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Hay un filósofo francés

llamado Paul Ricoeur

que en un texto hace


la siguiente clasificación.

Toma a tres pensadores

de finales del siglo XIX


y principios del XX

y los junta a los tres

bajo la categoría
de la escuela de la sospecha.

Esos tres pensadores


son Marx, Nietzsche y Freud.

Freud con el inconsciente,


mostrando que lo que suponemos

que son las motivaciones


de nuestras acciones,

en realidad,
siempre son desconocidas.

Nietzsche, con su idea de--


Su crítica radical al lenguaje

y a la posibilidad
que tenemos los seres humanos

de dominar lo que decimos


cuando, en realidad,

más que hablar el lenguaje,


es el lenguaje el que nos habla.

Y Marx, con su famosa teoría


de la enajenación o alienación,

según la cual, en realidad,

las cosas que nosotros creemos


que pensamos, decimos o hacemos

responden a motivaciones
que no son propias.

[Tictac y alarma de reloj]

(Darío)
Lo que suponemos
que son las motivaciones
de nuestras acciones,

en realidad,
siempre son desconocidas.

Esta es una decisión que tomé yo


y me la banco.

Más que hablar el lenguaje,


es el lenguaje el que nos habla.

¡Árbol!

¿No entendés que el minuto a minuto


está bajando?

(Darío)
En realidad,

las cosas que nosotros creemos


que pensamos, decimos o hacemos

responden a motivaciones
que no son propias.

(Voz de hombre por altavoz)


Descuentos increíbles
en el pasillo cuatro.

En los tres casos,

Ricoeur lo que ve es la necesidad


de romper con la cotidianeidad

tal como se nos presenta


de manera unívoca.

Como si los fenómenos


que rodean todo lo que hacemos

estuviesen tan naturalizados

que uno, entonces, los acepta


como que son propios de las cosas.

Los tres pensadores


van por la misma línea:

la desnaturalización.

Romper con la cotidianeidad

tal como se nos presenta


de manera unívoca.

Lo que genera en nosotros


la escuela de la sospecha
es la posibilidad
de detener la realidad

y pensar que todo lo que estamos,


de alguna manera,

observando o viviendo
podría ser de otra manera.

A nosotros nos interesa


pensar a Marx

a partir de lo que escribe


junto con Engels

en este texto
que vamos a analizar hoy,

que es el "Manifiesto comunista",

que lo escriben con Engels


en dos meses.

Lo escriben desde diciembre de 1847


a enero de 1848.

Lo publican en febrero de 1848.

Si no recuerdo mal,
el 21 de febrero de 1848.

¿Y saben cuántos años tenía Marx

cuando escribió
el "Manifiesto comunista"?

No. 26 tiraron acá.

Piensen que Spinetta escribió


"Barro tal vez" a los 15 años.

¿Sabían?

Quince años tenía Spinetta


cuando escribió "Barro tal vez".

Mírennos, mirémonos a nosotros


con nuestras edades.

¿Qué hemos hecho?

¿Qué hemos hecho


durante todo este tiempo?

Bueno, Marx tenía 29 años.

O sea, lo primero que hay que decir


para empezar esta clase
es lo siguiente:

basta de pensar que para leer a Marx


hay que ser marxista.

Es como pensar que uno


no puede leer la Biblia

si no es un creyente
furibundo y dogmático.

Me parece que lo interesante,


al revés,

es entender el impacto
que genera este texto

en la historia
de la cultura moderna.

No es un libro menor.

¿Que sea un manifiesto


qué significa?

Un manifiesto no es simplemente
un libro teórico.

Un manifiesto
es un libro para la acción.

Y eso no es casual
porque podemos claramente entender

que Marx y, en general,


la teoría marxista

repiensa la relación
entre la teoría y la praxis.

Marx entiende que si la filosofía


no sirve para cambiar al mundo,

no sirve para nada.

O peor: sirve para lo contrario.

Sirve para reproducir lo existente.

