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Instituto de Educación Física N° 9-016 “Dr.

Jorge Coll”- Profesorado de Educación Física


Instituciones Educativas

Apunte sobre “Instituciones educativas. Dinámicas institucionales en situaciones críticas”.


Mediación del texto de Lidia Fernández: Prof. Romina Marianetti- Prof. Florencia Páez.

La intención de este texto es poder recuperar los aportes de la autora Lidia Fernández sobre las
dinámicas y funcionamiento institucional. A lo largo del texto se recuperan las principales ideas y
conceptos para lograr comprender cómo es que funcionan las instituciones desde su definición,
composición y niveles de análisis correspondientes.

Introducción: Las instituciones

Para comenzar a comprender las dinámicas institucionales resulta importante, ante todo, definir
qué son las instituciones. Una institución es un objeto cultural que expresa cierta cuota de poder,
en relación a las normas-valor. Es decir que ésta es una producción cultural (no tiene un origen
natural sino que es una construcción social) que tiene la capacidad de influir para imponer,
transmitir ciertas normas y valores como legítimos. La familia, la escuela, el Estado son
instituciones que surgen para responder a las necesidades sociales de educación, orden social,
transmisión de valores, etc. En este sentido, las instituciones implican la posibilidad de regular el
comportamiento individual frente a lo grupal o lo colectivo. Son las encargadas del proceso de
socialización (internalización de las creencias, representaciones, formas de comprender y actuar en
el mundo, cit. Gvirtz:2009), funcionando en el sujeto como principio regulador social interno.

Al describir las instituciones nos encontramos con un conjunto de sujetos en torno a una forma de
organización particular, un conjunto de producciones culturales que procuran sostener esta
organización. Si pensamos en la escuela: toda su estructura edilicia (dirección, aulas, bandera,
patio) y sus elementos culturales (uniforme, organización de los tiempos a través del timbre del
recreo, cuadernos, etc.) son parte de esta organización particular y las producciones culturales que
ayudan a mantener ésta. Pero a la vez, y teniendo en cuenta la dinámica institucional, en la
escuela existe una tensión inevitable entre deseos individuales y la necesidad amoldarlos a la
forma social admitida. Tal como mencionábamos en el inicio, las instituciones ejercen poder
estableciendo lo que es socialmente aceptado o esperado frente a lo que los individuos muchas
veces desean hacer. Son ejemplos de esta tensión, situaciones escolares en las cuales solemos
escuchar frases como “esto no es una cancha”, “aquí se viene a estudiar”; expresando cuál es el
comportamiento socialmente aceptado en la institución y la tarea específica de la misma.

Pero más allá del esquema descriptivo que podemos realizar sobre las instituciones, éstas
encierran un nivel de complicación por diversas variables. En las instituciones se encuentra un
conjunto social que no es homogéneo. Dentro de este grupo social no todos tienen el mismo
acceso frente al uso de bienes económicos, sociales y culturales. Por otro lado, la institución
educativa conlleva todo un orden de significados, reglas y valores para asegurar la persistencia
de modos de funcionamiento que aseguran la vida del establecimiento (espacio geográfico,
imaginario y simbólico). Si pensamos en el rito de los abanderados, mérito otorgado por el
promedio más alto en las calificaciones, podríamos detenernos a pensar en qué significa esto
(valores, significados que se ponen en juego) y quiénes son los que acceden a ello. Más allá que
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podamos pensar que todos tienen acceso al “mérito de la bandera”, ¿quiénes son los que llegan?,
¿qué se “premia” con esto y qué valores se reconocen como válidos y legítimos a partir de esta
práctica? A partir de esto, surgen también una serie de representaciones en torno al alumnado: los
más “inteligentes”, los más “capaces”, los “burros”, etc. Todas estas representaciones son parte
del imaginario que se va entretejiendo en relación a los modos de funcionamiento que la
institución educativa encierra.

Pues en las prácticas y el funcionamiento que pone en marcha la institución educativa subyacen
posicionamientos ideológicos y políticos (niveles de significación). Si retomamos el ejemplo
anterior, podemos pensar que la escuela fue fundada en base a un sistema meritocrático: es decir,
cada cual accede a determinados lugares sociales por mérito propio y esfuerzo personal. Todos
tenemos la posibilidad (igualdad de oportunidades) pero sólo llegaran y serán premiados quienes
realicen este esfuerzo, sin tener en cuenta las posibilidades en cuanto al uso de bienes
económicos, materiales y culturales. Estos posicionamiento muchas veces son explicitados y otras
veces no. Resulta importante, en este sentido para nosotros, develar desde qué lugar nos paramos
para entender la educación y las prácticas pedagógicas que se proponen. A vez, en el análisis
institucional, se reconoce un tercer nivel de significación: lo fantasmático. Desde este lugar, se
reconocen todas las representaciones (conscientes y no conscientes) sobre los sujetos que forman
parte la institución. Podemos pensar en las “etiquetas” sobre los alumnos como así también sobre
los profesores “héroes” y “villanos” que forman parte de la novela institucional. Todas estas
representaciones que se ponen en juego conforman un compleja trama de vínculos en los cuales
se establecen expectativas por un ocupar un determinado lugar (sistema de roles), tanto de los
docentes sobre los alumnos como de los alumnos sobre los docentes, por ejemplo.

