Está en la página 1de 17

El Tao de la liberación

Una ecología de la transformación


Mark Hathaway y Leonardo Boff
Prefacio de Fritjof Capra

E D I T O R I A L T R O T T A
El Tao de la liberación
El Tao de la liberación
Una ecología de la transformación

Mark Hathaway y Leonardo Boff

Prefacio de Fritjof Capra

E D I T O R I A L T R O T T A
COLECCIÓN ESTRUCTURAS Y PROCESOS
Serie Religión

AGRADECIMIENTOS

La traducción y comentario de los extractos de Desert Wisdom: Sacred Middle Eastern


Writings from the Goddess through the Sufis («The Opening», «O Breathing Life» y «As Cosmos
Opens and Closes»), así como el comentario y los extractos de textos de Prayers of the Cos-
mos: Meditations on the Aramaic Words of Jesus se deben a Neil Douglas-Klotz. © 1995
Neil Douglas-Klotz. Reproducidos con permiso de Harper Collins Publishers.

Título original: The Tao of Liberation.


Exploring the Ecology of Transformation

© Editorial Trotta, S.A., 2014


Ferraz, 55. 28008 Madrid
Teléfono: 91 543 03 61
Fax: 91 543 14 88
E-mail: editorial@trotta.es
http://www.trotta.es

© Mark Hathaway y Leonardo Boff, 2009

© Carlos Martín Ramírez, para la traducción, 2014


Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación públi-
ca o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la
autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Di-
ríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si ne-
cesita utilizar algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com;
91 702 19 70 / 93 272 04 45).

ISBN (edición digital pdf): 978-84-9879-519-6


1

BUSCAR LA SABIDURÍA EN UN TIEMPO DE CRISIS

Cuando los mejores buscadores oyen hablar del Tao,


inmediatamente se esfuerzan por encarnarlo.
Cuando los buscadores normales oyen hablar del Tao,
a veces lo siguen y otras veces lo olvidan.
Cuando los buscadores insensatos oyen hablar del Tao,
rompen a reír.
Si no se rieran
no sería el Tao.

Se ha dicho:
la vía que conduce a la luz parece oscura,
la senda que va hacia adelante parece ir hacia atrás,
el camino derecho parece tortuoso,
el mayor poder parece débil,
la más pura virtud parece mancillada,
la auténtica abundancia parece insuficiente,
la genuina firmeza parece inestable.

El espacio más vasto no puede ser contenido,


el más grande talento tarda en madurar,
la nota más alta es difícil de oír,
no puede darse concreción a la forma más perfecta.

El Tao no se encuentra en ningún sitio.


Sin embargo, nutre todas las cosas y hace que se consuman.
(Tao Te Ching, 41)

Puede que nos encontremos hoy en la más importante encrucijada de la


historia de la humanidad y, en rigor, de la historia de la propia Tierra.
La combinación de la dinámica de profundización de la pobreza y acelerada
degradación ecológica está creando una peligrosa vorágine de desespera-
ción y destrucción a la que se hace cada vez más difícil escapar. Si no so-
mos capaces de actuar con suficiente energía, urgencia y sabiduría, pronto
estaremos condenados a un futuro en el que habrá disminuido de manera
incalculable el potencial para vivir con sentido, esperanza y belleza.
De hecho, para la mayor parte de la humanidad, que lucha en los már-
genes de la economía global, la vida parece estar ya al borde del desastre.
28 EL TAO DE LA LIBERACIÓN

Cada año se agranda más la distancia que separa a los ricos y los po-
bres. En un mundo que vende la ilusión de un paraíso de los consumi-
dores, la mayoría tiene que mantener una dura lucha solo para cubrir
las necesidades mínimas que permitan su supervivencia. El sueño de al-
canzar un estado de vida sencillo pero digno parece perpetuamente in-
alcanzable. Para muchos, de hecho, la vida se vuelve cada vez más difícil
con cada año que pasa.
Las restantes criaturas que comparten este planeta con la humanidad
están experimentando una crisis más honda todavía. Conforme los huma-
nos se apropian de una proporción cada vez mayor de los dones de la
Tierra, va quedando menos y menos disponible para las demás formas de
vida. Conforme contaminamos el aire, el agua y el suelo con productos quí-
micos y desperdicios, los intrincados sistemas que sustentan el tejido de la
vida están siendo rápidamente socavados. Son muchas las especies que están
desapareciendo para siempre. De hecho, nuestro planeta está experimen-
tando una de las mayores extinciones masivas de todos los tiempos.
Existen, desde luego, señales de esperanza: innumerables individuos
y organizaciones trabajan con creatividad y valor en favor de la transfor-
mación. Algunos de ellos han creado movimientos que trabajan en la ac-
tualidad a una escala verdaderamente global. Sus esfuerzos suponen una
diferencia muy real en comunidades de todo el mundo. Al mismo tiempo,
nuevos medios de comunicación facilitan oportunidades de diálogo entre
gentes de diferentes culturas, creencias y convicciones, de modo que proba-
blemente nunca ha sido mayor la posibilidad de compartir saber e ideas.
Mucha gente es más consciente de sus derechos fundamentales y más ac-
tiva en su defensa. Se han conseguido avances reales en áreas tales como
la sanidad y el acceso a servicios básicos. Va en aumento la consciencia de
los temas ecológicos, y muchas comunidades se esfuerzan por trabajar en
armonía con la naturaleza y no en contra de ella. Todas estas tendencias
abren nuevas posibilidades para la renovación del mundo.
Sin embargo, en muchos sentidos, esto son destellos de luz en medio
de la oscuridad. No existen todavía pruebas de una acción eficaz, con-
certada, a una escala suficiente para detener realmente la profundización
de la pobreza y la desintegración ecológica, cuanto menos aún para que se
inicie un proceso capaz de sanar a la comunidad terrestre. Las institucio-
nes globales, en especial los gobiernos y las grandes empresas, siguen te-
niendo formas de actuación que no tienen en cuenta la urgente necesidad
de cambiar fundamentalmente el modo en que vivimos en el mundo. En
vez de ello siguen dominando nuestros sistemas políticos y económicos
las ideas, motivos, hábitos y políticas que han dado origen a tanta devas-
tación e injusticia. Tal como observara Mijaíl Gorbachov en 2001:

