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ACERCA DE LO VISUAL

Y DEL SENTIDO DE LOS


TRASTORNOS DE LA VISIÓN

Eduardo Dayen

6 de diciembre de l996

C.W.C.M.
LO VISUAL DESDE LA OFTALMOLOGÍA

EMBRIOLOGÍA 3
ANATOMÍA 3
La córnea 3
La esclerótica 4
a) El tracto uveal 4
b) La retina 5
El cristalino 6
NEUROLOGÍA 6
FISIOLOGÍA 7

LO VISUAL DESDE EL PSICOANÁLISIS


ACERCA DE LA PERCEPCIÓN

LA PERCEPCIÓN 9
EN BUSCA DE LA CERTEZA 10
LA CAPACIDAD DE INFORMACIÓN 12
CAPACIDAD DE INFORMACIÓN Y SENSATEZ 14
LOS LÍMITES 16
EL SENTIMIENTO DE CONFUSIÓN 18

ACERCA DE LO VISUAL

LA IDEALIZACIÓN 20
SOBRE EL SENTIDO DE LA AGUDEZA VISUAL 24
CUANDO EL SENTIMIENTO DE INDEFINICIÓN SE HACE INSO-
PORTABLE. LA DESDICHA 27

RESUMEN 30

BIBLIOGRAFIA 34
LO VISUAL DESDE LA OFTALMOLOGÍA1

EMBRIOLOGÍA

El sistema nervioso central se desarrolla a partir de la hendidura neural. Cuando esta hendi dura
se invagina, conforma el tubo neural que recorre longitudinalmente el dorso del embrión. Con el
paso de los días, a ambos lados de la porción anterior de dicha estructura, aparecen dos engro-
samientos, las placodas ópticas, que crecen hacia la superficie formando las vesículas ópticas
primarias. Los ojos se originan a partir de estos divertículos, a los lados del cerebro anterior, y de
las estructuras mesodérmicas y ectodérmicas que están en contacto con ellos2.

ANATOMÍA

La pared del globo ocular es una membrana de sostén muy poco elástica. La zona anterior, la
córnea, es transparente mientras que el resto, la esclerótica, es opaca. La esclerótica, en su
cara anterior, está cubierta por la conjuntiva, una membrana mucosa que, cuando se separa de
la esclerótica, se refleja hacia los párpados.

La córnea

La córnea tiene tres funciones: 1) proteger y mantener el contenido ocular, función que comparte
con la esclerótica y que requiere una considerable resistencia, 2) permitir el pasaje de la luz, para
lo cual precisa un alto grado de transparencia y 3) refractar la luz de manera regular y con un
gran valor dióptrico, lo cual depende de la constancia de su forma y de la lisura de su superficie.

La primera y la tercera función son pasivas mientras que la segunda, la transparencia, depende
del metabolismo corneal. Es decir que la córnea tiene que trabajar para permanecer transparente.

La córnea tiene tres estratos: 1) el epitelio, 2) el estroma y 3) la membrana de Descement con su


endotelio.

El epitelio corneal es una continuación de la conjuntiva, en tanto que el estroma es una extensión
hacia el frente de la esclerótica y se compone de fibrillas delgadas de colágena que, dispuestas
de manera regular, forman haces y le dan un aspecto laminar. Las fibrillas son equidistantes entre
sí y se disponen en filas escalonadas.

1- El siguiente apartado es un resumen de conceptos extraídos de "Enfermedades de los ojos, de


Parsons" (MILLER, S.J.H., 1990), de "Fundamentos científicos de Oftalmología" (Perkins y Hill,
1981) y de "El hombre, animal óptico" (CUATRECASAS, J., 1962).
2- El aparato ocular termina de organizarse después del quinto mes de vida intrauterina. Durante
el sexto y séptimo mes se perfecciona la diferenciación de algunos elementos neurooculares,
como los del bulbo del ojo, la conexión funcional del nervio óptico con los centros encefálicos y
aquellos de los que depende la movilidad extrínseca del globo. En el recién nacido, la mieliniza-
ción del nervio óptico no está terminada y se completa durante la vida postnatal. Se cree que la
excitación luminosa, por estímulo específico, la acelera.

3
La transparencia de la
córnea depende de la re-
gularidad de los compo-
nentes del estroma. La
teoría de la celosía propo-
ne que las fibrillas tienen
un diámetro regular y se
disponen como en un enre-
jado. El espacio entre las
fibrillas es menor que la
longitud de onda de la luz,
de modo que las filas de
fibras funcionan como una
rejilla difractora que obsta-
culiza el trayecto de los ra-
yos dispersos.

La membrana de Desce-
ment es elástica y delgada.
Su cara posterior está cu-
bierta por un endotelio que
regula la hidratación cor-
neal. El número de células
endoteliales disminuye con
el envejecimiento y las que
restan se ensanchan para
compensar la pérdida.

La inervación de la córnea deriva del trigémino. No tiene vasos sanguíneos, excepto por arcadas
diminutas en el limbo, de modo que su nutrición depende de los líquidos tisulares que difunden
desde los vasos periféricos.

La esclerótica

Revistiendo la cara interna de la esclerótica existen dos estructuras: a) el tracto uveal, muy vas-
cularizado, que se encarga de la nutrición del ojo y, por dentro de éste, b) la retina, destinada a
recibir y modificar los estímulos luminosos.

a) El tracto uveal

Consta de tres partes: la coroides y el cuerpo ciliar, las dos posteriores, revisten la esclerótica
mientras que la anterior, el iris, forma un diafragma circular libre. El plano de este diafragma es
casi coronal y su abertura es la pupila. Atrás de ésta, y en contacto con el margen pupilar, se
localiza el cristalino.

La coroides es una membrana con una cantidad enorme de vasos. En toda su extensión está en
contacto con la esclerótica pero sin adherir a ella de manera firme, de modo que entre ambas
existe un espacio virtual, el espacio supracoroideo.

La masa principal del cuerpo ciliar se compone de las fibras musculares lisas que conforman el
músculo ciliar. La mayor parte del músculo está formado por fibras meridionales que se insertan
de manera difusa en la supracoroides.

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El cuerpo ciliar se extiende hacia atrás hasta la ora serrata, punto en el cual comienza de manera
abrupta la retina. La transición de cuerpo ciliar a coroides, por su parte, es gradual, aunque de
manera convencional se acepta que la ora serrata es el límite entre las dos estructuras.

El estroma del iris está formado por células de tejido conectivo con pigmento, salvo en los iris
azules en los que el tejido carece de pigmento. La cara posterior del estroma está cubierta por
dos capas de epitelio que derivan de la retina. A partir de la primera se desarrollan dos músculos
lisos que controlan los movimientos pupilares: el esfínter pupilar, un haz circular dispuesto alrede-
dor del margen pupilar, y el dilatador de la pupila, que se encuentra cerca de la raíz del iris y tiene
sentido radial.

La razón de ser de la pupila es la protección del ojo frente a un exceso de iluminación. El reflejo
fotomotor a la luz (contracción de la pupila) puede presentarse por simple evocación mental, lo
mismo que el reflejo iridodilatador.

b) La retina

Reviste a la coroides y se compone de varias capas que se forman a partir de tres estratos celu-
lares y sus sinapsis: las células visuales (externas), las células bipolares (intermedias) y las célu-
las ganglionares (internas), cuyos axones penetran en el sistema nervioso central.

En un nivel más externo, en contacto con el epitelio pigmentario, existe un epitelio neural con bas-
tones y conos. En la microanatomía de estas células se describen una región transductiva (seg-
mento externo), una que se ocupa de conservar la homeostasia celular (segmento interno), una
zona nuclear (capa nuclear externa) y una transmisiva (el estrato plexiforme externo o sináptico).

Si los segmentos externos de los bastones se cortan en forma paralela a su eje longitudinal y se
observan al microscopio electrónico, puede verse una membrana celular que encierra una pila de
sistemas de membrana. Los discos de los bastones de muchas especies se renuevan de manera
continua durante toda la vida: se forman nuevos discos en el segmento interno y se desplazan en
forma gradual hacia el epitelio pigmentario. Los discos de los bastones tienen una vida limitada y
a medida que pasa el tiempo se van perdiendo hacia el epitelio pigmentario.

Las inclusiones más llamativas del epitelio pigmentario son los gránulos de melanina. La mayor
parte de la luz que impresiona a la retina y no es absorbida por los fotopigmentos en los segmen-
tos externos de los receptores, será captada por estos gránulos.

De afuera hacia adentro, al epitelio pigmentario lo sigue la capa nuclear externa (los núcleos de
los bastones y conos), la capa plexiforme externa, que contiene las sinapsis, la nuclear interna
(núcleos de células bipolares), la plexiforme interna (también de sinapsis), la de células ganglio-
nares y, al final, la más interna, la capa de fibras nerviosas que se compone de los axones de las
células ganglionares que corren por la parte central del nervio óptico. Estos constituyentes nervio-
sos especiales se unen por medio de neuroglia; de ésta, las células verticales más desarrolladas
se llaman células de Müller que, además de actuar como una red de sostén, tienen función nutri-
tiva. La estructura retiniana se completa con dos membranas limitantes: la externa está perforada
por los conos y bastones y la interna separa a la retina del vítreo.

En el polo posterior del ojo se encuentra un punto diferenciado especial, la fóvea central, depre-
sión en la que la capa neuroendotelial sólo tiene conos. La fóvea es la parte más sensi ble de la
retina. Justamente, el grado de agudeza visual se determina sobre la llamada visión central, vi-
sión que parece corresponder a las imágenes relacionadas con los estímulos que impresionan la
fóvea. Está rodeada por una pequeña zona llamada mácula lútea que, aunque no es tan suscep-
tible como la fóvea, resulta más sensible que el resto de la retina.

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Los movimientos conjugados oculares están destinados a mantener las fóveas de ambos ojos
dirigidas al objeto que interesa. De esta manera uno de los papeles más importantes del aparato
motor ocular es el sistema de estabilización visual. Si un objeto en la periferia del campo llama la
atención, un rápido movimiento conjugado de los ojos toma la fijación (sistema sacádico), que se
intenta mantener (sistema lento de persecución) a pesar de los movimientos de la cabeza, cuerpo
o medio ambiente (sistema oculovestibular).

El cristalino

El cristalino es una masa biconvexa que se desarrolla a partir de una invaginación del epiblasto
epidérmico del embrión, de tal forma que el epitelio, que en un principio se encontraba en la su-
perficie, luego queda en el centro del cristalino mientras las células periféricas conforman la capa
basal de la epidermis. Conforme las células basales proliferan, el cristalino crece y las células
superficiales más antiguas se descaman. Pero como las células epiteliales no se pueden de-
sechar, se esclerosan y se aglomeran en el centro. Las células nuevas se alargan y forman las fi-
bras que, creciendo desde direcciones opuestas, se juntan en las suturas.

