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CARLOS MARX

CONTRIBUCIÓN A LA
CRÍTICA DE LA
ECONOMÍA POLÍTICA
CUARTA EDICIÓN

ediciones estudio
TRADUCCIÓN
PREFACIO
Carlos Martínez / Floreal Mazta
Estudio el sistema de la economía burguesa por este orden:
capital, propiedad de la tierra, trabajo asalariado; Estado, comer-
Edición al cuidado de cio exterior, mercado mundial: En los tres primeros tópicos in-
NÉsTou CASIRIS vestigo las condiciones económicas de vida de las tres grandes
clases en que se divide la moderna sociedad burguesa; la conexión
entre los tres temas restantes salta a la vista. La primera sección
del libro primero, que trata del capital, contiene los siguientes
capítulos: 1) la mercancía, 2) el dinero o la circulación simple,
3) el capital en general. Los dos primeros capítulos forman el
contenido del presente fascículo. Tengo a la vista todos los ma-
teriales de la obra en forma de monografías que fueron escritas
con grandes intervalos en distintos períodos para el esclareci-
miento de mis propias ideas y no para su publicación; la elabo-
ración sistemática de todos estos materiales de acuerdo con el
plan indicado dependerá de circunstancias externas.
Suprimo una introducción general que había esbozado; pres-
cindo de ella porque, habiendo reflexionado, me parece que
adelantar resultados que es necesario demostrar primero sólo
puede molestar; el lector que quiera realmente seguirme deberá
estar dispuesto a remontarse de lo particular a lo general. Sin em-
bargo, me parece oportuno hacer algunas indicaciones referentes
a mis propios estudios de economía política.
Mi especialidad era la jurisprudencia que, no obstante, estudié
como disciplina secundaria, al lado de la filosofía y la historia.
En 1842-1843, siendo redactor de la Gaceta del Rin (Rheinische
Zeitung) me vi por primera vez en la difícil obligación de tener
que opinar sobre los llamados intereses materiales. Los debates
de la Dieta renana sobre la tala furtiva y la parcelación de la
© by EDICIONES ESTUDIO propiedad de la tierra, la polémica oficial mantenida entre el
Hecho el depósito que tija la L e y ' 1 1 . 7 2 3
Impreso en la Argentina - Printed in Argentina
Bnenos Aires, 1 9 7 5
CABLOS MARX
I* R E K A r I o 9
señor von Schaper —por entonces gobernador de la provincia
renana— y la Gaceta del Rin acerca de la situación de los cam- estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se
pesinos del Mosela, y finalmente, los debates sobre el librecambio levanta la superestructura jurídica y política y a la que corres-
y el proteccionismo, fue lo que me movió a ocuparme por primera ponden determinadas formas de la conciencia social. El modo
vez de problemas económicos. Por otra parte, en esa época en , de producción de la vida material condiciona el proceso de la
que el buen deseo de "ir adelante" superaba en mucho el cono- vida social, política e intelectual en general. No es la conciencia
cimiento de la materia, en la Gaceta del Rin se había hecho oír del hombre la que determina su ser, sino, por el contrarío, es su
un eco del socialismo y el comunismo francés, teñido de un tenue ser social el que determina sfi conciencia. Al llegar a una deter-
matiz filosófico. Yo me declaré en contra de ese trabajo de afi- minada fase de desarrollo, las fuerzas productivas matt^riales de
cionados, pero al mismo tiempo, confesaba sinceramente en una la sociedad entran en contradicción con las relaciones de produc-
controversia con la Gaceta General de Au^shurgo (Allgemeine ción existentes, o, lo que no es más <|ue la expresión jurídica de
Augshurger Zeitung), que mis conocimientos de ese entonces no esto, con las relaciones dt propiedad dentro de las cuales se han
me permitían aventurar juicio alguno acerca del contenido mismo desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas
de las tendencias francesas. Más aun, aproveché dihgentemente productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas. Y
' la ilusión de quienes dirigían la Gaceta del Rin, que creían que se abre así una época de revolución social. .Al cambiar la base
suavizando la posición del periódicf) conseguirían que se revocase económica se conmociona, más o menos rápidantente. toda la in-
