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Estamos en coma (1)

Por Jairo Valderrama

Alguien ha dicho que la coma es un punto que se dejó crecer el cabello. Aparte de esa gráfica y simpática
broma, quizás sea este, la coma, el signo más recurrente de los escribientes. Por lo regular, cualquier pausa en el
ritmo lleva a que muchas personas, al detener momentáneamente el bolígrafo y suspender los dedos sobre el
teclado, marquen por acto reflejo ese signo, “sin querer queriendo” (como diría el humorista Roberto Gómez
Bolaños); pero con ello se comete una infinidad de desatinos.

Aclaro que la puntuación, junto con el significado de las palabras, proporciona un sentido particular a las frases
u oraciones. Omitir un signo determina una idea; marcarlo entraña otra. Entonces, con la intención de
compensar (así sea en pequeñas dosis) la ilimitada y gran generosidad de ustedes, paso al siguiente comentario:
se trata de un uso particular de la coma (habrá otros, en las próximas semanas).

Cuando en una oración se incluye un dato para precisar alguna particularidad y este se enmarca entre comas, a
eso se le llama “inciso explicativo”. Si este inciso explicativo se omite (casi siempre solo mentalmente), la idea
de la oración debe permanecer intacta. Ejemplos: 1. El rector de la Universidad de La Sabana, doctor Obdulio
Velásquez Posada, inauguró el Congreso / 2. El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos Calderón,
pronunció un discurso.

Noten que los incisos están subrayados (solo para precisarlos). En estos casos, siempre deben marcarse las dos
comas. Si los incisos (que son datos aclaratorios, nada más) se suprimen, las oraciones deben conservar su
sentido; eso prueba que las comas (¡las dos!) están correctamente marcadas: 1. El rector de la Universidad de La
Sabana inauguró el Congreso. 2. El presidente de Colombia pronunció un discurso.

En estas dos últimas oraciones, ya se sabe a quiénes nos referimos. Pero, si queremos dar el nombre de las
personas que ocupan esos cargos, entonces los incluimos como inciso, en caso de que alguien los ignore.
Inclusive puede cambiarse el inciso (el sujeto pasa a ser inciso, y el inciso, sujeto): 1. El doctor Obdulio
Velásquez Posada, rector de la Universidad de La Sabana, inauguró el Congreso / 2. Juan Manuel Santos
Calderón, presidente de Colombia, pronunció un discurso.

Si se suprimen estos incisos, también la oración conserva el sentido (aunque dejemos de mencionar el cargo de
cada uno): 1. El doctor Obdulio Velásquez Posada inauguró el Congreso / 2. Juan Manuel Santos Calderón
pronunció un discurso. Y eso puede hacerse porque, en cada caso, uno es el otro, y el otro es uno. ¿Entendido
hasta aquí?

Ahora probemos con dos ejemplos más: 1. El jugador del equipo, Remigio Moscardón, anotó el gol. / 2. El
estudiante de Comunicación, Luis Rodríguez, organizó la conferencia. Aquí, ya tenemos subrayados los
incisos.Ahora vamos a suprimirlos. Si el sentido en las oraciones es claro, las comas estarán correctamente
marcadas: 1. El jugador del equipo anotó un gol. / 2. El estudiante de Comunicación organizó la conferencia.

Ahora preguntamos: ¿Acaso solo hay un jugador en el equipo, y este solo jugador se llama Remigio
Moscardón? ¿Acaso solo hay un estudiante de Comunicación, y este solo estudiante se llama Luis Rodríguez?
El sentido común nos dice que no. Al marcar esas comas así, se está diciendo (de manera implícita) que solo
hay un jugador del equipo y que solo hay un estudiante de Comunicación. Por tanto, en esos casos se escribe de
largo, sin comas: 1. El jugador del equipo Remigio Moscardón anotó el gol. / 2. El estudiante de Comunicación
Luis Rodríguez organizó la conferencia.

