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Volumen 2, número 2, enero-junio de 2019

ISSN: 2538-9629 (obra impresa) / ISSN: 2500-7327 (obra en línea)

El destino de la imaginación
utópica: ¿qué significa sostener
que la utopía es imposible?

Juan Manuel Díaz Leguizamón


Antropólogo
{Resumen} Pontificia Universidad Javeriana
El artículo explora algunos procesos de inspirar proyectos liberadores en el sentido y Universidad El Bosque
transformación del concepto de utopía tan- de «utopismos» de diversa índole (en la figura Colombia
to a nivel teórico como estético. Rastrea su de pensadores críticos que, al echar mano
presencia en discursos de tipo explicati- del concepto por su potencial de superar o CORRESPONDENCIA AL AUTOR
polixetes@hotmail.com
vo-propositivo (en la filosofía, las ciencias, esquivar las implicaciones negativas de mo-
las ciencias sociales, la historia y la política) delos de pensamiento constrictivos, proponen INFORMACIÓN DEL ARTÍCULO
y en elaboraciones plástico-narrativas (como experiencias de resistencia o rebeldía). La Recibido: 05.11.2018.
Aceptado: 04.12.2018.
la literatura, la poesía, la pintura y el cine) investigación también muestra cómo sue-
para visibilizar una diversidad de usos que se len derivarse efectos reales de operaciones • Para citar este artículo • To cite
recogen bajo las categorías de utopía como: a) estéticas, con lo cual dicho ámbito aparece this article • Para citar este artigo
modelo imaginario, b) función, c) escuela de como una esfera tanto de conocimiento como Díaz, J. (2019). El destino de
la imaginación utópica: ¿qué
pensamiento, y d) ideología. El examen revela de acción, exhibiendo así una muy seria di- significa sostener que la utopía es
el enorme poder productivo del concepto y mensión política. imposible? , 2(2), 41-69.
ciertos fines para los que históricamente ha
Este es un artículo de acceso abierto
sido y podría seguir siendo usado: justifi- Palabras clave: utopía, teorías del arte, distribuido bajo los términos de la
car formas de opresión (estableciendo una estética y política del arte, imaginación e licencia de Creative Commons 4.0
perturbadora identidad entre el concepto de ideología, posanarquismo y posestructura- (https://creativecommons.org/licenses/
by-nc-nd/4.0/), la cual permite su uso,
utopía y su supuesto contrario, la distopía) o lismo, Hakim Bey. distribución y reproducción de forma
libre siempre y cuando el o los autores
reciban el respectivo crédito.

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The Fate of Utopic Imagination: O destino da imaginação utópica:
The Consequences of Asserting o que significa defender que
that Utopia is Unattainable a utopia é impossível?

{Abstract} {Resumo}
This article examines the process of transformation Este artigo explora alguns processos de transformação
of the concept of utopia at both the theoretical and do conceito de utopia tanto teórica quanto estetica-
esthetic levels. It traces its presence in explanatory and mente. Investiga sua presença em discursos de tipo
propositional-type discourse (in philosophy, sciences, explicativo-propositivo (na filosofia, nas ciências, nas
social sciences, history, and politics) and in narrative ciências sociais, na história e na política) e em elabo-
and fine arts elaborations (such as literature, poetry, rações plástico-narrativas (como a literatura, a poesia,
painting and film) to reveal the many ways that it is a pintura e o cinema) para visibilizar uma diversi-
used in the different categories of utopia, such as: a) dade de usos que se encontram sob as categorias de
imaginary model; b) function; c) school of thought; and utopia: a) modelo imaginário, b) função, c) escola de
d) ideology. This examination reveals the enormous pensamento, e d) ideologia. A análise revela o enorme
productive power of the concept and the different ends poder produtivo do conceito e certos fins para os quais
for which it has historically been and will continue to historicamente foi e poderia continuar sendo usado:
be used: to justify forms of oppression (establishing a justificar formas de opressão (estabelecendo uma per-
disturbing identity between the concept of utopia and turbadora identidade entre o conceito de utopia e seu
its alleged opposite, dystopia) or to inspire liberating suposto contrário, a distopia) ou inspirar projetos libe-
schemes in the sense of different types of “utopia- radores no sentido de “utopismos” de diversa índole
nisms” (such as critical thinkers who, taking advantage (na figura de pensadores críticos que, ao lançar mão
of the potential of the concept to overcome or avoid the do conceito por seu potencial de superar ou evitar
negative implications of restrictive thinking models, as implicações negativas de modelos de pensamento
propose experiences of resistance or rebellion). This constritivos, propõem experiências de resistência ou
research will also demonstrate how esthetic operations rebeldia). Esta pesquisa também mostra como costu-
can tend to have real effects, with which this field can mam ser derivados efeitos reais de operações estéticas,
appear as a sphere of both knowledge and action, thus com o que esse âmbito aparece como uma esfera tanto
demonstrating a very significant political dimension. de conhecimento quanto de ação, exibindo, assim, uma
muito séria dimensão política.

Keywords: utopia, art theories, aesthetics and the Palavras-chave: utopia, teorias da arte, estética e po-
politics of art, imagination and ideology, post-anar- lítica da arte, imaginação e ideologia, pós-anarquismo
chism and post-structuralism, Hakim Bey e pós-estruturalismo, Hakim Bey.

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El destino de la imaginación utópica

Es raro que el espectáculo de la realidad desengañe a los misioneros de la


utopía. De ordinario, lo que los vuelve a casa es […] la fatiga de andar. Y los
que persisten, sucumben a la herida de las palabras más […] que al peso de
las cosas. Aquellos que creen en la resistencia de lo real y se asombran […] de
que los hombres vivan y mueran por palabras, tienen poco que enseñarnos […]
sobre el amargo sabor del viaje. Su ciencia propia es la de hacer compartir el
punto de utopía llamándolo realidad, sociedad o con otro nombre […] más
cómodo que Icaria. Tratan así de preservar los medios de la paz, que son […]
preciosos, pero que no les asigna título alguno en los caminos de la verdad.
—Jacques Rancière

La utopía en contexto

L a palabra «utopía», desde que fue acuñada por Thomas More


en el siglo XVI, ha sufrido múltiples transformaciones de tipo
formal. La complejidad y riqueza semánticas alcanzadas por este
vocablo se verifican en el hecho de que propició el surgimiento de
un estilo narrativo con etiqueta propia, primero literario y luego
cinematográfico: la «ficción utópica». Y al examinar el corpus
de algunas de las obras que se han convertido en referentes del
género es posible hallar que han propiciado un repertorio concep-
tual con modulaciones variadas, siendo las más frecuentes las de
«distopía», «antiutopía», «eutopía», «cacotopía», «microutopía»
y «heterotopía».

Junto a las variaciones en su aspecto externo, se pueden encontrar


también numerosas variaciones internas dentro de los límites del
concepto «utopía». Aun conservando la misma forma lingüísti-
ca original de la palabra, dejándola intacta, se llega a connotar
con ella cuestiones de índole muy diversa. Esto en ocasiones ha
llevado a equívocos inocentes, pero otras veces ha sido conscien-
temente aprovechado por parte de los detractores del término.

