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Alejandro Mojica Villamil

Aproximación a la microhistoria y al método de inferencias indiciales

Introducción

En la segunda mitad del siglo XX, la disciplina histórica ha tenido un trayecto en el cual sus métodos, bases
epistemológicas y objetos de estudio se han abierto a una diversidad de aportes que provienen de las ciencias
sociales, pues este contacto con los fundamentos teóricos de ellas, ha dado como resultado que hayan
aparecido diversas direcciones historiográficas complejas y distintas entre sí. Al observar en un plano general
estos caminos de la producción histórica, los saberes proporcionados por la Sociología, la Antropología, la
Economía, la Lingüística, entre muchas otras, permiten que las propuestas de investigación del pasado
sostengan otros resultados, por solo citar dos ejemplos, algunas con la pretensión siempre notable de la
legitimación científica como otras que rescatan la narrativa y el retorno al relato como sentido de la historia. Si
bien, este panorama es diverso e implica conocer los aportes que cada una de las ciencias sociales, en conjunto,
han brindado a la disciplina, estas tendencias ofrecen un abanico de opciones metodológicas y de aproximación
teórica a los nuevos historiadores de este siglo. De esta manera, el interés de este ensayo, no se centra en una
revisión de estas particulares o notables apuestas, sino más bien enfoca su mirada a una de esas propuestas que
ha sido llamada “microhistoria”, puesto que su propósito en cuanto al objeto de estudio, sostiene una forma de
indagar el pasado encaminada en aquellas situaciones, anécdotas y personajes constantes y simultáneos que
hacen parte de los “grandes acontecimientos” pero que la historiografía “tradicional” y globalizadora no ha
tenido en cuenta; como también, su método, es una propuesta investigativa que se basa en los indicios y en
aquellos detalles que suelen pasarse inadvertidos, en un modelo que rescata otros objetos de estudio y resalta
voces que antes pasaban inadvertidas. Así, este trabajo describirá el surgimiento, la propuesta y las discusiones
en torno a la microhistoria y analizará el método indiciario que hace parte constitutiva del trabajo de estos
historiadores, pero que a su vez, ha sido usado por diferentes ciencias, tanto en el pasado como en el presente.

Origen y características de la microhistoria

Dentro del análisis histórico, la discusión entre una perspectiva macro y su contrario micro, no ha sido pasada
por alto, pues, por un lado, dentro de las pretensiones de algunos historiadores, el acercamiento de la
“realidad”, debería abarcar el examen del conjunto de la sociedad con todas las variables que ello implica, lo que
contendría tanto generalidades como particularidades, es decir, partir de presupuestos globalizadores para
describir rasgos distintivos, en su devenir y en sus transformaciones; por el otro, desde la década de los setenta
del siglo XX, otras propuestas han invertido este orden, pues parten de examinar los aspectos individuales
ligados a los fenómenos macro-estructurales, inician de lo local a lo global; en otras palabras, la primera de estas
estrategias es deductiva, la segunda es predominantemente inductiva. Si observamos en general la
historiografía, la pretensión globalizadora se ve expuesta, por ejemplo, en propuestas como la de la escuela de
los Annales, desde sus orígenes con Fevbre y Bloch y logrando su punto modélico con Fernand Braudel,
especialmente con su benemérita obra El Mediterráneo…, que con el apoyo de otras ciencias, con mayor
atención a la geografía, la demografía y la economía, logra presentar en un marco de larga duración las
transformaciones sociales, económicas y políticas que acontecieron en el mar Mediterráneo. Por su lado, en
Italia, algunos autores que escribían para la revista Quaderni Storici, emprendieron un esfuerzo por analizar la

1
vida cotidiana, dentro de los grandes marcos, deteniéndose en la aproximación socio-histórica de sujetos
concretos, individuos “normales excepcionales” que permiten describir con sus movimientos y vericuetos de
vida, el proceso histórico de una época y lugar determinado. Como ejemplo paradigmático, se cita
indudablemente la obra famosa de Carlo Ginzburg, El queso y los gusanos, quien parte de la vida de un individuo
“singular” para examinar el contexto global del siglo XVI y XVII (más adelante volveremos sobre este libro). Con
estas dos propuestas, que se escogen por ser arquetipos historiográficos, se observan dos caminos disimiles que
se diferencian en sus fundamentos epistemológicos y aproximaciones teóricas, en sus estrategias metodológicas
en la indagación de las fuentes y en su cambio de escala analítica. Aunque, no por ello se puede constreñir estos
puntos de partida (la propuesta de Annales y la microhistoria) como los únicos, se usan para presentar una
primera característica distintiva de la microhistoria, entre las propuestas historiográficas surgidas durante la
segunda mitad del siglo XX.

Ahora bien, centremos la mirada solamente en la microhistoria. Para muchos, esta tendencia surge en Italia, con
autores como Carlo Ginzburg, Giovanni Levi y otros; sin embargo, ellos mismos han pronunciado que esta
acepción no fue originada con su propuesta, en particular Ginzburg, afirma que fue un escritor estadunidense
llamado George R. Stewart en 1959, con su libro Pickett´s Charge. A microhistory of the final attack at
Gettysburg, july 13, 1863, fue el primero en usar el término. En este libro, Stewart analiza –dice Gizburg- con
detalle obsesivo a lo largo de trescientas páginas, el relato articulado dentro de un espacio temporal exiguo
(apenas quince horas) la batalla decisiva de la guerra civil estadounidense. Mediante la dilatación del tiempo y la
concentración del espacio, Stewart logra analizar un momento culminante en la historia de ese país, y que si los
acontecimientos se hubiesen dado diferentes con la carga del General George Pickett, otra hubiese sido la
historia1. Asimismo, Ginzburg, anota que paralelamente un estudioso mexicano llamado Luis González y
González introdujo la palabra en una monografía llamada Pueblo en Vilo. Microhistoria de San José de García,
del año de 1968, aunque advierte que este autor latino la entiende como sinónimo de historia local. Por su lado,
Fernand Braudel significaba la microhistoria negativamente y la condenaba a falta de rigor en 1969. Por lo tanto,
para estos historiadores italianos que comenzaron sus producciones en los setentas, la palabra acuñada fue
asumida, por lo menos para Ginzburg, por la escala de observación reducida que la palabra micro sugiere, y que
además es compatible con su método de investigación.

