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Motivación y Emoción

Tema 4. Modelos teóricos en el estudio científico de la emoción


Introducción
Según Caparrós, al hablar de emoción nos referimos a ''una serie de fenómenos conductuales de muy diversa
naturaleza y nivel que han sido objeto de estudio a lo largo de la historia de la psicología desde las más diversas
perspectivas: introspeccionista, psicoanalítica, conductista, funcionalista y fisiológica.

1. Las primeras tradiciones históricas en el estudio de la emoción


El estudio de la emoción ha interesado a los pensadores de casi todas las épocas. No hace falta más que recordar la
doctrina hipocrática, la filosofía platónica o la teoría humoral galénica para constatar la emoción y sus perturbaciones.
También los estoicos destacaron el componente nocivo de las pasiones, cuya influencia producía graves perturbaciones
del alma. En la Edad Media, el alma se concebía como una entidad tripartita, con una parte concupisciente, donde
residían los apetitos, una irascible, origen de las pasiones, y una racional, sede del entendimiento y en continuo conflicto
con las dos anteriores. Fue en el Renacimiento cuando surgió un interés general por el estudio de las pasiones al margen
de lo místico y lo teológico.

Teorías periféricas avant la lettre


La teoría de James-Lange, sostiene que la emoción se origina en la percepción de los cambios somáticos. En su
momento, esta idea no fue novedosa, ya que, según la teoría cartesiana, la sensación que produce un estímulo
emocional primario se transmite al cerebro, donde es ''mecánicamente'' evaluada, dando lugar a una serie de eferencias
que se transmiten a glándulas y músculos, provocando las respuestas físicas apropiadas. La información de los ''efectos''
de estas acciones retorna al cerebro a través de los nervios sensitivos, que llegan a la glándula pineal, cuyo contacto con
el alma es lo que produce la pasión o experiencia emocional.
En el siglo XIX, encontramos la primera referencia explícita a la controversia entre teorías periféricas y centrales, que
sitúa el origen de los postulados periféricos en las teorías de las sensaciones del siglo XVIII. En cambio, las teorías
centrales trataban de explicar los afectos a partir de los procesos mentales. Según estas teorías, no hay respuesta
emocional sin una reacción fisiológica ni sin una valoración subyacente.

James: en el umbral de la psicología de la emoción contemporánea


La propuesta de William James fue expuesta por primera vez en el artículo publicado en Psychological Review,
reconociendo que deberían contemplarse los procesos valorativos como antecedentes emocionales.
Esta propuesta supone un acercamiento a los modelos centrales.
Los supuestos básicos que se atribuyen a la teoría de James-Lange son los siguientes:
1) Existe una percepción inmediata de los cambios viscerales.
2) Los cambios viscerales son necesarios para que se dé la emoción.
3) Existen patrones viscerales específicos para las distintas emociones.
4) La activación inducida de los cambios viscerales correspondientes a una emoción concreta debe producir esa
emoción.

El vasto legado de James


La teoría bifactorial de Schachter y Singer constituye la herencia directa del modelo de James-Lange, una herencia
que también tuvo en cuenta las críticas formuladas por Cannon, de ahí que el propio Schachter califique su teoría de
''jamesionismo corregido''. Según esta aproximación, la emoción resulta de una activación fisiológica inespecífica y de la
subsiguiente valoración cognitiva de la situación en que ocurre dicha activación. Del mismo modo, este modelo reconoce
la necesidad de una dimensión cognitiva que determina la cualidad de la emoción y la caracteriza como tal.
La propuesta de James integra hasta cuatro niveles explicativos diferentes: un nivel fisiológico, un nivel ideacional, un
nivel conductual-expresivo y un nivel perceptivo intermedio.

La teoría de la activación
La activación (arousal ) se entendía como un constructo unitario e inespecífico, que afectaba de forma generalizada a
toda la corteza cerebral. Fue Elisabeth Duff y quien inició esta tradición, investigando la activación vegetativa que se
asociaba a ciertos estímulos emocionales. Los descubrimientos que se realizaron desde la incipiente neurobiología y
ciencias afines, otorgaron solvencia a esta perspectiva, especialmente el descubrimiento de la Formación Reticular
Mesencefálica y de la función del SARA (Sistema Activador Reticular Ascendente), que activa de forma inespecífica las
áreas corticales.
Derr yberr y y Tucker demostraron que la FRM no era en realidad un sistema unitario, sino que contenía al menos
cuatro subsistemas específicos, neuroquímicamente distintos (dopaminérgico, noradrenérgico, serotoninérgico y
colinérgico), que se relacionaban con distintas funciones de activación-desactivación.
2. La tradición neurobiologicista
Esta aproximación se origina en las formulaciones fisiológicas de primera mitad del siglo XX, especialmente en la teoría
de Cannon-Bard, según el cual el tálamo y el hipotálamo eran responsables de la experiencia y de la conducta
emocional, respectivamente.

El circuito de Papez-MacLean
Los postulados de los principales investigadores de la emergente neurobiología fueron recogidos y sintetizados por
Papez, que defendía que las experiencias emocionales se relacionaban con la actividad de la región inferior de la
arquitectura cerebral. Propuso una serie de núcleos interconectados, cuya activación secuencial daba lugar a los
sentimientos más primarios, aquellos implicados directamente con la supervivencia y la reproducción.

