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Se escribe como se vive (Vox Ediciones 2015)

Si Palacio la hubiera picado bien, su cara decoraría las marquesinas del palacio municipal.

Por una ordenanza habrían removido el monumento a los ingleses, incluso el de Ramón

Estomba, para después colocar en una lápida su escuálido torso en bronce, imitando la

curvatura previa al impacto: “Homenaje a Rodrigo Palacio. Bahiense por cuyo tanto la

argentina obtuvo la Copa del Mundo Brasil 2014”.

Si Palacio la hubiera picado bien, una horda de pendejos pandémicos con trenzas

multicolores flameando al viento coparían los juegos del Parque de mayo.

Messi, el genio autista, habría encontrado a su socio perfecto; Sabella sería el estratega más
conceptualista del planeta y por desgracia Julio estaría vivo.

Si Palacio la hubiera picado bien se hubieran llenado sábanas completas con el nombre de

nuestra ciudad. Millones de periodistas tendrían que laburar en serio y

googlear Bahía Blanca , club Bella Vista y barrio La Falda. Centenares de señoras

gastarían las veredas del barrio ante solícitos noteros aportando datos de color: acá una vez

Palacio se cayó de la bicicleta, acá un día Rodrigo Palacio dio su primer beso. Millones de

mujeres testificarían que tuvieron un afair con Palacio y en los medios conservadores se

bajaría línea a favor de los cultores del perfil bajo.

Si Palacio hubiera picado bien esa pelota el médico de la selección daría conferencias sobre

cómo hacer rendir a un deportista de elite mediante infiltraciones reiteradas y violentarían

el juramento hipocrático que le hicieron firmar para llevarlo y no convocar a Tévez.

Los pelados lucirían orgullosos sus pelucas de payaso y Alfio Basile no sentiría más

vergüenza de decirse bahiense. Los artistas no nos tildarían de mufa y la nefasta nueva

provincia sería el medio elegido por excelencia. Hasta oleríamos mejor. Rafael Emilio

Santiago volvería a la profesión. En Panorama se entonaría el himno a Rodrigo y todo se


teñiría de un patriotismo recalcitrante. Cualquier foráneo de estas latitudes podría discutir

de fútbol sin temor, incluso con el periodista más destacado.

Pero Palacio no pudo picarla bien. Días antes hablábamos de la pérdida de sensibilidad en

las extremidades a causa de la anestésia local. Y nada…Este poema no puede permitirse

tener remate.