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LA IGLESIA
ORGÁNICA
NEIL COLE

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TRADUCIDO POR JOSÉ NUÑEZ DIÉGUEZ


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LA IGLESIA ORGÁNICA
Neil Cole

Prefacio
Está lloviendo fuertemente esta noche. Neo es escoltado por un extraño grupo de excéntricos
contraculturales. En parte chic, en parte “nerds”. Actúan como si fueran más listillos que el
resto del mundo.
Neo, controlado a punta de pistola, es llevado a un edificio abandonado bajo la promesa de
reunirse con el malvado Morfeo. Se le ofrecerán algunas píldoras por parte de un extraño que
usa gafas oscuras haciendo juego con una chaqueta negra entallada—y voluntariamente se
traga una de las píldoras.
¿Qué lo lleva a hacer eso? Le compele un deseo que ya no puede resistir. Una curiosidad
insaciable y una santa insatisfacción con las normas le empujan a dejarse llevar.
Eso motiva a tomar riesgos extraordinarios ahora debido a que no puede permanecer en el
aburrido mundo de la vida normal...de hacer las cosas como siempre.
Hay saludos amables. Luego se desarrolla un interesante diálogo.
Morfeo comienza describiendo la condición de Neo similar a lo sucedido a Alicia cayendo en
el agujero del conejo en la historia de Lewis Carroll.
Comenta que Neo tiene el aspecto de uno que acepta sólo lo que ve debido a que vive en un
sueño cerca de despertarse, irónicamente muy cerca de la verdad. Morfeo le dice a Neo por qué
lo trajeron aquí. Es su oportunidad de aprender lo que era Mátrix; Morfeo le pregunta si quiere
saber.
Asiente Neo muy despacio, pero sin duda, como dándose cuenta lo que es un momento
decisivo en su vida, marcando un cambio para siempre. Morfeo explica: “Mátrix está en todos
lados. Alrededor nuestro, aún ahora en este cuarto. Puedes verla cuando miras por la ventana o
cuando prendes la TV. Puedes sentirla cuando vas a trabajar, cuando vas a la iglesia, cuando
pagas tus impuestos. Es el mundo que salta en tus ojos y te ciega de la verdad”. Neo pregunta a
qué verdad se está refiriendo Morfeo.
“Que eres un esclavo, Neo. Como todos, has nacido cautivo, nacido en una prisión que no
puedes oler, ni tocar. Una prisión para tu mente”.
Morfeo abre una pequeña caja de plata; extrae dos píldoras, y le informa a Neo que la mera
descripción no es suficiente; él debe ver por sí mismo para comprender. Morfeo se adelanta, con
una píldora en cada mano “Esta es tu última oportunidad. Después de esto, no hay marcha atrás.
Si tomas la píldora azul, termina la historia, te despiertas en tu cama y crees lo que quieras. Si
tomas la roja, te quedarás en el País de las Maravillas, y te mostraré cuán profundo es el agujero
del conejo”.
Neo, deliberadamente, aunque despacio, toma la píldora roja, y comienza la aventura.
Despierta dándose cuenta que estuvo en un mundo conocido como Matriz. Todo lo que
comprendió era realmente una máscara que cubría la verdad, diseñada para mantenerlo a él y a
todos atados a una mentira.
Este es el argumento de la película Mátrix, hecha por los hermanos Wachowski, pero refleja
algo que es real. Hay una píldora roja que nos abre los ojos a una manera más vívida del Reino
de Dios. Es la verdad de la Palabra de Dios que necesitamos para ser libres y desatar el poder de
Su Reino en este planeta. Las Escrituras siempre han tenido la verdad, pero nuestra mente ha
estado cegada por un torcido sentido de realismo espiritual.
Este libro podría abrir nuestros ojos para ver la iglesia, el Reino, y nuestro rol en ambos de
un modo más vívido y real.
Mucha gente desea ser parte de una causa más grande. Ya no están contentos con “la iglesia
como siempre”. Leen de la iglesia en el Nuevo Testamento y les pica la curiosidad. Escuchan
historias contemporáneas de la iglesia expandiéndose rápidamente en China y la India. ¿Se
atreven a soñar algo más? “¿Puedo experimentar el mismo poder?” “¿Puede obrar Dios aquí, en
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este lugar? ¿Se desplegará el Reino de Dios en una sociedad como la argentina?” ¡Sí! ¡Sí!
“Venga tu Reino, sea hecha tu voluntad en el cielo como en la tierra” (Mateo 6.10).
Antes que se tomara la píldora roja en Mátrix, a Neo se le dio otra opción. “¡Para el auto!”
ordenó un miembro de esa extraña secta que lo secuestró y lo llevó a conocer a Morfeo. Ella se
dio vuelta para enfrentar a Neo con una pistola en su mano y le demandó que se rindiera
completamente a ellos o lo llevarían a dar un paseo. El respondió desafiándola. Mientras él abre
la puerta para salir, Trinity, una hermosa y respetada hacker, lo detiene y le pide que confíe en
ella. El pregunta por qué debería confiar en alguien que apenas conoce.
Mientras recorren una oscura calle, cayéndoles la lluvia pesadamente, ella dice, “Porque
estuviste ahí, Neo. Sabes el camino. Sabes exactamente dónde termina. Y sé que no es dónde
quieres estar”.
Neo regresa al auto resignado a tener una cita con la píldora roja.
Cuando miras a la iglesia convencional y lo que te ofrece, es como estar en un callejón
oscuro una noche lluviosa. No te invita a seguir ese camino. Más declaraciones verbales, más
conciertos cristianos, más sermones, más croquis de auditorios más grandes. Ya es suficiente.

Te sorprendería lo que la gente haría por Jesús y que no están dispuestos a hacer por la visión
trasnochada de un pastor. Hay algo mejor. Tiene que haberlo. Jesús no murió y resucitó de los
muertos par que tengamos mejores boletines, y bancos más cómodos para sentarnos el domingo.
Adaptando las palabras de este profeta de ficción, en Mátrix, Morfeo:
“Déjame decirte por qué estás aquí. Estás aquí porque sabes algo. Lo que sabes no puedes
explicarlo. Pero lo sientes. Lo sentiste toda tu vida. Hay algo errado con la iglesia. No sabes lo
que es, pero está ahí, como una espina en tu mente volviéndote loco. Es este sentimiento lo que
te trajo a este libro. Sabes de lo que te estoy hablando”.
Después de leer este libro, no querrás volver atrás. Las ideas compartidas acá han arruinado a
la gente de la iglesia ordinaria. Este es tu último aviso.
Alrededor del mundo, la gente está tomando la píldora roja y no volvieron atrás. La Iglesia,
como la conoces, cambiará. Este es tu momento de elección. Esta es tu píldora roja.
El agujero del conejo espera. Que comience la aventura.

Introducción
La cristiandad ha sido enterrada dentro de las paredes de las iglesias y apresada bajo los escombros
del dogmatismo. Que se libere y venga a enseñarnos libertad, igualdad y amor.
Minna Canch

Por varios años he ido a la iglesia cada vez menos porque he encontrado tan poco allí que me de
apetito. Siento hambre por la presencia de Dios.
Frederick Buechner

“Houston, tenemos un problema”.


Esta declaración histórica fue pronunciada el 14 de abril de 1970, por el comandante James
A. Lovell mientras flotaba sin rumbo fijo en una pequeña cápsula de metal a cientos de miles de
kilómetros de la tierra a bordo de la Apolo 13. Algo había salido mal. Sin suficiente oxígeno o
propulsión para volver a casa. La tripulación y los expertos de la NASA en Houston se
enfrentaban a un gran desastre.
Bien documentada por su dramatismo, el director de cine Ron Howard reflejó en su película
Apolo 13 esta vibrante escena. Esa frase haciendo eco en el espacio nos llama la atención al
proceso de búsqueda de soluciones creativas a desafíos complejos.
Hoy la iglesia puede decir algo similar. “Cielo, tenemos un problema”.
Las palabras de este libro pueden ser algo que no quieras escuchar, como Houston tampoco
disfrutó escucharlas de la boca de los astronautas. Pero si no queremos enfrentar estos
problemas, nunca corregiremos nuestro camino. Es un amor por Jesús, Su iglesia, Su novia, lo
que nos motiva a escribir esto.
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Los encuestadores modernos nos dicen que aquellos que no son cristianos están interesados
en Cristo, pero no en asistir a la iglesia. Una calcomanía reza, “Amo a Jesús; es a los cristianos
a los que no soporto”.
Asistí a una reunión con miles de pastores para presenciar el estreno de la película La Pasión
de Cristo de Mel Gibson. En los pasillos se escuchaba que la película sería un éxito y haría que
muchos vuelvan a la iglesia. Se escribieron sermones en Internet para estos buscadores
ocasionales. Se hicieron propagandas con el fin de atraer a la gente. Se alquilaron cines a los
efectos de mostrar la película e invitar a la gente a venir a Cristo y a la iglesia.
La película tomó a todos por sorpresa y recaudó 600 millones de dólares en todo el mundo.
Tal vez lo más sorprendente, es que nuestras iglesias nunca vieron un aumento en la asistencia.
Esto nos demuestra que mucha gente en Estados Unidos quiere escuchar y creer en el
mensaje de Jesús, pero no está interesada en la institución de la iglesia como tal. Debería ser
una advertencia para nosotros. Tenemos un problema.

Aparentemente el mundo está interesado en Jesús; es con su esposa (la Iglesia es la novia de
Cristo) con la que no quieren relacionarse. Desafortunadamente, hemos reducido el mensaje del
Evangelio de modo que es inseparable de la institución iglesia. Le decimos a la gente que tienen
que tragarse la píldora amarga de “la iglesia” si quieren escuchar sobre Jesús. Muchos prefieren
morir enfermos antes de consumir esa medicina.
La iglesia local se ha vuelto tan poco querida, que aún los convencidos, le están rechazando.
En su libro El Futuro Presente: Seis preguntas difíciles para la iglesia, Reggie McNeal hace
una observación alarmante: “Un creciente número de personas están dejando la iglesia
institucional por una nueva razón. No la dejan porque hayan perdido la fe. Dejan la iglesia
para preservar su fe”. Son palabras fuertes ¿Podría ser que “la cultura eclesiástica” sea
espiritualmente tóxica? Tenemos un problema. La asistencia a los cultos no es el barómetro para
medir cómo anda el Cristianismo. En última instancia, la transformación es el producto del
Evangelio. No es suficiente llenar nuestras iglesias; debemos transformar nuestro mundo. La
sociedad y la cultura deberían cambiar si la iglesia ha sido verdaderamente efectiva. ¿La iglesia
está alcanzando y viendo vidas cambiadas por las Buenas Nuevas del Reino de Dios?
seguramente el número de cristianos va crecer una vez que esto suceda, pero llenar bancos una
vez a la semana no es la esencia del Reino. Cometemos una injusticia con Jesús al reducir Su
vida y ministerio a la asistencia dominical y a listas de membresía. La medida de la influencia
de la iglesia se encuentra en la sociedad, en las calles, no en los bancos.
No estamos solos en este descenso eclesiástico. Alrededor del mundo, en donde se perpetúa
el modelo de iglesia occidental, la influencia decae.
Un tiempo atrás, estuve en Japón hablando a una concurrencia compuesta en su mayoría por
gente joven japonesa. Mi esposa y yo éramos los únicos caucásicos en ese salón, tal vez en toda
la ciudad. Les mencioné que el número de miembros de iglesias evangélicas en Japón es menos
del 1 % de la población. Todos asintieron con un gesto que dejó su fatiga a la luz de esta
realidad. Les mencioné que había estado en Japón unos meses antes y que el porcentaje era el
mismo; nada había cambiado. Viendo esa falta de cambio, les pregunté “¿Qué les pasa a
ustedes?” Se rieron ante esa ridícula expectativa.
Proseguí diciendo que había estado en Japón tres años antes y que el porcentaje era menos
del 1 %. Ya no se reían. Les informé que diez años atrás el porcentaje de creyentes en Japón era
menos del 1 %. Les pregunté, “¿Saben cuál era el porcentaje de creyentes en Japón cien años
atrás?” ya podía ver lágrimas al contestar yo mismo la pregunta: “menos del 1 %”. Luego de
una pausa, dije, “Algo está mal con la forma en que conciben la iglesia en Japón” (en este punto
quiero comentar que los occidentales les enseñamos a cómo diseñar y concebir la iglesia).
Para que Japón pueda cambiar, Jesús va tener que hacer algo nuevo y poderoso. Lo mismo en
Estados Unidos. No es la iglesia local la que cambiará el mundo; es Jesús. Asistir los domingos
no transforma vidas; Jesús en sus corazones cambia a la gente.

La iglesia en Occidente ha sacrificado tanto de lo que se supone es su esencia que ha perdido


influencia entre los perdidos. Organizaciones paraeclesiásticas, como seminarios, agencias
misioneras, agencias de aconsejamiento, ministerios evangelísticos se han montado para llevar a
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cabo mucho de lo que Dios pretende que la iglesia haga. La iglesia espera que otros
evangelicen, que otros desarrollen el liderazgo y otros se ocupen de la acción social. Enviamos a
la gente con serios problemas a consejeros profesionales.
Si le pregunta a los no cristianos en qué es relevante la iglesia local en la cultura moderna,
ellos piensan usualmente en dos cosas: es donde te casas y donde te entierran, y muchos
desesperadamente tratan de evitar ambos. ¿Para eso murió Jesús? ¿Es lo mejor que podemos
hacer con el poder de la resurrección? Tenemos un problema.
En cualquier parte que la iglesia local intenta involucrar al mundo en evangelismo, emplea el
modelo “vengan, vengan”. De hecho, la iglesia hace algún tipo de fiesta y espera que el mundo
aparezca. Bajo la bandera de alcanzar a los que no tienen iglesia, pasamos mucho tiempo
pensando maneras para hacer de esa hora sagrada dominical algo muy importante para que
vuelvan.
Libros, seminarios, revistas, páginas web están dedicadas a encontrar maneras de hacer de la
experiencia dominical algo inolvidable para impresionar a los perdidos y mostrarles que ellos
también van a querer a nuestro Jesús. ¿Pensamos realmente que ellos van a sentirse
impresionados por nuestra actuación y que eso les hará querer ser parte de la iglesia?
¿Cuán lejos vamos a llegar para que la gente acuda los domingos?
El ejemplo más extremo que escuché fue de una iglesia en el Noroeste de mi país que le
pagaría a la gente que viniera cada semana por la mañana durante un mes. ¡Literalmente le
pagaban a la gente que fuera al servicio de adoración! Este ejemplo no es muy sutil, pero no
iremos muy lejos comprando público con nuestra música profesional, sermón y dramas. Me
parece que perdimos el norte en algún punto del camino al confundir gente con
consumidores.
¿Por qué debe la gente levantarse el domingo, vestirse y conducir a cierto lugar para sentarse
en filas mirando toda la mañana la nuca de alguien, mientras una persona a la que no conocen
desde el frente les da la última receta de 3 pasos para una vida mejor? ¿Esta experiencia se
supone va cambiar sus vidas para siempre?
Una familia misionera que comenzó iglesias orgánicas en uno de los campos misioneros más
difíciles del mundo retornó a Estados Unidos a visitar las iglesias que los apoyaban. El primer
domingo visitaban una iglesia bautista muy grande que les sostenía. Llegaron temprano en sus
mejores ropas porque papá iba a predicar. La madre y los dos pequeños hijos se sentaron en la
primera fila mirando las luces y las pruebas de sonido, el mayorcito se acercó a su madre y le
preguntó, “mamá, ¿vamos a ver un show?” Su experiencia de iglesia había sido más una
atmósfera familiar en casas, y esta iglesia le parecía algo totalmente ajeno a sus ojos infantiles.
Estoy convencido que muchos de nosotros estamos tan familiarizados con todo esto para darnos
cuenta cuán extrañas son nuestras costumbres.

