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R E S E Ñ A S

Altamirano no es un narrador sentido a su vida. Su final coincide le arrebata al padre, la mujer, la za—, sino por su particular visión y Novela. José Altamirano, además
Tocado por ordinario, por el contrario, dis- con el abandono de la compañía hija y la tierra que habita. La His- de la Historia; y es a partir de esa de pasearnos por los paisajes de la
pone de una riqueza de recursos y el inevitable sabor amargo de la toria lo derrota enviándolo a un particularidad —una deformidad historia colombiana del final del
la historia que facilitan el contrato con el derrota, de la decepción. país extranjero, donde no posee metafísica— que aparecen las pre- siglo XIX y comienzos del XX,
lector. Personaje-narrador muy José Altamirano permanece en más que su historia, aquella que guntas, reflexiones, sensaciones, nos introduce por los particulares
consciente de tener un lector al Panamá y es testigo de los últimos se confunde con la Historia de en la experiencia de lectura de corredores de su juego: consti-
Historia secreta otro lado. Es decir, al otro lado de convulsionados decenios del siglo un país naciente. Un patrimonio Historia secreta de Costaguana. tuirse en el eslabón que anuda
de Costaguana ese día, el 7 de agosto de 1924, XIX en Colombia. Un testigo muy precario que entrega a Joseph Inevitable preguntarse por una historia local con una novela
en que decide escribir la historia silencioso y pasivo; agudo y fino Conrad durante el transcurso qué la Historia ocupa un lugar universal. u
de su vida para revelarnos un observador. No se parece al padre de una noche. Pasan los meses. tan importante en la vida de este
Juan Gabriel Vásquez secreto. Un narrador ágil que se impulsivo que quiere participar en Altamirano lee Nostromo y no se personaje; pocas cosas encontra- Juan José Isaza J.
Alfaguara dirige en ocasiones al lector para la historia con la misma decisión encuentra, ausente en una histo- mos en su trayecto biográfico que
Bogotá, 2007 orientar el relato, como pidiendo de una draga rasgando la tierra, su ria que considera suya. Busca de nos lo expliquen; salvo la primera
296 p. disculpas o permiso (también acción responde a las inquietudes nuevo a Conrad para reclamarle; acción que le conocemos: buscar el Sobre rojos
los frecuentes paréntesis en que esenciales, concretas y cotidianas, no es el reclamo vulgar de copia o padre. Sigue su rastro y termina
parece susurrarle al oído). Es un de cualquier ciudadano; buscar al plagio, sino el de no hallarse en el en Panamá. Establecido allí, al y miedos
fino observador que no se pierde
en detalles, ni en fanatismos. Él
padre, enamorarse de una mujer,
ser padre de una niña. Sin em-
único lugar donde creía existir. lado de su padre, lleva una vida escondidos
Las novelas de Joseph Conrad discreta, casi marginal, que no
mismo reconoce tener un olfato bargo, sobre la simplicidad de su elaboran una observación lúcida y permite vislumbrar ese enorme
refinado para anticipar el curso rutina y de sus pretensiones planea perspicaz de la cultura occidental y sentido de propiedad de la His- Rojo como tu pelo
de los acontecimientos, como si al Ángel de la Historia, como él no desde un punto de vista situado toria que lo lleva a redactar esa
conociera la Historia. Personaje mismo le nombra. Los trabajos en el centro cultural, Europa, sino Historia secreta… Por el contrario,
novelesco que explora caminos no para la construcción del canal por desde la periferia, el trópico. El es su padre quien nos ofrece la Lucía Victoria Torres
tocados por la Historia y la Novela. los franceses, las guerras civiles trópico en todos los continentes: imagen de una acción consecuente Alcaldía de Medellín. Secretaría
La exploración se desarrolla en la entre liberales y conservadores, África, El corazón de las tinieblas; con la época. La encarnación del de Cultura Ciudadana
forma más propicia, la Novela, y la restauración conservadora de Asia, Lord Jim, y Victoria... Nostro- romántico que confía ciegamente Medellín, 2008
Altamirano no desaprovecha la Nuñez y Caro, la Guerra de los mil mo en América. Un colombiano, en su acción para modificar la His- 464 p.
oportunidad. días, la declaración de indepen- durante la experiencia de lectura toria y someter a las fuerzas de la
Comienza su narración muchos dencia de Panamá, la intervención de Nostromo, es muy probable naturaleza; en el hijo la acción se
años antes de su nacimiento. Nos norteamericana. Capítulos que la que se asombre al encontrar su limita a conformar un hogar. Dos
presenta su padre en Bogotá du- Historia registra en abstracto, pero país en el XIX, en la imaginaria mujeres constituyen el universo

J
rante los primeros decenios de la que bajo la magia de la Novela, se Costaguana de Conrad. Es muy que da sentido a su existencia:
osé Altamirano es el prota-
naciente República de Colombia, concretan en la vida de este perso- probable, también, que ese lector una francesa, marginal como un
gonista de la novela titula-
inmersa ya en las sectarias luchas naje, modificándola sin remedio. intente encontrar lazos que unan fantasma, y una hija que se supone
da Historia secreta de Costaguana.
internas. Altamirano padre, en Altamirano es el campo de batalla las aventuras de su protagonista, destinataria de la narración.
Además de protagonista es el
ese confuso ambiente de pasiones entre la Historia (el Ángel de la Gianbatista, con anécdotas ve- La Historia en Altamirano
narrador, y la materia de su na-
vacías, resulta vinculado a un ho- Historia), y la sencilla vida de un rídicas de su historia nacional. aparece en la medida en que
rración es el curso de su propia
micidio y debe huir. Desciende la padre de familia. La batalla la gana Nada encontrará: las pistas están desaparecen los elementos de
vida. No es cualquier narrador,
cordillera hasta el río Magdalena ese ángel y Altamirano parte a bien cubiertas; sin embargo, el su universo: padre, mujer, hija.
ni su vida cualquier anécdota. El
y sigue su curso hasta la desem- Londres con lo único que le queda: ambiente, humano y geográfico, La Historia aparece en Londres
trayecto de su existencia resulta
bocadura. Recorre el camino del su propia historia. le resultará cada vez más conocido por sustracción de materia, como
inseparable de un capítulo de la
destierro durante el siglo XIX. Este personaje novelesco, pue- y familiar. Altamirano es un lector consecuencia de la pérdida. Y ella
historia colombiana: la separación
En el Magdalena engendra al de viajar en el pasado y escudriñar excepcional, el único que puede —Historia— se vuelve más consis-
de Panamá. Y ese relato de su vida
protagonista-narrador. El destino las astucias de la Historia, tradu- reclamarle a Conrad haberlo ex- tente, como un objeto físico de su Del rojo

S
se cruza con la de Joseph Conrad.