Las instituciones son complejas en la medida que se configura una red de interacciones formales e
informales entre quienes forman parte de ella. Estas interacciones se encuentran determinadas
por la asignación de roles específicos, los cuales están impregnados de modos de ser y estar en la
escuela, como mencionamos anteriormente. Pero a su vez, esto implica toda una trama simbólica
en función de los lugares que ocupa cada uno en este ambiente artificial (escuela como
construcción social). De este modo, podemos interpretar cuál es el lugar que le compete al alumno
en relación con el conocimiento desde su rol de “alumno” y lo que esta palabra significa: “sin luz”.
Desde esta interpretación, quien aprende tiene todo por aprender y será el docente (discípulo del
saber) el encargado de “iluminarlo” mediante el lugar de poder que ocupa. Resulta clave
reconocer que mediante las palabras con las que nombramos las cosas en el mundo, se asigna a
éstas una forma particular de ser y de estar como así también de entenderlas. En el caso del acto
pedagógico, esta forma de ser y de estar determinará la relación con el conocimiento y la tarea de
enseñar y aprender que cada uno tiene. Toda esta trama simbólica será parte de lo fantasmático
también.
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A partir de todo lo anteriormente abordado recuperamos el siguiente interrogante, entre otros,


planteado por las autora: ¿De qué modo ayudar a que los miembros de las escuelas puedan
quebrar sus formas habituales de enfrentar las dificultades, renunciar a las imágenes,
idealizadas de la función educativa y potenciar su capacidad para hacerse cargo del
mejoramiento, de la calidad del servicio que ofrecen?

Componentes constitutivos de las instituciones educativas

Lo “institucional” y su funcionamiento es susceptible de ser entendido a partir de dos


dimensiones complementarias: lo instituido y lo instituyente.

Se entiende por lo instituido: lo fijo, lo estable e institucionalizado en las prácticas pedagógicas y


educativas. Mientras que lo instituyente hace referencia a: el cuestionamiento, la crítica y la
propuesta opuesta o de transformación de las prácticas pedagógicas y educativas. El
movimiento institucional está determinado por ambas dimensiones. Estas son dos fuerzas que se
encuentran en permanente puja en nuestras instituciones educativas. Reflexionar sobre ellas, nos
ayuda a identificar cómo podemos construir hoy una escuela que pueda atender a las demandas
sociales que se le plantean y sean acordes con nuestro sujeto del aprendizaje. Esta tarea de
reflexión implica a su vez revisar las propias matrices de aprendizaje y las representaciones que
surgen en torno al rol del estudiante, el docente, la práctica pedagógica y el sentido de educar. Si
pensáramos en un ejemplo sencillo, como es la organización del aula, podemos analizar como esa
organización y disposición de los bancos implican una determinada forma de comunicación
(unilateral: docente- alumno, alumno- docente; pero no entre los pares o el grupo) y de relación
con el conocimiento y las tareas de enseñar y aprender. Esta organización determinada
corroboraría los lugares y roles que los sujetos ocupan en la tarea pedagógica. Si alguien nos
pidiese que imagináramos un “aula” diferente, sería una tarea difícil porque es ésta la
organización institucionalizada y desde la cual los sujetos solemos definir qué es y cómo es un
aula. A su vez, esta organización artificial es la que permite la configuración de determinadas
prácticas pedagógicas que también se institucionalizan. Ante esta situación, una fuerza
instituyente podría ser una nueva disposición y organización de los bancos (por ejemplo: en
círculo) lo que cual permitiría nuevos modalidades de comunicación y de aprendizaje (aprendizaje
y trabajo colaborativo).

Si analizáramos a partir de estos conceptos lo que sucede en la Educación Física en la escuela, nos
encontramos que esta ha sido institucionalizada como una práctica eminentemente deportiva
principalmente en el Nivel Medio. Esto implica que podría ser concebida desde el rendimiento
físico, la competencia y el desarrollo de talentos. Esto genera una determinada manera de
participación de los sujetos y una serie de competencias a desarrollar en pos de esto. No todos
participan porque sólo podrían hacerlo “aquellos que saben jugar”. Por otro lado, en el nivel
primario de educación aparecería como “descarga”. Es el momento en cual los niños “pueden
correr y liberar toda energía contenida en la quietud e inmovilidad de los cuerpos en el aula”.
Asimismo, se reconoce aquí el aprendizaje de hábitos de higiene propios del mandato fundacional
de la educación física en la escuela. Revisar el modelo didáctico y fundacional, las prácticas
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instituidas de la Educación Física en la escuela, ofrece el espacio para repensar y reconstruir


prácticas instituyentes que contribuyan en el desarrollo de todos los sujetos y sus potencialidades
no sólo deportivas y motrices sino sociales, emocionales y actitudinales también.

