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UNIVERSIDAD PRIVADA SAN CARLOS

FACULTAD DE CIENCIAS
ESCUELA PROFESIONAL DE DERECHO

TEMA : VIII PLENO CASATORIO CIVIL

CURSO : DERECHO PROCESAL CIVIL I

DOCENTE : NESTOR HERNAN VELASCO PEÑA

PRESENTADO POR :

 MOLINA LOZA VICTOR


 CALDERON CEREZO BEATRIZ
 MENA TAPIA SHEYLA
 PAREDES ROMERO DIANA
 PAREDES ROMERO ANDREA

SEMESTRE: IV TURNO: NOCHE

2019
INTRODUCCION

Se trata del VIII Pleno Casatorio Civil cuyo objeto de análisis son los actos de
disposición de bienes sociales por un solo cónyuge. La discusión se centra en
determinar cuál es la sanción jurídica aplicable a estos actos de disposición
realizados sin la participación de uno de los cónyuges, a propósito de la
interpretación de lo establecido en el artículo 315 del Código Civil Peruano (1).
Son dos los remedios o sanciones que se han desarrollado tanto
jurisprudencial como doctrinariamente: (i) la nulidad y (ii) la ineficacia (en
sentido estricto).

En el presente escrito, más allá de pretender sentar una posición jurídica


respecto al VIII Pleno Casatorio Civil, queremos ir un paso atrás para poder
aportar a una mejor comprensión de las materias en discusión. Así pues, lo
primero que uno se puede preguntar es (i) en qué consisten dichos actos de
disposición y (ii) en qué se diferencian la nulidad y la ineficacia (en sentido
estricto). En adelante, esbozaremos las posibles respuestas a estas
interrogantes.

En el debate se trataron dos problemas: por un lado, desde una perspectiva


dogmática, si dichos actos de disposición son válidos e ineficaces (ineficacia en
sentido estricto) o si pueden ser considerados como nulos; y, por otro lado,
desde una perspectiva funcional, cuál de los dos remedios propuestos
(ineficacia en sentido estricto o nulidad) es el más conveniente en función de
los intereses de las partes involucradas (vendedor, comprador y sociedad
conyugal).
CASACION N:353-2015 LIMA NORTE

RESUMEN DEL HECHO:

El autor sostiene que la Corte Suprema en una reciente sentencia ha dado


respuesta a la interrogante planteada en el Octavo Pleno Casatorio, que busca
determinar si el contrato de transferencia de un bien social que ha sido
celebrado sólo por uno de los cónyuges, es nulo o ineficaz. Señala que, de
acuerdo al pronunciamiento emitido, el contrato de compraventa celebrado por
uno de los cónyuges sin el asentimiento del otro es perfectamente subsanable,
siempre que se acredite la buena fe del adquirente.

Octavo Pleno Casatorio busca resolver la siguiente pregunta: ¿El contrato de


transferencia de un bien social que ha sido celebrado sólo por uno de los
cónyuges, es nulo o ineficaz? Y como es también conocido por todos,
seguimos a la espera de la sentencia a dicho Pleno.
 
Sin embargo, hace poco la Corte Suprema ha emitido una casación que
responde de manera contundente a dicha interrogante, por lo que el problema
planteado por el Octavo Pleno ya habría quedado resuelto.
 
Se trata de la Casación N° 353-2015-Lima Norte (la “Casación”), que resolvió el
siguiente caso: la sociedad conyugal conformada por Vicentina Inés Félix
Mendoza y Jorge Simón Rosales Jara era propietaria de un predio de 1,000 m2
(el “inmueble”), al haberlo adquirido de su anterior propietaria, la Cooperativa
de Vivienda de los Trabajadores del Consejo Provincial de Lima (la
“Cooperativa”).
 
Sin embargo: (i) en el contrato de adjudicación celebrado con la Cooperativa
sólo figuraba como adquirente el cónyuge[2]; (ii) el Inmueble únicamente lo
poseía el cónyuge; y (iii) en su DNI el cónyuge figuraba como soltero.
Valiéndose de todos estos elementos, que le daban la apariencia de ser el
único propietario, el cónyuge vendió el Inmueble a Víctor David Aguilar
Huamani mediante contrato de transferencia de acciones y derechos (que no
fue otra cosa que una compraventa) de fecha 22 de octubre del 2001 (en
adelante la “compraventa”). El comprador cumplió con pagar el precio e
inmediatamente tomó posesión del Inmueble.
 
Luego de más de 9 años de celebrada la compraventa apareció la cónyuge
(que no había participado en la celebración de dicho contrato) solicitando su
nulidad.
 