Solución:
A diferencia del doctor Obdulio y del presidente Juan Manuel, en estos dos últimos casos uno no es el otro, ni
otro es uno. Sencillamente, hay más jugadores en el equipo y más estudiantes en (la Facultad) Comunicación.
Todo esto se arregla cambiando el orden: 1. Remigio Moscardón, jugador del equipo, anotó el gol / 2. Luis
Rodríguez, estudiante de Comunicación, organizó la conferencia.

Ahora, suprimamos, así sea mentalmente, los incisos para verificar que las comas han sido marcadas
correctamente: 1. Remigio Moscardón anotó el gol / 2. Luis Rodríguez organizó la conferencia. ¿Entendido?

Siempre:

Si hay un inciso (dato aclaratorio), suprímase mentalmente este para verificar si la oración conserva el sentido;
si no es así, la oración es incorrecta. Según ese sentido que se busca y para estos casos, se marcan las dos comas
o, definitivamente, no se marca ninguna: marcar una sola coma es matar la oración.

Seguimos en coma (2)


Muy pocas personas alcanzan a distinguir entre “Juanito come legumbres a diario para crecer sano” y
“Juanito, come legumbres a diario para crecer sano”. La diferencia: una coma.

Hace dos semanas tratamos el uso de la coma referente al inciso explicativo. Con respecto a este asunto, una
aclaración: nunca debe separarse con coma (ni con ningún otro signo) el sujeto del predicado. Si vamos a
escribir que el reconocido y premiado médico grecorromano de la universidad donde se descubrió la vacuna
contra la amnesia llegó a Bogotá, pues debe escribirse: “El reconocido y premiado médico grecorromano de la
universidad donde se descubrió la vacuna contra la amnesia llegó a Bogotá”. El sujeto es el ejecutor de la acción
(“el reconocido y premiado médico grecorromano de la universidad donde se descubrió la vacuna contra la
amnesia”) y el verbo (“llegó”) es la acción ejecutada. Jamás debe marcarse signo alguno entre estos, sin
importar la extensión. Podemos escribir: “Carlitos lloraba”, donde el sujeto es “Carlitos” y el verbo, “lloraba”.
Noten: tampoco hay coma entre estos dos.

Luego de esta aclaración, sigamos (porque “seguimos en coma”). El siguiente uso de este signo se refiere de
manera literal a las palabras con que nombramos (nominamos) a una persona o a varias, o a seres
personificados. Cuando pretendan definir el concepto “Sol” ante alguien que nunca lo ha visto ni sentido, se
recomienda llevar a esa persona a un lugar donde pueda ver y sentir el Sol. Por tanto, procederemos de
manera similar, no tanto con la grandeza del Sol, pero sí al menos con algunas lucecitas, que funcionarán
como ejemplos.

Cada vez que nos dirigimos a una persona (personas o ser personificado) y la nombramos, esa palabra se llama
vocativo: “Ya que vas a la biblioteca, Carlos, por favor trae un ejemplar de poemas”. El vocativo es “Carlos”,
porque con esa palabra nos dirigimos a una persona llamada así. Si hubiésemos acudido a un apodo (cariñoso en
este caso), también este sería vocativo. “Gordito, ya que vas a la biblioteca…”.

Todo vocativo debe separarse del resto de la oración por coma: después, antes y después o solo antes,
dependiendo de dónde lo situemos. “Sabes, Carlitos, que encontré el archivo”, “Carlitos, sabes que encontré el
archivo”, “Sabes que encontré el archivo, Carlitos”. En todos estos casos, nos dirigimos a Carlitos. Si él se
llamara Juan Carlos Eduardo y quisiéramos usar todo el nombre compuesto, pues una de las oraciones posibles
será “Sabías, Juan Carlos Eduardo, que encontré el archivo”.

