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DEBEMOS HONRAR LA LEY DIVINA DE LA EXCLUSIÓN

ALGUNOS ASPECTOS INTRODUCTORIOS

Un estudio cuidadoso de las Escrituras revela que Dios tiene, por lo menos, dos leyes relacionadas
con el tópico de la comunión: (1) la ley de la inclusión, y (2) la ley de la exclusión. En esta oportunidad
me ocuparé de explicar ambas leyes, especialmente la última.

La Biblia enseña que Dios (a través de la Biblia) mantiene la unidad en su pueblo (Jn. 17:17-21) y
condena la división (1 Cor. 1:10-13). Pero, también debemos estar claros en el hecho de que Dios ni
aprueba toda unidad (Apo. 2:14-15, 20) ni condena toda división (2 Tes. 2:5-16; Ro. 16:17-18; Apo.
2:2).

I. La ley de Dios de la Inclusión.

1. La ley declarada. La Biblia enseña claramente que debemos reconocer como hijos de Dios —y,
por ende, como personas en comunión con Dios— únicamente a aquellos que han hecho lo que la
Biblia enseña que es necesario hacer para obtener ese estatus (Jn. 3:3-5; Gál. 3:26-27). Dos hombres
logran la comunión cristiana el uno con el otro cuando cada uno logra tener comunión con Dios (1
Jn. 1:3). Esta es la ley de Dios de la inclusión.

2. ¿Cuándo se logra la comunión con Dios y con su pueblo fiel? La Biblia enseña claramente que
alguien llega a ser un hijo de Dios (es decir, alcanza la comunión con Dios y con el fiel pueblo de Dios
hoy) cuando, en obediencia a las instrucciones de Cristo (expuestas en el Nuevo Testamento), se
bautiza en Cristo (Gál. 3:26-27; Ro. 6:3-5). A partir de estos pasajes es claro que antes que alguien
se bautice en obediencia a Cristo, él/ella no está en Cristo (donde está la salvación, 2 Tim. 2:10); esta
persona no es un hijo de Dios (lo cual quiere decir que aún es un hijo del diablo); y no ha sido puesto
en Cristo (y, por eso, aún está vestido de las “ropas viejas” de sus pecados).

3. Una pregunta crucial. Surge la pregunta: ¿Podemos ser fieles a Dios sin honrar Su ley de la
inclusión? ¿Podemos, como cristianos, ser fieles a Dios mientras extendemos “la diestra en señal de
compañerismo” a algunos que no han sido bautizados según la enseñanza bíblica? Muy obviamente,
la enseñanza bíblica indica que estas preguntas exigen la respuesta negativa. La comunión cristiana
no puede extenderse, con la aprobación de Dios, a aquellos que no han sido bautizados ¡por la obvia
razón de que alguien que no ha sido bautizado en Cristo aún no es un cristiano! Alguien que no ha
sido bautizado en Cristo no está en el reino, no está en la iglesia, no está en la familia de Dios (Jn.
3:3-5; Gál. 3:26-27). ¡El hijo de Dios no tiene el derecho de extender los privilegios de la familia a
aquellos que son hijos del diablo! Intentar extender la comunión cristiana a aquellos que aún son
hijos del diablo ¡es rebelarse contra Dios! Es deshonrar la ley de Dios de la inclusión la cual conlleva
que los únicos que deben ser considerados familia de Dios son quienes han obedecido a Cristo
bautizándose. Esa acción es rebelión contra Dios y Dios no tolera la rebelión (1 Sam. 15:22-23).
II. La Ley de Dios de la Exclusión.

1. Algunas consideraciones preliminares. En este punto, antes de declarar la ley de Dios de la


exclusión, quiero exponer cierta evidencia bíblica que se relaciona con esta ley. Y, antes de comenzar
el estudio que nos conducirá a la formulación y declaración de esta ley, será bueno que hagamos
memoria de ciertos hechos importantes.

