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Editorial
g 71/ Aunque tienen todavía un recorrido corto, que remonta a unas pocas décadas, la Arqueología y los estudios
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IS-I de género han procurado hilvanar el hilo de la historia de la mujer griega contrastada contra un pasado
UJ
O tejido por manos masculinas, explorando con tino las muchas facetas de las distintas realidades sociales
EDICIONES
de la antigua Grecia a partir de cualquier tipo de información relacionada con el universo de lo femenino.
Desperta Ferro Ediciones SLNE Las mujeres estaban bien presentes en la sociedad griega, y así lo demuestran las abundantísimas crea­
Paseo del Prado, 12-1.° deha.
28014 Madrid ciones artísticas que las representan o incluso las espléndidas obras que los autores trágicos dedicaron a
CIF: B-85964815 ellas, pero su lugar en la sociedad distaba mucho de ser aquel que por naturaleza Ies correspondía.
Tlf. 912204200 - 663 690 961 ©
info@despertaferro-ediciones.com En la Grecia clásica, el hedió de nacer mujer suponía amanecer a un mundo preconcebido y emprender
Q infodespertaferro
un camino en línea recta, con muy estrecho margen de movimientos. En él sería víctima de fuertes condi­
Edita
Alberto Pérez Rubio cionantes sociales, por supuesto también supeditados a su posición social de origen, pues no eran las
Javier Gómez Valero mismas posibilidades las que tenía una esdava que las que poseía una extranjera o una ciudadana. Cierto
Carlos de la Rocha
Coordinación de publicaciones es que nacer en una polis u otra determinaba algunas mejoras, pero nunca en trato de igualdad con respecto
Jesús Jiménez Zaera al hombre, lo que habría resultado inconcebible para una sociedad patriarcal como la griega.
jesusjimenez@despertaferro-ediciones.com
Dirección
Planteamos aquí un recorrido por las vidas de estas mujeres de la Hélade, desde las sumisas amas
Gustavo García Jiménez de casa atenienses hasta las sacerdotisas de Artemisa o las hábiles heteras de Corinto, partiendo de
arqueologia@despertaferro-ediciones.com las referencias literarias y los restos arqueológicos, así como de su proyección en el arte, la epigrafía,
Consejo editorial
Francisco Gracia Alonso (UB) la filosofía y el teatro. Sin embargo, va a ser difícil acometer un volumen de estas características sin
Carmen Marcos Alonso (MAN) plantear antes una reflexión en voz alta en relación con ese papel social tan claramente sesgado, sobre
Fernando Quesada Sanz (UAM)
¡
Joaquín Ruiz de Arbuio Bayona (URV) todo teniendo en cuenta que la cultura clásica -siempre tan valorada desde un punto de vista mo­
Ignacio de la Torre Sáinz (UCL) derno- tiene un reflejo constante en la sociedad actual, que pretende entre otras cosas actuar como
Jordi Vidal (UAB)
David Vivó Codina (UdG) la mejor defensora de la tolerancia y el respeto hacia la mujer. Han transcurrido ya veinticinco siglos
! Diseño y maquetación
Raúl Clavijo Hernández
desde que Pericles o Platón nacieran del vientre de sus madres, y sí, es cierto que ha habido algunos
Ilustraciones
progresos en este sentido en la sociedad occidental, pero ¿no es tiempo más que suficiente para que
Breogán Álvarez este paradigma hubiera cambiado por completo?
aRU-MOR
MilekJakubiec
José Luis García Moran
Documentación
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Gustavo García Jiménez arqueologiüdcspcrtaferro 1^1 fu>Arnneolno¡nDF dcsperlafcrro_edicioncs despertajerro
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Commons / Marie-Lan Nguyen / Tilemahos
Efthimiadis / Carmen Sánchez / Jebulon / Hahaha
/ Jastrow / Giovanni Dall'Orto / Marsyas / Yair
índice
Haklai / Erich Lessing / Art Resource, NY / Miguel Q0 La mujer griega y la polis por Flavia
Hermoso Cuesta / bpk Bildagentur/ Staatliche
Museen, Berlín / Johannes Laurentius / Frisone
Pitichinaccio / Dave & Margie Hill / Kleerup /
Walters Art Museum / Sailko / Maskin / Archivo - L-
General de Andalucía / Ángel M. Felicísimo
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I
Mapas v-'* v
Carlos de la Rocha
Colaboran r.

Flavia Frisone, Carmen Sánchez, Adolfo J. ^0 Las mujeres griegas y la religión por
Domínguez, Patricia González, Florence r- e -i Matthew Dillon
Gherchanoc, Matthew Dillon, Raquel
Fornieles, Joaquín Ruiz de Arbulo, M.J Ar- 1------ «r—-
liiss:
:
Engracia Muñoz, Óscar González, Raimon
Graells, Pausanias,Tomás Aguilera
][4 La imagen de la mujer en la Grecia
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Eduardo Kavanagh antigua por Carmen Sánchez
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de la norma.
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■• 22 A la imagen de Afrodita. Belleza,
Imprime Grecia por v<; r
Monterreina Comunicación vestimenta y adornos por Joaquín
Patricia ”
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27 Reseñas de libros
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24 mujer
V*v*r como
en la Atenas clásica.
00 Viaja en el tiempo
ISSN 2387-1237 Discursos masculinos sobre un
Depósito Legal: M-9386-2015 destino sin sorpresas por Florence 02 Y además, introduciendo el n.° 12,
www.despertaferro-ediciones.com & Cherchanoc
febrero-marzo 2017
Tarteso en la mitología moderna por
Impreso en España/Ar/nted¡n Spain Tomás Aguilera
t id i m mi tí 0
I 1 n la sociedad griega, la mujer
desempeñaba ante todo un papel
I J doméstico, sometido a las direc- Éj¡M
trices masculinas que incentivaban los
i valores de la fidelidad, la modestia y
i el cuidado de la familia. La cerámica
de figuras rojas, en sus múltiples va-
riantes, tendió a explotar este concepto
en las imágenes que representaba, y lo •• ; i
cierto es que ejercía como un magnífico 1
vehículo en el que proyectar esta idea ,
V • de sumisión y orden hacia aquellos que ;í
! las adquirían.
V La imagen de la portada corresponde
a un detalle de la rica ornamentación de
un epinetron (pl. epinetra) hallado en
/ Eretria y fechado en tomo al 425 a. C.
Los epinetra son objetos muy caracterís­
ticos del universo femenino, puesto que
su finalidad guarda relación con el trabajo
de la lana, una de las actividades habi­
tuales en la vida cotidiana de las mujeres
en el ámbito privado. Su forma semici-
líndrica permitía colocarlo sobre la rodi­
lla, encajándolo en el muslo, para cardar
la lana y despojarla de sus impurezas gra­
cias a su superficie rugosa, que en casos
como este incluso simulan escamas. De
entre los ejemplos de epinetra cerámicos
que se conocen -la mayoría eran de ma­
dera-, este es uno de los más bellos en su
decoración, y a juzgar por esta, es muy
posible que se tratara de un regalo de bo­
das, que quizá más adelante terminó
siendo entregado como ofrenda en un
santuario o en una tumba, como parece
ocurrir con la mayoría de estas piezas.
Las dos mujeres de la portada son
parte del cortejo de amigas que visitan a
la novia durante las epaulia, la entrega
de regalos que sucede a la celebración
del matrimonio. La que acaba de casarse
-y con ella se identificaría la mujer a la
que se destinaba este objeto-, es Alcestis,
que en la mitología griega era hija del
rey de Yolco, Pelias. Según cuenta la his-
toria -que sirvió de inspiración para la
tragedia homónima de Eurípides-Alces­ i *
tis sacrificó su vida voluntariamente para
salvar la de su amado Admeto, y por tanto
viene a representar aquí el paradigma de
la buena esposa. En el reverso figura una
escena alternativa con otra novia como
protagonista; en este caso Harmonía, her- ; ,, i
5 mana de Ares y Afrodita y esposa del rey \i •
de Tebas Cadmos. Para redondear el con- ií'
cepto, en la punta del epinetron, coinci- ¡ i
diendo con la parte que sobresaldría de ■111
la rodilla cuando estuviera en uso, se re-
'
til
i ■* ’ v
presenta en relieve un magnífico prótomo ; ;
de Afrodita, una de las diosas tutelares
del matrimonio. AH
© Getty / DEA PicnjRE Lisrary

(N. del E.: Debido al cliché original de la foto- ^./v,


grafía empleada, la inscripción que decora el
vaso aparece invertida. En realidad debería leerse
cu^epone (Astérope) e timoAu (Hipólita)] r.
p
Flavia Frisone - Universitá de Salento

La mujer griega y la polis


Basta asomarse al paradigma feroz y salvaje de las míticas amazonas!
o a las divertidas situaciones de desconcierto de Los asambleístas de
Aristófanes, para percatarse de que una comunidad política
gobernada por las mujeres era, para los griegos, el mundo al revés; I
un caos que no podía tener reflejo en la realidad.

i la griega fue desde siempre una cultura machista, incluso

i
S directamente misógina, el mundo de la polis podría definirse
sin tapujos -como hizo Pierre Vidal-Naquet- como “un
club de varones”. Se trata en efecto de un espacio que, por sus
propias características, excluye a las mujeres y las condena a una
especie de “invisibilidad social”.
La dimensión de lo femenino, que ya en la ideología de época
i arcaica se entendía como un mal necesario, deviene en la polis
clásica una especie de minoría permanente, como la describirá
Aristóteles. La mujer viene representada, definida y constreñida
por ciertos esquemas nacidos en el seno de una sociedad patriarcal
i que se hacían más restrictivos cuanto más se evolucionaba hacia
una “sociedad política”, siempre organizada sobre la base de reglas
1 civiles dictadas por los hombres.
Este prejuicio negativo ha proyectado su sombra sobre la cul- pero tenía igualmente eco en la esfera pública y religiosa (poil
I tura occidental, cuanto menos en la medida en la que esta se refleja ejemplo, existían ceremonias en las que participaban ambos sexosj
en la Atenas clásica. Pero este ha sido también un camino a dos pero también otras destinadas solo a mujeres u hombres, y el ca!
I vías, puesto que la concepción moderna de una neta distinción rácter de esta exclusividad era muy significativo). El otro factor
entre lo privado y lo público, que no tiene correspondencia en el común es que en todos los sistemas, por diversos que fueran, las
I mundo griego arcaico y clásico, ha hecho pensar en la historia de [mujeres siempre eran un elemento subordinado. _______
la mujer griega como un espacio material ligado al horizonte res-
I tringido de lo privado y del ámbito doméstico pero excluida del El espacio social de las mujeres
escenario de la “gran historia”. Enlaconcepción 7íorgánicaír de l¥sociedad“que“selia mencio-
I Solo a comienzos del siglo pasado empezó a comprenderse la [nado, los universos paralelos de lo masculino y lo femenino, a
especial dimensión sociológica de la comunidad política griega pesar de no estar colocados en el mismo plano jerárquico, apa­
I que, como un organismo vivo, estaba ligada a una cohesión, una recen equilibrados en su dignidad y complementarios en su des­
“solidaridad orgánica”, de hecho, en la que no solo no podían dis- tino. La articulación esencial de la sociedad griega de época clá­
. tinguirse los límites precisos entre individuo y sociedad, familia y sica se producía entre polis (la comunidad sociopolítica, con sus
Estado, civil y religioso, sino que sus individuos, aun siendo se­ ^componentes y la estructura organizativa que permitía y favorecía
cundarios, tenían un espacio y un rol precisos, esenciales para el la participación) y oikos (la familia nuclear, pero también un
buen funcionamiento del todo. Esto ha permitido proyectar nueva [verdadero y particular sistema de lazos afectivos y relaciones
luz no solo en relación al papel de la mujer griega en la sociedad, jerárquicas y productivas que giran en tomo a ella). Esta distin- \
sino también en su peculiar participación y en la “función pública” [ción, a la vez que confirma la divergencia entre los masculino y
que podía tener en la ciudad-estado. lo femenino, define las respectivas esferas de pertenencia,
Desde esta perspectiva, no es sencillo definir características i En la dimensión del oikos, el jefe absoluto es el hombre, el
genéricas, puesto que las potéis eran sistemas autónomos y muy Icabeza de familia, al que de hecho se le llama kyrios (señor). Sin j
diversos en su organización e ideología, de modo que las diferencias embargo, su espacio asignado es extemo, extrafamiliar. En efecto, {|||||| I
de género podían suponer usos muy distintos entre una ciudad y [para los griegos el hombre no está hecho para estar recluido entre
otra. Este es, como veremos, el caso de las dos ciudades-estado las paredes de su casa, y de hecho no permanece allí mucho
más representativas de la Grecia clásica: Esparta y Atenas. Del I tiempo (Jenofonte, Económico, 7.3). Su vida está fuera, tiene el
| r' - mismo modo, pese a que el absoluto predominio del modelo social encargo de representar al oikos y ponerlo en relación con la so- «R; |
I ateniense en nuestras fuentes históricas ha impuesto una especie iciedad, es responsable de los deberes (políticos, religiosos o mi-
de estándar, hay que recordar que las formas de integración feme­ I litares) sobre la colectividad, y de mantener las redes de contacto ,W. ¡
nina en la polis griega componen todo un caleidoscopio facetado necesarias para hacer más prósperos y valorados a sí mismo y a y*
y variable de reglas y comportamientos. su casa . La suya es una dimensión de tráfico y comercio, de con­
En general, sin embargo, podemos partir de dos puntos comu­ tactos y relaciones; el espacio de la palabra, del logos o, como lo
nes. El primero es que en todas partes existía una separación entre ha llamado J. P. Vemant, el “espacio de Hermes”.
la vida de los hombres y la de las mujeres. Esta era bien visible -y En cambio, el espacio doméstico es percibido como eminen-
confirmada por una serie de costumbres- en la vida cotidiana, teniente femenino, y la mujer, para los griegos, se consideraba
ARQUEOLOGÍA & HISTORIA 7

< En las imágenes de los vasos áticos no es frecuente ver representadas a MUJERES LEYENDO, puesto que esta es una actividad comúnmente
asociada con lo masculino, o al menos eso parece desprenderse del silencio de las fuentes -salvo raras excepciones (Lisias, Contra Diogitón,
11,17)-. Es posible que en este caso se esté representando a una musa y no a un personaje real, pero las interpretaciones al respecto están
abiertas, y a menudo se sugiere que este tipo de excepcional erudición, cuando existe, hay que asociarlo con las heteras. La imagen corresponde
a uno de los lekythos (un tipo de vaso de pequeñas dimensiones, destinado a guardar aceites o perfumes) atribuidos a un pintor anónimo co­
nocido como el "pintor de Klügmann". El LEKYTHOS es un objeto pequeño, que cuenta con un campo reducido para las figuras, pero este
pintor es famoso por sus representaciones de personajes femeninos en ellos. De sus cerca de cuarenta lekythos conocidos, solo dos de ellos
representan a hombres. Musée du Louvre, París.

que estaba en su ambiente cuando se encontraba en el espacio ce­ tener una relación estable y normalizada de convivencia, a menudo
rrado y protegido de la casa. Las ocasiones en las que contactaba cimentada en un vínculo afectivo pero que, según la ley, no podía
con el exterior son consideradas como poco oportunas o bien son convertirse en la mujer de este. En lo que refiere a su sustento y a
definidas conforme a reglas precisas. Pero esta dimensión es a su la coexistencia, la posición de una concubina era similar a la de la
vez vista como la del trabajo y la responsabilidad de la mujer, en mujer, y le garantizaba una cierta estabilidad y seguridad para el
especial para la mujer del cabeza de familia. Ello también incluía futuro, o a la obligación de fidelidad que debía profesar hacia el
deberes institucionales, puesto que el oikos comprendía un orden hombre. Podía tratarse de esclavas, pero generalmente eran mujeres
y una sacralidad propios, y se concebía como un lugar en el que el de condición libre, extranjeras o excortesanas e incluso, según al­
transcurso de generaciones ponía en contacto a pasado, presente y gunos investigadores, podría tratarse también de chicas de familias
futuro, divinidades infernales y divinidades celestes. El hogar, cen­ ciudadanas que no tenían los medios para dar una dote pero de
tro espiritual de la casa, al que la esposa “se incorpora” en el mo­ todas formas querían casarlas. Sin embargo, desde el punto de
mento que ingresa en casa de su marido, es símbolo de la función vista legal, los hijos nacidos de esta unión, los nothoi, aun siendo
del componente femenino de la familia: la reproducción. No sin de clase libre si así lo era la madre, no gozaban de derechos polí­
razón el contexto doméstico ha sido definido como el “espacio de ticos, y aunque podían participar en la sucesión del padre, sus pri­
Hestia” (la diosa patraña del hogar). Aquí, apartada pero laboriosa, vilegios eran limitados y estaban subordinados a los de los hijos
la mujer griega era investida de una dignidad social que, desde el legítimos.
punto de vista ideológico, era altísima. Por su cuenta y junto al El papel de la madre en el seno de la familia era pues determi­
kyrios, la mujer legítima es la custodia del sustento de la familia; nante para los hijos no solo en relación a su legitimidad -y por
es quien asigna las tareas a la familia que trabaja en ella y mantiene tanto a su derecho o no de heredar el patrimonio familiar- sino
el respeto a las reglas. Se trata de una labor parecida, en el campo también para definir, como veremos, su estatus político. Esto con­
político, a la de la tutela de las leyes y la armonía cívica (Jenofonte, fería a las esposas legítimas no solo respeto sino también una
Ec., Vil.14-15). De este modo, cada uno tema su esfera de in­ especie de “peso social”.
fluencia propia: los hombres dirigían la ciudad y la mujer la casa Es este un rasgo antiguo y persistente de la sociedad griega,
de manera análoga, y es la desigualdad de sus respectivas natura­ desde el mundo homérico, en el que la esposa “es un don de gracia”
lezas la que determina, en el pensamiento griego, la jerarquía de que se adquiere a un precio alto y que lleva consigo prestigio y ri­
sus condiciones (Aristóteles, Política, 1.5.1254b; 12.1259b). queza. Los hombres, en cieno sentido, se representaban a través de
El ámbito principal en el que se define el perfil de dignidad sus mujeres “oficiales”. En la Grecia arcaica, por ejemplo,
y legitimidad social de la mujer griega es, sin duda, un indicador recurrente de las reformas de las
su prerrogativa de generar hijos destinados a ser poleis encaminadas a limitar o fortalecer a las
ciudadanos y continuadores del oikos paterno. Este clases dirigentes propias eran las restricciones
es el rol que corresponde a las mujeres oficiales sobre el comportamiento y el vestuario feme-
y legítimas y, secundariamente, a las niñas nino, o sobre la aparición de las mujeres en
(korai, parthenoi) que serían criadas para público. Se trataba de medidas que, al limi-
V\ tar su libertad, intervenían en el modo en
ello. Distinta era la condición de la mujer
con la que un hombre, aunque casado, podía j que estas eran instrumentalmente incorpo-
I radas en el sistema de valores de corte aris­
tocrático, como la exhibición de riqueza, la
► El LEBES OAMIKOS es un vaso nupcial aso­
ciado a los rituales de purificación anterio­ ] pública manifestación de prestigio o los in­
res a la celebración del matrimonio, y como tercambios entre nobles. No es casualidad
tal era uno de los objetos que el futuro ma­ l que la visibilidad social de las mujeres de
rido solía entregar a la novia como RE­ clase acomodada, la exhibición de ricos
GALO DE BODAS. En relación con la
H objetos y la manifestación de arrogancia
funcionalidad de estos vasos, la imagen
Hl aristocrática (tryphé) fueran consideradas
muestra a dos mujeres junto a una pila de
baño coronada por Eros, a quien una de las ■/ un tema de discusión recurrente en las
mujeres entrega una pequeña ofrenda. La Ef ricas ciudades griegas coloniales -como
mayoría, sin embargo, como también ocu­ 0 Síbaris-, que combatieron antiguos legis-
rre en otros formatos cerámicos, muestra es­ 1 ladores como Zaleuco y Carandas y todavía
cenas con mujeres sentadas en el hogar,
recibiendo regalos de bodas y rodeadas de fa­ hoy tiene su refrendo en la arqueología fune­
miliares y amigas. Este tipo de recipientes nor­ raria de la Magna Grecia. Desde este punto de
malmente cuenta con un pedestal de cerámica vista se comprende por qué el pensamiento po­
también ornamentado, aquí perdido. El ejemplar, 1 lítico de época clásica, con Aristóteles, consideraba
fechado en torno al 340 a. C., procede de Paestum y
las magistraturas para el control de los hábitos feme­
hoy se conserva en el Museo Arqueológico Nacional de
Madrid. tMar;e-Lan Nguytn / WswewaCommons
ninos (gynaikonomoi) como caracterísücas de algu nos
sistemas político-constitucionales.
▼ Se conocen muchas ESTELAS FUNERARIAS de la época clásica y comienzos de la helenística representando a mujeres en distintos estadios
de edad, pero en casos como este, en los que se muestra a una mujer en su madurez, es frecuente que estas aparezcan sentadas y junto a fa­
miliares que se lamentan por su pérdida. El caso de esta HYDRIAPHORA (asi llamada por sostener una hydria en su mano) es atípico, y si bien
es cierto que la hydria es una vasija comúnmente asociada a la mujer, lo habitual en otros campos como el de la cerámica ática es verlas rela­
cionadas con escenas de cotidianidad, normalmente en manos de personajes femeninos dirigiéndose hacia una fuente o rellenando un reci­
piente en ella. Probablemente no sea esta la acción que está realizando este personaje, y se trate más bien de una sacerdotisa. El bloque no
tiene inscripción porque se halló incompleto, amortizado formando parte del muro que delimitaba el recinto del Hekateion de Atenas. Museo
Arqueológico del Cerámico, ow*.v£chacommons/cc by 2.0/tu.e»,w«^t>«miadis

Pero estas mujeres integradas en el camino que daba legitimi­ todo en comunidades griegas que mantienen una estructura social
dad y orden a la comunidad en sus estructuras esenciales, no obte­ arcaica, de corte aristocrático. Esparta es, en dicho sentido, un
nían solo una cierta visibilidad, mayor o menor dependiendo de caso emblemático. Aquí es bien patente el papel fundamental de
cada caso. A veces se les encomendó la importante función de ac­ las mujeres en la representación de los valores de la ciudad, su
tuar como estabilizadores sociales, haciéndoles asumir el papel conservación y su transmisión a los hijos; cosa que se corresponde
activo de agentes conservadores de la ideología y los valores de la con un notable espacio de visibilidad de las espartanas en la di­
comunidad. El papel de detentoras y custodias de la memoria fa­ mensión cívica. Estas, que en la gestión familiar están necesaria­
miliar, garantes del derecho de sangre e instigadoras de la venganza, mente más presentes y activas que sus hombres, empeñados en la
nos lleva de nuevo hacia la historia de los griegos. En el mito, lo guerra, aparecen fuertemente integradas en el sistema de la comu­
encaman algunas heroínas que la tragedia ática recupera y reinter­ nidad política, y las palabras o acciones que la tradición atribuye a
preta: Electra, Anu'gona, Hécuba. Pero también en la dimensión las mujeres lacedemonias son buena prueba de ello.
histórica se encuentra su rastro, por ejemplo en el papel de la Pero también en Atenas tiene gran importancia la integración
mujer en el ritual, y particularmente en el funerario. No sorprende, de las mujeres de clase alta en la comunidad cívica y sus ideales.
pues, descubrir que esta especificidad femenina se conserva sobre Esto se hace patente ya sea a través de ciertas funciones institucio­
nales específicas, como en las religiosas, o de los rituales
que acompañaban su crecimiento y su “incorporación”
en la sociedad y en el papel que esta les atribuía.

El espacio político de la mujer y la “ciudadanía”


Así pues, la dimensión social, aunque dominada por los
hombres, implica en cierta medida a la mujer en la vida
civil y el espacio público, regulando su presencia en fun­
ción de las circunstancias y competencias y variando
según la condición social, la edad o la ciudad.
La participación política era, sin embargo, otro cantar.
El ciudadano libre varón de pleno derecho (polites) era un
miembro activo de la comunidad, en el sentido que partici­
paba en su gobierno, su defensa y la salvaguarda de la justicia.
Tales condiciones, que definen su identidad política, eran un
privilegio exclusivo que podían ejercer siempre que tuvieran
la capacidad necesaria que -según Aristóteles- consiste en
tener los medios y actitudes precisas para hacer uso de la ar-
ché, la autoridad de mando. Esta definición, algo huidiza
desde nuestro punto de vista, deja fuera muchas categorías
de habitantes de la ciudad griega: esclavos (obviamente),
extranjeros, jóvenes y, en ciertos casos, incluso los pobres o
la mano de obra. Pero, en particular, entre las personas de
condición libre, las mujeres estaban siempre excluidas, puesto
que eran consideradas “por naturaleza” incapaces de realizar
un control sobre sí mismas y sobre otros, y en consecuencia
requerían de guía y tutela.
Por este motivo, en la Grecia arcaica y clásica, naturaleza
femenina y política se percibían como profundamente extrañas
y, desde el punto de vista formal, las mujeres no tenían dere­
chos políticos. Ello no significa que no tuvieran un papel en
la política. Ejemplo de esto es una vez más el caso de las es-
pananas, que formalmente no tenían cargos políticos o mili­
tares y quedaban excluidas de los deberes en la vida cotidiana
que se imponían a los hombres, como la panicipación en las
comidas y el adiestramiento común en la sysshia. Pero, en
cambio, al igual que ellos, podían opinar en cuestiones que
interesaban a la ciudad y eran capaces de influir sobre la po­
lítica hasta el punto que, según Aristóteles (Política,
II.9.1269b), terminaron tomando el poder real de la ciudad y
la gobernaban a escondidas gracias a su poder económico.
ARQUEOLOGÍA & HISTORIA 9
v Una mujer se lava en una pila de baño, en una imagen ya alejada del mundo funerario y religioso. ESCENAS COTIDIANAS como esta encierran
interpretaciones a menudo ambiguas. El hecho de que esta imagen se encuentre en la parte interior de un kylix, el fino vestido casi transparente
de la mujer y su inscripción {kalós, "bello", generalmente asociada al erotismo) probablemente signifiquen que haya que situarla fuera del ámbito
doméstico, y habría que relacionar a este personaje con una hetera mejor que con una mujer común. ©vviwwchaCoswons/ cc by2.5/marx-lan .nguven

Las mujeres atenienses, en cambio, no solo estaban fuera de la pre un reflejo fiel de la realidad de la que hablaban las fuentes, y
esfera política, sino que su eventual influencia indirecta en la vida en tal sentido tenemos noticia, en el siglo IV a. C., de mujeres
pública de sus maridos estaba muy mal vista y constituía objeto ricas y con prestigio, como la madre del orador Demóstenes, que
de críticas y ataques feroces entre adversarios políticos. Pese a consiguió tomar las riendas de los asuntos familiares.
ello, a partir del siglo V a. C. se empieza a entrever en Atenas un También en el ámbito de los procedimientos judiciales, otro
particular modo de integración de la mujer en la “ciudadanía” (po- sector en el que Atenas es la ciudad griega mejor conocida, las
liteia). A partir del 451/450 a. C., de hecho, un decreto impulsado férreas reglas que limitaban a las mujeres de vez en cuando nos
por Pericles establecía que para ser ciudadano ateniense de pleno muestran algunas excepciones. Normalmente la condición de
derecho había que haber nacido no solo de padre sino también de minoría legal implicaba que estas no fueran consideradas sujetos
madre ateniense de nacimiento y derecho. Este con­ autónomos frente a la justicia: no podían hacer de-
cepto se expresa con la palabra asté (de asty, nuncias o citaciones en un tribunal si no era a
ciudad), que indica no solo una condición través de sus tutores legales, y habitual­
sino también una cualidad política: en- mente no se las llamaba a comparecer
gendrar hijos legítimos, futuros ciuda­ en los tribunales, ni siquiera como
danos o a su vez futuras madres de ^ testigos, sino que las interrogaba
ciudadanos, dando así continuidad / aparte el magistrado responsable.
a la polis. El criterio de la doble i En la práctica, conocemos casos
ascendencia, que dibujaba la co- jm v7T J > » «
jurídicos relacionados con mu­
munidad política como una es- II jeres relevantes, como la sacer­
pede de lazo de sangre, conside- I dotisa del santuario de Deméter
raba a las mujeres atenienses « en Eleusis, que citó en un tri­
como esenciales en la definición » bunal al hierofante de los mis­
de los pertenecientes en sentido u terios eleusinos [N. del E.: el
pleno a la polis. Esto les atribuía ' sumo sacerdote de Eleusis e in-
una condición específica que las ha­ fl * \JF térprete de los misterios sagradosl,
cía respetables y protegidas por el Es­ quien en cierto sentido era su colega
tado: no podían ser objeto de violencia 8-SpF y rival. Se trata sin embargo de un epi-
pero tenían prohibido casarse con un extran- sodio aislado, que no tiene mucho que ver
jera. Tal reconocimiento social genera el uso del con la experiencia cotidiana de las atenienses
concepto politides (el femenino de polites) para designar comunes. En general, frente a la ley las mujeres eran
a las esposas de ciudadanos atenienses. El nombre subraya que consideradas sujetos jurídicos “menores” bajo la tutela del kyrios
estas mujeres participaban de la comunidad cívica (politeia) aunque de su propio oikos; generalmente el padre o, si este estaba muerto,
con derechos muy limitados, y en ella podían cubrir funciones un hermano o un tutor que este decidía. Podía por fin suceder
percibidas como apropiadas a su naturaleza y condición. que una mujer, al enviudar, se encontrara bajo la kyria de su
Menos de un siglo más tarde, el mismo tipo de cualificación propio hijo varón, si es que este era mayor de edad, o del tutor
aparece atestiguado en otros lugares periféricos del mundo griego de este si era menor. De hecho, ella no habría podido tener nunca
y, a través de Atenas, la condición de doble ascendencia para el la tutela de sus propios niños y, en el caso de tratarse de una
derecho de ciudadanía se difunde ampliamente, como afirma viuda con hijos pequeños, era incluso posible que fuera confiada
Aristóteles, ocasionando que esta particular condición de “ciuda­ a un tutor distinto del de estos.
danas” fuera en general reconocida en el mundo griego. Podríamos decir, en resumen, que todos los pasos legales
fundamentales en la vida de una mujer estaban en manos de los
La mujer como sujeto jurídico hombres que tenían su custodia. Cuando nacía la niña, corres­
La condición libre y el prestigio social de ser “ciudadana”, sin pondía al padre decidir si tenerla y criarla, acogiéndola en el
embargo, no suponían nada en relación a sus derechos civiles. En oikos, o bien rechazarla. Esto valía también para los hijos varones:
este campo, hay que admitir que nuestros conocimientos están los niños no aceptados por el padre, varones o hembras, eran
fuertemente condicionados por el caso de Atenas,.:: ’cjcs asesinados o “expuestos”, abandonados en el margen de una ca­
el mejor conocido. Sabemos, sin embargo, que para las mujeres rretera, donde alguien podría recogerlos. Solo en la ciudad de
áticas las limitaciones jurídicas eran más duras que en púas ciu­ Gortina, por lo que sabemos, la ley preveía que, en caso de di­
dades; no solo Esparta, de la que en realidad sabemos poco. Es vorcio, si el padre hubiera rechazado al niño, la madre podía de­
más visible la diferencia con Gortina, la antigua ciudad cretense cidir si criarlo o no. Y si no todos los hijos que nacían en una fa­
de la que conocemos su código ciudadano al completo, fechado milia eran queridos, sobre todo no lo eran las niñas. Cabe citar
en el siglo V a. C. y del que aprendemos que, aunque con derechos aquí una frase atribuida a Posidonio, autor que vivió en el siglo
limitados, las mujeres tenían cierta autonomía y podían disponer II/l a. C.: “Un hijo se cría siempre, aunque se sea pobre; una
de sí mismas y de su patrimonio. Las atenienses, sin embaigo, no hija, se expone aunque se sea rico”.
estaban en condiciones de gestionar su propia dote, y además una En cuanto al rito de paso más fundamental de la vida de una
antigua ley había prohibido a las mujeres ocuparse de las transac­ mujer, el matrimonio, no era un acto jurídico en el que los cón­
ciones económicas, excepto de aquellas de poco valor (Iseo, Sobre yuges se casaban el uno con el otro, sino la “entrega” de la
la sucesión de Aristarco, 10). Pese a ello, la vida real no fue siem- esposa (nymphé) al esposo por parte de su custodio legal en base
H . V\'<
r~ A idos
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fe Ifigenia

'% (Ifigenia enTáuride, Eurípides) Imbros
r. ¿—.— (Crimea)
p Ilion
^^^fródita Pomé
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o VJÁ (Hécuba, Eurípides)
Festival de las heteras Lemnos / TRÓADE
®Dodona //
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Festival de las heteras X
^^^Santuario oracular
Adramitio
LasTroyanas (Eurípides) Aso o
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Alcestis (Alcestis, Eurípides)
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(LasTraquinias, Sófocles) ^ L EP1CNEMIDIA Tesmoforias ^^^frodita Mitilena 8
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Cefalonia (Orestiada, Esquilo) k Juegos

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© ístmicos ATE NÁS^ Las Fenicias (Eurípides)
^^^rodita Hetera
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'i? (Electra, Sófocles/Euripides) Mégara ATICA ílo4 Las Bacantes (Eurípides)

Atenas ^^^rtemisa Efesia


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§) Antígona (Antígona, Sófocles)

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V^ IU Artemisa Hyntia O
® Éfeso
Heraia v \Nemea Braurón ^^^rtemisa Muniquia
i- Orcómeno 6 ■ >

^J^^eméter And ros Tauropolia


Micenas
^j^Atenea Alea Epidauro Tórico
Mantinea Argos o ^^fera Akraia Samos
/=•> (•) Tauropolia
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^^^Atenea Aegiría
Adonia

y, ,'Agameda
Medea
(Medea, Eurípides) Icaria 4h<
Heraion
1 Mileto
Prostitución sagrada &>
Sámicas
^^\rtemisa Hyntia
Fiestas del arado ^^^rtemisa Ortia Hermíone'