Mientras que existe un número creciente de valientes iniciativas encabezadas


por líderes políticos y empresariales para proteger el medio ambiente, no veo
un liderazgo emergente ni la voluntad de asumir riesgos a la escala necesaria
para enfrentarnos a la actual situación. Aun cuando hay un número creciente
de personas y de organizaciones que se dedican a aumentar la consciencia y
BUSCAR LA SABIDURÍA EN UN TIEMPO DE CRISIS 29

provocar el cambio en el modo en que tratamos a la naturaleza, no veo toda-


vía la clara visión ni el frente unido que induzcan a la humanidad a reaccionar
a tiempo para cambiar nuestro rumbo (2001, 4).

Joanna Macy y Molly Brown (1998) hablan del desafío central de nues-
tra época —el cambio de una sociedad del crecimiento industrial a una
civilización de sostenimiento de la vida— como el «Gran Giro». Por des-
gracia, no tenemos ninguna seguridad de poder llevar a cabo esta esencial
transformación a tiempo de evitar que se deshaga la compleja trama que
sustenta a la vida compleja. Si somos incapaces de realizar un cambio se-
mejante no será por falta de tecnología, de información suficiente o inclu-
so de alternativas creativas, sino más bien por falta de voluntad política
y por el hecho de que los peligros que nos acechan son tan penosos que
muchos de nosotros sencillamente optamos, por miedo, por quitárnoslos
de la mente.
Estamos convencidos, sin embargo, de que el actual ciclo de desespe-
ranza y destrucción puede interrumpirse, de que tendremos la oportu-
nidad de actuar provechosamente y cambiar de rumbo. Hay tiempo to-
davía para que el Gran Giro consiga imponerse y cure a nuestro planeta.
En este libro buscamos un camino que lleve a tal transformación, un cam-
bio que nos induzca a desarrollar una nueva forma de estar en el mundo:
una forma que encarne unas relaciones justas y armoniosas dentro de la
sociedad humana, y dentro de la comunidad terrestre general. Buscamos
una sabiduría —un Tao— que nos conduzca a la liberación integral.
Estamos convencidos de que la capacidad de realizar estos cambios
está ya presente entre nosotros. Está presente en el espíritu humano en for-
ma de semilla. Está presente en el proceso evolutivo de Gaia, nuestra Tierra
viviente. De hecho, está entretejida en el tejido mismo del cosmos, en el
Tao que fluye a través de todo y en todo. Si encontramos un modo de sin-
tonizar con el Tao y de aliarnos con su energía, habremos hallado la clave
para transformaciones verdaderamente revolucionarias que nos llevarán
a una auténtica liberación. El Tao, sin embargo, no es algo de lo que pode-
mos apropiarnos o que podamos dominar. Tenemos, antes bien, que dejar
que trabaje a través de nosotros, abriéndonos a su energía transformado-
ra, de forma que la Tierra pueda ser curada. Según Thomas Berry:

No carecemos de las fuerzas dinámicas necesarias para crear el futuro. Vivi-


mos inmersos en un mar de energía que supera nuestra comprensión. Pero,
en un último sentido, esta energía no es nuestra por el dominio que ejerzamos
sobre ella, sino por invocación (1999, 175).

No obstante, antes de iniciar esta tarea tenemos que entender los obs-
táculos muy reales que se encuentran en el camino de la transformación
liberadora. Quizá el primer paso hacia la sabiduría consista sencillamente
en reconocer la necesidad del cambio. Muchos de nosotros no se per-
catan todavía de la verdadera magnitud y gravedad de la crisis con la que
nos enfrentamos. En gran parte, esto se debe a nuestra propia percepción
de la realidad, que ha sido conformada de tal modo que oculta lo que, de
30 EL TAO DE LA LIBERACIÓN

no ser así, resultaría evidente de inmediato. Tendemos a ver el mundo des-


de una perspectiva muy restringida, con respecto al tiempo y al espacio.
Rara vez miramos más allá de nuestro pasado o nuestro futuro inmedia-
tos, o más allá de nuestra comunidad o nuestra región.
Parte del problema es, además, que muchos de los problemas con los
que nos encontramos empeoran solo de manera gradual, sobre todo si se
miden en comparación con la duración relativamente breve de la vida hu-
mana. Tendemos a acostumbrarnos muy rápidamente a las nuevas reali-
dades —al menos a un nivel superficial— y, por tanto, no nos damos cuenta
de la seriedad de las crisis que se nos presentan. Una analogía ilustradora es
la de una rana a la que se somete a una temperatura en aumento. Si me-
temos una rana en agua hirviendo, enseguida tratará de escapar. Pero, si
en vez de ello, la colocamos en agua fría y vamos subiendo gradualmente
la temperatura del agua, la rana no se dará cuenta del peligro hasta que
es demasiado tarde y, en consecuencia, muere de calor.