El cristalino está rodeado por una membrana hialina, la cápsula del cristalino, que es más gruesa
en la cara anterior.

La función primordial del cristalino es la de focalizar la luz en la retina, y para eso necesita man-
tenerse firme (el ligamento suspensorio lo mantiene en su sitio), conservar su transparencia y ser
blando, porque para poder focalizar la luz tiene que estar alterando su forma permanentemente.

La cámara anterior es un espacio lleno de líquido, el humor acuoso. Limita por delante con la
córnea y por detrás con el iris y con la cara anterior del cristalino que se expone por la pupila. Su
receso periférico se conoce como ángulo de la cámara anterior, donde se encuentra el conduc-
to de Schlemm, un seno venoso circular que participa en el drenaje del humor acuoso.

La cámara posterior es el ángulo existente entre la parte posterior del iris y la anterior del crista-
lino, cámara que también contiene humor acuoso. Resta señalar que atrás del cristalino se en-
cuentra la cámara vítrea que contiene humor vítreo.

Por delante, el cuerpo vítreo se une a la cara posterior del cristalino por medio del ligamento de
Wieger. A la altura de la ora serrata, la corteza vítrea se adhiere de manera firme a la retina y a la
pars plana. Esta unión es conocida como la base vítrea. Por atrás, este gel se fija al borde de la
papila óptica y de la mácula formando un anillo alrededor de cada una de ellas.

NEUROLOGÍA

Las vías ópticas están constituidas por un sistema de fibras y de formaciones nucleares destina-
das a transmitir los estímulos desde el globo ocular hasta la corteza occipital. Sin embargo, nada
impide pensar que la retina es un verdadero lóbulo cerebral, y el llamado nervio óptico - que con-
serva tal denominación por razones didácticas de la anatomía descriptiva - puede ser descripto
como una formación alargada de ese lóbulo.

El órgano terminal de las vías aferentes visuales es el epitelio neural de los bastones y de los co-
nos. La neurona de primer orden es la célula bipolar de la capa nuclear interna de la retina, cuyo
axón está en el estrato plexiforme interno. Las neuronas de segundo orden son las células gan-
glionares de la retina, cuyas prolongaciones pasan por la capa de fibras nerviosas y de ahí al ner-
vio óptico hacia el cuerpo geniculado lateral. En este sitio, la neurona de tercer orden toma la
transmisión del impulso y viaja por las radiaciones ópticas hasta la zona denominada centro vi-
sual, en la corteza occipital.

6
FISIOLOGÍA DE LA VISIÓN

Cuando la luz impresiona la retina, estimula a conos y bastones provocando respuestas fotoquí-
micas y eléctricas.

Los cambios fotoquímicos comprometen a los pigmentos de conos y bastones. El que más se ha
estudiado es la rodopsina (púrpura visual), que se encuentra en los bastones. Se trata de una
cromoproteína cuyas moléculas tienen un cromóforo que, expuesto a la luz, se va descom-
poniendo en varios intermediarios hasta llegar a la vitamina A, vitamina que se relaciona con lo
que es percibido como incoloro. Esta reacción fotoquímica es la que produce cambios en el po-
tencial eléctrico que se transmite por las células bipolares hacia las ganglionares y de ahí, por las
fibras del nervio óptico, hasta el cerebro. Todavía no ha podido aclararse bien la naturaleza de
los pigmentos de los conos, pero parece que cada uno reacciona de manera preferente a distintas
bandas de longitud de onda en el espectro, bandas que se relacionan con lo que percibimos co-
mo rojo, o como verde, o como azul.

Los bastones son mucho más sensibles a la luz tenue que los conos (visión escotópica). Los co-
nos entran en función sólo con la luz brillante (visión fotópica).

7
LO VISUAL DESDE EL PSICOANÁLISIS

La ceguera ocupa en mi obra un lugar plañidero, que no


ocupa en mi vida, la ceguera es una clausura pero es tam-
bién una liberación, una soledad propicia a las invenciones.

Jorge Luis Borges3

Dentro del esquema del aparato psíquico fetal (o de los remanentes fetales en el
adulto), el polo visual-ideal es el aspecto del yo que incorpora las impresiones
(CHIOZZA, L., 1963 - LUIS CHIOZZA CD, 1996, record 975). El organismo 1) con-
tiene una especie de “plano” de lo que debe llegar a ser, un plano que es una
imagen, una idea, una configuración, un molde, un estímulo, una forma sin tamaño
y sin sustancia; 2) posee, además, una cierta capacidad para adquirir esa forma
mediante el crecimiento y 3) dispone de la posibilidad de dejarse impresionar
por nuevas formas que, desde su intimidad o desde el exterior, lo van con-
formando y a las cuales él mismo, como organismo, les va dando realidad mate-
rial.

Esa capacidad de incorporar formas ha sido descrita como “visual” porque la idea,
la forma, adquiere representación psicológica como imagen visual (CHIOZZA, L.,
1963 - LUIS CHIOZZA CD, 1996, record 976). Esto parece explicar lo habitual que
resulta que en nuestras expresiones la percepción aparezca representada por lo
visual, los sentidos, por la vista y el conocimiento, por la visión. Sin embargo, aho-
ra conviene que procuremos discriminar lo mejor posible las fantasías que corres-
ponden a los órganos de la percepción, en general, de las que atañen sólo a los
órganos de la visión. Me refiero a que, seguramente, los ojos, por ejemplo, com-
parten con el resto de los órganos de los sentidos una misma fantasía, pero nada
impide presuponer, además, la existencia de “lo visual”, el significado inconciente
específico del aparato visual, aparato del que, por otra parte, los ojos, dada la par-
ticipación fundamental que tienen en la función visual, deben arrogarse la repre-
sentación.

3- LUCIANO, Darío L. (1996), Borges en San Fernando, Ediciones Ocruxavez, Argentina, 1996,
(pag. 39).

8
ACERCA DE LA PERCEPCIÓN

LA PERCEPCIÓN

Para la Metapsicología, la conciencia, función del sistema percepción-conciencia,


en sentido descriptivo, es la cualidad momentánea que caracteriza las percepcio-
nes.

Desde el punto de vista tópico, el sistema percepción-conciencia está en la perife-


ria del aparato psíquico, recibiendo, a la vez, las informaciones del mundo exte-
rior y las del mundo interior4. Desde el punto de vista funcional, el sistema percep-
ción-conciencia difiere de los sistemas de huellas mnémicas en que no registra
ninguna huella duradera de las excitaciones. Desde el punto de vista económico,
dispone de energía libremente móvil, la atención.

Freud asimila la conciencia a la percepción, cuya esencia es la capacidad de reci-


bir las cualidades sensibles y, por otra parte, atribuye la función de percepción-
conciencia a un sistema (el sistema W) cuyos principios de funcionamiento son
puramente cuantitativos. De este modo traza dos descripciones que parecen con-
tradictorias si no entendemos que se trata de distintas perspectivas que generan
dos modos de describir un fenómeno que, en sí mismo, es único.

En el funcionamiento del sistema percepción-conciencia, Freud le adjudica priori-


dad a la percepción del mundo exterior: “El devenir-conciente se anuda, sobre to-
do, a las percepciones que nuestros órganos sensoriales obtienen del mundo ex-
terior” (FREUD, S., 1940a - Tomo XXIII, pag. 159). Sitúa la conciencia en la perife-
ria, entre el mundo exterior y los sistemas mnémicos: “...nuestro aparato de per-
cepción consta de dos estratos: una protección antiestímulo externa, destinada
a rebajar la magnitud de las excitaciones advinientes y, bajo ella, la superficie
receptora de estímulos5, el sistema P-Cc” (FREUD, S., 1925a - Tomo XIX, pags.
245-246). Al yo, mientras tanto, le asigna la misma situación periférica. En “El yo y
el ello” (1923b - tomo XIX, pag. 27), considera que “...el yo es la parte del ello alte-
rada por la influencia directa del mundo exterior, con mediación de P-Cc: por así
decir, es una continuación de la diferenciación de superficies”.

Con respecto a la atención, Freud (1950a) dice que su energía proviene del yo y
se orienta por las señales cualitativas proporcionadas por la conciencia. Sostiene
que mientras del estado de deseo nace una atracción hacia el objeto deseado, de
la vivencia de dolor resulta una repulsión a la imagen mnémica hostil. Estas son la

4- Las informaciones del llamado mundo interior corresponden a las sensaciones pertenecientes
a la serie placer-displacer y a las reviviscencias mnémicas.
5- El destacado es mio.

9
atracción de deseo primaria y la defensa primaria. La atracción de deseo primaria
es, entonces, la atención mientras que la defensa primaria es la represión6.

EN BUSCA DE LA CERTEZA

Si nos preguntáramos por qué percibimos podríamos encontrar una primer res-
puesta en Ortega y Gasset (1946). Él afirma que percibimos para conocer, y que
conocemos para salir de la duda y llegar a estar en lo cierto. Ahora, si lo que mue-
ve a percibir es la necesidad de salir de la duda, ¿qué es lo que provoca la duda?
Mientras “creencia” es aquello con que contamos, “idea” es lo que elaboramos en
vista de una falla en nuestras creencias, y esa falla es la que despierta la duda. De
modo que lo que nos mueve a percibir es, entonces, una falla en las creencias
que se acompaña de la sensación de incertidumbre, de perplejidad 7, senti-
miento que habitualmente permanece inconciente.

Aunque tal vez no sea necesario, subrayemos, de todos modos, que una falla en
las creencias es, en realidad, una contrariedad en nuestro vínculo con las cosas.