Me maravilla cuánto esfuerzo y recursos (tiempo, dinero y energía) se gastan en una hora,
una vez a la semana. Hemos hecho de la iglesia nada más que un show religioso que tiene lugar
los domingos, y luego vamos a casa, hasta que la iglesia comienza otra vez la próxima semana,
a la misma hora, el mismo lugar ¿ésta es la novia de Cristo? La Gran Comisión dice que
“debemos ir por todo el mundo”, pero trastocamos la orden y ahora es “vengan y escuchen
nuestro mensaje”. Vi un artículo en una revista denominacional resaltando una tarea
evangelística de una iglesia local. En Navidad enviaron al coro de la iglesia al shopping de la
ciudad a cantar villancicos. Se consideraba como una tarea exitosa. Nadie habló después con la
gente. No se hicieron relaciones con la gente. Nadie fue capaz de hacerles una pregunta a esa
gente que cantaba con ropas extrañas. Lo único que sucedió fue que escucharon canciones
navideñas que eran las mismas que el shopping propalaba en sus altoparlantes. Como una
azafata al comienzo de cada vuelo, el coro anunciaba una información de vida o muerte a gente
que no tiene tiempo o de escuchar porque han sido inoculados con una vacuna para resistir, y
los hermanos están convencidos que han tenido éxito. Si quieres ganar a este mundo para Cristo
tienes que sentarte en la sección de fumadores. Ahí están los perdidos, y si les pides que dejen
el cigarrillo para escuchar el mensaje estarán pensando en una cosa: “¿dónde puedo conseguir
otro cigarrillo?”
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Jesús vino y vivió entre nosotros. Se encarnó. No vino en túnicas de brillantes colores para
marcar una distancia, vino desnudo. Se ensució las manos y sirvió a la gente. Años atrás, en su
libro La Crisis en la Universidad, Sir Walter Moberly identificó el fracaso de los evangélicos
para penetrar la Universidad con el evangelio. Para los que reclaman seguir a Cristo, todavía
tiene valor.
“Si una décima parte de lo que uds. dicen es verdad, deberían estar diez veces más
emocionados y contentos de lo que lo están a menudo”.
Esta es la palabra de un no creyente que escuchó nuestro mensaje y estudió nuestra
conducta. Duele porque es verdad. Debe picarnos. Debemos comenzar a dejar que
la Palabra de Cristo y el Espíritu de Dios moren abundantemente en nosotros para
que Su presencia divina sea vista. Por esto murió Cristo.

Dijo el teólogo Leslie Newbigin, “La Iglesia es enviada al mundo para continuar aquello que
El ha venido hacer, en el poder del mismo Espíritu, reconciliando a la gente con Dios”. 3 (Juan
20.19-23)
Este libro es un llamado a volver a las raíces. Deje que la Iglesia sea viva, orgánica. Dejen
que la Iglesia nazca en lugares donde más se necesita. Dejen que la Iglesia sea fructífera y se
multiplique y llene la tierra como lo intentó hacer Jesús, por eso pagó con su vida.
Con Apolo 13, un equipo dedicado de hombres desesperados se juntaron en la NASA y
enfrentaron un problema difícil. Usando los simples componentes que ya estaban en la cápsula,
encontraron una solución creativa para traer a los astronautas a casa. Lo que casi se transforma
en la peor tragedia de la NASA, se convirtió en su momento más heroico ¿Qué hubiese
sucedido si las personas involucradas se rehusaran a reconocer el problema? A no ser que
reconozcamos el problema, no queda energía creativa que dedicarle a las soluciones. Los
comienzos en las grandes empresas es el reconocimiento de problemas. Este reconocimiento
combinado con un objetivo claro y la energía creativa pueden llegar lejos. Dios nos ha dado
todo lo necesario. Todo lo que debemos hacer es ver las cosas simples, con otra luz. Hay
soluciones en nuestras mismas narices, si podemos ver y oír lo que el Espíritu está diciendo a
las iglesias. Dios no está en silencio. Pida y recibirá.
Al leer este libro, usted se sorprenderá de cuán simples y a la mano están las soluciones.
Aunque es práctico, este libro no presenta tanto un modelo de iglesia sino la verdad encarnada
que encontramos en la Escritura. Si usted tiene la expectativa de descubrir respuestas profundas,
complejas, y centradas en los métodos, se desilusionará.
Las respuestas no se encuentran en nuestros modelos, métodos y sistemas hechos por el
hombre, sino en la verdad de la Palabra de Dios y en ser llenados y guiados por el Espíritu de
Dios. Espero que este libro te despertará y te hará llegar aquella pequeña y queda voz del
Espíritu—llamándonos a caminar con El otra vez. Cualquier cosa más compleja que esto está
destinada a fracasar.
Cielo, tenemos un problema. Muéstranos la solución, y abre nuestros corazones para
recibirlo.
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Parte uno
Raíces de la iglesia orgánica
Cuando cursé las clases de biología en la escuela secundaria, tuvimos que disecar una rana.
Algunos de las chicas eran un poco impresionables, pero el ejercicio nos ayudó a comprender a
la criatura desde dentro hacia fuera. Antes que describamos el potencial vital encerrado dentro
de la iglesia, primero debemos abrirla y descubrir lo que la hace vivir.
La parte uno nos da un fundamento para comprender la iglesia. Miraremos cómo Jesús
mismo ve la iglesia. En esta sección, definimos la iglesia y descubrimos qué es lo que la hace
algo especial. También oímos una historia verdadera de un viaje al Reino que comienza con una
semilla, la más pequeña de ellas, que crece lo suficiente como para influir al mundo en poco
tiempo.

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Cabalga conmigo
¿Puede la iglesia parar sus enclenques sueños vacíos tratando de “hacer una diferencia en el
mundo” y comenzar a soñar los sueños de Dios de hacer un mundo diferente?¿Puede la iglesia inventar
y prevenir, redimir y resoñar, este mundo posmoderno?
Leonard Sweet (Tsunami del alma)

Nada es posible al hombre que no escucha la razón.


John Belushi (en la película Casa Animal)

En la segunda película del Señor de los Anillos, “Las Dos Torres”, vemos que los buenos se
unen a la nación de Rohan, reconocidos jinetes. Ven que los Goblins avanzan destruyéndolo
todo. En el salón del Trono de Theoden, rey de Rohan, tiene lugar una reunión. Cuando el rey se
da cuenta que el enemigo está empeñado en destruir su reino, se enfrenta a decisiones difíciles.
El consejo es “cabalgar y hacerles frente”. Pero al rey le importa el bienestar de su pueblo. La
guerra es horrible y siempre trae pérdidas.

En el pasado, habían estado seguros detrás de los muros del castillo fortificado conocido
como Las Profundidades de Helm. Con un corazón de pastor protector y responsable por
aquellos que ama, Theoden anuncia: “No voy arriesgar a mi gente en una guerra abierta”.
Aragorn, un guerrero decidido, le responde: “La guerra está sobre ti, quieras arriesgarte o
no”.

Esto es verdad para nosotros hoy también. Nos enfrentamos a un poder que va destruir el
mundo de los humanos. Nuestro enemigo, Satanás, se está moviendo y tomando terreno cada
día. Los líderes cristianos, como Theoden, enfrentan una crisis similar y deben tomar decisiones
por el bien de su pueblo.

Theoden escogió encerrarse en la seguridad de su castillo. A partir de tal decisión, la película


muestra que los humanos van perdiendo terreno ante el avance del mal. Una vez que están en la
fortificación, se sienten seguros, pero los muros se agrietan, y los humanos deben replegarse tras
otros muros internos del castillo. Al final, la persistencia del enemigo los encierra en el último
bastión del castillo, protegidos por una puerta de gruesa madera reforzada.
Mientras un ariete resquebraja la puerta que los separa de la muerte segura, el rey Theoden
abatido, grita “¿Qué pueden hacer los hombres frente a un odio tan incontrolable?” Una
vez más Aragorn le responde recordándole el consejo que antes desechó el rey: “Cabalga
conmigo”.
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Recostados de espaldas sobre la puerta, sin esperanza de vencer a miles de enemigos, esta
respuesta aparece como la única manera gloriosa de morir. Theoden dice, “Sí, por la muerte y
por la gloria”. Aragorn lo corrige, “Por tu pueblo”. Theoden responde con pasión, “¡Que esta
sea la hora de unir juntos nuestras espadas!” Montan sus corceles y cargan contra las puertas
abriéndose paso en desesperado intento. Ante tanto valor el enemigo se siente falto de
determinación para dar el golpe final. En esos momentos llegan refuerzos externos que atacan la
retaguardia del enemigo y se gana la batalla.

Esta es una parábola de nuestras iglesias. Bajo las buenas intenciones de respetables líderes,
la iglesia ha clavado firmemente sus talones a tierra, en una postura defensiva, buscando refugio
en sus propias fortificaciones: en proyectos de edificación, programas varios, asuntos internos,
escuelas, y ministerios. Tratando de evitar la amenaza nos hemos frustrado, hemos perdido
terreno una y otra vez hasta que ya no tenemos dónde ir, rodeados por la maldad. Somos vistos
como un grupo impotente y timorato que se esconde del mundo, y de la realidad que nos
desafía.

Hemos permitido que el enemigo monopolice la cultura y la sociedad, mientras nosotros


protestamos encerrados en la seguridad de nuestras fortificaciones (léase programas).

¿Quién es Jesús para ti?


Esto no es lo que pretendió Jesús que fuera la iglesia. En dos oportunidades el Señor habló a
la “iglesia” directamente. La primera mención que hizo Jesús de la iglesia es cuando fue con sus
discípulos a Cesarea de Filipo, algo así como un retiro. Lo cuenta Mateo 16.13-20. Jesús hizo
un “juego” rápido de preguntas y respuestas: Existen buenas razones del por qué a los maestros
les gustan esas preguntas: verdaderamente revelan lo que sabes.
La primera pregunta fue fácil: “¿Qué dice la gente sobre quien soy yo?” fue hasta divertido
contestarla. Todos comenzaron a contestar, cada uno con su teoría. Siempre es fácil hablar de
los errores del otro. Lo que los discípulos no se dieron cuenta es que era una pregunta de
precalentamiento.
La segunda pregunta era la prueba verdadera—la pregunta más importante que pudiéramos
responder. Jesús preguntó, “¿Qué dicen ustedes quien soy yo?” Las Escrituras no nos dicen,
pero me imagino que el entusiasmo anterior decayó rápidamente. La pregunta es más difícil
porque es personal; si contesta mal, usted queda en evidencia. Es una pregunta en la que usted
no querrá equivocarse, porque toda la eternidad pende de esa balanza.
El peso de esa pregunta hizo que el aire se cargara de tensión. Me imagino a todos los
apóstoles mirando a Pedro y esperando que los sacara de este atolladero con su consabida
verborragia. En un instante Pedro levantó su voz y con convencimiento dijo, “Tu eres el Cristo,
el Hijo del Dios viviente”. Pedro debió haber sentido un sacudón de orgullo (más tarde necesitó
ser humillado). Jesús le daría a Pedro una bendición que tocaría su vida, y la nuestra, para
siempre: “¡Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque hiciste trampa con el test!” (mi
paráfrasis) “Recibiste la respuesta de alguien. La carne y la sangre no te revelaron esto, sino mi
Padre que está en los cielos”. En esencia, le hacemos trampa a la muerte y al juicio obteniendo
la respuesta de Dios y de su Hijo. No hay otra forma. Todos nosotros necesitamos ayuda del
cielo si vamos a conocer a Jesús. No llegamos ahí por tener un alto coeficiente intelectual o
estudiar los libros correctos. No es la inteligencia, la herencia familiar, la nacionalidad que nos
lleva al cielo; es la gracia de Dios. Solamente si aceptamos su ayuda podemos conocer
verdaderamente a Jesús.
Lo que quiero realmente es enfocar en la comprensión que Jesús tenía de Su iglesia en el
v.18. Comienzo con exponer el contexto porque de allí partió Jesús. Es el lugar correcto para
comenzar cuando hablamos de la iglesia. Todo lo que es la iglesia comienza y termina con una
pregunta simple: ¿Quién es Jesús para usted?” La declaración de Jesús sobre la iglesia tiene un
contexto que comienza con la gracia de Dios revelando la identidad de Jesús y termina con la
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obra de Cristo en la cruz y su poderosa resurrección tres días después (Mateo 16.21). Si tenemos
todo en su sitio, pero pasamos por alto pregunta, no somos la verdadera iglesia. La iglesia
comienza con Jesús: lo que era y lo que hizo. Es todo sobre Jesús, y si comienza con otra cosa,
entonces deja de ser la iglesia que pretendió Jesús.
Antes de hablar de comenzar iglesias o hacerlas crecer, uno simplemente lucha con esa
pregunta: ¿Quién es Jesús para usted?
Debe encontrar la respuesta en el Padre en lugar de los libros o un seminario.
La iglesia es espiritual. Hay un sentido de misterio y revelación sobre esto. Si en su respuesta
Jesús es Rey de reyes, la iglesia reflejará eso. Si Jesús tiene toda la autoridad en el cielo y en la
tierra, y siempre está presente, la iglesia será diferente. Pero si Jesús es dócil, pasivo, e
indiferente, su iglesia también lo será.
Pienso que uno de nuestros problemas es que olvidamos preguntarnos a nosotros mismos esta
pregunta. Cuando queremos comenzar iglesias la consecuencia es iglesias débiles. Hablamos
más del “estilo” de nuestra iglesia y el “modelo” que del Señor de señores que reina en ella. Le
decimos a la gente por qué nuestra iglesia es diferente o mejor que otra, pensando que se
sentirán atraídos a ella, cuando en realidad están poco interesados. Si solo retornamos a nuestro
primer amor y dejamos que Jesús sea nuestro foco, muchos lo verán. Se verán compelidos a
tener a Cristo en lugar de asistir a un servicio religioso.

La iglesia según Jesús


Jesús dijo, “y también te digo que tu eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las
puertas del Hade no prevalecerán contra ella”. En solo una oración, Jesús dice más sobre lo que
debe ser la iglesia que incontables teólogos puedan decir en una biblioteca llena de volúmenes.
Hay cinco cosas que quiero que vean sobre la iglesia tal como la ve Jesús.

Jesús construye la iglesia


Hay muchos libros, cintas, seminarios y CDs hechos para ayudar a la gente a construir la
iglesia, pero si usted está edificando la iglesia, no es la iglesia. Jesús no dijo, “y sobre esta roca
usted edificará mi iglesia”. Jesús, y solamente él, edifica la iglesia. Si edificamos una iglesia
basada en una personalidad carismática, una metodología innovadora, u otra cosa, tenemos una
iglesia que es inferior a la que Jesús hubiese edificado.

Jesús es dueño de la iglesia


Jesús compró la iglesia con su propia sangre (Hechos 20.28). No prometió que “edificaría tu
iglesia”. La iglesia pertenece a Jesús. Está construyendo Su iglesia.
Escuché la historia de un constructor que edificaba casas en una pequeña ciudad de Europa.
Edificó muchas de las casas de la gente de la zona y era un carpintero talentoso.
Desafortunadamente, nunca pudo ahorrar para hacerse una para él. Un día, el hombre más rico
del pueblo le pidió al constructor que le hiciera una casa. Le dijo, “quiero que hagas la casa más
refinada que nunca hayas imaginado. No repares en gastos. Salgo de viaje, y cuando vuelva,
espero que la casa esté terminada. El contratista consintió y estaba a punto de comenzar cuando
reflexionó: “Este hombre ya tiene varias casas, y yo todavía no tengo ninguna. Voy a utilizar
material de segunda, lo voy a hacer rápido, y le voy a cobrar como si la hubiera hecho a
conciencia. Con ese dinero me voy hacer mi propia casa”. Finalmente lo hizo.
Cuando el hombre volvió del viaje quedó sorprendido de lo linda que parecía la casa. Cuando
vió al contratista tramposo le dijo, “¡La casa es hermosa!”. Estoy contento que no hayas
reparado en gastos al ponerle lo mejor porque tengo intención de regalar esta casa a alguien que
lo merece”.
Le extendió las llaves al contratista con estas palabras, “¡Acá tienes tu nueva casa, amigo
mío!”. El contratista por un momento se alegró hasta que se dio cuenta lo que había construido.
¿Qué clase de esfuerzo y materiales hubiera puesto el hombre si hubiera sabido que iba ser su
casa? La iglesia es el proyecto de edificación de Jesús y El pretende vivir en ella. Si Jesús
trabaja en la construcción de Su iglesia, va ser hermosa y sólida. El no hace una obra barata. Si
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nuestras iglesias se caen a pedazos y no son saludables, no es porque Jesús haya hecho una
pobre construcción, sino debido a que nosotros nos hemos hecho cargo de la obra.

La iglesia tiene intención de crecer


Seguramente usted pasó por una obra en construcción. Si lo hizo en una segunda
oportunidad, no la encontró más pequeña. Jesús está construyendo Su iglesia, y debe estar
creciendo. La iglesia tiene intenciones de crecer. Debe experimentar crecimiento espiritual, y
ver nuevas almas como parte del Reino de Dios.
Eso no significa que cada iglesia local debe ser más y más grande. Muchas especies de
sangre caliente crecen hasta un punto y luego se reproducen. Así es como crece el cuerpo de
Cristo. Las tremendas mega iglesias del siglo pasado serán vistas en la historia como una
anomalía, no como la norma.

La iglesia que crezca enfrentará oposición


Jesús dijo que enfrentaríamos resistencia al comenzar a crecer. Identificó al antagonismo
viniendo del hades. Donde la iglesia esté viva y creciendo, el infierno se opone. Un signo de una
iglesia sana es que enfrenta hostilidad del infierno.
Un predicador una vez dijo: “Si te levantas por la mañana y no corres hacia el enemigo, quizá
estés yendo en la dirección equivocada”.
Ed Silvoso señaló acertadamente que “la Biblia no dice que ignoremos al diablo y huirá de
nosotros”. Debemos mantenernos firmes y resistir al enemigo.
En el libro Liberando el Potencial de su Iglesia, Robert Logan y Tom Clegg dicen, “Creo
que el enemigo divide a toda la gente en dos categorías: aquellos a los que puede ignorar y
aquellos a los que tiene que combatir. Yo quiero ser uno de aquellos a los que tiene que
combatir”. Cita también a un piloto bombardero de la Segunda Guerra Mundial “Si estás siendo
atacado, entonces estás sobre el objetivo”.

