Está en la página 1de 2

La sombra del paramilitarismo

El mayor reto para la paz en Colombia no es la firma de los acuerdos de la Habana


sino su implementación. El reto no está solamente en la legitimación del proceso, la
reglamentación jurídica o los acuerdos políticos entre los grandes partidos, ésta es
la parte fácil del proceso. Lo verdaderamente difícil está en las regiones del país
que han sido golpeadas, una y otra vez, por la violencia, y que corren el riesgo de
convertirse en campos de batalla nuevamente por la amenaza que representa el
regreso del paramilitarismo y el aumento de las bacrim.

En los últimos días han llegado noticias de varios asesinatos a líderes comunitarios
en varias zonas del país: El Bagre, Antioquia; Soacha, Cundinamarca; El Tambo,
Cauca; Popayán y Arauca (Todos en menos de una semana). Todos los asesinados
pertenecían a diferentes grupos de izquierda, además de liderar movimientos
sociales, movimientos comunitarios o hacer activismo por los derechos humanos.
Sin duda, estos hechos representan una gran pérdida y prenden las alarmas en todo
el país.

¿Cómo es posible que en un momento en el que los diálogos están avanzando, en


donde se habla de paz y participación política, ocurran oleadas de violencia como
esta?

El fenómeno no es nuevo, durante los procesos de paz que se han intentado, han
sucedido situaciones similares de aumento del paramilitarismo. Por ejemplo,
durante el proceso de paz de Belisario Betancur en 1982 se llegó tan lejos que
muchos guerrilleros se desmovilizaron y participaron en las elecciones con el aval
de la Unión Patriótica, partido que aglutinó a desmovilizados, estudiantes,
intelectuales, etc. y que fue finalmente destruido a sangre y fuego por paramilitares
con el beneplácito de algunos agentes del Estado. Finalmente, los guerrilleros
sobrevivientes volvieron a la selva a seguir con su lucha armada.

En otro caso, en el proceso de paz de Andrés Pastrana en 1998, también hubo un


aumento desmesurado de la actividad paramilitar en el país con un fuerte
incremento en los ataques a la población civil que dejó como resultado graves
masacres, hasta de pueblos enteros. Este aumento paramilitar fue uno de los
principales temas en la mesa de negociación del Caguán, que finalmente se disolvió
por la poca credibilidad que tenía para la opinión pública.

El aumento del paramilitarismo, en ambas ocasiones, no se limitó solamente al


incremento armado, también infiltró y cooptó parte de la estructura el Estado,
limitando aún más la posibilidad de participación política de la izquierda. Teniendo
la experiencia que hemos tenido, sangrienta y dolorosa, es difícil pensar que no se
le está dando el tratamiento adecuado desde las altas esferas, pues poco se ha dicho
desde el gobierno sobre estas muertes, que amenazan con volverse sistemáticas si
no hay una adecuada planeación desde el gobierno.

Este es campanazo de alerta sobre lo que le puede pasar al país si no se le presta la


suficiente atención a este problema. No está diciendo que debemos mirar atrás, ver
qué se hizo mal en el pasado y planear el futuro sabiendo eso. Pensar y crear las
condiciones del posacuerdo se debe hacer incluso antes de que se firme, primero
para dar gestos de buena voluntad y segundo para adelantar el trabajo y hacer que
el trauma que significará el acuerdo se pueda superar de la mejor manera y en
menor tiempo. No hacerlo puede significar el fracaso y otros 50 años de guerra.

Los mecanismos que se han de usar deben ir enfocados a la protección de quienes


decidan acogerse a la justicia transicional, sea de cualquier bando, y garantizar su
reinserción, de manera que se evite que regresen a las selvas por falta de
oportunidades. Por tanto, el reto de los diálogos y del gobierno nacional está en
integrar de manera efectiva a los ciudadanos de pleno derecho que resultaran de la
desmovilización y en evitar, por un lado, que sean cooptados por estructuras
criminales de diversas índoles, y por el otro que no se vayan a convertir en víctimas
de un nuevo genocidio; justo como ya nos ha ocurrido antes.

No quiero irme sin recordar una frase de Antonio Navarro en una entrevista para el
Diario del Huila y que condensa lo que he querido expresar en esta columna: “El
premio Nobel se gana por la firma de los acuerdos no por el
posconflicto”.

Leonardo Muñoz Guerrero


@leomunnoz

También podría gustarte