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LENIO

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Editorial
[...] Para los hombres no existe enseñanza más clara que el conocimiento de los hechos
pretéritos (Polibio, Historias, 1.1.1.)

En la investigación del pasado, como bien apuntaba Polibio allá en el siglo II a. C., radica efec­
tivamente la clave del comportamiento humano. Pero la Historia como ciencia, durante siglos con­
dicionada por la existencia o no de una base documental más o menos limitada, sufrió un vuelco
□esperta Ferro Ediciones SLNE definitivo -casi diríamos un cambio “histórico”- con la incorporación de la Arqueología, cuyo peso
C/ Salamanca, 6 -1.° B
28020 Madrid se ha ido incrementando desde el siglo XIX. No solo eso: la Arqueología llegaría incluso más allá,
CIF- B-85964815
Tlf. 912204200-663 690 961 sobrepasando los propios límites puramente históricos, en el sentido tradicional del término, para
Edita abrirnos una ventana a la “pre- historia”; algo que, como seres humanos que somos, nos atrae inde­
Alberto Pérez Rubio
Javier Gómez Valero fectiblemente. Pero todo ese conocimiento carece de sentido si no se transmite y se pone al alcance
Carlos de la Rocha de todos, y eso es precisamente lo que nos proponemos hacer en Arqueología e Historia.
Edición ejecutiva
Mónica Santos del Hierro Para comenzar nuestra andadura en este nuevo proyecto, proponemos como tema inaugural el
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de la cultura ibérica, aunque no en todo su recorrido histórico sino centrándonos principalmente
Dirección
Gustavo García Jiménez en su época de mayor auge, entre los siglos IV y III a. C.; un momento en que su desarrollo ya es­
arqueologia@despertaferro-ediciones.com
taba lo suficientemente maduro, y justo antes de que los intereses de púnicos y romanos interrum­
Consejo editorial
Francisco Gracia Alonso (UB) pieran su propia dinámica de evolución. En realidad, como ocurre a menudo cuando la
Carmen Marcos Alonso (MAN)
Fernando Quesada Sanz (UAM) investigación arqueológica avanza y aparecen los matices, sabemos que no existió realmente una
Joaquín Ruiz de Arbulo Bayona (URV)
Jordi Vidal (UAB) “cultura ibérica” como tal, sino toda una serie de interpretaciones regionales de algo que podríamos
Diseño y maquetación englobar grosso modo en un ámbito sociocultural común con una lengua compartida. El mundo
Raúl Clavijo Hernández
ibérico es complejo, y por ello especialmente interesante, pero es además un excelente ejemplo de
Ilustraciones
Rocío Espin lo que la Arqueología puede ofrecernos: de una imagen decimonónica sesgada por las fuentes clá­
Jorge Martínez Corada
Sandra Delgado sicas enfrascadas en su registro de los acontecimientos bélicos y políticos, a una visión mucho más
José Luis García Morán
Francisco Chiner compleja resultado de décadas de investigación. Una muestra de ello podemos verla con tan solo
Victorino Mayoral dar la vuelta a esta hoja. Bienvenido, pues, lector a nuestras páginas, que esperemos sean las pri­
Documentación
Gustavo García Jiménez meras de muchas que compartir.
Ferran Codina
Gabriel de Prado
Fotografía
CAGP Iberfoto-Photoaisa /Museu de Prehistoria
de Valencia / José Luiz Bernardes Ribero-CC-
BY-SA-3.0 / Flor Garduño / MAC-Empúries /
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Santi Font / Museu de 8adalona-UB / GRAP-UB
/Archivo IAI Universidad de Jaén/J.M. Pedrosa
/ Producciones El Bosco / Arturo Ruiz / Jesús
Gómez Canasco / Archivo del MARQ / Archivo
del Museo de Albacete / Manan Vencesla /
Museo Arqueológico José María Soler / Equip
Índice
Estindells-MCUT-CEL/ Reportajes aéreos Camps
/Maria Carme Belarte/Meritxell Monrós/MAC Q0 La afirmación 20 Retratos familiares, mujeres y
/ MAC-Ullastret / Gustavo García Jiménez / Ins­
tituto de Historia-CSIC / Wikimedia Commons de la cultura población infantil en el Ibérico
/ Carmen Rueda / Museo Arqueológico de
Murcia / M.a Oliva Rodríguez-Ariza / Wikimedia ibérica por Pleno por Isabel Izquierdo
Commons-Wolfgang Rieger Carmen
Despertó Ferro Ediciones ho hecho lo posible por localizar los
derechos de autor de todos las imágenes. Cualquier posible
omisión no es intencionada y se agradecerá cualquier
Aranegui 42 Ca religiosidad
información sobre los mismos.
las sociedades
Mapas
Carlos de la Rocha 2 Comercio ibero, iberas de los
Colaboran púnico y griego por \ siglos IV-III a. C.
Carmen Aranegui, Francisco Gracia, Arturo
Ruiz,Teresa Chapa, Carme Belarte, Meritxell Francisco Gracia por Carmen
Monrós, Ferran Codina, Gabriel de Prado,
isabel Izquierdo, Carmen Rueda, Fernando Rueda
Quesada, JerryToner, Pausanias 18 en ^er*a- Cas desigualdades
Traducción
i Gustavo García Jiménez sociales entre los iberos por Arturo 48 El ritual funerario
Revisión de estilo Ruiz y las necrópolis ibéricas por
Alberto Pérez Rubio
Eduardo Kavanagh Fernando Quesada
Mónica Santos del Hierro 24 escuCura ibérica en los siglos IV ii
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El urbanismo ibérico por Carme
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en tos artículos publicados. La publicidad incluida en la revista no
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00 Y, además, introduciendo el n.° 2, El
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junio-julio 2015
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Roma por Jerry Toner
EN PORTADA E I descubrimiento de la Dama de Elche
1897 marcaría un hito científico en J'"
vestigación de la protohistoria peninsuU
no tanto por la capacidad informativa de la '‘
tura, puesto que procedía de un haUazgo fortuito
y no de una excavación reglada, sino sobre todo
por su repercusión internacional, que elevaría la
imagen de la matrona a la altura de uno de los ma-
yores símbolos de la cultura ibérica. Pero la dama
que encabeza nuestra portada es otra, una que ha
llegado incluso a eclipsar la popularidad de la
Dama de Elche. Esta vez sí, el hallazgo de la Dama
de Baza, cuyo regio perfil podemos ver en portada,
se produjo en el transcurso de unas excavaciones,
las dirigidas por Francisco Presedo en la necrópo­
lis del Cerro del Santuario de Baza (Granada), en
i.
el verano del año 1971. El descubrimiento vino a
coincidir con un momento de gran trascendencia p
para la investigación acerca del arte ibérico, muy wL
poco después de que se pusiera al descubierto el E
monumento turriforme de Pozo Moro en Chin- u
chilla de Montearagón (Albacete). r
La Dama de Baza es una imagen esculpida de i'
gran complejidad. Se trata de una figura femenina K
sentada en un trono alado y con patas en forma 1;
de garras de felino, una composición que encuen- I;
tra equivalencias en otros casos, resultado de un
modelo mediterráneo adaptado a la tradición ibé­
rica. La estatua presidía la que fuera la tumba 155
de la necrópolis del Cerro del Santuario, una cá­
mara cuadrada excavada en la roca que marca el
inicio de un nuevo espacio funerario y cuya da-
tación cabría situar en el segundo cuarto del siglo
IV a. C. Una de las cuestiones más sorprendentes
de la escultura es que en realidad fue también
concebida con la intención de funcionar como
urna cineraria, puesto que en un lateral se con­
serva una oquedad en la que se depositaron las
cenizas. Pero la figura no estaba sola, yen conso­
nancia con la majestuosidad de la dama se aña-
dieron a modo de ajuar elementos de vestido y
adorno, cuatro panoplias complete' un broche
de cinturón y algunas cerámicas, aunque iiama la
atención la ausencia de importaciones entre las
mismas, normalmente indicador de estatus. La
disposición del ajuar fue muy cuidada, con las
armas en el centro, ánforas con decoración pin
tada en las cuatro esquinas, comunicadas con oí
exterior mediante unos conductos excavados a
modo de chimeneas, con el fin de recibir libacio­
nes, y otros vasos en el lado oriental. En definitiva
una tumba aristocrática de primer orden que aquí
vemos sintetizada en una imagen, verdadero
icono de la cultura ibérica en su etapa central, el
periodo que comúnmente llamamos Ibérico
Pleno. Viendo su gesto majestuoso y el rojo de sus
labios, no es difícil imaginar la emoción que debió
de sentir Presedo al descubrir la imagen do esta

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mujer, oculta durante más de dos milenio-. La §
misma que ahora pueden experimentar los visi- j.
tantes del Museo Arqueológico Nacional, donde
la Dama sigue mirando, ausente y serena, a la I
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Carmen Aranegui Gaseó - Universitat de Valencia

La afirmación de la cultura ibérica


La fachada mediterránea occidental comprendida entre el Languedoc Occidental y la Alta Andalucía, desde el río
Hérault al Genil, constituye el escenario donde los pueblos ibéricos

W7«^fsaK:Sa:-3
estructuradas en

al admitido tanto para épocas precedentes como para los pueblos continentales coetáneos
I
ARQUEOLOGÍA & HISTORIA 7

◄ El famoso TORSO DEL GUERRERO DE LA ALCUDIA (Elche, la antigua llici), quizá la imagen de un héroe mítico fundador de la ciudad, perteneció
muy probablemente a un antiguo conjunto escultórico monumental representando un combate ancestral entre guerreros comparable al de
Porcuna -además de este torso, se conservan también otros fragmentos de gran calidad pertenecientes a otros personajes-. El torso fue hallado
reutilizado en el empedrado de una calle en un nivel fechado en el siglo I a. C., por lo que el único dato del que disponemos es que la escultura era
anterior. Así, se ha fechado habitualmente en torno al siglo IV a. C. o bien con anterioridad, según se ponga en relación con el estilo más evolucionado
de Elche o con el grupo de Porcuna, aunque su deposición secundaria impide mayores precisiones. El aspecto más notable de esta obra es sin
duda el llamativo kardiophylax (pectoral) mostrando una CABEZA DE LOBO protegiendo al guerrero con gesto amenazador (surco frontal marcado,
colmillos y lengua a la vista, erizada cresta), funcionando como una especie de gorgoneion -la cabeza de la Gorgona; motivo habitual en el arma­
mento defensivo del mundo clásico-, una fórmula que también se repite en imágenes posteriores como el escudo de la Minerva de la muralla de
Tarraco o el de uno de los guerreros de Osuna. En las gruesas correas que sujetan el pectoral a los hombros se observan diseños en los que se des­
tacan bellotas. El guerrero de La Alcudia viste además una túnica ricamente adornada con pinturas en rojo oscuro con volutas y ornamentos vege­
tales, apenas visibles, y un ancho cinturón de tipo ibérico con una gran hebilla central. Museo de La Alcudia. «3cagr/iüertoto/phoioaisa

E 1 objetivo de esa dinámica es la exportación de bienes


hacia la cuenca mediterránea oriental y los recursos más
buscados tienen que ver con los metales y en especial
con la plata, seguidos por los tejidos y productos alimenticios,
Un segundo indicador de las sociedades complejas está
unido al grado de desarrollo tecnológico de las poblaciones así
consideradas. Los iberos pertenecen a la segunda parte de la
Edad del Hierro, disponen de un instrumental especializado
de los que los mejor documentados son los cereales, el vino, la para muchos trabajos agropecuarios y artesanales, roturan las
cerveza, el aceite, las salazones de pescado y la miel. Como tierras con arado de reja metálica, practican la rotación de cul­
consecuencia, los distritos minero-metalúrgicos, los cursos flu­ tivos, son pastores mayoritariamente de ovicápridos, fabrican
viales y los caminos interiores afianzan su conectividad estra­ cerámicas con tornos rápidos, tejen con telares verticales, do­
tégica con la costa, ahora bajo control ibérico, a la vez que la minan el templado del hierro entre otras habilidades metalúrgi­
desigualdad, que antes dividía a los extranjeros de los locales, cas y disponen de un armamento característico y de elementos
se instaura entre las gentes del país, con muchos episodios de de adorno personal y joyas, diferenciados por sexos y grupos
violencia, visibles en destrucciones, abandonos y cambios de de edad, que denotan su conciencia de etnicidad.
localización de los centros de poder, porque la transformación Pero, tal vez, el determinante más claro de la jerarquización
social no es lineal. social resida en la ostentación discriminante, susceptible de
La evolución hacia la jerarquización había mostrado sínto­ producirse mediante una gama amplia de manifestaciones de
mas desde el Eneolítico y, en particular, desde la Edad del afirmación del sector hegemónico (ceremonias, festejos, ritua­
Bronce que, sin embargo, se vieron seguidos de regresiones les). Se ha dicho que el uso de una vajilla específica para el
socio-económicas. La novedad en época ibérica reside en que consumo de vino se asocia a banquetes propios de las jefaturas,
se produce un cambio, no solo económico sino también político, para los que ciertas viviendas ibéricas cuentan con espacios ti­
que no tuvo marcha atrás, acompañado, además, de la disponi­ pificados, si bien el rasgo privativo de la máxima jerarquía ibé­
bilidad de fuentes escritas, ciertamente incompletas y centradas rica radica en la existencia de programas escultóricos situados
en la perspectiva de los escritores clásicos pero que dan credi­ exclusivamente en necrópolis ubicadas al sur del Júcar, área
bilidad histórica a los primeros nombres de tribus, de ciudades rica en metales, en el hinterland de la colonización fenicia.
y de algunos jefes, referidos al contexto de la Segunda Guerra Son, en efecto, las necrópolis monumentales que se alzan fuera
Púnica (218-202 a. C.) y a la consiguiente creación de las pro­ de unos pocos oppida las que alcanzan un grado principesco
vincias romanas hispanas (198 a. C.), principalmente. comparable a otras culturas europeas de su tiempo porque su­
peran un fenómeno de mero enriquecimiento al añadir un men­
Indicios y certezas saje ideológico expresado en representaciones escenificadas de
En nuestros tiempos, el estudio de cómo se consolida la jerarquía gran tamaño, dotadas de visibilidad pública. Esto ocurre en la
del paisaje hasta convertirlo en territorio recurre a Sistemas de primera mitad del siglo V a. C. en las necrópolis de incineración
Información Geográfica (SIG) para referenciar datos muy diver­ de Pozo Moro (Chinchilla), Cerrillo Blanco (Porcuna) y La Al­
sos cuya combinación muestra la aparición de centros de poder, cudia (Elche), según lo que hasta hoy se conoce, y provoca un
con modelos regionales en el caso ibérico. Ya sea sobre núcleos conflicto de rivalidad entre los príncipes que da lugar a su des­
previamente habitados o mediante la creación de nuevos asenta­ trucción encarnizada, al parecer poco después de su erección.
mientos, en toda el área se observa un cambio respecto al Periodo Este hecho es el que con más evidencia pone fin a la primera
Orientalizante (siglos VIII a VI a. C.) que pronto consolida, casi etapa de la cultura ibérica.
simultáneamente, puntos rectores de territorios delimitados cuya
extensión, dotaciones y equipamientos definen como sede de la El Ibérico Pleno (siglos IV y III a. C.)
cúpula social de la zona en que se encuentran. Se ha generalizado A partir de la crisis del siglo V a. C. los pueblos ibéricos
el término oppidum (pl. oppida; lugar elevado inexpugnable) cambian de estrategias políticas: la apoteosis de los príncipes
para designar lo que se entiende como ciudad por contraposición del sur es sustituida por una hegemonía compartida por linajes
a aldea, admitiéndose diferencias notables en su extensión (entre que constituyen cúpulas sociales algo más abiertas que las an­
30 y 4 ha), en sus murallas y en las casas que lo componen; se ha teriores, destinadas a regir un mosaico territorial más equili­
recurrido al “príncipe” o “princesa”, o al “aristócrata” en alusión brado. Esto ocurre en un tiempo en que ciudades como la Mas-
a su máxima autoridad política, y se ha considerado que en los salía griega, que quiere abrirse paso hacia el Estrecho (Estrabón,
oppida radica la gestión tanto de lo que el territorio produce IV. 1.9; III.4.6-8; Apiano, Hisp., VII), como la Cartago púnica,
como de aquello que por el mismo transita, en parte destinado al que anhela los recursos occidentales hacia los que expande su
comercio de larga distancia, principal agente de la transformación influencia, o como Roma que, desde el centro del Mediterráneo,
del paisaje y de la sociedad. todavía no pretende monopolizar el comercio marítimo, evitan
8 ARQUEOLOGÍA & HISTORIA
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me o
VOLCOS-TECTOSAGOS / Montlaurés 0 Agathé-Agde
o
actitudes excluyentes. Y, por otra parte, en un tiempo de mayor pontanas e ibicencas sino también ibéricas, con la ceca de Arse
o
relación de los iberos con los pueblos célticos vecinos (véase (Sagunto) como pionera. Pech Maño
“El mundo ibérico en el contexto mediterráneo” en Arqueología Junto a estas dos importantes innovaciones, es fundamental
e Historia n.° 0). En esta compatibilidad de etnias y territorios, reconsiderar el aspecto de la ostentación selectiva porque el
de carácter helenístico, se integran muchos pueblos itálicos y, Ibérico Pleno construye una nueva escenografía en las necró­
más a Occidente, los iberos, con avances notables en su cultura. polis de incineración sudorientales. Como en la fase anterior,
Es ahora cuando, dentro de una pluralidad de opciones arqui­ las citadas necrópolis nunca se relacionan con asentamientos
tectónicas, se generalizan los sistemas defensivos del mapa po­ menores ni hábitats campesinos, pero la escultura funeraria
lítico ibérico y se estabilizan sus excedentes productivos, como ibérica del siglo IV a. C., generalmente sobre una tumba indi­
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muestra la multiplicación de tipologías cerámicas para el enva­ vidual o, excepcionalmente, doble, aumenta el número de ocu-
sado, almacenamiento y transporte de bienes alimenticios y la rrencias en un mismo cementerio, además de presentar una ico- © en*e¡xac
mayor capacidad de los silos del cuadrante nororiental penin­ nografía que se repite a lo ancho del área implicada, sobre todo La Pedrera^' Moí <te l'Espigol jUró de, Montgrós
sular. cuando se trata del repertorio de animales estáticos (toros, leo­
Los albaranes comerciales se formalizan, desde poco antes nes, grifos, esfinges...). Las imágenes humanas, ahora mucho
del siglo IV a. C., en textos relativamente breves inscritos sobre
finas láminas de plomo copiadas de los greco-focenses, a través
más selectivas, relegan el bestiario a un segundo plano de os­
tentación. Destaca la aparición en esta etapa del tipo “dama”
l o> Turó de Ca ¡rufiver eo I
4
de los que se han podido conocer los tres sistemas grafemáticos que, con sus joyas y vestimentas, plasma los valores de riqueza £
1
que notan la lengua ibera, perteneciente al antiguo fondo pre­ y tradición de los linajes, así como su conveniente tutela por .2

indoeuropeo, y el valor fonético de sus signos, en parte simples parte de las matronas, reflejo de un nuevo imaginario colectivo.
3
y en parte silábicos. Los plomos presentan un área de dispersión Este es el tema que han ofrecido las piezas más famosas del 2-
en sentido norte-sur, con especial incidencia en los dos tercios arte ibérico, gracias a los ejemplares recuperados en buen estado
septentrionales del territorio ibérico. La carencia de documentos de conservación: la Dama de Elche, descubierta en 1897, en
bilingües ha imposibilitado la traducción del ibérico, estancada primer lugar; y la Dama de Baza, depositada en el interior de
en la identificación de topónimos, nombres de persona, nume­ un hipogeo con un ajuar muy rico pero, intencionadamente, sin
rales y alguna fórmula verbal. importación alguna, en 1971, esta con una viva policromía y
Es también en el mismo siglo cuando proliferan hallazgos ambas expuestas en el Museo Arqueológico Nacional.
de escalas de pesas de bronce y platillos de balanza que indican Desde una perspectiva antropológica, todo ello sugiere la La Escudilla . kilómetros
la introducción de valores convencionales para realizar pagos diversificación de élites que se reconocen, sin embargo, en es-
Puntal , \'
asociados a metales nobles, en especial a la plata, que se inter­ quemas iconográficos comunes. Pese a ello, también los mo- _ rt $ & ! Qstt
cambia al peso, procedimiento que acompaña la introducción numentos funerarios de esta época fueron destruidos al final EÍMolóno Wabéo O
de la moneda, que pronto contará con acuñaciones no solo em- del siglo IV a. C., incidiendo más la virulencia, proporcional- ,, o Arse-Sagunto
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Kelin-Los Villares., . . ; ^
- - -La Carencia ,
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CÉLTECOS Pueblos no ibéricos teíSSSÍjC a Corral de Saus


La Quéjela^WÍWH/I*8* °^o ACastellarde Oliva o Ebussus-lbiza
*• "cr. I = :'C;
Cerro de las Cabezas
Llano de la Consolación □
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Pueblos ibéricos P , A o
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Etndnimos solo conocidos a partir de finales del s. III a. C. gracias a las Cerro de los Santos A- La Serreta
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fuentes grecorromana, pero que muy a menudo prolongarían comunidades Collado de los Jardines
preexistentes. Coimbra del Barranco Ancho
CÁÍf^.GlJcakellarde / ODA MODELOS POLÍTICO-TERRITORIALES
®4 D Santisteban © (O
llicl-U«cud«ooUTofldeManisses (Según A Ruiz - véase: Vivir en Iberia, las desigualdades sociales
entre los iberos, en este mismo número)
Kastilo-Cástulo
© ■ El Ggarralejo’ ' Mi Oral
err>Ho Bhanco^A
.cerro
o e de ^Peal de Becefro-Toya
La Luz Lucero
Modelo polinuclear (nucleación relativa)
©4^0
^ Torreparedones no Puente Tablas '• (Cj Cabecico del Tesoro[°nteb Modelo micronuclear (sin nucleación)
AAjútugi
0 n LasW1^ P A \ Los Nietos Ao
El Pajarillo Modelo mononuclear (nucleación relativa)
Carmo-Carmona A o
o Fuente Tójar oA Batfi-Baza Qart Hadast-Cartagena
Ceno de la Cruz-Almedinilla Modelo polinuclear (nucleación absoluta)
Astapa-Estepa0 o
Cerro de los Infantes O : &ra-Villaricos
CLAVES Urso-Osuna
amos \í
Iberas Otros
o Poblado o Asentamiento fenicio-púnico íd# ai?®!®!®©.
O Santuario • Asentamiento griego Castillo de Doña Blanca o o
A Hecrópolis c Otros empona comerciales O Malt -a-Málaga Sexi Abdera-Adra
o, 'Almuñécar
Regiones con inscripciones ibéricas en signario levantino o nororiental Gadír-Cádiz

Regiones con inscripciones ibéricas en signario meridional

Línea divisoria entre topónimos terminados en -briga al oeste y


topónimos con la raíz lltir(ller)/lltur(Hur) al este, indicando
respectivamente los términos en lenguas indoeuropeas y en
Bailo-Baelokun El mundo ibérico
ibérico para ciudad fortificada, el oppidum latino ss. IV-lll a. C.
8 ARQUEOLOGÍA & HISTORIA

actitudes excluyentes. Y, por otra parte, en un tiempo de mayor pontanas e ibicencas sino también ibéricas, con la ceca de Arse
relación de los iberos con los pueblos célticos vecinos (véase (Sagunto) como pionera.
“El mundo ibérico en el contexto mediterráneo” en Aigueología Junto a estas dos importantes innovaciones, es fundamental
e Historia n.° 0). En esta compatibilidad de etnias y territorios, reconsiderar el aspecto de la ostentación selectiva porque el
de carácter helenístico, se integran muchos pueblos itálicos y, Ibérico Pleno construye una nueva escenografía en las necró­
más a Occidente, los iberos, con avances notables en su cultura. polis de incineración sudorientales. Como en la fase anterior,
Es ahora cuando, dentro de una pluralidad de opciones arqui­ las citadas necrópolis nunca se relacionan con asentamientos
tectónicas, se generalizan los sistemas defensivos del mapa po­ menores ni hábitats campesinos, pero la escultura funeraria
lítico ibérico y se estabilizan sus excedentes productivos, como ibérica del siglo IV a. C., generalmente sobre una tumba indi­
muestra la multiplicación de tipologías cerámicas para el enva­ vidual o, excepcionalmente, doble, aumenta el número de ocu­
sado, almacenamiento y transporte de bienes alimenticios y la rrencias en un mismo cementerio, además de presentar una ico­
mayor capacidad de los silos del cuadrante nororiental penin­ nografía que se repite a lo ancho del área implicada, sobre todo
sular. cuando se trata del repertorio de animales estáticos (toros, leo­
Los albaranes comerciales se formalizan, desde poco antes nes, grifos, esfinges...). Las imágenes humanas, ahora mucho
del siglo IV a. C., en textos relativamente breves inscritos sobre más selectivas, relegan el bestiario a un segundo plano de os­
finas láminas de plomo copiadas de los greco-focenses, a través tentación. Destaca la aparición en esta etapa del tipo “dama”
de los que se han podido conocer los tres sistemas grafemáticos que, con sus joyas y vestimentas, plasma los valores de riqueza
que notan la lengua ibera, perteneciente al antiguo fondo pre­ y tradición de los linajes, así como su conveniente tutela por
indoeuropeo, y el valor fonético de sus signos, en parte simples parte de las matronas, reflejo de un nuevo imaginario colectivo.
y en parte silábicos. Los plomos presentan un área de dispersión Este es el tema que han ofrecido las piezas más famosas del
en sentido norte-sur, con especial incidencia en los dos tercios arte ibérico, gracias a los ejemplares recuperados en buen estado
septentrionales del territorio ibérico. La carencia de documentos de conservación: la Dama de Elche, descubierta en 1897, en
bilingües ha imposibilitado la traducción del ibérico, estancada primer lugar; y la Dama de Baza, depositada en el interior de
en la identificación de topónimos, nombres de persona, nume­ un hipogeo con un ajuar muy rico pero, intencionadamente, sin
rales y alguna fórmula verbal. importación alguna, en 1971, esta con una viva policromía y
Es también en el mismo siglo cuando proliferan hallazgos ambas expuestas en el Museo Arqueológico Nacional.
de escalas de pesas de bronce y platillos de balanza que indican Desde una perspectiva antropológica, todo ello sugiere la
la introducción de valores convencionales para realizar pagos diversificación de élites que se reconocen, sin embargo, en es­
asociados a metales nobles, en especial a la plata, que se inter­ quemas iconográficos comunes. Pese a ello, también los mo­
cambia al peso, procedimiento que acompaña la introducción numentos funerarios de esta época fueron destruidos al final C
de la moneda, que pronto contará con acuñaciones no solo em- del siglo IV a. C., incidiendo más la virulencia, proporcional-
10 ARQUEOLOGÍA & HISTORIA

4 Figurita votiva representando a UN BUEY Y LA LANZA DE YUNTA


de un arado procedente de LA BASTIDA DE LES ALCUSSES (Moi-
xent, Valencia). Sin duda formaba parte de un conjunto del que fal­
tarían la pareja del buey y buena parte del arado. En el buey se
observa parte del yugo todavía ceñido al cuello. El conjunto pudo
tener una posible vinculación con la detención de los medios de tra­
bajo por parte de las jefaturas del oppidum. En dicho sentido podría
interpretarse el hecho paradójico de que
gU* el animal muestre su sexo, acaso para
Wí? incentivar la idea del vigor o de su fun­
ción fecundante, pese a tratarse de un ani­
mal castrado. El conjunto recuerda algunas
r imágenes de la pintura cerámica, como el famoso
vaso de Alcorisa (Teruel) -de los siglos ll-l a. C-, en el que
un personaje gobierna un arado arrastrado por una yunta de
bueyes y cuya connotación simbólica es bien evidente. El llamado
mente, en las figuras humanas colocadas "bouefde la Bastida es uno de los iconos más conocidos del po­
en el exterior de monumentos funerarios blado, cuya destrucción y abandono en torno al último cuarto del
que, con esto, agotan su potencial como siglo IV a. C. permitió que se conservaran abundantes restos de ma­
vehículo de propaganda ideológica. teriales, entre los cuales no faltaban un importante volumen de ob­
jetos relacionados con el trabajo cotidiano y las actividades agrarias.
En un momento impreciso del siglo IV a. C., en efecto, en O Museu de Prehistoria de Valencia
la misma geografía meridional, la ostentación de los linajes
ibéricos intenta desplazarse desde las necrópolis aristocráticas
a cienos santuarios heroicos, para diferenciar el ámbito de los casos consistentes en pequeños caliciformes u objetos varios,
antepasados del sobrenatural, llamado a ser dotado de un espacio sin que la representación explícita de la divinidad sea la norma,
propio fuera de la casa, según lo que es habitual en las socieda­ a diferencia de lo que ocurre en otras culturas mediterráneas,
des complejas. Es así como podría entenderse el caso de El Pa- clásicas o púnicas. Los iberos que depositan un don antropo­
jarillo (Huelma), monumentalizado con un programa escultórico morfo en una cueva sagrada se reconocen en la figurilla de un o
de gran empaque que, de nuevo, fue pronto eliminado, proba­ una oferente, de bronce o, con menor frecuencia, de terracota,
blemente porque repetía la fórmula de aquella exhibición prin­ de pequeño tamaño, como testimonio del cumplimiento de un
cipesca rechazada casi un siglo antes. rito de paso que fortalece su arraigo en la colectividad.
Es un hecho que la cultura ibérica mantuvo las cuevas y Los quemaperfumes o pebeteros cerámicos en forma de ca­
abrigos como espacios sagrados tradicionales hasta el final de beza de Deméter, concentrados en pozos sagrados (favissae) o
su vigencia y se mostró reticente ante los grandes santuarios. dispuestos en casas o enterramientos, reflejan una influencia
Con frecuencia se consagran las cuevas que están sobre un po­ púnica que dio lugar a una interpretado ibérica que no es com­
blado, en vías de paso o abiertas a la perspectiva del mar, muchas parable en número de casos a las cuevas con ofrendas.
de ellas con manantiales de agua. En ellas se concentran exvotos, Por consiguiente, hay que reconocer que la cultura ibérica
en parte figurativos en la mitad meridional ibérica y en otros tardó en adoptar el concepto de templo como casa de la divini­
dad. De ahí la excepcionalidad del Cerro de los Santos (Mon-
> Detalle del llamado VASO DE LA DANZA de SANT MIQUEL DE LLÍRIA tealegre del Castillo), muestra insigne de la cultura ibérica a
(Valencia). Se trata de un kalathos figurado en el que se representa un partir de su descubrimiento en 1830, que, con el alcance de un
friso con hombres y mujeres cogidos de la mano y bailando al son
del aulós (la flauta doble). Las figuras se dis­
santuario federal, logra la síntesis de la
tribuyen en dos grupos según su sexo. escultura caliza de gran for-
Los hombres visten cinturón y cuen- mato, desprovistas las re-
tan con la característica túnica con el fl presentaciones humanas
cuello en forma de pico en el que se V
W de atributos guerreros, y la
cruzan dos bandas, mientras que las ^
mujeres visten túnicas acampanadas, to­ M sacralización de una vía inte-
cados y brazaletes y collares. Entre estas, se rregional, libre del control ex-
destacan algunas con mayores adornos, y
£
• I c^usivo Por Parte de un oppi-
se ha propuesto que el conjunto pudiera re­ H|¡h dum. Santuario, pues, modélico
presentar un cortejo nupcial. En el borde del .1 del Ibérico Pleno en el que se
vaso figura una inscripción ibérica que quizá
encaje con esta interpretación y su entrega jj elevó un templo de tipología itá-
votiva en Edeta (Llíria) en conmemoración | lica hacia el siglo II-I a. C., fre-
de estos esponsales. Diversos vasos encon­ I cuentado por poblaciones que se
trados en este yacimiento describen danzas J fueron romanizando con el paso
o procesiones similares con hombres y mu­ del tiempo.
jeres cogidos de la mano y vistiendo atuen­
dos festivos; un tema en realidad recurrente
en la iconografía ibérica, y que a menudo se Un equilibrio alterado
ha puesto en relación con el texto de Estra- En el ámbito ibérico en su con­
bón (Geografía, 10.7), que menciona que"en junto, esa transición cultural
Bastetania danzan también las mujeres junto acusa, sin embargo, la rivalidad
con los hombres cogiéndose de las manos"
© Museu de Preh,siora de Vajíncta
romano-púnica que impregna el
siglo III a. C. en Iberia. El equili-
► Todavía hoy persisten muchas dudas acerca de
las interpretaciones de buena parte de las
imágenes del arte ibérico, con sus a menudo
enigmáticas expresiones. Uno de estos
casos afecta a algunas de las PÁTERAS DE
TIVISSA, magníficas piezas de orfebrería
correspondientes a un tesoro hallado en
el poblado del Castellet de Banyoles,T¡-
vissa. El tesoro corresponde a la oculta­
ción de algunas piezas de vajilla |
litúrgica de plata y otros materiales I
quizá con motivo de la reocupación del
poblado a inicios del s. II a. C., si bien su I
contexto exacto se desconoce por per­
tenecer a hallazgos antiguos. De las '
cuatro páteras que formaban el con­
junto, dos de ellas cuentan con umbos
centrales zoomorfos. Una de estas últi­
mas incluía grabados con dos escenas
complejas flanqueadas por sendos linces:
una con un personaje entronizado junto a
una escena de caza, y otra en la que figuran
tres démones alados en el acto de sacrificar
una oveja, quizá con una finalidad oracular;
esta pieza cuenta con una inscripción en ibérico
en la parte posterior, tal vez con el nombre de
quien la ofreció o acaso con el de su orfebre. La pá­
tera que figura en la imagen no cuenta con este tipo de
iconografía, pero la fiera de actitud amenazante recuerda
la misma gestualización que la del torso de La Alcudia. Del
mismo modo, en torno al umbo se observa un marco ornamen­
tal con una cenefa de bellotas -que acaso pudieron simbolizar la
abundancia- también repitiendo otro motivo de dicha pieza. Aun­
que se ha sugerido para estas piezas una función funeraria, su con­
texto podría indicar mejor otras interpretaciones, no
necesariamente desvinculadas del mundo funerario, como quizá
la relación con el culto de los antepasados -si bien otras posibili­
dades tampoco se descartan-. Museu d'Arqueologia de Catalunya BIBLIOGRAFIA
- Barcelona, oJcseLu'zBernardesRibeiro/CC-BY-SA-S.O Aranegui, C. (2008):"Mortales e inmortales: a propósito de las
damas ibéricas", Estienne, S. etali¡{dirs.) Image et religión
dans l'antiquité gréco-romoine, Nápoles, pp. 203-216.
brío con que se inició el Ibérico Pleno se altera cuando el Aranegui, C. (2012): Los iberos ayer y hoy. Arqueologías y
poder del Mediterráneo se pretende único y el área ibérica se culturas. Madrid: Marcial Pons.
Chapa, T.; Izquierdo, I. (eds.) (2010): La Dama de Baza. Un viaje
ve sacudida entre una y otra potencia, como bien denota la
femenino al más allá. Madrid: Ministerio de Cultura.
toma y liberación de Saguntum (Livio, XXI), relatada reitera­
Mata, C.; Pérez Jordá, G. (eds.) (2000): Ibers. Agricultors, artesans
damente por los historiadores greco-latinos, autores de la ver­
icomerciants, Saguntum-extra, 3, Valencia.
sión colonial del conflicto.
Olmos, R. (2004):"Los príncipes esculpidos de Porcuna (Jaén):
Desde el lado ibérico, del siglo III a. C. en adelante, el so­
una apropiación de la naturaleza y de la historia", Boletín
porte del lenguaje artístico ibérico pasa a ser la cerámica, sin­ del Instituto de Estudios Giennenses, 189, pp. 19-43.
gular testimonio de la pintura y último reducto del imaginario Rueda, C. (2011): Territorio, culto e iconografía en los
social a través del que se aprecian los valores tradicionales, en santuarios iberos del Alto Guadalquivir (ss. IV a.n.e-l d.n.e.).
versiones diferenciadas según las regiones que, ya en la Cite­ Jaén: Universidad de Jaén.
rior, se expanden más allá del solar de las culturas ibéricas
propiamente dichas. La Roma que venció a Aníbal en 202 a. E Bibliografía completa en www.arqueologiaehistoria.com
C. y administró la vertiente mediterránea de la Península, pre­
cisó a continuación un relativo buen entendimiento con los
iberos, que operaban con una cierta conciencia de lo que era Carmen Aranegui Gaseó es catedrática de Ar­
una ciudad y un territorio, de modo que trató de extrapolar a queología de la Universidad de Valencia desde
otros sectores geográficos de Hispania elementos que pudieran 1986. Su especialidad es la arqueología ibérica.
En sus publicaciones, los iberos aparecen como
cohesionar a las minorías étnicas para hacerlas compatibles
un mosaico de gentes abiertas hacia el Medite­
con unos objetivos que necesitaban de su colaboración, aunque
rráneo y hacia el área del estrecho de Gibraltar, organizadas en
estos son ya procesos que sobrepasan el periodo contemplado sociedades estructuradas. Sus principales excavaciones se han
en este trabajo. desarrollado en la necrópolis de Cabezo Lucero (Guardamar del
Segura), Sagunto y en Lixus (Larache). En el libro Los iberos ayer y
* Este trabajo ha sido realizado en el marco del proyecto hoy, arqueologías y culturas Madrid: Marcial Pons, (2012) aporta
HAR2011-26943 del MINECO. una síntesis sobre este tema.
ARQUEOLOGÍA & HISTORI/