La iglesia que Jesús edifica es imparable


El enemigo que enfrentamos es poderoso. Ha estado por aquí desde el comienzo del tiempo y
ha estado estudiando nuestras fortalezas y debilidades. Su primer intento de destruir la vida
humana fue cuando acosó a un hombre y una mujer perfectos, quienes no tenían una naturaleza
pecaminosa, y vivían en un medio ambiente perfecto—y aún así triunfó: Ha estado
perfeccionando sus técnicas desde entonces. Conoce todas nuestras debilidades y puntos
vulnerables. Tiene un ejército a sus órdenes. El y todas sus fuerzas son invisibles y
supernaturales, y nos rodean. Nos han estado observando toda la vida.
Cuando pinto nuestra situación en esta perspectiva, comienzo a ver la iglesia como un
refugio. La veo como una fortaleza donde estamos defendiendo a los santos de esta jauría de
lobos que nos rodean y quieren devorarnos. Pero esta descripción de la iglesia no encaja con la
da por Jesús en este versículo (Mateo 16.18).
Jesús dijo que las puertas del Hades no prevalecerán contra la iglesia. Mucha gente tiene una
puerta en sus casas. Se me ocurrió un día pensar que la puerta no es un arma ofensiva. La
policía no lleva puertas cargadas. No enviamos a otros países inspectores de armamentos para
que descubran “puertas de destrucción masiva”. Los perros no llevan cartelitos colgados que
dicen, “cuidado con la puerta”.
Las puertas no son una amenaza; son elementos defensivos, y las puertas a las que se refiere
Jesús no son puertas perladas--¡son las puertas del infierno! La iglesia debe estar a la ofensiva,
no a la defensiva. La iglesia ha estado cautiva. Es hora que dejemos de sentirnos intimidados
por una puerta. Es hora que el diablo retroceda y no la iglesia.
La iglesia occidental, lamentablemente está a la defensiva. Los cristianos son conocidos por
estar en contra de otras instituciones. Si no fuera suficiente, nos sentimos amenazados por otras
iglesias. Algunos de nosotros no nos sentimos cómodos a menos que estemos a la defensiva,
como si fuera que estar a la ofensiva, fuera pecado. Estamos tan a la defensiva que ya es
ofensivo.
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¿Podría imaginarse en una final de fútbol si el equipo de River presentara solo la defensa
para jugar contra todo el equipo de Boca? Aunque jueguen de maravilla, nunca van a ganar si
no marcan goles. Una vez estaba jugando ajedrez con un niño de diez años. Era la primera vez
que él jugaba. Casi al terminar había perdido su reina y comencé a perseguir a su rey por todo el
tablero. El movía, yo movía—“jaque”. El movía, yo movía—“jaque”. Así estábamos, yo
soñando y confiado en mi experiencia, y él ya estaba pergeñando una estrategia. Me tendió una
trampa, perdí la reina y ahora él estaba bien parado en el tablero. Rápidamente pasé de la
ofensiva a la defensiva. Yo movía, él movía—“jaque”. Misericordioso como soy, le dejé ganar.
Como este chico, la iglesia necesita hacer un cambio para pasar de la defensa a la ofensiva, si es
que vamos a ser lo que Jesús pretendía.
Hace algunos años estaba yendo a Francia para llevar a cabo seminarios sobre liderazgo para
misioneros en Europa. Antes de viajar celebramos una fiesta con motivo del nacimiento de un
niño. Mi esposa Dana y yo éramos los únicos creyentes. Un amigo nuestro escuchó que
estaríamos en París y nos aconsejó que fuéramos al Museo Rodin.
Augusto Rodin fue un escultor francés enrolado en el Impresionismo. Aunque muchos no
reconocen su nombre, están familiarizados con su obra. El creó El Pensador. Lo que quizá usted
no sepa es que El Pensador era un proyecto con lo que él pensaba coronar su gran obra maestra,
Las Puertas del Hades. Por años nos hemos estado preguntando en qué piensa el Pensador.
Definitivamente no está pensando dónde dejó la ropa de la noche pasada. El Pensador está
contemplando una eternidad de juicio separado de Dios. Es el Dante considerando el Infierno.
Mi amigo en la fiesta comenzó a describirme Las Puertas del Hades. Es una gran construcción
que te quita el aliento, con incontables figuras de semejanza humana que se retuercen en agonía,
deslizándose hacia su juicio eterno, y en lo más alto, el Pensador sentado con una mano bajo su
barbilla, mirando hacia abajo en un estado de lamentación y contemplación. Cada figura tiene
su historia e identidad vinculada al Infierno del Dante u otra historia mitológica. Al contarme mi
amigo la historia de cada figura, dijo con apreciable asombro, “¡Yo me podría quedar
eternamente apreciando Las Puertas del Hades!”
Hubo una larga pausa en la conversación al asentarse esas palabras en mi alma. Unos pocos
hicieron una mueca de risita al darse cuenta lo significativas que fueron esas palabras. Todo lo
que pude pensar en ese momento fue “¡Espero que no!”
Esto nos resume el costo que tiene para la iglesia el permanecer en una postura pasiva, a la
defensiva. Si nos repantigamos en nuestras fortalezas asustados por todo aquello que parece
amenazarnos, dejamos que incontables almas permanezcan cautivas de las fuerzas del Infierno.
Necesitamos cambiar para tener una posición ofensiva y asaltar las puertas para liberar a los
cautivos. Esta es la iglesia según Jesús.
Cuando fuimos a Long Beach, California, para comenzar una iglesia, nuestro primer plan fue
abrir una cafetería. Dios arruinó nuestros planes sugiriéndonos que fuéramos a cafeterías ya
instaladas. Comenzamos a descolgarnos a una llamada La Taberna del Café. Ahí conocimos a
Roberto.
Uno de nuestro equipo reconoció a Roberto debido a que ambos habían estado en una banda
de música del secundario. Roberto había sido un buen músico antes que las drogas invadieran su
vida. Más tarde me confió que el día que lo conocimos estaba esperando al traficante que le
vendería.
Obviamente estaba sufriendo, sus ropas estaban sucias, su cabello grasiento, su persona
desaseada. Roberto había vendido todos sus instrumentos para financiar “sus viajes”. Perdía sus
trabajos porque robaba para comprar drogas. Estaba dando vueltas alrededor de un pozo ciego al
borde de caerse.
Lo invitamos a mi casa donde funcionaba la iglesia. Admito que me sorprendí cuando vino, y
más me sorprendí cuando siguió viniendo. Comenzó a sonreír e interactuar con nosotros. En
nuestro primer bautismo, estaba sacando fotos. Supe que estaba cerca de entrar en la familia de
Dios. Le pregunté si quería bautizarse y me dijo, “No, todavía no acepté a Cristo, pero lo haré
pronto”. Un par de semanas después, bauticé a Roberto en el océano.
Después de bautizarse lo celebró inyectándose otra vez. El y yo mantuvimos una relación de
dar cuenta de nuestras vidas; cada semana nos confesábamos nuestros pecados uno al otro; él
siempre estaba confesando su adicción a las drogas. Estaba asistiendo a un grupo de
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recuperación a través de doce pasos, lo hacía por orden judicial, con obligación de realizarse
tests, todo sin ningún cambio. El discipulado y el darse cuentas mutuas fracasó, así que lo
llevamos a nuestra casa por un corto tiempo. Estuvo limpio mientras vivió con nosotros, pero al
mudarse, recayó. Yo no sabía como terminar con esto, así que le sugerí un centro de
rehabilitación. No le gustó la idea y me pidió otra opción.
Le dije, “Bueno, hay una opción radical que podemos tomar”.
Dijo, “¡Que bueno, ¿cuál?!”
“Tu y yo vamos en el auto ahora mismo y le hablamos de Jesús a la persona que te vende
droga”. Con una sonrisa agregué, “Tal vez, si es salvo, cortamos la provisión de droga”.
Roberto me sonrió porque no sabía si tomarme en serio... pero yo estaba muy serio. Le dije,
“Escúchame hermano, hay tinieblas en tu vida. ¿Cómo nos vamos a deshacer de ellas?
¿Podemos aspirarlas? ¿Podemos barrerlas bajo la alfombra? No, hay una sola manera de vencer
la oscuridad: Luz. Pablo dice en Romanos 12, “No seas vencido de lo malo, sino vence con el
bien, el mal”.
Roberto se dio cuenta que la cosa iba en serio.
Me contestó, “Bueno, pero no va funcionar si estás conmigo. Lo voy hacer sólo”.
Aparentemente yo tenía más aspecto de agente de narcóticos que de drogadicto. Asentí, pero
agregué que si no lo hacía para el día siguiente, iríamos juntos.
Encontró a su dealer (no es una cosa muy complicada para un adicto) y le compartió el
evangelio. Usted imaginará que un traficante es un hombre siniestro. En realidad era una mujer,
una madre, de hecho. En las drogas hay amplias oportunidades de trabajo. Ella vivía al lado del
Roberto, en un barrio humilde, y proveía para los chicos de la zona.
Desde ese momento Roberto no ingirió más drogas. Quedó libre. El poder del evangelio
recibido y dado a otros transformó su corazón. Es el poder de Dios para salvación a todo aquel
que cree (Romanos 1.16), y al compartir el evangelio con aquellos que lo influenciaban,
Roberto lo internalizó y aprendió a creerlo en forma más real. Frecuentemente somos tan
rápidos para ayudar a la gente que pasamos por alto la forma más poderosa: el simple mensaje
de Jesús, internalizado y compartido por otros.
La proveedora de Roberto no aceptó a Cristo ese día, pero sí su hijo de catorce años, y
Roberto lo bautizó.
Menos de un año después oímos que ella también se convirtió cuando el sacaron su hijo y fue
llevada a la cárcel. Roberto guió y bautizó a varios chicos de ese barrio. Comenzó una nueva
iglesia en su vecindario formada por esos jóvenes. Todavía los pastorea y cada tanto me hace
conocer a los que va introduciendo a Cristo.
Roberto vino a la iglesia una noche y anunció que comenzó una nueva iglesia. Se reunían los
miércoles a la mañana a las 03:00 A.M. en el estacionamiento de un supermercado en Long
Beach. ¿Por qué comenzaría una iglesia que se reuniera en ese horario ridículo y en ese lugar?
Roberto estaba trabajando de oficial de seguridad en la ciudad de Long Beach. Encontró algunas
personas que aceptaron a Cristo, pero trabajaban de noche y dormían de día. La iglesia es una
expresión auténtica y vibrante del amor y la verdad de Jesús en este mundo de tinieblas, y con
Jesús al timón es imparable. No debemos escaparnos de los vendedores de drogas y de la
oscuridad. Si somos realmente la luz del mundo, deberíamos correr hacia la oscuridad con el
entendimiento que no podemos ser vencidos por la oscuridad. Debemos tomar la luz y
encajársela en la garganta de la oscuridad.
Mi esposa, Dana, es maestra. Solía trabajar en una escuela cristiana, pero en los últimos años
escogió enseñar para el Distrito Sur de Escuelas de Los Ángeles, precisamente en Watts. Es una
parte complicada de la ciudad. En su primera semana de trabajo, llegó a casa con una gran
sonrisa. Pronunció estas palabras inolvidables que me hicieron sentir orgulloso: “Es mucho más
divertido ser luz en la oscuridad, que ser luz en la luz”.
¡Sugiero que aprendamos a divertirnos más!
Jesús dijo, “Ustedes son la luz del mundo” (Mateo 5.14). El no nos mandó a brillar. No nos
sugiere que seamos más brillantes. Dijo, “Ustedes ya brillan, porque son luz--¡eso es lo que
son!” Agregó que una luz es inútil si es puesta bajo un canasto o una olla. Una luz debe ser
puesta en un candil para que de luz a toda la oscuridad. (Mateo 5.15).
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Normalmente, en griego, un pronombre se pone al final, pero Jesús puso delante el


“vosotros”. Esto atraería la atención de todos. El pronombre vosotros está en un lugar curioso de
énfasis, como si dijera, “Vosotros—sí, vosotros—son la luz del mundo”. Está hablando de
ustedes—sí, ustedes.
Nuestra gran trascendencia se encuentra en la oscuridad, no en la luz. La luz más pequeña
derrotará la oscuridad. Nacimos para ser guerreros, nacidos de nuevo para acorralar la
oscuridad.
Como los jinetes de Rohan debemos recordar quiénes somos y enfrentar al enemigo. Esto es
lo que realmente somos y lo que debemos querer ser.
Amigos, la guerra está sobre nosotros. Cabalguen conmigo. Rescatemos a los cautivos y que
el enemigo huya.
¡Que esta sea la hora de desenvainar juntos las espadas!
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Capítulo 2

El Despertar a una nueva clase de Iglesia


Los riesgos no tienen que evaluarse en términos de probabilidad de éxito, sino en términos del valor
de la meta. Ralph Winter.

Hay una diferencia entre conocer el sendero y caminar el sendero.


Morfeo, Matriz, la película.
Antes de examinar la iglesia orgánica y cómo crece y se multiplica hasta llegar a ser un
movimiento de multiplicación espontánea, es importante que les de un gran cuadro y una
pequeña historia.
En este capítulo comparto mi historia personal para comprender cómo devenimos en un
movimiento. No cuento esta historia para que usted copie nuestros pasos en un intento de clonar
nuestro éxito, ese sería un camino sin salida. En lugar de eso, comparto nuestra historia para que
encuentre fuerzas para descubrir la suya. Le dará unos parámetros para comprender el corazón
del movimiento orgánico de la iglesia.
Este capítulo es la historia de cómo Dios guió a un pastor de una iglesia ordinaria a descubrir
el movimiento de multiplicación de iglesias.

