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Universidad Central de Venezuela
Patrimonio Mundial
Facultad de Humanidades y Educación
Escuela de Historia
Economía Contemporánea de Venezuela

Ley de Hidrocarburos de 1943


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Ingª Susana Rebon López


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Ley de Hidrocarburos de 1943

Introducción
Está claro que la variable económica en exclusiva no es la única que
conforma al Capitalismo como formación social. Las mentalidades de sus actores
moldeadas por las ideas y las nociones políticas, además de las motivaciones íntimas y
familiares, tienen un peso específico en el desarrollo histórico de los pueblos y de las
sociedades.

Se habla entonces de la naturaleza y de la lógica de una formación social, en


un intento de describir y categorizar el fenómeno, considerando con visión holística el
conjunto total de las relaciones. Por naturaleza se entiende todos aquellos factores que
modelan la conducta de los actores sociales, lo cual incluye el entorno geográfico, la
disponibilidad de recursos, las capacidades inherentes al ser humano, físicas, sicológicas y
espirituales, su capacidad crítica y de socialización, y las instituciones que se generan para
lograr la normalización de las conductas sociales. Por otra parte, la lógica de una
formación social consiste en los movimientos y cambios, que son consecuencia y
expresión de la naturaleza del sistema.

Siendo entonces un proceso social, la dinámica del sistema capitalista se


desenvuelve tanto en el ámbito económico como en el ámbito político, los cuales se
configuran como subsistemas que establecen relaciones, que hacen difícil concebir al
Capitalismo como un sistema económico privado.1

Estas nociones de carácter universal, rigieron por igual el fenómeno político


económico que se desarrolló en la Venezuela de los cuarenta, con la promulgación de la
Ley de Hidrocarburos de 1943 durante el Gobierno del Isaías Medina Angarita. Por un
lado tenemos al actor principal, el propio Presidente, por el otro a toda la sociedad
venezolana, pero en particular a la burguesía comercial, que luego se aglutinará

1
Robert Heilbroner, Naturaleza y lógica del Capitalismo, p. 67.

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orgánicamente para hacer frente a la política económica del gobierno, y un tercer factor, las
empresas petroleras apoyadas por sus respectivos gobiernos.

El Presidente Medina resuelve la política petrolera que se venía aplicando


desde 1920 por el gobierno de Gómez, pudiéndose observar un desarrollo paulatino a
favor de la Nación en cuanto a los beneficios obtenidos de la extracción del petróleo,
culminando con una etapa de dejar hacer por no saber cómo hacerlo, y comenzando una
de verdadero aprovechamiento racional del recurso por parte del Estado, y no ya sólo por
el gobierno y sus acólitos. Es decir, la Ley de Hidrocarburos de 1943 sienta las bases
legales de una política de Estado en materia petrolera y minera, planteando principios de
derecho que serán acatados por todos los actores involucrados y que están vigentes hasta
nuestros días.

Además de la importancia política de la Ley cabe destacar la económica.


Esta, junto con la Ley del Impuesto Sobre la Renta promulgada un año antes, genera al
Estado venezolano ingresos considerables que lo configuran como un Estado benefactor y
rector, es decir que posee la capacidad no sólo legal sino también económica de
mantenerse, y a la vez solventar las necesidades de la Nación de acuerdo a lo que se
considera conveniente y necesario. Sin embargo, no toda la sociedad venezolana está de
acuerdo con las políticas que rigen la distribución de la Renta Petrolera. Los comerciantes
e industriales difieren de ellas y quieren ser escuchados por el gobierno. Pero es un
gobierno que por tradición es autoritario. Entonces surge la reacción, y se dan las
condiciones para generar la confluencia de varios sectores de la sociedad en un objetivo
común de oposición al gobierno, el cual cristaliza en el Golpe de Estado de 1945.