El surgimiento de la microhistoria, se enmarca en la búsqueda de alternativas que asumieron algunos


historiadores en contra del cientifismo que se empezaba a consolidar por el uso de métodos cuantitativos
aportados por otras ciencias sociales, con técnicas como la econometría y la estadística, las cuales dejaban al
sujeto destinado a los rubros demográficos o a las generalizaciones absorbentes; igualmente, esgrimían en sus
argumentos el alejarse de la “rígida” conceptualización marxista, y por su lado, el énfasis estructuralista en la
disciplina para la década de los setentas, bien lo describe Giovanni Levi en una entrevista para el año de 1999:
“la microhistoria nació como una crítica a una conceptualización muy fuerte del marxismo, del estructuralismo, y
en general era una propuesta para complicar la conceptualización, describir la realidad como más complicada de
lo que las ideologías dominantes la consideraban 2”. Pero para llegar a describir con más profundidad la realidad
social se evidencian dos aspectos: primero, se debían asumir nuevos sujetos históricos, concentrándose en los
1
GINZBURG, Carlo, El hilo y las huellas, lo verdadero, lo falso, lo ficticio. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2010,
p353.
2
Entrevista con Giovanni Levi, publicada con el nombre de “crisis y resignificación de la microhistoria”, en Prohistoria #3,
Madrid, 1999.

2
grupos sociales subalternos, ahondando en las capas de los marginados, hallando sujetos excepcionales como el
caso de Menocchio; es decir, la microhistoria para los setentas en Italia rescataba a los “excluidos” colocándolos
en un papel central en las investigaciones, partiendo primero en encontrarlos (siempre y cuando los
documentos lo permitan) para luego reconstruir sus vidas, “liberándolos de la oscuridad” a que habían sido
destinados, permitiéndoles hablar en su tiempo y espacio determinado. Segundo, para expresar la complejidad
de la realidad, se recurre a una operación de reducir el análisis a los detalles, puesto que sostienen que así se
pueden encontrar los matices y el perfil del contexto, hallando contradicciones que de otra manera pasarían
inadvertidas.

De esta manera, los historiadores que producen microhistoria, procuran desentrañar particularidades para
profundizar las investigaciones históricas. El punto característico para llegar a esto, viene siendo la perspectiva
de escala, ya que el análisis de las fuentes y datos empíricos, permiten adjuntar grados específicos del contexto
de una época enfocándose en un punto central (no tomado en cuenta) para reconstruir de ahí la totalidad; en
pocas palabras, no es detenerse en cosas pequeñas, sino es partir de un marco concreto, analizándolo en sus
pequeñas partes, en detalles sustanciales y reveladores expresados en documentos, que otrora serían
insustanciales para la historia tradicional, con el objetivo de proponerse problemas generales. Para ello,
recurren a una concepción del tiempo proporcionalmente reducido, debido a que no abarca grandes
temporalidades, sino más bien, apuntala a un momento, una situación o la duración de la vida de un sujeto.
Como también, la concepción espacial afronta lugares determinados, específicos y enmarcados en unas
condiciones que los hacen únicos y abarcables; por lo tanto, la microhistoria, sostiene una perspectiva de
indagación infinitesimal de las huellas y vestigios del pasado, en cuanto, al tiempo, el espacio y al método.

Por otro lado, la diversidad de las obras que se colocan el titulo de microhistorias, distan mucho de ser una
propuesta uniforme que ha presentado un notable grado de libertad sobre los temas de estudios adoptados, en
consecuencia, no puede llamarse una escuela o una corriente institucional homogénea, ya que no surge en una
especifica universidad con una delineada apuesta historiográfica, sino que es heterogénea en sus resultados y
estudios, sin embargo, puede verificarse como punto en común, la determinada observación de aquellas
situaciones o personas consideradas marginales, que para el caso de un personaje, se comienza por él, y a partir
de ahí se reconstruye la sociedad de una época, presentando una tensión entre un individuo concreto con la
sociedad donde vivió. Para Peter Burke, en una segunda publicación de la compilación de artículos, conocida
como Formas de hacer historia, para el año del 2003, expresa en un prefacio para esta edición, un corto
apartado titulado “El debate de la microhistoria”, en el que reconoce que la microhistoria no ha dejado de
detenerse, pues cada vez más se publican más estudios de este tipo en diversos idiomas, aunque clasifica este
aumento de estudios en tres tipos: Por un lado, los que toman como objeto de análisis comunidades o pueblos,
que siguen siendo las más numerosas. Por otro, “abundan también los estudios sobre individuos olvidados”. Y
una tercera variante de investigaciones están centradas principalmente en familias. Igualmente, la historiadora
española Elena Hernández Sandioca, señala que la microhistoria es una “historia desde abajo que reconstruye lo
vivido3”, entendiendo que el término desde abajo, abarca todas esas voces silenciadas y excluidas de la historia
oficial. Así podemos decir que se ubica en la experiencia de los subalternos en cuanto a las relaciones
interpersonales, mediante una detallada y sistemática revisión de fuentes disponibles, seleccionando

3
SANDOICA, Hernández Elena, Tendencias historiográficas actuales, Escribir historia hoy, ediciones Akal, Madrid, 2004,
p486.

3
documentos que contengan información de datos marginales o pasados por alto dentro de las grandes
producciones historiográficas, apoyados en una gran variedad de aportes teóricos de las ciencias sociales.

Otra de las características de esta propuesta historiográfica, es su atención por la verdad. Algunos de los
microhistoriadores, especialmente del grupo italiano, se centraban en situaciones o casos que no han sido
profundizados en aquellos pequeños detalles pasados por alto, y que por esta omisión, pueden darse
aseveraciones que no tienden a la aproximación de la codiciada “verdad” del asunto, por lo que la microhistoria
en su ánimo por los detalles demuestra un compromiso, por lo menos, a acercarse más a ella, en una intención
de desentrañar y clarificar lo que no se sostuvo en las historiografías o estudios sobre diversos temas. Esta
intención es palpable en el conjunto de la obra de Ginzburg, quien por ejemplo, en su obra Mitos, emblemas,
indicios. Morfología e historia, hace un examen minucioso de diferentes componentes que no habían sido
tratados en documentos, libros, obras pictóricas o corrientes intelectuales para desmentir sus afirmaciones o
para ampliar el espectro de indagación en el punto que se habían dejado. Baste con mostrar los casos como
Brujería y piedad popular en el proceso de 1519 en Módena, o, Ticiano, Ovidio y los códigos de la representación
erótica en el siglo XVI4, para evidenciar la forma como este autor, sobre la base de ciertas investigaciones al
respecto, proporciona otras luces que no habían sido contempladas en ellas, tomando como fundamentos
elementos cruciales (indicios) y conjeturas (abducciones) para desmentir y ampliar estos estudios, sin decir por
ello que se considere el reflejo exacto de los hechos reales, sino más bien, es una aproximación más fidedigna
del pasado, dejando las puertas abiertas para los siguientes estudios, puesto que en la mayoría de los ensayos
que presenta en esta obra, Ginzburg, no los concluye, sino que aporta un escalón más a ese propósito por la
búsqueda de la “verdad”.