El relato de los dos Marios


Por ocho años, fui pastor de una iglesia muy normal en los suburbios del sur de California.
En ese tiempo, trabajábamos para desarrollar líderes que plantaran nuevas iglesias y terminamos
plantando tres iglesias hijas. En esos años, sentía que el ministerio que hacía era temporáneo y
yo me iría a otra parte. Pasaron los años, vidas fueron cambiadas, se desarrollaron líderes, y el
ministerio prosperó. Me sentí más y más contento. Sentí que esta era una pequeña gran iglesia, y
que podría quedarme ahí mucho tiempo. Muchas veces tuve la oportunidad de irme, pero luego
de consultar con el Señor, sentí fuertemente en mi corazón que tenía que quedarme.
Desarrollamos una publicación para desarrollar líderes con mi amigo y coautor Bob Logan.
Luego de eso me sentí libre de mi llamado a esa iglesia. Sin aviso, y en un momento sin que lo
buscara, el llamado parecía evaporarse, pero no tenía claro a qué estaba siendo llamado.
Fue en ese momento, en el séptimo año de mi pastorado, que comenzamos a ver ataques del
enemigo. Al comienzo eran cosas pequeñas contra la propiedad de la iglesia, pero la oposición
creció a un hecho significativo.
La propiedad de la iglesia estaba ubicada en un área suburbana, a los pies de una montaña en
Alta Loma. Alrededor había pastizales, lo que hacía que la iglesia quedara en medio de un
descampado.
Primero descubrí que algunos jóvenes estaban plantando marihuana en nuestra propiedad.
Una mañana, en el estacionamiento encontré condones usados. Esas cosas me enfurecieron. Me
sentí triste por los chicos, y enojado con el enemigo por usarlos en nuestra contra. Nuestra
congregación decidió que era un ataque espiritual, por lo tanto comenzamos a orar
fervientemente. Esta lucha espiritual culminó en algo peor. Muchas veces, cuando estaba sólo
en el edificio, pensamientos oscuros se cernían sobre mí. Me imaginaba a un joven ahorcándose
a sí mismo. Me daba cuenta que era extraño, y alejaba ese pensamiento. Un sábado por la
mañana estaba en mi oficina en la iglesia, y sentí sirenas de policía y bomberos. Me asomé
mirando al viejo roble al fondo del terreno y ahí estaba la culminación de todos aquellos
pensamientos. Un hombre joven, en buen estado físico se había ahorcado. Tenía zapatillas caras,
y efectivo en sus bolsillos. Su nombre era Mario, tenía treinta años y había tenido problemas
con su esposa.
Sexo, drogas y muerte habían caído en nuestro terreno en el curso de una semana.
Obviamente, esto no era normal. Era la guerra.
Al mirar al cuerpo de este hombre, meciéndose y sin vida, recordé todas las impresiones
recibidas. Supe que era un momento espiritual importante. Oré para mis adentros, “Señor, ¿en
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qué estaba pensando este hombre cuando saltó de esa rama y se precipitó en la eternidad?”
pronto descubrí que era una oración peligrosa. El Señor contestó mi oración inmediatamente.
Cada área de mi vida comenzó a experimentar desafíos de la gente que amaba. Los hechos
vinieron unos tras otros como olas que golpearon mi vida en pocas semanas. Estas pruebas se
expandieron en forma concéntrica en mi círculo de relaciones. Primero, mi mejor más viejo
amigo cayó en depresión, y me tildó de ser un fiasco, y de indigno para estar en el ministerio.
Luego, un miembro diseminó falsedades sobre mi persona a otros miembros. Peor aún, algunos
lo creyeron. Un pastor amigo cuestionó mi carácter, calidad y competencia en frente de otros
pares. (¿No se parece a un pastor predicando en forma aliterada sus tres puntos de ataque?). por
alguna extraña razón, otro pastor de mi denominación en el otro extremo del país voló a Arizona
para acusar de hereje a uno de nuestros plantadores de iglesias, y sugiriendo que lo expulsen de
la denominación. Volé a Arizona para salir en su defensa, y descubrí que yo también estaba bajo
sospecha. .
Luego me sentí abandonado pues mi coautor comenzó a tener muchas oportunidades de
ministrar, y yo me sentí dejado atrás. Parecía que estaba perdiendo el respeto de mis amigos, mi
iglesia, mis pares profesionales, mi denominación, y el Reino. No había ningún área donde no
hubiera algún hermano o hermana que no me estuviera lastimando intencionalmente o no. En
medio de esto, recibí una llamada de otro pastor al que raramente había visto. En ese tiempo yo
había sido el moderador en nuestro distrito denominacional. Este pastor me contó que sobre los
años, horribles pecados se cometieron en nuestras iglesias, y que yo, como líder, necesitaba
asumir toda la responsabilidad por ellos y caer sobre mis rodillas para pedir perdón y
restauración; ¡Es justo lo que necesitaba escuchar en medio de esas pruebas!
Al escuchar sus palabras, sentí que probablemente tenía razón, así que me arrodillé y rogué a
Dios que perdonara a mi pueblo por sus pecados. Esa tarde mi mentor, Tom Julian, vino a
visitarme. Vive en otro Estado, y nos comunicamos usualmente por teléfono o en reuniones
denominacionales. En este caso, vino a mi oficina; no le pedí venir. Es la única vez que vino a
mi iglesia. Fue una cita divina, y le estoy agradecido por su sensibilidad. Me preguntó cómo
estaba y le relaté mi descenso a los infiernos. Estaba muy interesado y preocupado; comenzó a
atar cabos. Fui ninguneado por mis más cercanos amigos, traicionado por un asociado cercano,
cuestionado por mis pares, etiquetado como falso profeta por mi propia gente, y luego se me
solicita que lleve sus pecados a Dios. A pequeña escala estaba experimentando la comunión de
los sufrimientos de Cristo. Fue una oportunidad para comprender algo de lo que mi Señor
sufrió.
Mi mentor me miró y dijo, “Suena como si estuvieras endurecido por algo”. Respondí,
“siento como si me estuviera ablandando”. De hecho, mi corazón se estaba haciendo tierno. Me
sentí tierno hacia los sufrimientos de Cristo. Sentí ternura hacia la gente que me estaba
atacando. Especialmente me sentí así con jóvenes como Mario que piensan que no tienen
esperanza, que no fueron amados por quienes lo rodeaban y saltan de un árbol con una soga al
cuello. Inmediatamente después de la conversación con Tom, todo se revirtió. Después de ver al
doctor y ser diagnosticado con depresión química inducida, mi amigo se disculpó conmigo.
Nuestra relación es más fuerte hoy que nunca antes. El miembro de la iglesia fue corregido, y la
iglesia se recuperó. El pastor que cuestionó mi carácter y competencia frente a mis pares me
propuso como líder en el distrito en la plantación de iglesias, y ha sido uno de los que más me
apoyan desde entonces. La denominación respondió al que me etiquetaba de hereje y le pidió al
“cazador de herejes” que cese y desista. Todas mis relaciones fueron restauradas a lo normal,
pero dentro mío las ocas cambiaron para siempre. Yo tenía un nuevo llamado a brindar la
esperanza de Cristo a personas rotas, perdidas, y que no querían vivir más. A pesar del dolor
que recibí de gente que amaba, nunca sentí que mi Salvador me diera la espalda. Jesús siempre
estuvo allí conmigo, no importa lo que otros hicieran o dijeran. Nunca perdí la esperanza.
En ese mismo tiempo, Dios llamó radicalmente a otro llamado Mario. Era uno de nuestros
ancianos, y plomero de oficio. Como el otro Mario, andaba por los treinta años. El daba los
anuncios el domingo porque siempre contaba chistes y tenía una personalidad chispeante. Un
domingo, cambió. Fue a la plataforma y dijo, “Todos los anuncios que necesitan saber, están en
el boletín, síganme por favor a Apoc 5 y 6” procedió a describirnos cómo sería el cielo. Donde
había visto a un plomero, de repente vi. a un pastor. Dos hombres en la treintena, compartiendo
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el nombre de Mario, uno sin esperanza, el otro con un llamamiento y pasión de vivir la vida que
Jesús puso en él.
De esa experiencia supe que Dios me llamaba a llevar la esperanza y la vida de Jesús a
jóvenes con vidas rotas como la de Mario, para convertirse en gente con una vida abundante...
como la de Mario.

Comenzar algo nuevo


Luego de un año de servir como mentores del segundo Mario, y habiendo arreglado las cosas
de la iglesia, mi familia y yo fuimos comisionados a comenzar algo nuevo en Long Beach,
California. Fuimos enviados para encontrar y alcanzar gente como el primer Mario, quienes
estuvieran pasando por agudo dolor y hubieran perdido toda esperanza. Fuimos enviados a
darles un sentido de esperanza y significado personal como tenía el segundo Mario. Fuimos
enviados a comenzar nuevas iglesias, a las que llamamos Capillas del Despertar, entre los
posmodernos de las ciudades. Comenzar una sola iglesia no era una opción para nosotros; nos
dispusimos a iniciar un movimiento de multiplicación de iglesias, y abandonaríamos todo, aún
las iglesias que tuvieran éxito y que nos desviaran de la meta. He visto que hay muchos métodos
ministeriales efectivos que atrasan la multiplicación. El éxito definido por los cristianos,
frecuentemente choca con la reproducción saludable. Estábamos deseosos de abandonar
cualquier cosa que no multiplicara discípulos, líderes, iglesias o movimientos saludables.
Por esta razón comenzamos una nueva organización llamada Asociación de Multiplicación
de Iglesias (AMI) para desarrollar los recursos que nos llevaran a esa misión.
Seleccionamos Long Beach porque buscábamos tres cosas: un centro urbano, un área con un
sistema universitario con muchos jóvenes, y una localidad con playa (para los bautismos, por
supuesto).
Llegamos con unos pocos métodos que se habían probado efectivos para reproducir
discípulos y un equipo de doce cristianos radicales deseosos de probar cosas nuevas.
Una gran ventaja era nuestro deseo de aprender y escuchar lo que el Espíritu tenía que
decirnos. Las iglesias que Dios comenzó no se parecían a nuestros planes, pero siguiendo la
guía del Señor de la cosecha descubrimos que fueron saludables y pudieron reproducirse. Estas
iglesias nuevas eran pequeñas y se reunían mayormente en casas.
Nunca planeé comenzar “iglesias caseras” y siempre me sorprendo cuando me consideran
una autoridad en la materia. No las llamamos iglesias caseras, las llamamos “iglesias orgánicas”
para enfatizar la vida saludable y los medios naturales para reproducir lo que deseábamos ver.
Rechazamos la etiqueta iglesias caseras por un par de razones. Primero, la iglesia casera en
USA tiene una reputación para muchos de estar conformada por gente inconformista, enojada y
que se quiere aislar. Gente que tiene un arsenal de armas en el subsuelo de sus casas. Por
supuesto, no es verdad en la vasta mayoría, pero la etiqueta conjura imágenes negativas.
La segunda razón se debe a que la iglesia de Cristo no está contenida en un edificio, sea un
edificio con aguja o con una chimenea. Hemos encontrado iglesias congregándose en lugares
extraños. Parques, baldíos, estacionamientos, pero no las llamamos “iglesias del baldío”. Oí que
hay iglesias se reúnen en uniones estudiantiles, o empresas. Uno de nuestros plantadores de
iglesia comenzó una obra que denominó “Jesús en el Pub”; se reúnen en un bar. Me contaron de
una mujer que tenía una carga por mujeres abusadas por hombres, así que comenzó una iglesia
en un club de strip tease. No es estemos por comenzar a dar talleres en cómo comenzar iglesias
en boliches—aun cuando consiguiéramos mucha gente que venga. La esperanza es que la
iglesia se vaya de ese lugar, pero no me opongo a ver que el reino de Dios influya esos lugares.
No ordenamos a que las iglesias permanezcan pequeñas y se reúnan en una casa; eso es errar
el blanco. Buscamos que las iglesias sean sanas y se reproduzcan. La razón de que nuestras
iglesias tiendan a ser pequeñas es la propiedad dinámica que cambia vidas de un “grupo de
hermanos y hermanas” que se sienten juntos en una misión. Hay una cualidad innata en nuestra
expresión de iglesia que hace que quieran iglesias pequeñas, íntimas e involucradas en una
misión. Estas nuevas iglesias que vimos comenzar eran diferentes de otras de las que habíamos
sido parte. Eran el resultado de plantar la semilla del evangelio en buen terreno y ver la iglesia
emerger en forma más orgánica. Estas iglesias orgánicas crecieron donde las semillas fueron
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plantadas: en cafeterías, campos universitarios, empresas, y casas. Creemos que la iglesia debe
sestar donde esté la vida. No debiéramos dejar de vivir para ir a la iglesia.
Debido a que concebimos a la iglesia como a una entidad viviente, orgánica en esencia,
seguimos algunas fases de desarrollo. El resultado fue la reproducción en todos los niveles de la
vida eclesial: discípulos, lideres, iglesias, y en última instancia, movimientos. Como todo en la
vida, la reproducción comienza en el nivel celular, y eventualmente se multiplica y convierte en
entidades vivientes más complejas. La vida se reproduce, y usualmente se desarrolla de lo micro
a lo macro. Nuestro movimiento se ha desarrollado de esa manera.
Al descubrir nuevas cosas, compartimos nuestro aprendizaje con otros. Puede parecer que
sabemos algo de lo que estamos haciendo, pero no comenzamos con un plan ingenioso. En lugar
de eso, aprendimos de nuestros errores tanto como de nuestros éxitos fortuitos. Nuestro primer
plan era original, comenzar en una cafetería. ¿Ud. nota algún sarcasmo? Teníamos todo el
escenario preparado: quien cocinaría los pasteles, quien haría el café, quien tocara la guitarra y
cante coritos en una esquina del local. Entonces el Señor me susurró en mi oído: “¿Por qué
comenzar cafeterías para atraer a la gente perdida? ¿Por qué no ir a las cafeterías que ya están
abiertas?” Ese fue un momento decisivo. Nuestra estrategia original requería que
“convirtiéramos” a la gente que asistía a otras cafeterías a que viniera a nuestra cafetería para
después convertirlos a Cristo. El Señor de la mies, otra vez, tenía una idea mejor. Esa simple
lección de transición nos muestra la diferencia entre ser una iglesia orientada al “todos vengan a
nosotros” a ser una iglesia misional y de encarnación que va a los perdidos. Las implicaciones
han retumbado en treinta y dos estados, en Estados Unidos y en veintitrés países es seis años.
Muchos creyentes hoy en día están tratando de descubrir cómo traer gente a Jesús. La clave
para comenzar iglesias que se reproduzcan espontáneamente es llevar a Jesús a los perdidos. No
estamos interesados en comenzar iglesias regionales, sino en hacer que Jesús esté disponible
para toda una región.
En las primeras siete semanas que mi familia estuvo en Long Beach, no teníamos casa. Una
pareja que conocíamos tenía una casa que quería alquilarnos, así que hicimos las valijas y nos
preparamos. Entonces me dijeron que los inquilinos ahora no querían irse. Así nos encontramos
sin donde vivir. Guardamos nuestras posesiones en mi oficina y dormimos en camas prestadas o
en moteles. Éramos una familia nómada, peregrinando en el desierto con un perro, un gato, un
pájaro, y tres hijos. Por dos semanas estuvimos en un motel, pero no podíamos dejar las
mascotas. Se quedaron en mi oficina. Varias veces a la semana tenía que sacar al perro a pasear.
Recuerdo una noche llevé al perro al monte Signal que rodeaba la ciudad de Los Ángeles.
Mientras el perro olisqueaba por allí tuve una agria discusión con Dios ¿Por qué tuvimos que
dejar nuestra casa? Le pregunté qué estaba tratando de decirme, y me contestó. Esa noche
escuché a la ciudad, y la voz de Dios me habló a mi corazón. Escuché esposas y maridos
gritándose uno al otro. Perros ladrando, ruedas de auto chirriando, tiros. Escuché las cosas que
Jesús escucha cuando pone su oído en la ciudad, y comencé a llorar.
En ese momento, el Señor quebrantó mi corazón por la ciudad y por su gente esclavizada a la
oscuridad. Le rogué a Dios que librara a los cautivos y estableciera su reino en Long Beach así
como en el cielo.
Luego que el Señor nos abriera la casa original, nos mudamos. La nueva casa era una
propiedad horizontal, pero sin patio. Todavía teníamos el perro, así que cada noche yo salía a
dar paseos de oración con el perro (bueno, al menos, yo oraba; no puedo hablar por el perro).
Encontré una cafetería en mi barrio lleno de jóvenes que paraban ahí todas las noches. Oraba
por ese lugar y por la gente que veía cada noche al pasear el perro. Pasé horas rogándole a Dios
por las almas de esos jóvenes. Junto a un grupo del equipo comenzamos a caer por ahí.
Jugábamos ajedrez, damas, o dominó, y fuimos parte de la fauna del lugar. Escuchábamos las
historias y les ofrecíamos orar por aquellos que estaban heridos. No les predicábamos, pero
ellos nos preguntaban por nuestras vidas espirituales. Debió haber algo atractivo en lo que
contábamos porque muchos descubrieron a Cristo.
No mucho tiempo después mi living estaba lleno con nueva vida. En lugar de conseguir más
espacio, enviamos pequeños equipos de dos o tres a otras cafeterías para comenzar iglesias.