productos (fenicio, griego o pú­ ◄ Vista del complejo arqueológico de EMPORION (Empuñes, L'Es
nico) son erróneas, y actual­ cala), con la ciudad griega pegada a la playa y la romana en la partt
alta -de la que puede apreciarse el fórum en el centro y el anfite
mente el modelo de los intercam­
atro al sur-. El propio término que da nombre a la ciudad: empo
bios en el área ibérica define una rion, es el mismo que los griegos empleaban para designar ur
red de mercados (emporiae) o puertos mercado, lo que da una ¡dea precisa de su propósito. Ampurias e:
de comercio (ports of trade) a los que una COLONIA FOCEA cuya fundación habría que situar hacia e
accedían mercaderes (emporos) que ges­ 600 a. C. Su primera ocupación se asentó en una pequeña isla qu<
tionaban cargamentos de origen diverso corresponde a la localidad actual de St. Martí d'Empúries -hoy in
tegrada a tierra firme y visible a la derecha de la imagen, en un es
obtenidos en los grandes centros económi­
pació elevado- y a la que Estrabón (111.4.8) se refirió come
cos del Mediterráneo central, como Cartago Palaiapolis ('ciudad antigua"). Con posterioridad, el núcleo se ex
y las poleis griegas de Sicilia, nexo de unión tendería a tierra firme, que conocemos convencionalmente come
con el área del Egeo y la costa del Levante sirio- Neapolis. La localización de la colonia, antiguamente pegada a l«
palestino mediante la navegación (nautilíe). El co­ desembocadura del río Fluviá, permitió que fuera dotada de do*
nocimiento de las rutas de navegación se refleja en puertos: uno fluvial, que ocupaba el espacio entre la ciudad de tie­
rra fírme y la Palaiapolis, y otro marítimo del que se conserva un
derroteros como el de Scilax el Joven en el Medite­ espigón de época helenística en el espacio intermedio entre
rráneo oriental a finales del siglo IV a. C. y la Ora ambos. Los griegos fundaron tan solo dos colonias en la Península:
Marítima para el occidental, compilada por Rufo Festo Emporion y Rhode, ambas situadas en el golfo de Roses, pero esta
Avieno en el siglo IV d. C., pero basada en un periplo última fue con el tiempo dominada por la colonia focea, que llegó
í, \ massaliota o fenicio redactado en el siglo VI a. C. El a controlar el comercio de un amplio territorio. Con tales condicio­
nes, no resulta extraño que su puerto fuera el lugar escogido por
principal problema para el comercio a larga distancia
Cneo Escipión para el desembarco de sus tropas en la Segunda
consistía en las dificultades para navegar durante la Guerra Púnica, un episodio que como es sabido marcaría el inicio
estación mala (cheimón), por lo que los viajes se de la conquista romana de Hispania.cMAC EMPOR¡£s/SMmFonT.2oio
concentraban en la apta (theros), cuya dura­
ción quedaba fijada según Hesíodo (Tra­
bajos y días, 618-645) desde el inicio Un sistema comercial complejo
de la primavera hasta el Final de las En España, los principales ejemplos de barcos griegos son los
Pléyades, es decir, mediados de sep- pecios de El Sec (Calviá), del siglo IV a. C. y Cala Sant Viceng
* tiembre, fecha que posteriormente (Pollenga) datado en el siglo VI a. C., en el que se ha identificado
se prolongará hasta noviembre, inicio un ensamblaje cosido citado ya por Homero (¡liada, 11.135)
del mare clausum romano. considerado como propio de las embarcaciones foceo-massa-
-v ' '• La construcción naval griega y púnica permitía la botadura liotas. Dicho barco, similar a los pecios de Pointe Lequin 1A
de diversos tipos de barcos siguiendo procesos estandarizados, (isla de Porquerolles) y Jules Verne 7 (Marsella), datados tam­
al trabajar las atarazanas sobre medidas y patrones regulares, bién en el siglo VI a. C., contaba con una eslora de entre 15 y
como constatan las marcas en el armazón de los pecios púnicos 20 m, y se emplearía para cubrir las rutas entre las penínsulas
de Lilibeo del siglo III a. C. Frente al lento y pesado golah fe­ ibérica e itálica y el norte de África. Los cargamentos de ambos
nicio, los comerciantes griegos emplearán navios de alta mar y barcos no son el resultado de un comercio directo entre dos
costeros o de cabotaje, destacando entre los primeros el holkás, puertos, sino la suma de productos de fácil venta entre las co­
un gran navio de transporte que debía ser remolcado a la entrada munidades ibéricas obtenidos por un emporos o armador-mer­
de puerto, y los barcos de cincuenta remeros (pentecóntero, cader (naukleros) que organizase la expedición comercial en
véase Despena Ferro Antigua y Medieval n°. 6: “Del pente­ diversos mercados del Mediterráneo central y occidental, defi­
cóntero a los gigantes helenísticos: la evolución de la marina niendo expediciones de redistribución de corto recorrido y nc

Comercio ibero, púnico y griego de guerra griega”) aptos para el comercio y la piratería, y capa­
ces de realizar dos travesías entre las cuencas mediterráneas en
una misma estación compensando con la rapidez su menor ca-
pacidad de carga, lo que aseguraba un mejor precio para los
empresas comerciales procedentes directamente de un puerto
del Egeo, buscando los beneficios por la diferencia de precio
existente entre diversos puertos para un mismo producto, como
describe Jenofonte: “cuando tengan el máximo posible, lo em­
Cuéntase también de los rodios que su preponderancia marítima no data solo del tiempo en que fundaron la cridad productos transportados en épocas de escasez. Dichos barcos barcarán en los mismos barcos en que navegan. Y cuando ne
1 actual, sino que antes del establecimiento de las Olimpiadas [.:.] .emprendieron largas travesías muy alejada¿Íie su1 están representados en eljaTte ibérico en la caja de piedra de Si- cesiten dinero, no venderán el grano al azar, sino que lo llevarár
'patria, navegando por ello hasta Iberia. ||| narcas (Valencia) y erí Ij&so bicónico del poblado de Mas al lugar en el que el grano sea más caro y la gente pague ur
'Estrabón, Geografía, XIV.2-10, trad. J.L. García Ramón, BCG^OOB^________________________________- - Boscá (Badalona). Exist |fs categorías de barcos de cabotaje. precio más alto, y allí lo venderán” (Oeconomicus, XX.27-28)
S Las más pequeñas, sifnS pafcá^Áncluíai\losymbe, skaphe y Un proceso en el que desempeñaban un papel capital el capitár
1 El tráfico comercial es una invención de los cartagineses. I kydarion; los interines ^pj^^^ara él remolqne o en ta- del navio (kybernétes) y el sobrecargo (díopos) encargado de
IPiinio el Viejo, Historia Natural, Vll.l 99, trad. Antonio Fontán, BCG, 2003.| reas de descarga de|f¡ 3 ' registro del cargamento, la supervisión de las mercancías y U
ai según las zonas, ihd ví ,'4 orgánización de la estiba. Unas prácticas en las que se empleabí
que en el tercer \MO sistema comercial complejo tanto en la preparación de la
\rrihalassobiotoi, los hombres que viven del mar, según pa- peletes, ^rkuouroi^^mí40^ém^^^
I I labras de Apiano (Líbica, 84). La navegación y el co- rutas de navegación en los siglos IX-V1II a. C. durante .Ja ex- (créd‘tos> intereses, plazos de amortización y en es-
pansion colonial griega, una estructura económica claramente m de eslora, 3 de manga y fondo plan, conocidos como “préstamo de gran aventura”, citados
S mercio en el Mediterráneo occidental adoptaron taco-J
m empresarial que sustituyó a las transacciones basadas en las re-| gación en aguas de poco calado y marismas pleitos de Demóstenes (Discursos, XXXIV.51; LVI-50),

m £
h
nocimientos técnicos y los usos económicos desarrollados
durante el segundo milenio a. C. por los comerciantes micénicos
y potenciados por los comerciantes fenicios, definiéndose nuevas
Ilaciones personales establecidas a partir de la hospitalidad y loSj
¡regalos prestigio. Las tesis tradicionales defensoras de áreas
cerradasde intercambios basadas
en el origen “nacional” de los
comercial Pech Maho 2 (siglo V a. C.) y. s
arqueológicamente en las excavaciones de laj
(pecio JV9), en el Vieux Port de Marsella^ 1EK2
- ____ ____ ____ ________ ' ____ u
mCTBfer^é&lqs'jqtie tanto la carga como el propio navio se empleaban
^^^§^^corho garantía), como en la realización de los intercambios

■ -
(arras, pagos diferidos, empresas mixtas, públicas o privadas,

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Francisco Gracia Alonso - Universitat de Barcelona {
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Comercio ibero, púnico y griego


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Cuéntase también de los radios que su preponderancia marítima no data solo del tiempo en que fundaron la ■i dudad
actual, sino que antes del establecimiento de las Olimpiadas [.:,] emprendieron largas travesías muv alelada "
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patria, navegando por ello hasta Iberia.
Estrabón, Geografía, XIV.2-10, trad. J.L. García Ramón, BCG, 2003. ■ *

El tráfico comercial es una invención de los cartagineses.


Plinio el Viejo, Historia Natural, VII.199, trad. Antonio Fontán, BCG, 2003. m
f I I halassobiotoi, los hombres que viven del mar, según pa-
I labras de Apiano (Líbica, 84). La navegación y el co- Futas de navegación en los siglos 1X-VIII a. C. duranU^; ex- ,
pansión colonial griega, una estructura económica claramente
1 mercio en el Mediterráneo occidental adoptaron los co­
nocimientos técnicos y los usos económicos desarrollados mpresarial que sustituyó a las transacciones basadas en las re-|
paciones personales establecidas a partir de la hospitalidad y l°s
I
Wm'}
durante el segundo milenio a. C. por los comerciantes micénicos
y potenciados por los comerciantes fenicios, definiéndose nuevas
regalos de prestigio. Las tesis tradicionales defensoras de áreas
cerradas de intercambios basadas en el origen “nacional” de log
ARQUEOLOGÍA & HISTORIA 13

productos (fenicio, griego o pú­ ◄ Vista del complejo arqueológico de EMPORION (Empúries, L'Es-
nico) son erróneas, y actual­ cala), con la ciudad griega pegada a la playa y la romana en la parte
alta -de la que puede apreciarse el fórum en el centro y el anfite­
mente el modelo de los intercam­
atro al sur-. El propio término que da nombre a la ciudad: empo-
bios en el área ibérica define una rion, es el mismo que los griegos empleaban para designar un
red de mercados (emporiae) o puertos mercado, lo que da una idea precisa de su propósito. Ampurias es
de comercio (ports of trade) a los que una COLONIA FOCEA cuya fundación habría que situar hacia el
accedían mercaderes (emporos) que ges­ 600 a. C Su primera ocupación se asentó en una pequeña isla que
tionaban cargamentos de origen diverso corresponde a la localidad actual de St. Martí d'Empúries -hoy in­
tegrada a tierra firme y visible a la derecha de la imagen, en un es­
obtenidos en los grandes centros económi-
pacio elevado- y a la que Estrabón (111.4.8) se refirió como
)s del Mediterráneo central, como Cartago Palaiapolis ("ciudad antigua"). Con posterioridad, el núcleo se ex­
y las poleis griegas de Sicilia, nexo de unión tendería a tierra firme, que conocemos convencionalmente como
con el área del Egeo y la costa del Levante sirio- Neapolis. La localización de la colonia, antiguamente pegada a la
palestino mediante la navegación (nautilíe). El co­ desembocadura del río Fluviá, permitió que fuera dotada de dos
nocimiento de las rutas de navegación se refleja en puertos: uno fluvial, que ocupaba el espacio entre la ciudad de tie­
rra firme y la Palaiapolis, y otro marítimo del que se conserva un
derroteros como el de Scilax el Joven en el Medite­ espigón de época helenística en el espacio intermedio entre
rráneo oriental a finales del siglo IV a. C. y la Ora ambos. Los griegos fundaron tan solo dos colonias en la Península:
Marítima para el occidental, compilada por Rufo Festo Emporion y Rhode, ambas situadas en el golfo de Roses, pero esta
Avieno en el siglo IV d. C., pero basada en un periplo última fue con el tiempo dominada por la colonia focea, que llegó
massaliota o fenicio redactado en el siglo VI a. C. El a controlar el comercio de un amplio territorio. Con tales condicio­
nes, no resulta extraño que su puerto fuera el lugar escogido por
principal problema para el comercio a larga distancia
Cneo Escipión para el desembarco de sus tropas en la Segunda
consistía en las dificultades para navegar durante la Guerra Púnica, un episodio que como es sabido marcaría el inicio
estación mala (cheimóri), por lo que los viajes se de la conquista romana de Hispania.oMAc-EMPüRís/SAmiFoNT.20io
concentraban en la apta (theros), cuya dura­
ción quedaba fijada según Hesíodo (Tra­
bajos y días, 618-645) desde el inicio Un sistema comercial complejo
de la primavera hasta el final de las En España, los principales ejemplos de barcos griegos son los
Pléyades, es decir, mediados de sep­ pecios de El Sec (Calviá), del siglo IV a. C. y Cala Sant Viceng
tiembre, fecha que posteriormente (Pollenga) datado en el siglo VI a. C., en el que se ha identificado
se prolongará hasta noviembre, inicio un ensamblaje cosido citado ya por Homero (Ilíada, 11.135)
del mare clausum romano. considerado como propio de las embarcaciones foceo-massa-
La construcción naval griega y púnica permitía la botadura liotas. Dicho barco, similar a los pecios de Pointe Lequin 1A
de diversos tipos de barcos siguiendo procesos estandarizados, (isla de Porquerolles) y Jules Verne 7 (Marsella), datados tam­
al trabajar las atarazanas sobre medidas y patrones regulares, bién en el siglo VI a. C., contaba con una eslora de entre 15 y
como constatan las marcas en el armazón de los pecios púnicos 20 m, y se emplearía para cubrir las rutas entre las penínsulas
de Lilibeo del siglo III a. C. Frente al lento y pesado golah fe­ ibérica e itálica y el norte de África. Los cargamentos de ambos
nicio, los comerciantes griegos emplearán navios de alta mar y barcos no son el resultado de un comercio directo entre dos
costeros o de cabotaje, destacando entre los primeros el holkás, puertos, sino la suma de productos de fácil venta entre las co­
un gran navio de transporte que debía ser remolcado a la entrada munidades ibéricas obtenidos por un emporos o armador-mer­
de puerto, y los barcos de cincuenta remeros (pentecóntero, cader (naukleros) que organizase la expedición comercial en
véase Despertó Ferro Antigua y Medieval n°. 6: “Del pente­ diversos mercados del Mediterráneo central y occidental, defi­
cóntero a los gigantes helenísticos: la evolución de la marina niendo expediciones de redistribución de corto recorrido y no
de guerra griega”) aptos para el comercio y la piratería, y capa­ empresas comerciales procedentes directamente de un puerto
ces de realizar dos travesías entre las cuencas mediterráneas en del Egeo, buscando los beneficios por la diferencia de precio
una misma estación compensando con la rapidez su menor ca- existente entre diversos puertos para un mismo producto, como
pacidad de carga, lo que aseguraba un mejor precio para los describe Jenofonte: “cuando tengan el máximo posible, lo em­
productos transportados ern épocas de escasez. Dichos barcos barcarán en los mismos barcos en que navegan. Y cuando ne­
están representados en eLgn|g ibérico en la caja de piedra de Si-
narcas (Valencia) y en
Boscá (Badalona). Exi
Las más pequeñas, si
kydarion; los ÍnterinJÍIIL,
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pafcag^nciuían losyymtie, skaphe y


.d.¿tiM?aU^|^;éFremplque:Oen:ta-
i
categorías de barcos de cabotaje.
cesiten dinero, no venderán el grano al azar, sino que lo llevarán
al lugar en el que el grano sea más caro y la gente pague un
precio más alto, y allí lo venderán” (Oeconomicus, XX.27-28).
Un proceso en el que desempeñaban un papel capital el capitán
del navio (kybernétes) y el sobrecargo (díopos) encargado del
reas de descarga de, m
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según las zonas, iñ it*,: organización de la estiba. Unas prácticas en las que se empleaba
que en el tercer tipo ■.un sistema comercial complejo tanto en la preparación de la
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comercial Pech Maho 2 (siglo
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(pecio JV9), en el Vieux Port de Marsella;-
^ndos pleitos de Demóstenes (Discursos, XXXIV.51; LVI-50),
^feíos-qüe tanto la carga como el propio navio se empleaban
^comó garantía), como en la realización de los intercambios
' (arras, pagos diferidos, empresas mixtas, públicas o privadas,
■ ■
14 ARQUEOLOGÍA & HISTORIA

CARTA AMPURIAS!
.. (X te encarga) que estés en Saiganthe y si.... A los empori-
tanos y no embarcas?... más de veinte y vino no menos
de?.... que en Saiganthe tiene comprado un barco Bas-
ped-().....para hacer transporte a lo largo de la costa in­
cluso hasta cuál de esas cuestiones debe llevar a
cabo.. J..eon(...?/ debe hacerse en...l...eon .?... tam-
bién te encarga que a Basped-( preguntes si hay al-
guien que remolque hasta D.... nuestro (barco). Y si hubiese
dos, que envíe a los dos pero que él sea el patrón? Y si él,
por cuenta propia, quisiera (participar en la comercialización)...
que vaya a medias, y si no estuviera de acuerdo que.....y que
lo más
mmm vi v «8%
diga por carta por cuánto (estaría dispuesto a hacerlo)
\
pronto que pueda........ Esos son mis encargos. Salud." V - Já
ca. inicio del siglo V a. C. Traducción R. A. Santiago (versión 2013). A PLACA DE PLOMO CON INSCRIPCIÓN
EN JONIO ARCAICO fechada a comien­
CARTA PECH MAHO 2 zos del siglo V a. C. Fue hallada en la Nea-
polis de AMPURIAS en 1985. Se trata de
"X compró x embarcación(es) a los Emporitanos. Y compró también... A mí me dio
una carta incompleta, que apareció enro­
una participación de la mitad, por un precio de dos octanios y medio. Le entregué llada, en la que un comerciante da una
dos ectanios y medio en moneda contante y como garantía una"trite"a título perso­ serie de instrucciones a su agente en Em-
nal. Eso lo recibió en el río. El pago a cuenta se lo entregué en el lugar donde están porion. o mac-empuries
anclados los akátia.Testigo(s): Basiguerros, Bleruas, Golo(-)biur y Segedon. Estos fueron
los testigos cuando entregué el pago a cuenta, pero cuando pagué el total del precio,
los dos octanios y medio (los testigos fueron) (-)auaruas, Nalbel(-)n. Heronoíios."
ca. 450-440 a. C.Traducción R. A. Santiago (versión 2013). llegada de productos mediterráneos y la
cabecera de las rutas comerciales de re­
distribución terrestre hacia las capitales
garantes y fiadores) en las que participaban tanto agentes co­ de las estructuras político-territoriales ibéricas. Un mercado era
merciales griegos y púnicos como iberos al mismo nivel de también un punto definitorio de un sistema cultural, según Pau-
responsabilidad, beneficios y conocimiento pleno del comercio sanias (X.IV. 1) y Heródoto (Historias, 1.153.2), y lugar de
complejo con empleo de moneda, como demuestran las cartas atracción territorial descrito por Aristófanes (Acarnienses, 719-
comerciales Ampurias 1 y Pech Maho 2, un sistema muy alejado 728), en el que se reunían productos de diversos territorios (860-
del trueque simple o comercio silencioso que defendió Karl 882), pero en el que especialmente fluían las ideas. Las transac­
Polanyi, o de las diferencias de comprensión del sistema de in­ ciones se realizaban en un área del puerto (deigma) dedicada a
tercambios entre indígenas y colonos en un Far-West occidental las actividades conocidas en los mercados del Mediterráneo
según las tesis de Susan Frankenstein, expuestas a partir de los oriental (karum), no solo la compra-venta, sino también el peri­
textos de Heródoto (IV. 196, trad. María Rosa Lida, Lumen, taje y las operaciones bancarias.
1981)
Cartas comerciales
Dicen que hay en Libia, más allá de las columnas de La serie de cartas comerciales escritas en lengua jonia o etrusca
Heracles, un paraje habitado; cuando arriban a él, des­ documentadas en Ampurias y Pech Maho (Sigean, Aude) de­
cargan sus mercancías, y luego de ponerlas en fila sobre muestran que el comercio en el territorio ibérico se realizaba
la playa, se embarcan y hacen humo. Apenas ven el bajo la supervisión y protección de los sistemas políticos locales,
humo los naturales del país, se dirigen al mar, dejan oro que controlarían la producción y transporte de mercancías hasta
para pagar las mercancías y se alejan de ellas. Los car­ y desde los mercados costeros y definirían unas pautas para los i
tagineses desembarcan y examinan el oro; si Ies parece intercambios de carácter complejo establecidas, asumidas y po­
justo precio de sus mercaderías, se lo llevan y se retiran; tenciadas desde el inicio del comercio fenicio en el sur de la
pero si no Ies parece bastante, se embarcan de nuevo y península ibérica en el siglo IX a. C. y posteriormente en el i
se están en sus naves, y los naturales se acercan y agre­ Levante y el nordeste entre los siglos VIII y VII a. C., prácticas
gan más oro hasta contentarles. Ninguno perjudica al perfectamente asimiladas al iniciarse el comercio foceo y que
otro, pues ni ellos locan el oro antes de que los libios perdurarían hasta la Baja Época ibérica en el siglo II a. C. Una
igualen el valor de las mercaderías, ni los otros tocan prueba de dicho proceso es la carta comercial Ampurias /, en
las mercaderías ames de que los fenicios les tomen el la que un comerciante de Massalia transmite a su representante
oro. (metabolos) en Ampurias instrucciones para que establezca un
negocio con un ibero llamado Baspedas, capaz de conseguir
En los contratos especificaban el destino, el itinerario, la un excedente de vino y aceite en la zona de Saiganthé (Sagunto)
carga y los puertos prohibidos en función del derecho de embargo y organizar su transporte por mar hasta la colonia focea, al re­
(sulai), los plazos para el pago de la deuda, las deducciones por conocer a Baspedas su dominio de la navegación costera, por
contingencias como los ataques de piratas y las sanciones esti­ lo que incluso aceptará una distribución no equitativa de los
puladas según Jos casos. Los emporiae eran los lugares de beneficios a favor del mercader ibero. Dichas prácticas se con-
ARQUEOLOGÍA & HISTORIA 15

firman en la carta comercial Ampurias 2, fechada en la primera económicas cuya estructura y transcripción concuerdan con el
mitad del siglo IV a. C., en la que pese a su carácter fragmentario modelo, como el ejemplar de La Serreta (Alcoy), aunque no
se constata de nuevo la organización de un negocio en el que puedan ser traducidos debido a las lagunas que aún perduran
se incluye el vino como principal mercancía y se organiza el en el conocimiento de la lengua ibérica.
traslado de la carga mediante el remolque de un barco.
La carta Pech Maho 1 muestra la perduración del comercio Flujos comerciales y productos
etrusco en la zona -cuyos productos se distribuían también La distribución de ánforas y vajilla de mesa púnica se inicia en
ampliamente en la península ibérica desde Huelva a Ampu­ la Península a finales del siglo V a. C., con un aumento signifi­
rias- entre finales del siglo VI y mediados del siglo V a. C„ cativo desde principio del siglo IV a. C., como muestra, por
un proceso iniciado en el siglo VIII a. C. que llegaría a ser do­ ejemplo, el pecio de Plañe B (Marsella) hundido hacia el 400
minante en el VII a. C. en el sur de la Galia. El reverso opisto- a. C. cuando transportaba un cargamento mixto de lingotes de
gráfico de la misma lámina de plomo, una inscripción en jonio cobre, cerámica ática y ánforas cartaginesas. Los grafitos de
arcaico datada en el segundo cuarto del siglo V a. C. conocida posesión y los conjuntos cerámicos de los poblados ibéricos
como Pech Maho 2, aporta más información sobre el sistema muestran que, durante el siglo IV a. C., al menos el 20% de las
de transacciones, al referir un emporos llamado Kyprios (al­ piezas importadas eran púnicas, una cifra que llegará a doblarse
gunas traducciones no incluyen el antropónimo) a un socio en vísperas de la Segunda Guerra Púnica y que, en casos con­
comercial una transacción realizada por un metabolos massa- cretos, como el poblado del Puig de Sant Andreu (Ullastret)
liota, Heron de los (o Heronoíios). El interés de la carta radica llegó a alcanzar el 60% de las importaciones de ánforas durante
en la explicación de la compra o alquiler de una embarcación el primer cuarto del siglo IV a. C., marcando claramente unas
de fondo plano (akation), bien en un mercado (emporion) o en rutas de comercio que, en este caso, estaría encabezado por las
el lugar en el que se reúnen los comerciantes (emporitanoi), producciones ibicencas. Cifras y proporciones similares a las
mediante un sistema complejo de fianzas y pagos a cuenta, así registradas en la colonia focea de Ampurias, donde el 20% de
como del desarrollo final de la transacción con la entrega de las ánforas documentadas en niveles del siglo V a. C. son púni­
la mercancía y el abono del precio acordado. Además del pro­ cas -correspondiendo en su mayoría a las factorías de produc-
ceso, lo importante es que los
nombres de los avaladores de
la legitimidad del negocio no , :-j:.
son griegos, sino iberos y ligu-
res, como demuestran los an- t
tropónimos de los testigos, ya !
sean otros comerciantes o los Sffü
responsables políticos y econó­ í
micos de un mercado bajo con­ i
trol indígena cuya sola mención \'j\
basta para legitimar el acuerdo |í;\
tanto para el relator como para L?
el destinatario de la misiva, por .
lo que se ha indicado acertada- ¡
mente que no se trataría de una i:
carta al estilo de las de Ampu­ A Detalle de un VASO BICÓNICO CON ORNAMENTACIÓN INCISA
rias sino de un auténtico memorándum con posible validez ju­ procedente de MAS BOSCÁ (Badalona) en la que figuran dos
rídica destinado a un archivo comercial. Una estructura que se naves de tipo griego, cuya representación es excepcional en el
mantendrá, con presencia también de nombres de comerciantes ámbito ibérico. Su esquematismo no impide observar detalles
iberos e incluso galos, en la carta comercial Ampurias 3, escrita como el mástil central con verga y vela cuadrada desplegada, las
líneas de remos, el ojo apotropaico representado en la proa, o su
en lengua ibera y datada en los siglos III y II a. C., es decir,
gran timón.También se aprecia a la perfección el mar mediante
con posterioridad al apogeo del comercio greco-foceo y púnico líneas onduladas verticales y acaso también la costa, con una linea
en la zona, muestra de lo arraigado de dichas prácticas en el horizontal esquemática sobre la que se elevan una serie de mon­
sistema comercial ibérico. tañas, de modo que cada una de las caras del vaso parece mostrar
Los casos de Pech Maho y Ampurias muestran que el co­ una nave acudiendo al puerto o bien saliendo de este. El vaso, fe-
mercio en Iberia seguía los mismos patrones de mercados con chable en el siglo III a. C., corresponde a una producción para el
servicio de mesa conocida como CERÁMICA OXIDADA DE LA
actividad compleja del resto del Mediterráneo en los que pri­
COSTA CATALANA, por su fabricación en talleres del litoral del
marían las ideas de xenia (práctica de la hospitalidad en la que nordeste peninsular. Se trata de producciones con formas idénti­
suelen intercambiarse regalos de prestigio) y philia (vínculo de cas a las llamadas cerámicas "grises de la costa catalana", también
amistad que puede derivar en transacciones) para las relaciones conocidas como "grises amporitanas"-por su canalización mayo-
personales, como en otros enclaves bajo la protección de un ritaria desde Ampurias en especial a partir del 200 a. C.-; deno­
poder político territorial, casos de los puertos de Gravisca y minaciones derivadas de la cocción reductora de la mayoría de
ellas, aunque circulaban también piezas en versión oxidada con
Pyrgi en Etruria controlados por Tarquinia y Caere. Los ejem­ una variedad de tonos anaranjados o marrones como la de Mas
plos citados no son casos aislados, puesto que se conocen más Boscá. Curiosamente, la pieza en cuestión contiene fragmentos
de veinte textos sobre lámina de plomo que podrían correspon­ ennegrecidos por su hallazgo en un nivel de incendio, junto a
der a documentos administrativos o contables de transacciones otros que conservan su tonalidad original. omusr>oeBad.ucs\-ub
A Detalle de un VASO BICÓNICO CON ORNAMENTACIÓN INCISA
ándum con posible validez ju- procedente de MAS BOSCÁ (Badalona) en la que figuran dos
nercial. Una estructura que se naves de tipo griego, cuya representación es excepcional en el
n de nombres de comerciantes ámbito ibérico. Su esquematismo no impide observar detalles
comercial Ampurias 3, escrita como el mástil central con verga y vela cuadrada desplegada, las
líneas de remos, el ojo apotropaico representado en la proa, o su
siglos III y II a. C., es decir,
gran timón. También se aprecia a la perfección el mar mediante
omercio greco-foceo y púnico
líneas onduladas verticales y acaso también la costa, con una linea
>ado de dichas prácticas en el horizontal esquemática sobre la que se elevan una serie de mon­
tañas, de modo que cada una de las caras del vaso parece mostrar
\mpurias muestran que el co­ una nave acudiendo al puerto o bien saliendo de este. El vaso, fe-
nos patrones de mercados con chable en el siglo III a. C., corresponde a una producción para el
servicio de mesa conocida como CERÁMICA OXIDADA DE LA
Mediterráneo en los que pri-
COSTA CATALANA, por su fabricación en talleres del litoral del
ca de la hospitalidad en la que nordeste peninsular. Se trata de producciones con formas idénti­
prestigio) y philia (vínculo de cas a las llamadas cerámicas "grises de la costa catalana" también
nsacciones) para las relaciones conocidas como “grises amporitanas"-por su canalización mayo-
aves bajo la protección de un ritaria desde Ampurias en especial a partir del 200 a. C.-; deno­
de los puertos de Gravisca y minaciones derivadas de la cocción reductora de la mayoría de
ellas, aunque circulaban también piezas en versión oxidada con
Tarquinia y Caere. Los ejem-
una variedad de tonos anaranjados o marrones como la de Mas
)s, puesto que se conocen más Boscá. Curiosamente, la pieza en cuestión contiene fragmentos
plomo que podrían correspon- ennegrecidos por su hallazgo en un nivel de incendio, junto a
»s o contables de transacciones otros que conservan su tonalidad original. omusoHbadaiona-ub
16 ARQUEOLOGÍA & HISTORIA

▼ ANFORA FENICIA VR-1 procedente del poblado de la pri-


clon de salazones del área del estrecho de Gi- mera Edad del Hierro de Sant Jaume-Mas d'en Serra
braltar-, tan solo superadas por las (Alcanar), finales del s. Vil a. C. De dicha forma de­
rivarán formalmente producciones más tardías.
massaliotas. Un volumen que lle­
€> GRAP-UB
gará al 40% durante el primer
cuarto del siglo IV a. C. cuando se
constata una preeminencia de las
ajustada a las transacciones complejas que
producciones de Ibiza aunque con pre­
se desarrollaría en los emporiae o “puertos de co­
sencia de otras ánforas púnicas fabri­
mercio” (ports of tradé) y otra más simple de ca­
cadas en Sicilia, Cerdeña y el norte de
rácter local en la que el trueque podría subsistir,
África, hasta alcanzar el 50% a finales
del siglo III a. C. como reflejo de la puesto que el principal problema para la gene
presión del comercio de Cartago en
la península ibérica y la regresión
paulatina del flujo de productos grie­
gos desde mediados del siglo IV a. de la propia Emporion, cuyas primeras senes
C. y posteriormente de los proceden­ monetales podrían datar de la segunda mitad
tes de Massalia, presión que en todo f del siglo V a. C, generalizándose en el IV a.
caso se mantendrá hasta mediados del C., muy alejadas por tanto de la cronología de
siglo II a. C. en que se consumará la ^ f los negocios descritos en las cartas comerciales
derrota de Cartago. más antiguas. Las piezas en circulación corres­
El flujo comercial ibérico se organizaba ponderían por tanto a acuñaciones massaliotas que
a partir de un circuito exterior por el que se ar­ imitarían patrones egeos, series que contaron con un
ticulaba la importación de productos de lujo (ce­ importante volumen en circulación, contrastado en las
rámicas áticas de figuras negras, rojas y barniz negro más de 2000 piezas del tesoro de Auriol (Marsella) datado en
ático a las que seguirán las producciones de la Magna Grecia el siglo V a. C., y alcanzando su distribución diversas áreas de
durante el siglo IV a. C.; vajilla metálica de prestigio; perfumes; Iberia, Galia y Etruria; o el tesoro de 897 monedas de plata lo­
vino de diversas procedencias según muestra la variedad de án­ calizado en 1926 en la neápolis de Ampurias, datado en el perí­
foras que, por ejemplo, en el caso del pecio de El Sec incluía en­ odo 395-375 a. C., de las que 879 eran imitaciones de las series
vases de Corinto, Cos, Rodas, Quíos, Tasos, Mende, Sinope y el atenienses, ejemplo del peso que el comercio de Atenas tuvo en
Mediterráneo central); alimentos y otros materiales como los te­ los mercados occidentales durante los siglos V y IV a. C.
jidos que no han dejado rastro en el registro arqueológico, además
de vino, aceite, salazones transportados en ánforas de origen pú­ BIBLIOGRAFÍA
nico junto a vasos de mesa, cocina y almacenaje. Dicho circuito AA. VV. (2001): De la mar y de la tierra. Producciones y
uniría por mar los centros de Ibiza, Cartago, Sicilia, la Magna productos fenicio-púnicos, Ibiza: Museu Arqueológic d'Eivissa
Grecia y el Ática con los mercados peninsulares y, desde estos, ¡ Formentera.
se practicaría un comercio de redistribución marítimo y terrestre AA. W. (2004): La circulado d'ámfores al Mediterrani
que situaría los productos en las capitales territoriales donde se occidentaldurantla Protohistória, Barcelona: Universidad de
amortizaría la mayor pane de los mismos, siendo el resto distri­ Barcelona.
buido como bienes de prestigio y cohesión social por los enclaves AA. W. (2000): Cerámiques jónies d'época arcaica: centres de
de poblamiento de menor rango. Deben asumirse dos fases de producció i comercialització al Mediterrani Occidental,
Barcelona: Museu d'Arqueologia de Catalunya.
empleo de los productos, en especial los contenedores cerámicos
Gracia, F. (Coord.) (2008): De Iberia a Hispania. Barcelona.
de lujo: el inicial de empleo y el prolongado de prestigio e indi­
Guerrero, V. (1993): Navios y navegantes en las rutas de
cativo social, lo que provoca distorsiones entre las fechas de
Baleares, Palma de Mallorca: EITall Editorial.
producción y amortización en poblado o necrópolis de los ítems
Miró, M.a T. (2006): La cerámica ática de figures roges de la
de origen griego o púnico.
ciutat grega d'Emporion, Monografies Emporitanes 14,
Las exportaciones se organizarían en función de un circuito Barcelona.
interior o estrictamente ibérico sin participación de agentes co­
Nieto, X. (2009): El vaixell grec arcaic de Cala Sant Vicenq,
loniales. Controlado por un poder político de carácter pre­
Barcelona: Museu d'Arqueologia de Catalunya.
estatal o estatal desde el siglo IV a. C. y jerarquizado desde la
transición de los siglos VII al VI a. C., define el tráfico de ma­
= Bibliografía completa en www.arqueologiaehistoria.com
terias primas y productos manufacturados a lo largo de toda la
cadena operativa con el objetivo de asegurar la producción de
Jos excedentes de materias primas (mineral) y productos agro­ Francisco Gracia Alonso es catedrático de
pecuarios (cereal, pieles, ganado), junto a otro tipo de mercan­ Prehistoria de la Universidad de Barcelona y
cías (esclavos) desde las áreas de producción o captación hacia director del GRAP (Grup de Recerques en
Jas capitales territoriales y/o mercados. Arqueología Protohistórica). Trabaja en temas de
cultura ibérica, la guerra en el mundo antiguo y la
Además de Ja estructura, en el comercio ibérico entre los si­
Historiografía de la Arqueología, y entre sus muchas
glos VJ y IJ a. C. destaca otro factor: el empleo de patrones mo­
publicaciones destacan De Iberia a Hispania (2008) (Coord.); Lr
netarios para valorar mercancías y servicios. Es posible que de­ Arqueología durante el primer franquismo (2009) y Pere Bosch
ban distinguirse dos tipos de prácticas comerciales en esta etapa: Gimpera. Universidad, política, exilio (2011).
Arturo Ruiz - Universidad de Jaén

