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Facultad de Filosofía y Letras

Monografía para Filosofía de la Historia

Tema
“Generación del 80: la época de Roca y el apogeo liberal”

Subtema
“Mismidad y alteridad durante la Conquista del Desierto. Un abordaje histórico-
filosófico”

Equipo de Cátedra
-Prof. Lalo Ruiz Pesce
-Prof. Amira Juri

Autora
-María Gabriela Cisterna
Introducción

La pretensión del siguiente trabajo monográfico será la de analizar el hecho


histórico de la “Conquista del Desierto” llevada a cabo por el coronel J. A. Roca
durante la presidencia de N. Avellaneda (1874-1880) en la región pampeana y la
Patagonia argentina.

El análisis del hecho histórico se considerará desde la perspectiva de dos autores


que, en su tiempo, entraron en debate debido a la oposición de sus ideas y del
modo distinto de concebir sus respectivas filosofías de la historia. Por un lado, la
perspectiva de Immanuel Kant como portavoz del pensamiento ilustrado; por el
otro J. G. von Herder, quien representará las ideas románticas de su tiempo.

Estas diferencias en sus propuestas filosóficas, sobre todo en cuanto a sus


nociones de pueblo, progreso, libertad, diversidad, etcétera; darán lugar a distintas
nociones con las que es posible pensar la “Conquista del Desierto” y la intención
de fundar un Estado argentino con un pueblo, cultura y lengua propios.

Kant y Herder anticiparon, como pocos, los actuales conflictos en torno a la


diversidad, la multiculturalidad y los comunes derechos humanos, entre la
imperiosa necesidad para dirigirse a toda la humanidad sin excepción
(incluyendo las generaciones futuras que deberán heredar nuestro mundo tal
como lo dejemos) y la necesidad de hablar con absoluta sinceridad desde la
propia circunstancia e idea vital 1

A su vez, el eje histórico que estructurará el presente trabajo es el relacionado con


la construcción del sujeto en la historia. Nociones como mismidad y alteridad
referirán a cuestiones distintas en cada autor elegido, siendo plausible utilizar
estos elementos para el análisis del hecho histórico concreto.

Marco histórico

1
Solsona Mayos, Goncal; Ilustración y Romanticismo: introducción a la polémica entre Kant y
Herder; Editorial Herder, 2003, pp 16
Luego de la Revolución de Mayo en 1810 y la declaración de la
Independencia en 1816, el naciente estado argentino debió enfrentar serias
trifulcas sobre cuestiones relativas al modo en que debía gobernarse la nación. A
su vez se fue gestando, hasta estallar en batallas y en la formación de dos
estados separados, la disputa entre Buenos Aires y las provincias (luego
Confederación) debido a la autonomía que cada sector deseaba para sí. Esto
generó que el problema de las fronteras interiores, aquellas que debían ganarse a
los indígenas, no llegase a ser una cuestión central, si bien lo era de suma
importancia. Recién durante el gobierno de Rosas, hasta 1852, se logró relativa
paz en este asunto. Rosas llevó a cabo la “Campaña al Desierto” logrando
extender la frontera bonaerense y logrando posteriormente relativa paz por medio
del pago de tributos a los caciques más importantes. Sin embargo, con la derrota
de este gobernador y los subsiguientes conflictos entre Buenos Aires y la
Confederación, la endeble paz con los pueblos originarios llegó a su fin.

“El territorio bajo la jurisdicción del gobierno de Buenos Aires era, en


la década de 1850, mucho menos extenso que el que hoy pertenece a la
provincia. Hacia el sur y hacia el oeste de la franja, efectivamente bajo
control de ese gobierno, se extendían territorios en posesión de las naciones
indígenas y una zona de frontera, móvil y variable en su extensión, sujeta a
litigio entre los diferentes grupos. Las relaciones entre las autoridades de
Buenos Aires y las diversas dirigencias indígenas fueron cambiantes y
complejas.

Según el historiador Raúl Mandrini:

‘A finales de la década de 1840, el panorama político del mundo


indígena se había simplificado: de las numerosas y cambiantes unidades
políticas que habían caracterizado esos conflictivos años [de 1810 a 1840]
surgió un número relativamente reducido de jefes y linajes cada vez más
fuertes, con un control territorial más extenso. En ese proceso, tomaron
forma los grandes cacicatos pampeanos. […]

