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Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

“La verdad os hará libres”

Jesús de Nazaret, El Cristo

“La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio”

Cicerón

Martin T. McMahon Página 1


Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

Brigadier General Martin Thomas McMahon

Héroe de White Oak Swamps

Héroe de la Guerra de Secesión de EEUU

Amigo del Heroe de América

Amigo de la Tierra de Héroes

Amigo del Paraguay

Martin T. McMahon Página 2


Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

GENERAL MARTIN T. MCMAHON

ENSAYOS SOBRE LA
GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA CONTRA EL
PARAGUAY
(Harper’s New Monthly Magazine, 1870)

Traducción, Prólogo y Comentarios de Emilio Urdapilleta

(Dominio Público – Fines de Divulgación Histórica)


Asunción, 1 de junio de 2014

Martin T. McMahon Página 3


Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

Al Héroe de América:

Porque el diluvio es imparable, ya nada lo podrá detener.

A Arthur H. Davis, ex-embajador de EEUU en Paraguay y su familia.

Nunca fueron debidamente agradecidos por la portentosa recopilación que


hizo el ex-embajador sobre los escritos de Martin T. McMahon.

¡Paraguay les agradece!

Martin T. McMahon Página 4


Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

PRÓLOGO

El ex-embajador de los EEUU en Paraguay, Arthur H. Davis, hombre


que amó mucho ésta Tierra de Héroes, hizo un inmenso trabajo, admirable y
fantástico, al recopilar con ahínco y paciencia los escritos conocidos del
General Martin T. McMahon dedicados al Paraguay, sea en su misión
diplomática como en artículos y ensayos, conferencias y entrevistas que hizo
en su país por todo lo que le hubieran inquirido sobre el conflicto bélico más
grande de Latinoamérica (incluidos los escritos que a continuación
presentaremos y que Davis tradujo con impecable calidad). Nosotros
haremos al público nuestra propia versión del inglés al español de esos, hoy
documentos invaluables, escritos que Martin T. McMahon presentó acerca
del Paraguay.

El traductor de la presente obra nunca podrá dejar de recomendar a


todo lector y persona interesada en la historia verdadera del Paraguay que se
consiga, si puede (pues toda literatura documentada que habla con
contundencia en beneficio del Paraguay es siempre más esquiva), la
magnífica obra de Arthur H. Davis “Martin T. McMahon, un Diplomático en
el Estridor de las Armas” en la que se ven las verdaderas convicciones, la
altura moral y el espíritu noble, incorruptible y al mismo tiempo, sincero,
amante de la verdad y la belleza que tomó una lucha como suya: la de
reivindicar el honor del Paraguay, pisoteado, manchado y burlado hasta el
hartazgo por los Adoradores de la Mentira, quienes para justificar lo
injustificable, sólo podían utilizar retórica y falacias ante las obviedades
irrefutables.

*****

Martin T. McMahon Página 5


Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

Éste libro trata acerca de un soldado admirando a otro soldado. De un


héroe reconociendo al más grande de los héroes del continente. Nos
referimos al Brigadier General Martin Thomas McMahon quien defendió la
causa del Héroe de América, Francisco Solano López, Mariscal de los Ejércitos
de la Humanidad, a capa y espada, como aquellos quienes pueden ver más
allá de las imposturas, aquellos que atraviesan la capa de las mentiras
construidas para cegar a los ojos incautos.

Mal haríamos en juzgar a McMahon por ser un apasionado defensor


del Mariscal López y la Causa Paraguaya (lo uno y lo otro son indivisibles). En
realidad, el valiente general, como amante de la verdad y convencido católico
que era, no podía hacer menos ante el descubrimiento que hizo cuando llegó
a Asunción, capital del Paraguay, luego de tortuosos periplos y humillaciones
que debió soportar (tanto al llegar como al salir).

Las mentiras de los vencedores ya se estaban imponiendo tan lejos


como en su propia tierra y él logró comprobar cuanto de fantásticas había en
ellas al ver como personas que eran declaradas muertas, aparecían vivas ante
sus ojos. Personas que supuestamente fueron “ajusticiadas” por el “tirano
López” estaban allí, algunas incluso con buena salud y hablando buenas
palabras sobre el gobierno paraguayo y el trato que recibieron de él.

Todavía mucho más comprendió la verdad cuando tuvo la oportunidad


de conocer personalmente al Héroe de América. Dos hombres de puro
honor, dos católicos que con defectos y virtudes, creían en un verdadero
ideal de libertad para cada nación, a su propio modo, bajo los ojos de Dios.
Las cartas que intercambiaron el Mariscal y el General son claro reflejo del
mutuo respeto y alta estima que se han tenido, así como la grandeza de
ambos y sus nobles convicciones.

Cuando le tocó responder acerca del Paraguay y su experiencia en la


Guerra, nunca se amilanó y al contrario, siempre se encargó de afirmar
tajantemente: “El Paraguay es el país más poderoso de América del Sur. Es de
una raza laboriosa y sufrida, el mejor de los pueblos de América del Sur y
estaba convencida de su destino, consolidada bajo su propia autoridad. Brasil

Martin T. McMahon Página 6


Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

siempre vio allí a su más grande enemigo. Sus riquezas en maderas exóticas,
algodón, plantaciones y cultivos, minería, son enormes…” y la convicción de
sus palabras se encargaron de abrir los ojos a muchos americanos que,
hundidos en la mentira, pudieron alcanzar a través de él algo de la verdad.

Sus respuestas ante el Congreso Americano también nos echan luz


sobre la conducta de Charles Washburn en la guerra, al igual que el par de
pilluelos que fueron rescatados por él: Porter Bliss y George Masterman. Esos
tres hombres, que se cuidaron las espaldas el uno del otro antes de salir del
Paraguay, se dedicaban los más hirientes sarcasmos e incluso insultos
abiertos al estar fuera del alcance del Mariscal y éste, con su penetrante
mirada descubrió efectivamente, en ellos, una fuente de traición. Washburn
no se recata en palabras cuando dice, según McMahon que Masterman es un
“asqueroso embustero” (sobre todo acerca del libro que Masterman escribió
sobre Paraguay) y la descripción de Porter Bliss que nos brinda el General es
suficiente muestra de la personalidad del susodicho. La conspiración existió,
no cabe duda y estos tres hombres debieron responder por sus actos ante los
tribunales del Mariscal.

Hombre de honor, de alta cultura, de fina educación, con la


profundidad de su mirada y la claridad de su mente, desatada de prejuicios o
mentiras e imposturas, escribió para el Harper’s New Montly Magazine dos
artículos contundentes sobre la Guerra de la Triple Alianza Contra el
Paraguay. El primero habla a las claras de los viejos planes del Imperio
Brasileño de hacerse control de los ríos internos de la cuenca del Plata e
incluso, el viejo sueño portugués de hacer un “Imperio Transoceánico” que
nunca se consiguió. Para ello, no dejó de alimentar la intriga, el engaño, la
transa, las falacias, las argucias y los embustes en contra de todos sus
potenciales enemigos, azuzando a unos, atrayendo a su esfera de influencia a
otros y destruyendo a todos (no sin la colaboración de sus amigos secretos en
la masonería británica y otros alineados a ella, como Bartolomé Mitre,
Domingo Faustino Sarmiento, Rufino de Elizalde, Gelly y Obes, Santiago
Derqui, etc).

Martin T. McMahon Página 7


Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

Al igual que el portentoso Alberdi, llegó a las mismas conclusiones y


comprendió el plan brasileño (y de sus aliados secretos). Su mayor temor sin
embargo, no se cumplió: Paraguay no desapareció y Argentina como Brasil
debieron conformarse con pequeños pedazos de la torta: Inglaterra era la
que mandaba en todo el plan y el cuasi-exterminio de la raza creadora de un
nacionalismo modelo para todo el mundo ya se había logrado. No eran
necesarias anexiones de territorio que podían perjudicar los intereses
británicos y la letra original del Tratado Secreto debió ser rota, al menos en la
cuestión de las tierras. A la Pérfida Albión le convenía siempre la existencia
de un estado colchón entre Brasil y Argentina y no sólo creó uno, sino dos
(porque Uruguay también forma parte del tablero).

Permitir la anexión de enormes territorios a Brasil y Argentina era crear


un polvorín del que una o la otra saldría vencedora y podrían continuar, si
existiese alguna guerra, un camino de expansión peligroso para los intereses
de Gran Bretaña. Era mejor establecer gobiernos títeres en Paraguay y
Uruguay y congelar las cosas, dejar que todo “pase de largo” y seguir
penetrando indirectamente con otros tipos de conquista (conquista que hoy
reina de facto en éste mundo y que no pertenece precisamente a los ingleses
ni estadounidenses).

Sin conocer mucho al país, a su cultura y a su gente y como diría un


comentarista suyo “totalmente imbuido en la propaganda aliada”, McMahon
aceptó el encargo de trabajar como ministro plenipotenciario de los Estados
Unidos de Norteamérica en el Paraguay.

La insidiosa actuación de Charles Washburn (hombre involucrado en


demostradas conspiraciones, como ya hemos reseñado anteriormente) y
quien manchó la diplomacia estadounidense durante el conflicto, incluso
trabando charlas de paz, le dio fuerzas, se convirtió en su motivo conductor,
pues buscó como principal objetivo de su misión diplomática enmendar ante
el mundo, como buen patriota, la imagen de su país.

Brillante abogado, fue declarado en vida como “el más lúcido y


honesto de los representantes de la Asamblea de Nueva York” por muchas

Martin T. McMahon Página 8


Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

voces del pueblo y le tocó servir durante 4 años como senador en el


Congreso de los Estados Unidos. Recibió honores y reconocimientos durante
toda la vida. Pero quizás la más valiosa sea la Medalla del Honor, por sus
acciones durante la Guerra de Secesión, en donde se destacó con particular
entrega en la Batalla de Oak Swamp. Una distinción que pocos hombres de su
país han recibido y que recitaba “bajo el fuego enemigo destruyó con éxito
un valioso tren que había sido abandonado y evitó que cayera en manos
enemigas, el 30 de junio de 1862”.

El gran hombre, nacido en La Prairie, Canadá el 21 de marzo de 1838 y


según su biógrafo, el genial Arthur H. Davis, se recibió tan joven de abogado
que sólo a partir de 1860, cuando alcanzó la edad mínima requerida, pudo
ejercer su profesión. Pero al estallar la Guerra Civil, sirvió en el Departamento
de Correos de California y luego se alistó voluntariamente al Ejército Federal.
Sirvió casi de principio a fin en el conflicto armado con probadas muestras de
prestancia y heroísmo, como ya dijimos anteriormente y fue leal asistente del
General George McLellan.

Luego de su misión diplomática en Paraguay (diciembre 1868 – julio


1869) que fue duramente criticada por los amigos de la Múltiple Alianza,
defendió la causa paraguaya en conferencias, escritos, cartas e incluso ante
el Congreso de los Estados Unidos, en sus famosas audiencias del 4 y 15 de
noviembre de 1869.

Miembro de clubes deportivos, militares, políticos, fue ferviente


católico y fundó varias sociedades dedicadas al estudio y la difusión del
catolicismo en su país. McMahon llevó una gran vida en sociedad, aunque él
mismo se declarara “enemigo de los salones políticos de panfletarios” y por el
porte y personalidad que transmite a través de su pluma, no nos queda otra
cosa sino creerle. Su carisma natural, que inspiraba paz y nobleza, además de
su notable oratoria le hicieron pronto una imagen pública notable de su
ciudad. Además, fue un genial dibujante (como se puede ver claramente en
sus ilustraciones, disponibles en el libro de Arthur H. Davis y en la edición
original de éstos ensayos, que aquí no pudimos incluir).

Martin T. McMahon Página 9


Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

Se lo vincula también a la masonería de su país según algunas


fotografías pícaras suyas (que no pueden ser palabra definitiva al respecto) y
por ser amigo cercano de conocidos y demostrados masones (el mismo
general McLellan fue uno de ellos, al igual que su gran amigo John
Sedgewick) pero hasta ahora no hay prueba fehaciente de su pertenencia a
dicha polémica organización.

Finalmente, trabajó para el gobierno de los Estados Unidos en la


oficina de Recepción de Impuestos de Nueva York y como Comisario del
distrito sur de dicha ciudad. Como ya hemos mencionado, fue Asambleísta de
Nueva York y posteriormente electo Senador de los Estados Unidos. Falleció
sirviendo como Juez del Condado de la Ciudad de Nueva York el 21 de abril
de 1906.

Su penetrante pluma, su sinceridad de alma, la grandeza de su persona


y convicciones y sobretodo, la lógica de la historia hacen a éstos dos ensayos
que presentó, hace casi 150 años al Harper’s New Monthly Magazine, una
poderosísima e irrefutable defensa a la Causa del Paraguay, que es
inseparablemente la Causa del Héroe de América y por ende, la Causa de la
Humanidad misma.

*****

La traducción, como diría Ezra Pound, es un arte de entre los mayores.


Hemos tratado de hacer un retrato fiel de lo que lingüísticamente ha
intentado decir McMahon en su idioma, pero buscando mantener una
esencia moderna y más jovial en el español. La traducción de Arthur H. Davis,
genial y límpida, ha sido guía en varios pasajes pero consideramos ésta
versión nuestra como más pulida, una que se ajusta más a la lengua
castellana pero con la fuerza de la obra original. Nunca se dejará de
recomendar a todos los lectores que se obtenga el magnífico libro de Arthur
H. Davis “Martin T. McMahon, un Diplomático en el Estridor de las Armas”
que cuenta no sólo con la documentación completa de todo lo escrito por el
General sobre la guerra, sino que además presenta sus bellas ilustraciones.

Martin T. McMahon Página 10


Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

Tumba del General Martin T. McMahon

Cementerio Nacional de Arlington

Virginia – E.U.A.

Martin T. McMahon Página 11


Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

PRIMERA PARTE

“Paraguay y sus Enemigos”

(Publicado originalmente como “Paraguay and Her Enemies” en Harper’s


New Monthly Magazine; Edición XL – Febrero, 1870)

Martin T. McMahon Página 12


Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

Hechos ajenos al tema han pretendido confundir a la opinión pública


mundial con respecto a la guerra en que se ha envuelto a la República del
Paraguay y a pervertir el juicio del pueblo americano respecto a una causa
que, desde sus inicios y por su propia naturaleza, despertó su simpatía.

No analizaremos aquí esos hechos ni intentaremos exponer la razón de


los problemas personales que se suscitaron entre el último Ministro de los
Estados Unidos (1) y el presidente del Paraguay; o la singular y repentina
necesidad descubierta por el mismo ex-Ministro y su ex-colega en Río de
Janeiro en replantear las relaciones existentes entre el servicio naval y el
diplomático de los Estados Unidos.

Estas contingencias no pueden en algún modo alterar las verdaderas


causas que tuvieron las naciones aliadas de Brasil, Argentina y la República
Oriental del Uruguay para llevar la guerra contra un país vecino; ni hacer
aparecer como aceptables los propósitos que han intentado proclamar los
dichos aliados; ni cambiar las consecuencias, de tremebunda importancia,
que se derivarán de la destrucción o el final triunfo del pueblo paraguayo (2).
1- Charles Washburn fue el diplomático que precedió a McMahon como plenipotenciario ante el
Paraguay. Su reputación de insidioso, falaz y mentiroso es paradigmática. Estuvo íntimamente ligado a una
conspiración que buscaba derrocar a Francisco Solano López, en connivencia con algunos hermanos del
Mariscal y ciertos mercenarios extranjeros que sirvieron en Paraguay como Bliss y Masterman. Algunas
páginas deliberadamente ocultas de su diario se descubrieron y revelan gran parte de éstas sospechas,
aparte de las declaraciones que Sallie Cleaveland Washburn, su esposa, hizo al comandante del buque Wasp
de la marina americana en las que ella afirma sobre la existencia de un plan contra López. Además, el mismo
comandante Kirkland revela ante un comité de investigación de los Estados Unidos que Washburn tenía
intenciones de detenerse ante las posiciones del Duque de Caxias (en el momento en que era retirado del
Paraguay en el Wasp) para revelar todas las fuerzas, posiciones y planes del Mariscal al comandante de la
alianza.

2- Las causas de la guerra siguen siendo motivo de airadas discusiones. La versión de los vencedores
se resume en un supuesto intento del Mariscal Francisco Solano López de coronarse “Napoleón del Plata”,
sin mucha evidencia. En realidad, los hechos bien sólidamente delineados indican que la guerra ocurrió
luego de que el Ejército y Armada del Imperio del Brasil en flagrante colaboración con el Gobierno de la
Confederación Argentina se inmiscuyó directamente en asuntos internos de la República Uruguaya. La
sucesión de los hechos nos indica que López vio no sólo atentatorio contra la política de “equilibrio del
Plata” a éste ataque, sino que consideró, no sin lógica, que tras la caída del gobierno aliado del Uruguay (el
partido Blanco) y la instalación de los colorados, adversos a López, el bloqueo económico y posterior guerra
de los ya entonces aliados contra el Paraguay sería inevitable y decidió reaccionar.

Martin T. McMahon Página 13


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Tampoco dedicaremos mucho espacio a demostrar que las contingencias


circunstanciales mencionadas que rodean los hechos reales no pueden ni
deben influenciar el juicio recto de los hombres de buen criterio. Porque si
bien puede ser importante para las partes directamente interesadas dilucidar
si el último Ministro, señor Washburn, ha acusado con falsedad al Presidente
López de violar las inmunidades de su legación o si el presidente López
inculpó infundadamente al señor Washburn del gran crimen de conspirar
para derrocar el gobierno ante el cual estaba acreditado y atentar contra la
vida del Primer Magistrado (3), éstas son cuestiones que, de todas maneras,
no pueden cambiar las verdaderas causas de la guerra y no se debe permitir
que influyan para ocultar sus consecuencias. Es de esperar, por el honor de
ambos países, que los cargos recíprocos sean infundados igualmente.

Se hicieron otras acusaciones contra el Presidente del Paraguay que


han sido reproducidas con sospechosa frecuencia en los principales idiomas.
Ha sido acusado varias veces de matar a su madre; en otras, según las
mismas informaciones, ésta se habría suicidado para intentar escapar los
distintos intentos de su hijo de asesinarla. No obstante, según noticias dignas
de fe, la señora sigue viva (4). Las mismas acusaciones se hicieron respecto
de las hijas y uno de los hijos (de la señora López) que habrían corrido el
mismo triste destino, así como el Vicepresidente de la República, el Ministro
de Guerra Luis Caminos, varios importantes clérigos como el Padre Fidel
Maíz, a quien se indicaba como “la primera víctima de las atrocidades del
tirano” y muchas otras personas de menor importancia (5).
3- Ver nota “1”. El lenguaje, la forma de expresarse de McMahon es reveladora. Es como si él
también considerara a Washburn conspirador (cosa que de hecho fue).

4- De hecho, la madre del Mariscal, doña Juana Carrillo, sobrevivió a la guerra con sus hijas. Todas
ellas estuvieron implicadas (según las Memorias del General Resquín) en una conspiración en la proximidad
de Villa Curuguaty en donde intentaron asesinarlo con una chipa envenenada. Sin embargo él las perdonó,
aunque las mantuvo bajo vigilancia.

5- Estas afirmaciones de McMahon no son para tomarse a la ligera. Recuérdese como la historia es
escrita por los vencedores y éstos no escatimaron en mentiras para falsificar todo lo referente a Solano
López, su gobierno y lo relacionado al Paraguay. McMahon pone en duda a las afirmaciones externas sobre
lo ocurrido en Paraguay durante la Guerra Guasú, nos habla de casos específicos y agrega la frase “muchas
otras personas de menor importancia”, cosa notable y muy relevante para ser tenida en cuenta.

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Si éstos y otros cargos parecidos –sobre muchos de los cuales no


contamos con información- son ciertos, lo podemos demostrar con un simple
análisis del valor de los panfletos aliados, que tan apresurada e
implacablemente sentenciaron a todos y que no cuentan con seriedad alguna
para conducir a conclusiones válidas (6).