LA CRISIS DE LA TIERRA: UNA PERSPECTIVA CÓSMICA

Así pues, para hacernos una idea de la gravedad de las crisis con las que
nos enfrentamos, alejémonos unos momentos de nuestra normal visión de
la realidad, y adoptemos una perspectiva más «cósmica». Imaginemos que
los quince mil millones de años de la historia del universo se condensan
en un solo siglo1. Dicho de otra manera: cada «año cósmico» equivaldría
a 250 millones de años2.
Desde este punto de vista, la Tierra habría nacido en el año 70 del siglo
cósmico y la vida, sorprendentemente, poco después: en el año 73. Durante
dos décadas cósmicas, la vida habría consistido en gran parte en la existen-
cia de bacterias unicelulares. Sin embargo, estos organismos habrían hecho
mucho para transformar el planeta, cambiando radicalmente la composi-
ción de su atmósfera, de los océanos y de la geología, de modo que estos
medios fuesen capaces de sustentar formas de vida más complejas.
En el año 93 habría comenzado una nueva fase de creatividad, con la
invención de la reproducción sexual y de la muerte de los organismos
únicos. En esta nueva etapa se habría acelerado mucho el proceso evolu-
tivo. Dos años más tarde, en el año 95, habrían hecho su aparición los
organismos multicelulares. Los primeros sistemas nerviosos se habrán de-
sarrollado en el año 96, y los primeros vertebrados, un año más tarde. Los
mamíferos habrían llegado a mediados del año 98, dos meses después de
la aparición de los dinosaurios y los primeros espermatofitos (plantas
dotadas de flores).

1. El tiempo que atribuimos aquí al siglo cósmico se basa en la estimación que ofrece The
Universe Story (Berry y Swimme 1992, 269-278). Una estimación más reciente de la edad del
cosmos la sitúa en 13.730 millones de años.
2. De modo semejante, un mes cósmico duraría 12,5 millones de años; un día cósmi-
co, 411.000 años; una hora cósmica, 17.000 años; un minuto cósmico unos 285 años y un se-
gundo cósmico alrededor de 4,75 años.
BUSCAR LA SABIDURÍA EN UN TIEMPO DE CRISIS 31

Cinco meses antes de finalizar el siglo cósmico habría impactado un


asteroide en la Tierra y habría destruido muchas especies, incluyendo los
dinosaurios. Sin embargo, en un breve período, el planeta habría recu-
perado e incluso superado su belleza anterior. Esta era —el Cenozoico—
mostraría una exuberancia y variedad de vida nunca antes conocida.
Los seres humanos aparecerían en esta era de sorprendente belleza.
Nuestros antecesores habrían iniciado su marcha erecta hace ahora doce
días. Seis días más tarde, el Homo habilis comenzaría a utilizar herramien-
tas y, hace un día, el Homo erectus habría aprendido a servirse del fuego.
Los seres humanos modernos, la especie Homo sapiens, habrían aparecido
hace doce horas.
La mayor parte de la tarde y la noche de este medio día cósmico ha-
bríamos vivido en armonía con la naturaleza, cerca de sus ritmos y de sus
peligros. De hecho, nuestra presencia habría tenido escaso impacto en
la comunidad biótica general hasta hace cuarenta minutos, cuando, con la
invención de la agricultura, habríamos empezado a cultivar plantas y do-
mesticar animales. La magnitud de nuestras intervenciones habría ido
creciendo, aunque lentamente, al comenzar algunos de nosotros a cons-
truir ciudades y a habitar en ellas hace veinte minutos.
La humanidad habría empezado a producir un impacto mucho mayor
en los ecosistemas del mundo hace exactamente dos minutos, cuando Eu-
ropa inicia su transformación en sociedad tecnológica y expande su poder
mediante conquistas coloniales. Es también durante este período cuando
empieza a crecer con rapidez la distancia entre ricos y pobres.
En los últimos doce segundos (desde 1950), el ritmo de explotación y
de destrucción ecológica se ha acelerado espectacularmente. En este breve
parpadeo de tiempo3:

UÊ Ê i“œÃÊ`iÃÌÀՈ`œÊV>Èʏ>ʓˆÌ>`Ê`iʏœÃÊ}À>˜`iÃÊLœÃµÕiÃÊ`iʏ>Ê/ˆiÀÀ>]Ê
los pulmones del planeta. Muchas de las masas forestales más impor-
tantes y extensas —incluidos los grandes bosque boreales, los bosques
templados y las selvas tropicales— siguen experimentando un grado
de destrucción acelerado. Cada año se tala un área boscosa mayor que
Bangladesh.
UÊ Êi“œÃÊ܏Ì>`œÊ>ʏ>Ê>̓ÃviÀ>ÊV>˜Ìˆ`>`iÃʈ˜“i˜Ã>ÃÊ`iÊ`ˆÝˆ`œÊ`iÊV>À-
bono y de otros gases de efecto invernadero, iniciando un peligroso
ciclo de calentamiento global y de inestabilidad del clima; las tempe-
raturas globales se han elevado ya un promedio de 0,5º C, y pueden
aumentar entre 2 y 5º C en los próximos veinte segundos cósmicos4.
UÊ Êi“œÃÊ«ÀœÛœV>`œÊ՘Ê}ˆ}>˜ÌiÃVœÊ>}ՍiÀœÊi˜Ê>ÊV>«>Ê`iʜ✘œ]ʏ>Ê«ˆiÊ
protectora del planeta, que filtra la peligrosa radiación ultravioleta.

3. Los datos estadísticos de esta sección proceden de una serie de fuentes: Sale 1985; Nic-
kersen 1993; Brown et al. 1991; Brown et al. 1997; Ayres 1998; Graham 1998; Tercer Informe
de Evaluación del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático 2001; Worldwatch Ins-
titute 2000 y 2005, y la Fundación Internacional para el Desarrollo Agrícola 2006.
4. Para ver este cambio en perspectiva, la Tierra tiene ahora una temperatura entre 5º y 7º C
superior a la de la última glaciación.
32 EL TAO DE LA LIBERACIÓN

Como consecuencia, los niveles de rayos UV han alcanzado niveles


récord y amenazan la salud de muchos organismos.
UÊ Êi“œÃÊÜV>Û>`œÊ}À>Ûi“i˜Ìiʏ>ÊviÀ̈ˆ`>`Ê`iÊÃÕiœÊÞÊÃÕÊV>«>Vˆ`>`Ê
para sustentar la vida vegetal: un 65 % de las tierras que una vez fueron
cultivables se han perdido ya —la mayor parte de ellas en el curso de
los últimos nueve segundos cósmicos— y otro 15 % de la superficie
terrestre se está desertizando. En los últimos cinco segundos cósmi-
cos, la Tierra ha perdido un volumen de su capa superior equivalente
a la que cubre todas las tierras cultivadas de Francia y China conjunta-
mente. La erosión y la salinización han degradado, moderada o gra-
vemente, dos tercios de toda la tierra agrícola.
UÊ Êi“œÃÊ>ÀÀœ>`œÊ>Ê>ˆÀi]Ê>ÊÃÕiœÊÞÊ>Ê>}Õ>Ê`iÊ«>˜iÌ>Ê`iVi˜>ÃÊ`iʓˆles
de nuevos productos químicos, muchos de ellos toxinas de larga du-
ración que van envenenando poco a poco los procesos de la vida. He-
mos producido residuos nucleares que permanecerán peligrosamente
radiactivos durante muchos cientos de miles de años: un tiempo muy
superior a las doce horas cósmicas que llevan vivos los hombres mo-
dernos.
UÊ 
Ê i“œÃÊ`iÃÌÀՈ`œÊVˆi˜ÌœÃÊ`iʓˆiÃÊ`iÊiëiVˆiÃÊÛi}iÌ>iÃÊÞÊ>˜ˆ“>iðÊ
De hecho, desaparecen todos los años cincuenta mil especies, casi to-
das ellas como consecuencia de actividades humanas. Se estima que la
tase de desaparición es diez mil veces mayor que antes de que los se-
res humanos habitaran el planeta, y que podemos estar sufriendo la
mayor extinción masiva de la historia de la Tierra.

Ê ˜Ê>Ê>VÌÕ>ˆ`>`]ʏœÃÊÃiÀiÃʅՓ>˜œÃÊiÃÌ>“œÃÊṎˆâ>˜`œÊœÊ`iëiÀ`ˆ-
ciando el 40 % de toda la energía disponible para los animales terrestres
(a lo que solemos referirnos como producción primaria neta, o PPN
del planeta), y —si seguimos por el mismo camino— alcanzaremos un
total del 80 % dentro de otros seis segundos cósmicos (treinta y cinco
años), y dejaremos solo un 20 % para el resto de los animales.