Cuando él dice: "Los filósofos

no han hecho otra cosa


que interpretar el mundo"

significa que no han hecho otra cosa

que sostener y legitimar


el statu quo.
Pero una filosofía
realmente revolucionaria

que hace a una verdadera filosofía

es aquella que logra


transformar la realidad.

El "Manifiesto comunista"

es un libro que se escribe

en el fragor de dos revoluciones.

Por un lado, la revolución del 48

y, por otro lado,


la Revolución industrial.

La revolución del 48
son las primeras revoluciones

donde aparece, por primera vez,


la voz del obrero.

¿Se encuentra bien, señor?

(Darío)
El obrero como clase,

lo que se llama
la clase proletaria...,

¡Agarrá la caja y empezá a bajar!

(Darío)
...surge en consonancia
con el surgimiento del capitalismo.

Todo plástico, todo chino.

(Darío)
Es fundamental entender esta idea

de que la clase obrera nace


junto con el capitalismo

y que tiene
un surgimiento histórico.

Porque a nosotros nos es fácil

–de nuevo,
recuerden el principio de la clase–

naturalizarla, o sea,
hablar de que hubo obreros siempre.

Y nos olvidamos de que


en la Antigüedad no había obreros,

había esclavos.

En la Edad Media no había obreros,


había vasallos.

La revolución del 48

encuentra, por primera vez,


a la clase obrera constituida

y, entonces,
la Liga de los Comunistas,

o sea,
estos personajes revolucionarios

que empiezan a pensar


en un cambio radical del mundo

se encuentran con esa revolución


en su salsa.

Por eso, el Manifiesto


tiene que ver con esa época.

Y tiene que ver


con la otra revolución,

que es la Revolución Industrial.

La Revolución Industrial supone


una transformación ¿en qué?

En las condiciones de trabajo.

En el inicio de todo cambio

están los cambios en nuestras


condiciones de producción.

Sí, tenemos que ver--


A ver, un cachito.

¡Flaco, flaco!
Escuchame una cosa.

¿Qué pasa que llegás tarde siempre?


No es la primera vez, ¿eh?

¡No! Pero una vez,


otra vez, otra vez, ¡tené cuidado!

Dale, andá a laburar.


Sí, disculpame.

(Darío)
O sea, todo cambio social
se inicia siempre –dice Marx–

en los cambios
que la tecnología genera

en nuestra forma de trabajar.

Cambia el trabajo
y, después, cambia todo.

[Tono de llamada]

Tecnovisión, buenas tardes.


Habla Oscar.

¿Usted desenchufó?
Dígame su nombre de cliente.

¿Con jota?

Enchúfela.
Me están llamando.

Sí, ya estoy con eso.


Buenas tardes.

No, señor.

(Darío)
Pero, por otro lado, lo que genera
la Revolución Industrial

es que se instala la idea


de un cambio permanente.

O sea, en la Revolución Industrial


empezamos a asistir a la idea

de que todo el tiempo


se van revolucionando

los medios de producción.

Que cada tantos años


empieza a surgir un nuevo invento

que modifica las formas


en que trabajamos.

Eso genera una sensación


de cambio permanente.

Es como que todo sucumbe,

es como que nadie puede estar


tranquilo ni seguro,

nadie puede aferrarse


a nada concreto, a nada estable.
Y dice lo siguiente:
"Todo lo sagrado se profana,

todo lo sólido
se desvanece en el aire".

El texto de Marx comienza


con una famosa frase

que dice lo siguiente:

"Un fantasma recorre Europa,


el fantasma del comunismo".

Todo el mundo, obviamente,

va a poner el acento en esa frase


en la palabra comunismo.

Pero nosotros, como somos piolas,

vamos a poner el acento


en otra palabra.

En la palabra fantasma.

Un fantasma es algo invisible

y, de alguna manera,
el fantasma del comunismo,

de la clase obrera
como sujeto revolucionario

que está buscando el comunismo,

es una clase que para el burgués,


para el capitalista, no existe.

Entonces,
su característica espectral

tiene que ver, justamente,


con su invisibilidad.