El sistema límbico: entre el cerebro del reptil y el del primate


El término ''sistema límbico'' es usado para denotar la parte del cerebro más directamente involucrada en la mediación
de las emociones. El término se originó a partir de la hipótesis propuesta por MacLeanen, quien argumentó que existe un
conjunto de estructuras neuronales, funcionando como sistema, que es de importancia central para la emoción. Están
ubicadas alrededor de la frontera o borde entre el telencéfalo y el diencéfalo,de ahí el término límbico, en latín limbus
significa “borde”.
En 1970, MacLean desarrolló aún más su concepción del sistema límbico al colocarlo dentro de una teoría más amplia
que intentaba explicar los procesos emocionales en todos los niveles de complejidad. Ésta era la
hipótesis del cerebro triple. De acuerdo con esta visión, el cerebro había experimentado tres grandes etapas de
evolución de modo que en los mamíferos superiores existe una jerarquía de tres cerebros en uno, de ahí el término
cerebro triple (en inglés triune, literalmente “tres en uno”).
• El cerebro reptil, que comprende el tallo cerebral, regula los elementos básicos de supervivencia, como la
homeostasis. Es compulsivo y estereotipado (tortugas o salmones).
• El cerebro paleomamífero, que comprende el sistema límbico, añade la experiencia actual y reciente a los instintos
básicos mediados por el cerebro reptil. El sistema límbico permite que los procesos de supervivencia básicos del cerebro
reptil interactúen con elementos del mundo externo, lo que resulta de la expresión de la emoción general. Por ejemplo,
el instinto de reproducción interactuaría con la presencia de
un miembro atractivo del sexo opuesto, lo que genera sentimientos de deseo sexual.
• El cerebro neomamífero, regula emociones específicas basadas en las percepciones e interpretaciones del mundo
inmediato. Los sentimientos de amor hacia un individuo particular serían un ejemplo de este tipo de emoción. De
acuerdo con MacLean, en los humanos y otros mamíferos avanzados existen los tres cerebros.
PNL: Uso del lenguaje y el pensamiento para cambiar estructuras neuronales que no funcionan bien.

Asimetrías en el procesamiento cerebral de los afectos


El estudio de la asimetría cerebral ha relacionado el hemisferio izquierdo con lo ''racional'', el proceso analítico de la
información y ligado a la función lingüística, y el derecho a la elaboración de la información espacial y a un procesamiento
más holístico y más sintético, que incorpora los aspectos emocionales. De hecho, desde la neuropsicología clínica se ha
observado que lesiones importantes en el hemisferio derecho suelen desencadenar una falta de reconocimiento de las
expresiones emocionales y una profunda indiferencia afectiva.
Sin embargo, en los últimos años numerosos trabajos informan de hallazgos contradictorios:
– El procesamiento del afecto positivo se relaciona con el hemisferio izquierdo, mientras que el del afecto negativo con
el derecho, dándose un mecanismo de inhibición recíproca entre ambos.
– Según Davidson, la asimetría se da en el proceso aproximación/retirada-evitación. De este modo, la ira (negativa pero
de aproximación) activaría de forma diferencial el hemisferio izquierdo. Parece que esta actividad diferencial entre
hemisferios sólo se dan en los lóbulos prefrontales.

Procesamiento de imágenes emocionales


En el cerebro primate existen dos rutas para el procesamiento de estímulos visuales:
• La ruta dorsal: Predomina cuando se requiere una acción rápida, automática e independiente de la consciencia.
• La ruta ventral: Predomina cuando es necesaria una percepción explícita, sofisticada y controlada, como la
pertinencia y la evitación del error.
Percepción top-down; bottom-up.

Cerebro emocional según LeDoux


LeDoux centró su esfuerzo investigador en el estudio de la amígdala y en el de sus relaciones con otras áreas cerebrales
implicadas en el procesamiento emocional.
La amígdala se encarga principalmente de la formación y almacenamiento de memorias asociadas a sucesos
emocionales. Durante el condicionamiento del miedo, los estímulos sensoriales alcanzan el grupo basolateral de la
amígdala, particularmente los núcleos laterales, donde se forman asociaciones con recuerdos del estímulo. El núcleo
central está involucrado en el comienzo de las respuestas de miedo, incluida la paralización, taquicardia, incremento de la
respiración y liberación de hormonas del estrés. Daños en la amígdala impiden tanto la adquisición como la expresión del
condicionamiento de miedo, una forma de condicionamiento clásico de respuestas emocionales. La amígdala está
también involucrada en el condicionamiento apetitivo.
Además, resultados recientes sugieren que las diferencias sexuales en la amígdala podrían correlacionarse con
diferencias hemisféricas en la misma. Cahill et al. sugieren una teoría «derecha-varón, izquierda-mujer» de la actividad
de la amígdala. Así, las conexiones con la amígdala derecha facilitan un mejor seguimiento o vigilancia de estímulos
externos, y las conexiones con la amígdala izquierda facilitan un mejor seguimiento o vigilancia de estímulos internos.