del padre, Miguel, es Panamá, al cidas en situaciones concretas y cluido de Nostromo. propiedad, desde entonces ya te- obre el color rojo se han
La novela comienza a escribirse el
igual que para José, su hijo, el pro- cotidianas. Personaje dotado de Excepcional porque está to- nemos en Altamirano un persona- escrito muchas defini-
día de la muerte de Joseph Con-
tagonista-narrador, quien llegará un olfato muy agudo para detec- cado por la Historia. Altamirano je desmesurado y muy particular, ciones: es el color de la
rad, y la razón de su presencia va
allí años después, precisamente tar la presencia de la Historia en es tan desconcertante y patético tocado por ésta. Su caso se torna violencia, el de la alerta, el del ero-
apareciendo esporádicamente a lo
en busca de su padre. Miguel los hechos concretos de la rutina. como lo puede ser un personaje patético al encontrar su historia en tismo, el de las comidas rápidas, el
largo de la novela, como un tema
Altamirano es un afiebrado par- Además, intuye sus intenciones. ruso, aunque no por su perfil la novela de otro. Ni siquiera era de los celtas, el de los liberales y los
musical, hasta concluir con una
tidario del progreso y hace de la Le huye, le teme, sabe que castiga sicológico, ni por su manera de suyo lo único que creía poseer. comunistas (siempre manifiesto) y
entrevista en la que el protago-
construcción del canal de Panamá, a los indiferentes. Pero en vano relacionarse con los demás —por Historia secreta de Costaguana es el de los fascistas, que se muestra
nista-narrador pone en juego el
por los franceses, el hecho que da huye, la Historia lo encuentra y el contrario, nos inspira confian- un exquisito juego entre Historia en segundo plano. También es el
sentido de su relato.

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color de los bombones preferidos Pero toda esta apología del rojo o fueron tiradas a una caneca de gonistas, de Nueva York. Sólo en na), sino que se vale de ellos para pelo, va con ella, pero el pelo está
por los niños. Lo que sí resulta no se cumple en la novela de Lucía basura, o quedaron en poder de una ciudad donde el anónimo es crear las atmósferas que requiere cubierto por otro color. Diría que
claro es que es un color llamativo, Victoria Torres. En la historia que alguna aseadora de aviones que permanente, el rojo abandonado la situación. La autora sabe de el pelo va en la maleta, que se cría
en tanto que simboliza el fuego, cuenta la escritora, el rojo es un las guarda, ya para leerlas, ya puede seguirnos a cualquier parte. cine, imagen y palabras. Y una en cada objeto, que permanece
la transformación y la vida que dolor, un problema, algo que debe como objeto para traerle suerte, ya Hay demasiados avisos, cantidades buena novela debe ser como una ahí como un niño sentado en una
persiste en serlo. Desde el rojo, el ser borrado, que brota salvaje de para anotar detrás de las páginas enormes de alucinados, aludes de buena película, de ésas que supe- banca de salón de clase, mirando
mundo está en movimiento, tras- la cabeza de la protagonista a la teléfonos o hacer listas de merca- información, agendas de prensa ran la acción para darle pie a la contra la pared, castigado por no
formándose, insinuándose para el par que le cubre la piel de pecas, do. Existen demasiados usos para en permanente mutación, evolu- reflexión. De ésas en las que el hacer bien su trabajo. O sea que
encuentro. Es sangre y vitalidad haciendo ella todo lo posible para una libreta abandonada. De todas ción acelerada, gente que hace dos espectador termina rascándose la el pelo rojo existe y valen de poco
(esto lo entendió muy bien Rita que esto no suceda (lo que genera maneras, la libreta está perdida y turnos, demasiado ruido. ¿Qué cabeza porque ha visto otra visión las negaciones. Es una verdad.
Hayworth). Y al tiempo, infierno. una mezcla de esperanza y frus- esto obliga a la protagonista de la puede importar el rojo del pelo de del mundo, sea porque se haya Hay una enorme metáfora en la
No sé qué se piense de esto en el tración). El Rojo como tu pelo, es novela a recurrir a una memoria la protagonista? ¿Puede notarse el ensimismado o porque haya per- historia. ¿Somos capaces de cubrir
mundo de las salsas de tomate y también el rojo de una explosión, que no se aclara, que se le mezcla rojo tropical que carga en su ma- dido algo de sí en ese otro lado de lo que sufrimos, los muertos que
del ketchup. El hecho, es que el de unas sirenas de ambulancia, de con la niñez, con lo presente, con leta y apuntes en medio del rojo la realidad. Las novelas son para tenemos, los daños que nos hace-
color rojo saca del anonimato a un vino que se bebe en Nueva York su oficio de periodista y escritora. intenso de las marcas y los empa- eso, para perder siempre algo, mos? ¿Podemos escapar de aquello
cualquier otro color cercano, o se en el apartamento de un músico. Es Pero no es sólo un juego de me- ques, del sonido de máquinas y el para hacer estallar la burbuja en la que nos construye y limita? ¿Basta
apropia del espacio cuando está un rojo de aviso de Stop al que no moria sino también una serie de confinamiento intensivo de miles que vivimos. También lo son para decir no para que la evidencia
vacío. se le hace caso o que titila y se hace presencias imposibles de evadir. de seres? Pero el hecho de que ese reafirmar conceptos, para asus- desaparezca? ¿Basta decir sí para
Decía Toulouse Lautrec que débil entre la bruma. Ya sabemos La homosexualidad vergonzante rojo de los personajes no sea evi- tarse, para nombrar y enfrentarse que el mundo sea otro? Recuerdo
una imagen se define por un gol- que Nueva York es un puerto del del hermano, el deshonor del pa- dente —porque siempre trata de a lo nombrado. Ya lo decía Filón ese texto de Friedrich Nietzsche,
pe de color intenso que cubra la hemisferio boreal y allí el smog es dre, la tragedia de la madre que esconderse—, no quiere decir que de Alejandría: si hay palabras, Humano, demasiado humano, donde
diagonal del espacio que ocupa. propio de cada día. O sea que todo no admite ese hecho en su hijo. no esté allí de manera permanen- hay cosas. Y en la novela de Lucía aquello que nos atormenta es lo
Y esto resulta claro en los cuadros aparece y desaparece sin moverse Y como decorado: Nueva York, te, comiendo tiempo, como en el Victoria hay muchas palabras exac- que deseamos y no llega. El deseo
de Rafael, en la Virgen del prado, de su sitio, lo que lleva a que nada Medellín, el trabajo periodístico, “Dasein” de Heidegger, viviendo tas (es decir, cosas exactas), que es una idea falsa, una deformación
y en Caravaggio, cuando pinta a se olvida. Por esto en la novela de la finca de la niñez, los vacíos y lo el mundo. El rojo de la novela (de fluyen a través del diálogo, que de la realidad, algo que siempre
San Mateo inspirado por el ángel, Lucía Victoria los sucesos se dan de que no se recuerda bien porque lo que sucede en ella) está ahí, se mezclan de una voz a otra voz, frustra.