Ese uso de la coma vale también para apodos, alias, cargos, apelativos, rangos, grados, etc., siempre y cuando le
hablemos a alguien, ¡que es distinto a hablar de alguien! Más ejemplos: “Vamos por acá, señor general, a
conocer las instalaciones”, “Repítame, señorita secretaria, dónde puedo encontrar al abogado”, “Llegó usted,
querido amigo, como caído del Cielo”, “Parece, doctor Suárez, que la junta quedó aplazada hasta mañana”,
“Sígame por este pasillo, Ignacio Arturo, para indicarle cuál es el recorrido”, “Oiga, López, ¿cuándo es la
prueba parcial?”, “¡Cuánto te amo, hijo mío!”, “El proyecto de ley, señor senador, fue presentado el año
pasado”, “¿Tiene horas, señor?”.

Por supuesto, también es válido este uso cuando nos dirigimos a un grupo de personas: “Bienvenidos, damas y
caballeros, esta noche a la presentación de la muestra cinematográfica”, “En esta ocasión, respetado público,
rogamos que se guarde silencio”, “Atención, escuadrón”. En el caso de seres personificados, he aquí más
ejemplos: “Vete al patio, Firuláis. Eres un perro tonto”, “¡Misifú, dejaste pelos en el sofá!”, “Quita las patas
sucias del tapete, Nerón” (no se trata del emperador romano, sino de un perro travieso).

En variados contextos, hay otros usos muy simpáticos, casi emparentados con la cursilería: “Yo te dije,
Pupuchurrito, que fuéramos a clase esta semana”, “Ayúdame, Duraznito, a redactar el trabajo”, “¡Ay, Gordilín,
no se te olvide traerme los chocolates que tanto me gustan!”, “Sabías, gatico de mi corazón, que debo exponer
el ensayo mañana”, “Dime, galletica mía, si la obra de teatro resultó fabulosa”.

En el pasado Mundial de Fútbol, en la fiesta patria nacional y en la instalación del Congreso, fueron muchas las
comas que devoraron algunos colegas periodistas: “¡Gracias, Colombia!”, “¡Ay, patria mía, te llevo en el
alma!”, “Hoy nos reunimos, colombianos, para convocar a la paz”. “Te admiramos, Selección Colombia”, “En
esta ocasión, respetados compatriotas, es necesario reflexionar”.

Hay otro vocativo que situamos en un orden determinado, según el grado de nuestras angustias: “Por favor
ayúdame, Dios mío”, “Ayúdame, Dios mío, por favor”, “Dios mío, por favor ayúdame”. Ello sucede sobre todo
cuando empiezan los exámenes finales.

Continuamos en coma (3)


Cuando se escribe “Él pinta la botella y ella la tapa”, apenas algunos lectores precisan si “ella tapa…
la botella” o “ella pinta…la tapa”. Para eso sirve conocer el uso de la coma elíptica.

James David Rodríguez Rubio y Juan Guillermo Cuadrado Bello en el pasado Mundial de Fútbol (2014)
repartían juego de manera muy acertada, a diferencia de cómo algunos escribientes reparten ahora las comas.

“Después de que el niño practicó con el balón, el año pasado, viajó a Titiribí” es una oración que presenta
confusión porque se ignora qué sucedía el año pasado: ¿el niño practicó con el balón? o ¿viajó a Titiribí?
Cualquier acudiente regular de los pretextos afirmaría: “Pues se practica con el balón en Titiribí, y ya”. Por eso,
en la cabeza de estos comentaristas casuales quizás solo se hallen los hexágonos o pentágonos que han dejado
marcados los balonazos.

La solución es sencilla. Si deseamos decir que el niño practicó con el balón el año pasado, debe suprimirse la
coma después de “balón”, y nada más. En cambio, si la intención consiste en indicar que el infante el año
pasado viajó a Titiribí, pues se suprime la coma después de la palabra “pasado”. Definitivamente: nunca antes
fue tan fácil aprender a marcar comas correctamente.