En cuanto a las influencias teóricas, la diversidad de temas y de estilos dentro de los microhistoriadores no
permitieron una delineación historiográfica, incluso dentro de los representantes italianos se observan
diferentes perspectivas, ya que han tomado aportes de otras ciencias o las influencias de escuelas históricas
consolidadas. Estos historiadores se han inclinado, según Elena Hernández Sandoica, en la escuela de los
Annales (historia de las mentalidades), o bien al modo de la historia social cultural al modo de E. P. Thompson,
cuyo concepto de experiencia matizan; o recurren a las mecánicas de aplicación de la sociología relacional
norteamericana; o sienten predilección por la extensa gama de posibilidades ofrecida por la antropología social
y cultural (especialmente con la “descripción densa” de Cliford Geertz, como lo afirma Levi, en un artículo
llamado Sobre la microhistoria); o se adhieren a enfoques como los ofrecidos por el psicoanálisis y ciertas
derivaciones de la lingüística5. Con todo este abanico de referentes teóricos, la microhistoria puede considerarse
como una propuesta ecléctica; no obstante, siguiendo solamente la obra de Ginzburg en los setentas, este autor
expone que su propósito es una ampliación de la historia cultural, aunque, advierte en la introducción de El
Queso y los gusanos6 la complejidad del término, proponiendo particularmente en esta obra, examinar
analíticamente la “cultura popular” ante la “cultura oficial” de un contexto espacio-temporal específico. Pese a
que Ginzburg, tuviese en sus investigaciones una noción conceptual demarcada en sus ensayos, no sucede lo
mismo con los que se han adherido a la microhistoria, los cuales han surgido más allá de la península itálica en
las últimas décadas. En síntesis, se puede afirmar entonces, que la microhistoria ha consistido en un marco

4
Se hallan en GINZBURG, Carlo. Mitos, emblemas, indicios. Morfología e historia. Ed. Gedisa, Barcelona 1989.
5
SANDOICA, Hernández Elena, Tendencias… Op cit, p485.
6
GINZBURG Carlo, El Queso y los gusanos, Tercera edición en la colección Atajos, Barcelona, 1999.

4
heterogéneo de prácticas historiográficas, que se basan en principio, en la reducción de escala y aplican una
metodología característica, dejando principios teóricos propios de lado, ya que la teoría obtenida de otras
ciencias, es seleccionada dentro los intereses de cada propuesta y su utilidad estriba en las necesidades y
objetivos que busque el historiador. De esta forma lo afirma G. Levi: “muchos historiadores que practican la
microhistoria ha mantenido constantes intercambios con las ciencias sociales y han establecido teorías
historiográficas sin haber sentido, no obstante, ninguna necesidad a referirse a algún sistema de principios
propios. La microhistoria no posee un cuerpo de ortodoxia establecida en el que apoyarse 7”.

Por su lado, la microhistoria abre un debate sobre la racionalidad del quehacer histórico, pues desde sus inicios
refutaba al relativismo, la irracionalidad y la reducción de la obra del historiador como una actividad puramente
retórica que interpreta textos y los acontecimientos mismos 8; proponiendo un análisis del entretejido cultural,
desde lo micro a lo macro. Por lo tanto, a mediados de los setentas chocaba con las prácticas historiográficas
consolidadas, lo que trajo, como es lógico, la admiración y seguidores o la crítica y contradictores. Con respecto
a sus críticos, se puede observar que la microhistoria es considerada dentro de la “vuelta a la narrativa”, a
propósito del polémico artículo de Lawrence Stone, conocido como “The revival of Narrative: Reflections on a
New Old History”, publicado en Past and Present, para el año de 1979, quien crítica la “historia científica” por la
“crisis” que estaban atravesando para finales de los setentas, el modelo marxista, la propuesta de la escuela de
los Annales (el modelo braudeliano) y la cliometría con su utillaje cuantitativo, ante lo cual afirma Stone que se
hace necesario la vuelta a la narrativa, rescatando la cronología y la política, y que esto represente una nueva
forma de escribir la historia, la cual plantearía nuevas preguntas al pasado permitiendo mayor profundidad. En
este artículo, Stone, describe que dentro de las apuestas de este tipo se encuentra la microhistoria, ya que es
una apuesta ubicada en el relato. En respuesta a este artículo, se encuentra la réplica de Hobsbawn, titulada
«The Revival of Narrative: Some Comments» publicada unos meses más tarde, en el que afirma, que si bien se ha
ensanchado el campo de la historia, especialmente en la social, trayendo como consecuencia la dificultad teórica
de la escritura de la historia, situación que ha inclinado a que muchos historiadores en respuesta, hayan
ensayado procedimientos, sin embargo, Hobsbawn no está de acuerdo en que se haya vuelto a la narración
clásica. Continua diciendo que para la mayoría de los historiadores “el acontecimiento, el individuo, incluso la
recuperación de tal o cual modo de pensar que se enlaza con el pasado, no son fines en sí mismos, sino medios
de aclarar una cuestión más general, que va mucho más allá de la historia particular y de sus personajes”, y por
lo tanto las formas de escritura de la historia, que consideren las mentalidades, los acontecimientos y los
individuos, deben ser análisis complementarios de las estructuras y las corrientes socioeconómicas, no sus
sustitutos. De manera que para Hobsbawn, la escritura es solo cuestión de escogencia, ya que “mientras
admitamos que estudiamos el mismo universo, la opción entre microcosmos o macrocosmos será el problema
de selección de una técnica adecuada 9”.

Pero más allá de este importante debate de la disciplina histórica, que ubica a la microhistoria dentro de él, es
indudable que esta propuesta asume una exposición narrativa, teniendo como rasgo distintivo, para el caso de
Ginzburg, el incorporar al relato los procedimientos utilizados en la investigación, las técnicas requeridas y las
limitaciones encontradas en los documentos; a su vez, contiene una notable descripción narrativa que hace
7
LEVI Giovanni, “Sobre microhistoria”, en: BURKE Peter, (editor) Formas de hacer historia, Editorial Alianza universal,
Madrid, 1993, p119.
8
Ibid, p120.
9
Citas tomadas de: MOYA, Antonio Morales, “Historia y postmodernidad”, en Ayer, #6, 1992, p18.

5
“cómoda” la lectura, preocupación latente en cuanto a la recepción de estas obras, pues, como Levi y Ginzburg
lo decían, su pretensión no era escribir libros para públicos doctos, sino para el público en general, sin decir por
ello, que sus producciones carecieran de rigor o fundamentación analítica con las fuentes o sus resultados sean
nimios y ficcionales. En conjunto, aunque con excepciones, la microhistoria es una apuesta diferente de la
narración clásica. Pese a ello, ha suscitado acidas críticas como la de Josep Fontana, quien asevera que
simplemente “pretende identificar anécdotas y acontecimientos (story más que history) con investigaciones de
más fuste [y] las teorizaciones con que se intenta legitimar este género histórico-literario no son convincentes y
que a lo que parece conducir el método detectivesco a la Sherlock Holmes es al nombre de la rosa de Umberto
Eco y no siempre con la misma grata narrativa 10”.