Antonio Damasio: Hipótesis del marcador somático


Antonio Damasio intenta explicar con su teoría del "marcador somático" cómo las emociones influyen en nuestros
proceso de decisiones y razonamiento. El MS sería una señal en forma de sensación somestésica, que contribuye a
optimizar nuestras decisiones y nuestro razonamiento.
Mediante un largo proceso de aprendizaje, determinados estados somáticos se asocian a clases específicas de estímulos.
Así, frente a situaciones puntuales,el cuerpo entrega una señal en razón de sus experiencias anteriores. Es decir, nuestro
organismo a lo largo de su ontogenia va acumulando múltiples asociaciones del tipo situación/estado somático, de tal
forma que tiene un registro con su historia de variaciones en función de esas situaciones particulares. Frente a nuevas
experiencias, dicho registro permitirá buscar alguna situación similar que se haya tenido con anterioridad. De esta
manera,si la situación actual es asociada con una experiencia anterior que haya tenido un resultado negativo, el MS
“intentará” que rechacemos ese curso de acción. Si por el contrario, la nueva situación se enlaza con alguna experiencia
anterior positiva, que permita prever que la decisión tendrá éxito, el MS la promoverá.
El cuerpo entrega una señal frente a determinados estímulos que permite reducir nuestro campo de respuestas y hacer
más eficientes nuestros procesos de toma de decisiones y razonamiento. Es como si nuestro organismo nos hablara
mediante determinados estados somáticos, asociados a estímulos específicos, a través de un aprendizaje conductista de
aquellas respuestas (y su respectivo patrón fisiológico) más asociadas a resultados exitosos. Este proceso se daría en dos
tiempos: Primero, asociamos estas respuestas con nuestras emociones primarias (miedo, rabia, alegría) para luego
mediante el aprendizaje social, asociarse a emociones secundarias, lo que permite un rango más amplio de asociación
que las que entregan las seis emociones básicas. Sólo de esta forma conseguiríamos tan variada gama de estados
somáticos para la casi ilimitada posibilidad de estímulos con los que se puede enfrentar el organismo.
Las cortezas prefrontales serían las encargadas de la adquisición de las señales de los MS. Sus múltiples y variadas
conexiones con todas las regiones sensoriales, con los núcleos del tallo cerebral y del prosencéfalo basal, con la
amígdala, con la cingulada anterior y el hipotálamo; la mantienen actualizada de lo que ocurre al organismo en casi todos
los planos de su biología. Además, las cortezas PF pueden establecer relaciones entre el conocimiento del que ya
disponemos y las experiencias que enfrentamos permanentemente; todo esto mediado por la información de estados
somáticos en cada uno de estos momentos y sus continuas variaciones. En específico, la región prefrontal ventromedial
cumple una función crítica en la representación somatosensorial, interpretando las sensaciones de nuestro cuerpo,
asociadas a los eventos emocionales.
A través de lo que Damasio llama “representaciones disposicionales”, las cortezas PF establecen categorizaciones de las
distintas situaciones que ha debido enfrentar el organismo, creando así una especie de “banco de datos” ordenado sobre
nuestras distintas experiencias y a partir de cómo ha reaccionado nuestro cuerpo en aquellas situaciones. Por otra parte,
la conexión que tienen con todas las vías de respuestas (químicas y motrices) del cerebro, hacen que sus efectos sean
inmediatos y no mediados. Este es el caso de las cortezas prefrontales ventromedianas que, vía sistema nervioso
autónomo, generan respuestas químicas asociadas a la emoción.
Región orbitofrontal = Inteligencia emocional.

La eclosión neurociencia social


La neurociencia social puede entenderse como el estudio de los procesos sociales desde el punto de vista de la
neurociencia con el objetivo de entender la relación compleja y dinámica entre el cerebro y la interacción social. Este
término fue utilizado por primera vez a principios de los noventa por los psicólogos Cacioppo y Berntson. En la
actualidad podemos comenzar a encontrarle sentido a cómo el cerebro dirige el comportamiento social y a su vez a
cómo nuestro mundo social influye sobre nuestro cerebro y sobre nuestra biología.
Se trata de una nueva disciplina que surge de la combinación entre la investigación en psicología social y las
neurociencias cognitivas, cuyo objetivo es el estudio de las bases biológicas (inmunes, endocrinas, neuronales) de la
cognición y conducta social, combinando las herramientas más avanzadas de la neurociencia cognitiva como las técnicas
de neuroimagen y la neuropsicología, junto con la investigación en ciencias cognitivas y en ciencias sociales como la
psicología social, la economía y las ciencias políticas.

3. La tradición evolucionista

Charles Darwin o el principio de casi todo


Darwin reconoció explícitamente que el concepto de evolución no solo era aplicable a la morfología, sino también a la
conducta y a la vida mental de las especies. Su libro Expression of the Emotions in Man and Animals, publicado en 1872,
constituye un intento de demostrar que las emociones han evolucionado con funciones definidas y resultan esenciales
para incrementar las posibilidades de supervivencia y reproducción.
El evolucionismo en la psicología de la emoción
Darwin describió las similitudes entre las expresiones humanas y las de otras especies, aportó argumentos acerca del
posible origen de algunas expresiones faciales y corporales y hasta realizó una encuesta entre misioneros que vivían en
otras culturas para investigar si la expresión de las emociones era universal y ocurría de forma similar en todas las
poblaciones humanas. Su conclusión, que se mantiene hoy en día, es que algunas expresiones son universales mientras
que otras son más variables.