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Por eso se hace necesario ahondar de forma sus sentidos, sentidos que amenazarían la
crítica en los diversos usos a los cuales ha legitimidad de sus posturas monolíticas y au-
sido sometida. toritarias, al revelar cómo en el fundamento
mismo de la dominación se encuentran ele-
Dentro de las variantes semánticas de la pa- mentos para legitimar proyectos muy disími-
labra es posible aislar un grupo de significa- les, casi opuestos a ellos, de tipo liberador y
dos dominantes que nos permite postular al emancipatorio.
menos cuatro categorías: a) la utopía como
modelo imaginario; b) la utopía como función; La segunda hipótesis es que, frente al olvido
c) la utopía como escuela de pensamiento; y, esencial y deliberado de la raíz polisémica de
d) la utopía como ideología. Este ensayo bus- la utopía, se ha venido gestando un esfuerzo
cará presentar su contenido, alrededor de dos por recuperarla, pero de manera indirecta,
hipótesis principales. desde voces marginales de los discursos
académicos oficiales, operando en el pen-
La primera de ellas, que servirá de punto de samiento de autores contemporáneos poco
partida, es que si bien estos grupos de signi- difundidos y de difícil legitimación. Esta con-
ficados han tenido desarrollos aparentemente dición de outsiders responde precisamente
separados, en realidad son más interdepen- a lo delicado de sus planteamientos, dado
dientes de lo que podría pensarse a simple que beben del poder de la noción de uto-
vista, pues con frecuencia se entrecruzan y a pía en sus aspectos más rebeldes. Un caso
menudo aparecen conteniéndose uno dentro notable, y que será objeto de examen, es el
de otro. Indagaré si es pensable que variacio- atípico pensador norteamericano que escribe
nes diferenciales en la manera de concebir la bajo el seudónimo de Hakim Bey. Su enfo-
noción de utopía podrían alimentar y funda- que, denominado por él como «anarquismo
mentar estratégicamente proyectos sociopo- ontológico», está fuertemente inscrito en la
líticos alternativos opresores y excluyentes, tradición de pensamiento utopista, la cual
que se caracterizan por autopromocionarse consigue redefinir y revestir de elementos
como infalibles. Asimismo, revisaré cómo es- nuevos, que merecen nuestra atención y que
tos últimos suelen operar utilizando el poder han sido reconocidos como representativos de
de la utopía, pero olvidando arbitrariamente una línea de «postanarquismo».
que comparten una raíz común con otros de

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El destino de la imaginación utópica

Buscando nuevas posibilidades para la uto- pertenecer a otro orden ajeno al natural. Si
pía, embarquémonos en el seguimiento de bien esto tiene el efecto de sugerir que la
esos entrecruzamientos, de esos crossroads realización de dichas proyecciones parezca
que se esconden al interior de la polisemia desde un comienzo sujeta a una lejanía in-
del concepto que nos ocupa. Examinemos salvable, es decir, a considerar las utopías
lo que esconden tales imaginaciones y re- como esencialmente imposibles,1 el intenso
conozcamos sus implicaciones más allá del deseo de perfección que profesan los autores
estrecho límite de su naturaleza ficticia. utopistas, el grado de detalle que emplean y lo
ingenioso de sus representaciones, ha llevado
a que no pocas veces se hayan tomado muy
La utopía como en serio las implicaciones de las imagina-
dispositivo de dominación ciones utópicas desde dos perspectivas muy
realistas: una ética y otra política.
Producto de una mirada que instaura una dis-
tancia crítica sobre las condiciones actuales La perfección anhelada por las utopías no
de una sociedad, pero siempre respondiendo parece tan adecuada para funcionar en con-
a su contexto específico, en mayor o menor sonancia con los principios propios de una
medida, toda utopía se erige como un modelo perspectiva ética. Si partimos de que el va-
imaginario. Aparece como la construcción lor de la acción moral se basa en la auto-
fantástica o proyectiva de grupos humanos nomía, esto es, en el ejercicio responsable
organizados, llevada a cabo de manera tal que de la libertad individual, apelar a criterios
estos se acerquen a un ideal de perfección. externos y absolutos que dictaminen de modo

Por medio de un artificio retórico, las na-


1 Esto aplica por igual si se entienden estas utopías
rrativas utópicas insisten en ubicar sus so- bajo la distinción que advierte Beatriz Pastor en El
ciedades imaginarias en unas coordenadas jardín y el peregrino (1996), como modelos ideales
espacio-temporales que parecen transgredir a seguir o a evitar (ejemplificado en las reflexiones
de Platón o de los renacentistas), o como función na-
el marco de lo pensable: en un pasado tan re- rrativa de neutralización y resolución simbólica de
moto que la memoria no alcanza a concebirlo, las contradicciones de una realidad que se presen-
ta compleja, cruda e inmanejable (ejemplificado por
en un futuro tan lejano que se hace inasible,
la imaginación de los testimonios de los navegantes,
o en lugares tan distantes que parecerían conquistadores y colonizadores de América).

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infalible lo que debe ser una «vida buena» individuos considerados aisladamente. Y es
(como suelen hacer las utopías), llevaría al que otro recurso retórico recurrente de las
reino de la heteronomía, a una asfixia de la utopías es la apelación a grandes lapsos de
libertad individual. Pocas escuelas éticas, tiempo, incluso a una cuasi intemporalidad.
especialmente las cercanas a las tradiciones A esto volveremos.
liberal y demócrata, aceptarían la imposición
autoritaria de órdenes sociales definitivos so- Las representaciones utópicas suelen ajus-
bre los individuos. Insistirían más bien en tarse a algunos criterios esenciales de la di-
la necesidad de una adhesión voluntaria a mensión política. Sus narrativas por lo común
cualquier sistema de construcción colectiva, describen el estado de una sociedad luego de
donde deba reinar una protección de la dife- estar ya resueltos los típicos problemas de
rencia y el pluralismo. Además, para dichas índole práctica de toda comunidad humana.
escuelas tales estructuras colectivas tendrían Estas versiones de perfección podrían con-
el carácter de «proceso en construcción», ducir a la pregunta de cómo se habrá con-
nunca de estados inmejorables y, por tanto, seguido dicho orden, pero en ellas no se ve
detenidos en el tiempo.2 interés ni empeño por las genealogías ni por
dar explicaciones verosímiles sobre sus orí-
Por varias razones, y en abierto desafío a su genes o la historia de su implementación. De
aparente imposibilidad, las utopías parecen ahí que la única alternativa a las soluciones
ajustarse más a la perspectiva política. En sobrenaturales e inverosímiles que a veces
cuanto a la temporalidad, de nuevo la que está se presentan tendría que residir en la asun-
en juego en la ética no parece tan adecuada, ción en un momento dado de una realpolitik
pues apunta a una transformación del ser in- o una política pragmática impositiva (perse-
dividual en vida, en un aquí y ahora lo más guir un «bien mayor» al precio de aceptar
próximo posible; esto contrasta con el tiempo «males menores») que haya permitido im-
de la política, que suele embarcarse en tem- plantar esos diseños sociales, consciente o
poralidades más extensas, de largo plazo, en inconscientemente.
proyectos llamados a exceder la vida de los
En este escenario sucede algo sorprendente:
se desdibuja la clásica línea de división en-
2 Así lo propone un teórico de la democracia como
Norbert Lechner (1986). tre la «utopía» y la que desde tiempo atrás

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ha ocupado el lugar de su contraria: la «dis- dentro de nuestra tradición histórica legalis-


topía»; esta entendida como un antimodelo ta. Cuando la utopía asume esta exigencia la
perfecto, la realización negativa de todos los despacha rápidamente, procurando la máxima
males en su aspecto más acabado (por ejem- economía en ese sentido. Podríamos decir
plo, la vigilancia, la opresión, el control y la que se ajusta a la fórmula «pocas reglas y
eugenesia). Y es que así quedan anulados muy claras». Más allá de un espíritu de tipo
los criterios por los cuales la primera puede legislador casuístico, en las utopías parece
ser la encarnación de un modelo positivo y prevalecer uno del tipo ideólogo y del tipo
la segunda de uno negativo. En ambas dejan administrador-gestor. Se trata de un perfil
de ser relevantes los medios, desplazados por para el cual resulta más valioso imaginar —a
la preeminencia de fines «últimos» y «abso- la vez que promocionar— estructuras que
lutos», decididos de manera autoritaria por emanan de una idea general de un deber ser
minorías supuestamente ilustradas o líderes de la comunidad humana, y que comúnmente
carismáticos que creen encarnar el espíritu cristalizan en forma de ciudades organizadas
popular. Fines «últimos» y «absolutos» como de un modo central y definitivo, y restringi-
el aumento de la productividad, el manteni- das a unas pocas actividades que le dan su
miento del orden, la satisfacción de las nece- identidad.4
sidades básicas, la seguridad y la perduración
en el tiempo de una cultura, una nación o un No obstante, dentro de este deseo de control
Estado, o la propagación de algún mensaje organizativo apoyado en una visión ideológi-
salvífico.3 ca, estas propuestas utópicas buscan gene-
rar, desde el principio y a priori, tentáculos
Pero, aunque la utopía esté muy próxima a de tan largo alcance, que terminan llegando
la política, su interés no se concentra tanto de forma capilar a lo más íntimo de los ha-
en postular leyes, exigencia típica de todo bitantes de dichos centros poblacionales: a
orden colectivo en las sociedades complejas su complejo psicosomático, a sus formas de

4 Ejemplo de ello es la utopía materializada —curiosa


3 Así lo denuncia Zuleta en Elogio de la dificultad excepción— de las salinas de Arc-et-Senans, idea-
(2005), al hacer referencia al talante idealizador de da por el arquitecto Claude-Nicolas Ledoux hacia
aquellos proyectos utópicos en los que la imagina- 1775. Manguel (2002) hace una bella presentación
ción se ha pervertido. de este proyecto.