Vivir en iberia
Las desigualdades sociales entre los iberos
Las citas que de los pueblos iberos hacen Polibio y Tito Livio durante la Segunda Guerra Púnica permiten
distinguir que, a ojos de los romanos, había dos grandes grupos entre ellos: el primero se caracterizaba porque
cuantificaba sus reinos por el número de oppida que su príncipe gobernaba. Fue el caso de Culchas, cuyo
territorio estaba en el sudeste de la Península, que gobernaba sobre 28 oppida cuando fue a ofrecer su ayuda
militar a Escipión en el 206 a. C. para la batalla de Ilipa. La otra referencia remite a Orisón, que venció a Amílcar
Barca con la estratagema de los toros, y que gobernaba sobre 13 oppida. Su territorio debía de estar entre Jaén y
Albacete. El segundo grupo de pueblos iberos se reconoce en las fuentes escritas porque sus gobernantes
siempre son citados como príncipes de grupos étnicos o de pueblos iberos, siendo el caso más conocido el de
Indíbil y Mandonio, príncipes de los ilergetes, que dirigían un ejército del que formaban parte ausetanos,
lacetanos y, en ocasiones, suessetanos.

del valle de un río con un único oppidum) o por el homónimo ét­

L
a disposición de estos dos grupos en un mapa de la penín­
sula ibérica permite distinguir que los segundos ocupaban nico (territorio que incluye varios ríos: Turia, Mijares y Júcar,
preferentemente el área norte de las tierras de los iberos, con varios oppida, uno por cada pagus). Pudo ser esta una se­
desde Castellón hasta el sur de Francia, en tanto que los príncipes cuencia temporal y una respuesta debida al impulso generado
de oppida extendían sus territorios al sur del área ibérica, hasta la por el clima bélico de la Segunda Guerra Púnica, que llevó a am­
provincia de Valencia (véase el mapa de las páginas 8-9). En tér­ pliar las unidades de intervención militar, como lo demuestra la
minos de escritura, este es además el límite entre la levantina y la creación de estructuras de oppida asociados bajo el control de
meridional, pues en el oppidum de la Bastida, en Moixent (Va­ Orisón o Culchas, generando un tipo de territorio político supra-
lencia) se documenta la inscripción ibérica meridional localizada pagi o, al norte, con las entidades étnicas de lacetanos, suessetanos
más al norte, lo que es una coincidencia significativa. o ausetanos sometidas en distintos momento al control de Indíbil
Desde el punto de vista arqueológico, en los últimos anos se ha y Mandonio -los príncipes ilergetes- como si de confederaciones
podido fijar el concepto de pagus (pl. pagi), definido por ejemplo intertribales se tratara. En el caso edetano, el modelo es más com­
en el río Jandulilla en Jaén en el siglo IV a. C. y que explica la fór­ plejo, pues edetanos es el único nombre étnico empleado en la
mula territorial empleada por los oppida para crear sus territorios a zona, lo que indica que o bien el pagus de Edeta se impuso a los
partir del control de los valles de los ríos. El príncipe del oppidum demás y dio su nombre al territorio político del príncipe Edecón
de lltiraka, en Úbeda la Vieja, situado en la desembocadura del río o que el componente étnico edetano se definía en el conjunto de
Jandulilla en el Guadalquivir, levantó en el cerro de El Pajarillo, los pagi de Edeta, Xaiti, Arse y Kelin.
donde nacía el río, un santuario monumental, un heroon (pl. heroa),
dedicado a rememorar con esculturas dispuestas sobre una torre la Estructuras sociales y linajes
hazaña de uno de sus antepasados, que simbólicamente mató un Sentada esta lectura macroespacial, hagamos una aproximación
lobo salvaje en presencia de grifos y leones para salvar a un joven. al nivel del oppidum y de su concepto paralelo de parentesco:
La apropiación del valle propiciaba al príncipe del oppidum quedarse el linaje, una escala por debajo de la relación etnia-papus.
con el control de un camino y facilitaba la colonización de las Godelier distingue con gran acierto entre los conceptos de
tierras no ocupadas y existentes en el valle, fundando en ellas otros greal man y big man, para mostrar que uno y otro conforman
oppida. Este proceso se ha observado también en Cástulo en el dos vías que pueden conducir en su desarrollo a la desigualdad.
pagus del río Guadalén y, en un modelo distinto, que viene desde El primero se sostiene en los sistemas de reciprocidad, don-
un poblamiento sin oppida a otro con oppida, en el río Serpis, en el contradón, y en el control segmentado de los objetos sagrados
área de Alcoy, en Alicante, cuando se pasó de una red de pequeños por diferentes unidades de parentesco, lo que impide la acu-
poblados fortificados a la emergencia política del oppidum de la mulación de riquezas en una familia y consecuentemente la
Serreta, coincidiendo con el paso del s. IV al III a. C., en este caso jerarquización, pero no evita que con el tiempo se produzca.
sin implicar colonización. De este modo, por una vía o por otra se El big man, en cambio, se desenvuelve en los límites del mo­
fijaba en los pagi la modulación del modelo político territorial. delo de reciprocidad con la posibilidad de romperlo gracias al
Hacia el norte el pagus también existía, como lo demuestra el caso don agonístico”, un don que no tiene réplica en el contradón
del Bajo Llobregat o el Ter donde los oppida de Burriac y Ullastret y <Jue facilita el desarrollo del tributo, lo que abre la puerta al
se constítuyeron en los grandes oppida que controlaban ambos va­ desarrollo de sistemas redistributivos y facilita la acumulación
lles, pero aquí el territorio coincidía con los étnicos de indiketes y de riquezas y lógicamente la ostentación aristocrática. Además,
layetanos. Ello provocaba que el papel de los pagi fuera secundario el modelo socio-económico del big man libera parte de los
en el contexto político territorial. objetos sagrados que no circulaban y que ahora el nuevo per­
Un caso especialmente significativo es el de los edetanos en sonaje puede acumular y facilita, como indica Testart, el en­
la provincia de Valencia, según se lea desde los pagi (territorios deudamiento personal al sacar del sistema de intercambio a
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A Vista del PALACIO del oppidum ibérico de PUENTE TABLAS (Jaén), un complejo construido en el siglo Va. C. que sufrió modificaciones en los
dos siglos siguientes. El palacio, que contaba con una superficie de 400 m2 y una doble planta en algunos puntos, estaba construido con una
base de piedras y un alzado de tapial y adobe, y se ha documentado también la presencia de enyesados y estucados rojos en las paredes. En
el siglo III a. C. se incluyó en su parte sureste un edificio adosado en el que se llevaban a cabo labores relacionadas con tareas de servicio para
el palacio. O Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica - Universidad de Jaén

las mujeres e integrarlas en el matrimonio a partir de la dote y pacto de fidelidad, pasaron a formar parte del ejército privado
el precio de la novia. La figura evolucionada del big man, que del aristócrata y accedieron a la propiedad de la tierra, lo que se
encarnaría la imagen del príncipe, tuvo en el mundo ibero una expresaba en el urbanismo ordenado orgánicamente del oppidum
doble referencia o vía, pues o bien se trataba de una célula se­ como espacio de relaciones sociales de producción. No se pre­
gregada del resto de la comunidad o bien se constituía una tende defender con este planteamiento que los clientes no exis­
unidad social nueva, capaz de integrar a la gente en su “casa" tieran en el norte, pero su incorporación al grupo es menos visi­
-el oppidum-, a través de la clientela, imponiéndose así al ble, quizás más individualizada como efecto del peso del factor
resto de las unidades de parientes. étnico, lo que se advierte en la ausencia de grandes necrópolis
El primer caso se reconoce en las casas-torre del Bajo jerarquizadas.
Ebro, que no alcanzaron el s. IV a. C. porque el modelo fracasó
al quedar sus aspirantes aislados en un limbo político, como El sesgo social en las necrópolis: el caso de Baza
lo muestra el caso del complejo Sant Jaume, en Tarragona. La La necrópolis de Baza es en su paisaje funerario un ejemplo
solución lógica es que, tras la crisis, se produjera la reintegra­ significativo de los modelos sociales del s. IV a. C. en el sur
ción de estas unidades de poder a sus centros de origen, si de la península ibérica. En 1992 advertimos que la asociación
bien sometidos a la pervivencia de la estructura étnica, ahora entre tamaño de la tumba, cantidad y calidad del ajuar, y la
más fuerte, lo que limitaría por un tiempo el poder de la aris­ disposición en el espacio funerario de cada enterramiento en
f relación con los demás, permitía concluir la existencia de una
tocracia emergente. Por el contrario en el sur, donde la figura
del big man evolucionado a príncipe se constituyó en germen estructura espacial ordenada en círculos. El primer círculo, la
del proceso urbano y por ende a imagen del oppidum, la des­ tumba 176, era el centro y punto de partida del orden espacial
i
igualdad se consolidó rompiendo los modelos de reciprocidad. al tratarse de la tumba familiar del príncipe. Las características
Pero hay algo más: se trata de las formas de representación fu­ de su ajuar no se repetían en ninguna otra tumba excavada,
neraria del linaje, emblema del monumentalismo del nuevo pues a los muchos recipientes de cerámica ibera se sumaba un
modelo y donde se realiza el mayor gasto de ostentación aris­ grupo de catorce elementos áticos de figuras rojas, abundantes
tocrática, permitiendo la legitimación de la memoria corta que armas, un equipamiento de libación caracterizado por el brasero
configura el linaje en el que el tiempo generacional -es decir, de bronce y, por último, un carro. El siguiente círculo, también
de pocas generaciones- se articula en modelos de linajes de de enterramientos familiares, lo definían al menos las tumbas
base ampliada por la incorporación de la clientela, dando iugar 43 y 130, que se localizan a una distancia de diez metros de
al linaje clientelar. radio de la tumba 176 y a cinco del área de respeto de esta. El
La clientela fue en la práctica una adopción por el aristócrata tamaño de la estructura de la tumba era algo menor a la del
de un grupo de personas que tomaron el nombre del linaje del círculo 1, el número de recipientes griegos bajaba hasta seis y
príncipe y renunciaron públicamente al suyo. Integrados por un siete respectivamente, y además de las panoplias completas
r' • 7 ■ ARQUEOLOGÍA & HISTORIA 21

El pagus de lltiraba (- \
i

r~
tenían braseros para la libación, aunque ya no se incluía el
carro en el ajuar. En torno al segundo círculo, se localizaba la
parte más numerosa de las tumbas, que ya no protagonizaban
el sistema de círculos. Eran constructivamente más simples, a
veces solo hoyos practicados en la tierra, y tenían armas y al­
guna pieza griega de importación.
Concluimos entonces que la estructura de los círculos, con
la tumba 176 a la cabeza, definía un grupo gentilicio clientelar.
En ella se manifestaba la jerarquía en las armas, la desigualdad
en la riqueza, el principio de distanciamiento-proximidad entre
grupos de enterramientos, etc. Es perceptible además que las
La Loma del Perro tumbas que caracterizaban y ordenaban los dos círculos corres­
pondían a la jerarquía intema del grupo aristocrático. En esta di-
A rección conviene valorar el discurso que se deduce del espacio
63: urbano del oppidum de Puente Tablas, porque en él existen tam-
de bién al menos dos niveles aristocráticos distintos en la disposición
r<3s de las casas. El primero con el mayor tamaño de residencia: el
palacio, en un extremo del poblado separado del resto de las es­
tructuras urbanas; el segundo, con un tamaño inferior, insertado
en el entramado del caserío urbano, aunque con ciertos signos
de distinción respecto a las demás casas de la manzana. Volviendo
a la necrópolis de Baza, hay que valorar como un círculo distinto
el grupo formado por las tumbas 155 y, recientemente, la 183
[NdE: Se trata de una tumba muy recientemente excavada, con
una superestructura de adobe y de notables dimensiones, que
fue reutilizada con posterioridad para la deposición de inhuma­
ciones infantiles dobles]. Este otro círculo, cuyas tumbas arro­
paban la 176, se caracteriza por su particularización constructiva,
diversidad y alta cualificación del ajuar. La primera tumba citada,
de pozo, contenía la Dama de Baza y constituye el punto de
I
arranque cronológico de la necrópolis, por lo que caracteriza el
círculo 0 (o de los fundadores del linaje).
Recientemente nos planteamos una reflexión sobre la distri­
bución de los tipos de cerámica ibérica en los ajuares de las

Restituciones ideales del SANTUARIO DE EL PAJARILLO y su entorno, un
lugar de culto al antepasado heroizado. El conjunto incluye un edificio de
i
tipo religioso con un podio coronado y flanqueado por un complejo pro­
grama iconográfico que cuenta con varias esculturas. Frente a sus cimientos,
r se aprecia una laguna del río. La situación del santuario en el nacimiento del
Jandulilla enlaza con un lugar simbólicamente fértil, pero también con un
espacio de paso, conformando una especie de puerta de acceso desde las
kilómetros '' altiplanicies granadinas. oreconstfuccomsoeProduccioncsel Bosco
+ \

SEMIS DE LA CECA DE ILTIRAKA (media­


dos del s. II a. C). En el reverso, puede obser­
varse claramente el lobo saliendo de la
maleza ■tal y como se cree que estuvo re-
L
presentado en el santuario- y llevando algo
en su boca ¿acaso el joven del conjunto es-
cultórico?-. El personaje del anverso podría
representar bien a la autoridad qun emitió
la moneda o quizá al héroe fundador; un re­
cuerdo de la mitología heroicr que en su
momento encarnaron el santua .o y su pro­
grama iconográfico.

i
tenían braseros para la libación, aunque ya no se incluía el
carro en el ajuar. En torno al segundo círculo, se localizaba la
parte más numerosa de las tumbas, que ya no protagonizaban
el sistema de círculos. Eran constructivamente más simples, a
■'j veces solo hoyos practicados en la tierra, y tenían armas y al­
guna pieza griega de importación.
6, Concluimos entonces que la estructura de los círculos, con
la tumba 176 a la cabeza, definía un grupo gentilicio clientelar.
§ • En ella se manifestaba la jerarquía en las armas, la desigualdad
9. en la riqueza, el principio de distanciamiento-proximidad entre
§, grupos de enterramientos, etc. Es perceptible además que las
j
tumbas que caracterizaban y ordenaban los dos círculos corres­
K pondían a la jerarquía interna del grupo aristocrático. En esta di­
.• • rección conviene valorar el discurso que se deduce del espacio
635 urbano del oppidum de Puente Tablas, porque en él existen tam­
bién al menos dos niveles aristocráticos distintos en la disposición
W*as de las casas. El primero con el mayor tamaño de residencia: el
) palacio, en un extremo del poblado separado del resto de las es­
tructuras urbanas; el segundo, con un tamaño inferior, insertado
en el entramado del caserío urbano, aunque con ciertos signos
de distinción respecto a las demás casas de la manzana. Volviendo
a la necrópolis de Baza, hay que valorar como un círculo distinto
el grupo formado por las tumbas 155 y, recientemente, la 183
INdE: Se trata de una tumba muy recientemente excavada, con
una superestructura de adobe y de notables dimensiones, que
fue reutilizada con posterioridad para la deposición de inhuma­
ciones infantiles dobles]. Este otro círculo, cuyas tumbas arro­
A paban la 176, se caracteriza por su particularización constructiva,
1144
diversidad y alta cualificación del ajuar. La primera tumba citada,
de pozo, contenía la Dama de Baza y constituye el punto de
arranque cronológico de la necrópolis, por lo que caracteriza el
círculo 0 (o de los fundadores del linaje).
Recientemente nos planteamos una reflexión sobre la distri­
bución de los tipos de cerámica ibérica en los ajuares de las
22 ARQUEOLOGÍA & HISTORIA
t Planta arqueológica de la NEC
acial, ordenada en relación con su repr
y el estudio de su estructura esp

Necrópolis del
Cerro del Santuario
Baza

de! príncip
[L . aspirante
•'L') *:•««
:•* 99

Sector 1:
Clientes del príncipe /
Sector 2:Parientes Sector 4
gobernante
ORCULOO /*" \ CIRCULO 1 f ^ CIRCULO 2 / J CIRCULO 3
Antepasados N 1- rango aristocrático 2° rango aristocrático \ /

O
(i O

tumbas. La conclusión es que existían dos grupos de tumbas si hasta quedar más como un radio de la tumba 155 -de la Dama
se tomaba como guía dos tipos distintos de vasos cerámicos de Baza- que de la tumba 176, mientras que el tercer sector gi­
que en ocasiones funcionaban como urnas. En un grupo se lo­ raba significativamente hacia un eje norte-sur disponiéndose
calizaban los vasos de cuello alto y exvasado; en tanto que en con la tumba 142 como regidora de la orientación del sector,
un segundo grupo había diferentes variedades de kalathos, vasos aunque lamentablemente con expolios antiguos. Ante el suges­
cilindricos con variantes de boca estrangulada. Al sobreponer el tivo resultado obtenido, decidimos valorar otras distribuciones
plano de distribución de los dos vasos cerámicos a la anterior espaciales de objetos, valorados como dones aristocráticos,
lectura en círculos, se advirtió que las tumbas más importantes contenidos en los ajuares: cerámica ática importada e imitacio­
de la necrópolis, que correspondían a las de los circuios 0 y 1, nes de cráteras de columnas por un lado, y armas por otro. La
tenían los vasos de cuello alto, y en casos como la tumba de la lectura de estos grupos de distribuciones permite establecer
Dama de Baza, con pintura polícroma y exquisita decoración que las tumbas del sector 1 concentraban el total de las cráteras
geométrica y vegetal. En cambio, las tumbas que definían el griegas, excluidas lógicamente las de la tumba 176, dos tercios
círculo 2 de la necrópolis, la aristocracia de segundo rango, ya de las copas griegas y casi el noventa por ciento de las imita­
no tenía ese tipo de vaso, sino el kalathos. Una segunda puntua- ciones de crátera griega de columnas. Por el contrario, el sector
lización permite concluir que la distribución de los dos tipos de 3 no participaba de estos materiales, y el 2 lo hacía en un redu­
vasos seguía una pauta radial en su distribución respecto a los cido porcentaje. Si sostenemos que estos materiales constituyen
círculos de la primera lectura y por lo tanto transversal a ellos. un importante grupo de dones agonísticos que circulaban desde
Para distinguir estos nuevos agrupamientos, se ha empleado el la casa del príncipe hacia la sociedad, sus receptores, dominantes
término sector, lo que equivale a caracterizar áreas entre radios. en el sector 1, que estaban preferentemente en el borde del cír­
Así, se ha distinguido que la mayor parte de tumbas con kalathos culo 2, es decir en la órbita más próxima en términos de vecin­
se disponía en la zona más al norte (sector 1, con 17 tumbas que dad a la tumba 176 del príncipe, serían los auténticos clientes
lo contienen) y en la zona más al sur (sector 3, con dos casos), de este. En cambio, en el sector 2 las tumbas con productos
en tanto los vasos de cuello exvasado lo hacen en el área central griegos son pocas y estaban deslocalizadas, lo que podría indicar
de la necrópolis (sector 2, con trece casos). que los enterrados no son un grupo clientelar de dependencia
La relación de los sectores y los círculos permite advertir directa del príncipe de la tumba 176, sino que adscriben sus
que solamente el sector 1 respondía realmente al criterio de ra­ vínculos de asociación directamente a los fundadores del linaje
dios del sistema de los círculos dependientes de la tumba 176, sin tener en cuenta las familias los círculos 1 y 2, es decir, que
porque el conjunto de tumbas del sector 2 giraba levemente se trata seguramente de los parientes consanguíneos del príncipe»
ARQUEOLOGÍA & HISTORIA 23

sucesores directos, como él, de los antepasados del linaje. Desde mostraba lateralmente otros pilares que desarrollarían el pórtico
nuestro punto de vista y frente al sector 2, las tumbas del sector hacia el lado norte, dando lugar a un área protegida en forma
1 y 3 son en el caso del sector 1 los clientes del príncipe, mien­ de “L”, si bien marcando las diferencias de las basas cilindricas
tras que las del sector 3 si bien pueden leerse como clientes, de las grandes columnas que daban acceso al aula transversal y
era un grupo que no accedía a los dones de riquezas importadas, las basas cuadradas del lado norte que protegían la zona privada,
lo que podría indicar que, aunque no eran clientes del príncipe, como después se verá. Siempre sobre lecturas arquitectónicas
sí lo fueron posiblemente de los enterrados en la tumba 142. y con escalas distintas, cabría definir el modelo arquitectónico
Si a ello añadimos la distribución de las armas y sobre todo como un lugar de representación que recuerda las estructuras
de determinadas asociaciones de estas, se observa que la mayor tipo bit-hilani de tradición oriental. A la derecha y a la espalda
carga de costes de los equipamientos de guerra -por ejemplo aso­ del aula rectangular citada había un almacén; en tanto a la iz­
ciaciones falcata-soliferreum o la mayor proporción de los aj uares quierda, envolviendo la estructura citada, había un espacio cul­
con arreos de caballo- se localiza en las áreas 1 y 3, configurándose tual, la capilla de culto a los antepasados. El patrimonio y la
seguramente con ello un segundo grupo de dones, que de nuevo memoria enmarcaban el espacio de representación política del
vuelve a circular en los ajuares de las tumbas de los sectores poder. Como se ha indicado, el edificio estaba articulado por el
donde están los kalathos -es decir en las tumbas de los clientes- patio que lo dividía funcionalmente en dos grandes zonas: una
ahora ya incorporando el sector 3. Un tema importante es que la al norte, que contiene el almacén y la zona doméstica, protegida
doble distribución espacial de las tumbas con kalathos y su dife­ por el pórtico del patio; la otra, al sur, articulaba el espacio de
rente acceso a la riqueza de los dones, aunque tome como refe­ culto a los antepasados y la sala de banquetes a través de una
rencia los antepasados de linaje para su integración en la necró­ antesala con bañera.
polis, tienen realmente una dependencia directa del núcleo familiar El modelo reproduce la oposición entre la zona privada (la
aristocrático, sea este el príncipe, la tumba 176, o incluso de un primera) y la zona pública (la segunda) y ambos ámbitos definen
otro núcleo familiar, como podría ser el caso del grupo que se or­ en herencia y patrimonio el modelo estratégico de legitimidad
dena en tomo a la tumba 142. Esto no cuestiona que el linaje y pretensión de continuidad del linaje que siempre pretendieron
completo actuara como un único cuerpo de ejército al estar jerar­ los príncipes iberos. Concepto este definido por Lévi-Strauss
quizada la relación entre núcleos familiares con clientela. Ello in­ como société á maison, que se expresa en la definición del
cluso sería ampliable a otros linajes residentes en el oppidum, padre del estructuralismo como: “institución, persona moral
pues no hay que olvidar la existencia de la necrópolis de Cerro detentadora de un patrimonio compuesto a la vez de bienes
Largo, coincidiendo cronológicamente con la necrópolis del San­ materiales [los almacenes, el patrimoniol e inmateriales [el
tuario, lo que indica que en Baza existía al menos otro linaje que culto a los antepasados, la memoria], que se perpetua por la
residía en el oppidum. Esta capacidad organizativa y modular del trasmisión de su nombre [el linaje], de su fortuna [el oppidum
espacio funerario basada en la relación familia-linaje se puede y su territorio] y de sus títulos en línea real o ficticia [acciones
proyectar a la definición de los límites territoriales del oppidum heroicas narradas en los heroa], tenida por legítima con la sola
en el s. V a. C. con la disposición de los heroa o monumentos de­ condición de que esta continuidad pueda expresarse en el len­
dicados a los antepasados del linaje, tal y como se han podido re­ guaje del parentesco [encuentros en la sala de banquetes] o la
conocer en el monumento de Cerrillo Blanco donde se narran los alianza [matrimonios, parte doméstica del palacio] y con fre­
valores del linaje aristocrático a partir de las edades del príncipe. cuencia en los dos”.
Se trata de un grupo con más de cuarenta esculturas dispuesto
sobre un túmulo del s. VII a. C. para legitimar el poder del linaje
gobernante y definir el territorio propio del oppidum de Ipolca.
BIBLIOGRAFÍA
Aranegui, C. (ed.) (1998): Los iberos. Príncipes de Occidente. Las
estructuras del poder en la sociedad ibérica. Actas del
La desigualdad en el hábitat Congreso Internacional, Saguntum Extra-1, Valencia.
Si volvemos al hábitat y retomamos el concepto de familia Ruiz, A.; Molinos, M. (1998): The Archaeology of the Iberians.
como punto de partida de la desigualdad y jerarquía social, de­ Cambridge: Cambridge University Press.
bemos recurrir al palacio como el escenario que rige y ordena Ruiz, A. Molinos, M. (ed.) (2015): Jaén Tierra Ibera. Jaén:
la desigualdad, pues el nivel superior de la estructura de paren­ Universidad de Jaén.
tesco, el linaje, asume un papel más integrador y contradictorio, Sanmartí, J. Santacana, J. (2005): Els ibers del nord. Barcelona:
enmarcado por el recinto murado del oppidum. En Puente Ta­ Dalmau.
blas, Jaén, se ha excavado recientemente el edificio principal
del complejo palacial. Este edificio, de los siglos V y IV a. C. E Bibliografía completa en www.arqueologiaehistoria.com
y que tras un hiato continuó en el III a. C., se articulaba inter­
namente en torno a un patio central enlosado, que presenta un
Arturo Ruiz es catedrático de Prehistoria de la
frente de tres grandes basas de columna cilindricas en su lado
Universidad de Jaén y director del Instituto
oeste, creando un pórtico tras el cual se localiza un espacio
Universitario de Investigación en Arqueología
alargado. La estancia es internamente una unidad. Sin embargo, Ibérica de la Universidad de Jaén. Ha excavado
en el siglo 111 a. C., manteniendo la idea de un espacio único, en sitios arqueológicos tan conocidos como el
se dispusieron en su centro dos basas cuadradas de posibles pi­ oppidum de Puente Tablas, el santuario de Castellar, el santuario
lares y un enlosado entre ellas, lo que provocó sutilmente la de El Pajarillo, el Hipogeo de Hornos de Peal, la necrópolis de La
idea de una compartimentación interior en tres espacios comu- Noria o la necrópolis de Piquía. Es coautor de The archaeology of
nicados. La estancia estaba cerrada por tres de sus lados y se the iberians en Cambridge University Press y recientemente es
abría al patio a través del pórtico columnado, que a su vez coeditor de Jaén, Tierra Ibera.
Teresa Chapa - Universidad Complutense de Madrid

La escultura ibérica I

en los siglos IV y III a. C.


Los iberos tuvieron una relación muy restrictiva con el mundo de la imagen durante amplias etapas de su historia, no
tanto porque su empleo estuviera absolutamente vedado, sino porque solo algunas producciones excepcionales tenían
el privilegio de albergar manifestaciones iconográficas complejas. Así, mientras que las cerámicas locales se decoraron
únicamente con temas geométricos hasta épocas tardías, los vasos áticos importados de Grecia podían incluir en su
superficie ricos cuadros de figuras que representaban relatos míticos. Otra excepción, esta vez producida localmente,
-9
fue la escultura en piedra, soporte que se consideró adecuado para representar a las divinidades, expresar las ideas
religiosas y relatar las hazañas de los héroes y aristócratas que conformaban la cúspide de la sociedad ibérica.
¡

1
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urante mucho tiempo se defendió que la escultura de los hallazgos escultóricos en ambientes fenicios y tartésicos
piedra en el mundo ibérico era dependiente de la pre­ peninsulares no han dejado de aumentar, indicando la existencia
sencia griega en las costas peninsulares, y figuras como de talleres estables centrados en la talla de la caliza, que no de­
las esfinges de Agost siguen apoyando la existencia de una re­ jaron de trabajar hasta que sus técnicas y recursos fueron final­
lación con los modelos helenos. Sin embargo, el descubrimiento mente suplantados por las modas de época romana.
del monumento funerario de Pozo Moro (Albacete), nos reveló Puede considerarse que la escultura en piedra es una mani­
una iconografía claramente oriental que se integraba en las más festación consolidada ya en el s. V a. C., momento en el que se
profundas raíces del imaginario ibérico. A partir de entonces, fabricaron auténticas obras maestras, entre las que destaca el

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ARQUEOLOGÍA & HISTORIA 25

T CIPO FUNERARIO procedente de una de las NECRÓPOLIS DE COIMBRA DEL BARRANCO ANCHO en JUMILLA, Murcia. Se trata de un bloque
calizo en cuyas cuatro caras se han esculpido en relieve las figuras de tres jinetes y un personaje sedente imponiendo su mano sobre la cabeza
de un niño. Se trataría de una escena funeraria del siglo IV a. C. en la que se conmemora la figura del difunto y para la que se han propuesto
distintas interpretaciones, como un desfile funerario simbólico o bien una representación de las distintas etapas en la vida del fallecido. La
conservación de las caras que conforman el cipo es muy desigual, pero permite apreciar las similitudes en los JINETES, con sus caballos com­
pletamente enjaezados orientados en un mismo sentido. Cada uno de ellos pisotea con su caballo distintas figuras simbólicas, de las que solo
pueden observarse el conejo y el pájaro bajo las patas traseras de las figuras centrales y una cabeza humana en la pata delantera de la cara
mejor conservada. En relación con esta última, se observan también claros signos de distinción en el jinete, como el gran pendiente que luce
en el lóbulo de la oreja o el hecho de empuñar una suerte de cetro y un báculo con su extremo en forma de horquilla que recuerda a los lla­
mados signa equitum comunes en el ámbito ibérico y celtibérico y cuyos ejemplares más complejos y antiguos proceden de las regiones me­
ridionales de la Península. La síntesis de todos estos atributos coincide con una iconografía muy común en el ámbito ibérico que enlaza con
una IDEOLOGÍA ECUESTRE muy ligada a las aristocracias. En concreto, el cipo formaba parte de un pilar-estela que remataba con la escultura
en bulto redondo de un toro y correspondía a la sepultura 70 de la mencionada necrópolis. Museo de Jumilla. O Jesús Gómez Carrasco

conjunto del Cerrillo Blanco de Porcuna (Jaén). Sus aproxima­ y sus territorios de explotación, en el desarrollo de las necró­
damente 40/60 figuras, incluyendo guerreros en combate, es­ polis, que acrecientan notablemente el número de enterramien­
cenas de caza, animales reales y fantásticos o personajes propios tos, y en la presencia social, tanto comunitaria como indivi­
de un entorno de culto, revelan la excepcional categoría artística dualizada, en los santuarios urbanos y extraurbanos.
de los maestros escultores, el desarrollo de talleres a gran escala
y, desde luego, el control ideológico, la disponibilidad econó­ Héroes en acción: el santuario de El Pajarillo
mica y la capacidad de gestión de los clientes que encargaron En los primeros años del s. IV a. C. la ciudad ibérica de Iltiraka,
estas obras. Su forma de trabajar la piedra sentó las bases de un situada en el paraje de Úbeda la Vieja (Jaén), funda un asenta­
estilo que evolucionará, tanto en la técnica como en la temática, miento secundario unos kilómetros al sur, conocido en la ac- •
hacia los albores del s. IV a. C., momento en el que puede si­ tualidad como “Loma del Perro”. Esta expansión supuso un re­
tuarse, con discrepancias entre los diferentes especialistas, la planteamiento del espacio dependiente de estos dos centros,
etapa conocida como “Ibérico Pleno”. En esta fase, lo que antes que se definió por el control de la cuenca del río Jandulilla,
se destinaba a reyes y aristócratas muy diferenciados del resto desde su nacimiento hasta su desembocadura frente al primero
de la sociedad, se extiende a un contexto social más amplio. de ellos. Este nuevo paisaje incluía terrenos agrestes, en los
Esto se evidencia en la complejidad de sus estructuras urbanas que abundaban los peligros para las personas, los animales y