Está bien llamarla fantasma


como algo que no se ve.

El otro elemento que hace


a la característica de fantasma

es su inclasificación.

O sea, vieron que un fantasma


no se entiende qué es.

¿Está vivo
o está muerto el fantasma?
Es inclasificable el fantasma
y es inclasificable la clase obrera

porque no encaja.

Encaja para el capitalismo

en la medida en que haga


lo que tiene que hacer.

Y la tercera,
que es la que más me interesa

porque me parece que es la que


atraviesa todo el texto de Marx,

es que el fantasma –seguramente,


a todos les pasará lo mismo–

aterra, da miedo.

Entonces, hay algo de un miedo


muy fuerte que genera esto.

El comunismo como una posición que,


con todas sus características,

abolición de la propiedad privada,


abolición de las patrias,

abolición de la religión--

Piensen que todas las posturas


más extremas

generan una sensación


de que quedo totalmente vacío.

Es para repensar
por qué genera esa sensación

o cuánto tenemos puesto nosotros


en nuestras propiedades privadas

y en nuestras creencias

para pensar que, si eso desaparece,


desparecemos nosotros.

Otro tema que trabaja Marx


es lo que, después, con el tiempo,

se fue llamando
el materialismo histórico.

Marx, en ese sentido, se pelea


con lo que vendría a ser su maestro,
que es Hegel.

Hegel pensaba que,


a lo largo de la historia,

los seres humanos


nos íbamos emancipando

porque íbamos progresando,

siendo cada vez más conscientes


de lo que somos.

Y lo que hace Marx


es invertir este esquema.

Hay una famosa frase de Marx--


Hay muchas frases famosas de Marx.

Hay otra de ellas


que aparece en el prólogo

a la "Contribución
de la economía política"

donde Marx dice:

"No es la conciencia
la que determina su ser,

sino el ser
el que determina la conciencia".

Para Marx, pensar es un efecto


de una realidad material concreta.

Marx no cree que pensando


cambiamos el mundo.

Marx cree que el mundo se cambia


en su ser, en su materialidad,

en el trabajo.

La conciencia,
la forma que tenemos de pensar,

es siempre un derivado.

Creemos que cuando pensamos,


estamos pensando autónomamente.

Marx pone el dedo en la llaga.

Marx dice: "Uno piensa lo que otros


necesitan que pensemos".

Y lo que va a proponer
–y esto es otro de los textos
famosos del "Manifiesto comunista"–

es releer la historia

no como el desarrollo del espíritu


hacia la autoconciencia, sino--

Recordarán todos ustedes


esta frase

del inicio del capítulo uno


del "Manifiesto comunista".

Marx dice:
"La historia de la humanidad

es la historia
de la lucha de clases".

Sin embargo, nuestra compañía

tiene que pensar en optimizar


los costos de producción.

¡Mentira la verdad!
¡Mentira la verdad!

¡No están autorizados!

Nosotros no tomamos
ninguna propiedad, ¿eh?

¡Nosotros tomamos la señal!

Están interfiriendo ilegalmente


una señal de televisión privada.

(Darío)
Porque hay intereses contrapuestos,
porque hay clases en pugna.

¡Fuera de ahí!

¡Ese es mi control!

Entren.

(Darío)
Porque la historia la escriben
los que ganan.

¡Están todos trabajando


para ustedes, señores!

¿Quién se creen que son?

Lo que se encuentra uno,


a lo largo de la historia,
es esta lucha de clases
que explota cada tanto,

genera una revolución,


y el mundo cambia.

O sea, todo bien con la Antigüedad,

pero ¿para Marx lo más importante


de la Antigüedad qué es?

Es que era una época

donde el modo de producción


era esclavista,

donde la lucha de clases

se manifestaba
entre amos y esclavos.

Entonces,
hay que potenciar ese elemento

en la lectura de la historia antigua

y no lo que leemos
en los manuales de Historia

de que vienen las pirámides


y el Imperio griego y romano

como si no hubiese ahí


un conflicto de clases permanente.