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vida, a sus relaciones interpersonales y hasta (Bezada, 2008). Y esto justifica aún más lo
a la constitución misma de su subjetividad. ya señalado acerca de la disolución de los
Muestra de ello es el espíritu descriptivo de criterios que distinguen a unas de otras.
las utopías, que provee al lector de minucias
a veces cercanas a la manía y la obsesión, Sea como sea, las utopías se construyen en un
pues dictamina cartografías del espacio y del espacio entre la realidad y la ficción, en un te-
tiempo común basadas en consensos forzo- rreno que mezcla las condiciones efectivas de
sos que cargan a los individuos con el peso lo empírico con lo propio de las esperanzas y
tremendamente fuerte de la colectividad y de los deseos, de los temores y de los miedos:
del hecho social. Podría decirse que estas
posturas se interesan en las minucias solo una utopía es una representación fan-
con el fin de que no escape nada a su mirada tasiosa de una sociedad, que contiene
de ambición panóptica. Buscan captar la sin- unas propuestas de solución a una
gularidad exclusivamente bajo la motivación serie de problemas sociales aún no
de que no aparezcan nuevas singularidades resuelta. Puede tratarse de unas imá-
que desorganicen y cuestionen su esquema. genes deseables tanto como indesea-
bles. En una utopía también pueden
De ahí que se haya criticado a las utopías confluir simultáneamente deseos y
(con justicia) por derivar una consecuencia pesadillas. Por lo tanto, las utopías de
inquietante: en ellas la importancia del in- generaciones pasadas pueden servir a
dividuo queda casi aplastada, las personali- sus descendientes como un indicador
dades casi borradas, a la manera de formas fiel, acertado, de las angustias y espe-
punteadas que se pierden sobre el fondo de ranzas, de los anhelos y las pesadillas
una sociedad pintada con colores brillantes. de sus grupos ancestrales, como las
Este resultado surge tanto de las distopías, clases sociales, los grupos etáreos o
que buscan precisamente generar tal efecto de género, e inclusive de naciones
como parte de su crítica a lo que consideran enteras. (Elias, 1998, pp. 16-17)
la marcha indeseable de la sociedad, como de
las utopías más «bienintencionadas», en las En este punto se hace necesario entonces
cuales se puede adivinar un devenir que ter- fijarnos en el imaginario sobre el cuál se
mina próximo a la pesadilla del totalitarismo ha construido este discurso utópico. No es

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gratuito que para la sociedad europea occi- que pretendieron dar con el paradero de la
dental la imagen más recurrente desde la cual isla, incluso hasta nuestros días (figura 1).
se ha explorado el concepto de utopía haya Pero más allá de ello, nos interesa como figura
sido la isla. Se trata de una figura aparecida imaginaria, la cual seguirá siendo un elemen-
ya en la antigüedad, bajo el tema de la ín- to central mucho tiempo después, como en
sula perdida de la Atlántida y de la figura las llamadas «utopías del Renacimiento» de
de una antigua Atenas también perdida en los siglos XVI y XVII, con los casos más fa-
los tiempos, según lo tratado por el filósofo mosos de Thomas More y su Utopía, Tomaso
Platón en el Timeo y más concretamente en Campanella y su Ciudad del Sol, y Francis
el Critias. Esta temática estimuló inacabadas Bacon y su Nueva Atlántida (figura 2).
especulaciones y empresas pseudocientíficas

Figura 1. Athanasius Kircher

Nota. Athanasius Kircher. (1678). Mundus subterraneus, vol. 1. Amsterdam. Imagen de dominio público.

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Figura 2. La isla de Utopía

Nota. Grabado de Ambrosius Holbein para


la edición de 1518 del libro de Thomas More.
Imagen de dominio público.

Según el filósofo alemán Peter Sloterdijk consiguiente instauración de un mercado


(2007), el género literario que se desprende mundial.
de la figura de utopía está íntimamente ligado
a un proyecto europeo de apropiación de lo La utopía fue la forma mental, literaria y re-
lejano, en consonancia con la consolidación tórica de un cierto colonialismo occidental
de una globalización morfológica, la cual se imaginario: nos ha servido tanto para pro-
hace posible gracias a la reciente circunna- yectar la realidad exterior de nuestra so-
vegación alrededor del globo terráqueo y su ciedad sobre nuestro imaginario como para

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exteriorizar nuestros sueños interiores sobre la colonización del «Nuevo» Mundo por los
lugares alejados. En este sentido constituye británicos. Según él, en ese momento se gestó
un elemento esencial de nuestra «toma de un proyecto que tuvo como fundamento una
mundo» (Sloterdijk, 2000).5 visión alquímica del mundo, anterior y, por
tanto, ajena a la dicotomía moderna simplista
La erección de las utopías como ideales o que desliga tajantemente clasicismo del ro-
modelos por alcanzar, lugares lejanos en el manticismo. Esta se condensa en una suerte
tiempo o en el espacio que superan los logros de «imperialismo mágico», que nos acerca
actuales de la civilización, inspiró e impulsó mucho a la noción de Sloterdijk ya menciona-
búsquedas delirantes de realidades situadas da de «colonialismo imaginario». Como parte
en un «más allá» que, con el «descubrimien- de ese proyecto se habrían adelantado esfuer-
to» del «Nuevo» Mundo, se hizo de repente zos desde la corte de Isabel I para «avanzar
más cercano e inmanente. Se trató de un ver- las causas de la exploración, la colonización
dadero dispositivo que consiguió disparar un y la cartografía» (Bey, 1999, p. 2). La famosa
nuevo tipo de psicología en pueblos e indivi- obra de Shakespeare La tempestad aparece,
duos, caracterizado por Sloterdijk como una en el contexto de ese proyecto, como parte
fuerza operativa; un «influjo desinhibitorio» de un movimiento propagandístico, el cual
que permitió una alta disposición al riesgo; recoge la visión que del «Nuevo» Mundo te-
un agenciamiento auto-persuasivo que pro- nían los colonizadores europeos:
vocó delirios de grandeza, entre otros meca-
nismos psíquicos temerarios y transgresores Asociado con la materia prima o hyle,
(Sloterdijk, 2007). el «estado de naturaleza», la inocen-
cia y la potencialidad («Virginia»), un
Refiriéndose justamente al periodo que co- caos embrionario que el adepto trans-
sechó las consecuencias de ese encuentro de mutaría en «oro» (…), en perfección
mundos (los siglos XVI y XVII), Bey (1999) espiritual al igual que en abundancia
hace una aproximación a una faceta más ocul- material (…) una fascinación efectiva
ta y menos abordada de esa misma época: por el rudimento, una furtiva simpa-
tía por él, un sentimiento de añoran-
za por su forma informe que toma
5 Entrevista con Fabrice Zimmer publicada en Maga-
zine Littéraire en mayo de 2000. como foco el símbolo del «Indio»: el

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«Hombre» en estado natural, inco- los mayores miedos y peligros. Se vio presa
rrupto por el «gobierno». Calibán, el de una elaboración que inconscientemente
salvaje (…) alojado como un virus en iba más allá de la lógica binaria del tercio
la misma maquinaria del imperialis- excluido, y que requerirá por ello de los po-
mo ocultista; los animales/humanos deres del arte y de la imaginación para lo-
del bosque (…) investidos desde un grar compaginar en una identidad unitaria
principio con el poder mágico de lo y sincrónica elementos que una mentalidad
marginal, lo excluido y lo desterrado. diacrónica perciben como excluyentemente
Por un lado Calibán es feo, y la na- disímiles.6
turaleza una «inmensidad aullante»;
por otro, Calibán es noble y soberano, Resulta diciente que al revisar la historia
y la naturaleza un Edén. Este desdo- misma del «Viejo» Mundo encontramos que
blamiento en la conciencia europea desde el momento mismo en que los primeros
precede a la dicotomía romanticismo/ viajeros pisaron suelo americano, sufrieron
clasicismo; se encuentra enraizado ya los embates y las amenazas de este nuevo
en la Alta Magia del Renacimiento. actor, que ponía en duda su identidad, su
El descubrimiento de América (El tradición y la autoridad de sus creencias e
Dorado, la Fuente de la Juventud) lo instituciones. Con el fin de someter esa rea-
cristalizó; y precipitó sus esquemas lidad que se negaba a ajustarse a los esque-
efectivos para la colonización (Bey, mas familiares a la imaginación y la cultura
1999, p. 11). europea, y para poder aprovechar la dispo-
nibilidad de su condición de «naturaleza en
Siguiendo la anterior línea argumentativa des- estado bruto» y transformarla en milagro de
cubrimos que existe un elemento compartido la civilización, primero tuvo que darse una
entre la colonización británica del Caribe y efectiva transmutación que hiciera accesible
de América del Norte, y la Conquista y pos-
terior colonización española del Caribe y de
6 Esta función de la utopía se acerca a la visión de
Centro y Sur América: el continente recién Terry Eagleton (1990) sobre el poder de la estética
llegado al teatro del mundo se vio, tanto como para resolver de modo imaginario las contradiccio-
nes sociales insolubles en la práctica. La visión de
un lugar de ensueño, maravillas, riquezas y
la utopía como ideología que desarrollaré más ade-
promesas, así como un lugar donde afloraban lante en parte coincide con esto y en parte no.