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—^Jssjgrta
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Prasia
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Paros
y, 1 Nicandra ® Aspasia
^^^temisa Pergaia
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Paros
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© Sinope — ^^^Atenea Skiras a
V1 j Mammarion, Hedeia, Nividipu
ÁJ Boidion
Danaides
(Las Suplicantes, EsquiL
^^^eméter
^^^rodita Pandamos Halicarnaso

Esquiforias ^^^frodita Cnidia


Adonia Amorgos
Ramnunte Tesmoforias

r
Eleusis i
ÁTICA uropolia
w Adonia

Lisístrata (Lisistrata, Aristófanes)


Heraion
Jj^^emétcr y Kore
•‘0

.
Principales santuarios con
mujeres sacerdotisas
Festivales panhelénicos sin
Epigrafía sagrada antigua
exclusión ae mujeres
Tesmoforias que menciona a personajes
Mégara
Atenas é Tesmoforias (Aristófanes)
Principales personajes
femeninos de la tragedia y
la comedia griega (la
femeninos (nombres)
Heteras y pornai
Braurón
é Praxágora
(Asambleístas, Aristófanes)
localización indica dónde
se ambienta la trama)
Obras teatrales con coros
fkfÁ) Festivales religiosos con
aportante participación de
•rauronia Atenea Polias femeninos
50 100 mujeres

misa
rauronia
Cibeles kilómetros
©
§ Otros ámbitos con un papel
destacado de las mujeres
hitos dionisiacos y mujeres
sugiere también el hecho de queTimodemos sostenga un cinturón que ofrece a su mujer. owxmmGoMMONs/ cc byzs/mawi-ianNojyin

a un acuerdo (engye) entre las familias de ambos para la promesa desprecio y debía llevar una vestimenta en la que se reconociera
de matrimonio y la asignación de una dote. Como acto jurídico, lo que había hecho. Si no se comportaba de forma consecuente,
por tanto, solo era válido en el caso de que la esposa hubiera cualquier ciudadano tenía derecho a castigarla, desgarrándole el
sido “entregada” por el hombre que tenía autoridad para hacerlo. vestido en público o golpeándola, sin llegar a matarla o lisiarla.
La “entrega” se realizaba con un apretón de manos y usando una La intención de esta práctica era la de humillar a la culpable, pri­
fórmula ritual que pronunciaba el padre o el kyrios: “te doy esta varla del respeto y la invulnerabilidad de la que había gozado
mujer para tener con ella hijos legítimos”. Este acuerdo prema­ como mujer, madre, hermana o concubina de un ciudadano. Un
trimonial era fundamental para la futura validez legal del matri­ rechazo social de este tipo en una cultura como la griega, en la
monio y su futura descendencia. En resumen, mientras que el que la medida del valor de una persona venía determinado por la
esposo era parte activa en el matrimonio, ya sea entendido este comunidad a la que pertenecía, constituía una especie de muerte
como acto jurídico o como la fiesta de celebración de este (ga­ civil y empujaba a la mujer implicada hacia lo más bajo de la so­
mos), en ningún momento de la ceremonia nupcial se pedía el ciedad, incluso hasta la prostitución o el suicidio.
consentimiento de la esposa, que incluso du-
¿""SgKggigUKgsg&m. rante la fiesta permanecía pasiva, discreta y Divorcio
El matrimonio comenzaba con la llegada de la esposa a casa de su
Con las nupcias, la mujer pasaba a la tutela del marido y concluía con su muerte o con el divorcio, que estaba pre­
esposo y su familia; el padre, no obstante, conser- visto en la ley pero que resultaba embarazoso en cuanto que com­
ífíill. y ÍsYlAV vaba el derecho a disolverlo eventualmente para portaba la violación de un juramento hecho ante los dioses. Ni la
//lllllli y 1\\\ dar a su hija a otro hombre. De hecho, el matri- mujer ni el marido eran sin embargo objeto de descrédito si termi­
¡31fp] P «í ír?! Ijv monio es siempre, en la Grecia arcaica y clásica, naba su matrimonio, aunque en la historia de la Atenas clásica se
un “asunto de hombres”: desde el intercambio conocen algunos divorcios con matices de carácter político que
í conyugal que en tiempos más antiguos había supusieron un escándalo, como los atribuidos a Alcibíades y sus
sellado los acuerdos entre grandes familias aris- familiares. Por otra parte, dada la naturaleza de acuerdo de intereses
Iwv tocráticas de varias ciudades griegas o extran- entre familias que suponía el matrimonio griego, su cese podía
( jeras, quizá con la perspectiva de una tiranía o causar hostilidad y venganzas entre las familias involucradas, aun­
í un poder real, hasta las alianzas entre ciuda­ que también conocemos divorcios consensuados.
j)
danos en las que la mujer esposada o entregada La disolución del matrimonio podía tener cuatro formas jurí­
en connubio servía para sustentar carreras po­ dicas según quién fuera el instigador. Si era el marido, se trataba
líticas, acuerdos patrimoniales o aspiraciones de apopemsis (repudio), el procedimiento más común; si era la
\r al éxito social. mujer, se recurría a la apoleipsis (disolución), pero si la acción
La pertenencia al oikos del marido, judicial era promovida por una heredera que deseaba divorciarse,
/,
como primero a la del padre, garantizaba a tomaba el nombre más genérico de los procedimientos legales de
A la mujer una protección jurídica además de epiclerato, epidikasia. Finalmente, también el padre de la mujer
t.J reconocimiento social. Se consideraba un casada tenía derecho a anular la boda de su hija con un hombre
!
deber de la mujer obedecer al marido y ser que su familia ya no considerara digno. En este caso, se trataba
fiel, cuidar del oikos de este y engendrar hi­ de un divorcio por aphairesis (sustracción), una fórmula que se
jos, pero la principal obligación moral y legal entendía como una posible tutela para las mujeres maltratadas
i . T- 'J
suya y de las otras mujeres del oikos (hijas, por sus maridos. Si esta no hallaba la fuerza o el coraje de recurrir
hermanas, esposas o concubinas), era abste- a la justicia, la ley consentía a sus parientes más cercanos el dere­
f nerse de contactos ilícitos con extraños y pre­ cho a intervenir.
servar el vínculo de fidelidad, garante de la Otra causa importante para la ruptura del matrimonio era, al
legitimidad de la prole. menos para la Atenas posterior a la segunda mitad del siglo V a.
C., la condición no ciudadana de la esposa. Si después de la boda
El adulterio el marido descubría que la mujer con la que se había casado no
El término “adulterio” (moicheia), por otra parte, refería no solo podía darle hijos ciudadanos -puesto que ella misma no era hija
a las relaciones adúlteras como tales, sino también en general a la de ciudadano- el matrimonio podía anularse y la mujer repudiada
seducción y la unión sexual con mujeres sometidas a la tutela ju­ sin poder recurrir a la justicia. En todo caso, los hijos nacidos de
rídica de un ciudadano, incluyendo a las concubinas. Se trataba un mattimonio, en caso de divorcio o en el de la muerte del cón­
en este caso de un tema grave, puesto que se entendía como un yuge, se quedaban en la casa paterna.
delito cometido contra el oikos, en cuanto a que ponía en peligro
la propagación legítima de la familia, fundamento social que la Propiedad y derechos hereditarios
polis sostenía y tutelaba. También desde el punto de vista civil y También los derechos hereditarios de las mujeres, como los de la
moral se trataba de un acto lesivo de los principios y valores que propiedad, variaban de ciudad en ciudad. En algunos casos, como
sustentaban a la comunidad cívica, puesto que representaba un Atenas, la parte de los bienes paternos se liquidaba con la dote de
daño grave hacia un ciudadano. la hija, mientras que en otros se asignaba una cuota hereditaria
La sanción impuesta a la mujer adúltera consistía en la expul­ (de distinto género de la que tocaba a los hermanos varones). En
sión del oikos y la exclusión de toda ceremonia pública, puesto el caso de que faltaran hijos varones y la mujer fuera la única he­
que se la consideraba “contaminada”. Se la señalaba así en público redera del padre, también las costumbres eran distintas. En Esparta
ARQUEOLOGÍA & HISTORIA 13
► ESCENA DE LIBACIÓN FRENTE A UN ALTAR conservada en el medallón de un kylix ático de fondo blanco
(co. 475-450 a. C.) atribuido pintor de Villa Giulia. Probablemente esté representando a una diosa más que
a una mujer corriente (puesto que sostiene un cetro), y es muy posible, dada la calidad de este tipo de /
vasos, que hubiera sido encargado directamente como ofrenda para un santuario, sin duda correspon­
diente a una divinidad femenina. Museo Metropolitano de Arte. ©waiMca* ccmmons^ cc by2.5/mari-lan ngu'w

y Gortina, la heredera (patrouchos; “la que posee los bienes pa­


ternos”), tenía derecho legal sobre el patrimonio de su padre, sin
restricciones. En Atenas, en cambio, se llamaba a la heredera epi-
kleros (literalmente, “la que ha sido unida al Meros”) y no era
considerada propietaria de los bienes sino simple intermediaria
legal para su transmisión a sus hijos varones. Los derechos de la
epiklera, en sustancia, eran los derechos del patrimonio hereditario,
no los suyos personales, y estaban garantizados por la ley y tute­
lados incluso si el padre había hecho testamento sin considerarlas.
En tales circunstancias, se procuraba dejar el patrimonio hereditario
en el propio núcleo familiar, dando la mujer en matrimonio al
próximo pariente masculino por parte de padre. El Estado inter­
venía en el proceso de asignación de la heredera a un esposo que
fuera reconocido como legítimo pretendiente a través de una ac­
ción legal. Las causas relativas eran consideradas de máxima im­
portancia, y era el único procedimiento judicial al que tenían ac­
ceso los jóvenes atenienses antes de la mayoría de edad. UVW

El papel de la mujer en el culto


Un espacio en el que el papel de la mujer era necesario y apreciado
y, en consecuencia, resultaba en una mayor visibilidad, era el del
espacio sacro. La religión griega implicaba prácticas cultuales
que impregnaban la vida cotidiana y en los que, tanto en el espacio
doméstico como en las distintas expresiones de la ritualidad fa­
miliar, la mujer estaba particularmente involucrada. Pero culto y
rito eran también parte integrante de la vida de la comunidad, que
en la dimensión religiosa oficial reflejaba su estructura y sus je­ neral, a todas las personas que entraban en contacto con lo sacro en
rarquías. Como se ha dicho, en este campo el componente feme­ la religión griega se les requería una especial atención a la pureza
nino de la sociedad resultaba complementario al masculino. Com­ ritual, con una vigilancia especial hacia el contacto con el naci­
plementario, naturalmente, no significa igual, y muchas veces ni miento, la muerte u otras expresiones de la corporeidad que afectaba
siquiera implicaba prácticas que realizaran ambos sexos de forma principalmente a las mujeres: a mayor razón, pues, esto era necesario
conjunta. Sin embargo, las festividades eran uno de los pocos para aquellos con responsabilidad en el servicio divino.
momentos en los que se permitía a las mujeres salir de casa sin
reproches para asistir a las grandes ceremonias en honor a los
dioses o para tomar parte activa en ellas. BIBLIOGRAFÍA
Bernard, N. (2011): Donne e societa nella Greda antica. Roma:
En la religiosidad cívica, la implicación de hombres y mujeres
Carocci.
no dependía de sus preferencias de fe personales, sino esencialmente
Brulé, P. (2001): Les femmes grecques a l'époque dassique. París:
de los roles y expectativas sociales ligadas a su género, de un lado,
Hachette Littératures.
y a la clase social a la que pertenecen, del otro. Por razones relacio­
Dillon, M. (2002): Girls and Women in Classical Greek Religión.
nadas con la figura divina o con la práctica cultual, el servicio de
London - New York: Routledge.
algunas divinidades honradas por el Estado podía requerir que Hawley, R.; Levick, B. (2004): Women in Antiquity: New assessments.
fueran las mujeres quienes lo desempeñaran. Estas eran escogidas London-NewYork: Routledge.
como parte de la comunidad, como hijas o mujeres de ciudadanos Schmitt-Pantel, R (1984): "La différence des sexes: histoire,
y, en tal sentido, fuera cual fuese el sacerdocio o la función sacra anthropologie et cité grecque" en Perrot, M. (ed.): Une histoire
encomendada, se trataba d;* un encargo público, y como tal era des femmes: est-ellepossible? París, pp. 98-119.
percibido. La selección se ivrelación con Us$ •■íxvv-r.íS-js
tradicionales de aquel cuíV* ' . c vY.-.r.»:; nc-rn *2 ^ H Bibliografía completa en www.despertaferro-edidones.com
origen de la candidata ten Ye • v 1 * : •
contaba, puesto que el ejerció- ¡ - : '
Flavia Frisone es profesora de Historia Griega en la
materiales o económicas, pe: • c • ‘.v.-• a • Y -;: :
Universitá del Salento, en Lecce, donde también
que la familia de la mujer en cuestión o ¡Ya »tic trabaja en el Departamento de Bienes Culturales y
las mujeres llamadas al servicio divino duraba, en ge.uv •, .» pe­ enseña en la Escuela de Especialización en Arqueología
riodo de tiempo determinado, y no precisaba de una dedicación de Clásica. Su principal campo de investigación es la
por vida a la divinidad: si estaban casadas, continuaban estándolo, Grecia arcaica y clásica, con particular atención a los rituales, sobre los
si se trataba de jóvenes vírgenes, una vez finalizado el periodo que ha publicado la monografía Leggie regolamenti funerarí nel mondo
podían pensar en el matrimonio. Eventuales limitaciones de com­ greco (Le fonti epigrafiche, 2000) así como numerosos artículos y
portamiento-como tabús alimentarios, vestimentas especiales, abs­ ensayos. Es especialista en la colonización griega en la Italia meridional y
tinencia sexual - dependían también de cada tipo de culto. En ge­ Sicilia y en la interacción cultural en el Mediterráneo antiguo.
Carmen Sánchez Fernández - Universidad Autónoma de Madrid

La imagen de la mujer
en la Grecia antigua
La antigua Atenas fue durante las épocas arcaica y clásica
una ciudad llena de imágenes: esculturas arquitectónicas,
estatuas exentas, cerámicas figuradas, pinturas... rodeaban
a los habitantes de Atenas por todas partes, en las bodas, en
los funerales, en los banquetes; todos los días, tanto en los
espacios públicos como en los privados. Ninguna ciudad de la
Antigüedad debió de estar tan repleta de imágenes. El mundo
antiguo en general no exponía a los hombres con esa
intensidad a tal variedad visual. Queremos asomarnos aquí, en
estas pocas líneas, a la construcción de las representaciones de
mujeres en las abundantes imágenes de la Grecia antigua en
general, y de Atenas en particular.

ue la construcción de la imagen de lo femenino en la altas cotas artísticas, políticas, filosóficas, matemáticas, etc.,
I I Grecia antigua es obra y justificación del pensamiento imaginó también a la mayoría de sus monstruos, como las
del varón es algo ya señalado y conocido. La opinión gorgonas, las furias, las sirenas o las arpías como seres feme­
era masculina y la mujer debía limitarse a su papel inferior en ninos, mientras que todos sus héroes -herencia que comparte
la sociedad, que en Atenas era la de eterna menor bajo la tutela Occidente- son masculinos. Es conveniente que el hombre
siempre de un hombre. Valores como la prudencia, la vergüenza, se aleje de la fascinación que producen las mujeres, peligrosas
la sumisión o la discreción han de ser los que acompañen a la como el canto de sirenas. La vista del cuerpo desnudo de una
mujer honrada. La virtud de la mujer se expresa en el lugar al diosa puede conducir a la muerte a jóvenes inocentes como
que pertenece, el oikos, el hogar, el interior, el gineceo. Para Acteón o producir la ceguera a Tiresias. Una sola mujer puede
los pintores, ceramistas y probablemente escultores, la mujer llevar a la ruina a ciudades enteras, como la Helena de la
tiene la piel clara. Con color blanco se recubre su carne que se Guerra de Troya y todos los males de la humanidad proceden
oculta de la actividad y del sol, al contrario de los morenos de la perversa curiosidad de una de ellas: Pandora, la Eva de
cuerpos de los hombres “de piel broncínea” que se ejercitan al los griegos, la primera de todas las mujeres, que abrió la caja
aire libre. Los hombres son activos y las imágenes nos muestran a pesar del sagrado aviso.
a los varones dedicados a la guerra, a la caza, al combate, al Los griegos creían que la desbordante sexualidad femenina
deporte en la palestra. Las “pasivas” mujeres quedan al cuidado debía mantenerse a raya. Las mujeres deben estar siempre bajo
del hogar y pasan el día tejiendo. Tejer es la actividad principal
de toda buena mujer, en ella se expresa su competencia, su
valía y su virtud, como hace la más honrada y modélica de las
esposas, Penélope.
m. La futura esposa, nos dice en el Económico Jenofonte “debía
ver y oír el menor número de cosas posibles, hacer muy pocas
. preguntas” (VI 1.5-6). Esta es la imagen que vemos en el detalle
Sjp - de un estamno del pintor de Cleofón. La escena completa es la
!.V
«).%•,;de un guerrero que parte al combate y ella, la joven esposa, se
|||¿tanos muestra ante el marido con la mirada baja, recatada, some-
BpfMda. mientras se levanta el extremo de su manto en un gesto
p^lñmbiguo, para taparse o descubrirse el rostro, gesto que hace
y-rí "-" reconocibles a las novias y que revela su aidós, su vergüenza.
El pelo está decorosamente recogido, como Dios manda. En
muchas imágenes las mujeres lo esconden bajo un gorro o sak-
kós que oculta completamente el cabello y que es propio y con­
veniente a la apariencia de una mujer honrada.
Esposas, hermanas y madres han de tener este aspecto re­
catado y sobrio. Así lo encontramos en las imágenes produci­
das fundamentalmente en Atenas entre los siglos VI y IV a. C.
Pero la cultura griega que alcanzó en este momento las más !Y '
ARQUEOLOGÍA & HISTORIA 15
◄ Detalle de un ESTAMNO DE FIGURAS ROJAS del pintor de Cleofón, mostrando una escena de DESPEDIDA DEL GUERRERO y fechado en
torno al 430 a. C. Staatliche Antikensammlungen, Múnich.
▼ INTERIOR DE UNA COPA de figuras rojas del Metropolitan Museum de New York, atribuida al PINTOR DE BOLONIA 417 y fechada ca. 460 a. C.

la tutela y la mirada masculinas y hay que restringir todo lo po­ nienses, a la cabeza de la procesión, no se atreven a mirar de
sible sus actividades al interior del hogar. Hay que evitar que frente, ni siquiera hablan entre sí, marchan despacio, sumisas y
se desarrolle y se muestre su verdadera naturaleza incivilizada obedientes, mientras reciben quizá indicaciones de los varones
y salvaje: es necesario domesticarlas. Lo femenino resulta para frente a ellas. Esta es la imagen paradigma que se elige en el
los varones griegos que no comparten actividad alguna con la Partenón de lo femenino, momentos antes de que el espectador
mujer, algo desconocido, inquietante y también intercambiable de la Atenas de Pericles contemplara, tras las puertas abiertas
y genérico. del edificio (crisoelefantinas se piensa ahora) la gigantesca
imagen de Atenea de 12 m de altura de oro y marfil que ofrece
La imagen pública una Niké (una Victoria) a los atenienses -hombres-
Ahora veremos cómo nos muestran las imágenes a con la mano derecha. En la basa de la estatua, a
las mujeres. Es necesario delimitar bien -en los v la altura de la mirada del espectador, Fidias
estudios iconográficos- si estamos anali eligió representar el nacimiento de Pandora,
zando, por ejemplo, una imagen pública, la primera mujer, la madre de la estirpe
expuesta a la mirada de todos en santua­ §|^ de las mujeres, que trajo la desgracia a
rios, ágoras o necrópolis; o una privada, los hombres. Las mujeres del Partenón
habitualmente representada sobre vasos, son ejemplares hembras domesticadas,
pensada y fabricada para el espacio par­ pero la naturaleza femenina siempre
ticular del oikos, del andrón, del gineceo es un peligro que puede llevar a los
o de la tumba individual. Ambas catego­ hombres al abismo, conviene avisar...
rías no comparten la misma agenda.
En el principal monumento mandado N\|p La educación femenina
construir por Pericles en época clásica, el Contrasta esta representación oficial y pú­
Partenón, se elige en el friso que rodea toda la blica con la del interior de una copa del Me­
celia con la procesión quizá panatenaica el final tropolitan de Nueva York unos años más anti­
de la marcha encabezada por mujeres. En esta laja del gua. Aquí, una mujer conduce a otra que se resiste a
Louvre las mujeres avanzan en fila india, comm’il faut, con los seguirla, y echa el cuerpo hacia atrás. La primera lleva el ca­
objetos para el sacrificio que muchas veces podrían ir pintados bello cubierto con el sakkós y gesticula queriendo convencer
pero del que reconocemos aquí algunos en bajorrelieve, como a la joven de lo conveniente que es seguir la marcha. Agarra
la fíala (cuenco para libar) que lleva la segunda mujer desde la a la muchacha por la muñeca, en un gesto de dominación ca­
derecha. Ellas caminan en silencio, pudorosamente cabizbajas, racterístico, la “mano en muñeca”; así es como el novio con­
lo que contrasta vivamente con el resto de las figuras del friso, duce a la novia a su nueva casa. Nuestra joven muchacha
donde abundan los hombres charlando en actitudes relajadas. lleva una caja, un díptico de tablillas de cera, donde claramente
Estas mujeres, prototipo de esposas-madres-hermanas, son muy se aprecia el estilete o punzón para escribir, sujeto con corde­
similares a la del estamno del pintor de Cleofón que hemos les. Por la similitud con las escenas de protagonistas mascu­
visto antes. . linos, esta imagen, que es un caso único, se ha interpretado
Es cosa de mujeres tanto despedir a los hombres que salen como una niña que va a la escuela. Esta, igual que ocurre en
para la guerra como ocuparse de los objetos necesarios para el las muchas escenas con personajes masculinos, no quiere ir
sacrificio, o preparar al muerto para su tumba. Aquí las ate- al colegio y se resiste, mientras la “pedagoga” la obliga a se­
guir con gestos y palabras.
¿Estamos ante una imagen “real”, de las que -no sin cierta
torpeza- se identifican como “de vida cotidiana”? ¿Quiere
decir esto que las mujeres atenienses iban a la escuela como
los varones? ¿Cómo se lee esta imagen? Como el interior, el
exterior de la copa repite escenas que son reflejo de las mas-
'0$* culinas escenas de educación o paideia: tres parejas de chicas
¡u^>cónversando animadamente mientras de la imaginaria pared
él fondo cuelgan cintas, cajas de escritura o sandalias. En
tfcós vasos encontramos a veces mujeres leyendo. Podríamos
aponer que estamos ante una escena de educación femenina
e^ícorrio ya hemos dicho, las mujeres honradas no parece
^e^e educaran ¿más allá de los confines del oikos y por su-
|l|és|o,;no iban a la escuela. Solo existe una categoría de mu-
p°dían recibir clases fuera del gineceo: las heteras o
cprteámas. La chica que no quiere ir al colegio está dibujada
$$ él iptérlor de una gran copa de más de 36 cm de diámetro,
■f Estos 'Vasos se usaban para beber en común durante el ban­
quete, una actividad que en Atenas era exclusivamente mas-
culina. Es muy posible que en está copa excepcional las imá­
genes despertaran en los simposíacas una sonrisa y fueran
16 ARQUEOLOGÍA fr HISTORIA C2

► CRÁTERA DE CAMPANA de figuras rojas de la tumba 43 de Baza. Museo Arqueológico Nacional,


Madrid (ca. 350 a. C). jcarmwsancho

motivo de conversación. Nuestra copa se puede quizá inter­ Las amazo- [


pretar como la parodia de una escena de educación masculina, ñas pertenecen a
una imagen que juega con la ambigüedad, muy apta para el un lugar que se si­
banquete. tuaba en los márgenes 1
sociales y geográficos del ^
Mujeres en el simposio mundo griego, liminal y
En la copa de Olios del Museo Arqueológico Nacional dos mu­ fronterizo, contrario e in­
jeres desnudas están bebiendo de estas típicas copas de dos verso a la polis donde las que
asas propias del simposio. Una de ellas le ofrece uno de estos mandan, viven en el exterior y
vasos que agarra por el asa a su compañera. Las copas tienen salen a combatir son estas terribles
dos asas precisamente por esta razón, porque la bebida civilizada mujeres guerreras que llegan incluso
se concibe como algo compartido entre varios, para beber se a invadir Atenas en época de Teseo,
agarra la copa por el pie. La bebida en solitario es propia de lo que se representa en el Partenón.
seres salvajes como sátiros o centauros. Estas dos mujeres están En las imágenes, las amazonas con- I
recostadas como si fueran hombres en el banquete. La mujer servan siempre los dos pechos, van
de la derecha, con el cabello suelto, sujeta también otro vaso armadas como los soldados de infan-
del que va a beber, un escifo con la mano izquierda. De sus la­ tería, los hoplitas, y se las representa con la
bios brotan las palabras que se deben leer al revés tal y como carnación blanca. Es una iconografía muy popular sobre lodo
salen de su boca: "Bebe tú también”. Su compañera, tocada en época arcaica. En el siglo V a. C. aparecen muchas veces
con sakkós, toca la doble flauta o aulós. Se trata de heteras, como persas, asimilándose a este enemigo oriental, probable­
cortesanas que acompañaban y entretenían a los varones en la mente desde la pintura de Micón de la stoá Pécile del ágora de
segunda parte del banquete, el symposion, cuando se retiraba Atenas, asociada a la batalla de Maratón. Por esa razón estas
la comida y se bebía, cantaba, charlaba o jugaba. Es en este se­ mujeres salvajes se esculpen o dibujan con vestiduras o tocados
gundo momento cuando se puede dejar entrar a estas mujeres orientales. Así lo encontramos en una crátera de campana del
que bailaban o tocaban el aulós, un instrumento que requiere Museo Arqueológico Nacional procedente de una tumba de la
un gran esfuerzo para sacar sonido y que inventó y después re­ necrópolis granadina de Baza de hacia mediados del siglo IV
chazó Atenea al ver su rostro deformado y sus carrillos hincha­ a. C. Aquí cada amazona lucha contra un griego que se repre­
dos. Un mito que quizá esconde el hecho de que el aulós no es senta perdedor y un tanto avergonzado, escondiendo el rostro
apropiado para mujeres nobles. bajo el escudo. Este vaso refleja el espíritu de la Atenas de
esta época, muy distinto de aquél de los orgullosos atenienses
Mujeres al margen de lo cotidiano que heredaron la victoria sobre los persas y la reflejaron en el
Paso a considerar otras imágenes muy distintas. Son mujeres Partenón.
que muestran su verdadera naturaleza. Mujeres no educadas ni Las ménades o bacantes son simplemente mujeres. Son
domesticadas por varones o que han escapado al control mas­ esposas y madres que salen de la ciudad para formar parte
culino. Amazonas y ménades son muy frecuentes en las repre­ del cortejo de Dioniso, o tíaso. En él participan estas mujeres
sentaciones de cerámica ática en época arcaica y clásica, en locas o ménades cuya naturaleza física no se transforma y !
imágenes privadas, pero además las primeras encontraron un los sátiros, el componente masculino, que tienen cola y orejas
lugar en la imagen pública; por ejemplo, las vemos en las me- equinas. Lo masculino que es por naturaleza civilizado, ha
topas occidentales del Partenón. de transformarse para ser salvaje, lo femenino no lo necesita.

v COPA DE OLTOS procedente de Vulci, Italia, {ca. 510 a. C.) Museo Arqueológico Nacional, Madrid. ©CarmínSánchez !
ARQUEOLOGÍA & HISTORIA 17

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I a La llamada COPA BOROWSKI, una copa ática de figuras rojas con una escena que representa a un grupo de ménades y sátiros ante la pre­
sencia de Dioniso. Primer cuarto del siglo V a. C.

En la copa Borowski de principios de! siglo V a. \.\ vemos manos desnudas, probablemente a Perneo, el rey de Tebas,
al dios bebiendo de su kánthjrcc que puede a • • >j según la historia que nos cuenta Eurípides en Las Bacantes.
puro, sin mezclar, miemos sos;i£!i« una ruma hia: -• Dos de ellas, con pieles sobre los hombros, sujetan el torso
gira la cabeza para mirar a un sátiro <;u:' r-vY.* La aún con cabeza, a la izquierda otra lleva la pantorrilla. Mien­
hiedra y la vid son las plantas del dios. una fr-V: • \- • :«da tras, en la otra cara, ante la presencia del dios, mujeres dan­
pero ambas en continua transformación y movimiento, que zantes llevan los muslos y la otra pantorrilla del desgraciado,
! definen en parte a este complejo dios, vinculado ai ¡eatro. de la que sobresale el hueso. Aunque es un secreto bien
En la otra cara, a la derecha de la imagen, otro sátiro con el guardado lo que hagan las mujeres durante el rito dionisíaco
rostro de frente nos mira asombrado, como encerrado tras (secreto que quiso descubrir Perneo), forma parte importante
un invisible cristal. Su asombro es comprensible, ya que las del ritual la repetitiva música del aulós y de tímpanos y cró­
ménades, alguna de ellas aún con el sakkós puesto, otras ya talos, el baile extático, el sexo y el vino... todo conduce al
desmelenadas, están descuartizando a un hombre con sus trance. Las ménades se salen de sí mismas para ser poseídas
Nacional,

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resenta en el Partenón.
íes, las amazonas con-
re los dos pechos, van
o los soldados de infan-
itas, y se las representa con la
18 ARQUEOLOGÍA & HISTORIA
◄ Copia romana de la escultura de la AFRODITA DE CNIDO de Praxiteles (ca 330-320 a. C.) del Palazzo Altemps, que in­
■;

cluye algunas partes restauradas en el siglo XVI. oWiw»fn|coM.voNs/mam-un nguven

por el dios; pueden llegar a amamantar estatua de culto. El recinto donde se guardaba era una thólos,
fieras salvajes, a tener una fuerza so­ un espacio circular. La imagen de la mujer se encierra, perte-
brehumana que les hace capaces de nece a lo íntimo y lo umbrío, se recluye en un círculo que se
arrancar árboles de cuajo o de descuartizar relaciona con el hogar, con el oikos al que pertenece y se nos
un cuerpo humano. muestra en una acción personal e íntima, alejada de la mirada
del hombre: el baño. ¡Qué diferente de la imagen del varón
El ideal de belleza femenino cuyo cuerpo desnudo se exponía a la mirada pública desde
\ Quizá donde mejor observamos hacía siglos! Contemplar esta estatua podía suponer un peli­
esta contraposición entre mas­ gro. Muchos viajaban hasta Cnido para verla, algunos no po­
culino y femenino es en dían contenerse y la besaban, otros lloraban de emoción. Un
el tratamiento del joven se enamoró perdidamente de la estatua y un día “cuando
cuerpo. Mientras el del ya se había puesto el sol, se deslizó en silencio sin que le
varón era cotidiana­ vieran los presentes y se ocultó en el interior del templo”
mente ofrecido a la vista (Luciano, Erotes, 14-16). En el mármol quedó la huella de la
y no solo en esculturas, re­ pasión del muchacho que se suicidó al día siguiente arroján­
lieves o pinturas, sino en la dose al mar. Es el triunfo del artista que representó a la diosa
vida cotidiana, donde los del amor con tal perfección que podía llegar a provocarlo.
muchachos se ejercitaban Se decía que esta estatua era mejor verla en grupo que en
¡\ desnudos en la palestra o privado.
fe caminaban por la calle con A partir de esta famosa obra surgen una serie de Afroditas
1® una clámide que se abría en el helenismo que se extienden por todo el mundo griego,
: I a en el costado, o exhibían muchas sorprendidas en el baño. Suelen ser imágenes de
® * el cuerpo desnudo en las Venus desvestidas que se tapan, púdicas, ante el indiscreto
| competiciones atléticas, espectador. Pero no son imágenes exuberantes de sexualidad,
| el cuerpo femenino con­ al contrario, los pechos pequeños y el pubis depilado nos
serva toda la fuerza de transmiten la tranquilidad de un sexo infantil, inofensivo.
lo oculto, de la prohibi­ Como en el desnudo del varón, de imposibles genitales infan­
ción. tiles, la imagen del cuerpo desnudo omite o minimiza lo que
El desnudo del puede resultar hostil. Los órganos sexuales infantiles en cuer­
cuerpo de la mujer pos adultos de hombres o mujeres permiten que los asumamos
ofrecido a la mirada fácilmente como imagen pública.
pública tarda mucho Y así los griegos crearon el desnudo público, una curiosa,
en aparecer en el arte extraordinaria y asombrosa invención que algunos han su­
griego. El primer des­ puesto que es el legado más importante que nos ha dejado la
nudo masculino se Antigüedad.
puede remontar al
origen mismo de la
escultura griega, ha­ BIBLIOGRAFÍA
cia finales del siglo Cantarella, E. (1991): Lo calamidad ambigua. Madrid: Clásicas.
VIII a. C. y du- Domínguez Arranz, A. (ed.) (2010): Mujeres en la Antigüedad
________ rante el siglo VI Clásica. Género, podery conflicto. Madrid: Sílex.
|------- Br J 3. C los cuerpos Iriarte, A. (2002): De Amazonas a Ciudadanas. Pretexto
desnudos de los ginecocrático y patriarcado en la Grecia antigua. Madrid: Akal.
Mossé, C. (1990): La mujer en la Grecia clásica. Madrid: Nerea.
kouroi o muchachos
Picazo, M. (2008): Alguien se acordará de nosotras. Mujeres en la
se exhiben en santuarios y necrópolis por toda Grecia, pero
ciudad griega antigua. Barcelona: Bellaterra.
la exposición del cuerpo de la mujer llegará por primera vez
Sánchez, C. (2015): La invención del cuerpo. Arte y erotismo en el
después de mediados del siglo IV a. C. con la célebre estatua
mundo clásico. Madrid: Símela.
de Afrodita que compraron los habitantes de Cnido a Praxí-
Squire, M. (2011): The Art of the Body. Antiquity and its Legacy.
teles, que se convirtió en una de las imágenes de culto más London-NewYork:Tauris.
célebres de la Antigüedad. La imagen de la diosa, al contrario
de lo que ocurría con las esculturas masculinas es contingen­ = Bibliografía completa en www.despertaferro-ediciones.com
cia, anécdota, narración. El espectador la sorprende en el
baño, convirtiéndose en afortunado voyeur. Quizá el éxito
de esta imagen de la diosa del amor se explique en parte por­ Carmen Sánchez Fernández es profesora de Arte
que entra en juego la invasión de la privacidad. Esta, sor­ Antiguo en el Departamento de Historia y Teoría del
prendida, intenta taparse sin mucha convicción. La mirada Arte de la Universidad Autónoma de Madrid. Ha
publicado numerosos artículos y libros sobre
masculina erotizada necesita más que contemplar simple­
cerámica griega y estudios de la imagen en la
mente un cuerpo desnudo, ver uno desvestido. La diosa nos
Grecia antigua, y ha dirigido varios proyectos de investigación
mira y sonríe levemente. La Afrodita de Praxiteles era una
sobre cerámica ática en el mundo ibérico.
Adolfo J. Domínguez Monedero
Universidad Autónoma de Madrid