¡Tanta destrucción en tan poco tiempo! Y ¿para qué? Los «beneficios»


de este proceso han ido a parar a manos de una parte muy pequeña de la
humanidad: el 20 % más rico de la población mundial «gana» en la actua-
lidad aproximadamente doscientas veces más que el 30 % más pobre5. A
comienzos de 2009, los 793 multimillonarios con un patrimonio superior
a mil millones de dólares tenían conjuntamente una fortuna neta de 2,4 bi-
llones de dólares (Pitts 2009), superior a la renta anual conjunta de la mi-
tad más pobre de la humanidad. (A comienzos de 2008, antes de que se ini-
ciara la actual crisis económica, había en realidad 1.195 milmillonarios con

5. En el Informe sobre el Desarrollo del PDNU (Programa de Desarrollo de las Naciones


Unidas) correspondiente a 1992 se estimaba que la diferencia que separaba al 20 % de las na-
ciones más ricas del 20 % de las más pobres era de 60 a 1, calculada sobre la base de las medias
nacionales. Pero cuando se tuvieron en cuenta los ingresos individuales, la diferencia resultó ser
de 150 a 1 (Anthanasiou 1996). En 2005, el Informe sobre el Desarrollo del PDNU establecía la
diferencia, según las medias nacionales, en 82 a 1, con lo que es probable que la diferencia real
entre las rentas fuese de 200 a 1.
BUSCAR LA SABIDURÍA EN UN TIEMPO DE CRISIS 33

un patrimonio total de 4,4 billones de dólares. ¡Aproximadamente el doble


de lo que gana en un año el 50 % más pobre!). En cuanto a renta, el 1 %
más rico de la humanidad recibió una renta igual a la del 57 % más pobre6.
Nuestro planeta, fruto de cuatro mil millones de años de evolución
está siendo devorado por una minoría relativamente pequeña de la hu-
manidad, e incluso este grupo privilegiado no puede esperar mantener su
explotación por mucho más tiempo. No resulta sorprendente, en estas con-
diciones, que un grupo de 1.600 científicos, entre los que se contaban
más de cien premios nobel, publicaran una «Advertencia a la Humanidad»
cuando se reunieron en 1992:

No quedan más de una o unas pocas décadas antes de que se pierda la opor-
tunidad de evitar las amenazas ante las que ahora nos encontramos y de que
disminuyan inmensamente las perspectivas para la humanidad... Necesita-
mos una nueva ética: una nueva actitud hacia el desempeño de nuestra res-
ponsabilidad de cuidar de nosotros mismos y de la Tierra. Esta ética debe
motivar un gran movimiento para convencer a los líderes reacios, a los go-
biernos reacios y a los pueblos reacios, de que realicen los cambios necesa-
rios (Brown et al. 1994, 19).

Cuando estamos escribiendo esto han pasado diecisiete años desde que
hizo esta advertencia. Y, aunque puede que algunos de los líderes mundiales
se estén tomando más en serio los problemas de la pobreza y de la degra-
dación ecológica, no existe aún un movimiento concertado para movili-
zar las energías de la humanidad con el fin de abordar seriamente las crisis
que tenemos delante. De hecho, se ha dedicado mucha más energía a la
llamada guerra contra el terrorismo (que es, en gran medida, una guerra
para proteger los suministros de petróleo y seguir con la rutina de siem-
pre) que a la amenaza que está destruyendo realmente la vida a un ritmo
sin precedentes.

LA BÚSQUEDA DE LA SABIDURÍA

Por primera vez en la evolución de la humanidad, todas las principales


crisis ante las que nos encontramos —la destrucción de ecosistemas, la
pobreza absoluta de miles de millones de personas, y las amenazas inin-
terrumpidas del militarismo y la guerra— son nuestra propia obra. Com-
binadas, estas crisis poseen el potencial de destruir no una sola cultura
o una región del mundo determinada, sino la civilización humana en su
conjunto y, de hecho, todo el tejido de la vida de nuestro planeta. No
está amenazada únicamente la generación actual, sino que lo están tam-
bién las futuras generaciones de la comunidad terrestre.
Los peligros que nos acechan engendran comprensiblemente miedo. Es
importante que reconozcamos la situación y los sentimientos que despier-

6. Según estadísticas de Milanovic 1999, 52. La distribución de la renta se ha hecho más


desigual todavía desde que se confeccionaron estas estadísticas.
34 EL TAO DE LA LIBERACIÓN

ta en nosotros. Así, a la vez que subrayamos la urgencia de atender a la cri-


sis, es de vital importancia que evitemos hacer predicciones apocalípticas
que conduzcan a la parálisis de la desesperación. Tenemos que recordar que
el hecho mismo de que seamos nosotros los autores de estas crisis signifi-
ca que existe la esperanza de abordarlas de una manera que tenga sentido.
En rigor hay muchas personas lúcidas y creativas que han trabajado duro
para formular alternativas prácticas que podrían permitir a la humanidad
vivir dignamente sin poner en peligro los ecosistemas de la Tierra.
Estamos convencidos de que poseemos la mayor parte de la informa-
ción y el conocimiento necesarios para superar las crisis actuales. De hecho,
tal como observan Macy y Brown:

Podemos elegir la vida. Pese a las terribles predicciones, todavía podemos ac-
tuar para asegurarnos un mundo en el que se pueda vivir. Es de importancia
crucial que sepamos una cosa: podemos cubrir nuestras necesidades sin des-
truir el sistema que sustenta a la vida. Tenemos los conocimientos técnicos
y los medios de comunicación para hacerlo. Tenemos la inteligencia y los re-
cursos para producir suficientes alimentos, garantizar un aire y un agua lim-
pios y generar la energía que necesitemos por medio de la energía solar, eóli-
ca y la biomasa. Si tenemos voluntad de hacerlo, poseemos los medios para
controlar el crecimiento de la población humana, desmantelar las armas y
evitar las guerras, y para dar a todo el mundo la palabra en el autogobierno
democrático (1998, 16).