Problema Sistema Funcional Emoción Función Específica


Evitación de la amenaza
Depredación Lucha-huida Miedo-rabia
Eliminación de la amenaza
Evitar microbios/parásitos
Enfermedad Selección de comida Asco/Interés
Aprender acerca de nuevas comidas/recursos
Aumentar la probabilidad de contacto sexual
Encontrar pareja Sexo-apego Deseo-amor
Compromiso para un vínculo a largo plazo
Protección de la
Mantener la pareja Celos Proteger la pareja de los rivales
pareja
Amor filial Aumentar el vínculo entre padre e hijos
Proteger los hijos Cuidados
Simpatía/Compasión Reducir el malestar de individuos vulnerables
Culpa Reparar una transgresión propia en la reciprocidad
Cooperación y Ira/Cólera Motivar al otro a reparar la transgresión
Altruismo recíproco
engaño Gratitud Señalar y recompensar el vínculo de motivación
Envidia
Vergüenza Pacificar a un posible agresor
Desprecio Mostrar bajo estatus
Organización del
Dominancia/Sumisión Admiración Dar estatus a una entidad más grande
grupo
Orgullo Evitar a los miembros del grupo que violan los
Asco/Moral valores culturales

El interaccionismo evolutivo de Ross Buck


Ross Buck centra su aportación en torno a la existencia de unos sistemas motivacionales-emocionales básicos que
explicarían tanto el aspecto motivacional como el emocional de la conducta animal y humana. Son los PRIMES .
PRIMES es el acrónimo de Primary Motivational/Emotional Systems, y se refiere a unos sistemas propositivos especiales
que sirven para las funciones básicas de adaptación y homeostasis. La fuerza potencial intrínseca a los PRIMES constituye
la motivación, mientras la manifestación, la “salida” del sistema, es la emoción.
A su vez, los PRIMES implican respuestas adaptativas y se hallan relacionados con determinados sistemas neuroquímicos.
Existen PRIMES genéricos, comunes a la mayoría de las especies (p.e., los relacionados con las necesidades de alimento,
agua, aire,etc). Otros, en cambio, son específicos y dependen de las necesidades adaptativas de la especie en cuestión.
La manifestación o salida de los PRIMES, que constituye la emoción, puede darse a tres niveles:
– La llamada Emoción I es la manifestación más básica e implica funciones adaptativo-homeostáticas.
– La Emoción II supone su expresión externa, de la cual la más importante en la especie humana es, sin duda, la facial.
– Finalmente, la Emoción III, jerárquicamente superior, se desarrolla con la cognición y se relaciona con una salida
cognitiva “interna” que da lugar a la experiencia directa (a la vivencia) de los PRIMES.

Los niveles de organización jerárquica de los PRIMES


Los PRIMES se originan en diversos niveles de organización del sistema nervioso, desde los más simples a los más
complejos. Según Buck, esta jerarquía se corresponde con una jerarquía de estructuras nerviosas cuya complejidad
aumenta con la de los PRIMES que tienen a su cargo, una jerarquía que, además, se corresponde con la filogenética: los
patrones de conducta más simples son primitivos, mientras que los más complejos aparecen más recientemente. A
medida que avanzamos en la jerarquía de los PRIMES, mayor es la interacción de éstos con los llamados “sistemas
propositivos generales”, es decir, con la cognición y el aprendizaje.

La emoción como manifestación de la información motivacional


En el marco de este modelo, la emoción se define como la manifestación del potencial motivacional cuando éste es
activado por un estímulo desencadenante adecuado. Motivación y emoción son, pues, dos caras de la misma moneda: la
motivación es un potencial que se manifiesta a través de la emoción.
Según esta perspectiva, la emoción es un fenómeno que ocurre más o menos constantemente, reflejando tranquilidad y
satisfacción cuando el organismo funciona sin ninguna eventualidad conflictiva, o alarma cuando se hace necesaria una
actuación adaptativa. La experiencia emocional consciente se debe sobre todo a la Emoción III, en la que el sistema
cognitivo tiene acceso al estado de los PRIMES en forma de “cognición sincrética ”.
Los modelos expresivistas y la hipótesis del feedback facial
Tomkins concibe las emociones como programas innatos cuya razón de ser estriba en servir a las motivaciones
primarias. Cada emoción se caracteriza por una tasa específica de disparo cortical. No obstante, la experiencia emocional
no surge de la actividad del córtex, sino del feedback propioceptivo de la expresión facial de la emoción. Así pues, la
secuencia que da lugar a la emoción es la siguiente:

Activación cortical → Activación subcortical → Expresión facial → Feedback propioceptivo → Sentimiento

También Izard afirma que la respuesta facial constituye el correlato emocional por excelencia y que la principal función
de la emoción radica en su poder motivacional. Según este autor, existen diez emociones básicas: alegría, tristeza, miedo,
rabia, sorpresa, interés, asco, culpa, desprecio y vergüenza. Cada una de ellas posee una cualidad subjetiva propia que se
corresponde con un patrón único de expresión facial. Cada emoción básica conlleva una tasa particular de descarga
neuronal y un patrón comportamental específico. El resto de emociones secundarias resultan de la combinación de las
emociones fundamentales.
Otros modelos comparten estos enfoques evolucionistas:
a) Las emociones surgen de una base biológico-adaptativa y son modificables a través del aprendizaje social.
b) La percepción de un estímulo emocionalmente elicitante produce una actividad en determinadas estructuras
neurales.
c) Dicha actividad genera la experiencia emocional, la conducta emocional expresiva y los correlatos fisiológicos típicos
de la emoción.
d) El patrón de actividad neural, el patrón comportamental, el fisiológico y la experiencia subjetiva, son específicos para
cada emoción básica, existiendo un número limitado de ellas.
e) Se da un circuito de retroalimentación entre la acción motora expresiva y la experiencia emocional, de modo que la
primera influye sobre la segunda.