la sentencia de muerte ya decretada contra él, para dejar la escena mensa superestructura erigida sobre ella, Cuando se estudian
pública y retirarme a mi gabinete de estudio. esas conmociones hay que distinguir sieuipre t^iitre los canjbios
El primer trabajo que emprendí para resolver las dudas que materiales ocurridos en las címdiciones económicas de producción
me asaltaban fue una revisión critica de la Filosofía del derecho, y que pueden apreciarse con la exactitud propia de las (iem ias
de Hegel, trabajo cuya introducción apareció en 1844 en los naturales, y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o
Anales Fmnco-Alemanes (Deutsch-Franzósische Jahrhücher), que en una palabra, las formas ideológicas en (jue los hom-
filosóficas;
se publicaban en París. Mis investigaciones me llevaron a la con- bres adc^uieren conciencia de este conflicto y lu< han por re.sol-
clusión de que tanto las relaciones jurídicas como las formas verlo. Y del mismo modo que no podemos juzgar a un individuo
de Estado, no pueden comprenderse por sí mismas ni por la lla- por lo que él piensa de sí, no podemos juzgar tampoco a estas
mada evolución general del espíritu humano, sino" que, por el épocas de conmoción por su conciencia. Por el contrario, hay que
contrario, tienen sus raíces en las condiciones materiales de vida, explicarse esta conciencia por las contradicciones de la vida ma-
cuyo conjunto resume Hegel, siguiendo el ejemplo de los ingleses terial, por el conflicto existente entre las fuerzas productivas so-
y franceses del siglo xvin, bajo el nombre de "sociedad civil", y ciales y las relaciones de producción. Ninguna formación social
que la anatomía de la sociedad civil hay que buscarla en la eco- desaparece antes que se desarrollen todas las tuerzas productivas
nomía política. En Bruselas, a donde me trasladé en virtud de que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más altas
una orden de destierro dictada por el señor Guizot, proseguí mis relaciones de producción antes de cjue las condiciones materiales
estudios de economía política iniciados en París. El resultado para su existencia hayan madurado en el seno de la propia so-
general a que llegué y que, una vez alcanzado, sirvió de hilo con- ciedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre úni-
ductor en mis estudios, puede formularse brevemente de la si- camente K>s objetivos <jue puede alcanzar, porcjue, mirando me-
guiente manera. En la producción social de su vida, los hombres jor, se encontrará siempre cjue estos objetivos sólo surgen cuando
entran en determinadas relaciones necesarias e independientes de ya existen, o, por lo menos, se están gestando, las condiciones
su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una materiales para su realización. A grandes rasgos, podemos desig-
determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas mate- nar como otras tantas épocas de progreso, en la formación eco-
riales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la nómica de la sociedad, el modo de producción asiático, el antiguo,
el feudal y el moderno burgués, Las relaciones burguesas de
PREFACIO 11
10 CARLOS MARX pieron mis estixiios económicos, que no pude reanudar hasta
producción son la última forma antagónica del proceso social de 1850, en Londres. La numerosa documentación sobre la historia
producción; antagónica, no en el sentido de un antagonismo indi- de la economía política acumulada en el British Museum, la po-
vidual, sino de un antagonismo que proviene de las condiciones sición tan favorable que brinda Londres para la observación de
sociales de vida de los individuos. Pero las fuerzas productivas la sociedad burguesa y, finalmente, la nueva fase de desarrollo
que se desarrollan en el seno de la sociedad burguesa brindan, en que parecía entrar ésta con el descubrimiento del oro en Cali-
al mismo tiempo, las condiciones materiales para la solución de fornia y en Australia, me impulsaron a volver a empezar desde el
este antagonismo. Con esta formación social se cierra, por lo principio, abriéndome paso, de un modo crítico, a través de los
tanto, la prehistoria de la sociedad humana. nuevos materiales. Estos estudios me llevaban, a veces, por sí