Es evidente que, para poner en práctica estas alternativas, se necesitará


trabajo duro, acción concertada y organización. Pero, más que cualquier
otra cosa, se requiere la energía, la visión, la capacidad de percepción y la
sabiduría que guíen nuestra acción transformadora: necesitamos un auténti-
co Tao que nos lleve a la liberación. Hace falta que entendamos las diversas
dimensiones de la crisis global y las dinámicas que conspiran para su per-
petuación; hace falta que encontremos las vías para superar los obstáculos
que hay en nuestro camino; hace falta una comprensión aún más profun-
da de la realidad misma, incluida la propia índole de la transformación, y
hace falta que agudicemos nuestra intuición y desarrollemos nuevas sen-
sibilidades para ser capaces de actuar de manera creativa y eficaz.
En la búsqueda de esta sabiduría tenemos que empezar por reconocer
que todas las amenazas que tenemos ante nosotros pueden verse, en un
cierto sentido, como síntomas de una enfermedad cultural y espiritual
más profunda que aflige a la humanidad, en especial, a ese 20 % de los
humanos que consume la mayor parte de la riqueza del mundo. Esto nos
obliga a examinar más a fondo nuestras culturas, nuestros valores, nues-
tros sistemas político-económicos, y a examinarnos más a fondo nosotros
mismos. Tal como observa el psicólogo Roger Walsh, las crisis ante las
que nos hallamos podrían servir para «despojarnos de nuestras defensas
y ayudarnos a afrontar la verdadera situación del mundo y el papel que
desempeñamos en crearla» (1984, 77). Potencialmente pueden llevarnos
a cambios verdaderamente profundos en nuestro modo de vivir, de pen-
sar y de actuar, de hecho, en el modo en que percibimos la realidad misma.
BUSCAR LA SABIDURÍA EN UN TIEMPO DE CRISIS 35

Los tiempos de crisis pueden ser tiempos creativos, tiempos en los que
surgen nuevas visiones y nuevas posibilidades. El ideograma chino corres-
pondiente a la palabra crisis es wei-ji, y está compuesto por los caracteres
de peligro y oportunidad (representados por una lanza imparable y un es-
cudo impenetrable). No se trata de una simple contradicción o paradoja:
los peligros mismos que afrontamos nos estimulan a mirar más profunda-
mente, a buscar alternativas y a aprovechar las oportunidades. La palabra
misma que nosotros empleamos —crisis procede del verbo griego krinein,
que significa «separar»— implica una elección entre distintas alternativas.
Si no actuamos para cambiar la situación de la pobreza y la destrucción
ecológica cada vez mayores, estaremos eligiendo que continúe nuestro
descenso hacia el abismo de la desesperación.

Peligro + Oportunidad

Pero es posible una elección diferente: tenemos la oportunidad de ele-


gir un nuevo modo de vivir en nuestro planeta, un nuevo modo de convi-
vir unos con otros y con las demás criaturas de nuestro mundo. Existen
muchas fuentes de inspiración para un mundo transformado. Algunas de
ellas son antiguas, procedentes de la herencia de las diversas tradiciones
culturales y espirituales del mundo. Otras están emergiendo de campos
tales como la ecología profunda, el feminismo, el ecofeminismo, y la nue-
va cosmología que surge de la ciencia. Una nueva visión de la realidad, una
nueva manera de estar en el mundo, se están haciendo posibles. De hecho,
tal como observan Macy y Brown:

La característica más notable de este momento histórico en la Tierra no con-


siste en que estemos destruyendo nuestro mundo. Hace ya tiempo que lo ve-
nimos haciendo. Consiste en que estamos empezando a despertar, como si
volviéramos de un sueño milenario, a una relación completamente nueva con
nuestro mundo, con nosotros mismos y de unos con otros. Esta nueva asun-
ción de la realidad hace posible el Gran Giro (1998, 37).

LOS OBSTÁCULOS

Si la transformación auténtica que conduzca a un mundo basado en una


nueva visión parece difícil, ello se debe en gran parte a que una serie de
obstáculos interdependientes conspiran para hacer que el cambio parezca
imposible. En consecuencia, un paso importante en la búsqueda de un Tao
de la liberación consiste en entender los factores muy reales que impiden
36 EL TAO DE LA LIBERACIÓN