A partir de 1852 […] el conflicto entre ambas sociedades [la indígena


y la “blanca”] se acentuó. La relativa paz que el gobierno de Rosas había
asegurado […] se prolongó durante poco tiempo tras su caída, y aunque el
nuevo gobierno provincial intentó continuar con la misma política, se inició
pronto una escalada que alcanzó su punto más alto a finales de esa década
[…] Buenos Aires vió sus fronteras devastadas por los indígenas. Aliado, o
al menos más próximo a Urquiza, Callfucurá [a la cabeza de uno de los
grandes cacicatos] organizó una poderosa confederación, y los malones
alcanzaron una envergadura antes desconocida, arrasando las ricas tierras
bonaerenses; la frontera retrocedió, decenas de miles de cabezas de
ganado fueron arreadas a tierras indias para emprender su viaje hacia la
Araucanía y Chile, numerosos cautivos fueron llevados a las tolderías; el
ejército de Buenos Aires sufrió duros reveses´” 2

En los años posteriores, los conflictos internos en el país y la guerra con el


Paraguay impidieron a las presidencias la implementación de un plan que diese
solución definitiva a los conflictos de las fronteras interiores, sin embargo:

“En la década de 1870, el estado nacional argentino, resueltos ya los


más graves conflictos internos y terminada la guerra con el Paraguay, pudo
volcar todos sus recursos a dar una solución al problema de las fronteras
interiores. En poco menos de una década, las vastas tierras de las pampas
y la Patagonia fueron incorporadas formalmente a la nación, y sus
ocupantes marginados y reducidos a la condición de minorías étnicas.” 3

4
Fronteras y territorios indígenas hacia 1860

2
Sabato, Hilda; Historia de la Argentina:1852-1890; Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores, 2012;
pp 75-76
3
Mandrini, J. Raúl; La Argentina aborigen: de los primeros pobladores a 1910; Buenos Aires: Siglo
Veintiuno Editores, 2012; pp261
4
Ibid; pp236
Hecho histórico

A mediados de la década de 1870 los conflictos entre la Confederación y


Buenos Aires habían sido prácticamente solucionados, a su vez la guerra con
Paraguay había terminado, con lo cual el país gozaba de un tiempo de relativa
calma. En 1874 llegó a la presidencia Nicolás Avellaneda, quien continuó con el
modelo económico liberal heredado de Mitre y de Sarmiento. Es decir, convertir a
la Argentina en un importante exportador de materia prima a nivel mundial; el tan
conocido “modelo agroexportador”. De este modo, la necesidad de resolver la
cuestión de la “frontera interna” se volvió acuciante ya que los territorios para
cultivo y ganadería debían expandirse sobre todo en la zona pampeana y la
Patagonia. De este modo el ministro de Guerra de Avellaneda, Adolfo Alsina, llevó
a cabo entre marzo y mayo de 1876 un primer avance en la frontera de modo
defensivo consistente en construir una extensa zanja y un sistema de fuentes y
fortines para asegurar los territorios conquistados. El proyecto fue duramente
criticado y tras la muerte de A. Alsina en 1877, nunca terminó de concretarse. La
segunda etapa de avance sobre el territorio siguió una estrategia muy diferente
con su sucesor como ministro de Guerra, el coronel Julio A. Roca.

Esta segunda etapa, fue una campaña militar que se llevó a cabo
entre 1878 y 1879, terminando en las orillas del río Negro frente a la isla de
Choele-Choel. Las tropas del gobierno nacional avanzaron por el territorio en que
vivían los pueblos originarios arrasando con prácticamente todo.

“En 1884, tras la rendición de los últimos grandes caciques, el general


Lorenzo Winter informaba con grandilocuencia: “[…] ha desaparecido para
siempre en el sur de la República toda limitación fronteriza contra el salvaje
[…] Las aspiraciones del gobierno y del país hanse realizado en menos de un
decenio. En el sur de la República no existen ya dentro de su territorio
fronterizo humillantes impuestos a la civilización por las chuzas del salvaje.
Ha concluido para siempre, en esta parte, la guerra secular que contra el
indio tuvo su principio en las inmediaciones de esta capital en el año 1535”.
Expresiones de idéntico triunfalismo pueden encontrarse en casi todos los
partes e informes oficiales y en las memorias que, anualmente, los ministros
elevaban al Congreso Nacional”5

5
Ibid; pp268-269.
Sin embargo, pese a la alegría mostrada por los vencedores, el destino de
los vencidos fue dramático. El impacto demográfico rozó casi con el exterminio de
todos los pueblos originarios de la región, quienes aún hoy luchan por su
supervivencia. Muchos indígenas murieron en los combates, pocos lograron
cruzar a la región de Chile en la que vivían sus pueblos hermanos. Quienes
sobrevivieron fueron capturados para terminar hacinados en campos de
prisioneros, donde muy pocos sobrevivieron. Las mujeres y niños separados de
sus familias terminaron como sirvientes en las casas más ricas de las elites
urbanas.