(1) El amor de Dios es universal. Dios ama a todos los hombres y quiere que todos los
hombres sean salvos (Jn. 3:16; Tito 2:11; Heb. 2:9; Ro. 5:8-9; 2 Pe. 3:9, 19; Lc. 9:10).

(2) Nosotros deberíamos amar a todos los hombres. No solamente Dios ama a todos los
hombres, sino que es Su voluntad que nosotros, Sus hijos, también amemos a todos los
hombres y deseemos sinceramente su salvación (Mr. 12:29-30; 16:15-16; Mat. 5:43, 48; Ro.
12:20-21; Gál. 6:10).

(3) La Unidad es el ideal. También deberíamos considerar que la Biblia defiende la unidad—
es decir, la Biblia defiende la unidad que se logra por la obediencia a la palabra de Dios (Ef.
4:4-6; 1 Cor. 12:13; 1 Jn. 1:7) y condena la división (es decir, la Biblia condena la división que
se da por la falsa doctrina o por lealtad hacia personalidades humanas, etc. (Ro. 16:17-18;
Ef. 5:11; 1 Cor. 1:10-13; Tito 3:10-11).

(4) Se condena algún tipo de “unidad”. Pero, debería tenerse en cuenta que, aunque Dios
defiende la unidad como ideal, Él no defiende toda unidad. En cambio, Él condena algún
tipo de unidad (Apo. 2:15-16, 20). Además, aunque ciertamente es verdadero que Dios
condena la división, Él no condena toda división. En cambio, Él defiende algún tipo de
división (Ef. 5:11; Ro. 16:17-18).

(5) Autoridad general y específica. También deberíamos considerar que debe hacerse una
distinción entre autoridad “general” y autoridad “específica”. No debemos tratar la
autoridad general como si fuera específica ni tratar la autoridad específica como si fuera
general.

(6) Asuntos obligatorios y asuntos de libertad. Estrechamente vinculado con el punto previo,
también deberíamos considerar que hay cuestiones de libertad (que permiten ejecer el
juicio humano). No debemos tratar las cuestiones obligatorias como si fueran cuestiones de
libertad ni debemos tratar cuestiones de libertad como si fueran cuestiones obligatorias.

(7) Autoridad bíblica. No debemos tratar aquellas cuestiones para las que no tenemos
autoridad bíblica como si contaran con dicha autoridad. Todo lo que hacemos en religión o
lo hacemos por la autoridad de Dios o por la autoridad de los hombres (Mat. 21:23-27). Sólo
es aceptable aquello que hacemos por la autoridad de Dios.

(8) Iglesias locales. Dios ha permitido que las iglesias locales ejerzan el juicio humano en
ciertos asuntos. La falta de tiempo nos impide discutir esto aquí.

2. Pasajes que exponen la Ley Divina de la Exclusión.

(1) Mateo 18:15-17. Este pasaje nos dice lo siguiente:


Y si tu hermano peca, ve y repréndelo a solas; si te escucha, has ganado a tu hermano. Pero
si no te escucha, lleva contigo a uno o a dos más, para que toda palabra sea confirmada por
boca de dos o tres testigos. Y si rehúsa escucharlos, dilo a la iglesia; y si también rehúsa
escuchar a la iglesia, sea para ti como el gentil y el recaudador de impuestos.

Anteriormente Jesús había advertido en cuanto a hacer tropezar a otros. En el pasaje bajo
la presente consideración, Jesús describe el procedimiento que debe utilizarse cuando
alguien ha sido ofendido. Las conclusiones que debemos obtener de aquí son obvias: (1) a
veces un discípulo comete alguna ofensa contra otro discípulo, (2) cuando esto ocurre, la
persona ofendida debe ir al ofensor y explicarle que está ofendida, (3) si el ofensor rehúsa
arrepentirse, entonces el ofendido llevará a uno o dos más y nuevamente confrontará al
ofensor, (4) si aún así el ofensor no se arrepiente, entonces el asunto debe presentarse ante
toda la iglesia, (5) si el ofensor, aún a pesar de la confrontación de toda la iglesia, no se
quiere arrepentir, entonces ya no se debe considerar al ofensor como un miembro fiel de la
iglesia.