Nace un movimiento
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En nuestro primer año, comenzamos diez iglesias. En el segundo año, los Asociados para
Multiplicación de Iglesias (CMA, por sus siglas en inglés) comenzaron 18 iglesias. El año
siguiente, agregamos 52 nuevas iglesias. Fue más allá de nuestras expectativas. En el año 2002,
promediamos dos iglesias por semana y tuvimos 106 comienzos.
El siguiente año, vimos unas 200 comenzar. Estimamos que cerca de 400 iglesias se
comenzaron en el año 2004. Al tiempo de escribir esto, se comenzaron cerca de 800 iglesias en
treinta y dos estados, en veintitrés países, en solo seis años. Estas iglesias las comenzamos, muy
pequeñas (promedio de dieciséis personas) y simples. El término iglesia simple comenzó a
ganar popularidad, porque valoramos la simpleza de seguir al Señor y evitamos muchas de las
complejidades de la iglesia convencional. Las cosas complejas se estrellan y no logran pasar y
permanecer, pero las cosas simples son fuertes y se reproducen fácilmente. Cristianos ordinarios
fueron capaces de hacer una obra extraordinaria al comenzar iglesias y guiarlas porque la obra
era simple, y los resultados poderosos.
Comenzamos a articular esta meta profunda de CMA: “Queremos bajar el listón de cómo
hacer la iglesia, y subir el listón de lo que significa ser discípulo.” Si la iglesia es
suficientemente simple como para que todos puedan hacerlo, y esté conformada por gente que
pueda tomar su cruz y seguir a Jesús a cualquier costo, el resultado serán iglesias que
empoderan al cristiano común para hacer tareas poco comunes. Las iglesias serán saludables,
fértiles, y reproductivas.
La iglesia convencional se ha convertido en algo tan complicado y difícil de llevar a cabo que
sólo un profesional puede hacerlo cada semana. Mucha gente piensa que bajar el nivel de cómo
se hacen las cosas en la iglesia es rayano en la blasfemia porque la iglesia es la expresión del
reino de Dios sobre la tierra. Pero debido a que la iglesia no es una reunión semanal, sino la
familia de Dios, lo que han hecho hasta acá es lo opuesto a su intención.
Cuando la iglesia es tan complicada, que las funciones que están en m años de la gente pasan
a las manos de los pocos profesionales talentosos. Esto deviene en una iglesia pasiva cuyos
miembros van y actúan más como espectadores que como poderosos agentes del reino de Dios.
La iglesia simple u orgánica, más que nadie, está mejor preparada para saturar una región
porque es informal, relacional, y móvil. Debido a que no está financieramente abrumada con
costos que la sobrepasan y se planta fácilmente en una variedad de ambientes, también se
reproduce más rápido y se extiende más extensamente. La iglesia orgánica puede tener una
visión descentralizada en una región, una nación, o un grupo de personas y no necesita la pesada
dependencia de un clero entrenado. El mandato que tenemos en CMA es claro y simple:
reproducir discípulos, líderes, iglesias y movimientos saludables, para llenar la tierra con el
reino de Dios.
Hemos desarrollado algunas formas simples de desplegar el poder de multiplicación de cada
uno de estos niveles y su crecimiento. Saturar el mundo con discípulos saludables, y vitales es
nuestro mandato. Parece ser que Dios está cumpliendo nuestros deseos más profundos.
El grupo más pequeño en nuestro movimiento no es la iglesia orgánica sino los Grupos
Vitales de Transformación (GVT). Son grupos de dos o tres personas que se reúnen
semanalmente para desafiarse uno al otro a vivir una auténtica vida espiritual. Los miembros de
estos grupos no coercitivos tienen un alto grado de rendir cuentas uno al otro en cuanto a cómo
han caminado con el Señor cada semana lo que implica una mutua confesión de pecados, así
como un firme compromiso a leer una gran porción de la Escritura repetitivamente. Los GVT
también son misioneros porque oran activamente por las almas de sus amigos, familiares y
vecinos. Este es un contexto en el que multiplicamos discípulos, que debe venir antes que
multiplicar iglesias. El pensamiento que fundamenta esta estrategia se explica luego en el
capítulo (2)
El crecimiento por multiplicación comienza tímidamente y con el tiempo cobra impulso,
hasta que no tiene control. Esperamos con expectación cuando seamos sorprendidos por la
expansión del reino.
Una tarde en una de mis propias iglesias, Miguel (quien pinta casas para vivir) me preguntó
sobre la iglesia que teníamos sobre la calle Gaviota en Long Beach, California. Gaviota está a
pocas cuadras de donde vivía antes. Le dije que no teníamos ninguna iglesia allí. Él sonrió y
dijo, “Sí, tienen una”. Me contó que estaba pintando una casa y se dio cuenta que muchos autos
19

paraban en esa cuadra. Gente llevando guitarras y biblias entraban en una casa. Miguel fue, y se
presentó diciendo que también tenía una iglesia en su propia casa. Ellos le dijeron que eran parte
de nuestra red de iglesias. Una iglesia había comenzado a pocas cuadras de mi casa, y yo no lo
sabía. Cuando oí esta historia, sentí que finalmente habíamos alcanzado la menta de la
reproducción espontanea; habíamos comenzado a ver cosas fuera de nuestro control. Todavía
tenemos muchos que aprender, pero Dios parece mostrarnos la forma de provocar la
multiplicación espontanea. Un par de nosotros desde una de nuestras “Capillas del Despertar”
comenzamos una nueva iglesia en un complejo de departamentos en el barrio del Este en Los
Ángeles. Un sábado fuimos a ese lugar para tener un asado y bautizar nuevos creyentes. Cuando
llegamos, me sorprendió encontrar a otro hermano que también planta iglesias. Él también se
sorprendió de verme. Vive en esos departamentos en la misma cuadra y guía una iglesia que
comenzó con gente hispana. De repente ya había dos iglesias en la misma cuadra, una en
castellano y otra en inglés. ¿Podría ser posible que chocáramos?
Recientemente hice un viaje a Asia con Felipe Helfer, uno de nuestros líderes principales,
cofundador de CMA. En el viaje de vuelta conocimos a una azafata que estaba esperando su
primer hijo. Resultó ser creyente y había vivido en Long Beach. Lo que no descubrimos sino
hasta unas semanas después es que era parte de una de nuestras iglesias. Me fascina saber que
en poco tiempo hemos conocido gente de nuestro movimiento en toda la ciudad—aun a 10.000
metros sobre el Océano Pacífico. Después de cinco años, hice una especie de árbol genealógico
de las Capillas de Despertar.
Me maravillé de lo que podría pasar en una simple red de iglesias en solo cinco años. Esto es
lo que descubrí:
El comienzo de 68 iglesias orgánicas en 5 estados y 5 países. Cinco generaciones de iglesias,
donde teníamos una iglesia hija, iglesias nietas, bisnietas y tataranietas. Cinco redes de iglesias
nacieron de esta última. La iglesia del Despertar es una de 99 redes solamente en nuestro
movimiento.
Este libro es el producto de nuestro escuchar y aprender en este camino que hemos tomado.
Comienzo por destapar lo que creo que es la esencia de la iglesia. Es importante el comprender
claves y cambiar nuestra comprensión de la iglesia y el reino de Dios. En los capítulos que
siguen, exponemos la naturaleza orgánica del reino y vemos cómo comienza la iglesia, cómo
continúa y se reproduce en forma natural.
20

Capítulo 3
¡La novia zombi vive!
El cristianismo no es una teoría o especulación, sino una vida; no una filosofía de vida, sino una vida
y un proceso vivo.
Samuel Taylor Coleridge.

El evangelio dice “id”, pero nuestros edificios eclesiásticos dice, “Deténgase.” El evangelio dice,
“Busca a los perdidos”, pero nuestras iglesias dicen, “Dejen que el perdido busque la iglesia.”
Howard Snyder (El problema con los odres).

En la Biblia el profeta Joel escribió, “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda
carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos sonarán sueños, y
vuestros jóvenes verán visiones.” (Joel 2.28). En 1991, yéndome a la cama tarde (todavía no
me había acostado), tuve una visión. Nunca las había tenido, solamente sueños (ahora supongo
que Dios también piensa que soy viejo). En un momento, más rápido de lo que puedo imaginar,
toda mi vista fue consumida con este cuadro. Se fue tan rápido como vino, aun así la imagen se
gravó permanentemente en mi memoria.
La visión era de una novia que yacía en un sofá, tan débil que no podía ponerse en pie. Su
semblante era desfalleciente, aunque le sostenía un hilo de vida. Era como si permaneciera viva
por medios supernaturales, en contra de todas las reglas del mundo natural, como en las
películas de clase B sobre zombis. Su tez era sólida y prácticamente se le caía la piel de la cara.
Su ajuar de novia se veía gris por el polvo. Su pelo lucía quebradizo y desgreñado. Lo
maravilloso era la sonrisa que le mantenía como si estuviera esperando que su prometido viniera
en cualquier momento.
Había una ventana a la derecha del sofá con una cortina de encaje. De repente la cortina se
hinchó con una explosión de luz. Allí terminó la visión. Yo no necesitaba una interpretación.
Supe que era una figura de la iglesia en Estados Unidos hoy: enfermo, mantenida vida por una
fuerza sobrenatural, pero creyendo ella que era saludable y lista para esperar a Jesús. La
esperanza es que una brisa de aire fresco y luz llegue pronto. Esta visión hizo que mi mente
entrara en devaneos con pensamientos sobre la iglesia como cuerpo y novia de Cristo. Bajé las
escaleras y comencé a garabatear mis pensamientos en un papel, y esas notas fueron el primer
borrador, sobre ideas de la iglesia orgánica. Durante mucho tiempo no le dije a nadie sobre esa
visión. Primero, porque no me sentí seguro den mi propia denominación hablando de estas
cosas, pero más que eso porque sentí quela visión era para mi, y no quise que la gente pensara
que el trabajo que estaba haciendo estaba basado en una visión como autoridad bíblica. Estoy
más inclinado a compartirla ahora que el tiempo ha pasado y la obra hecha tiene mérito por sí
misma. Sin embargo, el diagnostico de la iglesia que me dio la visión todavía es muy real. La
iglesia parece haber perdido su sentido de identidad. Ha olvidado para qué fue creada. Carol
Davis, mi buena amiga y mentora, ha descrito a la iglesia como alguien que sufre de pérdida de
memoria, no por amnesia, sino por un lento mal de Alzheimer. Cuando una persona tiene
amnesia, sufre de una pérdida de memoria a corto plazo, pero mantiene su identidad básica y es
capaz de funcionar. Pero el mal de Alzheimer poco a poco roba toda memoria de identidad
básica. Sus víctimas olvidan quiénes son y para qué están sus vidas. Olvidan a sus seres
queridos y aún crean que sus familiares son enemigos que tienen un plan siniestro para hacerles
el mal. Sus mentes les engañan; a diferencia de la amnesia, alguien con Alzheimer no se da
cuenta de algo que está mal. En muchos casos, aun cambia la personalidad. Al progresar la
enfermedad, el cuerpo aun puede olvidar funciones naturales como comer, o aun morir por
complicaciones asociadas con la malnutrición.
La iglesia ha sufrido en la misma forma. Ya no recuerda las verdades básicas sobre su
identidad. Aun las mismas cosas que nos son amadas y se nos dio para nuestro cuidado las
considera como falsas. Como la novia en mi visión, se la engaña para que piense que está bien,
cuando lo cierto es lo contrario. El resultado de esto es que la iglesia ha perdido su personalidad
y he olvidado su primer amor (Ap. 2.4).
21

Lo más engañoso de esta auto-decepción es que no sabes cuando eres engañado. Si supieras
que el cierre de tu pantalón está abierto, arreglarías las cosas. La gente no deja su cierre abierto
a propósito. Lo hacen porque no se percatan, y cuando se da cuenta remedian la situación. Una
vez quise poner de relieve esto con algunos pastores amigos. Éramos todos hombres en un retiro
y quise hacerles pasar un mal momento a mis expensas. Me paré a hablar e intencionalmente
dejé mi cierre del pantalón abierto. Elegí a un amigo para que me socorriera de mi vergüenza. Él
dejó que la charla fluyera un poco más de lo que yo hubiese esperado, sonriéndome todo el
tiempo.
Al fin, mencionó que había una corriente de aire en la habitación, y yo rápidamente me puse
de espaldas al auditorio y subí el cierre. Me había puesto un cartel en la espalda que decía
“¡Patéame!”. Todos se rieron, pero hice gráfico lo que quería transmitirles.
El auto-engaño es horrible para todos excepto para el engañado, porque la persona no lo
sabe.
A diferencia del mal de Alzheimer, hay una cura para nuestra lucha. Podemos recobrar
nuestra memoria, pero primero necesitamos abandonar las falsas identidades que hemos
adoptado. Hasta que no nos demos cuenta, nunca encontraremos la verdad que nos haga libres.
Debemos volver al Gran Médico y ser sanados.
Hay varias cartas que fueron escritas a las iglesias en los tiempos bíblicos por personas
prominentes.
Pablo, Santiago, Pedro y Juan, todos ellos escribieron a iglesias del Nuevo Testamento, pero
hay otra persona que escribió a algunas iglesias en el Nuevo Testamento: Jesús.
En Apo 2 y 3, Jesús dictó siete cartas a siete iglesias en Asia. Son cartas profundas que abren
nuestros ojos a cómo Jesús atendería las necesidades que tenemos en Su iglesia.
Una de las cartas fue escrita a una iglesia que sufría de pérdida de identidad. En esa carta
Jesús describe el estado de cosas y también ofrece una receta.
Jesús le dice a la iglesia de Laodicea, “Porque tu dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y
de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tu eres un desventurado, miserable, pobre,
ciego y desnudo.” (Apo 3.17).
Jesús construye a esta iglesia a ser “celosa y arrepentirse.” No seas lento para tomar
conciencia; esto es urgente.
En este contexto Jesús dice: “He aquí yo estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y
abre la puerta entraré a él y cenaré con él, y él conmigo.” (Apo 3.20).
Por largo tiempo estas palabras se han malinterpretado para evangelizar, cuando de hecho,
Jesús se las dijo a Su iglesia, “¡Ábreme y déjame entrar!”
Concluye su carta a Laodicea diciendo, “Aquel que tiene oído para oír lo que el espíritu dice
a las iglesias”. (3.22).
Haríamos bien en escuchar.

Seis mitos que desacreditan verdades sobre la iglesia


Hay seis ideas básicas tomadas de la Escritura sobre la iglesia que refutan caricaturas
populares.

La iglesia es un organismo vivo, no una institución estática.


Así como Dios respiró vida a la humanidad en el principio del tiempo (Gen 2.7), también
respiró vida a su iglesia en el principio de una nueva era (Juan 21.21-23; Hch 2). La iglesia está
viva; es orgánica.
La primera orden dada a hermanos no tenía nada que ver con el fruto de un árbol o un jardín.
Fue más básico y fue repetido muchas veces y nunca disputado. De hecho, aun los más
malvados han obedecido esta orden. Dios dijo, “Fructificad y multiplicaos y llenad la tierra.”
(Gen 1.28; 9.1, 7). Le fue ordenado lo mismo a la iglesia (Hch 1.8).
Muchas de las metáforas y explicaciones del reino de Dios y de la iglesia en el Nuevo
Testamento usan conceptos naturales para identificaciones y describir: el cuerpo, la novia, las
ramas, el campo de trigo, la semilla de mostaza, la familia, el redil, levadura, sal y luz. Cuando
22

el Nuevo Testamento usa un edificio como metáfora de la iglesia, rápidamente agrega que está
formado por piedras vivientes (1 Pedro 2.5).
Como líderes de la iglesia haríamos mejor si nos sentamos a los pies de un granjero que
estudiar con el ejecutivo de una corporación. Es tiempo que veamos que la iglesia comienza en
los campos, no en los depósitos de granos (Prov. 24.27). Pasamos mucho tiempo construyendo
hermosos silos con bancos acolchados, salones don aire acondicionado, y buenos sistemas de
sonido, al punto de abandonar los campos. Somos tan tontos con el granjero que construye un
silo y luego se para en la puerta llamando a los cultivos para que entren y se sientan en casa. En
el momento para que la iglesia meta sus manos en suelo sucio de las vidas de los perdidos.

La iglesia es mucho más que un edificio.


Al menos cuatro veces en la Biblia dice que Dios no habita en edificios hechos por manos
humanas. El primer lugar de habitación designado por Dios mismo fue una casa móvil (un
tabernáculo) porque Él quería estar en movimiento con Su pueblo. David intentó construir un
hogar más permanente para Dios, pero le fue denegado el permiso. Finalmente, el hijo de David,
Salomón, construyó el primer templo. En su inauguración, Salomón estuvo en las sombras de
este gran edificio y dijo, “Pero, ¿es verdad que Dios morará en la tierra? He aquí que los cielos,
los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿Cuánto menos esta casa que yo he edificado?”
(1 Reyes 8.27). Isaías 66.1 declaró claramente: “jehová dijo así: El cielo es mi trono, y la tierra
estado de mi pies; ¿Dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi
reposo?” Yendo rápido a Hechos 7 llegamos a escenas centrales en la historia del reino de Dios.
Esteban se encuentra predicando el evangelio a un grupo de líderes judíos que se hallaban bajo
la sombra de otro maravilloso templo, este, construido por el rey Herodes para aplacar a los
judíos. Repasa mucha del Antiguo Testamento a una audiencia muy atenta, diciendo al final: “si
bien el Altísimo no habita en templos hechos de mano…” (Hch 7.48). Cita el texto arriba
mencionado en Isaías. Pasa al v.51, “¡Duros de cerviz e incircuncisos de corazón, y de oídos!
Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros.”. al
escuchar esto la multitud se enardece y toma piedras, con la anuencia de Saúl, y ejecutan a
Esteban allí mismo. Esto dio comienzo a un movimiento orquestado por Dios para
descentralizar su iglesia vía persecución.
Corremos 10 capítulos más a Hechos 17 y encontramos a Saúl, ahora llamado Pablo, predicando
ante los filósofos estoicos de Atenas en al Colina de Marte. Esta es una audiencia pagana, no
familiarizada con mucho del Antiguo Testamento. A pesar de todo, a la sombra de un gran
templo que aun está en pie—el Partenón sobre la Acrópolis—dice, “El Dios que hizo el mundo
y todas las cosas que en él hay, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado
por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y
todas las cosas.” (Hch 17.24-25). Parece que Jesús no tuvo planificado edificios. Un día estaba
caminando a la sombra del hermoso templo de Herodes, los discípulos esforzando sus cuellos,
enamorados por la majestuosidad del edificio, pensando, “¡Seguro que Dios habita aquí!” En
Lucas 13.2 leemos, “¿Pensáis que estos galileos, porque padecieron tales cosas, eran más
pecadores que todos los galileos?” Jesús no estaba muy impresionado. En el versículo que
sigue, respondió con una profecía: “No; antes si os arrepentís, todos pereceréis igualmente.” En
el año 70 d.C los romanos destruyeron el templo al punto que no quedó piedra sobre piedra.
Es importante notar que la iglesia primitiva no tuvo edificios en los primeros trescientos años.
Mi amigo Thom Wolf enseña a los plantadores de iglesias a trazar una estrategia de plantación
de iglesias por trescientos años. Presuponiendo que la iglesia no tuvo un edificio hasta el siglo
cuarto y le fue bien ¡sugiere que la primera fase del proyecto se completa en el año trescientos!
Pongámoslo en perspectiva. Trescientos años atrás los padres peregrinos recién llegaban a
Estados Unidos. Algo cambia en nuestra perspectiva cuando aun a sabiendas sugerimos edificar
al menos por trescientos años. Quedé impresionado de que, a pesar de haber crecido a miles de
miembros, Rick Warren hubiera esperado quince años antes de que la iglesia de Saddleback
hubiera edificado su primer edificio (1)
Imagine un plan que durara trescientos años antes de que Ud. termine la fase uno del proyecto
de construcción. Por supuesto, si puedes esperar trescientos años para comenzar proyectos de
23