por ejemplo. Así que ese golpe de manera inevitable, con mordiscos no se quiere recordar, pero que chuza, va de un lado a otro como que llevan a incoherencias, a re-
rojo, presente también en las bocas ligeros, recuerdos de sustos, notas aparece cuando el smog se diluye, lo hacen la pelotitas de ese cuento acciones, a silencios, a momentos De nuevo lo rojo
de los budas rientes de Birmania, sobre un periodismo delirante. Hay propiciando esas presencias de de Franz Kafka llamado “Blumfeld buenos, a preguntas. Hablar sin Siempre me extrañó que en los
es un incitante a que lo visto se rojo, pero se requiere borrarlo. Y las que habla Fernando González un solterón”. Y no hay forma de necesidad de ser narrados o vistos cuadros de Adán y Eva, al menos en
torne otra cosa. Quizás en el mo- ese rojo no se borra, está ahí na- cuado ejercemos el encuentro. que no esté ahí —o al menos esté como bacterias a través de un mi- la mayoría, esté siempre presente
vimiento primigenio que, según ciendo, tratando de no ser teñido En el mundo nada está presente olvidado—: las palabras de los croscopio (para nuestros tiempos, una manzana roja. Si tenemos en
los presocráticos, creaba el mundo por otro color. Es un rojo escondi- hasta que no nos encontramos con personajes lo delatan. No gusta el electrónico), esto es lo que hacen cuenta que el Paraíso estaba en
y escondía el nombre real de lo do, igual que los gatos del puerto, el objeto o el sujeto que propicia rojo, molesta el corazón y muerde los personajes de Rojo como tu pelo. Mesopotamia (entre el Tigris y
existente convirtiéndolo en meras esos que Guy Talese nombró para la presencia. Y en la presencia, la las entrañas, pero el rojo aparece y Y hablan pronunciando bien, di- el Eúfrates), como lo insinúa el
apariencias. Parménides fue muy encontrar en ellos la vitalidad social vida vuelve y se recupera en toda es tan inevitable como los días y las ciendo bien la palabra para que la texto bíblico, resulta imposible
claro en este asunto y persistió en de la ciudad. Vitalidad que no nace la magnitud de sus circunstancias: noches, como los pasos al caminar, cosa nombrada sea la que es y no que allí existieran manzanas. El
él, así a Platón no le gustara. de instituciones sino de personas, historia, moral, intenciones guar- como la imagen en el espejo de haya ninguna deformación de la clima, el tipo de terreno, lo impi-
Orhan Pamuk (premio Nóbel de conflictos emocionales, de am- dadas, contenidos de esa maleta ese alguien que se refleja y que realidad a la que se asiste. den. Quizás deberían reemplazar
2006), en su libro Me llamo Rojo, bientes con música propia. que se llama yo, en la que hay no importa que sea un vampiro, Andreas Simmen, mi editor la manzana por una granada, de
habla de los espacios vitales del muchos elementos de control pero porque su esencia es no verse en en Suiza, me ha dicho siempre: hecho más simbólica y deliciosa.
arte islámico (arte lleno de prohi- La novela también otros que ya no respon- el espejo pero sí saber que está cuénteme algo que yo no sepa. Pero ya la iconografía está creada
biciones, cegueras y anonimatos) Rojo como tu pelo es un entra- den y se están quebrando. delante de él. Bueno, algo así me ha ocurrido y la manzana hace parte de la
desde lo rojo. La granada abierta mado de historias que juegan Hay mucho de rojo en esta El mundo es una conversación. con esta novela: he sabido de mu- tradición. Y esa tradición define
y jugosa, el rubí que todo lo cura en el tiempo y hacen de este un novela, pero de un rojo que debe Y de las palabras que nacen de este chas cosas que no sabía. Y las he que el rojo tiene que ver con el
(según los médicos de Carlos V), espacio con una atmósfera propia, cubrirse, que no debe ser evidente, rito, primitivo y necesario siempre, sabido a través de una escritura pecado. Bueno, la novela de Lucía
el vino de las Rubayatas de Omar propiciando lo que Peter Sloterdijk que está ahí y hay que sentarse nace un mundo. Las palabras lo sin pretensiones, limpia, lejana de Victoria Torres tiene que ver con
Jayam, los soles rojos de invierno, llama una burbuja, único espacio encima de él o dejarlo tirado en crean, lo definen, lo niegan. Y juegos verbales y adjetivaciones va- muchos pecados. Y el pecado se
la boca roja de la enamorada, la posible para ser narrado en tanto alguna esquina, donde no llame ya se sabe, negar algo es deter- nas. Lucía Victoria ha contado una define como aquello que va contra
sangre del muerto apuñalado, que no es solamente visto sino la atención, pero que sigue pre- minar que existe. Lucía Victoria historia que se ve como a través la naturaleza, contra lo que somos
etc. Es un rojo con visos dorados, necesariamente vivido. Algunas sente porque es como la sombra Torres Gómez sabe de diálogos. de un prisma multicolor, donde y escondemos, contra lo que hace-
como el de los cristos andaluces. de estas historias están perdidas que nos sigue: sólo desaparece si Y no sólo los escribe dotándolos diversas situaciones y tiempos mos tratando de que sea visto de
O el de la manzana inexistente del en una libreta de notas dejada por desaparecemos nosotros. En este de la dramaturgia necesaria para configuran un solo hecho: hay un otra manera.
Paraíso, pero no por ello menos olvido en el interior de un avión; sentido la escritora se apropia que el texto cobre vida (algo muy color rojo que molesta. El mundo El rojo está ahí, es el color de la
seductora. lo que llevaría a pensar que vuelan muy bien de ella, de los prota- escaso en la novelística colombia- de la protagonista es rojo como su tierra, es lo que propició el nom-

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bre de Adán (que viene de adamá, Novela del ministerio de cultura por supuesto, una de ellas es de crítico francés. Y emprende un desaparecido aquel joven poeta, La tercera carta es de Verlaine.
tierra roja) y de ahí el encuentro en 1998 demostró que su interés Rimbaud, la más corta y la más descarnado ataque contra la obra rebelde y extravagante que creyó La envía al doctor Nikos Sotiros,
con la vida (con Hava). El rojo es por la historia se dirigía a la re- poética. En Colombia, las novelas y vida de Rimbaud, justificando su develar los misterios de la vida con en Abisinia, tres meses después
el puente entre el paraíso perdi- flexión y la creación. La novela epistolares son pocas, y su número talento y sus logros por el consumo sus versos. Se burla del que fue y de la muerte de Rimbaud, el 12
do y la tierra donde los asuntos cuenta dos historias atravesadas se reduce aún más cuando consi- de la “absenta”; una sustancia que desprecia al que es. De su vida en de febrero de 1892. Verlaine pasa
emocionales se paren con dolor, por un mismo destino trágico: el deramos sus aciertos. El enfermo de altera la conciencia y produce alu- Abisinia, adversa y gratificante, por uno de sus peores momen-
con miedo, con esas soledumbres a secuestro y la muerte. Los prota- Abisinia hace parte de este peque- cinaciones cenestésicas. Lo llama le ha quedado el aprendizaje del tos. Se encuentra en la extrema
las que les cantaba Manuel Mejía gonistas son un profesor univer- ño grupo junto con Cartas cruzadas, pervertido, aberrado, y loco; y lo Corán, el único libro que leyó. pobreza, abandonado y enfermo.