(2) 1 Corintios 5:2-13. Este pasaje, en parte, dice lo siguiente:

…para que el que de entre vosotros ha cometido esta acción fuera expulsado de en medio
de vosotros… entregad a ese tal a Satanás para la destrucción de su carne, a fin de que su
espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús… ¿No sabéis que un poco de levadura fermenta
toda la masa? Limpiad la levadura vieja para que seáis masa nueva, así como lo sois, sin
levadura… En mi carta os escribí que no anduvierais en compañía de personas inmorales…
en efecto os escribí que no anduvierais en compañía de ninguno que, llamándose hermano,
es una persona inmoral, o avaro, o idólatra, o difamador, o borracho, o estafador; con ése,
ni siquiera comáis… Expulsad de entre vosotros al malvado.

La expresión “para que… fuera expulsado” significa, según el Léxico Griego de Thayer,
“Remover, sacar de la iglesia”. La expresión “limpiad la levadura vieja” significa, según
Thayer, “purificar una cosa quitando algún contaminante”. La expresión “no anduvierais en
compañía” obviamente significa que “la diestra como señal de compañerismo” no debe
extenderse a aquellos ofensores a quienes él se refirió en este pasaje. Basándonos en este
pasaje debemos concluir que: (1) es posible que un hijo de Dios actúe de tal forma que logre
su exclusión de la comunión de los miembros fieles del cuerpo de Cristo, y (2) cuando este
es el caso, para que una iglesia pueda ser fiel a Cristo, ésta debe excluir de su comunión a
los ofensores aquí descritos. Aquellos que, debido a un erróneo sentido del “amor”, la
“tolerancia”, y la “compasión” rehúsan excluir a estas personas de la comunión de la iglesia
están en rebelión contra Dios como resultado de oponerse a esta acción. Este es el caso
porque la Biblia enseña claramente que esta exclusión debe hacerse.

(3) 2 Juan 9-11. Este pasaje dice lo siguiente:

Todo el que se desvía y no permanece en la enseñanza de Cristo, no tiene a Dios; el que


permanece en la enseñanza tiene tanto al Padre como al Hijo. Si alguno viene a vosotros y
no trae esta enseñanza, no lo recibáis en casa, ni lo saludéis, pues el que lo saluda participa
en sus malas obras.
Este pasaje claramente enseña que cualquier que, presuntuosamente, se desvía y no
permanece en la enseñanza de Cristo (es decir, que hace lo que la Biblia no autoriza) “no
tiene a Dios” (no cuenta con la aprobación de Dios) cuando actúa de esta manera. Además,
queda claro que, si alguien viene a nosotros y no trae esta enseñanza, entonces los fieles
hijos de Dios ni lo deben recibir en sus casas ni darle la bienvenida. Este es el caso porque
aquel que le da la bienvenida es partícipe (es decir, tiene comunión con) sus malas obras.
Por lo tanto, es claro que el rompimiento de la comunión debe acontecer en el punto donde
la convicción de uno se ve comprometida para poder mantener la comunión en relación con
el asunto que está involucrado. Así que, uno no debe “extender la diestra como señal de
compañerismo” a un discípulo cuando sus creencias y prácticas nos involucran en asuntos
que son opuestos a la enseñanza bíblica.

(4) 2 Tesalonicenses 3:6-15. Este pasaje, en parte, dice lo siguiente:

Ahora bien, hermanos, os mandamos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os


apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la doctrina que
recibisteis de nosotros… Y si alguno no obedece nuestra enseñanza en esta carta, señalad al
tal y no os asociéis con él, para que se avergüence. Sin embargo, no lo tengáis por enemigo,
sino amonestadle como a un hermano.