6- Al reunir estas ideas con las descripciones que nos brinda la Oftalmología, parece que algunas
estructuras que describe una disciplina se corresponden específicamente con sistemas que des-
cribe la otra. Por ejemplo, si consideramos que lo visual se arroga la representación de la per-
cepción en general, bien podría concebirse a la retina como al representante de la superficie
receptora de estímulos, lo que, desde uno de los puntos de vista del Psicoanálisis (Metapsico-
logía), sería el sistema percepción-conciencia, el núcleo del yo. Es decir que la retina represen-
taría el aspecto visual del sistema percepción-conciencia que se arrogaría la representación
del sistema completo. Del mismo modo, los párpados podrían atribuirse la representación de la
protección antiestímulo externa. Al respecto, Chiozza (1963e) (LUIS CHIOZZA CD, 1996 - re-
cord 221) dice que “en las formas biológicas superiores podemos suponer que la sustancia pre-
dispuesta para el catabolismo implícito en la percepción está claramente delimitada formando los
órganos sensoriales y sus equivalentes internos. Cuando un estímulo de intensidad excesiva, o la
reiteración continuada de estímulos de intensidad normal, carga hasta una cierta cuota esta parte
pre-dispuesta del aparato psíquico, ocurre un bloqueo defensivo normal y parcial durante el cual
se re-constituye este aparato sensorial, aprovechando aportes materiales que ¨ligan¨ la excitación
en un proceso anabólico. Este bloqueo o impermeabilización, que equivale a lo afirmado por
Freud en su concepto del aparato protector de estímulos, puede ser simplemente negación”. En
realidad , aclara, “se trataría en este caso de un fenómeno similar a la oclusión del párpado o al
cese de contacto, mientras que el término negación despierta la idea de habérsele agregado un
¨no¨ a algo que ya ¨entró¨”.
También podríamos desprender la conclusión de que la fóvea, el punto de la retina que "busca"
el objeto que interesa y "escapa" del que repugna, representa la atención o el aspecto visual de
la atención que se arroga la representación completa de ella. Aldous Huxley (1986) dedica un
libro a tratar el tema de la importancia de la movilidad de la atención. Sostiene que si la atención
se limita a una tarea insuficientemente motivada, la actividad vital disminuye. Por lo que se refiere
a la visión, continúa diciendo, "el movimiento continuo de la atención de una parte a otra del obje-
to inspeccionado se acompaña normalmente del movimiento correspondiente del aparato físico de
la sensación. La razón es simple. Las imágenes más claras se recogen en la zona macular del
centro de la retina, y particularmente en la diminuta fóvea centralis ... Para ser eficaz, la atención
debe estar continuamente en movimiento, y ... debido a la existencia de la fóvea centralis, los ojos
deben desplazarse continuamente lo mismo que la atención" (HUXLEY, A., 1986).
7- La palabra “perplejidad” (Del lat. perplexitas, -atis.) significa “Irresolución, confusión, duda de lo
que se debe hacer en una cosa” (DRAE CD, 1992).

10
Esa contrariedad la experimentamos como disconformidad, un sentimiento que
mueve a buscar información y acompaña a la necesidad, o al deseo, de producir
un cambio, que, como todo cambio, es, inevitablemente, una modificación en la
circunstancia y en las creencias.

Creencias y búsqueda de información, preceptos8 y percepción: un vínculo que no


nos resulta novedoso.

Ortega (1946) señala que al iniciar la labor de conocer vamos por algo que en
cierto modo ya tenemos. El conocimiento antes de empezar es ya una opinión de-
terminada sobre las cosas. En el mismo sentido, Chiozza (1992h) afirma que “toda
percepción moviliza una investidura, compromete un recuerdo que lleva implícito
un concepto, y transfiere una forma significativa” (LUIS CHIOZZA CD, record
10813). De ese modo, toda percepción es una interpretación y aunque per-
cepción y recuerdo se excluyen mutuamente de la conciencia, cada uno de ellos
lleva implícito al otro. Agrega además que así como la emergencia de un recuerdo
es siempre desencadenada por una percepción presente, a veces inconciente,
toda percepción presente se construye con la colaboración de un recuerdo casi
siempre inconciente. De modo que, “percibir no es, pues, solamente interpretar,
percibir es, además, simbolizar”9 (CHIOZZA, 1988a).

En efecto, lo que atañe a la vinculación entre percepción y preceptos no nos resul-


ta novedoso. Lo que ahora agregamos a ese díptico ya conocido es la idea de dis-
conformidad, que como una tercera faceta se agrega a las otras dos apariencias
de un fenómeno que, en sí mismo, es único.

Con respecto a esta tercera apariencia, con respecto a la disconformidad, en otra


oportunidad planteamos (CHIOZZA, L. y colab., 1992e - LUIS CHIOZZA CD - re-
cord 10040) que “si bien ... suele limitar nuestro contacto con la realidad y nuestra
posibilidad de conocerla, también ... puede proteger nuestra coherencia y conver-
tirse, además, en un motivo que nos ayuda a emprender los cambios necesarios”.
Podemos concluir entonces, que la disconformidad con la circunstancia es,
finalmente, lo que nos mueve a buscar la información que nos permita con-
formar un nuevo precepto que reemplace al anacrónico y nos devuelva la
conformidad que experimentamos como certeza, como definición.

8 - La palabra "precepto", del latín praeceptus, significa "disposición, mandato o regla relativos a
la conducta" (MOLINER, 1986). En este contexto, utilizaré el término "precepto" como sinó-
nimo del concepto de "creencia" que describe Ortega.
9- Chiozza nos recuerda que, según Ortega, “nadie ha visto jamás una naranja, porque todo lo
que podemos hacer en el presente de un acto perceptivo, es ver media naranja y suponer, me-
diante la colaboración de un recuerdo integrado en un concepto, la presencia de la otra mitad”
(CHIOZZA, 1988a - LUIS CHIOZZA CD, record 6715).

11
LA CAPACIDAD DE INFORMACIÓN

La Oftalmología sostiene que la función básica del ojo es la información. Como


sabemos, los estímulos luminosos producen en el ojo alteraciones fisiológicas.
Dichas alteraciones son, al mismo tiempo, datos10que configuran la información
visual. Pero el resto de los órganos de los sentidos funcionan de la misma manera,
es decir recibiendo estímulos que son datos que configuran la información especí-
fica de cada uno de ellos. De modo que si la información es la función básica del
ojo, también es la de los órganos de los sentidos en general.

El término “Informar” tiene tres acepciones (MOLINER, 1986):

1) “dar forma o realidad a una cosa”, en el sentido de “estar una cosa presente
constantemente en otra determinada, por ejemplo en la conducta de alguien, y ser
la que la caracteriza o define”, como por ejemplo cuando se dice “el resentimiento
informa su conducta”. Esta acepción se refiere a la definición, es decir a un as-
pecto del proceso de información -- el aspecto abstractivo --, aquel por medio del
cual se delimita, se indican los fines o límites (conceptuales) de un ente con res-
pecto a los demás. Dice Ferrater Mora (1954 - pag. 730) que “al llevar a cabo de
un modo consecuente esta delimitación alcanzamos la naturaleza esencial de la
cosa definida”. “Mientras la acción de discernir supone comprobación empírica de
la verdad o falsedad del objeto considerado, la de definir supone delimitación inte-
lectual de su esencia” 11(pag. 730). Ferrater Mora agrega que “es necesario que en
toda definición se agoten las notas consideradas esenciales del ente definido,
pues si falta alguna de ellas el objeto no queda propiamente 'situado' y puede fá-
cilmente confundirse con otro”12 (pag. 730).

2) “formar, educar”,

10- "Dato", "lo dado", "es la noticia de un detalle o circunstancia que sirve para ayudar a formar
idea de un asunto" (MOLINER, 1986). Para Corominas, "invención", deriva de invenire, "hallar",
que a su vez deriva de venire, "ven", "ir". Moliner (1986) dice que "inventar" significa "descubrir,
Idear. Encontrar la manera de hacer una cosa nueva, desconocida antes, o una nueva manera de
hacer algo. Imaginar". "Inventado" es lo "no real". Así vistas las cosas, podría pensarse que el
dato se relaciona con la llamada percepción, y su equivalente para el mundo interno es la inven-
ción. Justamente, recordemos en este punto que Borges, manifestaba una predilección que hacía
evidente el hecho de que su padecimiento era un desenlace y no el motivo de sus males. Borges
creia que la ceguera era “una liberación, una soledad propicia a las invenciones”. Si, Borges no-
taba la vinculación entre la liberación (malentendida), la predilección por el mundo de las inven-
ciones, la ceguera y la desdicha (Ver “Los Remordimientos” en pag. 29), pero seguramente no
debía creer “en serio” en esa vinculación, no debía darle toda la importancia que, efectivamente,
parece haber tenido en su vida.
11- Ferrater Mora ejemplica esta cuestión diciendo que “podemos discernir, por el gusto u otro
tipo de verificación empírica, si un objeto que parece ser un pedazo de pan es o no efectivamente
un pedazo de pan. Por otro lado, podemos establecer cuáles son las propiedades que debe po-
seer un pedazo de pan para que efectivamente lo sea y definir con ello la entidad pedazo de pan”
(FERRATER MORA, 1954, pag. 730).
12- El destacado es mio. Más adelante volveré a ocuparme del tema de la “definición” vinculada a
la “confusión”.

12
3) “dar a alguien datos sobre cierta cosa que le interesa”. Las dos últimas
acepciones subrayan el aspecto del proceso de información que corresponde al de
permitir la adaptación, es decir posibilitar que a partir de la idea abstraída de la
realidad pueda producirse la transformación: adquirir la forma que la circunstancia
impone y, además, actuar acertadamente sobre esa circunstancia.

Profundizando en el sentido de este segundo aspecto, encontramos que el diccio-


nario agrega que “inform-” es el principio de palabras relacionadas con “forma”, a
la que se añade los significados del prefijo “in”, en el sentido de

1) “privar”, como en “informal” e “informe” (sin forma), y de

2) “dar” o “comunicar”, como en “informar”.

De modo que el término “informe” designa tanto a lo que carece de forma como al
conjunto de datos que la comunica.

“Forma”, por su parte, significa “figura”, “manera de estar distribuida la materia de


un cuerpo por la cual se pueden distinguir unos de otros por la vista o el tacto”.
También es un “concepto contrapuesto a 'materia', que representa al elemento
que completa o determina a ésta para constituir el ser”.

Así que “forma” es significación, sentido, mientras que “información” es tanto la


acción de dar o recibir los datos que comunican esa significación, como el conjun-
13
to de ellos. “Información” es entonces, también, significado .

Me parece que en este punto se puede proponer una primera hipótesis que nos
permitiría un desarrollo interesante. Los órganos de los sentidos se prestan
para representar la posibilidad yoica de abstraer y dejarse impresionar por
formas. La existencia física de los órganos de los sentidos vinculados a los estí-
mulos del entorno, y la existencia histórica de un aspecto yoico que abstrae e in-
corpora formas, nos permitirían pensar en una misma fantasía inconciente, una
fantasía de “información” que implica, a su vez, una “capacidad de informa-
ción”. Se trataría de una capacidad inconciente que puede manifestarse a la con-
ciencia, desde un punto de vista histórico, como posibilidad yoica de abstraer e
incorporar formas adecuadamente, y, desde un punto de vista físico, como
funcionamiento sano de los órganos de los sentidos. Agreguemos que la in-
corporación adecuada de formas debe acompañarse de un sentimiento, habitual-
mente inconciente, de definición, en el sentido de lo-que-uno-es, en el sentido de
sentirse definido.