Vallejo. Y que aparecen de nuevo sitario y Ludwig Wittgeinstein, de Darío Jaramillo Agudelo, y juzga un imitador del “caricatu- “Primero para practicar el árabe. Él mismo es un perfecto cuadro
en Rojo como tu pelo, en las pala- viviendo en tiempos y espacios Tamerlán, de Enrique Serrano, por resco” Baudelaire, que publicó un Luego por curiosidad. Después de la decadencia humana, pusi-
bras, en la novela que se escribe diferentes. Además del tema y de mencionar dos obras. “librito decoroso” titulado Las flo- por interés comercial”. Pero que, lánime y degradada. Está calvo,
bien porque es parte de la vida, la estructura narrativa (construida Asimismo, El enfermo de Abisinia res del mal. Para Lepelletier, Arthur al final, apaciguó sus búsquedas arrugado, pálido, ojeroso y para-
que resulta tan inevitable como por fragmentos de monólogos), se ubica dentro de la actual novela Rimabud representa todo aquello por lo sagrado, por aquello que lizado de la pierna izquierda por
la muerte. Como el miedo y el otro de los méritos de Pensamientos histórica colombiana, especial- que no deben ser la cultura y la se refleja más allá del cuerpo y un agudo dolor en su rodilla. La
desasosiego, ese sentir la vida en de guerra es la recreación histórica mente en aquella tendencia que literatura francesas. Dice que Ilu- que no puede explicarse con las memoria de Arthur, enigmática e
estado de lentitud. u y literaria del filósofo austriaco, explora temas aparentemente le- minaciones no es el nuevo camino palabras de los hombres. En sus indefinible, lo carcome como una
justo en la concepción y escritura janos de nuestra realidad —como de la poesía, ya que abandona las últimos meses en Marsella, sólo terrible condena que no termina
José Guillermo Ánjel R. de su Tractatus logico-philosophicus la cultura antigua clásica y mo- formas clásicas del alejandrino y la música lo regresa a su anhelado de cumplir: “La totalidad de su ser
mientras luchaba en la Primera derna—, pero que, en realidad, de otros ritmos, para convertirse desierto. Interpreta melodías en penetró en mi existencia y a partir
Guerra Mundial. El joven Witt- se encuentran tan cercanos como en una prosa “alucinada”, de un su arpa abisinia, la misma que lo de allí mi cabeza, mis manos, mi
geinstein de veinticinco años es cualquier otro —la violencia del lenguaje ininteligible, “que nada acompañó durante diez años. Las corazón, mi cuerpo entero, sólo
La tierra dibujado en su dimensión más narcotráfico, por ejemplo—, pues tiene que ver con la realidad del palabras finales de su carta son: fueron para él”.
humana, aquella que comprende abordan preocupaciones humanas, mundo de los hombres”. Las palabras de Verlaine son
del exilio los miedos, las frustraciones y los que abarcan los ámbitos políticos, Orlando Mejía Rivera, a través No importa nada. Nunca importó las de un derrotado que agota sus
amores. Sus monólogos son las di- sociales y artísticos. Tales son los de Lepelletier, recrea un pano- nada. Sin embargo, mi viejo mos- últimas fuerzas en la última bata-
quetero, mi amigo Ernest, quizá
vagaciones de una mente en la que casos de Los papeles de la Academia rama breve y consistente de este lla. Y ese mismo es el tono de su
El enfermo de Abisinia confluyen los más atroces dilemas utópica, de Pedro Gómez Valde- tipo de críticos decimonónicos,
estoy más cerca de comprender y
carta: patético, desesperanzado,
de comprobar esa sentencia del ex-
de la existencia. rrama, La muerte del estratega, de reaccionarios, moralistas y conser- despojado. Su vida es la historia de
traño libro de los musulmanes: et-
Orlando Mejía Rivera Pues bien, Mejía Rivera aborda Álvaro Mutis, Lejos de Roma, de Pa- vadores, que se oponían con fiere- una tragedia, en la que todo resultó
turuqu ila Llahi Kanufosi bani Adam.
Bruguera otro personaje histórico funda- blo Montoya, Los mártires, de Juan za a cualquier cambio en temas y Te lo traduzco: “las vías hacia Dios
invertido, aunque sus actos fueran
Barcelona, 2007 mental para la literatura, Arthur Esteban Constaín, entre otros. estructuras, pues todo aquello que son tan numerosas como las almas un gesto de excesiva generosidad
120 p. Rimbaud, en su última novela, La primera carta es la de Ed- se mostraba diferente y en contra de los hombres”. Anocheció. No y de apasionado amor. El esbelto y
El enfermo de Abisinia, publicada mond Lepelletier. Es una crítica de las estéticas clásicas debía de ser tengo tiempo de decir más por genial Arthur fue su desgracia, a la
en 2007. Pero no se trata en este literaria publicada en L’écho de despreciado. Sin duda, el espíritu hoy. El dolor se hace insoportable. que se entregó en cuerpo y alma,
caso del joven que escandalizó a la Paris: Littéraire & Politique, el 20 que lucha por salir a la luz, y para Sólo de una cosa estoy seguro: no con veneración e idolatría, y que
sociedad parisiense y que cambió de diciembre de 1891, y dirigida el cual se dirigen estos ataques, es habrá vejez. partió su existencia en un antes
las formas de la poesía, sino del al supuesto público parisiense de el de la libertad del arte. y después de su llegada. Verlaine
adulto demacrado que regresó de entonces, un mes después de la La segunda carta es la de Esta carta es la más bella. Su escribe a Nikos Sotiro, el médico
África para morir de una terrible muerte de Rimbaud. Lepelletier es Rimbaud. Está dirigida a Ernest lenguaje es sencillo y, por eso de Rimbaud, intentando alcanzar
enfermedad. Esta novela, como la el reflejo de cierta conciencia de la Delahaye, cuatro meses antes de mismo, de una gran hondura. una posible redención. En la car-
anterior, es una apuesta por la exac- época, intransigente e intolerante, su muerte el 10 de noviembre de Aquí, Orlando Mejía Rivera ha ta, le pregunta si él mismo fue el
ta disposición de las palabras, por que rechazaba al poeta, desde sus 1891. El poeta tiene 37 años y su logrado, sin duda alguna, encon- culpable de la muerte de su joven
la precisión y la concisión. Ambas excentricidades juveniles hasta sus voz es un eco lejano que alberga trar el tono que más se acerca a la amado al contagiarlo de sífilis,
son breves en extensión, pero pro- renovadores versos. Este supues- lamentos y miserias. Su pierna humanidad de Arthur Rimbaud pues se rumora que de tal enferme-
fundas y sugerentes en su lenguaje to crítico literario se ampara en derecha ya le fue amputada, pero en sus postreros días, en los que dad murió. Le pregunta también si
y personajes. Tal brevedad, para el Saint-Beuve, quien promulgaba los dolores continúan. Entre la sufre y calla, pues ya nada tiene Rimbaud alguna vez pronunció su
caso de Orlando Mejía Rivera, se que la obra de un autor no basta inmovilidad y el aburrimiento re- sentido. La imagen que nos ofrece nombre, aunque fuera para malde-
convierte en un principio estético para el análisis literario, sino que curre al pasado, intentando hallar el novelista es distinta y singular, cirlo, pues el desprecio también es
que pretende expresarse también era necesario penetrar en la vida un consuelo así sea efímero. Pero precisamente porque es la suya, “algo vivo”. La belleza de esta carta
con aquello que se calla o que se para establecer la mayor cantidad resulta una tarea casi imposible construida a partir de una rigurosa se encuentra, justamente, en la
Recuerda que el infierno, el verdade- documentación y, así mismo, de
insinúa en pocas palabras. de relaciones posibles, tratando de para un hombre que renunció manera en que logra ser un reflejo
ro infierno, está construido con palabras. una imaginación sensible, intuitiva
El enfermo de Abisinia se estruc- explicar cada una de las palabras, a lo que amó y necesitó, y que de la vida triste y miserable de un
y perspicaz. Esta carta no es la más
C uando Orlando Mejía Ri- tura a partir de cuatro cartas y un su origen y su sentido. llevó su existencia al límite de hombre que llevó su amor hasta los
epílogo. No obstante, cada carta Lepelletier tergiversa y malin- la destrucción. Nada le importa. decisiva, pero sí es el corazón de últimos límites que humanamente
vera ganó, con Pensamien-
pertenece a un personaje distinto; terpreta el principio estético del Todo lo rechaza. De su interior ha la novela. pueden soportarse.