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esa nueva realidad, que la tornara asible y hazañas del expansionismo europeo: una
dominable. conquista y colonización casi «diabólica»
del «cielo», consiguiendo lo imposible: que
Bien conocidos son los episodios en los que la utopía se hiciera real por primera vez,7
los primeros navegantes como Colón y Vespu- trayendo de los cabellos la utopía, de un más
cio iniciaron una tal colonización simbólica a allá, para hacerla aterrizar en un más acá que
través de la idealización utópica o distópica se ofreciera mejor para su apropiación.
de los territorios que aparecían ante ellos,
así como de sus culturas y habitantes. Poste- Tal materialización de la utopía coincide con
riormente conquistadores como Cortés, harán lo que Sloterdijk (2007) llama «traslado de
también uso de discursos utópicos-distópicos, la trascendencia a la horizontal». Se trata de
acudiendo especialmente al Think-Tank re- un giro que será responsable de que la utopía
presentado por el cristianismo (de manera se eleve también a
notable los jesuitas), y a la evangelización
como su punta de lanza, para poder resolver escuela de pensar, (…) modo de es-
las contradicciones entre aquello que tenían cribir y (…) molde de plasmas de de-
ante ellos de hecho y lo que sus deseos les seo y religiones inmanentizadas. El
dictaban que debía ser. Aparece aquí la uto- género literario utopía (…) organiza
pía como función. una cultura del deseo, dedicada a la
explicación progresiva, y más tarde
La prueba de cómo el dispositivo utópico una política correspondiente, en la
convirtió una realidad volátil y compleja en que pueden construirse mundos alter-
una reducción o simplificación instrumenta- nativos sin contexto; según el gusto,
lizada se puede ver en la figura del Paraíso. en cada caso, de los descontentos te-
Tenido muchas veces como lugar trascendente rrenamente, pero siempre apoyándose
o no-lugar (como es el caso de Agustín y su en el hecho primordial de la Edad
distinción entre la ciudad terrena y la ciudad
de Dios), el Paraíso, al ser repentinamente
ubicado en América, pasó a ser palpable y 7 Si se toma la «utopía» como significando «no-lu-
gar», el establecerla en un lugar concreto, contra-
real, adquiriendo estatuto de lugar: el paraíso
vendría su propia definición. Sería un procedimiento
terrenal. Esta quizá es una de las mayores contra-natura.

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Moderna: el descubrimiento real del Breve excurso por
Nuevo Mundo en toda la multiplici- el mundo de las
dad inagotable de sus formas fenomé- artes plásticas
nicas insulares y continentales (…)
lo empírico y lo fantástico se mezclan Podría decirse que la constitución de la mo-
inextricablemente en la primera épo- dernidad en las artes va de la mano con una
ca de los descubrimientos (…) genera progresiva liberación de la imaginación, en
un régimen posmetafísico de deseo, el sentido de que se rompe con la exigencia
que ve su cumplimiento, si no en una de mantener un vínculo fiel a los preceptos
proximidad palpable, sí en una le- rígidos desarrollados en ámbitos ajenos a
janía alcanzable. (Sloterdijk, 2007, ellas, como la religión, la ciencia y la historia.
p. 103-104). Si el discurso utópico en el ámbito político
va olvidando sus orígenes imaginarios y de
De todo lo anterior se puede por fin extraer el libertad creativa, el arte va a tomar la posta
siguiente tránsito: de la utopía como modelo de este remanente para efectuar la operación
imaginario se pasa a la utopía como función; y utópica de manera consciente y programática.
de la utopía como función se llega a la realiza-
ción efectiva de la utopía (la realidad primero Se trata de experimentos del tipo de los lleva-
se atrapa en modelos imaginarios, y luego se dos a cabo por las vanguardias históricas del
«neutraliza», pues sus contradicciones se «re- siglo XX, que exploraron formas alternativas
suelven» simbólicamente, se confecciona una de pensar, que atendieran más a la lógica
colcha de retazos que oculta sus costuras). El alternativa del deseo, persiguiendo fines de
siguiente paso es en extremo interesante y índole estética, pero sin que dejaran de tener
consiste en el tránsito de la utopía como fun- curiosas consecuencias epistemológicas y
ción a la utopía como escuela de pensamiento también políticas. Tomemos algunos ejem-
y luego a la utopía como ideología. Será la plos de elaboraciones de lo «imposible» en
restitución de la utopía como imposible, pero el ámbito de la imaginación estética.
ahora bajo la máscara de ese «régimen pos-
metafísico de deseo». Robert Delaunay, miembro del llamado «cu-
bismo órfico», buscó precisamente plasmar
la «imposible» simultaneidad de elementos

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El destino de la imaginación utópica

contradictorios, como vemos en su «Contraste Figura 3. Contraste simultáneo: sol y luna


simultáneo: sol y luna» (figura 3). También
podemos equiparar dicha operación a la la-
bor de otro artista, Maurits Cornelis Escher,
quien también en el siglo XX, en sus graba-
dos, litografías y xilografías, logra presionar
de forma extrema los principios de la lógica y
de la representación, llevándolos a sus límites
para construir esquemas formales «imposi-
bles», pero que se sirven de una apariencia
de verosimilitud cobijada con el rigor de la
matemática y la geometría. Fue Escher al-
guien muy dado precisamente a la temática
de «otros mundos», acudiendo no pocas veces
al motivo de la isla, con lo cual se posiciona Nota. Robert Delaunay (1912-13). Diámetro: 134.5
cm. Imagen de dominio público.
dentro del legado del imaginario utópico, pero
incluso con mayor radicalidad, forzando sus
criterios de atipicidad, pues ya no solo aísla
De cómo al hacerse
una porción de tierra por la interposición de
posible la utopía se
aguas, sino que la eleva en los aires. Este
declara «la utopía
mismo motivo será retomado más adelante
es imposible»
por el surrealista René Magritte.
La distancia insalvable, temporal o geográ-
No extraña entonces que sea hoy el terre- fica, que parecía ser condición de la utopía,
no del arte el que se erige como un lugar pareció ir reduciéndose a medida que avanzó
de resistencia y libertad, del cual se espera el tiempo. De una Atenas antigua y una Atlán-
mucho —quizás a veces demasiado— que tida perdida en la lejanía absoluta del pasado
actúe como una reserva de ideas y propuestas milenario y remoto (cuya realidad quedaba
que hagan frente a la esterilidad y la falta de en entredicho por la fragilidad de la memo-
imaginación de la política «realista». ria, tal como nos las presenta Platón en la
antigüedad griega clásica), arribamos a las