13- En este trabajo utilizaré el término “información” en este sentido, en el de que información es
significado y no con el alcance que habitualmente le damos entre nosotros de insignificancia, no
con la idea de dato “vacío” que se acumula como una defensa frente a lo que importa y preferi-
mos ignorar.

13
Recordemos que Chiozza (1964a - LUIS CHIOZZA CD, record 980) sostiene que
“el crecimiento, la asimilación y más aún la identidad, es decir aquello que viene a
ser el resultado de una particular e individual manera de la existencia, se con-
figura en un doble proceso. Hay un polo o aspecto visual-ideal del yo a través del
cual se incorpora una impresión, un estímulo. Provenga de nuestro interior he-
redado o del mundo externo, este estímulo crea una huella, y es una forma que
queda impresa mediante una inevitable destrucción parcial del aparato perceptor...
Hay otro aspecto o polo hepático-material del yo, a través del cual se incorpora
sustancia, alimento. Provenga del exterior o de nuestro propio cuerpo, con ese al-
imento se rellena esa huella, se construye sobre ella de tal manera que el yo crece
a imagen y semejanza de los estímulos --sean internos o externos -- que lo con-
forman”.

Por otra parte, decíamos en otro momento (CHIOZZA, L. y colab., 1992e) que el
“ser uno mismo” o “ser lo que se debe” es el producto de una conformidad ade-
cuada en la que nos conformamos y conformamos la circunstancia en una influen-
cia recíproca.

Pero para poder conformarnos necesitamos informarnos. Si una conformidad ade-


cuada implica una conformación recíproca con la circunstancia, mantenernos en
forma requiere que el funcionamiento adecuado de nuestra “capacidad de infor-
mación” nos permita, tolerando los límites, admitir la influencia de la circunstancia
para iniciar un proceso que, de marchar bien, nos llevará a adquirir la forma que la
circunstancia impone y que nos define, y nos permitirá influir acertadamente en la
circunstancia a través de nuestras acciones.

CAPACIDAD DE INFORMACIÓN Y SENSATEZ

Gustavo Chiozza y colaboradores (1993) subrayaron que la representación de un


objeto no es la memoria de una percepción del objeto sino la experiencia confor-
mada a través de todas las percepciones de ese objeto o de otros del mismo tipo.
Agregan que “la experiencia no consiste sólo en huellas de percepción, sino tam-
bién en un particular 'estilo' o 'criterio' según el cual las huellas se organizan”. Esos
estilos o criterios son los prejuicios que “somos”, los que configuran al yo constitu-
yendo el carácter. Finalmente, concluyen que los órganos de la percepción apor-
tan los datos con los cuales el yo, en un trabajo hepático y según modelos de
experiencias pasadas, conforma la experiencia.

Durante la presentación de aquel trabajo, Luis Chiozza dijo que pensaba que el
tema de la organización de los datos en la configuración de una experiencia
le parecía fundamental. Recordó el modelo con el que en “Psicoanálisis de los
trastornos hepáticos” (1963e - LUIS CHIOZZA CD, record 242) se refería al yo
fetal: “Concebimos al yo como si fuera un imán con dos polos, uno visual-ideal y
otro hepático-material; cuando este yo se disocia, al yo que contiene el polo hepá-
tico le queda un 'pequeño' polo visual, y al 'yo' visual le queda un 'pequeño' polo
hepático. Sólo de esta manera pueden existir y mantener relaciones entre sí”.
Continuó aquel comentario diciendo que ese aspecto hepático material del polo vi-

14
sual ideal disociado, configura un tipo particular de organización de las experien-
cias sensoriales, y agregó que habría un término privilegiado para referirse al mo-
do en que se organizan las experiencias sensoriales, un término que alude a una
cualidad psíquica de la que, naturalmente, algunas personas disponen más y otras
menos: la sensatez. De modo que sensato no es sólo el que puede usar los senti-
dos sino el que organiza sus experiencias armónicamente.

Los diccionarios coinciden en afirmar que tanto “sensatez” como “sentir” derivan
del latín sentire, “percibir por los sentidos”. Del término “sensato”, Moliner (1986)
dice que se aplica a la persona que piensa, habla y obra de manera acertada o
conveniente, sin cometer ligerezas o imprudencias, y a las palabras y hechos en
que se muestra esa manera de ser. Es sinónimo de “acertado”, “cuerdo”, “equili-
brado”, “formal”, “prudente”. Para el Diccionario de la Real Academia española
(1950) la palabra “sensato” se utiliza para referirse a alguien que dispone de un
“buen juicio”.

Es decir que los diccionarios, para referirse al significado del término “sensatez”,
describen los efectos y las manifestaciones del ejercicio de esa capacidad. Si a las
definiciones les agregamos las afirmaciones de Chiozza y todo lo dicho hasta aquí,
creo que podemos concluir que la “sensatez” es la cualidad con que se presenta a
la conciencia lo que hemos dado en llamar la capacidad de información, la capa-
cidad yoica de organizar armónicamente los datos sensoriales para configu-
rar adecuadamente las representaciones, las experiencias, capacidad que, si
es adecuada, permite un buen juicio y un accionar acertado.

Volviendo sobre la hipótesis del apartado anterior, parece posible pensar en la


existencia de una “capacidad de información” inconciente que puede manifes-
tarse a la conciencia, desde un punto de físico, como funcionamiento sano de
los órganos de los sentidos, y desde un punto de vista histórico como la cuali-
dad que llamamos “sensatez”.

La sensatez nos ayuda a mantenernos en forma. Al permitir que nos informemos


adecuadamente, nos facilita adquirir la forma que la circunstancia impone y que
nos define y, al mismo tiempo, nos posibilita influir convenientemente en tal cir-
cunstancia gracias a un accionar acertado.

Finalmente, como hemos visto, lo percibido es el fruto del encuentro entre precep-
tos y datos. En otras palabras, lo percibido es un producto de la relación dialéctica
entre nuestros preceptos y el existente que denominamos realidad. Pero cuando
se nos hace imposible mantener armónica esa relación porque no toleramos los
límites, porque no podemos resignar nuestros deseos, la frustración empieza a
doler. Para defendernos de esa frustración, tratamos de fantasear con una reali-
dad más acorde a nuestros deseos, una realidad idealizada de un modo que nos
permite vivir, insensatamente, la ilusión momentánea de que estamos satisfacien-
do nuestras necesidades. Claro que esa ilusión nos aleja de la realidad, es decir
nos impide acceder a la verdadera satisfacción, nos arruina y nos dificulta cada

15
vez más la transformación (de preceptos y circunstancia) que nos permitiría termi-
nar con esa irritación creciente que nos hace sufrir.

LOS LÍMITES

Wyss (1947) destaca el hecho de que lo que existe más allá de la conciencia es
un todo continuo y homogéneo. Somos nosotros los que rompemos esa continui-
dad separando de ese todo los objetos individuales que tienen importancia para
nuestras acciones. Así, pues, la percepción aísla los objetos en el espacio.

Enrique Obstfeld (1980) sostiene que ver claramente el objeto, conocerlo, implica
percibirlo como distinto. La conciencia surge, entonces, junto al sentimiento de
soledad y a la vivencia del límite o pobreza del yo.

En mi opinión, la cuestión de los límites14no sólo compromete el ejercicio de la per-


cepción visual sino también el de la percepción en general. Chiozza (1983) dice
que las “puertas de entrada”, constituidas por nuestros órganos sensoriales, limi-
tan la adquisición de los “datos” a partir de los cuales construimos el mapa o mo-
delo del territorio. Nuestra herramienta “orgánica” es por lo tanto un primer límite
en la construcción de nuestros modelos del mundo.

La existencia de modelos previos constituye un segundo límite. La limitación que


todo modelo implica, equivale a un criterio de selección, es decir a lo que llama-
mos “interpretación de una importancia”, y constituye el reino único del sentido. El
significado no es otra cosa que significancia a pequeña cantidad.

Un tercer límite lo encontramos en ese corpus normativo, residuo de nuestra con-


vivencia pasada. No sólo existe bajo la forma de un consenso público sino que se
materializa en estructuras tan elaboradas como, por ejemplo, el idioma.

De modo que percibir-concientizar implica la tolerancia y la aceptación de los


límites que impone el proceso de otorgamiento de sentido.

Rollo May (1975) también se ocupa del tema. Dice que el conocimiento surge de la
tensión dialéctica entre las posibilidades y las limitaciones. Los niños conocen los
límites cuando experimentan que la pelota es diferente de ellos mismos; la madre
es un factor limitante cuando no los alimenta. A través de una multitud de expe-
riencias limitativas aprenden a desarrollar la capacidad de diferenciarse de las co-
sas y de los objetos y a diferir la gratificación. Afirma que si no hubiera límites no
habría conciencia.

14- El término "límite" (Del lat. limes, deriv. de limus, atravesado) quiere decir "línea o momento
que señala la separación entre dos cosas". A su vez, "Separar" significa, por un lado, “poner fuera
del contacto o proximidad” y, por otro, "distinguir” (MOLINER, 1986). De modo que "límite" es la
línea o momento que permite distinguir.

16
Claro que el reconocimiento de un límite es, a su vez, el resultado de la lucha con-
tra un límite. Rollo May (1975) agrega que no es casual que el mito que describe
el nacimiento de la conciencia humana, el mito de Adán y Eva, cuente la historia
de una rebelión. La conciencia nace de la lucha contra un límite, que allí se llama
prohibición. La superación del límite impuesto por Jehová es “castigada” con la ad-
quisición de otros límites, pero de esta experiencia de rebelión también surgen
cualidades valiosas como el sentido de responsabilidad. Para la personalidad hu-
mana la confrontación de límites resulta ser, en realidad, expansiva.

Los límites son tan necesarios como los que establecen las márgenes de un río,
sin las cuales las aguas se desparramarían sobre la tierra y no existiría ningún río.
El río se constituye por la tensión entre el agua que fluye y las márgenes.

Las limitaciones, como las márgenes de un río, constriñen la espontaneidad dentro


de las diversas formas que son esenciales para la percepción-conciencia.

El significado de los límites, dice Rollo May (1975), se ve con mayor claridad
cuando consideramos el problema de la forma. Si dibujáramos un conejo en el
pizarrón, quienes observen dirían “hay un conejo”. En realidad no habría nada en
el pizarrón excepto un sencillo trazo. El observador sólo vería la línea trazada, la
línea que limita un contenido, la línea que dice qué espacio está dentro de la figura
y cuál fuera. La línea es un mero límite para esa forma particular. Pero en ese limi-
tar existe algo inmaterial. De ahí que la forma, y de modo similar, el diseño, el
plano y el modelo es el significado (inmaterial) presente en los límites.