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26 ARQUEOLOGÍA & HISTORIA
▼ La DAMA DE GUARDAMAR fue hallada en la sid'o frecuentemente constelado en la escult^
ura

ibérica, o aso®»du maro ;m*io aníúíoksücoPrcww:^ k A'-'CANTr)


través de elementos conceptuales, como betilos, estelas o colum-
las cosechas. Precisamente en el punto más alejado de los con­
textos urbanos se erigió un santuario que definió tanto la frontera ñas, a los que no se ha dado un valor simbólico por falta de indi­
cadores figurativos.
como la puerta de entrada al territorio de Iltiraka. Uno de los hallazgos más importantes de los últimos años es
Un grupo escultórico de gran originalidad dominaba el espacio la estela encontrada en la entrada del poblado de Puente Tablas,
de culto: un personaje vestido con una túnica y un grueso manto en Jaén. Se trata de un bloque de piedra, un gran canto calizo
enrollado sobre la mano izquierda, empuña con la derecha una
apenas modificado, con uno de sus extremos algo apuntado, su­
falcata, todavía guardada en su vaina. No lleva otro armamento
giriendo una cabeza con tiara. La zona en la que se aprecia una
que unas grebas, protegiéndose de un peligro que puede afectar a
mayor labor de talla es la cintura, en la que se marca al menos la
sus piernas. Alrededor de su cuello, una cinta cruzada al frente
sugiere una dedicación religiosa, un símbolo protector o quiza mano izquierda sobre el vientre. La importancia de esta figura,
frente a la que se colocaron evidencias de sacrificios
una distinción de su alta categoría social. El peligro al
de cerdas preñadas y cabras, se refuerza por su posi­
que va a enfrentarse está encamado por un enorme
ción retranqueada, pero central, respecto a la puerta
lobo cuya cabeza, surgiendo seguramente de un ,
pozo o de la vegetación del suelo, tiene las fauces / de entrada al poblado. Se ha comprobado experi­
$ -,uv \ mentalmente que la escultura, orientada al este,
abiertas mostrando su temible dentadura dispuesta j. f¿f
al ataque. El objeto de la disputa es un niño des­ recibe la luz del sol al amanecer los días equinoc­
nudo, desgraciadamente muy fragmentado, pero ciales, proyectando su sombra hacia el interior
que por la posición de sus piernas debía de estar del asentamiento.
caído en el suelo. La escena se sitúa sobre una Resulta tentador pensar que, aunque las
torre, a la que se accedía por una escalera / poblaciones ibéricas no prodigaran las repre-
flanqueada por dos leones, mientras que dos Jj y sentaciones corpóreas de sus divinidades,
grifos servían de marco de la acción que if sí lo hicieron a través de determinados
llevaría al héroe a vencer sobre la bestia. «L símbolos con los que pudieron identifi­
La leyenda tiene sus paralelos en carse. Esta puede ser la razón de que en
otras zonas del Mediterráneo, y re­ numerosos contextos, especialmente
presenta la acción benéfica de un funerarios y de culto, se levantaran
personaje extraordinario para li­ % monumentos rematados por figu­
berar a la población de un peli­ ras de toros. En casos aislados o
gro cuya superación queda \ en número variable, estos bó-
fuera de las posibilidades hu­ ;; vidos, elevados sobre pilares-
manas. Este acontecimiento / estela sobre su entorno in­
tiene lugar en un entorno j mediato, debieron de ser
en el que nace un río o una (
i considerados como sím­

fuente de agua, eje princi­ bolos de fuerza y capaci­


pal y elemento fecundador
del territorio. Este acto se pre­
1} t dad reproductiva, conceptos
esencialmente masculino, aso­
senta como “de interés general”, afecta al sistema económico y ciados a ciertos dioses y adscribibles a las sociedades humanas a
simbólico y se localiza en un tiempo remoto. La historia de la so­ través de su mediación.
ciedad se vincula a la del héroe, y sus dirigentes se presentan Lo mismo podría decirse de las figuras de cérvidos, asociados
como sus descendientes directos, estableciéndose así un orden en general a ambientes agrestes y posiblemente relacionados en
jerarquizado pero incluyente de amplios sectores sociales.
este caso con una divinidad femenina. Es inevitable pensar, ante
Este es precisamente el panorama que nos muestran los ce­
este tipo de propuestas, si no estaremos dejándonos influir dema­
menterios ibéricos, en los que ya no encontramos enterramientos siado por la mitología griega, en la que figuras como la de Artemis,
aislados, propios de un patrón muy selectivo, sino grandes acu-
asociadas a las ciervas, cumplen un papel destacado. Sin embargo,
mulaciones de tumbas correspondientes a un alto número de per­ fuere cual fuere el panteón ibérico, lo cierto es que se tallaron re­
sonas de ambos sexos y de distintas edades. La riqueza del ajuar,
petidamente una serie de animales que debieron de tener una es­
la localización de la sepultura y la propia edificación funeraria
pecial vinculación con los dioses y sirvieron para hacerlos pre­
subrayarán las diferencias entre individuos y su relevancia dentro
del sistema social. sentes y a la vez mostrarlos como reconocimiento y ofrenda
permanente para conseguir su favor.
Las divinidades y sus animales representativos
Personajes sedentes de alta alcurnia
Si bien los animales y los seres humanos son imágenes frecuentes
p 20dejuHo de 1971 las excavaciones que el Dr. Francisco
en la escultura ibérica en piedra durante el Ibérico Pleno, es muy
leseclo dirigía en la necrópolis de Baza (Granada), proporcio-
difícil reconocer identidades divinas. No hay representaciones al
aron un hallazgo excepcional. En una fosa, asociada a un rico
estilo de los panteones mediterráneos, donde los dioses tienen
J ai cerámico y metálico, se había depositado una escultura
actitudes, vestimentas y atributos específicos. Los indicios apor­
tados actualmente por la arqueología nos señalan que quizás hiiPQ111113 Sedenle 9ue albergaba en el interior de su trono los
hemos pasado por alto más de una alusión material a los dioses a estado de co3dOS * ““ de Un°S 20/30 años' EI *******
nservación de la pieza permitió valorar no solo la
ARQUEOLOGÍA & HISTORIA 27

complejidad de la talla en piedra, sino hasta ▼ Escultura de bulto redondo conocida como la CIERVA DE LOS
qué punto la decoración final a base de pin­ CAPUCHINOS (Caudete, Albacete) representando una cierva
echada. Procede de una necrópolis que debió de estar decorada
tura alcanzaba niveles de gran perfeccio­
con varios monumentos escultóricos, y es probable que la cierva
nismo. se relacione con una divinidad protectora de los difuntos. Siglos
La mujer representada, de la que quizás la IV-lll a. C. ArchivoouMusióos Aibacete/MasanVireesi*
escultura es la imagen idealizada, muestra una
posición frontal y con su mano izquierda sujeta indica la figura de El Ciga-
a un pequeño pájaro azulado, probablemente Á rralejo, cuya base perma­
un pichón. Va vestida con túnicas y un rico M necía en su sitio, sobre la
manto, que cubre parcialmente su cabeza sepultura 452.
y decora su borde con una cenefa de aje- La repetición de algu­
drezados, sugiriendo la complejidad del tra- ^ nos temas, como las figu­
bajo en el telar. Sobre su ropa lleva una can- i ras de jinete que deco­
tidad sorprendente de adornos que incluyen \ ran en relieve los
la cofia, enormes pendientes, gargantillas y 4 laterales del cipo de Ju-
collares con colgantes. La presencia de di- |j milla (Murcia) acompañando a
versos anillos en los dedos, algunos de los otra figura sedente, esta vez masculina, indican
cuales eran demasiado pequeños para pasar de la segunda fa­ la consolidación de tipos iconográficos adecuados para
lange, hace pensar que la figura desea mostrar toda la joyería el duelo. Otros bloques semejantes recuperados en Corral de Saus
que esta mujer podía llegar a acumular, y que constituiría el (Valencia) revelan que no solo los temas tuvieron una cierta es­
principal tesoro de su familia. Las joyas auténticas no acompañan tandarización, sino que incluso los talleres de escultores se pu­
a la difunta en su viaje al más allá, sino que se transmitirían a dieron desplazar entre áreas geográficas, atendiendo a la demanda
sus descendientes, como elementos de riqueza hereditaria y sím­ planteada por las élites de los asentamientos ibéricos. Aunque in­
bolos del poder y la importancia del linaje. dividuales, estas figuras no plasmaban solo la gloria de un perso­
El ajuar es rico y se dispuso cuidadosamente en el interior de naje, sino que se trataba de auténticos reconocimientos a las per­
la fosa. Destaca, por su carácter aparentemente contradictorio, la sonas más representativas y de mayor relevancia de los linajes
presencia de varios equipos de armamento correspondientes a la familiares.
panoplia de los guerreros ibéricos entre los s. IV-III a. C., siendo Como hemos visto en el caso de El Pajarillo, el inicio del s.
de hecho, como señala Femando Quesada, la tumba ibérica con IV a. C. es una época de expansión territorial, fundación de nuevos
mayor número de armas. Descartada la hipótesis de la existencia emplazamientos y consiguiente reparto de tierras, y todo ello pre­
de amazonas o mujeres guerreras entre los iberos, nos queda en­ cisó de refuerzos simbólicos y rituales que respaldaran el nuevo
tender esta anomalía como el reconocimiento que un grupo social orden social. Junto a los guerreros, las mujeres adquieren rele­
da a un personaje de gran importancia, la matrona respetable, re­ vancia como matronas y transmisoras de la riqueza a los descen­
ferencia de linaje, que transmite los valores de más alto valor sim­ dientes. Su presencia, cada vez más perceptible, se consolidará
bólico y práctico a las nuevas generaciones. Su asociación a la en los santuarios que florecen a partir del s. III a. C.
tierra, a la guerra, a las riquezas y a la iconografía divina, muestran
la relevancia excepcional que tuvo esta mujer, cuya efigie, cargada BIBLIOGRAFÍA
de simbolismo, ocupó un lugar especial en el cementerio. Chapa, T. (1984): Lo escultura ibérica zoomorfa, Madrid:
Mientras que en el mundo griego las figuras exentas suelen Ministerio de Cultura.
Chapa, T. e Izquierdo, I. (coords.) (2010): La Dama de Baza.
aparecer en los santuarios, representando a los principales do­
Un viaje femenino al más allá. Actas del Encuentro
nantes, en sus cementerios son más frecuentes las estelas en
Internacional (Museo Arqueológico Nacional, 27-28 de
relieve. Por el contrario, la escultura ibérica,
noviembre 2007), Madrid: Ministerio de Cultura.
siguiendo siempre sus propias preferen­ Olmos, R. (coord.) (1999): Los Iberos y sus imágenes. CD-Rom,
cias, reservó ambos tipos para las necró­ Madrid: CSIC. Micronet.
polis, salvo contadas excepciones. Hom­ Ruano, E. (1987): La escultura humana en piedra en el mundo
bres o mujeres sentados en sillas o tronos ibérico (tesis doctoral), Madrid: Universidad Autónoma de
se han recuperado en un amplio territorio Madrid.
entre Granada, Albacete, Murcia y Ali­
cante. Al cono-ario que en Baza, la ma­ E Bibliografía completa en www.arqueologiaehistoria.com
yor parte de ellas debieron de situarse
al exterior de las tumbas, como lo
Teresa Chapa es catedrática de Prehistoria de la
► DAMA DE CAUDETE. Se trata de Universidad Complutense de Madrid y ha sido
una escultura femenina represen­ responsable de la dirección de excavaciones en
tando parcialmente el cuerpo y la yacimientos ibéricos emblemáticos como el
cabeza de una mujer ibera que su- Cerro de los Santos (Albacete), Castellones de
jeta su manto con sus manos. En la j, Ceal y El Pajarillo (Jaén). Su tesis doctoral sobre la escultura
parte posterior y bajo el cuello tiene zoomorfa ibérica (1980) se ha continuado con investigaciones
excavado un recipiente que quizás j sobre iconografía y trabajo de los escultores, así como los
serviría para depositar ofrendas o ¡X rituales funerarios y la metodología de prospección
cenizas. Siglos IV-lll a. GomiscoAnmo JJ
iOG-co Jóse María Soitb (V,uena, Aucanif) { \
arqueológica.
María Carme Belarte - ICREA / Instituí Caíala d'Arqueología Classica
Meritxell Moriros - Instituí Caíala d}Arqueología Classica
El urbanismo ibérico se caracteriza por algunos elementos definidores como son la presencia de un muro
perimetral que cierra el poblado -y que normalmente ejerce también la función de muralla-, la disposición de las
viviendas compartiendo paredes medianiles, con un muro de cierre y de fachada comunes, y la agrupación de las
casas en manzanas o barrios separados por espacios de circulación. Por otra parte, el urbanismo está también
estrechamente vinculado a aspectos como la ubicación de los asentamientos, su tamaño o la función que
desempeñaban, lo que permite definir distintos modelos en función de estos factores.

P
or norma general, los asentamientos ibéricos están situados Un segundo modelo es aquel donde las construcciones se
en lugares de fácil defensa, normalmente elevados, y desde distribuyen sobre una o varias laderas de una colina. El modelo
los que hay un buen control visual sobre el territorio, as­ se conoce en este caso desde el Bronce Medio en el País Valen­
pectos que condicionan la estructura urbanística resultante. En ciano, por ejemplo en Liorna de Betxí (Paterna), y a partir del
este sentido, algunos autores han clasificado los asentamientos Bronce Final-Hierro I en Cataluña, con ejemplos como Sebes
ibéricos en tres grandes modelos según la configuración topográfica (Flix, Tarragona) (ss. VIl-Vl a. C.), y será un tipo de ubicación
de las elevaciones donde se asientan. Aunque esta clasificación no muy frecuente durante el período ibérico. Las construcciones se
se adapta por igual a los distintos territorios ibéricos, permite a distribuyen en terrazas y proporcionan al asentamiento una es­
grandes rasgos sistematizar las diferentes posibilidades de ubica­ tructura de forma escalonada, con las diferentes hileras de casas
ción, que condicionan de algún modo la ordenación urbanística. separadas por calles situadas a distintos niveles, entre las que la
Un primer modelo está integrado por aquellos hábitats que comunicación se efectúa mediante escaleras o rampas. Entre los
se asientan sobre la cima de una colina, buscando una defensa ejemplos de época ibérica plena podemos mencionar San Antonio
natural que se refuerza mediante el muro de cierre al cual se de Calaceite (Teruel), el Tossal de Sant Miquel en Llíria (Valen­
adosan Jas casas. Se documenta desde el Bronce Final, por cia) o La Serreta de Alcoi (Alicante), en el siglo III a. C.
ejemplo en Geno (Aitona, Lleida) (1200-1000 a. C.) y continúa Finalmente, otros poblados se sitúan sobre un istmo o es­
durante la Edad del Hierro. En el centro de estos poblados polón, bien defendido de forma natural, rodeado de acantilados
suele haber un espacio libre de construcciones, ya sea una calle o pendientes muy escarpadas, excepto por un extremo donde
central o bien una plaza o gran área abierta, que puede estar
se construye una fortificación que defiende la entrada y protege
ocupada por cisternas, silos, fosas, estructuras artesanales, etc.
nab!tat situado lras ella. Este tipo de ubicación se documenta
En época ibérica, los yacimientos del Taratrato de Alcañiz (Te­
poi primeia vez en época ibérica, y entre los ejemplos más an-
ruel) (ss. V-IV a. C.), Estincleils (Verdú, Lleida), o Puntal deis iguos podemos mencionar El Oral (San Fulgencio, Alicante)
Llops (Olocau, Valencia) -los dos últimos en el siglo III a. C.- en^l s V^c^ ^ ^°Ca ^en^adet’ Tarragona), ambos
serían buenos ejemplos de este tipo de asentamientos.
ARQUEOLOGÍA & HISTORIA 31

<1 Vista de pájaro del oppidurri ibérico de LA BASTIDA DE LAS ALCUSSES (Moixent, Valencia). La Bastida es un excepcional yacimiento localizado
en la Serra Grossa que fue destruido y abandonado hacia finales del siglo IV a. C. dejando importantes evidencias de la cultura material del po­
blado en su último momento. El estudio de los materiales en sus contextos ha dado excelentes resultados, como por ejemplo en la dispersión
de las armas y elementos relacionados con el caballo, que no se concentran en viviendas más ricas o arsenales sino que se encuentran repartidas
en todo tipo de estancias, lo que refrenda la información de las necrópolis o las fuentes literarias en cuanto a la posesión de las armas por un
sector social bastante amplio. Las primeras excavaciones en el lugar, que llevó a cabo el SIP (Servicio de Prehistoria de Valencia) se fechan entre
1928 y 1931, aunque no fueron publicadas hasta mucho más tarde y no se retomaron, ya con mayor continuidad, hasta 1975. El poblado cuenta
con dos recintos amurallados englobando una superficie de en torno a las 4 ha. Las murallas constan de un zócalo de piedras de unos 3-3,5 m
y un alzado de adobes y prefiguran una estructura alargada adaptándose a la forma del cerro que condiciona el urbanismo interno. Los accesos
se producen mediante cuatro puertas, de las que las principales estaban protegidas por torres, y se abren a un espacio interno sin grandes des­
niveles, con viales que comunican las puertas para el tránsito rodado y frecuentes espacios vacíos que funcionarían como plazas. La ordenación
de las viviendas no responde a una disposición ortogonal, sino que se articula en islas de casas más o menos densas repartidas en torno a calles
y plazas. La cronología fundacional del oppidum se sitúa hacia finales del s. V o comienzos del IV a. C., con lo que su ocupación no fue demasiado
duradera al verse bruscamente interrumpida por su abandono relacionado con un conflicto. i) Mu$£u DL PREHISTORIA DE. VAlCNClA

Aparte de estos tres modelos básicos, existen situaciones los núcleos principales, con mayor superficie, permiten una es­
intermedias, con la distribución de las estructuras de habitación tructura urbana más compleja, al tiempo que las funciones que
tanto en la parte superior de la colina como en una o más ver­ desempeñan -además de las propiamente residenciales, cabe indicar
tientes, como por ejemplo en Puig Castellar de Santa Coloma que también cumplían un papel de centro administrativo, religioso
de Gramenet (Barcelona) o en el Puig de Sant Andreu de Ullastret y de actividades económicas- o bien la presencia de diversas ca­
(Girona) -véase el tríptico central de este mismo número-. tegorías sociales, podían requerir la creación de barrios de estructura
diferenciada, separados por calles, así como la existencia de edifi­
Categorías de asentamientos cios de carácter público. En el extremo opuesto, las pequeñas
La ordenación del espacio está condicionada, además de los factores "granjas” o explotaciones agrícolas consistirían en un único edificio
mencionados más arriba, por el tipo de asentamiento, desde el organizado en tomo a espacios abiertos, sin necesidad de la exis­
punto de vista de su entidad, categoría y función. En efecto, si du­ tencia de un entramado urbano con calles y plazas.
rante mucho tiempo se había venido hablando indistintamente de Con frecuencia se utiliza la denominación oppidum para
“poblados” ibéricos, la investigación reciente ha permitido com­ designar aquellos núcleos de población fortificados de una
probar que bajo esta denominación se incluyen realidades muy cierta entidad, de carácter urbano, que podrían constituir las
distintas, que abarcan desde ciudades de varias hectáreas a pequeñas capitales de los territorios ibéricos. Este término, que significa
explotaciones agrícolas de varios centenares de metros cuadrados, en latín “ciudad” o “asentamiento fortificado”, fue empleado
pasando por una red intermedia de aldeas y otros núcleos de por autores como Julio César para referirse a los grandes centros
carácter residencial. El nivel de complejidad del urbanismo está fortificados galos, y por extensión se aplica también al mundo
estrechamente ligado al tamaño y función del asentamiento. Así, ibérico de forma convencional.
▼ El poblado de ELS ESTINCLELLS (Verdú, Lleida) ofrece una idea muy gráfica de lo que es la DISPOSICIÓN RADIAL de la estructura urbana de al­
gunos poblados ibéricos, que vendría condicionada por la forma de tendencia circular de sus murallas. Els Estinclells es un pequeño poblado
ilergete del que se conoce una única fase de ocupación, correspondiente al siglo III a. C. El final del poblado, con evidencias de una destrucción vio­
lenta en los niveles de derrumbe de las casas, que muestran señales de incendio, parece tener que ver con los acontecimientos de la Segunda
Guerra Púnica o la posterior represión del cónsul Catón en torno a finales del siglo III a. C. y comienzos del siguiente. La superficie del poblado,
situado en un pequeño promontorio protegido por un foso en su lugar más accesible, cubre tan solo unos 2200 m2. Su muralla se conserva solo
de forma parcial como consecuencia de su desmonte en época moderna, pero aún así el interior del poblado es perfectamente apreciable, con sus
casas dispuestas contra la muralla y su estructura adosada, compartiendo paredes medianeras. Las casas dan a una calle principal, pero una curio­
sidad importante del poblado es el gran espacio abierto en el centro, en el que se incluye una cisterna con pequeñas rampas de acceso entre otras
estructuras. La finalidad de ese gran espacio abierto es desconocida, y podría tener que ver bien con un planificación futura, que contemplaría la
construcción de otras viviendas o estructuras en el sector, o bien incluso con la intención de guardar el ganado en un lugar seguro y bien defendido.
C’ Eqü p EsnNeuus / Mustu Comarcal n i'Urgeu-Táerega / Centre d'Est\:0iñ Lacftans
▼ El poblado de ELS ESTINCLELLS (Verdú, Lleida) ofrece una ¡dea muy gráfica de lo que es la DISPOSICIÓN RADIAL de la estructura urbana de al­
gunos poblados ibéricos, que vendría condicionada por la forma de tendencia circular de sus murallas. Els Estindells es un pequeño poblado
ilergete del que se conoce una única fase de ocupación, correspondiente al siglo III a. C. El final del poblado, con evidencias de una destrucción vio­
lenta en los niveles de derrumbe de las casas, que muestran señales de incendio, parece tener que ver con los acontecimientos de la Segunda
Guerra Púnica o la posterior represión del cónsul Catón en torno a finales del siglo III a. C y comienzos del siguiente. La superficie del poblado,
situado en un pequeño promontorio protegido por un foso en su lugar más accesible, cubre tan solo unos 2200 m2. Su muralla se conserva solo
de forma parcial como consecuencia de su desmonte en época moderna, pero aún así el interior del poblado es perfectamente apreciable, con sus
casas dispuestas contra la muralla y su estructura adosada, compartiendo paredes medianeras. Las casas dan a una calle principal, pero una curio­
sidad importante del poblado es el gran espacio abierto en el centro, en el que se incluye una cisterna con pequeñas rampas de acceso entre otras
estructuras. La finalidad de ese gran espacio abierto es desconocida, y podría tener que ver bien con un planificación futura, que contemplaría la
construcción de otras viviendas o estructuras en el sector, o bien incluso con la intención de guardar el ganado en un lugar seguro y bien defendido.
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▲ Vista aérea del asentamiento fortificado del CASTELLOT DE ROCA ROJA (Benifallet, Tarragona),, situado sobre un ’Jfc
" elevado 45 m sobre el río Ebro y fácilmente defendible,* través'dé un único lienzo murario situado en la parte accés’tf?
noreste del mismo. La muralla consta de diversos lienzos colocados en paralelo unos junto a otros y se defiende asimisi_
torre y un bastión, aunque no se conoce ningún foso. Para construir la defensa, se realizó un recorte de la roca donde cimentar la muralla,
cuya base se compone de sillares megalíticos. En el interior, dos calles principales en sentido perpendicular se utilizan para ordenar el espacio
-ciertamente reducido, de en torno a los 900 m2- de forma que adquiere una cierta regularidad. El yacimiento fue objeto de excavaciones
descontroladas a mediados del s. XX, aunque a finales del mismo siglo se llevaron a cabo algunas campañas de excavación programadas
que han permitido obtener una importante información acerca de su estructura y cronología. Los niveles originales de la muralla del Castellot
de Roca Roja se sitúan hacia la segunda mitad del siglo V a. C., perdurando al menos hasta el siglo III a. C. Se trata de uno de los llamados po­
blados con "DEFENSA DE BARRERA", cuya posición estratégica en este caso es bien clara, en relación con la comunicación del Ebro con las
zonas de la Terra Alta y el Bajo Aragón, c reportajes aéreos camps
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£sa ordenación viaria se cruzan en ángulo recto y que determinan manzanas de casas
Con independencia de la configuración topográfica, la distribu- de forma,cuadranglar o rectangular. Entre los ejemplos de
con y ordenacton de la red «ana puede presentar algunas va- este tipos de urbanismo podemos mencionar El Oral, Alorda
nantes. Agrandes rasgos, esta puede serde tipo radial, ortogonal Paric(GaMell lárragona), Castellet de Banyoles (T.vissa, Ta-

tse&fgsgssxsssR
üpo más complejo es aquel donde las viviendas abren a una vía
paralela al muro perimetral -y, por lo tanto, cuentan con un tra-
püos espacios entre ¿Zl ^ C™*S.S* agrupan dejan ,Jl™
rectilíneo de las vías El meiorT’ ""i *T °S
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zado circular-. Pueden existir otras calles paralelas unidas por ción es la Bastida HP iP ai J6™P ° ^ 6Ste Üp° de.dl.W;. "
pequeñas callejuelas perpendiculares que permiten el acceso Los estudios realidad M°1Xent (Valencial|3|
entre vías y contribuyen a crear esta imagen de urbanismo radial. tüficacióS
En cuanto a los espacios centrales, también pueden estar cons- unidades de medida nrnn a S lbeiíC0S muestran el u%t
truldos, y normalmente se destinan a edificios o elementos de adaptaciones HpI m ^ a P1^ * GSta “aunclue se inc^®n
carácter comunitario, como las cisternas o estructuras de alma- módulos regulara ^ ° 8neg0 ^ Pinico-, con la aPlicacl(^ e
cenaje. A este modelo urbanístico corresponden asentamientos cipales del hábitat /fÜl-r ^ ^epitiendo en los elementos Pnn"
como La Moleta del Remei (Alcanar, Tarragona), Puig Castellar calles pueden teñe anrín f"“as d* casas* el»S
de Santa Coloma de Gramenet o Vitos de Arbeca (EÍéida). más estrecha" y hit 4 m T**’ ^ ^ 1"
En cuanto a los asentamientos con red viaria ortogonal, su permitir la circulación rnH * v T>0r anchura’ que P°d“a
espado intento se organiza en tomo a una serie de calles que estar pavimentadas con losas de^iedra en eVcIso deTaTvías
ARQUEOLOGÍA & HISTORIA 33
r
!
principales. En los cruces entre las calles suelen crearse pl azas
_ Las construcciones de carácter público
o espacios amplios donde se desarrollarían actividades al aire Junto a las casas, existen edificios públicos o equipamientos
libre. colectivos. Entre ellos cabe mencionar los templos, las fortifi-
II . caciones, la propia red viaria, los dispositivos para proveerse
La arquitectura, técnicas constructivas y arquitectura de agua (cisternas y pozos), las estructuras de almacenaje (silos
doméstica - y almacenes), y las instalaciones para la transformación de ali-
La arquitectura ibérica se define por ser poco especializada, ya mentos o actividades artesanales.
que hay poca variación entre los edificios, de modo que no siem- Las construcciones de carácter público o colectivo se reali-
pre es fácil distinguir entre la arquitectura pública y la privada. zan con los mismos materiales que las casas, aunque para las
Los edificios que mejor conocemos son los de carácter doméstico. partes construidas en piedra se suelen utilizar bloques de mayor
Se construyen a base de tres materiales básicos: piedra, tierra y tamaño y tallados en formas regulares, mientras que en la ar-
elementos vegetales. Las paredes constan normalmente de un quitectura doméstica se emplean piedras de menores dimen-
alzado de tierra sobre un zócalo de piedra, aunque también pueden siones y que están tan solo someramente careadas. Por otra
estar totalmente construidas en piedra. Las elevaciones de tierra parte, las murallas eran también complementadas con una ele-
suelen ser a base de adobes (ladrillos crudos elaborados a partir vación de adobe, y desconocemos si disponían de algún tipo
de una mezcla de barro y paja mediante un molde de madera), o de coronamiento como las almenas. v
bien aplicando directamente la tierra sobre el zócalo de piedra, No todos los poblados ibéricos estaban fortificados, pero
ya sea compactada dentro de un encofrado (técnica del tapial), la mayoría de aglomeraciones con una cierta entidad disponía
ya en forma de barro modelado con las manos (técnica del ama- de algún tipo de dispositivo de defensa. Por otra parte, la ubi-
sado). Las cubiertas se construyen con un lecho de cañas o ramas cación en lugares elevados reflejaba una preocupación por la
dispuesto sobre un envigado de madera, recubierto a su vez por defensa, así como la importancia por controlar el territorio,
gv una capa de barro mezclado con paja. Se han documentado casas Las murallas más simples son las de los poblados de espacio
. con dos o incluso más plantas, sobre todo en los asentamientos central, situados normalmente en la cima de una colina; en ge-
situados en la ladera de una colina, como por ejemplo el del neral se trata de un sencillo muro de cierre que podía estar
Tossal de Sant Miquel de Llíria. protegido con torres (sobre todo para defender las puertas) y,
El i nterior de las casas se acondiciona mediante pavimentos más raramente, reforzado por fosos (por ejemplo, en Estinclells,
de tierra y revocos de barro sobre las paredes, acabados con Lérida). Los poblados construidos en la ladera de una colina
enlucidos del mismo material, encalados o incluso con decora- son más vulnerables, por su situación y porque suelen tener
ción pintada de motivos geométricos en rojo, azul o negro. Ex- dimensiones superiores; ello implica construir murallas más
cepcionalmente, algunos suelos están enlosados con piedra o largas que, además, están reforzadas por torres distribuidas en
recubiertos de adobes. A finales del siglo III a. C. aparecen los distancias regulares, como en el caso de Ullastret. Finalmente,
pavimentos y revestimientos a base de mortero de cal (mezcla en los poblados llamados de barrera las fortificaciones desem-
de cal y arena, que pueden incluir pequeños fragmentos de ce- peñan un papel importante, y poseen potentes murallas acom-
rámica triturados). Sobre el suelo o semiexcavado en una cubeta pañadas normalmente de fosos y torres, como en Calafell o
se sitúa el hogar, una placa de arcilla, normalmente sobre un Castellot de la Roca Roja.
lecho de fragmentos de cerámica o guijarros que ayuda a man- Los santuarios y templos urbanos no responden a un modelo
tener el calor. Además, puede haber bancos de piedra o de barro único y son similares en planta, materiales o incluso acabados
adosados a las paredes o en las esquinas, destinados al soporte a las construcciones domésticas. Estos edificios son, además,
de la vajilla o al reposo. Algunas de las casas contienen también bastante escasos. En el área septentrional de la cultura ibérica
un horno para la cocción del pan. las actividades rituales se celebran mayoritariamente en el ám-
Las viviendas son predominantemente de planta rectangular. bito doméstico, mientras que los templos son prácticamente
El tipo más sencillo -que sigue la tradición del Bronce Final- exclusivos de la zona central y meridional. Los escasos templos
es de una sola estancia, con superficies que raramente superan al norte del Ebro son edificios de planta rectangular con una
los 40 m2, y donde se realizan todas las acüvidades (cocina, al- antesala y decorados con molduras arquitectónicas, como los
macenaje,' descanso). Junto a este modelo de casa simple, existen de Ullastret en los siglos III y II a. C. Más al sur, el templo de
viviendas de mayores-tphénsiones -hasta varios centenares de Sagunto -cuya datación se desconoce- conserva un muro cons-
metros cuadrados-, yjf&planta compleja, con varias estancias truido con grandes sillares; en Tossal de Sant Miquel de Llíria,
destinadas a activida^diferenciadas: cocina, almacenaje, re- un edificio aislado del resto de construcciones del asentamiento
poso y, en ocasio^M^ración de reuniones y rituales. Estas y que contenía una fosa votiva, se interpreta como templo. Al
casas complejas $Í|l§fimentan a partir de los siglos VI-V a. sur de Valencia, conocemos templos de planta tripartita con
C. en el sur y surcÉfjpeninsular (por ejemplo, en El Oral) y, fuerte influencia oriental, como los de la Illeta deis Banyets
más al norte, a pjiplel siglo IV a. C. (en Ullastret o en La (El Campello, Alicante), de los ss. IV-III a. C.
Bastida de les Ai|||s) y, sobre todo, a lo largo del siglo illa. . . En cuanto a las estructuras de almacenaje, se documentan
C. (por ejemplo^ eti Mas Castellar de Pontos, Alorda Park y por una parte silos subterráneos (estructuras excavadas en el
Castellet de Banyoíes de Tivissa, Molí d’Espígol, Tomabous o subsuelo y que permitían la conservación del grano a largo
en Castellet de Bernabé y Sant Miquel de Llíria las viviendas plazo) y, por otra, almacenes sobreelevados, de los que se con­
de mayor tamaño corresponden a las residencias deM^s|fetjV servan conjuntos de muros paralelos que sostenían el almacén
se documentan en los núcleos de hábitat p(B1WÍIp i propiamente dicho. Algunos ejemplos son La Moleta del Remei
ciudades, o en otros de una cierta entidad, donde está presente (Alcanar, Tarragona), Illeta deis Banyets, La Balaguera (La Po­
la aristocracia). ' - bía Tornesa) y Torre de Foios (Llucena).
34 ARQUEOLOGÍA & HISTORIA

▲ El PUIG DE LA ÑAU (Benicarló, Castellón), del que vemos una de sus calles, es otro de los poblados emblemáticos del mundo ibérico. Su cro­
nología se centraría a grandes rasgos desde el siglo Vil a. C. hasta comienzos del siglo IV a. C. Para la etapa del Ibérico Pleno se observa en el
poblado una interesante trama urbana, condicionada por el perímetro fortificado, en la que no son raros los muros conservados con una
cierta altura -de hasta 2 m en algunas ocasiones- y la existencia de viviendas con dos pisos, como evidencian las escaleras de mampostería
preservadas en algunos casos, como este de la calle A. ©mewtxeu.monros

Por otro lado, las instalaciones artesanales, como los talleres algunos asentamientos. Como ejemplos de ello, podemos citar,
metalúrgicos, podían encontrarse en las antesalas de algunas entre otros, las de Geno y Vilars de Arbeca en Lleida -en el
casas o en edificaciones destinadas exclusivamente a esta acti­ último caso con doble función de pozo y cisterna-, o las de Cas-
vidad, igual que las construcciones dedicadas a la transformación tellet de Bernabé y Tossal de Manisses en Valencia. Junto a ellas,
y elaboración de alimentos, con hornos y espacios de molienda. cabe mencionar la existencia de pozos (por ejemplo, en Alorda
Estas instalaciones probablemente eran de uso comunitario, ges­ Park), cubetas, fosas y otras estructuras para la recogida de agua.
tionadas por la élite o por la propia comunidad. Por otra parte, son frecuentes las canalizaciones o cloacas desti­
nadas a conducir las aguas residuales al exterior del hábitat.
La gestión del espacio público Además de las actividades mencionadas, el espacio público
La ordenación urbanística refleja la gestión pública del espacio, se destina ocasionalmente a actividades domésticas, como la
que incluye aspectos como la parcelación y, sobre todo, las ne­ preparación de alimentos (molienda, cocción en hornos de ca­
cesidades y estructuras comunales, como el suministro y eva­ rácter colectivo), entre otras tareas que requieren luz, como el
cuación del agua o la gestión de los residuos. Dicha gestión era hilado y el tejido. Asimismo, algunas actividades artesanales,
realizada por las élites, que también tenían la prerrogativa de como la metalurgia, también se desarrollaban en espacios pú­
reconvertir el espacio público en privado. blicos. Sin duda las calles y plazas eran el lugar de encuentro y
En relación con la gestión de los residuos, cabe indicar que celebración de festividades o rituales, así como un espacio de
los espacios de circulación aparecen limpios en la mayoría de juego, intercambios comerciales y un sinfín de actividades que
los casos (aunque eventualmente contienen acumulaciones de no han dejado huella en el registro arqueológico.
cenizas procedentes de Ja limpieza de los hogares). Sin duda,
los residuos domésticos serían reutilizados en la medida de lo Urbanismo y estructura social
posible y también existirían mecanismos para el control de su La distribución del espacio se estructura a menudo en fuiuón
eliminación. Entre otros dispositivos, se conoce la existencia de las categorías sociales, de modo que algunas calles sep-uan
de fosas que recogían los deshechos, así como vertederos si­ barrios o manzanas de casas ocupados por grupos sociales o ac­
tuados en el exterior de los poblados. tividades distintos. Por ejemplo, en la Bastida de les Alcussos la
La gestión del agua es otro aspecto estrechamente ligado al calle principal separa distintas categorías sociales: al sur de esta
urbanismo. En primer lugar, existen distintos dispositivos para se sitúan las residencias más complejas y los talleres metalúrgicos
recoger el agua. Algunos de ellos (como la recogida mediante mientras que al noite se distribuyen los almacenes, hornos co­
ánforas situadas en las fachadas de las casas) podían proceder de munitarios y viviendas de menor entidad. De forma similar, en
iniciativas particulares, pero en general se trata de sistemas pre­ Castellet de Banyoles de Tivissa, en el barrio norte, el área peri-
vistos en el momento de la planificación urbanística. Ya se ha metral está ocupada por residencias aristocráticas y estructuras
mencionado la existencia de cisternas en las áreas centrales de artesanales, mientras que en la zona central se sitúan las casas
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La ciudad ibérica de Ullastret
(ca. 250 a. C.)
Los yacimientos que configuran el HÁBITAT IBÉRICO !
Illa d'en Reixac m DE ULLASTRET (el Puig de Sant Andreu y la Illa d'en |
Reixac) se encuentran en la actual llanura de l'Empordá j
(Girona) y están separados entre sí por tan solo 300 m.
Ambos núcleos constituían conjuntamente, entre los
siglos VI y II a. C., una auténtica ciudad que ejercía la
capitalidad de la tribu de los indigetes -o indiketes— y
desempeñaba el papel de centro político, económico, ¡
militar y religioso de un territorio que se extendía entre
el río Tordera, al sur, y el macizo de la Albera al norte.
A lo largo de su historia, este pueblo ibero mantuvo
contactos con las principales culturas del Mediterráneo:
etruscos, griegos y púnicos. Por su situación geográfica,
también recibió una fuerte influencia del mundo celta
del otro lado de los Pirineos, que se tradujo, sobre todo,
en el tipo de armamento y en la adopción del ritual de
exposición de cráneos humanos acompañados de ar-

occidental de la colina Ourante la primera mitad del siglo IV a. C. se reformó y O! unos 1000 m2 en la que se conservan los restos de
,w amplió el asentamier- v de manera considerable con la construcción de un nuevo
~ t-V
DOS TEMPLOS de tipo in antis construidos en el siglo III a. C. ;
recinto amurallado que incorporó al mismo la zona norte y la vertiente oriental de la Ambos permanecieron en uso con posterioridad al abandono
?Q^Cy, i colina, reformándose también de manera importante la anterior fortificación. La general de la ciudad. Alrededor de estos templos* de clara lV
- variedad y complejidad tipológica de los elementos defensivos representados en el ¡ influencia mediterránea, se han recuperado diferentes tipos p.
&
conjunto de Ullastret es excepcional en el contexto de las fortificaciones ibéricas y rt de mosaicos, estucos pintados deco-
parece evidente que responde a la adaptación autóctona de conceptos poliorcéticos rados con motivos geométricos, mol-
avanzados procedentes del Mediterráneo central y oriental. duras, cornisas y otros elementos
V • decorativos que nos dan una idea ¡P*
• v/ V * . de la monumentalidad de estos
& . / ><:. \ edificios. También aparecieron 37
; í V V*: ' • X V ' \ fragmentos de máscaras de te- r¿<r
^3 K: ": 1 ^\ rracota que representan per-
/N
fl
Í « . \ S sonajes mitológicos y que
/ ' 1 \ probablemente fueron uti—
■ >í ’ } lizadas como exvotos.
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El núcleo de hábitat de la ILLA
D’EN REIXAC, descubierto
durante los años sesenta del
siglo pasado, también estuvo I
rodeado por una potente mu­
ralla de más de 3 m de an- ¡
chura que circundaba un re­
cinto con una superficie
aproximada de 5 ha. Además

8
de los trabajos de excavación arqueológica realizados en el yacimiento, las prospecciones
geofísicas multisistema efectuadas durante el 2012 en el marco de un workshop in­
ternacional, y en el 2013 en colaboración con el Instituto Arqueológico Alemán de
Madrid, han permitido obtener una visión de conjunto del asentamiento. Gracias a estas j
investigaciones se ha podido concluir que la Illa d’en Reixac presentaba una trama ¡
urbana densamente ocupada, de tendencia ortogonal, adaptada al suave relieve de la ' i
colina donde se asienta. Disponía de un eje de circulación central, orientado en sentido ■

norte-sur, a partir del cual surgirían múltiples calles, dispuestas con una cierta regu- I
laridad, permitiendo el acceso de manera racional a todos los espacios del poblado.
J i