construcción, quizá no necesites edificios después de todo. Sugiero que si podemos arreglarnos
haciendo la iglesia sin necesidad de edificios, estaríamos mejor.
Los edificios no son erróneos o inmorales. No son los edificios el problema.
Desafortunadamente, con frecuencia funcionamos como si los edificios eclesiásticos fueran
nuestra fuente de vida. Aunque ninguno de nosotros lo admitamos abiertamente, sentimos que
los necesitamos. Es como si la vida de la iglesia dependiera de ellos. Muchos edificios
continúan aun después de que el alma de la iglesia los ha dejado, porque los edificios siguen
funcionando. Un edificio se puede convertir en un sistema artificial que mantienen a la iglesia
viva aunque ya haya muerto. No es difícil imaginar a ocho ancianos que peinan canas reunidos
cada domingo en viejos edificios que vale un millón de dólares, donde caben cientos de
personas. Continúan con los deberes sacerdotales en la iglesia y se van a casa. El edificio
permanece vacío el resto de la semana hasta que las mismas ocho personas vuelven una y otra
vez… a la misma hora, en el mismo lugar. Esta escena se repite en todo Estados Unidos cada
semana—una calle diferente, en una ciudad diferente, pero la misma escena.
Alguien dijo alguna vez que les damos formas a nuestros edificios, y luego ellos nos moldean a
nosotros. No es solo que los edificios limitan nuestro crecimiento, sino que también limitan
nuestro entendimiento del reino de Dios. Nuestras mentes quedan cautivas detrás de cuatro
paredes tan fácilmente como nuestras acciones. De hecho, ni siquiera necesitamos un edificio
para quedar atados a estar mentalidad. Antes de comenzar CMA, mi amigo y colaborador Paul
Kaak visitó la India para ver personalmente un movimiento de plantación de iglesias. En un
intento de evitar todas las trampas del institucionalismo, uno de esos movimientos rechazaba
tener edificios. De hecho, las iglesias firmaban un contrato declarando que no serán dueños de
ninguna propiedad, y si lo hacían debían dejar el movimiento. Es un poco extremo, pero estoy
seguro que comenzaron esta tradición por las razones correctas.
Sin embargo, podemos tener mentes institucionales aunque no tengamos paredes, oficinas, y
personal. Esta iglesia en India se reunía a la intemperie. Ponían una alfombra y todos se
sentaban. Uno de los líderes le contaba a Pablo que al terminar la reunión los niños corrían
alrededor. Uno de los chicos cruzó la alfombra y el padre lo tomó por el brazo y le dijo con
seriedad, “¡Deja de correr en la iglesia!” Nuestro problema no son los ladrillos; es nuestra
mente.
La iglesia no se limita a una sola localidad
Un día muy caluroso, Jesús tuvo una conversación interesante con la samaritana. Cuando
descubrió que era un profeta, le hizo una pregunta que tenía guardada: “Nuestro padres adoraron
en este monte, y vosotros decís que en el Jerusalén es el lugar donde se debe adorar. Jesús le
dijo, Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adorareis al
Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis, nosotros adoramos lo que sabemos; porque la
salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores
adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le
adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que le
adoren.” (Juan 4.20-24)

Capítulo 4 traducido. Buscarlo


24

Parte Dos

La naturaleza orgánica del reino de Dios.


Jesús usó metáforas orgánicas para describir el reino de Dios de forma que pudiéramos
entender. Debemos despejar el significado de sus parábolas para comprender las propiedades
del reino que permite ampliar su influencia para transformar el mundo.
En el capítulo cuatro del evangelio de Marcos vemos tres parábolas claves que usan el tema de
la agricultura para demostrar la naturaleza del reino. Esta parte se enfoca en las tres parábolas
que describen la naturaleza orgánica del reino para que podamos comprender mejor cómo
comienza, crece y se multiplica.

Capítulo 5
Reino básico: Ud. recoge lo que siembra…
y come lo que recoge.
Uds. los cristianos poseen un documento que contiene la suficiente dinamita para volar a toda la
civilización en pedazos, dar vuelta al mundo patas para arriba, y darle paz a un planeta transido
por batallas. Pero lo tratan como si nada más fuera una pieza de buena literatura. Mohandas
Gandhi.

Si Jesús estuviera en la tierra lo encontrarían en un bar gay en San Francisco. Estaría con la
gente que sufre de SIDA. Estos son los nuevos leprosos. Si quieren encontrar por dónde andaría
Jesús, siempre estaría con los leprosos. Buono (de la banda U2).

Años atrás, estaba caminando con un pastor y quería que comprendiera la naturaleza orgánica
de la iglesia. Le pregunté, “Si tuvieras un pedazo de tierra, y quisieras que crezca maíz, ¿Qué
harías? Me dijo, “Bueno, removería la tierra y sacaría las malas hierbas y piedras.”
“Bien, ¿Qué más?”
“Le agregaría fertilizante y me aseguraría de que tenga sol y agua.”
“Bien, ¿Qué más?”
“Supongo que me cuidaría de que las pestes no coman el maíz.”
“Bien—dije— ¿algo más?”
“Tendría una cosecha.”
Lo miré confundido y le dije, “Lo único que tendrías es un montón de tierra húmeda.”
Con una expresión de extrañeza rebobinó en su mente y se dio cuenta, “¡Ah!, ¡tengo que plantar
semillas!”
Aunque deseemos comer una porción de maíz no podremos porque no hay semilla que pueda
crecer. No importa lo bueno que sea fertilizando, regando o cosechando. Si no plantas una
semilla, nunca habrá una cosecha—nunca. El granjero que se salta ese paso es un tonto
hambriento que vive de la ayuda social. A los niños les gusta hacer tortas de barro, pero no nos
gusta comerlas. La Biblia dice, “…todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.” (Gal
6.7). Si un hombre planta semillas de maíz, cosechará maíz. Si planta pepinos, eso es lo que
cosechará. Si no planta nada, no cosecharía nada…al menos nada más que barro. Así de simple.
Si él planta la Palabra de Dios, cosechará el reino de Dios.
En la película Dos viejos cascarrabias, un niño es dejado por su madre con dos tíos excéntricos
(Robert Duvall y Michael Caine) que vivían en una destartalada casa de Texas. La primera
impresión del niño es buena. Los viejos viven sin TV y les gusta entretenerse disparándoles a
los vendedores ocasionales que pasan por allí. El verano de ese jovencito parece poco usual,
para decir lo menos. Con el tiempo el niño escucha las increíbles aventuras por las que habían
25

pasado esos hombres en su juventud, y dejan una marca positiva en su vida. También él influye
en sus tíos. Convence a sus tíos para que escuchen al vendedor ambulante. Este les termina
vendiendo una máquina que lanza discos de porcelana que simulan patos. También le compran
un cansado y jubilado león de un circo local (de allí el título de la película en inglés, Second
Hand Lions, Leones de segunda mano).
Supuestamente el león les haría revivir sus tiempos de cazadores, pero el león es demasiado
perezoso aun para corretear. Otro vendedor les convence de tener su propia huerta y les vende
una variedad de semillas.
Al crecer los cultivos se dan cuenta que fila tras fila es la misma planta: maíz. La fila de los
tomates, papas, zapallos, son todas iguales.
Más tarde, cuando cosechan, se los ve a los tres disfrutando y dándose una panzada de choclos.
No crea la promesa de que cada paquete que Ud. compre haría crecer su ministerio y su vida
más fructífera. Los paquetes mienten. Las semillas dicen la verdad. Ud. cosecha lo que cultiva.
Hay otra ley en el mundo natural: no solo Ud. cosecha lo que cultiva, sino o que Ud. come lo
que cosecha. Los pasteles de fruta saben mucho mejor que los pasteles de barro. El evangelio de
Marcos, capítulo 4, nos da una pista de cómo Jesús ve su propio reino. La primera cosa que
notamos es orgánica por naturaleza. Las tres parábolas versan sobre la agricultura y lo orgánico,
y todas son funcionales para comprender el reino de Dios. En este capítulo, vemos la primera
parábola, y en los próximos dos capítulos, las otras dos.

La parábola donde todo comienza.


Jesús nos cuenta que un sembrador salió a sembrar. Cristo interpreta que la semilla es la Palabra
de Dios. Hay cuatro tipos de suelo donde cae la semilla. El primero es suelo duro, no recibe el
mensaje. Los siguientes tres suelos reciben el mensaje, pero de los tres, sólo el último lleva
fruto.
Muchas le llaman la parábola del sembrador. Acercándose un poco más al significado, otros le
llaman la parábola de los suelos. Me gusta llamar a esta parábola donde todo comienza, porque
es la parábola donde Jesús dice cosas fundacionales para comprender a las otras parábolas.
Dice en el v.13, “¿No entienden esta parábola? ¿Cómo van a entender todas las parábolas?” si
Uds. tienen deseos de comprender las enseñanzas de Jesús, primero tienen que comprender el
significado de esta parábola; lo demás fluye de esta verdad. Creo firmemente que mucho de lo
poco saludable y disfuncional sobre nuestras iglesias en estos días tiene sus raíces en el pobre
entendimiento y aplicación de esta parábola. Así es de importante, ¿Por qué?
Esta verdad es el camino. El reino de Dios se concibe con la plantación de la semilla. Si
comienza mal, todo lo que sigue también lo estaría. Cuando se trata de servir al Rey, nuestras
expectativas, estrategias, esperanza, y fe se ven afectadas si no comprendemos la verdad de esta
parábola.
Jesús comienza diciendo, “¡Escucha y comprende!” (Marcos 4.3). La historia se repite en tres de
los cuatro evangelios. Jesús nos da una interpretación clara de cada parte porque es tan
importante que no quiere nos perdamos de nada ¿se ha tomado el tiempo para considerar el
significado de esta historia? ¿Ha considerado qué diferencia hace esta parábola en tu iglesia o
ministerio? Si no es así, te saltaste la matemática básica directo al cálculo complejo y no
comprendes lo fundamental. Es tiempo para que nos tomemos un momento en este pasaje pivote
de la Escritura para resinificar sus implicaciones en nuestras vidas.
Frecuentemente pasamos por lato estas fases fundacionales y esperamos buenos resultados al
final, y nos desilusionamos. Jesús nos muestra que debemos empezar bien si queremos terminar
bien. Recuerde que si salta la parte de plantar semillas, todo lo que tendrá es un campo de barro.
Si nos engañamos al pensar que simplemente por sentar gente en un auditorio, una hora a la
semana es comenzar una iglesia, hemos errado en el significado de esta parábola, y no se ha
plantado el reino de Dios.
Hay dos conceptos importantes en relación a esta parábola. Para plantar el reino y verlo crecer y
llevar fruto, dos cosas son necesarias: una buena semilla y un buen suelo. Si los dos vienen
juntos, los resultados son buenos frutos.
Esta simple fórmula es dada por Dios; siempre es verdad. Es una ley natural del universo no
puede ser errónea.
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Buena semilla
Plantar la buena semilla en el suelo correcto no es opcional; es un mandamiento que el reino
crezca naturalmente. Si el producto buscado es que crezcan manzanas, nunca tendrás éxito
plantando semillas de sandía. Plantar semillas substitutas no funcionará. Se necesita el código
genético correcto para que la vida se desarrolle. El granjero planta la semilla. La semilla es la
Palabra de Dios (Marcos 4.14). Debemos recordar que es el mensaje de Dios el que cambia
vidas. Muchas veces perdemos de vista esta verdad importante. Creemos, pero no la
obedecemos. En lugar de eso plantamos semillas substitutas.
No le damos la Palabra de Dios pura. En su lugar, le damos mensajes muy bien intencionados
sobre la Palabra de Dios. Por ejemplo, yo recibí a Cristo a través de un volante. Luego de eso,
fui discipulado con un librito con espacios en blanco que me llevaba a mirar unos versículos en
la Biblia, pero no a leer la Biblia misma. Fui entrenado a usar las mismas herramientas,
perpetuando el problema. Luego, fui al seminario, donde estudié muchos libros sobre la Biblia,
pero raramente la Biblia misma. Al llegar a ser pastor desarrollé curriculums similares para la
gente. Muchos venían el domingo a escucharla Palabra de Dios, pero nunca recibían al semilla;
recibían un mensaje sobre la semilla—una semilla substituta. Muchos de nosotros tenemos
Biblias de estudio, algunas son anotadas por famosos predicadores (N. del T: Scofield, Ryrie,
MacArthur, David Jeremiah) como si ellos hubiesen escrito el Libro. Cuando la abre, te das
cuenta quién la escribió—al menos una parte de ella. Cuando era joven decíamos que si
abríamos la Biblia justo en el medio, sería el libro de Salmos; ¡hoy, con las Biblias de estudio,
se abre en Levítico! Las páginas están llenas de notas explicándonos cada versículo para que la
entendamos mejor. Literalmente la mitad de cada página son notas que no son la Palabra de
Dios. ¿Nos ayuda esto? ¿Le estamos diciendo a la gente que la Palabra de Dios es tan
complicada para la persona común? ¿Pensamos realmente que podemos mejorar la Palabra de
Dios? ¿Por qué le damos a la gente nuestras propias enseñanzas y currículos en lugar de las
enseñanzas de Jesús? ¿Somos tan arrogantes pensando que nuestro mensaje es mejor que el de
Dios? ¿Creemos que la Palabra de Dios necesita de nuestra ayuda?
Las ayudas que están disponibles no son siniestras o erróneas, pero no son la semilla del reino
de Dios. Como ayuda pueden suplementar nuestra comprensión pero también puede suplantar la
Palabra, si somos más dependientes de esas ayudas que de la Escritura. Esta dependencia puede
ser peligrosa al reino de Dios, haciendo que la Escritura parezca demasiado desafío para el
cristiano ordinario que la lee o interpreta.
Cuando considero el costo de tantas vidas perdidas para que tengamos libre acceso a la Palabra
de Dios, me avergüenzo en cómo la hemos postergado. En tanto leamos libros sobre la Biblia y
no la Biblia misma, el enemigo habrá tenido éxito al mantener al reino estéril, enfermo y débil.
Satanás ha arrebatado la semilla antes que pueda penetrar nuestros corazones para que crezca y
fructifique. No hay substitutos para la Palabra de Dios; ella sola es la semilla de su reino. Las
sandías sin semilla pueden ser muy convenientes, pero si es todo lo que producimos, pronto
nuestros hijos y nietos no conocerán el dulce sabor de un trozo fresco y jugoso de sandia en un
caluroso día de verano.
He escuchado a la gente decir, “Oh he tratado de leer la Biblia, pero es confusa. Pero cuando te
escucho enseñarla, me parece viva, y la comprendo mucho más.” A nuestra carne orgullosa esto
le suena grandioso, pero en la dimensión espiritual es doloroso. No se sienta halagado por esos
comentarios; en lugar de eso, entristézcase. Piense en todas las vidas que se sacrificaron para
que esta persona pueda tener la Escritura, solo para descubrir que no es suficiente.
Muchos creyentes occidentales han sido engañados al creer que un versículo al día puede alejar
al diablo. Para muchos, su contacto con la Palabra de Dios consiste en leer el versículo del día
que aparece en el calendario cristiano y escuchar un sermón dominical. No debiera
sorprendernos por qué el reino no está creciendo en Occidente. La parábola de Jesús describe
una siembra abundante de semilla, indiscriminadamente de dónde caiga. Para ver la vida del
reino germinar, crecer y llevar fruto, la Palabra de Dios debe ser recibida abundantemente y
debe penetrar profundamente en nuestras almas. Si no plantas la semilla, la vida no crecerá, ni
verás el fruto. Así de simple.
27

En mi entrenamiento, recomiendo que la gente lea libros enteros de la Biblia en forma repetitiva
y regular. Nuestros Grupos de Transformación Vital de (GTV) hacen esto a través de una
simple estrategia que todos pueden practicar. En el grupo leemos alrededor de treinta capítulos
de la Biblia cada semana. Al principio me resistí a tanta lectura (Puede o no sorprenderle que
los que más protestan son pastores). ¡Si hemos estado muy ocupados en el ministerio, y no le
hemos dado tiempo a la Palabra de Dios, necesitamos arrepentirnos!
Es importante comprender que no es una lectura religiosa de la Biblia, sino que es escuchar la
voz de Dios.
Las Escrituras están vivas con la voz de Dios, y el Espíritu Santo en nosotros es una unción
especial que nos da un acceso directo al corazón de Dios cada vez que abrimos la Palabra.