De modo que el tema de los límites nos introduce en el tema de la significación.


Los límites no sólo separan sino que también relacionan15, es decir que refieren
un hecho o una cosa a cierto fin. Los límites también son conexión, corres-
pondencia de una cosa con otra. De modo que, sintetizando, los límites no sólo
separan sino que también constituyen una relación que es significado. Lo
que Rollo May (1975) llama el carácter inmaterial de los límites, lo que von Uexkül
(1934) describe como la función “contenida” en las líneas, es “el significado”, la
forma que las líneas delimitan.

Pero el reconocimiento de límites suelen acompañarse de los dolorosos sentimien-


tos de soledad y pobreza, y si bien la conciencia siempre surge junto a esas vi-
vencias, cuando nos resultan insoportables solemos desdibujar los límites con una
nube de confusión.

15- El término (MOLINER, 1986) "relación" significa "conexión, correspondencia de una cosa con
otra" y también "acción o efecto de referir un hecho o una cosa a cierto fin", es decir sentido. De
ese modo, conviene tener presente que, lo sepamos o no, nuestras relaciones nos dan sentido,
es decir que las relaciones en que convivimos nos definen, en general, mientras que algu-
nas de ellas dan la esencia de quienes somos.

17
EL SENTIMIENTO DE CONFUSIÓN

La pérdida, el borramiento16, el desvanecimiento de los límites es un modo privile-


giado de la represión que muchas veces nos permite, pagando con confusión,
comprar la posibilidad de desconocer un significado que nos resulta doloroso. Si
recordamos que, como concluíamos páginas atrás, lo que nos mueve a percibir es
la confusión, podemos comprender que esa confusión de la que partimos repre-
senta el “lugar” al que queremos regresar cuando lo que hemos “visto” nos resulta
conflictivo.

Para la etimología de la palabra “confundir”, Corominas (1961) nos remite al tér-


mino “fundir”, tomado del latín fundere, “derretir, fundir”, propiamente “derramar”,
“desparramar”. Tanto el término “confundir” como la palabra “arruinar” provienen
de la misma raíz, fundere. El latín confundere, a su vez, significa “mezclar, enre-
dar, hacer confuso”. Moliner (1986) dice que “confundir” quiere decir “borrar o ha-
cer desaparecer los límites o perfiles de las cosas, de modo que no se vea
su separación”. La “confusión” es “falta de claridad”, “equivocación, desorden”, y
el “confuso” es un “perplejo17, indeciso”.

Tal vez ya estamos en condiciones de trazar una nueva hipótesis. La confusión es


un afecto típico y universal que suele alcanzar la conciencia y adquirir la categoría
de sentimiento, como cuando, por ejemplo, decimos que nos sentimos con-
fundidos. Este sentimiento se nomina con una palabra que alude al borramiento, a
la desaparición de los límites, porque los trastornos que derivan en lo que la con-
ciencia categoriza como la pérdida o la dificultad para registrar los datos con niti-
dez (desde otro punto de vista, la insensatez), se arrogan la representación del
proceso afectivo completo.

Podemos pensar que el sentimiento de confusión se acompaña de una pequeña


disfunción de los órganos de los sentidos, o del órgano sensorial que prima en un
determinado proceso de incorporación de datos. Tal disfunción, que normalmente
no llega a ser categorizada como tal, formaría parte de la clave de inervación del
sentimiento de confusión. Pero cuando la conciencia de este afecto se hace in-
tolerable18, el desplazamiento “dentro” de la “clave de inervación” conduce a que el

16- El término "borrar" (MOLINER, 1986) significa "hacer rayas sobre lo escrito para que no pue-
da leerse", "desvanecer, hacer que desaparezca una cosa". Por otra parte, el término "borroso" es
un concepto filosófico que Ferrater Mora (1954) define diciendo que está estrechamente vincula-
do con el de "vaguedad". "En principio, no hay diferencia entre ambos conceptos, pudiendo decir-
se igualmente que una idea es vaga o borrosa o que una proposición (o la significación de una
proposición) es vaga o borrosa. En ambos casos hay, para decirlo en el lenguaje fotográfico, falta
de definición -- que es falta de límites precisos --. Lo vago o borroso no es necesariamente lo
que está desenfocado; es lo que es difuso. Lo contrario de lo borroso o vago es, en este
caso, lo nítido o lo bien definido".
17- Recordemos también que, como ya habíamos concluido, lo que nos mueve a percibir es una
falla en las creencias que se acompaña de la sensación de incertidumbre, de perplejidad.
18- Más adelante nos ocuparemos de las circunstancias que llevan a que el sentimiento compro-
metido en los trastornos visuales no pueda ser experimentado por lo insoportable de su concien-

18
proceso de descarga deforme la configuración de la “confusión”, de manera que,
al ingresar en la conciencia, privada de su significado emotivo, adquiere allí la ca-
tegoría de una patología en alguno de los órganos de los sentidos.

cia, las circunstancias que conducen a la desestructuración de su clave. Esas circunstancias


serían las mismas que acarrean la desestructuración del sentimiento de confusión.

19
ACERCA DE LO VISUAL

LA IDEALIZACIÓN19

Hemos postulado la existencia de una “capacidad de información” inconciente


que puede manifestarse a la conciencia, desde un punto de físico, como funcio-
namiento sano de los órganos de los sentidos, y desde un punto de vista his-
tórico como la cualidad que llamamos “sensatez”.

Tomando como base esa postulación, y considerando que la vista es uno de los
cinco sentidos, podemos trazar la hipótesis de que esa capacidad de información
tiene un aspecto, un “gajo” que se presenta a la conciencia como funcionamiento
sano de los órganos de la visión.

La palabra “idea” , tomada del griego “idéa”, “imagen ideal de un objeto”, deriva de
“eidon”, “yo vi”, hermano del latín “videre”, que significa “ver” (COROMINAS,
1961). Esto parece indicar que tanto para internarnos en el estudio de “lo visual”
como para comprender el significado de los órganos de la visión, debemos pro-
fundizar en el proceso por el cual se conforman las ideas.

Bateson (1972) sostiene “que la palabra ‘idea’, en su sentido más elemental, es


sinónimo de ‘diferencia’ ” (pag. 483). ¿Qué es una diferencia? Pensemos en la
construcción de un mapa a partir de un determinado territorio. “Si el territorio fuera
uniforme, nada de él entraría en el mapa, salvo sus fronteras, que son los puntos
en que cesa de ser uniforme por comparación con otra matriz de mayor dimensión.
Lo que pasa al mapa, de hecho, es la diferencia” (pag. 482). Pero una diferencia
no es una cosa ni un suceso, no puede ser localizada ni en el espacio ni en el
tiempo cronológico. Una diferencia es algo abstracto. La diferencia es lo que entra
en el mapa proviniendo del territorio. Ver las cosas de este modo nos conduce,
inevitablemente, a tener que concebir un proceso por el cual se produciría tal pa-
saje del territorio al mapa.

Con respecto a ese proceso, el autor argumenta que en un trozo de tiza, por
ejemplo, “existe un número infinito de diferencias alrededor de y dentro del trozo
de tiza. Hay diferencias entre la tiza y el resto del universo, entre la tiza y el sol y la
luna. Y dentro del trozo de tiza, para cada molécula existe un número infinito de
diferencias entre su localización y las localizaciones en las que pudo encontrarse.
De esa infinitud, elegimos un número muy limitado, que se convierte en informa-
ción. De hecho, lo que entendemos por información -- la unidad elemental de in-
formación -- es una diferencia que hace una diferencia” (pag. 484). Sintetizan-
do: “lo que se traslada del territorio al mapa son transformaciones de diferencias y
... estas diferencias (seleccionadas de alguna manera) son ideas elementales”
(pag. 488).

19- La mayor parte de las ideas expuestas en este apartado fueron desarrolladas por el doctor
Luis Chiozza en un seminario que dictó el día jueves 5 de junio de 1966 en el CWCM.

20
Si las ideas son el resultado del proceso por el que se traslada del territorio al ma-
pa, y considerando que al proceso por el que concretamos las ideas lo llamamos
“materialización”, ¿podríamos llamar “idealización” a esa abstracción20 del territorio
que resulta un mapa?

Para los diccionarios “formar idea de una cosa” es “idear”, mientras que “idealiza-
ción” es la acción y efecto de “ver, presentar o representar las cosas como perfec-
tas o como mejores de como son en realidad” (MOLINER, 1986). Así planteadas
las cosas, se trataría de procesos distintos y no de un proceso único en el que
existen los grises. Por otro lado, desde ese punto de vista las ideas sólo son o
correctas o deformadas. Las correctas son fruto de la ideación, y las malformadas
son el producto de un procedimiento defectuoso llamado “idealización”.

Nosotros, los psicoanalistas, solemos pensar que “idealización” es un proceso de-


fensivo “en virtud del cual se llevan a la perfección las cualidades y el valor del
objeto” (LAPLANCHE y PONTALIS, 1971). Sin embargo, cuando Freud se ocupa
de la cuestión, parece estar pensando en un gradiente. En “La negación” (1925h)
dice que “la reproducción de una percepción como imagen no es siempre su repe-
tición exacta y fiel, puede estar modificada por omisiones y alterada por la fusión
de distintos elementos. El examen de la realidad debe entonces comprobar hasta
dónde alcanzan tales deformaciones21. Pero descubrimos, como condición del
desarrollo del examen de la realidad, la pérdida de objetos que un día procuraron
una satisfacción real” (SIGMUND FREUD CD, record 9772)22.

Parece entonces que existe una capacidad, mayor o menor, de abstraer de las
cosas lo que las define. La palabra “idear”, en ese sentido, parece aludir al ejerci-
cio más eficiente de esa capacidad, a una hipotética aptitud para concebir una
idea que sea repetición exacta y fiel de un determinado recorte de la realidad. Cla-
ro que las deformaciones a las que se refiere Freud son, obviamente, inevitables.

Así que al proceso por el que se produce la mudanza de territorio a mapa lo po-
demos llamar “idealización” y, si bien podemos decir que “idealizar” es un modo de
defenderse de la frustración haciéndose una idea de las cosas en la que las dife-
rencias seleccionadas que coinciden con lo deseado predominan -- a veces de
manera excesiva -- sobre las que resultan desagradables, tendremos que admitir

20- Abstraer, del lat. abstrahere, significa separar por medio de una operación intelectual las
cualidades de un objeto para considerarlas aisladamente o para considerar el mismo objeto en su
pura esencia o noción (DRAE, 1992).
21- El detacado es mio
22- José L. Etcheverry traduce el mismo párrafo de la siguiente manera: “No siempre, al reprodu-
cirse la percepción en la representación, se la repite con fidelidad; puede resultar modificada por
omisiones, alterada por contaminaciones de diferentes elementos. El examen de realidad tiene
que controlar el alcance de tales disfiguraciones. Ahora bien, discernimos una condición para
que se instituya el examen de realidad: tienen que haberse perdido objetos que antaño procura-
ron una satisfacción objetiva {real}” (pag. 255-256).