Este pasaje enseña claramente que los cristianos fieles deben apartarse (es decir, evitar,
abstenerse de relacionarse con, alejarse, mantenerse lejos de) aquellos que “andan
desordenadamente”. Esto significa que “la diestra como señal de compañerismo” debe
rehusarse a aquellos que persisten en “andar desordenadamente”. La expresión “andar
desordenadamente” es un término general que se refiere a todos los que viven en rebelión
hacia las Sagradas Escrituras. Se concede que el pecado particular que está bajo
consideración entre los hermanos en Tesalónica era el pecado de la ociosidad, pero no debe
suponerse que el término “andar desordenadamente” se refiere únicamente a los que están
ociosos. Así como Mateo 27:4 no enseña que la única manera de pecar es “entregando
sangre inocente”, y así como 1 Corintios 6:18 no enseña que la fornicación es la única
manera en la que alguien puede pecar (ser culpable de hamartía), asimismo 2
Tesalonicenses 3:6-15 no enseña que la única manera en la que alguien podría ser culpable
de “andar desordenadamente” es siendo un ocioso. El estudio cuidadoso de la palabra
involucrada (ataktos) muestra claramente que ésta aplica a cualquier tipo de desorden. La
palabra incluye el pecado de la ociosidad, pero no se confina a ese pecado. De modo que,
los cristianos fieles deben señalar (identificar) a aquellos que “andan desordenadamente” y
alejarse de ellos.

(5) Romanos 16:17-18. Este pasaje dice lo siguiente:

Y os ruego, hermanos, que vigiléis a los que causan disensiones y tropiezos contra las
enseñanzas que vosotros aprendisteis, y que os apartéis de ellos. Porque los tales son
esclavos, no de Cristo nuestro Señor, sino de sus propios apetitos, y por medio de palabras
suaves y lisonjeras engañan los corazones de los ingenuos

La palabra traducida “vigiléis” significa “fijar los ojos en algo, dirigir la atención hacia eso”.
Así que los cristianos fieles deben estar atentos por aquellos que causan división y ocasiones
de tropiezo contrarias a la doctrina de Jesucristo. Luego de hacer esto, los cristianos fieles
deben “apartarse de ellos”. La razón que se da para esta acción es que “los tales” (a) no
sirven a nuestro Señor Jesucristo, (b) sino que sirven a sus propios vientres y (c) con suaves
palabras y lisonjas engañan el corazón de los hermanos ingenuos. De modo que, ellos ponen
en peligro sus propias almas y las almas de los demás. De este pasaje podemos concluir lo
siguiente: (a) es posible que los hermanos causen divisiones y tropiezos contrarios a la
doctrina de Jesucristo; (b) aquellos que hacen esto no están sirviendo a Cristo— se sirven a
sí mismos; (c) actuando así, engañan a los “bebés en Cristo” y quizá incluso a otros; y (d)
tomando en cuenta todo esto, los cristianos fieles deben señalar y apartarse de ellos. En
este caso particular, podemos ver su renuencia a arrepentirse luego de que se ha seguido el
procedimiento para tratar de persuadirlo a que se arrepienta.

(6) Tito 3:10-11. Este pasaje dice lo siguiente:

Al hombre que cause divisiones, después de la primera y segunda amonestación,


deséchalo, sabiendo que el tal es perverso y peca, habiéndose condenado a sí mismo.

Ser un hereje es ser un defensor y seguidor de falsas doctrinas. El hombre que insiste en la
promulgación de falsas doctrinas—aun a pesar de los esfuerzos para persuadirlo a que se
arrepienta de ello— debe ser rechazado (desechado). Así que, concluimos con base en este
pasaje que: (a) es posible ser un hereje; (b) esas personas deben ser amonestadas por
hermanos fieles; (c) cuando un hereje no se arrepiente, debe ser rechazado (desechado,
expulsado de la comunión) por los hermanos fieles.