el cambio. Con el fin de ver esto con más claridad, vamos a examinar, des-
de tres perspectivas diferentes, los obstáculos con los que nos encontramos.
Un modo de imaginarlo es verlo como el proceso de ir quitando una serie
de capas. A veces volveremos al mismo obstáculo, contemplándolo desde
un nivel diferente, a menudo más sutil. Sin embargo, en un cierto sentido,
las diferentes capas o perspectivas son modos complementarios de ver una
misma realidad.
Desde un cierto punto de vista, los obstáculos que hallamos son sisté-
micos. Las estructuras políticas y económicas del mundo están destruyendo
activamente la Tierra, y al mismo tiempo están impidiendo la acción eficaz
para abordar los problemas que se presentan. El poder está crecientemen-
te en manos de un pequeño número de corporaciones transnacionales
que rinden cada vez menos cuentas ante las estructuras democráticas. La
economía del capitalismo global se basa en una ideología del crecimiento
y el progreso cuantitativo. Una proporción cada vez mayor de los benefi-
cios se generan mediante la especulación, mientras que a las actividades
realmente productivas de la naturaleza y la economía social se les asigna es-
caso valor. Son menos y menos los que se benefician de este sistema, mien-
tras que una parte creciente de la humanidad queda, sencillamente, ex-
cluida. La vida de la naturaleza y la vida de los pobres se convierten en
capital sin vida en forma de dinero, esencialmente, una abstracción que
carece de valor intrínseco. Puesto que no es un sistema sostenible, incluso
la minoría constituida por la gente que se beneficia de él en la actualidad
no puede esperar seguir haciéndolo a largo plazo. En resumen: nuestro
mundo está dominado por un sistema patológico fuera de control que, de-
jado a su propio impulso, amenaza con destruir la Tierra misma.
Al examinar este sistema patológico trataremos de entender más
claramente su dinámica, al tiempo que ponemos de relieve su fun-
damental demencia. Comprobaremos al hacerlo cómo el capitalismo
transnacional tiene sus raíces en el patriarcado (la dominación de las
mujeres por los hombres) y el antropocentrismo (la dominación de
la naturaleza por la humanidad). Parte del desafío que supone crear un
sistema alternativo consiste en reconceptualizar la naturaleza misma del
poder, no como control, sino como una potencialidad creativa entretejida
por los vínculos de la mutua influencia.
Desde una segunda perspectiva, las estructuras de la explotación y la
dominación globales conspiran para anular nuestra capacidad de cambio
a un nivel psico-espiritual. La opresión objetiva produce un eco psicoló-
gico en forma de impotencia interiorizada. La gravedad de la crisis ante
la que nos hallamos tiende a producir una dinámica de denegación y cul-
pa, y —si nos atrevemos a reconocer la realidad— de desesperación.
Las adicciones pueden constituir un mecanismo de defensa para evitar
afrontar realidades penosas. Nuestro espíritu se obnubila y dejamos de vivir
plenamente como seres humanos. Los medios de comunicación, nuestros
sistemas educativos y (en muchos países) la represión militar —junto con
toda una serie de dinámicas culturales más sutiles— refuerzan esta domi-
nación sobre el espíritu. La percepción misma que tenemos de la realidad
BUSCAR LA SABIDURÍA EN UN TIEMPO DE CRISIS 37

la distorsiona un sistema que trata de seducirnos y de impedir todo mo-


vimiento significativo para el cambio.
Con el fin de superar los impedimentos psico-espirituales a la trans-
formación, consideraremos la importancia de reconocer nuestros miedos,
de construir comunidad, y de fomentar la creatividad y la solidaridad. Re-
flexionaremos además sobre la necesidad de superar nuestra alienación
de la naturaleza y de recuperar la verdadera salud psíquica, de forma que
podamos acceder al poder interior que nos hace falta para trabajar por una
transformación profunda de nuestro mundo. Nuestro objetivo es, en últi-
ma instancia, volver a despertar el espíritu y desarrollar un hondo sentido
de la compasión: la capacidad de identificarnos con las alegrías y los su-
frimientos de todas las criaturas de la Tierra. Esto implica vivir a un nivel
existencial más profundo y rico del que es común en la mayor parte de
las sociedades modernas.

AHONDANDO MÁS: COSMOLOGÍA Y LIBERACIÓN

Al investigar el malestar espiritual de la anulación de nuestro poder, va-


mos a examinar una tercera perspectiva, quizá más fundamental: la forma
misma en que percibimos la naturaleza de la realidad. Esta perspectiva,
que denominaremos cosmológica, es tal vez la que supone un reto más
difícil, pero también es potencialmente la más rica en nuevas alternativas.
Nuestra cosmología comprende la forma en que entendemos el origen, la
evolución y la finalidad del universo, y el lugar que en él ocupamos los se-
res humanos. El modo en que experimentamos y entendemos el cosmos
—nuestra «cosmovisión»— está en el núcleo mismo de nuestras creen-
cias acerca de la índole de la transformación.
Durante los últimos tres siglos, más o menos, ha ido dominando cada
vez más a la humanidad una cosmología mecanicista, determinista, atomis-
ta y reduccionista. Últimamente, el consumismo ha estrechado y trivia-
lizado más todavía nuestra percepción de la realidad. En conjunto, estos
factores han conspirado para limitar gravemente nuestra capacidad de
imaginar el cambio y de actuar de forma creativa.
Sin embargo, durante los últimos cien años ha empezado a surgir de la
ciencia una nueva comprensión del cosmos. En muchos sentidos recuerda
a una cosmología anterior —que todavía es común entre la mayor parte de
los pueblos aborígenes— que ve el universo como un solo organismo que
funciona de manera holística. Pero, a diferencia de algunas cosmologías
tradicionales, la nueva cosmología surgida de la ciencia contempla un
universo en evolución. El cosmos no es una entidad estática, eterna, sino
más bien un proceso que se desarrolla de manera constante y se crea de
nuevo a sí mismo. Tal como descubriremos, esta cosmovisión supone un
desafío para la manera misma en que entendemos la dinámica del cam-
bio. Conforme despertamos a nuestra interconexión con el cosmos, ve-
mos la transformación dentro de un nuevo marco que erradica nuestros
supuestos de la causalidad lineal y el azar ciego. Se torna más aparente
38 EL TAO DE LA LIBERACIÓN

la importancia de la intuición, la espiritualidad y las tradiciones de la sa-


biduría antigua. En vez de consumidores pasivos y de espectadores en un
ciego juego de azar, llegamos a vernos como participantes activos en el
sutil misterio de desarrollar la finalidad cósmica.

