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LAS LLAVES PARA OBTENER BENDICIONES Y RIQUEZAS

EN ABUNDANCIA

INTRODUCCIÓN

El objetivo de este pequeño libro es que llegue a la mayor cantidad posible de personas en este
mundo, para que puedan ser beneficiados al obtener abundancia de bendiciones y riquezas tanto en
lo material como en lo espiritual. Bueno los capítulos siguientes fueron extraídos de la Torá (que viene
a ser su Biblia para los judíos y comprenden todos los libros del “Antiguo Testamento”) y también
de mi investigación de cómo es la filosofía de vida en el judaísmo. También todos tenemos a la mano
una Biblia (ya sea en físico o en formato digital) para leer, estudiar y beneficiarnos de todas esas sabias
escrituras que nos va a permitir llevar una vida de paz, amor, éxito, bendiciones, salud y riqueza en
todas las áreas de nuestras vidas, mediante acercarnos y seguir la palabra de Dios.

Muchos de nosotros NO sabemos que la raíz de todos nuestros problemas se encuentra en el área
espiritual, entonces al solucionar eso lo demás se arregla, de esta manera la vida resulta ser más fácil
y placentera, como está escrito en (Mateo 6:33): “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su
justicia, y todas esas cosas os serán añadidas”. Por lo tanto, me tome la molestia de traducir y explicar
los mismos conceptos que se habla tanto en la Biblia como en la Torá para obtener las llaves de
bendiciones y riquezas en abundancia que encontramos en esas sagradas escrituras para poder
conocer el Cielo acá en la tierra y dejar de vivir el Infierno en este mundo.
TZEDAKÁ (CARIDAD) Y JÉSED (BONDAD) EXPLICADOS

“Tzedaká” es la palabra hebrea para los actos que llamamos “Caridad” en español: Prestar ayuda,
asistencia y dinero a los pobres (y necesitados). Pero la naturaleza de la tzedaká es muy distinta de
la idea de caridad. La palabra “caridad” sugiere benevolencia y generosidad, un acto magnánimo por
parte de los millonarios para el beneficio de los pobres y necesitados. La palabra “tzedaká” se deriva
de la raíz hebrea “tzadi- dalet-kuf” que significa rectitud, justicia o equilibrio. En el judaísmo, dar a los
pobres NO es considerado como un acto generoso o magnífico; es simplemente un acto de justicia y
rectitud, la realización de un deber, esto es, dar a los pobres lo que les es debido.

“Jésed”, la práctica de actos de bondad, es un término más amplio que tzedaká. Sus implicaciones
y efectos son de mucho mayor alcance que los de tzedaká. Los deberes de tzedaká se relacionan
específicamente con los pobres y se expresan tan solo en términos de asistencia monetaria. Por el
contrario, jésed (bondad) no conoce tales limitaciones. La buena acción de bondad (jésed) tiene como
objeto tanto a los pobres como a los ricos, y hace referencia a los muertos al igual que a los vivos. Por
encima de todo, su característica esencial no es el servicio monetario, sino el personal. Son el
compromiso personal, la actitud y el esfuerzo personal los que distinguen al término jésed.

HAY OCHO NIVELES DE TZEDAKÁ (CARIDAD), CADA NIVEL SOBREPASANDO AL ANTERIOR

1. El nivel más alto, más allá del cual no hay otro, es de aquella persona que mantiene a un judío (lo
mismo se aplica para cualquier prójimo) que ha caído en la pobreza al darle un donativo o un
préstamo, entrando en sociedad comercial con él o encontrándole trabajo, de manera que su mano
se verá fortalecida y no tendrá que pedir limosnas a otros. Con relación a esto, la Escritura menciona
(Levítico 25:35): “Y cuando tu hermano empobreciere y se acogiere a ti, tú lo ampararás; como
forastero y extranjero vivirá contigo”. Ello implica que debes mantenerle antes de que caiga y se
convierta en necesitado.

2. Un nivel más bajo es el de alguien que da caridad al pobre sin saber a quién dio y sin que la persona
pobre sepa de quién recibió. Allí los Sabios (Justos, Rabinos, Tzadiks, Tzadikims, etc.) hacían donativos
en secreto y gente pobre de linaje distinguido derivaba su manutención de aquellos donativos,
también en secreto. Un nivel cercano a este es dar a un fondo de caridad.

3. Un nivel más bajo que este consiste en que el donante sabe a quién le está dando, pero la persona
pobre no sabe de quién ha recibido. Un ejemplo de ello lo constituyen los Sabios que iban en secreto
y echaban dinero ante las puertas de los pobres. Esta es una manera adecuada de dar caridad y es la
conducta apropiada si los depositarios del fondo de caridad no se están comportando debidamente.

4. Un nivel más bajo que este es el caso en que la persona pobre sabe de quién tomó, pero el donante
no sabe a quién dio. Un ejemplo de ello eran los Sabios que liaban un fardo de monedas, se lo echaban
a las espaldas (y los pobres venían) y las tomaban sin quedar avergonzados.

5. Un nivel más bajo que este es darle a la persona pobre en la mano antes de que pida.

6. Un nivel más bajo que este es darle después de que pida.

7. Un nivel más bajo que este es darle menos de lo que es correcto, pero con una expresión que
refleja alegría.

8. Un nivel más bajo que este es darle con tristeza.


TIPOS DE JÉSED (ACTOS DE BONDAD)

Incluye cualquier clase de servicio personal que se realiza en favor de otro. Más específicamente, se
refiere a las siguientes obligaciones personales y sus derivados:

A) Hacer préstamos gratuitos (de dinero o cualquier otro objeto).

B) Proporcionar hospitalidad.

C) Visitar y consolar a enfermos.

D) Proporcionar vestimenta a quienes la necesiten.

E) Asistir y animar a las novias (y novios).

F) Atender a los muertos, reanimar a familiares.

G) Reconciliar a aquellos que están enfrentados.

Además, actos de bondad (jésed) son mayores que caridad (tzedaká), porque está dicho (Oseas
10:12): “Sembrad para vosotros en justicia (tzedaká), segad para vosotros en bondad (jésed)”. Si un
hombre siembra, es dudoso si comerá la cosecha o no; pero cuando un hombre sega, de manera
segura comerá.

Además: La recompensa de caridad depende completamente de la medida de bondad puesta en ella,


porque está dicho: “Sembrad para vosotros en caridad, segad para vosotros en bondad”. La caridad
solo puede ser hecha con el dinero, pero los actos de bondad pueden ser hechos con la persona propia
y con el dinero. La caridad solo puede ser dada a los pobres, los actos de bondad tanto a pobres como
a ricos. La caridad solo puede darse a los vivos, los actos de bondad tanto a los vivos como a los
muertos. La caridad se ocupa del dinero de una persona y los actos de bondad se ocupa tanto del
dinero de una persona como de la persona misma. Aquél que ejecuta justicia (tzedaká) y juicio se le
considera como si hubiese llenado todos los mundos con bondad (jésed), porque está dicho (Salmos
33:5): “Él ama juicio y justicia (tzedaká), la tierra está llena de la bondad (jésed) de Dios”.

¿CUÁNTO DEBERÍA DAR UNA PERSONA POR CONCEPTO DE CARIDAD?

No voy a incitar como hacen muchos filántropos que donan un 80% para caridad y se quedan con un
20% para ellos mismos. La manera más deseable de efectuar la Mitzvá (Precepto de Torá- Buena
Acción – Lo mismo se aplica con la Biblia) es dar un quinto (20%) del sueldo principal cada mes y en
el caso que tenga negocios es sacar el 20% o 10% (que es el “diezmo” como se menciona en otras
religiones) que le queda en ganancias netas mensualmente. Sin embargo, una persona NO debiera dar
más del 20%, no sea que más adelante ella misma necesite de la asistencia de otras personas. En caso
que no puedas dar el 20% (dar con “buen ojo”), como mínimo tienes que dar el 10% (“diezmo”, que
es dar en “medida promedio”), menos de esta cantidad se es considerado miserable (dar con “mal
ojo”).

Una persona nunca se hará pobre por dar caridad, como tampoco le sucederá ningún mal o daño a
causa de caridad. Tal como está escrito (Isaías 32:17): “Y el efecto de justicia (tzedaká) será paz; y la
labor de la justicia (tzedaká), reposo y seguridad para siempre”.
NO HAY NADA EN EL MUNDO MÁS DURO QUE LA POBREZA, EL MÁS TERRIBLE DE TODOS
LOS SUFRIMIENTOS.

Entonces… Cuando Satanás calumniaba a Job ante Dios diciendo: “Le has dado riqueza e hijos, y los
proteges”, como está dicho (Job 1:9-11): “Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: ¿Acaso teme Job a
Dios de balde? ¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus
manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra. Pero extiende
ahora Tu mano y toca todo lo que tiene, y veras si no blasfema contra ti en tu misma presencia”.

Dios le dijo a Job: “¿Qué deseas pobreza o sufrimiento?”, Job replicó: “¡Señor del Universo! Estoy
dispuesto a aceptar todas las aflicciones del mundo; pero no la pobreza, porque si voy al mercado sin
un centavo para comprar, ¿Qué he de comer?”. Cuando le advino el sufrimiento, él comenzó a
quejarse contra la severa justicia de Dios, tal como se dice: “¡Quién me diera el saber dónde hallar a
Dios! Yo iría hasta su silla” (Job 23:3).

Eliu le dijo: “¿Por qué te quejas? ¿No dijiste que preferías toda clase de sufrimientos que a la pobreza?
¿No escogiste tú mismo el sufrimiento?”. Como está dicho: “Guárdate, no te vuelvas a la iniquidad;
pues ésta escogiste más bien que la aflicción” (Job 36:21). Porque la pobreza es más aflictiva que
todos los otros problemas.

El hombre sabio dijo: Yo he visto muchos sufrimientos, muchas enfermedades, muchas plagas
nefastas, golpes y pobreza, y todo lo he resistido. Pero a una mala mujer NO he podido soportarla.
La mayoría de las mujeres de los pobres se vuelven malas a causa de carecer casi todas las cosas,
porque la pobreza no deja sitio para los rasgos buenos. Por consiguiente, mira cuánto dolor y
sufrimiento tiene que aguantar la persona pobre. ÉL aguanta la pobreza y a una mala mujer. Y de aquí
comprenderás, la gran recompensa que Dios dará a la persona que sostiene a los pobres.