Marx modifica
la lectura de la historia,

la lee como lucha de clases

y llega, al final, al tiempo


en el que él está escribiendo...

Porque la última etapa histórica,

a la que llegamos
después del feudalismo,

es el capitalismo.

¿Cuáles son las clases en pugna


en el capitalismo?

Dos:

por un lado,
la clase capitalista burguesa
y, por otro lado,
la clase proletaria.

Los burgueses son los dueños


de los medios de producción,

¿y el proletario quién es?

Es el que no es dueño de nada,


salvo de su fuerza de trabajo.

¿Qué hace con su fuerza de trabajo?


La vende.

Entonces, al no ser dueño de nada,

sino de su cuerpo
y de su fuerza de trabajo,

cobra por ello un salario.

En una de las tesis más conflictivas


y más polémicas para el marxismo,

el salario –dice Marx–


siempre es injusto.

Porque para Marx es


un problema técnico, no de cantidad.

¿A qué llama Marx plusvalía?

A la diferencia
entre lo que yo produzco como valor

y lo que cobro, después,


por ese trabajo.

Porque, para Marx,


el fruto del trabajo

es entero para el que lo realiza,

pero como uno está asalariado,


evidentemente,

el capitalista se va a quedar
con su parte, que es la ganancia.

Pero esa parte con la que se queda,


por decirlo "tranqui", es un robo.

Por eso dice Marx


que no hay otra manera

para pensar un cambio


de perspectiva social

que la revolución.
Lo digo distinto.

Supone
una concepción filosófica de fondo

muy radicalmente diferente

a la que en el capitalismo
se sostiene.

O sea, no hay reforma posible


en la alienación.

Porque el problema es de raíz.

En los "Manuscritos
económico-filosóficos",

cuando describe
lo que es la alienación--

Alienación es una palabra


que viene de "alio", que es otro.

O sea, otro me constituye,


me define, decide sobre mí.

Estar enajenado o alienado

significa que no somos nosotros


los que definimos nuestros deseos,

nuestros pensamientos,
nuestros sentimientos,

sino que estamos repitiendo,


sin darnos cuenta,

lo que otros necesitan que seamos.

Somos
lo que otros necesitan que seamos.

Eso es estar enajenado.

La enajenación se produce,
sobre todo, en el trabajo.

Marx dice:
"En realidad, lo propio del trabajo

es la realización vocacional
del ser humano".

Pero como nadie trabaja


de lo que quiere

porque tenemos que trabajar


haciendo cualquier cosa

para sobrevivir,

en el lugar donde deberíamos


realizarnos vocacionalmente,

que es el trabajo,

en realidad,
nos sentimos como animales

porque no hacemos nada

que nos realice


en términos de humanidad,

sino que estamos haciendo


tareas mecánicas

nada más que para cobrar


un mísero salario

y sobrevivir a fin de mes.

Y, cuando nos vamos del trabajo


y llegamos a nuestras casas

y en nuestras casas solo hacemos


funciones mínimas, "animales",

como comer, dormir


y otras de esas cosas

que hacen los seres humanos


naturalmente y biológicamente

en su casa--

O sea, lo que compartimos


como función animal, en definitiva,

es lo que nos hace humanos.

Para ir cerrando, Marx, en el final,

lo que hace es pelearse,


por decir así,

contra las críticas


que se le realiza al comunismo.

Lo que hace Marx


es disolver la crítica

invirtiendo el carácter
de sentido de lo cuestionado.

Tres ejemplos que son


los más fuertes que trabaja Marx.

Marx dice:
"Se le critica al comunismo

que el comunismo lo que hace


es abolir la propiedad".

Entonces, ¿Marx qué dice?

No es cierto que el comunismo


quiere terminar con la propiedad.

El comunismo quiere terminar


con un tipo de propiedad

que se nos impone como única,


que es la propiedad privada.

El gran éxito del capitalismo

es haber instalado que propiedad


es igual a propiedad privada.

Hay otras formas de propiedad.


Por ejemplo, la propiedad colectiva.

Entonces, ¿qué hace Marx?

