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ILLADES AGUIAR, Lilián y Gustavo ILLADES

AGUIAR, Ecos del pregonero, Puebla, Instituto de


Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez
Pliego”-Benemérita Universidad Autónoma de
Puebla, 2010, páginas 7-14.

La brevedad del texto reflexionado invita a comentarlo, también, de manera breve


retomando algunas ideas centrales que se proponen y que resultan sustanciales para nuestro
propósito. Si bien es cierto que Lilián y Gustavo Illades centran su trabajo en la figura del
pregonero en la Puebla de los Ángeles del Virreinato, lo hacen pero contextualizándolo con
el único objetivo de que el pregonero pueda ser entendido como, si la palabra nos lo
permite, un “heredero” de culturas eminentemente orales como Grecia, Roma o el mundo
medieval.

Las breves páginas que se nos encomendaron revisar giran en torno a este objetivo pero su
atención se fija en la cultura oral pues, como se puede intuir desde que se lee el título del
libro y aun el de este apartado, se evoca al pregonero como una figura de la oralidad, de la
voz. Según los autores, esta inquietud por el mundo de la vez o de la cultura oral fue en
parte satisfecha, primero, por la literatura pero con la posteridad se tornó una cuestión
multidisciplinaria que contribuyó al esclarecimiento de la voz como un medio y como un
fin dentro de estas sociedades. Aquí conviene aclarar que, lejos de lo que se puede pensar,
nunca se hace referencia a sociedades primitivas como las que la antropología o la
sociología suelen estudiar (pensemos solo en los raramunga de Durkheim) sino que se pone
énfasis al uso cotidiano de la voz para aprender y convivir a pesar de lo fugaz y
evanescente que resultó y que sigue resultando.

Hemos dicho que el uso cotidiano de la voz o la oralidad se encaminaba hacia el


aprendizaje y la convivencia, sin embargo es importante traer a colación los modos en que
el pensamiento oral se funda para poder lograr esas funciones. Retomando a Walter Ong,
Lilián y Gustavo señalan que dicho pensamiento hace uso indiscriminado de técnicas de la
memoria, la normativa y la repetición para hacer aprehensible el conocimiento que sólo la
voz hace patente pero al mismo tiempo inaccesible por efímero. De ahí que nos adviertan
con toda precisión que el pensamiento oral es sin duda un pensamiento repetitivo, pues de
esa manera captar y resguardar el conocimiento que emana de él y cuyos depositarios son
siempre los ancianos. Es por esta misma razón que se advierte que el mundo oral presenta
un mundo humano totalmente vivo y como un “ente” colectivo del que se desprende
siempre un “nosotros” y nunca un “yo”.

Por cuanto se refiere al proceso de comunicación en este sistema de la oralidad es harto


interesante pues el hablante o emisor, emite, valga la redundancia, el mensaje que al
momento que se dice desaparece, pero queda grabado en la memoria de quien lo oye. Este
proceso recuerda en mucho al proceso de memorización que propone Paul Ricoeur en su La
memoria, la historia, el olvido cuando hace referencia a las improntas que se le hacen a la
memoria para esquematizar eso que él llama el recuerdo.

Hasta aquí quisiéramos concluir nuestra intervención no sin antes extraer las tres formas de
oralidad que Paul Zumthor propone, toda vez que nos permiten entender al pregonero como
un personaje de oralidad amalgamada con la escritura, que hace uso de ésta pero la
transforma en sonidos mediante la voz para pregonar cuanta cosa le haya sido
encomendada. Zumthor propone a) la oralidad primaria que es representativa por carecer de
todo contacto con la escritura, b) la oralidad mixta en la que la escritura sólo sirve de apoyo
a la voz, y finalmente c) la oralidad segunda que se constituye “cuando el entorno se tiende
a debilitar los valores de la voz en el uso en lo imaginario”.