Debemos notar sin embargo que, de la larga lista publicada con tantas
“víctimas” de López, mínimo a cien de ellas –según el documento mismo- las
mataron los aliados mientras se encontraban trabajando como prisioneros en
las trincheras y en las labores a las que normalmente son forzados los
soldados de todos los ejércitos por faltas pequeñas. Por lo menos la mitad
falleció de enfermedad en prisiones y hospitales o fueron muertos al desertar
y el resto ejecutado por espionaje, traición u otros crímenes luego de ser
sometidos a juicio acorde a las leyes vigentes. Nos cuestionamos si para la
mentalidad americana es justo el acusar de criminal a un Primer Magistrado
por todas las muertes por enfermedades o ejecuciones de sentencias de
cortes civiles o militares, ocurridas luego de varios años de guerra. No
podemos alegar que las leyes del país sean defectuosas y la administración
de la justicia parcial o cruel (7). Y si así fuera, es de lamentar la mala suerte
del pueblo paraguayo, no del nuestro (8); pero esto no releva a los gobiernos
y escritores aliados de la acusación de intentar pervertir la opinión pública,
difundiendo por el mundo mal-intencionadas declaraciones contra su
enemigo que, si no absolutamente falsas, han ido con la intención de dar una
falsa impresión.
6- Un “falsificador de la historia” moderno, Thomas Whigham, da enorme valor a los panfletos
aliados, cuando le conviene, para validar su postura anti-Paraguay pero los oculta cuando éstos poseen
contenido, como mínimo, execrable por las mentiras que contienen o inteligentemente, hay que admitirlo,
cuando pueden solidificar la idea de la conspiración contra el Paraguay. Graciosamente, Whigham se
encarga de mencionar los ensayos de McMahon en la bibliografía de su “Guerra de la Triple Alianza” pero
lejos de presentar la versión del General americano del conflicto, se enfanga en explicaciones rufianescas y
sin sentido alguno, como ocultando o intentando imponer una verdad antes que revelar la perspectiva de su
heroico compatriota. Conducta digna de quienes ocultan páginas de diarios incriminatorios…

7- Lo dijo quien fuera abogado, jurista, asambleísta de Nueva York y Honorable Senador de los
EEUU, alabado por sus compatriotas por su justicia y probidad.

8- Dicho en buen guaraní jopara: “ndoha’ei ñande asunto”.

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Ésta breve referencia no intenta ser un análisis completo de las


atrocidades publicadas en numerosos medios de prensa que el lector puede
encontrar sobre la materia, ni tal análisis es necesario para los lectores
imparciales luego de lo que se ha dicho en términos generales con respecto a
la veracidad de los mismos. El propósito es simplemente destacar que éstas y
otras atrocidades que se alegan fueron cometidas por López, lo fueron tres
años después del inicio de la guerra que se intenta justificar y por ello no
pueden ser motivo ni causa de la guerra que se llevó contra él y menos dar
pie a la pretensión del Brasil y sus aliados para obtener la simpatía o la
aprobación de las naciones justas y civilizadas.

Dentro de lo que se puede realizar en un artículo periodístico, se podrá


entender mejor cuales fueron los objetivos o propósitos iniciales y reales de
ésta guerra, después de conocer los antecedentes que, con la mayor
imparcialidad posible, expondremos con respecto a la problemática total de
éste conflicto. Y para seguir mejor la narración a partir de aquí, será de gran
utilidad que el lector tenga al alcance de la mano un mapa a fin de ir
ubicando a los acontecimientos.

El Paraguay está situado en el corazón de América del Sur a mil millas


del mar. Sus vecinos son al norte y al este Brasil y Bolivia al noroeste.
Mientras, la Argentina lo bordea en toda la parte sur. Los ríos Paraguay y Alto
Paraná cruzan la parte más importante del país y al confluir en el sur forman
el Paraná. Aguas abajo, éste río se une al río Uruguay (que fluye desde el
norte) para formar el Río de la Plata. El Plata separa, al desembocar en el
mar, a las Repúblicas de Argentina y Uruguay. El curso general de estos ríos
baja del norte y del oeste y las principales nacientes de todos ellos se
encuentran en territorio brasileño. La República de Uruguay linda al norte
con el Brasil. La posición y la inmensa extensión del Imperio del Brasil son tan
conocidas que no necesitan descripción.

Los odios y recelos que España y Portugal dejaron como triste legado a
sus colonias y algunos problemas de límites no definidos desde tiempos
remotos, así como el natural antagonismo entre un imperio esclavista y sus

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Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

vecinos republicanos dificultaron durante mucho tiempo las relaciones entre


éstos países (9).

Cuando en los primeros años del siglo el Paraguay se separó del


Virreinato de Buenos Aires –hoy República Argentina- el Brasil fue el primero
en reconocer su independencia. El objetivo era debilitar a Buenos Aires (10),
cuyo gobierno sólo después de mucho tiempo reconoció al nuevo Estado, no
sin antes tratar de reconquistarlo por las armas (11). Siempre existió
animadversión y mala disposición por parte de la ex-capital virreinal hacia el
Paraguay, que no se disipó en el poco tiempo transcurrido antes del
comienzo de ésta guerra. El hecho de que el Río de la Plata y sus tributarios
fueran las principales vías de comunicación entre estos estados –y la única
salida al mar para el Paraguay- otorgaron importancia singular para todos los
estados ribereños su navegación.

Por ende, es incorrecto alegar, como pretenden ciertos escritores, que


uno de los objetivos de ésta guerra era garantizar la libre navegación del Río
de la Plata.

La libertad de navegación de ese río a las banderas de todas las


naciones fue solemnemente garantizada por el Paraguay en tratados
firmados con EEUU, Inglaterra, Francia y la Cerdeña (hoy Italia) muchos años
antes de iniciada la guerra. Brasil y Buenos Aires protestaron por éstos
9- Todo aquello que el Imperio Español conseguía con grandiosas victorias militares (con soldados
del Paraguay como su punta de lanza, incluso en las invasiones del Río de la Plata por parte de los
británicos), muchas veces a la defensiva y rechazando ataques sorpresivos que luego se convertían en
reconquistas y avanzadas, lo perdía en las mesas de negociación ante los portugueses, eternos lacayos y
títeres de la Pérfida Albión.

10- La penetración de McMahon parece ser ilimitada. Escritores como Juan B. Alberdi tocaron éste
asunto pero el general americano con una sola y lapidaria línea lo resuelve. El nacionalismo argentino de
hoy, representado por brillantes escritores como Leonardo Castagnino, también apoya ésta postura.

11- El general Manuel Belgrano, enviado por Buenos Aires, pretendió sojuzgar a la “Provincia
Rebelde” invadiendo Paraguay con unos 2.000 hombres bien armados. Los coroneles Manuel Gamarra,
Atanasio Cabañas y Fulgencio Yegros, que fueron abandonados por la mayoría de los españoles liderados
por Bernardo de Velasco, entonces gobernador de la provincia, lo dejaron penetrar con pequeñas acciones
de hostigamiento hasta que le derrotaron completamente en las batallas de Tacuarí y Paraguarí. La
historiografía paraguaya considera a éstos hechos como el inicio de la Independencia del Paraguay.

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Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

tratados, aunque su reclamo resultó inútil ante el poder de los grandes


estados y la libre navegación del Río de la Plata permaneció invariable hasta
el comienzo de la guerra.

Si se mantendrá ella en vigencia en caso de una victoria aliada, es cosa


de mayor importancia a ser analizada posteriormente, teniendo en cuenta
cierta cláusula del Tratado de la Triple Alianza.

Los mutuos resentimientos entre Brasil y los estados hispano-


americanos, así como entre Buenos Aires y Paraguay pueden ser
considerados como factores predisponentes. Y no mencionamos al Uruguay,
tercer miembro de la Alianza, porque éste pobre país fue conquistado por el
Brasil al iniciarse la guerra y ahora es, de facto, dependencia brasileña que
solo tiene una independencia nominal para dar respaldo a los designios de la
Corte del Brasil en los manejos de la Triple Alianza (12).

Teniendo en cuenta el extraordinario poderío del Brasil, es totalmente


natural que su política permanente haya sido de expansión y absorción de las
repúblicas más pequeñas y que su pretensión final sea el control absoluto de
todos los grandes ríos del sur, cosa que además está probada con cabalidad
por una larga serie de eventos, entre los cuales la prueba más contundente
es el derrocamiento del último gobierno uruguayo.

Claro que a favor de la sabiduría del gobierno Imperial hablan muy


poco a favor los fines apuntados. Pero de aquí en adelante compartirán la
responsabilidad de lo que ocurra las demás naciones. Porque los objetivos
del Imperio sólo pueden alcanzarse después de aplastar al Paraguay y
destruir a la Confederación Argentina, aliada actual del Imperio. Muchos
piensan aún en Buenos Aires que una cosa seguirá a la otra (13).
12- He ahí al concepto de “independencia” del inefable McMahon y como revela todo con un
simple párrafo. Por supuesto que para los “historiadores” anti-Paraguay el gobierno títere de Venancio
Flores era mucho más libre, democrático y soberano, representativo de su pueblo, que el gobierno del
Supremo Francia y los López. Éstas son las contradicciones deliciosas que los “Adoradores de la Mentira”
dejan al aire, no pueden ocultar tanta falsedad de discurso…

13- Alberdi ya lo había señalado en sus ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza. Además de
defender la causa paraguaya, lamentó ver a su país sojuzgado y sometido a la política imperial.

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Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

¿Cómo se entiende, pues, la alianza argentina para destruir al


Paraguay? Esto es algo que confunde a la opinión pública de los EEUU,
aunque su explicación es simple: el sentimiento de hostilidad del pueblo
argentino hacia el Brasil es evidente y vigente aún hoy (14). La alianza fue
manipulada por el gobierno argentino. En gran parte, de hecho, la mayor
parte del pueblo argentino se opone a ella, aunque existiera una
considerable facción hostil al Paraguay, al que consideraba parte del antiguo
Virreinato.

El pueblo argentino aceptó la alianza a través de la falsa acusación de


que Francisco Solano López invadió el país alevosamente, sin previa
declaración de guerra. Y mantuvo su adhesión a ella, gracias a las
manipulaciones e inescrupulosas noticias sobre las terribles atrocidades
cometidas por el presidente del Paraguay y por los beneficios que
proporcionaba a Buenos Aires –el principal puerto de mar para todos los ríos
interiores- la prosecución de las hostilidades en el Río de la Plata (15). En
cuanto a la acusación de la invasión de territorio de la Confederación
Argentina se hizo sin previa declaración de guerra, fue lanzada exprofeso y
con mala fe por el gobierno de esa república y sirvió al propósito de
enardecer los ánimos para asegurar el apoyo de la nación a la alianza con el
Brasil (16).
14- Como muestra un botón: Felipe Varela, José Hernández, Guido y Spano, el brasileño-argentino
Olegario Andrade, el mismo Alberdi. Recuérdese la famosa frase de Ricardo López Jordán a Justo José de
Urquiza: “Usted nos llama a combatir al Paraguay, general. Nunca. El Paraguay es nuestro amigo. Mándenos
a luchar contra porteños y brasileños. Ellos son los enemigos. Soy consciente del sentimiento del pueblo
entrerriano. La sangre de Paysandú y los cañonazos aún retumban en nuestros oídos…”

15- Varios historiadores argentinos como el genial Atilio García Mellid y José María Rosa han
demostrado con documentos la muy alta improbabilidad de que Mitre no hubiera estado informado de la
declaración de guerra del Paraguay. Así también, La Nación Argentina, periódico de Mitre, varias veces
comete en sus ediciones pequeños errores que dejan entrever claramente que, al menos en el citado medio
de prensa, el estado de guerra ya era conocido.

16- De hecho que también es perfectamente conocido que el mensajero paraguayo, con sus cartas
y documentos que constataban la declaración de guerra, fue capturado por oficiales y gendarmes
argentinos, según algunos en la misma Buenos Aires. Juan Emiliano O’Leary Urdapilleta, apóstol del
nacionalismo paraguayo, lo menciona en sus obras aún antes de que éstos hechos hayan sido debidamente
demostrados con documentación. Varios historiadores del revisionismo argentino también lo reconocen.

Martin T. McMahon Página 19


Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

Los antecedentes de la alianza son brevemente los siguientes: en el


año 1863, la República del Uruguay estaba disfrutando de su mejor gobierno
en medio siglo. Luego de sucesivas guerras y agitaciones civiles, había
alcanzado gozar de unos años de paz. Venancio Flores, refugiado político de
Montevideo, organizó en Buenos Aires con la connivencia –se dice (17)- del
gobierno argentino una expedición armada contra el Uruguay (18).
Desembarcó en esa república con un pequeño grupo de seguidores (19) y
arrastró en su marcha a todos los gauchos descontentos con el gobierno. Fue
sostenido con hombres y dinero por el Brasil y Buenos Aires y provocó la
guerra civil con su secuela de atrocidades. El gobierno uruguayo estaba
fuertemente presionado, lo que aprovechó el Brasil para presentarle una lista
de reclamos que incluían cincuenta facturas cuyo pago se demandó
inmediatamente. Uruguay respondió con otra lista igualmente larga de
reclamos, sosteniendo que “sólo la invasión programada, organizada y
sostenida en armas desde el territorio argentino y brasileño” y la invasión
consiguiente habían alentado al Brasil a presentar dichas demandas. El Brasil
presentó un ultimátum, concediendo un plazo de seis días para cumplir con
él, al término del cual las fuerzas brasileñas invadirían el Uruguay por tierra y
agua (20).

El gobierno uruguayo propuso una mediación (21). Expiraron los seis


17- Reemplazar “se dice” por “demostrada”.

18- La Nación Argentina, periódico de Bartolomé Mitre, se deshilachaba y desgañitaba en palabras


apoyando ésta rebelión (financiada por ellos mismos) y proponiendo varias veces, incluisive, en sus
editoriales, la guerra para derrocar al gobierno blanco uruguayo (palabras más, palabras menos). La postura
y la “declaración extra-oficial” de guerra que hizo Mitre al gobierno Blanco de Berro y posteriormente
Aguirre era secreta para nadie. Atilio G. Mellid presenta varias de éstas editoriales en sus obras.

19- Y con algunos argentinos y brasileños fingiendo ser uruguayos, transportados todos ellos en
buques argentinos con armas de arsenales argentinos.

20- La asquerosa manipulación de los hechos de Itamaraty se puede ver con claridad. Como si fuera
que ya no habían invadido al Uruguay en connivencia con sus ya entonces aliados, que ya no estaban
reduciéndolo a mera expresión geográfica la existencia de la República Uruguaya.

21- Mediación en la que infructuosamente intentó participar el Mariscal y Héroe de América, quien
hizo todo lo posible para mantenerse fuera del asunto, como indica acertadamente Arturo Bray, aunque
finalmente, ante lo apremiante de la situación y las súplicas uruguayas, debió ceder.

Martin T. McMahon Página 20


Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

días. El ejército brasileño cruzó la frontera, la flota proclamó el bloqueo de


Montevideo y el gobierno constitucional se retiró del poder. Venancio Flores,
el jefe revolucionario, mera criatura del Brasil, se convirtió en Presidente y la
República del Uruguay dejó de existir como país independiente (22).

Mientras se desarrollaban éstos acontecimientos en la hermana


República, el gobierno de Buenos Aires pretendió neutralidad. La sinceridad
de la misma fue cuestionada por el Paraguay que ya había hecho sentir su
queja a causa de la ayuda que se brindaba abiertamente a Flores, en armas y
hombres. El Paraguay protestó airadamente contra el atropello y
posteriormente, ante la enérgica y prepotente actitud asumida por el Brasil,
ofreció su amistosa mediación (23).

El Uruguay la aceptó pero Brasil la rechazó. Ante ésta actitud, López,


proclamando que la independencia del Uruguay era esencial para la libre
navegación del Río de la Plata y consecuentemente para la paz y la
prosperidad de los estados rioplatenses –puntos que no necesitan
argumentación- se convenció (24) de que el gobierno de Buenos Aires estaba
aliado secretamente con el Brasil para la destrucción y división del Uruguay y
22- Uno puede hasta especular posteriores eventos en Paraguay (al mejor estilo de los
“falsificadores de la historia”): Los legionarios paraguayos como Iturburú, descontentos con el gobierno
paraguayo, son enviados en buques argentinos, con armas argentinas y con argentinos y brasileños
disfrazados de paraguayos, para generar una revuelta contra el Presidente López. En medio de la rebelión
iniciada, Brasil empieza a hacer reclamos con respecto a la cuestión de límites, diciendo: “damos un
ultimátum para que respondan todas nuestras reparaciones en seis días o de lo contrario, será la guerra”. Y
ésta guerra, al igual que con la “Cruzada Libertadora” en Uruguay, sería (y de hecho así se estipuló en el
infame Tratado Secreto) “no contra el pueblo paraguayo, sino su gobierno”. (Cuanto nos manipulan éstos
señores que se hacen llamar “historiadores neutrales”. ¡Dios nos pille confesados! De no haber sido por las
potentes voces que defendieron la Causa Paraguaya y la Verdad, quizás hoy a la Guerra de la Triple Alianza
contra el Paraguay se la habría llamado “Cruzada Libertadora al Paraguay” y el infame Iturburú junto a los
suyos habría alcanzado el poder). En fin, esto es sólo especulación, basada en lógica, pero especulación al fin
y al cabo… Mera especulación…

23- Eternamente ignorada, minimizada históricamente por quienes quieren hacer pasar al Mariscal
López como un simple loco (al buen estilo de las historias que se relatan en Hollywood). Fueron éstos
rechazos los que permitieron al Héroe de América ver el plan que se urdía contra el Paraguay.

24- Reemplazar “se convenció” por “vio por encima de sus enemigos, atravesó el secreto
entramado que entretejían alrededor suyo y comprendió la verdad”.

Martin T. McMahon Página 21


Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

y del Paraguay (25). Además, en conocimiento de que el sojuzgamiento del


Uruguay daría al Imperio, enemigo natural del Paraguay, el control del
Estuario del Plata, paso previo para atentar contra la independencia e
integridad de su mismo estado que así quedaría aislado y a la merced de sus
poderosos vecinos, hizo una protesta formal contra la ocupación de tropas
brasileñas al Uruguay, responsabilizando al Imperio de lo que ocurriera si se
llegaba a la necesidad del uso de las armas (26).
25- Los antecedentes de todo esto se pueden encontrar en reveladores documentos, como el
presentado la década pasada por la argentina Liliana Brezzo, conocido como “El Protocolo de 1857” en el
que Silva Paranhos, Santiago Derqui y Bernabé López (el primero viejo zorro de las argucias imperiales
brasileñas, los otros dos argentinos) ya ponían en papel sus deseos de destruir al gobierno paraguayo, en
ese entonces a cargo del Dr. Carlos Antonio López, incluso indicando las provocaciones que se darían en
Uruguay. Este documento tiene como factor interesante que fue reeditado o refirmado por Rufino de
Elizalde, mano derecha de Mitre, en 1865, aunque se desconoce el mes exacto, pero es indudable que era
bien tenido en cuenta. Además, hay una carta entre Domingo Faustino Sarmiento, maestro de Mitre, con el
mismo Elizalde fechada el 5 de febrero de 1865 (recopilada por Germán Tjarks en su obra “Nueva Luz sobre
el Origen de la Triple Alianza”, publicada en Asunción en 1977) en la que claramente se lee:

“ … El Emperador estaría dispuesto a abandonar la garantida independencia del Uruguay,


permitiendo que se anexe a la República Argentina, si ésta procurase apartar la cuestión de amor propio que
mantiene entre el Imperio y la República: que está resuelto a llevar adelante la Guerra del Paraguay que es
guaraní, dejando entender que el Imperio aceptaría compensaciones de territorio en el Paraguay... La
ocasión es bellísima para deshacernos de los bárbaros del Paraguay, dominándolos, aborreciéndolos y
disolviendo ese monstruoso Estado…”

No se olvide, además, a las declaraciones más que conocidas de José Mármol, conocedor de la
política argentina de su tiempo, quien asegura que el acuerdo contra el Paraguay existía mucho antes de la
firma, en mayo de 1865, del infame Tratado Secreto. Según sus palabras, en junio de 1864, en Puntas del
Rosario, ya existía entendimiento y que el Tratado Secreto de 1865 sólo fue el último documento. Antonio
de Saraiva, ministro plenipotenciario del Brasil y protagonista de ésta reunión realizada en Puntas del
Rosario (de la que participaron Elizalde y Edward Thornton, ministro plenipotenciario británico quien
también estuvo en la firma del Tratado Secreto de 1865) secundó y reafirmó los comentarios de José
Mármol en varias ocasiones, según constan varios documentos inclusive. Así pues se ve claramente que el
Mariscal no tenía “locos presentimientos” ni “delirios de persecución”. Estaba perfectamente enterado, con
su mente providencial, de lo que ocurría a su alrededor. Pero incluso el general Francisco Isidoro Resquín en
sus Memorias menciona el entendimiento que ya existía entre el Imperio y la Confederación en 1857.

