene, le encanta escribir
ficción. Cuando no está escribiendo, le gusta leer,
hacer ejercicio y pasar tiempo con su marido.
También es una aficionada al cine toda la vida y una crítica de cine de sillón. Other
words for love es su primera novela, y está trabajando en su segundo libro, que es
también una novela YA que se establece en Nueva York.

http://lorraine-zago-rosenthal.blogspot.com.es/
251

Staff de Traducción
Moderadora:

Pimienta

Traductores:

sooi.luuli
Little Rose
Jo
Aldebarán
Zeth Lickstein
Dangereuse ϟ
Pimienta
Gaby828
Susanauribe
alexiia☮♪
Nanndadu
LizC
Paaau
ƸӜƷYosbeƸӜƷ
saphira
Lizzie
Kathesweet
Cami.Pineda
LoveliiLara
Vettina
Lalaemk
Flochi
Vannia
Suri
Simoriah
Mari NC
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Staff de Corrección
Correctoras:

★MoNt$3★
Angeles Rangel
Nanis
Maia8
Pimienta
Majo
*prisper*

Recopilación:

Pimienta

Diseño:

ƸӜƷYosbeƸӜƷ
253

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