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utopías del Renacimiento. Estas nos hablan Una iniciativa de tal envergadura solo pudo
ahora de lugares, si bien perdidos, supuesta- adelantarse en ese momento histórico que fue
mente «existentes», simultáneos, presentes el siglo XV, cuando empezó a consolidarse
en el aquí y el ahora. Se va corriendo así el la idea de que la sociedad era inmanente y
umbral de lo posible para que quede cada de que su orden correspondía a una cons-
vez más a la mano. Igual pasó con las empre- trucción humana, no a la emanación de for-
sas de viaje ultramarino, que en sus inicios mas superiores y trascendentes que habrían
se mostraron en apariencia dementes, pero instaurado jerarquías inamovibles. Con esa
fueron normalizándose hasta hacerse pan de idea se viabilizaba la osadía de hacer posible
cada día. También la utopía como proyecto lo imposible: planificar un tipo de sociedad
fue perdiendo su cuota de inviabilidad y se meramente racional, sin compromisos con
fue haciendo parte del progresivo «desencan- entidades metafísicas o una voluntad divina.
tamiento del mundo moderno». La naturaleza humana y la del mundo físico
se concebirán así como susceptibles de inter-
Entre los siglos XVI y XVII varios reinos vención efectiva, bajo un solo modelo leyes
europeos emprendían —de manera conjun- racionales correspondientes, lo cual tendrá
ta y esta vez en sus propios territorios— la su culmen dos siglos después bajo la idea de
construcción de otro «imposible»: el disci- cosmópolis. Por tanto, es claro que el pensa-
plinamiento de una sociedad en la que cada miento utópico es deudor de esta época de
quien ocupara su lugar de la mejor manera; secularización y racionalismo en la cual surge
la instauración de un modelo de sociabilidad la fórmula «conocimiento = poder» anunciada
que permitiera sumar los intereses individua- precisamente por uno de los utopistas más
les a fin de un bienestar común; la inyección notables: Francis Bacon.
en toda persona de la civilidad, la autovigi-
lancia y el autocontrol;8 la centralización del La característica de la utopía como imposible
control institucional y burocrático: en suma, o como no-lugar ha tenido ciertamente dife-
el moderno «proceso de la civilización». rentes intensidades, dependiendo de la época
y del grupo humano que la utilice. Para citar
un ejemplo reciente, Eugenio Ímaz (1994) se
refiere a la utopía apelando al marco de las
8 Me remito a los libros de Taylor A Secular Age (2007)
y Elias El proceso de la civilización (1987). discusiones del contexto de la Guerra Fría y

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El destino de la imaginación utópica

de la lucha entre los dos bloques, políticos e efecto secundario del desarrollo de las socie-
ideológicos: el capitalista y el soviético: dades humanas en el marco del giro hacia el
predominio de la racionalidad científica en
Por lo del lugar imaginario la palabra Occidente, un cambio extremo respecto a la
y el concepto utopía, utópico, se han mentalidad previa.
contagiado de quimera y la infección
ha sido constatada por los doctores al En el espíritu de Max Weber y su equipa-
diagnosticar la diferencia entre socia- ración de la modernidad como «desencan-
lismo científico y socialismo utópico. tamiento del mundo», Elias considera que
Y, así, resulta utópico lo que, para los avances del pensamiento científico y sus
la ciencia del día, no es científico, descubrimientos desde la modernidad han
descuidando que fue la ciencia de su venido rasgando velos continuamente, des-
tiempo la que dio origen a la utopía. haciendo gran parte de las ficciones con las
(Ímaz, 1994, p. 7) cuales el ser humano escondía sus temores
y se desprendía de la responsabilidad de su
Ya adentrados en las aguas turbulentas de destino. Como las imágenes del mundo y del
las polémicas políticas, acudamos al estu- ser humano proporcionadas por la creciente
dio que hace Elias (1998) del pensamiento crudeza realista de la ciencia están «lejos de
utópico. A él le resulta central preguntarse ser placenteras», para Elias las utopías como
si las creaciones utópicas pueden influir en proyección de deseos realizados y sueños
el futuro y la pregunta que guía su investi- cumplidos desempeñan un papel terapéutico:
gación es ¿por qué se pasó de un modelo de el de amortiguadores de la ansiedad y del te-
utopías placenteras a un modelo de utopías mor resultantes de ese golpe a la «concepción
pesadilla?9 La solución debe buscarse en un ego-céntrica» del ser humano (1998, p. 20).
En lo concerniente a las utopías placenteras,
9 Las más notables del género distópico literario po- solo basta con añadir el otro papel psicológico
drían ser La Guerra de los mundos (1898) de H. G. ya mencionado por Sloterdijk: tornar cada vez
Wells; Un mundo feliz (1932) de Aldous Huxley; 1984
(1949) de George Orwell; y Fahrenheit 451 (1953) de más cercano lo lejano, hacer asible lo que
Ray Bradbury. Clásicas del género distópico cinema-
tográfico son Metrópolis (1927) de Fritz Lang; Brazil
(1985) de Terry Gilliam y The Matrix (1999) de los The Truman Show (1998) de Weir, que retrata una
hermanos Wachowski. Tampoco podemos olvidar sociedad diseñada en una isla-estudio.

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parece imposible, volver familiar lo que nos cumplirse se muestra exacta a la empiricidad
resulta extraño… o que llegue a superar al punto de lo increíble
está en que se trata de elaboraciones que
Pero en un segundo nivel, las utopías pueden tienen la ventaja de guiarse por una especie
ser más que simples sucedáneos o nuevos ve- de «modelos figuracionales», métodos cualita-
los y reencantamientos para negar la aparición tivos «multipersonales», frente a los métodos
cruda de lo real, y aparecer como verdaderos cuantitativos abstractos de valor cognitivo
dispositivos de conocimiento anticipatorio limitado que la ciencia orgullosamente erige
sobre el acontecer que la sociedad seguirá en como herramientas más precisas y preciosas:
un futuro. Al constatar cómo muchas utopías
—o distopías— han estado plagadas de extra- Los datos sociales son esencialmente
ños cálculos premonitorios, Elias les atribuye interdependientes porque se refieren
una racionalidad que posee grandes ventajas a seres humanos interdependientes
frente a los métodos predictivos de la ciencia (…) a figuraciones de personas. Los
de corte funcionalista, como es el caso de la métodos cuantitativos y las máquinas
estadística. El ejemplo que usa para com- para el procesamiento de los datos
probarlo es el de H. G. Wells, quien en sus exigen la fragmentación de las figu-
elaboraciones literarias anticipó gran parte raciones humanas en variables arti-
de lo que la humanidad viviría durante la ficialmente aisladas y aparentemente
Primera Guerra Mundial. Podemos agregar independientes, cuya dinámica tiene
el ejemplo desconcertante de Francis Bacon, fuerza determinante para cualquier
quien anticipó en su Nueva Atlántida en 1627 futuro posible (…) la significación de
(Moro, Campanella & Bacon, 1999), con lujo tales proyecciones puede ser conoci-
de detalles y gran precisión, lo que vendrían da solamente si las variables aisladas
a ser los avances científico-técnicos de la hu- se vuelven a integrar en modelos del
manidad en los siglos venideros, si bien otras proceso en su conjunto, (…) en el
de sus predicciones esperan aún su posible cuadro dinámico de las figuraciones
confirmación o falsación. humanas con sus interdependencias
funcionales, sus diferenciales de po-
La razón de que este tipo de utopías consiga der y sus demás características irre-
una claridad mental de un cariz tal que al ductibles, en el cual las variables se

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El destino de la imaginación utópica

han aislado artificialmente. Las ba- cada vez más la interdependencia y la com-
lanzas cambiantes de poder juegan plejidad de lo social, y esto debería contribuir
un papel central en el estudio de las para su comprensión, así como también para
figuraciones humanas. (Elias, 1998, un mayor control sobre fenómenos sociales
pp. 38-39) como la guerra y la violencia. Sin embargo,
una falta de distanciamiento respecto a esta
La condición de que las utopías se hagan «pérdida de sentido» de la realidad hace que
anticipatorias, de que terminen coincidiendo la comprensión se reemplace por la fetichi-
con lo posible y no con lo imposible sería, si zación de unos supuestos responsables, ob-
seguimos a Elias, que sus autores sean alta- jetivados o personificados; chivos expiatorios
mente conscientes de las estructuras sociales tanto más efectivos cuanto más son cargados
que permiten que se den ciertos procesos, de emotividad: «el golpe traumático, el due-
pero no otros. Además, se requiere un conoci- lo por las ilusiones perdidas, aún bloquea
miento y una sensibilidad hacia la naturaleza la comprensión del hecho de que nadie más
de los procesos sociales de larga duración, que los hombres mismos puede hacer mejor
una agudeza para reconocer cambios y trans- este mundo y darle un sentido más profundo»
formaciones y un desarrollado nivel de auto- (Elias, 1998, p. 22).
control que mantenga a raya la incorporación
de los propios deseos, temores y ansiedades Los seres humanos y las sociedades empiezan
en la elaboración de una lectura científica así a desconfiar de la ciencia y de las conse-
de la realidad. cuencias imprevistas y a veces catastróficas
de sus descubrimientos, como si se tratara
Resulta interesante que para Elias el tipo de de malignas entidades voluntaristas. Es su
utopía que se identifica con lo imposible, sea manera de evitar reconocer el hecho de que
desde el sueño o la pesadilla, desde el anhelo «estos efectos se deben en gran medida a la
o el temor, realmente termina obstaculizando estructura de la humanidad y, en particular,
el reconocimiento de la complejidad de las a las tensiones y luchas de poder en el inte-
figuraciones sociales, negando el hecho de rior de y entre los Estados, es decir, a lo que
que los procesos sociales suelen ser «ciegos» solemos llamar política» (Elias, 1998, p. 22).
y de que no necesariamente corresponden
a deseos humanos. La ciencia ha mostrado