26- No faltan escritores que en buen guaraní paraguayo serían los “piré pererí” (como Osvaldo
Bergonzi) que consideran a ésta protesta del Paraguay como “un error”. Una “falta de viveza” se diría en
porteño y bandeirante. Precisamente ahí yace una diferencia: el Mariscal representa al Honor, la Franqueza,
la Honestidad. Sus enemigos representan al Ultraje, las maquinaciones secretas, la mentira, lo oculto.
Además, el error de invadir Uruguay y tener en cuenta al grandioso Héroe de América, lo comete el Brasil,
que vio después de la Guerra Guasú a sus sueños de Imperio desmembrados y hoy también sojuzgados.

Martin T. McMahon Página 22


Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

Ésta protesta fue despectivamente ignorada. Las tropas brasileñas


cruzaron el Uruguay como ya se mencionó y como efecto, un ejército
paraguayo invadió al Brasil. La protesta del Paraguay estaba fechada el 30 de
agosto de 1864. Las tropas brasileñas ocuparon el Uruguay en octubre y en
noviembre, los paraguayos entraron en el Brasil (27). Aquí es necesario
aclarar algunos puntos que los aliados pretenden modificar substancialmente
y que tienen los siguientes antecedentes. Dejemos al lector juzgar por si
propia cuenta.

Había existido un largo conflicto de fronteras entre Brasil y Paraguay.


Varios años antes de la guerra, Carlos Antonio López, entonces Presidente del
Paraguay, propuso arreglarlo y en diversas ocasiones expuso su voluntad de
sacrificar alguna porción de territorio con tal de alejar al fantasma de la
guerra. Después de algunas negociaciones, el Brasil declinó cualquier intento
de arreglo e insistió en posponer todo acuerdo por varios años. Pendiente el
mencionado acuerdo, el gobierno Imperial erigió una provincia en Matto
Grosso, situada en el límite norte del Paraguay, estableciendo en el territorio
en disputa un depósito de armas y pertrechos (28).
27- El Contralmirante de la Marina Argentina Martín Guerrico, veterano de la Guerra (luchó en Paso
de Cuevas en la armada de su país y luego en buques brasileños, en Itapirú y Humaitá. La batalla de
Curupayty le valió el ascenso a Capitán de Fragata), según recoge Luis Alberto de Herrera, afirmó:

“La invasión del general Flores a la República Oriental fue el punto de partida para los sucesos
extraordinarios que conmovieron a esta región de América, convirtiéndola en un inmenso campo de batalla.
Aquel hecho oscuro e injustificable fue el origen de las complicaciones, de los sacrificios y de una de las
luchas más crueles y sangrientas que recuerda la humanidad en largos siglos. Aquella invasión sirvió de
pretexto a las reclamaciones extranjeras, trajo la intervención del Imperio al Estado uruguayo; la
complicidad de las autoridades argentinas; la alianza de hecho y de derecho entre los beligerantes, regulares
e irregulares, del Río de la Plata; el ataque y la defensa heroica de Paysandú; la triste rendición de
Montevideo, plaza codiciada para ulteriores operaciones de la Alianza, y guerra implacable contra el
Paraguay, marcada por continuos signos de devastación y de muertes, desde Uruguayana hasta el
Aquidabán, en cuyo itinerario de sangre los vencidos se contaban por los muertos, y el clarín de la victoria
resonaba sólo en medio de ruinas y montones de cadáveres…”

28- Según el general Resquín, esos territorios siempre fueron legítimamente paraguayos y hablar de
“invasión al Matto Grosso” es totalmente maniqueo y falso. La frase correcta sería “recuperación o
reconquista del Norte Paraguayo”. Algunos legionarios modernos pretenden que el manejo lingüístico de los
términos no tiene importancia crucial en la interpretación de los hechos. Pues una vez más les decimos:
“falsificadores de la historia”. Las palabras sean utilizadas correctamente o no se utilicen.

Martin T. McMahon Página 23


Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

El rechazo de cualquier arreglo pacífico y el establecimiento de éste


depósito fueron hechos que no carecían de significado ni escaparon a la
atención del entonces Comandante en Jefe del Ejército Paraguayo, el joven
Francisco Solano (29). El gobierno paraguayo lo denunció y el Congreso
Nacional proclamó que la existencia de un depósito de material bélico en el
Matto Grosso era una violación de los tratados existentes y que dicha
provincia había sido usurpada al Paraguay. El examen de estos reclamos es
esencial para la consideración del presente tema.

El 14 de noviembre –un mes después de la entrada de las tropas


brasileñas en Uruguay, hecho que de por sí representaba la guerra contra el
Paraguay según la protesta presentada por su gobierno- un vapor brasileño,
el Marqués de Olinda, mientras navegaba en aguas paraguayas rumbo al
Matto Grosso llevando a bordo al gobernador de esa provincia (30)
recientemente asignado, fue apresado por un vapor de guerra paraguayo.

Dos días antes, el ministro brasileño en Asunción había sido notificado


que como consecuencia de la invasión del Uruguay por Brasil sin previa
declaración de guerra, la navegación del Río Paraguay y de todos los ríos de
la República permanecerían cerrados para el Imperio, aunque seguirían
abiertos para embarcaciones neutrales viajando al Matto Grosso. Los
gobiernos aliados proclamaron que el secuestro del buque y la invasión del
Matto Grosso sin previa declaración de guerra constituían una violación del
derecho internacional. Por las mismas razones la acusación del Paraguay al
Brasil por la invasión de éste en Uruguay estaría, entonces, igualmente
basada. Los antecedentes mencionados demuestran la falsedad de ambos
29- Tampoco se debe dejar de mencionar a la expedición militar fallida de Pedro de Oliveira, quien
en 1854, humillado por la diplomacia (y las armas) paraguayas, debió pactar con Carlos Antonio López
acuerdos que serían su desgracia ante la Corte Imperial de San Cristóbal.

30- Invadir al Uruguay, a pesar de la nota de protesta (de varios meses de antelación), hacer pasar a
un buque brasileño casi con prepotencia por aguas paraguayas y llevando en él a un “gobernador del Matto
Grosso”, todo esto desde luego que no deben ser considerados “actos de guerra” contra el Paraguay. Son
simples maniobras diplomáticas, como financiar una guerra civil en una pequeña República, anunciar a
diestra y siniestra que esa guerra es necesaria y posteriormente proclamar que “le toca el turno a
Paraguay”, etc. (Legionarius dixit).

Martin T. McMahon Página 24


Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

alegatos (31).

La ocupación del Matto Grosso por el Paraguay fue una maniobra de


éxito singular, de la que resultó la captura de todo el material de guerra
brasileño acumulado en esa provincia (32). López obtuvo mediante ésta y la
posterior ocupación de Corrientes, de la que nos ocuparemos después, los
medios para pelear la lucha. Es totalmente falso afirmar que había hecho
grandes preparativos bélicos o que había contratado grandes embarques de
armas en Europa, como constantemente proclamaban sus enemigos en falsa
prueba de sus designios bélicos (33). Hoy día López pelea con fusiles de
chispa y con las mejores armas tomadas de las batallas, con cañones y
municiones fabricadas en el país o capturadas al enemigo.

Ya enfrentados en guerra Brasil y Paraguay, la República Argentina


declaró neutralidad. Paraguay sostuvo que dicha neutralidad era fraudulenta
y con propósitos hostiles ya que al Brasil se le permitió ocupar territorio
argentino y establecer un depósito de municiones en Corrientes (34), ciudad
argentina situada al sur de la frontera con Paraguay y punto de crucial
importancia estratégica como base de operaciones con dicha República.
Recuérdese que Buenos Aires había instigado y apoyado a Flores para su
invasión al Uruguay; que nada hizo para evitar su destrucción por el Brasil y
31- La lógica de McMahon es irrefutable. Excepto para los falsificadores de la historia y los
legionarios.

32- Un estudio hecho por Natalicio González nos revela la cantidad de pertrechos bélicos que se
capturaron solamente en Coimbrá, Matto Grosso. Se dice que cantidades similares se obtuvieron del
campamento brasileño-argentino de Corrientes, aunque no hay documentación que lo pruebe
fehacientemente, más allá de los comentarios.

33- De hecho que ésta afirmación no es enteramente correcta por parte de McMahon. Paraguay, a
través de varios contratos con Anacrusis Lanús, la compañía Blythe de Inglaterra y otros modernizó
lentamente sus fuerzas armadas. Pero, esto es cierto, no con la intención de hacer la guerra sino como un
viejo plan de tiempos de Don Carlos Antonio. También se debe recordar las gestiones malogradas del
gobierno (o más bien, las trampas contra el Paraguay) cuando Inglaterra otorgó a Brasil, a instancias de
Cándido Bareiro, gran cantidad de material ordenado por el gobierno paraguayo con mucha antelación.
Natalicio González y Arturo Bray presentan evidencias sobre esto, entre otros autores.

34- Además existía otra muy conocida base de operaciones brasileña en Concordia, Entre Ríos.
McMahon nos presenta todo esto como evidencia contundente, ignorada por supuesto, por los legionarios.

Martin T. McMahon Página 25


Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

que toleró ciertos actos que dieron mucha verosimilitud a la acusación


paraguaya de que el gobierno de la República Argentina estaba actuando con
secreto entendimiento con el Brasil (35). El establecimiento de un depósito
brasileño en Corrientes era ya evidencia elocuente y López afirmaba que ya
se había llegado a un acuerdo para que Buenos Aires se sumara
oportunamente a las hostilidades (36). Bajo éstas circunstancias, solicitó
permiso al gobierno argentino para pasar sus tropas por territorio de una de
sus provincias, a fin de invadir el sur del Brasil y apoyar al régimen
constitucional del Uruguay y restablecer su independencia. Tal permiso fue
terminantemente negado (37).

Hubiera sido correcto si Buenos Aires actuara de buena fe en su


neutralidad, pero injusto si se debía por mera deslealtad hacia el Paraguay.
López respondió a tal negativa con una declaración de guerra. Esta
declaración fue hecha por el Congreso Paraguayo el 18 de marzo de 1865 y
comunicada oficialmente al gobierno argentino el 29 del mismo mes. El 15 de
abril un ejército paraguayo ocupó Corrientes, capturando las municiones de
guerra almacenadas en dicha ciudad.

Los aliados proclamaron con insistencia que la invasión de Corrientes


35- Ver nota “25”.

36- No podemos menos que admirar al Mariscal por su increíble penetración y conocimiento de los
hechos. Poco se ha estudiado sobre los sistemas de inteligencia paraguayos y como el Mariscal parecía estar
siempre un paso más adelante que sus enemigos. Desde luego, investigarlo daría todavía más razones para
magnificar la figura del Héroe de América y la Causa Paraguaya, por ello, se prefiere en la “historiografía
oficial” dejar a un lado éstas cuestiones.

37- Thomas Whigham especula fabulosamente sobre éste punto diciendo que Mitre en realidad,
después de haber comprometido su neutralidad en el asunto uruguayo, tenía pensado permitir pasar las
cargas de municiones que aún debían llegar al Paraguay desde Europa (que no eran muy numerosas, aunque
para el Ejercito Paraguayo harían gran importancia). Obvio que todo esto tiene como contratiempo que en
Febrero de 1865, Venancio Flores ya estaba en el poder listo para hacer la guerra al Paraguay (y de hecho
que, según varios historiadores revisionistas, su primer acto de gobierno fue la declaración de guerra al
gobierno de López). Además, según Whigham, Mitre lógicamente no quería hacer de su territorio potencial
campo de batalla, pero recordemos que si ya había hecho de Corrientes una base brasileña de operaciones.
En pocas palabras, no quería hacer un campo de batalla a su territorio siempre y cuando sea López quien se
aprovechara de él. Pero la base brasileña en Corrientes: ¡bien, gracias! Para rematar todo esto, las fuentes
de Whigham son las siempre cuestionables fuentes del mismo Mitre y sus lacayos.

Martin T. McMahon Página 26


Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

se había hecho en plena paz y constituía por tanto, violatoria del derecho
internacional (38). Las fechas citadas anteriormente refutan con
contundencia dichos cargos. El gobierno argentino negó haber recibido la
declaración de guerra (39). En mayo, después de la reunión del Congreso,
proclamaron que la ocupación de Corrientes constituía una profanación de su
territorio, una violación de los usos internacionales y un ataque realizado sin
mediar provocación (40) y con ausencia de notificación alguna. No obstante,
ha sido plenamente demostrado que el gobierno de Buenos Aires estaba en
pleno conocimiento de la declaración de guerra paraguaya, varios días antes
de que la ocupación de Corrientes fuera notificada a la población (41).

El artificio de ocultarlo sirvió al propósito de despertar un sentimiento


popular adverso al Paraguay y allanar el camino para la Triple Alianza (42).

La alianza entre el Imperio del Brasil, la República Argentina y la


República del Uruguay entró inmediatamente en vigencia. Las características
38- Las bases brasileñas en Entre Ríos y Corrientes, desde donde el Imperio atacó a una nación en
guerra civil sin embargo, no eran violatorias del derecho internacional, según la “historia”.

39- Ver nota “16”.

40- Si es que a ésta abierta declaración de guerra de Bartolomé Mitre el 10 de Marzo de 1865 (a
través de su periódico, La Nación Argentina, como también lo hizo en la Guerra Civil Uruguaya) no se puede
considerar “provocación”:

“No duden nuestros lectores que muy pronto sonarán los cañonazos que anuncien al mundo que
va a caer el miserable opresor de un pueblo mártir. Los hombres de toda América deben contribuir por
todos los medios a su alcance para la caída del déspota opresor de una república hermana...”

Los enemigos del Paraguay, sean los aliados o sus historiadores, minimizan esto diciendo que
“como los paraguayos no estaban acostumbrados a la Prensa Libre, consideraron que La Nación Argentina
era palabra oficial del Gobierno Argentino”. Desde luego que Solano López, hombre de mundo, simplemente
fue un tonto al caer en esa trampita. Porque pensar que, tal cual ocurrió con La Nación Argentina y el asunto
uruguayo podía pasar en Paraguay, es de idiotas (hay que ser fanático y legionario convencido para seguir
sosteniendo semejante postura). Atilio G. Mellid menciona varias editoriales de La Nación Argentina.

41- En La Nación Argentina, curiosamente, se hablaba ya de la Declaración de Guerra del Paraguay


a la Argentina. Además, algunas cartas entre Mitre y sus servidores, según José María Rosa, claramente
demuestran que él tenía perfecto conocimiento de la situación.

42- La Triple Alianza ya existía. Pero ese argumento de McMahon, sólido e impenetrable, en
nuestros días sería rebatido usando la palabra “conspiracionista”.

Martin T. McMahon Página 27


Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

principales de éste extraordinario Tratado Secreto merecen consideración


seria. Por sus términos, la alianza es perpetua (43). Sus disposiciones más
importantes son las siguientes:

“Artículo 6: Los aliados solemnemente se comprometen a no deponer


las armas fuera del común acuerdo y hasta que no hayan derrocado al actual
gobierno del Paraguay y a no negociar con el enemigo común
separadamente, ni firmar tratado de paz, tregua, armisticio ni convención
alguna para poner fin o suspender la guerra, sino de perfecto acuerdo entre
todos”.

“Artículo 7: No siendo la guerra contra el pueblo del Paraguay, sino


contra su gobierno, los aliados podrán admitir en una Legión Paraguaya a
todos los ciudadanos de esa nacionalidad que quieren concurrir a derrocar
dicho gobierno y les prestarán todos los elementos que necesiten, en formas y
condiciones que se acordarán”.

“Artículo 8: Los aliados se comprometen a respetar la independencia,


soberanía e integralidad territorial del Paraguay. En consecuencia, el pueblo
podrá escoger su gobierno y darse las instituciones que quiera, no pudiendo
incorporarse ni pedir el protectorado de ninguno de los aliados como
consecuencia de ésta guerra”.

Hay otros artículos que objetar y a los referiremos al comentar los


precedentes.

El artículo 6 obliga a los aliados a continuar la guerra hasta el


derrocamiento del actual gobierno del Paraguay. Nunca se ha afirmado que
éste fuera un gobierno usurpador. Tal estipulación, por tanto, es ofensa a la
justicia recta y anula completamente al artículo 8 del mismo tratado, que
garantiza al pueblo paraguayo el derecho de elegir su propio gobierno e
instituciones. ¿Qué ocurriría si en ejercicio de éste derecho, eligieran de
43- No es Martin McMahon quien exclusivamente afirmaba esto. Juan Bautista Alberdi también ya
lo había hecho en su debido tiempo, en Europa. Nos parecería extraño, pero no improbable, que McMahon
haya tenido contacto con las apreciaciones de Alberdi en 1870. Es más realista pensar que ambos llegaron
independientemente a la misma conclusión.

Martin T. McMahon Página 28


Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

nuevo a Francisco Solano López como Presidente, tal cual hicieron tres años
antes? ¿Hubieran respetado dicha decisión los aliados? El artículo 6 por lo
tanto es un error y el artículo 8 una broma.

El artículo 7 declara que la guerra no es contra el pueblo sino el


gobierno del Paraguay, una diferencia demasiado sutil para el más lerdo
americano. El mismo artículo invita a los paraguayos a unirse a los aliados
contra su gobierno. Sobre la corrección de tal cláusula, alentando a una
guerra civil, dejemos que el lector tome su propia opinión (44).

El artículo 8 garantiza la independencia, soberanía e integridad


territorial del Paraguay, más el artículo 9 limita esas garantías a cinco años y
esos cinco años expiran el próximo primero de mayo. Por ende, la alianza es
perpetua (45). ¿Qué ocurrirá después del primero de mayo? Según el artículo
14, el Paraguay será obligado a pagar todos los gastos de guerra derivados de
todos los daños sufridos por los aliados, así como por los agravios públicos o
privados, reales o imaginarios, que esos poderes quisieran reclamar y por el
artículo 15 esos mismos poderes establecen que ellos determinarán la forma
y manera en que ello deba cumplirse. De ésta manera, respetarán la
independencia del Paraguay (46).

El artículo 16: “para evitar las discusiones que traen consigo las
cuestiones de límites”, ellos fijarán definitivamente los futuros límites de la
República, en forma tal que se adjudican para si la mitad de su territorio. He
ahí su respeto por la integridad territorial (47).

En el Protocolo del Tratado se estipula que la fortaleza paraguaya de


Humaitá será demolida; que nunca se permitirá al Paraguay erigir otras
44- Quizás, como hemos apuntado antes, querían hacer pasar a la guerra como una “Cruzada
Libertadora” o algo parecido, cosa que tampoco escapó a la lógica irrefutable de McMahon.

45- Y sigue más que vigente, al no anularse jamás el tratado, al no firmarse una paz oficial y al no
haberse rendido el Héroe de América ni su Ejército.

46- Cualquier similitud con el Tratado de Versailles es mera coincidencia.

47- Ver nota “46”.

Martin T. McMahon Página 29


Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

fortificaciones sobre sus propios ríos que pudieran interferir con los
propósitos de los aliados. Que todas las armas y pertrechos existentes dentro
de la República serán divididos en partes iguales entre los aliados y que los
“trofeos y botín” (palabras textuales extraídas del Tratado) serán repartidos
de igual forma (48).

Según el artículo 17: “el Tratado quedará siempre en toda su fuerza y


vigor a fin de que sus estipulaciones sean respetadas y cumplidas por el
Paraguay” (49) y por el artículo 18 “el tratado se mantendrá secreto, hasta
que se consigan los fines de la Alianza”.