“Antes o después, ninguno escapó al impacto de la conquista. Muy


pocos grupos quedaron en sus tierras, pero ya no eran sus dueños y
señores sino una minoría marginada y sometida cuya extinción frente al
avance del ´progreso´ era- en el pensamiento de la elite social y política de
la época- sólo una cuestión de tiempo. […]. El ideal de una Argentina ´sin
indios´, de un país ´blanco´ y ´europeo´, soñado por esa misma elite,
parecía a punto de cumplirse en 1910”. 6

Marcos teóricos

Immanuel Kant (Königsberg, Prusia 1724 – Königsberg, Prusia 1804) fue filósofo,
figura destacada de la Ilustración. Es como representante de tal movimiento que
6
Ibid; pp269-270.
entenderemos su pensamiento en relación a sus ideas sobre filosofía de la historia
y del sujeto protagonista de ella.

Las ideas ilustradas de este autor, su ideal de humanidad, llevan a la pretensión


de extender sus principios a toda la humanidad, en todo tiempo y lugar. Para este
autor, el sujeto de la historia es el hombre ilustrado, guiado por su razón,
cosmopolita y libre.

Kant culmina la Ilustración, definiendo un ideal de cosmopolitismo político-


cultural (que unifica claramente la humanidad), si bien construido y
mediatizado por la esencial autonomía de la razón personal que es la base
7
de toda responsabilidad y moralidad

En este sentido, la Conquista del Desierto puede pensarse como modo de


extender ese universal de humanidad a los pueblos que, no habiendo seguido el
designio de la Naturaleza, estaban “atrasados”. Como modo de prevalecer de una
unidad de la humanidad que predomina por sobre la diversidad de pueblos,
épocas y culturas. Si bien el proyecto de Roca tiene como base una pretensión
primordialmente económica, de extender el territorio para obtener tierras de
cultivo, ganadería y mano de obra esclava; es posible rastrear algunos ideales
ilustrados en la mentalidad argentina de la época, cuyo objetivo en materia cultural
es mantenerse próxima a Europa y muy lejos de los pueblos que considera
bárbaros. Es bajo estos ideales, impuestos como valores, de progreso y
civilización que se lleva adelante el proyecto de conquista. Es un proyecto
fraticida, en tanto aniquila al otro, en tanto se autoproclama sujeto histórico por
excelencia. Interpretadas en relación al hecho de la Conquista del Desierto, el
proyecto kantiano es uno que se reafirma en la mismidad del sujeto histórico que
postula. El protagonista de la historia es aquel sujeto autónomo, capaz de
“alcanzar la mayoría de edad”. Por el contrario, los pueblos originarios de la
Patagonia son los otros que son otros en tanto se los considera incapaces,
oponiéndose, al proyecto de llevar adelante el ideal histórico para la humanidad.
Reafirmación de la mismidad, eliminación de la alteridad. Eliminación del “otro”

7
Solsona Mayos, Goncal; Ilustración y Romanticismo: introducción a la polémica entre Kant y
Herder; Editorial Herder, 2003, pp 75
que, en tanto absolutamente otro, no es capaz de continuar el designio que
impone la Naturaleza.

<La Naturaleza ha querido que el hombre logre completamente de sí mismo


todo aquello que sobrepasa el ordenamiento mecánico de su existencia
animal, y que no participe de ninguna otra felicidad o perfección que la que él
mismo, libre de instinto, se preocupe por la propia razón>. Es decir, el
proceso tiene que ser visto surgiendo del mecanismo de la <insociable
sociabilidad> humana que es implícito (como si fuera si intención) en la
Naturaleza, pero rompiendo con lo animal y constituyendo una <segunda
naturaleza> de tipo puramente ético-político que tiende al desarrollo de las
potencialidades racionales de la humanidad 8

De esta forma, Kant prioriza una sociabilidad político- jurídica, suerte de segunda
naturaleza, sobre los aspectos instintivos y “animales” de los humanos. Bajo esta
perspectiva, el exterminio de los pueblos originarios en la Patagonia argentina (así
como en el Chaco) puede leerse como el principio fundamental de la historia
llevándose a cabo. La prevalencia de un pueblo desarrollado, con cultura sobre
otro que se considera inferior y al que es preciso eliminar, o al menos absorber,
para el bien humano y su principio histórico lineal y uniforme. Son sumamente
marcados los intentos de la época, por parte de la sociedad blanca que se está
conformando en el naciente país de distanciarse de aquello que se prejuzga como
incivilizado para acercarse e identificarse con la cultura europea, objetivo ideal.