Centrémonos ahora en el siguiente uso de la coma, después de tratar (espero que los recuerden) los casos del
inciso explicativo y del vocativo. En esta oportunidad, la aplicación de este signo consiste en reemplazar verbos
o expresiones verbales; es muy fácil. Y para personas de mente tan abierta, esta exposición no constituye
ningún inconveniente. ¿Cierto?
Se trata de la llamada “coma elíptica”. Como recordarán, el elemento esencial en una oración es el verbo
conjugado con sentido completo. Si este falta, equivale a que a una persona le falte su cabeza. Sin embargo, ese
verbo o esa acción pueden reemplazarse por una coma, la elíptica. El caso se da sobre todo cuando hay dos
oraciones seguidas y se omite el verbo en la segunda. Ejemplo sencillo: “Emeregilda practica baloncesto en el
colegio y Salustiano, en el parque”. Hay dos oraciones, unidas por la conjunción “y”; pero en la segunda se ha
suprimido el verbo para no repetir “practica”, y en ese lugar se marca la coma elíptica, justo después de
“Salustiano”. La coma en esa segunda oración equivale a decir “practica baloncesto”. Miren la oración de
nuevo.

La intención, entonces, consiste en evitar la repetición verbal y, al mismo tiempo, añadirle más fluidez a la
expresión. Examinemos más ejemplos, quizás uno de los recursos más efectivos para comprender cualquier
idea: “Balbina revisó las cifras en la tesis y Eleuterio, el marco teórico”. Por supuesto, solo puede reemplazarse
un verbo si ya se ha mencionado. De buenas a primeras, resulta absurdo decir. “Eleuterio, el marco teórico”,
porque esa expresión estaría falta de sentido. La coma significa “revisó”, el verbo ya mencionado en la primera
oración.

En una enumeración de oraciones separadas por punto y coma, puede reemplazarse el verbo varias veces: “El
presidente de Colombia es Juan Manuel Santos Calderón; de México, Enrique Peña Nieto; de España, Mariano
Rajoy Brey; de Chile, Verónica Michelle Bachelet Jeria; de Uruguay, José Alberto Mujica Cordano; de Francia,
François Gérard Georges Hollande, y de Burkina Faso, Blaise Compaore”. Como notaron, en ese tipo de
enumeración, se marca otra coma antes de la “y”; ello evita confusiones: algún despistado puede suponer que
Holland es presidente tanto de Francia como de Burkina Faso, pero esa comita adicional nos aparta de los malos
entendidos, sobre todo de carácter diplomático o en el amplio campo de las relaciones internacionales. ¿Habrá
protestas oficiales, de gobierno a gobierno, por una coma equivocadamente marcada?

Recuerdo los usos de la coma hasta ahora tratados aquí: el inciso explicativo, el vocativo y este, el de la coma
elíptica (que reemplaza el verbo o la expresión verbal). Hemos tratado tres casos.

Para cerrar esta explicación, tomemos el ejemplo que encabeza este escrito, el de la botella y la tapa. Si se
marca coma después de “ella”, entonces ella pinta la tapa. Si deseamos afirmar que ella tapa la botella, no se
marca coma. Por tanto, eso de que da igual marcar la coma o no marcarla es comparable a que da los mismo
fijar un semáforo con luz amarilla, o verde, o roja, en una misma intersección vial y al mismo tiempo en una
congestionada ciudad. Después, muchos se lamentan de tanta estrellada, y se quedan allá, en las estrellas.

El despertar de la coma (4)


En una enumeración de elementos comunes, nunca debe marcarse coma antes ni después de la y.

De nuevo, gracias a todos los lectores por acogerse de manera paciente a la exposición (muy sucinta) de estos
básicos usos de la coma. Luego de este, vendrán otros textos con temas diversos; pero, a petición de muchas
personas, hemos tratado de satisfacer las demandas de mayor urgencia en la escritura. Y el uso de la coma es
una de estas.

