Está en la página 1de 58

Poemas de Judith Filc

Suplicantes

Le dicen Colo tiene

24 años hace

seis que lo

busco

El filo del

metal contra el

cuello

La cabeza se

inclina bajo el
chorro de

agua bajo el

secamanos busca un

rincón donde

acomodarse

el altavoz anuncia llegadas y

salidas

Me dijeron que estuvo en

Olmos también en la

veinticinco tiene

24 años le dicen

Colo
La punta de la

mesa de

plástico

filosa

Parada frente a la

tierra

removida

ve dos

puñitos contra la

cara

Atraviesa la

cuadra de
ventanas tapiadas

entra por la

puerta del

garage:

tres pisos

oscuros

de escalera

la bolsa de

dormir sobre el

suelo de la

cocina y semillas para el

canario
Toto, las balas no se

sienten. Te juro, Toto.

¿Viste un cigarrillo cuando

traspasa un nylon? Así es,

y después algo caliente.

Nunca más, vieja,

me dijo, te prometo,

por vos y por la

nena

Las cuentas de

plástico pasan una por

una entre los

dedos son los


cinco puntos,

me dice.

El del medio es el

cana.

Alguien me despertó diciéndome

que fuera al hospital.

Cinco policías rodeaban la

cama. Uno la pateó diciéndome:

¿Es su hijo o no, señora? No, dije.

Pulsión

Cuando me terminé de
dar vuelta lo vi

desnucado

quieto

nos la tenían jurada

Me siento junto a la

ventana

corro la

cortina

el sol se te
clava en los

ojos y del

otro lado del

vidrio

no hay

nada

Todos los que se

van

vuelven

El calor invade el

cuarto
brillante de

luz

Los flashes pueden

venir en

cualquier

momento

lo ves al

Pájaro agacharse se está atando el

cordón de la

zapatilla nike

blanca
De repente como si

tropezara se

cae de

bruces contra el

barro

Me mando

enfierrado hasta las

manos y te

veo

amanecido

caminando entre el
pasto verde con un

porro en la

mano

buscando mi

nombre

Inclinarse por la

ventana

abierta hacia la

luz

asir ese momento

único en el que

sucede

todo
Dafne

Encerrado en Saint Pélagie Courbet quiso (…) representar

París vista desde las bóvedas de la prisión. Escribe a uno

de sus amigos: «La hubiera pintado en el estilo de mis marinas,

con un cielo de una profundidad inmensa, con sus movimientos,

sus casas, sus cúpulas simulando las ondas tumultuosas del océano».

G. Bachelard

Bailar sobre las

olas

bailar el goteo
tenaz contra la

loza

si estoy contenta bailo

rápido,

si estoy

triste,

despacio

bailar

la asfixia

el viento

sordo
el estallido del

metal

si estoy irritada,

de las dos formas

bailar la

luz

vacía

las grietas

el rictus
las bocas de

tormenta

la rama

deshojada

De Vida en la tierra (inédito)

10.

no, no te vas a salir con la tuya, claro, vos siempre

igual, nunca me dejás en paz, por qué no te vas un poco a

la mierda

un gorro de pintor en la cabeza jeans rotos saco


arrugado tres pasos adelante menea la

cabeza un movimiento

convulsivo dejame en paz, me entendés, dejame en paz, no

digas más pavadas

(en la recova figuras aladas dragones echando

fuego

mariposas agitadas por el viento el vendedor

pliega cartulinas de colores)

pasos rápidos y cortos patas de

pájaro los brazos laxos se

balancean

lo ve detenerse de pronto mirar a los


costados con

aprehensión y emprender su

paso cada vez más

rápido los labios en constante

movimiento

llega a la plaza elige un

banco

una paloma se posa en su hombro pecho

verde y violeta iridiscente

lo ve arrojar una

piedra en la
fuente miles de círculos se repiten

expandiéndose

(las patinetas vuelan sobre el cemento se elevan giran en

el aire caen ligeras y

aceleran)

refugio nocturno

tibieza de una tarde de sol en la

ventana

camina encorvado arrastra una

bolsa de plástico negra el

pelo ralo gris la barba le pesa el

cuerpo el frío lo penetra hasta la

médula
lo peor es el sueño interrumpido el

cuerpo rígido el

oído siempre atento y el

frío, ¿sabés?

el frío es lo peor

27.