Libertad, término clave del proyecto emancipatorio moderno. Autolegislarse


autónomamente, lo cual comporta la posibilidad de fijarse y aceptar las
normas que el individuo, uno más dentro del cuerpo social, explícita o
implícitamente ha aceptado como normas colectivas. Uso público de su
razón 9

Nuevamente, si la libertad es el ideal y es definida como la capacidad de


autolegislarse es plausible eliminar a aquellos pueblos que no pueden progresar
en este sentido. A quienes no logran integrarse en el cuerpo social que se vuelve

8
Ibid, pp104
9
Ibid, pp 105
hegemónico. Quien no puede ser libre, es casi esclavo por naturaleza. Al no ser
capaces de someterse a la ley (demás está aclarar que es una ley impuesta por
una parte del pueblo argentino que se identifica con la totalidad del mismo y que
pretende, también, identificarse con la cultura europea que a su vez, se
autoidentifica como la totalidad de la humanidad) que se postula como máxima
universal, es que los indígenas (para la mirada ilustrada) rozan la animalidad.
Todos estos argumentos llevan a pensar que es lícito para el pueblo que lleva
adelante el ideal de humanidad, el ideal ilustrado de la razón, conquistar al precio
que sea necesario al bárbaro, al otro.

Johann Gottfried von Herder (Mohrungen, Alemania 1744 – Weimar, Alemania


1803) fue filósofo, pionero en las ideas que culminarían en el romanticismo
alemán. Como cabeza de este movimiento tomaremos algunas de las ideas de
este autor para analizar la Conquista del Desierto y oponer, a su vez, las ideas
rectoras propuestas por la Ilustración. Si Kant tiende a considerar las diferencias
humanas como accidentales y accesorias dentro del proceso unitario de la
historia, Herder en cambio, propone una pauta histórica compleja, no lineal y no
uniforme. Esta diferencia supondrá una distinción abismal al momento de
considerar el hecho histórico mencionado y los principios que regirían en la
conformación de una nación (idea ausente en el pensamiento ilustrado, ya que lo
que se pretende es un ideal cosmopolita y universal).

Si hay algo que le desagrada a Herder es la eliminación de una cultura por


otra. Le desagradaba toda forma de violencia, de coerción, de deglutinación
de una cultura por otra, ya que deseaba que todo fuera, lo más posible, lo
que debía ser. […] estaba interesado en que todo alcanzara sus
posibilidades, es decir, que todo se desarrollara del modo más rico y pleno
posible. Por ello, más que pretender conocer la ley única de la historia, lo que
Herder quiere es reivindicar, sentir y comprender, e incluso revivir
simpáticamente esta tan diversa historia de la humanidad. Y por supuesto, se
niega absolutamente y con toda rotundidad a la pretensión ilustrada por
identificar y confundir SU ideal y razón con LOS de toda la humanidad en
conjunto 10

Estas ideas son claves para poder generar una mirada alternativa al momento de
conformar una cultura. La oposición de Herder es tajante en cuanto a someter
otros pueblos en pos de un desarrollo lineal de la historia. Es un pensamiento que,
bajo cierto análisis, resulta solidario con el otro, reconoce la alteridad no como
negativa sino como convivencia y equilibrio de los distintos pueblos. No hay una
mismidad absoluta que para afirmarse debe eliminar lo diferente, sino el
reconocimiento de multiplicidad de alteridades que pueden seguir, acorde a sus
principios rectores de la historia, desarrollos paralelos y alternativos.

Si bien en la posteridad las ideas románticas cobraron un talante diferente, ya que


pueden mencionarse casos donde la construcción de una nación en base a su
lengua, tradición e historia sí pretendió avasallar al otro, la propuesta de una
filosofía de la historia de Herder parece oponerse a este avasallamiento que actúa
en pos de un progreso lineal y único.

Este autor será acérrimo crítico de la tendencia imperialista de la Ilustración


moderno-occidental a imponerse y menospreciar la riqueza de todo el resto de
pueblos y culturas.

El proyecto de Conquista del Desierto llevado a cabo por Roca, bajo esta
perspectiva, es encarnación de la ya mencionada tendencia imperialista, que
menosprecia al otro en su alteridad, en su diferencia. Encarnación de esta
tendencia, que se posiciona en la cultura que pretende adoptar como su cultura (la
europea- blanca- civilizada) para autoproclamarla superior. Yendo más lejos aún,
no proclama esta cultura como superior en relación a la “cultura” de los indígenas,
sino que asume que lo suyo es lo único que puede denominarse como cultura y lo
otro es lo bárbaro, aquello fuera de los límites, de la ley y de la razón, que debe
ser eliminado para que el progreso pueda imponerse.

