Está en la página 1de 3

Socopó, abril de 2020.

Nombre del estudiante: Héctor José García Rujano.


Grado: 3ro.
Sección: “C “
Numero de lista: 20.
Asignatura: castellano.
Docente: Prof: Nelson Salazar.
Actividad: DISCURSO REFLEXIVO SOBRE LA DESTRUCCIÓN DEL
AMBIENTE Y SUS NEFASTAS CONSECUENCIAS

Son muchas las formas de contaminación y los problemas ambientales que los
seres humanos estamos provocando desde que se inicio la revolución industrial
y sobre todo durante el último medio siglo. Los importes de esta oprobio
ambiental no se han tomado en consideración sino hasta recientemente. Pero
se comienza a entender que deben ser incorporados en la evaluación de
cualquier proyecto; puesto que es un precedente que no puede desligarse
porque sabemos que resulta insostenible no hacerlo.

El problema de la contaminación es uno de los primeros que nos suele venir a


la mente cuando pensamos en la situación del mundo, puesto que la
contaminación ambiental hoy no conoce fronteras y afecta a todo el planeta, en
una civilización interconectada que envuelve el mundo. Cualquier cosa que
ocurra en un lugar puede, para bien o para mal, afectarnos a todos. La mayoría
de los ciudadanos percibimos ese carácter global del problema de la
contaminación; por eso nos referimos a ella como uno de los principales
problemas del planeta. Pero conviene hacer un esfuerzo por concretar y
abordar de una forma más precisa las distintas formas de contaminación y sus
consecuencias. No basta, en efecto, con referirse genéricamente a
la contaminación del aire (debida a procesos industriales que no depuran las
emisiones, a los sistemas de calefacción y al transporte, etc.), de
los suelos (por almacenamiento de sustancias sólidas peligrosas: radiactivas,
metales pesados, plásticos no biodegradables…) y de las aguas superficiales y
subterráneas (por los vertidos sin depurar de líquidos contaminantes, de origen
industrial, urbano y agrícola, las “mareas negras”, y también, de nuevo, los
plásticos, cuyas bolsas han “colonizado” todos los mares, provocando la
muerte por ahogamiento de tortugas y grandes peces y dando lugar a
inmensas islas flotantes, etc.)

Por otra parte, De acuerdo con dos nuevos informes de la Organización


Mundial de la Salud (OMS), más de una cuarta parte de las defunciones de
niños menores de cinco años son consecuencia de la contaminación ambiental.
Cada año, las condiciones insalubres del entorno, tales como la contaminación
del aire en espacios cerrados y en el exterior, la exposición al humo de tabaco
ajeno, la insalubridad del agua, la falta de saneamiento y la higiene
inadecuada, causan la muerte de 1,7 millones de niños menores de cinco años.
se indica que una gran parte de las enfermedades que se encuentran entre las
principales causas de muerte de los niños de un mes a 5 años —como las
enfermedades diarreicas, el paludismo y las neumonías— pueden prevenirse
mediante intervenciones que reducen los riesgos ambientales, tales como el
acceso al agua potable y el uso de combustibles menos contaminantes para
cocinar.

En el mismo orden de ideas, la concentración de población, las ciudades tiene


un sinfín de consecuencias ambientales asociadas que empeoran la crisis
climática, la pérdida de biodiversidad, la contaminación, etc. Estas
consecuencias son muchas. Algunas, muy visibles. Otras, más indirectas. Pero
todas ellas dirigen nuestro planeta hacia el colapso de una manera o de otra o
de otra, entre las cuales podemos mencionar: La desertización rural conlleva el
hecho de que cada vez se produzcan menos alimentos en la zona y se tengan
que importar, pedida de la biodiversidad, erosión de los suelos, incendios,
degradación. Insostenibilidad y destrucción de la economía loca, pérdida de los
recursos hídricos, urbanismo descontrolado y conflictos sociales.

Luego de mencionar someramente, las consecuencias del daño ambiental,


cabe preguntarse ¿Cuántas veces me he detenido a pensar sobre el medio
ambiente que me rodea? Si nos propusiéramos mirar más allá y frenáramos
nuestra rutina diaria por un momento para reflexionar, nos daríamos cuenta de
la importancia de nuestro papel en el cuidado de nuestro entorno.  Porque no
basta con saber la teoría, hay que actuar y hacer lo posible para preservar la
salud de la naturaleza, No basta saber lo que ocurre, sino que es necesario
observar, pensar y actuar. En este sentido, es nuestro deber, a escala persona
y colectiva, establecer parámetros ambientales que permitan a nuestras
generaciones futuras, disfrutar de un ambiente más saludable. Por consiguiente
¿cómo se puede conseguir todo esto? Pues con enseñanza y adiestramiento y
haciendo en la práctica reusar, reducir y reciclar.