Críticas como la anterior, son muestra de que la microhistoria estaba manifestando una distinta forma de
escribir la historia, lo cual para Fontana evidenciaba una inclinación de fragmentar la investigación del conjunto
de la sociedad, perdiendo la historia este fundamento esencial. No obstante, como ya se ha mostrado, la
microhistoria presenta otros intereses, tanto en sus estudios como en sus resultados, por lo que Fontana
desestima de tajo la propuesta, tan solo porque se aleja de esta perspectiva totalizante como él entiende la
historia y desvaloriza el método indiciario sin ninguna explicación. Ubicándonos un paso al costado de esta
crítica, es precisamente la forma de escribir la historia, para algunos, su punto más atrayente. Observemos, por
ejemplo, la obra paradigmática de Ginzburg, El Queso y los gusanos, libro publicado para el año de 1976, el cual
describe en el prefacio su marco analítico, y en consecuencia, su escritura, que dieron forma a este renombrado
texto. Este libro se enfoca en la vida de un molinero friulano, conocido como Menocchio, muerto en la hoguera
por orden del Santo oficio, situación que pasaría como normal en el siglo XVI y XVII, pero que Ginzburg
profundiza indagando los expedientes de los dos procesos que fueron usados para condenarlo, cada uno con
quince años de distancia; asimismo, recurre a documentos de sus actividades económicas y de una posible lista
de sus lecturas, haciendo uso de un análisis cualitativo. Con ello, estudiando en detalle los razonamientos de
Menocchio, logra destapar “un caudal no explorado de creencias populares, de oscuras mitologías
campesinas11”, en una relación contrariada con “los grupos de intelectuales de la época” y con las
consideraciones de la iglesia, por lo que encuentra la existencia de indicios que establecen una cultura rural
común en la Italia de esos siglos. A su vez en esta indagatoria, contextualiza las afirmaciones audaces de
Menocchio con los libros que leyó como por medio de la cultura oral que él compartía, esto enmarcado en las
condiciones de la reforma y la contrareforma. Situación que evidencia las estrategias de persecución por parte
de la oficialidad para socavar la cultura popular, usando la represión, la tortura y el aniquilamiento, caso que le
ocurrió a este singular personaje. Este libro presenta una forma de exposición estética notable y amplia el
conocimiento acerca de cómo la cultura oficial mantenía su hegemonía contra las bases subalternas en esa
época. Por tales motivos esta obra se ha convertido en un modelo de microhistoria, tanto por su método como
por su especial forma de escritura. En cuanto a este éxito, podemos observar un análisis hecho a este libro como
a la microhistoria por parte de los historiadores Justo Serna y Anaclet Pons, quienes afirman que su vigencia
luego de veinte años de su primera publicación, se explicaría “por la forma que Ginzburg da a su libro (…) y por
la forma en que analiza e interpreta a partir de las conjeturas de las que sirve, pero no por los análisis concretos
o las interpretaciones particulares que emprende 12”, como también, siguiendo a estos autores, es debido al
contenido y a la forma de exposición, las cuales están estructuradas a partir de tres partes: el prefacio, la
10
FONTANA Joseph, La Historia después del fin de la Historia. Barcelona: Crítica, 1992, p32.
11
GINZBURG Carlo, El Queso y los gusanos, Op Cit, pp9-16.

6
investigación y las notas. Con todos estos aspectos, El queso y los gusanos, es un texto interesante, tanto en su
forma como en su metodología usada, sin que el autor haya hecho una descripción literal de esto último en el
prefacio, pero aún así, se pueden encontrar indicios, que nos permiten observarla. Sin embargo, el método
usado por Ginzburg, lo vendría a exponer en un artículo conocido en español como Indicios, raíces de un
paradigma de inferencias indiciales (1989), aunque fue publicado por primera vez en italiano en el año de 1979.
Antes de entrar en sus aspectos, características y representantes de este método, observemos las palabras de
Giovanni Levi al respecto: “el enfoque microhistorico aborda el problema de cómo acceder al conocimiento del
pasado mediante diversos indicios, signos y síntomas. Es un procedimiento que toma lo particular como punto
de partida (particular que es a menudo altamente específico e individual y sería imposible calificarlo de caso
típico) y procede a identificar su significado a la luz de su contexto específico 13”.

Aproximación y perspectivas del método de inferencias indiciales

Partamos de una frase sintética y muy aclaratoria que hace Sherlock Holmes a su amigo el médico Watson,
redactor de sus casos detectivescos, cuando, deslumbrado como habitualmente lo está luego de descubrir el
fondo de un enigmático asunto, le describe su método investigativo: < Ya conoce usted mi método, se basa en la
observación de los pequeños detalles14>. Esta afirmación es sin duda, el punto central que resume este método
investigativo tan excepcional. Pero detenernos en ella, es mantener esa mirada usual de basarnos solo en lo que
la generalidad muestra a la vista, es preciso seguir, en consecuencia, sus raíces más antiguas, sus usos y
relaciones que han dado paso a que se considere como un modelo de investigación que no solo se expresa en
las averiguaciones detectivescas, sino que acoge a otras ciencias, disciplinas y al oficio del historiador.

Para ello, es necesario basar este apartado en Carlo Ginzburg y resaltar sus libros, Mitos, Emblemas. Morfología
e Historia, y El hilo y las huellas, lo verdadero, lo falso, lo ficticio 15, en los que nos presenta rigurosas
investigaciones que muestran la aplicabilidad de este método, además, abrió un campo, que ha sido valorado en
las últimas décadas, pues el aumento de las producciones historiográficas en la segunda mitad del siglo XX
basadas en este enfoque, lo demuestran. Por tal motivo, detengámonos en el artículo, indicios, raíces de un
paradigma de inferencias indiciales, ya que, al igual que su libro sobre Menocchio, han sido textos ampliamente
conocidos y emblemáticos para la microhistoria y para la descripción de lo que sería un método basado en los
indicios y en las conjeturas para la investigación en las ciencias humanas. Este renombrado artículo es un
ensayo, en “el que había sido capaz –dice Ginzburg- de atrapar alguna cosa que estaba flotando en el aire, en la
atmosfera de esa época, y que le había dado voz a ciertos temas difusos que se encontraban en estado de
reposo, bajo una forma latente 16”. En este sentido, Ginzburg, describe el “paradigma indiciario” identificando
tres niveles que agrupa: el nivel histórico, el nivel teórico y un nivel autobiográfico. Fue tal el éxito de este
12
Justo Serna y Anaclet Pons. Cómo se escribe la microhistoria. Ensayo sobre Carlo Ginzburg. Frónesis Cátedra. Universitat
de Valéncia. 2000. P28.
13
LEVI Giovanni, “Sobre microhistoria”, Op Cit, p124.
14
CONAN Doyle, Arthur, “El misterio del valle de Boscombe”.
15
Este libro se trata de una recopilación de ensayos, la mayoría de ellos ponencias presentadas a diferentes congresos
académicos entre 1984 y 2003. Presenta temas diversos sustentados por una abundante bibliografía y en temporalidades
disimiles, por ejemplo, la conversión de los Judíos de Menorca o Brujas y chamanes, son dos ejemplos, que si bien, surgen
por cuestiones investigativas que afrontaba para la década de los noventas, los temas y análisis que promueve se ubican en
condiciones espacio-temporales diferentes. Aún así, pese la densidad de los ensayos, consideramos que efectivamente,
hace uso de un método común, el cual es (como él mismo lo definió), el paradigma indiciario.