Federico Engels, con el que yo mantenía un constante inter- mismos, a campos aparentemente alejados y en los que tenia que
cambio escrito de ideas desde la publicación de su genial bosquejo detenerme más o menos tiempo. Pero lo que sobre todo reducía
sobre la crítica de las categorías económicas (en los Anales el tiempo de que disponía era la necesidad imperiosa de trabajar
Franco-Alemanes), había llegado por distinto camino (véase su para vivir. Mi colaboración desde hace ya ocho años en el pri-
libro La situación de la clase obrera en Inglaterra) al mismo re- mer periódico anglo-americano, el New York Tribune^, me obli-
sultado que yo. Y cuando, en la primavera de 1845, se estableció gaba a desperdigar extraordinariamente mis estudios (ya que sólo
también en Bruselas, acordamos elaborar en común nuestros en casos excepcionales me dedico a escribir para la prensa). Los
puntos de vista para contrastados con los conceptos ideológicos artículos sobre los acontecimientos económicos más salientes de
de la filosofía alemana; en realidad, saldar cuentas con nuestra Inglaterra y el continente formaban una parte tan importante de
conciencia filosófica anterior. El propósito fue realizado bajo la mis colaboraciones, que me vi obligado a familiarizarme con una
forma de una crítica de la filosofía poshegeliana. El manuscríto serie de detalles de carácter práctico situados fuera de la órbita
—dos gruesos volúmenes en octavo— estaba ya hacía mucho de la ciencia propiamente dicha de la economía políticar
tiempo en manos del editor en Westfalia, cuando nos enteramos Este esbozo sobre la trayectoria de mis estudios en el campo
de que nuevas circunstancias imprevistas impedían su publicación. de la economía política tiende simplemente a demostrar que mis
En vista de ello, entregamos muy de buen grado el manuscrito ideas, cualquiera que sea el juicio que merezcan y por mucho que
a la crítica roedora de los ratones, pues nuestro objeto principal, choquen con los prejuicios interesados de las clases dominantes,
esclarecer nuestras propias ideas, estaba ya conseguido. Entre los son el fruto de largos años de concienzuda investigación. Pero en
trabajos dispersos en que por aquel entonces expusimos al públi- la puerta de la ciencia, como en la puerta del infierno, debiera
co nuestras ideas, bajo unos u otros aspectos, sólo citaré el Mani- estamparse esta consigna:
fiesto del Partido Comunista, que redacté en colaboración con Qui si conven lasciare ogni sospetto;
Engels, y un Discurso sobre el librecambio, que publiqué. Los Ogni vüta convien che sia marta.
puntos decisivos de nuestra concepción fueron expuestos por vez
primera científicamente, aunque sólo en forma polémica, en la CARLOS MARX
obra Miseria de la Filosofía, publicada por mí en 1847 y dirigida
contra Proudhon. La publicación de un estudio escrito en ale- Londres, enero de 1859.
mán sobre el Trabajo asalariado, en el que recogía las conferen-
cias explicadas por mí acerca de este tema en la Asociación obre-
ra alemana de Bruselas, fue interrumpida por la revolución de
febrero, que trajo como consecuencia mi alejamiento forzoso de 1 New York DaÜy THbune, diario democrático que se publicó en Nueva
York entre 1841 y 1924. Marx colaboró en él desde 1851 hasta 1862 (N
Bélgica. del E.)
La publicación de la Nueva Gaceta del Rin (Neue Rheinische
Zeitung) (1848-1849), y los acontecimientos posteriores, ínterrum-
que podían ser descifrados y mostraban incluso una ligera v;i
riación respecto de otro borrador y del texto no borrado. Do-,
de los borradores, el primero y el segundo, están muy embro
liados; algunas páginas eran tan caóticas a primera vista que pii
recia imposible desenmarañarlas. Existen numerosas tachadii
ras, dentro de las cuales las palabras no borradas sólo podí;tii
deducirse con considerable dificultad; líneas agregadas que se Karl Marx: Carta al Consejo Editorial
superponían; adiciones caóticamente escritas; material añadi
do posteriormente; repeticiones, con frecuencia palabra por p:i de Otechestvennye Zapiski'
labra, dentro del mismo borrador —toda esa carencia total de-
forma me ha obligado a editar el material bruto, de modo qut
he agrupado las partes con un tema común (allí donde el mis
mo Marx no indica ningún orden). Además, he puesto algunas
partes en notas a pie de página.