A la vista de este Tratado ¿puede sorprenderse alguien de que el


pueblo paraguayo haya luchado con devoción y heroísmo sin paralelo e
imposible de describir contra los aliados? ¿Qué sus soldados hayan
rechazado con desprecio los tentadores ofrecimientos a manos llenas para
comprarlos? (50). ¿Y que miles de prisioneros hubieran regresado,
arrastrándose por leguas de pantanos, abandonando la abundancia y
seguridad de los campamentos aliados y el lujo y tentaciones de sus ciudades
para reincorporarse al lado de sus desnudos y famélicos hermanos en las filas
de su República? (51).

Aún hay otro artículo del tratado que involucra al mundo exterior. En el
artículo 11 se lee “derrocado el actual gobierno del Paraguay, los aliados
48- Ver nota “46”.

49- Ver nota “46”.

50- El legendario capitán Matías Bado se suicidó luego de ver la cara a los legionarios, quienes le
ofrecieron oro y plata para comprar su lealtad, cosa que él rechazó con desdén. Recuerda a la historia del
Dr. Francia, quien expulsó a un filibustero que quiso comprar su honor gritándole “salga usted con su
asqueroso oro y sus vilísimos pensamientos de mi casa”, según Thomas Carlyle. Esto representa la diferencia
entre Bado, los soldados paraguayos y los legionarios.

51- Obviamente, los periódicos aliados y algunos paraguayos “piré pererí” dijeron que muchos de
los soldados que se reincorporaban a las filas de López eran castigados por “no haberlo hecho antes”. Pero
lo gracioso está en la explicación que, por ejemplo, Thomas Whigham quiere hacer pasar por válida sobre
ésta actitud de los paraguayos y se resumía en que era tanto el temor que le tenían al Mariscal y a su
gobierno que preferían ¡VOLVER A ÉL! antes que aceptar la “civilización” de los aliados. Lo único que le faltó
a Whigham fue diagnosticar Síndrome de Estocolmo a los soldados paraguayos.

Martin T. McMahon Página 30


Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

procederán a hacer los ajustes necesarios con la autoridad que se constituya


para asegurar la libre navegación de los ríos Paraná y Paraguay, de modo que
los reglamentos o leyes de aquella República no puedan estorbar, entorpecer
o parar el tránsito y la navegación directa de los buques mercantes o de
guerra de los estados aliados que se dirijan para sus respectivos territorios o a
territorios que no pertenezcan al Paraguay; y tomarán las convenientes
garantías para efectivizar dichos ajustes, sobre la base de que los
reglamentos de la política fluvial, sean para aquellos dos ríos o bien para el
río Uruguay, serán hechos en común acuerdo entre los aliados y demás
ribereños que, en término que acordarán los mismos aliados, adhiriesen a la
invitación que se les hará”.

El Paraguay ya ha garantizado la libertad de estas aguas a todo el


mundo. ¿Puede entonces este artículo tener otro significado que no sea que,
de aquí en más, su navegación será privilegio de los aliados? Debemos
recordar a éste respecto que los recursos del Paraguay en algodón, tabaco,
azúcar, arroz, yerba, cobre, mercurio, plantas medicinales, maderas exóticas,
mármoles son inmensos y el comercio que puede desarrollarse por los ríos
que son tributarios del sistema del Plata, constituiría una vasta fuente de
riqueza para otras naciones. Es una necesidad para los Estados Unidos
entender con claridad que el éxito de la Triple Alianza significará el cierre del
Río de la Plata a banderas extranjeras. Ninguna declaración oficial o informal
de un solo miembro de ésta alianza ofrece seguridad a éste respecto. Porque
el Tratado es, por fuerza, obligatorio y perpetuo y sólo su derogación
solemne puede garantizar que sus términos no serán cumplidos por las
partes contratantes.

El hecho de que la Confederación Argentina haya adherido a dicho


tratado prueba una de las dos alternativas: o los hombres que se
encontraban en frente del gobierno eran incompetentes o inexpertos (52) en
negocios diplomáticos o es correcto lo que López asevera sobre su
entendimiento con el Brasil para dividirse a las hermanas Repúblicas del
52- De hecho que tontos no eran. Aunque ofrendaron a cambio del liberalismo a la independencia
de todo el pueblo argentino.

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Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

Uruguay y Paraguay. El gobierno de Buenos Aires estaba compuesto por los


hombres más capaces, la conclusión por tanto es que, cuando ellos
deliberadamente pusieron a su país –como se hizo con el artículo 6 del
tratado- a merced del Brasil para continuar una guerra interminable o hasta
que al Imperio se le antojara concederles hacer la paz, debe haber existido
algún arreglo que no aparece en el texto del tratado que explique éste
singular y fatal proceder (53).

Usamos a propósito la palabra “fatal”. Porque muchos en la República


Argentina, ignorantes de algún entendimiento secreto que garantice la futura
seguridad de su estado contra la agresividad política del Imperio, están
convencidos que inevitablemente al final de la conflagración actual seguirá
una guerra entre las dos naciones. Ellos creen que si ese es el caso, el valor
del soldado brasileño se impondrá a las tímidas legiones brasileñas. Pero
olvidan que el Brasil derrotó al Uruguay a través de intrigas y guerras civiles,
no en guerra abierta (54). Olvidan la inmensa preponderancia en poderío
naval y equipos bélicos que la miopía económica de los mismos gobernantes
argentinos permitió al Imperio obtener en la presente contienda. Ellos creen
que en cualquier eventualidad, los EEUU intervendrán para impedir la
destrucción de una República con instituciones similares. Pero si la República
del Paraguay fuese borrada mientras tanto de la faz de la tierra a manos de
ésta fratricida y antinatural alianza, acaso los EEUU no podrían recordar la
bíblica admonición que se hiciera al primer victimario: “Caín, ¿dónde está tu
hermano?”.

No se puede aquí dedicar más espacio a una exposición exhaustiva


sobre el Tratado Secreto. Perú y las Repúblicas del Pacífico han protestado
53- Ver nota “25”. Además es notable recalcar las Arengas Masónicas de Mitre, en donde él
señalaba “que somos Sarmiento y yo sino instrumentos, como éstos instrumentos masónicos”. El “Genio
Invisible”, como diría Atilio G. Mellid, estaba detrás de todo. Leonardo Castagnino nos cuenta como Mitre,
Sarmiento, Gelly y Obes, Elizalde, Silva Paranhos, D’Eu, Pedro II, Venancio Flores, Edward Thornton, Roque
Pérez, Caxias eran todos adoradores del “genio invisible”.

54- Fernando Iturburú, el líder de la Cruzada Libertadora contra el Paraguay. Excelente lógica de
McMahon, ya lo hemos mencionado anteriormente. ¿Podríamos pensar en algún argentino financiado por
Brasil o el “genio invisible” para crear revueltas en Argentina? Muchos, pero es mera especulación.

Martin T. McMahon Página 32


Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

formalmente contra él cuando se lo hizo conocer accidentalmente (55) y si


los EEUU han mantenido silencio al respecto es, probablemente, porque
nuestro gobierno, bajo la presión de graves problemas internos, no estuvo en
condiciones de dar al continente Sur todas las atenciones que los hechos aquí
denunciados exigen ahora más que nunca.

Este tratado, desde la perspectiva americana, es absolutamente


indefendible porque está implícito el derecho que tiene una nación de
derrocar al gobierno de otra; un derecho que sólo pertenece al pueblo por el
cual ese gobierno fue establecido. Pretende distinguir entre la guerra a un
pueblo y a un gobierno de un estado, distinción no basada en el sentido
común ni reconocida por la Ley de las Naciones. Obliga a los contratantes a la
división pre-establecida del territorio de su adversario, al saqueo de sus
arsenales, a la destrucción permanente de sus fortalezas, a dividirse el
“botín”. Le niega a perpetuidad el derecho de armarse, aún para el orden
público y al cabo de cinco años –que ahora se están cumpliendo- le priva
hasta de su supuestamente garantizada independencia, virtualmente
consintiendo que ésta débil, mutilada, desarmada y desolada condición,
quede el Paraguay a merced de cualquiera de los aliados que decida
apropiarse del resto de su territorio.

Si después del próximo primero de mayo, Brasil decidiera apoderarse


de lo que resta del Paraguay para cubrir los gastos de guerra, según estipula
55- En realidad se lo hizo conocer intencionalmente en el Blue Book de Gran Bretaña, que es
especialmente dedicado para alarde del “espionaje” británico, por infidencia de Carlos de Castro, quien
compartió con H.G. Lettson una copia del tratado y éste hizo lo suyo con la Foreign Office. Siempre se
especula sobre la directa intromisión británica en la Guerra, especulación que gana fuerza y se vuelve seria
hipótesis al ver a los ministros plenipotenciarios, sobretodo Thornton, actuando en momentos claves de la
alianza. Los intereses británicos a nivel mundial, en el momento de máxima gloria del Imperio, eran enormes
y no se puede descartar a la ligera la idea de que secretamente hayan sido los Ministros Plenipotenciarios
Británicos, con libertad de acción, quienes actuaron como el cemento para la alianza. La finalidad británica
de publicar el tratado, en realidad, no fue detener la guerra ni protestar contra ella, sino tener en “jaque” a
Brasil y Argentina, pues a la Pérfida Albión no le agradaba la idea de expansionismos territoriales de dos
países relativamente alejados de sus esferas. La existencia de los “estados colchón” entre Brasil y Argentina
fue siempre política del Gobierno de Su Majestad Británica. En pocas palabras, se debía destruir al
nacionalista, tradicionalista, aristocrático e independiente Paraguay, pero su integridad territorial, al menos
en parte, debía ser respetada.

Martin T. McMahon Página 33


Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

el artículo 14 del tratado: ¿lo aceptará la Argentina? Si no, ¿tomará las armas
para impedirlo? No quedan dudas del resultado de tal lucha. La
Confederación Argentina, débil en su organización interna, siempre en
amenaza por revoluciones presentes o futuras, sin el abnegado y heroico
pueblo que inmortalizó al nombre “paraguayo”, con un país no preparado
para la defensa, sin flota ni ejército, quedará a merced absoluta del Brasil.
¿Puede alguien dudar, entonces, que el sueño preferido del Imperio –el
control completo del Plata y la posesión de todo el continente al este de los
Andes- se cumplirá rápidamente? (56). La absorción de las repúblicas vecinas
por un Imperio asentado sobre la esclavitud puede no ser bien vista por las
naciones civilizadas; pero si la política de no-intervención de los EEUU que los
aliados alaban a gritos en éstos momentos, continúa hasta el final, ello no
podrá evitarse. ¿Sería ésta absorción beneficiosa para dichas naciones o
conveniente para el comercio mundial? Evidentemente no. Brasil no tiene ni
los recursos humanos, ni la iniciativa, ni los medios, ni el deseo de desarrollar
aún sus propios recursos. El pueblo brasileño es un pueblo afeminado y débil.
Su verdadero ejército está reclutado, en parte, entre condenados y entre
esclavos infelices que son enviados al frente en canje de honores que se
conferidos a sus amos. Son tan recelosos de los extranjeros como las
naciones orientales y de la misma manera, están embotados en una
constante y absurda contemplación de su propia grandeza imaginaria.

A pesar de tal población, Don Pedro encamina permanentemente sus


pasos hacia la consecución de sus grandes designios de expansión. No puede
haber más prueba de su extraordinaria habilidad, ni es necesaria. Él es, sin
duda alguna, sabio y consumado gobernante. Está, por lo demás, rodeado de
consejeros que –ya como gobernantes o individualmente- si tuvieran
honestidad, esa virtud que se aprecia en los prudentes ciudadanos
anglosajones, su política internacional se elevará aún más ante la opinión
mundial y serían considerados por mérito propio como los más capaces
56- No es aventurado ni precipitado McMahon con éstas preguntas. De hecho, deseo de Itamaraty
de todos los tiempos ha sido, fue y sigue siendo crear un imperio doble-oceánico. La guerra con Argentina
no fue porque a los intereses británicos no le convenía una aún mayor expansión brasileña y por los motivos
citados en el punto “55”.

Martin T. McMahon Página 34


Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

estadistas de la actualidad.

El Brasil jamás dudó en cometer un error ventajoso que luego pudiera


disculparse mediante hábil excusa. Con ellos, el derecho no es más valioso
que lo conveniente y sería interesante tarea para un filólogo señalar y
explicar cuan diferentemente la palabra “honor nacional” es entendida y
aplicada en el Ecuador y las zonas templadas. Estas peculiaridades le dan
gran ventaja a su diplomacia, lo que sumado a la habilidad de sus financistas
(57), le han permitido sustentar su reputación con gran éxito.

Sin embargo, Brasil sufre una fuerte presión en estos momentos. Está
comprometido con una guerra que parece no tener fin y que se hace cada día
más costosa. Sus gastos han sido enormes, su pueblo está descontento (58).
Su enemigo, el Presidente López, aprecia perfectamente la situación y ha
manifestado su intención de arruinar al Imperio financiera e
irreparablemente, por las características de la guerra que conduce (59). Tiene
aún, aparentemente, los medios para una resistencia indefinida. Su Cuartel
General, mientras escribimos éstas líneas, se encuentra en el mismo centro
geográfico de la República, mientras las montañas que forman parte de su
línea de defensa corren hacia el norte y el sur en casi toda la extensión del
Paraguay.
57- El Barón de Mauá, testaferro de los Rothschild en el Imperio, hizo la grandeza del
expansionismo financiero “brasileño” por mucho tiempo a través de sus filiales bancarias. Pero tras la caída
del Imperio, el muy capaz economista y hombre de negocios cayó totalmente en desgracia (e incluso su
desgracia se preludiaba mucho antes ya). No sabía el Barón que simplemente trabajaba para sus señores y
éstos ni siquiera eran los hombres de la Corte de San Cristóbal (que cayeron con él) sino los mismos
Rothschild, que cuando terminaron de usarlo, lo abandonaron como basura en la mayor miseria.

58- Precisamente el Barón de Mauá, quien en verdad tenía una aguda observación, fue uno de los
mayores opositores a la guerra. Vio en ella a la futura ruina económica del Imperio e intentó disuadir a los
principales actores del gobierno brasileño, más fue en vano. La quiebra del Brasil trajo inexorablemente la
quiebra del “banquero del Imperio” y la caída de ambos, para beneficio de los Rothschild, quienes se
apropiaron de todos los intereses. El Barón de Mauá y las aspiraciones imperiales, como preservativo usado,
fueron al tacho sin mediar palabra y la Banca Rothschild se hizo dueña financiera del Brasil.

59- En algún romántico sentido, se puede decir que el Mariscal cumplió con su objetivo. Si la
independencia paraguaya acabó en 1869, el Héroe de América se encargó de acabar también con la
existencia del Imperio y su independencia financiera. Algunos brasileños sostienen ésta tesis.

Martin T. McMahon Página 35


Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

El pueblo “contra el que no se llevó la guerra” pero que ha


sobrellevado heroicamente su desgracia durante cinco años, todavía se
aferra a la suerte de su Presidente en defensa de su país, con una devoción y
abnegación que no tiene paralelo en los tiempos modernos. Cientos de ellos
mueren de hambre, miles han fallecido en combate; han abandonado sus
hogares y fortunas; semidesnudos y hambrientos han luchado, a veces noche
y día seguidos, sin descanso y sin quejarse; han enviado a sus hijos al campo
de batalla para perecer miles bajo el fuego de los “civilizadores” aliados. Sus
casas fueron saqueadas y arrasadas; sus mujeres sometidas a la brutalidad de
la soldadesca brasileña; sus ciudades saqueadas y ocupadas y finalmente, por
decreto oficial publicado por el gobierno aliado establecido en Asunción, son
condenados a muerte no sólo quienes no reniegan sino aún aquellos que no
toman las armas contra su país. No hay palabra de exageración en esto que
dejamos escrito. Cuando Maximiliano ordenó que fueran ejecutados los
mexicanos que luchaban contra él, hubo un clamor universal de los países
civilizados. Y cuando menos se permitió al patriota mexicano el refugiarse en
su casa y vivir en paz, rumiando en silencio su desesperación por la causa
nacional derrotada. Pero a los paraguayos se les niega hasta éste triste
refugio. No puede él desesperar de la fortuna de su República ni esconder su
vergüenza en la intimidad. Agotado por la guerra y con el corazón devastado,
debe aún ir a pelear contra su país y ayudar a perseguir a su Presidente, so
pena de ser declarado “traidor”. Y en Sudamérica, ser declarado traidor
significa pena de muerte. Cinco meses han transcurrido desde la publicación
de éste decreto y ni una voz se levantó para condenarlo.

¿Han reflexionado los que acostumbran hablar despectivamente de


ésta guerra del Paraguay sobre la desgracia que, más allá de la palabra, ha
caído sobre éste pueblo, no sólo sobre algunos o muchos sino en su
totalidad? Hace cinco años vivían allí novecientas mil personas, un tercio de
las cuales han perecido de hambre, enfermedades o en el campo de batalla y
de seguir la guerra, perecerá todo el pueblo (60). Cinco años atrás estaban
60- Los censos sobre la población paraguaya durante la Guerra son dudosos y contradictorios. Es
más lógico suponer que Paraguay tenía entre 500-800 mil habitantes al inicio de las hostilidades, de los
cuales, en esto si suele haber acuerdo, dos tercios fallecieron por diversas causas durante el conflicto.

Martin T. McMahon Página 36


Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

prósperos y florecientes, construyendo y mejorando sus ciudades y pueblos.


Hoy día sus principales ciudades están devastadas, su capital saqueada y no
existe un hogar que no haya sido asolado. ¿Quién es responsable de todo
ello? Los aliados afirman que las agresiones de López y los paraguayos la
ambición del Brasil. López sostiene que se vio forzado a pelear en defensa
propia. Los aliados sostienen en todos sus documentos públicos que la guerra
fue para reivindicar su honor mancillado (61).

Pero ya han ocupado la capital paraguaya y la mitad de su territorio;


destruyeron las dos terceras partes de su población; se han apoderado de sus
principales ríos y han llevado al país una desolación y miseria que supera
cualquier descripción.

¿Por qué entonces no cesa la guerra? Claramente, porque la excusa de


que sólo es para vindicar el honor nacional, obtener indemnización del
pasado y seguridad para el futuro, como claman en el preámbulo del Tratado,
es un fraude y un embuste. No se necesita mayor prueba de que Paraguay
lucha por su existencia que el hecho de que la guerra aún continúa.

En presencia de tanta injusticia en las promesas del Tratado de la


Tríplice y de las melifluas palabras de los escritores aliados sobre civilización,
progreso y libertad y de otras frases fragantes que siempre sirven para
defender las causas falsas, no es posible que la acepten los hombres
honorables ni que la toleren los gobiernos justos como explicación del origen
61- Si esto fuera cierto, bien podía aceptarse la oferta de paz que López hizo en Yatayty Corá (una
de las varias conocidas) en la que él solicitó, el 12 de septiembre de 1866:

“Encontrar medios conciliatorios e igualmente honorables para todos los beligerantes,


considerando a la sangre derramada por los bandos suficiente para lavar las mutuas querellas, poniendo
término a la guerra que ya es la más sangrienta de Sudamérica, por medio de satisfacciones mutuas,
equitativas e igualmente honrosas y garantizando un estado de paz y amistad permanente entre los
beligerantes…”

Según el General Resquín, el Mariscal incluso puso a disposición su cargo y su salida del Paraguay
como garantía de paz, a cambio de que se renunciara a la letra del Tratado Secreto de la Triple Alianza. Pero
esto era sencillamente imposible. La guerra debía seguir hasta sus últimas consecuencias. Los falsificadores
de la historia no dejaron de agregar su tinta venenosa sobre éste evento, insinuando que López no quería la
paz, sino simplemente ganar tiempo para fortificar sus posiciones.

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Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

o los objetivos de la guerra. La guerra es de conquista y absorción del Brasil y


dejar que haya tal conquista y absorción es contrario a la herencia y
tradicionales principios de la política americana.