tos de guerra, el Premio Nacional de

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La cuarta carta es de Nikos delirios antes de su muerte. Esta tienen los colores de las injusti- las misivas de Gonzalo Arango se Uriel Ospina, Hernando Escobar el sexo, en ocasiones, de la política,
Sotiros. En ella le responde a hipótesis médica, ingeniosa y atre- cias”. En Abisinia, el gran poeta refieren con cierta frecuencia a las Toro, Manuel Mejía Vallejo y Luis en otros, intentos de donde regre-
Verlaine algunas de sus inquietu- vida, se presenta como uno de los francés halló compañía: aquellos que le dirigía Aguirre, a las opi- Martel. A este grupo y sus tertulias saba vacío, triste y arrepentido a
des respecto a Rimbaud: sobre la grandes aportes del novelista a la que, como él, huían del mundo y niones y consejos que éste le daba se le deben cosas claves, tanto en quejarse de su caída, momento
supuesta sífilis y las “verdaderas bibliografía literaria, histórica y de sí mismos. Allí, dejó de ser el en las suyas y que el fundador del obra individual como en presen- en el que se refugiaba de nuevo
causas” de su muerte. Nikos fue científica alrededor de la obra del que era para convertirse en Abduh nadaísmo da muestras constantes cia editorial, periodística y vida en la esfera del pensamiento,
uno de los pocos amigos que tuvo poeta francés. La voz de Sotiros Rimbo, el “siervo de Alá”, como lo de valorar mucho. cultural de la ciudad, en general; entregándose a un trabajo de in-
el poeta en África, y que lo acom- es la creación más personal del llamaban los nativos y sus amigos. La casi totalidad de las cartas, cosa que el prólogo no se propone trospección minucioso, para el que
pañó en su decaimiento hasta su autor, quien también es médico. Un hombre que había venido al también las más extensas y de agotar porque no es su asunto, estaba muy dotado por inclinación
regreso a Francia. Por eso, ante Las palabras de este personaje son mundo “como la exhalación de un mayor interés, fueron escritas en pero que deja traslucir en las personal o que la misma escritura
las calumnias que circulan por los las suyas. El médico griego de Abi- cometa proveniente de una estrella Cali; unas cuantas notas, más que anécdotas, donde si bien el centro le fue afinando. Como es apenas
círculos parisienses, él se presenta sinia es su genuina extensión lite- desconocida y misteriosa”. u cartas, lo fueron aquí en Mede- es Gonzalo Arango —los gestos y normal en una correspondencia
como el mayor detractor de aque- raria. La posición de Sotiros hacia llín, cuando los dos iniciaban una episodios que muestran la perso- entre amigos, uno de los cuales se
lla falsa imagen de un Rimbaud Rimbaud, así como su novedosa Juan Felipe Restrepo David camaradería destinada a durar nalidad que lo diferenciaría, esas mantenía en estado perpetuo de
traficante de armas y esclavos. propuesta, son el resultado de una poco más de diez años y compar- raíces de su carisma: su ternura, insubsistencia económica (¿será
Asimismo quiere que el mundo mirada inteligente y arriesgada. tían lecturas, amistades, noches sus gestos solidarios, su amor por necesario decir que este papel
conozca, a través de la carta que le Sin embargo, existe un detalle Cartas a Aguirre y trabajos extraños —o que ellos la literatura, su conciencia social, le correspondencia a Gonzalo
envía a Verlaine, al hombre genial que parece más un cabo suelto hacían extraños— como la oficina su mordacidad e irreverencia, su Arango?), el pensamiento puro,
que fue su amigo, hábil y diestro y que resulta inverosímil en la (1953 – 1965) de la Agencia France Presse, y las sesgo volteriano, así como una la angustia metafísica, se ven mo-
para el aprendizaje de las lenguas estructura de la novela: la explí- finales, dos o tres, en Bogotá, don- demanda casi constante de apoyo mentáneamente desplazados por
y de los dialectos, que llegó a ser cita homofobia e intolerancia de de ya Gonzalo Arango disponía de moral, intelectual y monetario—, el reclamo, con acoso de verdadera
un respetado arabista y que “sabía Sotiros. Sobre todo si se tiene en Gonzalo Arango modestas pero regulares entradas burbujea en la superficie de la angustia, de unos pesos impres-
interpretar de manera precisa y cuenta que él fue educado en la Fondo Editorial Universidad EAFIT económicas proporcionadas por página la agitación bohemia e cindibles para pagar un arriendo
con brevedad los distintos suras gran tradición humanística y cien- Medellín, 2006 sus columnas en revistas y perió- intelectual de una generación, o para comer, embrollo en el que
del Corán”. No obstante, Sotiros tífica griega, como hijo espiritual 270 p. dicos, y no padecía entonces esa por lo que vale como documento Aguirre era solicitado no tanto en
se llama a sí mismo el verdugo de de Hipócrates y Aristóteles. De allí pobreza y provisionalidad de pesos de época. calidad de prestamista (aunque
su cuerpo, así como le reprocha a que resulten desconcertantes sus escasos, que es uno de sus cantos Pero lo principal es la pre- también esto debió suceder) sino
Verlaine haber sido el verdugo de juicios acerca de Verlaine: “roñoso más regulares cuando escribía sencia de Gonzalo Arango: sus de cobrador de pagos que por
su alma. Pues aunque fue su médi- pederasta de cabeza deforme”, desde Cali. Pero nos hemos ade- cartas muestran con abundante y concepto de artículos y conferen-
co, no pudo curarlo por más que depravado y cobarde. Asimismo, lantado. Al libro lo abre un pró- detallado material autobiográfico cias se le adeudaban en Medellín
lo intentó. La “verdadera enferme- denigra del pasado juvenil de logo muy interesante de Alberto lo que hacía y no hacía, y lo que al próximo fundador del nadaís-
dad” de Rimbaud la tuvo enfrente Rimbaud, aberrante y desviado, Aguirre sobre los comienzos de su pensaba sobre las dos cosas, ligada mo. La presencia de estas afugias
de él pero fue incapaz de verla. Por y celebra cierta conversión del amistad con Gonzalo en el Mede- esta reflexión constante a preocu- económicas, como suele decirse
eso, tras su muerte, sólo le quedó poeta en “verdadero hombre y ca- llín de comienzos de los años 50, paciones de índole universal sobre en casos semejantes, contribuye
el remordimiento, la rabia y la ballero” de conducta “intachable”, cuando el futuro nadaísta era un problemáticas generales de la con- a humanizar al autor, a hacer de
frustración de no haber salvado a que renunció incluso a acostarse muchacho que hacía poco había dición humana, vistas o padecidas él un hombre y no una entelequia