Buen Suelo
Los cuatro suelos en la parábola representan las cuatro clases de personas y los efectos del
mensaje de Dios sobre ellos.
El primer suelo, nos cuenta Jesús, es duro y poco receptor. La semilla nunca más allá de la
superficie, y la semilla se pierde; es “para los pájaros”. Todos conocemos gente así. Nunca le
prestan verdadera atención al mensaje de Dios. Ni aun oyen lo que les dices, y el enemigo quita
toda esperanza. No quieren saber nada del reino, y lo poco que captan, pronto el enemigo lo
hace olvidar.
El segundo suelo es superficial. Esto representa a la persona que inicialmente recibe el mensaje
con gran gozo. La vida germina y comienza a crecer. Pero al ser superficial, sin verdadera
profundidad para sostener lo que creyó. Cuando el calor de la persecución arredra, o los
aparecen los problemas de la vida ordinaria, la persona responde con miedo. En sus ojos, se
puede leer que lo que esperaba era que su vida mejorara por haber escogido a Cristo, y no los
problemas. Quita sus ojos de Cristo buscando algo que le de una falsa esperanza de un vida más
fácil.
El tercer suelo que menciona Jesús está infestado de espinas. Se refiere a una persona que recibe
con agrado el evangelio, germina y da a luz una vida nueva. Desafortunadamente, esta persona
está más interesada en las riquezas de este mundo y las molestias que acompañan ese estilo de
vida. Las hierbas de la preocupación arruinan esta vida que pudo haber llevado fruto.
Conocemos gente así. Son cristianos, pero su verdadero compromiso está más con la comodidad
que con el servicio. Esta gente contesta lo correcto cuando le preguntan sobre Cristo, pero sus
deseos humanos arruinan una vida que podría haber llevado fruto.
El cuarto suelo es el buen suelo. Este suelo representa a la gente que recibe la semilla de la
Palabra de Dios, crece y lleva fruto al treinta, al sesenta y al cien por cien.
Uno puede encontrar que esta parábola es desalentadora porque uno de cuatro suelos lleva fruto.
Yo la encuentro inspiradora porque refleja mi verdadera experiencia. Yo anticipo que dos
terceras partes de aquellos que aceptan el mensaje del reino no lleven fruto. Esto me da
esperanza. ¿Por qué? Porque ya no me siento responsable del fruto, o la falta de fruto en las
vidas de los discípulos.
Si diez personas aceptan el evangelio y solo dos llevan fruto, ya no tengo que ser cuidador de
los restantes ocho niños. En lugar de eso, invierto mi vida en dos. Esas dos llevarán mucho
fruto.
Estoy convencido que hemos cometido un gran error acomodando el suelo malo en nuestras
iglesias. Cuando vemos llegando a Cristo y luego desaparecen, asumimos una responsabilidad
que no es nuestra. No tenemos que hacernos cargo si escuchamos bien la parábola. Suponemos
que habremos hecho algo mal si tanta gente deja de seguir a Cristo. Dudamos de los esfuerzos
de nuestro ministerio y buscamos otras maneras de retener a la gente. Los resultados son
devastadores para la iglesia local.
Debido a que pensamos que el número de personas es una señal segura de fertilidad y éxito,
hacemos cualquier cosa para retener a la gente. Buscamos atraer gente para que venga y siga
viniendo. Terminamos teniendo una audiencia de consumidores buscando los mejores “servicios
religiosos.” Abonamos este tipo de pensamiento tratando de competir con otras iglesias con un
mejor “servicio.”
28

Rebajamos la vida de la iglesia si dejamos que permanezca el mal suelo en la membresía.


Hacemos de la iglesia un show que requiere una audiencia que hace poco o ningún esfuerzo. Si
alguien quiere venir a nuestro servicio una vez a la semana, sentarse pasivamente a mirar a otras
personas, son considerados buenos miembros, no importa lo que hagan el resto de la semana.
Uno puede ser una persona no comprometida con el reino, distraído con el engaño de las
riquezas, deseando otras cosas, y todavía ser considerado un buen miembro de nuestra iglesia,
incluso con una foto sonriente en la lista de miembros. Escuché de una persona que dijo que
dejó una iglesia para asistir a otra debido a que el potencial de contactos para sus negocios era
mejor. ¿Cuáles son los motivos de alguien que selecciona una iglesia sobre esas bases?
En su libro, El Escándalo de la Conciencia Evangélica, Ronald J. Sider escudriña temas morales
como el materialismo, el divorcio, la inmoralidad sexual, y el racismo y concluye que el
Cristianismo Occidental es ligeramente mejor en algunas de esas categorías que el mundo
incrédulo, y mucho peor en otras categorías. Citando algunas encuestas nacionales, revela que
en Estados Unidos virtualmente no hay ninguna diferenciación moral entre los que van a la
iglesia los domingos y aquellos que no lo hacen. (1)
Nuestras iglesias están llenas de un suelo infructuoso. Un refrán muy escuchado entre los
pastores es que un 80 % de la obra es hecha por el 20 % de los hermanos. Lea otra vez esa
parábola y comprenderá el por qué con nueva luz.
Jesús nos cuenta que aquellos que son buen suelo llevarán fruto treinta veces, sesenta veces, y
cien veces. Eso equivale a 3000 %, 6000 % y 10.000 %. Eso es mucho fruto. Imagine que tengo
un stock que me garantizara un rendimiento mínimo del 3000 %, con posibilidad de llegar a un
10.000 % de retorno por mi inversión. Mucha gente está contenta con un retorno del 10 %.
Veinte por ciento ya es mucho. Cien por ciento es tocar el cielo. ¿Cómo no querer invertir en
algo que me garantice un 3000 por ciento? Aun un tonto invertiría todo en lago tan promisorio.
Debemos invertir todo en aquellos pocos que llevarán fruto. La vida es demasiado corta y el
interés potencial demasiado grande para gastar nuestras cuidando bebés que no dan fruto.
Este paradigma cambiará el modo de hacer el ministerio. Debemos recuperar el arte perdido de
barrer el polvo (el mal suelo) de nuestros pies. Podemos considerar esto como poco amoroso,
pero es lo que hizo Jesús. Quizá sea lo más amoroso que podamos hacer. La gente debe ser
confrontada con las consecuencias de sus elecciones si vamos a llegar al corazón de su
necesidad de Cristo. Hace otra cosa no es más amoroso; es cruel, egoísta y contraproducente.
Jesús es el Buen Pastor que da su vida por las ovejas. Dejará a las noventa y nueva por aquella
otra que está perdida. A pesar de eso, nunca forzará a aquellos que no están interesados, ni
complacer con su mensaje a gente que está más interesada en otras cosas.
Aunque muchas iglesias estarían locas de contentas si un acaudalado líder, rebosante de
juventud viene buscando la salvación, Jesús no lo estaría (Marcos 10.17-31). Le dio al hombre
algunas cosas que masticar y lo envió desalentado a que siguiera su camino. La Escritura nos
dice que Jesús amaba al joven. En otras palabras, este fue el acto más amoroso que pudo
ofrecerle (Marcos 10. 21-22).
Recuerdo tratar de discipular a un joven que era adicto a las metanfetaminas. No cambiaba sin
importar lo pesado que se le hacía contestar mis preguntas. En una charla le dije francamente,
“Norberto, tal vez seas mal suelo; eres incapaz de llevar fruto, y ambos debemos encontrar algo
mejor que hacer con nuestro tiempo.” ¿Se ofendió? Tal vez, pero le dejé plantado un
pensamiento, un profundo temor en su alma. Pensó las consecuencias y decidió dejar de ser mal
suelo; se arrepintió sinceramente. Hoy, está vivo, sin drogas, y llevando fruto.
Recuerdo también decirle algo similar a otro joven. Nos reanimaos por cerca de dos años; en
todo ese tiempo no vi ni una pizca de deseos de seguir la voz de Dios. Se ofendió por mis
comentarios. Ahora hace de esto tres años. En ese lapso se casó, tuvo dos hijos, se divorció, y
tiene una orden de no acercarse a su ex esposa. Admite que mi tiempo con él no fue más
provechoso que las drogas que tomaba. Estoy contento que pasé los últimos cuatro años
invirtiendo en otros que están llevando fruto y quieren seguir la voz de Dios. Hubiese sido poco
amoroso hacia ellos si hubiese pasado todo ese tiempo invirtiéndolo en alguien que no quería
cambiar. Él y yo tenemos una relación cordial y amistosa, pero no voy a pasar tiempo con él
hasta que no vea un cambio en su corazón.
29

He escuchado que la vida es como una moneda: la puedes gastar del modo que quieras, pero
sólo la puedes gastar una vez. La vida es demasiado corta y la Palabra de Dios es muy preciosa
para gastarla en cualquier cosa.
Siempre me maravilló cuando simplemente plantamos la semilla de la Palabra de Dios en el
buen suelo de la gente estropeada. Tenemos una expresión en nuestro movimiento: la gente
mala hace buen suelo—hay mucho fertilizante en sus vidas.
En realidad, la Biblia no permanece en silencio en cuanto a quién es el buen suelo. Mire estos
pasajes y fíjese cuán claramente nos informa quién será más receptivo cuando vienen al
evangelio:
“No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento”. Lucas 5.32
“Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean
ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?” Santiago 2.5
“y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino
de los cielos.” Mateo 18.3
“Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.” Mateo 7.7
“ sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo
escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte;” 1 Corintios 1.27
“ y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es,  a
fin de que nadie se jacte en su presencia.” 1 Corintios 1.28-29
Usando la misma evidencia, la Biblia también nos muestra dónde está el mal suelo. Aquí hay
algunos pasajes que nos muestran dónde es probable que nos encontremos respuesta al
evangelio:
“ Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos
poderosos, ni muchos nobles;” 1 Corintios 1.26
“ Respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los
enfermos.  No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.” Lucas 5.31-32
“ Al ver Jesús que se había entristecido mucho, dijo: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de
Dios los que tienen riquezas!  Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que
entrar un rico en el reino de Dios.” Lucas 18. 24-25
Estos pasajes no quieren decir que Dios no ama a los ricos o a los académicos. Tampoco
significa que nunca encontrarán a Cristo. En la Biblia vemos ricos que vienen a Cristo, como
José de Arimatea y Bernabé. Otros muy avispados como Saulo de Tarso (que sería el apóstol
Pablo).
Juan Wesley, el fundador del Metodismo, era considerado un hombre recto aun antes de recibir
aquella extraña bendición que tocó dos continentes con el evangelio. En la historia de la iglesia,
verán gente rica a quienes llamó Dios para iniciar movimientos. El conde Zinzendorf (un líder
que formó el movimiento Hermanos Moravos en el siglo dieciocho) nació siendo rico, como
Bill Borden, el heredero de la conocida marca en Estados Unidos Productos Lácteos Borden.
Bill dejó todo atrás y se embarcó como misionero. En la Biblia de Borden había seis palabras:
“Sin reservas. Sin retrocesos. Sin remordimientos.” Estos hombres no murieron ricos, pero
llegaron a la fe siendo ricos y privilegiados. Mi amigo Bob Buford, que hizo millones de dólares
como empresario, ha dedicado la segunda mitad de su vida a servir al Señor. Ha dicho más de
una vez, “Quiero que el último cheque que escriba rebote por falta de fondos.” No te animo a
que gires cheques fraudulentos, pero amo el espíritu de este hombre. Quiere darlo todo lo que
tiene para servir al Señor. Él, y otros aquí mencionados, son grandes ejemplos del mensaje de
Dios implantado en buen suelo.
No es que los educados, morales y ricos no vengan a Cristo y lleven fruto; el punto es que “no
muchos” de estos estratos responden al llamado. Dios los ama a todos, pero hay pocos que
responden en comparación los que mencionados antes. Si eres llamado a trabajar con los
universitarios y gente de clase alta, Dios estará honrado y bendecirá tu ministerio, pero no verás
30

muchos llegando a Cristo, en comparación con los marginales y segmentos pobres de la


población.
Frecuentemente veo desesperación en los ojos de los plantadores de iglesias cuando enseño este
tema. En las últimas décadas la mayoría de los esfuerzos en plantar iglesias se ha enfocado en el
pobre suelo de los suburbios de clase media. Uno puede conjeturar una multitud de razones
sobre el por qué: levantar más dinero, nuevas urbanizaciones donde no hay iglesias, más
cristianos buscando iglesia, o un vecindario más seguro donde el plantador de iglesias pueda
vivir. Muchos de esos plantadores de iglesias ya viven en zonas suburbanas, y cuando escuchan
dónde encontrar buen suelo, se sienten inútiles. Eso no es necesario. Créalo o no, hay pecado en
los suburbios; es más difícil de encontrarlo.
Enseño algunas maneras prácticas para buscar buen suelo en sus propias comunidades.
Primero, dese una vuelta por la comisaría de policía. Ellos son servidores de la comunidad a
quienes se les paga para buscar el buen suelo. Ellos saben en qué bar hay más peleas, qué
esquina en las que descuelgan los chicos del barrio, dónde se venden drogas, y qué domicilios
tienen violencia doméstica.
Le sugerí esto a un hermano de Atlanta, en Estados Unidos, y siguió ese simple consejo. El
oficial le dijo que tendría que ir al barrio de Crystal Cove, conocido como “Cristal
Metanfetamina Cove.” Este hombre y su esposa, con un nudo en la garganta, comenzaron a
caminar por sus calles, orando. De repente se les abrió una puerta, literalmente y
metafóricamente, y se comenzó una iglesia que ahora ha comenzado otras iglesias en otros
barrios.
Segundo, fíjese en el periódico las bancarrotas y ejecuciones judiciales. Cuando ubique uno,
llame a la persona (si el número está disponible) y dígale que Ud. sufre por su situación;
ofrézcale orar. Se sorprenderá cómo la oración abre puertas.
Tercero, ubique en su localidad grupos de recuperación que usan los 12 pasos. Esta sugerencia
no es para todos; Ud. debe de haber sido uno de esos adictos para aprovechar esta idea. No
recomiendo los grupos que se reúnen en iglesias donde no se permite fumar. Vaya a los grupos
donde el humo es espeso, y la oscuridad lo sea aún más. Estas son reuniones de pecadores que
se dan cuenta que están esclavizados al pecado y no tienen poder para vencer ese pecado sin
intervención divina. Desean ser libres; este es buen suelo. Dondequiera que haya drogas y
alcohol, habrá grupos de recuperación.
Cuarto, esté disponible a ayudar en los centros de embarazos críticos, o cerca de clínicas que
promueven el aborto, para orar y poner el oído. Deje en su casa los carteles de manifestante
anti-aborto, y traiga un corazón compasivo como el de Cristo con la mujer adúltera. Me temo
que al ser celosos por la causa de la pro-vida, el cristianismo se ha perdido la oportunidad de
cambiar una vida que necesita el mensaje de esperanza y redención.
Creo que el buen suelo está en todas partes; solo necesitamos abrir nuestros ojos y ver. Está
claro en el Apocalipsis que habrá gente de toda raza y nación (Apo 5.8; 7.9, 13.7; 14.6). Debe
haber buen suelo en cada grupo del planeta. No estoy sugiriendo que abandonemos a cualquier
grupo o segmento de la sociedad. Simplemente digo que debemos aprender a mirar a cada grupo
con una lente para encontrar el buen suelo, con un deseo de sacudirnos el mal suelo de nuestros
pies.
Jesús tuvo una conversación interesante con sus discípulos en Juan 4.27-38. Él había abierto los
ojos espirituales de la samaritana que no entendía quien era Jesús. Volvió a su aldea a contar
que había encontrado al Mesías. Toda la aldea corrió hacia Jesús y lo encontró discutiendo la
cosecha de almas con sus discípulos. “No digan, ‘Todavía faltan cuatro meses para la cosecha’,
les digo, levanten la vista y miren los campos que están blancos.” Por supuesto, los judíos de
ese día nunca hubieran imaginado que los samaritanos sería un buen lugar para el evangelio,
pero Jesús, sí. Apuntó a los samaritanos que venían corriendo a ver al Mesías, vestidos en sus
31