Hemos asumido el rol de protectores de las Repúblicas americanas. Lo


hemos desempeñado con éxito y honor respecto a México. Estimulamos, con
beneplácito popular, la lucha que sostiene Cuba para obtener su
independencia. No obstante, gobernantes del pueblo americano miran con
indiferencia la magnífica lucha que ha mantenido el Paraguay por largos
cinco años para salvaguardar su independencia, conquistada valientemente
hace medio siglo. Y esta independencia que fue ganada de España está
amenazada por una monarquía mucho menos ilustrada, cuyo dominio será
fatal para el desarrollo del Paraguay y para el progreso iniciado allí hace ocho
años por un gobernante a quien es costumbre entre ciertas facciones
interesadas de cuestionable reputación, denunciar como bárbaro y
“monstruo que no merece vivir” (62). Esta indiferencia tal vez puede
explicarse por el tergiversado sistema de información que no ha ofrecido otra
versión de la guerra sino la otorgada por los aliados.

La guerra ha sido en extremo cruel. Nosotros hemos ofrecido nuestra


mediación que, aunque aceptada por el Paraguay ha sido tres veces
rechazada por los aliados. ¿No es acaso momento de que sin más trámite, se
adopten medidas en nombre de la civilización, la humanidad y la
independencia republicana? Nos costó poco salvar a México. No costará
mucho más salvar a Paraguay. Una palabra de nuestro gobierno disolverá la
alianza, limitará para siempre la ambición del Brasil, preservará para el
mundo los inmensos recursos del país ríoplatense y abrirá para las repúblicas
del Sur un camino de rápido adelanto en materia de economía y libertades
civiles.
62- El 12 de Octubre de 1869, el Venerable Maestro Domingo Faustino Sarmiento escribía en una
de sus expresivas cartas a Manuel García, según recoge José María Rosa:

“La guerra no está concluida. Aquel bruto (López) tiene todavía 20 piezas de artillería y unos 2.000
perros que habrán de morir bajo las patas de nuestros caballos…”

Obviamente, la paz era lo que no querían, como cualquiera con ojos ya pudo ver.

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Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

Que Buenos Aires se oponga, en cierta forma, a la inmediata


terminación de la guerra es natural, ya que la ciudad se enriqueció gracias a
los inmensos recursos gastados ahí por Brasil para proveer al ejército y a la
marina que operan río arriba. Pero los comerciantes de Buenos Aires
deberían recordar, si tienen en cuenta la prosperidad de su ciudad, que si
Brasil gana la guerra, Montevideo se convertirá –tanto por preferencia como
por necesidad- en una ciudad del Imperio y absorberá todo el comercio del
Río de la Plata.

Es además de suma importancia para el pueblo argentino el sopesar el


significado del reciente pedido de 60.000 hombres hecho por el Brasil, en el
momento exacto del anuncio oficial de que la guerra actual está virtualmente
concluida. Para las Repúblicas del Pacífico que firmaron y sancionaron la
elocuente y madura protesta contra la Triple Alianza, este hecho tiene una
significación especial relacionada con las resoluciones aprobadas por el
Congreso de los Estados Unidos de Colombia hace unos meses, expresando
su simpatía por el Presidente y el pueblo del Paraguay y congratulándolos por
el heroico e indomable valor con el que defendieron la independencia de su
patria republicana (63), la que mereció el insolente e imperativo pedido de
explicaciones hecha por el Ministro brasileño al ejecutivo de dicho gobierno.

Hay muchas otras reflexiones sobre las que podría extenderme en éste
63- El 27 de junio de 1870, el Congreso de Colombia encabezado por el Presidente de la República,
Eustorgio Salgar, proclamó:

Primero: El Congreso de Colombia admira la resistencia patriótica y heroica opuesta por el pueblo
de Paraguay a los aliados que combinaron sus fuerzas y recursos poderosos para avasallar a esa república,
débil por el número de sus ciudadanos y por la extensión de sus elementos materiales, pero tan respetable
por el vigor de su sentimiento y acción, que todo lo que hay de noble en el mundo contempla su grandeza,
lamenta su desgracia y le ofrenda vivas simpatías.

Segundo: El Congreso de Colombia participa del dolor de los paraguayos amigos de su patria por la
muerte del mariscal Francisco Solano López, cuyo valor y perseverancia indomables, puestos al servicio de la
independencia del Paraguay, le han dado lugar distinguido entre los héroes, y hacen su memoria digna de
ser recomendada a las generaciones futuras.

Y agregaron finalmente que “si el Paraguay llegara a desaparecer, ningún paraguayo será paria en
su tierra. Automáticamente, el Gobierno Colombiano les otorgará la nacionalidad al poner pie en territorio
colombiano”.

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Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

artículo, más creemos que lo que ya dijimos es suficiente para presentar con
imparcialidad el tema a consideración del lector. No ignoro lo mucho que se
ha escrito de ambos lados con el objetivo de influenciar el juicio y acción de
las naciones extranjeras, ni desconozco la amargura de la calumnia y el
ultraje personal con la cual los celosos campeones de sus respectivas causas
están acostumbrados a responder a todo quien se aventura a oponerse a sus
declaraciones o convicciones. Hay mucho que deplorar en todo conflicto
armado y esta guerra del Paraguay ha pagado más que cualquier otra su
cuota de horror, iniquidad y crueldad y enriquecerá el agrio catálogo de
errores humanos. Sin embargo creo firmemente, no en la información
acumulada en panfletos partidarios ni en los salones diplomáticos de
Washington, sino en mí propia experiencia ganada, que nadie más que la
Infinita Sabiduría puede decidir si cuál de las partes en lucha tiene en esa
disputa más pecados contra la humanidad.

Es conveniente, no obstante, reflexionar que cualquier error cometido


por las partes no puede modificar el propósito inicial de la guerra o modificar
esencialmente sus resultados en lo concerniente a otras naciones. No es
correcto afirmar que la guerra, si injusta al principio, de parte de los aliados,
puede ser defendida por la profética conexión que tendría con el sórdido e
imaginario asesinato cometido, tres o cuatro años más tarde, en la venerable
madre del Presidente López. Por otro lado, ni puede sostenerse en defensa
del Paraguay que, si hombres y mujeres hicieron grandes sacrificios y
lucharon en la guerra hasta el final, tampoco le haría acreedora de mayores
consideraciones por parte de poderes extranjeros. O que la atroz
inhumanidad o los inauditos crímenes atribuidos a la soldadesca brasileña
alteren en algo los grandes intereses involucrados en la cuestión del Río de la
Plata.

Los hechos de menor importancia con relación al tema de la guerra en


Sudamérica que infelizmente –tal vez innecesariamente- se han mezclado en
la consideración pública, podrían pasarse por alto incluyendo la indiferencia
del pueblo americano. Más para aquellos individuos para quienes bienestar,
pasado, presente y futuro, el destino, en fin, del mundo civilizado, no son

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Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

cosas vanas, queremos creer, que los asuntos de menor cuantía y no influirán
indebidamente. Y en especial, en la opinión definitiva que se forme el pueblo
americano sobre una cuestión cuyo desenlace influirá necesariamente –para
bien o para mal- en el futuro destino del continente.

Nueva York, 1870

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Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

SEGUNDA PARTE

“La Guerra en Paraguay”

(Publicado originalmente como “The War in Paraguay” en Harper’s New


Monthly Magazine; Edición XL – Febrero, 1870)

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Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

Desde Buenos Aires hasta Asunción, la antigua capital del Paraguay,


hay mil millas de dilatadas y amarillentas aguas conocidas como Ríos de la
Plata, Paraná y Paraguay. Los dos últimos forman, junto al Uruguay, el
sistema del Plata y cumplen, en el continente Sur de América, la misma
función que el Mississippi y sus afluentes llevan a cabo para el continente del
Norte.

En tiempos pasados, es decir, antes de la guerra, si el lector hubiera


surcado éstos ríos, poco a su paso hallaría que interrumpiera la
contemplación de la casi monótona belleza tropical de sus riberas. Hubiera
visto las velas blancas de algunos pacíficos buques mercantes meciéndose a
lo largo de toda la extensión de sus aguas o escuchando los roncos silbidos de
un casual vapor descendiendo la rápida corriente o remontándola
trabajosamente aguas arriba. Hubiera podido disfrutar, casi sin
interrupciones, de las inagotables cabriolas de los monos entre el follaje de
sus costas, del chacharear de los loros y aves sureñas de espléndido plumaje
(papagayos) y del aroma de las flores, que pocas tierras producen en tan
maravillosa variedad de color, forma y fragancia. De tanto en tanto, quizás,
hubiera podido divisar algún cauto tigre punzándole con la mirada entre las
espesas enredaderas trepadoras y a menudo, un yakaré deslizándose en sus
tranquilos remansos dejando como estela leves ondulaciones y preparando
una pequeña “fiesta sorpresa” para alguna gigante garza blanca u otra ave de
río, que asecha también con paciencia su cena a la vera del río. La atenta
observación de estas cosas y de los cerros de escasa elevación donde se
asientan pueblos fáciles de visualizar desde el río, o a veces durante el
tiempo de las crecientes, los enormes desbordes del río sobre millas de
planicie chaqueña, entrecortados por islas de un verde perenne, le darían al
viajero una idea próxima del paisaje del Plata y sus ríos tributarios en tiempos
de paz, como es lo que el autor de este trabajo pretende presentar ahora.

Más adelante, si no nos cansamos el uno del otro, cuando bajemos


éstos ríos que ahora tenemos como propósito el remontar, citaremos como
información los puntos más importantes, tales como la ciudad de Rosario,

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Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

futura capital de la República Argentina (64) y terminal de una importante


ferrovía; o Corrientes, cuyo nombre se halla inseparablemente atado a los
primeros episodios de la guerra en el Plata, así como otros lugares en los que
se desarrollaron acontecimientos culminantes de la presente guerra o fueron
teatro de otros tumultos en los que estuvieron envueltos los estados
rioplatenses en el pasado.

Hemos hablado del río en sus días de paz, más hoy está todo
dolorosamente cambiado. Porque aunque las flores y el verdor de la selva
siguen adornando sus riberas y sus caudalosas aguas siguen corriendo hacia
el mar, las aves y animales se han alejado de sus costas, asustadas por el
constante fluir de un funesto comercio, nacido de las necesidades de la
guerra. Ni siquiera los impertinentes monos se aventuran a espiar desde la
orilla los pasajes que transportan la negra soldadesca del Brasil, a quienes los
paraguayos insisten en llamar “sus hermanos”, un parentesco que los
obstinados animales se niegan a reconocer (65).

En el año 1868 una escuadra de los Estados Unidos de América del


Norte partió de Buenos Aires para realizar la misma jornada que estamos
contemplando. Y ya que estos marinos son buenos compañeros de viaje, eso
servirá a nuestro propósito para tomar lugar en uno o todos los barcos de la
flota. Si el lector siente curiosidad por conocer con qué propósito zarpó el
escuadrón, se lo relataremos en una próxima edición sobre este tema –de
unas mil páginas más o menos y que aparecerá pronto en Washington (66)-
en la que encontrará detalladamente todo lo relacionado con dicha
expedición, sus objetivos, resultados y otros muchos temas que tiene
64- Varias veces, desde 1862 hasta 1873, se intentó mudar la capitalidad de Buenos Aires a Rosario
en la Argentina. Los vetos administrativos de Mitre y Sarmiento impidieron esto.

65- Mucho se ha intentado acusar al General McMahon de ser racista empedernido, sobre todo por
los brasileños y algunas facciones pro-Alianza, a causa de éstos párrafos poco melosos hacia los negros del
ex-Imperio. No olvidemos, sin embargo, que el autor de ésta obra luchó en primera línea contra la esclavitud
en los Estados Unidos de América del Norte, en la Guerra de Secesión. En realidad, lo suyo pertenece más a
un concepto anti-Brasil que anti-negros.

66- El traductor desconoce si ha aparecido o no esa obra que menciona McMahon.

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Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

perfecto derecho a leer y disfrutar pues paga por su edición.

Humaitá, la formidable fortaleza (67) donde los paraguayos dieron su


segundo gran paso a la independencia, está actualmente convertida en un
hospital de guerra aliado. Sus obras han sido demolidas y la vieja iglesia, que
se yergue fuera de los muros, ha sido semi-destruida y acribillada a
cañonazos por doquier, parece el símbolo de la desolación que se ha abatido
sobre la nación. La pasamos de noche. Unos pocos transportes aliados se
hallaban anclados cerca de la costa. Las luces de costumbre guiñaban en sus
aparejos. Pero aparte de ello, no había signo ni sonido indicador de la
presencia de hombres.

A medida que nos aproximábamos a Las Palmas, la evidencia de la


guerra se hacía más y más visible. El río estaba lleno de navíos, con los
acostumbrados hombres de armas. Monitores y lanchas principalmente,
todos enarbolando la desteñida bandera verde del Brasil. Los buques
generalmente desplegaban las banderas argentinas y orientales, desde que
las dos repúblicas aliadas al Brasil habían modestamente limitado sus
ambiciones navales al bien remunerado tráfico de pertrechos para el ejército.
En Las Palmas, en una estrecha parte de río de más o menos una milla, había
incontables buques de muchas nacionalidades. Se hallaban anclados en la
orilla paraguaya, donde los bancos tenían una altura de doce pies; o
fondeados en la corriente vecina a la orilla opuesta. Habían vapores y
veleros, barcazas y remolcadores de todo tipo y construcción imaginables,
mezclados en ese estilo admirable de confusión que sólo Jack el Marino sabe
cómo enredar y desenredar, aún con facilidad que se hace admiración de los
de tierra.

Cubriendo varios acres de la orilla estaban, por supuesto, los


67- Se la conocía como la “Sebastopol de América” en muchos lugares y era, de hecho, una obra de
formidable concepción en la que trabajaron hombres de Paraguay y Europa. El austro-húngaro Franz Wisner
von Morgenstern (con ayuda, se cree, del prusiano Ludwik Miezskowsi y del americano Charles Thompson)
fue el principal diseñador de la obra, que fue puesta a punto por el inglés George Thompson (aunque no
faltan fuentes que indican que George Thompson nunca fue ingeniero y que lo suyo sólo fue un afortunado
caso de homonimia o de plagio a un cuasi-homónimo suyo, del que supo sacar provecho; los muertos no
hablan, dice la moraleja y el “cobarde de Angostura” sobrevivió a la guerra).

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Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

infaltables mercachifles, son sus casillas y carpas, estantes y chozas, izando


todos vivaces y coloridos banderines y desplegando poco artísticos carteles
en español y portugués en los que se elogiaban las bondades y bellezas de los
artículos exhibidos. Las carpas y casillas generalmente formaban calles llenas
de gente de ambos sexos y varias naciones. Había alborozo y animación,
suciedad y algarabía, como ocurre en la retaguardia de todo ejército, en los
lugares donde establecen sus grandes depósitos. Las cubiertas de los barcos
también estaban llenas de vida. En su mayoría, eran barcos de los países
aliados, pero un ocasional saludo de ordenanza a nuestro paso denunciaba
allí y allá la presencia de más gentiles pabellones de Europa. La cortesía
internacional no es una virtud en el Ecuador ni al sur de él. Pero el tiempo y
los viajes enmendarán eso. La apariencia general de Las Palmas y su
desembarcadero se asemejaban en mucho, si bien más lúcido y pintoresco en
su despliegue de insignias y vivaces colores, a las escenas que James River
presentaba hace unos años en las cercanías de City Point, cuando el ejército
del Potomac estaba operando contra Petersburg.

Navegamos rápidamente entre la larga avenida de buques y en pocos


minutos nos hallamos en medio de los navíos de la escuadra brasileña. El
Comodoro (Inhauma) subió a bordo para saludar al Almirante americano y
nos aseguró que ningún obstáculo militar o de otra naturaleza impediría que
navegáramos aguas arriba hasta la posición paraguaya. El Comodoro era
hombre de modales agradables que había sido educado en la marina de los
Estados Unidos y hablaba el inglés con relativa fluidez. Luego de breves
minutos de charla regresó al buque del que provenía para retomar sus
deberes, que por el momento parecían consistir en aquella clase de quehacer
que adecuadamente le valió a la dicha rama del servicio el nombre de
“caballería de marina”. Consistía en hacer pasar la caballería aliada desde el
lado paraguayo del río al lado del Chaco para ser enviada contra las baterías
de Angostura.

Continuamos de inmediato nuestro viaje y en pocos minutos, al doblar


un recoveco del río, descubrimos por vez primera a la bandera tricolor del
Paraguay, flameando en la cúspide de las célebres baterías. Sobre el

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barranco, en ese lugar, estaban montados diez y seis cañones. Uno era un
Whitworth de largo calibre, capturado meses atrás al enemigo, en
circunstancias que grafican mejor que páginas enteras de detalles, el modo
en que los paraguayos y su ejército hacen la guerra: en Paso Pucu los aliados
habían sostenido un nutrido fuego durante varios días y noches sobre las
posiciones paraguayas. El cañón Whitworth era la pieza más formidable y
temible con la que contaban. López dio órdenes de que a medida que las
balas cayeran, fueran cuidadosamente recogidas. En ese lapso de tiempo se
habían arrojado unos dos mil proyectiles que fueron metódicamente
acumulados. Informado del hecho, López ordenó una expedición para
capturar el cañón. Se cumplió la orden, se tomó por asalto esa posición aliada
y se tomaron todos los cañones instalados en el lugar. Por el peso y la
dificultad de maniobra del Whitworth, cuyo especial valor era desconocido
por los oficiales de la expedición, éste fue abandonado en terreno pesado
fuera de las trincheras aliadas. Enterado de esto, el Presidente López
despachó otra partida, que al regresar encontró al enemigo recobrar el
cañón. Los paraguayos los espantaron, retomaron la pieza y la llevaron en
triunfo a sus líneas, desde donde, al día siguiente, abrió fuego con los mismos
proyectiles con que había estado equipando durante semanas a sus dueños
anteriores. Los paraguayos sufrieron muchas pérdidas en ésta hazaña, pero
ellos estaban acostumbrados a obedecer las órdenes al pie de la letra.

Permanecimos varios días frente a las baterías de Angostura.


Realizamos negociaciones, muchas veces interrumpidas por las acciones de
guerra. Es decir, acorazados brasileños que tres o cuatro veces aparecieron a
la vera del río enarbolando la bandera americana y una bandera de tregua en
la proa, para notificarnos que estaban por atacar las baterías. El ataque
consistía, generalmente, en disparar tres o cuatro proyectiles a larga
distancia, recibiendo como respuesta el mismo número –lanzados
generalmente con gran puntería- para luego bajar con la corriente hasta sus
anteriores posiciones luego de ésta valerosa exhibición ante los ojos de la
escuadra. Sería oportuno mencionar, sin embargo, que el indudable
propósito de éstas acciones era simplemente, molestar a los americanos,

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Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

obligándonos a levar anclas y ponernos fuera de alcance, como nos veíamos


forzados a hacerlo, por gentileza, tantas veces como el comandante brasileño
decidió repetir ésta demostración de fuerza un tanto deslucida e
insignificante.

Durante esos días en el río, el termómetro alcanzó los 100 grados


Fahrenheit -aproximadamente 37,8 Celsius-, los mosquitos eran millones
cada noche. Contra éstos no había protección posible. Los mosquiteros eran
tenues defensas. Ellos parecían penetrarlos por un misterioso procedimiento
o, como decía un oficial en términos náuticos, “embestían por los intersticios
del mosquitero con un fino y largo espolón de proa y penetraban a través de
la malla con la fácil victoria del genio”. Nunca parecían estar suficientemente
satisfechos y si su pobre víctima intentaba escaparlos haciendo violentos
ejercicios en cubierta, lo seguían formando nubes toda la noche y sólo lo
abandonaban al amanecer. Los marineros descubrieron que podían
encontrar refugio en la cima de los mástiles, hasta donde, aparentemente, no
llegaban los mosquitos y así decidieron hacerse de lugar allí arriba cada
noche. Pero los jóvenes cadetes, temiendo sin duda, la injerencia de los de
rango superior, mantuvieron estrictamente escondido el secreto hasta el
final del viaje. Al mismo tiempo, algunos miembros de la tripulación se
debilitaron por falta de descanso reparador bajo éste incesante castigo. Por
consiguiente, es mejor en estas circunstancias que nos despidamos de la
Marina, dejándola volver a la agradable frescura de las saladas brisas del
océano, mientras nosotros nos adentramos en el Cuartel General del Ejército
de la República.

La escuadra regresó pronto al mar, sin incidentes dignos de mención.