(7) Efesios 5:11-12. Este pasaje dice lo siguiente:

Y no participéis en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien,


desenmascaradlas; porque es vergonzoso aun hablar de las cosas que ellos hacen en secreto.

A pesar de que el liberal afirma lo contrario, debería tomarse en cuenta que este pasaje
contiene, en el original griego, la forma verbal de la palabra “comunión”. Los liberales han
afirmado que la palabra “comunión” se usa en el Nuevo Testamento solamente en la forma
de sustantivo— y que por eso significa “un estado o condición para el cual somos llamados
por Dios”. Es más, ellos dicen que “la comunión es una relación entre personas” (Mission
Messenger, septiembre de 1959, página 7; 1963, página 70). Pero el hecho de que la palabra
aparezca aquí en la forma verbal ciertamente muestra la mentira de esta contención
respecto a que la palabra “comunión” siempre es un estado o relación para la cual somos
llamados por Dios. Ciertamente es el caso que somos llamados a la comunión de Cristo y la
comunión del Padre (1 Cor. 1:9; 1 Jn. 3), pero debería notarse que, en cada uno de estos
pasajes, se utiliza la forma sustantiva de esta palabra. Sería insensato negar que la forma
sustantiva tiene el significado básico que le asignan los liberales. Ciertamente es el caso que
la iglesia es una comunión de personas que han sido llamados por el evangelio a la familia
de Dios. Pero este hecho no garantiza la deducción de que la palabra “comunión” nunca se
utilice en su forma verbal en el Nuevo Testamento. El punto de vista que sostiene que la
comunión no es algo que pueda extenderse o retirarse de parte de los miembros de la iglesia
(obedeciendo las enseñanzas de las Escrituras) es simplemente ajeno a la enseñanza clara
de la Biblia. Por lo tanto, concluimos de este pasaje que: (a) es posible que algunas obras
sean “obras estériles de las tinieblas”, (b) que los cristianos “no tengan comunión” con esas
obra, y (c) que aquellos que están involucrados en este tipo de obras son sujetos de un
adecuado procedimiento disciplinario—es decir, ellos deben ser apartados si no se
arrepienten luego de llevar a cabo esfuerzos a favor de ellos para conducirlos al
arrepentimiento.

Declaración de la Ley de Dios de la Exclusión

1. Algunas reflexiones previas a la declaración precisa. Toda sociedad tiene el derecho a protegerse
a través de medios justos de las acciones injustas que la perjudican o destruyen. Toda sociedad,
incluyendo a la iglesia del Señor, no solamente ha tenido el derecho, sino también la obligación de
preocuparse de manera útil de la sociedad como un todo y también de los individuos que la
componen. La misión básica de la iglesia es la salvación de las almas dándles a conocer el evangelio
(Lc. 19:10; Mr. 16:15-16). Esta preocupación debe involucrar (resultar en): (1) planear y llevar a cabo
actividades que estén calculadas para lograr el bienestar de la sociedad como un todo y el de los
individuos que la componen, (2) exhortar, reprender, y corregir a aquellos que actúan de una
manera que sea perjudicial para sí mismos y/o para los otros miembros individuales de la sociedad
y/o para la sociedad como un todo, y a aquellos que pudieran ser objetos benevolentes de su misión,
(3) excluyendo de su “comunión” a todos aquellos que rehúsan (rechazan) los esfuerzos de la
sociedad (iglesia) para restaurarlos para que sean fieles y útiles ciudadanos en el reino de Dios, (4)
reconocer las distintas etapas de desarrollo de parte de aquellos que componen la sociedad, con el
tratamiento adecuado para los individuos involucrados (esto tiene que ver con las funciones legales
de una sociedad que reconocer la diferencia entre un niño que roba un caramelo y un criminal
adulto que asalta un banco), (5) el reconocimiento de que “la disciplina de la iglesia” es
primordialmente positiva en su naturaleza, y para que pueda ser aprobada por Dios, debe estar
motivada por el amor—amor por el ofensor (con el sincero deseo de que se arrepienta y sea salvo);
amor por la iglesia como un todo, la cual puede ser perjudicada por el esparcimiento de la “levadura”
de injusticia, y amor por las personas en el mundo (fuera de la iglesia del Señor), para quienes sería
repulsiva una iglesia impía.

