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Juan David Bustamante Madariaga

28 de mayo del 2019

Benjamin; el flaneur del pensamiento europeo

Sus textos fragmentarios y experimentales son como el vagabundeo propio de flaneur…

profundas cavilaciones logradas en un par de cuadras, en un par de párrafos, el ambiente de

la ciudad se presta para la reflexión, así como lo que sucedía en Europa en épocas de

Benjamin fue insumo para sus críticas y sus loas. La visión histórico-crítica sobre los

lugares en los que estuvo y cómo lo consigna en sus textos dan cuenta muestra de la

experiencia de nuestro personaje y del matiz poético incrustado dentro de su filosofía. Y, a

través de esta ha ilustrado magistralmente esa “gran tragedia” europea de la primera mitad

del siglo XX y todos los dilemas intelectuales que trajo consigo.

Teniendo en cuenta la biografía de Benjamin y parte de su obra se pretende rastrear

si este personaje cumple con algunas de las pautas de un flaneur, pero en este caso de un

flaneur sicológico, se trata de una arriesgada metáfora: como quien es errante, vagabundo

por sus pensamientos, mientras callejea la ciudad (o el continente), ¿se configura, entonces,

Walter Benjamin como un flaneur del pensamiento europeo por el carácter fragmentario,

pero a la vez experimental de su obra?

La atribulada vida de Benjamin inicia en Berlín en 1982, hijo de judíos, quienes

inculcaron en él una educación libre, laica si se quiere, cosa que influyó fuertemente en su

formación, así que para 1913, luego de superar algunas dificultades de salud, ingresa a la

Universidad de Berlín a estudiar filosofía, dividió su carrera en varias universidades

alemanas, durante su etapa de universitario tuvo la oportunidad de visitar y conocer varias


ciudades de su país y de Europa, desde joven estuvo interesado por las corrientes de

izquierda, así que el estigma era doble, por un lado judío y por el otro de izquierdas, cuando

estalla la primera guerra ya ha emprendido su traducción de las obras de Baudelaire al

alemán, a su vez, le cierra las puertas al ejército para involucrarse con la corriente pacifista

de izquierda que tilda la guerra como una “carnicería humana inter-imperialista”.

Luego de pasar por Berlín llega a Munich, donde conoce a Scholem, amigo íntimo,

y, luego a Bern, donde se gradúa como filósofo en 1919, allí también se casa con Dora

Sophie Pollock. Dada su condición de judío no puede ejercer como maestro y luego de la

muerte de su padre en 1926, decide llegar a Moscú, ya han pasado varios años luego de la

revolución de octubre, es allí donde confronta sus ideas políticas que terminan aislándolo,

en medio de este ir y venir Benjamin fue escribiendo su obra, haciendo y rehaciendo,

llevando una vida austera, sobre todo luego de su divorcio. Como es sabido, logra

solventarse gracias a las colaboraciones con la Escuela de Frankfurt, aunque oficialmente

nunca haya estado vinculado a esta.

Si buscamos una descripción más profunda de nuestro personaje podemos encontrar

tanto en su obra como en la correspondencia con sus amigos algunos rastros, como la

tendencia al suicidio sobre todo en los últimos diez años de vida, o como esa pasión que

tenía por las cosas pequeñas, diminutas, para él el tamaño de un objeto tenía una relación

inversamente proporcional a su importancia, es como si viera en la aparente simplicidad de

la pequeñez esos detalles que guardan lo amplio y complejo de la experiencia. Hannah

Arendt dice, por ejemplo, sobre él, “pensaba en forma poética pero no era poeta ni

filósofo”. Así que, si de algo nos habla la biografía de Walter Benjamin es de esa visión
histórico-crítica que tuvo de su realidad y una sensibilidad inigualable con la que abordó

esa realidad.

Ahora bien, El flaneur es una figura que Baudelaire localiza en Edgar Allan Poe

cuando se topa con el Hombre de la multitud, del enigmático personaje de este cuento es

que Baudelaire toma la figura:

para el observador apasionado constituye un gozo inmenso elegir morada en el número, en

lo ondulante, en el movimiento, en lo fugitivo y lo infinito. Estar fuera de casa y sin

embargo sentirse en ella en todas partes; ver el mundo, estar en el centro del mundo y

permanecer oculto al mundo, (…). El observador es un príncipe que goza en todas partes de

su incógnito. [CITATION Cha99 \p 150 \l 9226 ]

así lo define Baudelaire. Esta imagen es la de un condenado día tras día a la vida

aparentemente insípida de la ciudad, la multitud no es más que un asilo para el desterrado.

No es un alguien alegre, sino que ve en lo nimio de la multitud, algo un poco más profundo.

Hablar de esta figura implica hablar también de la modernidad y, ante todo, de

capitalismo, por ello esta no le resulta indiferente a Benjamin, el flaneur es posible gracias

al auge incipiente del capitalismo, pero también de la arquitectura, la construcción de los

pasajes hacia 1822 en París, proporcionaron la primera condición para el desarrollo del

comercio de tejidos, tiendas de novedades, los antepasados de los centros comerciales. La

iluminación a gas proporcionó la segunda condición, ya que se alargaba horario de estos

“comercios”, la vida comenzaba también a ser nocturna.