Los oficiales se entretenían con ocasionales disparos a las aves o bestias de la
orilla. En una ocasión se produjo la más extraordinaria transformación,
debida a la discutible afición de disparar el rifle que tenía un bizarro capitán,
quien tiró a una blanca garza en la costa y quedó estupefacto al contemplar
que el extraño pájaro tomaba de súbito la forma y proporciones de un nativo
del país, que se había escondido entre los arbustos de la orilla y desapareció
con gran velocidad hacia dentro de ellos.

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Desde Angostura, cabalgando seis millas por tierra entrecortadas por


esteros o pantanos, alcanzamos el Cuartel General del Ejército, situado sobre
las lomas del Pykysyry. Las casas eran todas de una sola planta, techadas con
paja del país y estaban dispuestas a los tres lados de una plaza cuadrada, de
un área algo mayor a un acre. La puerta de todas las piezas se habrían hacia
el interior de las casas y los aleros de techo formaban de ese lado un
corredor que se extendía a lo largo de todas ellas. El lado principal más
próximo al río estaba ocupado por el Presidente. Un extremo del edificio
principal se había dejado sin paredes laterales, formando una especie de
tinglado abierto, que parecía servir de despacho militar, casino-comedor y
observatorio. Bajo éste galpón se hallaban tres grandes telescopios situados
en trípodes, a través de los cuales, de mañana a noche, los ayudantes
observaban constantemente las acciones del enemigo e informaban de rato a
rato al Presidente, quien generalmente se sentaba al extremo de una gran
mesa en el fondo del galpón para recibir los partes y atender los despachos
de los asuntos del día. Tres auxiliares permanecían fuera del galpón, pero
siempre a la vista. Sus tareas parecían consistir en entregar a López los
despachos telegráficos que llegaban constantemente de la oficina cercana o
transmitir sus órdenes a los demás oficiales de su Estado Mayor. Estos
últimos, cuando no estaban empeñados en tareas militares, pasaban el
tiempo jugando a la taba (68) en pequeños grupos, práctica en la que todos
habían adquirido singular destreza.

Todos andaban bien uniformados, luciendo una chaqueta de franela


roja o una de tela más fina y azul obscuro, del mismo diseño, finamente
adornado con vivaces negros o rojos, con pantalones azules o rojos de las
mismas telas y gorros de campaña de modelo francés con galones dorados,
indicadores de su rango. Sus caballos, con arneses profusamente adornados
68- Las Tabas (o juego de los huesos, como se le dice en Argentina y Uruguay) era un juego de azar
de orígenes que se remontan a la antigua Grecia pero que recibió su forma más popular en España. Es por
ende, representativo de la hispanidad que en Paraguay existía, pues el estilo paraguayo de juego era
idéntico al español. Se arrojan unos cuatro o cinco huesos de valor determinado al aire dentro de líneas o
círculos, en donde deben caer. Si uno de los huesos va fuera de los límites, la mano entera del jugador
queda descalificada. Si caen todos los huesos dentro de los límites, el que tiene más caras hacia arriba es el
de “la suerte” y gana la ronda.

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con plata, se mantenían generalmente todo el día ensillados con las cinchas
flojas. Todos eran consumados jinetes y cuando montaban hacían espléndida
figura (69).

Durante algunos días, la vida se hizo un tanto monótona. En realidad,


las tropas estaban ocupadas cavando trincheras y reforzando las posiciones
mientras que el enemigo hacía continuos y arduos preparativos para su
siguiente ataque. Pero después de las duras actividades de la larga marcha
desde el Tebicuary y las feroces y terribles batallas de principios de mes, ésta
vida de espera un tanto ociosa era exasperante. Así pues, cuando una noche,
durante la cena López anunció a sus principales oficiales “Caxias va a atacar
mañana a las cuatro y media” la expresión de regocijo en los rostros de los
oficiales presentes fue visible (70). Posteriormente añadió: “De los buques en
Las Palmas están desembarcando marinos y tropas para fingir una maniobra
diversiva río abajo, pero el ataque principal vendrá hacia el lado de Villeta”,
un punto a pocas millas de distancia, río arriba. Al día siguiente, a la hora
indicada, escaramuzas sueltas seguidas por proyectiles pesados anunciaban
el inicio de una batalla que, considerando la gran disparidad de fuerza entre
los contendientes y lo importante de su resultado nos decidió a alejarnos de
la norma que habíamos delineado al inicio de éstos bosquejos de no
adentrarnos en la descripción de tales cuadros.

La loma o altura en la que se hallaba establecido el Cuartel General era


el centro de la posición paraguaya. Estaba atrincherado por tres lados a una
distancia aproximada de media milla. La pendiente formada a partir de las
trincheras era algo arbolada, pero del otro lado del pequeño valle que
separaba a los contrincantes había tierras altas y un campo abierto, conocido
como Lomas Valentinas. Sobre ellas se encontraba oculta la artillería aliada,
69- No han faltado legionarios y falsificadores de la historia quienes afirmaron que la caballería
paraguaya era inexperta, que no contaba con buenos jinetes y ni siquiera sabían domar a sus potros. Pero la
opinión de McMahon no es la única que contradice esas aseveraciones.

70- ¡Oh, gloriosos hombres con el fuego sagrado en la sangre! Listos para encontrar la inmolación
en los brazos de la eternidad luchando por la más noble de las causas. La Tierra y la Raza de Héroes en su
máxima expresión.

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que mantenía durante todo el día un fuego constante pero mal direccionado.
La mañana pasó entre combates ligeros y una incursión aliada sobre los
rebaños de ganados reunidos en las afueras de los esteros y detrás de la
posición atrincherada. En el curso de ese día, algo más tarde, el rápido y
continuado fuego de fusilería anunció el inicio de una delicada operación en
el frente que daba al río.

Una columna de caballería brasileña se movía por las pendientes desde


el centro aliado, amenazando el flanco derecho de los paraguayos. Unos
pocos cohetes Congréve (71) se elevaron con espantoso estruendo desde el
lado paraguayo haciendo doblar la cabeza de la columna izquierda. Mientras,
los aliados que gradualmente, pero con letal demora, habían reunido a su
columna principal en la pendiente del pequeño valle, parapetados por los
bajos y espesos montes, avanzaron para ejecutar su ataque principal. El
fuego de su artillería pareció cesar en el exacto momento en que era de
suma importancia mantenerlo constante y nutrido, lo que hizo que la
artillería avanzara sin protección contra el imperturbable fuego del lado
paraguayo. Hasta cierto punto el avance estuvo bien sostenido: se marchaba
contra el centro del fuego enemigo. Más de repente vacilaron, se dispersaron
y retrocedieron en confusión, perdiendo más en su retirada de lo que
probablemente se hubiera si embestían sobre las trincheras enemigas, lo que
su superioridad numérica les hubiera permitido hacer. Llevaron una segunda
y más débil carga sobre la derecha y tuvo resultado semejante. Sus baterías
avanzaron hacia el frente, pero no lograron apropiarse de las posiciones más
relevantes. Explotaron varios vagones de municiones paraguayas y muchas
de sus piezas quedaron inutilizadas. Aunque el Cuartel General comenzó a
llenarse de heridos, nadie abandonaba las líneas, excepto aquellos quienes,
por la gravedad de sus heridas, estaban imposibilitados o incapacitados para
retornar al combate.
71- Cohetes “A la Congreve”, inventados por el inglés William Congreve. Eran armas con potencia
muy similar a la artillería de mayor calibre del siglo XIX, pero altamente imprecisas. Se utilizaban sobre todo
para atacar a la caballería, pues las tremendas explosiones y estruendos con llamaradas espantaban a los
caballos y producían efectos en la moral de las tropas, aunque en raras ocasiones también se usaban contra
navíos y embarcaciones.

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Se veían a niños de escasos años arrastrarse hasta la retaguardia con


miembros destrozados u horribles heridas de bala en sus menudos y semi-
desnudos cuerpos. No proferían queja, no sollozaban, no pedían auxilio ni la
presencia de un médico. Cuando sentían próxima a la muerte, se entregaban
a ella silenciosamente, tal y como habían sufrido.

Muchos de éstos niños tenían a sus madres en el campamento de las


mujeres, no lejos del lugar en donde las balas y bombas de los “civilizadores”
caían a montones y cuyos pensamientos no estaban con sus hijos
moribundos ni en sus hogares, hace mucho tiempo devastados, ni en sus
maridos que tal vez se hallaban en agonía en esos momentos en las
trincheras, sino en la causa de la nación, en la hora suprema del combate,
cuando todos esperaban confiadamente poner fin para siempre a la
postración y ruina que esta invasión había traído a su terruño.

La caballería, que se había vuelto a la izquierda en su primer avance,


desplegada bajo la protección de las hondonadas y un destacamento de un
par de escuadrones, se introdujeron en el extremo derecho de las líneas
paraguayas, en un punto donde las tropas habían sido retiradas para
enfrentar en algún otro lugar a la infantería enemiga. Casi sin resistencia
penetraron hasta aproximadamente cien yardas del Cuartel General. Unos
pocos oficiales y los demás hombres disponibles corrieron enloquecidos a
enfrentar la columna, atacándola con la furia de la desesperación. Hubo unos
pocos tiros de carabina y una pequeña trifulca con sables, cuando los
brasileños repentinamente parecieron perder el valor y volviéndose
bruscamente a la derecha, se fugaron.

A los pocos minutos, otro destacamento aun mayor de un número de


por lo menos dos mil hombres a caballo ocupó el sitio que había dejado el
primer destacamento que había huido. Avanzaban también en columnas y
llegaron a ochenta yardas del Cuartel General. La plana mayor del Presidente
y algunas tropas irregulares a caballo, sumando tal vez unos doscientos, se
lanzaron contra ellos y se apiñaron como enjambres de abejas alrededor de
la cabeza de la columna, empuñando sus armas –sables, carabinas o lanzas-,

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con terrible efectividad. De haberse desplegado los brasileños, hubieran


sometido al pequeño puñado de hombres que les resistían, tomado el
Cuartel General paraguayo y probablemente, capturado al mismo López (72).
Sin embargo, siguieron avanzando en columnas –más despacio a cada vez-
aunque con la presión que ejercían los de atrás con su empuje hacia el frente
a toda la columna. Más los del frente parecían no pelear en absoluto,
mientras los paraguayos zurraban por todos lados con admirable velocidad, a
pesar de verse obligados a retroceder, empujados por el peso de esa masa
humana. La marcha se redujo a velocidad de paso. Los oficiales paraguayos,
con sus camisas rojas, se veían mezclados confusamente con los brasileños
de altos rangos, con sus gorritos blancos. Éstos últimos parecían cuasi
paralizados, pero seguían avanzando, empujando, arreando a sus jamelgos.
Finalmente, el movimiento de avance cesó, la columna se replegó sobre sí
misma, dio la vuelta y retrocedió. Los paraguayos los siguieron con fiero
fervor. Una parte de la artillería hizo fuego sobre el enemigo en retirada y la
caballería aliada no volvió a aparecer en el campo de batalla durante lo que
quedó del día.

La jornada concluyó con el rechazo total de los agresores en todos los


frentes de importancia, pero era evidente que la línea de defensa paraguaya
debía retirarse, en vista de las cuantiosas bajas de los defensores. El enemigo
sostuvo el fuego de mosquetería durante la noche y durante cinco días y
noches siguientes. Conocían el escaso número de sus contrincantes y
esperaban agotarlos sin darles descanso. Esa noche del 21 y los días
siguientes la situación en las líneas de López era deplorable. No habían
recursos para atender a los numerosos heridos, ni hombres suficientes para
recogerlos en el campo de batalla y ni siquiera para enterrar a los muertos.
72- Todos los comentaristas afirman que en Lomas Valentinas debió concluir la guerra. En la parte
final de la batalla, como relatará McMahon, López con menos de 40 hombres (según algunos una treintena)
logra escapar estando totalmente rodeado y con la caballería brasileña, con casi 4000 plazas intactas. Varias
explicaciones hay para haber dejado escapar al Héroe de América, quien luchó en primera línea con sus
hombres en Ita Yvaté y Lomas Valentinas: la guerra no debía terminar aún, sea por motivos económicos,
políticos o de exterminio o porque Caxias no quiso someter a una humillación a López (la cual parece poco
probable). No faltan historiadores brasileños, como Doriatoto, quienes afirman que Caxias recibió una orden
directa de la masonería brasileña para permitir la escapatoria del Mariscal y que la guerra continúe.

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Numerosos niños que casi pasaban desapercibidos se encontraban en los


corredores, gravemente heridos, aguardando a la muerte. A la luz de los
faroles, las mujeres se dedicaban a confeccionar vendajes con cualquier
material disponible. Vestimentas de toda índole fueron utilizadas para dicho
efecto. Aquí y allá se formaban grupos de oficiales, muchos de ellos heridos,
que disertaban sobre los eventos del día. Un poco aparte, el Presidente López
hacía lo mismo, en compañía de sus principales oficiales. A ratos, las balas
perdidas astillaban el maderamen de las casas (73) y un espantoso pavo real,
posado en la cima del alero, hacía, con sus alaridos, lúgubre a la noche, cada
vez que un proyectil caía suficientemente próximo como para perturbar su
ligero sueño.

El fuego continuó desde el 21 al 27 de diciembre, día y noche,


mezclados con ocasionales despliegues de fuerza, pero sin un embate
definitivo. El 24, los generales aliados dirigieron al Presidente López un
comunicado en conjunto, intimándolo a rendirse con lenguaje humillante,
arrojando sobre él la responsabilidad de la sangre derramada y
denunciándolo ante su propio pueblo y el mundo civilizado (74) por todas las
funestas consecuencias de la guerra. Le informaron también que conocían la
fragilidad de su Ejército y que no dudaban que él estaba consciente de la
superioridad numérica y de provisiones y refuerzos que ellos constantemente
recibían. “Ustedes no tienen derecho de acusarme ante la República del
Paraguay, mi patria, porque la defiendo y la defenderé todavía” –dijo él en su
respuesta (75).

“Ella me impuso ese deber y yo me glorifico de cumplirlo hasta el


73- Se dice que las balas muchas veces caían incluso sobre la casa del mismo Mariscal López y su
familia durante los casi 10 días de escaramuzas y combates de Ita Yvaté y Lomas Valentinas.

74- Los conocidos métodos de los “civilizadores”. Lo notable del caso es que teniendo ellos la
posibilidad de capturar al Mariscal, insisten en buscar su rendición. ¿Será que era tan humillante para los
Enemigos de la Humanidad ver a un hombre que estaba convencido de su destino, el cual era morir en el
último campo de batalla junto a sus soldados?

75- El Coronel Juan Crisóstomo Centurión redactó la carta completa, bajo dictado del Mariscal y la
consideró como “el más bello documento que surgió de todo el conflicto”.

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último extremo, que en todo lo demás, legando la historia a mis hechos, sólo
a mi Dios debo cuenta (76). Y si sangre ha de correr todavía, Él tomará cuenta
a aquel sobre quien haya pesado la responsabilidad. Por mi parte, yo sigo
dispuesto a tratar sobre la terminación de la guerra en bases igualmente
honorables para todos los beligerantes; pero no estoy dispuesto a oír una
intimación de deposición de armas (77).

En la misma contestación, en otro párrafo, les decía: “VV.EE. tienen a


bien notificarme sobre el conocimiento que poseen de los recursos que
actualmente puedo disponer, creyendo que también yo pueda tenerlo de la
fuerza numérica de vuestros ejércitos y sus recursos, cada día crecientes. Yo
no tengo ese conocimiento, pero poseo la experiencia de más de cuatro años
de que la fuerza numérica y esos recursos nunca se han impuesto a la
abnegación y valentía del soldado paraguayo, que se bate con la resolución
del ciudadano honrado y el hombre cristiano (78) que se abre una ancha
tumba en su patria antes que verla siquiera humillada. VV.EE han tenido a
bien recordarme que la sangre vertida en Ytororo y Avay debiera
determinarme a impedir el derramamiento de aquella sangre del 21 del
corriente, pero VV.EE. olvidarán sin duda que esas mismas acciones pudieron
de antemano demostrarles cuan verdadero es todo lo que alabo en la
abnegación de mis compatriotas y que cada gota de sangre que cae en tierra
es una nueva obligación para los que sobreviven. Y ante ejemplo semejante,
¿mi pobre cabeza puede acobardarse por la amenaza tan poco caballeresca,
dejadme decir, que VV.EE. han creído en su deber notificarme? (79).

El 27 se llevó un decidido ataque a la retaguardia paraguaya, en una


parte de la línea defendida por reclutas, con 16 mil hombres en dicho asalto.
76- Curioso es notar como, adrede, el Mariscal habla de “mi” Dios. ¿Acaso sabía que los
civilizadores eran adoradores de otro “dios”? ¿Se trató de una lucha entre el Dios Cristiano de los
paraguayos, liderados por el Héroe de América, contra el genio invisible de los aliados?

77- “Jamás caerá la sagrada enseña de mis manos…”

78- López insiste, por alguna razón, en remarcar la cristiandad del Paraguay, que hasta hoy día sigue
siendo el motor espiritual del 90% de los paraguayos.

79- El Héroe de América, nunca vencido con la espada, fue contundente vencedor con la pluma.

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Los paraguayos habían sido reducidos a dos mil quinientos. Todo está dicho.
Sus reservas de municiones estaban acabadas y la mayoría de sus armas
deshechas. Ni disparos, ni proyectiles recibieron a las huestes que avanzaban.
La línea cedió y toda la posición cayó capturada. El presidente se retiró con su
plana mayor a través del monte, presionado al principio por la infantería
enemiga que disparaba nerviosamente y muy alto (80). Bernardino Caballero,
con cuarenta lanceros, cubría la retirada de su jefe, peleando de tanto en
tanto con arrojado coraje contra grandes contingentes de caballería, que
frenaban sus avances y volvían sobre sus pasos cada vez que el pequeño
destacamento de Caballero les enfrentaba (81). López se reunió en Ycatí, a 10
millas del campo de batalla, con su Ministro de Guerra quien juntó dos mil
quinientos hombres, tropa fresca, con 20 piezas de artillería que llegaban
para reforzarlo. Era, no obstante, demasiado tarde y se retiró a Cerro León,
situado pocas millas más adelante, en el interior.

Uno o dos días antes del último asalto, todos los heridos que podían
ser trasladados fueron enviados al interior. También muchas mujeres y otros
no combatientes partieron al mismo tiempo. Dos grandes y bellos carruajes
de viaje, tirados por seis caballos cada uno, con un pequeño destacamento
de caballería y tres carretas tiradas por bueyes, más algunos civiles cuya
presencia era innecesaria en el campo componían la expedición enviada al
interior, hacia la nueva capital: Piribebuy. En el camino se alineaban los
heridos y las mujeres, la mayoría a pie. Algunos fueron puestos
apretadamente en las grandes y desvencijadas carretas tradicionales del país
que se desplazan pesadamente sobre los senderos destruidos. Generalmente
nos saludaban al pasar, los hombres se descubrían en silencio y las mujeres
con un feliz “adió”, pronunciado siempre con afable sonrisa.

El escenario al llegar al Río Ycatí se presentaba en extremo pintoresco.


80- Ver nota “72”. En todo éste párrafo, McMahon no deja de escribir con cierta mordacidad, como
en esa observación “disparaba nerviosamente y muy alto”.

81- Más mordacidad de McMahon. Es como si quisiera decir sarcásticamente que miles de jinetes
aliados se asustaron de 40 jinetes paraguayos, exhaustos y casi desarmados, dejando así escapar a López.

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El río estaba creciendo debido a las lluvias y por ello era dificultoso cruzarlo.
Sin embargo, hombres y mujeres y niños lo atravesaban nadando o
bordeándolo, sin desperdiciar tiempo. Se secaron cueros para ser utilizados
como botes donde se colocaban las ropas o, a veces, niños muy pequeños
como para ser pasados por el agua o alguna cosa liviana que era conveniente
mantenerla seca. Estos primitivos botes eran empujados por ellos mientras
nadaban. A los heridos que no podían valerse por sí mismos, se los hacía
cruzar en una canoa que hacía varios pasajes en forma constante. Otras tres
canoas fueron reservadas para nuestros carruajes y carretas. Cada uno de
ellos era empujado hacia el agua, montado sobre una de las canoas, hasta
que los ejes de las ruedas descansaran sobre los lados de la pequeña
embarcación. Se quitaron los arneses a los caballos y bueyes y se les hizo
nadar hasta la otra orilla. Unos veinte soldados entre gritos y risas llevaron
cada canoa con sus carretas, andando o bordeando la costa hacia los
arenales cercanos a la otra orilla, donde los animales eran nuevamente
asidos. En medio de la correntada, donde el curso se hacía rápido y las aguas
profundas, era difícil sostener a los carruajes para que no se desplomaran o
hundieran. Cada vez que se inclinaban de un lado u otro, el griterío y la
algarabía se multiplicaban y los soldados que nadaban como perros de agua,
se sostenían con gran porfía a las ruedas o los costados de los botes.

