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REPÚBLICA ARGENTINA

PSICOLOGÍA SOCIAL
PSICOANALÍTICA

REMESA 3

1. Explicá en qué consiste básicamente el esquema comunicacional de


Palo Alto.

La comunicación es un proceso que incluye contexto, participantes, mensajes,


canales, presencia o ausencia de ruido y retroalimentación. Indicios... claridad
vs. confusión, imagen, percepciones, sensaciones, intangibles... multiplicidad de
formas de comunicarse... mensajes que comunicamos... recibir información a través
de los sentidos... Somos artífices no sólo de los mensajes que generamos, sino de
la “lectura” que nos permitimos hacer de los mensajes que nos ofrecen personas,
grupos, organizaciones, sociedades.

El contexto es el medio en el que ocurre la comunicación que incluye lo que ante-


cede y lo que va después. Los contextos de la comunicación son:

• Contexto físico: Incluye dónde se lleva a cabo, las condiciones ambientales: tem-
peratura, iluminación, nivel de ruido, la distancia entre los comunicantes, la distribu-
ción de los asientos y la hora del día. Cada uno de estos factores puede afectar la
comunicación. Por ejemplo, una persona -al hablar con los miembros de su equipo-
creará una atmósfera diferente si dialoga sentada detrás de su escritorio en su ofi-
cina o alrededor de una mesa en un lugar destinado a reuniones.
• Contexto social. Éste refiere a la naturaleza de las relaciones que existen entre los
participantes. Si la comunicación se lleva a cabo entre miembros de la familia, socios
de trabajo o extraños, influye en los mensajes y en cómo se comparten y entienden.

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Por ejemplo, la mayoría de la gente cambia la manera de interactuar cuando habla
con sus padres y hermanos o con su jefe o maestro.
• Contexto histórico. Aquí se consideran los antecedentes que proporcionan los epi-
sodios de comunicación previos entre los participantes y que influyen en el entendi-
miento del encuentro actual. Desde simples intercambios a realidades complejas
que marcan escenarios compartidos. El más simple, por ejemplo, en el accionar de
dos compañeros sobre la actividad que comparten: a la mañana, Marina le dice a
Jorge que ella retirará el borrador de un proyecto que habían dejado en supervisión.
Al encontrarse nuevamente, esa misma tarde, Jorge le pregunta: “¿Lo trajiste?”.
Cualquier otra persona al escuchar la conversación no tendría idea del objeto a que
se refieren. Pero Marina puede contestar: “Está sobre el escritorio”. Ambos se en-
tienden gracias al previo intercambio.
• Contexto psicológico: Este incluye las emociones, el humor y los sentimientos.
Por ejemplo, una persona, habitualmente de buen humor, está bajo un gran estrés
puesto que necesita terminar un trabajo a entregar la mañana siguiente. Si alguien
sugiere, bromeando, que debería tomar un curso sobre lectura y escritura rápida,
éste puede explotar. ¿Por qué? Porque su nivel de estrés proporciona un contexto
psicológico que contamina el mensaje y lo que él entiende.
• Contexto cultural. Aquí aparecen las creencias, valores y normas que se compar-
ten entre un grupo de personas. Considerando el pluralismo que hoy se da en las
comunidades, en casi cualquier materia pueden darse perspectivas de conflicto. Por
ejemplo, el contexto cultural dominante en nuestro país. La hipótesis inicial es que
compartimos creencias, valores y normas occidentales. Pero este contexto incluye
nuevos grupos inmigratorios, así como otras culturas no étnicas sino determinadas
por género, sociales o corporativas...

Los participantes de este esquema comunicacional somos tanto emisores como


perceptores de la comunicación. Como emisores, formamos mensajes e intentamos
comunicarnos a través de símbolos verbales y de un comportamiento no verbal.
Como perceptores procesamos los mensajes y las conductas que recibimos y reac-
cionamos a ellos. En general, es más fácil para los participantes comunicarse efec-
tivamente si comparten un contexto. (Wrightsman, 1993). Mientras más nos perci-
bimos a nosotros mismos como diferentes, más difícil tiende a ser nuestra comuni-
cación. La comunicación se lleva a cabo mediante el envío y recepción de mensajes
los cuales incluyen los elementos de:

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• Significados y símbolos. Los significados son las ideas y sentimientos que existen
en la mente. Podemos tener ideas sobre qué práctica de aprendizaje implementar,
cuál es nuestro objetivo profesional; también es posible que emerjan sentimientos y
emociones. Los significados que conferimos a las ideas, sin embargo, no se trans-
fieren mágicamente a la mente de otro. Para compartir esas ideas y sentimientos,
formamos mensajes que contienen símbolos tanto verbales como no verbales. Los
símbolos son palabras, sonidos y acciones que representan un significado especí-
fico del contenido. Elegimos la palabra que transmite su sentido. Al mismo tiempo,
nuestras expresiones faciales, el contacto visual, los gestos y el tono de la voz, todos
ellos apuntes no verbales, acompañarán las palabras y afectan el significado.
• Codificar y decodificar. El proceso de pensamiento cognocistivo por el cual trans-
formamos los símbolos y lo organizamos dentro de un mensaje se llama codificar,
en tanto cuando transformamos los mensajes de otros dentro de las ideas y senti-
mientos propios, estamos decodificando. Ordinariamente este proceso se hace en
forma inconsciente y tomamos conciencia de este dato cuando surgen dificultades.
Por ejemplo, cuando ciertas expresiones que escuchamos o leemos nos obligan a
buscar el sentido frente a un término poco frecuente. El proceso de codificar se hace
más difícil cuando lo verbal y no verbal entran en conflicto. Por ejemplo, si alguien
nos dice “es interesante la manera en que resolviste el trabajo”, al decodificar el
mensaje varía la interpretación si la persona se muestra interesado o si bosteza.
• Un canal es tanto la ruta recorrida por el mensaje como sus soportes. Los mensajes
se transmiten a través de canales sensoriales. La comunicación cara a cara tiene
dos canales básicos: el sonido (emisión verbal) y la luz (no verbal). No obstante, nos
comunicamos por cualquiera de los cinco canales sensoriales. Un aroma, un apre-
tón de manos, una sonrisa o la disponibilidad para la escucha contribuyen al sentido
de lo que oímos o vemos. En general, mientras más canales utilicemos, es más
probable que la comunicación sea exitosa.
• El ruido es cualquier estímulo externo, interno o semántico que interfiera con la
participación de sentido. Hablamos de ruido externo cuando nos referimos a las
miradas, sonidos y cualquier otro estímulo en el ambiente que distraiga la atención.
En cambio, el ruido interno alude a pensamientos o sentimientos que interfieren en
el proceso de comunicación. Cuando nuestra mente se transforma en vagabunda,
retirando la atención de las palabras que alguien nos dice, hemos experimentado el
ruido interno. El ruido semántico abarca los significados no intencionados genera-
dos por símbolos que inhiben la precisión de la decodificación. Por ejemplo, solemos
usar la palabra “chico” sin considerar demasiado la edad cronológica. Si lo hacemos

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ante una persona mayor puede que ésta entienda otra cosa, por cuanto para ella,
un chico es hasta los doce o trece años. Lo mismo puede ocurrir con un discurso
vulgar.
• La retroalimentación es la respuesta al mensaje. Nos indica si quien recibió nuesro
mensaje lo escuchó y lo entendió o no.

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2. ¿En qué consiste el malentendido básico?

Imposible no recordar a Albert Camus y su obra teatral “El Malentendido”,


cuando nos enfrentamos al término. Desde sus huellas podemos trazar ciertas
características que nos ayuden a comprender en qué consiste el malentendido
básico en Psicología Social. Camus escribió está obra con el trasfondo de la

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Gráfico y Fuente general: Carpeta de elaboración propia para Cátedra de Comunicación, Profesorado de Lengua, Litera-
tura y Comunicación.

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segunda guerra mundial, marcando una visión de horrores y desvastamiento,
cuyo eje es la incomunicación, la imposibilidad del diálogo, la incapacidad
para encontrar las palabras que permitan descubrir la identidad de uno de
sus protagonistas. La trama cabe en un párrafo: dos mujeres, una madre y la
hija, viven solas en un lugar desolado, árido. Manejan una posada en la que
asesinan a los huéspedes para robarles el dinero. Luego de 20 años de ausencia
y silencio, el hijo regresa a su casa. Quiere compartir con su madre y su hermana
su riqueza, hacerlas felices, pero no puede revelar su identidad; al no encontrar
aquellas palabras que abran el diálogo, que le permitan mostrar quién es y qué
quiere hacer, se presenta como un huésped más. El desenlace es absoluta-
mente previsible en cuanto a la trama de la obra. La conmoción que genera, no
tanto.

