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“IUS HONORARIUM”

O derecho pretorio, tuvo su origen durante la época de la República en Roma.

Fue el Derecho creado por el pretor para corroborar, suplir o corregir el derecho civil

ya existente en Roma. Durante el Imperio alcanzó su desarrollo y llegó a su fin

marcado por la influencia del Edicto Perpetuo de uno de los más ilustres

jurisconsultos, Salvio Juliano.

LUCIO OCTAVIO CORNELIO PUBLIO SALVIO JULIANO

EMILIANO

Más conocido como Salvio Juliano, fue junto con Labeón, la figura más

importante de la jurisprudencia romana. No se conoce la fecha exacta de su

nacimiento, pero se sabe por las constancias escritas de su aporte al derecho que

debió ser a finales del imperio de Trajano (alrededor del año 100 d. de C.). Se cree

que perteneció a una prestigiosa familia de una antigua ciudad romana.

Salvio Juliano fue cuestor del emperador Adriano siendo el único integrante

de la cuestura al que el divinizado soberano dobló el salario, en su deseo de


reconocer públicamente su extraordinaria sabiduría jurídica y su amor por el

derecho.

Fue tribuno de la plebe, pretor, prefecto del erario público y del militar; cónsul,

pontífice, sacerdote de la hermandad Adriana y de la hermandad Antoniniana;

supervisor de los templos, legado del emperador Antonino Pío en Germanía Inferior;

legado de los emperadores Antonino Pío y Lucío Vero en Hispania Citerior,

procónsul de la provincia de África.

Juliano, no encontró en su camino quien lo relevara; su liderazgo, su

pensamiento, su dominio de la lógica jurídica y humana, su personalidad y su criterio

le dieron un lugar privilegiado en la historia de la jurisprudencia y el derecho.

EDICTO DE SALVIO JULIANO

Desde el principio del Imperio, el derecho honorario alcanzó todo su

desarrollo; la obra de los pretores concluye al final del siglo I de nuestra era, y sus

edictos ya no se hacen notar por ninguna reforma importante. Además, el

emperador Adriano quiere fijar y codificar los principios del derecho pretoriano.

Salvio Juliano, fue encargado por el soberano Adriano de esta misión.

Juliano, reúne en un solo cuerpo las reglas publicadas cada año por el pretor

urbano y los ediles curules. Después, su obra fue ratificada por un senadoconsulto.

Éste fue el edictum perpetuum por excelencia, el que, en lo sucesivo, se cuenta

entre las fuentes de derecho escrito, pero sin que el jus honorarium se confundiese,

sin embargo, con el jus civile.


Mucho se ha discutido sobre el alcance de este trabajo. Dos puntos

solamente parecen ciertos: la inspiración de Adriano y la aprobación del senado.

Más no parece, si bien se ha pretendido, que este senadoconsulto haya retirado

oficialmente a los magistrados el derecho de publicar edictos.

En efecto Gayo, que escribe después del reinado de Adriano, atestigua que,

en su tiempo, los magistrados tenían todavía el jus edicendi. De otra parte, multitud

de textos parecen demostrar que usaban de este derecho, si bien no podrían

modificar la composición en lo sucesivo fijada para el edicto perpetuo, aunque

alguna vez era añadido con reglas nuevas, edicta nova. Pero estas adiciones fueron

en realidad muy raras porque la autoridad y las atribuciones de los pretores se

disminuyeron hacia el fin de este período. Los más importantes poderes de ellos

pasan a los nuevos funcionarios creados por los emperadores: al prefecto de la

ciudad y al prefecto del pretorio.

El edicto perpetuo fue consultado por muchos jurisconsultos, especialmente

por Paulo y Ulpiano. El mismo texto del edicto no ha llegado hasta nosotros, pero

numerosos fragmentos de comentarios acerca del mismo, insertos en el Digesto de

Justiniano, han movido a realizar ensayos de restitución, y han permitido reconstituir

el plan y las principales disposiciones”.