Sobre la universalidad de la expresión facial de las emociones básicas


Según Paul Ekman las emociones “básicas” merecen este calificativo debido a tres motivos fundamentales: 1) porque
existe un número limitado de ellas; 2) porque han sido seleccionadas por la evolución debido a su valor adaptativo; y 3)
porque pueden combinarse para formar emociones complejas. Las emociones básicas tienen un valor comunicador
universal: todos los miembros de nuestra especie interpretan su expresión de forma similar, independientemente del
contexto y las variables socioculturales.
En esta función comunicativa radica el valor evolutivo de las emociones básicas, cuya expresión resulta decisiva para el
desarrollo y la regulación de las relaciones interpersonales. Para que una emoción sea básica debe cumplir una serie de
requisitos: a) deben acompañarse de expresiones faciales y de una respuesta fisiológica específica; b) conllevan una
valoración automática; c) se originan en acontecimientos desencadenantes universales; d) se manifiestan también en
otros primates; e) presentan un inicio rápido; f ) su duración es breve; y, g) se asocian a pensamientos y a experiencias
característicos.

La perspectiva ecológica
Pese al valor incuestionable del estudio seminal de Darwin en torno a las expresiones emocionales, sabemos hoy que
algunos de sus argumentos se fundamentan en mecanismos de herencia lamarckiana, en presiones selectivas de grupo y
en la consideración de dichas expresiones como vestigios evolutivos, lo que motivado que se considere una aproximación
obsoleta.

Se considera que la premisa “las expresiones emocionales expresan una emoción” constituye una tautología todavía
pendiente de reformulación y contrastación empírica.
4. La tradición cognitivista

Los modelos de tradición bifactorial


Con la teoría de Schachter se inaugura la tradición bifactorial, basada en investigaciones que demuestran que una
emoción se genera a partir de la valoración (appraisal ) –que aporta la cualidad a la emoción- y de una activación
fisiológica –responsable de la dimensión intensiva. Cuando se da una activación para la cual no se dispone, en primera
instancia, de una cognición explicativa, buscamos una interpretación de la activación sentida. Los postulados
fundamentales de esta teoría son los siguientes:
I. Dado un estado de activación para el cual no disponemos de explicación inmediata, lo etiquetamos y describimos
nuestros sentimientos en términos de las cogniciones disponibles.
II. Dado un estado de activación fisiológica para el cual disponemos de una explicación apropiada, no surgen
necesidades valorativas, por lo que es improbable que etiquetemos nuestros sentimientos a partir de las cogniciones
alternativas disponibles.
III. Dadas las mismas circunstancias cognitivas, reaccionamos emocionalmente -o informamos de sentimientos- sólo en
la medida en que experimentamos un estado de activación fisiológica.

Modelos centrados en la valoración cognitiva

Magda Arnold, la pionera


Según esta autora, primero se da una valoración intuitiva e involuntaria que califica los estímulos, percibidos o
imaginados, como positivos o negativos. Dicha valoración tiene un componente motivacional, dado que puede inducir
una tendencia a la acción que, si resulta suficientemente intensa, genera el fenómeno emocional. El sentimiento,
entendido como experiencia consciente, surge en cambio de la valoración del estímulo previamente percibido, así como
de la activación fisiológica experimentada .

Richard Lazarus: Valoraciones, revaloraciones y capacidad de afrontamiento


Lazarus defiende que, en lugar de darse la valoración genérica bipolar (bueno/malo) propuesta por Arnold, se da una
valoración primaria que ya en sí es específica. Según sea la valoración, será la emoción. Así pues, evaluaciones de
amenaza conducen a emociones de miedo, evaluaciones de injusticia a emociones de rabia, evaluaciones de curiosidad a
emociones de interés, etc. Cada emoción implica un tipo concreto de valoración, una tendencia específica a la acción
(poder motivacional) y una expresión particular. El número posible de evaluaciones –y, por tanto, de emociones-
depende del conocimiento emocional del individuo y es, en consecuencia, específico de cada uno. Del mismo modo,
cambia también la forma de actuar de cada sujeto, su manera de enfrentarse al entorno.
Lazarus analiza estas estrategias de afrontamiento ( coping ), sugiriendo que existen dos grandes modos de afrontar una
situación determinada: a través de la acción directa – y, entonces, la valoración cognitiva del éxito o fracaso de dicha
acción determina nuestra experiencia emocional-, y a través de un proceso de revaloración ( reappraisal ), a nivel
puramente cognitivo .
En los últimos años, Lazarus ha relativizado su postura. Pese a reconocer que son plausibles otras formas de entender la
génesis emocional, su propuesta sigue girando en torno a las distintas valoraciones que originan la emoción, dado que
considera que es ésta una perspectiva con elevado valor heurístico y notable utilidad práctica. Recientemente, Lazarus
sugiere una aproximación molecular a los procesos de valoración. Dichos procesos evalúan una serie de componentes y
subcomponentes, algunos de los cuáles se relacionan con la “valoración primaria” (relevancia de los objetivos, facilitación
de los objetivos e implicación del yo, mientras otros se relacionan con la “valoración secundaria” (agente responsable,
potencial de afrontamiento y expectativas futuras).

El constructivismo de Mandler: de los esquemas inconscientes a la conciencia emocional


En un principio, la postura de Mandler se enmarca en la tradición bifactorial, pero, paulatinamente, va otorgando más
importancia a la cognición. Según Mandler, los aspectos fundamentales de la experiencia emocional son los siguientes:
I. La activación o arousal, que determina la dimensión intensiva de la emoción y se produce cuando aparece una
discrepancia en la percepción, la acción o el pensamiento.
II. El análisis del significado o valoración cognitiva (appraisal), que aporta la cualidad de la emoción. La experiencia
emocional se origina en una interacción recíproca entre arousal y appraisal: el análisis del significado puede también
modificar la activación vegetativa, lo que induce un cambio en la vivencia emocional a partir del cambio en la percepción
del arousal.
III. La conciencia, que hace finalmente posible la experiencia emocional. Para Mandler, la conciencia es necesaria para
que, a partir del arousal y la interpretación cognitiva (y de su interacción recíproca), se dé la experiencia emocional.
Mandler intenta demostrar las importantes implicaciones que tiene la noción de esquema en la construcción de las
emociones. Los esquemas forman nuestro conocimiento del mundo y dan lugar a nuestras expectativas ante una
situación específica.