La espada de Damocles.
La política petrolera venezolana desde sus comienzos obedece a la idea que
de esta tiene una sola persona, Gómez el Presidente-Caudillo, o por lo menos a lo que han
logrado sus asesores que entienda. En principio se permite que las empresas extranjeras
realicen su negocio de explotación y exportación, pues el gobierno hasta ese momento
venía sobreviviendo principalmente de los impuestos de aduanas pechados a la
exportación del café, con lo cual se limitan a aplicar el mismo método al negocio del
petróleo. Al fin y al cabo era la fórmula que había funcionado, y el petróleo exportado

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aportaba ingresos en términos netos mayores que los del café. Una vez asentados (los
explotadores) y estar bien engolosinados, se les podía pedir más, pero por supuesto que si
patalean mucho se les afloja la cuerdita. Como veremos este es el modus operandi durante
el gobierno de Gómez y de López Contreras (como buen hijo de su padre político), y que
obedece a la mentalidad de un comerciante de mulas.

Viene entonces la Ley de 1920 de Gumersindo Torres, donde se norman las


concesiones en cuanto a duración y regalías, pero la protestan los concesionarios y el
gobierno se ve en la necesidad de promulgar otra Ley en 1922 y en cuya elaboración
llegaron a participar los propios explotadores. 2 La sucede la Ley del 36 que trata de
solventar la situación planteada por la Ley de 1922, siendo por supuesto protestada
nuevamente por las compañías explotadoras las cuales demandan al gobierno. En 1938
López Contreras hace una reforma a la Ley del 36, donde se autoriza al Ejecutivo a hacer
los cálculos del royalty, los cuales antes los venían haciendo unilateralmente la empresas
explotadoras extranjeras. La reacción de estas empresas consistió en no solicitar más
concesiones y de hecho nunca se llegó a aplicar la Ley.3

Este es el panorama al que se enfrenta Medina Angarita cuando asume la


Presidencia. Este hombre trae un propósito. Aplicar una política económica que sitúe a
Estado como rector de los agentes económicos nacionales y como benefactor de la
sociedad en general.

“ Desde el momento mismo que asumí la Primera Magistratura Nacional


me preocupó sobremanera el asunto de nuestra política petrolera, que
creo de importancia suma para nuestro desarrollo económico, y es mi
convicción que en este año de 1942 se cierra un ciclo en la historia de
nuestro petróleo: el ciclo del tanteo, de la ignorancia y del empirismo;
hoy sabemos lo que tenemos y es un deber de mi Gobierno iniciar la etapa
de lo que podríamos llamar la época de la explotación técnica, económica
y financiera puesta al servicio del Estado en cooperación con las
Empresas que se nos asocian para transformar en riqueza útil la riqueza
potencial del subsuelo. ”4

2
http://www.fpolar.org.ve/nosotros/educacional/economia/leyhidr.html#1922
3
Catalina Banko, Régimen Medinista e intervencionismo económico, p. 80.
4
Arturo Uslar Pietro, Cuéntame a Venezuela, p. 426.

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Para cumplir con esta política decreta la primera Ley del Impuesto Sobre la
Renta en 1942, con gravámenes aplicados a márgenes de ganancia, que en realidad
pechaban casi en exclusiva a las explotadoras petroleras. Posteriormente promulga la Ley
de Hidrocarburos en 1943.

Los aspectos innovadores de esta ley entre otros son:

• Unificación de la legislación petrolera, con lo cual cesaron las


demandas por parte de las compañías explotadoras.

• Facultad del Gobierno para intervenir administrativamente y


técnicamente a la industria petrolera.

• Pago de todos los impuestos generales por parte de las empresas


petroleras incluido el Impuesto Sobre la Renta.

• Pago del impuesto superficial en forma progresiva, con lo cual no


convenía dejar áreas inactivas.

• Establecimiento del royalty mínimo en 16 2/3 de la producción.

• Después de terminada la Segunda Guerra Mundial las empresas


debían refinar en el país una parte del petróleo.