Se mueve cortando el

aire el cuerpo

ondea y se
desmembra

de cara al

río

Una caña sigue a

otra a lo largo del

muelle

miríadas de

peces se

retuercen en el balde

se mezclan las voces

las lenguas

la radio transmite un
partido de

fútbol

La rueda

detenida

de una vuelta al

mundo se

cierne sobre el

agua

las sillas se agitan en el

viento que golpea en la

cara

Criaturas marinas despintadas


pueblan la

calesita

Ella se sienta en el

caballo de

mar luego en la

carroza tirada por

tritones

se imagina atravesando

caminos nevados en la estepa

rusa

Las olas
golpean contra las

columnas de acero

oxidado abandonadas en la

arena

Ella ve castillos amurallados

surgiendo de la

espuma

De Resquicios, Gog y Magog, 2010

poética

“Desde que he conocido la vida sencilla de Oceanía


sólo pienso en alejarme de los hombres y de la

gloria”,

le escribió Gauguin a Schuffenecker convencido de que

Tahití significaba la paz del alma pero que,

para alcanzarla,

era necesario

dejar atrás

la pintura.

El barco atracará en la isla en la que el

aire se respira diferente. Bastará desnudarse al

sol para lograr la paz del alma. Sin embargo,

el costo es excesivo: mejor pintar la

isla.
(Inédito, 2001)

clown

A Susana Poujol

giran los cuadros de colores en el círculo de

luz

pirueta y risa

ahora camina tambaleante juega a caer

(aplausos)

de pronto es torbellino de cuadros de colores abandona la


luz se expande pero

descubre de pronto que no hay dónde caer

el escenario es infinito

EN EL SUEÑO corría hacia una

cabaña oculta entre los

árboles

Encerrado, su cuerpo se negaba a desplazarse mover el

aire generar

diferencias

En el sueño cerrar los ojos era


desaparecer y

desaparecía a voluntad

En el sueño no era necesario

volver a abrir los

ojos

De El otro lado, Vinciguerra, 1998

Nostalgia

ella sentada en su escritorio

dos pájaros

cuelgan

del cielo

unas gotas de rocío


res

ba

lan por su pelo y mojan

la alfombra

el sol brilla en el espejo

la espuma de mar

se

cue

la

por el

marco de la ventana

a veinte pisos del asfalto

De Transducciones, Botella al mar, 1985


————————————————————————————————————————————

(Versión en inglés)

8 poems by Judith Filc

Supplicants

They call him Red he’s

24 it’s been six

years since I started

looking for him

Metal
blade

against

the neck

The head bends

under the stream of

water under the

hand drier searches for

a place

to settle

the loudspeaker announces arrivals and

departures

They told me he was in


Olmos also in the

Twenty-fifth he’s

24 they call him

Red

The sharp

corner of

the plastic

table

Standing before

the dug-up

soil

she sees
two tiny

fists against a

face

He walks through

the block full of

boarded-up windows

opens

the garage

door –

three dark

flights

of stairs

the sleeping bag


on the kitchen

floor and seeds for

the bird

Toto, you don’t feel

the bullets. I swear, Toto.

You know when a cigarette

burns through the nylon? It’s like that,

and then something warm.

No more, Mom,

he told me, I promise,

for your sake and

the kid’s
The plastic

beads move one after

the other between his

fingers that’s

the five dots,

he says

The middle one is

the cop

Someone woke me up and told me to go to

the clinic.

Five policemen surrounded

the bed. One kicked it and asked me,

Is he your son or not, madam? No, I said.