El modelo bioinformacional de Lang


La propuesta de Lang constituye una de las aproximaciones más exhaustivas al estudio psicológico de la emoción. Lang
investiga la imaginería emocional, sosteniendo que las imágenes emocionales vienen codificadas de forma proposicional.
Según este autor, la estructura proposicional de la imagen emocional determina la activación fisiológica asociada a ella.
Según Lang, las proposiciones de respuesta producen una mayor activación psicofisiológica, lo que se traduce en un
cambio más acentuado en variables como la tasa cardíaca, la tasa respiratoria, la conductancia eléctrica de la piel, etc.
Según la evidencia experimental, también la experiencia emocional ante escenas fóbicas es más intensa cuando se
utilizan proposiciones de respuesta que cuando se utilizan proposiciones
de estímulo.
Lang sostiene, además, que los sujetos que manifiestan más reactividad fisiológica y mayor intensidad de experiencia
emocional ante de las imágenes, obtienen normalmente un mayor éxito terapéutico. Según Lang, la emoción es un tipo
de acción que, cuando se activa, se procesa como un programa motor y, al mismo tiempo, como un programa
conceptual. La información emocional es proposicional y se organiza en redes asociativas mnésicas. Cuando se activa un
número determinado de proposiciones de estas redes, se produce un procesamiento de la red en su totalidad. Esta
activación no se produce exclusivamente en presencia del estímulo real, sino que puede darse a partir de fotografías,
dibujos o, aún mejor, a partir de las descripciones del experimentador, sobre todo si se trata de proposiciones de
respuesta. Desafortunadamente, pese a que la evidencia experimental confirma que se da más activación fisiológica
cuando se utilizan proposiciones de respuesta, los resultados no son congruentes con la segunda parte de la hipótesis.
Así pues, de momento no hay indicios sólidos que induzcan a pensar que una mayor activación fisiológica suponga una
mayor efectividad del tratamiento.

El énfasis en la experiencia emocional: Frijda y Barret


Las aproximaciones que han recuperado el interés por la fenomenología del sentimiento, es decir, por la comprensión
de la emergencia de la experiencia emocional más allá de la explicación de sus causas, reconocen su deuda con el
naturalismo biológico de Searle, que denuncia el error materialista/empirista de confundir la evidencia sobre un
determinado objeto de estudio con el objeto en sí, o, dicho de otro modo, de reducir el análisis de la experiencia
emocional al de las causas que la provocan.
Entre los nuevos modelos de la experiencia emocional, destacan por su repercusión los formulados por Frijda y Barret.
La idea central que subyace a estas propuestas es que la representación mental de la emoción en un contexto o situación
específicos es un flujo de conciencia que cambia continuamente según la evolución del afecto esencial (dimensión
agradable-desagradable) y su interacción y mutua determinación con las valoraciones realizadas.
El cerebro integra y procesa continuamente información sensorial del mundo que nos rodea, sensaciones
somatoviscerales de nuestro propio cuerpo y el conocimiento que, a través de la experiencia, hemos acumulado acerca
de los objetos y situaciones. Este procesamiento produce un estado afectivo ligado al significado de una situación
particular, así como una disposición para actuar de una determinada manera. reaparecer.
Según estos modelos, el punto de vista según el cual una experiencia emocional es un estado mental cuyo contenido es a
la vez afectivo (agradable-desagradable) y conceptual (la interpretación de nuestra relación con el mundo que nos
rodea), resulta congruente con propuestas recientes sobre la neurobiología de la conciencia. Más concretamente, con las
que la relacionan con asambleas neuronales con un patrón de actividad neural sincronizado.

Las aproximaciones dimensionales


Numerosos autores han intentado llevar cabo una tipología de las emociones a partir, sobre todo, de las manifestaciones
conductuales y de los autoinformes de grupos de individuos . Según James, es absurdo cualquier intento de llevarlas a
cabo, ya que el número de emociones distintas que puede hallar cada investigador depende de la riqueza de su
vocabulario introspectivo y del entorno sociocultural en el que ha crecido .
Así pues, para James, resulta posible cualquier clasificación de las emociones, sin que ninguna sea del todo válida desde
el punto de vista científico. La cuestión, al fin y al cabo, se reduce a un problema del lenguaje ordinario ampliamente
tratado por el neopositivismo: no podemos esperar que a cada palabra que designa una emoción corresponda una
emoción psicológicamente diferenciada, ni que cada emoción posea siempre una “etiqueta” lingüística.
Algunos autores han intentado salvar este escollo, recurriendo a una determinación empírica basada en la información
suministrada por un grupo suficientemente numeroso de individuos con similar competencia lingüística. Una vez
obtenida la lista de términos que designan emociones, se procede a clasificarlos. Para ello se siguen básicamente dos
métodos distintos: a) la clasificación en función de dimensiones descriptivas generales b) la clasificación basada en su
agrupación en clusters o categorías. Según el ilustre psicólogo de Leipzig, las emociones pueden clasificarse a partir de
tres dimensiones: placer-displacer, excitación-tranquilidad y tensión-relajación.
Los resultados obtenidos indican que, de estos dos criterios de clasificación dimensional, el de la valencia hedónica
(agradable-desagradable) resulta primordial. Sin embargo, la discriminación entre las distintas emociones a partir de este
espacio bidimensional es limitado, por lo que, con frecuencia, es preciso contar con dimensiones adicionales.
Mas allá del afán taxonómico, es interesante preguntarse si en realidad percibimos las emociones directamente o, en
cambio, percibimos en primera instancia sus dimensiones. Aunque la respuesta no está clara, numerosos autores
defienden que, sea en primera o en última instancia, integramos de algún modo tales dimensiones: ¿cómo puede
explicarse sino que “sintamos” que algunas emociones (miedo y sorpresa) se parecen más entre sí que otras (alegría y
asco)? Desde este punto de vista, las emociones no serían categorías discretas, sino un continuo de valores en un espacio
multidimensional, de forma que a cada experiencia emocional le corresponderían unas determinadas coordenadas.
Recientemente, a raíz del impacto del concepto de valoración (appraisal) y de su supuesta relación antecedente con la
emoción, se ha sugerido que las emociones se generan a partir de la combinación de distintas categorías de valoración
(dimensiones categoriales de appraisal).