La mujer en
Atenas y Esparta
1 En el 411 a.C. se representó en Atenas, durante las
fiestas Leneas, la comedia de Aristófanes Lisístrata, en
medio de la Guerra del Peloponeso que, con treguas
incluidas, duraba ya veinte años. La protagonista
ateniense trama con sus amigas realizar una huelga
de sexo para convencer a sus esposos de que tienen
que poner fin al conflicto y acordar la paz con los
espartanos. Para darle más fuerza al plan, acuden
también otras mujeres de los otros puntos en guerra
con Atenas, Corinto, Beoda y Esparta. Cuando llega la
espartana Lampito, Lisístrata le dedica las siguientes
palabras:"Aquí tenemos a Lampito. Querida laconia,
¿cómo estás? Cómo resplandece tu belleza, querida.
Qué buen color, qué rozagante está tu cuerpo.
Ahogarías a un toro". A lo cual, la espartana, halagada,
asiente:"Eso creo, por los dos dioses. Es que hago
! gimnasia y salto hasta darme con el pie en el trasero"
¡ (78-81; trad. de F. Rodríguez, Editora Nacional, 1975).
i

la mujeres, ya sean atenienses o espartanas, no es más que


una manera de hablar, ya que solo los varones tenían acceso
a este estatus privilegiado. Es una forma de referirnos a
jj las mujeres hijas, esposas y, en su momento, madres de
ciudadanos. De todas las situaciones posibles para las mu­
jeres en el mundo griego, ellas eran las que gozaban de la
mejor, al menos en teoría.
Otro problema, y no menor, viene dado del hecho de que
las informaciones que poseemos han sido generadas desde la

L
a comedia está escrita por un ateniense y está destinada perspectiva masculina y, por ello mismo, la imagen que dan de
al público ateniense, pero es interesante por ello mismo las mujeres corresponde a las percepciones, creencias, visiones,
observar qué imagen se tenía en la Atenas clásica de la intuiciones o tópicos masculinos sobre ellas, lo que complica
mujer espartana: fuerte, de buen color, atlética y bien formada aún más nuestra aproximación al tema. No obstante, intentare­
por practicar el ejercicio físico. Ello contrasta con la imagen mos presentar los datos de que disponemos e interpretarlos del
que el mismo autor da de la vida habitual de la mujer ateniense, modo más adecuado.
preocupada por su vestido y adorno personal y por agradar a su
marido, y de piel blanquísima como corresponde a alguien que Atenas
no tiene una actividad física al aire libre. Sin duda, como casi La situación de las mujeres atenienses era, en todo caso, desde
todo lo que encontramos en la comedia, hay una visión muy el punto de vista del ejercicio de derechos, bastante precaria.
estereotipada y cargada de tópicos, pero no perdamos de vista No disponían de autonomía personal ni podían actuar con libei-
que, en muchas ocasiones, el tópico es la primera forma de tad, puesto que la misma estaba coartada por su dependencia de
aproximarse a la realidad y categorizarla. un varón, que actuaba como su amo o dueño (kyrios, en griego ■:
Hablar de la mujer ateniense y de la espartana es en cierto en primer lugar su padre y, cuando este la entregaba en man -
modo una temeridad, puesto que al igual que en el mundo de monio, su esposo. Incluso el hijo, en caso de fallecimiento d i
los varones, las diferencias pueden ser tremendas entre unos padre, se convertía en el dueño del destino de su madre. Acaba­
casos y otros dependiendo del estatus y posición, de la riqueza mos de apuntar otro dato acerca de la situación de la mujer
o de cualquier otra circunstancia. Por consiguiente, y teniendo sobie el que conviene insistir: el matrimonio, que era considerado
en cuenta también el tipo de información del que disponemos, el estado natural de la mujer. A partir de alcanzar la edad núbil,
habrá que limitar el análisis a la mujer “ciudadana”, bien en­ era un asunto que afectaba sobre todo al padre, que era quien
tendido que utilizar el concepto de ciudadanía para referirse a concertaba con otro varón el matrimonio inmediato o futuro de
ARQUEOLOGÍA & HISTORIA 21

◄ La inscripción de esta estela funeraria menciona que esta JOVEN NIÑA ATENIENSE, de nombre MNESAGORA, es la hermana de Nikochares,
el niño pequeño al que enseña un pájaro sosteniéndolo por sus alas. De no ser por ello, podría haberse interpretado como una jovencísima
madre, lo que no era del todo extraño en la época. Ciertos detalles de la leyenda son controvertidos, y algunos autores han sugerido que la
estela correspondía a un cenotafio y que ambos hermanos perecieron en algún accidente -quizá un naufragio o un incendio- sin que sus
cuerpos pudieran ser recuperados. Museo Arqueológico Nacional de Atenas. owwvídiaCcwaons/juuion

su hija. Era frecuente que los matrimonios, aunque a veces de­ cierne como para romper un matrimonio. En cualquier caso,
cididos cuando la futura contrayente era aún una niña, se cele­ cualquier hijo nacido de una unión no reglamentada era consi­
braran muy pronto; los catorce años no eran una fecha demasiado derado bastardo (nothos) y no tenía acceso, por lo tanto, ni a los
temprana para que una mujer se sometiese a los ritos matrimo­ derechos ni a las propiedades de su padre.
niales, aunque a veces se esperaba uno o dos años más para ce­ Una antiquísima ley que se atribuía a Dracón, el legislador
lebrarlos. A edades entre los trece y los quince, pues, buena ateniense que habría establecido el primer código legislativo de
parte de las jóvenes atenienses contraían matrimonio con hom­ Atenas en el último cuarto del s. VII a. C., no contemplaba
bres que, por lo general, les doblaban la edad. La novia iba penas para el hombre que diese muerte a otro varón sorprendido
acompañada de una dote, generalmente consistente en bienes y yaciendo con su esposa, su madre, su hermana o su hija. Es bas­
dinero e incluso tierras -en ocasiones-, que por supuesto no ad­ tante probable, sin embargo, que en plena época clásica nadie
ministraba ella sino su esposo y que, en caso de divorcio, le recurriese al homicidio por este motivo, aunque ello sí era causa
eran devueltas, junto con la esposa rechazada, al padre. Al suficiente para retomar a la esposa a la familia de la que procedía;
menos, la mujer tenía derecho a solicitar el divorcio. En caso de su comportamiento recibía además un severo reproche público,
que el matrimonio no se rompiese, esa dote formaba parte de la
herencia que recibirían los hijos. En Atenas las mujeres no solían
ser herederas directas de las tierras de sus padres; solo
en determinadas ocasiones, sobre todo si el padre fa­
llecía sin herederos varones, la mujer, se convertía
en epikleros (“heredera”) aunque ese estatus era solo
temporal, puesto que servía de requisito legal para
que la propiedad de su padre pasase, mediante el
matrimonio con su pariente más próximo disponible,
a los hijos habidos de esa unión, que se convenían en
herederos legítimos del oikos de su abuelo.
En una sociedad patriarcal como la griega en ge­
neral y la ateniense en particular, el papel que desem­
peñaba la mujer dentro del matrimonio era generar y
criar futuros ciudadanos, perpetuando así la familia
de su esposo y, en menor medida, la de su padre; por
este motivo, la sociedad y el propio marido vigilaban
estrechamente el comportamiento sexual de la mujer,
habiendo una clara diferencia entre la posibilidad de
tener relaciones ajenas al matrimonio dependiendo de
si quien las mantenía era el hombre o la mujer. En el
caso de esta última, el realizar el acto sexual con cual­
quier otro hombre era considerado adulterio; en el
caso del hombre, era permisible o tolerable que pudiera
practicar sexo con prostitutas o cortesanas sin que ello
se considerase adulterio ni, por supuesto, causa sufi-

► Las ESTELAS FUNERARIAS ÁTICAS contienen numero­


sas representaciones de MUJERES ATENIENSES o natu­
rales de otras poblaciones cercanas. Aunque se conocen
ejemplos del siglo V a. C, es a partir de comienzos del
siglo IV a. C. cuando so hacen más abundantes. Casos
como este pudieron s*:- realizados por encargo o bien
adquiridos directamente sobre piezas prefabricadas aña­
diendo una inscripc ún personalizada, puesto que en
muchas ocasiones se repiten algunos modelos con fór­
mulas iconográficas estandarizadas. Siendo así, los ras­
gos que vemos en ios personajes no corresponderían
con sus rasgos reales, y estos solo podrían identificarse
mediante el texto de la inscripción. La de la imagen co­
rresponde a la típica escena de despedida de un ser que­
rido, en este caso Euandria, madre y esposa. Su marido,
Traseas, le sostiene la mano, pero es la hija de estos la que
! realiza un gesto típico de lamento, como es habitual en
la sociedad ateniense, en la que solo las mujeres ofrecen
muestras de dolor públicamente. Pergamon Museum,
Berlín, o wiwmedía comvons / cc by-sa 2.5 / hahaha
La peculiar organización de la sociedad espartana, estructurada por y para la polis y dando prioridad al
buen funcionamiento de esta por encima de cualquier interés partidista o individual, se atribuye tradi­
cionalmente a Licurgo, aunque generalmente se ha sobredimensionado su alcance y capacidades. Cono­
cemos especialmente las prácticas de la élite y de los sectores más beneficiados en cuanto a su educación
y formación a cargo del Estado (agogé), siempre a partir de una información bastante sesgada y algo
tardía. Una de las prácticas a priori más chocantes es sin duda la de los ritos de paso relacionados con la
BODA EN ESPARTA, que hunden sus raíces en una tradición de época arcaica o incluso anterior, y que
probablemente haya que interpretar más de forma simbólica que práctica. Según Plutarco (Licurgo, XXII.2),
se simulaba un rapto:“[...l A la raptada la recibía la que se llama nympheútria y le rapaba la cabeza, y tras
ataviarla con un manto de hombre y unas sandalias, le hacía reclinarse sobre una.yacija de paja sola, sin
luz. El novio, no borracho ni cansado sino sobrio [...] nada más entrar le afloja el cinturón y la traslada en
brazos a la cama. Después de pasar con ella algún tiempo, no mucho, se iba con cautela para dormir juntp
a los demás jóvenes a donde antes solía hacerlo" (trad. A. Pérez, BBG, 2001). Si hemos de creer el relato, se
trataría de un rito de paso para la mujer, pero no así para el hombre, que hasta que alcanzaba la ciudadanía
plena a los treinta años vivía con otros compañeros fuera del hogar familiar y acostumbraba a mantener
relaciones homosexuales con los chicos jóvenes de entre catorce y dieciséis años (que iban rapados y ves­
tidos de ese modo) de los que ejercía como tutor responsable. Probablemente la razón de esta práctica
con las mujeres sea la de justificar de forma simbólica que, aun casándose, no se interrumpe la educación
en grupo y no se ponen en peligro los valores de la agogé. cbkogan álvmo

puesto que se le prohibía volver a participar en los cultos de la modados atenienses. Su vida, dentro de la casa, se llenaba áten­
polis, y alguno de ellos era especialmente relevante, como las diendo a los hijos, supervisando el trabajo de las sirvientas y
Tesmoforias, reservadas a las mujeres casadas (véase “La isla dedicándose al hilado y al tejido. Ni tan siquiera podían com­
de las dos diosas” en Arqueología e Historia n.° 5). partir la vida social de sus esposos, que en el ámbito doméstico
Como en tantos otros casos, la posición y la visibilidad de se centraba en el banquete o symposion del que ellas quedaba.i
las mujeres no dependía solo del estatus (“ciudadanas” frente a excluidas; las únicas mujeres que podían participar en él era i
no ciudadanas) sino también del nivel económico. Solo las mu­ las cortesanas y las prostitutas. Su vida fuera de la casa se lim
jeres ricas podían permitirse (o se veian obligadas) a permanecer taba, como mucho, a la participación en los rituales cívico:..
la mayor parte del tiempo en sus casas, donde, no obstante, Entre los grupos menos favorecidos, a pesar de que fuesen ciu­
eran atendidas por tantas sirvientas (por lo general esclavas) dadanos, el papel de la mujer sería distinto; su presencia en la
como se pudiera permitir. Es la imagen que nos muestran mu­ calle sería más frecuente, así como la posibilidad de interactuar
chos vasos de cerámica pintados áticos o muchas estelas fune­
con otras mujeres. Es este grupo el que muestran, no sin una
rarias en mármol, que representan sobre todo a los grupos aco­ evidente caricaturización, las comedias de Aristófanes.
ARQUEOLOGÍA & HISTORIA 23

que procedía de Mileto (véase “Aspasia de Mileto. La voluntad


de emancipación” en Arqueología e Historia n.° 10).

Esparta
Es curioso observar cómo el escritor griego de época romana
Plutarco dedica la última parte de su obra Máximas de espartanos
a recoger una serie de otras cuarenta anécdotas referidas a mu­
jeres espartanas. Nada parecido encontramos sobre mujeres ate­
nienses en la enciclopédica obra del autor de Queronea. Esto es
una demostración palpable de que, frente al carácter algo anodino
con el que se nos presentan las mujeres de Atenas, las espartanas
gozaron de una amplia fama en el mundo antiguo, quizá rela­
cionada, en todo caso, con la atracción que su ciudad despertó a
lo largo de toda la Antigüedad gracias a unas costumbres que
muchos otros griegos consideraban peculiares. Hay sin duda
mucho de construcción ideológica y de tópico en la imagen de
Esparta y, en esta misma, sus mujeres también desempeñan su
papel. De esta colección de anécdotas de Plutarco, diez corres­
ponden a cuatro mujeres con nombre propio, entre ellas una de
las más carismáticas, Gorgo, hija del rey Cleómenes I y esposa
de su tío, el famoso Leónidas. Pero quizá más sobresaliente sea
que las treinta máximas restantes correspondan a otras tantas
mujeres espartanas anónimas, lo que demuestra que la tradición
literaria previa a Plutarco era pródiga en resaltar los comporta­
mientos individuales y colectivos de las lacedemonias.
Sin embargo, y a diferencia de lo que ocurre en el caso de
Atenas, en el que disponemos de muchas informaciones directas
-esto es, surgidas en la misma ciudad-, en el caso de Esparta
nuestras informaciones proceden siempre de observadores extemos
cuyo interés por la ciudad está a veces mediatizado por la intención
propagandística. A pesar de estar protagonizadas por mujeres,
estas anécdotas suelen tratar de hombres (padres, esposos, hijos)
a quienes las mujeres exhortan a ser valerosos (aunque pierdan la
vida), o a quienes esas mismas mujeres dan muerte en caso de
que no hayan cumplido con las expectativas que la exigente Es-
pana espera de ellos. En una de estas máximas, la propia reina
Gorgo, preguntada por una mujer de Atenas que por qué las es­
partanas gobernaban a sus hombres, respondió (lacónicamente):
“porque somos las únicas que traemos hombres al mundo”.
Es difícil, pues, deslindar lo que corresponde a la realidad
en el caso de la mujer espartana de lo que no es sino una visión
idealizada, por parte en muchas ocasiones de los propios ate­
nienses, de lo que representaba Esparta. Durante buena parte
de la época clásica, Esparta se convirtió, sobre todo para los
enemigos de la democracia ateniense, en el prototipo de la ciu­
dad perfecta, del mundo ideal. Los descontentos con el sistema
ateniense imaginaban esa ciudad como casi utópica por sus
Sin duda había otros tipos de mujeres en la Atenas clásica, virtudes, que querían contraponer a la Atenas dominada por un
que gozaban de más “libertad”, como era el caso de las corte­ régimen que aborrecían. Eso hace bastante difícil discernir,
sanas o compañeras ¡ hetairas) que, precisamente, por quedar pues, entre lo real y lo ideal.
fuera del orden social establecido podían disponer de sus vidas En cualquier caso, el principal objetivo que los espartanos
aun cuando, como su nombre indica, su actividad principal era reservaban a sus mujeres no era muy diferente del que desempe­
acompañar a los hombres. Estaban, de cualquier modo, muy ñaban las mujeres atenienses: la procreación. Lo que ocurría es
por encima en la escala social de las simples prostitutas o que los lacedemonios consideraban que para generar futuros ciu­
pornai, muchas de ellas esclavas, pero otras libres que, a dife­ dadanos, cuya ocupación casi única sería la milicia, no era sufi­
rencia de las hetairas, no tenían la posibilidad de elegir a sus ciente que el padre llevase una vida conforme con los ideales vi­
acompañantes. Sin ninguna duda, el caso más célebre de hetaira gentes en la ciudad, sino que también era necesario que la madre
en Atenas lo representó Aspasia, que fue compañera de Pericles participase, hasta cierto punto, de ese mismo modo de vida. Esta
y que se caracterizaba por su inteligencia; en sentido estricto, y ideología eugenésica era atribuida ya al legislador ancestral de
aunque vivió parte de su vida en Atenas, no era de allí, sino los espartanos, al propio Licurgo, en cuya vida y actividad se
La peculiar organización de la sociedad espartana, estructurada por y para la polis y dando prioridad al
buen funcionamiento de esta por encima de cualquier interés partidista o individual, se atribuye tradi­
cionalmente a Licurgo, aunque generalmente se ha sobredimensionado su alcance y capacidades. Cono­
cemos especialmente las prácticas de la élite y de los sectores más beneficiados en cuanto a su educación
y formación a cargo del Estado (agogé), siempre a partir de una información bastante sesgada y algo
tardía. Una de las prácticas a priori más chocantes es sin duda la de los ritos de paso relacionados con la
BODA EN ESPARTA, que hunden sus raíces en una tradición de época arcaica o incluso anterior, y que
probablemente haya que interpretar más de forma simbólica que práctica. Según Plutarco (Licurgo, XXII.2),
se simulaba un rapto:"[..A la raptada la recibía la que se llama nympheútria y le rapaba la cabeza, y tras
ataviarla con un manto de hombre y unas sandalias, le hacía reclinarse sobre una.yacija de paja sola, sin
luz. El novio, no borracho ni cansado sino sobrio [...] nada más entrar le afloja el cinturón y la traslada en
brazos a la cama. Después de pasar con ella algún tiempo, no mucho, se iba con cautela para dormir junto
a los demás jóvenes a donde antes solía hacerlo" (trad. A. Pérez, BBG, 2001). Si hemos de creer el relato, se
trataría de un rito de paso para la mujer, pero no así para el hombre, que hasta que alcanzaba la ciudadanía
plena a los treinta años vivía con otros compañeros fuera del hogar familiar y acostumbraba a mantener
relaciones homosexuales con los chicos jóvenes de entre catorce y dieciséis años (que iban rapados y ves­
tidos de ese modo) de los que ejercía como tutor responsable. Probablemente la razón de esta práctica
con las mujeres sea la de justificar de forma simbólica que, aun casándose, no se interrumpe la educación
en grupo y no se ponen en peligro los valores de la ooopé. o briogan Aivakez
◄ En una boda ateniense, el rito de paso
no estaba menos ritualizado. Entre las
representaciones más habituales de la
vida cotidiana de los ciudadanos ate­
nienses, los motivos relacionados con
el matrimonio son muy habituales.
Muchas veces aparece la novia de la
mano del padre, que hace entrega de
su hija a su futuro marido. Otras, más
habituales, incluyen baños rituales, la
entrega de regalos, o el TRASLADO
DE LA NOVIA DE UNA CASA A OTRA,
a pie o en carro, a menudo de noche y
a la luz de antorchas. Es frecuente en
estos casos que la madre de la novia
aparezca en el umbral de la puerta de
la casa, como resistiéndose a que su
hija abandone su hogar. British Mu-
seum, ca, 440-420 a. C. owinmeoiaCommons
/ CC BY 2.5 / Jastrow

dicios de que las cosas ocurrieran de


este modo en Esparta. Estamos, casi
sin duda, ante prácticas rituales que
no son ajenas al resto del mundo
griego; la idea del rapto como medio
de acceder al matrimonio puede ser
una reminiscencia de prácticas pre­
políticas que se dan incluso en otras
combinaban la leyenda y, en menor medida, la realidad. Por con­ sociedades; es difícil pensar que en la Esparta arcaica se hubie­
siguiente, habría sido Licurgo quien habría ordenado que las jó­ sen mantenido estas normas al pie de la letra, y para época clá­
venes espartanas pasaran buena parte de su vida al aire libre, sica resulta imposible. Un acuerdo entre familias resulta de
practicando ejercicios físicos comparables a los de los hombres, todo punto imprescindible, porque la circulación de bienes que
incluyendo la lucha y otras actividades (carrera, lanzamiento de lleva implícito el matrimonio no es un asunto que sociedad al­
disco, jabalina, etc.). A eso aludía el pasaje de Aristófanes que guna deje al azar.
veíamos al principio de este artículo y en el que se contraponía a No es improbable, en todo caso, que las mujeres espartanas
la espartana musculosa, atlética y bronceada, con las atenienses pudiesen llevar una vida menos recluida que las atenienses y
preocupadas solo por su aspecto físico y con la piel blanca “como que durante sus años jóvenes tuvieran una mayor participación
si fuesen zapateros” como dice el mismo Aristófanes en otra co­ en actividades físicas, por lo general vinculadas a los cultos
media. Igualmente, y frente a la imagen recatada de la mujer en religiosos; pero además, y como el resto de las mujeres en
Atenas y en cualquier otra ciudad griega, las espartanas podían Grecia, las espartanas eran también educadas en las tareas
mostrarse, igual que los hombres, desnudas en las competiciones propias de una mujer libre, que se centraban en el cuidado de
deportivas, o al menos eso se decía. Quizá más que una desnudez la casa o en la elaboración del pan y el tejido, lo que introduce,
total, que hoy no suele aceptarse, las jóvenes aparecían vestidas sin duda, una perspectiva menos espectacular pero histórica­
con una túnica escueta, que dejaba a la vista una parte mayor de mente más plausible en las formas de vida de estas mujeres.
su anatomía que la que mostraban los mantos de otras griegas. Otra diferencia con las mujeres atenienses radicaba en que,
En cuanto al matrimonio, el ritual espartano contemplaba el por lo general, contraían matrimonio a una edad mayor, que
rapto como medio de acceder al mismo, y en cuanto a la consu­ se tiende a situar entre los 18 y 20 años, quizá por esta misma
mación del mismo, debía realizarse con gran brevedad y sin que visión eugenética, ya que con esa edad el parto, uno de los
los compañeros de banquete del varón notaran ni tan siquiera su trances de mayor riesgo para la mujer antigua, sería más fácil
breve ausencia. Esta fugacidad en los encuentros tenía que ser la que a una edad mucho más temprana. Se nos ha transmitido
tónica de la relación entre los esposos y, según asegura Plutarco, la noticia de que en Esparta, donde no se permitía que las
muchos espartanos conocían a sus hijos antes incluso de haber tumbas llevasen los nombres de los difuntos, solo escapaban
visto a su esposa a la luz del día. Este autor, junto con Jenofonte, de la prohibición los hombres que hubiesen caído en combate
llega al extremo de sugerir la existencia de una especie de dispo­ y las mujeres que hubieran muerto al dar a luz a sus hijos. En
nibilidad general de las mujeres, puesto que se permitía que el ambos casos, se consideraba que los difuntos habían dado s i
varón anciano pudiera buscar a un joven que engendrara hijos vida por la polis.
con su mujer, e incluso el hombre podía buscar a una mujer que Aristóteles describe para su época (el siglo IV a. C.) la Si­
hubiese tenido descendencia para tener hijos con ella, previo tuación social y económica de Esparta, y culpa de la decadenc a
permiso del marido. En estas prácticas, insólitas en una ciudad de la misma, entre otras cosas, al hecho de que las dos quintas
griega, subyacía el deseo de Licurgo de que los hijos no fuesen partes de las tierras de Esparta estaban en manos de mujeres.
tanto propiedad de sus padres como del Estado en su conjunto. Para el filósofo, la posibilidad de convertirse en herederas y la
A pesar de que estos hábitos tan llamativos han sido tomados cuantía de las dotes justificarían ese hecho, así como el haberse
al pie de la letra por muchos autores, en realidad hay pocos in- apartado de las costumbres antiguas. Pero si esto es así, ha-
ARQUEOLOGÍA & HISTORIA 25

▼ Uno de los tópicos más de la sociedad griega clásica en torno a LA MUJER ESPARTANA es el de sus capacidades atléticas, si bien desde un
punto de vista ateniense se las destacaba también en otros campos, como el de la monta a caballo, el consumo de vino o las relaciones
lésbicas. Las representaciones artísticas de mujeres espartanas son escasísimas, pero una conocida excepción es esta figurilla que representa
a una mujer espartana CORRIENDO, una práctica que, por otra parte, sabemos que también realizaban las mujeres áticas con motivo de ce­
lebraciones religiosas especiales, aunque no estaba bien vista en otros contextos. En la Andrómaca de Eurípides (595-602), Peleo discurría
sobre este asunto en un discurso que denostaba la imagen de la mujer espartana:"Ni aunque quisiera, podría ser casta una de las muchachas
espartanas, las cuales, tras abandonar sus casas, tienen carreras y palestras, insoportables para mí, en comunidad con los jóvenes, con los
muslos desnudos y los peplos sueltos" (trad. C. García Gual, BBG, 2000). La pieza, conservada en el British Museum y fechada a finales del siglo
VI a. C., probablemente correspondía a la ornamentación de un recipiente de bronce.

bremos de admitir que las reglas matrimoniales habituales en a principios del siglo V a. C. o a Leotíquidas a principios del s.
el resto de Grecia (acuerdo entre familias, entrega de dote, IV a. C.
etc.) estaban plenamente vigentes en Esparta y, además, no A pesar de esta imagen de mujeres valerosas y abnegadas,
mucho después de la época en la que Jenofonte está intentando preocupadas por la suerte de su patria y dispuestas incluso a
transmitir a sus lectores su imagen idealizada de Esparta. Sí dar muerte a sus hijos si no se comportaban valientemente en
que parece cierto, y eso diferenciaría a Esparta de Atenas -aun­ el campo de batalla o incluso si sobrevivían a una derrota, que
que la asemejaría a otras ciudades griegas, en especial del ám­ la propaganda proespartana transmitía, los autores antiguos no
bito dorio-, que en Esparta la mujer podía convertirse en he­ olvidan que están hablando, en último término, de mujeres. Y
redera de pleno derecho de las propiedades de su padre, algo algunos autores subrayan cómo las mujeres espartanas, aterro­
que en Atenas era inconcebible. Autores como Aristóteles juz­ rizadas ante la vista de los tebanos en su territorio en 370 a. C.,
gaban negativamente esto y añadían a la situación de las mu­ no solo no servían de ayuda a los hombres sino que, incluso,
jeres espartanas un grave reproche moral que les afectaban a la moral de los defensores.
hacía considerarlas indisciplinadas y licenciosas,
quizá porque su poder económico y, tal y como da Qfln| Concepciones distintas
a entender el filósofo, político (aunque fuera influ- Visiones, pues, cargadas de contradicciones y que, si en general
yendo sobre sus maridos). " jB hacen difícil conocer los detalles de la vida de las mujeres
No podemos considerar igual la situación de J en la antigua Grecia y mucho más sus propias voces, en
la Esparta del siglo IV a .C., sobre todo tras el el caso de Esparta, donde todo está lleno de simbolis­
colapso de su sistema político y económico ba- /filr y^k mos y de ideología, resulta más complicado aún des­
sado en la sumisión del vecino territorio de lindar lo real de lo inventado o imaginado. En cualquier
Mesenia, con la Esparta imperial del siglo V y caso, las dos ciudades brindan imágenes tan contra­
primera parte del IV a. C. Sin duda se han produ- c dictorias de cómo se desarrollaba la vida de las mujeres
cido cambios entre un periodo y otro, pero no puede en ellas que no hacen sino reflejar las contraposicio­
pensarse que en poco menos de una generación se ha nes en otros aspectos de sus historias que los escri-
pasado del modelo que describe Jenofonte ^^^k i tores antiguos se encargaron de resaltar y que, a
al que presenta Aristóteles. No pode- I veces, muchos autores modernos procuran seguir
mos dudar de que la vida de la mujer A enfatizando en lugar de intentar llevar a sus justos
espartana era diferente de la que lie- términos informaciones que, cuando no son
vaban las atenienses; quizá su expo- 'fe* exageradas son lisa y llanamente falsas.
sición pública era mayor, pero también
su autonomía económica, al menos la de BIBLIOGRAFÍA
las mujeres de buena familia, que podían recibir en herencia las Hawley, R.; Levick B. (eds.) (1995): Women in Antiquity: New
propiedades familiares; y esto nos indica, fuera de dudas, que Assessments. London: Routledge.
los matrimonios eran un medio, como en Atenas y en otras ciu­ Iriarte, A. (1990): Las redes del enigma. Voces femeninas en el
pensamiento griego. Madrid:Taurus.
dades griegas, para tejer alianzas entre familias y para procurar
James, S.L; Dillon, S. (eds.): A Companion to Women in theAndent
que los herederos siguieran participando del bienestar alcanzado
World. Oxford: Wiley Blackwell.
por los antepasados.
Loraux, N. (1989): Maneras trágicas de matara una mujer. Madrid:
Las propias máximas y anécdotas que comentábamos antes
Antonio Machado.
muestran a las espartanas como madres orgullosas de sus espo­
Mossé, C. (1990): La mujer en la Grecia Clásica. Madrid: Nerea.
sos y de sus hijos y, no hay por qué dudarlo, con un fuerte sen­ Pomeroy, S. B. (2002): Spartan Women. Oxford: Oxford University
tido patriótico, lo que tampoco es una peculiaridad espartana Press.
aunque sí parece serí : ia expresión concreta de esas ideas, que
se materializa en su- comentarios y en sus actos o, al menos, E Bibliografía completa en www.despertaferro-ediciones.com
en la posibilidad de que los hagan. Eso hace sospechosas las
noticias sobre matrimonios casi clandestinos y esas otras in­
Adolfo J. Domínguez Monedero es catedrático de
formaciones que las convierten casi en un objeto sexual y re­ Historia Antigua en la Universidad Autónoma de
productor a disposición de otros hombres distintos de sus es­ Madrid. Entre los varios temas que han ocupado su
posos. Sobre todo cuando sabemos que valores como la atención en los últimos años está el estudio de la
fidelidad eran tan importantes en Esparta como en otras ciudades Grecia arcaica, en especial desde la perspectiva de las
griegas, y conocemos casos incluso de reyes que fueron de­ colonizaciones, así como las interacciones entre los griegos y otras
puestos o no llegaron a reinar porque se sospechaba, con razón poblaciones del Mediterráneo. Es autor de varios libros y de
o sin ella, que sus madres habían engañado a sus maridos con nu merosos artículos de investigación y alta divulgación y además ha
otros hombres, tal y como les ocurrió por ejemplo a Demarato participado en múltiples congresos nacionales e internacionales.
Patricia González Gutiérrez - Universidad Complutense de Madrid

Mujeres fuera de la norma


Heteras y pornai
i

\*

WSm
v

en Grecia
Las mujeres ciudadanas griegas eran criadas para seguir unas
normas muy estrictas de comportamiento. Crecían bajo la autoridad
jr del padre para pasar a la del marido muy pronto y convertirse en madres
para afianzar su posición. Pero, lejos de ese modelo, se encontraban
muchas mujeres que, esclavas, extranjeras o pobres, rompían con los
moldes. El contramodelo paradigmático sería el de las prostitutas, mujeres
en los márgenes del sistema que luchaban por su supervivencia.

