Está en la página 1de 7

Mirta F.

de Dayen
Eduardo Dayen

EL VÍNCULO DEL ENFERMO DE HIPERTENSIÓN ARTERIAL


Y SU PARTENAIRE1

Podemos intentar comprender el porqué de la perduración o de la


disolución de un determinado vínculo, tanto sea el de una pareja co-
mo el de cualquier otro tipo de relación, acercándonos a observar las
características y transformaciones de cada uno de quienes lo inte-
gran. Para eso partimos de pensar que cada uno de ellos se compor-
ta como las piezas de un rompecabezas. Como cada una encaja per-
fectamente con las que la circundan, de su forma se puede inferir
parte del perfil de la que se le acopla. De modo que la manera de ser
de cada miembro de un organismo puede explicarnos la modalidad de
las relaciones que él contribuye a conformar.

Mientras nos inclinamos a pensar que nuestro carácter permite com-


prender los vínculos en los que participamos también se nos va impo-
niendo otra idea. Nos resulta convincente la proposición de que, en la
medida que esos vínculos perduran, nuestro modo de ser contribuye
a ir tallando la forma de ser de nuestro partenaire y viceversa.

Como dice Panikkar (1999 [1993], pág. 173), no hay posibilidad de


negar la influencia de nuestras proyecciones. «Mucho de lo que en-
contramos en los otros es lo que hemos infundido en ellos. Esto es
cierto incluso en las relaciones más naturales y recíprocas, como las
de los amantes o los padres y los hijos: el otro es en gran parte crea-
ción nuestra. Somos criaturas proyectantes».

También Chiozza (2005, pág. 21) aborda esta cuestión cuando seña-
la que «una pareja hay que formarla; y cuando se logra constituirla,
cada uno de los dos que forman “una”, transforma en ella su modo de
vivir y de sentir la vida».

1
Trabajo presentado en el simposio del 27 y 28 de enero de 2006 de la Fundación
Luis Chiozza.
Desde otra perspectiva nos parece que además se puede afirmar
que, así como “ictericia” y “envidia” son expresiones distintas de una
misma clave inconciente (Chiozza, 1974d, pág. 104), o que la hiper-
tensión y el carácter del paciente hipertenso nacen de una fantasía
única (Chiozza y Dayen, 1995a), el modo de ser del paciente hiper-
tenso y el de su partenaire son expresiones de una temática incon-
ciente particular, temática que además se manifiesta en esa afición
que siente el uno por el otro.2

Pensando así, creemos que resulta un procedimiento enriquecedor


agregar al conocimiento de las fantasías específicas que ya conoce-
mos, o a las que todavía resta investigar, – ya sea que se manifieste
como enfermedad orgánica o sólo como rasgo de carácter 3 –, el co-
nocimiento y la descripción de algunos aspectos de la manera de ser
del partenaire de quien sufre una enfermedad.4 Y nos parece enri-
quecedor por dos razones. Primero porque, como todo nuevo punto
de vista, permite iluminar mejor la dramática que queremos penetrar;
y segundo, porque nos puede ayudar a esclarecer los sentimientos
2
Hace años Chiozza decía que bien podemos referirnos a «Juan Pérez como orga-
nismo configurado, cuya estructura, como abstracción conceptual, admite tanto su
integración en unidades estructurales cada vez más complejas (pareja, familia, so-
ciedad), como su descomposición en unidades cada vez más elementales (órganos,
funciones, células, genes, ácidos nucleicos). […]. Entre la mano y el pie de Juan
Pérez, o entre sus dos manos, existe un tipo de igualdad, que deriva de la misma
configuración específica contenida en la estructura de sus ácidos nucleicos». Pero
entre su mano derecha y la del partenaire existe otro tipo de igualdad. Este depende
de una configuración que, abstraída o separada, de un modo aparentemente arbitra-
rio, del individuo y de su partenaire, «es sin embargo el producto de un trazado
conceptual limitante regido por un criterio de especificidad tan riguroso como
el primero» (Chiozza, 1970m, pág. 97-98) (El destacado es nuestro).
3
La investigación psicoanalítica que llevó a la idea de que los rasgos de carácter se
pueden relacionar específicamente con la disposición inconciente a padecer determi-
nadas enfermedades somáticas, permitió, además, «observar la existencia de víncu-
los estrechos – similares a los que establecen personas presuntamente normales con
algunos enfermos adictos – entre pacientes somáticamente enfermos y personas con
rasgos caracterológicos afines a la particular enfermedad del paciente» (Chiozza y
Dayen, 1995a, pág. 136).
4
Liliana Casali y Catalina Nagy, en su trabajo “Enfermedad y carácter diabético en
una relación conyugal”, pág. 75, presentado en el Simposio 1996, 8vas. Jornadas
Científicas del Centro de Consulta Médica Weizsaecker, presentan el caso de un
paciente diabético casado con una mujer cuyos rasgos de carácter «le permiten dra-
matizar, en la relación conyugal, el guión inconciente particular que corresponde a su
trastorno».
contratransferenciales que solemos experimentar en el contacto con
nuestro paciente.

