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Había una vez, un humilde molinero que tenía tres hijos.

Estando el pobre hombre muy enfermo,


antes de morir llamó a sus hijos junto a su lecho. Los únicos bienes que el hombre poseía eran el
molino, un asno y un gato, y decidió repartir esta herencia entre sus tres hijos. Al hijo mayor le
tocó el molino. El del medio recibió el asno, y el hijo menor debió conformarse con el gato.

El más joven de los hermanos lamentó mucho su mala suerte; pero no tenía idea de la enorme
sorpresa que le depararía el destino…

Un gato muy especial

El hermano menor estaba muy enfadado: consideraba una injusticia que le hubiera tocado solo un
gato como herencia, mientras sus hermanos mayores podrían trabajar juntos y ganarse el pan sin
problemas.

–¿Para qué quiero yo un gato? Es solo otra boca para alimentar, ¡que desgraciado soy! –dijo el
joven hablando para sí en voz alta

Pero para su sorpresa, el gato, que estaba acurrucado a su lado, le respondió:

-No te preocupes mi señor, te demostraré que puedo ser mucho más útil de lo que piensas

–¿Y cómo podrás ayudarme tú, que eres solo un gato?- le respondió incrédulo el joven

-Solo necesito un par de botas y un saco, y te demostraré que has sido muy afortunado– dijo el
gato, muy seguro de sí mismo.

El hijo del molinero decidió que valía la pena intentarlo. Después de todo, un gato que habla ya era
de por sí un milagro, y no tenía nada que perder. El joven consiguió las botas y la bolsa que había
pedido el gato y se las entregó.

El astuto gato con botas

El gato con botas

El gato se calzó las botas, cogió el saco y se dirigió al bosque. En el bosque cazó un conejo y lo
metió en el saco, se lo puso al hombro y se dirigió con paso decidido al Palacio Real. Cuando llegó
al palacio pidió ver al Rey, y los guardias, sorprendidos ante un gato con botas que hablaba, lo
condujeron ante el monarca.

El gato con botas, haciendo elegantes ademanes, le habló al Rey:

-Su Majestad, os traigo un presente de parte del Señor Marqués de Carabás- dijo el gato, que se
había inventado este nombre para su amo en aquel preciso momento.

–Mi amo el Marqués me ha encargado entregarle este obsequio de su parte, un estupendo conejo
cazado en sus campos para Su Majestad– siguió diciendo el gato.

El Rey, sorprendido ante el regalo de parte de este misterioso Marqués que no conocía, lo aceptó
con gusto. Un hombre que poseía un gato parlante debía ser sin duda un noble caballero.

Al día siguiente, el gato con botas cazó unas perdices, y nuevamente se dirigió al Palacio Real,
regalándolas al Rey de parte de su amo el Marqués de Carabás. Y así continuó, durante meses,
llevando al Rey lo que cazaba como obsequio de parte de su amo, ganándose la confianza, y sobre
todo la curiosidad, del monarca.

El gato con botas pone en marcha su plan

En una de estas visitas al Palacio, el gato escuchó que el Rey y su hermosa hija saldrían a dar un
paseo por el río. Veloz como un rayo, el gato corrió hasta la casa de su amo y le dijo:

-Sigue mi consejo y la fortuna se pondrá de tu lado- le dijo el gato a su amo –Ve al río, y en el lugar
que te indicaré, quítate la ropa y métete al agua. Yo me ocuparé del resto.

El joven siguió las indicaciones del gato. El animal escondió las ropas viejas de su amo y se
escondió cerca del camino, a la espera. Por fin vio aparecer la carroza del Rey, y comenzó a gritar:

-¡Socorro! ¡Ayudadnos por favor! ¡Mi amo el Marqués de Carabás se ahoga!

El Rey ordenó inmediatamente a sus guardias que rescataran al Marqués. Mientras tanto, el astuto
gato le contó al Rey y a la princesa que unos forajidos habían atacado a su amo y le habían robado
el caballo, sus ricas vestimentas y sus joyas, lanzándolo luego al río. Sin dudarlo un instante, el
monarca ordenó que vistieran al Marqués con alguna de sus mejores ropas. Así se hizo, y al ver a
este joven tan apuesto y elegante, la princesa quedó cautivada. El Rey estaba encantado de
conocer finalmente al famoso Marqués, así que le invitó a acompañarles en el paseo.

Mientras las guardias reales ayudaban al joven y le traían nuevas ropas, el gato con botas
aprovechó para adelantarse por el camino. Unos kilómetros más adelante, en un majestuoso
castillo rodeado de tierras cultivadas, vivía un malvado ogro que aterrorizaba a sus sirvientes, y
nuestro inteligente gato tenía un plan…

El castillo del ogro

Cuando llegó a las tierras del ogro, encontró a los campesinos trabajando y les dijo:

-Amables campesinos, os propongo un trato: cuando os pregunten de quién son estas tierras,
responded que pertenecen al Marqués de Carabás. Si hacéis lo que os pido, os liberaré del terrible
ogro y podréis vivir y trabajar tranquilos.

Los campesinos aceptaron, y cuando el carruaje del Rey pasó junto a ellos y Su Majestad preguntó
quién era el dueño de aquellas tierras, los campesinos respondieron en coro:

-¡Son del Marqués de Carabás!

Mientras tanto el gato llegó al palacio del ogro, y pidió audiencia. De nuevo los guardias, al igual
que había pasado en el castillo del Rey, le dejaron entrar, sorprendidos ante el elegante gato
parlante.

Ya delante del ogro, el astuto gato le dijo:

-¿Eres tú el famoso ogro del que me hablaron? Me han dicho que eres un poderoso mago, y que
puedes convertirte en cualquier clase de animal… que podrías, por ejemplo, transformarte en un
león o un elefante
El ogro, que además de ser malvado era muy vanidoso, quiso demostrarle al gato que era cierto, y
se transformó al instante en un enorme león. El gato con botas disimuló su miedo, y con aire
despreocupado le dijo al ogro:

-Bueno, está muy bien, pero convertirte en un animal grande y amenazante para ti es bastante
fácil. Lo realmente difícil sería que te conviertas en uno muy pequeño, como un ratón

Herido en su orgullo, el ogro quiso demostrar a su invitado que era capaz de convertirse en
cualquier animal, y se transformó en ratón. Pero tan pronto como lo hizo, el gato se le abalanzó
encima ¡y se lo tragó entero!

Entonces el gato con botas llamó a todos los sirvientes del palacio, y les comunicó que el ogro ya
no los maltrataría jamás, y que desde ese momento, el castillo pertenecía al Marqués de Carabás,
que sería bondadoso y justo con ellos. Los sirvientes, muy contentos de haberse liberado del
malvado ogro, salieron a recibir al nuevo señor del castillo, que en ese momento llegaba en el
carruaje con el Rey y la princesa.

Después de un tiempo, el Marqués de Carabás se casó con la princesa, y vivieron para siempre
felices en el castillo del Marqués. En cuanto al gato con botas, vivió el resto de sus días como un
gran señor.

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