2. Una declaración expandida de la ley de Dios de la exclusión. Recordemos que la ley de Dios de la
inclusión (la cual involucra extender la comunión cristiana) implica que la comunión cristiana
debería extenderse a todo el que crea, se arrepiente y obedece al bautismo de la Gran Comisión
(Mr. 16:15-16; Hch. 2:38; 22:16; Ro. 6:3-5; Gál. 3:26-27) y anda en la luz de la palabra de Dios como
hijo de Dios (1 Jn. 1:7). Ahora estamos interesados en una declaración con respecto a los límites de
la comunión cristiana. De los pasajes que hemos considerado, podemos concluir correctamente que
la comunión cristiana no debe extenderse a: (a) alguien que no crea que Jesús es el Hijo de Dios (Jn.
8:24); (b) alguien que es miembro de una denominación (la comunión debe confinarse dentro del
cuerpo de Cristo que ha sido comprado con sangre); (c) a cualquiera que no haya sido bautizado y
(d) a cualquier miembro de la iglesia del Señor que, luego de que se ha seguido un adecuado
procedimiento y acción disciplinaria, no “anda en la luz” (1 Jn. 1:7), sino que anda
“desordenadamente” (2 Tes. 3:6-15) y/o está involucrado en “las obras estériles de las tinieblas”
(Ef. 5:11); y/o “se desvía” y no persevera en “la doctrina de Cristo” (2 Jn. 9-11).

3. La ley de Dios de la exclusión declarada de manera precisa. A la luz de lo anterior es claro que la
ley de Dios de la exclusión equivale a: cuando las creencias y/o prácticas antibíblicas de un miembro
individual de la iglesia del Señor ponen en peligro su propia alma y/o ponen en peligro
antibíblicamente las almas de los demás, entonces él es candidato de un adecuado procedimiento
disciplinario de la iglesia y, si él rehúsa arrepentirse, entonces debe ser excluido de la comunión de
la iglesia. (He colocado la palabra “antibíblicamente” en esta declaración para poder protegernos
de la idea que alguien debería ser expulsado de la comunión si él rehúsa arrepentirse de una práctica
bíblica sólo porque alguien más la considera repulsiva).

Debe recordarse que, aunque Dios está interesado en la unidad ¡Él no se agrada de todo aquello a
lo que los hombres llaman unidad! Dios se agrada únicamente de lo que se fundamenta
verdaderamente en el evangelio de Cristo. Además, debe recordarse que, aunque Dios condena
cierto tipo de división, Él no condena toda división—Pues Él mismo ordena cierto tipo de división.
¡Debemos prestar cuidadosa y reverente atención a la ley de Dios de la exclusión! Sin embargo, al
parecer en la actualidad hay una tendencia hacia extender “la diestra de la comunión cristiana” a
casi todos los que están a la vista, sin importar las creencias y/o prácticas de aquellos a quienes se
les extiende esta comunión. Que Dios nos ayude a revertir esta tendencia y a mantenernos fieles a
la clara enseñanza bíblica acerca del tema de la comunión. Hermanos, “no participemos de las obras
estériles de las tinieblas”.

PREGUNTAS PARA DISCUSIÓN

1. Discuta la necesidad de este estudio.

2. Explique en detalle “la ley de Dios de la inclusión”.

3. ¿Podemos ser fieles sin honrar “la ley de Dios de la inclusión”?

4. Declare la ley de Dios de la exclusión.

5. Discuta temas que se relacionen con la ley de la exclusión.

6. Discuta en detalle “la ley de la exclusión”.

7. ¿Podemos ser fieles sin honrar “la ley de Dios de la exclusión”?

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