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Para decirlo de otra manera, Elias identifica de su predecesor. Lo importante es consta-
un desfase entre el avance del conocimien- tar que no se trata aquí de un asunto mera-
to científico, que privilegia en sus análisis mente epistemológico, pues cada modelo de
el accionar de fuerzas ciegas impersonales ciencia también acarrea proyectos políticos
o, como diría Sloterdijk (2007), de derivas concomitantes.
a-subjetivas, y el reconocimiento de que los
males sociales se gestan dentro de tejidos De una época de grandes incertidumbres (y
relacionales sustentados y dinamizados por también de sueños y empresas alocadas que
los hombres mismos. Por eso el avance de acabaron por concretarse), Europa, y con ella
la ciencia no es sinónimo de progreso sin Occidente, va transitando hacia un nuevo tipo
más, pues no garantiza un desarrollo integral de equilibrio y conservatismo, y la utopía la
que vaya de la mano con un avance de la acompaña en ese trasegar. Su cénit se dará al
(auto)conciencia. Si la sociedad parece abo- realizarse la utopía capitalista, la del mercado
carse al abismo, la causa debe encontrarse mundial, la del «fin de la historia», la de la
en desviaciones en los equilibrios de poder globalización y la de una civilización única,
entre los actores sociales, en las estructuras homogenizada y domesticada. Para Slavoj
de dominación y lucha, y en la modelación Žižek (2005) resulta fácil establecer un diag-
de lo humano que se gesta desde ellas. Pero nóstico claro de estas condiciones recientes:
en vez de aceptar esa realidad se postulan
estados de cosas como inevitables e inamo- Si nosotros entendemos por utopía las
vibles, retornándolos misteriosamente a una cosas que son imposibles, entonces
dimensión extrahumana, frente a la cual todo la verdadera utopía es que el actual
tipo de intervención efectiva sería imposible. capitalismo global va a seguir para
siempre (…) entramos en los glorio-
En este contexto se vuelve más significativa la sos 90, en la nueva utopía de la era,
cita de Ímaz, que señala cómo una noción de la utopía democrática, liberal, global;
utopía considerada científica en el ambiente cuando se anunció el fin de la historia
de una época determinada, pasa a significar y que las ideologías morían. (§ 4)
quimera e irrealidad en la declaración del
ambiente científico de otra época ya erigido
en instancia de poder, desplazando la validez

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El destino de la imaginación utópica

Se ha instaurado por fin la utopía democráti- en su mismo espacio inmanente. De ahí la


ca,10 liberal, capitalista. Y para que mante- proliferación renovada de discursos acerca
nerse debe mostrarse inevitable e infalible, del fin del mundo después de toda crisis; por
desacreditando cualquier tipo alternativo de ejemplo, la del 2001, cuando, tras la caída
proyecto utópico. A aquellos proyectos que se de las torres gemelas, la humanidad afron-
atreven a soñar con algo distinto los descali- taba la reconfiguración del orden mundial,
fica como «utopías», en el sentido de imposi- y la del 2008, cuando las caídas financieras
bles, irrealizables. Pero no lo hace sin cierto empujaron a desempolvar supuestos discur-
temor, a sabiendas de que pueden llegar al sos pseudoancestrales que pronosticaban de
ser o a la realización en algún momento. En nuevo un fin, esperado para el 2012. En la
otro lugar señala agudamente Žižek como esta época de la utopía como ideología se prefie-
situación es tan palpable que hoy día —por re pensar el fin del mundo (concebido como
el efecto ideológico del discurso imperante unidimensional) a la posibilidad de que otros
demócrata-liberal— la gente considera más mundos sean posibles, en el sentido de que
pensable y verosímil un cataclismo que des- este único mundo pueda ser de otro modo o
truya el universo físico, que un derrumbe del pueda ser varios a la vez.
sistema imperial-capitalista. Cobra aquí pleno
sentido lo que dice Elias: el ser humano pre-
fiere creer en lo imposible a responsabilizarse El pensamiento utópico:
del hecho de que lo social ha sido gestado de la utopía al utopismo

Si se extendiera el mapa
10 Genera sospechas el discurso demócrata cuando pos-
tula su sistema político como el mejor que se puede de un solo deseo
llegar a concebir, el menos dañino e imperfecto. No no habría extensión para contenerlo.
termina de implantarse el modelo democrático en su
realidad dura cuando, al tiempo, se postula como un
—Eduardo Cote Lamus
horizonte frágil, bajo la imagen de una utopía inal-
canzable, en la que habría que insistir indefinida- De la utopía surgió un tipo especial de pen-
mente, pues su realización verdadera estaría fuera
de alcance. Es grave que al negar la posibilidad de samiento, y uno de sus principales represen-
imaginar otras posibilidades se condene a la socie- tantes es Ernst Bloch, quien pretende rescatar
dad a estancarse en él. Debemos tener presente lo
la potencialidad de la utopía como «princi-
que reitera Bey en varios lugares: «la crítica de la
imagen es la defensa de la imaginación». pio de esperanza», «horizonte de sentido» o

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«idea regulativa». Esta posición ha querido medios de comunicación? ¿No se reproduce
mantenerse dentro de la tradición que con- el viejo mecanismo de la ideología? ¿Es po-
sidera a la utopía como una entidad con un sible pensar la utopía de otra manera?
ser bastante difuso en términos de alcance
ontológico, acercándose a la tendencia que En el pensamiento de Bey (1999), especial-
considera que materializar la utopía es trai- mente a través de su concepto de TAZ (sigla
cionar sus principios. inglesa correspondiente en español a zona
temporalmente autónoma), parece revitali-
Ya hemos visto el elemento dominador que zarse de manera muy interesante y vívida
se esconde en la génesis de la utopía en la el concepto de utopía, conservando algunos
modernidad occidental. Y aunque se puede de sus rasgos principales, pero llevándolo
replicar que dichos procesos de dominación, a formas desconocidas hasta hoy. La TAZ
violencia e imperialismo surgen justamente alude a cierto tipo inusual de experiencias
en el momento en que se da muerte a la utopía que, lejos de ser producto de la imaginación
inicial, representando más bien una traición de un sujeto inspirado (he aquí lo nuevo de
a sus principios, también es posible pensar su propuesta),11 son fenómenos colectivos
que en realidad no son lo contrario de la uto-
pía, sino una extensión de una naturaleza ya 11 Durante casi toda la tradición utópica la imagina-
prefigurada en su interior, que echa mano de ción de alternativas de vida colectiva estuvo a cargo
de individuos cultos, intelectuales y eruditos. Hoy,
su poder imaginario y se sirve de su flexibi- quienes representan dicho perfil, son quienes más
lidad. Y es que ¿qué sentido tiene postular desconfían de todo lo que huela a utopía, como se-
ñala Sastre (2005) en Los intelectuales y la utopía
la utopía como imposible? ¿Acaso no era el
(diálogo con mi sombra): «es interesado y cavernícola
proyecto moderno una utopía en su inicio, el desdén actual hacia las utopías, a las que se reclu-
una utopía que se concretizó y ahora acoge ye, ya en los ensueños de Fourier, ya en “el universo
concentracionario de un Gulag inhabitable”, porque
en el seno de su discurso la idea de que toda eso sirve —les sirve— como justificación moral y
utopía —toda otra utopía— es imposible? poética a esos —¡tantos!— intelectuales que se han
¿No se caracteriza nuestro presente por el pasado a la derecha, si es que alguna vez estuvie-
ron en la izquierda, y ahora se dicen, sin pizca de
mantenimiento desesperado de una utopía, vergüenza, portadores de un pensamiento débil, ¡y
un simulacro de realidad cuyo mensaje se tanto que lo es!, como purga aceptada de su antiguo
dogmatismo (…) cualquier pensamiento “fuerte” les
amplifica obsesivamente todos los días —por
parece sectario y entonces (…) abominan de pensar.
su misma fragilidad— a través de todos los Asumen (…) los papeles de intelectuales áulicos,