1 ideal de mujer en la Grecia clásica estaba muy claro. podían ser alquiladas a largo plazo y en exclusiva por los más

E Una mujer fértil, una madre devota, una hija y esposa


obediente, una mujer sumisa y callada, alguien de quien
no se hablase ni para bien ni para mal. Numerosas fuentes nos
acomodados. Estas últimas son las que nos encontramos en las
fuentes acudiendo a los simposios y participando en las conver­
saciones de filósofos y políticos. Podían llegar a comprar su li­
advienen de ello, desde Pericles en su elogio fúnebre en honor bertad, y algunas acabaron siendo parejas más o menos estables
a los caídos (recogido por Tucídides), en el que afirma que la de hombres importantes, siendo los casos más conocido los de
mayor gloria de una mujer es que no se diga nada sobre ella Aspasia, pareja de Pericles, o Friné, la musa de Praxíteles.
(Tuc., XI.45), hasta Sófocles (Ayax, 293), que sugiere que el Aun así, hay que recordar que estas mujeres, atendiendo a
mejor adorno de una mujer es el silencio. las normas de muchas ciudades helenas, no podían casarse le­
Aun teniendo en cuenta las diferencias en derecho o posición galmente, y que sus hijos serían, por tanto, ilegítimos. Por ello
social de la mujer en las diversas poleis, el canon seguía inalte­ era común cambiar de nombre o de polis una vez liberadas,
rado en lo básico. Que la mujer espartana tuviese mayor capaci­ para intentar burlar la ley pasando por ciudadanas. Un caso
dad de actuación en el ámbito público o mayor capacidad para significativo lo encontramos en el discurso de Demóstenes
hablar no hacía que pudiesen participar en las asambleas o que contra Neera, acusándola de haber sido prostituta para atacar
dejara de verse con sorpresa que una mujer respondiera altiva­ políticamente a su esposo e hijos. Este tipo de acusaciones pa­
mente a un hombre. Además, la base de su libertad seguía siendo rece haber sido algo normal, al menos en la Atenas clásica,
su capacidad de ser madres y esposas. Así, la anécdota recogida tanto como ataque político a un rival como para anular matri­
por Plutarco en que la espartana Gorgo, mujer de Leónidas, res­ monios, herencias o la ciudadanía de alguien. Por ello era de
ponde a una extranjera que solo ellas dominan a sus hombres vital importancia la existencia de testigos, de una cierta cere­
porque solo ellas dan a luz a hombres, se inserta en este esquema, monia de boda o de una dote, para asegurar la legitimidad en
y se complementa con las menciones de otros espartanos a la un mundo en que los registros eran prácticamente inexistentes.
necesidad de que no se hable de una mujer honrada.
Sin embargo, en la práctica, muchas mujeres no se ajustaban a Prostitutas y religión en la ciudad
esos cánones. Desde las mujeres pobres que ocupaban bulliciosa­ Un caso particular era el de las prostitutas asociadas a un templo,
mente el espacio público para ofrecer sus mercancías, hasta mujeres donde ejercerían en beneficio del mismo. El tema de la prostitución
poderosas que intervenían en política activamente, como las reinas sagrada, de la que nos hablan autores como Píndaro, Estrabón o
helenísticas o espartanas, o se atrevían a competir en los Juegos Heródoto, ha sido objeto de largos debates, sobre todo en cuanto
Olímpicos, como la espartana Kyniska. Dentro de estas mujeres a la posición social de las mujeres asociadas a ellas. Si bien parece
fuera de la norma, las más significativas eran las prostitutas. que en algunos casos las prostitutas podían ser mujeres libres que
ejercían de forma temporal (en rituales previos al matrimonio),
Estatus y diferencias entre las prostitutas griegas parece que en el caso griego eran generalmente esclavas, ofrecidas
Las prostitutas solían ser esclavas, aunque prestaban servicio a muchas veces en cumplimiento de votos. Tampoco tuvo en las
todas las clases sociales. Por un lado, se encontraban las mujeres ciudades griegas la importancia que parece que llegó a alcanzar
que trabajaban en la calle o en burdeles de bajo precio (se atribuía en las ciudades mesopotámicas, y se asociaba, sobre todo, a ciu­
a Solón haber instituido burdeles públicos de bajo coste en Atenas), dades costeras. Los casos más conocidos son los de Corinto o
que esperaban a los clientes semidesnudas y tenían que realizar Chipre, con los templos de Afrodita y Astarté, aunque también se
multitud de servicios para alcanzar un mínimo nivel de supervi­ documenta en otras ciudades, como Locris Epicefiria.
vencia. Por otro, se encontraban las hetairai (“compañeras”), mu­ En la ciudad, además, las prostitutas estarían excluidas de
jeres educadas en la conversación y la música, bellas y jóvenes, la mayor parte de la religiosidad cívica. En muchas fiestas,
que no recibían un pago como tal, sino una serie de regalos, y que como lasTesmoforias atenienses, solo podían participarlas mu-
ARQUEOLOGÍA & HISTORIA 29
◄ Un hombre tocado con una corona de hiedra y sosteniendo un kylixyun bastón convence satisfecho a una cortesana para que lo acompañe a un
banquete. Las negociaciones con heteras o prostitutas son escenas abundantemente representadas en la cerámica ática de figuras rojas, aunque se
tiende a priorizar a as primeras por su contexto mayoritariamente relacionado con el symposion, alejado de las meretrices de la calle. Algunos versos
compuestos por el poeta cómico Alexis en la primera mitad del siglo IV a. C. y citados por Ateneo (Xlll.568a) se ceban, con un tono habitual en la co­
media, en los engaños de las PROSTITUTAS a sus confiados clientes:"!...] Ante su ganancia y ei despojo del prójimo todo lo demás les es secundario,
y traman planes contra todos. [...] Resulta que una es bajita: corcho en los zapatos lleva cosido. Que es alta: calza chinela fina y comparece abatiendo
la cabeza contra el hombro, para que le reste talla. Una no tiene caderas: las lleva cosidas bajo la ropa, de manera que le jalean la belleza de sus nalgas
los que la ven.Tiene el vientre gordo: para estas hay unos pechos de los que llevan los cómicos; añadiéndoselos bien tiesos, como si fueran puntales
separan el vestido del vientre [...]. Sucede que es negra: se embadurna de albayalde. Una es muy blanca de color: se unta con colorete. Que tiene los
dientes bien conformados: por fuerza ha de reír para que contemplen cuál elegante es su boca. Y si no le place reír, se pasa el día con una ramita fina
de mirto plantada dentro de los labios; tal como dejan los carniceros las cabezas de cabra cuando venden, en todo momento hace mueca, tanto si
quiere como si no".

jeres consideradas honestas. Tampoco podían entrar en muchos (XIII.558), llama a las prostitutas “esfinges”, por hablar entre
templos, públicos o domésticos, en los que se imponían también enigmas. AI fin y al cabo, Jenarco, citado en la misma obra de
restricciones a las mujeres que hubieran parido recientemente Ateneo (Deipn., XIII.559), ensalza la felicidad de las cigarras, al
(por el contacto con la sangre), que hubieran tenido relaciones carecer sus hembras de voz. Además, no podemos olvidar que,
sexuales o que hubiera tomado abortivos o anticonceptivos. Al pese a que el humor de las heteras en los banquetes fuera trans­
ser muchas veces extranjeras y esclavas, estarían apartadas ade­ gresor y hubiera una cierta carga de inversión de roles, una broma
más de todo ritual que requiriese la ciudadanía. mal planteada o mal entendida podía ser desastrosa para la mujer,
Por otro lado, sí que se vinculan a fiestas ligadas a Afrodita, que podía perder un cliente y ganar un enemigo.
a la licencia y a la transgresión o a la inversión de las normas Hasta tal punto estaba interiorizada en el mundo clásico la aso­
sociales, como las Adonías o las Afrodisias. El uso que hizo ciación entre la voz y las hetairas, que Séneca (Cartas, 88.37) recoge
Praxíteles de Friné como modelo para sus esculturas de Afrodita el debate que había en la Antigüedad sobre si Safo, conocida por su
habría sido visto, en este contexto, como algo sacrilego, al poesía, había sido una prostituta o no. Ateneo sugiere que el debate
igual que resultaba transgresor la existencia de dedicaciones se extendió a otras poetisas antiguas, como Teano o Nosis.
públicas por parte de las heteras, o el regalo de esculturas y Así pues, el objetivo de las hetairas en el banquete era propor­
adornos por parte de estas. La misma Friné habría regalado a cionar placer no solo sexual, sino también social, a los asistentes.
su ciudad la estatua de Eros que Praxíteles le habría dado a su En relación a ello, muchas veces tenían nombres sugerentes, refe­
vez como pago por sus servicios. ridos por ejemplo a peces, que eran el alimento prefe­
rido y considerado más lujoso en los banquetes (en
Placer, palabras y banquetes contraposición a la carne, que tenía un cierto
Si la mujer casada y ciudadana era apreciada por su silencio, las contenido religioso al consumirse en los
heteras lo eran por su ingenio y capacidad de entretener a los banquetes cívicos asociados a los sa­
hombres. Estaban versadas en literatura, historia y música, y se crificios a los dioses). Al-
esforzaban en mejorar continuamente su formación. Asimismo, gunos nombres
eran expertas en las bromas sexuales y en los dobles sentidos, conserva-
debiendo manejar con fluidez el lenguaje y las referencias litera­
rias. Aun así, hay que tener en cuenta que los autores clásicos
suelen añadir un fuerte sesgo de negatividad a estas pa­
labras -y a la cultura femenina en general-
puesto que las asocian a los engaños, a la se­
ducción tramposa o a vicios como el exceso
de glotonería o de vino. El poeta cómico
Anáxilas, citado en La cena de los eruditos
> La polis de Corinto, el gran puerto del mundo
griego en época clásica y lugar de encuentro
de comerciantes y viajeros, era famosa por su
vinculación con la PROSTITUCIÓN SA­
GRADA, asociada a una forma particular de
culto -de origen asiático- a la diosa Afrodita.
Según esta práctica, las hieródulas, sacerdo­
tisas y esclavas sagradas de la diosa, se pros­
tituían para provecho del templo situado en
el Acrocorinto. Algunas hipótesis apuntan a
que el famoso y mai llamado "TRONO" LU-
DOVISI (en realidad el ala lateral de un altar),
del que no se conoce su contexto original,
pudiera haber procedido originalmente de
Corinto o quizá de alguna otra ciudad de la
costa asiática vinculada a la prostitución sa­
grada. La representación central del naci­
miento de Afrodita en la parte dorsal y de
sendas mujeres en los laterales, una recata­
damente vestida con un manto y soste­
niendo un incensario -acaso símbolo de la
mujer ciudadana-, y una hetera desnuda to­
cando el aulós, quizá pudo simbolizar la
doble vertiente sexual de la polis y su pecu- J
liar culto. © Makií-Lan' NguíIn/ VVíomedia Commons I
30 ARQUEOLOGÍA & HISTORIA

dos son aún más gráficos, como el de Ischas, que significa “higo”.
También se las asocia continuamente al vino, elemento fundamental
en la sociabilidad griega, y relacionado con el amor, la alegría y los
festejos. De este modo, los placeres de la comida y el sexo se entte-
mezclan, y el “opsófago”, el inmoderado comiendo, es también el
hombre pasional que cede a las seducciones del amor.
La mitificación aristocrática de la hetera (que pervive en
nuestros días), que solo recibía regalos y no cobraba, contrastaba
con el concepto de la porné de estatus bajo, que ofrecía un ser­
vicio por un precio fijo. Aún así, la diferencia era algo que radi­
caba mucho más en la mirada de los varones del estrato más
alto de la sociedad que en una diferencia real. A veces las fuentes
son aún más eufemísticas y se refieren a ellas como eromene
(amante) o hacen referencia solo a su trabajo como flautistas,
citaristas o cantantes.
Las prostitutas callejeras se asociaban muchas veces a las ta­
bernas, lugares de consumo de vino pero también de una sociali­
zación alternativa a los banquetes y en que se mezclaría gente de
todo estrato social, jóvenes que buscaban un ambiente más festivo
que el espacio ritualizado de los banquetes (en que se medía con
más cuidado la mezcla o la cantidad de vino que se consumía).
La comedia tendía a situar también a las mujeres honestas en este
tipo de locales, al estarles prohibido el acceso a los simposios,
como forma de crítica misógina, ya que las asociaba a la borra­
chera, el exceso sexual o las taberneras y prostitutas que trabajaban
allí. También las zonas cercanas a los muros de la ciudad, las
puertas de entrada o las zonas industriales y portuarias eran tradi­
cionalmente espacios en los que abundaba la prostitución callejera.
En Atenas, la zona del Cerámico, un lugar de producción artesanal
y con espacios funerarios amplios, era la más tradicional donde
acudir en busca de prostitutas de todos los niveles.

Contramodelos femeninos: política y comedia


Hay que tener en cuenta que la mentalidad griega sobre la mora­
lidad del placer estaba marcada por el estatus de quien lo obtenía
y quien lo proporcionaba. En el famoso discurso contra Neera, se
deja clara esta idea social, afirmando que “las heteras las tenemos
por placer, las concubinas para el cuidado cotidiano del cuerpo y
las mujeres para procrear legítimamente y tener un fiel guardián
de los bienes de la casa” (Demóstenes, Contra Neera, 122). Las
relaciones entre hombres y mujeres, entre adultos y jóvenes o
entre mujeres ciudadanas y extranjeras o esclavas eran siempre
jerárquicas.
De hecho, la inversión social era un recurso habitual en la co­
media griega y resulta significativa la existencia de obras como
las de Aristófanes, en que son frecuentes las conspiraciones de
mujeres para obtener el mando de la ciudad o acabar con la guerra,
y en las que las bromas sobre la sexualidad son básicas. Así, en
Lisístrata, Aristófanes hace que las mujeres nieguen el placer a
los hombres. En ella se las presenta tan afectadas a ellas como a
ellos, reforzando la idea de la naturaleza descontrolada femenina.
Otros relatos romanos, como el de las mujeres ausonias en los
Fastos de Ovidio, al eliminar el componente cómico trasladan la
huelga sexual a una huelga reproductiva, en que las esposas niegan
lo que les era concedido como propio, los hijos.
Con esta categorización de la hetera como contramodelo de
la mujer casada y honesta, muchas de las mujeres que actuasen
en un ámbito masculino serían acusadas de prostitutas y, a su vez,
la relación con prostitutas sería un topos en los ataques políticos,
tanto en las ciudades griegas como en Roma. Así, la prostituta se
!

EL KYLIX es la característica copa que época clásica se destinaba al


consumo de vino durante el symposion. De acuerdo con este pro­
pósito, su ornamentación -especialmente en la cara interior del
vaso, que salía a relucir cuando se apuraba el vino- consistía habi­
tualmente en escenas relacionadas con el banquete, a menudo su­
bidas de tono y por lo general representando a mujeres contratadas,
indispensables en estas celebraciones. EL SYMPOSION se celebraba
en el andrón de una casa, una estancia reservada a los hombres y
bien provista de divanes que formaba parte física del hogar pero
que conformaba un entorno alejado del ambiente familiar -vetado
a las mujeres de la casa- en consonancia con el papel masculino,
abocado a las relaciones sociales en la calle y contrastando con el
de las mujeres del oikos. Las imágenes muestran algunos ejemplos
de escenas típicas en estos vasos, en particular en relación con he­
teras, de las que eran especialmente valoradas las que contaban con
aptitudes para la música o la danza u otras habilidades -algunas
fuentes mencionan el pago de hasta cinco dracmas por sus servi­
cios- Lo que vemos aquí son tres ejemplos de parejas de distintas
edades en un symposion: una joven de nombre Kalisto (sin duda un
nombre profesional) baila mientras su también joven cliente, Filipos,
sigue el ritmo y canta. La escena del centro representa ya a una pa­
reja de mediana edad; él recostado con actitud pasiva mientras la
hetera tocando el aulós. El hombre que aparece en la tercera
escena, ya más maduro, no está reclinado pero luce la
corona de hiedra y sostiene un bastón, mientras que
la hetera, sin duda una concubina habitual según
se desprende de la familiaridad de sus gestos y
presenta como un elemento activo en la so­ su actitud conforme, está desvistiéndose y
ciedad, que intenta influir mediante la se- tiene una lira a su alcance. La cesta que
ducción o intervenir en la política de la ¡L cuelga encima de él hace referencia al ban-
ciudad, contraponiéndose a la mujer ca­ v quete, y en concreto a la práctica según
la cual los invitados contribuían con co-
sada y a la muchacha ciudadana, que
mida para la fiesta.
son presentadas como elementos pa­
sivos. Estas necesitaban durante toda
su vida a un tutor, no podían manejar
sus bienes ni decidían sobre su vida.
La prostituta, de este modo, se mas- \)
culiniza hasta cierto punto, factor que
se hará más visible en Roma donde, por
ejemplo, su vestido obligatorio sería lla­
mado toga, como la vestimenta masculina.
De hecho, las historias sobre prostitutas
que habían llegado a ser reinas o que influían
de forma decisiva en los reyes o gobernantes son
más frecuentes cuando se refieren a Oriente, como
fórmula de propaganda antipersa de los griegos. De esta
manera, se presenta a los orientales como hombres débiles o afe­
minados que serían gobernados por mujeres activas pero no ho­
nestas. Se daría una inversión de género que puede verse en
otros elementos iconográficos, como la representación “a la
persa” de las amazonas en mucha cerámica o relieves griegos
contemporáneos o posteriores a las Guerras Médicas.

La dura realidad
No conviene sin embargo idealizar la vida de estas prostitutas cí ‘
lujo, ya que no eran las mujeres liberadas y empoderadas que i
veces se nos han presentado, sino mujeres sometidas a los capri­
chos de su amante, que podía abandonarla en cualquier momento
dejándola sin sustento. Las numerosas referencias a la rapacidad
de las mismas o a su ansia de regalos que tanto se ve en la comedia
ateniense o en sus traducciones romanas de Plauto, dejan ver la
inestable dependencia económica de estas mujeres.
También otras fuentes nos permiten acercamos a lo que sería
su vida, aunque sea a través de retazos. Las menciones a la gloto-
ARQUEOLOGÍA & HISTORIA 31

nena y la alabanza, en contraste, a la hetaira que come delicada­


mente y sin hacer ovillos con los puerros (para esconder más
cantidad de comida en la mano) o sin llenarse los carrillos, nos
acercan a la escasez de comida y la malnutrición que acompañarían
a estas mujeres. Lo mismo pasa con la iconografía en la cerámica
erótica, propia de los simposios, que refleja en muchas ocasiones
la violencia física que podían llegar a sufrir las prostitutas.
Además, el tiempo de trabajo como hetera era reducido, ya
que la vejez disminuía su precio y demanda, dejándolas en la po­
breza si no habían sido capaces de casarse con uno de sus clientes
o de convertirse en dueñas de un negocio o de otras esclavas a las
que prostituir. Los nombres satíricos de didrachmon y obolon para
las prostitutas de bajo estatus, referidos a las monedas de escaso
valor, son muy significativos, al igual que los apelativos de scortum
(pellejo) o quadrantaria [N. del E.: el quadrans era una moneda
de escaso valor, que equivalía a la cuarta parte de un asi en Roma.
Lo más probable es que incluso las más cotizadas en su ju­
ventud acabaran como una porné callejera en la vejez, luchando
por la supervivencia. Estas prostitutas, que cobraban un precio
fijo y bajo, debían realizar varios servicios cada día para poder
asegurarse un mínimo necesario para poder comer o dormir bajo
techo. El nivel de violencia y explotación sufrido sería, además,
mucho mayor.
Ateneo lo refleja citando una obra de Epícrates, en la que
habla de la vejez de la famosa Lais, diciendo que:

[...] Cuando era una pollita y joven, estaba hecha una


fiera por las estáteras, y hubieras visto a Farnabazo
antes que a ella; pero desde que lleva ya una larga
carrera en años y relaja los perfiles de su figura, es más
fácil verla que escupir; y ya va volando hacia cualquier
parte, acepta igual moneda grande que moneda chica y
tanto le da un viejo como un joven. Tan dócil se ha
vuelto que, amigo, ya el dinero toma de tu mano (Ate­
neo, Deipn., X1II.569).

La prostituta también debía ser claramente diferenciable a


simple vista y algunas legislaciones ciudadanas prohibían ciertos
adornos a las mujeres honestas, como por ejemplo un exceso de jo­
yas, o imponían ciertas prendas a las prostitutas. En cualquier caso,
nunca aparecerían completamente desnudas, ni siquiera cuando se
exhibían en las puertas de los burdeles. Las heteras debían ir bastante
tapadas hasta los simposios, más por no exponerse gratuitamente
que por un sentido de decencia. La posibilidad de la confusión, de
todas formas, estaba siempre presente y funcionaba como una ame­
naza para las mujeres que salieran sin compañía masculina a la
calle, ya que el hombre que las agrediera sexuaimente siempre
podía argumentar que las había confundido con una prostituta.

Prostitutas, médicos y ginecología


Al ser el contramodelo de lo que debía ser una mujer, la prostituta
también estaba fuera del circuito de la maternidad y, sobre todo, de
la maternidad legítima. Por ello se las consideraba como una de las
principales fuentes en tomo al saber ginecológico, sobre abortos o
sobre anticoncepción. Puede que lo que nos narran las fuentes sobre
la solidaridad de las prostitutas a la hora de eliminar embarazos no
deseados o sobre su tendencia a la infertilidad se correspondan con
una cierta realidad. El conocimiento de abortivos eficaces, como la
ruda, el perejil o los baños calientes, así como algunos ineficaces,
como el uso de garbanzos, han llegado hasta nuestros días. Es de
dedicaron de una forma u otra a la medicina.
El trabajo de comadrona era uno de los más
aceptados en mujeres, pero se conserva epi­
grafía griega y romana de mujeres que ejer­
cieron como médicos generales, oculistas o
cirujanas. Las fuentes nos relatan también la
historia de Agnodice, considerada la primera
mujer médico, que se habría disfrazado de
hombre cuando aún no se dejaba ejercer a las
mujeres para poder practicar la ginecología y
ayudar a las mujeres, que temían enfrentarse
aúna exploración por parte de un médico va-
rón. Aunque novelada, la historia justificaba
que las mujeres pudieran ejercer un oficio
que incluía el contacto físico con los pacien­
tes, una posición de autoridad y el ejercicio de la profesión en
▲ Representaciones como esta en la cerámica ática no están desprovis­
tas de una cierta ambigüedad. En este caso parece que dos hombres un ámbito público.
están tratando con un par de meretrices (uno de ellos le ofrece algo a Por otro lado, parece que estos métodos de control de la na­
la que está sentada), pero la presencia de una joven sosteniendo un talidad no siempre funcionaban. Las fosas comunes de neonatos,
kalathos en su cabeza es desconcertante en este contexto y concede predominantemente varones, encontradas en sitios como Ham-
a la escena un aire doméstico fuera de lo común. Las pinturas con es­
bleden (Inglaterra) o en Ascalón (Israel), ya de época romana y
cenas relacionadas con la prostitución son verdaderamente abundan­
tes en la cerámica ática. En la Atenas clásica, el barrio del Kerameikos con cerca de un centenar de esqueletos cada una, han sido inter­
era famoso por los alfareros que allí trabajaban, pero también por sus pretadas como lugar de deposición de los recién nacidos recha­
locales dedicados a la prostitución, que resultaban ideales para los zados en los burdeles cercanos. La abundancia de esqueletos
hombres de clase modesta que no podían permitirse contratar una masculinos, que contradice la habitual preponderancia de un in­
hetera u organizar un symposion. Arqueológicamente, no es fácil do­
fanticidio femenino en la Antigüedad, se explicaría por la ten­
cumentar con claridad los BURDELES (porneia), y autores como Es­
quines (1.124) sugieren que no se precisa ningún tipo de estructura dencia a conservar a las niñas para continuar la profesión de las
particular para instalar uno. Sin embargo, se ha propuesto que la ter­ madres.
cera fase de ocupación del llamado"edificio Z3" documentado en este Estas mujeres, pues, sobrevivieron, vivieron y se esforzaron
mismo barrio, pudiera haber correspondido a un burdel como el ci­ en progresar socialmente en un ambiente ya de por si hostil a su
tado por Iseo (VI.20) -ca. 364 a. C- como perteneciente a Euctemón,
género. Sus historias nos han llegado solo a través de la visión
a juzgar por sus diminutas estancias. Muy cerca de este edificio, se
conserva otro -el denominado"edificio Y"- que cuenta en una de sus de los hombres que se relacionaron con ellas, de quienes las
estancias con un grafito con la inscripción Boubalion kalé ("Boubalion usaron, las amaron o las vilipendiaron. Pero podemos intuir sus
es guapa"), y que quizá haya que entenderlo como un prostíbulo de historias y su vida tras esas imágenes.
mayor categoría, en consonancia con su estructura y el nombre de su
ocupante (que delata un origen no griego), y el apelativo de kalé, que
a menudo se encuentra inscrito en los vasos áticos usados en el
symposion indicando el nombre de la hetera favorita de su propietario.
BIBLIOGRAFÍA
Davidson, J. (1997): Courtesons and fishcakes. The consuming
suponer que no solo se transmitirían de forma escrita, en las obras passionsofclassicalAthens. Chicago: Universityof Chicago Press.
de Hipócrates, Sorano o Dioscórides, sino también de forma oral, Domínguez Monedero, A. (2010):"La prostitución sagrada en el
de mujer a mujer, como pasa en nuestros días. Mediterráneo antiguo, entre la marginalidad y la integración"
Además, mientras los médicos antiguos atribuían la infertili­ en Domínguez, A. (ed.), Mujeres en la Antigüedad Clásica.
dad de las prostitutas a la excesiva humedad de su útero, así Género, podery conflicto. Madrid, pp. 77-102.
como a sus conocimientos de métodos abortivos, lo cierto es Faraone, C. A.; McCIure. L (eds) (2006): Prostitutes and Courtesans
que las repelidas infecciones y el estrés al que se veían sometidas in theAncient World Madison: University of Wisconsin Press.
probablemente disminuyeran drásticamente la fertilidad de estas Grazebrook, A., Henry, M. M. (eds.) (2011): Greek Prostitutes in the
mujeres. Sin embargo, también parece lógico pensar en que es Ancent Mediterráneos 800 BCE - 200 CE. Madison: University
of Wisconsin Press.
una forma fácil para los ciudadanos respetables de descargar res­
ponsabilidad sobre conocimientos que se consideraban moral­ McCIure, L. (2003): Courtesans attable. Gender and Greek Literary
mente ambiguos en la época. Hay que tener en cuenta que los CulturemAthanaeus. NewYorky London: Routledg e.
médicos, tanto en las ciudades griegas como romanas, debían
= Bibliografía completa en www.despertaferro-ediciones.com
ser considerados intachables para mantener una clientela o ser
contratados por las autoridades locales. Así pues, la posible aso­
ciación de los abortos a los adulterios o a la magia, además de un Patricia González Gutiérrez es doctora en Historia
cierto peso del juramento hipocrático, que prohibía los pesarios Antigua por la Universidad Complutense de Madrid y
abortivos, harían que los médicos fueran extremadamente caute­ miembro de la Asociación Barbaricvm.Trabaja
principalmente sobre historia de género y de la
losos a la hora de recoger o transmitir estos conocimientos,
medicina y acaba de publicar, además de otros
siendo un recurso sencillo asociarlo solo a las prostitutas.
Hay que tener en cuenta, de todos modos, que los médicos Za0Haf^'re?,ro“°'qUe,ra'a S°bre COntrol -
Roma. Ha partrapado, además, en proyectos como la exposición
no eran exclusivamente varones, sino que muchas mujeres se Brujas de la Alcarria en el Monasterio deMonsalud.
Florence Gherchanoc - Université París Diderot-Paris 7/ANHIMA. SPC
i creemos al . rrsonaie de Medea en la tragedia epónima
tlorence Gherchanoc - Umversité París Diderot-Paris 7 / ANHIMA, SPC

Vivir como mujer en la Atenas clásica


Discursos masculinos sobre un destino sin sorpresa%

agresivos. Y en cuanto una sola noche nos haya uncido el yugo, se nos empuja a eloa' I 6S Sm alegría, otras a
afortunadas (Sófocles, Tereo, Fragmento 583). ^ 0 ^ a considerarnos
ARQUEOLOGÍA & HISTORIA 35

< El GINECEO es el espado de la casa reservado a las mujeres, y proba­


blemente fuera allí donde discurría la mayor parte del tiempo en el
día a día de estas. Se trata de una estancia que solía encontrarse en la
parte más interior de la casa, normalmente en un piso superior, sim­
bólicamente representando el lugar de la mujer en el oikos yen la vida
pública; en completa oposición al andrón, el lugar reservado a los
hombres y sus banquetes, que solía estar cerca de la calle. La ilustra­
ción representa el gineceo de una familia pudiente de la que vemos
TRES GENERACIONES DE MUJERES: madre, abuela (todavía joven)
e hija, que cuentan con esclavas y nodrizas para el cuidado y la edu­
cación de los niños. Todas ellas se encuentran inmersas en el trabajo
de la lana y el tejido, una de las principales actividades que se desem­
peñaban en el interior del gineceo. La madre carda la lana con la ayuda
de un epinetron, que sostiene en su rodilla, mientras la abuela enseña
a su nieta a hilar. Una esclava teje en un pequeño telar manual, mien­
tras otra atiende al más joven de la familia. Los primeros años de los
niños transcurrían en el gineceo, donde los pequeños jugaban, escu­
chaban historias y eran educados en las tradiciones y los valores so­
ciales o, si eran niñas, también en las artes domésticas. De pie junto al
umbral de la puerta, tal como aparece en muchas escenas de la cerá­
mica ateniense, como resistiéndose a entraren un espacio para ellos
"ajeno" está el KYRIOS vestido para un symposion y con el bastón en
su mano, lo que significa que viene o va hacia la calle, o -ru mor

mano de su kyrios o tutor (su padre u otra figura masculina de


la familia)- a un desconocido mayor que ella con el objeto de
darle hijos, a ser posible varones, que enriquezcan el oikos y la
ciudad. A ella corresponde el interior del oikos, el cuidado, la
“alimentación” y la “crianza” de los niños, mientras que el hom­
bre se ocupa del exterior, del trabajo de los campos y de la de­
fensa del territorio, tanto de su propia tierra como de su territorio
cívico, como muestran las escenas de despedida del guerrero
(Jenofonte, Económico, VII.20-26). Los autores atenienses de
época clásica proponen, en efecto, un discurso que construye
una imagen masculina tópica del telos (“destino”) de las hijas y
esposas de los ciudadanos en la ciudad de Atenea. Veamos cuál
es su recorrido ideal o idealizado.

Creciendo y criando en Atenas


Una vez reconocida como legítima e integrada en el oikos paterno
tras su nacimiento (Iseo, Sobre la herencia de Quirón, VIII. 14;
Sobre la herencia de Pirro, 111.30), la chiquilla tenía ya una vida
trazada. A través de los primeros juegos, de su educación y de
toda una serie de iniciaciones, rodeada de su madre, parientes,
vecinas y esclavas, trabajaba y aprendía, en este universo feme­
nino, las habilidades técnicas y las prácticas reconocidas como
femeninas y transmitidas de generación en generación, así como
"’Yrjfc
las reglas de la vida cotidiana: las erga gynaikeia o trabajos fe­
meninos -en particular el tejido-, la transformación de productos
agrícolas, o los rudimentos de la medicina y la puericultura, ade­
más del cuidado y preservación de las costumbres. Este aprendi­
zaje hará de ella una buena y hermosa esposa, honrada, fiel,
i creemos al personaje de Medea en la tragedia epónima llena de aidós (pudor) y sóphrosuné (templanza); una guardiana
de Eurípides, fechada en 431 a. C., la vida de una mujer del hogar y, en definitiva, una tierna madre que cuidará con es­
en la Atenas clásica no sería fácil: “De todo lo que tiene mero de la progenie de su esposo (Jenofonte, Ec., VI1.6.22-24).
vida y pensamiento, nosotras, las mujeres, somos el ser más Como atestigua el alegato del Pseudo Demóstenes (Contra Neera,
desgraciado” (230-231). Y es que a las dificultades que supone 122), fechado en tomo al 343-343 a. C., “las esposas (gynieikai)
el matrimonio se añaden los dolores del parlo, hasta el punto [las tenemos] para procrear legítimamente y tener un fiel guardián
que es preferible “tres veces estar a pie firme con un escudo, de los bienes de casa”. Del mismo modo, en las Memorables. un
que dar a luz una sola vez” y vivir, en casa, “una vida exenta de tratado filosófico escrito por Jenofonte en tomo al 370 a. C. Só­
peligros” (248-251). Medea, temible hechicera de origen no crates, dirigiéndose a su hijo, le recuerda:
griego y esposa traicionada, pone de relieve el terrible destino
de la mujer ateniense: el de una eterna inferior nacida para ser Sin duda no creerás que sea solo por los placeres de
“sometida bajo el yugo” y entregada en matrimonio -a una edad Afrodita que los hombres buscan engendrar hijos (pai-
entre los 14 y los 18 años, junto con una dote (pro'ix) y de la dopoieisthai), puesto que las calles y las casas están
36 ARQUEOLOGÍA & HISTORIA

==l==S==S3=ítlÍ|
conservaban estatuas similares. Algunos estudios indican que en época clásica las tumbas de los niños se ubicaban mas cerc
jeres adultas que a las de los hombres, a diferencia de lo que ocurría en el periodo Geométrico o Arcaico.

llenas de medios para satisfacerse; consideramos en a los dioses los productos del trabajo en el campo y en la cría
cambio a aquellas mujeres que nos darán los más hijos de ganado, para así comunicarse con ellos.
más hermosos(bc/f/$ía tekna), y es a estas a las que nos Igualmente, en el cuadro de una unión (gamos) entendida
uniremos para cumplir nuestras esperanzas (11.2.4). como legítima, a partir de la ley de Pericles sobre la ciudadanía
(451 a. C.) resultará tan importante la sexualidad de los hom­
La mujer es, en efecto, un “mal necesario”, como recuerda bres como la de aquellas mujeres que les son proveídas, en­
en primera instancia el mito hesiódico del siglo VIII a. C. a caminadas a la “fabricación” de hermosos hijos parecidos a
propósito de la creación de Pandora, precursora de la “raza de sus padres (padre y/o madre, siguiendo este discurso). Es esto
las mujeres”, por parte de Zeus (Teogonia, 570-616; Los tra­ precisamente lo que condiciona la elección de una esposa; se
bajosy los días, 42-105; Eurípides, Hipólito, 616-617). Tras la trata de ser ambicioso y hallar el mejor partido, la mejor
falta cometida por Prometeo, los hombres son mortales y sus mujer, que sea kalé (“bella”) el día de la boda; un plazo en el
vidas se convierten en un ponos (un duro trabajo). Deberán en­ que se inscribe la promesa del futuro y que anuncia la felicidad
tonces tomar esposas para perpetuarse y ofrecer como sacrificios y prosperidad que se espera en el matrimonio. La finalidad,
por tanto, es más la de fabricar un duplicado de sí mismo que
■—*

la de contar con alguien que pueda cuidarle durante la vejez


(gerotrophia); sin olvidar la voluntad de contratar una alianza
de prestigio y preservar o incluso incrementar el patrimonio
familiar.
El corpus medicinal hipocrático (siglos V-IV a. C.) muestra
hasta qué punto la sexualidad de las mujeres encaminada a la
procreación era un beneficio para estas, y su cuerpo encinto
constituía una garanda de una buena salud (Sobre la generación,
4; también en Platón, Timeo, 91c). Pero hacer hijos no respondía
solo a una necesidad o una función fisiológica, sino que atañe
igualmente a condicionantes culturales que enlazan los factores
fisiológicos o médicos con los factores sociales o políticos. Ese
es, en efecto, el destino de estas mujeres. Por el contrario, si al­
gunas parthenoi (“vírgenes”) de la tragedia griega, como Elec-
tra, no han podido cumplir esta función, se lamentan de su
“muerte social”:

[...] La mayor parte de mi vida se pierde en lamentos y


gemidos y sollozos nocturnos. Sin esposo y sin hijos,
arrastro mi vida, amargada para siempre (Eurípides,
Orestes, 202-207; trad. C. García Cual, BBG, 2000).