un hombre al que juzga como el con hombres y con prostitutas en abandonado, por el sueño de ser desde la dialéctica de los opuestos hablante o un superficial diletante
más genial, visionario, luminoso: Abisinia. escritor, sus estudios de derecho en que parecían turnarse para llevarlo satisfecho. Pero hay que decir que,
una “criatura portentosa”. El enfermo de Abisinia es una la Universidad de Antioquia y su a actitudes radicales y extremistas: con independencia de la estrechez
Respecto a la “verdadera en- novela sobre la muerte y el exilio, puesto en la biblioteca de la misma sensualidad-vida de pensamien- económica, dudas e interrogantes
fermedad”, Sotiros le plantea a del despojamiento del espíritu, del universidad, en cuya revista venía to, bohemia-escritura, mujeres y tienen en esas cartas el cariz de
Verlaine que su amigo no murió de
sífilis como se hizo creer. Lo que lo
abandono del cuerpo, de la lejanía
y la soledad. Sus tres personajes
L a colección “Rescates”
del Fondo Editorial Uni-
versidad EAFIT recoge en este
publicando reseñas de libros. La
red de amistades, aspiraciones y
amigos-soledad, creación artística
individual-solidaridad social a
angustias verdaderas, vitales, que
comprometen la existencia pre-
llevó a la tumba fue el “plumbis- principales: Rimbaud, Verlaine y gustos comunes, necesariamente través de la actividad política. sente y futura. En el fondo de ese
volumen de doscientas setenta
mo” o “saturnismo” —intoxicación Sotiros, viven hasta el límite de la lleva al prólogo más allá de la Esta reunión de cartas muestra a pensamiento oscilante subyacía
páginas las cartas que el escritor
crónica por el plomo en los ali- condición humana, entre el dolor, figura de Gonzalo Arango, para un Gonzalo Arango constamente una preocupación sincera y aguda
Gonzalo Arango dirigió a su amigo
mentos—, que Rimbaud adquirió el remordimiento y la impotencia. ocuparse de lo que pudiéramos dividido entre estas oposiciones y por los temas que tocaba, y talento
Alberto Aguirre en los años pre-
durante los años que permaneció Hay un pasaje en que Sotiros dice llamar vida bohemia e intelectual vuelto de manera intensa sobre sí y recursos de escritor con muchas
vios a la aparición del nadaísmo
en Abisinia, y que se manifestó en que Rimbaud “quizás encontró de la Medellín de esa época. Por mismo, en lo fundamental volcado y buenas lecturas encima, a pesar
y durante los primeros pasos de
síntomas como los cabellos grises, aquí, sin pretenderlo, a su ver- lo menos de la del grupo, en la hacia un ámbito de reflexiones que de las oscilaciones, ligerezas e
este movimiento. El libro no trae
tez cenicienta, debilidad y extremo dadera familia espiritual, a los que al dueto Arango-Aguirre se lo hacían sentir aislado del mundo inconsistencias en la conducta
las cartas de Alberto Aguirre,
cansancio de los músculos, ane- exiliados de Occidente, a los parias sumaban Carlos Jiménez Gómez, de los hombres comunes, de don- de su autor. Me atrevería a decir
“hoy desaparecidas”, según acla-
mia, cólicos abdominales, marcha que nunca se sintieron a gusto en Fausto Cabrera, Arturo Echeverri de derivaba padecimientos y el incluso que a la larga lo que contó
ra la nota de contracarátula. Esa
atáxica, insomnio, irritabilidad, sus enormes ‘ciudades sin fin’, en Mejía, Carlos Castro Saavedra, Os- impulso de vencer esa separación de estas cartas, sin desconocer el
ausencia no deja de ser algo que
hinchazón de la rodilla derecha y las que los signos del progreso car Hernández, Estanislao Zuleta, por la vía de la noche, el alcohol y papel de fuente de comunicación
lamentar, entre otras cosas porque

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DE ANTIOQUIA DE ANTIOQUIA
real e inmediata que cumplieron útil más adelante, como acabamos palabras y expresiones que le frases como: “Una extraordinaria un acomodo adornado con restos fueron grandes amigos, que Al-
en su momento, radica en haber de anotar. Pero si era cierto que a la daban a las conferencias un toque y meritoria locura intelectual”, “Mi decorativos de la antigua rebeldía. berto Aguirre lo sacó de apuros
contribuido al afinamiento de larga lo único consistente que ha- de proclamas subversivas. Y este única fe: la revolución espiritual En ocasiones escribía cosas que económicos y carcelarios, que hizo
una prosa y a la construcción de cía era escribir, así se presentaran factor, además de su condición del nadaísmo”. escandalizaban, como si su viejo por él gestiones personales que le
un pensamiento y de una vida días y semanas en que no escribía de escritor, al igual que lo eran Este eclecticismo ideológico demonio irreverente reclamara su correspondían a Gonzalo Arango,
interior. Lo mejor de sus cuentos, ni una línea, su desasosiego exis- quienes se le fueron sumando, del nadaísmo aceleró su extinción, lugar, y el establecimiento lo san- que le ofició de crítico literario y,
crónicas y reportajes, que es donde tencial no era menos cierto. La hizo derivar inevitablemente al y su carácter rebelde y el talento cionaba quitándole una columna en parte, de mentor ideológico,
puede rastrearse lo perdurable de razón es clara: a Gonzalo Arango nadaísmo hacia el estuario de la li- creador de sus miembros conservó para recordarle hasta dónde le de escucha a sus ríos de quejas por
su obra, se benefició por eso, direc- no le bastaba escribir, quería cam- teratura como su territorio propio. de él lo que de veras vale, lo que estaba permitido decir cosas, pero toda clase de incomprensiones,
ta e indirectamente, de la escritura biar su vida y la de los hombres y El resto: el denuesto altisonante alcanzó a trascender: la agitación en lo fundamental el proceso de supuestas o reales, y que, en de-
de estas cartas, en la medida que el país. Las oscilaciones del ánimo contra el sistema social y, sobre que alcanzó a producir en el incorporación a la sociedad estaba finitiva, lo estimuló a escribir. De
de ahí viene el mundo de ideas que y de los propósitos alrededor de todo, la crítica al filisteísmo de sus cotarro cultural colombiano fue cumplido. Muy pronto sus apósto- las cartas se desprende la imagen
le da profundidad a su obra ficticia los cuales pretendía articular su valores, el gesto desafiante, la pose algo benéfico en un medio en el les siguieron sus pasos, el ansia de de un Alberto Aguirre summum
y periodística, y fuerza y precisión vida eran comprensibles dada su rebelde, la actitud provocadora, la que predominaba la modorra y el transformar al pais fue permutado de la amistad, la generosidad, la