21
que esa idealización, que tiene las características de un idealización secundaria,
se “apoya” en otra parte del proceso que parece más primaria.

Si idea y materia son dos aspectos del existente con el que nos relacionamos, la
idealización es una creación equivalente a la de la materialización. Mientras mate-
rializar es construir a partir de una idea que quedará “incluida” en lo materializado,
idealizar es abstraer de la materia la idea “contenida” en ella. En ese sentido, idea-
lizar es el proceso por el cual concebimos una idea abstrayendo diferencias del
territorio, es decir, definiendo. Recordemos que definir algo es establecer la deli-
mitación intelectual de su esencia.

La idea “madre”, por ejemplo, es el producto de haber podido sintetizar lo que tie-
nen todas las madres en común, de haber podido abstraer lo que las define. Ese
proceso de selección y síntesis de las diferencias es idealización. Mientras “lo
hepático” representa el proceso por el cual materializamos, el proceso de
idealizar queda representado por “lo visual”.

De modo que, volviendo sobre la hipótesis que formuláramos al comenzar el apar-


tado, podemos decir que la capacidad de información tiene un aspecto, un “gajo”
que se presenta a la conciencia como funcionamiento sano de los órganos de la
visión o como definición, parte que podemos denominar “capacidad de idealiza-
ción”. Recordemos en este punto que antes veíamos que sensato no es sólo el
que puede usar los sentidos sino el que organiza sus experiencias armónica-
mente. Ahora podemos agregar que la definición, un aspecto de la sensatez, es
la que nos permite concebir armónicamente las ideas que somos y con las
que nos vinculamos al mundo que nos rodea.

Muchas de las frustraciones que sufrimos nos ocurren porque en el proceso de


idealizar, la idealización defensiva, que es indefinición23, se hace excesiva. Así le
ocurre al bebé que se chupa el pulgar y que con ese pequeño pedazo de presen-
cia concibe la idea de un pecho que, en realidad, no sólo no lo alimenta sino que,
además, lo precipita en la reactivación de una huella mnémica que es dolorosa.

¿Y qué es lo que lleva a que esta selección de las diferencias se incline tanto más
en el sentido de las que coinciden con lo deseado? La medida en que se puede
soportar la carencia. Si la presión de la carencia se le hace insoportable, el bebé
se ve impedido de tolerar la adecuada confrontación con la realidad. De ese modo,
concibe una idea que se hace presencia alucinada. El bebé ya no puede darse
cuenta de que piensa en lugar de experimentar. Sólo el dolor lo enfrentará con la
evidencia de no haber vivido nada, con la prueba de que en lugar de experimentar
pensó de una manera especial, es decir alucinó. Al respecto, dice Freud que “la
activación desiderativa produce en primer término algo similar a una percepción, o
sea, una alucinación. Si ésta lleva a la realización del acto reflejo, su consecuencia

23- Recordemos que, como vimos antes, Ferrater Mora nos aclara que “es necesario que en toda
definición se agoten las notas consideradas esenciales del ente definido, pues si falta alguna de
ellas el objeto no queda propiamente 'situado' y puede fácilmente confundirse con otro”

22
ineludible será la defraudación” (FREUD, 1950a - SIGMUND FREUD CD, record
759). Alude de este modo a las consecuencias de no poder tolerar el límite que
difiere la gratificación, de no poder sostener la espera necesaria como para con-
frontar los planos con el territorio.

Al adulto, la presión de la carencia lo mueve a fantasear24. Claro que al aumentar


esa presión, mientras imagina sin materializar, al no cotejar, va concibiendo una
idea que contiene cada vez más elementos de los que coinciden con el deseo y
menos de los que concuerdan con la realidad. De ese modo también va perdien-
do, cada vez más, la facultad de distinguir entre fantasía, alucinación y realidad, y,
sin darse cuenta, se fortalece en su intento de satisfacer las necesidades por me-
dio del rodeo regresivo de la alucinación. Encerrado en un círculo vicioso, como
en el fondo se siente incapacitado de materializar, persiste en una idealización que
lo aleja cada vez más de la posibilidad de materializarla. De ese modo, la insatis-
facción que resulta de no materializar, cada día lo aleja más de los objetos -- los
únicos que podrían darle satisfacción -- y lo arroja en una idealización que crece y
crece.

Ese es el modo en el que podemos llegar a concebir nuestra realidad sólo con el
molde del deseo, sin darnos cuenta que mientras nos rodeamos de un mundo de
utilería creado para que en él exista sólo lo que coincide con nuestras expectati-
vas, lo único que cada día resulta más insoportable es la insatisfacción. Con esa
modalidad, si al hacernos una idea tenemos que enfrentarnos con algo que moles-
ta, con algo que no coincide con lo que imaginamos, sencillamente no lo tenemos
en cuenta, es decir, lo negamos.

Todo lo contrario de cuando concretamos oportunamente nuestros proyectos en-


frentando la inevitable desilusión que implica toda materialización. Y digo inevita-
ble porque, si graficáramos la cuestión, podríamos decir que la ilusión es el “tra-
mo” que media entre nuestros planes y su realización y la desilusión, la confron-
tación de nuestros proyectos con la posibilidad de concretarlos, con la realidad.

Cuando materializamos “a tiempo” podemos ir corrigiendo nuestras ideas sobre


una determinada cuestión con cierta facilidad. Es decir que, si bien es necesario
postergar la descarga, hay un término óptimo de espera en el que la idea debe ser
llevada a su materialización.

En ese sentido vale la pena subrayar que materializar, definir y definirse son distin-
tos aspectos de un mismo fenómeno. Lo que materializamos, para bien y para
mal, en lo definitivo de su concreción, resulta una definición de la que nace la ex-

24- En "Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico" (1911b) Freud dice que
“Con la instauración del principio de la realidad quedó disociada una cierta actividad mental que
permanecía libre de toda confrontación con la realidad y sometida exclusivamente al principio del
placer. Esta actividad es el fantasear, que ya se inicia en los juegos infantiles, para continuarse
posteriormente como sueños diurnos abandonando la dependencia de los objetos reales”
(SIGMUND FREUD CD, record 5598).

23
periencia, que nos hace tomar posición frente a nuevas situaciones y que nos de-
fine como fogueados de una particular manera.

Cuanto más vivimos atrapados en nuestras ilusiones, y en un mundo en que lo


soñado se distanció sensiblemente de nuestra capacidad de concretarlo, nada de
lo que el mundo nos ofrece nos deja lo suficientemente convencidos de que po-
demos arrancar en el proceso de materializar. Todo nos parece poco, y definirnos
nos resulta imposible, lo vivimos como un desperdicio porque sentimos que lo que
podemos dista mucho de lo que soñamos... Y a eso se agrega que a veces esa
indefinición nos resulta, además, insoportable. Sobre esto último volveremos más
adelante.

SOBRE EL SENTIDO DE LA AGUDEZA VISUAL25

Por “agudeza” se entiende la sutileza de los sentidos. En el caso de la “agudeza


visual”, se trata de la habilidad del individuo para distinguir los componentes es-
trechamente contiguos de un objetivo visual, habilidad que depende de la llamada
definición óptica, que es la capacidad que permite separar los detalles.

“Nítido”26 significa “claro o bien definido” y figuradamente se utiliza, por ejemplo,


para referirse a las conductas sin ninguna clase de sombra u oscuridad (MO-
LINER, 1986). Comparte la raíz nítidus con el término “neto”, que significa “claro,
por ser limpios sus perfiles”. “Netamente” quiere decir “sin confusión o sin du-
da”. De modo que en la descripción del significado del término “nitidez” volvemos
a dar (ya lo habíamos encontrado en el de la palabra “confusión”27) con la vincula-
ción entre la precisión de los límites, la definición del objeto de la percepción, y
la resolución (en el sentido de “decisión”, de la que nace de la ausencia de duda).

El término “definido”
1) se aplica a cosas que se aprecian por los sentidos, particularmente por el de la
vista, sin posibilidad de confusión con lo que las rodea.
2) Pero la “definición” es, asimismo, la resolución de una cuestión por alguien con
autoridad para darla.
3) Definir (Del latín definire, de finis, límite) es, además, “explicar lo que es una
cosa”, “precisar”.

25- Algunas de las ideas de este apartado ya fueron publicadas en un trabajo presentado en el
Simposio de 1996 del CWCM, trabajo en el que comuniqué una corrección y algunos agregados
que incluí en esta investigación a partir de las cuestiones que el Dr. Luis Chiozza me señaló du-
rante la presentación de “Acerca de lo visual (primera aproximación)” de abril de 1994.
26- Para Freud (1950a) “la vivacidad de la alucinación es directamente proporcional a la impor-
tancia (es decir, a la catexia cuantitativa) de la idea respectiva”. Mientras la nitidez depende del
interés, la vivacidad de la percepción depende de la importancia de la idea comprometida
(SIGMUND FREUD CD, record 837).
27- Moliner (1986) dice que "confundir" quiere decir "borrar o hacer desaparecer los límites o
perfiles de las cosas, de modo que no se vea su separación". La "confusión" es "falta de clari-
dad", "equivocación, desorden", y el "confuso" es un "perplejo, indeciso".

24
4) También quiere decir “expresar alguien sin vaguedad cual es su opinión en cier-
to asunto” (MOLINER, 1986), es decir, definirse, en el sentido de tomar posición,
de comprometerse.

Unificando el sentido de las distintas acepciones, creo que se puede afirmar que la
ausencia de conflictos entre nuestro mundo de preceptos y nuestras necesidades
nos permite percibir con precisión y resolver adecuadamente las cuestiones que
se nos presentan. Resolución que alcanzamos con conductas definidas a través
de las que, sin que lo sepamos, nos definimos, es decir integramos nuevas ideas
en el conjunto de preceptos que nos conforma y, al mismo tiempo, asumimos po-
siciones que nos comprometen con quienes compartimos un determinado consen-
so y con quienes establecemos las relaciones que nos definen, esos vínculos
por los que, en esencia, somos quienes somos.