Tanto en primera como en segunda instancia se amparó la demanda,
declarándose nula la compraventa, con la única diferencia que mientras para el
Juez el contrato era nulo por vulnerar el orden público, para la Sala Superior el
contrato adolecía de un fin ilícito.
 
La Corte Suprema, finalmente, amparó el recurso de casación planteado por el
comprador y declaró infundada la demanda de nulidad. El argumento fue muy
simple: dicho comprador había actuado de buena fe, es decir, confiando en que
quien le vendía era el único propietario del bien, por lo cual su adquisición
debía ser protegida.
 
Expresamente la Corte Suprema sostuvo que: “Se presume bajo el principio de
la buena fe, que el transferente era el único con derecho a dicho predio,
aunado al hecho que en la constancia de posesión presentado en el proceso,
aparece únicamente el nombre del vendedor, lo que contribuye a la confianza
del impugnante [comprador], que su transferente era soltero y por tanto el bien
enajenado era un bien propio”
 
¿Qué nos está diciendo la Corte Suprema con esto? Que el contrato de
compraventa celebrado por uno de los cónyuges sin el asentimiento del otro es
perfectamente subsanable, siempre que se acredite la buena fe del adquirente.
 
¿Y qué tiene que ver esto con lo que se discute en el Octavo Pleno?   Si el
contrato fuese nulo – que es precisamente una de las tesis en debate - no
habría forma de corregirlo, por más buena fe que tuviera una de las partes del
contrato. Un contrato nulo es, por definición, insubsanable: para él no funcionan
ni la confirmación (que aplica para contratos anulables) ni la ratificación (que
aplica para contratos ineficaces), y por ende al margen de la buena fe con que
hubiese actuado una de las partes de dicho contrato, el vicio de nulidad no
desaparece.
 
Imaginemos que alguien se “adjudica”, mediante documentos falsificados, una
parte de la playa y me la vende. Yo, actuando de buena fe, creo que él es el
propietario y firmo una compraventa. Este contrato recae sobre un objeto
jurídicamente imposible y como tal es nulo, y seguirá siendo nulo por más
buena fe que yo pueda probar. Mi buena fe no cura el vicio de nulidad, pues
ésta tutela intereses generales (se protege a la sociedad en su conjunto) que
van más allá del estado subjetivo con que actúan las partes del contrato.
 
Incluso si quien me vendió la playa la hubiese tenido inscrita a su nombre y
luego yo también la registro a mi favor, ello tampoco curaría el vicio de nulidad,
porque como bien lo establece el artículo 2013° CC, ni siquiera la inscripción
registral permite convalidar los contratos nulos.
 
Entonces, si la Corte Suprema convalidó la Compraventa fue porque la
consideraba subsanable, y si la consideraba así es porque, desde su punto de
vista, el vicio que la aquejaba no era la nulidad. ¿Cuál era el vicio entonces? La
única posibilidad que queda es la ineficacia. A través de esta Casación,
entonces, la Corte ha resuelto la interrogante del Octavo Pleno: el contrato de
transferencia de un bien social realizado por uno solo de los cónyuges es
ineficaz (no nulo), y como tal es factible que quede saneado (corregido,
subsanado, convalidado) si es que se cumplen determinados requisitos.
 
Un tema distinto es si para entender “subsanado” dicho vicio de ineficacia basta
con una buena fe sustentada en elementos extra registrales. Por ejemplo, en el
caso analizado, la buena fe del comprador se construyó sobre tres elementos:
su vendedor figuraba en el DNI como soltero, en el contrato sólo él figuraba
como adquirente y además sólo él ejercía la posesión. Sin embargo, otros
podrían considerar que la buena fe, para servir como un mecanismo de
saneamiento de esta clase de contratos, debe verse sustentada en información
registral. Es decir, sólo si la buena fe se sustenta en una partida según la cual
quien me vende es el propietario, es posible que el contrato quede “curado” en
caso dicha información haya resultado errónea.
 
Pero este es un tema adicional sobre el cual es posible abrir otro debate:
¿sobre qué elementos debe construirse la buena fe? ¿Cabe una buena fe que,
sin estar sustentada en la información registral, permita corregir los vicios de
titularidad del transferente? Estas preguntas las abordaré en un próximo
artículo.
 
Por ahora, lo que importa es que ya tenemos una solución al Octavo Pleno,
aun cuando haya pasado desapercibido para la mayoría.
 