5000 a. C. 3000 a. C
esa
A
■N
laguna ^

r -
;
El CONTEXTO MEDIOAMBIENTAL del entorno inmediato de los asentamientos ibéricos
:: de Ullastret se ha visto notablemente modificado a lo largo de la Historia. Los estudios
i.N
geológicos y de paleoambiente realizados han permitido reconstruir, de manera aproxi­
mada, su evolución desde la Edad del Hierro hasta la actualidad. En dicho sentido, uno
de los elementos más significativos relacionado con el paisaje era la existencia de
amplias zonas lacustres y humedales, entre las que destacaba el lago de Ullastret. For­
mado durante el período Holoceno, hace unos 10 000-8000 años, ocupaba una extensión
superior a 150 ha y fue desecado durante la segunda mitad del siglo XIX, básicamente
para obtener nuevas y fértiles tierras para el cultivo. La posibilidad que el lago de
Ullastret estuviera conectado con el mar a través de estas zonas de aguas poco profundas
es una hipótesis recurrente que permitiría suponer la llegada de embarcaciones de poco
calado, similares a la identificada en el pecio de Cap de Vol (Llangá), hasta los núcleos ------Linea ce cesta actual Cursa del r¡o (actual)

É de hábitat ibéricos. i::::; Extensión de ta intrusión marina Curso cel rio (estimado) q 2
• Perforarán ■ 0pp’d3 ibéricos

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El ESTUDIO SISTEMÁTICO DEL TERRITORIO CIRCUN­
DANTE a la ciudad ibérica de Ullastret, realizado en cola­
Í/N boración con las universidades francesas de Pau et Pays
de l’Adour y Paul Valéry - Montpeilier III, aplicando dife­
rentes metodologías como la prospección terrestre, la pros­
pección aérea, la prospección geofísica y la excavación en
extensión, ha permitido documentar numerosos estable­
cimientos periurbanos de diferente tipología. La existencia
de barrios artesanales, establecimientos agrícolas, yaci­
? mientos de explotación de recursos naturales y vías de
comunicación evidencian la intensa y compleja ocupación
del territorio a partir de finales del siglo V y comienzos del
m. IV a. C. En el extremo norte del Puig de Sant Andreu, en el
rÜ¡- exterior del recinto amurallado, se ha excavado un barrio •' • ‘ A '•
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artesanal dedicado muy probablemente a la producción
metalúrgica que estuvo en funcionamiento durante el siglo
III a. C. En otras zonas próximas a la ciudad se han locali­
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zado establecimientos de función claramente agrícola aso­
ciados, en algunos casos, con agrupaciones de silos. -W
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Desde el año 1947 las excavaciones llevadas a cabo en la ciudad ibérica de Ullastret han • . (-.Y j •• y . ' ivfc’0?i "rV
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aportado una gran cantidad de DOCUMENTOS EPIGRÁFICOS ibéricos con el signario nororiental. V}'r "1""i
Y Entre el corpus epigráfico de Ullastret se encuentran las inscripciones más antiguas conocidas ‘
en este signario, de finales del siglo V a. C. Para algunos autores,
. *V* • tales testimonios evidencian que habría sido en la zona del sur de Francia o en el Ampurdán donde se habría creado el primer
\ signario ibérico. En Ullastret estas inscripciones utilizan soportes como la cerámica, la piedra y el plomo. Sobre cerámica se han
r identificado antropómmos y signos anepigráficos, mientras que sobre piedra hay testimonios de inscripciones monumentales con '
una cronología anterior al siglo III a. C. En cuanto a las inscripciones sobre plomo, en el año 1967 se halló una de las más completas
que se conservan, en la que pueden identificarse nombres de persona y numerales. Los especialistas en escritura ibérica interpretan
este texto como un documento de carácter comercial, similar a los plomos encontrado en Ampurias y Pech Maho (véase "Comercio ibero, '^
púnico y griego", en este mismo número). j

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El hallazgo de RESTOS CRANEALES HUMANOS asociados al ritual de ex­ En la zona central del Pulg de Sant Andreu se ha excavado un COMPLEJO arquitectónico
posición de cabezas-trofeo del enemigo vencido, relatado por algunas DE CARÁCTER ARISTOCRÁTICO con una superficie total que supera los 800 m2. Este
fuentes clásicas en relación con el mundo galo meridional, es un elemento edificio fue construido a mediados del siglo IV a. C. y estuvo en funcionamiento hasta el
recurrente en los yacimientos arqueológicos de Ullastret. En el año 2012 abandono general de la ciudad. Este se organiza en torno a un gran patio y dispone de
se produjo el descubrimiento más importante relacionado con esta práctica tres grandes accesos, abiertos a una de las calles principales de la ciudad, además de
! durante la realización de un sondeo en un tramo de una de las calles prin­ un acceso directo desde el
.*

cipales del Puig de Sant Andreu. En esta excavación se recuperaron múltiples


fragmentos pertenecientes a cinco individuos que habrían sido enclavados
- Y • ; i^¡ exterior a través de una
poterna en la muralla. Su
^ ! y exhibidos en la fachada de un edifico singular a finales del siglo III a. C.
• .. ,:•••.-3 -v interior está multicompar-
timentado y dispone de
■B
M
El excepcional estado de conservación de los restos y la importancia del
hallazgo supuso la creación de un equipo multidisciplinar para abordar su f ■ ,L ' espacios con una funcio­
estudio. Este se ha prolongado durante más de dos años y ha consistido v. - ■ • ,• ••■;!' -r', í nalidad muy específica,
i en un exhaustivo estudio antropológico, complementado por estudios de " :r ■ !l{ -£^¿31 ■ entre los cuales encontra­
diagnosis por imagen y análisis bioarqueológicos (ADN, isótopos, etc.) para mos áreas de almacenaje
'
| establecer aspectos como su procedencia, posibles parentescos entre ellos ^.¡IH -H'¡ ~ " • y producción, ámbitos do­
| u obtener datos de su dieta. Finalmente, a través de las imágenes obtenidas > • ... . ■ j mésticos/residenciales,
en 3D, el equipo de Visualforensic, dirigido por Philippe Froesch, ha realizado espacios públicos y de re­
í una reconstrucción facial de uno de los individuos, que contaba entre 16 y presentación del poder y
i 18 años de edad. V
t: ■ $ lugares de culto privado.
! Para su construcción se
utilizaron materiales y soluciones arquitectónicas poco usuales en la arquitectura do­

% yi n
méstica. En el interior del edificio se han documentado rituales (exposición de cabe­
zas-trofeo y ofrendas faunísticas) en una proporción que sobresale de los parámetros
habituales. Se ha podido constatar que este complejo coexistió con otros edificios J
similares en la ciudad de Ullastret, lo cual es indicativo de una estructura social donde
el poder es compartido entre varios grupos gentilicios.

pletamente en el substrato rocoso, que transcurre


en paralelo al trazado occidental de la muralla a
una distancia aproximada de 10 m. Estructuralmente
. Ferran Codina Falgás es arqueólogo e
presenta un perfil en U y dispone de una anchura
investigador especializado en el mundo ibérico.
mínima, en la parte inferior, de 8 m y una anchura
en la parte superior cercana a los 12 m, con una
: i Licenciado en Geografía e Historia el año 1997 por
profundidad que supera en algunos puntos los 4 m.
-• j la Universitat de Girona y máster en Gestión de
j Patrimonio Cultural (especialización en patrimonio
arqueológico) 2003 por el Instituto de Patrimonio Cultural de la &
1 Universitat de Girona. En el ámbito profesional, el año 1998 ingresó i $
BIBLIOGRAFÍA en ectu'P° de dirección de las excavaciones arqueológicas en
. Codina, F.; Martin, A.; Prado, G. de (2012):"La recerca arqueológica al conjunt QH\ pu¡g de Sant Andreu de Ullastret y ha dirigido intervenciones -ii
ibéric d'Ullastret en els darrers anys (1995-2010)", Tribuna d'Arqueologia [Y* | arqueológicas de yacimientos de épocas ibérica, romana y
2010-2011,pp. 63-99. Barcelona.
i Martin, A.; Buxó, R.; López, J.; Mataré, M. (1999): Excavacions arqueológiques
. j medieval,
y
a Tilla d’en Reixac (1987-1992), Museu d'Arqueologia de Catalunya-Ullastret, Gabriel de Prado Cordero es arqueólogo,
Monografies d'Ullastret, 1. Girona. ¡ responsable de la sede de Ullastret del Museu
| Prado, G. de (2010):"La fortificación ibérica del Puig de Sant Andreu (Ullastret, j dArqueología de Catalunya (Agéncia Catalana del
Cataluña): aspectos técnicos, formales y funcionales" en Tréziny, H. (ed.) fd J Cultural). Desde el año 1998 es miembro
Grecs et ¡ndigénes de la Catalogne á Ia mer Noire: Actes des rencontres du j j e equiP° que d,ri9e ,as Intervenciones
proqramme européen Ramses 2 (2006-2008), Aix-en-Provence, Centre ¡ Á y,0S. proyectos de investigación desarrollados en

I dlVersos mas re'ativos a la cultura ibérica del nordeste peninsular


Z Bibliografía completa en www.arqueologiaehistona.com y, especialmente, a los asentamientos ibéricos de Ullastret.
u ¿ JtAi
.. - .. Sfl
Museu d'Arqueologia ARQUEOLOGÍA & HISTORIA 35

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www.tdx.cat/handle/10803/111092.
a Planta general del poblado de EL MOLI D'ESPIGOL (Tornabous, Moret, P. (1994):"Alguns aspectes del desenvolupament de
Lleida) mostrando el trazado urbano del Ibérico Pleno (ss. IV- III a. l'hábitat organitzat a l'área ibérica" Cota Zero, 10, pp. 19-26.
C.) y la distribución de los edificios en su interior. Es este uno de Sanmartí, J.; Santacana, J. (1994):"L'urbanisme protohistóric a
los espacios de urbanismo más complejo en la región ilergete. Su la costa de Catalunya" Cota Zero, 10, pp. 27-37.
origen se remonta al siglo Vil a. C., pero su fuerte proyección es
posterior, en especial a partir del s. IV a. C., momento en el que ad­ H Bibliografía completa en www.arqueologiaehistoria.com
quiere el trazado urbano conocido en la actualidad. En esta fase
tendría lugar una notable expansión urbana, que llevaría a sobre­
pasar los límites de su recinto amurallado y a la creación de barrios
suburbanos. Además de excavaciones actuales, que han supuesto María Carme Belarte es doctora en Geografía
ia revisión de la estructura defensiva y los edificios complejos exis- e Historia por la Universidad de Barcelona y ac­
tentes en el recinto, recientes prospecciones geofísicas están apor­ tualmente es Profesora de Investigación ICREA
tando nuevos datos acerca de su estructura urbana hasta entonces adscrita al Instituí Catalá d'Arqueologia Clássica
desconocidos. Al igual que ocurre con muchos yacimientos del (ICAC). Su investigación se centra en la proto-
ámbito ilergete, su datación final coincidiría con los acontecimien­ historia del Mediterráneo occidental, en particular en la cultura
tos bélicos relacionados con la Segunda Guerra Púnica, que lleva­ ibérica, y especialmente en temas como la arquitectura do­
rían a su abandono hacia finales del s. III a. C. -aunque existió una méstica, el urbanismo, la arqueología funeraria y los rituales.
pequeña reocupación posterior, en la primera mitad del s. I a. C.-. Ha dirigido o codirigido trabajos de excavación en yacimientos
° Piawa du Museu d'Arqueologia de Catauaía; mooficada por M. Mcnkos
arqueológicos en Cataluña, sur de Francia y Túnez.

más modestas. Igualmente, en el Molí d’Espígol de Tornabous


Meritxell Monrós es doctora en Arqueología por la
la calle principal da acceso a las residencias aristocráticas, espa­ Universidad Rovira i Virgili e investigadora adscrita al
cios de reunión, almacenes y zonas de trabajo comunitarias, y Instituí Catalá d'Arqueologia Clássica (ICAC). Su in­
las casas simples quedan relegadas a una situación periférica. vestigación se centra en el estudio del urbanismo, la
Esta distribución del espacio es un ejemplo más de la com­ distribución espacial y los usos de los espacios públicos
plejidad social de las comunidades ibéricas. Tras la construcción en la Edad del Hierro en el este peninsular, así como la jerarquización
de un asentamiento, habría una persona o grupo responsable social de las poblaciones protohistóricas a partir de la arquitectura y
de la planificación y ejecución de la obra, con la capacidad de la planificación urbanística. Ha participado en varios proyectos
organizar y distribuir el espacio y que, a su vez, ejercería un nacionales e internacionales y ha codirigido excavaciones en
yacimientos de Cataluña.
control sobre la población.
Isabel Izquierdo Peraile
Artes y Bienes Culturales y de Archivos y Bibliotecas, Secretaría de Estado de Cultura
Din GraL de Bellas
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PIBffujeres y los niños primero IIM

„ ""I, Retratos familiares, mujeres y


3 7\ población infantil en el Ibérico Pleno
En el marco de las transformaciones vividas en el Ibérico Pleno se explica el acceso
de las mujeres, los grupos familiares o la infancia a las imágenes que se proyectan
colectivamente, en primer lugar, en algunas tumbas destacadas y, posteriormente, en
ofrendas votivas y representaciones pintadas de algunas ciudades. Frente a un tiempo
anterior de mitos, diosas, héroes y caballeros, esta aparición de mujeres y otros grupos de edad y
género se inserta en un sistema de autorrepresentación y reconocimiento social; un fenómeno de
"democratización"que afecta a cambios de escala y materiales, desde las grandes esculturas en piedra
a los pequeños exvotos metálicos o los vasos pintados con escenas, que tendría a su vez un reflejo en
el uso y percepción por parte de la sociedad de estas imágenes.

ciudadanos o, en menor medida, como madre que asegura la

L
os territorios ibéricos aceleran su evolución de forma
evidente en los dos siglos centrales de su historia (IV y renovación del grupo familiar. Se trata de un fenómeno medi­
III a. C.), hecho apreciable en sus distintos contextos y terráneo, como lo atestigua la profusión de estelas áticas con
procesos, de todo tipo, económicos, sociales, ideológicos o temas femeninos, la iconografía de los vasos pintados suritálicos
simbólicos, constatados arqueológicamente a través del estudio o los sarcófagos etruscos y las terracotas púnicas, como en el
de los yacimientos y su cultura material, así como a través de conjunto de la Ibiza púnica, donde es mayoritaria la imagen
las imágenes que se reflejan en sus espacios públicos: cemen­ femenina, con cientos de bustos, figuritas estantes y sedentes
terios, santuarios o algunas ciudades. ricamente engalanadas.
El desarrollo político se muestra en la formación de territorios Si ordenamos en el tiempo la información disponible, la
de estructura estatal, con distintas categorías de asentamientos aparición de destacadas esculturas en piedra de nobles mujeres
y un estudiado control de los recursos naturales. El modelo de en algunos cementerios desde finales del siglo V a. C. sugiere
grandes fortificaciones se consolida y expande. La jerarquización un cambio de mentalidad y la incorporación de nuevos rituales.
de los hábitats también se aprecia en las necrópolis y sus distintos Las figuras se representan majestuosamente, sentadas en ricos
tipos de tumbas. A partir del siglo Illa. C., destaca la emergencia tronos, enjoyadas y cubiertas por valiosos ropajes. Son señoras
de las ciudades como expresión del poder aristocrático, con po­ en el reino de la muerte. La escultura de Baza (Granada) es pa­
derosas residencias donde se conjuga ese poder político, econó­ radigmática ya que ordena todo un excepcional rito dentro de
mico y religioso de las élites de la sociedad. una cámara subterránea. Otras como la escultura de El Ciga-
La evolución de la estructura social se percibe igualmente rralejo de Muía (Murcia) y probablemente la del Llano de la
a través del aumento de tumbas con importantes ajuares y al­ Consolación (Albacete), coronaban tumbas-túmulo. Estas fi­
gunos cambios significativos en la cultura material que acom­ guras muestran su conexión con la divinidad a través de la pre­
paña a los difuntos, como la desaparición de buena parte de los sencia del ave, símbolo sagrado y femenino de fecundidad y
objetos valiosos de bronce, el aumento del armamento en hierro supervivencia más allá de la muerte. Frente a estas matronas
-especialmente, la falcata y la lanza-, así como la irrupción de sentadas sobre trono, las representaciones maternales son tardías
útiles propios del hilado y tejido. Con respecto a la población en el imaginario ibérico y se reducen a imágenes de pequeño
enterrada, se constata un incremento de enterramientos infanti­ formato, como en la necrópolis contestana de La Albufereta de
les, tumbas familiares y de ricas tumbas dobles, con parejas de Alicante, donde se representan figuritas de terracota de madres
varón y mujer que evocan importantes uniones matrimoniales. con niño.
Pero, ¿qué sabemos de esas mujeres? ¿Cómo y dónde se La etapa plena es el momento de eclosión de la imagen fe­
muestran? ¿Qué significan? ¿Por qué conocemos tan pocos menina en los santuarios, en distintos formatos -escala natural,
“retratos de familia”? ¿Y los niños y niñas, dónde se encuentran, pequeña y miniaturística-, representaciones -estantes o seden­
cómo se explica su (casi) invisibilidad? Trataremos de exponer tes con diversos gestos y niveles de adorno. Las mujeres ex­
los datos conocidos en las siguientes páginas. hiben paños, adornos y tocados en la cabeza, así como joyas,
una pauta común en la plástica en piedra como se puede apreciar
La irrupción de las mujeres en los espacios públicos en os exvotos del Cerro de los Santos (Montealegre del Castillo,
La imagen femenina se reconoce en contextos funerarios, voti- acete) como la “Gran Dama oferente”. Este conjunto parece
vos y urbanos bajo diferentes fórmulas: individualmente, en _r^,rar ?Z0S y comunitarios en un centro de pere-
representaciones aisladas, llenas de fuerza y expresividad; por
vp? iV. lert° 3 in^uencias* con celebraciones sagradas, tal
parejas o colectivamente después, como protagonista de ritos
s aciones concretas, y comidas rituales. Allí se muestran
ARQUEOLOGÍA & HISTORIA 37

◄ Las llamadas "DAMITAS" DEL CORRAL DE SAUS -"damet^pn, . •


del Corral de Saus en Moixent. Los restos que se ob valenciano- corresponden a una tumba destruida de antiguo de la necrópolis
una tumba posterior, de base escalonada. Las fiquras561^^0 ^ imagen corresP°nden a los que sobrevivieron reutilizados como sillares en
nácela que quizás rodearía, en posición yacente un en 3 torre,ieve eran originalmente cuatro, y formaban parte muy probablemente de una
C Lo más característico de estas "damitas"es SU EVinpwrc f?‘ ar'este,a cuVa datación podría encuadrarse en la primera mitad del siglo IV a.
peinado y la ausencia de elementos como el velo o el 1 J^VENTUD' ^ue ,as diferencia de las figuras "de tipo dama" en detalles como su

quizá también ocres. Museu de Prehistoria feudal fra9men‘°S 56 ha °bservadola existencia da P°l¡CTOmías con restos de pintura roja y
3 F. CH \:n

jóvenes de alto rango en su momento de esplendor: mujeres y ventud o iniciación al mundo de los adultos, matrimonio o
varones engalanados que se inician en las relaciones sociales, muerte), peticiones de curación -de alguna parte del cuerpo- o
parejas que ofrendan conjuntamente; hombres y mujeres que fertilidad masculina y femenina. Como imágenes de los do­
agradecen o solicitan favores y se presentan a la divinidad, nantes, los exvotos expresan los grandes hitos vitales de las
todo ello en el marco de un culto organizado. personas, su bienestar, felicidad y socialización en el grupo.
Pero existen otras ofrendas mucho más modestas: los miles Algunas imágenes son propiciatorias de buen embarazo y
de exvotos metálicos con representaciones de varones y mujeres cuidado materno. Recordemos el exvoto de la colección del Ins­
adultas o jóvenes que se presentan ante la divinidad así lo tes­ tituto Valencia de Don Juan de Madrid, del siglo III a. C.: una
timonian. Los exvotos conservados, fundamentalmente de pequeña figura con abultado vientre que ofrece un fruto -posi­
bronce, nos muestran imágenes de la sociedad. Sobre todo en blemente una granada, símbolo prolífico de la fertilidad-
el siglo III a. C. se incrementa el número de personas que mientras que con su desproporcionada mano toca -y
se hacen visibles en estos lugares sagrados -en especial tal vez ofrece- su vientre fecundo. En terracota des­
cuevas- que fortalecen la cohesión del grupo. Son lugares £ tacan los exvotos del santuario contestano de La
que potencian el sentido de pertenencia de un colectivo a Serreta en Alcoi (Alicante), probablemente dedicado
un territorio. Representan ritos de paso (nacimiento, ju­ a una divinidad de la fecundidad, con figuritas que
expresan ese sentido propiciatorio de fecundidad,
► Esta escultura de bulto redondo, a tamaño ligera­ así como un extraordinario grupo donde la ima­
mente inferior al natural, corresponde a la llamada gen femenina amamanta a dos criaturas -¿se
GRAN DAMA OFERENTE, quizás la más conocida ¿ trata de una mujer o de una diosa?- y se ro­
de las muchas imágenes de exvotos esculpidos en dea de un cortejo de músicos y aves.
piedra del santuario del CERRO DE LOS SANTOS
Las mujeres también se muestran en
(Montealegre del Castillo, Albacete). En este caso /
el nombre es perfectamente explicativo. Se trata
los espacios de celebración de ritos de paso
de una dama perteneciente a la élite ibérica local y fiestas colectivas en la ciudad. Un exce-
dotada de una indumentaria muy rica, con una tú­ < lente campo de análisis son las cerámicas
nica interior muy fina que le llega hasta los pies cal­ i pintadas con escenas, vasos de encargo de
zados, una túnica lisa con velo sobre esta y, por —' ! ciudades ibéricas donde destaca Edeta (Li­
encima, un manto de gruesos pliegues. Además de í ria). En un momento a partir de mediados
las joyas (anillos, colgantes e incluso una fíbula en
\ del siglo III a. C., su iconografía nos acerca
forma de "T"anudada al cuello), se observa un com­
plejo peinado de tirabuzones y una ancha diadema,
a esas celebraciones públicas, competiciones
con trenzas rematadas en discos ornamentales. En y cortejos de jóvenes varones y mujeres a la
sus manos sostiene un vaso listo para su entrega, que edad adulta o al matrimonio, así como esce­
realizaría muy probablemente en el marco de una nas de la vida urbana, donde participan ciu­
fiesta sagrada para la que se habría ataviado especial­ dadanas engalanadas para la ocasión. Algunas
mente. La escultura fue hallada en 1807 junto a un
danzas-procesiones de mujeres con flores po­
gran número de otras estatuas amontonadas en la
parte oeste de lo que habría sido un templo. El Cerro
drían ilustrar el sector femenino de un culto.
de los Santos, uno de los santuarios considerados más Las escenas que no se representan son
importantes del mundo ibérico, era ya frecuentado aquellas que se relacionan con todas las acti­
como lugar sagrado desde el s. IV a. C, pero su época vidades de mantenimiento de la vida coti­
de mayor apogeo cabría situarla en torno a los ss. III diana, las que serían más abundantes en el
•I a. C., y en especial en la primera mitad del s. II a. C, día a día de las familias ibéricas: tareas en re­
momento en el que se levantaría el edificio de culto
lación con la alimentación y el procesado de
y se fecharían la mayor parte de los exvotos de pie­
dra. El descubrimiento precoz del santuario fue uno alimentos, cuidados, higiene y salud, el acon­
de los motivos que facilitaron la aparición de falsi i- dicionamiento y la organización del espacio
caciones de estatuas por parte de un relojero e doméstico, la realización de tareas producti­
Yecla, que manipuló sus propias obras añadiendo- i vas o la propia educación y aprendizaje de
les símbolos de carácter astral y esotérico e incluso j niños y niñas con juguetes o miniaturas,
misteriosas inscripciones aprovechando que por ^ |
que se desarrollarían en el ambiente ín­
aquel entonces el conocimiento de la cultura i e
rica era apenas incipiente. Museo Arqueológico
timo, privado, del hogar. Podemos suponer
Nacional. © Gustavo García Jiménez
su importante función como mediadoras
ARQUEOLOGIA & HISTORIA 39

Si hablamos de banquetes familiares, un ejemplo destacado


es la tumba 20 de la necrópolis de Los Villares de Hoya Gon­
zalo (Albacete), fechada por sus elementos de ajuar a finales
del siglo V a. C., que presentaba un gran lote de cerámicas áti­
cas más un ajuar ibérico en lo que parece tratarse de un ceno-
tafio. En este conjunto aparecieron tres pequeñas jarritas o
cóes, vasos griegos utilizados por niños de entre 3 y 4 años,
pintados con criaturas que juegan en las celebraciones.
Enterramientos múltiples, seguramente familiares, han
sido hallados en tumbas de la necrópolis del Cabezo Lucero
(Guardamar del Segura, Alicante), dos cistas de la necrópolis
del Estacar de Robarinas (Cástulo, Linares, Jaén), pero sobre
todo en la tumba 51 de la necrópolis del Turó deis Dos Pins
(Cabrera de Mar), muy bien fechada (250-225 a. C.), que con­
tenía los restos cremados de dos adultos masculinos, un adulto
femenino y cuatro individuos infantiles junto con restos de
ovicáprido, avifauna y huevos de gallina. Se trata de un ente­
rramiento colectivo excepcional, con 7 individuos diferentes
y 83 piezas de ajuar, de un único momento y un posible grupo
familiar. Más tardía es una pira funeraria descubierta en Elche
(Alicante) del siglo II a. C., con cuatro personas (dos adultos,
un varón y una posible mujer, un joven y un niño de unos
cuatro años) que murieron casi de forma simultánea. No se
documenta, en definitiva, una pauta de comportamiento en el
ajuar o un tipo de enterramiento común en estas tumbas fa­
miliares, aunque con mayor frecuencia los individuos infantiles
se asocian a mujeres adultas.
En los santuarios, las representaciones de posibles familias
pueden ser interpretadas como parte de este fenómeno de visi-
bilización social de las estructuras ciudadanas y familiares.
Contamos con un exvoto, poco conocido, del Instituto Valencia
de Don Juan (Madrid) con tres esquemáticas figuras de tamaño
descendente, ordenadas una detrás de otra. Igualmente, la placa
de terracota del santuario de Castellar en Jaén que representa
dos figuras, probablemente una masculina y otra femenina, que
parecen proteger y mostrar a un niño; o, sobre todo, el conocido
relieve de piedra del santuario de Las Atalayuelas (Fuerte del
Rey, Jaén), más conocido como de “la danza bastetana”, donde
se representan cuatro hombres y tres mujeres ordenados por
género, edad y estatus, en un posible ritual de presenta­
ción o danza colectiva y familiar. Ellos con su túnica
corta de falda acampanada y ellas con su túnica lisa ■M
hasta los tobillos.

vm
Además de los grupos familiares, en los recintos ■3
sagrados se muestran parejas. En santuarios como
• ui o ;
i|-
©(¡rag RHil el citado del Cerro de los Santos, la mujer, junto
alguna singular captura. La cacería es en la iconografía Ibérica un Motivo generalm^nteTsodad5 ^ ^0ven' ® Padre apa recepor la puerta
ocidas que podríamos clasificar como ai varón, aparece representada en una escala equi- tm¿
li
!. valente entre sí, participando esta pareja de la
de nuevo en espacios rituales, funda-

i
figuran al lado del telar, tal y como menciona Estrabón en su Geografía (lll.4.16):'el dormir Ji^sueloes comú^t^* ^ m'mbre comolas ■ mentalmpnrp-p
m mterios o santuarios, y reflejan la pre
senda de estos grifpos en estos simbólicos espacios públicos.
ofrenda del vaso sagrado. Mucho más esquemá-
tica es la representación de una pareja de exvotos
Estas imágenes emparejas, familias o grupos sodales son ma­
► EXVOTO DE BRONCE FEMENINO del Instituto Va-
f con su descendencia, pero también con su entorno, social y na­
Los nuevos grupos familiares
nifestaciones deía iñayor apertura y participación de la socie­ lencia de Don Juan (Madrid), representando una \
. tural, así como con el conjunto de objetos que intervienen en las dad en estos mdjfíehtos. MUJER ENCINTA. El exvoto cuenta con un código
í No conocemos retratos de escenas familiares de la vida có
actividades cotidianas. Por todo ello, a pesar de su tradicional y En las necrópolis, escenarios rituales que ligan la comuni­ gestual muy concreto y repetido en otras piezas simi-
diana con el
mayoritaria invisibilidad, debemos reconocer el gran aporte de tividadesqueSnhaWmales t0m° ^ ° rea'¡Zand° ^ dad a su pasado, ‘ton presencia de fuego, perfume, música, li­ lares en las que la mujer reposa su brazo izquierdo
V
las mujeres como transmisoras de valores sociales, conocimient baciones y banquetes colectivos, se muestran escenas en pareja sobre el cuerpo y el derecho sobre el vientre, imitando ,¡ U:

en el hogar como la preparación
y cocinado de ali una disposición conocida en algunas divinidades / SítVfel;
y tecnologías. Las mujeres iberas tuvieron un papel indispensable imentos, el hilado, tejido u otras actividades como en la estela de La Albufereta (Alicante): ella con su atn-
productivas. Ta orientales. La granada que sujeta en su mano izquierda
en la sociedad al representar la reproducción biológica, pero gares de tmhainTr'* ?representan «cenas familiares en lu- buto de hilandera y él con lanza. De nuevo aquí abundantes
I1! también social y económica del grupo. dianas como la alfa *7 destinados a las artesanías coti- telas y joyas acompañan la representación de la mujer, en este
muy probablemente fuera entregada en el santuario
como ofrenda, junto con el exvoto como gesto propi-
rena, metalurgia o en el campo. Las repre- caso, junto al varón sobre la tumba. CÍatOriO. © Instituto dí Hstoria. este
40 ARQUEOLOGÍA & HISTORIA

lencia) se han excavado inhumaciones infantiles con los típicos


de hierro masculino y femenino del santuario de Las Atalayuelas
elementos en bronce de ajuar. Además, existen enterramientos
(Fuerte del Rey, Jaén). A estas parejas se suma el conocido re­
de posibles madres con fetos o recién nacidos en necrópolis
lieve “del beso de Osuna”.
como El Cigarralejo de Muía (Murcia), el Turó deis Dos Pins,
La Serreta de Alcoy (Alicante) o Castellones de Ceal en Hi-
La población infantil y juvenil
La presencia de niños y niñas en el interior de las casas, en nojares (Jaén).
las calles del poblado, en campos y caminos o en el peregrinaje Con respecto al mundo de las imágenes, en los santuarios
a los santuarios debió de ser constante y cotidiana. Su impor­ hay representaciones donde los bebés son amamantados. Tam­
tancia fue vital ya que de su existencia y formación dependía bién se han encontrado exvotos de recién nacidos, ‘‘bebés en­
la reproducción física e ideológica del grupo. A pesar de ello, fajados”, tal vez propiciatorios de buen parto o crianza del
el conocimiento de la infancia en el mundo ibérico es relati­ recién nacido, expuesto a un alto nivel de mortalidad.
vamente reciente dadas las limitaciones de la cultura material, La escultura en piedra cuenta también con ejemplos des­
la fragilidad de sus restos funerarios o el desinterés de los es­ tacados de comienzos del siglo IV a. C. como el niño o
tudios hasta no hace mucho. No hay que olvidar que la mor­ joven desnudo que se enfrenta al lobo dentro del programa
talidad en el paño debió de ser muy alta, así como la corta es­ mítico del santuario de El Pajarillo (Jaén) donde adquiere el
peranza de vida de las criaturas, sobre todo en los tres primeros valor colectivo de la comunidad. Otro ejemplo de una tumba
años de vida. individual es el cipo de la necrópolis de Coimbra del Ba­
Reconocemos a la población infantil a través de algunas rranco Ancho (Verdolay, Murcia) donde se representa pro­
imágenes, objetos y escasos restos funerarios cremados, pero bablemente una escena de despedida en la que un varón sen­
sobre todo, inhumaciones. Con respecto a la cultura material, tado posa su mano sobre la cabeza de un niño. En el resto de
destacaré juguetes y miniaturas de cerámicas, útiles y armas; las caras de este cipo se labran distintos jinetes. Este monu­
biberones, sacaleches y amuletos para los más pequeños y, fi­ mento funerario parece expresar el reconocimiento de un
nalmente, campanitas y aros asociadas a enterramientos in­ niño o joven por el adulto, su pertenencia a una estructura
fantiles que configuran un típico ajuar infantil. familiar y ciudadana.
Los niños de corta edad no acceden al rito ibérico de la Niños y mujeres jóvenes se representan en imágenes, como
cremación. Tampoco eran enterrados en las necrópolis, sino en la necrópolis valenciana del Corral de Saus (Mogente) donde
en el interior de los hogares. Desde el sur de Francia hasta se encontraron los restos de un monumento tipo pilar-estela de
Alicante y Murcia abundan estos enterramientos infantiles. la primera mitad del siglo IV a. C. con un coro de cuatro jóvenes
Al sur del río Segura no se conocen inhumaciones infantiles -de las que se conservan dos- que presentan peinado ritual de
en espacios de hábitat. En poblados como el Puig de la Nao largas trenzas con gruesas anillas. Sostienen granadas o mem-
de Benicarló (Castellón) o Castellet de Bernabé de Llíria (Va-

A Relieve procedente del SANTUARIO DE LAS ATALAYUELAS (Fuerte del Rey Jaén) mal li
relacionado con la cita de Estrabón (Geografía, 111.3.7) sobre las danzas que practicaba amad0en ocas¡ones"de la danza bastetana"al haberse
cerámico de Llíria en la página 10, en este mismo volumen-. En la escena se observa " V hombres de forma conjunta -véase el vaso
la derecha -las mujeres- visten túnicas talares ceñidas con largos cinturones, mientra 6 eCt')/amente siete Personajes, de los que los tres de
más cortas. El tamaño decreciente de los personajes hacia los laterales no guarda reíS ^ °S CUatr° personaíes masculinos llevan túnicas
mismos, sino más bien a la jerarquización de edad. Asimismo, un examen detallado 30100 C°n ,a perspectiva mas cercana o alejada de los
para danzar, sino que tan solo se rozan los dedos. La composición podría representa^7'^ °bservar que no se C09en las manos entre ellos
lectivamente ante Ja divinidad, con gestos muy parecidos a los de los oferentes con b* esquematica a una familia que se presenta co-
datación del relieve, a falta de contexto preciso, no está del todo clara, aunque se le nr320S abiertos conocidos en los exvotos de bronce. La
siglos II-I a. C. Museo de Jaén. oARci«voiAi/j.M.P£DfíosA resume una cronología de época tardía, en torno a los
ARQUEOLOGÍA & HISTORIA 41

brillos, antiguos
símbolos funera-
ríos o nupciales. procedente del Tossal de Sant Miquel
de Llíria. Ambas se sientan en sillas con
También en Osuna se
respaldo, y coronando uno de ellos parece observarse una posible
representa la juventud en ave posada. Como elemento más destacable en su aspecto está
un gran monumento funerario donde destaca una joven flautista, de nuevo el hecho de que lucen largas trenzas, que en el caso de
con exquisito peinado de finas trenzas. la mujer de la izquierda -mejor conservada- viene rematada con
un aro como los de las"damitas del Corral de Saus", también do­
Cada grupo de edad y género tiene su propio sistema de
cumentados en la iconografía vascular en la auletris (joven que
valores y este es único en cada sociedad. En Iberia se van re­ toca la flauta doble) de un conocido vaso de La Serreta de Alcoi.
conociendo sus códigos de representación: jerarquías de tamaño La joven de la derecha sujeta en su mano una gran floro palmeta,
o escala, peinados distintivos, presencia o ausencia de deter­ mientras que su compañera empuña el huso. Fuera de la escena,
minados elementos de indumentaria y/o tocado. Las cerámicas a la que son ajenas las jóvenes, resguardadas en la seguridad del
hogar, se observa un animal salvaje -muy probablemente un
ofrecen ejemplos femeninos o masculinos, como en la necró­
lobo- que quizá guarde relación con la otra escena representada
polis de El Cigarralejo, la escena de lucha de un adolescente en otros fragmentos del vaso, donde aparecen un jinete y una
contra un gran lobo en La Alcudia, o el enfrentamiento del jo­ dama en un ambiente externo. omuseudePkhstósamVaienca
ven con la esfinge en una tumba del Corral de Saus. También
en Edeta, en una de las caras “del vaso del telar”, un joven
jinete sin armas a lomos de un pequeño caballo va precedido
por un cortejo femenino, tal vez en un rito de juventud. En la
otra cara de este mismo vaso dos jóvenes aristócratas sentadas
BIBLIOGRAFÍA
Aranegui, C. (2012): Los Iberos, ayer y hoy. Arqueologías y
a ambos lados de un telar, hilan y tejen, en un posible rito de
culturas. Madrid: Marcial Pons.
tránsito a la edad adulta o el matrimonio. Chapa Brunet, T. (2003): "La percepción de la infancia en el
mundo ibérico", Trabajos de Prehistoria, 60,1, pp. 115-138.
Los grupos sociales del Ibérico Pleno Izquierdo, I.; Pérez Ballester, J. (2005): "Grupos de edad y
La imagen de la mujer se instala en el imaginario ibérico fun­ género en un nuevo vaso del Tossal de Sant Miquel de Llíria
damentalmente desde comienzos del siglo IV a. C., proyectán­ (Valencia)", Saguntum: Papeles del Laboratorio de
dose colectivamente a través de temas y acciones concretas, Arqueología de Valencia, 37, pp. 85-103.
como generadora y mantenedora del orden social aristocrático, Izquierdo, I.; Mayoral, V.; Olmos, R.; Perea, A. (2004): Diálogos
sin conocerse escenas de la vida cotidiana. en el país de los iberos. Madrid: Ministerio de Cultura.
Las imágenes de mujeres se multiplicarán en los pequeños Rísquez, C.; Rueda, C. (eds.) (2013): Santuarios iberos: Territorio,
exvotos de bronce o terracota y, posteriormente, en algunos ritualidady memoria. Actas del Congreso El Santuario de la
vasos pintados de encargo. Este fenómeno no es casual, sino Cueva de La Lobera de Castellar 1912-2012, Jaén.
que se explica desde la evolución del propio modelo social
5 Bibliografía completa en www.arqueologiaehistoria.com
ibérico.
A lo largo de la etapa plena, las estructuras familiares se
visibilizan en el registro de las necrópolis y en los santuarios. Isabel Izquierdo Peraile es arqueóloga, doctora
Y a pesar de su escasez, también se reconocen niños y ninas en Historia (especialidad de Arqueología) por la
corta edad que participan en las prácticas rituales, junto Universidad de Valencia (1998) y conservadora
con otros grupos de edad, asociados a la mujer o al Orupo de museos estatales (2001). Desde 2005 fue res­
miliar. ponsable del Servicio de Planificación y Medios
De este modo, tanto las imágenes, como la cultura mate- de la Subdirección General de Museos Estatales, ocupándose
rial permiten atisbar un incipiente retrato de familia, dond de la coordinación de proyectos en museos arqueológicos, como
ARQVA, Córdoba, Asturias, Puig des Molins o el Museo Arqueo­
adultos y niños participan conjuntamente en ritos e Pa
lógico Nacional. Desde enero de 2014 es jefa de área en la
reconocen en algunas tumbas y lugares sagraos apun­
unidad de apoyo de la Dirección General de Bellas Artes y Bienes
tando nuevas funciones y valores en las sociedades i
Culturales y de Archivos y Bibliotecas de la Secretaría de Estado
de esta etapa. de Cultura.
Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibera de la Universidad de Jaén
Carmen Rueda Galán -

La religiosidad
en las sociedades
iberas

siglos IV-lll a. C.
En los últimos años se ha avanzado sustancialmente en el estudio de los sistemas de creencias de las sociedades
protohistóricas de la península ibérica, profundizando en las huellas, espaciales y materiales, vinculadas a su
universo religioso. El registro arqueológico de las sociedades iberas para los siglos IV-lll a. C. se caracteriza por la
heterogeneidad de los paisajes sacros, que nos proporciona un amplio mapa de manifestaciones y prácticas
rituales a las que es posible aproximarse, aunque contemos con dificultades de precisión.