Impulse

When I finished turning I

saw him

neck broken

Still

They had it in for us

I sit by the
window

I draw

the blind

the sun sticks

into your

eyes and on

the other side of

the glass

there is

nothing
Everyone who

leaves

comes back

The heat invades

the room

shining with

light

The flashbacks can

come

anytime

you see
Pájaro bending

tying his

white

Nike

All at once as if

he’d stumbled he

falls

face down

on the mud

I go in balls out

packing steel

and I
see you

dawned

walking on the green

grass with a

joint in your

hand

looking for

my name

Bend over

the window

open to

the light
grasp that single

moment when

everything

happens

Daphne

When Gustave Courbet was confined in the Saint Pélagie prison, he wanted to paint a view of
Paris, as seen from the top floor of the prison. In a letter to a friend, Courbet wrote that he was
planning to paint it «the way I do my marines: with an immensely deep sky, and all its movements,
all its houses and domes, imitating the tumultuous waves of the ocean.»

G. Bachelard
Dance over the

waves

dance the persistent

drip against the

porcelain

when I’m happy I dance

fast,

when I’m sad I dance

slow

dance

suffocation
the dull

wind

the crashing

metal

when I’m upset,

both

dance

the empty

light

the cracks
the grimace

the manhole

covers

the naked

branch

From Vida en la tierra (unpublished)

10.

no, you can’t get away with it, of course, you’ll


never change, you won’t leave me alone, why don’t you

go fuck yourself

a painter’s hat torn jeans wrinkled

jacket three steps forward shakes his

head a convulsive

movement leave me alone, got it, alone, stop

blabbering

(in the arcade winged figures dragons spitting

fire

butterflies moving in the wind the vendor folding

colored paper)
short fast steps bird

legs slack arms

swinging

she sees him stop

suddenly

looking both ways in

fear walk faster and

faster his lips constantly

moving

he reaches the park chooses a

bench

a pigeon perches on his


shoulder its chest

iridescent green

and purple

she watches him throw a

stone in

the fountain thousands of

radiating

circles

(skateboards fly on the cement rise turn in

the air fall lightly and

take speed)
night shelter

the warmth of a sunny

afternoon on the

window

his shoulders stooped

he pulls a black plastic

bag his gray hair thinning his body

drags him down he’s cold

to the bones

the worst thing of all is the fitful

sleep the stiff

body the ear alert

and the cold,


you know?

the cold is the worst

27.

She moves cutting the

air her body

sways and

dismembers

facing the

river
One rod after

the other along the

pier

myriad

fish twisting

in the bucket

voices

languages mingle

the radio broadcasts a

soccer match

The still

Ferris
Wheel

looms over

the water

the chairs shake in the

wind that slaps against

her face

Chipped sea creatures

populate the

carousel

She sits on

the seahorse

then on the
carriage pulled by

tritons

she pictures herself crossing

snowy roads in the Russian

steppes

The waves

beat against the rusty

steel columns

abandoned in

the sand

She sees walled castles


emerging from the

surf

From Resquicios, Gog y Magog, 2010

poetics

“Ever since I experienced the simple life of Oceania

I can think of one thing only:

living far away from

other people, far away from glory,»

wrote Gauguin to Schuffenecker, convinced that

Tahiti meant peace for the soul but


to reach it

one must leave painting

behind.

The boat will dock in the island where the air

breathes differently. Lying naked in the sand will

suffice to find peace for the soul. Yet the cost

is too high;

better paint the island.

(Unpublished, 2001)

clown
to Susana Poujol

the colored squares spin

in the circle of

light

pirouette and laugh

now he stumbles plays at falling

(applause)

suddenly he’s a whirl of colored squares abandons

light expands but

suddenly realizes there’s nowhere to

fall
the stage is endless

IN THE DREAM she ran toward a

hidden cabin amid the

trees

Confined, her body refused to shift move the

air generate

difference

In the dream closing one’s eyes meant


vanishing and

she vanished at will

In the dream one didn’t need

to reopen

one’s eyes

From El otro lado, Vinciguerra, 1998

Nostalgia

she, seated at her desk

two birds
hanging

from the sky

some drops of dew

sl

ding from her skin

wet the carpet

the sun shines

in the class

sea-foam

is

see

ping

through the

frame of the window


up twenty stories

from pavement

From Transducciones, Botella al mar, 1985. Translated by Jim Hicks