 La sentencia casatoria que es materia del presente comentario fue
publicada en el Diario Oficial El Peruano el 31 de enero del 2018.
 Dado que al momento de la celebración de dicho contrato el cónyuge ya
se encontraba casado, el bien le pertenecía realmente a la sociedad
conyugal.
CONCLUSIONES

 Acorde al temario del VIII Pleno Casatorio Civil,


concluimos que la ineficacia en sentido estricto sería el manto jurídico
protector del consorte lesionado no interviniente en el negocio jurídico de
disposición de bienes sociales y, por ende, la consecuencia jurídica
idónea al artículo 315° del Código Civil, cuya falencia ha originado que
nuestros jueces resuelvan en sus sentencias de manera tan diversa y
contradictoria
 confunde invalidez con ineficacia. Empero, en función a lo trabajado en
esta investigación, debemos diferenciar a invalidez como el estado
jurídico en que no hay acto jurídico. En cambio, en la ineficacia sí existe
acto jurídico, empero, no produce los deseos aspirados. A partir de ello,
es posible la comprensión del desarrollo garantista del interés familiar
sobre el que se basa este trabajo.
 La ineficacia sirve como garantía y protección de la integridad
patrimonial de la sociedad de gananciales que es el sustrato económico
de la institución familia al permitirle a la familia mantener intacto su
patrimonio frente a situaciones irregulares por las que pueda atravesar
frente a actos de disposición realizadas por un de los integrantes de la
sociedad familiar.
 Los jueces de las Salas Civiles Supremas, en su preocupación de
unificar criterios de solución jurídica han realizado sesiones con juristas
expertos en la materia en donde se han expuesto las dos principales
teorías que resuelven a su entender el conflicto con el fin de contribuir a
aclarar las dudas que los Supremos tengan con respecto a la aplicación
del artículo 315° y cuya decisión será emitida en el VIII Pleno Casatorio.
 Las tesis que han sido materia de discusión ante el pleno son la nulidad
y la ineficacia, las cuales tienen naturaleza y consecuencias jurídicas
totalmente distintas al encontrase en planos diferentes del negocio
jurídico. Cabe destacar que la nulidad se produce de la invalidez de un
negocio jurídico, mientras que la ineficacia se origina producto de la una
patología sobrevenida a un negocio valido.
 La falta de legitimad en la representación que realiza uno de los
cónyuges configura un supuesto de ineficacia por ser una patología
jurídica extrínseca a la estructura de un negocio válido. Al haber
ilegitimidad de representación, el negocio celebrado por uno de los
consortes deviene en ineficaz y es inoponible al cónyuge no participante.
 Es menester, de igual forma, hacer alusión al interés familiar
 Pilar fundamental de este trabajo- el cual se sobrepone al interés
individual de sus integrantes y a las relaciones con terceros que la
sociedad pueda tener, puesto que, tiene el firme propósito de
salvaguardar el núcleo esencial de la sociedad, protegiendo a la familia
en todo momento para que pueda realizar sus fines en su integridad
contando con un respaldo económico que garantice su pleno
sostenimiento.
 Finalizar que, si bien el concepto de interés familiar es uno sobre el que
hay un desconocimiento acerca de su significado y los efectos jurídicos
proteccionistas que este despliega; éste interés, a nuestro juicio, es real
y se manifiesta a través de las normas que se dan en beneficio de la
familia .
 Bajo la óptica defensora de la familia, si bien se podría alegar que la
nulidad es el remedio jurídico indicado que se debe aplicar cuando se
realiza la disposición de un bien social sin la participación del otro
consorte, siendo, su consecuencia jurídica, que el bien continúe siendo
social para el beneficio de la familia, consideramos que la ineficacia
permite que el otro cónyuge tenga la posibilidad de corregir el acto,
dejándolo a este último en mejores condiciones de decidir si desea
realizar la disposición o no, evitando que caiga en un desamparo
jurídico, garantizado la igualdad de condiciones de los cónyuges en los
actos de disposición social. Cabe resaltar que la familia está integrada
no solo por el transferente, el cónyuge afectado, sino también por los
hijos que crecen dentro de ella, siendo todos estos miembros aquellos
que el ordenamiento jurídico también debe proteger; lo que a nuestro
entender y en concordancia con lo explicado en el cuerpo del texto, se
lograría con la aplicaría del remedio jurídico de la ineficacia.
 Conviene finalizar que, si bien el concepto de interés familiar es uno
sobre el que hay un desconocimiento acerca de su significado y los
efectos jurídicos proteccionistas que este despliega; éste interés, a
nuestro juicio, es real y se manifiesta a través de las normas que se dan
en beneficio de la familia y, es precisamente bajo el amparo de este
interés que, la ineficacia es el mejor remedio jurídico que tutela los
interés de la familia en su plenitud, garantizando su sustentabilidad y
fortaleciéndola como unidad más esencial que protege el Derecho en su
esencia, garantizando así la vida en comunidad.

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