Cuando le critican al comunismo


que está en contra de la propiedad,

Marx dice:
"No, es todo lo contrario.

Nadie defiende más la propiedad


que el comunismo,

pero la propiedad colectiva,


no la propiedad privada".

En esa misma lógica, dice Marx,


se cuestiona al comunismo

de querer abolir o destruir


la familia.

Marx dice: "No, cero, al revés.

Lo que hace el marxismo es denunciar

que las familias que existen hoy


en nuestras sociedades

son familias funcionales


al sistema de producción vigente.

O sea, nuestras familias


se han terminado convirtiendo
en unidades productivas".

Dice Marx:
"El obrero no tiene familia".

Porque no es como el burgués,

que puede estar con su familia,


trabajar con ellos,

salir de paseo, formarlos.

O sea, el obrero
está todo el día laburando.

Y, cuando llega a su casa,


llega muerto.

Entonces,
hay una injusticia estructural.

O sea,
que no nos corran a los comunistas

diciéndonos
que estamos en contra de la familia,

si la clase obrera no tiene familia.

Lo que queremos es recuperar,


justamente, la familia.

Piensen que, en el Manifiesto,

Marx propone
la abolición del trabajo infantil,

digamos, toda una serie de medidas

que lo que buscan


es que ese espíritu familiar exista,

pero para todos.

Y, por último,

le dicen en, tal vez,


una de las críticas más lacerantes

que el comunismo
está en contra de la patria.

Y Marx dice
–y así va cerrando el Manifiesto–:

"Los obreros no tienen patria".

La patria es una construcción,


en realidad,

que lo que busca


es dividir a los obreros

para que se peleen entre sí,

constituyendo identidades parciales


cuando, en realidad,

todos los obreros del mundo


padecen el mismo mal:

el sometimiento.

Por eso dice Marx que no puede haber


una revolución real en el mundo

hasta que en todo el mundo


se produzca la revolución.

Por eso termina Marx


con su famoso...

su famosa apelación que dice:


"Proletarios del mundo, uníos".

De esta manera,
el "Manifiesto comunista"

comienza a circular sin los nombres


de Marx y de Engels.

Sepan que recién en 1872


aparece el Manifiesto

con algunos retoques


con las firmas de Marx y Engels.

Se dice que es el libro

que mejor expresa


el pensamiento marxista.

Tiene miles de traducciones,


tiene miles de versiones.

Tal vez uno, como dice Hobsbawm,

podría entender la historia


del comunismo mundial

simplemente viendo las distintas


ediciones de este libro magnífico,

que es el "Manifiesto comunista".

Muchas gracias.
¡Grosos!

[Música movida]

Había leído un poco


el "Manifiesto comunista",

conocía un poco sobre el tema

de cómo Marx
problematiza la historia

y me pareció que la forma


en que lo abordó Darío

fue muy interesante

para alguien que nunca


ha escuchado hablar de Marx

o que no ha leído su obra.

(Voz de joven)
En cuanto a la lucha de clases,

creo que es una realidad


que sigue trascendiendo

en nuestra sociedad de hoy en día,

porque siguen existiendo


clases sociales

con intereses quizás antagónicos,

como es el proletariado
y la burguesía,

los cuales son los dueños


de los medios de producción.

(Voz de joven)
La cuestión de la propiedad privada
o la propiedad colectiva

o distintos tipos de propiedad

–no necesariamente
tiene que ser uno de esos dos–

me parece bastante interesante.

Particularmente, porque,

así como marcaba Darío


durante la clase,

el hecho de pensar solamente


la propiedad como propiedad privada
y que esa sea la única manera,

creo que es una de las causas


de los principales problemas

que tenemos a nivel sociedad.

(Voz de chica)
No me considero comunista
ni tampoco capitalista.

Y considero
que la revolución marxista

es un gran método,
pero no para esta actualidad.

Para mí, todas las revoluciones


deben ser culturales.

[Música de cierre: "Para Elisa",


L. V. Beethoven, por Babel Orkesta]