Pero, podríamos encontrar –como dijimos- trazos sobre los cuales detenernos:
el desajuste, el sistema de creencias, la falta de códigos comunes. Existe
una íntima unión entre comunicación y malentendido: la desarticulación entre la
imagen interna que viene desde la infancia acerca del grupo familiar (grupo in-
terno) y el grupo real (grupo externo). Para la Psicología Social, se entiende que
el malentendido es la base de la enfermedad familiar. Por ello, sólo si descu-
brimos o dilucidamos, por ejemplo, la escala de valores que se comparten en
una familia -ese pequeño grupo de padres e hijos- podríamos comprender los
huecos, las lagunas, las distorsiones que se dan en el juego de roles, interrela-
ciones y estereotipias que se entrelazan en ese núcleo.

3. ¿Qué entendés por portavoz?

Entendemos por portavoz a quien -dentro de un grupo- expresa algún reclamo o


sentimiento del mismo. No debemos confundirlo con el “vocero” (que habla cons-
cientemente en nombre del grupo), por cuanto el rol del portavoz es inconsciente,
“es el fusible del grupo o sistema, por eso suele aparecer como el que enferma o no
aprende” (p. 28)2

En los grupos familiares es factible detectar al portavoz, en quien concentra el ma-


lestar y lo expresa mediante síntomas: es el que enferma o detiene su aprendizaje

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Las páginas que se citan sin mencionar algún autor en especial, corresponden al material de la Remesa III.

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escolar. Esto no implica que sea el más débil, sino por el contrario, es el más fuerte
puesto que es capaz de denunciar un malestar grupal. Enferma para preservar al
resto del grupo.

4. ¿Qué entendés por chivo emisario?

Es el rol donde se deposita lo negativo, lo odiado, lo malo, los aspectos inde-


seables del grupo. Se ve en forma singular en los grupos familiares, donde un inte-
grante enferma en la medida que tiene que acarrear “todo lo malo” de los demás.
Esta situación (depositario del mal) acarrea la segregación, en cuanto mecanismo
de seguridad patológico: se configura así el rol del Chivo emisario.

En los grupos se suceden escenas en las que alguien asume y le es adjudicado lo


negativo, la minusvalía. Se puede ser chivo emisario por instante y se puede pasar
de ese rol al de líder de un momento para otro, porque rige lo situacional.

5. Definí unidad de trabajo.

Podemos definir unidad de trabajo a través de tres vectores que la conforman: Exis-
tente // Intervención // Emergente. En una situación dada (existente) en la que se
pueden distinguir aristas o facetas de estereotipia, la intervención del coordinador
propone una nueva perspectiva, un cambio de sentido o mirada novedosa y se pro-
duce una modificación en la estructura, es decir, se da un emergente. Tal interven-
ción puede adquirir diversas expresiones: un señalamiento, una pregunta o cual-
quier otro elemento.

6. ¿Qué representa el Cono Invertido?

La representación visual del cono invertido hace referencia a la dinámica entre lo


explícito y lo implícito. En la base del cono aparece lo explícito, aquello que es ob-
servable en primera instancia porque es claramente visible, en tanto que lo implícito
se ubica en el vértice. Puesto que hablamos de un cono invertido gráficamente
aparece como subyacente lo implícito, aquello que está por debajo de lo explícito.

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El movimiento interior de esta figura muestra la espiral dialéctica, es decir cierta
gráfica que refleja el proceso grupal que va ampliándose en cada vuelta recorriendo
distintos niveles para expresar que lo latente, se hará manifiesto iniciando nuevos
ciclos. De allí su apariencia espiralada y no meramente circular superponiéndose.
Los vectores que permiten reconocer aspectos de la realidad grupal son siete: afi-
liación, pertenencia, pertinencia, cooperación, comunicación, telé, aprendizaje.

7. Definí telé y describí dos ejemplos de cambio de telé extraídos de tu


vida cotidiana.