a su mejor prosa. naturaleza reflexiva, que todo lo burla de los ideales burgueses y pe- anquilosamiento mental, a pesar por columnas periodísticas, vida inteligencia, la agudeza crítica, la
Abocados a resumir la impor- rumiaba una y mil veces, y su sensi- queño-burgueses, la reivindicación de la labor más profunda de Mito de sociedad y frases ingeniosas e cultura, la independencia de “las
tancia de este volumen de cartas, bilidad, dividida entre los placeres del “amor libre”, la denuncia del y de lo que en crítica de arte ve- irreverentes para no perder del esferas del poder”, etc., etc. Al
podríamos decir que ofrece una del pensamiento y los del mundo compromiso de la intelectualidad nía cumpliendo Marta Traba; así todo el aura iconoclasta que los Gonzalo Arango de entonces esto
radiografía espiritual, intelectual de los sentidos. Poseía, además, con la cultura oficial, el escándalo, como el hecho de que haya puesto había hecho populares. Pero en el en mucho debió parecerle así, y no
y humana de Gonzalo Arango en cierta conciencia social que lo se agotaban en sí mismos al no en consideración autores, obras fondo esta claudicación no tuvo hay por qué ponerlo en duda, sólo
los años previos a la fundación del llevó ocasionalmente a participar constituir el nadaísmo un proyec- y hechos culturales que aquí se importancia porque la remezón que el lector no deja de olfatear en
nadaísmo y los primeros vagidos en política y a interesarse en ella, to político sino un movimiento ignoraban o no se valoraban su- que produjo el nadaísmo en el las lisonjas también algo de oficio
de este movimiento en las cartas y un espíritu crítico con lo que en de rebeldía juvenil formado por ficientemente; la afirmación de la panorama cultural colombiano, cortesano. Es más, al lector le cae,
donde aparecen los bocetos es- términos muy amplios podríamos poetas y narradores, el alcance de marginalidad del escritor respecto aunque superficial, alcanzó a inevitable, la sospecha: ¿Cuántos
quemáticos iniciales de lo que muy llamar vida nacional. cuya presencia logró, sí, sacudir y del poder, y, sobre todo, la obra cumplirse, a dejar huella, a in- más que le ayudaron por entonces
pronto sería el famoso Manifiesto Toda esa ebullición de su es- despertar un poco la pacatería de individual de sus componentes, troducir otras miradas sobre las —de lo que las cartas dan constan-
que lanzó al grupo a la considera- píritu durante esos años previos muchas costumbres y el ámbito de dentro de la cual figuran algunos cosas, a sacudir el conformismo y cia— recibieron epístolas semejan-
ción nacional. Sus quejas de es- a la fundación del nadaísmo, se la escritura, que se abrió a temas de los mejores libros de cuento, la modorra intelectual. Además, tes donde se cantaban las mismas u
terilidad literaria, de encontrarse ve confluir en estas cartas hacia y tratamientos novedosos. Con poesía y novela que se han escrito históricamente tal claudicación era otras virtudes semejantes? Al final
bloqueado para escribir por esto ese proyecto. De las alusiones ge- deudas en varias direcciones —en en el país, y que en su gran mayo- inevitable, de un lado, por la ya los amigos se distanciaron. En las
y aquello, desde el tiempo que le nerales y circunstanciales se pasa estas cartas algo se ve de ello—, ría han sido publicados muchos señalada inconsistencia ideológica últimas cartas espejea esa distancia
era arrebatado por las noches de a esquemas donde se informa de como el existencialismo, la ge- años después de que los nadaístas del movimiento, y de otro, porque y algo más: reclamos mutuos. Gon-
alcohol y mujeres, hasta un sentido los asuntos de que se va a ocupar neración beatnik norteamericana, mismos dieran por muerto el éste no estaba ligado a un proyecto
del absurdo de la existencia que el movimiento, es decir, de lo que el teatro del absurdo y Fernando movimiento, ya, pues, como obra político sólido de verdadero alcan-
supuestamente lo inmovilizaba será su plataforma programática, González, entre otras, el alcance meramente personal. Esta fue lo ce histórico.
con frecuencia, a la larga parecen y más adelante se aluden algunas de la influencia del movimiento que pudiéramos llamar “gloria” La importancia de este volu-
ser sólo eso: quejas, por varios actividades cuando ya el Manifiesto nadaísta en la vida nacional debe del nadaísmo. Y su “pena” o ex- men de cartas radica entonces
hechos que las contradicen: a cada circulaba y el grupo inicial de pro- sopesarse exclusivamente en los tinción puede señalarse con más en su lugar dentro de la historia
rato le menciona a su amigo que sélitos daba comienzo a predicar espacios mencionados, no en facilidad: la incorporación paula- del nadaísmo. En él se encuentra Revista de poesía
le han publicado un cuento en la buena nueva por todo el país, cuanto movimiento revoluciona- tina de su fundador y jefe al medio una parte muy importante de su
Lecturas Dominicales de El Tiempo adobada con cuentos y poemas. rio, pues no lo fue ni pudo serlo. social, que lo despojó pronto de prehistoria, además, claro está,
o en alguna revista de la época
(también se duele de textos suyos
que no le han sido publicados, es
El eclecticismo ideológico de su
fundador le dio su carácter al
nadaísmo. Su conciencia de la in-
A pesar de que en los apuntes
para los primeros borradores
del Manifiesto Nadaísta, como ya
su cariz “peligroso” asignándole
columnas periodísticas en Cromos
y El Tiempo, donde se esperaba,
de valer como documento auto-
biográfico particular de Gonzalo
Arango, muy útil para los interesa-
ARQUITRAVE
decir, algo completamente normal justicia social, ese rasgo nacional, se anotó, existió una aspiración ante todo, que hiciera reír. De dos en su vida y obra. Como libro
en la vida de todo escritor), o le acarreó briznas de pensamiento expresa a erigirse en alternativa ahí al mundo de los cocteles y los de correspondencia acusa la falta, Director
dice que le va a enviar este o aquel socialista —en el papel timbrado para la clase obrera, la política salones hubo un paso, es decir, al repetimos, de las cartas de Alberto Harold Alvarado Tenorio
cuento para que le de su opinión, y que comenzó a utilizar Gonza- colombiana y la educación, y que mundo del arribismo, que llegó a Aguirre. Sin ellas, lo específico del
por el hecho mismo de las cartas, lo Arango para escribirle a sus ofreció como una de las definicio- incluir su asistencia a un evento intercambio espistolar se pierde.