Se dice: La pobreza en la propia casa es peor que cincuenta plagas (referencia a la mano de Dios),
como se explica en (Job 19:21): “¡Oh, vosotros mis amigos, tened compasión de mí, tened compasión
de mí! Porque la mano de Dios me ha tocado”. La regla general es que cuando una persona necesita
a otros seres humanos, esto no le conlleva honor a la persona; por ello, si la persona pobre hace algo
inadecuado, no debemos odiarla ni humillarla. Porque esta persona pobre está en una posición de
gran necesidad, con el espíritu quebrantado, y su intelecto no está consigo.

TEN COMPASIÓN CUANDO VEAS A UN POBRE HOMBRE VINIENDO A PEDIR CARIDAD

Si ves a un pobre hombre viniendo a ustedes, llénalos de compasión por él, como si fuera su hermano
o un pariente. Y si ves que está avergonzado, dale caridad como un préstamo, tal como está escrito
(Deuteronomio 15:7): “Cuando haya en medio de ti menesteroso de alguno de tus hermanos en
alguna de tus ciudades, en la tierra que tu Dios te da, no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano
contra tu hermano pobre”, seguido de (Deuteronomio 15:8): “Si no abrirás a él tu mano
liberalmente, y en efecto le prestarás lo que necesite”, con relación a lo cual nuestros Sabios de
bendita memoria han dicho: “Abrirás para él” con palabras antes de darle. De modo que, si está
avergonzado, le digas: “Tal vez quisieras un préstamo” (de lo cual se deriva que la caridad puede
darse como un préstamo).

“Y no se pegará a tu mano del anatema, para que Dios se aparte del ardor de su ira, y tenga de ti
misericordia, y tenga de ti compasión, y tenga piedad de ti, y te multiplique, como lo juro a tus
padres” (Deuteronomio 13:17). Aquel que muestra compasión con otros, el Cielo le concede
compasión, mientras que aquel que no muestra compasión con otros, Dios no le muestra compasión
(MEDIDA POR MEDIDA).
Que no debemos negar la bondad (jésed) y la caridad (tzedaká) a nuestro prójimo, y con mucha
mayor razón no debemos hacerlo a los familiares, cuando conocemos el estado lamentable de su
situación y tenemos la capacidad de ayudarlos como se dice en (Deuteronomio 15:7): “Cuando haya
en medio de ti menesteroso de alguno de tus hermanos en alguna de tus ciudades, en la tierra que
tu Dios te da, no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano contra tu hermano pobre”.

En otras palabras: No permitas que los defectos de desdichado y mezquino te gobierne, sino más bien
entrena tu corazón en las virtudes de generosidad y compasión. Y no consideres que el asunto
significará una carencia en tu fortuna personal, dado que a causa de esto Dios te bendecirá y Su
Bendición por un breve instante es mejor para ti que cualquier cantidad de tesoros de oro y plata.

CUALQUIERA QUE DA CARIDAD REANIMA EL ALMA DEL POBRE

La caridad es bien amada por Dios, porque se considera que cualquiera que da caridad a su amigo
ha “reanimado” su alma. Es más, todos los que practican caridad merecen adquirir vida en este
mundo y en el Mundo Venidero, tal como está escrito (Proverbios 12:28): “En el camino de la justicia
(tzedaká) está la vida; y en sus caminos no hay muerte”. Porque cuando uno ve a un pobre hombre
que NO tiene nada que comer y le da una moneda con la que compra comida para reanimar su alma,
uno en esencia, le ha devuelto la vida. Sin esto, puede que él hubiera muerto de hambre. De modo
que, si uno practica la caridad con un amigo, se considera que le ha traído de vuelta a la vida; ya que
“en su camino no hay muerte”, porque el que practica la caridad “fuerza” al ángel de muerte afuera
de él, de modo que no pueda prevalecer contra él (aun si le ha sido decretada la muerte), como está
dicho: “Y los tesoros de maldad no serán de provecho; más la justicia (tzedaká) libra de muerte”
(Proverbios 10:2).

FELIZ es la suerte de aquel a quien toca encontrarse con un hombre pobre, dado que el hombre pobre
es un regalo que Dios le ha enviado. FELIZ la porción de cualquiera que reciba ese regalo con expresión
jubilosa. Ahora bien, vean lo siguiente: A cualquiera que se apiade de un hombre pobre y restaure
su alma, Dios se lo cuenta como si hubiese creado esa alma.

Si un hombre hace bondad en la tierra, despierta la bondad en el Cielo y descansa sobre ese día que,
a través de él, es coronado. De manera similar, si él realiza un acto de compasión, corona ese día con
compasión y se convierte en su protección en la hora de necesidad. Así, igualmente, si realiza una
acción cruel, tiene un efecto correspondiente sobre ese día y lo estropea, de manera que
inmediatamente se vuelve cruel para él y trata de destruirle, dándole MEDIDA POR MEDIDA.

NO DESPIDAS A UN HOMBRE CON LAS MANOS VACÍAS

Si un pobre hombre llega ante ustedes, no le despidas con las manos vacías si puedes evitarlo, para
que no hable contra nosotros Dios. Porque su lágrima está “cerca” y su lamento asciende ante Dios…
Hijos míos, cuando un pobre hombre llegue ante ustedes no apartes sus ojos de él como si no le vieras,
no sea que la devastación sobresalga sobre el trabajo de sus manos, como está escrito (Proverbios
28:27): “El que da al pobre no tendrá pobreza. Más el que aparta sus ojos tendrá muchas
maldiciones”, y nuestros Sabios de bendita memoria han dicho: Apartar los ojos de la caridad
(tzedaká) es equivalente a servir a ídolos (idolatría).

Cualquiera que dé caridad a una persona de manera poco amistosa, con su rostro destruido en la
tierra, pierde su mérito aun si le diera un millón de dólares. Más bien debe darse de manera
placentera, con felicidad, compartiendo con aquella su sufrimiento. Está prohibido rechazar con las
manos vacías a un pobre hombre que pide un obsequio, aun si todo lo que le des no sea más que un
pan seco, como lo expresa (Salmos 74:21): “No vuelva avergonzado el abatido; el afligido y el
menesteroso alabarán tu nombre”, si no tienes nada que darle, consuélelo con palabras. Está
prohibido regañar duramente o alzar la voz a una persona pobre, porque su corazón está roto y es
humilde ¡Ay de aquel que avergüenza a los pobres! Antes bien, debiéramos ser como padres para
ellos, mostrándoles compasión y hablándoles, como lo afirma la escritura (Job 29:16): “A los
menesterosos era padre, y de la causa que no entendía, me informaba con diligencia”.

DE DOS MANERAS DIOS PRUEBA A LA PERSONA, SEA CON RIQUEZA O CON POBREZA

Tal como está escrito en (Proverbios 30:8-9): “Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí; no me des
pobrezas ni riquezas; mantenme del pan necesario. No sea que me sacie y te niegue, y diga: ¿Quién
es Dios? o que, siendo pobre, hurte, y blasfeme el nombre de mi Dios”. Porque los pobres pueden
pecar jurando en vano y robando, mientras que los ricos pueden pecar negando a Dios, lo cual es un
pecado principal equivalente a transgredir la totalidad de la Torá. Y a causa de esto los pobres piensan
que preferirían ser MEDIDOS con la prueba de la riqueza y no con la pobreza. Y no se dan cuenta de
que la prueba de la riqueza es más difícil que la de la pobreza. Por lo tanto, vemos a mucha gente
adinerada que gasta grandes cantidades de dinero en vanidades, más en lo que concierne a caridad
son miserables.

La verdadera generosidad solamente se da en cosas concernientes a Dios como actos de bondad y


caridad. Porque la generosidad que respecta a cosas superficiales como banquetes, placeres y regalos
de aduladores, se la llama tacañería del alma, porque todos aquellos que son tacaños en lo que
concierne a placeres mundanos a fin de aumentar sus actos de bondad y caridad, son verdaderos
generosos de alma. Y a todos aquellos que se tapan los oídos para no escuchar el lamento de los
pobres y no les ayudan, cuando me lloren con lamento amargo y profundo, Yo Dios NO les
responderé.

EL RICO QUE NO DA SE VOLVERÁ POBRE

Cuando Dios le envía a una persona una gran cantidad de bendiciones, esta no debe vanagloriarse,
más al contrario debe ser humilde y decir: “¿Quién soy yo para que me haya sucedido esto?”. Y debería
esta persona temer grandemente a Dios (NO pensar que es cruel, sino en el sentido de no fallarle,
tener plena confianza en EL, obedecer sus mandatos y seguir el buen camino), porque tal vez Dios le
esté pagando a causa de sus méritos en este mundo, o tal vez la esté probando, para ver cómo debería
de comportarse con su dinero. Por consiguiente, una persona inteligente superará la situación con
éxito y dará mucha caridad con su dinero, y hará muchos actos de bondad de acuerdo a las bendiciones
que Dios le haya enviado.

Por otro lado, el rico que da de mala manera, sufre con su riqueza en este mundo, como se dice en
(Eclesiastés 5:13-14): “Hay un mal doloroso que he visto: Las riquezas guardadas paras sus dueños,
las cuales se pierden en malas ocupaciones, y a los hijos que engendraron, con nada se queda en la
mano”, porque él es mezquino para con los que colectan caridad. ¿Por qué así? Porque hay en este
mundo una rueda que gira por siempre, y el que es rico hoy puede no serlo mañana y de igual forma
el que es pobre hoy puede no serlo mañana. Al uno Dios lo rebaja y al otro Dios lo eleva, porque está
dicho (Salmos 75:7): “Mas Dios es el juez; a éste humilla, y a aquél enaltece”.
HAY RIQUEZAS QUE DAÑAN

Encontrarás que hay riquezas que dañan a sus poseedores y otras riquezas que los dejan bien
plantados. Afortunado el hombre que puede soportar la prueba, porque no hay nadie a quien Dios no
ponga a prueba. Dios prueba al rico para ver si su mano se abrirá al pobre, y al hombre pobre lo prueba
para ver si aceptará la mortificación sin quejarse, tal como se dice (Isaías 58:7): “¿No es que partas tu
pan con el hambriento, Y a los pobres humillados albergues en casa; que cuando veas al desnudo,
lo cubras, y no te escondas de tu hermano?”.