Recordamos los casos que ya hemos tratado: inciso explicativo, vocativo y coma elíptica (la que reemplaza una
expresión verbal). En esta oportunidad, nos centraremos quizás en el uso más fácil para casi todos los
escribientes: la enumeración de elementos que comparten características. Ejemplo: “Luis, Rodrigo, Salomón,
Pedro y Jaime llegaron muy puntuales a la reunión navideña”. Atención: ni antes ni después de la y se marca
coma (por supuesto, tampoco entre “Jaime” y “llegaron”, porque quedarían separados sujeto y predicado, un
error garrafal).
Aparte de los nombres propios, también es posible separar con comas otro tipo de elementos, como adjetivos,
verbos o sustantivos comunes, entre otros. Más ejemplos: “En la profundidad del espacio, se confundían las
gamas azules, rojas, amarillas, violetas, verdes y naranjas del arco iris”; “el esforzado atleta corría, saltaba,
trotaba y se empinaba con absoluta entrega por el deporte”; “sobre el escritorio se apreciaban libros, bolígrafos,
libretas, marcadores, frascos de tinta, fotocopias, varios periódicos y folletos de editoriales extranjeras”. Otra
vez: sin coma antes ni después de la y.

La fórmula también es aplicable para oraciones muy cortas, que cuenten con sujeto y predicado. Por supuesto,
cada una debe compartir semejanzas: “Jorge Enrique se encargaba de recoger los alimentos a tiempo, Cristina
tomaba nota de los pagos pendientes, Guillermo ordenaba con detalle los muebles, Clemencia disponía la mesa
de manera elegante, Rosario preparaba los más exquisitos platos y Gloria sonreía mientras los observaba”.
Tampoco se marca coma antes ni después de la y.

A veces, la premura por tomar nota o digitar las palabras nos lleva a continuar con el mismo ritmo de la
marcación enumerativa, y de ahí surge el error de que una coma entrometida quiera irse pegadita a la y.
Concentraditos.

Casos especiales

A este respecto y debido la reiteración de que nunca debe marcarse coma antes ni después de la y en una
enumeración, es frecuente la pregunta de si existe un uso donde se marque coma antes o después de la y. La
respuesta es sí (ya lo vieron en el párrafo anterior). Y la cantidad de posibilidades son proporcionales al número
de combinaciones entre las palabras de nuestra lengua (ver la Biblioteca de Babel, del escritor argentino Jorge
Luis Borges).

Citaré un ejemplo sin marcar la coma correspondiente. Cada uno de ustedes, estoy seguro, sabrá dónde debe
marcarse. Leamos muy despacio: “En las profundidades del océano nadan constantemente los delfines, los
pulpos, las rayas, las medusas, los tiburones y las ballenas y las cebras, los elefantes, los leones, las jirafas y
los búfalos deambulan por las llanuras africanas”. Sí: la coma se marca justo después de “ballenas”. Por
supuesto, este es un ejemplo rebuscado, pero permite evidenciar la confusión que surge en una lectura continua
entre dos grupos de elementos (en este caso, animales marinos y terrestres).

En otros casos (que ya hemos tratado), también puede marcarse coma antes o después de la letra y. Ejemplo:
“El autor de aquella mentira, y todos lo sabían, fue el sujeto sentado al extremo de la mesa”. La parte subrayada
de la oración es solo un inciso explicativo, pero empieza por y. Al suprimirse este, la oración no cambia de
sentido: “El autor de aquella mentira fue el sujeto sentado al extremo de la mesa”. ¿Fácil? ¡Claro que sí!

En otros momentos, la coma va después de la y: “Pacho se entrenaba muy temprano en la mañana y, sin causar
ningún ruido, salía después para dirigirse a la universidad”. Otra vez estamos aplicando el caso del inciso
explicativo; suprimámoslo: “Pacho se entrenaba muy temprano y salía después para dirigirse a la universidad”.

En estos dos últimos ejemplos, resulta de alguna manera coincidente que la y aparezca cerca de la coma, pero
no es la y el motivo para marcarla, sino la presencia del inciso explicativo. Por tanto, hasta aquí el uso de la
coma, condición de la cual empezamos a despertar. Muchas gracias por estas significativas marcaciones.