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El destino de la imaginación utópica

más bien espontáneos, pero no desprovistos sentido de «vuelta al estado de la naturaleza»,


de una inteligente y compleja organización pactando frecuentemente con Calibán, aban-
autoconsistente. donando los «beneficios» de Próspero, figura
del imperio y la civilización:12 «la esclavitud,
Como hemos visto, los siglos XVI y XVII el servilismo, el racismo y la intolerancia,
tienen un lugar central en la historia de la las torturas de la expropiación y la muerte
utopía y en el despliegue de sus efectos en la en vida de las plantaciones». (1999, p. 12)
economía psicológica de lo posible. Siguiendo
a Bey, constatamos que la creciente posibili- La experiencia más interesante a la que acu-
dad de realización utópica motivó todo tipo de Bey en este mismo periodo es a la que él
de experimentos, como la primera colonia llama (de manera que no nos puede ser indi-
británica en el «Nuevo» Mundo: la de Roa- ferente) la «utopía pirata», cuya edad de oro
noke, donde un grupo de ingleses radicales se habría tenido lugar en los siglos XVII-XVIII.
perdieron misteriosamente, al parecer por de- Se refiere a la agrupación de bucaneros en
cisión propia, para asimilarse entre los indios «comunidades intencionales», redes globa-
y desasimilarse de su civilización de origen, les de información y escondites repartidos
que les resultaba insatisfactoria. Es un ejem- en remotas islas que formaban una especie
plo de cómo la colonización británica habría de archipiélago de resistencia que pasaba
sido más propensa a acoger la aventura en el desapercibido en medio de las potencias
de la época, entre las grietas del sistema.
cortesanos, orgánicos, situados (…) no en las altas Estos piratas habrían mostrado tendencias
moradas de los palacios —salvo algunos, privilegia-
más libertarias que las de los representantes
dos— sino con la servidumbre, en los arrabales del
poder económico y político, en su condición de hu- de la oficialidad y de la ley, agrupándose en
millados sacerdotes del pensamiento único; lo que colectivos de unificación conformados por
parece ser el destino propio de (…) la intelligentsia,
y así lo ha dicho (…) Noam Chomsky (…) una de las
quienes antes pertenecían a sectores compar-
pocas luces que hay en nuestro camino; así como timentados de la sociedad: blancos españoles,
en otros tiempos hubo Jean-Paul Sartre y Bertrand
Russell o, más próximo a nosotros, el admirable Pe-
ter Weiss (…) En este momento, ay sombra mía, qué
oscura está la noche. Qué poco se ve. Qué mal se ve, 12 Se alude a los dos personajes principales, antitéti-
a pesar de las luces que encienden (…) Chomsky, o cos, de La tempestad de Shakespeare, libro que ya
James Petras, o Michel Collon, o Gilles Perrault, o señalamos se erige en propaganda de un proyecto
maestros como Pierre Bourdieu» (pp. 8-9). imperial, cargado de simbolismo.

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ingleses, portugueses, negros, indios, muje- que no habían sido alcanzadas aún por el
res, etc. Ellos habrían declarado una especie tentáculo de los grandes imperios.14
de tregua e igualitarismo, una meritocracia y
democracia en la elección de sus capitanes, Pero estas experiencias disidentes, como era
una horizontalidad comunitarista, incluso de esperarse, no tardaron en ser perseguidas
sexual. Sus objetivos eran amplios y hete- y reprimidas, y muchos de sus integrantes
rogéneos, si bien concretos: oponerse a los terminaron refugiándose en el continente,
nacionalismos emergentes, evadir el control en selvas, pantanos, montañas y bosques in-
de las autoridades imperiales, atacar barcos expugnables. De ahí habrían surgido, según
de esclavos generando liberaciones y ganar Bey, muchas de las sociedades que consti-
así nuevos simpatizantes y aliados, saquear tuyeron verdaderos microcosmos culturales
lo necesario para vivir holgadamente y fundar multirraciales; las mismas que luego desper-
fugaces colonias en costas o islas que luego tarán el interés de etnólogos y antropólogos,
eran abandonadas. Este carácter nomádico no solo por su exotismo sino por su riqueza,
hizo que su verdadera «república» fuera el lo que generó un creciente interés en lo que
barco,13 aunque se conoce históricamente que tuvieran que aportar para los propios procesos
ciertos piratas llegaron a ser gobernadores de reflexión y autoconsciencia de la civiliza-
de territorios, de los cuales son famosos la ción occidental dominante.15
Isla Tortuga y Madagascar, en tiempos en los
14 Bey mismo ha tratado de llevar más allá su concepto
13 Para Foucault (1997) el barco es el arquetipo de «lu- de TAZ al de PAZ: zona autónoma de carácter per-
gar otro»: «un pedazo flotante del espacio, un espacio manente. A ello lo ha llevado el fijarse en experien-
sin espacio, con vida propia, cerrado sobre sí mismo cias de nuestro tiempo, muchas de las cuales van de
y al tiempo abandonado a la mar infinita y que, de la mano con las nuevas tecnologías, pero el concep-
puerto en puerto, de derrota en derrota, de prostí- to me parece extensible a esas experiencias piratas
bulo en prostíbulo, se dirige hacia las colonias bus- que tuvieron resolución en la forma de fundaciones
cando las riquezas que éstas atesoran, (…) la nave territoriales.
ha sido para nuestra civilización, desde el siglo XVI 15 Aunque Bey da numerosos ejemplos para los terri-
hasta hoy, al tiempo, no sólo (…) el mayor medio de torios de Estados Unidos y el Caribe, podríamos
desarrollo económico (…), sino el mayor reservorio añadir como ejemplos más cercanos para nosotros
de imaginación. La nave constituye la heterotopía en Sudamérica los palenques en Colombia, como el
por excelencia. En las civilizaciones de tierra aden- de San Basilio —gestado por Benkos Biohó—, y en
tro, los sueños se agotan, el espionaje sustituye a la Brasil los quilombos como el de Zumbi, poblaciones
aventura y la policía a los piratas» (p. 25-6). (figura fundadas por cimarrones, fugitivos de procedencias
12). de todo tipo, esclavos insumisos, indios, etc., que se

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El destino de la imaginación utópica

¿Tienen algo que decir para el presente esas los aparatos de dominación. En palabras de
experiencias? En efecto, Bey (1999) consi- Gregory Bateson popularizadas por Deleuze
dera las TAZ como entidades actualmente vi- y Guattari «el mapa no es el territorio» pues,
vas, aunque su apariencia haya tomado otras como dice Bey, este nunca podrá igualarse a
formas. Para no ir tan lejos: los grupos de una escala 1:1 de la realidad. El control de
piratería virtual que buscan compartir y abrir los poderes centralizados nunca es completo,
la información, los okupas que se apropian por más que así lo pretendan y hagan creer;
de los espacios descuidados por el capital, siempre tendrá grietas y pliegues, que se con-
los seminómadas del mundo contemporáneo, vertirán a su vez en márgenes de acción y
los terroristas poéticos, los saboteadores eco- de libertad. El mismo Foucault, después de
logistas, las comunas contraculturales, todos estudiar toda su vida la efectividad y el poder
tienen en común el proponer nuevos tipos de del poder, terminará reconociendo que toda
solidaridad, de economía, de valores y re- relación de poder implica, como condición de
laciones humanas, de rechazo a las formas posibilidad, la libertad, es decir, una posible
de jerarquización vertical, de sensibilidad, resistencia (1998).
y todos comparten la necesidad de una re-
lativa invisibilidad en medio del panóptico La noción de «utopía pirata» aparece así
del imperio actual. Son pequeñas «islas» en como un bello ejemplo de la potencia con-
medio de todo el aparato y la parafernalia de ceptual de la utopía porque muestra, por un
la civilización, del Estado, de la vigilancia lado, el alcance de los mecanismos del poder
satelital en un mundo que, según Bey, desde y, al mismo tiempo, que una utopía alternativa
el siglo XX se supone ya no dispone de terra fue posible, incluso en un mundo en el que
incognita. Y son posibles porque más allá de la resistencia tenía todas las de perder. Ello
la pretendida eficacia absoluta de la opresión pues su espacio de acción, el mar, estaba en
a través del territorio —tanto material como el centro de las preocupaciones y empeños
existencial y psíquico—, un mapa no deja de de los grandes imperios políticos y de los
ser una abstracción; la realidad no se agota principales emporios económicos, pues es-
en las representaciones que de ella hacen tos necesitaban conquistarlo y mantenerlo
bajo control para garantizar sus pretensio-
nes hegemónicas. Sin embargo, y así estemos
juntaban buscando la autonomía. Curiosamente tam-
bién esto desde el siglo XVII. dispuestos a darle crédito a la interpretación