Me sorprenden las personas adineradas a quienes Dios ha colocado como administradores de las
personas pobres, porque el dinero de los ricos no es suyo; pero lo gastan como quieren y cuando por
fin dan unas pocas monedas a los pobres, para esos ricos es algo tan difícil como la muerte. Y no se
dan cuenta de que todo el dinero que gastan, es el dinero de los pobres que se les dio para que lo
administraran.

Aquellos que persiguen riquezas a fin de acumular un gran capital para realizar todos sus deseos
egoístas, se han desocupado de una gran preocupación, que es la de solamente ganarse la vida, y se
han ocasionado a sí mismos muchas otras preocupaciones. Como la preocupación de ganar grandes
riquezas, la preocupación de conservarlas, la preocupación de morirse antes de haber realizado
apenas la mitad de sus deseos. Y el rico ni siquiera estará en paz con lo que le deja a su hijo como
herencia. Por lo tanto, vemos la confirmación de lo que está escrito: “El que aumenta en
propiedades aumenta en preocupaciones”.

CADA MONEDA QUE DAS A UN POBRE HOMBRE SUMA MUCHO

Grande es la caridad, porque cada porción que un hombre da de su dinero para caridad suma una
gran cantidad. Porque así dijeron nuestros Sabios de bendita memoria basándose en lo que se
menciona en el versículo (Isaías 59:17): “Pues de justicia (tzedaká) se vistió como de una coraza, con
yelmo de salvación en su cabeza, tomó ropas de venganza por vestidura, y se cubrió de celo como
de manto”. Así como en una coraza cada lámina se añade a otra para formar una armadura, así con la
caridad, cada porción que se añade a otra acaba sumando una gran cantidad. Por lo tanto, cuando
quieras que puedas dar caridad, hazlo, sea una gran cantidad o una pequeña. No digas: “¿Qué hará
este pobre hombre con la porción que le doy?”. Porque Dios pondrá en su camino a otras personas
que asimismo le darán, y esa porción que le das, junto con todas las demás, sumará una gran cantidad.

Grande es la cualidad de la bondad (jésed), porque cuando son compasivos, los unos con los otros,
Dios tiene compasión de ellos y los rescatará (MEDIDA POR MEDIDA). Tal como está escrito (Isaías
54:7): “Por un breve momento te abandoné, pero te recogeré con grandes compasiones”.

Para que nadie diga, si soy compasivo con otros mi dinero disminuirá y se perderá, ya fue escrito por
el rey Salomón (Proverbios 22:9): “El ojo compasivo será bendito, porque dio de su pan al indigente”.
Y, de manera similar se dice (Proverbios 28:27): “El que da al pobre no tendrá pobreza; mas el que
aparta sus ojos tendrá muchas maldiciones”. FELICES los que tienen compasión, pues Dios, no aleja
su compasión y bondad de ellos, y estas (la bondad y compasión) los protegen, tal como está escrito
(Salmos 40:11): “Jehová no retengas de mí tus misericordias; tu compasión y tu verdad me guarden
siempre”.
LA VIRTUD DE SER GENEROSO CON LOS POBRES ES CUESTIÓN DE HÁBITO
En verdad, en el servicio de caridad también hemos hallado y notado una virtud particularmente
grande e incomparablemente estupenda, cuando se realiza numerosas veces, y cualquiera que lo haga
frecuentemente es digno de glorificación, más bien que si lo hace una vez y todo de una vez, aun si la
suma total es la misma.

Nuestros Sabios de bendita memoria han afirmado además que el rasgo de la generosidad reside en
el hábito, no siendo alguien verdaderamente generoso hasta que se acostumbra a dar tanto como
pueda en todo momento. Porque alguien que da mil piezas de oro a una persona meritoria en una
ocasión no es tan generoso como el que da mil piezas de oro a lo largo de un período de mil ocasiones,
cada pieza en su justo lugar. Porque si alguien da mil piezas en una ocasión es porque se vio
repentinamente abordado por un gran impulso de dar, el cual le abandonó después. Y en lo que a
recompensa respecta, alguien que rescata a un cautivo con cien dólares (o da cien dólares) es como
caridad a un hombre pobre, satisfaciendo todas sus necesidades, no puede compararse con alguien
que rescata a diez cautivos o cubre las necesidades de diez hombres pobres dando diez dólares a cada
uno.

Cualquier acto de caridad es muy duro y pesado en el comienzo, pero los efectos de la caridad son
grandes más allá de toda medida. El cuerpo tiene muchas necesidades (incluso las más básicas como:
alimento, bebida, vestimenta y cobijo) son muy exigentes y a la vez son toda una distracción de las
devociones religiosas. Pero la caridad tiene el poder de romper todos estos obstáculos, porque abre
los canales de la bendición y amor de Dios al punto que uno NO tiene necesidad en absoluto de
trabajar para tener lo que necesita para vivir. Todo este trabajo será hecho por otros, dejándole en
libertad para dedicarse al SERVICIO DE DIOS.

BENEFICIOS DE ACTUAR CON CARIDAD Y BONDAD

Una persona que busca honores debería doblegar a su “Satanás” (“Mala Inclinación” o “Yetzer Hará”
para los judíos) y abrir su mano (dar caridad y ser bondadoso). Todo lo que se hace “En El Nombre Del
Cielo” (en otras palabras como Dios manda) se debe realizar de la mejor manera.

Si uno construye una sinagoga (o iglesia, parroquia, catedral, etc.), debe ser más bonita que la propia
casa. Si uno da de comer a una persona hambrienta, deben brindarle los mejores alimentos y más
dulces de la propia mesa. Si uno viste a una persona desnuda, debe vestirla con las mejores
indumentarias del propio armario. Si alguien desea ofrecer algo para caridad, debe consagrar sus
posesiones más selectas. Así, la escritura declara (Levítico 3:16): “Y el sacerdote hará arder esto sobre
el altar, vianda es de ofrenda que se quema en olor grato a Jehová, toda la grosura es para Jehová”.

Cuán deficiente es la persona que carece de la virtud de caridad (tzedaká) y la virtud de bondad (jésed),
esta persona se retira de la presencia de Dios, la fuente de compasión y gracia. La gente no logra
conceptualizar la grandeza inseparable de esta virtud, cuán enorme es el poder que ejerce en sus
exponentes, cuánto bien les otorga en todos sus asuntos, tanto en este mundo como en el Mundo
Venidero y en salvarlos en el día del Juicio Final.

Gracias al mérito de la caridad, la bendición entra en la casa de un hombre, como está escrito en
(Deuteronomio 15:10): “Sin falta le darás, y no serás de mezquino corazón cuando le des; porque
por ello te bendecirá Jehová tu Dios en todos tus hechos y en todo lo que emprendas”. Por lo tanto,
toda persona debiera esforzarse constantemente en realizar esta regla y en consecuencia hacer que
la bendición entre en su casa. Esta bendición se añade a la recompensa eterna que le está guardada.
Dar inteligentemente implica, principalmente observar la mejor manera de beneficiar al recipiente (al
pobre), dándole de manera tal que le extraiga de su pobreza, mediante el otorgamiento de un regalo
o préstamo, o encontrarle empleo, o cualquier otro medio que le permitan mantenerse. El donante
cumple con lo escrito en (Levítico 25:35): “Y cuando tu hermano empobreciere y se acogiere a ti, tú
lo ampararás; como forastero y extranjero vivirá contigo”. De manera similar se afirma: “Hay una
forma de dar que no parece ser caridad (tzedaká); sin embargo, a los ojos de Dios, siempre ha
aparecido especialmente como tal. Supongamos que un pobre hombre estaba vendiendo algún
producto o libro que nadie quería comprar, y esta persona se lo compró. O bien, el pobre puede haber
buscado trabajo, nadie quería emplearlo, pero este hombre le dio empleo. No hay forma más alta de
caridad (tzedaká)”. Yo he conocido a gente rica y respetable de este tipo. Han empezado ciertas
actividades comerciales con el propósito específico de proporcionar empleo a personas pobres a fin
de que pudieran ganarse la vida. Todo esto y cosas parecidas son caridad, sino algo todavía más
elevado.

“Abominación es a Jehová (otra forma de llamarlo a Dios, sobre todo los cristianos) el camino del
impío; mas EL ama al que sigue su justicia (tzedaká)” (Proverbios 15: 9). ¿Y que nos viene a enseñar
este versículo? En verdad que podemos aprender que aun si el camino del malvado es una
abominación para Dios, si ese malvado sigue la senda del bien y hace caridad, entonces es bien amado,
aunque por otra parte sea un malvado. Este es el poder de la caridad (tzedaká).

“Y no se pegará a tu mano del anatema, para que Jehová se aparte del ardor de su ira, y tenga de ti
misericordia, y tenga de ti compasión, y tenga piedad de ti, y te multiplique, como lo juro a tus
padres” (Deuteronomio 13:17). Al que es compasivo con otros, el Cielo le muestra compasión,
mientras aquel que no es compasivo con otros, compasión no le muestra el Cielo (MEDIDA POR
MEDIDA). Dado que a veces una persona es compasiva con el pobre y no obstante algo malo le sucede,
como que pierde su dinero, y basándonos en lo que está escrito: “Es Tzadik (todo aquel individuo de
gran piedad que con gran sacrificio hace todo lo posible por cumplir con la voluntad divina, y al
hacerlo, alcanza elevados niveles espirituales) y aun así le sucede lo malo”. Debes saber que también
esta es una gran bondad que Dios ha hecho. Porque estaba determinado que muera o sufra de una
enfermedad terrible, y porque tuviste piedad de una persona pobre, un mal menor vino para salvarlos
de un mal mayor. Así pues, mientras son compasivos, Dios les tiene compasión, y aun si algo malo les
sucede, deben saber que, verdaderamente, ese mal ES PARA BIEN (se esconde detrás de ese problema
una gran bendición).

Actuar con caridad hacia una persona que la necesita, con alegría y buen corazón. En otras palabras,
que debemos dar nuestra riqueza personal a cualquiera que esté en la miseria, y mantener al hombre
pobre con cualquier cosa que necesite para su supervivencia, con toda nuestra capacidad. Acerca de
esto se afirma: “Sino abrirás a él tu mano liberalmente, y efecto le prestarás lo que necesite”
(Deuteronomio 15:8).