A pesar de que los borradores muestran tanta confusión for-
mal, no fue especialmente difícil preparar los textos una ve/
que habían sido descifrados. Pues el esquema de la construc-
ción inacabada es claramente visible y justamente es en el pri- Estimado señor:
mer borrador —el más confuso exteriormente- donde el pen- El autor del artículo "Karl Marx acusado por el señor Zu-
samiento de Marx fue llevado hasta el final. Pasando de una in- kovsky" es obviamente un hombre inteligente y, si en mi des-
terrogación acerca del futuro de la comuna rural rusa (I) a una cripción de la acumulación primitiva hubiera encontrado un
consideración de la supuesta inevitabilidad histórica de su rui- sólo pasaje que fundamentara sus conclusiones, lo hubiera ci-
na (II), el borrador descubre el entorno histórico específico de tado. A falta de ese pasaje, se ve obligado a coger un texto in-
la comuna (III) y su muy complicada crisis actual (IV) para lle- cidental, una especie de polémica con un "intelectual" ruso
gar a la conclusión final: la necesidad de la revolución (V). añadida a la primera edición alemana de El Capital \i re-
Para descifrar el manuscrito de Marx, conté con la ayuda de proche contra ese escritor era que él hab
N. Bujarin en Viena en 1913. Este trabajo fue completado por muna rusa no en Rusia, sino en un libro de Haxthausen, un con-
E. Smirnov y por E. Czóbel'*^. cejal del gobierno prusiano, y que, en sus manos, la comuna
rusa servía meramente como argumento para mostrar que la

' Para conocer el contexto y la controversia concerniente a la fecha exacta


en la que se escribió la carta, véase el artículo de Wada (págs. 79-84). La tra-
ducción la hizo Patrick Camiller del original francés, tal como fue publicado
en K. Marx y F. Engels, Ausgewálte Bñefe, Berlín, 1953, págs. 365-368.
' El artículo fue escrito por N. Mijailovsky. El "intelectual" al que se re-
fiere es A. Hcrzcn; su nombre no se menciona para evitar la interferencia de
(O (Texto en ruso). La traducción reproduce exactamente el orden del ma- la censura rusa. Detalles biográficos en las páginas 221-224. Véase también
nuscrito de Marx. Lo mismo sucede con las frases inacabadas del texto. Wada, op. cit.

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vieja y decadente Europa debía regenerarse por medio de IR do ii un pueblo y deberá padecer todas las vicisitudes del régi-
victoria del paneslavismo. Mi valoración de ese escritor puede men capitalista.
ser correcta o errónea, pero en ningún caso puede aportar lii
clave de mis opiniones sobre los esfuerzos del pueblo ruso por II

encontrar para su patria una vía de desarrollo diferente a hi


que ha seguido y todavía sigue Europa occidental ("russkikh El Capítulo sobre la acumulación primitiva sólo se refiere
lyudei naiti dlya svoego otechestva put'razvitiya, otlichnyi ot toffit, iil camino por el cual, en Europa occidental, el orden econó-
kotorym shla i idet zapadnaya Europa "), etcétera^ mico capitalista surgió del seno del orden económico feudal.