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de Bey, con todo lo inspirador que resulta, imposible, del no-lugar o como mucho de la
es claro que la pelea fue dura y tuvo sus ficción imaginaria en su aspecto más inocuo.
consecuencias.
Bezada (2008) propone que las utopías se
La imagen que de los piratas nos ha dado caracterizan, no solo por un aislamiento geo-
el discurso oficial de la historiografía, y sus gráfico, sino también por un quiebre de tipo
correspondientes reproducciones en el cine histórico en relación con la tendencia a desear
y la literatura, ha sido producto de una gran sociedades lo más inmóviles posibles. Es así
distorsión que nos muestra a estos personajes como en los relatos utópicos no se incluye una
satanizados como encarnando la irraciona- historia ni procesos que lleven a la aparición
lidad y el vandalismo puros. Con las comu- de esas sociedades supuestamente perfec-
nidades de las colonias británicas pasó lo tas, o si se hace no se echa mano de muchos
mismo: pasaron a ser temidas y repudiadas detalles. En el caso de las TAZ, fundamen-
luego de ser revestidas de un imaginario de tadas sobre experiencias reales, su quiebre
endogamia, ignorancia, degeneración moral y histórico es otro: han sido casi borradas del
crimen, intensificado en Estados Unidos por curso de la historia oficial; han permanecido
el accionar de movimientos eugenésicos.16 como capas o estratos rizomáticos en espera
Estas imágenes desconfiguradas y distorsio- de ser rescatados, apareciendo de cuando en
nadas son el punto máximo de existencia que cuando como fulgores conectados entre sí,
se le ha permitido a esas experiencias que el archipiélagos en el océano vigilado del tiempo
discurso oficial —y también de masas— pre- histórico. La historia de las TAZ es por eso
fiere ignorar. De esa manera son expulsadas necesariamente discontinua, debido a que se
y neutralizadas poniéndolas al nivel de lo da en medio de los pliegues del discurso del
poder, que le quiere negar existencia a todo
momento y busca desfigurar sus imágenes.
16 Bey muestra de manera preclara cómo en la litera-
tura este imaginario es recogido y reforzado por la Las utopías propuestas por Bey desde el
maravillosa, pero a la vez perturbadora obra de H.
P. Lovecraft. Valdría la pena revisar cómo en el ám- concepto de TAZ se oponen al estatismo, al
bito cinematográfico esto ha sido elaborado por un intento de eternización y al prestigio de las
imaginario sobre lo «redneck», en películas como
utopías clásicas: representantes de un «no-
Deliverance (1972) de Boorman o Gummo (1997)
de Korine. madismo psíquico», muestran más bien un

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El destino de la imaginación utópica

deseo de invisibilidad para poder subsistir, un apaguen aquí y allá, arrastrando consigo un
carácter temporal o provisional. Sus espacios reavivamiento del deseo y una intensificación
se abren en medio del espacio normalizado de la vida en medio de un mundo de injus-
por las reglas; sus tiempos se alzan fuera del ticias y banalidad. Como dice Žižek (2005):
tiempo cotidiano, intensificando la vida al «para mí la utopía política verdadera no es un
máximo y llenándola de nuevo sentido. Esto sueño, es inventar una nueva forma de vida
las hace equiparables a la fiesta: como ella para poder sobrevivir. Así todas las utopías
las TAZ pierden su sentido si no son algo auténticas son, en ese sentido, un producto
extraordinario, que sucede excepcionalmente. de la emergencia» (§ 5).

Con esto llegamos a una propuesta de uto- La nueva utopía, el nuevo «utopismo», debe
pismo que tiene un cariz modesto y a la vez estar atento para no permitir que la distopía
osado. Constituye la afirmación de la idea actual, emanada de la utopía como función,
de Elias de que la intervención sobre lo hu- pase de nuevo a ser utopía como modelo ima-
mano es posible, pero se hace políticamente ginario en el sentido clásico, tan cercano al
consciente de sus exigencias: dado que las totalitarismo y a la utopía como ideología, en
condiciones no están dadas, dado que en ge- términos modernos. Para lograrlo conviene
neral no se ha conquistado el distanciamiento seguir alimentando la tradición de la utopía
suficiente como para generar un autocontrol como forma de pensamiento y ojalá como for-
y sacar el máximo provecho al conocimiento, ma de experiencia. Vale retomar lo que dice
de manera que sirva para modificar lo real, y Sloterdijk en entrevista con Fabrice Zimmer
dado que no tiene sentido luchar frontalmen- (2000): de la modernidad también surge la
te contra un sistema que ha acaparado casi importancia psicológica de la utopía como
todo y que puede ser inatajablemente violento «autohipnosis consciente», como posibilidad
y represivo, es necesario que se produzcan de «crearse un inconsciente a la altura de
pequeños puntos de disidencia, pequeñas nuestras preguntas».
utopías, quizá moleculares e infinitesima-
les, pero plenas de sentido,17 que brillen y se

17 El vehículo propio de restitución del sentido dentro (especialmente la música), en cuanto implican muy
de las TAZ es la imaginación y, sobre todo, las artes radicalmente la presencia y el cuerpo.

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Por último, de manera muy cercana a lo pro- Referencias
puesto por Bey, Fabrice Zimmer (Sloterdijk
y Zimmer, 2000) comenta que surge: «una Bey, H. (1999). TAZ: la zona temporalmente
nueva manera de construir las utopías socia- autónoma (Y II). Revista Nómadas, (10),
les, ya no, como antes, partiendo de un sueño 10-23.
personal que a continuación uno se esfuerza Bey, H. (2017). The utopian blues. Recupera-
por hacerlo “descender” a la realidad; sino do desde: http://www.hermetic.com/bey/
intentando hacerlas surgir de abajo, a partir utopian.html
de las tensiones sociales concretas»; a lo que Bezada, M. (2008). Utopía y antiutopía: sue-
responde Sloterdijk (2000): «efectivamente, ño para el colectivo, pesadilla para el
si la utopía social se confunde con la nece- individuo. En La escritura hecha en casa:
sidad de construcción de lazos sociales, con Premios del Concurso Segundo Serrano
la energía capaz de garantizar la coherencia Poncela 2001-2005. Caracas: Editorial
del grupo, no veo otro medio… que hacerla Equinoccio, Universidad Simón Bolívar.
surgir de las tensiones de la sociedad». Eagleton, T. (1990). La estética como ideolo-
gía. Madrid: Trotta.
Frente al discurso tradicional que sostiene Elias, N. (1998). ¿Cómo pueden las utopías
que es una traición a la utopía el tratar de científicas y literarias influir sobre el fu-
materializarla, parece más peligroso para las turo? En V. Weiler (Comp.), Figuraciones
condiciones actuales el mantenerla en la con- en proceso (pp. 15-44). Bogotá: Fundación
dición de imposible y de no-lugar, pues nos Social.
acerca a posiciones altamente conformistas, Elias, N. (1987). Sobre el proceso de la civi-
derrotistas o cínicas frente a los desafíos de lización. Investigaciones sociogenéticas y
nuestro mundo contemporáneo, tan plagado psicogenéticas. Ciudad de México: Fondo
de fuerzas alienantes y negadoras de la vida. de Cultura Económica.
Parece imprescindible seguir cultivando la Foucault, M. (1988). El sujeto y el poder.
utopía como producción no solo teórica sino Revista Mexicana de Sociología, 50(3),
también estética, pues al hacer esto se le da 3-20.
un anclaje en la sensibilidad, lo cual impide
considerarla, con el facilismo con el que se
ha hecho, como algo irreal e imposible.

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