¿CUÁNDO AMA DIOS LA CARIDAD?


Cuando proviene de dinero honestamente ganado. Al mantener a los pobres honramos a Dios y
hacemos que se aplaque el atributo de la Justicia Severa y se convierta en el atributo de Compasión.

Como encontramos en (Isaías 61:8): “Porque yo Jehová soy amante del derecho, aborrecedor del
robo para sacrificios; por tanto, afirmare en verdad su obra, y hare con ellos pacto perpetuo.” Y
también en (Salmos 27:4): “Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; que esté yo en la casa
de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su
templo”.
AQUEL QUE DA AL POBRE, PRESTA A DIOS
La caridad es como un préstamo a Dios, como cuando uno le presta dinero a su amigo, ¡Este está
obligado a devolverlo! Así, está escrito (Proverbios 19:17): “A Jehová presta el que da el pobre, y el
bien que ha hecho, se lo volverá a pagar”. Y nuestros Sabios de bendita memoria han dicho: Yo podría
pensar que, si uno diera unas migas a un pobre hombre, Dios le pagaría de vuelta con unas migas. Esto
no es así. Más bien Dios le dice: “Este pobre hombre estaba a punto de morir de hambre; las migas
que le diste le salvó la vida. Por tu vida, te daré UNA VIDA POR VIDA. Si, en algún tiempo futuro, tu
hijo o hija está en punto de enfermedad o muerte, ¡Yo recordaré por ellos la buena acción que
hiciste y les salvaré de la muerte!”.

Pensamos que el dinero que les hemos dado a los pobres está perdido, y el dinero que atesoramos es
nuestro, pero lo opuesto es verdad. La recompensa por el dinero que damos permanecerá con
nosotros en el Mundo Venidero. Así nuestro versículo (Éxodo 22:25): “Cuando prestares dinero a uno
de mi pueblo, al pobre que está contigo, no te portas con él como tacaño, ni le impondrás usura”.
Solo el dinero que “prestares a uno de Mi pueblo” y que das a los necesitados está “contigo” para
quedarse.

FELIZ ES AQUEL CUYA MANO SE EXTIENDE AL POBRE

FELIZ es aquel cuya mano se extiende al pobre, porque véase lo que está dicho (Proverbios 22:2): “El
rico y el pobre se encuentran; a ambos los hizo Dios” Y también: “El pobre y el rico se encuentran;
Dios alumbra los ojos de ambos” (Proverbios 29:13). El hombre pobre adquiere vida terrenal y el
hombre rico adquiere la vida del Mundo Venidero. Y si el rico se niega a darle nada, entonces Dios que
hizo a este rico va hacerle pobre, y Dios que hizo a este pobre, todavía le hará rico.

Nada es más difícil de soportar que la pobreza, porque el que está aplastado por la pobreza es como
alguien a quien se adhieren todas las aflicciones del mundo. Nuestros Sabios han dicho: “Si todas las
aflicciones se juntaran de un lado y la pobreza del otro, la pobreza las sobrepasaría a todas”.

Se dice en (Salmos 41:1): “Bienaventurado el que piensa en el pobre; en el día malo lo rescatará
Jehová”. Y también en (Proverbios 11:1): “A su alma hace bien el hombre compasivo; mas el cruel se
atormenta a sí mismo”.

A cualquiera que dé una moneda a un pobre Dios le dará vida. Porque ¿Le está dando solamente una
pequeña moneda? ¡No, le da su vida! ¿Cómo se explica esto? Si un trozo de pan cuesta diez monedas
pequeñas y un pobre parado en el mercado solamente tiene nueve, y llega alguien y le da una pequeña
moneda de modo que aquél compra el pan y, habiéndolo comido, se siente reanimado, el Santo
Bendito sea EL (Dios), dice al donante: “También en tu caso, cuando tu alma presione para escaparse
de tu cuerpo, Yo te la devolveré”.

DAR CARIDAD, DE MANERA QUE ESTES CONTENTOS CON TODO LO QUE TIENES Y NADA
LES HAGA FALTA

Cuando nuestros Sabios dijeron “Da un diezmo y así resultarás rico”, no se referían a la riqueza
material, sino a la característica de que la persona tendría todas sus necesidades satisfechas, sin
faltarle nada, porque este es el principal aspecto de la riqueza que pertenece al lado de la santidad,
como está escrito: “¿Quién es rico? Quien está contento con su porción.”

Antes de la venida de Jesús, la cualidad de bondad (jésed) era efectiva para asegurar la expiación de
los pecados, como lo hallamos en la escritura (Proverbios 16:6): “Con misericordia (jésed) y verdad
se corrige el pecado, y con el temor de Jehová los hombres se apartan del mal”.
Después de que vino Cristo, la expiación de los pecados pasó a ser única y exclusivamente por medio
de él (Isaías 53:10): “Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando
haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de
Jehová será en su mano prosperada”.

Gracias a su sacrificio en la cruz, todos podemos tener vida eterna, solo debemos arrepentirnos y
aceptarlo como nuestro Señor y Salvador.

LA CARIDAD TIENE EL PODER DE ROMPER TODAS LAS FUERZAS DEL MAL Y ANULA LOS
MALOS DECRETOS

La caridad tiene un nivel más alto cuando es dada en secreto “Porque Dios traerá toda obra a juicio,
juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala” (Eclesiastés 12:14). Se interpreta este
fragmento como refiriéndose a una persona que da caridad a un pobre hombre públicamente, para
que todos vean. Aunque hizo una buena acción, será llamado a rendir cuentas en el Mundo Venidero,
porque avergonzó al recipiente. El versículo también se refiere a una persona que da caridad a una
mujer privadamente, detrás de puertas cerradas. A esta persona también se le exigirá explicación,
porque se expuso a la sospecha y comprometió su reputación.

La razón principal de la caridad es que Dios deseó que sus criaturas se educaran en la cualidad de la
compasión y se acostumbrasen a ella, dado que es una noble cualidad. Entonces, a partir de
convertirlo en un buen hábito de buenas cualidades, nosotros nos volveremos merecedores de
recibir bondad de parte de Dios. Como hemos asegurado, el regalo de bondad y bendición recae
siempre sobre la persona buena, no sobre su opuesto. Y cuando Dios, otorga bondad a la gente
buena, su deseo de hacer bien al mundo se cumple.

Hay que poner cuidado en dar caridad secretamente, ocultando los donativos en la mayor medida
posible. Si es posible dar de manera tal en que el dadivoso ignora la identidad del receptáculo y el
recipiente la del generoso, esto es muy deseable. Por otra parte, uno no debería jactarse de la caridad
que da. Cualquiera que no necesite aceptar caridad; pero engaña a la gente y la toma, no morirá sin
antes precisar de asistencia pública (será dependiente de otros). Sin embargo, a cualquiera que
necesite recibir caridad y no pueda vivir a menos que la tome (por ejemplo, un hombre de edad, una
persona enferma, alguien con una familia numerosa de hijas que debe costearles sus matrimonios o
alguien que sufra de privación), y por orgullo se niegue a recibirla, es considerado como si fuese un
asesino, se le calificará responsable de sus actos y ha de responder con su vida. TODO lo que obtiene
por su dolor es pecado y perversidad. No obstante, alguien que necesite tomar caridad y se abstiene
de recibirla, y sufre llevando una vida de privaciones, no por orgullo, sino a que no desea ser una carga
para el público, no morirá sin antes ser capaz de sostener a otros (en necesidad). Respecto a tal
individuo se dice en (Jeremías 17:7): “Bendito el hombre que confía en Dios y cuya confianza es
Dios”.

¿Y CÓMO SABEMOS QUE LA CARIDAD LA PROLONGA LOS DÍAS Y AÑOS DEL HOMBRE?

Como está dicho (Deuteronomio 30:20): “Amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y
siguiéndole a él; porque él es vida para ti y prolongación de tus días, a fin que habites sobre la tierra
que juro Jehová a tus padres Abraham, Isaac y Jacob, que les había de dar”. Y también se declara
(Proverbios 3:18): “Ella es árbol de vida a los que de ella echan mano, y bienaventurados son las que
retienen”.

Se cuenta el siguiente incidente acerca de Benjamín el Justo, quien fuera supervisor del fondo de
tzedaká (caridad). Un día, durante un año de escasez, una mujer fue a verlo y le dijo: Señor, ayúdame.
Él replicó: Juro que no hay un centavo en el fondo de tzedaká. Ella dijo: Señor, si no me asiste
perecerán una mujer y sus siete hijos. Por lo tanto, él la ayudó de su propio bolsillo. Algún tiempo
después, enfermó gravemente. Los ángeles se dirigieron a Dios diciendo: “Rey del universo, has dicho
que aquel que preserva un alma de Israel (lo mismo para los demás países) es asumido por protector
del mundo entero; Benjamín, quien ha patrocinado a una mujer y a sus siete hijos, ¿Habrá pues de
morir a una edad tan temprana?” Inmediatamente su sentencia fue eliminada. Ha sido enseñado
que veintidós años fueron añadidos a su vida.

LA CARIDAD Y LOS ACTOS DE BONDAD SON EQUIVALENTES A TODAS LAS BUENAS


ACCIONES EN LA TORÁ

Vean cuán grande es el precepto de caridad, ya que impide que el pobre se vuelva a la idolatría. Por
ello la caridad (tzedaká) es equivalente a todos los otros preceptos, ya que es causa de que el pobre
no se vuelva a la idolatría y quebrante así todos los demás preceptos de la Torá.

Solo sabemos cuál es mayor caridad (tzedaká) o actos de bondad (jésed), por el versículo (Salmos
103:17): “Mas la bondad (jésed) de Dios es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le
temen, y su justicia (tzedaká) sobre los hijos de los hijos”, debemos decir que los actos de bondad
son mayores que los de caridad.

Cuando un hombre cumple con las buenas acciones y estudia la Torá, y practica tzedaká, entonces
Satanás se alza acusándole delante de Dios, los ángeles están en frente señalando sus buenas
acciones, como está dicho: “La dádiva del hombre le ensancha el camino y la lleva delante de los
grandes” (Proverbios 18:16). Y su trato para con los pobres contribuye a lograr esto, por ello está
dicho: “Bienaventurado el que piensa en el pobre; en el día malo librará Jehová” (Salmos 41:1).