Precisamos (definimos) convenientemente cuando lo que precisamos (necesita-


mos) no nos despierta conflicto. Pero cuando un nuevo dato, vinculado con algo
que precisamos (necesitamos), reclama definición, precisión, y no logramos incluir-
lo en el sistema coherente de preceptos porque colisiona con otros que, de ese
modo, exigen ser modificados, los límites nos resultan insoportables y nos senti-
mos confundidos e irresolutos.

La falta de resolución (indecisión) duele pero también es cierto que, a la vez, resul-
ta un bálsamo que nos permite postergar el enfrentamiento con la crisis. No es,
como solemos pensar, que la confusión nos impide incorporar adecuadamente la
información sino que la confusión nos defiende de un estímulo que nos resulta
traumático, por la incapacidad de integrarlo con nuestro sistema de preceptos28. Y
nos sentimos confundidos cuando prevemos que la resolución de lo que precisa-
mos destruye una ilusión infantil.

Desdibujamos los límites del objeto que precisamos porque para satisfacer la nue-
va necesidad se nos impone un cambio. Es la ocasión de rectificar los preceptos
anacrónicos, pero cuando la magnitud del cambio nos supera pretendemos obte-
ner lo que precisamos sin vernos obligados a tener que modificar lo que nos defi-
ne. El resultado es la falta de definición en nuestros propósitos (la torpeza), la falta
de definición en nuestras conductas (que malogra la opinión que los demás tienen
de nosotros) y, además, la presencia de una necesidad que permanece insatisfe-
cha.

28- La confusión sería un modo de la negación, una “herramienta” defensiva que utilizamos cuan-
do, parafraseando a Chiozza (1964a), sufrimos el “contacto doloroso con la realidad material que
se resiste a nuestros sueños” (LUIS CHIOZZA CD, record 979). La confusión permite, del mismo
modo que lo que llamamos represión, mantener el conocimiento del “objeto” de nuestro interés
detrás de una cortina que desdibuja sus límites, su importancia. La conciencia clara, el conoci-
miento definido, es la salida de esa represión. Se hacen precisas nuestras necesidades, se defi-
nen nuestras posibilidades y, cuando el asunto recupera la importancia perdida, se facilitan las
resoluciones.

25
Una de las maneras de “generar” la confusión con la que nos defendemos, es a
través del borramiento, de la desaparición de los límites del nuevo dato de modo
que no se distinga la separación que permite definirlo. Entendemos una cosa por
otra, producimos, por decirlo así, un “malentendido visual”: la indefinición. Chiozza
dice (1983c) que “cuando el analista no encuentra la interpretación acertada, pero
es capaz sin embargo de ofrecer un significado más congruente con el contexto,
significado que podría conducir paulatinamente a la tarea en la dirección adecua-
da, el paciente recurre al retículo referencial inconsciente que la Torre de Babel
simboliza y produce un malentendido. Entre las posibilidades que brinda la Torre
de Babel, existe aquella que Bion denomina revertir la perspectiva” (LUIS CHIOZ-
ZA CD , record 4838). Creo que, del mismo modo, se puede pensar que también
recurrimos al retículo referencial inconsciente que la Torre de Babel simboliza
cuando producimos una confusión, y que, en ese mismo sentido, como un modo
de la confusión, otra de las posibilidades que brinda la Torre de Babel es la de la
indefinición.

Una vez “borrados” los límites por la indefinición, sólo pueden volver a recuperarse
con una adecuada elaboración. A través de ella se van perfilando hasta configurar
una definición que ocurre al tiempo que se logra la integración de la nueva infor-
mación con el conjunto de preceptos.

Parece, entonces, que podríamos concluir que la agudeza visual queda relaciona-
da con la definición. De ser efectivamente así, la capacidad inconciente de ideali-
zación, el aspecto visual de la capacidad inconciente de información, se manifes-
taría a la conciencia, desde un punto de vista físico, como funcionamiento sano
de los órganos de la visión, que se expresa como agudeza visual normal, y
desde un punto de vista histórico como “definición”. En este caso me refiero a la
“definición” como una determinada cualidad, como una característica que forma
parte de lo que en otro lugar hemos descripto como “sensatez”. Lo aclaro, por que
también quiero referirme a la definición como sentimiento, como cuando decimos
que nos sentimos resueltos.

Respecto de este sentimiento, podemos agregar que siempre permanece incon-


ciente. Si a veces decimos que nos sentimos definidos, resueltos, es porque, sin
darnos cuenta, estamos pasando por encima de una cierta indefinición que vivi-
mos como una amenaza de parálisis. El sentimiento de indefinición, por su parte,
suele hacerse conciente y se acompaña de una insensible disfunción de los órga-
nos de la visión.

26
CUANDO EL SENTIMIENTO DE INDEFINICIÓN SE HACE INSOPORTABLE. LA
DESDICHA

Frecuentemente nos cuesta definirnos, solemos sentirnos irresueltos, indecisos en


todo tipo de situaciones. Se trata de una vivencia muy habitual que aunque poda-
mos soportarla nunca nos resulta agradable. De poder elegir, preferiríamos la cer-
teza a la inseguridad.

Tan es así que muchas veces nos defendemos de esas situaciones displacenteras
embarcándonos en la manía, como cuando pensamos que ya tenemos todo claro
y nos comprometemos en situaciones que más tarde resultan puro daño. Otra ve-
ces nos revolcamos en la denigración y en los autoreproches por nuestra falta de
decisión o, como también suele ocurrirnos, irritados por ideas paranoicas, culpa-
mos al mundo de presionarnos a una definición que queremos evitar por los es-
fuerzos que implica pero que, en el fondo, querríamos asumir por los beneficios
que nos traería.

Como veíamos, cuando no hay conflictos entre nuestro mundo de preceptos y


nuestras necesidades, o cuando, a pesar de los conflictos, podemos tolerar los
límites, percibimos con precisión y resolvemos adecuadamente las cuestiones que
se nos presentan. Resolución que alcanzamos con conductas definidas a través
de las que, sin que lo sepamos, nos definimos, es decir integramos nuevas ideas
en el conjunto de preceptos que nos conforma y, al mismo tiempo, asumimos po-
siciones que nos comprometen con quienes compartimos un determinado consen-
so y con quienes establecemos todas las relaciones que nos definen, también las
que sentimos que nos definen de manera esencial.

Ese tipo de relaciones, las que sentimos que nos definen de manera esencial, son
las que mejores se prestan para tales proyecciones, para culparlas de presionar-
nos a una definición que, concientemente, queremos rehusar. Lo que precisamos
y nos resulta conflictivo solemos proyectarlo en esos vínculos y, de ese modo, lo
vivimos como una obligación a la que no queremos someternos.

Las relaciones que sentimos que nos definen de manera esencial, las que nos dan
la posibilidad de delimitar claramente quienes somos, son las que constituyen una
referencia que nos permite darnos a conocer con una característica a la que no
estamos dispuestos a renunciar porque nos resulta egosintónica y porque, ade-
más, la sentimos como imprescindible.

Un vínculo predilecto para ese tipo de proyecciones suele ser, por ejemplo, el que
tenemos con nuestros padres, maestros, jefes y figuras prestigiosas de los grupos
a los que pertenecemos. Grupos de los que “tomamos” la referencia esencial que
usamos para presentarnos, o las notas que nos gusta mostrar al darnos a cono-
cer.

27
De modo que lo que necesitamos en una situación así, después de nuestra pro-
yección, lo vivimos como un límite, como una imposición a la que no queremos
someternos. Perdemos de vista lo que precisamos y vivimos todo como una injus-
ta y abusiva imposición porque preferimos negar el costo que implica tomar lo que
necesitamos. La clara conciencia de lo que retiramos en nuestras relaciones ter-
mina con viejas ilusiones y pone de manifiesto el natural esfuerzo que implica sos-
tener los vínculos, los “lugares” que ocupamos, lo que somos. Son, entonces, lími-
tes que nos resultan insoportables y que desdibujamos con la confusión, con la
indefinición. Si esa indefinición, al mismo tiempo, la vivimos como una falta de
compromiso que afecta y pone en peligro una relación que sentimos que nos defi-
ne de manera esencial, se convierte en una indefinición que nos resulta insoporta-
ble. Se trata de una indefinición que vivimos como una especie de traición, como
una infamia que nos expone al peor de los peligros y que merece un particular
castigo. Una infamia que nos hace a correr el riesgo de perder el vínculo que nos
define, el vínculo al que sentimos como el que nos permite ser quienes somos29.
Una infamia que nace de la desdicha para convertirnos en desdichados30.

Si la dicha es el estado de felicidad, el estado de ánimo de quien tiene lo que


desea o experimenta que le suceden cosas buenas y, entonces, se siente en co-
munión y de acuerdo con el destino, con lo dicho por los dioses, creo que incu-
rrimos en desdicha cuando sentimos que hemos contrariado lo dicho por los dio-
ses -- representados por nuestros padres, profesores, maestros, etc. --, cuando

29- Mientras Edipo desgarra sus ojos en las órbitas, siente que le resulta insoportable darse
cuenta de que, en su confusión (con su confusión), a dañado el vínculo con sus padres y también
a sus padres. Y a la hora de explicar el por qué de su autocastigo, cuando el coro le pregunta por
qué eligió aniquilar sus ojos en lugar de aniquilar su vida, Edipo responde que a sus padres los
ha hecho sufrir por él “violencias más terribles que esas que llevan al suicidio a sus autores”
(SÓFOCLES 1 - pag. 73).
La misma confusión que le permitió eludir límites es la que él siente que lo llevó cometer la infa-
mia para la que concibe un solo castigo: perder lo que es, abandonar lo que lo define de manera
esencial. Edipo dice “llevadme lejos de aquí, escondedme, matadme, echadme al mar, para que
nunca nadie me vuelva a ver jamás” (SÓFOCLES 1 - pag. 74), “destiérrame a tierras donde nadie
se me acerque y me hable” (SÓFOCLES 1 - pag. 75).
La tragedia termina cuando Edipo discute una orden de Creonte, quien ha quedado como Rey.
Creonte, entonces, le replica “en todo no quieras disponer, porque aquello en que has dispuesto
no resultó bien para tu vida” (SÓFOCLES 2 - pag. 212). El coro finaliza la pieza describiendo el
drama de la desdicha: “Vosotros, ciudadanos de Tebas, mirad a éste que fue capaz de resolver
los enigmas famosos de la Esfinge, a Edipo. Era el más poderoso de los hombres: no hubo ciuda-
dano que no viera con envidia su fortuna. ¡Mirad en que vórtice de infortunios ha venido a caer!
¡Antes de afirmar que un humano es feliz, más vale que esperemos que el último de sus días
acabe sin dolor!
30- Para Corominas (1961) la palabra “dicha”, “suerte feliz”; primitivamente significó “destino,
sino”, en general. Proviene del latín dicta “cosas dichas”, al cual en el lenguaje vulgar se trasmitió
el sentido de factum “hado”, propiamente participio de fari “decir, hablar”, pero empleado con el
sentido de “suerte, destino”, por la creencia pagana de que la suerte individual se debía a
unas palabras que pronunciaban los dioses o las Parcas al nacer el niño. Para Moliner
(1986), “desdichado” se aplica, generalmente con desprecio, a la persona de poco carácter o
insignificante en cualquier aspecto. También se aplica a lo que es causa de desdichas o va
acompañado de ellas, como cuando decimos “una decisión desdichada”.