La emoción como proceso: interacciones en el dominio del tiempo


Los modelos anteriores comparten una misma carencia: son fundamentalmente estructurales , descriptivos y
elementalistas . Y lo son en el sentido de que se centran, por una parte, en el análisis de los elementos intervinientes,
de los componentes causales, de las dimensiones o de los estadios antecedentes de los estados afectivos, y, por otra, en
el establecimiento de cuál es su jerarquía y qué lugar ocupa cada uno en la secuencia discreta que conduce a la emoción.
Dicho de otro modo, se esfuerzan por desentrañar lo que podríamos llamar la arquitectura funcional de las relaciones
elementales de la valoración.
La oportuna distinción que establecen Palmero y Fernández-Abascal, entre las perspectivas que se centran en el
estudio de los contenidos del proceso emocional y las que realmente incorporan la dimensión de continuidad temporal y
dinamismo. Adoptando el lenguaje apropiado y la necesaria renovación epistemológica y meta-teórica, logran imbricar
en un continuo temporal los diversos factores o componentes de la emoción y las interdependencias que los definen.

El modelo de Leventhal: la propuesta de una valoración multinivel


Leventhal formuló el que se denominó modelo perceptivo-motor de la emoción. Su propuesta, considera que la
emoción se encuentra muy ligada a los sistemas semánticos, informándonos del significado afectivo de ciertas
percepciones y cogniciones, y de los estados internos momentáneos generados por la estimulación ambiental.
Leventhal sostiene que cada emoción se forma a partir de múltiples componentes y que surge de una serie de procesos
que ocurren en diversos niveles:
• En el nivel inferior de dicha jerarquía se hallan una serie de programas neuromotores innatos que se activan
automáticamente ante determinados estímulos y que dan lugar a las llamadas emociones básicas.
• Con la información que nos procura la experiencia, dichos programas neuromotores pueden ser controlados desde
un nivel superior, al que Leventhal llama “esquemático”, que es fruto de la propia historia de condicionamientos y que
da lugar a esquemas mnésicos sincréticos, reactivándose rápidamente ante la presencia de los estímulos condicionados.
Así pues, las emociones “automáticas” suscitadas por esta vía pueden considerarse “prototípicas” (de ahí que las
califique de “esquemas”).
• Finalmente, el nivel jerárquico superior corresponde a un sistema de representaciones abstractas, proposicionales y
autorreflexivas al que Leventhal llama “nivel conceptual” que es fruto del proceso de socialización y del contexto
cultural, y que incluye los criterios que van a servir al individuo para calificar un determinado evento como “emocional”.
Es en este nivel donde radica el control voluntario de la emoción y de la conducta asociada.

El modelo de Scherer: la dinámica temporal de la valoración multidimensional


La propuesta de Scherer es probablemente la que ha logrado un mayor impacto y una más creciente consolidación en el
ámbito de los modelos del proceso emocional. Propone un nuevo modelo que, desde su previa perspectiva dimensional,
define un espacio multidimensional en el que cada sentimiento o experiencia emocional dependen del patrón de
valoración de dichas dimensiones. Se define como análisis molecular de la valoración .
Cabe precisar que la aproximación dimensional de Scherer considera que se da un número fijo de dimensiones que son
necesarias y suficientes para definir el espectro emocional a partir de los procesos
continuos de valoración que, siguiendo un orden fijo, actúan sobre ellas. El orden preestablecido de los procesos de
valoración determina una secuencia de inspecciones (checks) evaluativas que, a la postre, determinarán la emoción
experimentada. Este es el punto de partida conceptual del llamado modelo del procesamiento multinivel de
inspecciones secuenciales .
El proceso de valoración consiste en una serie continua y recursiva de inspecciones que actúan sobre cada uno de los
cinco grandes componentes de la emoción, basados en sendos subsistemas orgánicos interrelacionados. Dichos
componentes y sus correspondientes subsistemas neurales son: a) el cognitivo o valorativo, relacionado con el
procesamiento de la información, cuya base neural se halla en el SN Central, b) el de la activación fisiológica, que actúa
de soporte para la regulación de los sistemas orgánicos y que se basa en gran parte en la actividad del SN Vegetativo, c)
el de la motivación, que se asocia al subsistema neural que prepara y dirige la acción, d) el de la expresión motora, con
una función de comunicación intencional, y e) el del sentimiento o experiencia emocional, que se relaciona con el SNC.