7
artículo17, que como él mismo lo refiere, tuvo miedo de convertirse en prisionero de un slogan que redujera su
carrera y proceso intelectual a un ensayo, por lo que rechazó las insinuaciones de convertirse en el “padre” de
la fórmula del paradigma indiciario, sin decir por ello que se alejara del método, al contrario, afirma haber
permanecido fiel a esta forma de llevar a cabo la investigación, aunque prefirió deliberadamente evitar el
término durante los siguientes veinticinco años 18. De todas formas, los planteamientos de este artículo se
expresan en una “explicitación y teorización de una estrategia cognoscitiva de existencia milenaria 19”, que ha
venido consolidándose en su relación con diferentes ciencias a través de los años y que a partir del siglo XIX ha
tenido eco dentro de las ciencias sociales que incluyen a la antropología, el psicoanálisis, la literatura, la
lingüística, entre otras. Este artículo, viene siendo la descripción a nivel epistemológico de una forma de
investigar que había sido usada en la obra El Queso y los gusanos, como también es una reflexión global
derivada de todo el proceso intelectual de Carlo Ginzburg. Para poder describir el surgimiento del paradigma
indicial, Ginzburg, recurre a un flashback a las comunidades primitivas, para situar el origen de la capacidad de
inferir las causas o las consecuencias a través de indicios. Así, comencemos este trayecto explicativo de
aproximación al método, desde el hombre cazador y su experiencia.

La acumulación de experiencias para la caza, es una evidencia que el ser humano, fue aprendiendo y efectuando
complejas operaciones mentales para rastrear, perseguir y ubicar, desde minucias su próximo alimento. Este
patrimonio cognoscitivo fue transmitido de generación en generación, mejorando cada vez lo aprendido,
olfateando, observando, interpretando y clasificando un sin número de rastros que le indicaban su presa. Esta
habilidad se le ha llamado saber de tipo cinegético y su principal característica es la “capacidad de remontarse
desde datos experimentales aparentemente secundarios a una realidad compleja, no experimentada en forma
directa20”. Igualmente, esta forma de tomar minucias para descubrir los hechos o los animales de forma no
experimental, también se presentaba en ciertos aspectos con los textos adivinatorios mesopotámicos, en cada
caso se observan operaciones intelectuales similares (análisis, comparaciones, clasificaciones) aunque cada uno
tuviese distinto objetivo21. Siguiendo la cronología que propone Ginzburg, en Grecia se produce un cambio en
estas formas de interpretar los detalles, con el surgimiento de disciplinas como la medicina, la historiografía y la
filología. Pero es especialmente en la primera que el paradigma indicial proporcionó el cambio, evidente en la
noción de “síntoma” de la medicina hipocrática. Esta noción de síntoma en los pacientes trata de individualizar
el caso para notar sus detalles inadvertidos que determinan el tipo de malestar. Así el método indicial como

16
GINZBURG, Carlo, “Reflexiones sobre una hipótesis: el paradigma indiciario, veinticinco años después”, en:
Contrahistorias, #6, México, 2006, p8.
17
Para Carlos Aguirre Rojas, considera el artículo de indicios, para el año de 2006 “el más importante ensayo de
metodología histórica escrito en los últimos cuarenta años, solo comparable con el también excepcional ensayo de Fernand
Braudel sobre Historia y ciencias sociales, La larga duración, de 1958”. A tal punto reconoce el éxito de este ensayo, que
afirma que se ha convertido en un referente metodológico imprescindible, dentro de la formación de todo historiador. En
“Indicios, lecturas indiciarias, estrategia indiciaria y saberes populares”. Contrahistorias, #6, México, 2006, p38.
18
GINZBURG, Carlo, “Reflexiones sobre una hipótesis: el paradigma indiciario, veinticinco años después”, Op Cit. p9.
19
AGUIRRE, Rojas Carlos, “Indicios, lecturas indiciarias, estrategia indiciaria y saberes populares”. Contrahistorias, #6,
México, 2006, p41.
20
GINZBURG, Carlo. “Indicios, raíces de un paradigma de inferencias indiciales”, en: Mitos, emblemas, indicios. Morfología e
historia. Ed. Gedisa, Barcelona 1989. p144.
21
La adivinación se dirigía al futuro, el desciframiento cinegético al pasado.

8
fundamento epistemológico ha estado unido a la medicina y a la labor de los médicos 22, desde hace muchos
siglos manteniéndose hasta la actualidad.

Ginzburg, expone que este método, se observa aplicado en otras disciplinas que tienen por objetivo desentrañar
cuestiones que merecen un análisis exhaustivo y detallado. Sin duda, la indagación de la originalidad o la
falsificación de las obras pictóricas desde el siglo XVI, fue una de ellas. Giulio Mancini, quien planteaba la
datación de las obras, la variedad de las pinturas y su característica diferenciadora según la época donde fue
elaborada, como también, los “caracteres” que permitían su individualización y comprobación 23, son prueba de
ello. Según Ginzburg, Mancini hacía uso de pequeños detalles para lograr sacar sus conclusiones. A su vez, el uso
de los caracteres, fue un baluarte para que surgieran los modelos de crítica de los textos, como la paleografía, la
grafología y la profesión de connoisseurship24. Pero debemos reiterar, que fue en la medicina y en el trato con el
paciente lo que hizo que el método de análisis fuese indirecto e indicial, como lo expreso Canabis en La certeza
della medicina, a finales del siglo XVIII, cuando afirmaba que la enfermedad revestía una particularidad y
características individuales, lo que la generalización o la influencia cuantitativa no podían abarcar con
rigurosidad25. Aún así, el paradigma indicial, estaba oculto pero no estancado en el tiempo, bien puede notarse
en la exaltación que tuvo gracias a la literatura ficcional en el siglo XVIII y XIX. La reedición de cuentos antiguos
orientales, esencialmente, uno que trataba a tres hermanos juzgados por un robo que no cometieron, pero que
hicieron una interpretación de una serie de indicios para describir el animal perdido, fue repetidas veces
impreso y traducido en varias lenguas y recopilaciones 26. Así, surge a propósito del lugar de procedencia de estos
hermanos, el neologismo acuñado por Horace Walpole en 1754, conocido como serendipity, para designar “los
descubrimientos imprevistos, llevados a cabo al azar y a la inteligencia 27”. En este cuento oriental, según
Ginzburg, se hallaba el embrión de la novela policial, tan prospera y prolija a finales del XIX y principios del XX.