28
borroneamos con confusión e indefinición eso “dicho” que sentimos como una im-
posición a la que no queremos someternos, como el límite que preferimos ignorar,
sin darnos cuenta que al desconocerlo31, inevitablemente, nos convertimos en
desdichados.

Cuando quedar atrapado en ese drama es, además, intolerable, cuando el senti-
miento de indefinición resulta insoportable, una de las maneras de mantenerlo le-
jos de la conciencia es la deformación de su configuración. Se produciría, como en
otros casos similares, un desplazamiento dentro de su clave de inervación que
lleva a sobreinvestir uno de los elementos. De ese modo el proceso de descarga
transfigurado, que ingresa en la conciencia privado de su significado emotivo, ad-
quiere la categoría de una patología en los órganos de visión.

Me parece entrever una muestra de este drama en una poesía de Borges.

Dice Dario Luciano (1996, pag.52) que en 1975 “Borges había cumplido setenta y
seis años y acababa de publicar “El oro de los tigres”, “El libro de arena” y “La rosa
profunda”. En el prólogo de este libro confiesa “su cansancio de permanecer en la
penumbra”. El 8 de julio de ese año había muerto su madre después de una larga
agonía, y el 13 de setiembre había publicado en el diario “La Nación”, con gran
repercusión de crítica, su poema más desolado: El Remordimiento. Se dijo enton-
ces que había querido escribir su testamento”.

He cometido el peor de los pecados


Que un hombre puede cometer. No he sido
Feliz. Que los glaciares del olvido
Me arrastren y me pierdan, despiadados.
Mis padres me engendraron para el juego
Arriesgado y hermoso de la vida,
Para la tierra, el aire, el agua, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida
No fue su joven voluntad. Mi mente
Se aplicó a las simétricas porfías
Del arte que entreteje naderías.
Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
La sombra de haber sido un desdichado.

31- Uso la palabra “desconocerlo” con la intensión de destacar la diferencia que existe entre igno-
rar un límite, pasar por encima de él sin saberlo, y la lucha que con plena conciencia se puede
librar contra él.

29
RESUMEN

1) Los ojos comparten con el resto de los órganos de los sentidos una misma fan-
tasía vinculada a la percepción en general, pero podemos presuponer, además, la
existencia de “lo visual”, el significado inconciente específico del aparato visual,
aparato del que, por otra parte, los ojos, dada la participación fundamental que
tienen en la función visual, deben arrogarse la representación.

2) Lo que nos mueve a percibir es la disconformidad con la circunstancia. La dis-


conformidad nos impulsaría a buscar información en el intento de conformar un
nuevo precepto que reemplace al anacrónico y nos devuelva la conformidad que
experimentamos como certeza, como definición.

3) Los órganos de los sentidos se prestan para representar la posibilidad


yoica de abstraer y dejarse impresionar por formas. La existencia física de los
órganos de los sentidos vinculados a los estímulos del entorno, y la existencia his-
tórica de un aspecto yoico que abstrae e incorpora formas, nos permitirían pensar
en una misma fantasía inconciente, una fantasía de “información” que implica, a su
vez, una “capacidad de información”. Se trataría de una misma “capacidad de
información” inconciente que puede manifestarse a la conciencia, desde un punto
de vista histórico, como posibilidad yoica de abstraer e incorporar formas ade-
cuadamente, y, desde un punto de vista físico, como funcionamiento sano de
los órganos de los sentidos.

Si una conformidad adecuada implica una conformación recíproca con la circuns-


tancia, mantenernos en forma requiere que el funcionamiento adecuado de nues-
tra “capacidad de información” nos permita, tolerando los límites, admitir la in-
fluencia de la circunstancia para iniciar un proceso que, de marchar bien, nos lle-
vará a adquirir la forma que la circunstancia impone y que nos define, y nos permi-
tirá influir acertadamente en la circunstancia a través de acciones acertadas.

4) La “sensatez” es la cualidad con que


se presenta a la conciencia lo que he-
mos dado en llamar la “capacidad de
información”, la capacidad yoica de
organizar armónicamente los datos
sensoriales para configurar adecuada-
mente las representaciones, las expe-
riencias, capacidad que, si es adecua-
da, permite un buen juicio y un accio-
nar acertado.

Parece posible pensar, entonces, en la


existencia de una “capacidad de información” inconciente que puede manifes-

30
tarse a la conciencia, desde un punto de físico, como funcionamiento sano de
los órganos de los sentidos, y desde un punto de vista histórico como la cuali-
dad que llamamos “sensatez”.

5) Percibir-concientizar implica la tolerancia y la aceptación de los límites que im-


pone el proceso de otorgamiento de sentido. Los límites no sólo separan sino que
también constituyen una relación que es significado. Pero el reconocimiento de
límites suelen acompañarse de los dolorosos sentimientos de soledad y pobreza, y
si bien la conciencia siempre surge junto a esas vivencias, cuando nos resultan
insoportables, desdibujamos los límites con una nube de confusión.

6) La confusión es un afecto típico y


universal que suele alcanzar la con-
ciencia y adquirir la categoría de sen-
timiento, como cuando, por ejemplo,
decimos que nos sentimos con-
fundidos. Este sentimiento se nomina
con una palabra que alude al borra-
miento, a la desaparición de los límites,
porque los trastornos que derivan en lo
que la conciencia categoriza como la
pérdida o la dificultad para registrar los
datos con nitidez (desde otro punto de
vista, la insensatez), se arrogan la re-
presentación del proceso afectivo
completo.

Podemos pensar que el sentimiento de


confusión se acompaña de una peque-
ña disfunción de los órganos de los
sentidos, o del órgano sensorial que
prima en un determinado proceso de
incorporación de datos. Tal disfunción,
que normalmente no llega a ser cate-
gorizada como tal, formaría parte de la
clave de inervación del sentimiento de
confusión.

Pero cuando la conciencia de este


afecto se hace intolerable, el des-
plazamiento “dentro” de la “clave de
inervación” conduce a que el proceso
de descarga deforme la configuración de la “confusión”, de manera que, al ingre-
sar en la conciencia, privada de su significado emotivo, adquiere allí la categoría
de una patología en alguno de los órganos de los sentidos.

31
7) Mientras “lo hepático” representa el proceso por el cual materializamos, el pro-
ceso de idealizar queda representado por “lo visual”.

La capacidad de información tiene un aspecto, un “gajo” que se presenta a la con-


ciencia como funcionamiento sano de los órganos de la visión o como definición. A
esa parte de la capacidad de información podemos llamarla “capacidad de ideali-
zación”. La definición, un aspecto de la sensatez, es la que nos permite concebir
armónicamente las ideas que somos y con las que nos vinculamos al mundo que
nos rodea.

Respecto de la definición, podemos decir que cuando lo soñado se distancia sen-


siblemente de nuestra capacidad de concretarlo, nada de lo que el mundo nos
ofrece logra convencernos de arrancar en el proceso de materializar. Todo nos
parece poco, y definirnos nos resulta imposible, lo vivimos como un desperdicio
porque sentimos que lo que podemos dista mucho de lo que soñamos... Y a eso
se agrega que a veces esa indefinición nos resulta, además, insoportable.

8) La ausencia de conflictos entre nuestro mundo de preceptos y nuestras necesi-


dades nos permite percibir con precisión y resolver adecuadamente las cuestiones
que se nos presentan. Resolución que alcanzamos con conductas definidas a
través de las que, sin que lo sepamos, nos definimos, es decir integramos nue-
vas ideas en el conjunto de preceptos que nos conforma y, al mismo tiempo, asu-
mimos posiciones que nos comprometen con quienes compartimos un determina-
do consenso y con quienes establecemos las relaciones que nos definen, esos
vínculos por los que somos quienes somos.

9) La capacidad inconciente de idealización, el aspecto visual de la capacidad in-


conciente de información, se manifestaría a la conciencia, desde un punto de vista
físico, como funcionamiento sano de los órganos de la visión, que se expre-
sa como agudeza visual normal, y desde un punto de vista histórico como “de-
finición”. En este caso me refiero a la “definición” como una determinada cuali-
dad, como una característica que forma parte de la “sensatez”. También podemos
referirnos a la definición como sentimiento, como cuando decimos que nos senti-

32
mos resueltos. Esa vivencia siempre permanece inconciente. Si a veces decimos
que nos sentimos definidos, resueltos, es porque, sin darnos cuenta, estamos pa-
sando por encima de una cierta indefinición que vivimos como una amenaza de
parálisis. El sentimiento de indefinición, por su parte, suele hacerse conciente y se
acompaña de una insensible disfunción de los órganos de la visión.

10) Las relaciones que sentimos que nos definen de manera esencial, son las que
mejores se prestan para culparlas de presionarnos a una definición que, concien-
temente, queremos rehusar. Lo que precisamos y nos resulta conflictivo solemos
proyectarlo en esos vínculos y, de ese modo, lo vivimos como una obligación a la
que no queremos someternos. Son, entonces, límites que nos resultan insoporta-
bles y que desdibujamos con la confusión, con la indefinición. Si esa indefinición,
al mismo tiempo, la vivimos como una falta de compromiso que afecta y pone en
peligro una relación que sentimos que nos define de manera esencial, se convierte
en una indefinición que nos resulta insoportable. Se trata de una indefinición que
vivimos como una especie de traición, como una infamia que nos expone al peor
de los peligros y que merece un castigo. Una infamia que nos hace a correr el
riesgo de perder el vínculo que nos define, el vínculo al que sentimos como el que
nos permite ser quienes somos. Una infamia que nace de la desdicha para conver-
tirnos en desdichados.

11) Cuando quedar atrapado en ese drama es, además, intolerable, cuando el
sentimiento de indefinición resulta insoportable, una de las maneras de mantenerlo
lejos de la conciencia es la deformación de su configuración. Se produciría un
desplazamiento dentro de su clave de inervación, desplazamiento por el que se
sobreinviste uno de los elementos. De ese modo el proceso de descarga transfigu-
rado, que ingresa en la conciencia privado de su significado emotivo, adquiere la
categoría de una patología en los órganos de visión.

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