ECOLOGÍA DE LA TRANSFORMACIÓN

Al considerar las múltiples capas de obstáculos al cambio, y al explorar la


nueva cosmología que surge de la ciencia, empezamos a ver también la in-
terrelación que existe entre las dimensiones de un proceso integral de trans-
formación, algo en lo que podríamos pensar en términos de ecología. La
palabra ecología se refiere normalmente a la relación entre los organismos
y el medio en el que viven. Es esencialmente un estudio de relación e in-
terdependencia. Más literalmente, se refiere al «estudio del hogar» (donde
por oikos, «hogar», «casa», podría entenderse también la Tierra misma). Re-
sulta adecuado, por tanto, hablar de una «ecología de la transformación»
para describir los procesos interrelacionados que tenemos que hacer que
actúen para curar nuestro hogar común, la Tierra.
Una ecología efectiva para la transformación requerirá una nueva vi-
sión de la realidad, algo que nos sirva como objetivo concreto y que nos
dé esperanza. Con el desplome del «socialismo real» en los últimos quince
años (que, a pesar de sus limitaciones, inspiraba al menos la esperanza de
que había una alternativa posible), rara vez ha sido más urgente la nece-
sidad imperiosa de un mundo transformado. Para concebir modos realis-
tas de vivir con dignidad y en armonía con la Tierra, podemos empezar
por crear un vórtice de inspiración alternativa, favorable a la vida, que nos
lleve a un futuro mejor.
Nuestra visión concreta de un mundo que podría permitir a la huma-
nidad vivir con dignidad en armonía con las demás criaturas es la del «bio-
rregionalismo». El biorregionalismo contempla una sociedad basada en
pequeñas comunidades locales vinculadas por una red de relaciones sobre
la base de la igualdad, la participación y el equilibrio ecológico, en vez
de la explotación. Es un modelo que trata de construir comunidades que
se sustenten y regeneren por sí mismas. La escala de estas comunidades se
correspondería con las «biorregiones» basadas en la ecología, la historia
natural y la cultura de un área específica, y reflejaría los valores de la auto-
confianza, la armonía con la naturaleza, el control comunitario logrado,
la atención de las necesidades individuales y la formación de una cultura
local (Nozick 1992).
En un primer momento, una visión así puede parecer poco realista, in-
cluso utópica. Pero, a lo largo del presente libro, se verá cada vez más claro
que este modelo está mucho más de acuerdo con las necesidades de la hu-
manidad y con el proceso en desarrollo de la evolución cósmica que las
estructuras de dominación y explotación que actualmente violan a nuestro
planeta. En rigor, adoptar un modelo de esta índole puede constituir nues-
tra única esperanza real de una vida futura que valga la pena vivir.
BUSCAR LA SABIDURÍA EN UN TIEMPO DE CRISIS 39

Finalmente, revisaremos, profundizaremos e integraremos nuestras


ideas describiendo algunos procesos posibles para abrirnos al Tao de la li-
beración e incorporárnoslo. De esta manera quedarán también más claras
las líneas generales de la ecología de la transformación. Tenemos la espe-
ranza de que esto genere a su vez nuevas reflexiones y procesos que pue-
dan enriquecer la práctica de todos cuantos se interesan por la salud y el
bienestar de la comunidad terrestre.


Por último, es el propósito de este libro inspirar nueva esperanza y
creatividad en todos cuantos luchan por mejorar la calidad y el vigor de las
comunidades que habitan la Tierra, tanto humanas como no humanas. Esta
tarea es urgente. El camino que tenemos por delante no será fácil. Duane
Elgin habla de la época que viene como una era de «compresión plane-
taria», en la que las crisis de la degradación y el agotamiento ecológicos,
el cambio climático y la pobreza nos arrastrarán a un torbellino de nece-
sidad que hará que «la civilización humana descienda al caos o ascienda
en un proceso en espiral de profunda transformación» (1993, 120). Po-
demos eludir la transformación en profundidad —y deslizarnos a un fu-
turo de mayor miseria, pobreza y degradación medioambiental— o des-
pertar a la urgencia y la radicalidad de los cambios requeridos y buscar
el Tao de la liberación.
Si elegimos esto último, tendremos la oportunidad de un despertar co-
lectivo de la humanidad y de una nueva civilización planetaria en la que la
belleza, la dignidad, la diversidad y el respeto integral por la vida estén en
el núcleo de todo: un auténtico Gran Giro. Nos anima la esperanza de que
las reflexiones que contiene este libro puedan contribuir a la sabiduría ne-
cesaria para hacer efectiva esa transformación.

También podría gustarte