¿Y CÓMO SABEMOS QUE LA CARIDAD ES IGUAL Y COMPARADA A LA TORÁ?


Y la tzedaká libra de muerte (Proverbios 10:2), aquellos que se ocupan del estudio de la Torá y conocen
sus caminos. Porque la Torá es llamada el árbol de vida y también se la llama tzedaká, tal como está
dicho (Deuteronomio 6:25): “Y tendremos justicia (tzedaká) cuando cuidemos de poner por obra
todos estos mandamientos delante de Jehová nuestro Dios, como él nos ha mandado”.

(Aquí la palabra tzedaká también puede tener su significado literal de caridad. Los dos significados,
Torá y Tzedaká, son en esencia idénticos).

Referente de la Torá está dicho (Levítico 26:3): “Si anduvieras en mis decretos y guardareis mis
mandamientos, y los pusiereis por obra”. Y en (Levítico 26:6): “Y Yo daré paz en la tierra, y dormiréis,
y no habrá quien los espante; y haré quitar de vuestra tierra las malas bestias, y la espada no pasará
por vuestro país”.

Y con respecto a la Tzedaká (Proverbios 8:22): “Dios me poseía en el principio, ya de antiguo, antes
de sus obras”. Y también está dicho (Isaías 32:17-18): “Y el efecto de la justicia (tzedaká) será paz; y
la labor de la justicia (tzedaká), reposo y seguridad para siempre. Y Mi pueblo habitará en morada
de paz, en habitaciones seguras, y en recreos de reposo”.
TRES COSAS ANULAN LOS JUICIOS SEVEROS: PLEGARIA (ORACIÓN), CARIDAD (TZEDAKÁ) Y
ARREPENTIMIENTO (TESHUVÁ)

Nuestra riqueza depende del pobre: “En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad
considera; Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre nada halle después de él.”
(Eclesiastés 7:14).

Se interpretó el versículo del pobre y el rico, de modo que los últimos puedan ganar mérito mediante
los primeros: “En el día del bien”, en el día en que tu prójimo es afortunado, regocíjate con él. “Y en
el día de la adversidad considera”, considera cómo sustentar a los pobres, de manera que puedas
recibir una recompensa por cuenta de ellos.

Y la caridad responde a todas las cosas: A veces la plegaria de un hombre obtiene respuesta y otras
veces su plegaria no obtiene respuesta. Aquellas veces en que dona su dinero para caridad, obtiene
respuesta. Como está dicho (Génesis 30:33): “Así responderá por mí mi honradez (tzedaká) mañana,
cuando vengas a reconocer mi salario; toda la que no fuere pintada ni manchada en las cabras, y de
color oscuro entre mis ovejas, se me ha de tener como hurto”.

Pero aquellas veces en que su diezmo (o el 20%) de su salario no lo emplea para caridad, el dinero le
acusa, como se declara (Deuteronomio 19:16): “Cuando se levantaré testigo falso contra alguno,
para testificar contra él”.

“Los tesoros de maldad no serán de provecho. Y la justicia (tzedaká) libra de muerte” (Proverbios
10:2). No hay beneficio, para aquellos hombres que no se ocupan del estudio de la Torá (lo mismo en
el caso de estudiar la Biblia) y tan solo permanecen en propósitos mundanos a fin de amasar tesoros
de maldad, de los cuales está escrito: “Hay un mal doloroso que he visto debajo del sol: Las riquezas
guardadas por sus dueños para su mal; las cuales se pierden en malas ocupaciones, y a los hijos que
engendraron, nada les queda en la mano” (Eclesiastés 5:13-14).

TRES COSAS DESPOJAN A UN HOMBRE DE SUS SENTIDOS Y DE UN CONOCIMIENTO DE SU


CREADOR: IDOLATRÍA, UN MAL ESPÍRITU Y LA POBREZA OPRESIVA.
“Amigo soy yo de todos los que te temen y guardan tus mandamientos” (Salmos 119:63). Una
persona debe siempre amistarse con hombres piadosos y Sabios (Justos, Pastores, Rabinos, etc.). Y
debería amistarse con gente pobre y enferma que está sufriendo tribulaciones. Y también debe
alejarse de la gente opuesta, porque esa gente que es lo opuesto de la gente arriba mencionada
destruirá La FE (Emuná) de un hombre.

Por lo tanto, está dicho que cuando alguien mantiene a la gente pobre, es como si sustentaran a Dios
mismo, ya que de esta manera Dios se salva de sufrir. Porque así como impides a los pobres el dolor y
sufrimiento del hambre cuando los alimentas, asimismo se le ahorra a Dios el sufrimiento que tiene
cuando ve sufrir a los pobres. Es una persona malvada la que siendo capaz de ser buena para los
pobres con su dinero; sin embargo no lo es, y aun cuando nada le falta, se abstiene de hacer el bien a
los pobres y pierde su mundo.

Aquel que perdió dinero, debe esforzarse aún más en dar caridad. Y el mérito de esta caridad se
convertirá en un mensajero que le dirá dónde está el dinero que perdió y así lo recobrará, porque el
ángel que fue creado mediante la caridad que dio, lo guiará y le hará ganar el dinero que perdió
previamente, con la ayuda del Creador que dará ese dinero al ángel de la caridad.
Si una persona tiene dinero para caridad debiera darlo a muchas personas pobres, incluso si es una
pequeña cantidad que va ser repartida entre cada uno de ellos, y no debiera dar todo el dinero
exclusivamente a una persona pobre, porque de esta manera es imposible que deje de encontrarse a
un receptor adecuado y a través de él ese dador ganará mérito mediante su caridad.

Igualmente, aun cuando la persona que tiene todo lo que necesita se torne todavía más adinerada,
nada le quedará consigo cuando llegue su tiempo de abandonar este mundo. Y de ello una persona
debería aprender a arreglárselas con poco (estar ALEGRE con la parte que le tocó vivir, no
refiriéndose a ser mediocre, sino estar agradecido con lo que tienes mientras que disfrutas del
proceso de construcción en convertirte en “la mejor versión de ti mismo”), porque el exceso es algo
malo que Dios dio a los hijos de los hombres para hacer que se preocuparan y que les hirviese la
sangre, y para traer sufrimiento al alma.

Así como muchas enfermedades que se curan con medicamentos, asimismo la cura de un hombre
para la enfermedad de su alma puede lograrse mediante: Dar dinero a Dios (tzedaká), teniendo
compasión de los pobres (jésed), arrepentirse de sus pecados (teshuvá), la plegaria (oración), seguir
el camino recto (santidad), obedecer los diez mandamientos, etc.

EL QUE OCASIONA QUE OTROS HAGAN EL BIEN ES MÁS GRANDE QUE EL HACEDOR
MISMO

Se dice (Isaías 32:17): “Y el efecto de justicia (tzedaká) será paz; y la labor de la justicia (tzedaká),
reposo y seguridad para siempre”. Una persona que influencia a otros y los convence de dar caridad
recibe una recompensa mayor que el generoso.

Y lo que está escrito (Daniel 12:3): “Los entendidos resplandecerán como el resplandor del
firmamento; y los que enseñan la justicia (tzedaká) a la multitud, como las estrellas a perpetua
eternidad”. Se aplica a los gerentes de fondos de tzedaká y a los que hacen colectas de tzedaká (en
nuestras épocas una ONG o una persona altruista - filántropo). El gerente de un fondo de tzedaká no
debe molestarse si los pobres le insultan, porque esto aumenta su mérito aún más.

Asimismo, si una persona puede convencer a alguien de hacer un favor a un prójimo, también esto
cae en la categoría de jésed (bondad). La persona recibirá la bendición de Dios, que con solo que uno
les diga a otros que den, ya la recompensa le es establecida. Así lo indica la escritura (Deuteronomio
15:10): “Sin falta le darás, y no serás de mezquino corazón cuando le des; porque por ello te
bendecirá Jehová tu Dios en todos tus hechos y en todo lo que emprendas”.

La razón por la cual nuestros Sabios declararon: “Mayor es aquel que conduce a otros a dar caridad
que el dador mismo”, es que el dador no puede hacer más de lo que sus medios le permiten, pero
el que conduce a otros a dar puede hablar con mucha más gente para que den caridad. Por
consiguiente, una persona debe dar caridad de acuerdo a sus medios y debiera abocarse a hablar a
los corazones de otras personas, a fin de hacerlas dar mucho para cualquier causa de que se trate, y
entonces su recompensa será grande. Y este es el caso cuando hace que los ricos den; pero cuando
obliga a alguien que no puede dar, se considera que es como si le hubiese robado.

Que un hombre distribuya siempre su riqueza para la caridad (tzedaká), porque él no está dando nada
suyo, como está dicho (Hageo 2:8): “Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová tu Dios de los
ejércitos”. Y, por consiguiente, que nadie sea tacaño con su dinero y que cada quien provea de él para
caridad (tzedaká).

Porque la Torá (igual la Biblia) siempre prefieren actos de bondad (jésed) y nos ordena cumplir, en
la medida en que nos sea posible. Cualquiera que favorezca a su prójimo, sea con bienes, comida o
cualquiera otra necesidad que pueda tener, incluso con buenas palabras, palabras de consuelo.
¡Todo ello está dentro del significado de la ley de caridad (tzedaká) y su recompensa será muy
grande!

CUALQUIERA QUE TENGA RIQUEZAS Y PROPORCIONE CARIDAD A LOS POBRES, Y NO


PRESTE CON INTERÉS, PROSPERARÁ

Prestar a un hombre pobre en la medida en que uno pueda hacerlo, de acuerdo a lo que necesite, a
fin de traerle alivio y solvencia, y alejar de él su angustia. Esta buena acción de dar préstamos es una
obligación mayor y más fuerte que la buena acción de dar caridad. Porque si la penuria de alguien
ha sido descubierta y conocida entre la gente, y él ha salido a la calle para pedir ayuda (caridad), su
congoja y sufrimiento no son tan grandes como los de una persona que todavía no ha quedado
reducida a esta degradación y que teme entrar en este estado; y si puede obtener la pequeña ayuda
de un préstamo, de modo que pueda encontrar algún alivio, tal vez nunca necesite llegar a pedir
caridad, luego cuando Dios en su bondad le conceda solvencia financiera, pagará a sus prestamistas y
vivirá del resto.