Hogar, dulce hogar


El matrimonio, la legitimidad de los hijos venideros y la b uena
reproducción del oikos y el grupo ciudadano preocupaban
también a los legisladores que se interesaban por la perennidad
de la ciudad, por la correcta transmisión de la ciudadanía y
las herencias, así como por el buen desarrollo de los cultos.
En la Atenas de época clásica, la ostentación de una ciudadanía
de derecho, condición necesaria para una carrera política aun-
que también para la participación en la vida pública, en asam­
bleas o tribunales, está sometida a condiciones estrictas de
naturaleza genealógica. A partir del 451 a. C., el derecho de
ciudadanía se hereda a través de una transmisión bilateral.
e este modo, un origen familiar reconocido como legítimo
confiere al individuo su estatus de ateniense. Nacer según las
eg as supone entre otras cosas haber sido engendrado por
una mujer [de nacimiento legítimo] que ha sido entregada
en matrimonio legal por el padre, el hermano consanguíneo o
el abuelo paterno” (Demóstenes, Contra Estéfano, 11.18) y
haber sido reconocido por su padre siguiendo las fórmulas
ARQUEOLOGÍA & HISTORIA 37
► Una ESCENA FAMILIAR en el oikos, representada en un tetes oa

la imagen central se alude a la prosperidad del oikos, con |a ¿arela


felizmente casada y agraciada con un hijo sano. A la derecha una
mujer (probablemente una esclava) sostiene un kalathos para la
lana, omnipresente en toda escena doméstica, ow
BY-SA 2.5 / Marsvas •vcvwCC

indicadas en el oikos. Finalmente, estos procedimientos ri­


tuales determinan el derecho a la citación y el derecho a la
sucesión.
La ciudad vela por su propia reproducción, por la repro­
ducción de su cuerpo cívico y por el nacimiento de ciudadanos
legítimos resultantes de uniones concebidas como legítimas.
Por otra parte, también protege el patrimonio y su transmisión,
y por ello se preocupa del epikleros, el estatuto de las niñas en
edad nubil y sin hermanos, que transmitirán el patrimonio a
sus hijos cuando estos alcancen los 18 años, mientras que estos
deberán encargarse de alimentar a su madre (Aristóteles, Cons­
titución de los Atenienses, LVI.6-7). Finalmente, si el hogar
paterno amenaza con extinguirse, el padre o hermano pueden
tomar a su hija o hermana para casarla con un pariente cercano,
en particular si esta no es todavía madre, como testimonian los
alegatos de Demóstenes (Contra Onétor). En dicho sentido,
las hijas o hermanas constituyen un “bien” muy preciado y un hecho de ser beneficiosa y no constituir un peligro o, simple­
objeto de preocupación y atención, y así, para su boda, cuando mente, no suponer un perjuicio social y político, constituye
se las confía al prójimo, se hace “rodeándose de la mayor se­ una evidencia de buen comportamiento, y como tal debe ser
guridad” (Demóstenes, Contra Onétor, 1.21). canalizada al servicio de la comunidad.
Desde esta perspectiva, igualmente, la ciudad vela por los En relación con ello y de forma más destacada, las hijas
buenos modales, en particular de los de las hijas y mujeres del y esposas de ciudadanos, en función de su estatus y su edad,
oikos. Se castiga especialmente a la mujer adúltera que es por son también intermediarias privilegiadas por la ciudad ante
consiguiente portadora de una mancha social y religiosa, in­ ciertas divinidades. Trabajan así para el oikos y la polis, par­
cluso política. Afectada por el deshonor, su estado se define ticipando en la vida religiosa y las numerosas celebraciones
de la ciudad como mediatrices cultuales, sobretodo en relación !
por la negación de todo lo que hasta entonces constituía su re­
conocimiento social en el oikos y la ciudad, como esposa, al culto a Deméter -en especial en las Tesmoforias, donde
como madre de hijos legítimos o como intermediaria privile­ ocupan para la ocasión el espacio político, mientras los hom­ {
giada ante ciertas divinidades. También la ley procu­ bres no se reúnen ni en los tribunales, ni en el consejo o en la
raba estigmatizarla y evitar así, a través del ejem­ asamblea- o al de Dioniso -con ocasión por ejemplo de las
plo y el rechazo, el contagio del adulterio Antisterias, la fiesta de las flores y el vino nuevo-, en terrenos
(Demóstenes, Contra Neera, 86-87). Por otra reconocidos como de su dominio: la fecundidad de los hu­
parte, se atribuye a Solón, arconte durante el manos y la fertilidad de los campos, la germinación de los
594 a. C. en Atenas, la decisión de haber prohibido vegetales y la domesticación de lo “salvaje”. Estas fiestas i
a estas mujeres el vestir con bellos ornamentos valoran también la función procreadora de las esposas, mu­
y tomar parte de las celebraciones de la ciu- jeres casadas legítimamente y a la vez fieles que han engen­
\ dad, ambos signos ostensibles de su estatus drado y solo engendrarán hijos legítimos. Mientras, desde
I j y su dignidad familiar y ciudadana. Si no pequeñas, las niñas y más tarde las jóvenes se muestran en
i
/ obedecía, se le despojaba de sus aderezos procesiones, en coros y cantos en honor a los dioses. Ofrecen
'/ (Esquines, Contra Tunarco, 1.183), lo que a las divinidades y también a los humanos el espectáculo de
' sin duda se justifica como una medida polí- su belleza dedicada al éxito de la fiesta, y encarnan el futuro
I • ca, puesto que a través de su mala conducta, de la comunidad. Entre ellas, un cierto número, principal­
; la reproducción del cuerpo cívico se ve com­ mente las que forman parte de la aristocracia, han recibido el
prometido. beneficio de una educación dirigida hacia el aprendizaje mu­
sical (aulós, cítara), el canto coral y la danza. Al valor peda­
Asomando al exterior gógico de la educación musical se añade la dimensión reli­
La belleza femenina, tanto física como social - giosa de la música. La iniciación musical se realiza en vistas
una belleza fundada en el nacimiento así como en a la participación de la joven niña en los coros líricos -por lo
su estatus en la familia y en la ciudad, señalado común relacionados con Afrodita-, que tienen en sí mismos
entre otras cosas por sus vestidos y adornos-, por el una función pedagógica. Además, algunos ritos que concier-
◄ Los hallazgos arqueológicos en los ajuares de tumbas infantiles sugieren que los JUGUETES ya estaban concebidos con distinción de
sexo como ocurriría con los carros de juguete, los aros o las figurillas de caballos, que son más frecuentes en las tumbas de niños, o con
las MUÑECAS ARTICULADAS de terracota en las de las niñas. Una buena fuente para conocer los juegos de la infancia son los choes,
pequeñas jarritas de vino que se entregaban a los niños cuando tenían tres años con ocasión de la celebración de las Antesterias. una
festividad dedicada que en Atenas se dedicaba a Dioniso (de ahí que se destinen al vino) y que se ornamentaban con escenas de niños
y niñas jugando con todo tipo de objetos o incluso participando en juegos de tipo simbólico. Museo arqueológico Nacional de Atenas,
siglos V-IV a. C. O WutvtWA Commons / Govanm Dau'Okto

i
◄ La MUJER ANCIANA era casi invisible en la sociedad griega. Es
este un hecho no demasiado sorprendente si consideramos que
los griegos concebían a las mujeres con fines reproductivos o se­
xuales. La vejez suponía, pues, un cambio sustancial en cuanto a
las relaciones hombre-mujer, y en consecuencia en relación al
papel de estas en la sociedad. Esta cuestión, que no se extendía
al ámbito religioso, significaba por una parte un menosprecio,
pero por otra otorgaba a las mujeres mayores una mayor libertad
de movimientos fuera de casa, puesto que ya no suponían una
amenaza para la preservación de la polis. La imagen corresponde
al detalle de un skyphos del pintor de Pistoxenos (ca. 480-470 a. C.)
y representa a la anciana Geropso (literalmente "de aspecto
senil"), la nodriza tracia de Heracles, con un aspecto descuidado,
desdentada y tatuada en un brazo.

Una ciudad para los hombres


La ciudad es, en efecto, un mundo o un “club” de hombres, o en
todo caso un sistema que magnifica los valores masculinos y relega
a las sombras a las mujeres, madres, esposas e hijos de ciudadanos.
nen a un pequeño grupo de niñas actuando en representación Sin embargo, los autores antiguos, siguiendo lógicas narrativas y
de su grupo de edad sacralizan, al servicio de Atenea o Arte­ genéricas distintas, cuando recuerdan el lugar asignado a los hom­
misa, las actividades femeninas (transformación del grano, bres en la ciudad, ponen también de relieve la indispensable pre­
limpieza y tejido) y las preparan para el papel de esposas. Lo sencia y la importancia del género femenino para el buen funcio­
biológico y lo social se asocian así estrechamente para definir namiento político, social, económico y religioso del oikos y la
una carrera ritual y religiosa al servicio de la ciudad. Se polis, así como para la perduración de este. Los discursos trágicos,
diseña un recorrido ideal que cumplirán una parte o el con­ los cómicos, los alegatos legales, los discursos médicos o los tra­
junto de las hijas de buena cuna (eugenés), tal como canta el tados político-filosóficos, coinciden en construir una imagen am­
coro de ancianas atenienses dirigiéndose al público en la Li- bivalente de la mujer -un “hermoso” mal necesario, a semejanza
sístrata de Aristófanes (638-647), que mencionan una tra­ de Pandora - y de su vida al servicio de la ciudad; una imagen que
yectoria ritual que da comienzo a los siete años. ilustra las tensiones entre lo masculino y lo femenino. Pero en esta
La ciudad, a través del sesgo de las iniciaciones rituales, trayectoria ideal de vida, falta indudablemente la voz de las mujeres
socializa de forma simbólica a sus hijas, les impone las normas para matizar esta visión masculina de su destino; un destino ideal
masculinas y vela por la reproducción del cuerpo social a tra­ o idealizado al servicio del oikos y de la ciudad.
vés del aprendizaje de actividades femeninas encaminadas al
matrimonio, garantizando de este modo el futuro y la conti­
nuidad de la comunidad. Estos ritos son, en consecuencia, BIBLIOGRAFÍA
una forma de legitimar las diferencias sociales y la distinción Bodiou, L; Brulé, P.; Pierini, L (2005): "En Gréce antique, la
de sexos. Además, las más jóvenes (en particular las impúbe­ douloureuse obligation de la matemité" Clio. Histoire, femmes et
res) así como las más ancianas, desprovistas de las manchas sociétés, 21, pp. 17-42.
asociadas a la sangre menstrual o la sexualidad “activa”, son Bruit Zaidman, L (1991 ):"Les filies de Pandore. Femmes et rituels
susceptibles, de forma privilegiada aunque no exclusiva, de dans les cités" en Schmitt Pantel, P. (dir.): Histoire des femmes en
ocupar una función oficial al servicio de las diosas, un sacer­ Occident, I. París, pp. 363-403.
docio asociado a divinidades “femeninas” como Atenea -por Caíame, C (1977): Les choeurs dejeunes filies en Gréce orchdique, II.
ejemplo a la Polias, el sacerdocio más importante de la ciu­ Roma: Ateneo.
dad-, Ártemis, o Deméter y Kore en Eleusis. Como sacerdo­ Gherchanoc, G. (2012): Loikos en féte. Célébrations familioles et
tisas, son escogidas por sorteo o elegidas por hombres ciuda­ sociabilitéen Gréce oncienne. Paris: Publications de la Sorbonne.
danos en función de su edad (anterior o contemporánea al Gherchanoc, F. (dir.) (2015): Méres grecques, Cahiers "Mondes
matrimonio), su capacidad o no de tener hijos, su estatus, o anciens" 6. http://mondesanciens.revues.Org/1286
Loraux, N. (1981 ):"Le lit, la guerre" Lhomme, 21, pp. 37-67.
las exigencias o no de puridad ritual y castidad. En definitiva,
Mossé, C. (1983): La femme dans la Gréce antique. Paris: Albín
las hijas y mujeres de ciudadanos, ya sean vírgenes (parthe-
Michel.
no/'), esposas (gynaikes) o ancianas {presbutes), aseguran en
muchas ocasiones una comunicación privilegiada y de calidad
- Bibliografía completa en www.despertaferro-ediciones.com
con lo divino para el conjunto de la ciudad. Por el hecho de
haber nacido mujeres, el universo de lo sagrado requiere de
su presencia, pero lo hacen instrumentalizadas por los hom­ Florence Gherchanoc es maitre de conférences
bres, sirviendo -en distintos estadios de sus vidas- a la co­ habilitada a dirigir investigaciones sobre Historia
munidad tanto en el plano social como en el político y reli­ griega en la Université Paris Diderot-Paris 7 (SPC) y
gioso. Sin embargo, estos rituales tejen igualmente lazos de miembro del centro ANHIMA (Anthropologie et
sociabilidad a menudo exclusivamente femeninos y construyen histoire des mondes antiques, UMR 8210). Sus
así una comunidad ritual de mujeres unidas que se encuentras investigaciones se centran principalmente en la familia, el cuerpo y la
en fechas concertadas para el servicio a los dioses, lo que las indumentaria del mundo griego desde una perspectiva histórica y
antropológica. Entre otras obras, ha publicado Loikos en féte.
convierte en útiles y beneficiosas para la ciudad, aunque tam­
Célébrations familiales etsodabilité en Gréce ancienne (Publications de la
bién en seres a veces temibles o temidos allí donde la in­
Sorbonne, 2012) y, más recientemente Concours de beauté et beautés
fluencia y el control masculinos parecen menos fuertes. du corps en Gréce ancienne (Ausonius, 2016).
Matthew Dillon - University oí New England

A las mujeres de la Grecia clásica se les negaba toda función política y jurídica, que se daba por sentado asumían los
ciudadanos varones. Su papel estaba en el ámbito de lo doméstico, dentro de casa. Pese a ello, en el terreno de lo religioso
desempeñaron importantes cometidos que eran percibidos como decisivos a los ojos del conjunto de la comunidad.

Y a fuera como jóvenes, como adultas vírgenes, como sol­


teras o como esposas, las mujeres realizaron una gran
variedad de tareas y funciones religiosas, muchas de ellas
en el terreno de lo público. Por ejemplo, las jóvenes solteras servían
¡Qué guapa estaba! Llevaba en el cuello un colgante de
higos secos. (Lisístrata, 641-647)

Sobre las puertas del Partenón en la acrópolis de Atenas,


como portadoras de cestas en las procesiones de las festividades, pueden observarse en efecto dos chicas jóvenes recibiendo ob­
mientras que las adultas actuaban como sacerdotisas ante el altar jetos de una figura femenina vestida, probablemente la sacer­
de una divinidad y presidían el sacrificio de animales a los dioses. dotisa de Atenea Polias. Estos son precisamente los símbolos a
Además, las mujeres casadas llevaban a cabo rituales secretos en los que refería Aristófanes, pero se trataba de objetos descono­
los que no podían participar los hombres, ceremonias que los an­ cidos, un secreto al que solo las sacerdotisas tenían acceso. A
tiguos griegos consideraban necesarias para obtener la bendición estas chicas se las conocía como arrephoroi, y se escogía a dos
de los dioses sobre los campos y las cosechas. Las mujeres también de ellas cada año para llevar a cabo un rito nocturno en honor
se involucraron en la adoración de divinidades “nuevas” como a la diosa. A los diez años de edad, las jóvenes atenienses
Adonis, que en el periodo clásico no formaban parte de la estructura molían grano para hacer pastelillos sacrificiales que ofrecerían
religiosa formal de la ciudad. Niñas y mujeres eran por tanto a Artemisa, y más adelante servían a esta misma diosa, se las
visibles e importantes en las actividades religiosas, y tenían deberes llamaba sus “oseznas” y competían en carreras en su honor.
rituales que eran considerados por todos como especialmente sig­ Sin embargo, la tarea de portadora de cestas era el más im­
nificativos para la preservación de una correcta relación entre las portante y la que afectaba a mayor número de chicas jóvenes sol­
ciudades o pueblos \ ' is dioses, recibiendo beneficios de estos. teras. En las procesiones religiosas de toda Grecia, las adolescentes
en edad núbil llevaban canastas (kana) en sus cabezas, y es por
La participación < ugiosa antes del matrimonio ello que se las llamaba kanephoroi (“portadoras de cestas”). Estas
En su obra Lisístr . , del siglo V a. C., Aristófanes cita una conteman objetos necesarios para los sacrificios, como cuchillos
lista de las principa :: s tareas desempeñadas por las mujeres jó­ para cortar cabellos de las cabezas de las bestias -que serían arro­
venes antes de casarse, y menciona los ritos en los que partici­ jados al fuego sacrificial en la primera ofrenda-, así como grano
paban: que se echaba a los animales para que estos se inclinaran en agra­
decimiento por ser sacrificados.
A los siete años ya llevaba las insignias de Atenea Polias. En el célebre friso oriental del Partenón aparecen muchas
Luego, cuando tenía diez, molía el grano para Artemisa, mujeres adultas que forman parte de la procesión en honor a
y en las Brauronia hacía de osa con un vestido muy bo­ Atenea. Su virginidad y pureza las hace particularmente propicias
nito, de color azafrán. Incluso me encomendaron -por y adecuadas para honrar a la diosa y participar en su veneración.
entonces yo ya era más mayor- la cesta de las ofrendas. Algunas de las chicas jóvenes, solteras, llevan incensarios; otras,
a Parte del friso oriental del Partenón. En la parte izquierda aparecen representadas las dos ARREPHOROI cargando unos fardos envueltos en
tela y otros objetos indeterminados -una de ellas lleva claramente una antorcha, que sostiene ante otra mujer de mayor edad, sin duda u
cerdotisa de Atenea Polias-. A la derecha, un personaje masculino recibe el peplos de manos de una chica joven. British Museu*
na sa-
nV-) WlWVíwa Commoss
/ CC BY-SA 3.0 / Yajr Haklai
40 ARQUEOLOGÍA & HISTORIA
▼ Dos mujeres jóvenes adornan a los BUEYES QUE VAN A SER SACRIFICADOS a los dioses con cintas. Ánfora de figuras rojas at p’ntor
de Nausicaa y conservada en el British Museum (co. 450-425 a.C).^B*cHüMWG/AMiteowta.NY

cuencos o jarras que se usarían para hacer libaciones de vino. torno al 270 a. C.), por su parte, describe cómo cuatro grupos
También era cometido de las mujeres solteras ornamentar a las de dieciséis niñas cada uno se ungían en el río Eurotas en
bestias que se iban a sacrificar hasta convertirlas en bellas ofren­ Esparta y echaban carreras en honor a Helena (la Helena de
das para los dioses. Un vaso ateniense de figuras rojas muestra a Troya) [N. del E.: que era de origen espartano], esperando en­
dos mujeres decorando a bueyes con cintas para hacerlos más contrar un marido como el de esta; es decir, como Menelao.
deseables para el dios al que van a ser sacrificados. Las jóvenes espartanas también disputaban carreras en honor a
Con anterioridad a la boda, las novias llevaban a cabo ritos Dioniso, pero todas estas actividades cesaban cuando se casaban
de paso que señalaban su cambio de condición. Antes del ma­ y terminaban los días de libertad propios de la juventud.
trimonio, era habitual que las chicas dedicaran un mechón de Asimismo, en Atenas, los padres de una mujer joven que
pelo a alguna divinidad femenina local que esperaban que las iba a casarse conducían a su hija hacia la acrópolis para realizar
ayudaría durante la transición. Así, por ejemplo, una joven de la proteleia, el rito previo al matrimonio, que consisüa en venerar
la isla de Paros dedicaría su mechón a Hera, la diosa principal a Atenea y rezar por su bendición al próximo enlace (Platón,
del matrimonio (Arquíloco, Fragmentos, 326). Asimismo, las Leyes, 774e). También había allí un cofre de piedra para las
chicas jóvenes, al igual que los chicos, cantaban en coros para ofrendas en el que estas jóvenes ponían un dracma que ofrecían
honrar a las diosas. Las canciones mejor conocidas para las a la Afrodita Celestial. Todos estos rituales señalaban su transi­
niñas y las mujeres jóvenes proceden de Esparta, donde el poeta ción hacia la edad adulta.
lírico Alemán escribió, en el siglo VI a. C., algunas composi­
ciones para coros femeninos; la más famosa de las cuales fue Sacerdotisas
su Partheneion (“la canción de la doncella”) en honor a “Arte­ Una vez alcanzada la madurez, existían otras muchas funciones
misa del Alba”. El Idilio demimoctavo de Teócrito (escrito en que podían realizar las mujeres, y la más importante de ellas era
sin duda la del sacerdocio, con
el que llegaron a desempeñar
papeles de gran importancia
para la religión griega. En ge­
neral, las divinidades masculinas
tendían a contar con sacerdotes
varones, mienuas que las feme­
ninas solían emplear a sacerdo­
tisas, pero este no era siempre
el caso, como ocurre en el san­
tuario de Apolo en Delfos, que
habitualmente estuvo servido
por estas. Las de Atenea Polias
(la Atenea “de la ciudad”) en
Atenas presidían los abundantes
sacrificios que se ofrecían a la
diosa a lo largo del año, tanto
por parte del estado como por
parte de privados. Un vaso ate­
niense de figuras negras muestra
a una de estas sacerdotisas de
pie ante la diosa y su altar, lle­
vando espigas que arrojará a las
llamas del altar como ofrenda
preliminar a la diosa. Después
de ello, dirigirá el sacrificio del
buey, y como privilegio recibirá
parte de la carne sacrificial de
la bestia. En Atenas, estas sacer­
dotisas ocupaban su cargo de
por vida. Lisímaca, por ejemplo,
lo hizo durante 64 años, y llegó
a ser una figura pública muy co­
nocida (Plinio, Historia Natural,
XXXIV.76). Crisis, por su
parte, sirvió a la diosa Hera en
Argos durante 48 años, hasta
que huyó hacia Tegea tras que­
darse dormida en el templo,
ARQUEOLOGÍA & HISTORIA 41

seen de Berlín, owikivcoiacommons/cc by-sa4.0/m¡Guu Hermoso Cuesta

puesto que una antorcha que ella había encendido quemó las
guirnaldas del templo, que se incendió hasta los cimientos (Tu-
cídides, IV. 133.2).
A menudo, las sacerdotisas representadas en las estelas de
sus tumbas se muestran llevando una gran llave, que es la del
templo de la diosa a la que servía, y esta es precisamente la
labor principal de una sacerdotisa, custodia de su templo. Poli-
xena, por ejemplo, conmemoró su muerte con un monumento
funerario de un metro de altura en el que ella misma aparecía
representada con su atavío sacerdotal y su velo, sosteniendo
una estatuilla de una diosa, probablemente Hera si atendemos
al velo y su tocado (el polos). Como Polixena también lleva
velo, el principal atributo de Hera, es muy probable que fuera
sacerdotisa de esta diosa.

Las mujeres y la fertilidad de los campos


Las mujeres participaban junto a los hombres en numerosos cultos
y rituales civiles y familiares, pero también existían festivales muy
importantes en los que solo intervenían mujeres. Estos están por
lo general asociados con la agricultura, y por ello estaban reservados
a las mujeres, de las que se creía que tenían una relación especial
con la fertilidad de la tierra, que en definitiva estaba representada
por la diosa Gea. Entre ellos se incluía el festival de lasTesmoforias,
que se celebraba en todas las grandes poblaciones y ciudades del
mundo griego. En Atenas, duraban tres días, mientras que en Sira-
cusa se prolongaban hasta diez. Muchas ciudadanas dejaban sus
casas durante el festival, y abandonaban sus tareas domésticas. Se
juntaban entonces en grupos y realizaban ritos secretos en honor
de Deméter, diosa de la agricultura, que incluían el sacrificio de
cochinillos, que eran arrojados a hoyos junto con figuras de phalloi
y serpientes hechas con masa de harina. Meses después, unas mu­
jeres en particular, que se conocían como las antletriari exhumaban
los restos ya descompuestos para posteriormente, antes de la siem­
bra, repartirlos ritualmente sobre los campos. Según esta tradición,
la capacidad de las mujeres de engendrar hijos las acercaba a De­
méter en tanto que esta diosa es la que aseguraba la fertilidad del el pecho, muchachas, y rasgaos las vestiduras también” (Frag­
suelo. mentos, 140.168). En su Lisístrata (fechada ca. 411 a. C.), Aris­
tófanes deja claro que no aprueba este rito (Lisístrata, 387-398),
El festival de Las Adonias que entendió como un mal presagio y una premonición en relación
El de las Adonias era otro de los festivales reservados en exclusiva con la desastrosa expedición ateniense de 423 a. C. [N. del E: a
a las mujeres, pero en este caso no correspondía a la religión oficial Sicilial, puesto que mientras las naves surcaban el mar, las mu­
de la polis, sino que era un rito privado celebrado fuera del calen­ jeres se lamentaban y lloraban por Adonis, lo que en retrospectiva
dario religioso estatal. Una de las razones de ello es que esta festi­ reflejaba la desesperación de los atenienses en una campaña que
vidad estaba dedicada a Adonis, una divinidad oriental que nunca supuso la pérdida de miles de vidas atenienses (Plutarco, Nicias,
fue del todo aceptada en el panteón griego. El mito cuenta que XIII.11; Alcibíades, XVIII.5).
Afrodita, la diosa &’l amor, se enamoró perdidamente del joven y
hermoso Adonis, poro este pereció a manos de un jabalí mientras Las mujeres de Dioniso
cazaba. En los últimos momentos de su vida. Afrodita lo tendió en A lo largo del territorio griego, muchas ciudades contaban con ri­
un lecho hecho con lechugas. tuales que honraban a Dioniso, el dios del gozo y del vino. El vino
Cada año, mujeres de todas partes del mundo griego llenaban era una bebida extremadamente importante para los griegos, la
con tierra algunas jarras de cerámica rotas por la mitad, plantaban veneración a su dios resultaba vital para garantizar una buena ven­
en ellas lechugas y las dejaban en los techos de sus casas. Cuando dimia, y las mujeres, en particular, eran quienes tenían el papel
llegaba la época del festival, depositaban pequeños muñecos re­ más importante en esta veneración. En Atenas, lejos de la presencia
presentando a Adonis encima de la lechuga -imitando lo que de los hombres, algunas mujeres se congregaban en un recinto ce­
hizo Afrodita— y luego se lamentaban por su pérdida. Así lo rrado y bailaban descalzas con desenfreno ante una efigie del dios
refleja Safo de Lesbos en un pasaje: “¡Ay de ti, Adonis! Se te Dioniso, agitando sus cabezas hacia adelante y hacia atrás, con el
muere el tierno Adonis, Citerea. ¿Qué podemos hacer? Golpeaos pelo suelto. Detalles como el hecho de ir descalzas o desmelenadas
► Reconstrucción ideal de una consulta en el SANTUARIO ORACU­
LAR DE DELFOS. La escena está ambientada en el adyton del tem­
plo, al fondo del mégaron, donde se cree que tenían lugar los rituales
de adivinación de LA PITIA. Las consultas al oráculo de Apolo en
este santuario son bien conocidas en el mundo griego y su impor­
tancia aparece citada en muchas fuentes, aunque al tratarse de una
práctica panhelénica consabida para muchos de los que asistían a
él, estas mismas fuentes suelen ser bastante parcas en detalles y,
además el propio proceso de inspiración de la pitia era algo que se
mantenía en secreto. La ilustración representa la demanda de una
mujer que ha acudido al oráculo de forma privada para preguntar a
Apolo sobre si va a poder tener hijos, un tipo de consulta que se co­
noce a través de algunas inscripciones del siglo IV a. C. La solicitante,
acompañada por un sirviente del templo, atiende pacientemente
sentada en el oikos tras la cortina que los separa del resto del adyton,
que aquí aparece abierta artificialmente para hacer visible lo que
ocurre en su interior. Este hecho es relevante, puesto que ningún
asistente puede vera la pitia durante el proceso en el que es poseída
por el dios y recibe la inspiración. La pitia está BAJO LA INFLUENCIA
DE LA MANIA y sentada en el trípode, situado encima de la chasma
(un agujero en el subsuelo que conecta con el mundo ctónico). Un
sacerdote y un joven sirviente están presentes, aunque el protago­
nismo absoluto en el ritual lo tiene la propia pitia. Cerca de ellos,
pueden reconocerse algunos elementos citados en las fuentes y a
veces representados en la iconografía griega en asociación al orá­
culo: fundamentalmente el laurel, el omphalos (la piedra que según
la tradición colocó Zeus en el centro del mundo), la estatua dorada
de Apolo (no se trata de la estatua de culto de la divinidad, que se
encontraría en el opistodomos y sería de dimensiones colosales) y la
llamada tumba de Dioniso. eMik jaxukec

indican que estas mujeres han renunciado a su condición normal,


sosegada, para adorar al dios en un estado de enthousiasmos (“tener
el dios dentro de sí”). Algunas sostendrían un largo bastón de
hinojo, el thyrsos, emblema del dios. A estas mujeres, adoradoras
de Dioniso, se las conocía como bacantes, en relación a uno de los
nombres de este (Baco); o bien como ménades, que procede de la
palabra griega manía (“posesión”, “frenesí”). Muchos vasos de
cerámica ática representan a mujeres participando en estos ritos
báquicos, como el ejemplo que aparece en una de las imágenes de
este artículo, fechado en tomo al 475 a. C.
Según describe Eurípides en Las bacantes, en la ciudad de Te-
bas las mujeres adultas dejaban la ciudad una vez cada dos años,
abandonando sus telares y sus deberes domésticos para danzar en
los montes en honor al dios. De forma similar, un grupo de mujeres
atenienses, las thyiades, salían de su ciudad cada dos anos para di­
rigirse hacia Delfos, y en su camino realizaban danzas en honor a
Dioniso. Las mujeres de Focis, en el centro de Grecia, hacían lo
mismo, de modo que cabe imaginar que cada segundo ano grupos
de mujeres de toda Grecia viajaban en honor de Dioniso, evocando
su propio viaje desde Asia Menor hasta Grecia, bailando y hon­
rándolo de ciudad en ciudad (Pausanias, X.4.3; X.32.7).
Por tanto, las mujeres griegas participaron en rituales muy va­
riados que excluían a los hombres. Además de los casos citados, orientado al aprovechamiento de los talentos femeninos para el otorgaba oráculos un día al mes y solo durante nueve meses al
había otros, como por ejemplo en Atenas, donde algunas mujeres diosas: muchas estatuas de culto eran cuidadosamente lavadas año, y el templo cerraba durante el invierno. Se sentaba en un trí­
realizaban ritos secretos en honor a las Moiras o a las “diosas sin por mujeres (las únicas que podían ver a la diosa “desnuda”, sin culto a los dioses. pode en una cámara, y los consultantes acudían a ella con preguntas
nombre”. Nada se conoce de estas prácticas, pero está claro que su vestido de culto) y se les daba un nuevo atuendo que llevar, el que esta contestaba. De acuerdo con las habilidades de cada pitia,
las mujeres guardaban una estrecha relación con estas divinidades, peplos. En Atenas, por ejemplo, cada año las mujeres tejían un Profecías y profetisas el oráculo que pronunciaba podía ser recitado en prosa o cantado
Uno de los oficios femeninos más conocidos de la antigua Grecia
a diferencia de los hombres, cuya participación en ellos habría re­ nuevo vestido para la antigua estatua de madera de Atenea, y a era el de la pitia, la profetisa-sacerdotisa de Apolo en Delfos. La en versos hexámetros, y el consultante podía memorizar el mensaje
sultado inútil e infructuosa. este ritual se le conocía como la Plynteria “la ceremonia de aseo” o bien solicitarlo por escrito.
pitia podía ser una mujer madura, aunque vestia como una virgen,
Durante este día, como la diosa se encontraba desnuda y ocupada Las fuentes de inspiración de la pitia han sido tradicionalmente
y ostentaba la posición más prominente que podía ocupar una
La religión en el ámbito doméstico con su higiene, no se podía realizar ninguna actividad oficial en mujer en un cargo de tipo religioso en la Grecia clásica. Se creía un tema de discusión. Plutarco, que fue sacerdote de Delfos en el
Mientras las bacantes abandonaban sus deberes domésticos para toda la ciudad (Jenofonte, Helénicas, 1.4.12). También a la estatua que ella era la “portavoz” del dios Apolo, que hablaba a través de siglo 11 d. C., escribió un tratado titulado Sobre la obsolescencia de
adorar a Dioniso, otras prácticas rituales tenían en cuenta el papel de Hera en Olimpia se le presentaba un nuevo peplos cada cuatro ella. En los siglos V y IV a. C., cientos de peregrinos, tanto a titulo los oráculos, en el que propone varias teorías acerca de cómo se
social tradicional de las mujeres. Una de las tareas particulares de años, coincidiendo con el festival olímpico (Pausanias, V. 16.2-8; privado como a título oficial de una ciudad, viajaban cada año a inspiraba la pitia para comprender y manifestar las profecías de su
las mujeres consistia en hacer pastelillos para los sacrificios ri­ VI.24.1), mientras que a Apolo las mujeres de Amidas en Esparta Delfos para solicitar el consejo de Apolo a través de ella. La pitia dios. El autor creía que inhalaciones sagradas o espíritus (daimones)
tuales. Del mismo modo, en ocasiones también tejían para las le tejían cada año un nuevo chitón (111.16.2). Todo ello estaba
ARQUEOLOGÍA & HISTORIA 45