Mientras se llevaban a cabo éstas actividades acuáticas, almorzamos


cerca de la costa a la sombra de unos pocos y dispersos árboles. La comida se
componía de carne fresca, asada a la manera primitiva, pero excelente, sobre
estacas clavadas en la tierra cerca del fuego. Una vez asada, se lleva la carne
en la estaca, usualmente con unos seis pies de largo y se la ubica delante del
invitado, que se sirve la parte que haya elegido, cortándola. Teníamos un
poco de chipá, el pan del país, del que hay muchas variedades. Se la hace de
harina de maíz y se la hornea con una tenue mezcla de queso, huevos o
leche. Es un sustituto sano y admirable del pan. Nuestra bebida era la caña
del país, un licor destilado de la caña de azúcar y uno o dos vasos de cerveza
traída del extranjero.

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Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

Uno o dos “mates” precedieron a la comida. El mate es una taza de


yerba (illex paraguayensis) o té del país. Se sorbe con un tubo de plata
denominado “bombilla” y desde una pequeña calabaza montada en plata,
que se llama “mate” (o “guampa”). Este té es oloroso y su sabor se parece en
algo al té de China. Tiene efectos estimulantes y no es en absoluto nocivo. Es
la bebida universal del Paraguay y es para su Ejército de campaña lo que para
el nuestro era el café.

Luego del almuerzo cruzamos el río en canoas, conducidas por


soldados nadadores que habían concluido el pasaje de los vehículos y hecho
varios viajes con los heridos. Todavía podíamos escuchar, detrás nuestro, al
tronar de la artillería sobre el río mayor, informando que el pequeño ejército
de la República todavía resistía a los invasores. La sorda repercusión de los
pesados cañones de los acorazados nos indicaba que las baterías (de
Angostura) estaban recibiendo su acostumbrada ración de honores de
guerra.

En el lado opuesto montamos a caballo y seguimos el viaje, entre las


mismas largas filas de heridos, cuyos rostros agobiados era muy penoso
mirar. En cada pequeño arroyo que pasábamos, los encontrábamos lavando
sus heridas abiertas y aquí y allá a alguno que, sabiendo que su hora había
llegado, se tendía tranquilo y silenciosamente a dormir el último sueño, como
si para el paraguayo fuera la cosa más normal del mundo echarse a morir
apartadamente.

Seis mil hombres y niños heridos vinieron en tales condiciones luego de


aquella batalla del 21 de diciembre, en la que habían batallado como ningún
pueblo lo hizo jamás para salvar su suelo de la invasión y la conquista.
Muchos además habían escapado de las jaulas-prisiones de los invasores, en
cuyas manos habían caído.

Y a la vista de éstos hechos es posible que hasta aquí, en los Estados


Unidos, haya hombres que seriamente nos digan que cuanto se hace es
porque el jefe de éstos hombres es un bárbaro y un monstruo de cuyas
garras están siempre tratando de escapar, cuyo poder es un estigma para

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Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

éste siglo y para deponerlo esos amables civilizadores de las naciones aliadas,
con una filantropía sin paralelo, están gastando incontables millones.
Reflexionando sobre estas cosas nos vemos a veces tentados a perder
nuestra compostura ante tal insulto al sentido común y a incurrir en
digresiones que podrían quizás agotar a nuestros lectores.

Toda la zona que cruzamos había sido abandonada por su población


unos días atrás, en cuanto se supo que pronto sería invadida por enemigos.
Se había ordenado al pueblo que se retirara detrás de la cordillera, donde se
iba a construir la futura línea de defensas. Todas las casas por lo tanto
estaban desiertas y en las casitas de la vera del camino había señales de vida.
Las plantas florecientes y las cosechas maduras sumaban más que restaban
tristezas y fuerzas a la sensación desconsoladora que producían tantos
hogares vacíos. Viajamos hasta altas horas de la noche y finalmente hicimos
alto en una pequeña casa a la vera del camino, donde estuvimos hasta el día
siguiente. Tuvimos una cena de asado y chipá. Se colgaron hamacas para las
personas principales de la comitiva, mientras los demás se echaban en el
suelo. Al poco rato todos, excepto el guardia, se hallaban dormidos.
Demoramos durante la mayor parte de la mañana siguiente esperando
nuestros carruajes, que habían hecho un lento progreso debido al terrible
calor y la mala condición de los caminos. Hacia el anochecer, sin embargo,
estábamos de nuevo en camino y seguimos viajando toda la noche, huyendo
así del intenso calor diurno.

Pasamos en el camino frente a una carreta o carretón, donde yacía


herido un coronel de brillante actuación. Lo habíamos visto por última vez en
el campo de batalla, lleno de vida y fogosidad. Su hermano, un hermoso niño
de diez años de rostro resplandeciente, huérfano y único pariente del
moribundo, formaba parte de nuestra comitiva. Cuando detuvimos nuestros
caballos, rodeando con reverencia el carro, el muchacho se levantó sobre su
jamelgo para ver lo que nos llamaba la atención. Repentinamente el color del
rostro se le había ido al reconocer a su hermano y único protector, con las
facciones demacradas por el sufrimiento y la evidencia de una muerte
próxima. No derramó ni una sola lágrima pero tomando la mano del herido,

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Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

se inclinó a sobre él un momento para escuchar las palabras en guaraní con


las que el agonizante, sonriendo débilmente, susurró su despedida. Poco
después todo había concluido y el muchacho fue retirado del lugar con el
rostro tan desencajado que aún hoy permanece grabado en nuestra
memoria. Sólo ratos atrás, el pequeñuelo hacía bromas correteando entre los
soldados y el brusco cambio de su humor a la pena sin nombre ni lágrimas
con que viajó todo ese día y su noche fue indescriptiblemente triste para
cualquiera que haya tenido ocasión de saber que tan irresistiblemente
atroces son semejantes congojas para los niños, aún para quienes no les está
negado el inocente consuelo del llanto.

Más adelante alcanzamos a otro oficial, un mayor que había sido


herido en el brazo y la pierna. Iba montado a un escuálido caballo, tirado por
su hijo, otro niño de diez años. El padre era un hombre mayor de cincuenta
años, con clara cabellera y barba canosa. Nos saludó cordialmente cuando
nos acercamos y nos aseguró que sus heridas estaban mejorando. Parecía
estar muy orgulloso de su hijo y razones tenía para ello. Los oficiales de
nuestra escolta nos contaron que ese niño había permanecido junto a su
padre en las trincheras, combatiendo con un fusil y que acabando de retirar
al padre herido a un lugar seguro, el niño regresó a las trincheras donde
permaneció todo el día. Parecía tímido cuando nos dirigimos a él y al
preguntarle si había matado algún enemigo, contestó modestamente: “No sé
bien, señor. Disparé varias veces tratando de hacer buena puntería”. He ahí el
temple con el que están forjados los soldados de éste país.

Al llegar a Paraguarí, recostados a los pies de un alto y empinado cerro


–una especie de defensa de avanzada de las cordilleras menores-
encontramos una fuerte brisa que según nos dijeron, sopla perpetuamente a
los pies de esta cumbre. La villa es por tal motivo una agradable residencia de
verano en tiempos normales y situada sobre el ferrocarril a la capital,
concluida la terminal de la ferrovía, tenía antes de la guerra, un prometedor
e importante futuro. Hicimos un alto de una hora en este lugar para
descansar. Visitamos la estación del ferrocarril, un hermoso y moderno
edificio de dos pisos con torres cuadradas al estilo europeo, con amplios y

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Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

admirablemente ordenados ambientes. En el pueblo había pocas cosas


dignas de visitarse, a excepción de la iglesia. Todas las casas eran de un solo
piso, con techos de teja o paga y éstas no se diferenciaban en nada a las otras
“capillas” del país.

Las calles y casas estaban desiertas y extrañamente silenciosas. El jefe


y unos pocos soldados aún permanecían, pero los demás habitantes habían
partido hacía días. Cuando estábamos por seguir el viaje, un alegre tañido de
campanas se alzó del campanario de la vieja iglesia. Era víspera de Navidad.
El timbre era musical y sonaba ciertamente alegre, pero el efecto era extraño
en esa villa desierta en relación con las penosas escenas de la jornada
anterior.

La vieja iglesia en la que repicaban las campanas era una de las más
respetadas del Paraguay y doblemente interesante debido al hecho de que
sus muros exhibían la compacta metralla de la guerra de independencia
librada contra Buenos Aires a comienzos de siglo. La última y decisiva batalla
de aquella contienda tuvo lugar en esos parajes. Desde entonces, ningún
cañón hostil había disparado dentro de los límites de la República, hasta el
comienzo de la presente guerra.

Al hacerse la alborada llegamos a Cerro León. Había sido


anteriormente el espléndido primer centro militar de la República y campo
de instrucción del Ejército. Tenía confortables cuarteles para sesenta mil
hombres y un hermoso campo natural de entrenamiento que cubría muchos
acres. Frente a la posición se encuentra un lago artificial y en el fondo se
elevan casi en perpendicular los cerros de espesa floresta de las Cordilleras. A
su pie estaba el Hospital Central del Ejército, lugar donde se derivaban a
todos los heridos. Frente al lago estaba el Estado Mayor, un amplio edificio
de grandes y ventiladas habitaciones y un ancho y largo corredor adelante.
Permanecimos todos el día meciéndonos en nuestras hamacas tomando
ocasionalmente un mate o fumando, sentados en el corredor, observando a
centenares de ruidosos bañistas en el lago. Mientras tanto nuestros
montados pastaban en frente en una suave pradera. La vida hervía a nuestro

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Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

alrededor animada de esa melancólica alegría, peculiar en este pueblo en


toda circunstancia. No obstante, para nadie ese día fue de Feliz Navidad.

Tarde ya emprendimos el paso de las cordilleras de Azcurra. Al llegar a


la entrada del paso nos sorprendió una repentina y violenta tormenta. Se
decidió pasar la noche al pie de los cerros. Nos detuvimos ante una casa
sobre el camino, pero la encontramos repleta de mujeres y niños que
también intentaban cruzar el cerro y se habían refugiado allí de la tormenta.
El oficial a cargo de la escolta los iba a desalojar para ubicarnos. Uno de
nuestros acompañantes pidió que no lo hiciera y desistió de su intento.
Buscamos otro refugio y como a media milla del camino encontramos una
casa de piedras de hermosa apariencia donde nos hospedamos. Al
acercarnos a ella, sin embargo, vimos a una pobre mujer gravemente
enferma que se había refugiado allí. El cirujano que viajaba con nosotros fue
encargado de atenderla y el resto, no deseando molestarla, dormimos
afuera, en el corredor. Dos ingenieros ingleses que nos acompañaban en esta
ocasión manifestaron que los ladrillos de la galería eran excesivamente
duros.

Al despuntar el alba, reiniciamos la marcha subiendo la cordillera por el


famoso paso de Azcurra. Ninguna descripción podría hacer una idea
adecuada del pasaje. Era más empinado que cualquier camino que se haya
escalado en otros países con transportes comunes. Estaba cortado a pique
sobre la roca viva y en partes se halla entrecortado por pesados árboles
caídos sobre los que corría permanentemente el agua que en tiempos de
lluvia formaba cascadas pequeñas. Su inclinación era todavía más empinada
que las escaleras de una gran casona y ascendía en trechos de hasta sesenta
yardas (unos 50 metros), rugosas y estrechas, bordeadas de las colgantes
enramadas de una vegetación enmarañada que brotaba de entre las rocas a
ambos lados del camino. Con la ayuda de los soldados que empujaban las
ruedas, los carruajes eran dirigidos con seguridad a la cima. Los jinetes
debieron desmontar para subir con esfuerzo, arrastrando a sus confiados
corceles consigo. En poco tiempo se concluyó el pasaje y nos encontramos en
la cresta de una amplia y hermosa altiplanicie que desciende en una

Martin T. McMahon Página 62


Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

imperceptible pendiente a lo largo de muchas millas, cruzada por arroyitos


de asombrosa belleza, cubierta de naranjales y campos cultivados, casas
hechas al estilo del país, frondosa floresta de singular hermosura tropical,
con pacíficos senderos manchados de extensos claros y animados por el
canturreo de miles de aves. Los bosques de naranjales se extendían a veces
una milla seguida en el camino con los árboles plantados a intervalos
regulares (82). Su denso follaje estaba tan entremezclado que con la vista no
se podían distinguir a los árboles. Bajo toda la arboleda limpia de malezas
con escrupulosa uniformidad otorgando de éste modo una terraza de follaje
casi impenetrable a la luz del sol. Algunos de los bosquecillos se disponían en
cuadrados, círculos o semicírculos rodeando limpiadas donde se levantaban
las chozas. Todas éstas eran usadas como posada durante el día y
dormitorios en la noche por las poblaciones migratorias del país.

A altas horas de la tarde llegamos a Piribebuy, la capital provisoria, un


pueblo de unos tres o cuatro mil habitantes y ocupamos una casa que había
sido solidariamente preparada para recibirnos. Estaba compuesta de dos
piezas principales, una de piso de ladrillo, la otra de tierra dura apisonada.
Las ventanas no contaban con vidrios y estaban abiertas como las puertas, en
ambos lados, sobre holgados corredores, como se denomina en éstos países
al espacio abierto, cubierto por aleros salientes. Los muebles consistían en
una mesa redonda y graciosamente tallada en madera nativa, un gran
escritorio con cajones y una mesa lateral con una botella de cristal, varios
vasos y un atado de cigarros. Las mesas, como todas las del país, eran altas
hasta lo incómodo. La botella estaba generosamente llena de caña.
82- De notarse, una vez más, el lenguaje que utiliza McMahon en la construcción de sus párrafos
anteriores y de los siguientes. Con claridad, da a entender con ciertas finas expresiones que el lugar era
perfectamente conocido por los paraguayos, no era una casualidad de la naturaleza. Los paraguayos
hicieron que la descripción naturalista y silvestre de Azcurra en realidad sea como una especie de
“naturaleza protegida y dirigida”. Algo así como que los paraguayos eran quienes trabajaron el lugar,
manteniendo sin embargo, la belleza natural intacta. La descripción “las casas hechas a la moda del país”
refleja además que McMahon no hacía juicios rudimentarios de comparaciones. Y la frase “naranjales que se
extendían con los árboles plantados a intervalos regulares” habla por sí sola. Plantar naranjos a “intervalos
regulares” y sin embargo, resguardando el orden natural del lugar es una visión grandiosa, de largo término
y sólo compatible con el espíritu de una raza visionaria de héroes nobles… Reflejo de una civilización, de una
idea tremenda que fue truncada en 1870.

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Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

Había además unas veinte sillas antiguas con asientos de junco,


aparentemente de manufactura yanqui y de paupérrima mano de obra. Dos
sillones giratorios tapizados con seda azul y blanca, evidentemente de origen
parisino que completaban los muebles del salón.

La otra pieza era un dormitorio que contenía unas pocas cosas que no
fueran una gran cama y algo así como un rústico juego de tocador. La dueña
de la casa, doña Petrona, se presentó de inmediato después de nuestra
llegada con sus dos hijas, una de ellas casi rubia y la otra morocha,
espléndidas muchachas de unos diecinueve a diecisiete años, diciéndonos
que se encontraban “a nuestro leal servicio” (83). En la parte posterior de la
casa, rodeando parcialmente otros edificios bajos habitados por la familia,
había un hermoso jardín de flores con variedades típicas del clima en pleno
brote. Esta iba a ser por algún tiempo nuestra casa. Las perspectivas, en
general, no eran desagradables.

La villa de Piribebuy consta de cuatro calles que se interceptan unas


con otras en ángulo e incluye un espacio abierto o plaza de
aproximadamente un cuarto de milla, de medio a medio, y cubierta por
césped. Está ubicada en una ligera colina o loma rodeada por todos lados de
elevaciones o cimas más altas en una distancia de casi una milla y media. Las
casas son de un solo piso y por lo general techadas con paja. Cerca del centro
de la plaza o espacio abierto está emplazada la iglesia, construida en 1765 y
enjoyada con adornos de plata sólida y maciza junto a ebanistería y
artesanías raras. Afuera y enfrente tenía un campanario con un juego de
sonoras campanas rada vez silenciosas debido a las múltiples fiestas
nacionales y religiosas (84).
83- La generosidad y hospitalidad sin par del paraguayo se mantiene hasta hoy. Algunos escritores
enemigos del Paraguay (Thomas Whigham entre ellos) han pretendido tildar a los paraguayos de
“xenófobos” durante la era de la Vieja República. Si bien el paraguayo siempre ha sido férreo defensor de su
cultura, tradiciones, raza y visión del mundo, nunca ha tenido un odio, propiamente dicho, hacia los
extranjeros honorables y de buen comportamiento hacia el paraguayo y sus costumbres.

84- En Piribebuy se inició la famosa “Diagonal de Sangre”, en la que las tropas brasileñas lideradas
por el Conde Gastón de Orleans “D’Eu” cometieron crímenes de lesa humanidad (hasta hoy sin retribución
ni pedido de disculpa alguna) contra paraguayos y paraguayas prisioneros en varias ciudades y puestos.

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Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

En la cumbre de la loma estaba el cementerio, ocupando un espacio de


más o menos un acre y señalado con una sola gran cruz de madera en el
centro. El mercado, situado en un extremo de la villa, se encontraba bajo una
frondosa hilera de naranjos y durante el día siempre presentaba un
espectáculo pleno de vida. Numerosas mujeres, ancianas y jóvenes se
reunían allí para vender su mercancía y charlar constantemente durante todo
el día. Sus productos incluían todo lo referente a comidas, frutas, muebles o
ropas para el comercio. El precio de todas estas cosas, desde luego, era
enorme. El Piribebuy, un cristalino y raudo arroyo que se precipita en
cascadas y saltos, corría a los pies de la lomada sobre la que estaba edificado
el pueblo. Toda la población se bañaba allí diariamente. Las mujeres, por lo
general, después de la caída del sol. La casa o residencia oficial del
Vicepresidente estaba en la parte más alta del pueblo. No era pretenciosa en
su estilo y estaba amoblada en forma parecida a nuestra casa descrita. Las
residencias de los Ministros del Gabinete y los cuarteles para un pequeño
destacamento de tropas ocupaban el resto del mismo lado de la calle, todos
frente al espacio abierto en el centro.

En aquellos días, la población del pueblo se había más que triplicado


con las personas que afluían de otros puntos del distrito de las Cordilleras y
del país. Al anochecer esos infortunados se amontonaban en los corredores o
naranjales y dormían al costado del camino, en cualquier parte donde la
noche les cayera. Había gran escasez de alimentos y padecimientos tales
como ningún otro pueblo conoció jamás. Ya no era sólo la hambruna el letal
enemigo. Por algún tiempo fue el cólera el terrible flagelo de todas esas casas
hacinadas y llegó un momento en que pareció que las tres maldiciones
bíblicas, por cuya imploración el hombre implora –la guerra, las pestes y el
hambre- se hubieran conjugado allí para la destrucción de esa infortunada
nación. Por no ser acusados aquí de parcialidad, es bueno recordar al lector
lo que constante y solemnemente, con admirable empecinamiento y
serenidad, anuncian al mundo los gobiernos y publicistas aliados: que la
guerra no es contra el pueblo paraguayo sino contra su gobierno. Se han
esmerado también, generosamente y en repetidas ocasiones, en comunicar

Martin T. McMahon Página 65


Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

este hecho al pueblo de los EEUU. Lo que no hemos podido entender en que
ello haya cambiado la dirección de un solo proyectil ni sanado el más leve
caso de cólera o amortiguado el hambre de un solo niño famélico. Es que
dicen que éstos no son más que “indios guaraníes” y las naciones aliadas sólo
están reparando su honor ofendido, afirman con falsedad algunos de estos
panfletarios que se han tomado sobre si la tarea de esclarecer la mente,
especialmente la del pueblo americano (85). Que su honor necesita
reparación, ¡y mucha!, pocos de los que tienen conocimiento certero acerca
de ésta contienda pueden disputarlo; pero es cuestión de humanidad saber
cuándo terminará éste ya largo proceso de reparación (86).
85- Eso que hoy llamamos “lobby” que los aliados hicieron en todo lugar donde pudieron,
imponiendo su versión de los hechos y bloqueando la verdad, es decir, la versión paraguaya.