Porque al hombre pobre no le da vergüenza pedir prestado. Igualmente, tal vez porque uno presta
una suma mayor de la que daría como caridad y esta puede ser suficiente para hacer independiente
al hombre pobre. Y el que forma una sociedad comercial con un hombre pobre, proporcionándole el
capital para que comercie con este en términos acordados es el mayor de todos.

Hashem (literalmente “El Nombre”, es el nombre con que llaman los judíos a Dios para no tener que
usar Su Santo nombre en vano) podría proporcionarle a un pobre hombre lo suficiente para sus
necesidades, sin nosotros. Se trata tan solamente de que por su bondad (Sea Dios Bendito) nos
hayamos convertido en sus agentes, para lograr nuestro mérito.

Se considera a los que prestan con interés es como si hubiesen cometido todos los actos malvados
del mundo, a quien presta sin interés Dios le considera como si hubiese cumplido con todas las
buenas acciones del mundo. Tal como está dicho en (Éxodo 22:25): “Cuando prestares dinero a uno
de mi pueblo, al pobre que está contigo, no te portas con él como tacaño, ni le impondrás usura”.

Una persona si tiene las condiciones se abstiene de realizar caridad, para Dios es asqueroso,
detestable y podrido; tanto así que su aborrecimiento es casi tan grande como la de un adorador de
ídolos (idolatría). Por otra parte, cuán agradable, bien admirada, digna de compasión y bendecida con
muchas bendiciones es una persona que la realiza plenamente.

“No te portarás con él como un acreedor”, conocer alguien que preste con interés infringe TODAS
las prohibiciones de la Torá (lo mismo para la Biblia) y no encuentra a nadie que le proteja. Porque
cuando un hombre viole cualquiera de las prohibiciones y luego aparece en juicio ante Dios algunos
ángeles abogan en su nombre y otros le acusan, como está dicho: “Entonces él dijo: Oíd, pues, palabra
de Dios: Yo he visto a Dios sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos estaba a su mano
derecha y a su izquierda” (Crónicas 2 18:18). Pero cuando alguien le presta a su prójimo con interés,
entonces ninguno de los ángeles aboga en su favor, como está dicho (Ezequiel 18:13): “Prestare a
interés y tomare usura; ¿vivirá éste? no vivirá. Todas estas abominaciones hicieron; de cierto morirá
su sangre sobre él”. Por el contrario, una persona que preste dinero a su vecino sin tomar interés se
le considera como si hubiese cumplido con todas las buenas acciones la Torá, porque esto es lo que
dijo El rey David: “Dios, ¿quién habitará en tu tabernáculo?” (Salmos 15:1), y la respuesta es (Salmos
15:5): “Quien su dinero no dio a usura, ni contra el inocente admitió soborno. El que hace estas
cosas, no resbalará jamás”.
“Cuando prestares dinero a uno de mi pueblo, al pobre que está contigo, no te portas con él como
tacaño, ni le impondrás usura” (Éxodo 22:25). No hay nada en el mundo más aflictivo que la pobreza,
el más terrible de todos los sufrimientos. Nuestros Sabios dijeron: Todos los sufrimientos están de un
lado y la pobreza está del otro. ¿Hace falta una prueba de ello?

LOS PADRES VIENEN ANTE TODOS LOS DEMÁS SI ESTÁN NECESITADOS DE CARIDAD

Si los propios padres son pobres, no solamente está permitido darles dinero de caridad, sino que
tienen precedencia sobre otros. Sin embargo, si uno es capaz de mantener a sus padres sin dinero de
caridad (el diezmo o el 20% como fue explicado) es preferible hacerlo así. Aun así uno no debe dar
todo su dinero de caridad a una persona, sino más bien dividirlo entre mucha gente pobre, esto no se
aplica a los propios padres. A ellos les puede dar todo su dinero de caridad si lo necesitan.

Si no das a tus parientes, sino que das a otros, esto es un signo de que no lo haces en ″En El Nombre
Del Cielo” (como Dios manda). Cuando ignoramos a nuestros parientes pobres y en cambio damos a
otros, a esto no se llama caridad. Un hombre rico solía donar dinero al fondo de caridad (tzedaká) de
la comunidad, pidiéndole a la administración que lo distribuyera entre los pobres. Ahora bien, este
hombre rico tenía un hermano pobre, de hecho, todos sus parientes eran arruinados. El Rabino (Justo
o Tzadik) le dijo al hombre rico: “El dinero que diste a los pobres a través del fondo de tzedaká no es
tzedaká, más bien causa “tze’aká” (“llanto entre tus parientes”). Es mucho mejor que des estos
fondos a tu hermano necesitado y a tus parientes pobres”.

Merece un gran castigo la persona que mantiene a otros; pero no mantiene a su padre, a su madre y
a otros parientes.

QUIEN MÁS SUFRA HA DE SER AYUDADO PRIMERO

Él que está más quebrantado de corazón de entre los pobres viene primero que otros cuando se
trata de recibir caridad. La persona pobre quebrantada de corazón en una mayor medida que su
prójimo pobre debe precederle al recibir caridad; por consiguiente, una viuda viene antes que un
huérfano y un huérfano viene antes de quien no lo es, y así sucesivamente.

Cualquiera que sufra más pobreza que otro ha de ser ayudado antes, e inclusive si respecto a cierta
necesidad en particular dos personas tienen la misma necesidad, si una de ellas sufre más respecto a
otras necesidades, esta debe ser ayudada primero, porque debemos mostrar más compasión hacia
esta persona y aliviar su sufrimiento.

LA CARIDAD TIENE QUE HACERSE INMEDIATAMENTE, PORQUE LA PERSONA QUE LA


NECESITA ESTÁ SUFRIENDO Y HA DE SER ALIVIADA DE SU SUFRIMIENTO.

Cualquier cosa que tenga que ver con un acto de bondad tiene que hacerse inmediatamente, porque
la persona que lo necesita sufre cuando la caridad demora. Las promesas de caridad se consideran
como juramentos.

Por lo tanto, alguien que dice: “Prometo dar una cantidad de dinero para caridad” o “Esta cantidad es
para caridad” debe darla a los pobres inmediatamente. Si se demora viola la prohibición
(Deuteronomio 23:21): “Cuando haces juramento a Jehová tu Dios, no tardes en pagarlo; porque
ciertamente lo demandará Jehová tu Dios de ti, y será pecado en ti”.

Una persona que promete: “Voy a dar una cantidad de dinero a fulano de tal”, no viola la prohibición
arriba citada hasta que se encuentra con esa persona pobre. Una persona puede apartar dinero para
caridad de manera que lo tenga disponible para distribuirlo en pequeñas cantidades a la vez, como
considere conveniente.

EL ACTO DE BONDAD DE PALABRA

Nuestros Sabios han señalado que los actos de bondad (jésed) pueden hacerse tanto con la persona
como con el dinero. El acto de bondad realizado con la persona puede dividirse en tres tipos: Actos,
palabras, pensamientos. Hasta ahora, en los capítulos anteriores, nos hemos ocupado principalmente
de la bondad realizada en acto o pensamiento, esto es para ayudar al prójimo con algún esfuerzo o
mediante alguna consideración, para idear un método o descubrir algún consejo que le permitan
mejorar su condición y que no colapse, Dios no lo quiera. Todo esto está incluido en el versículo
(Salmos 41: 1): “Bienaventurado el que piensa en el pobre; en el día malo lo librará Jehová”.

Un hombre recibe gran recompensa por hablar con compasión al corazón de un hombre pobre.
Muchos conocen la buena acción de dar caridad y su recompensa, pero no saben de la grandeza de la
buena acción de buenas palabras. Acaso no han dicho nuestros Rabinos: “¿El que da una moneda a
un pobre hombre recibe seis bendiciones, pero el que le consuela con palabras recibe once?”. Por
consiguiente, al hablar, uno debe vestirse de bondad para hablar al corazón del hombre pobre. Sus
palabras al pobre deben ser amables, debe consolarle en su adversidad y en su mala fortuna, y debe
honrarle y elevarle.

Como se dice en (Proverbios 21:21): “¿El que sigue la justicia (tzedaká) y la misericordia (jésed)
hallará la vida, la justicia (tzedaká) y la honra?“. ¿Por qué un hombre ha ido en busca de justicia,
hallará justicia (tzedaká)? EL objetivo del versículo es enseñarnos que, si un hombre está ansioso de
dar caridad (tzedaká), Hashem le proporciona dinero con que darla. Hashem le envía hombres que
son recipientes adecuados de caridad (tzedaká), de modo que aquel sea recompensado por asistirlos.

Observar que los caminos de Hashem no son como los caminos de carne y sangre. ¿Cómo actúan la
carne y la sangre? Si un hombre trae un regalo a un rey, puede ser aceptado o puede no serlo; e incluso
si es aceptado, sigue siendo dudoso si el hombre vaya a ser admitido a la presencia del rey o no. En
cambio Hashem, si un hombre da a un mendigo, aunque sea una moneda, se le considera digno de
recibir la Presencia Divina (“Shejiná” para los judíos), tal como está escrito (Salmos 17:15): “En
cuanto a mí veré tu rostro en justicia (tzedaká); estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza”.

PARA ALIVIAR A ALGUIEN ESTÁ PERMITIDO INCLUSO HABLAR TRIVIALIDADES

Para aliviar el sufrimiento de una persona, se permite incluso hablar de trivialidades, porque de esta
manera uno cumple con la buena acción de amabilidad, como está escrito en (Isaías 58:10): “Y si
ofrecieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu
oscuridad será como el mediodía”. Se explica: “Debes ofrecerle tu alma al hambriento con el
consuelo de buenas palabras”. Al hambriento también le aportas tu corazón y tu alma se acerca a la
suya personalmente, porque sabes cómo recibir y refrescar al alma que está desfalleciendo por falta
de consuelo, animó y consejo.

“Saluda a todo ser humano con un con una expresión cálida, amable y agradable”. Esto nos enseña
que, si uno da al prójimo todos los regalos del mundo; pero con una mala cara, se considera que no le
dio nada en absoluto. Pero si uno acoge a su prójimo con un rostro cálido y amable, aun si es incapaz
de no darle nada, se considera como si le hubiera dado los regalos más valiosos del mundo.