Sin embargo, pese al análisis que hemos llevado a cabo de las ideas de Herder
como fraternidad respecto a los otros pueblos, es difícil admitir de forma certera si
10
Ibid pp 74
él mismo hubiese reconocido como naciones alternativas a los pueblos originarios
que vivían en la naciente nación argentina. Es una incerteza que no somos
capaces de despejar, solo podemos afirmar tentativamente que debido a sus
premisas fraternas y no fraticidas el autor hubiese repudiado la masacre llevada a
cabo por el ejército de Roca, masacre que también es llevada a cabo por toda la
sociedad en la aceptación de las premisas fraticidas con el otro ya mencionadas.

Si bien los argentinos de éste período sí pretendían conformar una nación (idea
ajena a la Ilustración) en base a los rasgos que consideraban propios, el deseo de
identificarse con Europa (sobre todo con Francia e Inglaterra) con su cultura,
permite que los ideales ilustrados funcionen como rectores en muchas de las
acciones que son llevadas a cabo. Ejemplo de ello es el análisis que
desarrollamos de la Conquista del Desierto, donde se reconoce un único principio
rector de la historia (nombrado como imperialista desde la perspectiva herderiana)
lineal y homogéneo para todas las culturas. Con esta premisa de progreso de la
humanidad es posible asesinar al hermano otro y afirmar una mismidad absoluta.

Conclusión
La “Conquista del Desierto” condensa, en el modo de acción que fue llevada a
cabo, así como en su planificación y en los testimonios que de ella dieron sus
contemporáneos, el pensamiento de toda una época en relación a quienes eran
concebidos como “otros” ajenos y amenazadores. La consiguiente elección de
Julio Argentino Roca como presidente debido a su desempeño en el avance sobre
el territorio y la extensión de la “frontera interna”, no hacen más que avalar el
pensamiento de fondo tras el casi exterminio de los indígenas. La afirmación de
una mismidad que se siente “blanca y europea” y ve lo “otro” como alterno que
debe eliminarse en pos de ideas de progreso y libertad para toda la humanidad. Si
bien hubo contemporáneos que difirieron con estas ideas y que se opusieron a la
masacre llevada a cabo, el pensamiento hegemónico contenía un inherente
principio fraticida.

En la actualidad percibimos sin duda alguna que el conflicto con el otro (sea
al nivel que sea) se convierte en inevitable y precisa aún más de imperiosa
superación a medida que la Tierra muestra su limitación y todos los humanos
–vivan donde vivan- entran en directa relación. Pero condición para superar o
tratar democráticamente el conflicto con el otro es ser capaz de pensar la
naturaleza, el origen, el sentido y el valor del otro, aún más: <de lo otro>, es
decir de su alteridad precisamente en la medida que es diferente u opuesto a
lo propio 11

De este modo, Kant y Herder aportarán ideas diferentes extensivas al modo en


que se reconoce (o se elimina) la alteridad. Por un lado, la alteridad como
contrapuesta al principio único de la historia y, por lo tanto, factible de ser
eliminada; por el otro, con un sentido fraterno, en el que la multiplicidad de culturas
y pueblos es riqueza para la humanidad y es posible que, en el desarrollo histórico
al negar un principio único, todas sean sujeto de la historia y puedan alcanzar su
propio desarrollo. La pretensión de este trabajo consistió en analizar algunas de
las ideas subyacentes en el hecho histórico y a su vez considerar ideas
alternativas en el reconocimiento de la diferencia. Alternativa del reconocimiento y
la fraternidad en vez del exterminio. Admitir la riqueza que hay en la alteridad y no

11
Ibid, pp16
que buscar la afirmación ciega en una mismidad que elimina todo lo que es ajeno,
sea por miedo o por ignorancia. Esperamos que estas pretensiones hayan podido
llevarse a cabo, la reflexión filosófica sobre el pasado, sobre la historia, debe
buscar enriquecernos y darnos nuevas herramientas para abordar y poder vivir en
nuestro presente, que es herencia.

Bibliografía

-Cattaruzza, Alejandro; Historia de la Argentina:1916-1955; Buenos Aires: Siglo


Veintiuno Editores, 2012.

-Mandrini, J. Raúl; La Argentina aborigen: de los primeros pobladores a 1910;


Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores, 2012.

-Sabato, Hilda; Historia de la Argentina:1852-1890; Buenos Aires: Siglo Veintiuno


Editores, 2012.

-Solsona Mayos, Goncal; Ilustración y Romanticismo: introducción a la polémica


entre Kant y Herder; Editorial Herder, 2003.