86- Indistintamente de cualquier propaganda o alegato afianzado por la repetición anti-histórica,


McMahon utiliza una mayéutica simple para neutralizar cualquier mentira: ¿hasta donde llega la necesidad
de “reparación” del “honor herido” de los aliados? ¿Hasta el absoluto exterminio de una raza?

Tómese el ejemplo de la misma batalla de Piribebuy. 2.000 famélicos y desarmados soldados, los
últimos defensores de la plaza, liderados por el Teniente Coronel Pedro Pablo Caballero, resistieron lo que
pudieron el asalto de casi 15.000 hombres del Conde D’Eu con huesos, piedras, botellas disparadas desde los
roídos cañones, contra esclavos negros frescos, sin dolores ni convicciones más que asesinar, violar y robar
(todo bajo estrictas órdenes). Al finalizar la batalla, en la que algunos hombres y niños de inmenso valor,
como el venerable anciano y profesor de escuela, Mayor Fermín López y sus alumnos, encontraron la gloria
ocurrió lo peor: el cabo Gervasio León, francotirador paraguayo, en buena ley de la guerra mató al general
Juan Manuel Mena Barreto, amante del conde D’Eu, quien en represalia ordena degollar a todos los
prisioneros de la villa e incendiar el Hospital de Sangre, con cientos de heridos dentro. Pedro Pablo Caballero
protesta, diciendo que “el hospital estaba lleno de ancianos, niños y mujeres heridas y que debían ser
evacuados” a lo que el Conde pregunta “¿quién es el comandante de la plaza?” y Caballero contesta “quien
le habla”. Gaston de Orleans ordena inmediatamente que sea torturado en la Iglesia de Piribebuy hasta que
grite rendición, cosa a la que Pedro Pablo Caballero se resistió con honor hasta las últimas consecuencias y
finalmente fue desmembrado, en presencia de su mujer.

Episodios similares ocurrieron en los próximos días e incluso hasta el final de la guerra. D’Eu y sus
tropas persiguieron a las retaguardias paraguayas en Caacupé, donde excesos idénticos a los de Piribebuy se
cometieron (que por casualidad D’Eu mismo los confirmó en una carta a O’Leary, aunque existen versiones
de supervivientes para confirmarlo); luego los brasileños interceptarían a un grupo de heridos y sobretodo,
niños que lucharon con valentía en Acosta Ñu, más cuando fueron doblegados y rendidos, fueron quemados
vivos junto a sus madres. Se inventó toda índole de excusas para éste hecho, desde que el Mariscal mandó a
morir a los niños (siendo que él ya se encontraba en Curuguaty) hasta que los niños fueron confundidos por
hombres mayores, pues llevaban bigotes postizos. Lo que no quita que los prisioneros de la batalla fueron
encerrados en un círculo de fuego e incinerados en una especie de escabrosa, tremenda y delirante ofrenda
de amor que el Conde hizo a su querido muerto. Y éstos son sólo los episodios más conocidos.

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Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

Luego de la derrota del Pikysyry, el Cuartel General del Ejército


Paraguay fue trasladado a Cerro León y el Hospital Central se mudó de ese
lugar a Caacupé, en las Cordilleras.

Por el natural deseo de conocer como andaba la situación en el frente


luego del desastre del 27, nos unimos a una partida de vanguardia del
ejército y llegamos a Cerro León el 29, dos días después de la derrota. El
camino seguía ofreciendo el mismo lastimero episodio de familias que
emigraban, todas las mujeres cargando bultos sobre la cabeza. En casi todos
los casos pudimos observar que de entre las pocas cosas que pudieron salvar
de sus casas, cada familia llevaba consigo una imagen del Redentor, un
crucifijo, una Mater Dolorosa o algún otro recuerdo patético de la Gran
Tragedia que sólo excedía al propio dolor.

A lo largo de toda la ruta podían verse expresivas cruces, toscas y


recientemente terminadas, marcando con sencilla piedad las tumbas
solitarias de aquellos errantes –más felices que esa gran masa humana que
se arrastraba en el camino- que ya habían encontrado el inesperado pero
definitivo descanso. En varias de esas timbas había flores silvestres en
manojos, todavía frescas, y en algunas recientemente abiertas se observaban
a niños arrodillados. Todos los que pasaban se descubrían respetuosamente
ante ellos.

Pero también se podía ver algo más conmovedor con no poca


frecuencia: una mujer marchando separada del grupo y llevando una tabla
sobre la cabeza, con el hijo ya en mortajas para el entierro. A veces, el
solitario funeral iba acompañado por otro deudo solitario –otro niño- cuyo
pálido y atormentado rostro y débiles miembros parecían pronosticar que
pronto se uniría a su hermanita o hermanito mucho más allá del suelo
consagrado al que se marchaban.

Pues bien, ¡oh, madres de ésta tierra generosa (EEUU)! Tenéis el


privilegio de velar al lado de su cuna la muerte de un niño, en medio del
confortable hogar y el consuelo de familiares y amigos: ¿podréis acaso
imaginaros jamás lo que es sentarse desolada a la vera de un camino hecho

Martin T. McMahon Página 67


Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

de polvo y retorcerse en la desesperación e impotencia sobre el pequeño hijo


sufriente, a quien amáis más que la vida propia, para contemplar su agonía y
cerrar sus pequeños ojos, arreglar sus miembros inertes sobre cualquier
madero, el más pronto en el camino y marchar varias millas con este peso
sacro bajo un sol de fuego hasta conducirlo a la iglesia de la aldea más
próxima para que sus campanas llamen su alma al depositarlo, finalmente, en
el campo santo?

Pues bien, las madres que padecieron estas cosas en ese distante país
tenían también, hasta hace poco, hogares tan confortables como los vuestros
donde criaban a sus hijos con idéntica ternura y los amaban con igual
devoción. Permítasenos repetir nuevamente que es un consuelo enorme que
nos hayan asegurado que ésta guerra no es contra el pueblo paraguayo. De
otra manera, tal vez los gobiernos civilizados del mundo y especialmente el
nuestro, tendrían mucho de que responder por permitir que continúe el
conflicto –que nos limitamos a describir sin palabras exageradas-. ¡Que
admirable descubrimiento ese de la cláusula del tratado, sobre la distinción
entre el gobierno y el pueblo paraguayo! ¡Y que magnífica defensa será para
los que la hicieron cuando, en el juicio final, tengan que dar cuenta de las
atroces crueldades cometidas en ésta guerra!

Tal vez se afirme que las familias paraguayas podrían haber escapado
al hambre y la muerte pasándose a los aliados. Muchas de ellas se entregaron
de ésta manera a la piedad de sus enemigos y miles fueron traídas a
Asunción con las huestes aliadas, para descubrir que hay horrores aún más
crueles que el hambre y desgracias peores que la muerte. Tampoco
encontraron allí pan, ropas, abrigo, ni siquiera en sus mismos hogares. No lo
decimos sin conocimiento de causa, aunque por el momento no podemos
detenernos en él ni corresponde dedicarle más espacio a dichas referencias.

Estas eran las contemplaciones que en mi alma vagaban cuando


arribamos a la cumbre de las Cordilleras desde donde observamos una
escena de extraña belleza: el campamento de Cerro León se extendía sin
obstáculos ante nuestros pies.

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Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

A lo lejos se podía ver una amplia extensión de suave y uniforme


pradera bañada por varios arroyos y al otro lado del valle, la iglesia y el
pueblo de Pirayú. La línea del ferrocarril, marcada por torres blancas en sus
estaciones, resplandecía al sol como lejanas candelas en el mar y bordeaban
las faldas de las colinas más distantes. Desde esa altura no se podía distinguir
a las tropas ni a las trincheras y el paisaje era vivificador y placentero. Una
estrecha senda de no más de dos pies en algunos lugares zigzagueaba entre
las rocas, transitándose sobre cantos rodados u orillando enormes peñascos
incrustados en las salientes de las laderas, varias veces. Desmontamos para
bajar la cuesta, llevando de la brida a nuestros caballos con mucho cuidado.
En cierto momento nos encontramos dudando de la conveniencia de
continuar adelante, pero al volvernos y encontrarnos con nuestros fieles
corceles casi sobre nuestras cabezas y compartiendo nuestras mismas dudas
mientras observaban serenos la marcha, decidimos bajar inmediatamente.
Francamente, no se podía disfrutar de la situación pues cualquier tropiezo de
nuestros montados o el intento de volver sobre nuestros pasos nos habría
dejado sin esperanza alguna.

Al reunirnos en el Cuartel General notamos la ausencia de muchos


distinguidos oficiales a quienes tuvimos el placer de conocer pocos días antes
de Pikyksyry. Con dos palabras: “muerto” o “herido” nos contestaron todas
las preguntas sobre los ausentes. Las tropas cavaban trincheras con afán,
alistándose para otra lucha con vívido entusiasmo.

No obstante, el futuro de la República aparecía negro en esos


momentos y eran muchos quienes pensaban que un avance decidido del
enemigo aplastaría al pequeño grupo de leales guerreros que, con intensa
devoción, compartían el destino de su indomable jefe. A ello se sumaba aún
otra lúgubre perspectiva: hacía veinticuatro horas que las baterías de
Angostura sobre el río mantenían un sombrío silencio de presagio. ¿Se
habrán rendido? Estaban fuertemente guarnecidas y podían sostener por un
mes. Así había informado el comandante dos días antes, solicitando permiso
para defenderlas hasta el final.

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Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

Esa misma noche todas las dudas se desvanecieron. Llegó un sargento


de catorce años, todo empapado por el estero, que durante treinta horas
había atravesado a nado o a pie. Y el reseñó la humillante historia de la
rendición: como las cañoneras habían sido enviadas con banderas de tregua y
alentadores mensajes de los jefes aliados; como los paraguayos desertores
engañaron a los oficiales de las baterías repitiendo la reiterada historia,
repetida hasta el hartazgo, de que López se retiró a Bolivia; como finalmente
toda la guarnición –más de dos mil hombres- salió de sus puestos y se les
ordenó deponer las armas ante la odiada presencia del enemigo y como él,
con otros, imprecando contra la rendición, se hizo en los esteros sin darse
reposos hasta llegar a su jefe. Todo lo relataba entre desesperado llanto
entrecortado, entre torrentes de lágrimas. Dijo que hubo traición en la
rendición y nosotros le creemos, aunque los informes digan lo contrario (87).

Con la caída de Angostura, el Paraguay perdió el río y la pobre capital


Asunción cayó rápido en manos de los invasores, que la ocupan hace ya más
de un año en ese largo y fastidioso proceso de “vindicar su honor ultrajado”.

Los sucesos que desde entonces ocurrieron en la más infeliz de las


ciudades y que según la prensa de Buenos Aires y Montevideo nadie ha
reprobado aún, ocuparán un capítulo todavía más penoso que en próxima
fecha, pondremos a la consideración de los lectores (88).

Nueva York, 1870


87- El afinador de pianos, devenido en ingeniero luego de escribir un libro al final de la Guerra,
George Thompson, súbdito británico, aceptó como comandante de Angostura una deshonrosa rendición en
contra de los deseos de todos los oficiales paraguayos de la plaza. El capitán Blas Fleitas, junto al niño del
relato y otros hombres, (probablemente) escapó antes de la entrega del fuerte, mientras que el Teniente
José María Fariña, héroe de los lanchones, se negó a recibir los “honores de rendición” como medida de
protesta. El comandante de la artillería de Angostura, teniente José Urdapilleta, imprecó duramente al
Teniente Coronel Thompson tratándolo de “cobarde y poco hombre” e intentó escapar del lugar arrojando
primero a la bandera del fuerte atada a una bala de cañón en el río pero fue capturado por argentinos y
llevado a Asunción.

88- Que el Redentor purgue de pecado y tenga en su gloria al General McMahon, amigo del
Paraguay, por defender con su nobleza de alma y su penetrante pluma a la Raza Guaraní, a la tierra
paraguaya y su máximo exponente: el Héroe de América, Francisco Solano López, Mariscal de la Humanidad.

Martin T. McMahon Página 70


Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

RESURGIRÁS, PARAGUAY

¡Bella y núbil república de la zona encantada,


Reina de mil arroyos: tu nombre sólo ayer
Desconocía el mundo, pero tu fuerte espada
Te conquistó una gloria que nunca han de perder.
Que infortunio que el brazo de la guerra te arrastre
Por el sangriento surco de un destino fatal;
Que vándalos te traigan la ruina y el desastre.
Por agua y tierra, en una porfía desleal!

Los campos en que yacen en su fúnebre lecho


Tus legiones sagradas, vieron el esplendor
Del escudo que cubre tú inmaculado pecho
Y el ondear de tu ínclito penacho tricolor!
Si la paz con bravura y abnegación se gana
Y el patrio honor de todos es el más alto bien,
Detenga la sangre que de tus venas mana
Y de frescos laureles corónese tu sien.

Yo soy un forastero que por ti, noble tierra,


Eleva sus plegarias -cuando en torno el clarín
Llama al combate, y ruge, sobre la vasta sierra,
El cañón humeante, de uno al otro confín
Y pido que tu estrella surja resplandeciente
Como la más hermosa del cielo tropical.
Cuando tus enemigos desistan del demente
Sueño de hacerte esclava tras lucha desigual

No te extrañe que el hijo de un país tan distante,


Que vivió -en estas horas de tragedia y de horror-
Bajo tu cielo y supo del brío fulgurante
Que te infunden en la lidia tu bravo conductor.
Suplique por los huérfanos que deja el holocausto,
Por las viudas que ¡lloran su infinito sufrir,
E implore por el orto de un sol radiante y fausto
Que inunde para siempre de luz tu porvenir.

Martin T. McMahon Página 71


Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

La muerte de Polonia lloraron las naciones,


Pero ninguna, para socorrerla; empuñó
Su espada; y no impidieron, con sus lamentaciones
La iniquidad de un crimen que a todas mancilló,
No temas que te llegue semejante destino:
Confía en el amparo de Dios y en su bondad,
Pues tú con, sangre escribes un decreto divino
Que dispone el rescate de tu sacra heredad.

Adiós, soberbios bosques del Paraguay, umbríos


Naranjales, llanuras y praderas en flor.
Donde en alegre danza, se deslizan tus ríos
Como un desfile eterno de cristal y rumor;
Y vosotros, collados, que el poderoso aliento
Recibís de los Andes, o el saludo del mar,
O la caricia helada con que, en alas del viento
Las nieves patagónicas os vienen a besar;

Vosotras, cordilleras, donde, en cada pendiente,


La libertad aguza sus lanzas para herir,
Mientras sus campeones, entre el eco rugiente
Del combate, vigilan sin comer ni dormir,
Que la paz os devuelva la verdura hoy marchita
De vuestras empinadas cumbres, cuando el cañón
Hostil ya no resuena, y a la presente cuita
Reemplace del trabajo prolífico la acción.

Mujeres paraguayas cuyo gentil semblante


Nos revela a los ojos que por primera vez
Os miran, la bravura que hay en vuestro talante
La espartana energía que hay en vuestra altivez

¿Qué pueblo que ha criado tales hijas debiera desesperar?

¿Y qué hijos que hubisteis de nutrir


Lograrán resignarse jamás a la extranjera
Sumisión y ante un trono, cobardes, sucumbir?

Martin T. McMahon Página 72


Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

No serán ciertamente quienes aquí, agrupados


En torno a sus fogatas, en este anochecer
Sobre la serranía, se preparan callados
Para la nueva lucha que el día ha de traer
Y alientan en sus pechos heroicos la esperanza
De escarmentar al triple conquistador audaz,
Para entonar mañana sus himnos de bonanza,
De reconocimiento, de júbilo y de paz.

Que así sea. Y ahora, con amarga tristeza


Debe partir -el alma llena de gratitud-
Quien admiró tu clima, tu cielo, tu belleza
Oh, esmeralda preciosa del hemisferio sur!
Debe volver al suelo de sus mayores- suelo
Que habitan hombres libres y donde todos ven
Ansiosos los estragos de este implacable duelo
Y a Dios por ti suplican y te desean bien!

General

Martin Thomas McMahon

En el Diario de Elisa Lynch.

Martin T. McMahon Página 73


Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

GRACIAS, GENERAL
Mejor tarde que nunca, noble señor, aunque yo desconozco si esto se hizo antes.

Heme aquí saludando a su memoria, a ese hombre tan fascinante.

No hay hombre libre que no sienta conmoción luego de leer ese poema,

El que usted escribió con sincera pasión.

Las almas de los muertos renacen ésta noche

(Nada puede detener al diluvio, la tormenta borrará los reproches)

Y nosotros aquí, brindaremos, por la gloria de nuestro nombre,

Por la eternidad, por la victoria de los justos, por la belleza de la salvación.

Defensor de su patria, usted fue, nadie podrá ponerle dedo encima.

(¿Quién es digno de atacar a quien por la patria ha dado su sangre?)

Y usted, así, como héroe, se iluminó en la luz del más grande de los Héroes de América.

¿Acaso no hay mayor gloria que reconocer la gloria del otro?

Así usted lo ve, así usted lo sintió.

Nosotros, paraguayos, nunca olvidamos.

Y aquel quien nos dio la mano cuando el mundo nos dio sólo odio:

¡Será para siempre nuestro hermano!

Noble General, muchas gracias.

Cuando un pueblo se conmueve, la amistad es sincera.

Si usted es lo mejor de su pueblo, ¡pues cuanta sinceridad hay en Norte América!

(Y si en su país ya no hay hombres como usted, que lástima, pero no desfallezca)

¡Un Héroe como Martin McMahon siempre será inspiración!)

Noble General, muchas gracias.

Sus palabras nunca dejarán de resonar.

¡Al norteamericano, amigo del Paraguay, jamás se lo olvidará!

Emilio Urdapilleta.

Martin T. McMahon Página 74


Ensayos sobre la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

BIBLIOGRAFÍA

1- ALBERDI, Juan Bautista: La Guerra del Paraguay; Intercontinental Editora;


Asunción, Paraguay (2012).

2- BRAY, Arturo: Solano López, Soldado de la Gloria y el Infortunio; Carlos


Schauman Ediciones; Asunción, Paraguay (1984).

3- CASTAGNINO, Leonardo: Guerra del Paraguay – La Triple Alianza Contra


los Países del Plata; Ediciones Fabro; Buenos Aires, Argentina (2010).

4- CENTURIÓN, Juan Crisóstomo: Memorias o Reminiscencias Históricas Sobre


la Guerra del Paraguay (con prólogo de Natalicio González); Ediciones
Guarania; Asunción, Paraguay (1944).

5- DAVIS, Arthur H: Martin T. McMahon, un Diplomático en el Estridor de las


Armas; Imprenta Militar; Asunción, Paraguay (1985).

6- DORIATOTO, Francisco: Maldita Guerra; Editorial Emecé, Buenos Aires -


Argentina (2004).

7- GARCÍA MELLID, Atilio: Proceso a los Falsificadores de la Historia del


Paraguay; Ediciones Theoría, Buenos Aires, Argentina (1961).

8- HERRERA, Luis Alberto: La Culpa Mitrista: el Drama del 65; Ediciones


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9- RESQUÍN, Francisco: Datos Históricos de la Guerra del Paraguay Contra la


Triple Alianza; Imprenta Militar; Asunción, Paraguay (1981).

10- ROSA, José María: La Guerra del Paraguay y las Montoneras Argentinas;
Hyspamerica Ediciones; Buenos Aires, Argentina (1985).

11- WHIGHAM, Thomas: La Guerra de la Triple Alianza; Editorial Taurus


Historia, Editorial Santillana Paraguay; Asuncion, Paraguay (2012).

Martin T. McMahon Página 75