Cuando NO juzgamos al pobre, tampoco Dios nos juzga (MEDIDA POR MEDIDA). Aquel que da al pobre
sin importarle si esa persona pobre es o no pecadora, recibe abundancia del Cielo y no se le examina
para ver si merece esta abundancia. Y cuando una persona necesita alguna clase de salvación y no
tiene méritos, desde el Cielo le envían a una persona pobre que tampoco tiene méritos, de modo que
al ayudar a esta, aquélla también será ayudada desde el Cielo.

Si alguien diera un 10% (diezmo) o el 20% de sus ganancias y no se volviera rico, él debería saber que
su recompensa está almacenada para el otro mundo y que, en lugar de ganar riqueza en este mundo,
recibirá su plena recompensa en el Mundo Venidero, el mundo donde todo es bueno.

Otra razón por la cual la persona no se volvió millonaria, aunque haya dado fielmente un diezmo de
sus ganancias, es porque hay muchos pecados cuyo castigo conlleva pérdida de dinero, Dios no lo
permita, y esta persona al pecar cometió transgresiones y perdió su recompensa; pero en lugar de
perder todo su dinero, simplemente esta persona no se hace más rica. Por lo tanto, el mérito de la
caridad es grande, porque impedirá que la persona pierda su dinero, solo que a causa de sus
transgresiones pasadas no se volverá más rica.

EL GRAN DAÑO PROVENIENTE DE ABSTENERSE DE REALIZAR CARIDAD Y BONDAD

En los capítulos anteriores hemos explicado la grandeza de esta santa virtud. Ahora expondremos la
naturaleza malvada de la persona que la evita y que cierra sus ojos ante ella.

Cualquiera que aparta sus ojos de la caridad se considera como si estuviera sirviendo a ídolos
(idolatría). Así como vemos en estos dos casos el pecado es equivalente al de idolatría.

A) Está escrito en (Deuteronomio 15:9): “Guárdate de tener en tu corazón pensamiento perverso,


diciendo: Cerca está al año séptimo, el de la remisión, y mires con malos ojos a tu hermano
menesteroso para no darle; porque él podrá clamar contra ti ante Dios, y se te contará por pecado”.

B) También se dice en (Deuteronomio 13:13): “Que han salido de en medio de ti hombres perversos
que han instigado a los moradores de su ciudad, diciendo: Vamos y sirvamos a dioses ajenos, que
vosotros no conocisteis”.

La maldad de una persona que se abstiene de realizar actos de bondad y caridad, es como si uno
negará la existencia de Dios. El propósito de Dios para crear este mundo fue dar a sus criaturas la
oportunidad de ganar mérito, capacitándolos para ayudar con bondad y amabilidad. Con este fin
fue revelada la Biblia, tal como afirma el versículo (Deuteronomio 6:24): “Y nos mandó Jehová que
cumplamos todos estos estatutos, y que temamos a Jehová nuestro Dios, para que nos vaya bien
todos los días, y para que nos conserve la vida, como hasta hoy”.

De ahí que, si uno se niega a aceptar esta perspectiva de la virtud de bondad (y caridad) y pregunta:
“¿Para qué la necesito?”, su rechazo es equivalente a negar el principio fundamental de la existencia
de Dios, el Cielo no lo quiera. Por lo tanto, uno debe evitar completamente tales pensamientos. Por el
contrario, uno debe de aferrarse a los caminos de Dios, sea EL Bendito, que están llenos de bondad
(jésed) y justicia (tzedaká), a fin de recibir bendiciones en este mundo y en el Mundo Venidero.

TAMBIÉN A LOS POBRES SE LES EXIGE DAR CARIDAD

Incluso un hombre pobre que se sostiene de caridad (tzedaká) debe dar caridad. Cada persona de
acuerdo a sus medios, ricos y pobres por igual, debe donar una cierta cantidad para caridad todas las
semanas, como signo de su deuda para con Hashem, incluso si es tan solo una moneda o una fracción.
Todas esas monedas suman una gran cantidad. Un hombre pobre que no puede dar dinero debe
contribuir voluntariamente con trabajo para la comunidad. A un tesorero de cualquier organización
de caridad o una persona que no esté sumergida en la pobreza, NO le está permitido obligar a los
pobres a dar caridad, y quien lo hace es culpable de robar al uno para dar al otro.

¿DEBE DARSE LA CARIDAD EN SECRETO O EN PÚBLICO?

En verdad, uno debiera sentir más angustia ante el sufrimiento de otro que ante el de uno mismo
(Dios no lo permita). En el caso de uno mismo, uno siempre puede explicar que uno merece el
sufrimiento a causa de las propias faltas. Sin embargo, estos argumentos no se aplican con relación al
sufrimiento de otro.

Cada modalidad tiene una ventaja y una desventaja. La ventaja de dar en secreto es que el dador no
se vuelve orgulloso. La ventaja de dar en público es que incita a otros a seguir el ejemplo. Por lo tanto,
da en público y también en privado.

¿QUE ES EMUNÁ (FE)?

La firme, pura y absoluta FE en el Creador del universo, en el Único Dios Todopoderoso Omnisciente,
Supremo y Benévolo. La Emuná consta de tres principios básicos: La convicción de que todo proviene
del Creador, de que TODO ES PARA BIEN y de que todo le sucede al individuo a lo largo de su vida
contiene un mensaje dirigido a él de forma especial. Que un hombre Confiará en Dios (“Bitajón”
para los judíos, en otras palabras es llevar la Emuná a la práctica, CONFIANZA PLENA EN DIOS) y no
tendrá miedo de nada, que se sacrificará a sí mismo y a su dinero a causa de Dios, su negocio será leal,
dirá siempre la verdad, y no estará desesperado por volverse rico, sino como está escrito (Salmos
37:3): “Confía en Jehová, y haz el bien; y habitaras en la tierra, y te apacentarás de la verdad”.

Es claro como la luz del día que cuando alguien tiene Fe (Emuná), él da caridad (tzedaká) de lo que
tiene a la mano, con la Fe de que Hashem le remplazará el dinero que ahora le falte. Y si no hay Fe no
hay caridad y si no hay caridad no hay Fe. Y entonces hallamos que cuando alguien se abstiene de
dar caridad es como si hubiese infringido toda la Torá.

DEBEMOS MOSTRAR QUE NO PONEMOS NUESTRA CONFIANZA EN LA RIQUEZA SINO EN


DIOS

UN CONSEJO DE ORO: Cualquier individuo que vea disminuir sus medios debe dar caridad de ellos
para mostrar que NO pone su confianza en su dinero, sino en Dios. Basándose en este mérito llegará
la bendición y él será exitoso en todo lo que emprenda. Entiende cuán grande es la buena acción de
caridad y cuan querida le es a Dios, porque puedes ver cuántas veces, con cuántos mecanismos y
excusas “Satanás” (para los judíos es “Mala Inclinación” o “Yetzer Hará”) trata de desanimarlos de
hacer caridad, mucho más de lo que lo hace con otras buenas acciones. Porque Satanás emplea
muchas excusas (Tales como: “Tu vida es lo primero”, “No des a otros lo que pertenece a tus hijos”,
“Ahorra tu dinero para tu vejez”, etc.).

Si se nos presenta una oportunidad de realizar un acto de bondad hacia una persona pobre que se
nos atraviesa en nuestro camino, es porque desde el Cielo desean hacernos un regalo de bondad. A
veces Dios, orquesta las cosas de manera tal para que una persona realice un acto de bondad hacia su
prójimo para que esa persona sea pagada de la misma manera y para que despierte la cualidad de
bondad en el Cielo.
ES IMPOSIBLE OBSERVAR EL MANDAMIENTO DE AMAR AL PRÓJIMO COMO A TI MISMO SI
NO LE INFORMAMOS ACERCA DE LA RECOMPENSA Y CASTIGO POR SUS ACCIONES.

“No te vengaras, ni guardaras rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti
mismo” (Levítico 19:18). Nuestros Rabinos de bendita memoria explican que este versículo contiene
uno de los mayores principios de la Torá (ya que también es uno de los diez mandamientos) y NO hay
amor más grande que el de aquél que ve algo errado (cualquier pecado) en su prójimo y le corrige por
ello. Porque las almas de este mundo están juntadas y conectadas las unas con las otras. La ley exige
que, si alguien tiene conocimientos acerca del sufrimiento del alma y los castigos que sobrevienen al
alma después de la muerte, cuando abandona el cuerpo, esa persona deberá explicárselo a su prójimo
y tal vez, al hablar así, pueda traer mérito a su prójimo, de modo que este deje el camino errado y de
tal forma se arrepienta, y exista para él cura.

Así podemos entender lo que dijeron nuestros Sabios de bendita memoria: “Que amar a tu prójimo
como a ti mismo” es una gran regla de la Torá, porque el amor más grande reside en corregir al
prójimo y en acercarle a la Torá (esto se aplica en cualquier religión, el objetivo principal es buscar
PRIMERO el Reino de Dios y lo encuentras también en la Biblia). Y no solamente hay que corregirle
por hacer algo equivocado, sino que también hay que decirle cuales son los castigos por el pecado que
está cometiendo, de manera que tal vez pueda dejar el camino equivocado y tenga mucho cuidado de
no volver a caer en él.

¿CUÁL ES LA CARIDAD (TZEDAKÁ) Y ACTO DE BONDAD (JÉSED) QUE UNA PERSONA


NECESITA HACER POR SU PRÓJIMO?

La respuesta es: Mostrarle el camino recto (santidad) y acercarlo a Dios.

El principal acto de bondad que alguien pueda hacer por su amigo es realizar una bondad por el alma
del amigo. Tratar de llevarle (enseñarle, guiarle y corregirle) por el buen camino.

Si tan solo los hombres conocieran la recompensa de aquel que sigue los esfuerzos de los que siguen
las enseñanzas de Hashem y traen a los perversos de vuelta al buen camino, ellos irían en busca de los
maleantes como alguien que corre en busca de la vida misma.

Un hombre que hace caridad gana muchas cosas buenas, muchos tesoros superiores, porque le ayuda
a existir al pobre. Pero ni siquiera él puede compararse con aquel que se esfuerza por salvar el alma
de un pecador, porque este último hace que las fuerzas del otro lado (el lado del mal o mala
inclinación) se quiebren y no esclavicen a esta persona. Este tipo de mérito se compara como la
elevación de su alma en el trono de gloria a Dios, Jehová hace que el pecador tenga otra alma.