I•
‘ xos, quien en tomo al 650 a. C. ofreció una estatua de Artemisa Las mujeres eran enérgicas plañideras, incluso demasiado a
vino o BPK BlltMGINTUR / SlAATUCHJ MliSEEN. BfRUN / JONANNES lAURENTTUS
de gran tamaño en el templo de esta diosa en la isla de Délos, y los ojos de algunos ciudadanos. Varias ciudades del periodo clá­
podían ser los responsables, pero realmente lo desconocía pese a divinamente inspirados. Platón conoció este Upo de práctica en el en ella inscribió su propio nombre. Durante siglos, no solo se sico decretaron leyes para prevenir lo que consideraban hábitos
servir en ese mismo templo. Diodoro de Sicilia (XVI.26.1-5), en el siglo IV a. C. (Platón, Sofista, 252c), que sin duda ofrecía un mé­ ofrendaron estatuas, sino también objetos femeninos como espejos excesivos en el luto femenino. Atenas y Delfos, por ejemplo,
siglo II a. C., creía que existía una sima bajo el templo, y que algunos todo proféüco prácüco que no requería de un viaje hasta Delfos. o joyas. En particular, las mujeres que habían sobrevivido a un prohibieron a las mujeres lacerar sus mejillas, y limitaron los
gases procedentes de esta hadan aludnar a la pitia para que soltara parto dedicaban ropas caras o algún otro tipo de objeto a Artemisa, lamentos únicamente a la persona que iba a ser enterrada, puesto
sus profecías. Desafortunadamente, la investigación moderna indica Sacrificios la diosa de los partos. Las autoridades de los templos en los san­ que muchas veces aprovechaban la excusa del funeral para ha­
que no hubo ni simas ni fallas bajo el templo, y de hecho los gases Como hemos visto antes, las mujeres jóvenes estaban presentes tuarios de esta diosa en Atenas y Braurón, en el Ática, registraron cerlo también por sus personas amadas y perdidas con anterio­
no habrían induddo a un estado de delirio profético a nadie. en los sacrificios aun antes del matrimonio, pero además también listados de ropas que habían sido donadas por madres agradecidas. ridad (Demóstenes, XLIII.62; Plutarco, Solón, XII. 1; XII.8).
Se consultaba a la pitia por motivos muy distintos, algunos re- lo estaban las sacerdotisas, que conducían el propio acto. Cuando Un relieve de mármol de Equino, en el norte de Grecia, muestra Para prevenir que el luto durara mucho durante el funeral, se les
ladonados con cuestiones particulares (por ejemplo, la posibilidad el hacha golpeaba a la víctima, las mujeres presentes entonaban a una sirvienta enseñando un niño a una estatua de Artemisa en pedía que partieran por delante de los hombres. En efecto, mien­
o no de tener hijos), pero en el periodo clásico mayoritariamente un llanto ritual, la ololygé, presumiblemente para llamar la atención su templo, mientras la madre observa. En el relieve se aprecia la tras que las mujeres tenían una importancia fundamental en el
acudían representantes de ciudades que solidtaban consejo o apro- de los dioses sobre aquello que se les ofrendaba. La presencia de presencia de ropas y un par de botas de mujer colgando de las pa­ luto, los hombres de algunas ciudades consideraban que su modo
badón en cuestiones como por ejemplo la fundación de colonias, mujeres en los sacrificios estaba tan extendida que existía una ley redes del templo; testimonio de algunas ofrendas entregadas por de lamentarse debía contenerse y reprimirse.
las epidemias en la dudad, las sequías, los cambios en algunos ri­ ateniense que impedía a aquellas culpables de adulterio asistir a mujeres que habían dado a luz satisfactoriamente.
tuales, la institución de festividades, la guerra, o cómo expiar el los sacrificios públicos, lo que constituía una suerte de ostracismo Conclusiones
mal augurio que sugerían ciertos portentos o prodigios. religioso percibido como un excelente modo de castigar a aquellas Mujeres y rituales funerarios Hemos visto como las mujeres desempeñaban papeles litúrgicos
En el santuario de Zeus en Dodona (en el noroeste de Grecia), que habían causado pública ofensa (Esquines, 1.183). Además, la Los rituales funerarios de la Grecia clásica contemplaban claras muy importantes. Gozaban de presencia pública en las ceremonias
tres sacerdotisas conocidas como las “palomas” servían también presencia de mujeres era tan importante en los rituales públicos diferencias de género: los hombres realizaban ciertas tareas, y las funerarias, tanto en la ciudad como en sus casas. Así lo ponía
como profetisas. Los peticionarios inscribían sus solicitudes en que estas debían asistir tan pronto como fuera posible después de mujeres otras. Así, los varones se lamentaban en silencio, sin Eurípides en boca de la protagonista femenina de una de sus tra­
pequeños fragmentos de plomo y una sacerdotisa se encargaba de haber dado a luz o incluso inmediatamente después de haberse li­ mostrar emociones, como bien refleja la cerámica ática y otros gedias, de la que solo se conservan unos pocos fragmentos (Me-
contestarlas. Un buen ejemplo de las preguntas que podía haber es brado de la contaminación que suponía la participación en un fu­ soportes iconográficos. Eran las mujeres quienes preparaban el lanipa cautiva, F494-495):
el de Anaxipos, quien escribió en una tablilla de plomo: “¿A qué neral. No en vano, la comunidad en su conjunto estaba deseosa cuerpo del difunto, lo lavaban, lo vestían y lo dejaban listo para
dioses tendría que rezar para tener hijos varones con mi esposa Fi- de que sus dioses fueran venerados por todos los miembros de la llevarlo hasta la carreta que lo conduciría hasta el cementerio. En En cuanto concierne a los dioses -pues en primer lugar
lista?” comunidad. estas representaciones, las mujeres aparecen en la casa, cerca del considero esto- (las mujeres 1 tenemos la mayor parte:
Además de las profetisas que aconsejaron a miles de solici­ cadáver (que está en un féretro), o acompañando el carro fúnebre en los oráculos de Febo dan a conocer la intención de
tantes a lo largo de siglos, había otras mujeres a las que se podía Ofrendas a las diosas en posturas activas de luto -golpeándose la cabeza, tirándose del Apolo [...], y en los santos cimientos del templo de Do-
consultar a título individual y a las que se llamaba “habladoras Muchas veces las mujeres expresaban su piedad a través de regalos pelo o arañándose las mejillas hasta sangrar- Los hombres, en dona, junto a la encina sagrada, son las mujeres quienes
del vientre”. Se decía que estas mujeres profetizaban a partir de que ofrecían a los dioses. La más antigua de las dedicaciones co­ cambio, aparecen de pie en tomo al cadáver, levantando las manos dan cauce a las intenciones de Zeus. Cierto, en los rituales
sus vientres o estómagos y daban consejos que, afirmaban, estaban nocidas entre las realizadas por mujeres es la de Nicandra de Na­ en un silencioso gesto de respeto. que se llevan a cabo para las Moiras o las Diosas Inno­
minadas, no es permitido a hombre alguno participar:
los ritos florecen solamente en las manos de mujeres.

BIBLIOGRAFÍA
Dillon, M. P. J. (2002): Girls and Women in Cassical Greek Religión.
London-NewYork: Routledge.
Dillon, M.P.J. (2016):"Chrysisthepriestesshaving placed a lighted
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and Power in the Ancient Greek World, Uppsala: Uppsala
• mi- University Press.

E Bibliografía completa en www.despertaferro-ediciones.com

Matthew Dillon es profesor asociado de Clásicas e LLEUV'U


Historia Antigua en la University of New England,
Australia. Está especializado en la religión de la Grecia
antigua, y en particular interesado en la religión de las
mujeres y niños griegos. Es autor de cuatro
monografías, entre las que se incluye Girls and Women in classical
Greek religión (Routledge, 2002).
I
SÉ»
Raquel Fórmeles - Universidad Autónoma de Madrid

El teatro griego, una de las formas de expresión más importantes de


todos los tiempos, concedió a las mujeres un gran protagonismo. ■v
La tragedia se inspiraba en el mito, la comedia, en la vida cotidiana , ^ ^
ateniense y, en ambos géneros, ellas tuvieron mucho que decir.

n el siglo V a. C., el poder de las poleis griegas y las

E manifestaciones culturales que en ellas se desarrollaron


alcanzaron su máximo esplendor. Atenas destacó por
encima de todas, especialmente en el periodo conocido como el
comprobar si tenemos en casa un amante escondido” (Tesmo-
siglo de Pericles, político ateniense que vivió alrededor de los
años 495 y 429 a. C. y que, entre otras cosas, impulsó el teatro forias, 395-397). En la Paz, Trigeo pide a un criado que arroje
y lo favoreció con medidas económicas. cebada a los espectadores y, cuando este asegura que todos la
Tanto las tragedias como las comedias se dirigían a todo un tienen, afirma: “Las mujeres entonces no han cogido” (Paz,
pueblo reunido con motivo de las fiestas en honor al dios Dio- 965). Con presencia femenina en el graderío o sin ella, no
niso, y era esperable que en ellas se expresaran los sentimientos deja de llamar la atención que el teatro griego concediera a
de los atenienses. Los temas de la tragedia están extraídos de las mujeres un lugar privilegiado tanto en la tragedia como
las leyendas míticas del pasado heroico, pero la tragedia traspasa en la comedia.
el mito: persigue arrancar la reflexión sobre problemas que
afectan a la comunidad o al individuo, miembro de ella. No es Mujeres en la tragedia griega
casual, por ejemplo, que una obra como Troyanas de Eurípides, Un simple vistazo a los argumentos y a los títulos de las trage­
que aborda la horrenda situación de las cautivas troyanas des­ dias conservadas evidencia que las mujeres ocupan un papel
pués de que los griegos tomaran Ilion, se representara en Atenas central en la trama. Podemos encontrar una explicación en algo
en el 415 a. C., poco después de que, en el curso de la Guerra que ya hemos señalado: el pasado mítico tomado como hilo
del Peloponeso (431-404 a. C.), los atenienses asesinaran a los conductor. Pero en el drama, además, se ponen en boca de las
varones de la isla de Melos e hicieran cautivas a sus mujeres. mujeres muchas ideas y sentimientos que nadie esperaría escu­
La comedia, en cambio, deja atrás el pasado mítico para acer­ char en la Atenas de la época.
carse a la realidad de la vida cotidiana ateniense y sirve como Esquilo nos presenta a la madre de Jerjes en Persas, a las
instrumento para la crítica política, social e incluso cultural de hijas de Dánao en Suplicantes o a Clitemnestra en la Orestiada
la época. (trilogía formada por Agamenón, Coéforos y Euménides). Pen­
Sería erróneo tratar de buscar en el teatro informaciones semos también en Electra y Antígona en las obras homónimas
sobre la condición real de la mujer ateniense, pero sí es posible, de Sófocles o en la Deyanira de Traquinias y, por supuesto, en
al menos, explorar en la tragedia y en la comedia algunas imá­ las mujeres de Eurípides.
genes relevantes de la figura femenina. Ocho de las dieciocho tragedias euripídeas tienen nombre
Sabemos con certeza que las mujeres no podían formar de mujer (Alcestis, Medea, Andrómaca, Hécuba, Electro,
pane del grupo de actores. Lo que no está tan claro es si les Ifigenia entre los lauros, Helena e Ifigenia en Áulide). Otros
estaba permitido asistir como espectadoras al teatro. Una anéc­ cuatro títulos (Suplicantes, Troyanas, Fenicias y Bacantes)
dota transmitida por el gramático Pólux y la Vida de Esquilo preludian el protagonismo femenino, y en otras dos obras
-escrito anónimo- cuenta que la aparición en escena de las (Heraclidas e Hipólito) vemos a dos mujeres de armas tomar.
Erinias en las Euménides de Esquilo fue tan terrorífica que En Heraclidas es Alcmena, la madre de Heracles, que ame­
espantó a los niños y provocó abortos entre las mujeres del naza de muerte a Euristeo [N. del E.: Euristeo era quien im­
público. Sin embargo, varios pasajes de Aristófanes apuntan ponía los trabajos a Heracles, y al no conseguir impedir que
en dirección contraria. En Tesmoforias, una mujer se queja este alcanzara la divinidad, se dedicó a perseguir a sus hijos
así de la desconfianza de los maridos, que dejan en casa a sus para darles muerte] aun siendo consciente de que su decisión
esposas para irse al teatro: “Tan pronto como regresan de los no será bien recibida: “Quiero a esta ciudad”, sostiene, “pero
bancos del teatro nos miran recelosos y les falta tiempo para a ese, una vez que ha llegado a mis manos, no hay mortal
ARQUEOLOGÍA & HISTORIA 47

y ceños [un 1 0 'a 1 omo a ®s Panados [onkos), que combinados con el uso de coturnos realzaban la presencia de los actores y facilitan la vi-
sua izacion e es os a mayor istancia. El uso de máscaras durante la representación resultaba complicado e incómodo, y probablemente oca­
siona a pro emas con a voz y a acústica de los actores, mientras que el gesto estático de los rasgos debía compensarse mediante un uso
inte igen e e a mímica y a gesticulación. Sin embargo, las máscaras permitían a los actores cambiar de personajes con facilidad, y quizá existiera
ademas un ras on o re igioso (no hay que olvidar que el teatro nace de las procesiones de las fiestas Dionisias) que explicase su permanencia.
Los ejemp os rea es e mascaras teatrales no se conservan, puesto que se fabricaban con materiales perecederos como el lino endurecido, el
cuero, la madera o corcho, y con pelo real humano o de caballo. Museo Nacional de Arqueología de Atenas. O Wá.'.'ícfa Cov.vons / Govanm Dah’Osto

que me lo quite. Quien lo desee me llamará osada y más or- Hay quienes sostienen lo contrario: que Eurípides amaba a
gullosa de lo que debe ser una mujer” (Heraclidas, 975- las mujeres y que, simplemente, les concedió un evidente primer
980). plano para dejarlas exponer sus quejas. Recordemos que Medea
En Hipólito es la atormentada Fedra quien asume un rol es una mujer engañada. Jasón la ha abandonado para casarse
clave. Enfadada con Hipólito por considerarla la más insigni­ con Glauce, hija del rey de Corinto. Por eso, Medea emite un
ficante de las diosas, Afrodita hace que Fedra, su madrastra, lamento que traspasa las fronteras de su tragedia personal, pues
se enamore de él de forma enfermiza, pero sin éxito. La ven- refleja la posición de inferioridad en la que se encontraban las
ganza de la despechada Fedra es inminente: antes de suici­ mujeres en Atenas.
darse, deja escrita una tablilla en la que acusa a Hipólito de
haberla violado. Empezamos por tener que comprar un esposo con dis­
Mucho se ha discutido sobre si Eurípides era “misógino” pendio de riquezas y tomar un amo de nuestro cuerpo,
o, por el contrario, un “feminista” adelantado a su tiempo. Pa­ y este es el peor de los males. A las mujeres no les da
sajes como el de Ifigenia entre los tauros, en el que un mensajero buena fama la separación del marido y tampoco les es
se presenta ante el rey Toante para anunciarle que Ifigenia se posible repudiarlo. Y, cuando una se encuentra en me­
ha escapado y exclama: “Ya veis qué poco digna de crédito es dio de costumbres y leyes nuevas, hay que ser adivina,
la raza femenina” {Ifigenia entre los lauros, 1298), granjearon aunque no lo haya aprendido en casa, para saber cuál
a Eurípides la fama de enemigo de las mujeres. Lo mismo su­ es el mejor modo de comportarse con su compañero
cede en Medea, donde Eurípides hace que Jasón diga que “los de lecho. Y si nuestro esfuerzo se ve coronado por el
hombres deberían engendrar hijos de alguna otra manera y no éxito y nuestro esposo convive con nosotras sin apli­
tendría que existir la raza femenina: así no habría mal alguno carnos el yugo por la fuerza, nuestra vida es envidiable
para los hombres” {Medea, 573-575). Palabras como estas re­ pero, si no, mejor es morir. Un hombre, cuando le re­
sultan aún más duras si, además, son pronunciadas por una sulta molesto vivir con los suyos, sale fuera de casa y
mujer, como hizo poco antes la propia Medea: calma el disgusto de su corazón yendo a ver a algún
amigo o compañero de edad. Nosotras, en cambio, te­
Las mujeres somos incapaces, por naturaleza, de hacer nemos necesariamente que mirar a un solo ser {Medea,
el bien; en cambio, somos las más hábiles artífices de 230-249).
todas las desgracias {Medea, 407-409).
De testimonios como este podría desprenderse, quizá, que
> DOS ACTORES se preparan para salir a escena en la representación
de una tragedia. Ambos van a representar papeles de mujeres. La
Eurípides no repudiara a las mujeres, sino que sintiera com­
máscara de uno de ellos, que se está calzando unas pasión por ellas y quisiera enfrentarse a las
botas, reposa en el suelo, mientras que su p—ideas tradicionales. Como pone de re-
compañero ya lleva puesta la suya y parece ~" Heve Medea, la vida de la mujer ate­
que está ensayando mientras espera. En niense distaba mucho de ser ideal.
la TRAGEDIA GRIEGA clásica solo par­ Era una eterna menor, sin dere­
ticipaban tres actores (siempre hom­
chos políticos ni jurídicos, que
bres), que debían desempeñar el
papel de todos los personajes que permanecía bajo la autoridad de
participaban en la obra. Cuando un kyrios toda su vida: primero,
esta incluía personajes femeninos su padre; después, su marido y,
importantes, se solía seleccionar a jó­ si enviudaba, su hijo o pariente
venes imberbes con rasgos gráciles o más cercano. Su matrimonio (ga­
incluso afeminados, y además de la
mos)i era un pacto (engye) esta­
máscara y el vestido se colocaban pró­
tesis de madera que simulaban pe­ blecido entre el futuro marido y
chos falsos [prosUrneda}. El coro lo
conformaban un grupo de personas
K-i el padre o tutor de la novia, que
entregaba al pretendiente una
(de nuevo hombres) expertas en el ■v r dote (ékdosis), Obligada a per­
baile y en el canto, y su labor era la 7 -i
/ manecer en la casa y mante­
de actuar como una especie de "es­
/
i

pectador ideal", que reaccionaba


l nerla, la finalidad del matrimo­
como querían que lo hiciera el pú­ nio y, por tanto, su función, era
i i
blico y ayudaba a este a interpretar la procreación y el cuidado de
algunas particularidades de la trama. los hijos. Era impensable que se
En origen el coro lo constituían doce
divorciara. No porque no pudiera
personas, pero a partir del 442 a. C. los
integrantes pasarían a ser quince.
-pues era posible solicitar la diso-
48 ARQUEOLOGÍA & HISTORIA
► Andrómeda, que se estrenó en Atenas ca. 412 a. C., es una de las
TRAGEDIAS DE EURÍPIDES que no se han conservado, pero co­
nocemos de ella algunos fragmentos y referencias de otros auto­
res más tardíos, e incluso sabemos que inspiro algunas imágenes
en la cerámica ática. Como es común en la tragedia griega, la
trama de la obra se inspira en la mitología, y en concreto explora
territorios alejados de Grecia. ANDRÓMEDA es hija del rey Cefeo
de Etiopía. Hermosa como pocas, su madre cometió el error de
decir que su belleza no tenía parangón, ni incluso entre las nerei­
das del mar, lo que desencadenó la ira de Poseidón, quien ofen­
dido por esta idea decidió enviar a un monstruo marino a que
asolara las costas etíopes. Tras consultar al oráculo, Cefeo se con­
venció de que solo el sacrificio de Andrómeda podría llegar a apa­
ciguar al monstruo. Decididos a purgar su culpa, dejan a la
princesa estacada frente a la costa, pero cuando todo parece per­
dido aparece Perseo, que acababa de matar a Medusa, y vence al
monstruo utilizando la cabeza de la Gorgona. Aquí es cuando da
comienzo la trama, que desarrolla el tema del amor entre Perseo
y Andrómeda y el dilema de esta, que se debate entre el hogar
paterno y el de su amado. La imagen reconstruye una de las es­
cenas iniciales de la obra, justo en el momento en el que el héroe
hace aparición de la forma más espectacular, volando gracias al
uso de la grúa que lo descuelga desde el proskenion. Los MIEM­
BROS DEL CORO, que representan a las esclavas de la casa de
Cefeo, bailan y cantan en la orquesta al son de la música, y mien­
tras algunos llevan objetos hacia el escenario para simular ofren­
das para el monstruo, otros gesticulan atendiendo a la milagrosa
aparición. Nótese que las "mujeres" del coro tienen rasgos etíopes,
como ocurre en los vasos cerámicos que las representan, pero en
cambio no los tienen ni Cefeo ni su hija. Andrómeda, que es una
mujer y además no griega, viste en cambio como un persa o como
una amazona, puesto que para la sociedad ateniense, misógina y
xenófoba, todos estos eran personajes extraños y en el imaginario
colectivo los imaginaban vestidos al modo oriental, con pantalo­
nes, gorro frigio y mucho colorido, ©jóse luis garcía moran
< En la imagen izquierda, EL ACTOR EUAION contempla a Andró­
meda estacada, vestido de Perseo con sus características sandalias
y casco alados. Por la datación del vaso, es muy probable que esté
representando en este caso una obra anterior, la Andrómeda de
lución del contrato, aunque tenía que hacerlo el tutor y era
Sófocles -también perdida-, escrita en torno al 440 a. C. ownmedm
imprescindible el patrocinio del arcóme-, sino porque quedaría Commons / CC 8Y 2.5 / PlRCHINACClO
socialmente estigmatizada.
Medea se siente desgraciada. Y esa desdicha que envuelve motivo válido para que una mujer solicitara el divorcio, y era
a las mujeres está muy presente en otras tragedias. Pensemos muy común que los hombres recurrieran a los servicios de
en la Deyanira de Sófocles, enloquecida de celos hacia la es­ prostitutas. Además, la convivencia de Yole con Heracles y
clava Yole, de la que Heracles se ha enamorado. Tras hacer su esposa es un reflejo transparente de la realidad ateniense:
prisionera a la muchacha, el héroe ha decidido llevarla consigo. la habitual presencia en el hogar de la mujer legítima y, con
Al principio Deyanira finge aceptarlo y pronuncia unas pala­ ella, la de la concubina (pallaké).
bras que podrían haber salido de labios de cualquier mujer Por unos instantes Deyanira titubea: “Por otra parte, el vi­
ateniense: vir con esta joven en el mismo lugar, ¿qué mujer podría
hacerlo compartiendo el mismo esposo? Yo veo, en un caso,
¿Cómo no va a disponer también de otras iguales a mí? una juventud en pleno vigor; en el otro, algo que se marchita.
Si yo reprochara algo a mi esposo estaría muy loca, o si Por esta razón temo que Heracles sea llamado mi esposo,
se lo reprochara a esta mujer, que no es cómplice de pero amante de la más joven” (Traquinias, 545-551). Sin em­
nada vergonzoso ni perjudicial para mí (Traquinias, bargo, inmediatamente aparta de su mente esos pensamientos:
444-448). “Pero no conviene, como dije, que se enoje la mujer que es
sensata (Traquinias, 552-553). Finalmente, recurre a la única
Lo que Sófocles está haciendo es poner de manifiesto la opción que le queda: intentar reconquistar a Heracles haciendo
forma en que hombres y mujeres concebían sus obligaciones. que se cubra con una túnica que ella misma había impregnado
La mujer debía asumir las infidelidades como algo normal, se­ con lo que supuestamente era un filtro amoroso que le había
gún corrobora la propia Deyanira: “¿Acaso no tomó ya Heracles entregado el centauro Neso. Lo que Deyanira no sabe es que
a otras muchas? Y ninguna de ellas soportó de mí una mala pa­ Neso le había dado en realidad un letal veneno (su propia
labra ni un reproche” (Traquinias, 461-463). sangre) que acarreará fatales consecuencias.
¿Habría algo que Deyanira -o cualquier otra mujer- pu­ Deyanira actúa de manera ingenua, casi inocente, pero no
diera hacer para enfrentarse a la deslealtad de su esposo? La todas las mujeres engañadas se comportan así. Medea mata a
respuesta es un rotundo no. La infidelidad de la mujer era sus propios hijos para vengarse de Jasón y las represalias de
causa inmediata de divorcio, pues ponía en tela de juicio la Clitemnestra, esposa de Agamenón, no son triviales. La Cli-
legitimidad de los hijos. La del esposo, en cambio, no era un
temnestra que nos muestra Esquilo en la Orestíada es un per-
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50 ARQUEOLOGÍA & HISTORIA

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▼ Uno de los momentos más dramáticos de la tragedia
que la había abandonado y traicionado al enamorarse

crianza, casi siempre viviéndolas como experiencias difíciles y dolorosas.

sonaje ambiguo. En el comienzo del Agamenón la presenta Eurípides también explota esa hybñs femenina en la pro­
como una mujer excepcional, la fiel guardiana del hogar que pia Clitemnestra. En Electro la esposa de Agamenón recuerda
describe el destino de la mujer que aguarda el regreso de su uno de los motivos por los que mató a su marido: Vino con
esposo. “Que una mujer se quede en su casa, lejos de su ma­ una enloquecida doncella [Casandra, hija de Príamo y Hé-
rido. es una desgracia” (Agamenón, 861-862), proclama una cuba a la que Agamenón se llevó como concubina tras la
reina que, a la vez, parece reivindicar el lugar de un hombre guerra de Troyal y la introdujo en mi cama. Éramos dos no­
con sus actos y con sus palabras, como manifiesta el coro: vias alojadas en la misma casa” (Electro, 1032-1034). A
“Hablas, mujer, con sensatez, como lo haría un prudente va­ continuación, se justifica: “Cuando el marido comete el yerro
rón” (Agamenón, 351). de rechazar la cama que tiene en casa, la mujer quiere imi­
Pero Clitemnestra no es un modelo ideal de mujer. Está po­ tarle y buscarse un nuevo amante” (Electro, 1036-1038). Y,
seída por el odio (no olvidemos que Agamenón sacrificó a su por último, se lamenta de la situación de desventaja que le
hija Ifigenia para obtener vientos favorables en su viaje a Troya), otorga su condición femenina: “Y luego los reproches res­
es una adúltera que convive en palacio con su amante Egisto. plandecen en nosotras y en cambio los hombres, los culpa­
Una mujer, en definitiva, cuyo exceso de soberbia, de desmesura bles, no llevan la mala fama” (Electro, 1039-1040). La queja
(hybris), podría incluso justificar el fatal final que le espera en vuelve a estar en escena.
Coéforos: la muerte a manos de su hijo Orestes. Tampoco Antígona es la viva imagen de la mujer ateniense,
aunque Sófocles ofrece una proyección más positiva de ella.
Simboliza el deber familiar, el respeto a las normas religiosas.
Solo ella es capaz de desafiar al poder, desobedecer la ley y
dar sepultura al cuerpo de su hermano Polinices. Su compor­
tamiento es más propio de un hombre, como insinúa su tío
Creonte, rey de Tebas: “En esta situación no sería yo el hombre
-ella lo sería- si este triunfo hubiera de quedar impune” (An-
tigona, 484-485). En el caso de Antígona, su figura ha querido
interpretarse como un instrumento con el que Sófocles deseaba
proclamar los principios de la democracia de Pericles frente al
poder tiránico personificado en Creonte. Esto no quiere decir,
por supuesto, que pudiera concederse a una mujer la más mí­
nima posibilidad de intervenir en el sistema político ateniense.
Eso seguía siendo inconcebible.

El papel femenino en la comedia


Tres de las once comedias que conservamos de Aristófanes
{Lisístrata, Tesmoforias y la Asamblea de las mujeres) son de
temática femenina, pero las mujeres de la comedia poco tienen
que ver con las protagonistas de la tragedia que en la misma
época se quejaban sobre la escena de su injusta situación.
Ahora no es el mito el hilo conductor de la obra, sino la
ciudad de Atenas (la polis) y, concretamente, sus hombres y
mujeres. Y, como trasfondo, los acontecimientos contempo­
ráneos, sobre todo la guerra del Peloponeso, de la que Atenas
salió tan mal parada.
Lisistrata es todo un alegato en favor de la paz. Se representó
en el año 411 a. C. y su argumento es bien conocido: Lisístrata,
ateniense cuyo nombre significa “la que disuelve los ejércitos”,
propone a las mujeres hacer una huelga de sexo hasta que los
hombres pongan fin a la guerra. Esta determinación no ha c:?
entenderse como una demostración del poder femenino. Es má-,
Aristófanes se deleita haciendo que las propias mujeres exhiban
a los cuatro vientos su verdadera naturaleza: les gusta el vino y
el sexo. Son astutas, sensuales y presumidas y es su coquetería
el arma que van a utilizar, como dice la propia Lisístrata: “Eso
es lo que espero que nos salve: los vestidos azafranados, los za­
pamos, el colorete y las túnicas transparentes” {Lisístrata, 46-
48) Aunque pueda parecer lo contrario, la acción emprendida
por las mujeres no es tanto un ejercicio político como doméstico,
> IMAGEN CÓMICA de un skyphos de figuras rojas
datado ca. 470-460 a. C Una mujer engulle vino
de un vaso de exageradas dimensiones en el in­
terior de un almacén. Detrás de esta, una niña
carga con una jarra y un enorme pellejo de vino.
El humor del artista que representó esta escena
recuerda algunos de los comentarios recurrentes
en las COMEDIAS DE ARISTÓFANES acerca de
la desmesura de las mujeres en relación con el
consumo del vino. Cuando Praxágora, disfrazada
de hombre, sugiere entregar el gobierno a las
mujeres en Asamblea de las mujeres, menciona
que estas consumen vino puro, como siempre
han hecho (227), mientras que una de sus com­
pañeras insiste en beber vino mientras están reu­
nidas, como hacen los hombres: "¿No beben
también ellos, aunque sea en la Asamblea? [...]
Sí, por Artemisa, y vino del más puro. Por eso, a
los que los examinan y estudian detenidamente
les parecen sus insensatos decretos resoluciones
de borrachos. [...] Mejor me hubiera valido no
ponerme la barba pues, por lo que veo, me voy
a morir de sed" (138-140). o wkimeoiaCommons/ccby-
SA 2.0 / Davé & Margie Hm / Keeerup

pues piensan acabar la guerra igual que cuando afrontan un pro­ misma con la ayuda de sus compañeras: “Voy a convertir la
blema si están hilando en su casa: ciudad en una única vivienda, derribándolo todo hasta conseguir
una única morada” (Asamblea de las mujeres, 672-675).
Como con una madeja: cuando se nos enreda, la coge­ Se trata de una obra “revolucionaria”, sí. Pero, en cualquier
mos y separamos con nuestros husos, uno por aquí, otro caso, no debe interpretarse una defensa de la mujer ateniense
por allí; del mismo modo vamos a desenredar nosotras en la producción aristofánica, sino más bien lo contrario. Como
esta guerra si se nos deja, separando a los dos bandos bien advierte Claude Mossé, el poeta cómico está recuperando
mediante embajadas, una hacia allí, otra hacia aquí (L/- todas las imágenes tradicionales de la mujer y las utiliza como
sístrata, 568-570). herramienta para criticar la democracia, como una excusa para
hacer reír -acordémonos de que son charlatanas, coquetas y
De hecho, es cierto que, gracias a la intervención de las aficionadas al vino y al sexo- a un público que sueña con re­
mujeres, la comedia acaba con una tregua, pero también lo tornar a un glorioso pasado no tan lejano en el que Atenas no
es que tras el armisticio no solo se restablecerá el orden en la estaba sufriendo las consecuencias de la guerra.
polis, sino en cada casa (en cada oikos), como señala la pro­
tagonista: “Intercambiad juramentos y garantías de lealtad y, FUENTES PRIMARIAS
luego, que cada uno se largue llevándose a su mujer”. Aristófanes: Comedias I, IIy III, (vol. I trad. por Luis Gil Fernández);
También en el 4.11 a. C. se llevó a escena Tesmofoñas (el (vols. II y III trad. por Luis M. Macía Aparicio). Madrid: Gredos
título avanza que la trama se va a desarrollar en las fiestas en (2006).
honor de Deméter y Perséfone, en las que solo participaban Esquilo: Tragedias (trad. por B. Perea). Madrid: Gredos (1986).
las atenienses casadas), una crítica abierta a Eurípides con Eurípides: Tragedias lyll, (vol. I trad. por A. Medina, J. A. López Férez
las féminas como pretexto. Aristófanes nos presenta aquí a y J. L Calvo); (vol. II trad. por J. L Calvo, C. García Gual y L A de
un grupo de mujeres que han jurado vengarse de Eurípides Cuenca). Madrid: Gredos (2006).
por lo mal que las trata en sus tragedias. Sófocles: Tragedias (trad. por A Alamillo). Madrid: Gredos (1998).
En cuanto a la Asamblea de las mujeres, parece probable
que fuera representada en el 392 a. C., doce años después BIBLIOGRAFÍA
del fin de la guerra del Peloponeso, en un momento en el que Foley, H. P. (2001 ):FemaleActsin GreekTragedy. Princeton: Princeton
Atenas seguía sin Levantar cabeza. La comedia versa sobre University Press.
una revolución pol trica en toda regla: las mujeres atenienses, Mossé, C. (2001): La mujer en la Grecia Clásica. Hondarribia: Nerea.
disfrazadas de honrares, han decidido suplantar a sus maridos
en una Asamblea en la que se discutirán las acciones que de­ E Bibliografía completa en www.despertaferro-ediciones.com
ben emprenderse para salvar al Estado. Las lidera Praxágora,
cuyo nombre, también muy explícito (“la que actúa en el Raquel Fórmeles es profesora ayudante doctora en
ágora”), ya anticipa el don que la caracteriza. el departamento de Filología Clásica de la
En la Atenas de Praxágora todas las mujeres serán propiedad Universidad Autónoma de Madrid. Licenciada en
de los hombres, pero con una condición: para tener a una mujer Periodismo y en Filología Clásica, se doctoró en
hermosa, primero se acostarán con una fea. Este requisito se febrero de 2015 con una tesis titulada La transmisión
extiende también a las mujeres, que deberán cumplir las mismas de noticias en la literatura griega antigua, que acaba de recibir el
premio de la Sociedad Española de Estudios Clásicos a la mejor tesis
normas. Así, Praxágora aspira a una vida igual para todos,
doctoral de griego del año 2015.
quiere transformar la polis en un solo oikos custodiado por ella
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Joaquín Ruiz de Arbulo - Universitat Rovira i Virgih / ICAC

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Abramos el libro de La Ufada por el canto XIV titulado "El engaño de Zeus". La acción tiene lugar en la playa de Troya.
Tras el abandono de Aquiles y sus mirmidones, el combate está resultando fatal para los aqueos, que luchan como
pueden arrinconados junto a sus naves por unos troyanos embravecidos. El rey Agamenón piensa ya incluso en la
retirada. Pero algunos dioses están a su favor. Les anima Poseidón y también la propia diosa Hera que decide ha
llegado el momento de lograr que Zeus se duerma y así poder intervenir en el combate. Para ello, nos dice el poeta,
primero debe seducirle. La reina se retira a su habitación olímpica donde se lava con ambrosía y luego se unta el
cuerpo con aceite perfumado, suave y oloroso. A continuación se compone el cabello peinándose con rizos y se cubre
con su túnica bordada en oro, se coloca una fíbula en los senos y se ciñe la túnica con un lujoso cinturón. Se pone en
las orejas -ya perforadas, precisa Homero- unos pendientes formados cada uno por tres piedras preciosas. Por último,
se cubre la cabeza con un velo blanco y se calza unas sandalias.