Emoción y cognición: una interrelación ubicua


La investigación de las últimas décadas en torno a la relación emoción-cognición ha puesto de manifiesto la ubicuidad de
los procesos emocionales y la importancia la comprensión del rol de la emoción en los procesos perceptivos y en los
mecanismos de selección atencional, en el razonamiento y la toma de decisiones y, por supuesto, en los procesos
mnésicos.

Bower: la influencia de la emoción sobre la cognición


Según Bower, el recuerdo depende de la similitud entre la situación de aprendizaje y la de evocación. Esta premisa
incluye, en los criterios de “similitud”, el del estado emocional de un sujeto. Así, un individuo recordará mejor un evento
pasado si el estado emocional que experimentaba en ese momento es semejante al del instante del recuerdo. En otras
palabras, la congruencia del estado emocional del momento del aprendizaje y del momento de la evocación facilita la
recuperación.
Este efecto emocional sobre la memoria se pone de manifiesto sobre todo cuando el material a recordar es poco
accesible y cuando la tarea de recuperación es especialmente dificultosa. En esta línea de investigación, Bower presenta
evidencias de que también se aprende mejor o se percibe más rápido lo que resulta congruente con nuestro estado de
ánimo, extendiendo así su “hipótesis de la congruencia ”. La emoción suscita, pues, un aprendizaje y una percepción
selectivos. Pero la influencia de la emoción no se limita al aprendizaje, la percepción y la memoria: el humor influye
también en la asociación libre de palabras, en la interpretación de escenas ambiguas, en las expectativas, en la atención,
en el juicio, en la toma de decisiones, y, naturalmente, en la motivación. Bower postula un modelo teórico que pretende
dar cuenta de estos efectos de la emoción sobre la cognición. En el caso de la memoria, Bower la entiende como una
serie de nódulos interconectados en una red semántica asociativa.
Un debate espúreo: primacía del afecto vs primacía de la cognición
Zajonc, defiende la postura que se ha dado en llamar “primacía del afecto”, según la cual, aunque la cognición puede
originar la emoción, no es siempre necesaria. Así pues, puede darse emoción sin cognición. Para Zajonc, el sistema
cognitivo y el emocional se hallan separados y son parcialmente independientes.
Lazarus, en cambio, defiende la idea de que la valoración o appraisal es una condición necesaria y suficiente para que se
produzca la emoción. De este modo, el modelo de Lazarus defiende la “primacía de la cognición”, dado que la evaluación
cognitiva del significado del estímulo en su contexto precede al afecto.
A pesar de lo antagónico de los planteamientos de Zajonc y Lazarus, encontramos en sus formulaciones un elemento
común: ambas se basan en la articulación secuencial de los procesos cognitivos y emocionales. La controversia generada
se basa en un falso debate, que se reduce a un problema de orden semántico: la opción por una u otra propuesta
depende sólo de lo que se entienda por “cognición”.

El estudio de la emoción desde la complejidad y los sistemas dinámicos no lineales

Hasta hace poco, las teorías de la emoción asumían de entrada la idea de causalidad simple y lineal, una tendencia que se
relaciona con el afán por modelar globalmente los fenómenos psicológicos más que con el de explicarlos a partir de sus
partes. Desde las premisas de la teoría de la información, se entienden las relaciones de las partes con el todo de una
forma también mecanicista y lineal, por lo que las “explicaciones” computacionalistas, tanto las clásicas como las que
surgen en el marco de los distintos conexionismos, tienden a dar sólo cuenta de las partes, siendo incapaces de ofrecer
los modelos realistas que persiguen los teóricos de la emoción.

Un nuevo punto de partida


La aproximación al estudio de la mente desde la dinámica de sistemas no lineales ofrece una serie de herramientas
conceptuales capaces de dar cuenta de la interdependencia temporal que relaciona los componentes de la emoción.
Desde este punto de vista, la complejidad se refiere a una diversidad de estados posibles que resultan compatibles con
las condiciones del entorno, mientras que el cambio se concibe como un abrupto reajuste del sistema debido a
variaciones en su propia complejidad, en la complejidad del medio, en la capacidad de anticipación del mismo sistema y/o
en la sensibilidad del entorno. Cuando alguna de estas cuatro variables fluctúa, el sistema también lo hace para seguir
siendo compatible con el medio.
El subsistema valorativoemocional es un sistema abierto (intercambia información con el entorno), complejo, que se
halla en equilibrio dinámico y que posee la capacidad de reorganizarse –por ejemplo, un acontecimiento impactante o
traumático, puede hacer necesario un cambio drástico en las relaciones entre los factores que intervienen en el
subsistema emocional, con el consiguiente cambio cualitativo en la vivencia emocional-. Podemos concluir que la
aproximación propia de los sistema dinámicos puede constituir un marco válido desde el que desentrañar el proceso
valorativoemocional y su evolución temporal.
Desde esta perspectiva, no caben las jerarquías en nuestra mente corporificada, no hay agentes psíquicos que dirijan
nuestra actividad mental. En definitiva, ya no hay necesidad de homúnculos, ni de teatros cartesianos: es el propio
sistema el que se autorregula en el tiempo y se adapta al entorno a partir de las propiedades de sus componentes -nadie
rige el comportamiento autorregulado y ordenado de un hormiguero, ni el de las aves migratorias en formación: el orden
que vemos es una propiedad global que emerge de la conducta programada en cada individuo y de su interacción con las
del resto de individuos.

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