E
s~preciso romper con la noción que identifica la religiosidad sentimientos y miedos, pues lo “inmaterial” se conceptualiza y
y el culto ibero como expresiones simplistas, que nacen se expresa en las formas materiales.
de sentimientos básicos y se canalizan a través de procesos
(explicados casi desde la espontaneidad o ingenuidad. Lejos de PLos espacios simbólicos como aproximación ■
|estas afirmaciones, el registro arqueológico disponible ha demos­ ja la cosmovisión ibera
trado que existen complejos sistemas de rituales, en los que median El paisaje, como construcción histórica que articula relacionesl
(espacios que articulan ámbitos diversos o liturgias bien especifi- Ide índole diversa, posee una clara vertiente simbólica que es.
Icadas a través de normas de comportamiento. Asimismo, es cues­ (representada, pues la iconografía ibera significa su propio te­
tionable la existencia de una religión ibera, entendida como es­ rritorio. Como bien ha señalado Ricardo Olmos en numerosas
tructura o esquema único y abstracto. Más bien habría que discutir Iocasiones, el paisaje sacro es territorio, pero también tiempo,
Isobre un amplio abanico de manifestaciones que, en ocasiones,
(ese otro tiempo que nos remite, sin contradicciones, a un pre­
poseen rasgos comunes identificables en áreas territoriales diversas, sente y a un pasado del que se tiene conciencia. La imagen
I mientras que en otras se rigen por pautas propias, adscritas a terri­ ibera, como expresión versátil, sintetiza estas variables en cons­
torios políticos o, incluso, a santuarios específicos.
trucciones en ocasiones difíciles de desentrañar.
Desde una perspectiva metodológica, las manifestaciones
En el modo de vida de las sociedades iberas, el espacio urbano
ír, j. I religiosas poseen una materialidad, en ocasiones intencional e
y el rural, como espacios controlado y no-controlado, son dos
inherente al rito que las originó, sujeto a actos de fosilización
(coordenadas de una “contradicción cotidiana”. Una dualidad a la
de una petición a través de recursos duraderos, por ejemplo en
.que hay que sumar el espacio mítico, que define las relaciones
el uso de materiales concebidos como “eternos” en la Antigüe­
con los antepasados y con las divinidades, un tercer rangSe re-
dad, como el bronce. Desde esa materialidad, aunque con lagunas
|Iaciones que se expresa en las construcciones simbólicas,-j||n las
e imprecisiones, podemos aproximarnos a algunos matices de
I fórmulas de demostración política. El monumento de El fjllirillo
las prácticas rituales. Y es en esa indagación sobre la materialidad
se convierte^en^m excepcional ejemplo en el que estas*$Bí¡s di­
del rito en la que atisbamos aspectos sobre comportamientos,
mensiones del paisaje sacro ibero se encuentran perfeájwíente
h XIX formaba parte de la colección de antigüedadestell femilTa^ Se trata de una fíbu,a aurea <lue Va eMsig'°,

motivo de grandes controversias en cuanto a su interpretación, planteándose muchas duda! l?9anza~ y su ausencia de contexto clarojiá sido
i cientes investigaciones y la realización de análisis metalográficos que demuestran que la o S SU autenticidad' h°y despejadas gracias a re
la de su procedencia, que hoy sabemos es seguramente ibérica. En la fíbula se reDrespnta ^ GS antigua'0tra cuest'ón polémica ha sido también
TÁNDOSE AL LOBO, una fórmula que en fases más antiguas del iberismo compartían 0^ VeZ maS'el tóPico iconográfico del HÉROE ENFREN-
grifos, pero que con el tiempo fue asumiendo el lobo casi de forma exclusiva, tal y como de °S ammales reales 0 m,tícos' principalmente leones o
el héroe aparece desnudo y muy bien armado, una combinación poco habitual en estas re mUeStran sus rePresentaciones del Ibérico Tardío. Aquí
el lobo aparece ya casi sometido y un tanto asustado a juzgar por su posición defensiva- presentaciones' Per0 se repiten los esquemas en los que
en su zarpa apoyada sobre el escudo y su pelo erizado. En el propio puente de la fíbula Fia n^Ue n° ^or e^° P’erde su actitud amenazante, visible
La composición es un excepcional ejemplo de síntesis de los espacios fundamentales enla r" d°S Cabezas de ,obo' V una tercera en el p‘e'
miniatura cobran sentido vistos desde el universo mítico que contextualiza la acción heroi °nstruccion de la cosmovisión ibera. Los detalles en
que se proyecta en diversos espacios y tiempos. Probablemente siglo III a. C. o quizá primera T T^6'0 qU6 Se reitera en la reli9iosidad ibera V
____ mitad del 11 a- C.The British Museum. ____
ARQUEOLOGÍA & HISTORIA 43

delimitadas y simbolizadas a través de tres tipos de animales: los


Prácticas religiosas y rituales: miedos, peticiones
leones, como expresión de la dimensión urbana, los grifos, que
y liturgias
definen el ámbito mítico, y el lobo, símbolo del espacio de lo sal­
¿Qué tipo de rituales se pueden definir para las estructuras re­
vaje, ese territorio limítrofe poblado de monstruos en el que se
ligiosas iberas? Este es un aspecto complejo y lleno de matices,
refrenda la iniciación de los mejores. Un ámbito que se reitera en pues depende no solo del momento cronológico, sino también
diferentes ejemplos, como en la lebeta [NdE: vasija de boca del territorio e, incluso, del propio santuario. No obstante, al­
abierta y perfil de tendencia globular] de Sant Miquel de Llíria gunas prácticas se enmarcan en peticiones que son expresión
(Valencia), en la que, como sucede en El Pajarillo, los diferentes de los sentimientos religiosos y de los miedos individuales y
espacios quedan bien demarcados. colectivos, como necesidades de orden primario que requieren
Estas dimensiones, inseparables, construyen las cosmovisiones de mecanismos de “satisfacción”. La fertilidad, los ciclos agra­
de las sociedades iberas, es decir, “su manera de ver e interpretar rios, la curación, las guerras, la protección de la persona, etc.
el mundo” y definen las formas de narración convertidas en me- son algunas de las motivaciones que rigen y definen a la práctica
moría. Otro excepcional ejemplo es la fíbula de Braganza (s. III ritual ibera.
a. C.), en la que se construye un microcosmos religioso que con- El registro arqueológico ibero, en sus diferentes naturalezas
textualiza una hazaña heroica desarrollada en ese otro espacio y (material, arqueozoológica, paleoambiental, iconográfica...),
tiempo mítico. En este caso se subraya el espacio salvaje, signifi­ ofrece indicadores relacionados con las prácticas rituales, pues
cado a través de un lobo de doble cabeza, pero también el ámbito conllevan el uso “especial” de espacios y artefactos, matizados
acuático -¿el mar o un río?- simbolizado a partir de roleos y vo­ por condicionamientos simbólicos y/o estratégicos que definen
lutas y presidido por dos monstruos. El agua, como corriente su tiempo y espacio. En el estudio de la cultura material im­
viva, es un recurso muy utilizado en las narraciones míticas, plicada en las prácticas religiosas es posible identificar pautas
donde se sitúan los duelos y las gestas heroicas, al mismo tiempo en la utilización del equipamiento simbólico-ritual, y esto es
que define aquellas otras tierras a las que solo acceden los mejores. gracias a que los rituales se inscriben en una estructura litúrgica
Pero en el microcosmos de la fíbula de Braganza hay que incluir que las dota de códigos de comportamiento que ayudan a la
otro terreno, el subterráneo, el de las profundidades de la tierra, aproximación, por ejemplo, a los estadios o momentos de una
protegido por el jabalí. Todos estos ámbitos definen un espacio ceremonia.
liminal, alejado del oppidum, y su simbolización, dentro del es­ El tiempo es una variable fundamental para el análisis de la
quema de valores ideológicos que configuran la cosmovisión praxis ritual ibera. Bien es cierto que no es posible definir los
ibera que se transmitió de generación a generación a través de so­ microtiempos en los ritos, aunque sí es posible acercarse a pro­
portes de prestigio, como esta fíbula en oro. cesos más amplios: los calendarios rituales. Determinados fe-
V Vista general de LA PUERTA DEL SOL y el SANTUARIO DE ENTRADA DEL OPPIDUM DE PUENTE TABLAS. En este espacio sagrado se ar­
ticulaba una ritualidad específicamente marcada por fechas concretas en el calendario anual. Se ha demostrado que los equinoccios eran
fechas clave para las celebraciones sancionadas por una divinidad femenina, que aquí se representa a través de una estela antropomorfa
colocada estratégicamente en una posición en la que la luz entra por la puerta durante estas fechas, iluminándola —véase La escultura
ibérica en los siglos IV y III a. C." en este mismo número-. oAuowoiAi/ForocRw»D£iAtsniA:j.M.Ptc»osA
44 ARQUEOLOGÍA & HISTORIA

i rm i ano DE LOS JARDINES (Despeñaperros), un santuario ibérico vinculado al territorio de


► La escena de la ilustración se enmarca en el COLLADO ut lu manantial, quizá con propiedades curativas. El lugar sería des-
Cástulocuyo origen probablemente fuera un bosque junto a una cueva ug en 'é| fueron encontrando tras el hallazgo del santuario
pués conocido como la Cueva de los Muñecos, debido al gran num perjudicó fuertemente a su conservación, puesto

en él se desarrollaban ritos de paso de distintos tipos, entre ellos tos de pareja DE JÓVENES celebrando su Introducción en la edad
DE PASO de este tipo, que tendría lugar entra los¡siglos¡IV y en esta m¡sma página-, en los que se observan ciertos
adulta. Los adolescentes llevan una vestimenta inspirada en estos exvotos v |a e lda a veces se unen en el pecho. Otros
rasgos peculiares como los cordones trenzados que se ajustan a los hombros, s t«rai4ncaitn«vinva«niiP«ífin..ra
signos de juventud son, además del peinado en trenzas (más largas en las chicas), la ausenc.a de velo , tocados alosyjoyasque s. figuran en
las mujeres adultas. Los exvotos, al igual que la pareja representada en la .lustración, incluyen hab.tualmente en las palmas de las manos unos
objetos de apariencia circular que no sabemos a qué corresponden -acaso panes, tortas o frutos que sin u a seri n ci os jun o a os
propios exvotos en el santuario. En la imagen, toda una comitiva de familiares y clientes se ha congrega o para ce e rare even o, un ipode
rito que probablemente tendría lugar solo en determinados momentos del año. o Sandra delgado

nómenos, como los astronómicos, permiten fijar fechas impor­ Sobre las divinidades iberas femeninas
tantes asociadas al cambio de estaciones que indican, por ejem­ ¿Cómo se encarna lo invisible? ¿Cómo se imagina a la divini­
plo, los equinoccios, procesos que están bien documentados en dad? El espacio de lo divino se representa a través de rasgos
varios santuarios iberos, entre los que cabe destacar los recientes que en ocasiones son meros retazos, mientras que en otras son
hallazgos en el santuario de la Puerta del Sol de Puente Tablas construcciones más complejas que conducen hacia un arquetipo
(Jaén) (finales s. V-comienzos IV a. C.), para el que se ha esta­ de lo femenino, con un papel vital para la cohesión social, fun­
blecido un calendario temporal relacionado con la salida del damentalmente durante los siglos IV-III a. C.
sol, o en el santuario de la Cueva de la Lobera (Castellar, Jaén), Este ideal en ocasiones se transmite a través de signos con-
en el que se ha constatado una hierofanía [NdE: manifestación cretos que identifican a la divinidad intangible. Un ejemplo de
de lo sagradol solar vinculada al ocaso del sol en los equinoc­ ello es el ave, que es partícipe activo en el diálogo con la divi­
cios. Asimismo, los ciclos agrarios marcan fechas de celebra­ nidad, pues transmite sus mensajes y es guía en las gestas he­
ciones, posiblemente combinadas con otros ciclos ceremoniales, roicas, pero también anuncia la muerte. Es, por tanto, testigo y
que pueden conjugarse en el mismo espacio de culto. Un ejem­ protagonista de las epifanías y de los portento, adquiriendo un
plo ilustrativo procede de Mas Castellar de Pontos (Girona), papel activo en los mitos, tal y como se narra en ejemplos ex­
en el que se ha fijado un sistema de ritualidades que tienen que cepcionales, como en la gran tinaja del Departamento 41 de
ver con los ciclos agrícolas y con las deidades Deméter y Coré Sant Miquel de Llíria (Valencia). Como animal divino, también
(protectoras de la agricultura) y los ritos relacionados se vincula al plano de la fecundidad y al de la inicia­
. r- con el matrimonio divino entre Coré-Perséfone v ción femenina. En el amplio corpus de exvotos
Hades. en bronce de los santuarios jiennenses de Co­
El tiempo, enmarcado en el propio ciclo vital, llado de los Jardines y Los Altos del Sotillo, el V
también define la propia estructura general del sis­ ave acompaña a las imágenes de muchachas y&
tema litúrgico de un santuario o de un territorio. que llevan a cabo ritos de paso de edad.
La ritualización de algunas etapas de la vida define Pero en las religiones iberas la divini­
la expresión de momentos clave que deben ser dad asume formas humanas, que convi­
^ legitimados de manera especial. Los ritos de
ven con otros seres sobrenaturales e in­
paso o tránsito fueron prácticas esenciales termediarios, y el control divino de los
en la religiosidad ibera y tuvieron una amplia diferentes planos del mundo se exp resa
visualización durante los siglos IV-III a. C. en la heterogeneidad de la imagen di-
a partir de prácticas como los ritos de inicia- vina. Es diosa del inframundo, guía y
ción guerrera, los ritos de paso de i-.-
. acompañante del difunto y receptora en el
edad, los ritos nupciales, de fer-
^ tilidad y fecundidad, de p rotec- mas allá, pero también es diosa de la natura-
«a, tal y como se representa en el excep-
ción del embarazo, o los relacio-
k nados con el paito. La iconografía de la ctonal ejemplo de la necrópolis de Cerro
,4>- f
G‘l (,Imesta’ Cuenca), en la que en una ori­
liturgia ibera en este contexto adquiere un 23
ginal composición de mosaico de guijarros *
papel determinante para fijar pautas de representación,
como la gestualidad escogida o los rasgos formales y se representa a una divinidad a la que le Ov.
rodea un universo de fio
V atributivos asociados al tránsito de una etapa a otra. res y animales; una
formulación
que recuerda a algunos ejemplos
<> Estos dos EXVOTOS FEMENINOS de bronce, procedentes precisament d
representan una de las principales fuentes para el conocimiento de los ritos d SantUario del Collado de los Jardines,
Los dos exvotos reproducen distintos momentos en el ritual relacionado en ^ '°S que se basa ,a ''ustración.
los jóvenes de ambos sexos se despojan de los rasgos de la infancia y ado t °S nt°S de paso de edad'en los que
y-
i tuales debió de representar un papel importante el cabello como uno dil nUGV° papel social-En estos r¡-
que se corta y ofrenda en el santuario como sanción del rito. La fiqura d i Prmc|pales si9nos de la infancia,
momento inicial, en el que se aprecia el peinado de trenzas mient 6 3 IZquierda representaría pues el
y- • ■ ^ terior, una vez que se ha cortado el pelo. Ambas muestran en sus m ^ °tra Sería una íma9en Pos~
,-4> W al santuario como parte del rito, oarch-yoiai/carmínRufDA manos '°s objetos que entregarían
46 ARQUEOLOGÍA & HISTORIA

l e Ho r ARECICO DEL TESORO (Verdolay, Murcia), fechada en torno a los siglos IV y l|| a
▼ Figura de terracota de la tumba 144 de la necrópo como denota la presencia de dos columnas con capiteles de volutas a los lados-
C. Probablemente representa una escena en un santuario - de la divinidad femenina, que ciñe un alto tocado -¿una representación
protagonizada por tres devotas mujeres ante una destacada imagen
de la estatua de la divinidad?-. ©Muhoa<Sl«>c.<ooeMup^
Imagen, símbolo, icono... pero cabría introducir otros fe­
más antiguos. A partir del siglo III a. C. aumenta el número de
nómenos que tienen que ver con la divinidad ibera: la hierofanía.
imágenes divinas relacionadas con la naturaleza y la fecundidad
Recientes investigaciones están incidiendo en procesos que tie­
de la tierra, teniendo a las terracotas femeninas como los pe­
nen que ver con la experiencia visual de lo sagrado. En el san­
beteros a uno de sus soportes principales.
La diosa ibera también se representa en su vertiente terrible tuario de La Cueva de la Lobera, en Castellar (Jaén), se ha do­
y temible. En un fragmento cerámico procedente del santuario cumentado cómo en los equinoccios la última luz solar del día
de la Umbría de Salchite (Murcia) se conserva una imagen in­ se introduce por un hueco en la roca y proyecta, en el fondo de
terpretada como una divinidad infernal alada y de aspecto te­ la cueva, una imagen que recuerda a algunas representaciones
rrorífico, en la que destaca su rostro a modo de máscara y los muy comunes en los exvotos en bronce y que se ha interpretado
brazos terminados en cabezas de ave o lobo. Es una divinidad como una hierofanía. Esto nos introduce en fenómenos religio­
que se vincula al fuego, pues se rodea sos relacionados con la “aparición de la divinidad” que mate­
de antorchas que simulan este rializa y refuerza el rito. En algunos casos más complejos,
mundo del averno. Á como en el santuario de la Puerta del Sol de Puente Tablas, el
Como madre-protectora, en el ’ recorrido de la luz del sol en tiempos diferentes reconstruye la
esquema conocido como kourotro- secuencia de una narración religiosa que se basa en la relación
phos o nutricia, la diosa ibera se asocia sol-diosa, un mito que deja de ser una mera hierofanía para
a contextos diversos y asume solicitudes crear un discurso mitológico relacionado con la divinidad.
y ritualidades amplias, sin que existan Pero, ¿cuáles son los nombres de estas deidades iberas?
contradicciones en ello. Los modelos y las asociaciones conocidos permiten fijar pro­
Lo divino, en algunas ocasiones, cesos de asimilación e interacción, siempre en contextos expli­
pudo adoptar formas diferentes que, cativos iberos, con otros iconos fenicio-púnicos -como Astarté
incluso, se combinan en un mismo o Tanit- o griegos, como Afrodita. No quiere esto decir que de
espacio de culto. Distintas imágenes t forma sistemática se asuman estas divinidades importadas,
de la divinidad se asocian en el san- 1 sino que en el complejo sistema de relaciones que fue el
tuario de la Puerta del Sol de Puente I Mediterráneo en la Antigüedad median iconos y rasgos co­
Tablas. De un lado, la imagen de la i munes, sin que se explique desde una teórica influencia
divinidad ibera, representada a través I de culturas mayores. Existen unas di­
de una estela antropomorfa, como 1
vinidades iberas con rasgos pro-
imagen mitrada que dobla sus brazos ]
k pios e, incluso, con nombres
hacia el vientre y cuyas manos en­
^ propios. Se desconoce la mayo­
marcan un pequeño elemento circular,
ría, pero se conserva un teónimo
posiblemente una alusión al astro solar.
ibero que, aunque en un contexto
Junto a esta imagen se documenta un frag­
mento de crátera de figuras rojas, avanzado (s. I a. C.), remite a una
pane del ajuar votivo que recoge deidad de tradición que pervive ya
un rilo de iniciación que es pre- m avanzado el proceso de romaniza­
senciado por la estatua de una ción: Betatun es el nombre de la
diosa femenina, probablemente ™ única divinidad ibera conocida,
Afrodita o Artemis. La vincula­ asociada a la fertilidad, a la cura­
ción de la divinidad ibera y la imagen ción y a la que se atribuye un ca­
de la deidad griega evidencia un contexto rácter oracular. Una deidad que per­
de relaciones que van más allá de la mera asimi­ vive en el santuario de Las Atalayuelas
lación sin contenido. (Jaén) hasta el cambio de era, momento en el que se diluyen
las huellas de las antiguas divinidades iberas.
En la iconografía divina, además, median procesos de abs­
tracción como corriente que está constatada en otros ámbitos
Mitos para la memoria
del Mediterráneo. En el siglo III a. C., también en el área
El santuario heroico de E] Pajarillo (s. IV a. C.) narra un mito
palacial del oppidum de Puente Tablas, se erige un santuario,
compuesto por patio y celia, en el que se ubica un betilo, una ro que se contexiualiza en el proyecto de expansión territorial
piedra anicónica que se identifica con la divinidad, remitiendo . En él se ex-
a un ambiente púnico reinterpretado en el contexto ibero que esta rii h a monumental, las hazañas del antepasado de
se documenta en diferentes espacios cultuales, como en Sant Hp lo • a* ’ ^Ue para sa*var a un niño se adentra en el espacio
de lo indómito y se enfrenta a
Miquel de Llíria, en el que existen indicadores de un culto a un monstruo, un gran lobo. La
creación
como pq dei una
-i mit0*08'a Propia, de fuerte carácter aristocrático
una divinidad asimilable a Tanit. Todos ellos, procesos de asi­
milación a los que podemos aproximarnos solo parcialmente, ciue sp ¡nf3 \ er3, contribuye a la transmisión del poder, en la
pero que derivan en reinterpretaciones más tardías, como las sados. Est°dlJCe 13 rdadÓn COn la divinidad y con los anlepa’
documentadas en Torreparedones (Córdoba). ciones reg3S rn]'l0^°^as Poscen definiciones propias y varia-
IOna es> as* como sufren modificaciones, pues los
ARQUEOLOGÍA & HISTORIA 47

sera Es muy posible que la escena representeTaeXfe de u


asimilable a Hécate, pero de lo que no cabe duda es que el contextoí'í*™'qu,2a
T^ i ignadávs

tuario constituyó un marco sagrado a la luz de este y otros hallazgos, entrelosquedes-


taca un an.no de lobo perforado a modo de cuenta de collar. La cueva se encuentra
en un lugar de d.f.c. acceso, y en su interior se disponían piletas para recoger el agua
de'luvia. seguramente neceser,a para los ritos que allí se llevarían a cabo. En tal contexto
probablemente la urna fue una ofrenda depositada en la cueva para la divinidad. Algu­
nas hipótesis sugieren el vinculo de la cueva-santuario con ritos de iniciación e incluso
se ha propuesto que en vez de representar a una diosa se este representando el mismo
!
acto ritual en el que los jovenes se disfrazarían con pieles de lobo y saltarían sobre bra-
seros ardientes. Siglo II a. C. © GustavogWj,vénez
I

mitos evolucionan y se trasmutan con el tiempo. Es el caso del


propio icono del joven enfrentándose al lobo, que posee una JC
amplia dimensión espacial y temporal, encontrando ejemplos
&
en soportes y en territorios diferentes, como en La Alcudia de
Elche, en Alicante o en El Castelillo de Alloza, en Teruel (s. II-
I a. C.).
El héroe representa a un antepasado, una imagen que se
utiliza para legitimar las acciones de un linaje, una ciudad o un
territorio. Es una imagen para la memoria, pues contribuye a la
pervivencia consciente de la historia de una familia. Pero, los
antepasados, como figuras de memoria, también se vinculan a
cultos específicos, tal y como se ha constatado en el Puntal
deis Llops (Valencia). La imagen del familiar difunto se trans­
mite en este caso a través de soportes en pequeño tamaño,
como son las cabezas de terracota, masculinas y femeninas,
que se integran en un culto familiar a los antepasados.
La pervivencia de rasgos de los antiguos mitos se asocia a
la reactivación de signos de poder en el desarrollo del siglo *(FEDER, Programa de Fortalecimiento de la I+D+i, 2014-
III a. C. y sobre todo a comienzos del II a. C., un proceso pa­ 2015. Consejería de Economía, Innovación, Ciencia y Empleo).
ralelo a la incorporación de nuevas mitologías mediterráneas,
que adquieren un contenido especifico en el contexto ibero.
Un caso muy ilustrativo es el vaso de Oliva (Valencia), fechado BIBLIOGRAFÍA
entre el siglo III-II a. C., en el que se representa una lucha González Reyero, S.; Rueda, C. (2010): Imágenes de los Iberos.
Comunicar sin palabras en las sociedades de la Antigua
cruenta en la que la muerte se hace explícita. En la imagen
Iberia. Colección Divulgación, CSIC. Madrid: Editorial
destaca un personaje, de mayor tamaño y victorioso en el
Catarata.
combate, que va acompañado de una figura femenina armada,
Izquierdo, I.; Mayoral, V.; Olmos, R.; Perea, A. (2004): Diálogos
una posible divinidad protectora. Seguramente estamos ante
en el País de los Iberos. Madrid: Ministerio de Cultura.
un mito ibero reelaborado en un momento de fuertes trans­ Olmos, R. (coord.) (1999): Los Iberos y sus imágenes. CD-Rom.
formaciones sociales y políticas, pero que mantiene -en un Micronet S.A., Madrid.
lenguaje formal ibero- aspectos que se remontan a los mitos Rueda, C. (2011): Territorio, culto e iconografía en los santuarios
heroicos de tradición. Paralelamente, a partir de finales del iberos del Alto Guadalquivir (ss. IV a.n.e.-l d.n.e.). Textos CAAI,
siglo III a. C. se aportan nuevos códigos de representación n.° 3. Jaén: Universidad de Jaén.
heroica que tienen a la imagen de Herakles como icono fun­
damental. Pero no funciona como mera imposición, sino que z Bibliografía completa en www.arqueologiaehistoria.com
la imagen del héroe más famoso del Mediterráneo se redefine
introduciendo cambios en sus atributos, como la leonté [NdE:
la piel del león de Nemea que lucía Herakles en sus hombros Carmen Rueda Galán es investigadora posdoc­
tras vencerlo en uno de sus trabajos], que se acabará sustitu­ toral del Instituto Universitario de Arqueología ~
yendo por la cabeza y piel de lobo, tal y como se aprecia en el Ibérica de la Universidad de Jaén. Su línea de ¡n-
vaso de La Serreta de Alcoi, fechado hacia el siglo III a. C., o vestigación se centra en el análisis de las sociedades flSÜSw
en ejemplos más tardíos, como en las páteras de plata de Pe iberas y, de forma específica, en el estudio de la
religiosidad, el culto y los ritos y su plasmación territorial, material
rotito (Jaén) y Tivissa (Tarragona) o la pieza de carro de la
e iconográfica.
necrópolis de Piquía (Jaén).
"El ritual funerario refleja, ante todo, los valores sociales e inquietudes existenciales de los vivos" Este es casi
un axioma arqueológico, y se aplica también a la compleja serie de actividades con que los antiguos iberos
presentaban sus respetos a -y se despedían de- sus difuntos.

E n el mundo mediterráneo antiguo la muerte de un miem­ Las etapas del ceremonial funerario
bro de la comunidad suponía el tránsito de la persona De las tres grandes etapas del ceremonial funerario ibérico,
fallecida a un Más Allá más o menos oscuro, transición pre-deposicional (anterior al entierro), deposicional (el acto de
que había de ser facilitada y celebrada mediante los ritos apro­ la cremación y entierro propiamente dicho) y post-deposicional
piados. La muerte era un momento liminar (del latín limen, (ceremonias realizadas tras el enterramiento), la arqueología
umbral, en el sentido de tránsito), y hasta que se celebran los solo puede documentar la mayor parte de la etapa central y al­
ritos apropiados no culminaba la transición por la que el difunto
gunos aspectos de la final, pero se nos escapa buena parte de
pasaba a formar parte de la comunidad de los muertos... y con
las ceremonias, incluyendo algunas que pudieron ser muy im­
el tiempo al estatus de ancestro del grupo.
portantes.
Pero además estos rituales suponían para las familias, con­
La fase pre-deposicional se desarrollaría en la vivienda del
ciudadanos e incluso para los clientes y siervos del muerto,
difunto. Incluiría normalmente la preparación del cadáver (la­
una ocasión muy significativa para manifestar de manera visible
vado, sudario), su exposición o velatorio (que da tiempo a pa­
los lazos de afecto o de jerarquía, de relaciones sociales eco-
nómicas y militares que configuraban la fábrica misma, la es­ rientes, amigos o vecinos a “presentar sus respetos” a la familia
e difunto), quizá banquetes, intercambios de regalos, elogios
tructura de la sociedad. En esto la cultura ibérica, entre los
siglos VI y I a. C., no se comportó de manera diferente al resto une res en formas de discursos o narraciones, etc. De todo
de las civilizaciones contemporáneas en el óvalo mediterráneo. e o a arqueología no puede dar cuenta, y solo podemos intuir
Donde sí hay diferencias regionales es en la forma que adop­ su existencia por indicios y paralelos culturales, y sin embargo
taban esos ritos, diferentes según las culturas. Y es ahora cuando estos ritos tuvieron en todo el mundo antiguo una enotme im­
entra en escena una segunda proposición tan autoevidente como portancia, quizá incluso mayor que el momento del enterra­
la primera: “La Arqueología solo documenta una fracción, y quizá miento propiamente dicho.
no la más significativa, de las costumbres y ritual funerario de un r^Tf110 ^3SeS *n‘c^a^es de la cultura ibérica se configuró
una cultura antigua”. Si además, como en el caso de los iberos, no ritual funerario elaborado basado en la cremación del cadáver
o cadáveres. El origen del rito
contamos con fuentes literarias que documenten en cierto detalle puede estar, según las zonas, e ^
la tradición de los “
creencias y procedimientos, lo cierto es que estamos en la oscuri­ Campos de Urnas” de origen remoto norpi
dad sobre buena parte de lo que ocurría en un poblado ibérico renaico desde el final de la Edad del Bronce, o por influenci
de la cremación practicada por parte de los primeros colono^
cuando fallecía uno de sus habitantes.
fenicios que aparecieron por las costas de la península ibéric
ARQUEOLOGÍA & HISTORIA 49