I'or tanto, presenta el movimiento histórico que, separando a
En el postfacio a la segunda edición alemana de El Capital I t t s productores de sus medios de producción, convirtió a los
—que el autor del artículo sobre el señor Zukovsky conoce, primeros en trabajadores asalariados (proletarios en el sentido
porque la cita— hablo del "gran estudioso y crítico ruso" con moderno del término) y a los propietarios de los últimos en ca-
el elevado respeto que merece'. En una serie sobresaliente de pitalistas. En esta historia "hacen época todas las transforma-
artículos, éste se preguntaba si Rusia, como los economistas li- ciones que sirven como palanca para el avance de la clase ca-
berales lo desearían, debe comenzar por destruir la comuna ru- pitalista emergente. Sobre todo, aquéllas que, despojando a
ral para poder pasar al régimen capitalista o bien, por el con- grandes masas de personas de sus medios tradicionales de pro-
trario, puede desarrollar sus propios fundamentos históricos y ducción y de existencia, las arrojan súbitamente al mercado de
así, sin experimentar todas las torturas de ese régimen, apro- trabajo. Pero la base de todo este desarrollo es la expropiación
piarse, sin embargo, de todos sus frutos. Es él mismo el que se de los productores agrícolas. Sólo en Inglaterra, hasta ahora,
pronuncia por la segunda solución'. Y mi respetado crítico de- se ha cumplido el proceso de manera radical..., pero todos los
bería haber tenido, al menos, tanta razón para suponer a partir países de Europa occidental están siguiendo el mismo curso"
de mi respeto por este "gran estudioso y crítico ruso" que yo etcétera. (El Capital, edición francesa, pág. 315). Y al final del
compartía sus puntos de vista sobre el asunto, como para de- capítulo se dice que la tendencia histórica de la producción con-
ducir de mi polémica contra el "intelectual" paneslavista que siste en el hecho de que "genera su propia negación, pues la
yo las rechazaba. inexorabilidad preside las metamorfosis de la naturaleza", que
ella misma ha creado los elementos de un nuevo orden econó-
Por último, como no me gusta dejar "nada para que traba- mico, dando el mayor ímpetu tanto a las fuerzas productivas
jen los adivinos", iré directo al grano. Para llegar a un juicio del trabajo social como al desarrollo versátil de cada productor
fundamentado sobre el desarrollo económico ruso estudié ruso individual; que la propiedad capitalista, que ya descansa real-
y luego, durante muchos años, estudié publicaciones oficiales y mente sobre un modo de producción colectivo, sólo puede
no oficiales relativas al asunto. He llegado a la conclusión de transformarse en propiedad social. No aporto ninguna prueba
que, si Rusia continúa por la vía que ha seguido desde 1861, sobre este punto por la sencilla razón de que esta afirmación
perderá la mejor posibilidad que jamás la historia haya ofreci- solamente resume las extensas exposiciones realizadas previa-
mente en los capítulos sobre la producción capitalista.
^ Citado en ruso por Marx del artículo de Míjailovslíy, con el que polemiza. Pues bien, ¿qué aplicación a Rusia podía hacer mi crítico
* Una referencia a N. Chernyshevski, nuevamente de manera indirecta para de este esbozo? Sólo ésta: si Rusia tiende a convertirse en una
evitar la censura rusa. Para detalles biográficos, véase pág. 220. Véase también nación capitalista como las naciones de Europa occidental —y
Wada, op. cit.
' Véanse los extractos de Chenyshevski en la tercera parte, págs 233-257. en los últimos cinco años ha realizado muchos esfuerzos para

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lograrlo—, no lo conseguirá, a menos que primero transforme
a la mayor parte de sus campesinos en proletarios; luego, una
vez en el terreno del régimen capitalista, deberá soportar sus
leyes despiadadas, igual que los otros pueblos profanos. Eso es
todo. Pero es muy poco para mi crítico. El insiste absolutamcii
te en transformar mi esbozo histórico de la génesis del capiiji
lismo en Europa occidental en una teoría histórico-filosólica Karl Marx y Friedrich Engels:
sobre la evolución general, fatalmente impuesta a todos ton
pueblos, o cualesquiera sean las circunstancias históricas en IÜH Prefacio a la segunda edición rusa del
que ellos mismos se encuentren, para llegar, por fm, a esa for-
mación económica que asegura la mayor expansión de las fuer-
Manifiesto Comunista^
zas productivas del trabajo social, así como el más completo de-
sarrollo del ser humano. Pero le ruego que me perdone. Es ha-
cerme demasiado honor y demasiado descrédito. Tomemos un
ejemplo.