Antes del entrar al mundo de lo novelesco y sus excelentes obras detectivescas, observemos según el orden de
Ginzburg, otras apuestas que han hecho uso del método indiciaro. Con la aparición de las “ciencias humanas”
en el siglo XIX, surgen nuevos ejemplos, como la frenología, la paleontología y sobre todo se afirma por su
prestigio epistemológico y social, el método en la medicina 28; en cada uno de ellos, el detalle y la
individualización de las cabezas, fósiles o pacientes se encuentran singularidades y características
diferenciadoras. Esta tendencia, para esos años también fue tomada por el poder de los Estados, ya que

22
Según, Justo Serna y Anaclet Pons, afirman que la reiterada referencia que Ginzburg hace de la labor de los médicos se
debe porque establece “evidentes analogías entre la medicina y la historia, como prácticas basadas en testimonios
indirectos, observaciones indiciarias e inferencias conjeturales”. En: “Formas de hacer microhistoria”, publicado en Ágora,
Revista de Ciencias Sociales, Valencia, # 7, 2002. Se puede observar en la red: http://www.uv.es/jserna/Fhm.htm
23
GINZBURG, Mitos… Pág. 151
24
Según Ginzburg, connoisseurship se relaciona con la aparición de una figura social caracterizado por ser conocedor de un
arte, en este caso las obras pictóricas, siendo Mancini uno de los primeros quien logró esa fama en el mercado artístico.
25
Ibíd. Pág.155
26
Por ejemplo, Voltaire lo adapta manteniendo la misma trama argumental con el nombre de Zadig y el destino,
específicamente en el apartado tercero llamado, el perro y el caballo, donde Zadig logra describir con lujo de detalles estos
animales de la reina extraviados en el bosque, solo siguiendo las huellas que habían dejado en el camino. Al responder que
nunca los había visto, lo acusan de haberlos robado; posteriormente puede demostrar que su descripción la hizo por medio
de inferencias realizadas a través de rastros que él había notado en el bosque, abduciendo su forma y particularidades,
obteniendo así su libertad. En: http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/voltaire/zadig.htm
27
GINZBURG, Mitos… Pág.156
28
Ibíd. Pág.158

9
necesitaban para el control y regulación de la población, determinar a todos los individuos, siguiendo rasgos
mínimos y específicos. Ante esta necesidad, surgen modelos para identificar a las personas. Se crea el método
Antropométrico de Alphonse Bertillon, basado en minuciosas mediciones corporales, que confluían en una ficha
personal. Este método era de suyo, enredado y la estrategia del “retrato hablado” hizo que la identificación de
las personas, y en especial de los reincidentes de delitos, fuese complicada y dada al error 29. Para suplir estas
falencias, a finales del XIX, surge la apuesta, exitosa de hecho, desarrollada por Galton, que se enfocaba en la
singularidad de las huellas digitales, marca indeleble de individualidad. Con este detalle, el objetivo de control
estatal a la población, fue conseguido, dado por una señal biológica específica.

Ahora bien, ya luego de observar grosso modo, algunas opciones surgidas a lo largo de los siglos que tienden a
hacer uso del método indicial, detallemos sus características prácticas. La medula del paradigma indiciario,
puede entenderse cuando en el caso de una investigación, el conocimiento directo y general no resulta posible,
para lo cual se hace necesario tomar zonas “mudas”, pruebas, indicios, que permiten descifrarla. En este tipo de
conocimiento de minúsculas particularidades, entran en juego elementos como el olfato, la vista, y la
concentración, remitiéndonos a quien lo usa, pero a su vez, debe estar dotado de una perspectiva analítica del
momento y la cuestión, debe tener un conocimiento de la gestualidad, de las características corporales, de las
acciones en diferentes condiciones, de los silencios, de los cambios de ánimo, etc. para referirnos al caso de las
personas, como también, observar los detalles “invisibles” para el ojo común, en el análisis, por ejemplo de una
obra de arte. Al respecto, Ginzburg, recurre al ejemplo del método morelliano, que consistía en examinar los
detalles menos trascendentes, y menos influidos por las características de la escuela pictórica a la que el pintor
pertenecía: los lóbulos de las orejas30, las uñas, la forma de los dedos de manos y pies 31”, siendo estas minucias
razones para distinguir la originalidad de la copia. Este método de carácter indicial de Morelli, como lo muestra
Ginzburg, tuvo influencia en el psicoanálisis freudiano, puesto que en el ensayo El Moisés de Miguel Ángel, de
1914, Freud decía: “Yo creo que su método –Morelli- se halla estrechamente aparentado con la técnica del
psicoanálisis medico. [Ya que] es capaz de penetrar cosas secretas y ocultas a base de elementos poco
apreciados o inadvertidos32”. Así, se puede notar una identificación de los detalles de la individualidad artística
con los elementos inconscientes que Freud examina, puesto, que los dos están ocultos y deben remitirse a un
riguroso análisis, para que salgan a la luz. Para varios autores que han indagado sobre el método investigativo
del psicoanálisis freudiano, no dudan en afirmar que las inferencias indiciales sobre los síntomas que presente el
paciente, son el modelo aplicado en la interpretación de los casos que Freud asumió, es decir, “el método
indiciario sería subsidiario para el psicoanálisis, ya que se basa en cosas aparentemente insignificantes que
pueden revelar fenómenos profundos y significativos 33”. Por ejemplo en su obra La interpretación de los sueños,
a lo largo de los capítulos y presentando ejemplos de variado tipo, Freud sienta la tesis de que el sueño es una
realización de deseos, describiendo los mecanismos de su elaboración y teoriza sobre el aparato psíquico que
distingue el inconsciente, preconsciente y consciente, concluyendo que los sueños son la mejor vía de acceso al

29
Ginzburg, muestra lo dificultoso del método antropométrico, considerándolo puramente negativo.
30
De igual manera en una investigación de Sherlock Holmes titulada La aventura de la caja de cartón, Conan Doyle precisa
la utilidad del conocimiento del detective al respecto de las características que poseen las orejas, en cuanto a su forma y
circunvalación, lo cual le proporcionó un indicio clave para resolver este singular caso.
31
GINZBURG, Mitos… pág.139
32
Ibíd. pág.141
33
PULICE Gabriel, Federico Manson y Oscar Zelis, Investigación & Psicoanálisis. De Sherlock Holmes, Dupin y Peirce a la
experiencia freudiana, Editorial Letra Viva, Buenos Aires, 1999, p130.

10
inconsciente, no solo de los enfermos (como en un principio se limitaba la terapia) sino de los sanos. Esto pudo
obtenerlo por la equiparación de los sueños con los síntomas que presentaban los pacientes, analizando los
detalles, de hecho, Freud fragmentaba los sueños en sus partes reveladoras y hacía que los pacientes
discurrieran sobre ello, así lo describe Freud: “el primer paso en la aplicación de este procedimiento enseña que
no debe tomarse como objeto de la atención todo el sueño, sino los fragmentos singulares de su contenido 34”.
Estas palabras de Freud, son muy parecidas en su sentido, a las usadas por Sherlock Holmes, cuando aconseja a
Watson al decirle “nunca se confíe de impresiones generales: debe concentrarse en los detalles… 35”. En ambos
podemos observar un trabajo de análisis similiar, por ejemplo en Estudio en escarlata, Holmes, ahí donde la
policía trata de hacer una lectura de la situación en conjunto, él comienza a interrogar cada uno de los distintos
detalles de la escena del crimen, empezando por las huellas de las pisadas, la ceniza del tabaco, una tarjeta
encontrada en uno de los bolsillos de la víctima, etc. En Freud el planteamiento es análogo, pues para la
interpretación de los sueños, se va ubicar “en aquellos detalles más oscuros, donde el sujeto no puede dar
cuenta a nivel de la conciencia de nada en relación a la procedencia de esos elementos (…) porque esos detalles
son huellas de la manifestación del sujeto por fuera del campo de la conciencia y que, por lo tanto, esto mismo
indica que son lo más cercano a la verdad que lo habita, porque emergen del inconsciente 36”.