El flaneur se asume entonces como un explorador, no solo del comercio, del

mercado, sino de la multitud, la calle se convierte en su hogar, la multitud en su refugio, se


explora en la fisionomía de la muchedumbre, tal agitación marca el ritmo de los

pensamientos, también vagabundos del flaneur, pues no se trata solo de la observación, sino

de lo que esta va encadenando en el camino, por eso es una figura que se deja arrastrar en

todo sentido de la multitud, sin importar a dónde le lleve esta, ni a donde le lleven sus

pensamientos.

Tal es la importancia de esta figura para Benjamin que en varios de sus textos lo

aborda desde diferentes perspectivas, como lo hace en París, capital del siglo XIX o en su

texto con el mismo nombre: El flaneur, este es un punto de partida para muchas reflexiones

que Benjamin plasma en varios de sus textos, como el tema de la moda, del comercio o de

la arquitectura. Vemos pues que el escenario pertinente es el de la ciudad, sin embargo, me

interesa desarraigar un poco esta figura de sus moldes originales y pensar la flanerie como

la capacidad intelectual de trasegar por los pensamientos que van quedando de la

experiencia, se trata de un callejeo mental, de un vagabundeo sicológico por la realidad

circundada.

Podemos pensar entonces que la obra fragmentaria que nos deja Benjamin, como

había mencionado anteriormente, son como instantáneas de esas pequeñas cosas que

guardan la esencia de lo amplio y complejo de la experiencia; así como instantáneas va la

mirada del flaneur que se fija en lo macro y lo micro de la muchedumbre. Por ejemplo,

Hannah Arendt cuando aborda la biografía de Walter Benjamin propone lo siguiente:

así como el flaneur, a través del gestus del caminar sin rumbo fijo, vuelve la espalda a la

muchedumbre a pesar de que esta lo empuja y arrastra, el “ángel de la historia”, que solo

mira hacia las ruinas del pasado, es empujado hacia el futuro por la tormenta del progreso

[CITATION Are01 \p 173 \l 9226 ]


de la misma manera y con la atención puesta en la tragedia de la guerra, esta terminó

arrastrando a nuestro autor y llevándoselo consigo, dejando tan solo los dilemas y los

problemas.

La ciudad aparece en la obra de Benjamin cual personaje más, nos deja retratos de

París (naturalmente), Nápoles, Moscú, Marsella, entre otras y en todas ellas está marcado

ese profundo carácter que le da relieve a cada sociedad particular, a través de pensamientos

poéticos que plasman la aparente simplicidad de lo cotidiano; eso, lo aparentemente

insignificante resulta ser una ventana que permite conocer el interior de cada ciudad:

“Digamos que una pizca de domingo se encuentra escondida dentro de cada día de la

semana, y una de cada día laborable se encuentra escondida en el domingo”[CITATION

Ben141 \p 13 \n \y \t \l 9226 ] .

Basta ver, por tomar un ejemplo, cómo Napoles se ve representada con la roca y con

el color gris, so pretexto de la observación de las fachadas de sus casas y sus calles, la

arquitectura de esta ciudad es “la pieza más concluyente que posee la rítmica comunitaria”

[CITATION Ben141 \p 10 \n \y \t \l 9226 ], así piensa lo privado a través de lo público.

Cuando Benjamin habla de las ciudades es que resulta posible pensar en él como flaneur ya

que no proporciona una mirada de forastero o de costumbrista, sino que a través de

elementos de la cotidianidad va ganando profundidad, por lo tanto, no es arriesgado pensar

que la visita a cada ciudad estuvo marcada por el ritmo indeterminado del callejeo y de los

pensamientos un tanto poéticos que surgen como instantáneas. El Benjamin que retrata las

ciudades es el que se acomoda en el molde aquí propuesto del flaneur.

La realidad europea transforma la experiencia de nuestro autor, hace que fije su

mirada en el pasado, no era un personaje optimista, más bien podría identificarse con ese
sentimiento que tanto se observa en Baudelaire, el hecho de ser un hombre útil pudo

parecerle algo realmente horrible y por ello su mirada si fijaba en las cosas más bien

pequeñas como una mariposa intentando ser cazada, o esa manzana que se ve a través de la

puerta del horno. Ese pensamiento poético fragmentario sobre lo pequeño es un guiño a la

vida del flaneur que va salpicando aquí y allá, al final no se alineo por completo con los

comunistas ni acepto el llamado que le hicieron desde norteamerica ni desde Jerusalen, con

mayor ahínco rechazo el fascismo, de tal manera que nos queda un flaneur del pensamiento

(un callejero mental) europeo con matices profundamente anárquicos y sensibles en su vida

y obra.
Referencias

Arendt, Hannah. Hombres en tiempos de oscuridad. Barcelona: Gedisa S. A., 2001.

Benjamin, Walter. Imagenes que piensan. Madrid: Abada, 2014.

Charles, Baudelaire. Cuadernos de un disconforme. Buenos Aires: Errepar, 1999.