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Carl Jung Análisis de Arquetipo

Trata la relación entre lo consciente y lo inconsciente proponiendo la distinción de


tipos de personalidad extrovertida-introvertida, después tan popular.

Hizo una distinción entre el inconsciente individual y el 'inconsciente colectivo',


que, según él, contenía sentimientos, pensamientos y recuerdos que
condicionaban a cada sujeto (desde su nacimiento, y no por influencia cultural
aprendida), incluso en su forma de simbolizar los sueños. El inconsciente colectivo
contendría 'arquetipos', imágenes primitivas, primordiales, a las que se recurre en
situaciones como la confrontación con la muerte, o la elección de una pareja, y
que se manifiestan en los elementos culturales como la religión, los mitos, los
cuentos de hadas, y otras leyendas populares

El enfoque terapéutico de Jung se dirigía a entender el inconsciente como algo


que iba mucho más allá de lo personal e individual además del inconsciente
individual, hablaba de un inconsciente universal y supra personal al que denominó
inconsciente colectivo, este que es el mismo para toda la humanidad, contiene la
inmensa herencia psíquica de la evolución humana. Los arquetipos son los
contenidos o estructuras de este inconsciente colectivo.

Jung descubrió que existen símbolos de naturaleza universal, a los que llama
arquetipos, que se relacionan con una serie de experiencias comunes en distintos
pueblos y culturas; el embarazo y el parto, la infancia, la vejez y la muerte, el
amor, la búsqueda, la lucha, son experiencias compartidas por los seres humanos
en todas las épocas, que recogen una sabiduría común a toda la humanidad,
estas experiencias se organizan en campos comunes (arquetipos) dentro del
inconsciente colectivo. De este modo nos encontramos con arquetipos como el de
madre, niño, amante, guerrero, sabio, etc. Los arquetipos aparecen en forma de
"personajes" en los mitos y cuentos de hadas de todos los pueblos, dando voz al
inconsciente colectivo. Hoy en día los encontramos también en el cine, la
literatura, el arte, la publicidad, etc.

La relación entre experiencias y arquetipos es dinámica y bidireccional, de modo


que no sólo las experiencias contribuyen a que se formen y actualicen los
arquetipos, sino que a su vez éstos operan en la vida de todo ser humano
produciendo un impacto directo sobre su psicología. Aunque se trata de
experiencias comunes, producen un impacto diferente en cada persona y por eso
se registran de distinto modo en el inconsciente personal. Los arquetipos
funcionan como patrones subyacentes a partir de los cuales se configura la
estructura individual; funcionan como modelos psicológicos, emocionales, de
conducta y relacionales, que influyen y determinan, por lo tanto, nuestra
psicología, nuestras emociones, nuestra conducta y nuestras relaciones.

Jung distinguía entre arquetipos e imágenes arquetípicas. Nos dice que los
arquetipos mismos carecen de forma y no son visualizables; "el arquetipo, como
tal es un factor psicoide que pertenece, por así decir, al extremo invisible y
ultravioleta del espectro psíquico". Según él no puede comprenderse directamente
por análisis intelectual, el intelecto no puede contenerlos ni alcanzar las
profundidades de sus múltiples significados, sólo podemos sentirlos cuando se
llenan de contenido individual.

En realidad, lo que llega a nuestra consciencia son siempre las imágenes


arquetípicas, o sea manifestaciones concretas y particulares de los arquetipos.
Pueden llegar a través de sueños, sensaciones, imágenes o palabras, y suelen ser
percibidas como independientes de nuestra experiencia personal. A veces llegan
como algo nuevo, desconocido, y esto hace que su impacto sea muy poderoso.

Las imágenes arquetípicas están conectadas con el pasado y también con el


futuro. Por eso son transformadoras. Jung decía: "el Yo no sólo contiene el
depósito y la totalidad de la vida pasada, sino que también es un punto de
arranque, el suelo fértil a partir del cual brotará toda vida futura". De este modo las
imágenes pueden funcionar como guía, como líneas indicadoras que nos
muestran el camino, aunque sin obligarnos a seguirlo.

Además de la capacidad de intuir, Jung también reconoce en los arquetipos la


posibilidad de hacerse con todo el control de la psique y "poseer" al individuo. De
hecho, cuando un arquetipo se expresa de forma inconsciente, puede poseernos y
determinarnos, mostrando en la mayoría de los casos su faceta negativa; mientras
que si lo acercamos al consciente aprendemos de él, recuperamos el poder de
elección, podemos adecuarlo a nuestra individualidad, ampliar nuestro potencial y
expresarlo de la forma que nosotros prefiramos.

Para expresar la cualidad esencial de los arquetipos, Jung utiliza la palabra


numinosidad y con ella se refiere a su carácter sagrado. Reflejan y favorecen la
experiencia de los divino. Aproximarse a los arquetipos significa acercarse a lo
numinoso.

Así pues, los arquetipos son los arquitectos de nuestra vida, desarrollar la visión
simbólica y arquetípica nos ayuda a comprender nuestra existencia y nuestro
objetivo vital. Permite también ver la vida con un grado de claridad espiritual que
ayuda a curar heridas emocionales y espirituales acumuladas. Y hace posible
sentir la guia divina en nuestra alma.