Por otro lado, el funcionamiento institucional es producto de la cultura y estilo institucional.


Estos conceptos se encuentran íntimamente relacionados con lo instituido e instituyente.
Entendemos por cultura institucional: la idiosincrasia, los rasgos característicos (los cuales
responden a una determinada ideología) que caracterizan a la institución y nos permiten
comprender las prácticas que allí tienen lugar configurando la identidad institucional. En la
medida que ésta es una cualidad relativamente estable puede ser interpretada desde lo fijo,
estable e institucionalizado. Pero por otro lado, se manifiesta un aspecto más dinámico del
funcionamiento institucional; este es el estilo institucional. A partir de aquí, se manifestará la puja
de las fuerzas anteriormente señaladas.

El funcionamiento y dinámica institucional

Tal como mencionamos a lo largo del texto, las instituciones educativas son complejas y debido a
todas las tensiones anteriormente señaladas, surgen los conflictos en ellas. En este sentido, el
funcionamiento institucional se encuentra también determinado por la existencia de mecanismos
mediante los cuales se avanza en el reconocimiento de las tensiones, su planteo como problemas
y los intentos de solución.

Dos modalidades nos permiten lograr interpretar cómo funcionan las instituciones en este
sentido: modalidades regresiva y progresiva.

La modalidad regresiva estaría determinada por una pérdida de la capacidad institucional para
evaluar situaciones, discriminar necesidades y problemas, y originar líneas exploratorias de
solución. Bajo esta modalidad de funcionamiento, lo fantasmático predomina y se produce un
progresivo aislamiento del contexto. En muchos casos, se idealiza algún estado pasado al cual se
procura regresar y al que se evoca con profunda nostalgia. Mientras se pretende repetir
respuestas del pasado resulta imposible atender las características de los sujetos y los contextos
actuales. Es importante pensar sobre esto porque esta modalidad de funcionamiento produce
angustia en los sujetos y no presenta capacidad resolutiva frente a los conflictos o los conflictos
son abordados desde las respuestas conocidas o institucionalizadas.

Por otro lado, la modalidad progresiva está acompañada, en cambio, por el control y la
discriminación de aspectos irracionales, autonomía respecto de las instituciones externas,
posibilidad de cuestionar y ensayar modificaciones en lo instituido, preponderancia de la
pertinencia en función de proyectos y una orientación clara hacia el futuro. Estas modalidades se
acompañan, en general, de intenso compromiso y disponibilidad de los miembros para la
curiosidad, el interés, la explotación. Desde este modo de funcionamiento, se manifiesta mayor
capacidad institucional de responder a los conflictos que en la institución se presentan. A su vez, la
institución se permite modificar ciertas prácticas instituidas buscando alternativas a las respuestas
ya conocidas. Mientras que la modalidad regresiva genera un aislamiento del contexto, esta
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modalidad pretende responder a las inquietudes y situaciones que el contexto y los sujetos
manifiestan.

Ambas modalidades coexisten en las instituciones y se encuentran permanentemente en lucha.


Como docentes estas categorías teóricas nos ayudan a poder interpretar y comprender, y elegir a
la vez de ser conscientes de estos de modos de funcionamiento, desde nos pararemos para hacer
frente a los conflictos que se presentan en la institución educativa y a cumplir con la tarea de
educar de la mejor manera posible.

Conclusiones

Tal como se mencionó al comienzo del texto la intencionalidad del mismo es poder reconocer e
identificar los aportes que la autora Lidia Fernández señala para la comprensión y análisis de las
instituciones.

Se reconoce a partir de los conceptos presentados que las instituciones son complejas dada su
composición y funcionamiento institucional. Sin embargo, en esta complejidad surgen los
intersticios para repensar la escuela. Teniendo en cuenta que este no es un fenómeno natural sino
un objeto cultural (construcción socio- histórica) se manifiesta la posibilidad de de-construirla y re-
construirla nuevamente. Para esto es necesario poder revisar la compleja trama de roles y
vínculos que se enlazan en ella, los cuales otorgan un determinado lugar y un modo de ser y de
estar a los sujetos respecto del conocimiento, en el caso de la escuela. Asimismo, las dinámicas y
funcionamiento institucional establecen un modo de relación con el contexto al cual atienden y los
modos de llevar la vida institucional y los conflictos que en ella surgen.

Teniendo en cuenta todo lo anteriormente expuesto, recuperamos entonces el interrogante


citado sobre la escuela para reflexionar sobre ella:

¿De qué modo ayudar a que los miembros de las escuelas puedan quebrar sus formas habituales
de enfrentar las dificultades, renunciar a las imágenes, idealizadas de la función educativa y
potenciar su capacidad para hacerse cargo del mejoramiento, de la calidad del servicio que
ofrecen?

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