Breve síntesis de la fantasía que se expresa en la hipertensión


arterial

Quien padece de hipertensión expresa con su dolencia que se siente


carente de un suministro que vive como imprescindible. Siente que
soporta una falta que atribuye a una imperfección en la que él incurre
(Chiozza y colab., 1993b [1992]). En el enfermo de hipertensión vive
un niño apremiado por un gran deber moral que nunca alcanza a
cumplir.5

Claro que con la versión de que la insatisfacción que sufre es por su


culpa se protege de algo que le resulta verdaderamente insoportable:
la vivencia de impotencia. Se defiende de enfrentar su impotencia
aunque a cambio de eso paga el alto costo de sentirse indigno. Y se
siente indigno, justamente, de lo que más precisa.

En su fantasía, experimentar una carencia pasa a constituir la certifi-


cación palmaria de su indignidad. Así se establece no solamente el
deseo imperioso de resolver esa carencia sino también la necesidad,
siempre insatisfecha, de restablecer su autoestima menoscabada.

A partir de esa situación puede ser que la persona tenga esperanzas


o que esté totalmente desesperanzada de mitigar su dolor. En el pri-
mer caso tenderá a adoptar una actitud pródiga mientras que en el
segundo se limitará a procurar conmiseración.

La prodigalidad, característica de uno de esos desenlaces, no es más


que una conducta reactiva de la inclinación demandante del paciente.
Se trata de una posición con la que él pretende presionar a su parte-
naire para conseguir lo que precisa. Algo que lo pone en el riesgo de
enfrentarse con la dolorosa evidencia de que su actitud lejos de ser

5
Chiozza, Luis: Intervención realizada durante la Lavori di Gruppo “Ipertensione
Arteriosa”, IV Incontro Internazionale Il dramma nell’anima e la malattia nel corpo,
Camogli, Italia, 2004. Esta fue la interpretación que hicimos de sus palabras.
generosa es interesada.6 De ocurrir eso quedaría apresado en el
círculo de hierro de una interpretación que lo lleva a intensificar paula-
tinamente el sentimiento de indignidad del que, justamente, está tra-
tando de aliviarse.

De todos modos, mientras logra eludir esa evidencia, el sujeto se


siente presionado a dar y vive los requerimientos de su entorno como
una “excesiva demanda”. Finalmente, lo que pretendía ser una entre-
ga generosa termina por experimentarse como un “tener que dar” que
equivale a un desangrarse.

Ese modo de dar, con el tiempo expone al enfermo a que se indigne


cuando, desde su versión, se siente traicionado por el objeto que no
reconoce sus méritos. Y se siente traicionado porque, en su versión
“optativa” de las cosas, el partenaire recibe sin retribuir con el recono-
cimiento esperado. 7

El carácter del hipertenso y algunos rasgos del de su partenaire

Aunque el paciente hipertenso no lo sabe, vive encerrado en un círcu-


lo vicioso y, como suele ocurrir también en muchas otras circunstan-
cias similares, mientras más re-siente la carencia más se aferra a un
objeto idealizado que le impide encontrar el objeto posible.

Desde la fisiopatología, la hipertensión en el territorio precapilar se


corresponde con una disminución de la presión en el territorio capilar.
Eso supone el hecho de que el organismo se propone privar de abas-
tecimiento a un territorio para prodigarse a otro. Se puede interpretar
que ese es el modo en que el paciente con hipertensión arterial nos

6
Es necesario tener presente, de todos modos, que, como le hemos escuchado decir
a Luis Chiozza (Intervenciones realizadas durante la Mesa redonda “Hipertensión”, el
viernes 16 abril de 2004, en la Fundación Luis Chiozza), quien enferma de hiperten-
sión es una persona que con la porción saludable de su personalidad es verdadera-
mente generosa. Son sus puntos enfermos los que lo llevan a convertirse en un pró-
digo que espera reconocimiento.
7
Nos parece que se puede pensar que así como a quien tiene una actitud generosa
le resulta una retribución suficiente cualquiera de las conductas que expresan grati-
tud, quien tiene una posición pródiga sólo espera como resarcimiento el reconoci-
miento.
habla de cómo se esfuerza por dar lo poco que siente que tiene para
recuperar lo mucho que siente que le falta. Pero por lo poco que sien-
te que tiene, para poder dar a uno necesita privar a otro.8

El sujeto, entonces, le quita investidura al objeto posible – el que se-


guramente es capaz de abastecerse sin su ayuda – para investir al
objeto ideal. Un objeto que sólo existe en su imaginación, en sus an-
helos: el que aprovecha de su abastecimiento – porque es incapaz de
autoabastecerse – a cambio de un reconocimiento que le devuelve la
autoestima perdida y tan ansiada.9

El hipertenso busca una valoración que siente que no merece y a la


que, al mismo tiempo, no puede renunciar. Un método del que echa
mano es mostrarse como quien “no necesita”. Además, naturalmente,
le urge probar que el verdadero necesitado, justamente, es su parte-
naire. Para eso le hace falta fomentar la idea de que su partenaire es
incapaz de abastecerse a sí mismo. Cree que el método para salir de
su círculo de dolor es convencerse y convencer a su partenaire de
que nunca podrá subsistir sin él.