cuya extensión y minuciosidad amigos, el cabezote rezaba así: nes del nadaísmo la de: “Legítima en el buque insignia Gloria, con Aquí juega sólo una voz, así algo www.arquitrave.com
constituye en sí una labor literaria, “El nadaísmo es una flor roja con revolución colombiana”, en otros sólo seis invitados, entre ellos el de la otra se infiera en referencias
un trabajo de escritura en el que sensibilidad socialista”— y, más apartes de estas cartas, donde Presidente de la república, donde directas e indirectas del autor de
desarrollaba, tal vez sin proponér- que reales aspiraciones políticas el tono es más confidencial que el exjefe del nadaísmo pronun- las cartas publicadas. Es claro
selo ni darse cuenta, un lenguaje revolucionarias, lo que hicieron declamatorio, a propósito de los ció un discursito de ocasión. La que, por lo menos durante los
reflexivo que no dejaría de serle fue tomar en préstamo algunas alcances del movimiento se leen disidencia había concluido así en primeros años del trato personal,

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DE ANTIOQUIA DE ANTIOQUIA
zalo Arango le reclama a Aguirre indicios y muestras de ella en las Cartas a Aguirre (1953-1965) es un
no haber hecho lo que prometían cartas y el prólogo. Por eso no nos hecho editorial importante para la
su ser y su hacer, lo que, supues- pareció bien, es decir, leal, el juicio historia de la literatura colombia-
tamente, el país esperaba de su negativo y tajante que Aguirre ex- na y, en particular, para la historia
lucidez, independencia, etc., etc., y tiende sobre la totalidad de la obra del nadaísmo, que cumple medio
le extiende algo así como un plazo literaria de su amigo: “En suma, siglo este 2008, y para el conoci-
de expectativa, sin mucha convic- creo que Gonzalo fracasó también miento más completo de la perso-
ción, eso sí. Y resulta claro que, como escritor”. Más que el juicio nalidad de Gonzalo Arango, como
por su parte, Aguirre debió escri- mismo —cuya carácter lapidario no hombre y escritor. La publicación
birle, decirle o dejarle entender compartimos tampoco: su trabajo de esas cartas constituye un rescate
por entonces que no estaba nada como cuentista y cronista, para necesario. La colección “Rescates”
contento con lo que no podía ver tocar únicamente dos aspectos de del Fondo Editorial Universidad
más que como claudicación de su su producción, da cuenta de textos EAFIT mantiene en este volumen
nadaísmo en las salas de redacción muy bien logrados— se trata de el estilo de diseño que la diferencia
del periodismo capitalino y la vida las condiciones en las que el texto de sus otras colecciones e incluye
de sociedad a que daba lugar, de lo produce el jucio: luego de una ilustraciones de Alejandro García
que le llegaban noticias que eran página escasa (pp. 48-49) donde la Restrepo que contribuyen a la
públicas y le debían llegar otras, calificación escueta (“La poesía de personalidad del libro. u
vía chismes personales y rumores. Gonzalo es forzada y enteca”, “Sus
Donde sí no queda ninguna duda reportajes y notas periodísticos Jairo Morales Henao
es en el prólogo a este libro, acerca tienen gracia y perspicacia”) predo-
de lo que pensó Aguirre entonces, mina sobre la argumentación (“La
y piensa ahora, en relación con el obrita era pésima, y no tenía rasgo
abandono del barco del nadaísmo, alguno de oficio teatral. Discursos
incluida la conciencia que tenía de actores, sin orden ni ensamble. Y
entonces de la separación que se discursos, además, fofos”). ¿Cómo,
asentaba entre ellos: en tan poco espacio y desde un
barrido tan general de los géneros
Nos fuimos alejando. Ya en esta literarios en los que operó el ta-
época no hubo correspondencia lento creativo de Gonzalo Arango,
regular. Yo me sentía defraudado,
se puede arriesgar un juicio de esa
y a veces pensaba que Gonzalo
naturaleza? No era el lugar para
me había traicionado. ¿También Literatura escrita
hacerlo porque, para llegar ahí,
sentía él lo mismo frente a mí? por mujeres
una obra merece el respeto de un
Quizás, aunque yo nunca tuve
pruritos de profeta ni de salvador.
análisis más detenido. Es posible
Las cuitas de Carlota
Pensaba entonces que sí, que había que la afirmación de Aguirre esté
Helena Araújo
ocurrido una especie de traición, respaldada por una lectura dete-
pues aquél que se había anunciado nida y prolongada de los libros de
Cuentos y crónicas
como crítico feroz del Sistema, ya Arango, de varias relecturas, inclu-
Sofía Ospina de Navarro
era su palafrenero. Los primeros so; pero si el espacio del prólogo
impulsos sólo habían servido para no le permitía el despliegue de
El hijo del dragón
hacer escándalo, y el escándalo una argumentación más rigurosa,
Claudia Ivonne Giraldo
excluye la crítica. Y pasados tales hubiera sido más elegante evitar
impulsos, estaba convertido en una el punto, aplazarlo para un texto
Como la sombra o la música
ficha más del orden establecido. donde el tratamiento sereno y de-
Paloma Pérez Sastre
Es como si hubiese faltado a la tenido salvaguardara la integridad
promesa tácita que nos habíamos intelectual que crítico y criticado se
hecho de sacudir el mundo [...] Ellas escriben en Medellín.
merecen. Y dejemos el punto ahí,
Sólo ahora, escribiendo este texto, Poesía
porque el alcance de esta reseña
he logrado recuperar ese amor Varias autoras
crítica es el libro y no este juicio en
inicial de Gonzalo, ese candor, esa particular. Hacerlo sería cometido
alegría, ese fervor, esa intimidad, Ellas escriben en Medellín.
de un trabajo mucho más extenso
esa gloria de vernos juntos. Narrativa
y específico.
Varias autoras
Porque el libro es también Hemos querido argumentar
la historia de esa amistad, con en esta nota por qué la edición de Tel.: 284 42 02 - Medellín

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