En varios puntos de El Capital hago referencia al destino •jí/ '•X,'
que cayó sobre los plebeyos de la Antigua Roma. Originarin-
mente, eran campesinos libres, cada uno cultivaba su parcela
en su propio provecho. En el transcurso de la historia romana
fueron expropiados. El mismo movimiento que les separó de La primera edición rusa del Manifiesto del Partido Comunis-
sus medios de producción y de subsistencia implicaba la forma- la, traducida por Bakunin, fue publicada a principios de la dé-
ción no sólo de la gran propiedad agraria, sino también de gran- cada de 1860 por el periódico Kolokof, En esa época. Occiden-
des capitales dinerarios. De modo que, un buen día, hubo por te no podía ver en ella nada más que una curiosidad literaria,
una parte hombres libres despojados de todo, excepto de su la edición rusa del Manifiesto. Esta posición hoy sería imposible.
fuerza de trabajo; y, por otra, listos para explotar ese trabajo, La limitada extensión del movimiento proletario en diciem-
los propietarios de toda la riqueza adquirida. ¿Qué sucedió? bre de 1847 se percibe muy claramente en la sección final del
Los proletarios romanos se convirtieron no en trabajadores asa- Manifiesto: "Posición de los comunistas en relación con los di-
lariados, sino en una masa ociosa más abyecta que aquéllos a versos partidos de oposición en los diferentes países". Allí fal-
los que se denominó "blancos pobres" en el sur de los Estados tan precisamente Rusia y los Estados Unidos. Era la época en
Unidos; y lo que se inauguró conjuntamente no fue un modo
capitalista, sino un modo esclavista de producción. De modo ' Escrito a petición de P. Lavrov (véase pág. 222-223). Fue publicado pri-
que acontecimientos de una semejanza extraordinaria, que tie- mero en ruso en el n." S-M de Narodnaya Volya, periódico clandestino de La
nen lugar en diferentes contextos históricos, llevan a resultados Voluntad del Pueblo, con fecha 5 de febrero de 1882. Primera publicación ale-
totalmente diferentes. Estudiando cada uno de esos desarrollos mana en Der Sozialdemokrat, n." 16 (abril de 1882). El texto ha sido traducido
por Patrick Camiller del original alemán, que se encuentra en K. Marx y F. En-
por separado, y luego comparándolos, se puede descubrir fá- gels, Werkt\, 1962, vol. 19, págs. 295-296. Ed. castellana, Obras Escogi-
cilmente la clave del fenómeno. Pero nunca se alcanzará el éxi- das. Ed. Progreso, vol. L pág. 101.
to con la llave maestra de una teoría histórico-filosófica gene- - Kolokol (La campana), publicación de la oposición radical rusa, editada
ral, cuya suprema virtud consiste en ser supra-histórica. en el extranjero, en 1857-1869, por A. Herz^n (véase pág.s 221-222).

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(1) El análisis óeEl Capital, por tanto, no aporta [nada] nin-
guna razón que pudiera ser utilizada en pro o en contra de lii
vitalidad de la comuna rusa.
[Mi opinión personal respecto de la comuna rusa, que he es-
tudiado durante muchos años en las fuentes originales es lu
siguiente.]
[Después de estudiar (durante muchos años) la comuna rusa
en las fuentes originales.] Karl Marx: La respuesta a Zasulich
[Para tener un punto de vista definitivo acerca de los posi-
bles destinos de la comuna rusa, hay que tener algo más que
vagas analogías históricas. Hay que estudiarla.] [Yo la he estu- 8 de marzo de 1881
diado durante muchos.] [He hecho un estudio de la misma.) 41, Maitland Park Road, Londres, N. W.
[Mi opinión personal acerca del posible destino de la comu-
na rusa.]