Esta Ley permitió al Estado venezolano la posibilidad por primera vez de


invertir en la activación de la producción agropecuaria e industrial, en obras públicas de
infraestructura y en el mejoramiento de las condiciones de vida de la población en general.

La política del gobierno se vió apuntalada entonces por los ingresos


generados por la Renta Petrolera. Parte de estos ingresos se destinaron al fomento de la
industria, pero el Gobierno exigió la participación y el concurso del capital privado en este
programa, a la vez que dictó las pautas y las áreas de inversión, sometiendo así a una
estricta supervisión del Estado todas las actividades de expansión de la producción. Esto no
fue del gusto de la burguesía del momento, pues pretendían que fuera el Estado el único
inversor, a la vez que estaban en desacuerdo con la intervención del Estado en cuanto a que
dictara las políticas de producción. Frente a esta situación los empresarios y comerciantes
se aglutinan y se asocian hasta llegar a formar un frente común, para lo cual fundan
FEDECÁMARAS en 1944 con el fin de poder hacer presión al Gobierno, de forma que les

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permita participar en la planificación de la política económica nacional, y en la aplicación


de los ingresos fiscales generados por la Renta Petrolera.

Pero por supuesto nuevamente sólo su opinión y la de su gobierno son


valederas. El principio de autoritarismo continúa fiel a una tradición política y cultural que
comienza con Castro, la de los andinos y en particular la de los tachirenses, siempre por
encima de las concepciones que pueda tener la burguesía caraqueña, la cual era
predominantemente liberal desde los comienzos de la República.

En el plano político la oposición representada por Acción Democrática,


partido policlasista, había hecho objeciones a la Ley del 43 en la voz de su representante
Juan Pablo Pérez Alfonso, quien salvó su voto al momento de sancionar la Ley, aduciendo
que eran gravosas para la Nación varias de sus disposiciones, destacándose entre ellas la de
que los datos que sirvieron de base para los cálculos estaban sesgados.5 Además por ese
tiempo la situación política internacional apuntaba a una expansión de los gobiernos
autoritarios de corte nacionalista, a los cuales era adverso Acción Democrática, por lo que
temían que el gobierno de Medina asumiera en un futuro acciones restrictivas de las
libertades políticas, ya que de hecho se negaba a realizar las próximas elecciones
presidenciales por la vía del voto universal y secreto. Había pues motivos para arriesgarse
en una empresa de derrocar al Gobierno de Medina, y estos motivos eran principalmente
económicos, dados los extraordinarios ingresos de la Renta Petrolera. Es así que la Ley de
Hidrocarburos de 1943, sumada a la Ley del impuesto Sobre la Renta, vino a constituirse
en una especie de Espada de Damocles para el propio Medina, pues generó tantos ingresos
fiscales que fueron el leit motiv perfecto para derrocarlo. Pero también eran sociales y
culturales las motivaciones subyacentes. Los caraqueños en particular y la Nación en
general, que se creyeron por un momento libres de la figura del padre terrible que era
Gómez, se encontraron con su fantasma en la figura de López y Medina. Pero de alguna
forma el fantasma no es el ser real y adolece de algo. En el caso de Medina fue
probablemente que éste despreció la conseja antigua de su tierra:

Si va a mandar,… haga que le obedezcan. Sino chiiiito!!!

Ya era el momento de quitarse al andinaje de encima …. No importando que


lo estuviera haciendo bien o por lo menos no tan mal.

5
Diego Bautista Urbaneja, Pueblo y petróleo en la política venezolana del siglo XX, p. 83

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Bibliografía.

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Historia Económica mundial del siglo XX,
México, Fondo de Cultura Económica.

BANKO, Catalina,
Régimen Medinista e intervencionismo económico,
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Los huevos de la serpiente. Fedecámaras por dentro,
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Cuéntame a Venezuela,
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