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Según Miguel Altieri, y Luis Vázquez Moreno (septiembre de 2015,

Evento SOCLA, La Plata, Argentina), la implementación o


conversión hacia un sistema agroecológico se basa en los
siguientes principios:

1. Aumentar el reciclaje de biomasa, con miras a optimizar la


descomposición de materia orgánica y el ciclo de nutrientes a
través del tiempo.

2. Proveer las condiciones de suelo más favorables para el


crecimiento vegetal, en particular mediante el manejo de la
materia orgánica y el mejoramiento de la actividad biológica del
suelo.

3. Fortalecer el sistema inmunológico de los sistemas agrícolas,


mejorando la biodiversidad con funciones de regulación natural de
organismos nocivos.

4. Minimizar las pérdidas de energía, agua, nutrientes y recursos


genéticos, por medio de la gestión micro-climática, mejorando la
conservación y regeneración de suelos, recursos hídricos y la
diversidad biológica agrícola.

5. Diversificar las especies y recursos genéticos en el


agroecosistema en el tiempo y el espacio a nivel de campo y
paisaje.

6. Aumentar las interacciones biológicas y las sinergias entre los


componentes de la biodiversidad agrícola, promoviendo procesos
y servicios ecológicos claves.

7. Articular el sistema de producción a nivel local mediante su


pertenencia a organizaciones, el establecimiento de sinergias en
servicios, insumos y la participación en innovaciones, entre otros.

8. Aumentar la soberanía en el autoabastecimiento en alimentos,


insumos, energía, tecnologías y otros.
9. Aumentar la capacidad de resiliencia a eventos extremos
externos (cambio climático u otros).

10. Contribuir a la seguridad y soberanía alimentaria local,


ofreciendo al mercado y otras vías, diversidad de productos sanos
e inocuos a la población de manera continua.

Otros principios han sido añadidos por diferentes autores (Stassart


et al, 2012) En el plano metodológico (valorizar la agro-
biodiversidad, la variabilidad de recursos, los dispositivos
participativos…) o socio-económico (crear capacidades colectivas
de adaptación, favorecer la autonomía, valorizar la diversidad de
saberes…). 

Según Koohafkan et al. (2011), la mayoría de los sistemas agro-


ecológicos presentan seis características similares dignas de
mención.

 Niveles elevados de biodiversidad que juegan un rol clave en


la regulación del funcionamiento del ecosistema y en el
abastecimiento de servicios diversos de gran importancia local y
mundial. 
 Prácticas y tecnologías ingeniosas para la conservación del
paisaje, la gestión de los recursos de tierras y aguas, y la
conservación que se pueden utilizar para mejorar la gestión de los
agro-ecosistemas.
 Sistemas agrícolas diversificados que contribuyen a la
alimentación local y nacional, a la seguridad alimenticia, y a los
modos de subsistencia.
 Agro-ecosistemas que evidencian resistencia y robusteza a
la hora de afrontar los problemas y cambios (humanos y
ambientales), reduciendo así los riesgos que surgen de las
grandes variaciones.
 Agro-ecosistemas nutridos por los conocimientos
tradicionales, las innovaciones y la tecnología de los agricultores.
 Un ambiente sociocultural reglamentado por valores
culturales fuertes y formas colectivas de organización social. Esto
incluye a las instituciones habituales para la administración de la
Agroecología, los acuerdos reglamentarios para el acceso a
recursos y el reparto de los beneficios, los sistemas de valores,
ritos, entre otros.

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