LOS “CANALES DE LA ABUNDANCIA”

Cada persona tiene conductos espirituales a través de los cuales recibe la abundancia espiritual y
material que le corresponde (En este caso son cuatro: Los Padres, Los Padres Espirituales, La Esposa
Y El Prójimo). Cuando esos canales se obstruyen, no le puede llegar la abundancia que necesita, tanto
en lo espiritual como material. Y esto es lo que le provoca el sufrimiento que hay en el mundo, como
las enfermedades, las grandes dificultades con el sustento del hombre y otras tantas tribulaciones.
Todo esto se debe a la obstrucción de “Los Canales de la Abundancia”.
Sin embargo, el agradecimiento abre los canales espirituales del hombre que se han cerrado. Cuando
cumplimos con el trabajo de agradecimiento, rectificamos el daño espiritual que causo el bloqueo en
nuestros conductos espirituales y abrimos así “Los Canales de la Abundancia” que están obstruidos.
¿Por qué? ¡Porque la razón principal de la obstrucción de los canales es la ingratitud! Cuando el
hombre no reconoce y no es agradecido con los enviados del Creador que llegan para beneficiarlo de
diversas maneras, los cuales son de hecho sus “Canales de la Abundancia” y que a través de ellos le
llegan su vivacidad y vitalidad, provoca que estos se cierren, lo que le trae cantidades de tribulaciones
y dificultades...

El agradecimiento es lo único que puede abrir y destapar los canales espirituales, ya que sirve como
“remedio” a lo que causó el atascamiento.

Efectuando Salvaciones: La regla es que el hombre de extirpar de su ser la cualidad del lloriqueo, que
proviene de la falta de reconocimiento del bien recibido. Y como contrapartida, debe desarrollar en
su corazón la cualidad del agradecimiento que proviene del hecho de reconocer el bien recibido,
¡Porque esta cualidad es la que más endulza los Juicios Severos y trae abundantes salvaciones!

Además de comprender lo poco que agradeció por todos los beneficios que Hashem le brindo a cada
momento, el hombre podrá ver y comprender cómo todas las cosas que le parecieron malas en el
pasado, en verdad fueron grandes bondades.

Cada uno verá: “Aquella vez, cuando sucedió tal cosa, sufrí mucho. Ahora veo que todo fue para mi
propio bien y que debería haber agradecido. Por eso ahora ofreceré una Ofrenda de Gratitud
(Agradeciendo 30 minutos, es lo ideal, pero puedes empezar con 5 minutos y después aumentar poco
a poco tu tiempo de agradecimiento diario a Dios) para rectificar lo que no hice antes. Aquí me sucedió
algo que me hizo llorar, pero en verdad fue una maravillosa bondad, que en ese momento no pude
comprender – y por eso no agradecí. Por lo tanto ofreceré una Ofrenda de Gratitud (Dedicando
30minutos de agradecimiento a Dios por eso que me aflige y no me deja avanzar)”.

Cada vez que la persona ofrezca una Ofrenda de Gratitud, podrá percibir más y más cosas que
sucedieron para su bien y que en su momento no pudo ver ni agradecer. Por cada cosa sentirá una
enorme gratitud y ofrecerá ofrendas de agradecimiento. Y después de ofrecer cada ofrenda, seguirá
percibiendo más y más bondades. También en este caso y en aquél otro fue para mi bien. También en
aquella ocasión Hashem tuvo piedad de mí - ¡Y yo pensé que era algo malo!

Acá les cuento una historia verídica de “La Boda Que Salvó Una Vida”: Uno de los alumnos del Rabino
Shalom Arush se encontraba en una boda, cuando vio sentado a un hombre muy deprimido. Todo el
mundo estaba alegre y él muy triste. Su discípulo se acercó para hablarle, y el hombre le contó su
problema. Había poseído una gran suma de dinero que quiso invertir, pero le había engañado y se
encontraba despojado de todo. Esta situación le había sumergido en una desesperación total, no
confiaba más en los hombres y lo había alejado de Hashem. Había caído en una profunda depresión.

Su alumno se sentó a su lado, se propuso convencerlo y le dijo: “Escúchame bien. Debes creer que
Hashem es bueno y que lo que hace Hashem hace es para tu bien”. Él le habló largamente. Al principio,
el hombre no comprendía nada de lo que le decía. ¿Qué significaba “qué todo estaba bien”? ¿Dónde
estaba el bien en su situación? Había perdido todo su dinero, ¿Esto Es Bueno? Finalmente el alumno
le persuadió para que haga una hora de agradecimiento…
El hombre se fue de allí y agradeció verdaderamente durante una hora. Cuatro horas más tarde,
recibía una llamada telefónica de la Agencia Judía que le daba un departamento de seis cuartos que
valía más que el dinero que había perdido. Además, le gratificaban con una asignación monetaria para
comenzar un negocio que le ayudaría a restablecerse. ¡Solamente cuatro horas más tarde! El hombre
se puso en contacto con el alumno y le dijo: “¡Me salvaste la vida, GRACIAS!”.

(Extractos del CD “Los Canales de la Abundancia” Y el libro “Las Puertas de La Gratitud”).

PALABRAS FINALES

El acto de dar caridad demuestra la unidad de los judíos (la misma analogía es para el lugar donde
vives). Yo doy a un extraño porque él es parte de mí. Gastar en él es como gastar en mí mismo. El
sufrimiento de otro es igualmente mi sufrimiento. Entre su sufrimiento y el mío habré pagado por
cualquier pecado personal y de este modo no necesitaré ningún castigo correctivo futuro. El decreto
negativo contra mí puede ser cancelado. Llevando esta idea más lejos, si el sufrimiento de cada judío
exiliado (o cualquiera que no sea judío, sea religioso o no religioso) es sentido por toda la comunidad,
la cantidad de sufrimiento colectivo aumenta grandemente. Esta cantidad debiera ser suficiente para
colmar cualquier cuota de dolor que Hashem considere necesaria para corregir el pecado por el cual
estamos en el exilio. De allí que dar caridad apresura la salvación.

La caridad dada para los pobres de la tierra de Israel es más valiosa que la caridad para otras causas.
Cuando das caridad para la tierra de Israel quedan incluidos en el aire de la tierra de Israel, el cual es
aliento divino sin mancha de pecado. Los juicios severos, la oscuridad, el olvido y la necedad son
expulsados del mundo. La caridad para la tierra de Israel puede salvarlos de pensamientos extraños
durante la plegaria, para que nuestra mente y pensamientos se puedan aclarar y purificar.

Aquel que ama a los pobres trae paz a la comunidad de Israel e incrementa las bendiciones en el
mundo, trae alegría y fuerza al lugar llamado caridad (tzedaká), de modo que se derramen bendiciones
sobre la comunidad de Israel (y también para las otras comunidades donde realices caridad).

EN LA ACTUALIDAD EL MAYOR ACTO DE BONDAD Y DE CARIDAD ES EL DE DIFUNDIR LA FE

Ya que este simple acto salva muchas vidas alrededor del mundo, tal como las personas atestiguan al
recibir a Jesús como Señor y Salvador de sus vidas.

Voy a dar un ejemplo: En una carta muy emotiva desde México que le llego al sitio web de Israel que
voy a dejar líneas abajo, se trató de un hombre que le detectaron un tumor, Dios nos libre, y ya le
habían dado una fecha de operación. Ese Hombre recibió el CD “Deja de Lloriquear y Veras Milagros”
en español y se fortaleció enormemente con lo que oyó. Entonces decidió comprar 100 CDs para
distribuirlo en su país. Pues bien: Cuando llego el día de la operación, está ya no hizo falta. En la
radiografía que le hicieron antes de llevarlo al quirófano, ¡vieron que el tumor había desaparecido sin
dejar rastros! ¡Bendito sea Dios! Entonces este hombre decidió hacer otro pedido más al sitio web,
pero esta vez de quinientos.

Otro ejemplo: Hubo una mujer que inmigro a Israel desde Toronto. Durante muchos años no
encontraba pareja. Se comprometió a comprar y distribuir CDs de Emuná (Fe) cuando regreso a
Toronto. Exactamente un año después, se casó con su marido, que es alguien muy especial.

Acá te dejo el link sobre la promoción de 100 Joyitas de Emuná (Fe) para distribución.
Nota: Los dos ejemplos de estos milagros fueron extraídos del libro “En el Jardín de los Milagros” del
Rabino Shalom Arush, en el cual se encuentran como 190 historias verídicas de salvaciones
milagrosas. También las obras más conocidas de este rabino son “En el Jardín de La Fe” (esta es como
su BEST SELLER y su versión actualizada es “En el Jardín de la Fe UNIVERSAL”), “En el Jardín de La
Riqueza” y “Las Puertas de La Gratitud”.

¡NINGUNA Forma De Caridad (Tzedaká) Y Actos De Bondad (Jésed) Puede Compararse A


La Caridad (Tzedaká) Y Actos De Bondad (Jésed) Que Uno Hace Al Difundir La FE (Emuná)!

Para aquellas personas que lean este pequeño libro realmente deseo que Dios les regale
muchas bendiciones y riquezas en abundancia en todas las áreas de su vida durante los
próximos días. Que logren avanzar en sus metas y alcancen el éxito en todo lo que se
propongan. Hagan las paces con su pasado, disfruten del presente y déjense sorprender por
su futuro; ya que lo mejor siempre está por venir. Espero que no les falten los buenos
momentos en compañía de las personas que más quieren y las que les quieren a ustedes
también.

Les agradezco de corazón haberse tomado minutos de su tiempo para leerlo y lo puedan
compartir con sus seres queridos y con cualquier persona que vean que le va ser de mucha
utilidad (lo bueno siempre se comparte). No importa si me hacen caso o no, pero el mensaje
final es que si estás tratando de salir de la rutina, tienes que hacer por otras personas algo
que NO “tengas necesidad de hacer” y Dios en aquel momento hará por ti y por tu vida algo
que no tiene necesidad de hacer (MEDIDA POR MEDIDA).

¡Amén!

¡Un Abrazo Y Ten Un Excelente Día!


Martin P. L.
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