De esta manera, podemos relacionar el método de inferencias indiciales, con las creaciones literarias de la
narración policial, especialmente con las aventuras de Sherlock Holmes, el primero que puso en práctica el
método de la detección del crimen científico 37 y el inventor de la celebrada “Ciencia de la deducción y el
análisis38”. Es tal su fama, que las personas conocen su profesión y sagacidad, pero no saben acerca de su
creador. Sir Arthur Conan Doyle, creador del detective, tiene algunas características que se identifican con
Morelli y Freud: los tres estudiaron medicina, aunque cada uno tomara otros rumbos investigativos, esta
peculiaridad los une, sumado a que hicieron uso en sus obras escritas, del método indicial para indagar y
descubrir: la originalidad de las obras de arte (los rasgos pictóricos en Morelli), los síntomas del inconsciente
(Freud) y los indicios para solucionar un enigma (Sherlock Holmes), a todos juntos los une el análisis de
“vestigios”, infinitesimales, que permiten captar una realidad más profunda, de otro modo inaferrable. Pero
añadamos otro excepcional hombre, que es considerado como un notable intelectual en Norteamérica, por su
extensa obra en varias ciencias y disciplinas, el filosofo pragmatista y conocedor de la medicina, aunque no
titulado, Charles Sanders Pierce, quien en sus borradores y apuntes, evidencia el uso del método indicial y
conjetural en ciertas circunstancias de su propia vida, aunque él lo define como “abducción o retroducción”. Su
explicación del método consistía en que cualquier nuevo conocimiento depende de la formación de una
hipótesis, decía: «sin duda alguna, al principio no parece haber, en absoluto, espacio para la cuestión que le da

34
FREUD Sigmund, La interpretación de los sueños, editorial Planeta, Bogotá, 1986. Pág.146.
35
CONAN Doyle Arthur, “Un caso de identidad”.
36
PULICE Gabriel y otros, Investigación & Psicoanálisis… pág.178
37
Un ejemplo fascinante de la expresión de este método usado en la narración detectivesca de Sherlock Holmes, puede ser
Estudio en escarlata, publicada por Conan Doyle en 1887, donde presenta por primera vez este prodigioso personaje y
describe sus altos dotes de científico y gran observador, como también su método abductivo ligado por la identificación de
indicios que para las autoridades de Scotland Yard habían pasado inadvertidos. No obstante, el escritor norteamericano
Edgar Allan Poe, para la década de los cuarenta le dio vida Auguste Dupin, investigador de casos criminales, expresadas en
tres cuentos, con relevancia en crímenes de la calle Morgue, en los cuales presenta a este personaje dotado de raciocinio y
de lógica para resolver los casos, por lo tanto en términos cronológicos es el primer detective ficcional de la novela policial.
38
SEBEOK, Thomas A. y Jean Umiker-Sebeok. Sherlock Holmes y Charles S. Peirce. El método de la investigación. Ed. Paidós
Comunicación. Barcelona, 1987. Pág.30

11
soporte, puesto que de un hecho actual sólo se infiere un puede‐ser (puede‐ser y puede no‐ser)39 ». Peirce
describe la formación de una hipótesis como «un acto de penetración», de «sugestión abductiva» que se nos
acerca «como un relámpago»; la abducción es «meramente preparatoria 40», o «el primer paso del razonador
científico» que despierta cierta emoción. Los otros «tipos fundamentalmente diferentes de razonamiento» en el
método que propone son la deducción y la inducción. En resumen, la adopción de una hipótesis o una
proposición que pueda llevar a la predicción de que parecen ser hechos sorprendentes se llama abducción. El
camino por el que se trazan los probables y necesarios resultados experimentales de nuestra hipótesis se llama
deducción. Inducción es el nombre que Peirce da a la prueba experimental de la hipótesis 41. Este método, fue el
que utilizó Pierce para descubrir el ladrón de su reloj y su abrigo, escogiendo el personaje, entre varios, que
sospechaba, manteniendo «un estado pasivo y receptivo» que percibieron las señales reveladoras 42. Pareciera
que esta descripción de un episodio de la vida de Pierce, fuese una de las aventuras de Sherlock Holmes, pero su
parecido está en que juntos, tanto en la realidad como la ficción, hacen uso de un método que se fundamenta
en la observación de los pequeños detalles.

Conclusiones

Como bien hemos podido notar, el método de inferencias indiciales, ha venido practicándose en diferentes
asuntos de indagación. A partir del rescate de los indicios, se provee una fuente de generación de conocimiento
para las ciencias sociales, permitiendo que se ensanche los objetos de estudios en ellas, y para la disciplina
histórica es un modelo metodológico que ha servido para perfilar un tipo de historiador 43 y un enfoque de
investigación en la microhistoria. En general, esto se debe, según Carlos Aguirre, porque el método sostiene dos
aspectos fundamentales: primero, a través, de los indicios se abre el acceso a todo un conjunto de realidades
que habían sido ignoradas o pasadas por alto, por la historia y las ciencias sociales. Segundo, el paradigma
indiciario, va a vincular las necesidades de abarcar diferentes dimensiones de los hechos históricos, pues
reivindica procesos y elementos individuales, como también procesos y elementos generales. Debido a que el
indicio “sólo adquiere sentido en tanto tal, si es capaz de revestirse de un significado revelador de estructuras
profundas, y por lo tanto, de procesos y tendencias generales y universales 44”, es decir, plantea nuevos términos
para la dialéctica entre lo general y lo particular dentro de la historia, pues es a través de la indagación y análisis
de los indicios que se pueden observar y restituir, tanto la singularidad del caso individual, como la presencia y
manifestación de las normas o patrones comunes y generales, dentro del objeto de estudio.