tradicionales vestidos blancos (2), y dijo, “Los campos están blancos para la siega, siempre y
cuando estén mirando en los lugares menos esperados.” (mi paráfrasis).
Aún si todos vistieran de negro, están blancos (listos) para la siega. Debemos mirar los lugares
donde tradicionalmente la iglesia nunca iría, para llevar el evangelio. Un plantador de iglesias
en la ciudad de Spokane, estado de Washington, recientemente liberado de prisión comenzó a
predicar en un lugar llamado “Departamentos de Extorsión.” Trajo a la fe a prostitutas,
drogadictos, y traficantes. Un día, tres traficantes vinieron a su casa y le dijeron, “Necesitamos
hablar contigo. Ven con nosotros.” Sintió paz en su corazón, y fue con ellos. Lo llevaron a un
descampado y lo hicieron bajar. Nervioso, pero con fe, se bajó del auto. Uno de ellos le dijo,
“Necesitábamos decirte que pensamos que sos un buen tipo.” “También decirte que tu hijo vino
a nosotros buscando ‘merca’. Todos coincidimos en no venderle.” Su hijo le contó semanas más
tarde. Le dijo que cada vez que iba buscando droga le decían, “Drogas no; necesitas ver a tu
padre.” Luego creyó y fue bautizado por su padre. ¿Se imagina a traficantes de drogas ayudando
a alguien para que se entregue a Cristo? Muchos de los plantadores de iglesias de nuestro
movimiento eran vendedores de droga. Una pareja de vendedores en ese lugar conocieron a
Cristo, y ahora se reúnen en la casa donde antes vendían droga. La gente ahora llama a ese
lugar, “Departamentos de Reflexión y oración.”
Muchas iglesias nunca consideraría a los vendedores de droga una buena elección para
compartirles el evangelio, así como los judíos con los samaritanos del primer siglo. Malo, malo;
hay mucho buen suelo allí. Encontrar buen suelo no es difícil una vez que superas el factor
miedo. El buen suelo te puede encontrar a ti.
Una vez recibí una llamada telefónica en mi oficina. La voz tenía un acento latino bien rudo,
pero pude adivinar a una persona educada. Su nombre era Gabriel. Había sido miembro de una
banda criminal, había salido de prisión donde aceptó a Cristo y vivía en el barrio de Los
Ángeles Este. Ese mismo día, alguien en su departamento se había drogado y parecía poseído
por un demonio. Alguien le haba dado mi tarjeta, y como decía “iglesia” decidió llamarme para
pedir consejo, aunque no me conocía. Conversamos sobre lo que decía la Biblia sobre la droga y
la posesión demoníaca. Después le pregunté si había ido a una iglesia. Me dijo que como había
salido de prisión no se había sentido bienvenido en ninguna iglesia. Le pregunté, “¿Te gustaría
comenzar una?” Hubo una larga pausa. Entonces Gabriel preguntó, “¿Puedo hacer eso?” “Por su
puesto—le dije. Invitá a alguien de tu edificio el próximo miércoles, yo llevo a Miguel y Jake y
comenzamos una nueva iglesia.” Estuvo de acuerdo. El próximo miércoles, se comenzó una
iglesia en el barrio de Los Ángeles Este. La esposa de Gabriel, Carlota, no era creyente y estaba
menos que entusiasmada el tener una iglesia en su departamento, así que por algunos meses nos
reunimos en el estacionamiento. Muchos de los nuevos creyentes apenas sabían leer, así que les
compré la Biblia en CD. Se reunían en el departamento de Gabriel alrededor de equipo de
música, apretaban ‘play’, y escuchaban la Palabra de Dios con suma atención.
Luego que varios aceptaron a Cristo, decidimos tener bautismos en el estacionamiento un
sábado a la mañana. Hicimos un asado y dejamos que el humito llegara a cada ventada del
edificio de varios pisos. Muchos bajaron para tener un almuerzo gratis.
La curiosidad los tenía a todos mirando; los balcones estaba lleno de mirones. Los bautizamos
delante de todos. Presentamos el evangelio y pedimos si alguien quería bajar aceptar a Cristo y
ser bautizado. Tres personas lo hicieron. Nuestra presencia se hizo conocida en el barrio, y
comenzaron a mirarnos atentamente.
Una tarde, mientras estábamos en círculo discutiendo la Biblia, me di cuenta que una mujer
joven nos estaba mirando. A la distancia., con dos niños pequeños. Pasaron las semanas y
Juanita entró al círculo. Se sentaba muy quieta y escuchaba las Escrituras.
Semanas después estábamos hablando de los sufrimientos de Cristo. Describimos en detalle los
latigazos y la crucifixión (esto fue antes de la película La Pasion de Cristo). Juanita estaba
sentada muy expectante, sin decir palabra. Luego leí sobre la resurrección y no se pudo contener
más. Cuando dije, “Se levantó de entre los muertos”, ella alzó su mano y sin duda alguna
32

preguntó, “¿Estás diciendo que su espíritu se levantó”, dije, “No, no solo su espíritu, sino que su
cuerpo lo hizo.” Le pregunté, “¿Te acordás de la historia de Tomás, el que dudaba?” Negó con
su cabeza. Me di cuenta que esta joven que llevaba viviendo veinte años en Los Ángeles, nunca
había escuchado el evangelio. Estaba maravillada con el mensaje. Me gustaría que muchos
creyentes tuvieran esta actitud de arrobamiento con esta historia. Después de la reunión hablé
con ella. Le pregunté por sus chicos. Tenían padres diferentes, y estaban en la cárcel. Me
sacudió saber que su hijo más pequeño ni siquiera tenía nombre. Le llamaban Pudgy. Su padre
estaba en la cárcel, sin posibilidad de salir, un pez gordo de la mafia mejicana. Cuando hablé
con los chicos, ellos eran muy reservados. Luego me enteré que tenían impedimentos para
hablar.
La semana siguiente vino a la reunión en el estacionamiento y me anunció, “El diablo no quiere
que me haga cristiana porque va a perder una recluta.” Le di la razón, y le pregunté que hacía
ella para reclutar gente para el diablo. Me dijo, “Soy traficante. Lo hago desde que tengo trece
años.” Le pregunté, “¿Vas a dejar que ese cruel enemigo gane?” Me dijo que no. Le pregunté si
podía orar por ella. Fue lenta en su respuesta, pero enérgica, “Sí.” Se dio la vuelta y me dejó
poner mi mano en su hombro y orar. Había aprendido que la gente no podía verla llorar porque
esa debilidad la podían explotar contra ella. Oré que el diablo no ganara y que pronto Juanita
viniera a Cristo. No sentí tranquilidad en presionarla. La semana próxima estaba hablando con
alguien en las escalaras de ese edificio cuando escuché la voz de un niño gritando de gozo,
“¡Miguel, Miguel!” Eran Pudgy y su hermano. Su problema de habla se había corregido. Luego
vi a Juanita que vino y me abrazó y me anunció a mi y a todos en un kilómetro a la redonda que
le había dado su vida a Cristo. Había encontrado un trabajo real. Tenía que conducir un gran
trecho, trabajar muchas horas por un sueldo magro, pero estaba feliz. Semanas más tarde, estaba
en el rellano de las escaleras ministrando. Estaba hablando con un hispano gigante llamado
Carlos. Obviamente borracho, con la botella en la mano, besándola de vez en cuando. Lo habían
largado de un hospital psiquiátrico, donde había estado internado, no por loco, sino porque era
violento y necesitaban tenerlo en una celda acolchada por su propia seguridad. Escuché esa
historia llena de baches etílicos. Había sido miembro notorio de una banda conocida en la zona.
Incluso había matado a alguien. Ya había pasado en la cárcel veinte años de los cuarenta y tres
que tenía. Su hija tenía dieciocho años y una vida sórdida. Se estaba poniendo violento y me
daba golpecitos en mi pecho. Me dijo, “¡Estoy más allá del alcance de Dios! ¡Y no me importa!
Te podría tirar por estas escaleras y no me importaría!”
Mis hermanos se estaban preocupando. Yo estaba sereno—por fuera. Por dentro, estaba
tramando cómo salir corriendo. Lo miré a los ojos y dije, “No estás más allá de Dios. Tu le
importa a Él.” Mi amigo José, en su desesperación, sacó su Biblia y la leía. En forma
instantánea, Carlos, se serenó. La Palabra de Dios es un arma poderosa; puede calmar animales
rabiosos y criminales viciosos. Estoy orgulloso de la rapidez mental de José. (También estaba
tranquilo sabiendo que José antes de ser creyente había sido cinturón negro en jujitsu brasilero).
En un punto, Carlos tomó la Biblia, encontró un pasaje y lo leyó. ¡Un cambio glorioso! Le
pregunté a Carlos si podía orar por él. Suspiró profundamente y dijo, “Sí, hombre.” “Señor Dios
Poderoso, oro para que mi amigo Carlos esté sobrio por tu poder para poder recordar esta
oración.” Oré para que Dios le mostrara que él no estaba más allá del alcance de Dios. Para que
Dios le mostrara su amor, que perdonara a Carlos por su vida. Nunca lo había visto antes, y
esperaba que nunca lo volvería a ver. La próxima semana fui a la iglesia. Esta vez la esposa de
Gabriel nos abrió la puerta. Cuando entré al comedor, ¡allí estaba Carlos! Estaba bien vestido
porque venía a la iglesia. Estaba sobrio, calmado, y aún un poco reservado. Escuchó todo lo que
compartimos. Carlos y Gabriel habían estado en la misma banda. Carlos era conocido como uno
de los matones más peligrosos de la ciudad. Ud. nunca lo hubiera supuesto viéndolo sentado tan
calmo y circunspecto. Al terminar la reunión se me acercó y me dijo, “Estuve limpio toda la
semana.” Me tomó la mano gentilmente (no como la otra vez) y me dijo, “Escucha, ven
conmigo—quiero mostrarte algo.” Me aseguré que mi amigo Jake nos acompañara también.
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Carlos nos hizo caminar una calle y nos señaló una casa en la esquina. Nos anunció con orgullo,
“Esa es la casa de mi madre. Podemos poner un montón de gente ahí.”
Fuimos y la mujer estaba muy aprensiva de introducir a los amigos de Carlos a su casa. Cuando
supo que éramos cristianos, se relajó, pero aún con un poco de escepticismo. Le pedimos si
podíamos orar por ella y su casa. Al ver esto, ella estaba dispuesta de abrir su casa al reino de
Dios.
En pocas semanas teníamos mucha gente reunida en el living room de Carlos, y su madre
cocinándonos exquisiteces.
¿Qué te gustaría comer: pasteles de barro o pasteles de frutas frescas? La diferencia está en
plantar la buena semilla en buen suelo. El como en cómo comiences hará toda la diferencia en
cómo terminarás.
Cosecharás lo que siembres, y comerás lo que coseches.
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Capítulo 6
Un reino encantado con semillas mágicas, árboles de
rápido crecimiento, y una bella novia para rescatar

El verdadero bienestar de la iglesia: cuando no pueda contar en nada más que en las promesa de Dios.
Johannes Hoekendijk

No juzgues el día a día por los campos que coseches, sino por las semillas que plantes.
Robert Louis Stevenson.

En los primeros años de la década del 90 del siglo pasado, mi familia vivía en una comunidad
de edificios nuevos. En las mañanas solía llevar a mi hija a su jardín de infantes. Un día,
pasando por allí, estaban construyendo un pequeño shopping, y había grandes máquinas
trabajando. Una máquina estaba haciendo agujeros para plantar arboles y mi Heather quedó
muy intrigada. Al pasar al día siguiente pudimos ver tremendo arboles ya crecidos en el lugar
donde estaban los agujeros. Con la creatividad que solo puede tener un niño de cinco años, mi
hija gritó maravillada, “Ahh, ¡Qué rápido crecieron esos arboles!”
No quise decirle que esos arboles habían sido trasplantados siendo ya grandes. Quise que
creyera en semillas mágicas que puede hacer que los arboles lleguen a las nubes de la noche a la
mañana. Árboles donde viven gigantes y princesas cautivas. Es maravilloso tener ese tipo de fe;
todos perdemos las expectativas muy pronto.
¡Si pudiéramos ver el mundo a través de la fe de un niño maravillado! Si queremos recuperar la
belleza de la iglesia, necesitamos verla otra vez con ojos que crean lo imposible. Jesús presenta
el reino como algo que crece en forma maravillosa.
En Marcos 4.26-29, Jesús nos da una segunda parábola para explicarnos la naturaleza orgánica
de Su reino. Me gusta llamarla “la parábola de cómo crece todo.” Es una de mis explicaciones
favoritas del reino porque en muchas formas me libra de trabajar mucho.

La parábola de cómo crece todo


En el libro para niños “La rana y el sapos juntos”, se cuenta la historia de las aventuras del sapo
al plantar semillas para hacer un huerto. Las cosas comienzan cuando el sapo aprecia el huerto
de la rana. Ella le dice que le costó un arduo trabajo. “Me gustaría tener un huerto así”, dice el
sapo. La rana le brinda una caja de semillas y le aconseja plantarlas rápido. “¿cuán rápido?”
pregunta el sapo. “Muy rápido”, contesta la rana.
El sapo las planta y les ordena que crezcan, mientras está esperando verlas crecer. Al ver que no
pasa nada, sube la voz, la rana ve a través de la cerca y el sapo le dice, “Mis semillas no
crecen.” La rana le contesta, “Estás gritando mucho, esas semillas tiene miedo de crecer.”
“¿miedo de crecer?”. “Déjalas solas por un tiempo. Deja que el sol las acaricie. Que la lluvia
caiga sobre ellas. Pronto comenzaran a crecer.”
Esa noche, el sapo mira por la ventana y nada cambió. “Mis semillas no crecen. Deben de
tenerle miedo ala oscuridad. Les voy a contar una historia, para que se les pase el miedo.”
En los días siguientes el sapo les leyó, les cantó canciones, bailó a su alrededor, les tocó el
violín. Todo sin éxito. Después de tantos días pendiente de las semillas, el sapo cayó exhausto
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de sueño. A la mañana siguiente la rana les despertó y pudieron apreciar el crecimiento de las
semillas. “Tenías razón rana”, dijo el sapo, “para que las semillas crezcan hay que trabajar
mucho.”
Muchos de nosotros somos como el sapo. Pasamos nuestras vidas cantando, danzando,
contándole historias a la tierra, con la esperanza de que crezcan las semillas. Al final,
concluimos que lograr que crezcan las semillas es una tarea ardua.
En Marcos 4.26-29, “decía además: Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa
semilla en la tierra; y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que
él sepa como. Porque de suyo lleva fruto la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano
lleno en la espiga; y cuando el fruto está maduro, enseguida se mete la hoz, porque la siega ha
llegado.”
Jesús describe la obra como esparcir semilla, irse a la cama, y levantarse al otro día. El suelo
produce el crecimiento “de suyo.” Esas palabras significan “por sí mismas” es “automate” en
griego. Obviamente es la raíz de nuestra palabra “automático.” El hombre que la siembra no
sabe cómo sucede.
Al leer esta parábola, reconozco dos cosas que quiero comunicarles. Primero, todos estamos
calificados para hacer ese trabajo, y no es muy difícil hacerlo. Segundo, frecuentemente
gastamos nuestras energías y recursos en la fase errónea del ministerio. En esta parábola, el
hombre que siembra l asemilla se va a dormir, se levanta y no sabe cómo se produce el
crecimiento.
Me siento calificado para este rol: un tipo que duerme totalmente despistado. Muchos de los
expertos piensan que saben todo en cuanto a cómo crece el ministerio. La consecuencia es que
el elemento milagroso y mistérico del ministerio es remplazado por planes estratégicos, estudios
demográficos y toda suerte de gráficos en colores. Sacrificamos el poder puro y orgánico del
trabajo duro y magros resultados. Profesando ser sabios, nos hicimos necios.
Nos equivocamos en invertir grandes recursos en la fase errónea de la vida del reino.
Innumerables iglesias en Occidente gastan mucho de su dinero y energía en la fase de
crecimiento. Poco se gasta en romper el suelo, plantar la semilla, o la cosecha. Simplemente
basta mirar una librería cristiana. Filas y filas de material dedicado al crecimiento—de niños, de
familias, de iglesias y escuelas.
Hay pocos recursos del reino invertidos en plantar semillas. No hay recursos que tengan que ver
con la cosecha. Al no ver ninguna cosecha, no hay demanda de esos recursos—ni los queremos.
Quizá haya una legítima necesidad de recursos en esa área. Sin embargo, hasta que no veamos
una cosecha, no sabremos lo que funciona y lo que no. Como dijo Jesús, “cuando el cultivo lo
permita” tendremos una cosecha. No podemos tener una cosecha hasta que salga de la tierra.
Podemos tener la cosechadora, los silos preparados, y los camiones listos, pero si el cultivo no
aparece, no tendremos cosecha.
Muchos de nuestros líderes cristianos son como el sapo. Podemos saltar, y gritar, cantar, y leer
historias, pero no causaremos ningún crecimiento. Solo Dios puede hacerlo. Cuando intentamos
crear el crecimiento, nos ponemos sobre los hombros la tarea de Dios, lo cual puede ser
blasfemo, egoísta e inútil. Predispone a la desilusión cuando prometemos crecimiento y no
podemos cumplir.
Pablo dijo, “Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que
planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento.” (1 Cor 3.6-7)
Parece obvio, pero si te saltas este paso importante de plantar semillas, y solamente te la pasas
esperando que crezcan, tendrás poco resultado. Poner más dinero y tiempo en estrategias de
crecimiento no crea más crecimiento.
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Creo íntimamente que si las iglesias invirtieran más tiempo, energía y dinero en plantar
semillas, no tendrían que trabajar tan duro en el crecimiento, y la cosecha sería más abundante.

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