Este término introducido por Levy Moreno remite a distancia. Desde la psicología
social, es la disposición positiva (signos de amor) o negativa (si prevalecen signos
de odio) para trabajar con otro miembro de un grupo. Podríamos decir –desde esa
perspectiva- que es el nivel de empatía entre dos personas. A partir del acto de
conocimiento, sin más información que lo fisonómico o lo no verbal, en primera ins-
tancia pueden surgir sentimientos de simpatía, antipatía o indiferencia. Según se
señala en el material de clase, es una parte de algo más profundo e inconsciente
que llamamos “transferencia”.

En mi vida cotidiana he sentido ese cambio de telé que -a veces- ni he detectado


conscientemente por no detenerme a analizar. Un caso es cuando conocí a una
Tesista de doctorado, que automáticamente puse a distancia por su pertenencia a
un grupo con el cual no simpatizaba. Con el transcurrir del trabajo, al conocer sus
propias cualidades, pude separar el personaje creado por la persona real y el acom-
pañamiento pedagógico se realizó fructíferamente.

También -siempre dentro de ese ámbito, pero por otras circunstancias- surgió el
mismo sentimiento con otro Tesista. En este caso, acepté por un compromiso con
un amigo común y luego no solamente finalizó ese tramo, sino que seguimos traba-
jando con nuevos desafíos académicos: licenciatura y maestría.

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8. ¿Cómo definirías lo latente? Exponé un ejemplo concreto de latencia en
un grupo.

Lo latente es el nivel constituido por el conjunto de elementos o factores que –si


bien están presentes en una determinada circunstancia- no se manifiestan ni se
expresan directamente. Es una realidad que los grupos y sus relaciones tienen
cierto grado de opacidad que no pueden ser comprendidos inmediatamente, de allí
que sea necesario observar lo manifiesto para encontrar las claves que nos permi-
tan detectar aquello que está latente. Es indudable que esta línea no pasa por pen-
sar en confabulaciones o intrigas, más allá de los secretos voluntariamente instala-
dos en la vida grupal- sino porque somos sujetos “y nuestro psiquismo es esencial-
mente dual, hay un inconsciente del que no tenemos noticias, pero actúa” (p. 42)

Podemos observar esta situación en distintas actividades, pero quizá la clase esco-
lar sea un lugar que se enriquecería totalmente si pudiésemos observar esa estruc-
tura y abordar la sucesión de latentes y manifiestos. Según una experiencia que me
contaron, se daba una circunstancia especial: un grupo del Profesorado de Forma-
ción docente se negaba a tener un examen final. El punto que el docente quería
implementar era la necesidad de lograr un pensamiento crítico que permitiera com-
plejizar las situaciones, para que, como futuros educadores, pudiesen abordar las
conflictivas relaciones que se viven en las instituciones educativas. ¿Por qué se
negaban a realizar un trabajo y luego defenderlo? Simplemente porque el año an-
terior, como no tuvieron prácticamente profesores, dieron por aprobada la cátedra
sin más. Lo latente era -más allá de haber variado la situación- reiterar una práctica
que les resultaba cómoda sin cuestionar el tema de aprendizaje. Cuando surgió esa
situación, ante la evidencia de haber contado con material actualizado, con clases
semanales y posibilidad de consulta permanente, emergió otra situación: ¿por qué
un trabajo escrito y defensa individual? No terminaban de considerar que esa cáte-
dra –hoy por hoy- constituía un eje ineludible para comprender la complejidad del
aula, en un contexto determinado con todas las connotaciones y prácticas sociales
que generan problemáticas que superan los aspectos didácticos y pedagógicos y
necesitan una mirada amplia, interdisciplinar que les permita ver los nuevos esce-
narios. Finalmente, los estudiantes -tras alternar amenazas y alabanzas (No pensa-
mos venir y va a tener que aprobar a todos / usted es la mejor profesora que tuvi-
mos)- entregaron sus trabajos y cumplieron lo pautado institucionalmente por nor-
mativa: para aprobar una materia, se debe rendir examen final.

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Tal vez un mayor conocimiento de estas situaciones que se dan en los grupos, po-
dría significar un desgaste menor para aquellos educadores que aún intentan dotar
a los futuros docentes de las herramientas y estrategias necesarias para cumplir su
función: educar.

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