Mientras tanto, si el partenaire corresponde con su sentimiento de


incapacidad es porque de ese modo procura eludir la angustia que le
despierta el tener que hacerse responsable de su propio abasteci-
miento. El partenaire sufre por sentirse distinto de los que él ve como
los que “pueden” autoabastecerse. Sufre pero “no quiere saber” que
para pasar a ser lo que él vive como “ser capaz” bastaría con hacerse
responsable.

8
Ideas expresadas por Luis Chiozza en las intervenciones que realizó durante la
reunión posterior al IV Incontro Internazionale Il dramma nell’anima e la malattia nel
corpo, Camogli, Italia, 2004, el viernes 15 de abril de 2005, en la Fundación Luis
Chiozza. Esta fue la interpretación que hicimos de sus palabras.
9
Santiago había sido siempre un joven “juicioso” que se esforzaba por cumplir con
las expectativas de su padre. Para ser digno de él, sacrificó su amor por Celina y más
tarde, repitiendo la historia, dejó a Dora de quien se había enamorado, para quedarse
con la familia que formó: Perla y los hijos. Pero Perla (el objeto posible) pierde impor-
tancia mientras que Dora (el objeto ideal) se enaltece. Sin embargo, cuando Dora se
va con otro y ya no lo necesita a él para abastecerse, también se le convierte en
alguien que tiene su vida “propia”, en alguien con quien el contacto le despierta la
vivencia de una infidelidad que le duele (Chiozza y colab., 1993b [1992]).
El partenaire sufre y anhela que se le reconozca su capacidad, dejar
de sentirse un incapaz… pero todo esto sin tener que verse obligado
a hacerse cargo de su abastecimiento.

El paciente que sufre de hipertensión, lo mismo que cualquier otro


enfermo, ignora lo que verdaderamente necesita. Piensa que lo único
que necesita es que no lo presionen más con nuevas exigencias. No
llega a darse cuenta de que en esa misma presión es donde él puede
encontrar el argumento fundamental para poder seguir “soñando” que
con su esfuerzo podrá comprar el reconocimiento que le permita res-
taurar su autoestima dañada.

Ambos, enfermo y partenaire, sufren y se mantienen ligados en una


lucha que es puro anhelo. Pero ninguno quiere ceder en su intento de
conseguir lo que pretende por el camino que pergeñó.

El hipertenso sufre porque en lo más profundo se siente indigno,


sufre por sentir que no tiene méritos suficientes. Su partenaire, en
cambio, sufre por sentirse incapaz, es decir carente de aptitudes o
medios, insuficiente. Lo que ambos comparten es una misma aflic-
ción. Los dos sufren porque en el fondo sienten que no consiguen
retribuir adecuadamente en el vínculo que mantienen. Un sufri-
miento frente al cual, además, están hondamente incomunicados.

La otra cuestión que nos parece importante subrayar es que ambos


personajes juegan roles que pueden alternarse a la hora de reiterar la
temática. Por ejemplo, pudimos ver en la historia de un paciente cómo
en el vínculo con su padre (hipertenso) durante un tiempo actuaba el
rol del incapaz, del que necesita obedecer para que no le “corten el
chorro”. Pero apenas el padre comenzó a flaquear el paciente pasó a
ocupar el rol del que abastece a los incapaces que viven amenazados
de perder el suministro si no corresponden con reconocimiento.

Bibliografía

Chiozza, Luis (1970m): “Apuntes sobre fantasía, materia y lenguaje”, en


Cuerpo, afecto y lenguaje (Segunda Edición), Luis Chiozza, Alianza Editorial,
Buenos Aires, 1998, pág. 93-98.
Chiozza, Luis (1974d): “La interpretación del material”, en Hacia una teoría
del arte psicoanalítico, Luis Chiozza, Alianza Editorial, Buenos Aires, 1998,
pág. 97-109.

Chiozza, Luis (2005): Las cosas de la vida. Composiciones sobre lo que nos
importa, Libros del Zorzal, Buenos Aires, 2005.

Chiozza, Luis; Baldino, Oscar; Dayen, Eduardo; Obstfeld, Enrique; Repetto,


Juan (1993b [1992]): “El significado inconciente de la hipertensión arterial
esencial”, en La transformación del afecto en enfermedad, hipertensión
esencial, trastornos renales, litiasis urinaria, hipertrofia de próstata, várices
hemorroidales, esclerosis y enfermedades por autoinmunidad, (Segunda
Edición corregida de Los sentimientos ocultos en...) Luis Chiozza, Alianza
Editorial, Buenos Aires, 1998, pág. 31-63.

Chiozza, Luis y Dayen, Eduardo (1995a): “El carácter y la enfermedad somá-


tica”, en Cuerpo, afecto y lenguaje (Segunda Edición), Luis Chiozza, Alianza
Editorial, Buenos Aires, 1998, pág.135-151.

Panikkar, Raimon (1999 [1993]): “La intuición cosmoteándrica. Las tres di-
mensiones de la realidad”, Editorial Trotta, S.A., Madrid, España, 1999.