L
a gran dama está ya preparada pero es consciente de halla. Yo te aseguro que no volverás sin haber logrado lo que
que aún le falta algo. Recurre sin dudar a la diosa Afro­ te propongas”.
dita. “Hija querida”, le dice, “dame el amor y el deseo El lector deberá seguir leyendo a Homero para saber si el arti-
con los cuales rindes a todos los inmortales y a los mortales lugio de Afrodita -un auténtico “cruzado mágico” de la época-
hombres”. Entonces Afrodita se desata del pecho el kesios imas, dio resultado. Pero ya le podemos adelantar que sí, funcionó, y
su cordel mágico con amuletos que provocan el deseo y hacen además de una forma fulminante. Al ver llegar a su esposa, Zeus
perder el juicio a los más prudentes. Al dárselo a Hera, le dice: reconoció que no podía soportar la pasión que sentía, un senti­
“toma y esconde en tu seno el bordado ceñidor donde todo se miento muy superior al recuerdo de las muy bellas mujeres a las
ARQUEOLOGIA & HISTORIA 53
4 Fra9un peplos (un vestido sin mÍngTs^lbrochadTenT0^3 1°™° ^ EXALTACIÓN DE LA FL0R'en la due aParecen dos mujeres vestidas
con
con un ceayphalos (pañuelo o redecilla para el pelo cJvo "*1 ■*"?** u ^ conocidos en el re9istr0 arqueotó9i<:°> V '°«das

que había amado, exigiendo que de forma inmediata se le entregara.


ama la sonrisa”, nacida del mar fecundado por el esperma de Zeus,
Por supuesto Hera accedió a su demanda, la treta había funcionado es aclamada como la diosa de Chipre, la isla del cobre y los perfu­
a la perfección. Tras el placer, el dios de dioses se durmió tranqui­ mes. Muchos años antes de la guerra de Troya, la diosa aparece en
lamente porque Hera se había preocupado también de sobornar los bosques del entorno de la ciudad, junto a las fuentes del monte
antes a Hypnos, el sueno, y este había intervenido cumpliendo su Ida, donde conoció a Anquises, un apuesto noble troyano que vigi­
función. El combate de aqueos y troyanos podía así continuar. laba allí sus rebaños de bueyes. Para seducirle, Afrodita voló hasta
Una y otra vez los poetas griegos hicieron participar a los su templo de Pafos, en Chipre, donde las Gracias la cubrieron con
dioses en los asuntos de los hombres y al hacerlo actúan el sagrado ungüento perfumado y la vistieron con telas bor­
movidos por pasiones idénticas. La diosa Hera buscaba dadas en oro. De nuevo en el monte Ida, Afrodita tomó
cumplir su voluntad de apoyar a los aqueos y lo hizo uti­ aspecto humano y se mostró a Anquises como una joven
lizando sus recursos como una protagonista activa de virgen. El héroe -dice el poema- admiró en ella por
la acción. El recurso al cinturón mágico de Afrodita igual su aspecto y su vestuario: una túnica o
resultó definitivo. Es curioso que el poeta había peplo ceñido con broches de espirales, pen­
recordado unos cantos atrás como Afrodita tam­ dientes de oro en las orejas, con el cuello
bién había querido unirse al combate transfor­ y los pechos cubiertos por varios collares
mada en humana, una virtud esta que los dioses de oro que brillaban como la luna.
manejaban a su placer, pero al hacerlo fue he­ Seducido y engañado, Anquises la
rida por el héroe aqueo Diomedes, un simple llevó hasta su lecho cubierto por pieles de
mortal. Su padre Zeus le riñó entonces, exi- oso y de león, y allí la desvistió retirándole
giéndole que dejara la guerra para otros dioses ’íj sus joyas, fíbulas, broches, pendientes y
/ collares. Tras la unión, el héroe dormiría, y
sería al despertar cuando descubrió el en­
gaño. Y lo hizo aterrado, ya que un hombre
virtud combativa de su hermana Atenea, siempre no podía yacer con una diosa sin despertar la
armada, o el dominio sobre las criaturas de los bos­ cólera de Zeus. Pero Afrodita le tranquilizó anun­
ques de Artemisa, la virgen cazadora. En la mito- ciándole que tendrían un hijo al que llamarían
grafía griega, cada una de las diosas terna sus pro­ Eneas y que sería su responsabilidad criarlo en
pios poderes y era capaz de otorgar a los hombres Troya, diciendo a todos que su madre había
favores precisos, bien distintos. sido una ninfa de los bosques. Así se hizo.
Si recordamos La Eneida de Virgilio, al
Afrodita como modelo llegar la guerra y la destrucción final de
En uno de los llamados Himnos Homéricos, una Troya, este Eneas ya adulto, junto con un
colección de poemas cortos dedicados a diferentes grupo de sus hombres incluyendo a su hijo As-
dioses atribuidos también a Homero, Afrodita, “la que canio y al propio Anquises, serían los únicos en poder
huir de la ciudad en dirección a occidente.
► ESPEJO DE BRONCE DE ÉPOCA CLÁSICA, de procedencia
Ambos relatos coinciden al mostrar un modelo
desconocida. Muchos de estos espejos lucían en sus asas figuras
femeninas como esta, que en este caso muestra orgullosa su literario de comportamientos propios de las damas de
vestido y sostiene una paloma con una mano. La figura acaso clase aristocrática. Es la diosa quien elige y decide el
esté representando a Afrodita misma, o puede que solo a una momento para seducir al varón, para ello recurre los
novia, aunque la presencia en la orla del espejo de dos figuras 1$| ungüentos perfumados, los vestidos de telas finas con
de Erotes sugiere una relación con la diosa. Nótese que en la '■'ü
bordados deslumbrantes y sobre todo una amplia serie
parte superior del espejo aparece también una sirena, alu-
de joyas como complementos: diademas y pendientes
diendo a la irresistible atracción de estas figuras míticas.
De entre los objeto femeninos griegos más típicos, los en la cabeza, fíbulas, broches y un cinturón recogiendo
espejos son uno dr .'os más frecuentes en las tumbas, e la túnica, sucesivos collares y brazaletes en muñecas
igualmente apare. . en muchas representaciones icono- JgT y tobillos. Si todo esto no fuera suficiente, siempre
gráficas como un .. -cterístico ATRIBUTO que las muje- quedaba el recurso definitivo a ese kestos imas} la
res suelen sostenc en la mano, a menudo en el acto de cadena de amuletos mágicos, el ceñidor de Afrodita. No parece
observar su reflejo . n la superficie pulida de estos. Otros objetos
sin embargo que la bella Helena necesitara ningún recurso ex­
de belleza comúnmente asociados al sexo femenino también sue­
len aparecer en la cerámica de figuras rojas, como por ejemplo los traordinario para enamorar al joven príncipe París, embajador de
vasos de perfume o los recipientes para el MAQUILLAJE. Jeno­ Troya en el palacio espartano de su marido Menelao, y aceptara
fonte (Económico, X.2) nos cuenta cómo Isómaco reprendía a su huir con él, provocando con ello la guerra entre aqueos y troyanos.
mujer por usar "tanto polvo blanco que parecía más pálida de lo Pero claro, de nuevo estamos ante una mujer, hija de Zeus como
que era, y tal cantidad de rojo que le daba una expresión más son­ su hermano Pólux.
rosada de la que realmente tenía". Tal como menciona este texto,
el hallazgo de algunos píxides (característicos recipientes para cos­
méticos) en tumbas femeninas que han conservado parte de su Iconografía griega y belleza moderna
contenido, han permitido confirmar el uso de carbonato de plomo Estas imágenes poéticas de diosas seductoras y de príncipes raptores
para el color blanco y de flores como la palomilla roja para el co­ nos sirven de introducción al tema de la belleza, el vestido y los
lorete. O Wmmidia Comuoms / CC 8Y-SA 3.0 / WAirm Akt Muscum

i
Hp hs CARIATIDES originales del ERECTEÓN, conservada en el
◄ Una
Museo Arqueológico Nacional de Atenas (las que actualmente se
encuentran en la Acrópolis son copias). Se trata de toro/que repre-
sentan a jóvenes parthenoi -un término que designa a las mujeres
olieras por oposición a gynoikos (sing. gyne), que des.gna a las es-
no as- vestidas con peplos atados en la cintura mediante cinturones
Izonai) Ei cinturón tenía fuerte carga simbólica en la Grecia clásica y
tenía mucho que ver con la sumisión a los preceptos sociales prees­
tablecidos Las jóvenes solían dedicar sus cinturones a Artemisa
cuando alcanzaban la edad nubil, o las adultas cuando estaban em­
barazadas para propiciar un parto seguro, mientras que el acto de
desatar el cinturón durante la noche de bodas simbolizaba el des-
florecimiento de las parthenoi. ©w«wcopoMMONs/cc by-sa 3.0/ s/vuo

adomos de la mujer en la Grecia anügua. Después de dos siglos


de investigaciones arqueológicas, poseemos conocimientos muy
precisos sobre su evolución a lo largo de mil años a través tanto de
hallazgos concretos como de las representaciones artísticas. Bus­
quemos un nuevo escenario. Estamos en el año 1903 y las excava­
ciones de Arthur Evans en el palacio cretense de Cnoso avanzaban
!
a buen ritmo. Era el lugar donde la mitología griega había situado
la morada del poderoso rey Minos, aquel monarca de la Edad del
Bronce que reinaba en una Creta de navegantes y comerciantes.
El padre de aquel Minotauro encerrado en un laberinto del que lo­
graría escapar el joven héroe ateniense Teseo después de matar al
monstruo al que había sido ofrecido como alimento. Los hallazgos
de Evans mostraban ciertamente un palacio de construcciones
muy complejas con un enorme patio, grandes salas de audiencia,
habitaciones, talleres y almacenes. Un grupo de periodistas occi­
dentales llegó a Cnoso mientras se descubrían las pinturas murales
caídas sobre el suelo de una de las cámaras cuando el palacio fue
destruido en tomo al año 1300 a. C. En uno de los fragmentos
aparecía la cara de una joven con grandes ojos y los labios pintados
de carmín. Sus cabellos negros estaban recogidos, pero caían a
rizos sobre su espalda ceñida por un gran lazo sagrado que remataba
una túnica de color blanco, líneas rojas y ribetes azules. Uno de
los corresponsales exclamaría nada más verla: “¡parece una chica
de París!”. Desde entonces, nuestra dama minoica pasó a ser “la
parisienne”.
El público europeo asistía entusiasmado a estos hallazgos pa­
laciales de la Creta minoica, una civilización de mediados del se­
gundo milenio a. C. Pequeñas figuras de cerámica vidriada mos­
traban a diosas o sacerdotisas con serpientes en manos y brazos,
vistiendo largas faldas abombadas multicolores tejidas probable-
me nte en lino egipcio y los cuerpos ceñidos por corsés idénticos al
vestuario de las damas europeas de la época. Las cabezas están cu-
'4
!■ bieitas por altas tiaras y muestran los senos desnudos como evidencia
-
j de fertilidad, un recurso este no admitido entonces por las modas
• -«i' *ro que era perfectamente habitual en todos los cabarets,
* v.,
civilización redescubierta estaba llena de rasgos de
' >;1 .el monarca del palacio de Cnoso tenía un cuarto
COR bañera digna de cualquier milord inglés, en su gran
alebraban espectáculos con toros y acróbatas, sus talleres
u todo upo de artesanías en oro y pedrería, enormes jarras
cL jí
\'XXm se a*'neaban en almacenes repletos de producios.. • Todo
parecía. describí r una sociedad próspera representada en as pinturas
damaTd Var°neS de P*e^es rojas curtidas al soí y elegantes
anca, vistiendo túnicas con turbantes y tocados,
calzadas con sandalias y adornadas con todo tipo de joyas: collares,
brazalet
c'mur°nes y diademas. Y otro tanto ocurría en las so­
la aCrnnni8TeraS del Pe,°P°neso- Las tumbas del Círculo A de
de Trova- \ ^ÍCenas’ excavadas por Schliemann -el descubridor
siglo XVI • pla^es corno *os primeros palacios cretenses en e
" sorPrenden todavía hoy por la abundancia de ele
ARQUEOLOGÍA & HISTORIA 55
f los suntuosos vestidos de las TANAGRAS

• W.< vera Ccv.vo-oCC BY-SA 3.0/ Saü.10

mentos ornamentales de todo Upo realizados siempre en láminas A fines del siglo VI a. C. el predominio de los tejidos de lino
de oro finamente trabajado por incisión. puso de moda las túnicas de la Jonia, el fino chitón o túnica muy
Hoy sabemos que estas civilizaciones de los palacios minoicos fina que cubría suavemente todo el cuerpo femenino cayendo
de Creta y las fortalezas micénicas del Peloponeso que les suce­ con infinitos pliegues recogidos por una cinta bajo los senos o
dieron dominando también la isla finalizaron con un periodo tur­ por un cinturón. Sobre esta pieza se colocaba una segunda tela, el
bulento de destrucciones provocadas por invasores, en la que ha himatión, a modo de echarpe que podía también cubrir cabeza y
sido llamada “la crisis de los Pueblos del Mar”, ocurrida en tomo brazos combinando colores diferentes. Las infinitas imágenes fe­
al siglo XII a. C. Siguieron unos siglos oscuros por falta de docu­ meninas de todas las edades que muestran los vasos áticos de fi­
mentos escritos, que no volvieron a aparecer hasta el siglo VIII a. guras rojas en el siglo V a. C. lucen siempre estas finísimas túnicas
C. con la tradición de poemas orales representada por Homero y que transparentaban los cuerpos. Estos son los vestidos que llevan
los primeros relatos de Hesíodo. En esa época oscura, sin embargo, las cariátides del Erecteón colocadas en el año 406 a. C.
los hallazgos arqueológicos, por ejemplo en Atenas, muestran nue­ En la Grecia antigua la ropa se hacía en casa. Toda joven aris­
vas poblaciones que conocían ya el uso del hierro y se enterraban tócrata aprendía de su madre a cardar la lana, a hilarla con el huso,
en tumbas de incineración. a teñirla formando luego ovillos que eran guardarlos en el kalathos.
En el cementerio ateniense levantado junto al banio de los cera­ Seguían la utilización del telar de contrapesos, donde se preparaban
mistas, sus pequeñas tumbas dejaron paso a lujosos ajuares con enor­ las urdimbres que producían las telas finales. Con preferencia, las
mes cráteras bellamente decoradas con decoraciones mujeres son representas en los vasos griegos en este universo par­
lineales que motivaron que este periodo haya sido ticular, el gineceo, aunque también yendo a buscar agua con grandes
denominado la Época Geométrica. Estas cráteras hidrias a unas fuentes públicas que parecen reservadas solo a las
destinadas al agua lustral aparecen decoradas con m mujeres. En los mercados y ferias podían encontrarse perfumes
escenas repetidas de prothesis, los funerales públi­ * y joyas. Anillos y pendientes eran guardados celosamente en
cos de los personajes enterrados. De forma píxides o pequeñas cajitas de tocador y cerca estarían también los
sorprendente, ilustran de forma precisa el / ' pequeños arybaloi que contenían los perfumes; entonces -igual
ceremonial descrito por Homero para los (l que ahora- de precios altísimos.
funerales de Patroclo: exposición del ca­ Tras la marcha de Odiseo a la guerra de Troya y pasados ya
dáver, sentimientos de dolor, ofrendas y concurso de veinte años, La Odisea nos muestra a la paciente Penélope, su
carros (athlon) en homenaje al difunto, todo ello ex­ mujer, recogida en el gineceo de su palacio. Mes tras mes, re­
presado de una forma simbólica, plenamente abs­ chazaba a sus pretendientes que debían esperar banqueteando
tracta, con predominio de círculos y triángulos y a que ella acabara de tejer un sudario que había prometido a
que apenas diferencian las figuras femeninas y mas­ su suegro, el viejo rey Laertes. Pero esta era una tarea impo­
culinas. Y es que probablemente los poemas homé­ sible, ya que cada noche deshacía lo tejido durante el día.
ricos se empezaron a recitar en la misma época. Penélope es de nuevo otra mujer activa y decisiva en la ac­
ción dramática del poema. En Atenas, cada año las jóvenes
A la moda griega aristócratas debían tejer una túnica, un sagrado peplo,
Sería ya en el siglo VII a. C., con la colonización griega con el cual vestir la antiquísima imagen de madera
en marcha, cuando las producciones cerámicas de de la diosa Atenea custodiada en el Erecteón. El
Corinto y Atenas nos proporcionan las primeras traslado de esta pieza hasta su templo de la
imágenes femeninas mostrando ya detalles de sus Acrópolis era el acto central de las Panate-
naicas, el gran festival ateniense en el que
vestuarios. El vestido de la mujer griega antigua
participaba desfilando toda la población
fue siempre la túnica de lana o de fino lino
con dos piezas superpuestas. En época ar- J • de la ciudad.
Junto a los vasos áticos, el segundo
caica triunfaba el peplos dórico, una simple f -!
tela rectangular de lana puesta de lado que j j» ^ tipo de producciones artísticas que re­
coge de una forma más real y coti­
cubría el cuerpo por (iclante y por detrás, j;. y
recogida con dos fíbi • as en los hombros 11V V diana cuáles eran los vestidos prefe­
ridos por las mujeres de la antigua
y ceñida por un ciñarón. La lana de los
Grecia, son las terracotas denomi-
peplos podía estar bordada con primor en *
| nadas tanagras. Se trata de peque-
los vestidos de las diosas formando todo tipo de
i ñas figuras de los siglos IV y ill
motivos. Un velo podía complementar este ves­
a. C., ya en plena época helenís­
tido propio de las aristócratas del siglo VI a. C.
tica, que aparecieron a millares
Así aparecen representadas en los vasos corintios
j en las necrópolis de la ciudad
y atenienses denominados de figuras negras. .
griega del mismo nombre, como
También de alguna de las korai o imágenes en r
' también en la ciudad jonia de Mi-
piedra de jóvenes oferentes aparecidas en las J|
rina. Son obras realistas, llenas de
fosas votivas donde se recogieron los restos
de la destrucción e incendio persa de la Acró- encanto, que muestran a mujeres jó­
venes y adultas en actitud de paseo,
polis en el año 480 a. C.

i
culpida en una estela funeraria atrca, fechada en torno al 370 a. C.
• leva un chitón con manga corta, abotonado a los hombros, un pe.
sado himatión y el pelo trenzado y atado en una cola. Los PEINADOS
FEMENINOS suelen representarse muy a menudo recogidos en
moños o colas, puesto que en la cultura clásica el pelo suelto se asi-
milaba ideológicamente a la sexualidad, y el llevarlo recogido suponía
en cambio tener asumidos los preceptos sociales de la honestidad y
la moderación. Asimismo, la forma de llevar el pelo también podía
servir para definir grupos de edad. Las trenzas, por ejemplo, son ca­
racterísticas de las solteras, y el pelo corto de las esclavas (aunque a
veces algunas mujeres de condición libre podían cortárselo en señal
de luto), mientras que las adultas solían llevar un peinado con la raya
en medio y a menudo (aunque no siempre) tapado con pañuelos o
redecillas. dwwmeoiacommons/cc by-sa 2.0/ dm & marce hu / k^eerup

se cree contenía los restos del rey Filipo II de Macedonia, el padre


de Alejandro Magno, y de su última esposa, Cleopatra. A esta última
pertenecía probablemente la caja de oro encontrada en la antecámara
de la tumba, que contenía una diadema femenina de gran tamaño
formada poruña decoración vegetal de tallos, hojas y flores de hilos
de oro alternados con lapislázuli; sin duda, el adomo de una reina.
Las aristócratas macedonias sustituían estas coronas regias por deli­
cadas redecillas de finas cadenitas de oro enlazando entre sí piedras
semipreciosas o motivos áureos y rematadas en lo alto con grandes
discos siempre de oro ricamente ornamentados.
El arte de la glíptica acompañó a la orfebrería especializándose
en la talla de las piedras preciosas y semipreciosas encajadas en
collares, pendientes y sobre todo anillos. Todo tipo de motivos fi­
gurados, siempre de temática votiva y protectora, fueron tallados
juegos, danzas, relaciones maternales con niños y también escenas sobre ópalos, ágatas, esmeraldas, berilos, zafiros, amatistas, tur­
de amor. Visten chitones y sobre ellos himationes con los que quesas, topacios y todo tipo de piedras en una moda enriquecida
pueden cubrirse las cabezas. En ocasiones optan por turbantes, pe­ con el comercio de la India a partir de las conquistas de Alejandro,
queños sombreros de ala ancha, o incluso grandes coronas de flores que llevó hasta las sociedades helenísticas, además de estas piedras
con ocasión de las fiestas religiosas. La mano izquierda de estas y especias como la pimienta y la canela, también las perlas, los
damas queda a menudo oculta por los pliegues del vestido, y con la tejidos de algodón, la seda china, colorantes textiles como el azul
derecha resulta habitual verlas empuñar un abanico. No suelen apa­ de índigo y perfumes como el nardo. Todavía hoy seguimos
recer en estas imágenes collares o brazaletes, quizá ocultos bajo los siendo deudores de aquellas modas.
himationes, pero sí son frecuentes pendientes y diademas. Y es que
las mujeres griegas amaban las joyas.
bibliografía
Luciendo las joyas Arrigoni, G. (ed.) (1985): Ledonnein Grecia. Roma-Bari: Laterza.
El arte de la orfebrería estaba muy presente, como veíamos en las Cameron, A.; Kuhrt A. (eds) (1983): Images ofwomen in Antiquity.
culturas egeas de la Edad del Bronce, y se generalizó en todo el London: Croom Helm.
Mediterráneo a partir de la expansión colonial y comercial de feni­ De Juliis, E. (1984): Gli ori di Taranto in etá Ellenistica. Milano:
cios, púnicos y griegos. El trabajo del oro por simple laminado y Mondadori.
martilleado trabajado a punzón propio de la Prehistoria se comple­ Mesnil du Buisson, R. (1947): Le sautoir d'Atargatis et la chaine
mentó con las técnicas orientales de la filigrana y el granulado. wuettes. Leiden: Bríll.
Hilos y cuentas obtenidos a partir de alambres de oro cortados ■ ! j A. (1984) (coord.): La cittádelleimmagini. Religione
pegados sobre láminas recortadas por soldaduras en caliente. El re­ ,, * ^¿fGnelhGraciaonf/ca Modena: Panini.
sultado podía combinarse con todo tipo de piedras preciosas v se­ ■ • o._k,J. R (1991). jfe coroplast's Art. Greek terracottas of
mipreciosas de diferentes colores como remates de diademas v - • - dlenistic world. New York: New Rochelle.
pendientes. Pero hubo que esperar a la época helenística en los
siglos IV a II a. C. para que los orfebres griegos produjeran sus iografía completa en www.despertaferro-edicicnes.com
piezas más esplendidas y llamativas.
Las damas enterradas en los hipogeos sepulcrales de Canosa di JoaqumRuiz de Arbulo Bayona es catedrático de
Puglia y de Tarento se enterraron con suntuosos ajuares de joyas de Arqud0g,a deGrK¡a y R0niaen ,a Uni
versitat Rovira
oro, por ejemplo grandes diademas con decoraciones de gran com­ ZI ', 9°"a 6 invest'9ador del Instituí Catalá
plejidad, de un estilo que hoy llamaríamos barroco. Otro tanto ocurría
en las necrópolis macedónicas. Los restos incinerados de reyes y rqueología URV / UAB / ICAC. Ha
principes eran envueltos en sudarios de telas de oro y lino purpurado y Pompeva nDPr°yeCt0S de investí9ación en Empúries, Tarragona, Roma
colocadas en grandes urnas de plata o delicadas cajas de oro y lapis­ MINECO"Ro 'rT°r de* Pro^ecto coordinado de investigación del
lázuli (1lamaces). Les acompañaban complicadas coronas de hojas (HAR 2012-37405\S Capita,es Provinciales y las ciudades de Hispania"
de roble o de mino. Así ocurría en la famosa tumba de Vergi na, que artículos en tp • Autor'coautor 0 editor de numerosas monografías,
revistas científi cas y ponencias en congresos.
ARQUEOLOGÍA & HISTORIA 57

Libros
Carlos III. Proyección exterior y científica de un
reinado ilustrado
En el marco de los actos conmemorativos del tercer centenario del nacimiento de Carlos III
(1716-1788), se inauguró a finales de 2016 en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid
la exposición que da nombre al catálogo que reseñamos -permanecerá abierta hasta el 26
de marzo de 2017; la entrada es gratuita-, y en la que se muestran casi un centenar de
piezas y obras de arte. Se trata de un catálogo con contribuciones diversas que en un primer
bloque examina con detalle la esfera internacional de España en los conflictos sucesorios
en Polonia y Austria de las décadas de 1730 y 1740 (bajo el reinado de Felipe V, pero con
participación de su hijo, el entonces Carlos VII de Nápoles), así como, ya con Carlos III, la
participación en la Guerra de los Seis Años en América -breve y desastrosa para las armas
españolas, con la pérdida momentánea de La Habana en manos inglesas- y la posterior im­
ISBN: 978-84-15272-85-4 plicación española en la independencia de los Estados Unidos, nación a la que se ayudó
Páginas: 210 (campañas de Bernardo de Gálvez en Florida y Luisiana) en alianza con Francia y contra el
Autor: Miguel Luque Talaván “viejo” enemigo inglés; un nuevo país que, sin embargo, los ministros españoles destacaron
(et al.) que podía convertirse en una amenaza para el futuro de las colonias en la América hispana.
Editor: Acción Cultural El núcleo del libro, y podríamos decir que radica ahí la razón del título -“proyección
Española exterior y científica de un reinado ilustrado”- trata en su segundo y tercer bloques aspectos
Web editor: relacionado con la cultura y la ciencia durante el reinado de, sin duda, el mejor Borbón que
www.accionculturaI.es reinara en España. Educado desde joven en las artes y provisto de una curiosidad científica,
Reseñador: Oscar González Carlos destacó como rey de Nápoles (1734-1759) por su pasión por las antigüedades, de
Camaño ahí el empeño que pusiera desde el principio por sufragar y proteger las excavaciones ar­
queológicas en los yacimientos de Pompeya y Herculano, descubiertos durante su reinado,
y cuyos restos insistió en catalogar. Incluso tras su traslado a España a la muerte de
Fernando VI, siguió preocupándose por la continuación de los trabajos arqueológicos y
para que le enviaran noticias y objetos. Se subraya también en el segundo bloque del
catálogo el coleccionismo de piezas de procedencia china, muy en boga en aquellas décadas
centrales del siglo XVIII en las diversas cortes europeas (la chinoiserie como curiosidad
artística y esnobismo social), así como una especial atención por las imágenes y especial­
mente los textos islámicos, siendo el interés focalizado en al-Ándalus un afán por “redes­
cubrir” una civilización olvidada, que a su vez se imbricó en el saber ilustrado del periodo.
América asume un protagonismo especial en el tercer bloque de este catálogo, probablemente
el más interesante, y que está dedicado a la ciencia y la técnica en la época de Carlos III. La
exploración ultramarina española constituyó uno de los pilares de la investigación científica
de la segunda mitad del siglo XVIII, y el monarca (y sus ministros) impulsaron numerosas
expediciones, que a su vez hay que situar en un contexto bélico (recordemos: la Guerra de
los Siete Años y la Guerra de Independencia de los Estados Unidos) y en franca competencia
con Gran Bretaña; del mismo modo cabe ubicar el reformismo institucional del comercio
americano y la revisión de la propia armada española. Las expediciones de exploración,
tanto del interior del continente americano (de México al estrecho de Magallanes) como
especialmente allende el océano Pacífico, fueron numerosas y buscaron -en la senda de na­
vegantes británicos y franceses- rutas hacia nuevos pasos en el noroeste -y de ahí la llegada
a las tierras de la actual Alaska-, y constituyeron un leitmotiv del reinado de Carlos III; ex­
pediciones tanto desde el virreinato de Nueva España como el Perú que conformaron en el
imaginario una noción (política) del océano Pacífico como un “lago español” amenazado
por otros países. A las expediciones de las décadas de 1730 y 1740 de Jorge Juan habría
que añadir, entre muchas otras, la de Alessandro Malaspina (1789-1795), ya muerto el mo-
narca pero concebida en los últimos años de su reinado, y en la que el espíritu científico
primó por encima de todo. La botánica (los trabajos de Mutis) y de manera especial la car­
tografía se nutrieron de los diversos avances del periodo. El resultado es un interesantísimo
catálogo (y no menos la exposición) que ofrece, en definitiva, una visión rica e “ilustrada”
del periodo carolino y de un monarca ávido de conocimiento y, al mismo tiempo, impul sor
del mismo.
Libros
Seguint la petja deis ibers

«rafico, social, político y económico (arte, minería, artesanado, escritura, guerra y religión) además
de añadir un capítulo no demasiado largo sobre la historia de la investigación y concluir con un
Seguint la epígrafe sobre la romanización de este territorio. La segunda parte es posiblemente la que hace más
petja deis ibers interesante al libro, puesto que analiza de forma breve cada uno de los yacimientos arqueológicos
MjrcjrteLi LfDrij • MonrIU
por comarcas, proponiendo un intenso paseo por los principales enclaves del territorio, a cada uno de
los cuales dedica unas líneas. La tercera parte la ocupan un glosario, tablas cronológicas y algunas
O-.tvrrz-
fechas que es interesante recordar. Finalmente, la última parte es una guía para realizar visitas a los
yacimientos de los que se habla en el libro, pero también a museos y otros lugares relacionados con
el mundo ibérico tarraconense. La monografía se complementa con una serie de rutas propuestas y
ISBN: 978-84-15264-30-9
Páginas: 480 una completa lista bibliográfica. El formato de la publicación es curioso, y si bien su título da a
Autora: Margarida Genera i entender que se trata de una guía de viajes para realizar mías, su papel satinado lo hace en exceso
Monells pesado -hablamos de más de 470 páginas- como para cargar con él en excursiones a pie. El tamaño
Idioma: Catalán es sin embargo muy adecuado, y a su favor diremos que este tipo de página permite una presentación
Editor: Ramón Berenguer IV excelente, con la reproducción de fotografías de calidad que acompañan a un texto de fácil lectura,
- Diputació Tarragona de estructura clara y adaptada al público general pese a tratarse de un trabajo arqueológico. Toda la
Web editor: obra tiene abundante información gráfica, las tablas resultan muy interesantes por la clarificación de
www.diputaciodetarragona. ideas mediante esquemas sinópticos y abundantes imágenes. Quizá el libro podría haberse acabado
cat/RBIV/ de redondear con algunos mapas que ayudaran a situamos en el lugar sobre el que estamos leyendo.
En conclusión, tenemos ante nosotros una interesante lectura centrada en el mundo ibérico de Tarra­
gona, bien estructurada, clara y concisa, con la que poder preparar visitas en familia a los yacimientos
de la zona. Pero su más importante valor es que sirve para dar a conocer lugares poco conocidos y
valorados por el gran público, que esperemos se anime a visitarlos siguiendo la huella de los iberos.

Els caps tallats d’UIlastret. Violencia i ritual al món


?LS CífS MIIS O'U'lUSSTREI
iher (catálogo de la exposición)
ca^esdprrp'ir^pH131''0113^0 C°" *a.vio*e¡lcia son aspectos que suscitan emociones encontradas,
el debate v Donprln rlpZ° ^ simu^taneamente-Y qué mejor para volver sobre el tema, avivar

Ullastret ofrecieron un : as excavaciones realizadas en 2012 en el oppidum de


sumaba a otros recupfM- - 'neos Racionados con un edificio singular y que se
ISBN: 978-84-393-9387-0
tema de la exposición m- ,¿ando en la actuaí ic,ad cerca de treinta individuos. El
Páginas: 129
Autores: Gabriel de Prado, motivaban presentar Jo, . .. '«anda y necesidad de renovar el estudio del argumento
M. Carme Rovira muestra los datos de ¡a ev- . ,ruera de forma parcial. De este modo, la exposición
aún pendientes) y el estudio ck- cv-- !' ■ antroP°ló8ico y genético (con los estudios de ADN
(coordinadores)
Idioma: Catalán importantes datos antropológicos en Vi'-f bistórico’arqueológico que ha sabido integrar los
Editor: Ajuntament d’Ullastret enclavados en disüntos momentos desnu N ^ han demostrado Que todos los avíeos fueron
- Museu d’Arqueologia de no mortales sugieren que se trataba de vírr ^ SU decaP*lac*dn asi como que las evidencio de heridas
Catalunya contradecir el discurso de las fuentes^ Imas vencidas en combate. Por otro lado, el estudio permite
Web Editor: www.mac.cat enemigos con aceites y ungüentos. El vaí^Vwconservac»ón de las cabezas cortadas de los
Reseñador: Raimon Graells i que en realidad no son más que una comnih Üa/aj° no esta tanto en las conclusiones que presenta,
Fabregat dinadores dan a la comunidad investigador-,0011 e datos Provisionales, sino el ejemplo que los coor-
Con este catálogo han favorecido el acceso -a r * ?U1Gnes se interesan por el patrimonio arqueológico-
y exhibición pública de cabezas a un núbli™^ Cultura1’ Rigioso y político de la decapitación
una actuación meritoria, inteligente y valiente ^ COmo ^a be tenido ocasión de comentar, es
participación a investigadores y aficionados ñ qUe §enera un debate articulado que permite su
ARQUEOLOGÍA & HISTORIA 59

____________ Carlos León Amores Investigaciones arqueológicas subacuáticas en el


Investigaciones arqueológicas
subacuáticas en el barco romano de barco romano de Es Grum de Sal, Conillera (Sant
Es Grum de Sal, Conillera
(Sant Antoni de Portmany, Ibiza) Antoni de Portmany, Ibiza)
A principios de los años sesenta se encontró un pecio romano hundido en un fondeadero cercano
a la isla de Conejera, frente a la población de Sant Antoni de Portmany en Ibiza, y a unos 23 m de
profundidad. Las excavaciones realizadas entre 1960 y 1963 tuvieron continuidad con una nueva
campaña arqueológica entre 1982 y 1992, destacando los trabajos realizados en el yacimiento en
las campañas de 1991 y 1992, de los que este trabajo es deudor. León Amores formó parte del
equipo de las últimas campañas mencionadas y su estudio ofrece muchas pistas sobre el destino
de un buque mercante romano del siglo I d. C., el llamado Es Grum de Sal, que realizaba la ruta
entre las costas portuguesas y Roma. Cargado de ánforas que contenían garum y restos cárnicos,
el barco naufragó y se hundió, probablemente cuando intentaba pasar entre ambas islas. El estudio
ISBN: 978-84-95461-80-3 de León Amores destaca por la pulcritud y el detallismo en cuanto a la descripción de los restos de
Páginas: 160 un pecio que desde su descubrimiento, y muy desafortunadamente, ha sufrido numerosos expolios
Autor: Carlos León Amores que han afectado a la estructura del mismo; de este modo, los restos que actualmente se hallan en
Editor: Opera Prima el lugar del naufragio han sufrido notables cambios, hasta el punto de que la propia quilla prácti­
Web editor: camente se ha desintegrado y los restos cerámicos (ánforas) se han arrasado. Las diversas campañas
www.edicionpersonal.com de prospección arqueológica, rigurosamente anotadas, muestran los escasos elementos transversales
Reseñador: Oscar González (varengas y cuadernas) y longitudinales (sobre todo la quilla, las tracas y los entremiches que se
Camaño sitúan entre cuadernas) que a duras penas se conservan. El autor no solo describe el pecio sino que
busca comparaciones con otros mercantes romanos hundidos, como el de County Hall en el río
Támesis o el Laurons II (sur de Francia), para tratar de comprender la estructura del Grum de Sal
y su construcción. El resultado es un interesantísimo estudio de caso sobre un pecio romano, que
a su vez nos ubica en la peligrosa navegación romana en época imperial; un estudio incompleto, a
causa del expolio sufrido, y del que prospecciones más recientes (2013) podrían dar más pistas.