39
Ibíd. Pag30.
40
Para Pierce, la abducción es el inicio para esclarecer un enigma, pero para que se valide, debe ser contrastada o verificada
con la realidad.
41
Ibíd. pág.34.
42
Ibíd. Pág.33.
43
Retomando a Justo Serna y Anaclet Pons, describen metafóricamente la forma cómo, Ginzburg considera la labor del
historiador: “es como un sabueso, alguien que husmea, alguien que olfatea, que desconfía, que sabe de las íntimas e
insospechadas relaciones de la realidad, alguien que ve porque sabe mirar, porque sabe buscar. Ocupado de aclarar asuntos
extraños o aparentemente carentes de sentido, ese investigador está despierto porque sabe que no puede renunciar a su
objeto, porque sabe que debe proponer interpretaciones verosímiles apoyadas en datos empíricos. Es como el detective
que basándose en huellas menores avizora conexiones que para otros son simplemente invisibles”. En: “Formas de hacer
microhistoria”, Op Cit, p23.
44
AGUIRRE, Rojas Carlos, Op Cit, p43.

12
El método de inferencias indiciales, ha estado presente desde tiempos inmemoriales, como es lógico, sin que
ello revistiera una delineación conceptualizada, sino que surgió por las capacidades de diferentes sujetos a
través de la historia con el deseo de desentrañar asuntos que requieren un análisis escrupuloso, enfocándose en
las huellas, los vestigios, los indicios, los síntomas unido a un trabajo riguroso de abducciones que luego de
examinadas permiten llegar a resultados que la mirada general no abarcaría. Es de esta forma, que los
microhistoriadores italianos, han desarrollado sus investigaciones, siendo entre otras cosas, una de las causas
para que esta propuesta historiográfica fuese tan “sugestiva” para varios que se han vinculado con ella; no
obstante, la microhistoria y el método indiciario, como ya lo hemos mostrado, surgen en paralelo pero
confluyen en la producción de Carlo Ginzburg y otros, siendo particularmente este autor, el promotor de esta
forma de investigar y escribir la historia, expuesto notablemente en El queso y los gusanos, y en su artículo
Indicios…

Al amparo de las características del método y su amplitud hacia aproximaciones teóricas, juntas han permitido
ensanchar en las últimas décadas los objetos de estudios equiparables con la microhistoria; no obstante,
muchos historiadores afirman que ya ha agotado su perspectiva luego de los iniciadores italianos 45, de hecho,
Ginzburg y Levi, para mediados de los noventas hablaban de la crisis de la microhistoria, y en una entrevista para
1999, Levi afirmaba que ya nadie la hacía, afirmando que muchos que lo intentan, se ocupan de cosas que no
interesan a nadie y que han mostrado una imagen falsa de la propuesta, por lo que aboga por la utilidad que
puede permitir un estudio riguroso, pero rechaza esa trivialización destinada a revistas y a semanarios 46.

Aun conociendo las características de la microhistoria, y si se quiere sus límites, no podemos negar que es una
opción vigente y válida47 para los historiadores en la actualidad, puesto que el uso del paradigma indiciario, se
puede vincular a una mirada crítica de la labor del historiador, pues permitiría generar o reconstruir nuevas
formas del saber y del conocimiento de lo humano, en tanto requerimientos para analizar la sociedad del
presente observando condiciones ocurridas en el pasado, y en procura de pensar alternativas para un futuro
esperanzador.

Bibliografía

1) AGUIRRE Rojas Carlos, “Indicios, lecturas indiciarias, estrategia indiciaria y saberes populares”.
Contrahistorias, #6, México, 2006.
45
Peter Burke, en un apartado sobre la microhistoria, en Formas de hacer historia, plantea que por fascinante que
sea la microhistoria y destacando la profusión y valor de los estudios que han surgido luego de veinte años de
prácticas, se pregunta ¿no habrá llegado el momento de parar? Cuestión que la plantea aduciendo que después de
los pioneros, lo que se ha visto es una repetición de los mismos objetos de estudio, en diferentes contextos y que
en cierta medida ha provocado cierto hartazgo y agotamiento de la perspectiva.
46
LEVI Giovanini, de “crisis y resignificación de la microhistoria”, en Prohistoria #3, Madrid, 1999.
47
Para los citados Justo Serna y Anaclet Pons, consideran que pese a las críticas y a la defunción que algunos de sus
iniciadores, como Levi hayan afirmado de la microhistoria, este “proyecto historiográfico” como luego del 2003 lo suele
llamar Ginzburg, se mantiene vivo, “dado que el contexto en el que surgió la microhistoria se mantiene o, incluso, se
muestra más evidente, parece lógico que dicha práctica siga rindiendo frutos”. En: “¿no habrá llegado el momento de
parar?, publicado en Pasado y Memoria, #3, Universidad de Valencia, 2004, págs.255-263.

13
2) CONAN Doyle, Arthur, “El misterio del valle de Boscombe”.
3) --------------------------, “La aventura de la caja de cartón”
4) --------------------------, “Un caso de identidad”
5) --------------------------, “Estudio en escarlata”
6) FONTANA Joseph, La Historia después del fin de la Historia. Barcelona: Crítica, 1992.
7) FREUD Sigmund, La interpretación de los sueños, editorial Planeta, Bogotá, 1986.
8) GINZBURG, Carlo, El hilo y las huellas, lo verdadero, lo falso, lo ficticio. Buenos Aires: Fondo de Cultura
Económica, 2010.
9) ---------------------, Mitos, emblemas, indicios. Morfología e historia. Ed. Gedisa, Barcelona 1989.
10) ---------------------, El Queso y los gusanos, Tercera edición en la colección Atajos, Barcelona, 1999.
11) ---------------------, “Reflexiones sobre una hipótesis: el paradigma indiciario, veinticinco años después”,
publicado en: Contrahistorias, #6, México, 2006.
12) JUSTO Serna y Anaclet Pons. Cómo se escribe la microhistoria. Ensayo sobre Carlo Ginzburg. Frónesis
Cátedra. Universitat de Valéncia. 2000.
13) ----------------------------------, “Formas de hacer microhistoria”, publicado en Ágora, Revista de Ciencias
Sociales, Valencia, # 7, 2002.
14) ----------------------------------, “¿No habrá llegado el momento de parar?, publicado en Pasado y Memoria,
#3, Universidad de Valencia, 2004, págs.255-263.
15) LEVI Giovanni, “crisis y resignificación de la microhistoria”, en Prohistoria #3, Madrid, 1999.
16) ------------------, “Sobre microhistoria”, en: BURKE Peter, (editor) Formas de hacer historia, Editorial
Alianza Universal, Madrid, 2003.
17) MOYA, Antonio Morales, “Historia y postmodernidad”, publicada en Ayer, #6, 1992.
18) PULICE, Gabriel, Federico Manson y Oscar Zelis, Investigación & Psicoanálisis. De Sherlock Holmes, Dupin
y Peirce a la experiencia freudiana, Editorial Letra Viva, Buenos Aires, 1999.
19) SANDOICA, Hernández Elena, Tendencias historiográficas actuales, Escribir historia hoy, ediciones Akal,
Madrid, 2004.
20) SEBEOK, Thomas A. y Jean Umiker-Sebeok. Sherlock Holmes y Charles S. Peirce. El método de la
investigación. Ed. Paidós Comunicación. Barcelona, 1987.
21) VOLTAIRE, “Zadig y el destino” Cuento oriental.

14

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