« Vista de la SEPULTURA 76 de la NECRÓPOLIS DETÚTUGI te*r


pleno. Es esta una necrópolis tumular en la que se cue 1 h ^üranada'# uno de 'os paisajes funerarios más impresionantes del Ibérico
La sepultura 76 fue, como muchas otras de la necrÓDol" ^ 3 .Undantes tum&as de grandes dimensiones, como es el caso que observamos,
habituales las búsquedasMde tesoros"por parte de la pobl ^ !3^a a del s. XX cuando el lugar empezó a cobrar fama y se hicieron
ya por entonces, y muy recientemente ha sido reexcavari30^ • PeSe 3 ell°'buena parte de su estructura y materiales fueron recuperados
mara interna con un largo corredor de acceso de cerca de3’ ap<\rtando?e datos muy interesantes. Se observa perfectamente el túmulo y la cá-
mías con diseños geométricos, mientras que el suelo de *¡ ¡T !°n9ltud*Las Paredes internas estuvieron revocadas y pintadas con policro-
se observan tres trincheras perpendiculares realbarL .er.rraPatlda' mostraba también algunas trazas de haber sido pintado. En la fotografía
agujero visible en un lateral de la cámara corresponde * excavac,on con el fin de determinar la técnica constructiva del túmulo. El
Según la memoria de excavación de J. Cabré y F de Motos T"iT del expolio sufrido por la tumba entre 1916 y 1918’
haber encontrado riquezas en la excavación de la cámJ ' " °S m,ST°S excavadores de esta sepultura, ante el fracaso de no

i rrnmaHos" fRodríauP7-Ar¡73 m n ??ma,iwntUraS'-PUeS PríncíParonse a picar todas las paredes, no dejando ni un centímetro de los estucos
el s. IVy comienzos del III a. C. ^ U cronolo9ia de la tumba Podría situarse entre

al menos desde el s. IX a. C. Sea como fuere, en las fases anti­ ciana lamentablemente ya destruida), con el tiempo el espacio
guas de la cultura ibérica, a lo largo de los siglos VI y V a. C., se iba llenando y el aspecto final pudo llegar a ser casi ago­
aparecen en la Alta Andalucía, costa mediterránea y cuenca biante.
baja del Ebro tumbas aristocráticas aisladas con ricos ajuares Las necrópolis se ubicaban normalmente cerca de los po­
funerarios, o quizá pequeñas agrupaciones de tumbas. blados, generalmente visibles desde ellos, y a menudo a sota­
En este periodo aparecieron también en el cuadrante suro- vento, para evitar los olores de la cremación. Podían situarse
riental de la Península los primeros monumentos funerarios en cerca de una de las puertas, al otro lado de un camino, en una
sillería, expresión de una élite que en ciertos casos podemos de­ suave ladera. A veces un poblado podía tener dos o incluso
nominar monarquía, y en otros aristocracia, decorados a veces más necrópolis contemporáneas, aunque normalmente una de
con relieves o esculturas de bulto redondo de influencia oriental ellas tiene un origen algo anterior y luego se produce una di­
o griega, y en conjunto mediterránea. Estos monumentos pueden versificación, por razones de espacio o de tipo social. Es el
llegar a ser verdaderamente imponentes, caso de la gran torre caso, por ejemplo, de las tres necrópolis correspondientes al
funeraria de Pozo Moro (Albacete, reconstruida en el Museo poblado de Coimbra del Barrancho Ancho, en Jumilla (ciudad
Arqueológico Nacional de Madrid), que andando el tiempo se donde se ubica otro espléndido Museo local): las del Poblado,
convertiría en el foco y núcleo de un cementerio del Ibérico del Barranco y de La Senda. La primera de ellas, ubicada junto
Pleno que se desarrolló a su alrededor desde el siglo IV a. C. a la entrada principal y con mayor superficie, se convertiría en
Pozo Moro plantea sus propios problemas, ya que su complejo el espacio funerario más prestigioso y sobreviviría (si es que
programa escultórico de influencia siria parece mucho más an­ esa es la palabra adecuada...) a las otras dos.
tiguo que los materiales del ajuar funerario de origen griego ha­
llados en su interior, bien fechados en torno al 500 a. C. La cremación
En estas páginas sin embargo nos centramos no en ese pe­ Cuando el cortejo funerario del fallecido llegaba a la “ciudad
riodo antiguo, sino en el llamado “Ibérico Pleno”, que abarca a de los muertos”, se producía la cremación. Esta es normalmente
grandes rasgos los siglos IV y III a. C. en el área de la Alta An­ secundaria, esto es, el cadáver se colocaba sobre una pira de
dalucía (Jaén, Córdoba, Granada) y el Sureste (Albacete, Mur­ madera en un espacio acondicionado para ello, sobre una pla­
cia, Alicante y Valencia al sur del Júcar), un área poblada por taforma (ustrinum, pl. ustrino en laun) que pudo ser simple­
gentes de lengua ibérica que, por fuentes clásicas posteriores, mente un espacio de tierra calcinada ya por el uso. Luego los
sabemos fue habitada por bastetanos y contéstanos, además de restos quemados del cadáver y de aquellos objetos depositados
por otros pueblos menores. con él en la pira eran recogidos y, todavía calientes, llevados a
la tumba. A menudo esta era un hoyo o una pequeña fosa prac­
Las necrópolis, ciudades de los muertos ticada en el suelo, donde los restos muy calientes, incluso
Ea parte mejor documentada del ritual funerario ibérico es la brasas, quemaban y cocían el suelo.
central, el momento que hemos llamado “deposicional , reali­ No se han identificado ustrino ciertos, aunque se han pro­
zada en un espacio de necrópolis, normalmente reducido. Aun­ puesto en lugares como la necrópolis de Baza (Granada). Más
que hay cementerios ibéricos muy extensos, como el campo de habitual era que cada ustrinum se usara solo una vez, siendo
túmulos de Galera en Granada, que se extiende por lomas y co- luego el espacio empleado para nuevas tumbas como en Caste-
ünas, la mayoría no son mucho mayores que una o dos canchas llones de Ceal. La otra opción, infrecuente, es la cremación
de tenis, donde pueden llegar a apiñarse y superponerse en primaria, en la que se excava una fosa más o menos amplia y
ocho o más niveles hasta varios cientos de sepulturas, caso de profunda, sobre ella se coloca la pira (bustum) y al terminar el
la necrópolis del El Cigarralejo, en Muía, Murcia (localidad proceso los restos quemados, mezclados con la madera, se
donde un espléndido Museo Monográfico permite entender en amontonan en el interior del hoyo.
su integridad lo que era una gran necrópolis ibérica). Este amon­ La cantidad y tipo de madera empleada (la de encina es
tonamiento indica que posiblemente el espacio funerario esta a una de las mejores opciones) para la cremación debía variar
Previamente delimitado, quizá por muretes de barro o mediante según el rango del difunto. A mayor pira, mejor madera y mayor
setos u otro tipo de cercas vegetales. Por ello, si las primeras tiempo de combustión, se alcanzaban temperaturas mayores.
tumbas dejaban “calles” entre ellas, como se acaba de demostrar El proceso es técnicamente una cremación, porque nunca se
en el caso del Cabecico del Tesoro (otra gran necrópolis mur­ producía la completa incineración (reducción a cenizas) del ca­
50 ARQUEOLOGIA & HISTORIA

ofrenda. A veces, con el paso de los siglos, el cuenco o plato de ce­


dáver: habitualmente quedan varios cientos de gramos de restos
óseos, incluso más de mil gramos. El color de las esquirlas rámica -o la simple laja de piedra- que cubría la boca de la urna se
permite determinar la temperatura que alcanzó la pira: a partir ha desplazado o quebrado, y la urna aparece además llena de tierra.
de los 600° C los huesos toman un tono grisáceo, y sobre los Cada vez es más frecuente en la actualidad que la uma cerámica “se
650° blanco, aunque hay otras variables en el proceso (grasa excave” en laboratorio, tras haber hecho una radiografía, lo que per­
corporal del cadáver, oxigenación de la pira, etc.). Estos datos mite reconstruir la secuencia de colocación de los restos, que a me­
indican que era normal llegar a temperaturas elevadas en las nudo era más cuidadosa de lo que parece a primera vista.
cremaciones ibéricas, superiores a los 600/650°, aunque a veces Los cadáveres debían ser quemados vestidos y con sus fíbulas,
no fueran uniformes (por ejemplo, no afectaban igualmente a broches de cinturón y otros objetos personales, algunos de los
extremos como los pies). Hay casos que se acercaron a los cuales aparecen parcialmente fundidos entre los restos. Además,
800° C. La cremación produce una deformación de las esquirlas habitualmente se colocaban en la pira otros objetos como vasos
óseas, fracturas y alteraciones de tamaño, que los especialistas de cerámica con contenido (semillas, vino, cerveza) o sin él,
conocen y tienen en cuenta a la hora de tratar de identificar, a armas de hierro, adornos, instrumentos de metal, hueso o madera,
través de estos magros restos, aspectos importantes como el recipientes de cerámica e incluso animales pequeños. La cerámica,
número de individuos depositados juntos (no siempre es una en particular, a menudo era quebrada antes de arrojar parte de los
sola persona), su sexo, su edad, o posibles patologías. Volvere­ fragmentos a la pira, mientras que otros no se quemaban aunque
mos enseguida sobre ello. se recogían al terminar la cremación. Este ritual “destructivo” de
Junto con la acumulación de cenizas en el hoyo o fosa, en otras los objetos parece haberse moderado con el paso de los siglos.
ocasiones los restos de huesos calcinados se depositaban en un reci­ Estos objetos, quemados total o parcialmente, o a veces in­
i piente cerámico (en la mayoría de los casos) o en una pequeña caja tactos, acompañaban a los restos del difunto a la tumba como
de piedra (sobre todo en la zona de la Alta Andalucía) que a su vez su “ajuar funerario”, aunque la interpretación de este “ajuar”
S. se colocaba en el fondo de la fosa. En otras regiones del mundo ibé­ es más compleja de lo que parece.
[ rico, como en el área catalana o en el Ebro, se documentan otras va­
riantes de este procedimiento básico. Estos restos calcinados a me­ El “paisaje funerario”
nudo aparecen en la uma mezclados con cenizas de la combustión Los restos quemados y el ajuar eran finalmente sellados y cu­
del cadáver y de la madera de la pira, e incluso con biertos con una superestructura, visible sobre el terreno del ce-
algún objeto suelto como un amuleto quemado menterio, y que variaba enormemente en tamaño, complejidad
o restos de huesos de animales que- y esfuerzo constructivo. En los casos más sencillos, la fosa u
mados como hoyo debían apenas ser cubiertos con un pequeño montículo
de tierra y piedras. Sin embargo, en lodo el sureste peninsular
la estructura visible más frecuente es lo que se ha dado en
llamar “empedrado tumular”, una plataforma
de piedras irregulares trabadas con
ARQUEOLOGIA & HISTORIA il

barro, de base cuadrada o rectangular de entre un metro escaso


y siete metros o más de lado. En el caso de alguna tumba espe­ una gran figura de piedra esculpida en bulto dondo, ñor
mente un cuadrúpedo real o fantástico (toro, león, esfinge, etc.).
cialmente grande (como la 277 del Cigarralejo), esta platafoima
Es el caso, por ejemplo, del monumento del Corral de Saus en
o túmulo bajo a veces iba rodeada por un múrete perimetral,
Valencia, o el de los Nietos en Murcia.
que recuerda el de tumbas más antiguas y monumentales como
Aunque tradicionalmente se ha considerado que estos mo­
el ya citado monumento turriforme de Pozo Moro.
numentos complejos y espléndidos en su labra son característi­
A su vez, este empedrado o encachado tumular podría tener
cos del periodo Ibérico Antiguo (siglos Vl-V a. C.), su perdu­
un solo escalón, o estar formado por gradas escalonadas en forma ración durante el siglo IV a. C. es segura, y es probable que
de túmulo o pequeña pirámide de hasta cinco alturas de tamaño llegaran incluso a momentos más tardíos. La compleja estructura
decreciente. Estos túmulos, señalizaciones visibles y llamativas muy decorada con relieves que en el s. IV a. C. coronó la se­
del enterramiento, podían estar cubiertos con un encalado blanco pultura 70 de la necrópolis del Poblado en Coimbra del Barranco
o un enlucido rojo, como en Castellones de Ceal (Jaén). En ciertas Ancho (Jumilla, Murcia) es un buen ejemplo de ello.
ocasiones el empedrado no era tumular, sino que sobre el zócalo En realidad, el así llamado ‘‘paisaje funerario” de una ne­
cuadrado se alzaba un gran bloque de muros de adobe, resultando crópolis ibérica debía estar formado por una abigarrada acu­
en un gran prisma que recuerda los periboloi del Mediterráneo mulación de estructuras de diversa tipología: pequeños amon­
clásico, verdaderos monumentos construidos sobre el terreno. tonamientos de tierra, empedrados y túmulos de diversas alturas,
En ciertos casos, y ya desde el s. V a. C. en adelante, si no formas y colores, algunas estructuras elevadas como altares o
desde antes, estas plataformas cuadradas servían de base no para estelas sencillas, y algún monumento esculpido de tamaños y
un sencillo túmulo piramidal, sino como cimiento para un verda­ formas variados.
dero monumento de piedra tallada. Estos conjuntos, escasos, apa­ Todo lo descrito no tiene en cuenta las excepciones, tumbas
recen en las grandes necrópolis en una proporción inferior a uno únicas o casi únicas que por su espectacularidad merecen estudio
por cada cien tumbas más sencillas. Actuaban no solo como se­ apane. Es el caso de la sepultura. 155 de Baza (Granada), un gran
ñalizaciones (sema en griego antiguo) sino al tiempo como ver­ pozo cuadrado excavado en el suelo (y quizá en origen techado
daderos memoriales (monumentos conmemorativos o mnema), con vigas de madera y cubierto ton un túmulo), en cuyo interior
recordatorios del rango de la persona o personas enterradas. se depositó la gran diosa entronizada que a su vez sirvió como
En ocasiones (como en los Villares de Albacete, o en el Ci­ urna cineraria gracias al hueco en su interior, escultura espléndida
garralejo de Murcia) se conserva todavía in situ, embebido en la que conocemos co de Baza”. O el de la estructura
plataforma cuadrada que cubre la tumba, el pedestal de la estatua construida con ad aso de excavación en el mismo yaci-
originalmente colocada sobre ella, bien una figura masculina o
femenina sentada sobre un trono (Cabecico del Tesoro, Ciga­
rralejo...) o un orgulloso jinete sobre su caballo (Los Villares).
A menudo, sin embargo, la base sustentaba un pilar cua­
drado (“pilar estela”) que iba a su vez coronado por
52 ARQUEOLOGÍA & HISTORIA

obtienen unas poblaciones teóricas de los poblados correspon­


miento, con diferentes enterramientos y ofrendas en su interior.
dientes que son imposiblemente bajas. Dicho de otro modo, a
O el de la gran cámara de sillares semisubterránea y cubierta por
los poblados conocidos (cuya población es también posible es­
un túmulo de la necrópolis de Toya en Jaén. O el de... las excep­
timar a partir de su extensión, densidad de casas, número de ha­
ciones y singularidades parecen interminables, y son muestra de
la riquísima y compleja concepción del mundo de ultratumba de bitantes calculado por unidad de vivienda y toda otra serie de
los iberos, y de los rituales necesarios para alcanzarlo. factores correctores) deberían corresponder necrópolis mucho
mayores que las conocidas.
Después del enterramiento Hoy todos los arqueólogos están de acuerdo en considerar
Durante el proceso de sellado de la tumba, a veces justo antes, y que el enterramiento “normativo” (esto es, en un cementerio
otras justo después, se celebraban en tomo a ella otros rituales formal y reconocido y de acuerdo con unas “normas” sociales)
que hemos denominado “postdeposicionales inmediatos”. En ese estaba reservado a determinados grupos de la sociedad.
momento se celebraban ritos que, entre otras cosas, incluían co­ Sabemos por ejemplo que los bebés fallecidos muy peque­
piosas libaciones (vertido de líquido), probablemente de vino, y ños (en el parto y lactantes), y que suponían una proporción
la destrucción de los vasos (ánforas, copas y cuencos, locales y significativa de los nacimientos, no se enterraban en las necró­
de importación) empleados en ellas. La libación iba a veces polis casi nunca. La razón es que posiblemente, como en la
acompañada de sacrificios de animales, unos comestibles, como cultura griega o en la romana, un niño no pasaba a formar parte
cabras o vacas, y otros como caballos. No parece que estos ani­ del cuerpo social hasta superar el periodo crítico posterior al
males se consumieran in sito, sino que eran más bien calcinados, parto, lo que se marcaba normalmente por ceremonias de inte­
quizá para que el humo subiera hacia los cielos como ofrenda. gración como la amphidromia en Grecia, en cierto modo similar
Estos restos a veces se quemaban junto con otros objetos como a un bautizo a los siete/diez días del parto, fiesta en la que el
cajitas de marfil, objetos de adomo, etc. en espacios anejos a la bebé recibía un nombre y era integrado en la familia. Hasta en­
tumba o parcialmente tapados por el túmulo, que se construiría tonces, y por razones psicológicamente comprensibles, la muerte
por tanto inmediatamente después de concluir estas ceremonias. de bebé fallecido no exigía un ritual normativo. Aristóteles lo
Es probable, aunque en ausencia de fuentes literarias explí­ explicaba diciendo que la mayoría de las muertes infantiles se
citas no podemos saberlo con certeza, que estas ceremonias producía antes de una semana (Hist. an., VII. 12).
fueran acompañadas de cantos, rezos, elogios del difunto, mú­ Pero la ausencia de infantes no es suficiente. Faltan en los ce-
sica, etc. En excavaciones más antiguas y menos cuidadosas menterios ibéricos las personas de condición servil, que sabemos
estas grandes acumulaciones de material roto pero que podía existían por fuentes de época de la conquista romana, y que podían
reconstruirse, y a menudo de buena calidad, fueron consideradas suponer una proporción significativa del total de los habitantes de
materiales “de acarreo”, restos de tumbas destruidas de antiguo. un poblado o una ciudad. En los grandes cementerios del s. IV a.
Las excavaciones modernas y más minuciosas (como en Los C. las tumbas con armas (que en todo el mundo antiguo no estaban
Villares de Albacete) nos han permitido distinguir estos ritos permitidas a los esclavos, y menos aún en el contexto ritual izado
postdeposicionales celebrados junto a la tumba, que eran parte de un cementerio) suponen de un 30 a un 40% del total, e incluso
integral del ceremonial funerario, y cuyos restos materiales, más, lo que indica que la mayoría de los varones enterrados eran
tan ricos a veces, no deben confundirse ni mezclarse con los hombres libres. Los muertos en combate, o en naufragio, eran a
“ajuares” colocados en el interior de las tumbas. veces recordados en cenotafios (tumbas con todos los rasgos ha­
Casi con absoluta seguridad, al regreso del cementerio las bituales, incluyendo ajuar, pero sin restos humanos), aunque estos
familias y deudos del difunto hubieron de realizar otros ritos y son escasos y no deben cubrir todos los fallecimientos en esas cir­
ceremonias asociadas al proceso de “descontaminación” tras el cunstancias. Las muertes “especiales” (suicidios, ejecuciones, ase­
contacto con la muerte. Y casi con total seguridad, como en otras sinatos, muertos en determinados accidentes como por rayos, etc.)
culturas mejor conocidas del antiguo Mediterráneo, existieron posiblemente tampoco fueran permitidas en los cementerios nor­
visitas y ceremonias normalizadas que se celebrarían periódica­ mativos. En conjunto, la imagen combinada que resulta del estudio
mente en tomo a las estelas y tumbas, quizá a los pocos o semanas cuantitativo y del análisis cualitativo de los ajuares y las estructuras
del entierro, y luego con periodicidad mayor, quizá anual, como funerarias indica que solo personas de cierto rango -y desde luego
en nuestro ya casi perdido Día de los Difuntos. La arqueología, de cierta edad y estatus libre-, recibían enterramiento en cemente­
salvo que apareciera una imagen narrativa muy explícita -lo que rios formales junto a los poblados.
no se puede descartar- es por ahora incapaz de documentar estos
rituales postdeposicionales a medio y largo plazo. La complejidad de las tumbas
La excavación cada vez más minuciosa de las tumbas revela un
¿Quienes tenían derecho a enterrarse?
cuadro cada vez más complejo sobre los enterramientos. Sobre
Una pregunta natural es si todo el mundo se enterraba en las ne­
to o está revolucionando nuestros conocimientos la mejora de
crópolis ibéricas. La respuesta corta es que no. La demografía
las técnicas de análisis osteológico de restos cremados, que antes
histórica ha desarrollado técnicas estadísticas elaboradas para
se intentaban y que ahora son sistemáticos. Es cierto que el
determinar, dado un régimen demográfico concreto (industrial, análisis de restos óseos, incluso en inhumaciones, tiene ciertas
preindustrial, etc.), un periodo de uso de una necrópolis y un incertidumbre s, y que estas se multiplican en el caso de esquirlas
número de tumbas conocido, el tamaño de la población a la que
nn!!™ 3S ^ de^orrnadas- Pero el estudio de ciertos huesos diag­
correspondería. Cuando se aplican estas técnicas a necrópolis
nósticos, si se consejan permite distinguir con cierta fiabilidad
ibéricas, incluso a las mayores conocidas que cuentan con seis­ sexo,
rnraH^H^0 6 ec^ e *níduso determinadas patologías (fracturas
cientas tumbas o más, añadiendo un porcentaje para tener en
ten “ ° n°’eSpÍna bífida> etc.), e incluso se están haciendo in­
cuenta posibles tumbas perdidas y las de áreas no excavadas, se
sobre otros rasgos como alimentación o deformaciones
ARQUEOLOGÍA & HISTORIA 53

T CAJA FUNERARIA DE PIEDRA correspondiente a la va c t h


probablemente en el s. IV a. C. Se trata sin duda de una d i Sepu,tura 76 de la necrópolis deTútugi. que haría las veces de URNA, datada
Este tipo de cajas son objetos peculiares que por el mo 6 T P'e2as mas imP°riantes recuperadas en la tumba, que sobrevivió a su expolio,
la propia Tútugi. La influencia de los motivos iconoqráflc^d Se han docurnentado en la Andalucía oriental, en necrópolis como Toya o
ellas. En este caso, pese a que el color está ya muy Derd'd°S 61 Ce^mica 9r¡ega ática, objeto de prestigio en la época, es muy evidente en
presentados en ambos laterales -aunque solo uno s ' ° 6n e originaI' se observan interesantes motivos como los GRIFOS que estarían re­
como defendiendo las cenizas, son figuras habituales000!6™3' °13 6SCena de una de ,as caras PrinciPa,es-Los 9r¡fbs, que aparecen aquí
escasos metros de esta, apareció entre los materiales unT a ICOno9raf,a ‘bérica' Y merece la pena señalar que en la vecina sepultura 77, a
sentación de dos prótomos de grifo flanqueando la rahp™ h ^ 3t,Ca d<? fi9UraS rojaS "que también fue empleada como urna- con la repre-
mente un león- representado en relieve, del que solo sp rn ^ a,ma2ona*Por otra Parte'en la taPa de la caJa habría un felino -probable-
una de las caras principales está muy perdido aunoup 3S Pa!aS’ qU'Zá COn ,a misma función aPotroPalca-El motivo Pintado en
sedente, sobre una silla de tijera; aunque puede que inclusohuVwaZn™™** 003 mUj6r d6 *** C°n Un3 ^ 60 ’3 m3n° V perS°naje
en la parte superior una punta de lanza. Museo Arqueológico Nacional.'3' muy perdida, colocada arrodillada frente a esta y de la que asoma
Q Gustavo García Jim&ez

TLkkk fíflYnrmffrrírHi
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óseas por trabajos específicos. Por las dificultades citadas, los del Cerrillo de la Compañía de Hornos (Jaén) dos urnas diferentes
mejores análisis solo se atreven a determinar sexo, por ejemplo, contienen huesos mezclados de un varón joven con problemas
en un porcentaje relativamente reducido de los enterramientos serios de salud en el momento de su muerte, y de una mujer
(que suele oscilar entre un 20 y un 35% de los casos). Un estudio joven sin signos detectables de enfermedad. Que ambos se cre-
que pretenda haber determinado el sexo de la mayoría de las maron juntos, casi seguro en la misma pira, queda probado porque
tumbas es considerado poco fiable por los mejores especialistas. dos fragmentos del mismo hueso (una tibia), que “pegan”, han
La combinación de una buena excavación con un análisis aparecido cada uno en una de las urnas. Se ha llegado a sugerir
osteológico revela que muchas tumbas que antes hubiéramos por parte de los excavadores incluso una posible muerte forzada
creído resultado de una sola acción concreta cuentan en realidad de la mujer, una suerte de posible sati [NdE: ritual hindú de in­
historias mucho más complejas. Tradicionalmente se han consi­ molación de la esposa en la pira del esposo fallecido] ibérico
derado las urnas cinerarias como receptáculos para un solo di­ que, con todo, no se documenta en ningún otro lugar o fuente.
funto, y las tumbas individuales como la norma. Hoy sabemos
que muchas tumbas femeninas contienen además restos infantiles, Sexo y poder
incluso perinatales, que pudieron corresponder a muertes durante Precisamente el estudio de huesos calcinados ha generado una
el parto (hecho, por demás, que debía de ser muy habitual). Pero “falsa revolución” en la concepción de la relación entre los di­
tumbas dobles comienzan a ser cada vez más frecuentes también, funtos y los ajuares depositados junto a ellos. Todo surgió a
incluyendo mujer adulta/niño, pero también dos adultos. Por partir de dos estudios coincidentes en que el difunto enterrado
ejemplo, en un reciente estudio de 74 “tumbas” de la necrópolis en la ya mencionada Dama de Baza era una mujer y no un
del Poblado en Jumilla se ha descubierto que solo hay 57 ente­ varón, como tradicionalmente se habría considerado por la gran
rramientos individuales, y que otros 16 son dobles y uno triple, riqueza del ajuar pero sobre todo por la presencia de una gran
para un total de 92 individuos. Pero solo en una de esas tumbas cantidad de armas.
aparecieron dos urnas cinerarias, que es lo que tradicionalmente Antes se pensaba que la presencia de armamento señalaba
se habría considerado indicio de dos difuntos diferentes. automáticamente un varón, lo que hoy hay que matizar. Esta­
En el caso de CastelIones de Ceal en Jaén, por otro lado, se dísticamente, la presencia de armas es sin duda (estudio de los
ha probado que una tumba de aspecto relativamente sencillo huesos aparte cuando esto es posible) el mejor y lógico “mar­
podía tener sucesivas reutilizaciones. En la sepultura 5/617 se cador de sexo” en una tumba ibérica (como también -por cierto-
han identificado tres enterramientos en momentos separados, en las inhumaciones galas de La Teñe). Las armas se asocian
que supusieron reabrir la tumba, retirar tablas de madera que se­ hoy significativamente a tumbas identificadas como masculinas
llaban el fondo de la pequeña cámara funeraria (estamos hablando por los huesos, y muy rara vez a las femeninas. Así pues no es
de un espacio de menos de un metro cuadrado) y depositar una admisible postular, como algunos han hecho, que “los ajuares
nueva urna y ajuar, removiendo y desplazando los ajuares ante­ ya no sirven para adscribir sexo” (lo que es verdad), sino tam­
dores. Esta tumba, posiblemente de una familia nuclear, contiene bién que “las armas se asocian a tumbas femeninas igual que a
los restos independientes de un varón de 30 a 40 anos, de una las masculinas” (lo que es radicalmente incierto).
mujer de 20 a 30 y de otro adulto varón de 25 años o más. Pero lo que ya no se puede aceptar es que, porque una tumba
tenga armas, automáticamente asumamos que corresponde a un
Lo que podría parecer un enterramiento normal muestra, tras
ol análisis óseo, un aspecto muy distinto. En el túmulo antiguo varón. Porque hay excepciones, y no se pueden descartar, sobre
54 ARQUEOLOGÍA & HISTORIA

► Reconstrucción de la SEPULTURA 11/145 de la necrópolis ibérica de


CASTELLONES DE CEAL (Hinojares, Jaén). Fue excavada en una fosa
sobre la que se dispuso un suelo de losas de adobe y se construyeron
unos mu retes de piedra reatados con adobes. En el suelo se depositó
el ajuar funerario de un varón de más de 50 años, y el espacio se forró ' Nivel de
y cubrió con tablones de madera, creando un nuevo nivel en el que ofrendas
se arrojaron los restos cerámicos del ritual, así como huevos de ga­
llina. Todo ello fue finalmente cubierto con sucesivos niveles de pie­
©cinto
dra y tierra hasta sobresalir ligeramente de la superficie y definir un C. de Ceal
pasillo en torno a la tumba que fue enyesado y pintado de rojo. Como funerario
datación para la tumba, se ha propuesto una cronología del siglo IV
a. G, probablemente de la primera mitad, aunque no se descarta una Tumba 11/145 - ‘'tfV
posible perduración de materiales algo más allá. ©victo3noMatopai V.-

todo si se dan en casos tan espectaculares como el de la Dama de pero simplifica en exceso- de que la riqueza de la tumba y su
Baza. En ese caso, por ejemplo, esa tumba es la que tiene más ajuar suele estar en función del rango que el difunto -y su fami­
armas de toda la cultura ibérica (y hay millares). Apareció un total lia- ostentó. Pero esta es solo una cara del “cubo de Rubik”.
de cuatro panoplias o conjuntos coherentes de armas (lo normal Aparte de que no siempre es fácil saber qué objeto era “más caro”
con diferencia es una sola panoplia o solo parte de ella). La expli­ en el mundo ibérico de hace dos mil quinientos años, la comple­
cación debe estar en cuestiones de género, esto es, en que la mujer jidad simbólica de los ajuares, ya mencionada, hace que sea difícil
enterrada, una persona social de muy alto rango, asumió en la evaluar aspectos cualitativos que sin duda representaron un papel
muerte roles de género masculino, siendo el género una construcción tan importante o más que los cuantitativos. El estatus social abarca
social diferente del sexo, que es biológico. Más complicado es ex­ más que el rango, y este más que la mera acumulación de riqueza,
plicar otros casos, como el de la necrópolis de Jumilla antes citada, aunque la última suela llevar aparejada poder, y este, mayor rango.
en los que hay algunas tumbas femeninas “normales" que contienen Pero el estatus es multifacetado y diverso: hay estatus por sexo,
aimas. Lo más importante de esta “revolución” generada por los edad, función social, posición familiar... todavía nos queda mucho
estudios antropológicos es que no se puede dar nada por supuesto. para decodificar bien, y luego leer en sus términos correctos, la
compleja realidad simbólica, ritual y social que sin duda se en­
Ajuares, riqueza y estatus cuentra fosilizada entre las tumbas de las necrópolis ibéricas.
La lectura tradicional de los ajuares depositados dentro de las
tumbas tendía a asociarlos a posesiones personales del difunto o
su familia. Pero desde hace bastante tiempo valoramos un cuadro BIBLIOGRAFÍA
más complejo. Sin duda que el difunto era cremado con posesio­ Blánquez Pérez, J.; Antona del Val, V. (eds.) (1992): Congreso
nes personales, como sus adornos y joyas (o con parte de ellos, de Arqueología ibérica. Las necrópolis, noviembre 1992,
por ejemplo la orfebrería de oro y plata brilla por su ausencia, Madrid.
quizá porque se transmitiera como herencia). Las armas e ins­ Chapa Brunet,T. (1997):"Los Iberos y su espacio funerario". Los
trumentos agrícolas o artesanos a veces forman panoplias cohe­ Iberos. Catálogo de la Exposición Paris-Bonn-Barcelona, pp.
rentes que podrían haber sido las del difunto, pero a veces no: si 108-119, Barcelona.
hay dos espadas o escudos, o si solo hay una falcata, hay que Chapa Brunet,T.; Izquierdo Peraile, I. (eds.) (2010): La Dama de
pensar en explicaciones complementarias. En otros casos apare­ Baza. Un viaje femenino al Más Allá. Actas del Encuentro
cen piezas que muy probablemente fueron fabricadas ex profeso Internacional, MAN, 27-28 Noviembre 2007, Madrid:
para el ritual funerario, como vasos cerámicos en forma de Ministerio de Cultura.
paloma u otro animal. En conjunto, el ceremonial funerario tiene García Huerta; Morales Hervas, J. (eds.) (2001): Arqueología
múltiples capas o niveles de explicación, y el ajuar incluye piezas funeraria. Las necrópolis de incineración, Cuenca.
que corresponden a uno o a varios de esos niveles: objetos per­ Rafel Fontanals, N. (1985): "El ritual d'enterrament ibéric. Un
sonales, otros depositados por la familia para el tránsito al Más assaig de reconstrucció" Fonaments, 5, pp. 13-31.
Allá o como expresión de rango, otros puramente funerarios... el
ajuar refleja pues una realidad multiforme y compleja. - Bibliografía completa en www.arqueologiaehistoria.com
No hay duda de que el mundo ibérico del s. IV a. C. en ade­
lante tendió, al menos en las tumbas más “ricas” a una expre-
Femando Quesada Sanz es profesor titular acre- ^
sión cuantitativa: se acumulan a veces muchas piezas idénticas,
ditado como catedrático en la Universidad Au- ^ fv-v V:]
por ejemplo muchos cuencos griegos de importación, muchas
tonoma de Madrid. Imparte cursos de posgrado ^
lanzas, decenas de fusayolas -pesos cuyo significado debe ir
y master sobre Arqueología Militar en el Instituto ÍU II/
más allá que el de utensilios para el hilado-. Esta tendencia General Gutiérrez Mellado y encabeza el Grupo
contrasta con la del Periodo Orientalizante más antiguo, cuando de Investigación Polemos en la UAM, en cuyo marco dirige
los ajuares más ricos incluían piezas muy selectas de gran cali­ la rol?teS¡S doctora'es s°bre temas militares antiguos. Dirige
dad y rareza, con una aproximación “cualitativa”. cip ' especializada Gl°d¡us y su serie aneja de monografías
De lo apuntado en estas páginas debemos extraer que la in­ de DpI?; T635 6d¡tadas P°r el GSIC. Colaborador habitual
terpretación social de una necrópolis ibérica es una tarea muy de­ abunH? ° 6rr° y miem^ro de su consejo asesor, ha publicado
licada y compleja. Por ejemplo, los arqueólogos hemos dedicado época?6"16"16 S°bre temática histórico-militar de diversas
mucho esfuerzo a realizar valoraciones cuantitativas de la riqueza htto-//na am?rabaj0S de investigación (una selección en
de los ajuares, partiendo de la base -que en principio es correcta gatlos aCa mÍa*edu/FemandoQuesadaSanzícomo divul' ;
• ?
.1
□ ¡bér¡CD El Caso! dE PuigcasleHBt Folgueroles (★)
Poblado ibérico la Tallad, Caspe (**> PoSííSÍ d!'EMla
Poblada ibérico L'Esquerda Rodé de Ter (***) \
i ■

Poblado ibérico Cabezo de Alcalá. Azaila (★★★) \ y' f'í' ,CV de Mazaleón. S. Pablado ibérico El Turd del Montgros. El Brull (**)'
CV da fcaira. Influencias «élicas en el mundo tóico^ ¿ / / '/ T •
Poblado ibérico El Cogulla. Sallent (★) N
'
Poblado ibérico El Taratrato. Alcaniz (★★) cr­ ^ ^v ' / )m San Cristóbal. Mazaleón (★*) ;; Ciudad ibérica del Molí d'Espígol. Tornabous (★★) •• «L — Ullastret (★★★★) y MAC - Ullastret

O eí ,, Escodines a tes y Escodines


% ----- MAC - Girona
-~ \ 0 baixes. Mazaleán
Poblado ibérico La Fortalesa. Arbeca (★)
%
*
'' ■ Poblado ibérico Castell. Palamds (★)
Q. Poblado ibérico Cabezo de San Pedro. Dliete (★★) \ x«.Siiar Museo Juan Cabré y CY de Calaceite A
Lleida '*
•..........Poblado ibérico Puig Castellet. Lloret de Mar (★)
Museo y poblado ibérico de Ca n'Dliver. Cerdanyola del Vallfes (★★★)
Indumentaria y etnología ibéricas ’ M Museu de Lleida-.
Poblado ibérico El Palomar. Dliete (★★) ''s, # ^')A,cañiz
Poblado ibérico San Antonio. Calaceite (★★) ® -
>a@ \ % / Q- ........ Museu de Mataró I
V;- — Poblado ibérico Turó den Boscá. Badalona (★)
CV de Oliete. Actividades económicas ibéricas" "
O Y*
i >
Poblados de Tossal Redó. Calaceite(^*) ' ^
Q) Parque arqueológico y necrópolis _ tí Calanflq Si 4 (•^.."Poblado ibérico Puig Castellar. Santa Coloma de Gramanet (★)

•I de El Cabo. Andorra (★★★)


CV (Centro de Visitantes) de Alloza............
W ■■ -• O/ ;
:
* X Poblado ibérico Els Castellans. Cretas (★)
vialderrobles CV de CrBtas* Len9ua Y BSCritura ibéricas
a \ n Tarragona
•3... a^Ce!ona"-MAC - Barcelona
Yacimientos (★★★)y MAC - Dlérdola
Cerámica ibérica: formas y decoraciones lg>nia,Dan
A - ..........®._ Poblada ibérico La Ciutadella. Calafell (★★)
"" - Poblado ibérico Sant Miquel. Vinebre (★)
i
Q) Poblado ibérico La Guardia. Alcorisa (★) *'
: Poblado ibérico Tossal Montañés. Valdeltormo (★★) l ]§ y Ciudad ibérica del Castellet de Banyoles,Tivissa (★★)

©see olí <3) IX0D


t •

/ • Poblado ibérico Torre Cremada. Valdeltormo (★★) '' Poblado ibérico y necrópolis Coll del Moro. Gandesa (★)
CV de Alcorisa. Alfares y hornos cerámicos ibéricos
: CV de Valdeltormo. Aristocracia y arquitectura ibéricas
C Poblado ibérico El Palao. Alcaniz (★) •• i
...... Poblado ibérico la Moleta del Remei. Alcanar (★★★)
Q) CV de Alcañiz. Historia de la cultura ibérica y de las investigaciones
Madrid r W: '"Poblado ibérico Puig de la Misericordia (★★)
CLASIFICACIÓN YACIMIENTOS

!l
i (O
m \ i
Poblado ibérico Tossal de Sant Miquel. Llíria (★)
® Teruel ' Poblado ibérico Perengil. Vinarós (★)
'' Poblado ibérico Puig de la Ñau. Benicarló (★★)
★ Yacimiento accesible.
★★ Yacimiento accesible, musealizado
¡

; •i Museo Arqueológico Nacional-MAN Poblado ibérico La Seña. Villar del Arzobispo (★) Museo de Bellas Artes de Castellón
(carteles descriptivos, dibujos, reconstrucciones,
fü / ■- Museo Monográfico del Torrelló del Boverot. Almazora
etc.)
•i Poblado ibérico El Molón. Camporrobles (★★★) '\ \ £ "Museo Arqueológico de Burriana ★★★ Yacimiento accesible, musealizado y con
> infraestructura de atendón al turista.
Poblado ibérico Los Villares. Caudete de las Fuentes (★★) \ Poblado ibérico Castellet de Bernabé. Llíria (★) í|