Los estudios específicos que he hecho sobre la comuna, in-
cluyendo una bijsqueda de material original, me han [llevado a
la conclusión] convencido de que la comuna es el [punto de par-
tida] punto de apoyo para la regeneración social de Rusia [para Querida ciudadana:
la regeneración de la sociedad rusa]. Pero [el primer paso, por Una dolencia nerviosa que me ha afectado periódicamente
supuesto, debe ser colocarla en condiciones...] para que puedn durante los tíltimos diez años me ha impedido contestarle an-
funcionar como tal, las influencias dañinas que la asaltan pot tes su carta del 16 de febrero. Lamento no poder darle un in-
todas partes deben ser primero eliminadas, y luego se le deben forme conciso para su publicación sobre la cuestión que me
garantizar las condiciones para su desarrollo espontáneo. hizo usted el honor de plantearme. Hace algunos meses, ya pro-
metí un texto sobre el mismo tema al Comité de San Peters-
burgo^*. Sin embargo, espero que unas pocas líneas bastarán
para que no le quede a usted duda alguna acerca de la forma
en que mi supuesta teoría ha sido mal interpretada.
Analizando la génesis de la producción capitalista, dije:
"En el corazón del sistema capitalista, se encuentra una
compleja separación del... productor respecto de los medios de
producción... la expropiación del productor agrícola es la
de todo el proceso. Sólo en Inglaterra se ha llevado a cabo de
manera radical... Pero todos los otros países de Europa occiden-
tal están siguiendo el mismo curso. El Capital, edición france-
sa, pág. 315"^'.
Ibid.
Véase nota 7, pág. 138.

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La "inevitabilidad histórica" de esta evolución, por ta
está expresamente limitada a los países de Europa ocádcnlal.
razón de esta restricción se indica en el capítulo XXXII:
propiedad privada basada en el trabajo personal.., es supl.i
da por la propiedad privada capitalista, que descansa en l.i
plotación del trabajo de otros, el trabajo asalariado", (ÜK . i
pág. 340.)^^
En el caso occidental, por tanto, una forma de propiedad pti*
David Ryazanov: El descubrimiento
vada se transformó en otra forma de propiedad privada. En el de los borradores (1924)'
caso de los campesinos rusos, sin embargo, su propiedad comu
nal debería ser transformada en propiedad privada.
El análisis de El Capital, por tanto, no aporta razones ni v\\
pro ni en contra de la vitalidad de la comuna rusa. Sin embaí
go, el estudio especial que he hecho sobre ella, que incluye una
búsqueda de material original, me ha convencido de que la co
muña es el punto de apoyo para la regeneración social de Ru
sia. Pero, para que pueda funcionar como tal, las influencias da
ninas que la asaltan por todos lados deben ser primero elimi-
nadas y luego se le deben garantizar las condiciones normales Ya en 1911, cuando me ocupaba de ordenar los papeles de
para su desarrollo espontáneo. Marx de la colección Lafargue, me encontré con una cantidad
de cartas in-octavo escritas en letra manuscrita muy pequeña.
Tengo el honor, querida ciudadana, de ser su afectísimo y s. s. Estaban llenas de tachaduras y contenían varias inserciones y
addenda, también casi en su mayoría tachadas. Tan pronto
Karl Marx como hube terminado la clasificación inicial, me di cuenta de
que me encontraba ante un borrador, o más bien ante varios
borradores, de la réplica a la carta de Zasulich del 16 de febre-
ro de 1881. Uno de los borradores llevaba la fecha del 8 de mar-
zo de 1881 y era razonable asumir que había sido la base para
la respuesta final.
' Para detalles biográficos respecto de Ryazanov, véase el artículo de San-
ders, " l ^ escena rusa", pág. 225. En la época en la que escribió la introduc-
ción. Ryazanov era director del Instituto Marx-Engels-l^nin de Moscú, es de-
cir, el ex officio portavoz jefe de los estudios marxistas en la URSS.
introducción se publicó más o menos simultáneamente en alemán y en
ruso, respectivamente iWíjrt-A/ígW.v/lrf/i/V. volumen I, Frankfurt, \^lAyArkhiVi
K. Marksa i F. Engel'sa. volumen I. Moscú, 1924. Fue traducida del alemán en!
una versión algo más larga por Patrick Camiller. Cuando el texto ruso añad»
algo o se aparta del alemán, se introduce una nota a pie de página para'
Ibid. indicarlo.

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