Mujeres en tiempos de Augusto: realidad social e


imposición legal ________________________
IURA RVB, equipo investigador multidisciplinar que abarca disciplinas como el Derecho romano,
la Historia del Derecho, la Historia Antigua y Medieval, la Filología, el Arte y la Arqueología sobre
las mujeres en la antigüedad, es el artífice de este libro que comenzó a gestarse con motivo de los
dos mil años de la muerte del emperador Augusto. Se trata de un estudio (coordinado por las profe-
soras de Derecho Rosalía Rodríguez y M. José Bravo), muy transversal, amplio y completo. El
libro se divide en siete apartados, y entre ellos es obligado destacar los que tratan sobre las políticas
de restauración de las costumbres tradicionales del emperador -sobre todo aquellas que afectaban
a las mujeres por su papel como madres y esposas-; sobre los personajes femeninos más relevantes
para la historia de este periodo (Cleopatra, Octavia, Livia, Agripina Maior, Sulpicia, por solo citar
algunos); y el capítulo sobre el culto de Augusto a la diosa Vesta. También otros más amplios como
el que trata acerca del matrimonio y el concubinato de aquella época, revisten de gran interés. Otros
ISBN: 978-84-1655' -55-7 apartados tratan acerca de cómo era tratada la muerte de las mujeres contemporáneas, e igualmente
Páginas: 660 es necesario destacar el capítulo dedicado al vestido y ornamentación de la mujer a través de la ar­
Autores: Rosalía Rodríguez queología. Cada apartado se subdivide a su vez en subcapítulos que inciden en el tema de forma
López y M. José Bravo monográfica, están escritos por profesionales de distintos ámbitos de las humanidades y dan una
Bosch (eds.) imagen muy interesante de la Roma de aquellos tiempos, que hasta este momento precisaba de un
Editor: Tirant Humanidades estudio como el que tenemos entre manos para desenterrar a las mujeres que también fueron perso­
Web editor: www.tirant.es najes históricos y que generalmente son olvidadas o mencionadas muy por encima. Un libro mono­
Reseñadora: María Engracia gráfico que es único hasta el momento y que tiene un valor triple, ya que se trata de un estudio de
Muñoz-Santos lo femenino, tan necesario en los estudios de género y del siglo XXI, un nuevo homenaje a Augusto
por el bimilenario de su muerte y un homenaje, también, a la Dra. Mari Luz Blanco Rodríguez en
el quinto aniversario de su fallecimiento. Con total probabilidad, se convertirá en un referente en
los estudios de género en la Antigüedad en nuestro país.
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W*\ V
fJ
3« La isla deLesbos
2 - Efelsina/Eleusis .^ nicic un0 de los centros de En la isla de LESBOS sugerimos visitar el enclave de Éreso, lugar Éreso
Muy cerca de Atenas se encuentran los restos arqueológicos a ’ . Ja ¡mposidón del
de nacimiento de Safo (hacia 650/610 a. C.) -la famosa poetisa
culto más importante del mudo griego antiguo, que permanecí' interesante. En
griega incluida en la lista de los "nueve poetas líricos” y “décima
I musa" de Platón-, quien, tras un breve exilio en Sicilia, fundó en /
Lesbos
Lesbos la Casa de las servidoras de las Musas, donde enseñaba
V

v i
"SYi
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vv a- jóvenes mujeres poética, danza, música, filosofía, gimnasia y
las artes del placer. Aprovechando la estancia en Lesbos. es ♦♦
/

cha, Deméter fertilizó la tierra y enseñó a Triptolemo, un hero^leusH», a wter^erto ^rwuraira ? ^ I


§
recomendable visitar Mitilene, la capital de la isla. Varios son los
atractivos arqueológicos de la ciudad: el castillo bizantino del
♦♦
♦♦
j al resto de la humanidad. Sobre el ritual que se llevaba a cabo en * siglo XIV, el teatro de época helenística, el Museo Arqueológico o ♦♦
f, ¡ poco, en gran parte por su propio carácter mistérico. Según Isocrates se in p ptem¡dad". ' la villa romana de Menando.
comparten con los demás las dulces esperanzas respecto al fin de la vida y secreto v > sy
'¡ Los ritos iniciáticos, asi como las adoradones y creencias del culto, eran gua ■
ff¡aariSSf&W'té
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unían al adorador con el dios, induyendo promesas de poder divino y recompensas en la otra
<P / ♦♦
♦♦ Quíos
♦♦

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GRECIA ♦♦
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i \ Elefsiriax^ , TURQUIA
antigua Eleusisj».^ Atenas

50 100
Peloponeso Andros
Templo de Artemisa, Éfeso
0 V
kilómetros Vavrona Kü-aJSl
Santuario deÁrtemisa en Braurón ........... —.Iz:—
1 - Atenas y el Ática .........................
Desde Pausanias Viajes proponemos en esta ocasión un viaje especial para conocer algunos de los lugares del mundo griego mas significativos
relacionados con la mujer.
El punto de partida será ATENAS, bien conectado con la mayor parte de aeropuertos europeos, donde proponemos visitar varios enclaves relacio­
nados con ceremonias y rituales en los que las mujeres desempeñaron un papel importante. Uno de ellos es la colina del Pnix O, en cuya ladera
estaba situado el Tesmoforio.
Las Tesmoforias eran fiestas reservadas a las mujeres casadas con ciudadanos atenienses que se celebraban en otoño, en honor de Deméter y
Perséfone con la intención de propiciar la fertilidad de los campos. Dado el carácter mistérico y secreto de la fiesta, sabemos poco de los rituales
que allí se celebraban, excepto que duraban tres días y que se realizaban sacrificios, banquetes y ofrendas de frutos, gachas y queso. Ni siquiera
en la comedia Las Tesmoforíantes de Aristófanes podemos encontrar mucha más información.
Desde la puerta del Dípilon ©en el Cerámico, es posible recorrer parte de la vía Panatenaica © LAS PANATENEAS eran las fiestas religiosas
más importantes de Atenas, instauradas según Plutarco por el mítico Teseo, aunque se atribuye al tirano Pisístrato una remodelación inspirada en
otras competiciones panhelénicas
Durante la celebración, que incluía pruebas deportivas y atléticas, así como certámenes de música y poesía, se desarrollaban sacrificios, fiestas 1
nocturnas, banquetes con la carne de los animales sacrificados, y la famosa procesión, esculpida de manera magistral en el friso del Partenón. ! /SailIto/CCBY-SA3.Q ... -
La procesión se iniciaba en el Cerámico ©, aunque algunos autores señalan como punto de inicio el Academos (el lugar donde Platón fundó su
famosa escuela filosófica), donde se han encontrado algunos restos arqueológico extramuros de la ciudad. Posteriormente atravesaba
el ágora ©, ascendía a la acrópolis por la ladera oeste, cruzaba los monumentales propileos © y finalizaba ante el altar de Atenea Polias© 4 - Las ruinas de Efeso
las "Damas de Azul" B SANTUARIO DE ARTEMISA DE ÉFESO, considerado como una de las
SnHias nobles^3 P<?P/°Sa ,a dl0Sa Atene3, prenda que era tej’ida P°r las métms V,as ergastinas, jóvenes atenienses elegidas entre las © Wikimedia Commons maravillas del mundo, estuvo compuesto en origen por varios edificios.
/ Cavorita / CC BY-SA ZO
Syntaqma Artemisa, hermana de Apolo, hija de Leto y Zeus, es una deidad
paradas de metro independiente, relacionada con la naturaleza salvaje y con la caza. El san­
Museo de ; tuario fue construido en su honor por Creso, rey de Lidia, hada el año 550
V\<e°S Píreos red viaria actual de
Prehistoria J a. C., en una zona ya dedicada al culto desde antes del siglo VIII a. C., como
Atenas deThera. / asi lo atestiguan los exvotos, altares y restos de templos previos hallados.

el Cerámico . &
S
9
□ restos arqueológicos
de la Atenas clásica Acrotiri .($)
m Pronto, la fama y grandiosidad del santuario hicieron que este se con­
virtiera en un foco de atractión y peregrinación importantísimo, que le
\ propició grandes riquezas. Según Plinio el Viejo, era el más grande de todo
© © puerta antiguo perímetro de la
*%del Dípilon muralla de Temístocles San|0<' el mundo griego y estaba construido con mármol. Grandes artistas como
y los Muros Largos Escopas, Policleto, Cresilas o Rdias trabajaron en su decoración, en la que
Thission ,<h*. ,
“StoaP^

TheseionD
'©/O
Monastiraki

frmou Syntaqma
(hoy desaparecidas)

! 5 - La isla de Creta 0
r destacaban varias esculturas de amazonas, de las que se han conservado
copias de época romana. Las amazonas son el contramodelo mítico del
varón griego y la antítesis de la mujer griega tradidonal que vive sometida
© I
En nuestro viaje debemos cía . nemos obligatoriamente en
Heraklion, capital de la isla d. RETA, punto de partida para
O
o
al hombre, y su elección como elemento iconográfico no es, por tanto,
Ágora©'^; plaza Syntagma o
casual: el templo de Artemisa es escenario de varios episodios míticos
visitar el palacio de Cnoso y ; Museo Arqueológico de la o entre ellas y Heracles y Dioniso. El santuario fue destruido en el año 356 a.
ciudad, en el que se exponen - ¡gunas de las piezas más sin­ « C. por un incendio provocado por el tristemente famoso Erostrato, cuya
o
gulares de la cultura minoica. Como ejemplo citamos el fresa) t intención de lograr fama a cualquier precio ha trascendido hasta hoy día a
Liceo''"' procedente del palacio conocido como las “Damas de Azul , 0
0
través de numerosos escritores. A pesar de que solo quedan escasos
0
datado en el Bronce Medio cretense (1450-1400 a. C.) y 0 restos conservados, el lugar resulta altamente sugestivo.
0
magnífico ejemplo de arte minoico de la época palacial. Estas 0
damas podrían considerarse sacerdotisas desarrollando algún 0

tipo de ritual procesional, de danza o de oferentes. La apa­ í Heraklion


rición de serpientes en la composición podría estar relacio­ ■ Museo
nada con la proliferación de figuritas de terracota -diosas de ■ Arqueológico
las serpientes-, también en Cnoso, vinculadas con un ,V^de Heraklion POETISAS Y SACERDOTISAS
i%
0 200l ® Olympieion
hipotético culto a la Diosa Madre, señora de los animales,
protectora de las ciudades, del hogar, de la cosecha, del infra-
VIAJE AL UNIVERSO FEMENINO GRIEGO
1 Cnoso
Esczia Acrópolis vista de la Acrópolis • mundo. Se evidenciaría así un papel principal de la mujer en ^ X Amplía la información en: www.despertaferro-ediciones.c om
(c) Wikknedia Commons asta sociedad, sobre todo en el aspecto religioso con el culto a £

pavSanias
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, A. v , ÍHÍnííílíííi'rfl
• •• . I ¿ V-
/ Mastín/ CC BY-SA 3.0 divinidades femeninas y su ejercicio como sacerdotisas. Hasta
la irrupción de los dorios y el colapso de esta cultura se habna
r©ta
y: •/" mantenido este patrón que sería después sustituido por un viajes arqueológicos v cultúrale:
modelo patriarcal de raíz indoeuropea.
'vww.pausanias.com Á
Universidad Autónoma de Madrid
Tomás Aguilera Duran -

Tarteso en la
mitología moderna
[Tarteso] me interesa sobre todo, como síntoma de la actual
sensibilidad europea, que, mientras en la superficie parece muy
preocupada por la liquidación de la guerra, en su fondo secreto
se dispone a aparejar hacia Atlántidas, a huir del presente y
refugiarse no sabe bien dónde -en lejanías, en profundidades,
en ausencias- (José Ortega y Gasset, Las Atlántidas, 1924,289)

Antonio de Nebrija fue clave en ese redescubrimiento, ya


que, como ideólogo de los Reyes Católicos, apostó por la An-
tigüedad como referente de la nueva monarquía unificada
(Muestra de la historia de las antigüedades de España, 1499).
Tras él, Tarteso se instaló como cuestión obligada en los libros
de historia que se publicaron desde el siglo XVI, especialmente
desde la Crónica de Florión de Ocampo (1543), que sentó la"
.. » base del relato sobre los orígenes españoles.
En efecto, parte de su utilidad radicaba en su dimensión
monárquica. A partir del ensayo pseudo-historiográfico de An-
nio de Viterbo (Antiquitatum Variarum, 1498), Argantonio fue

E
n el lejano Occidente, en la costa de Iberia más allá de
las Columnas de Heracles, los griegos localizaron un incluido como parte de una serie de reyes fabulosos que habrían
reino de extraordinaria prosperidad, abundante en me­ marcado el esplendor de la Iberia más primitiva, desde Túbal,
tales preciosos, y gobernado por Argantonio, un rey magnánimo, nieto de Noé, hasta Osiris o Heracles, pasando por otras figuras
hospitalario y sobrenaturalmente longevo. Tarteso nació ya simplemente inventadas. De esta manera, el Argantonio gene­
como mito. Forma parte de ese género de relatos griegos que roso y justo que describieron los griegos se convertía en uno
trataban de dar sentido a aquello que se encontraba en los már­ de los antecedentes más remotos e ilustres de la monarquía es­
genes de lo desconocido, en los extremos de su mapa del mundo. pañola moderna.
Las muy escasas noticias sobre sus características y su historia Esta genealogía era además una historia sobre civilización.
surgen de la mezcla de las vagas noticias de exploradores, le­ El Renacimiento generó un ambiente de competencia cultural
yendas de marineros y modelos míticos preconcebidos. En ge­ entre las nuevas potencias europeas, de manera que los respec­
neral, es una de las muchas leyendas que nacen en el contexto tivos historiadores nacionales buscaron referentes que demos­
de la colonización de nuevos territorios, en las que se combina traran prestigio y progreso con la mayor antigüedad posible.
la imaginación literaria, la exageración del hallazgo y el des­ Tarteso, reino próspero e influyente, remitía a un esplendor tan
conocimiento fundamental sobre su realidad. Todos ellos suelen remoto como para superar a Roma y rivalizar con Grecia,
compartir los rasgos de una civilización ideal: su incontable ri­ Egipto o Mesopotamia. Además, esa idea se completaba con la
queza, la felicidad de sus habitantes, la justicia de sus gober­ mención de Estrabón (Geografía, 3.1.6) sobre la existencia de
nantes, la exuberancia de su naturaleza... Representan la espe­ escritura desde hacía 6000 años entre los turdetanos, pueblo v
ranza de todo aquello que esa sociedad ansia encontrar en sus prerromano sucesor de los tartesios en el valle del Guadalquivir.
nuevos horizontes. Así nació Tarteso, como el reino del Preste De esta manera, se explotaba la noción de una cultura y refina­
Juan en Asia durante el Medievo o El Dorado americano con el miento inmemorial que situaba a España en el mapa de las
imperialismo moderno. No obstante, en ocasiones, esos relatos grandes civilizaciones.
logran permanecer en el tiempo, encuentran un lugar en la ima­ Un elemento más completaría el atractivo del mito tart< ,ico
ginación colectiva dotados de nuevos sentidos, de nuevas'vidas como mito nacional: su conexión con la Historia sagrad?: En
útiles como mito. este sentido se rescataron las menciones del Antiguo Testamento
a Tarsis, un país inconcreto que habría comerciado con el rey"'
Reyes, Biblia y civilización Salomón. De entre las múltiples teorías sobre la ubicación de
El Tartessos griego es fundamentalmente un mito, pero en el este lugar, Johannes Goropio Becano fue el primero en proponer
siglo XV fue rescatado para convertirse en una parte funda­ la identificación con Tarteso (Opera Joannis Goropii Becani,
mental de la Historia de España, entremezclado con otros mitos, 1580), lo que después defendió y consolidó en España Juan de
antiguos y modernos. Y esto es así porque en su relato confluían Pineda (De rebus Salomonis, 1608);. finalmente, la teoría se
ciertos elementos que lo hacían especialmente atractivo: hablaba expandió a nivel europeo gracias a la Geographia Sacra de
de antigüedad, monarquía y civilización.
amue Bochan (1646). Esta conexión salomónica, aunque du-
ARQUEOLOGÍA & HISTORIA 63
° ASCH'VO Gcneuai r-í Andaiocía / 7932

dosa, se convirtió en un verdadero tópico que le dio el espalda­ guez Mohedano (Historia literaria de España, 1766-1791), de­
razo definitivo a la leyenda, pues conllevaba que la propia fendieron que la influencia de los fenicios había sido básica en
Biblia reconocía el prestigio del antiguo reino hispano. la conformación de Tarteso y la civilización de Iberia en general.
Institución monárquica, civilización ancestral y referencias Aunque esto atentaba contra la ‘'nacionalidad” del mito, el ele­
bíblicas habían creado un caldo de cultivo ideal para consolidar mento fenicio quedaba ya asentado como un tema ineludible al
a Tarteso como una fuente de prestigio nacional. De esta manera, tratar de Tarteso, y así lo aplicó Bonsor a la arqueología, por
cuando surja la arqueología tartésica a finales del siglo XIX ejemplo.
sus planteamientos partían de un mito literario arraigado durante No obstante, los fenicios fueron suprimidos del debate en
siglos. En este sentido, los grandes pioneros, como el francés el cambio del siglo XIX al XX, cuando las tesis racistas y el
George Bonsor y el alemán Adolf Schulten, no descubrieron el antisemitismo alcanzaron su momento álgido. En ese periodo,
tema de Tarteso; lo reinventaron dotándole de una nueva con­ las teorías principales sobre Tarteso oscilaron entre el indige­
sistencia científica. nismo (origen autóctono) y el filohelenismo (influencia griega);
Esto es especialmente importante en el caso de Schulten. en todo caso, ni los fenicios ni ningún pueblo semita podían
Su monografía Tartessos (1922) y varios estudios posteriores, estar en el origen de la primera civilización occidental. Schulten
supusieron la culminación del mito cultural mediante las nuevas representó la culminación de esa idea. Primeramente, propuso
disciplinas hermenéuticas y arqueológicas. Forzó argumentos que la influencia provenía de Creta, para después señalar a uno
históricos para demostrar, tanto la existencia de Tarteso, como de los llamados Pueblos del Mar, los tirsenos, indoeuropeos de
sus extremos más fabulosos y exagerados. Asimismo, Asia Menor. De cualquier modo, ese influjo se habría apli­
se obsesionó por encontrar las ruinas de una gran , —- cado sobre una base pretartésica propiamente local,
capital monumental, convencido de su localización con lo que se combinaban las dos teorías que negaban
bajo las marismas de Doñana. Finalmente, volcó a los fenicios.
sobre ese espejismo todo su ideario imperialista La visión de Schulten triunfó en España, eclip­
y racista. Recuperaba así la noción más tradicio- B sando las investigaciones previas y espoleando la
nal de Tarteso como un reino poderoso, cen- ™ st lectura nacionalista desde posiciones más au-
tralizado y supercivilizado, y la dotaba de toctonistas. Es el caso de Anselmo Arenas
un nuevo sentido simbólico acorde con y (El verdadero Tarteso, 1927), que pole-
las tendencias ideológicas hegemónicas A mizo con el alemán para reivindicar la
en Europa. A pesar de sus carencias • r esencia propiamente española de la
como investigador, de las críticas que tL/ ... . cuestión tartésica. Por su parte, el ar­
recibió y de su fracaso buscando las , queólogo Manuel Gómez-Moreno, que
pruebas materiales de sus afirmacio- -M ya antes había propuesto una explica­
nes, la fuerza del concepto que rein- I ción indigenista (Arquitectura tartesia,
ventó marcó para siempre la vida del 1 1905), publicó también en esos años una
mito tartésico. versión novelada con la misma perspec­
tiva (La novela de España, 1928). Lógica­
El mito antisemita mente, esa versión racista no hizo sino refor­
La historia sobre Tarteso ha mantenido siempre ^l|H zarse en el ambiente fascista de posguerra, en
una relación problemática con los fenicios; siempre "^3 obras como las de José Chocomeli (En busca de Tar­
ha sobrevolado una duda acerca de la influencia que estos tessos, 1940) y Antonio Martín de la Torre (Tartessos, 1940).
ejercieron como fundadores de Gadir (Cádiz) y colonizadores Al mismo tiempo, si Tarteso se utilizaba para construir un
del sur peninsular en aquellos momentos. Ciertamente, se trata origen digno para España, también se utilizaba para imaginar
de una cuestión compleja historiográficamente, pero que tiene el de Andalucía. Siempre fue un tema recurrente entre los inte­
además una dimensión simbólica fundamental: tradicional­ lectuales andaluces, pero, cuando en el siglo XIX se articuló
mente, los fenicios han sido vistos como unos intrusos extran­ una reivindicación propiamente andalucista, Tarteso fue muy
jeros, lo que se agrava por tratarse de un pueblo semita. importante como mito fundacional de la región. Es el caso de
Desde el Renacimiento, Tarteso fue presentado como un la Historia de Andalucía de Joaquín Guichot (1869), pero la
reducto de españolidad ante las intromisiones foráneas. En este idea culminó con Blas Infante, máximo ideólogo del andalu­
sentido fue importante un texto de Justino (44.5) que habla de cismo, con El ideal andaluz (1915). Como en la versión espa­
un conflicto entre l-\.s hispanos y los fenicios de Gadir, y de ñoleta, Infante suprimió el elemento fenicio, haciendo recaer
cómo estos recurriei -.-. a sus parientes cartagineses, invitándoles en los griegos la influencia decisiva para convertir a la antigua
a extender su dominio en la Península. A partir de esta infoi- Andalucía en un símbolo de la civilización occidental. Salvando
mación poco precisa se consolidó la noción del reino de Tarteso las distancias, Tarteso sigue constituyendo hoy en día una parte
como el primer ejemplo de resistencia patriótica contra los in­ esencial del discurso identitario propio del regionalismo anda­
vasores. luz; la preconcepción de Tarteso como un reino unificado, su­
La cuestión se matizó en el siglo XVIII, cuando los histo­ percivilizado y básicamente indígena se reproduce y se fomenta
riadores de la Ilustración, especialmente los hermanos Rodrí- institucionalmente a nivel popular, político y didáctico.

▲ Urna cineraria del tipo llamado CRUZ DEL NEGRO, hallada en Carmona. Se trata de una urna de origen fenicio muy frecuente en las necrópolis
tartésicas, y su nombre deriva de la necrópolis homónima, que fue excavada por Bonsor desde 1895. Aunque ya desde finales del siglo XIX se
conocían abundantes materiales procedentes del registro arqueológico y relacionados con Tarteso, la investigación arqueológica quedó re­
legada desde el comienzo a un segundo plano, eclipsada por las impactantes interpretaciones de la tradición historiográfica, que se adentraban
en el universo de lo mítico de la mano de las fuentes escritas, siempre de interpretación muy ambigua. Desde entonces y durante décadas, la
ARQUEOLOGÍA ha debido desempeñar la ardua tarea de ir superando, poco a poco, los paradigmas preestablecidos a partir del temerario
análisis de las fuentes en la primera mitad del siglo XX. «w^aCommons/cc by-sa/Angiim.fcuci$i»o

Á
64 ARQUEOLOGÍA 6-HISTORIA

t Portada de la primera edición en castellano del TARTESSOS DE ADOLF SCHULTEN (1924), una de las obras más influyentes y apologéticas
sobre el dominio tartésico en el occidente mediterráneo, responsable de proyectar una imagen tremendamente sesga a que ego a ener
un enorme calado en el imaginario colectivo peninsular.

Atlántida en Iberia en la posguerra, su tesis de la Atlántida fue mantenida por otros


La magnificación mítica de Schulten se completó con otra arqueólogos como César Pemán que, de hecho, la buscó in­
teoría, probablemente la más fantasiosa, pero también una de fructuosamente.
las más influyentes: la identificación entre Tarteso y la Atlántida. Con la asociación Tarteso-Atlántida, el mito alcanzaba
La descripción que hizo Platón de esa isla todo su potencial. No solo conllevaba
legendaria en los diálogos Timeo (20d- la resolución de uno de los grandes enig-
\ 1)0 LIO SCHULTEN
25e) y Critias (106a-l2le), encajaba bien mas universales, sino que además con­
con la imagen ilusoria de Tarteso que se solidaba la faceta imperial atribuida a
había figurado el alemán: el concepto de
una gran civilización, guerrera, rica y po­
TARTESSOS Tarteso
español
que
y al
tanto sedujo al nacionalismo
investigador alemán. La en­
derosa, desaparecida repentinamente. Por CONTRIBUCIÓN A LA HISTORIA MÁS ANTIGUA vergadura de imperio que Platón atribuía
di: occidente
otro lado, las vagas descripciones geográ­ la Atlántida reforzaba la infundada vi­
ficas de ambos países míticos permitía (Ce» A" CU|»l) sión de Tarteso como una potencia cen­
forzar los paralelismos, lo que era sufi­ tralizada que dominaba buena parte de
ciente para cerrar el círculo. Esta hipótesis la Península y que ejercía una fuerte in­
ya fue incluida en su primera monografía fluencia colonial por el Mediterráneo y
de 1922, y la desarrolló después en varios la costa atlántica.
estudios, como Tartessos und Atlantis Desde los años 60, la propia arqueo­
(1927) y, en español, Tartessos y la Atlán­ logía propició el declive del mito como
tida (1928) y Atlantis (1939). tema académico. Esto se debió al re­
En realidad, como casi todas las apor­ planteamiento científico del llamado
taciones de Schulten, esta tampoco era arte orientalizante y el elemento fenicio,
nueva, aunque él se atribuyó su descubri­ pero también tuvo que ver con la cons­
IsfriMl'í* Je' Oí, iJeete'
miento. Lo cieno es que la vinculación M a J r ¡ «I tante frustración en la búsqueda material
entre la Atlántida y Tarteso era un viejo de esa supercivilización que nunca exis­
tema de la historiografía española. Aun­ tió. No obstante, la leyenda estaba fuer­
que ya había sido sugerida incluso antes, José Pellicer y Ossau temente arraigada en el imaginario colectivo, por lo que con­
desarrolló esa teoría de manera sistemática en 1623 (Aparato a tinuó su propia vida en el ámbito popular. La historia nebulosa
la monarchia antigua de las Españas), y varios autores la de Tarteso fue llevada al teatro por Miguel Romero Esteo
habían repetido desde entonces. En todo caso, de nuevo, Schul­ (Tartessos, 1983). Por supuesto, en las últimas décadas ha
ten popularizó la idea provocando el interés y la polémica en sido un tema recurrente para la novela histórica, como la po­
España: como respuesta, Juan Fernández Amador de los Ríos pular Tartessos, de Jesús Maeso (2003) o Tartesos. Un reino
publicó Atlántida. Estudio arqueológico, histórico y geográfico soñado, de Jaime Alvar (2010). Asimismo, se ha colado en el
(1925) (ya antes había defendido esa hipótesis en Antigüedades cómic con la serie Tartessos (2006), que reinventa con un
ibéricas, 1911). Más adelante, dada la influencia de Schulten nuevo lenguaje los viejos tópicos: la visión utópica, la relación

▼ Viñeta de la revista juvenil Chicos (n.° 74,1939), un ejemplo de la VISIÓN IMPERIALISTA, NACIONALISTA Y RACISTA que triunfa en el fran­
quismo y su proyección didáctica. El tono tendencioso de esta publicación puede leerse en el texto de estas viñetas:"Existia el Imperio Tartesio
en la región que hoy se llama Andalucía, y sus hombres, arriesgados navegantes, llegaban en sus viajes hasta Bretaña e Irlanda en busca de
estaño y del ámbar. En sus fértiles valles se daban los más variados frutos, desde el olivo a la vid, y a la orilla del ríoTartessus (Guadalquivir),
en cuyas fuentes se decía que nacía la plata, pastaban mansamente los toros de Geríon [...], un monarca sin suerte, porque su escuadra hubo
de luchar contra los tirios (hombres de la Fenicia, comerciantes y ambiciosos) y durante el combate ardieron de repente las naves como heridas
por extraños rayos".
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A A la izquierda MAPA DE TARTESO, detalle de la Hispaniae veteris descriptio, de Abraham Ortelius (1586). El mapa de la derecha corresponde
a la Carte conjecturale de l'Atlantide, de Bory de Saint-Vincent (1803), que sitúa a las Canarias, Madeira y las Azores como el último vestigio del
continente hundido, habitado, según muestra la leyenda cartográfica, por personajes fantásticos de la mitología griega como los atlantes, las
amazonas o las gorgonas. La tradición historiográfica antigua insistió repetidamente en la proyección ideológica del universo mítico griego
en clave histórica, y en particular aquel que refería al extremo occidental del mundo conocido por los griegos, que llegó a fundirse artificial­
mente con los mitos tartésicos prescindiendo siempre del factor fenicio, que era el que realmente tenía mayor peso en el entorno tartésico.
Además de ATLANTIS o el Tártaro, quizá la tradición más extendida fue la que situaba al mítico (y monstruoso) rey Gerión en la órbita tartésica,
tal como sugería Estesícoro (Biblioteca mitológica, 115.10):"Como décimo trabajo se ordenó a Heracles el ir a buscar el ganado de Gerión de
Eriteia. Es esta una isla situada en las proximidades del Océano, que ahora se llama Cádiz". Otros autores como Hecateo de Mileto lo negaban,
pero no tuvieron tanto eco en el entorno de la historiografía hispánica:"Gerión, contra quien Euristeo mandó a Heracles argivo para robarle
las vacas y conducirlas a Micenas, no tiene nada que ver con esta región de Iberia [Tarteso], [...] era rey en una región continental de Ambracia
y del Anfíloco, y fue de esta región de donde Heracles condujo el ganado [...]"(Arriano, Anábasis, 11.16.5-6).

con la Atlántida, la identidad andaluza e hispana o la perfidia Más allá de los pormenores, la enorme repercusión de
fenicia. Por otro lado, obviamente, el tema ha tenido un lugar este episodio demuestra la vitalidad mítica de Tarteso a pesar
de honor en el mundo de la superchería esotérica como uno de los avances críticos de la investigación. El mito griego
de los enigmas sobre los que proyectar especulaciones de confluyó con las identidades nacionales y la imaginación ro­
todo tipo. mántica de los eruditos para generar un mito moderno; en los
En todo caso, también la arqueología sobre Tarteso se re­ últimos tiempos, su explotación comercial y los nuevos medios
siste a abandonar su faceta mítica. Desde 2003 la cuestión de de comunicación intervienen para revitalizarlo. Tras todos
la Atlántida ha vuelto a situarse en primer plano. El físico ale­ ellos, tras el mito antiguo y los modernos, persiste el impulso
mán Rainer Kühne y Wemer Wickboldt publicaron en la pres­ humano por aferrarse a aquellas historias que trasgreden los
tigiosa revista Antiquity que habían identificado la existencia límites de lo racional y lo inmediato.
de estructuras en forma de círculos concéntricos bajo las ma­
rismas de Doñana a partir de unas fotografías de satélite; su
forma les llevaba a postular su identificación con la Atlántida BIBLIOGRAFÍA
de Platón. Desde ese momento se desencadenó una tormenta Álvarez Martí-Aguilar, M. (2005): Tarteso. La construcción de un mito ,
mediática que culminó con la emisión del documental de Na­ en la historiografía española. Málaga: Diputación de Málaga.
tional Geographic Finding Atlantis (En busca de la Atlántida, Campos Carrasco, J. M.; Alvar Ezquerra, J. (ed.) (2013): Tarteso. El
2011). Dirigido por R ichard Freund (Universidad de Hartford), emporio del metal. Córdoba: Almuzara.
el reportaje concluye . partir de la especulación con meros in­
dicios el hallazgo de 11 Atlántida y su destrucción por un tsu- = Bibliografía completa en www.despertaferro-ediciones.com
nami como precedente' de Tarteso. Además, la noticia se ha vi­
ciado con la explotación sensacionalista de los medios, las Tomás Aguilera Durán es licenciado en Historia por
elucubraciones desde los círculos para-históricos y las contro­ la Universidad de Salamanca y especializado en
versias sobre el descubrimiento de las fotos. Al mismo tiempo, Historia Antigua en la Universidad Autónoma y la
todo ello se ha enmarañado con el proyecto de investigación Universidad Complutense de Madrid. Actualmente
del CSIC y la Universidad de Huelva dedicado a estudiar, de está realizando su tesis doctoral en la Universidad
manera más cautelosa, los restos arqueológicos calcolíticos de Autónoma de Madrid acerca de la formación y transmisión de
la zona en cuestión. estereotipos sobre los pueblos prerromanos de la península ibérica.