. Poblado ibérico Puntal deis Llops. Olocau (★★) ★★★★ Yacimiento cuya visita, independientemente
Santuario del Cerro de los Santos. Montealegre del Castillo (★★) ^ Museo Histórico de Sagunto - MUHSAG de las infraestructuras que tenga, considera-
!
• M
Poblado Ibérico El Almarejo. Bonete (★★)y \ '''# ^ V,
/ / ^Valencia
mos imprescindible.
Necrópolis del Llano de la Consolación Montealegre del Castillo (★★)', \ /n /
> ....... Museu de Prehistória de Valéncia
O Necrópolis de Los Villares. Hoya Gonzalo \
/ Poblado ibérico Tos Pelat. Moneada (★) CLASIFICACIÓN MUSEOS
Necrópolis de Pozo Moro. Chinchilla (★★K \ \ \ Museo Arqueológico de Llíria (MALL)
i/) Museo Arqueológica Provincial de Albacete. \ \ \ y % %
0 Museo
• ■ '■ % ............... Poblado ibérico Castellar de Meca (Ayora) (★)
Poblado ibérico Libisosa. Lezuza (★★★).< --
x NWbacéte,
- --%
- Poblado ibérico Bastida de les Alcusses. Moixent (★★)
-- Centro de Interpretación de Caudete. Caudete
Q Museo especialmente recomendable

cu
Poblado ibérico El Cerro de las Cabezas (****)
c astij] 'é •v.i 53 ...--■Museo Arqueológico Camilo Visedo Malta. Alcoi
**" ..•* Museo Arqueológico José María Soler. Villena
ru a W Mancha *• m"
Centro Socio Cultural Agripina. Lezuza ,
er Museo Arqueológico Municipal de Jumilla
Museo Arqueológico Municipal "Cayetano de Mergelina". Yecla
8
ÜJO i®....®;;" ................... Poblado, necrópolis y santuario de Coimbra del Barranco Ancho. Jumilla (★) E
Parque arqueológico del Tolmo de Minateda. Hellín (★ o
O Museo Comarcal de Hellín. Hellín "•— ! • ............ Poblado ibérica La Nieta deis Banyets, Campello (★★★★) 3
«i
•T
o Poblado ibérico Los Almadenes. Hellín (★)--- 0.'' ^Álicáñfé—~nu5cu Museo m
Arqueológico de Alicante “MARO
ijuuu.ujj.w--------------- - MARO §1
a» Ciudad Ibero-Romana de Cástulo y Centro de Interpretación (★★★).. Museo Arqueológico de Úbeda ••
mo "....................Museo Arqueológico
■ h-'—y••de Historia
UMnri*de A*Elche
FlrhR--MAHE
MAHE 11
3 8»
ZD Cerrillo Blanco. Porcuna (★★)
Museo Arqueológico de Obulco. Porcuna %% (X \
'"Poblado ibérico La Alcudia-Ruinas de llici. Elche (★★★★)
................. -Museo de Arte Ibérico El Cigarralejo. Muía ii
5 &
>''v '' ■*
© y * .a- ' Würi a .................Poblado, necrópolis y santuario de El Cigarralejo. Muía (★★)
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< Museo Arqueológico de Córdoba - -E3 Museo Araueolrtj|í-:o de Murcia - MAM
'"É Jaén Santuario oe la Lil Murcia (★★★)
8
o Parque Arqueológica de Torreparedones,........# (P ; Muí ©
s- Baena (★★★★)
Sevilla ,.^0 A n,d a 1 u c.i.a
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Poblado ibérico do lus Villares-La Encarnación. Carayaca de la Cruz (Murcia) (★)
" Museo Arqueológico Municipal de Cartagena
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'Museo Arqueológico de Lorca
Necrópolis de Tútugi. Galera (★★)
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Museo Arqueológico de Sevilla Museo Arqueológico de Galera
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fD Museo Arqueológico de Baena-'' Granada I
f Museo Arqueológico Municipal de Cabra ^ /
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cu Museo Histórica Municipal de Priego de Córdoba /
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! Ciudad Ibero-Romana de Basti. Baza (*) GEOGRAFÍA DEL MUNDO IBÉRICO


D- • • Museo Municipal de Baza
yacimientos, museos , centros de interpretación
*
l/l Málaga / ! Cámara Sepulcral de Toya y Centro de Interpretación
/ rqueologiaehistoria. co m
cu jCerro de los Castillejos. Teba (★) /® / ; / Tumbas Principescas. Peal de Becerro (★★★)
Hipogeo de Hornos. Peal de Becerro (★)
Amplía la información en: w w w. a
O
/
/ / : Museo Arqueológico y Etnológico de Granada
/ Museo Arqueológico de Jaén
Poblado ibérico Cerro de la Cruz. Almedeninilla (★★)
elaborada por. PAV$ANIAS
^ viajes arqueológicos y culturales
Ecomuseo del Río Caicena-Museo Histórico y Arqueológico de Almedinilla
www.pausanias.com
Libros
La necrópolis ibérica de Tútugi (2000-2012)
La publicación de una monografía sobre la necrópolis de Tútugi, comúnmente conocida como
necrópolis de Galera por su emplazamiento en la localidad granadina, es ya de por sí una es­
pléndida noticia. Pero la cosa mejora, y mucho, cuando uno abre sus páginas y se encuentra
con una edición de estas características. Se trata de un volumen de auténtico lujo, tapa dura y
dibujos y fotografías a todo color, con un muy inteligente aprovechamiento de los recursos,
puesto que el libro muestra tan solo una parte perfectamente sintetizada del trabajo completo,
que podemos disfrutar en un CD adjunto. La publicación es el resultado de un trabajo muy
cuidado y preciso -no hay más que ver la cantidad y calidad de detalles en la descripción de
la excavación de las tumbas- realizado en el marco de un proyecto de investigación y puesta
en valor del yacimiento que fue encabezado por el Instituto Universitario de Arqueología
Ibérica de la Universidad de Jaén y el Ayuntamiento de Galera durante los años a los que se
ISBN: 978-84-8439-823-3 refiere en el título. Luego el interés de este libro es doble: por una parte, por sus aportes pu­
Páginas: 80 (CD: 446) ramente arqueológicos, que significan la revisión de la necrópolis tumular con nuevos y muy
Autores: M.a Oliva relevantes datos y, por otra, por el añadido de los trabajos de acondicionamiento del yacimiento
Rodríguez-Ariza para su visita.
Año edición: 2014 La reexcavación de hasta 18 tumbas (originalmente excavadas por J. Cabré y F. de Motos
Editores: Universidad de Jaén en 1918) se revela como uno de los mayores aciertos de la propuesta. Sobre ellas se nos muestra
prácticamente todo, desde plantas a secciones, la secuencia estratigráfica o la descripción de
Web editores:
materiales, con interesantes aportaciones en cuanto a la revisión cronológica de algunas tumbas
www3.ujaen.es/servpub/
o el complejo proceso constructivo de las mismas, con sus cámaras y corredores de acceso.
catalogoPub Pero, además, los resultados no terminan en ese esfuerzo, sino que trascienden hasta la lectura
Reseñador: Gustavo García sociológica de la distribución de las tumbas y su evolución cronológica. Un segundo bloque
Jiménez hace referencia a la restauración y acondicionamiento del yacimiento, de una exquisita profe-
sionalidad. Como colofón, se añaden también algunos capítulos con estudios complementarios.
En definitiva, una publicación no ya recomendable sino imprescindible en cualquier biblioteca
especializada y en la estantería de todo amante de la arqueología ibera.
«HIJOS DEL RAYO»
Los Barca y el dominio cartaginés
en Hispania
MAM I l H» NO Al. A OALAN
“Hijos del Rayo”.
Los Barca y el dominio cartaginés en Hispania
~3. r~ *---- K» 1. . ^
-i' púnica en la'penínsuhSca'Í sdTeT^237° ^r" ^ ^ * * ^Tf
¿-H
ÍSÍSÍ PúrnTcUaPrsn" TT‘ ^ * * Ca“a deU Z
definir mejor esa presencia desde varioT¡ia]nÍTe0l°r' ^ ^ d<§CadaS’ C0ntribuye 3
V- . ' tras la conquista romana. Hacía falta * 8K°S anteS'y 3 Perduración de su influencia incluso
lo que sabemos sobre el naoel Hp rJ!" ^ ^ Un trabaJ° de alcance, global, que sintetizara
C. Y faltaba otro que planteara nuev h—^ * historia de Iberia entre el s. VI a. C. y el s. II d.
y de detalle. Este libro cumple y de^od0^15’ mClUS° Polémicas> sobre temas clave, globales
ISBN: 978-94-940640-3-6 Su autor es el profesor Manuel B H °i exce^ente’ ambas funciones.
Páginas: 376 cuitad de Filosofía de la Universidad a* ^ Catedralico de Arqueología y exdecano de la Fa-
Autores: Manuel Bendala décadas de intenso y fructífero traba' U!°n°ma de Madrid. Ha sido autor, a lo largo de varias
Galán nocimiento histórico y arqueológico d>' i * 3 ^unas de ias más importantes aportaciones al co-
Ano edición: 2015 de un “refrito” de lo dicho o investioi i°S Carta^neses- Este trabajo es pues justo lo contrario
ahora por fin realizada, de una Jarea t° ^ °lr°S’ ^a culminación, largamente deseada y
Editores: Trébede
cuando en su Tesis Doctoral descubrir r?yecloría Investigadora que comenzó hace décadas
Web editores: Carmena (Sevilla). Lra la Profunda huella púnica en la necrópolis romana de
www.trebedeediciones.es
Con amena y excelente prosa B
Reseñador: Fernando para luego entrar en cuatro temas clavü h rGalÍZa la Crónica militar y política de los Barca
Quesada Sanz literarias finamente analizadas y la masayU,pensamiento, trabando con maestría las fuentes
e atos arqueológicos y numismáticos, antiguos y
ARQUEOLOGÍA & HISTORIA 59

recientísimos. Así, despliega lo que sabe y quiere decir sobre la relación de Cartago con Iberia
antes de las Guerras Púnicas (más importante de lo creído, incluso -quizá- con campamentos
militares en Andalucía ya en el s. IV a. C.). Pasa luego al estudio de su concepción de la
ideología de los Barca en el marco de la koiné helenística, y por tanto su peso en un proceso
de “helenistización” peninsular; las crecientes pruebas arqueológicas del gran peso de la ac­
tuación de los Barca, desde la Carteia púnica al Tossal de Manises en Alicante; y las de la
huella -a su entender profunda- que Cartago dejó en la nueva Hispania desde principios del s.
II a. C. e incluso hasta época imperial romana.
El lector no especialista encontrará a menudo datos y propuestas nuevas (desde el creciente
repertorio de fortificaciones cartaginesas a la idea, compartida con la Dra. M.a Paz García-Be­
llido, de identificar Akra Leuké con Carmona). Y el especialista podrá discrepar, aquí o allá,
de algunas de ellas, lo que hará a su riesgo porque cada una es resultado de cuidadosa
meditación. Lo que es cierto es que este libro es desde su publicación, por cierto muy cuidada
y elegante, la obra de referencia básica para todo aquel que quiera entender la profunda huella
púnica en Hispania, antes, durante y después de los “hijos del rayo”.

Jaén, tierra ibera.


Jaén, tierra ibera 40 años de investigación y transferencia
No podía ser más acertado el título de este maravilloso volumen que nos presenta la Universidad
de Jaén a modo de reflexión y puesta aí día de los grandes hallazgos en la arqueología ibérica
realizados en la provincia. Y es que, en efecto, Jaén ha sido en las últimas décadas una de las
regiones más prolíficas en cuanto a la investigación de la cultura ibérica, y buena parte de la
responsabilidad de ello -por no decir prácticamente toda- recae precisamente en la magnífica
labor realizada por la Universidad de Jaén. La presente edición va a cargo, como no podía ser
de otro modo, de Arturo Ruiz y Manuel Molinos, auténticos paladines de la investigación del
mundo ibérico en la Alta Andalucía y en el panorama español en general.
Un libro de estas características permite atender a los aspectos más representativos con la
ventaja de haber sido previamente presentados y refrendados con anterioridad, al menos en lo
ISBN: 978-84-8439-896-7
que refiere a la mayor parte de las contribuciones e hipótesis planteadas, pero a su vez permite
Páginas: 544
también la reflexión general y la revisión de antiguos y relevantes hallazgos a la luz de los
Autores: Arturo Ruiz y datos actuales. El punto de partida para esos 40 años refiere a la recuperación en 1975 de los
Manuel Molinos (eds.) restos escultóricos del Cerrillo Blanco de Porcuna, un conjunto todavía hoy constantemente
Año edición: 2015 citado. El planteamiento de los distintos capítulos se estructura en función de las distintas
Editores: Universidad de Jaén etapas cronológicas, que abarcan desde el s. VI hasta el I a. C., e incluyen artículos firmados
Web editores: por los propios investigadores implicados en sus hallazgos y principales interpretaciones o re­
mvw3.ujaen.es/servpub visiones. No faltan hallazgos y yacimientos tan significativos como los de El Pajarillo, el
Reseñador: Gustavo García túmulo de Hornos o la cámara de Toya, los distintos espacios singulares de Puente Tablas, la
Cueva de la Lobera o incluso la batalla de Baecula, cuyas importantísimas aportaciones a la
Jiménez
llamada “arqueología del conflicto” son un referente internacional. Algunos casos que han pa­
sado más desapercibidos como la Dama del Cerro de Alcalá también llaman la atención,
aunque quizá uno de los puntos más destacables atañe a la interpretación de la espectacular cá­
mara funeraria de Piquía, de reciente hallazgo, que muestra la persistencia de los ritos ibéricos
en el siglo I a. C. en ios que se mezclan ostentosos materiales propios del siglo IV a. C. (como
cráteras y puñales) junto a otros más recientes (que incluyen una completísima panoplia y un
carro votivo) en una composición con una importantísima carga simbólica.
Una síntesis muy bienvenida a la vez que didáctica, en la que también se aprecia una
cuidada atención a la divulgación -incluyendo numerosas fotos y buenas reconstrucciones
ilustradas- y en la que la nota dominante es la tremenda riqueza cultural de los iberos de la
zona. Todo perfectamente compendiado en una edición que dará al lector una magnífica idea
de lo mucho que han cundido esos 40 años de investigación en la región y lo que ello ha
supuesto para el conocimiento de la cultura ibérica.
Jerry Toner - Churchill College, Cambridge University

El juego
y las apuestas
en la Antigua Roma
Los romanos amaban el juego. Contaban con una
gran cantidad y diversidad de juegos a los que solían
apostar. Pero esta era una actividad calificada como
inmoral, e incluso era considerada ¡legal en la mayoría
de los casos. En este artículo pretendemos explicar
por qué el jugar era una práctica tan popular entre los
romanos comunes e incluso por qué las élites
intentaron en ocasiones restringirlo.

E
1 juego ejercía una constante fascinación entre los romanos los dados conferían una especie de relajación ideal tras la cena.
de cualquier clase social. Era muy popular entre los ricos, Para la gente corriente, las tabernas brindaban un espacio inme­
y muchos de ellos jugaban por las noches bajo la austera diatamente dispuesto para el juego. Algunas contaban con habi­
mirada de las estatuas de sus ancestros. Inmensas fortunas se ga­ taciones en la parte trasera con mesas y sillas -solo los ricos se
naban o se perdían mientras los esclavos yacían helados de frío y reclinaban- que podían ser usadas para distintos propósitos como
olvidados, o así nos lo quiere hacer creer el satírico Juvenal (Sá­ comer y jugar. En efecto, era una de las principales fuentes de
tiras, 1. 93-95). Incluso los emperadores se daban el capricho. ingresos para una taberna, puesto que proporcionaba un micro-
Augusto apostaba con frecuencia, aunque solo en cantidades mo­ complejo de ocio para la persona media: comida caliente, bebida,
destas (Suetonio, Augusto, 71). Nerón, por el contrario, solía apos­ juego y prostitución; todo ello incluido en un simple estableci­
tar más fuerte: un mínimo de 400 000 sestercios, lo suficiente miento. Los propios tableros de juego a menudo contaban con
como para convertir a un hombre en caballero (Suet., Nerón, 30), pequeños espacios marginales en los que se inscribían algunas
mientras que Claudio era tan fanático que incluso llegó a escribir ocurrentes o irónicas reflexiones:
un libro sobre la materia (Suet., Claudio, 33). En el otro extremo
de la escala social, los obreros jugaban a los dados incluso cuando SPERNE LUCRUM / VERSAT MENTES / INSANA
el tiempo era tan malo que les impedía trabajar en el exterior. Era CUPIDO
también el último placer que les quedaba a los ancianos y las “Rechaza las riquezas, la codicia insana corrompe la
prostitutas exitosas que eran capaces de jugar bien en la mesa de mente”
apuestas. Incluso los niños, jugando a juegos de azar con nueces
como premio, practicaban las habilidades que luego iban a nece­ Juegos populares
sitar cuando apostaran con dinero.
Existían muchas otras modalidades de juego. La opción más
Tal fascinación tiene su reflejo en gran cantidad de espacios básica era la de echarse algo a suertes, como hicieron los solda­
en los que los romanos solían jugar. Se han hallado tableros de dos al dividirse las ropas de Jesús después de clavarlo en la
juego grabados en todo tipo de lugares públicos, particularmente
cruz (Juan, 19.23-24). Otro juego muy simple era el llamado
en los foros y basílicas, e incluso uno fue hallado en la casa de
micatio, que consistía en una especie de versión antigua del
las vírgenes vestales. Los campamentos militares son también
piedra-papel-tijera”. A la de tres, cada uno de los dos jugad tres
un lugar óptimo para el hallazgo de grafitos de este tipo. En la
mostraría una mano, pero el número de dedos extendidos varia­
esfera doméstica, el juego sucedía habitualmente a la comida, y ría. Al mismo tiempo, ambos declararían cuántos dedos espera-

a LOS DADOS -en latín alea- fueron el juego más popular en el mundo romano "Si a un víPin i« * ,
heredero, que aún lleva la bula, agita las mismas armas en un pequeño cubilete" nos T 9USta e rumoso Jue90 de los dados, también su
dicional juego se atribuye a Palamedes, el hijo de Nauplio, que combatió en la querrá 3 JüVena* (Sátiras, XIV.4-5). La invención de este tra-
¡ntentar zafarse de ella. Se dice de él que inventó el juego con la intención de foment *1 ** V fU.6 qU¡en descubríó el engaño de Odiseo para
de la lucha (Sófocles, Palamedes, fr. 479 Radt.), y en la Antigüedad también se le IleoF 3 d'Stracción y eludir la sensación de hambre después
incluso en algún caso parte del alfabeto griego. Pero la afición a los dados causaba a los'^ 3 atribu|r otros lo9ros/ como las medidas, pesos o
de Marco Antonio, fue condenado por jugar a dados en el Foro y despreciado públicam r°™anos ™as de un problema. Licinio Lenticula, amigo
de Claudio según Suetonio (Claudio, 39) le privó de alguna que otra partida: "mandó avi™6 P0r Cicerón (Filípicas, 2.55-56). El habitual despiste
jugar a los dados el mismo día siguiente de haberlas condenado a muerte, y, como si se 3 muchas Personas para que fueran al consejo o a
por dormilonas". Estaba tan apegado al juego que mandaba disponer su litera de for raSaran' encar9aba a un mensajero que las reprendiera
(Suet., C/aud, 33). También muy conocida es la afición de los dados entre los soldados^ T*6 n° S& trastocaran sus jugadas durante el viaje
ventado el latrunculi, un juego parecido al ajedrez basado en la estrategia militar-, como & eCh° Pa,amedes' además de los dados, habría in­
saqueo de Corinto (146 a. C), con unos legionarios usando como tapete los cuadros de antT CUenta.un pasaJe de Polibio (XXXIX.2.2) relativo al
* ’

p. Esta imagen, que muestra unos personajes '


jugando a los dados con gran entusiasmo,
procede de la CAUPONÁ -albergue-de V- <■■

la VIA DI MERCURIO EN POMPEYA (casa


VI, 10,1.19). Pertenece a la cara sur de una -;
estancia en la parte trasera del establecí-
miento, en la que se conservan diferen-*. '
tes frescos, como uno con personajes en
torno a una mesa con salchichas, cebo­
llas y otros alimentos colgando del ,
techo. Otro representa a un personaje i
con una copa entre las manos al que se • r.,
le acerca alguien con una jarra. Como *
si de un cómic se tratara, una inscrip­
ción reza :ADde CAliceM SetinUM ("otra
copa de vino de Setia"; CIL IV-129‘2).
Otra escena parecida refleja un soldado,
armado con una lanza, que sostiene una
copa ante un esclavo que la llena:Da fridam w xp.
pusillum (CIL IV-1291:"añade agua fría...solo 1-ff ./•'
un poco"). En otras zonas de la caupona se indu- |
yen también escenas eróticas, puesto que no era A;
raro ofrecer allí además los servicios de alguna me-‘
retríx. Los establecimientos en los que se ofrecía co­
mida, bebida e incluso lecho eran el sitio ideal
y. >:
donde practicar el juego clandestinamente y apostar
fuerte sin llamar la atención, algo que no siempre se lograba:!...] el Estos, todo lo que viven, ló malgastan en vino, dados,
jugador, mal traicionado por el cubilete seductor, sacado inmediata­
juegos, placeres y espectáculos. Para ellos, su templo, su
mente de la vieja taberna, borracho suplica al edil" (Marcial, Epigra­
mas, V.84). O WiKJMEDlA COMMONS/WOIFGANG RlcGER hogar, su asamblea y la esperanza de todos sus deseos es
el Circo Máximo. Y, de hecho, se les puede ver por las
ban que hubiera en total. El verdadero hombre honesto era aquel plazas, callejones, avenidas y puntos de reunión formando
con el que podías jugar al micatio incluso en la oscuridad. Al­ grupos en los que discuten sus diferencias y defienden a •
gunos juegos más complejos incluían el duodecim scripta, que unos o a otros, como sucede con frecuencia. [...] juran
parece ser que era parecido al moderno backgammon, el latrun- una y otra vez que el estado no podrá subsistir si, en la
culi, comparable al ajedrez, y la tabula, que podía jugarse en siguiente carrera, su auriga favorito no sale el primero de
ciertos tableros que se hallaban habitualmente en las tabernas. la línea de salida y no realiza giros muy arriesgados con
Por desgracia, las reglas de estos no han sobrevivido y, en cual­ sus caballos de mal agüero (Amm. XXVIII.4.29-30, trad.
quier caso, probablemente sería erróneo pensar que existieron M.a Luisa Harto Trujillo, Madrid: Akal).
reglas estandarizadas para todo el Imperio y su gran longevidad.
Las tabas (tali) eran también frecuentemente usadas para el En el circo, las apuestas se fijaban en las cuatro categorías de
juego. Se trataba de pequeños huesos de las patas -entre la es­ colores de los corredores -azules, verdes, rojos y blancos- que
pinilla y el tobillo- de cuadrúpedos, y cada uno de ellos contaba representaban las cuatro escuelas. No hay evidencias en ninguno
con cuatro caras a las que se asignaban distintas puntuaciones: de los escritores antiguos que nos explique las fórmulas. Lo más
1= la cara plana, que era conocida como canis (“el perro”), 3= probable es que cada uno apostara con los que se sentaban cerca
el lado convexo, 4= el lado cóncavo, y 6= el lado curvo, conocido de él entre la multitud. Ello podría explicar por qué los colores
como el senio (“el hombre viejo”). Los huesos se tiraban de iban emparejados de forma conjunta en el imaginario popular
cuatro en cuatro, y en un ejemplo conocido, el lanzador puso 16 (azules y rojos contra verdes y blancos). Formar parejas de este
sestercios en el montón apostando a tres perros o un seis, pero modo haría más simple realizar apuestas cara a cara sin tener que
el vencedor se quedó con todo tras sacar una Venus (una taba de contemplar complejas combinaciones de posibles resultados.
cada cara). He llegado a calcular las posibilidades de sacar una
Venus -un día entere* lanzando tabas miles de veces- como Vidas azarosas
aproximadamente de 26 a 1. El vencedor debió de ganar una ¿Pero por qué razón el juego era tan popular entre la gente común?
gran cantidad de dinero dada la cantidad de la apuesta inicial. Quizá el juego pueda ser entendido como una práctica útil para
Las carreras en el circo y los juegos gladiatores en la arena aprender algunas habilidades y actitudes potencialmente prove­
ofrecían también espléndidas oportunidades para apostar. El po­ chosas en la vida diaria. El juego enfatizaba la importancia del
tencial apostante contaba con bastante información para ayudarle dinero entre la comunidad; era una especie de reflejo de la vida
a evaluar las posibilidades de ganar de cada competidor. Los pro­ diaria, en la que la incertidumbre y la volatilidad eran frecuentes.
gramas de la arena ofrecían listas de las estadísticas de cada lu­ A la vez, realzaba también la relevancia del estatus. Lo más im­
chador, al igual que las de los caballos en el circo. Los rumores y portante del juego era precisamente que un buen jugador podía
comentarios acerca de los aurigas o el pedigrí de los caballos se ganar grandes cantidades de dinero y mejorar su posición social.
conservan en los escritos contemporáneos, y en los días anteriores La descripción que Suetonio nos hace de Calígula lo caricaturiza
a un festival, las habladurías terminaban convirtiéndose en apues­ como al del típico plebeyo ambicioso y agresivo, siempre dispuesto
tas. Un pasaje de Amiano Marcelino resulta de lo más explícito a hacer trampas para conseguir sus propósitos (Suet., Calígula,
en relación con la pasión de la plebe en la Roma del siglo IV: 41). El juego también enseñaba cómo afrontar el riesgo y tomar
62 ARQUEOLOGÍA & HISTORIA

m
arqueológico existe una gran cantidad de ellas, algunas fabricadas en materiales distintos al hueso, conio e Ib once el marf¡l |a
plata, el oro, la madera o la terracota. En algunas monedas griegas de los siglos V y IV a. C. aparecen tabas representadas como
símbolo de buena suerte, con su uso extendido también a otros menesteres como la adivinación (Pausarías,Descripción de
Grecia»11.25.10). En la Imagen vemos una FIGURA DETERRACOTA PROCEDENTE DE CAPUA (Campan,a), quiza de a segunda
mitad del s. IV a. C., representando dos chicas jóvenes jugando a las tabas. Probablemente esten jugando a una modalidad cono-
cida como pentalitha que aún hoy día se practica en la moderna Turquía con piedras, y que consistía en tirar una taba al aire y, antes

é
de cogerla al vuelo, recoger tantas tabas del suelo como se pueda. Las tabas eran un juego muy popular entre niños y mujeres
jóvenes, aunque a menudo también se vincula a los ancianos (Cicerón, De Senectute, 58). Un pasaje de Suetonio (Augusto, 71.2) va en
dicho sentido y además nos brinda un excelente ejemplo de cómo se podía apostar a la mejor baza: "Durante la comida estuvimos ju­
gando como viejos tanto ayer como hoy; tirábamos las tabas y, cada vez que uno de nosotros sacaba la suerte del perro o el seis, ponía
en el centro un denario por cada taba, que se llevaba en su totalidad el que sacaba la suerte de Venus. The bkiushmuseum

decisiones bajo presión. En un mundo en el que la pobreza nunca tabas, que también se empleaban para consultar a los dioses. Una
estaba lejana y los ingresos siempre sujetos al efecto de las malas columna oracular hallada en el fórum de Kremma, en Pisidia (Tur­
cosechas o el clientelismo arbitrario de las élites, el romano común quía), fue inscrita con las respuestas a 56 posibles tiradas de cinco
necesitaba aprender las habilidades necesarias para controlar los tabas. Las respuestas tenían incluso nombres: sacar un 10, que
riesgos a los que se enfrentaban él y su familia. equivale al tiro del timonel Tyche [NdE: Tyche es el nombre griego
Los juegos requerían el aprendizaje de un volumen signifi­ de la diosa Fortuna, y el timón uno de sus atributos habituales, que
cativo de información detallada, a menudo incluyendo un alto simboliza el azar del destino], significa que no es tiempo para el
grado de sofisticación numérica. Podemos imaginamos que ello entusiasmo frívolo, que puede ser “muy perjudicial”. El consejo
era un buen entrenamiento para el manejo de las pequeñas deudas es entonces esperar porque es el tiempo indicado para la espera. Si
personales que fácilmente se contraían entre las clases modestas. el consultante puede hacerlo, entonces podrá “cumplir cualquier
A la vez, estas prácticas enfatizaban la importancia del despliegue cosa”. Sacar un 22 resulta en un “queda tranquilo, que el momento
de una gran variedad de tácticas en el ámbito de las relaciones no está todavía maduro. Si haces esfuerzos inútiles en vano, per­
interpersonales. En primer lugar, demuestra la importancia de seguirás un objetivo que está fuera de alcance. No veo el momento
tener controlado al vecino si uno quiere evitar que le estafen. idóneo, pero si te relajas un poco, lograrás tener éxito”.
Por otra pane, muestra también la importancia de afirmar el pro­ Un proverbio decía que: “debemos dominar nuestra buena
pio estatus o estar preparado para protegerlo, aunque fuera de fortuna o ella nos dominará a nosotros”. Lo que observamos
forma agresiva. Merece la pena señalar que la sección del Digesto en el juego y en los dados oraculares es la creencia de que la
que cubre las leyes relativas al juego menciona repetidamente el suerte no era irrefrenable, sino que podía ser manejada e in­
uso de la violencia. Tampoco es que se tratara de matones, y fluenciada. Percibir el mundo de este modo significaba dar es­
como menciona Amiano en su descripción de la plebe romana, pacio a la esperanza y a la intervención individual. El juego re­
los jugadores tendían a mantener un genuino sentido de la cama­ fleja entonces una concepción del mundo en la que las gentes
radería (XXVIII.4.21). En resumen, enseñaba al romano común corrientes, pese a su modesta condición, tenían una oportunidad
a lidiar con el dinero, el riesgo y la gente. de mejorar su suerte en vez de ver sus vidas como dominadas
La popularidad del juego entre las clases corrientes también por el azar. Para ser honestos, ello requería de conocimientos,
es un buen reflejo de lo que el azar podía llegar a representar en habilidades, experiencia, agallas y cerebro, pero aun así la opor­
sus vidas. Este es un aspecto que puede percibirse a través de las tunidad existía igualmente, y permitía al romano medio, que
debía sobrevivir en un entorno en el que el riesgo abundaba, I
arreglárselas con tal nivel de incertidumbre.

Restricciones y legislación
Aun siendo tan popular, el juego era objeto de la más fiera
condena moral. Los jugadores son mencionados en el
mismo saco que los adúlteros y otras gentes infames.
\;\ '!... v ^ec,a cuanto más ingenioso era el jugador,
fj&fe, tant0 mayor era su perversidad. Los peí; gros del
i
£W*' \ Jue8° eran asociados a veces con las amenazas
al Estado: los coconspiradores de Catilina
\ eran descritos como aleatores (“jugadores”),
y es bien conocida la alusión de Julio César
’j a la República como una apuesta que ganar
jj o perder cuando, al cruzar el Rubicón, pro-
l nuncio su famosa frase: “la suerte está
echada” [NdE: Alea iacta est. Literalmente:
el dado está echado”]. Las actividades juga­
doras de ciertos emperadores también ofrecen
claros ejemplos de su degeneración. Domiciano
fue vilipendiado por jugar a los dados incluso
64 ARQUEOLOGÍA & HISTORIA - . V. O-' ‘.'fií- :.í
v_

«■W o o o o o o.’ ■ o O ^ o o"fl! ;


► El de la imagen es un TABLERO DE JUEGO de
época tardía para ei DUODECIM SCRIPTA ("las 4 ,
,-¡ . jUj v1
p
- :1
doce líneas"), uno de los juegos más conocidos C yl g

o .o o o o o . ■■ N
V\
y longevos del ámbito romano. Se jugaba me-
diante piezas de juego de tipo botón -a me­ i TI P o O O -o o i
nudo inscritas con las iniciales de sus dueños-, ' - Ifv
y tres dados simples. El tablero procede de Afro- .,•7} ■ 4 •!*;$
r-
disias, en la actual Turquía, y contiene una ins­
. "r
i
cripción que reza: b *¿ni (DMcipíou) (Dwtíou
oxo(XaoTtKou) K(ai) naxp(óo) b (‘‘bajo Flavius O O ooo o o o O O DrV4
Photius, scholasticus y pater". Otras INSCRIP- j
CIONES de la ciudad nos hablan también de
en^é^ofs^V y VI^C.'En Frigiajámbién enAsta IMenor, una inscripción de los ss. IV-V en un tablero alude a la fea costumbre, Igualmente re-

flejada en Amiano (XIV.6.25), del bufido característico que emitían los jugadores con la nariz al resoplar y sorber fuertemente para concentrarse:
“el que resopla, que sea cubierto de hollín". En Pompeya, un individuo se jacta en una inscripción de haber ganado en Nuceria (Italia) nada
menos que 855 medios denarios (CILIV- 2119), mientras que enTimgad (África) existe otra en la que se lee: VENAR! LAVARE LUDERERIDEREOC-
CESTVIVERE ("cazar, bañarse, jugar, reír: ¡eso es vida!") Los juegos de azar eran en efecto comunes en todo el Imperio, y muestran una larguísima
pervivencia, tal como demuestran los restos arqueológicos y las referencias de textos como el de Amiano. Un escrito de Séneca (Tranq.An.,
14.7) nos habla de un personaje llamado Julio Cano, aparentemente adepto del estoicismo, que llevaría hasta sus últimas horas su afición por
los juegos de tablero: "Estaba jugando al latrunculi, cuando el centurión que conducía la fila de los que iban a morir ordenó que se levantara
él también. En cuanto lo llamaron, contó las piezas y dijo a su contrincante: 'Mira que después de mi muerte no mientas diciendo que me has
ganado'. Entonces, señalando al centurión, le dijo:'Tú serás testigo de que le llevo una de ventaja'".

por la mañana, y Calígula no solo jugaba a los dados mientras la cular emoción. La mayoría del juego sin duda se realizaba a
corte estaba de luto por su hermana, sino que incluso hada trampas escala tan pequeña que no resultaba temerario ni afectaba al es­
(Suet., Domiciano, 21; Calígula, 41; Séneca, Diálogos, XI.17.5). tatus de los participantes en la sociedad. Es imposible saber
El desdén moral también quedaba reflejado en las leyes. La cuánto llegaba a apostar el romano corriente pero, en cierto
Lex Alearía, fechada probablemente en el año 204 a. C., fue el modo, ninguna cifra habría sido insignificante. Jugar en un grupo,
primer intento de legislar contra el juego, pero otras leyes le su­ donde no hay corredores que se lleven tajada, es en cierta medida
cedieron, intentando eliminar esta popular práctica. La Lex Talaría un ahorro, aunque a una tasa de interés cero. A largo plazo, cada
prohibía los juegos de dados excepto durante las comidas o durante participante puede esperar su tumo de ganar. La victoria simple­
el festival de la Saturnalia. Las penas por incumplimiento iban mente representaba una forma exagerada de conseguir dinero
desde el cuádruple de lo apostado hasta el exilio. No parece que rápido que dominaba la vida corriente: una buena semana era
estas leyes se hiciesen cumplir. Los ediles se conformaban con la seguida de otra mala y así sucesivamente. Puede que la élite en­
supervisión de tabernas, pero el gran número de tableros de juego tendiera que el juego realmente suponía una amenaza y que fa­
que ha sobrevivido hasta nuestros días sugiere que no se tomaban llaran al reforzar las leyes en consecuencia, pero es más probable
esta responsabilidad muy seriamente. Dos leyes republicanas per­ que, al igual que su retórica anti-juego, las leyes fueran tan solo
mitían las apuestas en competiciones realizadas en persecución declaraciones puramente diseñadas para enfatizar públicamente
de la virtud [NdE: Virtutis causa (Séneca, Ep. 106.11; 117.30). que el juego no era la forma correcta de alcanzar el éxito.
Se autorizaba la apuesta en la que no se participaba en el juego de
forma activa, por ejemplo como espectador], lo que permitía que
se apostara en el circo y el anfiteatro. En cualquier circunstancia, BIBLIOGRAFÍA
las deudas de juego eran legalmente irrecuperables. Los pretores Horsfall, N. (2003): The Culture ofthe Román Plebs, Bristol:
parece que rehusaron también actuar contra los propietarios de Classical Press.
establecimientos de juegos afectados por asaltos, robos o daños Purcell, N. (1995):"Literate Games: Román urban society and
resultantes de estas actividades. No nos da la impresión de que la the game of alea", Oxford: Past & Present, 147, pp. 3-37.
ley se tomara el juego muy en serio. Toner, J. (1995): LeisureandAncientRome, Cambridge: Polity Press.
¿Por qué entonces las élites rechazaban el juego mientras Toner, J. (2009): Popular Culture in Ancient Rome, Cambridge:
muchos de ellos se diverüan con él? En parte podemos entender Polity Press. Traducido al español como: Sesenta Millones de
este fenómeno como el resultado de la intención de proteger su Romanos: la cultura del pueblo en la antigua Roma. 2012,
estatus. El juego podía resultar en movilidad social en la que no Barcelona: Crítica.
se tenía en cuenta ni trabajo ni nacimiento, lo que suponía una
- Bibliografía completa en www.arqueologiaehistorio.com
amenaza para la jerarquía social tradicional. Además, estaba tam­
bién ligado a la cultura popular urbana que había crecido junto a
la inmensa ciudad imperial de Roma. Asociado a la omnipresente ^erJ7T°ner es Profesor titular y director de estudios i)
cultura de la taberna, el juego parecía representar para las élites en Clasicas en el Churchill College, Universidad de
todo aquello que estaba mal de las clases bajas. Demostraba que am rid9e. Su trabajo procura observar al mundo -OfoLg
la gente era incapaz de emplear su tiempo de ocio de forma inte­ romano desde abajo". Sus libros incluyen Sesenta SSkmH
ligente o moralmente aceptable sin supervisión. mmones de romanos: la cultura del pueblo en la an-
La realidad, por supuesto, era distinta. La todopoderosa per­ gua orna (Crítica, 2012), Leisure and Ancient Rome (Polity, 1995)
suasión del juego no era solo un ejemplo de la ociosidad de la 201^^ h°w ctócs shaped ideas of the East (Harvard,
plebe. Representaba un tópico políticamente correcto para el dis­ ... .y ha sido Aducido a seis idiomas distintos. También es
curso y proveía de un estímulo intelectual además de una partí- HnJt I"" popu,ar l'kro bajo la apariencia de un romano titulado
oManage YourSIaves (Profile, 2014).